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La Proliferación de Los Sistemas

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     La gran pregunta que se encierra en el título, es: ¿Cómo rompemos eso? Quisiera tener una respuesta más concreta y contundente que esta, pero no la encuentro. El sistema del monte babilónico, se basa en siervos. El sistema del Reino se basa en hijos. Tú, que me estás leyendo hoy, ¿Tienes hijos? ¿Sí? Entonces pregunto: ¿Tienen algún escalafón de importancia tus hijos en tu familia? No. ¿Uno es más valioso que el otro por la causa que sea? No, ninguno. ¿Y entonces por qué en lo que llamamos la iglesia, sí? En lo espiritual, cualquier apóstol sacará a la luz de inmediato todo esto. ¿Y si no lo hace y lo deja circular? ¡No es apóstol! Hay redes apostólicas por centenares que funcionan con mecanismos babilónicos. De acuerdo, ya no está presente la odiosa palabra Denominación, pero Babilonia sigue presente, viva y muy activa. Y a veces peor que en las denominaciones, porque en estas, a veces, había más humildad.

     Lo cierto es que este diseño de Lucero, es el que ha forjado, nos guste o no aceptarlo, toda la identidad del hombre caído. Es perverso lo que él ha hecho, porque él sabe que el problema del hombre es el rechazo. Tuvo que dejar el huerto por el pecado, fue rechazado por Dios. Y él pasa a ser el protector, el que se levanta para decirle: mira, yo estoy dispuesto a darte todo lo que perdiste, ¡Ven conmigo! Y ahí, cuando el hombre es puesto en un sistema de competencias, el monte pasa a ser genial, brillante, espectacular. Porque todo se trata de escalarlo lo más rápido que se pueda y, el que llega primero, gana. Ahí nace la palabra Líder. Oye: el Reino no funciona de esa manera. Jesús lo enseñó muy claramente. Contó que un hombre contrató a obreros por la mañana, a otros al mediodía y a otros por la tarde, pero que a todos les dio un denario como salario. ¿Qué está rompiendo Jesús, allí? El diseño del esfuerzo.

     ¡Ah, no! ¿Cómo ese que llegó a la tarde va a ganar lo mismo que yo, que vine por la mañana? ¡Me voy ya mismo al sindicato! ¡Vamos a hacer una huelga! Pero llega el patrón y le dice: ¿No te prometí que si trabajabas te iba a pagar un denario? Sí. ¿Y cumplí o no cumplí? Sí, pero… ¡Pero, nada! Lo que yo haga con mi dinero, con tal que a ti te cumpla lo pactado, es asunto mío. De allí que Babilonia toma mucho del diseño de lo que está escondido, de lo ruin. Y un sello indeleble del apóstol, es que él aborrece Babilonia. Y con argumentos muy fuertes contra ella. En algún momento, y cuando todavía no había Iglesia Evangélica, la Iglesia Católica era la representación visible de Babilonia. Lutero termina con eso casi sin proponérselo. Él sólo los confrontó por causa de la corrupción en las indulgencias. Pero él seguía en misa, mientras tanto.

     Más tarde, cuando aparece la Iglesia Evangélica, (Y el término “evangélica” nadie sabe muy bien cuándo y dónde apareció, porque el término correcto era Protestantes), y se establece, de hecho, construye otra Babilonia. Sin la figura de un Papa, al menos rotulado como tal, pero Babilonia al fin. Ahora; ¿Por qué es tan fácil que el hombre se meta con Babilonia? Porque en su anhelo está el llegar a la cima de esa montaña, de ese monte. Porque un día él fue tomado de allí y quiere retornar. Pero no por gracia, sino por esfuerzo. El tema de Babilonia es muy interesante y hasta electrizante, te diría. La parte financiera, la parte emocional, el corazón y Babilonia.

     Es real, existe, pero mucho cuidado, porque no siempre donde la hemos ubicado. No todo lo que se mueve y respira dentro de un templo es hermano, de acuerdo. Pero tampoco no todo lo que no adelanta y reforma en dirección al Reino es Babilonia, tampoco. Puede ser simplemente ceguera. La misma que tú y yo teníamos hace algunos años cuando militábamos alegremente en babilonias de todos los colores, sin saberlo. Babilonia tiene que ver con esa acción del espíritu del hombre, por querer tener las cosas de Dios por esfuerzo. Con sus propias herramientas. Propio de esa creación imperfecta, de la que Lucero fue juzgado y de la que cayó. Por eso es que podemos decir con total seguridad que los apóstoles son confrontadores muy firmes del legalismo, de los sistemas religiosos y de Babilonia. Por lo tanto, un verdadero apóstol, genuino del Señor, jamás construiría un modelo donde ellos hicieran las veces de un moderno Papa. Ellos aborrecen ese modelo. Ahora ya lo sabes; tú verás qué haces o no haces con esto.

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diciembre 5, 2018 Néstor Martínez