Desatando y Viviendo

Hay veces que alguien, en su afán por servir más y mejor, intenta hacerlo de todas las maneras en que su propia inventiva le propone. Hay otras veces, en cambio, que se deja guiar por quien tiene que hacerlo y las cosas no sólo salen mejor sino que, además, completas. Porque el Espíritu Santo, de improviso, puede hacernos ver que, si bien el propósito de Dios no se altera en lo más mínimo y la visión de una misión sigue intacta, vigente y obligada, será muy poco y muy pobre lo que se intente hacer en su nombre para inyectar madurez, revelación y conciencia de victoria, si una gran franja de los que son sus hijos, todavía están esclavos de Satanás dándole permiso, consciente o inconscientemente, para manejar sus mentes y sus vidas. De allí que debamos revisar, aquí, el significado real y concreto de lo que pueden ser ciertas ataduras relacionadas con temores y miedos.. Y lo hacemos por obediencia. Porque en esto, reitero, el único error verdaderamente grave del hombre, sería desobedecer. Todo lo demás es para la gloria y honor de Dios, que es el que manda.

Primera pregunta, entonces: ¿Cómo podemos andar con Dios si a nuestras vidas, en algún sector o en muchos, las está controlando alguna especie de temor o miedo? Imposible. Porque el miedo, (Tomemos esta sola palabra de aquí en más) tiene un control poderosísimo. Tanto que por allí nos obliga a actuar con irresponsabilidad o nos impide vivir con responsabilidad. A esto no lo evade nadie; ni siquiera el más encumbrado de los ministros. Cambian los factores, pero el temor es el mismo, por ejemplo: miedo al fracaso.

Se puede afirmar – como fruto de relevamientos muy simples -, que el miedo es la razón número uno por la que los cristianos no hablan de su fe. La agorafobia, que es el temor a estar en público, es uno de los trastornos psicológicos más extendidos. Vivimos, y eso se ve claramente, en una sociedad plagada por el temor al fracaso, el de los problemas económicos, a las enfermedades, a la inseguridad pública, a las pestes, a la droga, al Sida, a la muerte. Pero estamos, como iglesia, plantados en este mundo para darle luz, no para vivir en la tiniebla del miedo al diablo, miedo al hombre y, – en fin -, miedo al miedo.

¿Tú sabías que el mandamiento más frecuente de Jesús en los evangelios, es: “No temáis”? Antes que el pueblo entrara a la tierra prometida, Dios le dice al pueblo cuatro veces la misma expresión: Esfuérzate y sé valiente. Esto, se complementa con lo que Salomón escribe en Proverbios 28:1: Huye el impío sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como un león. De aquí sacamos un principio básico para empezar a desatar estas ataduras: La Valentía. Ser valiente es una característica de una vida llena del Espíritu Santo.

(Hechos 4: 31)= Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Dentro de las significaciones que presenta la palabra Denuedo, está la que tiene que ver precisamente con lo anteriormente dicho: Valentía. La otra, y tú ya lo sabes porque te lo he enseñado, es Sin Adulteraciones. La iglesia primitiva, convengamos, no oraba en absoluto para que la gente fuera sanada, para que profetizara, para que orara en lenguas o para que cayera tocada por el Espíritu Santo, todas cosas estas que provienen de Dios, que son tremendamente hermosas y que nadie discute. La iglesia, en cambio, oraba por valentía, pidiendo Valentía. Al Reino de Dios sólo lo pueden establecer las personas fieles y las personas valientes. Hay algo que nos tiene que quedar definitivamente en claro: Dios no se complace ni con los incrédulos ni con los cobardes.

(Apocalipsis 21: 7)= El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

(8) Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Dime la verdad: ¿Nunca te ha llamado la atención que Dios considerara en un mismo nivel a fornicarios, hechiceros, idólatras, ladrones y homicidas, con los cobardes y con los incrédulos? Haz tu propio examen. ¿Tú, tratarías de la misma manera que el Señor a todos estos que mencionamos o haría “ciertas diferencias”?

Vamos por partes. Parecería ser que el miedo y la ansiedad son cosas similares, pero sin embargo no son exactamente lo mismo la gente es ansiosa porque no conoce lo que va a suceder y entonces supone lo peor. El miedo, en cambio, tiene siempre un causante. La gente le teme a algo. Por regla, para que sea legítimo, el temor puede provocarse por dos causas. En primer lugar, debe ser poderoso. Segundo, debe ser inminente. Le tenemos miedo a aquello que amenaza nuestro bienestar, pero sólo cuando está presente. Tú puedes tenerle miedo a las arañas, por ejemplo, pero ese miedo se manifiesta, primero, si descubres una araña en tu dormitorio. Allí es donde tú comienzas a ponerte nervioso. Segundo, si la araña está viva. Porque si te das cuenta que lo que has encontrado es una araña muerta, inmediatamente el miedo se aleja y se extingue, ¿Entiendes?

Los causantes del miedo van desde cosas inanimadas, que no tienen vida, (Por ejemplo: el abandono, las alturas, el fracaso, el fuego), a personas bien reales: (Tus padres, tu jefe, tu patrón, Dios mismo, – me refiero al “castigador”, ese que alguno inventó como dudoso método evangelístico -, o Satanás)

Aunque parezca mentira, los miedos se aprenden. Hay temores, por ejemplo, que podríamos llamar… razonables, casi preventivos. Un niño que se quema con el fuego de la hornalla de la cocina y eso le sirve para tomarle terror no al fuego, sino a cualquier cosa que ande cerca de la cocina. Quizás no es lo indicado, de acuerdo, pero mientras es niño, le servirá para no volverse a quemar. Como creyentes no podemos ni debemos buscar ese camino, pero si se da, no nos pongamos como locos: no será la primera vez que Dios hace que “todas las cosas ayuden a bien”.

Ahora bien: en este terreno es donde, precisamente, está la contrapartida. Para evitar que el niño salga de noche a la calle, muchos padres les dicen que si lo hace, se va a encontrar con una bruja, con un duende, con el “viejo de la bolsa” o “ropavejero”, o directamente con el diablo. Está bien: el niño no va a salir ni atado a la calle. Objetivo cumplido. El problema está en que cuando llega a adulto, tiene que empezar a batallar con el miedo a la noche, a la oscuridad, a la calle, a señoras vestidas de negro (Así se imagina la cultura popular a las brujas), a hombres que llevan una bolsa y, naturalmente, al diablo. Y él, (El diablo) feliz por todo esto, naturalmente. ´

En alguna época no muy lejana, andaba una onda entre los evangelistas de carpas y campañas al aire libre, de predicar una salvación por terror. “-Si no te conviertes a Cristo esta misma noche, es muy probable que por la madrugada venga la muerte y te pase la hoz por la garganta, te tome de tus piernas, te retuerza el cuello como a un pollo, te tome de los cabellos y te lleve al infierno.-“ La gente se atropellaba unos a otros para llegar rápido al frente a recibir salvación. Sí señor, daba resultado. Pero… ¿Sabes una cosa? Toda esa gente llegaba a Cristo con un enorme miedo. Miedo a esa muerte y a todo lo que le habían dibujado desde el púlpito. Era sincera, pero en honor a la verdad, lo que más quería era evadir de esa tenebrosa posibilidad que le habían pintado. Así que llegaban  a la iglesia con miedo. Ahora bien: si llegaban a la iglesia con miedo, ¿A que no sabes con quién llegaban acompañados? Exactamente: con aquel que tiene el imperio del miedo. Con el mismo que Cristo derrotó en la cruz pero que muchos, con esas cosas, todavía le permiten tener ciertos derechos a operar en las mentes humanas.

Lo cierto es que los temores aprendidos, no siempre son racionales y pueden terminar en fobias. Y las fobias son temores irracionales que no reflejan la realidad presente. El miedo a volar en avión, por ejemplo, en la mayoría de los casos proviene de shocks vividos ante accidentes aéreos. Y en estos casos, importa muy poco si el hecho es real o imaginario; para la persona que lo experimenta, es suficientemente real.

Se ha descubierto, entre otras cosas, que los causantes del miedo son más de uno. De estos, yo quiero referirme a tres en este trabajo. El primer que vamos a ver, es el del hombre como causante del miedo. Mire lo que dice el salmo 118.

(Salmo 118: 5)= Desde la angustia invoqué a Jehová, y me respondió Jehová, poniéndome en lugar espacioso.

(6) Jehová está conmigo, no temeré lo que me pueda hacer el hombre.

(7) Jehová está conmigo entre los que me ayudan; por tanto, yo veré mi deseo en los que me aborrecen.

(8) Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre.

(9) Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes.

El hombre. Pero en definitiva, si lo pensamos bien… ¿Qué te puede hacer el hombre, de máxima? Puede abusar de ti, despedirte de tu trabajo, humillarte, burlarse, violarte y hasta matarte. Pero no más que eso. No te puede robar tu salvación eterna, en caso que la tuvieras. Y dice que desde la angustia invocó a Jehová. ¿Sabes cuantos incrédulos, a la hora de una fuerte angustia, invocan a ese Dios en el cual el resto del tiempo dicen no creer, e incluso se burlan de los que sí creen? Y añade que Dios lo puso en lugar espacioso. Eso ocurre porque cuando te angustias, es como que se te cierran todas las puertas y todos los espacios se reducen y te asfixian.

Jesús es bien claro cuando dice que tenemos que dejar de lado esos miedos. No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Más bien temed a aquel que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno, dice en Mateo 10:28. Y es muy simple: si no tomamos a Dios como nuestro refugio, el miedo controlará absolutamente nuestras vidas. Hay un ejemplo muy gráfico en la Biblia. Dios nombró a Saúl como primer rey de Israel y le ordenó que destruyera completamente a Amalec junto con toda su familia. Desafortunadamente para él, Saúl no le hizo caso.

(1 Samuel 15: 9)= Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, de los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir; mas todo lo que era vil y despreciable destruyeron.

(10) Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: (11) Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.

(Verso 24)= Entonces Saúl dijo a Samuel: yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado.

Y luego todos saben cómo termina la historia. El Señor rechaza a Saúl como rey de Israel. Y eso no quedó en la historia: se ha caído más de un rey por tenerle miedo más al hombre que a Dios. Y también muchas grandes figuras del evangelio se han caído por la misma razón. El medio por el cual vencemos la intimidación de la gente es santificando a Cristo como Señor en nuestras vidas. Cuando hacemos de Dios nuestro refugio, otros causantes de temor en comparación pierden toda importancia.

(1 Pedro 3: 13)= ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?

(14) Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois; por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, (15) sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; (16) teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.

El segundo miembro de esta temible trilogía, es la muerte. Muchas fobias se pueden fundir en el temor a la muerte. Amenaza ser la verdadera causante de todos los miedos. Máxime cuando todos sabemos que escrituralmente, es algo inevitable e inminente.

(Hebreos 9: 27)= Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.

¡Pero es que los cristianos no deben temer a la muerte! Jesús la quitó como causante legítimo de nuestro miedo, al quitarle su poder cuando murió por nuestros pecados. Varias escrituras dan testimonio de esto. “Y… sí… pero…” ¡¡Basta!! ¿Le creeremos a la Biblia no le creeremos a la Biblia? 1 Corintios 15: 54-55 dice: Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita; sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde tu sepulcro, tu victoria? El mismo Jesús, tal cual lo relata Juan en el capítulo 1 versos 25 y 26, donde dice: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Tú crees esto?

Cada hijo de Dios es vivo espiritualmente; la muerte física no puede separarnos del amor de Dios. Cuando Pablo dice que para él el vivir es Cristo y el morir es ganancia, en Filipenses 1, está queriendo significar que Dios nos ha hecho nuestro santuario. Cuando morimos físicamente recibiremos un cuerpo resucitado y estaremos mucho mejor que lo que estamos hoy. Por ejemplo: haz la prueba; trata de colocar otra cosa en la fórmula que Pablo te da; mira: ¡Para mí el vivir es el éxito! Ajá… Entonces… ¿Qué vendrá a ser el morir? Pérdida. ¡Para mí el vivir es tener un buen cuerpo físico! Igual: otra vez el morir sería pérdida.

Si alguien hace una encuesta donde se le pregunte a la gente qué sería, a su juicio, lo peor que le podría pasar, muchos seguramente contestarían: “Bueno…supongo que podría morir, no?” Bueno. Si la encuesta es entre creyentes, la cosa se invierte. O se debería invertir. No hay nada que temer. La Biblia dice que eso sería LO MEJOR que te podría pasar, no lo peor. El verdadero valor no está en la vida física, sino en la vida espiritual. Si nuestra vida está escondida en Cristo, no sufrimos pérdida cuando morimos físicamente. Sólo podemos ganar. La persona que está libre del miedo a la muerte, está libre para vivir hoy. Pero libre de verdad, eh? Mucho más libre que todos los más libres que se supongan libres del planeta. Porque si la muerte no los asusta ni los preocupa: ¿Qué podría asustarlos o preocuparlos por encima de eso?

El tercer miembro de esta llamada Trinidad Fóbica, es Satanás. El miedo, el temor, es una de las más grandes armas de la estrategia de Satanás.

(1 Pedro 5: 8)= Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.

Vamos a ver: los leones rugen para paralizar de miedo a sus víctimas y así podérselas comer tranquilamente. Es una amenaza que, es verdad, habrá que tener muy en cuenta, pero nunca motivo de miedo. No conozco versículo en la Biblia que nos indique que debemos tenerle miedo a Satanás. El que nos predica eso es el evangelio según “San Hollywood”, pero no nuestra Biblia. El tema es: ¿A quién le vas a creer tú? Lo cierto es que es un enemigo derrotado que por medio del engaño, todavía paraliza con el miedo a la iglesia. A propósito de esto, hay una anécdota muy graciosa pero muy ilustrativa en uno de los libros de un conocido escritor cristiano.

