Cortar con la Herencia

Lo primero que quiero que usted sepa, es que es muy importante nuestro hablar, ya que como ha quedado demostrado en otros estudios, en la lengua hay poder para dar vida o muerte.

Usted puede decir al unísono conmigo: esta es mi Biblia, la Palabra de Dios. Y agregarle: Soy lo que mi Biblia dice que soy; tengo la libertad que mi Biblia dice que tengo, y puedo hacer todo lo que mi Biblia dice que puedo hacer.

Le propongo, ahora, mientras sigue con atención este artículo, leerla, escudriñarla y que el Espíritu Santo vivifique esta palabra en nuestros corazones transformando nuestras vidas.

Por ejemplo: Proverbios 26:2, dice algo que es sumamente importante: la maldición nunca vendrá sin causa. Esto, obviamente, quiere decir que por alguna conocida o desconocida causa, alguna maldición que llegue sí puede aferrarse de nosotros desde algún punto legal.

Generalmente, cuando pensamos en la palabra Maldición, pensamos inmediatamente en otra palabra: Enemigo. Porque a todas luces es un enemigo quien puede lanzarnos una maldición. Aquí cabe señalar que, cuando los creyentes hablamos de enemigos, generalmente nos referimos a huestes satánicas de maldad. Claro que, conjuntamente con Satanás mismo, deberemos considerar la acción de todos aquellos que le sirven.

Así como nuestros hermanos en Cristo, hermanos en la fe, son los del cuerpo de Cristo, aquellos que están del lado de nuestro enemigo son los brujos, hechiceros, satanistas. De allí que no resulte ilógico que él se sirva de ellos para lanzar una maldición, un hechizo, un encantamiento sobre nuestras vidas, sobre la vida de la iglesia en conjunto o sobre la vida, incluso, de nuestra nación.

Durante una época de la historia argentina, la nación prácticamente fue gobernada bajo la influencia de un brujo declarado. La maldición que él profirió sobre el país cuando lo desplazaron, fue una de las causas indudables de todo lo horrible, trágico y macabro que se vivió luego por espacio de casi diez años, de los cuales aún hoy quedan reminiscencias de odios y rencores sin sellar.

Ese precio tan alto se pagó, principalmente, por la ignorancia y hasta la incredulidad del pueblo de Dios, formado en las escuelas tradicionales con una alta cuota de escepticismo con respecto a las artes ocultas. El posterior despertamiento del cuerpo de Cristo posibilitó introducirse en una guerra espiritual de oración e intercesión que llevó, finalmente, a revertir esa maldición en bendición.

Nosotros sabemos muy bien que esas maldiciones jamás provienen de Dios, sino de Satanás. Y que éste usa a personas para llevarlas a cabo. Y digo esto porque, aunque parezca increíble, muchos llamados "cristianos”, han ido en búsqueda de brujos o brujas con el fin de hacerle algún maleficio a otro hermano. Son cosas que todos los ministerios pastorales saben muy bien que se producen, aunque cueste creerlas, pero en la mayoría de los casos, se ha optado por mirar hacia otro lado y no tomar participación efectiva.

Entonces, el nombre del efecto no podría ser el de “causas de una maldición”, sino el por qué una maldición puede llegar a asirse de nosotros. LA idea, aquí, es, por lo menos, encontrar una de las causas por las cuales una maldición puede llegar a causarle problemas a un creyente.

Las bendiciones y las maldiciones sobre la raza humana, son tan antiguas como el hombre mismo. Desde el libro del Génesis las tenemos presentes con clara evidencia. Cuando leemos cómo Dios crea al hombre, entendemos que es para que sea señor, para ser bendecido. Y las bendiciones mismas fueron creadas para, precisamente, bendecir al hombre. Concretamente, el plan de Dios es un plan de bendición.

Ahora bien; las bendiciones, van de la mano de otra palabra muy importante y valiosa que se llama Obediencia. Por consiguiente, las maldiciones, también irán de la mano de otra palabra no menos valiosa e importante: Desobediencia. El relato bíblico tiene huellas muy claras de los dos conceptos.

Porque Dios pone al hombre en el huerto y le dice: “Si me obedeces y haces mi voluntad, no vas a tener problemas; todo te va a salir bien y tendrás felicidad completa. Pero si llegas a tocar el árbol que no te permito tocar, las cosas serán totalmente a la inversa, y… ciertamente morirás.”

Dios le da todo y lo habilita para ser señor. Pero actúa, como siempre, colocando un parámetro, un límite preciso al libre albedrío; una forma muy clara para saber si el hombre se va a alinear o no con su propósito. El símbolo son los dos árboles: el de la Vida y el de la Ciencia del bien y del mal.

Es necesario entender algo muy serio: en la tierra, hoy, hay dos voluntades. Sólo una tiene derecho de llamarse voluntad: es la de Dios. Porque sólo una voluntad existía. Porque sólo Dios existía. Todo lo demás fue creado conforme a su voluntad. Un día, Luzbel, una creación de Dios, se rebela y es arrojado del cielo. Aquí tiene usted bien claro un principio que le va a hacer muy bien a su vida: cuando existe una segunda voluntad, (Venga de donde venga) que choca con la de Dios o se opone a ella, eso no se llama voluntad: se llama Rebelión.

Por lo tanto, hoy tiene usted dos alternativas en la tierra: una es la voluntad, y la única voluntad es la voluntad de Dios. La otra alternativa, es alinearte con lo que se denomina como “voluntad del diablo”, y esto es ser rebelde a Dios.

Dios fue claro: le dijo al hombre: “puedes comer de todo lo que se te antoje, pero mi voluntad es que de ese árbol que tú ya sabes, no comas.” Y le agrega que si come, de cierto morirá. Para Adán, comer de todo lo que tenía a su disposición, era bendición, pero la desobediencia a su voluntad comiendo lo que se le había prohibido, produce maldición.

Ahora bien; ¿De qué muerte está hablando Dios? Tiene varios aspectos. Hablemos primero del choque del hombre con la voluntad de Dios. Dios tiene una sola voluntad; no miente, no se arrepiente. Entonces vengo yo, usted o cualquiera y nos enfrentamos día a día, minuto a minuto, con la voluntad de Dios. Si decido alinear mi voluntad con la suya, mi acción se llama obediencia, el fruto es vida y se llama bendición. Pero si en ese encuentro yo opto por mi propia voluntad (Y como no existe una tercera ya que sólo hay dos, de hecho esta es voluntad del diablo, aunque él se las ingenie para influirnos en nuestra mente como que es nuestra) eso se llama rebelión, su nombre es desobediencia y su fruto es muerte: ciertamente morirás.

Quizás a nosotros nos cueste entender esto por una cuestión de tiempo, pero el encuentro del hombre con la voluntad de Dios o, produce vida, o produce muerte. “-¡Pero hermano! Dios le dijo a Adán que, ciertamente moriría, pero resulta ser que yo veo que Adán, después de todo esto, vivió como novecientos años…-“ Sí, pero murió.

Hay dos tipos de muerte. Es un proceso. Ese ciertamente morirás no fue algo instantáneo ni algo inmediato; No cayó allí mismo Adán, fulminado en el acto; no fue así. Ciertamente murió, pero murió de dos formas, ya que aquí hay muerte física y muerte espiritual que es mucho más grave. Él se hizo acreedor a la muerte física porque Dios dijo: Ah, ahora el hombre es como nosotros, que conoce el bien y el mal; entonces no lo dejemos comer del árbol de la vida para que no viva para siempre…

Entonces se produjo muerte. Muerte física, porque el hombre ya no pudo comer del árbol de la vida para vivir para siempre y tarde o temprano, murió físicamente. Pero también se produjo muerte espiritual, porque como se puede leer, lo echó fuera Dios; lo sacó del huerto y además dejó allí una espada encendida como para que no volviera. Lo echó de su presencia, fue separado de Dios. Y cualquiera sabe que muerte espiritual es eso: estar alejado de Dios.

Ahora, lo que yo quiero mostrarle, es el proceso de esa muerte. El hecho de que el cumplimiento de la sentencia de Dios toma tiempo, resulta muchas veces un equívoco para el cuerpo de Cristo. Nosotros abrimos la Biblia y leemos que el señor XX pecó y allí pasa el tiempo y leemos una consecuencia.

Vemos, por ejemplo, la vida de David. Pero nuestra vida también tiene lo suyo. Un día lunes cometemos una falta, o fallamos, o caemos, o sencillamente pecamos; le fallamos a Dios con rebelión o desobediencia y, antes de arrepentirnos, o pedir perdón, empezamos a ver que no nos pasa nada el martes, ni el miércoles, ni el jueves; y creemos que nosotros somos muy inteligentes, o muy duchos, o muy bienaventurados. O tal vez el asunto ese de la Gracia y del Nuevo Pacto. ¡Oh! ¡Dios es tan bueno que, seguramente, dejó pasar este asunto sin necesidad de pedirle perdón!

Sin embargo, esto es un proceso. Tres años después viene una maldición y, obviamente, encuentra de donde agarrarse. ¡Y la gente ya no recuerda más, tres años después, de dónde salió todo esto! Y llora, grita, se desespera, se enoja y clama: ¿Por qué, Señor, por qué?

Ahora bien; en ese proceso, suceden varias cosas de las que quiero hablar. No le pasa nada a usted ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves. Tampoco le sucede nada en el 2001, ni en el 2002 ni en el 2003. No sucede nada aparatoso. Usted no se muere, ni lo traga la tierra, no le cae un rayo, no se le presenta Satanás en persona ni nada por el estilo.

Entonces el hombre camina en ese proceso degenerativo casi sin darse cuenta. Porque la muerte espiritual, es un proceso degenerativo. El mundo tiene esa semilla. El hombre peca un poco, y dice: “Mira…no me ha ido tan mal!!” Entonces va y traspasa la línea otro metro y peca un poco más. Lo que no se da cuenta es que eso que cuando estaba allá le parecía horrible, ahora no le parece tan malo. Es decir: se está degenerando por dentro. Y cada vez se va alejando más de Dios.

Ese proceso lleva una semilla de autodestrucción. Y se aleja más y más de Dios; hasta que ya no hay retorno o hasta que pueda haber algún tipo de retorno sólo por la misericordia de Dios, como sea; pero no necesitamos atravesar esa línea. Dios fue el que estableció la sentencia. Le dijo: Si comes de él, ciertamente morirás. Y aquí retornamos al punto inicial: el encuentro del ser humano con la voluntad de Dios define su vida.

Por ejemplo, cuando nos convertimos, alguien nos dice, (A mí, particularmente, hace ya más de veinte años) que con el corazón se cree para justicia, mas con la boca se confiesa para salvación. Es necesario que aquel que cree con todo su corazón y confiesa con su boca a Cristo, sea salvo. Y entonces me vi confrontado con la verdad. Entonces, alinearse con esa verdad de Romanos 10:8-10, ¿Qué me trajo a mí? Vida. Vida eterna. Bendición. Salvación. El no alinearse con esa verdad, ¿Qué me hubiera traído? Naturalmente: muerte.

Entonces, nosotros caemos, cometemos faltas, fallamos, pecamos, y como no nos sucede nada en forma inmediata, nos engañamos. “¡No pasa nada!”, podemos pensar y hasta decirlo. Sin embargo, en Gálatas 6:7 dice: No os engañéis; Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. El hombre, fuera de la voluntad de Dios, muere irremisiblemente, porque la paga del pecado es muerte.

Pero veamos el otro lado, el de la bendición. Si dice ciertamente morirás, ¿Cómo sería si Adán o si nosotros mismos hubiéramos respetado la voluntad de Dios? Obvio; lo contrario a ciertamente morirás, que es ciertamente vivirás. Esto es: será usted vivificado, cosa que también es un proceso. Y también nos confundimos aquí. Porque el creyente está siendo vivificado. Está viviendo, recibiendo y manifestando vida. Dios en nosotros produce vida y combate a la muerte; no sólo en el sentido físico sino también en el sentido espiritual.

(Romanos 8: 11)= Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Esto quiere decir que Dios nos vivifica o nos da vida cuando seguimos su voluntad. Aquí es donde entendemos aquel pasaje que dice que aquel que tiene algo y lo usa, recibe más. Pero que el que tiene algo y no lo usa, lo que tiene, le será quitado. Es más que obvio que no habla de cosas materiales, sino espirituales. Aprenda a leer la Biblia, por favor.

Cuando tenemos la vida de Cristo y perseveramos en ella, y caminamos con Cristo, y avanzamos en Cristo y vivimos en Cristo Jesús, somos vivificados más, más y más. Es decir: tenemos vida eterna y nos acercamos a Dios. Pero en caso de morir, el tema es similar: se muere más, más y más; se separa más, más y más de Dios. Nuestra actitud en el encuentro con la voluntad de Dios, es el que modifica nuestra vida. Tengo siete versículos que confirman lo que le dije.

(Salmo 119: 25)= Abatida hasta el polvo está mi alma; vivifícame según tu palabra.

(Verso 107)= Afligido estoy en gran manera; vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.

(Verso 149)= Oye mi voz conforme a tu misericordia; oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio.

(Verso 154)= Defiende mi causa, y redímeme; vivifícame con tu palabra.

(Verso 156)= Muchas son tus misericordias, oh Jehová; vivifícame conforme a tus juicios.

(2 Corintios 3: 6)= El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, más el Espíritu vivifica.

(1 Corintios 15: 22)= Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

Siempre, en la Biblia, honrar y acatar la voluntad de Dios es motivo de vida, y el oponerse es motivo de muerte. ¿Qué pasa con la desobediencia? Esa es la pregunta que se hace mucha gente. Si nos remitimos a Adán y Eva, vemos que ellos sufrieron la muerte espiritual, la separación, el alejamiento de Dios y, aquí está la clave, recibieron el conocimiento del mal.

Dios se ve en la obligación de expulsarlos del huerto para, -él lo dice-, que no coman del árbol de la vida y viva para siempre. ¿Por qué? Precisamente porque ahora, el hombre, conocía el mal. ¿Usted cree que el hombre conocía el bien antes de comer el fruto? ¡Por supuesto! ¡Era lo único que conocían! ¡Conocían a Dios! ¡Estaban con Dios! ¡Estaban en Dios!

La serpiente le mintió al hombre. “Vas a conocer el bien y el mal y vas a ser como Dios”, le dijo. Pero ellos no tenían ningún interés en conocer el mal. Pero el hombre no sólo se alejó de Dios, sino que conoció el mal.

Conocer el mal combinado con separarse de Dios, guía a un proceso de autodestrucción. Y esto tiene que ver con las maldiciones, porque las maldiciones son habladas. Dios habló. Dijo: si comes de él, ciertamente morirás. Y una vez que Dios habla, la Palabra sigue funcionando, independientemente del lugar o del tiempo. La Palabra sigue teniendo fruto. Por eso la maldición sigue destruyendo a la persona, cuando la persona comete esa falta, desobedeciendo a Dios; ciertamente morirá. Y sigue produciendo ese fruto, esa maldición, hasta que es cortada, cancelada.

Hay un concepto, bastante moderno, que habla del árbol genealógico. Uno dice que el hombre es un producto del pasado. La Biblia, aquí, está diciendo que cuando el pueblo de Dios lo respeta, Él lo bendice. Y no sólo bendice a ese hombre, sino a sus hijos, a sus generaciones. Cuando el pueblo desobedece y se rebela, la maldición viene sobre ellos y empieza todo ese dolor. Cuando el pueblo gime y se arrepiente, vuelta otra vez a revertir el proceso y caminar en bendición.

Fíjese que cuando Dios habla de un pueblo, está hablando de un marco de cuatrocientos o quinientos años. Se habla de cuarenta años como quien habla de cuarenta días. Está hablando de una generación antes, de una generación durante y de una generación después. Se está hablando que nosotros somos un producto del pasado y que tenemos marcas de nacimiento y que, esas marcas, hacen que nosotros reaccionemos ante la vida de ciertas formas. Aquí coinciden la ciencia agnóstica y la fe espiritual; la psicología secular, por ejemplo, también ha llegado a esta conclusión. Sólo que la solución únicamente está en Cristo. No hablo de tratamiento, no hablo de ayuda, no hablo de terapia, ni siquiera hablo de herramienta: Hablo de una solución que verdaderamente sea solución.

Dice la Palabra, que Abraham era un hombre de carácter muy suave. En cambio Sara, su mujer, era de carácter muy duro; y era la que mandaba en la casa, de eso no hay dudas. Un día ella le dijo: “Mira Abraham; ya estamos viejos y no tenemos hijos. Dios no se apura y el tiempo se nos está pasando. Ahí está Agar, la sierva. Haz lo que tengas que hacer con ella y tengamos un hijo ya, ahora.”

Y Abraham dijo que sí… Cuando nació isaac, el asunto ese ya no le gustó tanto a Sara y dijo: “Abraham; ahora ya no la quiero más; sácala de aquí” Y Abraham la sacó… Todos conocen la historia. Sólo Dios tuvo misericordia de ella.

Por lo que hemos podido ver; ¿Cómo le parece usted que se arreglaban los problemas en la casa de Abraham? Parece que se arreglaban cortando las relaciones. “Ahora que se vaya Agar y se acabó”. Como si nunca jamás hubieran existido. Y sacan a Agar e Ismael de la casa y ahí, no cuesta demasiado imaginarlo, pese a la diferencia de las épocas, se va una parte del corazón de Abraham. Después de todo, Ismael era un hijo suyo. No era insensible, pero ni dijo nada, cortaba las relaciones.

El patrón de la vida de la casa de Abraham fue heredado por Isaac. ¿Usted recuerda que en un par de ocasiones, llegando a una ciudad, Abraham, que era de un carácter apocado, dijo: “¡Ay, no, Sara! ¡Por culpa tuya me van a matar! ¡Vamos a decirle que eres mi hermana!” ¡Y la mandó a acostarse con el rey! Está muy claro; él era de carácter débil y ella, la figura protectora de la casa.

Ahora regrese a Isaac. Cuando Isaac crece, se casa con Rebeca. ¿Y qué hace Isaac? Lo mismo que hizo Abraham. “Dile que eres mi hermana…” Después de esto, cuando Isaac tiene hijos, nacen Jacob y Esaú. Usted conoce esa historia. Jacob le roba la bendición a Esaú. ¿Por qué? Porque Rebeca es ahí la que decide qué es lo que se hace. Y a ella le parece que tiene que ser Jacob el que reciba la bendición y no Esaú. Entre todos engañan a papá. Después, como hay un problema entre Jacob y Esaú por eso, Rebeca usa para solucionarlo, el mismo patrón que usó Sara, su suegra: cortar la relación. “¡Jacob! ¡Tú te vas ahora mismo a la casa de mi hermano Labán! ¡Pon tierra de por medio con Esaú y no vuelvan a hablarse! Corta la relación.

¿No estamos viendo infinidad de casos así, en este tiempo? Yo me peleo con tal o cual y cortamos todo trato. Es como si no existieran ni el uno ni el otro. Es como si ambos estuvieran en distintos países. Se corta la relación. Sin embargo, la solución no pasa por allí espiritualmente, sino en realizar un corte, en oración, sí, pero con la herencia. Con los patrones recibidos en todos los años de crianza. Sin embargo, le decía, a Jacob podemos llamarlo un personaje “transicional”. Porque Jacob tiene un encuentro con Dios, usted recuerda eso. Dice que tuvo una lucha con Dios y que Jacob venció. Jacob, allí cambia por dentro e inicia el camino para ir a buscar a su hermano Esaú. No sin miedo, ¿Eh? Le envía embajada tras embajada, como para ir suavizando la cosa.

Sin embargo, restablece la relación. Esaú le dice: ¿Por qué me mandaste todo eso, hermano mío? Y se abrazan y se sana la relación. Esa es la parte activa que prosigue a la de la oración de corte espiritual: restaurar lo roto. Estoy hablando de un tema de fondo porque sé, en mi corazón, que nosotros venimos acarreando una serie de cosas que nos han privado de vivir la bendición que sabemos hay. Seamos honestos. Ni como nación (Y aquí me refiero a Argentina), ni como Iglesia (Aquí me refiero a donde corresponda), ni como familia (La propia, la suya, todas) ni como personas individuales vivimos la plenitud que Dios nos ofrece.

Dios reclama de nosotros que seamos transicionales, no tradicionales. Suenan parecidas ambas palabras, pero son la antítesis la una de la otra. Que reconozcamos, prime3ro, que venimos acarreando sombras causadas por pecado, por desobediencia y rebelión. Que nos paremos delante de Dios a clamar el arrepentimiento y el perdón y cambiar esa maldición por bendición. Para nosotros, para nuestros hijos, para nuestra iglesia, para nuestra ciudad, para nuestra nación. En suma: para las generaciones que vienen detrás de nosotros, sin olvidar las anteriores, naturalmente.

Dios está reclamando y demandando que haya un remanente que SEA, que HAGA, que se PONGA en la brecha para cambiar y que cambie. Es usted un vaso lleno de Cristo que tiene que salir a derramar a Cristo sobre los que no le conocen. La pregunta es: ¿Hasta dónde está hoy de lleno su vaso?

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Evitando Maldiciones

A esta altura de la vida, deben ser muy pocos los creyentes que ignoran la existencia de maldiciones que pueden perturbar sus vidas o, lo que es peor, molestar su relación con el Señor. Deben ser muchos menos, -quiero suponer- los que todavía no tienen ni la menor idea de que esto verdaderamente existe, que es bien real y que, si se desconoce o no se le da importancia, puede convertirse en un mal terrible capaz de desencadenar cualquier cosa, incluida las peores que usted pueda imaginarse. La pregunta, entonces, que el natural temor nos produce, es: ¿Pueden evitarse? ¡Claro que pueden evitarse! ¿Usted conoce alguna treta del diablo que no pueda ser neutralizada por el poder y la estrategia de Dios?

La primera causa por la cual pueden llegar maldiciones a su vida, es el separarse de Dios para ir detrás de dioses ajenos, de dioses falsos. Allí entra una rama que es la del poder: Hechicería, Brujería, Encantamiento, etc. Hay otras dos ramas que son las del conocimiento, (Astrología, Religiones falsas) y la de los objetos (Fetiches, Amuletos, etc.) De esto ya hemos hablado en otros estudios.

Pero aquí vamos a incursionar en un tema totalmente distinto, que tiene que ver con ese flagelo llamado “maldiciones”, pero que también se podría ubicar en principio, como Pecados Morales. Esos son los pecados contra la ética, pecados sexuales, etc. Lo invito a ir al libro de Deuteronomio para ver una verdadera lista muy clara de doce pecados que producen maldición, según Dios mismo.

(Deuteronomio 27: 15)= Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová , obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.

Preste atención: no está hablando aquí de aquel que adora imágenes, eh? Eso ya fue dicho. Aquí la maldición alcanza, por decreto de Dios, A los fabricantes de imágenes, ya sean artesanos, artífices o empresarios de fábricas elaboradoras en serie de estos objetos. Se lo comento por las dudas, vio? No sea que el diablo tenga engañado por allí a alguno, murmurándole al oído algo así como: “No te hagas problemas; basta con que tú no los adores, puedes seguir ganándote la vida fabricando esos muñequitos para los idólatras religiosos…” ¡Mentiroso!!

(Verso 16)= Maldito el que deshonrare a su padre o a su madre.

Este verso no necesita ninguna acotación. Todos sabemos muy bien lo que significa honrar o no honrar a nuestros padres. Cuidado: esto no tiene absolutamente nada que ver con que ellos se lo merezcan o no; tiene que ver con una cuestión de obediencia a un mandato del Señor.

(Verso 17) Maldito el que redujere el límite de su prójimo.

Esto no tiene nada de moral, pero sí se relaciona con la ética: robarle algo a nuestro prójimo, reducirle los límites de su propiedad, introducirle las manos, ya sea compulsiva o pacíficamente, en sus bolsillos sustrayéndole algo que le pertenece por cualquier método, desencadena juicio de maldición. Pastor: a la hora de la ofrenda, es lícito y hasta obligatorio si usted quiere, recordarle al pueblo la voluntad de Dios respecto a nuestra generosidad. Eso será bendito. Si por el contrario, su necesidad o algo similar lo lleva a usted a intentar alguna clase de manipulación emocional para producir mejor ofrenda, jurídicamente será figura de robo, de achicar límites a su prójimo. Eso será maldito.

(Verso 18)= Maldito el que hiciere errar al ciego en el camino.

Esto tiene dos facetas: la literal, que implica el pecado de aprovecharse de una persona privada de su vista, y la espiritual, que sería el aprovecharse de la ignorancia espiritual de alguien haciendo que ere el camino, que erre el blanco, por motivos de intereses personales o sectoriales.

(Verso 19)= Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda.

Este pecado, en líneas generales, tiene que ver con alguna determinada actitud de acepción de personas, sea por su color de piel, su condición social o razones étnicas.

(Verso 20)= Maldito el que se acostare con la mujer de su padre, por cuanto descubrió el regazo de su padre.

Es obvio que no se hace alusión a la madre de quien comete el pecado, sino a una segunda esposa de quien es su padre. De lo primero no se puede ni hacer mención, pero de lo segundo, a muchos les ha parecido que “no era para tanto”, ya que se trataba de una desconocida…

(Verso 21)= Maldito el que se ayuntare con cualquier bestia.

Esto, que en el argot científico se denomina “zoofilia” y que puede parecer tan deleznable para un creyente, sin embargo ha tenido resonantes casos en varias sociedades y no pocos en los círculos determinados como “religiosos”.

(Verso 23)= Maldito el que se acostare con su suegra.

Otro que parece exento de mayores comentarios, pero que sin embargo (Y ciertos programas de televisión desinhibidos son prueba palpable, evidencian su factibilidad en la realidad.

(Verso 24)= Maldito el que hiriere a su prójimo ocultamente.

Puede tratarse de heridas físicas, de hecho. Pero creo que tiene que ver mucho más con las heridas anímicas. ¿No es el tratamiento cargado de hipocresía una herida a la dignidad de un ser humano? Averigüe, por favor, en qué lugar, dice la Biblia, que nació la hipocresía.

(Verso 25)= Maldito el que recibiere soborno para quitar la vida al inocente.

Esto, en lo literal, tendrá que ver con los asesinos a sueldo, con el crimen por encargo. Típicos de las organizaciones mafiosas, pero en el ámbito espiritual, tiene directa vinculación con las injurias, calumnias y ataques contra hombres o mujeres ungidos, hechos por sectores de la religión organizada que atentan contra la vida, en este caso espiritual, de un inocente.

(Verso 26)= Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas.

Además de tener en claro que lo que puede atraer una maldición sobre una persona es la adoración de dioses falsos, aquí se nos ha dado una muy definida lista de doce pecados por los cuales se recibe maldición.

La tercera causa de maldición, es: Maldecir al Pueblo de Dios. La sociedad secular ingresa en maldición casi sin sospecharlo, porque en más de una oportunidad y fuere por lo que fuere, ha proferido palabras ofensivas, (Decir mal, Maldecir) en contra de la Iglesia del Señor. Pero en lo literal, también tiene su ejemplo, aunque a muchos pueda resultarle molesto, en una palabra que a nadie agrada: antisemitismo.

(Génesis 12: 2-3)= Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren, maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

¿Cuánto tiempo hace que Dios le dijo esto a Abraham? Miles de años. Sin embargo, esa maldición permanece: la bendición también. En lo estrictamente literal y lineal, relativo al pueblo de Israel hoy, se lo merezca o no como nación; esto es lo dicho: antisemitismo, el típico y hasta incomprensible odio al judío, un odio por el odio mismo, la mayoría de las veces, sin una causa justa. Hay creyentes que han sido engañados de tal modo por el diablo, que dicen odiar a los judíos “porque mataron a Dios” (??) Espiritualmente, en cambio, par todos los hermanos en la fe herederos de Abraham, no ya por raza o sangre o genética, sino por la fe en Cristo. Si bendecimos, recibimos bendición; si maldecimos, recibimos maldición; no hay alternativa, no hay término medio, no hay opción. Es decir: no hay justificación alguna delante de Él.

(Génesis 27: 29)= Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.

Cuarta causa de maldición: Confiar en el hombre.

(Jeremías 17: 5)= Así ha dicho Jehová: maldito el hombre que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.

Ya sé que esta es una escritura evangélicamente trillada, altamente difundida. La hemos visto, leído, predicado y comentado cientos de ocasiones. Lo que me estoy preguntando es sí, definitivamente, alguna vez la hemos puesto en práctica.

“- Y…¿Sabe hermano..? Yo andaba muy bien, ¿Me entiende? Pero un día se descubrió que el pastor cometía fraude con los dineros de la iglesia. Y… fue un golpe muy fuerte para mí y me desmoroné…-“ ¡Se equivocó mi amigo! Puso usted sus ojos en un hombre; pastor, siervo ungido en su momento, es verdad, pero hombre al fin…

“- Yo estaba excelente… Pero cuando ese americano evangelista que predicaba por la televisión cayó en pecado, me sentí tan avergonzado que, por un tiempo muy extenso, no quise saber más nada ni con la Iglesia ni con los hermanos…-“ ¡Ah! ¿Y qué le interesa a usted un americano que cae en pecado más allá de la compasión que por cualquier pecador se podría experimentar? ¡Jesucristo es el mismo y no cambia! ¡Dios todavía está sentado en el trono!

La bendición, entienda, tiene relación directa con Jehová como Dios y nosotros como hijos fieles que le obedecen. Pero la maldición tiene relación con Jehová como Dios y nosotros buscando metodologías alternativas. La motivación para esta transgresión está en el deseo del hombre de ser independiente de Dios. Cuando el hombre descansa en su propia habilidad, su conducta revela que ha descansado más en sí mismo que en Cristo. El resultado es y será conforme a esa decisión. ¿Por qué? Porque al elegir confiar en nosotros o en otro hombre, estamos despreciando a Dios y ese desprecio, nos trae maldición. Aproveche la bendición de este artículo, pero no alabe, adore o admire a su autor o a este ministerio. Ambos son apenas instrumentos escogidos para esto.

(Jeremías 17: 6)= Será (El varón) como la retama del desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales del desierto, en tierra despoblada y deshabitada.

¿De qué le habla eso? De sequedad, de infertilidad, de ausencia de frutos, de todo seco, de muerte. LA ilustración de una persona que ha desairado a Dios, es esa: frustración, esterilidad. ¿Ha visto usted algo de esto cerca suyo?

Y aquí hay que tener cuidado con algo muy singular. Todos los grandes movimientos de Dios han tenido esto. Ha venido el poder de Dios, por la gracia, por la misericordia, por la pura compasión de Dios y levanta una obra. Pero cuando a continuación llega –esto se ha visto mucho, lamentablemente- el poder de los números, el poder del dinero, el poder humano, se separa de Dios y: pierde el poder, pierde la unción. El apóstol Pablo examina esto en su carta a los Gálatas.

(Gálatas 3: 1)= ¡Oh Gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, (Fascinó, quiero aclararle, es un sinónimo de Encantar, y Encantar, es sinónimo de Hechizar. Es muy frecuente que nosotros digamos, en muchas ocasiones, que tal cosa nos fascinó, o que esto es fascinante, o que aquello nos encanta. Aprenda. Ni Fascinar, ni Encantar, son términos buenos para que los utilicemos los creyentes. Y le puedo asegurar que no me coloco en posiciones legalistas ni anticuadas. Lo que trato de hacer es que no se ate a nada que luego pueda tener que lamentar). A vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?

Esta influencia satánica ha venido a oscurecer la única fuente de la gracia de Dios. El centro del mensaje del evangelio, es Cristo crucificado. Ese es el centro del mensaje. El Cristo crucificado es el que nos trae la vida. LA crucifixión nos lava, nos limpia de pecado. Una vez separados de la gracia de Dios, fíjese: se lo reitero, grandes movimientos levantados por el poder de Dios. Crecimiento. Prosperidad, popularidad, todo lleva a que sus responsables, se aparten de Dios. Un día el poder se retira, y… ¿Qué ocurre? ¿Qué sucede cuando los hombres ven que el maravilloso poder de Dios se ha retirado? Lo reemplazan inmediatamente por una serie de leyes religiosas. “- Ustedes se van a una secta-“ “-Ustedes no se pueden ir, o ustedes pierden su salvación, o ustedes están fuera de cobertura…-“ Las leyes. Para sujetar, para retener, para no dejar que las cosas se vengan estrepitosamente al piso. Allí es donde se suele ingresar en la manipulación, que es como decir que, dentro de una congregación que se dice cristiana, entra la Hechicería.

Y le pido que no piense en ningún nombre propio. Aunque lo que digo coincida con algo o con alguien que usted conoce, ni se le ocurra pensar en un nombre y un apellido. Porque esto, es obra del diablo. Y nuestro trabajo es estudiarlo para prevenirlo, no arrojarlo como al descuido para que algún sufriente irresponsable pretenda hacer justicia por su propia mano. Eso, también es obra del diablo.

(Versos 2-10)= Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por el oír con fe? (Pregunta contemporánea si las hay)
¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Si es que realmente en vano, aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?
(Pregunto: ¿Recuerda su época de recién convertido?)
Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia. (Así también nosotros)
Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. (¿Y los que no son de fe?)
Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: en ti serán benditas todas las naciones. (¿Leyó bien? TODAS)
De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición
, (Por eso son agrios y malhumorados) pues escrito está: maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

Lo que sucede, entonces, como vemos, es que cuando Dios retira su poder de un lugar a causa del apartamiento del hombre para con lo que es su voluntad, aparece el legalismo. Cuando el espíritu de hechicería entra a una iglesia o a un grupo, junto con él, llega el legalismo. Porque el legalismo es lo ideal para poder sujetar a la gente. Para poder dominar, intimidar o manipular a la gente.

El legalismo se define de dos formas: 1)= Como el intento de alcanzar la justificación de Dios a través de una serie de reglas. Romanos 3:20 dice: Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 2)= El legalismo también puede ser definido como un intento de imponer normas más allá de la misma Biblia. Normas extra de justicia, más allá de las que pone Cristo. ¿Cuáles son las normas para ser justos? LA Biblia dice que la norma para ser justo es recibir a Cristo; y la sangre de Cristo nos justifica. Ahora, si a esa justificación de Cristo usted le agrega que se tiene que vestir de tal o cual modo, que tiene que comer tal o cual cosa o que no tiene que comer tal o cual cosa, estamos poniendo cosas más allá de las que puso Cristo. Todos los que dependen de las obras de la ley, están bajo maldición. Lamento no poder decir ¡Aleluya! Aquí no cabe, ¿Se da cuenta? En Gálatas 1 del 6 al 9, Pablo examina otra forma en que la maldición puede llegar a los creyentes.

(Gálatas 1: 6-9)= Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema.
Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

Hay tres causas más, juntas, por las cuales viene maldición: Los últimos tres profetas del Antiguo Testamento, (Hageo, Zacarías y Malaquías), nos dan tres razones por las cuales viene maldición sobre el pueblo de Dios: 1) El Hurto. 2)= El Perjurio. 2)= El Robo a Dios.

(Zacarías 5: 1)= De nuevo alcé mis ojos y miré, y he aquí un rollo que volaba.
Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo, y diez codos de ancho.
(aproximadamente nueve metros de largo por cuatro y medio de ancho)
Entonces me dijo: esta es la maldición que sale sobre la faz de la tierra; porque todo aquel que hurta (como está de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que jura falsamente (como está del otro lado del rollo) será destruido.
Yo he hecho salir, dice Jehová de los ejércitos, y vendrá a la casa del ladrón, y a la casa del que jura falsamente en mi nombre; Y permanecerá en medio de su casa y la consumirá con sus maderas y sus piedras.

Hay algo que queda muy en claro como para que nadie tenga dudas: De una casa que se consume hasta sus maderas y sus piedras, indefectiblemente, quiere decir que no queda absolutamente nada en pie.

(Hageo 1: 4)= Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casa artesonadas, ¿Y esta casa está desierta? (Atención: está hablando de la casa de Jehová.)
Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: meditad bien sobre vuestros caminos.
Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto.

¿Qué es lo que produce la maldición aquí? Que ellos vivan en sus casas bien artesonadas; es decir, que habían reservado sus fondos, su dinero, para sus viviendas, pero estaban descuidando la construcción de la casa de Dios. No traían dinero para la casa de Dios, se lo guardaban para la suya. Y esta es una maldición que se resume en una palabra: insuficiencia.

(Malaquías 3: 7)= Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?
¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.
Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.

Este pasaje habla por sí solo, no necesita explicación alguna. Muchos quisieran borrarlo de sus Biblias, pero no hay caso, allí está. Podemos seguir debatiendo todo el tiempo que se nos ocurra sobre si el diezmo pertenece a la ley y por lo tanto ya no está vigente, o si bien perteneciendo a la ley se sigue diezmando por la promesa de bendición hasta que sobreabunde, o si fue incorporado en la era de la gracia y está vigente, da lo mismo. El árbol se conoce por sus frutos. Y en lo concerniente al estado financiero de la gran mayoría de los hijos de Dios, quizás está la respuesta. ¿Hay bendición o maldición, según su óptica, en el área económica para la iglesia actualmente?

Dice: Vuélvanse al Señor. Unan cosa es el diezmo, (Que vendría a ser algo así como “el impuesto del reino”) y otra la ofrenda, (Que es generosidad para dar parte de lo que usted tiene y no de lo que le sobra). El hombre no sólo es capaz de robarle al hombre, sino también a Dios. Esto acarrea maldición. ¿Y qué puedo hacer? Más allá de si es de la ley o si es de la gracia, prestar atención a las promesas de Dios.

(Verso 10)= Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Aquí hay un principio que tenemos que observar: como se cambia maldición por bendición. Con arrepentimiento y Restitución. Toda la Biblia, cuando habla del robo, cuando da una salida, habla de arrepentimiento y restitución. La Biblia no dice que tomemos de ella lo que nos gusta y lo que no nos gusta lo desechemos. Santiago 1:22 dice que debemos ser Hacedores de la Palabra, y no tan sólo oidores. Y sobre este punto tengo la sencilla autoridad de no formar parte de ninguna jerarquía eclesiástica a “beneficiarse” con diezmos u ofrendas de los lectores, así como tampoco integro alguna organización que pueda recibir algo al respecto. Sólo soy un instrumento, una suerte de atalaya destacado por el Espíritu Santo para alertar al pueblo. Y quien tenga oídos oiga.

Nos queda claro, entonces, que podemos caer en maldición si hemos incursionado (O lo hacemos todavía) en Hechicería, Brujería, Astrología, Antisemitismo, Carnalidad, si dejamos a Dios de lado para confiar en el hombre, si juramos falsamente, si recibimos soborno, si hurtamos o si le robamos a Dios.

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La Bendición del Conocimiento

Es innegable que todos sabemos que tener conocimiento y sabiduría conlleva bendición. Sin embargo, hay una palabra que es exactamente la contraria a bendición: Maldición. Y si existe la bendición del conocimiento, también está allí mismo la maldición de la ignorancia. ¿Eso significa que un ignorante está maldito? No. Lo que sí quiero decir, es que la ignorancia o la falta de conocimiento, que es intimidad, suele ser una puerta abierta a las maldiciones, vengan de donde vengan. Y lo podemos probar.

(Deuteronomio 30: 19)= A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante de la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.

Dios ha puesto delante de nosotros dos opciones. Él ha venido y ha puesto delante nuestro, la vida y la muerte, es decir: ser y vivir en bendición o maldición. El hecho de que nosotros le prestemos atención a esto o no, no las deroga ni las anula. Lo sepamos o no, lo creamos o no, vida, muerte, bendición y maldición, están allí; alguna va a florecer. Sabemos cómo reacciona el mundo secular ante estas cosas; sabemos que hablar de Vida Eterna, de salvación, de perdición, de cielo y de infierno, para la sociedad moderna, equivale a hablar con un idioma cavernícola, digno de tribus ignorantes, místicas y supersticiosas. Imagínese que si así piensa el mundo de esto, qué idea puede hacerse con respecto a bendiciones y, lo que es más increíble todavía: maldiciones.

El problema es cuando esta incredulidad –por falta de conocimiento o peor, de credibilidad de toda la Palabra- alcanza a los creyentes. Muchos pueden ser víctimas de maldiciones sólo porque ignoran que son reales y efectivas, o porque aún sin ignorarlo, decidieron no creer esa parte del evangelio. Y algo que es mucho más delicado todavía: el hecho de que usted ignore el tremendo poder que Dios ha puesto en sus labios para bendecir o maldecir, no cambia el hecho de que sus palabras tengan trascendencia espiritual sobre la vida de otros y aún de su descendencia. Mire la historia: Abraham manda a su siervo que vaya y consiga esposa para su hijo Isaac. Su siervo vuelve con Rebeca que contrae matrimonio con él. De esta unión de Isaac y Rebeca, nacen dos gemelos: Jacob y Esaú. Todos conocen la historia de cómo Jacob, (cuyo nombre significa “impostor”, y sirve par que tengamos cuidado con los nombres que le damos a nuestros hijos “porque están en la Biblia”), mediante engaños suplantó y recibió la bendición que le pertenecía a Esaú.

Todos conocen, también, la historia de Jacob y Labán. Él, Jacob, se comprometió a trabajar siete años para Labán, gratis, a cambio de poder casarse con una de sus hijas: Raquel. Pero Labán, cumplido ese lapso y mediante una treta de la que Jacob, dicho sea de paso, muy inocente no fue, porque no se fijó a la hora de “conocer” a su esposa, le entregó a Lea, su otra hija, a la sazón mayor que Raquel. Esto llevó a Jacob a tener que laburar otros siete años más para, recién entonces y a la usanza de aquellas épocas, poder tener esta vez sí, a la que él quería como esposa: Raquel. Conclusión: se casó con las dos hermanas. Un día, Jacob decide –estando Labán ausente- huir, irse. Toma toda su familia y sus cosas y parte. Dice la Biblia que antes de irse con su marido, Raquel hurta, roba los ídolos de su padre. Cuando Labán descubre la fuga, sale en persecusión de Jacob y lo alcanza. Allí le dice:

(Génesis 31: 26)= Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué has hecho, que me engañaste, y has traído a mis hijas como prisioneras de guerra? ¿Por qué te escondiste para huir, y me engañaste, y no me lo hiciste saber para que yo te despidiera con alegría y con cantares, con tamborín y arpa? Pues ni aún me dejaste besar a mis hijos y mis hijas. Ahora, locamente has hecho. Poder hay en mi mano paa haceros mal; mas el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: guárdate que no hables a Jacob descomedidamente. (¿Cuántos se dan cuenta que la misericordia de Dios había provisto de un sueño para Labán, a los fines de impedirle que hablara mal a Jacob?)

(Verso 30)= Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿Por qué me hurtaste mis dioses? Respondió Jacob y dijo a Labán: Porque tuve miedo; pues pensé que quizá me quitarías por fuerza a tus hijas. Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.
Y después la historia se va de este asunto y deriva en otros sucesos, pero fíjese una cosa: que ignorando que Raquel se había traído esos ídolos, Jacob abre su boca en maldición: Aquel que te robó tus dioses, no viva, dice. O sea: que se muera el ladrón. Este pasaje muestra, esencialmente, el poder gigantesco que hay en la lengua. Proverbios 18:21 dice que La muerte y la vida están en poder de la lengua. El caso es que Raquel escondió los ídolos, no los devolvió a su padre Labán y se los llevó con ella. Obviamente, de esto no le comentó absolutamente nada a Jacob. Lo dicho por Jacob, entonces, Que no viva quien los tenga, quedó en pie.

(Génesis 35: 16)= Después partieron de Bet-El; y había aún como media legua de tierra para llegar a Efrata, cuando dio a luz Raquel, y hubo trabajo en su parto. Y aconteció, como había trabajo en su parto, que le dijo la partera: no temas, que también tendrás este hijo. Y aconteció que al salírsele el alma, (pues murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó Benjamín. Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de Efrata, la cual es Belén.

Aquí vemos el efecto de aquella primaria y casi olvidada maldición. Es muy probable que ni Jacob que la pronunció, ni Labán y la propia Raquel que la oyeron clarita, recordaran el suceso. Jacob no sabía. No; no sabía. Ni se imaginaba. Pero eso no significó obstáculo para que su maldición fuera efectiva y terminara con la muerte de Raquel.

(Proverbios 11: 9)= El hipócrita con la boca daña a su prójimo; mas los justos son librados con la sabiduría.

En otra versión, este pasaje dice: Mas los justos son librados con el conocimiento. Por si ya se ha olvidado, le hago recordar lo que se puntualiza en el inicio de este estudio: La Bendición del Conocimiento. ¡Ah! ¡El título! Sí, el título, pero además la verdad, que no es poca cosa.

(Proverbios 12: 18)= Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; mas la lengua de los sabios es medicina.

La suma de estos dos pasajes, nos está dejando en evidencia que la sabiduría cuando está puesta en la boca de los hombres, se vuelve medicina. Tal vez usted no alcanza a ver con claridad qué es lo que esto significa. Bien; le explico: ¿Quiere un sinónimo claro y concreto de la palabra MEDICINA? Le doy dos: Salud y Vida.

(Proverbios 15: 4)= La lengua apacible es árbol de vida; mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.

(Proverbios 18: 21)= La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.

(Proverbios 26: 2)= Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa.

La Maldición es aquella circunstancia espiritual que consiste en una barrera, o un lazo, o una atadura invisible que ata a la persona con el objetivo de impedirle dos cosas: 1) Le impide VER la bendición de Dios. 2) Le impide RECIBIR la bendición de Dios. De allí se puede entender por qué es que quienes están bajo alguna maldición no sólo no lo saben, sino que tampoco lo aceptan sencilla y fácilmente. Porque no lo pueden ver. Es indispensable que la Palabra de Dios alumbre nuestros ojos para que lo veamos, y entonces procedamos a hacer algo al respecto: venir en contra de esa maldición, cancelarla, romperla, revocándola, aprendiendo a revertirla, convirtiéndola en una bendición de Dios. Las bendiciones, por el contrario, son la parte del plan de Dios para que nosotros podamos recibir o desatar en nuestras vidas el plan perfecto de nuestro Señor para nosotros.

(Efesios 1: 3)= Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.

Esto quiere decir que Dios ya nos bendijo y con toda bendición espiritual; en los lugares celestiales. ¿Cuáles bendiciones? ¿cuántas? Todas. Dios hizo provisión de todas las bendiciones. Bendición en su familia, en su corazón, en su mente, en su cuerpo, en su trabajo, en todo. Pero hay factores invisibles que traen esas bendiciones o impiden que vengan. Una de las causas que nos dejan vulnerables a una maldición, es la adoración de falsos dioses.

(Éxodo 1: 3)= Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
No tendrás dioses ajenos delante de mí.
No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.

Fíjese: al hecho de fabricarse un ídolo, Dios lo llama: ME ABORRECEN. Dijo alguna vez ese bendecido hermano llamado Derek Prince ilustrando este pasaje, que: Si usted agarra una cucaracha, y la pega en un cuadro, y le pone debajo a modo de título: “Derek Prince”, ¿Cómo se supone que me sentiré yo cuando lo vea? La Palabra dice que las maldiciones trascienden el tiempo y pueden alcanzar hasta una, dos, tres, cuatro y diez generaciones. Pero hay una buena noticia: también dice la Palabra que las bendiciones trascienden el tiempo y pueden alcanzar hasta mil generaciones.

(Romanos 1: 20)= Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.
Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y reptiles.

Ahora bien: ¿Cómo lleva el diablo a la gente de Dios a los ídolos? ¿Cómo hace algo tan aparentemente improbable? El ocultismo es el camino que él usa para engañar al hombre y envolverlo, hasta llevarlo a la adoración de otros dioses distintos al Señor. Y el ocultismo tiene tres ramas. En realidad, serían dos, pero las vamos a dividir en tres para hacer una especial con objetos, a los fines de que nadie se quede sin entender esta cruda y hasta triste realidad. Una realidad que muchos se empecinan en no querer ver. Y no hablo de los que no ven, hablo de los que no quieren ver que no es lo mismo.

Las dos ramas básicas por las que el diablo suele llevar a la gente a los ídolos, son: la rama del conocimiento y la rama del poder. En la primera, el objetivo es aprender para conocer, y en la segunda, el hacer, el ejercer ese conocimiento. La Hechicería es la rama del poder que tiene el ocultismo, porque por medio de la Hechicería se llega al dominio de las personas. Porque la Hechicería es aquello que se hace, sea por manipulación o intimidación, para dominar la voluntad de las personas o las circunstancias.

La Hechicería. La Palabra dice que la rebelión es como pecado de Hechicería, porque son factores ligados. La rebelión, la rebeldía, la desobediencia, todas traen la maldición. La bendición viene por obediencia y la maldición por desobediencia. Entonces veremos que hay tres fuentes de maldiciones: 1)= Las que provienen del diablo mismo, y que él despliega utilizando a brujos y hechiceros. 2)= Las que provienen de nosotros mismos, cuando usamos irresponsablemente nuestra boca, ya que en nuestra boca, ya que en nuestra boca sabemos que hay poder para dar vida y para dar muerte. 3)= Las maldiciones que traemos sobre nosotros mismos por nuestra desobediencia a Dios.

La Hechicería es la expresión de la naturaleza corrupta, rebelde, de la humanidad sin Dios, de la humanidad en su estado caído. Gálatas 5:20 dice que es una obra de la carne, pero esta obra de la carne es la puerta que el enemigo usa para poder entrar. O sea: Lo que el enemigo usa, es el deseo que la gente tiene de dominar a otra gente. Se da en el liderazgo de grupos, amistades, matrimonios, política, economía, deportes… y la iglesia, obvia y naturalmente también. Es una puerta por la que pueden entrar demonios a dominar a estas personas y a las demás a través de ellas. Por eso el diablo siempre apunta a quienes ostentan algún poder. Él no se conforma con dominar a dos o tres; él quiere dominar grupos, pueblos, naciones.

La otra rama de lo oculto que es la del conocimiento, trata con la adivinación. Aquí se trata de obtener conocimiento por medios que no son normales ni naturales. La forma más común es la adivinación del futuro: leerle las palmas de las manos, leer el té, la borra del café, el Tarot, la Tabla Ouija, tirar las cartas, son formas de averiguar o adivinar el futuro. Esta rama, llamada SORTILEGIO, ofrece conocimiento sobrenatural del futuro y aquí se incluye toda falsa revelación religiosa que dice tener una fuente sobrenatural.

Esto que voy a decir es duro y es triste, pero; ¿No hemos visto muchos de nosotros, alguna vez, a cristianos buscando revelación en fuentes que no son la Biblia? Así es como han nacido infinidad de cultos que, llamándose cristianos, en el fondo, terminan por negar la deidad de Cristo para derivarla hacia otras fuentes. Aquí es donde Satanás explota y usa el deseo carnal del hombre de Traspasar las fronteras de la Biblia para ir en búsqueda de un conocimiento que esté más allá de ella.

Ahora que tenemos las dos ramas básicas bien definidas, vamos a hablar de una serie de cosas, de una categoría de cosas que caen dentro de esas ramas. Obviamente, estas cosas que yo voy a mencionar, son abominación para Dios, son prohibidas para el creyente. No se sienta usted condenado, siéntase mejor alertado para el arrepentimiento, para el perdón, para la limpieza y, fundamentalmente, para la liberación

La rama del poder de lo oculto, incluye: Acupuntura, Acupresión, Proyección Astral, Hipnosis, Levitación, Artes Marciales, (Donde se invocan poderes sobrenaturales con expresiones que a veces simulan ser alaridos que, se nos dice, sirven “para expulsar el aire”) Control Mental, Dinámicas Mentales, Parakinesis, Telekinesia, Hechicería, Percepción Extrasensorial, mientras que la rama del conocimiento del ocultismo, incluye: Astrología, Escritura automática, Canalización (Esto es: aprendizaje mediante la meditación, de buscar un espíritu guía para canalizar, es decir: expresar.) Clarividencia, Bolas de Cristal, Diagnosis por medio del Péndulo, Terapia del color, Clariaudiencia, Vara de adivinar, Vara buscadora de aguas subterráneas, Análisis de la escritura, Horóscopos, Cábalas, Lecturas de las palmas de las manos, Mediums, Lectura de la mente, Numerología, Tarot, Sesiones espiritistas, Lectura del té o del café, Telepatía, Frenología y toda clase de libros de ocultismo. Nosotros no tenemos por qué tener libros de ocultismo en nuestras casas, ni leerlos; los libros de ocultismo, así los leamos bajo el barniz de “querer enterarnos de fórmulas del enemigo para combatirlo mejor”, son puertas abiertas.

Hay un párrafo que deberíamos dedicar a falsos cultos religiosos. Y debería nombrarlos sin más trámite, pero hay códigos en jurisprudencia que no me lo permiten. LO tengo que respetar y sujetarme a esas reglas. Soy un embajador del reino de Dios pero viviendo en un sitio, cualquiera sea, que tiene sus leyes. Y mientras esté aquí tendré que respetarlas. Pero le digo algo: ¿Cuál es la referencia standard del creyente? La Biblia. ¿Qué necesitamos para interpretar la Escritura? La revelación, ayuda y guía del Espíritu Santo de Dios. Quien quiera que diga necesitar de otro libro para interpretar la Biblia, ANATEMA. A la Biblia no podemos agregarle ni quitarle nada y todo lo que está más allá de ella, es falso. Anote estos tres conceptos: 1)= Lo que no es de Dios, se reconoce porque no nos proporciona paz. 2)= Todo lo que no está avalado por la Palabra, no es de Dios aunque parezca muy bueno. 3)= Nosotros no necesitamos jugar con fuego.

Vamos ahora a la rama suplementaria del ocultismo. Los objetos físicos. Nuestra casa tiene que estar limpia. Las paredes de nuestra casa tienen que estar limpias. No estoy diciendo que haya que pintarlas de blanco, lo que digo es que no podemos tener colgados en ellas cuadros que inviten a la entrada de demonios a la casa: Amuletos, Hank (Que es una especie de cruz con una gota arriba) Piedras preciosas o imitaciones relacionadas con su fecha de nacimiento, Cristales, (Estos son generalmente pirámides y, en esta época, su venta es casi masiva merced a un fructífero trabajo promocional “para la buena suerte” de la Nueva Era) Talismanes, Música Rock, Ouijas, Fetiches, Trabajos de Brujería. (Estos son colgantes, prendedores, cintas, etc.)

Cuenta un conocido hombre de Dios con relación a esto, que cierto pastor le comentaba que en su congregación los encargados de servir la Santa Cena descubrieron que, al extender la mano a los asistentes para recibir el pan o la copa de vino, en muchas muñecas habían podido observar cintas rojas o de las otras, de procedencia afro-brasileñas. Se venden bajo el pretexto y la muletilla de, reitero, la buena suerte, con la premisa de no quitarlas hasta que no se pudran y se salgan solas, esto “para que haga efecto”, y muchos que ignoran estas cosas, (O conociéndolas se resisten a creerlas) se enganchan. Hay dos cosas que quiero decir con respecto a las cintas rojas en cualquiera de sus expresiones: las de pulseras, las que se cuelgan en automóviles, motos o bicicletas. Tienen relación directa con el culto de San la Muerte, aunque se compren pensando en la buena suerte. La otra: alguien que anda con una cinta roja porque eso le trae buena suerte, es alguien que le anda diciendo permanentemente al diablo: ¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo!

(Deuteronomio 18: 10-13)= No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos.
Porque es abominación a Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti. Perfecto serás delante de Jehová tu Dios.

Ciertamente: muchas veces cuando hablamos de hechiceros, adivinos, magos y sortílegos, la mente nos viaja y nos parece que nos estamos refiriendo a personajes de alguna tribu africana, de la edad media o de algunos monjes del siglo15, pero habrá que aclarar que esto ocurre hoy y ahora, ¡Y en nuestra mismísima sociedad del siglo 21!

Los encantamientos, hoy día, no se llevan a cabo mediante oscuros monjes vestidos con negras ropas y capuchones con punta en forma de bonetes. En los Estados Unidos de América, por ejemplo, se está llevando a cabo en las escuelas, a través de inocentes juegos, el desarrollo de técnicas muy modernas de relajación y meditación, propuestas como recursos extra para asimilar mejor la enseñanza. Le pregunto: A usted, padre cristiano, que tiene que enviar a sus hijos a una escuela secular porque no puede hacerlo con otra: ¿Sabe con certeza qué es lo que hacen sus hijos en esas escuelas hoy día? Los padres de jóvenes que concurren a escuelas dependientes de organizaciones evangélicas, no tienen este problema, gracias a Dios. Perdón: no DEBERÍAN tenerlo, ¿Estamos de acuerdo?

En el Nuevo Testamento, hay una escritura que habla de no comer lo que ha sido sacrificado a los ídolos, ¿Recuerda? Haciendo historia, se estudia que en aquellos tiempos, había lugares donde se vendía, (se supone que a un precio mucho más acomodado), la carne de animales que habían sido sacrificados, y, obviamente, es contra la compra y el consumo de esa carne que Pablo literalmente encara. Entonces eso nos hace pensar y decir: “-¡Oh! ¡Está bien! ¡Pero eso era en aquellos tiempos!-“ Cuidado. ¿Sabe usted la cantidad de empresarios que, para tener, dicen, “buena onda” comercial y éxito económico, siguen puntillosamente y al pie de la letra, las instrucciones de alguna bruja, vidente, o líder de alguna religión satánica, africana, asiática o similar, realizando pactos y sacrificios donde sus productos son entregados a los demonios? ¿Usted me puede asegurar que sabe eso perfectamente cada vez que coloca un producto determinado en su mesa y lo consume? Conclusión lógica: Ore siempre por los alimentos. No sólo para dar gracias a Dios por proveerlos, sino para liberarlos de todo pacto satánico, de todo rito diabólico, y cúbralos con la sangre de Cristo santificándolos. Eso, siempre y cuando no sepa nada concreto, es decir: por las dudas. Ahora, si de un determinado producto sabe algo concreto al respecto, absténgase de consumirlo. Aunque sea muy económico y delicioso al paladar.

Contaba un pastor que una noche, estando en el púlpito de su congregación, tuvo una visión muy clara y real sin estar dormido, claro está; vio entrar al templo dos demonios con un aspecto claramente definido. Inmediatamente suspendió su predicación y los reprendió en el nombre de Jesús. Ellos salieron inmediatamente. Días después, hojeando una revista de espectáculos, se encontró de cara con aquellos mismos rostros de los demonios que había visto. Leyó el epígrafe de la fotografía y se enteró que eso que veía, eran personajes de la película “La Guerra de las Galaxias”. Comenzó a indagar y llegó a una conclusión: Quien creó a esos personajes, dibujó lo que “vio” en un “viaje” producido por el efecto de drogas. Es normal escuchar que quienes se drogan, tienen alucinaciones. Nosotros, ahora sabemos que no son alucinaciones.

Hay infinidad de artistas que hacen hoy día pactos con el diablo para que éste los respalde, sobrenaturalmente, en sus discos o producciones. Y no piense en ese joven con su cabello teñido de verde, le estoy hablando, incluso, de artistas latinoamericanos aparentemente “muy serios” y circunspectos. Y que no le quepan dudas: también hay argentinos.

(Hechos 19: 19)= Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era de cincuenta mil piezas de plata.

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Cuando Alguien Piensa en tu Lugar

La pasividad, que no tiene nada que ver con el pacifismo, es una actitud totalmente opuesta a lo que Dios requiere para poder obrar en el creyente. Dios desea que nuestras facultades estén bien despiertas y que ejerzamos nuestra libre elección para aprender a cumplir su voluntad, que es que cooperemos con su Espíritu, no que durmamos aguardando que Él lo haga todo o, la inversa, salgamos tan rápido a ayudarle que terminemos por estorbarlo y no permitirle su obra. Demás está decirle que la pasividad, es la condición especial para que los espíritus malignos puedan operar con éxito en un ser humano. Estos espíritus malignos necesitan encontrar una voluntad pasiva para hacerla esclava de su voluntad, mientras que Dios desea un hombre regenerado, inteligente y activo, con una capacidad de elección que haga su voluntad en una libertad de su espíritu, cuerpo y alma.

Los poderes de las tinieblas desean hacer del hombre una máquina, una herramienta, un autómata. Dios, en cambio, no necesita ni demanda de nadie una condición inactiva, ya que su obrar en y a través del hombre, no anula su personalidad, cosa que es opuesta en los demonios que sí necesitan que el hombre se postre en una total pasividad. Dios demanda una acción inteligente, racional, lo dice Romanos 12. Dios requiere, sí, la nulificación de las malas acciones por parte del creyente, tanto porque son pecaminosas como porque estorban su cooperación con el Espíritu Santo.
La pasividad no debe confundirse con la calma, o la quietud, o con el espíritu manso del cual nos hablan las escrituras, y que es de gran estima delante de Dios. La quietud de espíritu, de corazón, mente, voz o expresión, puede coexistir con la más efectiva actividad dentro de la esfera de la voluntad de Dios. Hay quienes usan la palabra “rendirse” pensando que están totalmente rendidos a la voluntad de Dios, pero en realidad sólo lo están en cuanto a sus sentimientos y propósitos, pues andan por medio del razonamiento y del juicio del hombre natural, aunque someten sus planes a Dios, cosa que de por sí no es suficiente. Los que están en realidad “rendidos” se dan a sí mismos implícitamente para obedecer y llevar a cabo a toda costa lo que Dios les revela y no lo que, “según ellos”, es la voluntad de Dios.

Los creyentes que rinden su voluntad, todo lo que tienen y lo que son a Dios, no por eso anulan el uso de su mente regenerada, no están abiertos a la pasividad que da ocasión de actuar a los espíritus malignos, aunque bien pueden darle lugar en otras formas. El origen de la pasividad que da una oportunidad de acción a los espíritus de maldad tiene su comienzo generalmente en una interpretación errónea de las Escrituras o en algunos pensamientos o creencias erradas en cuanto a las cosas divinas. Algunas de estas falsas interpretaciones de las Escrituras son las que hemos visto derruir conceptos básicos. La pasividad mental puede afectar a todo el hombre en espíritu, alma y cuerpo, principalmente cuando la persona permanece en este estado durante mucho tiempo y esta actitud se ha arraigado muy profundamente. Vamos a ver, ahora, los modos de ser vulnerables.

Pasividad de la Voluntad: ¿Qué es la voluntad? Es una actitud que se aloja y nace en el alma humana. El hombre ha sido creado con una voluntad para que esta, sujeta a la guía del Espíritu Santo, lo transforme en más que vencedor. No es culpa de Dios si el hombre, de improviso, resuelve controlar por sí mismo su voluntad sin someterla a nadie más que a sus necesidades, deseos o caprichos. La voluntad es como el timón que gobierna el barco. Quien pueda manejarlo, decidirá el derrotero de la nave. Ahora bien; ¿Y qué es una voluntad pasiva? Fundamentalmente un error en el tipo de “entrega” que hacemos al Señor.

Hay que aclararlo de una vez por todas, aunque haya gente que por algún inexplicable o muy explicable motivo, enseñó otra cosa. Dios nos hizo con voluntad para que la utilicemos con vigor al servicio del reino de Dios. Cuando la rendimos totalmente y nos negamos a usarla suponiendo que Dios lo va a hacer todo por nosotros, es cuando quedamos vulnerables y a disposición de los demonios. Porque al principio, parecerían haber experiencias benditas que glorifican a Dios, pero llega un momento en que el creyente, convencido que Dios está obrando en él, se vuelve incapaz de hacer ninguna elección, ni siquiera en los asuntos más triviales de la vida diaria. Preferirá que sean otros los que elijan, decidan y actúen en su lugar. Fíjese que esto no es la sana dependencia divina, esto es indudablemente una lisa y llana evasión a las responsabilidades elementales. Es entonces cuando los espíritus malignos empiezan a usar a este creyente supuestamente “rendido” y a obrar en torno a él creando maldades y perversidades de varias clases. El problema más grave es que se ha malinterpretado a Filipenses 2:13 cuando dice: Porque Dios es el que en vosotros opera tanto el querer como el hacer por su buena voluntad. Esto ha hecho pensar a muchos que Dios lo hará en lugar de ellos y allí es donde deja de ejercer su talento que queda a disposición del enemigo. Es como caminar sobre una cornisa o coquetear en el filo de una navaja. Tanta sutileza hay en este engaño que a todas luces, es notorio de donde viene.

Pasividad en la Mente: El principio de esta actitud, tanto en el inicio como en su patrón, radica en que hay muchos creyentes que afirman que Dios no necesita usar el cerebro del hombre. Sin embargo, la elección de Pablo por parte de Dios, que antes de su conversión era uno de los intelectuales más brillantes de su época, nos dice claramente que a Dios le agrada y le interesan los hombres y mujeres fundamentalmente inteligentes. Cuanto más brillante sea un cerebro, más podrá ser utilizado por Dios, siempre y cuando se someta a su verdad y a su voluntad. Lo que sucede es que se ha predicado irresponsablemente que el cerebro del hombre y su funcionamiento malo o pecaminoso.

Cuando esta pasividad mental traba el ejercicio normal de la memoria, la persona lo primero que hará es buscar a alguien como “ayuda memoria”, hasta el punto de volverse esclavo de la opinión ajena. Cuando esa pasividad anula la imaginación, allí es cuando los malos espíritus le proyectan lo que se les ocurre y el hombre se lo cree porque lo toma como “visiones sobrenaturales”, en una pasividad mental total, la mente prácticamente no puede ser usada. La persona no puede pensar y se siente como si su mente estuviera ceñida por una banda de hierro o como si tuviera un gran peso o presión sobre su cabeza.

La Pasividad del Juicio o de la Razón: Esto significa que el hombre, en estas condiciones, ha cerrado la mente a todos los argumentos y razonamientos que le ayudan a llegar a ciertas conclusiones. Todo el esfuerzo que se haga para exponerle la verdad, o la luz, es considerado por él como un impedimento o interferencia y la persona que intenta ayudarla es calificada de ignorante o entrometida. Cuando el creyente ha alcanzado este extremo llega a un estado de invasión por os malos espíritus y se siente infalible en los juicios que hace. (O mejor dicho, que los espíritus hacen por medio de él) Muchos de estos creyentes desequilibrados, son los que el mundo suele llamar “fanáticos” o “chiflados”, y podemos afirmar con todo el dolor que eso conlleva, que al ver el estado de programación mental que los malos espíritus han hecho en sus vidas, ellos dan más que sobrados motivos para que se los vea así. Habrá que recordar lo escrito en Santiago 5:19-20: Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad y alguien le hace volver sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino salvará de muerte un alma y cubrirá una multitud de pecados.

Pasividad de la Conciencia: Cuando el creyente toma ciertas palabras que le han llegado o le han sido presentadas en forma “sobrenatural”, como si fuera la voluntad de Dios, para él dichas palabras se vuelven infalibles y pasan a ser como una especie de ley contra la cual no admite negativas ni objeciones. Hay personas que han debido irse de una congregación por causa de que el líder dijo haber recibido una palabra para ellos y que ellos, por no tener confirmación, ni paz, ni certeza, no quisieron obedecer sin chistar tal cual como se les sugería. Si lo que se recibe es un “mandamiento” sobre algo, no tratará ni siquiera de examinarlo, ni pensar o razonar sobre él. Cuando el creyente se cierra y no está dispuesto a admitir más luz sobre este asunto, ha llegado al estado que llamamos La pasividad de la conciencia.

Porque la conciencia se hace pasiva cuando no se usa; cuando los creyentes creen que están siendo guiados por una luz “más elevada”, o que Dios “les ordena” hacer esto o aquello. Nuevamente en estas ocasiones los espíritus malignos pueden presentarles palabras o textos bíblicos totalmente fuera de sus contextos. ¿O usted que cree, que son mentiras de ancianas locas aquello de que la “virgencita” le habló y le pidió quedarse en ese lugar y que se le construyera un santuario? ¡No! ¡Esa mujer oyó lo que dice que oyó y quizás hasta vio lo que dice que vio! El tema es de donde procede lo que oyó y vio. Cuesta muchísimo alertar sobre estas cosas porque la gente tiene una tendencia natural a ser escéptica y descreída de todas estas cosas, pero cuando llega a “ver algo” que se da cuenta no es natural, sin dudarlo ni un instante se lo adjudica a un milagro de Dios, de vírgenes o se determinados santos, cuando en realidad, y en la mayoría de las ocasiones, provienen de demonios engañadores. Ahora; ¿Quiere saber algo? También los que dicen ser creyentes bíblicos o escriturales suelen caer muy a menudo en esta misma trampa. La gente anhela con tanto fervor ver milagros que están dispuestos a aceptárselos hasta a los demonios. No se tiene en cuenta lo dicho en mateo 24:45-46: ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor al frente de su servidumbre para que les de alimento a su tiempo? Dichoso aquel siervo al cual, cuando su Señor venga, lo halle obrando así.

Pasividad del Espíritu: La pasividad del espíritu está íntimamente relacionada con la pasividad de la mente, porque hay una relación muy estrecha entre la mente y el espíritu. Generalmente un pensamiento errado significa un espíritu errado y viceversa. La pasividad de espíritu puede comenzar a partir de estos cuatro pasos: 1) Por la ignorancia hacia las leyes del Espíritu y de cómo mantener la libertad del espíritu. 2) Por conclusiones mentales o pensamientos erróneos. Confusión por ubicar debidamente lo físico, lo mental y lo espiritual, sin saber cuál es cual. Es sumamente frecuente encontrar creyentes que no alcanzan a determinar si lo que están experimentando proviene de sus espíritus, de sus almas o de sus cuerpos. 3) Cuando la mente no es capaz de leer o interpretar el sentido del espíritu así como lo hace con los cinco sentidos que pertenecen al cuerpo. 4) Por un debilitamiento y agotamiento del cuerpo o la mente a causa de una actividad constante o uso excesivo de estos. La mente y el cuerpo deben tener su debido descanso para que el espíritu pueda operar libremente.

(1 Reyes 19:4)= Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres (5) y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: levántate y come. (Verso 8)= Se levantó, pues, comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. (9) Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo ¿Qué haces aquí, Elías?

Pasividad del Cuerpo: Cuando tiene lugar la pasividad en el cuerpo, prácticamente se paraliza también la conciencia, pues los sentidos quedan afectados. Suponiendo que una persona tenga buena salud, posee el mismo control sobre todos los sentidos, y estos pasan a ser vías a través de los cuales se recibe información para la mente y el espíritu. Pero cuando algunos o todos estos sentidos están en una condición pasiva la conciencia se adormece o se embota. El creyente está inconsciente con respecto a aquello que debería estar bien despierto y se comporta de una manera casi automática. Se ponen de manifiesto ciertos hábitos “inconscientes”, muchas veces malos e inconvenientes.

Para las personas que se encuentran en estas condiciones es más fácil ver estas cosas en os demás que notarlas en ellos mismos, mientras que por otra parte pueden tener una conciencia súper desarrollada hacia las cosas externas que se relacionan con su propia personalidad. Cuando el estado de pasividad al que le han sometido los espíritus malignos alcanza este clímax, pueden resultar afectadas otras partes del cuerpo, como por ejemplo: rigidez en los miembros, letargo, pesadez, dolor de espalda o de cabeza, mareos, etc. Los ojos han perdido brillo y expresión y la mirada está perdida. Todo esto ha empezado con la pasividad de la mente a la voluntad durante la cual el creyente entregó a los espíritus mentirosos: su control o dominio propio y el uso de su voluntad.

Hay dos teorías perfectamente delineadas, aunque sólo una de ellas es masiva y mayoritariamente aceptada. Cuando una persona, por ejemplo, de carácter tranquilo, de improviso y sin que medie ningún hecho determinado o específico, tiene una reacción total y absolutamente inesperada e impensada en ella, normalmente se dice que tiene que haber actuado así a través o a partir de un condicionante. Esto, que es lo que generalmente esgrime la psicología, significa que en algún momento de su existencia esa persona sufrió un shock por un determinado suceso, no tuvo en ese momento ninguna reacción, aparentemente no le ocurrió nada, pero muchos años después, al reiterarse aquel suceso fundamental, se produce la reacción automática e inconsciente y nadie puede explicarse el por qué a menos que se lo estudie profesionalmente. La otra teoría es mucho más simple y, quizás por ese motivo, no cuenta con la adhesión de todo los sectores intelectuales que conforman la sociedad y, naturalmente, también la iglesia: un espíritu maligno ha producido la reacción y es por ese motivo que nadie lo puede entender. Los demonios, naturalmente, no sólo no gozan de popularidad sino tampoco tienen nivel como para que se los presente en sociedad.

Pasividad de todo el Hombre: Cuando se llega a este estado, cada parte del ser se ve afectado. El hombre actúa sin usar (O usando sólo parcialmente), su mente, su voluntad, imaginación y razonamiento. A veces la persona no puede dormir y anda tan desanimada que ni siquiera tiene deseos de comer. Cuando el creyente es engañado por los malos espíritus es posible que también sea dominado por lo físico y se lance al mundo de lo sensual. Esto puede suceder como consecuencia de experiencias “espirituales” que se sienten en el plano físico, pero que en realidad no tienen nada de espiritual, porque no provienen del espíritu.

A veces se sienten sensaciones de “fuego”, de “elevación espiritual”, o “temblores”, o “estremecimientos”, y toda clase de sensaciones corporales agradables, en apariencia espirituales, que alimentan a los sentidos de estos creyentes que se sienten como andando más allá del cuerpo y llamándose a sí mismos, espirituales. Incluso existen congregaciones de cierto prestigio que tienen, como común denominador y como especie de catalizador de experiencias espirituales, a todos estos elementos. O sea que: si usted va a una de estas iglesias y jamás se le ha visto reírse a carcajadas, temblar, sacudirse o cosas por el estilo, se le respetará y se le apreciará como hermano, pero su nivel espiritual será considerado decididamente bajo. Pablo en 1 Corintios 9:27, expresa: sino que trato severamente a mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre.

Pasividad de erróneas interpretaciones: Esta condición de pasividad puede venir como consecuencia de interpretaciones erróneas de la verdad en cuanto a “la muerte con Cristo”, como se presenta en Romanos 6 y Gálatas 2:20. En estos casos dichos pasajes se interpretan de manera literal y desequilibrada, sin tener en cuenta el sentido general de pensamiento de Dios sobre el tema. Dios hace un llamado a los verdaderos creyentes para que se reconozcan muertos al pecado y a la vida del antiguo YO, o sea, la vida pecaminosa heredada del primer Adán. Ahora bien, esto no quiere decir que la personalidad humana deba morir, puesto que el mismo Pablo, en Gálatas 2:20, dice: Y lo que ahora vivo en la carne… o sea, que aun después de convertido hay una retención del yo personal, del ser, de la voluntad y la personalidad, los cuales han de estar bajo el dominio del Espíritu de Dios y el control del “dominio propio”, que es a su vez, uno de los frutos del Espíritu.

No hay caso; el hombre sigue pretendiendo interpretar la Biblia conforme a lo que encaja con su sentido de la lógica. Es más; es frecuente oír que las denominaciones son divididas por “las distintas interpretaciones bíblicas”, y se lo dice como entendiendo que es normal que eso suceda y que la consecuencia sea la observada. La Biblia, mi hermano, no necesita que usted y yo la interpretemos; ella se interpreta a sí misma y, si usted se entera de algo al respecto, es porque el Espíritu Santo tiene la bondad y la gentileza de revelárselo.

Pasividad causada por Aceptación del Sufrimiento: En este caso el creyente consiente en aceptar “Sufrir con Cristo”, siguiendo lo que llama “La senda de la cruz” y, para lograrlo, se entrega en forma pasiva a cualquier forma de sufrimiento que le presenten los espíritus malignos creyendo que ese sufrimiento viene de Dios (¡Tremendo!) y que terminará por producirle una recompensa y fruto espiritual. Lo que él no sabe es que los malos espíritus pueden dar un “sufrimiento falso” y que, al aceptarlo de parte de ellos creyendo que viene de la mano de Dios, les abre las puertas para seguir actuando.

El engaño experimentado en estos casos es la explicación de ciertos pecados que algunos creyentes no logran “sacarse de encima”, así como ciertas clases de sufrimiento que no pueden explicarse, entendiendo lo que significa la trama del engaño diabólico se puede obtener una explicación lógica de estas turbaciones que tanto acosan al creyente. El sufrimiento es una gran arma para que los demonios controlen y obliguen a una persona a encausarse en cierta dirección, pues por medio de él pueden llevar al hombre a hacer lo que en otras condiciones, no haría. (Job 2: 7)= Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. (8) Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza. (9) Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.

Pasividad por Falsos Conceptos de Humildad: Cuando un creyente consiente en aceptar la muerte en una actitud de desprecio hacia sí mismo, está siendo víctima de sugerencias “íntimas” por parte de malos espíritus. Este ardid satánico crea un ambiente de desazón y debilidad en derredor del creyente. Su espíritu se ofende y se deprime con mucha facilidad. Puede atribuir la causa de lo que ocurre al “pecado propio” o ajeno sin estar, sin embargo, consciente de ningún pecado específico en su vida o, como dijimos anteriormente, puede atribuir su sufrimiento a la acción divina. Se produce así una falsa humildad que es orgullo, un retraimiento de la obra y del servicio al Señor; un esfuerzo antinatural por eliminar al YO de las conversaciones y de las acciones, lo cual lo hace aún más notorio; en una manera exagerada y deprecatoria de autodepreciación y en la creación de una atmósfera de tristeza, oscuridad, debilidad, extrema sensibilidad y falta de esperanza.

El creyente aceptando las mentiras de los espíritus malignos ha pasado a proceder a la supresión o anulación de su personalidad, lo cual no se asemeja en nada a la muerte con o para Cristo, que las Escrituras no describen. Por esta pasividad de su personalidad el creyente engañado se ha “entregado” aun sin quererlo en manos de los espíritus de maldad. A esto, ya por falta de espacio, no podemos desarrollarlo más, le deberíamos agregar La Pasividad por errores de Entendimiento, que es cuando el creyente consiente en permanecer en una condición crónica de debilidad, entendiendo a su manera que esta es necesaria para que el poder de Dios sea manifestado en su vida. Un ejemplo es aquellos hermanos que, considerando que Dios ve con agrado sus tremendos esfuerzos por ser de utilidad, se pasan horas, días, semanas, meses dentro de los templos haciendo cosas para las cuales no fueron levantados sin recibir otra recompensa que un cansancio que en casos los ha llevado hasta la enfermedad, por suponer que será por ese esfuerzo personal en el cual podrán acercarse a Dios por sus medios. A eso, hay que agregarle La Pasividad con Actividad Satánica, que es el estado donde el creyente parece pasivo y en paz, siendo que en su interior se produce una tremenda actividad demoníaca.

Liberación de la Pasividad: El creyente que necesita liberarse de su condición pasiva debe tratar primeramente de entender cuál es su condición en los tiempos normales y entonces examinarse a sí mismo a la luz de ella para ver si los malos espíritus le han estado interfiriendo. Para hacer esto debe recordar una etapa de su vida que haya sido buena y fructífera y compararla con esta condición anormal que está atravesando ahora.

Así como la pasividad ha avanzado paso a paso, la liberación de la misma ha de ser hecha en forma lenta y paulatina. Para la completa liberación es necesario que el creyente quiera cooperar y a la vez tenga el deseo de liberarse. El engaño y la pasividad sólo pueden ser quitados de en medio cuando la persona comienza a entender su condición y la obra de los malos espíritus y mediante el uso de su voluntad rehusa a los espíritus malignos el terreno que alguna vez les cedió.

Un punto importante en la liberación de la pasividad es mantener en la mente de forma continua el pensamiento de cuál era su condición normal antes de caer víctima de dicho engaño, y cada vez que se baja de ese nivel investigar la causa y tratar de quitarla de en medio. Cualquier facultad o parte del ser que se haya rendido a la pasividad y que por lo tanto esté fuera de uso debe ser recuperada para un ejercicio activo de la voluntad y traída bajo su control. El terreno cedido anteriormente a los malos espíritus debe ser recuperado y ha de resistirse en forma persistente al diablo y sus huestes, recordando que ellos lucharán por volver a recobrar lo perdido. Recuerda las palabras de Juan 4:4 : Porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo.

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¿Contra qué Peleas?

Tanto en el plano local dentro de mi país, desde hace ya varios años, como en el internacional a favor de nuestro aporte en Internet, elemento que me permite conectarme con usted, la pregunta que muchas veces me han formulado, es: ¿Se deben reprender demonios dentro de los templos cristianos? Aquí en Argentina y particularmente aquí en la que es mi ciudad, Rosario, más allá de los naturales modismos de cada congregación en particular, este tema parecería estar más o menos claro. Quiero suponer que debe ser por todo lo que se ha recibido al respecto por parte de ese tremendo ministerio que tiene a Carlos Anacondia como epicentro y también por las visitas de Cindy Jacobs y tantos otros reconocidos guerreros del Señor.

Pero en otros sitios no tan ilustrados al respecto y no tan bendecidos por hermanos conocedores de estas cosas, es mucha la gente que ha interpretado la Palabra de que Satanás no puede tocar la iglesia, como que él no puede meterse en el templo de una congregación. Hay lugares del mundo donde, hablar de Satanás, equivale a sacar credencial de demente directamente, ya que ni se les pasa por la cabeza que un demonio pueda siquiera molestar a un cristiano, cosa que obviamente debería ser así, sin dudas, pero que la realidad nos muestra de un modo totalmente diferente y con un rostro totalmente distinto.

Uno de los argumentos que más he oído, es el que me dice que mucha gente que se considera seria, fiel y sobria, al no entender en absoluto, evidentemente, el tema de la guerra espiritual, y al haber sido testigos, (A esto también habrá que decirlo), de tantas monumentales barbaridades en este asunto, cuando alguien, según expresan, empieza a los gritos a echar fuera demonios, se siente mal, fuera de lugar, con no poca vergüenza y con la sensación de estar haciendo el ridículo o, en todo caso, contribuyendo o acompañando a hacerlo. Esta es la estratagema que, hoy por hoy, todavía le está saliendo mejor que nunca al enemigo.

Este estudio, que tiene eminentemente un sentido práctico e informativo, se basa no obstante en la Biblia, de la cual hemos extraído varios puntos a los que, llegado el caso, podríamos llamar "espíritus malignos” que como tales, en el nombre y la autoridad de Jesucristo, no sólo podemos reprender como método clásico de batalla, sino incluso desalojar de los sitios espirituales en los que se encuentren, ya que tenemos en Cristo toda la autoridad para hacerlo y ya que, también, forma parte de nuestro trabajo como cristianos el liberar a los oprimidos por el diablo. Esto, naturalmente, a partir de una vida libre de cualquier cosa que pudiera ensombrecer esa tarea.

El Espíritu de Rechazo, por ejemplo, es uno de los que más estragos ha hecho en el pueblo de Dios. Se suele mimetizar, ocultar, disimular y camuflar en patologías o desórdenes de origen psíquicos y, las terapias y los tratamientos en este terreno, si bien no son negativos, suelen retrasar la definitiva libertad de aquellos que han experimentado, esencialmente, el abandono o el desamparo de seres queridos. Algunos han llegado a aconsejar resignación cristiana en este tema, pero la Biblia, que jamás ha mencionado ni siquiera algo parecido a esa resignación cristiana que conforme a la Palabra no existe, nos brinda elementos muy diferentes.

(Salmo 27: 10)= Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. (Esta es la manera, fíjese, que el salmista utiliza para puntualizar que Dios se preocupa mucho más por nuestro bienestar que lo que nuestros propios padres harían. El amor de Dios va más allá del amor filial. El verso este debe ser interpretado como un verdadero principio y no como un relato literal, tal como si los padres de David lo hubieran abandonado a él.)

(Josué 1: 5)= Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni desampararé. (Esta es la garantía que Dios ofrece para alcanzar el éxito. Así como el Señor no permitiría que Josué se hundiera o fracasara, asimismo lo hará con usted. Y si Dios con usted, ¿Quién contra usted? La depresión por el rechazo, el abandono o el desamparo, son probables cuando no llegamos a confiar en el Dios que decimos creer. No se puede usted olvidar de algo que seguramente le enseñaron cuando recién ingresó a su vida de fe: una cosa es creer en Dios, otra cosa es creerle a Dios y otra, muy diferente, es confiar en Dios. Si yo le digo que pienso colocar un cable que vaya desde la punta más alta delos cerros que bordean las Cataratas del Niágara o del Iguazú hasta el más próximo y caminarlo en el nombre del Señor con una carretilla, usted seguramente lo va a creer. Que espere que yo lo pase sin caerme y hacerme añicos contra el suelo, significará el segundo paso, creerle a Dios lo que Dios ha dicho. Ahora; que usted acepte acompañarme dentro de esa carretilla que yo voy a utilizar, eso es confiar en Dios, entiende?)

(Mateo 28: 19)= Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del padre, y del hijo, y del Espíritu Santo; (20) enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo. (Mientras que Jesús dedicó su ministerio a Israel, la proclamación de su señorío, y el llamado a reconocerlo, se extiende a todas las naciones. Los discípulos deben reconocer públicamente su alianza con Cristo por medio de la señal del bautismo, que es administrada bajo la autoridad del Dios trino. El contenido de la futura enseñanza de los apóstoles se desprenderá de lo que Jesús les había mandado a proclamar. Jesús les asegura su presencia constante mientras se dirigen a cumplir la misión que Dios les ha encomendado. La palabra MUNDO, aquí, es la palabra KOSMOS, y tiene una implicancia más cercana a universo, sistema que planeta o gente, como en muchas ocasiones habremos aprendido.)

(Isaías 54: 6)= Porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es repudiada, dijo el Dios tuyo.
(7) Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias.
(Está hablando del remanente, que es en definitiva la verdadera iglesia, que nada tiene que ver con el montón religioso visible y global.)

(Verso 15)= ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, (Atención con esto) yo nunca me olvidaré de ti.
(16) He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.

Punto. Si realmente cree usted en Dios y le cree a su palabra, ya ha sido liberado de toda esa vieja angustia causada por el abandono de su padre, de su madre, de su marido, de su mujer, de su hijo o de su hija. Usted no necesita sanidad interior. Usted necesita, apenas, creerle a Cristo.

Otro punto, otro tema, igual causa o causante. Un hecho vulgar, cotidiano y semi permanente en estas épocas. Un hombre termina de enterarse que su negocio, que su empresa está quebrada. Ha perdido todo su capital. ¿Qué sucede en ese instante, en el ámbito espiritual? Satanás aprovecha este mal momento en lo natural para lanzar un dardo, un pensamiento: el Suicidio. ¿Y cómo lo orquesta?

“Mi vida ya no vale la pena. Lo he perdido todo. Sin dinero no puedo mantener a mi familia. Ellos van a estar mucho mejor sin mí. Es más, si yo me muero, ellos van a poder cobrar el seguro de vida y así vivir cómodamente por el resto de sus días.” Si este hombre es un creyente, lo cual no es un obstáculo para que tenga ese pensamiento, recibiría en ese momento un alerta del Espíritu Santo que le va a recordar, primero, algo que leyó hace mucho tiempo.

(Deuteronomio 30: 19)= A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; (20) amando a Jehová tu Dios, atendiendo su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.

Ahora este hombre tiene algo muy claro. Si elijo la muerte –se dice a sí mismo-, estaré eligiendo la maldición y no quiero condenarme en esta forma. Es allí donde el Espíritu Santo lo guiará a otras palabras.

(Salmo 37: 25)= Joven fui, y he envejecido, y no he visto a justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.

(Filipenses 4: 19)= Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Es allí donde este hombre se da una palmada en la frente y exclama: ¡Es cierto! ¡Dios me va a ayudar a salir de este embrollo! Voy a decidirme a confiar en Él. Él será mi proveedor. Me voy a entregar completamente a Él y sé que Él tomará control de mi vida y me mostrará cómo resolver mis problemas económicos. Ocurre que cuando Dios pone al hombre en el huerto del Edén, entre otras cosas, le da autoridad y derecho legítimo a señorear sobre toda la creación. Pero ¿De qué manera? En su nombre, guiado por Él. Sin embargo, tal como sabemos, el hombre cae después por causa de su desobediencia. ¿Qué sucede entonces? Que Dios se aparta de ese hombre y lo deja librado a su propia capacidad de discernir entre el bien y el mal, tal el árbol simbólico del cual ha comido. Entonces el hombre se queda sin la compañía y la guía de Dios, pero no pierde en absoluto su sentido del control y la dominación, del señorío. Sólo que ahora intenta controlarlo todo fuera de Dios. Así ha sido hasta nuestros días. Es hora de volver a las antiguas fuentes.

¿Y qué decir del Adulterio? ¡Hermano! ¿De eso va a hablar? ¿Usted cree que puede quedar un cristiano, al menos, que no sepa lo que significa y trae consigo el adulterio? No. No lo creo. Todos sabemos como es, que implicancias tiene y cómo termina el adulterio de cualquiera de los dos cónyuges. Tiene razón. No debe quedar un hermano o una hermana que lo ignore. Pero; ¿Quiere que le diga algo? Sigue siendo, hoy por hoy, el adulterio, el pecado más abundante en la iglesia. Y, por si esto fuera poco, también es el pecado en el que con más asiduidad caen los mismísimos pastores sin distinción de condición ni edades. ¿Pero cómo puede ser que caigan en esto tan viejo y conocido? ¿Tan ignorantes son? No se confunda, no es sólo cuestión de ignorancia. Los espíritus de sexo, de lujuria y de lascivia existen y trabajan bastante fuerte dentro de los templos en los cuales, si no se los echa fuera, siguen influyendo para que la gente se desmorone y pierda su comunión con Dios. Éxodo 20:14 es lo más preciso y concreto al respecto: No cometerás adulterio, dice.

(Proverbios 2: 16)= Serás librado de la mujer extraña, de la extraña que halaga con sus palabras. (¡Hermano! ¡Qué suerte tiene su esposa de tener un marido como usted!) (17) la cual abandona al compañero de su juventud, (Porque a su vez se creyó los halagos que él le hizo) y se olvida del pacto de su Dios (¡Ojo que está hablando de adulterio entre creyentes, eh?)

(18) Por lo cual su casa, (Esto es: su cuerpo, su templo) está inclinada a la muerte, (Hablamos de muerte espiritual, de muerte anímica e. Incluso, física) y sus veredas hacia los muertos.

(Proverbios 5: 1)= Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído. (Inclinar el oído implica oír a los que, según nuestra estima, están por debajo nuestro) (2) Para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia.
(3) Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, (Pronuncian palabras que él no oye desde hace mucho tiempo) y su paladar es más blando que el aceite; (4) mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos.
(5) Sus pies descienden a la muerte; sus pasos conducen al Seól.

(Mateo 15: 19)= Porque del corazón, (Expresión con la que los hebreos definían el alma) salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.
(20) Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar, no contamina al hombre.

No vamos a determinar doctrina con esto, pero quiero que preste atención a la clase y calidad de los factores que Jesús une aquí. La misma entidad entre las fornicaciones, cosa muy repudiada en las iglesias, con los falsos testimonios, hecho que todos sabemos suele ser bastante frecuente. Pero también iguala al adulterio con los homicidios, destrozando de ese modo esa permisividad que la psicología secular ha predicado en la sociedad logrando que esta lo crea, lo acepte y, lo más grave: lo ponga en práctica.

(1 Corintios 6: 9)= ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? (¡Cuidado con las injusticias en la Iglesia, hermanos! ¿Hay discusiones doctrinales que, ante esta Palabra, es como si no tuvieran razón de ser, no?) No erréis; ni los fornicarios, (¡Es que el hermanito es débil! ¡Hay que comprenderlo!) Ni los idólatras, (Tanto aquellos que anteponen imágenes a Dios mismo, como los que anteponen sus doctrinas denominacionales a la de Jesucristo) ni los adúlteros, ni los afeminados, (¡El hermanito es así, un poco amanerado, pero es bueno!) Ni los que se echan con varones, (Adiós a la teoría de los sexólogos sobre conductas sexuales diferentes o alternativas. Aquí no dice LAS que se echan con varones, dice LOS) ni los ladrones, (¡Cuidado que hay muchos modos de robar!) Ni los avaros, (¡Cuidado que hay muchos modos de no dar!) Ni los borrachos, (¡Pero es que el hermano es un bebedor social!) Ni los maldicientes, (¡Es una simple cuestión de códigos un poco transgresores, hermanos, nada más! ¡Ahora se habla así!) Ni los estafadores, (Todos hemos sido estafados alguna vez, verdad?) Heredarán el reino de Dios.

Sin embargo, en este tiempo, un espíritu sumamente activo fuera y dentro de las congregaciones, es el que tiene que ver con la Ansiedad y la preocupación. Si usted presta atención, por ejemplo, a la publicidad ya sea desde los avisos o desde la programación o la misma medicina, va a poder comprobar que el objetivo de esa publicidad es armarle soluciones al hombre con relación a sus ansiedades y preocupaciones, sintetizadas bajo el rótulo del estrés y, obviamente, a todos sus derivados que van desde la salud y la calidad de vida hasta la mismísima sexualidad. En la medida y las condiciones sociales empeoran, la ansiedad y preocupación aumenta. Y no sólo en países como el nuestro o similares latinoamericanos, sino también en otros que parecerían no tener motivos. Eso demuestra, una vez más, que las cosas no pasan por lo social sino por el corazón del hombre.

(Salmo 55: 22)= Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo.

Vamos por partes. ¿Qué es echar sobre Jehová tu carga? 1 Pedro 5: 6-7 le da a usted una pequeña muestra: humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Esto significa que su carga es su ansiedad. Y la palabra ANSIEDAD, es la palabra MERIMNA y proviene de MEIRO, que es Dividir y NOOS, que significa La Mente. La palabra indica distracciones, ansiedades, cargas y preocupaciones. MERIMNA significa estar ansioso anticipadamente acerca de la vida diaria. Semejante preocupación es innecesaria, porque el amor del Padre provee para nuestras necesidades especiales.

Después dice que si hace esto, que no es sencillo le diré, Él le SUSTENTARÁ. Esta es la palabra CHUL y significa Mantener, Nutrir, Proveer alimento, Cargar, Sostener, Proteger, Apoyar, Defender, Suplir los medios necesarios para la vida. Esta palabra aparece cuarenta veces. CHUL sugiere, básicamente, “El medir una porción de comida,” es decir: Proveer.

(Lucas 12: 29)= Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.
(30) Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.
(31) Mas buscad el reino de Dios y todas estas cosas os serán añadidas.

Esto nos está mostrando tres puntos básicos a tener en cuenta e incorporar a nuestra rutina: 1) Considerar a la preocupación como un pecado. 2) Disciplinarnos para dejar atrás todo tipo de ansiedades. 3) Confiar ciega y decididamente en el Señor sin pretender ver señales por anticipado.

(Salmo 119: 28)= Se deshace mi alma de ansiedad; y susténtame según tu palabra.

Este verso le agrega, a nuestro escudriñar, un elemento muy importante: la ansiedad proviene del alma. Si su alma aún no se ha sujetado al Espíritu Santo que mora en su espíritu, es natural que le presente batalla y le produzca más de un dolor de cabeza.

(Filipenses 4: 6)= Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
(7) Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo.

El ruego, del cual se habla aquí, es más que una petición, sugiere una especial intensidad en la oración que se extiende no para poner méritos por el exceso de palabras, sino para trasladar todo el peso de lo que está en nuestras almas a las manos de Dios. La oración y la paz, están íntimamente vinculadas. El que confía en los cuidados de Cristo, en lugar de atormentarse con sus propios problemas, experimentará que la paz de Dios le libra del agobio de la ansiedad. ¡Regocíjese como una disciplina constante! Comprenda que Jesús trae paz a los que en Él confían.

(Salmo 119: 165)= Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.

¿Tiene usted ansiedad que no puede dominar? ¿Está preocupado por cosas que por allí ni usted mismo puede cambiar? Lea la Biblia. ¡Hermano! ¡Hice cinco años de seminario bíblico! ¡Estoy graduado en bachillerato en teología! ¡Hago permanentemente un extenso devocional diario! Basta. Todo eso está muy bien y le felicito, pero ahora le pido por favor que piense si, además de todo eso, usted ama la palabra hasta el punto de vivir pensando en ella. De eso habla.

Y el último de los espíritus que hoy vamos a conocer, (Hay muchos más), de los que hoy por hoy pululan por las iglesias y causan serios problemas que van desde la contienda hasta la división, es el de la Avaricia.

(Hebreos 13: 5)= Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: no te desampararé, ni te dejaré.

Esto te dice, en primera instancia, que la avaricia y los temores financieros son superados por la seguridad fundada en la constante presencia de Dios y en las promesas que el Señor nos ha hecho sobre la satisfacción de nuestras necesidades diarias. Viendo esto no podemos menos que pensar en cuánto nos cuesta confiar en el Dios Todopoderoso. Debido a la palabra de consuelo que Dios ha pronunciado, podemos decir confiadamente: el Señor es mi ayudador, no temeré. A la vista de las inclemencias que en este rubro hay hoy en nuestra patria no podemos menos que preguntarnos cuántos creyentes serán los que piensan con convicción y de este modo en esto.

(Mateo 13: 22)= El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
(23) Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno.

De aquí tenemos que rescatar un principio altamente valioso. Es el que dice que el engaño de las riquezas ahoga la Palabra. Por eso es que cuando Dios habla de prosperidad, no necesariamente está hablando en el mismo idioma y sentido que habla usted. La prosperidad que Dios ve para su vida es abarcativa y la que usted suele ver, no va más allá de si le alcanza el salario o la remuneración de su trabajo e, incluso, si tiene ese trabajo o no.

(Efesios 5: 5)= Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.

Acá le está puntualizando de manera contundente y sin apañamientos, que la avaricia es una de las causas que le impiden a una persona entrar al reino de Dios. ¿Entonces no es salva? Nadie está hablando de salvación, estamos hablando de reino. ¡Pero a mí me enseñaron que eran la misma cosa! Lea la Biblia, por favor.

(1 Timoteo 6: 9)= Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; (10) porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Nadie censura el deseo de progreso y prosperidad, pero esta palabra es muy concreta en lo concerniente al deseo de enriquecerse como meta ciega. Dice que caen en tentación y quedan enlazados por Satanás. Y agrega, como para que nadie se haga el distraído y diga que no se dio cuenta, que el amor al dinero es la raíz de todos los males.

(Proverbios 3: 9)= Honra a Jehová con tus bienes, y con las ‘primicias de todos tus frutos; (10) y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.

Que la rectitud sea recompensada, algo que aparece repetidamente en Proverbios y en muchos otros libros de la Escritura, no constituye una garantía que opera mecánicamente de acuerdo con la ley de causa y efecto. Al contrario, como sucede con la siembra y la cosecha, es una ley general que forma parte del mundo creado por Dios. Puede que haya excepciones, por lo menos durante un tiempo, pero ellas no cambian los inexorables principios del universo. ¡Es que la Biblia dice que hay que dar los diezmos! ¡Es que los diezmos pertenecen a la época de la Ley y ahora estamos bajo la Gracia! Discusiones influidas por espíritus de avaricia. Porque fuere como fuere, la que promete abrir las ventanas y derramar bendiciones hasta que sobreabunden, es una promesa de Dios y, si bien la ley dejó de ser, la promesa para quien quiera tomarla, sigue viva y eficaz. Esa es la realidad.

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Los Crucificados

Llamando al remanente de los Últimos Tiempos

Por: Charles E. Newbold, Jr.

            “…Y despreciaron sus vidas hasta la muerte.”

Contenidos

Introducción

Capítulo 1 – Tres Fiestas y tres atrios

Capítulo 2 – Pasando por la Cruz

Capítulo 3 – Consumidos

Capítulo 4 – Redención

Capítulo 5 – Santificación

Capítulo 6 – Ágape

Capítulo 7 – Glorificación: De Gloria en Gloria

Capítulo 8 – Como Él es

Capítulo 9 – Entrando en Su reposo

Capítulo 10 – El Viejo Orden / El Nuevo Orden: El ser de Dios en nosotros

Capítulo 11 – Agua en Vino

Capítulo 12 – El Camino, La Verdad y La Vida

Capítulo 13 – La obra acabada de Dios

Capítulo 14 – Heredando el Reino de los Cielos

Capítulo 15 – Estando en la brecha

Capítulo 16 – La Esposa

Capítulo 17 – Sión

Introducción

Poco después del primer día del año 1990, comencé a escribir bajo inspiración los siguientes capítulos que, para mi satisfacción, ayudan a explicar la cosa nueva que Dios está haciendo hoy: Dar a luz a un nuevo orden de Cristianos que son de la unción de Juan el Bautista (Elías), preparando el camino del Señor—el remanente de los últimos tiempos.

¡Gloria a Dios! Puedes decir: ¡Ahí estoy yo!

Son precursores del cumplimiento de la Fiesta de los Tabernáculos. Denomino a este nuevo orden de Cristianos, “los crucificados”. No escribo en mayúscula su nombre porque hacer eso violaría su misma naturaleza y propósito en el mundo hoy. Este estudio se da para identificar a los crucificados.

Lo mejor para comprender este nuevo orden de Cristianos es verlos en términos de cómo Dios mismo prefiguró eventos espirituales en las tres fiestas principales de la adoración de Israel, correspondientes a los tres atrios del Tabernáculo de Moisés.

Esto no pretende ser un estudio extenso sobre las fiestas y los atrios en sí mismos. Hay muchos sabios mucho más preparados para enseñar sobre estas cosas que yo. Muchos hombres de revelación han visto desde hace mucho tiempo cómo estas cosas prefiguraban todo lo que Cristo cumplió en el Nuevo Testamento. Solo se da lo suficiente aquí para ver específicamente como se relacionan con el llamado hacia arriba de Dios en Cristo Jesús en estos crucificados.

Ciertamente es mi oración que al estudiar este libro, te sirva para llamarte a la condición de hijo, a un caminar en total obediencia—que cambie tu vida en extremo.

Obviamente, hacemos nuestra esta oración y la compartimos.

Además, esta lectura debería ayudarte a llegar a un entendimiento mejor de las grandes obras de Cristo identificadas en palabras tales como justificación, redención, santificación, y glorificación, y como se relacionan unas con otras como la obra progresiva de salvación en los propósitos eternos en Dios.

Al leer, ora siempre que el Espíritu Santo te enseñe y te de un espíritu de sabiduría y de discernimiento. Es más, pídele que tome tu vida de tal forma que te lleve a la plenitud en Él.

Amén, amén y amén.

–Charles Elliott Newbold, Jr. –

Capítulo 1

Tres Fiestas y Tres Atrios

¿Por qué ordenó Dios que Israel celebrara las tres fiestas principales de la Pascua, Pentecostés y los Tabernáculos? ¿Y por qué hay tres atrios en el Tabernáculo de Moisés en el desierto así como en el Templo de Salomón? ¿Son éstos simplemente pensamientos caprichosos por parte de Dios? Ciertamente Dios tenía un plan en mente. Ciertamente tenía un propósito para éstos. Eran un patrón de algo aún por venir.

Las fiestas, los tres atrios, todo el mobiliario y los utensilios en el Tabernáculo y en el Templo, los rituales—creo que todo ello habla de cosas únicas en Su Reino que se cumplieron de un modo u otro en Jesucristo. Primero, Él fue el Salvador en cumplimiento de la Pascua. Después fue Santificador en el don del Espíritu Santo en el cumplimiento de Pentecostés. Finalmente, vendrá de nuevo como Glorificador en Su cuerpo glorificado con Sus glorificados a Su lado en el cumplimiento de Tabernáculos.

Los símbolos del Antiguo Testamento son ricos en lo que nos revelan hoy. Gracias a Dios, al acercarnos al gran y terrible día del Señor, que estas verdades están siendo reveladas a la iglesia y nos están llamando hacia delante y hacia arriba en Él al preparar a Su esposa para Su venida. La preparación de la esposa es la preparación para Su venida. Obran juntas.

Estas tres fiestas y atrios también revelan dónde están los miembros diferentes del cuerpo de Cristo en términos de su relación con Él. Es importante que comprendamos que podemos tener varios grados de relación con Él—no que Él lo quiera así, sino que nosotros, no obstante, en nuestros caminos tercos y egoístas, lo queremos así. Este capítulo explora la forma en qué yo veo estas diferencias en nuestra relación con Cristo.

Categorías de Creyentes

Aunque hay muchas denominaciones y variedades de grupos en el Cristianismo, yo básicamente veo cinco categorías de creyentes que se extienden por todos estos grupos. Son liberales, evangélicos, pentecostales, carismáticos y un grupo emergente que yo llamaré, por falta de un término mejor, “los crucificados”.

En su mayoría, los liberales, los evangélicos, los pentecostales y los carismáticos permanecen siendo parte del Cristianismo institucional. Mientras que la mayoría de las denominaciones tienden a encajar en alguna de estas categorías, con frecuencia hallamos una mezcla de individuos aferrándose a estas persuasiones diferentes dentro de todas ellas. Estos individuos difieren unos de otros en términos de sus doctrinas, que los inclinan hacia intereses diferentes.

La siguiente descripción es simplista y general.  El espacio y el propósito no permiten una explicación más amplia.

Los liberales generalmente creen en un evangelio social y se han inclinado hacia el humanismo y la reforma social.

Coincido; los he visto operar y funcionar en este tenor.

Los Evangélicos han predicado la expiación por sangre de Jesucristo, la necesidad de la experiencia de re-nacimiento y se han inclinado hacia el fundamentalismo.

También correcto conforme a mi propio testimonio.

Tanto los pentecostales como los carismáticos, han tenido en común la creencia en el bautismo en el Espíritu Santo, el hablar en lenguas desconocidas y otros dones del Espíritu. Aparte de esto, ha habido una diferencia muy vasta entre ambos grupos.

Los Pentecostales han predicado la santidad, que para ellos se lograba por medio de sistemas de códigos religiosos diseñados para controlar  el comportamiento externo de sus componentes. Por tanto, se han inclinado hacia el legalismo.

No sé si podemos generalizar, pero en lo personal, a esto que el autor menciona lo he visto en muchos lugares de esa denominación.

Los Carismáticos (entre ellos especialmente los que están  en iglesias de la “Palabra”) han predicado la fe y la prosperidad, lo que los ha inclinado hacia el ego-ismo y el materialismo.

He visto predicadores de la teología de la prosperidad. Lamento que por un detalle de tanta sutileza la esencia y fundamento hayan sido apartados a un lado dando lugar a, -como aquí dice- cierto legalismo.

“Los crucificados” predican a Cristo y a Cristo crucificado, y se inclinan hacia la obediencia absoluta al Espíritu Santo con todo el coste para el yo. El resto de este estudio se entrega a la identificación de estos crucificados.

No sé tú, pero yo asumo ser uno de estos. Veremos más adelante si las coincidencias son completas, pero aunque no lo fueran, glorifico al Señor por dar a otros hermanos similar visión.

Creo que estos grupos diferentes son tipificados en las tres fiestas principales del año sagrado judío, así como en los tres atrios del Tabernáculo de Moisés. Estas fiestas y atrios se corresponden con otras características que tienen que ver con nuestro avance en el supremo llamamiento de Dios.

Cuadro

El siguiente cuadro de estas correspondencias ha sido adaptado a partir de una enseñanza que escuché por primera vez del hermano difunto Bill Britton, un profeta de Dios de Springfield, Missouri. El Señor ha hecho real esta correlación para mí a lo largo de los años y además me ha añadido algún entendimiento nuevo. Otros maestros también disponen de correspondencias que confirman esto. Los siguientes paralelismos fijan de algún modo la línea de este estudio y serán explicados en capítulos más adelante.

El cuadro presenta tres áreas numeradas con 1º, 2º y 3º, y en cada uno de estos casilleros se ubican términos emparentados entre sí. Yo lo inscribiré respetando el orden pero sin la forma de cuadro por razones técnicas de publicación. Toma las primeras palabras de cada ítem y tendrás una categoría, con la del centro otra y con la última, la definitiva.

1 –Pascua – Pentecostés – Tabernáculo

2 – Muerte, sepultura, resurrección y ascensión – Derramamiento del Espíritu Santo – Segunda Venida de Cristo.

3 – Atrio externo – Lugar Santo – Lugar Santísimo.

4 – Evangélicos – Pentecostales carismáticos – Crucificados.

5 – Jesús Salvador – Cristo Ungido – Señor Rey.

6 – 30% – 60% – 100%.

7 – Tradicional – Lleno del Espíritu – Dirigido por el Espíritu.

8 – Justificación – Santificación –  Glorificación.

9 – Consumen a Cristo / Consumidos por Él – Consumidos con Cristo – Fuego Consumidor por Cristo.

10 – Redimidos por el Espíritu – Alma siendo renovada – Cuerpo a ser glorificado.

11 – Bautismo en agua – Bautismo en el Espíritu Santo – Bautismo de Sufrimientos.

12 – Niños – Hijos – Padres.

13 – Camino – Verdad – Vida.

14 – Ven el Reino – Entran al Reino – Heredan el Reino.

15 – Israel (Samaria) – Judá – Sión.

Si aún no estás familiarizado con las fiestas del Antiguo Testamento y el diseño del Tabernáculo, lo mejor sería leer Levítico 23 y Éxodo 25-27 antes de proseguir.El atrio exterior del Tabernáculo de Moisés donde se hacían los sacrificios de animales, corresponde a la Fiesta de la Pascua, que se cumplió con la muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Jesucristo.

El Lugar Santo, con el altar del incienso, la mesa de los panes de la proposición (los panes de la preparación) y los candelabros, que ardían continuamente con aceite de oliva, corresponde con la Fiesta de Pentecostés, que  se cumplió en el derramamiento del Espíritu Santo sobre la iglesia en el día de Pentecostés. (Hechos 2).

El Lugar Santísimo, donde se encuentra el arca del Pacto con el propiciatorio, corresponde con la Fiesta de los Tabernáculos (también llamada Fiesta de las Tiendas), que todavía ha de ser cumplida completamente.

Una vez al año, en el Día de la Expiación, el sumo sacerdote entraba tras el velo al Lugar Santísimo para rociar la sangre de los sacrificios de animales sobre el propiciatorio, para expiar sus pecados y los pecados del pueblo.  (Éxodo 30:10). Jesús cumplió parcialmente el día de la Expiación como nuestro Gran Sumo Sacerdote (Hebreos 9:7-12).

Tabernáculos se conoce también como la Fiesta de las reuniones (Éxodo 23:16) que yo creo que representa a la gran reunión con Jesús en el gran y terrible día del Señor cuando Él regrese de nuevo.

Pienso que los diferentes grupos de Cristianos encajan en alguno de estos atrios o fiestas, dependiendo de la disponibilidad para seguir adelante en Jesucristo como Señor. Es como si algunos hubieran entrado en el Reino de Dios pero aún no hubieran heredado todo lo que les pertenece para disfrutarlo.

No pretendí ser desagradable al hacerlo, pero pongo a los liberales fuera de las paredes del Tabernáculo y prescindo de cualquier discusión más amplia al respecto puesto que la mayoría de ellos rechazan la inspiración divina de las Escrituras.

Consecuentemente, niegan la mayoría de las verdades fundamentales de la fe cristiana. Dejo el asunto de su salvación a Dios. (Aplaudo sus intereses humanitarios y ojalá que toda la iglesia fuera más tomada por estas obras. Pero nuestro interés aquí tiene que ver con una relación con Dios y no con obras).

A los evangélicos los coloco en el atrio exterior del Tabernáculo puesto que creen en la expiación por la sangre del Cordero de Dios y en la experiencia del nuevo nacimiento que está claramente representada por la Fiesta de la Pascua.

Pero por su propia confesión, es ahí a lo más lejos que llegan. En su mayoría, solo pueden llevar fruto al 30%, faltándoles el poder del Espíritu Santo. Afirmar tener el bautismo en el Espíritu Santo sobre el fundamento de la doctrina, no los bautiza.

Los Pentecostales y los Carismáticos creen en la expiación por la sangre, en la experiencia del nuevo nacimiento, y aún dan un paso más adelante. Creen en el bautismo en el Espíritu Santo y lo han recibido, lo que es tipificado por el Lugar Santo en el Tabernáculo.

Pero es ahí hasta dónde llegan. Como regla, han acampado alrededor de sus “experiencias Pentecostales”. Fallan en reconocer que el Espíritu Santo fue dado para darles poder para entrar en el Lugar Santísimo; es decir, en un lugar de absoluto Señorío de Jesucristo. Mientras que la mayoría confiesa como los evangélicos que Jesucristo es el Señor, la realidad de ello no está en su caminar, sino sólo en su hablar.

Los Pentecostales y los carismáticos, habiendo recibido el poder del Espíritu Santo, tienen el potencial de llevar fruto a 60%. Sin embargo, con mucha frecuencia han visionado la experiencia Pentecostal como un fin en lugar de un medio hacia un fin: la entrega completa al Señorío de Jesucristo.

La nueva raza de creyentes radicales, “los crucificados”, no sólo creen en la expiación por la sangre, el nuevo nacimiento, y la experiencia Pentecostal, sino que avanzan hacia el Lugar Santísimo donde la Fiesta de los Tabernáculos ha de tener su cumplimiento.

El Lugar Santísimo es el lugar en el Espíritu donde no importa ninguna otra cosa que Jesucristo y Su voluntad absoluta. Están aprendiendo la implicación completa lo que significa poner la vida por causa del evangelio.

Mientras que los Tabernáculos aún han de tener su cumplimiento, son precursores de ello. De la misma manera que Juan el Bautista fue el precursor para preparar el camino del Señor, del mismo modo son estos crucificados los precursores que preparan el camino de la segunda venida del Señor.

Juan había sido previamente un hombre con la unción de Elías (Lucas 1:17). Estos precursores de los últimos tiempos son un hombre de muchos miembros con el espíritu de Elías— ¡profetas por naturaleza y por estilo de vida!

Creyentes tradicionales, Creyentes “llenos del Espíritu” y Creyentes guiados por el Espíritu

Hay otra forma de hacer estas distinciones: son las iglesias tradicionales, las así llamadas iglesias “llenas del Espíritu”, y los creyentes guiados por el Espíritu.

Digo así llamadas iglesias “llenas del Espíritu” porque son las que comenzaron siendo guiadas por el Espíritu, pero que en algún momento del camino, se establecieron en sus experiencias pasadas, las institucionalizaron y no siguieron adelante.

Cuando cesas de ser “guiado por el Espíritu”, pronto comienzas a volverte tradicional. Así que a largo plazo, hay sólo dos divisiones: tradicionalistas y guiados por el Espíritu. Todos los tradicionalistas terminan convirtiéndose en otra secta dentro del Cristianismo institucionalizado, mientras que los guiados por el Espíritu rara vez encuentran afinidad con un grupo organizado.

Para que te ubiques en paralelo al contexto de este autor, lo que él denomina como tradicional, aquí, es lo que yo estoy llamando Babilonia en este tiempo.

Sabemos que el mundo acepta a la iglesia tradicional, tolera a la iglesia llena del Espíritu, pero crucificará a los creyentes guiados por el Espíritu. Incluso los tradicionalistas en el Cristianismo consideran a los creyentes guiados por el Espíritu con desprecio.

Si Satanás y los poderes de la oscuridad pudieran alguna vez parar al pueblo de Dios en ser guiados por el Espíritu de Dios, impedirían con éxito el poder de Dios porque el poder de Dios es liberado por la obediencia. El enemigo nunca es amenazado por los que “tienen apariencia de piedad pero niegan la eficacia de ella…” (2ª Timoteo 3:5).

Sin embargo, el enemigo sí es amenazado por una compañía de vencedores hoy día que se atreven a negarse a sí mismos, y a tomar su cruz diariamente (Lucas 9:23), que se atreven a seguir al Cordero donde quiera que vaya. Tiembla ante la mera aparición de esos crucificados.

Capítulo 2


Pasando por la Cruz

Aeste tercer grupo de creyentes los llamo “los crucificados” porque los veo como aquellos que han ido a la cruz no solo para el perdón de sus pecados, sino que han pasado por la cruz en negación total de cualquier cosa para el yo. Cada uno de ellos está dispuesto, como dijo Jesús, “a tomar su cruz diariamente…” (Lucas 9:23, Mateo 16:24).

Estos crucificados están muertos en lo que se refiere a los intereses y hechos de su carne y del mundo. Han llegado al fin de ellos mismos, que es lugar donde Dios quiere llevarnos a todos. Entienden que la única vida verdadera se encuentra en la pérdida total de la vida del yo, para ser entregados completamente a la absoluta voluntad de Dios. “El que salve su vida la perderá” (Mateo 16:25). Están dispuestos a morir, o dispuestos a aprender a estar dispuestos a morir, por causa del evangelio.

Jesús es el único tema de sus vidas. Otras grandes verdades y doctrinas son importantes como salvaguarda de la herejía, pero para ellos, estas verdades nunca se convierten en temas de división en el cuerpo de Cristo. Estos “crucificados” no son divisivos ni polémicos, sino baluartes de la Verdad que es Jesucristo como Señor.

Por esa razón jamás opino ni comento nada respecto a los “grandes temas” que suelen dividir al pueblo evangélico: si la salvación se pierde o no se pierde, si habrá un rapto o será arrebatamiento, si el bautismo, la Santa Cena, el pre-milenio, milenio o post-milenio y etc.etc. No edifica y divide; no sirve.

Bajo la Cabeza/Señorío de Cristo

Los crucificados tienen un fuerte sentido y una gran seguridad en la cabeza de Jesucristo. Resisten a las presiones del Cristianismo tradicional para someterse a la cabeza de otros hombres, y reciben el orden escritural de 1 Corintios 11:3, “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” Cualquier otra autoridad como cabeza para ellos, sería falsa y ofensiva a sus espíritus sinceros.

Esto me ha llevado a enseñar (Y al mismo tiempo granjearme un sinnúmero más de enemigos), que el trillado asunto de la “cobertura” humana no sólo no es bíblico, sino falaz. Que la única cobertura posible es Cristo y que a Él deberemos rendir cuentas.

Su insistencia en la cabeza de Jesucristo es una ofensa para los tradicionalistas/institucionalistas que, por alguna razón, quieren llevar a los hombres al sometimiento de otros hombres.Sin embargo, los crucificados están sometidos unos a otros, especialmente a los que son sensibles a la dirección del Espíritu Santo.

Habiendo pasado por la cruz como han pasado, son humildes, quebrantados ante el Señor, y dispuestos a examinarse a ellos mismos para ver si hay algún mal en ellos. Darán cuentas unos a otros voluntariamente y con disposición.

No tienen ambición por el yo, sino que se ven a ellos mismos como siervos. (Yo, en realidad, me veo como hijo más que como siervo; los siervos no heredan, los hijos sí) Están dispuestos a hacer su servicio ante Dios en secreto, sin reclamar nada para ellos mismos.

No buscan para sí “una ciudad, una torre… y un nombre. (Génesis 11:4). No tienen ambición por aumentar para sí mismos en poder, posición o riquezas. No están interesados en levantar edificios de iglesias ni membresías para sí mismos, en maquinar programas o en ganar reputación y títulos. No tienen agenda propia. Solo quieren y persiguen lo que Dios quiere. (Amén; esos somos nosotros; o, al menos, unos muy parecidos)

Aunque están genuinamente sometidos unos a otros en el Espíritu, no son motivados por el temor del hombre sino por su reverencia hacia el Dios Altísimo. Jesús es el Señor absoluto en sus vidas. Han renunciado a toda forma de idolatría.

Obediencia radical

El Señorío absoluto de Jesucristo infiere una obediencial radical hacia Él. Los crucificados han abandonado todo para seguirle y son fieles en lo poco así como en lo mucho. (Lucas 16:10).

Tal obediencia procede de la fe y de la confianza extrema en Dios, siendo Él soberano en sus vidas. Su fe supera la fe por cosas, incluso cosas del Reino. Su fe está en Dios, no importan ni las circunstancias ni las cosas a su alrededor.

No obstante, no son ignorantes en cuanto a los males del diablo ni carecen de poder sobre toda la obra del enemigo. De hecho, ejercen un poder absoluto sobre el enemigo porque son obedientes al Espíritu.

Tienen tal confianza en el poder mayor de Dios en ellos que cualquier cosa que les suceda, es considerada como la obra santificadora del Espíritu Santo, en lugar de la obra destructiva del enemigo. Están entregados de tal modo a Dios y a Su voluntad, que tienen la confianza  de que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” (Romanos 8:28).

No Religiosos

Los crucificados son no-religiosos, no-tradicionales, no-institucionales, y no-litúrgicos. Ven la diferencia entre la religión y la relación. No necesitan la religión porque tienen una relación personal con el Cristo del Cristianismo.

La religión está interesada en hacer cosas para apaciguar a los dioses, mientras que la relación está interesada en tener comunión con la misma persona de Dios.

La religión es sacrificio; la relación es obediencia. La religión pretender limpiar lo externo de la taza; la relación pretende limpiar por dentro. (Mat. 23:25-26).

La religión participa del símbolo solo del cuerpo y de la sangre (comunión); la relación participa de la Persona del cuerpo y de la sangre.

No podemos por más tiempo ofrecer a la gente sólo el símbolo. Necesitan la Persona del Símbolo—Jesucristo, el Señor.

Los crucificados no basan ya más sus vidas sobre el símbolo, sino sobre su relación con la Persona. Están tan identificados con Él que cuando presentan sus propias vidas como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (Romanos 12:1) es como si estuvieran presentando la Persona misma.

Manteniendo una relación semejante a ésta con Dios, llegarán a conocerle, y no simplemente a saber sobre Él—a comprenderle a Él y a sus caminos, a confiar en Él, a tener amor y afecto por Él, a temerle, a respetarle y a obedecerle. Un vínculo inseparable se forma entre Él y ellos.

El interés de estos crucificados es buscar más y más de Jesús. Éstos son de los que podría decirse por su vida y por su poder, “que han estado con Jesús” (Hechos 4:13).

No están centrados en ellos mismos en modo alguno, sino que están centrados y enfocados en Jesús y Su voluntad. Se identifican con Sus planes y propósitos en toda la eternidad.

Es una muy clara explicación que aporta mucho a la conciencia de tantos que, cuando se les habla de no-religión, suelen sentirse ofendidos porque, -aseguran- religión no es algo malo y va necesariamente unido a adoración. Esta es una respuesta, aunque deben existir otras. Dios revelará.

No-Materialistas

No son materialistas, habiendo aprendido “que la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15) Se identifican con el apóstol Pablo que dijo de sí mismo: “…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”. (Fil. 4:11).

No importan si tienen o no tienen. Su confianza está en Dios, que es quien provee. Piensan en Espíritu, no en la carne; en lo eterno, no en lo temporal; en lo espiritual, no en lo material.

Coincido, pero con la condición siempre presente de no sobredimensionar esa palabra y pasarnos de largo al otro lado. Recuerda que cuando el enemigo ya no puede frenarte, da la vuelta y te empuja. Si no estás prevenido, puedes pasar de la incredulidad al delirio místico, y ambos son malos. Yo siento por las cosas materiales exactamente lo que se dice aquí, pero eso no significa que las desprecie. Dios las puso allí para nuestro servicio, no para nuestra adoración.

No-Sensacionalistas

No son sensacionalistas. Están inmersos en el Espíritu, dispuestos a hablar en lenguas desconocidas, a creer en la operación del día presente de los dones y de los ministerios del Espíritu, tal y como están establecidos en las Escrituras, y esperando ansiosamente la segunda venida del Señor.  Pero estos temas ya no son el tema principal en ellos. Su interés es recibir dones espirituales como herramientas para proseguir en el Señorío de Jesucristo.

Esto, indudablemente, no tiene absolutamente nada que ver con esa especie de bazar Persa en que convirtieron a tantas congregaciones, donde se exhibían a costo de ticket de ingreso llamado ofrenda, algo que de ninguna manera era propiedad de quienes lo exhibían. Jugaron con Su unción.

La experiencia Pentecostal no es el fin, sino el medio hacia la meta más alta de llegar a Él, de ser hallados en Él (Filipenses 3:7-11). Están menos inclinados hacia buscar las manifestaciones externas sensacionalistas de los milagros y las sanidades, y más inclinados a buscar “la santidad, sin la cual, nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Desean más esa obra escondida del Espíritu Santo en sus vidas. A largo plazo, sin embargo, les seguirán las señales mayores y más verdaderas.

Su principal interés es ser apartados para Dios, “Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación” (1ª Tesalonicenses 4:3). Son rápidos en admitir el pecado y arrepentirse. Para ellos, la santidad se logra por medio del fuego purgante, purificador y limpiador del Espíritu Santo—que los transforma y los conforma a la imagen de Jesús.

Son pacientes esperando en el Señor—reposan, esperan, escuchan y después y únicamente después, obran.Tienen una profunda confianza en la Biblia como la Palabra de Dios y viven como si Dios dijera lo que quiso decir y quisiera decir lo que dijo.

También tienen una profunda confianza en el Espíritu Santo de Dios y obran sobre la base de Zacarías 4:6, “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.”  No ponen su confianza en la carne (Filipenses 3:3). 

La Iglesia sin muros

Los crucificados son la iglesia sin muros. Han salido fuera del campamento con Jesús, llevando su vituperio (Hebreos 13:12-13).

Las iglesias son semejantes a ciudades amuralladas en las que se guarda lo suyo propio.

El movimiento ecuménico es un intento de hacer que estos muros coincidan para dar apariencia de unidad. Pero todos estos intentos nunca quitarán la realidad de los muros.

Una vez más, coincido. He oído con mucha atención, nada de desconfianza pero con cierto asombro, los esfuerzos de varios hermanos en Cristo para convencerme que el ecumenismo era una idea del Señor que debíamos acatar y obedecer.

No me cerró ni me cerrará tal cual lo proponen. No puede haber unidad cuando uno de los sectores se arroga el mando o las decisiones. Eso me huele más a control y neutralización, que a unidad. Es una antigua técnica la de reunirme con un grupo y concluir siendo su líder. No, gracias; por ahora, paso.

Con frecuencia, incluso entre los creyentes más sinceros, estas ciudades amuralladas se convierten en clubes sociales según su especie. Dios no está llamando a hacer clubes de países cristianos. Más bien está llamando a salir de ellos.

El único muro en el que Dios y Sus crucificados están interesados es ese muro de fuego mencionado en Zacarías 2:5: “Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de ella.” Estos crucificados son un pueblo que ha sido llamado a salir de otro pueblo: la ekklesia, “los llamados fuera.”

Ven los dones del Espíritu y los ministerios del Espíritu como algo que pertenece al cuerpo completo sin consideración hacia una membresía de iglesia en particular. (Creo que nadie tiene la menor duda respecto a que esto es así, ¿Verdad?)

Los crucificados no han tomado para sí ningún otro nombre que el Suyo: el nombre de Jesús (Hechos 15:14). (Ya hay demasiada gente orgullosa de pertenecer a un nombre de hombre)

No se reúnen en ningún otro nombre que en el Suyo (Mateo 18:20).

No se someten a ninguna otra Cabeza/Señorío que la Cabeza/Señorío de Jesucristo, que es la verdadera cabeza de la Iglesia (Efesios 1:22; 4:15; 5:23). (Y esto es, en suma, lo que más dolores…de “cabeza” les trae).

No siguen a ningún otro que al Espíritu Santo de Dios, que está Él mismo sujeto a hacer y decir lo que Jesús, la Cabeza, hace y dice (Juan 16:13).

No oyen otra voz más que la del Buen Pastor (Juan 10:14-16).

No están unidos a nadie ni a nada a excepción de a Él (1ª Corintios 6:17).

Han sido comprados por precio (1ª Corintios 7:23) y por tanto, no se atreven a intentar ser propietarios de nadie y a ser propiedad de nadie más que de Él. Sin embargo, pertenecen los unos a los otros en el más profundo sentido espiritual de la palabra (1ª Corintios 3:22). (Esto se opone a la costumbre actual donde cada líder estima a la gente como parte de “sus” ovejas. ¿Quién les dijo que son suyas?)

No tienen otra vida que vivir más que Su vida, vivida en y a través de ellos (Gálatas 2:20).

Esto también tiene una explicación. No sé si el autor lo escribió por el mismo motivo, pero yo puedo asegurarte que son miles y miles los cristianos que, en lugar de vivir vidas propias de fe y victoria, eligen vivir la de sus líderes o pastores, que cuentan testimonios tremendos y espectaculares en cada reunión, que los hacen sentir protagonistas sin serlo.

Quiero decir que, en lugar de vivir vidas propias, sin nada importante que suceda y hasta llenas de mediocridad, prefieren vivir la de esas personas que les aseguran en cada reunión que Dios hace maravillas a través de ellos.

Profetas

Los crucificados son un pueblo que dice lo que Dios dice, hace lo que Dios hace y son lo que Dios les ha hecho ser.

Esto, que no parece mucho más que un sencillo juego de palabras encierra, sin embargo, una tremenda verdad absolutamente desoída. Autoexamen: ¿Estoy diciendo lo que Dios dice o lo que a mí me parece adecuado? ¿Estoy haciendo lo que Dios está haciendo o lo que creo que beneficia a la gente incluyéndome a mí mismo? ¿Soy lo que Dios determinó que debía ser? Yo ya encontré mis respuestas, estoy orando para que tú encuentres las tuyas.

Son verdaderos profetas de Dios. Con el uso del término profeta, no me refiero a qué todos ellos sean llamados al ministerio equipador del profeta. No obstante, sus vidas son conformadas según los profetas de Dios—el espíritu de Elías—teniendo esa relación radical con Dios en el Espíritu, hablando por Dios por su mismo estilo de vida, trayendo convicción al mundo, preparando el camino de la segunda venida del Señor.

Parecen inconformistas en el Cuerpo de Cristo, pero son de hecho todo lo opuesto. Cada uno de ellos está entregado absolutamente a la voluntad de Dios, al coste de sus propias vidas. No hay rebelión qué encontrar en ellos.

Al seguir cada uno de ellos al Espíritu, descubren que Él dirige conforme a las Escrituras; que los dones y los ministerios del Espíritu surgirán y comenzarán a fluir juntos sin muros; que Su cuerpo, la Iglesia, comenzará a unirse en un buen orden y libertad según la Escritura en un solo hombre conforme a Efesios 4:13; que Su propósito divino y Sus planes se revelan; que Su presencia y poder son manifiestos; y que ellos mismos surgen como un hijo colectivo por todo el mundo.

Estas cosas han de ser la obra del Espíritu Santo que está edificando la casa de Dios. “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.” (Salmos 127:1).

Ningún hombre sabe cómo construir la casa de Dios. El hombre no puede legislar o institucionalizar el orden divino de Dios. Tan solo puede someterse a la obra santificadora del Espíritu Santo, que es quién está haciendo el edificio, y ser radicalmente obediente a esa cosa particular que el Espíritu Santo le muestra que haga.

Cualquier intento por edificar, legislar o institucionalizar por delante del Espíritu, es carnal, y terminará en legalismo y muerte. “…la letra mata, pero el Espíritu es dador de vida” (2ª Corintios 3:6). Y te recuerdo que Dios aborrece las obras de la carne. No interesa si son malas o buenas obras; si son de la carne, Dios las aborrece aunque todo el planeta las aplauda.

Ríos de Agua Viva del interior

Estos crucificados se inician solos. La vida y el poder del Espíritu es la fuerza impulsora en ellos. Se entregan a sí mismos para llegar a ser esa agua viva que brota desde lo más profundo de su interior, fluyendo como ríos de vida (Juan 7:38).

No necesitan ser motivados para alabar y adorar, para orar, para ayunar, para dar, para responder a todo lo que sea demandado por el Espíritu. (Esto significa que en un lugar de reunión de esta gente, deberás contabilizar cero directores de alabanza, que es como decir: cero “porristas” cristianos.)

No necesitan correr a este seminario de sanidad o a aquel taller sobre liberación. No tendrán que comprar todos esos libros y cintas de casete sobre “cómo hacer esto”, o “cómo hacer esto otro”. (Porque recordarán aquella palabra que les asegura que las señales seguirán a los que creen)

No tendrán que aferrarse a las promesas de Dios en sus vidas a través de infinitos encantamientos de confesiones de fe.

El Reino de Dios está dentro de ellos (Lucas 17:21). La Palabra de Dios está dentro de ellos. Están en Él y Él en ellos. Son uno, así como Él es uno con el Padre (Juan 17:21). La Palabra de Dios es las promesas de Dios; por tanto, las promesas de Dios están en ellos y no pueden alcanzarse agarrándolas externamente.

Además, no sólo tienen el Reino, la Palabra, las promesas y la Persona de la Palabra en ellos. Ellos mismos se convierten en la manifestación de la Palabra de Dios en y  a través de sus vidas. Son epístolas vivas (2ª Corintios 3:2-3), oráculos (1ª Pedro 4:11). Son la Palabra hecha carne en sus propios cuerpos, al ser el Cuerpo de Cristo en el mundo.

La Vida Cristiana normal

Esto no es decir que estos crucificados son un cuerpo de élite de personas en términos en cuanto a lo que el mundo piensa como élite. Por el contrario, son el objeto de mucho ridículo y desprecio en el mundo. (¡Hermano! ¿Ridículo? ¿Desprecio? – Sí; ridículo y desprecio. Y eso, como de menor precio. Hay algunas cosas más costosas referidas a nuestra reputación.)

La vida crucificada es aquello a lo que Dios ha llamado a todos Sus discípulos. Es considerada vida cristiana normal desde el punto de vista de Dios. Cualquier intento de vida en Cristo que sea inferior a esto, es discipulado anormal, inmaduro.

Y sin embargo, no es algo que nadie pueda conseguir por sus propias fuerzas. Sólo Jesús es el cumplimiento de todas las fiestas y atrios. Él es nuestro redentor y nuestra redención, nuestro justificador y nuestra justificación, nuestro libertador y nuestra liberación, nuestro santificador y nuestra santificación, nuestro glorificador y nuestra glorificación. Si queremos cualquiera de estas cosas, tenemos que tenerlo a Él.  ¡Él es todo eso!

El asunto no es que Dios esté dispuesto a redimir, a justificar, a liberar, a santificar y a glorificar. Él ya lo ha hecho. El asunto es creer en Él como el autor de Su propia obra—hecha a favor nuestro—y estar dispuestos a qué Dios obre en nosotros todo aquello que Él ha hecho por nosotros.

Algunos no están dispuestos a avanzar en la santificación y la glorificación. No puedes ser glorificado sin que primero pases por la santificación. No puedes ser santificado sin que primero pases por la justificación. Fuimos justificados, estamos siendo santificados, seremos glorificados—juntos, este es el proceso de la salvación. Nos estamos convirtiendo en lo que somos en Cristo Jesús.

Por tanto, no sólo tenemos estas tres fiestas y atrios cumplidos en Jesús, sino que están siendo obrados en nuestras vidas mientras estamos dispuestos y cedemos. Oswald Chambers, en su libro devocional, “En Pos de lo Supremo”, escribió: “El asunto no es si Dios está dispuesto a santificarme; ¿Es mi voluntad? ¿Estoy dispuesto a dejar que Dios haga en mí todo lo que ha sido hecho posible por medio de la Expiación?”

Nacidos del Fuego

Estos crucificados nacen del fuego. Hechos 8:1-4 nos deja un ejemplo de esto entre los Cristianos del primer siglo. Aquí leemos como Saúl consentía en la muerte de Esteban; y así, una gran persecución se levantaba contra la iglesia en Jerusalén.

Por causa de esta persecución, los discípulos fueron esparcidos por el extranjero, a todo lo largo de las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles. Estos Cristianos esparcidos avanzaron predicando la Palabra.

Jesucristo había dado a los primeros discípulos la comisión de “ir… haciendo discípulos a todas las naciones, bautizándoles…” (Mateo 28:19-20), pero estaban cómodos en su cueva de Jerusalén y no estaban saliendo como les había sido encomendado. Por tanto, se necesitó la persecución para esparcirlos  a ellos y a la Palabra por el extranjero.

