En la Realidad del Reino

Cuando observamos el andar del mundo que nos acompaña en este recorrido terrenal que vivimos, (Y nota que digo “nos acompaña”, y no “nos rodea”, como muchos expresan, porque el mundo no nos rodea a nosotros, nosotros estamos como invitados circunstanciales en él), vemos vidas que en forma casi continuada, pasan a la eternidad con o sin Cristo.

Asimismo, vemos una tremenda concentración de acumulación de cosas. Es que el mundo y sus valores han pasado a ser de una manera tan grande parte activad de nuestras vidas, que la importancia que tienen las cosas materiales, la posición social, la independencia financiera y el éxito de nuestras carreras o profesiones, han tomado el lugar de los más encumbrados ídolos del Antiguo Testamento.

Hemos encontrado estos mismos valores tanto en la iglesia como fuera de ella. Algunos, hasta llegan a utilizar medios sin limitación alguna para lograr sus objetivos. Dios, mientras tanto, nos está llamando nuevamente a caminar como discípulos en santidad con Él. No por nada Pablo llegó a decir: Yo muero cada día, y eso nos habla de un retornar al camino al cual nos ha llamado Jesús, y a morir diariamente a los valores de ese mundo al cual, se supone, estamos aquí para liberar de sus opresiones y esclavitudes.

(1 Pedro 2: 1) = Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, (2) desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, (3) si es que habéis gustado la benignidad del Señor.

(4) Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, (5) vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

Esto, es una prueba más que contundente y concluyente que, en efecto, como el mismo pedro lo dirá más adelante, Dios nos ha llamado a todos nosotros:…de las tinieblas a su luz admirable…  

Cuando caminábamos en la oscuridad del mundo, estábamos llenos de la negrura del pecado. Nuestras mentes y nuestros corazones estaban velados a la luz de la verdad que es en Cristo Jesús a causa de que el dios de este mundo era, como quiera que fuese nuestro comportamiento “religioso”, nuestro amo. Nuestras mentes y nuestros corazones estaban fijos en las cosas que nos daban placer y satisfacción.

Si las cosas que deseábamos no lastimaban ni herían a nadie, nos creíamos en la libertad de llegar hasta los límites de la indiscreción y de los excesos. Cualquier semejanza ente estos pensamientos y los que pregona y proclama Nueva Era, no es ninguna coincidencia, es auténticamente real. Es posible que en nuestras vidas, pensamientos y expectativas, haya aún restos de un montón de basura del mundo. Vamos a tener que examinarla y ver si esa basura aludida puede tener cabida, de alguna manera, en la vida a la cual Dios nos ha llamado.

(1 Corintios 6: 19) = ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

(20) Porque habéis sido comprados por precio, glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Tenemos que estar total y absolutamente conscientes del templo en el cual está morando el Señor. Me pregunto y te pregunto: ¿Estás buscando darle permiso a Dios para que ponga tu templo en orden para Su gloria? Cuando las personas acuden a que algún hombre o mujer de Dios los aconseje en alguna necesidad, lo primero que se trata casi siempre de establecer, es las condiciones “ambientales” de su nacimiento en Cristo.

Se discute el caminar que tiene en Cristo esa persona, sus hábitos diarios de oración y de lectura de la palabra, y si está involucrado de alguna manera en la obra del Reino de Dios. No necesariamente de alguna congregación local, aunque naturalmente pueda incluirla, en la obra del Reino preponderantemente. Si todo está en orden y sin embargo todavía hay una tremenda lucha, entonces se le pedirá a esa persona que digan cuáles son las cosas que las están atormentando.

Estas luchas provienen a menudo de sus vidas anteriores a haber conocido a Cristo. No se han desprendido de las prácticas que gobernaban sus vidas cuando aún eran esclavos de Satanás. Los libros que solían leer, mantienen todavía un lugar en la mesa de luz junto a sus camas. La música que solía traer excitación a sus cuerpos y fantasías a sus mentes, está aún presente y es aún escuchada en sus hogares. Sus departamentos y casas albergan aún toda la parafernalia de sus días anteriores a Cristo. Sus mentes están llenas de enojos, amarguras, lujurias y pornografía que parecen lograr desbordarlos.

(Efesios 4: 22) = En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (23) y renovaos en el espíritu de vuestra mente, (24) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y la santidad de la verdad.

Pablo nos está diciendo aquí que tenemos la gran responsabilidad de alejarnos de la vida anterior y abrazar la nueva vida que tenemos en Cristo. No debemos “caminar más” en la forma en que lo hacíamos antes de nacer en el Espíritu en Jesucristo. Cuando Dios nos llamó de la oscuridad a Su luz maravillosa, fue como dijo Jesús.

(Juan 3: 5) = Respondió Jesús. De cierto de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.

(6) Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

Dios nos ha dado su naturaleza y nos ha dado su Espíritu Santo, para que tengamos el poder de caminar ante Él en santidad.  Dios hará por nosotros lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos, pero Él no hará por nosotros aquello para lo cual nos ha dado la capacidad de hacer o de lograr por medio del Espíritu Santo, esto es alejarnos y romper con nuestros viejos hábitos o costumbres.

A medida que crecemos en el conocimiento de la Palabra de Dios vamos a reconocer viejos estilos de vida y creencias falsas, y entonces las pondremos, en obediencia, en la cruz. A causa de que tenemos el poder de elegir, somos responsables de que es lo que vamos a permitir en nuestras mentes y cuerpos, tal cual es lo que llamamos: templo del Espíritu Santo.

A medida que crecemos en el conocimiento y en la gracia de Dios, comenzamos a darnos cuenta de cuáles son las condiciones y hábitos de los cuales no nos hemos ocupado en nuestra vida diaria. Dios es muy paciente con nosotros, porque Él sabe que somos bebés espirituales y que todavía tenemos mucho, muchísimo que aprender. De la misma manera que somos nosotros cuando tenemos hijos.

Cuando son recién nacidos, no hacen más que comer, mojar y etc. sus pañales, llorar y querer ser amados. Muchos bebés cristianos, como dice Pedro en 1 Pedro 2:2, Desean la leche pura de la Palabra para que les ayude  crecer, pero igualmente cometen errores y en consecuencia andan a los tropiezos. Llevan con ellos las heridas del mundo y sus corazones están rotos. Necesitan ser aceptados incondicionalmente y amados cuando lloran en su dolor y en sus miedos.

Como padres, no esperamos grandes cosas de nuestros hijos mientras ellos tropiezan y crecen. Los amamos a través de sus años de errores, indecisiones y fracasos, nunca culpándolos, sabiendo que ganamos sabiduría a través de equivocarnos, y el entender que con la experiencia viene un mejor discernimiento. De la misma manera Dios nos entiende y nos ama mientras estamos creciendo. De allí que en Romanos 2:4, pablo diga: ¿O menospreciáis las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

Dios desea que crezcamos en sabiduría y en estatura para que lleguemos a ser el hombre o la mujer que Él ha creado, no para castigarnos, sino para entrar con nosotros a un lugar de confianza y de fe. Él nos ama, y nos guiará con Su Santo Espíritu a un lugar de descanso en Él. Debemos llegar al punto donde realmente creemos que Jesús pagó en la cruz el precio total de nuestros pecados y que hemos sido puestos en libertad y podemos caminar en victoria, ya que no tenemos que inclinarnos ante Satanás.

Cuando tú tomas la decisión consciente y deliberada de entregar completamente tu vida al señorío de Jesucristo, allí es donde la batalla recién comienza. ¡Esta es una batalla que durará toda la vida! Todo nuestro alrededor parece estar en contra y nos está atacando, atormentándonos, trayendo memorias de viejas heridas y nos amenaza con sacudir nuestro compromiso con Jesucristo.

Cuanto más crecemos en la Palabra de Dios, tanto más deseamos ser como nuestro padre en el cielo. Cuanto más caminamos a la luz de la Palabra de Dios, tanto más reflejaremos en nosotros la vida de Jesús. Cuando caminamos en la luz, la oscuridad de nuestra vida anterior comienza a revelarse y podemos reconocer cuáles son los estilos de vida anteriores que ya no deseamos en nuestra nueva vida en Cristo. Por eso es que Pablo enseña así.

(Efesios 5: 13) = Más todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.

(14) Por lo cual dice: despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.

(15) Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, (16) aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.

Satanás hará todo lo posible para que no alcancemos nuestro potencial en Cristo. A causa de que él nos ha perdido a través de la cruz, trata permanentemente de traernos recuerdos atormentadores del paado para hacernos inservibles, desequilibrados y temerosos. A eso se refiere Pablo en Romanos 12:2, cuando dice que debemos renovar nuestra mente.

¿Cómo hacerlo? En principio, debemos llenarla con la Palabra, aplicarla en nuestras vidas y practicar el estilo de vida que hemos llegado a conocer como la verdad de Dios. No deberemos jamás temerle a los recuerdos. ¿Tú no eres todo lo frágil que el diablo te ha hecho creer que eres! Por un lado, Satanás trató de hacer todo lo posible para destruirte, pero por otra parte Dios te dio más fuerza, compasión y sabiduría para enfrentarlo con los problemas que se te presentan por delante. Él simplemente desea que tú lo reconozcas como tu Señor y que le permitas dirigir y comandar tu vida.

Recuerda que si tú no llenas tu mente con la Palabra de Dios, satanás va a usar cada oportunidad para venir y llenar tu mente con viejos temores, con dudas y enojos. Terminará diciéndote lo que le ha dicho a tantos y que tan buenos resultados le ha dado. Que te destruyas a ti mismo.

Tú tienes que saber ya mismo que estos pensamientos destructivos no son tuyos. Estos pensamientos son puestos en tu mente para enemistarte con Dios. Tú puedes identificar los pensamientos que son de Satanás porque ellos te hacen enojar con aquel que te da la vida, salvación a través de Jesucristo y libertad de tu cautiverio bajo el poder de Satanás.

Nuestro enojo no está dirigido en contra de aquel que busca destruirnos a través de mentiras, engaños, dudas y ansiedades. A través de viejos recuerdos, ellos traen tormento y dolor a nuestras vidas y a nuestras mentes. Dios nos ha dado un poder sobre los recuerdos destructivos, un poder que se llama Perdón. Cuando perdonamos y liberamos tanto a estos recuerdos como a aquellas personas que están en los recuerdos, le movemos totalmente el piso a Satanás y a sus fuerzas. Allí es donde puede comenzar nuestra sanidad y fortalecimiento.

Estos ataques son sin duda obra de espíritus demoníacos. Ellos tratan de llevarte a hacer aquello que ellos no pueden hacer, y esto es, destruirte. Ellos necesitan un cuerpo disponible para poder trabajar en él, ¡Y su blanco eres tú! Por eso Pedro escribe en su primera carta, en 5:8: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.

Tú necesitas recordar que, sobre la cruz, Jesús le quitó las garras y los colmillos a ese león. Pero como todo león, él ruge para producir miedo, mucho miedo. Sí, un miedo que paraliza, a veces, para impedirte que recuerdes que tú ya no necesitas tener miedo, porque Jesús lo ha vencido ampliamente en la cruz.

Satanás es un enemigo formidable y no debemos descontar su poder, pero nuestro Cristo es el vencedor sobre él en todo sentido. Jesucristo de Nazaret es el Hijo de Dios, y el Cordero de Dios que fue sacrificado antes de la fundación del mundo para pagar la multa de nuestro pecado. Él, como nuestro vencedor, nos ha devuelto a Dios. Somos libres en Él. ¡Estemos, entonces, bien firmes y plantados sobre nuestros pies, en Él!

Recuerda que cuando Jesús estaba colgando a la cruz, sufriendo y muriendo en nuestro lugar, Él no entregó su espíritu en las manos de Dios hasta no haber declarado: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Por medio de su perdón, Jesús libraba a aquellos que lo habían condenado a muerte para que ellos no estuvieran atados en sus culpas y pudieran, al arrepentirse, recibir el perdón amoroso de Dios.

En la primera carta de Pedro 2:22, somos llamados a seguir los pasos del ejemplo de Cristo. No le des lugar a Satanás en la vida de otros por causa de tu falta de perdón. Perona a aquellos que te hayan herido, rechazado, abusado o utilizado en forma impura. Perdona y tú mismo serás inmediatamente perdonado de todo aquello que deba ser perdonado en tu vida.

El apóstol Juan, cuando habla del amor, dice: Porque el perfecto amor de Dios, echa fuera, no EL temor, sino que TODO el temor. Habla de temores. Primeramente, de la raíz del temor, pero después de todo el temor. Él dice: Permaneced en mi amor, y después te da la manera de permanecer en el amor de Dios. Dice: Si obedecen mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo obedezco a mi Padre y permanezco en su amor.

A menos que tú aprendas obediencia, nunca vas a poder permanecer en el amor. Porque es cuando obedeces a Dios que descubres que en lo que Dios te manda, hay bendición; que en lo que Dios te manda, hay cambio; que en lo que Dios te pide, hay transformación. De manera que cuando aprendemos a ejercer autoridad, gobierno por amor, entendemos que el gobierno por amor no impone, no manipula; no ejercita temor; no se maneja por lo secreto.

Fíjate lo que Dios dice: Ya no os llamaré siervos, sino que os llamaré amigos. Porque todo lo que el Padre me reveló, os lo he dado a conocer. Dios no te maneja a ti por lo oculto, no te maneja por lo secreto, no te dice que como Él conoce todo tendrás que tener mucho cuidado en servirle bien. No. Dios te dice: Yo te voy a dar revelación. Y cuando te doy revelación, confío en que obedezcas lo que te revelo. Pero te da responsabilidad. ¿Esa es la identidad que tenemos?

No mires el púlpito buscando todas las respuestas, porque no están allí. Te da un estímulo, te enseña algo, te arroja de alguna manera alguna línea para que tú veas algo, pero después en tu relación con Dios y lo que tú vas a manifestar del Reino, es tu responsabilidad de todos los días. Tu pastor no está en tu casa cuando enciendes el televisor, el celular o la computadora, cuando miras a tu esposa, cuando disciplinas a tus hijos, cuando tomas decisiones en tu trabajo, cuando conduces tu automóvil y alguien se te cruza en una esquina. No está cuando tienes que cambiar de hábitos, costumbres, maneras de hacer las cosas. Dios te pide que hagas cosas de una manera diferente. Y entonces puedas participar de las cosas de Dios y Dios te sorprende. Porque muchas veces tú no entiendes el por qué.

Aún a pesar de mis emociones, mis pensamientos, mis gustos o mis pareceres, cuando le obedezco a Dios, Dios me hace participar de Su gloria. Me da experiencias en las cuales yo puedo estar haciendo sociedad con Él. Y Él te bendice. Dios te cambia los hábitos y las costumbres. ¿Vas a tu trabajo siempre por el mismo camino? ¿Haces todas las veces las mismas cosas? Eres una persona predecible. Para romper con patrones de conducta comienza a hacer las cosas de otro modo. Porque de alguna manera, tú diez: “Señor, yo me estoy determinando a que no sean los hábitos y las costumbres las que rijan. Yo tomo decisiones hoy para que tú me puedas hablar de una manera diferente. “Señor, quiero hacer las cosas distintas.”

¿Sabes tú las cosas diferentes que puedes hacer? La Biblia dice que son las zorras pequeñas las que arruinan la vid. Tú tienes una familia. Cuando viene una crisis grande, parece que toda la familia se une. ¿Has visto esas familias que se llevan todo el tiempo como perro y gato? Obvio, me estoy refiriendo a los perros y los gatos que se llevan mal, porque algunos conviven en paz y en armonía. Pero a esas familias, cuando les llega el problema, parece que están unidos.

Pero es suficiente con que desparezca el problema para que vuelvan otra vez a los viejos hábitos de costumbre. Porque no son las grandes zorras las que arruinan la vid; son las pequeñas. Tú sabes que a las zorras les gustan las cosas dulces. La zorra grande alcanza la uva, pero la pequeña no. Entonces a lo único que llega más o menos dulce, la pequeña, es a la nueva raíz que está saliendo. Entonces la zorra pequeña escarba y llega hasta la nueva raíz.

Son las cosas cotidianas, los hábitos, las costumbres las que revelan tus fundamentos. Por eso Dios dice: No te preocupes por las grandes cosas, a esas déjamelas a mí. Tú preocúpate por las menores. Suficientes problemas tienes en el día. Para que esa presencia de muerte que todavía necesita ser ministrada por el amor de Dios, para abrazar un futuro que quiebre con este pasado y que dé una posibilidad de cambio y de transformación, para que cuando seas viejo, no tengas que amargarte delante del espejo porque te das cuenta que lo que prometiste nunca has podido terminarlo. Y para que puedas ser la persona que cierre las puertas de maldición que vienen del pasado y abras las ventanas de los cielos y traigas la bendición que cambie y transforme lo que está por delante.

Tenemos, por ejemplo, las necesidades insatisfechas que producen egoísmo, porque más bienaventurado es dar que recibir. Cuando tú crees que es más bienaventurado dar que recibir, tú organizas tu vida y tu día para ser generoso. Si lo crees, realmente. Ahora bien; ¿De dónde viene ese estado de necesidad e insatisfacción? Otra vez vamos a ir al principio, porque eso es algo que está en nuestro fundamento. Un experto en publicidad, cierta vez, dijo lo siguiente: “El secreto de la publicidad más el secreto de los negocios, es hacer que la gente crea que tu producto la va a satisfacer. Que tú vas a conectar ese estado de insatisfacción que es inconsciente, y que está en el fundamento de la persona, con la realidad. Por eso es que la gente casi nunca compra producto, más bien compra marca.

Así está manejado el mundo. Los que manejan el mundo, son aquellos que han aprendido a manipular la insatisfacción del pueblo. Y normalmente, la manera de manipular a la gente, es prometerle algo que tiene un principio de verdad, pero que en la dimensión real de la promesa es una gran mentira. El diablo nunca te va a prometer maldición. No es estúpido, es un buen negociante. Por eso la Biblia dice que él fue condenado. Por la multitud de sus contrataciones. El diablo te promete algo, tú le das lo que él quiere y, después, lo primero que hará será robártelo. Te roba autoridad, te roba paz, te roba felicidad, te roba sosiego, te roba tranquilidad.

Cuando se piensa esto, es cuando uno se encara con el Señor y le dice: “Bueno, Señor; pero ahora dame una revelación con respecto a esto; ¿De dónde viene esto?” Entonces Dios te dice: ¿Recuerdas que fue lo primero que hiciste cuando naciste? Llorar. Eso fue lo primero que hiciste cuando naciste. ¡Es que lloré de alegría por mi llegada a la vida! Mentira, eso es un amable, elegante y almibarado verso. Porque de alegría tú te ríes, no lloras. Por eso tenemos semejante confusión. Por eso la Biblia dice que cambiarás tu lágrima por risa y tu llanto por alegría. Cuando se dice que se llora de alegría, en el fondo, hay una base de tristeza. Eso es la mezcla y la confusión de nuestra estructura emocional, por estar cargada de temor y no por experimentar amor.

Pero, lo cierto es que tú en aquella ocasión, lloraste por dos motivos. Lloraste, primeramente, porque cuando tu madre comenzó a tener contracciones, eso empezó de alguna manera, a detener el flujo sanguíneo que iba por el cordón. Cuando el flujo sanguíneo se comienza a cortar por el aumento de las contracciones, tú empiezas a sufrir carencia de oxígeno. El momento crítico es cuando tú estás en el canal de parto, cuando estás saliendo de tu mamá. En ese momento la contracción es tal que no hay flujo sanguíneo. Entonces corres peligro de tener daños cerebrales. Por eso el médico está allí. Que si eso se detiene o no pasa, te sacan con fórceps o ventosas. Sino, de última, habrá que hacer una cesárea para evitar años mayores.

Cuando tú naciste, tus pulmones estaban colapsados, estaban rodeados por una membrana. Esta membrana tiene terminales nerviosas como las membranas del corazón. Allí es, entonces, donde tú fuiste estimulado a hacer tu primera inspiración. Y cuando tú haces tu primera inspiración, tus pulmones se inflan y rompen esa membrana que los cubren.

El dolor que produce la ruptura de esa membrana, es sólo comparable al de un ataque cardíaco. Por eso es que cuando haces tú primera inspiración, lloras; porque la necesidad se une con el dolor. Cuando tú miras el temor a la muerte con el cuál estabas sellado, esa primera impresión, con necesidad e insatisfacción, tiene peligro de muerte. Y entonces nuestro estado de insatisfacción o necesidad, nuestra idea o estímulo de necesidad, está relacionado con el dolor y temor a la muerte.

Cuando empezaste a respirar, la oxigenación que entró, también expandió todos tus órganos interiores. Tú estabas satisfecho en tus necesidades de nutrición por lo que entraba por el cordón. Pero ahora, al entrar oxígeno, se expandió a todos tus órganos y empezó a desarrollar nuevas sensaciones. Ahí vino la sensación de hambre. El hambre en un bebé, es uno de los dolores más intensos que nadie podrá tener en su vida.

Y otra vez, allí, la necesidad está emparentada con el dolor. Por eso necesitamos nacer de nuevo, para que el temor por la necesidad, sea quebrado. Porque ahora Dios te promete que no vas a tener que preocuparte por qué vas a vestir o qué vas a comer, o dónde vas a vivir, porque Dios te lo garantiza. ¿Para qué? Para que en la experiencia del amor de Dios, tú sepas que en Dios, tienes todo satisfecho. Así que ahora ya no tienes que hacer todas las cosas para satisfacerte a ti mismo, porque el egoísmo te llevará a la insatisfacción. Por más que trates de buscar y de tener, nunca lo que viene de afuera te va a cambiar lo que está adentro. Por eso la Escritura dice que lo que contamina al hombre, es lo que viene de adentro, no lo que recibe de afuera.