Él cuenta, que cuando era niño, vivía en el campo. “Nuestros vecinos – dice – tenían un perro muy pequeño pero muy molesto que me hacía temblar de miedo. Recuerdo un día cuando mi hermano, mi padre y yo fuimos en la camioneta a esa casa vecina. Al bajarnos del vehículo, salió rugiendo el pequeño perro ese y, ladrando como loco, me encaró directamente a mí. Aterrorizado corrí y me subí sobre el techo de nuestro auto. ¿A qué no saben, a partir de allí, a quién buscaba siempre para perseguir ese perro? Pues más que obvio; a mí. Mi padre y mi hermano sencillamente se quedaban parados y el perro ni la menor atención les prestaba; la cosa era conmigo. Yo veía la cara de disgusto de mi padre por esa reacción mía, pero nunca me dijo nada. Un día, cansado ya de huirle a ese tonto perro por todas partes y en ocasión de una de sus habituales atropelladas, cobre valor de no sé dónde, tomé una piedra y se la arrojé sin dar en el blanco. Sin embargo, el perro se quedó como paralizado. Cobre valentía y encarándolo yo a él, le lancé un puntapié que tampoco llegó a destino, pero que fue suficiente para que el perro saliera a toda velocidad, aullando como si lo hubiera asesinado y con la cola entre sus patas. Ese día – termina este autor -, y hoy relatándolo, me acordé de Santiago 4:7: Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

Ahora presta atención porque aquí hay un orden que es crucial respetar y seguir al pie de la letra. Solamente si haces de Dios primero tu refugio, entonces sí podrás ahuyentar fácilmente al diablo. Ahora si quieres jugar la tuya, no obedeces a Dios en nada, eres rebelde, centralizas todo en tus ideas personales, no esperes tener éxito con los demonios. Lo más probable, es que se te rían en la cara.

Otra de las tácticas de Satanás es el trastorno psicológico común, por ejemplo: ataques de ansiedad. Se denominan ataques de ansiedad y no tanto de miedo, porque la gente no sabe a qué le tiene miedo. Sólo se siente. Cuidado que cuando la gente no puede identificar la causa de un temor, hay un noventa y cinco por ciento de posibilidades de que sea Satanás.

Es mucha la gente que suele despertarse por las noches aterrorizada. De todos estos, algunos saben qué hacer en casos así, como pelear esa batalla personal, pero una gran mayoría trata de responder físicamente y no puede. Los ataques de ansiedad a menudo se sienten como una presión en el pecho o algo que aprieta la garganta. Entonces, como no pueden responder físicamente, les parece que el poder es arrollador. Responder en la carne no lo resolverá. 2 Corintios 10:4, dice: Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

Ahora bien: ¿Cómo podremos resistir esos ataques? 1) Ya que Satanás no puede tocar nuestra condición de hijos de Dios, debemos volvernos, precisamente, hacia Dios en nuestro interior.

(Mateo 10: 25)= Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Belcebú, ¿Cuánto más a los de su casa?

(26) Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse.

(27) Lo que os digo en tinieblas, decidió en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.

¿Y por qué tenemos que hacerlo verbalmente? Simple. Porque todas las prácticas ocultistas son tenebrosas, misteriosas y escondidas. Mientras más rápido las expongamos, trayéndola a la luz, más fácilmente se rompe su poder. La gente, generalmente, se siente intimidada por los espíritus engañadores, pero apenas se expone la mentira, se rompe el poder de Satanás.

Satanás no puede hacer nada al respecto a nuestra posición en Cristo. Pero sí puede lograr que creamos que no es cierto, entonces viviremos como si no fuera cierto. En nuestro resistir  a Satanás no se puede exagerar, pero sabemos qué es lo que somos como hijos de Dios.

(1 Juan 5: 18)= Sabemos que todo aquel que es nacido de Dios, no práctica el pecado, pues aquel que fue engendrado por Dios le guarda y el maligno no le toca.

(19) Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

(20) Pero sabemos que el hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la Vida Eterna.

Lo que nos libera para vivir una vida responsable es vencer los temores al hombre, a la muerte y a Satanás. El temor y la fe son mutuamente excluyentes. Ambos se anulan. Si vamos a caminar en fe, tendrá que haber un solo factor de un muy singular tipo de temor en nuestras vidas; y ese es Dios.

(Isaías 8: 11)= Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: (12) no llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo.

(13) A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.

(14) Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, y pone tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén.

Todos los demás causantes de nuestro temor son insignificantes en comparación con nuestro Dios santo. Debemos ser como David que proclamó ante Goliat: ¿Quién es este filisteo incircunciso para que desafíe a los escuadrones del Dios viviente? El ejército de los hebreos vio a Goliat con relación a su propio tamaño y, frustrados, se achicaron de miedo. Pero David vio a Goliat en relación con Dios y venció con la fortaleza de él. Tres medicamentos. Tres medicinas efectivas. Tres claves. Tres tijeras para cortar todas las ataduras.

PRIMERO

Analiza tu temor. ¿Qué es lo que en realidad temes? Un problema bien definido ya está casi resuelto. La mayoría de las personas no están conscientes de lo que verdaderamente controla sus vidas. Satanás se aprovecha de las víctimas que no buscan una solución bíblica a sus problemas y crisis.

SEGUNDO

Define en que parte de tu vida ha sido usurpado el poder de Dios. ¿De qué manera te impide el temor comportarte responsablemente o te impulsa a cometer conductas irresponsables? Quizás tengas que confesar algunas situaciones en que has permitido que a tus acciones las controle el temor.

TERCERO

Desarrolla un plan de comportamiento responsable. Define por adelantado tu respuesta a cualquier causa de temor. No te dejes sorprender. “No voy a tener miedo, pero si llego a tenerlo, voy a hacer tal y tal cosa”. Específico, preciso, en mente, sin hablarlo, en mudo. Satanás no te lee el pensamiento, no puede. Sí te lo puede trabajar con algún demonio – es decir, si tú le das entrada -, pero desde afuera. Porque no es omnisciente. Haz exactamente eso que es a lo que más le tiene miedo. Ese acto, será la sentencia y la ejecución de muerte segura para el miedo.

(Salmo 91: 1)= El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.

(2) Diré yo a Jehová; esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.

(3) Él te librará del lazo del cazador, y de la peste destructora.

(4) Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad.

(5) No temerás al terror nocturno, ni saeta que vuele de día.

(Verso 9)= Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, (10) no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

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El Tiempo de la Mala Semilla

Quiero que hagas, antes que cualquier otra cosa, un pequeño ejercicio de memoria. ¿Cuántas veces, en tu vida cristiana, has escuchado mensajes sobre la cizaña? Muchos, pocos, no lo sé. Depende a qué lugar hayas ido a sentarte cada domingo. Podría darse el caso, incluso, que nunca te hayan hablado, predicado o enseñado sobre la cizaña. Hay lugares así, lo digo con la autoridad que me da este ministerio, de ser testigo de eso. No interesa.

Por poco o por mucho, en todo caso, has oído hablar de la cizaña. Y sabes de qué se trata. O crees saberlo, por lo menos. Pero tengo que decirte que todo lo que puedas haber recibido al respecto, por allí no ha estado ni mal ni equivocado, como sucede globalmente en el evangelio. Lo que sí puede haber ocurrido, es que haya sido incompleto. Puedo decir, en este trabajo, que no vengo a modificar o cambiar tu conocimiento, tu fe, sino, como ya se lo dijo Pablo a los Tesalonicenses, en todo caso, vengo a completarlo.

No quiero que tomes a esto como una alteración doctrinal, ni mucho menos como una nueva doctrina. Quiero que lo tomes como lo que es, una enseñanza que, a partir de la revelación del Espíritu, va a darte otro panorama sobre lo que ya sabes, una perspectiva diferente, fruto de una óptica, de un ángulo, también diferente. Es como completar el conocimiento, alertarte sobre las sutilezas satánicas y capacitarte para que sepas como es tu batalla, contra qué enemigo y en qué terreno se pelea. Si tú me dices que la cizaña es Babilonia y que Babilonia es la iglesia falsa, la paralela a la iglesia verdadera, tendré que decirte que sí, que has aprendido y entendido bien y que no estás equivocado. Pero si te pregunto puntualmente qué es la cizaña, seguramente vas a detenerte un momento a pensar y, es muy probable, no lo puedas definir con claridad.

Porque, abarcativamente, hemos aprendido que a la cizaña la sembró el enemigo, que está destinada a ser quemada y que sólo cuando desaparezca, el trigo resplandecerá. Pero si te pregunto si son hombres, organizaciones, brujas, líderes falsos o algo por el estilo, tú me dirás que sí, que tal vez es un poco de cada cosa y que es muy amplio su significado. Hoy me propongo demostrarte, a partir de la Escritura, y con un mínimo de lógica, que la cizaña es algo muy puntual que es muy probable, hasta aquí, puede no haber sido visto con claridad. Vamos a escudriñar lentamente la parábola, vamos a olvidarnos por un momento de las enseñanzas clásicas, seminaristas y teológicas, y vamos a dejar que Dios nos hable a través de su Espíritu sin otra intención de, lo reitero, completar tu conocimiento, no necesariamente cambiarlo.

(Mateo 13: 24)= Les refirió otra parábola, diciendo: el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

Es increíble que, en sólo veintidós palabras, este versículo sea capaz de resumir la sustancia básica del evangelio. Si la iglesia, hoy, leyera atentamente estas veintidós palabras, no podría caer más en el error que ha venido cayendo y, mucho menos, tolerarlo como ha venido tolerándolo. Dice que el reino de los cielos es semejante a un hombre. Ahora bien: si el Reino de los cielos es semejante, o sea: igual, de la misma sustancia, del mismo origen que un hombre, ¿Es coherente que se nos haya enseñado y que muchos, todavía en este tiempo, sigan enseñando, que el Reino de los cielos es un lugar medio paradisíaco a donde vamos a ir a tirarnos panza arriba a no hacer nada y disfrutar a bárbaramente, no sabemos que maravillosas cosas el día que nos muramos?

Entiende bien: ni digo que cuando muramos no vamos a estar en un sitio maravilloso, sólo quiero saber si ese es el Reino de los cielos del que habla esta escritura. Porque, suponiendo que así fuera, ¿Me puedes explicar tú, entonces, por qué Juan al Bautista primero, como Jesús después, predicaron un mismo evangelio que decía, textualmente que: el reino de los cielos se ha acercado? Algo no me cierra. Y no me cierra porque aquí dice que es semejante a un hombre, y un hombre no es un lugar ni una nube.

Pero hay más. ¿Es un hombre cualquiera? No. Dice que es un hombre que ha sembrado una buena semilla. ¿Y qué es una buena semilla? Simple. Una buena semilla es la materia prima que produce un buen fruto. ¿De qué semilla va a hablar la palabra? De la semilla de trigo. ¿Y qué es el trigo? Un cereal del cual, mediante proceso de triturado y molienda, se sacará la harina, materia prima con la cual se elaborará el pan y sus derivados, básicamente. Jesús dijo, al respecto: Yo soy el pan de vida, que es como decir: yo soy el único alimento que produce vida. Vida abundante en el Espíritu, primero, Vida Eterna, después. Es decir que lo que este hombre, (Que después se verá que es Cristo), sembró, es un buen alimento, sano, puro. En términos espirituales, ¿Qué es el alimento? Anota esto por favor que es clave: La Palabra. Tú ya has aprendido que tu único alimento es la Palabra, verdad? Puedes alabar, adorar, orar y tener grandes experiencias sobrenaturales en Cristo, pero si quieres estar alimentado, eso no bastará. Deberás comerte el libro.

¿Y adónde dice que sembró ese buen alimento, en cualquier parte que se le ocurrió? ¡No hermano! ¡Dice que lo sembró en el campo! No. No dice que lo sembró en EL campo. Dice que lo sembró en SU campo. ¡Pero es que más adelante dice que el campo es el mundo! ¿Cómo va a sembrar su alimento en el mundo? ¿Y adónde sino? ¿En la iglesia me quieres decir? ¡Se supone que la iglesia ya lo está comiendo, no? Además: ¿A quién amó tanto Dios que dio a su hijo unigénito por él, al mundo o a la iglesia? ¡Al mundo! A ese mismo mundo al que nosotros, muy religiosos, más de una vez despreciamos, marginamos, discriminamos y, Biblia en mano, hasta agredimos.

(25) Pero mientras dormían los hombres, (¡Ah!¡Entonces era de noche!¿Qué noche? Yo me convertí a los treinta y uno y estuve durmiendo como hasta los cuarenta y cinco) vino su enemigo (¿Quién es ese enemigo?) y sembró cizaña entre el trigo y se fue.

Escucha bien: No busques a Satanás dentro de las congregaciones. Aquí dice que sembró y se fue. Le alcanza con la cizaña para hacernos el gran lío. Primero, la cizaña no es como muchos todavía suponen, una especie de yuyo, una porquería visible que todo el mundo se da cuenta que no sirve para nada. La cizaña era una semilla que, a simple vista, era igual que la del trigo, pero no era trigo. Babilonia. Ahora bien: si hemos visto que el trigo era el alimento que Dios le da a sus hijos, su bendita Palabra que nos hace crecer, nos nutre y nos alimenta espiritualmente, ¿Qué se supone que debería ser la cizaña? Una cosa que parece alimento, pero que no lo es. Una palabra, hermano, que suena tan potente y tan linda como la verdadera, pero que en lugar de alimentarte y hacerte crecer, te intoxica. Porque, te cuento, la cizaña era una semilla que, siendo similar a la del trigo, en realidad era venenosa.

Ahora escucha: ¿Tú sabes cómo actúa en el organismo humano cualquier clase de veneno? Puedes preguntarle a cualquier médico o bioquímico. Primero lo descompone con tremendos dolores, después comienza a producirle un letargo, un estupor, un adormecimiento progresivo que, inexorablemente, termina con la muerte. ¿No has sentido dolor, últimamente, al oír predicar desde algún púlpito una palabra que, aunque suena muy moderna, muy de onda, de muy buena intención, tu espíritu te dice que no viene de Dios? ¿Y qué hiciste? Lógico. Nada. ¿Qué van a decir si te niegas a comer el alimento que te dan, argumentando que disciernes que es cizaña, cuando todos los demás alaban y celebran coincidiendo que es trigo?

