¿Semejantes a Ellos?

Cuando entramos al tema de la comunicación, comprobamos que Jesús fue un experto. Niños y adultos por igual no tenían ninguna dificultad en entender sus palabras y seguir sus razonamientos. Esto es notable porque, mientras estaba en la tierra, vivió en una sociedad que estaba acostumbrada a una religión basada en frases hechas y en dobles mensajes. Los escribas, sacerdotes y fariseos, que dominaban la escena de la sinagoga en Palestina, se cuidaban de que así fuera. Sin quererlo, hicieron que el estilo sencillo y directo de Jesús pareciera más renovador. Cuando él hablaba, la gente escuchaba. A diferencia de los piadosos profesionales de sus días, las palabras de Jesús tenían sentido práctico. Algo que con el correr de los tiempos, los cristianos pareceríamos haber perdido.

Esto nunca fue más cierto que cuando se sentó en una ladera con sus seguidores y habló de las cosas que realmente importaban. Y fíjate que la tradición, ha hecho que esa sesión de enseñanza sea conocida como El Sermón del Monte, un título de lo más desafortunado a mi criterio. Porque sus palabras tenían autoridad, pero no eran de tono oficial; tenían penetración pero no tono sermoneador. Su charla en la ladera fue una presentación informal, razonada, meditada y sencilla. Destilaban sus palabras una enorme dosis de verdad, en un tiempo increíblemente corto y aquella gente que había soportado toda una vida de sermones aburridos y sin aplicación a sus existencias, se quedaron atónitos hasta el final.

(Mateo 7: 28) = Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29)  porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Si no logramos interpretar el fondo de esta afirmación, no apreciaremos la profundidad de la actitud de sus oyentes. Para decirlo claramente, esa gente estaba harta de la manipulación, del orgullo y especialmente de la hipocresía de sus líderes religiosos. Muchos años de legalismo, mezclado con exhibiciones farisaicas de poder destinadas a intimidarlos y controlarlos, mantenían al público en general en la esclavitud. Los sistemas humanos de complicados requisitos y de exigencias abrumadoras encerraban a la gente detrás de barras invisibles y la ataban con cadenas de culpabilidad. No podían calcular ese peso, ni podían mantener sus cabezas erguidas fuera del agua a menos que sacudieran las manos como un perro sacude las patas…y muchos ya se estaban desalentando. Pero ¿Quién se atrevería a decirlo?

Entonces apareció Jesús, con su mensaje lleno de gracia liberadora, de aliento al cansado, de esperanza al pecador. Lo más importante era que todo lo que él decía estaba basado en una verdad transparente, la verdad de Dios, y no en esas rígidas regulaciones religiosas que ellos conocían y respetaban. Les habló de la fe, de una fe simple, en términos que cualquiera podía entender. Su expresión afirmativa los invitaba a escuchar su enseñanza liberadora del pecado y la vergüenza, del temor y la confusión. La autenticidad del Nazareno los tomó con la guardia baja, les desarmó sus suspicacias y eliminó la niebla que había rodeado por décadas a la religión organizada. ¡No sorprende, entonces, que la gente lo considerara sorprendente! ¡Ni tampoco que los escribas y los fariseos, dedicados a eliminar la gracia, lo encontraran insoportable! La hipocresía desprecia la autenticidad. Cuando la verdad desenmascara el error, los que se encuentran expuestos a ella se ponen muy nerviosos.

Superficialmente, las palabras de Jesús que se registran en Mateo 5, 6 y 7 pueden parecer calmas en su tono y elementales en su sencillez. Podemos leerlas en quince o veinte minutos y, a primera vista, no parece sino apenas un golpecito en el hombro. Pero para aquellos que habían torcido la religión haciéndola una lista de actuaciones, de demandas y expectativas, era nada menos que sentirse expuestos ante todo el mundo. Cuando Moisés bajó del monte Sinaí siglos antes, no trajo diez sugerencias; del mismo modo, cuando Jesús presentó su mensaje en el monte, no declamó una humilde homilía. Para los legalistas, sus palabras representaban un agresivo reproche que sigue en pie en los tiempos modernos. Las palabras de Jesús pueden ser simples, pero definitivamente no son insípidas.

Más allá de la enseñanza de Jesús en la ladera palestina había una profunda preocupación por aquellos que habían entregado sus vidas a la tiranía de la presión que estaba a años luz de la fe simple. Le preocupaba en especial la posibilidad de que alguno hubiera sido absorbido por el modelo fariseo de sustituir lo auténtico con lo artificial, un peligro que siempre está latente a las sombras del legalismo. Eso es lo que me lleva a creer que el principal mensaje de la enseñanza de Jesús en aquel marco podría encapsularse en aquellas cinco palabras que dijo y que rescata Mateo 6:8 No seáis semejantes a ellos.

El Señor quería que sus seguidores auténticos fueran distintos, diferentes de la mayoría que sigue al rebaño. Al resolver conflictos, hacer negocios y responder a dificultades, la gente de Jesús no ha de ofrecer las mismas actitudes o escoger las prioridades de la mayoría. Y con seguridad, no hemos de emular su fariseísmo. Cuando Jesús enseña: No seáis semejantes a ellos, realmente quiere decir eso. Odia la hipocresía y ama la autenticidad. La hipocresía nos permite recorrer ambas direcciones del sendero; parecer justos pero ser impíos y sonar como piadosos pero ser secretamente profanos. Invariablemente, los que caen en la trampa del síndrome de la hipocresía tienen formas de enmascarar su vacío interior. La forma más fácil es la de agregar más actividad, correr más rápido, enfatizar una agenda completa, cada vez más larga. ¡Los fariseos eran más que expertos en todo eso! No contentos con la Ley de Moisés, que incluye los Diez Mandamientos, se aferraban a 365 prohibiciones, así como a 250 mandamientos adicionales. Pero, ¿Eso los hacía más justos? De ninguna manera.

Y aún no los hace. Aunque no puedas creerlo, pese a todo el avance en todos los terrenos que la humanidad ha recibido y adoptado, todavía esto se mantiene intacto. Hay un fariseísmo moderno que es el peor enemigo que la auténtica fe genuina tiene hoy. Es el arma que más resultado le ha dado a Satanás para combatir los verdaderos postulados de la fe. A miles de años de estas historias aparentemente superadas, me queda una reflexión que se resume en una frase que ya fue dicha por Él, pero llevada a nuestro idioma cotidiano: ¡No seas semejantes a ellos! ¿Dices que eres Cristiano? Entonces imita a Jesús, no a los que lo crucificaron…

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Cartas Abiertas Para el Mundo

En mis primeros años de creyente, recuerdo haber escuchado a alguien predicar sobre la cruz y todo lo que en ella había sucedido y, una vez concluido el eje central del mensaje, lanzó una pregunta a todos los que lo oíamos, pero dirigida casi de modo personal. Directamente preguntó: Hermano… ¿Sabes quién eres en Cristo? No sé qué habrán pensado los demás, yo me quedé tieso y helado. No tenía ni la menor idea respecto a quien era en Cristo. Es más; ni siquiera sabía muy bien qué era lo que estaba haciendo allí. Pasaron algunos años, la palabra de Dios fue metiéndose en mi vida y con algo de oración genuina, me sentí con ganas de recibir todo lo que Dios tuviera para mí. Eso me llevó a este texto, que un día alguien trajo a mi vida:

(2 Corintios 3: 2) = Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; (3) siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

(4) Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; (5) no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, (6) el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica.

En estos cinco versos, creo que está el resumen de lo que hoy somos en Cristo. Mejor dicho, creo que el resumen detalla lo que deberíamos ser en Cristo, todavía no sé muy bien si coincide con lo que somos. En principio, somos cartas escritas en nuestros corazones. Cartas que luego deberán ser leídas por todos los hombres, que al leerlas, tendrán la certeza que son cartas de Cristo mismo que les son mostradas como testimonios vivientes. Y cartas que no están escritas con tinta de bolígrafo, sino con la propia sangre de Jesús brotada desde el mismísimo Espíritu Santo. Cartas con principios que no están escritos en tablas de piedra como aquellas que Moisés trajo del monte santo, sino en tablas de carne del corazón, que si bien antes era de cuidado porque era engañoso, despues de la cruz se convirtió en el instrumento preciso de nuestra identidad.