El mundo, que está bajo el maligno, está estructurado para constantemente estimular tu temor y tu egoísmo. A tu temor a la insatisfacción. Por eso, el mundo material, el mundo de los negocios, hoy, es un engaño más grande que una casa grande. El sistema del mundo nos maneja y nos manipula por insatisfacción. Porque la base de la insatisfacción, es el temor, que nos estimula a pensar que estamos insatisfechos y a convertirnos en egoístas. Cuando estructuramos nuestra vida, nuestra elección de trabajo, lo que vamos a hacer cotidianamente, normalmente lo estructuramos para nuestra propia satisfacción. Entonces eso nos quita el poder de vivir en la realidad del Reino

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Procesados Por La Palabra

La palabra de Dios siempre es la misma, porque Satanás, el hombre y todo lo creado, está siguiendo un mismo patrón: el patrón del bien o el patrón del mal. Por esa razón es que en un texto muy conocido la palabra dice: …Para que la palabra de Dios, gobierne. Hay que aclarar, en este lapso, que esa palabra, GOBIERNE, aquí y casi siempre en la Biblia, viene de una expresión mucho más amplia que significa “Ser árbitro”. Esto, hermano, te deja una conclusión muy clara para tu vida: para que nosotros podamos resistir la fuerza del diablo, la palabra de Dios tiene que ser un árbitro en nuestras vidas. Es la que tiene que decidir. Esto sí, esto no. Es particularmente, una especie de filtro la palabra a través del cual lo tenemos que pasar todo, pero todo. Cuidado que no te está diciendo que la palabra de Dios te tiene que gustar, dice que te tiene que gobernar. Recuerda que el Reino de Dios no es ni democrático, ni materia opinable. Es una monarquía donde un rey manda y hay un solo camino para sus siervos: obedecer, porque en eso está y les va la vida, nada menos.

Satanás tiene tres tácticas fundamentales. La primera táctica, es la de la Inspección. ¿Qué va a hacer Satanás antes de atacar tu vida? Te va a inspeccionar. ¿Y qué cosa es inspeccionar? Es  Examinar, reconocer atentamente una cosa: ¿Cómo lo hará? Muy fácil. Lo hemos venido viendo en muchos estudios: a través de tus emociones.  Vamos a ver; él ha ido viendo, observando, en los últimos tiempos, tu manera de reaccionar. Si reaccionas activa o pasivamente, la cara, el rostro que tú pones ante distintas circunstancias, las palabras que tú dices; es decir que Satanás te inspecciona en búsqueda de áreas en donde pueda quebrarte, conocer tu o tus debilidades.

La segunda táctica que él va a utilizar, luego de inspeccionarlo, es Influenciarte. ¿Qué significa eso? Poder, autoridad de una persona sobre otra u otras. ¿Qué significará eso, entonces? Que se las va a ingeniar para crear situaciones acordes con tus debilidades. Seguro que no te va a venir a tentar a robar cuando sabe que tú no tienes un área de doblez en el robo. Va a procurar tentarte con lo que él ya sabe, (Por la inspección que hizo) en las áreas donde tú eres más débil. ¿Cuántos se han dado cuenta que somos atacados siempre en aquellas cosas donde somos más débiles? ¡Y qué bueno que somos para aconsejar en las debilidades de los demás! Él ya sabe qué triquiñuela hacerte para que tú dejes de orar, de leer la Biblia. Sabe si tú eres un emocionalista, o un sentimental, si te hacen mal las caras raras de los hermanos, o ciertas palabras que te puedan decir, o si te altera que te echen basura en tu vereda, o si te quita la paz el simple hecho de que se te estropee el neumático del auto, todo eso. Los gestos de tu vecino, las actitudes del hermanito ese… Todo lo que te quite la paz, allí te va a atacar.

Hay algo que tenemos que entender: Satanás no está apurado como algunos creen. Él es capaz de esperar veinte años tramando una táctica contra nosotros. Pero ¡Animo!, No estamos desprotegidos, sólo que a veces no acudimos a nuestra protección, queremos pelear la batalla con nuestras propias fuerzas. Si en un partido de fútbol a ti te están matando a patadas, lo mínimo que tú haces es quejarte al árbitro, no? Bueno; en la vida espiritual es lo mismo. La palabra de Dios es el árbitro en este caso, ya te lo expliqué. Si tú no apelas a ella no te quejes si te toca salir lesionado de la cancha, ¿Me entiendes? Luego de inspeccionarte y de influenciarte, si todo le camina bien y tú está abriendo tu santa boca y no te defiendes, él va a implementar su tercera táctica: la Invasión, y a esta creo no hay ninguna necesidad de explicarla, se explica sola, por sí misma.

Tú estás en una guerra. Cuando te convertiste, entraste en una guerra como protagonista, no como observador. Entonces es necesario que tú conozcas lo máximo sobre esa guerra. Si es que deseas resultar más que vencedor en ella, digo. En la guerra de Viet-Nam, alguno de ustedes con los años suficientes quizás la recuerda, los americanos no sabían ni para qué peleaban ni contra quién peleaban. Bueno; así les fue. En la guerra del Golfo, aunque fue una cosa muy distinta, el tema fue un poco diferente. Sabían contra quién peleaban y para qué. Se los habían informado un poco mejor y con menos engaños políticos. Bueno; la guerra, en la vida cristiana, es igual. Si tú no sabes ni para qué peleas ni por qué peleas, tú vas a ser un cristiano derrotado toda tu vida, aunque te tiren con bolitas de naftalina. Pero si tú sabes contra quién y para qué peleas, las cosas van a ser bien diferentes.

Así como te hablé de las tres tácticas para fastidiarle la vida, ahora quiero referirme a los siete pasos que Satanás va a usar para hacerte la guerra. Y no hablo de esto porque me guste hacerle propaganda al diablo, entiende que lo hago como informe del Departamento de Espionaje Celestial para garantizar tu victoria, si es que tú tomas debida nota de estos informes. Los siete pasos, son: 1)= Va a querer que nosotros empecemos con Regresiones.- 2)= Pasado ese primer punto, va a usar la Represión.- 3)= Después de esto vendrá la Supresión.- 4)= Luego vendrá una vieja conocida: la Depresión.- 5)= Como consecuencia de esta, sobrevendrá la Opresión.- 6)= A partir de esto, llegará la Obstinación o la Obsesión.- 7)= Y finalmente, si estos seis pasos le dan resultado, podrá tener acceso la Posesión.

Hay una realidad: muchos cristianos han sido arrebatados muy rápidamente del camino del Señor, porque no han conocido cómo el enemigo de nuestras almas trabaja para apartarnos de este camino de Vida Eterna. Inmediatamente que nos convertimos y cuando mejor estamos sirviendo al Señor, él va a intentar hacerte regresar con algo carnal. No se te va a aparecer un demonio, ni tampoco Satanás va a presentarse delante tuyo, diciendo: ¡Yo soy Satanás, y vengo a decirte que esta noche vas a soñar con brujas desdentadas! Tampoco se te va a aparecer un ángel negro cuando vas saliendo de tu casa para decirte: ¡Me opongo que vayas a reunirte con esos hermanos! No, porque en el peor de los casos, si es que tú no reprendes y sacas a patadas todos los demonios y en el peor de los casos, tú se agarra tal susto que te da un ataque y te mueres salvo, y no es eso lo que él quiere, precisamente.

A Satanás no le conviene eso. Él tiene que trabare con cosas que resulten normales para tu vida, pero que afecten tu manera de ser. ¿Qué va a usar? Un arma carnal. Algo que se toca, algo que se ve, algo que se huele. Hay muchos que no tienen una vida más espiritual a causa de cosas que huelen bien. Entre estudiar la palabra o irse a comer un asado argentino de carne vacuna con los amigos, se van detrás de la parrilla, ¿Viste? Entonces va a usar un arma carnal. Generalmente, las armas carnales que Satanás usa, son el chisme, la contienda; por eso la palabra Murmuración, Contienda, chisme, Habladuría, le hace decir a Santiago que La lengua inflama la rueda de la creación. Por eso, generalmente, una persona vuelve atrás por lo que le dijeron.

Tú vas saliendo de tu casa, tus cosas están bien y tú te sientes bien, es un día sino de enorme felicidad, al menos de paz y tranquilidad. Y de pronto vienen y te tiran una granada de chismes que te explota en el medio de tu crecimiento espiritual y te manda para atrás, te hace retroceder casi al mismo lugar desde donde arrancaste, o peor. Mira: cada vez que alguien va a la casa de un creyente para restaurarlo, el “me dijeron”, siempre está. Es como que muchos hombres de Dios lo tienen tan claro, que cuando tú llegas, según tu rostro, ya ni te preguntan qué pasa, te preguntan: ¿Qué te dijeron?

No tenemos idea de la cantidad de gente que se había convertido y andaba por las nubes y un día Satanás, utilizando estas cosas, los manda otra vez a cero. Al tiempo y después del zafarrancho, vuelven a la buena senda. Empiezan a repuntar otra vez, despacio, paso a paso y, cuando ya están llegando otra vez bien alto, aparece otra vez el “me dijeron” y ¡Pum!, Otra vez al suelo. Entonces claman: ¡Oh, Señor! ¿Por qué no me ayudas? Y Dios le dice: te estoy ayudando; hasta que no pases la prueba del “me dijeron” sin que se te mueva un músculo, no puedo hacer nada contigo.

Entonces, el principio es regresión. Satanás va a intentar por cualquier medio hacerte regresar y volverte a cero, y si puede, a menos diez. ¿Cuántos han pasado por esto? Con el “me dijeron”, con el “no me dijeron”, con el “me hicieron” o con el “no me hicieron”. No te condenes, no te pasa a ti solo. Le ha pasado a todos los cristianos del mundo entero. Todos. Es la táctica, por eso Pablo les dijo a los Tesalonicenses: no se hagan los resentidos como si esto les hubiera pasado solamente a ustedes. Lo que les está pasando a ustedes, les está pasando a todos los hermanos del mundo. Porque la lengua inflama la rueda de la creación. ¡Lo intentó con Jesús! Fracasó, claro, pero… ¿Por qué supone que no lo va a intentar contigo, también?

Y no te confundas. Si no conoces estas cosas, tú andas por ahí queriendo arreglarle el problema a todo el mundo. Y a esto no lo arregla ningún pastor, maestro, apóstol, profeta o evangelista; a esto lo arreglas tú, en tu vida, no dejando que las cosas que te rodean, afecten tu relación con Dios, ¿Me estás entendiendo?  Una vez que Satanás te hizo regresar, pone por obra su segunda arma: La Represión. ¿Qué significa reprimir? Comprimir. ¿Qué significa esto? ¿Cómo se ve esto en la vida cristiana? Que tú sigue yendo a la iglesia, cantando, alabando, pero ya no como antes. Ya no saludas a los hermanos como antes, ya no abrazas a la gente como en aquellos tiempos en que casi les rompías los huesos en cada saludo.

No estás igual. Es como algo a flor de piel imposible de explicar. Y más si alguna persona tiene un grado, un algo mayor de espiritualidad, ahí nomás se pone a mirarte como a un bicho raro, ¿Sabes por qué? Porque Satanás, utilizando técnicas tales como el status, el temor al ridículo y otras, logró reprimirte. Sigues viniendo, sí, participando, sí, pero total y absolutamente reprimido. ¿Sabes lo que es la represión? Hacer lo que hacías antes, pero no como lo hacías antes. Sí, vas a leer la Biblia, pero casi como por obligación. “¡No se preocupen! ¡No hay problemas! ¡El Señor me conoce! Es verdad. Y ese, precisamente, es tu problema. Dios te conoce.

Está bien… No estoy como estaba, pero Dios sabe la causa… Bueno, ese es el problema, que Dios lo sabe… Si te las hubieras ingeniado para que él no se enterara, era otro cantar. ¡Ah! ¡Qué cansado que estoy! Me acuerdo de cuarenta años atrás, cuando yo leía la Biblia… Te hizo regresar y luego, te hizo reprimir. A mí me gustaría celebrar con soltura en esas canciones que… Pero, ¿Qué van a decir? ¡Soy un hombre grande y un hermano muy respetado! Si dejaras que la libertad de Cristo operara en ti, serías mucho más respetado.

Después de todo esto, viene la tercera fase: to empieza a Suprimir. La supresión. Ya no dices nada ni te tomas el trabajo de quejarte, protestar o lamentarte; Nada. Te sientes herido. ¿Sabes por qué la gente se hiere? Porque su Ego todavía está demasiado entronizado. Ya no expresas gozo. Tienes la cara larga, aburrida. Has empezado a suprimir el gozo dentro tuyo. Suprimes cosas. Le quitas tiempo a la oración, a la palabra, a la adoración, al ayuno. Satanás trabaja así. Primero te hace regresar con un cross de derecha. Si no lo logra, si no logra voltearte con eso, te empuja a reprimirte, a ya no expresarte como antes. Si eso no alcanza, avanza otro pasito más, que es la supresión, empezar a quitarle tiempo a las cosas de Dios.

Cuando los comunistas tenían rodeada a Moscú, en 1917 creo que era, en la ciudad, varios jerarcas del gobierno en lugar de armar la defensa, discutían sobre si una mosca se caía en una taza de agua bendita, si es que se profanaba y contaminaba el agua o si es que se santificaba la mosca. Muchos creyentes son iguales. Afuera el diablo se está llevando gente a carradas al infierno, mientras que adentro muchos están discutiendo sobre si a la alabanza la tiene que dirigir el hermano Pepe o el hermano Paco. No te rías, es trágico. Regresión, Represión, Supresión.  Algunos creyentes tienen una alegría cuando salen del templo donde asisten. Pero no porque la reunión estuvo buena, sino porque ¡Uf!, Al fin terminó. Es gente que durante la alabanza, mientras todo el mundo se copa, salta y camina por las paredes, ellos apenas mueven la boca. Luego, mientras la mayoría adora, ellos aprovechan para curiosear quien vino con quien y, de paso, mirar algunas cosas que si la gente estuviera toda atenta, jamás se animarían a mirar. Y durante el mensaje vuelan, navegan, se pierden en la estratosfera y, cuando por ahí prestan un poco de atención, son capaces de buscar una carta de Pedro en el Antiguo Testamento. Eso sí; ni bien termina el culto, se transforman en los humoristas de la iglesia.

Ahora; si todo se redujera a estas cosas, nada más, no habría problemas. El problema está en que esto puede afectar tu eternidad, ¿Lo sabías? Y la que viene ahora, es tremenda. Sí, porque el diablo, después que te regresa, te reprime y te suprime, pasa a la cuarta que, si bien es una muy vieja conocida de todos, todavía anda por todas las iglesias casi a su antojo: La Depresión. Te deprime. ¿Cuántos han conocido alguna vez a doña Depre? Sí, esa que anda haciendo estragos por el mundo. Y por alguna que otra iglesia, también. Vamos a ver: ¿Qué es la depresión? Cuando Satanás toma control de su voluntad. Algunos dicen: ¡Pero! ¡De bien que estaba! ¿Cómo me pudo agarrar esto? No te confundas. Ese “de bien que estaba”, no existe. La depresión es un proceso de pasos progresivos. Satanás toma control de tu voluntad y tú ya no quieres hacer nada. ¿Y sabes cuál es el problema de los deprimidos? Que empiezan a poner cargas a las personas que los rodean. Si fuera solamente que los depresivos fueran un problema ellos, pero no. También se transforman en una carga para los que los rodean.

¡Y atención que estoy hablando de creyentes, eh? A veces, los que se deprimen, tienen como fases donde parecen recuperarse, pero después vuelven a caer en el mismo pozo y la desesperación, (léase depresión) es aún mayor que antes. La depresión, hermano, hace que tú te empieces a apoyar en la gente. ¡Uf! De acuerdo con lo que se puede vislumbrar sin ser un experto en el tema, hay un común denominador entre los deprimidos: han sido defraudados sentimentalmente por otras personas. Esto es mayoritario en alto grado. Han tenido una mala experiencia en sus emociones y sus sentimientos por causa de otra persona. Un padre, una madre, un esposo, una esposa. Hay un estudio acerca de drogadictos y homosexuales y todos tienen un común denominador: malas experiencias en el área de los sentimientos y las emociones. Entonces, eso produce un escapismo. El alma sufre.

¿Tú recuerdas lo que era el SIDA? Bueno; deberé decirte que el alma está enferma de SIDA. ¿Sabes por qué? Porque SIDA, significa Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida. Cuando una persona se deprime y no sana su alma delante del Señor, su alma se vuelve débil y pierde la característica de defensa. Cuando le entregaste tu voluntad a un espíritu, cuando tú haces cosas que no quisieras hacer, es porque tu voluntad está siendo tomada por un espíritu inmundo. Aunque seas cristiano. No digo que estás endemoniado, digo que vas rumbo a. La depresión es un elemento de cooperación satánica. Cuando tú te deprimes, tú estás cooperando con Satanás para que él te haga un desquicio en tu vida. Por eso es que los hechiceros, cuando van a hacerle algún trabajo a alguien, piden cooperación a su cliente. Porque los demonios no pueden trabajar sin tu cooperación. Haz esto, piensa en aquello, ve para allá, cierra tus ojos, deja tu mente en blanco. Te están diciendo todas estas cosas porque necesitan tu cooperación en el área de tu voluntad. Entonces viene la depresión. Tú les cedes esas armas y ahí viene el alcoholismo, la drogadicción, el suicidio. Esas personas necesitan liberación y una ministración especial, no consejitos prácticos de la tía Porota.

Ahora bien: cuando una persona permanece en depresión, inmediatamente, casi sin demora, comienza a vivir una vida de opresión. No se pueden levantar, no quieren ver a nadie, se vuelven obstinados y, si esa persona no es liberada, puede terminar en lo peor: volverse una persona con espíritu de obsesión. ¿Tú sabes, hermano, que una persona obstinada, obsesiva, tiene una particularidad? Todo lo ve al revés. Lo bueno, lo ve malo y lo malo, lo ve bueno. ¿Cuántas veces uno choca y entra en conflicto porque tú estás viendo que las cosas están bien y el otro está viendo que las mismas cosas están mal? Es indudable que uno de los dos está mal, está equivocado. Sólo que hay un problema: no se dan cuenta, porque se ven las cosas al revés.

Vienen a la iglesia, y mientras la mayoría de los hermanos más se gozan y más alaban al Señor, ellos lo ven cada vez peor. Pasa un hermano a decir algo, a compartir algo, todo el mundo se goza pero ellos son los únicos que lo ven mal. ¡Hermanos! ¿Qué les parece si hacemos esto para la gloria del Señor? ¡Sí! ¡Amén! Todo el mundo contento, pero siempre hay uno que lo ve al revés. Hay un espíritu de obstinación. Si algo bueno sucede, lo ven mal. Si algo bueno le pasa a alguien, lo ve mal. Si Dios prospera a un hermano, lo bendice, lo enriquece, él lo ve mal. El Señor bendice a alguien usándolo en alguna área, ellos lo ven mal. Tú te acercas a ellos y les das un abrazo de amor y dicen: “este me quiere sacar algo…” Les das algo, y dicen: “Este me quiere comprar…” Les pides algo, “Este es un pedigüeño…” Son hermanos puerco espines: donde los tocas, pinchan.

El máximo problema que mayoritariamente tenemos los cristianos, es que llamamos a las cosas con un nombre diferente. ¿Sabe qué decimos de eso? “Y… el hermanito es así…” ¡No! ¡Está quemando las últimas etapas, en que un espíritu de turbación y un demonio se le meta adentro! Claro; esta parte no nos gusta. Nos dejan mucho más tranquilos los mensajes voluntaristas donde nos dicen que no importa, que está todo bien. ¿Sabes una cosa? Ese no es el evangelio que predicó Jesús. Y si el evangelio que te predican, no es el que predicó Jesús, sea quien sea el que se lo predica, tenga el prestigio evangélico que tenga y la fama que haya cobrado, es Falso Evangelio.

La iglesia de Jesucristo va a ser sacudida como el olivo. Y Dios va a sacar toda la basura de la iglesia. No personas, basura. Eso sí; el que esté agarrado de la basura, va a tener que irse. Dios va a limpiar su pueblo. Las personas obsesivas, también le cambian el sentido a las cosas. Fíjate. Pasa algo en tu vida y es increíble como dos tipos de personas se te van a acercar: una para abrazarte, para amarte, para decirte cosas. Si lo que te pasa es bueno o malo, no interesa, el espíritu se ve lo mismo. Y tú ves el espíritu de la persona que se acerca a tu vida y te das cuenta el tipo de gente que te rodea.

Pasa algo en tu vida y se te acercan dos tipos de personas. El que se acerca identificándose con tu necesidad, levantándote, dándote una palabra hermosa para levantarte y ponerte en el lugar donde Dios quiere que estés y se acerca el otro, el que ya ha “discernido” y que ya ha tenido “una revelación del Señor” y, generalmente, dicen lo mismo: “Yo ya lo sabía, nada más que no te lo quería decir”. Son demonios… “Yo ya lo venía viendo” ¿Y entonces por qué no hablaste, menso? – ¡Ah! A mí ya me parecía, pero no quería hablar”. Entonces son mentiras; Satanás te tenía cegado los ojos. No me sirve ese tipo de gente. La gente de Dios tiene que ser gente que tenga problemas, sí, pero que los enfrente, no que les eche tierra encima para taparlos.

Luego, de la obsesión a la posesión, puede haber un paso muy largo. Pueden pasar hasta años. No es muy frecuente, pero se puede dar que una persona, cuando se vuelve con esa obsesión, se vuelve terca, dura, no cambia nunca y, con el tiempo, un espíritu se mete dentro de ella. Y te voy a decir algo: la gran mayoría de los casos, cuando un creyente permanece sin fluir en Dios, se vuelve una traba para la obra de Dios, se hace irreversible sacarlo de esa situación. Mucho más difícil que con un ateo, no creyente, que haya estado en la hechicería o en la brujería. ¿Por qué? Porque no han conocido a la palabra de Dios. Cuando la palabra de Dios parte el alma, parte el cuerpo.