¿Qué ocurriría si tú te animaras y fueras valiente? En el mejor de los casos te harían saber, con una bondadosa sonrisa, la mayor suavidad y el infaltable tratamiento de “amado hermano”, eso sí, que “la gente” (No una persona, no un líder, que “La Gente”) no está precisamente gozosa de tener comunión contigo. Te tendrías que ir. ¿Y te irías? ¿Y cómo harías, de pronto, para que te entienda tu mujer, que tiene un cargo importante en la comisión de damas, o tu marido, que es diácono y está feliz de que cuando termina cada culto, la gente esa lo busque para saludarlo porque es alguien muy influyente, o tu hijo, que toca la guitarra en la banda de alabanza y está ilusionado con ser aceptado como novio por la hermanita que toca el teclado? Si se dan estas condiciones, lo más probable es que tú te aguantes el dolor y te quedes a ver qué pasa, a ver si algún día cambian las cosas.

Sabes ya que estás comiendo cizaña en lugar de trigo, pero no te puedes liberar. Al tiempo, sin darte cuenta, caerás en una especie de sopor espiritual, de somnolencia pesada, que no sólo va a impedir que tú prediques el evangelio a toda criatura, sino que incluso irá contaminándote de la idea de que, después de todo, vaya uno a saber si ese evangelio funciona y es la solución que un día te dijeron que era. Y un buen día, estarás espiritualmente muerto. Yendo a un templo todos los días de reunión, saludando a tantos queridos hermanos, sosteniendo con tu ofrenda o tu diezmo una obra que no tiene propósito y vegetando, total y absolutamente convencido que, después de todo, es mucho peor estar en el mundo, pero que la iglesia en definitiva, no es más que eso. Muerto. Inútil. Inservible. Fuera de carrera. ¿Pero y adónde quiere que me vaya, hermano? Si me voy en esas condiciones, en todas las iglesias se sabrá que soy el conflictivo, el desobediente, el insujeto y hasta el blasfemo. ¡Nadie me recibirá! Y sí, es probable, así actúa Babilonia. El esclavo no debe pensar. El mandato de escudriñar, que es precisamente investigar, pensar, no es para todos, es para el liderazgo solamente. ¿Quién le dijo esa mentira?

(26) Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. (Aparecen juntas, al mismo tiempo, son iguales. La sutileza y el camuflaje son las armas preferidas del diablo. ¿Satanás en la iglesia? No dije Satanás, dije diablo, que es todo aquel espíritu que puede ser usado por Satanás. Un ujier, un anónimo, un director de alabanza, un diácono, un ministro, un líder inclusive.)

(27) vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? (Nota que los que detectan la cizaña no necesariamente son los más importantes de la casa. Dice que son los siervos, y en el lenguaje conforme a la sociedad en que esto fue escrito, los siervos no sólo no eran importantes, sino que eran, incluso, aquellos a quienes ninguno de los amos del lugar les prestaba demasiada atención. Sin embargo, es a ellos a quien Jesús responde)

(28) El les dijo: un enemigo ha hecho esto. (Cuidado que no dice que EL enemigo ha hecho eso, les dice que UN enemigo lo hizo. Si te pregunto quién o cual es el enemigo, seguramente recordarás enseñanzas seminaristas y me dirá: ¡Satanás, por supuesto! Y es cierto, pero en parte. Porque él está, indudablemente, detrás de todo eso, pero usando a gente que en apariencia, hasta allí, era confiable. Por eso lo pudieron engañar. ¿Adentro de la iglesia del Señor, hermano? Sí querido, adentro de la iglesia del Señor. ¡No puede ser! ¿Ah, no? ¿Y qué serán, entonces, los falsos hermanos, los lobos rapaces vestidos de ovejas, los ministros de Satanás que actúan como ángeles de luz, aquellos que estaban con nosotros pero no eran de nosotros? ¿Para qué habría sido escrito esto si luego no sucedería nunca? ¿Por qué se hace tanta diferenciación entre el profeta y el falso profeta, entre el maestro y el falso maestro y entre el pastor y el asalariado?) Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? (A la cizaña, naturalmente. ¿Qué contestaría el Señor? ¿Acaso: “Sí muchachos; vayan y hagan pedazos todo lo que les parezca que no es Palabra”?)

(29) El les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. (No muchachos. Ya sé que el Espíritu les está diciendo que ese alimento no es mío, que está adulterado, envenenado. Pero eso es tremendamente sutil y, pese a que no hay revelación en el enemigo, si hay letra. Y para separar una cosa de la otra no basta el discernimiento. Es necesario el conocimiento, que no es educación teológica cristiana sistemática, sino intimidad conmigo. Y a eso yo no se lo he dado a todos los que se dicen cristianos, sino a los obedientes, a los que me buscan, precisamente, en la intimidad y a los que escudriñan mi palabra. Ellos son mis mensajeros. Esto, los supera a ustedes. ¿Y entonces qué tenemos que hacer, Señor?)

(30) Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; (Ah, sí Señor; ya lo aprendimos. Hasta el día final que viene. No. Nadie habló de día final, estoy hablando del tiempo de la siega) y al tiempo de la siega yo diré a los segadores, recoged primero la cizaña (Segadores, mensajeros míos, hombres o mujeres a los que les he concedido la gracia de andar en mi palabra, empiecen ahora a descubrir, a desenmascarar al falso alimento, al falso trigo, a la cizaña) y atadla en manojos para quemarla. (La única manera de atar, de maniatar a una palabra humanista, científica, filosófica, intelectual, inteligente y hasta esotérica, es con la revelación fresca, de hoy, de la palabra verdadera, de la que viene y emana de la unción del Santo. Porque esta resistirá, como resistió Daniel, cualquier fuego de prueba, pero la falsa no, la falsa arderá porque es simple hojarasca con disfraz religioso) pero recoged el trigo en mi granero.

Ahora escuche con atención porque está en juego su futuro terrenal y hasta su futuro de eternidad en esto. ¿Sabe cuál es la palabra clave para esta instancia de su vida? GRANERO. ¿Y por qué granero? Porque la palabra usada para Granero, es ALFOLÍ, le suena? Y dice que el alimento bueno, el trigo, el que ha sembrado Jesucristo, es el que hay que guardar en el Alfolí, en el granero. ¿Y para qué? Para recurrir a él en el tiempo del hambre. ¿Cuántos saben que en el campo siempre va a sobrevivir más tiempo el campesino que tiene su granero lleno de cereal que aquel que lo tiene vacío? ¿Cuántos saben que en la ciudad, siempre va a sobrevivir más tiempo la familia que tenga su heladera, su freezer o sus alacenas repletas de mercadería, que aquel que las tiene vacías o, peor, llenas de mercadería sin vitaminas? Se entiende, entonces, que lo que dice Jesús, aquí, es que hay que reservar el alimento para el tiempo de la necesidad.

Ahora bien: ¿Qué sucede cuando en ese granero, en ese alfolí, en lugar de trigo, de buen alimento, de palabra fresca y revelada, ungida por el Espíritu Santo, lo que se está guardando es cizaña, alimento venenoso, palabra humanista, filosófica, psicológica, intelectual y teológica? Primero, se está desobedeciendo algo que ordenó el Señor. Segundo, a la hora del hambre, el pueblo que coma de ese alimento, primero no se va a saciar, segundo: se va a enfermar y va a padecer grandes dolores. Tercero, se va a ir adormeciendo, insensibilizando, entrando en un estado de sopor y estupor y, finalmente, dejará de existir en el ámbito del Espíritu.

Bueno, yo creo que no estoy descubriendo ninguna tremenda revelación si te digo que eso es, exactamente, lo que está sucediendo hoy en muchos lugares. Ah, y la última con respecto a esto. Ya te lo dije alguna vez, pero no puedo dejar de mostrártelo una vez más: la guerra es contra Babilonia, y Babilonia va a caer. ¿Estás llevando todos tus diezmos al Alfolí, tal como te dice en Malaquías? ¿Y hay alimento en la casa como señala la continuación del versículo o hay cizaña? Porque si hay alimento, trigo, tus diezmos sustentan la iglesia del Dios Todopoderoso, pero si hay cizaña, tus diezmos mantienen a Babilonia, al enemigo que la sembró, entiendes?

¡Pero hermano! ¡A mí me enseñaron que mis diezmos y ofrendas debo llevarlos a la iglesia donde me congrego! Y está bien. Es así porque se da por sentado que es en ese lugar donde recibes tu alimento. ¡Y gloria a Dios si es así! Pero si no fuera así y sigues simplemente por rutina, lo que estás haciendo es mantener viva a una Babilonia que te tiene esclavizado, adormecido y, lo que es más grave, a veces hasta amenazado. Y lo que es tan grave como lo otro, al mismo tiempo estás ignorando a tu verdadero Alfolí (Porque alguno debes tener, de algún lugar te alimentas) sea cual fuere. Seis versos más adelante, Jesús comienza a explicar esta parábola.

(36) Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Imagínate la escena. Mientras Jesús estuvo afuera, hablándole en parábolas a la gente, aclarando que lo hacía para que entendieran el mensaje sólo aquellos que tuvieran oídos espirituales abiertos para oír. Mientras él hablaba, a mí no me caben dudas que sus discípulos asentían con sus cabezas cada palabra, cada definición, poniendo cara de “entiendo todo y estoy de acuerdo”, o sea el Amén nuestro de cada minuto. Pero ni bien terminó la conferencia, se fue el público y el predicador se va a tomar un té con su grupo de colaboradores, estos mismos no tienen pudor de preguntarle: ¡Bárbaro, Jesús! ¡Buenísimo el mensaje! ¡Hubieras visto la cara que ponía la gente! ¡Nos miraban a nosotros y no lo podían creer! Ahora… Ejem… ¿Nos puedes decir qué es lo que quisiste decir? ¿La verdad? No sé qué cara habrá puesto Jesús, pero sí sé la que yo, pura carnalidad al lado de él, hubiera puesto.

(37) Respondiendo él, les dijo: el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

(38) El campo es el mundo; (¿A qué sale al mundo? A llevar la Palabra) la buena semilla son los hijos del reino (O sea que estos son los portadores del alimento puro) y la cizaña son los hijos del malo. (Esto es lo que nos ha hecho entender y enseñar que la cizaña son personas. Cizaña son los hijos de Satanás. ¿Pero entonces hay que decir que dentro de la iglesia hay satanistas? Y sí, sabemos que algunos van de cuando en cuando, pero aquí no dice algunos, dice muchos. ¡Pero si hubiera hijos del diablo en la iglesia deberíamos batallar y se irían! Sí señor, así sería si fueran personas endemoniadas. Pero no son personas endemoniadas. La cizaña es un alimento tóxico que intoxica, en la mayoría de los casos, a creyentes sinceros, pero ignorantes y cómodos. ¿Y a qué los lleva? A sufrir primero, dormirse después y morir espiritualmente, por último. ¿Y entonces? Sin saberlo, pasan a ser evaluados, considerados, juzgados y sentenciados como “hijos del malo”. ¡Pero es que yo no sabía! ¡Es que lo dijo un tremendo siervo de Dios y yo lo creí! ¡No me pueden culpar a mí! ¿Ah, no? ¿Y adónde tenías tu Biblia cuando te predicaban estas cosas, debajo del brazo como símbolo de tu categoría de cristiano evangélico?

(39) El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

Cortito. No dice que la cizaña fue sembrada por Satanás, dice que fue el diablo. El diablo es cualquier espíritu que opera para Satanás. A sabiendas o en ignorancia. Dice la Biblia que Judas Iscariote era diablo. Un médico cristiano predicando un evangélico científico o humanista, puede sembrar falso alimento y ser diablo. ¿¿El doctor?? Sí, el doctor diablo. Dice que la siega, o sea el trabajo de sacar esa cizaña, será en el fin del siglo. Siglo, aquí, no es un período de cien años, como luego se utilizará esta palabra. Siglo, bíblicamente es KOSMOS, algo que implica universo, sistema. Entonces, ¿El fin de qué sistema? Elige cualquiera. Hay muchos. O ponte a orar y Dios te revelará de qué sistema se trata. Cuál es el que llega a su fin. Para mí, mientras tanto, es el sistema eclesiástico religioso babilónico, no veo otro. Y dice que los encargados de segar esa cizaña, son los ángeles. ¿Tú sabes quienes son los ángeles, no? Sabiendo eso, ¿Te encaja bien, esto? Porque si la cizaña es el alimento tóxico, la palabra falsa, cómo será que los ángeles van a destruirla? Espera, ya llegaremos allí.

(40) De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. (Por causa de este verso, muchos cristianos andaban convencidos que el mundo se terminaba en el año dos mil. Porque tomaban como literal del día presente la expresión “El fin de este siglo”. ¿Y ahora? Ya pasó el siglo veinte y todo ha continuado sin cambios. ¿Empezaremos a predicar y enseñar la venida del Señor para el año 2100? Olvídalo. Lo que está diciendo, es que la proclamación del buen alimento por parte de los pocos que no están casados ni comprometidos ni nada con el sistema babilónico, destruirá la cizaña, el falso alimento, y con él vendrá el fin del sistema que lo mantenía en pie. ¡No puede ser, hermano! Usted me dice que el falso alimento, la falsa palabra, la cizaña, será cortada por la proclamación del buen alimento, de la palabra ungida, del trigo, y eso me dice que habrá hombres utilizados para anunciar esa palabra verdadera. ¿Adónde colocamos, entonces, la palabra que dice que los segadores de la cizaña serán los ángeles? ¿Es que los ángeles van a predicar la buena semilla? Más o menos. Ni tanto ni tan poco, mire:)

(41) Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, (42) y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Primero vamos a develar, (Y quizás revelar) la duda o incógnita con qué cosa harán los hombres enviados por Cristo con el alimento nuevo y qué cosas harán los ángeles, tal cual se nos ha enseñado. La palabra ANGEL, en hebreo, es la palabra MAL’AK y en griego, la palabra ANGELOS. En los dos casos, el significado es el mismo: MENSAJERO. Siempre hemos dado por sentado que, al decir ANGEL, la Biblia siempre se refiere a los serafines y querubines de Dios, sin embargo no es tan así. Hay textos donde MAL’AK o ANGELOS, hablan de personas, de seres humanos usados por Dios como la palabra que los define: MENSAJEROS.

