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¿A Quién Debe Parecerse la Iglesia?

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     Tengo una estadística elaborada por gente muy seria y desapasionada, que muestra que el setenta y cinco por ciento de los miembros de las iglesias cristianas, no están conformes con el andar de ellas en este tiempo. Lo que ocurre es que por años y años, la iglesia ha hecho un verdadero culto superior del activismo. ¿Y sabes lo que dice la Palabra?, que nosotros somos fuertes, si meditamos en Él. Y meditar, hasta donde yo sé, es escuchar quieta y atentamente. Y que no te quepan dudas, la gente, al menos en su gran mayoría, ama más a la iglesia que a Dios. Pero, a ver: ¿Es una ofensa, por ejemplo, hacer algo en homenaje a la iglesia? No. Lo que sí puede ser una ofensa, es hacer una fiesta en una casa, sin pedirle permiso o preguntarle si está de acuerdo al dueño de la casa. ¿Está claro? Así lo hacemos permanentemente como iglesia. Lo hacemos todo en su casa, pero no le pedimos permiso. Decimos que todo lo que hacemos es para Él, pero ni siquiera le preguntamos si le gusta o no, lo que estamos haciendo. Decimos que dependemos de Él, pero normalmente ya tenemos nuestros propios planes. De allí que no es ni aventurado ni mucho menos malintencionado decir que hoy no se depende de la voluntad de Dios, sino de las costumbres y las tradiciones. Pregunto: ¿Hay un novio que esté feliz de casarse con una novia que piensa así? No lo sé, pero todos nosotros seguimos pensando que sí…

     Hay gente que ha sido echada de una iglesia, sólo porque se atrevió a ir y decirle al pastor que Dios le había hablado y le había dicho algo opuesto a lo que el pastor pensaba. ¿Sabes qué? El mayor enfrentamiento, hoy, que tienen los auténticos creyentes de Reino, es contra una cultura enraizada en la iglesia. Una cultura que habla y sigue hablando de Dios, pero que lo ha sacado de sus agendas diarias hace mucho tiempo. Ese es el cambio más violento: ¿Vamos a seguir haciendo lo que ya sabemos que no está bien? Aquí hay uno que decidió no hacerlo, y ni por asomo presumo de ser el único, Dios me libre de serlo. Una iglesia, por exitosa que sea, jamás puede parecerse a su líder; tiene que parecerse al Señor.  ¡Es que yo ahora ya no pertenezco más a una denominación! ¡Me salí de ella hace tiempo! ¡Ahora formo parte de una red apostólica! Mira, hermano: si te saliste de un sistema antiguo, para caer en otro un poco más moderno, me temo que la cosa no ha cambiado demasiado, sigue siendo sistema por sistema. No es ese el tema. El tema es que nosotros dependamos, de una vez por todas, del Espíritu Santo conforme a lo que Él nos está diciendo.

     Para que quede claro, de lo que estamos hablando es de ser sensibles a la voz del Espíritu. Porque Él tiene soberanía como para hablarnos de la manera que sea, en el momento que sea y exponiéndonos lo que sea. Está en nuestra sensibilidad y discernimiento saber cuándo es Él y cuando es nuestra carne o el enemigo. Lo cierto es que es tarea apostólica salir a la palestra a decir que las cosas que se venían haciendo así y así, ya no se hacen más de esa manera y que ahora se tienen que hacer así y asá. Sin ir demasiado lejos, y sé que esto va a ser de identificación por no pocos, precisamente. ¿En cuántos lugares, todavía, se sigue celebrando, una vez al año y vaya uno a saber partiendo de qué argumento, El Día del Pastor? Y con fiesta, homenaje a toda la familia pastoral, obsequios, música dedicada y etc. ¿Día del Pastor? Perdón por mi pregunta tontuela, pero: ¿De dónde sacaron eso? Y digo más: ¿Cuáles son, entonces, los días del Evangelista, del Profeta, del Apóstol y del Maestro? ¡Ah, no! ¡Ellos no tienen su día! ¿Ah, no, eh? ¿Y pueden decirme por qué motivo? Ya, basta; mejor no me lo digas.

     Y eso no es todo: las personas que todavía insisten con celebrar estos días dedicados de homenaje, son las que luego, fuera de la iglesia, celebran los quince años de sus hijas exactamente como los celebra el ambiente mundano. Y arman las ceremonias de casamiento con los mismos rudimentos que vemos en las iglesias del catolicismo romano. Y hasta organizan las despedidas de soltero con las mismas “atracciones” anexas que acostumbra el mundo. Mira, hermano: el que acepta seguir cumpliendo con las tradiciones del sistema del mundo, termina siendo esclavo de ellas al punto de no poder tomar contacto con el Reino. Es mucho más simple de lo que lo hemos hecho. Conoceréis la verdad, y la verdad os hará… ¡Libres! Eso es todo. Yo no termino de entender hasta qué punto nosotros, somos capaces de proyectar un verdadero cambio, si por un lado decimos una cosa, pero por el otro vivimos casi de acuerdo con lo opuesto a lo que dijimos. Reitero algo dicho hasta el cansancio: no tenemos un bonito mensaje; ¡Somos o no somos el mensaje viviente! Y no se trata de legalismos o gustos personales, se trata simplemente de integridad.

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noviembre 27, 2018 Néstor Martínez