La Biblia dice que horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo. Habría que agregarle a esto: sobre todo cuando hemos conocido el evangelio y después queremos seguir viviendo con las maneras, las costumbres y los métodos con que vivíamos antes. Mejor, -nos dice la Biblia-, nos hubiera sido no haberlo conocido. Pero no te pongas triste por esto, que tenemos suficientes armas e información para ser ese hombre y esa mujer que Dios ha destinado que seas para gloria de su nombre. Cuando nosotros simplemente consideramos un pensamiento que viene de Satanás, entramos en un serio problema. Por considerarlo, nada más. Llevar ese pensamiento una noche a la cama e irnos a dormir con él. Mimarlo en nuestra almohada cuando el manto de la noche cae, incubarlo. Si un pensamiento no es de Dios, no lo incubes. Aunque suene lindo, aunque alimente tu Ego, aunque te haga aparentemente feliz, aunque te haga sentirte bien, no lo alimentes; piensa en lo honesto, piensa en lo bueno, piensa en lo honrado, porque esta es la voluntad de Dios.

Debemos ser procesados por el cerco de la palabra. Filtremos pensamientos, actitudes, conversaciones, propuestas, proposiciones que nos hagan, ofertas de trabajo, proposiciones matrimoniales; todo lo que viene a tu vida, procésalo. Tomemos los consejos de sabiduría. En primer término, oigamos. Es imposible no oír a menos que no se desee oír. Cuando tengas una propuesta en cualquier área de tu vida, óyela; segundo: anótala y tercero, ora por ella. Cuando vayas a tomar una decisión, anótala en alguna hoja. Ponla cerca de tu lugar de oración. Oye, anota y ora, porque la decisión más simple puede llevarte al mayor desastre de tu vida. Muchas personas han tomado decisiones apresuradas por impulso de sus almas o de sus ansiedades y luego les ha tocado llorar todo el resto de sus vidas a raíz de esas decisiones. Y para colmo de males, se los ve muy contrariados porque, -dicen-, están orando para que Dios obre y Él no parece oír esas oraciones. Madurez.

Hubo un caso, entre tanto que muchos de ustedes seguramente conocen, más algunos otros que quizás lo habrá vivido en carne propia, de una joven, muy bonita, creyente fiel, honesta, virgen, de una vida intachable en santidad, que se enamoró de un muchacho que no era creyente y, confiada porque él iba a la iglesia a acompañarla, no oyó la palabra de hermanos con discernimiento y se casó con él. El matrimonio duró dos meses, porque a los dos meses, él ya la había agredido físicamente con lo que tuvo más a mano por dos motivos específicos: no acceder a sus perversiones sexuales e insistir en seguir yendo a la iglesia. Esa mujer quedó arruinada por el resto de su vida por causa de una decisión con origen en su alma y no en su espíritu. Hay escalas de decisiones en la vida. Hay decisiones mayores y decisiones menores. Las decisiones mayores, son las que determinan tu vida, tu futuro, tu eternidad. Hay decisiones menores que son las que programan lo cercano de su vida. Pero todas las decisiones, mayores y menores, deben pasar inexorablemente por la palabra.

En el alma, no hay autoridad divina. Por eso, cada vez que tomes una decisión en tu alma, recuerda que Dios no se hace responsable de apoyarte. Pero si tomas una decisión conforme al espíritu, sí, porque en el espíritu sí hay autoridad divina. ¿Puedes darte cuenta de esto? Nunca tomes decisiones por miedo o temor. Si el Señor te dice que no lo hagas, no lo hagas, aunque todo el mundo se te venga en contra. Aunque se te levante tu familia para intimidarte, si Dios te lo está diciendo en tu espíritu, si te está mostrando con claridad el camino que debes tomar, el camino que él ha marcado para tí, mantente firme y jamás vuelvas atrás.

Si has decidido poner las manos en el arado y poner tu vida a los pies del Señor; si has decidido poner tu profesión a los pies del Señor; si has decidido llevar a tu esposa y a tus hijos al cielo, tomar una decisión como la de Josué, en este día, es casi una obligación: “Yo y mi casa serviremos a Dios.” Y el que nos quiera seguir que nos siga, pero que tengamos una voluntad firme, sólida, en el propósito eterno. ¿Fácil? ¡De ninguna manera! ¿Quién te predicó un evangelio fácil? ¿La Biblia dice que los profetas del Antiguo Testamento, que Juan el Bautista, que el mismo Jesús y que Pablo vivieron vidas cómodas, prósperas, tranquilas y disfrutando hasta sus jubilaciones o retiros? Pero ten ánimo: la palabra de Dios parte para sanar, sana para restaurar, separa para cooperar y une para funcionar.

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El Ámbito de las Abominaciones

A esta altura de la vida, deben ser muy pocos los creyentes que ignoran la existencia de maldiciones que pueden perturbar sus vidas o, lo que es peor, molestar su relación con el Señor. Deben ser muchos menos, -quiero suponer- los que todavía no tienen ni la menor idea de que esto verdaderamente existe, que es bien real y que, si se desconoce o no se le da importancia, puede convertirse en un mal terrible capaz de desencadenar cualquier cosa, incluida las peores que tú puedas imaginarte. La pregunta, entonces, que el natural temor nos produce, es: ¿Pueden evitarse? ¡Claro que pueden evitarse! ¿Tú conoces alguna treta del diablo que no pueda ser neutralizada por el poder y la estrategia de Dios?

La primera causa por la cual pueden llegar maldiciones a tu vida, es el separarte de Dios para ir detrás de dioses ajenos, de dioses falsos. Allí entra una rama que es la del poder: Hechicería, Brujería, Encantamiento, etc. Hay otras dos ramas que son las del conocimiento, (Astrología, Religiones falsas) y la de los objetos (Fetiches, Amuletos, etc.) De esto ya hemos hablado en otros estudios. Pero aquí vamos a incursionar en un tema totalmente distinto, que tiene que ver con ese flagelo llamado “maldiciones”, pero que también se podría ubicar en principio, como Pecados Morales. Esos son los pecados contra la ética, pecados sexuales, etc. Te invito a ir al libro de Deuteronomio para ver una verdadera lista muy clara de doce pecados que producen maldición, según Dios mismo.

(Deuteronomio 27: 15)= Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová , obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.

Presta atención: no está hablando aquí de aquel que adora imágenes, eh? Eso ya fue dicho. Aquí la maldición alcanza, por decreto de Dios, A los fabricantes de imágenes, ya sean artesanos, artífices o empresarios de fábricas elaboradoras en serie de estos objetos. Te lo comento por las dudas, ¿Está claro? No sea que el diablo tenga engañado por allí a alguno, murmurándole al oído algo así como: “No te hagas problemas; basta con que tú no los adores, puedes seguir ganándote la vida fabricando esos muñequitos para los idólatras religiosos…” ¡Mentiroso!! La Palabra de Dios, aquí, muy clara y no caducada, te está mostrando que, si de una u otra manera estás colaborando para fabricar objetos que luego serán utilizados para alguna forma de adoración, la maldición te alcanza y te somete.

(Verso 16)= Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre.

Este verso no necesita ninguna acotación demasiado extensa. Todos sabemos muy bien lo que significa honrar o no honrar a nuestros padres. Cuidado: esto no tiene absolutamente nada que ver con que ellos se lo merezcan o no; tiene que ver con una cuestión de obediencia a un mandato del Señor. He sido testigo de ambas asimetrías del error o de la causa de una maldición. Por un lado, hijos absolutamente olvidados de sus padres, generalmente ancianos, dejándolos casi librados a su propia suerte, máxime teniendo en cuenta que en países semi desarrollados, las jubilaciones o los retiros de los ancianos distan mucho de sostenerlos en todas sus necesidades. Pero, por otro lado también me ha tocado ver a padres desalmados que se aprovechan de sus hijos de todas las maneras, incluidas las materiales y hasta sexuales, siendo merecedores en este caso de la misma sanción aquí preanunciada.

(Verso 17) Maldito el que redujere el límite de su prójimo.

Esto no tiene nada de moral, pero sí se relaciona con la ética: robarle algo a nuestro prójimo, reducirle los límites de su propiedad, introducirle las manos, ya sea compulsiva o pacíficamente, en sus bolsillos sustrayéndole algo que le pertenece por cualquier método, desencadena juicio de maldición. MInistro: a la hora de la ofrenda, es lícito y hasta obligatorio si tú quieres, recordarle al pueblo la voluntad de Dios respecto a nuestra generosidad. Eso será bendito. Si por el contrario, tu necesidad o algo similar te lleva a intentar alguna clase de manipulación emocional o psicológica para producir mejor ofrenda, jurídicamente eso será figura de robo, de achicar límites a tu prójimo. Eso será maldito. Porque en definitiva, todos sabemos que cualquier forma de manipulación de una voluntad sobre otra, se llama Hechicería. (Verso 18)= Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino.

Esto tiene dos facetas: la literal, que implica el pecado de aprovecharse de una persona privada de su vista, y la espiritual, que sería el aprovecharse de la ignorancia espiritual de alguien haciendo que erre el camino, que erre el blanco, por motivos de intereses personales o sectoriales. De hecho, esto ha ocurrido y sigue ocurriendo, lamentablemente, en todo o casi todo el espectro de lo que podemos llamar cristianismo convencional y tradicional, a favor de los pocos escrúpulos de cierto liderazgo, pero también (Y valga la acotación básica) de un alto grado de comodidad y pereza por parte de la misma gente engañada. Obviamente, al errar el blanco, quedan inmersos en la palabra original amartías, que es la que luego traduciremos directamente como pecado.

(Verso 19)= Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda.

Este pecado, en líneas generales, tiene que ver con alguna determinada actitud de acepción de personas, sea por su color de piel, su condición social o razones étnicas. Es más que obvio que de ninguna manera habrá un evangelio que justifique la discriminación por raza, color de piel o diferencias culturales. De hecho, esto no puede ni debe confundirse con otras clases de supuestas discriminaciones que tienen que ver directamente con lo que el cielo estima como pecado: el aborto y la homosexualidad. El gay no debe ser ni discriminado ni agredido, lo que debe ser es ayudado y restaurado al diseño que Dios dispuso para su vida. Para esto, es necesario que se reconozca que Satanás pervirtió ese pensamiento y lo llevó a sentirse como parte de un género que no es el que se comparece con su estructura física. Si nació con genitales masculinos, no puede permitir que el diablo le meta en su mente que es una mujer, porque a falta de genitales femeninos, usará los que tiene para pervertirse sexualmente.

(Verso 20)= Maldito el que se acostare con la mujer de su padre, por cuanto descubrió el regazo de su padre.

Es obvio que no se hace alusión a la madre de quien comete el pecado, sino a una segunda esposa de quien es su padre. De lo primero no se puede ni hacer mención, pero de lo segundo, a muchos les ha parecido que “no era para tanto”, ya que se trataba de una desconocida… En alguna ocasión, escuché decir a un pastor mayor, de mucha experiencia en el ministerio, que la calidad de pecado que él había encontrado en la iglesia, difícilmente se lo podía hallar en el mismísimo mundo secular e incrédulo. Algo debe significar, eso.

(Verso 21)= Maldito el que se ayuntare con cualquier bestia.

Esto, que en el argot científico se denomina “zoofilia” y que puede parecer tan deleznable para un creyente, sin embargo ha tenido resonantes casos en varias sociedades y no pocos en los círculos determinados como “religiosos”. Algo debemos aprender definitivamente. Cuando Satanás logra poner sus garras sobre alguien que ha dejado sus puertas espirituales abiertas para la actividad franca de cualquier demonio, las cosas que pueden sobrevenirle, directamente son inimaginables para cualquier mente sana y limpia.

(Verso 23)= Maldito el que se acostare con su suegra.

Otro que parece exento de mayores comentarios, pero que sin embargo (Y ciertos programas de televisión desinhibidos son prueba palpable, evidencian su factibilidad en la realidad. Además, la psicología freudiana se ha encargado de blanquear algunas actitudes o decisiones que, lejos de significar verdaderos lazos de familia, encierran algunos pormenores oscuros como producto de la actividad espiritual maligna en esas vidas.

(Verso 24)= Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente.

Puede tratarse de heridas físicas, de hecho. Pero creo que tiene que ver mucho más con las heridas anímicas, emocionales, del alma. ¿No es el tratamiento cargado de hipocresía, una herida a la dignidad de un ser humano? Averigua, por favor, en qué lugar, dice la Biblia, que nació la hipocresía. Te doy una pista, por allá por jeremías, anda… Además, todos sabemos que hay palabras que abrazan y palabras que golpean, el asunto está en tener más que claro cuales usamos con unos y cuales con los otros.

(Verso 25)= Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida al inocente.

Esto, en lo literal, tendrá que ver con los asesinos a sueldo, con los llamados “sicarios”, es decir: con el crimen organizado y por encargo. Típicos de las organizaciones mafiosas, pero en el ámbito espiritual, tiene directa vinculación con las injurias, calumnias y ataques contra hombres o mujeres ungidos, hechos por sectores de la religión organizada que atentan contra la vida, en este caso espiritual, de un inocente. ¡Hermano! ¿Soy muy mal intencionado si interpreto que usted me está comparando a estos sectores religiosas nada menos que con la mafia? No. No eres mal intencionado, eres inteligente.

(Verso 26)= Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas.

Además de tener en claro que lo que puede atraer una maldición sobre una persona es la adoración de dioses falsos, aquí se nos ha dado una muy definida lista de doce pecados por los cuales se recibe maldición.

La tercera causa de maldición, es: Maldecir al Pueblo de Dios. La sociedad secular ingresa en maldición casi sin sospecharlo, porque en más de una oportunidad y fuere por lo que fuere, ha proferido palabras ofensivas, (Decir mal, Maldecir) en contra de la Iglesia del Señor. Más que contra la iglesia, que por ahí en sus estructuras puede dar pie a alguna crítica justa, contra el creyente fiel. Esto sí es espiritual. Pero en lo literal, también tiene su ejemplo, aunque a muchos pueda resultarle molesto, en una palabra que a nadie agrada: antisemitismo. Te puede o no agradar Israel con sus modos, sus políticas y su cultura. Pueden caerte simpáticos o antipáticos los judíos. Lo que no puedes, es borra que en algún momento de la historia, aunque ya hoy no, ellos hayan sido el pueblo elegido. ¿Por mejores? Creo que no, más bien lo opuesto. ¿Por qué? Porque fueron el vehículo que trajo a Jesús. Y lo vil y lo necio levanta Dios para avergonzar a lo sabio…¿Entiendes?

(Génesis 12: 2-3)= Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren, maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

¿Cuánto tiempo hace que Dios le dijo esto a Abraham? Miles de años. Sin embargo, esa maldición permanece: la bendición también. En lo estrictamente literal y lineal, relativo al pueblo de Israel hoy, se lo merezca o no como nación; esto es lo dicho: antisemitismo, el típico y hasta incomprensible odio al judío, un odio por el odio mismo, la mayoría de las veces, sin una causa justa. Hay creyentes que han sido engañados de tal modo por el diablo, que dicen odiar a los judíos “porque mataron a Dios” (??) Espiritualmente, en cambio, par todos los hermanos en la fe herederos de Abraham, no ya por raza o sangre o genética, sino por la fe en Cristo. Si bendecimos, recibimos bendición; si maldecimos, recibimos maldición; no hay alternativa, no hay término medio, no hay opción. Es decir: no hay justificación alguna delante de Él.

(Génesis 27: 29)= Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.

Cuarta causa de maldición: Confiar en el hombre.

(Jeremías 17: 5)= Así ha dicho Jehová: maldito el hombre que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.

Ya sé que esta es una escritura evangélicamente trillada, altamente difundida. La hemos visto, leído, predicado y comentado cientos de ocasiones. Lo que me estoy preguntando es sí, definitivamente, alguna vez la hemos puesto en práctica. “- Y…¿Sabe hermano..? Yo andaba muy bien, ¿Me entiende? Pero un día se descubrió que el pastor cometía fraude con los dineros de la iglesia. Y… fue un golpe muy fuerte para mí y me desmoroné…-“ ¡Te equivocaste, amigo! Pusiste tus ojos en un hombre; pastor, siervo ungido en su momento, es verdad, pero hombre al fin…

“- Yo estaba excelente… Pero cuando ese  evangelista que predicaba por la televisión cayó en pecado, me sentí tan avergonzado que, por un tiempo muy extenso, no quise saber más nada ni con la Iglesia ni con los hermanos…-“ ¡Ah! ¿Y qué te interesa a ti un telepredicador que cae en pecado, más allá de la compasión que por cualquier pecador se podría experimentar? ¡Jesucristo es el mismo y no cambia! ¡Dios todavía está sentado en el trono!

La bendición, entiende, tiene relación directa con Jehová como Dios y nosotros como hijos fieles que le obedecen. Pero la maldición tiene relación con Jehová como Dios y nosotros buscando metodologías alternativas. La motivación para esta transgresión está en el deseo del hombre de ser independiente de Dios. Cuando el hombre descansa en su propia habilidad, su conducta revela que ha descansado más en sí mismo que en Cristo. El resultado es y será conforme a esa decisión. ¿Por qué? Porque al elegir confiar en nosotros o en otro hombre, estamos despreciando a Dios y ese desprecio, nos trae maldición. Aprovecha la bendición de este estudio, pero no alabes, adores o admires a su autor o a este ministerio. Ambos somos apenas instrumentos escogidos para esto.

(Jeremías 17: 6)= Será (El varón) como la retama del desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales del desierto, en tierra despoblada y deshabitada.

¿De qué te habla esto? De sequedad, de infertilidad, de ausencia de frutos, de todo seco, de muerte. La ilustración de una persona que ha desairado a Dios, es esa: frustración, esterilidad. ¿Has visto algo de esto cerca de ti?  Y aquí hay que tener cuidado con algo muy singular. Todos los grandes movimientos de Dios han tenido esto. Ha venido el poder de Dios, por la gracia, por la misericordia, por la pura compasión de Dios y levanta una obra. Pero cuando a continuación llega –esto se ha visto mucho, lamentablemente- el poder de los números, el poder del dinero, el poder humano, se separa de Dios y: pierde el poder, pierde la unción. El apóstol Pablo examina esto en su carta a los Gálatas.

(Gálatas 3: 1)= ¡Oh Gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, (Fascinó, quiero aclararle, es un sinónimo de Encantar, y Encantar, es sinónimo de Hechizar. Es muy frecuente que nosotros digamos, en muchas ocasiones, que tal cosa nos fascinó, o que esto es fascinante, o que aquello nos encanta. Aprende. Ni Fascinar, ni Encantar, son términos buenos para que los utilicemos los creyentes. Y te puedo asegurar que no me coloco en posiciones legalistas, exageradas, ni anticuadas. Lo que trato de hacer es que no te ates a nada que luego puedas tener que lamentar). A vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?

Esta influencia satánica ha venido a oscurecer la única fuente de la gracia de Dios. El centro del mensaje del evangelio, es Cristo crucificado. Ese es el centro del mensaje. El Cristo crucificado es el que nos trae la vida. La crucifixión nos lava, nos limpia de pecado. Una vez separados de la gracia de Dios, fíjate: te lo reitero, grandes movimientos levantados por el poder de Dios. Crecimiento. Prosperidad, popularidad, todo lleva a que sus responsables, se aparten de Dios. Un día el poder se retira, y… ¿Qué ocurre? ¿Qué sucede cuando los hombres ven que el maravilloso poder de Dios se ha retirado? Lo reemplazan inmediatamente por una serie de leyes religiosas. “- Ustedes se van a una secta-“ “-Ustedes no se pueden ir, o ustedes pierden su salvación, o ustedes están fuera de cobertura…-“ Las leyes. Para sujetar, para retener, para no dejar que las cosas se vengan estrepitosamente al piso. Allí es donde se suele ingresar en la manipulación, que es como decir que, dentro de una congregación que se dice cristiana, entra la Hechicería.

Y te pido que no pienses en ningún nombre propio. Aunque lo que digo coincida con algo o con alguien que tú conoces, ni se te ocurra pensar en un nombre y un apellido. Porque esto, es obra del diablo. Y nuestro trabajo es estudiarlo para prevenirlo, no arrojarlo como al descuido para que algún sufriente irresponsable pretenda hacer justicia por su propia mano. Eso, también es obra del diablo.

(Versos 2-10)= Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por el oír con fe? (Pregunta contemporánea si las hay) ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?  ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Si es que realmente en vano, aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe? (Pregunto: ¿Recuerdas tu época de recién convertido?) Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. (Así también nosotros)

Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. (¿Y los que no son de fe?) Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: en ti serán benditas todas las naciones. (¿Leíste bien? TODAS) De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham. Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, (Por eso son agrios y malhumorados) pues escrito está: maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

Lo que sucede, entonces, como vemos, es que cuando Dios retira su poder de un lugar a causa del apartamiento del hombre para con lo que es su voluntad, aparece el legalismo. Cuando el espíritu de hechicería entra a una iglesia o a un grupo, junto con él, llega el legalismo. Porque el legalismo es lo ideal para poder sujetar a la gente. Para poder dominar, intimidar o manipular a la gente. El legalismo se define de dos formas: 1)= Como el intento de alcanzar la justificación de Dios a través de una serie de reglas. Romanos 3:20 dice: Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

2)= El legalismo también puede ser definido como un intento de imponer normas más allá de la misma Biblia. Normas extra de justicia, más allá de las que pone Cristo. ¿Cuáles son las normas para ser justos? La Biblia dice que la norma para ser justo es recibir a Cristo; y la sangre de Cristo nos justifica. Ahora, si a esa justificación de Cristo tú le agregas que te tienes que vestir de tal o cual modo, que tienes que comer tal o cual cosa o que no tienes que comer tal o cual cosa, estamos poniendo cosas más allá de las que puso Cristo. Todos los que dependen de las obras de la ley, están bajo maldición. Lamento no poder decir ¡Aleluya! Aquí no cabe, ¿Se da cuenta? En Gálatas 1 del 6 al 9, Pablo examina otra forma en que la maldición puede llegar a los creyentes.