Una vez más siento que se necesitará la persecución para esparcir a los santos para extender el verdadero Evangelio.

Si bien no disiento con el autor en su contenido profundo, quizás sí algo con lo que puede interpretarse de primera agua. Porque la persecución no va a venir del mundo secular cómo puede suponerse, sino del seno religioso de las propias estructuras eclesiásticas tradicionales. Y esa persecución no “va a venir”; ya está aquí.

Digo “verdadero” evangelio porque cualquier otro evangelio que no predique a “Jesucristo y a Jesucristo crucificado”, no es el verdadero, sino “otro evangelio”. La justicia social, la experiencia del nuevo nacimiento, la santidad, la fe, la prosperidad, el orden de iglesia, y otras muchas enseñanzas, pueden ser ciertas, pero no son en sí mismas “el” evangelio.

Pueden ser subproductos del evangelio en una extensión u otra. Pero el evangelio, conforme al apóstol Pablo, cuyos escritos  consideramos inspirados y sagrados, es Cristo y Cristo crucificado. 1ª Corintios 2:2: “Porque me he propuesto no saber nada entre vosotros sino a Cristo y a Él crucificado.” (Totalmente de acuerdo. Y, si quieres, súmale a esto: “El Reino de los cielos se ha acercado”, que es el único evangelio que predicó Jesús.)

Con frecuencia, la persecución es la sacudida de Dios—Su herramienta para el cumplimiento de la gran comisión.

Un ámbito más alto en el Espíritu

Habiendo pasado de la Pascua hasta Pentecostés, los crucificados han cruzado a un ámbito más alto en el Espíritu llegando hasta Tabernáculos incluso antes de su cumplimiento. (Enfatizo una vez más que este ámbito más alto se espera y de todo discípulo verdadero, hambriento y buscador, y está disponible para él).

Y es correcto ese énfasis del autor, porque podría interpretarse como que estos crucificados son gente especial, fuera de serie que miran por sobre sus hombros a todos los pobres hermanitos que andan por debajo en las iglesitas, pero no. No es en absoluto así el punto de estar en un ámbito más alto en el Espíritu. Podría decirte que es todo lo contrario.

Tenemos un tipo de esto en el Antiguo Testamento cuando David y sus hombres comieron el pan sagrado (1ª Samuel 21:4-6). Con respecto a esto, Mateo 12:1-8 nos habla de un tiempo cuando Jesús y sus discípulos caminaban entre un campo de grano en el Sabbat, y algunos comieron del grano.

Los Fariseos los vieron y cuestionaron a Jesús sobre lo ilegal que habían hecho. Jesús les recordó cómo David entró en la casa de Dios y comió los panes de la proposición sagrados, algo que no estaba permitido por la ley. Y sin embargo, no fue culpado.

Jesús entonces declaró que alguien mayor que el templo estaba allí. Se refería a sí mismo—que Él era el Señor del Sabbat. Con otras palabras, David, por causa de su relación íntima con Dios, fue más allá de la Ley y se aferró del Señor mismo de la Ley. Se movió en una esfera más alta en el Espíritu.

Hay un pan para los hijos de Dios del que no hemos recibido el privilegio de participar hasta ahora porque aún no hemos cruzado a esta vida crucificada nosotros mismos. Hemos estado obrando en la misericordia y la gracia de Aquel que entró antes que nosotros de una vez y para siempre como nuestro Gran Sumo Sacerdote, Jesucristo el Señor.

Una vez que los crucificados han cruzado verdaderamente al Lugar Santísimo—el lugar dónde Jesús es lo único que hay, dónde Jesús no sólo es predicado como crucificado, sino dónde el creyente mismo es un ejemplo vivo de esa vida sacrificial (Romanos 12:1)—habrán llegado a un lugar dónde puede que nunca estén enfermos, cojos, o dañados de nuevo; dónde los demonios no podrán ya más oprimirlos, atormentarlos o tentarlos; donde las cosas materiales serán irrelevantes porque esas cosas no tienen nada que ver con un hombre muerto. Además, las bendiciones de Dios les seguirán. (Si ese es el objetivo, sigamos andando, creo que todavía nos faltan algunos kilómetros…)

Jesús es su patrón. Su vida sacrificial se convierte en sus vidas, y sus vidas en la vida de Él. El Espíritu Santo dio dones y ministerios para equipar a los santos para la obra del “servicio” con el fin de  volvernos como Él. Nos acercamos rápidamente a ese fin y el perfeccionamiento de los santos—aquellos que están dispuestos a pasar por la cruz en Cristo.

Capítulo 3

Consumidos

¿No es interesante que Dios haya establecido fiestas (algo que tiene que ver con comer), como ocasiones para la adoración de Israel, como representaciones de Su obra terminada en Cristo y como representaciones de la relación divina que tenemos en Él?

El cordero pascual, que tipifica la muerte de Jesucristo, que era el Cordero de Dios sin mancha y sin arruga, había de ser comido completamente por los hijos de Israel en la noche antes de su partida de Egipto. Toda carne que no fuera comida, había de ser consumida por el fuego. De cualquier modo, el sacrificio tenía que ser completamente consumido (Éxodo 12:5,10).

Más tarde, en el antiguo Israel, Dios ordenó que los sacerdotes levíticos habían de comer las ofrendas del Señor hechas por fuego, y declaró que esta sería su heredad entre sus hermanos (Josué 13:14).

Dios quería desde el principio que la nación de Israel por completo fuera un reino de sacerdotes y una nación santa para Él (Éxodo 19:6). Más tarde, al fracasar en su obediencia a Dios, Él estableció a la tribu de los Levitas para ministrar como sacerdotes al Señor (Deuteronomio 10:8).

Hoy, estamos padeciendo pseudos ministros por la misma causa. Todo el pueblo de Dios (que ahora es el Israel moderno), está llamado a ser sacerdotes y ministros competentes, pero los levitas modernos todavía están al mando. Y las consecuencias las conocemos muy bien tú y yo.

En Cristo, todos los creyentes han cumplido el deseo de Dios de tener para Él mismo un “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa…” (1ª Pedro 2:9). Dios abolió la necesidad de que solamente fueran unos pocos los que Le sirvieran como sacerdotes, y estableció el sacerdocio de cada creyente.

Cristo Jesús, el Cordero de Dios, se ha convertido en nuestra heredad como sacerdotes. Hemos de consumirle. En Juan 6:58, Jesús se identificó a Sí mismo con “ese pan que viene del cielo.” Él dijo a Sus discípulos que comieran Su carne y bebieran Su sangre (Juan 6:53-56). Esto era una declaración muy fuerte, y las Escrituras afirman que desde ese día en adelante, muchos dejaron de seguirle (Juan 6:60-66).

Una cosa es participar de la Cena del Señor que conmemora su muerte, pero otra muy distinta es participar de Él y participar de Su muerte por medio de nuestra propia vida entregada.Al observar la progresión de estas fiestas en su relación con los tres atrios del Tabernáculo, y particularmente en referencia a estos crucificados, descubrimos cuatro cosas han de suceder para completar el proceso de santificación (separación).

Consumiendo a Cristo

En primer lugar, hemos de consumir a Cristo completamente. Simbólicamente representamos esto en la observancia de la Cena del Señor. Mateo 26:26-29 dice, “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (Lee también Marcos 14:22-24; Lucas 222:19-20; 1ª Corintios 11:24-25).

La versión King James de la Biblia dice; “Bebed todo de ella” en referencia a la copa. Las traducciones más recientes dicen “Bebed de ella, todos vosotros”. La sintaxis griega deja al texto con cierta incertidumbre, “Bebed todo de ella.”

Sugiero que la versión King James está en armonía con la Pascua, cuando les fue ordenado que comieran todo del Cordero, y que lo que no fuera comido, fuera consumido por el fuego a la mañana siguiente. En ambas ceremonias, el énfasis se encuentra en el consumo total. Hemos de consumir a Jesús totalmente.

Participar sólo del símbolo es un ritual inútil a menos que el participante haya recibido primero a Jesús, el pan de Vida, para sí mismo. Jesús es recibido cuando se nace de nuevo (de arriba). (Juan 3:3-8).

Comer Su carne y beber Su sangre es consumir a Cristo Jesús como Señor de tal modo, que tú misma naturaleza es transformada. Te has convertido en una nueva criatura. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (2ª Corintios 5:17).

Hay trabajos de otros ministros al respecto que coinciden con esta afirmación. La llamada Santa Cena, indudablemente, es algo mucho más profundo e importante que esa copa y esos trocitos de pan mensuales en un templo.

Ser bautizado en agua es un símbolo del bautismo en Su muerte, sepultura y resurrección. “Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección.” (Romanos 6:4-5).

habiendo sido sepultados con El en el bautismo, en el cual también habéis resucitado con El por la fe en la acción del poder de Dios, que le resucitó de entre los muertos.” (Colosenses 2:12).

“Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Colosenses 3:3).

El bautismo en agua cubre el terreno de la experiencia espiritual en Cristo desde la muerte a la ascensión. “y con Él nos resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús.” (Efesios 2:6). Todas estas experiencias espirituales preceden a Pentecostés.

De hecho, hemos de tomar todo de Él, que es el comienzo de nuestro caminar con Él.

Consumidos por Cristo

En segundo lugar, al consumirle absolutamente, descubrimos que entonces somos nosotros consumidos por Él. Es un misterio a la mente carnal cómo podemos estar en Cristo y Él en nosotros del mismo modo que Él está en el Padre. “En aquel día” (después de que el Consolador fuera dado en Pentecostés), “vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” (Juan 14:20).

Esta unidad con la deidad está todavía dentro del ámbito de la Pascua dónde somos redimidos, justificados, dónde recibimos vida eterna y ascendientes. Ganar a Él es ganar vida eterna; es decir, estar completamente envueltos de Él—ser consumidos por Él.

Consumirle es tomarle. Ser consumidos por Él es ser tomados por Él—ser hechos uno con Él. Lo tomamos todo de Él. Él lo toma todo de nosotros.

Reconozco humildemente que a esto jamás lo había visto de este modo. No puedo aseverar con certeza de revelación que verdaderamente así sea, obviamente, pero es muy coherente y encaja perfectamente con muchos de los textos al respecto. Para tener en cuenta y escudriñar a diario.

Consumidos con Cristo

Pero tiene que pasar algo más. Le consumimos para ser consumidos por Él, para que nosotros podamos ser consumidos con Él. Es aquí donde Pentecostés viene sobre nosotros. Juan dijo a los que salían para ser bautizados en agua que venía alguien “cuyo calzado yo no soy digno de llevar; Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mateo 3:11).

Pentecostés fue el cumplimiento de esta promesa. “Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” (Hechos 1:4-5).

En el día de Pentecostés, Pedro explicó que esto era lo que Joel había profetizado que llegaría a suceder en los últimos días. “Derramaré Mi Espíritu sobre toda carne.” (Hechos 2.17). En la Pascua recibimos a Jesús. Jesús significa Salvador. En Pentecostés recibimos a Cristo. Cristo significa “el ungido”. Cristo es la traducción griega de la palabra hebrea, Mesías.

El Espíritu Santo es el poder ungido del ministerio de Cristo en y a través de Sus discípulos. Se nos da el Espíritu Santo principalmente para darnos el poder de Su señorío. Sin el Espíritu Santo, somos incapaces de hacer la obra de Dios.

Podrá ser una verdad remanida y muy conocida, pero no por ello deja de ser necesario reiterarla una y otra vez en el marco de un ambiente cristiano que, día tras día, parece empecinado en hacer funcionar lo que llaman iglesia, sin ese poder y sin ese señorío.

Ser bautizados en el Espíritu Santo es ser consumidos en extremo con Dios en Cristo—ser empapados, saturados, infiltrados, inmersos con el gran y glorioso Espíritu Santo del Dios Todopoderoso. Los que son bautizados así Le tienen como la abundancia de sus corazones. Tienen hambre y sed de más y más de Él. Él es su preocupación. Comen, beben, duermen, piensan en Jesús. ¡Consumidos con Él!

Y aún más, son entregados a ese fuego del Espíritu Santo que los separa del pecado, del mundo, de la carne y de todo el dominio de Satanás. Son sujetos Su fuego purificador para ganar esa “santidad (santificación” sin la cual, nadie verá al Señor.” (Hebreos 12:14)

A mí me evangelizaron y me hablaron de este bautismo del Espíritu Santo, jóvenes que no lo habían recibido, aunque creían fielmente en él. Yo lo recibí una noche, en una reunión, donde caí de rodillas llorando y riendo al mismo tiempo, mientras mi boca se abría incomprensiblemente para emitir sonidos más incomprensibles aún que, luego supe, llamaban don de lenguas.

El Espíritu Santo es dado para que podamos ser guiados de Él, enseñados de Él, para que podamos ministrarle a Él en las sublimes alabanzas de Dios de las que Él es digno—para que podamos adorarle en Espíritu y en verdad, para que podamos tener el poder de Su Señorío, para que podamos llevar el fruto del Espíritu, para que podamos ser testigos de Él en las partes más extremas de la tierra, para que podamos ser para la alabanza de Su gloria, y finalmente, para que podamos ser conformados a la imagen de Su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.

En Pentecostés, somos santificados, pero no satisfechos. Porque la meta de la Pascua y de Pentecostés, es el cumplimiento de los Tabernáculos. La creación entera todavía gime por la revelación de los hijos de Dios. “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8:19-23).

Un fuego consumidor por Cristo

Hemos de consumirle y de ser consumidos por Él para que podamos ser consumidos con Él, de modo que, finalmente, podamos convertirnos en fuego consumidor por Él.

Nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12:29) y eso es a lo que igualmente, todos los verdaderos creyentes han sido llamados a ser: un fuego consumidor. Los que llegan a ser fuego consumidor, por la misma naturaleza de sus vidas consagradas, se convertirán en una ofensa al mundo, a la carne y a Satanás.

Se convertirán en el objetivo de la persecución. El mismo Señor Jesús, advirtió “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán…” (Juan 15:18-20).

Leemos en la Biblia que la gloria del Señor llenó la casa del Señor solo tres veces: el Tabernáculo de Moisés (Éxodo 40:34), el Templo de Salomón (1ª Reyes 8:11) y el Templo de Ezequiel (Ezequiel 10:4, 43:4-5, 44:4).

Creo que el Templo de Ezequiel representa el ejército de creyentes de los últimos tiempos que está surgiendo en este día postrero. Somos el templo del Espíritu Santo (1ª Corintios 6:19). Será esta casa de muchos hijos la que la gloria del Señor volverá a llenar.

La gloria jamás regresó al templo de Zorobabel o el templo de Herodes. Ha sido reservada para este período final antes de la venida del Señor, en el que muchos hijos serán llevados a la gloria.  “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos” (Hebreos 2:10).

En la Pascua somos redimidos y justificados; en Pentecostés somos santificados; en Tabernáculos seremos glorificados. Eso será completado cuando Jesús venga. Pero como yo digo, habrá un anticipo de esa venida ahora, y hay precursores que llegan en el Espíritu de Elías, preparando el camino de la segunda venida del Señor (Malaquías 4:5).

En las dietas se habla de que uno es lo que uno come. Lo mismo sucede con las cosas espirituales. Comer Su carne y beber Su sangre es participar de Su justicia y por tanto, convertirse en la justicia de Dios. Comer Su carne y beber Su sangre es participar de Su santidad y por tanto, convertirse en la santidad de Dios.

Comer Su carne y beber Su sangre es participar de Su gloria y por tanto, convertirse en la gloria de Dios. Comer Su carne y beber Su sangre es participar de Su naturaleza divina y por tanto, convertirse en la naturaleza de lo divino.  Comer Su carne y beber Su sangre es convertirse en “pan roto y vino derramado” (prestado de Oswald Chambers).

Capítulo 4

Redención

Por causa de la expiación por sangre de Jesús, somos justificados y redimidos, estamos siendo santificados (separados para Dios del pecado, de Satanás, de la carne y del mundo), y seremos  glorificados. Pera entender mejor este proceso de salvación, echemos una ojeada breve a nuestra redención y justificación.

Cristo es nuestro Redentor / Justificador

Dios nunca acariciará nuestra carne; El la mata. Nunca cuidará nuestras causas—sólo está interesado en la Suya. Su causa es la redención de la humanidad. No puedes recibir esta redención por ningún otro medio ni puerta que la expiación por la sangre de Jesucristo.

No puedes ser redimido y justificado por las obras de la Ley. La Ley no fue dada para redimir a los hombres del pecado sino para convencerlos. La convicción a solas no puede salvar. Hemos de añadir el arrepentimiento a la convicción. El arrepentimiento significa dar la vuelta, apartarse, un cambio radical, un cambio de forma de pensar. Pero no podemos volvernos del mal sin más. Hemos de volvernos hacia el Redentor. (¿Estás viendo? No era solamente pasar al frente, arrojarse de rodillas y llorar un diluvio, era algo más…profundo y duradero)

La Ley nos dice lo que es justo. La Ley es el fundamento de todo juicio justo. La ley tiene que ser satisfecha con justicia, es decir, la Ley tiene que ser obedecida perfectamente. Es imposible lograr esto en la naturaleza maldita y caída de la carne humana. Jesús por otro lado, siendo el perfecto Hijo de Dios, logró el requisito justo de la Ley.

Al que no conoció pecado, por nosotros fue hecho pecado para nosotros fuéramos hecho la justicia de Dios en Él.” (2ª Corintios 5:21).

Cristo nos ha redimido de la maldición de la Ley, habiendo sido hecho maldición por nosotros, como está escrito, ‘Maldito todo aquel que cuelgue de un madero’ ” (Gálatas 3:13).

Puede que Dios te dé una obra qué hacer. Pero tus obras jamás te redimirán. Tu redención está en tiempo pasado: cumplida en Cristo Jesús. La Ley ha sido satisfecha por la sangre del Cordero.

La única forma de tomar parte en esta satisfacción, es por la fe en el Redentor—fe de que Él ha salvado, redimido, justificado, sanado, librado; que ÉL está santificando, que Él glorificará. Es la fe en Su obra terminada. Él es el Salvador, el Redentor, el Justificador.

Somos justificados por la fe. (¿Añado lo que aprendí de otro enorme hombre de Dios? Por la fe de Jesucristo, no por la nuestra, que es pequeña.)

Humildad

Hay una relación humilde que tenemos con nuestro Redentor—porque no podemos salvarnos a nosotros mismos ni en ningún sentido, mejorarnos a nosotros mismos para hacernos más aceptables. Cuanto más aceptables tratemos de hacernos, menos aceptables llegaremos a ser.

Cuanto más inaceptables nos damos cuenta de que somos, mejor posicionados estamos para poder ser perdonados y poner nuestra confianza en Aquel que nos redimió. No podemos salvarnos ni a nosotros mismos ni a los demás.

Es por medio de la obediencia y del quebrantamiento que entramos en el Reino de Dios. Jesús se humilló a Sí mismo hasta el punto de que “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo…” (Filipenses 2:6-7).

Su humildad no niega Su Deidad. Más bien, a través de ello, Él muestra el camino hacia Él. Él es el ejemplo. Su humanidad completa fue entregada para que pudiéramos ver a Dios, conocer a Dios y venir a Dios.

Por causa de Jesús, que nos encontró en nuestro nivel, ahora somos capaces de acercarnos a Dios. Por eso Hebreos 12:18-24 dice que “no hemos venido al monte que podía ser tocado…” sino  “al Monte Sión…” Es decir, no hemos venido a la Ley, sino a la gracia. No hemos venido a la ira, sino a la misericordia.

Por tanto, dejemos de frustrar la gracia de Dios pecando, cuando a través de la sangre de Jesús, hemos sido liberados de la esclavitud al pecado. Jesús es la puerta de las ovejas. Cualquier hombre que quiera entrar por cualquier otra puerta, es ladrón y salteador.

El Altar del Sacrificio Quemado

El atrio exterior con el altar del sacrificio quemado sobre el que los animales eran matados, apuntaba a este Dios Redentor que vino en semejanza de hombre para derramar Su preciosa sangre como expiación por los pecados del mundo—el Cordero de Dios, sin mancha ni contaminación.

De este Cordero, Juan escribió en Apocalipsis 5.9: “y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.”

Jesús es el Cordero de Dios, fue la Palabra hecha carne (Juan 1:1,14). La Palabra de Dios es la Ley de Dios. Por medio de Su nacimiento, de Su vida santificada, de Su muerte, sepultura y resurrección, Él, siendo la Ley, cumplió o satisfizo el requisito justo de la Ley.

La fuente de Bronce

Entre el Tabernáculo y el altar de la ofrenda quemada, había una fuente de bronce. Había agua en ella, y los sacerdotes tenían que lavar sus manos y sus pies en ella, antes de entrar al Tabernáculo de reunión o antes de acercarse al altar a ministrar las ofrendas quemadas para el Señor (Éxodo 30: 17-21).

Creo que este lavamiento predecía al bautismo en agua bajo el nuevo pacto. “Bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo para la remisión (perdón) de los pecados…” (Hechos 2:38). El apóstol Pablo estaba recordando su experiencia de conversión durante su defensa en Jerusalén cuando nombró a Ananías, que habría dicho, “…Levántate y se bautizado y lava tus pecados invocando el nombre del Señor”. (Hechos 22:16).

Habiendo sido salvo, redimido, justificado, y limpiado por la vida sacrificada de Jesús y el derramamiento de Su sangre, hemos nacido de nuevo (Juan 3:3,7), hemos sido hechos nuevas criaturas en Cristo Jesús (2ª Corintios 5:17) y tenemos ese depósito divino de vida eterna dentro de nosotros (Juan 6:47).

Hemos nacido al Reino de Dios, somos bebés en Cristo, hijos de Dios, herederos y co-herederos con Cristo, viviendo en la casa de Dios—hijos de Dios, hermanos y hermanas en el Señor. El bautismo en agua está asociado esencialmente con el este ministerio del atrio exterior. Hay más sobre el bautismo en el capítulo cinco.

El bautismo es otro de los temas que muestra distintas facetas, conforme al estilo de interpretación utilizada. Tengo para mí que es un hecho sumamente importante (Por eso fue inscripto en la Biblia=) y tiene un significado que aún no ha sido revelado con total claridad por el Espíritu Santo.

Redención: el comienzo de la Salvación

Que somos redimidos por la sangre del Cordero es el mensaje evangélico de la iglesia al mundo. La Redención es el comienzo de la salvación a la que todos hemos sido llamados. Jesucristo es nuestro Redentor, nuestro justificador y nuestro salvador, que se convirtió en la propiciación (apaciguamiento, conciliación) por nuestros pecados—nuestro sustituto en la cruz.

Creemos en Él. Ponemos nuestra confianza en Él. Permanecemos en Él como Él permanece en nosotros y por Él, tenemos vida eterna con el Padre. Nada puede ser quitado de esta realidad. Este es el comienzo de nuestra salvación.

Pero hay un perfeccionamiento de los santos que Dios quiere producir en Su pueblo; un avance de fe en fe, de gloria en gloria, un crecimiento en Él. La Biblia nos ve a los que creemos como el edificio de Dios. Esta analogía nos ayuda a comprender como la redención es el comienzo de Su proceso de Salvación.

Pero Dios tiene un plan para edificar Su casa. Dios el Padre es el Gran Arquitecto de SU edificio. Sólo Él tiene las claves. “Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los edificadores…” (Salmos 127:1) Somos la casa de Dios, el edificio de Dios (1ª Corintios 3:9), piedras vivas (1ª Pedro 2:5), edificándose en amor (Efesios 4:16).

También somos co-edificadores con el Espíritu Santo de Dios, que es el constructor y el administrador de proyecto de construcción de Dios. Jesús es el patrón, de modo que cuando la casa esté terminada, todos nos parezcamos a Él (Efesios 4:13).

El objetivo final de la redención es que Cristo sea formado en nosotros (Gálatas 4:19) Los ministerios, los dones equipadores de los apóstoles, los profetas, evangelistas, pastores y maestros, son dados para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (Efesios 4:11-12). Los dones del Espíritu (1ª Corintios 12) son dados como herramientas para el servicio en este proceso de edificación y perfeccionamiento.

Estas herramientas pasarán, No son fines en sí mismas, sino instrumentos en las manos de Dios para completar Sus propósitos divinos con toda la humanidad. Una vez que esta casa esté construida, las herramientas pasarán.

Lo perfecto habrá llegado (1ª Corintios 13:10). Lo perfecto es ese  “hombre perfecto (constituido de muchos miembros), conforme (hecho según el patrón) a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviéramos en ellas.” (Efesios 2:10)

Del mismo modo que Jesús fue el patrón para nosotros, una vez que participamos de Su naturaleza divina, hemos de asumir Su naturaleza divina para que podamos ser epístolas vivas: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra,(1) sino en tablas de carne del corazón.” (2ª Corintios 3:2-3).

Las obras mayores de Dios

Nosotros somos Su cuerpo—Sus pies, Sus manos, Su boca, Su corazón, Su mente—en el mundo hoy día. Hemos de movernos como Él se movió en la tierra, siendo la excepción que nosotros no solo tenemos el llamado de Su ministerio terrenal, sino que igualmente tenemos  el poder de Su dominio—es decir el don del Espíritu. Como Él dijo, “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré.” (Juan 16:7).

Sabiendo esto de antemano, Él declaró “el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre.” (Juan 14:12).

Nosotros somos las obras mayores de Dios—no simplemente en lo que hacemos—porque parece poco probable que podamos hacer algo mayor que Él mismo. Pero las obras mayores que hacemos son ciertamente las obras mayores que ÉL ha hecho, está haciendo y hará en nosotros en Su obra de la redención, santificación y glorificación.

Jesús dijo que las mismas obras que Él había hecho, podríamos hacer nosotros, y añadió: Y aún mayores. Entonces nos preguntamos: ¿Qué obra mayor que Jesús podríamos hacer nosotros? Una, indiscutible: plantarse frente al mundo y decirle: “¡Miren! ¡Soy un pecador arrepentido salvo por la sangre de Jesús! “A eso, Él no pudo hacerlo.

Nosotros somospara la alabanza de Su gloria” (Efesios 1:6, 12,14), no por nuestras obras, sino por Sus obras en nosotros. Por tanto, las vidas que ahora vivimos como crucificados, las vivimos “por la fe del Hijo de Dios, que (nos) me amó y se entregó a sí mismo por mi (nosotros)” (Gálatas 2:20).

Por tanto, si esperamos formar parte de esta compañía de crucificados, Él nos suplica por Sus misericordias, a presentar nuestros cuerpos como sacrificios vivos, santos y aceptables a Dios que es nuestro culto racional. (Romanos 12:19:

Nosotros somos Él en el mundo—embajadores (2ª Corintios 5:20). Nuestras mismas vidas han de reflejar el poder de Su Señorío para convencer a otros de pecado y llamarles al arrepentimiento, para que ellos también puedan entrar en el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6) —Jesucristo como Señor.

Capítulo 5

Santificación

Hay mucho más en el llamado de Dios a nuestras vidas que meramente recibir Su redención para que podamos ir al cielo al morir. Considera esto: La iglesia verdadera es un pueblo obediente. Hay dicho muy duro pero muy cierto. Comer Su carne y beber Su sangre (Juan 6:53-56) es poner nuestras vidas absolutamente para que Él cumpla Su absoluta y perfecta voluntad en nuestras vidas. Ninguna otra cosa importa.

El verdadero siervo es Jesús. Jesús estaba absolutamente consagrado a cumplir la voluntad de Su Padre. Fue la voluntad de Su Padre lo que llevó a Jesús a Getsemaní. Fue la voluntad de SU Padre lo que Le llevo ante Caifás y Pilatos. Fue la voluntad de Su Padre que le crucificaran en aquella cruel cruz romana. Fue la voluntad de Su Padre que muriera sobre la cruz y derramara Su sangre incorruptible por los pecados de un mundo corrupto.

La verdadera iglesia—aquellos que son verdaderos discípulos—son los que llevan las marcas de Su servidumbre (Gálatas 6:17), que consideran sus propios vasijas muertas al pecado para que Él pueda reinar y gobernar como el Soberano en sus vidas. La verdadera iglesia es un pueblo obediente.

Totalmente de acuerdo, pero voy a permitirme añadir algo que, si bien es implícito y a nadie puede escapársele, por falta de enseñanza concreta dentro de nuestros ambientes, en muchos casos se pierde de vista. Somos siervos por forma de sumisión, obediencia y servicio, pero no nos olvidemos nunca que preponderantemente, somos hijos. De otro modo, no heredaríamos. Y nosotros sí heredamos.

Las tres dimensiones del Hombre

Hay tres dimensiones en el hombre. Es un alma viviente con un espíritu y mora en un cuerpo de carne. Ha sido redimido en su espíritu. Está siendo renovado en su alma, que consiste en su mente, voluntad y emociones.

Pero su cuerpo de carne está corrupto y caído, y está sujeto a la corrupción y a la tumba. Sólo en esa gran resurrección de los muertos, los santos de Dios serán redimidos en sus cuerpos. En ese momento, recibirán para ellos mismo cuerpos glorificados (1ª Corintios 15:35-50). (Importante: si bien esto no significa que debamos despreciar el cuerpo y agredirlo, tampoco es conveniente que le otorguemos prioridad, satisfaciéndolo por encima de lo demás.)

Estas tres dimensiones están tocadas por las tres fiestas de Israel y los tres atrios del Tabernáculo. Obrando desde dentro hacia fuera, el espíritu del hombre está redimido y justificado en el cumplimiento de la Pascua.

El alma (personalidad) del hombre está siendo renovada día a día, santificada, en el cumplimiento de Pentecostés. Después, en el cumplimiento de los Tabernáculos, cuando Sus santos sean atrapados en el aire y reunidos con Él, entonces recibirán sus cuerpos glorificados (1ª Corintios 15:49,52).

Las únicas sanidades de nuestros presentes cuerpos mortales son temporales: “Antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2ª Corintios 4:16).

Tan mortales son esas sanidades que, incluso una resurrección como la de Lázaro, lo fue. ¿O nadie te dijo que luego de  ser resucitado por Jesús, Lázaro vivió un determinado tiempo y luego sí, murió definitivamente? Eso, a mi juicio, debería ser un texto de cabecera para todos los que predican sanidad, liberación y bienestar por encima de arrepentimiento, perdón, redención, Reino.

Creciendo

Es este hombre interior del alma (personalidad) del que hablo ahora, cuyo espíritu humano ha sido redimido. Habiendo sido redimido, se ha convertido en una nueva criatura en Cristo Jesús (2 Corintios 5:17). Es un bebé en Cristo. Ha de “crecer en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.” (Efesios 4:15). Se espera que madure.

Ha de crecer en Él, es decir, en Cristo Jesús. Ha de tomar la naturaleza de Su Padre. Ha de ser conformado a la imagen del Hijo (Romanos 8:29). Está siendo transformado por la renovación de su mente para que pueda probar cual sea la buena voluntad del Padre, agradable y perfecta. (Romanos 12:2).

Ha comenzado un proceso en él que pretende llevarle hacia delante y hacia arriba en el supremo llamamiento de Dios en Cristo (Filipenses 3:14). Hay un solo camino por el que puede llegar a este llamamiento hacia arriba y es por medio del bautismo en el Espíritu Santo y fuego.

Así, dejamos el atrio exterior de la Pascua y llegamos al Lugar Santo de Pentecostés, llevando con nosotros la sangre del sacrificio del Cordero. Porque ahora necesitamos el poder de Su Señorío obrando en nosotros.

Para mí, estudiar y experimentar respecto al bautismo del Espíritu Santo, fue apasionante. Sin embargo hoy, muchos años después de haber accedido a ese bautismo tan particular e importante si se quiere servir al Señor con excelencia, pude prestar atención a la segunda parte de lo que se nos dice. El bautismo no es solamente en Espíritu Santo, sino que también es en Fuego.

¿Alguien podría compartirme lo que significa ser bautizado en fuego? Y quiero que entiendas que no estoy hablando de que hayas sentido un calor abrasador subir por tus piernas, brazos y pecho, eso en todo caso no es nada más que la manifestación exterior; estoy hablando de lo interno. ¿Alguien lo ha experimentado?

Tres Bautismos

En un sentido, tenemos tres bautismos. Hebreos 6:1-2 dice, “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos…”  Fíjate que usa el plural en la palabra bautismos.

1.   Bautismo en agua

Somos bautizados en agua, que es nuestro primer paso de obediencia habiendo venido a Cristo en la fe. Los hijos de Israel simbolizaron esto cuando cruzaron el Mar Rojo desde Egipto (el mundo) hacia el desierto (un tiempo de prueba y preparación).

Las Escrituras explican que “todos ellos fueron bautizados en Moisés” (1ª Corintios 10:2). La fuente para la limpieza en el atrio exterior representa este bautismo (lavamiento) en la redención.

Los que testificaron de Pentecostés, preguntaron después qué tenían que hacer. Pedro les contesto claramente, “Arrepentíos y bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo para la remisión de los pecados…” (Hechos 2:38). Este es el primer paso que cada nuevo creyente ha de dar.

El bautismo en agua está asociado con el lavamiento de los pecados. En Hechos 22:16, el apóstol Pablo está testificando de su conversión y como Ananías le dijo, Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.

Cualquier creyente puede bautizar a otro creyente en agua. El bautismo en agua representa nuestro bautismo en Jesús—en Su muerte y resurrección (Romanos 6:4).

Siempre enseñé esto, aunque obviamente, hacerlo, me costó graves problemas, enemistad cierta con muchos líderes y el desprecio de la iglesia evangélica en general a partir de la decisión en tal sentido de los principales pastores asociados de mi ciudad. No le hace; no me han podido demostrar bíblicamente que sólo puede bautizar un pastor ordenado; no hay texto que así lo exprese.

  1. Bautismo en el Espíritu Santo

Este segundo bautismo, el bautismo en el Espíritu Santo, sólo lo puede hacer Jesús mismo. Juan el Bautista proclamó, “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mateo 3:11).

Esto ocurrió por primera vez el día de Pentecostés, como lo describe Hechos 2. Jesús mismo les dijo que esperaran en Jerusalén hasta que recibieran la promesa del Padre, un tiempo en el que serían bautizados (inmersos) en el Espíritu Santo. (Hechos 1:4-5). “Pero recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo…” (Hechos 1:8).

El Espíritu Santo es dado con el propósito explícito de darnos el poder de Su Señorío. Si Jesucristo ha de ser Señor en hechos y no solo en palabra, uno tiene que ser motivado por el Espíritu Santo; tiene que ser inmerso necesariamente en el Espíritu Santo de Dios. Es ahí donde está el poder.

Es absolutamente necesario pasar del atrio exterior de la Pascua hacia el Lugar Santo de Pentecostés. Si alguno espera este proceso de renovación, que este crecimiento en Él tenga lugar, entonces tendrá que humillarse a sí mismo y recibir esta inmersión en el Espíritu.

No es suficiente aprender más y más de la Biblia. No es suficiente tener doctrinas bien definidas. No es suficiente ser religioso incluso en tu vida diaria. No es suficiente escuchar sermones muy elocuentes los domingos, cantar en el coro, enseñar en la escuela dominical, visitar a los enfermos, etc, etc.

A menos que transpire un cambio dentro del alma del hombre, a menos que esté siendo llevado a la perfección, hacia la santidad desde el interior, no podrá ver al Señor. Los que rehúsan este bautismo tendrán que contentarse con ser contados entre aquellos de quienes hablan las Escrituras, “teniendo forma de piedad, pero negando la eficacia de ella…” (2ª Timoteo 3:5).

  1. Bautismo de Sus padecimientos

Primero somos bautizados en Jesús tal y como es expresado por medio del acto externo del bautismo en agua. En segundo lugar, somos bautizados en el Espíritu Santo y fuego para que podamos tener el poder para proseguir hacia Su Señorío.

En tercer lugar, por medio de este bautismo en el Espíritu Santo y fuego, se abre el camino para ser bautizados en Sus padecimientos. Es un participar de Sus padecimientos. El Espíritu Santo obra este bautismo de sufrimiento en nuestras vidas.

Mateo 20:20-23 nos habla del tiempo en que la madre de Santiago y Juan preguntó a Jesús si concedería a sus hijos que se sentaran uno a su mano derecha y el otro a su izquierda en Su Reino. Jesús contestó, “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. Él les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados…”

Jesús no estaba andando con rodeos. Entendieron muy bien lo que este bautismo tenía que ver con el sufrimiento hasta la muerte, una participación con Él en Su muerte (Mateo 20:18). Tal es la consagración de los vencedores. “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.” (Apocalipsis 12:11).

De acuerdo con Lucas 22:31-34, Jesús advirtió a Pedro que Satanás le había pedido para zarandearle como trigo. Después consoló a Pedro diciéndole que había orado por él para que no le faltara su fe. Pedro se jactó; “Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte”. Pedro pensaba que verdaderamente estaba listo para eso.

Y entonces Jesús le dijo que antes que el gallo cantara, Le negaría tres veces. Y tres veces Pedro Le negó. Primero, Jesús preguntó a Pedro si Le amaba. La palabra griega agapeo es usada para este amor que lleva consigo la idea de la auto-negación.

La palabra griega que es usada para expresar la respuesta de Pedro era la palabra phileo, que incluye un sentido más fraternal, afectivo, del alma, añadiéndole la idea del interés propio. No respondió con la clase de amor que se niega a sí mismo.

Una segunda vez Jesús preguntó, “Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas agapeo)?”  La segunda vez Pedro respondió con la palabra phileo, como diciendo, “Sabes que te amo afectivamente.” Después, por tercera vez Jesús le preguntó, “¿Me amas (phileo)?”, como diciendo, ¿eso es todo?

Habiendo fallado ya una vez, Simón ya no podía hacer una jactancia como si estuviera involucrado el agapeo. Sólo podía responder con amor afectivo. Jesús quería poder decir, “Si, Señor”, pero sabía que no había nada en sus fuerzas para poder hacer un voto semejante.

Después, nuestro amado Jesús, dijo a Pedro, (vv.18-19), “De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; más cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme”

Jesús no estaba simplemente diciéndole a Pedro que Le siguiera fuera de la habitación. Jesús le estaba llamando a seguirle hasta la muerte. La jactancia previa de Pedro más tarde se convertiría en la promesa de Dios.

Y después de que todo fuera dicho y hecho en la vida y le ministerio de Pedro, no sólo fue a la prisión, sino a la muerte, siguiendo al Señor en su bautismo de sufrimientos. Sin embargo, no atravesó por este bautismo ni en el tiempo de él ni en su fuerza, ¡sólo en el tiempo y la fuerza  Dios!

Jesús aprendió la obediencia a través de los padecimientos (Hebreos 5:8). “Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil. 2:8). Estamos siendo traídos a la obediencia, al servicio, a la condición de hijos, por medio de los padecimientos que sufrimos, mediante la participación de Sus padecimientos.

Hijitos, Jóvenes y Padres

En cuanto al proceso de ser llevados a la condición de hijos, una vez más vemos las cosas desplegándose en tres aspectos. Tres en la Biblia generalmente es el número que habla de la consumación del testimonio.

1 Juan 2:12-14 habla de hijitos, jóvenes y padres. Los padres están centrados en sus hijos. Los cuidan. Los jóvenes están centrados en los padres. Se preocupan por las cosas del padre. Quieren cumplir su voluntad. Pero los hijitos están típicamente centrados en sí mismos. Y lo mismo sucede en el Reino de Dios.

Los que permanecen en el atrio exterior son los hijitos. Los que prosiguen al Lugar Santo son los jóvenes (hijos). Y los que alcanzan el nivel de la madurez en el Lugar Santísimo toman la naturaleza del Padre. Son Abraham.

Habiendo sido niños, nunca perdemos esa naturaleza infantil. Es el único camino por el que podemos llegar al Reino. Nacemos en él como bebés. Habiendo sido jóvenes (hijos), nunca perdemos eso.

Incluso como padres, permanecemos privilegiados como hijos en la casa del Padre Dios, y seguimos siendo siervos como hijos en la casa del Padre Dios. Permanecen las tres naturalezas. Pero hemos de crecer en Él.

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.” (1 Corintios 13:11).

Bautismo en el Espíritu Santo

Como hijitos, somos egoístas. Estamos sujetos a la disciplina del Señor para llevarnos a la madurez  (Hebreos 12:5-11)

Si rechazamos voluntariamente la disciplina y así, rechazamos el proceso de Dios de crecer en Él, permaneceremos en nuestro egoísmo y egocentrismo y fracasaremos en toda la idea del discipulado. Si somos egoístas, somos carnales, de la carne.

Si somos carnales, entonces somos idólatras. Nos adoramos a nosotros mismos y nos entregamos a nuestra voluntad en lugar de a la del Señor. Si somos idólatras, entonces somos rameras. Toda la idolatría en la Biblia es vista como adulterio espiritual—yendo detrás de otros dioses. El adulterio espiritual es cualquier cosa para el yo.

Considera a por quién viene a buscar el Señor en su regreso. Busca a “a una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.” (Efesios 5:27). Él viene a por un pueblo que haya sido separado del pecado, del yo, del mundo y del dominio de Satanás. La novia es de la que dice Apocalipsis 19:7: “Se ha preparado”.

Cristo no viene a por la ramera ni a por un pueblo con corazón de ramera. No viene a por una esposa rebelde. Viene a reunir a ese pueblo y a recoger para sí a ese pueblo que tiene ojos solo para Él, que está radicalmente consagrado a seguirle, por dondequiera que Él vaya. (Apocalipsis 14:4).

La verdadera iglesia es un pueblo obediente. El único camino por el que alguien puede llegar a este lugar de obediencia es por medio del bautismo del Espíritu Santo y fuego. Es el bautismo “en” el Espíritu Santo. Somos inmersos, llenos, empapados, saturados, consumidos en el Espíritu Santo de Dios. ¡Quién no querría eso/ÉL! Y Él está dispuesto a responder si la intención de nuestros corazones es correcta.

No es una doctrina a debatir o una experiencia que buscar o rechazar. El bautismo es una relación con Dios en el poder de Su Espíritu Santo y divino.

Él, el Espíritu de verdad, es la fuerza que nos proyecta hacia el Supremo llamamiento de Dios en Cristo. No pueden entrar en el Lugar Santísimo del Tabernáculo sin que primero hagas tu servicio en el Lugar Santo de Pentecostés.

El Bautismo en agua toma lugar en el atrio exterior de la Pascua. El Bautismo en el Espíritu Santo y fuego toma lugar en el Lugar Santo de Pentecostés. Ambos bautismos tienen como objetivo final llevarnos al único bautismo que realmente cuenta—el bautismo en Jesús, en el que somos completa y totalmente crucificados con Él y resucitados en Él—en el que nos convertimos, por así decirlo, en Él.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20).

Ser bautizado en el Espíritu Santo de Dios es ser lleno de Su alabanza, Su poder, Sus propósitos, Sus planes, Su programa, Su proceso de perfeccionamiento, Su purga, Su purificación, Su todo… Este es el proceso de santificación sin el que no veremos al Señor (Hebreos 12:14).

He enseñado algunas cosas diferentes respecto al bautismo en agua, pero he enseñado en coincidencia con esto respecto al bautismo en el Espíritu Santo. No le hace lo que nosotros hayamos enseñado, le hace lo que Dios ha dicho. Nosotros debemos hallarlo pasando a través del velo de las doctrinas denominacionales.

Pascua, Pentecostés y Tabernáculos comparados

Antes de terminar este capítulo, veamos cómo este proceso de santificación encaja en los tres días festivos.

La sanidad y la liberación se reciben en la Pascua (no en Pentecostés, como muchos pentecostales asumen). La Pascua es la cruz. La cruz es la vida consagrada. Muchos están predicando la salvación sin la cruz. Y sin embargo, no hay salvación aparte de la cruz, es decir, de la vida entregada por completo. Predicar una salvación sin la cruz no es el verdadero evangelio. (Básico, elemental, fundamental y, aunque parezca increíble, ausente en muchos ámbitos que se dicen cristianos)

Pentecostés es el poder de la Pascua. Debemos ser bautizados (inmersos) en el Espíritu Santo y fuego para que podamos vivir la vida crucificada. El Espíritu Santo morando en nosotros es nuestra habilidad para caminar en el Señorío de Jesucristo.

La Pascua sin Pentecostés es la ley. Jesús es la ley escrita en nuestros corazones. Es también la habilidad en nosotros para vivir conforme a la perfecta ley de la libertad. Por eso nos dio Su Espíritu Santo  para que pudiéramos ser revestidos con poder de lo alto.

Aceptar al Jesús de la Pascua y rechazar al Espíritu Santo de Pentecostés es saber lo que es justo y no tener el poder para hacerlo. De este modo permanecemos bajo la ley. Esto significa para nosotros hacer lo que es recto en nuestras propias fuerzas.

Sin embargo, Pentecostés sin la Pascua es engaño. Cuando no comprendemos que Pentecostés es el poder de la Pascua, tendemos a ir en busca de la “bendición”. Buscamos los dones por causa de tener los dones. Estos se convierten en fines en sí mismos. Pero el don del Espíritu Santo nos es dado para que podamos conocerle (a Jesús) y el poder de Su resurrección.

Pentecostés siempre indicará hacia Tabernáculos, que es la consumación de la Pascua, es decir, la cruz y la vida entregada completamente. La sanidad y la liberación sin la cruz son superficiales. No somos sanados y librados por ser bautizados (inmersos) en el Espíritu Santo y fuego, sino porque hemos muerto y nuestras vidas están escondidas con Cristo en Dios. (Colosenses 3:3).

Tabernáculos significa estar reunidos con Jesús. Estamos viendo los primeros frutos de ese evento histórico hoy. Hemos tenido el cumplimiento de la Pascua y de Pentecostés, pero todavía hemos de testificar del cumplimiento de Tabernáculos. Tabernáculos es el objetivo o la consumación de la Pascua, hecho posible por Pentecostés. La salvación viene en ese final. Está consumada en Tabernáculos.

Capítulo 6

Ágape: La vida crucificada

El Amor de Dios al Hombre

El creyente cristiano es alguien que tiene una relación divina con Dios. Esta relación nace en el Espíritu de Dios y tiene su fundamento en el amor de Dios. El amor de Dios fue sacrificado. Cristo Jesús mismo dio un significado final a la palabra griega ágape, que significa amor. Es un amor que da hasta que no tiene necesidad de dar más. Es un amor que va más allá del interés egoísta de uno mismo.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a Su Hijo unigénito para que todo aquel que crea en Él, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan. 3:16).

Dios amó tanto, que dio en extremo… se entregó a Sí mismo.  La voluntad final de Dios es impartir Su vida divina y Su naturaleza a Sus seres creados para que puedan ser como Él es: santos y justos. Para evitar que el hombre se levante de la consideración de que valgo algo o es digno de algo, Dios basó Su salvación del hombre en Su propio amor, misericordia y gracia. Cuando dependemos totalmente de Dios de ese modo, podemos finalmente llegar a la conclusión de que de ninguna manera somos dioses sabios.

Dios escogió salvarnos de nosotros mismos—nosotros, que nos inclinamos a la autodestrucción—amándonos de tal modo, dándose a Sí mismo tan completamente—y todo eso, aun siendo nosotros completamente inmerecedores de ello (Romanos 5:8). Así, este es el fundamento del ágape: que alguien ceda  su vida en gracia y misericordia, a alguien que no lo merece.

El Amor del Hombre a Dios

Habiendo sido hechos dignos por la sangre del Cordero, habiendo sido llenados con la vida y el poder de Dios por medio de la impartición divina de Su Espíritu Santo, recibimos una dimensión más profunda del significado del ágape.

Teniendo ahora el ejemplo del Dios perfecto dándose a Sí mismo en misericordia y en gracia al hombre imperfecto, el hombre imperfecto ahora es llamado, e incluso se le ordena a entregarse a cambio al Dios perfecto.  El hombre no merecía el ágape de Dios. Pero Dios, sin embargo, es absolutamente digno de nuestro ágape.

“Os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. (Romanos 12:1).

Dios Se presentó a Sí mismo en la cruz como un sacrificio hasta la muerte—dando hasta que no tenía nada más que dar. Nosotros hemos de presentarnos a Él como un sacrificio de vida—dando nuestro todo hasta que no podamos dar más.

Hemos de sacrificar nuestra vida del yo mediante la participación en Su muerte y sepultura (Romanos 6:4) para que Su vida sea vivida en y a través de nosotros (Gálatas 2:20).

Así que la única relación válida que produce vida, que podemos tener con Dios y que es aceptable para Dios, es la que se fundamenta en el ágape. Él nos mostró el camino. “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). Incluso entonces, el amor que damos a Dios sólo puede ser ese amor que Él nos haya impartido primero. Es Su amor obrando a través de nosotros.

El Amor del Hombre al Hombre

Ahora bien, este ágape se convierte en el fundamento de nuestra relación con todos los demás en la familia de Dios y más allá. Hemos de seguir Su ejemplo de vida sacrificada. Hemos de amarnos unos a otros en tal misericordia y gracia para que impartamos Su propia vida los unos en los otros. Su amor en nosotros y a través de nosotros produce vida. Ninguna otra forma de vida puede producir vida eterna. Toda la demás vida es material, física, corruptible.

Esta es la diferencia entre la carne y el espíritu: Dios es espíritu. ÉL habla espíritu. Reproduce espíritu y lo hace por medio de Su Espíritu. La carne es corruptible, terrenal, temporal. El Espíritu es incorruptible, celestial y eterno. La carne lleva a la muerte. El Espíritu lleva a la vida. La carne es atadura. El Espíritu es libertad. La carne es egoísta, El Espíritu es generoso.

Considerémonos unos a otros, especialmente a los de la familia de Dios, con este ágape por el que nos amamos tanto unos a otros que damos hasta que no queda más necesidad de dar. Porque tal dadivosidad, tal amor, es el mayor testigo que necesita un mundo pecador. “En esto conocerán que sois Mis discípulos, si amáis unos a otros. “ (Juan 13:35). Somos atraídos a hacia esa naturaleza de ágape de Cristo dentro de cada uno de nosotros.

Por esa razón es que, todos los intentos de experimentar amor por nuestras fuerzas, fracasan y terminan constituyéndose en una muestra más de la abundante hipocresía ambiente. Sólo andando en el Espíritu podemos dar de esa clase de amor.

La obediencia del Ágape

Ahora bien, cuando nosotros amamos a Dios de ese modo e igualmente a nuestro prójimo, estaremos operando en el ámbito del Espíritu. Porque el único modo de amar verdaderamente con el amor de Dios es estar en el Espíritu de Dios para descubrir cómo este amor opera en la vida. Sólo Dios conoce el corazón del hombre. Sólo Dios sabe qué es lo mejor en cada situación dada de la vida. Sólo Dios es la solución a cada necesidad.

Así, los fieles son los que niegan sus propias opiniones a sí mismos para descubrir la opinión de Dios, los que niegan sus propios deseos a sí mismos para descubrir el deseo de Dios, y los que niegan a sí mismos su propia voluntad, para descubrir la voluntad de Dios. Los fieles son los que toman su cruz, se niegan a sí mismos (es decir, mueren a la voluntad del yo) y persiguen lo que Dios está haciendo.

Son los que dicen lo que Dios dice, hacen lo que Dios hace, y son lo que Dios los ha hecho ser. Son verdaderos profetas de Dios; es decir, verdaderos portavoces de Dios por la misma vida que viven. Son cartas vivas, oráculos de Dios. Una vez que el creyente ha entrado en tal relación ágape con Dios, ha cruzado la línea. Ha pasado del ámbito de la carne al ámbito del Espíritu—no sólo de palabra, sino en su caminar.

Su relación con Dios ya no se basa más en el yo—lo que puede obtener de Dios, sino que se fundamenta en Dios—lo que puede dar a Dios. ¿Pero qué puede dar a Dios ante una salvación tan grande, tan rica y tan libre? La respuesta: Él mismo—“un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios…” (Romanos 12:1).

No hay nada que podamos hacer por Dios que lleve fruto para Dios excepto lo que Dios, por Su Espíritu, ordene. Dios tiene un plan. Tiene un plan para cada hombre. Ese plan no puede cumplirse en la carne. Sólo puede conseguirse en, con y por el Espíritu de Dios.

El único verdadero orden del Nuevo Testamento para la iglesia es Jesús. Él no es una forma de gobierno, aunque Él tiene gobierno. No es un juego de credos, confesiones y sistemas de creencias; aunque Él pone doctrinas sanas, preceptos y principios a los que adherirse. La verdadera iglesia es un pueblo obediente en una relación correcta con Su Dios.

Jesús nunca hacía nada a excepción de lo que veía o escuchaba al Padre oír o decir (Juan 5:19-20,30; 12:49). En cambio, nos dio el Espíritu Santo y dijo de Él, “…No hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Juan 16:13)

Construir lo que Dios está construyendo demanda que el constructor entre en contacto con Dios por Su Espíritu Santo: “Los que son guiados por el Espíritu de Dios, esos son los hijos de Dios.” (Romanos 8:14).

Los fieles son los que sólo quieren construir lo que Dios está construyendo. Le aman tanto. ”Si alguno Me ama, guardará Mis palabras…” (Juan 14:23). Los fieles son los que quieren lo mejor de Dios para sus hermanos y hermanos en la familia de Dios. La única forma de saber lo que es mejor, es descubrirlo del Padre.

Hay una sola clase de correo que no respondo jamás: el que me solicita una “opinión” sobre cierta práctica eclesiástica, ministro, ministerio, denominación u otra persona relacionada con nuestro ambiente. Y no lo hago por una simple razón: explicar que no estamos aquí para opinar sino para obedecer lo opinado por Dios, a la iglesia estructural y tradicional, es muy difícil de hacérselo entender.

La Comunión del Ágape

Tal fidelidad, tal ágape, tal obediencia, tal cercanía de Dios, sólo puede llegar a través de largos momentos de oración y comunión con Dios. La única forma de construir cualquier clase de relación con alguien, es pasando tiempo juntos. (Enorme verdad, que no por conocida, es practicada cabalmente)

Cuánto más tiempo juntos, más se amplía el fundamento para esa relación.Tengo hijos que viven en otra ciudad. Cuando paso tiempo con ellos, descubro que tengo más cosas sobre las qué hablar con ellos porque nos enteramos sobre lo que pasa en las vidas de cada uno. Pero cuánto menos tiempo pasamos juntos, menos parece que tengamos qué decirnos unos a otros. Te imaginas que debería ser completamente lo opuesto, pero no es así.

Cuánto más tiempo pasamos con Dios en oración y en Su Palabra—hablando y escuchando—más aprendemos de Él, de Sus caminos, de Sus deseos/voluntad, Sus propósitos en nuestras vidas, Sus bendiciones sobre nosotros—es infinito porque Él es infinito. Cuánto más nos visitamos, más tenemos de qué hablar.

El Caminar más profundo del Ágape

Así que esto es un vistazo a los Tabernáculos. “Cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque Le veremos tal como Él es.” (1ª Juan 3:2). Ése es el llamado hacia arriba de Dios (Filipenses 3:14), ese ámbito más alto en el Espíritu, ese caminar más profundo con Dios, ese viaje hasta el Monte Sión: ser semejante a Él.

Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.  (Isaías 2:3, Miqueas 4:2).

Sión habla de un lugar en Dios por el Espíritu, dónde Jesús es lo único que hay. Él es el todo en todos. Jerusalén habla de la iglesia, la asamblea de los llamados fuera que se reúnen en Jesús. Una vez que vamos a Sión, nos convertimos en el Sión de Dios. Una vez que recibimos la Palabra, nos convertimos en la palabra de Sión: es decir, de nosotros saldrá la ley y la palabra.

Las multitudes Le seguían con tal de que Jesús alimentara  y sanara su carne. Pero los que Le siguieron a las cumbres en busca de una instrucción más profunda en el discipulado fueron sólo unos pocos.

Descubrimos que los ministerios que tienen una reputación de moverse en los dones, pueden atraer a mucha gente. Pero pocos están interesados en escuchar la palabra que invita a esa vida sacrificada del ágape.

Esto es totalmente cierto. A favor de los cristianos inmaduros que andan caminando las calles en búsqueda de sanidades, milagros y otras espectacularidades, tengo que la promoción básica de esta clase de ministerios, precisamente es esa: venga y sánese. ¿Salvación? ¿Cruz? Eso en la iglesia de la otra calle…

Una vez me llamó un hermano cristiano para decirme, “No puedes edificar nada sobre la cruz.” Estaba completamente en lo cierto. Nada de la carne puede edificarse sobre la predicación de la cruz. Tienes que predicar otro evangelio para conseguir hacer ese edificio.

Pero la predicación de la cruz es la única predicación que construye la casa de Dios, que consigue la gran comisión del evangelio del Reino.Unos años antes de este escrito, el Espíritu del Señor me indicó que “este evangelio del Reino” todavía no estaba siendo predicado por el mundo como Jesús dijo en Mateo 24:14 que así sería.

Yo pensé, “Pero Señor, ¿Con todos los ministerios de Televisión y los misioneros saliendo…?”Y de nuevo me dijo, “He dicho, ‘Este evangelio del Reino…”

Sabía que era cierto. Había una forma del evangelio, un aspecto, o algo que pensábamos que era el evangelio, lo que estaba siendo predicado. Incluso podía ver que de cualquier modo, Dios estaba obrando para salvar almas. Pero yo sabía que algo faltaba. Este evangelio del que Jesús hablaba no estaba siendo predicado.

En ese momento no estaba muy seguro lo que era “este evangelio”. Hoy lo veo más claro al ver cómo surgen estos “crucificados”. No sólo predican el estilo de vida crucificado, lo viven.

Algunos lo están viviendo y ni siquiera saben cómo hablar sobre eso. Algunos lo  ven y están intentando describirlo pero no están necesariamente caminando en eso. Finalmente, sin embargo, nadie puede hablar de este ámbito hasta que esté realmente caminando en ello.

Tú que lees esta palabra y tienes hambre de ese caminar más profundo, puedes tenerlo, tanto si lo ves ahora o no. Simplemente pidiéndole a Dios que tome control y que te lleve al Lugar Santísimo, a la habitación del trono con él, a esa vida de santidad ante Él, al ágape—la vida crucificada.

Para mí no es una novedad esto; lo he escrito en mi trabajo sobre el Reino. Pero convengamos en que a pesar de que todos lo sabemos y muchos lo están hablando, todavía son muy pocos y contados los que lo están viviendo. ¿Quieres formar parte de esos pioneros o esperarás que venga la masa?

Capítulo 7

Glorificación: De Gloria en Gloria

No somos redimidos, santificados y glorificados para nosotros mismos, sino para Dios. Es Su redención, no la nuestra; Su santificación, no la nuestra; Su glorificación, no la nuestra. Aunque nosotros obtenemos los beneficios de cumplir Sus propósitos en toda la historia, debemos llegar al descubrimiento absoluto de que Él nos compró, y no nosotros a Él. No somos nuestros (1ª (Corintios 6:19-20). Somos Su posesión, vasijas en Su mano para hacer como a Él le agrade.

Cuando llegamos a esta realidad, tendremos que llegar a comprender lo que significa estar crucificados con Él. Del mismo modo que Jesús tuvo que llegar al final de Sí mismo, vaciándose (despojándose) (Filipenses 2:7), para que Dios fuera glorificado por medio de Él, así hemos de seguirle en Su bautismo; es decir, dejar que el Espíritu Santo nos lleve al final de nosotros mismos para que Dios pueda ser glorificado a través de nosotros.

Para la alabanza de Su Gloria

Siempre sucede que cuando damos gloria a Dios, Dios nos concede Su gloria. Somos para la alabanza de Su gloria (Efesios 1:6,12). La única manera de poder ser para la alabanza de Su gloria es darle gloria a Él. La única manera de poder darle gloria es por medio de la vida consagrada. “Humillaos delante del Señor y Él os exaltará”. (Santiago 4.10).

Todo lo que hacemos, lo hacemos para Él para que Él pueda ser satisfecho, para que Él pueda ser glorificado. Esto no es decir que hacemos algo para satisfacer a Dios por nuestra salvación. Sólo Jesús satisfizo a Dios por eso.

Sin embargo, habiendo recibido redención, nos entregamos de tal forma a Él, que Él vive Su vida a través de nosotros. Cuánto más Él viva Su vida a través de nosotros, más es glorificado y más nos hacemos semejantes a Él. Por tanto, cuánto más nos hacemos semejantes a Él, más participamos de Su gloria.

De este modo, se sostiene que cualquiera que pierda Su vida por causa de Cristo, la hallará. Si pierdes tu vida en Él, serás hallado en Él. Puesto que Él es la resurrección y la vida, ese es el único lugar en el que ser hallados–en Él.

Es obvio que no se está hablando de morir físicamente en alguna lucha física contra un enemigo físico, (aunque eventualmente la incluya), sino de una muerte a lo almático y corporal para dar lugar a un nuevo nacimiento espiritual)

Estando conectados apropiadamente

Esto nos lleva a la necesidad de estar en una relación apropiada con Dios. Necesitamos cultivar esta relación con Dios. Cuánto más estemos en una relación correcta con Él, más caminaremos en comunión y en armonía con Él.

Él es nuestro pacificador. Él es nuestra justicia, nuestra justificación, nuestra redención, nuestra santificación, nuestra provisión, nuestra sanidad, nuestra protección. Él es nuestra glorificación. Nada suyo nos sucede a menos que estemos en una relación correcta con Él.

Él está en nosotros y nosotros estamos en Él, del mismo modo que Él está en el Padre y el Padre está en Él. Somos uno con Él. Cuando Él dijo a Sus discípulos que iba a preparar lugar para ellos, estaba hablando de un lugar en el Padre.

“En la casa de Mi Padre, muchas moradas hay,” o casas, o mansiones. Juan 17:3 explica que la vida eterna es conocer a Dios y a Jesucristo, a quien Dios había enviado. Jesús explicó en Juan 15:1 que Él es la vid verdadera. Hemos de permanecer en Él. Sin Él no podemos hacer nada.

Si permanecemos en Él y Sus palabras permanecen en nosotros, pediremos lo que queramos y nos será hecho. ¿Qué es lo que pedimos? Que podamos llevar mucho fruto para Él y así, ser Sus discípulos. Mediante esto es glorificado el Padre Dios.

Esto es un misterio, pero un misterio que  tiene que ser comprendido, y además, que debe convertirse en una realidad en cada creyente. No podemos permanecer a la par en el mundo y en el cielo al mismo tiempo. No podemos permanecer en la carne y en el Espíritu al mismo tiempo. No podemos permanecer en Satanás y en Cristo al mismo tiempo.

Vamos a dar gloria a alguien o a algo. Vamos a buscar glorificarnos a nosotros mismos, a otro hombre, o por nuestras propias obras malas, dar gloria a Satanás y a sus obras de oscuridad. Constantemente estaremos participando de algo. Participaremos o bien de la Palabra, o del mundo. No puede ser las dos cosas a la vez.

Cuando alguien te dice que estás haciendo las cosas bien, pero que él todavía va a esperar un tiempo y va a observar, eso no existe. Lo que está sucediendo en realidad, aunque jamás te lo diga sencillamente porque no lo sabe, es que está del lado de enfrente de ti.

Dios está tratando de tal modo con Sus santos hoy para llevarlos al final de ellos mismos hasta una relación santa, pura e incorrupta con Él—no para nosotros (aunque termina siendo para nosotros), sino para Él, para que Él pueda ser el todo en todos.

Avanzamos de fe en fe (Romanos 1:17), de gloria en gloria (2ª Corintios 3:18). Es un proceso que Dios está tratando con nosotros. Estamos siendo conformados a Su imagen (Romanos 8:29), y siendo transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento para que podamos probar cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

Cualquier justicia que pensamos que tenemos, no es ni podrá ser nuestra. Es Su justicia. Él es justo. ¡Entra en Él! Cualquier santificación que pensamos que tenemos, no es ni podrá ser nuestra. Es su santidad. Sólo Él es santo. ¡Entra en Él! Cualquier glorificación que pensamos que tenemos, no es ni podrá ser nuestra. ¡Es su gloria! Sólo Él es digno. ¡Entra en Él!

Jesús oró por nosotros para llevarnos a la Gloria

Hay un corito que cantamos, “De gloria en gloria, Él me está cambiando, cambiando, cambiando. Su imagen y semejanza para perfeccionarme—el amor de Dios mostrado al mundo”. Descubrimos que esta gran salvación está completamente envuelta alrededor de quién es Él, no alrededor de quienes somos nosotros; en lo que Él ha hecho, no en lo que nosotros pudiéramos esperar hacer a lo largo de mil vidas.

“Por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:8-10).

La oración sacerdotal de Juan 17 incluye esta progresión comenzando en la Pascua, pasando por Pentecostés y llegando hasta Tabernáculos. Es decir, de justificación a santificación, y a glorificación.

JUSTIFICACIÓN /REDENCIÓN. “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.”  (Juan 17:1-2).

Jesús esperaba la hora de Su propia glorificación, al orar esta oración. A través de Su muerte, sepultura, resurrección y ascensión, estaría regresando a la gloria que tenía con el Padre antes que el mundo fuese. Además, ya era glorificado en los discípulos que creían en Él y que se hicieron suyos por la fe. Así pues, en la gloria de Su muerte, sepultura y resurrección, dio vida eterna: justificación y redención.

SANTIFICACIÓN: Pero dejaba este mundo y a ellos los dejaba en el mundo. Así, prosiguiendo en Su oración, pidió al Padre-Dios que los guardara en Su nombre, para que fueran uno como Él y el padre eran uno (Juan 17:11).

“Santifícalos en tu verdad, Tu Palabra es verdad”. Como el Padre le envió al mundo, así mismo Él los enviaba al mundo. Se santificó a Sí mismo por causa de ellos para que ellos pudieran ser santificados por la verdad. Así, envió al Espíritu Santo, el administrador de la verdad, para santificarlos con la verdad.

Jesús explicó a Sus discípulos que era para bien de ellos que Él se marcaba, para poder enviar al Ayudador (el Paracletos: alguien que va al lado), el Espíritu Santo (Juan 16:7).  Cuando venga el Espíritu de verdad, los guiará a toda la verdad (v.13). La santificación es un proceso de guía progresivo.

GLORIFICACIÓN. Así, el Espíritu Santo no sólo es dado para continuar glorificando al Hijo modelo, Jesús, sino para que Dios pudiera llevar muchos hijos a la gloria (Hebreos 2:10). Jesús oró, “Y la gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad…” (Juan 17:22-23).

“Para que sean perfectos…”  tiene que ver con la obra continuadora de santificación cuyo propósito es llevarnos a la obra consumada de la glorificación. Lo tenemos una y otra vez—tres fiestas, tres atrios, tres fases en nuestro caminar con el Señor. “¡Sed perfectos, como vuestro Padre en los cielos es perfecto!” (Mateo 5:48). La palabra “perfecto” significa maduro, completo.

¿Tienes hambre de avanzar con Él? ¿Estás dispuesto a ser bautizado en el Espíritu Santo y fuego para poder dar esa gloria total a Dios en Cristo Jesús? No nos quedemos cortos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

Capítulo 8

Como Él es

En 1 Corintios 2:1-2 el apóstol Pablo explica que él no había venido a ellos con un discurso ni sabiduría superior; es decir, con grandes disertaciones filosóficas, tratados teológicos o jerga religiosa. Se había propuesto no conocer nada aún en medio de ellos, a excepción de a Jesucristo, y a Jesucristo crucificado. Porque en esa persona, en Jesús, y en Su muerte sobre la cruz romana, no sólo se hallaban escondidos todos los propósitos de Dios, sino el cumplimiento de esos propósitos. ¿Qué otra cosa habría de conocer? (Esto no perdió vigencia; es El evangelio a predicar)

Muchos Hijos a la Gloria

No sólo fueron cumplidos los propósitos eternos de Dios en Jesucristo crucificado, sino que Jesús puso en marcha un programa de adopción por el que Dios el Padre daría a luz para Sí mismo, muchos hijos a la gloria, del mismo modo que Jesús, era el Hijo de la gloria.

Lo que se cumpliera en Jesús, estaba predeterminado a ser cumplido en los muchos hijos igualmente. Jesús mismo fue justificado por la misma vida que vivió, y por tanto, se convirtió en el justificador de todos los que creen en Él. Por la fe en Él, que es quien justifica, el creyente se vuelve como Él—justificado.

Esto hace trizas todo un escenario místico y altamente religioso en el que todos los cristianos hemos estado inmersos durante mucho tiempo. Es hora de ser auténticos: somos co-herederos con Cristo, lo que en muchos ítems nos iguala delante de Dios. Por eso todos hijos y Cristo el primogénito. Basta de verlo allá lejos e inalcanzable.

Asimismo, Él era la justicia de Dios. En Él somos hechos la justicia de Dios. “A quién no conoció pecado, por nosotros fue hecho pecado para que nosotros fuéramos hechos la justicia de Dios en Él.” (2ª Corintios 5:21). “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” (1ª Pedro 2:24).

Todo lo que Él era y es, Él lo es para nosotros. Él es nuestro redentor y nuestra redención. Él es nuestro justificador y nuestra justificación. Él es nuestro salvador y nuestra salvación. Él es nuestro santificador y nuestra santificación. Él es nuestro glorificador y nuestra glorificación.

La revelación de quién es Jesús nos viene en demostración del Espíritu y de poder (1ª Corintios 2:4). Porque “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu porque el Espíritu todo lo escudriña; aún lo profundo de Dios.” (v. 10). Por eso hemos recibido el Espíritu—porque tenemos que ir a Pentecostés hasta el Lugar Santo—para que podamos conocer por el Espíritu las cosas que Dios nos ha dado gratuitamente (v.12).

¿Qué es lo que Dios nos ha dado gratuitamente? Su justificación, Su santificación, Su glorificación, es decir, Su salvación. ¿Cómo hizo todo eso? Entregándose a Sí mismo a nosotros en forma de carne humana, hecho semejante a un hombre pero sin  pecado. Nos dio a Jesucristo crucificado. Y cuando Le recibimos por la fe,  llegamos a ser lo que Él es.

Ahora bien, eso es algo poderoso—la clase de cosa  que solo puede ser revelada en el poder del Espíritu. No es sabiduría de esta era ni perteneciente a los gobernadores de esta era; es decir, de recursos temporales o naturales. Es esa sabiduría que procede de Dios al tener la mente de Cristo. “Porque, ¿Quién conoció la mente del Señor?¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo (v.16).

¿Cómo vas a instruir a Dios? ¿Con qué podrías tú instruir a Dios, tú que eres una mera criatura de Dios? Si nosotros tenemos la mente de Cristo, tenemos esa sabiduría que no es de este mundo. Tenemos una sabiduría piadosa. Sabemos quién es Dios y lo que Dios quiere. Le instruimos conforme a Su Palabra y a Su voluntad.

¿Cuál es la oración modelo que Jesús enseñó a Sus discípulos? Le enseñó a orar “Padre Nuestro…” Desde este inicio se les enseñó a acercarse al trono de Dios valientemente para hacer sus peticiones.

La misma petición de ellos era cumplir la Palabra de Dios, Su voluntad y Sus propósitos eternos. Y sin embargo habían de instruirle por medio de la oración de ellos a contestar esa oración—exactamente lo que Dios quiere hacer.

Estoy descubriendo que obtenemos lo mejor y lo máximo de Dios cuando demandamos de Él que nos de una impartición de Él mismo a nosotros. Dios quiere desesperadamente impartir todo lo que fue dado por Jesús en la cruz. Pero nunca se impondrá a Sí mismo sobre nosotros.

Siempre se coloca a Sí mismo dónde nosotros podamos buscarle. Siempre está cerca, siempre accesible, siempre presente, jamás permitiendo que suframos Su falta más allá de nuestra capacidad (1ª Corintios 10:13); aunque Él no es de poco valor.

No puede ser comprado, pero no es nada de poco valor. A Jesús le costó todo lo que voluntariamente puso por nuestra causa. “Haya pues, en vosotros, este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz.” (Filipenses 2:5-8).

El abandono del Yo

Para que Sus creyentes lo consigan, aunque Él es dado gratuitamente, deben abandonarse completamente, como hizo Él, a la búsqueda de Dios. Hemos predicado un evangelio crédulo y barato que ha engañado a las multitudes. Sólo por la gracia y la misericordia de Dios, entrarán en Su gloria.

Pero “este evangelio del Reino” que nos llama a la participación de Su muerte (Romanos 6:3-11) y a la participación de Sus padecimientos (Filipenses3:10) está siendo restaurado por el Espíritu de Dios hoy día, a aquellos que tienen oídos para oír y ojos para ver.

La ironía del evangelio es ésta: que la única forma de entrar en las cosas de Dios—es decir, en Dios—es por medio del sacrificio voluntario de la propia vida, siguiendo a Jesús en Su bautismo. Él fue bautizado en agua, que fue la señal del comienzo de Su ministerio que apuntaba al bautismo espiritual de Su muerte y sepultura.

“¿Podéis ser bautizados con el bautismo con el que Yo soy bautizado…?” pregunto Él patéticamente a Sus discípulos. Ellos contestaron, “Podemos”. En ese momento les prometió su bautismo de padecimientos diciendo, “en verdad beberéis de Mi copa y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado.” (Mateo 20:22-23).

Jesús regresó a la gloria por medio del sendero de la muerte, la resurrección y la ascensión. Tenía que ir a la cruz y pasar a través de la cruz. Los que desean ir con Él a la gloria, y participar de Su gloria, deben tomar su cruz diariamente y seguirle (Lucas 9:23). Este es el abandono del yo.

Siendo hechos semejantes a Jesús

“Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,  la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria” (1 Corintios 2:7-8).

Hay una gloria predestinada esperando a los hijos de Dios que es semejante a la gloria del Hijo de Dios. Si los gobernantes de esta era hubieran podido entender este misterio, esta ironía de la cruz, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria.

Ahora bien, generalmente se piensa de los gobernantes de esta era como fuerzas demoníacas (Efesios 6:12). Satanás mismo es descrito como el príncipe de la potestad del aire (Efesios 2:2). Jesús destruyó todas las obras del diablo (1 Juan 3:8).

Así, es lógico que lo que Pablo quiere decir en 1 Corintios 2:8 es que Satanás nunca habría provocado la muerte de Jesús si hubiera sabido que Su muerte significaría Su glorificación. Satanás operó a través de hombres ambiciosos y hambrientos de poder para que crucificaran al Señor de la gloria, pero en el proceso destruyó sus propias obras—otra ironía del evangelio.

Hoy es evidente que ya Satanás no puede crucificar al Señor de la gloria, ya que sabe que ese Señor descendió a su propia guarida del infierno y lo derrotó, pero no obstante prosigue con su trabajo de mella y destrucción y, mal que nos pese, lo está logrando más de lo que quisiéramos.

“Pero como está escrito”, Pablo cita de Isaías 64:4, estaban sucediendo cosas “que ojo no ha visto ni oído ha oído, ni han entrado en corazón de hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que Le aman (1ª Corintios 2:9).

Este versículo ha sido desparramado como perlas arrojadas a los cerdos por aquellos que lo usan para reclamar posesiones materiales para ellos mismos. “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).

Déjame que te pregunte, y ¡Ten cuidado! Tu respuesta te delatará. Si pudieras hacer que este versículo significara para ti que podrías ganar el mundo o que podrías conseguir todo lo que Cristo es, ¿Qué escogerías? ¿Le escogerías a Él al costo de tu propio yo, de tu propia vida,  de toda ganancia material? Después de todo, ¿Cuál fue el problema con el joven rico que quería la vida eterna? (Lucas 18:18). La Escritura dice que se fue triste porque tenía muchas riquezas.

¿Puede un hombre rico llegar al cielo? ¡Ciertamente! Siempre que sus riquezas no sean su dios; siempre que no ponga su confianza en ellas, en la medida en que le gobiernen; siempre que pudiera abandonarlas por causa del evangelio.

¡Hay tantísimo en todo esto, muchísimo más que cualquier cosa que pudiera ofrecernos este viejo mundo a lo largo de mil vidas: ser hechos semejantes a Él! Ser revelado delante del mundo entero como un hijo glorificado de Dios. No que busquemos la gloria para el yo, sino para la gloria de Dios, para que en verdad podamos ser para la alabanza de Su gloria (Efesios 1:6,12).

Esto es definitivamente sabio. Si un mínimo porcentaje de predicadores hiciera hincapié en la crucifixión del yo, créeme que la iglesia ya sería muy diferente a lo que conocemos. Porque la mayoría de sus males radica, precisamente, en el culto a un yo personal por encima al culto al Señor.

Ahora bien, finalmente llegamos a esto: ¿Qué es lo que Dios ha preparado a los que Le aman? ¿Cuerpos sanos? ¿Cadillacs? ¡Venga ya! Mírale más de cerca. ¿Qué es lo que Dios quiere? Lee de nuevo 1ª Corintios 2:7, “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria”.

Lo que Dios quiere en nosotros es lo mismo que tenía en Jesús. Jesús era el patrón, la pista, el templo, la cabeza del cuerpo. Síguele a través de Su vida, muerte, sepultura, resurrección y ascensión.Estamos siendo hechos manifiestos (sacados a luz, hechos visibles, revelados) como hijos del mismo modo que Él era el Hijo.

Ahora bien, nosotros no somos dioses. No te vayas en esa dirección. No te vuelvas arrogante. Recuerda, el único modo de que alguien entre al Reino de Dios es de rodillas.La falsificación del diablo de esta manifestación de los hijos en los últimos tiempos se encuentra en el movimiento de la Nueva Era por medio del cual, los hombres arrogantes piensan que son dioses al pensar que pueden perfeccionarse a sí mismos y a su mundo, entrando en armonía unos con otros y con la creación por medio de la meditación y de otras prácticas ocultas demoníacas.

¿Cómo pueden los seres creados esperar estar en armonía con cualquier cosa sin el Creador?  Es necedad que lleva a los abismos del infierno.Pero donde hay una falsificación, debe haber una realidad. Hay una gloria que espera a los verdaderos hijos de Dios.

Llegando a ser lo que fue Jesús

La gloria de los hijos es que toman la naturaleza del hijo. Esto es radical y difícil de decir, pero así se traduce: Al ser Él la justicia de Dios, en Él nos hacemos la justicia de Dios. Siendo Él perfecto  y sin pecado, nosotros nos volvemos perfectos y sin pecado en esta vida.

 “Sed perfectos, como vuestro Padre en los cielos es perfecto.” (Mateo 5:48). ¿Pediría Dios de nosotros algo imposible? Con los hombres, es imposible, en la carne es imposible, pero con Dios, todas las cosas son posibles. (Mateo 19:26; Marcos 10:27; Lucas 18:27).

Jesús fue justificado delante de Dios, por lo que se convirtió en nuestra justificación, y así, en nuestro justificador, y así, somos justificados como lo fue Él. Jesús fue santificado ante Dios, y así, se convirtió en nuestra santificación, y así en nuestro santificador, por lo que somos santificados como lo fue Él. (Somos santificados por la sangre (Hebreos 13:12), la Palabra (Juan 17:7) y el Espíritu (1 Corintios 6:11).

Jesús fue glorificado (Juan 13:31; Hechos 3:13) ante Dios, por lo que se convirtió en nuestra glorificación, y así en nuestro glorificador (Romanos 8:30), por lo que nosotros somos glorificados (Romanos 8:17), como lo fue Él.

La fuerza de lo que intento decir está en la frase, “así como Él es”. La Escritura me lo confirma. Juan, escribiendo sobre Él en el contexto del amor, dijo, “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” (1ª Juan 3:2).

Jesús se está manifestando a Sí mismo, es decir, estar revelándose—más y más incluso antes de que venga en toda Su gloria. Aquellos a quienes Él Se revele, están ellos mismos siendo transformados conforme a Su naturaleza.

Cuando Moisés bajó de la montaña después de haber estado en la presencia de Dios durante cuarenta días, no sólo resplandecía la gloria de su rostro, sino que tenía la palabra de Dios en su interior. Tenía esa Ley interna. Conocía el corazón de Dios y sentía lo que Dios sentía. Por eso arrojó las tablas de piedra al ver a la Israel ramera bailando orgías  alrededor de su becerro de oro.

Cuánto más estés en la presencia de Dios, más te volverás como Él es. Tú eres transformado en aquello con lo que tienes comunión—bien sea el pecado y el mundo, o en la justicia y las cosas celestiales. “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1ª Corintios 15:33).

Me pregunto cuántos hombres y mujeres del Señor, hoy, que periódicamente acostumbran a ascender sus montañas de intimidad con el Padre, al bajar de ella, tendrían deseos casi feroces de estrellar esas mismas tablas al contemplar las orgías espirituales modernas que el pueblo comete

Convertirse en la Palabra

En el pasado hemos intentado conseguir las cosas de Dios apropiándonos de la palabra de Dios. Hemos tratado de ser sanados, librados y bendecidos confesando la palabra. Hemos hablado de bajar la palabra a lo más profundo de nuestros espíritus.

La realidad de todo ello es que nada puede ser conseguido intentando apropiarse de la palabra. Tenemos que convertirnos en la Palabra. Jesús era la Palabra hecha carne. Al estar en Él y Él en nosotros, nosotros también nos hacemos como Él, la Palabra de Dios. De igual modo que Él era la Palabra hecha carne, nosotros que somos carne estamos siendo hechos la palabra.

De igual modo que Él es amor, nosotros somos amor; de igual modo que Él es paz, nosotros somos paz; de igual modo que Él es gozo, nosotros somos gozo. Cómo Él es paciencia, bondad, mansedumbre, etc., así también nosotros.

De igual modo que Él es Espíritu, así también somos nosotros del Espíritu. Los dones del Espíritu simplemente son la impartición del Espíritu mismo. Cuando operamos en la palabra de ciencia, esto no es algo que nosotros tengamos, sino la persona del Espíritu que procede de estar en relación con Él.

No es que simplemente tenemos un don del Espíritu, recibimos el Espíritu y así, nos hacemos uno con Él. O somos uno con Él o no somos uno con Él. La Biblia dice que somos uno. Es como mezclar agua con agua. Cuando Su Espíritu hace que nuestros espíritus nazcan de nuevo conforme a Su misma naturaleza, tenemos Espíritu mezclado con Espíritu, no nuestro espíritu sino el Suyo.

Reitero el concepto una vez más porque los lectores cambian y siempre hay alguien que no lo conoce: Hay muchísima gente que conoce la Biblia. Hay también una buena cantidad que la lee. Hay muchos menos que la creen y muchos, pero muchísimos menos que la viven.

Al convertirse en el instrumento de Dios de Él mismo

Jesús dijo: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.” (Juan 15:7). Si pides algo para el yo, sólo estás demostrando que no estás en realidad permaneciendo en la palabra.

Si permaneces en Él y Su palabra permanece en ti, no sólo quieres lo que Él quiere, sino que te conviertes en el medio por el que Él lo consigue. Dios quería al pueblo sano. Envió a Jesús a sanar. Jesús jamás oró para que nadie fuera sano. Los sanó. Y después los comisionó para ir y hacer lo mismo—poner las manos sobre los enfermos y sanarlos.

Dios no quería un pueblo poseído ni oprimido por demonios, y así envió a Jesús, el libertador, para liberar a los cautivos. Jesús no oró por ellos para liberarlos. Expulsó a los demonios. Después dio a Sus discípulos autoridad para hollar serpientes y escorpiones y sobre toda fuerza del enemigo, con la garantía de que nada de ninguna manera les haría daño. (Lucas 10:19).

Dios no quería que nadie se perdiera, por lo que envió a Su unigénito Hijo para que todo aquel que creyera en Él, no se perdiera sino que tuviera vida eterna (Juan 3:16). Jesús no ora por la salvación de la gente. Derramó Su sangre y por medio de ello, los perdonó de sus pecados y los salvó.

Después comisionó a Sus discípulos a que fueran, enseñaran, bautizaran (Mat. 28:18-20). Ciertamente hemos de orar por la salvación de las personas. Pero con frecuencia, es lo más lejos que vamos. Incluso hemos recibido autoridad para perdonar pecados. “A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos” (Juan 20:23).

Esta autoridad para perdonar pecados ofende a nuestras mentes, pero considera la fuerza de la declaración que le precede en el versículo 21 “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21).

EL Padre envió a Jesús, portando la misma vida de la que Él, el Padre era. En el poder y en la autoridad de esa vida, Jesús no sólo operó en nombre de Dios, sino que fue Dios. Era la vida de Dios. A lo largo de su evangelio, Juan late con la idea de que cualquiera que crea en Jesús, tiene esta vida en su interior también. ¡Piensa en eso!

Ni somos ni jamás podremos ser el Salvador. Sólo Jesús es el Salvador. Lo mejor es que dejemos de intentar salvar a la gente en nuestras propias fuerzas. Nadie puede ser salvo por el derramamiento de nuestra sangre como nadie puede ser salvo por la sangre de cabras, de ovejas o toros (Hebreos 10:4). Sólo Jesús es el Salvador. Somos expiados sólo por Su sangre preciosa, justa, santa e incorruptible. Gloria a Su santo nombre.

No obstante, nosotros somos Sus testigos. El mensaje del evangelismo hoy día es que la salvación de las almas no puede conseguirse ni jamás se conseguirá por medio de programas, tratados impresos, campañas, etc. sino en manos de los que se atrevan a convertirse como Él: epístolas vivas—Su vida suelta en el mundo.

Al vivir y moverse Él en nosotros, moldeándonos conforme a Su naturaleza, llenándonos con Su Espíritu y derramándonos con Su vida, entonces y solo entonces el mundo verá, llegará a conocer y será ganado para el Rey de reyes y Señor de señores.

“Como Él es, así somos nosotros en este mundo” (1ª Juan 4:17).  ¿Qué cosas no ha visto ojo, ni ha oído, ni han entrado en corazón de hombre? La revelación del Jesús glorificado y la revelación de Sus crucificados—que portan Su imagen a la gloria.

No hay demasiado para añadir, como no sea un lógico lamento relacionado en las razones o motivos por los cuales la iglesia, un día, alegre e inconscientemente decidió que no portaba poder de Dios, y empezó a organizarse para hacerlo todo por sus propias fuerzas. Por eso hay iglesias más importantes que otras. La iglesia de Dios es pareja y similar o no es iglesia de Dios.

Capítulo 9

Entrando en Su reposo

El surgimiento de los crucificados es al mismo tiempo, la abolición de las obras muertas. Todo aquello que se consigue por medio de ellos, será conseguido desde el reposo. “Queda pues, un reposo para el pueblo de Dios.” (Hebreos 4:9).

El autor de Hebreos está preocupado de que sus lectores pudieran seguir el camino de sus padres (Israel), que murieron en el desierto y no entraron en su reposo prometido por causa de incredulidad (Hebreos 3:16-19).

Pero Dios había prometido un reposo para Su pueblo. Dios no puede echarse atrás de Su Palabra.  De este modo, si fracasaban en entrar, había reservado un pueblo que entraría en Su reposo, que cumpliría Su promesa. “Queda pues, un reposo para el pueblo de Dios”.

¿Qué es este reposo y como entramos a él? Sin duda alguna, todos sentimos el cansancio de nuestras obras. Frecuentemente sentimos que nuestras obras están muertas. La única manera de mantenerlas vivas es mantenerlas vivas.

Aquello que es de Dios no tiene que ser mantenido vivo por nuestras fuerzas. No tenemos en absoluto capacidad para producir nada digno para Dios por nuestras propias fuerzas. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”(Zacarías 4:6).

Fe y Reposo

Existía la posibilidad de que estos creyentes en Cristo Jesús  también se apartaran del Dios vivo por la incredulidad que el escritor afirma que refleja un corazón malo (Hebreos 3:12). “Porque somos hechos participantes de Cristo”, dice el autor, “con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio” (Hebreos 3:14).

Esta amenaza es tan real en la opinión del escritor de Hebreos que les pide que teman, no sea que alguno de ellos no alcance este reposo (Hebreos 4:1). Vemos aquí la relación entre reposo y fe. El hecho es que el “reposo” de Dios es el resultado directo de tener fe en Dios.

Porque el que está fuera del reposo, está fuera de la fe. Cuando alguien está en la fe—es decir, descansando en la obra terminada de Dios—está en la mejor posición para agradar a Dios. Porque sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6).

Las buenas nuevas de Dios fueron predicadas a nosotros, nos explica el autor de Hebreos, como lo fueron a ellos, refiriéndose a los padres israelitas en el desierto. Tenían el testimonio de Dios dado a ellos por medio de Moisés.

Pero la palabra que escucharon no les fue de provecho, no les llevó al reposo prometido, porque no mezclaron lo que escucharon con fe (Hebreos 4:2). Porque nosotros los que creemos entramos en ese reposo.

Muchos afirman creer, pero no están en reposo. Dicen que creen que Dios está en el trono, pero no viven sus vidas conforme a eso. Viven en temor, preocupación, ansiedad, desánimo, y cosas semejantes. Luchan por hacerse un camino para ellos mismos como si pudieran ordenar sus propios pasos.

Tiran, aflojan, agonizan para manipular las circunstancias hasta que esas circunstancias concuerdan con su plan. Mienten, engañan, roban, hacen lo que sea para tratar de salir adelante. Pero todas esas cosas son las obras de incredulidad. ¡Como si Dios no pudiera!

No me gusta en absoluto ser –utilizando idioma actual- un “mala onda”, como tampoco derrotista o negativo, pero; ¿Me parece a mí o todos estos adjetivos que has leído aquí podrían adherirse al estar diario de cualquier congregación de este tiempo presente?

Fe y la obra terminada de Dios

El autor de Hebreos quería que Su audiencia y nosotros mismos hoy tuviéramos fe en la obra terminada de Dios, que fue terminada desde la fundación del mundo (Hebreos 4:3). Si Dios ha reposado de Sus obras, ¿Por qué estamos como un flan al respecto?

Una vez en el pasado, estaba intentando por todos los medios hacer algo desesperadamente para Dios en mis propias fuerzas. Todos queremos hacerlo. Y el Espíritu del Señor me testificó: “Cuando tú trabajas, Yo descanso. Cuando tú descansas, Yo trabajo.” (Excelente. Más que excelente.)

Cuando entramos en la fe, sabiendo que Dios conoce el fin desde el principio, que “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios ordenó para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Y que “todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, a los que son llamados conforme a Su propósito” (Romanos 8:28), entonces obedecemos la voz del Maestro, “No os afanéis por vuestra vida…” (Mateo 6:25-34).

Marcos 11:22 dice, “Tened fe en Dios”. Muchos lo han tomado como que hemos de tener fe en Dios para conseguir cosas—todo lo que queramos. Este énfasis en la fe por cosas, ha sido tan desgastado, que algunos están intentando tener fe en la fe.

Hay un recibir de Dios que resulta de nuestra participación en Dios. Porque cuánto más y más llegamos a conocerle, conoceremos Su corazón, Su voluntad, Sus caminos y eso es lo que pediremos.

Pero el énfasis, creo, en Marcos 11:22-24 está “en Dios”. Tened fe en Dios. Punto. Tened fe en sus obras acabadas. Creed la palabra de Dios, pues la palabra de Dios es la voluntad de Dios. La palabra de Dios es la expresión de Su corazón. La palabra de Dios es Dios expresado en palabras. Su palabra debe ser cumplida. Será la consumación, el resumen de todas las cosas en Él (Efesios 1:10).

Muchos tenemos certeza de esto que el autor consigna, pero créeme que no todos. Y cuando digo “todos”, lamentablemente incluyo a muchos ministros. La Palabra de Dios no es una lectura bíblica ni un sermón de contenido moralista. Todo esto no es malo en sí mismo y hasta puede ser de enorme ayuda para alguna necesidad humana. Pero no es Palabra de Dios, no confundir.

Fe y obras muertas

La fe que hemos de tener que nos lleva a ese reposo prometido, no se consigue fácilmente. “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:11).

El hecho es que nuestra naturaleza de hombre de carne está caída y aún se halla bajo la maldición de las obras. No podemos imaginar un evangelio que no requiera algunas obras por nuestra parte. Tenemos que trabajar para permanecer en la fe y en el reposo.

La mayor parte del empuje del Cristianismo institucional se basa en obras. A los creyentes se les hace sentir culpables si no operan conforme a las normas, reglas, doctrinas, tradiciones y muchas expectativas no escritas que son puestas sobre ellos por los que quieren controlarlos y poseerlos. Están bajo la letra de la ley en sus propias iglesias y han suprimido en ellos la vida del Espíritu.

Jesús, nuestro reposo del Sabbat

Pero está surgiendo un pueblo que está mirando hacia Tabernáculos, que están entrando en el Lugar Santísimo—entrando en ese lugar de fe absoluta en Dios—entrando en ese reposo prometido. No están interesados ya más en obras por causa de las obras. No tienen agenda propia que quieran promocionar. No tienen nada del yo qué ganar. Su preocupación por completo es buscar la voluntad de Dios y hacerla.

Cuando nosotros obedecemos diligentemente la palabra del Señor, descubriremos que Él, el Espíritu de la verdad, el Consolador, siempre nos llevará al reposo. Nos llevará a Jesús, que se ha convertido por nosotros en nuestro reposo del Sabbat.

Más que ninguna otra cosa, Jesús quería apuntar que Él era el cumplimiento del Sabbat de Dios. Él era el cumplimiento de toda la Ley y los profetas. Todo lo que los profetas dijeron sobre Dios se completó en Jesús, que era Dios.

El ejemplo clásico de esta declaración lo encontramos en Mateo 12:1-8. Jesús y Sus discípulos pasaban por un campo de grano, y estando hambrientos, comieron de ello. Los Fariseos los vieron y preguntaron a Jesús por qué hacían lo que no era lícito hacer en el Sabbat. Él les contestó declarando que Él, el Hijo del Hombre, es el Señor incluso del día del Sabbat.

Esto me obliga necesariamente a escribir algo respecto a la sanidad divina y sobrenatural. ¿Creo en ella? ¡Por supuesto9 que lo creo! ¿Es posible en este tiempo? ¡Claro que es posible! Pero permíteme sugerirte que sólo te limites a ordenar sanidad en el nombre de Jesús, ¿Sí? Y luego déjale a Dios la forma, el método, la manera. No sea cosa que justo al Señor se le ocurra usar a un médico para glorificarse en alguien.

Jesús es el reposo del Sabbat para todos aquellos que creen en Él, para todos los que ponen su confianza en el hecho de que en la cruz, Él terminó la obra de Dios. Quedan aún en la Cristiandad los que debaten todavía si deberíamos ir a la iglesia y adorar a Dios en el sábado, siendo éste el Sabbat, o el domingo, el día de Su resurrección.

Fracasan en el reconocimiento de que primero que nada, la iglesia es el  pueblo de Dios y no un lugar dónde ir, y después, en que Dios no está buscando adoradores de sábado o de domingo solamente. “Viene la hora, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque el Padre busca que tales adoradores Le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad [no en legalismo] es necesario que adoren.” (Juan 4:23-24).

Nosotros somos el templo del Espíritu Santo. Somos santuarios vivientes y movibles en los que el Dios Todopoderoso ha tomado residencia para que podamos ser linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, Su pueblo escogido y peculiar—para que anunciemos las virtudes de Aquel que nos llamó de la oscuridad a Su luz admirable (1 Pedro 2:9).

Cuando Dios dio a Moisés instrucciones para la observancia del Sabbat y de las fiestas anuales, repetidamente los llamó al reposo. Seis veces distintas les ordenó en Levítico 23, “Ningún trabajo harás”…  “Servil” sugiere la característica del comportamiento sometido de un esclavo. El término tiene un uso religioso. Hablaba del servicio o de la adoración de Dios.

Correcto. Pero, curiosamente, dentro de la enseñanza babilónica clásica y tradicional, lo que se dice es que ese descanso tiene que ver con nuestras actividades seculares, pero que debemos ser obedientes y tomarnos ese descanso y, en todo caso, aprovecharlo viniendo a la iglesia a trabajar para el Señor. Muy bonito y religioso, pero antibíblico.

El Antiguo Testamento es el tipo en el ámbito natural de todo aquello que se volvió realidad espiritual en el Nuevo Testamento. Jesús se hizo por nosotros nuestro reposo del Sabbat, y entramos en ese reposo estando en Él cada día de cada semana.

Fe y Obediencia

Ahora más que nunca, si alguna vez hemos esperado estar en compañía de los crucificados, tendremos que entrar en el reposo del Sabbat. Entramos a ese reposo mediante la obediencia radical al Espíritu de Dios. Obedecer radicalmente es creer radicalmente y confiar en Dios hasta el punto de parecer locos al mundo.

Josué recibió la enorme tarea de tomar la fortaleza de Jericó. No había forma ni ingenuidad en las fuerzas humanas para que él consiguiera esta tarea. Pero Dios le hizo una demanda ridícula. Dios le dijo que fuera contra Jericó, que había dado a Jericó en sus manos (Josué 6:2).

Josué tenía la palabra de Dios antes de tenerla en el ámbito de lo natural. Pero eso era lo único que necesitaba. Conocía a Dios. Tenía relación con este Dios. Sabía que la palabra de Dios era Su promesa, que era algo certero.

Había de marchar durante seis días alrededor de la ciudad, una vez por día. Los sacerdotes debían llevar las siete trompetas de cuernos de carnero y salir delante del arca del Pacto. El arca del pacto era la presencia de Dios. Donde Dios está, ahí está el poder de Dios. Después, en el día séptimo, habían de rodear la ciudad siete veces y los sacerdotes habían de tocar las trompetas.

Cuando el pueblo escuchó el largo toque de las trompetas, los muros se vinieron abajo. Definitivamente, había algo que ellos tenían que hacer, y algunos podrían haberse cansado caminando y esperando siete días, pero comparado con la tarea que tenían por delante, tomaron la ciudad en reposo. Dios hizo toda la obra. Ellos simplemente tenían que obedecer.

A lo largo de las escrituras, una vez tras otra vemos el poder de Dios liberado a través de la obediencia. La obediencia, la fe, el reposo, son meramente sinónimos—formas distintas de decir una misma cosa. Siempre habrá directrices para que las obedezcamos, pero siempre nos serán dadas en la gracia y en la unción del Espíritu Santo. A quién Dios nombra, Él lo unge.

Totalmente correcto. Pese a esto, lo que nosotros llamamos “la iglesia”, todavía no lo ha podido entender. Entonces utilizan la imposición de manos, los viajes a los sitios más pintorescos y todo lo que esté a mano para acceder a una unción que les permita mostrar algo diferente. Ya fue dicho: Dios solamente unge a los que Él levanta. Lo que hagan los hombres, por fuera de su propósito, lo tiene sin cuidado

Si nos encontramos a nosotros mismos en “esclavitud”, haciendo un trabajo servil en temas espirituales, vamos a encontrarnos con el desagrado de nuestro Dios. En un momento dado, Dios advirtió de que cualquiera que fuera hallado haciendo trabajo en el Día de la Expiación, sería destruido (Levítico 23:30). ¿Por qué? Porque Jesús expió los pecados del mundo. No podemos trabajar para ganar nuestra expiación (o salvación). 

“Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe…” (Efesios 2:8). Nunca podemos apartarnos de este pasaje. Yo lo llamo la plomada del evangelio. Si un hombre le añade cualquier cosa o intenta quitar algo de ello, es del grupo de la circuncisión—un Judaizante moderno.

En Levítico 23, la versión King James de la Biblia traduce como “servil” como “cotidiano”. “No harás trabajo cotidiano…” Estoy a favor de la forma como es que traducido por la American Standard: “No harás trabajo laborioso….”

Si alguien en Cristo tiene más que hacer qué tiempo para hacerlo, algunas de esas cosas no son del Señor. Estará en falta de reposo y fuera de la fe. Está metido en obras muertas—madero, paja y hojarasca para ser echados en el fuego y quemados.

Las únicas obras duraderas de oro y plata surgen del fuego de la obediencia del refinador. Dios está trabajando, trayendo a la realidad aquello que ya ha sido acabado. “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo…” (Hebreos 4:11). Obedécele explícitamente en todo. Vive la vida crucificada para que la gloria del Señor pueda ser revelada en y a través de ti en esta hora final antes de que Él venga.

Capítulo 10

El viejo orden / El nuevo orden: El Ser de Dios en nosotros

Los crucificados son una nueva raza de Cristianos en el mundo hoy día. Son un nuevo orden en contraste con un viejo orden de Cristianos.

El viejo orden de Cristianos está esencialmente bajo la ley—no necesariamente la ley del Antiguo Testamento, sino leyes de su propia creación. Son guardados por normas y reglas que les gobiernan porque no son gobernados ni motivados por el poder y la vida de Dio obrando dentro de ellos. (Más: si desearan ser gobernados por Dios, se encontrarían con la férrea oposición de sus líderes. Incomprensible.)

Dar

Bajo el viejo orden, el Cristiano tiene que ser empujado a dar. Bajo el nuevo orden, el cristiano es por naturaleza un dador. El viejo está bajo la ley de diezmar. El nuevo es el diezmo, es decir, todo lo que él es y tiene es una ofrenda de primicias para su Dios.

Todo lo que Él es y tiene es de Dios a su orden. No tiene que ser exhortado por el predicador para hacer o para dar nada. Está un paso al frente del predicador. Está constantemente en sintonía con el Espíritu Santo que le guía en todo lo que hace, dice o da. (De esto también doy fe. Lo estoy viendo y comprobando)

Fidelidad

Bajo el viejo orden, el Cristiano tiene que ser exhortado a la fidelidad. Bajo el nuevo, es por naturaleza fiel. Viene y va y hace conforme a la voluntad de Su Padre. Es fiel porque es confiado. Cree en Dios,  pone su confianza en Dios y tiene confianza en Dios de que “todo ayuda a bien a los que aman a Dios, a los que conforme a Su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Porque confía en Dios, él mismo es digno de confianza. He descubierto a lo largo de los años que el que no puede confiar en los demás, no es digno de confianza él mismo. Tendemos a proyectar en los demás lo que vemos en nosotros mismos.

Las personas confiadas son personas fieles. Las personas fieles son personas obedientes. No es que son fieles y obedientes para hacer lo que se les dice; son fieles y obedientes para ser lo que se les ha hecho ser. Han sido formados y re-formados por su Creador para ser como Él es.

Por si cabe: la falta de fidelidad para con el Señor por parte de muchos hermanos, tiene relación directa del grado de dependencia que pueda tener para con su líder. Con el hecho de llevarse bien con éste y cumplir con lo que éste le pida, el creyente supone haber cumplido. Dios no figura en sus prioridades, sólo su líder. Error gravísimo y mortal.

Iglesia

Ahora bien, esta importante distinción entre el viejo orden del Cristiano y el nuevo va a hacerse cada vez más evidente con el tiempo. El Cristiano del viejo orden va a la iglesia. Ha sido programado para ir, exhortado a la fidelidad en la asistencia, animado en la participación de los programas, etc., La iglesia es lo que él hace. En la mayoría de los casos, es su religión.

Pero el Cristiano del nuevo orden es la iglesia. Se ve a sí mismo como la misma extensión de Jesucristo en el mundo hoy. No tiene que ser exhortado para ir a la iglesia, es el templo del Espíritu Santo junto con los otros creyentes verdaderos.

En este nuevo orden, entre esta nueva raza, hay un sentir de hartura de jugar a la iglesia. No están interesados ya más en el iglesianismo. Son liberados en el mundo para ser la iglesia.

Entienden muy bien que el cuerpo debe reunirse de vez en cuando para ganar fuerza unos de otros a partir de los ministerios, dones y frutos del Espíritu colocados en el cuerpo. Se reúnen para recabar fuerzas y se dispersan para el servicio. (Obviamente, estas reuniones no se parecen en nada, -ni desean asemejarse- a las clásicas y tradicionales reuniones de templo)

Oración

El Cristiano del viejo orden tiene que ser exhortado para orar mientras que el del nuevo orden es la oración. Es decir, está en tal comunión con el Padre por el Espíritu que conoce la mente de Cristo y ha tomado la imagen de su Padre por medio de Cristo. No tiene que “orar” para recibir respuestas más que nada porque él es la respuesta a la oración.

No ora necesariamente por la sanidad de alguien. Lo sana en el nombre de Jesús cuando ve por el Espíritu que la sanidad es lo que el Padre está haciendo. Como su hermano mayor Jesús antes que él, sólo hace lo que ve hacer al Padre. Es una reunión de oración andante.

A este punto, todavía hay una enorme proporción de creyentes que no lo tiene claro en absoluto. Pero igualmente es cierto, no podemos discutirlo en su esencia. Las doctrinas denominacionales han hecho y hacen hincapié sólo en las formas.

Ayuno

Puede que ayune con frecuencia. Pero su gran ayuno no está en abstenerse de ciertos alimentos y bebidas de vez en cuando, sino en la negación total de su vida del yo todo el tiempo. Por tanto, es un ayuno viviente para su Dios.

Alabanza

No tiene que ser exhortado a la alabanza como los viejos Cristianos. Él entero es para la alabanza de Su Padre. La alabanza brota desde dentro de él como ríos de agua viva. Alaba a lo largo de todo el día. La alabanza está en sus labios por siempre. No puede evitar alabar porque la alabanza para su Dios es la abundancia de su corazón. (En conclusión: no necesita ser dinamizado por porristas especializados)

Adoración

¡De igual modo la adoración! No tiene que tener un boletín para guiarle en su adoración. No tiene que ir a esta montaña o a esta otra (a esta catedral o a esta otra) en los días indicados para poder adorar. Tampoco el Padre busca esta forma de adoración.

Porque viene la hora y ahora es, cuando el Padre busca un pueblo que Le adore en espíritu y en verdad (Juan 4:23). No puedes adorarle en verdad a menos que sea en el espíritu. Él es tanto Espíritu como Verdad. El verdadero adorador, por tanto, debe adorarle mientras permanece en Él.

Hacer el Bien

El cristiano del viejo orden ha de ser exhortado a hacer el bien. Tiene que tener leyes, credos, doctrinas, normas y reglas deletreadas para él para que pueda saber cómo vivir justamente. Pero esto es la ley. La letra mata.

El Espíritu de Dios que permanece dentro del Cristiano del Nuevo orden es Él mismo el administrador de la ley escrita dentro del corazón del creyente. Este cristiano del nuevo orden es la justicia de Dios.

“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24)

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:21)

El hacer el bien para el Cristiano del nuevo orden es irrelevante, puesto que la bondad de Dios es manifiesta a través de él.

Hacer / Ser

Y así es con todo lo demás que pueda decirse de la vida cristiana. El viejo orden es un orden externo de hacer, mientras que el nuevo es la realidad interna de ser.

Por supuesto, sigue siendo cierto que lo que uno sea por dentro determinará lo que haga en lo externo. La diferencia entre ser religioso y ser nacido de nuevo es ésta: que el que es nacido de nuevo tiene su misma naturaleza transformada por el poder de Dios. La religión, en el mejor de los casos, solo puede controlar o modificar el comportamiento externo de una persona.

El que es nacido de nuevo una vez fue una cosa; ahora es otra. “Por tanto, si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17).

Piedad

El viejo hombre de la carne ha sido crucificado y enterrado en la misma muerte y sepultura de Jesucristo. Es historia en lo que Dios concierne. Sólo el diablo y la carne están interesados en mantener vivo a ese viejo hombre de la carne.

El Cristiano del viejo orden trata en el mejor de los casos, de imitar la piedad, de imitar a Cristo. El Cristiano del nuevo orden tiene la misma naturaleza de la piedad nacida en él y por tanto, cada vez se hace más piadoso día a día. Como Dios es–¡así es él!

Por eso, cuando enseñábamos respecto al evangelio genuino, decíamos que era aquel en que Jesús mandaba a arrepentirse a quienes lo escuchaban, porque les aseguraba que el Reino de los Cielos se había acercado. ¿Quién representaba a ese Reino? Él. ¿Quién lo representa hoy? Nosotros. ¿Lo dudas?

El Ser de Dios

Cuando Dios llamó a Moisés para ir a Egipto y sacar a los israelitas de su esclavitud, Moisés quería saber lo que había de decirles cuando le preguntasen el nombre del Dios de sus padres. Dios respondió, “YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:13-14).

Esto tiene que ver con el nombre YHWH o Yahweh (transcripto Jehová), que se deriva del verbo hayah, “ser”. ¡El verbo de ser! Dios no permanece en la historia con un pasado y con un futuro. Él siempre está presente. ¡Él es! Por esta razón, Jesús, siendo Dios, es “el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Dios inventó el tiempo. Él es el autor de la historia. Él ya conoce desde el principio. Él lo ha determinado. Sin embargo, en Su soberanía y omnipotencia, Él puede permitir la libertad de las voluntades humanas. (Sus caminos no son nuestros caminos… Isaías 55:8). Esto nos ayuda en nuestra fe por comprender el “ser” de Dios.

Llevando Su Naturaleza

Pero va más allá de todo esto. Jesús dejó muy claro que ÉL era el “YO SOY” del Antiguo Testamento (Juan 8:58). A través del evangelio de Juan, las palabras griegas ego eimi, que significan literalmente “Yo”, “Yo Soy”, se usan para explicar a Jesús. Usando este término, Él dijo de Sí mismo:

YO SOY

Mesías (Juan 4:25-26)

El Pan de Vida (Juan 6:35, 48,51)

La Luz del Mundo (Juan8:12)

La Puerta de las Ovejas (Juan 10:7)

El Buen Pastor (Juan 10:11)

La Resurrección y la Vida (Juan 11:25)

El Maestro y Señor (Juan 13:13)

El Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6)

La Vid verdadera (Juan 15:1)

Jesús (que significa Salvación) (Juan 18:5-8)

… Cómo Él es, así somos nosotros en ese mundo”  (1ª Juan 4:17)

Él es amor, así, nosotros somos amor.

Él es justo, así nosotros somos justos.

Él es fe, así nosotros somos fe.

Él es espíritu, así nosotros somos espíritu.

Él es verdad, así nosotros somos verdad.

Él es vida eterna, así somos nosotros vida eterna.

¡Él es! ¡Así somos nosotros!

Cómo Él es el gran YO SOY, nosotros nos hemos convertido en Él pequeños “Yo soy”. (Ten cuidado al interpretar esto. Y ten mucho más cuidado aún si vas a enseñarlo. Infinidad de hermanos han aterrizado en las satánicas doctrinas de la Nueva Era por tomar a esto con ligereza y superficialidad.)

Jesús dijo de Sí mismo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12). Él dijo a Sus discípulos, “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14). La única manera de que sus discípulos puedan ser luz es tener la Luz de la vida viviendo en ellos y resplandeciendo a través de ellos. No hay forma de poder imitarle. O bien eres de Su misma naturaleza o eres un falso.

Esto no es un viaje para el ego en el que nos embarcamos. Debo recordar al lector que entramos a través del arrepentimiento, mansedumbre, gentileza, humildad, sometimiento, fe y obediencia. Tomamos Su naturaleza—la de Aquel que se despojó a Sí mismo.

El Cristiano del nuevo orden, esta nueva raza de crucificados, se está volviendo más y más como Él. Es un asunto de menos hacer y más de ser.

Jesús hizo lo que hizo por causa de quien era. Y así es con nosotros, que vamos de gloria en gloria, de fe en fe—haremos más desde lo que somos que desde expectativas religiosas puestas sobre nosotros.

Capítulo 11

Agua en Vino

El surgimiento de los crucificados es lo que Dios está haciendo en el mundo hoy. Son el nuevo vino que está siendo vertido en odres nuevos.

Cuando Jesús obró el milagro en Caná (Juan 2), cambió el agua en vino. En la Biblia, generalmente el agua es un tipo de la palabra de Dios (Efesios 5:26), y el vino representa la sangre de Jesús, al hablar de Sí mismo con respecto a la cena del Señor: “De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto) en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:20).

Hasta que el agua de la palabra de Dios no se convierta en el vino de la sangre de Dios, no tendrá ningún valor redentor. Jesús era la Palabra hecha carne (Juan 1:1,14). También era el Cordero de Dios (Juan 1:36, Apocalipsis 5:5-10). Vino como la Palabra y murió como el Cordero. La Palabra se convirtió en la Sangre: el agua se hizo vino.

La naturaleza profética del evento

Creo que Juan está haciendo una declaración deliberada por el Espíritu Santo al preservar este milagro en Caná como “principio de señales que Jesús hizo en Caná de Galilea, y manifestó su gloria…” (Juan 2:11). Sirve proféticamente tanto para la crucifixión de Jesús como para el surgimiento de los crucificados en estos últimos tiempos.

El hecho de que fuera en el contexto de una boda es significativo. La historia completa de la Biblia comienza y termina con una boda. En el principio Él hizo al hombre y desde Él, hizo una ayuda idónea y declaró, “serán una sola carne” (Génesis 2:24). (¡No me digas que te habías creído que esto había sido escrito para que lo leyera tu novia!)

Efesios 5:22-23 traza una correlación entre el esposo y la esposa, Cristo y la iglesia. Dios y Cristo son vistos a lo largo de la Biblia como el esposo o el novio, mientras que Israel y la iglesia son vistos como Su esposa o su novia desposada.

Israel y la iglesia son uno y una misma cosa desde el punto de vista de Dios. Siempre ha tenido un y una sola esposa a Sus ojos. No se divorció de una y se casó con otra. Se divorció de la Israel ramera (Jeremías. 3:8) pero le prometió restauración en Sión (Zacarías 3:14-19). (Esta es una de dos posiciones muy controvertidas y vastamente fundamentadas. Difieren en su aceptación o no del divorcio)

Juan el Bautista, dijo en referencia a Jesús, “El que tiene a la esposa, es el esposo” (Juan 3:29). Jesús mismo comparó Su venida a una fiesta de bodas, en la que había cinco vírgenes sabias y cinco vírgenes descuidadas (Mateo 25:1-13).

Apocalipsis 19:7-9 dibuja esta boda del final de los tiempos de esa forma, “Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a El la gloria,  porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado. Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio,  porque las acciones justas de los santos son el lino fino…Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero."

Parece significativo que las bodas de Caná tomaran lugar al tercer día de haber sido bautizado Jesús por Juan en el río Jordán, lo que marcó el inicio de Su ministerio. El número tres en la Biblia habla de la plenitud del testimonio. Por tanto, el tercer día alude a Cristo al ser manifestado en la gloria de Su resurrección (Hechos 10:40, Lucas 13:32).

De esta misma manera, el surgimiento de estos crucificados en esta hora final es la manifestación esperada (revelación) de los hijos de Dios de la que habla Romanos 8:18-19. “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”

Y aún más, creo que es significativo que la madre de Jesús Le dijera, “No tienen vino”Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.” (Juan 2:3-4). De forma muy clara, Jesús no se estaba refiriendo a Su hora para hacer milagros, porque inmediatamente hizo uno. Se refería a la hora establecida de Su crucifixión. Al hacerlo, enlazó el acontecimiento de esta boda y del vino con el derramamiento de Su sangre preciosa en la cruz.

María sabiendo muy bien quién era este Hijo de ella y quizás teniendo una palabra de ciencia de que Él estaba a punto de efectuar este milagro, se volvió a los siervos y les instruyó que hicieran todo lo que Él les dijese (v.5). Los siervos no solo debían saber quién era María, sino que también respetaban Su autoridad en esta situación.

Creo que los siervos representan simbólicamente al ministerio, más específicamente los dones ministeriales de Efesios 4:11. (Si hablamos conforme a las Escrituras, cada creyente debería verse a sí mismo como un siervo, aunque también somos hijitos, hijos, sacerdotes, etc.). (Personalmente entiendo que nuestra calidad tiene que ser la de hijo, por sobre todas las demás, ya que es la única manera de heredar)

La palabra griega usada en Juan 2 para siervos es diakonai. Esta es la palabra de la que procede la palabra inglesa “diacono”. Con frecuencia ha sido traducida como “ministro” en el Nuevo Testamento. Habla principalmente de alguien que está haciendo la labor de un siervo.

Los dones ministeriales que equipan de Efesios 4:11 tienen una unción particular del Espíritu Santo para predicar y enseñar la Palabra de Dios. Han recibido en encargo de la Palabra. En los primeros días de la iglesia, los apóstoles encargaron a la congregación que nombrara diáconos (diakonai) que se ocuparan de los asuntos temporales del cuerpo para que ellos se pudieran dedicar continuamente a la oración y al ministerio (diakonai) de la Palabra (Hechos 6:4-17).

Tanto los apóstoles como los diáconos son siervos. Solo que tienen descripciones laborales distintas. Pablo explicó que él y Apolos y estoy seguro de que incluiría a Pedro y al resto, no eran otra cosa que “ministros por medio de los cuales habéis creído” (1ª Corintios 3:5).

Así, la madre María dice a los siervos que hagan lo que Jesús les diga. La obediencia es el distintivo de los crucificados. Cualquiera que a partir de este día no esté dispuesto a poner su vida del yo en deferencia hacia la Cabeza, Jesucristo, y que no esté dispuesto a obedecerle radicalmente en cada uno de sus caminos, se perderá este milagro final más grandioso de Dios. ¡Haz lo que Él te diga, aún al costo de ti mismo y de tu reputación!

Casi que puedo anticipar tu duda y posterior pregunta: ¿Eso implica obedecer a todos y cada uno de los líderes de las iglesias en la tierra? Si esa fue tu pregunta, permíteme decirte que no has entendido el elemento de fondo en todo esto. No estamos hablando de hombres ni de religión, estamos hablando de Dios y Su iglesia.

Renovación de la Palabra

“Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua”, (Juan 2:6). Generalmente, en la Biblia el número “seis” habla del hombre. Personalmente creo que 666 (Apocalipsis 13:18) habla de la plenitud del hombre—ese tiempo en el que la mente carnal del hombre se habrá exaltado a sí misma al máximo por encima del conocimiento de Dios.

Aunque no descarto la posibilidad de que una persona individual pueda ser el anticristo, la abominación que asola al Lugar Santo (Mateo 24:15; Daniel 9:27), en el presente me preocupa más la abominación de la mente carnal de los Cristianos que asola al Lugar Santo de sus espíritus.

Coincido, y así lo enseño en más de un trabajo. Anticristo no es una persona individual (Aunque eventualmente la incluya) sino una mentalidad. La mentalidad anticristo es, obviamente, aquella que se opone a todo lo que sea Jesucristo. Y eso incluye a ciertas religiones.

El hecho de que hubiera seis tinajas, creo, habla de esta plenitud del hombre, y que fueran de piedra habla de nuestras propias vidas como vasijas. “Tenemos este tesoro en vasos de barro…” (2 Corintios 4.7).Por tanto, es significativo que Jesús, que es Él mismo el Agua de la Vida, dijera a los siervos (ministros), “Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.”(Juan 2:7).

En las últimas dos décadas más o menos ha habido una profunda renovación en la palabra de Dios hasta el punto de que muchas iglesias hoy día correcta o erróneamente, se denominan a sí mismas “Iglesias de la Palabra”.Entre los evangélicos, el énfasis se ha puesto en la correcta interpretación de los pasajes de la Escritura, derivando lo que para ellos es la correcta doctrina de la fe.

Entre los carismáticos, el énfasis se ha puesto en el conocimiento de la palabra de Dios por uno mismo, confesando la palabra para obtener los beneficios que ha prometido, introduciendo la palabra en el espíritu, y entre otras cosas, usando la palabra para derrotar a las potestades de las tinieblas.

Esta renovación de la palabra de Dios ha desplazado el énfasis de la preeminencia de doctrinas y dogmas de iglesia hasta el punto de que muchos de los asistentes a la iglesia han rechazado la santidad de sus doctrinas denominacionales por completo. Para ellos, se ha convertido más en un asunto de regresar simplemente a la Biblia. Es un asunto de aferrarse de La Palabra.

Pero como dije al principio de este capítulo, hasta que el agua de la Palabra de Dios no se convierta en el vino de la sangre de Dios, no tendrá ningún valor redentor.¡Los siervos obedecieron! Los predicadores respondieron a este mover del Espíritu Santo en la renovación de la Palabra. Han llenado los vasos de barro de los creyentes hambrientos de la Palabra hasta el borde.

Ahora bien, el llamado a estos siervos es que saquen algo del agua de las tinajas y lo lleven al maestresala. De lo que estamos seguros hasta este punto, es que el agua sigue en las tinajas. Pero en algún lugar entre la tinaja y el maestresala, el agua se convierte en vino.

En algún momento desde que el predicador fiel predica la palabra ungida de Dios hasta que ésta llega a los oídos de sus hacedores, el agua de la palabra debe convertirse en la sangre de la vida crucificada. Hasta que no lo haga, su poder redentor es nulo y hueco.

La Renovación de la Sangre

“Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; más tú has reservado el buen vino hasta ahora.” (Juan 2:9-10).

Ha habido satisfacción de vino hasta ahora. Buen vino. ¿Cómo no puede ser el vino de Jesús otra cosa que vino bueno y perfecto? Y sin embargo, hay la promesa de un vino mejor por venir. El mejor vendrá al final, es decir, el mover más grande el Espíritu Santo está aún por venir.

De la misma forma que ha habido una renovación de la Palabra en las últimas décadas, ahora debe venir una renovación de la sangre. No solo surgirá la revelación de la vida crucificada, sino que esa revelación se emparejará con el poder de Dios para cambiar el agua en vino, la palabra en la sangre.

Si al agua de la palabra que uno pueda tener, no se le permite convertirse en el vino de Su sangre, esa vasija caerá en engaño. Hay un peligro al adquirir conocimiento por causa de poseer conocimiento o con el único propósito de obtener algo para el yo.

No puedes tener la Palabra de Dios sin el Cordero de Dios. “Este es el que vino mediante agua y sangre, Jesucristo; no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres concuerdan  (1ª Juan 5:6-8).

Primero viene el agua de la Palabra, después la sangre del Cordero, y después el poder del Espíritu Santo para transformar el agua de la palabra en el vino de la sangre, en todos aquellos que toman su cruz diariamente para seguirle a Él.  Se necesitan los tres para completar el testimonio de Cristo en la tierra, tanto en Cristo mismo como en Sus crucificados.

Cediendo

Ningún hombre puede crucificarse a sí mismo. Es aquí donde entran la gracia y el poder de Dios una y otra vez. Si alguno de nosotros alguna vez alberga la esperanza de ser parte de esta compañía, debemos estar dispuestos a hacer la única cosa que podemos hacer: ceder al fuego purgante y purificador del Espíritu Santo, cuyo deseo es llevarnos a la perfección. Sólo podemos presentarnos a nosotros mismos como sacrificio vivo…. (Romanos 12:1).

Esto, que es estrictamente cierto, conlleva una alta dosis de riesgo conforme con la interpretación que cada hombre o mujer pueda darle. Una cosa es asumir lo que Dios permita como parte de nuestra purificación y otra, muy distinta, andar por la vida persiguiendo sufrimientos.

Nuevo Vino en Odres Nuevos

Este vino nuevo y mejor se ofreció en la fiesta de bodas de Caná, después de que todo el vino original se hubiera gastado. El primero era bueno mientras duró. Pero la parte que hemos tenido hasta ahora no es suficiente para ir hasta el final.

Permíteme cambiar la analogía. El vino que hemos tenido hasta ahora ha sido llevado por los odres de las tradiciones de los hombres. Estos viejos odres se han endurecido y se han vuelto quebradizos. No podrán contener el nuevo vino que está surgiendo ahora. En muchas situaciones, el evangelio mismo ha sido confundido con las tradiciones de los hombres que intentaron contenerlo. Los odres se han equiparado con el vino.

La carne siempre intenta contener los moveres de Dios institucionalizándolos. De  este modo intentan ponerlos en pieles de su propia creación. Tarde o temprano, el énfasis está en la glorificación de esa piel, y no en el vino que contiene su interior. Se convierten en iconos de nuestra adoración.

Cada vez que tratamos de derramar un nuevo mover de Dios en los viejos odres de nuestras tradiciones, o cuando intentamos congelarlo para que dure para siempre, lo que hacemos es matarlo rápidamente. Dios no está dispuesto a compartir su gloria con la carne. No nos ha dado el Espíritu para que el sistema de la iglesia ramera tenga un buen aspecto.

Este último y gran mover milagroso de Dios por el que Él transforma el agua en vino—la palabra en la sangre—no puede ser derramado en los viejos odres del iglesianismo. No busques este próximo gran avivamiento final  dentro de las paredes de las denominaciones. No sucederá ahí porque no puede suceder ahí. Los que esperan ser parte de ello, tendrán que salir de ellos.

Por esta razón, Él está preparando para Él mismo Sus propios odres para Su nuevo vino milagroso. Es la iglesia sin muros.  

“Principio de señales que hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y Sus discípulos creyeron en Él…” (Juan 2:11).

La única forma en que Jesús puede ser glorificado es que Él sea exaltado en Su vida crucificada. Él dijo, “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que cree, tenga en El vida eterna.” (Juan 3:14-15).

Y de nuevo dijo, Y yo, si soy levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo. Pero Él decía esto para indicar de qué clase de muerte iba a morir.” (Juan 12:32-33).

Nada ha cambiado. La cruz de Jesucristo sigue siendo el único poder redentor en el mundo. Y la única manera en que Jesús es continuamente levantado de tal forma para atraer a todos los hombres hacia Sí, es para que todos los hombres puedan ver a este Cristo crucificado vivido en Sus crucificados.

Y siempre que los que sigan a Jesús en Su bautismo de padecimientos, los que sigan al Cordero en obediencia radical dondequiera que Él vaya, sean conformados a Su imagen, dejando que Él sea vivido en ellos como ese hijo manifiesto y compuesto de muchos miembros—siempre que éstos se conviertan en una realidad, ellos serán ese nuevo vino derramado sobre odres nuevos. Se trata de la misma vida sacrificada de Jesús  siendo derramada una vez más—esta vez a través de Sus crucificados: el anticipo de Tabernáculos.

También muy cierto. En los años 90 Argentina pasó por una época de gran despertamiento. En los templos sucedían cosas y muchos, entre los que me incluyo, sin vivir nada espectacular, fuimos inyectados con una nueva fe basada estrictamente en el poder del Espíritu Santo.

Luego, la carne potenció las envidias ministeriales. Y si en una congregación estaban sucediendo cosas maravillosas, en la que se le ha opuesto doctrinalmente toda su vida, no podían ser menos. Entonces comenzaron algunos “siervos de Dios” a fabricar milagros, señales y maravillas. Duró hasta que el mundo se dio cuenta.

Allí terminó el despertamiento, bajo una monumental sospecha que, si bien tenía bases verídicas en estas últimas congregaciones, no era así en sus inicios. La lección que todos recibimos fue precisa y exactamente la que da el autor aquí: imposible el vino nuevo en odres viejos.

Capítulo 12

El Camino, la Verdad y La Vida

Tal y como queda registrado en Juan 14:2-6, Jesús confortó a Sus discípulos respecto de Su marcha diciéndoles que si se marchaba, como debía marcharse, prepararía un lugar para ellos en la casa de Su Padre, y vendría de nuevo y los recibiría diciéndoles, “para que dónde Yo estoy, vosotros también estéis”.

Continuó diciendo, “Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino”. Pero Tomás Le contestó, “Señor, no sabemos a dónde vas; ¿Cómo, pues, podemos saber el camino?” Jesús aprovecho la ocasión para explicar que Él mismo es “el camino, la verdad y la vida.”

Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y sucede en ese mismo orden. (Y si le añadimos que recién cuando conocemos la Verdad, esa Verdad nos hace libres, entonces al fin entendemos que la vida en Cristo es de libertad, no de yugo religioso).

El Camino

Primero, Jesús es el Camino, el camino a la salvación. Nadie puede venir al Padre excepto a través de Jesús (Juan 14:6). Él es claramente la puerta de las ovejas (Juan 10:7). Los hombres intentan entrar en el reino de Dios a través de otras muchas maneras.

Pero son ladrones y salteadores (Juan 10:1). Nadie puede entrar al Reino de Dios a menos que esté dispuesto a humillarse en la muerte y pasar por la puerta que es la persona de Jesús: ser sepultado con Él en Su bautismo y levantado con Él en Su resurrección. (Romanos 6:4).

Este es el ministerio del atrio exterior: el sacrificio del Cordero de Dios, el Salvador del mundo. “Y llamarás Su nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21). Él es el camino, el sendero, el sendero estrecho que lleva a la vida.

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mateo 7:13-14).

“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte”. (Proverbios 14:12). Qué Jesús es el camino indisputable a Dios, para Dios es el debate de los hombres carnales hasta este día.

Es un insulto a la mente carnal del hombre que se exalta sobre el conocimiento de Dios, que Dios pudiera ser de mente tan estrecha. Insulta al intelectual que quiere o bien creer que tiene dentro de sí mismo la capacidad para salvarse a Sí mismo, o que todas las religiones se canalizan hacia un Dios común.

Pero la revelación de Dios ha venido a través del unigénito de Dios, Jesús, el Mesías de Dios. Jesús dijo, “El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Éste es el camino de Dios a la salvación, “Cualquiera que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21). “Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9).

El camino no es una fórmula, una doctrina, una religión ni nada de eso. El Camino es la persona de Jesucristo. Jesús como el Camino es el atrio externo de la Pascua.

Está suficientemente claro como para añadir nada más. Salvo que cuando cometemos el error de darle curso a nuestra carnalidad, ya sea vía intelecto o físico, nos desviamos de ese camino. Y entonces dejamos de ir en dirección al objetivo, al blanco. Y errar al blanco es el vocablo griego que traducimos como pecado.

La Verdad

No sólo Jesús es primero y principalmente el Camino, sino que Él es la Verdad. En numerosas ocasiones Él habló deliberadamente a los Judíos diciendo, “verdad os digo…” (Lee Juan 8:40-46). Esto hizo no sólo para mostrar el contraste entre la verdad y la hipocresía de la religión de los Fariseos, sino para declarar quién era Él mismo. No dijo simplemente la verdad. No conocía meramente la verdad. Él era la Verdad.

Jesús dijo a los judíos que creían en Él que permaneciesen en Su Palabra. No dijo que permaneciesen en Sus palabras, sino en Su palabra (Juan 8:31). Esta fue otra forma de decir, “permaneced en Mí”,  tal y como lo ilustró en Juan 15:1-8 (que habla de la vid verdadera y los pámpanos). Porque Jesús era la Palabra de Dios hecha carne.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:1,14). Si los que creéis permanecéis en Su palabra, es decir, permanecéis en Él, entonces hay tres cosas prometidas:

(1)  Sois de hecho Sus discípulos

(2)  Conoceréis la verdad y

(3)  La verdad os hará libres (Juan 8:31-32)

Los Judíos se jactaron ante Jesús de ser descendientes de Abraham y de nunca haber estado esclavizados a nadie (Juan 8:33). ¿Cómo podía Él tener la audacia de decir que podía liberarlos? Jesús explicó que estaban esclavizados al pecado (v.34).

Eso era particularmente difícil de creer para ellos, siendo judíos que habían guardado la Ley rígidamente y que habían hecho leyes ellos mismos. No obstante, Jesús les acusó de estar esclavizados al pecado. Todavía tenían que entender que “la letra mata, pero el Espíritu vivifica” (2ª Corintios3:6).

Así, avanzamos de Jesús el Salvador, a Jesús la Verdad. Jesús es la verdad y prometió enviar al Espíritu Santo de verdad. Jesús instruyó a Sus discípulos diciendo, “Pero cuando venga el consolador, a quién Yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, Él dará testimonio acerca de Mí” (Juan15:26).

Después dijo, “Cuando venga el Espíritu de Verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablara todo lo que oyere…” (Juan 16:13). Jesús, el Camino, apunta claramente más allá de la Pascua a Jesús, la Verdad, en la persona del Espíritu Santo que es la promesa del Padre: El Espíritu de verdad.

“Pero la unción que vosotros recibisteis de Él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas y es verdadera y no es mentira, según Él os ha enseñado, permaneced en Él.” (1ª Juan 2:27)

Aunque Jesús y Su Espíritu son inseparables, no obstante, Él se describe a Sí mismo en estas varias manifestaciones: primero es el Camino, después la Verdad. La única forma de conocer la verdad es que el Espíritu Santo nos las revele. Por tanto, avanzamos desde el atrio externo de la Pascua, hacia el Lugar Santo de Pentecostés.

De acuerdo; la palabra Trinidad no existe en la Biblia y de ellos se aferran quienes cuestionan esa doctrina. Pero no menos cierto es que toda la Creación de Dios, partiendo de su propia identidad, funciona y opera de manera trinitaria.

La Vida

Pero el Espíritu de verdad siempre apunta hacia Jesús. “El Me glorificará porque tomará de lo mío y os lo hará saber” (Juan 16:14).

El Espíritu de verdad siempre nos va a llevar a Jesús, el Salvador—de vuelta a la cruz. Pero la ironía es ésta: que el apuntar a Jesús siempre será una progresión en Él, un avanzar y un subir. Es un proceso que se inicia en la Pascua, va  a Pentecostés hacia Tabernáculos, hasta el Tabernáculo de David. Porque el tabernáculo de David es lo que es prometido al final, no el Tabernáculo de Moisés.

“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar.”  (Hechos 15:16-17).

El tabernáculo de Moisés tenía el Lugar Santísimo detrás del gran velo en el que estaba el Arca del Pacto, el propiciatorio encima del arca y los querubines que descansaban en los extremos del propiciatorio (Éxodo 25). Sólo el Sumo Sacerdote estaba autorizado para entrar al Lugar Santísimo, una vez al año, para expiar por sus pecados primero y después por todos los pecados del pueblo (Levítico 16, Hebreos 9:2-7).

En contraste con esto, el Tabernáculo de David era meramente una tienda extendida en el Monte Sión, y el único objeto en su interior era el arca del Pacto (1 Crónicas 16:1). El arca del Pacto estaba hecho de madera de acacia cubierta de oro y originalmente incluía las tablas de piedra sobre las que estaban escritos los diez mandamientos, el tarro con el maná y la vara de Aarón que reverdeció (Hebreos 9:4).

El arca en sí habla de Jesucristo. La madera de acacia representaba Su humanidad y la capa de oro en el exterior representaba Su deidad. Las tablas con los Diez Mandamientos representaban la Palabra de Dios. Jesús es la Palabra. Así que en todo esto, las tablas de piedra representaban a Jesús. El maná es semejante a Jesús, que es el viviente pan de vida que descendió del cielo (Juan 6:49-51).

La vara de Aarón que reverdeció (Números 17) representaba la autoridad del Señor Jesucristo como el gran Sumo Sacerdote que entró en el Lugar Santísimo una vez y para siempre para expiar los pecados del mundo. “Tenemos tal Sumo Sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos; ministro del santuario y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.” (Hebreos 8:1-2).

Esto nos lleva  a decir que cuando se trata del Tabernáculo de David, Jesús es el todo en todos. Viene el tiempo en que el Espíritu de verdad nos llevará a ese lugar de descanso en Jesús en el que, por revelación, alcanzaremos la realidad de que Jesús ha terminado las obras de Dios, que Él es todo en todos, que Él es todo lo que hay.

Una vez que el creyente genuino se aferra a esta realidad, esto le libertará: “Así que si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”  (Juan 8:36). Así que Aquel que es el Camino, nos lleva a la Verdad; y Aquel que es la Verdad, nos lleva más adelante y más hacia arriba, hacia la Vida.

Habiendo llegado a Betania para levantar a Lázaro de entre los muertos (Juan 11:17-40), Jesús dijo de sí mismo  a Marta, “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” María corrió hacia donde estaba Jesús. Llorando, dijo, “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.”