(Job 1: 14)= Y vino un mensajero a Job, y le dijo: estaban los bueyes y las asnas paciendo cerca de ellos. (Mensajero, aquí, en el original, es la misma palabra utilizada para Ángel).

(1 Reyes 19: 2)= Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero (También ángel en el original)

(Hageo 1: 13)= Entonces Hageo, enviado de Jehová, (En el original, ENVIADO, es la palabra que se traduce como ángel)

(Lucas 7: 24)= Cuando se fueron los mensajeros de Juan, (Mensajeros, aquí, también es ángeles)

(Lucas 9: 51)= (A esto se lo quiero transcribir completo, porque tiene que ver directamente con lo que estamos viendo) Cuando se cumplió el tiempo en que él (Está hablando de Jesús) había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.

(52) Y envió mensajeros (Dice ángeles) delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. (Esto termina de mostrarte algo no siempre visto: no todas las veces que la Biblia dice ANGEL, habla de los seres creados que tú y yo conocemos, que vuelan y que se dividen en querubines o serafines. Hay casos en que se refiere a personas en su carácter de mensajeros. Recuerda que cuando Jesús fue llevado al desierto para ser tentado por Satanás, en un momento dado, se habló de la protección divina que Él tenía por parte de LOS ANGELES DE DIOS, es decir: los sobrenaturales, los creados. Pero este verso no habla de los ángeles de Dios, sino de los ángeles de Jesucristo. ¿Sus mensajeros?)

(2 Corintios 11: 14)= Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz (Es decir: como mensajeros de la luz, pese a provenir de las tinieblas)

(Gálatas 1: 8)= Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, (Un mensajero del cielo) anunciare otro evangelio diferente al que os hemos anunciado, sea anatema.

(Hebreos 2: 2)= Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, (¿En alguna época predicaron los ángeles sobrenaturales la Palabra de Dios, o fueron hombres determinados como Mensajeros?)

(Apocalipsis 21: 12)= Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel. (Doce mensajeros son las doce tribus)

(Apocalipsis 22: 16)= YO Jesús he enviado mi ángel (Mi mensajero) para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Hasta aquí, te lo repito, no es cambio, modificación o alteración de la sana doctrina, sólo es completamiento, redondeo. Si la cizaña no es una persona como habíamos aprendido, entonces es una palabra falsa, tóxica, producto de personeros de Satanás, (No necesariamente él en persona, obviamente) El fin del sistema babilónico en contra del cual estamos batallando en este tiempo, determinará la siega y quema de la cizaña.

¿A partir de qué? A partir de la tarea de los ángeles de Jesucristo, que no serán otra cosa que mensajeros del buen alimento, portadores del trigo, gente que traerá (Y ya está trayendo) una palabra rema, fresca, que sacuda nuestras fibras íntimas, que nos atrape, que nos potencie, que nos incentive y nos motive. Muy diferente a ese discurso teológico muy hermenéutico, pero remanido, trillado, repetido, humano, aburrido, adormecedor y tóxico al que tanto nos hemos acostumbrado, hasta el límite de sospechar del que viene con algo diferente.

Es muy probable que, cuando estemos frente a uno de estos mensajeros que están empezando a segar la cizaña, intentemos hacer lo mismo que intentó el mismísimo Juan, en Patmos: adorarlo; adorar al mensajero. Pero si este es verdaderamente un enviado de Jesucristo, jamás permitirá esa adoración a su persona, sino que la derivará al Padre Celestial, único dueño de toda la honra y la gloria.

(Mateo 13: 43)= Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su padre. El que tiene oídos para oír, oiga.

Pero entonces, hermano, ¿No habrá arrebatamiento? Digo, porque según esto, lo que se va es la impiedad, la cizaña, no la iglesia como habíamos creído. No, un momento. ¿Cómo se te ocurre que no va haber arrebatamiento si la Biblia dice que lo va haber? ¿Pero cuando será ese arrebatamiento, entonces? Cuando fue siempre. Siempre estuvo escrito allí, en tu Biblia y en la mía. Porque aquí hemos leído que, cuando sea segada, eliminada y quemada la cizaña, recién entonces, los justos que hayan quedado resplandecerán, ¿No es así? Mira como lo dice:

(1 Tesalonicenses 4: 16)= Porque el Señor mismo con voz de mando (De autoridad) con voz de arcángel (De jefe de mensajeros) y con trompeta de Dios (Esto es mensaje divino) descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

(17) Luego nosotros (cuando Pablo dice NOSOTROS, no se refiere ni a él ni a sus colaboradores, se refiere a nosotros los justos, los verdaderos) los que vivimos (Los creyentes auténticos que estén vivos en ese momento) los que hayamos quedado (¿Los que hayamos quedado de qué? De la siega de la cizaña) seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes (NUBES, aquí, es NIPASH, que no significa vapor ni agua sino TESTIGO) para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

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Restaurando Nuestras Mentes

La pasividad, que no tiene nada que ver con el pacifismo, es una actitud totalmente opuesta a lo que Dios requiere para poder obrar en el creyente. Dios desea que nuestras facultades estén bien despiertas y que ejerzamos nuestra libre elección para aprender a cumplir su voluntad, o sea que cooperemos con su Espíritu, no que durmamos plácidamente, aguardando que Él lo haga todo o, la inversa, salgamos tan rápido a ayudarlo que terminemos por estorbarlo y no permitirle su obra. Demás está decirte que la pasividad, es la condición especial para que los espíritus malignos (Más conocidos vulgarmente como demonios),  puedan operar con éxito en un ser humano. Estos espíritus malignos necesitan encontrar una voluntad pasiva para hacerla esclava de su voluntad, mientras que Dios desea un hombre regenerado, inteligente y activo, con una capacidad de elección que haga su voluntad en una libertad de su espíritu, cuerpo y alma.

Los poderes de las tinieblas desean hacer del hombre una máquina, una herramienta, un autómata. Dios, en cambio, no necesita ni demanda de nadie una condición inactiva, ya que su obrar en y a través del hombre, no anula su personalidad, cosa que es opuesta en los demonios que sí necesitan que el hombre se postre en una total pasividad. Dios demanda una acción inteligente, racional, lo dice Romanos 12. Dios requiere, sí, la nulificación de las malas acciones por parte del creyente, tanto porque son pecaminosas como porque estorban su cooperación con el Espíritu Santo.

La pasividad no debe confundirse con la calma, o la quietud, o con el espíritu manso del cual nos hablan las escrituras, y que es de gran estima delante de Dios. La quietud de espíritu, de corazón, mente, voz o expresión, puede coexistir con la más efectiva actividad dentro de la esfera de la voluntad de Dios. Hay quienes usan la palabra “rendirse” pensando que están totalmente rendidos a la voluntad de Dios, pero en realidad sólo lo están en cuanto a sus sentimientos y propósitos, pues andan por medio del razonamiento y del juicio del hombre natural, aunque someten sus planes a Dios, cosa que de por sí no es suficiente. Los que están en realidad “rendidos” se dan a sí mismos implícitamente para obedecer y llevar a cabo a toda costa lo que Dios les revela y no lo que, “según ellos”, es la voluntad de Dios.

Los creyentes que rinden su voluntad, todo lo que tienen y lo que son a Dios, no por eso anulan el uso de su mente regenerada, no están abiertos a la pasividad que da ocasión de actuar a los espíritus malignos, aunque bien pueden darle lugar en otras formas. El origen de la pasividad que da una oportunidad de acción a los espíritus de maldad tiene su comienzo generalmente en una interpretación errónea de las Escrituras o en algunos pensamientos o creencias erradas en cuanto a las cosas divinas. Algunas de estas falsas interpretaciones de las Escrituras son las que hemos visto derruir conceptos básicos. La pasividad mental puede afectar a todo el hombre en espíritu, alma y cuerpo, principalmente cuando la persona permanece en este estado durante mucho tiempo y esta actitud se ha arraigado muy profundamente. Vamos a ver, ahora, los modos de ser vulnerables.

Pasividad de la Voluntad: ¿Qué es la voluntad? Es una actitud que se aloja y nace en el alma humana. El hombre ha sido creado con una voluntad para que esta, sujeta a la guía del Espíritu Santo, lo transforme en más que vencedor. No es culpa de Dios si el hombre, de improviso, resuelve controlar por sí mismo su voluntad sin someterla a nadie más que a sus necesidades, deseos o caprichos. La voluntad es como el timón que gobierna el barco. Quien pueda manejarlo, decidirá el derrotero de la nave. Ahora bien; ¿Y qué es una voluntad pasiva? Fundamentalmente un error en el tipo de “entrega” que hacemos al Señor.

Hay que aclararlo de una vez por todas, aunque haya gente que por algún inexplicable o muy explicable motivo, enseñó otra cosa. Dios nos hizo con una voluntad,  para que la utilicemos con vigor al servicio del Reino de Dios. Cuando la rendimos totalmente y nos negamos a usarla suponiendo que Dios lo va a hacer todo por nosotros, es cuando quedamos vulnerables y a disposición de los demonios. Porque al principio, parecerían haber experiencias benditas que glorifican a Dios, pero llega un momento en que el creyente, convencido que Dios está obrando en él, se vuelve incapaz de hacer ninguna elección, ni siquiera en los asuntos más triviales de la vida diaria. Preferirá que sean otros los que elijan, decidan y actúen en su lugar. Fíjese que esto no es la sana dependencia divina, esto es indudablemente una lisa y llana evasión a las responsabilidades elementales.

Es entonces cuando los espíritus malignos empiezan a usar a este creyente supuestamente “rendido” y a obrar en torno a él creando maldades y perversidades de varias clases. El problema más grave es que se ha malinterpretado a Filipenses 2:13 cuando dice: Porque Dios es el que en vosotros opera tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Esto ha hecho pensar a muchos que Dios lo hará en lugar de ellos y allí es donde dejan de ejercer su talento que queda a disposición del enemigo. Es como caminar sobre una cornisa o coquetear en el filo de una navaja. Tanta sutileza hay en este engaño que a todas luces, es notorio de donde viene.

Pasividad en la Mente: El principio de esta actitud, tanto en el inicio como en su patrón, radica en que hay muchos creyentes que afirman que Dios no necesita usar el cerebro del hombre. Sin embargo, la elección de Pablo por parte de Dios, y que antes de su conversión era uno de los intelectuales más brillantes de su época, nos dice claramente que a Dios le agrada y le interesan los hombres y mujeres fundamentalmente inteligentes. Cuanto más brillante sea un cerebro, más podrá ser utilizado por Dios, siempre y cuando se someta a su verdad y a su voluntad.

Lo que sucede es que se ha predicado irresponsablemente que el cerebro del hombre y su funcionamiento es malo o pecaminoso. Que se entienda de una vez y para siempre: nada de lo creado por Dios es malo o pecaminoso; el uso que el hombre le de conforme a la influencia que tenga, es lo que puede hacer malo o pecaminoso lo que fue creado para ser bueno y de bendición. Y si estás pensando en la sexualidad, por dar un ejemplo clásico, “bueno en gran manera”, dijo Dios cuando la creó. Fue a lo único que definió así…¡Dios! No Satanás. A Satanás le ha ido más o menos bien pervirtiéndola, nada más.

Cuando esta pasividad mental traba el ejercicio normal de la memoria, la persona lo primero que hará es buscar a alguien como “ayuda memoria”, hasta el punto de volverse esclavo de la opinión ajena. Cuando esa pasividad anula la imaginación, allí es cuando los malos espíritus le proyectan lo que se les ocurre y el hombre se lo cree porque lo toma como “visiones sobrenaturales”. En una pasividad mental total, la mente prácticamente no puede ser usada. La persona no puede pensar y se siente como si su mente estuviera ceñida por una banda de hierro o como si tuviera un gran peso o presión sobre su cabeza.

La Pasividad del Juicio o de la Razón: Esto significa que el hombre, en estas condiciones, ha cerrado la mente a todos los argumentos y razonamientos que le ayudan a llegar a ciertas conclusiones. Todo el esfuerzo que se haga para exponerle la verdad, o la luz, es considerado por él como un impedimento o interferencia y la persona que intenta ayudarla es calificada de ignorante o entrometida. Cuando el creyente ha alcanzado este extremo llega a un estado de invasión por los malos espíritus y se siente infalible en los juicios que hace. (O mejor dicho, que los espíritus hacen por medio de él) Muchos de estos creyentes desequilibrados, son los que el mundo suele llamar “fanáticos” o “chiflados”, y podemos afirmar con todo el dolor que eso conlleva, que al ver el estado de programación mental que los malos espíritus han hecho en sus vidas, ellos dan más que sobrados motivos para que se los vea así. Habrá que recordar lo escrito en Santiago 5:19-20: Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad y alguien le hace volver sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino salvará de muerte un alma y cubrirá una multitud de pecados.

Pasividad de la Conciencia: Cuando el creyente toma ciertas palabras que le han llegado o le han sido presentadas en forma “sobrenatural”, como si fuera la voluntad de Dios, para él dichas palabras se vuelven infalibles y pasan a ser como una especie de ley contra la cual no admite negativas ni objeciones. Hay personas que han debido irse de una congregación por causa de que el líder dijo haber recibido una palabra para ellos y que ellos, por no tener confirmación, ni paz, ni certeza, no quisieron obedecer sin chistar tal cual como se les sugería. Si lo que se recibe es un “mandamiento” sobre algo, no tratará ni siquiera de examinarlo, ni pensar o razonar sobre él. Cuando el creyente se cierra y no está dispuesto a admitir más luz sobre este asunto, ha llegado al estado que llamamos La pasividad de la conciencia.