(Gálatas 1: 6-9)= Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Hay tres causas más, juntas, por las cuales viene maldición: Los últimos tres profetas del Antiguo Testamento, (Hageo, Zacarías y Malaquías), nos dan tres razones por las cuales viene maldición sobre el pueblo de Dios: 1) El Hurto. 2)= El Perjurio. 2)= El Robo a Dios.

(Zacarías 5: 1)= De nuevo alcé mis ojos y miré, y he aquí un rollo que volaba. Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo, y diez codos de ancho. (Aproximadamente nueve metros de largo por cuatro y medio de ancho) Entonces me dijo: esta es la maldición que sale sobre la faz de la tierra; porque todo aquel que hurta (como está de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que jura falsamente (como está del otro lado del rollo) será destruido. Yo he hecho salir, dice Jehová de los ejércitos, y vendrá a la casa del ladrón, y a la casa del que jura falsamente en mi nombre; Y permanecerá en medio de su casa y la consumirá con sus maderas y sus piedras.

Hay algo que queda muy en claro como para que nadie tenga dudas: De una casa que se consume hasta sus maderas y sus piedras, indefectiblemente, quiere decir que no queda absolutamente nada en pie.

(Hageo 1: 4)= Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casa artesonadas, ¿Y esta casa está desierta? (Atención: está hablando de la casa de Jehová.) Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.

¿Qué es lo que produce la maldición aquí? Que ellos vivan en sus casas bien artesonadas; es decir, que habían reservado sus fondos, su dinero, para sus viviendas, pero estaban descuidando la construcción de la casa de Dios. No traían dinero para la casa de Dios, se lo guardaban para la suya. Y esta es una maldición que se resume en una palabra: insuficiencia.

(Malaquías 3: 7)= Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?  ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.

Este pasaje habla por sí solo, no necesita explicación alguna. Muchos quisieran borrarlo de sus Biblias, pero no hay caso, allí está. Podemos seguir debatiendo todo el tiempo que se nos ocurra sobre si el diezmo pertenece a la ley y por lo tanto ya no está vigente, o si bien perteneciendo a la ley se sigue diezmando por la promesa de bendición hasta que sobreabunde, o si fue incorporado en la era de la gracia y está vigente, da lo mismo. El árbol se conoce por sus frutos. Y en lo concerniente al estado financiero de la gran mayoría de los hijos de Dios, quizás está la respuesta. ¿Hay bendición o maldición, según tu óptica, en el área económica para la iglesia actualmente?

Dice: Vuélvanse al Señor. Una cosa es el diezmo, (Que vendría a ser algo así como “el impuesto del Reino”) y otra la ofrenda, (Que es generosidad para dar parte de lo que tú tienes y no de lo que te sobra). El hombre no sólo es capaz de robarle al hombre, sino también a Dios. Esto acarrea maldición. ¿Y qué puedo hacer? Más allá de si es de la ley o si es de la gracia, prestar atención a las promesas de Dios.

(Verso 10)= Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Aquí hay un principio que tenemos que observar: como se cambia maldición por bendición. Con arrepentimiento y Restitución. Toda la Biblia, cuando habla del robo, cuando da una salida, habla de arrepentimiento y restitución. La Biblia no dice que tomemos de ella lo que nos gusta y lo que no nos gusta lo desechemos. Santiago 1:22 dice que debemos ser Hacedores de la Palabra, y no tan sólo oidores. Y sobre este punto tengo la sencilla autoridad de no formar parte de ninguna jerarquía eclesiástica a “beneficiarse” con diezmos u ofrendas de los receptores, al menos por alguna clase de supuesta obligación. así como tampoco integro alguna organización que pueda recibir algo al respecto. Sólo soy un instrumento, una suerte de atalaya destacado por el Espíritu Santo para alertar al pueblo. Y quien tenga oídos oiga. Nos queda claro, entonces, que podemos caer en maldición si hemos incursionado (O lo hacemos todavía) en Hechicería, Brujería, Astrología, Antisemitismo, Carnalidad, si dejamos a Dios de lado para confiar en el hombre, si juramos falsamente, si recibimos soborno, si hurtamos o si le robamos a Dios. 

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Desatando y Viviendo

Hay veces que alguien, en su afán por servir más y mejor, intenta hacerlo de todas las maneras en que su propia inventiva le propone. Hay otras veces, en cambio, que se deja guiar por quien tiene que hacerlo y las cosas no sólo salen mejor sino que, además, completas. Porque el Espíritu Santo, de improviso, puede hacernos ver que, si bien el propósito de Dios no se altera en lo más mínimo y la visión de una misión sigue intacta, vigente y obligada, será muy poco y muy pobre lo que se intente hacer en su nombre para inyectar madurez, revelación y conciencia de victoria, si una gran franja de los que son sus hijos, todavía están esclavos de Satanás dándole permiso, consciente o inconscientemente, para manejar sus mentes y sus vidas. De allí que debamos revisar, aquí, el significado real y concreto de lo que pueden ser ciertas ataduras relacionadas con temores y miedos.. Y lo hacemos por obediencia. Porque en esto, reitero, el único error verdaderamente grave del hombre, sería desobedecer. Todo lo demás es para la gloria y honor de Dios, que es el que manda.

Primera pregunta, entonces: ¿Cómo podemos andar con Dios si a nuestras vidas, en algún sector o en muchos, las está controlando alguna especie de temor o miedo? Imposible. Porque el miedo, (Tomemos esta sola palabra de aquí en más) tiene un control poderosísimo. Tanto que por allí nos obliga a actuar con irresponsabilidad o nos impide vivir con responsabilidad. A esto no lo evade nadie; ni siquiera el más encumbrado de los ministros. Cambian los factores, pero el temor es el mismo, por ejemplo: miedo al fracaso.

Se puede afirmar – como fruto de relevamientos muy simples -, que el miedo es la razón número uno por la que los cristianos no hablan de su fe. La agorafobia, que es el temor a estar en público, es uno de los trastornos psicológicos más extendidos. Vivimos, y eso se ve claramente, en una sociedad plagada por el temor al fracaso, el de los problemas económicos, a las enfermedades, a la inseguridad pública, a las pestes, a la droga, al Sida, a la muerte. Pero estamos, como iglesia, plantados en este mundo para darle luz, no para vivir en la tiniebla del miedo al diablo, miedo al hombre y, – en fin -, miedo al miedo.

¿Tú sabías que el mandamiento más frecuente de Jesús en los evangelios, es: “No temáis”? Antes que el pueblo entrara a la tierra prometida, Dios le dice al pueblo cuatro veces la misma expresión: Esfuérzate y sé valiente. Esto, se complementa con lo que Salomón escribe en Proverbios 28:1: Huye el impío sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como un león. De aquí sacamos un principio básico para empezar a desatar estas ataduras: La Valentía. Ser valiente es una característica de una vida llena del Espíritu Santo.

(Hechos 4: 31)= Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Dentro de las significaciones que presenta la palabra Denuedo, está la que tiene que ver precisamente con lo anteriormente dicho: Valentía. La otra, y tú ya lo sabes porque te lo he enseñado, es Sin Adulteraciones. La iglesia primitiva, convengamos, no oraba en absoluto para que la gente fuera sanada, para que profetizara, para que orara en lenguas o para que cayera tocada por el Espíritu Santo, todas cosas estas que provienen de Dios, que son tremendamente hermosas y que nadie discute. La iglesia, en cambio, oraba por valentía, pidiendo Valentía. Al Reino de Dios sólo lo pueden establecer las personas fieles y las personas valientes. Hay algo que nos tiene que quedar definitivamente en claro: Dios no se complace ni con los incrédulos ni con los cobardes.

(Apocalipsis 21: 7)= El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

(8) Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Dime la verdad: ¿Nunca te ha llamado la atención que Dios considerara en un mismo nivel a fornicarios, hechiceros, idólatras, ladrones y homicidas, con los cobardes y con los incrédulos? Haz tu propio examen. ¿Tú, tratarías de la misma manera que el Señor a todos estos que mencionamos o haría “ciertas diferencias”?

Vamos por partes. Parecería ser que el miedo y la ansiedad son cosas similares, pero sin embargo no son exactamente lo mismo la gente es ansiosa porque no conoce lo que va a suceder y entonces supone lo peor. El miedo, en cambio, tiene siempre un causante. La gente le teme a algo. Por regla, para que sea legítimo, el temor puede provocarse por dos causas. En primer lugar, debe ser poderoso. Segundo, debe ser inminente. Le tenemos miedo a aquello que amenaza nuestro bienestar, pero sólo cuando está presente. Tú puedes tenerle miedo a las arañas, por ejemplo, pero ese miedo se manifiesta, primero, si descubres una araña en tu dormitorio. Allí es donde tú comienzas a ponerte nervioso. Segundo, si la araña está viva. Porque si te das cuenta que lo que has encontrado es una araña muerta, inmediatamente el miedo se aleja y se extingue, ¿Entiendes?

Los causantes del miedo van desde cosas inanimadas, que no tienen vida, (Por ejemplo: el abandono, las alturas, el fracaso, el fuego), a personas bien reales: (Tus padres, tu jefe, tu patrón, Dios mismo, – me refiero al “castigador”, ese que alguno inventó como dudoso método evangelístico -, o Satanás)

Aunque parezca mentira, los miedos se aprenden. Hay temores, por ejemplo, que podríamos llamar… razonables, casi preventivos. Un niño que se quema con el fuego de la hornalla de la cocina y eso le sirve para tomarle terror no al fuego, sino a cualquier cosa que ande cerca de la cocina. Quizás no es lo indicado, de acuerdo, pero mientras es niño, le servirá para no volverse a quemar. Como creyentes no podemos ni debemos buscar ese camino, pero si se da, no nos pongamos como locos: no será la primera vez que Dios hace que “todas las cosas ayuden a bien”.

Ahora bien: en este terreno es donde, precisamente, está la contrapartida. Para evitar que el niño salga de noche a la calle, muchos padres les dicen que si lo hace, se va a encontrar con una bruja, con un duende, con el “viejo de la bolsa” o “ropavejero”, o directamente con el diablo. Está bien: el niño no va a salir ni atado a la calle. Objetivo cumplido. El problema está en que cuando llega a adulto, tiene que empezar a batallar con el miedo a la noche, a la oscuridad, a la calle, a señoras vestidas de negro (Así se imagina la cultura popular a las brujas), a hombres que llevan una bolsa y, naturalmente, al diablo. Y él, (El diablo) feliz por todo esto, naturalmente. ´

En alguna época no muy lejana, andaba una onda entre los evangelistas de carpas y campañas al aire libre, de predicar una salvación por terror. “-Si no te conviertes a Cristo esta misma noche, es muy probable que por la madrugada venga la muerte y te pase la hoz por la garganta, te tome de tus piernas, te retuerza el cuello como a un pollo, te tome de los cabellos y te lleve al infierno.-“ La gente se atropellaba unos a otros para llegar rápido al frente a recibir salvación. Sí señor, daba resultado. Pero… ¿Sabes una cosa? Toda esa gente llegaba a Cristo con un enorme miedo. Miedo a esa muerte y a todo lo que le habían dibujado desde el púlpito. Era sincera, pero en honor a la verdad, lo que más quería era evadir de esa tenebrosa posibilidad que le habían pintado. Así que llegaban  a la iglesia con miedo. Ahora bien: si llegaban a la iglesia con miedo, ¿A que no sabes con quién llegaban acompañados? Exactamente: con aquel que tiene el imperio del miedo. Con el mismo que Cristo derrotó en la cruz pero que muchos, con esas cosas, todavía le permiten tener ciertos derechos a operar en las mentes humanas.

Lo cierto es que los temores aprendidos, no siempre son racionales y pueden terminar en fobias. Y las fobias son temores irracionales que no reflejan la realidad presente. El miedo a volar en avión, por ejemplo, en la mayoría de los casos proviene de shocks vividos ante accidentes aéreos. Y en estos casos, importa muy poco si el hecho es real o imaginario; para la persona que lo experimenta, es suficientemente real.

Se ha descubierto, entre otras cosas, que los causantes del miedo son más de uno. De estos, yo quiero referirme a tres en este trabajo. El primer que vamos a ver, es el del hombre como causante del miedo. Mire lo que dice el salmo 118.

(Salmo 118: 5)= Desde la angustia invoqué a Jehová, y me respondió Jehová, poniéndome en lugar espacioso.

(6) Jehová está conmigo, no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

(7) Jehová está conmigo entre los que me ayudan; por tanto, yo veré mi deseo en los que me aborrecen.

(8) Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre.

(9) Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes.

El hombre. Pero en definitiva, si lo pensamos bien… ¿Qué te puede hacer el hombre, de máxima? Puede abusar de ti, despedirte de tu trabajo, humillarte, burlarse, violarte y hasta matarte. Pero no más que eso. No te puede robar tu salvación eterna, en caso que la tuvieras. Y dice que desde la angustia invocó a Jehová. ¿Sabes cuantos incrédulos, a la hora de una fuerte angustia, invocan a ese Dios en el cual el resto del tiempo dicen no creer, e incluso se burlan de los que sí creen? Y añade que Dios lo puso en lugar espacioso. Eso ocurre porque cuando te angustias, es como que se te cierran todas las puertas y todos los espacios se reducen y te asfixian.

Jesús es bien claro cuando dice que tenemos que dejar de lado esos miedos. No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Más bien temed a aquel que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno, dice en Mateo 10:28. Y es muy simple: si no tomamos a Dios como nuestro refugio, el miedo controlará absolutamente nuestras vidas. Hay un ejemplo muy gráfico en la Biblia. Dios nombró a Saúl como primer rey de Israel y le ordenó que destruyera completamente a Amalec junto con toda su familia. Desafortunadamente para él, Saúl no le hizo caso.

(1 Samuel 15: 9)= Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.

(10) Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: (11) Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.

(Verso 24)= Entonces Saúl dijo a Samuel: yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado.

Y luego todos saben cómo termina la historia. El Señor rechaza a Saúl como rey de Israel. Y eso no quedó en la historia: se ha caído más de un rey por tenerle miedo más al hombre que a Dios. Y también muchas grandes figuras del evangelio se han caído por la misma razón. El medio por el cual vencemos la intimidación de la gente es santificando a Cristo como Señor en nuestras vidas. Cuando hacemos de Dios nuestro refugio, otros causantes de temor en comparación pierden toda importancia.

(1 Pedro 3: 13)= ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?

(14) Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois; por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, (15) sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; (16) teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.

El segundo miembro de esta temible trilogía, es la muerte. Muchas fobias se pueden fundir en el temor a la muerte. Amenaza ser la verdadera causante de todos los miedos. Máxime cuando todos sabemos que escrituralmente, es algo inevitable e inminente.

(Hebreos 9: 27)= Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.

¡Pero es que los cristianos no deben temer a la muerte! Jesús la quitó como causante legítimo de nuestro miedo, al quitarle su poder cuando murió por nuestros pecados. Varias escrituras dan testimonio de esto. “Y… sí… pero…” ¡¡Basta!! ¿Le creeremos a la Biblia no le creeremos a la Biblia? 1 Corintios 15: 54-55 dice: Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita; sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde tu sepulcro, tu victoria? El mismo Jesús, tal cual lo relata Juan en el capítulo 1 versos 25 y 26, donde dice: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Tú crees esto?

Cada hijo de Dios es vivo espiritualmente; la muerte física no puede separarnos del amor de Dios. Cuando Pablo dice que para él el vivir es Cristo y el morir es ganancia, en Filipenses 1, está queriendo significar que Dios nos ha hecho nuestro santuario. Cuando morimos físicamente recibiremos un cuerpo resucitado y estaremos mucho mejor que lo que estamos hoy. Por ejemplo: haz la prueba; trata de colocar otra cosa en la fórmula que Pablo te da; mira: ¡Para mí el vivir es el éxito! Ajá… Entonces… ¿Qué vendrá a ser el morir? Pérdida. ¡Para mí el vivir es tener un buen cuerpo físico! Igual: otra vez el morir sería pérdida.

Si alguien hace una encuesta donde se le pregunte a la gente qué sería, a su juicio, lo peor que le podría pasar, muchos seguramente contestarían: “Bueno…supongo que podría morir, no?” Bueno. Si la encuesta es entre creyentes, la cosa se invierte. O se debería invertir. No hay nada que temer. La Biblia dice que eso sería LO MEJOR que te podría pasar, no lo peor. El verdadero valor no está en la vida física, sino en la vida espiritual. Si nuestra vida está escondida en Cristo, no sufrimos pérdida cuando morimos físicamente. Sólo podemos ganar. La persona que está libre del miedo a la muerte, está libre para vivir hoy. Pero libre de verdad, eh? Mucho más libre que todos los más libres que se supongan libres del planeta. Porque si la muerte no los asusta ni los preocupa: ¿Qué podría asustarlos o preocuparlos por encima de eso?

El tercer miembro de esta llamada Trinidad Fóbica, es Satanás. El miedo, el temor, es una de las más grandes armas de la estrategia de Satanás.

(1 Pedro 5: 8)= Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.

Vamos a ver: los leones rugen para paralizar de miedo a sus víctimas y así podérselas comer tranquilamente. Es una amenaza que, es verdad, habrá que tener muy en cuenta, pero nunca motivo de miedo. No conozco versículo en la Biblia que nos indique que debemos tenerle miedo a Satanás. El que nos predica eso es el evangelio según “San Hollywood”, pero no nuestra Biblia. El tema es: ¿A quién le vas a creer tú? Lo cierto es que es un enemigo derrotado que por medio del engaño, todavía paraliza con el miedo a la iglesia. A propósito de esto, hay una anécdota muy graciosa pero muy ilustrativa en uno de los libros de un conocido escritor cristiano.

Él cuenta, que cuando era niño, vivía en el campo. “Nuestros vecinos – dice – tenían un perro muy pequeño pero muy molesto que me hacía temblar de miedo. Recuerdo un día cuando mi hermano, mi padre y yo fuimos en la camioneta a esa casa vecina. Al bajarnos del vehículo, salió rugiendo el pequeño perro ese y, ladrando como loco, me encaró directamente a mí. Aterrorizado corrí y me subí sobre el techo de nuestro auto. ¿A qué no saben, a partir de allí, a quién buscaba siempre para perseguir ese perro? Pues más que obvio; a mí. Mi padre y mi hermano sencillamente se quedaban parados y el perro ni la menor atención les prestaba; la cosa era conmigo. Yo veía la cara de disgusto de mi padre por esa reacción mía, pero nunca me dijo nada. Un día, cansado ya de huirle a ese tonto perro por todas partes y en ocasión de una de sus habituales atropelladas, cobre valor de no sé dónde, tomé una piedra y se la arrojé sin dar en el blanco. Sin embargo, el perro se quedó como paralizado. Cobre valentía y encarándolo yo a él, le lancé un puntapié que tampoco llegó a destino, pero que fue suficiente para que el perro saliera a toda velocidad, aullando como si lo hubiera asesinado y con la cola entre sus patas. Ese día – termina este autor -, y hoy relatándolo, me acordé de Santiago 4:7: Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

Ahora presta atención porque aquí hay un orden que es crucial respetar y seguir al pie de la letra. Solamente si haces de Dios primero tu refugio, entonces sí podrás ahuyentar fácilmente al diablo. Ahora si quieres jugar la tuya, no obedeces a Dios en nada, eres rebelde, centralizas todo en tus ideas personales, no esperes tener éxito con los demonios. Lo más probable, es que se te rían en la cara.

Otra de las tácticas de Satanás es el trastorno psicológico común, por ejemplo: ataques de ansiedad. Se denominan ataques de ansiedad y no tanto de miedo, porque la gente no sabe a qué le tiene miedo. Sólo se siente. Cuidado que cuando la gente no puede identificar la causa de un temor, hay un noventa y cinco por ciento de posibilidades de que sea Satanás.

Es mucha la gente que suele despertarse por las noches aterrorizada. De todos estos, algunos saben qué hacer en casos así, como pelear esa batalla personal, pero una gran mayoría trata de responder físicamente y no puede. Los ataques de ansiedad a menudo se sienten como una presión en el pecho o algo que aprieta la garganta. Entonces, como no pueden responder físicamente, les parece que el poder es arrollador. Responder en la carne no lo resolverá. 2 Corintios 10:4, dice: Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Ahora bien: ¿Cómo podremos resistir esos ataques? 1) Ya que Satanás no puede tocar nuestra condición de hijos de Dios, debemos volvernos, precisamente, hacia Dios en nuestro interior.

(Mateo 10: 25)= Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Belcebú, ¿Cuánto más a los de su casa?

(26) Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.

(27) Lo que os digo en tinieblas, decidió en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.

¿Y por qué tenemos que hacerlo verbalmente? Simple. Porque todas las prácticas ocultistas son tenebrosas, misteriosas y escondidas. Mientras más rápido las expongamos, trayéndola a la luz, más fácilmente se rompe su poder. La gente, generalmente, se siente intimidada por los espíritus engañadores, pero apenas se expone la mentira, se rompe el poder de Satanás.

Satanás no puede hacer nada al respecto a nuestra posición en Cristo. Pero sí puede lograr que creamos que no es cierto, entonces viviremos como si no fuera cierto. En nuestro resistir  a Satanás no se puede exagerar, pero sabemos qué es lo que somos como hijos de Dios.

(1 Juan 5: 18)= Sabemos que todo aquel que es nacido de Dios, no práctica el pecado, pues aquel que fue engendrado por Dios le guarda y el maligno no le toca.

