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La Hora de la Espada

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     Al examinar el texto en el que se habla de la armadura completa de Dios, la segunda mitad de Efesios 6:17 declara que también debemos tomar “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”. La espada es la parte de la armadura que se utiliza para protección, pero es también la única arma ofensiva que nos han dado. Primero consideremos como se utiliza defensivamente. La espada del Espíritu se utiliza como arma defensiva sobre todo para bloquear la espada del diablo, que por supuesto es su palabra. El diablo profetizó repetidas veces sobre ti en todos los terrenos que se te ocurran. En cuanto te colocas la espada del Espíritu en tu mano, la utilizarás para bloquear esas profecías negativas simplemente al decidir creer la Palabra de Dios por encima de cualquier otra cosa.

     La espada del Espíritu puede bloquear cualquier palabra que nos envíe el diablo. Lo único que tenemos que hacer es utilizarla. ¿Acaso no es eso lo que hizo Jesús cuando fue tentado por el diablo? Repetidas veces dijo “¡Escrito está!” Si el mismo Verbo utilizó la Palabra escrita, ¿Cuánto más lo deberíamos hacer nosotros? ¿Qué palabras negativas se han pronunciado sobre ti? Palabras como: “Nunca tendrás éxito. Tu matrimonio va a fracasar. Vas a morir de cáncer como tu padre o madre”, etc. Debes tomar inmediatamente la espada del Espíritu en contra de estas espadas del diablo y hacer que retrocedan. Sólo serán profecías verdaderas si no las resistes.

     Hablemos ahora acerca del modo de usar ofensivamente la espada del Espíritu. 2 Corintios 10: 4-5 dice: Las armas que usamos no son las del mundo, sino que son poder de Dios capaz de destruir fortalezas. Y así destruimos las acusaciones y toda altanería que pretenda impedir que se conozca a Dios. Todo pensamiento humano lo sometemos a Cristo, para que le obedezca. El diablo construye fortalezas de engaño que mantienen prisionera a la gente con sus palabras negativas. Utiliza el temor para atar a la gente del mismo modo que el Señor utiliza la fe para liberarnos. Las palabras son sin duda la fuerza más poderosa del mundo. La Palabra de Dios tiene tras de sí el poder de Dios. Por eso lo que se dijo bajo la unción del Espíritu ha cambiado la historia mucho más lo que hubieran podido hacer los ejércitos.

     León Tolstoi, quien tal vez fuera el mayor novelista de todos los tiempos, dijo una vez La profecía es como un fuego que se prende en madera seca. Arde y continúa ardiendo hasta que toda la madera, la paja y el rastrojo sean consumidos. Tolstoi utilizó como ejemplo de esto la destrucción de la esclavitud. Cuando los hombres y mujeres justos dijeron con unción que la esclavitud estaba mal, comenzó a arder un fuego por todo el mundo. Tras unas décadas una entidad que había existido en todo el planeta desde los albores de la historia cesó de existir en la tierra, excepto en algunos lugares aislados y remotos.

     Durante la Guerra Civil estadounidense, cuando Abraham Lincoln conoció a Harriet Beecher Stowe, autora de “La cabaña del tío Tom”, le dijo “¡Así que Ud. Es la señora que provocó esta gran guerra!” Las palabras, sean habladas o escritas bajo la unción de Dios, tienen un poder sin igual sobre la tierra. A nosotros se nos ha confiado este poder, y debemos aprender a utilizarlos hasta que toda fortaleza sea destruida. Por supuesto, el dominio final del diablo sobre la tierra se romperá por la espada que vendrá de la boca del Señor cuando regrese. No obstante, no hemos de esperar hasta entonces para utilizar aquello que Él nos ha confiado.

      ¿Qué fortalezas existen en tu familia? Pídele al Señor que te dé palabras ungidas para pronunciar sobre tu familia. Halla las Escrituras que aborden el problema y comienza a declararlas, orarlas y creerlas. Declara la Palabra sobre tu situación ¿Hay fortalezas de maldad en la oficina o donde quiera que sea que trabajas? ¿Hay calumnias, murmuraciones, amargura o hurtos? Como cristianos, debemos considerar que es un insulto personal del diablo cuando hace este tipo de cosas en nuestro lugar de dominio espiritual, y debemos ir a la ofensiva en contra de él. Comienza a declarar la Palabra de Dios sobre tus compañeros de trabajo.

     Cuando lo hagas, no tienes siquiera que decirles lo que estás haciendo. Si se están cometiendo hurtos, decide primero que esta maldad no te va a conquistar a ti, y haz el firme propósito de siempre caminar en el nivel más alto de honradez e integridad. Toma la determinación de que el caminar en la verdad y el honor que le corresponden a un hijo del Rey es más importante que ningún ascenso o ventaja que te pueda conceder un poco de engaño. Cuando veas que los demás estén siendo dominados por este espíritu de engaño o de robo, pídele al Señor que te dé palabras para declarar sobre ellos acerca de cómo ellos van a ser ejemplos de integridad, honor, y demás. Verás cómo cambian las cosas. A veces pasa un tiempo hasta que se derriben las fortalezas más fuertes, pero no obstante caerán.

     Estos son sólo un par de breves ejemplos de cómo debemos aprender a utilizar la espada del Espíritu. Debemos ser libres. Debemos liberar a todos nuestros hermanos y hermanas en Cristo, y después debemos destruir toda fortaleza que el diablo ha edificado para mantener prisionera a la humanidad. Que el Señor nos halle haciendo esto cuando regrese. ¡Es hora de comenzar a usar la espada que nos han dado!

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enero 4, 2019 Néstor Martínez