Porque la conciencia se hace pasiva cuando no se la usa; cuando los creyentes creen que están siendo guiados por una luz “más elevada”, o que Dios “les ordena” hacer esto o aquello. Nuevamente en estas ocasiones los espíritus malignos pueden presentarles palabras o textos bíblicos totalmente fuera de sus contextos. ¿O tú que crees, que son mentiras de ancianitas locas aquello de que la “virgencita” les habló y les pidió quedarse en ese lugar y que se le construyera un santuario? ¡No! ¡Esa mujer oyó lo que dice que oyó y quizás hasta vio lo que dice que vio! El tema es de donde procede lo que oyó y vio. Cuesta muchísimo alertar sobre estas cosas porque la gente tiene una tendencia natural a ser escéptica y descreída de todas estas cosas, pero cuando llega a “ver algo” que se da cuenta no es natural, sin dudarlo ni un instante se lo adjudica a un milagro de Dios, de vírgenes o de determinados santos, cuando en realidad, y en la mayoría de las ocasiones, provienen de demonios engañadores. Ahora; ¿Quieres saber algo? También los que dicen ser creyentes bíblicos o escriturales suelen caer muy a menudo en esta misma trampa. La gente anhela con tanto fervor ver milagros que están dispuestos a aceptárselos hasta a los demonios. No se tiene en cuenta lo dicho en Mateo 24:45-46: ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor al frente de su servidumbre para que les de alimento a su tiempo? Dichoso aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, lo halle obrando así.

Pasividad del Espíritu: La pasividad del espíritu está íntimamente relacionada con la pasividad de la mente, porque hay una relación muy estrecha entre la mente y el espíritu. Generalmente un pensamiento errado significa un espíritu errado y viceversa. La pasividad de espíritu puede comenzar a partir de estos cuatro pasos: 1) Por la ignorancia hacia las leyes del Espíritu y de cómo mantener la libertad del espíritu. 2) Por conclusiones mentales o pensamientos erróneos. Confusión por ubicar debidamente lo físico, lo mental y lo espiritual, sin saber cuál es cual. Es sumamente frecuente encontrar creyentes que no alcanzan a determinar si lo que están experimentando proviene de sus espíritus, de sus almas o de sus cuerpos. 3) Cuando la mente no es capaz de leer o interpretar el sentido del espíritu así como lo hace con los cinco sentidos que pertenecen al cuerpo. 4) Por un debilitamiento y agotamiento del cuerpo o la mente a causa de una actividad constante o uso excesivo de estos. La mente y el cuerpo deben tener su debido descanso para que el espíritu pueda operar libremente.

(1 Reyes 19:4)= Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres (5) y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: levántate y come. (Verso 8)= Se levantó, pues, comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. (9) Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo ¿Qué haces aquí, Elías?

Pasividad del Cuerpo: Cuando tiene lugar la pasividad en el cuerpo, prácticamente se paraliza también la conciencia, pues los sentidos quedan afectados. Suponiendo que una persona tenga buena salud, posee el mismo control sobre todos los sentidos, y estos pasan a ser vías a través de los cuales se recibe información para la mente y el espíritu. Pero cuando algunos o todos estos sentidos están en una condición pasiva, la conciencia se adormece o se embota. El creyente está inconsciente con respecto a aquello que debería estar bien despierto y se comporta de una manera casi automática. Se ponen de manifiesto ciertos hábitos “inconscientes”, muchas veces malos e inconvenientes.

Para las personas que se encuentran en estas condiciones es más fácil ver estas cosas en los demás, que notarlas en ellos mismos, mientras que por otra parte pueden tener una conciencia súper desarrollada hacia las cosas externas que se relacionan con su propia personalidad. Cuando el estado de pasividad al que le han sometido los espíritus malignos alcanza este clímax, pueden resultar afectadas otras partes del cuerpo, como por ejemplo: rigidez en los miembros, letargo, pesadez, dolor de espalda o de cabeza, mareos, etc. Los ojos han perdido brillo y expresión y la mirada está perdida. Todo esto ha empezado con la pasividad de la mente a la voluntad durante la cual el creyente entregó a los espíritus mentirosos: su control o dominio propio y el uso de su voluntad.

Hay dos teorías perfectamente delineadas, aunque sólo una de ellas es masiva y mayoritariamente aceptada. Cuando una persona, por ejemplo, de carácter tranquilo, de improviso y sin que medie ningún hecho determinado o específico, tiene una reacción total y absolutamente inesperada e impensada en ella, normalmente se dice que tiene que haber actuado así a través o a partir de un condicionante. Esto, que es lo que generalmente esgrime la psicología, significa que en algún momento de su existencia esa persona sufrió un shock por un determinado suceso, no tuvo en ese momento ninguna reacción, aparentemente no le ocurrió nada, pero muchos años después, al reiterarse aquel suceso fundamental, se produce la reacción automática e inconsciente y nadie puede explicarse el por qué a menos que se lo estudie profesionalmente. La otra teoría es mucho más simple y, quizás por ese motivo, no cuenta con la adhesión de todos los sectores intelectuales que conforman la sociedad y, naturalmente, también la iglesia: un espíritu maligno ha producido la reacción y es por ese motivo que nadie lo puede entender. Los demonios, naturalmente, no sólo no gozan de popularidad sino tampoco tienen nivel como para que se los presente en sociedad.

Pasividad de todo el Hombre: Cuando se llega a este estado, cada parte del ser se ve afectado. El hombre actúa sin usar (O usando sólo parcialmente), su mente, su voluntad, imaginación y razonamiento. A veces la persona no puede dormir y anda tan desanimada que ni siquiera tiene deseos de comer. Cuando el creyente es engañado por los malos espíritus es posible que también sea dominado por lo físico y se lance al mundo de lo sensual. Esto puede suceder como consecuencia de experiencias “espirituales” que se sienten en el plano físico, pero que en realidad no tienen nada de espiritual, porque no provienen del espíritu.

A veces se sienten sensaciones de “fuego”, de “elevación espiritual”, o “temblores”, o “estremecimientos”, y toda clase de sensaciones corporales agradables, en apariencia espirituales, que alimentan a los sentidos de estos creyentes que se sienten como andando más allá del cuerpo y llamándose a sí mismos, espirituales. Incluso existen congregaciones de cierto prestigio que tienen, como común denominador y como especie de catalizador de experiencias espirituales, a todos estos elementos. O sea que: si tú vas a una de estas iglesias y jamás se te ha visto reírte a carcajadas, temblar, sacudirte o cosas por el estilo, se te respetará y se te apreciará como hermano, pero tu nivel espiritual será considerado decididamente bajo. Pablo en 1 Corintios 9:27, expresa: sino que trato severamente a mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre.

Pasividad de erróneas interpretaciones: Esta condición de pasividad puede venir como consecuencia de interpretaciones erróneas de la verdad en cuanto a “la muerte con Cristo”, como se presenta en Romanos 6 y Gálatas 2:20. En estos casos dichos pasajes se interpretan de manera literal y desequilibrada, sin tener en cuenta el sentido general de pensamiento de Dios sobre el tema. Dios hace un llamado a los verdaderos creyentes para que se reconozcan muertos al pecado y a la vida del antiguo YO, o sea, la vida pecaminosa heredada del primer Adán. Ahora bien, esto no quiere decir que la personalidad humana deba morir, puesto que el mismo Pablo, en Gálatas 2:20, dice: Y lo que ahora vivo en la carne… o sea, que aun después de convertido hay una retención del yo personal, del ser, de la voluntad y la personalidad, los cuales han de estar bajo el dominio del Espíritu de Dios y el control del “dominio propio”, que es a su vez, uno de los frutos del Espíritu.

No hay caso; el hombre sigue pretendiendo interpretar la Biblia conforme a lo que encaja con su sentido de la lógica. Es más; es frecuente oír que las denominaciones son divididas por “las distintas interpretaciones bíblicas”, y se lo dice como entendiendo que es normal que eso suceda y que la consecuencia sea la observada. La Biblia, mi hermano, no necesita que tú y yo la interpretemos; ella se interpreta a sí misma y, si tú te enteras de algo al respecto, es porque el Espíritu Santo tiene la bondad y la gentileza de revelártelo.

Pasividad causada por Aceptación del Sufrimiento: En este caso el creyente consiente en aceptar “Sufrir con Cristo”, siguiendo lo que llama “La senda de la cruz” y, para lograrlo, se entrega en forma pasiva a cualquier forma de sufrimiento que le presenten los espíritus malignos creyendo que ese sufrimiento viene de Dios (¡Tremendo!) y que terminará por producirle una recompensa y fruto espiritual. Lo que él no sabe es que los malos espíritus pueden dar un “sufrimiento falso” y que, al aceptarlo de parte de ellos creyendo que viene de la mano de Dios, les abre las puertas para seguir actuando.

El engaño experimentado en estos casos es la explicación de ciertos pecados que algunos creyentes no logran “sacarse de encima”, así como ciertas clases de sufrimiento que no pueden explicarse, entendiendo lo que significa la trama del engaño diabólico se puede obtener una explicación lógica de estas turbaciones que tanto acosan al creyente. El sufrimiento es una gran arma para que los demonios controlen y obliguen a una persona a encausarse en cierta dirección, pues por medio de él pueden llevar al hombre a hacer lo que en otras condiciones, no haría. (Job 2: 7)= Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. (8) Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza. (9) Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.

Pasividad por Falsos Conceptos de Humildad: Cuando un creyente consiente en aceptar la muerte en una actitud de desprecio hacia sí mismo, está siendo víctima de sugerencias “íntimas” por parte de malos espíritus. Este ardid satánico crea un ambiente de desazón y debilidad en derredor del creyente. Su espíritu se ofende y se deprime con mucha facilidad. Puede atribuir la causa de lo que ocurre al “pecado propio” o ajeno sin estar, sin embargo, consciente de ningún pecado específico en su vida o, como dijimos anteriormente, puede atribuir su sufrimiento a la acción divina. Se produce así una falsa humildad que es orgullo, un retraimiento de la obra y del servicio al Señor; un esfuerzo antinatural por eliminar al YO de las conversaciones y de las acciones, lo cual lo hace aún más notorio; en una manera exagerada y deprecatoria de autodepreciación y en la creación de una atmósfera de tristeza, oscuridad, debilidad, extrema sensibilidad y falta de esperanza.

El creyente aceptando las mentiras de los espíritus malignos ha pasado a proceder a la supresión o anulación de su personalidad, lo cual no se asemeja en nada a la muerte con o para Cristo, que las Escrituras nos describen. Por esta pasividad de su personalidad el creyente engañado se ha “entregado” aun sin quererlo en manos de los espíritus de maldad. A esto, ya por falta de espacio, no podemos desarrollarlo más, le deberíamos agregar La Pasividad por errores de Entendimiento, que es cuando el creyente consiente en permanecer en una condición crónica de debilidad, entendiendo a su manera que esta es necesaria para que el poder de Dios sea manifestado en su vida.

Un ejemplo es el de aquellos hermanos que, considerando que Dios ve con agrado sus tremendos esfuerzos por ser de utilidad, se pasan horas, días, semanas, meses dentro de los templos haciendo cosas para las cuales no fueron levantados sin recibir otra recompensa que un cansancio que en casos los ha llevado hasta la enfermedad, por suponer que será por ese esfuerzo personal en el cual podrán acercarse a Dios por sus medios. A eso, hay que agregarle La Pasividad con Actividad Satánica, que es el estado donde el creyente parece pasivo y en paz, siendo que en su interior se produce una tremenda actividad demoníaca.

 Liberación de la Pasividad: El creyente que necesita liberarse de su condición pasiva debe tratar primeramente de entender cuál es su condición en los tiempos normales y entonces examinarse a sí mismo a la luz de ella para ver si los malos espíritus le han estado interfiriendo. Para hacer esto debe recordar una etapa de su vida que haya sido buena y fructífera y compararla con esta condición anormal que está atravesando ahora.

Así como la pasividad ha avanzado paso a paso, la liberación de la misma ha de ser hecha en forma lenta y paulatina. Para la completa liberación es necesario que el creyente quiera cooperar y a la vez tenga el deseo de liberarse. El engaño y la pasividad sólo pueden ser quitados de en medio cuando la persona comienza a entender su condición y la obra de los malos espíritus y mediante el uso de su voluntad rehusa a los espíritus malignos el terreno que alguna vez les cedió.

Un punto importante en la liberación de la pasividad es mantener en la mente de forma continua el pensamiento de cuál era su condición normal antes de caer víctima de dicho engaño, y cada vez que se baja de ese nivel investigar la causa y tratar de quitarla de en medio. Cualquier facultad o parte del ser que se haya rendido a la pasividad y que por lo tanto esté fuera de uso debe ser recuperada para un ejercicio activo de la voluntad y traída bajo su control. El terreno cedido anteriormente a los malos espíritus debe ser recuperado y ha de resistirse en forma persistente al diablo y sus huestes, recordando que ellos lucharán por volver a recobrar lo perdido. Recuerda las palabras de Juan 4:4: Porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo.