(19) Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

(20) Pero sabemos que el hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la Vida Eterna.

Lo que nos libera para vivir una vida responsable es vencer los temores al hombre, a la muerte y a Satanás. El temor y la fe son mutuamente excluyentes. Ambos se anulan. Si vamos a caminar en fe, tendrá que haber un solo factor de un muy singular tipo de temor en nuestras vidas; y ese es Dios.

(Isaías 8: 11)= Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: (12) no llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo.

(13) A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.

(14) Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, y pone tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén.

Todos los demás causantes de nuestro temor son insignificantes en comparación con nuestro Dios santo. Debemos ser como David que proclamó ante Goliat: ¿Quién es este filisteo incircunciso para que desafíe a los escuadrones del Dios viviente? El ejército de los hebreos vio a Goliat con relación a su propio tamaño y, frustrados, se achicaron de miedo. Pero David vio a Goliat en relación con Dios y venció con la fortaleza de él. Tres medicamentos. Tres medicinas efectivas. Tres claves. Tres tijeras para cortar todas las ataduras.

PRIMERO

Analiza tu temor. ¿Qué es lo que en realidad temes? Un problema bien definido ya está casi resuelto. La mayoría de las personas no están conscientes de lo que verdaderamente controla sus vidas. Satanás se aprovecha de las víctimas que no buscan una solución bíblica a sus problemas y crisis.

SEGUNDO

Define en que parte de tu vida ha sido usurpado el poder de Dios. ¿De qué manera te impide el temor comportarte responsablemente o te impulsa a cometer conductas irresponsables? Quizás tengas que confesar algunas situaciones en que has permitido que a tus acciones las controle el temor.

TERCERO

Desarrolla un plan de comportamiento responsable. Define por adelantado tu respuesta a cualquier causa de temor. No te dejes sorprender. “No voy a tener miedo, pero si llego a tenerlo, voy a hacer tal y tal cosa”. Específico, preciso, en mente, sin hablarlo, en mudo. Satanás no te lee el pensamiento, no puede. Sí te lo puede trabajar con algún demonio – es decir, si tú le das entrada -, pero desde afuera. Porque no es omnisciente. Haz exactamente eso que es a lo que más le tiene miedo. Ese acto, será la sentencia y la ejecución de muerte segura para el miedo.

(Salmo 91: 1)= El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.

(2) Diré yo a Jehová; esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.

(3) Él te librará del lazo del cazador, y de la peste destructora.

(4) Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad.

(5) No temerás al terror nocturno, ni saeta que vuele de día.

(Verso 9)= Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, (10) no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

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El Tiempo de la Mala Semilla

Quiero que hagas, antes que cualquier otra cosa, un pequeño ejercicio de memoria. ¿Cuántas veces, en tu vida cristiana, has escuchado mensajes sobre la cizaña? Muchos, pocos, no lo sé. Depende a qué lugar hayas ido a sentarte cada domingo. Podría darse el caso, incluso, que nunca te hayan hablado, predicado o enseñado sobre la cizaña. Hay lugares así, lo digo con la autoridad que me da este ministerio, de ser testigo de eso. No interesa.

Por poco o por mucho, en todo caso, has oído hablar de la cizaña. Y sabes de qué se trata. O crees saberlo, por lo menos. Pero tengo que decirte que todo lo que puedas haber recibido al respecto, por allí no ha estado ni mal ni equivocado, como sucede globalmente en el evangelio. Lo que sí puede haber ocurrido, es que haya sido incompleto. Puedo decir, en este trabajo, que no vengo a modificar o cambiar tu conocimiento, tu fe, sino, como ya se lo dijo Pablo a los Tesalonicenses, en todo caso, vengo a completarlo.

No quiero que tomes a esto como una alteración doctrinal, ni mucho menos como una nueva doctrina. Quiero que lo tomes como lo que es, una enseñanza que, a partir de la revelación del Espíritu, va a darte otro panorama sobre lo que ya sabes, una perspectiva diferente, fruto de una óptica, de un ángulo, también diferente. Es como completar el conocimiento, alertarte sobre las sutilezas satánicas y capacitarte para que sepas como es tu batalla, contra qué enemigo y en qué terreno se pelea. Si tú me dices que la cizaña es Babilonia y que Babilonia es la iglesia falsa, la paralela a la iglesia verdadera, tendré que decirte que sí, que has aprendido y entendido bien y que no estás equivocado. Pero si te pregunto puntualmente qué es la cizaña, seguramente vas a detenerte un momento a pensar y, es muy probable, no lo puedas definir con claridad.

Porque, abarcativamente, hemos aprendido que a la cizaña la sembró el enemigo, que está destinada a ser quemada y que sólo cuando desaparezca, el trigo resplandecerá. Pero si te pregunto si son hombres, organizaciones, brujas, líderes falsos o algo por el estilo, tú me dirás que sí, que tal vez es un poco de cada cosa y que es muy amplio su significado. Hoy me propongo demostrarte, a partir de la Escritura, y con un mínimo de lógica, que la cizaña es algo muy puntual que es muy probable, hasta aquí, puede no haber sido visto con claridad. Vamos a escudriñar lentamente la parábola, vamos a olvidarnos por un momento de las enseñanzas clásicas, seminaristas y teológicas, y vamos a dejar que Dios nos hable a través de su Espíritu sin otra intención de, lo reitero, completar tu conocimiento, no necesariamente cambiarlo.

(Mateo 13: 24)= Les refirió otra parábola, diciendo: el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

Es increíble que, en sólo veintidós palabras, este versículo sea capaz de resumir la sustancia básica del evangelio. Si la iglesia, hoy, leyera atentamente estas veintidós palabras, no podría caer más en el error que ha venido cayendo y, mucho menos, tolerarlo como ha venido tolerándolo. Dice que el reino de los cielos es semejante a un hombre. Ahora bien: si el Reino de los cielos es semejante, o sea: igual, de la misma sustancia, del mismo origen que un hombre, ¿Es coherente que se nos haya enseñado y que muchos, todavía en este tiempo, sigan enseñando, que el Reino de los cielos es un lugar medio paradisíaco a donde vamos a ir a tirarnos panza arriba a no hacer nada y disfrutar a bárbaramente, no sabemos que maravillosas cosas el día que nos muramos?

Entiende bien: ni digo que cuando muramos no vamos a estar en un sitio maravilloso, sólo quiero saber si ese es el Reino de los cielos del que habla esta escritura. Porque, suponiendo que así fuera, ¿Me puedes explicar tú, entonces, por qué Juan al Bautista primero, como Jesús después, predicaron un mismo evangelio que decía, textualmente que: el reino de los cielos se ha acercado? Algo no me cierra. Y no me cierra porque aquí dice que es semejante a un hombre, y un hombre no es un lugar ni una nube.

Pero hay más. ¿Es un hombre cualquiera? No. Dice que es un hombre que ha sembrado una buena semilla. ¿Y qué es una buena semilla? Simple. Una buena semilla es la materia prima que produce un buen fruto. ¿De qué semilla va a hablar la palabra? De la semilla de trigo. ¿Y qué es el trigo? Un cereal del cual, mediante proceso de triturado y molienda, se sacará la harina, materia prima con la cual se elaborará el pan y sus derivados, básicamente. Jesús dijo, al respecto: Yo soy el pan de vida, que es como decir: yo soy el único alimento que produce vida. Vida abundante en el Espíritu, primero, Vida Eterna, después. Es decir que lo que este hombre, (Que después se verá que es Cristo), sembró, es un buen alimento, sano, puro. En términos espirituales, ¿Qué es el alimento? Anota esto por favor que es clave: La Palabra. Tú ya has aprendido que tu único alimento es la Palabra, verdad? Puedes alabar, adorar, orar y tener grandes experiencias sobrenaturales en Cristo, pero si quieres estar alimentado, eso no bastará. Deberás comerte el libro.

¿Y adónde dice que sembró ese buen alimento, en cualquier parte que se le ocurrió? ¡No hermano! ¡Dice que lo sembró en el campo! No. No dice que lo sembró en EL campo. Dice que lo sembró en SU campo. ¡Pero es que más adelante dice que el campo es el mundo! ¿Cómo va a sembrar su alimento en el mundo? ¿Y adónde sino? ¿En la iglesia me quieres decir? ¡Se supone que la iglesia ya lo está comiendo, no? Además: ¿A quién amó tanto Dios que dio a su hijo unigénito por él, al mundo o a la iglesia? ¡Al mundo! A ese mismo mundo al que nosotros, muy religiosos, más de una vez despreciamos, marginamos, discriminamos y, Biblia en mano, hasta agredimos.

(25) Pero mientras dormían los hombres, (¡Ah!¡Entonces era de noche!¿Qué noche? Yo me convertí a los treinta y uno y estuve durmiendo como hasta los cuarenta y cinco) vino su enemigo (¿Quién es ese enemigo?) y sembró cizaña entre el trigo y se fue.

Escucha bien: No busques a Satanás dentro de las congregaciones. Aquí dice que sembró y se fue. Le alcanza con la cizaña para hacernos el gran lío. Primero, la cizaña no es como muchos todavía suponen, una especie de yuyo, una porquería visible que todo el mundo se da cuenta que no sirve para nada. La cizaña era una semilla que, a simple vista, era igual que la del trigo, pero no era trigo. Babilonia. Ahora bien: si hemos visto que el trigo era el alimento que Dios le da a sus hijos, su bendita Palabra que nos hace crecer, nos nutre y nos alimenta espiritualmente, ¿Qué se supone que debería ser la cizaña? Una cosa que parece alimento, pero que no lo es. Una palabra, hermano, que suena tan potente y tan linda como la verdadera, pero que en lugar de alimentarte y hacerte crecer, te intoxica. Porque, te cuento, la cizaña era una semilla que, siendo similar a la del trigo, en realidad era venenosa.

Ahora escucha: ¿Tú sabes cómo actúa en el organismo humano cualquier clase de veneno? Puedes preguntarle a cualquier médico o bioquímico. Primero lo descompone con tremendos dolores, después comienza a producirle un letargo, un estupor, un adormecimiento progresivo que, inexorablemente, termina con la muerte. ¿No has sentido dolor, últimamente, al oír predicar desde algún púlpito una palabra que, aunque suena muy moderna, muy de onda, de muy buena intención, tu espíritu te dice que no viene de Dios? ¿Y qué hiciste? Lógico. Nada. ¿Qué van a decir si te niegas a comer el alimento que te dan, argumentando que disciernes que es cizaña, cuando todos los demás alaban y celebran coincidiendo que es trigo?

¿Qué ocurriría si tú te animaras y fueras valiente? En el mejor de los casos te harían saber, con una bondadosa sonrisa, la mayor suavidad y el infaltable tratamiento de “amado hermano”, eso sí, que “la gente” (No una persona, no un líder, que “La Gente”) no está precisamente gozosa de tener comunión contigo. Te tendrías que ir. ¿Y te irías? ¿Y cómo harías, de pronto, para que te entienda tu mujer, que tiene un cargo importante en la comisión de damas, o tu marido, que es diácono y está feliz de que cuando termina cada culto, la gente esa lo busque para saludarlo porque es alguien muy influyente, o tu hijo, que toca la guitarra en la banda de alabanza y está ilusionado con ser aceptado como novio por la hermanita que toca el teclado? Si se dan estas condiciones, lo más probable es que tú te aguantes el dolor y te quedes a ver qué pasa, a ver si algún día cambian las cosas.

Sabes ya que estás comiendo cizaña en lugar de trigo, pero no te puedes liberar. Al tiempo, sin darte cuenta, caerás en una especie de sopor espiritual, de somnolencia pesada, que no sólo va a impedir que tú prediques el evangelio a toda criatura, sino que incluso irá contaminándote de la idea de que, después de todo, vaya uno a saber si ese evangelio funciona y es la solución que un día te dijeron que era. Y un buen día, estarás espiritualmente muerto. Yendo a un templo todos los días de reunión, saludando a tantos queridos hermanos, sosteniendo con tu ofrenda o tu diezmo una obra que no tiene propósito y vegetando, total y absolutamente convencido que, después de todo, es mucho peor estar en el mundo, pero que la iglesia en definitiva, no es más que eso. Muerto. Inútil. Inservible. Fuera de carrera. ¿Pero y adónde quiere que me vaya, hermano? Si me voy en esas condiciones, en todas las iglesias se sabrá que soy el conflictivo, el desobediente, el insujeto y hasta el blasfemo. ¡Nadie me recibirá! Y sí, es probable, así actúa Babilonia. El esclavo no debe pensar. El mandato de escudriñar, que es precisamente investigar, pensar, no es para todos, es para el liderazgo solamente. ¿Quién le dijo esa mentira?

(26) Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. (Aparecen juntas, al mismo tiempo, son iguales. La sutileza y el camuflaje son las armas preferidas del diablo. ¿Satanás en la iglesia? No dije Satanás, dije diablo, que es todo aquel espíritu que puede ser usado por Satanás. Un ujier, un anónimo, un director de alabanza, un diácono, un ministro, un líder inclusive.)

(27) vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? (Nota que los que detectan la cizaña no necesariamente son los más importantes de la casa. Dice que son los siervos, y en el lenguaje conforme a la sociedad en que esto fue escrito, los siervos no sólo no eran importantes, sino que eran, incluso, aquellos a quienes ninguno de los amos del lugar les prestaba demasiada atención. Sin embargo, es a ellos a quien Jesús responde)

(28) El les dijo: un enemigo ha hecho esto. (Cuidado que no dice que EL enemigo ha hecho eso, les dice que UN enemigo lo hizo. Si te pregunto quién o cual es el enemigo, seguramente recordarás enseñanzas seminaristas y me dirá: ¡Satanás, por supuesto! Y es cierto, pero en parte. Porque él está, indudablemente, detrás de todo eso, pero usando a gente que en apariencia, hasta allí, era confiable. Por eso lo pudieron engañar. ¿Adentro de la iglesia del Señor, hermano? Sí querido, adentro de la iglesia del Señor. ¡No puede ser! ¿Ah, no? ¿Y qué serán, entonces, los falsos hermanos, los lobos rapaces vestidos de ovejas, los ministros de Satanás que actúan como ángeles de luz, aquellos que estaban con nosotros pero no eran de nosotros? ¿Para qué habría sido escrito esto si luego no sucedería nunca? ¿Por qué se hace tanta diferenciación entre el profeta y el falso profeta, entre el maestro y el falso maestro y entre el pastor y el asalariado?) Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? (A la cizaña, naturalmente. ¿Qué contestaría el Señor? ¿Acaso: “Sí muchachos; vayan y hagan pedazos todo lo que les parezca que no es Palabra”?)

(29) El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. (No muchachos. Ya sé que el Espíritu les está diciendo que ese alimento no es mío, que está adulterado, envenenado. Pero eso es tremendamente sutil y, pese a que no hay revelación en el enemigo, si hay letra. Y para separar una cosa de la otra no basta el discernimiento. Es necesario el conocimiento, que no es educación teológica cristiana sistemática, sino intimidad conmigo. Y a eso yo no se lo he dado a todos los que se dicen cristianos, sino a los obedientes, a los que me buscan, precisamente, en la intimidad y a los que escudriñan mi palabra. Ellos son mis mensajeros. Esto, los supera a ustedes. ¿Y entonces qué tenemos que hacer, Señor?)

(30) Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; (Ah, sí Señor; ya lo aprendimos. Hasta el día final que viene. No. Nadie habló de día final, estoy hablando del tiempo de la siega) y al tiempo de la siega yo diré a los segadores, recoged primero la cizaña (Segadores, mensajeros míos, hombres o mujeres a los que les he concedido la gracia de andar en mi palabra, empiecen ahora a descubrir, a desenmascarar al falso alimento, al falso trigo, a la cizaña) y atadla en manojos para quemarla. (La única manera de atar, de maniatar a una palabra humanista, científica, filosófica, intelectual, inteligente y hasta esotérica, es con la revelación fresca, de hoy, de la palabra verdadera, de la que viene y emana de la unción del Santo. Porque esta resistirá, como resistió Daniel, cualquier fuego de prueba, pero la falsa no, la falsa arderá porque es simple hojarasca con disfraz religioso) pero recoged el trigo en mi granero.

Ahora escuche con atención porque está en juego su futuro terrenal y hasta su futuro de eternidad en esto. ¿Sabe cuál es la palabra clave para esta instancia de su vida? GRANERO. ¿Y por qué granero? Porque la palabra usada para Granero, es ALFOLÍ, le suena? Y dice que el alimento bueno, el trigo, el que ha sembrado Jesucristo, es el que hay que guardar en el Alfolí, en el granero. ¿Y para qué? Para recurrir a él en el tiempo del hambre. ¿Cuántos saben que en el campo siempre va a sobrevivir más tiempo el campesino que tiene su granero lleno de cereal que aquel que lo tiene vacío? ¿Cuántos saben que en la ciudad, siempre va a sobrevivir más tiempo la familia que tenga su heladera, su freezer o sus alacenas repletas de mercadería, que aquel que las tiene vacías o, peor, llenas de mercadería sin vitaminas? Se entiende, entonces, que lo que dice Jesús, aquí, es que hay que reservar el alimento para el tiempo de la necesidad.

Ahora bien: ¿Qué sucede cuando en ese granero, en ese alfolí, en lugar de trigo, de buen alimento, de palabra fresca y revelada, ungida por el Espíritu Santo, lo que se está guardando es cizaña, alimento venenoso, palabra humanista, filosófica, psicológica, intelectual y teológica? Primero, se está desobedeciendo algo que ordenó el Señor. Segundo, a la hora del hambre, el pueblo que coma de ese alimento, primero no se va a saciar, segundo: se va a enfermar y va a padecer grandes dolores. Tercero, se va a ir adormeciendo, insensibilizando, entrando en un estado de sopor y estupor y, finalmente, dejará de existir en el ámbito del Espíritu.

Bueno, yo creo que no estoy descubriendo ninguna tremenda revelación si te digo que eso es, exactamente, lo que está sucediendo hoy en muchos lugares. Ah, y la última con respecto a esto. Ya te lo dije alguna vez, pero no puedo dejar de mostrártelo una vez más: la guerra es contra Babilonia, y Babilonia va a caer. ¿Estás llevando todos tus diezmos al Alfolí, tal como te dice en Malaquías? ¿Y hay alimento en la casa como señala la continuación del versículo o hay cizaña? Porque si hay alimento, trigo, tus diezmos sustentan la iglesia del Dios Todopoderoso, pero si hay cizaña, tus diezmos mantienen a Babilonia, al enemigo que la sembró, entiendes?

¡Pero hermano! ¡A mí me enseñaron que mis diezmos y ofrendas debo llevarlos a la iglesia donde me congrego! Y está bien. Es así porque se da por sentado que es en ese lugar donde recibes tu alimento. ¡Y gloria a Dios si es así! Pero si no fuera así y sigues simplemente por rutina, lo que estás haciendo es mantener viva a una Babilonia que te tiene esclavizado, adormecido y, lo que es más grave, a veces hasta amenazado. Y lo que es tan grave como lo otro, al mismo tiempo estás ignorando a tu verdadero Alfolí (Porque alguno debes tener, de algún lugar te alimentas) sea cual fuere. Seis versos más adelante, Jesús comienza a explicar esta parábola.

(36) Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Imagínate la escena. Mientras Jesús estuvo afuera, hablándole en parábolas a la gente, aclarando que lo hacía para que entendieran el mensaje sólo aquellos que tuvieran oídos espirituales abiertos para oír. Mientras él hablaba, a mí no me caben dudas que sus discípulos asentían con sus cabezas cada palabra, cada definición, poniendo cara de “entiendo todo y estoy de acuerdo”, o sea el Amén nuestro de cada minuto. Pero ni bien terminó la conferencia, se fue el público y el predicador se va a tomar un té con su grupo de colaboradores, estos mismos no tienen pudor de preguntarle: ¡Bárbaro, Jesús! ¡Buenísimo el mensaje! ¡Hubieras visto la cara que ponía la gente! ¡Nos miraban a nosotros y no lo podían creer! Ahora… Ejem… ¿Nos puedes decir qué es lo que quisiste decir? ¿La verdad? No sé qué cara habrá puesto Jesús, pero sí sé la que yo, pura carnalidad al lado de él, hubiera puesto.

(37) Respondiendo él, les dijo: el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

(38) El campo es el mundo; (¿A qué sale al mundo? A llevar la Palabra) la buena semilla son los hijos del reino (O sea que estos son los portadores del alimento puro) y la cizaña son los hijos del malo. (Esto es lo que nos ha hecho entender y enseñar que la cizaña son personas. Cizaña son los hijos de Satanás. ¿Pero entonces hay que decir que dentro de la iglesia hay satanistas? Y sí, sabemos que algunos van de cuando en cuando, pero aquí no dice algunos, dice muchos. ¡Pero si hubiera hijos del diablo en la iglesia deberíamos batallar y se irían! Sí señor, así sería si fueran personas endemoniadas. Pero no son personas endemoniadas. La cizaña es un alimento tóxico que intoxica, en la mayoría de los casos, a creyentes sinceros, pero ignorantes y cómodos. ¿Y a qué los lleva? A sufrir primero, dormirse después y morir espiritualmente, por último. ¿Y entonces? Sin saberlo, pasan a ser evaluados, considerados, juzgados y sentenciados como “hijos del malo”. ¡Pero es que yo no sabía! ¡Es que lo dijo un tremendo siervo de Dios y yo lo creí! ¡No me pueden culpar a mí! ¿Ah, no? ¿Y adónde tenías tu Biblia cuando te predicaban estas cosas, debajo del brazo como símbolo de tu categoría de cristiano evangélico?