Y es precisamente que, ser cartas de Cristo, nos permite tener confianza en Dios y con Dios. Confiamos en él como un niño confía en su padre, pero también tomamos confianza con él, igual que cuando ese mismo niño se pone a jugar con su papá. Y eso nos lleva a que nuestro Padre nos regale competencia y eficiencia en todo lo que hacemos y vayamos a hacer. No se trata que de pronto nosotros, por nosotros mismos, pasemos a ser personas capaces y aptas para lo que se nos ponga por delante. Nos queda más que claro que nuestra capacidad, nuestros talentos y nuestra eficiente competencia, nos llega vía Espíritu Santo desde el mismísimo cielo, desde la dimensión eterna, donde hemos sido designados todos, como ministros competentes del Nuevo Pacto, lo que tiene que ver con nuestro espíritu y no con la letra, eso queda bien claro. Porque todos sabemos que la letra, como tal y sin sustento sobrenatural, mata, pero el espíritu con la riqueza de la revelación divina, vivifica.

Y esto también nos enseña que podemos ser cartas vivas y testimoniales de Jesucristo en la tierra, y que si nos atrevemos a jugarnos como varones de guerra que somos, independientemente de nuestro género humano, nos comportaremos como ministros competentes que somos, todos. ¿Leíste bien lo que escribí? Todos. No existe tal cosa como un ministro y cien «no se sabe qué cosa». En ese lugar, y aun en contra de lo que alguna organización humana y humanoide pretenda imponer como verdad bíblica, rige lo que esta escritura, conjuntamente con otras, nos expresa y declara: somos todos ministros competentes del Nuevo Pacto, sólo debemos esperar recibir órdenes y ser obedientes a ellas, para bendición de quienes reciban nuestro trabajo, y para honra y gloria de quien nos envió. No serán necesarios hombres especiales para conducir al pueblo de Dios en batalla, porque todos serán especiales.

(Jeremías 31: 33) = Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel (Que hoy representa a la iglesia)  después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

(34) Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

Eso es todo. Y nada menos. Con esto en tu mente y tu corazón, y con tu espíritu presto y dinámico, creo que no tendrás ningún trabajo ni esfuerzo en responder ahora, ya mismo, la misma pregunta que yo, hace muchos años, no pude o no supe responder: ¿Quién eres en Cristo? Y me podrás decir: soy una de sus cartas vivas, que los hombres leerán y podrán ver en ella, que es como decir en mí,  la imagen de su rostro, de su cuerpo, de sus llagas, de su sangre, de su cruz. Y esa será una excelente y muy genuina respuesta, amén. Sólo me queda la misma duda que seguramente te quedará a ti: Hoy, como pueblo de Dios, como cuerpo de Cristo en la tierra, ¿Somos de verdad, todo eso? Tú tienes la respuesta. Y para dármela, primero debes aceptar el desafío. ¡Animo! No estás solo, no estás sola. Si me lo permites, voy contigo; yo también quiero decir con voz bien alta que soy carta escrita por Cristo para Vida Abundante y Eterna de un mundo en tiniebla. Yo acepto el desafío. ¿Me acompañas?

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Creyentes Paso a Paso

En tiempos difíciles como el que estamos transitando, las manías consumistas en las que la mayor parte del planeta parece entretenerse casi con liviandad, se contraponen con las carencias de los menos afortunados, esbozando un cuadro que roza lo dramático, pasando por lo incongruente. Fuera de todo ánimo de dar la lata religiosa, pregunto:  ¿Deberíamos aceptar que el hombre está en este mundo solamente para trabajar, disfrutar de los placeres santos y no tan santos, permitirse dejar fluir alguna forma de amor para con otros seres como él, ganar todo el dinero que pueda y utilizarlo en comprarse todo lo que lo gratifica y relaja? Por poco o por mucho que conozcas de la Biblia, ¿Ese es un hombre genérico, creado por un Dios de todo poder como esencia de Su Imagen y Su Semejanza? Yo creo que no, que hay otras variables que deben, por lo menos, ser evaluadas con la Palabra de Dios como guía a toda verdad y, una vez que nos funcione a los que decimos ser creyentes, pasársela al mundo secular, incrédulo pagano e impío, para que de una vez y para siempre pueda solucionar sus dramas cotidianos.

Una de esas variables a estudiar, son nuestros pies, nuestro calzado. Veamos: cuando te encuentras con alguien desconocido, o que hace mucho tiempo que no ves, ¿Te fijas en sus pies? ¿Prestas atención a su calzado? Puede haber gente que lo haga, es cierto; hay gente para todas las ocurrencias pintorescas que quieras, pero convengamos que quien se fije en eso, será minoría. No por nada, los grandes centros de la moda te incentivan a que cambies en cada presencia partes importantes de tu atuendo, pero son muy pocos, apenas los específicos, los que lo aconsejan para con el calzado. ¿Esto nos hará pensar que no lo es, entonces? Hoy no podría decirlo con certeza, ya que cada país, cada región, cada cultura, tiene costumbres distintas, tradiciones diferentes y ópticas para la elegancia o el buen vestir, también diferentes. Sin embargo, esto no pasa por lo estético, como muchos supones y otros tantos estaban pensando hasta este momento. Esto pasa por lo espiritual, directa y sobradamente. Mira esto.

(Rut 4: 7) =  Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel.

No es casual. Era la prueba, la garantía, el símbolo material y físico que representaba nada menos que la integridad, en este caso comercial de una persona. Y además, se añade, era de testimonio para todo un pueblo que, en ese momento, había hecho del culto a un Dios majestuoso, único e incomparable, una rutina. Una muestra en la que indudablemente, deberían mirarse todos los pueblos circundantes. Algo ya habían aprendido; el calzado no era un aditamento de última, un algo como para completar un atuendo, era nada menos que la prueba más contundente de la honestidad y la seriedad con que alguien podía establecer un pacto. Pero eso no sería todo, porque Dios habría de añadirle a esto, que aparece como algo menor, un punto muy superior, mira esto.

(Deuteronomio 11: 24) =  Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio.

(25) Nadie se sostendrá delante de vosotros; miedo y temor de vosotros pondrá Jehová vuestro Dios sobre toda la tierra que pisareis, como él os ha dicho.

Aquí ya no es lo externo, aquí es lo interno, lo natural, nosotros mismos. ¿Alguna vez te atreviste a creer esta palabra que te asegura que todo lo que pise la planta de tu pie, será tuyo? ¿Qué vas a creer, la onda literalista que te asegura que eso solamente era para las costumbres de ese tiempo con relación a las propiedades de campos y lugares? ¿De verdad vas a creer eso tan limitado, como si proviniera de la palabra de un Dios limitado? ¿Nunca vas a pensar que si mañana tienes una necesidad, (No un capricho ni una ambición personal, una necesidad) puedes ir y poner tu pie en lo que sea que necesites, y declarar en el nombre de Jesùs que ya es tuyo, y dejarle al Señor la decisión final de ejecutar su promesa o dejarla en suspenso para cuando, según su juicio, sea mejor ocasión?

Hay un mensaje muy claro en todo el evangelio, en toda la palabra, respecto a la dirección, el ritmo y la continuidad de nuestros pasos. Nuestros pies no son elementos de adorno que sirven para sostener nuestro cuerpo y desplazarnos. Nuestros pies son nada menos que las alas espirituales que nos llevaran de pleno a las dimensiones que elijamos ocupar. ¿Dónde te llevan tus pies, hoy? ¿Dónde los estás apoyando? ¿Qué vas a hacer tuyo conforme a ese principio? ¿Será un área de bendición u otra de entretenimiento y mediocridades? Mira bien donde pones tus pasos, para eso tienes ojos naturales y espirituales, y luego encomienda al Espíritu Santo que aquí sí, más que nunca, sea tu guía a toda verdad y bendición.

(Salmo 17: 5) =  Sustenta mis pasos en tus caminos, Para que mis pies no resbalen.

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Cuestionar; ¿Es Sabiduría?

La anécdota es bastante antigua y la solían utilizar ciertos evangelistas en sus campañas masivas. Cuenta que un hombre, mientras se hacía cortar su cabello en la barbería, o peluquería, como se le llama aquí en Argentina,, intentaba hablarle de Dios al hombre de las tijeras y navajas, pero éste era sumamente ateo, duro y escéptico y, como defensa natural, esgrimía aquella tan legendaria que todavía escuchamos a menudo, hoy: Si Dios existiera como aseguran los cristianos, no sucederían las calamidades que vemos ocurrir en el planeta. Así se defendía el barbero, mientras seguía con su trabajo.