Jesús gimió en Su Espíritu y después lloró. Pensaron que lloraba por Lázaro, por causa de su amor por él. Pero yo pienso que lloraba por su falta de percepción-no sólo por su incredulidad, sino por fracasar en reconocerle como el dador de vida que procedía de Dios. Jesús dijo a Marta, “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”

El dador de la vida, Jesús, había colocado todo esto en el contexto de la gloria. Así, hemos avanzado de Jesús el Camino, el atrio exterior de la Pascua, todo aquello que redime y justifica, a Jesús la Verdad, el Lugar Santo de Pentecostés, lo que santifica (separa) y nos llena de poder, hacia Jesús la Vida, el Lugar Santísimo de Tabernáculos, todo aquello que glorifica tanto al Padre como a Sus hijos.

Por tanto,  avancemos en Aquel que ha ido delante de nosotros, hasta dentro del Lugar Santísimo, para que podamos verdaderamente permanecer en Él y Él en nosotros.

Capítulo 13

La Obra Acabada de Dios

Con frecuencia, para poder ver y apreciar algo como un todo, primero tenemos que romperlo y ver todas sus partes. Eso es lo que en parte pretende hacer este estudio de los tres atrios y las fiestas. Todas estas poderosas obras de Dios (justificación, santificación y glorificación, es decir, la salvación) fueron conseguidas por Jesús en Su obra acabada sobre la cruz.

Cuando murió, la Biblia dice que el velo del templo se rasgó en dos (Mateo 27:51). Esto nos indica que ahora tenemos acceso al Padre por medio de la muerte de Jesucristo porque entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo como nuestro gran Sumo Sacerdote (Hebreos 9:11-12; 10:19-22).

La única manera de que cualquiera de nosotros tengamos acceso al Padre es por medio de Jesucristo, que es “el camino, la verdad y la vida”  (Juan 14:6). Y por causa de lo que hizo entonces, ahora estamos sentados con Él en lugares celestiales (Efesios 2:6). Podemos entrar confiadamente al trono ante Dios (Hebreos 4:16).

No es como si tuviéramos que dar la talla sobre el fundamento de las obras para poder pasar de un grado a otro, hasta llegar a ese tercer grado. Es así como funcionan las órdenes secretas. Dios quiso desde el principio que cada creyente llegara completamente a un lugar en el que Jesús fuera el Señor absoluto.

No debería de suceder jamás que alguien se convierta primero, y  sea “salvo”,  recibiendo, tal y como es predicado, a “Jesús en el corazón como el Salvador”; y que después, semanas o meses, o años más tarde, sea convencido de tener que hacerle Señor. Jesús no es Salvador hasta que Él es Señor.

Sólo cuando Él es Señor, entramos en una relación correcta con Él. Sólo cuando Él es Señor, le autorizamos por nuestra libre voluntad, para obrar Su salvación en nosotros. “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (Romanos 10:9). La Biblia American Standard dice: “Si confiesas con tu boca a Jesús como Señor.” El Señorío es el prerrequisito para la salvación.

Lo ha dicho mucha gente, pero igual siempre es conveniente repetirlo. Los occidentales, mitad por historia y mitad por cultura, (Que también es una suma de historia), no estamos acostumbrados a aceptar a alguien como señor de nuestras vidas, como amo. Para el oriental es más entendible, y la Biblia fue escrita en zonas orientales. Ya lo entenderemos, porque el Espíritu Santo es fiel.

El Evangelio completo, completo

Cuánto más leemos la Biblia, más descubrimos el “ser” de Dios, que Dios “es” y que todas las cosas en Él son hechos consumados, y que lo único que hay que hacer es creer. De nuevo lo digo, Efesios 2:8 es la plomada. “Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe…”  

La gracia es la parte de Dios. La fe es la nuestra. Dios ya ha cumplido Su parte. Está acabada. Lo único que tenemos que hacer para aplicarlo a nuestras vidas es creer—no un asentamiento pasivo, mental de Dios  de Jesucristo como el Hijo de Dios, sino una fe activa que viene por conocimiento de revelación y aviva nueva vida en nuestros espíritus.

Cristo es nuestra justificación, nuestra justicia, nuestra redención, nuestra santificación, nuestra glorificación, nuestra salvación. Él es nuestro todo en todos. Es todo en lo que Él es. De modo que cuando venimos a Él en creencia radical, entrega y abandono totales, obtenemos todo lo que Él es. Cualquiera podría pasar de la justificación a la glorificación en una experiencia de conversión rápida.

Entonces, ¿Por qué no sucede así? Sugiero dos razones: una es porque Tabernáculos, aunque ha sido cumplida por Jesús, aún no ha sido cumplida en términos del propio horario histórico de Dios.  Ha habido muchos santos a lo largo de los tiempos que han vivido una vida crucificada semejante, pero la promesa de la glorificación está reservada para el fin. “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él porque Le veremos tal como Él es:”  (1ª Juan 3:2).

La otra razón por la que no hemos pasado de la justificación a la glorificación en una experiencia de conversión es simplemente porque no ha sido predicado de esa forma. “La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17). Lo que es predicado, generalmente es creído y recibido.

Todavía no hemos predicado el evangelio completo. Los evangélicos predican el arrepentimiento y el nuevo nacimiento, y así, la gente se arrepiente y nace de nuevo. Los Pentecostales y los carismáticos surgieron con la revelación del bautismo en el Espíritu Santo, hablando en lenguas desconocidas, milagros de sanidades y afirmando estar predicando el evangelio completo.

En la medida en que esas verdades son predicadas, podrán ser entonces creídas, recibidas y actualizadas. Pero predicar solo la Pascua o la Pascua y Pentecostés, no es aún el evangelio completo. Solo dos de las tres fiestas están siendo predicadas.

Si los evangelistas hubieran de predicar el Señorío de Jesucristo y la vida consagrada, si el pueblo entendiera completamente el costo del discipulado y de todas formas decidiera seguir a Jesús, estarían vendidos desde el principio y no tendrían que ser arrastrados de un atrio a otro.

Una vez que se ha recibido una falsa enseñanza, es difícil renunciar a ello. SI hemos sido enseñados que el bautismo en el Espíritu Santo y las lenguas no son para hoy, es difícil echar abajo esas fortalezas en la mente. Si alguien es enseñado una versión engañosa de la fe y la prosperidad, es difícil llevarle a cosas más profundas en Dios.

Lo que sea predicado, es con toda probabilidad lo que va a ser creído. Pero en este último día, antes de que regrese el Señor Jesús, Él está purificando el mensaje del evangelio. Está restaurando las buenas nuevas de “Jesucristo y Jesucristo crucificado” (1ª Corintios 2:2).

La verdad del evangelio es que somos llamados no a ser salvos del infierno para que podamos ir al cielo una vez muramos. Eso es un subproducto de nuestra salvación. No hemos sido salvos para que podamos obtener todas las necesidades básicas para la carne en esta vida.

Hemos sido llamados a seguir a Jesús en Su bautismo, que es la única manera de glorificar al Padre.  Del mismo modo que el Hijo sólo buscó glorificar al Padre, así Sus muchos hijos han de buscar glorificarle sólo a Él. Ese es nuestro único propósito para vivir como hijos de Dios.

Y del mismo modo que el Hijo fue glorificado al buscar glorificar sólo al Padre, así serán los muchos hijos glorificados al buscar glorificar sólo al Padre.  La única forma en que el Hijo glorificó al Padre, fue a través de la obediencia radical. Del mismo modo será con los muchos hijos.

Si estamos dispuestos a vendernos por completo y por adelantado a Él, podremos entrar en esa plenitud en Él. O podemos tomar el viaje de cuarenta años por el desierto para llegar ahí. Pero éste último es el camino difícil por el que viajar. Los que se rebelaron en el desierto, murieron en el desierto. Fracasaron en entrar en las promesas de Dios.

La carne nunca quiere venderse al Espíritu. Está vendida a sí misma. EL hombre del espíritu camina conforme al Espíritu de Dios y no conforme a la carne (Gálatas 5:16). “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”  (Romanos 10:13). Hemos de invocar al SeñorJesús… Cristo; es decir, ReySalvadorUngidor. Cuando Él llega a ser Señor para ti por revelación, se convierte en tu Salvador. Cuando Él es Salvador, entonces es Ungidor.  “Os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11).

Cuando hablamos de romper estructuras babilónicas, hablamos exacta y puntualmente de todas estas cosas que aquí ha sintetizado de una manera muy descriptiva y excelente el autor. Y si no viene el Espíritu Santo en nuestro auxilio, con meras palabras religiosas nadie destruye estructuras enquistadas por años. O actúa el sobrenatural poder de Dios, o no hay cambio ni reforma.

Prosiguiendo a la meta

Al establecer el mensaje del evangelio en los términos de los tres atrios y las tres fiestas, vemos de hecho que representan una progresión en la historia del cumplimiento del plan de Dios en el mundo, que Jesucristo como Señor es el cumplimiento de ellos en la plenitud del tiempo, que representan las tres etapas en las que los creyentes mismos pueden entrar, y que nadie tiene que quedarse por más tiempo en ninguno de los atrios previos, sino que puede y de hecho debe proseguir hacia la plenitud en Dios.

Deseo que aprendáis estas diferencias, pero aún deseo más que este estudio en la palabra de Dios os catapulte a cada uno de vosotros a ese lugar con Pablo, el Apóstol, que pudo decir de sí mismo:

“Perocuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor, por amor del cual, lo he perdido todo, y lo tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de Su resurrección, y la participación de Sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en Su muerte.

Si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello por lo que fue también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago, olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:7-14)

Capítulo 14

Heredando el Reino de los Cielos

Entrar en el Reino de los Cielos es el hecho de entrar en un nuevo y completo ámbito de realidad. Ves las cosas de Dios, de ti mismo y de la vida, que nunca habías visto antes, conoces cosas que nunca antes habías conocido y comprendes cosas que nunca antes habían comprendido.

Para empezar, llegas al descubrimiento del reinado del Señor Jesucristo. Si alguna vez antes tuviste dudas al respecto, estar en el Reino y verle a través de ojos espirituales, quita toda duda. Esto es verdad que llega por medio de conocimiento revelado.

Cuando el Padre abre tus ojos para que veas este nuevo ámbito de realidad, tienes fe para creer en el señorío de Jesucristo. Es decir, tienes fe para confiar en Él como Señor de toda tu vida. Hasta que no llegues a saber qué sabes que Jesús es el Señor de todo, no habrás entrado completamente en el Reino de los Cielos.

Conforme a la escritura del Nuevo Testamento, podemos ver el Reino, podemos entrar al Reino y podemos heredar el Reino. La gente que está en el atrio externo de la Pascua a lo máximo podrá ver el Reino. Pero no disfrutará de los privilegios del entrar y de heredarlo.

Los que pasan de la Pascua a Pentecostés, no solo ven el Reino sino que entran en ello. El mero hecho de entrar en el Reino cambia la perspectiva que uno pueda tener sobre la realidad. Repentinamente, uno puede discernir asuntos espirituales. Las escrituras cobran vida y uno comienza a moverse en los dones del Espíritu y comienza a llevar más fruto del Espíritu.

Los que tienen hambre y sed de una vida completa en Cristo, no solo entran sino que comienzan a heredar el Reino. Hemos sido hechos herederos y co-herederos con Cristo. Es decir, todo lo que Él es, y todo lo que Él posee como el Señor de la gloria en Su Reino, es igualmente nuestro.

Esto no tiene ningún sentido en absoluto para la mente carnal del hombre no redimido que ni ha visto ni ha entrado al Reino. Cuando el pueblo de la Pascua comienza a hablar de su salvación, el pueblo del mundo se encoge en incredulidad. No tienen fundamento para creer en lo que no pueden ver.

No todo el que ha visto al Reino ha entrado a él. No todo el que ha entrado al Reino lo ha heredado. Nadie, a la fecha y en esta vida, ha heredado completamente el Reino. Heredamos el Reino en grados. Tomamos la tierra poco a poco. Una vez que por el Espíritu hemos conquistado un área de vida del Reino por la que podemos vivir en completa seguridad de fe, entonces podremos avanzar al siguiente plano de realidad.

Lo que es del Espíritu es más real que las cosas del mundo natural. “No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”  (2ª Corintios 4:18).

Cada vez que vemos una cosa nueva por el Espíritu respecto del Reino, heredamos eso, entramos en eso, tenemos el coraje de fe de caminar en eso; y después, eso se convierte en una realidad manifiesta en nuestras vidas.

Solo el pueblo de Tabernáculos puede heredar el Reino en su plenitud, porque requiere la entrega completa de todo. Esto no pretende sugerir elitismo. Por el contrario, el coste para los crucificados es grande. Tienen que sacrificar fama, fortuna, prestigio, reconocimiento, ministerio tradicional, poder, posición y reputación. Son mal interpretados y con frecuencia, se les toma por heréticos.

No obstante, las recompensas del Reino hacen que el coste valga la pena. Porque el pueblo de Tabernáculos y del Lugar Santísimo, llega a un lugar en Jesús, en el que nada de lo demás importa—y esa es la herencia final.

Está muy bueno que el autor haga hincapié en nuestra herencia. Créeme que es lo que menos se ha enseñado y predicado a la iglesia durante todo su tiempo de existencia. Repasa: ¿Cuántas veces oíste que Cristo sana, salva y libera, y cuántas que eres co-heredero con Él del Reino de los Cielos?

Capítulo 15

Estando en la brecha

Ezequiel 22:30 dice: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé”

Esta palabra me vino en 1983:

“Busco a un hombre”; dice el Señor, “que esté por Mí en la brecha. Alguien que batalle contra el enemigo a favor de la Iglesia. Alguien que se atreva a ponerse toda la armadura de Dios, toda el atavío de la batalla, y ser todo lo que Yo requiera que él sea.”

“Requiero mucho de este hombre. Más de lo que él podría esperar ser en sí y de sí mismo.”

“Requiero que sea santo.”

“Requiero que sea puro de corazón.”

“Requiero que sea amoroso y humilde, amable, sabio y fuerte.”

“Requiero que sea conocedor de Mi Palabra y perfectamente obediente a la misma.”

“Requiero de Él la suprema alabanza de Dios.”

“Requiero de Él oración, la clase de oración que asciende a Mi trono donde yo puedo contestar en poder y fuerza”.

“Requiero de él perfecta obediencia a todo lo que Yo le digo que haga: que vaya donde yo digo, que haga lo que Yo digo que haga, y que sea lo que Yo digo que sea.”

“Requiero de él fe, la clase de fe que mueve montañas.”

“Requiero de él que ponga su vida a favor de los demás; que prefiera a los demás por encima de sí mismo, que no se preocupe por mañana ni por su vida.”

“Requiero de él que sea distinto, peculiar, escurridizo, incomprendido, despreciado de muchos, odiado, perseguido, abusado, y en medio de todo ello, requiero que dé la otra mejilla.”

“Requiero de él misericordia”.

“Requiero de él poder para echar fuera demonios, para sanar a los enfermos, para liberar a los cautivos, para proclamar el año agradable del Señor.”

“Requiero de él que sea perfectamente conformado a la imagen de Mi Hijo, cuyo nombre está por encima de todo nombre en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra.”

“Requiero de él que sea como Jesús”.

“No sólo requiero todo esto de él, sino que también le daré la capacidad para satisfacer todas estas demandas. Le doy a Jesús”.

“Si se vuelve a Mí de todo su corazón, abandona todo lo demás en su corazón, hace a Jesús el Señor de su vida, depositaré la misma vida de Jesús en su corazón por mi Espíritu Santo; y entonces habré encontrado al hombre que he estado buscando. Y él estará en la brecha por Mí.”

Muchos me escriben, (Cómo supongo que también lo harán con el autor de este trabajo), preguntándome qué es lo que deben hacer para poder ingresar al Reino de Dios, formar parte activa de Él y resultar más que vencedor. Bien; aquí tienen la respuesta.

Capítulo 16

La Esposa

Hay una sola narración desde el principio hasta el fin en la Biblia. Es una historia de amor entre un esposo y aquella a quien Él pretende hacer Su esposa. La historia comienza con una boda, una boda entre dos personas, un hombre y una mujer. “…y serán una sola carne” (Génesis 2:24).

Este primer hombre (Adán) fue hecho conforme a la imagen de Dios y fue planeado de Dios para ser como un hijo para Él. Sin embargo, este primer hombre cayó de la comunión con su Padre-Creador cuando él Le desobedeció en el jardín de la vida.

Habiendo caído, fue apartado de ese jardín de la vida para vivir bajo la maldición de la muerte. La muerte es la ausencia de la vida. Dios es vida y Adán ya no estaba por más tiempo en presencia de la Vida. “Porque la paga del pecado es muerte.” (Romanos 6:23). Con esta historia comienza una historia de amor entre el Creador y Su ser creado.

Dios e Israel

A lo largo de la Biblia, vemos a Dios como al esposo y a Israel, como Su escogida, como Su esposa. El ejemplo más impresionante de esto está registrado en Jeremías 3:6-8. Fue después de que Israel se dividiera entre el Reino del Norte, Israel, y el reino del Sur, Judá. El Señor habló a Jeremías en los días en que Josías era Rey, diciendo, “¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de  todo árbol frondoso, y allí fornica…”

“Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a Mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Israel.” “Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá, su hermana, sino que también fue ella y fornicó.”

Dios había escogido a Israel a través de Abraham, Isaac y Jacob para ser para Él un pueblo escogido por Él mismo. “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra-”. (Deuteronomio 14:2).

Pero por causa de su idolatría—por ir tras otros dioses, la cosa más grave de la que Dios ya les había advertido—Dios llamó ramera a Israel y a Judá. Esto lo describe vívidamente Ezequiel 16. ¡Léelo! Oseas el profeta, describe la relación de este esposo y esposa entre Dios e Israel en términos de su propia vida. Dios lo llamó a casarse con una ramera. Sin embargo, aunque ella le abandona para regresar a su condición de ramera, él muestra un gran amor por ella comprándola en la subasta.

En esta gran historia vemos a Dios como si cortejara a la ramera Israel para que regrese a su amor. Ella no está dispuesta a amarle, aparentemente incapaz de hacer eso, por lo que Él mismo la compra para Sí.  Por supuesto, vemos esto ahora ante el hecho de la redención de Dios en Cristo Jesús nuestro Señor, que derramó Su preciosa sangre para comprarnos del pecado y librarnos de la idolatría.

Dios y la Iglesia

Esta relación de marido y esposa se desarrolla hasta el Nuevo Testamento con Jesús como el marido y la iglesia como la novia. Es imposible ver a Israel y a la iglesia como entidades separadas. La iglesia de Jesucristo es meramente la extensión de Israel como el pueblo escogido de Dios. Israel y la iglesia son una personalidad a lo largo de la historia.

Lo que corresponde a la historia de Israel es nuestra historia en la iglesia hoy. Abraham es completamente nuestro Padre. Su historia es nuestra historia. Cuando escuchamos de Isaac y de Jacob, estamos leyendo de nuestros antepasados espirituales. Nos identificamos con ellos y ellos se identifican con nosotros, como siendo parte de ese cuerpo, de ese hombre, de esa persona, la esposa.

Pero la iglesia hoy, como el verdadero Israel de antaño, es igualmente capaz de caer en idolatría, como lo fue Israel. (De lo cual extraemos una verdad insoslayable: Dios jamás nos eligió por mejores.)

Jesús y Su Esposa

Juan el Bautista reconoció esta relación entre Jesús y la iglesia como una esposa cuando anunciaba que “el que tiene la esposa es el esposo” (Juan 3:29). Pablo escribió a los Corintios diciendo, “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo para presentaros como una virgen pura a Cristo.” (2ª Corintios 11:2).

Pablo escribió a la iglesia en Éfeso y comparó la relación entre Jesús y la iglesia con la de un marido y su esposa. En este hermoso pasaje, Pablo dice con tantas palabras que el esposo ha de mostrar la semejanza de Cristo a la esposa y que la esposa ha de mostrar la semejanza de la iglesia al marido; es decir, el esposo es un tipo de Cristo en el hogar y la esposa es un tipo de la iglesia (Efesios 5:21-33).

La palabra para iglesia en el griego es ekklesia, que de hecho significa “los llamados fuera” y es femenino en género. En este pasaje de Efesios 5 leemos, “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella…”

La palabra griega de la que se traduce el pronombre “ella” es  autes, que significa “él”, “ella” o “ello” dependiendo del género de su antecedente. En este caso, el antecedente de autes es ekklesia; por tanto, debería ser traducido como “ella”.

No es apropiado que los traductores utilizaran por error “iglesia” (“church” en inglés) en lugar de “llamados fuera”, y “ello” en lugar de “ella” (en la Biblia en inglés), porque esto enfatiza esa falsa noción de que la iglesia es una cosa en lugar de una persona.

Si seguimos depositando nuestra confianza casi ciega en la calidad de los traductores en lugar de hacerlo con la capacidad reveladora del Espíritu Santo, indudablemente seguiremos perdiéndonos en un mar de confusiones.

Una de las grandes idolatrías que se ha arrastrado por el cuerpo de Cristo a lo largo de la era cristiana, es esta elevación del Cristianismo institucional. En muchos, muchos casos, la iglesia, se ha convertido en un amor mayor que la obediencia a Cristo. Todo lo que pertenece al Cristianismo institucional se asume que es el Evangelio.

Esto ha incluido, y sigue incluyendo, al servicio. ¿Cómo haremos para que se pueda entender con claridad que ir a cortarle el césped al parque de la casa del pastor es un acto de enorme generosidad, amistad y afecto, pero de ninguna manera un servicio espiritual al Señor?

Amamos a nuestra iglesia. Servimos a nuestra iglesia. Nos unimos a nuestra iglesia. Intentamos que otros se unan a ella. Competimos con otras iglesias sobre quién es el mejor, el más grande y quién está en lo correcto. Nuestras iglesias se han convertido en nuestros “lugares altos” en los que nos adoramos a nosotros mismos, pretendiendo estar adorando a Dios.

Hay un mandato legítimo de la Escritura de no dejar de congregarnos. “Considerémonos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras: no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos, y tanto más, cuando veis que aquel día se acerca”  (Hebreos 10:24-25). Hay una gran diferencia entre reunirnos con el objetivo de perpetuar a la iglesia local o a la denominación de la que podamos ser parte y reunirnos para estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras.

No solo hemos de congregarnos como el cuerpo de Cristo sino que hemos de reunirnos por el liderazgo del Espíritu Santo. Una cosa es ir a la “iglesia” y otra muy distinta es reunirse como la iglesia (los llamados fuera para reunirse en Cristo).

A este ítem puedes refrescarlo leyendo uno de los capítulos de mi libro “Ya Salí de Babilonia; ¿Y Ahora?”), donde profundizo bastante en este término utilizado aquí, “congregar” y su real significado. Un significado que naturalmente va muy lejos y muy por encima de la concurrencia a un templo o salón.

La Esposa sin mancha

Somos el Cuerpo de Cristo y como Su cuerpo, somos Su esposa acompañante. Y como siempre ha sido, Dios sigue cortejándonos para que Le amemos a Él y sólo a Él. Él sigue cortejándonos para poder ser nuestro primer amor.

Una cosa es decir que amamos a Dios, pero la verdadera prueba de nuestro amor está en nuestra obediencia. Jesús dijo en Juan 14:15 “Si me amáis, guardad Mis mandamientos”. (La traducción New American Standard dice, “Si me amáis, guardareis Mis mandamientos.”) Jesús viene a por Su esposa.

Él viene a por una esposa sin mancha ni arruga. (Efesios 5:27). Él mismo fue el Cordero de Dios sin mancha ni arruga (1 Pedro 1:19). El Cordero sin mancha sólo puede unirse en una carne con una esposa sin contaminación.

Por eso es que sólo podemos ser redimidos por Su preciosa sangre y no con cosas corruptibles (1 Pedro 1:18). La esposa sin mancha ni arruga es la que ha guardado la fe; es decir, ha sido fiel a su primer y único amor, Jesucristo, su Señor. Ella es una amante fiel.

Una Esposa amorosa

Jesús dijo, “Si guardareis Mis mandamientos,  permaneceréis en mi amor; así como Yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su amor… Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como Yo os he amado.”  Juan 15:10-12)

Habrá más juicio contra la iglesia por no haberse amado unos a otros que quizá por cualquier otra causa. Es principal y probablemente lo más difícil de conseguir. Pero Dios considera el amor a los hermanos como igual a nuestro amor por Él.

Es vitalmente importante que guardemos Sus mandamientos porque como Jesús dijo, “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”  (Juan 13:35).  

Decimos que queremos ser testigos de Él y a menudo, lo que queremos decir con eso es que queremos ganar a alguien para el Señor. Sin embargo, el gran testimonio se basará en nuestro amor los unos por los otros. (Que, de acuerdo con lo que una gran mayoría de nosotros ha podido comprobar, -y también formar parte-, es lo que más falta)

¿Cómo nos amamos unos a otros? Jesús nos mostró cómo en Su vida consagrada. “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13). Jesús llamó amigos suyos a los que hicieran lo que Él decía. (Juan 15:14).

Si, como obedientes, somos considerados Sus amigos, entonces consideraremos que lo mejor es ser amigos unos de otros de este mismo modo—poniendo nuestras vidas en amor unos por otros. Me ayuda decirlo de este modo: poner el yo unos por otros.

No hay forma de poder entrar a las cosas más profundas de Dios, de poder acercarnos al gran trono de Dios, de poder entrar al Lugar Santísimo, si no amamos como Él amó.Ser fiel a Jesús es ser fieles unos a otros. Amarle es amarnos unos a otros. Porque todos somos Su cuerpo. Lo que quiera que digamos o hagamos en contra unos de los otros, lo hemos hecho contra Él.

Cuando Saulo de Tarso estaba persiguiendo a los seguidores de Jesús, el Señor Jesús le confrontó en el camino de Damasco un día, apareciéndole en una luz cegadora y le preguntó, “Saulo, Saulo, ¿Por qué Me persigues?”  (Hechos 9:4). Jesús ya había ascendido al Cielo y estaba sentado a la diestra del Padre. ¿Cómo podría Saulo perseguir a Jesús? Simplemente persiguiendo a Sus seguidores. ¿Ha cambiado algo hoy?

Una Esposa Santa

Atravesar el atrio exterior de la Pascua hacia delante hasta el Lugar Santo de Pentecostés, y al Lugar Santísimo de Tabernáculos, es avanzar de fe en fe, de gloria en gloria, es decir, ascender a un mayor amor y fidelidad: santidad. Avanzar hacia un amor y fidelidad mayores, es estar separado de todo aquello que desagrada a Dios. Es un caminar de verdadera santidad.

Muchos interpretan la santidad, conscientemente o no, como la adhesión a un sistema de códigos morales que pretende controlar el comportamiento externo de los que creen en eso, o adherirse a ciertas doctrinas como la ley.

Pero la verdadera santidad se resume un mandamiento básico: amor. SI amas a Dios con todo tu corazón, alma, mente y fortaleza, todo lo demás se pondrá en su lugar. Te separarás a ti mismo del pecado y de la idolatría. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Te involucrarás en la familia de Dios, animando y fortaleciéndose unos a otros en la familia de Dios. Procurarás que haya suficiente aceite en tu lámpara.

Muchos cristianos hoy esperan ansiosamente al rapto de la iglesia. Sus ojos están más en el rapto y sus corazones están más preocupados con escapar que en el Señor. Por el contrario, la verdadera esposa, está esperando ansiosamente ese glorioso día en que se una a su amor. Pero no quiere que ese día llegue antes de que se haya preparado. Ese día viene pronto, pero no vendrá hasta que la esposa se haya preparado.

Esto es tan cierto, tan puntual y tan concreto, que parece mentira que todavía exista tanto cristiano que no lo haya visto, aceptado o creído, y haya preferido adherir a esa doctrina del rapto como forma de evadir derrotas cotidianas. ¿Alguien puede suponer que Dios nos puso aquí para luego tener que venir a rescatarnos porque no podemos contra los demonios? ¿Eso es la iglesia del Señor?

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el vino son las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: ‘Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.”  (Apocalipsis 19:7-9).

La historia de amor entre Dios y Su pueblo prosigue hoy día. Y en este día, Dios está separando el trigo de la paja, la esposa de la ramera. Él está exponiendo a la ramera y revelando a la Esposa.Al ver poco a poco más de la naturaleza de la esposa, esa revelación por sí sola hará que surja la esposa. (Resulta más que obvio que la esposa es la iglesia y la ramera Babilonia)

Una esposa remanente

Es importante que todos los nuevos creyentes se tomen muy en serio el mandato de Cristo de “erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.” (Lucas 21:28). Nuestra redención siempre ha dependido y continúa dependiendo completa y totalmente de Cristo y de Su sangre derramada como el Cordero de Dios. Él nos ha escogido. Somos llamados de Él. No obstante, Él mismo dijo: “Muchos son los llamados, pocos los escogidos.” (Mateo 22:14).

A lo largo de la historia de Israel, Dios siempre se prometió a Sí mismo que un remanente sería salvo. Dios siempre ha tratado con remanentes. Va a haber una iglesia remanente. Va a haber un pueblo llamado de un pueblo en este último día, que mostrará la gloria del Señor, que surgirá como la esposa sin mancha ni arruga, fiel y amorosa.

Este remanente no consistirá de todos los que meramente afirmen ser cristianos, aunque muchos de ellos sean salvos. Ni siquiera incluirá a los muchos cristianos bien intencionados que saltan de gozo con la perspectiva del rapto.

Sólo incluirá a quienes estén comprometidos fielmente en seguir al Cordero por donde quiera que Él vaya. “Estos son los que no se contaminaron con mujeres, porque son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que Él va. “(Apocalipsis 14:4).

Éstos no constituyen un grupo de élite como lo mediría el mundo. Están escondidos, sin rostro, un pueblo que lleva la imagen de Su Padre, que no camina conforme a la carne, sino conforme al Espíritu, que llevan fruto a ciento por uno, que se atreven a morir al yo para que Su vida sea vivida a través de ellos, que entran en el Lugar Santísimo, donde Jesús es todo lo que hay, que son purgados, purificados por la obra santificadora del Espíritu Santo, y que están bien introducidos en su camino hacia el ser glorificados—no en la exaltación del yo, sino en la completa negación del mismo. 

Alguien me preguntó una vez: “¿Quiénes son las diez vírgenes de que habla Mateo 25:1-13?” Yo siempre había asumido que eran la esposa. Pero la pregunta me hizo darme cuenta de que no podían ser la esposa, al menos no las diez, puesto que las cinco vírgenes descuidadas no recibieron permiso para entrar. La esposa no está dividida de ese modo.

Después, en el contexto de este estudio, comprendí que las cinco que no tenían suficiente aceite representaban a esos creyentes del treinta por ciento, que están satisfechos de acampar en el atrio exterior de la Pascua y que rehusaron obtener para ellos mismos el aceite del Espíritu Santo. Tenían sus lámparas, que habían sido encendidas por el aceite del Espíritu, pero necesitaban más si es que había de alcanzar hasta la media noche.

Sé que esto ofende a nuestra ortodoxia, pero considera lo que Juan dijo en Apocalipsis 11:1-2. “Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo, levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.”

Las otras cinco vírgenes tenían suficiente aceite y podían asistir a la fiesta de las bodas. Estos son esos creyentes al sesenta por ciento, quienes, sugiero yo, han recibido voluntariosamente el bautismo en el Espíritu Santo, han ido más allá del atrio exterior de la Pascua hasta el Lugar Santo de Pentecostés, pero se han parado ahí. Han comenzado a acumular alrededor de los dones en lugar de alrededor del Dador, y de muchas maneras sutiles, han tenido la tendencia a exaltarse a ellos mismos en orgullo, en lugar de dejar que la unción los lleve al fin de sí mismos.

Pueden asistir a la boda, pero no son la esposa. Han fornicado, porque la fornicación espiritual es cualquier cosa para el yo. Pero del mismo modo que Israel no fue pueblo de Dios porque Él pidió carta de divorcio, permaneció la promesa de que una vez más volverían a ser Su pueblo (Oseas 1:9-10). Así sucede con la iglesia adúltera. Dios redimirá.

Yo sugiero que la esposa sin mancha ni arruga estaba ya en la fiesta de la boda con el esposo cuando salió el llamado: “El que tiene a la esposa es el esposo”. Estos son los creyentes al ciento por uno.  El corazón de Dios clama hoy antes del gran y terrible día del Señor, y está llamando a la esposa. El que tenga oídos, oiga.

Es delicioso ver y comprobar cómo otros hombres o mujeres del Señor, quizás de otras latitudes con otras costumbres y culturas, han prestado oído al Espíritu Santo y hoy evidencian un mensaje coincidente. Más allá de las interpretaciones anexas, acertadas o no, lo cierto es que la figura que el autor presenta del remanente santo, es como lo dije al principio: deliciosa.

Capítulo 17

Sión

Israel / Judá / Sión

En los tiempos del Antiguo Testamento, Israel estaba dividida en dos reinos: el Norte, el Reino de Israel, a veces llamado por el nombre de su ciudad principal, Samaria, y el Sur, el Reino de Judá, que incluía la ciudad de Jerusalén.

El Reino del Norte, Israel, recibió de Dios el nombre de Ahola (Ezequiel 23:4). Fornicó hasta el punto de que Dios la entregó al olvido, para nunca más ser restaurada—sólo un remanente regresaría. Ahola significa “ella tiene su propia tienda”.

Este nombre probablemente tuviera que ver con el hecho de que Israel, bajo el reinado de Jeroboam, abandonara la adoración a Yahvé en Jerusalén y estableciera su propia adoración, justificando así la adoración idolátrica en Samaria (1 Reyes 12:25-33).

El reino del Sur, Judá, recibió el nombre de Aholiba, (Ezequiel 23:4), semejante al de su hermana, y que significa “Mi tienda está en ella”. Este nombre pudo ser dado a Judá para dar a entender que el Templo estaba en Jerusalén como el verdadero centro de la adoración a Yahvé.

A pesar de este hecho y de haber visto lo que su hermana traicionera había hecho y lo que le había sucedido, Judá cometió las mismas atrocidades contra Dios. Y así, fue exiliada a Babilonia durante setenta años (Jeremías 25:11).

Pero el llamado de Dios alcanzó a los cautivos en Babilonia. “Salid de en medio de ella, pueblo Mío”  (Jeremías 51:45). Hemos de regresar a Sión, el monte santo de Dios (Jeremías 31:6). Sión es ese lugar en el que descansó el Tabernáculo de David, donde Jesús es lo único que hay.

El Reino del Norte, Israel, es semejante a los que se encuentran en el atrio exterior, el Cristianismo institucional, los que están llenos de idolatría, que no ha de ser incluidos cuando la vara de medir de Dios sea puesta en la iglesia. (Duro, fuerte, contundente, como sólo pueden hacerlo los que tienen una palabra superior, no propia o producto de estudios teológicos).

El Reino del Sur, Judá, es semejante a los Pentecostales y carismáticos que una vez vieron las atrocidades que cometió su hermana mayor, y salieron de ella para ser guiados por el Espíritu a un terreno más alto.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo cuando se volvió tan institucional, tan egoísta, tan legalista y tan idólatra como su hermana. La única diferencia radica quizás en que tomó con ella, además de su lámpara, una vasija de aceite—el aceite del Espíritu Santo. Logró entrar como asistente de la esposa, pero no es la esposa (Mateo 25:1-13).

Eso es lo más lejos que ella llega. El clamor por subir a Sión no está en su corazón. Sólo un remanente regresó de Babilonia con Zorobabel, Esdras y Nehemías. La mayoría del resto se conformó con permanecer en la comodidad de sus ciudades Babilonias.

El camino no fue fácil para los que salieron de Babilonia para regresar a Jerusalén. Tuvieron que contender constantemente en la tierra con un enemigo amenazante que se mofaba de ellos todo el tiempo. (Si a eso le sumas las murmuraciones, calumnias y agresiones verbales o de actitudes, tienes la escena actual completa).

Reparando el Muro

Los que regresaron tenían principalmente dos tareas en sus manos. Una era reedificar el muro alrededor de Jerusalén. Es un tipo de la guerra espiritual que está siendo llevada a cabo por los guerreros de oración que Dios está levantando hoy. Gracias a Dios por ese ejército de intercesores sin rostro que hacen la batalla por el resto del campamento.

Me uno a este agradecimiento porque tengo conciencia plena de estar recibiendo la misma clase de ayuda anónima que posibilita ciertos avances ministeriales que no se producen en modo alguno por méritos de este ministro.

Ha habido muchas brechas en el muro alrededor de la iglesia, muchos lugares por los que se ha colado el enemigo y ha asolado la ciudad de Dios.  Son brechas de desprecio los unos hacia los otros, de legalismo perverso, dogmatismo y sectarismo.

Esas brechas están siendo reparadas. Como sucedió en los días de Esdras y Nehemías, así sucede hoy. Cada hombre ha de reparar donde vive. Ha de sostener su herramienta en una mano y su arma en la otra. Creo que el ágape (amor sacrificado) es la herramienta y la oración, el arma. No se va a conseguir nada para Dios en esta hora a menos que primero se consiga en oración.

Cierto. Ciertísimo. Por eso vengo enseñando y sugiriendo desde hace muchos años que no se gana absolutamente nada confrontando ministerios o ministros con sus nombres y apellidos. Ellos tendrán su oportunidad una y otra vez delante de Dios para modificar sus conductas y ser restaurados. Lo que sí debemos confrontar sin pausa es la estructura, la mentalidad y la imitación babilónica. Eso es exactamente lo que hizo Jesús durante sus tres años de ministerio terrenal.

Reedificando el Templo

La otra tarea en sus manos, era la de reedificar el templo que había sido destruido.  Eso es exactamente lo que Dios está haciendo hoy. Está juntando a su cuerpo. Hay un solo “cuerpo, y un Espíritu… un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre  todos…” (Efesios 4:4-6).

Esto no se está cumpliendo en el movimiento ecuménico del cristianismo institucional. Se cumple solamente en ese remanente que está dispuesto a responder al llamado de Dios a  “salir de ella, Pueblo mío” (Apocalipsis 18:4). “Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará Sus caminos y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley y de Jerusalén la palabra de Jehová.””  (Isaías 2:3).

El remanente es la iglesia sin muros. La reunión del ministerio quíntuple para equipar en verdad a los santos para la obra del ministerio—un pueblo que se reúne solo en el nombre de Jesús para hallar fortaleza y para salir en el poder del Espíritu para el servicio. El único muro alrededor de ellos es el muro de fuego del que habla Zacarías 2:5, “Yo seré para ella muro de fuego en derredor y para gloria estaré en medio de ella.”

Regresando a Sión

Así, la esposa no es el Reino del Norte, Israel, el cristianismo institucional, ni el Reino de Sur, que permanece en Babilonia, sino esos pocos desaliñados que se atreven a tomar la causa de Dios de regresar a Sión. Son el Sión de Dios. Es de ellos de donde sale la palabra… “Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén (remanente) la palabra del Señor”  (Isaías 2:3). (Novedosa revelación. Habrá que examinarla, orarla y confirmarla, pero encaja en muchos huecos que estaban desiertos).

Restaurando el Ministerio profético

Si no fuera por los profetas de Dios en el día de Zorobabel, que los animó a seguir edificando, y a no desanimarse por causa del enemigo, probablemente nunca habrían terminado su tarea. Hay una restauración del ministerio profético hoy.

Aunque muchos profetas están trayendo ánimo con profecías personales, y otros muchos predicen situaciones con exactitud, el verdadero profeta también va a hablar las palabras del Señor llamando a Su pueblo al arrepentimiento, a salir de Babilonia, a venir a Sión, a la santidad. Él llamará a la esposa.

El ministerio profético hoy es semejante a Juan el Bautista, semejante al de aquel que clama en el desierto, “preparad el camino del Señor.” (Mateo 3:3). El surgimiento de la esposa, la preparación de la esposa para Su venida, es la preparación del camino del Señor.

Porque Dios viene a por Su esposa. Precisamente de eso va toda la historia completa de la Biblia. Si perdemos eso de vista, perdemos el significado completo de la escritura y de los propósitos de Dios. Lo mejor es que dediquemos nuestro tiempo y energías no tanto en intentar conseguir cosas de Dios, o en llegar a acuerdos unos con otros respecto de nuestras doctrinas, o edificar grandes congregaciones y los edificios más grandes, sino en buscar el rostro de nuestro Esposo. Ella se ha preparado. Ese es el tema. Aunque no yo, sino Cristo que vive en mí.

Esto es sumamente valioso de tener muy en cuenta. Procura pensar por un instante con la mente de Dios. Ahora imagina ciertas “iglesias” que tú conoces como prestigiosas y “serias”, (Y no hablo sólo de las evangélicas), y reflexiona: ¿Va a venir Dios por ellas como esposas sin mancha ni arruga? ¿De verdad lo crees?

Como era en un principio

Ahora bien, observa este principio final: como era en un principio, así será también al final. El primer Adán fue hecho en las manos de Dios. De su costado salió la esposa. De este modo: Del hombre, salió la mujer.

Jesús nació de la virgen María. Ella concibió por el Dios Altísimo cuando el Espíritu Santo vino sobre ella (Lucas 1:35). María es un tipo de la iglesia-madre. El Espíritu Santo trajo un hijo espiritual, el unigénito del Padre. María fue escogida porque halló favor de Dios (Lucas 1:30). De este modo: De la mujer, vino un hombre.

Después Jesús murió en la cruz y derramó Su preciosa sangre. De Su costado salió agua y sangre, y así es como Él dio a luz a la iglesia. De este modo: Del hombre, vino una mujer.

Ahora bien, en esta última hora, Dios quiere repetir el ciclo como la iglesia-madre de Apocalipsis 12, que tiene dolores de parto para dar a luz al hijo varón. Jesús fue el Hijo de Dios. Ahora Dios está revelando muchos hijos traídos a la gloria. De este modo: De la mujer vino un hijo varón.

Después, en el ciclo final, este hijo varón dará a luz a la esposa preparada que no tiene mancha ni arruga ni cosa semejante. De este modo:

Del hombre vino la mujer: Eva.

De la mujer vino el hombre: Jesús.

Del hombre vino la mujer: la Iglesia.

De la mujer vino el hombre: el Hijo varón—un hijo compuesto de muchos miembros.

Del hombre vino la mujer: la Esposa.

Como era en un principio, así será también al final. De la Pascua a Pentecostés, a Tabernáculos (Sión). Cuando el hombre, delante de Dios, se une a su esposa, ambos son hechos una sola carne. La esposa de Cristo es una con Cristo, y se ha preparado antes de que Él venga. Ella se convierte en Él, permaneciendo en Él y Él en ella.

Cuando Dios reproduce hijos, reproduce hijos conforme a Su semejanza—simiente de Su simiente. Por tanto, la madre, siendo una con Dios, está produciendo hijos semejantes a Dios. Así, Dios viene a por Sí mismo. Él tomará para Sí y para Su trono, a aquellos que llevan Su imagen, que son simiente de Su simiente, hijos de Dios: Sus crucificados.

El que tenga oídos para oír, que oiga.

Muy poco más para añadir; sencillamente a la altura del material que de un lado u otro nos llega puntualmente para publicar en esta ventana. Con algunas reflexiones nuestras insertadas tanto como para mantener el estilo, y no tanto para enriquecer lo que ya nos ha llegado rico en esencia y espíritu.

Ahora reflexiona, ponlo en oración, medítalo con tu Biblia en las manos, repasando uno y cada uno de los conceptos, deja de lado lo que te han metido profundamente en la mente años y años de iglesia sistemática y, al fin, prepárate a gozar de ser parte del remanente santo, de la Sión celestial. O, en suma, de ser uno de Los Crucificados.

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¡Aunque Los Muertos Resuciten!

Este es un trabajo conforme al estilo de esta sección, esto es: un estudio de otro hijo del Señor, en letra negra, que yo me permito comentar, añadir o cuestionar en letra verde. Sin embargo, en este caso, por hacer formado parte activa y protagónica del suceso central que aquí se relata, me he permitido ir un poco más allá de simples comentarios y añadir, para enriquecer el tema, no el estudio, mi propia experiencia al respecto.

Como de costumbre, espero que te sea no solamente de utilidad informativa, sino de bendición espiritual, que es el epicentro de todo este esfuerzo editorial. Porque cualquier información siempre es bienvenida para los hijos de Dios, porque les evita entrar en ignorancias y confusión, pero lo único verdaderamente apetecible es recibir una bendición de Dios, y para eso simplemente sus instrumentos tendremos que ser usados en obediencia plena.

Cuando en el inicio de los años 90, el ministerio de Claudio Freidzon apareció en Argentina, mi ciudad de Rosario fue una de las primeras en recibirlo. En ese entonces yo tenía un programa radial donde mezclaba, con dudosa eficacia, información secular periodística con versículos bíblicos y lecturas espirituales más o menos relacionadas. Yo me ocupaba de lo primero, mientras que gente que colaboraba conmigo hacía lo segundo.

Porque yo estaba total e íntimamente convencido por esos tiempos, que Dios deseaba utilizarme en lo que hasta ese momento era mi profesión secular y casi epicentro de mi vida: el periodismo. Ya conté en algunos de mis libros que Dios jamás avaló eso, pero en mi ciega ignorancia espiritual yo seguía insistiendo y dándole la espalda a un llamado que todavía no había sido con firmeza ni rigor, apenas estaba en su primera fase: con amor.

El caso es que esa mañana de sábado yo había concluido mi programa y estaba dialogando con algunos hermanos de otra congregación que tenían el suyo a continuación. Ellos sabían que entre mi ortodoxia conservadora denominacional y su progresismo pentecostal tradicional, había un campo que, si bien yo no compartía del todo, por el momento respetaba por cierta sujeción mínima al que entonces era el pastor de mi iglesia.

Así y todo, y dejando entrever en su palabra que ellos sabían perfectamente eso, uno de los pastores de esa congregación me formuló una invitación especial solamente destinada –me aclaró- para líderes y pastores, cosa que yo no era. Y añadió ante mi ignorancia y desconfianza total, que el Señor le estaba diciendo que debía invitarme a mí para ese evento. ¿De qué se trataba? De la visita del pastor Claudio Freidzon, que al parecer venía cargando una nueva unción.

No pudo ser. Les aseguro que pese a mi ignorancia y a estar recibiendo una enseñanza dominical sumamente cerrada al respecto, yo hubiera concurrido. Porque en ese sentido no tenía ni temores ni desconfianzas religiosas, y además porque sin saberlo yo muy bien todavía, mi espíritu estaba buscando más y más de Dios y estaba dispuesto a ir donde fuera para encontrarlo. Pero tuve un inconveniente personal y no pude asistir. ¿Qué hice? Le transferí la invitación a un joven pastor de mi denominación al que yo conocía como abierto y predispuesto a cosas diferentes.

Él sí fue. Y en esa reunión recibió un caudal de lo que entonces se estaba moviendo en el mundo espiritual de un modo totalmente misterioso, atípico y desconocido para todos. Cuando regresó y me contó las maravillas que había experimentado, le pedí que él orara por mí exactamente como Freidzon había orado por él. Yo no me fui, como él, al suelo, ni temblé, ni me lancé a reír a carcajadas ni nada por el estilo en lo físico y visible. Pero al día siguiente y para siempre, yo era otra persona. Y le guste a quien le guste y pese a lo que pese, ¡Gloria a Dios por ello!

Desde adentro hacia afuera se había producido en mí un tremendo cambio rotundo, contundente y casi violento. Pero esa ya es mi historia personal y algún día te la contaré completa si el Señor me ordena hacerlo. El joven pastor, por su parte, no tuvo ni mi misma fortuna, ni mi mismo futuro. A él las cosas le sucedieron muy diferente y casi hasta de modo incomprensible. Y no para bien, precisamente. Pero esa es su historia personal y no estoy ni autorizado ni motivado para contártela. Apenas podría decirte que hubo momentos donde pensé que este joven líder había aparecido allí solamente para que Dios lo utilizara como vehículo de una unción reservada para mí que yo no pude ir a recoger al lugar indicado.

Porque todo, pero absolutamente todo lo que hoy soy, y mucho más allá de lo que tú y todos los demás supongan o crean que soy, se lo debo a esa unción que yo recibí por fe. Conjuntamente con muchísima gente que no sé qué hizo con ella, ya que jamás pudo ser útil al Reino de Dios. Pero esa también es una historia que quizás alguna vez compartiré contigo. Sólo te he dado este instructivo inicial para que ahora sí podamos recorrer juntos los vericuetos técnicos, teológicos y religiosos de lo que fue ese shock de renovación espiritual.

Una renovación de la que nadie jamás nos había hablado antes. Es más; una palabra, renovación, que apareció de improviso para incorporarse al idioma evangélico de los años noventa argentinos. Una palabra que estaba siempre presente en las conversaciones entre hermanos de una misma o distinta denominación. ¿Eres renovado? ¿Eres renovada? ¿Está renovada tu iglesia? ¿Se predica un mensaje renovado o antiguo en tu iglesia? Preguntas que todos le formulaban a todos y que todos se esmeraban en responder lo mejor que podían. Todo eso en medio de una especie de caos santo del cual el autor de este libro habla sobradamente.

AUNQUE RESUCITEN LOS MUERTOS

John White

Este trabajo tratará acerca de la renovación, centrándose en las manifestaciones físicas y psíquicas que con frecuencia la acompañan, y en el hecho paradójico de que quizás muchas personas que oran sinceramente, pidiendo una visitación de Dios, rechazan lo que Él envía porque lo encuentran ofensivo.

Cuando ocurre una renovación, se requiere tanto humildad como fe para reconocerlo como lo que es: una visitación divina. Desgraciadamente, en los últimos siglos, muchos cristianos han estado a tal punto endurecidos que no hubieran llegado a percibir lo que Dios estaba haciendo, aunque los muertos hubieran vuelto para convencerlos.

En este trabajo me propongo: 1) – Intentar definir qué es la renovación.- 2) – Examinar el extraño fenómeno de la oposición cristiana a la renovación.- 3) – Enumerar y describir formas corrientes de comportamiento inusual que ocurren en una renovación.- 4) – Analizar la naturaleza de estas manifestaciones.- 5) – Reflexionar acerca de cuál debería ser nuestra actitud hacia ellos.

1 – DEFINICION DE RENOVACION

Lo que durante los últimos trescientos años hemos dado en llamar renovación representa una obra excepcional del Espíritu Santo, durante la cual:

a) Gran número de personas, convertidas o no, hombres, mujeres y niños, confrontados tanto con la santidad como con la misericordia de Dios, despiertan y experimentan el arrepentimiento, la fe, la adoración.

No interesa lo que tú pienses, te hayan contado o hayas estudiado al respecto; yo fui uno de ellos. Muchos podrán argumentarme esto, aquello o lo otro. Y es posible que hasta tengan razón. Yo, lo único que sé, es que yo viví esa confrontación, y de ella, fluí con otro color interior.

b) El poder de Dios se manifiesta de una manera tal que ninguna explicación sociológica o psicológica da cuenta acabadamente de lo que ocurre.

A eso lo viví más adelante, cuando ya en conciencia de ser poseedor de algo que debía inexorablemente compartir con mis hermanos, me lancé a impartir esa unción a quien deseara recibirla, sin prestar demasiada atención en protocolos eclesiásticos. Eso preparó mi salida de la estructura. ¡Gloria a Dios por ella!

c) La comunidad como un todo toma conciencia, y muchos perciben el movimiento como una amenaza a las instituciones existentes.

Esta fue, casi textual y puntualmente, la reacción primaria de la mayoría de los líderes de la que por entonces era mi denominación. Un pequeño porcentaje, (El pastor entre ellos) creo que hacía como que la aceptaba, pero todo era con la idea íntima de aumentar el número de miembros de la iglesia, cosa que indefectiblemente se produjo.

d) La renovación, tanto de los convertidos como de los inconversos, se acompaña a menudo de manifestaciones físicas y emocionales inusuales, que pueden tornarse en tema de controversia; los analizo, no porque sean lo central de la renovación, sino porque han creado problemas, constituyéndose en una ofensa para aquellos que se oponen a la renovación y a veces en piedra de tropiezo para aquellos que participan del mismo.

Había un hermano nacido en Italia y llegado a Argentina hacía muchos años atrás. Era diácono y opuesto totalmente a este nuevo mover. Cuando le tocaba predicar, en su hermoso “cocoliche” de idiomas, su mensaje se basaba siempre en un Dios de amor que de ninguna manera se parece a ese “Dio’ tumbatore” que adoran algunos. Más claro échale agua, ¿Verdad?

e) Las bendiciones de la renovación y la influencia del Espíritu Santo pueden darse junto con conductas inmaduras y pecaminosas de parte de aquellas personas que declaran integrar el movimiento, de modo que se nos ofrece una extraña mezcla de influencias santas y diabólicas, unidas a la flaqueza humana.

Aquí, inexorablemente, tengo que hablar del saco de Claudio Freidzon. Como todos nuestros pastores, Claudio se vestía para sus reuniones con atildado traje y corbata. Predicaba, oraba por sanidad y liberación, y en el final de la reunión, ministraba unción del Espíritu Santo.

Esto consistía en orar pidiendo al Espíritu Santo que llenara el lugar y, pasado un momento de espera de esa presencia, decidir que el Espíritu estaba allí y proceder a impartirlo como el mismo Jesús lo había hecho: soplando.

Claudio soplaba unción del Espíritu Santo, y de inmediato como si una enorme mano cayera sobre el lugar de reunión, (Mayoritariamente eran estadios de básquet o grandes salones para cinco o diez mil personas), toda la gente se desparramaba por el piso o las gradas brindando un espectáculo tremendo para los ojos de los incrédulos y también de muchos cristianos ortodoxos.

No bastándole eso, y creo que dejándose llevar por una inmadura alegría por contar con ese enorme poder que ni él mismo entendía, en una ocasión se sacó el saco de su traje, y decretando unción, se lo arrojó a un grupo de pastores que estaban de pie arriba de la plataforma esperando que él los ministrara. ¿Me creerás si te digo que cuando el saco estaba volando hacia ellos, el grupo entero se estaba cayendo al suelo como fulminado por un rayo?

Y eso no fue todo. En una reunión siguiente, ya con esta experiencia vivida, Claudio llamó a un determinado pastor y le preguntó si había venido a la reunión gente de su iglesia. El pastor le dijo que sí, que habían venido treinta o cuarenta y señaló el lugar en las gradas donde se encontraban.

Claudio se quitó el saco, se lo entregó al pastor y le dijo que fuera y se lo arrojara a los miembros de su iglesia. El pastor obedeció sin dudar y, cuando arrojó el saco a la tribuna, en medio de más de trescientas personas que se encontraban allí, sólo se fueron al suelo los miembros de la iglesia del pastor que les había arrojado el saco de Claudio.

Jamás pude explicarme eso de manera coherente o teológica. Hoy ya ni siquiera lo intento. Fue así y punto. Para muchos sirvió de enorme potencial y para otros de gran escándalo. Lo cierto es que se trató de un enorme acto de inmadurez, donde muchos hombres adultos y serios, estuvieron jugando con la unción de Dios.

Jonathon Edwards comenta al respecto: “El que muchos que parecen ser receptores de esa influencia, sean culpables de graves irregularidades e imprudencia en su conducta, no es prueba de que una obra no provenga del Espíritu de Dios. Debemos tener en cuenta que el propósito por el cual Dios derrama su Espíritu es el de santificar a los hombres, no el de transformarlos en destacados ciudadanos. No llama la atención, entonces, que en una multitud tan heterogénea, con sabios e ignorantes, jóvenes y viejos, débiles y fuertes, sometidos a fuertes impresiones mentales, haya muchos que se comporten con imprudencia”

Más adelante comenta: “Si algunos de aquellos en quienes se cree que hubo manifestaciones, caen en errores graves o prácticas escandalosas, eso no prueba que la obra en general no sea la obra del Espíritu de Dios. Hay innumerables ejemplos de este tipo en los días de los apóstoles…crasas herejías…prácticas viles…”

Las renovaciones (Entre los convertidos), y los avivamientos (Entre los inconversos), que normalmente se dan juntos, representan la actividad normal del Espíritu Santo pero expresada en magnitudes mucho mayores que las habituales.

La mayor amplitud de su acción moviliza la comunidad como un todo, y sacude los intereses arraigados en las iglesias. Al hacerlo, despierta temor y hostilidad. Los oficiales de la iglesia se sienten ofendidos por ciertos aspectos del movimiento, tales como las manifestaciones arriba mencionadas y las que se tratarán más abajo en el punto (e).

A mi modo de ver, y habré de reiterarlo una vez más porque lo he escrito y dicho en casi todos mis trabajos desde el 2000 en adelante, esas “ofensas santas” experimentadas por esos líderes eclesiásticos, no son sino una lógica reacción ante un asunto al cual no pueden controlar.

Y todos, absoluta y decididamente todos los que alguna vez hemos sido miembros rutinarios de congregaciones evangélicas, sabemos, que el espíritu de control, que obviamente jamás vino ni vendrá de parte de Dios, es el que mayor actividad ejercita dentro de la mayoría de los templos. Y todo lo que ese espíritu no pueda medir, queda afuera.

2 – EL CARÁCTER DE OPOSICIÓN CRISTIANA AL AVIVAMIENTO

¿A qué se debe que verdaderos cristianos se oponen a lo que Dios hace? La historia muestra claramente que esto ha sucedido de manera constante. La hostilidad nunca se manifiesta hacia la idea de la renovación por la cual se ora ardientemente, sino hacia la respuesta de Dios a nuestras oraciones, y a las formas inesperadas que puede llegar a asumir.

Lo he contado alguna vez. Un viejo líder de una iglesia cuya denominación no terminaba de simpatizar con estas cosas, cumplía en orar por un avivamiento y presencia del Espíritu Santo en sus reuniones, porque así se lo pedían algunos miembros jóvenes de la congregación.

Convengamos que ya ésta simple oración le costaba horrores, así que no tenía mejor idea que, terminada esa primera fase, él le añadía al Espíritu una especie de directiva para que lo que fuera a hacer, lo hiciera de un modo sereno, sin espectacularidades ni cosas impactantes… (??)

A – La oposición y la crítica cristiana son a menudo mordaces.

Ralph Erskine fue un hombre piadoso y un perspicaz pensador, enormemente usado en un avivamiento en Escocia a comienzos del siglo XVIII (Que incluyó muchas manifestaciones extraordinarias). Sin embargo, cuando Whitefield visitó Escocia, a pesar de que hizo visitas de cortesía y procuró acercarse a Erskine, éste y su gente lo difamaron, porque percibían las relaciones eclesiásticas de Whitefield como una amenaza a su propio movimiento.

Todo hombre de Dios que esgrima un poder sobrenatural en algunas de sus presentaciones públicas, siempre será una amenaza para un enorme grupo de jerarquías que jamás han podido ni vivir ni expresar ninguno.

En 1742 Erskine y sus colegas escribieron un panfleto titulado: Declaraciones, protesta y testimonio del Remanente sufriente de la verdadera Iglesia Presbiteriana de Cristo en Escocia, anti-papista, anti-luterana, anti-clerical, anti-sectaria.

En ese panfleto denunciaban que “las inmorales manos clericales y sectarias de Whitefield” habían administrado los sacramentos a los presbiterianos, y afirmaba que “Whitefield no tiene una conversación limpia…es un idólatra escandaloso… un miembro del anti-Cristo; una bestia salvaje…” Aunque el tono destemplado del panfleto refleja las circunstancias y costumbres del momento histórico, su exceso también puede atribuirse al temor suscitado por el ministerio de Whitefield.

Seguimos encontrando muchos ejemplos del mismo lenguaje desmedido, aunque levemente moderado en la expresión. Algunas de estas expresiones han provenido de los labios de líderes actualmente venerados entre los evangélicos. Líderes consagrados no dejan por ello de ser seres humanos.

Fui miembro de una congregación en la cual, cuando alguien deseaba que los demás supieran algo (cierto o no) de otro hermano, no tenía mejor idea que dejar “misteriosamente” una pila de panfletos que eran retirados puntillosamente por cada asistente y leído con no poca fruición, aunque luego se lo criticara con palabras altisonantes e hipócritas.

B – Tememos lo novedoso

En épocas pasadas, los cristianos muchas veces se oponían a las renovaciones porque se manifestaban en un estilo al que no estaban acostumbrados. Nos habituamos a determinadas maneras de hacer las cosas. Normalmente, las renovaciones incluyen un elemento novedoso, por ejemplo, una manera diferente de predicar.

La predicación rural era algo desconocido en Inglaterra antes del avivamiento wesleyano. ¡Al propio John Wesley le resultó difícil de aceptar, la primera vez que George Whitefield se lo expuso! Confiamos en los sonidos, las frases, las rutinas familiares. A las personas mayores les resulta especialmente difícil aceptar el cambio. Jonathon Edwards comenta:

“Hay una gran predisposición de las personas a dudar de las cosas extrañas; especialmente les cuesta a las personas mayores aceptar que sea cierto algo a lo que no estaban acostumbrados en su época o de lo que no habían oído hablar en los tiempos de sus padres.”

Nuestro temor a lo novedoso se acrecienta por el hecho de que somos occidentales. Sin advertirlo, los cristianos en Occidente estamos provistos con la misma actitud hacia lo sobrenatural que los humanistas tal es la envolvente influencia del naturalismo y de la ciencia en nuestras creencias cristianas.

En consecuencia, lo milagroso nos alarma y tendemos a rechazar aun los relatos de casos reales contemporáneos, repitiendo incasablemente las mismas historias, algunas ciertas y otras apócrifas, que niegan lo ocurrido.

La primera vez que prediqué en público en un templo, (Normalmente lo hacía ante el micrófono de una emisora de radio), creo que se batieron todos los records de gente bostezando y hasta durmiéndose.

Cualquiera (Y me incluyo) hubiese pensado que eso se producía por causa de ser el mensaje demasiado monocorde, sin altisonancias y sin palabra ungida, pero tengo que decirte que lo que predicaba es lo mismo que hoy lees u oyes en esta página Web. Tú decidirás qué era.

No era muy habitual que en mi iglesia se me invitara a pasar al frente a orar por los que allí habían pasado luego del mensaje, pero en una ocasión el pastor tuvo un acto de generosidad y lo hizo. Recuerdo que caminé y me paré en el frente. ´

Delante de mí no había nadie, toda la gente formaba fila delante del invitado del día, (Un predicador muy conocido), y de sus ayudantes. Yo no era nadie así que nadie venía a buscar ministración de mi parte.

De pronto un matrimonio mayor, quizás porque tenía prisa y deseaba que alguien orara rápido para irse a su casa, se plantó delante de mí. Fue sólo alzar mis manos y los dos se fueron al suelo. Hubo un murmullo de sorpresa y, en menos de diez segundos, las distintas filas para oración se unificaron en una; ¡Frente a mí! ¿Cómo me iban a amar mis consiervos?

C – El desorden y la confusión en las reuniones es algo perturbador.

En las Crónicas de Marnia, C.S. Lewis solía decirnos: “Aslan no es un león dócil.” Parecería querer decir con ello que Dios no es ni predecible ni controlable. Por cierto, es un Dios de orden, un Dios ante cuya palabra todopoderosa el caos y la oscuridad desaparecen, pero la irrupción del orden no deja de ser tempestuoso ni está exenta de imprevisibles. El caos y las tinieblas huyen aullando vigorosamente.

No nos equivocamos cuando anhelamos la paz. Pero generalmente, en la comunidad religiosa, la paz tiene que ver con estructuras y tranquilidad. No hay nada malo en ninguna de éstas. Pero nuestro anhelo de alcanzarlas nos ha llevado a confundir orden con pasividad y con rutinas previsibles, y a creer que alcanzamos aquellas cuando poseemos estas.

Disiento en parte con el autor cuando dice que no hay nada malo en las estructuras y la tranquilidad. No lo hay, quizás, desde la óptica de “peor es nada”, pero convengamos en que si existe algo que ha trastocado la esencia más pura del evangelio primitivo, ese algo han sido las estructuras y el amor a esa clase de tranquilidad.

Refiriéndose a la renovación en Nueva Inglaterra acaecido a comienzos del siglo XVIII, Jonathon Edwards (Probablemente el hombre más sabio y piadoso de su tiempo), escribió: “Cuando hay una multitud reunida, muchos se oponen considerándolo una confusión; y dicen que Dios no puede ser autor de esto, porque Él es Dios de orden, no de confusión.”

Según Edwards, el orden podía ir acompañado de la turbulencia y ruido de hombres y mujeres clamando por perdón o cayendo temblorosos al suelo, y aun hasta de “Satanás gritando a viva voz”. Consideraba que esto no implicaba mayor confusión que “si una muchedumbre se encontrara en un campo a implorar por lluvia y fueran interrumpidas en su ritual por una generosa lluvia”. Estaba tan convencido de nuestro desatino en lamentar la confusión que se produce cuando obra el Espíritu Santo, que exclamó:

“¡Quiera Dios que todas las reuniones públicas del país fueran interrumpidas en sus servicios por confusiones como ésas el próximo día de reposo! No debemos lamentarnos por el hecho de que se rompa el orden de nuestros medios, si de esa manera alcanzamos los fines a los cuales se dirige ese orden. El que va en busca de un tesoro, no tiene que lamentarse si su viaje se interrumpe a mitad de camino por haber encontrado el tesoro.”

De todos modos, la crítica a los primeros metodistas, a Whitefield y a muchos movimientos de renovación subsiguientes, se ha basado en una errada concepción de lo que es el orden.

De todos modos, y a pesar del tiempo transcurrido, todavía hoy en este pleno siglo veintiuno, son mayoritarios los sectores que entienden al orden de Dios como un cierto acartonamiento disfrazado de solemnidad, que suele ser la clásica y tradicional pintura del religioso-tipo.

D – El surgimiento de obreros y líderes “menos capaces”

En épocas de renovación, algunos líderes cristianos se sienten ofendidos por la calidad del nuevo liderazgo. Hay dos razones de disconformidad. Por un lado, se desdibuja la distinción clérigos-laicos, amenazando las instituciones clericales. Por otro lado, muchos de los líderes que surgen carecen del nivel de entrenamiento formal y del refinamiento que algunos considerarían esencial.

Esto ofende el amor propio. Sin embargo, Dios nunca se ha restringido a obrar a través de siervos altamente calificados. Los profetas incluían una gama heterogénea de poetas, estudiosos y hombres sin instrucción. Jesús, que era carpintero, eligió lo que algunos considerarían un puñado bastante heterogéneo y poco calificado para fundar la iglesia.

Esto es absolutamente cierto, pero no obstante, todavía sigue siendo el hombre con su cabello matizado de canas, que calza anteojos de fino marco y remata su aspecto con un riguroso traje oscuro con corbata pálida al tono, el típico representante del liderazgo eclesiástico evangélico.

Si ellos modificaran sus ropas, quizás serían rechazados por sus adeptos como lo fueron por su gente los sacerdotes católicos romanos que abandonaron la antigua sotana negra del cuello a los pies, mutándolas por modernos equipos casi deportivos.

E – Manifestaciones de excesos emocionales y de estados físicos inusuales.

Los relatos de renovaciones abundan en ejemplos de personas que sollozan, tiemblan violentamente, gritan, pierden la conciencia, se caen y se estremecen de manera incontrolable. No se nos pide que estimulemos tal comportamiento, pero sucede. Trastorna la calma de las reuniones y suscita preguntas no sólo respecto a su legitimidad sino a su origen.

Rusell Spittler señala en un trabajo inédito que en los cinco períodos de renovación ocurridos en Estados Unidos desde mediados del siglo XVIII, sólo uno de ellos, el de Moody-Sankey, carece de tales manifestaciones. Se puede afirmar algo similar respecto a las renovaciones en Inglaterra.

3 – TIPOS DE MANIFESTACIONES

Las manifestaciones varían en sus características. Algunas son mixtas, e incluyen componentes demoníacos. Algunas reflejan claramente el horror y la angustia frente al pecado, y otras, un gozo extremo por la nueva percepción de la gracia de Dios. Algunas no son fáciles de explicar o entender. Por el momento voy a enumerar sólo las manifestaciones más corrientes, que incluyen:

a). Convicción y angustia, (Ejemplos citados más arriba);

b). Expresiones prolongadas y exuberantes de alabanza.

¿Cómo hubiéramos reaccionado, me pregunto, de haber estado presentes durante la renovación de Cambuslang, Escocia, en el año 1742? Whitefield escribe:

“Seguramente nunca se había oído de una conmoción semejante, especialmente a las once de la noche. Excedió con creces todo cuanto yo había visto en América. Durante aproximadamente una hora y media hubo llanto, tantas personas que se sumían en profunda angustia y lo expresaban de distintas maneras…sus sollozos y agonías impactaban tremendamente.

El Sr. McCullough predicó después que yo había concluido, hasta después de la una de la madrugada, y apenas pudo persuadirlos a que se retiraran. Durante toda la noche se pueden escuchar en el campo las voces de oración y alabanza. Algunas jóvenes mujeres fueron vistas por una gentil dama alabando a Dios al amanecer, y fue a reunirse con ellas.”

Manifestaciones de esta índole continúan hasta nuestros días.

Claro, y la gran pregunta que los cristianos se han hecho y siguen formulándose, es: ¿Por qué no podemos aceptar que todas estas cosas vengan de Dios? Respuesta simple: porque nos han enseñado y presentado a un Dios solemne, triste y estructurado, casi un símil de lo que son los hombres de ciertas denominaciones que conocemos, seguramente, tú y yo.

c – Temor

Se encuentran muchos ejemplos de esto en las escrituras, comenzando con el “Tuve miedo…” de Adán y continuando con “la gran oscuridad en la que Abraham “sintió mucho miedo” (Gn 15:12). Moisés “el esposo de sangre” (Ex. 4:24-26), Daniel (Dn. 10:19), los discípulos en la transfiguración (Mt. 17:6), Juan (Ap. 1:17) y muchos otros.

En las tres ocasiones durante mi propia vida en las que el Señor por su gracia se me ha aparecido (Siempre de manera inesperada y en una oportunidad habiendo tenido yo el atrevimiento de increparlo), mi reacción incontrolada ha sido siempre la misma: una debilidad espantosa (Tal que en una oportunidad sólo podía estar de bruces), temblor, transpiración, llanto y sin embargo, al mismo tiempo gozo y adoración.

Tal temor es de dos clases en las Escrituras: el temor del siervo desobediente (Moisés en Ex. 4:24-26) y más comúnmente, lo que Rudolph Otto llama temor numinoso – que también es temor, pero mezclado con un sentido de asombro, gozo y adoración.

Has leído este pequeño pero contundente relato del autor respecto a su propia experiencia. ¿Puedes aceptarla y creerla o la tomas con pinzas y una cierta desconfianza? Allá tú y tu respuesta. Pero piensa un momento; de ser real y genuina, ¿Cuántos que tú conoces, (Incluyéndote), han tenido una similar? ¿Cuántos, según la esencia de ese relato, han tenido un encuentro personal con Cristo?

d – Estremecimiento y temblor, pero no asociado con miedo.

Puede ser de intensidad variable y abarcar sólo una parte del cuerpo o su totalidad. Puede ir acompañado de transpiración, respiración profunda y aceleración del pulso. Generalmente se trata de un temblor suave asociado a una tranquila sensación de gozo y paz (Con lo cual difiere de la hiperventilación que acompaña a la ansiedad)

Pero el temblor también puede consistir en un sacudimiento violento. Hace aproximadamente un año, en las reuniones de Westminster Hall en Londres, observé durante varios minutos a un hombre de mediana edad. Era como si una mano gigantesca lo hubiera tomado por la parte superior de la espalda y estuviera sacudiéndole el tronco adelante y atrás unos veinte centímetros, mientras la cabeza y las extremidades se le balanceaban como los de un muñeco de trapo. Se trataba de un movimiento que ningún gimnasta o bailarín hubiera podido repetir.

Se ha informado acerca de rápidas sacudidas giratorias de la cabeza. Un caso que presencié en Singapur era claramente de origen demoníaco.

Esto último resulta clave. Si no tenemos el mínimo discernimiento espiritual para definirlo, no podremos jamás actuar en consecuencia. He visto a líderes reprender demonios en gente que temblaba de ese modo, aunque nunca logramos saber si realmente había demonios o, por el contrario, era el Espíritu Santo el autor de esa manifestación.

A mí personalmente me preocupaba mucho un detalle central: si eran demonios, gloria a Dios y aleluya por expulsarlos, pero si era el Espíritu Santo, ¿No lo calificaría Él como una blasfemia contra sí mismo esa reprensión? Y tú ya sabes la conclusión respecto a la blasfemia contra el Espíritu Santo, ¿Verdad?

e – Contorsiones y distorsiones corporales.

Se ha sugerido que ciertos movimientos podrían indicar conflictos referidos a pecados específicos, a veces pecados sexuales. Aquí también, ciertos movimientos de contorsión, especialmente cuando están asociados a siseos. Pueden indicar posesión demoníaca. He presenciado uno de estos casos.

Yo también. Ministrando personalmente a una treintena de personas que no conocía, una mujer joven comenzó a contorsionarse de esta manera aquí mencionada. Sin dudarlo, -aunque no tengo profundos conocimientos sobre el tema-, y con total certeza, até específicamente a un demonio de lascivia.

Funcionó; la mujer retornó a la normalidad y no pareció ni siquiera enterarse de lo que yo le había dicho casi al oído. Horas más tarde, algunos hermanos del lugar confirmaron mi actitud: era una mujer que estaba en adulterio, y no con un solo hombre, sino con varios. Era una historia terrible que los lugareños conocían muy bien, como siempre sucede en los poblados pequeños.

f – Caer “fulminados por el Espíritu”.

Este es el nombre popular para el fenómeno (Común tanto en las Escrituras como en la historia de la iglesia), de personas que caen de espaldas y quedan en esa postura por hasta dos horas. Algunos predicadores populares parecen estimular ese comportamiento. Sin embargo también sucede de manera espontánea y escritores de antaño han hecho referencia al hecho de “ser dominado” o “caer desvanecido”.

La mayoría de los sujetos manifiestan sensación de calma y de sublime indiferencia a las circunstancias que los rodean. Generalmente no se observan efectos posteriores, ni buenos ni malos. Ocasionalmente el estado se mantiene entre doce y cuarenta y ocho horas, en cuyo caso se dice que se producen profundos cambios espirituales.

Más dramáticas son las caídas sufridas por pastores y ministros, algunos de los cuales parecen ser arrojados hasta caer de bruces, golpeando rítmicamente la cabeza contra el suelo durante aproximadamente una hora.

Los cambios que suceden luego también pueden ser profundos. En otras oportunidades los sujetos no entienden por qué tuvo lugar el suceso. Curiosamente, los golpes parecen no producir daño físico ni dolor de cabeza.

Jonathon Edwards parece considerar la caída del carcelero de Filipos como un fenómeno de esta índole, y afirma que la reacción no se debió al temor ante la huida de los prisioneros, sino ante la presencia de Dios. Si es así, la reacción de Pablo adquiere más sentido.

La caída hacia atrás de la tropa que fue a arrestar a Jesús probablemente entra en la categoría de “ser dominados”.

En una reunión de oración de la que fue mi última iglesia, y a la que había sido invitado un evangelista que se movía con bastante poder de Dios en su ministerio, habían asistido, además de todos nosotros, los que estábamos hambrientos y deseosos de recibir más de Dios, algunos antiguos líderes que no miraban con buenos ojos estas cosas.

Entre ellos, había un hombre muy fiel y piadoso, pero que se veía influenciado por su esposa, la cual tenía actitudes y opiniones muy fuertes y feroces para con los que buscaban una renovación. Ella solía decir lo que pensaba de nosotros en alta voz y sin cuidar detalle alguno, respaldado por el poder interno del que gozaba su esposo.

El evangelista en cuestión nos hizo poner a todos de pie en el final de su predicación, y aclaró que no iba a formular ninguna invitación a la conversión porque nos estimaba a todos convertidos, que sólo le iba a pedir al Espíritu Santo que nos bautizara con fuego santo.

Lo hizo, ¿Y quién crees que terminó despatarrada por el suelo del cual no pudo levantarse hasta cuatro horas después? Sí señor, la esposa del líder. Nunca más volvió a abrir su boca en contra de los que buscaban más de Dios. Hoy, es una de las más firmes propulsoras y defensoras del despegar espiritual de su antigua denominación.

g – Risa

Algunos sujetos ocasionalmente irrumpen en risas y carcajadas, que pueden continuar durante horas, y excepcionalmente durante días. Como la risa se puede imitar, y la obtención de la “risa santa” parece añadir prestigio al sujeto, algunas risas “santas” representan más bien necesidades emocionales de la persona que algo genuino. El sujeto genuino, que normalmente se sentiría molesto de la tendencia a reírse en público, en ese caso se muestra indiferente al entorno.

He visto casos así en muchas de aquellas reuniones descriptas de la década del noventa. Pero he sido testigo de otro caso no menos contundente. Una hermana no gustaba del estilo de cierto predicador porque lo consideraba demasiado vociferante y a ella le agradaba más lo sereno y tranquilo.

Una noche que no podía conciliar el sueño, se puso a escuchar una emisora de radio cristiana, hasta que comenzó un mensaje grabado por ese predicador. No quiso tomarse el trabajo de cambiar de estación y se resignó a oírlo. Minutos después, sufrió un ataque de risa inexplicable, incontenible que la dejó extenuada cerca del amanecer. Supo que Dios le había hablado contundentemente con ello.

h – Ebriedad.

A menudo, cuando al ocurrir estas manifestaciones las personas se sienten muy impactadas, se producen fenómenos que semejan intoxicaciones mentales y corporales. Los sujetos se muestran eufóricos, generalmente después de una nueva percepción de la gracia de Dios, una nueva captación de la maravilla de su perdón.

Se sienten “pesados”, quizás no logran ponerse en pie, necesitan ayuda para caminar o tienen la marcha incoordinada, tropiezan torpemente y tienen el habla enredada. Las palabras con las que Pablo contrasta el emborracharse con el estar llenos del Espíritu pueden tener más significado que el que aparece a primera vista.

Este estado generalmente se asocia a una consagración renovada al Señor. Uno de mis parientes cercanos fue visto de pie en el atrio de la iglesia al cierre de una reunión en Winnipeg con los brazos en alto, llorando de gozo y balanceándose de manera inestable mientras repetía: “¡Ah, qué bueno que está!”

Hasta aquí había sido un cristiano que, si bien era regenerado, no evidenciaba un compromiso profundo con Dios. Después de esto demostró una nueva percepción de la gloria de Dios, un nuevo espíritu de adoración y alabanza, una nueva y aparentemente insaciable hambre por las escrituras y por la comunión cristiana.

Se podrían describir otras manifestaciones, tanto a partir de la literatura de los últimos trescientos años, como de las Escrituras y de la experiencia contemporánea. Se han expuesto teorías acerca de su naturaleza, pero están lejos de ser plenamente comprendidos. Examinamos el asunto a fin de que nos ayude a entender cómo debiéramos considerarlas.

Tengo una experiencia personal al respecto. No de ebriedad propiamente dicha, que también la he visto pero en otros. La mía fue muy rara. Estuvimos por espacio de diez horas en una multitudinaria reunión con el pastor Claudio Freidzon y, cuando nos retiramos, fui hasta donde había dejado estacionado mi automóvil.

Subimos con toda la familia más una hermana amiga y sin darme cuenta el motivo ni la causa, di vueltas a la manzana de un modo insólito por más de veinte minutos. Nunca supe qué fue lo que me sucedió, y tampoco le busqué demasiadas explicaciones. Soy un hombre normal y eso, creo, no tenía nada que ver con lo natural. Luego me enteré que en otras reuniones del mismo ministerio, hasta conductores de ómnibus sufrieron ese mismo síndrome del “carrousel”.

4 – ¿SON DE DIOS LAS MANIFESTACIONES INUSUALES?

Siempre ha habido una extendida desconfianza hacia las manifestaciones de este tipo. George Whitefield le escribió a John Wesley advirtiéndole acerca del peligro de estimularlas, (Aunque había sobradas manifestaciones en las reuniones del propio Whitefield). Se han suscitado preguntas respecto a su genuinidad y su origen.

¿Qué son? Podríamos decir que consisten en fenómenos psicológicos –fenómenos por ser observables y psicológicos por tener que ver con la mente y el alma. Pero, entre las posibilidades, podríamos sugerir:

a) intentos de las personas de atraer la atención sobre sí mismos;

b) la expresión de impulsos inconscientes;

c) actividad demoníaca;

d) una reacción a la hábil manipulación de los predicadores;

e) una reacción ya sea al poder del Espíritu Santo o a una poderosa revelación de la verdad por parte del Espíritu.

Coincido plenamente con estas posibilidades descriptas por el autor por una simple razón: he visto algunas de ellas en acción. Iba periódicamente a predicar a una iglesia en la cual, ante el llamado de cierre, pasaban muchos a recibir oración.

Entre ellos, tenía identificada a una mujer joven, que siempre pasaba al frente para orar. Yo oraba por ella, ella se caía aparatosamente, se convulsionaba tremendamente y daba muestras de estar recibiendo altamente de Dios.

No lo creo, un par de domingos después yo regresaba allí y ella estaba otra vez en el frente, presta a recibir oración, caerse y hacer todo lo que ya le había visto hacer en muchas otras ocasiones. Obviamente, lo que ella necesitaba era estar, aunque más no fuera por treinta segundos, en el punto de observación de toda la congregación y sus visitas. Atraer atención.

En otra congregación, ministrando gente, un joven se puso a orar en lenguas mientras yo oraba con él. Comenzó quedamente, casi acompañando mi oración. Se lo permití porque los dones no deben frenarse y porque cuando me solicitó permiso le dije que se sintiera en libertad.

Pero luego comenzó a orar cada vez más fuerte hasta llegar a gritar y producir un desorden. Lo miré fijo, le ordené al demonio que se callara la boca y se quedó en silencio con una sonrisa burlona mientras me preguntaba si se había terminado la libertad. Actividad demoníaca.

Finalmente, he visto decenas de personas que, deseando quedar bien con el predicador, cuando éste ora por ellos se arrojan al suelo casi desprolijamente. En otros casos, lo hacen porque el predicador los empuja suavemente y ellos toman ese gesto como una orden para irse al piso. Manipulación.

a – ¿Son intentos de atraer la atención?

No caben dudas que en las renovaciones se producen conductas motivadas por el interés de atraer la atención. Esto ocurre siempre, pero en tiempos de renovación se presentan de manera más intensa. Las manifestaciones genuinas se prestan a que otros las imiten. Edwards comenta:

“Pero así como abundaban las influencias del verdadero Espíritu, también abundaban las falsificaciones; el diablo se mostraba activo en la imitación tanto de las influencias corrientes como extraordinarias del Espíritu Santo de Dios.”

Dallimore ha extractado el siguiente pasaje del diario de Charles Wesley: “He removido algunas piedras de tropiezo, especialmente los ataques de histeria, con ayuda de Dios. No hay duda de que muchos, ante nuestra primera predicación, caían vencidos física y anímicamente por una profunda desazón. Sus manifestaciones externas eran fáciles de imitar.

Hoy hubo uno que eligió hacer en trance para mi beneficio, y se golpeaba rudamente. Me pareció que era una lástima obstaculizarlo, de modo que lo dejé recuperarse a su antojo. Cuando otra joven empezó a llorar, ordené que la llevaran fuera. Su convulsión era tan violenta, que hasta le impedía caminar – hasta que la dejaron fuera de la puerta. Entonces de inmediato se le enderezaron las piernas y se marchó.”

Creo que la conclusión es tan simple que no merecería ni siquiera dos líneas; sobre todo si se trata de cristianos maduros que leen sus Biblias mucho más que para cumplir con postulados eclesiásticos. Si el Espíritu Santo es poseedor de una serie de frutos que todos conocemos, es el auténtico propietario de cada uno de ellos, ¿Verdad?

Y si es así puede traerlos y retirarlos cuando le plazca. Así que veo muy complejo que el Dominio Propio no pueda ser ejercitado, precisamente, ante un impacto producido por el mismo Espíritu Santo que lo ha dado.

¿Qué quiero decir con esto? Que si es, -en efecto-, el Espíritu Santo quien me otorga un fruto denominado Dominio Propio, con el cual yo puedo controlar casi todo lo que me sucede, muy mal podría ocasionarme un shock o estado al cual yo no pueda controlar. ¿Se entiende? Exactamente. No existe tal cosa como aquello de: “el Espíritu me tomó y no pude resistirme”. No opera así nuestro Dios.

b – ¿Son resultado de impulsos inconscientes?

Las teorías psicoanalíticas podrían explicar en términos de motivación inconsciente lo que Charles Wesley describía como que “caían vencidos, física y anímicamente, en una profunda desazón”. Es imposible probar o refutar la teoría en casos individuales.

Más adelante consideraremos estos casos. Allí la pregunta crítica, será: ¿Por qué estas manifestaciones sucedieron de esa manera particular en el momento preciso en que lo hicieron? ¿Por qué el material inconsciente se liberó en esas circunstancias específicas?

Cuando te conviertes, el Espíritu Santo viene a morar en tu espíritu humano. Pese a ello, tu alma sigue estando programada por el mundo, así que pensará y diagramará cosas que quizás luego tu cuerpo realice, y que pueden estar fuera de la voluntad de Dios. Hasta que el Espíritu Santo no tome control de tu alma, y por consecuencia de tu cuerpo, no podrás estar enteramente sometido. Esa es una buena respuesta.

c – ¿Son Manifestaciones Demoníacas?

A muchos cristianos les perturba el hecho de que la actividad del Espíritu Santo pueda asociarse a manifestaciones demoníacas. Les parece incongruente porque dan por sentado que la presencia poderosa del Espíritu suprimiría tal actividad.

La Escritura y la historia indican lo contrario. Más bien parece que la presencia del Espíritu Santo provoca la irrupción de la actividad demoníaca, en la medida en que los seres demoníacos son puestos en evidencia y amenazados de maneras aparentemente misteriosas. En el momento de su ministerio en el que Jesús comenzó a actuar en el poder del Espíritu Santo, los demonios empezaron a gritar. Eso es lo que puedes leer en Lucas 4:31-36.

Ralph Humphires, colaborador tanto de John Wesley como de George Whitefield, lo expresa de esta manera: “ Creo que lo que con frecuencia ocurría, era esto: la palabra de Dios llegaba con luz y poder convincentes al corazón y a las conciencias de los pecadores, que en consecuencia despertaban de tal manera… (que) la tranquilidad del “hombre fuerte” quedaba perturbada; el infierno interior empezaba a rugir; el diablo, que antes permanecía quieto en sus corazones sin ser molestado, ahora empezaba a inquietarse…”

La experiencia reciente confirma esta perspectiva.

A la cual adhiero en todo concepto.

d – ¿Son predicadores manipuladores los que provocan estas manifestaciones?

No es difícil encontrar ejemplos de predicaciones manipuladoras. Tal predicación puede producir emotividad, y lo hace, y provoca decisiones espurias como también (quizás) reales. En otro lugar he descrito las técnicas.

La pregunta respecto a si el tipo de manifestaciones a las que nos hemos estado refiriendo se deben a la manipulación, sólo puede ser contestada por el examen de lo que ocurre en una ocasión dada. De hecho, tanto en las Escrituras como en la historia, los líderes implicados en las renovaciones han procurado suprimir las reacciones.

Nehemías, Esdras y los Levitas, confrontados por la reacción masiva de llanto desesperado, mientras el Espíritu Santo actuaba sobre los judíos después del exilio, hicieron todo lo que estaba a su alcance para calmarlos.

También resulta claro a partir del relato de la renovación que las instrucciones que se dieron antes de la manifestación estaban lejos de ser manipuladoras. (Nehemías 8: 1-11). La realidad de lo que había sucedido se tornó evidente en la medida que una serie de piadosas reformas sociales ocurrieron con posterioridad a la renovación. (Nehemías 9 y 10)

Henry Venn ofrece un interesante relato acerca de la predicación de Whiterfield en los terrenos del cementerio de una parroquia en 1757:

“Tras la predicación del Sr. Whitefield muchos de la inmensa muchedumbre que colmaba los terrenos del cementerio quedaron postrados por el desvanecimiento. Algunos sollozaban profundamente; otros lloraban en silencio… cuando enfatizó el mandamiento del versículo (Isaías 51:1)… varios en la congregación estallaron en el más penetrante y amargo llanto. El Sr. Whitefield, en este trance, hizo una pausa y luego prorrumpió en un torrente de lágrimas…

Durante este breve intervalo el Sr. Madan y yo nos levantamos, y pedimos a la gente que se contuviera lo más posible de hacer ruido alguno. Tuvimos que repetir este consejo en dos oportunidades más… Cuando el sermón había concluido la gente parecía encadenada al suelo. (Nosotros) nos encontramos con las manos llenas tratando de consolar a aquellos que se sentían abrumados por el sentimiento de culpa”.

Resulta claro a partir del relato de Venn que (Como en la renovación que se describe en Nehemías 8) no sólo estaba ausente el intento de promover una reacción emocional sino que se esforzaban por calmar la manifestación emocional cuando ésta ocurría.

Recuerdo que en el inicio de este mover, en la que era nuestra iglesia no ocurría absolutamente nada de esto. El pastor, un hombre mayor con una excelente “foja de servicios” en su denominación, (Que dicho sea de paso cuestionaba todas estas cosas) declaraba que él deseaba una renovación, pero en realidad actuaba promoviendo todo lo contrario.

Sin embargo, tenía un serio inconveniente. Una serie de hombres y mujeres de su congregación, (Entre los que estábamos nosotros), sí habían creído, tomado y hecho suyos los pormenores de ese mover, y cuando nos tocaba orar, sucedían cosas que normalmente allí jamás se veían.

Eso hizo que, en más de una ocasión, dejándome llevar por un excesivo sentido de la sujeción, o tal vez por simple y más carnal temor a perder la simpatía del pastor, haya orado por personas haciendo todo lo posible para evitar sus manifestaciones, cosa que, obviamente, resultaba tan ofensiva y pecaminosa ante Dios como manipularlos para que las tuvieran sin presencia espiritual.

Además de periodista soy locutor profesional, así que algo de técnicas de oratoria y conducción de masas conozco. Declaro delante del Señor que, conscientemente, jamás las utilicé desde un púlpito (Ignoro si alguna vez pude haberlo hecho inconscientemente), pero he visto infinidad de hombres y mujeres realizarlo sin ningún escrúpulo.

e – El poder del Espíritu Santo

El hecho de que el Espíritu Santo es comúnmente la fuente principal de tales manifestaciones resulta evidente cuando tomamos en cuenta los casos en los que los sujetos no tenían cómo prever lo que les iba a suceder o se oponían abiertamente a la renovación y eran de la opinión de que tales manifestaciones no son auténticas.

Mi esposa no se imaginaba que podría comenzar a temblar durante una reposada conferencia de John Wimbler en Fuller. Se sintió de alguna manera perpleja a la vez que perturbada y procuró esconder el marcado temblor en sus manos y brazos –un temblor que continuó repitiéndose durante varios días.

Durante la conferencia, al ver lo que le sucedía a mi esposa, comencé a observar al resto de la concurrencia (la mayoría de ellos misioneros y experimentados pastores no carismáticos) y desde mi asiento en primera fila vi varias personas en un estado similar al de mi esposa. El poder del Espíritu de Dios evidentemente afecta físicamente a las personas aún durante una conferencia tranquila.

John Wesley registra en su diario el 1 de Mayo de 1769, la perplejidad de un indignado cuáquero: “Un cuáquero que estaba de pie se mostró no poco molesto ante la conducta de estas personas y mientras se mordía los labios y arrugaba el entrecejo cayó como golpeado por un rayo. La agonía que lo sobrecogió era terrible aún para los que miraban. Le imploramos a Dios no imputarle su necedad. En seguida levantó la cabeza y exclamó: ¡Ahora sé que tú eres un profeta del Señor!”

Wesley registra un caso aún más dramático más adelante. Sería absurdo sugerir que tales opositores a la renovación tenían el deseo secreto de ser convencidos. Se parecen más al caso de Saulo en la ruta a Damasco. Se registran incidentes similares en el ministerio de Wimber, el más reciente de los cuales tuvo lugar en Sheffield, Inglaterra, el 6 de noviembre de 1985.

Un pastor que había sido invitado por un colega, decidió concurrir, a pesar de su resistencia, a una de las reuniones en Sheffield. Llegó muy tarde, y entró en el local en el momento en que John Wimber pedía al Espíritu Santo que se hiciera cargo.

Disgustado, viendo cumplirse sus temores, se dio media vuelta para retirarse en actitud de protesta. Pero antes de que alcanzara el umbral cayó, estremeciéndose, y no pudo levantarse por espacio de dos horas. Cuando finalmente dejó el lugar era un hombre profundamente transformado.

Argumentar que el hombre deseaba inconscientemente vivir esa experiencia puede ser un ejercicio interesante en lo intelectual. Si era así, ¡fue el Espíritu Santo cuyo poder y gracia lograron traer este deseo inconsciente a la superficie!

Tengo una hermana en el Señor que es psicóloga. Hace muchos años, cuando comenzó esta renovación, ella se congregaba en una pequeña iglesia sumamente tradicional, ortodoxa y conservadora. Del Espíritu Santo, casi no se hablaba en ella, así que imagínate de todo esto.

No obstante, llegó a sus oídos que en las campañas del evangelista Carlos Anacondia sucedían manifestaciones poderosas de parte de Dios, en las que se incluían liberaciones de demonios y sanidades físicas sobrenaturales. Al oír esto, su mente intelectualmente capacitada, emitió su propio juicio: histeria colectiva.

Pero por respeto a sus hermanos, (Aunque en esa denominación no llegan a considerar demasiado hermanos a los pentecostales bulliciosos), no se quedó con lo que su análisis profesional le había dictado. Así que se fue una noche a la campaña para poder probar su tesis “in-situ”.

Empezó a ver escenas que no encajaban del todo con su análisis. Le permitieron entrar en la carpa de liberación y allí pudo ver vientres hinchándose y deshinchándose violentamente, como también a un hombre al cual se le movían todos los huesos internos del rostro. Nada que pudiera lograrse por métodos naturales, así fuera con histeria colectiva acompañada.

Reflexionando sobre todo esto, se acercó a la plataforma para ver cómo el evangelista oraba por los enfermos que allí acudían y poder probar, al menos en esta fase, su teoría. Cuando reaccionó estaba tendida en el suelo y alguien le oraba quedamente mientras su sensación era de infinita y tremenda paz. Obviamente, su tesis fue a la basura y ella hoy es pionera, en su denominación, en consejería y liberación.

f – Revelaciones del Espíritu Santo

Entre otras cosas, el Espíritu Santo vino para revelar el pecado. Somos pocos los que advertimos nuestra pecaminosidad. Si lo hiciéramos, la profundidad de nuestro horror y angustia sería incalculable. Esto es lo que ocurre en los tiempos de renovación, lo cual provoca la correlativa reacción emocional. La magnitud de la emoción refleja la claridad en la revelación de la pecaminosidad personal.

He observado una amplia gama de este tipo de manifestaciones en muchas oportunidades, a menudo como consecuencia de una apelación de escaso contenido emotivo que no podría considerarse manipuladora o emocional.

Cuando ese impacto se da en el marco de una multitud, no faltan aquellos que se ofenden porque, aseguran, a nadie le agrada que sus confesiones de pecado realizada a gran voz, tenga que llegar a oídos de todos. No les alcanza el tiempo para pensar en la validez de esa confesión y lo que le evita a quien la formule. Parecería ser que lo primero, para ellos, es tener controlado “el qué dirán”.

En síntesis

Entre las manifestaciones comunes durante una renovación podemos encontrar:

1) manifestaciones falsas.-

2) Actividad demoníaca como reacción a la poderosa presencia del Espíritu.-

3) Profundo arrepentimiento y gozo como reacción a una nueva percepción de la santidad y la gracia de Dios.-

4) Reacciones físicas y emocionales todavía poco comprendidas, que continúan bajo estudio, y que reflejan lo que ocurre cuando seres mortales caídos experimentan la proximidad de la presencia santa y poderosa de Dios.

5 – NUESTRA ACTITUD ANTE TALES MANIFESTACIONES

Permítanme decir nuevamente que este tipo de manifestaciones no agotan el sentido de una renovación. Representan lo que podríamos llamar “efectos laterales” de la presencia poderosa del Espíritu Santo. La renovación genera arrepentimiento, renueva el amor y la fe, modifica el comportamiento y la adoración.

Me he centrado en las manifestaciones porque, nos guste o no, ocurren con frecuencia, y porque los malos entendidos al respecto han sido una piedra de tropiezo tanto para los que apoyan como para los que se oponen a la renovación.

Algunos cristianos se glorían de manera absurda en las manifestaciones, y otros con actitudes igualmente absurdas las lamentan. Ninguna de estas dos reacciones es correcta.

Con motivo de estas dos actitudes, que son muy ciertas, se incorporó al andamiaje de los cultos evangélicos una posición muy concreta: en algunos lugares se propiciaban a cualquier costo estas manifestaciones, y en otros se impedían como sea, aunque eso llevara, incluso, a ejercer violencia física en contra de quienes las experimentaran.

John Wesley las consideró, (creo que equivocadamente), tanto como una confirmación de su perspectiva teológica como de su llamado ministerial, y fue reprendido por Whitefield por intentar promoverlas. Otros se han mostrado escandalizados ante este fenómeno, algunos de ellos descartándolos como ataques de histeria, y otros considerándolos puramente como obra del diablo.

Debe quedarnos claro que ninguna de estas actitudes refleja la realidad. La realidad es que cuando Dios se mueve en lo que llamamos poder de renovación, los poderes de las tinieblas huyen en ruidosa confusión. Algunas de las manifestaciones que observamos constituyen los efectos físicos, emocionales y espirituales de la tremenda proximidad de Dios sobre los seres humanos, efectos que no alcanzamos a comprender cabalmente.

Debieran provocarnos reverencia y no menosprecio ni autoglorificación. Las manifestaciones espirituales no se dan para nuestra propia justificación o gloria personal, sino para reflejar la misteriosa gracia y misericordia de Dios.

Exactamente. Lo más abundante en aquellos años noventa fue el predicamento y cierta popularidad que habían tomado los denominados “ministros de la unción”. Yo mismo pasé por algún tiempo por esa especie de glorificación humana plena de adulaciones y almíbares santos, que lograron destruir más de un ministerio serio.

Otras manifestaciones reflejan carnalidad y reacción demoníaca. Estas debieran ser resistidas y eliminadas, y los gritos debieran ser suavemente reprimidos. – No porque sean malos, sino porque si existe el dominio propio, pueden evitarse con toda comodidad.

También existe el peligro que mencioné al comienzo. Si, tomando un lugar de observación a la distancia, asumimos el rol de críticos sabios, podríamos algún día descubrir que hemos estado criticando al Espíritu Santo, y también perderíamos la posibilidad de ser parte de la obra de renovación que Dios estuviera produciendo.

Esto tiene que ver con algo que te mencioné en el principio. Si yo veo algo que no me gusta y lo rechazo, y me pongo a criticarlo duramente y hasta llegando a decir que es obra del diablo, pero resulta ser que no lo es y sí es del Espíritu Santo, lo mío es blasfemia al Espíritu Santo. ¿Recuerdas el juicio a esto, no es así?

Sería prudente que siguiéramos la advertencia de Jonathon Edwards: “ Seamos todos por lo tanto advertidos, para que de ninguna manera nos opongamos o hagamos lo más mínimo por entorpecer u obstaculizar la obra: por el contrario, hagamos todo lo posible por promoverla. Cristo ha venido ahora desde los cielos en una notable y maravillosa manifestación de su Espíritu y corresponde a todos sus discípulos reconocerle y darle honor…

Aquellos que se quedan al margen preguntándose acerca de esta extraña acción, sin saber qué hacer con ella y rehusándose a recibirla –y listos… a hablar despreciativamente acerca de ella, como hicieron los judíos de antaño-, harían bien en… temblar ante las palabras de San Pablo… “Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas.

Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os la contare… que todos aquellos que consideran esta obra como una nube y como oscuridad –como lo eran la columna de nube y fuego para los egipcios-, tengan cuidado de que no sea para su destrucción, mientras ilumina al Israel de Dios.”

En la parábola del rico y Lázaro, Abraham se niega a enviar a Lázaro a los hermanos del rico, diciendo que si sus hermanos no habían sido convencidos por medio de Moisés y los profetas, no se convencerían tampoco aunque alguien se levantara de los muertos.

De la misma manera nosotros, si no nos convencemos por la evidencia de las Escrituras y los relatos históricos, tendremos el corazón tan endurecido por el sentimiento de superioridad espiritual que tampoco nos convenceríamos aunque se levantaran los muertos para persuadirnos.

Muy poco más para añadir. Sólo recordarte que Dios es Creador, y todo lo creado de la nada en la tierra, proviene de Él. Naturalmente, cada vez que creó algo, ese algo era absolutamente nuevo para los que allí estaban.

Sabemos que todo lo nuevo produce desconfianza y temor por ser, precisamente, algo nuevo, de lo que no tenemos experiencia. Sin embargo, debemos tener presente que Satanás no es creador, sino un buen Imitador.

Así que si mañana aparece algo nuevo, que nunca antes habías visto, antes de decir que es cosa del diablo, recuerda que el único que puede traer algo nuevo y hasta aquí desconocido, es Dios. Satanás, a lo sumo, podrá hacer una regular imitación de algo que ya estaba creado, ya que él mismo es creación de Dios y le debe sujeción y sometimiento.

Ahora piensa: ¿Cuál es tu próximo objetivo, como creyente, en los próximos cinco años? ¿De verdad lo tienes? Porque si no lo tienes y todo se limitará en los próximos años a ir al templo regularmente en cada reunión, quizás tenga la simpatía del pastor, pero como creyente déjame decirte que tu objetivo es sumamente pobre.

¿Debes, entonces, ser una persona que se crea absolutamente todo lo que te llega como sobrenatural y de parte de Dios? En absoluto. Tienes discernimiento como producto de haber sido sellado con el Espíritu Santo de Dios, sólo ejercítalo y tendrás respuestas.

Recuerda que, como dice el autor, hay mucha gente dispuesta a creer que Dios cada día está haciendo algo nuevo en beneficio de sus hijos. Pero también existe otra gente que, aunque vea que los muertos resucitan, siempre preferirá adjudicarle ese mérito a la ciencia o a la casualidad que al Dios Todopoderoso. Y esto, se sigue llamando Incredulidad.

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Cristianismo Pagano

Los orígenes de las prácticas de la iglesia contemporánea

Frank Viola

Traducido por Alejandro Field

Este libro que he preparado para compartir, pero que luego deberías conseguir en su estado original y volver a leer sin influencia mía, es el libro que yo hubiese escrito a continuación de mi “La Vida Fuera de los Templos”.

Frank da a conocer en su contenido una serie de elementos, producto de su investigación y ensamble, que si aquellos productos de mi página te habían tranquilizado por haber huido de las babilonias estructurales disfrazadas de iglesias, éste va a confirmar, respaldar y concluir con tus lógicos temores y dudas.

Tal como es el estilo de esta ventana, en letra común y de color negro, tienes el texto básico, original y propio de Frank Viola, al cual deberás respetar y entender como producto de un trabajo serio y sin resentimientos. En letra roja, (Este color), están mis acotaciones, las cuales puedes tener en cuenta o no, pero que están aquí porque no pude resistir añadirlas, como prueba inequívoca de un “¡Aleluya!” o un fuerte “¡Amén!” de iglesia ante cada expresión comentada.

A mis hermanos y hermanas olvidados que a lo largo de los siglos salieron valientemente fuera de los límites seguros del cristianismo institucional, arriesgándolo todo. Ustedes llevaron la antorcha, soportaron la persecución, renunciaron a la reputación, perdieron su familia, sufrieron la tortura y derramaron su sangre fielmente para preservar el testimonio primitivo de que Jesucristo es Cabeza de su Iglesia. Y que cada creyente es un sacerdote… un ministro… y un miembro en funcionamiento de la casa de Dios. Este libro está dedicado a ustedes.

ÍNDICE

Prólogo

Reconocimientos

Prefacio

Introducción: ¿Hemos estado haciendo las cosas según el libro realmente?

1. El orden del culto

2. El sermón

3. El edificio de iglesia

4. El Pastor

5. La vestimenta del domingo a la mañana

6. Los ministros de música

7. Diezmos y salarios del clero

8. El bautismo y la Cena del Señor

9. La educación cristiana

10. Una segunda mirada al Salvador

11. Un nuevo enfoque del Nuevo Testamento

Apéndice: Un resumen de los orígenes

PRÓLOGO

Este libro debió haber sido escrito hace trescientos años. De haber sido así, la historia cristiana hubiera tomado un rumbo completamente diferente. Si todos los pastores del mundo leyeran este libro hoy, harían una de dos cosas: dejarían el ministerio mañana o vivirían una vida de hipocresía.

La mayoría de las prácticas de nuestra fe cristiana no tienen absolutamente nada que ver con el Nuevo Testamento. Prácticamente todo lo que hacemos hoy como cristianos nos llegó por casualidad. Casi todas nuestras principales prácticas nos llegaron dentro de los cincuenta años posteriores al emperador Constantino (324 d.C.) o cincuenta años después del comienzo de la Reforma (1517 d.C.).

El Sr. Viola nos ha prestado un gran servicio al rastrear el origen de todo lo que practicamos los protestantes. Lo único que lamento es que este libro será solo uno entre 100.000 libros cristianos que aparecerán el año de su publicación.

Trescientos años atrás, o aún doscientos, Cristianismo Pagano hubiera sido uno entre sólo unos pocos cientos de libros y, por lo tanto, habría sido leído por una gran porción de cristianos. Usted puede ayudar a remediar esto contando a todos sus amigos acerca de este libro.

A propósito, usted también enfrentará una crisis de conciencia después de leer este libro. Se enterará de los orígenes paganos y no bíblicos de todo lo que hacemos hoy. Jamás podrá volver a decir: “Estamos centrados en la Biblia. Hacemos todo basándonos en el Nuevo Testamento”. Prácticamente no hacemos nada que está en el Nuevo Testamento, como verá.

Pero hay una tragedia mayor aquí. Tomamos el Nuevo Testamento y lo torcemos, haciendo que avale lo que hacemos hoy. Esta forma de pensar –que es universal– esta mentalidad compartida tanto por laicos como por el clero, esta forma de pensar ha destruido la fe cristiana, y la sigue destruyendo.

Esto nos deja en una situación hoy donde no tenemos absolutamente ninguna idea de cómo deberíamos practicar nuestra fe. ¿Qué se necesita? Con relación a la práctica actual de nuestra fe, necesitamos empezar de nuevo completamente, desde el fundamento hacia arriba, dejando a un lado todo lo que practicamos hoy.

En segundo lugar, necesitamos conocer la historia del primer siglo, y después seguirla en nuestras propias prácticas. Permítame animarle otra vez a no solamente leer este libro, sino a decir a todos los demás cristianos conocidos que lo lean también.

¿Y después? Siga su conciencia. Hágalo y veremos un resurgimiento de esas prácticas sencillas y primitivas del primer siglo.

Gene Edwards Jacksonville, Florida

La experiencia ofrece pruebas dolorosas de que las tradiciones alguna vez creadas primero son consideradas útiles, luego se vuelven necesarias. Finalmente, con demasiada frecuencia se convierten en ídolos, y todos deben inclinarse ante ellas para no ser castigados.

J. C. Ryle

Reconocimientos

Las ideas importantes son primeramente ridiculizadas, luego atacadas y finalmente se dan por sentadas.

Schopenhauer

Poco tiempo después de dejar el sistema religioso, traté de comprender cómo la iglesia cristiana terminó en su estado actual. Por años, traté de obtener un libro documentado que analizara el origen de todas las prácticas no bíblicas que los cristianos observamos cada semana.

Busqué en decenas de bibliografías y ficheros. También contacté a una gran cantidad de historiadores y eruditos, preguntándoles si sabían de un trabajo de este tipo. Mi búsqueda produjo una respuesta consistente: No se ha sido escrito un libro así jamás. Entonces, en un arrebato de locura, decidí poner mi propia mano en este arado.

No me avergüenza confesar que hubiera querido que otro se encargara de este proyecto abrumador. ¡Alguien como un profesor sin hijos y sin un trabajo de día! Me hubiera ahorrado innumerables horas de trabajo meticuloso y mucha frustración. Sin embargo, ahora que el trabajo está completo, me alegra haber tenido el privilegio de abrir una nueva senda en esta área demasiado descuidada.

Hay quienes podrán preguntarse por qué consideré que valía la pena gastar tanto sudor y sangre para documentar el origen de las prácticas de nuestra iglesia contemporánea. Es bastante sencillo. Comprender el origen de nuestras tradiciones eclesiásticas bien podría cambiar el rumbo de la historia de la iglesia. Como dijo el filósofo Soren Kierkegaard una vez, “La vida se vive hacia adelante, pero se comprende hacia atrás”.

Si no entendemos los errores del pasado, estamos condenados a un futuro defectuoso. Por esta razón di los primeros pasos en este proyecto hercúleo. Mi deseo, al publicar esta obra, es tan sencillo como serio: Que el Señor la use como una herramienta para llevar a su iglesia de vuelta a sus raíces originales. Entretanto, me gustaría hacer los siguientes reconocimientos:

A Gene Edwards, por abrir la senda. Sin tus esfuerzos pioneros y tu aliento personal, no la habría podido ensanchar.

A Frank Valdez, por tu aguda perspicacia y tu amistad inconmovible.

A Neil Carter, por tu tenacidad dispuesta a ayudarme a investigar todo. Gracias también por las horas que dedicaste a revisar el manuscrito.

A Howard Zinder, por aquellas invalorables opiniones que sólo pueden dar los eruditos.

La única obra que pude encontrar que analiza los orígenes de las prácticas de la iglesia moderna fue el pequeño libro de Gene Edwards, Beyond Radical (Jacksonville: Seedsowers, 1999). Si bien es un libro fantástico, no está documentado ni contiene notas al pie.

A Chris Lee y Adam Parke, por hacer repetidos viajes a la biblioteca y llevar un sinnúmero de libros polvorientos a mí estudio.

A Dave Norrington, por sus correos electrónicos periódicos con valiosas pistas desde el otro lado del Atlántico.

A Mike Biggerstaff, Dan Merillat, Phil Warmanen, Eric Rapp y Scott Manning, por su ayuda en la edición.

A los profesores de seminarios –demasiados como para mencionar individualmente– por responder amablemente a mis interminables y persistentes consultas.

Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.

George Santayana

Prefacio

¿Y por qué ustedes quebrantan el mandamiento de Dios a causa de la tradición?

Jesucristo

Cuando el Señor Jesús anduvo por esta tierra, su oposición principal vino de los dos partidos religiosos más importantes de ese tiempo: los fariseos y los saduceos. Los del partido fariseo agregaban cosas a las Sagradas Escrituras. Adosaban a la Palabra de Dios una gran cantidad de leyes humanas que se transmitían a las generaciones siguientes.

Este cuerpo de costumbres consagradas por el tiempo, a menudo denominadas “las tradiciones de los ancianos”, llegó a ser considerado en el mismo nivel que las Sagradas Escrituras. El error de los saduceos iba en la dirección contraria. Ellos quitaban segmentos completos de las Escrituras, y sólo consideraban que la Ley de Moisés merecía ser observada. (Los saduceos negaban la existencia de espíritus, ángeles, el alma, la vida después de la muerte y la resurrección.).

El efecto neto fue que cuando el Señor Jesús entró en el escenario de la historia humana, su autoridad fue cuestionada severamente. La razón era sencilla. No encajaba en el molde religioso de ninguno de los dos campos. Ambos partidos, los fariseos y los saduceos, desconfiaban de Jesús. No tardó mucho para que esta desconfianza se convirtiera en hostilidad. Y ambos, fariseos y saduceos, ¡tomaron medidas para matar al Hijo de Dios!

Vivimos en un tiempo en que la historia se está repitiendo. El cristianismo contemporáneo ha caído en los errores de los fariseos así como de los saduceos. Siguiendo la tradición de los saduceos, el grueso de las prácticas del primer siglo ha sido quitado del paisaje cristiano. Mi libro, Reconsiderando el odre, desentierra algunas de las prácticas olvidadas que caracterizaban la vida de la iglesia del primer siglo.

Pero el cristianismo moderno también es culpable del error de los fariseos. Es decir, ha agregado un montón de tradiciones hechas por hombres que han suprimido el señorío vivo, palpitante y funcional de Jesucristo en su iglesia.

Con todo, tanto los fariseos como los saduceos nos enseñan esta lección muchas veces olvidada: es tan dañino diluir la autoridad de la Palabra de Dios por agregados como por supresiones. Quebrantamos las Escrituras por igual cuando las enterramos bajo una montaña de tradiciones humanas como cuando ignoramos sus principios.

Estas prácticas están siendo restauradas actualmente en pequeña escala por aquellos osados que han dado el paso aterrador de dejar el campo seguro del cristianismo institucional. Este libro está dedicado a exponer las tradiciones que han sido adosadas a la forma de Dios para su Iglesia. Al hacerlo, propone algo tremendo: ¡la iglesia institucional contemporánea no tiene derecho bíblico ni histórico de existir!

Cualquiera de nosotros que se atreviera a decir esta enorme verdad en voz alta en nuestra sociedad religiosa, sería considerado de inmediato anatema, blasfemo y hereje. No dejaría de ser verdad, claro, pero sólo accederían a ella los que la buscan, tal como Pablo se lo profetiza a los Tesalonicenses. Los demás, tranquilos viviendo bajo el espíritu de engaño.

Esta no es una obra para eruditos, así que dista de ser exhaustiva. Un tratamiento exhaustivo de los orígenes de las prácticas de nuestra iglesia contemporánea llenaría varios volúmenes. Pero pocos lo leerían. Si bien este es un solo volumen, comprime una gran cantidad de historia en un pequeño espacio.

En realidad, ¡Podría decirse que el contenido de estas páginas es el resumen de toda una biblioteca! El libro no sigue cada recodo histórico. Más bien, se centra en analizar las prácticas centrales que definen el cristianismo dominante hoy.

Dado que es tan importante comprender las raíces de las prácticas de nuestra iglesia contemporánea, quisiera que todos los cristianos leyeran esta obra. Así que me propuse no emplear un lenguaje técnico, sino usar palabras de todos los días.

A la vez, cada capítulo está generosamente salpicado con notas al pie que contienen detalles y fuentes adicionales. (¡No quiero que mis lectores piensen que estoy inventando cosas o construyendo castillos en el aire!) (Esto fue sacado de este trabajo con la finalidad de darle agilidad, pero puedes encontrarlo y acceder a él procurando conseguir el libro original)

Los cristianos reflexivos que desean verificar mis afirmaciones y obtener una comprensión más profunda de los temas cubiertos deberían leer las notas al pie. Los que no se preocupan por tales cosas deberían ignorarlas.

Finalmente, este libro puede colocarse junto a mi primer libro, Reconsiderando el odre: La práctica de la iglesia neo testamentaria. Ambos libros muestran dos caras de la misma moneda. Reconsiderando el odre demuestra indiscutiblemente que quienes han dejado el redil del cristianismo institucional tienen derecho bíblico a existir. El libro que usted tiene en sus manos da vuelta esa moneda y muestra que también tienen derecho histórico a existir.

Frank Viola

Brandon, Florida

Diciembre de 2002

Este libro se centra en las prácticas cristianas protestantes. Y su alcance principal es la “iglesia baja” del protestantismo antes que las denominaciones de la “iglesia alta”, como la anglicana, episcopal y algunas versiones de los luteranos. Se tocan las prácticas católicas y de la “iglesia alta” solamente al pasar.

Como dijo Bacon una vez: “No son las obras de San Agustín ni de San Ambrosio que harán sabio a un santo tanto como la historia eclesiástica leída y examinada meticulosamente”. “¡Pero el Emperador no lleva nada puesto!”, dijo un niñito. “¡Escuchen la voz de la inocencia!”, exclamó el padre; y lo que dijo el niñito se fue repitiendo de oído en oído.

“¡Pero no lleva nada puesto!”, gritó finalmente todo el pueblo. El Emperador estaba contrariado, porque sabía que el pueblo tenía razón, pero pensó: “¡La procesión debe continuar ahora!”. Y los ayudas de cámara hicieron esfuerzos todavía mayores para sostener la cola, si bien en realidad no había ninguna cola para sostener.

Hans Christian Andersen

Introducción

¿Hemos Estado Haciendo las Cosas Según el Libro Realmente?

La vida no examinada no vale la pena ser vivida.

Sócrates

¡Nosotros hacemos todo según la Palabra de Dios! ¡El Nuevo Testamento es nuestra guía de fe y práctica! ¡Vivimos… y morimos… por este Libro! Las palabras tronaban de la boca del pastor Farías en su sermón del domingo a la mañana.

El Sr. Wilfredo Sinibaldo, un miembro de la iglesia del pastor Farías, las había escuchado decenas de veces antes. Pero esta vez era diferente. Vestido con su traje azul, sentado rígidamente en el último banco con su esposa, Trifosa Sinibaldo, Wilfredo contemplaba el techo mientras el pastor hablaba y hablaba acerca de “hacer todo según el Libro sagrado”.

Una hora antes de empezar su sermón el pastor, Wilfredo había tenido una fuerte pelea con Trifosa. Esto era frecuente cuando Wilfredo, Trifosa y sus tres hijas, Felicia, Gertrudis y Zanobia, se preparaban para ir a la iglesia los domingos a la mañana.

Su mente empezó a revivir el evento… “¡Trifosaaa! ¿Por qué no están listas las niñas? ¡Siempre llegamos tarde! ¿Por qué nunca las puedes alistar a tiempo?”, espetó Wilfredo. La respuesta de Trifosa era típica. “¡Si alguna vez se te ocurriera ayudarme, esto no sucedería siempre! ¿Por qué no empiezas por darme una mano en esta casa?”.

La discusión fue de un lado a otro hasta que Wilfredo se volvió contra las niñas: “¡Zanobia Sinibaldo!… ¿Por qué no puedes respetarnos lo suficiente como para estar lista a tiempo?… Felicia, ¿Cuántas veces debo decirte que apagues tu Play Station antes de las 9?”. A menudo una o más de las tres niñas se ponían a llorar a medida que aumentaban las recriminaciones.

Vestidos con su mejor ropa de domingo, la familia Sinibaldo se dirigió a la iglesia a una velocidad suicida. (Wilfredo odiaba llegar tarde y había recibido tres multas por exceso de velocidad el año pasado, ¡Todas el domingo a la mañana!)

Mientras se acercaban a toda velocidad al edificio de la iglesia, el silencio en el coche era ensordecedor. Wilfredo estaba furioso. Trifosa estaba de mal humor. Con las cabezas gachas, las tres niñas Sinibaldo intentaban preparar sus mentes para algo que detestaban: ¡Soportar otra aburrida hora de escuela dominical! (Por mucho menos que esto, hoy te dirían que estás endemoniado)

Cuando llegaron al estacionamiento de la iglesia, Wilfredo y Trifosa bajaron del coche elegantemente, luciendo grandes sonrisas. (Dime la verdad: ¿Cuántas veces has visto esas mismas sonrisas que parecen extraídas de una promoción televisiva de pasta dentífrica?) Tomados del brazo, saludaron a otros miembros de la iglesia, riéndose y haciendo de cuenta que todo estaba bien. Felicia, Gertrudis y Zanobia siguieron a sus padres con sus cabezas erguidas.

Estos eran los recuerdos frescos pero dolorosos que recorrían la mente de Wilfredo aquel domingo a la mañana mientras el pastor Farías seguía con su sermón. Absorto en sus críticas, Wilfredo empezó a hacerse algunas preguntas penetrantes: “¿Por qué estoy todo emperifollado dando la apariencia de ser un buen cristiano cuando actué como un pagano sólo una hora atrás?…

Me pregunto ¿Cuántas otras familias han tenido la misma penosa experiencia esta mañana? Sin embargo, lucimos todos bien perfumados y arreglados en la presencia de Dios”. Este tipo de preguntas nunca antes habían entrado en la conciencia de Wilfredo.

Mientras echaba una ojeada a la esposa y los hijos del pastor Farías, sentados primorosamente en el primer banco, Wilfredo fantaseó: “Me pregunto si el pastor Farías le gritó a su esposa y a sus hijos esta mañana… Hmmmm…”

La mente de Wilfredo seguía discurriendo en este sentido mientras veía al pastor golpear el púlpito y levantar la Biblia con su mano derecha. Su fogoso discurso continuaba así: “¡Nosotros en la Primera Iglesia de la Comunidad Bíblica del Nuevo Testamento hacemos todo según este libro! ¡TODO! ¡Esta es la Palabra de Dios, y no podemos desviarnos de ella… ni un solo milímetro!”.

Mientras los gritos salían de los labios del pastor Farías, Wilfredo tuvo repentinamente un pensamiento que nunca antes se le había ocurrido: “Yo no recuerdo haber leído en la Biblia que los cristianos deben arreglarse para ir a la iglesia. ¿Es esto algo según el Libro?”.

Este solitario pensamiento desató un torrente de otras preguntas punzantes. Mientras decenas de personas sentadas rígidamente en sus bancos cubrían su horizonte, la mente de Wilfredo se veía inundada por estas preguntas.

Preguntas que se supone que ningún cristiano debe hacerse. Por ejemplo: “¿Será estar sentado en un banco sin almohadón, viendo las nucas de cinco filas de asientos durante cuarenta y cinco minutos, hacer las cosas según el Libro?

¿Por qué gastamos toda esta plata para mantener este edificio, cuando estamos aquí solamente unas pocas horas dos veces a la semana? ¿Por qué la mitad de la congregación apenas puede permanecer despierta cuando predica el pastor Farías? (Por esa misma pregunta, a alguien que conozco le respondieron que era porque el diablo les enviaba un espíritu de sueño…)

¿Por qué odian mis hijas la escuela dominical? ¿Por qué pasamos por este mismo previsible y aburrido ritual cada domingo a la mañana? ¿Por qué voy a la iglesia cuando me muero de aburrimiento y no me aporta nada espiritualmente? ¿Por qué me pongo esta corbata incómoda cada domingo a la mañana cuando todo lo que parece lograr es cortar la circulación de la sangre a mi cerebro?”.

Wilfredo luchaba en su interior mientras las preguntas seguían entrando en su mente. Le parecía impuro y sacrílego pensar en estas cosas. Sin embargo, algo estaba pasando dentro de él que le obligó a dudar de toda su experiencia eclesiástica.

Estos pensamientos habían estado latentes en su subconsciente durante años. Hoy habían aflorado. Es interesante que las preguntas que Wilfredo tenía ese día son preguntas que prácticamente nunca entran en el pensamiento consciente de la mayoría de los cristianos.

Esos pliegues simplemente no aparecen en nuestros cerebros. Sin embargo, lo que realmente había pasado era que los ojos de Winchester se habían abiertos. Por asombroso que pueda parecer, casi todo lo que se hace en nuestras iglesias contemporáneas no tiene base bíblica. Mientras los pastores rugen desde sus púlpitos diciendo que son “bíblicos” y siguen la “pura Palabra de Dios”, sus palabras los traicionan.

Es alarmante que muy poco de lo que se observa hoy en el cristianismo contemporáneo se relaciona con algo que se encuentre en la iglesia del primer siglo. Preguntas que nunca se nos ocurre preguntar. Sócrates (470-399 a.C.) es considerado por algunos historiadores como el padre de la filosofía. Nacido y criado en Atenas, acostumbraba recorrer la ciudad haciendo preguntas y analizando asuntos implacablemente.

Sócrates cuestionaba audazmente las creencias populares de su tiempo. Él pensaba libremente sobre asuntos que los demás atenienses consideraban que estaban cerrados a la discusión. Su hábito de acosar a las personas con preguntas penetrantes y acorralarlas en diálogos críticos acerca de las costumbres que aceptaban terminó por llevarlo a la muerte.

Su incesante cuestionamiento de tradiciones fuertemente arraigadas hizo que los líderes atenienses lo acusaran de “corromper a la juventud”. Como resultado, le quitaron la vida. Los demás atenienses recibieron un mensaje claro: ¡Todos los que cuestionen las costumbres establecidas correrán el mismo destino!

De allí el refrán popular que dice: “Sócrates era un filósofo griego que andaba dando consejos por allí; los griegos lo mataron”. Lo vi escrito en un pequeño letrero en el escritorio de un jefe que tuve en una empresa donde trabajé por muchos años.

Sócrates no fue el único filósofo en sufrir fuertes represalias por su anticonformismo: Aristóteles fue exiliado, Spinoza fue excomulgado y Bruno fue quemado vivo, sin mencionar a los miles de cristianos que fueron torturados y martirizados por la iglesia institucional porque osaron cuestionar sus enseñanzas.

Como cristianos, nuestros líderes nos enseñan a creer ciertas ideas y comportarnos de ciertas maneras. Sí, tenemos la Biblia. Pero estamos condicionados a leerla con la lente que nos entrega la tradición cristiana a la cual pertenecemos. Se nos enseña a obedecer a nuestra denominación (o movimiento) y jamás cuestionar lo que enseña.

(En este momento, todos los corazones rebeldes están aplaudiendo y están tramando usar los párrafos anteriores para causar estragos en sus iglesias. Si usted es una de estas personas, querido corazón rebelde, está muy lejos de entenderme. No estoy de su lado. Mi consejo: deje su iglesia calladamente, rehusando causar divisiones, o quédese en paz con ella. Hay una enorme diferencia entre la rebelión y asumir una postura a favor de la verdad.)

Coincido total y absolutamente. Eso es exactamente lo que hicimos en el primer día del año 2001 con mi familia, en obediencia a una palabra recibida en oración para nuestra salida: “En silencio y en orden”. Amén.

A decir verdad, aparentemente los cristianos nunca nos preguntamos por qué hacemos lo que hacemos. En cambio, seguimos cumpliendo alegremente nuestras tradiciones religiosas, sin preguntarnos de dónde surgieron. La mayoría de los cristianos que dicen defender la integridad de la Palabra de Dios nunca han investigado para ver si las cosas que hacen domingo tras domingo cuentan con algún fundamento bíblico.

 ¿Cómo lo sé? Porque, si lo hicieran, los llevaría a algunas conclusiones muy perturbadoras, conclusiones que los obligaría por conciencia a abandonar para siempre lo que están haciendo. Es llamativo que el pensamiento y la práctica de la iglesia contemporánea han sido influidos mucho más por sucesos históricos postbíblicos que por los imperativos y ejemplos del Nuevo Testamento.

Sin embargo, la mayoría de los cristianos no son conscientes de esta influencia. Tampoco son conscientes de que esto ha creado un cúmulo de caras tradiciones. Sócrates creía que la verdad se encuentra dialogando extensamente acerca de un asunto y cuestionándolo implacablemente. Este método se conoce como dialéctica o “método socrático”.

Una invitación aterradora

Ahora le invito a caminar conmigo por un sendero inexplorado. Es un viaje aterrador donde usted se verá forzado a hacer preguntas que probablemente nunca han entrado en su pensamiento consciente. Preguntas duras. Preguntas irritantes. Aun preguntas que dan miedo. Y usted se verá confrontado de lleno con las respuestas perturbadoras. Sin embargo, estas respuestas lo llevarán cara a cara ante algunas de las cosas más ricas que un cristiano puede conocer.

Al leer las páginas que siguen, quedará pasmado al enterarse de que lo que hacemos los cristianos en la iglesia los domingos a la mañana no provino de Jesucristo, los apóstoles o la Biblia. Tampoco vino del judaísmo. Es perturbador saber que la mayoría de lo que pasa por “iglesia” fue tomado directamente de la cultura pagana del período pos apostólico.

Para ser más específico, el grueso de nuestras prácticas eclesiásticas se originaron durante tres períodos: (1) La primera era posterior a Constantino (324-600), (2) la era de la Reforma (siglo XVI) y (3) la era avivamentista (siglos XVIII y XIX).

Cada capítulo recorrerá una práctica eclesiástica tradicional aceptada. Luego contará la historia de dónde surgió esta práctica. Pero lo más importante es que explicará cómo esta práctica restringe el señorío funcional de Jesucristo y obstaculiza el funcionamiento de su Cuerpo.

Si usted no está dispuesto a que su cristianismo sea examinado seriamente, no siga leyendo. ¡Regale el libro a una entidad de beneficencia! Ahórrese el trabajo de que su vida cristiana sea trastornada.

Después que los romanos destruyeran Jerusalén en el año 70 d.C., el cristianismo judaico declinó en número y poder. El cristianismo gentil predominó y la nueva fe comenzó a absorber la filosofía y los rituales grecorromanos. El cristianismo judaico sobrevivió durante cinco siglos en el pequeño grupo de cristianos siríacos llamados Ebionim.

Pero su influencia no fue muy generalizada. Will Durant, Caesar to Christ (New York: Simon & Schuster, 1950), p. 577. Según Shirley J Case, “No solo fue el ambiente social del movimiento cristiano principalmente gentil mucho antes del fin del primer siglo, sino que este había cortado prácticamente todas las relaciones de contacto social anteriores con los cristianos judíos de Palestina…

 “Pos apostólico” quiere decir después de la muerte de los doce apóstoles. La leyenda dice que el último apóstol sobreviviente, Juan, murió alrededor del año 100 d.C. Según Paul F. Bradshaw, el cristianismo del cuarto siglo “absorbió y cristianizó ideas y prácticas religiosas paganas, viéndose a sí mismo como el cumplimiento al cual las religiones anteriores habían apuntado vagamente”.

Sin embargo, si usted opta por “tomar la pastilla roja” y quiere que le muestren “la profundidad de la conejera”… si usted quiere conocer la verdadera historia de los orígenes de sus prácticas cristianas… si está dispuesto a descorrer el velo de la iglesia contemporánea y que sus presuposiciones tradicionales sea cuestionadas despiadadamente… entonces encontrará que este es un trabajo perturbador, iluminador y que posiblemente transforme su vida.

Dicho de otra forma, si usted es un cristiano de la iglesia institucional que toma en serio su Nuevo Testamento, lo que está a punto de leer lo llevará a tener una crisis de conciencia. Porque se verá confrontado con información histórica inconmovible. Por otro lado, si usted es acaso una de esas especies raras que se congrega con otros cristianos fuera de los límites del cristianismo organizado, volverá a descubrir que no solamente están de su lado las Escrituras, sino que la historia también lo apoya.

Una cita tomada de la exitosa y muy provocadora película The Matrix. En la película, Morfeo le da al Sr. Anderson la opción de vivir en un mundo de ensueño engañoso o comprender la realidad. Sus palabras son aplicables al tema en cuestión: “Después de esto, no hay retorno. Usted toma la pastilla azul, la historia termina, usted se despierta en su cama, y creerá lo que quiera creer. Usted toma la pastilla roja… y yo le muestro la profundidad de la conejera”. ¡Espero que todo el pueblo de Dios quiera tomar la pastilla roja!

El Sendero Torcido

Un día, por el bosque primitivo

Caminaba un ternero a su destino

Trazando un sendero torcido

Como lo hace todo perdido.

Trescientos años han pasado

Y el ternero habrá expirado

Pero aun el sendero ha quedado

Dejando un mensaje grabado.

Al día siguiente lo recorrió

Un perro extraviado que lo usó

Luego pasó un buen día

Inteligente, una oveja guía

Con el rebaño que conducía

Siguiéndola como correspondía.

Y desde entonces, con todo rigor

En el bosque el sendero se afirmó

Y muchos hombres lo transitaron

Dando vueltas, giros y meandros

Pronunciando maldiciones

Por tantas circunvalaciones

Pero igualmente persistieron.

En aquel desconcierto del ternero

Por esta retorcida senda

Que trazó aquella vez primera.

El sendero se convirtió en camino

Girando y doblando sobre sí mismo.

Y luego éste en estrada

Por donde caballos con sus cargas

Trabajosamente transitaban

Durante horas, días y semanas

Y así durante siglo y medio

El camino del ternero recorrieron.

Pasaron los años a todo vuelo

La estrada fue calle de pueblo

Y pronto, sin pestañar

En poblada calle de una ciudad

Más tarde, en calle peatonal

De una gigantesca ciudad.

Y los hombres por dos siglos y medio

Han recorrido los pasos del ternero.

Cada día cien mil almas

Esa calle transitaban

Y por allí constantemente

El tráfico de un continente.

Cien mil hombres conducidos

Por un ternero muerto tres siglos

El camino torcido seguían

Perdiendo cien años al día

Pues tal es la reverencia

A la establecida herencia.

Una lección moral podría enseñar

Si fuera llamado a predicar

Pues los hombres tienden a cegarse

A los senderos de terneros mentales

Y trabajar de sol a sol

Para hacer lo que han hecho otros

Siguen el camino trillado

Ida y vuelta, de lado a lado.

Y aún su curso tortuoso recorren

Por seguir el rumbo de anteriores

Convirtiéndolo en sagrado surco

Por donde llevan su futuro

Pero ¡cómo ríen los dioses viejos

Que vieron al primer ternero!

Ah, muchas cosas enseña esta situación

Pero no es la predicación mi vocación.

Sam Walter Foss

Traducido por Alejandro Field

CAPÍTULO 1

El Orden del Culto

Mañanas de Domingo Inconmovibles

La costumbre sin verdad es error envejecido.

Tertuliano

Como cristiano que asiste a una iglesia contemporánea, usted sigue el mismo orden del culto cada vez que asiste a la iglesia. No importa a qué variante de protestantismo pertenezca –bautista, metodista, reformado, presbiteriano, evangélico libre, Iglesia de Cristo, Discípulos de Cristo, Alianza Cristiana y Misionera, pentecostal, carismático o independiente–, su culto dominical es prácticamente idéntico al de todas las demás iglesias protestantes.

Aun entre las llamadas denominaciones “de vanguardia” (como Vineyard y Calvary Chapel) las variaciones son menores. Es cierto que algunas iglesias usan canciones contemporáneas mientras otras usan Himnos. En algunas iglesias los asistentes alzan las manos. En otras, las manos nunca suben más allá de la cintura.

Algunas iglesias celebran la Cena del Señor semanalmente; otras, trimestralmente. En algunas iglesias, la liturgia (el orden del culto) está impresa en un boletín. En otras, no hay una liturgia escrita, pero es tan mecánica y previsible como si estuviera impresa. A pesar de estas variaciones menores, el orden del culto es esencialmente el mismo en todas las iglesias protestantes del mundo.

En la congregación a la que asistí hasta el último día de la década de los noventa, se sabía cuánto iba de culto y cuánto faltaba simplemente observando lo que ocurría en la plataforma. No había manera de equivocarse ya que los tiempos y las acciones siempre eran las mismas.

El orden del culto de la mañana de domingo

Quite las modificaciones superficiales que diferencian el culto de cada iglesia y encontrará la misma liturgia prescrita. Tiene este aspecto:

Hay tres excepciones a este punto. Los Hermanos Libres o Hermanos de Plymouth (tanto abiertos como cerrados) tienen una liturgia limitada donde los asistentes pueden compartir libremente hasta cierto punto al principio del culto. Sin embargo, el orden del culto es el mismo todas las semanas. Los cuáqueros de la vieja escuela tienen una reunión abierta donde los participantes tienen una actitud pasiva hasta que alguien es “iluminado”, luego de lo cual comparten. La otra excepción son los protestantes de la “iglesia alta”. Son quienes retienen los “olores y campanas” de una elaborada misa católica.

La palabra “liturgia” viene de la palabra griega leitourgia, que significa ‘servicio público’. Los cristianos la usaron para referirse al ministerio público a Dios. Por lo tanto, una liturgia es simplemente un servicio de adoración o un orden del culto establecido previamente. Leitourgia se refería a la realización de una tarea pública esperada de los ciudadanos de la antigua Atenas. Era el cumplimiento de obligaciones civiles.

El saludo.