(39) El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

Cortito. No dice que la cizaña fue sembrada por Satanás, dice que fue el diablo. El diablo es cualquier espíritu que opera para Satanás. A sabiendas o en ignorancia. Dice la Biblia que Judas Iscariote era diablo. Un médico cristiano predicando un evangélico científico o humanista, puede sembrar falso alimento y ser diablo. ¿¿El doctor?? Sí, el doctor diablo. Dice que la siega, o sea el trabajo de sacar esa cizaña, será en el fin del siglo. Siglo, aquí, no es un período de cien años, como luego se utilizará esta palabra. Siglo, bíblicamente es KOSMOS, algo que implica universo, sistema. Entonces, ¿El fin de qué sistema? Elige cualquiera. Hay muchos. O ponte a orar y Dios te revelará de qué sistema se trata. Cuál es el que llega a su fin. Para mí, mientras tanto, es el sistema eclesiástico religioso babilónico, no veo otro. Y dice que los encargados de segar esa cizaña, son los ángeles. ¿Tú sabes quienes son los ángeles, no? Sabiendo eso, ¿Te encaja bien, esto? Porque si la cizaña es el alimento tóxico, la palabra falsa, cómo será que los ángeles van a destruirla? Espera, ya llegaremos allí.

(40) De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. (Por causa de este verso, muchos cristianos andaban convencidos que el mundo se terminaba en el año dos mil. Porque tomaban como literal del día presente la expresión “El fin de este siglo”. ¿Y ahora? Ya pasó el siglo veinte y todo ha continuado sin cambios. ¿Empezaremos a predicar y enseñar la venida del Señor para el año 2100? Olvídalo. Lo que está diciendo, es que la proclamación del buen alimento por parte de los pocos que no están casados ni comprometidos ni nada con el sistema babilónico, destruirá la cizaña, el falso alimento, y con él vendrá el fin del sistema que lo mantenía en pie. ¡No puede ser, hermano! Usted me dice que el falso alimento, la falsa palabra, la cizaña, será cortada por la proclamación del buen alimento, de la palabra ungida, del trigo, y eso me dice que habrá hombres utilizados para anunciar esa palabra verdadera. ¿Adónde colocamos, entonces, la palabra que dice que los segadores de la cizaña serán los ángeles? ¿Es que los ángeles van a predicar la buena semilla? Más o menos. Ni tanto ni tan poco, mire:)

(41) Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, (42) y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Primero vamos a develar, (Y quizás revelar) la duda o incógnita con qué cosa harán los hombres enviados por Cristo con el alimento nuevo y qué cosas harán los ángeles, tal cual se nos ha enseñado. La palabra ANGEL, en hebreo, es la palabra MAL’AK y en griego, la palabra ANGELOS. En los dos casos, el significado es el mismo: MENSAJERO. Siempre hemos dado por sentado que, al decir ANGEL, la Biblia siempre se refiere a los serafines y querubines de Dios, sin embargo no es tan así. Hay textos donde MAL’AK o ANGELOS, hablan de personas, de seres humanos usados por Dios como la palabra que los define: MENSAJEROS.

(Job 1: 14)= Y vino un mensajero a Job, y le dijo: estaban los bueyes y las asnas paciendo cerca de ellos. (Mensajero, aquí, en el original, es la misma palabra utilizada para Ángel).

(1 Reyes 19: 2)= Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero (También ángel en el original)

(Hageo 1: 13)= Entonces Hageo, enviado de Jehová, (En el original, ENVIADO, es la palabra que se traduce como ángel)

(Lucas 7: 24)= Cuando se fueron los mensajeros de Juan, (Mensajeros, aquí, también es ángeles)

(Lucas 9: 51)= (A esto se lo quiero transcribir completo, porque tiene que ver directamente con lo que estamos viendo) Cuando se cumplió el tiempo en que él (Está hablando de Jesús) había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.

(52) Y envió mensajeros (Dice ángeles) delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. (Esto termina de mostrarte algo no siempre visto: no todas las veces que la Biblia dice ANGEL, habla de los seres creados que tú y yo conocemos, que vuelan y que se dividen en querubines o serafines. Hay casos en que se refiere a personas en su carácter de mensajeros. Recuerda que cuando Jesús fue llevado al desierto para ser tentado por Satanás, en un momento dado, se habló de la protección divina que Él tenía por parte de LOS ANGELES DE DIOS, es decir: los sobrenaturales, los creados. Pero este verso no habla de los ángeles de Dios, sino de los ángeles de Jesucristo. ¿Sus mensajeros?)

(2 Corintios 11: 14)= Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz (Es decir: como mensajeros de la luz, pese a provenir de las tinieblas)

(Gálatas 1: 8)= Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, (Un mensajero del cielo) anunciare otro evangelio diferente al que os hemos anunciado, sea anatema.

(Hebreos 2: 2)= Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, (¿En alguna época predicaron los ángeles sobrenaturales la Palabra de Dios, o fueron hombres determinados como Mensajeros?)

(Apocalipsis 21: 12)= Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel. (Doce mensajeros son las doce tribus)

(Apocalipsis 22: 16)= YO Jesús he enviado mi ángel (Mi mensajero) para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Hasta aquí, te lo repito, no es cambio, modificación o alteración de la sana doctrina, sólo es completamiento, redondeo. Si la cizaña no es una persona como habíamos aprendido, entonces es una palabra falsa, tóxica, producto de personeros de Satanás, (No necesariamente él en persona, obviamente) El fin del sistema babilónico en contra del cual estamos batallando en este tiempo, determinará la siega y quema de la cizaña.

¿A partir de qué? A partir de la tarea de los ángeles de Jesucristo, que no serán otra cosa que mensajeros del buen alimento, portadores del trigo, gente que traerá (Y ya está trayendo) una palabra rema, fresca, que sacuda nuestras fibras íntimas, que nos atrape, que nos potencie, que nos incentive y nos motive. Muy diferente a ese discurso teológico muy hermenéutico, pero remanido, trillado, repetido, humano, aburrido, adormecedor y tóxico al que tanto nos hemos acostumbrado, hasta el límite de sospechar del que viene con algo diferente.

Es muy probable que, cuando estemos frente a uno de estos mensajeros que están empezando a segar la cizaña, intentemos hacer lo mismo que intentó el mismísimo Juan, en Patmos: adorarlo; adorar al mensajero. Pero si este es verdaderamente un enviado de Jesucristo, jamás permitirá esa adoración a su persona, sino que la derivará al Padre Celestial, único dueño de toda la honra y la gloria.

(Mateo 13: 43)= Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su padre. El que tiene oídos para oír, oiga.

Pero entonces, hermano, ¿No habrá arrebatamiento? Digo, porque según esto, lo que se va es la impiedad, la cizaña, no la iglesia como habíamos creído. No, un momento. ¿Cómo se te ocurre que no va haber arrebatamiento si la Biblia dice que lo va haber? ¿Pero cuando será ese arrebatamiento, entonces? Cuando fue siempre. Siempre estuvo escrito allí, en tu Biblia y en la mía. Porque aquí hemos leído que, cuando sea segada, eliminada y quemada la cizaña, recién entonces, los justos que hayan quedado resplandecerán, ¿No es así? Mira como lo dice:

(1 Tesalonicenses 4: 16)= Porque el Señor mismo con voz de mando (De autoridad) con voz de arcángel (De jefe de mensajeros) y con trompeta de Dios (Esto es mensaje divino) descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

(17) Luego nosotros (cuando Pablo dice NOSOTROS, no se refiere ni a él ni a sus colaboradores, se refiere a nosotros los justos, los verdaderos) los que vivimos (Los creyentes auténticos que estén vivos en ese momento) los que hayamos quedado (¿Los que hayamos quedado de qué? De la siega de la cizaña) seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes (NUBES, aquí, es NIPASH, que no significa vapor ni agua sino TESTIGO) para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

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Restaurando Nuestras Mentes

La pasividad, que no tiene nada que ver con el pacifismo, es una actitud totalmente opuesta a lo que Dios requiere para poder obrar en el creyente. Dios desea que nuestras facultades estén bien despiertas y que ejerzamos nuestra libre elección para aprender a cumplir su voluntad, o sea que cooperemos con su Espíritu, no que durmamos plácidamente, aguardando que Él lo haga todo o, la inversa, salgamos tan rápido a ayudarlo que terminemos por estorbarlo y no permitirle su obra. Demás está decirte que la pasividad, es la condición especial para que los espíritus malignos (Más conocidos vulgarmente como demonios),  puedan operar con éxito en un ser humano. Estos espíritus malignos necesitan encontrar una voluntad pasiva para hacerla esclava de su voluntad, mientras que Dios desea un hombre regenerado, inteligente y activo, con una capacidad de elección que haga su voluntad en una libertad de su espíritu, cuerpo y alma.

Los poderes de las tinieblas desean hacer del hombre una máquina, una herramienta, un autómata. Dios, en cambio, no necesita ni demanda de nadie una condición inactiva, ya que su obrar en y a través del hombre, no anula su personalidad, cosa que es opuesta en los demonios que sí necesitan que el hombre se postre en una total pasividad. Dios demanda una acción inteligente, racional, lo dice Romanos 12. Dios requiere, sí, la nulificación de las malas acciones por parte del creyente, tanto porque son pecaminosas como porque estorban su cooperación con el Espíritu Santo.

La pasividad no debe confundirse con la calma, o la quietud, o con el espíritu manso del cual nos hablan las escrituras, y que es de gran estima delante de Dios. La quietud de espíritu, de corazón, mente, voz o expresión, puede coexistir con la más efectiva actividad dentro de la esfera de la voluntad de Dios. Hay quienes usan la palabra “rendirse” pensando que están totalmente rendidos a la voluntad de Dios, pero en realidad sólo lo están en cuanto a sus sentimientos y propósitos, pues andan por medio del razonamiento y del juicio del hombre natural, aunque someten sus planes a Dios, cosa que de por sí no es suficiente. Los que están en realidad “rendidos” se dan a sí mismos implícitamente para obedecer y llevar a cabo a toda costa lo que Dios les revela y no lo que, “según ellos”, es la voluntad de Dios.

Los creyentes que rinden su voluntad, todo lo que tienen y lo que son a Dios, no por eso anulan el uso de su mente regenerada, no están abiertos a la pasividad que da ocasión de actuar a los espíritus malignos, aunque bien pueden darle lugar en otras formas. El origen de la pasividad que da una oportunidad de acción a los espíritus de maldad tiene su comienzo generalmente en una interpretación errónea de las Escrituras o en algunos pensamientos o creencias erradas en cuanto a las cosas divinas. Algunas de estas falsas interpretaciones de las Escrituras son las que hemos visto derruir conceptos básicos. La pasividad mental puede afectar a todo el hombre en espíritu, alma y cuerpo, principalmente cuando la persona permanece en este estado durante mucho tiempo y esta actitud se ha arraigado muy profundamente. Vamos a ver, ahora, los modos de ser vulnerables.

Pasividad de la Voluntad: ¿Qué es la voluntad? Es una actitud que se aloja y nace en el alma humana. El hombre ha sido creado con una voluntad para que esta, sujeta a la guía del Espíritu Santo, lo transforme en más que vencedor. No es culpa de Dios si el hombre, de improviso, resuelve controlar por sí mismo su voluntad sin someterla a nadie más que a sus necesidades, deseos o caprichos. La voluntad es como el timón que gobierna el barco. Quien pueda manejarlo, decidirá el derrotero de la nave. Ahora bien; ¿Y qué es una voluntad pasiva? Fundamentalmente un error en el tipo de “entrega” que hacemos al Señor.

Hay que aclararlo de una vez por todas, aunque haya gente que por algún inexplicable o muy explicable motivo, enseñó otra cosa. Dios nos hizo con una voluntad,  para que la utilicemos con vigor al servicio del Reino de Dios. Cuando la rendimos totalmente y nos negamos a usarla suponiendo que Dios lo va a hacer todo por nosotros, es cuando quedamos vulnerables y a disposición de los demonios. Porque al principio, parecerían haber experiencias benditas que glorifican a Dios, pero llega un momento en que el creyente, convencido que Dios está obrando en él, se vuelve incapaz de hacer ninguna elección, ni siquiera en los asuntos más triviales de la vida diaria. Preferirá que sean otros los que elijan, decidan y actúen en su lugar. Fíjese que esto no es la sana dependencia divina, esto es indudablemente una lisa y llana evasión a las responsabilidades elementales.

Es entonces cuando los espíritus malignos empiezan a usar a este creyente supuestamente “rendido” y a obrar en torno a él creando maldades y perversidades de varias clases. El problema más grave es que se ha malinterpretado a Filipenses 2:13 cuando dice: Porque Dios es el que en vosotros opera tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Esto ha hecho pensar a muchos que Dios lo hará en lugar de ellos y allí es donde dejan de ejercer su talento que queda a disposición del enemigo. Es como caminar sobre una cornisa o coquetear en el filo de una navaja. Tanta sutileza hay en este engaño que a todas luces, es notorio de donde viene.

Pasividad en la Mente: El principio de esta actitud, tanto en el inicio como en su patrón, radica en que hay muchos creyentes que afirman que Dios no necesita usar el cerebro del hombre. Sin embargo, la elección de Pablo por parte de Dios, y que antes de su conversión era uno de los intelectuales más brillantes de su época, nos dice claramente que a Dios le agrada y le interesan los hombres y mujeres fundamentalmente inteligentes. Cuanto más brillante sea un cerebro, más podrá ser utilizado por Dios, siempre y cuando se someta a su verdad y a su voluntad.

Lo que sucede es que se ha predicado irresponsablemente que el cerebro del hombre y su funcionamiento es malo o pecaminoso. Que se entienda de una vez y para siempre: nada de lo creado por Dios es malo o pecaminoso; el uso que el hombre le de conforme a la influencia que tenga, es lo que puede hacer malo o pecaminoso lo que fue creado para ser bueno y de bendición. Y si estás pensando en la sexualidad, por dar un ejemplo clásico, “bueno en gran manera”, dijo Dios cuando la creó. Fue a lo único que definió así…¡Dios! No Satanás. A Satanás le ha ido más o menos bien pervirtiéndola, nada más.

Cuando esta pasividad mental traba el ejercicio normal de la memoria, la persona lo primero que hará es buscar a alguien como “ayuda memoria”, hasta el punto de volverse esclavo de la opinión ajena. Cuando esa pasividad anula la imaginación, allí es cuando los malos espíritus le proyectan lo que se les ocurre y el hombre se lo cree porque lo toma como “visiones sobrenaturales”. En una pasividad mental total, la mente prácticamente no puede ser usada. La persona no puede pensar y se siente como si su mente estuviera ceñida por una banda de hierro o como si tuviera un gran peso o presión sobre su cabeza.

La Pasividad del Juicio o de la Razón: Esto significa que el hombre, en estas condiciones, ha cerrado la mente a todos los argumentos y razonamientos que le ayudan a llegar a ciertas conclusiones. Todo el esfuerzo que se haga para exponerle la verdad, o la luz, es considerado por él como un impedimento o interferencia y la persona que intenta ayudarla es calificada de ignorante o entrometida. Cuando el creyente ha alcanzado este extremo llega a un estado de invasión por los malos espíritus y se siente infalible en los juicios que hace. (O mejor dicho, que los espíritus hacen por medio de él) Muchos de estos creyentes desequilibrados, son los que el mundo suele llamar “fanáticos” o “chiflados”, y podemos afirmar con todo el dolor que eso conlleva, que al ver el estado de programación mental que los malos espíritus han hecho en sus vidas, ellos dan más que sobrados motivos para que se los vea así. Habrá que recordar lo escrito en Santiago 5:19-20: Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad y alguien le hace volver sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino salvará de muerte un alma y cubrirá una multitud de pecados.

Pasividad de la Conciencia: Cuando el creyente toma ciertas palabras que le han llegado o le han sido presentadas en forma “sobrenatural”, como si fuera la voluntad de Dios, para él dichas palabras se vuelven infalibles y pasan a ser como una especie de ley contra la cual no admite negativas ni objeciones. Hay personas que han debido irse de una congregación por causa de que el líder dijo haber recibido una palabra para ellos y que ellos, por no tener confirmación, ni paz, ni certeza, no quisieron obedecer sin chistar tal cual como se les sugería. Si lo que se recibe es un “mandamiento” sobre algo, no tratará ni siquiera de examinarlo, ni pensar o razonar sobre él. Cuando el creyente se cierra y no está dispuesto a admitir más luz sobre este asunto, ha llegado al estado que llamamos La pasividad de la conciencia.

Porque la conciencia se hace pasiva cuando no se la usa; cuando los creyentes creen que están siendo guiados por una luz “más elevada”, o que Dios “les ordena” hacer esto o aquello. Nuevamente en estas ocasiones los espíritus malignos pueden presentarles palabras o textos bíblicos totalmente fuera de sus contextos. ¿O tú que crees, que son mentiras de ancianitas locas aquello de que la “virgencita” les habló y les pidió quedarse en ese lugar y que se le construyera un santuario? ¡No! ¡Esa mujer oyó lo que dice que oyó y quizás hasta vio lo que dice que vio! El tema es de donde procede lo que oyó y vio. Cuesta muchísimo alertar sobre estas cosas porque la gente tiene una tendencia natural a ser escéptica y descreída de todas estas cosas, pero cuando llega a “ver algo” que se da cuenta no es natural, sin dudarlo ni un instante se lo adjudica a un milagro de Dios, de vírgenes o de determinados santos, cuando en realidad, y en la mayoría de las ocasiones, provienen de demonios engañadores. Ahora; ¿Quieres saber algo? También los que dicen ser creyentes bíblicos o escriturales suelen caer muy a menudo en esta misma trampa. La gente anhela con tanto fervor ver milagros que están dispuestos a aceptárselos hasta a los demonios. No se tiene en cuenta lo dicho en Mateo 24:45-46: ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor al frente de su servidumbre para que les de alimento a su tiempo? Dichoso aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, lo halle obrando así.

Pasividad del Espíritu: La pasividad del espíritu está íntimamente relacionada con la pasividad de la mente, porque hay una relación muy estrecha entre la mente y el espíritu. Generalmente un pensamiento errado significa un espíritu errado y viceversa. La pasividad de espíritu puede comenzar a partir de estos cuatro pasos: 1) Por la ignorancia hacia las leyes del Espíritu y de cómo mantener la libertad del espíritu. 2) Por conclusiones mentales o pensamientos erróneos. Confusión por ubicar debidamente lo físico, lo mental y lo espiritual, sin saber cuál es cual. Es sumamente frecuente encontrar creyentes que no alcanzan a determinar si lo que están experimentando proviene de sus espíritus, de sus almas o de sus cuerpos. 3) Cuando la mente no es capaz de leer o interpretar el sentido del espíritu así como lo hace con los cinco sentidos que pertenecen al cuerpo. 4) Por un debilitamiento y agotamiento del cuerpo o la mente a causa de una actividad constante o uso excesivo de estos. La mente y el cuerpo deben tener su debido descanso para que el espíritu pueda operar libremente.

(1 Reyes 19:4)= Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres (5) y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: levántate y come. (Verso 8)= Se levantó, pues, comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. (9) Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo ¿Qué haces aquí, Elías?

Pasividad del Cuerpo: Cuando tiene lugar la pasividad en el cuerpo, prácticamente se paraliza también la conciencia, pues los sentidos quedan afectados. Suponiendo que una persona tenga buena salud, posee el mismo control sobre todos los sentidos, y estos pasan a ser vías a través de los cuales se recibe información para la mente y el espíritu. Pero cuando algunos o todos estos sentidos están en una condición pasiva, la conciencia se adormece o se embota. El creyente está inconsciente con respecto a aquello que debería estar bien despierto y se comporta de una manera casi automática. Se ponen de manifiesto ciertos hábitos “inconscientes”, muchas veces malos e inconvenientes.

Para las personas que se encuentran en estas condiciones es más fácil ver estas cosas en los demás, que notarlas en ellos mismos, mientras que por otra parte pueden tener una conciencia súper desarrollada hacia las cosas externas que se relacionan con su propia personalidad. Cuando el estado de pasividad al que le han sometido los espíritus malignos alcanza este clímax, pueden resultar afectadas otras partes del cuerpo, como por ejemplo: rigidez en los miembros, letargo, pesadez, dolor de espalda o de cabeza, mareos, etc. Los ojos han perdido brillo y expresión y la mirada está perdida. Todo esto ha empezado con la pasividad de la mente a la voluntad durante la cual el creyente entregó a los espíritus mentirosos: su control o dominio propio y el uso de su voluntad.

Hay dos teorías perfectamente delineadas, aunque sólo una de ellas es masiva y mayoritariamente aceptada. Cuando una persona, por ejemplo, de carácter tranquilo, de improviso y sin que medie ningún hecho determinado o específico, tiene una reacción total y absolutamente inesperada e impensada en ella, normalmente se dice que tiene que haber actuado así a través o a partir de un condicionante. Esto, que es lo que generalmente esgrime la psicología, significa que en algún momento de su existencia esa persona sufrió un shock por un determinado suceso, no tuvo en ese momento ninguna reacción, aparentemente no le ocurrió nada, pero muchos años después, al reiterarse aquel suceso fundamental, se produce la reacción automática e inconsciente y nadie puede explicarse el por qué a menos que se lo estudie profesionalmente. La otra teoría es mucho más simple y, quizás por ese motivo, no cuenta con la adhesión de todos los sectores intelectuales que conforman la sociedad y, naturalmente, también la iglesia: un espíritu maligno ha producido la reacción y es por ese motivo que nadie lo puede entender. Los demonios, naturalmente, no sólo no gozan de popularidad sino tampoco tienen nivel como para que se los presente en sociedad.

Pasividad de todo el Hombre: Cuando se llega a este estado, cada parte del ser se ve afectado. El hombre actúa sin usar (O usando sólo parcialmente), su mente, su voluntad, imaginación y razonamiento. A veces la persona no puede dormir y anda tan desanimada que ni siquiera tiene deseos de comer. Cuando el creyente es engañado por los malos espíritus es posible que también sea dominado por lo físico y se lance al mundo de lo sensual. Esto puede suceder como consecuencia de experiencias “espirituales” que se sienten en el plano físico, pero que en realidad no tienen nada de espiritual, porque no provienen del espíritu.