Un día, el creyente le tendió una trampa con sus propios argumentos. Mientras se sometía a los cortes del profesional, vio que pasaba por la acera, frente al salón donde estaba, un hombre con una larga y desprolija barba. Entonces le dijo al barbero: “Mira, parece no hay barberos en esta ciudad, si no ese hombre no andaría por la calle como anda, con esa barba desalineada, dando pena” A lo que el barbero le respondió rápidamente: “No, barberos hay, no es culpa de ellos si ese hombre no acude a una barbería a arreglar su barba. De hecho, si viniera aquí, yo haría ese trabajo sin problemas.” Entonces el creyente lo miró con una sonrisa y le dijo: “¡Es cierto” ¡Es lo mismo que los que dicen que Dios no existe porque hay desgracias! Dios existe, lo que sucede es que la gente no acude a él, por eso sufre desgracias! Igual que ese hombre y los barberos.”

La anécdota ficticia no aclara como terminó esta historia, pero lo cierto es que el argumento de ese supuesto barbero, es el mismo que hoy por hoy y en medio de las diferentes calamidades o catástrofes que vivimos como humanidad, esgrimen miles, millones de ateos, incrédulos, escépticos y otras similitudes para justificar su incredulidad y apego a otras prácticas ligadas con la oscuridad. Pretenden implantar en cerebros no demasiado ágiles, la idea de un Dios cruel, malo y vengativo, que no soporta que la gente no lo adore y por eso se toma venganza matando a todos los que se le antoja, algo así. ¿Y sabes qué? Es mucha, demasiada lamentablemente, la gente que se cree eso. Si conocieran la auténtica Palabra de Dios, encerrada en la letra bíblica, pero revelada por el Espíritu Santo, creo que podrían ver las cosas desde otra perspectiva.

(Job 40: 1) = Además respondió Jehová a Job, y dijo: (2) ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto.

(3) Entonces respondió Job a Jehová, y dijo: (4) He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca.

(5) Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar.

Todos conocemos la historia de Job. Él también creyó, en algún momento de su tribulación, que podía llegar a plantearle a Dios las formas o métodos utilizados por él para llevar adelante Su Creación. Dios fue claro con Job, como también lo es hoy con todos los que pretenden evaluarlo, analizarlo y, (¡Oh inconcebible irreverencia!) hasta dudar de su eficiencia. ¡Es Dios! ¿No entiendes lo que eso significa? ¿Es realmente una señal de sabiduría contender con el Creador del universo? ¿Alguien podría suponer que es así? Job fue humilde, y en su propia humildad, encontró arrepentimiento y perdón. Y luego fue restituido de todo y multiplicado. ¿Y tú? ¿Todavía sigues cuestionándole a tu Dios, algo por lo que hayas tenido que pasar y no te ha gustado? ¿Con qué derecho? ¿Crees que es sabiduría hacer eso? Salomón encontró respuestas para esto.

(Proverbios 8: 5) = Entended, oh simples, discreción; Y vosotros, necios, entrad en cordura.

(6) Oíd, porque hablaré cosas excelentes, Y abriré mis labios para cosas rectas.

(7)  Porque mi boca hablará verdad, Y la impiedad abominan mis labios.

(8) Justas son todas las razones de mi boca; No hay en ellas cosa perversa ni torcida.

(9) Todas ellas son rectas al que entiende, Y razonables a los que han hallado sabiduría.

No necesitas un master en teología para entender y creer esto. Apenas deberás limitarte a algo que fue escrito, todos leímos, todos repetimos como papagayos y no todos llegamos a asumir como verdad fuera de toda lógica humana, pero verdad al fin, y es que como sea que sean las cosas y venga lo que venga en nuestra contra o de una parte de la humanidad, el principio de dar gracias a Dios por todo, sigue estando vigente. Y funciona.

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Dios Siempre es el Mismo

Un trabajo de rutina de envío de materiales, me llevó, casi sin darme cuenta, a abrir un antiguo estudio creado allá en la mitad de la década de los años noventa, hace casi treinta años atrás, cuando ministraba a través de una emisora de radio de mi ciudad. Está publicado en la página 27 de la ventana de Crecimiento de mi página Web. Lleva el número 49 y se llama Abrazado en la Nube. La porción que voy a compartirte, me habla a mí, y también tiene que hacerlo a ti, que Dios es coherente y su voz es siempre profética. Que cuando el hombre es obediente y no piensa según su sabiduría, (Ese fue mi único mérito) puede ser un canal eficiente para algo que vivimos hoy, pero que fue anunciado treinta años atrás por la boca de un anónimo desconocido sin lauros ni prestigios, sin que nadie le prestara demasiada atención. Dice:

Lucas 21: 27) entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

He apartado esta línea para colocar una acotación de suma importancia: la palabra nube que vemos en este pasaje, en los originales, es la palabra nephos, y significa Testigos. Nube de testigos, mensajeros anónimos, gente vil y necia, en casos, para avergonzar a sabios elegantes e inmaculados. Regístrala, mantenla cerca tuyo anotada. Que no se te olvide. Y después dice que vendrá con poder y gran gloria.

(28) Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.

Nota que la reacción es de júbilo y no de temor. Es que cuando llegue ese día, los justos podrán levantar la cabeza y gozarse y decir: ¡Al fin! ¡Mi redención llegó! ¿Y cuál es mi redención? La destrucción del sistema religioso. Ahora dime la verdad con la mayor transparencia que tengas y sin la menor muestra de religiosidades declamatorias: Tú, que eres fiel, sincero, justo, recto: ¿Tendrías algún problema si el sistema religioso actual dejara de existir? ¿Tendrías que lamentar la pérdida de algún cargo, posición o hasta quizás un salario? Mira amigo mío: cuando Babilonia cae, en Apocalipsis, todo el mundo está llorando su caída, excepto dos grupos: los apóstoles y los profetas. ¿Te imaginas por qué ellos no lloran la caída de Babilonia? Exactamente, acertaste: Porque ellos han sido los que han ocasionado esa caída… ¡Ellos la derrumbaron!

En el verso 25, vemos que hay señales cósmicas que tienen que ver con juicio, al igual que en Joel, muy parecido el lenguaje. Pero recuerda que Joel está tratando de hablarnos que en los tiempos finales, es necesario que exista una generación profética, que tenga visión, que los sueños se conviertan en algo que puede implementarse, que los hijos y las doncellas profeticen, porque los soles y las estrellas no van a tener sus funciones. Recuerden que en los tiempos de Joel, tanto en los caminos como en la navegación, la guía y la dirección eran a través del sol y las estrellas. Entonces Joel está tratando de avisarnos que en los días finales, aquellas cosas que nos daban seguridad habrán de borrarse y desaparecerán. Ya no tendremos ni marcas ni guías visibles. Entonces, en ese tiempo. Ya no sería una opción ser profético, sino una demanda, porque si no, nadie sabría para dónde ir.

Y así está la tierra hoy. No podemos confiar en la medicina, no podemos confiar en las películas, no podemos confiar en nada de lo que antes eran marcas terrenales estables. Aquello que nos prometía excelente seguridad cuando estábamos edificados en una buena posición, ya no existe. Estudiar mucho, ya no nos garantiza nada. Meter dinero en el banco (Y en Argentina de esto se sabe mucho), ya no garantiza nada y cambiar por el voto a nuestros gobernantes, tampoco nos garantiza gran cosa. O sea que no hay dirección precisa, es necesario estar oyendo a Dios, ser profético y saber cuál será el o los próximos pasos. Si no, andaremos todos perdidos. Si en un mundo en crisis, que no tiene ninguna señal estable, no existe una iglesia profética, estamos todos perdidos. Y quiero que tú notes que profecía, aquí, no tiene nada que ver con profetizar, sino en saber para dónde hay que ir. Es, concretamente, la habilidad para ver el futuro hoy y diseñar el camino a transitar. Lo que Joel estaba diciendo, no es que tú vayas a profetizar, sino que es necesario ser una generación profética. Hay que levantar los ojos de lo natural. Cuando los soles y las estrellas ya no alumbren el camino. Recuerda que los magos llegaron donde había nacido Jesús por un seguimiento. ¿Recuerdas siguiendo qué? Sí, eso: era el único mapa que tenían.