(Al ingresar al edificio, usted es saludado por un ujier o una persona designada oficialmente como saludadora, ¡Que debe estar sonriendo! Después se le entregará un boletín u hoja de anuncios. Nota: Si usted pertenece a la denominación Vineyard, podría recibir café y rosquillas mientras ocupa su asiento.)

La oración o lectura bíblica. (Generalmente a cargo del pastor o director de canto.) El servicio de canto. (La congregación es guiada a cantar por un líder de canto profesional, un coro o un equipo de adoración. Si usted forma parte de una iglesia de estilo carismático, esto durará generalmente entre 30 y 45 minutos. En caso contrario, será más corto.)

Los anuncios. (Generalmente dados por el pastor o algún otro líder de la iglesia.) La ofrenda. (A veces llamado “el ofertorio”, suele ser acompañada por música especial del coro, el equipo de adoración o un solista.)

El sermón.

(Generalmente una disertación de 30 a 45 minutos dada por el pastor.) Una o más de las siguientes actividades posteriores al sermón: Una oración pastoral después del sermón, Un llamado, Más cantos dirigidos por el coro o el equipo de adoración, La Cena del Señor, Oración por los enfermos o afligidos. Anuncios finales. (Generalmente dados por el pastor o un “laico” afortunado que puede hablar.)

La bendición.

 (Esta es la bendición o canción que pone fin al culto.) Con algunos reordenamientos menores, esta es la liturgia ininterrumpida que siguen religiosamente, semana tras semana, unos 345 millones de protestantes en todo el mundo.

Y, durante los últimos quinientos años, nadie parece haberla cuestionado.

Vuelva a mirar el orden del culto. Note que contiene una estructura triple: (1) el canto, (2) el sermón y (3) la oración o canto de cierre. Este orden del culto es considerado como sacrosanto a los ojos de la mayoría de los cristianos contemporáneos. Pero, ¿por qué? Simplemente por el poder colosal de la tradición. Ver el capítulo 2 para una discusión completa de las raíces del sermón. Al momento de escribir esto hay 345.855.000 protestantes en el mundo: 70.164.000 en Norteamérica y 77.497.000 en Europa.

Un erudito define a la tradición como ‘prácticas de culto y creencias heredadas que demuestran continuidad de generación en generación’. Hemos heredado esta liturgia a través de una tradición consistente y en evolución. Y esa tradición ha congelado el orden del culto de la mañana de domingo durante cinco siglos, ¡para nunca más ser cambiada!

¿De dónde surgió el orden del culto protestante? Los pastores que acostumbran decir a su congregación que “hacemos todo según el Libro” y siguen practicando esta férrea liturgia están simplemente equivocados.

(Reconozco que esto es por ignorancia más que un claro engaño.) Usted puede recorrer su Biblia de punta a punta, y no encontrará nada que se le parezca. Esto se debe a que los cristianos del primer siglo lo desconocían por completo. ¡De hecho, el orden del culto protestante tiene casi tanto apoyo bíblico como la misa católico romana! Ninguno de los dos tiene punto de contacto alguno con el Nuevo Testamento.

En Reconsiderando el Odre describo las reuniones de la iglesia primitiva. Estas reuniones se caracterizaban por el funcionamiento de cada miembro, la espontaneidad, la libertad, la vivacidad y la participación abierta. Era un encuentro fluido, y no un ritual estático. Y era imprevisible, a diferencia del culto de la iglesia contemporánea.

Además, la reunión de iglesia del primer siglo no seguía el modelo de los cultos de la sinagoga judía, como han sugerido algunos autores recientes. En cambio, era completamente única para la cultura. La misa medieval es una mezcla de elementos romanos, galos y francos Todos los aspectos ceremoniales de la misa, como el incienso, las velas y la disposición del edificio fueron adoptados de la corte ceremonial de los emperadores romanos.

En el capítulo 1 de Reconsiderando el Odre describo detalladamente una reunión de iglesia del primer siglo. Este estilo de reunión está siendo seguido hoy en una escala muy pequeña. Si bien esta clase de reuniones son consideradas muchas veces como radicales y revolucionarias por el cristianismo establecido, no son más radicales o revolucionarias que la iglesia del primer siglo.: Bradshaw argumenta en contra de la idea de que el cristianismo del primer siglo heredó sus prácticas litúrgicas del judaísmo.

Señala que esta idea surgió alrededor del siglo XVII. David Norrington dice: “Tenemos poca evidencia que sugiera que los primeros cristianos intentaron perpetuar el estilo de la sinagoga”. Además, la sinagoga judía fue un invento humano. Algunos estudiosos creen que la sinagoga fue creada durante la cautividad babilónica (sexto siglo a.C.), cuando el culto en el templo de Jerusalén era una imposibilidad.

Otros creen que las sinagogas surgieron más tarde, en el tercer o segundo siglo a.C., con el surgimiento de los fariseos. Aun cuando la sinagoga se convirtió en el centro de la vida judía luego de que el templo de Jerusalén fuera destruido en el año 70 d.C., no hay ningún antecedente en el Antiguo Testamento (ni divino) para una institución de este tipo  Además, la inspiración arquitectónica para la sinagoga fue pagana.

Entonces, ¿de dónde surgió el orden del culto protestante? Tiene sus raíces principales en la misa católica. Es significativo que la misa no se originó en el Nuevo Testamento. Más bien, surgió del antiguo judaísmo y el paganismo. Según el famoso historiador Will Durant, la misa católica estaba “basada en parte en el servicio del templo judaico, en parte en los rituales de purificación de los misterios griegos, el sacrificio vicario y la participación…”

Gregorio Magno (540-604) fue el responsable de dar forma a la misa medieval. Gregorio era un hombre increíblemente supersticioso, cuyo pensamiento estaba influido por conceptos mágicos paganos. Encarnaba la mente medieval, una cruza entre el paganismo, la magia y el cristianismo. No es casual que Durant llame a Gregorio “el primer hombre completamente medieval”. La misa medieval reflejaba la mente de su padre, Gregorio. Era una mezcla de rituales paganos y judaicos salpicados de teología católica y vocabulario cristiano.

 Durant señala que la misa estaba profundamente impregnada del pensamiento mágico pagano así como del teatro griego. Escribe: “La moribunda mente griega revivió transmigrada en la teología y liturgia de la iglesia; el idioma griego, que había reinado durante siglos sobre la filosofía, se convirtió en el vehículo de la literatura y el ritual cristiano; los misterios griegos fueron transferidos al misterio impresionante de la misa”.

En realidad, la misa católica que surgió entre el cuarto y sexto siglo fue básicamente pagana. Los cristianos adoptaron la vestimenta de los sacerdotes paganos, el uso del incienso y el agua bendita en los ritos de purificación, las velas encendidas en el culto, la arquitectura de la basílica romana para sus edificios de iglesia, la ley de Roma como base de la “ley canónica”, el título Pontifex Maximus para el obispo principal y los rituales paganos para la misa católica.

La palabra “misa”, que significa ‘despedida’ (missa, dismissio) de la congregación, se convirtió a fines del cuarto siglo en la palabra para el servicio de adoración que celebraba la Eucaristía. La historia del origen de la misa está mucho más allá del alcance de este libro. Basta decir que la misa fue esencialmente una mezcla del resurgimiento del interés de los gentiles en el culto de la sinagoga y la influencia pagana que data del cuarto siglo.

Las importantes reformas de Gregorio dieron forma a la misa católica de todo el período medieval, hasta la Reforma. Philip Schaff reseña las diversas liturgias católicas, que alcanzaron su punto culminante en la liturgia de Gregorio, que dominó la iglesia latina por siglos y fue ratificada por el Concilio de Trento. Gregorio fue también quien desarrolló y popularizó la doctrina católica del “purgatorio”, si bien la extrajo de varios comentarios especulativos de Agustín.

De hecho, Gregorio hizo de las enseñanzas de Agustín la teología fundamental de la iglesia de Occidente. “Agustín”, dice Paul Johnson, “fue el genio oscuro del cristianismo imperial, el ideólogo de la alianza entre iglesia y estado, y el creador de la mentalidad medieval. Después de Pablo, que proveyó la teología básica, hizo más para dar forma al cristianismo que cualquier otro ser humano”. Durant dice que la teología de Agustín dominó la filosofía católica hasta el siglo XIII. Agustín también le dio un tinte neoplatónico.

Cuando nacieron varias denominaciones protestantes, todas ayudaron a remodelar la liturgia católica aportándole un elemento característico. Este es un periplo complejo y enormemente vasto para describir. Su tratamiento riguroso requeriría un volumen enorme. En este capítulo haremos una reseña de la historia básica. Después de que Gregorio estableciera la misa en el siglo sexto, quedó grabada a fuego y varió poco durante más de mil años. Pero, el estancamiento litúrgico experimentó su primera revisión cuando Martín Lutero (1483-1546) entró en escena.

El aporte de Lutero

En 1520 Lutero lanzó una violenta campaña contra la misa católico romana. El punto culminante de la misa siempre ha sido la Eucaristía, también conocida como la “Comunión” o “la Cena del Señor”. Todo está centrado en ese momento mágico en que el sacerdote parte el pan y lo entrega al pueblo, y todo conduce a ese momento. Para la mente católica medieval, la ofrenda de la Eucaristía era un nuevo sacrificio de Jesucristo. Tan atrás como Gregorio Magno (540-604), la iglesia católica enseñaba que Jesucristo es sacrificado nuevamente a través de la misa.

Lutero fustigó (a menudo groseramente) las mitras y báculos de los papistas y su enseñanza sobre la Eucaristía. El error cardinal de la misa, dijo Lutero, era afirmar que era una “obra” humana, basándose en un entendimiento incorrecto del sacrificio de Cristo. James F. White describe nueve tradiciones litúrgicas dentro del campo protestante en su libro Protestant Worhip: Traditions in Transition (Louisville: Westminster/John Knox Press, 1989). Frank C. Senn ha hecho un tratamiento técnico de la historia de las liturgias católicas y evangélicas en su influyente obra Christian Liturgy: Catholic and Evangelical (Minneapolis: Fortress Press, 1997). Junto a la obra de Senn está la gigantesca obra de Gregory Dix, The Shape of Liturgy (Continuum Publishing House, 2000). ¡Ambos libros tienen más de 700 páginas!

La misa moderna ha cambiado poco en los últimos 400 años. La forma que se usa hoy fue instituida en el Misal Romano: Sacramentario y Leccionario, de 1970. Aun así, la misa del siglo sexto se asemeja a la misa actual. Esta campaña fue articulada en el tratado radical de Lutero, La cautividad babilónica de la Iglesia. Este libro fue una bomba que cayó sobre el sistema católico romano, cuestionando la teología central detrás de la misa católica. En La cautividad babilónica de la Iglesia, Lutero atacó las siguientes tres características de la misa: 1) Privar de la copa a los laicos, 2) La transubstanciación (la creencia de que el pan y el vino se convierten en el cuerpo y sangre reales de Cristo) y 3) El concepto que la misa es una obra humana ofrecida a Dios como un sacrificio de Cristo.

Si bien Lutero rechazaba la transubstanciación, no obstante creía que la “verdadera presencia” del cuerpo y la sangre de Cristo están dentro, con y bajo los elementos del pan y el vino. Esta creencia se llama “consubstanciación”. En La cautividad Lutero también negó los siete sacramentos, aceptando solamente tres: bautismo, penitencia y el pan. Lutero eliminó posteriormente la penitencia como sacramento.

Desde este trabajo y de otros referidos a Martin Lutero, podemos observar con ojos de creyentes maduros actuales, que este reformador de alto prestigio en el protestantismo mundial, se dejó llevar en muchas ocasiones por impulsos ciento por ciento carnales, por encima de espirituales.

La palabra “Eucaristía” viene de la palabra griega eucharisteo, que quiere decir “dar gracias”. Aparece en 1 Corintios 11:24. Allí se nos dice que Jesús tomó el pan, lo partió y “dio gracias”. Los cristianos post apostólicos se referían a la Cena del Señor como la “Eucaristía”. Lutero puso por escrito sus revisiones litúrgicas en un tratado llamado La forma de la misa... Note que los teólogos católicos más recientes (en los últimos 70 años) han dicho que la misa es una re-presentación de un único sacrificio en vez de un sacrificio nuevo, como lo hacía la iglesia católica medieval.

Era habitual la referencia a la Eucaristía como una “oblación” o “sacrificio” del tercer al quinto siglo. Loraine Boettner ha detallado los errores de Así que en 1523 Lutero propuso sus propias revisiones de la misa católica. Estas revisiones son el fundamento de todo el culto protestante. El corazón de las revisiones fue que Lutero convirtió a la predicación en el centro de la reunión, en vez de la Eucaristía.

Por consiguiente, en el culto protestante moderno el elemento central es el púlpito, en vez de la mesa de altar. (La mesa de altar es donde se coloca la Eucaristía en las iglesias católicas.) A Lutero le corresponde el crédito por hacer del sermón el punto culminante del culto protestante. Estas son sus palabras: “Una congregación cristiana nunca debe reunirse sin la predicación de la Palabra de Dios y la oración, no importa cuán brevemente”… “la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios es la parte más importante del servicio divino”.

La creencia de Lutero en la centralidad de la predicación como marca distintiva del culto de adoración ha permanecido hasta el día de hoy. Sin embargo, no tiene ningún precedente bíblico. Como dijo un historiador: “El púlpito es el trono del pastor protestante”. Por esta razón, los ministros protestantes ordenados son llamados generalmente “predicadores”.

Yo mismo he aprendido, creído y enseñado esto durante años. Estuve totalmente convencido que el centro de un culto era la predicación. ¿Error? Sí, pero no por culpas ajenas, sino por falta de responsabilidad mía de no obedecer el mandato de escudriñar las escrituras que Dios mismo nos dejó a todos.

Pero, aparte de estos cambios, la liturgia de Lutero difería poco de la misa católica. Él intentó salvar simplemente lo que consideraba que eran los elementos “cristianos” del antiguo orden católico. Por consiguiente, si uno compara el orden del culto de Lutero con la misa católica medieval en el capítulo 8 de su libro Roman Catholicism (Phillipsburg: The Presbyterian and Reformed Publishing Company, 1962): Su nombre en latín fue Formula Missae. Protestant Worship: Traditions in Transition, pp. 36-37. 27 Ibid. pp. 41-42.

Si bien Lutero tenía una visión muy elevada de la Eucaristía, despojó a la misa de todo lenguaje sacrificial, y sólo mantuvo a la Eucaristía misma. Creía fuertemente tanto en la Palabra como en el Sacramento. Así que su Misa Alemana adoptó la predicación y la santa comunión. Algunas iglesias “litúrgicas” de la tradición protestante aún tienen una mesa de altar cerca del púlpito. Antes de la Edad Media, tanto el sermón como la Eucaristía ocupaban un lugar destacado en la liturgia cristiana. Sin embargo, el sermón sufrió una fuerte declinación durante el período medieval.

Muchos sacerdotes carecían de la instrucción como para predicar, y otros elementos fueron quitándole el lugar a la predicación de la Escritura… Gregorio Magno intentó restaurar el lugar del sermón en la misa. Sin embargo, sus esfuerzos fracasaron. Recién en la Reforma el sermón ocupó un lugar central en el culto. Lutero realizaba tres cultos el domingo a la mañana. Todos iban acompañados por un sermón. Roland Bainton contó 2.300 sermones existentes predicados por Lutero durante su vida.

 Lutero aún seguía el Rito Occidental. La principal diferencia fue que eliminó las oraciones del Ofertorio y las oraciones del Canon luego del Sanctus que hablaba de las ofrendas. En resumen, Lutero tachó de la misa todo lo que tuviera olor a “sacrificio”. Él, junto con los demás reformadores, quitó gran parte de los elementos decadentes de la misa del bajo medioevo. Lo hicieron presentando la misa en el lenguaje vernáculo común, incluyendo los cantos congregacionales (cánticos y corales para los luteranos; salmos métricos para los reformados), dando un lugar central al sermón y permitiendo a los asistentes participar en la santa comunión.

El reformador alemán Carlstadt (1477-1541) era más radical que Lutero. Durante la ausencia de éste, Carlstadt abolió la misa por completo, destruyendo los altares junto con las imágenes. la liturgia de Gregorio, ¡son prácticamente iguales! Básicamente, Lutero reinterpretó gran parte del ritual de la misa. Pero mantuvo la ceremonia, creyendo que era apropiada. Por ejemplo, Lutero retuvo el acto que marcaba el punto culminante de la misa católica, el momento en que el sacerdote levantaba el pan y la copa y los consagraba. Meramente reinterpretó el significado de este acto.

 La práctica de elevar el pan y la copa para consagrarlos empezó en el siglo XIII. Es una práctica basada principalmente en la superstición. Sin embargo, sigue siendo observada por muchos pastores hoy. De igual forma, Lutero hizo una cirugía mayor a la oración eucarística, reteniendo solamente las “palabras de institución” de 1 Corintios 11:23 en adelante: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan… y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo… Al día de hoy, los pastores protestantes recitan religiosamente este texto antes de administrar la comunión.

 ¡Al final, la liturgia de Lutero no era más que una versión truncada de la misa católica! Y estaba plagado de los mismos problemas obvios: Los asistentes seguían siendo espectadores pasivos (sólo que ahora podían cantar) y toda la liturgia seguía estando dirigida por un clérigo ordenado (el pastor había reemplazado al sacerdote). Según las propias palabras de Lutero: “Ni ahora ni nunca ha sido nuestra intención abolir el servicio litúrgico de Dios completamente, sino más bien purificar la que está en uso actualmente de las desdichadas adiciones que la corrompen…”

Sucede algo similar, hoy, con aquellos que salen de las babilonias y pretenden armar iglesias en sus casas. Terminan elaborando cultos idénticos a los que han visto mil veces realizar y, obviamente, se convierten muy a su pesar, en pequeñas babilonias falsas.

Trágicamente, Lutero no se dio cuenta de que el nuevo vino no puede volver a envasarse en odres viejos. En ningún momento demostró (ni ningún otro de los principales reformadores) un deseo de

volver a las prácticas de la iglesia del primer siglo. Estos hombres se propusieron meramente reformar la teología de la iglesia católica.

En resumen, los principales cambios duraderos que Lutero hizo a la misa católica fueron los siguientes: 1) Realizó la misa en el idioma de la gente, 2) Asignó al sermón un lugar céntrico en la reunión, 3) Introdujo el canto congregacional, 4) Eliminó la idea de que la misa era un sacrificio de Cristo, y 5) Permitió que la congregación tomara del pan y la copa (en vez de sólo el sacerdote, como ocurría en la práctica católica). Fuera de estas diferencias, ¡Lutero mantuvo el mismo orden del culto que el que se encuentra en la misa católica!

Frank Senn ha escrito la antigua liturgia católica en su libro (Christian Liturgy, p. 139). que Lutero hasta retuvo la palabra “misa”, que llegó a significar la totalidad del culto (p. 486). Lutero señaló el ceremonial de las cortes de los reyes, y creía que debía ser aplicado a la adoración de Dios. El capítulo 3 de este libro muestra cómo el protocolo imperial se introdujo en la liturgia cristiana durante el cuarto siglo, con el reinado de Constantino. Cuando el sacerdote católico levantaba el sacramento, lo hacía para inaugurar el sacrificio.

Lutero retuvo el orden básico de la misa medieval junto con los aspectos ceremoniales de las luces, el incienso y las vestimentas... Irónicamente, Lutero insistía en que su Misa Alemana no debería ser adoptada legalistamente, y que debía descartarse si quedaba desactualizada. Trágicamente, esto nunca ocurrió. ¡Las tradiciones se resisten demasiado a morir!

Lutero, un amante de la música, hizo de la música una parte clave del culto. Lutero era un genio musical. Estaba tan dotado musicalmente que los jesuitas decían que sus canciones “destruyeron más almas que sus escritos y predicaciones”. No es sorprendente que uno de los mayores talentos musicales en la historia de la iglesia fuera luterano. Su nombre fue Juan Sebastián Bach.

Aun peor, aunque Lutero hablaba mucho del “sacerdocio de todos los creyentes”, nunca abandonó la práctica de un clero ordenado. De hecho, tan fuerte era su creencia en un clero ordenado que escribió: “El ministerio público de la Palabra debe ser establecido por ordenación santa como la mayor y más elevada de las funciones de la iglesia”. Bajo la influencia de Lutero, el pastor protestante simplemente reemplazó al sacerdote católico. Y, por lo general, había poca diferencia práctica en la forma en que funcionaron estos dos cargos. Este sigue siendo el caso, como veremos más adelante.

A continuación aparece el orden del culto de Lutero. El bosquejo general debería resultarle muy conocido, ya que es la raíz principal de su servicio de iglesia de la mañana del domingo. Canto – Oración – El sermón – Exhortación al pueblo – La Cena del Señor – Canto – Oración después de la Comunión – La bendición –

El aporte de Zwinglio.

Con la llegada de la imprenta de Gutenberg (alrededor de 1450), la producción masiva de libros litúrgicos aceleró los cambios que los reformadores intentaban efectuar en la liturgia. Estos cambios ahora fueron puestos en tipos móviles e impresos en grandes cantidades.

El sacerdote administraba siete sacramentos, en tanto que el pastor solamente administraba dos (el bautismo y la Eucaristía). Sin embargo, se consideraba que ambos, el sacerdote y el pastor, tenían la autoridad exclusiva para proclamar la Palabra de Dios. Para Lutero, el uso de vestimentas clericales, velas en el altar y la actitud del ministro mientras oraba no eran importantes.  Pero, si bien para él no eran importantes, aconsejó mantenerlos. De ahí que sigan estando con nosotros hoy. Ver el capítulo 4. Esta liturgia fue publicada en su Misa Alemana y el Orden del Servicio Divino, en 1526. Christian Liturgy, pp. 282-283.

Note que el sermón era a la vez precedido y seguido por canto y oración. Lutero creía que colocar el sermón entre canciones lo fortalecía y brindaba una respuesta devocional a él. La mayoría de las canciones que se cantaban en la Misa Alemana de Lutero era versificaciones de cánticos litúrgicos en latín y credos. (La versificación es poner en verso un texto en prosa.) Lutero tiene a su favor que escribió unos 36 himnos y era un genio en cuanto a tomar canciones contemporáneas y redimirlas con letras cristianas. Él decía: “¿Por qué dejar que el diablo tenga todas las buenas melodías?”.

Esto mismo, hoy, está mal visto. Porque se dice, -a mi juicio con buen tino-, que lo que interesa de una composición musical no es tanto ni el sonido de su música ni el contenido de su letra. Lo que realmente importa es la fuente de la inspiración.

Ahí es donde nace el ejemplo doméstico dado en muchas iglesias: ¿Es considerado tema cristiano uno compuesto por Marcos Witt y cantado por Michel Jackson, o uno compuesto por el rey del pop y cantado por Marcos?

El reformador suizo Ulrico Zwinglio (1484-1531) hizo algunas reformas propias que ayudaron a dar forma al orden del culto de hoy. Reemplazó la mesa de altar por algo llamado “la mesa de la comunión”, desde donde se administraba el pan y el vino. También hizo que el pan y el vino fueran llevados a la gente en sus bancos usando bandejas de madera y copas. La mayoría de las iglesias protestantes todavía tienen una mesa de este tipo. Generalmente, tiene dos velas encima, ¡una costumbre que vino directamente de la corte ceremonial de los emperadores romanos! Y la mayoría lleva el pan y la copa a la gente sentada en sus bancos.

Zwinglio también recomendó que la Cena del Señor fuera celebrada trimestralmente (cuatro veces al año). Esto era en oposición a hacerlo semanalmente, como proponían los demás reformadores. Muchos protestantes siguen la celebración trimestral de la Cena del Señor hoy. Algunos la realizan mensualmente. También Zwinglio recibe el crédito por defender el punto de vista “conmemorativo” de la Santa Cena. Este punto de vista es abrazado por el protestantismo estadounidense dominante, que dice que el pan y la copa son meros símbolos del cuerpo y la sangre de Cristo. Sin embargo, aparte de estas novedades, la liturgia de Zwinglio no difería mucho de la de Lutero. Como Lutero, Zwinglio enfatizó la centralidad de la predicación. A tal punto, que él y sus colegas predicaban tan frecuentemente como las noticias de la televisión: ¡Catorce veces a la semana!

El aporte de Calvino y compañía

Los reformadores Juan Calvino (1509-1564), Juan Knox (1513-1572), y Martín Bucero (1491-1551) contribuyeron a dar forma a la liturgia. Estos hombres crearon sus propios órdenes de culto entre 1537 y 1562. Aun cuando sus liturgias eran observadas en diferentes partes del mundo, eran prácticamente idénticas. Simplemente hicieron unos pocos ajustes a la liturgia de Lutero. El más notable era la colecta de dinero que seguía al sermón.  

Sobre este punto, Frank Senn escribe: “En las iglesias reformadas, el púlpito dominaba el altar tan completamente que, con el tiempo, el altar desapareció y fue reemplazado por una mesa usada para la santa comunión sólo unas pocas veces al año. La predicación de la Palabra dominaba el servicio. Se ha interpretado esto como una consecuencia del denominado redescubrimiento de la Biblia. Pero el redescubrimiento de la Biblia fue por el invento de la imprenta, un fenómeno cultural”.

El punto de vista de Zwinglio era más complejo que esto. Sin embargo, su idea de la Eucaristía no era tan “elevada” como la de Calvino o Lutero. Zwinglio es el padre de la idea protestante moderna de la Cena del Señor. Por supuesto, su punto de vista no sería representativo de las iglesias protestantes “litúrgicas”, que celebran tanto la Palabra como el Sacramento semanalmente. El orden del culto de Zwinglio aparece en Christian Liturgy, pp. 362-364.

 

Estas liturgias se usaron en Estrasburgo, Alemania (1537), Ginebra, Suiza (1542) y Escocia (1562).  La colecta era limosnas para los pobres. Calvino escribió: “Ninguna asamblea de la iglesia debe ser realizada sin que la Palabra sea predicada, se ofrezcan oraciones, se administre la Cena del Señor y se den limosnas”.

Como Lutero, Calvino enfatizó la centralidad de la prédica durante el servicio de adoración. El creía que cada creyente tenía acceso a Dios a través de la Palabra predicada en vez de a través de la Eucaristía. Gracias a su genio teológico, la prédica en la iglesia de Calvino en Ginebra fue fuertemente teológica y académica. También fue sumamente individualista, una característica que nunca abandonó el protestantismo.

La iglesia de Calvino en Ginebra fue exhibida como modelo para todas las iglesias reformadas. Por lo tanto, su orden del culto se extendió por todas partes. Esto explica el carácter cerebral de la mayoría de las iglesias protestantes hoy, especialmente la variante reformada y presbiteriana. Dado que los instrumentos musicales no se mencionan explícitamente en el Nuevo Testamento, Calvino eliminó el órgano de tubos y los coros. Todo canto era a capella. (Algunos protestantes modernos, como la Iglesia de Cristo, todavía siguen la rígida oposición a los instrumentos de Calvino.) Esto cambió a mediados del siglo XIX, cuando las iglesias reformadas empezaron a usar música instrumental y coros.

 Sin embargo, los puritanos (calvinistas ingleses) continuaron en el espíritu de Calvino, condenando tanto la música instrumental como el canto de los coros. ¡Probablemente la característica más dañina de la liturgia de Calvino era que él dirigía la mayor parte del servicio desde su púlpito! El cristianismo nunca se recuperó de esto. Hoy, es el pastor quien funciona como maestro de ceremonias y director general del culto del domingo a la mañana, ¡igual que el sacerdote en la misa católica!

No se trata simplemente de ser maestro de ceremonias del culto, también se trata del hombre alrededor del cual gira toda la potencia de la iglesia, al extremo de colocar su fotografía, (Acompañado de su familia) en tamaño gigante en la entrada del salón de eventos.

Otra característica que Calvino aportó al orden del culto es la actitud sombría que se enseña que debe adoptar la congregación al ingresar al edificio. Esta atmósfera es de un profundo sentido de auto humillación ante un Dios soberano y austero. Martín Lutero también recibe crédito por promover esta actitud. Al principio de cada servicio, hacía que se leyeran los Diez Mandamientos para crear un sentido de veneración. De esta mentalidad surgieron algunas prácticas bastante extrañas. La Nueva quería tener la Cena del Señor semanalmente, sus iglesias reformadas siguieron la práctica de Zwinglio de tomarla trimestralmente. La “Palabra”, según el uso reformado, significaba la Biblia y la palabra predicada, como una transmisión de la Palabra encarnada.

Tanto el sermón como la lectura de las Escrituras estaban conectados y eran considerados como la “Palabra”. La idea de que la predicación de la Biblia es la “Palabra de Dios” misma aparece en el Confessio Helvetica Posterior de 1566. El riguroso individualismo del Renacimiento influyó el mensaje de los reformadores. Eran un producto de su tiempo. El evangelio que predicaban estaba centrado en las necesidades individuales y el desarrollo

No era comunitario, era personal. No era comunitario, como el mensaje de los cristianos del primer siglo. Este énfasis individualista fue adoptado por los puritanos, pietistas y avivamentistas, y permeó todas las áreas de la vida y pensamiento estadounidenses.

Zwinglio, un músico él mismo, compartía la convicción de Calvino de que la música y los coros no debían formar parte del servicio de la iglesia. Para Calvino, todas las canciones debían incluir las palabras de las Escrituras del Antiguo Testamento, así que los himnos quedaron excluidos. Ésta era también la práctica del contemporáneo de Calvino, Martín Bucero.

La Inglaterra puritana era conocida por multar a los niños que sonreían en la iglesia! ¡Agregue a esto la creación del “diezmero” que despertaba a los asistentes dormidos aguijándolos con un pesado bastón! Esta forma de pensar es un retorno a visión de la piedad de fines del medioevo. Sin embargo, fue adoptado y mantenido vivo por Calvino y Bucero. Si bien muchos pentecostales y carismáticos contemporáneos han roto con esta tradición, es seguida mecánicamente en la mayoría de las iglesias hoy. El mensaje es: “¡Quédese quieto y en reverencia, porque esta es la casa de Dios!”.

Otra práctica que los reformadores retuvieron de la misa era que los clérigos caminaran a sus asientos designados al principio del servicio mientras la congregación permanecía de pie cantando. Empezó en el cuarto siglo, cuando los obispos entraban a sus magníficas iglesias-basílicas. ¡Era una práctica copiada directamente de la ceremonia de la corte imperial pagana! Cuando los magistrados romanos entraban en la sala de la corte, la gente se ponía de pie y cantaba. Es algo que se observa todavía en muchas iglesias protestantes. Pero nadie la cuestiona jamás. Al extenderse el calvinismo a través de Europa, la liturgia de Ginebra de Calvino fue adoptada en la mayoría de las iglesias protestantes. Fue transplantada y tomó raíces en muchos países. Éste es su aspecto:

Oración – Confesión – Canto (Salmos) – Oración pidiendo la iluminación del Espíritu en la prédica – El sermón –  Colecta de limosnas – Oración general – Comunión (en los momentos designados) mientras se canta un Salmo – Bendición. La gente del medioevo hacía equivaler lo sombrío con la santidad y el carácter taciturno con la piedad. En contraste, los cristianos primitivos se caracterizaban por una actitud de regocijo y alegría (Hechos 2:46; 8:8; 13:52; 15:3; 1 Pedro 1:8). En contraste, los salmos convocan al pueblo de Dios a entrar por sus puertas con gozo, alabanza y acción de gracias (Salmos 100 y otros).

Este llamado “rito de entrada” incluía una salmodia (introito), la oración de la letanía (Kyrie) y una canción de alabanza (Gloria). Fue adoptado de la ceremonia de la corte imperial. Como Constantino se consideraba el vicario de Dios en la tierra, Dios pasó a ser considerado como el Emperador del cielo. Por lo tanto, la misa se convirtió en una ceremonia realizada ante Dios y ante su representante, el obispo, al igual que el ceremonial realizado ante el Emperador y su magistrado.

El obispo, ataviado con las vestimentas de un alto magistrado, ingresaba al edificio de la iglesia en una procesión solemne precedida por velas. Entonces se sentaba en su trono especial, la sella curulis de un oficial romano. La iglesia del siglo cuarto había adoptado tanto el ritual como el sabor de la oficialidad romana en su culto. La liturgia de Ginebra era una “liturgia reformada fija usada sin variación o excepción no sólo para la celebración de los sacramentos sino para el culto habitual del domingo también”.

Debe señalarse que Calvino buscó modelar su orden del culto según los escritos de los padres de la iglesia primitiva, especialmente los que vivieron entre el tercer y sexto siglo. Esto explica su falta de claridad sobre el carácter de la reunión de la iglesia del primer siglo. Los padres primitivos del siglo III a VI eran fuertemente litúrgicos, racionales y ritualistas. No tenían la mentalidad de un cristiano del primer siglo. Eran también más teóricos que practicantes.

Para decirlo de otra manera, los padres de la iglesia de este período representan el catolicismo incipiente (temprano). ¡Y esto es lo que Calvino tomó como su modelo principal para establecer un nuevo orden del culto! No es de extrañar que la llamada “Reforma” produjera muy poca reforma en términos de la práctica de la iglesia. Como ocurrió con el orden del culto de Lutero, la liturgia de la Iglesia Reformada “no intentó cambiar las estructuras de la liturgia oficial [católica] sino, más bien, trató de mantener la vieja liturgia mientras cultivaba devociones extralitúrgicas”.

El aporte puritano

Los puritanos eran calvinistas de Inglaterra. Adoptaron un biblicismo riguroso y buscaban seguir ajustadamente el orden del culto del Nuevo Testamento. Los puritanos creían que el orden del culto de Calvino no era suficientemente bíblico. Por consiguiente, cuando los pastores truenan diciendo que “hacen todo conforme a la Palabra de Dios”, están haciéndose eco de ideas puritanas. Pero el esfuerzo puritano por restaurar la reunión de iglesia del Nuevo Testamento terminó en un fracaso dramático. Calvino también tomó a los padres post apostólicos como su modelo para el gobierno de la iglesia. Por lo tanto, adoptó un pastorado único.

Los padres de la iglesia estaban fuertemente influidos por su cultura grecorromana. Muchos de ellos, de hecho, habían sido filósofos y oradores paganos antes de convertirse en cristianos. Como ya se dijo, esta es la razón por la que sus servicios eclesiásticos reflejaban una mezcla de formas de la cultura pagana y la sinagoga judía. Además, estudios recientes han demostrado que los escritos de los padres sobre el culto cristiano fueron hechos más tarde de lo que se suponía y han sido remozados por varias capas de tradición. Los padres de la iglesia fueron influenciados fuertemente por el paganismo y el neoplatonismo.

Dado que este estudio se centra en las contribuciones no escriturales de los reformadores, indicar sus contribuciones positivas va más allá del alcance de este libro. No obstante, sépase que el autor es muy consciente de que Lutero, Zwinglio y los demás aportaron muchas prácticas y creencias positivas a la fe cristiana. Al mismo tiempo, no lograron llevarnos a una reforma completa. La Reforma protestante fue principalmente un movimiento intelectual. Si bien la teología era radical comparada con la del catolicismo romano, apenas tocó la práctica eclesiástica. Quienes avanzaron más allá en sus reformas son conocidos como “la Reforma radical”.

La renuncia a las vestiduras clericales, ídolos, ornamentos, junto con los clérigos que escribían sus propios sermones (en contraposición a las homilías leídas) fueron aportes positivos que nos dejaron los puritanos. Sin embargo, debido a su énfasis en la oración espontánea, los puritanos también nos legaron la larga “oración pastoral” que precede el sermón. ¡Una oración pastoral en un culto puritano del domingo a la mañana podía durar fácilmente una hora o más! (Alguien dijo alguna vez que los que hacen largas oraciones en público, seguramente no oran jamás en privado).

El sermón alcanzó su apogeo con los puritanos americanos. Lo consideraban algo casi sobrenatural. ¡Y castigaban a los miembros de la iglesia que faltaban al sermón del domingo a la mañana! ¡Los residentes de Nueva Inglaterra que no asistían al culto del domingo eran multados o puestos en el cepo! (La próxima vez que su pastor lo amenace con la ira desenfrenada de Dios por faltar a la iglesia, no olvide agradecer a los puritanos.)

Vale la pena notar que en algunas iglesias puritanas se les permitía a los laicos hablar al final de culto. Inmediatamente después del sermón, el pastor se sentaba y contestaba las preguntas de la congregación. También se les permitía a los asistentes dar testimonios. Pero, con la llegada del avivamentismo de frontera, esta práctica se desvaneció, y nunca más fue adoptada por el cristianismo dominante. Con todo, la contribución puritana a la formación de la liturgia protestante hizo poco por liberar al pueblo de Dios para que funcione bajo el liderazgo de Cristo.

Como las reformas litúrgicas que lo precedieron, el orden del culto puritano era altamente previsible. Estaba escrita detalladamente y era seguida uniformemente en cada iglesia. La liturgia puritana se indica a continuación. Compárela a las liturgias de Lutero y Calvino, y notará que las características principales no cambiaron: Llamado a adorar – Oración inicial – Lectura bíblica – Canto de los Salmos – Oración antes del sermón – El sermón – Oración después del sermón. (Cuando se celebra la comunión, el ministro exhorta a la congregación, bendice el pan y la copa, y los reparte a la congregación.) Un líder puritano escribió que “la predicación de la Palabra es el Cetro del Reino de Cristo, la gloria de una nación y la carroza sobre la cual la vida y la salvación vienen montados”. Un puritano podría escuchar 15.000 horas de predicación durante su vida.

La liturgia puritana básica está contenida en una obra llamada A Directory of Public Worship of God, escrita en 1644. Esta era una revisión del Libro de Oración Común anglicano, redactado en 1549. El Directory fue usado por los congregacionalistas y presbiterianos ingleses (no escoceses). Con el tiempo, los puritanos dieron origen a sus propias denominaciones derivadas.  Algunas formaban parte de la tradición de “iglesias libres”. Las iglesias libres crearon lo que se lama el “sándwich de himnos”. Tiene el siguiente aspecto:

Tres himnos – Lectura bíblica – Música del coro – Oraciones al unísono – Oración pastoral – El sermón – La ofrenda – La bendición.  ¿Le resulta conocido? Le aseguro que no puede encontrarlo en el Nuevo Testamento.

Los aportes de los metodistas y del avivamentismo de frontera Los metodistas del siglo XVIII trajeron una dimensión emocional al orden del culto protestante. Se invitaba a la gente a cantar fuerte, con vigor y fervor. En este sentido, los metodistas fueron los precursores de los pentecostales. Siguiendo la estela de los puritanos, los metodistas vitalizaron la oración pastoral antes del sermón dominical. La oración clerical metodista era angustiosamente larga, y universal en su alcance.

Engullía a todas las demás oraciones, cubriendo los aspectos de la confesión, la intercesión y la alabanza. Pero lo más importante era que siempre se hacía en inglés isabelino. Aun hoy, en el siglo XXI, la oración pastoral isabelina está viva y coleando. Una gran cantidad de pastores contemporáneos siguen orando en este lenguaje anticuado, ¡Aun cuando es un dialecto que ha estado muerto por 400 años! ¿Por qué? Por el poder irreflexivo de la tradición.

Los metodistas también popularizaron el culto de adoración de los domingos a la noche. El descubrimiento del gas incandescente como una forma de iluminación permitió a Juan Wesley (1703-1791) popularizar esta innovación. Hoy, muchas iglesias protestantes tienen un culto dominical a la noche, aun cuando suele tener una baja asistencia. Los descendientes del puritanismo son los bautistas, presbiterianos y congregacionalistas. La tradición denominada de “iglesias libres” incluye a los puritanos, separatistas, bautistas, cuáqueros del siglo XVII y XVIII, metodistas (fines del siglo XVIII) y los Discípulos de Cristo de principios del siglo XVIII.

La “oración pastoral antes del sermón” fue prescrita en detalle en el Westminster Directory of Worship. Los servicios de oración nocturnos eran frecuentes en la iglesia católica desde el cuarto siglo. Y los servicios vespertinos dominicales fueron una parte estable de la vida litúrgica de la catedral y la parroquia durante muchos siglos. Sin embargo, los metodistas son conocidos por llevar a la fe protestante el servicio de culto del domingo a la noche.

Los siglos XVIII y XIX trajeron un nuevo reto para el protestantismo estadounidense. Fue la presión para ajustarse a los populares cultos del avivamentismo de frontera. Durante estos dos siglos, estos cultos influyeron grandemente en el orden del culto en muchísimas iglesias, terminando por ser inyectados en la corriente sanguínea del protestantismo estadounidense. Veamos los cambios duraderos efectuados por los avivamentistas de frontera.

En primer lugar, cambiaron la meta de la predicación. Predicaban con una meta exclusiva: la conversión de almas perdidas. Para la mente del avivamentista de frontera, el plan de Dios no involucraba nada más allá de la salvación. Este énfasis encuentra sus semillas en la prédica innovadora de George Whitefield (1714-1770). Whitefield fue el primer evangelista moderno en predicar a multitudes al aire libre. Fue el hombre que desplazó el énfasis de la prédica de los planes de Dios para la iglesia a sus planes para el individuo.

El concepto popular de que “Dios lo ama y tiene un plan maravilloso para su vida” fue introducido por Whitefield. En segundo lugar, la música del avivamentismo de frontera hablaba al alma y buscaba suscitar una respuesta emocional al mensaje de salvación. Todos los grandes avivamentistas tenían un músico en su equipo con este propósito. La adoración comenzó a ser considerada como principalmente individualista, subjetiva y emocional.

El avivamentismo estadounidense dio a luz la “sociedad misionera” a fines del siglo XVIII. Esto incluyó la Baptist Missionary Society (1792), London Missionary Society (1795), General Methodist Missionary Society (1796) y Church Missionary Society (1799).

Whitefield es llamado “el padre del avivamentismo estadounidense”. El mensaje central de Whitefield era “el nuevo nacimiento” del cristiano individual. Con esto lideró el Gran Despertar (1740-1741) en Nueva Inglaterra. En 45 días, Whitefield predicó 175 sermones. Era un orador superlativo y su voz podía ser escuchada por 30.000 personas en una reunión. Venían a escucharlo hasta 50.000 personas. Se decía que la voz de Whitefield podía escucharse a una milla de distancia sin amplificación. Y su capacidad oratoria era tal que podía hacer llorar a un público con su entonación. Sin duda Whitefield merece el crédito por recuperar la práctica perdida del ministerio itinerante. También compartió el crédito con los puritanos por restaurar la oración y la predicación extemporáneas.

 

El Gran Despertar bajo Whitefield estampó en el protestantismo estadounidense un carácter avivamentista e individualista del cual nunca se ha recuperado. Finney usó a Thomas Hastings. Moody usó a Ira B. Sankey. Billy Graham continuó la tradición usando a Cliff Barrows y a George Beverly Shea. La música fue clave para promover las metas del avivamentismo. George Whitefield y John Wesley reciben el crédito por ser los primeros en emplear la música para inducir la convicción y una disposición a escuchar el evangelio.

Los cultos metodistas, inspirándose en las reuniones al aire libre de los avivamentistas, se convirtieron en un medio para un fin. La meta se desplazó, de adorar a Dios e instruir a los creyentes, a hacer conversos individuales. Los sermones pasaron de tratar asuntos de “la vida real” a proclamar el evangelio a los perdidos. Toda la humanidad fue dividida en dos campos irremediablemente polarizados: perdidos o salvos, conversos o inconversos, regenerados o condenados.

La teología del avivamentismo no mostraba ninguna comprensión del propósito eterno de Dios o de su plan para la iglesia. La música coral metodista estaba diseñada para ablandar el duro corazón de los pecadores. Las letras empezaron a reflejar la experiencia de salvación individual así como el testimonio personal. Charles Wesley (1707-1788) tiene el mérito de haber sido el primero en escribir himnos de invitación. Los pastores que orientan sus sermones del domingo a la mañana exclusivamente a ganar a los perdidos siguen reflejando la influencia avivamentista.

Esta influencia ha penetrado la mayor parte del evangelismo televisivo y radial actual. Muchas iglesias protestantes (no sólo las pentecostales y carismáticas) inician sus cultos con cantos entusiastas para preparar a la gente para el sermón, de orientación emocional. Pero pocos saben que esta tradición empezó con los avivamentistas de frontera, hace poco más de un siglo.

En tercer lugar, los metodistas y los avivamentistas de frontera dieron origen al “llamado al altar”. Esta novedad empezó con los metodistas en el siglo XVIII. Esta práctica de invitar a personas que deseaban oración a ponerse de pie y caminar al frente a recibir oración nos llegó a través de un evangelista metodista llamado Lorenzo Dow. Más tarde, en 1807, en Inglaterra, los metodistas crearon el “banco del doliente”.

Charles Wesley escribió más de 6.000 himnos. Fue el primer escritor de himnos en introducir un estilo de canto congregacional que expresaba los sentimientos y pensamientos del cristiano individual. Los bautistas son quienes más se destacan en cuanto a tener la meta de ganar a los perdidos durante el

culto del domingo a la mañana. El llamado del avivamentismo a hacer “decisiones personales” por Cristo

reflejaba y apelaba a la vez a la ideología cultural del individualismo estadounidense, así como las “nuevas medidas” reflejaban y apelaban al pragmatismo estadounidense.

El reverendo James Taylor fue uno de los primeros en llamar a los interesados al frente de su iglesia en 1785, en Tennessee. El primer uso registrado del altar con relación a una invitación pública ocurrió en 1799, en un campamento metodista en Red River, Kentucky.  Finney fue un innovador en la cuestión de ganar almas y comenzar avivamientos. Usando sus denominadas “nuevas medidas”, él sostenía que no existía ninguna forma de adoración estipulada en el Nuevo Testamento.

Pero todo lo que tuviera éxito para llevar a pecadores a Cristo estaba aprobado, como los que eran invitados a recorrer “la senda de aserrín”. Este método llegó a Estados Unidos pocos años después y fue denominado “el banco ansioso” por Charles Finney (1792-1872). El “banco ansioso” se colocaba al frente, donde los predicadores se paraban sobre una plataforma levantada. Era ahí donde se invitaba a pecadores y santos necesitados a recibir las oraciones del ministro.

 Finney elevó el “llamado al altar” a la categoría de bella arte. Su método consistía en pedir a los que deseaban ser salvos que se pusieran de pie y pasaran al frente. Finney popularizó este método tanto que “después de 1835, llegó a ser un componente indispensable de los avivamientos modernos”. Finney abandonó el banco ansioso luego y simplemente invitaba a los pecadores a pasar al frente por los pasillos y arrodillarse frente a la plataforma para recibir a Cristo. Además de popularizar el llamado al altar, se le atribuye a Finney la invención de la práctica de orar por las personas por nombre, movilizar grupos de obreros para hacer visitas a los hogares, y reemplazar los cultos rutinarios de la iglesia por servicios especiales cada noche de la semana.

Con el tiempo, el “banco ansioso” de la reunión al aire libre fue reemplazado por el “altar” en el edificio de iglesia. La “senda de aserrín” fue reemplazada por el pasillo de la iglesia. Y así nació el famoso “llamado al altar”. Tal vez el elemento más importante que Finney dio al cristianismo contemporáneo fue el pragmatismo. Con esto me refiero a la creencia de que, si algo funciona, debe ser

adoptado. Finney creía que el Nuevo Testamento no indicaba ninguna forma de culto prescrita. Él enseñaba que el propósito exclusivo de la prédica era ganar almas. Todo artificio que ayudara a lograr ese objetivo era aceptable.

 Bajo Finney, el avivamentismo del siglo XVIII siglo se convirtió en ciencia y fue llevado a las principales iglesias. El cristianismo contemporáneo nunca se recuperó de esta ideología poco espiritual. El pragmatismo, y no el biblicismo o la espiritualidad, rigen las actividades de la mayoría de las iglesias modernas. (Las iglesias “sensibles a los buscadores” son las que más se han destacado en seguir los pasos de Finney.) El pragmatismo es dañino porque enseña que “el fin justifica los medios”. Si el fin se considera “santo”, cualquier “medio” es aceptable. Finney comenzó a usar este método exclusivamente luego de su famosa cruzada de Rochester, Nueva York, en 1830.

El primer uso que puede rastrearse históricamente del “asiento ansioso” viene de Charles Wesley: “Oh, aquel bendito asiento ansioso”. La “senda de aserrín” pasó a ser el pasillo polvoriento de la carpa del evangelista. Este uso (“tomar la senda de aserrín”) fue popularizado por el ministerio de Billy Sunday (1862-1935).

Por estas razones Charles Finney ha sido llamado “el reformador litúrgico más influyente de la historia estadounidense” La mente protestante requiere que la doctrina sea verificada rigurosamente contra las Escrituras antes de aceptarla. Pero, en cuanto a la práctica de la iglesia, ¡todo vale mientras sirva para conseguir conversos!

En todos estos aspectos, el avivamentismo de frontera estadounidense convirtió a la iglesia en un puesto de predicación. Redujo la experiencia de la ekklesia a una misión evangelística. Normalizó los métodos avivamentistas de Finney y creó personalidades del púlpito como la atracción dominante de la iglesia. También hizo de la iglesia un asunto individualista, en vez de ser algo corporativo.

En otras palabras, la meta de los avivamentistas de frontera era llevar a pecadores individuales a una decisión individual de una fe individualista. Como resultado, la meta de la iglesia primitiva –la edificación mutua y el funcionamiento de cada miembro para manifestar a Jesucristo corporativamente ante principados y potestades– se perdió completamente.

Irónicamente, Juan Wesley, uno de los primeros avivamentistas, entendió los peligros de este movimiento. Escribió: “El cristianismo es, esencialmente, una religión social… convertirlo en una religión solitaria es, sin duda, destruirlo”. El último toque que el avivamentismo de frontera agregó al orden del culto protestante fue adosar el denominado “llamado al altar” al final del sándwich de himnos.

Esta es la liturgia que domina el protestantismo estadounidense hoy. Sorprendentemente, ha cambiado poco desde la invención de la Misa Alemana de Lutero cuatro siglos antes. Con la invención de la duplicación con esténcil de Albert Blake Dick (1856-1934), en 1884, el orden del culto empezó a ser impreso en boletines.138 ¡Así nació el famoso “boletín del domingo a la mañana!”.

Y no se trata solamente del protestantismo estadounidense. En Argentina, pensar una iglesia sin tener en cuenta “el dolor por las almas que se pierden”, enseñado siempre como verdad bíblica, es todavía en este siglo veintiuno, impensable.

La imponente influencia de D. L. Moody

Las semillas del “evangelio avivamentista” fueron esparcidas por todo el mundo occidental por la colosal influencia de D. L. Moody (1837-1899).140 El evangelio de Finney creía que sus métodos avivamentistas que habían funcionado en sus reuniones en campamentos podrían ser importados a las iglesias protestantes para producir avivamiento ahí. Esta idea fue popularizada e incorporada a la mentalidad protestante a través de su libro Lectures on Revival, de 1835. Este libro vendió 1200 copias el día que llegó a las librerías.

Iain Murray señala que las reuniones de campamento bajo los metodistas fueron las precursoras de las técnicas evangelísticas sistemáticas de Finney. En su concepción correcta, la meta de la predicación no es la salvación de almas. Es el nacimiento de la Iglesia. Como dice un erudito: “La conversión sólo puede ser el medio; la meta es la extensión de la iglesia visible”.

El erudito D. J. Tidball se ha hecho eco del mismo pensamiento al decir: “El interés primordial de Pablo no era la conversión de individuos sino la formación de comunidades cristianas. Los avivamentistas de frontera no tenían ningún concepto de la ekklesia.

Las liturgias escritas aparecieron en el cuarto siglo. Pero no fueron puestas en forma de boletín hasta el siglo XIX. El evangelio de Moody, como el de Whitefield, tenía un solo foco: salvación para el pecador. Todos los demás fines eran secundarios. La técnica de predicación de Moody estaba dominada por este único interés. Él inventó el himno cantado por un solista luego del sermón del pastor. Un solista cantaba el himno de invitación hasta que George Beverly Shea sugirió que lo hiciera un coro. Shea instó a Billy Graham a emplear a un coro para cantar canciones como “Tal como soy” mientras la gente pasaba al frente para recibir a Cristo.

Moody nos legó la testificación casa por casa junto con la publicidad y las campañas evangelísticas. Él nos dio la “canción evangelística” o el “himno evangelístico”. Y él popularizó la “tarjeta de decisión”, un invento de Absalom B. Earle (1812-1895). Además, Moody fue el primero de pedir a los que querían ser salvos que se pusieran de pie para ser guiados en una “oración del pecador”. (Conclusión: no sé tú, pero yo puedo decir que he vivido una gran parte de mi vida cultivando la doctrina “moodysta”).

Unos cincuenta años después, Billy Graham mejoró la técnica de Moody. Introdujo la práctica de pedir al público que inclinara sus rostros, cerrara sus ojos (“sin que nadie alrededor mire”) y levantara la mano como respuesta al mensaje de salvación. (Todos estos métodos han encontrado una fuerte oposición en quienes sostienen que son psicológicamente manipuladoras.) (Yo decidí romper con este protocolo después de ver como un endemoniado por el cual estaban orando tomó de la corbata a un pastor y casi lo estrangula)

Para Moody, la iglesia era simplemente una asociación voluntaria para los salvos. Su influencia fue tan imponente que en 1874 podía decirse que la iglesia “no es un gran cuerpo corporativo” sino “sólo una compañía de individuos”. Este énfasis fue adoptado por todos los avivamentistas que lo siguieron. Y terminó por entrar en la médula y los huesos del cristianismo evangélico.

Moody viajó más de un millón de millas y predicó a más de 100 millones de personas. Esto fue en un tiempo sin aviones, micrófonos, televisión o Internet. Como Whitefield, Moody predicaba un evangelio individualista. Su teología se resumía en tres aspectos: arruinado por el pecado, redimido por Cristo y regenerado por el Espíritu (en inglés, las tres R: Ruined, Redeemed, Regenerated). Moody no veía nada más allá de esto.

“Cada persona que pasaba al frente firmaba un tarjeta indicando su compromiso de vivir una vida cristiana y para indicar su preferencia por una iglesia. Esta parte de la tarjeta era retenida por el obrero personal, para acordar algún tipo de seguimiento. La otra parte de la tarjeta se entregaba al nuevo cristiano como una guía para la vida cristiana”. En su 45º año de ministerio, Graham había predicado a 100 millones de personas en 85 países diferentes.

Murray distingue entre el “avivamiento”, que es una obra auténtica y espontánea del Espíritu de Dios, y el “avivamentismo”, que son los métodos humanos para obtener (al menos en apariencia) las señales de convicción, arrepentimiento y nuevo nacimiento. El uso de presiones psicológicas y sociales para lograr conversos forma parte del “avivamentismo”.  Moody, junto con los predicadores del Gran Despertar como George Whitefield, apelaba fuertemente a las emociones. Estaban influenciados por la filosofía del Romanticismo, el cuerpo de pensamiento que enfatizaba

También vale la pena notar que Moody fue influenciado fuertemente por la enseñanza de los Hermanos de Plymouth sobre los últimos tiempos, que decía que Cristo podía volver en cualquier momento antes de la gran tribulación. (Esta enseñanza también se llama “dispensacionalismo pretribulacional”).153 El dispensacionalismo pretribulacional dio origen a la idea de que los cristianos debían salvar la mayor cantidad almas lo más rápido posible antes que termine el mundo.

 Con la fundación del Movimiento Estudiantil Voluntario (Student Volunteer Movement) por John Mott en 1888, surgió una idea relacionada: “La evangelización del mundo en una generación”. La consigna “en una generación” sigue viva y coleando hoy en la iglesia contemporánea. Pero no condice con la mentalidad de los cristianos del primer siglo.

El aporte pentecostal

Empezando alrededor de 1906, el movimiento pentecostal nos dio una expresión más emocional del canto congregacional, que incluía manos alzadas, danzar entre los bancos, batir las palmas, hablar en lenguas y el uso de panderetas. La expresión pentecostal concordaba bien con su énfasis en la obra extática del Espíritu Santo.

Pero pocos se dan cuenta de que, si uno quitara las características emotivas del culto de una iglesia pentecostal, sería idéntico a la liturgia bautista. Por lo tanto, no importa cuán fuertemente un pentecostal diga que está siguiendo modelos del Nuevo Testamento, los pentecostales y los carismáticos siguen el mismo orden del culto que todos los demás protestantes. ¡A un pentecostal simplemente se le permite más espacio para moverse en su banco!

Otra característica interesante del culto pentecostal ocurre durante el tiempo de canto. A veces, el canto es interrumpido por una palabra ocasional en lenguas, una interpretación de lenguas o una palabra de “profecía”. Pero estas expresiones raramente duran más que un minuto o dos. Una forma de participación abierta tan escasa difícilmente pueda considerarse como “ministerio del Cuerpo”.

La tradición pentecostal también nos legó la voluntad y las emociones. Esta era una reacción al énfasis en la razón que marcó el pensamiento cristiano anterior, modelado por el Iluminismo. El énfasis de los predicadores del Gran Despertar era la respuesta sentida del individuo a Dios. La conversión llegó a considerarse como la meta suprema de las actividades divinas.

Como señalan J. Stephen Lang y Mark A. Noll, “debido a la predicación del Gran Despertar, el sentido del yo religioso se intensificó. El principio de la elección individual quedó arraigada para siempre en el protestantismo estadounidense y sigue siendo evidente hoy entre los evangélicos y muchos otros”. John Nelson Darby produjo esta enseñanza.

El origen de la doctrina pretribulacional de Darby es a la vez fascinante como llamativo. Los apóstoles se quedaron en Jerusalén durante muchos años antes de ir “hasta lo último de la tierra”, como predijo Jesús. Ellos no tenían ninguna prisa para evangelizar al mundo. De igual forma, la iglesia de Jerusalén no evangelizó a nadie durante los primeros ocho años de su vida. Ellos tampoco tenían prisa alguna para evangelizar al mundo.

Finalmente, no hay el menor susurro en ninguna de las epístolas del Nuevo Testamento donde un apóstol haya dicho a una iglesia que evangelice porque “es tarde y los días son pocos”. Los primeros cristianos no tenían ninguna prisa para evangelizar el mundo.

Esto es absolutamente cierto. Es más, la prisa tiene que ver con un reloj en la mano de los hombres que, al mismo tiempo, tienen sus ojos fijos en los días que les marca un calendario gregoriano con el que se conducen. Nadie piensa en un Dios eterno, aunque se pasen todo el tiempo hablando de Él.

Como en todas las iglesias protestantes, el sermón es el punto culminante de la reunión pentecostal. Sin embargo, en una típica iglesia pentecostal el pastor a veces “siente que el Espíritu se está moviendo”. En estos casos, suspende su sermón hasta la semana siguiente. Entonces la congregación canta y ora durante el resto del culto. Para el pentecostal, esto representa lo máximo de un gran culto de iglesia.

La forma en que suele hablarse de estos cultos especiales es fascinante. Los asistentes generalmente describen esta ruptura con la liturgia normal diciendo: “El Espíritu Santo dirigió nuestra reunión esta semana. El Pastor Suárez no llegó a predicar”. Es interesante que a nadie se le ocurre preguntar: “¿No se supone que El Espíritu Santo debe dirigir todas nuestras reuniones?”. Hmmmm…

Aun así, como resultado de haber nacido en la estela del avivamentismo de frontera, el culto pentecostal es altamente subjetivo e individualista. Para la mente del pentecostal, adorar a Dios no es un asunto corporativo, sino una experiencia individual. Con la influencia penetrante del movimiento carismático, esta mentalidad de adoración individualista ha infiltrado la vasta mayoría de las tradiciones protestantes.

Muchos ajustes y ningún cambio vital

Nuestro estudio de la historia litúrgica de los luteranos (siglo XVI), los reformados (siglo XVI), los puritanos (siglo XVI), los metodistas (siglo XVIII), los avivamentistas de frontera (siglos XVIII y XIX) y los pentecostales (siglo XX) revela un punto ineludible: ¡Durante los últimos quinientos años, el orden del culto protestante ha sufrido cambios mínimos!

En el fondo, todas las tradiciones protestantes comparten las mismas características trágicas en su orden del culto: Son celebradas y dirigidas por un clérigo, hacen del sermón el punto central y la gente es pasiva y no se le permite ministrar.

Los reformadores hicieron mucho para cambiar la teología del catolicismo romano. Pero, en términos de la práctica real, hicieron reacomodamientos menores del mobiliario litúrgico. A pesar de las muchas variedades de iglesias protestantes que han aparecido en el lienzo de la historia de la iglesia, el orden del culto de los domingos a la mañana sigue grabado a fuego. Resultado: ¡El pueblo de Dios nunca se ha liberado de la camisa de fuerza que heredó del catolicismo romano!

El Gran Despertar del siglo XVIII fijó el tono para una fe individualista, algo que era ajeno a la iglesia del primer siglo. Estados Unidos se estaba volviendo rápidamente una nación de fuertes individualistas, así que este nuevo énfasis encajaba bien con el país.

Christian Liturgy, de Frank Senn, compara una gran cantidad de diferentes liturgias a lo largo de las edades. Todo el que las compare detectará rápidamente sus rasgos comunes. Senn compara cinco liturgias escritas contemporáneas lado a lado: el Misal Romano, el Libro Luterano de Culto, el Libro de Oración Común, la liturgia metodista y el Libro de Adoración Común. ¡Las similitudes son impactantes!

Debe señalarse que algunos eruditos han intentado extraer de los escritos de los padres de la iglesia una liturgia unificada y monolítica que fuera observada por todas las iglesias. Pero los estudios recientes han demostrado que los escritos de los padres son pluriformes antes que uniformes. Esto significa que ninguno de sus escritos puede ser universalizado para que represente lo que estaba ocurriendo en todas las iglesias en un mismo sitio.

La Reforma hizo poco para cambiar la estructura de la misa católica. En palabras de un autor: “Los reformadores aceptaron, en sustancia, el antiguo patrón de culto católico… las estructuras básicas de sus cultos fueron adoptadas casi universalmente de los distintos tipos de órdenes del final del medioevo…”

Los reformadores produjeron una reforma a medias de la liturgia católica. Su contribución principal fue el cambio del foco central. En las palabras de un erudito: “El catolicismo siguió cada vez más el camino de las sectas (paganas), al hacer de un rito el centro de sus actividades, y el protestantismo siguió el camino de la sinagoga al colocar el libro en el centro de sus cultos…”

Lamentablemente, ni el catolicismo ni el protestantismo lograron hacer de Jesucristo el centro de sus reuniones. Sí, el libro reemplazó a la Eucaristía, y el pastor reemplazó al sacerdote. Pero sigue habiendo un hombre dirigiendo al pueblo de Dios, convirtiéndolo en un conjunto de espectadores silenciosos.

La centralidad del Autor del libro nunca fue recuperada tampoco. Por lo tanto, los reformadores fracasaron dramáticamente en señalar el meollo del problema original: un servicio de adoración dirigido por el clero con la asistencia de un laicado pasivo. Entonces no es sorprendente que los reformadores se vieran a sí mismos como católicos reformados.

Además, los descubrimientos arqueológicos han demostrado que los escritos de los padres de la iglesia no brindan una visión correcta de la iglesia del segundo y tercer siglo. Los padres de la iglesia eran los teólogos de su tiempo. No nos dan un atisbo de las creencias o prácticas de los típicos cristianos de esos tiempos. Ante Pacem: es un estudio de la evidencia arqueológica que contradice el cuadro que nos dan los padres de la iglesia de la vida eclesiástica antes de Constantino.

Según un escritor de seminario, “Snyder plantea la pregunta: Los escritos de los intelectuales del cristianismo primitivo, ¿Nos dan un retrato adecuado de la iglesia de su tiempo? Sólo hace falta hacer la pregunta para escuchar la obvia respuesta, ‘no’, de nuestros labios. ¿Acaso los intelectuales de cualquier época cuentan lo que pasa en las trincheras? ¿Describen los Barth, los Tillich o aun los Niebuhr de alguna forma cómo ha sido el cristianismo estadounidense popular del siglo veinte?

Todos sabemos que no y, sin embargo, hemos supuesto que el Nuevo Testamento y los denominados teólogos ‘patrísticos’ nos dan una descripción precisa del cristianismo de los primeros tres

siglos. En parte, por supuesto, esto se ha asumido porque hemos pensado que son las únicas fuentes que tenemos, y en gran medida esto es cierto, en lo que se refiere a documentos literarios”.

Los reformadores tradujeron y adaptaron la misa, pero asumieron muy poca responsabilidad creativa en cambiarla. “Gran parte de la terminología y conceptos teológicos tradicionales [es decir, católicos] realmente forman parte del enfoque luterano también, ya que integraban el enfoque católico romano”

 El capítulo 3 trata la influencia de la arquitectura eclesiástica del cuarto siglo sobre el clero activo y la congregación pasiva. Con esta idea, Horton Davies escribe: “El paso de tres o cuatro siglos revela una gran alteración en el carácter de la adoración cristiana… En el cuarto siglo, el culto no se celebra en las casas privadas, sino en catedrales imponentes e iglesias majestuosas; no en formas de servicio libres y sencillas, sino en un culto fijo y ordenado”.

¿Qué tiene de malo este cuadro? Es lastimosamente claro que el orden del culto protestante no se originó en el Señor Jesús, los apóstoles o las escrituras de Nuevo Testamento. Esto, en sí mismo, no lo convierte en algo erróneo. Simplemente significa que no tiene ninguna base bíblica.

El uso de sillas y alfombras tejidas en reuniones cristianas tampoco tiene apoyo bíblico. Y ambos fueron inventados por paganos. Pero nadie diría que sentarse en sillas o usar alfombras está “mal” simplemente porque son invenciones postbíblicas creadas por paganos.

El hecho es que hacemos muchas cosas en nuestra cultura que tienen raíces paganas. Considere el calendario que usamos. Los días de nuestra semana y los meses de nuestro año fueron nombrados en honor a dioses paganos. Pero usar el calendario aceptado no nos hace paganos.

Sin embargo, el orden del culto dominical es un asunto distinto. Aparte de no ser bíblico y estar muy influido por el paganismo (que va en contra de lo que se predica del púlpito), es dañino espiritualmente.

Lo he dicho públicamente y se me ha mirado muy torcido por ello. Yo aprendí por guía del Espíritu Santo, que absolutamente todo lo que no emana de Dios, tenga la forma que tenga y produzca el placer que produzca, no es de Dios y, por consecuencia, como no hay grises ni neutros y el que con Él que no recoge desparrama, imagínate de donde viene.

Primeramente, el orden del culto protestante reprime la participación mutua y el crecimiento de la comunidad cristiana. Ahoga el funcionamiento del Cuerpo de Cristo al silenciar a sus miembros. No hay absolutamente ningún espacio para que usted dé una palabra de exhortación, comparta una perspectiva, inicie o introduzca una canción o dirija una oración espontáneamente. ¡No tiene más opción que quedarse sentado, portándose bien y en silencio!

Como todos los demás pobres e infelices “laicos”, usted sólo puede abrir su boca durante el canto congregacional. (Por supuesto, si es un pentecostal o carismático, tal vez se le permita dar una expresión extática durante un minuto. Pero después tiene que sentarse y quedarse callado.)

Aun cuando el compartir abiertamente en una reunión de iglesia es completamente bíblico, ¡Usted estaría rompiendo la liturgia si se atreviera a intentar algo tan inaudito! Se lo consideraría “fuera de orden” y se le daría la opción de portarse bien o marcharse.

Algunos lingüistas eruditos, como el anglicano Gregory Dix, han intentado argumentar que el Nuevo Testamento contiene un modelo primitivo de la misa. Sin embargo, un análisis cuidadoso de sus argumentos muestra que son simples intentos de leer su tradición actual en el texto bíblico.

Las primeras sillas conocidas fueron hechas en Egipto. Durante miles de años fueron usadas exclusivamente por la realeza, la nobleza, los sacerdotes y los ricos. Las sillas no fueron de uso común en el pueblo hasta el siglo XVI.

Las alfombras tejidas fueron creadas en India en el siglo XI y se difundieron por el resto del mundo oriental. La semana de siete días se originó en la antigua Mesopotamia y pasó a formar parte del calendario romano en 321 d.C. Enero (January en inglés) toma su nombre del dios romano Jano; marzo, del dios romano Marte; abril, de Aprilis, el mes sagrado de Venus; mayo, de la diosa Maia; y junio toma su nombre de la diosa Juno.

El domingo (Sunday en inglés) celebra al dios sol (Sun en inglés); el lunes (Monday) es el día de la diosa luna (Moon en inglés); el martes (Tuesday) toma su nombre del dios guerrero Tiw; el miércoles (Wednesday), del dios teutónico Wotan; el jueves (Thursday), del dios escandinavo Thor; el viernes (Friday), de la diosa escandinava Frigg; el sábado (Saturday), de Saturno, el dios romano de la agricultura.

David Norrington señala que, si bien no hay nada intrínsecamente malo en que la iglesia adopte ideas de la cultura que la rodea, el hecho que sean paganas suelen significar que son contrarias a la fe bíblica. Por lo tanto, el sincretismo y la aculturación suelen ser dañinos para la iglesia.

En segundo lugar, el orden del culto protestante sofoca el señorío de Jesucristo. Todo el servicio es dirigido por un hombre. ¿Dónde está la libertad para que nuestro Señor Jesús hable a través de su Cuerpo libremente? ¿En qué parte de la liturgia puede Dios dar a un hermano o hermana una palabra para compartir con toda la congregación? El orden del culto no permite tal cosa. Jesucristo no tiene la libertad de expresarse a través de su Cuerpo a discreción. ¡Se encuentra preso de nuestra liturgia! ¡Él también ha sido convertido en un espectador pasivo!

Es cierto que Cristo puede expresarse a través de uno o dos miembros de la iglesia, generalmente el pastor y el líder de música. Pero, esta es una expresión muy limitada. La manifestación del Señor a través de los demás miembros del Cuerpo se encuentra limitada. Por consiguiente, la liturgia protestante distorsiona al Cuerpo de Cristo, convirtiéndolo en un monstruo. ¡Se convierte en una enorme lengua (el pastor) y muchas orejas pequeñas (la congregación)! Esto violenta la visión de Pablo del Cuerpo de Cristo, en la que cada miembro funciona en la reunión de iglesia para el bien común.

En tercer lugar, para muchos cristianos el culto dominical es tremendamente aburrido. Carece de variedad y espontaneidad. Es muy previsible, muy superficial y muy mecánico. Hay poco que sea fresco o innovador. El orden del culto del domingo a la mañana es un violín de una sola cuerda que ha quedado congelado en la inmovilidad durante cinco siglos. Es el mismo espectáculo cada semana.

Dicho sin rodeos, el orden del culto encarna el poder ambiguo de la repetición. Y la repetición se vuelve rápidamente rutina, que a su vez se convierte en algo cansador, sin sentido y finalmente invisible. Las iglesias “sensibles a los buscadores” (seeker sensitive) han reconocido la naturaleza estéril del culto de iglesia moderno. En respuesta, han incorporado una gran cantidad de medios de comunicación y modernizaciones teatrales a la liturgia.

Esto se hace para comercializar el culto a las personas que no concurren a la iglesia. Utilizando la última tecnología electrónica, estas iglesias han logrado aumentar sus filas. Como resultado, han logrado la mayor participación de mercado entre todas las tradiciones protestantes de Estados Unidos. Pero, a pesar del entretenimiento adicional que ofrece, el movimiento “sensible a los buscadores” no ha podido sacarse de encima la liturgia protestante, inamovible, poco imaginativa, poco creativa, inflexible, absurdamente ritualista y pro forma.

El culto sigue estando en manos del pastor, el triple “sándwich de himnos” permanece intacto y los asistentes siguen siendo espectadores mudos (solo que ahora están algo más entretenidos.) En cuarto lugar, la liturgia protestante a la que usted asiste silenciosamente cada domingo, año tras año, en realidad obstaculiza la transformación espiritual porque: (1) alienta la pasividad, (2) limita el funcionamiento y (3) sugiere que la inversión de una hora semanal es la clave de la vida cristiana victoriosa.

1 Corintios 14:26. El Nuevo Testamento enseña que todos los cristianos deben usar sus dones como sacerdotes en funcionamiento para edificarse mutuamente cuando se reúnen (Romanos 12:3, 6; 1 Corintios 12:7; Efesios 4:7; Hebreos 10:24, 25; 13:15, 16; 1 Pedro 2:5, 9).

En palabras de Arthur Wallis: “Las liturgias, sean antiguas o modernas, escritas o no escritas, son un mecanismo humano para mantener la ruedas religiosas en movimiento haciendo lo de costumbre en vez de ejercer fe en la presencia y la operación inmediatas del Espíritu”. 1 Corintios 12:1ff.

Cada domingo usted asiste al culto para ser vendado y recargado, como el resto de los soldados maltrechos. Pero esto es algo que nunca se logra. La razón es bastante simple. El Nuevo Testamento nunca relaciona el permanecer sentado durante un ritual osificado que rotulamos erróneamente como “iglesia” con algo que tenga alguna relación con la transformación espiritual. Crecemos funcionando, y no mirando y escuchando pasivamente.

Reconózcalo. El orden del culto protestante no es bíblico, es impráctico y no es espiritual. No tiene ningún equivalente en el Nuevo Testamento. Más bien, encuentra sus raíces en la cultura del hombre caído. Ataca el corazón del cristianismo primitivo, que era informal y libre de rituales. Cinco siglos después de la Reforma, el orden del culto protestante todavía difiere poco de la misa católica, un ritual religioso que es una fusión de elementos paganos y judaicos. (Esto es lo que muchísimos siervos del Señor sin compromisos, hemos llamado en nuestros trabajos: Babilonia)

Como dijo un erudito de la liturgia: “La historia de la adoración cristiana es la del tira y afloja entre culto y cultura. Al predicar el evangelio en diferentes tiempos y lugares, los misioneros traían con ellos las formas y estilos de adoración que conocían… Como resultado, las prácticas de los populares cultos de misterio fueron empleadas a veces por la iglesia…”

En mi libro, Reconsiderando el odre, describo una reunión de iglesia al estilo del primer siglo. Yo no soy un liturgista de café. Lo que he escrito concerniente a las reuniones abiertas bajo la dirección de Cristo no es una teoría fantasiosa. He participado en este tipo de reuniones durante los últimos quince años.

Estas reuniones se destacan por una variedad increíble. No están restringidas a un modelo de culto de un hombre, dominado por el púlpito. Hay mucha espontaneidad, creatividad y frescura. La característica dominante de estas reuniones es la dirección visible de Cristo y el funcionamiento libre pero ordenado del Cuerpo de Cristo.

Para cerrar, el Nuevo Testamento no mantiene silencio respecto de cómo debemos reunirnos los cristianos. ¿Optaremos, entonces, por la tradición del hombre cuando se opone claramente a la idea de Dios para su Iglesia? ¿Seguiremos minando la dirección funcional de Cristo en aras de nuestra liturgia sacrosanta? La iglesia de Jesucristo, ¿Es columna y fundamento de la verdad o es defensora de la tradición del hombre?

La única manera de descongelar al pueblo congelado de Dios es haciendo un corte dramático con el ritual del domingo a la mañana. La otra opción es ser culpable de las palabras estremecedoras de nuestro Señor: “Ustedes han desechado los mandamientos divinos y se aferran a las tradiciones humanas”.

El propósito de la reunión de iglesia del primer siglo no era el evangelismo, el sermón, la adoración o la comunión. Más bien, era la edificación mutua a través de la manifestación de Cristo corporativamente 1 Timoteo 3:15. Marcos 7:8. Ver también Mateo 15:2-6; Marcos 7:9-13; Colosenses 2:8

Hijo de hombre, cuéntale al pueblo de Israel acerca del templo… para que se avergüencen de sus iniquidades…

Ezequiel, el profeta

CAPÍTULO 2

El Sermón: la Vaca más Sagrada del Protestantismo

El cristianismo no destruyó al paganismo; lo adoptó.

Will Durant

Llegamos ahora a una de las prácticas eclesiásticas más sacrosantas de todas: el sermón. Elimine el sermón, y el orden del culto protestante no es más que una reunión de canto. Quite el sermón, y la asistencia al servicio del domingo a la mañana está condenada a bajar dramáticamente.

Cierto y real. Puedo dar fe de una docena de congregaciones en las que la gente se las compone para llegar a la hora que estiman, (Y aciertan casi siempre) comenzará el sermón. Lo demás, no les interesa.

El sermón es la base de la liturgia protestante. Durante quinientos años ha funcionado como un mecanismo de relojería. Cada domingo a la mañana, el pastor sube a su púlpito y da un discurso inspirador a un público pasivo que calienta los bancos. Tan clave es el sermón que es la razón misma por la que la mayoría de los cristianos asisten a la iglesia. De hecho, todo el culto suele ser juzgado por la calidad del sermón. Pregúntele a una persona cómo estuvo el culto del domingo y recibirá invariablemente una descripción del sermón. Por ejemplo:

Pregunta: “¿Cómo estuvo la iglesia el domingo pasado?”.

Respuesta: “Oh, maravilloso. El pastor García habló de la importancia de dar “semillas de fe” como ofrenda para aumentar nuestros ingresos; fue tremendo. Me motivó a dar toda mi paga el próximo domingo”.

En resumen, la mentalidad cristiana actual hace equivaler al sermón con el culto del domingo a la mañana. Pero no termina aquí. La mayoría de los cristianos son adictos al sermón. Llegan a la iglesia con un balde vacío esperando que el predicador lo llene con un mensaje que lo haga sentir bien. Para el

cristiano típico, el sermón es el principal medio de sustento espiritual. Está por encima de la oración, la lectura bíblica y la comunión con otros creyentes.

Y, si somos completamente sinceros, ¡Está hasta por encima de la comunión con Jesucristo (al menos en la práctica)! Elimine el sermón y ha eliminado la fuente más importante de nutrición espiritual de la mayoría de los creyentes (según el pensamiento general). ¡Pero la asombrosa realidad es que el sermón no tiene ninguna raíz en las Escrituras!

Más bien, fue tomado de la cultura pagana, y criado y adoptado dentro de la fe cristiana. Esta es una declaración alarmante, ¿no es cierto? Pero hay más. A veces la asistencia baja debido al sermón… cuando es aburrido. “No hay nada más característico del protestantismo que la importancia que asigna a la predicación”.

En realidad, el sermón atenta contra el propósito mismo para el cual Dios ideó la reunión de iglesia. Y tiene muy poco que ver con el auténtico crecimiento espiritual. Voy a demostrar estas palabras en este capítulo.

El sermón y la Biblia

Sin duda, alguien que lea lo que acabo de escribir replicará: “En toda la Biblia aparecen personas que predicaron. ¡Por supuesto que el sermón es bíblico!”. Es cierto que las Escrituras registran a hombres y mujeres predicando. Sin embargo, hay una enorme diferencia entre la prédica inspirada por el Espíritu descrita en la Biblia y el sermón moderno. Esta diferencia casi siempre se pasa por alto porque hemos sido condicionados inadvertidamente a leer nuestras prácticas actuales en la Biblia. Así que, aceptamos, erróneamente, el culto al púlpito actual como algo bíblico.

Déjeme analizarlo un poco más. El sermón cristiano contemporáneo tiene las siguientes características: Es algo que ocurre con regularidad, entregado fielmente desde el púlpito al menos una

vez por semana. – Es entregado por la misma persona; generalmente, el pastor. – Es entregado a un público pasivo; es esencialmente un monólogo. – Es una forma de hablar elaborada, con una estructura específica. Suele tener una introducción, tres a cinco puntos y una conclusión.

Contraste esto con el tipo de prédica que aparece en la Biblia. En el Antiguo Testamento, había hombres de Dios que predicaban y enseñaban. Pero sus disertaciones no encajan en el sermón moderno. Estas son las características de las predicaciones y enseñanzas del Antiguo Testamento: Eran habituales la participación y las interrupciones del público. – Hablaban extemporáneamente y por una carga del momento, en vez de hacerlo usando un escrito preparado. – No hay ninguna indicación de que los profetas o sacerdotes del Antiguo Testamento dieran mensajes con regularidad al pueblo de Dios.

En cambio, la naturaleza de las predicaciones del Antiguo Testamento era esporádica, fluida y abierta a la participación del público. La prédica de la antigua sinagoga seguía un modelo similar. De vez en cuando el pastor podrá tener en cuenta a oradores invitados, que suelen ser otros ministros profesionales. La única diferencia en la predicación de la sinagoga era que un mensaje dado sobre un texto bíblico era algo habitual. Aun así, algunas sinagogas permitían que cualquier miembro que deseara hacerlo predicara a la gente.

Esto, por supuesto, está en contradicción directa con el sermón moderno, donde sólo se les permite a los “especialistas” religiosos hablar a la congregación. Llegamos ahora al Nuevo Testamento. El Señor Jesús no predicaba un sermón en forma regular al mismo público. Sus prédicas y enseñanzas asumían muchas formas diferentes. Y daba sus mensajes a muchos públicos diferentes. (Por supuesto que concentró la mayor parte de su enseñanza en sus discípulos. Sin embargo, los mensajes que Él les daba eran siempre espontáneos e informales.

Siguiendo el mismo modelo, la predicación apostólica que se registra en Hechos poseía las siguientes características: Era esporádica. – Era entregada en ocasiones especiales para tratar con problemas específicos. – Era extemporánea y sin estructura retórica. – Tenía habitualmente características de diálogo (es decir que incluía las opiniones e interrupciones del público) en vez de un monólogo (un discurso de un solo sentido).

Similarmente, las cartas del Nuevo Testamento muestran que el ministerio de la Palabra de Dios surgía de toda la iglesia en sus reuniones habituales. Este funcionamiento “de todos los miembros” era también conversacional y con interrupciones. De igual manera, las exhortaciones de los ancianos locales eran generalmente espontáneas.

En resumen, el sermón moderno dado para el consumo cristiano es ajeno tanto al Antiguo como al Nuevo Testamento. No hay absolutamente nada en las Escrituras que indique su existencia en las reuniones de los primeros cristianos.

¿De dónde vino el sermón cristiano? La fuente cristiana más antigua conocida con relación al uso habitual de sermones se encuentra a fines del segundo siglo 18 Clemente de Alejandría (150-215) lamentaba el El denominado “Sermón del Monte” del Señor recibió este nombre durante el período pos apostólico. Agustín fue el primero en dar a Mateo 5-7 este nombre, en su libro El sermón del Señor en la montaña, en 395 d.C. Pero el pasaje no fue llamado “el Sermón del Monte” en forma general hasta el siglo XVI.

Aun así, el llamado “Sermón del Monte” tiene poco que ver con el sermón contemporáneo, tanto en su estilo como en su retórica. Norrington analiza los discursos en el Nuevo Testamento y los contrasta con el sermón actual. El carácter espontáneo y no retórico de los mensajes apostólicos dados en Hechos es evidente cuando se los analiza de cerca.

 La palabra griega utilizada a menudo para describir la predicación y enseñanza del primer siglo es dialegomai. Esta palabra significa una forma de comunicación de dos vías. Nuestra palabra “diálogo” se deriva de ella. En breve, el ministerio apostólico era más diálogo que sermones monologados.

En muchos casos fue puntualizado el hecho de que los sermones hacían tan poco para cambiar a los cristianos. Sin embargo, a pesar de su fracaso reconocido, el sermón se convirtió en una práctica habitual entre los creyentes a principios del cuarto siglo.

Esto plantea una pregunta espinosa. Si los cristianos del primer siglo no se destacaban por sus sermones, ¿De dónde tomaron los cristianos pos apostólicos el sermón? La respuesta es elocuente: ¡El sermón cristiano fue adoptado directamente de la fuente pagana de la cultura griega!

Para encontrar los orígenes del sermón, tenemos que ir al quinto siglo a.C., a un grupo de maestros errantes llamados sofistas. Se les atribuye a los sofistas la invención de la retórica (el arte de hablar persuasivamente.) Ellos reclutaban discípulos y exigían el pago por sus discursos.

Los sofistas eran expertos discutidores. Eran maestros en el empleo de apelaciones emocionales, la apariencia física y el lenguaje ingenioso para “vender” sus argumentos. Con el tiempo, el estilo, la forma y la destreza oratoria de los sofistas llegaron a ser más valoradas que su precisión.

Esto produjo una clase de hombres que se convirtieron en maestros de frases elegantes, “cultivando el estilo por el estilo mismo”. Las verdades que predicaban eran abstractas en vez de verdades practicadas en sus propias vidas. (Pregunto: ¿Qué ha cambiado?)

Eran expertos en imitar la forma antes que la sustancia. Los sofistas se identificaban por la ropa especial que usaban. Algunos vivían en un lugar fijo donde daban sus sermones regularmente al mismo público. Otros viajaban para dar sus pulidos discursos. (Sacaban bastante dinero cuando lo hacían.) A veces, el orador griego ingresaba al foro donde daría su discurso “vestido ya con su túnica para el púlpito”. Después subía los escalones para sentarse en su silla profesional, desde donde daba su sermón. (Una vez más: ¿Qué ha cambiado?)

Obtenemos nuestra palabra “sofisma” de los sofistas. Un sofisma es un razonamiento engañoso y falaz (falso) usado para persuadir. Los griegos celebraban el estilo y la forma del orador por sobre la precisión del contenido de su sermón. Por lo tanto, un buen orador podía usar su sermón para hacer que su público creyera lo que él sabía que era falso.

Para la mente griega, ganar una discusión era una mayor virtud que destilar la verdad. (En los seminarios se sigue enseñando técnicas para “rebatir” argumentos opuestos) Lamentablemente, hay elementos del sofismo que nunca han abandonado el campo cristiano.  Para sostener sus argumentos, el sofista solía citar versos de Homero. (Algunos oradores estudiaron a Homero tan bien que podían repetirlo de memoria.) El sofista era tan cautivante que a menudo incitaba a su público a aplaudir durante su discurso.

Si su mensaje era bien recibido, algunos decían que su sermón estaba “inspirado”. Los sofistas eran los hombres más distinguidos de su tiempo. A tal punto que muchos vivían del estado. Otros tuvieron estatuas públicas erigidas en su honor. (¿No les recuerda todo esto a muchos predicadores modernos?)

Casi un siglo más tarde, el filósofo griego Aristóteles (384-322 d.C.) dio a la retórica el discurso de tres puntos. “Un todo”, dijo Aristóteles, “necesita un principio, un centro y un final”. Con el tiempo, los oradores griegos incorporaron el principio de los tres puntos de Aristóteles en sus discursos.

Los griegos estaban intoxicados con la retórica. Así que les iba bien a los sofistas. Cuando Roma conquistó Grecia, los romanos cayeron bajo el hechizo griego y su obsesión por la retórica. Por consiguiente, la cultura grecorromana desarrolló un deseo insaciable de escuchar a alguien dar un discurso elocuente.

Se puso tan de moda que un “pequeño sermón” de un filósofo profesional después de la cena era una forma habitual de entretenimiento. Los antiguos griegos y romanos consideraban a la retórica como una de las mayores formas de arte. En consecuencia, los oradores del Imperio Romano eran honrados con la misma condición glamorosa que los estadounidenses asignan a las estrellas del cine y a los atletas profesionales. Eran las estrellas rutilantes de su tiempo.

Los oradores podían llevar a una multitud al frenesí simplemente con sus poderosas habilidades de oratoria. Los maestros de retórica, la ciencia líder de ese tiempo, eran el orgullo de cada ciudad importante. Los oradores que producían recibían el trato de celebridades. En resumen, los griegos y romanos eran adictos al sermón pagano, así como muchos cristianos contemporáneos son adictos al sermón “cristiano”.

Soy locutor profesional, aprendí esas técnicas porque nos contrataban para conducir festivales donde había que acicatear a los espectadores. Jamás lo utilicé en la iglesia. Por esa razón, nunca fui considerado como un buen predicador. Gloria a Dios por ello.

La llegada de una corriente contaminada

¿Cómo terminó el sermón griego en la iglesia cristiana? Alrededor del tercer siglo, se creó un vacío cuando el ministerio mutuo se extinguió en el Cuerpo de Cristo. En este momento el obrero itinerante que hablaba desde una carga espontánea desapareció de la iglesia. Para cubrir su ausencia, comenzó a surgir la casta clerical. Las reuniones abiertas comenzaron a desaparecer, y las reuniones de iglesia se volvieron cada vez más litúrgicas.

Si bien Aristóteles hablaba acerca de escribir una “trama” o una “fábula”, su principio se aplicaba igualmente a los discursos. El amor por las palabras era una segunda naturaleza para los griegos. “Eran una nación de habladores”.

Te recuerdo la definición de “fábula”, de la cual Pablo le habla a Timoteo. Es un relato basado en una historia ficticia que consta de tres puntos específicos y concretos, y una conclusión en forma de moraleja extractada de la enseñanza básica del relato. ¿Sermón?

Durante el tercer siglo, la distinción entre el clero y el laicado se estaba ampliando a una velocidad arrolladora. Comenzó a arraigarse una estructura jerárquica, y apareció el concepto del “especialista religioso”. En vista de estos cambios, el cristiano participativo tuvo problemas para encajar en esta estructura eclesiástica en evolución. No había lugar para que él ejerciera sus dones.

Para el cuarto siglo, la iglesia se había vuelto completamente institucionalizada y la participación del pueblo de Dios se congeló. Mientras ocurría esto, muchos oradores paganos se estaban volviendo cristianos. Como resultado, se introdujeron inadvertidamente ideas filosóficas paganas en la comunidad

cristiana.

Algunos de los nuevos creyentes de este tiempo eran ex oradores y filósofos paganos. Lamentablemente, muchos de estos hombres pasaron a ser los teólogos de la iglesia cristiana primitiva. Son conocidos como los “padres de la iglesia” y algunos de sus escritos están con nosotros todavía.

Por lo tanto, el concepto pagano de un orador profesional entrenado que da discursos o sermones por un arancel pasó directamente a la corriente sanguínea del cristianismo. Note que el concepto de un “maestro especialista pago” no vino del judaísmo. Vino de Grecia. Los rabinos judíos acostumbraban tener un oficio o profesión para no cobrar por su enseñanza. (¡Oh! ¿Y ahora dónde sepultamos aquello de “el obrero es digno de su salario” con el que se ha esquilmado a más de una congregación?)

La conclusión de esta historia es que estos ex oradores paganos (ahora convertidos en cristianos) empezaron a utilizar sus destrezas en la oratoria grecorromana para propósitos cristianos. Se sentaban en su silla oficial y “explicaban el texto sagrado de las Escrituras, así como el sofista acostumbraba dar una exégesis del texto cuasi sagrado de Homero…” Si usted compara un sermón pagano del tercer siglo con un sermón dado por uno de los padres de la iglesia, encontrará que tanto la estructura como la fraseología de ambos se parecen impresionantemente.

Así que un nuevo estilo de comunicación estaba naciendo en la iglesia cristiana, un estilo que enfatizaba la retórica pulida, la gramática sofisticada, la elocuencia florida y el monólogo. Era un estilo ideado para entretener y hacer alarde de las destrezas en oratoria del expositor. Era la retórica grecorromana. ¡Y solamente a las personas entrenadas en estas capacidades se les permitía dirigirse a la congregación! (¿Le suena conocido?)

El destacado rabino Hillel dijo: “Quien hace de la Torá una corona terrenal, se consumirá”. Un alumno que estudiaba retórica completaba sus estudios cuando podía hablar improvisadamente sobre cualquier tema que le presentaban. La lógica, en forma de debate, era habitual en el estudio de la retórica. Cada estudiante aprendía a discutir y a hacerlo bien. La lógica era algo natural para la mente griega.

Un erudito lo expresa de la siguiente manera: La proclamación original del mensaje cristiano era una conversación de doble vía… pero cuando las escuelas de oratoria del mundo occidental se apoderaron del mensaje cristiano, convirtieron a la prédica cristiana en algo enormemente diferente. La oratoria tendió a ocupar el lugar de la conversación. La grandeza del orador tomó el lugar del asombroso hecho de Jesucristo. Y el diálogo entre el orador y el oyente pasó a ser un monólogo.

En resumen, el sermón grecorromano reemplazó el profetizar, el compartir abiertamente y la enseñanza inspirada por el Espíritu. El sermón pasó a ser el privilegio elitista de los oficiales de la iglesia, especialmente los obispos. Estas personas debían ser educadas en las escuelas de retórica para aprender a hablar.  Sin esta clase de educación, no se le permitía a un cristiano hablar al pueblo de Dios.

Ya en el tercer siglo los cristianos llamaban a sus sermones con el mismo nombre que los oradores griegos denominaban sus discursos. Los llamaban homilías. Hoy uno puede tomar un curso de seminario llamado homilética para aprender a predicar. Se considera a la homilética como “una ciencia que aplica las reglas de la retórica, que tienen su origen en Grecia y Roma”.

Expresado de otra manera, ni las homilías (los sermones) ni la homilética (el arte de dar un sermón) tienen un origen cristiano. Fueron tomados de los paganos. Una corriente contaminada se introdujo en la fe cristiana y envenenó sus aguas. Y esa corriente fluye tan fuerte hoy como en el cuarto siglo.

Crisóstomo y Agustín

Juan Crisóstomo (347-407 d.C.) fue uno de los más grandes oradores cristianos de su tiempo. (Crisóstomo significa ‘boca de oro’.) Constantinopla jamás había escuchado “sermones tan poderosos, brillantes y francos” como los predicados por Crisóstomo. La prédica de Crisóstomo era tan convincente que la gente a veces se abría camino al frente para escucharlo mejor.

Sin embargo, el análisis profundo de sus discursos, evidenciaban una lógica divorciada de la práctica y construida sobre argumentos teóricos. Toda esta mentalidad se infiltró en la fe cristiana tempranamente. Hatch escribe: “… con el crecimiento de la organización creció también, no sólo una fusión de la enseñanza y la exhortación, sino también la restricción gradual de la libertad de la comunidad para dirigirse a la clase oficial”.

En su lecho de muerte, Libanio (el tutor pagano de Crisóstomo) dijo que Crisóstomo habría sido su más digno sucesor “si los cristianos no lo hubieran robado”  Juan fue apodado “boca de oro” (Chrysostomos) por su predicación elocuente e intransigente. Cabe añadir que todavía sobreviven más de 600 de los sermones que predicó Crisóstomo.

Crisóstomo, que tenía el don natural de locuacidad de un orador, aprendió a hablar bajo el sofista más destacado del cuarto siglo, Libanio. La elocuencia de Crisóstomo en el púlpito era incomparable. Sus discursos eran tan poderosos que eran interrumpidos a menudo por el aplauso de la congregación. Una vez dio un sermón condenando el aplauso como algo impropio de la casa de Dios. Pero, después de concluir el sermón, a la congregación le gustó tanto el sermón que aplaudió. Esta historia ilustra el poder irrefrenable de la retórica griega.

Podemos dar crédito tanto a Crisóstomo como a Agustín (354-430 d.C.), un ex profesor de retórica, por convertir al discurso desde el púlpito en una parte esencial de la fe cristiana. En Crisóstomo, el sermón griego alcanzó su apogeo. El estilo del sermón griego echaba mano de la brillantez retórica, la cita de poesías y se centraba en impresionar al público. Crisóstomo enfatizaba que “el predicador necesita trabajar en sus sermones mucho tiempo para lograr el poder de la elocuencia”.

En Agustín, el sermón en latín alcanzó su punto más alto. El estilo del sermón latino era más práctico que el estilo griego. Se centraba en el “hombre común” y apuntaba a un tema moral más sencillo. Zwinglio tomó a Juan Crisóstomo como su modelo en la predicación, mientras que Lutero tomó a Agustín como el suyo.

 Ambos estilos, el latino y griego, incluían la modalidad del comentario versículo por versículo así como una forma de paráfrasis. Aun así, Crisóstomo y Agustín pertenecían al linaje de los sofistas griegos. Nos dieron la pulida retórica cristiana. Nos dieron el sermón “cristiano”. Bíblico en contenido, pero griego en estilo.

Los reformadores, los puritanos y el Gran Despertar

Durante los tiempos medievales, la Eucaristía dominó la misa católica romana y la predicación ocupó un lugar secundario. Pero, con la llegada de Martín Lutero (1483-1546), el sermón volvió a ocupar un lugar destacado en el culto de adoración. Lutero concebía a la iglesia, incorrectamente, como una reunión de personas que escuchan la Palabra de Dios hablada a ellas. Por esta razón, ¡Una vez llamó al edificio de iglesia Mundhaus (casa de la boca o del habla)!

Juan Calvino (1509-1564), siguiendo a Lutero, sostenía que el predicador es la “boca de Dios”. (Irónicamente, ambos hombres denostaron vehemente la idea de que el Papa era el Vicario de Cristo.) No es sorprendente que muchos de los reformadores hayan estudiado retórica y estuvieran fuertemente influenciados por los sermones grecorromanos de Agustín, Crisóstomo, Orígenes y Gregorio Magno.

De esta forma, los defectos de los padres de la iglesia fueron reproducidos por los reformadores y las subculturas protestantes que crearon. Este fue el caso especialmente de los puritanos. De hecho, la tradición de predicación evangélica moderna encuentra sus raíces más recientes en el movimiento puritano del siglo XVII y el Gran Despertar del siglo XVIII.

Los puritanos adoptaron su estilo de predicación de Calvino. ¿Cuál era ese estilo? Era la exposición sistemática de las Escrituras. Un estilo adoptado de los padres de la iglesia primitiva y que se hizo muy popular durante el Renacimiento. Los eruditos del Renacimiento daban un comentario oración por oración de un escrito de la antigüedad clásica. Calvino era un maestro de esta forma.

Antes de su conversión, usó este estilo para un comentario del autor pagano Séneca. Cuando se convirtió y empezó a predicar sermones, aplicó el mismo estilo analítico a la Biblia. Siguiendo los pasos de su padre, Juan Calvino, los puritanos centraban todos sus cultos eclesiásticos alrededor de la enseñanza sistemática de la Biblia. Al buscar protestantizar Inglaterra (purificándolo de las fallas del anglicanismo), los puritanos centraron todos sus cultos de iglesia alrededor de exposiciones de las Escrituras muy estructuradas, metódicas, lógicas y versículo por versículo.

Su énfasis era que el protestantismo era una religión “del Libro”. (Irónicamente, ¡“el Libro” no dice nada del sermón!). Los puritanos también inventaron una forma de predicación llamada de “estilo sencillo”. Este estilo se basaba en la memorización de las notas del sermón. La división, subdivisión y análisis del texto bíblico que hacían elevó al sermón al nivel de una ciencia refinada. Aún hoy muchísimos pastores usan esta forma. Además, los puritanos nos dieron el sermón de una hora, la práctica de que los asistentes tomaran apuntes del sermón, el prolijo bosquejo del sermón de cuatro partes y el uso de ayuda memorias por el pastor durante su discurso.

La evolución del contenido del sermón desde la Reforma hasta hoy es una larga historia que excede el alcance de este libro. Basta decir que los sermones durante el período de la Iluminación degeneraron en discursos morales vacíos. Se convirtieron en instrumentos para mejorar la sociedad humana. Los puritanos trajeron de vuelta la predicación expositiva versículo por versículo que comenzó con los padres de la iglesia.

Algunos pastores puritanos explicaron cada versículo de la Biblia. Los temas de justicia social se volvieron importantes en el metodismo del siglo XIX. Y, con la llegada del avivamentismo de frontera, la predicación en las iglesias evangélicas estuvo dominada por el llamado de salvación. Los puritanos también hicieron contribuciones a la retórica de los sermones modernos.

El sermón puritano era escrito por adelantado en un prolijo bosquejo de cuatro partes con una estructura organizacional detallada. El bosquejo de cuatro partes que usaban todos los predicadores puritanos consistía en texto (la lectura de las Escrituras), doctrina (declaración teológica), usos (probar e ilustrar la doctrina) y aplicación.

Otra influencia, el Gran Despertar, es responsable del tipo de predicación que fue común en las primeras iglesias metodistas, y que aún se usa en las iglesias pentecostales actuales. Los fuertes estallidos de emoción, los gritos, el correr de un lado de la plataforma al otro, son todos vestigios de esta tradición.

Resumiendo el origen del sermón moderno, podemos decir lo siguiente: el cristianismo adoptó, bautizó y envolvió en pañales la retórica grecorromana. La homilía griega se introdujo en la iglesia cristiana alrededor del segundo siglo, y alcanzó su punto más alto en los oradores de púlpito del cuarto siglo: a saber, Crisóstomo y Agustín.

El sermón cristiano ocupó un puesto secundario desde el quinto siglo hasta la Reforma, cuando fue arropado y venerado como el foco central del culto protestante. Sin embargo, durante quinientos años la mayoría de los cristianos nunca se ha cuestionado su origen o su eficacia.

Cómo daña a la iglesia el uso de sermones

Aunque venerado durante cinco siglos, el sermón convencional ha contribuido al mal funcionamiento de la iglesia de varias maneras. Primero, el sermón convierte al predicador en el ejecutante virtuoso del culto de la iglesia. Como resultado, la participación de la congregación es obstaculizada, en el mejor de los casos, e impedida, en el peor de los casos.

El sermón convierte a la iglesia en un puesto de predicación. La congregación degenera en un grupo de espectadores enmudecidos que presencian una función. No hay espacio para interrumpir o cuestionar al predicador mientras da su discurso. El sermón congela y aprisiona el funcionamiento de Cuerpo de Cristo. Fomenta un sacerdocio dócil al permitir a los profesionales del púlpito dominar la reunión de la iglesia semana tras semana con sus juegos de manos.

En segundo lugar, el sermón estanca el crecimiento espiritual. Al ser unidireccional, ahoga la curiosidad y genera pasividad. El sermón incapacita el funcionamiento de la iglesia. Sofoca el ministerio mutuo. Ahoga la participación abierta. Hace que el crecimiento espiritual del pueblo de Dios caiga en picada.

Como cristianos, necesitamos funcionar si queremos crecer. No crecemos sentándonos como estatuas de sal en el banco mientras un hombre nos predica semana tras semana. De hecho, una de las metas de la predicación y la enseñanza al estilo del Nuevo Testamento es ponerlo en funcionamiento a usted. Alentarlo a abrir su boca en la reunión de iglesia. El sermón convencional obstaculiza este mismo proceso.

. Los fantasmas de la predicación puritana siguen con nosotros hoy. Cada vez que usted escucha a un pastor protestante dar un sermón, por debajo encontrará el estilo puritano, cuyas raíces se encuentran en la retórica pagana. En tercer lugar, el sermón preserva la mentalidad antibíblica de un clero. Crea una dependencia excesiva y patológica del clero. El sermón hace del predicador el especialista religioso, el único que tiene algo digno de compartir. Todos los demás son tratados como cristianos de segunda, silenciosos calentadores de bancos. (Si bien esto no suele expresarse, es la realidad.)

¿Cómo puede el pastor aprender de los demás miembros del Cuerpo de Cristo cuando están en silencio? ¿Cómo puede la iglesia aprender del pastor cuando sus miembros no le pueden hacer preguntas durante su discurso? ¿Cómo pueden los hermanos y hermanas aprender el uno del otro si están amordazados y sin poder hablar durante las reuniones?

Puedes sumarle que en muchas congregaciones ese pastor es muy poco lo que podría enseñar, ya que está en la función por causa del arreglo efectuado por gente influyente de su denominación y no por llamado divino.

El sermón hace que la “iglesia” sea lejana e impersonal. Priva al pastor de recibir sostén espiritual de la iglesia. Y priva a la iglesia de recibir nutrición espiritual unos de otros. Por estas razones, ¡El sermón es una de las vallas más grandes para un sacerdocio funcional!

En cuarto lugar, más que equipar a los santos, el sermón les quita las destrezas. No importa con cuánta fuerza los ministros hablen de “equipar a los santos para la obra del ministerio”, lo cierto es que la predicación de sermones no equipa a nadie para el servicio espiritual. En realidad, el pueblo de Dios está tan adicto a escuchar sermones como los pastores a predicarlos. (Soy consciente de que a algunos cristianos no les gusta que le prediquen constantemente semana tras semana. Pero la mayoría parece disfrutarlo.)

A mí, particularmente, nunca me gustaron las predicaciones convencionales. Siempre consideré que era innecesario e ilógico que alguien nos tuviera que recordar, semanalmente, que no debemos mentir, robar, etc. Sí fui y soy muy afecto a escuchar enseñanza  que, entiendo, el autor no incluye en la misma bolsa de la predicación emocional y moralista.

 En contraste, la predicación y enseñanza al estilo del Nuevo Testamento equipa a la iglesia para que pueda funcionar sin la presencia de un clérigo. En quinto lugar, el sermón moderno es completamente impráctico. La mayoría de los predicadores son expertos en lo que nunca han experimentado. Sea abstracto/teórico, devocional/inspirador, exigente/convincente, entretenido/divertido, el sermón no logra poner a los oyentes en una experiencia directa y práctica de lo que ha sido predicado.

Por lo tanto, ¡el típico sermón es una lección de natación en tierra firme! Carece de todo valor práctico. Se predica mucho, pero poco llega. La mayor parte está dirigida al lóbulo frontal. El moderno énfasis en el púlpito no trasciende de meramente diseminar información para cumplir con el papel de equipar a los creyentes para que experimenten y usen lo que han escuchado.

En este sentido, el sermón refleja a su verdadero padre, la retórica grecorromana, impregnada de abstracción. “Involucraba formas ideadas para entretener y mostrar genialidad en vez de instruir o desarrollar talentos en los demás”. El moderno sermón pulido podrá calentar el corazón, inspirar la voluntad y estimular la mente. ¡Pero rara vez, o nunca, muestra al equipo cómo dejar el abrazo grupal!

Efesios 4:11-16. Este pasaje también señala que el funcionamiento es necesario para la madurez espiritual. Ver 1 Corintios 12-14. La reunión que se describe en este pasaje es, claramente, una reunión de iglesia. Algunos pastores han expresado la idea irreflexiva de que “todo lo que hacen las ovejas es decir ‘baa’ y comer pasto”.

Si bien muchos pastores hablan de “equipar a los santos” y “liberar a los laicos”, las promesas de liberar a los fláccidos laicos y equipar a la iglesia para el ministerio casi siempre demuestran ser vacías. Mientras el pastor siga dominando el culto de la iglesia a través de sus sermones, el pueblo de Dios no está libre para funcionar. Por lo tanto, “equipar a los santos” generalmente no pasa de ser retórica vacía.

Listo: invitemos a Frank a tu iglesia, yo lo acompaño bien en silencio, pero de acuerdo con todo. Tú controlas tu reloj para ver cuánto tarda alguien en llegarse hasta el púlpito a invitar cordialmente a que nos retiremos todos…

Para quienes consideramos que el sermón es exóticamente aburrido, entendemos el sentimiento de ser “predicados hasta la muerte”. La cita de Sydney Smith capta el sentimiento: “¡Merece ser predicado hasta la muerte por clérigos salvajes!”. Considere el método de Pablo de predicar a una iglesia naciente para luego dejarla sola por largos períodos de tiempo.

En todas estas formas, el sermón no logra promover el crecimiento espiritual. En cambio, intensifica el empobrecimiento de la iglesia. El sermón actúa como un estimulante momentáneo. Sus efectos son efímeros, en el mejor de los casos. Seamos sinceros. Hay montones de cristianos que han sido sermoneados por décadas, y siguen siendo bebés en Cristo. Los cristianos no somos transformados por escuchar sermones. Somos transformados por encuentros regulares con el Señor Jesucristo.

 Los que ministran, por lo tanto, son llamados a asegurarse de que su ministerio sea intensamente práctico. Están llamados no solamente a revelar a Cristo, sino a mostrar a sus oyentes cómo experimentarlo, conocerlo, seguirlo y servirlo. Si un predicador no puede llevar a sus oyentes a una experiencia viva y espiritual de lo que está ministrando, los resultados de su mensaje serán efímeros. Por lo tanto, la iglesia necesita menos personas en el púlpito y más facilitadores espirituales.

Hay una tremenda necesidad de personas que puedan proclamar a Cristo y sepan cómo alistar al pueblo de Dios para que experimente a Quien ha sido predicado. Necesitamos restaurar la práctica del primer siglo de la exhortación mutua y el ministerio mutuo. Porque el Nuevo Testamento hace girar la transformación espiritual alrededor de estas dos cosas. Es cierto que el don de la enseñanza está presente en la iglesia. Pero la enseñanza debe surgir de todos los creyentes, así como de los que poseen dones especiales para enseñar.

Nos alejamos mucho de los límites bíblicos cuando permitimos que la enseñanza asuma la forma de un sermón convencional y la relegamos a una clase de oradores profesionales. No importa si uno está predicando (kerygma) a incrédulos o enseñando (didache) a creyentes, el mensaje, tanto al creyente como al incrédulo, es Jesucristo. Hablando de la iglesia primitiva, Michael Green escribe: “Ellos predicaban a una persona. Su mensaje era abiertamente cristocéntrico.

Por cierto, el evangelio se menciona como simplemente Jesús o Cristo: ‘Él le predicó Jesús…’ Jesús el hombre, Jesús crucificado, Jesús resucitado, Jesús exaltado al lugar de poder en el universo… Jesús que, mientras tanto, estaba presente entre su pueblo en el Espíritu… El Cristo resucitado era inconfundiblemente central en el mensaje de ellos”.

En resumen

El sermón del púlpito no es el equivalente de la predicación que se encuentra en las Escrituras. No puede encontrarse en el judaísmo del Antiguo Testamento, el ministerio de Jesús o la vida de la iglesia primitiva. Es más, Pablo dijo a sus conversos griegos que él rehusó ser influenciado por los patrones de comunicación de sus contemporáneos paganos.

El sermón es una vaca sagrada que fue concebida en el vientre de la retórica griega. Nació a la comunidad cristiana cuando ex paganos convertidos en cristianos empezaron a traer sus estilos de oratoria a la iglesia. Para el tercer siglo, era habitual que los líderes cristianos dieran sermones. Para el cuarto, pasó a ser la norma. El cristianismo ha absorbido la cultura que lo rodea. Cuando su pastor se sube al púlpito llevando su vestimenta clerical y da su sermón sagrado, está jugando el papel del antiguo orador griego.

Sin embargo, a pesar de que el sermón no tiene un ápice de mérito bíblico para justificar su existencia, sigue siendo admirado acríticamente por la mayoría de los cristianos actuales. Se ha arraigado tanto en la mente cristiana que la mayoría de los pastores y “laicos” que creen en la Biblia no ven que están afirmando y perpetuando una práctica antibíblica por pura tradición. El sermón ha quedado implantado permanentemente en una compleja estructura organizacional que dista mucho de la vida eclesiástica del primer siglo.

En vista de todo lo que hemos descubierto acerca del sermón moderno, considere estas preguntas penetrantes: ¿Cómo puede un hombre predicar un sermón acerca de ser fiel a la Palabra de Dios cuando está predicando un sermón? Y ¿cómo puede un cristiano sentarse pasivamente en un banco y afirmar el sacerdocio de todos los creyentes cuando está sentado pasivamente en un banco? Hilando más fino, ¿cómo puede usted, querido cristiano, afirmar que defiende la doctrina protestante de sola Scriptura (“sólo por la Escritura”) y seguir apoyando el sermón del púlpito?

Como dijo un autor de manera tan elocuente: “El sermón es, en la práctica, incuestionable. Ha llegado a ser un fin en sí mismo, sagrado, producto de una reverencia distorsionada por ‘las tradiciones de los ancianos’… Parece ser extrañamente inconsistente que los que están más dispuestos a afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios, ‘la guía suprema en todos los asuntos de la fe y la práctica’, se encuentran entre los primeros en rechazar los métodos bíblicos a favor de las ‘cisternas rotas’ de sus padres (Jeremías 2:13).” Dicho de otra forma, ¡no hay espacio en el corral de la iglesia para vacas sagradas como el sermón!

No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes sino con demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no dependiera de la sabiduría humana sino del poder de Dios.

Pablo de Tarso

CAPÍTULO 3

El Edificio de la Iglesia

Heredando el Complejo del Edificio

En el proceso de reemplazar las antiguas religiones, el cristianismo se convirtió en una religión.

Alexander Schmemann

El cristiano contemporáneo está enamorado del ladrillo y el cemento. El complejo del edificio está tan arraigado en nuestro pensamiento que si un grupo de creyentes empieza a reunirse, sus primeros pensamientos están dirigidos a conseguir un edificio. Porque ¿cómo puede pretender un grupo de cristianos ser una iglesia legítimamente sin un edificio? (Esta es la forma de pensar.)

El edificio de la “iglesia” está tan relacionado con la idea de iglesia que, inconscientemente, los equiparamos. Escuche simplemente el vocabulario del cristiano promedio de hoy: “¡Vaya, cariño! ¿Viste esa hermosa iglesia que acabamos de pasar?”.

“¡Caramba! ¡Esa es la iglesia más grande que he visto jamás! Me pregunto cuánto pagarán por la electricidad para que funcione”. “Nuestra iglesia es demasiado pequeña. Me está dando claustrofobia. Necesitamos ampliar el balcón”.

“La iglesia está helada hoy; ¡Me estoy congelando aquí!”. “Hemos ido a la iglesia todos los domingos el año pasado salvo cuando se le cayó el microondas sobre el dedo del pie de la tía Yolanda”. ¿Y la terminología del pastor típico? “¿No es maravilloso estar en la casa de Dios hoy?”.

“Debemos mostrar reverencia cuando entramos en el santuario del Señor”. ¿Y la madre que le dice a su hija feliz (por lo bajo): “Quítate esa sonrisa de la cara. ¡Estás en la iglesia ahora! ¡Hay que portarse bien en la casa de Dios!”. Francamente, ninguno de estos pensamientos tiene nada que ver con el cristianismo del Nuevo Testamento. Más bien reflejan el pensamiento de otras religiones; principalmente el judaísmo y el paganismo.

Templos, sacerdotes y sacrificios

El antiguo judaísmo estaba centrado en tres elementos: el templo, el sacerdocio y el sacrificio. Cuando vino Jesús, puso fin a cada uno de ellos, cumpliéndolos en sí mismo. Él Como se mencionó anteriormente, una mezcla del judaísmo y la religión pagana de los misterios tuvo una gran influencia en la forma de la iglesia después de la era apostólica.

Como consecuencia, tanto el templo como el sacerdocio y el sacrificio del judaísmo cesaron con la venida de Jesucristo. Cristo es el cumplimiento y la realidad de todo ello. En el paganismo grecorromano, estos tres elementos también estaban presentes: los paganos tenían sus templos, sus sacerdotes y sus sacrificios.

Sólo los cristianos se deshicieron de todos estos elementos. Bien puede decirse que el cristianismo fue la primera religión que haya surgido jamás no basada en un templo. En las mentes de los primitivos cristianos, era el pueblo que constituía un espacio sagrado, y no la arquitectura. Los primeros cristianos entendían que ellos mismos, corporativamente, eran el templo de Dios y la casa de Dios.

Es llamativo que en ninguna parte del Nuevo Testamento encontramos los términos “iglesia” (ekklesia), “templo” o “casa de Dios” usados para referirse a un edificio. Hebreos enfatiza continuamente que Jesús se ofreció a sí mismo “una vez para siempre”, enfatizando el hecho de que Él no necesita ser sacrificado otra vez. El sacrificio de Cristo en el Calvario fue completamente suficiente.

El mensaje de Esteban en Hechos 7 indica que “el templo era meramente una casa hecha por hombres que se originó con Salomón; no tenía ninguna relación con la tienda de reunión que se le había ordenado a Moisés erigir según un patrón revelado divinamente y que había seguido hasta el tiempo de David”.

Esteban usa las mismas palabras en Hechos 7:48: “…el Altísimo no habita en templos hechos de mano”. En otras palabras, ¡nuestro Padre celestial no mora en templos! Colosenses 2:16, 17. Que Cristo vino a cumplir las sombras de la ley judía es el tema central del libro de Hebreos. Todos los escritores del Nuevo Testamento afirman que Dios no requiere ningún sacrificio santo ni un sacerdocio mediador. Todo ha sido cumplido en Jesús: el Sacrificio y el Sacerdote Mediador.

El paganismo dominó el Imperio Romano hasta alrededor del cuarto siglo. Pero muchos de sus elementos fueron absorbidos por los cristianos en el siglo tres y cuatro. El término “pagano” fue un invento de los apologistas cristianos, en un intento por agrupar a los no cristianos en un paquete conveniente. En esencia, un “pagano” es alguien que vive en el campo, un habitante del pagus, o distrito rural. Debido a que el cristianismo se extendió principalmente en las ciudades, los provincianos, o “paganos”, eran considerados personas que creían en los antiguos dioses.

1 Corintios 3:16; Gálatas 6:10; Efesios 2:20-22; Hebreos 3:5; 1 Timoteo 3:15; 1 Pedro 2:5; 4:17. Todos estos pasajes se refieren al pueblo de Dios, no a un edificio. En palabras de Arthur Wallis: “En el Antiguo Testamento, Dios tenía un santuario para su pueblo; en el Nuevo, Dios tiene a su pueblo como un santuario”.

Hay una expresión más bien muy apta para un cristiano del primer siglo, ¡denominar ekklesia (iglesia) a un edificio sería como llamar rascacielos a una mujer! El primer uso registrado de la palabra ekklesia (iglesia) para referirse a un lugar de reunión cristiano fue en el año 190 d.C., por Clemente de Alejandría (150-215).15 Clemente fue la primera persona en utilizar la frase “ir a la iglesia”, un pensamiento extraño para los creyentes del primer siglo. (¡Uno no puede ir a algo que uno es!

A lo largo del Nuevo Testamento, ekklesia siempre se refiere a una asamblea de personas, no un lugar.) Aun así, la referencia de Clemente a “ir a la iglesia” no es una referencia a asistir a un edificio especial para el culto. Más bien se refiere a un hogar privado que los cristianos del segundo siglo usaban para sus reuniones.

 Los cristianos no erigieron edificios especiales para el culto hasta la era de Constantino, en el siglo cuarto. Tampoco tuvieron una casta sacerdotal especial apartada para servir a Dios. En cambio, cada creyente reconocía que él o ella era un sacerdote para con Dios. Los primeros cristianos también se deshicieron de los sacrificios. Porque entendían que el Sacrificio verdadero y final (Cristo) había venido. Los únicos sacrificios que ofrecían eran sacrificios espirituales de alabanza y acción de gracias.

Cuando el catolicismo romano evolucionó entre el cuarto y el sexto siglo, absorbió las prácticas religiosas del paganismo y el judaísmo. Creó un sistema sacerdotal profesional. Erigió edificios sagrados. Y convirtió a la Cena del Señor en un sacrificio misterioso.

La palabra inglesa “church” (iglesia), así como la palabra escocesa kirk y la palabra alemana kirche, se derivan todas de la palabra griega kuriakon, que significa “perteneciente al Señor”. “Church” viene del inglés antiguo cirice o circe, derivados del griego kuriakon. Con el tiempo, asumió el significado de “casa de Dios” y terminó refiriéndose a un edificio.

Los traductores de la Biblia inglesa cometieron un gran error al traducir ekklesia como “church” (iglesia). Ekklesia, en la totalidad de sus 114 apariciones en el Nuevo Testamento, siempre significa una asamblea de personas. William Tyndale merece ser elogiado porque, en su traducción del Nuevo Testamento, se rehusó a usar la palabra “church” para traducir ekklesia. En cambio, la tradujo más correctamente como “congregation” (congregación).

Lamentablemente, los traductores de la versión King James prefirieron no seguir la traducción superior de Tyndale en esta cuestión y recurrieron a “church” como traducción de ekklesia. Rechazaron la traducción correcta de ekklesia como “congregación” porque era la terminología de los puritanos.

Snyder dice: “No hay ninguna evidencia literaria ni indicación arqueológica de que ninguna de estas casas se haya convertido en un edificio de iglesia existente. Ni hay ninguna iglesia existente que haya sido construido indubitablemente antes de Constantino”. En otra obra, Snyder escribe: “Las primeras iglesias se reunieron invariablemente en hogares. Hasta el año 300 no conocemos ningún edificio que haya sido construido primero como iglesia”.

Siguiendo el camino de los paganos, el catolicismo adoptó la práctica de quemar incienso y tener vírgenes vestales (sagradas). Afortunadamente los protestantes desecharon el uso de la Cena del Señor como sacrificio, la quema de incienso y las vírgenes vestales. Pero retuvieron la casta sacerdotal (el clero) así como el edificio sagrado.

De iglesias caseras a catedrales sagradas

Los primeros cristianos creían que Jesús es la presencia misma de Dios. Creían que el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, constituye un templo. Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, hizo algunas declaraciones radicalmente negativas en cuanto al templo judío. ¡La principal fue que sería destruido!

Si bien Jesús apuntaba al templo que existía en el sentido arquitectónico, en realidad hablaba de su Cuerpo. Jesús dijo que, después que el templo fuera destruido, Él lo levantaría en tres días. Significativamente, se refería al verdadero templo –la iglesia– que Él levantó en sí mismo al tercer día.

Desde que Cristo resucitó, nosotros los cristianos hemos pasado a ser el templo de Dios. Por esta razón el Nuevo Testamento siempre reserva la palabra “iglesia” (ekklesia) para el pueblo de Dios. Nunca emplea esta palabra para referirse a un edificio de ningún tipo.

El acto de Jesús de limpiar el templo significaba que el “culto del templo” del judaísmo estaba siendo reemplazado por Él mismo. Con su llegada, el Padre ya no sería adorado en un monte o en un templo. En cambio, sería adorado en espíritu y en verdad.

Cuando nació el cristianismo, era la única religión en la tierra que no tenía objetos sagrados, personas sagradas ni espacios sagrados. Aunque estaban rodeados por sinagogas judías y templos paganos, los primeros cristianos eran las únicas personas religiosas en la tierra que no erigían templos sagrados para su culto. La fe cristiana nació en hogares, en patios, junto a caminos y en salas de estar.

Tal cual. Esto te hace recapacitar una vez más en la potencia que tiene, si se lo deja moverse a voluntad, el espíritu de religiosidad. He aquí lo que llamamos sutileza diabólica, algo que parece hasta bueno si no lo entiendes, pero que en verdad es nefasto.

Los primeros cristianos creían que la Iglesia, la comunidad de creyentes, era el templo. Y que la

adoración no estaba localizada espacialmente ni alejada de la totalidad de la vida. Por lo tanto, en sus mentes no existía la idea de un “lugar santo”. ¡El “lugar santo” de los cristianos es tan omnipresente como su Señor ascendido! La adoración no es algo que sucede en cierto lugar en cierto momento. Es un estilo de vida.

Durante los primeros tres siglos, los cristianos no tuvieron ningún edificio especial. Como dijo un erudito: “El cristianismo que conquistó el Imperio Romano fue esencialmente un movimiento centrado en los hogares”. Algunos han sostenido que esto fue por la fuerza. Pero no es cierto. Fue una elección consciente de parte de ellos.

Al crecer el tamaño de las congregaciones, empezaron a remodelar sus casas para acomodar mayor cantidad de personas. Uno de los descubrimientos más destacados de la arqueología es la casa de Dura Europos, en lo que hoy es Siria. Este es el lugar de reunión cristiano más antiguo identificable. Era simplemente un hogar privado remodelado como lugar de reunión cristiano alrededor del año 232 d.C.

La casa de Dura Europos era, esencialmente, una casa donde se había quitado la pared entre dos dormitorios para crear una sala de estar grande. Con esta modificación, la casa pudo alojar unas setenta personas. Las casas remodeladas, como la de Dura Europos, no pueden clasificarse correctamente como “edificios de iglesia”.

Eran simplemente casas remozadas para acomodar congregaciones más grandes. Además, estas casas nunca fueron llamadas “templos”, el término que usaban tanto paganos como judíos para sus lugares sagrados. ¡Los cristianos no comenzaron a llamar a sus edificios “templos” hasta el siglo XV!

Debería señalarse que en ocasiones los cristianos usaron edificios ya existentes para propósitos especiales y temporales. El pórtico de Salomón y la escuela de Tiranno son ejemplos (Hechos 5:12; 19:9). Sin embargo, sus reuniones de iglesia habituales siempre se realizaban en un hogar privado.

La casa en Dura Europos fue destruida en 256 d.C. Según Frank Senn, “los cristianos de los primeros siglos carecían de la publicidad de los cultos paganos. No tenían santuarios, templos, estatuas o sacrificios. No realizaban festivales, bailes, espectáculos o peregrinajes públicos. Su principal rito involucraba una comida que tenía un origen y un entorno doméstico heredados del judaísmo.

Por cierto, los cristianos de los primeros tres siglos solían reunirse en residencias privadas que habían sido convertidas en espacios de reunión adecuados para la comunidad cristiana… Esto indica que la austeridad ritual de los primeros cultos cristianos no debe ser tomada como una señal de primitividad sino, más bien, como una forma de enfatizar el carácter espiritual del culto cristiano”. Estas casas reestructuradas se denominaban domus ecclesiae.

Hay quienes han argumentado que los cristianos anteriores a Constantino eran pobres y no podían ser dueños de propiedades. Pero esto no es cierto. Bajo la persecución del emperador Valeriano (253-260), por ejemplo, todas las propiedades de los cristianos fueron confiscadas.

L. Michael White señala que los primeros cristianos tenían acceso a los estratos socioeconómicos más elevados. Además, el entorno grecorromano del segundo y tercer siglo estaba bastante abierto a que muchos grupos adaptaran edificios privados para su uso comunitario y religioso.

La creación de espacios y objetos sagrados

A fines del siglo segundo y en el tercero hubo un cambio. Los cristianos empezaron a adoptar la costumbre pagana de venerar a los muertos. Su foco era la memoria de los mártires. Así empezaron las oraciones por los santos (que luego se convirtieron en oración a ellos). Los cristianos tomaron de los paganos la práctica de realizar comidas en honor de los muertos. Tanto el funeral cristiano como la endecha fúnebre salieron directamente del paganismo del tercer siglo.

Los cristianos del tercer siglo tenían dos lugares para sus reuniones: sus hogares privados y el cementerio. Se reunían en el cementerio porque querían estar cerca de sus hermanos fallecidos. Creían que compartir una comida en el cementerio de un mártir era hacer memoria de él y adorar en su compañía. Dado que los cuerpos de los “santos” mártires estaban allí, los lugares de entierro cristiano comenzaron a verse como “espacios sagrados”.

Entonces los cristianos comenzaron a construir pequeños monumentos sobre estos espacios, especialmente sobre las tumbas de los santos famosos. Construir un santuario sobre un lugar de entierro y llamarlo “sagrado” era también una práctica pagana.

Además de remodelar hogares privados, Alan Kreider dice que “para mediados del siglo tercero, las congregaciones estaban creciendo en número y en riqueza. Así que los cristianos que se reunían en insulae (islas), manzanas que contenían casas y tiendas, comenzaron a convertir discretamente espacios privados en complejos domésticos adaptados a las necesidades de la congregación.

Derribaron paredes para unir apartamentos, con lo cual crearon espacios variados, grandes y pequeños, que eran requeridos por la vida de sus comunidades crecientes”  Los teóricos del Renacimiento Alberti y Palladio estudiaron los templos de la antigua Roma y comenzaron a usar el término “templo” para referirse al edificio de iglesia cristiano. Más tarde, Calvino se refirió a los edificios cristianos como templos, agregándolo al vocabulario de la Reforma (p. 207).

Tertuliano (160-225) demuestra los esfuerzos implacables de los cristianos por deshacerse de la costumbre pagana del cortejo fúnebre. Sin embargo, los cristianos sucumbieron a esta práctica. Los ritos funerales cristianos, fuertemente inspirados en formas paganas, comienzan a aparecer en el tercer siglo.

La práctica de orar por los muertos parece haber surgido alrededor del segundo siglo. Tertuliano nos dice que era una práctica habitual en su tiempo. En Roma, los cristianos empezaron a decorar las catacumbas (lugares de entierro subterráneos) con símbolos cristianos. Así, el arte comenzó a asociarse con los espacios sagrados.

Clemente de Alejandría (150-215 d.C.) fue uno de los primeros cristianos en apoyar el uso de artes visuales en la adoración. (Entre paréntesis, la cruz como una referencia artística a la muerte de Cristo no puede encontrarse antes del tiempo de Constantino. El crucifijo, una representación artística del Salvador colgando de la cruz, hizo su primera aparición en el quinto siglo. La costumbre de hacer la “señal de la cruz” con las manos se retrotrae al segundo siglo.)

Alrededor del segundo siglo, los cristianos empezaron a venerar los huesos de los santos, considerándolos sagrados. Con el tiempo, esto llevó a la colección de reliquias. La veneración de los muertos fue la mayor fuerza formadora de comunidades en el Imperio Romano.

 Ahora los cristianos la estaban incorporando a su propia fe. A fines del segundo siglo hubo un cambio en la forma de ver la Cena del Señor. Pasó de ser una comida completa a una ceremonia estilizada llamada “Santa Comunión”.

Para el cuarto siglo, esta tendencia se volvió ridícula. La copa y el pan eran considerados como cosas que producían una sensación de sobrecogimiento, temor y misterio. A tal punto que las iglesias en el Oriente ponían un dosel sobre la mesa de altar, donde se colocaban el pan y la copa. (En el siglo XVI, se le agregaron barandillas a la mesa de altar. Las barandillas indicaban que la mesa de altar era un objeto santo que sólo podía ser manipulado por personas santas; es decir, ¡El clero!).

Esta es la mesa donde se colocaba la santa comunión. La mesa de altar representa lo que se ofrece a Dios (el altar) y lo que es dado al hombre (mesa). Los altares laterales no entraron en uso hasta Gregorio Magno. Así que, para el tercer siglo, los cristianos no solamente tenían espacios sagrados. Tenían objetos sagrados también. (Pronto desarrollarían un sacerdocio sagrado.)

En todo esto, los cristianos del segundo y tercer siglo comenzaron a asimilar la mentalidad mágica que caracterizaba el pensamiento de los paganos. Todos estos factores abonaron el terreno cristiano para el hombre que sería responsable de crear los edificios de iglesia. Constantino: el padre del edificio de iglesia.

 La historia de Constantino (285-337 d.C.) es una página oscura en el cristianismo. Los edificios de iglesia comenzaron con él. La historia es asombrosa. Cuando apareció en escena Constantino, el ambiente estaba listo para que los cristianos escaparan de su condición de despreciados y minoría. La tentación de ser aceptados fue simplemente demasiado fuerte para resistir, y la bola de nieve constantiniana comenzó a rodar.

En 312 d.C., Constantino se convirtió en César del Imperio Occidental. En 324 se convirtió en Emperador de todo el Imperio Romano. Poco después, empezó a encargar la construcción de edificios de iglesia para promover la popularidad y aceptación del cristianismo. Si los cristianos tuvieran sus propios edificios sagrados -como los judíos y los paganos- su fe sería considerada legítima.

Es importante entender la mentalidad de Constantino, porque fue la matriz que dio a luz el edificio de iglesia. El pensamiento de Constantino estaba dominado por la superstición y la magia pagana. Aun después de convertirse en Emperador, permitió que las antiguas instituciones paganas permanecieran como estaban.

Son significativas las primeras palabras de Schaff: “Luego que el cristianismo fuera reconocido por el estado y que se le posibilitara tener propiedades, erigió casas de adoración por todo el Imperio Romano. Probablemente hubo más construcción de este tipo en el cuarto siglo que en cualquier otro período, salvo tal vez el siglo XIX en Estados Unidos…”

Norrington señala que, al crecer en riqueza los obispos del cuarto y quinto siglo, la derivaron hacia elaborados programas de construcción de edificios de iglesia. Everett Ferguson escribe: “Recién en la era de Constantino encontramos edificios especialmente construidos; inicialmente simples salones y luego las basílicas constantinianas”.

Antes de Constantino, todas las estructuras usadas para reuniones de iglesia eran “casas o edificios comerciales modificados para su uso por la iglesia”. En 312 d.C., Constantino derrotó al emperador occidental Maxentio en la batalla del Puente de Milvio.

Después de su conversión al cristianismo, Constantino nunca abandonó el culto al sol. Mantuvo el sol en sus monedas. Y erigió una estatua del dios sol que llevaba su propia imagen en el Foro de Constantinopla (su nueva capital).

También construyó una estatua de la diosa madre Cibeles. (Si bien la presentó en una postura de oración cristiana.). (Los historiadores siguen debatiendo si Constantino fue o no un cristiano genuino. El hecho de que habría hecho ejecutar a su hijo mayor, su sobrino y su cuñado no ayuda a fortalecer el caso a favor de su conversión. Pero no vamos a investigar esta línea demasiado profundamente aquí.)

En 321 d.C., Constantino decretó que el domingo sería un día de descanso, un feriado legal. Aparentemente, la intención de Constantino al hacerlo era honrar al dios Mitras, el Sol Invicto. (Él describía al domingo como “el día del sol”.) Para demostrar aún más su afinidad con la adoración del sol, las excavaciones de San Pedro en Roma descubrieron un mosaico de Cristo como el Sol Invicto.

Casi hasta el día de su muerte Constantino “siguió funcionando como el sumo sacerdote del paganismo”. De hecho, ¡Retuvo el título pagano Pontifex Maximus, que significa jefe de los sacerdotes paganos! (En el siglo XV, ¡Este mismo título pasó a ser el título honorífico del Papa católico!)

Constantino usó rituales y decoraciones paganos así como cristianos al dedicar su nueva capital, Constantinopla. Y utilizó fórmulas mágicas paganas para proteger las cosechas y sanar enfermedades. Además, toda la evidencia histórica indica que Constantino era un egomaníaco.

Cuando construyó la nueva “Iglesia de los Apóstoles”, erigió monumentos a los doce apóstoles. Los doce monumentos rodeaban un único sepulcro que yacía en el centro. Esa tumba estaba reservada para Constantino mismo, ¡Lo cual lo convertía en el decimotercer y principal apóstol!

De esta forma Constantino no solamente continuó la práctica pagana de honrar a los muertos, ¡Sino que él también buscó ser incluido entre los muertos importantes! Constantino también reforzó el concepto pagano del carácter sagrado de objetos y lugares. En gran parte gracias a su influencia, el tráfico de reliquias se hizo habitual en la iglesia.

 Para el cuarto siglo la obsesión con las reliquias se volvió tan grave que algunos líderes cristianos se pronunciaron en su contra diciendo: “Una práctica pagana introducida en las iglesias bajo el manto de la religión… la obra de idólatras”.

Constantino es reconocido también por traer a la fe cristiana el concepto de “sitio sagrado”, que estaba basado en el modelo del santuario pagano. Debido a la aureola de “carácter sagrado” que los cristianos del cuarto siglo atribuyeron a Palestina, llegó a ser conocida como “la Tierra Santa” para el sexto siglo.

Aún más asombroso es que, después de la muerte de Constantino, fue declarado “divino”. (Esta era la costumbre para todos los emperadores paganos que murieron antes que él.) Fue el Senado el que lo declaró un dios pagano al morir. Y nadie les impidió hacerlo.

Al llegar a este punto deberíamos decir algo sobre la madre de Constantino, Helena. Esta mujer era muy conocida por su obsesión por las reliquias. En 326, Helena hizo un peregrinaje a Tierra Santa. En 327, en Jerusalén, encontró supuestamente la cruz y los clavos usados para crucificar a Jesús.

¡Se dice que Constantino promovió la idea de que los pedazos de madera de la cruz de Cristo tenían poderes espirituales! Sin duda había una mente mágica pagana obrando en el Emperador Constantino. He aquí el padre del edificio de iglesia.