A veces se sienten sensaciones de “fuego”, de “elevación espiritual”, o “temblores”, o “estremecimientos”, y toda clase de sensaciones corporales agradables, en apariencia espirituales, que alimentan a los sentidos de estos creyentes que se sienten como andando más allá del cuerpo y llamándose a sí mismos, espirituales. Incluso existen congregaciones de cierto prestigio que tienen, como común denominador y como especie de catalizador de experiencias espirituales, a todos estos elementos. O sea que: si tú vas a una de estas iglesias y jamás se te ha visto reírte a carcajadas, temblar, sacudirte o cosas por el estilo, se te respetará y se te apreciará como hermano, pero tu nivel espiritual será considerado decididamente bajo. Pablo en 1 Corintios 9:27, expresa: sino que trato severamente a mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre.

Pasividad de erróneas interpretaciones: Esta condición de pasividad puede venir como consecuencia de interpretaciones erróneas de la verdad en cuanto a “la muerte con Cristo”, como se presenta en Romanos 6 y Gálatas 2:20. En estos casos dichos pasajes se interpretan de manera literal y desequilibrada, sin tener en cuenta el sentido general de pensamiento de Dios sobre el tema. Dios hace un llamado a los verdaderos creyentes para que se reconozcan muertos al pecado y a la vida del antiguo YO, o sea, la vida pecaminosa heredada del primer Adán. Ahora bien, esto no quiere decir que la personalidad humana deba morir, puesto que el mismo Pablo, en Gálatas 2:20, dice: Y lo que ahora vivo en la carne… o sea, que aun después de convertido hay una retención del yo personal, del ser, de la voluntad y la personalidad, los cuales han de estar bajo el dominio del Espíritu de Dios y el control del “dominio propio”, que es a su vez, uno de los frutos del Espíritu.

No hay caso; el hombre sigue pretendiendo interpretar la Biblia conforme a lo que encaja con su sentido de la lógica. Es más; es frecuente oír que las denominaciones son divididas por “las distintas interpretaciones bíblicas”, y se lo dice como entendiendo que es normal que eso suceda y que la consecuencia sea la observada. La Biblia, mi hermano, no necesita que tú y yo la interpretemos; ella se interpreta a sí misma y, si tú te enteras de algo al respecto, es porque el Espíritu Santo tiene la bondad y la gentileza de revelártelo.

Pasividad causada por Aceptación del Sufrimiento: En este caso el creyente consiente en aceptar “Sufrir con Cristo”, siguiendo lo que llama “La senda de la cruz” y, para lograrlo, se entrega en forma pasiva a cualquier forma de sufrimiento que le presenten los espíritus malignos creyendo que ese sufrimiento viene de Dios (¡Tremendo!) y que terminará por producirle una recompensa y fruto espiritual. Lo que él no sabe es que los malos espíritus pueden dar un “sufrimiento falso” y que, al aceptarlo de parte de ellos creyendo que viene de la mano de Dios, les abre las puertas para seguir actuando.

El engaño experimentado en estos casos es la explicación de ciertos pecados que algunos creyentes no logran “sacarse de encima”, así como ciertas clases de sufrimiento que no pueden explicarse, entendiendo lo que significa la trama del engaño diabólico se puede obtener una explicación lógica de estas turbaciones que tanto acosan al creyente. El sufrimiento es una gran arma para que los demonios controlen y obliguen a una persona a encausarse en cierta dirección, pues por medio de él pueden llevar al hombre a hacer lo que en otras condiciones, no haría. (Job 2: 7)= Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. (8) Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza. (9) Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.

Pasividad por Falsos Conceptos de Humildad: Cuando un creyente consiente en aceptar la muerte en una actitud de desprecio hacia sí mismo, está siendo víctima de sugerencias “íntimas” por parte de malos espíritus. Este ardid satánico crea un ambiente de desazón y debilidad en derredor del creyente. Su espíritu se ofende y se deprime con mucha facilidad. Puede atribuir la causa de lo que ocurre al “pecado propio” o ajeno sin estar, sin embargo, consciente de ningún pecado específico en su vida o, como dijimos anteriormente, puede atribuir su sufrimiento a la acción divina. Se produce así una falsa humildad que es orgullo, un retraimiento de la obra y del servicio al Señor; un esfuerzo antinatural por eliminar al YO de las conversaciones y de las acciones, lo cual lo hace aún más notorio; en una manera exagerada y deprecatoria de autodepreciación y en la creación de una atmósfera de tristeza, oscuridad, debilidad, extrema sensibilidad y falta de esperanza.

El creyente aceptando las mentiras de los espíritus malignos ha pasado a proceder a la supresión o anulación de su personalidad, lo cual no se asemeja en nada a la muerte con o para Cristo, que las Escrituras nos describen. Por esta pasividad de su personalidad el creyente engañado se ha “entregado” aun sin quererlo en manos de los espíritus de maldad. A esto, ya por falta de espacio, no podemos desarrollarlo más, le deberíamos agregar La Pasividad por errores de Entendimiento, que es cuando el creyente consiente en permanecer en una condición crónica de debilidad, entendiendo a su manera que esta es necesaria para que el poder de Dios sea manifestado en su vida.

Un ejemplo es el de aquellos hermanos que, considerando que Dios ve con agrado sus tremendos esfuerzos por ser de utilidad, se pasan horas, días, semanas, meses dentro de los templos haciendo cosas para las cuales no fueron levantados sin recibir otra recompensa que un cansancio que en casos los ha llevado hasta la enfermedad, por suponer que será por ese esfuerzo personal en el cual podrán acercarse a Dios por sus medios. A eso, hay que agregarle La Pasividad con Actividad Satánica, que es el estado donde el creyente parece pasivo y en paz, siendo que en su interior se produce una tremenda actividad demoníaca.

 Liberación de la Pasividad: El creyente que necesita liberarse de su condición pasiva debe tratar primeramente de entender cuál es su condición en los tiempos normales y entonces examinarse a sí mismo a la luz de ella para ver si los malos espíritus le han estado interfiriendo. Para hacer esto debe recordar una etapa de su vida que haya sido buena y fructífera y compararla con esta condición anormal que está atravesando ahora.

Así como la pasividad ha avanzado paso a paso, la liberación de la misma ha de ser hecha en forma lenta y paulatina. Para la completa liberación es necesario que el creyente quiera cooperar y a la vez tenga el deseo de liberarse. El engaño y la pasividad sólo pueden ser quitados de en medio cuando la persona comienza a entender su condición y la obra de los malos espíritus y mediante el uso de su voluntad rehusa a los espíritus malignos el terreno que alguna vez les cedió.

Un punto importante en la liberación de la pasividad es mantener en la mente de forma continua el pensamiento de cuál era su condición normal antes de caer víctima de dicho engaño, y cada vez que se baja de ese nivel investigar la causa y tratar de quitarla de en medio. Cualquier facultad o parte del ser que se haya rendido a la pasividad y que por lo tanto esté fuera de uso debe ser recuperada para un ejercicio activo de la voluntad y traída bajo su control. El terreno cedido anteriormente a los malos espíritus debe ser recuperado y ha de resistirse en forma persistente al diablo y sus huestes, recordando que ellos lucharán por volver a recobrar lo perdido. Recuerda las palabras de Juan 4:4: Porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo.

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Las Cosas Viejas Pasaron

 

 

 (Jeremías 15: 19) =  Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
Yo no sé cuántas veces habrás leído tú este verso. Quizás muchas, y tal vez también lo hayas utilizado a modo de advertencia o consejo bien intencionado para con los más nuevos e inexpertos. De pronto alguien que iba a reunirse en ambientes complejos o contaminados, y tu sugerencia fue esta: que ellos se conviertan a lo que tú crees y no tú a lo que ellos piensan y practican. Muy bueno todo, pero… ¿Te has puesto a pensar, alguna vez y con cierta precisión, qué cosa es en realidad convertirse?
En principio, creo que convertirse a Jesucristo significa en primera medida, un cambio radical de comportamiento hacia Dios y hacia el prójimo. Eso, como la más clara evidencia de ser un verdadero creyente, un definitivo hijo del Dios Altísimo. Y que como consecuencia, ese comportamiento distinto vendrá a ser el resultado de un cambio de mentalidad y esencialmente de actitud frente al pecado en cualquiera de sus expresiones. Al recibir a Cristo y aceptarlo de manera genuina como Señor Y Salvador de nuestras vidas, Él nos regala un corazón nuevo, siempre dispuesto a seguirlo y a dejar para siempre de pecar.
Porque seguir a Cristo es, de modo automático, renunciar al mundo, que es como lisa y llanamente decir: renunciar al sistema con el cual se conduce el mundo secular. ¿Puedes resistir esa presión, esa tentación de hacerlo “a la manera de ellos” y no como debes hacerlo? Es cierto que no todo lo que contiene el sistema mundano es pecado, pero en una gran proporción lo es, y tú lo sabes. El caso es que no puedes decir que estás con Dios y seguir pecando. El pecado va en contra de Dios, dado que Dios es santo y, al seguirlo a Él, nos demanda también santidad, entendiendo que la santidad es separarnos para Dios. Eso es una conversión genuina. Mira lo que Juan le aconsejaba a los creyentes de su época:
(1 Juan 2: 15) = No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
(16) Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
(17) Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
En suma: convertirse es arrepentirse y dejar de pecar. Y arrepentirse, permíteme que te lo recuerde, no es pasar al frente en el templo, postrarse, llorar, lamentarse, gemir, aullar, desgarrarse de dolor. Eso, en todo caso, es remordimiento, culpa, dolor de haber pecado, pero no arrepentimiento. Arrepentirse es pensar, decidir y ejecutar: no lo vuelvo a hacer nunca más. Eso es arrepentirse. Retornar al lugar más alto en el que espiritualmente hayas estado. Y luego comenzar un comportamiento que respalde de manera visible esa decisión. ¿Y como se va a evidenciar ese comportamiento? Hay cinco formas muy preciosas y específicas, mira:
En primer lugar, guardando la Palabra de Dios, porque es de la única manera que podemos demostrar nuestro amor y sometimiento a Él. Jesús dijo, según lo rescata Juan 14:15: Si me amáis, guardad mis mandamientos. Entonces tú dices: ¡Ah! ¿Está hablando de aquellos diez? Probablemente, pero te informo que luego Jesús nos dejó cerca de cien mandamientos más. Lee los cuatro evangelios y los encontrarás.
En segundo espacio, con el amor hacia nuestros semejantes, porque el principal y mejor indicio de nuestra actitud hacia Dios, es nuestra actitud hacia nuestro prójimo, que como tú ya sabes, es todo aquel que hace misericordia con nosotros, no cualquiera que te lo exige, no es así. Servir es un privilegio, pero no debemos esperar nada a cambio por eso. Nadie está obligado a reconocernos nuestro servicio, es Dios quien paga todo eso con su infinita Justicia. Recuerda lo que dice Eclesiastés 12:14: Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
En tercer término, reflejando el carácter de Cristo, que como la palabra griega que lo define lo consigna, es su sello, la impresión de su ser en nosotros. Vivir con integridad y honestidad, expresadas en todas las áreas de nuestra vida, tales como relaciones, trabajo, familia, etc., porque es a esto a lo que nos debe llevar el arrepentimiento genuino. No engañar, no mentir, no querer sacar ventaja de nada ni de nadie.
En la cuarta ubicación, el desapego al dinero o las cosas materiales. El dinero siempre es importante. De hecho, cuando falta, trae consecuencias que a veces son graves. Sin embargo, es nuestra actitud hacia el dinero la que tiene que ser clara. El dinero tiene que ser nuestro siervo, pero jamás nuestro amo. El joven rico fue despedido por Jesús por no estar dispuesto a perder su dinero. Esto no significa que Dios esté en contra del dinero, sino de nuestra actitud para con él. Un corazón verdaderamente arrepentido, sabe vivir bien con lo que tiene y, si tiene que despojarse de todo, lo hará gustoso, porque sabe que su provisión viene de Dios y que Dios no lo desamparará jamás.
Y finalmente, en quinta y última posición, compartiendo el mensaje de salvación a los perdidos, porque además ese es un mandato de Dios. Jesucristo lo dijo antes de ir al Padre, en Marcos 16: 15: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Todo creyente verdadero convertido a Cristo, debe reflejar fielmente estos cinco aspectos en su vida, porque ellos son el fruto del arrepentimiento, pues habiendo sido liberados del pecado por el sacrificio de Jesús nos hicimos siervos de Dios, cuyo fruto es la santificación y cuyo fin es la vida eterna. Y a esto no lo inventé yo, está escrito desde siempre en Romanos 6:22: Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.
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¿Quién Cree en la Resurrección?

Creo que hay muy pocas cosas, que formen parte de nuestra fe básica, más complejas de entender y, por consecuencia natural, también de aceptar y creer para el hombre común, que la resurrección. Si tú enseñas o predicas sobre sanidad y milagros, verás algunos rostros de duda, pero una gran mayoría estará dispuesta a aceptarlo sin demasiado esfuerzo, pero ponte a hablar de resurrección y podrás comprobar el altísimo grado de incredulidad lisa y llana que tiene nuestro pueblo. Y resulta muy llamativo, porque si quieres buscar un núcleo o un epicentro de lo que es el Evangelio de Jesucristo, ese es la resurrección. Sin resurrección no hay redención, sólo muerte, como final de todo, y más allá la nada, que es la teoría atea que muchos compraron con la misma fe de no tener certeza total que así sea. Es decir que cometieron la increíble barbaridad de adoptar vivir sin fe, sencillamente… ¡¡Por fe!!

El caso es que esto de la negación carnal a la resurrección no es ni nuevo ni sorprendente. Sucedió desde el principio mismo de todos los hechos. Mira lo que dice Lucas en el capítulo 24. Ahí cuenta de la resurrección de Jesús, cuando los ángeles les informaron a las mujeres que él había resucitado. Dice que ellas fueron corriendo a contarlo a los once. Y precisamente es ese verso, el 11, el que dice: Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Y como sería esto que luego, cuando salieron e iban caminando, el relato prosigue en el verso 15: Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. ¿Te das cuenta por qué no lo reconocieron? Porque sus ojos estaban velados. En los originales dice que estaban siendo asidos fuertemente. La pregunta que tengo es: ¿Por quién? Tú lo sabes, no le hagamos promoción gratuita.

¿Y qué hizo él cuando se dio cuenta que no lo reconocían? Empezó a hablar con ellos y a preguntarles cosas. Y ellos le contaron todo lo que se había vivido con su crucifixión. Y fue recién de haberse quedado con ellos a cenar que, dice el verso 30: Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. ¿Cómo que desapareció de su vista? ¿Se esfumó, así sin más ni más? Eso es lo que dice. Dime la verdad: ¿Cuántas veces te han predicado sobre este episodio? Obvio. Me imagino el rostro de los oyentes cuando alguien lo haga. Igual al de los discípulos. Incredulidad. Y eso no es todo, luego se les apareció de improviso a los once, (Judas ya no estaba, obviamente) y ellos reaccionaron como vemos en el verso 37: Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Entiende: ellos, sus discípulos, los que lo habían acompañado durante todos estos años de ministerio, creían que veían un espíritu. Mira el verso 42: Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Pregunto: ¿Desde cuándo un espíritu come pez asado y miel? Para eso lo hizo, pero ni así creyeron.

Porque luego, Juan en el capítulo 21 de su evangelio, relata otro episodio de la resurrección. Fue cuando ellos se disponían a pescar y leemos en el verso 4: Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Se supone que ya lo habían visto, pero otra vez no lo conocieron. ¿Es que tan distinto al conocido es un cuerpo resucitado? Y otra vez les pide de comer, lo que nos muestra que un resucitado come como alguien que no ha muerto. Más adelante, vemos que el propio Juan es quien le reconoce y se lo anuncia a los otros, que todavía seguían sin saber quién era ese hombre. Sin embargo, hay otro hecho notable más, todavía, y es Marcos en el capítulo 16 el que lo rescata en su evangelio, cuando lo relata así, desde el verso 9 al 11: Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. Ellos no lo creyeron, pero ella, María Magdalena, observa que sí, que fue la primera, sino la única, que lo reconoció de inmediato.

Sin embargo, lo que más despertó mi atención, fue el episodio que Marcos relata en los versos 12 y 13, allí dice: Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. ¡Qué fácil es caerles con todo el peso de la aguda crítica a esos muchachos! ¿Verdad que sì? Todos nosotros, hoy, a muchos kilómetros y años de esos sucesos, declaramos con pompa y solemnidad que cualquiera de nosotros no vacilaría en reconocer a nuestro Señor Jesucristo,. ¿Cómo no lo íbamos a reconocer? Simple: porque no se les presentó con su aspecto habitual, el que todos ellos conocían. ¿Cómo lo sé? Fíjate que dice que se les apareció, en otra forma. ¿Sabes que estuve investigando el significado de ese “en otra forma”? Solamente me traen un poquito de luz los originales griegos, que me enseñan que eso significa algo así como en otra naturaleza. Un muerto rubio que resucita moreno, o la inversa, algo así. ¿Tú crees que reconocerías fácilmente a cualquiera? Yo creo que no. estoy seguro que no. Pasar por ese filtro espiritual llamado muerte, lo cambia todo. Y cuando retornas, eres otra cosa, ¡Justamente! Otra naturaleza.

Alguien dijo, y no exageró ni se equivocó nada, que la resurrección es un poder que nos sumerge en el Reino de Dios. Y además, es indefectiblemente la herencia más poderosa que Jesús nos dejó. Porque todos esos muchachos que lo acompañaron y lo amaron de verdad, sufrieron horrores y sus almas se desgarraron con su muerte en la cruz, pero nunca terminaron de creer del todo que Él había vuelto resucitado. Era demasiado pedirles. Sin embargo, en un ambiente decididamente masculino, donde el patriarcado más reconcentrado era manifestado casi en el nivel de lo que hoy llamamos machismo, tuvo que ser una mujer, y una mujer de las consideradas “de dudosa reputación”, la que nos iba a dejar el legado de lo que de alguna manera es la síntesis perfecta del evangelio en todo su contexto. Mientras todos dudaban, especulaban y desconfiaban, ella simplemente miró, creyó y pronunció las dos palabras que pasarían a ser el detonante de la más maravillosa historia de todos los tiempos. Ella apenas pudo decir: ¡¡Cristo Vive!!

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De La Realidad a la Novela

Nunca me ha gustado escribir alguno de esos artículos relacionados con fechas especiales. Por ejemplo: es muy difícil que me leas o escuches algo sobre la crucifixión dentro de lo que el mundo celebra como la Semana Santa o, como en este caso, algo relativo al nacimiento de Jesús en las vísperas de esos días del mes de Diciembre que a alguien que tiene muy poco que ver con nuestra fe, se le antojó determinar como la Natividad del Señor. Tampoco me he referido a Reyes ni a Magos en los primeros días de los eneros transcurridos. Pero sí siento en mi corazón compartirlo un día cualquiera, como por ejemplo es este, donde todavía muchos de nosotros estamos sin sacar la nariz a las calles y necesitamos algo que nos cuente cosas nuevas sobre el evangelio al que adherimos y no las historias remanidas de siempre que terminan por aburrir en lugar de bendecir.

Mateo 2: 1-3 = Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Para la sociedad secular de ese tiempo, no había nada más grande, importante y digno de admiración, respeto y deseos de imitar que su rey, Herodes. Herodes “El Grande”. No era un calificativo que se le pudiera adjudicar a un cualquiera, sólo los elegidos podían atreverse a pensar y obrar en grande. ¿Te imaginas hoy, en cualquier fuerza política, aún de las más importantes que se muevan en tu país, a uno de sus políticos, tan solo uno, que se haga llamar “El Grande”? Imposible. No se atreverían. Herodes sí se atrevió. Era un grande, indudablemente.  Así que suponte ahora como le tiene que haber caído a su innato estado de vanidad y soberbia permanente, que vinieran tres desconocidos a decirle que iban a visitar al Rey de los Judíos. ¿Cómo iban a a visitar a alguien que se atrevía a quitarle ese rango a él? ¡¡Herodes era el rey de los judíos!! ¡Nadie en su sano juicio se atrevería a discutirle esa posición! Por eso es que dice que el rey se turbó, que es casi un sinónimo de decir que sintió temor, un raro e incomprensible temor que ni él podía explicarse. Pero lo más curioso y llamativo del caso, es que asegura Mateo que a eso también lo experimentó toda la ciudad de Jerusalén. ¿Alguien podría darme un buen motivo racional que justificara eso?

4-10 = Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: (6) Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; (8) y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

En principio, cuando aprendí medianamente a leer la Biblia, empecé a preguntarme quién y por qué razón inventó que estos tres individuos eran reyes. ¿Reyes? ¡Magos, dice! ¿Eran hombres que practicaban la magia, entonces? ¿Y qué podía tener que ver eso con Jesús? Entonces salen los sabelotodos del evangelio que te dicen que no, que en realidad eran profetas del oriente que llegaron por causa de una revelación divina, que… ¡Un momento! ¿Tú me estás diciendo que una revelación profética de Dios, se va a conducir mediante una estrella? Yo creo que estos hombres, alrededor de los cuales se ha armado una leyenda que, incluso, pintó de moreno a uno de ellos. cuando no hay registro serio alguno de sus rostros, y les otorgó tres nombres que tampoco han sido registrados en ninguna escritura seria. ¿Me preguntas que creo? ¿Quieres saberlo? Creo que eran algo así como astrólogos de Oriente, con ninguna vinculación espiritual con el Dios que traía a Jesús al mundo, que cumplieron un rol participativo importante y punto, luego desaparecieron de la historia como tantos y tantos que también lo hicieron. Todo el mundo le pertenece a Dios, y a los que le aman, todas las cosas les ayudan a bien. Los incrédulos y hasta esotéricos, cuando se sujetan al señorío de Cristo, también.