Fíjate que el verso 25 dice que habrá señales en el sol, en la luna y las estrellas, y en la tierra angustia en las gentes. Quiero acotarte que “gentes”, son naciones. Entonces lo que dice es que las naciones estarán angustiadas, las personas andarán con una alta cuota de estrés. ¿Esto parecería algo contemporáneo, no es así? Hay perplejidad, gente confundida porque lo que antes servía de guía, ahora ya no le sirve, que no tienen ni la menor idea de cómo resolver este problema. El corazón de muchos hombres está desfalleciendo por temor a lo desconocido. Ese es el día presente.

Ahora quiero que vuelvas a recordar que Cristo está contestando una pregunta. ¿Cuándo va a deshacerse el sistema religioso? Bueno; estas son las señales. Es decir que, la naturaleza del ministerio apostólico y la conmoción que Dios va a traer, es naturalmente opuesta al sistema religioso. Porque El fin del siglo, del cual me paso mucho tiempo hablando, no es el final de un período de cien años, como mucha gente simplista ha enseñado. Siglo, en esos textos, es la palabra kosmos, y su implicancia tiene que ver mucho más con sistema que con cronologías calendarías. ¿Verdad que lo has entendido?

Reitero, si es que por alguna razón no lo has registrado, que esto fue acabas de leer fue escrito alrededor del año 1992, que obedeció a una inspiración que el Espíritu Santo trajo a mi vida y que no me proyectó a ninguna parte en especial, apenas me granjeó la antipatía de cierta gente, que poco tiempo después se tomó puntillosa venganza levantándome el programa radial mediante el cual había difundido tamaña provocación a su poder terrenal. Creo que no entendieron que cuando la palabra dice que Dios levanta a lo vil y lo necio para avergonzar a los sabios, no exagera nada. Dios es Soberano.

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Lo Que Digas Con Tu Boca…

Cuando has sido periodista, te has quedado con algunas costumbres que te cuesta un poco disminuir o atenuar. Te miras todos los noticieros de la televisión y te lees todos los periódicos digitales del planeta, con la finalidad. –Supones-, de estar informado. Si a eso le añades, como cabecera de personalidad que eres creyente, entonces le sumarás a lo anterior audios y videos con palabras y mensajes de otros hombres y mujeres de Dios, procurando añadirle óptica espiritual a la información que ya poseías. ¿Conclusión? Certeza que al hombre natural, (Y algunos cristianos no son la excepción), de tanto en tanto, los traiciona una proverbial incontinencia verbal, que lo lleva, entre otras cosas, a expresar palabras que mucho mejor le hubiera sido callarlas.

Porque escucho y leo a hombres y mujeres, no creyentes y creyentes, hablar todo el día de la pandemia, del virus, de la posibilidad del contagio, de la cuarentena, de la angustia del encierro, del miedo, de…Y me acuerdo de algo que alguna vez escuché, que decía: “Le aseguré a mi pueblo que tendrán lo que digan, y ellos se pasan el día diciendo lo que tienen” Jesús dio a entender eso. ¿Y nosotros? En una gran mayoría, dejando de lado la Palabra de Dios y hablando palabra de Satanás. A eso es a lo que llamo incontinencia verbal. ¿Tiene solución? La tiene, no tengo dudas.

Tengo certeza que el cuerpo de Cristo tiene que empezar a vivir en la autoridad de la Palabra de Dios por un sencillo y especial motivo: la Palabra de Dios es poder creador. Las palabras habladas por tu boca, entrenan a tu espíritu para vencer o para ser vencidos. En la carta a los Romanos, en 10:17, Pablo dice: Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Y esto es muy real, porque la Fe crece muy rápidamente cuando te oyes a ti mismo, diciendo y recitando lo que dijo Dios. Por eso, recibirás más rápidamente la palabra de Dios en tu espíritu cuando la digas hablada por ti mismo, que cuando la oigas hablada por otra persona.

Yo no sé si tú recuerdas, o crees, que el hombre es un ser espiritual capaz de operar en el mismo nivel de Fe en que opera Dios. Todos sabemos que si puedes creer, al que cree todo le es posible. En Mateo 17:20, leemos: Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Te adelanto que esta es una ley espiritual. Dios es un Dios de Fe, muestra su Fe por medio de la Palabra. Estas leyes de Fe obrarán para todos aquellos que la apliquen. ¿Y cómo hacerlo? Simple: las pones en acción por medio de las palabras de tu boca.

Los que nos nutrimos de la Escritura como alimento básico, sabemos que Su Palabra no perdió poder cuando fue dicha en el pasado. Para que sea efectiva, el hombre tiene que hablarla y entonces, ese poder creador hará lo que se dijo, por Fe. En la Creación, vemos a Dios diciendo en Génesis 1: Sea la luz, Haya expansión en medio de las aguas, Júntense las aguas que están debajo de los cielos, Produzca la tierra hierba verde y árbol que dé fruto, Haya lumbreras en la expansión de los cielos, Produzcan las aguas seres vivientes, Produzca la tierra seres vivientes y, finalmente, Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.

En Efesios 5:1, Pablo nos dice que seamos imitadores de Dios, como los hijos imitan a sus padres. De hecho, para imitar a Dios, deberemos pensar lo que Él piensa, hacer lo que Él hace y, esencialmente, hablar lo que Él habla. Cuando Él estaba aquí en la tierra, Él le habló a los vientos y al mar. Él habló a los demonios, Él le habló a la higuera, Él, -incluso- les habló a los muertos. El viento, el mar, el árbol, los demonios y aún los muertos, obedecieron lo que Él les dijo. Dios es un Dios de Fe. Dios muestra su Fe en palabras.

Jesús estaba imitando a su Padre, recibiendo los mismos resultados que recibió su Padre. En Juan 14:12, Jesús habló y dijo: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y atención con esto: estas leyes de Fe se basan en leyes espirituales. Y lo más valioso e importante, es que estas leyes obrarán para todos aquellos que las apliquen. Entonces la pregunta, es: ¿Cómo lo hago? ¿Cómo lo logro?

Las pones en acción por medio de las palabras de tu boca. Muchos cristianos son derrotados durante sus vidas porque creen y confiesan erróneamente. Ellos han hablado las palabras del enemigo. Estas palabras, por lógica consecuencia, los tienen esclavizados. Proverbios 6:1-2, dice: Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo, Si has empeñado tu palabra a un extraño, Te has enlazado con las palabras de tu boca, Y has quedado preso en los dichos de tus labios.

Creo que esto es muy claro. Tanto que por menos instrucción que hayas recibido, a esto ya lo tenías que saber. Entonces debes preguntarte por qué razón es que tan a menudo caes en la tentación de no callar cuando es el tiempo de hacerlo y cuando quedarte en silencio, cuando era el momento de testificar Su nombre y Su presencia en tu vida. Esa es tu máxima tarea en esta tierra, muy por encima de cualquier actividad en la que creas estar sirviendo y bien. Tiempo de hablar, tiempo de callar.

Porque si no lo tienes en cuenta, olvidaras las palabras que el propio Jesús dijo y que Marcos 11:22-23 resume así: Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Atención con esto, es un principio que siempre funciona: dice que lo que diga, le será hecho. La gran pregunta que me falta, entonces, es: ¿Qué es lo que estás diciendo durante tu día? Porque exactamente eso que dices, sea lo que sea, te será hecho. Ahora lo sabes.  

 

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En el Tiempo del Reposo

En tiempos en que el stress la ansiedad y la falta de certidumbres claras dominan la escena y determinan que muchos hombres y mujeres no sientan seguridad en nada de lo que hasta ayer se las proporcionaba, siempre es bueno volver a la Palabra de Dios, que no por antigua está pasada de moda ni mucho menos.

(Mateo 11: 38) = Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

¿Cuántas veces leímos esto y pensamos…”que bien le viene esta palabra a…y allí pusimos el nombre de un amigo, de una amiga, de un familiar o un conocido? Es cierto, este texto ha sido y sigue siendo el motor de la recuperación espiritual y anímica de mucha gente. Lo que no siempre hemos pensado, es que un día esta palabra pudiera ser factor de nuestra propia recuperación. Estamos trabajados y cargados y necesitamos, descanso, que es como decir…reposo.