El programa de construcción de Constantino

Después del viaje de Helena a Jerusalén, en 327, Constantino comenzó a erigir los primeros edificios de iglesias por todo el Imperio Romano. Al hacerlo, siguió el camino de los paganos que construían templos para honrar a Dios.

Es interesante que dio a sus iglesias nombres de santos, igual que los paganos, que daban a sus templos los nombres de sus dioses. Constantino construyó sus primeros edificios de iglesia sobre los cementerios donde los cristianos celebraban comidas por los santos muertos. Es decir, los construyó sobre los cuerpos de santos muertos. ¿Por qué?

Porque durante al menos un siglo antes los lugares de entierro de los santos eran considerados “espacios sagrados”. Muchos de los edificios más grandes fueron construidos sobre las tumbas de los mártires. Esta práctica estaba basada en la idea de que los mártires tenían el mismo poder que antes habían atribuido a los dioses del paganismo.

Aunque era una práctica pagana, los cristianos adoptaron este punto de vista en su totalidad. Los más famosos “espacios sagrados” cristianos fueron: San Pedro, sobre el monte Vaticano (construida sobre la presunta tumba de Pedro), San Pablo Extramuros (construida sobre la presunta tumba de Pablo), la deslumbrante y asombrosa iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén (construida sobre la presunta tumba de Cristo) y la iglesia de la Natividad, en Belén (construida sobre la cueva donde supuestamente nació Jesús).

Constantino construyó nueve iglesias en Roma y muchas más en Jerusalén, Belén y Constantinopla. He aquí las raíces del edificio de iglesia “sagrado”, querido cristiano. Es completamente pagano. Fue inventado por un ex pagano que todavía tenía una mente pagana. Y fue construido sobre la idea pagana de que los muertos crean un espacio sagrado. ¡Por favor recuerde esto la próxima vez que usted escucha hablar de un edificio de iglesia como la casa “santa” y “sagrada” de Dios!

Explorando los primeros edificios de iglesias

Como el edificio era considerado sagrado, los asistentes debían pasar por un rito de purificación antes de entrar. Así que, en el siglo cuatro, se construyeron fuentes en el atrio para que los cristianos pudieran lavarse antes de ingresar al edificio.

Los edificios de iglesia de Constantino eran construcciones espaciosas y magníficas que se decía eran “dignos de un Emperador”. ¡Eran tan espléndidos que sus contemporáneos paganos señalaban que “estos enormes edificios imitaban la estructura de los templos paganos”!  Esto no debería ser ninguna sorpresa. ¡Constantino decoraba profusamente los nuevos edificios de iglesia con arte pagano!

Los edificios de iglesia construidos bajo Constantino seguían el modelo exacto de la basílica. La basílica era el edificio gubernamental común. Y estaba diseñada siguiendo el estilo de los templos paganos griegos.

Las basílicas cumplían la misma función que los auditorios de colegios secundarios actuales. Eran ideales para tener sentadas multitudes pasivas y dóciles que observan una función. Esta fue una de las razones por la que Constantino escogió el modelo de la basílica.

También la privilegió por su fascinación con la adoración del sol. Las basílicas eran diseñadas de forma tal que el sol cayera sobre el orador cuando enfrentaba la congregación. Al igual que los templos de los griegos y romanos, las basílicas cristianas fueron construidas con una fachada (frente) que miraba hacia el este.

Exploremos la basílica cristiana por dentro. Era una réplica exacta de la basílica romana usada para los magistrados y oficiales romanos. Las basílicas cristianas tenían una plataforma elevada donde ministraba el clero, a la que se solía acceder mediante varios escalones. También había una baranda o pantalla que separaba al clero de los laicos.

Constantino, al decidir cómo sería la iglesia pionera de San Juan Laterano, escogió la basílica como modelo, con lo cual la estableció como norma para los lugares de culto cristianos de Roma”  La palabra “basílica” viene de la palabra griega basileus, que significa “rey”. Los arquitectos cristianos adaptaron el plan pagano e instalaron un altar cerca del hueco grande y redondeado, o ábside, en un extremo del edificio, donde se sentaba el rey o juez; el obispo ahora ocupaba el lugar del dignatario pagan.

El edificio de iglesia, según esta visión, ya no era la casa del pueblo de Dios para su adoración en común, sino la Casa de Dios, donde se les permitía entrar con la debida reverencia. Debían permanecer en la nave (donde la congregación permanece de pie o sentada) y abstenerse de entrar al antealtar (la plataforma del clero), que era para el coro o el santuario reservado para los sacerdotes”.

En el centro del edificio estaba el altar. Podía ser una mesa (mesa de altar) o un cofre cubierto por una tapa. El altar era considerado el lugar más sagrado del edificio por dos razones. Primeramente, solía contener las reliquias de los mártires. (Después del quinto siglo, la presencia de una reliquia en el altar de la iglesia era esencial para legitimar una iglesia.)

En segundo lugar, la Eucaristía (el pan y la copa) estaba sobre el altar. La Eucaristía, considerada ahora como un sacrificio sagrado, era ofrecida sobre el altar. Como eran considerados “hombres santos”, ¡sólo al clero se le permitía recibir la Eucaristía dentro de la barandilla del altar!

Frente al altar estaba la silla del obispo, denominada cathedra. El término ex cátedra proviene de esta silla, y quiere decir ‘desde el trono’. La silla del obispo, o “trono”, como se la denominaba, era el asiento más grande y elaborado del edificio. Reemplazaba el asiento del juez en la basílica romana. Estaba rodeada por dos filas de sillas reservadas para los ancianos.

El sermón era predicado desde la silla del obispo. El poder y la autoridad descansaban en la silla, que estaba cubierta con una tela de lino blanca. Los ancianos y diáconos se sentaban a ambos lados de ella, en un semicírculo.

 La distinción jerárquica inserta en la arquitectura de la basílica era inconfundible. Es interesante que la mayoría de los edificios de iglesia modernos tengan sillas especiales para el pastor y su personal situadas sobre la plataforma detrás del púlpito. (Como el trono del obispo, ¡La silla del pastor suele ser las mayor! Todas estas cosas son, claramente, vestigios de la basílica pagana.

Además de todo esto, Constantino no realizó una destrucción masiva de los templos paganos. Tampoco los clausuró. En algunos lugares, los templos paganos existentes fueron vaciados de sus ídolos y convertidos en edificios cristianos.

 Los cristianos usaron materiales quitados de los templos paganos y construyeron nuevos edificios de iglesia sobre los sitios de los templos paganos. Los altares fueron hechos inicialmente de madera. Luego, a partir del sexto siglo, fueron hechos de mármol, piedra, plata u oro.

Influencias sobre el culto

El edificio de iglesia produjo cambios significativos en el culto cristiano. Dado que el Emperador era el “laico” número uno de la iglesia, una simple ceremonia no era suficiente. Para honrarlo, la pompa y el ritual de la corte imperial fueron adoptados en la liturgia cristiana.

Era costumbre llevar lámparas delante de los emperadores romanos cada vez que aparecían en público. Las lámparas eran acompañadas por un cuenco con fuego lleno de especias aromáticas. Siguiendo esta costumbre, Constantino introdujo las velas y la quema de incienso como parte del culto de la iglesia, ¡que eran traídas cuando ingresaba el clero en el salón!

Bajo el reinado de Constantino, los clérigos, que inicialmente habían usado ropa común, comenzaron a vestirse con atuendos especiales. ¿Qué era esta ropa especial? Era la vestimenta de los oficiales romanos. Además, se introdujeron varios gestos de respeto hacia el clero comparables con los gestos usados para honrar a los oficiales romanos. También se adoptó la costumbre romana de iniciar un culto con música procesional.

Con este propósito, se desarrollaron coros que fueron incorporados a la iglesia cristiana. El culto se volvió más profesional, teatral y ceremonial. Todas estas características fueron adoptadas de la cultura grecorromana e introducidas directamente en la iglesia cristiana. El cristianismo del siglo cuarto estaba siendo modelado profundamente por el paganismo griego y el imperialismo romano.

El resultado de todo esto fue una pérdida inmediata de la intimidad y la participación abierta. El clero profesional realizaba los actos del culto mientras que los laicos observaban como espectadores. Como reconoció un erudito católico, con la venida de Constantino “varias costumbres de la antigua cultura romana se introdujeron en la liturgia cristiana… aun las ceremonias involucradas en el antiguo culto al Emperador como deidad se infiltraron en el culto de la iglesia, sólo en su forma secularizada”. Constantino trajo paz para todos los cristianos. Bajo su reino, la fe cristiana se había vuelto legítima. De hecho, había alcanzado una condición superior al judaísmo y al paganismo.

Los historiadores llaman al período del reinado de Constantino “la Paz”. La Paz llegó en realidad con el Edicto de Galerio, en 311 d.C. Luego fue popularizada por el Edicto de Milán, en 313. Estos edictos pusieron fin a la feroz persecución de Diocleciano de los cristianos lanzada en 303. Apenas 11 años después del Edicto Por estas razones, los cristianos vieron la ascensión de Constantino a Emperador como un acto de Dios.

 Aquí estaba el instrumento de Dios que había venido a su rescate. El cristianismo y la cultura romana ahora se habían fusionado. El edificio cristiano demuestra que la iglesia, queriéndolo o no, había entrado en una estrecha alianza con la cultura pagana. Según Will Durant, “quedaron islas paganas en medios del mar cristiano que se extendía”. Esto fue un cambio trágico de la primitiva sencillez que la iglesia de Jesucristo conoció inicialmente.

Los cristianos del primer siglo se veían enfrentados al mundo y evitaban todo contacto con el paganismo. Todo esto cambió durante el cuarto siglo, cuando la iglesia surgió como una institución pública en el mundo y comenzó a “absorber y cristianizar ideas y prácticas religiosas paganas”. Como dijo un historiador, “los edificios de iglesia ocuparon el lugar de los templos; las subvenciones a las iglesias reemplazaron las tierras y fondos de los templos”. Bajo Constantino, todas las propiedades de la iglesia quedaron exentas de impuestos.

Por consiguiente, el edificio de iglesia es la triste historia de un cristianismo que adoptó la cultura pagana. Una adopción que transformó radicalmente el rostro de nuestra fe. Claramente, los edificios de iglesia de la era constantiniana y postconstantiniana se convirtieron básicamente en santuarios sagrados. Los cristianos abrazaron el concepto del templo. Incorporaron la idea pagana de que existe un lugar especial donde Dios mora de una manera especial.

Y ese lugar está hecho “con manos”. Al igual que las demás costumbres paganas que fueron absorbidas en la fe cristiana (la liturgia, el sermón, las vestiduras clericales, la estructura de liderazgo jerárquica, etc.), los cristianos del tercer y cuarto siglo atribuyeron incorrectamente el origen del edificio de Iglesia al Antiguo Testamento. Pero este era un pensamiento erróneo. de Milán, Constantino, el primer emperador cristiano, se convirtió en el único soberano del Imperio Romano.

J. D. Davies escribe: “Cuando los cristianos empezaron a construir sus grandes basílicas, buscaron orientación en la Biblia, y pronto estaban aplicando todo lo que decía acerca del Templo de Jerusalén a sus nuevos edificios, aparentemente ignorando el hecho de que, al hacerlo, estaban comportándose en sentido contrario a la perspectiva del Nuevo Testamento”.

Davies continúa diciendo que el culto a los santos [la veneración de santos muertos] y su constante penetración en los edificios de iglesia terminó por poner su sello a la perspectiva de la iglesia como un lugar sagrado, “hacia el cual los cristianos debían adoptar la misma actitud que los judíos respecto del Templo de Jerusalén y los paganos con relación a sus santuarios”.

Oscar Hardman escribe: “el sistema de administración romana y la arquitectura de sus casas y salones públicos más grandes aportaron una dirección El edificio de iglesia fue adoptado directamente de la cultura pagana, como hemos visto. “El ritual dignificado y sacramental había entrado en los cultos de la iglesia mediante los misterios [los cultos paganos] y se justificaban, como tantas otras cosas, haciendo referencia al Antiguo Testamento”.

Usar el Antiguo Testamento como una justificación del edificio de iglesia no es solamente incorrecto, sino un argumento que se destruye a sí mismo. La antigua economía mosaica de sacerdotes sagrados, edificios sagrados, rituales sagrados y objetos sagrados ha sido destruida para siempre por la cruz de Cristo. Además, ha sido reemplazada por un organismo no jerárquico, no ritualista y no litúrgico llamado ekklesia (iglesia).

La evolución de la arquitectura de la iglesia

Después de la era de Constantino, los edificios de iglesia pasaron por varias etapas diferentes. (Son demasiado complejas para detallarlas aquí.) En palabras de un erudito: “Los cambios en la arquitectura eclesiástica son más el resultado de mutaciones que de una línea de evolución continua”.

Estas mutaciones no hicieron mucho para cambiar las características arquitecturales dominantes que fomentaron un clero monopolizador y una congregación inerte. Examinemos rápidamente la evolución de la arquitectura eclesiástica: Después de Constantino, la arquitectura cristiana pasó de la fase de la basílica a la fase bizantina. Las iglesias bizantinas tenían amplias cúpulas centrales e íconos y

mosaicos decorativos.

La arquitectura bizantina fue seguida por la románica. Los edificios románicos se caracterizaban por una elevación de tres plantas, columnas gigantescas que sostenían arcos redondos y un interior colorido. Este diseño de edificio surgió poco después de que Carlomagno se convirtiera en Emperador del Santo Imperio Romano el día de Navidad de 800 d.C.

Después del período románico vino la era gótica del siglo XII. La arquitectura gótica dio origen a impresionantes catedrales góticas con sus bóvedas de crucería, arcos sugestiva a la iglesia en la categorización de su jerarquía y la subsiguiente definición de las esferas de jurisdicción, así como la construcción de sus lugares de culto”

El vidrio de color fue introducido en las iglesias en el siglo VI, con Gregorio de Tours (538-593). El vidrio fue colocado en las ventanas angostas de algunas iglesias románicas. Suger (1081-1151), abad de Saint Denis, llevó el vidrio coloreado a otro nivel. Decoró el vidrio con cuadros sagrados. Por lo tanto, fue el primero en utilizar vitrales en edificios de iglesia, colocándolos en sus catedrales góticas. Los grandes paneles de vidrio de color pasaron a llenar las paredes de las iglesias góticas, emitiendo una luz brillante y coloreada.

También se usaron colores profundos y oscuros para crear el efecto de la Nueva Jerusalén. Los vitrales del siglo XII y XIII han sido difíciles de superar en su belleza y calidad. Con sus colores deslumbrantes, creaban un sentido de majestad y esplendor en el alma. Inducían sentimientos asociados con la adoración de un Dios poderoso e intimidante.

Como en el caso de las basílicas de Constantino, la raíz de la catedral gótica es completamente pagana. Los arquitectos góticos se apoyaban mucho en las enseñanzas del filósofo pagano griego Platón. Platón enseñaba que el sonido, el color y la luz poseen significados místicos elevados. Pueden inducir estados de ánimo y ayudar a llevar a una persona más cerca del “Bien Eterno”.

Los diseñadores góticos tomaron las enseñanzas de Platón y las transformaron en ladrillos y piedras. Crearon una iluminación sobrecogedora para evocar un sentido de esplendor y adoración abrumadores. El color es uno de los más poderosos factores emocionales que existen. Por lo tanto, los vitrales góticos fueron utilizados hábilmente para crear un sentido de misterio y trascendencia. Inspirándose en las grandiosas estatuas y torres del antiguo Egipto, la arquitectura gótica buscó recapturar el sentido de lo sublime a través de sus alturas exageradas.

Frank Senn escribe: “El mayor espacio entre las columnas podía ser llenado con ventanas más grandes, lo cual daba una ligereza y una brillantez a los nuevos edificios que no tenían los antiguos edificios románicos. Las ventanas podían ser llenadas con vitrales, que podían contar historias bíblicas o emplear los símbolos teológicos que antes se pintaban en las paredes.

Von Simon muestra cómo la metafísica de Platón dio forma a la arquitectura gótica. La luz y la luminosidad alcanzan su perfección en los vitrales góticos. Números de proporciones perfectas armonizan todos los elementos del edificio. La luz y la armonía son imágenes del cielo; son los principios ordenadores de la creación. Platón enseñaba que la luz es el más notable de los fenómenos naturales, el más cercano a la forma pura. Los neoplatónicos consideraban a la luz como una realidad trascendente que ilumina nuestro intelecto para comprender la verdad.

El diseño gótico era, esencialmente, una mezcla de las visiones de Platón, Agustín y el Pseudo Dionisio Areopagita (un conocido neoplatónico). Se ha dicho de la estructura gótica que “el edificio entero parece estar encadenado a la tierra en un vuelo fijo… Se levanta como una exhalación del suelo…

Ninguna arquitectura espiritualiza, refina y lleva hacia al cielo la sustancia que maneja tanto como ésta”. Era el símbolo último del cielo uniéndose a la tierra. Así que, con su hábil uso de la luz, el color y la altura excesiva, la catedral gótica fomentaba un sentido de misterio, trascendencia y sobrecogimiento.

Todas estas características fueron adoptadas de Platón y se hicieron pasar por cristianas. Las basílicas y los edificios de iglesia románicos y góticos son un intento humano de duplicar lo que es celestial y espiritual. De una manera muy real, el edificio de iglesia, a través de la historia, refleja la necesidad errónea del hombre de percibir lo divino con sus manos y ojos humanos. Revela el hecho de que, para el cuarto siglo, la comunidad cristiana había perdido contacto con aquellas realidades celestiales que no se pueden percibir con los sentidos sino que solamente puede ser registradas por el espíritu humano.

Aun peor, el mensaje principal de la arquitectura gótica es: “Dios es trascendente e inalcanzable, así que sobrecógete por su majestad”. Pero este mensaje desafía el mensaje del evangelio que dice que Dios es muy accesible. ¡A tal punto que ha fijado su residencia dentro de nosotros!

El edificio de iglesia protestante

En el siglo XVI, los reformadores heredaron la tradición que mencionamos con relación a los edificios. En poco tiempo, miles de catedrales medievales se convirtieron en propiedad de ellos. La mayoría de los reformadores eran ex sacerdotes. Por lo tanto, habían sido condicionados involuntariamente por los esquemas mentales del catolicismo medieval.

Sin haber leído a Frank, yo he dicho esto mismo en ciertas reuniones donde, obviamente, se me ha mirado torcidamente por ello y hasta se ha murmurado sobre alguna intención aviesa contra “la iglesia del Señor”. ¿Del Señor?

Si bien anticuada, la arquitectura gótica hizo su reaparición entre los protestantes con el avivamiento gótico de mediados del siglo XIX. Pero la construcción gótica cesó luego de la Segunda Guerra Mundial. La primera iglesia protestante fue el castillo de Torgua, construido en 1544 para el culto luterano. No tenía un antealtar, y el altar se había convertido en una simple mesa.

Así que, si bien los reformadores hicieron alguna remodelación de los edificios recién adquiridos, hicieron muy pocos cambios funcionales en la arquitectura. Aun cuando los reformadores quisieran hacer cambios radicales en la práctica de la iglesia, las masas no estaban listas para estos cambios. Martín Lutero tenía muy en claro que la iglesia no era un edificio ni una institución. Pero le habría resultado imposible dar por tierra con más de un milenio de confusión en este tema.

El cambio arquitectural principal que realizaron los reformadores reflejaba su teología. Convirtieron al púlpito en el centro dominante del edificio en vez de la mesa de altar. La verdad fundamental de la Reforma era la idea de que la gente no podría conocer a Dios ni crecer espiritualmente a menos que escucharan predicaciones. Por lo tanto, cuando los reformadores heredaron los edificios de iglesia existentes, los adaptaron para este objetivo.

La aguja

Desde que los habitantes de Babel construyeron una torre “cuya cúspide llegue al cielo”, las civilizaciones han seguido su ejemplo, construyendo estructuras que culminan en puntas. Los babilonios y egipcios construyeron obeliscos y pirámides que reflejaban su creencia de que avanzaban hacia la inmortalidad. Cuando llegaron la filosofía y cultura griegas, la dirección de la arquitectura cambió de estar dirigida hacia arriba, en dirección vertical, a estar dirigida hacia abajo, en forma horizontal.

Todo esto sugería la creencia griega en la democracia, la igualdad humana y en dioses arraigados a la tierra. Sin embargo, con el surgimiento de la Iglesia Católica Romana, volvió a aparecer la práctica de producir techos con puntas para coronar los edificios. Hacia fines del período bizantino, los papas católicos se inspiraron en los obeliscos del antiguo Egipto.

A medida que la arquitectura ingresaba en el período románico, comenzaron a aparecer puntas en las superficies y esquinas de cada catedral construida en el Imperio Romano. Esta tendencia alcanzó su culminación durante la era de la arquitectura gótica con la construcción de la catedral de Saint Denis por el abad Suger.

La mesa de altar bajó de su elevada posición de “altar” por las escaleras del antealtar (la plataforma del clero) a una posición de menor prominencia. El púlpito fue movido más cerca de la nave, donde se sentaba la gente, para que el sermón fuera una parte fija del culto. A diferencia de la arquitectura griega, la línea característica de la arquitectura gótica era vertical, sugiriendo un esfuerzo hacia arriba. A esta altura, empezaron a aparecer en toda Italia torres cerca de las entradas de los edificios de iglesia.

Las torres tenían campanas para llamar a la gente al culto. Estas torres representaban el contacto entre el cielo y la tierra. Con el pasar de los años, los arquitectos góticos (enamorados de la verticalidad) buscaron agregar una aguja alta a cada torre. Las agujas (también llamadas chapiteles) eran un símbolo de la aspiración del hombre de unirse a su Creador. Durante los siglos que siguieron, las torres se volvieron más altas y más delgadas. Finalmente llegaron a ser un punto focal visual de la arquitectura.

También redujeron su número, del vestíbulo (o narthex) con torres dobles a la aguja individual tan característica de las iglesias de Normandía y Gran Bretaña. En el año 1666 sucedió algo que cambió el curso de la arquitectura de las torres. Un incendio arrasó la ciudad de Londres dañando la mayoría de sus 97 edificios de iglesia. Entonces se le encomendó a Sir Christopher Wren (1632-1723) rediseñar todas las iglesias de Londres. Utilizando sus propias innovaciones estilísticas para modificar las agujas góticas de Francia y Alemania, Wren creó la aguja moderna.

En resumen, la aguja moderna es una invención medieval que encuentra sus raíces en las agujas y torres góticas. Fue mejorada y popularizada por el programa de construcción de Sir Christopher Wren en Londres después del Gran Incendio de 1666. De ahí en adelante, la aguja se convirtió en una característica dominante de la arquitectura anglosajona.

Cuando surgieron los puritanos, hicieron sus edificios de iglesia mucho más sencillos que sus predecesores católicos y anglicanos. Pero mantuvieron la aguja y la trajeron al nuevo mundo de las Américas. Por lo tanto, la mayoría de las iglesias estadounidenses lucen una aguja, ¡Una estructura arraigada en la arquitectura y filosofía primitivas de los babilonios y egipcios! (Si tú no has escuchado las barbaridades mayúsculas que yo he oído respecto a esto, eres un afortunado que debe dar gloria a Dios por haberle evitado eso.)

Como las iglesias estaban tan comprimidas entre otros edificios, quedaba poco espacio para resaltar algo que no fuera la aguja misma. Por consiguiente, Wren estableció la tendencia de construir iglesias de lados relativamente sencillos con una aguja desproporcionalmente alta y ornamentada en un extremo. El mensaje de la aguja contradice el mensaje del Nuevo Testamento. Los cristianos no necesitan buscar a Dios en el cielo. ¡Él está aquí! Con la llegada de Emmanuel, Dios está con nosotros.200 Y, con su resurrección, tenemos un Señor que mora en nosotros. La aguja atenta contra estas realidades.

El púlpito

Los primeros sermones fueron dados desde la silla del obispo, o cathedra, que estaba ubicada detrás del altar. Más adelante, el ambón, un pupitre elevado al lado del antealtar desde donde se leían las lecciones bíblicas, se convirtió en el lugar desde donde se daban los sermones. El ambón fue tomado de la sinagoga judía.

Sin embargo, tiene raíces anteriores en los pupitres y plataformas de lectura de la antigüedad grecorromana. Juan Crisóstomo (347-407) se destacó por hacer del ambón un lugar para la predicación. Ya en el año 250 d.C., el ambón fue reemplazado por el púlpito. Cipriano (200-258) habla de instalar al líder de la iglesia en el cargo público sobre el pulpitum. Nuestra palabra “púlpito” se deriva de la palabra latina pulpitum, ¡qué significa ‘escenario’!

 El pulpitum, o púlpito, estaba colocado en el lugar más elevado de la congregación. Con el tiempo, la frase “ascender a la plataforma” (ad pulpitum venire) se convirtió en parte del vocabulario religioso del clero. Para el año, Cipriano alude a la plataforma elevada que segregaba al clero de los laicos como “¡el congestum sagrado y venerado del clero!”.

Para fines de la Edad Media, el púlpito se volvió habitual en las parroquias. Con la Reforma, se convirtió en el mueble central del edificio de iglesia. El púlpito simbolizaba el reemplazo de la centralidad de la acción ritualista (la misa) por la instrucción verbal clerical (el sermón). En las iglesias luteranas, el púlpito fue movido frente al altar. En las iglesias reformadas, el púlpito dominó hasta que el altar desapareció y fue reemplazado por la “mesa de comunión”.

 ¡Hoy es impensable tener un culto en una iglesia protestante sin la presencia del “pupitre sagrado”! El púlpito es la decoración central de la iglesia protestante. Al punto que un pastor muy conocido que habló durante una conferencia patrocinada por la Asociación Evangelística Billy Graham afirmó: “Si la iglesia está viva, es porque el púlpito está vivo; si la iglesia está muerta, es porque el púlpito está muerto”.

El púlpito es perjudicial porque eleva al clero a una posición de prominencia. Fiel a su significado, coloca al predicador en el centro del “escenario”, separándolo y poniéndolo muy arriba del pueblo de Dios.

Uno de los trabajos más arduos que me toca realizar en el marco de este ministerio, es el de lograr que los hermanos no me vean como alguien especial, fuera de serie y, esencialmente, como a alguien más cercano a Dios que ellos.

Esa es la pesada herencia que hemos recibido todos aquellos que procuramos ministrar conforme a los rudimentos del Reino de Dios, donde el más grande es el más pequeño sirviendo, tal como lo hizo Jesús. Ese “escenario” consiguió exactamente lo opuesto y aún lo estamos sufriendo.

El banco y el balcón

Ahora veamos el banco, el gran inhibidor de la comunión cara a cara. El banco, el gran símbolo del letargo y la pasividad en la iglesia moderna. El banco, que ha convertido a la adoración corporativa en un deporte para espectadores.

La palabra para “banco” en inglés (pew) se deriva de la palabra latina podium. Significa un asiento elevado sobre el nivel del piso, o “balcón”. Los bancos eran desconocidos en los edificios de iglesia durante los primeros mil años de historia cristiana. En las primeras basílicas, la congregación permanecía de pie durante todo el culto. (Este es el caso hoy entre muchos ortodoxos orientales.)

Esto me lleva a una reflexión sencilla. ¿No es norma habitual en nuestras congregaciones, hacer poner de pie a la gente a la hora de cantar, ya sea en adoración o alabanza? ¿Alguien preguntó por qué se hace? Yo pregunté; me dijeron que era en señal de reverencia y respeto hacia esa adoración o a hacia esa alabanza a Dios.

Mi duda, entonces, fue: si luego, en lo que se denomina como el “dar la palabra de Dios” todos nos sentamos, ¿Eso significa que no tenemos para con la Palabra esa misma rverencia o respeto? A eso, nadie me lo ha respondido todavía.

Para el siglo XIII, se fueron introduciendo gradualmente bancos sin respaldos en los edificios de parroquia ingleses. Estos bancos estaban hechos de piedra y estaban colocados contra las paredes. Luego fueron trasladados al cuerpo de la iglesia (el sector llamado nave).

 Al inicio, los bancos se ordenaban en un semicírculo alrededor del púlpito. Más tarde fueron fijados al piso. El banco moderno fue introducido en el siglo XIV. Pero no llegó a ser algo común hasta el siglo XV. En ese momento, los bancos de madera reemplazaron los asientos de piedra.

 Ya para el siglo XVIII los bancos tipo cajón se volvieron populares.  De vez en cuando se proveían unos pocos bancos de madera o de piedra para los ancianos y enfermos. Para fines de la Edad Media, estos bancos estaban decorados elaboradamante con imágenes de santos y animales fantasiosos.

Los bancos tipo cajón tienen una historia cómica. Venían con almohadones, alfombras y otros accesorios y eran vendidos a familias y considerados como propiedad privada. Los dueños buscaban hacerlos lo más cómodos posible. ¡Algunos los decoraban con cortinas, almohadones, sillones acolchados, hogares y compartimentos especiales para los perros! ¡No era infrecuente que los dueños mantuvieran sus bancos bajo llave!

 Después de muchas críticas de parte del clero, estos bancos ornamentados fueron reemplazados por asientos abiertos. Dado que muchas veces los bancos tipo cajón tenían los costados altos, los púlpitos necesitaban ser elevados para que todos pudieran verlos. Así surgió el púlpito en forma de copa durante los tiempos coloniales.

En la que fuera nuestra última congregación, el pastor solía decir que, con una simple mirada desde la plataforma hacia ciertos y determinados bancos, él ya sabía quién había venido al culto y quién o quienes habían faltado. Los bancos estaban poco menos que numerados y reservados; la gente siempre se sentaba en los mismos lugares como si les pertenecieran.

 Este púlpito hizo que el pastor fuera “excelso y sublime”, como en la visión de Isaías del templo. Los bancos de familia del siglo XVIII fueron reemplazados por bancos comunes, para que toda la gente mirara hacia la recién construida plataforma elevada donde el pastor dirigía el culto.

Entonces, ¿qué es el banco? Es un “balcón” que se ha bajado, un asiento aislado desde donde observar funciones en un escenario (el púlpito). Inmoviliza la congregación de los santos y los convierte en espectadores mudos. Entorpece la comunión y la interacción cara a cara.

Las galerías (o balcones de iglesia) fueron inventadas por los alemanes en el siglo XVI. Fueron popularizadas por los puritanos en el siglo XVIII. Desde entonces, los balcones han pasado a ser la marca distintiva del edificio de iglesia protestante. Su propósito es acercar a la congregación al púlpito. De nuevo, escuchar al predicador siempre ha sido la principal preocupación en el diseño de la iglesia protestante.

La arquitectura de iglesia moderna

Durante los últimos doscientos años, los dos modelos arquitectónicos predominantes utilizados por las iglesias protestantes son la forma de antealtar dividido (usada en las iglesias litúrgicas) y la forma de escenario de concierto (usada en las iglesias evangélicas).

 El antealtar es el sector donde el clero (y, a veces, el coro) conducen el culto. En la iglesia tipo antealtar aún existe una baranda o mampara que separa al clero de los laicos. El edificio de iglesia estilo concierto fue influenciado profundamente por el avivamentismo del siglo XIX. Es, en esencia, un auditorio.

El edificio estilo concierto está estructurado para enfatizar la función teatral del predicador y el coro. Su estructura sugiere implícitamente que el coro (o equipo de adoración) actúa para la congregación para estimular su adoración o entretenerla… También pone excesiva atención en el predicador, sea que esté parado o sentado.

En el edificio tipo concierto, generalmente hay una pequeña mesa de comunión sobre el piso debajo del púlpito. Esta mesa suele estar decorada con candeleros de bronce, una cruz y flores. Las dos velas sobre la mesa de comunión se han convertido en señal de ortodoxia en la mayoría de las iglesias protestantes hoy.

 Como ocurre con muchas partes del culto de la iglesia, la presencia de las velas fue tomada de la corte ceremonial del Imperio Romano. Sin embargo, a pesar de estas variaciones, toda la arquitectura protestante produce los mismos efectos estériles que estaban presentes en las basílicas de Constantino.

Siguen manteniendo la división antibíblica entre el clero y los laicos, y alienta a la congregación a

asumir un papel de espectador. La disposición y la ambientación del edificio condiciona a la congregación para la pasividad. La plataforma del púlpito funciona como un escenario, y la congregación ocupa el teatro. En resumen, la arquitectura cristiana ha quedado paralizada desde que nació en el cuarto siglo.

Una exégesis del edificio

A esta altura, usted tal vez esté pensando para sus adentros: “¿Y por qué tanta alharaca? ¿A quién le importa si los cristianos del primer siglo no tenían edificios? O si los edificios de iglesia fueron construidos basados en creencias y prácticas paganas. O si los católicos medievales basaron su arquitectura en una filosofía pagana. ¿Qué tiene que ver esto con nosotros hoy?”.

En Reconsiderando el odre explico que la ámbito social de la reunión de iglesia expresa e influencia el carácter de la iglesia. Si uno supone que el lugar donde se reúne la iglesia es simplemente una cuestión de conveniencia, está trágicamente equivocado. Está pasando por alto una realidad básica de la humanidad.

Todo edificio evoca una respuesta en nosotros. Por su exterior o por su interior, nos muestra explícitamente lo que es la iglesia y cómo funciona. En palabras de Henri Lefebvre, “el espacio nunca está vacío; siempre encierra un significado”. Este principio se encarna en el lema arquitectónico “la forma sigue a la función”. La forma del edificio refleja su función específica.

El entorno social del lugar de reunión de una iglesia es un buen indicio de la comprensión de esa iglesia del propósito de Dios para su Cuerpo. El lugar de una iglesia nos enseña cómo reunirnos. Nos enseña lo que es importante y lo que no lo es. Y nos enseña lo que es aceptable decirnos unos a otros y lo que no es aceptable.

Aprendemos estas lecciones del entorno en el cual nos reunimos, sea un edificio de iglesia o un hogar privado. Estas lecciones no son, de ninguna forma, “neutrales”. Entre en cualquier edificio de iglesia y haga una exégesis de la arquitectura. Pregúntese qué es lo más alto y lo más bajo. Pregúntese qué es el frente y que es la parte de atrás. Pregúntese de qué formas podría ser posible “ajustar” lo que ocurre imprevistamente. Pregúntese cuán fácil o cuán difícil sería para un miembro de la iglesia hablar desde donde está sentado para que todos puedan verlo y oírlo.

Si usted mira el entorno del edificio de iglesia y se hace estas preguntas (y otras similares), entenderá por qué la iglesia moderna tiene el carácter que tiene. Si hace este mismo conjunto de preguntas acerca de una sala de estar, obtendrá un conjunto muy distinto de respuestas. Entenderá por qué ser una iglesia en un entorno hogareño (como ocurría con los primeros cristianos) tiene el carácter que tiene.

El lugar social de la iglesia es un actor crítico en la vida de la iglesia. No puede ser asumido simplemente como “una verdad accidental de la historia”. Los lugares sociales pueden enseñar a personas buenas y piadosas malas lecciones y ahogar su vida conjunta. Llamar la atención a la importancia del lugar social de la iglesia (casa o edificio de iglesia) nos ayuda a entender el poder tremendo de nuestro entorno social.

Hilando más fino, el edificio de iglesia está basado en la anochecida idea de que la adoración es algo cualitativamente distinto de la vida cotidiana. Por supuesto, la gente varía en el grado de profundidad de esta disyunción. Algunos grupos han hecho un gran esfuerzo para enfatizarlo, insistiendo en que la adoración sólo puede ocurrir en espacios específicos diseñados para hacerlo sentir de forma diferente de lo que se siente en la vida cotidiana.

La disyunción entre la adoración y la vida cotidiana caracteriza al cristianismo occidental. La adoración es vista como algo separado del tejido total de la vida, envasado para el consumo grupal. Siglos de arquitectura gótica han sido una mala enseñanza en cuanto a lo que es la adoración realmente. Pocas personas pueden entrar en una catedral poderosa sin experimentar el poder del espacio.

La luz es indirecta y tenue. Los techos, exageradamente altos. Los colores son sencillos y ricos. El sonido viaja de una forma específica. Todas estas cosas trabajan en conjunto para darnos un sentido de sobrecogimiento y asombro. Están diseñadas para manipular los sentidos y crear una “atmósfera de adoración”.

Algunas tradiciones agregan fragancias a la mezcla. Pero el efecto es siempre el mismo: Nuestros sentidos interactúan con nuestro espacio para llevarnos a un estado particular del alma. Un estado de sobrecogimiento, misterio y trascendencia que equivale a un escape de la vida normal.

Nosotros, los protestantes, hemos eliminado algunos de estos elementos y los hemos reemplazado por un uso específico de la música para lograr el mismo fin. En consecuencia, en círculos protestantes, los “buenos” líderes de adoración son los que pueden usar la música para evocar lo que otras tradiciones logran evocar con el espacio. Lo que evocan es un sentido de adoración “del alma”.

Pero esto está desconectado de la vida diaria, aparte del hecho de que tampoco es real. Jonathan Edwards señaló, correctamente, que las emociones son efímeras y no pueden ser utilizadas para medir la relación que uno tiene con Dios. Esta desconexión entre lo secular y lo espiritual está realzada por el hecho de que el típico edificio de iglesia exige que uno “siga un proceso”, subiendo escaleras o atravesando el vestíbulo.

La razón de esto es que uno está pasando de la vida cotidiana a otra vida. Por lo tanto, se requiere una transición. Todo esto no pasa la prueba del lunes. No importa cuán bueno haya sido el domingo, la mañana del lunes igual vendrá a probar nuestra adoración.

Observe un coro vistiéndose antes del comienzo del culto. Se sonríen, se ríen y hasta hacen bromas. Pero, una vez que comienza el culto, se convierten en personas diferentes. No los encontrará sonriendo o riendo. Esta falsa separación entre lo secular y lo sagrado, esta “mística de los vitrales” de iglesia del domingo a la mañana se opone abiertamente a la verdad y la realidad.

Además, el edificio de iglesia no es un lugar amistoso. Es frío, incómodo e impersonal. No está diseñado para la intimidad ni la fraternidad. En la mayoría de los edificios de iglesia, los asientos consisten en bancos de madera fijados al piso. Los bancos o sillas están ordenados en filas, todos mirando hacia al púlpito. El púlpito está sobre una plataforma elevada donde se sienta el clero (vestigios de la basílica romana).

De nuevo, la arquitectura del edificio de iglesia protestante apunta todas sus flechas en dirección de la persona que da el sermón. El edificio se presta al dominio del púlpito. Y también pone límites al funcionamiento de la congregación. Esta disposición hace que sea prácticamente imposible que un adorador vea la cara de otro adorador.

En cambio, ¡crea una forma de adoración de “sentarse y remojarse” que convierte a los cristianos funcionales en “papas de banco”!  Dicho de otra manera, ¡la arquitectura misma impide la comunión, excepto entre Dios y su pueblo a través del pastor!

Y, a pesar de estos hechos, nosotros los cristianos seguimos creyendo que el edificio es sagrado. Es cierto que algunos de ustedes pueden oponerse severamente a la idea de que el edificio de iglesia es sagrado. Pero, para la mayoría de ustedes, sus acciones los traicionan. Escúchense hablar acerca del edificio de iglesia. Todavía lo llaman “la iglesia” y, a veces, se refieren a él como “la casa de Dios”.

El consenso general entre los cristianos de todas las denominaciones es que “una iglesia es, en esencia, un lugar apartado para la adoración”. Esto ha sido así durante los últimos mil setecientos años. Constantino sigue vivo y coleando en la mente de la mayoría de los cristianos hoy.

Los exorbitantes gastos fijos

La mayoría de los cristianos ven, erróneamente, al edificio de iglesia como una parte necesaria del culto. Por lo tanto, la cuestión financiera del edificio y el mantenimiento no es un tema. El edificio de iglesia exige una enorme cantidad de dinero. Sólo en Estados Unidos, las propiedades de las iglesias institucionales hoy superan los 230.000 millones de dólares.

Honestidad: Criticamos que con el oro que hay en el Vaticano se podría darle de comer a todas las naciones hambrientas de África, lo cual indudablemente es cierto. ¿Y con estos millones de dólares qué? ¿Nosotros quedaremos al margen de esa comparación?

Las deudas, los servicios y el mantenimiento del edificio de iglesia consumen alrededor de 18% de los 11.000 millones de dólares que se diezman para las iglesias anualmente. El punto: ¡Los cristianos hoy están gastando una cantidad astronómica de dinero en edificios innecesarios!

No hay ninguna buena razón para poseer un edificio de iglesia. De hecho, todas las razones tradicionales propuestas en cuanto a la “necesidad” de un edificio se desploman ante un escrutinio cuidadoso. Nos olvidamos demasiado fácilmente que los primeros cristianos trastornaron el mundo sin edificios.

 Crecieron rápidamente durante trescientos años sin la ayuda (o el obstáculo) de los edificios de iglesia. En el mundo de negocios, los gastos fijos son fatales. Los gastos fijos son lo que se agrega al trabajo “real” que una empresa hace para sus clientes. Los gastos fijos pagan el edificio, los lápices y el personal de contabilidad. Son fatales porque sacan a una empresa del mercado por el precio, sin contribuir al valor “real” que los trabajadores entregan a sus clientes.

Quienes escogen reunirse en casas en vez de edificios de iglesia han eliminado dos cuentas de gastos fijos muy sustanciosas: salarios de pastores y edificios de iglesia. Contraste esto con los gastos fijos de una iglesia casera.

En vez de que los “gastos fijos” del personal pago y el edificio succionen 50 a 85% de las donaciones monetarias de la iglesia casera, sus gastos fijos representan un pequeño porcentaje de su presupuesto. Una iglesia casera puede utilizar más del 95% de su dinero compartido para brindar servicios reales como ministerio, misión y alcanzar al mundo.

Los edificios de iglesia (así como los pastores asalariados) representan gastos continuos muy grandes en vez de erogaciones de una sola vez. Estos destructores de presupuestos sacan su tajada de las donaciones monetarias de la iglesia, no solamente hoy, sino el próximo mes, el próximo año, etc.

Si elimina estas dos cuentas de su mundo financiero, la iglesia logrará reducir sus gastos fijos a unos pocos cientos de dólares al año. El resto de las finanzas compartidas de la iglesia pueden ser usadas para la misión de la iglesia (otro tema por completo).

¿Podemos oponernos a esta tradición?

El edificio de iglesia es un obstáculo, no una ayuda. Atenta contra el corazón mismo de la fe cristiana, una fe que nació en salas de estar. Cada domingo a la mañana, usted se sienta en un edificio que tiene orígenes paganos y está basado en la filosofía pagana. No existe un ápice de apoyo bíblico para el edificio de iglesia. Sin embargo, usted, querido cristiano, sigue pagando buen dinero para santificar sus ladrillos y piedras.

Al hacerlo, ha apoyado un entorno artificial donde es arrullado hacia la pasividad y se le impide ser natural o tener intimidad. (Aun si está teniendo una hermosa comunión en el estacionamiento, desaparece al pasar por la puerta de entrada e ingresar al vestíbulo.) No tenemos ninguna conciencia de lo que hemos perdido como cristianos al crear el edificio de iglesia. Nos hemos convertido en víctimas de nuestro pasado. La tradición nos ha derribado.

Hemos sido adoptados por Constantino que nos dio el prestigioso estatus de ser dueños de un edificio. Hemos sido cegados por los romanos y griegos, que nos impusieron a la fuerza sus basílicas estructuradas jerárquicamente. Hemos sido engañados por los godos, que nos impusieron su arquitectura platónica. Hemos sido secuestrados por los egipcios y babilonios, que nos dieron nuestras agujas sagradas. Hemos sido estafados por los atenienses, que nos impusieron sus columnas dóricas.

De alguna manera hemos sido enseñados a sentirnos más santos cuando estamos en “la casa de Dios”. Hemos heredado una dependencia patológica de un edificio para llevar a cabo nuestra adoración a Dios. ¡Pero la realidad es que no hay nada más anquilosado, artificial, impersonal o estirado que el frío edificio de iglesia! En ese edificio, usted no es más que una estadística, un nombre en una ficha para ser archivado en la oficina de la secretaria del pastor. No tiene nada de cálido o personal.

En el fondo, el edificio de iglesia nos ha enseñado, incorrectamente, lo que es y lo que hace la iglesia. El edificio es una negación arquitectónica del sacerdocio de todos los creyentes. Es una contradicción de la naturaleza misma de la ekklesia: una comunidad contracultural. El edificio de iglesia impide nuestra comprensión y experiencia de que la iglesia es el Cuerpo de Cristo en funcionamiento, que vive y respira bajo su dirección directa.

Un escritor católico inglés lo expresó de la siguiente forma: “Si hay un método simple de salvar la misión de la iglesia, probablemente sea la decisión de abandonar los edificios de iglesia, porque son, básicamente, lugares no naturales… y no se corresponden con nada que sea normal en la vida cotidiana”  Entre 1820 y 1840, las iglesias estadounidenses comenzaron a aparecer con columnas dóricas con reminiscencias del clasicismo griego y arcadas que recordaban la antigua Roma.

La aparición del edificio de iglesia no es más que la reaparición del judaísmo y el paganismo con un nuevo disfraz. Las distinciones jerárquicas implícitas presentes en su arquitectura serían rechazadas por la mayoría de los protestantes si fueran expresadas en palabras. Pero las hemos aceptado inconscientemente durante siglos. ¿Por qué? Por el poder enceguecedor de la tradición.

Ya es hora de que los cristianos nos despertemos al hecho de que no estamos actuando bíblica o espiritualmente cuando aceptamos y apoyamos los edificios de iglesia. John Newton dijo, correctamente: “Que el que adora bajo una aguja no condene al que adora bajo una chimenea”. Me gustaría agregar una pregunta a esta cita: ¿Qué autoridad bíblica o histórica tiene un cristiano para reunirse bajo una aguja en primer lugar?

Que los cristianos en la era apostólica hayan construido casas de culto especiales es impensable… Así como el Salvador del mundo nació en un establo y ascendió al cielo desde una montaña, sus apóstoles y sus sucesores hasta el tercer siglo predicaron en las calles, los mercados, en montañas, en barcos, sepulcros, cuevas y desiertos, y en las casas de sus convertidos.

Pero, ¿cuántos miles de iglesias y capillas costosas han sido construidas desde entonces y todavía son construidas constantemente en todas partes del mundo para honrar el Redentor crucificado, que en los días de su humillación no tuvo un lugar propio donde apoyar su cabeza?

Philip Schaff

CAPÍTULO 4

El Pastor; Enemigo del Funcionamiento de Cada Miembro

Hay una tendencia universal en la religión cristiana, como en muchas otras religiones, de dar una interpretación teológica a instituciones que se han desarrollado gradualmente a lo largo de un período de tiempo por cuestiones de utilidad práctica, y después tratar de leer esa interpretación en los períodos más tempranos y la infancia de estas instituciones, atribuyéndolas a una etapa en la que en realidad nadie se imaginaba que tuvieran tal significado.

Richard Hanson

El Pastor. Él es la figura fundamental de la fe protestante. Es el hombre orquesta del cristianismo de hoy. ¡El Pastor es tan preponderante en la mente de la mayoría de los cristianos que se lo conoce mejor, se lo alaba más y dependen más de él que de Jesucristo mismo!

Quite el Pastor y el cristianismo moderno se viene abajo. Quite el Pastor y prácticamente todas las iglesias protestantes entrarían en pánico. Quite el Pastor y el protestantismo, tal como lo conocemos, se muere. El Pastor es el punto focal dominante, el sostén principal y la pieza central de la iglesia moderna. Es la personificación del cristianismo protestante.

Pero he aquí la profunda ironía. ¡No hay un solo versículo en todo el Nuevo Testamento que apoye la existencia del Pastor moderno! Simplemente no existía en la iglesia primitiva. (Note que estoy utilizando el término “Pastor” en todo este capítulo para describir el cargo y el papel pastoral modernos.

No estoy hablando de los individuos específicos que cumplen este papel. En general, quienes ocupan el cargo de Pastor son personas maravillosas. Son cristianos honrados, decentes y frecuentemente dotados que aman a Dios y tienen celo por servir a su pueblo.  Pero tanto la Biblia como la historia de la iglesia se oponen al papel que cumplen, como veremos en este capítulo.

El Pastor se encuentra en la Biblia… ¿No es cierto?

La palabra “Pastores” ciertamente aparece en el Nuevo Testamento: Pongo en mayúscula la palabra “Pastor” para hablar del cargo antes que a la persona que lo ocupa. La mayoría de los hombres y mujeres que llegaron a ser Pastores nunca han considerado las raíces de este cargo. Y nunca se les ofreció otra forma alternativa de servir a Dios.

Esto, ciertamente, es una tragedia terrible. Sin embargo, aunque su cargo no tiene apoyo en las Escrituras, los Pastores ciertamente son de ayuda a menudo para las personas. Pero las ayudan a pesar de su cargo, no debido a él.

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, PASTORES y maestros” (Efesios 4:11).

Podemos hacer las siguientes observaciones acerca de este texto. Este es el único versículo en el Nuevo Testamento donde se emplea la palabra “Pastor”. ¡Un versículo solitario es una pieza de evidencia bastante escasa sobre la cual basar todo la fe protestante! En este sentido, hay más autoridad bíblica para manipular serpientes que para el Pastor moderno (Tanto Marcos 16:18 como Hechos 28:3-6

mencionan la manipulación de serpientes. Así que esta práctica gana por dos versículos contra uno.)

La palabra es usada en plural. Es “Pastores”. Esto es significativo. Porque, quienesquiera sean estos “Pastores”, son plurales en la iglesia, no singulares. Por consiguiente, no hay ningún apoyo bíblico para la práctica de Sola Pastora (un único Pastor).

La palabra griega que se traduce como “Pastores” es poimen. Quiere decir pastores de ganado. Así que “Pastor” es una metáfora para describir una función específica en la iglesia. No es un cargo ni un título. Un pastor del primer siglo no tenía nada que ver con el sentido especializado y profesional que ha llegado a tener en el cristianismo moderno.

Por lo tanto, Efesios 4:11 no visualiza un cargo pastoral, sino meramente una de las muchas funciones en una iglesia. Los pastores son los que proveen naturalmente sustento y cuidado a las ovejas de Dios. Por lo tanto, es un error profundo confundir a los pastores con un cargo o título, como suele concebirse hoy.

En el mejor de los casos, este texto es indirecto. No ofrece absolutamente ninguna definición o descripción de quiénes son los Pastores. Simplemente los menciona. Lamentablemente, hemos llenado esta palabra con nuestro propio concepto occidental de lo que es un Pastor. Hemos querido leer la idea moderna del Pastor moderno en el Nuevo Testamento.

¡Ningún cristiano del primer siglo soñaría siquiera con el moderno cargo de Pastor! Los católicos han cometido el mismo error con la palabra “sacerdote”. Uno puede encontrar la palabra “sacerdote” en el Nuevo Testamento tres veces para describir a ministros de la iglesia o referirse a un cristiano.

Sin embargo, ¡un sacerdote de la iglesia del primer siglo distaba mucho del hombre vestido de negro con un collar puesto al revés! Richard Hanson aclara este punto cuando dice: “Para nosotros, las palabras ‘obispos’, ‘presbíteros’ y ‘diáconos’ están almacenados con las asociaciones de casi dos mil años.

Para las personas que utilizaron estas palabras por primera vez, los títulos de estos cargos no pueden haber significado más que inspectores, hombres mayores y ayudantes… fue cuando comenzaron a asignarles significados teológicos inapropiados que empezó la distorsión del concepto de ministerio cristiano”.

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Además, aun cuando la mayoría de los autores del Nuevo Testamento estaban embebidos del sistema sacerdotal judío del Antiguo Testamento, nunca usan hiereus (sacerdote) para referirse al ministerio cristiano. El ordenamiento al cargo presupone un papel de liderazgo eclesiástico estático y definible que no existía en las iglesias apostólicas.

Trágicamente, hay hombres que harían lo imposible sólo para ser llamados “Pastor” o “Reverendo”. Vienen a la mente las palabras de Job: “No haré ahora acepción de personas, ni usaré con nadie de títulos lisonjeros” (Job 32:21).

En mis libros Reconsiderando el odre y ¿Quién es su cobertura?, demuestro que los pastores del primer siglo eran los ancianos (presbíteros)9 y supervisores locales de la iglesia. Y su función estaba completamente reñida con el papel pastoral moderno.

¿De dónde vino?

Si el Pastor moderno no existía en la iglesia primitiva, ¿de dónde vino? ¿Y cómo fue que se elevó a una posición tan prominente en la fe cristiana? Es una historia dolorosa, cuyas raíces son intrincadas y complejas. Estas raíces van tan atrás como la caída del hombre.

Con la caída del hombre surgió el deseo implícito en el hombre de tener un líder físico para llevarlo a Dios. Por esta razón, las sociedades humanas a lo largo de la historia han creado constantemente una casta espiritual especial de íconos religiosos.

El hechicero, el chamán, el rapsoda, el milagrero, el brujo, el adivino, el sabio y el sacerdote, todos han estado con nosotros desde el error de Adán. El hombre caído siempre ha tenido el deseo de erigir una casta sacerdotal especial que esté singularmente dotada para implorar a los dioses en nombre de él.

Esta búsqueda está en nuestra corriente sanguínea. Vive en la médula de nuestros huesos. Como criaturas caídas, buscamos una persona dotada de poderes espirituales especiales. Y esa persona siempre está marcada por un entrenamiento especial, una vestimenta especial, un vocabulario especial y un modo de vida especial.

Podemos ver cómo este instinto alza su desagradable cabeza en la historia del antiguo Israel. Hizo su primera aparición durante el tiempo de Moisés. Dos siervos del Señor, Eldad y Medad, recibieron el Espíritu de Dios y empezaron a profetizar.

Un joven fanático, en una respuesta precipitada, instó a Moisés: “¡Impídelos!”. Moisés desaprobó al joven supresor diciendo que todo el pueblo de Dios puede profetizar. Se había opuesto a un espíritu clerical que había querido controlar al pueblo de Dios.

Lo vemos otra vez cuando Moisés ascendió al monte Horeb. El pueblo quería que él fuera un mediador físico entre ellos y Dios, porque tenían miedo de una relación personal con el Todopoderoso. Este instinto caído hizo otra aparición durante el tiempo de Samuel. Dios quería que su pueblo viviera bajo su dirección directa. En cambio, Israel pidió a gritos un rey humano.

Las semillas del Pastor moderno pueden ser detectadas aun en el tiempo del Nuevo Testamento. Diótrefes, “al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos” en la iglesia, asumió el control ilegítimamente. Además, algunos eruditos han sugerido que la doctrina de los nicolaítas, que Jesús condena en Apocalipsis 2:6, es una referencia al surgimiento de un clero temprano.

Junto a la búsqueda del hombre caído de un mediador espiritual humano se encuentra su obsesión por la forma jerárquica de liderazgo. Todas las antiguas culturas fueron jerárquicas en sus estructuras sociales en un grado u otro. Lamentablemente, los cristianos postapostólicos adoptaron y adaptaron estas estructuras para su vida eclesiástica, como veremos.

El nacimiento del gobierno del obispo único

Hasta el segundo siglo, la iglesia no tuvo ningún liderazgo oficial. En este sentido, las congregaciones del primer siglo eran una verdadera rareza. Eran grupos religiosos sin sacerdote, templo o sacrificio. Los cristianos mismos dirigían la iglesia bajo la dirección directa de Cristo.

Entre la grey o rebaño estaban los ancianos (pastores o supervisores). Todos estos hombres estaban en un pie de igualdad. No había ninguna jerarquía entre ellos. También había obreros extralocales que plantaban iglesias. Eran denominados “enviados” o apóstoles. Pero ellos no fijaban residencia en las iglesias que cuidaban. Tampoco las controlaban.

El vocabulario del liderazgo en el Nuevo Testamento no permite ninguna estructura piramidal. Es, más bien, un lenguaje de relaciones horizontales que incluye la acción ejemplar. Todo esto fue así hasta que Ignacio de Antioquía (35-107 d.C.) apareció en escena.

Ignacio fue la primera figura de la historia de la iglesia en dar el primer paso por el camino resbaloso hacia un líder único en la iglesia. Podemos encontrar el origen del Pastor moderno y la jerarquía eclesiástica en él.

Ignacio elevó a uno de los ancianos por encima de todos los demás. El anciano elevado era conocido ahora como “el obispo”. Todas las responsabilidades que pertenecían al cuerpo de ancianos eran ejercidas por el obispo.

En el año 107 d.C., Ignacio escribió una serie de cartas mientras iba camino a Roma para ser martirizado. Seis de las siete cartas tratan el mismo tema. Están llenas de una exaltación exagerada de la autoridad y la importancia del cargo de obispo.

Según Ignacio, el obispo tiene el poder último y debe ser obedecido absolutamente. Considere los siguientes extractos de sus cartas: “Todos ustedes siguen al obispo como Jesucristo sigue al Padre… Nadie debe realizar ningún asunto de la iglesia sin el obispo… Donde aparezca el obispo, ahí debe estar el pueblo… Ustedes mismos nunca deben actuar independientemente del obispo y el clero.

Deben considerar a su obispo como un tipo del Padre…Todo lo que él apruebe complace al Padre…” Para Ignacio, el obispo ocupaba el lugar de Dios, en tanto que los presbíteros ocupaban el lugar de los doce apóstoles. Solamente el obispo podía celebrar la Cena del Señor, realizar bautismos, dar consejos, disciplinar a los miembros de la iglesia, aprobar matrimonios y predicar sermones.

Los ancianos se sentaban con el obispo durante la Cena del Señor. Pero era el obispo quien la presidía. Él se encargaba de dirigir las oraciones públicas y el ministerio. Solamente en los casos más extremos podía un “laico” tomar la Santa Cena sin que el obispo estuviera presente. Porque el obispo, decía Ignacio, debe “presidir” los elementos y distribuirlos.

En la mente de Ignacio, el obispo era el remedio para ahuyentar la falsa doctrina y establecer la unidad de la iglesia. Ignacio creía que, si la iglesia pretendía sobrevivir el embate de la herejía, debía desarrollar una estructura de poder rígida según el modelo de la estructura política centralizada de Roma. El gobierno del obispo único rescataría a la iglesia de la herejía y las luchas internas.

Históricamente, esto se conoce como el “monoepiscopado” o “episcopado monárquico”. Es el tipo de organización donde el obispo se distingue de los ancianos (el presbiterio) y está por encima de ellos. En el tiempo de Ignacio, el gobierno del obispo único no había prendido en otras regiones. Pero, para mediados del segundo siglo, este modelo estaba firmemente establecido en la mayoría de las iglesias. Para fines del tercer siglo predominaba en todas partes.

Con el tiempo, el obispo se convirtió en el principal administrador y distribuidor de la riqueza de la iglesia. Era el hombre responsable de enseñar la fe y de saber de qué se trataba el cristianismo. La congregación, otrora activa, había sido transformada en sorda y muda. Los santos meramente observaban la actuación del obispo.

En efecto, el obispo llegó a ser el único Pastor de la iglesia, el profesional de la adoración común. Era considerado el portavoz y la cabeza de la congregación. La persona cuyas manos manejaban todos los hilos de control. Todos estos papeles hicieron que el obispo fuera el precursor del Pastor moderno.

De presbítero a sacerdote

Ya para mediados del tercer siglo la autoridad del obispo se había rigidizado en un cargo fijo. Entonces apareció Cipriano de Cartago (200-258 d. C.), y el daño se extendió. Cipriano era un ex orador y maestro de retórica pagano.42 Cuando se hizo cristiano, empezó a escribir prolíficamente. Pero nunca abandonó algunas de sus ideas paganas.

Debido a la influencia de Cipriano, la puerta quedó abierta para resucitar el sistema de sacerdotes, templos, altares y sacrificios del Antiguo Testamento. Los obispos comenzaron a ser llamados “sacerdotes”, una costumbre que llegó a ser común en el tercer siglo.

También fueron llamados “Pastores” en ocasiones. En el tercer siglo, cada iglesia tenía su propio obispo. Y los obispos y presbíteros, en conjunto, comenzaron a ser llamados “el clero”. El origen de la doctrina antibíblica de la “cobertura” también puede atribuirse a Cipriano. Él enseñaba que el obispo no tiene ningún superior salvo Dios.

Solamente debía rendir cuentas a Dios. Todo el que se separa del obispo se separa de Dios. Cipriano También enseñaba que una porción del rebaño del Señor era asignada a cada pastor (obispo) individual.

Después del Concilio de Nicea (325 d.C.), los obispos empezaron a delegar la responsabilidad de la Cena del Señor a los presbíteros. Los presbíteros eran poco más que delegados del obispo que ejercían la autoridad de él en sus iglesias.

Debido a que los presbíteros eran quienes administraban la Santa Cena, empezaron a ser llamados “sacerdotes”. ¡Aún más sorprendente fue que el obispo llegó a ser considerado como el “sumo sacerdote” que podía perdonar pecados! Todas estas tendencias oscurecían la realidad neotestamentaria de que todos los creyentes son sacerdotes para Dios.

Para fines del cuarto siglo, esta jerarquía categorizada dominaba la fe cristiana. La casta clerical se había consolidado. El obispo encabezaba la iglesia. Bajo él estaba el colegio de presbíteros. Por debajo de éstos estaban los diáconos. Y debajo de todos ellos se arrastraban los pobres y miserables “laicos”.

El gobierno del obispo único se convirtió en la forma de gobierno de iglesia aceptada en todo el Imperio Romano. (Durante este tiempo, ciertas iglesias empezaron a ejercer autoridad sobre otras iglesias, lo cual amplió la estructura jerárquica.)

Para fines del cuarto siglo, los obispos se codeaban con la gente importante. Se les otorgaba tremendos privilegios. Se involucraron en la política, lo que los separó aún más de los presbíteros. En sus intentos de fortalecer el cargo de obispo, Cipriano abogó por una sucesión continua de obispos que se remontaban hasta Pedro. Esto se conoce como “sucesión apostólica”.

A lo largo de sus escritos, Cipriano emplea el lenguaje oficial del sacerdocio del Antiguo Testamento para justificar esta práctica. Al igual que Tertuliano (160-225) e Hipólito (170-236) antes que él, Cipriano utilizaba el término sacerdotes para describir a los presbíteros y obispos. Pero dio un paso más.

Podemos atribuir a Cipriano el concepto contrario al Nuevo Testamento del sacerdotalismo: la creencia de que existe una persona divinamente designada para mediar entre Dios y el pueblo. ¡Cipriano sostenía que, debido a que los clérigos cristianos son sacerdotes que ofrecen el sacrificio santo (la Eucaristía), ellos mismos son sacrosantos!

También podemos acreditar a Cipriano el concepto de que, cuando el sacerdote ofrece la Eucaristía, en realidad está ofreciendo la muerte de Cristo en nombre de la congregación. En la mente de Cipriano, el cuerpo y la sangre de Cristo se vuelven a sacrificar a través de la Eucaristía.

 Por consiguiente, es en Cipriano donde encontramos las semillas de la misa católica medieval. Esta idea agrandó la cuña entre el clero y los laicos. También creó una dependencia insalubre del clero de parte de los laicos.

El papel del sacerdote

Hasta la Edad Media, los presbíteros (ahora conocidos comúnmente como “sacerdotes”) desempeñaron un papel secundario con relación al obispo. Pero, durante la Edad Media, hubo un cambio. Los presbíteros empezaron a representar a los sacerdotes, mientras los obispos se ocupaban de las tareas políticas.

 Los sacerdotes parroquiales (locales) se volvieron más centrales para la vida de la iglesia que el obispo. Era el sacerdote quien ahora ocupaba el lugar de Dios y controlaba los sacramentos. Al convertirse el latín en el lenguaje popular a mediados del cuarto siglo, el sacerdote acostumbraba a invocar la frase hoc est corpus meum. Estas palabras latinas quieren decir: “Esto es mi cuerpo”.

Con estas palabras, el sacerdote se convirtió en el supervisor de la pretensiosa palabrería que empezó a marcar la misa católica. Se le puede acreditar a Ambrosio de Milán (339- 397) la idea de que la mera pronunciación de hoc est corpus meum convertía mágicamente el pan y el vino en el cuerpo y la sangre físicos del Señor. (La frase de magia en inglés “hocus pocus” –“abracadabra” en español– viene de hoc est corpus meum.)

Según Ambrosio, ¡el sacerdote estaba dotado de poderes especiales para hacer bajar a Dios del

cielo y entrar dentro del pan! Debido a su función sacerdotal, la palabra presbyteros llegó a significar sacerdos (sacerdote). Por consiguiente, cuando la palabra latina para presbítero fue adoptada por el inglés, tuvo el significado de “sacerdote” en vez de “anciano”. Por lo tanto, en la iglesia católica romana, la palabra “sacerdote” fue el término usado en general para referirse al presbítero local.

La influencia de la cultura grecorromana

La cultura grecorromana que rodeaba a los primeros cristianos reforzó la jerarquía escalonada que se estaba introduciendo lentamente en la iglesia. La cultura grecorromana era jerárquica por naturaleza. Esta influencia se infiltró en la iglesia cuando los nuevos conversos trajeron su bagaje cultural a la comunidad creyente.

La jerarquía humana y el ministerio “oficial” institucionalizaron la iglesia de Jesucristo. Para el cuarto siglo, estos elementos endurecieron las arterias de lo que una vez fue la ekklesia viva y vital de Dios, dentro de la cual el ministerio era funcional, dirigido por el Espíritu, orgánico y compartido por todos los creyentes.

Pero, ¿cómo y por qué sucedió esto? Podemos rastrearlo al tiempo de la desaparición de los obreros apostólicos itinerantes (plantadores de iglesias). A fines del primer siglo y principios del segundo, los presbíteros locales empezaron a surgir como los “sucesores” residentes del papel de liderazgo único que cumplían los obreros apostólicos.

 Esto dio origen a una única figura principal en cada iglesia. Sin la influencia de los obreros extralocales que habían sido mentoreados por los apóstoles del Nuevo Testamento, la Iglesia empezó a desplazarse hacia los patrones organizativos de la cultura que la rodeaba.

Líderes destacados de la iglesia que habían adoptado el pensamiento pagano también tuvieron una gran influencia. Detrás de Ignacio de Antioquia, Cipriano sostuvo que la organización de la iglesia debía seguir el modelo del Imperio Romano. Como resultado, el imperialismo y una jerarquía inexpugnable penetraron la fe cristiana.

Como ya hemos visto, el papel del obispo empezó a cambiar, de ser la cabeza de una iglesia local hasta convertirse en el representante de todos en una región dada. Los obispos gobernaban las iglesias de la misma forma que los gobernadores romanos sus provincias. Con el tiempo, al obispo de Roma se le otorgó la mayor autoridad y finalmente evolucionó para convertirse en el “Papa”. honrado, no tenía ese tipo de autoridad eclesiástica.

 La palabra “papa” es un término usado para expresar el cuidado paterno de cualquier obispo. Recién en el sexto siglo el término comenzó a ser usado exclusivamente para el obispo de Roma. He aquí un breve bosquejo del origen del Papa católico romano. A fines del segundo siglo, se les daba gran honor a los obispos romanos.

Esteban I (f. 257) fue el primero en usar el texto petrino (Mateo 16:18) en apoyo de la preeminencia del obispo romano. Pero esto no era sostenido universalmente. El surgimiento del Papa moderno puede rastrearse a León el Grande (440–461). León fue el primero en hacer un reclamo teológico y bíblico a favor de la primacía del obispo romano.

Así que entre los años 100 y 300 d.C., el liderazgo de la Iglesia tomó el modelo del gobierno romano. Y se usó la jerarquía del Antiguo Testamento para justificarlo. El gobierno de un solo obispo se había engullido el sacerdocio de todos los creyentes. Ignacio convirtió al obispo, de hecho, en la autoridad local. Cipriano lo convirtió en el representante de todas las congregaciones por su doctrina de la sucesión apostólica.

Constantino y la jerarquía romana

Tenga en mente que el mundo social en el cual el cristianismo se difundió estaba gobernado por una sola persona, el emperador. Poco después de subir al trono Constantino, a principio del cuarto siglo, la iglesia se convirtió en una sociedad organizada jerárquicamente de arriba abajo, con todas las de la ley.

Edwin Hatch escribe: “En su mayor parte las iglesias cristianas se asociaron entre sí siguiendo la línea del Imperio Romano.…El desarrollo de la organización de las iglesias cristianas fue gradual [y] los elementos que componían esa organización ya existían en la sociedad humana”. Podemos rastrear la estructura del liderazgo jerárquico tan atrás como en el antiguo Egipto, Babilonia y Persia. Luego fue llevada a la cultura griega y romana, donde fue perfeccionada.

El historiador D. C. Trueman escribe: “Los persas hicieron dos aportes destacados al mundo antiguo: la organización de su imperio y su religión. Estos dos aportes han tenido una influencia considerable sobre nuestro mundo occidental. El sistema de administración imperial fue heredado por Alejandro Magno, adoptado por el Imperio Romano y finalmente legado a la Europa moderna”.

Will Durant plantea un punto similar, al decir que el cristianismo “creció por la absorción de la fe y los ritos paganos; se convirtió en una iglesia triunfante heredando los modelos de la organización y el genio de Roma… Así como Judea le había dado la ética al el mayor terrateniente de Italia, fijando un precedente para los ricos y poderosos Papas que lo siguieron.)

Grecia le había dado la teología, ahora Roma le daba la organización; todos estos elementos, junto con una docena de creencias absorbidas y rivales, ingresaron en la síntesis cristiana”. Para el cuarto siglo, la iglesia siguió los mismos pasos que el Imperio Romano.

El emperador Constantino organizó la iglesia en diócesis siguiendo el modelo de los distritos regionales romanos. (La palabra “diócesis” era un término secular que se refería a las unidades administrativas más grandes del Imperio Romano.)

 Más adelante, el papa Gregorio diseñó el ministerio de toda la iglesia según la ley romana. Durant vuelve a lamentarse: “Cuando el cristianismo conquistó Roma, la estructura eclesiástica de la iglesia pagana, el título y la vestimenta del pontifex maximus… y la grandiosidad del ceremonial inmemorial entraron como la sangre materna en la nueva religión, y la Roma cautiva capturó a su conquistador”.

Todo esto estaba fuertemente reñido con la forma de Dios para su iglesia. Cuando Jesús entró en el teatro de la historia humana, erradicó tanto los íconos profesionales religiosos como la forma de liderazgo jerárquica. Como extensión de la naturaleza y misión de Cristo, la iglesia primitiva fue el primer movimiento de la historia “dirigido por laicos”.

Pero, con la muerte de los apóstoles y los hombres que ellos entrenaron, las cosas empezaron a cambiar. Desde entonces, la iglesia de Jesucristo ha buscado su modelo de organización eclesiástica de las sociedades en las que ha sido colocada, a pesar de la advertencia de nuestro Señor de que Él iniciaría una sociedad nueva con un carácter único.

 En un contraste llamativo con las provisiones del Antiguo Testamento hechas en el monte Sinaí, ni Jesús ni Pablo impusieron modelos organizacionales fijos para la Nueva Israel. Constantino y la exaltación del clero. Entre 313 y 325 d.C., el cristianismo dejó de ser una religión que luchaba por sobrevivir ante el gobierno romano. Se regodeaba al calor del imperialismo, cargado de dinero y prestigio.

Ya no era una desventaja ser un cristiano bajo del reinado de Constantino. Era una ventaja. Formar parte de la religión del emperador estaba de moda. Y ser parte del clero significaba recibir las mayores ventajas. A esta altura el término “clero” se amplió para incluir a todos los oficiales de la iglesia.

Constantino enalteció al clero cristiano. En el año 313 le otorgó la exención del pago de impuestos, algo que los sacerdotes paganos habían disfrutado tradicionalmente. También los eximió de los cargos públicos obligatorios y demás deberes cívicos. Quedaron liberados de ser juzgados por tribunales seculares y de servir en el ejército. (Los obispos podían ser juzgados sólo por un tribunal de obispos, no por tribunales comunes.)

En todas estas cosas, se le otorgó al clero la condición de clase especial. Constantino fue el primero en usar las palabras “clerical” y “clérigos” para describir una clase social superior. También consideraba que el clero cristiano merecía el mismo privilegio que los oficiales del gobierno. Así que los obispos participaban en juicios, como los jueces seculares.

Los clérigos recibían los mismos honores que los más altos oficiales del Imperio Romano y aun el Emperador mismo. En realidad, ¡Constantino dio a los obispos de Roma más poder que a los gobernadores romanos! ¡También ordenó que el clero recibiera asignaciones anuales fijas (un pago ministerial)!

El resultado neto de esto fue alarmante: El clero tenía el prestigio de funcionarios de la iglesia, los privilegios de una clase favorecida y el poder de una elite acaudalada. Se había convertido en una clase aislada con un estado civil y una forma de vida apartes. (Esto incluía el celibato del clero.) Hasta se vestían y arreglaban de forma distinta de la gente común.

En mi país, hablar de separación de iglesia-Estado, con relación al catolicismo romano, es sacar patente de marxista. Yo no lo soy, obviamente. Pero sostengo que alguien que dice representar a Dios, no puede ser empleado de un gobierno humano.

Porque si un estado de un país sostiene con salarios a determinadas jerarquías religiosas, de alguna manera está comprando la fidelidad espiritual de esa religión. ¿O quieren que yo crea que un sacerdote o un ministro va a decir o hacer algo en contra de su patrón financiero?

Los obispos y sacerdotes se rapaban la cabeza. Esta práctica, conocido como tonsura, provenía de la antigua ceremonia romana de la adopción. Todos los que se rapaban la cabeza eran célibes. En Occidente, el Concilio de Elvira, celebrado en España en 306. fue el primero en exigir que el clero fuera célibe. Esto fue reafirmado por el papa Siricio, en 386.

Todo sacerdote que se casaba o seguía viviendo con su esposa debía dejar los hábitos. En Oriente, los sacerdotes y diáconos podían casarse antes de la ordenación, pero no después. Los obispos debían ser célibes. Gregorio Magno hizo mucho para promover el celibato del clero, que muchos no estaban siguiendo. El celibato clerical sólo ensanchó la brecha entre el clero y el denominado pueblo “común” de Dios.

No quiero referirme al celibato porque es un asunto doctrinal para otro sector de esta página. Pero sí quiero dividir lo que existe con lo que supuestamente debería existir. Celibato es decidir vivir sin pareja, mientras que lo que hay es ausencia de matrimonio legal, nada más.

La vestimenta del obispo era la antigua túnica de un magistrado romano. Los clérigos no debían dejar su cabello largo como los filósofos paganos. No debería sorprendernos que tantas personas en tiempo de Constantino experimentaran un repentino “llamado al ministerio”. Para ellos, ser oficial de la iglesia se había convertido en una carrera más que un llamado.

Una falsa dicotomía

Bajo Constantino, el cristianismo fue a la vez reconocido y respetado por el Estado. Esto desdibujó la línea que dividía a la iglesia del mundo. La fe cristiana ya no era una religión minoritaria. En cambio, estaba protegida por los emperadores. Como consecuencia, la membresía de la iglesia creció rápidamente. Hubo conversos a carradas, pobremente convertidos, que trajeron a la iglesia una gran variedad de ideas paganas.

En palabras de Will Durant: “Mientras el cristianismo convirtió al mundo, el mundo convirtió al cristianismo y exhibió el paganismo natural de la humanidad”. Como ya hemos visto, las prácticas de las religiones de misterio empezaron a ser utilizadas en el culto de la iglesia. Y el concepto pagano de la dicotomía entre lo sagrado y lo profano se introdujo en la mentalidad cristiana.

Nadie le presta demasiada atención, (Y además –seamos honestos-, no nos gusta leerlo), recordamos las palabras de: “muchos serán llamados, pero pocos escogidos”. Sin embargo, esto que terminas de leer y tu propia experiencia otorgan la razón a ese cumplimiento.

Puede decirse correctamente que la distinción de clase entre el clero y los laicos surgió de esta misma dicotomía. La vida cristiana ahora estaba siendo dividida en dos partes: secular y espiritual, sagrado y profano. Pero para el cuarto siglo esta idea falsa fue adoptada universalmente por los cristianos. Y llevó a la idea profundamente errónea de que hay profesiones sagradas (un llamado al

“ministerio”) y profesiones comunes (un llamado a una vocación mundana).

El historiador Philip Schaff describe correctamente estos factores como creadores de “la secularización de la iglesia” donde “la corriente pura del cristianismo” se había contaminado. Note que esta dicotomía errónea aún perdura en la mente de la mayoría de los creyentes de hoy. Pero el concepto es pagano, no cristiano. Destruye la realidad neotestamentaria de que la vida cotidiana es santificada por Dios.

Clemente de Roma (f. 100 d.C.) fue el primer autor cristiano que hizo una distinción de estatus entre líderes y no líderes cristianos. Fue el primero en usar la palabra “laico” en contraste con los ministros. Clemente sostenía que el orden de sacerdotes del Antiguo Testamento debía encontrar su cumplimiento en la iglesia cristiana.

Tertuliano es el primer escritor en usar la palabra “clero” para referirse a una clase separada de cristianos. Tanto Tertuliano como Clemente de Alejandría (150-215) popularizaron la palabra “clero” en sus escritos. Para el tercer siglo, la brecha entre el clero y los laicos se ensanchó a un punto de no retorno. Los clérigos eran los líderes capacitados de la iglesia los guardianes de la ortodoxia, los gobernantes y maestros de la gente. Ellos poseían los dones y las gracias que no estaban al alcance de los mortales menores.

Los laicos eran los cristianos no capacitados y de segunda clase. El gran teólogo Karl Barth dijo, correctamente: “El término ‘laico’ es uno de los peores del vocabulario religioso y debería ser desterrado de la conversación cristiana”. Los términos “clero” y “laico” no aparecen en el Nuevo Testamento. Tampoco se encuentra el concepto de que hay quienes realizan el ministerio (clero) y quienes son objeto

del ministerio (laicos).

Por lo tanto, lo que tenemos en Tertuliano y en los dos Clementes es una clara ruptura con la mentalidad de los cristianos del primer siglo, donde todos los creyentes compartían el mismo estatus. La distinción entre el clero y los laicos -púlpito y banco- pertenece al otro lado de la cruz. Con el Nuevo Pacto en Cristo, se eliminaron el clero y los laicos. Hay un único pueblo de Dios.

Junto con estos cambios de mentalidad llegó un nuevo vocabulario. Los cristianos empezaron a adoptar el vocabulario de las sectas paganas. El título pontifex (pontífice, un título pagano) se convirtió en un término común para los clérigos cristianos en el cuarto siglo. Al igual que “Maestro de Ceremonias” y “Gran Maestro de la Logia”.

Todo esto reforzó la mística del clero como custodios de los misterios de Dios. Para el quinto siglo, la idea del sacerdocio de cada creyente había desaparecido por completo del horizonte cristiano. El acceso a Dios estaba controlado ahora por la casta clerical. Comenzó a implementarse el celibato clerical. La comunión infrecuente se volvió habitual para los denominados “laicos”. El edificio de iglesia ahora estaba velado con incienso y humo.

Las oraciones del clero se hacían en secreto. Y se introdujo la pequeña pero profundamente significativa pantalla que separó al clero de los laicos. En resumen, para fines del cuarto siglo y principios del quinto, el clero se había convertido en una casta sacerdotal, un grupo de elite espiritual de “hombres santos”. Esto nos lleva al tema espinoso de la ordenación.

La falacia de la ordenación

En el cuarto siglo, la teología y el ministerio eran el dominio de los sacerdotes. El trabajo y la guerra eran el dominio de los laicos. ¿Cuál era el rito iniciático al dominio sagrado del sacerdote? La ordenación.

Antes de analizar las raíces históricas de la ordenación, veamos cómo se reconocía al liderazgo de la iglesia primitiva. Los obreros apostólicos (los plantadores de iglesias) del primer siglo volvían a visitar a una iglesia después de un tiempo. En algunas de esas iglesias, los obreros reconocían públicamente a los ancianos. En todos los casos, los ancianos ya estaban “en el lugar” antes de ser respaldados públicamente.

Los ancianos surgían naturalmente en una iglesia con el paso del tiempo. No eran nombrados a un cargo externo. En cambio, eran reconocidos en virtud de su antigüedad y contribución a la iglesia. Según el Nuevo Testamento, el reconocimiento de ciertos miembros dotados es algo instintivo y orgánico. Hay un principio interno dentro de cada creyente de reconocer los diversos ministerios de la iglesia.

Llamativamente, hay sólo tres pasajes en el Nuevo Testamento que nos dicen que los ancianos fueron reconocidos públicamente. Hubo ancianos reconocidos en las iglesias de Galacia. Pablo dijo a Timoteo que reconociera ancianos en Éfeso. También dijo a Tito que los reconociera en las iglesias de Creta.

La palabra “ordenar” (“ordain”, en inglés) en estos pasajes no quiere decir instalar en un cargo. Más bien, transmiten la idea de respaldar, afirmar y presentar lo que ya ha estado sucediendo. También transmite la idea de bendición. El reconocimiento público de ancianos y otros ministerios generalmente era acompañado por la imposición de manos por obreros apostólicos. (En el caso de obreros enviados a otros lugares, lo hacía la iglesia o los ancianos.)

En el primer siglo, la imposición de manos significaba meramente el apoyo o afirmación de una función, no la instalación en un cargo o el otorgamiento de un estatus especial. Lamentablemente, pasó a significar esto último a fines del segundo siglo y principios del tercero.

Durante el tercer siglo, la “ordenación” adoptó un significado completamente diferente. Era un rito cristiano formalizado. Para el cuarto siglo, la ceremonia de ordenación era engalanada con vestimentas simbólicas y un ritual solemne. La ordenación produjo una casta eclesiástica que usurpó el sacerdocio de los creyentes.

¿De dónde supone usted que los cristianos tomaron su modelo de ordenación? Modelaron su ceremonia de ordenación según la costumbre romana de designar a hombres para cargos civiles. ¡Todo el proceso, hasta las palabras mismas, vino directamente del mundo cívico romano.

De acuerdo; ahora cuando tú le recrimines a un ministro su falta de sustento legal por no estar ordenado correctametne según las reglamentaciones denominacionales respectivas, te sugiero que lo pienses mejor y luego digas algo. Si puedes…

Para el cuarto siglo, los términos usados para el nombramiento para un cargo romano y para la ordenación cristiana se volvieron sinónimos. Cuando Constantino convirtió al cristianismo en la religión preferida, las estructuras de liderazgo de la iglesia se vieron reforzadas por la aprobación política. Las formas del sacerdocio del Antiguo Testamento se combinaron con la jerarquía griega. Tristemente, la iglesia se sentía cómoda con esta nueva forma, igual que hoy.

Agustín (293-373 d.C.) dio un paso más: ¡Enseñó que la ordenación confería una “impronta definitiva e inamovible” al sacerdote que lo habilita para cumplir sus funciones sacerdotales! Para Agustín, la ordenación era una posesión permanente que no podía ser revocada.

Entonces se llegó a entender la ordenación cristiana como algo que constituye la diferencia esencial entre el clero y los laicos. Mediante la ordenación el clero era habilitado para administrar los sacramentos. Se creía que el sacerdote, que realiza el servicio divino, debía ser el más perfecto y santo entre todos los cristianos.

Gregorio de Nacianzo (329-389) y Crisóstomo (347-407) incrementaron tanto el nivel de exigencia para los sacerdotes que corrían peligro si no vivían de acuerdo con la santidad de su servicio. Según Crisóstomo, el sacerdote es como un ángel. ¡No está hecho del mismo material frágil que el resto de los hombres!

¿Cómo podría el sacerdote vivir en tal estado de santidad pura? ¿Cómo podría ser digno de servir en el “coro de ángeles”? La respuesta era la ordenación. Mediante la ordenación, la corriente de las gracias divinas fluía dentro del sacerdote, haciéndolo apto para ser usado por Dios. Esta idea, también conocida como “dotación sacerdotal”, aparece primeramente en Gregorio de Nisa (330-395).

Gregorio sostenía que la ordenación hacía del sacerdote, “invisiblemente pero realmente un hombre diferente y mejor”, elevándolo muy por encima del laicado. “El mismo poder de la palabra”, dice Gregorio, “hace que el sacerdote sea venerable y honorable, separado… Mientras apenas ayer era uno entre la masa, uno del pueblo, de pronto es convertido en un guía, un presidente, un maestro de justicia, un instructor de misterios ocultos…”

Preste atención a las palabras de un documento del cuarto siglo: “El obispo es el ministro de la Palabra, el guardián del conocimiento, el mediador entre Dios y usted en varias partes de su culto divino… él es quien lo rige y lo gobierna… él está en segundo lugar después de Dios, su dios terrenal, con derecho de ser honrado por usted”.

A través de la ordenación, al sacerdote (u obispo) se le otorgaban poderes divinos especiales para ofrecer el sacrificio de la misa. ¡La ordenación también lo convertía en una clase de hombre completamente separado y santo! Los sacerdotes llegaron a ser identificados como los “vicarios de Dios en la tierra”. Se convirtieron en parte de una clase especial de hombres. Una orden que estaba separada de los denominados “miembros laicos” de la iglesia.

Para mostrar esta diferencia, tanto el estilo de vida como la vestimenta del sacerdote eran distintos de los laicos. Lamentablemente, este concepto de la ordenación nunca dejó la fe cristiana. Está vivo y coleando en el cristianismo moderno. De hecho, si usted está preguntándose por qué y cómo el pastor moderno llegó a ser tan exaltado como “el hombre santo de Dios”, estas son sus raíces.

Eduard Schweizer, en su obra clásica Church Order in the New Testament, sostiene que Pablo era completamente ajeno a una ordenación que confiere poderes ministeriales o clericales a un cristiano. Los pastores (ancianos, supervisores) del primer siglo no recibieron nada que se pareciera a la ordenación moderna. No eran puestos por encima del resto del rebaño. Eran quienes servían entre ellos.

Los ancianos del primer siglo simplemente eran respaldados públicamente por obreros externos como personas que se preocupaban por la iglesia. Esta aceptación era simplemente el reconocimiento de una función. No confería poderes especiales. Tampoco era una posesión permanente, como creía Agustín.

La práctica moderna de la ordenación crea una casta especial de cristianos. No importa si es el sacerdote del catolicismo o el Pastor del protestantismo, el resultado es el mismo: el ministerio más importante está restringido a unos pocos creyentes “especiales”. Esta idea es tan dañina como antibíblica. En ningún lugar el Nuevo Testamento limita la predicación, el bautismo o la distribución de la Cena del Señor a los “ordenados”.

¡El eminente erudito James D. G. Dunn fue quien mejor lo expresó al decir que la tradición de clero y laicado ha hecho más para socavar la autoridad del Nuevo Testamento que la mayoría de las herejías! Dado que los cargos eclesiásticos sólo podían ocuparse a través del rito de la ordenación, el poder de ordenar se convirtió en el tema crítico para tener autoridad religiosa.

Se había perdido el contexto bíblico. Y se usaron métodos de textos de prueba para justificar la jerarquía entre el clero y los laicos. ¡El creyente común, generalmente inculto e ignorante, estaba a la merced de un clero profesional!

La Reforma

Los reformadores del siglo XVI cuestionaron fuertemente el sacerdocio católico. Atacaron la idea de que el sacerdote poseía poderes especiales para convertir el vino en sangre. Rechazaron la sucesión apostólica. Alentaron al clero a casarse. Revisaron la liturgia para dar a la congregación más participación. También abolieron el cargo de obispo y redujeron el sacerdote nuevamente a presbítero.

Pero, lamentablemente, los reformadores llevaron la distinción católica entre clero y laicos directamente al movimiento protestante. También mantuvieron la idea católica de la ordenación. Si bien abolieron el cargo de obispo, resucitaron, con otro disfraz, el gobierno del obispo único. El grito de batalla de la Reforma fue la restauración del sacerdocio de todos los creyentes.

Sin embargo, esta restauración fue sólo parcial. Lutero (1483-1546), Calvino (1509-1564) y Zwinglio (1484-1531) afirmaron el sacerdocio de los creyentes con respecto a su relación individual con Dios. Enseñaron, correctamente, que todo cristiano tiene acceso directo a Dios, sin necesidad de un mediador humano.

Esta fue una restauración maravillosa. Pero fue parcial. Lo que los reformadores no hicieron fue recuperar la dimensión corporativa del sacerdocio de los creyentes. Restauraron la doctrina del sacerdocio de los creyentes soteriológicamente, es decir con relación a la salvación. Pero no la restauraron eclesiásticamente, con relación a la iglesia.

En otras palabras, los reformadores solamente recuperaron el sacerdocio del creyente (singular). Nos recordaron que todo cristiano tiene acceso individual e inmediato a Dios. Por maravilloso que sea esto, no recuperaron el sacerdocio de todos los creyentes (plural colectivo). Esta es la bendita verdad de que cada cristiano forma parte de un grupo que comparte la Palabra de Dios unos con otros. (Fueron los anabautistas quienes recuperaron esta práctica.

Lamentablemente, esta recuperación fue una de las razones por las cuales las espadas protestantes y católicas quedaron rojas con la sangre de este grupo.)  Si bien los reformadores se opusieron al Papa y a su jerarquía religiosa, siguieron sosteniendo la visión estrecha del ministerio que habían heredado. Creían que “el ministerio” era una institución restringida a unos pocos que eran “llamados” y “ordenados”.

Así que los reformadores siguieron afirmando la división entre el clero y los laicos. Sólo en su retórica los reformadores afirmaban que todos los creyentes eran sacerdotes y ministros. En la práctica, lo negaban. Así que, una vez que se disipó el humo de la Reforma, terminamos con lo mismo que nos dieron los católicos: ¡un sacerdocio selectivo!

Lutero sostenía la idea de que los que predicaban requerían una capacitación especial. Como los católicos, los reformadores creían que solamente el “ministro ordenado” podía predicar, bautizar y administrar la Cena del Señor. Como resultado, la ordenación le daba al ministro un aura de favor divino que no podía ser cuestionado.

Trágicamente, Lutero y los demás reformadores denunciaron violentamente a los anabautistas por practicar el funcionamiento de cada miembro en la iglesia. Los anabautistas creían que cada cristiano tiene el derecho de pararse y hablar en una reunión. No era el dominio del clero. ¡Lutero estaba tan en contra de esta práctica que dijo que provenía “del pozo del infierno”, y que quienes la realizaban debían ser muertos! (¡He aquí su herencia, querido cristiano protestante!)

 “El sacerdocio de todos los creyentes se refiere no sólo a la relación de cada persona con Dios y al sacerdocio de cada uno para con su prójimo, como en Lutero; se refiere también a la igualdad de todas las personas de la comunidad cristiana con relación a la función formal”  

Resumiendo, los reformadores retuvieron la idea de que la ordenación era la clave para tener poder en la iglesia. Era responsabilidad del ministro ordenado transmitir la revelación de Dios a su pueblo. Y se le pagaba para este papel. Como el sacerdote católico, el ministro reformado era considerado por la iglesia como el “hombre de Dios”, el mediador pago entre Dios y su pueblo.

 No un mediador para perdonar pecados, sino un mediador para comunicar la voluntad divina. Así que, en el protestantismo, un viejo problema asumió una forma nueva. La jerga cambió, pero el veneno permaneció.

De sacerdote a pastor

A Juan Calvino no le gustaba la palabra “sacerdote” para referirse a los ministros. Prefería el término “Pastor”. Para él, “Pastor” era la palabra más elevada que uno podía usar para el ministerio. Le gustaba porque la Biblia se refería a Jesucristo como “el gran Pastor de las ovejas” (Hebreos 13:20).174 Irónicamente, ¡Calvino creía que estaba restaurando el obispo (episkopos) del Nuevo Testamento en la persona del Pastor!

A Lutero tampoco le gustaba la palabra “sacerdote” para definir a los nuevos ministros protestantes. Escribió: “No podemos ni debemos dar el nombre de sacerdote a los que están encargados de la Palabra y los sacramentos entre el pueblo. La razón por la que han sido llamados sacerdotes es por la costumbre de los pueblos paganos o como un vestigio de la nación judía.  El resultado es perjudicial para la iglesia”. Así que él también adoptó los términos “predicador”, “ministro” y “Pastor” para referirse a este nuevo cargo.

Zwinglio y Martín Bucero (1491-1551) también preferían la palabra “Pastor”. Escribieron tratados populares sobre esto. Como resultado, el término empezó a penetrar en las iglesias de la Reforma. Sin embargo, debido a su obsesión con la predicación, el “confusión deplorable”.

Así como el clero católico romano era considerado el guardián de la salvación, se veía al clero protestante como el custodio de la revelación divina. Según la Confesión de Augsburgo de 1530, el cargo más alto de la iglesia era el de predicador. En el antiguo judaísmo, el rabino interpretaba la Torá para el pueblo. En la iglesia protestante, el ministro era considerado como el custodio de los misterios de Dios.

El orden eclesiástico de Calvino, de Pastores con el gobierno de ancianos en Ginebra, se convirtió en el modelo más influyente durante la Reforma. Pasó a ser el modelo para las iglesias protestantes de Francia, Holanda, Hungría, Escocia y entre los puritanos ingleses y sus descendientes.

Recién en el siglo XVIII el término “Pastor” se volvió de uso corriente, eclipsando a “predicador” y “ministro”. Esta influencia vino de los pietistas luteranos. Desde entonces, el término se ha generalizado en el cristianismo dominante.

Aun así, los reformadores elevaron al Pastor a cabeza funcional de la iglesia. Según Calvino, “El cargo pastoral es necesario para preservar la iglesia en la tierra de una forma mayor que el sol, los alimentos y las bebidas son necesarios para nutrir y sostener la vida presente”.

Los reformadores creían que el Pastor poseía poder y autoridad divinos. No hablaba por su propia cuenta, sino en nombre de Dios. Calvino reforzó aún más la primacía del Pastor al considerar las acciones de desprecio o burla hacia el ministro como serias ofensas públicas.

Esto no debería ser una sorpresa cuando vemos de dónde tomó Calvino su modelo para el ministerio. No tomó la iglesia de la era apostólica. En cambio, ¡tomó como modelo el Shepherd, p. 28). Durante el siglo XVII, los puritanos usaron el término “Pastor” en algunas de sus obras publicadas. Las obras anglicanas y puritanas del siglo XVII sobre cuidado pastoral se referían a los clérigos parroquiales (locales) como “párrocos”.

 “Los reformadores alemanes también adhirieron al uso medieval y llamaron al predicador Pfarrer, es decir párroco (derivado de parochia–parroquia y parochus– párroco). Mientras que los predicadores luteranos son llamados “Pastores” en Estados Unidos, siguen siendo llamados Pfarrer (cabeza de la parroquia) en Alemania.

Dada la transición gradual del sacerdote católico al Pastor protestante, no era infrecuente que las personas siguieran llamando a sus nuevos predicadores protestantes con los viejos títulos católicos, como “sacerdote”.

La palabra “Pastor” ha aparecido siempre en la literatura teológica tan atrás como en el período patrístico. La elección de la palabra dependía de la función que se deseaba resaltar: Un Pastor guiaba moralmente y espiritualmente. El sacerdote oficiaba los sacramentos. Aun así, el término “Pastor” no estuvo en labios de los creyentes comunes hasta después de la Reforma.

La palabra “sacerdote” pertenece a la tradición católica/anglicana, la palabra “ministro” pertenece a la tradición reformada y la palabra “Pastor” pertenece a la tradición luterana y evangélica (p. viii). Es cierto que los reformadores se referían a su ministro como “Pastor”, pero en general lo llamaban “predicador”.

La palabra “Pastor” luego evolucionó para convertirse en el término predominante del cristianismo para este cargo. Esto se debió al predominio de estos grupos, que buscaban distanciarse del vocabulario de la “iglesia alta”. El término “ministro” fue introducido gradualmente al mundo de habla inglesa por los no conformistas y disidentes. Ellos deseaban diferenciar el “ministerio” protestante del clero anglicano.

La ironía aquí es que Juan Calvino se quejaba de la iglesia católica romana porque edificaba sus prácticas sobre “invenciones humanas” en vez de la Biblia. ¡Pero él hizo lo mismo! En este sentido, los protestantes son tan culpables como los católicos.

Ambas denominaciones basan sus prácticas en la tradición humana. Calvino enseñaba que la predicación de la Palabra de Dios y la administración correcta de los sacramentos son las marcas de una verdadera iglesia.

 Para él, la predicación, el bautismo y la Eucaristía debían ser realizados por el Pastor y no por la congregación. Para todos los reformadores, la función primaria de un ministro es la predicación. Como Calvino, Lutero también hizo del Pastor un cargo aparte y exaltado. Mientras sostenía que las llaves del reino pertenecían a todos los creyentes, Lutero confinó su uso a quienes ocupaban cargos en la iglesia.

“Todos somos sacerdotes”, decía Lutero, “en tanto y en cuanto somos cristianos, pero los que llamamos sacerdotes son ministros escogidos de entre nosotros para actuar en nuestro nombre, y el sacerdocio de ellos es nuestro ministerio”. Tristemente, Lutero creía que todos están en el sacerdocio, pero no todos pueden ejercer el sacerdocio.

Esto es, lisa y llanamente, sacerdotalismo. Lutero se separó del campo católico al rechazar un sacerdocio sacrificial. Pero, en su lugar, creía que el ministerio de la Palabra de Dios pertenecía a un orden especial. “Pues su modelo (el de Calvino) se retrotrae a la iglesia de principios del segundo siglo más que a la de la era estrictamente apostólica.

En la era apostólica la comunidad cristiana local estaba a cargo no de un pastor único sino de varios funcionarios conocidos indistintamente, según lo señala, como presbíteros (ancianos) y obispos. Fue sólo en el segundo siglo que vino a la existencia el obispo o pastor único de la comunidad cristiana, como en las Epístolas de Ignacio…

Fue de esta etapa de desarrollo del cargo ministerial en la iglesia de principios del segundo siglo que Calvino tómo su modelo”.  James H. Nichols escribe: “Los reformadores también aceptaron, en general, el sistema del segundo siglo de un ministerio institucionalizado de pastores u obispos para guiar a los laicos en la adoración… No intentaron volver a la era de los apóstoles.

El lugar destacado de la predicación se refleja especialmente en la Misa Alemana de Lutero: tres cultos el domingo. Temprano, a las cinco o seis de la mañana, se daba un sermón sobre la Epístola del día. En el culto principal, a las ocho o nueve, el ministro predicaba sobre el Evangelio del día. El sermón de las Vísperas, por la tarde, estaba basado en el Antiguo Testamento.

Los restantes días de la semana estaban dedicados a la predicación también (p. 131). Lutero era

cáustico, poderoso y dramático. Comunicaba su propia persona en sus sermones sin superponerse al mensaje. Era un predicador voraz, y se estima que dio unos cuatro mil sermones. Sus mensajes eran sobrecogedores, poéticos y creativos. Zwinglio predicaba directamente y naturalmente, pero era demasiado intelectual. Calvino era coherente en su exposición exhaustiva de los pasajes, pero era siempre impersonal. Bucero era de muchas palabras y tendía a divagar (p. 133).

Aun así, la primitiva predicación protestante era muy doctrinal y estaba obsesionada con la “doctrina correcta y pura”. Por esta razón, los predicadores de la Reforma eran principalmente maestros de la Biblia.

Las siguientes son declaraciones características de Lutero en su exaltación del Pastor: “Dios habla a través del predicador… Un predicador cristiano es un ministro de Dios que es apartado, sí, es un ángel de Dios, un obispo mismo enviado por Dios, un salvador de muchas personas, un rey y príncipe en el Reino de Cristo… No hay nada más precioso o noble en la tierra y en esta vida que un párroco o predicador verdadero y fiel”.

Dijo Lutero: “No deberíamos permitir a nuestro pastor hablar las palabras de Cristo por sí mismo como si él estuviera hablándolas para su propia persona; más bien, él es la boca de todos nosotros y todos hablamos las palabras con él en nuestros corazones… Es una cosa maravillosa que la boca de cada pastor es la boca de Cristo, así que debemos escuchar al pastor no como un hombre, sino como Dios”.

Uno puede escuchar los ecos de Ignacio resonando a través de las palabras de Lutero. Estas ideas corrompieron la visión de la iglesia de Lutero. Él consideraba que no era más que un centro de predicación. “La congregación cristiana”, dijo Lutero, “nunca debería reunirse a menos que la Palabra de Dios sea predicada y se haga oración, no importa cuán breve sea este tiempo”.

 Lutero creía que la iglesia es simplemente una reunión de personas que escuchan la predicación. Por esta razón, ¡llamaba al edificio de iglesia Mundhaus, que significa una boca o una casa del habla! También dijo: “Los oídos son los únicos órganos de un cristiano”. Querido cristiano protestante, ¡he aquí sus raíces!

La cura de almas

Tanto Calvino como Lutero compartían la visión de que las dos funciones clave del Pastor eran la proclamación de la Palabra (predicación) y la celebración de la Eucaristía (comunión). Pero Calvino agregó un tercer elemento. Hizo énfasis en que el Pastor tenía el deber de proveer cuidado y sanidad a la congregación. Esto se conoce como la “cura de almas”.

La “cura de almas” se retrotrae al cuarto y quinto siglo.202 La encontramos en la enseñanza de Gregorio de Nacianzo. Gregorio llamaba al obispo “Pastor”, un médico de almas que diagnostica las enfermedades de su paciente y receta un remedio o el cuchillo. Los primeros seguidores de Lutero también practicaron el cuidado de almas.

Pero fue elevado a una forma de arte en la Ginebra de Calvino. Se exigía que cada pastor y un anciano visitaran los hogares de sus feligreses. También se hacían visitas periódicas a los enfermos y a los presos. Para Calvino y Bucero, el Pastor no era solamente un predicador y un dispensador de los sacramentos. Era la “cura de almas” o el “cura”. Su tarea era llevar sanidad, curación y compasión al pueblo sufriente de Dios.

Esta idea está viva en el mundo protestante hoy. Se la ve fácilmente en los modernos conceptos de “cuidado pastoral”, “aconsejamiento pastoral” y el “psicoparloteo cristiano”. En la iglesia moderna, la carga de este cuidado recae sobre los hombros de un hombre, el Pastor. (En el primer siglo, recaía sobre los hombros de toda la congregación y un grupo de hombres maduros llamados “ancianos”.)

La primacía del Pastor

En breve, la Reforma protestante asestó un golpe al sacerdotalismo católico romano. Pero no fue un golpe mortal. Los reformadores siguieron manteniendo el gobierno de un solo obispo. Simplemente sufrió un cambio semántico. Ahora el Pastor cumplía el papel de obispo. Llegó a ser considerado como la cabeza local de una iglesia, el anciano principal.

 Como escribió un escritor: “En el protestantismo, los predicadores tienden a ser los voceros y representantes de la iglesia, y la iglesia suele ser la iglesia del predicador. Esto es un gran peligro y amenaza para la religión cristiana, muy relacionado con el clericalismo”.

Las reformas hechas por los reformadores no fueron lo suficientemente radicales como para cambiar el curso que habían comenzado Ignacio y Cipriano. La Reforma abrazó la estructura jerárquica católica con una aceptación irreflexiva. También mantuvo la distinción antibíblica entre ordenados y no ordenados.

En su retórica, los reformadores denunciaron la división entre el clero y los laicos. Pero en su práctica la retuvieron completamente. Como dijo Kevin Giles: “Las diferencias entre el clero católico y el clero protestante se desdibujaron en la práctica y en la teología. En ambos tipos de iglesias, el clero era una clase aparte; en ambas, su estatus especial se basaba en iniciativas divinas (mediadas de diferentes maneras); y, en ambas, ciertas tareas eran reservadas para ellos”.

En 1550, se emitió una orden que decía que los ministros debían visitar cada hogar al menos una vez al año.  Bucero escribió el libro más destacado sobre la “cura de almas”, titulado La verdadera cura de almas, en 1538. Este libro salió en una versión en alemán y otra en latín.

Muchas iglesias reformadas distinguen entre ancianos “enseñadores” y ancianos “gobernantes”. Los ancianos enseñadores ocupan la posición tradicional de obispo o ministro, mientras que los gobernadores manejan la administración y la disciplina. Esta forma de organización política eclesiástica fue llevada a Nueva Inglaterra desde Europa.

Con el tiempo, debido la impopularidad del cargo, los ancianos gobernantes fueron dejados de lado y quedó el anciano enseñador. Esto ocurrió también en las iglesias bautistas del siglo XVIII y XIX. A menudo estas iglesias carecían de los recursos financieros como para sostener a un “ministro”. De esta forma, para fines del siglo XIX, las iglesias evangélicas adoptaron la tradición del “Pastor único”.

Así que el Pastor único en las iglesias evangélicas evolucionó a partir de una pluralidad de ancianos en la tradición reformada. El denominado “predicador laico” surgió de los avivamientos evangélicos del siglo XVIII.

La larga tradición posbíblica del gobierno del obispo único (ahora personificado en el Pastor) prevalece en la iglesia protestante hoy. Debido a que la línea de falla entre el clero y los laicos está grabada en piedra, existen tremendas presiones psicológicas que hacen que los denominados “laicos” sientan que el ministerio es la responsabilidad del Pastor.

“Es su trabajo. Él es el experto”, es la forma de pensar. La palabra del Nuevo Testamento para ministro es diakonos. Significa ‘siervo’. Pero, esta palabra ha sido prostituida porque los hombres han profesionalizado el ministerio. Hemos tomado la palabra “ministro” y la hemos equiparado con el Pastor sin ninguna justificación bíblica. De la misma manera, hemos equiparado erróneamente la predicación y el ministerio con el sermón del púlpito.

Otra vez, sin justificación bíblica.

Siguiendo la tendencia de Calvino y Lutero, los escritores puritanos John Owen (1616- 1683) y Thomas Goodwin (1600-1680) elevaron el pastorado a un aditamento fijo en la casa de Dios. Owen y Goodwin llevaron a los puritanos a centrar toda la autoridad en el papel pastoral. Para ellos, al Pastor se le da “el poder de las llaves”. Sólo él está ordenado para predicar, administrar a los sacramentos, leer las Escrituras públicamente y ser capacitado en los idiomas originales de la Biblia, así como en lógica y filosofía.

Tanto los reformadores como los puritanos sostenían que los ministros de Dios debían ser profesionales competentes. Por lo tanto, los Pastores debían tener una amplia capacitación académica para cumplir su función. Todas estas características explican cómo y por qué hoy se trata al Pastor como una clase de elite… un cristiano especial… alguien que merece ser reverenciado (de ahí el título

de “Reverendo”).

El Pastor y su púlpito son centrales para el culto protestante. Cómo destruye el Pastor la vida de cuerpo Ahora que hemos desenterrado las raíces del Pastor moderno, consideremos los efectos prácticos que un Pastor tiene sobre el pueblo de Dios. La distinción antibíblica entre el clero y los laicos ha causado un daño incalculable al cuerpo de Cristo. Ha dividido a la comunidad de creyentes entre cristianos de primera y de segunda clase.

Esta dicotomía perpetúa una terrible falsedad. A saber, que algunos cristianos son más privilegiados que otros en cuanto a servir al Señor. Nuestro desconocimiento de la historia de la iglesia ha permitido que seamos embaucados. El ministerio de un solo hombre es completamente ajeno al Nuevo Testamento, pero lo aceptamos mientras ahoga nuestro funcionamiento. Somos piedras vivas, no muertas.

Sin embargo, el cargo pastoral nos ha transformado en piedras que no respiran. Permítame hablar en tono personal. ¡La función pastoral le ha quitado su derecho de funcionar como miembro del Cuerpo de Cristo! Ha cerrado su boca y lo ha amarrado a un banco. Ha distorsionado la realidad del Cuerpo, convirtiendo al Pastor en una gran boca y a usted en una diminuta oreja. ¡Lo ha transformado en un espectador mudo experto en tomar apuntes de sermón y pasar el plato de la ofrenda!

Pero eso no es todo. La moderna función pastoral ha dado por tierra con el punto central de la carta a los Hebreos: la finalización del antiguo sacerdocio. Ha hecho ineficaz la enseñanza de 1 Corintios 12 a 14, que cada miembro tiene el derecho y el privilegio de ministrar en una reunión de iglesia. Ha anulado el mensaje de 1 Pedro 2, que cada hermano y hermana es un sacerdote funcional.

Ser un sacerdote funcional no quiere decir que sólo puede realizar algunas formas reducidas de ministerio como cantar canciones desde su banco, alzar las manos durante la adoración, pasar transparencias o enseñar en una clase de escuela dominical. Esta no es la idea de ministerio del Nuevo Testamento. ¡Estas son sólo ayudas para el ministerio del Pastor!

Como dijo un erudito: “Gran parte del culto protestante hasta hoy ha sido infectada también por una abrumadora tendencia de considerar al culto como el trabajo del Pastor (y tal vez el coro), donde la mayoría de los laicos tienen muy poco para hacer excepto cantar unos himnos y escuchar atentamente en actitud de oración”.

Tratamos al Pastor como si fuera el experto profesional. Esperamos que los médicos y abogados nos sirvan, no que nos capaciten para servir a otros. ¿Por qué? Porque son los expertos. Son profesionales capacitados. Lamentablemente, vemos al Pastor de la misma manera. Todo esto vulnera el hecho de que cada creyente es un sacerdote. No solamente ante Dios, sino unos para con otros.

Pero hay algo más. El pastorado moderno compite con el liderazgo funcional de Cristo en su iglesia. Ocupa ilegítimamente el lugar único de centralidad y liderazgo entre el pueblo de Dios. Un lugar que está reservado sólo para una Persona: el Señor Jesús. Jesucristo es la única cabeza de la iglesia y la palabra final para ella. Por su cargo, el Pastor desplaza y suplanta el liderazgo de Cristo al colocarse como la cabeza humana de la iglesia.

Por esta razón, no hay nada que obstaculiza tanto el cumplimiento del propósito eterno de Dios como la moderna función pastoral. ¿Por qué? Porque ese propósito está centrado en hacer que el liderazgo de Cristo se manifieste visiblemente en la iglesia a través del funcionamiento libre y abierto de todos los miembros del Cuerpo. Mientras el cargo pastoral esté presente, usted nunca verá algo así.

En este sentido (y contrario a la opinión común), el Pastor no es “el cerebelo, el centro de comunicación de mensajes, coordinando funciones y transmitiendo respuestas entre la Cabeza y el Cuerpo”. No está llamado a dar la “comunicación autorizada de la verdad desde la Cabeza al Cuerpo”. Y no es el “comunicador preciso de las necesidades desde el Cuerpo a la Cabeza”.

Cómo se autodestruye el Pastor

El Pastor moderno no solamente perjudica al pueblo de Dios, sino que se perjudica a sí mismo. La función pastoral tiene la virtud de destruir todo lo que se le acerca. Las depresiones, los agotamientos, el estrés y las crisis emocionales son sumamente frecuentes entre los Pastores. Al momento de escribir esto, hay más de 500.000 pastores trabajando en iglesias de Estados Unidos.

 Entre este gran número, considere las siguientes estadísticas que dejan al descubierto el peligro mortal del cargo pastoral: El 94% se siente presionado para tener una familia ideal. – El 90% trabaja más de 46 horas semanales. – El 81% dice que pasa tiempo insuficiente con su cónyuge. – El 80% cree que el ministerio pastoral afecta a su familia negativamente. – El 70% no tiene alguien que consideren un amigo íntimo. – El 70% tiene una autoestima más baja ahora que cuando ingresó al ministerio. – El 50% se siente incapaz de cumplir los requisitos del cargo. – El 80% está desanimado o tratando con la depresión. – Más del 40% dice que sufre de agotamiento, horarios frenéticos y expectativas irreales. – El 33% considera que el ministerio pastoral es un claro peligro para la familia. – El 33% ha pensado seriamente en renunciar a su cargo durante el último año. –  El 40% de las renuncias pastorales se deben al agotamiento.

Se espera de la mayoría de los pastores que hagan 16 tareas importantes a la vez. Y la mayoría se derrumba bajo la presión. Por esta razón, 1.600 ministros de todas las denominaciones de Estados Unidos son despedidos u obligados a renunciar cada mes.

The Christian Citizen (November 2000) informó que 1400 Pastores dejan el pastorado cada mes. Siguiendo la misma línea, The Washington Times publicó una serie de cinco artículos sobre la “crisis del clero” que está barriendo Estados Unidos (por Larry Witham). Decía lo siguiente: Muy pocos integrantes del clero de este país son jóvenes.

Sólo el 8% tiene 35 años o menos. De los 70.000 estudiantes inscriptos en los 237 seminarios teológicos acreditados del país, sólo un tercio quiere dirigir una iglesia como Pastor. El pastorado atrae a candidatos mayores. Generalmente a quienes llegan luego de trabajos sin futuro o divorcios. De forma similar, una escasez clerical ha afectado a las principales iglesias protestantes de Canadá.

“Si bien podría ser enriquecedor personalmente ministrar a un rebaño, es también aterrador por poco dinero cumplir con las expectativas como teólogo, consejero, orador público, administrador y organizador comunitario, todo en uno”. Durante los últimos 20 años, ¡la duración promedio de un pastorado ha bajado, de siete años a poco más de dos!

Lamentablemente, pocos pastores han unido los puntos para descubrir que es su cargo de pastor el que causa esta turbulencia subyacente. Sencillamente, ¡nunca fue la intención de Jesucristo que ninguna persona usara todos los sombreros que se espera que use el Pastor! Jamás fue su intención que ningún hombre llevara una carga tal. Las demandas del pastorado son abrumadoras.

A tal punto que pueden agotar a cualquier mortal. Imagínese por un momento que usted estuviera trabajando para una compañía que le pagara de acuerdo con lo bien que hace que se sientan las personas que están con usted. ¿Y si su pago dependiera de cuán entretenido, cuán amistoso es usted, cuán populares son su esposa y sus hijos, lo bien que se viste y lo perfecto de su comportamiento?

¿Puede imaginarse el profundo estrés que le causaría? ¿Puede ver cómo esta presión lo obligaría a cumplir el papel de una persona altanera para mantener su poder, su prestigio y la seguridad de su trabajo? (Por esta razón, la mayoría de los Pastores se resisten a recibir cualquier tipo de ayuda.)

La profesión pastoral fija normas de conducta, como cualquier otra profesión, sea maestro, médico o abogado. La profesión dicta cómo el Pastor debe vestirse, hablar y actuar. Esta es una de las principales razones por las que tantos Pastores viven vidas muy artificiales.

En este sentido, la función pastoral fomenta la deshonestidad. Los feligreses esperan que su Pastor siempre esté alegre, disponible al instante ante cualquier llamado, nunca ofendido, nunca amargado, con una familia perfectamente disciplinada, y completamente espiritual en todo momento.

Los Pastores cumplen este papel como actores en un drama griego. Esto explica el extraño cambio de voz cuando ora la mayoría de los Pastores. Explica su manera piadosa de unir las manos. La manera particular de pronunciar la frase “el Señor”. Y la forma especial de vestirse.

Todas estas cosas son mayormente cartón pintado, completamente vacías de realidad espiritual. La mayoría de los Pastores no pueden mantenerse en su cargo sin corromperse en alguna medida. La política del poder endémica del cargo es un enorme problema que aísla a muchos de ellos y contamina su relación con los demás.

En un agudo artículo para Pastores titulado Preventing Clergy Burnout (Cómo impedir el agotamiento del clero), el autor sugiere algo asombroso. Su consejo a los Pastores nos da una clara mirada a la política del poder que acompaña el pastorado. Implora a los Pastores que “fraternicen con el clero de otras denominaciones. Estas personas no lo pueden dañar eclesiásticamente, ya que no pertenecen a su círculo oficial. No hay hilos políticos que puedan tirar para deshacerlo a usted”.

La soledad profesional es otro virus muy frecuente entre Pastores. La plaga del llanero solitario impulsa a algunos pastores a otras carreras. A otros, los lleva a destinos más crueles. Todas estas patologías encuentran su raíz en la historia del pastorado. Se está “muy solo en la cima” porque Dios nunca quiso que alguien estuviera en la cima, ¡salvo su Hijo! En efecto, el pastor moderno trata de cargar sobre sus hombros las cincuenta y ocho exhortaciones de “unos a otros” del Nuevo Testamento por su cuenta. No es de extrañar que la mayoría termine aplastada por el peso.

Conclusión

El pastor moderno es el elemento menos cuestionado del cristianismo moderno. Sin embargo, ¡no tiene una pizca de apoyo escritural para su existencia, ni una hoja de higuera para cubrirla! Más bien, el pastor moderno nació del gobierno del obispo único que pergeñaron Ignacio y Cipriano. El obispo evolucionó hacia el presbítero local.

En la Edad Media, el presbítero evolucionó hacia el sacerdote católico. Durante la Reforma, se transformó en “el Predicador”, “el Ministro” y, finalmente, en “el Pastor”, el hombre del cual pende todo el

protestantismo. Para resumirlo en una frase: ¡El Pastor protestante no es más que un sacerdote católico ligeramente reformado!

Los sacerdotes católicos tenían siete tareas en el tiempo de la Reforma: predicar, los sacramentos, oraciones por la grey, una vida piadosa, disciplina, ritos de la iglesia, y apoyar a los pobres y visitar a los enfermos. El Pastor protestante asume todas estas responsabilidades; además, a veces bendice eventos cívicos.

El famoso poeta John Milton fue quien mejor lo expresó cuando dijo: “¡Presbítero nuevo no es más que sacerdote viejo escrito grande!”. Esto significa: El Pastor moderno no es nada más que un viejo sacerdote escrito con letras más grandes.

Me especialicé en Biblia en la universidad. Fui al seminario y me especialicé en lo único que enseñan ahí: el ministerio profesional. Cuando me gradué, me di cuenta de que podía hablar latín, griego y hebreo, y la única cosa en la tierra para la cual estaba calificado era ser Papa. Pero alguien ya tenía el puesto.

Un Pastor anónimo

Muy bien; habiendo leído toda esta información fidedigna y fundamentada con seriedad y esmero, ¿Cómo debo interpretar que alguien me asegure que tiene de parte de Dios un llamado al pastorado, y que el indagarle qué clase de pastorado, me de a entender que se trata de lo que hoy estamos viendo como tal?

¿Es eso, verdaderamente, un llamado de parte de Dios o una simple expresión de anhelo por parte de quien lo manifiesta? Es muy triste y muy duro lo que añadiré a esto tan claro que Frank comparte, pero estoy convencido que se trata de lo segundo. Dios jamás podría llamar a alguien para que haga algo que Él no creó ni instauró.

CAPÍTULO 5

La Vestimenta del Domingo a la Mañana: Tapando el Problema

Tengan cuidado de los maestros de la ley. Les gusta pasearse con ropas ostentosas.

Jesucristo

Cada domingo a la mañana, más de trescientos millones de protestantes se visten con su mejor ropa para asistir al culto de iglesia. Pero nadie parece cuestionarse el porqué. Miles de pastores usan atuendos especiales que los separan de sus feligreses. Y a nadie parece importarle. En este capítulo analizaremos el origen de “vestirse bien” para la iglesia. También rastrearemos las raíces de la “vestimenta clerical”.

Vestirse bien para la iglesia

La costumbre de vestirse bien para la iglesia es un fenómeno relativamente reciente. Comenzó a fines del siglo XVIII, con la Revolución Industrial, y se generalizó a mediados del siglo XIX. Antes de esto, vestirse bien para eventos sociales sólo ocurría entre los muy ricos.

La razón era sencilla. ¡Sólo los aristócratas de la sociedad podían comprar buena ropa! La gente común sólo tenía dos juegos de ropa: ropa de trabajo para trabajar en el campo y ropa menos andrajosa para ir al pueblo.

Vestirse bien para ciertas ocasiones era solamente una opción para la nobleza más rica. En la Europa medieval y hasta el siglo XVIII, la vestimenta era un claro indicador de la clase social de una persona. En algunos lugares como Inglaterra, se le llegó a prohibir a los pobres vestir la ropa de la gente “mejor”.

Esto cambió con la invención de la fabricación textil en masa y el desarrollo de la sociedad urbana. La ropa buena pasó a ser más accesible para la gente común. Nació la clase media, y quienes pertenecían a ella pudieron emular a la envidiada aristocracia. Por primera vez, la clase media pudo distinguirse de los campesinos.

Para demostrar su nuevo estatus mejorado, ahora podían vestirse bien para los eventos sociales, igual que los ricos. Algunos grupos cristianos a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX resistieron esta tendencia cultural. Juan Wesley escribió en contra de vestir ropa cara o llamativa.

Los primeros metodistas resistieron la idea de vestirse bien para ir a la iglesia tanto que rechazaban a todo el que usara ropa cara en sus reuniones. Los primeros bautistas también fustigaron la ropa fina, y enseñaban que separaba a los ricos de los pobres.

Sin embargo, a pesar de estos reclamos, el cristianismo dominante comenzó a usar ropa fina cada vez que podía. La creciente clase media prosperó, creando casas más grandes, edificios de iglesia de mayor tamaño y ropa más elegante.

Con el creciente aculturamiento victoriano de la clase media, los edificios de iglesia más elegantes comenzaron a atraer personas más influyentes de la sociedad. Esto hizo que las congregaciones más comunes (metodistas, bautistas, etc.) trabajaran más duro para intentar mantenerse al corriente de las mejoras en sus propios edificios.

Todo esto hizo crisis cuando en 1843 Horace Bushnell, un influyente ministro congregacional de Connecticut, publicó un ensayo llamado Taste and Fashion (El gusto y la moda), donde sostenía que la sofisticación y el refinamiento eran atributos de Dios, y los cristianos debían emularlos. ¡Así nació la idea de vestirse bien para la iglesia para honrar a Dios!

Los miembros de la iglesia ahora adoraban en edificios decorados elaboradamente, luciendo su ropa formal para honrar a Dios. William Henry Foote, un presbiteriano de Carolina del Norte, siguiendo las huellas de Bushnell, escribió en 1846 que “un pueblo que va a la iglesia es un pueblo al que le gusta

vestir bien”.

Esta declaración simplemente expresaba el ritual de vestimenta formal que colonial. Un folleto publicado anónimamente en Filadelfia en 1722 titulado The Miraculous Power of Clothes, and Dignity of the Taylors: Being an Essay on the Words, Clothes Make Men sugería lo siguiente: La condición social, la posición social y el poder se desplegaban, expresaban y sostenían a través de la vestimenta.

La conexión entre vestimenta y jerarquía en la sociedad colonial investía a la ropa de un poder

simbólico. Esta mentalidad terminó por filtrarse en la iglesia cristiana. La enseñanza de Wesley sobre la vestimenta ha sido denominada “un evangelio de la sencillez”. Su mensaje principal era que el cristiano debía vestirse sencilla y prolijamente. Wesley habló sobre este tema tan frecuentemente que se le acredita la siguiente frase: “La limpieza se encuentra junto a la piedad”. Sin embargo, la tomó de un rabino.

Las denominaciones con mayor cantidad de miembros ricos (episcopales, unitarios, etc.) empezaron a vender bancos a las familias ricas para financiar elaborados programas de construcción de

iglesias.

“Además del costo del banco, los asistentes tenían que usar ropa acorde con el esplendor del edificio, y el estilo de la congregación se convirtió en una barrera insuperable para muchos. Un siglo antes, un granjero común podía vestirse bien para la iglesia poniéndose una camisa de cuadros azul. En el ambiente refinado de las nuevas y hermosas iglesias, se requería más”.

Esta tendencia fue tan poderosa que, para la década de 1850, hasta los metodistas, resistentes al vestido formal, fueron absorbidos por ella. Y ellos también empezaron a vestirse con su mejor “ropa de domingo” para la iglesia.

Por consiguiente, como prácticamente toda otra práctica eclesiástica aceptada, vestirse bien para la iglesia es producto de la influencia de la cultura que rodea al cristiano. Hoy, querido cristiano, usted se emperifolla para ir a la iglesia el domingo a la mañana sin siquiera preguntarse por qué. Pero ahora sabe la historia detrás de esta costumbre sin sentido.

Es puramente resultado de los esfuerzos de la clase media del siglo XIX de ser como sus contemporáneos aristócratas ricos, haciendo alarde de su nivel de vida mejorado mediante su ropa. (Este esfuerzo fue apoyado también por las ideas victorianas de la respetabilidad.) Puesto de otra manera, usar su “ropa de domingo” es simplemente producto de la cultura secular. ¡No tiene nada que ver con la Biblia, Jesucristo o el Espíritu Santo!

Pero, ¿qué tiene de malo? Pero, ¿por qué tanta alharaca por vestirse bien para la iglesia? Estoy de acuerdo que dista de ser un tema candente. De hecho, me importa poco qué se pone una persona para ir a una reunión de iglesia. El tema candente es lo que representa esta práctica. (No se crea; en algunas congregaciones no sólo miran muy mal, sino que además tildan de falso hermano a aquel que no viste lo mejor que tiene el día domingo para ir al culto)

Primero, refleja la falsa división entre lo secular y lo sagrado. Pensar que a Dios le interesa un ápice si usted usa ropa elegante el domingo para “encontrase con Él” es una violación del Nuevo Pacto. Tenemos acceso a la presencia de Dios en todo momento y en cualquier circunstancia. ¿Realmente espera Él que su pueblo se vista como para un desfile de belleza el domingo a la mañana?

Segundo, la ropa atractiva y llamativa el domingo a la mañana da un mensaje falso: que la iglesia es el lugar donde los cristianos ocultan quiénes son verdaderamente y “lo visten” para que parezca lindo y bonito. Piénselo. Ponerse la “ropa de domingo” para la iglesia no dista mucho de ser un manejo de imagen. Aporta a la casa de Dios todos los elementos de un espectáculo en vivo: trajes, maquillaje, decorado, iluminación, ujieres, música especial, maestro de ceremonias, la función y el programa.

Vestirse bien para la iglesia viola la realidad de que la iglesia está formada por personas reales con problemas complejos. ¡Personas reales que tal vez tuvieron una gran discusión con sus cónyuges justo antes de ingresar al estacionamiento y muestran una gran sonrisa para taparla!

“Vestirnos de domingo” oculta un problema subyacente básico. Fomenta la ilusión exagerada de que somos de alguna forma “buenos” porque nos vestimos bien para Dios. Es un acto de simulación deshumanizador y constituye un testimonio falso ante el mundo.

 “Los primeros metodistas sabían que la ropa elegante era el enemigo, y ahora el enemigo estaba ganando”. Schmidt escribe: “La gente se preocupaba el día de reposo… por ponerse la mejor ropa. La ropa de domingo ya era proverbial. Hasta los pietistas y evangélicos, que insistían en la ropa común, se aseguraban de que su cuerpo estuviera vestido solemnemente y decentemente.

Dios mira el corazón; a Él no le impresiona el atuendo que llevemos (1 Samuel 16:7; Lucas 11:39; 1 Pedro 3:3–5). Nuestra adoración es en el espíritu, no en las formas físicas exteriores (Juan 4.20–24). Reconózcalo. Como humanos caídos, rara vez estamos dispuestos a aparecer como realmente somos.

Casi siempre nos apoyamos en nuestro comportamiento o nuestra vestimenta para dar a la gente cierta impresión de lo que queremos que ellos crean que somos. Todo esto difiere marcadamente de la simplicidad que distinguía a la iglesia primitiva.

Tercero, “vestirse bien” para la iglesia se da de bruces con la simplicidad primitiva que era el sello distintivo de la iglesia primitiva. Los cristianos del primer siglo no se “vestían bien” para asistir a las reuniones de iglesia. Se reunían en la simplicidad de las salas de estar. No se vestían para exhibir su clase social. De hecho, los primeros cristianos hacían esfuerzos concretos para demostrar su desprecio absoluto por las distinciones de clase social.

En la iglesia, todas las distinciones sociales se borran. Los primeros cristianos sabían bien que eran una nueva especie en este planeta. Por esta razón, Santiago reprocha a los creyentes que trataban mejor a los santos ricos que a los santos pobres. ¡Reprocha osadamente a los ricos por vestirse de forma diferente que los pobres!

Y, sin embargo, muchos cristianos están bajo de la falsa ilusión de que es “irreverente” usar ropa informal para asistir al culto del domingo a la mañana. Esto no difiere de cómo los escribas y fariseos acusaban al Señor y sus discípulos de ser “irreverentes” por no seguir la tradición de los ancianos.

En resumen, decir que el Señor espera que su pueblo se vista con ropa fina cuando la iglesia se reúne es añadir a las Escrituras y hablar donde Dios no ha hablado. Esta clase de práctica es pura tradición humana.

El atuendo del clero

Hacemos un viraje ahora para ver el desarrollo de la vestidura del clero. El clero cristiano no se vistió de forma diferente a la gente común hasta la llegada de Constantino. Contrariamente a la opinión popular, el atuendo del clero (incluso las “vestimentas eclesiásticas” tradicionales en la iglesia alta) no se originó en la vestidura sacerdotal del Antiguo Testamento. Más bien tiene su origen en la ropa secular del mundo grecorromano.

“Una consideración de la vestidura eclesiástica revelará que tuvo sus orígenes en la ropa secular romana. La idea de que las vestiduras tuvieron un origen levítico y surgieron Clemente de Alejandría (150-215) sostenía que el clero debía usar ropa mejor que los laicos. (Para este tiempo, la liturgia de la iglesia era considerada un evento formal.)

Clemente decía que la ropa del ministro debía ser “sencilla” y “blanca”. El blanco fue el color del clero durante siglos. Aparentemente esta costumbre fue adoptada del filósofo pagano Platón, quien escribió que “el blanco era el color de los dioses”. En este sentido, tanto Clemente como Tertuliano (160-225) creían que los colores no eran del agrado de Dios.

Con la llegada de Constantino, las distinciones entre el obispo, el sacerdote y el diácono comenzaron a arraigarse. Cuando trasladó su corte a Bizancio y la renombró Constantinopla en el año 330, la vestidura romana oficial fue adoptada gradualmente por los sacerdotes y diáconos. El clero se identificaba ahora porque vestía el atuendo de los oficiales seculares.

Después de las conquistas germánicas del Imperio Romano, desde el cuarto siglo en adelante, la moda de la vestimenta secular cambió. La ropa suelta de los romanos dio lugar a las túnicas cortas de los godos. Pero el clero, deseando diferenciarse de los laicos, ¡siguió usando las vestiduras fuera de moda y arcaicas de los romanos!

El clero usó esta vestimenta pasada de moda en el culto de la iglesia siguiendo el modelo del ritual de la corte secular. Cuando los laicos adoptaron el nuevo estilo de vestimenta, el clero creyó que esta ropa era “mundana” y “bárbara”. Retuvieron lo que ellos consideraban que era una vestidura “civilizada”. Y esto fue lo que se convirtió en el atavío clerical.

Esta práctica fue apoyada por los teólogos de aquel tiempo. Por ejemplo, Jerónimo (347-420) comentó que el clero nunca debía entrar al santuario usando ropa común. Del quinto siglo en adelante, los obispos vistieron de púrpura. En los siglos VI y VII, el atuendo del clero se volvió más elaborado y costoso. Para la Edad Media, su vestimenta de la vestimenta sacerdotal judía es posterior…” Para una historia poco habitual de la vestimenta religiosa, adquirió significados místicos y simbólicos.

 Surgieron ropajes especiales alrededor del siglo sexto y séptimo. Y apareció la costumbre de mantener un juego de vestimentas especiales en la sacristía para poner encima de la ropa de calle. Durante el séptimo y octavo siglos, las vestimentas fueron aceptadas como objetos sagrados heredados de la ropa usada por los sacerdotes levíticos del Antiguo Testamento. (Esto era una racionalización para justificar la práctica.) En el siglo XII, el clero empezó a vestir ropa de calle que los distinguía del pueblo.

Lo que cambió la Reforma

Durante la Reforma, la ruptura con la tradición y las vestimentas clericales fue lenta y gradual. En lugar de la vestidura del clero, los reformadores adoptaron la túnica negra del erudito. También se la conocía como la “capa del filósofo”, ya que había sido usada por los filósofos del cuarto y quinto siglo.

 Fue tan predominante el nuevo atuendo clerical que la túnica negra del erudito secular se convirtió en la vestimenta del pastor protestante. El pastor luterano usaba su larga túnica negra en la calle. También usaba un “collarín” redondo en su cuello que se volvió más grande con el tiempo. Creció tanto que para el siglo XVII se lo denominaba el “collarín de piedra de molino”. (El collarín aún se usa en

algunas iglesias luteranas hoy.)

Sin embargo, es interesante que los reformadores mantuvieran la vestimenta clerical. El pastor protestante la usaba cuando administraba la Cena del Señor. Éste sigue siendo el caso hoy en la mayoría de las denominaciones protestantes. El pastor se pone su ropa clerical cuando levanta el pan y la copa. En ese momento, se muestra como quien es realmente: ¡Un sacerdote católico reformado!

El atuendo del pastor reformado simbolizaba autoridad espiritual. Usar la túnica negra demostraba el poder espiritual del ministro. Esta tendencia continuó a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Los pastores siempre usaban ropa oscura, preferentemente negra. (Este era el color tradicional para abogados y médicos durante el siglo XVI. Era el color de los “profesionales”.)

El negro pronto se convirtió en el color de todos los ministros de cada rama de la iglesia. La túnica negra del erudito evolucionó con el tiempo hacia la “casaca” de la década de 1940. La casaca fue reemplazada luego por el traje oscuro, negro o gris, del siglo XX.

A comienzos del siglo XIX, todos los clérigos llevaban cuellos blancos con una corbata. De hecho, era considerado fuera de lugar que un clérigo apareciera sin corbata. El clero de la iglesia baja (bautistas, pentecostales, etc.) llevaba el cuello y la corbata. El clero de la iglesia alta (anglicanos, episcopales, luteranos, etc.) adoptaron el collar clerical, denominado a menudo “collar de perro”.

El origen del collar clerical se remonta al año 1865. No fue un invento católico, como se cree popularmente. Fue inventado por los anglicanos. Tradicionalmente, los sacerdotes de los siglos XVIII y XIX usaban casacas negras (prendas hasta el suelo con cuellos levantados) encima de una vestimenta blanca (a veces denominada alba).

En otras palabras, usaban un collar negro con blanco en el medio. El collar clerical era simplemente una versión removible de este collar. ¡Fue inventado para que los sacerdotes, tanto anglicanos como católicos, pudieran ponérselo encima de su ropa de calle y ser reconocidos como “hombres de Dios” en cualquier lugar!

Hoy, el traje oscuro con corbata es el atuendo clerical de la mayoría de los pastores protestantes. ¡Muchos pastores preferirían morir antes que los vieran sin traje! Suele usarse cuando el pastor aparece en eventos públicos no religiosos. Algunos pastores protestantes usan el collar clerical también, en caso que la gente se olvide de que es “un hombre de Dios”.

Una vez me invitaron a predicar a una congregación que era sumamente estricta en que el predicdor se presentara de traje y corbata. Cumplí con lo solicitado, pero mi mensaje fue apuntado a demostrar que la unción del Espíritu Santo no mora en una corbata, que por otra parte es un accesorio de origen militar y, por consecuencia casi natural, de estirpe masónica.

¿Son dañinas las vestimentas clericales?

Un clero con ropa especial es una afrenta a los principios espirituales que gobiernan la casa de Dios. Es un golpe al corazón de la iglesia, porque separa al pueblo de Dios en dos clases: “profesionales” y “no profesionales”.

Como vestirse bien para ir a la iglesia, la vestimenta clerical –sea el atuendo elaborado del ministro de la “iglesia alta” o el traje oscuro del pastor evangélico– tiene sus raíces en la cultura mundana. La vestidura distintiva del clero se remonta al cuarto siglo, cuando los clérigos adoptaron la vestimenta de los oficiales romanos seculares.