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Las Cosas Viejas Pasaron

 

 

 (Jeremías 15: 19) =  Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.
Yo no sé cuántas veces habrás leído tú este verso. Quizás muchas, y tal vez también lo hayas utilizado a modo de advertencia o consejo bien intencionado para con los más nuevos e inexpertos. De pronto alguien que iba a reunirse en ambientes complejos o contaminados, y tu sugerencia fue esta: que ellos se conviertan a lo que tú crees y no tú a lo que ellos piensan y practican. Muy bueno todo, pero… ¿Te has puesto a pensar, alguna vez y con cierta precisión, qué cosa es en realidad convertirse?
En principio, creo que convertirse a Jesucristo significa en primera medida, un cambio radical de comportamiento hacia Dios y hacia el prójimo. Eso, como la más clara evidencia de ser un verdadero creyente, un definitivo hijo del Dios Altísimo. Y que como consecuencia, ese comportamiento distinto vendrá a ser el resultado de un cambio de mentalidad y esencialmente de actitud frente al pecado en cualquiera de sus expresiones. Al recibir a Cristo y aceptarlo de manera genuina como Señor Y Salvador de nuestras vidas, Él nos regala un corazón nuevo, siempre dispuesto a seguirlo y a dejar para siempre de pecar.
Porque seguir a Cristo es, de modo automático, renunciar al mundo, que es como lisa y llanamente decir: renunciar al sistema con el cual se conduce el mundo secular. ¿Puedes resistir esa presión, esa tentación de hacerlo “a la manera de ellos” y no como debes hacerlo? Es cierto que no todo lo que contiene el sistema mundano es pecado, pero en una gran proporción lo es, y tú lo sabes. El caso es que no puedes decir que estás con Dios y seguir pecando. El pecado va en contra de Dios, dado que Dios es santo y, al seguirlo a Él, nos demanda también santidad, entendiendo que la santidad es separarnos para Dios. Eso es una conversión genuina. Mira lo que Juan le aconsejaba a los creyentes de su época:
(1 Juan 2: 15) = No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
(16) Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.
(17) Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
En suma: convertirse es arrepentirse y dejar de pecar. Y arrepentirse, permíteme que te lo recuerde, no es pasar al frente en el templo, postrarse, llorar, lamentarse, gemir, aullar, desgarrarse de dolor. Eso, en todo caso, es remordimiento, culpa, dolor de haber pecado, pero no arrepentimiento. Arrepentirse es pensar, decidir y ejecutar: no lo vuelvo a hacer nunca más. Eso es arrepentirse. Retornar al lugar más alto en el que espiritualmente hayas estado. Y luego comenzar un comportamiento que respalde de manera visible esa decisión. ¿Y como se va a evidenciar ese comportamiento? Hay cinco formas muy preciosas y específicas, mira:
En primer lugar, guardando la Palabra de Dios, porque es de la única manera que podemos demostrar nuestro amor y sometimiento a Él. Jesús dijo, según lo rescata Juan 14:15: Si me amáis, guardad mis mandamientos. Entonces tú dices: ¡Ah! ¿Está hablando de aquellos diez? Probablemente, pero te informo que luego Jesús nos dejó cerca de cien mandamientos más. Lee los cuatro evangelios y los encontrarás.
En segundo espacio, con el amor hacia nuestros semejantes, porque el principal y mejor indicio de nuestra actitud hacia Dios, es nuestra actitud hacia nuestro prójimo, que como tú ya sabes, es todo aquel que hace misericordia con nosotros, no cualquiera que te lo exige, no es así. Servir es un privilegio, pero no debemos esperar nada a cambio por eso. Nadie está obligado a reconocernos nuestro servicio, es Dios quien paga todo eso con su infinita Justicia. Recuerda lo que dice Eclesiastés 12:14: Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
En tercer término, reflejando el carácter de Cristo, que como la palabra griega que lo define lo consigna, es su sello, la impresión de su ser en nosotros. Vivir con integridad y honestidad, expresadas en todas las áreas de nuestra vida, tales como relaciones, trabajo, familia, etc., porque es a esto a lo que nos debe llevar el arrepentimiento genuino. No engañar, no mentir, no querer sacar ventaja de nada ni de nadie.
En la cuarta ubicación, el desapego al dinero o las cosas materiales. El dinero siempre es importante. De hecho, cuando falta, trae consecuencias que a veces son graves. Sin embargo, es nuestra actitud hacia el dinero la que tiene que ser clara. El dinero tiene que ser nuestro siervo, pero jamás nuestro amo. El joven rico fue despedido por Jesús por no estar dispuesto a perder su dinero. Esto no significa que Dios esté en contra del dinero, sino de nuestra actitud para con él. Un corazón verdaderamente arrepentido, sabe vivir bien con lo que tiene y, si tiene que despojarse de todo, lo hará gustoso, porque sabe que su provisión viene de Dios y que Dios no lo desamparará jamás.
Y finalmente, en quinta y última posición, compartiendo el mensaje de salvación a los perdidos, porque además ese es un mandato de Dios. Jesucristo lo dijo antes de ir al Padre, en Marcos 16: 15: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Todo creyente verdadero convertido a Cristo, debe reflejar fielmente estos cinco aspectos en su vida, porque ellos son el fruto del arrepentimiento, pues habiendo sido liberados del pecado por el sacrificio de Jesús nos hicimos siervos de Dios, cuyo fruto es la santificación y cuyo fin es la vida eterna. Y a esto no lo inventé yo, está escrito desde siempre en Romanos 6:22: Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.
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¿Quién Cree en la Resurrección?

Creo que hay muy pocas cosas, que formen parte de nuestra fe básica, más complejas de entender y, por consecuencia natural, también de aceptar y creer para el hombre común, que la resurrección. Si tú enseñas o predicas sobre sanidad y milagros, verás algunos rostros de duda, pero una gran mayoría estará dispuesta a aceptarlo sin demasiado esfuerzo, pero ponte a hablar de resurrección y podrás comprobar el altísimo grado de incredulidad lisa y llana que tiene nuestro pueblo. Y resulta muy llamativo, porque si quieres buscar un núcleo o un epicentro de lo que es el Evangelio de Jesucristo, ese es la resurrección. Sin resurrección no hay redención, sólo muerte, como final de todo, y más allá la nada, que es la teoría atea que muchos compraron con la misma fe de no tener certeza total que así sea. Es decir que cometieron la increíble barbaridad de adoptar vivir sin fe, sencillamente… ¡¡Por fe!!

El caso es que esto de la negación carnal a la resurrección no es ni nuevo ni sorprendente. Sucedió desde el principio mismo de todos los hechos. Mira lo que dice Lucas en el capítulo 24. Ahí cuenta de la resurrección de Jesús, cuando los ángeles les informaron a las mujeres que él había resucitado. Dice que ellas fueron corriendo a contarlo a los once. Y precisamente es ese verso, el 11, el que dice: Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Y como sería esto que luego, cuando salieron e iban caminando, el relato prosigue en el verso 15: Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. ¿Te das cuenta por qué no lo reconocieron? Porque sus ojos estaban velados. En los originales dice que estaban siendo asidos fuertemente. La pregunta que tengo es: ¿Por quién? Tú lo sabes, no le hagamos promoción gratuita.

¿Y qué hizo él cuando se dio cuenta que no lo reconocían? Empezó a hablar con ellos y a preguntarles cosas. Y ellos le contaron todo lo que se había vivido con su crucifixión. Y fue recién de haberse quedado con ellos a cenar que, dice el verso 30: Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. ¿Cómo que desapareció de su vista? ¿Se esfumó, así sin más ni más? Eso es lo que dice. Dime la verdad: ¿Cuántas veces te han predicado sobre este episodio? Obvio. Me imagino el rostro de los oyentes cuando alguien lo haga. Igual al de los discípulos. Incredulidad. Y eso no es todo, luego se les apareció de improviso a los once, (Judas ya no estaba, obviamente) y ellos reaccionaron como vemos en el verso 37: Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Entiende: ellos, sus discípulos, los que lo habían acompañado durante todos estos años de ministerio, creían que veían un espíritu. Mira el verso 42: Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Pregunto: ¿Desde cuándo un espíritu come pez asado y miel? Para eso lo hizo, pero ni así creyeron.

Porque luego, Juan en el capítulo 21 de su evangelio, relata otro episodio de la resurrección. Fue cuando ellos se disponían a pescar y leemos en el verso 4: Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Se supone que ya lo habían visto, pero otra vez no lo conocieron. ¿Es que tan distinto al conocido es un cuerpo resucitado? Y otra vez les pide de comer, lo que nos muestra que un resucitado come como alguien que no ha muerto. Más adelante, vemos que el propio Juan es quien le reconoce y se lo anuncia a los otros, que todavía seguían sin saber quién era ese hombre. Sin embargo, hay otro hecho notable más, todavía, y es Marcos en el capítulo 16 el que lo rescata en su evangelio, cuando lo relata así, desde el verso 9 al 11: Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. Ellos no lo creyeron, pero ella, María Magdalena, observa que sí, que fue la primera, sino la única, que lo reconoció de inmediato.

Sin embargo, lo que más despertó mi atención, fue el episodio que Marcos relata en los versos 12 y 13, allí dice: Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. ¡Qué fácil es caerles con todo el peso de la aguda crítica a esos muchachos! ¿Verdad que sì? Todos nosotros, hoy, a muchos kilómetros y años de esos sucesos, declaramos con pompa y solemnidad que cualquiera de nosotros no vacilaría en reconocer a nuestro Señor Jesucristo,. ¿Cómo no lo íbamos a reconocer? Simple: porque no se les presentó con su aspecto habitual, el que todos ellos conocían. ¿Cómo lo sé? Fíjate que dice que se les apareció, en otra forma. ¿Sabes que estuve investigando el significado de ese “en otra forma”? Solamente me traen un poquito de luz los originales griegos, que me enseñan que eso significa algo así como en otra naturaleza. Un muerto rubio que resucita moreno, o la inversa, algo así. ¿Tú crees que reconocerías fácilmente a cualquiera? Yo creo que no. estoy seguro que no. Pasar por ese filtro espiritual llamado muerte, lo cambia todo. Y cuando retornas, eres otra cosa, ¡Justamente! Otra naturaleza.

Alguien dijo, y no exageró ni se equivocó nada, que la resurrección es un poder que nos sumerge en el Reino de Dios. Y además, es indefectiblemente la herencia más poderosa que Jesús nos dejó. Porque todos esos muchachos que lo acompañaron y lo amaron de verdad, sufrieron horrores y sus almas se desgarraron con su muerte en la cruz, pero nunca terminaron de creer del todo que Él había vuelto resucitado. Era demasiado pedirles. Sin embargo, en un ambiente decididamente masculino, donde el patriarcado más reconcentrado era manifestado casi en el nivel de lo que hoy llamamos machismo, tuvo que ser una mujer, y una mujer de las consideradas “de dudosa reputación”, la que nos iba a dejar el legado de lo que de alguna manera es la síntesis perfecta del evangelio en todo su contexto. Mientras todos dudaban, especulaban y desconfiaban, ella simplemente miró, creyó y pronunció las dos palabras que pasarían a ser el detonante de la más maravillosa historia de todos los tiempos. Ella apenas pudo decir: ¡¡Cristo Vive!!

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De La Realidad a la Novela

Nunca me ha gustado escribir alguno de esos artículos relacionados con fechas especiales. Por ejemplo: es muy difícil que me leas o escuches algo sobre la crucifixión dentro de lo que el mundo celebra como la Semana Santa o, como en este caso, algo relativo al nacimiento de Jesús en las vísperas de esos días del mes de Diciembre que a alguien que tiene muy poco que ver con nuestra fe, se le antojó determinar como la Natividad del Señor. Tampoco me he referido a Reyes ni a Magos en los primeros días de los eneros transcurridos. Pero sí siento en mi corazón compartirlo un día cualquiera, como por ejemplo es este, donde todavía muchos de nosotros estamos sin sacar la nariz a las calles y necesitamos algo que nos cuente cosas nuevas sobre el evangelio al que adherimos y no las historias remanidas de siempre que terminan por aburrir en lugar de bendecir.

Mateo 2: 1-3 = Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Para la sociedad secular de ese tiempo, no había nada más grande, importante y digno de admiración, respeto y deseos de imitar que su rey, Herodes. Herodes “El Grande”. No era un calificativo que se le pudiera adjudicar a un cualquiera, sólo los elegidos podían atreverse a pensar y obrar en grande. ¿Te imaginas hoy, en cualquier fuerza política, aún de las más importantes que se muevan en tu país, a uno de sus políticos, tan solo uno, que se haga llamar “El Grande”? Imposible. No se atreverían. Herodes sí se atrevió. Era un grande, indudablemente.  Así que suponte ahora como le tiene que haber caído a su innato estado de vanidad y soberbia permanente, que vinieran tres desconocidos a decirle que iban a visitar al Rey de los Judíos. ¿Cómo iban a a visitar a alguien que se atrevía a quitarle ese rango a él? ¡¡Herodes era el rey de los judíos!! ¡Nadie en su sano juicio se atrevería a discutirle esa posición! Por eso es que dice que el rey se turbó, que es casi un sinónimo de decir que sintió temor, un raro e incomprensible temor que ni él podía explicarse. Pero lo más curioso y llamativo del caso, es que asegura Mateo que a eso también lo experimentó toda la ciudad de Jerusalén. ¿Alguien podría darme un buen motivo racional que justificara eso?

4-10 = Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: (6) Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; (8) y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

En principio, cuando aprendí medianamente a leer la Biblia, empecé a preguntarme quién y por qué razón inventó que estos tres individuos eran reyes. ¿Reyes? ¡Magos, dice! ¿Eran hombres que practicaban la magia, entonces? ¿Y qué podía tener que ver eso con Jesús? Entonces salen los sabelotodos del evangelio que te dicen que no, que en realidad eran profetas del oriente que llegaron por causa de una revelación divina, que… ¡Un momento! ¿Tú me estás diciendo que una revelación profética de Dios, se va a conducir mediante una estrella? Yo creo que estos hombres, alrededor de los cuales se ha armado una leyenda que, incluso, pintó de moreno a uno de ellos. cuando no hay registro serio alguno de sus rostros, y les otorgó tres nombres que tampoco han sido registrados en ninguna escritura seria. ¿Me preguntas que creo? ¿Quieres saberlo? Creo que eran algo así como astrólogos de Oriente, con ninguna vinculación espiritual con el Dios que traía a Jesús al mundo, que cumplieron un rol participativo importante y punto, luego desaparecieron de la historia como tantos y tantos que también lo hicieron. Todo el mundo le pertenece a Dios, y a los que le aman, todas las cosas les ayudan a bien. Los incrédulos y hasta esotéricos, cuando se sujetan al señorío de Cristo, también.