11 = Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Más allá de la clásica escena de Navidad, donde se muestra al niño en una especie de inmaculada canasta con limpia paja y a sus padres de pie a su lado, mientras detrás dos o tres animalitos buenos le brindan el calor de su aliento, hay una realidad que no siempre se dice y que en muchos sitios auto proclamados como cristianos, prácticamente se contraponen. El unigénito Hijo de Dios no estaba naciendo en cuna de oro ni flanqueado por un coro de ángeles adorándole. El unigénito Hijo de Dios estaba naciendo en un rincón de esa casa al que nadie se quería ni siquiera asomar. Entre la mugre, la oscuridad y el fétido olor del producto de una serie de animales encerrados que no vacilaban en cumplir con todas sus necesidades fisiológicas junto al recién nacido. ¡Un fuerte aplauso para las miles de escenas de románticos pesebres dignos de las estampas de cierto cristianismo que hizo de este evento una epopeya épica en un tiempo en el que inexorablemente no pudo haber sido, pero que se lo enquistó como contraposición a ciertas festividades paganas con las que se deseaba competir!. Pero déjenme decir que de ninguna manera esa escena podría incorporarse como real.

El Hijo de Dios vino al mundo entre gente pobre, en un ambiente de mugre y feos olores y entre la burla, el escarnio y la condena social por las características de su gestación. Hoy el cristianismo tiene otras esencias y otros postulados, los cuales no son negativos ni tienen por qué ser censurados, pero que reclaman casi a gritos que se reconozca y se tenga muy en cuenta el primario origen, para que luego cuando los hechos así lo ameriten, nadie que diga ser cristiano se atreva siquiera a menoscabar y mucho menos discriminar a alguien por el color de su piel, por la higiene de su ropa o su cuerpo, y mucho menos por su estado financiero. Dios no es Dios de pobres, porque no tiene por qué serlo, ya que suyo es todo el oro y la plata del mundo, pero tampoco es un Dios patrimonio de gente adinerada, como durante mucho tiempo mucha iglesia se ha empeñado en presentar. En todo caso, nuestro Dios es un Dios Justo, una palabra que definitivamente parecería estar fuera de moda.

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El Valor de lo que No Tienes

Hace muchos años un hombre escucha un relato con características de fábula, con su respectiva moraleja. Decía que: «érase un hombre rico que tenía cinco rozagantes y jugosas manzanas, pero no era feliz. En una vivienda vecina, había otro hombre que era pobre y tenía solamente una manzana, pero era feliz. Un día, el dueño de las cinco manzanas, envidioso de la paz y la felicidad de su vecino, resolvió robarle su única manzana, para deleitarse viéndolo sufrir como sufría él. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que, pese a tener ahora seis manzanas, él no se sentía feliz para nada, sino todo lo contrario, mientras que su vecino, que se había quedado sin nada, seguía siendo tan feliz como lo era antes de perder su manzana.» Ese, fue su primer contacto con un sentimiento que, como a una gran mayoría de seres humanos, le iba a producir mucho daño: la envidia.

Dice un buen diccionario de la lengua española, que La Envidia es una tristeza airada o disgusto por el bien ajeno o por el cariño o la estimación que otros disfrutan, y también un deseo de emular alguna cualidad o algún bien que otro posee. Un buen diccionario bíblico, en tanto, sostiene que La Envidia es el pesar o el padecimiento causado por la razón de las pertenencias, prosperidad, ventajas, posición o reputación ajenas. Las personas envidiosas desean lo que tienen los demás, y suelen pensar que los que poseen el objeto de su deseo no se lo merecen. La palabra hebrea qin’ah puede referirse según el contexto, a celo, ardor, insistencia en la devoción exclusiva, o bien a los celos y la envidia. A diferencia del término griego fthó nos, que siempre tiene una connotación negativa y significa envidia.

Pensadores de todas las épocas y sitios geográficos del planeta han plasmado sus ideas referidas a la envidia, redondeando conceptos que, en muchos casos, son muy aptos para incorporar a nuestra formación social, moral y espiritual. Una de las más logradas que leí, fue la que dice que La Envidia es el Homenaje que la Mediocridad le rinde al Talento. Una más ingeniosa, expresa que El Envidioso no sabe lo que Quiere hasta que no te lo ve a Ti. Algo más poético y filosófico consigna: Nunca Grites tu Felicidad tan Alto. La Envidia tiene Sueño muy Liviano. Otro, un tanto más defensivo, señala: No te Preocupes por mis Logros, Mejor te Enseño mis Sacrificios. Algo de contenido más espiritual nos dice que Quien Tiene Luz Propia, Incomoda al que está en Oscuridad, o que El Sabio se Inspira con el Éxito de los Demás, el Envidioso se hace más Pequeño. Y se remata con una especie de solución humana cuando asegura que: Cuando la Ignorancia Envidia y Critica, la Inteligencia Observa, Escucha y se Ríe.

Un día, este hombre mediocre y cargado de envidias, encuentra a Jesucristo. Su vida se conmueve con un shock que el Espíritu Santo impacta en su espíritu, y allí comienza a experimentar un dramático cambio que, para tomar conciencia que el Dios en el que ha creído nunca se apartó de su lado, es consciente que le envía a su Espíritu a guiarlo a toda verdad, incluso, contra los que eran sus mayores defectos y consiguientes pecados. Y entonces conoce la historia de José y sus hermanos, y lee en Génesis 37:11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto. Allí entiende que la envidia no es algo nuevo y que incluso en este nuevo ambiente todavía tiene su peso, así que se refugia en el Proverbio 14:10 que le asegura que: El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos. Aprende a conocerla más a partir de lo que lee en el Proverbios 27:4: Cruel es la ira, e impetuoso el furor; Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? Y tiene un remate de lujo para su madurez cuando se encuentra con Eclesiastés 4:4 que le dice: He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Con todo este arsenal de Palabra, el hombre se vuelve un enemigo acérrimo de la envidia y de la hipocresía, y por esa causa, aunque en lo humano y terrenal no consigue ningún logro, en lo espiritual comienza a recibir bendición tras bendición, que es el resultado visible e inequívoco de una conducta intachable, que pone al mismo Dios deseando mostrarlo, a la manera de Job, como modelo a seguir si es que se desea militar en la divina jurisdicción del Reino de los Cielos. Eso despierta la admiración de todos los hermanos que tienen bien claro cuál es su objetivo en este planeta, pero al mismo tiempo, despierta la envidia casi feroz de otros tantos auto denominados hermanos, que desean tener esa unción y esa paz que él tiene, mientras ellos navegan en las oscuras aguas de la mediocridad y la incredulidad. Un día, sus enemigos descubren que la envidia es un espíritu maligno, y comienzan a conspirar para que ese espíritu tome a este hombre y le robe eso que lo hace feliz. No lo logran, porque cada vez que el espíritu pretende entrar en la mente de ese hombre, su santidad y unción ofician de alta armadura que no permite infiltración alguna. En este episodio, los envidiosos acaban de descubrir que aunque le robaran todos los días su única manzana, ese hombre seguiría siendo feliz, ya que ese sentir no se sustenta tanto en lo que tiene, sino en lo que no tiene: envidia.

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Estampas de un Tiempo Difícil

Tiempos difíciles, sí. Una prueba de carácter, les decía allá por el mes de abril, suponiendo que dentro de ese mes, todo volvería a ser normal. Pero no; Encierro…media libertad….preparativos de libertad total…y nuevamente encierro…Con mayores o menores diferencias, esto es un común denominador en casi todo el mundo. Y eso trae contrariedad, malestar, incomodidad, angustia, ira… ¿Qué es la ira? Una pasión del alma que causa indignación y enojo, a veces hasta con apetito o deseos de venganza. ¿Tiene derecho un creyente a sentir ira? Se nos enseña que no, que es una manifestación del alma que debemos dominar porque es aprovechada por las fuerzas del mal para perturbar y oprimir nuestras vidas. Sin embargo, y como rara paradoja, es una palabra que no está ausente en nuestras Biblias y no precisamente como cosa humana.

El vocablo ira aparece más de doscientas veces en la Biblia, y el concepto en muchas más ocasiones. En general se refiere a la actitud, actividad o respuesta de Dios al pecado humano. Es la reacción permanente del Dios santo, puro, soberano y personal a todo lo que ofende su naturaleza moral y derechos reales. Esto incluye el rechazo por parte del ofensor de su persona, gobierno y voluntad. También involucra las afrentas a su santidad, ya sean conscientes y directas o inconscientes e indirectas. La ira de Dios resulta en castigo y condenación o el juicio presente o futuro. En términos absolutos, es sinónimo de la separación eterna de Dios y el castigo en el infierno. Hay un hecho muy singular que demuestra que la ira no siempre es un patrimonio de la carnalidad del hombre, sino que tiene raíces mucho más elevadas y profundas.

En el libro del Éxodo, desde el capítulo 24 y hasta el 31 inclusive, está el relato del encuentro de Jehová con Moisés en el Monte Sinaí. En principio, Moisés no va solo, como muchos creen. Lo acompaña parte de su familia, esto es: su hermano Aarón y sus sobrinos Nadab y Abiu, y a ellos cuatro, se suma Josué, hombre de confianza de Moisés y setenta ancianos, que es como decir jefes, hombres distinguidos de Israel. Esa fue la orden de Dios, pero con la condición que todos se inclinaran desde lejos, y que solamente Moisés estaría autorizado a subir a encontrarse con él. Y en contra de lo que muchos temían, no solo pudieron ver a Dios sin ser aniquilados, sino que incluso celebraron banquete en su presencia, comiendo y bebiendo con tranquilidad y paz. Concluido esto, Dios llama a Moisés y le anticipa que le dará tablas con la ley y mandamientos.

Moisés obedece y, allí sí, sube absolutamente solo. Pero el encuentro no tuvo lugar de inmediato, sino que se tardó seis días, donde una nube de gloria cubrió todo el monte y, recién al séptimo día Dios llamó a Moisés. Estuvo allí con Dios cuarenta días, donde recibió instrucciones para la ofrenda del tabernáculo, el arca del testimonio, la mesa para el pan de la proposición, el candelero de oro, el tabernáculo, el altar de bronce, el atrio del tabernáculo, el aceite para las lámparas, las vestiduras de los sacerdotes, la consagración de Aarón y sus hijos, las ofrendas diarias, el altar del incienso, el dinero del rescate, la fuente de bronce, el aceite de la unción y el incienso, el llamamiento de los artesanos Bezaleel y Aholiab y el día de reposo como señal. Recién cuando concluyó con todas estas instrucciones, Dios entregó a Moisés las dos tablas del testimonio, obra de sus manos y escritas por su dedo.

Abajo, mientras tanto, ya conoces la historia. El pueblo se impacienta y se hace construir un becerro de oro para adorar, porque no estaban seguros que Moisés regresara. Y es el propio Aarón el que se los funde y elabora. Y allí se presenta la ira de Dios. Sabiendo lo que la gente está haciendo, Dios los quiere consumir y de alguna manera le avisa, casi le pide permiso a Moisés para destruirlos a todos. Moisés los defiende, intercede por ellos y logra que Dios se arrepienta de su primaria decisión, (¡Dios se arrepiente y modifica una decisión por instancia de Moisés!) y calma su ira. Pero cuando Moisés desciende y llega donde está el pueblo y ve el becerro de oro y a la gente adorándolo, monta en ira él y destroza las tablas contra las rocas, que es como decir que rompe el pacto hecho con Dios. Más adelante Dios le autorizará que prepare otras dos tablas, pero en este caso las preparará Moisés y Dios solamente escribirá en ellas lo mismo que había escrito en la otra que destruyó, que es como decir que Dios les renueva el pacto.

Hay dos elementos que saltan a la vista en este episodio. Uno, que cuando el pecado de desobediencia anula y destruye la obra de Dios, el hombre queda obligado a rehacer esa obra con su propio esfuerzo, si es que desea ser restaurado y que la obra se restaure. Éxodo 32:16 dice: Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. El pueblo desobedeció y esa obra fue destruida. Luego consiguieron perdón y restauración, pero allí las tablas ya tuvieron que ser construidas, alisadas y aportadas por el hombre. Dios sólo las escribió esta vez. Recuerda: siempre que desobedezcas, perderás una bendición que no tenía costo y deberás reemplazarla con una obra humana que te costará alto esfuerzo.

Y el otro elemento es la ira. Es pecado indiscutido cuando es producto de un exceso emocional de contenido humano, carnal. Un pecado que puede llevar al delito, a la agresión, a la violencia y hasta la muerte. Porque Dios nos creó con emociones, pero no para dejarnos dominar ni vivir por ellas. Sin embargo, hay un atenuante santo que es la ira por celo divino. La muestra el propio Dios, cuando reacciona ante la barbaridad cometida por su pueblo adorando dioses falsos, la continua Moisés, cuando estrella contra las rocas esa maravillosa obra de Dios que eran las tablas, terriblemente indignado por la hipocresía y falsedad de su propia gente, con su hermano incluido. Y la evidencian muchos de los personajes más determinantes del evangelio, hasta terminar en un Jesús desparramando la mesa de los cambistas también indignado por ver convertida la casa de su Padre en cueva de ladrones. Esa ira es una muestra de celo, y también de autoridad, actitudes con las que debes pelear tu buena batalla.

Esta, aunque no lo creas, es una época que en gran parte se asemeja a la que hemos relatado. Porque así como existe la posibilidad de una desobediencia masiva del pueblo de Dios, abrumado por esta coyuntura, buscando el apoyo en dioses falsos por pensar que el Dios de todo poder se ha olvidado de ellos, también puede eso desatar una ira santa que, si no encuentra el intercesor válido y específico, un Moisés contemporáneo, puede determinar que lo que algunos profetas creyeron ver en todo esto, -un juicio divino- sea realmente lo que ocurra. Necesitamos más que nunca como Cuerpo de Cristo en la tierra, estar firmes y en obediencia, porque sólo es obediencia lo que produce autoridad. Y es sólo autoridad lo que produce victoria.

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En el Camino de la Pureza

No sé cuánto tiempo llevas de creyente, como fue tu conversión, o si provienes de familia de cristianos. Tampoco sé si te congregas en alguna iglesia, como es ella y, esencialmente, lo que más nos ha ocupado y preocupado en estos últimos tiempos: qué evangelio te han predicado o te siguen predicando. Obviamente, tú lees esto y de inmediato te preguntas: ¿Es que hay más de un evangelio? Mi respuesta bíblica es que no, que no lo hay. Pero tú y yo lo sabemos muy bien. Mi respuesta real y con bases en lo que hemos visto y oído, es que sí, que aparentemente y para muchos cristianos de años en el camino, parecería ser que hay otros evangelios, (Que en realidad no es otro, sino el mismo, el original, que ha sido tergiversado, modificado, pervertido) y que no han dudado en predicarlo y promocionarlo, a favor de la comodidad de sus receptores. No es nuevo, esto. Ya alguien, hace muchos años se enfrentó con el mismo dilema.

(Gálatas 1: 1) = Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), (2) y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: (3) Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, (4) el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, (5) a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Fíjate; Pablo se presenta como apóstol, (Que te recuerdo que quiere decir: Enviado), no por voluntad de hombre, no de parte de hombres, ni por disposiciones legales emanadas de hombres. No había sido nombrado ni comisionado, después de haber asistido a algún colegio, o haber completado algún curso especial. No fue a través del ritual de la imposición de manos de otros apóstoles. Él era apóstol por Jesucristo y Dios el Padre. Y aquí le está escribiendo a las iglesias de Galacia de un modo sobrio y casi impersonal: Yo apóstol, les dice. Estos mismos versos en la Nueva Versión están más nítidos. Dice: Pablo, apóstol, no por investidura ni mediación humanas, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo levantó de entre los muertos; La continuación indica qué tema iba a tratar y, en ese sentido, hace un discurso muy fogoso y contundente, donde evidencia que sabía perfectamente que había gente que estaba mutilando el evangelio.

(6) Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. (Hay otra versión que dice: No hay otro evangelio Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. La pregunta que nos hacemos, es: ¿Qué otro evangelio podría presentarse en reemplazo del original? El verso siguiente nos explica en parte eso.)

(7) No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.

Aquí está la respuesta de Pablo, la que Pablo encontró y lo ilustró de lo que estaba sucediendo, y la que quizás todos nosotros, hoy mismo, estemos evaluando, por si no tiene parentesco con algunas de las cosas que en este tiempo estamos viviendo. Perturbar, te recuerdo, es trastornar el orden y el estado de las cosas, es quitar la paz o la tranquilidad a alguien, incluso hacer perder el juicio a una persona. Y Pervertir, es hacer malo a alguien o algo, provocar que falte la moral o la legalidad. Eso es lo que dice Pablo que hay gente que desea hacer con la pureza del evangelio. La otra versión lo dice así: No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. Supongo que aquí está más que claro, ¿No es cierto? Y entonces añade:

(8) Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

Cuando Pablo dice “nosotros”, se está refiriendo a los predicadores que en ese tiempo recorrían las iglesias llevando su mensaje profético o evangelista. Y aclara que si cualquiera de ellos, ¡Y hasta incluye a un mismísimo ángel del cielo, para darle mayor énfasis! Si cualquiera de ellos predicara otro evangelio distinto al que habían recibido, sea anatema, concluye, dejándonos la idea que quien haga tal cosa como pervertir el genuino evangelio de Jesucristo, estará de inmediato y casi de modo automático, bajo maldición. Eso es ser anatema. Algo así como apartado, desterrado amputado de un cuerpo sano. Y el último verso lo resume todo, conforme a lo que podemos ver a la distancia de esta historia, pero no de modo tan lejano para nuestra actualidad.

(Verso 10) =  Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. (La Nueva versión lo dice así: ¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.)

¿Por qué tenemos mandato de compartir esto? Porque hoy está sucediendo esto, y no en pocos lugares del mundo, sin dudas. Y porque esto no es una predicación mal intencionada tendiente a acreditar o desacreditar ministerios, esto es Palabra de Dios leída casi sin acotaciones dirigidas. Tú y yo lo sabemos muy bien, aunque en muchos momentos de nuestra vida cristiana, hayamos hecho silencio. ¿Qué evangelio habían recibido ellos? El que predicó Jesús. Entonces, si alguien te predica hoy un evangelio que no te dice que el Reino de los Cielos se ha acercado y que debes arrepentirte, ese alguien podrá estar muy bien intencionado, podrá ser sincero y estar convencido de lo que dice, pero te advierto que como quiera que sea, de lo que no podrá escapar, es de ser anatema, esto es: estar maldito. Y como podrás suponerlo, a eso no lo digo yo ni hombre alguno de este tiempo. Es Palabra, y como tal, no resiste opinión ni debate alguno. ¿Quieres prevenirte contra el engaño? Lo único que debes hacer es tomar tu Biblia, día tras día, y escudriñarla con toda seriedad y responsabilidad, para así poder saber dónde estás y quien eres.  

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El Ejercicio de los Sentidos

Cuando Dios creó al hombre y sopló aliento de vida, que es Su Espíritu, se impartió a sí mismo. Dios plantó un huerto en Edén y puso ahí al hombre que había formado. Por eso es que no nos sentimos en casa en la tierra. Echamos de menos nuestro país genuino y verdadero. Nuestro espíritu habita con Él. Cuando dice que no somos de aquí, pero que estamos aquí, te está diciendo que perteneces a otro lugar, no a la tierra. Pero como formó a Adán del polvo de la tierra, mucha carne nos maneja, nos influye, y entonces abrimos puertas a nuestro enemigo, como cuando Satanás en forma de serpiente le habló a Eva, y le dijo que era ella la que pondría los límites, y no Dios. En ese diálogo, fíjate, la serpiente la tentó con los sentidos. Eva entonces Vio, Codició, Tomó y Comió…

Y esa serpiente, que a partir de ser un Ser con Pies y Mente, de allí su nombre, se identifica con Satanás, pero también se la conoce como Leviatán. Y este ser, salido de las profundidades marinas, da a las personas la incapacidad de caminar derechos. Es un espíritu serpenteante, que mantiene a los hombres andando en círculos, tomando decisiones equivocadas y siendo guiados en la dirección incorrecta. Por eso es que Pablo es inspirado por el Espíritu Santo a escribirles a los Corintios, en su Segunda Carta, capítulo 11 y versículo 3: Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.

¿Tenemos los sentidos ejercitados? Ya lo anticipaba Juan, quien en su Primera Carta, capítulo 1 y versos 1 al 3, nos dice: Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

  1. Lo que hemos Oído. (Oído)
  2. Lo que hemos Visto con nuestros ojos. (Vista)
  3. Lo que han Palpado nuestras manos. (Tacto)
  4. Eso os anunciamos (Boca-Gusto)
  5. Y tenemos comunión con el Padre. (Eso es el Olfato (Discernimiento)

Hace mención a cinco cosas que deben estar adheridas a nuestras vidas. Habla de algo que es esencial como cristianos. Hay gente que escucha una predicación, un mensaje, y se va como vino, como si nadie le hubiera predicado, sin entender nada. Pasa el tiempo y no hay cambios genuinos en esa gente. No se produce en sus vidas lo que Dios anhela que se produzca. Es tiempo que comencemos a trabajar nuestros sentidos espirituales. Conforme al uso que a ellos les demos, así será nuestro desarrollo como individuos. Porque eso es lo que Dios espera de cada uno de nosotros, que nos mostremos como individuos que irradian una luz que les llega desde el infinito, desde lo Eterno, y no como gente religiosa llena de consignas, dogmas y muletillas que no viven una vida liberada de los sentidos terrenales. Lo primero es Espíritu. Lo segundo es Carne. Bien intencionada, pero Carne al fin. Y Dios, hoy, sigue aborreciendo las obras de la Carne. Todas.

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