El Señor Jesús y sus discípulos eran ajenos a la idea de usar ropa especial para impresionar a Dios o para distinguirse del pueblo de Dios. Usar un atuendo especial para propósitos religiosos era, más bien, una característica de los escribas y fariseos.

Y ni el escriba ni el fariseo pudieron escapar de la mirada penetrante del Señor cuando dijo: “Cuídense de los maestros de la ley. Les gusta pasearse con ropas ostentosas y les encanta que los saluden en las plazas, y ocupar el primer puesto en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes”. Lucas 7:25; 2 Corintios 8:9.

Parece que la mejor ropa que tuvo Jesús mientras estuvo en la tierra fue una que recibió en tono de burla, en Lucas 23:11. Recuerde que el Hijo del Hombre entró en esta tierra, no con vestidura real sino envuelto en pañales (Lucas 2:7). Note que Juan el Bautista es el caso más extremo de quienes no buscaban impresionar a Dios con su vestimenta (Mateo 3:4). Mateo 23:5, Marcos 12:38. Lucas 20:46.

Cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que va de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo.

Pablo de Tarso

CAPÍTULO 6

Ministros de Música: Clero de Segundo Nivel

No podemos evitar llevar nuestra cultura a la iglesia con nosotros; es parte misma de nuestro ser. Pero, a la luz de la tradición, necesitamos individualizar aquellas influencias culturales que contribuyen a la integridad del culto cristiano de las que atentan contra ella.

Frank C. Senn

Entre a cualquier iglesia moderna y la liturgia casi siempre empieza con el canto de himnos, coros o cantos de alabanza y adoración. No hay excepciones. En cada caso, habrá una persona (o un equipo de personas) que dirige y controla el canto. En las iglesias más tradicionales, será el “director del coro” o el “ministro de música”. Podría ser hasta el coro mismo. En las iglesias más contemporáneas, será el “líder de adoración” o el “equipo de alabanza y adoración”. (Un predicador que conozco, famoso por no buscar simpatías ministeriales, llamó a esto “los porristas cristianos”)

Los que “dirigen la adoración” seleccionan las canciones que se van a cantar camino al sermón sagrado. Ellos las inician. Deciden cómo deben cantarse. Y deciden cuándo se han terminado. El pueblo de Dios no dirige el canto de ninguna forma concebible. Más bien, es dirigido por alguien que suele formar parte del cuerpo clerical, o que recibe un honor similar.

Esto contrasta fuertemente con la forma del primer siglo. En la iglesia primitiva, la adoración y la música estaban en manos del pueblo de Dios. La iglesia misma dirigía sus propias canciones. El cantar y dirigir los cantos era un asunto corporativo, no un evento profesional dirigido por especialistas.

El origen del coro

Todo esto empezó a cambiar con la llegada del coro cristiano, cuyo origen se remonta al cuarto siglo. Poco después del Edicto de Milán (313 d.C.), la persecución de los cristianos cesó. Bajo el reinado de Constantino, se desarrollaron y entrenaron coros para ayudar en la celebración de la Eucaristía.

La práctica fue tomada de la costumbre romana, que comenzaba sus ceremonias imperiales con música procesional. Se crearon escuelas especiales y se les otorgó a los cantantes de los coros la condición de clero de segundo nivel.

Las raíces del coro se encuentran en los templos paganos griegos y los dramas griegos. Will Durant lo expresó de forma muy clara: “En la Edad Media, como en la antigua Grecia, la principal fuente del drama era la liturgia religiosa.

La misa misma era un espectáculo dramático; el santuario era un escenario sagrado; los celebrantes usaban vestiduras simbólicas; el sacerdote y sus acólitos participaban en diálogos; y las respuestas antifonales entre el sacerdote y el coro, y entre el coro y el coro, sugerían precisamente esa misma evolución del drama desde el diálogo que había generado la sagrada representación teatral dionisiana”.

Con la llegada del coro a la iglesia cristiana, el canto pasó de las manos del pueblo de Dios al personal clerical, compuesto por cantantes entrenados. Este cambio se debió en parte al hecho de que se difundían doctrinas heréticas a través del canto de himnos. El clero sentía que, si el canto de los himnos estaba bajo su control, limitaría la difusión de las herejías. Pero estaba arraigado también en el poder cada vez mayor del clero como los principales ejecutantes del drama cristiano.

Para el año 367 d.C., el canto congregacional fue desterrado por completo. Fue reemplazado por los coros entrenados. Así nació el cantante profesional entrenado en la iglesia. El canto en el culto cristiano estaba ahora bajo el dominio del clero y el coro.

Se acredita a Ambrosio (339-397) la creación de los primeros himnos postapostólicos. Estos himnos seguían el modelo de los antiguos modos griegos y tenían nombres griegos. Ambrosio también creó una colección de cánticos litúrgicos que aún se usan hoy en algunas iglesias católicas.

 El cántico litúrgico es el descendiente directo del cántico pagano romano, que se remonta a las antiguas ciudades de Sumeria. Los coros papales empezaron en el quinto siglo. Cuando Gregorio Magno llegó a ser Papa al final del sexto siglo, reorganizó la Schola Cantorum (escuela de canto) en Roma. (Esta escuela fue fundada por el Papa Silvestre, que murió en 335).

Con esta escuela, Gregorio estableció cantantes profesionales que entrenaban coros cristianos en todo el Imperio Romano. Los cantantes se entrenaban durante nueve años. Debían memorizar cada canto que cantaban, incluyendo el famoso “canto gregoriano”. Gregorio eliminó los últimos vestigios del canto congregacional, ya que consideraba que era el derecho exclusivo de los cantantes entrenados. Creía que el canto era una función clerical.

Los coros entrenados, los cantantes entrenados y el fin del canto congregacional reflejaban, todos, la mentalidad cultural de los griegos. Esta cultura, de forma similar a la oratoria (el discurso profesional), estaba basada en una dinámica de público–intérprete. Trágicamente, ¡esta característica fue tomada de los templos de Diana y los dramas griegos y llevada directamente a la iglesia cristiana! La congregación del pueblo de Dios se convirtió en espectadores, ¡no solamente en el ministerio hablado, sino en el canto también!

Lamentablemente, el espíritu de espectador de los griegos aún vive en la iglesia contemporánea. Los coros de niños se remontan a los días de Constantino. La mayoría de ellos fueron creados de orfanatos. Los coros de niños permanecieron en la iglesia durante varios cientos de años después de su fundación.

El Coro de Niños de Viena, por ejemplo, fue fundado en Viena, Austria en 1498. El coro cantaba exclusivamente para la corte, en la misa, en conciertos privados y eventos de estado. Un hecho poco conocido es que los coros de niños se originaron entre los paganos. Los paganos creían que las voces de los niños poseían características especiales.

Cortejos fúnebres

Durante los días de Constantino, las prácticas de los esponsales romanos y los cortejos fúnebres fueron adaptadas y transformadas en “bodas” y “funerales” cristianos. Ambos fueron adoptados de la práctica pagana. Como dijo un erudito: “El culto pagano a los muertos era una parte demasiado importante de la vida previa de muchos cristianos, anteriormente paganos, como para que pudieran reemplazar los cantos y la música fúnebre paganos con la salmodia”.

El denominado canto fúnebre que observan y aceptan los cristianos también tuvo su origen en el paganismo. Fue traído a la iglesia cristiana a principios del tercer siglo. Tertuliano se opuso a los cortejos fúnebres cristianos simplemente porque tenían un origen pagano.

No sólo el cortejo fúnebre surgió del paganismo. También la oración fúnebre. Era una práctica habitual de los paganos en el Imperio Romano contratar a uno de los profesores elocuentes del pueblo para que hablara en el funeral de un ser querido. El orador seguía un pequeño manual para tales ocasiones.

Era habitual que fuera aumentando la intensidad hasta llegar a decir del fallecido, en un tono apasionado: “Él vive ahora entre los dioses, atravesando los cielos y mirando la vida abajo”. Su tarea era consolar a los seres queridos del fallecido. Este papel es cumplido hoy por el pastor moderno, ¡aun hasta las palabras mismas de la oración!

El aporte de la Reforma

La principal contribución musical de los reformadores fue la restauración del canto congregacional y el uso de instrumentos. Juan Hus (1372-1415) de Bohemia y sus seguidores (denominados husitas), fueron entre los primeros en restaurar el canto congregacional en la iglesia. Lutero también alentó el canto congregacional en ciertas partes del culto. Pero el canto congregacional de himnos no alcanzó su culminación hasta el siglo XVIII, durante el avivamiento wesleyano en Inglaterra.

Durante el tiempo de Lutero, se publicaron unos 60 himnarios. Más específicamente, Lutero incrementó el canto congregacional como parte de la liturgia. Dejó una Misa Latina, que era cantada por el coro en pueblos y universidades, y una Misa Alemana, que era cantada por la congregación en aldeas y zonas rurales. Estos dos modelos fueron combinados en la práctica luterana en los siglos XVI al XVIII. Los Reformados se oponían tanto a la música coral como a los himnos congregacionales.

Aprobaban sólo el canto de salmos métricos (versificados) y otros cánticos bíblicos. Desde su perspectiva, los coros e himnos eran romanos. Así que el uso luterano de éstos indicaba una reforma a medias. En las iglesias de la Reforma, el coro se mantuvo. Apoyaba y dirigía a la vez el canto congregacional.

Ciento cincuenta años luego de la Reforma, el canto congregacional pasó a ser una práctica aceptada generalmente. Para el siglo XVIII, el órgano reemplazaría al coro en la dirección de la adoración cristiana. Es interesante que no haya ninguna evidencia de instrumentos musicales en el culto de la iglesia cristiana hasta la Edad Media.

Hasta entonces, todo el canto durante el culto se realizaba sin instrumentos. Los padres de la iglesia no tenían una buena opinión de los instrumentos musicales, asociándolos con la inmoralidad y la idolatría. Calvino continuó esta práctica. Consideraba que los instrumentos musicales eran paganos. En consecuencia, durante dos siglos, las iglesias reformadas cantaron salmos sin el uso de instrumentos.

El órgano fue el primer instrumento usado por los cristianos después de Constantino. Se han encontrado órganos en iglesias cristianas tan atrás como el siglo sexto. Pero no fueron usados durante la misa hasta el siglo XII. Para el siglo XIII, el órgano llegó a ser una parte integral de la misa.

El órgano se usó inicialmente para dar la nota a los sacerdotes y al coro.40 Durante la Reforma, el órgano pasó a ser el instrumento estándar usado en el culto protestante. Mientras los calvinistas (y los puritanos) quitaron, demolieron y arruinaron los órganos de las iglesias, los luteranos los aprovecharon al máximo.

 El primer órgano comprado por una iglesia norteamericana fue en 1704. Los primeros coros protestantes comenzaron a florecer a mediados del siglo XVIII.43 Se les asignaban asientos especiales a los miembros del coro para demostrar su condición especial.

Inicialmente, la función del coro era dar el tono correcto para dirigir la música congregacional. Pero no pasó mucho tiempo antes que el coro empezara a aportar selecciones especiales. Así nació la “música especial” del coro mientras la congregación presenciaba su interpretación.

A fines del siglo XIX, hicieron su aparición los coros de niños en las iglesias norteamericanas. A esta altura, se volvió costumbre que el coro en iglesias no litúrgicas ejecutara “música especial”. (Esta práctica terminó por ser trasladada a las iglesias litúrgicas también.)

Vale la pena notar la ubicación del coro. A fines del siglo XVI, el coro se trasladó del antealtar (la plataforma del clero) a la galería posterior, donde había un órgano instalado. Pero, durante el Movimiento de Oxford de fines del siglo XIX y principios del XX, el coro volvió al antealtar. Fue durante este tiempo que los miembros del coro empezaron a usar vestiduras eclesiásticas.

Para las décadas de 1920 y 1930, era habitual que los coros norteamericanos usaran esta vestimenta especial para hacer juego con los recién comprados edificios de iglesia neogóticos. ¡El coro ahora estaba de pie con el clero frente al pueblo exhibiéndose en vestimenta clerical arcaica!

No sé tú, pero yo he visto y oído, al ser presentado algunos de estos coros (Tuvimos la visita de un enrome coro “negro spiritual” de muy buena calidad profesional), que esa ropa era lo que Dios les demandaba utilizaran. ¿Quién se los dijo? ¿De dónde lo sacaron? ¿Fueron engañados?

El origen del equipo de adoración

En muchas iglesias contemporáneas, sean carismáticas o no carismáticas, el coro ha sido reemplazado por el fenómeno reciente del equipo de adoración. En este tipo de iglesias, el lugar de reunión tiene pocos símbolos religiosos (excepto algunas banderas, tal vez).

Al frente del escenario hay un podio sencillo, algunas plantas, amplificadores, parlantes y muchos cables. La vestimenta suele ser informal. Las sillas plegables o butacas reemplazan en general a los bancos. El equipo de adoración estándar incluye una guitarra eléctrica, batería, teclado, tal vez un bajo y algunos vocalistas especiales.

Humorístico: en una congregación de tono bien pentecostal y bulliciosa, pero de raíces y fundamentos altamente tradicionales, se estuvo discutiendo más de un año si le otorgaban permiso a su banda de alabanza para incorporar percusión y batería.

Ojo: no era descabellado el argumento, ya que sostenían algunos de los más ancianos que todo tam-tam era utilizado en ritos de origen africanos para atraer espíritus satánicos, lo cual es cierto. No obstante, el modernismo resultó triunfante y los tam-tam se incoporaron a la alabanza.

Las letras de las canciones suelen proyectarse sobre una pantalla o la pared mediante un retroproyector o equipo de video. Alguien “llamado por Dios” para la tarea pasa las transparencias o usa una computadora con las letras de las canciones que han sido seleccionadas previamente, antes del culto. Es evidente la falta de cancioneros o himnarios.

Esto, simplemente esto, que seguramente es patrimonio activo de un ochenta y cinco por ciento de congregaciones, deja en evidencia algo muy concreto: nadie está adorando ni alabando con lo que dice en un canto; sólo se está sumando a un canto conjunto sobre algo que no siempre entiende.

En este tipo de iglesias, adoración significa seguir las canciones indicadas por la banda. El “tiempo de alabanza y adoración” suele durar entre 30 y 40 minutos. Las primeras canciones suelen ser de alabanza y movidas.

Luego el equipo dirige a una congregación animada, que bate palmas, mueve sus cuerpos, levanta sus manos (y a veces baila) en un popurrí de música individualista, suave y centrada en la adoración. (El enfoque de todos los cantos es la experiencia individual. Los pronombres personales –“yo, mi, mío”– dominan en prácticamente todas las canciones.)

Mientras la banda baja de la plataforma, los ujieres pasan los platos para la ofrenda. Esto generalmente es seguido por el sermón, donde el pastor dominará el resto del culto. En muchas iglesias, el pastor llamará al equipo de música para que regrese al escenario para ejecutar unos cantos de adoración más mientras va terminando su sermón. Un “tiempo de ministrar” puede seguir mientras toca la banda.

La liturgia de canto que acabo de describir funciona como un reloj en la mayoría de las iglesias carismáticas y no carismáticas. Pero, ¿dónde se originó? El origen del “equipo de adoración” se remonta a la fundación de Calvary Chapel, en 1965.

Chuck Smith, el fundador de la denominación, comenzó un ministerio para hippies y surfeadores. Smith invitó a los hippies recién convertidos a volver a afinar sus guitarras y tocar su música ahora redimida en la iglesia. Dio a la contracultura un escenario para su música, permitiéndoles tocar los domingos a la noche y en conciertos.

Las nuevas formas musicales comenzaron a llamarse “alabanza y adoración”. Cuando el Movimiento de Jesús comenzó a florecer, Smith fundó la compañía de grabación Maranatha Music, en 1973. Su meta era distribuir la música de estos jóvenes artistas.

The Vineyard (la Viña), bajo la influencia del genio musical John Wimber, vino después, con el concepto de equipo de adoración, en 1977. En este año, Wimber fundó Anaheim Vineyard Christian Fellowship. The Vineyard probablemente ha demostrado más influencia sobre la familia cristiana en establecer equipos de adoración y música de adoración que Calvary Chapel. La música de Vineyard es considerada como más íntima y orientada a la adoración, mientras que la música de Calvary Chapel se conoce más por sus canciones movidas orientadas a la alabanza.

La himnología estadounidense había estado experimentando una reforma antes de Calvary Chapel y Vineyard. Comenzando en Dublane, Escocia, en 1962, un grupo de La recuperación del canto de coros tomados de la Biblia fue incorporado por el Movimiento de Jesús (Jesús Movement) de la década de 1970.

Esto encaja perfectamente con el enfoque individualista de los baby–boomers (los nacidos entre la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Vietnam en Estados Unidos). músicos de iglesia insatisfechos de Inglaterra trataron de revitalizar las canciones cristianas tradicionales.

Dieron origen a un nuevo tipo de música influida por ciertos artistas de música folk populares. Esta reforma preparó el escenario para que los cambios musicales revolucionarios echaran raíces en la iglesia cristiana a través de Calvary Chapel y Vineyard.

A su debido tiempo, la guitarra reemplazó al órgano como el instrumento principal que dirigía la adoración en la iglesia protestante. Aunque seguía el modelo del concierto de rock de la cultura secular, el equipo de adoración había llegado a ser tan habitual como el púlpito.

Pero, ¿cuál es el problema?

Tal vez usted se esté preguntando: “¿Qué hay de malo en tener un líder de coro, un líder de adoración o un equipo de adoración para dirigir el canto de la iglesia?”. Nada. Excepto que le quita al pueblo de Dios una función vital: escoger y dirigir su propio canto en las reuniones –tener el culto divino en sus propias manos– para permitir que Jesucristo dirija la música de su iglesia en vez de un facilitador humano.

Escuche la descripción de Pablo de una reunión de iglesia: “…cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno…” “Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales”. Los directores de música, los coros y los equipos de adoración hacen que esto sea imposible. También limitan la dirección de Cristo; específicamente, su ministerio de guiar a sus hermanos a cantar canciones de alabanza a su Padre.

Con relación a este ministerio (muy poco conocido hoy), el escritor de Hebreos dice: “Tanto el que santifica como los que son santificados tienen un mismo origen, por lo cual Jesús no se avergüenza

de llamarlos hermanos, cuando dice: ‘Proclamaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la congregación [ekklesia] te alabaré’”.

Cuando solamente los talentosos pueden cantar las canciones de adoración, se vuelve más un entretenimiento que adoración corporativa. Y sólo a los que “califican” se les permite participar en el ministerio de dirigir los cantos. Es un ministerio que pertenece a todo el pueblo de Dios.

Estos artistas, liderados por el ministro congregacional Eric Routley, dieron origen a un nuevo tipo de música cristiana influida por Bob Dylan y Sydney Carter. Este estilo nuevo fue difundido a EE.UU. por George Shorney Jr., de Hope Publishing Company.

Los nuevos himnos cristianos fueron una reforma, no una revolución. La revolución llegó cuando el rock and roll fue adaptado para la música cristiana con la llegada del Movimiento de Jesús (Jesús Movement). Con la aparición de Calvary Chapel y luego Vineyard, las formas de la música de los “baby boomers” habían sido incorporadas ahora a la iglesia cristiana.

Desde la llegada de la música cristiana contemporánea, han comenzado las “guerras de adoración”, que consisten en una fuerza divisiva que balcanizaron a las iglesias cristianas en “amantes de la música tradicional al estilo antiguo” vs. “amantes de la música contemporánea al estilo nuevo”. No pocas iglesias han sido divididas por la mitad sobre la forma de música a ser usada durante el culto de la iglesia.

La música contemporánea vs. la música tradicional se ha convertido en la raíz, el tallo y la rama del nuevo tribalismo sectario y cristiano que asuela a la iglesia moderna. No tengo absolutamente ningún problema con músicos talentosos que tocan para un público para animarlo, instruirlo, inspirarlo o aun entretenerlo. Sin embargo, eso no debería confundirse con el ministerio de canto de alabanza y adoración que pertenece a toda la iglesia.

Yo me reúno en iglesias donde cada miembro es libre para iniciar una canción espontáneamente. Imagínelo: ¡Cada hermano y hermana dirigiendo canciones bajo la dirección de Cristo! Aun escribiendo sus propias canciones y trayéndolas a la reunión para que todos puedan aprenderlas. Uno tras otro. Sin largas pausas. Todos participan en el canto. Cristianos comunes y corrientes. Sin ningún líder visible presente. Esta experiencia es desconocida en la iglesia institucional.

Sin embargo, está disponible para todos los que quieran experimentar la dirección de Cristo en una reunión. Además, el canto en estas congregaciones es intensamente corporativo en vez de individualista y subjetivo. Pero permítame advertirle. Una vez que haya saboreado la experiencia de tener los cantos de adoración y alabanza en sus propias manos, nunca querrá volver a pararse detrás de un banco y ser dirigido por un director de coro o un equipo de adoración. Muy probablemente ya no quiera otra cosa.

Por hermoso que sea el equipo de adoración, hay algo superior e infinitamente más rico. Ya es hora de que el ministerio de la música y el canto sea quitado del clero de segundo nivel y sea devuelto al pueblo de Dios. Sólo entonces podrán los hijos de Dios entender plenamente las palabras del salmista: “Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos, y llorábamos al acordarnos de Sión. En los álamos que había en la ciudad colgábamos nuestras arpas.

Allí, los que nos tenían cautivos nos pedían que entonáramos canciones; nuestros opresores nos pedían estar alegres; nos decían: ‘¡Cántennos un cántico de Sión!’. ¿Cómo cantar las canciones del Señor en una tierra extraña?… Cuando el Señor hizo volver a Sión a los cautivos, nos parecía estar soñando. Nuestra boca se llenó de risas; nuestra lengua, de canciones jubilosas. Hasta los otros pueblos decían: ‘El Señor ha hecho grandes cosas por ellos’”. Efesios 5:19 y Colosenses 3:16 capturan el sabor de la naturaleza corporativa del canto cristiano del primer siglo. Salmos 137:1–4; 126:1,2.

El verdadero problema no es que la iglesia sea demasiado rica, sino que se ha vuelto fuertemente institucionalizada, con una inversión aplastante en mantenimiento. Tiene las características del dinosaurio y del buque de guerra. Está cargada con una planta y un programa que supera sus medios, de forma que está absorbida en problemas de aprovisionamiento y preocupada por la supervivencia.

La inercia de la máquina es tal que las asignaciones financieras, los requisitos legales, los canales de organización, las actitudes mentales, están todas puestas en la dirección de continuar y realzar el statu quo. Si uno quiere seguir un rumbo que se sale de estos canales, entonces la mayoría de sus energías se agotarán antes de llegar a la líneas enemigas.

John A. T. Robinson

CAPÍTULO 7

Diezmos y Salarios del Clero: Puntos Sensibles en la Billetera

A diferencia de muchos, nosotros no somos de los que trafican con la palabra de Dios.

Pablo de Tarso

“¿Acaso roba el hombre a Dios? ¡Ustedes me están robando! Y todavía preguntan: ¿En qué te robamos? En los diezmos y en las ofrendas. Ustedes la nación entera están bajo gran maldición, pues es a mí a quien están robando. Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto dice el Señor Todopoderoso, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde”.

Este pasaje de Malaquías capítulo 3 parece ser el texto bíblico favorito de muchos pastores. Especialmente cuando las donaciones de la iglesia están en un punto bajo. Si usted ha pasado algún tiempo en la iglesia moderna, ha escuchado este pasaje tronando desde el púlpito muchísimas veces. A mí me lo han metido por la garganta tantas veces que he perdido la cuenta.

Veamos algunas argumentaciones que acompañan al pasaje: “Dios ha ordenado que ustedes den sus diezmos fielmente. Si ustedes no diezman, están robando a Dios Todopoderoso, y se colocan bajo una maldición.” “Repitamos juntos el ‘Credo del diezmador’, ¿les parece? ‘El diezmo es del Señor.

En verdad lo aprendimos. En fe lo creemos. En gozo lo damos. ¡El diezmo!’”. “¡Sus diezmos y ofrendas son necesarias para que la obra de Dios continúe!”. (La “obra de Dios”, por supuesto, quiere decir asalariar al cuerpo pastoral y pagar la cuenta eléctrica mensual para mantener en funcionamiento el edificio.)

¿Cuál es el resultado de este tipo de presión? El pueblo de Dios es llevado por la culpa a dar la décima parte de sus ingresos cada semana. Cuando lo hacen, sienten que lo han alegrado a Dios. Y pueden esperar que Él los bendiga económicamente. Cuando fallan, sienten que están siendo desobedientes, y una maldición financiera se cierne sobre ellos.

Pero retrocedamos unos pasos y hagamos la pregunta incisiva: “La Biblia, ¿nos enseña a diezmar? Y, ¿estamos obligados espiritualmente a financiar al pastor y a su personal?”. La respuesta a estas dos preguntas es impactante. (Si usted es un pastor, es fascinante. ¡Así que tal vez quiera sacar sus remedios para el corazón ahora!) 1 Malaquías 3:8–10.

¿Es bíblico el diezmo?

El diezmo ciertamente aparece en la Biblia. Así que sí, el diezmo es bíblico. Pero no es cristiano. El diezmo pertenece al antiguo Israel. Era, esencialmente, su impuesto a las ganancias. No encontramos que los cristianos del primer siglo hayan diezmado jamás en el Nuevo Testamento.

La mayoría de los cristianos no tiene la menor idea de lo que enseña la Biblia con relación al diezmo. Así que veámoslo. La palabra “diezmo” significa simplemente la décima parte. El Señor instituyó tres clases de diezmos para Israel como parte de su sistema de impuestos. Estos son:

Un diezmo del producto de la tierra para apoyar a los levitas, que no tenían ninguna herencia en Canaán. Un diezmo del producto de la tierra para costear las fiestas religiosas en Jerusalén. Si era muy difícil para una familia llevar el producto a Jerusalén, podía convertirlo en dinero. Un diezmo del producto de la tierra, recogido cada tres años para los levitas, huérfanos, extranjeros y viudas del lugar.

Este era el diezmo bíblico. Note que Dios ordenó a Israel dar el 23,3 % de sus ingresos cada año, en contraposición con el 10%.6 Estos diezmos consistían en productos de la tierra, es decir la semilla de la tierra, el fruto de la tierra y ganado. Era el producto de la tierra, no dinero.

Se puede ver un claro paralelo entre el sistema del diezmo de Israel y el moderno sistema impositivo de Estados Unidos. Israel estaba obligado a apoyar a sus trabajadores nacionales (sacerdotes), sus feriados (festivales) y sus pobres (extranjeros, viudas y huérfanos) mediante sus diezmos anuales.

La mayoría de los sistemas impositivos modernos cumplen el mismo propósito. Con la muerte de Jesús, todos los códigos ceremoniales, gubernamentales y religiosos que pertenecían a los judíos fueron clavados a su cruz y enterrados… para nunca más volver a condenarnos. Por esta razón, nunca vemos a los cristianos dando el diezmo en el Nuevo Testamento. ¡Así como no los vemos sacrificando cabras y toros para cubrir sus pecados!

Pablo escribe: “Antes de recibir esa circuncisión, ustedes estaban muertos en sus pecados. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz. Desarmó a los poderes y a las  potestades, y por medio de Cristo los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.

Así que nadie los juzgue a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta religiosa, de luna nueva o de reposo. Todo esto es una sombra de las cosas que están por venir; la realidad se halla en Cristo.

Por tanto, que nadie los critique a ustedes por lo que comen o beben, o por cuestiones tales como días de fiesta, lunas nuevas o sábados. Todo esto no es más que la sombra de lo que ha de venir, pero la verdadera realidad es Cristo”. El diezmo perteneció exclusivamente a Israel bajo la Ley.

Con relación a la mayordomía financiera, vemos que los santos del primer siglo daban con gozo según su capacidad, no por obligación ante una orden. Las donaciones, en la iglesia primitiva, eran voluntarias. Y los beneficiarios eran los pobres, los huérfanos, las viudas, los enfermos, los presos y los extranjeros.

Puedo escuchar a alguien haciendo la siguiente objeción ahora mismo: “Pero ¿y Abraham? Él vivió antes la Ley. Y lo vemos diezmando al sumo sacerdote Melquisedec. ¿No rebate esto su argumento de que el diezmo forma parte de la ley mosaica?”. No, no lo hace. En primer lugar, el diezmo de Abraham fue completamente voluntario. No fue obligatorio. Dios no lo ordenó, como hizo con el diezmo para Israel.

En segundo lugar, Abraham diezmó el botín que había logrado después de una batalla específica en la que había participado. No diezmó de sus propios ingresos corrientes ni de su propiedad. El acto de diezmar de Abraham sería algo parecido a ganar la lotería, un premio mayor o recibir una bonificación en el trabajo, y después dar el diezmo de este monto.

En tercer lugar, y lo más importante, esta fue la única vez que Abraham diezmó en sus 175 años de vida en esta tierra. No tenemos ninguna evidencia de que volviera a hacerlo. Así que, si usted desea usar a Abraham como un “texto de prueba” para sostener que los cristianos deben diezmar, ¡entonces sólo está obligado a diezmar una vez!

Esto nos lleva de vuelta al texto citado muchas veces de Malaquías 3. ¿Qué estaba diciendo Dios allí? Primeramente, este pasaje fue dirigido al antiguo Israel, cuando estaba bajo la ley mosaica. El pueblo de Dios estaba reteniendo sus diezmos y ofrendas.

Piense en lo que pasaría si una gran proporción de estadounidenses se rehusaran a pagar sus impuestos a las ganancias. La ley estadounidense lo considera como un robo. Los culpables serían castigados por haber robado al gobierno.

De igual forma, cuando Israel retenía sus diezmos (impuestos), estaba robando a Dios, Aquél que instituyó el sistema de diezmos. Así que el Señor ordenó a su pueblo que trajera Lo mismo se aplica a Jacob. Según Génesis 28:20-22, Jacob prometió diezmar al Señor. Pero, como el diezmo de Abraham, el de Jacob fue completamente voluntario. Y, hasta donde sabemos, no fue una práctica de por vida.

Si Jacob comenzó a diezmar regularmente (y esto no se puede comprobar), ¡esperó que pasaran

unos 20 años antes de comenzar! Citando a Stuart Murray, “El diezmo parece ser algo accesorio a las historias (de Abraham y Jacob) y el autor no le atribuye ningún significado teológico”.

Soy consciente de que algunos cristianos creen que es completamente legal rehusarse a pagar el impuesto a las ganancias. Sin embargo, ¡varias de estas personas están en la cárcel en este momento por seguir esta creencia!

Note el contexto de Malaquías 3:8-10. En el versículo 5, el Señor dice que juzgará a los que opriman a la viuda, el huérfano y el extranjero. Dice: “De modo que me acercaré a ustedes para juicio. Estaré presto a testificar contra los hechiceros, los adúlteros y los perjuros, contra los que explotan a sus asalariados; contra los que oprimen a las viudas y a los huérfanos, y niegan el derecho del extranjero, sin mostrarme ningún temor dice el Señor Todopoderoso”.

Las viudas, huérfanos y extranjeros eran los legítimos receptores del diezmo. Como estaba reteniendo sus diezmos, Israel era culpable de oprimir a estos tres grupos. Este es el corazón de Dios en Malaquías 3:8-10: la opresión de los pobres.

¿Cuántas veces ha escuchado usted a los predicadores señalar este punto cuando lo arengaron con Malaquías 3? De las decenas de sermones que he escuchado sobre el diezmo, jamás escuché una sola palabra acerca de lo que realmente trataba este pasaje. Es decir, que los diezmos tenían el propósito de sostener a las viudas, los huérfanos, los extranjeros y los levitas (que no eran dueños de nada). Esto es lo que la Palabra del Señor en Malaquías 3 tiene en mente.

El origen del diezmo y el salario del clero

 Cipriano (200-258 d.C.) es el primer escritor cristiano que menciona la práctica de sostener económicamente al clero. Argumentaba que el clero cristiano debía ser sostenido por el diezmo, tal como ocurría con los levitas. Pero este es un pensamiento erróneo. Hoy el sistema levítico ha sido abolido. Todos somos sacerdotes ahora. Así que, si un sacerdote exige un diezmo, ¡entonces todos los cristianos deberían darse el diezmo unos a otros!

El pedido de Cipriano era sumamente extraño para su tiempo. El pueblo cristiano no lo apoyó ni se hizo eco de él hasta mucho más tarde. Fuera de Cipriano, ningún escritor cristiano antes de Constantino usó jamás referencias al Antiguo Testamento para apoyar el diezmo. Recién en el cuarto siglo, 300 años después de Cristo, algunos líderes cristianos empezaron a apoyar el diezmo como una práctica cristiana para sostener al clero. ¡Pero no se generalizó entre los cristianos hasta el octavo siglo!

Según un erudito: “Durante los primeros setecientos años casi no se mencionó [el diezmo]”. Trazar la historia del diezmo cristiano es un ejercicio fascinante. El diezmo evolucionó desde el estado hacia la iglesia. Dar la décima parte de lo que uno producía era el arriendo habitual para las tierras en Europa Occidental. A medida que la iglesia tuvo más tierras en Europa, el 10% de arriendo fue entregado a la iglesia.

Esto dio un nuevo significado al pago del arriendo del 10%. ¡Llegó a identificarse con el diezmo levítico! Por consiguiente, el diezmo cristiano, como institución, se basó en una fusión de la práctica del Antiguo Testamento y una institución pagana.

Para el siglo VIII, el diezmo se convirtió en un requisito legal en muchas zonas de Europa Occidental. Para fines del décimo siglo, la distinción entre el diezmo como pago de arriendo y un requisito moral apoyado por el Antiguo Testamento se había esfumado.

El diezmo pasó a ser obligatorio en toda la Europa cristiana. Dicho de otra manera, antes del siglo VIII, el diezmo se practicaba como una ofrenda voluntaria. Pero para fines del siglo X se había convertido en un requisito legal para sostener a la iglesia estatal, ¡exigido por el clero y que hacían cumplir las autoridades seculares!

Afortunadamente la mayoría de las iglesias modernas han desistido del diezmo como un requisito legal. Pero la práctica del diezmo está tan viva hoy como cuando era un requisito legal. Es cierto que no será castigado físicamente por no diezmar. Pero si usted no es un diezmador en la mayoría de las iglesias modernas, será excluido de una gran cantidad de cargos ministeriales. ¡Y será cargado de culpa constantemente desde el púlpito!

En cuanto a los salarios del clero, los ministros no recibieron salarios durante los primeros tres siglos. Pero, cuando apareció Constantino, instituyó la práctica de pagar un salario fijo al clero de los fondos eclesiásticos y de los tesoros municipales e imperiales. Así nació el salario del clero, una práctica dañina que no tiene ninguna raíz en el Nuevo Testamento.

En los decretos pseudoisidorianos, los diezmos evolucionaron de pagos de alquiler para el uso de tierras eclesiásticas. El Concilio de Valencia de 855 indica que “este decreto trata del pago de diezmos como alquiler, acerca del cual algunos arrendatarios de tierras eclesiásticas parecen haber sido descuidados, y luego insta a su pago general por todos los cristianos”.

Carlomagno codificó el diezmo y lo hizo obligatorio en todo su extenso reino en 779 y 794.  La excepción a esto fue en Galia, durante el sexto siglo. El Sínodo de Tours de 567 hizo que el diezmo fuera obligatorio en la región. El Sínodo de Macon de 585 amenazó a quienes se rehusaban a diezmar con la excomunión.

Los teólogos y legisladores elaboraron los detalles del sistema de diezmos. Llamativamente, la Iglesia de Inglaterra eliminó el diezmo como un requisito legal recién en la década de 1930.  Por favor tome nota que yo creo firmemente en apoyar la obra del Señor económicamente y en dar generosamente.

La Biblia ordena ambas cosas, y el reino de Dios necesita de ambos desesperadamente. Lo que estoy atacando en este capítulo es el diezmo como una ley cristiana y para lo que se lo suele usar: los salarios del clero y los gastos fijos del edificio de iglesia. Los montanistas del segundo siglo fueron los primeros en pagar a sus líderes, pero esta práctica no se generalizó hasta que apareció Constantino.

La raíz de todos los males

Si un creyente desea diezmar por decisión o convicción personal, está perfecto. El diezmo se convierte en un problema cuando se lo presenta como un mandato de Dios, obligatorio para todo creyente.

El diezmo obligatorio equivale a opresión para los pobres. No pocos cristianos pobres han sido empujados precipitadamente a una mayor pobreza porque se les dijo que, si no diezmaban, estaban robándole a Dios. Cuando se enseña el diezmo como un mandato de Dios, los cristianos que apenas llegan a fin de mes son empujados por la culpa a una pobreza mayor. De esta manera, el diezmo hace que el evangelio deje de ser “buenas nuevas para los pobres”.

En vez de buenas noticias, pasa a ser una pesada carga. En vez de libertad, se convierte en opresión. ¡Con cuánta facilidad nos olvidamos que el diezmo original que Dios estableció para Israel era para beneficiar a los pobres, no para perjudicarlos!

Inversamente, el diezmo moderno significa buenas nuevas para los ricos. Para una persona de altos ingresos, el 10% es una suma ínfima. El diezmo, por lo tanto, aquieta la conciencia de los ricos, ya que no tiene ningún impacto significativo sobre su estilo de vida. No pocos cristianos adinerados se engañan pensando que están “obedeciendo a Dios” porque ponen un mísero 10 % de sus ingresos en el plato de ofrendas.

Pero Dios tiene una perspectiva muy diferente respecto del dar. Recuerde la parábola de la moneda de la viuda: “Jesús se detuvo a observar y vio a los ricos que echaban sus ofrendas en las alcancías del templo. También vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas de cobre. ‘Les aseguro’, dijo, ‘que esta viuda pobre ha echado más que todos los demás. Todos ellos dieron sus ofrendas de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía para su sustento’”.

Lamentablemente, el diezmo suele verse como una prueba determinante del discípulo. Si uno es un buen cristiano, diezmará (según se piensa). Pero esto es una aplicación falsa. El diezmo no es signo alguno de devoción cristiana. Si lo fuera, ¡todos los cristianos del primer siglo estarían condenados por falta de piedad!

La raíz persistente detrás del constante impulso para diezmar en la iglesia moderna es el salario del clero. No pocos pastores sienten que deben predicar sobre el diezmo para recordar a su congregación acerca de su obligación de apoyarlos a ellos y a sus programas. Y usan la promesa de bendición financiera o el temor a la maldición financiera para asegurarse de que los diezmos sigan ingresando.

De esta manera, el diezmo moderno es el equivalente de una lotería cristiana. Paga el diezmo, y Dios te devolverá más plata después. Rehúsate a diezmar, y Dios te castigará. Sin hablar de las complejidades que se pasan por alto del diezmo. Considere los siguientes aspectos:

¿Diezma uno sobre el bruto o el neto? ¿Cómo se aplican las exenciones impositivas? Murray detalla las complejidades ignoradas de tratar de importar el sistema bíblico del diezmo según lo practicaba el antiguo Israel a nuestra cultura actual. En un sistema de años de jubileo, días de reposo, espigueos y primicias, el diezmo tenía sentido y ayudaba a distribuir la riqueza de la nación. Hoy, suele conducir a grandes injusticias.

Según Edwin Hatch, “ninguna institución de la Edad Media ha dado origen a más errores que la institución de los diezmos”. Esta clase de pensamientos son un golpe al corazón mismo de las buenas nuevas del evangelio. Lo mismo puede decirse acerca del salario del clero. Tampoco tiene respaldo alguno en el Nuevo Testamento. De hecho, el salario del clero está a contrapelo de todo el Nuevo Pacto.

Los ancianos (pastores) del primer siglo nunca recibieron salarios. Eran hombres con una vocación terrenal. Daban al rebaño en vez de tomar de él. Asalariar a los pastores los convierte en profesionales remunerados.

Los eleva por sobre el resto del pueblo de Dios. Crea una casta clerical que convierte al cuerpo vivo de Cristo en una empresa. Dado que al pastor y su personal se les “paga” para hacer el ministerio, son profesionales pagos. El resto de la iglesia cae en un estado de dependencia pasiva.

Si cada cristiano se encontrara con el llamado que tiene de ser un sacerdote funcional en la casa del Señor (y se le permitiera ejercer ese llamado), surgiría inmediatamente la pregunta: “¿Para qué le estamos pagando a nuestro pastor?”. Pero, en la presencia de un sacerdocio pasivo, este tipo de preguntas nunca surge.

A la inversa, cuando la iglesia funciona como debería, un clero profesional se vuelve innecesario. De pronto, el pensamiento que dice: “esa es tarea del pastor” aparece como herético. En palabras sencillas, un clero profesional fomenta la ilusión tranquilizadora de que la Palabra de Dios es material clasificado (y peligroso) que sólo puede manejar expertos con credenciales.

Pero esto no es todo. Pagar al pastor lo obliga a complacer a los hombres. Lo convierte en esclavo de los hombres. Su “vale de comida” depende de cuánto le agrada a su congregación. Por lo tanto, no está libre para hablar libremente sin temor a perder algunos fuertes diezmadores. He aquí el flagelo del sistema de pastores.

Un peligro adicional del sistema de pastores pagos es que produce hombres desprovistos de toda destreza, algo que heredamos de los griegos paganos. Por esta razón, se requiere un hombre de una tremenda valentía para dejar el pastorado.

Todo el énfasis de las referencias del Nuevo Testamento a los ancianos deja en claro esto. Además, 1 Timoteo 3:7 dice que un sobreveedor debe ser bien considerado en la comunidad. La implicancia natural de esto es que se encuentra empleado regularmente en un trabajo secular.

Según Elton Trueblood: “Nuestra oportunidad para dar un gran paso yace en abrir el ministerio del cristiano común de una forma muy similar a como nuestros antecesores abrieron la lectura de la Biblia al cristiano común. Hacer esto significa, en cierto sentido, la inauguración de una nueva Reforma, mientras que en otro sentido significa la terminación lógica de la Reforma anterior, en la que las consecuencias de la posición asumida no fueron entendidas completamente ni seguidas lealmente”.

Vienen a la mente las palabras de Jesús: “¡Ay de ustedes, expertos en la ley!, porque se han adueñado de la llave del conocimiento…” (Lucas 11:52). Los griegos despreciaban el trabajo manual. Hablaban en público por una tarifa. Los rabinos judíos aprendían una destreza y no podían aceptar dinero por servicios religiosos. De esta forma, el predicador moderno ha adoptado la costumbre griega antes que la judía, que siguió Pablo, aun como cristiano.

Desgraciadamente, la mayoría del pueblo de Dios es profundamente ingenuo respecto del poder abrumador del sistema de pastores. Es un sistema sin rostro que no se cansa de masticar y escupir a sus jóvenes. Repito: nunca fue intención de Dios que existiera un pastorado profesional. No hay ningún mandato o justificación bíblicos al respecto. De hecho, es imposible defenderlo bíblicamente.

Generalmente hay ujieres que se encargan de recibir el dinero durante el culto, pasando un “plato para la colecta” entre la congregación. Esta práctica es otra invención postapostólica. Comenzó en 1662, si bien los platos y cajas para limosnas existían antes de esta fecha. El ujier surgió de la reorganización de la liturgia de la Iglesia de Inglaterra bajo la reina Isabel I (1533-1603). La tarea de los ujieres era acomodar a la gente, recolectar las ofrendas y mantener los registros de quienes comulgaban.

El antecesor del ujier fue el “portero” de la iglesia. El portero era una orden menor (clero inferior) que se remontaba al tercer siglo. Los porteros tenían la responsabilidad de supervisar el cierre y la apertura de las puertas de la iglesia, mantener el orden dentro del edificio y la dirección general de los diáconos. Los porteros fueron reemplazados por “capilleros” en Inglaterra antes y durante el período de la Reforma.48 De los capilleros salió el ujier.

Conclusión

En conclusión, el diezmo, si bien es bíblico, no es cristiano. Jesucristo no lo avaló. Los cristianos del primer siglo no lo observaron. Y, durante 300 años, el pueblo de Dios no lo practicó. ¡El diezmo no se convirtió en una práctica ampliamente aceptada entre los cristianos hasta el octavo siglo!

En el Nuevo Testamento, cada uno da según su capacidad. Los cristianos daban para ayudar a otros creyentes, además de apoyar a obreros apostólicos, permitiéndoles viajar para plantar iglesias. Uno de los testimonios más destacados de la iglesia primitiva tiene que ver con la generosidad de los cristianos hacia los pobres y necesitados. Esto fue lo que llevó a personas fuera de la iglesia, incluyendo el filósofo Galeno, a ver el poder asombroso y atractivo de la iglesia primitiva y decir: “Mirad cómo se aman unos a otros”.

El diezmo sólo se menciona cuatro veces en el Nuevo Testamento. Pero en ninguna de estas ocasiones se aplica a los cristianos. Repito: el diezmo pertenece al Antiguo Testamento, donde se necesitaba de un sistema de impuestos para apoyar a los pobres y donde había un sacerdocio especial apartado para ministrar al Señor. Con la venida de Jesucristo, ha habido un “cambio de ley”: la anterior ha sido “anulada” y convertida en obsoleta por la nueva.

Todos somos sacerdotes ahora, libres para funcionar en la casa de Dios. La Ley, el viejo sacerdocio y el diezmo han sido todos crucificados. No hay ahora ningún velo en el templo, ningún impuesto para el templo y ningún sacerdocio especial que se interponga entre Dios y el hombre. Usted, querido cristiano, ha sido liberado de la atadura del diezmo y de la obligación de apoyar un sistema clerical que no es bíblico.

Murray trata cada una de los cuatro casos detalladamente, demostrando que no son textos de prueba para el diezmo cristiano. También demuestra que, según Jesús, el diezmo está relacionado con el legalismo y el fariseísmo más que con un modelo a imitar.

La Iglesia, que incluía la masa de la población del Imperio, desde el César hasta el esclavo más insignificante, y que vivía en medio de todas sus instituciones, recibió en su regazo vastos depósitos de material extranjero del mundo y del paganismo… Si bien la antigua Grecia y Roma han caído para siempre, el espíritu del paganismo grecorromano no se extinguió. Vive aún en el corazón natural del hombre que, al día de hoy, necesita, como siempre lo ha necesitado, la regeneración del Espíritu de Dios. Vive también en muchas prácticas idólatras y supersticiosas de las iglesias griegas y romanas, contra las cuales el espíritu puro del cristianismo ha protestado instintivamente desde el principio, y seguirá protestando, hasta que todos los vestigios de la idolatría grosera y refinada sean superados externamente así como internamente, y bautizados y santificados no solamente con agua, sino también con el espíritu y el fuego del evangelio.

Philip Schaff

Señor: ¿Debo vender algo del material que produzco para pagar mis gastos fijos en la Web? “No”, fue la lacónica respuesta. ¿Y entonces cómo debo hacer? – “No debes hacer nada, sólo empieza con el trabajo y paga los gastos de tu bolsillo”.

No hay problemas, Señor, pero mi bolsillo no es ilimitado, tú lo sabes. “Sí, lo sé. Tú haz lo que te digo y olvídalo”. Esta especie de pintoresca conversación sucedió hace ya diez años. ¿Sabes qué? Jamás saqué un mísero centavo de mi salario para pagar estos gastos.

Y lo más curioso: jamás pedí un centavo a nadie, ni coloqué una cuenta para donaciones, ni me extralimité predicando sobre diezmos y ofrendas, ni tampoco salí al ruedo con aquello de que “el obrero es digno de su salario”.

Porque Dios ya me había hablado y había sido más que claro. Yo no estaba trabajando en esto para hacerme rico, ni comprar costosos yates o levantar monumentales empresas paralelas con pantalla eclesiástica. Yo estaba administrando un simple ministerio y Él, como lo anticipara siempre en su Palabra, corría con los gastos.

La manera, el cómo, con quién o quiénes, en qué momento, desde dónde y mediante qué métodos, no era asunto mío. Lo he contado porque, creo, es un modo rústico de depender del Señor en algo que es para el Señor y no pretender conducirlo según nuestros métodos, habilidades o, lo peor, nuestras ambiciones.

CAPÍTULO 8

El Bautismo y la Cena del Señor: Sacramentos Diluidos

Muchas instituciones y elementos de instituciones, considerados a veces como pertenecientes al cristianismo primitivo, pertenecen en realidad a la Edad Media.

Edwin Hatch

Se han escrito un sinnúmero de libros sobre los dos sacramentos protestantes: el bautismo y la Cena del Señor. Sin embargo, no existe nada impreso que rastree el origen de cómo los practicamos hoy. En este capítulo, veremos cuánto nos hemos alejado en la práctica del bautismo en agua y la Cena del Señor.

Diluyendo las aguas del bautismo

La mayoría de los cristianos evangélicos creen y practican el “bautismo del creyente”, en contraposición con el “bautismo de bebés”. Asimismo, la mayoría de los protestantes creen y practican el bautismo por “inmersión” en vez del bautismo por “aspersión”.

El Nuevo Testamento, así como la historia de la iglesia primitiva, apoya estas dos posiciones. El bautismo de bebés tiene su raíz en las creencias supersticiosas que se extendieron por la cultura grecorromana.

Según un erudito, “Primeramente está la superstición, que en el transcurso del segundo siglo se asoció con los Misterios, las presentaciones místicas paganas y sagradas (de los paganos), y después el establecimiento de la iglesia estatal. Las ideas supersticiosas que llegaron a asociarse con el bautismo no podían menos que producir el bautismo de bebés”.

Cipriano, un fuerte defensor del bautismo de bebés, le atribuía poderes mágicos en su capacidad de lavar el pecado. Haciéndose eco del mismo sentimiento, Graydon F. Snyder escribió que “el bautismo de bebés fue practicado cuando la matriz social y la comunidad religiosa se habían vuelto la misma cosa”.

La primera referencia verosímil al bautismo de bebés se encuentra en Ireneo (130–200). Tertuliano (160–225) fue también uno de los primeros en hablar sobre el tema, pero se oponía a él. El bautismo de bebés parece haber comenzado a principios del segundo siglo y estaba acompañado por una teología elaborada. Para el quinto siglo, el bautismo de bebés se convirtió en una práctica general que reemplazó el bautismo de adultos.

 El anabautista Menno Simons fechó “la caída de la iglesia” cuando el papa Inocencio I firmó el edicto que hizo obligatorio el bautismo de bebés, en 416. Desde un punto de vista teológico, el bautismo de bebés divorcia dos cosas que la Biblia une consistentemente: 1) la fe y el arrepentimiento, y 2) el bautismo en agua.

En 197 d.C., Tertuliano condenó el bautismo de bebés junto con el bautismo de los muertos. Pero Agustín proveyó una justificación bíblica plena de la práctica. La palabra “bautismo” en griego (baptizo) significa literalmente ‘inmersión’. Juan 3:23 no tiene mucho sentido si se practicaba la aspersión. La inmersión fue la práctica habitual de la iglesia cristiana hasta fines de la Edad Media en Occidente.

Sin embargo, en la mayoría de las iglesias modernas es habitual que el bautismo esté separado de la conversión por un tiempo considerable. Muchos cristianos fueron salvos a una edad y bautizados a una edad mucho mayor. En el primer siglo, esta práctica era desconocida.

En la iglesia primitiva, los conversos eran bautizados inmediatamente después de creer. Un erudito dice del bautismo y la conversión: “Van juntos. Quienes se arrepentían y creían la Palabra eran bautizados. Ese fue el patrón invariable, hasta donde sabemos”. Otro, escribe: “Cuando nació la Iglesia, los convertidos eran bautizados con poca o ninguna demora”.

En el primer siglo, el bautismo en agua era la confesión exterior de la fe de una persona. Pero, más que eso, era la manera en que alguien acudía al Señor en el primer siglo. Por esta razón, la confesión del bautismo está vinculada vitalmente con el ejercicio de la fe salvadora. A tal punto que los escritores del Nuevo Testamento a menudo usan la palabra “bautismo” en vez de “fe” y la relacionan con ser “salvo”.

Esto se debe al hecho de que el bautismo era la confesión inicial de fe en Cristo de los primeros cristianos. En nuestros días, la “oración del pecador” ha reemplazado el papel del agua del bautismo como la confesión de fe inicial. Se les dice a los incrédulos: “Repita esta oración conmigo, acepte a Jesús como su ‘Salvador personal’ y será salvo”. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento encontramos que alguna persona sea llevada a Jesús por una “oración del pecador”. Y no hay el menor indicio en la Biblia acerca de un “Salvador personal”.

En cambio, los incrédulos del primer siglo eran llevados a Jesucristo pasando por las aguas del bautismo. Si me permite decirlo de esta manera, ¡el bautismo en agua era la “oración de pecador” en el primer siglo! El bautismo acompañaba la aceptación del evangelio. Indicaba un corte completo con el pasado y una entrada plena a Cristo y su iglesia. El bautismo era simultáneamente un acto de fe y una expresión de fe.

Entonces, ¿cuándo se separó el bautismo de recibir a Cristo? Empezó a principios del segundo siglo. Ciertos cristianos influyentes enseñaban que el bautismo necesita ser precedido por un período de instrucción, oración y ayuno.9 ¡Esta tendencia se agravó en el tercer siglo, cuando los jóvenes conversos debían esperar tres años para bautizarse!

Si usted fuera un candidato al bautismo en el tercer siglo, su vida sería examinada con un peine fino. Debía demostrar que era digno del bautismo por su conducta. El bautismo se convirtió en un ritual rígido y ornamentado que adoptó muchas cosas de la cultura judía y griega, incluyendo aspectos elaborados como bendecir el agua, quitarse la ropa por completo, repetir un credo, el aceite de unción con exorcismo y dar leche y miel a la persona recién bautizada.

Se había convertido en un acto asociado con las obras en vez de estar relacionado con la fe. El legalismo que rodeaba el bautismo dio origen a un concepto aún más sorprendente: sólo el bautismo perdona los pecados. Si una persona comete un pecado después del bautismo, no puede ser perdonada. Por esta razón, demorar el bautismo se volvió bastante habitual para el cuarto siglo.

Como se creía que el bautismo producía el perdón de pecados, muchos pensaban que lo mejor era demorar el bautismo hasta que se pudieran obtener los máximos beneficios. Por lo tanto, algunas personas, como Constantino, ¡esperaron hasta su lecho de muerte para bautizarse!

La oración del pecador y un Salvador personal

Como dije antes, la “oración del pecador” terminó por reemplazar el papel bíblico del bautismo en agua. Por más que se la presente como el evangelio hoy, la “oración del pecador” es una invención muy reciente. D. L. Moody (1837-1899) fue el primero en utilizarla.

Moody usaba este “modelo” de oración para entrenar a sus colegas evangelistas. Pero no llegó a popularizarse hasta la década de 1950 con el tratado Paz con Dios, de Billy Graham, y posteriormente con Las Cuatro Leyes Espirituales, de Campus Crusade for Christ (Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo).

La costumbre de dar leche y miel fue adoptada del paganismo. El nuevo converso (“catecúmeno”, como llegó a llamarse y de donde se deriva la palabra “catecismo”) solía bautizarse un

domingo de Pascua o en Pentecostés. El jueves anterior el candidato debía bañarse. Pasaba el viernes y sábado ayunando, y luego era exorcizado por el obispo para echar fuera cualquier demonio que tuviera.

Para fines del segundo siglo, esta era una ceremonia bautismal bastante uniforme en Occidente. Gregory Dix señala que la introducción del credo en el cristianismo comienza en la primera mitad del segundo siglo, con el credo bautismal.

El credo bautismal estaba formado por una serie de tres preguntas que trataban respectivamente con las tres Personas de la Trinidad. El Concilio de Nicea, en 325 d.C., llevó el credo un paso más lejos. Éste evolucionó para convertirse en una prueba de comunión para quienes estaban dentro de la iglesia antes que una prueba de fe para quienes estaban fuera de ella.

He aquí la clásica “oración del pecador” que aparece en el tratado “Las Cuatro Leyes Espirituales”: “Señor Jesús, te necesito. Gracias por morir en la cruz por mis pecados. Te abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Salvador y Señor. Gracias por perdonar mis pecados y por darme vida eterna. Toma control del trono de mi vida. Hazme la persona que Tú quieres que yo sea. Amén”.

En el primer siglo, el bautismo en agua era el testimonio visible que demostraba públicamente el corazón de esta oración. La frase “Salvador personal” es otra innovación moderna producto del espíritu del avivamentismo norteamericano del siglo XIX.17 Surgió a mediados del siglo XIX, para ser exacto. Pero se convirtió en una expresión popular gracias a Charles Fuller (1887-1968).

Fuller usó la frase literalmente miles de veces en su programa de radio increíblemente popular, “Old–Fashioned Revival Hour” (La hora del avivamiento a la antigua) que se transmitió en las décadas de 1940, 1950 y 1960. Su programa alcanzaba, desde Estados Unidos, cada rincón del mundo. Cuando murió, el programa era escuchado por más de 500 emisoras de todo el mundo.

Hoy, el uso de la frase “Salvador personal” está tan generalizado que parece ser bíblica. Pero considere lo absurdo de usarla. ¿Ha presentado alguna vez uno de sus amigos usando esta designación: “Este es mi ‘amigo personal’, Juan Pérez”?

Aparte del hecho de que esta frase tiene pocos puntos de contacto con la vida real, hay un problema mayor. La frase “Salvador personal” limita a Jesús a lo que nosotros consideramos como nuestra vida personal. El hecho es que Jesucristo nos salva de cada dimensión de la vida, sea personal, impersonal, interpersonal, corporativo, etc. Él es el Salvador de cada rincón, recoveco y sala del edificio.

Además, la frase “Salvador personal” refuerza el concepto de un cristianismo altamente individualista. Pero el Nuevo Testamento es completamente ajeno a una fe cristiana de “sólo Jesús y yo”. Más bien, es intensamente corporativo. El cristianismo es una vida vivida entre un Cuerpo de creyentes que conocen a Jesús en conjunto como Señor y Salvador.

Creo, y pongo mi propio testimonio como ejemplo, que esto que acaba de explicar brevemente Frank, es la base real y genuina del evangelio del Reino. Un Reino que se ha acercado, que fue, es y será un todo macizo y que la iglesia moderna ha convertido en algo individual y, por una lógica suma de carnalidades, individualista.

La Cena del Señor

Ríos de sangre han sido derramados por cristianos protestantes y católicos por igual sobre las complejidades doctrinales relacionadas con este tema. La Cena del Señor, alguna vez preciosa y viva, se convirtió en el centro del debate teológico durante siglos.

Trágicamente, pasó de ser una imagen dramática y concreta del cuerpo y sangre de Cristo a un estudio de pensamiento abstracto y metafísico. No nos vamos a ocupar de las minucias teológicas que rodean la Cena del Señor. Pero los protestantes (así como los católicos) no practican la Cena de la manera que se celebraba en el primer siglo.

Para los primitivos cristianos, era una comida festiva. Hoy, la tradición nos ha obligado a tomar la Cena en forma de un dedal de jugo de uva que apenas moja la lengua y una pequeña galleta desabrida, en una atmósfera triste y lúgubre. Se nos dice que recordemos los horrores de la muerte de nuestro Señor, y somos llamados a reflexionar sobre nuestros pecados.

Además, la tradición nos ha enseñado que tomar la Cena del Señor puede ser algo peligroso. Así que la mayoría de los cristianos contemporáneos no la tomarían ni muertos sin un clérigo ordenado presente. Todos estos elementos eran desconocidos para los primeros cristianos. Para ellos, era una comida comunitaria. El espíritu era de celebración y gozo. Y no había ningún clérigo para oficiarla. La Cena del Señor era, esencialmente, un banquete cristiano.

La comida truncada

Entonces, ¿cuándo cesó la comida completa, dejando sólo el pan y la copa? He aquí la historia. Durante el primer siglo y principios del segundo, los primeros cristianos llamaban a la Cena del Señor la “fiesta de amor”. En ese tiempo, tomaban el pan y la copa en el contexto de una comida festiva. Pero, alrededor del tiempo de Tertuliano (160-225), se empezó a separar el pan y la copa de la comida. Para fines del segundo siglo, la separación era completa.

Algunos eruditos han sostenido que los cristianos eliminaron la parte de la comida porque no querían que el Eucaristía se profanara por la participación de incrédulos. Esto podría ser parcialmente cierto. Pero es más probable que la influencia creciente del ritual religioso pagano sacara a la Cena del ambiente gozoso, terrenal y no religioso de una comida en la sala de estar de una persona. Para el cuarto siglo, ¡la fiesta de amor fue “prohibida” entre los cristianos!

“A lo largo del período del Nuevo Testamento, la Cena del Señor era una comida real compartida en los hogares de cristianos” (John Drane); “En los primeros tiempos, la Cena del Señor se realizaba durante el transcurso de una comida comunitaria. Todos traían la comida que podían, y era compartida en conjunto” (Donald Guthrie); “En Corinto, la santa comunión no era simplemente una comida simbólica como ocurre entre nosotros, sino una comida real. Por otra parte, parece claro que era una comida a la cual cada uno de los participantes traía comida” (León Morris).

En el primer y segundo siglo, la Cena del Señor parece haber sido tomada a la noche, como una comida. Hay fuentes del segundo siglo que demuestran que fue tomada sólo en domingos. En la Didaché, la Eucaristía sigue apareciendo como algo que se tomaba con la comida del ágape (fiesta de amor).

Con el abandono de la comida, las expresiones “partir el pan” y “Cena del Señor” desaparecieron. La expresión común para el ritual ahora truncado (sólo el pan y la copa) fue “la Eucaristía”. Ireneo (130-200) fue uno de los primeros en llamar al pan y la copa una “ofrenda”. Después de él, comenzó a llamarse la “ofrenda” o “sacrificio”.

La mesa de altar donde se colocaba el pan y la copa pasó a verse como un altar donde se ofrecía la víctima. La Cena ya no era un evento comunitario. Era, más bien, un ritual sacerdotal para ser presenciado a la distancia. A lo largo del siglo cuarto y quinto, hubo un sentido creciente de sobrecogimiento y temor asociado con la mesa donde se celebraba la sagrada Eucaristía. Se convirtió en un ritual sombrío. El gozo que alguna vez había formado parte de él había desaparecido.

La mística asociada con la Eucaristía se debía a la influencia de las religiones de misterio paganas. Estas religiones estaban rodeadas de misterio y superstición. Con esta influencia, los cristianos empezaron a atribuir al pan y a la copa connotaciones sagradas. Eran considerados como objetos sagrados por virtud propia.

Como la Cena del Señor se convirtió en un ritual sagrado, requería de una persona sagrada para administrarla. Aquí hace su ingreso el sacerdote para ofrecer el sacrificio de la misa. Se creía que él tenía el poder para hacer descender a Dios del cielo para confinarlo en un trozo de pan.

Alrededor del siglo X, el significado de la palabra “cuerpo” cambió en la literatura cristiana. Previamente, los escritores cristianos la usaban para referirse a una de tres cosas: 1) El cuerpo físico de Jesús, 2) la iglesia, o 3) el pan de la Eucaristía.

Escritores tan atrás como Clemente de Alejandría, Tertuliano e Hipólito (principios del tercer siglo) comenzaron a usar una terminología que hablaba de una presencia de Cristo en forma general en el pan y el vino. Pero no se hizo ningún intento, en esta etapa temprana, por sostener un realismo físico que “cambiara” al pan y el vino en carne y sangre. Más tarde, algunos escritores orientales (Cirilo, Serapio, Atanasio) introdujeron una oración al Espíritu Santo para que transforme el pan y el vino en el cuerpo y la sangre.

Pero fue Ambrosio de Milán (fines del cuarto siglo) que comenzó a localizar el poder consagrador en la recitación de las palabras de institución. Se creía que las palabras “Esto es mi cuerpo” (en latín, hoc est corpus meum) contenían el poder de transformar el pan y el vino.

Dicho sea de paso, el latín comenzó en el norte de África a fines del segundo siglo y se difundió lentamente hacia Roma hasta que pasó a ser común para fines del cuarto siglo. Este cambio se refleja también en el arte cristiano. No hay imágenes lúgubres de Jesús antes del cuarto siglo.

Esto ocurrió en el siglo noveno. Antes de esto, era al acto de tomar la Eucaristía lo que se consideraba sagrado. Pero en 830 d.C. un hombre llamado Radberto escribió el primer tratado que encaraba la Eucaristía centrándose directamente en el pan y el vino.

Todos los escritores cristianos antes de Radberto describieron lo que los cristianos estaban haciendo cuando tomaban el pan y el vino. Describían la acción de tomar los elementos. Radberto fue el primero en centrarse exclusivamente en los elementos mismos, el pan y el vino que estaban sobre la mesa de altar.

Los primeros padres de la iglesia veían a la iglesia como una comunidad de fe que se identificaba a sí misma por el partimiento el pan. Pero, para el décimo siglo, hubo un cambio en el pensamiento y el lenguaje. La palabra “cuerpo” ya no se usaba para referirse a la iglesia. Era utilizada solamente para referirse al cuerpo físico del Señor o al pan de la Eucaristía. Había sido vaciada de su otro significado: la iglesia.

Por consiguiente, la Cena del Señor quedó muy distanciada de la idea de una iglesia que se reunía para celebrar el partimiento del pan. El cambio de vocabulario reflejaba esta práctica. La Eucaristía no tenía nada que ver con la iglesia, sino que llegó a ser considerada como “sagrada” en sí misma, aun mientras permanecía sobre la mesa. Quedó envuelta en una bruma religiosa. Observada con sobrecogimiento. Tomada sombríamente por el sacerdote. Completamente alejada de la naturaleza comunitaria de la ekklesia.

Todos estos factores dieron lugar a la doctrina de la transubstanciación. En el cuarto siglo, la creencia de que el pan y el vino se transformaban en el cuerpo y la sangre literales del Señor era explícita. La transubstanciación, sin embargo, fue la doctrina que dio una explicación teológica de cómo ocurría ese cambio. (Esta doctrina fue desarrollada entre el siglo XI y el siglo XIII.)

Con la doctrina de transubstanciación, hubo un sentimiento de temor que rodeaba los elementos. El temor era tan intenso que el pueblo de Dios era renuente a aproximarse a ellos. Cuando se pronunciaban las palabras de la Eucaristía, se creía que el pan se convertía literalmente en Dios. Todo esto convertía a la Cena del Señor en un ritual sagrado realizado por personas sagradas y quitado de las manos del pueblo de Dios.

La idea medieval de que el pan y la copa eran una “ofrenda” estaba tan arraigada que aun algunos de los reformadores la sostuvieron. Si bien los modernos cristianos protestantes han descartado el concepto católico de que la Cena del Señor es un sacrificio, siguieron adoptando la práctica católica de la Cena. Observe cualquier servicio de la Cena del Señor (a menudo llamada “Santa Comunión”) en cualquier iglesia protestante y verá lo siguiente:

La Cena del Señor es un bocado de galleta (o de pan) y una copita de jugo de uva (o vino). Dista de ser una comida, igual que en la iglesia católica. – La atmósfera es sombría y lúgubre, igual que en la iglesia católica. – El pastor les dice a los asistentes que deben examinarse con relación al pecado antes de participar de los elementos, una práctica originada en Juan Calvino.

Como el sacerdote católico, muchos pastores usan su vestimenta clerical para la ocasión. Pero siempre el pastor administra la Cena y recita las palabras de institución, “Esto es mi cuerpo”, antes de distribuir los elementos entre la congregación, igual que en la iglesia católica. Con solo unos pocos ajustes menores, todo esto es catolicismo medieval de punta a punta.

Conocí a un hermano de excelente conducta, tanto en lo espiritual como en lo social, que me aseguraba que, cuando tomaba el vino de la pequeña copa en la celebración, sentía como un fuego descender por su interior hasta llegar a su estómago, donde simplemente “sentía” la necesidad de caer de rodillas.

Visto y leído lo que has visto y leído, lo que te relato te servirá para entender la capacidad y el poder que tiene nuestra mente por sobre nuestras acciones y comportamientos. Nadie censurará de ninguna manera lo que este hombre experimentaba, pero por favor, que nadie lo convierta en doctrina y lo predique.

Resumen

Por nuestra tradición hemos vaciado el verdadero significado y poder detrás del bautismo en agua. Cuando se lo entiende y practica correctamente, el bautismo en agua es la confesión de fe inicial del creyente ante los hombres, demonios, ángeles y Dios.

El bautismo es un signo visible que describe nuestra separación del mundo, nuestra muerte con Cristo, el entierro de nuestro viejo hombre, la muerte de la vieja creación y el lavamiento de la Palabra de Dios. El bautismo en agua es la forma de conversión/iniciación del Nuevo Testamento. Es idea de Dios.  Reemplazarlo por la “oración del pecador”, un invento humano, es vaciar al bautismo de su testimonio, dado por Dios.

Similarmente, la Cena del Señor, cuando se la separa de su contexto correcto de una comida completa, se convierte en un rito extraño, casi pagano. La Cena se ha vuelto un ritual vacío oficiado por un clérigo, en vez de ser una experiencia de vida compartida que disfruta la iglesia. Se ha convertido en un morboso ejercicio religioso, en vez de un festival gozoso; una rancia ceremonia individualista, en vez de un significativo evento corporativo.

En palabras de un erudito: “No cabe duda de que la Cena del Señor empezó como una comida familiar o una comida de amigos en una casa privada… pasó de ser una verdadera comida a una comida simbólica… dejó la austera simplicidad por el esplendor elaborado… la celebración de la Cena del Señor pasó de ser una función laica a una función sacerdotal.

En el Nuevo Testamento mismo, no hay ninguna indicación de que fuera el privilegio o deber especial de ninguna persona guiar a la comunidad de adoradores en la Cena del Señor”. Mediante nuestra tradición, hemos anulado la experiencia neotestamentaria del bautismo en agua y la Cena del Señor.

Ojalá usted, querido cristiano, pueda evitar las tradiciones vanas de los hombres y volver a los senderos antiguos, como clamó alguna vez el profeta: “Así dice el Señor: ‘Deténganse en los caminos y miren; pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado’”.

¿Andará usted por los senderos antiguos, o seguirá adhiriendo despreocupadamente a sus caras tradiciones, atascado en la vieja huella de nuestros antepasados? El clero protestante ha rescatado a la Biblia de la oscuridad de las bibliotecas papales y la ha esparcido por toda la tierra. La ha exaltado en los términos más elevados del elogio humano. La ha estudiado, comentado y explicado, al punto de torturar cada palabra, frase y expresión en el original y en las traducciones, buscando toda clase de interpretación posible. El resultado fue que el cristianismo está ahogado en la teología y la crítica: las verdades de la revelación son trefiladas, hiladas y dobladas produciendo las figuras más fantásticas que pueden idear la fantasía o lógica humanas. Se ha construido un sistema de Divinidad técnica que rivaliza con la complejidad de toda la maquinaria de la iglesia romana.

Steven Colwell

CAPÍTULO 9

Educación Cristiana: El Cráneo Henchido

¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén?

Tertuliano

En la mente de la mayoría de los cristianos, la educación cristiana formal califica a una persona para hacer el trabajo del Señor. A menos que un cristiano se haya graduado de un instituto o seminario bíblico, es considerado como un paraministro. Un pseudoobrero cristiano.

Alguien menos que los peces gordos. ¿Cómo se atreve una persona así a predicar, enseñar, bautizar o administrar la Cena del Señor, si nunca ha sido entrenado formalmente para hacer tales cosas… eh? (A esto me lo han dicho, sin exagerar, como tanto nos gusta a los argentinos, por lo menos veinte veces)

La idea de que un obrero cristiano necesita asistir a un instituto o seminario bíblico para ser legítimo está espantosamente arraigada. A tal punto que, cuando una persona siente un “llamado” de Dios para su vida, está condicionada a empezar a buscar un instituto o seminario bíblico al cual asistir. (Ese es el otro punto a examinar: ¿Existe de verdad esa clase de “llamado”o todo se limita a un deseo de “estar ahí arriba” y mandar?)

Este tipo de pensamiento tiene poco que ver con la mentalidad cristiana primitiva. Los institutos y seminarios bíblicos, y aun las escuelas dominicales, estaban ausentes por completo en la iglesia primitiva. Son todas invenciones humanas que aparecieron cientos de años después que los apóstoles dejaran la escena humana.

Entonces, ¿Cómo eran entrenados los obreros cristianos durante el primer siglo, si no asistían a una escuela religiosa? A diferencia del entrenamiento ministerial de hoy, el del primer siglo era práctico, más que académico. Era el entrenamiento de un aprendiz más que de un intelectual. Apuntaba principalmente al espíritu, y no al lóbulo frontal.

En el primer siglo, los que eran llamados a la obra del Señor eran entrenados de dos maneras: (1) Aprendían las lecciones esenciales del ministerio cristiano viviendo una vida compartida con un grupo de cristianos. En otras palabras, eran entrenados experimentando la vida de iglesia como no líderes. 2) Aprendían la obra del Señor bajo la tutela de un obrero mayor y experimentado.

Comentando acerca de la iglesia del primer siglo, el puritano John Owen dijo: “Cada iglesia era entonces un seminario, donde se hacía provisión y preparación…”. Haciéndose eco de estas palabras, R. Paul Stevens dice: “La mejor estructura para equipar a cada cristiano ya existe. Precede al seminario y al curso de fin de semana, y sobrevivirá a ambos.

En el Nuevo Testamento no se ofrecía ningún otro cuidado y equipamiento que la iglesia local. En la iglesia del Nuevo Testamento, como en el ministerio de Jesús, la gente  aprendía en el crisol de la vida, en un contexto de relación, de vida, de trabajo y de ministración”.

En marcado contraste, la capacitación ministerial moderna se puede describir por la palabrería religiosa de los miserables consoladores de Job: racional, objetiva y abstracta. No es ni práctica, ni experiencial, ni espiritual, como debería ser.

El verdadero método mediante el cual los obreros cristianos eran entrenados en el primer siglo está más allá del alcance de este libro. Sin embargo, hay varios libros que han tratado este tema. En este capítulo, examinaremos el origen del seminario, el instituto bíblico y la escuela dominical. También rastrearemos la historia del pastor de jóvenes. Y veremos cómo cada uno se opone a la forma de Cristo, porque todos están basados en el sistema educativo del mundo.

Cuatro etapas de educación teológica

A lo largo de la historia de la iglesia hubo cuatro etapas de educación teológica. Estas son: episcopal, monástica, escolástica y pastoral. Examinemos brevemente cada una: Episcopal: La teología en la era patrística (del tercer al quinto siglo) fue llamada “episcopal”, porque los principales teólogos de ese tiempo eran obispos. Se caracterizaba por la capacitación de obispos y sacerdotes en cómo realizar los diversos ritos y liturgias de la iglesia.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     Agustín fue una de estas personas. Un grupo de clérigos se reunió alrededor de él en el quinto siglo para la capacitación. Las escuelas episcopales no asumieron un carácter académico para capacitar al clero hasta el sexto siglo. Anteriormente, los candidatos a sacerdotes aprendían bajo la dirección de sus obispos cómo realizar ritos y llevar a cabo liturgias.  

Monástica: La etapa monástica de la educación teológica estuvo vinculada con la vida ascética y mística. Fue enseñada por monjes que vivían en comunidades monásticas (y más tarde en escuelas de catedrales). Las escuelas monásticas fueron fundadas en el tercer siglo. Estas escuelas enviaron misioneros a territorios inexplorados después del cuarto siglo.

Durante esta etapa, los padres de la iglesia oriental estuvieron imbuidos del pensamiento platónico. Sostenían el punto de vista erróneo de que Platón y Aristóteles eran maestros que llevaban a los hombres a Cristo. Pero la fuerte dependencia de los padres de la iglesia oriental de estos filósofos paganos diluyó severamente la fe cristiana.

No tuvieron la intención de desviar a la gente. Sucedió simplemente por aceptar una corriente contaminada. Dado que muchos de los padres de la iglesia habían sido filósofos y oradores paganos antes de su conversión, la fe cristiana pronto empezó a tomar un sesgo filosófico.

Justino Mártir (100-165), uno de los maestros cristianos más influyentes del segundo siglo, “usaba el atuendo de un filósofo”.11 Él creía que la filosofía era la revelación de Dios a los griegos. Decía que Sócrates, Platón y los demás tenían la misma importancia para los gentiles que Moisés para los judíos.

Después de 200 d.C., Alejandría se convirtió en la capital intelectual del mundo cristiano, como lo había sido para los griegos. Allí se formó una escuela especial en 180 d.C.13 Esta escuela era el equivalente de una universidad teológica.

En Alejandría tenemos el comienzo del estudio institucional de la doctrina cristiana. Orígenes (185-254), uno de los primeros maestros de la escuela, fue influenciado profundamente por la filosofía pagana. Fue el primero en organizar conceptos teológicos clave en forma de teología sistemática.

Antes del siglo XII, la única educación en Occidente era provista por escuelas monásticas y de catedrales. En su libro Ascension and Ecclesia (Eerdmans, 1999), Douglas Farrow muestra cómo el pensamiento griego se apoderó de la teología a través de Orígenes y luego Agustín, y cómo afectó inevitablemente muchas áreas de la vida de la iglesia.

                                                                                                                                                                                      

Acerca de este período, Will Durant ha observado: “La brecha entre la filosofía y la religión se estaba cerrando, y la razón aceptó ser, durante mil años, la criada de la teología”.18 Edwin Hatch se hace eco de estos pensamientos al decir: “Un siglo y medio después que el cristianismo y la filosofía entraran en contacto estrecho por primera vez, las ideas y los métodos de la filosofía habían fluido tan fuertemente hacia el cristianismo, y habían ocupado una parte tan grande de él, que lo convirtieron en una filosofía tanto como una religión”.

Luego del tiempo de Orígenes, a mediados del tercer siglo, las escuelas cristianas desaparecieron. La educación teológica volvió a la forma “episcopal”. Los obispos eran entrenados a través del contacto personal con otros obispos. La quintaesencia de la enseñanza clerical durante este tiempo era el estudio de la teología pastoral de Gregorio Magno (540-604).21 Gregorio enseñó a los obispos a ser buenos pastores.

 A mediados del siglo octavo, se fundaron escuelas para obispos. En el siglo X, las catedrales comenzaron a patrocinar sus propias escuelas. Escolástica: La tercera etapa de la educación teológica debe mucho a la cultura de la universidad. Para el año 1200, varias escuelas de catedrales se convirtieron en universidades. La universidad de Bolonia en Italia fue la primera en aparecer. La universidad de París vino poco después, seguida por la de Oxford.

La universidad de París se convirtió en el centro filosófico y teológico del mundo de ese tiempo. (Más adelante se convertiría en la semilla del seminario protestante.) La educación superior era el dominio del clero. Y el erudito era considerado como el custodio de la antigua sabiduría. La universidad moderna surgió de la responsabilidad de los obispos de proveer capacitación clerical.

La teología era considerada como la “Reina de las Ciencias” en la universidad. Desde mediados del siglo XII a fines del siglo XIV, se crearon 71 universidades en Europa. La teología moderna se formó entre las abstracciones de la filosofía griega. Los profesores universitarios adoptaron un modelo de pensamiento aristotélico que apuntaba al conocimiento racional y a la lógica.

El énfasis dominante de la teología escolástica era la asimilación y comunicación de conocimiento. (Por esta razón, al pensamiento occidental siempre le han gustado las formulaciones de credos, las declaraciones doctrinales y demás abstracciones exangües.) Uno de los profesores que más influyeron en dar forma a la teología moderna fue Pedro Abelardo (1079-1142). Abelardo fue responsable en parte de darnos la “teología moderna”. Su enseñanza puso la mesa y preparó el menú para filósofos escolásticos como Tomás de Aquino (1225-1274).

La escuela de París, caracterizada por Abelardo, surgió como el modelo a seguir de todas las universidades. Abelardo aplicó la lógica aristotélica a la verdad revelada. También dio a la palabra “teología” el significado que tiene hoy. (Antes de él, esta palabra se utilizaba solamente para describir las creencias paganas.)

Siguiendo a Aristóteles, Abelardo dominó el arte filosófico pagano de la “dialéctica” – la discusión lógica de la verdad– y aplicó este arte a la Biblia. La educación teológica cristiana nunca se recuperó de la influencia de Abelardo. Atenas aún permanece en su corriente sanguínea Tanto Aristóteles como Abelardo y Tomás de Aquino creían que la razón era la puerta de entrada a la verdad divina. Así que, desde su inicio, la educación universitaria occidental involucró la fusión de elementos paganos y cristianos.

Martín Lutero estaba en lo correcto cuando dijo: “¿Qué son las universidades más que lugares para entrenar a la juventud en la gloria griega?”. Si bien Lutero mismo era un hombre de universidad, su crítica apuntaba a la enseñanza de la lógica aristotélica en el nivel universitario.

Seminarista: La teología del seminario surgió de la teología “escolástica” que se enseñaba en las universidades. Como hemos visto, esta teología estaba basada en el sistema filosófico de Aristóteles.40 La teología del seminario estaba dedicada a la capacitación de ministros profesionales. Su meta era producir especialistas religiosos capacitados en el seminario. Enseñaba la teología, no de los primeros obispos, monjes o profesores, sino del ministro profesionalmente “calificado”. Esta es la teología que predomina en el seminario moderno.

Uno de los mayores teólogos de este siglo, Karl Barth, reaccionó contra la idea de que la educación teológica debía ser relegada a una clase de elite de oradores profesionales. Escribió: “La teología no es un coto de caza privado de los teólogos. No es un asunto privado de los profesores… Ni es un asunto privado de los pastores…La teología es un asunto para la iglesia…

El término ‘laico’ es uno de los peores en el vocabulario de la religión y debería ser desterrado de la conversación cristiana”. Con relación al seminario, podemos decir que Pedro Abelardo puso el huevo y Tomás de Aquino lo empolló. Por encima de cualquier otra figura, Tomás de Aquino ha tenido la mayor influencia sobre la moderna capacitación teológica. En 1879, su obra fue refrendada por una bula papal como una auténtica expresión de doctrina que debía ser estudiada por todos los estudiantes de teología.

La tesis principal de Tomás de Aquino era que Dios puede ser conocido a través de la razón. Tomó esta idea de Aristóteles. Hoy, protestantes y católicos por igual se sirven del trabajo de Tomás de Aquino, utilizando su bosquejo para sus estudios teológicos. Su obra cumbre, Summa Theologica (La suma de toda teología) es el modelo que se usa en prácticamente todas las clases teológicas hoy, sean protestantes o católicas. Considere el orden en que se presenta la teología de Tomás de Aquino:

Dios

La Trinidad

La creación

Los ángeles

El hombre

El gobierno divino (la salvación, etc.)

El fin último

Más tarde en su vida, Tomás de Aquino tuvo una experiencia espiritual con el Señor. Fue más allá de su intelecto, a su espíritu. La experiencia fue tan profunda que declaró: “Todo lo que hasta ahora he escrito me parece nada más que paja… comparado con lo que se me ha revelado”. Luego de esta experiencia de Cristo, Tomás de Aquino abandonó toda su voluminosa escritura. Su gigantesca Summa Theologica nunca se completó. Dejó la pluma el 6 de diciembre de 1273 diciendo: “Y ahora espero el fin de mi vida”. Ahora compare este bosquejo con un típico texto de teología sistemática usado en seminarios protestantes:

Dios

La unidad y la Trinidad

La creación

Angelología

El origen y el carácter del hombre

Soteriología (la salvación, etc.)

Escatología: El estado final

Sin duda, Tomás de Aquino es el padre de la teología moderna. Su influencia fue introducida en los seminarios protestantes a través de la escolástica protestante. La tragedia es que Aquino bautizó a Aristóteles, usando el sistema de trozado lógico del filósofo pagano para explicar las Sagradas Escrituras. Tomás de Aquino también cita a otro filósofo pagano abundantemente a lo largo de su Summa Theologica.

Por lo tanto, la teología moderna es una combinación de pensamiento cristiano y filosofía pagana. Así que tenemos cuatro etapas de educación teológica: episcopal, la teología de los obispos, monástica, la teología de los monjes, escolástica, la teología del profesor, y seminarista, la teología del ministro profesional.

Cada etapa de la educación cristiana es y siempre ha sido altamente intelectual y centrada en el estudio. Como dijo un erudito: “No importa si una escuela era monástica, episcopal, o presbiterial, nunca separaba la enseñanza de la educación religiosa, de la instrucción del dogma y la moral eclesiástica. El cristianismo era una religión intelectual…”

Como productos de la Reforma, se nos enseña a ser racionalistas (y muy teóricos) en nuestro enfoque de la fe cristiana. Todo texto estándar de teología sistemática protestante sigue el mismo modelo, derivado en su totalidad de Tomás de Aquino. El sistema teológico de Tomás de Aquino continúa reforzándose. Por ejemplo, la mayoría de los seminarios protestantes de Estados Unidos y Europa siguen lo que se conoce como el Modelo de Berlín de educación teológica.

Este modelo empezó en Berlín, en 1800. Fue un subproducto del racionalismo iluminado que convirtió a la teología en un ejercicio cerebral. La mayoría de los seminarios modernos usan este modelo hoy. Francis Turetin (reformado) y Martin Chemnitz (luterano) fueron los dos principales escolásticos protestantes.

Tomás de Aquino cita a Pseudo–Dionisio, un neoplatónico, más de cien veces en su Summa Theologica. Sin duda consideraba que el Dionisio que citaba era el hombre que Pablo convirtió a Cristo cuando estuvo en Atenas (Hechos 17:34). Sin embargo, no lo era. Pseudo–Dionisio fue un neoplatónico que vivió mucho más tarde que Dionisio el areopagita.

Una quinta vertiente de teología, la “teología laica” o una “teología para la totalidad del pueblo de Dios” está siendo propugnada por algunos eruditos contemporáneos… La excepción tal vez sea la forma “monástica”. Algunas escuelas monásticas estudiaban los escritos de los místicos cristianos junto con Aristóteles y Platón.

Considere la siguiente cita: “Cristo no designó profesores, sino seguidores. Si el cristianismo… no se reduplica en la vida de la persona que lo expone, entonces no expone el cristianismo, porque el cristianismo es un mensaje acerca del vivir, y sólo puede ser expuesto siendo realizado en las vidas de los hombres” (Soren Kierkegaard).

Los primeros seminarios

Durante la Edad Meda, la educación clerical fue mínima. En el tiempo de la Reforma, muchos pastores protestantes que se habían convertido del catolicismo romano no tenían ninguna experiencia en la predicación. Carecían de capacitación y educación.

Sin embargo, al avanzar la Reforma, se tomaron medidas para que los pastores que no habían recibido educación pudieran asistir a escuelas y universidades. Los ministros protestantes no fueron capacitados en la oratoria. En cambio, fueron capacitados en exégesis y teología bíblica. Se suponía que, si sabían teología, podrían predicar. (¡Esto explica los largos sermones del siglo XVI que a menudo duraban dos o tres horas!).

Este tipo de capacitación teológica produjo una “nueva profesión”: el pastor capacitado teológicamente. Los pastores educados ahora ejercían una tremenda influencia, con títulos de doctor en teología o títulos académicos menores que les daban prestigio. Para mediados del siglo XVI, la mayoría de los ministros protestantes habían sido capacitados en la universidad de alguna forma.

Así que, desde su inicio, el protestantismo promovió una buena educación que se convirtió en la columna vertebral del movimiento. En todos los países protestantes, los clérigos serían los ciudadanos de mejor educación. Y usaron su educación para ejercer su autoridad. Mientras los ministros protestantes estaban aguzando su conocimiento teológico, casi una cuarta parte de los clérigos católicos carecía de capacitación universitaria.

La iglesia católica reaccionó a esta situación en el Concilio de Trento (1545-1563). Para que la iglesia pudiera combatir la nueva Reforma protestante, debía educar mejor a su clero. ¿La solución? ¡La fundación de los primeros seminarios!

Los católicos querían que sus sacerdotes igualaran a los pastores protestantes en conocimiento y devoción. Por lo tanto, el Concilio de Trento exigió que todas las catedrales e iglesias importantes “mantuvieran, para educarlos religiosamente, y para entrenarlos en la disciplina eclesiástica, cierta cantidad de jóvenes de su ciudad y diócesis”. Así que podemos atribuir la fundación del seminario a los católicos de fines del siglo XVI.

El primer seminario protestante está envuelto en la oscuridad. Pero la mejor evidencia indica que los protestantes copiaron el modelo católico y establecieron su primer seminario en Norteamérica. Fue en Andover, Massachussets, en 1808.

Juan Calvino estableció la Academia de Ginebra en 1559. Pero ésta no era técnicamente un seminario. Si bien fue utilizada para capacitar a teólogos, no fue concebida originalmente como una escuela teológica. Daba una educación total también a los que no eran cristianos.

La educación cristiana en Estados Unidos fue tan aristotélica y altamente sistematizada como lo fue en su mejor momento en Europa. Para el año 1860, había un total de 60 seminarios protestantes en tierra norteamericana. Este crecimiento acelerado se debe en gran parte al ingreso de los conversos producto del Segundo Gran Despertar (1800-1835) y la necesidad percibida de capacitar a ministros para atenderlos.

Antes de la fundación del Seminario de Andover, los protestantes contaban con Yale (1701) y Harvard (1636) para capacitar a su clero. Se otorgaba la ordenación al completar un examen formal al graduarse. Pero, con el tiempo, estas universidades adoptaron el unitarianismio y rechazaron las creencias cristianas ortodoxas. Los protestantes ya no confiaban en una educación de grado en Yale y Harvard, así que crearon sus propios seminarios para hacer la tarea ellos mismos.

La universidad bíblica

La universidad bíblica es esencialmente una invención evangélica norteamericana del siglo XIX. Es una cruza entre un instituto bíblico (centro de capacitación) y una escuela de artes liberales cristiana. Sus estudiantes se especializan en religión y son capacitados para el servicio cristiano. Los fundadores de las primeras universidades bíblicas fueron influenciados por los pastores de Londres H. G. Guinness (1835-1910) y Charles Spurgeon (1834-1892).

Como respuesta al avivamentismo de D. L. Moody (1837-1899), el movimiento de universidades bíblicas proliferó a fines del siglo XIX y principios del XX. Las primeras dos universidades bíblicas fueron The Missionary Training Institute (Nyack College, Nueva York), en 1882, y Moody Bible Institute (Chicago), en 1886.

Se centraban en capacitar a personas laicas comunes para convertirse en obreros cristianos “de tiempo completo”. ¿Qué llevó a la fundación de la universidad bíblica? Desde mediados del siglo XIX, se

había prestado poca atención a los valores cristianos tradicionales como una parte integral de la educación superior. La teología liberal empezó a dominar las universidades estatales en toda Norteamérica.

Ante esta situación, la demanda de misioneros, líderes paraeclesiásticos y ministros llevó a la creación de la universidad bíblica para equipar a los clérigos. Es interesante que Teodoro Beza (la mano derecha de Calvino) rastreó el linaje escolástico de la Academia de Ginebra a los griegos, que a su vez recibieron su “filosofía verdadera” de los egipcios. Se sostenía que esto era muy bueno porque Moisés había sido educado en toda la sabiduría de los egipcios.

La educación en seminarios de Estados Unidos estuvo dominada también por la filosofía del “sentido común” escocés de Thomas Reid. Más tarde, los seminarios liberales llegaron a preferir a G. F. W. Hegel, mientras que los seminarios conservadores siguieron con Reid.

Allí supuestamente ingresaban los supuestamente “llamados” a ser capacitados con una educación bíblica. Hoy hay más de 400 escuelas y universidades bíblicas en Estados Unidos y Canadá.70 En resumen, la universidad bíblica es una “versión reducida” del seminario.

La escuela dominical

La escuela dominical es también una invención relativamente moderna, ya que nació unos 1700 años después de Cristo. Se le atribuye a un editor de periódico llamado Robert Raikes (1736-1811) de Gran Bretaña ser el fundador de la escuela dominical. (¡Ya sabía yo que ser maestro de escuela dominical era algo que tenía que ver más con el periodismo secular que con el Señor!)

En 1780, Raikes estableció una escuela en Sooty Alley, en Gloucester (Inglaterra), para niños pobres. Raikes no fundó la escuela dominical con el propósito de dar instrucción religiosa. Más bien, la fundó para enseñar a los niños pobres los aspectos básicos de la educación.

Raikes estaba preocupado por el bajo nivel de alfabetización y moralidad entre los niños comunes. Muchos de los niños que asistían a su escuela eran víctimas de abuso social y de los empleadores. Como no podían leer, les resultaba fácil a otros aprovecharse de ellos.

La década de 1780 fue una década de innovación. La máquina de vapor fue el principal símbolo del progreso. La escuela dominical nació en ese ambiente. Si bien Raikes era un laico anglicano, la escuela dominical echó a andar como un fuego descontrolado, extendiéndose a las iglesias bautistas, congregacionales y metodistas de toda Inglaterra.

El movimiento de la escuela dominical alcanzó su cumbre cuando llegó a Estados Unidos. La primera escuela dominical de Norteamérica comenzó en Virginia, en 1785. Luego, en 1790, un grupo de Filadelfia formó la Sociedad de Escuelas Dominicales. Su propósito era brindar educación a niños indigentes para sacarlos de las calles los domingos.

En los siglos XVIII y XIX, muchas escuelas dominicales operaban separadamente de las iglesias. La razón: ¡Los pastores pensaban que los laicos no podían enseñar la Biblia! A mediados del siglo XIX, las escuelas dominicales se extendieron a lo largo y a lo ancho de Norteamérica. En 1810, la escuela dominical comenzó a cambiar de ser un esfuerzo filantrópico para ayudar a niños pobres a un mecanismo evangélico.

La escuela dominical creció como parte del Avivamiento Evangélico de las décadas de 1780 y 1790 (Religion and Respectability, p. 61). Cuando Raikes murió, en 1811, había unos 400.000 niños asistiendo a escuelas dominicales en Gran Bretaña.

Se le atribuye a D. L. Moody el haber popularizado la escuela dominical en Norteamérica. Bajo la influencia de Moody, la escuela dominical se convirtió en el principal centro de reclutamiento de la iglesia moderna. Hoy, la escuela dominical se usa tanto para reclutar a nuevos conversos como para capacitar a niños pequeños en la doctrinas de la fe.

La educación pública ha asumido la función original para la que fue diseñada la escuela dominical. Debe señalarse que el siglo XIX fue un tiempo de creación de instituciones en Norteamérica. En este tiempo se formaron corporaciones, hospitales, asilos y prisiones, así como instituciones para niños como orfanatos, reformatorios y escuelas públicas gratuitas.

La escuela dominical fue sólo una institución más surgida del furor norteamericano de crear instituciones. Hoy es un componente permanente de la iglesia institucional. Vista como un todo, la moderna escuela dominical simplemente no es una institución eficaz. Durante las últimas dos décadas, la asistencia a la escuela dominical ha ido declinando.

Los estudios demuestran que la escuela dominical en realidad tiene poco éxito en cambiar el comportamiento de los jóvenes. Si se dijera la verdad, la mayoría de los niños considera a la escuela dominical como algo aburrido e irrelevante. La escuela dominical es un dinosaurio pasado de maduro, listo para la extinción. Es una tradición humana más de la que pensamos que no podemos prescindir. (Total y absolutamente de acuerdo. Lo he visto con mis propios ojos)

Pero si volviéramos a la iglesia del estilo del primer siglo, estaríamos abiertos a un montón de maneras creativas de enseñar y animar a nuestros hijos en un contexto corporativo. Y descubriríamos nuevamente que tenemos un Dios de una variedad infinita y no de una insípida monotonía. Al describir la forma de la iglesia primitiva, un erudito dice: “No hay ninguna evidencia que sugiera que los maestros dividieran a los grupos en base a la edad y el sexo.

La responsabilidad de la primera educación del niño, y específicamente la educación religiosa estaba en los padres… No parece haber habido ningún arreglo especial para los niños en la iglesia primitiva. La escuela cristiana estaba muy lejos (alrededor de 372 d.C.); la escuela dominical, mucho más”.

El pastor de jóvenes

En nuestra búsqueda de los orígenes de la escuela dominical, hagamos un desvío para desenterrar las difusas raíces del “pastor de jóvenes”.87 En 1905, G. Stanley Hall popularizó el concepto de “adolescente” como algo distinto de un joven adulto y un niño mayor. Luego, en la década de 1940, nació el término “teenager”. Y, por primera vez, se creó una subcultura juvenil distinta. Las personas de entre trece y diecinueve años ya no eran simplemente “jóvenes”. Ahora eran “teenagers” (adolescentes).

Después de la Segunda Guerra Mundial (de 1945 en adelante), los estadounidenses desarrollaron una gran preocupación por los jóvenes de su país, que se introdujo también en la iglesia cristiana. Concentraciones de jóvenes en la década de 1930 que operaban bajo el estandarte de “Youth For Christ” (Juventud para Cristo) dieron origen a una organización para eclesiástica homónima alrededor del año 1945.

Con el influjo de estas nuevas criaturas llamadas “teenagers” o adolescentes, surgió la idea de que debía emplearse a una persona para trabajar con ellos. Así nació el ministro de jóvenes profesional. El pastor de jóvenes comenzó a aparecer en las grandes iglesias urbanas en la década de 1930 y 1940. Después pasó a los suburbios en la década de 1960.

Calvary Baptist Church, en Manhattan, tuvo uno de los primeros pastores juveniles. Moody Monthly Magazine lo menciona a fines de la década de 1930.92 Desde mediados de la década de 1950 hasta fines de la década de 1960, el pastor de jóvenes se convirtió en una parte fija de las iglesias evangélicas. (La posición tardó algo más en desarrollarse en las denominaciones mayoritarias.)

Para principios de la década de 1950, miles de pastores de jóvenes profesionales surgieron para suplir las necesidades espirituales de los jóvenes. Los adolescentes tenían su propia música, ropa, literatura, lenguaje y etiqueta. El adolescente era considerado como una entidad aparte, con necesidades distintas. Por lo tanto, la iglesia cristiana empezó a segregar a los adolescentes de todos los demás.

La mayoría de los ministros de jóvenes trabajaban para las emergentes organizaciones para eclesiásticas que cubrieron el paisaje cristiano. Pero, desde mediados de la década de 1970 hasta fines de la década de 1980, el ministerio juvenil pasó de las organizaciones para eclesiásticas a las iglesias institucionales. El pastor de jóvenes profesional convirtió al obrero juvenil voluntario en un ciudadano de segunda clase.

Con todo, el moderno pastor de jóvenes es hijo del pastor moderno. (Y también suele ser mayoritariamente el hijo del pastor principal de la iglesia) Forma parte del clero profesional. Está basado en la elección errada de la iglesia moderna de seguir divisiones que nacieron en la cultura secular menos de un siglo atrás. A saber, la división entre el adolescente y todos los demás. Para decirlo de otra manera, el pastor de jóvenes no existió hasta que creamos una categoría separada llamada “adolescente”. Al hacerlo, creamos un problema que nunca antes había existido.

Es decir, el problema de qué hacer para (y con) los jóvenes. No difiere en nada del problema que creamos cuando se inventó una nueva clase de cristianos: los “laicos”. La pregunta “¿Cómo equipamos a los laicos?” nunca se había hecho antes de convertirlos en una clase de cristianos aparte. Hoy, el pastor juvenil es un componente tan permanente de la iglesia organizada como el pastor. Ambos carecen de raíces en la Biblia.

El corazón del problema

Tanto Platón como Sócrates enseñaban que el conocimiento es virtud. La bondad depende del alcance del conocimiento de una persona. De ahí que la enseñanza del conocimiento es la enseñanza de la virtud.

 He aquí la raíz y el tallo de la moderna educación cristiana. Está construida sobre la idea platónica de que conocimiento y espiritualidad son la misma cosa. Ahí yace el gran error. Los filósofos griegos Platón y Aristóteles (ambos alumnos de Sócrates) son los padres de la moderna educación cristiana.

Para emplear una metáfora bíblica, la moderna educación cristiana, sea en un seminario o en una universidad bíblica, está sirviendo comida del árbol equivocado, el árbol del conocimiento del bien y del mal, en vez del árbol de vida.

La moderna enseñanza teológica es esencialmente cerebral. Se la puede llamar “pedagogía líquida”. Abrimos las cabezas de las personas, echamos una taza o dos de información, y las volvemos a cerrar. Tienen la información, así que concluimos, erróneamente, que el trabajo está completo.

La enseñanza teológica moderna es una educación de transferencia de datos. Va de cuaderno a cuaderno. Durante este proceso, nuestra teología nunca desciende más allá del cuello. Si un estudiante repite como un loro y con exactitud las ideas de su profesor, se le otorga un título. Y esto significa mucho en un tiempo en que muchos cristianos están obsesionados con los títulos teológicos (deificándolos a veces) al analizar quién está calificado para ministrar.

El conocimiento teológico, sin embargo, no prepara a una persona para el ministerio. Esto no quiere decir que el conocimiento del mundo, la historia de la iglesia, la teología, la filosofía y la Biblia carezcan de valor. Este conocimiento puede ser muy útil. Pero no es esencial. La capacidad teológica y un agudo intelecto no califican a una persona para servir en la casa de Dios.

La falacia está en que los hombres y mujeres que se han matriculado en un seminario o universidad bíblica sean considerados inmediatamente como “calificados”. Los demás son considerados como “no calificados”. Según esta norma, muchas de los mejores vasos del Señor habrían fallado la prueba.

Además, la capacitación teológica formal está muy sobreestimada. Según el studio Faith Communities Today (FACT) publicado por Hartford Seminary, en Connecticut, los graduados de seminarios y clérigos con títulos avanzados tuvieron calificaciones menores, tanto en el manejo de conflictos como en tener un “claro sentido de propósito”, que los que no se habían graduado de un seminario.

La encuesta demostró que los clérigos sin ninguna educación ministerial o un programa de certificado formal tuvieron mayor puntaje en las pruebas que revelaron cómo uno maneja el conflicto y el estrés. Los graduados de universidades bíblicas alcanzaron un puntaje levemente menor. ¡Los graduados de seminarios obtuvieron los menores puntajes!

La conclusión principal del estudio fue que “las congregaciones con líderes que tienen una educación de seminario tiene, como grupo, una probabilidad mucho mayor de informar que en sus congregaciones perciben menor claridad de propósito, más y diferentes tipos de conflicto, menos comunicación de persona a persona, menos confianza en el futuro y más amenazas ante cambios en la adoración”.

Tenga en cuenta que Josef Stalin asistió al Seminario Teológico de Tiflis entre los 14 y 19 años. Paulo de Tarso contaba con una educación esmerada, y fue vital para la extensión del cristianismo primitivo, pero antes, ¿Qué había sido? Pedro, por otra parte, no era una persona con educación. Jesús y los doce apóstoles eran todos hombres sin educación: “Los judíos se admiraban y decían: ‘¿De dónde sacó éste [Jesús] tantos conocimientos sin haber estudiado?’” (Juan 7.15); “Los gobernantes, al ver la osadía con que hablaban Pedro y Juan, y al darse cuenta de que eran gente sin estudios ni preparación,

quedaron asombrados y reconocieron que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).

Algunos destacados cristianos usados por Dios que nunca recibieron una capacitación teológica formal fueron A. W. Tozer, G. Campbell Morgan, John Bunyan, C. H. Spurgeon, D. L. Moody y A. W. Pink. Además, algunos de los mayores expositores de la Biblia a través de la historia de la iglesia, como Watchman Nee, Stephen Kaung y T. Austin-Sparks, no fueron capacitados en seminarios.

Este estudio se basó en más de 14.000 congregaciones de 41 denominaciones y “grupos de fe” diferentes. Usó 26 encuestas diferentes. El estudio FACT es considerado como la mirada más integral de la religión de EE.UU.

Todo esto indica que una persona que se gradúa de un seminario o universidad bíblica cargada de teoría no ha recibido ninguna experiencia práctica en el crisol de la vida de iglesia. En este sentido, el seminario es intelectualmente incapacitante en algunos niveles bastante básicos.

Aun peor es el elitismo que promueve el sistema del seminario. El enfoque de los seminarios es autorreferencial. Fija sus propios criterios en cuanto a quién puede jugar y en qué términos. Luego mira por encima del hombro a los que no piensan que esos criterios sean particularmente útiles o importantes.

Pero tal vez el problema más dañino del seminario y la universidad bíblica es que perpetúa el sistema clerical incapacitante, antibíblico y creado por el hombre. Este sistema, junto con todas las demás tradiciones humanas anacrónicas que he mencionado es este libro, está protegido, es mantenido vivo y es difundido a través de nuestras escuelas ministeriales.

En el seminario y la universidad bíblica, los profesores y pastores por igual justifican ilegítimamente la existencia de un sistema antibíblico en el cual viven, respiran y se conducen. En vez de ofrecer la cura para los males de la iglesia, nuestras escuelas teológicas las empeoran al adoptar (y aun defender) todas las prácticas antibíblicas que los producen.

Las palabras de un pastor resumen el problema muy bien: “Pasé por todo el sistema con la mejor educación que el evangelicalismo podía ofrecer, pero no recibí realmente la capacitación que necesitaba… siete años de educación superior en las mejores escuelas evangélicas no me prepararon para 1) llevar a cabo el ministerio y 2) ser un líder.

Comencé a analizar por qué podía predicar un gran sermón y la gente luego me daba la mano y me decía: ‘Un gran sermón, Pastor’. Pero estas eran las mismas personas que luchaban con su autoestima, que golpeaban a sus cónyuges, que luchaban con la actitud compulsiva hacia el trabajo, que sucumbían ante sus adicciones.

Sus vidas no estaban cambiando. Tuve que preguntarme por qué este gran conocimiento que estaba presentando no pasaba de sus cabezas a sus corazones y a sus vidas. Y comencé a darme cuenta de que la falla de la iglesia se basaba, en realidad, en lo que aprendíamos en el seminario. ¡Se nos enseñaba que si uno simplemente le da información a la gente, es suficiente!”. Irónicamente, los protestantes se destacan por su reflexión crítica sobre la doctrina. Pero no han aplicado esa reflexión crítica a sus prácticas eclesiásticas.

La iglesia primitiva no tenía ningún Nuevo Testamento, ninguna teología razonada, ninguna tradición estereotipada. Los hombres que llevaron el cristianismo al mundo gentil no tenían ninguna capacitación especial, sólo una gran experiencia en la que “todas las máximas y filosofías se reducían a la simple tarea de caminar en la luz, ya que la luz había llegado”.

B. H. Streeter

CAPÍTULO 10

Una Segunda Mirada al Salvador: Jesús, el Revolucionario

Si el cristianismo ha de recibir un rejuvenecimiento, deberá ser por otros medios distintos de cualquiera de los usados actualmente. Si la iglesia de la segunda mitad de este siglo ha de recuperarse de las heridas que sufrió durante la primera mitad, deberá aparecer un nuevo tipo de predicador. El hombre correcto, tipo “líder de sinagoga”, jamás resultará. Tampoco el tipo de hombre sacerdotal que desempeña sus funciones, recibe su paga y no hace preguntas, ni el tipo pastoral de mucha labia que sabe cómo hacer que la religión cristiana sea aceptable para todos. Todos estos han sido probados y han sido hallados faltos. Debe surgir otro tipo de líder entre nosotros. Debe ser del tipo del antiguo profeta, un hombre que ha tenido visiones de Dios y ha oído una voz del Trono. Cuando aparezca (y pido a Dios que no sea uno sino muchos), se opondrá abiertamente a todo lo que atesora nuestra civilización chata y complaciente. Contradirá, denunciará y protestará en el nombre de Dios y se ganará el odio y la oposición de un gran segmento de la cristiandad.

A.W.B.Tozer

Jesucristo no es solamente el Salvador, el Mesías, el Profeta, el Sacerdote y el Rey. Es, también, el Revolucionario. Sin embargo, pocos cristianos lo conocen como tal. Sin duda, algunos de mis lectores han luchado con este pensamiento mientras leían este libro: “¿Por qué tienes que ser tan negativo acerca de la iglesia moderna, Frank? Jesús no es una persona que critica. Es tan poco característico de nuestro Señor hablar de las cosas malas de la iglesia. ¡Centrémonos en lo positivo y pasemos por alto lo negativo!”. (Conozco perfectamente este razonamiento, lo he oído, me lo han dicho a mí)

Estos sentimientos tan elevados demuestran un desconocimiento total de Cristo como maestro revolucionario, profeta radical, predicador provocativo, polemista, iconoclasta y oponente implacable del sistema religioso establecido.

Frank lo dirá de uno y mil modos, seguramente, pero yo no puedo resistir hacerlo ahora: cuando leemos en la Palabra que debemos ser imitadores de Cristo, ¿Qué entendimos? No sé tú, pero yo hace mucho tiempo que entendí que, entre otras cosas, es ser esto que Él fue.

Reconozco que nuestro Señor no es una persona crítica ni dura con los suyos. Está lleno de misericordia y bondad, y ama a su pueblo apasionadamente. Sin embargo, es precisamente por esto que es celoso de su Esposa. Y es por eso que no transigirá con las tradiciones inquebrantables a las que su pueblo ha sido esclavizado. Tampoco pasará por alto nuestra devoción fanática a ellas.

Considere la conducta de nuestro Señor mientras estuvo en la tierra. Jesús nunca fue un agitador ni un rebelde vociferante. Pero desafió constantemente las tradiciones de las escribas y los fariseos. No lo hizo accidentalmente, sino con gran deliberación. Los fariseos fueron quienes, en aras de la “verdad” que veían, intentaron extinguir la verdad que no podían ver. Esto explica por qué siempre había una tormenta de controversia entre la “tradición de los ancianos” y los hechos de Jesús.

Alguien dijo una vez que “un rebelde intenta cambiar el pasado; un revolucionario intenta cambiar el futuro”. Jesucristo trajo un cambio drástico al mundo. Un cambio en la visión que el hombre tenía de Dios. Un cambio en la visión que Dios tenía del hombre. Un cambio en la visión que el hombre tenía de la mujer. Nuestro Señor vino a traer un cambio radical al viejo orden de cosas, reemplazándolo por un nuevo orden.

Vino a presentar un nuevo pacto, un nuevo reino, un nuevo nacimiento, una nueva raza, una nueva especie, una nueva cultura y una nueva civilización. Al leer los evangelios, fíjese en su Señor, el Revolucionario. Vea cómo hace entrar en pánico a los fariseos despreciando intencionalmente sus convenciones.

Jesús sanó repetidamente en el día de reposo, rompiendo abiertamente la cara tradición de ellos. Si el Señor hubiera querido aplacar a sus enemigos, podría haber esperado al domingo o lunes para sanar algunas de estas personas. En cambio, sanó deliberadamente el sábado, plenamente consciente de que sus oponentes se pondrían furiosos.

Este patrón está muy arraigado. En una ocasión, Jesús sanó a un ciego mezclando barro con saliva, colocándolo sobre los ojos del hombre. ¡Esto era un desafío directo a la ordenanza judía que prohibía sanar el día de reposo mezclando barro con saliva! Sin embargo, su Señor hizo trizas deliberadamente esta práctica públicamente y con plena determinación. Obsérvelo comer sin lavarse las manos bajo la mirada crítica de los fariseos, un nuevo desafío a su tradición fosilizada.

En Jesús tenemos a un Hombre que rehusó ceder ante las presiones de la conformidad religiosa. Un Hombre que predicó una revolución. Un Hombre que no toleraba la hipocresía. Un Hombre que no temía provocar a quienes suprimían el evangelio libertador que trajo para liberar a los hombres. Un Hombre al que no le importaba suscitar el enojo entre sus enemigos, llevándolos a alistarse para la batalla.

¿Qué quiero decir? Lo siguiente: Jesucristo vino no sólo como Mesías, el Ungido de Dios para liberar a su pueblo de la esclavitud de la caída. No vino sólo como Salvador, pagando una deuda que no debía para lavar el pecado de la humanidad. No vino sólo como Profeta, confortando a los afligidos y afligiendo a los confortables. No vino sólo como Sacerdote, representando al hombre ante Dios y representando a Dios ante el hombre. No vino sólo como Rey, triunfante sobre toda autoridad, principado y poder. Vino también como Revolucionario, deshaciendo el viejo odre con el propósito de introducir el nuevo. ¡He ahí tu Señor, el Revolucionario!

Para la mayoría de los cristianos, esta es una nueva perspectiva de Jesús. Por lo tanto, exponer lo que está mal en la iglesia moderna para que el Cuerpo de Cristo pueda cumplir la intención última de Dios es simplemente una expresión de la naturaleza revolucionaria de nuestro Señor. El objetivo fundamental de esa naturaleza es ponerlo a usted y a mí en el centro del corazón palpitante de Dios, en el centro de su propósito eterno, un propósito para lo cual fue creado todo. (Comparto, adhiero; yo nunca lo habría podido decir tan claramente. Gracias, Frank.)

Lo que se necesita, entonces, es una revolución dentro de la fe cristiana. Los movimientos de renovación no lo producirán. Los avivamientos tampoco. Hemos tenido bastantes de estos en los últimos cincuenta años. (Podría agregar que son reciclados cada cinco años.) Los movimientos de renovación y los avivamientos nunca han sido lo suficientemente potentes como para romper la tremenda inercia de la tradición religiosa.

Renovar e inventar nuevas formas para la iglesia es como cambiar la ropa de un maniquí. Hacer esto nunca le dará vida, no importa cuán avanzada sea la prenda. No, ¡hay que poner el hacha a la raíz del problema y encender una revolución! Lo que se necesita es trastornar completamente nuestras actuales prácticas cristianas. Todas las tradiciones que no encuentren sustento en la Biblia deben ser abandonadas para siempre. Necesitamos empezar de nuevo… desde cero. Menos que esto no servirá.

Si usted es un discípulo del Revolucionario de Nazaret… el Mesías Radical que aplica su hacha a la raíz, terminará suscitando una pregunta específica. Es la misma pregunta que les hicieron a los discípulos del Señor mientras anduvo por esta tierra. Esa pregunta es: “¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos?” A la luz de esta pregunta, el próximo capítulo es el más importante de todos.

Un verdadero radical tiene que ser un hombre de raíces. En palabras que he usado en otro lugar: “El revolucionario puede ser un ‘extraño’ en cuanto a la estructura que quiere ver colapsar; por cierto, debe colocarse fuera de ella. Pero el radical va a las raíces de su propia tradición. Debe amarla: debe llorar sobre Jerusalén, aun cuando tenga que pronunciar su condena”.

John A. T. Robinson

CAPÍTULO 11

Un Nuevo Acercamiento al Nuevo Testamento: LA Biblia no es un Rompecabezas

Al tratar el tema del ministerio en el Nuevo Testamento, es esencial recordar el orden en que fueron escritos los libros de esta parte de la Biblia. Si suponemos –como nos lleva a suponer el orden en que aparecen éstos ahora– que los Evangelios fueron escritos primero, luego Hechos y luego las cartas de Pablo, comenzando por Romanos y finalizando por las Epístolas Pastorales a Timoteo, a Tito y la carta a Filemón, jamás podremos entender el desarrollo de las instituciones y el pensamiento de la iglesia primitiva

Richard Hanson

¿Por qué nosotros los cristianos podemos seguir los mismos ritos vacíos de Dios cada domingo sin darnos cuenta jamás de que se contraponen con el Nuevo Testamento? En parte, la razón tiene que ver con el increíble poder de la tradición. Pero hay algo más. Tiene que ver con nuestro Nuevo Testamento. El problema no es lo que dice. El problema es cómo nos acercamos a él.

Tengo una respuesta a la pregunta de Frank. Que es UNA respuesta, no LA respuesta, que se entienda. Los cristianos siguen los mismos ritos vacíos domingo tras domingo sin darse cuenta que no son bíblicos porque tienen vendas mágicas colocadas por personeros de Satanás en sus ojos espirituales.

El acercamiento usado más frecuentemente entre los cristianos contemporáneos al estudiar la Biblia es el método de los “textos de prueba”. El origen de este método se remonta a fines de la década de 1590. Un grupo de hombres llamados “escolásticos protestantes” tomaron las enseñanzas de los reformadores y las sistematizaron siguiendo las reglas de la lógica aristotélica.

Los escolásticos protestantes sostenían que no sólo la Biblia es la Palabra de Dios, sino que cada parte de ella es la Palabra de Dios en sí misma, independientemente del contexto. Esto sentó las bases para la idea de que, si extraemos un versículo de la Biblia, es verdadero por derecho propio y puede ser usado para probar una doctrina o una práctica.

Cuando apareció John Nelson Darby, a mediados del siglo XIX, construyó una teología basada en este enfoque. Darby elevó el uso de los textos de prueba a una forma de arte. De hecho, fue Darby quien dio a los cristianos fundamentalistas y evangélicos gran parte de las enseñanzas que aceptan actualmente.

Todas están basadas en el método de los textos de prueba. Los textos de prueba, por lo tanto, se convirtieron en la forma en que nosotros, los cristianos contemporáneos, nos acercamos a la Biblia. Es enseñada en cada instituto bíblico y seminario protestante sobre la tierra.

Como resultado, los cristianos raramente o nunca llegamos a ver al Nuevo Testamento como un todo. Más bien, se nos sirve un plato de pensamientos fragmentados unidos por medio de la lógica humana caída. El fruto de este enfoque es que nos hemos alejado mucho de la práctica de la iglesia del Nuevo Testamento. Pero seguimos creyendo que somos bíblicos. Permítame ilustrar el problema con una historia ficticia.

Les presento a Gervasio Zurita

Gervasio Zurita es un mundialmente famoso consejero matrimonial. En su carrera de veinte años como terapeuta matrimonial, ha aconsejado a miles de matrimonios en problemas. Tiene una presencia en Internet. Cada día, cientos de parejas le escriben cartas contándole sus lacrimosas historias matrimoniales. Las cartas vienen de todas partes del mundo. Y Gervasio las contesta todas.

Transcurren cien años, y Gervasio Zurita descansa plácidamente en su tumba. Tiene un tataranieto llamado Amílcar Cornejo. Amílcar decide recuperar las cartas perdidas de su tatarabuelo. Pero sólo puede encontrar trece de sus cartas. De las miles de cartas que Gervasio escribió durante su vida, ¡sólo han sobrevivido trece! Nueve de ellas fueron escritas a parejas en crisis matrimoniales y cuatro a cónyuges individuales.

Todas estas cartas fueron escritas a lo largo de un período de veinte años, entre 1980 y 2000. Amílcar planea compilar todas estas cartas en un único volumen. Pero hay algo interesante acerca de la forma en que Gervasio escribió sus cartas que dificulta en parte la tarea de Amílcar.

Primero, Gervasio tenía el molesto hábito de nunca fechar sus cartas. No aparecían días, meses o años en ninguna de sus trece cartas. Segundo, las cartas reflejan sólo la mitad de la conversación. Las cartas iniciales escritas a Gervasio que provocaron sus respuestas ya no existen. En consecuencia, la única forma de entender el trasfondo de una de sus cartas es reconstruyendo la situación matrimonial a partir de la respuesta de Gervasio.

Cada carta fue escrita en momentos diferentes, a personas de culturas diferentes, tratando con problemas diferentes. Por ejemplo, en 1985 Gervasio escribió una carta a Paul y Sally, de Virginia, Estados Unidos, que experimentaban problemas sexuales a principios de su matrimonio. En 1990, Gervasio escribió una carta a Juan y Matilde, de España, que estaban teniendo problemas con sus hijos. En 1995, Gervasio escribió una carta a una esposa de México que estaba pasando por una crisis de la edad mediana.

Tome nota: veinte años, trece cartas, todas escritas a diferentes personas, en diferentes momentos y en diferentes culturas, y cada una experimentaba problemas diferentes. A Amílcar Cornejo le gustaría poner estas trece cartas en orden cronológico. Pero, sin las fechas, no lo puede hacer. Así que las ordena por largo, de mayor a menor. Es decir, toma la carta más larga que escribió Gervasio y la pone primero. Pone la segunda carta más larga a continuación. Toma la tercera más larga, y la pone en tercer lugar.

La compilación finaliza con la carta más corta que escribió Gervasio. Las trece cartas quedan ordenadas, no cronológicamente, sino por su largo. El volumen va a imprenta y se convierte en un éxito de librería de la noche a la mañana. La gente lo compra a carradas. Pasan cien años y las Obras completas de Gervasio Zurita, compiladas por Amílcar Cornejo, resisten el paso del tiempo. La obra sigue siendo muy popular. Pasan cien años más, y este volumen es usado copiosamente en todo el mundo occidental. (Gervasio ha estado descansando en su tumba trescientos años ya.)

El libro es traducido a docenas de idiomas. Los consejeros matrimoniales lo citan a diestra y siniestra. Las universidades lo usan en sus clases de sociología. Tan amplio es su uso que a alguien se le ocurre la brillante idea de hacer que el volumen sea más fácil de citar y manejar.

¿Cuál es esa idea brillante? Dividir las cartas de Gervasio en capítulos y oraciones numeradas (nosotros las llamamos versículos). Así nacen los capítulos y versículos en las Obras completas de Gervasio Zurita. Pero, al agregar capítulos y versículos a estas originalmente vivas cartas, ocurre un cambio que pasa desapercibido. Las cartas pierden su toque personal. En cambio, toman las características de un manual.

Varios sociólogos comienzan a escribir libros acerca del matrimonio y la familia. ¿Su principal fuente? Las Obras completas de Gervasio Zurita. Tome cualquier libro del siglo XXIV sobre el tema del matrimonio, y encontrará que el autor cita capítulos y versículos de las cartas de Gervasio.

Suele ocurrir de la siguiente forma. Al presentar una cuestión específica, un autor cita un versículo de la carta de Gervasio escrita a Paul y Sally. El autor entonces extrae otro versículo de la carta escrita a Juan y Matilde. Toma otro versículo de otra carta. Luego une estos tres versículos, con los cuales construye su filosofía matrimonial particular.

Prácticamente cada sociólogo y terapeuta matrimonial que escribe un libro sobre el matrimonio hace lo mismo. Pero, he aquí la ironía. Cada uno de estos autores contradice constantemente a los demás, ¡aun cuando todos están usando la misma fuente! Pero eso no es todo. No sólo se han convertido las cartas de Gervasio en una prosa fría cuando eran originalmente cartas vivas y vitales para personas reales en lugares reales, sino que se han transformado en un arma en manos de hombres guiados por intereses propios.

No pocos escritores sobre el matrimonio comienzan a usar textos de prueba aislados de la obra de Gervasio para atacar a los que están en desacuerdo con su filosofía matrimonial. ¿Cómo pueden hacer esto? ¿Cómo ocurre esto? ¿Cómo pueden contradecirse entre sí todos estos sociólogos cuando están usando exactamente la misma fuente? Es porque las cartas han sido extraídas de su contexto histórico. Cada carta ha sido quitada de su secuencia cronológica y de su verdadero entorno de vida.

En otras palabras, las cartas de Gervasio Zurita han sido transformadas en una serie de oraciones aisladas, desarticuladas y fragmentadas, abiertas a que cada uno tome libremente una oración de una carta, otra oración de otra carta y las pegue juntas para crear la filosofía matrimonial de su elección. Es una historia asombrosa, ¿no? Bueno, aquí tiene el remate. Sea que se haya dado cuenta o no, ¡acabo de describir su Nuevo Testamento!

El orden de las cartas de Pablo

Su Nuevo Testamento consiste en su mayor parte de las cartas de Pablo. Pablo de Tarso escribió las dos terceras partes del Nuevo Testamento. Escribió trece cartas en un período de veinte años. Nueve cartas fueron escritas a iglesias de diferentes culturas, en diferentes momentos, que experimentaban diferentes problemas. Cuatro cartas fueron escritas a cristianos individuales. Las personas que recibieron estas cartas también estaban tratando con diferentes asuntos en momentos diferentes.

Tome nota: veinte años, trece cartas, todas escritas a diferentes iglesias en diferentes momentos, en diferentes culturas, todas los cuales experimentaban problemas diferentes. A principios del segundo siglo alguien tomó las cartas de Pablo y las compiló en un único volumen. El término técnico para este volumen es “canon”.5 Los eruditos se refieren a este volumen compilado como el “canon paulino”. Esencialmente, es el Nuevo Testamento que usted tiene con unas pocas cartas agregadas después, los cuatro Evangelios y Hechos colocados adelante y Apocalipsis pegado al final.

En ese tiempo, nadie sabía cuándo se habían escrito las cartas de Pablo. Aun cuando lo supieran, no habría importado. Porque no había antecedentes de un ordenamiento alfabético o cronológico. El mundo grecorromano del primer siglo ordenaba su literatura según el largo decreciente.

Fíjese ahora cómo está dispuesto su Nuevo Testamento. ¿Qué encuentra? La carta más larga de Pablo aparece en primer lugar. Se trata de Romanos. La segunda carta más larga es 1 Corintios, y por eso viene después de Romanos. La tercera carta más larga es 2 Corintios. Su Nuevo Testamento sigue este modelo hasta llegar a ese diminuto libro llamado Filemón. He aquí el orden actual de su Nuevo Testamento. Los libros están ordenados por largo descendiente:

Romanos

1 Corintios

2 Corintios

Gálatas

Efesios

Filipenses

Colosenses

En 1864, Thomas D. Bernard dio una serie de charlas denominadas “las conferencias de Bampton”. Estas conferencias fueron publicadas en un libro en 1872 titulado The Progress of Doctrine in the New Testament. En el libro, Bernard sostiene que el orden actual de las cartas de Pablo en el Nuevo Testamento fue inspirado y encomendado divinamente.

Este libro llegó a ser muy popular entre los maestros de la Biblia del siglo XIX y XX. Como resultado, prácticamente cada texto teológico, exegético o comentario bíblico escrito durante el siglo XX sigue el orden caótico actual, sin darse cuenta cuánto nos ha impedido observar la visión panorámica del Nuevo Testamento.

La “crítica canónica” ha adquirido importancia entre los seminaristas. Esto es el estudio del canon como una unidad para poder adquirir una teología bíblica general. Lo que se necesita hoy es una teología construida, no sobre el canon corriente y su ordenamiento erróneo, sino sobre la historia cronológica de la iglesia primitiva. Efesios es en realidad apenas más larga que Gálatas, pero los libros fueron ordenados erróneamente debido a un agregado al margen. Esto no es sorprendente dado que la diferencia de largo es tan leve.

1 Tesalonicenses

2 Tesalonicenses

1 Timoteo

2 Timoteo

Tito

Filemón

Entonces, ¿cuál es el orden cronológico correcto de estas cartas? Según la mejor erudición disponible, éste es el orden en que fueron escritas:

Gálatas

1 Tesalonicenses

2 Tesalonicenses

1 Corintios

2 Corintios

Romanos

Colosenses

Filemón

Efesios

Filipenses

1 Timoteo

Tito

2 Timoteo

El agregado de capítulos y versículos

En 1227, un profesor de la Universidad de París llamado Stephen Langton agregó capítulos a todos los libros del Nuevo Testamento. Más tarde, en 1551, un impresor llamado Roberto Stephanus enumeró las oraciones en todos los libros del Nuevo Testamento. (Por favor: sugiero humildemente pegar en las paredes de todos los seminarios e institutos bíblicos del planeta, estas tres líneas).

Según el hijo de Stephanus, las divisiones en versículos que su padre creó no respetan el sentido del texto. Stephanus no usó ningún método consistente. Mientras viajaba a caballo de París a Lyons, versificó todo el Nuevo Testamento dentro de las divisiones de capítulos de Langton.

Los versículos aparecieron en las hojas de las sagradas escrituras en 1551. Y desde entonces el pueblo de Dios se ha acercado al Nuevo Testamento con tijeras y cola, recortando y pegando oraciones inconexas de diferentes cartas, sacándolas de su entorno de vida real y atándolas juntas para construir doctrinas flotantes. Y luego denominan a esto “la Palabra de Dios”.

Este acercamiento chapucero aún perdura en nuestros seminarios, universidades bíblicas, iglesias, estudios bíblicos y (trágicamente) en nuestras iglesias caseras hoy. La mayoría de los cristianos están completamente ajenos a los sucesos sociales e históricos detrás de cada una de las cartas del Nuevo Testamento. En cambio, han convertido al Nuevo Testamento en un manual que puede blandirse para respaldar cualquier punto.  El picado de la Biblia en fragmentos hace que esto sea relativamente fácil de lograr.

Cómo nos acercamos al Nuevo Testamento

A los cristianos se nos ha enseñado a acercarnos a la Biblia en una de siete maneras. Vea cuántas son aplicables a usted: Usted busca versículos que lo inspiren. Cuando encuentra estos versículos, los resalta, los memoriza, medita sobre ellos, o los pega en la puerta de la heladera.

Usted busca versículos que le dicen lo que Dios ha prometido para poder confesarlo en fe y así obligar al Señor a hacer lo que usted quiere. (Si usted forma parte del movimiento “lo que dices, recibes”, es un experto en esto).

Usted busca versículos que le dicen lo que Dios le ordena hacer. Usted busca versículos que puede citar para darle un buen susto al diablo o resistirlo en la hora de la tentación. Usted busca versículos que comprueban su doctrina particular para poder cortar en jirones bíblicos a su contrincante teológico. (Debido al método de “textos de prueba”, una gran parte del cristianismo actúa como si la mera mención de un versículo aleatorio descontextualizado de la Biblia pone fin a la discusión sobre prácticamente cualquier tema)

Usted busca versículos en la Biblia para controlar y/o corregir a otros. Si usted es un predicador, busca versículos “predicables” para el sermón del próximo domingo. (Esta es una adicción continua para los predicadores. Está tan arraigada que muchos de ellos son incapaces de leer sus Biblias de otra manera aparte de buscar material para el sermón.)

En el seminario, la historia de la iglesia primitiva se enseña en una clase de “historia de la iglesia” mientras que los libros del Nuevo Testamento se enseñan en una clase de “estudios del Nuevo Testamento” Y ambas no se cruzan jamás. Así que los seminaristas casi nunca reciben una vista panorámica de la historia continua de la iglesia primitiva con los libros ordenados cronológicamente.

Si no me cree, pruebe esto: La próxima vez que se encuentre con un estudiante (o graduado) de un seminario, pídale que le relate la totalidad de sucesos entre el momento en que Pablo escribió Gálatas hasta que escribió Romanos. Pídale que incluya fechas, lugares, nombres de personajes importantes y los sucesos que aparecen en Hechos.

Ahora vuelva a mirar la lista. ¿Se encontró en ella? Note cómo cada uno de estos acercamientos es altamente individualista. Todos lo ponen a usted, el cristiano individual, en el centro. Cada enfoque pasa por alto el hecho de que la mayoría del Nuevo Testamento fue escrito a elementos corporativos (iglesias) y no a personas.

Pero eso no es todo. Cada uno de estos acercamientos está construido sobre “textos de prueba” aislados. Tratan al Nuevo Testamento como un manual y nos ciegan a su verdadero mensaje. No debemos extrañarnos de que podamos asentir a nuestros pastores pagos, el orden del culto del domingo a la mañana, los sermones, los edificios de iglesia, la vestimenta religiosa, los coros, los equipos de adoración, los seminarios y un sacerdocio pasivo… todo sin pestañear.

Hemos sido enseñados a acercarnos a la Biblia como un rompecabezas. Para la mayoría de nosotros, nunca nos han contado toda la historia detrás de las cartas que escribieron Pablo, Pedro, Santiago, Juan y Judas. Nos enseñaron capítulos y versículos, no el contexto histórico.

Por ejemplo, ¿alguna vez le enseñaron a la historia detrás de la carta de Pablo a los de Galacia? Antes de asentir con la cabeza, vea si usted puede contestar estas preguntas sin pensarlo demasiado: ¿Quiénes eran los gálatas? ¿Cuáles eran sus problemas? ¿Cuándo y por qué les escribió Pablo? ¿Qué sucedió justo antes de que Pablo escribiera su tratado a los gálatas? ¿Dónde estaba cuando lo escribió? ¿Qué lo impulsó a escribirla? Y ¿dónde en Hechos encontramos el contexto histórico para esta carta?

Todos estos asuntos de trasfondo son indispensables para entender lo que trata nuestro Nuevo Testamento. Sin ellos, simplemente no podemos entender la Biblia claramente o adecuadamente. Un erudito lo expresó de esta manera: “El ordenamiento de las cartas de Pablo en el Nuevo Testamento es, en general, según su longitud.

Cuando las reordenamos conforme a su orden cronológico, haciendo que encajen, en la medida de lo posible, en su escenario de vida real dentro del relato de los Hechos de los Apóstoles, comienzan un mayor tesoro; comienzan a explicarse por sí mismas en una medida mayor que cuando este trasfondo se pasa por alto”.

Otro escribe: “Si las ediciones futuras [del Nuevo Testamento] quieren ayudar en vez de obstaculizar la comprensión del lector del Nuevo Testamento, es necesario darse cuenta de que el tiempo es propicio para hacer que desaparezcan del texto tanto las divisiones de versículos como de capítulos y que sean colocados en el margen, en un lugar lo más inconspicuo posible. Debe hacerse todos los esfuerzos para imprimir el texto de una forma que haga posible que las unidades que el autor mismo tenía en mente se vuelvan aparentes”.

Yo llamo a nuestro método de estudiar el Nuevo Testamento como el “enfoque del portapapeles”. Si usted está familiarizado con la computadora, conoce el componente llamado portapapeles. Si se encuentra usando un procesador de texto, puede cortar y pegar un trozo de texto usando el portapapeles. Este portapapeles le permite cortar una oración de un documento y pegarlo en otro.

Los pastores, seminaristas y laicos por igual han sido condicionados por el enfoque de portapapeles al estudiar la Biblia. Es así como justificamos nuestras estructuras cargadas de humanidad, atadas a la tierra, creadas por hombres, empotradas y encajonadas, haciéndolas pasar por “bíblicas”. Por eso solemos pasar por alto cómo era la iglesia primitiva cada vez que abrimos nuestros Nuevos Testamentos. Vemos versículos. No vemos el cuadro entero. Déjeme demostrarle cómo está vivo y coleando este enfoque, y cuán profundamente gobierna nuestras mentes.

Les presento a José Iglesiacasera

Aparece ahora el Sr. José Iglesiacasera. José se crió en la iglesia institucional. Durante los últimos diez años se ha sentido insatisfecho con ella. José toma un libro sobre la “iglesia casera” y sufre una crisis de conciencia. Termina por aprender algunas cosas sorprendentes. A saber, que no hay ningún pastor moderno en el Nuevo Testamento. No hay ningún edificio de iglesia. No hay ningún clero pago, y las reuniones de iglesia están abiertas a la participación de todos.

Todos estos descubrimientos sacuden el mundo de José. Al punto que deja la iglesia institucional. No sin enfrentar la furia del pastor, dicho sea de paso. Lo que pasa es que José cometió el error de compartir estas “grandes revelaciones” con otras personas de su iglesia. Como resultado, el pastor se enteró y José se encontró en su mira. Desde el púlpito, José fue señalado como un “hereje peligroso” y se le indicó a la congregación que no tuviera ningún contacto con él.

Después de lamerse las heridas, José toma su Nuevo Testamento, sin darse cuenta jamás de que el enfoque de cortar y pegar aún vive en su mente. La “mentalidad de portapapeles” nunca fue escindida de sus pensamientos. Pero está en una feliz ignorancia en cuanto a esto, como la mayoría de los cristianos. José empieza a buscar ingredientes para iniciar una “iglesia neotestamentaria”. Así que comienza por hacer lo que la mayoría de los cristianos están condicionados a hacer cuando buscan la voluntad de Dios.

Selecciona los versículos que más le gustan del Nuevo Testamento, pasando por alto el trasfondo social e histórico de esos versículos. José se topa con Mateo 18:20: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Sigue leyendo y llega a Hechos 2:46: “De casa en casa partían el pan”. José recibe una revelación: “Todo lo que tengo que hacer es abrir mi casa, lograr que dos o tres personas se reúnan en ella, y ¡voilá! ¡He plantado una iglesia neotestamentaria!”.