(Hebreos 3: 7) = Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, (8) No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, (9) Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años.

(10) A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos.(11) Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo.

Reposo. Necesitamos desesperadamente reposo. Y no estoy hablando de mullidos sillones ni cálidas camas, estoy hablando de una clase de reposo que solamente viene del cielo, en cualquier otra esfera no hay similares, salvo burdas imitaciones de las tinieblas. Pero el Padre dice que no nos deja entrar en su reposo porque estamos vagando. Entonces nos deja la pregunta obvia: ¿Qué es vagar? Vagar es ser inconstante, es de alguna manera deshacer el propósito de Dios. Por eso es que, todavía hoy, aquí y ahora, en este tiempo tan particular, Él sigue mandándonos a oír su voz, a escucharlo, a encerrarnos con él y aprender, sin utilizar tus sentidos naturales, a conocerlo.

No importa lo que te esté pasando, ahora mismo, en tu vida. Si hay miedo, si hay dolor, si hay angustia, si hay ansiedad, suelta todo en las manos del Padre celestial y entra ya mismo en la quietud del Su Espíritu. Él tiene tu solución y también tu salida. No pierdas relaciones valiosas y no dejes de escuchar su voz, porque en ella está tu respuesta. Jesús ya venció, venció la muerte y está reinando junto al Padre. En Su nombre puedes, ya mismo, tomar control, dominio y autoridad de tus emociones y de tu vida entera.

(Salmo 95: 7) = Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz,

Es una promesa clara… ¿Estará vigente aún? ¿Si me decido a oír su voz, podré alzar mis ojos al cielo, no por altura, sino por superioridad, y reclamarla para mí? Entonces el Padre, con su Espíritu de amor, de misericordia, de paciencia y de infinito cuidado te mira y te responde desde su misma palabra de manera clara y precisa.

(Éxodo 33: 14) = Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.

¿Necesitas más? Ya tienes la promesa del Padre. Y Él siempre cumple. Entra ya mismo en Su Reposo.

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Cuando La Unión Es Común

Yo sé que a muchos cristianos les agradaría que no hiciéramos alusión, en estos comentarios, a lo que nos está sucediendo como sociedad humana mundial, sino que simplemente nos dedicáramos a predicar y enseñar la palabra de Dios sin más trámite, no dándole más valor a este asunto de la pandemia y sus aislamientos, que el que puede tener algo que le está pasando a la gente, pero que al creyente no tendría por qué preocuparlo, ni mucho menos ocuparlo. Coincido en lo general, pero no en lo particular. Yo creo que es muy cierto que esto no tiene que ser un motivo de preocupación y mucho menos de temor para los hijos de Dios, pero también tengo certeza que tiene que servirnos para reacomodar nuestra propia relación con Cristo, la cual hasta hoy ha venido muy acostumbrada a depender de rutinas, hechos, palabras, celebraciones o rituales, dejando de lado lo más importante que tiene nuestra fe, que es la Comunión.

Comunión no es algo que se ingiera o se tome, Comunión es algo que se vive. Al margen de todas las interpretaciones o traducciones que se le ha dado a esta palabra, para mí sigue siendo claro sinónimo de Común Unión con algo o alguien, o sea: una unión en común con una persona, que en este caso es Jesucristo mismo. También es lo que la propia palabra parece abreviar: Comunicación. Es imposible pensar en una Comunión real con alguien, si no le hablamos y no escuchamos su respuesta. ¿Cuántos de ustedes tienen hábito de hablar con el Señor a diario? ¿Cuántos de ustedes tienen como parte de ese acto, la facultad de escuchar lo que el Señor les responde? En tu respuesta íntima y personal, está tu condición. Tu próximo paso, entonces, aprovechando este lapso que las condiciones ambientales del mundo nos facilitan, será: o prosigues bien como venías, o modificas todo y comienzas con Jesucristo desde cero. Sin pudores ni vergüenzas, es preferible aceptar no haber estado en lo correcto que insistir en lo inútil por simple necedad u orgullo.

(Proverbios 3: 31-32) =  No envidies al hombre injusto, Ni escojas ninguno de sus caminos. Porque Jehová abomina al perverso; Mas su comunión íntima es con los justos.

Te lo traduzco por si has olvidado el idioma bíblico. Te dice que ni se te ocurra sentir envidia por el desobediente, de aquel o aquella que eligió vivir sin Dios. Aunque veas que parece tener éxito, dinero, vivir disfrutando, o lo que sea en lo externo. No sientas envidia de eso, y no tomes por ninguno de sus caminos, porque eso te lleva a torcer tu destino de Eternidad, de eso te habla. Y te recuerda que la Comunión de Dios, es con los obedientes, con los que sí han decidido incorporarlo a sus vidas diarias.

(1 Corintios 1: 9) =  Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

A través de todos estos años que seguramente llevas en el camino de la fe, seguramente habrás pasado por vicisitudes o tribulaciones en donde has tenido que acudir al Señor de todo poder, ¿Verdad? Y dime, cuando lo hiciste, ¿Él te demostró ser fiel a tu necesidad? ¿Sí? ¿Y entonces por qué crees que en este tiempo y estas condiciones, Él no lo seria o habría dejado de serlo? ¡Ánimo! Aquí te dice que él sigue siendo fiel, pero te dice algo más: que es Él y no alguien externo el encargado de llamarte a una Comunión muy singular con el Hijo. Eso, si eres alguien que cree y declara que Jesucristo es su Señor.

(2 Corintios 13: 14) = La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.

Si prestas atención expresa, te darás cuenta que las tres entidades que conocemos como Trinidad, aunque el rótulo no sea bíblico, están definidas por tres adjetivos distintos. Habla de la Gracia o el favor que Jesucristo nos ha hecho con su sacrificio en la cruz, menciona al Amor de Dios Padre, que está muy por encima de su calidad de juez cruel y severo con que a muchos todavía les seduce verlo y presentarlo, y finalmente recala en la Comunión con la tercera persona de esa Trinidad, que es el Espíritu Santo.

Y eso me lleva a mí, en el final de esta reflexión de hoy, a preguntarte cuanto tiempo hace que no tienes real y genuina Comunión, esto es, común unión, o una unidad en común, intimidad, con el Espíritu Santo. Fíjate muy bien lo que vas a responder. No sería extraño que sepas como tener comunión con Dios el Padre, y que también puedas haber aprendido a mantenerla con Jesucristo el Hijo. No estoy muy seguro, no al menos en lo global del espectro creyente total, que hayas aprendido a sostener ese mismo tipo de Comunión con el Espíritu Santo.

No sabes lo que te estás perdiendo. Más allá de todo el sobre énfasis que durante mucho tiempo se ha venido realizando; más allá de ese don de lenguas tan controvertido que tanto unió como dividió congregaciones cristianas enteras, hoy por hoy, si realmente quieres tener comunión con Dios y la intimidad suficiente como para poder asegurar que lo conoces, necesitas desesperadamente de la ayuda y la guía del Espíritu Santo. Todavía no se abrió la Escuela, Instituto o Universidad donde se enseñe a tener o recibir revelación o palabra profética.

Eso, necesariamente emana del Espíritu Santo y es, siempre, el resultado natural de tu sana Comunión con Él. Eso era lo que debíamos aceitar, ejercitar y levantar en alto en esta pandemia, en este aislamiento, en esta cuarentena. Gloria a Dios por todos los que hayan podido cumplirlo, el cielo hará grandes cosas con ellos. Y es mi oración y mi deseo que esos ellos, sean ustedes, los que hoy me están leyendo. Y que también sea yo mismo, si la misericordia y el amor del Padre así lo permiten.

 

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Cuando el Pueblo no Entiende…

Todos lo sabemos. Permanentemente, Dios usa lo natural para hablarnos de lo espiritual. Dice un relato en Isaías 5 que Él plantó una viña en una ladera fértil, que la cercó, la despedregó y plantó vides escogidas, esto es, la seleccionó. Y que luego edificó una torre, hizo un lagar y esperó que diese uvas excelentes, de primer nivel. ¿Y que crees que ocurrió? ¡Que dio uvas silvestres! Eso sucedió. Ahora piensa: ¿Qué más podía hacer Él, a su viña, que no haya hecho ya  en ella? Esperar. Y luego de esperar y esperar, te muestra lo que hace con su viña, que es un adelanto de lo que siempre hará con lo que es su propiedad: su pueblo. Quitará su vallado, es decir su protección, aportillará su cerca. Te recuerdo que aportillar es romper la cerca o el muro para poder entrar por esa abertura, y dice que será hollada. Hollar es pisar un lugar y profanar, abatir, humillar. Dice que allí crecerán los cardos y los espinos y que no mandará lluvia.