11 = Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Más allá de la clásica escena de Navidad, donde se muestra al niño en una especie de inmaculada canasta con limpia paja y a sus padres de pie a su lado, mientras detrás dos o tres animalitos buenos le brindan el calor de su aliento, hay una realidad que no siempre se dice y que en muchos sitios auto proclamados como cristianos, prácticamente se contraponen. El unigénito Hijo de Dios no estaba naciendo en cuna de oro ni flanqueado por un coro de ángeles adorándole. El unigénito Hijo de Dios estaba naciendo en un rincón de esa casa al que nadie se quería ni siquiera asomar. Entre la mugre, la oscuridad y el fétido olor del producto de una serie de animales encerrados que no vacilaban en cumplir con todas sus necesidades fisiológicas junto al recién nacido. ¡Un fuerte aplauso para las miles de escenas de románticos pesebres dignos de las estampas de cierto cristianismo que hizo de este evento una epopeya épica en un tiempo en el que inexorablemente no pudo haber sido, pero que se lo enquistó como contraposición a ciertas festividades paganas con las que se deseaba competir!. Pero déjenme decir que de ninguna manera esa escena podría incorporarse como real.

El Hijo de Dios vino al mundo entre gente pobre, en un ambiente de mugre y feos olores y entre la burla, el escarnio y la condena social por las características de su gestación. Hoy el cristianismo tiene otras esencias y otros postulados, los cuales no son negativos ni tienen por qué ser censurados, pero que reclaman casi a gritos que se reconozca y se tenga muy en cuenta el primario origen, para que luego cuando los hechos así lo ameriten, nadie que diga ser cristiano se atreva siquiera a menoscabar y mucho menos discriminar a alguien por el color de su piel, por la higiene de su ropa o su cuerpo, y mucho menos por su estado financiero. Dios no es Dios de pobres, porque no tiene por qué serlo, ya que suyo es todo el oro y la plata del mundo, pero tampoco es un Dios patrimonio de gente adinerada, como durante mucho tiempo mucha iglesia se ha empeñado en presentar. En todo caso, nuestro Dios es un Dios Justo, una palabra que definitivamente parecería estar fuera de moda.

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El Valor de lo que No Tienes

Hace muchos años un hombre escucha un relato con características de fábula, con su respectiva moraleja. Decía que: «érase un hombre rico que tenía cinco rozagantes y jugosas manzanas, pero no era feliz. En una vivienda vecina, había otro hombre que era pobre y tenía solamente una manzana, pero era feliz. Un día, el dueño de las cinco manzanas, envidioso de la paz y la felicidad de su vecino, resolvió robarle su única manzana, para deleitarse viéndolo sufrir como sufría él. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que, pese a tener ahora seis manzanas, él no se sentía feliz para nada, sino todo lo contrario, mientras que su vecino, que se había quedado sin nada, seguía siendo tan feliz como lo era antes de perder su manzana.» Ese, fue su primer contacto con un sentimiento que, como a una gran mayoría de seres humanos, le iba a producir mucho daño: la envidia.

Dice un buen diccionario de la lengua española, que La Envidia es una tristeza airada o disgusto por el bien ajeno o por el cariño o la estimación que otros disfrutan, y también un deseo de emular alguna cualidad o algún bien que otro posee. Un buen diccionario bíblico, en tanto, sostiene que La Envidia es el pesar o el padecimiento causado por la razón de las pertenencias, prosperidad, ventajas, posición o reputación ajenas. Las personas envidiosas desean lo que tienen los demás, y suelen pensar que los que poseen el objeto de su deseo no se lo merecen. La palabra hebrea qin’ah puede referirse según el contexto, a celo, ardor, insistencia en la devoción exclusiva, o bien a los celos y la envidia. A diferencia del término griego fthó nos, que siempre tiene una connotación negativa y significa envidia.

Pensadores de todas las épocas y sitios geográficos del planeta han plasmado sus ideas referidas a la envidia, redondeando conceptos que, en muchos casos, son muy aptos para incorporar a nuestra formación social, moral y espiritual. Una de las más logradas que leí, fue la que dice que La Envidia es el Homenaje que la Mediocridad le rinde al Talento. Una más ingeniosa, expresa que El Envidioso no sabe lo que Quiere hasta que no te lo ve a Ti. Algo más poético y filosófico consigna: Nunca Grites tu Felicidad tan Alto. La Envidia tiene Sueño muy Liviano. Otro, un tanto más defensivo, señala: No te Preocupes por mis Logros, Mejor te Enseño mis Sacrificios. Algo de contenido más espiritual nos dice que Quien Tiene Luz Propia, Incomoda al que está en Oscuridad, o que El Sabio se Inspira con el Éxito de los Demás, el Envidioso se hace más Pequeño. Y se remata con una especie de solución humana cuando asegura que: Cuando la Ignorancia Envidia y Critica, la Inteligencia Observa, Escucha y se Ríe.

Un día, este hombre mediocre y cargado de envidias, encuentra a Jesucristo. Su vida se conmueve con un shock que el Espíritu Santo impacta en su espíritu, y allí comienza a experimentar un dramático cambio que, para tomar conciencia que el Dios en el que ha creído nunca se apartó de su lado, es consciente que le envía a su Espíritu a guiarlo a toda verdad, incluso, contra los que eran sus mayores defectos y consiguientes pecados. Y entonces conoce la historia de José y sus hermanos, y lee en Génesis 37:11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto. Allí entiende que la envidia no es algo nuevo y que incluso en este nuevo ambiente todavía tiene su peso, así que se refugia en el Proverbio 14:10 que le asegura que: El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos. Aprende a conocerla más a partir de lo que lee en el Proverbios 27:4: Cruel es la ira, e impetuoso el furor; Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? Y tiene un remate de lujo para su madurez cuando se encuentra con Eclesiastés 4:4 que le dice: He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Con todo este arsenal de Palabra, el hombre se vuelve un enemigo acérrimo de la envidia y de la hipocresía, y por esa causa, aunque en lo humano y terrenal no consigue ningún logro, en lo espiritual comienza a recibir bendición tras bendición, que es el resultado visible e inequívoco de una conducta intachable, que pone al mismo Dios deseando mostrarlo, a la manera de Job, como modelo a seguir si es que se desea militar en la divina jurisdicción del Reino de los Cielos. Eso despierta la admiración de todos los hermanos que tienen bien claro cuál es su objetivo en este planeta, pero al mismo tiempo, despierta la envidia casi feroz de otros tantos auto denominados hermanos, que desean tener esa unción y esa paz que él tiene, mientras ellos navegan en las oscuras aguas de la mediocridad y la incredulidad. Un día, sus enemigos descubren que la envidia es un espíritu maligno, y comienzan a conspirar para que ese espíritu tome a este hombre y le robe eso que lo hace feliz. No lo logran, porque cada vez que el espíritu pretende entrar en la mente de ese hombre, su santidad y unción ofician de alta armadura que no permite infiltración alguna. En este episodio, los envidiosos acaban de descubrir que aunque le robaran todos los días su única manzana, ese hombre seguiría siendo feliz, ya que ese sentir no se sustenta tanto en lo que tiene, sino en lo que no tiene: envidia.

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Estampas de un Tiempo Difícil

Tiempos difíciles, sí. Una prueba de carácter, les decía allá por el mes de abril, suponiendo que dentro de ese mes, todo volvería a ser normal. Pero no; Encierro…media libertad….preparativos de libertad total…y nuevamente encierro…Con mayores o menores diferencias, esto es un común denominador en casi todo el mundo. Y eso trae contrariedad, malestar, incomodidad, angustia, ira… ¿Qué es la ira? Una pasión del alma que causa indignación y enojo, a veces hasta con apetito o deseos de venganza. ¿Tiene derecho un creyente a sentir ira? Se nos enseña que no, que es una manifestación del alma que debemos dominar porque es aprovechada por las fuerzas del mal para perturbar y oprimir nuestras vidas. Sin embargo, y como rara paradoja, es una palabra que no está ausente en nuestras Biblias y no precisamente como cosa humana.

El vocablo ira aparece más de doscientas veces en la Biblia, y el concepto en muchas más ocasiones. En general se refiere a la actitud, actividad o respuesta de Dios al pecado humano. Es la reacción permanente del Dios santo, puro, soberano y personal a todo lo que ofende su naturaleza moral y derechos reales. Esto incluye el rechazo por parte del ofensor de su persona, gobierno y voluntad. También involucra las afrentas a su santidad, ya sean conscientes y directas o inconscientes e indirectas. La ira de Dios resulta en castigo y condenación o el juicio presente o futuro. En términos absolutos, es sinónimo de la separación eterna de Dios y el castigo en el infierno. Hay un hecho muy singular que demuestra que la ira no siempre es un patrimonio de la carnalidad del hombre, sino que tiene raíces mucho más elevadas y profundas.

En el libro del Éxodo, desde el capítulo 24 y hasta el 31 inclusive, está el relato del encuentro de Jehová con Moisés en el Monte Sinaí. En principio, Moisés no va solo, como muchos creen. Lo acompaña parte de su familia, esto es: su hermano Aarón y sus sobrinos Nadab y Abiu, y a ellos cuatro, se suma Josué, hombre de confianza de Moisés y setenta ancianos, que es como decir jefes, hombres distinguidos de Israel. Esa fue la orden de Dios, pero con la condición que todos se inclinaran desde lejos, y que solamente Moisés estaría autorizado a subir a encontrarse con él. Y en contra de lo que muchos temían, no solo pudieron ver a Dios sin ser aniquilados, sino que incluso celebraron banquete en su presencia, comiendo y bebiendo con tranquilidad y paz. Concluido esto, Dios llama a Moisés y le anticipa que le dará tablas con la ley y mandamientos.

Moisés obedece y, allí sí, sube absolutamente solo. Pero el encuentro no tuvo lugar de inmediato, sino que se tardó seis días, donde una nube de gloria cubrió todo el monte y, recién al séptimo día Dios llamó a Moisés. Estuvo allí con Dios cuarenta días, donde recibió instrucciones para la ofrenda del tabernáculo, el arca del testimonio, la mesa para el pan de la proposición, el candelero de oro, el tabernáculo, el altar de bronce, el atrio del tabernáculo, el aceite para las lámparas, las vestiduras de los sacerdotes, la consagración de Aarón y sus hijos, las ofrendas diarias, el altar del incienso, el dinero del rescate, la fuente de bronce, el aceite de la unción y el incienso, el llamamiento de los artesanos Bezaleel y Aholiab y el día de reposo como señal. Recién cuando concluyó con todas estas instrucciones, Dios entregó a Moisés las dos tablas del testimonio, obra de sus manos y escritas por su dedo.

Abajo, mientras tanto, ya conoces la historia. El pueblo se impacienta y se hace construir un becerro de oro para adorar, porque no estaban seguros que Moisés regresara. Y es el propio Aarón el que se los funde y elabora. Y allí se presenta la ira de Dios. Sabiendo lo que la gente está haciendo, Dios los quiere consumir y de alguna manera le avisa, casi le pide permiso a Moisés para destruirlos a todos. Moisés los defiende, intercede por ellos y logra que Dios se arrepienta de su primaria decisión, (¡Dios se arrepiente y modifica una decisión por instancia de Moisés!) y calma su ira. Pero cuando Moisés desciende y llega donde está el pueblo y ve el becerro de oro y a la gente adorándolo, monta en ira él y destroza las tablas contra las rocas, que es como decir que rompe el pacto hecho con Dios. Más adelante Dios le autorizará que prepare otras dos tablas, pero en este caso las preparará Moisés y Dios solamente escribirá en ellas lo mismo que había escrito en la otra que destruyó, que es como decir que Dios les renueva el pacto.

Hay dos elementos que saltan a la vista en este episodio. Uno, que cuando el pecado de desobediencia anula y destruye la obra de Dios, el hombre queda obligado a rehacer esa obra con su propio esfuerzo, si es que desea ser restaurado y que la obra se restaure. Éxodo 32:16 dice: Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. El pueblo desobedeció y esa obra fue destruida. Luego consiguieron perdón y restauración, pero allí las tablas ya tuvieron que ser construidas, alisadas y aportadas por el hombre. Dios sólo las escribió esta vez. Recuerda: siempre que desobedezcas, perderás una bendición que no tenía costo y deberás reemplazarla con una obra humana que te costará alto esfuerzo.

Y el otro elemento es la ira. Es pecado indiscutido cuando es producto de un exceso emocional de contenido humano, carnal. Un pecado que puede llevar al delito, a la agresión, a la violencia y hasta la muerte. Porque Dios nos creó con emociones, pero no para dejarnos dominar ni vivir por ellas. Sin embargo, hay un atenuante santo que es la ira por celo divino. La muestra el propio Dios, cuando reacciona ante la barbaridad cometida por su pueblo adorando dioses falsos, la continua Moisés, cuando estrella contra las rocas esa maravillosa obra de Dios que eran las tablas, terriblemente indignado por la hipocresía y falsedad de su propia gente, con su hermano incluido. Y la evidencian muchos de los personajes más determinantes del evangelio, hasta terminar en un Jesús desparramando la mesa de los cambistas también indignado por ver convertida la casa de su Padre en cueva de ladrones. Esa ira es una muestra de celo, y también de autoridad, actitudes con las que debes pelear tu buena batalla.