Así que el domingo siguiente José abre su hogar y comienza una “iglesia casera” basada en el Nuevo Testamento (según piensa). José tiene otra revelación: “Soy un plantador de una iglesia como Pablo. Comencé una iglesia casera igual que él”. No se da cuenta de que él acaba de sacar dos oraciones de dos documentos –completamente fuera del contexto histórico– y los ha unido para hacer algo que no tiene ninguna raíz en la Biblia.

Mateo 18:20 no es una receta para fundar una iglesia. ¡Ese pasaje trata de una reunión de excomunión! Hechos 2:46 es simplemente un informe de lo que hicieron los primeros cristianos. Es cierto que los primeros cristianos se reunían en casas. Y es altamente recomendable que hagamos lo propio hoy. Pero abrir nuestra casa e invitar a personas para que se reúnan en ella no constituye una iglesia. ¡Tampoco califica al dueño de casa como un “plantador de iglesia”!

Las iglesias del primer siglo fueron plantadas a sangre y sudor. Los hombres que las plantaron no dejaron la sinagoga el sábado y decidieron que plantarían iglesias caseras el domingo. Todo hombre del Nuevo Testamento involucrado en la plantación de iglesias era primeramente un hermano común en una iglesia ya existente. Y, con el tiempo –luego de mucha tribulación y exposición en una iglesia que lo conocía tan bien que podían leerlo como la palma de la mano– era reconocido y enviado con la aprobación de esa iglesia.

Este es un patrón consistente a lo largo del Nuevo Testamento. Se puede probar cualquier cosa con versículos, querido lector. Ver el nacimiento de una iglesia que se compara con las congregaciones del primer siglo, requiere mucho más trabajo que sólo abrir una casa y sentar la gente en un sofá cómodo para tomar refrescos, comer galletas y hablar de la Biblia.

¿A qué me refiero cuando hablo de una iglesia al estilo del primer siglo? Me refiero a un grupo de personas que saben experimentar a Jesucristo y expresarlo en una reunión sin alguien que esté oficiando. Estoy hablando de un grupo de personas que pueden funcionar juntos como un Cuerpo cuando están solas, una vez que el plantador las deja.

El hombre que funda una iglesia al estilo del primer siglo deja a esa iglesia sin pastor, ancianos, líder de música, facilitador bíblico o maestro de la Biblia. Si esa iglesia está bien plantada, esos creyentes sabrán cómo tocar la dirección viva y palpitante de Jesucristo en una reunión. Sabrán cómo dejarlo guiar sus reuniones invisiblemente. Traerán sus propias canciones, escribirán sus canciones, ministrarán desde lo que Cristo les ha mostrado, ¡sin ningún líder humano presente! Equipar a las personas para hacer esto requiere mucho más que abrir su casa y decir: “Vengan, tengamos un estudio bíblico”.

Volvamos a nuestra historia. José Iglesiacasera ahora tiene una “iglesia neotestamentaria”. Como en todos los pequeños grupos como el de José, surge el tema del liderazgo. ¿Qué hace José? Empieza a buscar los versículos que más le gustan sobre el liderazgo. Se detiene en Hechos 14 y queda atrapado por el versículo 23. Dice: “En cada iglesia nombraron ancianos”. ¡José recibe otra revelación! “La Palabra de Dios declara que cada iglesia neotestamentaria tiene ancianos”, cavila. “Por lo tanto, ¡nuestra iglesia casera necesita ancianos!”.

¡José hace este descubrimiento sólo dos semanas después de abrir su hogar! “Cada iglesia del Nuevo Testamento tenía ancianos”, dice José. Así que saca ese texto fuera de su contexto y designa ancianos. (Casualmente, José resulta ser uno de esos ancianos). ¿Cuál es el contexto histórico de Hechos 14? Dos plantadores de iglesias, Pablo y Bernabé, son enviados por su iglesia casera en Antioquía. Antes de ser enviados, ambos ya habían experimentado la vida de iglesia como hermanos, no líderes (Bernabé en Jerusalén y Pablo en Antioquía).

Esto no significa que los plantadores de iglesia nunca vuelvan. Hay muchas ocasiones en que son necesarios para ayudar a la iglesia. Pero, luego de plantar una iglesia, los plantadores de iglesias deberían estar ausentes más de lo que están presentes. Lo que estoy describiendo aquí no es filosofía de café. He trabajado con iglesias que encajan en este modelo.

Hechos 14:23 forma parte de una descripción de lo que sucedió después que estos dos plantadores de iglesias fueron enviados. Están en el sur de Galacia. Los dos hombres acaban de plantar cuatro iglesias. Ahora están volviendo a visitar esas iglesias entre seis meses y un año después de haber sido plantadas esas iglesias. Pablo y Bernabé vuelven a cada una de las iglesias de Galacia y “respaldan públicamente a hombres mayores” en cada iglesia.

Pero José ha cometido un error aún más sutil. El versículo dice que Pablo y Bernabé nombraron ancianos en cada iglesia. José interpreta que esto significa que cada iglesia auténtica tiene ancianos. Pero este texto no dice tal cosa. El versículo se refiere a un suceso en el sur de Galacia durante el primer siglo. ¡“Cada iglesia” quiere decir cada iglesia en el sur de Galacia en el año 49 d.C.!27 Lucas está hablando de las cuatro iglesias que Pablo y Bernabé acababan de plantar ¿Usted ve el problema con que nos topamos cuando sacamos alegremente versículos fuera de su entorno histórico?

¡La verdad es que José Iglesiacasera se ha salido por completo de los límites bíblicos! En primer lugar, él no es un plantador de iglesia itinerante. (Estos eran los hombres que reconocían a ancianos en el primer siglo.) En segundo lugar, la iglesia es demasiado joven como para tener ancianos. En Jerusalén se necesitaron al menos catorce años para que surgieran ancianos. Pero José Iglesiacasera tiene su versículo, así que está “parado sobre la Biblia” (en su imaginación).

Más adelante surge la cuestión de dar dinero. Así que José se estaciona en 1 Corintios 16:2: “El primer día de la semana, cada uno de ustedes aparte y guarde algún dinero conforme a sus ingresos”. Basado en este versículo, José instituye una regla de que cada integrante de su iglesia casera debe dar dinero al fondo eclesiástico los domingos por la mañana.

De nuevo, José ha tomado un pasaje fuera de su contexto y ha construido una práctica sobre ella. 1 Corintios 16:2 trata de un evento único. Fue escrito alrededor de 55 d.C. a la iglesia de Corinto. En ese momento Pablo estaba recolectando dinero de todas las iglesias gentiles que él había plantado. Pablo tenía un solo objetivo para esto: quería llevar esa colecta a los hermanos y hermanas de Jerusalén que estaban atravesando una pobreza severa.

Era un suceso único. Pablo estaba diciendo a los corintios: “A propósito, cuando los visite, quiere que ese dinero ya esté recogido para llevarlo a Jerusalén. Así que cada domingo, cuando ustedes se reúnan, ¿no quisieran por favor ir apartando un fondo de ayuda?”. Por lo tanto, 1 Corintios 16:2 no tiene nada que ver con un ritual mecánico de levantar una ofrenda cada domingo a la mañana.

Bueno, hay más. La iglesia casera de José empieza a discutir el asunto de la misión de la iglesia. Naturalmente, José toma su selector de textos en busca de aquellos versículos que brinden una respuesta. Se detiene en Mateo 28:19: “Vayan y hagan discípulos de todas las naciones…” Hace una referencia cruzada con Marcos 16:15, que dice: “Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura”.

Continúa y llega a Hechos 5:42, que dice: “No dejaban de enseñar y anunciar las buenas nuevas de que Jesús es el Mesías”. José cavila en su interior: “Nuestra misión es predicar el evangelio. Para eso existimos. Pues, vaya, ¡si Dios no hubiera querido que predicáramos el evangelio, nos habría matado después de habernos convertido! Así que la única razón por la cual respiramos oxígeno –la única razón por la cual tenemos iglesias caseras– es predicar el evangelio. Esto es lo que dice el Nuevo Testamento. Acabo de leerlo”.

Nuevamente, el Sr. José Iglesiacasera ha sacado tres versículos completamente fuera de su contexto. En Mateo 28:19 y Marcos 16:15, Jesús no está hablando a todos los cristianos. Está hablando a doce hombres que nunca habían predicado el evangelio hasta que el Señor los envió. Y Él no los envió hasta que primeramente los hubiera capacitado durante tres años.29 Estos hombres eran apóstoles (plantadores de iglesias).

Por consiguiente, la denominada “Gran Comisión” es una palabra para los que plantan iglesias. No fue dada a cada creyente. Además, en el griego original, la “Gran Comisión” dice: “Yendo por vuestro camino…” Por lo tanto, es una profecía (“Yendo”), no un mandato (“Vayan”).30 El Señor no les dijo a los apóstoles que “fueran”. Les dijo que estarían yendo.

¿Quién está predicando el evangelio en Hechos 5? Estos mismos hombres. Los apóstoles. Es interesante que ningún cristiano en Jerusalén fuera de los doce predicara el evangelio hasta que hubieran pasado ocho años. Aprendieron de Jesucristo en el contexto de la vida de iglesia antes de difundir las buenas nuevas. Además, cuando los hermanos y hermanas de Jerusalén empezaron a difundir el evangelio después que pasaron esos ocho años, no lo hicieron por obligación. Sucedió espontáneamente cuando fueron dispersados por toda Palestina.

A diferencia de los cristianos de hoy, los primeros creyentes no compartieron a Cristo por un sentido de culpa, por mandato o por obligación. ¡Lo compartieron porque estaba derramándose fuera de sus vidas, y no podían evitarlo! Los procesos mentales de José respecto de la misión de la iglesia han sido modelados por dos cosas: El avivamentismo del siglo XIX (ver el capítulo 1) y el enfoque de portapapeles de la Biblia.

El efecto neto del enfoque de portapapeles

Demos un paso atrás y analicemos la historia de José. José ha manejado muy mal el Nuevo Testamento. ¿Es puro su motivo? Sí. ¿Tiene un corazón para Dios? Sí. ¿Le impidió esto aplicar incorrectamente las Escrituras? No.

José ha llegado al Nuevo Testamento de la misma forma que hemos sido enseñados la mayoría de nosotros, con tijeras y cola. Listos para cortar, pegar y crear una base para nuestras doctrinas y prácticas favoritas. El efecto neto del enfoque de portapapeles es trágico. Ha producido un montón de iglesias actuales que no tienen ninguna base escritural para existir. (Hablo de la iglesia institucional como la conocemos hoy.)

Pero también ha generado una gran cantidad de “iglesias caseras” formales y mecánicas sin vida, sin color y estériles. Me recuerda una visión que tuvo Ezequiel del valle de huesos secos. El Señor llevó a Ezequiel al valle de huesos secos, y la Palabra de Dios viva y palpitante apareció para resucitar esos huesos. La Biblia dice que los huesos comenzaron a unirse entre sí. Los huesos fueron cubiertos de tendones y carne. Y cuando el aliento de Dios entró en ellos como un viento recio, esos huesos muertos se convirtieron en un ejército poderoso.

La mayoría de los “plantadores” de iglesias caseras modernos pueden ser descritos como hombres que han llegado al valle de los huesos secos con cola, aguja, hilo y versículos del Nuevo Testamento en la mano. Han tomado los huesos y los han pegado entre sí. Han pasado el hilo por los tendones cosiendo carne sobre ellos. Después han dado un paso atrás y dijeron: “Vean una iglesia neotestamentaria construida sobre el Nuevo Testamento. Tenemos ancianos, nos reunimos en una casa, no tenemos un clero pago, hacemos una colecta todos los domingos y predicamos el evangelio”. ¡Pero no hay ningún viento recio!

La Iglesia de Jesucristo no es algo que puede ponerse en marcha. No pueden soldarse sus partes. No hay un plano o modelo que podemos sonsacar del Nuevo Testamento extrayendo versículos y tratando de imitarlos mecánicamente. ¡La iglesia de Jesucristo es una entidad biológica y viva! Tiene que nacer. Si hemos de ver resultados como en el primer siglo, la iglesia necesita nacer de la misma manera que nacieron todas las iglesias del primer siglo.

Si contamos todas las iglesias que se mencionan en el Nuevo Testamento, hay unas treinta y cinco. Cada una de ellas fue plantada o ayudada por un plantador de iglesias itinerante que solamente predicaba a Cristo. No hay ninguna excepción. La iglesia fue levantada como resultado de la presentación apostólica de Jesucristo.

Hay más versículos que respaldan este principio que las que hablan de reunirse en casas. Hay más versículos que respaldan esto que las que apoyan reuniones abiertas y participativas. Hay más versículos que respaldan esto que las que mencionan la colecta del domingo a la mañana. Y, como hemos visto, hay muchas más escrituras que apoyan esta práctica que las que sostienen todas las cosas antibíblicas que hacemos en la iglesia moderna, ¡incluyendo la contratación de un pastor! El principio de trabajadores extralocales que plantan y ayudan una iglesia impregna el Nuevo Testamento.

Tome nota. El Nuevo Testamento no es un manual para la práctica de la iglesia. ¡Es un registro de Emanuel: Jesucristo inspirando su vida divina a través de su pueblo en el primer siglo! El libro de Hechos no es un libro de instrucciones del orden eclesiástico. ¡Es un registro histórico de cómo la Cabeza de la iglesia da a luz su Cuerpo y cómo esta se expresa a sí misma! Las epístolas no son textos prácticos que nos muestran cómo ser buenos cristianos. ¡Son cartas vivas y palpitantes escritas en momentos diferentes a iglesias diferentes que vivían en culturas diferentes y que experimentaban circunstancias diferentes!

Pero todos hablan con una única voz. Y esa voz surge desde una epopeya consistente que fluye libremente. Una epopeya que necesita ser desplegada si hemos de volver alguna vez a la primitiva mentalidad cristiana y a la práctica de la primera iglesia.

Un remedio práctico

Entonces, ¿cuál es el antídoto para el enfoque de portapapeles del Nuevo Testamento? ¿Cuál es el remedio que lo llevará a usted hacia una expresión viva del Cuerpo de Cristo, al estilo del primer siglo? El antídoto comienza por entender nuestro Nuevo Testamento.

Hemos sido condicionados para acercarnos al Nuevo Testamento con un microscopio y extraer versículos para averiguar lo que hicieron los primeros cristianos. Necesitamos abandonar esa mentalidad por completo, dar un paso atrás y echar una mirada fresca a las Escrituras. Necesitamos conocer la totalidad del drama entero, desde el principio hasta el fin. Necesitamos aprender a ver el Nuevo Testamento panorámicamente, no microscópicamente.

F. F. Bruce, uno de los mayores eruditos de nuestro tiempo, una vez dijo algo fascinante: cuando leemos las cartas de Pablo, es como escuchar un lado de una conversación por teléfono. Se ha trabajado suficiente en el campo de la erudición a lo largo de los años como para que podamos reconstruir la epopeya entera de la iglesia primitiva.

Afortunadamente, ¡ahora podemos escuchar el otro lado de esa conversación! Aprender la historia de la iglesia primitiva es ser curado para siempre del enfoque de portapapeles de cortar y pegar del Nuevo Testamento. Conocer la historia dejará al descubierto los principios espirituales que están en Dios mismo y que son consistentes a lo largo de todo el Nuevo Testamento.

Pasamos por alto estos principios consistentemente por la forma en que nos acercamos a la Biblia. Tampoco ayuda que nuestro Nuevo Testamento no esté en orden cronológico. Cuando usted conozca la historia, sus versículos deberán someterse a ella. Ya no podrá tomar un versículo fuera del contexto y decir: “Miren, debemos hacer esto”. Muchos de los versículos que los cristianos solemos extraer de la Biblia simplemente no cederán. Usted se encontrará acorralado porque, por primera vez, entenderá el cuadro completo.

Desafío final

Alguien dijo alguna vez: “Tal vez no haya nada peor que llegar al último peldaño de la escalera y descubrir que uno está apoyado en la pared equivocada”. Después de leer este libro, usted debería poder sentirse identificado con esta afirmación. En este sentido, quiero terminar con un desafío dirigido directamente al corazón.

Usted ha aprendido que las prácticas de la iglesia que supuso silenciosamente que eran bíblicas carecen por completo de mérito escritural. Ha descubierto el origen de esas prácticas. Sabe que no se originaron en Dios, sino en hombres, generalmente paganos. Y sabe que obstaculizan la intención final de Dios para con su iglesia.

También ha tomado conciencia de que usted ha estado perdidamente dependiente de esas tradiciones tenaces. Aun ha estado atrapado por ellas. Ante esta luz asombrosa, le hago esta pregunta sucinta: ¿Abandonará usted estas tradiciones? ¿O seguirá practicando lo que usted sabe se opone a las formas de Dios? ¿Ignorará despreocupadamente lo que ha leído en este libro relacionado con sus prácticas de iglesia? ¿O será fiel a los haces de luz absoluta dentro de usted y hará un corte completo con la tradición del hombre, a fin de seguir la plenitud de Cristo y su iglesia?

Después de haber recibido la luz que se le ha brindado, ¿seguirá elevando sus invenciones religiosas por sobre la inspirada revelación de Dios? ¿O hará caso a la luz que está dentro de usted? Joseph Campbell es el autor de esta declaración. Siguiendo la misma idea, Artemus Ward ha dicho: “No

son tanto las cosas que no sabemos que nos meten en problemas. Son las cosas que sabemos que no son tan así”.

¿Saldrá de la iglesia institucional que apoya prácticas que violan el Nuevo Testamento o “por causa de la tradición anulará usted la palabra de Dios”, tradiciones que siguen poniendo una gran piedra de molino alrededor del cuello de la iglesia de Jesucristo?

¿Seguirá sacrificando en la ciudad de Faraón? ¿O irá a la frontera, oteará la tierra y se aventurará? La historia muestra que, donde la conciencia y la tradición chocan, la mayoría del pueblo de Dios sigue la tradición. Ahora mismo, la pregunta planteada es… ¿Qué hará usted?

*****

En los últimos 50 ó 100 años las investigaciones del Nuevo Testamento se han dedicado sostenidamente y exitosamente a la tarea de clarificar para nosotros lo que se conoció como la “Ecclesía” en el cristianismo primitivo, tan distinto de lo que hoy se denomina iglesia, tanto en el campo romano como protestante… Esta perspectiva –que un estudio desprejuiciado del Nuevo Testamento y la necesidad urgente de la iglesia nos han ayudado a alcanzar– se puede expresar de la siguiente forma: la “Ecclesía” del Nuevo Testamento, la comunión de Jesucristo, es una comunión pura de personas, y no tiene nada que ver con el carácter de una institución. Es, por lo tanto, erróneo identificar a cualquiera de las iglesias que se desarrollaron históricamente, todas marcadas por un carácter institucional, con la verdadera comunión cristiana.

Emil Brunner

Sobre esto último no he comentado nada porque, particularmente, no comparto algunas expresiones de Frank, lo cual no significa, obviamente, que él sea quien está equivocado. Puedo estarlo yo, seguramente, o quizás podamos estarlo los dos.

Respecto al estudio de la Biblia, entiendo que es bueno y lo practico, pero dejo un espacio que para nada es pequeño, para que el Espíritu Santo me revele lo nuevo que yo no puedo ni estimar ni ver en un estudio clásico y corriente que hago estrictametne a partir de mi entendimiento mental.

Creo que la Biblia es un compendio de relatos literales con trasfondos y contenidos históricos, sociales, políticos, militares, religiosos y económicos, que encierran profundos secretos o misterios espirituales que sólo pueden ser vistos a la luz de la revelación del Espíritu. Lo primero, cualquiera puede leer y entender; lo segundo, sólo los ungidos del Señor.

Respecto a las iglesias en las casas, no tengo nada en contra de ellas y las respeto en su contenido espiritual más que visual o externo. Sin embargo, tengo la certeza íntima que “lo nuevo” que Dios va a enviar no es exactamente eso, sino algo que ninguno de nosotros ha podido anticipar.

De todos modos, y mientras llega ese momento, los creyentes debremos sobrevivir ministrándonos unos a otros en el amor de Cristo, cuidándonos mucho de no retornar a más de lo mismo procurando, algunos de nosotros, ministrar a los muchos. A esa película ya la vimos.

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¿Así que ya no quieres ir a la iglesia?

Por Jacob Colsen

Dedicatoria

A los bienaventurados – los de hoy y a través de toda la historia que fueron insultados, excluidos, y calumniados por simplemente seguir al Cordero más allá de las normas aceptadas de la tradición y de la cultura. Mateo 5:11

Acerca de los autores

El original (en inglés) fue publicado por: Windblown Media 7228 University Dr Moorpark, CA 93021 (805) 529-1728 ISBN 978-0-9647292-2-3 y también en la Internet en: http://www.jakecolsen.com

Derechos del autor © 2006 Lifestream Ministries

Se permite copiar o reproducir este documento, bajo la condición de que se reproduzca en

su integridad, y que no sea vendido por ganancia económica.

Comparto totalmente el criterio del autor y lo respeto en su contexto general. El trabajo es reproducido completo, sin enmiendas de ninguna naturaleza, Incluso sin los añadidos propios conforme al estilo de esta columna por considerarse innecesarios y, obviamente, sin lucro de ninguna clase, tal como es el mover diario de este ministerio.

Capítulo 1:

 Extraño y más extraño

En aquel momento, él era la última persona que yo hubiera querido ver. Mi día ya había ido muy mal, ahora seguramente se iba a poner peor. Pero allí estaba él. Acababa de meter su cabeza a la cafetería.

Pensé en esconderme detrás de la mesa, pero me di cuenta de que esto se hubiera visto bastante infantil. Bajé la cabeza e intenté esconder mi cara detrás de mis manos. A través de los espacios entre mis dedos pude ver como él tomó un vaso de jugo.

Después se dio cuenta de que no estaba solo, y con una mirada sorprendida caminó en mi dirección. ¿Por qué exactamente aquí, y por qué en este momento? Había sido nuestro peor día en una batalla larga y agotadora.

Desde las tres de la tarde, cuando el asma amenazó con estrangular a Andrea, nuestra hija de doce años, nosotros vigilábamos por su vida. La habíamos llevado al hospital a toda prisa, viéndola luchando por tomar aire. Después habíamos mirado como los médicos y las enfermeras lucharon contra su asma.

Aunque mi esposa y yo la habíamos visto sufrir toda su vida, yo no aguanto bien estos momentos. Me enojo tanto al verla sufrir, y no importa cuánto habíamos orado por ella y otros habían orado, el asma sigue empeorando. Finalmente, los medicamentos tuvieron efecto, y ella comenzó a respirar con más facilidad.

Mi esposa se fue a casa para conseguir el sueño que necesitaba tanto, y para despedir a sus parientes que habían venido para cuidar a nuestra otra hija. Yo me ofrecí para quedarme en el hospital durante la noche. Finalmente, Andrea se durmió y yo pude ir a la cafetería para tomar un café y leer tranquilamente.

Estuve demasiado estresado para poder dormir. Al encontrar el lugar vacío, me senté en la sombra de un rincón distante. Yo estaba tan enojado que ni siquiera podía pensar bien. ¿Qué había yo hecho mal para que mi hija tuviera que sufrir tanto? ¿Por qué Dios ignoraba mis oraciones desesperadas por su sanidad?

Otros padres se desesperan por tener que llevar a sus hijos a todas sus actividades. Pero yo ni siquiera sé si Andrea sobrevivirá su próximo ataque de asma, y me preocupo por los medicamentos que tiene que tomar y que estropean su crecimiento.

En medio de este mi enojo, él metió su cabeza en mi santuario privado. Ahora se acercaba a mi mesa, y yo pensé sinceramente en golpearle en la boca si iba a abrirla. Sin embargo, yo sabía que no lo iba a hacer. Soy violento solo por dentro, pero no por fuera donde cualquiera puede verlo.

Nunca me encontré con una persona más frustrante que Juan. Fui tan entusiasmado cuando nos encontramos por primera vez, y sinceramente, nunca conocí a alguien tan sabio como él. Pero él me trajo solo tristeza. Desde que él vino a mi vida, perdí mi trabajo con el cual había soñado toda mi vida, soy odiado por la iglesia que ayudé a fundar hace 15 años, e incluso tengo más problemas en mi matrimonio que antes.

Para que comprendas lo frustrado que estoy, tendrás que volver conmigo al día cuando me encontré con Juan por primera vez. Mi esposa y yo celebramos nuestro 17. aniversario de bodas con un viaje de tres días a la playa Bismo en la costa central de California. En el camino de regreso paramos en el centro de San Luis Obispo para almorzar. Después fuimos a hacer compras por separado.

Allí me topé con un grupo de personas que discutían a viva voz en la calle. Cuatro alumnos de secundaria y dos hombres de edad media tenían unos volantes celestes en sus manos y gesticulaban. Yo había visto esos volantes antes. Era una invitación a un drama acerca de las llamas del infierno, que iban a presentar en una iglesia del lugar.

"¿Quién querrá ir a esta producción de segunda clase …?"

"Yo nunca más volveré a pisar una iglesia …"

"Conozco lo que es, todavía tengo las cicatrices, y no volveré…"

Se interrumpían unos a otros, por tanta presión de querer soltar su veneno. "¿Cómo puede esa gente arrogante pensar que pueden juzgarme y … ?"

"Me gustaría ver lo que pensaría Jesús si él entraría a una de estas iglesias …"

"No creo que entraría en alguna…"

"Y si lo hiciera, probablemente se dormiría."

Los demás se rieron. "O quizás se matará de risa…" "O de llanto", dijo otra voz, lo que hizo pensar a todos por un rato.

"¿Tú crees que él se pondría un terno y …?" "Solo para esconder el látigo con el cual quiere limpiar el templo."

El volumen de sus voces atrajo a otras personas que estaban pasando. Ahora la discusión se intensificó, porque algunos de los nuevos desafiaron a los críticos de la iglesia. Todos se acusaron unos a otros. Yo había escuchado antes muchas de estas acusaciones – acerca de los edificios extravagantes de las iglesias, los hipócritas, las prédicas aburridas, y el agotamiento por las muchas reuniones.

Aquellos que querían defender la iglesia, admitieron que algunas de estas debilidades existían, pero intentaron señalar las muchas cosas buenas que hacían las iglesias. Entonces le noté a él. Podría tener cualquier edad entre los 35 y los 55.

 Era bajo; con pelo oscuro ondulado y una barba despeinada, ambos con unas pocas canas. Con su camisa verde descolorada, sus jeans y zapatillas, parecía un remanente de las rebeliones de los años 60; excepto que no deambulaba sin rumbo.

De hecho, lo que había llamado mi atención, fue su manera determinada de caminar. Se acercaba directamente al centro de la discusión acalorada, con la cara intensa como de un perro pastor alemán que escucha un sonido extraño en la noche.

 Pronto apareció en el centro del círculo, observando a los que más gritaban. Cuando miró en mi dirección, fui cautivado por la intensidad de sus ojos. Parecía que él sabía algo que nadie más sabía. Por mientras, aquellos que atacaban la iglesia, expresaron ahora su ira contra Jesús mismo y le llamaron un impostor.

Por supuesto, esto enojó aun más a los defensores de la iglesia: "¡Espera no más hasta que tengas que mirar su cara mientras caigas al infierno!" – Parecía que ya iban a golpearse, cuando el extraño soltó su pregunta: "Ustedes realmente no tienen ninguna idea de cómo era Jesús, ¿es cierto?"

Las palabras salían muy suavemente de los labios del hombre, en fuerte contraste contra la viva discusión. Pero su impacto no se perdió. La bulla cesó, mientras todos se miraban de manera desconcertada. Todos se parecían preguntar: "¿Quién dijo esto?"

Yo me reí silenciosamente, porque nadie miró al hombre que acababa de hablar. Entonces él volvió a hablar en medio del silencio: "¿Tienen ustedes alguna idea de cómo era él?" Esta vez, todas las miradas se dirigieron hacia la voz, sorprendidos.

"¿Qué sabes tú de ello, viejo?" preguntó finalmente uno de ellos, en tono burlón, hasta que las miradas frías de los demás le callaron. Pero el extraño no tenía prisa de hablar. El silencio se prolongó en el aire, más allá de lo soportable. Pero nadie habló, y nadie se fue. Durante este tiempo, el hombre miraba a todos, intentando coger la mirada de cada uno por un breve segundo.

 Cuando me miró a mí, todo dentro de mí pareció derretirse. Por fin volvió a hablar. Sus primeras palabras se dirigieron directamente al hombre que había amenazado a los demás con el infierno. "Usted realmente no tiene ninguna idea de lo que es su motivación, ¿cierto?" Su tono era triste, casi suplicando. No expresó ninguna ira.

Avergonzado, el hombre echó sus manos hacia arriba y encogió sus labios, como si no hubiera comprendido la pregunta. El extraño le dejó retorcerse bajo las miradas de los demás por unos momentos, después volvió a hablar, mirándoles a todos: "El no se veía nada especial.

El podría caminar por esta calle hoy, y ninguno de ustedes siquiera le miraría. De hecho, él tenía una cara que ustedes evitarían. Ustedes pensarían que él no podría ser parte de ustedes. Pero él era un hombre muy quieto. El podía callar a sus enemigos sin siquiera levantar la voz. El nunca forzaba su camino; nunca atrajo la atención hacia su propia persona; y nunca aparentó que le gustaba algo que lastimaba su alma.

 El era real, hasta lo más íntimo de su ser. Y en lo más íntimo de su ser, él era amor." – El extraño hizo una pausa y movió su cabeza. – "¡Wow! ¡Cuánto amaba él!" – Sus ojos miraban ahora mucho más allá de la gente, intentando penetrar más allá del tiempo y del espacio. – "Nosotros ni siquiera sabíamos lo que era el amor, hasta que lo vimos en él.

 Aun los que le odiaban, tenían que admitirlo. El seguía preocupándose por ellos, esperando que de alguna manera hasta ellos pudieran llegar a reconocer quién estaba entre ellos. Y con todo este amor, él era completamente honesto.

Pero aun cuando sus acciones o palabras exponían los motivos más oscuros de la gente, ellos no se sentían avergonzados. Sus palabras siempre transmitían una súplica de acercarse a Dios y ser liberados por él. Tú le confiarías tus secretos más profundos. Si alguien te sorprendería en tus peores momentos, tú desearías que fuera él.

El no perdía tiempo burlándose de otros, ni de sus ataduras religiosas." – El miró a aquellos que acababan de hacer esto. – "Si tenía algo que decirles, les decía y después se fue; y entonces sabías que él te amaba más que cualquier persona." En este punto el hombre se detuvo, los ojos cerrados y la boca tensa, como si tuviera que detener unas lágrimas que le iban a derretir en un instante si las soltaba.

"No estoy hablando de un sentimentalismo barato. El amó, realmente amó. No importaba si eras un fariseo o una prostituta, un discípulo o un mendigo ciego, un judío, un samaritano o un pagano. Su amor era para que todos lo recibieran; y la mayoría lo hicieron cuando le vieron.

Aunque muy pocos realmente le siguieron, en los pocos momentos que él paso por su vida, ellos saboreaban algo que no podían negar aun años después. Parecía que él sabía todo acerca de ti, pero amaba profundamente todo lo que era verdadero en ti."

El se detuvo y miró la gente. Unas treinta personas se habían detenido para escucharle, boquiabiertos de asombro. Puedo relatar sus palabras aquí, pero no hay manera de describir su impacto. Estas palabras vinieron de lo más profundo de su alma.

"Y cuando él estaba colgado en aquella cruz" – y el hombre levantó su mirada a los árboles sobre nosotros, – "este amor seguía fluyendo – sobre los burladores y sobre los amigos desilusionados por igual. Cuando él se acercó a la oscuridad de la muerte, agotado por las torturas y sintiéndose separado del Padre, no hubo ningún momento más sublime en el mundo. Su vida fue dada para ti. Este no fue ningún loco. Este fue el Hijo de Dios, derramado hasta lo último, para abrirte el acceso libre a su Padre."

El hablaba como alguien que había estado con él. De hecho, yo pensé: "Este hombre es exactamente como yo me imaginaría al discípulo Juan." Apenas pasó este pensamiento por mi mente, que él se detuvo en medio de la oración.

Mirando hacia la derecha, parecía buscar algo entre la gente. De repente fijó su mirada en mí. Se me paró el pelo de la nuca, y por mi cuerpo pasó una ola de escalofríos. El me miró por un momento, y una breve sonrisa apareció en sus labios, mientras movía su cabeza en mi dirección y guiñó con el ojo.

¿Estaba él confirmando mi pensamiento? Esto sería absurdo. Incluso si él era Juan, él no podría leer pensamientos. ¿Que estoy pensando? ¿Cómo podía él ser un discípulo de hace 2000 años? Es simplemente imposible.

Se amontonó más y más gente. Aun el extraño parecía incomodarse con el espectáculo que

estaba causando. "Si yo fuera tú", dijo, pasando con su dedo índice por aquellos que habían comenzado la discusión, "yo perdería mucho menos tiempo con rajarme de la religión, y a cambio intentaría descubrir cuánto realmente él te ama.

El podría ser más real para ti que tu mejor amigo. El te cambiaría desde adentro, y conocerías la verdadera libertad y el verdadero gozo." – Con esto se volteó y se hizo un camino a través de la gente, hacia el lado opuesto de donde yo estaba parado.

 Nadie se movió ni dijo algo por unos momentos. Intenté pasar a través de la gente para hablar personalmente con este hombre. ¿Podría realmente ser Juan? Si no, ¿entonces quién era? ¿Cómo sabía él las cosas que dijo acerca de Jesús con tanta confianza?

Fue difícil pasar por la gente, manteniendo la mirada en Juan. Justo alcancé para verle pasar entre dos edificios. Cuando faltaban unos cinco metros para alcanzarle, entró en una calle. Nadie más le había seguido, de manera que iba a poder hablar con él a solas.

Doblé la esquina para llamarle que se detuviera. Pero la calle estaba vacía. Boquiabierto, regresé. ¿Realmente había entrado a esta calle? Miré en todas las direcciones, pero no le vi. Era seguro que había entrado a esta calle.

Pero no podía haber caminado los cuarenta metros en los tres segundos que me tomó para alcanzar la esquina. En pánico, corrí por la calle. Había muros por ambos lados; ninguna puerta ni pasaje por donde podía haber entrado.

Al final había un estacionamiento de carros. Ninguna señal del extraño. Finalmente me senté en una banca, desorientado por la experiencia. ¿Quién era ese tipo, y qué había pasado con él? Sus palabras habían tocado el hambre más profundo de mi corazón; y el tan solo recordar su sonrisa, me volvió a dar escalofríos.

Resolví que nunca más le iba a ver, y descarté todo este día como uno de estos sucesos inexplicables en la vida que nunca harán sentido. No pude estar más equivocado.

Capítulo 2

Un paseo en el parque

Mil veces durante las siguientes semanas repasé en mi mente los sucesos de aquella mañana. La idea de que él me hacía recordar el apóstol Juan, era una imaginación pasajera, excepto que él parecía reconocerlo con aquella mirada penetrante.

 Pero ¿cómo podía Juan seguir vivo después de 2000 años? ¿Podría haber sido una aparición milagrosa, como cuando Moisés y Elías fueron transfigurados en la presencia de Jesús? Pero aun si lo fue, ¿podría él haber leído mis pensamientos, o haber desaparecido tan fácilmente de mi vista?

Incluso volví a leer las palabras enigmáticas que Jesús dijo a Pedro, acerca del futuro de Juan: "Si yo quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú." Estas palabras causaron un rumor entre los discípulos de que Juan no iba a morir.

 Juan aclara en el Evangelio que esto no fue exactamente lo que Jesús dijo. El había dicho solamente: "¿y qué si yo quiero…?" El quiso enseñar a Pedro a seguir el camino preparado para él, sin compararse a sí mismo con otros. ¿Pero quiso Jesús decir algo más con esta ilustración?

Lo conté a mi esposa y a un amigo cercano, pero ellos solo se rieron. Puesto que no me tomaron en serio, empecé a dudar si estas cosas realmente habían sucedido en aquella mañana. Pero lo que no pude negar, es que las palabras de aquel hombre me habían sacudido en lo más profundo de mi cristianismo.

El veía a Jesús de una manera muy diferente de lo que yo había sido enseñado. Pero hubo tanta confianza en sus palabras que me empecé a preguntar si a mí me faltaba saber algo importante. Durante las siguientes semanas volví a leer todos los Evangelios; pero esta vez miré más allá de las lecciones que Jesús enseñaba, para ver qué clase de persona era él.

A pesar de ser cristiano por más de veinte años, me di cuenta de que yo no tenía ninguna idea de quién era Jesús como persona, y no tenía ninguna idea cómo podía conocerle mejor. Solo me quedé frustrado, y para ahogar todas estas preguntas, me lancé con más intensidad al ministerio.

Cuatro meses después, las cosas se volvieron más extrañas. Yo había reservado una mañana para prepararme para la oportunidad especial de enseñar en nuestros cultos del domingo por la mañana, pero una serie de crisis impidió que yo siquiera abriera mis libros.

Primero, la persona que manejaba el equipo de sonido iba a estar de viaje este domingo, y tuve que buscar un reemplazo. Después vino alguien a quejarse de cuan poco amable era nuestra iglesia. Había asistido por dos años y nunca nadie le había invitado a su casa ni a tomar café juntos.

Después me llamaron Ben y Marcia Hopkins para decir que no iban a estar en la célula esta noche. Fue la tercera vez seguida que iban a estar ausente; un mal ejemplo de parte de mi líder asistente. Cuando les presioné, finalmente me dijeron que no estaban felices con la iglesia, y que consideraban salir.

Intenté disuadirlos. Yo había invertido incontables horas para capacitarles a dirigir su propia célula; ¿cómo pudieron salir ahora? – "Nuestros hijos disfrutan de un grupo de jóvenes en otra iglesia más cerca de nuestra casa; y nosotros nos sentimos incómodos porque esta iglesia se ha vuelto muy impersonal últimamente." –

Cuando ellos habían llegado por primera vez, habían estado al punto de divorciarse. Yo había pasado horas con ellos para ayudarles a reavivar su matrimonio. Ahora, justo cuando estaban llegando al punto donde podrían rendir algo, se iban a ir a otro lugar donde los pastos parecían más verdes.

Y entonces, para colmo, el pastor llamó justo después del almuerzo para anular una reunión de negocios acerca de nuestro programa de construcción. El dijo que simplemente no se sentía bien para tratarlo hoy.

Me había tomado tres semanas para organizar esa reunión. Me puse furioso y tuve que salir para desahogarme. Mi secretaria se asustó cuando cerré la puerta de la oficina con más violencia de lo que había intentado.

Miré la puerta como si hubiera hecho toda esta bulla por sí misma. Mi mirada se quedó fija en el letrero tan acostumbrado: "Jacob Colsen, Pastor Asociado". Todavía recuerdo el primer día que pasé por esta puerta, sorprendido de que el letrero ya estaba en su lugar, y asombrado por la responsabilidad que esto colocó sobre mis hombros.

Yo nunca había planeado entrar al ministerio a tiempo completo; pero el día que pasé por esta puerta, parecía que todos mis sueños por fin se iban a cumplir. Cuatro años después, el cumplimiento de aquellos sueños parecía más lejos que nunca.

Hijo de padres trabajadores, yo había crecido en la iglesia. Incluso durante los años tormentosos de la adolescencia yo nunca me alejé mucho de mis raíces espirituales. Me gradué en administración en 1979 y empecé a trabajar en el negocio de bienes raíces en Kingston, California.

La economía subió, y construí un negocio lucrativo y una reputación estelar. Mi esposa y yo habíamos ayudado a fundar la congregación donde yo trabajaba ahora. Hace quince años, unas familias y unos estudiantes, desilusionados por las intrigas de poder en la iglesia tradicional donde asistíamos, decidimos comenzar una iglesia nueva.

Nos reunimos en casas por algún tiempo y valorábamos mucho la comunión que teníamos, pero pronto alquilamos un local y nos esforzamos por alcanzar la comunidad. Primero el crecimiento fue lento, pero en los últimos diez años crecimos a más de 2000 personas, construimos nuestro propio local y llegamos a tener un equipo pastoral completo.

¡Cuan halagado me sentí cuando el pastor me invitó a ser parte de su equipo! Yo tenía 39 años, estaba cómodo en mi profesión, y tenía dos hijos pequeños. Enseñaba una clase de adultos en la Escuela Dominical, que era una de las más populares; y había sido anciano de la iglesia por dos períodos.

El me dijo cuánto me necesitaba. Le libraría de responsabilidades para las cuales él no tenía los dones correspondientes. Yo ganaba más que suficiente en mi negocio, pero sabía que era solamente dinero – el dios del mamón, como escuché en las prédicas.

 ¿Estaba yo gastando mi vida en mis propios placeres? Yo tenía muy poco tiempo para las cosas que consideraba las más importantes. Entonces acepté el pastorado, en la esperanza de que por fin ya no me iba a sentir culpable.

Y así fue por algún tiempo. Durante el primer año, o un poco más, disfruté de la emoción de ayudar a dirigir una iglesia creciente, y de realmente tener tiempo para orar y estudiar la Biblia. Pero pronto la carga del trabajo se volvió opresiva.

Trabajé no solo todo el día, sino tuve que salir cinco o seis noches por semana. Ni siquiera tuve tiempo para meterme un poco en los negocios, como yo había planeado hacer para compensar mi sueldo más bajo.

Cuando me sentía frustrado, a menudo buscaba alivio en un paseo prolongado. Así que le dije a mi secretaria que iba a estar afuera por un tiempo, y me dirigí hacia un parque cercano. Este parque era a menudo mi refugio y mi lugar de oración.

Cuando llegué, vi con sorpresa que el parque estaba lleno de niños que al parecer no tenían clases. Busqué si había algún rincón libre. Y entonces le vi – una figura solitaria en una de las bancas. En la distancia se veía como aquel extraño que yo había visto en San Luis Obispo.

Mi corazón se paró por un momento. Yo había pedido a menudo a Dios que me diera una oportunidad de hablar con aquel hombre, pero había abandonado toda esperanza de que fuera posible. Al instante volvieron los recuerdos de aquella mañana, y del hambre que había despertado en mi corazón.

Mientras me acerqué a aquel hombre, parecía tener la estatura exacta; pero fue difícil acertarlo porque estaba sentado. Su cara y barba eran similares, pero estaba con lentes oscuros y con sombrero, y así yo no estaba seguro. El parecía mirar lejos, sin darse cuenta de mi presencia.

¿Qué si era él?

¿Qué debía hacer? Mientras pasé delante de él, su cabeza se volteó, e inmediatamente aparté mis ojos. No tuve ninguna idea de qué decir. Seguí caminando. Solo después de diez metros tuve suficiente valor para detenerme y pretender mirar el parque, como excusa para volver a mirar al hombre en la banca.

Ciertamente se veía como él.

Comenzó a voltear la cabeza. Antes de darme cuenta, me estaba alejando de él nuevamente. A cincuenta metros encontré una banca libre; me fui allí y me senté. En este momento, el hombre se levantó y se fue en la dirección opuesta.

¡Oh no! ¿Qué haré? Supongo que es ahora o nunca.

Salté de mi lugar y corrí detrás de él. Finalmente estuve tan cerca que tuve que sobrepasarle o hablarle. "¡Disculpe, señor!" dije antes de pensar. El se detuvo y volteó hacia mí. "¿Sí?" – Una sola sílaba no es suficiente, pero su voz sonó parecida.

"Esto le parecerá chistoso, pero usted se parece a alguien que vi hace unos meses en el

centro de San Luis Obispo. ¿Podría ser usted?" – Sus lentes oscuros me miraron sin expresión. Si tan solamente pudiera ver sus ojos, lo sabría con certeza.

"De hecho estuve allí hace unos meses, pero solo por unos días. ¿Nos hemos encontrado allí?" "No, pero alguien que se parecía a usted, se metió en una discusión que unas personas tenían en la calle."

"Pude haber sido yo." El encogió sus hombros.

"Fue una discusión acerca de la religión. Y si usted es ese hombre, usted entró en el debate y habló acerca de Jesús, y cuánto él realmente amaba a la gente. ¿Hace esto sentido?" "Seguramente. Yo hablo a la gente todo el tiempo, especialmente a aquellos que buscan cosas espirituales. Podría haber sido yo."

"Mi nombre es Jacob Colsen." Extendí mi mano.

"Hola Jacob. Yo soy Juan", respondió y estrechó mi mano.

Sentí que me faltaba aire para seguir hablando. "¿Eres tú el hombre que habló a esa gente?

Fue un sábado por la mañana. ¿Me viste allí?" "No me recuerdo específicamente haberte visto a ti, pero sí suena como una conversación que yo podría haber tenido."

"¿Podemos hablar por unos momentos?" Miré mi reloj y me di cuenta de que me quedaron solamente 30 minutos antes de mi siguiente cita en la oficina. Me dirigí hacia una banca cercana.

"Encantado." Nos sentamos en la banca, mirando a la distancia.

"Esto sonará extraño", dije finalmente, "pero estuve orando por una oportunidad de encontrarme contigo. Tus palabras realmente me tocaron en aquel día. Hablaste de Jesús como si hubieras estado con él personalmente. En algún momento incluso me pregunté si eras el apóstol Juan."

El se rió. "Esto me haría un poco viejo, ¿no?"

"Sé que esto suena loco, pero cuando pensé esto, tú te detuviste en medio de tus palabras, te volteaste hacia mí y asentiste con la cabeza como estando de acuerdo conmigo. Intenté seguirte cuando abandonaste el grupo, pero parece que te perdí en la multitud."

"Quizás no debía ser entonces. Por lo menos, aquí estamos ahora. ¿Sobre qué quieres hablar?"

"¿Eres tú?"

"¿Si yo soy qué?"

"¿Eres Juan?"

"¿Juan, el discípulo de Jesús?" El sonrió, obviamente divertido por la idea. "Bueno, ya sabes

que mi nombre es Juan, y yo sí declaro ser un discípulo suyo."

"¿Pero eres tú aquel Juan?"

"¿Por qué es esto tan importante para ti?"

"Si lo eres, tengo unas cosas que quisiera preguntarte."

"¿Y si no lo soy?"

No sabía qué decir. Yo había sido profundamente impactado por sus palabras, no importaba quien era. El parecía saber algunas cosas acerca de Jesús que yo no comprendía. "Supongo que de toda manera quisiera hablar contigo."

"¿Por qué?"

"Tus palabras en San Luis Obispo me movieron profundamente. Parece que tú conoces a Jesús de una manera que yo solo puedo esperar. Soy pastor, miembro del equipo de una iglesia grande – la Comunidad del Centro. ¿Alguna vez escuchaste de ella?"

"No, pienso que no."

Su respuesta me ofendió un poco. ¿Por qué no sabía de nosotros? "Vives por aquí?"

"No. De hecho, es la primera vez que estoy en Kingston."

"¿De verdad? ¿Qué te trae acá?"

"Quizás tus oraciones", dijo riéndose. "No estoy seguro."

"Escucha, tengo que irme en unos minutos. ¿Podemos volver a encontrarnos alguna vez? "No sé. Realmente no tengo la libertad de comprometerme con una cita. Si necesitamos volver a encontrarnos, estoy seguro que sucederá. Ahora también nos hemos encontrado sin acordarlo."

"¿Podrías visitarme para la cena esta noche? Así podríamos hablar."

"No, lo siento, ya tengo algo esta noche. ¿Qué sucede?"

¿Dónde debía empezar? Yo tenía tanto que hablar, pero solo 20 minutos antes de tener que

volver apresuradamente a la oficina, y aun así iba a llegar tarde.

"Estoy realmente frustrado. Parece que últimamente, cada persona con quien hablo se siente vacío – incluso cristianos que conozco por décadas. Ayer me encontré con uno de nuestros ancianos, de quien siempre pensaba que era firme como una roca. El está bastante desilusionado. Me dijo que a veces se pregunta si siquiera Dios es real, o si todo este cristianismo es solo un engaño."

"¿Qué le dijiste?"

"Intenté animarle. Le dije que no podemos vivir por vista, sino por fe; que él hizo muchas cosas maravillosas para Dios, y Dios lo honrará algún día. Que solo seamos fieles y no confiemos en nuestros sentimientos."

"O sea, ¿le dijiste que él no tenía derecho a tener estos sentimientos, o estas preguntas?"

"No, esto no es lo que dije."

"¿Estás seguro?" – Su pregunta fue amable, no acusando.

Tomado por sorpresa, repasé lo que le había dicho.

"Comprende algo, Jacob, esta vida en Jesús es una cosa real. No es un juego. Cuando la gente siente que algo está mal, ¿sabes qué descubrí? Normalmente, algo realmente está mal."

"Y yo le dije que lo ignorase", dije, más para mí mismo que a Juan. Sacudí mi cabeza al darme cuenta.

"¿Crees que le ayudaste?"

"No sé. Le di mucho ánimo, y él parecía estar mejor."

Juan no dijo nada. Me dejó pensarlo detenidamente.

"Tienes razón, yo no le ayudé en absoluto. Supongo que solo le eché la culpa."

"¿Piensas que él volverá a hablarte la próxima vez que tiene estos pensamientos?"

Sacudí mi cabeza, y me arrepentí de casi todo lo que le había dicho esta mañana. Tendré que volver a llamarle e intentarlo de nuevo.

"¿Y qué de ti, Jacob? ¿Funciona para ti?"

"¿Funciona qué?"

"Tu fe. ¿Estás experimentando la vida de Dios en la medida que lo deseas?"

"De vez en cuando me siento frustrado, como hoy. Pero en lo general no puedo imaginarme otra cosa que me gustaría más que lo que estoy haciendo ahora mismo."

Juan no reaccionó.

"Quiero decir, estoy extrañando el dinero, y el tiempo libre que tenía antes, pero lo que tengo ahora vale mucho más. Estamos haciendo un gran impacto en esta ciudad."

El siguió en silencio. Yo no sabía qué más decir, pero antes de darme cuenta, unas lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, y me encontré luchando por aire. Me sentí increíblemente solo.

Por fin, Juan volvió a mirarme. "No estoy hablando de lo que estás haciendo. ¿Estás lleno del amor de Jesús, tal como lo eras el primer día que creíste en él?" – Las palabras se abrieron camino hasta lo profundo de mi alma, y sentí derretirme por dentro como un pedazo de mantequilla en la sartén.

"N… N… N… ¡No!" Parecía que la palabra no podía salir. Cuando por fin salió, lo hizo con un suspiro largo. "Esto no ha funcionado por años. Parece que cuánto más hago para Dios, más se aleja él de mí."

"O, quizás más te alejas tú de él."

"¿Qué?" – Quienquiera que él era, él miraba todo desde un ángulo diferente.

"¿Sabes por qué te sientes tan vacío?"

"Realmente no lo he pensado, Juan. He estado ocupado, y parece que Dios me usa para tocar a la gente. Yo simplemente suponía que así tiene que ser. No me permito pensar de ello demasiado. Me desanima demasiado. Quiero decir, tengo mucho de que agradecer, una esposa que me ama y me comprende, unos hijos maravillosos, un hogar hermoso, y estoy sirviendo a Dios con todo lo que tengo. Pero estoy vacío aquí dentro." Golpeé mi puño contra mi pecho, y mis ojos se humedecieron aún más.

"Aquel anciano te dio miedo, ¿no cierto?"

"¿Cómo?" Por segunda vez, él me había tomado de sorpresa.

"Quizás tú te sientes igual de vacío como él, pero no quieres detenerte para admitirlo."

"Nunca hubiera pensado en esto; pero me recuerdo de que me sentí muy incómodo cuando él hablaba. El hizo preguntas que yo no quise responder."

"¿Sabes de qué se trata en todo esto, Jacob?" – Juan apoyó su espalda en la banca, cruzó sus

brazos delante del pecho y miró hacia los niños que jugaban. – "Se trata de la vida – la vida real de Dios que llena tu vida.

La clase de amistad que Adán tenía con él cuando caminaba en el jardín de Edén. La vida de Dios no es una abstracción teológica. Es plenitud, libertad, gozo y paz de vivir en él, y persiste aun frente a tus peores circunstancias. Jesús vino para compartir esta vida con cada uno que ponga su confianza en él, en vez de intentar controlar su propia vida.

No se trata de trabajar duro, tener un ministerio grande, o un edificio nuevo. Se trata de una vida que puedes ver, saborear y tocar; algo que puedes disfrutar cada día que vives. Yo sé que mis palabras no lo pueden describir adecuadamente, pero tú sabes de qué estoy hablando. Tuviste momentos así, ¿cierto?"

"Sí. Sí los he tenido, pero eran siempre tan pasajeros. Me recuerdo como era así en los primeros días, pero ahora estoy lejos de eso. ¿Qué está mal conmigo? ¿Cómo puedo ser un cristiano de tanto tiempo, ser tan activo en la iglesia, y siempre no captarlo? ¿Cómo es que yo pierdo el contacto con esta vida, aunque no quiero?"

"Lo he visto suceder vez tras vez", respondió Juan. "Es como una epidemia hoy. De alguna manera, nuestra experiencia espiritual hace que demos importancia a las cosas equivocadas, y al final somos distraídos de la vida verdadera.

Sucedió también en la primera iglesia. ¿Recuerdas lo que pasó en Efeso, y lo que Jesús les dijo en su carta en Apocalipsis? Su teología fue irreprochable. Ellos podían discernir un error como un mosquito en un plato de sopa a cien pasos de distancia.

 No tenían miedo de confrontar a aquellos que se pusieron adelante en el ministerio, para descubrir quiénes hablaban la verdad y quiénes inventaron un mensaje solo para ganar fama para ellos mismos. Perseveraban en el sufrimiento como nadie más en toda la cristiandad. Nunca se quejaron cuando fueron agraviados por otros. Pero con todo esto, ¿estuvo Jesús contento con ellos?"

Hace poco había enseñado sobre este pasaje, así que sabía de qué estaba hablando Juan. "No, él los reprochó por haber caído de su primer amor."

"Esto es correcto. Asombroso, ¿no? Lo que les faltaba, creó un tal vacío que tragó todo lo bueno que podrían haber logrado. Ellos habían abandonado el amor consumidor que tenían por Jesús al inicio. Sin este amor, su servicio no tenía sentido.

 Puedes volverte tan ocupado trabajando para él, que te olvidas de conocerle. Nada de lo que ellos hacían fue motivado por amor hacia él, o por su amor hacia ellos. Por eso, todo lo que hacían se volvió no solamente sin valor, sino de hecho destructivo."

"¡Esto soy yo!" dije. "¡Estás hablando de mí!"

"Es una historia antigua, Jacob. Se ha repetido un millón de veces bajo un millón de nombres diferentes. ¿Te recuerdas del día cuando el amor de Jesús cautivó tu corazón por primera vez?"

Los recuerdos vinieron. "Sí. Estuve en la secundaria, tenía doce o trece años, y sabía que algo estaba sucediendo. Mis padres estaban en la otra habitación orando con unas treinta personas. Ya estaban así desde hace cuatro horas y no pensaban en parar.

Parecía incluso divertido. Así fue cada viernes por la noche. Anhelaban juntarse para orar. A veces cantaban, a veces se reían, y a veces incluso lloraban. Terminaban a las once de la noche o aun más tarde.

Esto fue un gran cambio para mis padres. Ellos habían crecido en la iglesia, y eran miembros activos de la iglesia bautista, asistían regularmente y servían en una multitud de comisiones. Pero parecía que nunca disfrutaban de la iglesia.

Algunos domingos incluso pudimos convencerlos de quedarse en casa. Pero esto fue diferente. No hubo manera de alejarlos de la oración. Se habían vuelto apasionados de su camino con Dios. Y Dios cambió sus vidas.

Los liberó de hábitos antiguos, y la presencia de Dios fue más fuerte que sus necesidades, y leían la Biblia en cada oportunidad. Oraban acerca de todo. Se sentían alegres, libres, y vivos en la fe por primera vez.

Nosotros, los niños, también tuvimos hambre de eso. Ellos oraron por nosotros, y esta fue la primera vez que recuerdo haber tocado la vida de Dios. Incluso recuerdo cuando escuché la voz de Dios por primera vez."

"¿Y qué sucedió con esto?"

"Por unos años creció, y ellos querían que su iglesia también les siga. Pero abundaron las sospechas y las acusaciones. Después fue claro que mis padres ya no eran bienvenidos en la iglesia. Muchos de su grupo se retiraron de la iglesia, pero esto no disminuyó su celo. Ellos simplemente lo vieron como una persecución.

Ellos decidieron comenzar una iglesia nueva. En la primera reunión vinieron más de 80 personas. El ambiente fue como eléctrico. Ellos decidieron organizarse, alquilar un local y contratar a un pastor." Y entonces, por primera vez pude verlo claramente: "Y lentamente, todo murió. Ellos fueron tan distraídos por todo el trabajo, que pronto perdieron aquel gozo de simplemente amar a Jesús."

"¿No es extraño, que la formación de lo que ellos llamaban iglesia, pudo lograr lo que la persecución no logró? El Padre desea que tú simplemente te dejes caer en su regazo de amor, y que nunca salgas de este lugar para toda tu vida.

El plan de redención de Dios, desde el día de la creación hasta el día de su segunda venida, es para traer a la gente a esta relación de amor. ¡El no quiere nada menos – y nada aparte de esto! El no es un Dios distante que hubiera enviado a su Hijo con una lista de reglas a seguir, o rituales a practicar.

Su misión fue invitarnos a su amor – a una amistad con su Padre. Pero ¿qué hacemos nosotros? Tan rápidamente nos dejamos atrapar por una cultura religiosa impulsada por obras, que agota este mismo amor que pretende sostener.

En Efeso fue descubrir y expulsar a todos los falsos maestros. En Galacia fue hacer que todos observasen los rituales del Antiguo Testamento. Hoy es hacer que todos colaboren con el programa de la iglesia.

No importa qué es lo que aparta a la gente del amor de Dios, puede ser cualquier cosa que les preocupa tanto que lo toman como un sustituto de ese amor. Es más fácil ver el problema cuando es la circuncisión en Galacia, que cuando es la asistencia al culto en Kingston. Pero ambos pueden llevar a la misma situación: creyentes aburridos y desilusionados, que ya no viven en la vida del Padre."

Yo no sabía que decir. No estoy seguro si estuve de acuerdo con él. ¿Cómo podía la asistencia a la iglesia ser algo como la circuncisión?

"Déjame hacerte una pregunta, Jacob. ¿Cuántos cuadrados hay en el techo sobre el auditorio de tu iglesia?"

Pude responder inmediatamente. "312 completos, y 98 parciales."

"¿Y cómo lo sabes?"

"Los cuento cuando me aburro."

"Debes estar aburrido muy a menudo. ¿Sabes cuántos otros también se aburren? Una vez me encontré con un tipo que incluso sumaba cada vez los números de los himnos en el tablero de anuncios, para ver si alguna vez la suma iba a ser 666.

¿No te parece que la gente no se ocuparía en estas cosas, si estuvieran compartiendo la vida de Dios? ¿Puede esto señalar que algo está mal?"

Bueno, tal vez él tenía razón.

"¿Cuál fue tu último pensamiento cuando llegaste el último domingo?"

De esto no me recordé tan rápidamente. "Estuve repasando mis apuntes, intentando pensar en una ilustración que todavía me faltaba."

"Sí, ¿pero qué dijiste dentro de ti cuando estacionaste tu carro delante del edificio?"

Demoré un momento para recobrarlo de la memoria: " ‘Me alegraré cuando todo esto haya pasado y podré volver a casa.’ " Me reí al recordarlo. "¿Cómo lo supiste?"

"No lo sabía, pero no me sorprende. ¿Sabes cuánta gente hay que piensa así, incluso aquellos que son pagados para estar allí, como tú? La rutina finalmente hace marchitar la vida, no importa cuan buena sea."

"¿Entonces la desilusión de mi anciano es algo bueno?" pregunté, incrédulo.

"Igual como el tuyo. Te estás dando cuenta de que esta rutina no contribuye a tu deseo de conocer mejor a Dios. Estar sentado durante el mismo programa semana tras semana, te agota. ¿No estás cansado de estar cayendo año tras año en las mismas tentaciones, de estar orando las mismas oraciones sin respuesta, y de nunca llegar a discernir la voz de Dios con más claridad?"

"Sí, estoy cansado de esto." Yo mismo me sorprendí de cuán rápido la respuesta había salido de mis labios. "Entonces, ¿por qué lo hacemos?"

"La respuesta a esto, Jacob, te dirá más acerca de ti mismo que acerca de la iglesia. Por ahora, permítete a ti mismo ser honesto acerca de tu aburrimiento y tu desilusión. El Padre nunca abandonó su deseo de compartir contigo la misma amistad que tenías cuando tenías trece años."

"Hubo otras veces desde entonces."

"Por supuesto, pero no duraban mucho, ¿no cierto? Si hubieran durado, entonces no hubieras necesitado encubrir a gente como tu anciano, y calmar su espíritu con fórmulas vacías. Gente como él no deben ser callados como faltos de fe. Mas bien apláudelos por su valentía de tomar su vida espiritual como algo real. Te digo que la honestidad de ese anciano demuestra más fe que tu incomodidad con sus preguntas."

"¿Qué haré, Juan? Yo quiero la vida de la que tú hablas."

"Esto no requiere mucho de ti, Jacob. Solo sé auténtico con el Padre, y no vuelvas a meterte en tu caparazón donde aguantas la falta de vida. Tu lucha viene del llamado del Espíritu de Dios a tu espíritu. Pídele perdón por haber sustituido el poder de su amor por otras cosas, e invítale a mostrarte como tus esfuerzos de buenas obras oscurecen su amor por ti. Deja que Dios haga lo demás. El te atraerá hacia él mismo."

Miré mi reloj y supe que tenía que irme. "Lo siento, tengo que ir corriendo. Intentaré hacer lo que dices, Juan."

"Bien. ¿No será una alegría volver a despertar amado por Dios cada día, sin tener que merecerlo con esfuerzos de tu parte? Este es el secreto del primer amor. No intentes merecerlo. Sepa que eres aceptado y amado, no por lo que puedes hacer para Dios, sino porque él te escogió en Cristo por su misericordia increíble."

Me levanté para irme. Juan mantuvo mi mano por un momento. "Esto no es difícil, Jacob. En su reino realmente recibes lo que buscas. Este es el punto de todo. Si buscas una relación con Dios, la encontrarás."

"Entonces ¿por qué no la encontré? Pensé que esto es lo que busqué todo el tiempo."

"Sin duda, así puede haber sido al principio. Pero esto funciona al revés también. Si miras lo que recibiste al final, ¡sabrás qué fue lo que realmente estabas buscando!"

 El soltó mi mano. Sus palabras terminaron de manera tan definitiva, y yo estaba tan apresurado para llegar a mi cita, que simplemente asentí con la cabeza. No tenía ninguna idea de lo que él quiso

decir.

"Espero volver a verte."

"Oh, pienso que sí me verás … en su tiempo."

Le agradecí, y corrí a través del parque, ahora ya tarde para mi cita. Siempre me asombra el hecho de que los viajes más grandes de nuestra vida siempre comienzan de manera tan sencilla, que ni siquiera sabemos que nos hemos embarcado, hasta que ya estamos bien avanzado en el camino y miramos atrás. Así iba a ser conmigo también.

Capítulo 3

¿Es esto educación cristiana?

Mi breve tiempo con Juan en el parque resultó más frustrante que de ayuda. Aunque salí de esa conversación entusiasmado acerca de nuevas posibilidades, y pasé el resto del día sin nada del estrés que me había abrumado antes, el entusiasmo pronto se desvaneció.

Se me hizo difícil recordar todo lo que él había dicho, y tenía cien preguntas que hubiera deseado hacerle. Me sentí enojado porque el tiempo había sido tan breve y él no había estado dispuesto a acordar otra cita.

¿Quién era él, por fin? ¿Tal vez me estaba haciendo alguna broma cruel? Pero yo me había sentido completamente cómodo al conversar con él. Me recordaba de las conversaciones que tenía con mi padre antes que él murió en un accidente, hace cinco años.

Sentí un afecto similar por Juan. El había alimentado mi hambre de conocer mejor a Jesús, y esta hambre no disminuyó, pero no pude satisfacerla. Después del encuentro con Juan, aparté cada mañana 45 minutos, antes que despertara el resto de la familia, para leer la Biblia y orar.

Aunque fui fiel en hacerlo cada día, no sentí ninguna diferencia. Las mismas tensiones del trabajo y del hogar habían vuelto. Ninguna de mis oraciones parecía tener algún impacto. Yo esperaba encontrarme con Juan nuevamente, pero no sucedió.

 Durante algunas semanas me sorprendí a mí mismo mirando por Juan en cualquier lugar, al hacer compras, al comer en un restaurante, o incluso al manejar por la calle. De vez en cuando veía a una persona similar, y mi corazón se paraba por un instante; pero al acercarme mis esperanzas se deshacían cada vez.

Incluso salí de mi camino de vez en cuando para regresar a aquella banca en el parque. Imagínate mi sorpresa cinco meses después, cuando vi su cara conocida en el lugar donde menos lo esperaba – mirando a través del vidrio de una de las puertas de nuestro auditorio.

Fue domingo por la mañana, durante nuestro culto más grande, y yo estaba caminando por el pasillo con mi mejor cara de "¿qué harían sin mí?". Acababa de eliminar un ruido molestoso de nuestro equipo de sonido profesional.

Pude sentir los ojos de la gente mirándome, aunque el pastor estaba orando en este momento. Mantuve mi cabeza agachada hasta llegar a mi fila, y miré a lo largo del pasillo. Allí estaba él. Sus ojos no podían confundirse, y mi corazón casi se me salió al reconocerle.

Pasé por mi asiento y salí por la otra mitad de las puertas dobles. El estaba parado allí, las cejas fruncidas, y yo pensé: Cuan extraño y fuera del lugar él se ve en nuestro edificio. No sé por qué tuve esta impresión.

No fue su manera de vestir – fue más que apropiado para nuestros cultos informales. Teníamos a otros con barbas similares y pelo aun más largo que el suyo. Pero él simplemente se veía como fuera del lugar.

"Juan, ¿qué haces aquí?" dije a voz baja.

El me sonrió y se volteó nuevamente para mirar adentro. Después de unos momentos, por fin habló: "Pensé venir para ver si tenías unos momentos para hablar."

"¿Dónde has estado? Te buscaba por todas partes." – El seguía mirando por el vidrio. – "Me gustaría hablar, pero ahora no es un buen momento. Estamos en medio de nuestro culto más grande."

Ahora Juan se apartó de la ventana. "Sí, me he dado cuenta." – Pude escuchar como adentro

la congregación se puso de pie, mientras el grupo de alabanza empezó a tocar la introducción de la siguiente canción.

"¿Qué tal más tarde? ¿Después del culto?" "Solo estoy de paso y pensé ver cómo estás. ¿Estás encontrando respuestas a tus preguntas?" "No sé. Estoy haciendo todo lo que sé hacer. Mi vida devocional ya está más ordenada, mucho mejor que antes."

Su silencio me dijo que no había respondido su pregunta. Pensé que podría aguantar el silencio más tiempo que él, pero me sentí tan incómodo que tuve que volver a hablar. "Oh… bien… ¿cómo puedo decirlo? Supongo que no. De hecho, parece que cuánto más lo intento, más vacío y más frustrado me siento."

"Bien." Juan asentó con la cabeza, mientras seguía mirando dentro del auditorio. "Entonces aprendiste algo valioso, ¿no?"

"¿Qué?" – Pensé que él me había malentendido. "Dije que no funcionaba. Realmente me esforcé mucho, pero parece que nada sucede."

"Te entendí", respondió Juan, volteándose hacia mí. "¿Quieres saber por qué? Ven, te lo mostraré." Se volteó y me indicó con su cabeza que le siguiera. Caminó por el pasadizo que llevó a las aulas de los niños. Mientras él se alejaba de mí, miré atrás al auditorio. No le podía seguir ahora. Debía estar en el culto. ¿Qué si el equipo de sonido iba a fallar nuevamente? ¿Qué si …?

El volteó la esquina ahora. De esta manera le había perdido una vez, ¿no cierto? Sin pensarlo bien, corrí por el pasadizo para encontrarle. Detrás de la esquina casi derribé a una familia joven que vino en mi dirección.

 Pedí disculpas por chocarme con ellos, pero parecía que ellos no lo escucharon. Sus caras expresaban vergüenza. "La única vez que llegamos tarde", suspiró la esposa, "y mira quién nos coge – ¡uno de los pastores! Sinceramente, nosotros nunca llegamos tarde." – Sobre sus hombros vi que Juan se había detenido para esperarme.

El se apoyaba en la pared y miraba nuestro intercambio. Sus cejas señalaban hacia arriba, y su sonrisa chueca parecía decir: "¡Te cogí!" De repente me sentí como la policía eclesiástica. Hace dos domingos había hecho un gran anuncio de cuán importante es llegar a la hora, para no interrumpir la adoración con entrar tarde. Sentí que Juan estaba escuchando nuestra conversación.

"La llanta del carro se bajó en el camino", se disculpó el esposo.

"Ustedes tienen suerte. No estoy dando papeletas por llegar tarde hoy." Me reí, esperando calmar así la incomodidad de ellos – y la mía. "Me alegro de que hayan llegado. Bienvenidos." Los abracé a los dos y les acompañé a las puertas del auditorio.

Corrí nuevamente hacia las aulas de los niños. Allí estaba parado él, delante de nuestro tablero de anuncios de la Escuela Dominical. Sus ojos seguían las letras de ocho centímetros encima de los anuncios, que decían: "ME ALEGRÉ CON LOS QUE ME DECÍAN: IREMOS A LA CASA DEL SEÑOR."

"¿Qué significa esto?", preguntó, dibujando un arco iris imaginario con su dedo índice señalando las letras.

"Que debemos disfrutar de estar en la presencia de Dios." Sin quererlo, mi voz se elevó al final, lo que hizo sonar mi respuesta más como una pregunta.

"Buena respuesta. ¿Por qué está esto aquí?"

"Este es nuestro lema para la educación cristiana." – Aparenté estar tranquilo, pero sabía que él se dirigía hacia algo. Solo que no estuve seguro hacia qué. – "Estamos intentando proveer un ambiente donde los niños realmente disfrutan de estar en sus clases."

"¿Y ‘la casa del Señor’, sería este edificio?" – El señaló ambos extremos del pasadizo.

Uups. No me gustó la dirección que la conversación estaba tomando. Después de una pausa, respondí: "Bueno, todos sabemos por supuesto que significa algo más grande que esto." Me desesperé por encontrar una respuesta correcta, pero parecía que no tenía ninguna en mi arsenal.

"¿Pero qué piensan las personas que lo leen?"

"Ellos probablemente lo toman en el sentido de asistir a nuestra iglesia."

"¿Es esto lo que ustedes quieren que piensen?"

Decidí que si no iba a responder, podríamos hablar de algo diferente. Pero nuevamente, él permanecía en silencio más tiempo de lo que yo podía aguantar.

"Supongo que sí."

"¿No te das cuenta de que el Evangelio nos libera de la idea de que Dios vive en alguna casa especial? Esto es algo de lo más poderoso. Para un pueblo sumergido en los rituales del templo, esta fue una noticia grandiosa, o terrible.

Sus seguidores pensaban que era grandiosa. Ya no tenían que pensar que Dios estaba escondido en los recintos del templo y disponible solamente para personas especiales en tiempos especiales."

Me di cuenta de la tristeza en su voz, y me quedé callado.

"Entonces, Jacob, si no es este edificio, ¿dónde está la casa de Dios?"

"Nosotros lo somos." – Sacudí mi cabeza al darme cuenta de cuán estúpido me parecía este lema ahora. Me pregunto si Juan sabía que había sido mi propia idea. Seguramente no iba a decirle esto.

"Entonces ¿como puede un pueblo ir a sí mismo?" suspiró Juan. "¿Te recuerdas de lo que Esteban dijo justo antes que levantaran piedras para matarle? ‘El Altísimo no vive en casas hechas por manos humanas.’

Fue en ese momento cuando ellos se volvieron contra él. Sus palabras les recordaron del desafío de Jesús, de destruir el templo y reedificarlo en tres días. La gente puede volverse muy susceptible acerca de sus construcciones, especialmente cuando piensan que Dios vive dentro."

No dije nada, solo asentí con la cabeza.

"¿Y se alegran ellos cuando vienen?"

Demoré un momento para comprender lo que él quería decir. – "Lo esperamos. Trabajamos

muy duro."

"Esto se nota." – Juan examinó el tablero que rebosaba de anuncios para seminarios, reuniones de colaboradores, actividades de grupos, y formularios para ofrendas voluntarias. "Un programa de calidad requiere mucho trabajo."

 "Sin duda. Y no poca culpabilidad también, sin mencionar la manipulación." – Seguí sus ojos hacia el centro de nuestro afiche para reclutar maestros. Fue una foto a todo color de un adolescente pandillero de noche en una calle de la ciudad.

 En letras grandes dijo al margen izquierdo: "Si tan solamente alguien hubiera tomado tiempo para enseñarle acerca de Jesús. Involúcrate hoy."

"¿Culpabilidad? No intentamos hacer sentirse culpable a nadie, solamente les damos los hechos." El movió su cabeza y comenzó a caminar por el pasadizo. Miré atrás hacia el santuario, donde debía estar. Pero decidí rápidamente quedarme con Juan, que ya había entrado a otro pasadizo. Al doblar la esquina, pude escuchar el canto de niños:

"Estamos todos en nuestro lugar, todos con caras brillantes. ¡Buenos días a ti! ¡Buenos días a ti!"

Juan miró a través de la puerta parcialmente abierta. Filas de niños de primer grado estaban sentados frente a la maestra en sus sillitas pequeñas. Al terminar la canción hubo mucho movimiento, empujones y risas.

Un niño con una chaqueta azul se volteó para sacar la lengua a una niña. Cuando se di cuenta de que nosotros le mirábamos, inmediatamente se volteó y aparentó prestar atención. No podíamos ver a la maestra desde nuestro lugar, pero podíamos escuchar su voz suplicante:

"Digamos nuestro verso de memoria", gritó. "¡Adelante! Tranquilícense, o no habrá refrigerio al final." – Aparentemente la amenaza tuvo efecto, porque el aula empezó a tranquilizarse.

"¿Quién sabe su verso?" – Muchas manos se levantaron. – "Vamos a decirlo juntos. "Me alegré con los que me decían", las voces nunca cambiaron de tono, "Iremos a la casa del Señor. Salmo 122:1." – La mayoría de las voces se habían apagado antes del final, excepto una niña que quiso mostrar a todo el mundo que ella lo sabía.

"¿Y qué significa esto?" gritó la maestra en medio de la bulla que se iba a levantar de nuevo. Dos manos se levantaron; una fue la de la niña que había repetido el verso a voz tan alta.

"Sherri, ¡dinos!"

"Esta es mi hija", dije a Juan a voz baja.

La niña se puso de pie. "Significa que debemos disfrutar de venir a la iglesia, porque es aquí

donde vive Dios."

"Esto es correcto", dijo la maestra, mientras yo sentí mi cara calentarse de vergüenza. Encogí mis hombros cuando Juan me sonrió divertido.

A voz muy baja dijo: "Está funcionando." – La expresión de su cara me liberó. Demostró claramente que él no estaba aquí para avergonzarme.

La maestra repartió estrellas de papel dorado para que los niños las pegasen en una tabla en la pared. Recibían estrellas para su asistencia, sus versos de memoria, y cuando traían su Biblia. Mientras los niños recibían sus estrellas, la clase se volvió un caos, y los niños se atropellaban unos a otros mientras buscaban sus nombres en la tabla.

Cuando la clase volvió a sentarse, la maestra señaló algunas de las filas en la tabla. "Miren todas las estrellas que tiene Bobby. Sherri también está haciendo bien, y también Liz y Kelly. No se olviden que las cinco súper-estrellas recibirán un premio especial al fin del trimestre. Entonces, trabajemos duro. Aseguren que vengan cada semana, traigan sus Biblias y memoricen sus versículos."

"¿Has visto suficiente?" me preguntó Juan.

"¿Qué? – Oh, yo. Yo solo te estoy mirando a ti. Yo ya sé lo que pasa allí dentro."

"No estoy seguro si lo sabes." Juan se apartó de la puerta y caminó un poco más allá, hasta donde había un pilón de agua. – "Jacob, viste a aquel niño al lado de tu hija, en shorts y polo amarillo?"

"No, no específicamente."

"No estoy sorprendido. No había mucho que ver. El no hizo bulla, solo estaba sentado con

su cabeza agachada y los brazos cruzados."

"Oh, yo sé de quien estás hablando. Debe ser Benji."

"Benji. ¿Te diste cuenta de que él no sabía ni una palabra del versículo, y que ni siquiera se

levantó para recibir su estrella por haber venido hoy?"

"No."

"¿Cómo piensas que todo esto le hace sentir?"

"Espero que le incentive a hacerlo mejor, a traer su Biblia, y a venir con más frecuencia para

memorizar su versículo. Así motivamos a los niños. Todos lo hacen."

"¿Pero cómo puede él alguna vez competir contra … Sherri, no cierto? ¿Le apoyan sus padres de la misma manera como tú a tu hija?"

"El vive solo con su madre y nunca conoció a su padre. Ella trabaja duro y le ama mucho, pero tú sabes cuan difícil puede ser la vida de una madre soltera. Ni siquiera puedo imaginármelo yo mismo."

"¿Piensas que Benji saldrá animado?"

"Esto esperamos." – Pensé en Benji, sentado con la mirada distante que había visto tantas veces en él. – "Pero supongo que todavía no funcionó. Pero funciona para la mayoría de los otros niños. Tenemos uno de los ministerios infantiles más exitosos de la ciudad."

"¿Quieres decir que los logros de Sherri valen el precio de la vergüenza de Benji?"

Intenté responder su pregunta, pero no se me vino a la mente nada que no hubiera sonado

Increíblemente estúpido.

"¿Tú asistías a la Escuela Dominical, Jacob, cuando eras niño?"

"Sí. Mis padres literalmente nos criaron en la iglesia. Incluso gané una Biblia por memorizar 153 versículos en una competencia de tres meses."

Juan abrió sus ojos muy grande. "¿De verdad? ¿Y qué te hizo hacer esto?" "El ganador recibía una Biblia nueva."

"Y supongo que tú ni siquiera necesitabas una."

Me detuve un momento y me recordé que mis padres me habían comprado una Biblia poco antes de eso. Agaché la cabeza y evité su mirada, como diciendo: "¿Cómo lo sabías?"

"Los que usualmente ganan, no necesitan el premio."

"Yo tenía otra Biblia, pero esa era especial porque la gané."

"¿Ciento cincuenta y tres versículos? Esto es mucho."

"Memorizar siempre fue fácil para mí. Leía un verso algunas veces y ya lo sabía. No fue tan

difícil. La mayoría de los versículos memoricé en la mañana antes de ir a la iglesia."

"¿Cuántos versos memorizó la persona que quedó en segundo lugar?"

"Unos 35, si recuerdo bien. Realmente los sobrepasé a todos."

"¿Y piensas que todo esto es una demostración sana de fervor espiritual?"

Bueno, ahora que lo cuestionas … pensé, pero no dije nada.

"Dime, ¿ganaste otros premios?"

"Cuando tenía alrededor de diez años, recibí un broche dorado por dos años de asistencia ininterrumpida a la Escuela Dominical. El pastor me lo dio un domingo por la mañana frente a la iglesia entera. Hubieras escuchado el aplauso. Nunca olvidaré cuán especial me sentí en aquel momento."

"Te dio algo para vivir por ello, ¿no cierto?"

"¿Qué quieres decir?"

"¿No es esto lo que estabas buscando todo el tiempo desde entonces, este sentimiento de ser

especial?"

Fue como si un velo se hubiera apartado de mis ojos. La mayoría de mis decisiones fueron por anhelar el reconocimiento y la honra de otros. Me gustaba la aprobación de la gente, y a menudo fantaseaba acerca de ello. Esto había sido el incentivo más fuerte para dejar mi negocio de bienes raíces y asumir una posición en el ministerio, donde podía estar al frente de todos, conocido y apreciado.

"¿Fue aquel momento que causó todo esto?"

"Por supuesto que no. Fueron muchos momentos como aquel, que alimentaron un deseo que tú siempre tenías aquí dentro" – y señaló mi pecho. "¿Quién no desea ser querido y apreciado? Es un incentivo fácil cuando quieres motivar a la gente a hacer cosas buenas. La pregunta más grande es, ¿te ayudó toda esta memorización y asistencia a conocer mejor al Padre?

¿Qué es más fácil para ti, seguir tu relación con el Padre, o seguir tu propio deseo de éxito personal? Esta es la verdadera prueba. Me parece que no estarías tan desesperado, si esto te hubiera realmente enseñado como conocer el amor del Padre. En lugar de ello, estás tan ocupado buscando la aprobación de toda la gente, que no te das cuenta de que ya tienes la aprobación de Dios."

"¿Qué quieres decir? ¿Cómo puedo tener su aprobación si todavía estoy luchando de esta

manera?"

"Porque estás luchando por la cosa equivocada. Tú piensas que puedes merecer la aprobación del Padre, y esta es una trampa diabólica. No somos aprobados por algo que podemos hacer, sino por lo que él hizo por nosotros en la cruz.

Mira, Jacob, no hay ni una cosa que tú podrías hacer para que Dios te ame más hoy; y no hay ni una cosa tampoco que tú podrías hacer para que él te ame menos. El simplemente te ama. Es tu seguridad en este amor que te cambiará, no tu lucha por merecerlo."

Mis ojos empezaron a humedecerse. El había liberado algo que yo nunca antes había considerado.

"¿Entonces todos mis esfuerzos son en vano?"

"Si tienen como propósito que Dios te ame más, entonces son en vano. Si nunca más aconsejaras a alguien, y nunca más enseñaras otra clase, Jacob, Dios no te amaría menos."

Yo deseaba creer lo que Juan dijo, pero él había desafiado todos los propósitos del trabajo de mi vida. ¿Fue por eso que tantos esfuerzos me habían dejado vacío? ¿Intentaba yo merecer lo que ya me fue dado?

Después de unos momentos, Juan siguió caminando por el pasadizo, y yo caminé a su lado.

"Sabes, aquella mañana cuando recibiste el broche por tu asistencia, si el pastor realmente te hubiera amado, ¿sabes qué hubiera dicho? – Señores y señoras, queremos presentar a un joven que acaba de completar un tiempo de dos años de no perderse ni una clase de la Escuela Dominical.

Queremos orar por él, porque esto significa que las prioridades de su familia son tan torcidas que en los últimos dos años nunca se fueron de vacaciones juntos. Significa que él probablemente vino acá cuando estaba enfermo y debía haber estado en casa descansando. Significa que ganar un broche dorado y vuestro aplauso le importa más que ser vuestro hermano. Y ni un día de su asistencia le acercará más a Dios."

"Esto hubiera sido bastante rudo", respondí.

"Y artificial, por cierto, Jacob. Pero si él hubiera dicho esto, quizás ahora no estarías persiguiendo esta aprobación que te aparta más y más de Dios."

"¿Estás diciendo, entonces, que la aprobación que recibe Sherri no solo le hace daño a Benji, sino a Sherri también?"

El hizo con su dedo índice el gesto de apretar un botón invisible. "¡Bingo! ¿Sabías que más de 90% de los niños que crecen en la Escuela Dominical, se apartan de la iglesia tan pronto como abandonan el hogar de sus padres?"

"He escuchado de esto. Culpamos a las escuelas públicas que enajenan a los niños de su fe."

Juan levantó los ojos de manera incrédula. "¿De verdad? Esto es conveniente."

"Bueno, nosotros hacemos nuestra parte", dije de manera defensiva.

"En más maneras de lo que puedes ver hasta ahora, supongo."

"Entonces estás diciendo que todo lo malo que aprendí acerca de Dios, lo aprendí en la Escuela Dominical." Pude escuchar la burla y la frustración en mi propia voz.

"No exactamente. No dije que todo fue malo."

"¿Cómo podría ser? Les enseñamos a los niños acerca de Dios y su palabra, y como ser buenos cristianos." – Mi voz se apagó cuando me di cuenta de que aprender de Dios y ser un buen cristiano no era lo mismo como aprender a caminar con Dios.

"Lo que quiero hacerte ver, es que entrelazado con todas las cosas maravillosas que tienes aquí, hay un sistema de obligaciones religiosas que lo distorsiona todo. Mientras no veas esto, nunca sabrás lo que significa caminar con el Padre."

"Entonces me estoy esforzando demasiado, ¿es esto lo que quieres decir? ¿Es por eso que

mis esfuerzos no funcionan? ¿No necesitamos poner de nuestra parte?"

"No exactamente," dijo Juan. "Pero te estás acercando. Es que intentas merecer una relación que nunca merecerás. Hombres y mujeres te aplaudirán por memorizar versículos o por asistir a la iglesia, pero esto nunca sería suficiente para merecer una relación.

Además, estás persiguiendo estas cosas no porque quieres conocer a Dios, sino porque quieres que la gente piense que eres espiritual. Y sabes qué, esto es lo que recibes como recompensa."

"Entonces esto es lo que Jesús quiso decir cuando dijo que los fariseos hacían cosas para ser

vistos por los hombres, y estaban recibiendo su recompensa. Ellos recibieron lo que buscaban. Y yo también. Pero no es lo que realmente quiero."

"Muy bien. ¿No puedes ver que el camino en que estás, no lleva adonde te dijeron que lleva? Te hará un buen cristiano en los ojos de los demás, pero no hará que le conozcas a él." –

Mientras hablábamos, habíamos caminado sin rumbo por los pasadizos. Yo estaba tan sumergido en nuestra conversación que no me di cuenta de las miradas extrañas de las personas que de vez en cuando pasaron por nuestro lado. Más tarde iba a pagar caro por ello.

"¿Entonces puedo ser un cristiano tremendo en los ojos de todos alrededor, y siempre estar lejos de lo que es en realidad?"

"¿No es precisamente esta tu situación? Mira este programa masivo aquí. Mira estos edificios, las necesidades de los niños, y las demandas de esta maquinería. ¿Qué necesita todo esto para existir?"

"Obviamente necesita gente y dinero y un ambiente de espiritualidad, supongo." "Y esta es su recompensa, ¿no cierto? ¿Cómo permanece uno un miembro en plena comunión aquí?"

"Asistencia consistente, ofrendar, y no vivir en pecado obvio."

"¿Cualquier pecado obvio?"

"¿Qué quieres decir?"

"Bueno, no conozco este lugar, pero generalmente hay unos pecados que no se permiten en absoluto – usualmente la inmoralidad sexual, o la enseñanza de algo que no les gusta a los líderes. Otros pecados son igualmente destructivos, pero ni siquiera se reconocen como pecados; tales como el chisme, la arrogancia, o condenar a los demás.

 A veces, estos pecados incluso reciben recompensa, porque podemos usarlos para conseguir que la gente haga lo que queremos."

Incluso nuestra percepción del pecado era selectiva. Pude verlo ahora. Yo conocía a personas que podían explotar el sistema para su propio beneficio, incluso hiriendo a otros. Yo mismo lo había hecho.

"¿No es interesante como un grupo de personas que se reúnen con frecuencia, desarrollan un ‘espíritu del grupo’, hasta en la forma como la gente se viste, habla, la clase de reacciones que permiten, y las canciones que les gusta cantar? ¿No tienen aquí un concepto bien claro de lo que es un buen cristiano, y no es gran parte de esto que uno no cause disturbios ni haga preguntas incómodas?"

El tenía mucha razón con esto.

"Una de las lecciones más importantes que Jesús enseñó a sus discípulos, fue que dejen de buscar la vida de Dios en rituales y responsabilidades. El no vino para mejorar su religión, sino para ofrecerles una relación. Todas sus sanidades en el día de reposo, ¿fueron solo coincidencia? ¡Por supuesto que no! El quiso que sus discípulos supieran que las reglas y tradiciones de los hombres siempre obstaculizan el poder y la vida del Padre.

Y uno puede quedar muy atrapado en esto, porque todos hacemos lo que pensamos que agrada a Dios. Ninguna cárcel es tan fuerte como la obligación religiosa. Nos tiene cautivos aun mientras nos felicitamos a nosotros mismos.

Ayer pasé por una sinagoga, y el rabino salió y me pidió entrar y prender unas luces para él. Alguien había olvidado hacerlo el día anterior, y él mismo no pudo hacerlo sin quebrantar el día de reposo."

"Esto es bastante ridículo."

"Para ti quizás, pero a él también le parecerían ridículas algunas de las tuyas."

"¿De las mías? Yo no tengo estas ideas acerca del día de reposo."

"Claro que no, ¿pero qué si te quedases en casa todos los domingos durante un mes entero? ¿o si dieses tu diezmo a los pobres, en vez de entregarlo a la iglesia?"

"¿Acaso esto es lo mismo?"

Juan asintió. "Sí, pero yo no hago estas cosas por pensar que son ley, sino porque soy libre para hacerlo." "El rabino no diría otra cosa. Pero si fueras sincero, dirías que lo haces porque crees que esto te hace más aceptable ante Dios, y que así te ganas favores de Dios. Si no hicieras estas cosas, te sentirías culpable."

En aquel momento no entendí todas las implicaciones de sus palabras, pero sabía que él tenía razón. Hace unos años, cuando nuestra iglesia dejó de tener cultos los domingos por las noches, yo estaba sentado en casa sintiéndome raro cada domingo por la noche. Demoré dos años hasta que pude estar en casa sin sentirme culpable.

"Es por eso que nunca puedes relajarte, Jacob. Incluso en tu día libre, apuesto que es muy difícil para ti simplemente no hacer nada. Te sentirías culpable porque pensarías que estás desperdiciando el tiempo."

Mientras sus palabras penetraban en mí, se escuchó otra canción desde una de las aulas:

"Cuidadito los ojitos lo que miran,

cuidadito los ojitos lo que miran,

hay un Dios de amor que mirando está,

cuidadito los ojitos lo que miran."

"Esto es lo peor de todo", dijo Juan, meneando su cabeza con dolor. "Odio escuchar a niños pequeños cantar esta canción."

Por unos momentos no entendí de qué estaba hablando. Yo había cantado esta canción desde mi niñez, y mis propios hijos disfrutaban de hacer las mímicas. Y yo esperaba que iban a hacer las decisiones correctas, sabiendo que Dios ve todo. – "¿Quieres decir que algo está mal con esta canción?", pregunté finalmente.

"Dime tú."

"No sé. Habla acerca del amor del Padre por nosotros, y su deseo de protegernos para que no hagamos lo malo."

"¿Pero qué es Dios en esta canción?"

"¿No sé a qué quieres llegar?"

"Esta canción toma unas palabras maravillosas como ‘amor’, y presenta a Dios como un policía que te observa por radar para dispararte. ¿Quién quiere crecer cerca de un padre así? No puedes alimentar una relación con alguien que siempre controla tu rendimiento para ver si es suficiente para merecer su amistad.

 Cuánto más te enfocas en tus propias necesidades y fracasos, más lejos te parecerá el Padre. El sentido de culpabilidad hace esto. Nos aleja de Dios en momentos de necesidad, en vez de permitirnos correr a él para presentarle nuestros fracasos y preguntas más grandes, y para recibir su misericordia y gracia.

¿Puedes ver a un Padre que comprende nuestra inclinación hacia el pecado, que conoce nuestra debilidad, y que quiere transformarnos para ser sus hijos, no por nuestros esfuerzos, sino por lo que él hace?"

"Creo que nunca he pensado en todo esto."

"Sí lo pensaste. Cada vez que lo cantaste, pensabas en cosas que tus ojos vieron y tus oídos oyeron y que Dios desaprueba. Te hizo sentir mal, pero esto no te ayuda a mejorar. Esto es lo peor que la religión hace. ¿Quién querrá acercarse a un Dios que siempre intenta sorprenderte y castigarte en tus peores momentos?

Nunca haremos lo suficiente para merecer su amor. Usamos la culpabilidad para conformar el comportamiento de la gente, pero la misma culpabilidad los aleja de Dios."

Habíamos regresado al hall. Juan se detuvo, me miró, y yo dije: "Ya entiendo por qué estamos siempre vigilando a la gente, animándoles a hacer lo correcto, y raras veces pasamos tiempo ayudándoles a comprender qué es relacionarse con un Padre que sabe todo acerca de ellos y los ama completamente."

"Sí. Esto es lo que significa la muerte de Jesús. Por eso fue tan poderosa, y tan amenazante para la gente acostumbrada a la obligación religiosa. Si eras una persona cansada de todo esto, entonces la cruz fue la noticia más grandiosa: que solo Jesús podía abrir la puerta para la relación que tu corazón anhelaba. Pero si eras una persona que vivía del sistema religioso y tenía una posición en él, entonces la cruz era un escándalo. Ahora podemos ser amados sin hacer nada para merecerlo."

"¿Pero no abusará la gente de esto para justificar sus pecados?"

"Por supuesto, pero tan solo porque algunos abusan de algo, esto no hace que la cosa misma sea equivocada. Si ellos quieren vivir de manera egoísta, siempre reclamarán una gracia falsa. Pero para aquellos que realmente quieren conocer a Dios, él es el único que puede abrir la puerta."

"¿Es por eso que mis últimos meses no produjeron fruto?" 

"Exactamente. La cruz significa que él pudo hacer por nosotros lo que nunca pudimos hacer nosotros mismos. La clave no es cuánto le amas, sino cuánto él te ama a ti. Todo comienza con él. Aprende esto, y tu relación con él crecerá."

"Entonces casi todo lo que hacemos aquí apunta en la dirección equivocada. ¿Qué sucedería si lo parásemos todo?" Habíamos llegado ahora a la puerta del auditorio, y el sonido de la canción final aumentó cuando los ujieres abrieron las puertas para que la gente saliera. ¿Había yo estado fuera

tanto tiempo?

"Esto realmente no es el asunto, Jacob. Estoy hablando acerca de tu relación con el Dios vivo, no acerca de arreglar esta institución. Seguramente necesitaría unos cambios drásticos. En vez de presentar un show, nos reuniríamos para celebrar su obra en las vidas de la gente.

 En vez de hacer que la gente actúe de manera más ‘cristiana’, les ayudaríamos a conocer mejor a Jesús, para que él les cambie desde adentro. Esto revolucionaría la vida de la iglesia y las vidas de su gente. Pero todo esto no comienza allí", y señaló las puertas del auditorio, "sino aquí", y se golpeó el pecho.

Uno de los ujieres me vio. "Jacob, aquí estás. El pastor te estaba buscando durante el culto. El equipo de sonido seguía fallando, y él necesitaba tu ayuda."

"¡Qué problema!" lamenté. "Tengo que irme", dije a Juan, mientras corrí por las puertas solo un paso delante del río humano que empezó a salir. No sé qué sucedió con Juan después, pero sabía que tenía que hacer unos cambios en mi vida, y en ese tablero de anuncios.

Capítulo 4

Por qué tus promesas no funcionaron

Odio levantarme a las seis de la mañana para una reunión de desayuno, y nadie más viene. Por fin, este es un "grupo de rendirse cuentas". Cinco de nosotros formamos este grupo después de un retiro de hombres, hace seis meses, prometiéndonos rendirnos cuentas unos a otros para ser buenos esposos, padres activos, y creyentes comprometidos.

Después de unas semanas, los participantes empezaron a faltar a las reuniones; y hoy un solo hermano vino, y él no había estado en ninguna de las reuniones durante los últimos dos meses. De hecho, habíamos perdido la esperanza en él.

Bob Miller, un miembro del liderazgo de la iglesia, vino solamente para decirme que él y su esposa Joyce se habían separado. Yo había esperado que por lo menos Gil Rodríguez iba a venir, porque él era el único con quien yo podía hablar acerca de mis crecientes problemas en la iglesia (de los que eché la culpa a Juan).

Entonces en vez de poder descargarme yo mismo, pasé todo el tiempo hablando acerca de la separación de Bob. El tenía más de treinta años de casado, había educado a tres hijos, y hasta ese momento yo había pensado que ellos eran uno de nuestros matrimonios ejemplares.

Puesto que Bob estaba en el liderazgo, yo sabía que esto iba a echar sombras sobre nuestra congregación. Joyce había accidentalmente encontrado material pornográfico en la computadora de Bob, y se sintió tan humillada que exigió que él se vaya.

Yo estaba seguro que se trataba de un malentendido, pero Bob me aseguró que no era así. Fue una batalla desde su juventud, que él aparentemente había dejado atrás. "La Internet simplemente lo hizo demasiado fácil", confesó.

Durante nuestra conversación, cada rato escuché risas desde otra parte del restaurante. Pensé cuan fuera del lugar estaba la risa frente a la tristeza que tenía delante de mí. ¡Cómo podía alguien divertirse tanto a esta hora de la mañana, y mientras otras personas pasan tanto dolor!

Intenté todo lo que me vino a la mente para conseguir que Bob pudiera arreglar su situación, pero él dijo que era imposible. El todavía no me había contado el problema entero. Su matrimonio estaba muriéndose lentamente desde que los hijos habían salido de la casa, y el último incidente había solamente sido la gota que faltaba.

Finalmente se nos acabó el tiempo, porque Bob tuvo que ir a su trabajo. Fuimos a la caja para pagar nuestro desayuno. Por dentro yo estaba hirviendo de ira, porque los otros hombres no habían venido, y porque Bob era un tal idiota.

Al recibir mi vuelto, vi una cara conocida salir del baño. Habían pasado casi dos meses desde nuestro paseo por las aulas de la Escuela Dominical. Nuestras miradas se encontraron, y él pareció verdaderamente sorprendido, como yo también.

"¿Juan? ¿Qué estás haciendo aquí?" Una gran sonrisa apareció en su cara: "Jacob, ¿cómo estás?" Se acercó y estrechó mi mano. Intenté presentarle a Bob, pero no sabía su apellido. "Bob, él es Juan, un amigo que conocí hace unos meses." – A Juan dije: "Lo siento, creo que nunca escuché tu apellido."

"Juan es suficiente", dijo, estrechando la mano de Bob.

Bob sonrió también, pero pronto puso una cara seria. "¿Eres tú el …?" Después se volteó hacia mí y comenzó nuevamente: "¿Es este el tipo …?" Otra vez se detuvo y tartamudeó.

Yo tenía miedo de lo que él iba a decir, y puse mi mejor cara de "Por favor ten cuidado". -"¿Es este el tipo … que te causó todos estos problemas?"

Miré a Juan, avergonzado. "Yo no lo diría de esta manera."

"Quizás fue otra persona." Bob miró su reloj, dijo que ya estaba tarde para su trabajo, y desapareció.

"Estoy sorprendido de verte." Me volteé hacia Juan.

"Estuve desayunando con un amigo antiguo esta mañana. El tuvo que irse, y a mí me queda todavía una hora hasta que salga mi bus." – Señaló con la cabeza hacia el paradero de buses al fin de la calle.

"¿Adónde vas?"

"Tengo una reunión en el norte esta tarde."

"¿Ibas a buscarme?"

"Obviamente no era necesario, Jacob. Realmente no tuve mucho tiempo para organizar algo, pero si quieres sentarte conmigo a mi mesa, tengo tiempo ahora."

Le seguí por el restaurante hasta la mesa en la esquina de donde había venido toda esa risa.

"¿Fuiste tú quien se reía tanto antes?"

"Oh, ¡eso fue Felipe! Deseo haber sabido que estabas aquí, porque me gustaría que ustedes dos se conocieran. El está en un viaje similar al tuyo, y acaba de salir de unos tiempos muy dolorosos. Ahora él es como un niño que juega en la piscina. Su alegría es aun más contagiosa que su risa."

"Me alegro de que alguien se esté divirtiendo", dije con sarcasmo.

"Esto no suena bien."

"Tuve un tiempo horrible desde la última vez que te vi, y esta mañana fue el colmo de todo. Nadie vino a nuestro grupo de rendir cuentas, excepto Bob que no había venido por mucho tiempo. El solo vino para decirme que está separado de su esposa porque ella encontró pornografía en su computadora. Además él es un líder de la iglesia. ¡Qué problema!"

"Pareces realmente enojado. ¿De qué manera te afectará esto a ti?" "No me afectará a mí. Pero pienso que afectará a la iglesia."

"¿Es por eso que estás enojado con él?"

Esta fue la primera vez esta mañana que me detuve para pensar en cómo me sentía acerca de

Bob. Yo había estado tan molesto por su separación y por cómo esto afectaría a la iglesia, que realmente no había pensado en él mismo.

"No pienso que estuve enojado con Bob. Estuve enojado por su fracaso, ¿y qué?"

"Y qué te costaría a ti."

"No me recuerdo haber pensado en esto. Pero ahora que lo mencionas, estuve bastante duro con él. Supongo que le eché la culpa por no haber sido más consistente con el grupo y por no admitir su lucha."

"Rendir cuentas no es para aquellos que están luchando, Jacob, es para aquellos que pueden tener éxito."

"¿Pero no debemos rendir cuentas unos a otros?"

"¿De dónde tienes esta idea?"

"Está en la Biblia, ¿no cierto?"

"¿Puedes mostrarme dónde?" – Juan sacó una Biblia de su bolsa y la dejó sobre la mesa. La levanté y comencé a hojear, mientras mi mente daba vueltas para encontrar un pasaje. No pude recordarme de ninguno.

Incluso rebusqué la concordancia, pero me di cuenta de que todos aquellos pasajes hablaban de rendir cuentas a Dios, no unos a otros. "¿No dice en Hebreos que la gente debe rendir cuentas a sus líderes?"

"No", se rió Juan, "eso habla de que los líderes tienen que rendir cuentas por las vidas que tocan. Todo el rendir cuentas en la Biblia es ante Dios, no ante nuestros hermanos. Cuando exigimos que otros nos rindan cuentas, estamos en realidad usurpando el lugar de Dios. Es por eso que al fin nos herimos unos a otros tan profundamente."

"¿Cómo podemos entonces cambiar? Hemos enseñado a la gente que crecerán en Cristo al comprometerse a hacer lo correcto, y reforzar este compromiso. Necesitamos ayudarnos unos a otros para lograrlo."

"¿Cuán bien funciona esto para ti, Jacob, o para el resto del grupo?"

"No muy bien, admito. Pero esto es porque la gente no está lo suficientemente comprometida."

"¿Realmente piensas esto?"

Yo había escuchado antes este tono de voz y supe que Juan no lo veía de esta manera. No sabía qué responder. – "¿Sabes qué resultado tiene todo este hablar de compromiso?" preguntó Juan.

"Les ayuda a la gente a vivir mejor."

"Así parece." Juan suspiró. "Pero no funciona. No somos cambiados por las promesas que hacemos a Dios, sino por las promesas que él nos hace a nosotros. Si hacemos compromisos que podemos mantener solo por poco tiempo, nuestra culpabilidad se multiplica cuando fallamos.

Nos enojamos porque Dios no hace más para ayudarnos, y normalmente empezamos a calmar nuestra culpabilidad con algo como drogas, alcohol, comida, compras impulsivas, o cualquier otra cosa que tranquiliza el dolor; o el dolor sale de nosotros en forma de ira o lascivia."

"¿Estás diciendo que esto fue lo que sucedió con Bob?"

"No conozco a Bob, pero diría que es probable. ¿Se sintió él con suficiente confianza para venir y compartir su tentación más profunda?"

"¡Obviamente no!" Sacudí mi cabeza, frustrado. "Muchas de nuestras esposas dicen que necesitamos un retiro de hombres cada mes para mantenernos con suficiente motivación. A veces pienso que tienen razón."

"Sí, es fácil volver a emocionarse y mantener nuestros compromisos por unas semanas, ¿pero qué sucede cuando la emoción pasa, y ya no es divertido tratar a tu esposa como una princesa, o pasar tiempo con los hijos, cuando estás bajo mucha presión en el trabajo? Uno finalmente se rinde, porque por dentro nada cambió. Es un método basado en esfuerzos humanos, y esto no funcionará."

"¿Estás diciendo que nuestro método solo produce más pecado?"

"Para mucha gente, sí. Es por eso que Bob no quiere venir, y los demás tampoco. Incluso cuando están presentes, probablemente no cuentan la verdadera historia de su lucha. Se sentirían demasiado mal. En su lugar, ellos confiesan pecados ‘aceptables’ como sobrecarga, enojo o chisme.

Esto es lo peor de la mentalidad religiosa. Toma nuestras mejores ambiciones, y las usa en contra de nosotros. La gente que intenta ser más piadosa, en realidad se vuelve más cautiva bajo sus antojos y deseos.

Pablo reconoció que hay tres caminos en la vida, mientras la mayoría de nosotros solo conocemos dos. Nosotros pensamos que nuestras vidas consisten en decisiones entre hacer lo malo y hacer lo bueno.

 Pablo vio que hay dos caminos diferentes de hacer lo bueno. Uno de ellos hace que nos esforcemos mucho para someternos a las reglas de Dios. El dijo que este camino siempre falla. Aunque él se describe como alguien que seguía todas las reglas de Dios externamente, él también se llamó el peor pecador por causa del odio y la ira en su corazón.

El podía conformar su comportamiento externo a las reglas, pero esto solo empujó sus problemas más adentro. Te recordarás que él salió a matar al pueblo de Dios en el nombre de Dios."

"Sí, pero Pablo habla de la ley del Antiguo Testamento. Nosotros no seguimos la ley. Intentamos vivir según los principios del Nuevo Testamento."

"No, Jacob. Pablo habla acerca de la religión – el esfuerzo del hombre para aplacar a Dios por medio de sus propias obras. Hacer lo que él quiere, para que él sea bueno con nosotros y no nos pasen cosas malas.

Cuando nos va bien, este método nos hace autosuficientes, y esta es la trampa de la justicia propia. Y cuando nos va mal, acumulamos sobre nosotros una culpabilidad tan grande que no la soportamos.

Tus ‘principios del Nuevo Testamento’ son solo otra manera de vivir bajo la ley. Todavía estás atrapado en los intentos de conseguir una recompensa de Dios por hacer lo bueno."

"Entonces, ¿intentar hacer lo bueno puede ser algo malo?" – Yo no podía creer lo que estaba escuchando.

"Si lo intentas de esta manera, definitivamente es malo. Pero Pablo conocía otro camino de vivir en la vida de Dios. Este camino transformó su vida entera. El sabía que nuestros fracasos vienen de nuestra falta de confianza en el cuidado de Dios.

 Mientras Pablo conoció mejor a Dios, descubrió que podía confiar en el amor de Dios por él. Cuanto más confiaba, más libre era de aquellos deseos que le consumían. Solo confiando en Jesús puede alguien experimentar esta libertad. Es una libertad verdadera."

"¿No usará la gente esto solo como una excusa para hacer cualquier cosa que quieren?"

"Algunos ciertamente lo harán. Muchos ya lo hicieron. Pero no puedes desechar la verdad, solo porque algunos la abusan de manera egoísta. Aquellos que realmente conocen a Dios, desearán ser como él."

"Pero debemos tener un estándar, para que la gente sepa qué es lo que Dios quiere." Entonces él soltó la bomba que hizo reventar todos mis conceptos acerca de la vida cristiana. "Jacob, ¿cuándo por fin superarás la idea equivocada de que el cristianismo es acerca de ética?"

¿Qué? Le miré y no pude pensar ningún pensamiento coherente. Si no es acerca de ética, ¿acerca de qué es entonces? Yo había sido educado en la creencia de que el cristianismo es una ética para la vida, que me conseguiría un lugar en el corazón de Dios. Yo no sabía que hacer con lo que Juan dijo. Por fin encontré algo a decir. "Ni siquiera sé cómo responder a esto. He vivido toda mi vida en Cristo pensando que es un asunto de ética."

"Y es por eso que no lo entiendes. Estás tan atrapado en un sistema de recompensas y castigo, que te pierdes la relación sencilla que él quiere tener contigo."

"¿De qué otra manera podemos saber cómo Dios siente acerca de nosotros, si no vivimos según sus normas?" "Es aquí donde piensas al revés, Jacob. No conseguimos su amor por vivir según sus

normas. Encontramos su amor en el mayor quebrantamiento de nuestras vidas.

Cuando dejamos que él nos ame allí, descubriremos cómo amarle a él, y entonces encontraremos que nuestra vida cambia en esta relación."

"¿Cómo puede ser esto? ¿No tenemos que alejarnos del pecado para conocerle?"

"Caminar hacia él es alejarse del pecado. Cuánto más le conoces, más libre del pecado serás. Pero tú no puedes alejarte del pecado, Jacob. ¡No en tus propias fuerzas! Todo lo que él quiere hacer en ti, será hecho mientras aprendes a vivir en su amor.

Cada pecado viene de tu desconfianza hacia su amor. Pecamos para cubrir el quebrantamiento, para pelear por lo que creemos que es bueno para nosotros, o por reaccionar contra nuestra culpabilidad y vergüenza. Una vez que descubres cuánto él te ama, todo esto cambia. Por eso, cuánto más confías en él, más libre serás del pecado."

"Esto suena tan fácil cuando tú lo dices, Juan. Pero aprender a vivir así, sería lo contrario de todo lo que me han enseñado." Comprender esta conversación me iba a tomar mucho tiempo, y todavía ni había comprendido bien la última. Lo que me hizo recordar que todavía estaba enojado con Juan. No sabía como decirlo, pero mientras Juan alistaba sus cosas, pensé mejor decirlo ahora.

"¿Me causará esto tantos problemas como nuestra última conversación?" – Mi tono se volvió

un poco amenazante.

"¿Es esto lo que Bob mencionó antes? ¿Qué pasó, Jacob?"

"Tu pequeña visita ha causado bastante alboroto. El pastor Jim estaba enojado porque el ruido en el equipo de sonido volvió a aparecer durante su prédica. Le distrajo, y él pensó que arruinó su mensaje.

Yo debía haber estado allí para arreglarlo, y en lugar de eso yo estaba mostrando las aulas de la Escuela Dominical a un extraño de quien ni sabía su apellido. Esto no hizo buena impresión. Ni siquiera pude decirle donde vives. El estuvo muy molesto y me acusó de dejar a algún pedófilo entrar a las aulas de nuestros niños."

"Una acusación bastante fuerte", dijo Juan tranquilamente. Yo pensaba que se iba a molestar, pero ni siquiera le impresionó.

"Le aseguré que no fue así, pero él me preguntó cómo podía confiar en alguien que no era lo suficientemente comprometido para estar donde debía estar el domingo por la mañana. El realmente explotó, Juan. Nunca le había visto así.

Hemos sido buenos amigos por veinte años, aun después que yo entré al pastorado. El me amó durante mis peores momentos, y me apoyó cuando otros intentaron destrozarme. Ahora me critica por cualquier cosa que hago, y no tenemos ningún momento relajado juntos."

"¿Todo esto cambió desde mi última visita? ¿No me dijiste en el parque hace unos meses que ya había tensiones entre ustedes?"

Me detuve para pensarlo. "Ahora que lo mencionas, sí, comenzó antes. Ha sido difícil trabajar con él desde hace unos seis meses o más. El estaba distante, y raras veces responde a mis sugerencias."

"Suena como si algo más estaría sucediendo allí."

Lo que sea, supongo que tu visita lo empeoró todo. Tampoco le gustaron los cambios que hice."

"¿Cambios? ¿Qué cambios?"

"Los que me dijiste que hiciera."

"No te dije que hagas cambios, ¿o sí, Jacob?"

"Quité ese lema que no te gustó, de que nuestra iglesia era la casa de Dios, y ese afiche que

produce culpabilidad."

Juan se rió como si yo hubiera admitido una pequeña equivocación inocente. "Apuesto que esto fue bien recibido."

"No es chistoso, Juan. Unos días después, Jill Harper, la dama que había cortado todas estas letras y había diseñado el afiche para mí, vino a mi oficina. Preguntó qué había pasado con el tablero de anuncios. Le dije que me sentía incómodo con algunos de los mensajes, y quisiera renovarlo.

 Ella estaba furiosa porque no le había consultado acerca de los cambios. Pedí disculpas, pero no ayudó. Ella no quiere volver a hablar, y pienso que está difundiendo su enojo entre el equipo de maestros. Muchos de ellos están molestos conmigo."

"¿Acerca de qué?"

"Hace unas semanas presenté una propuesta para cambiar la prioridad del programa de niños, para acomodarlo a lo que conversamos cuando tú estuviste allí."

"¡Ah oh!"

"¿Ah oh? Estuve tan entusiasmado. Pasé mucho tiempo e imprimí un documento de diez páginas de cómo podríamos reenfocar nuestras clases y reentrenar a nuestros maestros. Estuve seguro que ellos estuvieran igualmente entusiasmados de poner el ministerio sobre una base mejor. Hice una lista de recomendaciones específicas para abandonar las tablas de estrellas, y para usar más canciones acerca de la gracia de Dios."

"¿Y?"

"Ellos pensaban que yo les acusaba de ser fariseos. Dijeron que ellos creían en la gracia como todos, y que todos ellos habían crecido con esas tablas, y que colocar estrellas les da a los niños un sentimiento de éxito. No sabía qué decir, porque estuve tan sorprendido. En el calor de la batalla, ni siquiera me recordé de lo que tú habías dicho. Fue un desastre."

"Me puedo imaginarlo, Jacob. Lo siento que haya sido tan doloroso."

"Ni siquiera sé qué hice mal, Juan. La vida en la iglesia ya había sido difícil antes. Ahora es una pesadilla, y parece que el pastor ya no tiene ningún respeto por mí. Mi estómago se hace nudos todo el tiempo."

"Jacob, si quieres escuchar todavía algo de lo que digo, escucha esto: No utilices nuestras conversaciones para intentar cambiar a otros. Yo solo intento ayudarte a ti a vivir en la libertad de Dios. Mientras que ellos no estén buscando las mismas cosas como tú, ellos no te comprenderán, y serás acusado de cosas aun peores.

 Tú intentas hacer lo que yo dije, sin dejar que Dios lo haga real en tu vida. Así no funcionará. Solo herirás a mucha gente, y serás herido tú mismo en el proceso." – Juan se levantó y buscó unos billetes para dejar una propina.

"Esto es cierto", dije al levantarme también.

Juan dijo que tenía que llegar al paradero para alcanzar su bus. Le ofrecí llevarle allí con mi carro, y por mientras podíamos seguir conversando.

"No encuentras la presencia de Dios más real que cuando conversamos por primera vez, ¿no

cierto?"

"¿Por qué dices esto?"

"Porque sigues intentando que otros lo hagan, en vez de vivirlo tú mismo. Es natural para nosotros, cuando nos sentimos vacíos, intentar que la gente alrededor de nosotros cambie. De allí vienen todos estos programas de rendir cuentas y de esfuerzos humanos. Pensamos que si todos los demás hicieran lo correcto, todo sería mejor para nosotros mismos."

"¿Y no sería así?"

"¡No, Jacob! Y ni siquiera lo conseguiríamos. La gente siempre lo malogrará. Edificar una relación con Jesús es un viaje de toda la vida. La vida de la fe es suficiente lucha para uno mismo en un mundo quebrantado, sin que tengamos que complicarlo para los otros creyentes. ¿Por qué crees que no estabas allí para Bob, y ahora tu pastor no está allí para ti?"

"No lo sé." "Porque la verdadera vida del cuerpo de Cristo no se construye sobre el rendir cuentas. Se construye sobre el amor. Estamos aquí para animarnos unos a otros en el viaje, sin conformar a la gente al estándar que pensamos que necesitan."

"¡Esto suena como relativismo, Juan!"

"No lo es. Es simplemente respetar el proceso que Dios utiliza para atraer la gente a la verdad. No estoy hablando de que existieran diferentes verdades; pero de que diferentes personas descubren la verdad en tiempos diferentes. Si exigimos que la gente nos rinda cuentas, ellos nunca aprenderán a vivir en amor. Solo recompensaremos a aquellos que saben aparentar mejor, y perderemos a aquellos que están en la verdadera lucha de aprender a vivir en Jesús."

"Ni siquiera puedo imaginarme compartir este viaje con otros."

"¡Es lo mejor, Jacob! Esto abre la puerta para que la gente sea auténtica, y que sean conocidos exactamente tales como son. Los anima a acercarse más a Jesús, no a intentar a cambiar a todo el mundo según nuestras propias respuestas."

"¿Dónde puedo encontrar esto, Juan? ¿Existe un lugar así en Kingston?"

"Jacob, no estás entendiendo. No es un lugar. Es una manera de vivir, junto con otros creyentes.

¿Existen otros que quieren vivir de esta manera?

Seguramente. Y se encontrarán unos a otros en su tiempo. Pero primero deja que tú mismo seas cambiado."

Paré el carro delante del paradero de los buses, y Juan abrió la puerta. "Tengo que correr, Jacob, o perderé el bus."

"¿No puedes darme un número de teléfono donde te puedo ubicar si necesito hablar contigo?"

"Esto no es tan fácil como piensas", dijo Juan mientras salió del carro. "Te volveré a encontrar, estoy seguro."

"Yo no."

"Cuídate, Jacob. Estás en el camino correcto. Las cosas pueden empeorar antes que mejoren, pero lo mismo sucede en una cirugía. ¡Pero cuando las cosas mejoren, entonces mejorarán de verdad!"

"No me siento así."

"Yo sé. Llegar a los límites de uno, no es divertido. Pero es solo el comienzo. En esta etapa, cuánto más nos acercamos, más lejos nos sentimos de él. Es por eso que quiero animarte a perseverar allí con Jesús. El arreglará todo esto de maneras que nunca creerás si te lo dijera ahora."

"Gracias, Juan. Esto ayuda." – Mientras él se volteó para irse, me recordé de algo que debía preguntarle. "¿Podrías por lo menos decirme tu apellido?"

La bocina del taxi detrás de mí debe haber ahogado mi pregunta, porque Juan se fue sin voltearse.

Capítulo 5

Amor con un gancho

Llegué acá para escapar de todo eso, pero resulta que traje todo conmigo. Parece que cada minuto estaba lleno de pensamientos acerca de lo que sucedía en casa. Aun el paisaje virginal no pudo calmar mi frustración y enojo.

 La laguna Nellie es uno de mis lugares favoritos. Se encuentra en la altura, al final de una subida de dos horas y media. Casi nunca hay otras personas aquí, incluso ahora en verano. Tuve la laguna entera para mí mismo.

Es una laguna pequeña, pero siempre cojo muchas truchas de buen tamaño aquí. Mi esposa Laura había viajado para visitar a sus parientes por una semana. En un arranque de frustración yo había salido para unos días de retiro personal.

Ya había tipeado mi carta de renuncia, pero la escondí en mi escritorio hasta que tuviera tiempo para pensarlo bien. Yo había tomado a pecho mis últimas conversaciones con Juan, y en los seis meses desde entonces, mi relación con Dios había realmente empezado a crecer.

Yo estaba más consciente de su presencia durante el día. Yo estaba empezando a aprender cómo confiar más en él que en mis propios esfuerzos. Pero justo entonces estalló un conflicto en la iglesia.

De alguna manera perdí a Dios de la vista en todo eso, y comencé nuevamente a buscar la cara conocida de Juan por todas partes donde pasé. Por fin me rendí y decidí escaparme, aunque por unos días no más.

En las dos últimas horas había atrapado casi veinte truchas. Pero aun estos momentos fueron solo una distracción momentánea del gran dolor que sentía en mis intestinos. Yo había visto unos conflictos horribles en mi trabajo de negociante, pero nunca había visto un grupo de personas tratarse con tanta hostilidad y tanto engaño, y a la vez esforzándose tanto por parecer dulces e inocentes.

"¡Idiotas!", exclamé, mientras eché el anzuelo a la laguna.

"Espero que no estés hablando de mí", dijo una voz conocida desde la colina detrás de mí.

Sorprendido, salté sobre mis pies y me volteé. Juan, con una mochila en su espalda, estaba descendiendo hacia la laguna. Casi tropecé sobre mi caña de pescar cuando intenté dejarla en el suelo, para saludar a Juan. "¿Qué estás haciendo aquí arriba?"

"Vengo acá cada año alrededor de este tiempo por unas dos semanas, para caminar en las alturas y disfrutar de un poco de paz y quietud. Casi no encuentro a otras personas aquí, especialmente no a los que conozco."

"Yo igual. Esto es lo que me gusta aquí."

"¿Quieres que me vaya?"

"¿Estás bromeando?" – El era la única persona a quien le daría la bienvenida aun en la situación en que me encontraba. El se quitó su mochila y la apoyó contra un tronco. Estiró su espalda y preguntó: "¿Vienes acá a menudo?"

"No tanto. Una vez al año, a lo máximo." – De repente, mi caña comenzó a vibrar. La agarré y empecé a enrollar el hilo. Una trucha de medio metro se acercó por el agua. De repente el hilo quedó suelto, porque el gancho había salido de la boca de la trucha. Juan y yo nos reímos ambos. Ya no pensaba en pescar.

"Uno más en libertad", dijo Juan. Y sentándose sobre el tronco, preguntó: "¿Entonces quiénes son los idiotas? ¿Los peces?"

Mi cara se puso roja cuando me recordé de mi arranque de hace poco. "No, la pesca es increíble. ¡Pero la gente en la iglesia! No te lo puedes imaginar, Juan. Todo ha reventado en las últimas semanas. Ha traído a la luz lo peor en cada uno de ellos."

Juan me interrumpió: "Comencemos más antes que eso. ¿Cómo has estado tú desde nuestra última conversación?"

Demoré en soltar todo lo que le iba a contar, para enfocarme en nuestro último encuentro. "En realidad, las cosas iban bastante bien. Comencé a disfrutar nuevamente de mi relación con Dios, como cuando le conocí por primera vez.

Dejé de esforzarme tanto para hacer que las cosas sucedan, y él se hizo visible para mi en tantas maneras. Empecé a ver cosas acerca de mí que nunca antes había visto; por ejemplo cuán exigente puedo ser, y cuán poco confío en Jesús para los detalles de mi vida. ¿Pero sabes qué? Esto no le importaba. El simplemente me mostró cuán real él quiere ser en mi vida."

"¡Esto es grandioso! Sé que es difícil creer, pero disfrutar de esta relación sencilla es todo lo que necesitas para que Dios obre en ti."

"Bueno, ahora mismo parece que no funciona. Todo se agolpa sobre mí, y estoy tan enojado todo el tiempo que mi propia esposa me tiene miedo."

"¿Estás enojado con ella también?" – Juan levantó mi caña mientras hablamos.

"No creo, pero seguramente me expreso como si lo estuviera."

"¿Estás enojado con el pastor?"

"Intento no estarlo, pero él lo hace imposible. De hecho me llevaba bastante bien con él, desde que dejé mis intentos de cambiarle, o de obligarle a una amistad que él ya no desea. Pero entonces ese concierto estúpido lo malogró todo."

"¿Le dijiste cuán enojado estás?" dijo Juan, mientras echó el gancho sin cebo al agua.

"¡Todavía no! El me despedirá, y entonces ¿dónde estaría yo? He pensado en dejar el trabajo. Incluso tipeé mi carta de renuncia, pero quiero asegurarme otro trabajo antes de irme. He sacrificado tanto para trabajar con ese tipo, ¡y ahora mira en qué problema estoy!" Suspiré profundamente y pude sentir la sangre pulsando en mis oídos. "Ahora él quiere que yo mienta para él."

"¿Acerca de qué?"

"Nuestro líder de jóvenes había planeado un concierto hace dos semanas, para evangelizar a los alumnos de secundaria. Contrató a un grupo con un verdadero mensaje evangelístico, que habían hecho un evento anti-drogas en una escuela el día anterior. El y los chicos habían repartido volantes en toda la vecindad.

Vino una gran multitud, pero esto creó una crisis aun más grande. Algunos de nuestros miembros más ancianos escucharon la música y dijeron que el estilo era demasiado mundano. Cuando fueron a ver el evento, vieron a unaschicas con vestidos muy escotados, y unos chicos vestidos como pandilleros.

 Pienso que se asustaron, pero acusaron al pastor de jóvenes de profanar el santuario. Más tarde encontramos que algunas de las sillas recién retapizadas habían sido cortadas con cuchillos, y unas partes del equipo de sonido faltan, y había grafitis en el baño de varones. El daño era de unos 3500 dólares, y ellos demandan la cabeza de alguien."

"Una evangelización puede traer desorden", dijo Juan, mientras observaba el anzuelo inmovible.

"Lo que sucedió después, fue aun más desordenado. Deberías escuchar los gritos de batalla: ‘Tenemos suficiente de esto en la tele, no necesitamos traerlo a la iglesia.’ ‘¿Por qué intentamos salvar a los hijos de todo el mundo, si estamos perdiendo a los nuestros?’ ‘Todo el auditorio estaba lleno de vagabundos.’ "

"Esto sería una verdadera ventaja, si el propósito era evangelizar."

"Supongo que esto lo he entendido. Pero es increíble como la gente de ambos lados del asunto se atacan con tanta ira."

"Si me recuerdo bien, ¿no dice vuestro letrero en la fachada: ‘Donde el amor es un estilo de vida’?"

Primero ni entendí de qué estaba hablando. "El letrero está allí desde hace tanto tiempo que nadie se fija en él."

"Obviamente", dijo Juan, riéndose.

"¿Te parece chistoso?"

"Diría más irónico que chistoso, pero este es el problema de las instituciones, ¿o no? Una vez que levantas una institución, tienes que protegerla y sus bienes. Esto confunde todo. Aun el amor se malentiende: ahora se llama ‘amor’ lo que protege la institución, y ‘falta de amor’ lo que va en contra de ella. Esto convierte a las personas más amables en maniáticos, y nunca se detendrán para reflexionar que todas estas acusaciones son lo contrario del amor."

Mientras Juan recogía el anzuelo vacío, dijo: "Es amor con un anzuelo. Si haces lo que queremos, te recompensamos. Si no lo haces, te castigamos. En realidad, esto no es amor en absoluto. Damos nuestro afecto solo a aquellos que sirven nuestros intereses, y rechazamos a aquellos que no nos sirven."

"¡Qué problema!"

"¿Ves cuán doloroso es? Por eso, las instituciones reflejan amor solamente mientras están de acuerdo en lo que hacen. Cualquier diferencia de opiniones produce una lucha por el poder."

"Esto es verdad. Y parece que esto se prolonga más de lo que merece el conflicto. Me han dicho insultos que nunca escuché cuando era hombre de negocios. Una familia se ha comprometido a cubrir los gastos de las reparaciones y a remplazar todo lo que falta, pero la gente sigue quejándose de los gastos. No hace sentido."

"Excepto si todo esto expresa otro conflicto más profundo."

Yo no había pensado en esto antes, pero ahora me di cuenta de que los oponentes más fuertes estaban divididos en otros asuntos también. "Podrías tener razón, Juan. Siempre teníamos esta tensión escondida entre personas que piensan que nuestra iglesia es demasiado cerrada, y los otros que piensan que la gente nueva que viene malogra lo que tenemos."

"Esto es algo común. He estado con grupos que se peleaban acerca de las canciones que debían cantar, o quién podía usar su nuevo gimnasio. Algunos piensan en maneras de atraer gente nueva; otros quieren que todo permanezca como es. Estas cosas nunca son fáciles."

"Solo estoy enfermo de todo este problema y tengo miedo de volver allá. Mañana habrá una asamblea especial. Todos están enojados. Algunos de los líderes exigen que el pastor de jóvenes se vaya, y están enojados con el pastor porque permitió que todo esto sucediera."

"¿Cómo piensas que resultará?"

"Si el pastor es bueno en algo, es en salvar su propia piel. Probablemente despedirá al pastor de jóvenes. Ya le dijo que si él se va voluntariamente, le daría una buena recomendación para otra iglesia. Pero es allí donde él quiere que yo mienta para él."

"¿Qué quiere que digas?"

"El quiere distanciarse de todo este asunto, diciendo que él no sabía qué clase de concierto era. Pero él lo sabía. El había escuchado uno de sus CD antes, y le habían advertido que su música era bastante fuerte. El pastor lo escuchó y dijo a Ben y a mí cuán entusiasmado estaba para alcanzar a la juventud herida de nuestra comunidad."

"¡Ah oh!"

"Sí. Ahora él cambió su cuento. Hace unos días, uno de nuestros ancianos le reprochó, y él se defendió diciendo que él no estaba informado. Dijo que yo fui quien lo había aprobado. Ahora el pastor y Ben están contando historias diferentes y se llaman mentirosos uno al otro.

 Cuando recordé al pastor de nuestra conversación anterior, él dijo que se sentía atrapado y que en el calor del momento se había olvidado de que había escuchado el CD. Cuando le dije que él necesitaba aclarar el asunto, él me dijo que aunque no era técnicamente verdad, por lo menos representaba la verdad.

 Si él hubiera tenido alguna idea de lo que iba a suceder aquella noche, él nunca hubiera estado de acuerdo. El quiere que yo respalde su historia, y le serruche el piso a Ben. Me dijo que después de todo lo que él hizo por mí, yo le debo esto."

"Me parece que si él dice que le debes algo, entonces él en realidad nunca hizo nada para ti."

Intenté descubrir qué quería decir. "¿El no hizo estas cosas para mí? ¿Para quién entonces? ¿Para él mismo?"

"Esto es lo que yo pienso. ¿Ves como nuestra idea del amor se tuerce cuando la institución es lo más importante? El probablemente se preocupa por ti; no quiero negar eso. Pero él mismo sigue en el centro de todo. Ahora él quiere cobrarte una deuda que tú no le debes.

El problema con la iglesia como tú la conoces, Jacob, es que es solo un acuerdo mutuo acerca de las necesidades personales de cada uno. Todos necesitan algo de ella. Algunos necesitan ser líderes. Algunos necesitan estar bajo liderazgo. Algunos quieren enseñar, otros están felices cuando pueden escuchar.

Entonces ya no tenemos ninguna demostración auténtica del amor de Dios. En lugar de ello, tenemos un grupo de personas donde cada uno protege sus propios intereses. Ya no puedes ver la vida de Dios. En lugar de ello, ves las inseguridades de la gente que busca algo para satisfacer sus necesidades."

"¿Y por eso la gente se vuelve tan viciosa cuado se sienten amenazados? Ellos actúan como perros feroces cuando alguien intenta quitarles su hueso." "¡Exactamente! Y mientras lo hacen, piensan que Dios está del lado de ellos.

En tiempos como estos, un grupo a menudo se divide en nuevos acuerdos que servirán mejor las inseguridades de cada uno. Y después que se haya calmado su amargura, el ciclo entero comienza de nuevo."

"Entonces no importa lo que hago, las cosas siempre empeorarán."

"¿Tienes que hacer una decisión?"

"Tengo que respaldar al uno o al otro."

"O simplemente decir la verdad sin importar el resultado. Me parece que no se trata de decidir entre Jim y Ben, sino entre la verdad y una mentira."

Juan hizo que la decisión fuera más clara, pero esto no la hizo más fácil. Había tanto que perder, y no me gustaba estar en esta situación. El silencio se prolongó. Por fin Juan se levantó. "No sé qué harás, Jacob, pero hay una cosa que aprendí con los años. Una amistad que exige que mientas para salvarla, probablemente no es ninguna amistad en absoluto."

No me agradó la idea de que mi amistad con Jim no era real. "Es solo un momento débil, estoy seguro. El tiene problemas con unas personas importantes, e intenta hacer lo que sirve los mejores intereses de la iglesia."

"¿Es esto lo que él te dijo, o te inventaste tú esta justificación?"

Me di cuenta de que esta conversación no me iba a ayudar en mi frustración. Mi ansiedad creció. Apoyé mi cabeza entre mis manos. "Desearía que fuera más fácil. Hemos sido amigos por mucho tiempo."

"Una amistad es algo grandioso, Jacob; pero no cuando se tuerce de esta manera. Según recuerdo, me dijiste que esa amistad ya estaba disminuyendo."

El tenía razón. "Lo olvidé. Sí, él estaba muy distante por un buen tiempo, y raras veces abre su corazón durante nuestros tiempos de intercambio y oración."

"¿De qué piensas que se está escondiendo?"

"¿Cómo puedo saberlo? No estoy seguro si se está escondiendo."

"¿No estás seguro?"

"No sé. Definitivamente él está menos accesible para los líderes y los hermanos."

"En mi experiencia, cuando alguien se distancia de sus amistades de muchos años, normalmente es porque esconde algo. Yo podría equivocarme, ¿pero qué harás tú?"

"No sé. Puedo ganar todo cuando le apoyo, y puedo perder todo si no le apoyo."

"Entonces tú mismo estás en el centro de tu mundo, igual como Jim está en el centro del suyo."

Esto no sonó bien. Juan continuó: "Yo sé cuánto te impresiona esto, Jacob, pero no te dejes engañar. Si quieres vivir este viaje, tienes que poner la honestidad por encima de tus ventajas personales. Es fácil intentar encubrir las cosas para el bien de la institución, pero esto es entrar en un camino donde Dios no vive."

"Pero yo necesito este trabajo, por lo menos hasta que encuentre algo diferente."

"Hay cosas peores que perder un trabajo, Jacob. Y esto no cambiaría la responsabilidad de Dios de proveer por ti."

"¿Qué estás diciendo? ¿Debo irme así no más? No puedo imaginarme sobrevivir sin esta iglesia. ¡Ha sido mi hogar por tantos años, y yo moriría sin ella!"

"Esto es lo que ellos quieren que pienses, pero no es así. Esto explica también por qué todos están peleando con tanta malicia. Ellos también piensan que no pueden dejarlo, entonces tienen que ganar. Esta trampa ha capturado a muchos hijos de Dios.

Cuando tenemos tanto miedo que no podríamos sobrevivir sin la institución, entonces todo lo que sabemos acerca de lo bueno y lo malo sale volando por la ventana. Lo único que nos preocupa es nuestra propia sobrevivencia. Este razonamiento ha causado dolores increíbles a lo largo de la historia de la iglesia."

"No quise decirlo de la manera como tú lo dices, Juan."

"Probablemente no, pero es la realidad. Este es el problema cuando se edifica una iglesia sobre la base de las necesidades. Nos volvemos ciegos hacia la verdadera obra de Dios."

 "¿Qué quieres decir con esto?"

 "¿Por qué va la gente a tu iglesia, Jacob?"

"Porque se supone que debemos tener comunión. La necesitamos para ser alimentados, para rendirnos cuentas unos a otros, y para crecer juntos en la vida de Dios. ¿Quieres decir que esto no es correcto?"

"Entonces si alguien deja de asistir, ¿qué le sucederá?"

"Debería encontrar otra iglesia local e involucrarse allí. De otra manera se marchitará espiritualmente o caerá en el error."

"Escúchate a ti mismo, Jacob. Usas las palabras ‘necesita’, ‘debe’, etc. ¿Es esta la vida del cuerpo de Cristo?"

"Pensé que sí."

"Las Escrituras no usan el lenguaje de la necesidad cuando hablan acerca de la conexión que Dios establece entre creyentes. ¡Nuestra dependencia es solo de Jesús! El es el único que necesitamos. El es el único a quien seguimos.

El es el único en quien debemos confiar para todo. Cuando ponemos al cuerpo de Cristo en este lugar, lo convertimos en un ídolo, y terminarás amarrado en nudos acerca de la situación en la que te encuentras. La religión humana sobrevive diciéndonos que debemos conformarnos, o algún destino horrible nos alcanzará.

 Esto distorsiona tanto la obra de Dios. Compartimos la vida del cuerpo, no porque tenemos que hacerlo, sino porque nos nace. Cualquiera que pertenece a Dios, deseará compartir su vida con otros hijos suyos.