(Isaías 5: 8) =  ¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra?

A veces, cuando suceden estas cosas, nos conducimos como si, en efecto, estuviéramos nosotros solos habitando el planeta. ¿No vamos a entender que somos un cuerpo? ¿No entenderemos que un cuerpo como el nuestro tiene una cabeza rectora y que no es humana?

(Verso 13) = Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.

Esto no es historia, aunque nos llegue en un envase histórico. Esto es vigente, actual, contemporáneo. El pueblo de Dios suele ser llevado en cautividad por la simple causa que aquí se menciona: porque no tiene conocimiento. Y como ya sabes, conocimiento siempre es sinónimo de intimidad, de comunión, de comunicación.

(Verso 15) = Y el hombre será humillado, y el varón será abatido, y serán bajados los ojos de los altivos.

Miras a tu alrededor, hoy, hoy mismo, y estás observando eso. Hay hombres que se sienten humillados, otros están abatidos, y muchos altivos, que veían en sus posesiones su seguridad ante todo contratiempo, están bajando su altivez y buscando al Dios en el cual jamás repararon ni creyeron.

(Verso 18) = ¡Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta,

Los gobernantes de las naciones, gestores de muchas de las iniquidades que nuestro mundo soporta, se siguen manejando con vanidad, pese a que ya ha quedado demostrado que nada pueden hacer ante lo que estamos viviendo. Su pecado se torna manifiesto y su consecuencia, a la vista. Entonces apelan a sus tan discutibles métodos de comunicación. Nos hablan y, con el mayor de los desparpajos, nos dicen cosas que ya estuvieron escritas desde siempre.

(Verso 20) = ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

Yo creo, fielmente, que en este momento el pueblo de Dios no entiende el  mensaje que Él les está mandando con esta pandemia a nivel mundial. Más allá de todo lo que se lee, se escucha y se difunde, casual o intencionalmente, lo cierto es que Él nos está escondiendo en nuestras casas para que lo busquemos en la intimidad, en la soledad y de corazón. No hay templos, no hay fiestas, no hay muchedumbres, no hay nada.  Cada uno está encerrado en su casa y Él esperándonos. Quiere hablarnos con esto. Y nosotros tenemos la responsabilidad de escucharlo y entender su mensaje y, si cabe, escondernos con él. Él lo está diciendo HOY.

(Isaías 26: 20) = Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación.

Ya está. Ahora ya lo sabes. Deja de perder tu tiempo con las noticias malas y las promesas falsas. Aférrate de la mano del que nunca te abandonó y deja que sea Él quien te saque de esta prueba. Dile al Padre en lo íntimo y privado todo lo que sientes y Él pondrá en tu corazón todo lo que necesitas para recuperar esa paz que tanto necesitas, ese amor por el prójimo que tanto importa y esa certeza de estar exactamente en el lugar preciso y en el momento indicado. Eso no es ser extraterrestre, eso simplemente es ser hijo de Dios.

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Tranquilo…Sólo Espera…

En Argentina, cuando estoy escribiendo esto, llevamos cuarenta y tres días de cuarentena. Obligatoria y decretada a nivel de gobierno y que, como cristianos obedientes a todo lo que no contradiga los diseños y el propósito de Dios, debemos acatar. Eso produce, entre otras cosas, una enorme prueba de carácter, tanto en lo individual como en lo grupal. Pero si hay algo que desata en el interior de cada persona, por tranquila y serena que sea, ese algo es ansiedad, inquietud, que en suma, es carencia de paciencia y de fe.

(Salmo 40: 1) = Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

(2) Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.

Definitivamente, esperar es mucho más complicado y difícil que andar. Porque el esperar requiere paciencia, y la paciencia es una virtud muy rara. Es algo admirable saber que Dios rodea a los suyos con un cerco, un seto, cuando se mira a éste desde su punto de vista de protección. Pero cuando el cerco, el seto, se conserva alrededor de nosotros y crece a tal altura que ya no es posible ver por encima de él, y se empieza a pensar si uno va a poder salirse de aquella pequeña esfera de servicio e influencia en que se encuentra aprisionado, a veces es difícil comprender, para uno, porque no posee un medio de acción más ámplio, y es más difícil aun iluminar el rincón en que se encuentra. Hoy hay mucha gente buena, fiel, creyente y honesta que se siente así y no sabe el motivo ni la causa por el cual se le hace tan cuesta arriba esperar que todo esto pase y sea historia. Pero Dios tiene un propósito en todas sus dilaciones.

Salmo 37: 23) =  Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino.

Cuentan que alguien, en su Biblia, y conjuntamente a este versículo, simplemente escribió: “Y las detenciones también”. Es una falencia lamentable la del hombre que atraviesa con violencia los cercos de Dios. Uno de los principios vitales para el gobierno de un cristiano es el no moverse jamás de aquel lugar en el cual tiene la seguridad que Dios le ha colocado, hasta que la columna de nube se mueva. Eso es lo que, definitivamente, debería estar pensando aquel que no puede moverse de su casa con la libertad que quisiera, y aquel a quien todo esto lo sorprendió fuera de su casa, y está obligado a permanecer alejado de ella hasta que se le permita retornar.

¿Es la vida necesariamente un fracaso para aquel que está obligado a permanecer quieto en forzada inactividad, y viendo pasar las grandes palpitaciones de la marea de la vida? No. La victoria, entonces, tiene que obtenerse permaneciendo quieto y esperando calladamente. Es mil veces más difícil el hacer esto que el precipitarse en los días de actividad más agitada de los quehaceres que haya tenido. Requiere un heroísmo mayor el permanecer quieto, el esperar, el no desanimarse ni perder la esperanza, el someterse a la voluntad de Dios, el abandonar los honores para otros, el estar callado, confiando y alegre, mientras la multitud feliz y bulliciosa camina y se marcha. La vida más elevada es aquella que, habiendo hecho todo, simplemente espera.

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En el Día de Hoy

Estoy convencido que superado esto que estamos viviendo, (Dicho con el mayor de los optimismos, fe y confianza), nada volverá a ser igual. Son demasiadas las estructuras de la rutina humana que han sido afectadas y, por más que haya esmero, preocupación y dedicación suma, es muy poco probable que la vida retome su ritmo del mismo modo en que venía hasta aquí. Alguien soltó por allí una frase muy sencilla que, sin embargo, encierra una llamativa profundidad: “Nada volverá a la normalidad; porque la normalidad es el problema”. Visto desde el ángulo del mundo secular, es así, sin dudas. Pero, lo más preocupante del caso es que, visto desde lo eminentemente espiritual, también es así. Y eso no es algo para desechar y dejar ir sin examinarlo.

(Lucas 24: 21) =  Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.

Cada vez que leo este relato, no deja de producirme pena que, en el camino a Emmaus, los discípulos no le hubiesen dicho a Jesús: Nosotros aún confiamos, en lugar de Nosotros esperábamos. Y digo que es algo que me produce cierta tristeza, porque se refiere innegablemente al pasado. Ellos debieron haber dicho: “Todo está contra nuestra esperanza, parecería ser que nuestra confianza fue en vano, pero no por esto desistiremos: creemos que volveremos a verlo”. Pero, en lugar de esto, ellos, que caminaban a su lado, ¡Nada menos! declaraban sin pudor la pérdida de su fe, y entonces allí fue donde él tuvo que decirles: ¡Oh, necios y tardos de corazón para creer!

Pregunto: ¿No nos encontramos hoy, en el mismo peligro de que se nos digan estas mismas palabras? ¿No estamos día tras día, leyendo todos los informes médicos, biológicos y de laboratorios, esperando por una solución a esos temores casi insanos, mediante la magia de la medicina o la química? ¿No estamos depositando altos grados de confianza en médicos, empresarios, funcionarios, políticos y financistas, en la esperanza de que sean ellos los que pongan de sus ciencias, fortunas o poderes para liberarnos de lo que nos abruma? Es miedo, ¿Lo estás viendo? Es visible. Lo invisible es aquel que tiene el imperio del miedo y lo ejerce. Existe.