Esta, aunque no lo creas, es una época que en gran parte se asemeja a la que hemos relatado. Porque así como existe la posibilidad de una desobediencia masiva del pueblo de Dios, abrumado por esta coyuntura, buscando el apoyo en dioses falsos por pensar que el Dios de todo poder se ha olvidado de ellos, también puede eso desatar una ira santa que, si no encuentra el intercesor válido y específico, un Moisés contemporáneo, puede determinar que lo que algunos profetas creyeron ver en todo esto, -un juicio divino- sea realmente lo que ocurra. Necesitamos más que nunca como Cuerpo de Cristo en la tierra, estar firmes y en obediencia, porque sólo es obediencia lo que produce autoridad. Y es sólo autoridad lo que produce victoria.

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En el Camino de la Pureza

No sé cuánto tiempo llevas de creyente, como fue tu conversión, o si provienes de familia de cristianos. Tampoco sé si te congregas en alguna iglesia, como es ella y, esencialmente, lo que más nos ha ocupado y preocupado en estos últimos tiempos: qué evangelio te han predicado o te siguen predicando. Obviamente, tú lees esto y de inmediato te preguntas: ¿Es que hay más de un evangelio? Mi respuesta bíblica es que no, que no lo hay. Pero tú y yo lo sabemos muy bien. Mi respuesta real y con bases en lo que hemos visto y oído, es que sí, que aparentemente y para muchos cristianos de años en el camino, parecería ser que hay otros evangelios, (Que en realidad no es otro, sino el mismo, el original, que ha sido tergiversado, modificado, pervertido) y que no han dudado en predicarlo y promocionarlo, a favor de la comodidad de sus receptores. No es nuevo, esto. Ya alguien, hace muchos años se enfrentó con el mismo dilema.

(Gálatas 1: 1) = Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), (2) y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: (3) Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, (4) el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, (5) a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Fíjate; Pablo se presenta como apóstol, (Que te recuerdo que quiere decir: Enviado), no por voluntad de hombre, no de parte de hombres, ni por disposiciones legales emanadas de hombres. No había sido nombrado ni comisionado, después de haber asistido a algún colegio, o haber completado algún curso especial. No fue a través del ritual de la imposición de manos de otros apóstoles. Él era apóstol por Jesucristo y Dios el Padre. Y aquí le está escribiendo a las iglesias de Galacia de un modo sobrio y casi impersonal: Yo apóstol, les dice. Estos mismos versos en la Nueva Versión están más nítidos. Dice: Pablo, apóstol, no por investidura ni mediación humanas, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo levantó de entre los muertos; La continuación indica qué tema iba a tratar y, en ese sentido, hace un discurso muy fogoso y contundente, donde evidencia que sabía perfectamente que había gente que estaba mutilando el evangelio.

(6) Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. (Hay otra versión que dice: No hay otro evangelio Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. La pregunta que nos hacemos, es: ¿Qué otro evangelio podría presentarse en reemplazo del original? El verso siguiente nos explica en parte eso.)

(7) No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.

Aquí está la respuesta de Pablo, la que Pablo encontró y lo ilustró de lo que estaba sucediendo, y la que quizás todos nosotros, hoy mismo, estemos evaluando, por si no tiene parentesco con algunas de las cosas que en este tiempo estamos viviendo. Perturbar, te recuerdo, es trastornar el orden y el estado de las cosas, es quitar la paz o la tranquilidad a alguien, incluso hacer perder el juicio a una persona. Y Pervertir, es hacer malo a alguien o algo, provocar que falte la moral o la legalidad. Eso es lo que dice Pablo que hay gente que desea hacer con la pureza del evangelio. La otra versión lo dice así: No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. Supongo que aquí está más que claro, ¿No es cierto? Y entonces añade:

(8) Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

Cuando Pablo dice “nosotros”, se está refiriendo a los predicadores que en ese tiempo recorrían las iglesias llevando su mensaje profético o evangelista. Y aclara que si cualquiera de ellos, ¡Y hasta incluye a un mismísimo ángel del cielo, para darle mayor énfasis! Si cualquiera de ellos predicara otro evangelio distinto al que habían recibido, sea anatema, concluye, dejándonos la idea que quien haga tal cosa como pervertir el genuino evangelio de Jesucristo, estará de inmediato y casi de modo automático, bajo maldición. Eso es ser anatema. Algo así como apartado, desterrado amputado de un cuerpo sano. Y el último verso lo resume todo, conforme a lo que podemos ver a la distancia de esta historia, pero no de modo tan lejano para nuestra actualidad.

(Verso 10) =  Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. (La Nueva versión lo dice así: ¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.)

¿Por qué tenemos mandato de compartir esto? Porque hoy está sucediendo esto, y no en pocos lugares del mundo, sin dudas. Y porque esto no es una predicación mal intencionada tendiente a acreditar o desacreditar ministerios, esto es Palabra de Dios leída casi sin acotaciones dirigidas. Tú y yo lo sabemos muy bien, aunque en muchos momentos de nuestra vida cristiana, hayamos hecho silencio. ¿Qué evangelio habían recibido ellos? El que predicó Jesús. Entonces, si alguien te predica hoy un evangelio que no te dice que el Reino de los Cielos se ha acercado y que debes arrepentirte, ese alguien podrá estar muy bien intencionado, podrá ser sincero y estar convencido de lo que dice, pero te advierto que como quiera que sea, de lo que no podrá escapar, es de ser anatema, esto es: estar maldito. Y como podrás suponerlo, a eso no lo digo yo ni hombre alguno de este tiempo. Es Palabra, y como tal, no resiste opinión ni debate alguno. ¿Quieres prevenirte contra el engaño? Lo único que debes hacer es tomar tu Biblia, día tras día, y escudriñarla con toda seriedad y responsabilidad, para así poder saber dónde estás y quien eres.  

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El Ejercicio de los Sentidos

Cuando Dios creó al hombre y sopló aliento de vida, que es Su Espíritu, se impartió a sí mismo. Dios plantó un huerto en Edén y puso ahí al hombre que había formado. Por eso es que no nos sentimos en casa en la tierra. Echamos de menos nuestro país genuino y verdadero. Nuestro espíritu habita con Él. Cuando dice que no somos de aquí, pero que estamos aquí, te está diciendo que perteneces a otro lugar, no a la tierra. Pero como formó a Adán del polvo de la tierra, mucha carne nos maneja, nos influye, y entonces abrimos puertas a nuestro enemigo, como cuando Satanás en forma de serpiente le habló a Eva, y le dijo que era ella la que pondría los límites, y no Dios. En ese diálogo, fíjate, la serpiente la tentó con los sentidos. Eva entonces Vio, Codició, Tomó y Comió…

Y esa serpiente, que a partir de ser un Ser con Pies y Mente, de allí su nombre, se identifica con Satanás, pero también se la conoce como Leviatán. Y este ser, salido de las profundidades marinas, da a las personas la incapacidad de caminar derechos. Es un espíritu serpenteante, que mantiene a los hombres andando en círculos, tomando decisiones equivocadas y siendo guiados en la dirección incorrecta. Por eso es que Pablo es inspirado por el Espíritu Santo a escribirles a los Corintios, en su Segunda Carta, capítulo 11 y versículo 3: Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.

¿Tenemos los sentidos ejercitados? Ya lo anticipaba Juan, quien en su Primera Carta, capítulo 1 y versos 1 al 3, nos dice: Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

  1. Lo que hemos Oído. (Oído)
  2. Lo que hemos Visto con nuestros ojos. (Vista)
  3. Lo que han Palpado nuestras manos. (Tacto)
  4. Eso os anunciamos (Boca-Gusto)
  5. Y tenemos comunión con el Padre. (Eso es el Olfato (Discernimiento)

Hace mención a cinco cosas que deben estar adheridas a nuestras vidas. Habla de algo que es esencial como cristianos. Hay gente que escucha una predicación, un mensaje, y se va como vino, como si nadie le hubiera predicado, sin entender nada. Pasa el tiempo y no hay cambios genuinos en esa gente. No se produce en sus vidas lo que Dios anhela que se produzca. Es tiempo que comencemos a trabajar nuestros sentidos espirituales. Conforme al uso que a ellos les demos, así será nuestro desarrollo como individuos. Porque eso es lo que Dios espera de cada uno de nosotros, que nos mostremos como individuos que irradian una luz que les llega desde el infinito, desde lo Eterno, y no como gente religiosa llena de consignas, dogmas y muletillas que no viven una vida liberada de los sentidos terrenales. Lo primero es Espíritu. Lo segundo es Carne. Bien intencionada, pero Carne al fin. Y Dios, hoy, sigue aborreciendo las obras de la Carne. Todas.

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Esos Dioses Extraños…

Dentro del caudal de correo que normalmente recibo, también ingresa una considerable cantidad de spam, esto es, el legendario Correo no Deseado. Y dentro de ese grupo, una alta oferta de péndulos, pirámides, cristales y cuanto elemento se haya puesto de moda con la finalidad de “mejorar “nuestras vidas o conocer nuestro futuro. Nadie enseña que estos son dioses ajenos y extraños, a los que si un día te inclinas en mínima aceptación, te quedas bajo su autoridad permanente. Y esa no es una opinión, es una aseveración. La gran duda es qué sucede cuando algunos de esos dioses, en realidad son demonios. Es un tema y un tema con suficiente actualidad como para no dejarlo a un lado. Recuerdo que en los primeros días de la cuarentena, en varios lugares del mundo se pudieron oír sonidos no habituales o extraños en el cielo, que hicieron preocupar a más de un impresionable y decir también a otros tantos, que Dios se había enojado. Y nosotros, que nos lo pasamos todos nuestros días hablando de un Dios de amor, que no tiene nada que ver con la imagen de ese viejo malhumorado con el que muchos lo han plasmado, por un momento nos quedamos en la duda: ¿Podría ser que, en algún punto de su universo y por alguna razón muy valedera y puntual, realmente Dios se hubiera enojado? Mi Biblia empezó a darme respuestas.

(Isaías 44: 15-19) = De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres tú. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol?

Dios está hablando aquí de los formadores de imágenes de talla. Y explica al detalle lo que es un ídolo que hace el hombre con diferentes elementos, así como todo el proceso de trabajo, y la paradoja casi inconcebible de tomar el resultado de todo ese trabajo rústico y casi técnico, para concluir en un objeto que se convierte en centro de la adoración suya. Ahora, por un momento, imagínate al Dios de todo poder, al Majestuoso Dios del universo, Creador de todo lo que se mueve, respira y está inmóvil ante nuestros ojos. Un hombre, su creación, se las ingenia para armar con sus manos un muñeco, darle un poco de pintura y decir que eso  que él construyó, desde ese momento, lo reemplazará a Él en su dedicación y su adoración. ¿Cómo supones que podría sentirse Dios al ver eso?

Dios nos conoce, eso es verdad. Y además, grande es su misericordia. Pero Dios nos creó con un chip que nos impele a adorar. Claro está que eso que tenemos en nuestro ser, fue puesto allí para que nuestra adoración sea para Él, de manera permanente, continua y, tal como Él ha dicho que la desea, en espíritu y en verdad. Así que de hecho, el hombre necesita adorar algo o alguien para sentirse pleno. Y como también existe la contrapartida de este Reino, que es el reino de las tinieblas, siempre saldrá una buena oferta de adoración extra por encima de la única correcta y posible. Desde las estatuas convencionales de los supuestos cristianismos entremezclados con paganismos, pasando por las que te proponen las diferentes culturas milenarias y no tan milenarias, y terminando con supuestas alternativas plenas en energías positivas y todas esas historias que seguramente conoces, el infierno se las ha ingeniado para sacar al hombre de la adoración establecida y meterlo en vericuetos raros que, en algunos casos, le ha costado mucho más que un mínimo dolor de cabeza.

Y es aquí, entonces, donde el hombre con alta preparación y capacitación intelectual, formativa y científica, suele expresar casi con ironía y burla: “Hay que ser muy ignorante y limitado para aceptar este tipo de idolatrías fantásticas y sin base sólida alguna”. No se equivoca, claro, pero solamente en lo que tiene que ver con una óptica para ver el tema. Porque desde la otra óptica, es más que evidente que él mismo, llegado el caso, está incurriendo en el mismo error que le está censurando a todos esos pobres ignorantes e incultos que caen en estas trampas sutiles. Porque esta parte de nuestra sociedad, no adora estatuas, tótems ni figuras estampadas, es muy cierto, pero tan cierto como que invierte ese chip de adorador para rendirle culto a otros dioses extraños que luego encontraremos con títulos muy conocidos: Poder, Fama, Dinero, Sexo, Arte, Deporte, Política, Esoterismo y una altísima gama más que componen un paquete snob, del cual ni siquiera podrá evadirse ni la limpieza, ni la familia, un esposo, una esposa o cualquier otra cosa que, ese hombre necesitado de adorar coloque por delante del Dios del universo.

¿Y Él? ¿Qué dice Él respecto a todo esto? Él ya habló. Isaías 45:22: Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. No es el único, hay decenas. Algunos como este del Salmo 81:9: No habrá en ti dios ajeno, Ni te inclinarás a dios extraño. Aquí Dios te dice: mírame a mí. ¿Por qué dirá eso? Porque sabe que hay muchos que dicen ser sus hijos, que no sólo no están mirándolo a él, sino que están coqueteando, flirteando con dioses ajenos, extraños. Pero aquí Él es claro: si lo miras solo a él, serás salvo. Si no…no habrá garantías, ¿Entiendes? Y luego te añade que a eso lo tendrán que hacer todos los términos, que son los confines, de la tierra. Porque ÉL es Dios y no hay nadie ni nada más fuera de Él. ¿Lo estás viendo? Entonces me queda la pregunta final. Sabiendo que un dios ajeno o extraño es todo aquello que pones por delante del Dios verdadero y único, te pregunto: ¿A qué dios te estás inclinando para adorarlo, hoy? No me escribas a mí respondiéndolo, díselo ahora, cuando termines de leer, a Él mismo, personalmente, como debe ser la comunicación entre un hijo fiel y su Padre. ¿Eres padre? Y tus hijos, ¿Le rinden respeto o atención a los padres de otros o solamente a ti? Ahí está tu respuesta, no la dejes ir. Tampoco a tu único Dios.

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