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Año Nuevo – Palabra Antigua

Schoolchildren hold balloons as they pose during celebrations to welcome the New Year at their school in Ahmedabad, India, December 31, 2018. REUTERS/Amit Dave

     Si eres un conocedor de nuestro trabajo y uno de los hermanos en Cristo que nos acompaña de modo permanente, tú ya sabes que no me gusta ni me interesa en absoluto escribir cosas relacionadas con las distintas festividades que las sociedades, supuesta, o no supuestamente cristianas, suelen celebrar. Por ese motivo no has visto nada referido a una Navidad, que doy por descontado, tú ya sabes que es una celebración altamente tradicional y hasta pagana, que no tiene nada que ver con el evangelio de Jesucristo, y que sólo se respeta entre nosotros, en honra y afecto por nuestros familiares no creyentes, además de ser todavía bastante útil al consumismo clásico.

     Debería ser, y por obvias razones lo es, del mismo modo, para con la celebración del Año Nuevo. Cuando tú te remontas a la dependencia a un Dios eterno, que no tiene días, ni horas, ni meses ni mucho menos años, porque el tiempo cronos en la dimensión de lo No Creado, que es donde nuestro Dios habita en soledad, no existe, tomas conciencia que suponer que el 1 de Enero de 2019 debería ser absolutamente diferente al 31 de Diciembre de 2018, es otra expresión tradicional que, por su uso y costumbre, se ha arraigado profundamente en el hombre y la mujer del mundo occidental (En algunos lugares de oriente hay otras tradiciones) de modo que lo estiman como altamente importante.

     Sin embargo, hoy voy a hacer una excepción porque, entiendo, el comienzo de un año calendario que para nosotros como sociedad se presenta como inquietante o incierto en cuanto a lo que nos traerá, conforme a lo que no sólo yo, sino muchos otros hombres y mujeres que sirven al Señor han observado, visionado y hasta profetizado, puede ser un núcleo de trescientos sesenta y cinco días aptos para que se manifiesten algunas de las cosas preanunciadas desde el principio en la Palabra de Dios. ¿Arrebatamiento? ¿Rapto? No, porque quien suponga que para cualquiera de estas dos cosas, (Una bíblica, la otra doctrinal-denominacional-personal), puede conocerse con antelación, es evidente que no ha leído la Biblia con atención.

     El hombre no ha sido autorizado a conocer la forma en que serán los días finales en cuanto a su conclusión, (Y hablo de los tiempos finales de la iglesia, no de un hombre, lo cual lleva ese tiempo a muchos años calendario), ni tampoco sus fechas terrestres, pero sí ha tenido y tiene acceso a ciertos textos bíblicos que dan algunas pistas o señales de cómo habrán de ser esos días. Y he aquí que todo lo que en la Palabra se adelante en cuanto a las formas y la forma en que serán esos últimos tiempos, coinciden en un todo y hasta con asombrosa precisión con muchas de las cosas que vemos a nuestro alrededor o a través de la televisión o Internet, a lo largo y ancho del planeta.

     De allí que todo esto es, simplemente, para utilizar este canal de comunicación que sé que tiene mucha llegada a nuestros lectores, para que cada uno de ustedes observe las realidades circundantes, no ya con esa desesperanza y frustración como lo ha sido hasta ahora, por no poder ver la quimera de un gobierno de santos liderando el mundo incrédulo, sino con la certeza de que, aunque todo lo natural, circunstancial y material, comience a declinar y dañarse de manera considerable, y que eso de una u otra manera pueda salpicar a parte del pueblo de Dios, (Tal como habrá sido en el Egipto de Moisés y Faraón), la iglesia en su conjunto, (Y me refiero a la genuina, a la que no adora hombres, ritos ni doctrinas), irá creciendo y atreviéndose a salir en ese éxodo moderno que habrá de llevarla, a la propia y mismísima Canaán espiritual, que hoy es Cristo mismo.

     No tomes esto como una palabra profética ni una anticipación de algo que ocurrirá. Por la paciencia y la misericordia de mi Padre celestial, apenas soy capaz de administrar uno de los cinco ministerios, el de la enseñanza, y tengo mandato para enseñar esto. Deberás estar preparado para el llamado Nuevo Orden Mundial, que está en gestación y armado político, económico y religioso. Deberás estar muy bien plantado en el Señor porque someterse a ese Orden, será cómo hacerlo con la Bestia de Apocalipsis, ¿Recuerdas? Y que solamente los que perseveren tendrán victoria. Pero no una victoria bélica o política, sino una victoria espiritual que vendrá de la mano poderosa de Jesucristo de Nazaret. ¿Eso es todo? ¿No hay más? Sí, claro que hay más, pero todavía al Padre no le place que sus hijos lo sepan, así que se ha guardado muy bien de no utilizar su Espíritu Santo para enviarnos esa revelación. ¿Para qué? Para que sigamos firmes, velando y guardando su precioso evangelio, el que se nos confió para transitar esta etapa.

     En ese tenor y bajo esa óptica, déjame ahora caer en un lugar común y desearte, con total y absoluta sinceridad y honestidad ministerial, que tengas un excelente comienzo y desarrollo de este Año Nuevo humano y terrenal. En el amor del Señor y de todos aquellos que Él haya puesto como tu casa. Ah, y del mío, también, que aunque sea a la distancia y sin conocernos personalmente, fluye en cada letra que escribo, en cada palabra que digo, en cada palabra revelada que encuentro. Y que no es ningún mérito personal, sino simplemente poder tener la gloriosa misericordia de dejarlo fluir a Él y que sea Él quien los bendiga a ustedes.

Néstor/2019

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enero 1, 2019 Néstor Martínez