Mira; no es tiempo para palabras bonitas o llenas de esas metáforas a las que los creyentes somos tan afectos. Es tiempo de reflexionar y ver que, nosotros podemos soportar perder algo o todo, con tal que no perdamos nuestra fe en el plan de Dios de amor y de verdad. No pongamos nuestra fe, como lo hicieron aquellos discípulos, en un tiempo pasado. Nosotros esperábamos, dijeron. Hoy no. Hoy, con la maravillosa esencia de todo lo que nuestro Señor ha hecho en nuestras vidas, aferrémonos al único baluarte que el pueblo de Dios tiene a su alcance: su confianza. Nuestra confianza. Di ahora, cuando termines de leer esto, simplemente: Señor…yo confío en ti. He puesto mi dedicación a buscar Tu Reino y Tu Justicia, y ahora sé que todo lo que hoy me falta, tú lo añadirás. Así lo has dicho. Así lo creo. Así será hecho. Amén.

 

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Razones De Una Melodía

Mientras tres cuartas partes de la población del planeta anda ocupada y preocupada tratando de encontrar las razones científicas de esta pandemia, los creyentes en general están haciendo más o menos lo mismo, pero desde la óptica espiritual. Yo no escapo a las generales de la ley y, como todo cristiano bien nacido, también he dicho lo mío. Sin embargo, esta mañana, leyendo el versículo que ahora te compartiré, sentí del Espíritu que hoy debía decir otra cosa, hablar en otro tono, sacarme lo apocalíptico infiltrado y dejar fluir una unción de fe fresca y con aroma a flores vivas.

(Efesios 5: 20) =  dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Aquí es donde te das cuenta que no importa cual pueda ser la procedencia del mal, porque si en verdad moras en Dios y estás rodeado por Él, como por una atmósfera, toda clase de mal tiene que pasar por Él antes que llegue a ti. Por lo tanto, tienes que dar gracias a Dios por todo lo que te sobrevenga. No por lo pecaminoso que ello pueda ser, sino por lo que Dios ha de sacar de ello y por medio de ello. Espero que Dios haga de nuestras vidas, una acción de gracias y una alabanza perpetua, entonces, Él convertirá todo en una bendición.

En una ocasión había un hombre en una plaza dibujando algunos puntos negros sobre un papel blanco. La gente que pasaba por el lugar miraba su trabajo y no podía encontrarle otro significado que no fueran puntos negros sobre un papel blanco. Pero después dibujó unas líneas, las puso sobre unas pautas y finalmente colocó una clave en el principio. Allí recién todos pudieron ver que esos puntos negros eran notas musicales. Cuando esas notas se hicieron música y sonido, todos pudieron cantar alabando a Dios con gozo.

Así es esto. Nuestras vidas tienen muchos puntos y manchas negras que no podemos comprender por qué razón están allí, o en todo caso, por qué Dios ha permitido que estén allí, Pero si le damos a Dios la oportunidad que venga a nuestras vidas y coloque los puntos en los lugares que corresponden, y dibuje las líneas que desea y separe esta de la otra y ponga las pautas en su debido lugar, seguramente Él hará una armonía gloriosa con esos puntos y manchas negras de nuestras vidas. Lo único que deberemos hacer nosotros, es tratar de no ser obstáculos para la ejecución de tan brillante melodía. Muchos hombres deben la elevación de sus vidas, a sus tremendas dificultades. Escucha: cuando un músico oprime las teclas negras de su piano, la música que emite es tan agradable como cuando oprime las blancas, pero para obtener la máxima calidad de su instrumento, indefectiblemente deberá tocarlas a todas.

A veces, las cosas más simples del evangelio son las más complicadas o duras de aprender e incorporar. Una de esas, es la de dar siempre, gracias por todo. La base es dar gracias, todos lo sabemos, pero el sustento de esa base está en las otras dos palabras: siempre y todo, dos términos de origen eterno, ya que en esta tierra nadie tiene todo ni tampoco vive siempre. Y dar gracias por todo, hoy, es dar gracia por aquello que, científicamente, no parece tener razones, y que espiritualmente, aunque las tenga, todavía queda mucha gente afuera y adentro, que no está dispuesta ni preparada para creerlo, aceptarlo y ponerlo por obra.

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En el Centro de la Escena

Lo que puedo percibir personalmente en esta hora, (Que me imagino es lo mismo que percibes tú), es miedo. Un profundo y desequilibrante espíritu de miedo. Se arraiga en la gente sin Dios, atenaza las entrañas de aquellos que hasta hoy se burlaban de todas nuestras “fantasías místicas”, y los lleva a buscar soluciones casi mágicas en los lugares donde esas soluciones no existen. Los que saben técnica e intelectualmente mucho más que nosotros sobre esta sensación tan especial que es el miedo, dicen que, en su uso más frecuente, temor es el recelo de recibir daño o dolor. Generalmente este término designa una emoción dolorosa que se caracteriza por sentimientos de alarma, miedo e intranquilidad. Sin embargo, la palabra temor también puede referirse al reconocimiento sopesado y sereno de aquello que puede lastimar o dañar, reconocimiento que provoca un cuidado razonable y previsión inteligente. Todo muy bonito e informativo, pero con esto el miedo no se quita y en las miradas de las personas, se lo ve caminar y ser dueño de todas las situaciones.
No importa demasiado si ese miedo es una emoción fuerte como dice la ciencia o un demonio específico como dice la Biblia. Lo que importa es que hoy por hoy, todavía domina la escena. Y no nos tiene que asombrar, porque el dios de este siglo es el que tiene, hasta donde sabemos, el imperio de la muerte y el miedo. Nosotros, sin embargo, somos hijos de Dios en funciones de Cuerpo activo en la tierra. Y no vamos a ceder ni a tambalear por ese miedo que parece poco a poco ir adueñándose de toda la humanidad inestable e insegura. Y nos vamos a meter completos en la bendita Palabra de Dios porque ella y sólo ella nos podrá traer refresco, alivio y potencia vital y valiente en medio de las cobardías seculares. En el Libro de los Hechos, capítulo 19, se habla de un impacto satánico en un hombre, mira:
(Hechos 19: 16) =  Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa, desnudos y heridos.
(17) Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Efeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.
Hombres grandes, importantes, valientes, hombres de armas, de guerra, asustados. ¿Motivo? El infierno y sus maniobras. Hoy, en otros terrenos y bajo otras perspectivas, el infierno y sus secuaces están haciendo lo mismo. Y la reacción de los hombres adultos, valientes, fuertes y poderosos, es la misma. Tienen temor. ¿Y nosotros? Nosotros somos hijos de Dios, miembros de su Reino, donde reina el Amor llamado Ágape, que se traduce como carácter interno de los miembros del Reino de Dios. Y fíjate lo que puede esa clase de Amor Agape.
(1 Juan 4: 16) =  Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.
(17En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
(18) En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.
No es un estudio bíblico lo que necesitas hoy, es solamente la garantía que, si buscas primeramente el Reino de Dios y Su Justicia, TODO lo demás, (Incluido la paz y la serenidad que necesitas hoy desesperadamente) te será añadido.

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Justicias Inesperadas

En estos tiempos tan complicados que nos toca vivir, y luego de un lapso bastante prolongado, donde la iglesia en su conjunto no sabía muy bien donde pararse dentro del marco de este tema que estamos transitando, llegó la reacción y, conjuntamente con ella, la aparición de las distintas ópticas, interpretaciones y hasta supuestas revelaciones al respecto. Y digo “supuestas” revelaciones, porque yo sé perfectamente, -como seguramente tú también lo sabes-, que una revelación divina tiene como origen al Espíritu Santo de Dios, que es el que nos guía siempre a toda verdad. Y hasta donde yo sé, hay un solo Espíritu Santo, por lo que cualquier revelación que tu recibas, si yo tengo como creo el mismo Espíritu que tú, yo también tendré que tenerla o, por lo menos, aceptarla como válida porque el Espíritu me lo estará mostrando.

Y fue a partir de eso, que aparecieron diferentes voces, algunas de enorme y merecido prestigio, otras de menor cuantía en el concierto internacional cristiano, que dijeron lo suyo y tomaron, para hacerlo, distintos pasajes bíblicos. Yo mismo estoy preparando un trabajo sobre uno de esos textos, porque sé que será de aporte, de alimento y de soporte para la maduración de cada uno. Sin embargo, y más allá de lo que en su conjunto habrá de mostrarme, el verso 2 del capítulo 24 del libro de Isaías, para mí es un verdadero compendio de algo de lo que desde hace mucho tiempo, pero realmente mucho, estamos huérfanos. Dice este verso, cuando viene hablando del juicio y la destrucción que Dios ha puesto en marcha contra el pueblo y cuando detalla el alcance de esas inclemencias:

Y sucederá así como al pueblo, también al sacerdote; como al siervo, así a su amo; como a la criada, a su ama; como al que compra, al que vende; como al que presta, al que toma prestado; como al que da a logro, así al que lo recibe.

Fíjate el detalle para nada menor de las comparaciones que puntualiza, para dar a entender que será algo equitativo e igualitario, que no hará ninguna clase de distinciones por ninguna razón. Compara al sacerdote, que en esos tiempos formaba parte de una casta casi intocable y privilegiada, con un pueblo que no tenía ninguna de esas ventajas o prerrogativas. Compara al siervo con su amo, lo cual para esa cultura, era algo directamente impensable. Un amo era un señor, un individuo lleno de poder y posibilidades, mientras que uno de sus siervos, era un elemento de utilidad, un número, un ente con una categoría apenas por encima a la de un animal irracional. Válido esto mismo para con la criada y su ama.

Esa ama era, generalmente, la esposa legítima del señor de la casa, la cual habitaba con él como su esposo y padre de sus hijos, pero eso no era obstáculo para que la libidinosidad de algunos de esos hombres, los hiciera abusar de una criada, la cual no tenía ni el menor derecho a quejarse o denunciarlo. Compara al que compra con el que vende, cuando es lógico que siempre el que vende tenga la última palabra, tanto en precio como en decisión de ejecutar negocios, al que presta con el que recibe prestamos, en suma: lo mismo al acreedor que al deudor. ¿Cómo podríamos decir que se llama eso? Justicia. Claro está que una Justicia así, con la “J” mayúscula, porque es de procedencia divina. Ya sabemos que la justicia terrenal, de ninguna manera se ejecuta con las bases que enumera este texto. Todos sabemos que en cualquier juzgado terrenal, jamás sería considerado del mismo modo el señor de la casa que su sirviente.

Y es esto, entre otras particularidades, algo que ha venido adosado a esta pandemia que vive el mundo, obligando a sus habitantes de todo lugar habido y por haber, a realizar algo a lo que no siempre está acostumbrado: obedecer órdenes. Y además, a reflexionar muy seriamente sobre sus valores y evaluaciones sociales, ya que salta más que a la vista que, por más que se lo intente o se lo presione, no habrá manera de echarles la culpa a los pobres, marginados y degradados raciales de esto que nos esta pasando. Más bien, y sin pretender ser tendencioso, yo me atrevería a decir que si existe alguna responsabilidad evidente, está más del otro lado, de ese lado que siempre jugó como favorito. Incluso dentro del auto denominado como Pueblo de Dios.

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PEDIMOS DISCULPAS

Fue un simple problema casi administrativo, de esos que en cualquier tiempo normal, se hubiera solucionado en quince minutos. Pero la vorágine de lo que estamos viviendo, más los problemas de los sectores relacionados con esa administración y una suma de feriados en Argentina que paralizaron actividades, se sumó para que estuviéramos fuera del aire cibernético por espacio de casi una semana. Volvimos. Estamos, Pedimos disculpas a quienes nos buscaron y no nos encontraron, y agradecemos profundamente a todos los que se preocuparon, interesaron y oraron a nuestro favor. Dios los bendiga, los guarde, los fructifique y multiplique. Gracias por estar y formar parte de nuestra familia espiritual.

Néstor

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Hora de Sanar Tu Tierra

El tiempo sigue transcurriendo, y las afiebradas dinámicas de los primeros días de alguna clase de cuarentena que, de acuerdo con las directivas de los diferentes gobiernos terrenales, cada país asume y practica, va dejando paso a una cierta quietud que se muestra como si todos estuviéramos esperando que sucedan cosas más importantes o impactantes. Por eso creo que es mi deber, como ministro del Señor en lo netamente espiritual, pero también como hombre con experiencia en medios de comunicación y moveres humanos interesados en obtener beneficios de distinta índole, procurar llevar un punto de reflexión e inflexión que te permita a ti, que has estado demasiado ocupado en trabajar y sobrevivir como para dedicarte a estudiar asuntos que, sin embargo, podrían ahora mismo estar conmoviendo lo que hasta hace nada, era tu tranquilidad plena, hacer una evaluación y tomar decisiones de fondo, tanto para tu vida como para la de los que amas.

En primer lugar, convengamos en que los seres humanos hemos visto, en estos últimos días, que diversos hechos de los cuales se nos informa o desinforma mediante la prensa nacional e internacional de cada país, nos ha hecho salir casi abruptamente de lo que hasta hace muy pocas horas, era nuestra cotidiana zona de confort. De pronto es como si todo esto nos hubiera movido las ramas y nuestro cómodo y tranquilo nido, cálido y seguro, hubiera empezado a bambolearse amenazando con desplomarse al suelo. Y en el suelo, ya lo sabemos porque información científica o pseudo científica nos sobreabunda, es donde habitan estos virus que hoy por hoy amenazan con llevarse puesto todo lo que vive y respira en el planeta, si es que no toma sus recaudos.

Tengo dos lecturas para compartirte, porque encaro este trabajo desde mis dos costados visibles: una lectura espiritual, neta, concreta, que es la que en suma será la legítima y verdadera, y luego una visión humana, terrenal y práctica, que sin soslayar la anterior, ni mucho menos, la consolidará como cierta, a partir de hechos que son lo suficientemente visibles como para ponerlos en duda. Y como deseo darle a esto la entidad que estoy convencido tiene, en el orden que corresponde, es que comenzarè con lo terrenal, con lo que vemos, con lo que percibimos desde nuestras voluntades acostumbradas a las manipulaciones y todo eso que, lo sabemos, se mueve en los planos mundiales desde hace mucho tiempo. Me has escuchado hacer mención, alguna vez, en este espacio, de la posibilidad real de que ciertas y determinadas organizaciones que conocemos, intenten establecer un llamado Nuevo Orden Mundial, que tendría preponderantemente, la supuesta garantía de: una sola moneda, una sola política social, una sola economía y una sola religión. Una especie de monopolio o dictadura moderna, a la cual nos acogeríamos todos con el convencimiento de que sería lo mejor para salir ilesos de esta y otras crisis similares. Crisis que, nos guste o no, tranquilamente pudo haber sido provocada o incluso hasta sobredimensionada por esos intereses tan grandes que disponen de todos los medios para hacerlo.

Y por otro lado, lo que más cercanía de corazón me proporciona, que es la interpretación espiritual. Sin desmedro de todo lo anterior, creo fervientemente que, como quiera que sean las cosas en el plano material, físico y natural, todo esto ha sido permitido por nuestro Dios a modo de un juicio muy preciso y puntual sobre su pueblo. Un juicio que, como todos sabemos, no nos habla de rayos calcinadores o diluvios asesinos, sino simplemente de lo que un juicio encierra: una evaluación y separación entre lo verdadero y lo falso, una manera crítica y dramática de dejar bien en claro y a la vista quien es quien dentro de un pueblo que habla demasiado, pero que cree y obra mucho menos. El pueblo de Dios ha caído en soberbias mundanas y rutinas carnales, y Dios se está hartando, como en otras épocas se hartó de lo mismo e implementó formas drásticas de llamar a la realidad a su iglesia. Hoy, creo que lo que más se adapta a esta interpretación tan puntual, es ese pasaje que tantas veces leímos y que hoy, a todas luces, toma cuerpo, forma y vigor para convertirse en un claro llamado de atención.

(2 Crónicas 7: 13) =  Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; (14) si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

Listo. Esto es, no lo dudes. Ahora toma lo que más encaje con tu propia fe personal, evalúa todo lo dicho, examina profundamente esta palabra y luego, con esa sinceridad de corazón que le debes a tu Señor como reconocimiento a todo lo que Él hizo por ti en la cruz, toma la decisión que salvará tu vida y la de tu casa, tanto en este tiempo específico y terrenal, como en el futuro eterno y definitivo.

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