 Y esta vida no pelea por el control de una institución. Simplemente ayuda unos a otros a vivir profundamente en él. Cuando permitimos que otros factores se interpongan, solo utilizamos el amor para atrapar a la gente con nuestros ganchos. Los recompensamos con afecto, y los castigamos con rechazo."

Una luz se prendió muy dentro de mí. Supe que él tenía razón. "¿Cómo no puedo haberlo visto antes, Juan? El sistema entero tiene un gancho dentro. Usamos incluso cosas como ‘unidad doctrinal’ para controlar a la gente y para extinguir todo desacuerdo.

 La mayoría de la gente se siente bien solamente cuando agradan a los demás. Por eso es natural que quieren conformarse con nuestras enseñanzas y nuestros programas. Juan, esto es horrible."

Juan estaba sentado en silencio y dejó que mi descubrimiento personal continúe. No pude creer cuán ciego había sido frente a todas estas maneras de manipularnos unos a otros. ¡Claro que yo estaba exhausto todo el tiempo! Estoy intentando conformarme con las expectativas de los demás, y al mismo tiempo intento manipularlos para que ellos se conformen a las mías.

Yo había hecho con ellos exactamente lo mismo que el pastor estaba ahora haciendo conmigo. Lo estaba haciendo incluso con Laura, poniendo mi propio matrimonio bajo el mismo estrés. – "Esto describe casi todo lo que yo hago, Juan."

"Lo sé, pero recuerda que no eres solo. ¿Recuerdas como los mismos discípulos de Jesús intrigaron para asegurarse el primer lugar en su reino? Mientras no descubras cómo confiar en Dios para tu vida entera, constantemente intentarás controlar a los demás para conseguir lo que piensas que necesitas."

"¿Qué debo hacer entonces, Juan? ¿Simplemente abandonar mi trabajo?"

"Pienso que esto no lo tienes que decidir ahora, ¿no? Si yo fuera tú, me acercaría un poco más a Jesús y le pediría mostrarme lo que él quiere. El te lo aclarará, si tú no lo complicas con tus intentos de protegerte a ti mismo – de mantener tu trabajo, de ser aceptado por los demás, o de salvar tu reputación."

"El que quiere salvar su vida, la perderá, ¿eh?"

"Estas palabras están en el corazón de la vida en la realidad del reino de Jesús. Y no te olvides como continúa: ‘El que pierda su vida por causa de mí, la hallará.’ Este camino no es fácil, pero encontrarás la alegría de vivir en su vida. Esto vale más que cualquier dolor en el proceso."

"¿Pero cómo puedo estar seguro de no malograrlo todo?"

"Este no es el asunto, ¿no? Tú solo eres responsable de hacer lo que piensas que es lo mejor. Si te equivocas, te darás cuenta en su tiempo y aprenderás de tu error. Por lo menos aprenderás a depender más de él, que de esa cosa que tú llamas iglesia. Cuando dejarás de aparentar ser perfecto, serás libre para seguirle a él."

Juan puso su brazo sobre mi hombro y me aseguró que iba a orar por mí. "Es tiempo para mí para continuar", dijo, mientras levantó la mochila sobre sus hombros. Miré mi reloj y no pude creer la hora. Mi esposa se pone nerviosa cuando yo voy a caminar a solas, y había prometido llamarle a las 3:30. Con una hora de camino para llegar al próximo teléfono, ya estaba tarde, y temí que ella iba a mandar a la policía para buscarme.

"¡Ya es tarde!" exclamé, recogiendo mis cosas. "¿Estás bajando al lago Huntington?"

"No. Voy al oeste y me quedaré allí unos días más."

"¿Supongo que no tiene sentido pedirte que nos volvamos a encontrar pronto?"

"Ninguno de nosotros puede controlar esto, Jacob, y realmente no lo necesitamos. Mira lo que sucedió hoy. Si Dios es lo suficientemente grande para hacer que nuestros caminos se crucen en este lugar alejado, él se encargará también de nuestro próximo encuentro."

No tuve tiempo para discutir sobre esto, y así nos despedimos y me puse a caminar. Lo último que vi de Juan fue que subió entre las rocas al oeste de la laguna. Si yo hubiera sabido lo que me esperaba, me hubiera quedado en la laguna.

Capítulo 6

¿Dios amoroso o hada madrina?

Habían pasado casi dos meses desde mi encuentro con Juan por la laguna Nellie, pero me parecían décadas. La asamblea después de nuestro encuentro había sido mi derrota. Yo había esperado que mi amigo, pastor y jefe iba a recapacitar y decir la verdad ante la asamblea, o por lo menos después.

Pero no lo hizo. Valoró el beneficio de una mentira por encima de toda amistad. ¡Fui destrozado! El me dio un ultimato antes de la asamblea, de apoyar su historia o de buscarme otro empleo. Estuve cerca de ceder, pero al fin no pude mentir para él. Intenté presentar la verdad de la manera más favorable para él, diciendo que yo entendía que él apoyaba el concierto, aunque quizás le había malentendido.

Su mirada penetrante me dijo que esto no era suficiente para él. La mañana siguiente me acusó de haber traicionado nuestra amistad, y exigió mi renuncia hasta el fin del día. Se la di enseguida, sacándola de mi libro de apuntes que tenía conmigo.

"Estoy tan decepcionado de ti", dijo, evitando mi mirada. "Tenías tantas promesas, ¡y ahora lo desechaste todo! ¿Para qué?" – Me dijo que iba a proveer por mi salario hasta el fin del mes, y me advirtió que él iba a destruir mi reputación en la ciudad, si yo iba a chismear acerca de él. Cuando me levanté para irme, él pareció volverse un poco más blando.

 "A pesar de esto, nunca olvidaremos las contribuciones que hiciste durante tu tiempo aquí, y espero que sigas viniendo a esta iglesia para recibir la sanidad que necesitas."

Me chocaron sus palabras atrevidas. ¿Quién recibe sanidad en el escenario del accidente? Para esto necesitas un hospital, o por lo menos un médico. Cuando mi familia y yo no estuvimos en la iglesia el siguiente domingo, él leyó nuestra carta de renuncia en público, y como escuchamos más tarde, la usó para un discurso inflamatorio de veinte minutos acerca del caracter elevado que se requiere en el ministerio.

Les dijo que yo había sido deshonesto en un intento de desacreditarle a él y de conquistar su posición. "Las fallas de carácter siempre vendrán a la superficie en tiempos de crisis", añadió. En otras palabras, había usado su propio pecado para condenarme a mí.

Unos amigos nos llamaron para apoyarnos y dijeron que iban a salir de la iglesia también; pero la mayoría evitaron el contacto con nosotros. En los días siguientes fui mortificado cada vez que la gente se alejó de mí en las tiendas o en la calle, actuando como si no me vieran.

Laura y yo asistimos a algunas congregaciones diferentes los domingos porque pensamos que deberíamos hacerlo, pero nuestro corazón no estaba allí, ahora que sabíamos lo que se escondía detrás de todo. Algunos que habían salido de la iglesia con nosotros, esperaban que nosotros íbamos a comenzar una iglesia nueva, pero no tuve el corazón de hacerlo.

 Y cuanto más lo postergaba, más sus amistades también se perdieron. Encontrar mi camino de regreso al mundo de los negocios, tampoco fue fácil. El mercado estaba bajo, y no había trabajo. Comencé con mi propio negocio, pero mis contactos antiguos ya habían encontrado otros representantes, y las perspectivas no eran prometedoras.

Con muy pocos amigos, nada de ingresos, y un futuro desesperado por delante, finalmente toqué fondo – según pensé. Hasta aquella mañana que Laura me llamó por teléfono para decirme que nuestra hija había tenido un ataque de asma, y tenía que ser llevada al hospital por emergencia.

Allí mi ira explotó. Después de todo lo que yo había hecho para Dios, parecía que él podría cuidar mejor de mi familia que esto. Yo ni siquiera sabía como pagar la cuenta del hospital, porque ya no estábamos asegurados.

Entonces ¿ahora comprendes por qué quise escaparme cuando Juan entró a la cafetería en aquella noche? Sí, mi hija estaba un poco mejor en el momento, pero yo estaba muy enojado y no quise saber nada de Dios en medio de esto.

 ¿Qué había yo hecho mal, para que mi hija tuviera que sufrir de esta manera? Busqué refugio en la cafetería para tomar café, leer unas revistas y no pensar en todas las dificultades. Allí fue que Juan metió su cabeza en mi santuario privado.

 Ahora se acercaba a mi mesa, y honestamente, pensé en golpearle en la boca si se atrevía a abrirla. Aunque sabía que no lo iba a hacer. Soy violento solo por dentro, pero no por fuera donde todos lo podrían ver. Esperé que él iba a entenderme y quedarse lejos, pero seguía acercándose. Por fin se paró delante de la mesa y comenzó a jalar una silla.

 "¿Te molestaría si te acompaño?"

¡Por supuesto que me molesta! ¡Fuera de aquí! ¡Tú me has traído solo problemas desde el día que te conocí! – Pero mi filtro "amable" borró todos estos pensamientos antes que alcanzaran mi boca. Lo que salió fue: "Pienso que preferiría estar solo."

El pareció sorprendido. Suavemente volvió a poner la silla en su lugar, y dijo con su voz amable: "Está bien, Jacob. Podemos hablar en otra oportunidad." – Dejé escapar un suspiro enojado cuando él rodeó la mesa hacia mí y puso su mano sobre mi hombro. "Solo quiero que sepas cuánto lo siento todo lo que estás pasando. Realmente me preocupo por ti." – Después se dirigió hacia la puerta.

Miré fijamente su espalda mientras se alejaba. Hubo una batalla dentro de mí. La mayor parte de mí le quería estrangular antes que dijera una palabra más. Pero una pequeña parte de mí desesperadamente quiso saber lo que él tendría que decir acerca de los problemas que me agobiaban.

Si él iba a salir, yo no sabía cuándo le iba a encontrar nuevamente. Cuando él apretó la manilla de la puerta, me escuché gritar: "Juan, ¡espera!" El se volteó y miró. – "Lo siento que he sido tan rudo. Podemos hablar un poco si quieres."

"¿Estás seguro, Jacob? A veces es lo mejor quedarse solo en tiempos como este." "Ya estoy cansado de estar solo…" Mis palabras se ahogaron en un llanto incontrolable. No pude decir nada más, porque las lágrimas fluyeron como de un manantial abierto. Mientras Juan se acercaba, me sentía avergonzado y tonto, porque nunca había llorado ni siquiera en mis peores momentos. Intenté parar el llanto, pero no pude, y Juan vino y puso sus manos sobre mis hombros.

"Está bien", dijo, "estarás bien." Pensé que le escuchaba orar a voz baja, pero no podía comprenderle. Eran quizás solo cinco minutos, pero me parecían como veinte, antes que pude controlarme.

Nunca me he sentido cómodo mostrando tanta emoción ante otras personas, pero Juan parecía completamente calmado en medio de ello. Esperaba pacientemente hasta que el dolor terminó por sí mismo. Entonces se sentó a mi lado. Ni siquiera intenté esconder mi ira ante él.

 ¿Cómo podía Dios permitir todas estas cosas horribles, cuando yo intentaba levantarme por él? Y dejar que mi hijita pasara por todo esto, y ni siquiera puedo pagarlo. Yo había pedido a Dios que la sanara, que provea por mi familia, y que destruya a mi anterior amigo por todo lo que él había hecho para herirme.

Sabía que la última petición era un poco sospechosa, pero David también había orado así muchas veces en los Salmos. – "Y además, Juan, ¡estoy molesto contigo! Cada vez que tú apareciste en mi vida, todo explotó en mi cara. Nunca he estado más frustrado con mi vida espiritual, y nunca he estado más aislado de la iglesia. ¡Y ni siquiera tengo ingresos! ¿Qué clase de vida en Cristo es esta?

Juan no reaccionó; solo apoyó su espalda en la silla y me miró con estos ojos penetrantes. Yo pensaba que él se iba a molestar también y defenderse, pero no lo hizo. Apoyó su cabeza en sus manos y suspiró. "¡Yo sé que no es fácil en este momento, Jacob! Estos tiempos nunca son fáciles. Solo intenta recordar que estás en el medio de una historia, no en su final."

"¿Qué significa esto?"

"Dios está haciendo algo en ti, para responder las oraciones más profundas que alguna vez oraste. Sí, este proceso ha traído un dolor increíble a tu vida. Pero él no te ha abandonado, Jacob. ¡Lejos de eso! El te mantiene en sus manos hoy tan firmemente como siempre."

"No me siento así en absoluto. Me siento como si él hubiera volteado en mi contra toda arma que tiene." – Después añadí con cinismo: "Yo sé, los sentimientos no importan."

"Al contrario, ¡importan mucho! Pero el hecho de que tú no puedes sentir como él te sostiene, no cambia el hecho de que él sigue haciéndolo. Esto solo significa que tus sentimientos están sintonizados con la frecuencia equivocada. No estoy seguro si este es el mejor momento para hablar de esto; pero Dios quiere que te dés cuenta de algunas cosas que siguen haciéndote tropezar."

"Bueno, entonces supongo que no estoy tan enojado contigo, ¡sino con él! No quiero que él utilice mi vida como una pelota que todo el mundo puede patear." "No, él no es así. Yo sé que te sientes como si hubieras perdido todo lo que valoras, y en muchos aspectos es así. Pero tú has pedido conocerle tal como él es, y esto siempre tiene consecuencias. Siempre es más fácil jugar el juego de la cultura, incluso su juego religioso, que descubrir quien es Dios realmente y como quiere él caminar contigo."

"Pero antes yo por lo menos sabía como pagar las cuentas", repuse.

"O por lo menos pensabas que lo sabías."

Suspirando, miré a Juan. Esto era lo que yo odiaba en nuestras conversaciones. El podía dejar caer un comentario como este, y yo me quedaba perdido preguntándome qué quería decir. Parecía que él no quería explicarse hasta que yo le preguntaba, y yo no estaba seguro si quería saber más. Podría excusarme diciendo que tenía que ver a Andrea.

Hubo silencio por mucho tiempo. Determiné no preguntarle nada. Por fin, Juan bajó la cabeza con una pequeña sonrisa: "Pero estabas siempre frustrado, ¿no cierto?"

"¿Cuándo? ¿Frustrado con qué?"

"Jugando al juego religioso. Nunca te satisfizo, ¿no cierto? ¿No te ibas a dormir cada noche frustrado porque Dios no hizo lo que esperabas de él?"

"No siempre", respondí. "Recuerdo unos tiempos increíbles cuando Dios me mostró su bondad."

"Estoy seguro que esto es verdad; ¿pero permanecía esto?" "No, y esto es lo que me enloquece. Justo cuando pienso que las cosas realmente van a mejorar, todo se malogra. Todavía no encontré la realidad de la vida cristiana como lo leo en las Escrituras. No lo entiendo. Aun conocerte a ti, comenzó con tanta promesa, y ahora es tan frustrante como todo lo demás que lleva el nombre de Dios."

"¿Y por qué piensas sucede esto?"

"Escucha, Juan, si tienes algo que decirme, simplemente dímelo. No tengo las fuerzas para jugar juegos de palabras contigo."

"Lo siento, Jacob." dijo Juan, mientras agarró mi mano. "Nunca tuve la intención de jugar estos juegos contigo."

"¿Qué sucede entonces, Juan? Después de todo lo que hice en los últimos meses para estar bien con Dios, yo pensaría que podría tratarme mejor. No tengo trabajo. Mi reputación fue destruida ante personas que conozco desde hace más de veinte años. Laura y yo estamos peleando, y mi hija casi muere esta mañana."

"¿Entonces piensas que Dios te debe algo mejor?"

"¿Acaso no? ¿Por qué debería yo esforzarme tanto por seguirle, si él no puede cuidarme?"

"Entonces esto es", respondió Juan. "Creciste con la idea de que tu bondad puede controlar la manera como Dios te trata. Si haces tu parte, él tiene que hacer la suya."

"¿Y esto no es verdad?"

"Jacob, Dios cumple con su parte todo el tiempo. El te ama más que cualquier otra persona, y nunca retirará su mano de tu vida. A veces nosotros cooperamos con él y a veces no, y esto puede afectar la manera como las cosas resultan. Pero no pienses que puedes controlar a Dios por medio de tus acciones, porque él no es así. Si nosotros pudiéramos controlar a Dios, él sería como nosotros. Es mucho mejor dejarle actuar como él mismo."

"Pero mira todos estos problemas, Juan. He intentado hacer todo lo correcto, y no me ayudó en absoluto."

"Pero te ayudó de maneras que todavía no sabes. Dios te está liberando de las cosas que eran tu seguridad en el pasado. Estas cosas impedían que Dios fuera para ti el Padre que tú deseas, y de todos modos eran esperanzas falsas. Perderlas es siempre doloroso, y sé que estás sufriendo más que la mayoría de la gente ahora mismo. Pero me preocupa mucho tu idea de que Dios se haya vuelto en tu contra."

"¿Qué otra cosa puedo pensar? Yo pensaba que Dios me iba a aclarar las cosas, y pensaba que esto traería más gozo y paz a mi vida. Pensé que a otros les gustaría tanto como a mí. Pero no les gusta, y me pregunto si no he sido engañado yo mismo. Si esto fue de Dios, ¿no piensas que las cosas mejorarían?"

"Sí lo pensaría, y pienso que las cosas están mejorando."

Apenas pude contenerme. "¿Cómo puedes decir esto? ¿Eres una especie de idiota? ¡Mira todo lo que estoy pasando!"

"Admito que tus circunstancias se ven muy mal ahora. Pero esto no es lo único a considerar. Estás en una carretera nueva, pero todavía estás mirando las señales antiguas. Pienso que Dios te está enseñando que aquellas señales antiguas son solo mitos, inventados para sostener un sistema que se está muriendo. Como estás descubriendo, estas señales antiguas realmente no funcionan."

"¿Qué mitos?"

"Por ejemplo, tú piensas que el sufrimiento es una señal del desagrado de Dios. ¿No fue este el error de Job? A menudo, el sufrimiento indica que Dios nos está liberando de algo, para que le sigamos con más libertad. Caminar en su vida significa que siempre irás en contra de la corriente. No esperes que tus circunstancias se conformarán fácilmente con este viaje. Al contrario, te resistirán cada rato. Dios quiere enseñarte a caminar con él a través de todas estas cosas, para que puedas conocer un gozo y una paz que van más allá de las circunstancias de tu vida."

"¿Pero no promete Dios bendecir a aquellos que siguen sus caminos?"

"Ciertamente, pero él no define estas bendiciones a tu manera. El te está guiando en un viaje mucho más grande de lo que ahora entiendes. Sigue siguiéndole, y te asombrarás de lo que él hará en ti. Lo más difícil que aprenderás, es abandonar la ilusión de controlar tu vida, o que puedas manipular a Dios para que él te bendiga."

"¿Es esto lo que quisiste decir acerca del pagar mis cuentas?"

"Sí. Dios proveerá por ti. El siempre lo hizo, pero tú no lo sabes. Aunque no tienes seguro ni trabajo, esto no significa que Dios te haya abandonado. Aunque otros estén destruyendo tu reputación, esto no significa que ellos tengan la última palabra. Dios no es una hada madrina que mueve su vara mágica para hacerte feliz.

 No llegarías lejos en esta vida si cuestionaras su amor por ti, cada vez que él no actúa como tú lo esperas. El es tu Padre. El sabe lo que necesitas, mucho mejor de lo que tú mismo lo sabes. El es un proveedor mucho mejor de lo que tú sabes. El te está haciendo entrar en su vida, y en vez de salvarte de estos problemas, él decidió usarlos para mostrarte la verdadera libertad y la verdadera vida."

"¿Entonces le gusta verme sufrir?"

"Espero que sepas mejor como para decir esto. El agoniza junto contigo en este mismo momento. ¿Cómo podría ser diferente? El te ama. El no hace esto en tu contra; él usa la maldad de este mundo para lograr algo más grande dentro de ti.

Una vez que sabes esto, las circunstancias adversas ya no pueden herirte. Le encontrarás en medio de estas circunstancias, y le verás cumplir su propósito sin que tú puedas controlarlo. Es allí donde su vida comienza a echar verdaderas raíces en ti."

"Pienso que preferiría simplemente ser feliz", dije con una pequeña risa. Fue mi primer intento de humor en los últimos días, y me hizo bien.

"Pero la felicidad es un sustituto pobre por ser transformado en su imagen, ¿no te parece?"

"¡Yo sé! Pero esto no es fácil."

"Sí, mi amigo. Pero quizás tú lo haces aun más difícil, cuando piensas que Dios está en tu contra. ¿Qué si supieras que él está en medio de esto contigo, y te está guiando hacia la plenitud de vida en él, exactamente como le pediste?"

Tuve que pensarlo por un minuto. "Entonces seguramente no estaría tan abrumado."

"Sí. Y podrías disfrutar de su presencia, aun en medio de todo esto. Te estás perdiendo lo que sabía cada autor del Nuevo Testamento: aunque Dios no causa nuestros sufrimientos, él los usa para liberarnos en lo más profundo de nuestro ser. Si caminas con él a través de todo esto, en vez de alejarle con tus acusaciones, te sorprenderás de lo que él hará."

"Pero siempre no sé como pagar la cuenta del hospital."

"¡Pero él lo sabe, Jacob! El ya está trabajando en eso. Aunque tú no lo puedes ver todavía, esto no cambia esta realidad."

"Esto estaría bien para mí, si no tuviera que ver a mi hija pasar por todo esto. No puedo imaginarme que él haya permitido su enfermedad para tratar conmigo."

"No, Dios no es así. Andrea tiene su propio viaje con Dios, y él la guiará a través de todo esto también. Tú no puedes impedir el sufrimiento de ella; y Dios no causó su lucha por tu causa. Pero no creo que vuelvas a verla con asma otra vez."

"¿De verdad? ¿Por qué dices esto?"

"Vine al hospital esta mañana para visitar a un amigo mío, cuya vida está llegando a su fin. Así me enteré de que tú estabas aquí. Te vi a ti y a tu esposa teniendo una pequeña discusión a la puerta de la habitación de Andrea."

Inmediatamente me recordé de aquel intercambio. Ambos habíamos estado bajo las mismas presiones, y habíamos empezado a desquitarnos el uno con el otro. Me sentí mal, pensando que Juan nos había visto. –

"No fue bonito, ¿no cierto?"

"No te preocupes de eso, Jacob. Ustedes dos están en una situación difícil, y ciertamente no les voy a juzgar por la manera como lo manejan. Solo pensé que no era el mejor momento para interrumpir. Volví un poco más tarde para ver si podía encontrar a uno de ustedes, y encontré a Andrea sola, luchando por aire. Sus ojos estaban llenos de miedo. Fui donde ella y pregunté si podía orar por ella. Ella asintió, y oré. El tiempo tendrá que mostrarlo, pero pienso que su asma se fue."

"¿La sanaste?"

"¡Como si yo pudiera hacer esto! No, pero estoy bastante seguro de que Dios la sanó."

"¿Hablas en serio? He orado mil veces por esto, y él no lo hizo por mí."

"¿Quién dice que no lo hizo? Yo simplemente añadí mi oración a la tuya."

"¿Pero por qué no lo hizo una de las otras mil veces que le pedí?"

"Es porque esto no está bajo tu control, Jacob, ni bajo mi control. Solo él está en control. Una sanidad no es magia. Mientras aprendemos a vivir en él, llegamos a colaborar con lo que él hace. Estuve simplemente orando para que ella pueda respirar con más facilidad y tener la paz de Dios, pero estoy convencido de que Dios hizo aun más que esto."

"¿Por qué?"

"No sé como describirlo, excepto de que sentí que el asma se fue de ella. Pienso que ella también lo sabe. Comenzó a respirar tan fácilmente como tú. El miedo en sus ojos desapareció, sonrió, y se calmó."

"Por eso la encontré dormida hace poco. Pensábamos que finalmente los medicamentos tuvieron efecto."

"Seguramente lo tuvieron, pero Dios decidió hacer algo más."

"Sería grandioso si es verdad. No me gusta verla sufrir. Pero tú me estás diciendo que debo estar feliz, no importa lo que Dios hace."

"No es esto en absoluto lo que dije, Jacob. Solamente te estoy ayudando a ver cuál podría ser el propósito de Dios en tus circunstancias. El no necesita que tú aparentes ser feliz. Tú tienes unas preguntas honestas y unas luchas profundas a solucionar. No escapes de tu dolor, ni intentes esconderlo ante Dios. Esto no le impresionaría, y no te ayudaría a ti. Lleva tu enojo a Dios. El sabe como guiarte a través de todo esto, hasta que veas su gloria de maneras que nunca soñaste."

En este momento, la puerta de la cafetería se abrió. Una enfermera rebuscó el ambiente con sus ojos. "¿Eres tú, Juan?"

"Sí", respondió él.

"Dijiste que querías saber cuando el estado del señor Philips cambie. Pienso que se está acercando."

"Gracias. Ya subiré." – Se volteó hacia mí. "Tengo que irme ahora. ¿Por qué no vas a ver a Andrea, y duermes un poco?"

"Pero no estoy seguro si he comprendido todo."

"Esto no sucederá ni en las próximas horas. Este es un viaje de toda la vida, Jacob. Aprender a dejar tu ilusión de control, y dejar que Dios actúe a su manera, no es fácil para ninguno de nosotros. Esta no es la última lección."

"Pero siempre no sé qué hacer acerca de mi trabajo o iglesia o alguna otra cosa", dije, mientras mi lista de preguntas sin resolver volvió a aparecer en mi mente. Quería que Juan me diese una dirección.

"Déjame hacerte una pregunta, Jacob. ¿Hay algo que te falta para vivir este día?"

"Necesito un trabajo. Necesito pagar esta cuenta", y señalé el hospital alrededor de nosotros.

"O necesitas la confianza de que el Padre ya sabe esto, y que él te ama lo suficiente para resolver esto contigo. Tienes todo lo que necesitas hoy, solamente que todavía no tienes todo lo que necesitas hasta el fin del mes. Pero para allí faltan todavía muchos días."

"En esto tienes razón", tuve que admitir.

"Esto es todo lo que él nos promete, Jacob. Cuando puedas confiar en su amor en cada momento, entonces sabrás realmente como vivir libre". – Juan se levantó de la mesa, y yo también me levanté para despedirle con un abrazo.

"¿Pero dónde encuentro esta clase de fe?"

"No lo encontrarás. Es algo que Dios crea en ti, aun en las mismas circunstancias que tú desprecias. Simplemente sigue viniendo a él, y mira lo que él hará. El es el Padre que te conoce mejor de lo que te conoces a ti mismo, y aun te ama más de lo que te amas a ti mismo. Pídele que te ayude a ver cuánto él te ama. Esto hará toda la diferencia." – Entonces señaló hacia la puerta. – "Tengo que ir."

Nos abrazamos, y él se dirigió hacia la puerta. Recogí unas cosas y le seguí. No podía esperar ver a Andrea. Mientras caminé hacia su habitación, decidí vivir el resto de mis días creyendo que el amor del Padre estaba conmigo en cada circunstancia, y ya no cuestionarlo. Todavía no sabía cuánto iba a necesitar esto.

Capítulo 7

Cuando cavas un hoyo para ti, tienes que echar el barro a alguien

Escuché los gritos ensordecedores de detrás de mí inundar el campo de fútbol. No eran buenas noticias para mi equipo. Volteé mi cabeza justo a tiempo para ver la camiseta blanca de un jugador de los Jefferson Blue Raiders, quien levantó los brazon en un gesto triunfal.

Suspiré y sacudí mi cabeza, disgustado. Depués de haber llevado la delantera hasta la mitad del partido, los Osos Ponderosa habían perdido la pelota al inicio de la segunda mitad, y sus adversarios habían empatado.

Este no era un partido cualquiera. Era el Clásico de la Campana de Bronce, el partido decisivo entre las dos mejores escuelas de Kingston. El ganador recibía la Campana de Bronce, un trofeo inmenso hecho de la campana original que antes se encontraba en la torre de la escuela más antigua.

Nada fue tan importante para los alumnos del último año, como ganar este trofeo. Jefferson había mantenido la Campana de Bronce durante los últimos seis años; un período de humillación que esperé que iba a terminar esta noche.

Al mirar nuevamente hacia mi lado, distinguí una figura conocida asomándose sobre la baranda y mirando el campo. No estuve seguro, especialmente porque él estaba vestido con un manto muy ancho y un gorro grueso, como casi todos en este frío. Entonces él se volteó para mirar el tablero, y vi su perfil. De todos los lugares del mundo, pensé. ¿Qué hace él aquí?

Abandoné mi asiento para buscarle. Me acerqué desde atrás y le agarré de los hombros. "¿Qué haces aquí?" – Me preguntaba si él había venido acá a propósito, pero cuando él se volteó para ver quien le agarraba, se veía genuinamente sorprendido. Sonrió y me abrazó.

"Jacob, qué bueno verte. Esperé que ibas a estar aquí."

"No pensaba que eras un aficionado al fútbol", dije.

"En realidad no lo soy, pero entiendo que no puedes estar en Kingston esta noche sin participar en este espectáculo. Nunca he visto algo así – ¡fuegos artificiales para iniciar el partido, y una multitud tan emocionada!"

"Es una rivalidad muy apasionada. Incluso lo describieron en la Ilustrada Del Deporte hace unos años. ¿Qué te trae a la ciudad?"

"Estoy visitando a unas personas y pensé encontrarme con alguien aquí. ¿Cómo está Andrea?"

"No tuvo ni un rastro de asma desde que oraste por ella el mes pasado. Estoy tan agradecido."

"Esto es grandioso. ¿Tú también estás mejor?"

"Me defiendo como puedo. No puedo decir que todo es maravilloso, pero realmente tomé a pecho lo que dijiste, Juan. Pedí a Dios que me ayude a ver cuánto él me ama, aun cuando las cosas no son fáciles. Económicamente seguimos muy apretados, pero Dios ha provisto por nosotros de unas maneras interesantes."

"¿Cómo por ejemplo?"

"Sigo trabajando en bienes raíces, aunque fue lento. Por mientras, unas personas me contrataron para pintar o remodelar jardines. Incluso algunas personas vinieron y me dieron unas ofrendas generosas para ayudarnos. No quise recibirlas, pero ellos dijeron que Dios lo había puesto en sus corazones. Cada vez, nosotros realmente necesitábamos lo que ellos dieron."

"¿No es Dios asombroso?"

"El nos hace pasar muy cerca del abismo, en mi opinión. – También vendí el primer edificio comercial hace unas semanas. Cuando este negocio sea concluído, será una gran ayuda."

"Solo recuérdate siempre que Dios no está preocupado por el día de mañana, porque él ya lo solucionó. El te invita a vivir con él en el gozo del momento, respondiendo a lo que él pone justo delante de ti. Esta libertad de simplemente seguirle, transformará muchas áreas de tu vida. El te ama, Jacob, y él quiere que vivas en esta seguridad, sin tener todo solucionado de antemano."

"Estoy empezando a comprenderlo un poco. He estado leyendo Romanos 8 vez tras vez, intentando comprenderlo. Parece que Pablo apoyó su confianza en el amor de Dios en lo que él hizo en la cruz. Por eso, él nunca más dudó del amor de Dios por él, no importa cuántas brutalidades tuvo que sufrir.

Yo siempre había visto la cruz como un asunto de justicia, no de amor, por lo menos desde la perspectiva de Dios. Yo sé que Jesús nos amó lo suficientemente para morir por nosotros, ¿pero no fue Dios quien exigió todo esto de él? Si él trató de esta manera a su propio hijo que fue inocente, ¿cómo comprueba esto su amor por mí?"

"Estás cometiendo un error común. Demasiada gente ve la cruz solo como un acto de justicia divina. Para satisfacer su justicia, Dios castigó a su hijo, y así nos permitió salir sin castigo. Esto puede ser buenas noticias para nosotros, ¿pero qué dice esto acerca de Dios?"

"Esto es exactamente lo que siempre me irritaba. He entendido como la cruz me muestra el amor de Jesús, pero ciertamente no me hace querer a Dios."

"Pero esto no es como Dios mira la cruz, Jacob. Su ira no fue el castigo del pecado, sino el antídoto contra el poder del pecado. Como Pablo lo describe, el propósito de la cruz fue que Jesús fuera hecho pecado, para que Dios pueda condenar el pecado allí, y sacarlo de la raza humana. Su plan es no solo perdonar el pecado, sino destruirlo para siempre, para que nosotros seamos libres."

"¿Y cómo pudo Dios someter a su Hijo a tanto sufrimiento?"

"No pienses que Dios estaba solamente mirando desde lejos en aquel día. El estuvo en Cristo, reconciliando al mundo consigo mismo. Esto es algo que el Padre y el Hijo hicieron juntos. No fue un sacrificio que Dios requería, sino un sacrificio que Dios mismo proveía porque nosotros lo necesitábamos.

 Es como si un caballo galopando iba a atropellarnos en la calle, y él se echó delante del caballo y nos empujó fuera de su camino. Jesús fue quebrantado por el peso de nuestro pecado, para que nosotros podamos ser rescatados."

"Esto es algo que quiero comprender mejor", respondí. "Pienso que recién comienzo a comprender cómo la iglesia me ha desviado."

"¿Realmente? Yo no creo que la iglesia desvíe a la gente. Las instituciones religiosas tal vez lo hacen, pero no confundamos esto con la iglesia como Dios la ve."

Su uso de las palabras me confundió, pero proseguí: "Unos días después de nuestra última conversación, me encontré con Ben Hopkins. El había sido mi asistente en una célula que yo dirigía antes de ser expulsado de la iglesia. El ha descubierto algo que se llama iglesia en casa, y encontró mucha información sobre esto en la internet. El y yo comenzaremos una iglesia en casa este fin de semana."

"¿Realmente harán esto?" – El parecía mucho menos entusiasmado de lo que yo había esperado.

"Sí. ¿No fue así como comenzó todo? Los primeros creyentes se reunían en sus casas. No levantaron organizaciones grandes. No tenían un clero profesional que manejaba todo. Ellos simplemente compartían la comunión entre hermanos. Esto es lo que yo estaba buscando desde que me convertí.

Yo siempre estaba pensando que nuestra forma de iglesia causa más problemas de los que soluciona. Esta es la única respuesta de todas que escuché, que realmente me entusiasma. Parece que hay miles de personas en el mundo entero que han abandonado nuestras congregaciones tradicionales, y están intentando redescubrir la vida que experimentaba la primera iglesia. Muchos dicen que es el movimiento de Dios para purificar su iglesia en los últimos días."

"Y esto sucederá simplemente reuniéndose en una casa, ¿no cierto?"

Su cinismo aparente me sorprendió. "¿Tú no lo crees?"

"No me malentiendas, Jacob. Es maravilloso encontrar formas de compartir la vida en una relación personal con otros creyentes. Pero simplemente trasladar las reuniones a una casa, no logrará todo lo que esperas."

"Lo sabemos. Tenemos un grupo de cinco familias que quieren juntarse en una iglesia en casa, y realmente tener comunión. Tendremos nuestra primera reunión el domingo por la noche. ¿Te gustaría venir?"

"Me gustaría ver lo que están haciendo, pero pienso que no me quedaré en la ciudad hasta el domingo."

Justo entonces vi una cara conocida salir de la multitud y acercarse a mí. Desde que salí de la iglesia Comunidad del Centro, me había acostumbrado a rebuscar siempre las multitudes en mi alrededor. Tantas mentiras habían sido esparcidas acerca de mí, que estaba cansado de enfrentarme.

Ahora uno de los peores incentivadores de esa máquina de rumores iba a pasar por mi lado. Bob era un líder de la iglesia, y habíamos estado juntos en un grupo de rendir cuentas por mucho tiempo. Justo cuando pensé que no iba a verme, nuestras miradas se encontraron. Intentando ser amable, extendí mi mano. "Bob, ¿cómo estás?" El retrocedió, se volteó y pronto desapareció en la multitud.

 Yo me sentí como un idiota con mi mano extendida y mi cara roja de vergüenza, porque me di cuenta de que Juan lo había visto todo. "Odio esto", dije, volteándome para mirar el campo. Juan se volteó también y apoyó sus codos en la baranda.

"Todo el tiempo desde que salimos de la Comunidad del Centro, sucede lo mismo. Personas que eran amigos cercanos, se alejan como si no me conocieran. Bob y yo estábamos muy cerca. Le ayudé a pasar por un tiempo difícil con su esposa hace pocos años, y ahora él ni siquiera puede admitir que me conoce." Sacudí mi cabeza. "Y esto ni siquiera es lo peor."

"¿No?"

"Me siento enfermo cuando las personas que pensé que eran amigos, se alejan y aparentan no verme. Pero ellos son por lo menos más honestos que aquellos que me acuchillan por la espalda, y después me abrazan y me sonríen en público y actúan como si nada hubiera pasado.

Me choqué con mi pastor antiguo un día en una boda. El se me acercó y me abrazó como si fuéramos los mejores amigos, y todo el tiempo miraba alrededor para asegurarse de que todo el mundo viera cuán amable era. Quise alejarle de mí, pero sabía que me hubiera visto poco amable."

"Es increíblemente triste, ¿no?"

"¿Triste? ¡Es completamente despreciable!"

"¿Es esto lo que percibes de su parte?"

"No estuve hablando de su desprecio, ¡estuve hablando del mío!"

"Yo también, Jacob. El desprecio de otras personas no te puede tocar si tú no estás jugando el juego de ellos."

"¿De qué juego estás hablando?" – Justo entonces, los gritos de enfrente llamaron mi atención al partido, justo para ver la pelota caerse del aire después de un pase largo, ante los pies de otro temido Blue Raider. Sin mayores obstáculos avanzó hacia el arco. "Vamos a echarlo a perder nuevamente", murmuré enojado. Ahora iba a sufrir otro año de humillación por la derrota de mi equipo.

"¡Este es el juego, aquí mismo! Tu valor como persona está atado a lo que veintidós alumnos de secundaria hacen o no hacen en este campo de fútbol. Tú estás en medio del juego, y por eso te sientes tan horrible cuando la gente no sabe como recibirte."

"¿De qué hablas, Juan? Esto es solo un juego de fútbol. Yo estoy hablando acerca de gente real de carne y hueso."

"Yo también. Atar tu valor a veintidós jugadores de fútbol, o a una mentira que alguien habló acerca de ti, es una misma cosa."

Cuando se anotó un punto para los Blue Raiders, supe que estábamos perdiendo el partido. "De todos modos, este no es un juego justo."

"¿No?"

"No. El defensa que está lanzando todos estos pases, debería estar jugando por nosotros. El estaba en el distrito de Ponderosa, pero fue transferido a Jefferson cuando comenzó la secundaria. El es probablemente el mejor deportista que esta ciudad ha visto. Los rumores dicen que hubo muchos tratos ocultos con el entrenador de Jefferson para convencerle a hacerlo. El le prometió una beca en una universidad importante después de su graduación."

"¿Tú sabes esto?"

"Todos lo saben, Juan. Incluso dicen que ahora tiene un problema con drogas, y la escuela lo esconde para que pueda seguir jugando por ellos. Ellos probablemente serán los campeones de todo el valle este año."

"Estás hablando acerca de Craig Hansen, ¿no cierto?"

"¿Le conoces?"

"Conozco a su padre bastante bien. Es el hombre con quien desayuné cuando te encontré en el restaurante hace casi un año. Pienso que no sabes los hechos verdaderos. Craig es un muchacho grandioso, y te aseguro que no está consumiendo drogas."

"Pero siempre nos abandonó."

"No tienes ninguna idea de lo que sucedió, ¿no cierto? Hace dos años, la madre de Craig murió, y el negocio de su padre se quebrantó. Ellos ya no pudieron mantener su casa, y se fueron a vivir con su tía y su familia. No hubo manera como llevarlo al otro extremo de la ciudad para jugar con sus compañeros antiguos. Craig casi se muere por ello. Aun ahora, tiene muy pocos amigos en el equipo. Ellos aman su destreza, pero muy pocos se interesan en él como persona, y él está muy solitario."

"Esto no es lo que escuché."

"Pero es la verdad. Acompañé a su padre mientras pasaban por todo esto."

"¿Por qué no lo dijo a nadie? El simplemente desapareció, y más tarde apareció jugando por nuestro rival odiado."

"Estuvo demasiado avergonzado para intentar explicarlo incluso a sus compañeros de clase. Su problema es bastante parecido al tuyo."

"¿Qué quieres decir?"

"El también sabe como se siente ver a sus amigos antiguos alejarse de él cuando le ven en la calle."

"¡Gol para ti!" dije y sonreí a Juan. Nunca me doy cuenta cuando él viene acechándome con un ejemplo acerca de mi vida, hasta que es demasiado tarde. "Estoy haciendo lo mismo con Craig, lo que otros hacen conmigo."

"Bueno, esto es solo una parte del asunto, Jacob. Tú estás atrapado en el mismo juego de ganar aprobación. Es así como funciona la cultura. Haz lo que ellos quieren, y te colmarán de afirmación. Haz algo que no les gusta, y ellos crucificarán tu reputación, sin importar los hechos."

"Lo siento tanto por Craig. Nunca lo supe."

"Y yo lo siento por ti, Jacob. Los sistemas religiosos tienen que jugar al juego de la aprobación para poder funcionar."

"¿Y por eso pude pasar de ser la nueva estrella, a ser desechado y condenado, de un momento al otro?"

"Exactamente", dijo Juan. "Y por eso podrías volver a ser la nueva estrella mañana, si regresaras y les dijeras que todo fue tu culpa. Ellos celebrarían tu regreso tan rápidamente como te echaron fuera. Todo lo que les importa es que sigas jugando el juego de ellos."

Ambos observamos el campo de juego, pero yo ya había perdido el hilo del partido. Entonces empecé a comprender. "Entonces, aunque ya no estoy allí, ¿sigo jugando el juego, no cierto?"

"Oh sí", dijo Juan con una sonrisa. "Es mucho más fácil salir del sistema, que hacer que el sistema salga de ti. El juego se puede jugar igualmente desde afuera como desde adentro. La aprobación que sentías entonces, vino de la misma fuente como la vergüenza que sientes ahora. Es por eso que te duele tanto escuchar los rumores, o ver a los amigos antiguos alejarse.

 Para decir la verdad, algunas de estas personas todavía se preocupan verdaderamente por ti. Solamente no saben como demostrarlo, ahora que ya no juegas por su equipo. Ellos no son gente mala, Jacob, solo hermanos y hermanos perdidos en algo que no es tan piadoso como ellos piensan."

"Mi hija, Andrea, me contó que la semana pasada en la escuela escuchó por casualidad la conversación de dos profesores. Ella reconoció una de las voces como de un anciano de la Comunidad del Centro que enseña en su escuela, y escuchó que hablaban de mí. El dijo a su colega que yo había realmente dañado la iglesia, y que había escuchado que yo tenía un problema con el alcohol."

"¿Cómo lo manejó ella?"

"Le pregunté qué pensaba ella, y su respuesta me sorprendió. ‘Bueno, papá’, dijo, ‘cuando uno cava un hoyo para sí mismo, supongo que tiene que echar el barro a alguien.’ Después se fue a jugar."

Juan se rió tanto como nunca le había visto reirse. "¡Esto me gusta! Es asombroso, cuán fácil es para los niños descubrir el juego. En su mente no cambia quien eres tú, solo por causa de lo que otros hablan. Ella no juega el juego."

¿Pero por qué no puede esa otra gente ver cuán destructivo es este juego? ¡Ellos creen todas las mentiras!"

"Ellos no quieren verlo, Jacob. Los sistemas religiosos acechan la inseguridad de la gente. No han aprendido cómo vivir en el amor del Padre, seguir su voz y depender de él. En consecuencia, no pueden hacer nada que amenazaría su lugar en el juego, o se sentirían perdidos. ¿Te recuerdas de nuestro paseo por la Escuela Dominical hace un poco más de un año? Atamos a la gente a su necesidad de aprobación a una edad muy temprana, e intentamos explotarla por toda su vida."

"Y una parte de este entrenamiento es marginar a aquellos que no se conforman." Dejé escapar un suspiro profundo. "Yo ciertamente lo he hecho con otros. No tenía ninguna idea de cómo uno se siente al otro lado."

"El institucionalismo produce amistades basadas en el trabajo. Mientras están juntos en el mismo trabajo, pueden ser amigos. Cuando no lo están, la gente te trata como verdura malograda. Ahora sabes cómo uno se siente al otro lado. Una de las cosas más grandes que Jesús hace en ti ahora, es liberarte de este juego, para que puedas vivir profundamente en él, en vez de preocuparte de lo que los demás piensan de ti."

"He sido torturado por esto toda mi vida."

"Y mientras que necesitas la comprensión y la aprobación de la gente, seguirás siendo la víctima de cualquiera que se dispone a mentir acerca de ti."

"¿Entonces debo simplemente aceptarlo?"

"Aprenderás la mejor manera de manejarlo. Pero ahora mismo necesitas entender que es tu necesidad, convencer a los demás de que tienes razón. Esta es tu necesidad, pero no es la necesidad de Dios. ¿Alguna vez te diste cuenta de cuán poco a Jesús le interesaba su reputación en público? Aunque la gente no le entendía, y le acusaban de cosas terribles, él nunca se levantó en su propia defensa, y nunca se dejó distraer de lo que el Padre le había mandado hacer."

"O sea, él no jugaba el juego."

"Correcto, Jacob, y él te ayudará a dejar de jugarlo. Y entonces te sorprenderás cómo serás capaz de ayudar a los demás a encontrar la misma libertad."

"Bueno, ¡se acabó! Ya no jugaré el juego."

Juan se rió otra vez. "Cuánto desearía que fuera tan fácil. Tú ya sabías que ellos estaban equivocados, pero seguías siendo afectado. ¿Cómo vas a parar así no más? Esto va a ser un proceso bastante largo. Incluso el dolor del rechazo es parte del proceso. El utiliza lo que sucede, para enseñarte a preocuparte más por lo que el Padre piensa de ti, que por lo que piensan los demás."

"Por eso estoy tan entusiasmado acerca de nuestra nueva iglesia en casa. Podremos tratar los

asuntos verdaderos como este." Esperé que él me iba a animar a hacerlo, pero él me miró como si yo no hubiera comprendido nada de lo que él había dicho. Primero no entendí por qué; pero después lo vi más claro. "¿Es esto el mismo juego también?"

"No necesariamente", respondió Juan, "pero podría serlo, con la manera como estás pensando hacerlo."

"¿Por qué?"

"Si este será otro lugar para que encuentres tu identidad allí, y para que cubras tu vergüenza con la idea de que tienes una mejor manera de hacerlo que todos los demás, entonces estarás intentando satisfacer la misma sed, solo de una fuente diferente.

Esto es lo que escucho cuando lo llamas un gran mover de Dios. Sigues hablando como alguien que compite contra sus hermanos y hermanas. Si estás en competencia contra algo, no puedes amarlo. Y mientras anotas puntajes, puedes estar seguro de que estás compitiendo."

"¿Entonces no debemos hacerlo?"

"No dije esto, Jacob. Lo que espero, es que simplemente permitas que Dios te conecte con aquellos hermanos y hermanas con quienes él quiere que camines por ahora. Piensa menos en ‘comenzar algo’. Piensa simplemente en compartir tu vida en Dios con otros que están en un viaje similar. No alimentes tu necesidad de tener más razón que los demás."

En este momento, alguien me agarró desde atrás con un abrazo de oso. Me pregunté quien podría ser, hasta que escuché sus palabras: "Te estaba buscando por un buen rato." – Fue mi esposa, Laura. – "¿Dónde están las canchitas y la gaseosa?"

La abracé y me di cuenta de que el partido estaba por terminar. "Me encontré con alguien y me quedé conversando. Déjame presentarte. El es Juan, de quien te estaba hablando."

"Estás bromeando", dijo, mientras extendió su mano hacia Juan.

El estrechó su mano y sonrió. "Es un verdadero placer conocerte por fin."

"Bueno, tú no te ves como si tuvieras 2000 años", dijo Laura para mi vergüenza, mientras le miraba. Yo ya había olvidado mi idea de que él podría ser el apóstol Juan.

Intenté decir algo, pero Juan me ganó. "Las apariencias pueden engañar", dijo, guiñando con los ojos. "Me gustaría hablar más, pero tengo que encontrar unas personas antes que termine el partido. Espero que tengamos otra oportunidad para conversar, Laura."

"Oh no, yo tenía tantas cosas que quería preguntarte."

"Otro día, seguramente", dijo mientras la multitud estalló una vez más en gritos. Los Blue

Raiders anotaron otro punto.

"¿No odias también a ese defensa?" preguntó Laura. – "Ya no", dije.

Laura me miró sorprendida. "¿Quién tiene que ver con eso?"

Nos volteamos para decir algo a Juan, pero él ya se había ido. Le buscamos en la multitud,

pero ya no pudimos verle.

Capítulo 8

Mentiras inadmisibles

No tenía ninguna idea de qué hacer con la información que acababa de enterarme. Por fin tuve una ventaja sobre mi pastor antiguo, pero ahora no sabía qué hacer. Si lo hubiera sabido un año antes, no lo hubiera pensado dos veces.

Todo sucedió en un encuentro por casualidad en el supermercado. Yo había comprado un regalo para mi esposa y un almuerzo al paso, antes de ir a una cita a las 1:30. Mientras comí, apareció un vestido rojo delante de mi mesa, y vi una cara conocida, una que no había visto por un buen tiempo.

"¿Puedo hablar contigo por un momento?" preguntó Diana, muy agitada y mirando alrededor como si fuera perseguida por la policía.

"Claro que sí, toma asiento", dije con la boca llena, mientras acomodé mis cosas para darle espacio. Ella se sentó despacio, y no pude evitar notar cuan hermosa era, con su cabello largo, oscuro cayendo sobre sus hombros, y sus ojos azules vivaces. Pero sus cejas fruncidas, sus labios apretados y la tristeza en sus ojos me dijeron que ella no estaba bien.

 Yo la había conocido como una mujer joven, exuberante, que llegó a Kingston por sus estudios. Después de su graduación se casó con un hombre que comenzó a abusar de ella tan pronto como eran casados. Ella por fin se divorció, y nuestra congregación la había acompañado durante ese tiempo feo. Esto fue hace casi tres años. Desde entonces no la había visto.

"¿Estás bien?", pregunté.

“Estoy viviendo un día a la vez, pero no es fácil. Pero vine para ver como estás. Escuché lo que hizo Jim contigo, y he estado tan preocupada por ti y por Laura. ¿Están bien ustedes?"

"Gracias, Diana, por preguntar. Esto significa para mí más de lo que tú piensas. Ha sido muy difícil. Con dificultad pude volver al negocio, y estamos extrañando a mucha gente. Algunos de ellos siguen evitándonos en público, y otros reparten rumores horribles acerca de nosotros."

Diana rebuscó otra vez todo el ambiente con su mirada, y jugó nerviosamente con su cabello. Después de un silencio incómodo, ella se acercó y dijo a voz muy baja:

"Probablemente no debería decirte esto. Estoy tan avergonzada, y he jurado que nunca lo iba a contar a nadie." – Ella mordió su labio y miró al vacío, buscando las palabras apropiadas. – "Acerca del pastor Jim …" – Ella luchó por retener el llanto que empezó a subir dentro de ella. – "Hay algo que tú no sabes…" Su voz se perdió.

Agarré su mano que estaba sobre la mesa. "Está bien, Diana. No necesitas decírmelo si te incomoda."

"El se aprovechó de mí", dijo ella repentinamente y comenzó a llorar. Yo intenté pensar en algo que podía preguntarle, cuando ella volvió a controlarse lo suficiente para continuar.

"Intenté no decirlo a nadie, pero cuando te vi aquí solo, supe que tuve que decírtelo." Me contó que había tenido un romance de tres meses con Jim. Durante el divorcio, y hasta casi un año después, ella había vivido en un cuarto aparte de su casa. Hacia el fin de su tiempo allí, ellos comenzaron una relación, y él incluso le dijo que estaba dispuesto a abandonar a su esposa por causa de ella.

 Ella todavía sentía un conflicto fuerte por lo que había pasado, y vacilaba entre culparle a él y culparse a sí misma. – "No debía haberme quedado allí. Fue una tentación demasiado grande para él, especialmente en los problemas que él tenía con su esposa. Ellos discutían todo el tiempo. Una mañana desperté, sabiendo que yo no quería ser esta clase de persona, y me fui de su casa." – Las lágrimas corrieron por sus mejillas.

Yo no sabía qué decir. Me recordé de una conversación que había tenido con Jim, cuando Diana se había ido de su casa y ya no venía a la iglesia. Le había preguntado si algo había pasado con ella, y él solo había dicho: "Ella sentía que una congregación más jóven era mejor para sus necesidades." Esto me parecía raro, en vista de que eran amigos.

Ella se levantó para irse. "No he dicho esto a nadie, y estaré dispuesta a negarlo si tú lo niegas, pero pensé que necesitas saberlo."

La detuve por un rato: "Espera. Lo siento tanto por ti. ¿Hay algo que puedo hacer …?"

"Por favor, ni lo intentes", dijo ella. "Tengo que irme. Lo siento tanto."

Me senté, muy pensativo. Yo siempre me había preguntado cómo mi relación con Jim pudo haber cambiado tan rápidamente. Pero esta noticia no me alegraba. Ya no tuve apetito y dejé el resto del almuerzo en el plato. Cuánto más pensaba, más me enojaba. Entonces el hombre que había mentido acerca de mí, estaba viviendo una mentira él mismo.

Al levantarme, volví por primera vez desde un buen tiempo a rebuscar el ambiente por la persona de Juan. Habían pasado casi cuatro meses desde nuestro encuentro en el partido, y yo pensaba en él siempre con mucho aprecio por las cosas que él me había ayudado a ver. Esta noticia me hizo desear hablar con él nuevamente. No pude ver a Juan, y me frustré porque él nunca me había dado una manera de contactarle.

No tenía ni su teléfono ni su dirección. Atravesé el supermercado para salir. Al pasar por el pilón en el centro, de repente le vi. Estaba sentado en una banca con un bebé jugando en su regazo, mientras hablaba con un hombre joven. Le miré sonriendo. Juan siempre encajaba tan naturalmente en su entorno.

Mientras me acercaba, el joven se levantó, estrechó la mano de Juan, recogió a su bebé y lo puso en un cochecito. El niñito se volteó para despedirse de Juan, moviendo sus manos en el aire, y Juan respondió con una sonrisa. Me senté a su lado. El me miró sorprendido, y su sonrisa se hizo más grande. "Jacob, qué bueno verte."

"No puedo creer que estés aquí", dije. "Justo estaba pensando en ti." Y señalando al joven con el bebé que se alejaban, pregunté: "¿Son amigos tuyos?"

"Podrían serlo ahora. Acabo de encontrarle en la banca donde esperaba a su esposa. Tuvimos una conversación agradable mientras jugábamos con Jason. El piensa que todavía no conoce a Dios, pero esto es solamente porque todavía no ha reconocido su mano en su vida. Pero esta es otra historia. ¿Cómo te va, Jacob?"

"No vas a creer lo que acabo de escuchar."

"¿Acerca de qué?"

"¿Te recuerdas que una vez me preguntaste qué cosa escondía mi pastor, cuando él empezó a distanciarse de mí? Bueno, acabo de descubrir que tenía un romance con una mujer que vivía en su casa mientras pasaba por un divorcio."

La sonrisa de Juan se apagó, y dio lugar a una expresión muy preocupada. Unas lágrimas aparecieron en sus ojos, y le escuché suspirar a voz muy baja: "Oh Dios, perdónanos." –

¿Por qué yo me sentía entusiasmado acerca de algo que a él obviamente le dolió tanto?

"¿Lo sabes con certeza?" preguntó Juan.

"La mujer involucrada se me acercó hace unos minutos y me lo dijo. Dijo que pensaba que yo necesitaba saberlo."

"¿Cómo estaba ella?"

"No se veía bien, pero no se quedó para hablar. Se fue corriendo tan pronto como me lo había dicho."

Pude ver el dolor en los ojos de Juan. Después de un silencio incómodo, él volvió a hablar.

"¿Qué harás acerca de eso?"

"No sé. Por eso quise hablar contigo. Estoy seguro de que él debe ser confrontado. Esto me reivindicará por fin."

"¿De qué manera?"

"Demostrará que él es falso. Entonces todos lo sabrán."

"¿Estás seguro de que quieres hacer eso?" – Los ojos de Juan se habían llenado de lágrimas.

"No, no lo quiero", dije, pero no sonó tan sincero. "¿Pero no debería alguien hacerlo?"

"Esto no te corresponde decidir. Tú eres responsable solamente por lo que tú tienes que hacer."

"Pero nadie más lo sabe, Juan, excepto la mujer. Y no creo que ella hará algo." – Juan quedó callado por un tiempo. "¿Qué piensas tú que debo hacer?" pregunté por fin.

"No puedo decirte qué hacer, Jacob. Pero pienso que no debes asumir lo que es mejor, sino preguntar al Padre lo que él quiere. Pero esto ciertamente no es nada para sentirse triunfador."

"Espero que no me he expresado así", dije.

Juan encogió los hombros. "¿Qué importa cómo te expresaste? Solo importa lo que es."

"Pero quiero que este sistema fracasado sea expuesto tal como es. El me defraudó a mí, a esa

mujer, y a la gente que asiste allí, y se puede salir con la suya."

"Nadie se puede salir con la suya, Jacob. El está pagando por sus errores de maneras que tú nunca te puedes imaginar. No olvides que el pecado es siempre su propio castigo. Hace que él sea menos el hombre que Dios quiere que sea, y destruye a otros alrededor de él, aunque no saben por qué. La gente ya se da cuenta de lo vacío que él es, y de su lucha."

"¿Pero no debe ser expuesto por lo que hizo? Quiero que la gente vea la verdad."

"¿Todavía no la pueden ver, Jacob? Con todo, él es quien es, no quien aparenta ser."

"Pero las cosas no parecen así. La gente piensa que él es un hombre piadoso."

"Allí está el punto, ¿no cierto? Cuando no estás contento con la realidad, siempre te preocupas por la manera como las cosas parecen."

"No lo pienso, Juan." – Yo mismo me sorprendí por el enojo en mis palabras. El me estaba quitando la mejor arma que había tenido desde hace un año. – "El debe ser visto tal como es."

"¿Acaso esto no ha sucedido ya? El ya ha traicionado una amistad para protegerse a sí mismo, y ha mentido a una congregación para desacreditarte. ¿No emana ya la arrogancia de toda su vida? ¿Por qué es peor para ustedes los evangélicos cuando es algo sexual?"

Admito que él me sorprendió en este punto. Yo pensaba que un fracaso sexual era peor que cualquier otra cosa. Después de un silencio sorprendido, respondí entre dientes: "Bueno, esto por lo menos lo hace obvio."

"No te enojes conmigo. Yo no lo hice."

"Lo siento, Juan. Solo estoy frustrado por la manera como respondes a esto. Yo pensaba que esto ayudaría para ganar gente para nuestro lado."

"¿Cuál lado?"

"¡Tú lo sabes! Los que se oponen al falso sistema de la religión organizada, y se comprometen a seguir el modelo del Nuevo Testamento de las iglesias en casa."

"Esto no suena como un lado donde yo quisiera estar. ¿Alguna vez me escuchaste hablar así?"

Ahora yo estaba casi furioso por la manera como Juan había llevado esta conversación. –

"Tú eres quien me ayudaste a ver los fracasos de la religión organizada."

"Es una cosa comprender el fondo de las cosas, y es otra cosa muy diferente estar en contra de ellas. Sí, estoy muy a favor de que los creyentes aprendan a caminar juntos en una comunión verdadera. Pero todavía ni hemos empezado a hablar de cómo esto podría suceder."

"¿Y acaso no produce este sistema siempre lo mismo – hombres como Jim, que pretenden ser líderes mientras mienten y devoran a los demás? Estoy harto de ello, Juan."

"No todos ellos son falsos, Jacob. No todos los grupos se vuelven tan destructivos como el tuyo. Aquellos que ven a los líderes como si tuvieran alguna unción especial, son los que más caen en el engaño.

Parece que aquellas personas que reciben más autoridad humana, son las que menos saben decir ‘no’ a sus propias codicias y deseos. Pero no todos terminan así. Algunos son verdaderos siervos que quieren ayudar a los demás, y han llegado a creer que esta es la mejor manera de hacerlo. Hay que distinguir entre el fracaso del sistema, y los corazones de las personas que están dentro.

 Cualquier sistema humano, finalmente va a deshumanizar a la misma gente a la que pretende servir; y los que resultan más deshumanizados son aquellos que piensan que lo están dirigiendo. Pero no todos están entregados a las prioridades del sistema.

 Muchos caminan dentro del sistema sin entregarse a él. Ellos viven en la vida del Padre y ayudan a otros con su gracia, cuando él les da la oportunidad." "No me importa todo eso, Juan. Solo quiero que el fracaso de Jim sea expuesto ante el mundo." – Sentí como mi cara se calentaba de ira, y mis manos formaron puños.

"¿Por qué estás tan enojado, Jacob?"

Por fin me relajé, y suspiré profundamente. Realmente no quise pelear con Juan. Quise escuchar lo que él tenía que decir. – "No estoy seguro qué quieres decir", dije, más averiguando que defendiéndome.

"No sé. Tu respuesta a lo que dije me parece desproporcionada en relación a lo que estábamos hablando. Me gustaría saber qué más te está frustrando."

Pensé por un momento. "Lo único que pensé haber entendido por fin, fue ya no dejarme tiranizar por las opiniones de la gente. Durante las últimas semanas ya no sentí esa vergüenza al encontrarme con gente de mi antigua congregación. Esto me ha bendecido."

"Y así debe ser", dijo Juan sonriendo.

"Pero ahora tú has volteado todo esto en contra de mí. Tú solo piensas que quiero vengarme de Jim."

El puso su brazo sobre mi hombro. "No, Jacob, esto no es verdad. Créeme, yo sé cuan duro es esto. Pienso que estás pasando increíblemente bien por esta transición. Solo quiero que no lo hagas más difícil para ti mismo."

"Me parece que estoy luchando en muchas áreas, Juan. Volver al negocio ha sido como un juego al azar. La semana pasada, un gran negocio se deshizo en el último minuto. Me hubiera dado seguridad para varios años. Apenas llego al fin del mes, y nunca sé como pasar el siguiente. Yo esperaba ya tener una vida mucho más estable ahora."

"¿Quizás estás buscando la estabilidad en el lugar equivocado?"

No me gustó tener que preguntar: "¿Qué significa esto?"

"Jacob, tú estás acostumbrado a medir la estabilidad por tus circunstancias, y por tu capacidad de ver con meses de anticipación cómo saldrán las cosas."

"¿Y esto está mal?"

"No diría que está mal. Solo diría que esto no te ayudará a caminar en este reino. Cuando miramos al futuro, no escuchamos al Padre. Cualquier cosa que hacemos para garantizar la estabilidad según nuestras propias ideas, nos quitará la libertad de simplemente seguirle hoy. Recurrimos a nuestra propia sabiduría, en vez de seguir la suya. La libertad más grande que Dios puede darte, es confiar en su capacidad de cuidarte cada día."

"Esto es donde siempre me confundo, Juan. Tengo suficiente para hoy – suficiente dinero para cubrir nuestras necesidades, suficiente comunión para animarme hoy, y suficiente gracia para soportar los rumores. Pero cuando miro más allá, me preocupo. No veo cómo resultará esto a largo plazo."

"Todos hemos estado en esta situación, Jacob, y lo comprendo. Pero esto es porque todavía no podemos ver lo que Dios hará. Solo podemos ver lo que nosotros podemos hacer. Tú piensas que exponer el romance de Jim arreglará todo, cuando en realidad no arreglará nada. La gente que no puede ver su arrogancia, tampoco se convencerá de su fracaso moral. Si él ya ha sido infiel, tampoco le importará mentir acerca de eso."

"Nunca he pensado en esto. Pero me molesta que la gente piense que él es tan justo."

"Pero ellos solo piensan que es así. Es una ilusión, y aunque las ilusiones pueden ser poderosas, siguen siendo ilusiones."

"Pero la mayoría de la gente vive en estas ilusiones."

"Solo porque ellos lo quieren, Jacob. Yo no quiero que tú vivas así. Tu pareces ahora como el chico malo, pero sabes que no es verdad. Tú pareces estar al borde de la bancarrota, pero no lo estás. No permitas que las apariencias se vuelvan tu realidad."

"Pero quiero que los demás sepan la verdad, Juan. ¿Por qué deberían seguir viviendo en sus

ilusiones?"

"Si el Padre quiere que sepan la verdad, la sabrán."

"Pero yo soy el único que lo sabe, excepto los dos que tienen todo el interés en esconderlo."

"Sí, así es como parece, Jacob."

"Pero si nosotros no hacemos nada, Dios tampoco puede hacer nada. Por lo menos esto es lo que siempre aprendí."

Juan se rió. "Y esta es la mentira más grande que escuché hoy."

"¿Realmente?"

"¡Realmente! Dios tiene tantas maneras de hacer lo que quiere hacer."

"¿Pero no somos nosotros parte de ello, Juan?"

"Somos parte, pero no la parte más grande. Solo necesitamos hacer lo que Dios pone en nuestro corazón que hagamos. Dudar de su capacidad de obrar más allá de nuestras posibilidades, no es la mejor manera de escucharle. La gran mentira de este universo quebrantado, es que no podemos confiar en Dios y que tenemos que ver por nosotros mismos.

Esta es la mentira que atrapó a Eva. La serpiente la convenció de que no podía confiar en Dios, y que Dios tenía motivos malos. Al no confiar en Dios, ella hizo lo que le parecía lo mejor para ella misma. Pero el tiro salió por la culata, ¿no cierto? Esto siempre sucede, Jacob. Nuestros peores momentos vienen cuando agarramos para nosotros algo que el Padre no nos ha dado.

Debemos vivir en su capacidad, no en la nuestra. Recuerda lo que dicen las Escrituras acerca de su capacidad: ‘Y Dios es capaz de hacer abundar toda gracia sobre vosotros, para que en todas las cosas y en todo tiempo, teniendo todo lo que necesitáis, abundáis en toda buena obra.’ –

‘Ahora, al que es capaz de hacer sobremanera más que todo lo que pedimos o imaginamos, según su poder que obra en nosotros …’ – ‘Sé en quien he creído, y estoy convencido de que él es capaz de mantener lo que le he encomendado en aquel día.’ –

‘Por tanto, él es capaz de salvar completamente a los que se acercan a Dios por medio de él, porque él vive para siempre para interceder por ellos.’ – Y, ‘él es capaz de manteneros sin caída, y de presentaros ante su presencia gloriosa sin mancha y con gran gozo.’

Entonces, hay un tremendo montón de capacidad que se desperdicia cuando pensamos que tenemos que hacer todas estas cosas nosotros mismos. Nuestros problemas más grandes vienen cuando intentamos hacer algo para Dios que creemos que él mismo no puede hacer."

"Entonces ¿qué haré, quedarme sentado y esperar a Dios?"

"¿Quién dijo algo de quedarte sentado? Aprender a confiar en el Padre es la parte más difícil de este viaje. No tenemos ninguna idea de las acciones que la confianza produce. Mientras le sigas, Jacob, encontrarás que harás más que nunca. Pero no será la actividad frenética de una persona desesperada; será la simple obediencia de un niño amado. Esto es todo lo que el Padre desea." "¿Se aplica lo mismo a la comunión, Jacob?"

"Es aun peor allí. Cuando un grupo de creyentes actúan juntos por miedo de que Dios no obrará por ellos, en vez de confiar en él, entonces resulta una mentalidad grupal con resultados aun más desastrosos. Ellos confundirán su propia agenda con la sabiduría de Dios. Puesto que buscan la afirmación unos de los otros, nunca lo cuestionarán, aun cuando las consecuencias dolorosas ya son obvias."

"Esto da miedo, Juan."

"Lo he observado por muchos, muchos años. He visto el nombre de Dios puesto sobre las absurdidades más increíbles."

"¿Y esto no te enoja?"

"Sí, lo hizo, lo admito. Pero me he dado cuenta de que él es más grande que todo lo que nosotros podríamos hacer para ensuciar su nombre. Su propósito vencerá sobre los fracasos más grandes de la humanidad, a su favor."

"¿Qué significa esto para la comunión? ¿Te recuerdas que te hablé de esta iglesia en casa que comenzamos, la última vez que nos vimos?"

"Sí, ¿cómo va?"

"Comenzó muy bien, pero se ha enfriado un poco. La gente viene solo cuando les conviene, y cuando vienen, ellos esperan que alguna otra persona haga todo por ellos. Pasamos mucho tiempo simplemente mirándonos, intentando descubrir qué es lo siguiente que deberíamos hacer. La gente no es lo suficientemente comprometida para que funcione."

"Si esto necesita compromiso, ¿quizás algo les falta?"

"¿Por ejemplo?"

"No sé. Hambre … realidad … la presencia de Dios, quizás. Podrían ser muchas cosas, pero si no lo resuelven, entonces no importa lo que hagan juntos, no estarán celebrando la realidad de Dios, sino la sustituirán por otra cosa.

Y no hay ningún sustituto por Dios mismo. Es por eso que tantas veces intentamos obligar a la gente que venga a una reunión, en vez de equiparlos para vivir en él. Cuando la gente descubre lo que significa vivir en el Padre, ellos no necesitarán ningún compromiso para tener comunión. El mismo será

suficiente para hacerlo."

"¿Pero no es a través del cuerpo que aprendemos a confiar en él?"

"De hecho, es al revés. La confianza no fluye desde la vida del cuerpo; la vida del cuerpo comienza donde hay confianza."

"¿Y si la gente no sabe como confiar?"

"Ciertamente podemos ayudarnos unos a otros a crecer en la confianza; pero este crecimiento es un requisito para compartir la vida; no es su fruto. ¿Te recuerdas de tus tiempos en la Comunidad del Centro? ¿Cuántas decisiones y reglamentos se hicieron porque tenían miedo – de que la gente no venga, de que no estarían creciendo, de que no entrarían ofrendas, o de que la gente se desvíe y se pierda?"

"Probablemente 90%", respondí. – "La mayoría de nuestras discusiones tenían que ver con nuestras preocupaciones de que alguien cometería un error, que nos heriría a nosotros o avergonzaría la congregación."

"Entonces, 90% de lo que hicieron fue basado en el miedo, no en la confianza. Y tú contagiaste a los demás con la misma inseguridad, para mantenerlos involucrados. Todavía no has visto lo que puede ser la vida del cuerpo, cuando la gente crece en la confianza en Dios, en vez de vivir en miedo."

Yo había olvidado que tenía una cita a la 1:30, hasta que por casualidad miré el reloj en la pared del supermercado. Ya fue la 1:40.

"Tengo que correr, Juan. Tenía que encontrarme con un cliente en la oficina hace diez minutos. Pero quiero proseguir más con esto. ¿Puedes darme un número de teléfono donde te encuentro?"

"No puedo darte ningún número, Jacob. Estoy viajando demasiado para tener un teléfono."

"¿Correo electrónico?"

"No, lo siento."

"Tú quieres que confíe en el Padre para esto también?"

"El lo ha hecho bastante bien hasta ahora, ¿no cierto?" dijo Juan, guiñando con el ojo. Yo me reí para confirmarlo. "¿Entonces por qué no quedamos así?"

 "Pero me gustaría que vengas a nuestra iglesia en casa para compartir algún día. Les he comentado acerca de algunas de nuestras conversaciones, y les gustaría conocerte."

"Me gustaría venir algún día. ¿Cuándo se reúnen?"

"Normalmente los domingos por la noche. ¿Podrías venir esta semana?"

"No, no estaré en la ciudad el fin de semana. Déjame pensarlo, y después te llamaré", respondió Juan.

Le di mi tarjeta. "Lo siento que tengo que correr. Pero por favor llámame." – Le escuché decir que sí, mientras corrí al estacionamiento donde estaba mi carro. Un relámpago rojo llamó mi atención. Fue Diana, saliendo de una tienda, abrazada con un hombre que empujaba un cochecito. Era el mismo hombre que yo había visto con Juan antes. Ella le sonreía, y yo me quedé pensando de qué se trataba todo esto.

Capítulo 9

Una caja de cualquier manera

"¿Y tú piensas realmente que ese Juan fue uno de los apóstoles originales?" preguntó Ben, asomándose sobre el sofá.

"¿Quién te dijo esto?" pregunté, volviéndome de la ventana y mirando hacia la sala.

Ben señaló a mi esposa, Laura, que sonrió. "Esto fue lo que pensabas antes."

"Ahora esto suena un poco pretencioso, ¿no?" – Ben me miró mostrando sus dientes. El y yo habíamos dirigido una célula juntos en la iglesia Comunidad del Centro, y él me había buscado después que salimos de la iglesia, para comenzar esta iglesia en casa.

El tenía un carácter bondadoso, a pesar de sus bromas. "Sí, tienes razón, pero deberías haber estado allí cuando me encontré con él. Fue muy raro. Más tarde pensé en como Jesús le dijo a Pedro que no se debía comparar con Juan, incluso si Juan se quedaba hasta que Jesús vuelva. Entonces sumé dos y dos …" "… y te salió diecisiete", dijo Ben, explotando de risa, como también los otros en la sala.

Casi veinte de nosotros esperábamos la llegada de Juan. Algunos estaban sentados en la sala, mientras otros trabajaban en la cocina y llevaron platos al patio donde preparábamos nuestra comida juntos. Juan me había llamado hace tres días para decir que iba a estar en la ciudad y podía visitar nuestro grupo.

"¿Qué piensas acerca de él ahora?"

"Para ser honesto, ya no me importa mucho quién es él. De todas maneras estoy convencido de que él conoce al Padre a quien yo quiero conocer, y sigue al Jesús a quien yo quiero seguir. El me ayudó a vivir las cosas que ardieron en mi corazón por años." –

Este grupo ya sabía acerca de mis conversaciones con Juan, porque las mencioné a menudo en nuestros tiempos juntos. Ellos estaban entusiasmados por conocerle por fin, y yo estaba un poco preocupado de que podrían estar menos impresionados que yo.

"Pero pienso que es mejor que no mencionemos todo eso", supliqué. "El va a venir con algunas otras personas, y no quiero hacerle sentir mal."

"¿A quién trae?" preguntó Marcia, la esposa de Ben. (Estábamos en la casa de ellos.)

"No me lo dijo, y pensé cuántos más, más divertido será."

Se escuchó un carro deteniéndose. "El está aquí", dije. "Y parece que una pareja joven viene con él. Están sacando a un bebé del asiento de atrás."

"Y no tenemos a otros niños aquí…" dijo Marcia un poco decepcionada. "Deberíamos haberlos traído también." – Habíamos decidido dejar a nuestros hijos con otras personas esta noche, y no se me había ocurrido decirlo a Juan.

Juan me hizo señales a través de la ventana. Detrás de él vi a Diana, y al hombre que había estado con Juan en el supermercado. ¿Por qué los traía a ellos?

Ben abrió la puerta, y Juan extendió su mano. "Soy Juan, y esta pareja son amigos míos. El es Jeremy, su esposa Diana, y su hijo Jason."

"Yo soy Ben", dijo él, y señalando hacia atrás: "y ella es mi esposa Marcia. Nos alegra conocerte." – Entraron a la sala, y otros se presentaron. Mi esposa saludó a Diana y a su esposo. Me junté con ellos después de saludar a Juan.

Diana me miró cuando me acerqué. "Espero que esto no les incomode. Jeremy y yo hemos pasado muchas cosas desde que hablé contigo. Juan pensó que nos gustaría estar aquí."

"Me alegro de que estén aquí", dije, aunque no me sentía así. "Me sentí horrible cuando te fuiste corriendo."

"Yo sé. Todo fue la idea de un momento cuando te vi allí, y después me sentía muy tonta. Al mismo tiempo que hablé contigo, Jeremy se encontró con Juan. Hicieron amistad, y Juan me ayudó a arreglar algunos asuntos, y nos mostró que Dios es más grande que los fracasos de otras personas."

Cuando nos reunimos alrededor de la mesa llena de comida, yo hablé: "Permítanme presentarles a Juan. Les he contado mucho acerca de él, y estoy muy agradecido de que Dios haya traído a este hombre a mi vida. Tenemos una relación un poco extraña, porque él llega y se va sin mucho control de mi parte; pero él realmente me ayudó." – Dirigido hacia él, añadí: "Juan, pensábamos simplemente comer y conversar contigo. ¿Cómo te parece?"

"Suena como familia", dijo Juan con una sonrisa. "Pero antes de esto, quisiera que todos conozcan a Jeremy, Diana y a Jasoncito", dijo, señalándoles con la mano abierta mientras dijo sus nombres. "Los conocí hace unos meses, y ellos comenzaron de nuevo a seguir a Jesús, y quisieron conocer a otras personas en este viaje." –

 Ben comenzó con un coro de alabanza, y entonces invitó a Juan, Jeremy y Diana que se sirvieran primero. Juan rehusó, diciendo que querían ser parte de la familia, no invitados especiales.

Intentamos argumentar con él, pero por fin cedimos, y todos formaron una fila para servirse. Me puse al lado de Juan y dije a voz baja: "¿Estás seguro de que fue sabio traer a Diana?"

"¿Por qué no? Pensé que ustedes todos podrían ser una gran ayuda para ellos."

"Lo aprecio, pero su presencia levanta tantas cosas del pasado."

"¿Y está mal eso?"

"No sé. Preferiría no distraerme con todo eso."

Juan sonrió. "No se trata solamente de ti, Jacob. No te protejas a ti mismo a expensas de otra persona. Le quitarías a Jesús una oportunidad de hacer algo asombroso en ustedes dos." –

Con esto me dio una palmada en la espalda, y señaló hacia la comida. Fuimos los últimos en servirnos. Después de llenar mi plato, volví a la mesa grande. Laura estaba sentada con Jeremy y Diana.

La gente seguía presentándose, y sacaron más información de Juan en pocos minutos, que yo en los últimos dos años. El había nacido en el extranjero y vive actualmente en el norte de California, pero viaja mucho. Había sido casado, pero él y su esposa nunca podían tener hijos. Ahora era viudo. Le preguntaron de qué vivía, y él dijo que había hecho muchas cosas, pero ahora pasaba la mayor parte de su tiempo ayudando a la gente a acercarse más a Jesús. –

 El también hizo muchas preguntas y descubrió muchas cosas acerca de los demás durante la comida. Jason se puso intranquilo en el regazo de Diana, y pude ver unas miradas molestas, y me di cuenta de que Diana no había comido casi nada. Juan también se dio cuenta. Se levantó y preguntó si podía cuidar a Jason por unos momentos, y volvió a su asiento con Jason acurrucado en sus brazos.

"¿Ustedes todos no tienen niños, o debía yo haber conseguido a alguien que cuide a Jason?", preguntó Diana.

Laura respondió: "No, está bien. Tenemos muchos niños, pero pensábamos que íbamos a ser más libres para conversar si ellos no nos distraían."

"Lo siento. No lo sabía."

"Por favor, no te preocupes. Nos alegramos de que estés aquí, y Jason también", dijo Marcia. Jason se había acomodado en los brazos de Juan y estaba fascinado por la cuchara que Juan usó para divertirlo.

Mientras yo intenté encontrar unas palabras para introducir una discusión más centrada, Juan habló: "No me parece lo mejor, ver a los niños como distracciones. Jesús no los vio así.

Ellos se sentían atraídos por él, y él disfrutaba de ellos. Cuando otros querían espantarlos, él les dijo que no lo hagan. Si no estamos dispuestos a recibir a los más pequeños en sus debilidades, probablemente tampoco estamos listos para recibirnos unos a otros en nuestras debilidades."

"¿Entonces qué debemos hacer con los niños?", preguntó Ben. "Esto ha sido un gran asunto entre nosotros."

"¿Se ha reunido tu familia la última navidad?"

"Sí. Eramos muchos, quizás más de cincuenta personas."

"Cuando planearon esto, ¿preguntó alguien qué hacer con los niños?"

"No", dijo Ben, riéndose. "Ellos son parte de la familia."

"¿Y por qué debería ser diferente en la familia del Padre?"

Ben no sabía qué decir, y Marcia se interpuso: "Porque estamos intentando tener una reunión, y los niños se aburren. Pienso que debemos proveer algo para ellos también."

"Entonces quizás no deberían esforzarse tanto por tener una reunión", dijo Juan, mientras seguía jugando con Jason. "Sean una familia y dejen que los niños sean parte, como hacen en vuestras fiestas familiares. Inclúyanlos donde pueden, y déjenlos ser niños a veces, cuando ustedes se ocupan en cosas que son menos interesantes para ellos."

"Pero son demasiados para simplemente soltarlos. Y es difícil encontrar a alguien que salga con ellos, porque nadie quiere perderse la reunión."

"¿Quién habló de soltarlos? Ámenlos. Inclúyanlos como parte significativa de la familia dondequiera que puedan. ¿Ustedes normalmente comen juntos?"

"A menudo. Pensamos que es parte de compartir la mesa del Señor."

"¿Tienen una mesa de niños?"

Sentí que esto no iba a acabar bien, pero los demás no tenían ninguna idea de la forma de pensar tan diferente de Juan. "Por supuesto, ¿no lo hace así todo el mundo?"

"De hecho, no. Comer juntos es algo de lo más sencillo que una familia hace juntos. Si están separando a los niños ya allí, entonces se están perdiendo algo extraordinario. Mézclense, y no se sienten por familias.

 Siéntense junto con un niño de otra familia, y descubran qué es importante en su vida. ¿De qué disfruta? ¿Cómo le va en la escuela? O agarra unos bloques y échate al piso con un niño de dos años. Y mientras cantan o comparten, no tengas a tu propio hijo en tu regazo, porque tendrás una lucha para que aparente participar.

Toma a otro niño en tu regazo y haz que sea un juego para él. ¿Sabías que lo más significante para el éxito de un niño es tener relaciones amistosas con adultos que no son sus parientes? El mejor regalo que puedes dar a los niños de las otras familias, es el mismo regalo que pueden darse unos a otros: el regalo de la amistad.

Y cuando los niños salen para disfrutar de un tiempo juntos, no manden a nadie a ‘cuidarlos’. Tómenlo como una oportunidad para algunos de ustedes, de edificar una relación con una parte significante de vuestro grupo – no importa si son bebés o adolescentes."

"Pero si no tienen una clase de Escuela Dominical, ¿cómo recibirán instrucción?", preguntó Marcia.

Antes que pudiera responder Juan, Laura extendió sus brazos para recibir a Jason. "¿No lo has tenido ya suficiente tiempo?", suplicó.

Con una sonrisa y un beso en la frente de Jason, le entregó a Laura, después agarró su tenedor. "¿Cuántos años tienen tus hijos, Marcia?"

"Diez, siete y tres."

"Si tienes algo que deseas compartir con ellos, hazlo. Pero no pienses que esta es la mejor manera de aprender." – Con esto, levantó su tenedor. – "¿Te recuerdas haber enseñado a tus hijos cómo usar un tenedor?"

"No exactamente …"

"Pero ellos todos lo usan, supongo. ¿Los enviaste a una Escuela del Tenedor, o les mostraste una presentación multimedia acerca de la fabricación y el uso de un tenedor?" – Todos se rieron. – "Suena tonto, ¿no cierto? Pero si pensamos que la vida en Cristo es adquirir conocimientos, en vez de vivir en él, entonces haremos toda clase de cosas tontas. Vuestros hijos saben cómo usar un tenedor porque lo aprendieron en la vida.

Ustedes probablemente pusieron el tenedor en sus manos, pero agarrándoles para que no se punzaran en su ojo. Después les ayudaron a llevar el tenedor a la boca; y cuando tenían suficiente confianza para que no se iban a lastimar, ustedes les dejaron hacerlo solo. Vivir la vida de Jesús es mucho más como aprender a usar el tenedor, que estar sentado en reuniones. Los niños aprenderán la verdad a medida que ustedes les ayudan a aprender a vivirla."

Me sorprendí cuando Roary habló, porque él es uno de los hombres más callados en el grupo. "Me gusta lo que estás diciendo acerca de los niños. Nunca pensé en ellos de esta manera. Pero estás hablando acerca de algo más grande que esto, ¿no cierto?"

"Tienes razón, Roary. Lo que estoy diciendo, afecta también la manera como ustedes se tratan unos a otros. Si realmente quieren aprender a compartir la vida de Jesús juntos, será más fácil pensar de ello como una familia que ustedes aman, y no como una reunión a la que asisten."

"Esto me gusta. Nos enfocaríamos más en nuestras relaciones que en nuestras actividades", sugirió Ben.

"Exactamente", respondió Juan. "Y se enfocarían más en su relación con Dios también. El es la primera relación. Toda experiencia valiosa en vuestra vida juntos vendrá desde vuestra vida en él."

"Pienso que es por eso que realmente deseamos hacer lo correcto en esta iglesia. Todos hemos desperdiciado tantos años en la iglesia institucional, y no hemos encontrado la vida de Dios que deseamos", continuó Ben.

"¿Lo han encontrado aquí?", inquirió Juan.

"Todavía no, pero estamos trabajando en esto."

"Cuéntame acerca de vuestra vida juntos."

"Bueno, nos reunimos los domingos por la noche, normalmente con una comida y comunión, después tenemos un tiempo de alabanza y pasamos a un estudio."

"Déjame adivinar", dijo Juan mientras se acercó más. "Al inicio, cuando se saludan y comen, hay mucha energía y entusiasmo. Pero en el momento que comienza la reunión, las cosas se vuelven incómodas. Aun vuestro compartir parece un poco forzado y artificial. Cuando por fin termina, la energía y el entusiasmo vuelven mientras la gente se despide y se va. ¿Estoy cerca?"

"¿Jacob le ha soplado esto, o qué?" – Marvin se rió. Yo levanté mi mano y sacudí mi cabeza para aclarar que no. Marvin había sido pastor de otra iglesia en la ciudad, pero se decepcionó con la mucha energía que se requería solamente para administrar la institución.

El había entrado al ministerio para poder tocar las vidas de la gente, y terminó siendo el gerente de una institución que ni siquiera le gustaba. Había renunciado hace tres años, y nos encontramos en nuestro propio barrio.

"No fue necesario", sonrió Juan. "Desafortunadamente, muchos grupos en casa luchan con esto."

"Para ser honesto, yo normalmente temo el inicio de la reunión, y me alegro cuando termina", dijo Marvin.

"¿Hay otros que se sienten igual?", pregunté, y muchos señalaron que sí.

"Mientras vemos la vida de la iglesia como una reunión, nos perdemos su realidad y su profundidad. Para decir verdad, las Escrituras nos dicen muy poco de cómo se reunía la primera iglesia. Pero nos dicen un montón de cómo ellos compartían su vida juntos. Para ellos, la iglesia no era una reunión ni una institución, sino una familia viviendo juntos bajo el Padre."

"¿Sugieres que no nos reunamos?" interrumpió Marcia, un poco molesta.

"No, Marcia, no estás entendiendo. Reunirse no es el problema. Pero es demasiado fácil quedar atrapado en una forma de reunión que es artificial y contraproductiva. Es por eso que ustedes se sienten incómodos."

"Sí, pero no tenemos ningún grupo de alabanza, y no es la misma persona que nos enseña cada semana. ¿No es esto más relacional?"

"Puede ciertamente serlo. Pero puede también ser una copia menos controlada de la misma dinámica. Estamos intentando recibir de nuestros hermanos y hermanas lo que no encontramos en el Padre mismo. Esto es una receta para el desastre.

 Nada de lo que hacemos juntos como creyentes, podrá llenar nuestra falta de relación con Dios mismo. Cuando ponemos la iglesia en este lugar, la convertimos en un ídolo, y los demás siempre nos decepcionarán."

"¿Es por eso que Jacob dice que estás en contra de la iglesia en casa?", preguntó Marvin.

"No me recuerdo haber dicho esto", dijo Juan y me miró con una mirada interrogante. "Esta no es mi manera de pensar. Pero sí intenté hacerle pensar más allá de esto, como lo quiero para ustedes también."

"Pensábamos que la iglesia en casa es una forma más bíblica de iglesia. Ofrece más participación, y es menos controlado por un clero; no exige tanto tiempo y recursos, y es más relacional que la iglesia institucional. ¿No es cierto esto?"

"¿Tan solo porque se reúnen en una casa?" – La expresión escéptica en la cara de Juan lo dijo todo. – "Esto no siempre se aplica a los grupos en casa que conocí. Muchos tienen gente que intenta controlar a los demás. No me malentiendan; me gustan las prioridades que acababas de mencionar; y estoy convencido de que un hogar es el mejor lugar para vivirlas.

Pero yo conozco a personas que se reúnen en locales de iglesia y son increíblemente relacionales; y conozco a personas que se reúnen en casas pero no lo son. Lo que importa no es el lugar de reunión. Lo que importa es si ustedes están atrapados en juegos religiosos, o si se están ayudando unos a otros a descubrir la relación increíble que Dios desea tener con nosotros."

"¿No se reunió la primera iglesia solamente en casas, especialmente cuando se extendió más allá de Jerusalén?", añadió Ben.

"Hasta donde sabemos, sí."

"Entonces esta es la manera como debemos hacerlo", afirmó Marcia.

"Marcia, Marcia, ¿por qué amas esa palabra?"

"¿Cuál palabra?"

"La misma palabra que Juan no ha usado toda la noche", interrumpió Roary, y se dirigió a Juan. "Te he escuchado cuidadosamente, y no has usado la palabra ‘deber’. ¿Lo hiciste intencionalmente?"

"¿Por qué preguntas?"

"A mí me decían toda mi vida lo que debía hacer y no debía hacer, especialmente en asuntos religiosos. Pero tú no has hablado en estos términos. Parece que tú no lo ves como decisiones entre lo correcto y lo equivocado, sino simplemente como vivir en una realidad que ya existe. Pensé que nos ibas a decir cómo debíamos hacer iglesia."

"Si hay algo que yo diría que debemos hacer, entonces sería dejar de ‘hacernos deber’ a nosotros mismos y a los demás." – Algunos se rieron, y varios miraron a su cónyuge como preguntando qué acababa de decir. –

"Ciertamente hay cosas que son correctas, y cosas que son equivocadas. Pero esto lo sabremos por cierto solamente en Jesús. Recuerden, ¡él mismo es la verdad! Nunca podrán seguir los principios de él, si no le siguen a él mismo primero."

Las palabras de Juan parecían permanecer en el aire durante un largo silencio. Pude ver los engranajes girando en las mentes de todos alrededor de la mesa. Yo había pasado por lo mismo antes, y sabía cómo ellos se sentían.

Por fin Marcia habló, casi con lágrimas: "Pienso que tienes razón, Juan. Yo sigo las reglas porque no sé como seguir a Jesús de la manera que tú dices. Yo solo intento hacer lo correcto, y estoy cansada de ser atacada por personas que dicen que estamos en rebelión si no estamos en uno de esos locales de iglesias los domingos por la mañana."

Juan se dirigió a ella. "Yo sé que esto no es fácil. Pero tan solamente porque la gente dice que una cosa es así, todavía no es necesariamente así. Jesús nos enseña como vivir libres.

Otros se sentirán amenazados por eso, y tú misma te sentirás así a veces. El sistema tiene que devorar lo que no puede controlar."

"Por eso estamos en contra de la institución", dijo Marvin.

"Quizás estamos hablando acerca de dos cosas diferentes, Marvin. Yo quiero exponer el sistema de obligaciones religiosas, en cualquiera de sus formas que mantiene cautiva a la gente. Pero esto no es lo mismo como estar en contra de la institución.

 No te sientas amenazado por la institución. Hay mucha gente dentro a quienes el Padre ama; y él seguirá atrayéndoles a su vida, igual como lo hace con ustedes. Mientras tú reaccionas contra la institución, ella sigue controlándote."

Después de unos momentos, Marvin suspiró frustrado. "No sé, Juan. Yo siempre pensaba que la institución que dejé no funcionaba porque tenía los principios equivocados. Pensé que por fin íbamos a descubrir los principios correctos, para que por fin pudiésemos experimentar la verdadera vida de la iglesia." – Varios alrededor de la mesa expresaron su acuerdo. – "¿Pero tú no lo ves así?"

"No. Yo sí pienso que estás encontrando principios mejores – principios que reflejan más adecuadamente la vida de los primeros creyentes. Pero entiende que no fue el seguir principios lo que produjo su vida juntos. Podemos observar lo que sucedió mientras ellos seguían a Jesús; pero copiar eso no producirá la misma realidad.

 Jesús no nos dejó un sistema; él nos dejó su Espíritu. El nos dio al Espíritu Santo como un guía, no como un mapa. Los principios por sí mismos no van a satisfacer tu hambre. Es por eso que los sistemas siempre prometen un avivamiento futuro que nunca llega. No pueden producir comunidad, porque son diseñados para mantener a la gente aparte."

"¿Por qué dices esto?"

"Al enfocar los servicios o rituales, hacen que la mayoría sean solo espectadores. Al levantar normas y motivar a la gente a conformarse con las normas, solo animan a la gente a aparentar algo que no son, o a aparentar que saben más de lo que saben en realidad. Se desanima a aquellos que quisieran expresar preguntas y dudas; y la gente no puede manejar los asuntos que están escondiendo.

 Por tanto, las relaciones se vuelven falsas y superficiales. La gente se siente aislada, y se enfoca aun más en sus propias necesidades, y en lo que los demás deberían hacer para satisfacerlas. Comienzan a pelear por el control sobre la institución, sea grande o pequeña, para que puedan lograr que los demás hagan lo que ellos piensan que es lo mejor. Es una historia que se ha repetido durante dos mil años."

Juan continuó: "Para que el sistema funcione, tienes que obligar a la gente con compromisos, o apelar a su egoísmo y convencerles que este es el mejor lugar para pertenecer. Por eso, hay tantos grupos que crean expectativas falsas, que frustran a la gente, y se centran en sus necesidades o aun en sus dones, pero no en el Cristo presente."

"Ya puedo ver germinar estas semillas aquí", suspiró Marvin. "Es por eso que vuestras reuniones se sienten rígidas. Es difícil mantener una ilusión de vida del cuerpo, cuando no tienes actividades planeadas. Pero ustedes tienen aquí la oportunidad de descubrir la comunión verdadera. Esto crece cuando compartimos nuestra suerte común de seres humanos caídos, y el viaje de ser transformados por Jesús. La comunión florece donde las personas están libres para ser exactamente los que son – ni más ni menos. Mientras aprenden a confiar en él, ya no tendrán que utilizar a los demás para satisfacer sus necesidades. En lugar de ello, pondrán sus vidas para ayudar a los demás, de la misma

manera como lo hizo Jesús."

"¿Incluye esto también a los no creyentes? La mayoría de la literatura sobre iglesias en casa que leí, dice que alcanzar a los no creyentes amenaza la vida del cuerpo", dijo Roary.

"Asombroso, ¿no? Si un grupo se preocupa solamente por construir ‘nuestro’ grupo, no ha conocido el amor del Padre. Cuando descubrimos el poder de este amor, no lo podemos guardar para nosotros mismos.

No solo nos transformará a nosotros; también rebosará naturalmente hacia afuera, hacia creyentes y no creyentes por igual. Reflejaremos la vida y el carácter de Dios a los demás, e incluso lo haremos mejor cuando estemos lo menos conscientes."

"Bueno, supongo que podemos anular nuestro plan de asistir a esa conferencia de iglesias en casa el próximo mes", dijo Ben en tono burlón.

"No necesariamente. Solamente no creas todo lo que te dirán allí. Probablemente encontrarás allí a unas personas maravillosas que cayeron fuera del sistema y se agarran de las iglesias en casa como una forma de seguridad. Dios podría querer que conozcas a unas personas así. Solamente mantén en la mente la lección más sencilla que se ha repetido incontables veces desde que Jesús vino: Cuánto más organización traes a la vida de la iglesia, menos vida contendrá."

"Esto suena como si no deberíamos hacer nada, Juan." Se pudo sentir la frustración de Marcia en su voz.

"Esto no es lo que quiero decir. Solamente quiero ayudarles a enfocar vuestros esfuerzos en una dirección donde realmente llevarán fruto. En vez de intentar levantar una iglesia en casa, aprendan a amarse unos a otros, y a compartir el viaje unos de los otros. ¿A quién quiere Jesús que acompañes ahora mismo, y cómo puedes animar a esa persona?

 Entonces, sí, experimenten con la comunión juntos. Aprenderán mucho. Solo eviten el deseo de hacerlo artificial, exclusivo o permanente. Las relaciones no funcionan de esta manera. La iglesia es el pueblo de Dios que aprende a compartir su vida juntos.

 Es Marvin allá y Diana aquí. Cuando pregunté a Ben acerca de vuestra vida juntos, me contó mucho acerca de vuestras reuniones, pero nada acerca de vuestras relaciones. Esto me indicó algo. ¿Conoces siquiera la esperanza más grande de Roary, o la lucha actual de Jacob? Estas cosas raras veces salen a la luz en reuniones. Salen en relaciones naturales que suceden durante la semana."

"Pero estamos demasiado ocupados para esto", dijo Jenny, la esposa de Marvin. "Intentamos hacerlo cuando estamos juntos."

Sabía lo que iba a decir Juan, antes que lo dijera: "¿Y funciona?"

"¿Funciona qué?"

"¿Están logrando todo esto en vuestras reuniones?"

"No muy bien, pero queremos aprender a hacerlo mejor."

"Y seguimos hablando acerca de un ‘lo’. Los humanos siempre tomamos una realidad que está descrita en las Escrituras, le damos un nombre, y pensamos que hemos copiado la realidad porque usamos el nombre. Pablo habló acerca de la iglesia que se reunía en varias casas, pero nunca lo llamó ‘iglesia en casa’. Las casas eran simplemente el lugar más práctico para vivir la vida juntos. El enfoque estaba en Jesús, no en el lugar de reunión. Como dije, ustedes pueden tener todos los principios correctos, y aun así estar sin la gloria en el cuerpo de Jesús."

"Ahora esto es deprimente", dijo Jenny a modo de broma, y los demás se rieron.

"¿Por qué dices esto?", preguntó Juan.

"Porque hemos intentado durante nueve meses hacer lo correcto, y ahora todo parece en vano. Quizás simplemente deberíamos volver a una iglesia tradicional, y hacer lo mejor de ello." – Los suspiros alrededor indicaron que no les gustó la idea.

"Lo que quiero hacerles entender, es que la vida del cuerpo no es algo que ustedes podrían crear. Es un don que el Padre da cuando la gente crece en su vida. La vida del cuerpo no es ingeniería. Es la cosa más sencilla en el mundo, cuando la gente camina con él. Llegas cerca de alguien que está en el mismo viaje, y encontrarás que la comunión es fácil y fructífera."

"Esto es lo que buscamos", interrumpió Marvin. "Pensábamos que cuando hacíamos iglesia de la manera correcta, todos íbamos a tener la relación con Dios que buscamos."

Juan continuó: "Lo tienes al revés. Ningún modelo de iglesia producirá la vida de Dios en ti. Funciona de la otra manera. Nuestra vida en Dios, cuando la compartimos juntos, se expresa como iglesia."

"Esto no es como yo lo aprendí", dijo Laura. "¿Cómo podemos saber cómo vivir en la vida de Dios, si nadie nos lo muestra?"

"Es allí donde la religión ha causado el daño más grande. Cuando la gente depende de sus líderes, el pueblo de Dios se vuelve pasivo en su crecimiento espiritual. Esperamos que alguien nos muestre cómo, o simplemente seguimos a alguien en la esperanza de que hace lo correcto. Jesús quiere tener una relación personal contigo, y quiere que tú tengas una parte activa en este proceso."

"¿Pero podemos hacer esto a solas? ¿No necesitamos una ayuda?", preguntó Marcia.

"¿Quién dijo que estás sola? Jesús es el camino al Padre. Entrégate a su Espíritu, y depende de su poder. Sí, él a menudo usará a otras personas para animarte o equiparte en este proceso. Pero las personas que él usa, no te harán depender de ellos.

Nunca se atreverán a meterse entre tú y el Padre. De esto me hubiera gustado hablar mucho más esta noche. Tantos grupos siempre intentan descubrir la mejor manera de ‘hacer iglesia’. ¿Qué tal si invertiríamos todo este tiempo y toda esta energía centrándonos en el amor del Padre, en lo que Jesús hace en nosotros, y cómo podemos vivir más libremente en su Espíritu?

 Entonces sabremos como amarnos unos a otros. Seríamos honestos y abiertos, y nos apoyaríamos unos a otros en este viaje. Dejaríamos de mirarnos a nosotros mismos y nuestras necesidades. Y unas cosas asombrosas sucederían."

"Pero si la gente simplemente ‘seguiría a Jesús’, ¿no vivirían independientemente del cuerpo?", preguntó Marvin.

"¿Tú crees que esto es posible?"

"¿Tú no?"

"Siempre escucho a personas que tienen este temor, pero yo no veo suceder esto. La gente que crece en su relación con el Padre, tendrá hambre por relaciones reales con su familia. El es un Dios de comunión. Esta es su naturaleza, y conocerle nos atrae a esta comunión, no solo con Dios, sino también con los otros que le conocen. No es nuestra obligación. Es su regalo."

"Tengo una buena amiga que fue tan herida por su experiencia en la iglesia, que ya no quiere encontrarse con ningún grupo de cristianos", dijo Laura. "Y Dios sabe dónde está ella, y cómo alcanzarla.

A menudo pensamos que una historia terminó, cuando recién estamos en la mitad. Quizás el Padre la está atrayendo hacia él ahora mismo. Si es tu amiga, mantente cerca a ella. Tú puedes ser su enlace a la familia, mientras el Padre trabaja en ella."

"Tengo un amigo en Georgia que no puede encontrar a nadie que desea esta clase de vida juntos", dijo Marvin.

"¡El Padre sabe esto también! Seguramente hay otros cerca de él con una hambre similar. Pero si el Padre todavía no hizo estas conexiones, él puede descansar en esto. Podemos encontrarlo mucho más fácilmente cuando vivimos confiados en la provisión de Dios, que cuando estamos ansiosos por algo que no vemos. Anímale a disfrutar de lo que el Padre hace cada día, mientras tenga sus ojos abiertos para los demás. Nunca sabes cómo o cuándo Dios hará sus conexiones."

"Mi amigo simplemente no abandonará la institución, porque dice que se sentiría demasiado culpable", dijo Marvin.

"¡Amale a él también! Mantén contacto con él. Comparte lo que Jesús hace en tu vida, y le animarás a que él también viva más cerca de Jesús. No te preocupes de dónde está él. Si el Padre está obrando en su vida, él desenredará esta culpabilidad. No hay manera de decir dónde terminará después de esto."

"¿Entonces aun nuestra participación en el cuerpo es más grande que un solo grupo?", preguntó Ben.

"Es mucho más grande. Esto es lo que quiero hacerles entender." – Juan miró su reloj y se dirigió hacia Jeremy y Diana. "Pienso que tenemos que irnos."

"No me gusta cortar la conversación", dijo Jeremy. Y los demás tampoco quisimos. Teníamos todavía mil preguntas para Juan.

"Les dije que les haría llegar a casa a una hora razonable."

"Esta noche nos ha ayudado tanto, Juan, aunque no estoy seguro si comprendo todo lo que estabas diciendo", dijo Ben.

"No necesitas comprender todo ahora. Si te he animado a seguirle desde más cerca, y confiar en él con más libertad, él arreglará lo demás. El es la piedra angular de la iglesia. La iglesia es suya, no mía. Pídele que él aclare todo."

"¿Puedo hacer una pregunta más?" – La audacia de Roary esta noche fue lejos de su carácter usual. – "Yo quisiera creer que es tan sencillo, pero algo me dice que lo malograría. ¿Tú crees realmente que somos lo suficientemente buenos para escuchar la voz de Dios cada día?"

"¡Qué pregunta!", se rió Juan mientras se levantó. "Por supuesto que no, Roary. Nadie de nosotros es tan bueno. Pero me parece que estás haciendo la pregunta equivocada. Déjame formularla así: ¿Es Jesús lo suficientemente grande para comunicarse contigo cada día? ¿Piensas que él es lo suficientemente grande para abrir tus ojos, vencer tus dudas, y mostrarte su camino? ¿No tenemos que responder a esto con un fuerte ‘Sí’?"

Con esto, Juan ayudó a Jeremy y Diana a juntar las cosas de Jason, antes de pasar por un mar de abrazos y despedidas. Después, cuando hicimos la limpieza y guardamos las sillas y mesas, escuché como la gente reflexionaba acerca de la noche. La mayoría estaba entusiasmada por lo que habían escuchado, pero inciertos de lo que significaría para nosotros.

"En realidad él no dijo nada que yo no hubiera pensado ya antes", dijo Marvin, sacudiendo su cabeza. "Solo que es la clase de cosas que no te atreves a creer que es verdad."

 "La religiosidad está muy dentro de nosotros", respondí. Yo sabía muy bien como él se sentía. Pero sentí un nudo en mi estómago por otra razón. Al despedirse, Diana me había dicho en mi oído que ella necesitaba mi ayuda con el pastor Jim, y que quería hablar conmigo pronto.

Capítulo 10

Ganado para la confianza

¡Qué mañana! Nada había ido bien, y a la hora del almuerzo estuve bastante frustrado. Yo había pasado una buena parte de la mañana conversando por teléfono con Diana. Un mes después de que Juan había visitado nuestro grupo en casa, ella había venido para hablar con Laura y conmigo acerca de su lucha continua por el romance que había tenido con nuestro pastor anterior.

Ella había recibido cierta ayuda para superar sus emociones, y sintió que estaba lista para confrontarle a él. Ella quiso saber si yo iba a acompañarle. Mi primera reacción fue intentar ayudarle, no importa cuan incómodo iba a ser para mí. Al inicio no tenía ninguna idea de cómo hacerlo, o si siquiera lograría hacer una cita con Jim.

Pero cuánto más lo pensaba, más incómodo me sentía. Algo simplemente no parecía bien, pero no pude señalarlo exactamente. Lo dije a Diana, y ella me había dado un tiempo para pensarlo. Pero ahora, dos meses más tarde, ella estuvo verdaderamente molesta conmigo por atrasar tanto el asunto (como ella lo percibía), y me acusó de no preocuparme por ella.

No pude convencerla de mis buenas intenciones, y por fin ella me colgó el teléfono. La entendí, pero aun así me sentí herido. Mientras intenté decidir qué hacer, dos otras llamadas telefónicas interrumpieron mis pensamientos. La primera me avisó de que una venta importante de una casa se había anulado. La pareja que iba a comprarla, se había separado y desistió de la compra. Yo iba a ganar una comisión de 15’000 dólares de esta venta, y desesperadamente necesitaba dinero. Puesto que no tenía ninguna otra venta confirmada, no sabía qué hacer.

Y unos momentos después, se anuló mi cita para el almuerzo. Yo iba a ofrecer un centro comercial que estaba en venta, pero en el último momento, otro corredor se había enterado de la venta y se había presentado para realizarla. El cliente me pidió disculpas por decepcionarme, diciendo que se sentía más confiado con el otro corredor. Le deseé todo lo bueno, aunque ambos sabíamos que no fui sincero.

Por unos momentos me quedé sentado en mi escritorio, apoyando la cabeza entre las manos. Esta mañana había sido un desastre, y me sentí como colgado sobre un abismo. No tenía ninguna idea de cómo salir de mis dificultades.

 Pero para mi sorpresa, no estuve enojado. Decidí ir a casa y ver qué había para el almuerzo. Al salir de mi oficina, me sorprendí al ver a Juan caminando por la acera hacia mí. El miraba hacia abajo y no me había visto hasta que llamé: "¿Y qué haces tú aquí?"

El me miró con una sonrisa. "Oh, hola Jacob." – Nos abrazamos. – "Pensé que iba a ver qué estabas haciendo a la hora del almuerzo."

"Supongo que estás aquí por casualidad…" dije, guiñando con el ojo como si fuera una broma solo entre nosotros.

"No, de hecho vine para buscarte. Tenía una carga por ti en mi corazón durante la última semana, y pensé que sería bueno verte."

"¿Y nunca avisas a nadie cuando vienes? ¿Qué si yo no hubiera estado aquí?"

"Pero estás aquí."

"Pero yo tenía una cita para el almuerzo, solamente que se anuló en el último momento. Tienes suerte." – El entusiasmo de verle ganó pronto sobre las desilusiones de la mañana.

"¿Es este lugar bien?" – preguntó Juan, señalando un restaurante.

"No realmente. La comida no es muy buena. Pero hay uno mejor, tres calles más allá. Podríamos caminar, o te puedo llevar en mi carro."

"Es un día hermoso, caminaremos", dijo Juan.

"¿Cómo estás, Juan?" pregunté, antes que él pudiera preguntarme a mí.

Juan se vio un poco sorprendido por la pregunta. "Estoy bien en estos días, Jacob. He viajado un poco más de lo que me gusta, pero he conocido a algunas personas maravillosas que están descubriendo lo que significa vivir este viaje con Dios."

"¿Es esto todo lo que haces?"

"No", dijo, riéndose. "Pero es lo que más me gusta. Sé algo de construcciones, y así trabajo a menudo renovando casas. Pero mayormente lo hago solamente para tener contacto con las personas. ¿Y tú, Jacob? ¿Cómo estás?"

"No sé. Estoy en una situación extraña. Parece que las cosas no encajan, y esta mañana ha sido devastadora."

"¿De qué manera?"

"Diana ha venido para hablar con Laura y conmigo después de que la trajiste a nuestro grupo. Ella quiere que le acompañe para confrontar a Jim acerca de su romance."

"¿Qué le dijiste?"

"Al inicio dije que lo haría porque quería ayudarle, pero que tenía que descubrir una forma como hacerlo posible. Esto fue hace tres meses, Juan, y cada vez que me alisto para llamar a Jim, tengo este sentimiento abrumador de que no debería hacerlo. Realmente no puedo explicarme por qué. Ella estuvo bastante enojada hoy. Ella piensa que solamente tengo miedo de ayudarle."

"¿Y esto es cierto?"

"Realmente no pienso que es esto, Juan. Ciertamente será incómodo, pero más que todo sigo pensando que no es el tiempo, o que hay algún otro problema que todavía no comprendo."

"Esta es la manera como Dios obra a menudo, Jacob. Si estás dispuesto a hacer algo, pero sientes que no es lo correcto cuando avanzas, entonces es mejor que esperes hasta que las cosas estén claras."

"¿Incluso si alguien piensa que eres una gallina?"

"Incluso así. No puedes echarle la culpa a ella por no ver lo que tú ves. Sé fiel a la obra de Dios en ti, y ama a los demás incluso cuando ellos te malentienden. Esto es vivir en la gracia."

Habíamos llegado al restaurante, y abrí la puerta para dejar entrar a Juan. Nos sentamos a una mesa, y Juan me preguntó cómo estaban las personas con quienes nos habíamos encontrado la última vez.

Cuando le miré para responder, vi detrás del hombro derecho de Juan a alguien que hizo que mi corazón se detuviera por un instante. Fue Jim, mi jefe anterior y pastor en la Comunidad del Centro. Sonrió por toda su cara al saludar a la moza, y pidió una mesa para dos. Pero tan pronto como se sentó – en el rincón más alejado -, vi como sus hombros se cayeron al suspirar profundamente.

 El se veía como alguien que había trabajado toda la noche. Sacó un libro para leer, sin siquiera mirar el menú. Distraído por su presencia, intenté responder la respuesta de Juan. "Todos parecen estar bien, pero el grupo en sí se ha deshecho desde que estuviste allí."

"¿Y por qué?"

"Tal vez tiene que ver con las vacaciones del verano. Pero también pienso que ellos tomaron a pecho lo que dijiste, y no habían sido tan comprometidos con las reuniones. Tienen muchas excusas, y parece que nadie extraña las reuniones. Me pregunto si te hemos malentendido. Parece que no encontramos ninguna manera de juntarnos sin asumir un compromiso."

"Lo que sería una buena razón de no hacerlo", dijo Juan.

"O sea, ¿tú piensas que no vale juntar a la gente, si en realidad ellos no lo quieren?"

"¿Quién dijo algo de querer, Jacob? Es de gran valor para el Cuerpo de Cristo, encontrarse unos a otros y compartir la vida de Cristo juntos. Donde la gente hace esto, ellos no necesitan compromisos. Ellos harán todo lo que pueden para estar juntos.

Pero donde no hacen esto, no les servirá simplemente comprometerse a una reunión. La mayoría de las reuniones cristianas les dan a la gente no más de las cosas de Dios, de lo que es necesario para vacunarlos contra la realidad de su presencia."

Felizmente vino en este momento la moza para recibir nuestro pedido, porque yo necesitaba tiempo para comprender lo que Juan acababa de decir. Después de pedir nuestros almuerzos, me volví hacia Juan, mirando con un ojo a Jim quien seguía solo. – "O sea, ¿tú piensas que nuestras reuniones podrían volverse un sustituto por Dios mismo?"

"No lo quise decir de esta manera. Quise decir que las reuniones se pueden volver artificiales. La gente piensa que con juntarse en una sala, cantar unas canciones y compartir de la Biblia, ya han experimentado la vida de la iglesia. Si todo esto fue auténtico, quizás lo experimentaron.

Pero con más frecuencia, es solamente una rutina y la gente se siente contenta con cumplirla; pero en realidad no compartieron en absoluto la vida de Cristo. Es por eso que prefiero despojar a la gente de sus compromisos. Solo así descubres cómo son ellos realmente por dentro, y esto es bueno para ti y para ellos."

"Pero no lo siento así. Tengo la impresión que todos son muy superficiales."

"Quizás lo son; pero quizás están simplemente agotados por sus obligaciones. Que se desintoxiquen de esto por un tiempo, y después todos estarán mejor. Además, aunque ellos no vengan a las reuniones, esto no significa que no puedas tener comunión con ellos individualmente."

"¿Entonces no es importante tener disciplina?"

"La disciplina tiene mucho valor cuando tu mirada está en el tesoro. Pero cuando la disciplina se vuelve un sustituto por el tesoro, te hace daño. Te dará satisfacción simplemente por cumplir una tarea."

"Sí, pero me siento tan fracasado ahora."

"¿Por qué te sientes fracasado?"

"No sé. Quiero descubrir la verdadera vida del cuerpo de Cristo; pero ¿cómo podemos descubrirlo si no encontramos una manera de reunirnos?"

"¿Y cómo podrían ellos faltar a las reuniones, si hubieran descubierto la vida?"

Lo odio cuando él invierte mi tablero del juego de esta manera. Le di una mirada enojada (aunque no en serio), y él encogió los hombros como diciendo: ¿Qué más puedo decir?

"¿Sabes qué es realmente extraño, Juan?"

"¿Qué?"

"Me parece que ahora tengo más cosas para enseñar que nunca antes, pero tengo mucho menos personas con quienes lo puedo compartir."

Juan se rió de corazón: "Si tuviera un dólar por cada vez que escuché esto…" – Después puso su mano sobre la mía. – "No se trata de enseñar, Jacob. Se trata de vivir. Aprende a vivir esta vida, y no habrá fin de las personas con quienes la puedes compartir. Pero si tratas de enseñarlo primero, tu enseñanza será tu sustituto por vivirlo."

Por fin llegó nuestra comida, y Juan comenzó a hablar de otro tema. "¿Cómo te va con las finanzas, Jacob?"

"Es duro, por cierto. Hasta ahora siempre logramos mantenernos, pero este mes se ve bravo. Perdí dos ventas tremendas esta mañana. Yo contaba con una de ellas para mantenernos hasta el próximo mes. Ahora no sé cómo lo lograré. Yo realmente confiaba en Dios que se realizarían estas ventas."

"Si dices que confías en Dios que él haría lo que tú piensas que es lo mejor, ¿suena esto realmente como confiar en Dios?"

Primero no entendí de qué estaba hablando él, porque eran expresiones que yo usaba sin pensarlo. "Supongo que nunca reflexioné sobre esto."

"Yo diría que confiar en Dios significa permitirle que él haga todo lo que él desea. Si yo ato mi confianza a un resultado específico, yo solo intento manipular a Dios. Además, todavía falta una semana hasta el fin del mes. Yo no me preocuparía de esto. El cuidado de Dios por ti no depende de estas dos ventas."

"Esto es fácil decir para ti. Yo voy a tener gastos de casi 5000 dólares durante las próximas semanas, y no tengo nada para pagarlos."

"¿Y qué te dice esto?"

"Que de alguna manera Dios ha fallado en algo – o yo."

"Mientras no aprendemos a confiar, Jacob, interpretaremos cada suceso desde nuestro propio punto de vista egoísta. Así veremos todo negativo, y esto socava nuestra relación con Dios. Míralo de esta manera: Una tarde, en el camino a casa, tienes un problema con el carro, en un lugar de donde no puedes llamar a casa, y llegas a casa dos horas más tarde de lo que tu esposa te esperaba.

 Si Laura confía en ti, entonces no hay ningún problema. Pero si ella no confía, entonces ella comienza a preocuparse mientras la cena se enfría, se siente amenazada, e incluso le pueden venir pensamientos de que podrías haber salido con otra mujer. Cuando por fin llegas a casa, ella está enojada contigo y no sabes por qué.

La desconfianza solo hace que nos sintamos amenazados o de miedo. Entonces estallamos en ira contra los demás, o lo escondemos por dentro y nos deprimimos. Cuando crecemos en la confianza, podemos caminar con Dios a través de nuestras preocupaciones y decepciones, y podemos saber que él tiene un plan diferente y mejor de lo que nosotros pensamos."

"Sí, pero no puedo ver cómo conseguir tanto dinero en tan poco tiempo."

"Tú piensas solamente en lo que tú puedes hacer, Jacob. Hay mil maneras como Dios puede proveer por ti."

"Supongo que él podría convertir mi árbol de naranjas en un árbol de dinero si él quisiera; pero no pienso que debo contar con algo así."

"Estoy bastante seguro que no deberías contar con esto. Pero ya tienes suficiente para hoy, ¿no cierto?" – Asentí con la cabeza, pero con una expresión frustrada. –

"Esto es todo lo que Dios nos promete, Jacob. El no prometió solucionar nuestros problemas con dos semanas de anticipación, solo un día a la vez, mientras caminamos en él. Y él nos dijo que estemos

contentos con lo que él provee."

"Entonces, si hago simplemente lo que quiero, él proveerá todo el dinero que necesito."

Juan se rió. "¿Es esto realmente lo que me escuchaste decir?"

"No exactamente, pero lo que dijiste, suena como si pudiera simplemente vivir en Dios sin pensar ni un momento en el dinero. He conocido a mucha gente que siguió este camino de frente a su ruina financiera."

"¿Realmente?" preguntó Juan. "¿Puedes nombrarme a alguien?"

Intenté recordarme de un nombre, pero no pude. "Sabes, mucha gente intenta vivir por fe, y al fin solamente mendigan de los demás."

"Entonces, ¿estás diciendo que según tu experiencia, Jesús no quiso realmente decir lo que dijo acerca del buscar el reino de Dios primero? Tan solo porque alguien dice seguir a Dios, esto no significa que realmente lo hace. Mucha gente coloca el nombre de Dios sobre sus propios planes. Pero no permitas que esto te aleje de la realidad de que tú sí puedes vivir dentro de los planes de Dios."

No supe qué decir, entonces solamente apoyé mi espalda y miré a Juan.

"Lo que estoy diciendo, es que el seguirle a él es responsabilidad tuya. Proveer por ti, es responsabilidad de Dios. Estarás mejor si no confundes los dos."

"¿Pero no dice Pablo que el que no trabaja, que no coma?"

"No dije que no trabajes. Estoy hablando acerca del trabajo que Dios te da para que lo hagas, y ver como él provee por ti mientras lo haces. Pablo confronta la pereza y la presunción, y esto no es tu caso, Jacob. Si Dios te ha llamado al negocio de bienes raíces, entonces hazlo de todo corazón, y él te proveerá por medio de este trabajo.

Si él no te llamó a esto, entonces no lo hagas solamente porque estás ansioso de sostenerte a ti mismo. Quizás Dios no está tan interesado en tu negocio como tú. Hay otras personas que necesitan ayuda en su viaje con él. Quizás Dios quiere esto de ti."

"Me gustaría estar económicamente libre para ayudar a otros a crecer así. Algunas personas ya pidieron mi ayuda, pero intenté primero consolidar el negocio, para poder financiar mis otros deseos. ¿Crees que esto es al revés?"

"No existe ningún principio para responder a esto, Jacob. Todo depende de lo que Dios pide de ti."

"Pero esto me parece tan irresponsable."

"Según el pensamiento del mundo, lo es. Pero si Dios te pide hacerlo, sería irresponsable no hacerle caso."

"Supongo que no sé lo que Dios quiere de mí. Yo quiero confiar en Dios así, pero Juan, me han enseñado toda mi vida a proveer por mí mismo. No conozco ninguna manera de hacerlo diferente. ¿Cómo provee él por ti, Juan?"

"De muchas maneras, Jacob. Una parte viene por medio del trabajo que hago. De vez en cuando, unas personas a quienes ayudé en el pasado, me envían unas ofrendas según el Padre los guía; y esto me permite pasar tiempo con personas como tú. Es cada vez diferente."

"¡Qué libertad sería vivir con una tal confianza!" "Esta es la confianza que Dios edifica en ti ahora mismo; y estas ventas que se deshicieron, son parte de ello. Es a través de momentos como estos que Dios gana nuestra confianza. Y obviamente, funciona."

"¿Qué? ¿Por qué dices esto?" – pregunté, porque no me parecía funcionar en absoluto. "Porque no estás enojado como lo fuiste cuando nos encontramos por primera vez. Estás en una situación desesperada; estás preocupado, pero no estás enojado. Esto me muestra un crecimiento increíble."

Y por primera vez me di cuenta de que Dios había cambiado algo permanente dentro de mí. Yo no estaba enterrando mi enojo. El enojo simplemente no estaba allí, aun en mi desilusión. "Gracias, Juan. Yo realmente no había visto esto hasta ahora."

"Esta es la manera como Dios gana tu confianza. El no te pide hacer algo en contra de toda evidencia. El solamente te pide seguirle, mientras tú miras como él cumple su voluntad en ti.Y mientras haces esto, encontrarás que sus palabras y sus caminos te dan más seguridad que tus mejores planes."

"Nunca lo vi de esta manera, Juan. Siempre pensé que la fe era algo que yo tenía que producir para lograr que Dios actúe."

"Esto no suena tan sano, ¿no cierto? Una confianza creciente es el fruto de una relación personal creciente. Cuánto más le conoces a él y sus caminos, más libre serás de las influencias que te atan a tu propia sabiduría falaz. Mientras verás su sabiduría en tu vida durante los días siguientes, llegarás a saber cuán profundamente puedes confiar en él. Así encontrarás la libertad verdadera."

"¿Entonces no hay confianza sin relación personal?"

"No, de ninguna manera. Demasiada gente confunde la fe con la presunción. Están consumidos por sus propios planes; incluso citan las Escrituras para comprobar que Dios tendrá que hacer lo que ellos quieren; y acaban desilusionados cuando Dios no lo hace. Pero Dios usará aun esta desilusión para invitarlos a una confianza verdadera que se basa en su obra creciente dentro de ellos.

Me gusta que quieras separar el ministerio de los ingresos, Jacob. Este es un deseo piadoso. El ministerio se distorsiona tanto cando uno piensa que debe vivir de ello. Hay tanta corrupción en el cuerpo de Cristo porque la gente quiere usar el ministerio para asegurar sus ingresos.

 Muchos sistemas de congregaciones y liderazgo vienen de los intentos de la gente de conseguir ingresos, en vez de demostrar una vida en el cuidado de Dios. Una vez que un ministerio es una fuente de ingresos, encontrarás que estás manipulando a la gente para servirte a ti, en vez de dejar que el amor del Padre se mueva en ti para servirles a ellos.

 Mientras no estés libre para confiar en la provisión de Dios, El no te encomendará a su pueblo. No pienses que tú eres el que tiene que proveer. Comprende esta lección, Jacob. Vivir en la provisión de Dios es esencial en lo que Dios tiene preparado para ti.

Aprende a vivir en lo que Dios coloca delante de ti, no en tus propios planes. En un día cualquiera, esto podría ser ayudar a alguien a encontrar la libertad y la vida en Jesús, o podría ser pintar una casa, o cualquier otra cosa. El proveerá todo lo que necesitas, aunque quizás no lo hará de la manera como tú quieres. Y esto se aplica tanto a las relaciones con las personas, como a las finanzas."

Cuando terminamos de comer, noté que Jim se levantó de su mesa para salir. Sorprendentemente, él había comido solo y caminó ahora por el pasillo que pasaba justo al lado de nuestra mesa. Me agaché por dentro, esperando que él no me iba a ver, mientras intenté mantener mi conversación con Juan como si nada hubiera sucedido.

"No conozco todo lo que Dios tiene para ti, Jacob. Sigue avanzando un paso a la vez, y haz lo que sabes que tienes que hacer cada día. Con el tiempo, las cosas se aclararán."

Cuando Juan terminó, Jim se acercó de frente a nuestra mesa y me saludó. El ya no era el mismo hombre jovial como antes. Se vio profundamente adolorido. Le presenté a Juan, e intercambiamos unas palabras insignificantes para evitar el silencio. Entonces Jim se volvió serio: "Tengo que hablar contigo alguna vez, Jacob, si fuera posible." Parecía que sus palabras se atoraban en su garganta.

"Escucha, Jacob, tengo que llamar por teléfono", dijo Juan mientras se levantó. "¿Por qué no toman un momento ahora mismo?" – Y antes de darme cuenta, Juan se había ido, y Jim se sentó con incomodidad.

Apoyó su cabeza en sus manos e intentó decir algo. Fui empujado por emociones desde catorce diferentes direcciones. No sabía si debía pegarle o sentir compasión por él. Solo sabía que no quise estar allí en este momento. Por fin Jim se compuso y me miró con ojos angustiados. "Debes odiarme, Jacob."

"Hemos tenido mejores días", dije sin saber adónde nos iba a llevar esta conversación. Mis intestinos estaban retorciéndose.

"Quise hablar contigo desde hace mucho tiempo, pero no me atreví. Al inicio estuve tan enojado de que no me ibas a apoyar, y cuando te fuiste, tantas personas salieron heridos."

"Escucha, Jim, no necesitamos repasar todo esto. Fue lo suficientemente doloroso la primera vez."

"Estoy seguro de que lo fue. Solamente quiero decirte cuánto lo siento lo que hice contigo, y que estoy renunciando al pastorado."

"¿Estás qué?" – No pude creerlo.

"Todavía nadie lo sabe. Iba a almorzar junto con el presidente ahora para decírselo. Pero él tuvo una emergencia, y tuvimos que postergarlo." – El miró a la distancia. – "Estoy harto, Jacob. Estoy entrando en una depresión cada vez más profunda, desde hace mucho tiempo. Mi médico me dijo que el estrés del ministerio me está matando."

"¿Pero pensé que las cosas iban bien?"

"Hacia afuera, ¡por cierto! La Comunidad del Centro nunca se veía mejor. Pero por dentro, ¡nada en absoluto!" – Sacudió su cabeza, incapaz de hablar por un momento. – "¿Sabes todo lo que es necesario para mantener esta cosa con vida?

 ¿Sabes cuántos fuegos tengo que extinguir cada semana, y a cuánta gente tengo que animar y suplicar a que sigan colaborando? Y por dentro estoy tan muerto como siempre. Y cada vez que pienso en ti, las cosas se ponen peor. Tú fuiste uno de mis amigos más cercanos, y te acuchillé por la espalda para salvarme a mí mismo." – Me miró con lágrimas en los ojos.  "Lo siento tanto, Jacob, y quiero arreglar este asunto contigo."

No tenía idea como responderle. Lo sentía por él, y también sentí alegría de que sus errores por fin le habían alcanzado. No me gustó este último sentimiento, pero estaba allí.

"Probablemente no sabes que mi padre falleció. Volveré al este para ocuparme de su negocio por algún tiempo. Y buscaré ayuda para mí mismo. Y también recomendaré a la iglesia que te inviten a ser su pastor."

Mi corazón se detuvo. "Estoy seguro de que será una noticia grande", dije finalmente, con una risa nerviosa.

"No tienes ninguna idea de cuan respetado eres allí. Harías un muy buen trabajo, y no conozco a nadie más que podría recomendar. ¿Te interesaría?"

"Ni en lo más mínimo, Jim." – Me sorprendí de mi propia respuesta. Volver al ministerio sonó bien, y tener un sueldo fijo también. Pero no esta clase de ministerio, y no esta clase de sueldo.

"No necesitas responderme ahora, Jacob. Solo piénsalo. Pero quiero que sepas cuánto lo siento lo que te hice. No fue justo. De toda la gente en el mundo, tú no lo merecías. Cuánto quisiera poder hacer que nunca hubiera sucedido. Mi vida era un tal desorden que tú ni siquiera sabes, y yo solo intenté sobrevivir. Este fue mi error. Yo debería haber renunciado mucho antes."

No sabía qué decir. Luché con perdonarle, pero no estaba seguro si quería hacerlo tan pronto. Nadie me había herido más, y yo no estaba dispuesto a descartarlo todo con un simple "Te perdono".

"No quiero detenerte más, Jacob, y sé que tendremos mucho más que hablar para arreglarlo todo. Pero quiero darte esto, si lo quieres recibir." – Del bolsillo de su abrigo sacó un sobre y me lo dio. Mi nombre estaba escrito encima, con el logotipo y la dirección de la Comunidad del Centro en la esquina.

"¿Qué es esto?" – pregunté.

"Es un regalo, si deseas. Para decir verdad, es tu indemnización. Nuestro liderazgo conversó el mes pasado acerca de la manera como se separaron nuestros caminos, y la mayoría opinó que te habíamos tratado de manera injusta. Son diez mil dólares, Jacob. Probablemente no es tanto como debería ser, pero quizás ayudará un poco a aliviar el dolor. Tiene también una carta de disculpa de parte del liderazgo. Lo iba a llevar a tu oficina después del almuerzo, pero cuando te vi aquí …"

Una parte de mí quiso rechazarlo y sentirme superior a todo esto. Otra parte de mí sabía cuánto necesitaba el dinero. "No estoy seguro si puedo aceptar esto, Jim."

"Tómalo. ¡Lo mereces! Quizás esto abrirá una puerta hacia la sanidad."

Asentí con la cabeza y puse el sobre debajo de mis manos. Después supe que tuve que proseguir. "Jim, te iba a llamar."

"¿Realmente? ¿Por qué?"

"Estoy en contacto con Diana, y ella me pidió arreglar un encuentro de nosotros tres."

Sus ojos se abrieron grandes, y se notó miedo en ellos. "¿Tú sabes de qué se trata?", preguntó, intentando averiguar en mis ojos cuánto sabía yo. Asentí, e inexplicablemente, se formaron lágrimas en mis ojos.

Su cabeza cayó abajo. El silencio se prolongó entre nosotros. Por fin, después de unos intentos, Jim habló. "Es la peor cosa que jamás hice, Jacob, y esperé que no tenía que salir a la luz." – Suspiró profundamente y miró la mesa, mientras movía nerviosamente el tenedor de Juan. – "Pero no voy a escapar de ello. Tengo que enfrentarlo." – Sacó su celular y revisó su agenda. – "¿Qué tal mañana a las 4:30 de la tarde? ¿Sería posible?"

"Preguntaré a ella, y te volveré a comunicar."

"Por favor hazlo. Realmente tengo que irme ahora, Jacob, pero quiero que las cosas estén arregladas entre nosotros. Y usa el dinero", dijo, señalando el sobre. "Nosotros de todas maneras no le daríamos un mejor uso."

Asentí, mientras Jim se levantó. Se acercó a mi oído y dijo a voz baja: "Y piensa en volver como pastor. Percibo que eres una persona muy diferente de cuando te conocía, y ellos seguramente necesitan tu ayuda." – Y se fue.

Me quedé sentado y miré por la ventana durante un tiempo, incapaz de formar un pensamiento coherente. En algún momento, Juan volvió y puso su mano sobre mi hombro.

"Escucha, Jacob, tengo que irme."

Pagamos nuestra cuenta, y junté mis cosas y me dirigí hacia la puerta.

"¿Cómo te fue con Jim?", preguntó.

"Todavía estoy como paralizado. El se disculpó, acordamos una cita con Diana, y él me dio diez mil dólares como indemnización de parte de los líderes."

"¡Wow! ¿Cuánto tiempo he estado afuera?" – dijo Juan, riéndose.

"Estoy tan asombrado de cuántas cosas se hayan resuelto en la hora que pasó. ¿Cómo pudo

Dios planear todo esto?"

"Y sin nuestra ayuda", dijo Juan. "No esperes siempre que tantas cosas se resuelvan tan rápidamente, Jacob, pero ciertamente Dios ha respondido a algunas de tus preocupaciones."

"El también está renunciando al pastorado, y me preguntó si podría asumir su lugar."

"¿Y lo harás?"

"No veo como …" dije, mientras Juan se rió, y salimos a la luz resplandeciente del sol.

Capítulo 11

Alzando vuelo

Vi a Laura caminando hacia mí a través de nuestras puertas de vidrio, con una mirada de supremo deleite. Fue una expresión que no veo en su cara a menudo, especialmente en un día como este. Pero inmediatamente tuve que cerrar mis ojos, porque el viento había soplado una nube de humo en mis ojos, y estaban lagrimeando ferozmente.

No pude esperar volver a abrir mis ojos para mirar a Laura de nuevo. Mientras esperé que el dolor se calmara, pude escuchar como chisporroteaban los pollos sobre el fuego, y las risas y conversaciones de unas cuarenta personas que llenaban nuestro jardín. Antes de poder abrir mis ojos, sentí la mano de Laura sobre mi hombro, y la escuché susurrar a mi oído:

"¡Nunca adivinarás con quien estuve hablando!" – Nunca la había visto tan relajada con el

jardín lleno de gente que esperaba comida.

"Eso es lo que estuviste haciendo", dije, luchando contra el dolor para poder ver claramente. "Los pollos estarán en unos veinte minutos, y parece que nada está listo."

"Relájate", sonrió ella. "Estamos aquí para divertirnos, no para levantar una fábrica." – Su sonrisa me dijo que ella sabía que esto no era su carácter normal; como yo también lo sabía. "Adelante, ¡adivina! ¡Nunca creerás quien llegó!"

"No sé. ¿Tu hermana?" – Su hermana era la persona favorita de Laura, pero vivía a cinco horas de viaje y por eso se veían raras veces.

"No", dijo Laura, un poco entristecida al recordarse de ella. "Eso también hubiera sido divertido. – ¡Es Juan!"

¿Juan? – Recorrí en mi mente una lista de nombres, intentando descubrir de qué Juan estaba hablando. Pero ella me miró con una mirada burlona de "cómo no puedes comprender", hasta que por fin me di cuenta de quién estaba hablando. "¡Estás bromeando! ¿Dónde está?"

Me sentí tonto porque él no había venido a mi mente primero. Había pasado casi un año desde la última vez que le vi, y yo hace tiempo había abandonado la esperanza de volverle a ver. –

 "Se fue a refrescarse", respondió Laura. "Dijo que iba a quedarse y disfrutar de la comida con nosotros.""¿Por qué no me avisaste más antes?"

"Lo intenté, pero él dijo que te veías ocupado, y quiso ayudarme con la ensalada y los bocaditos. Hemos conversado de lo mejor. El me hizo sentir como si le hubiera conocido por toda mi vida, y pude contarle o preguntarle cualquier cosa. De hecho, él me ayudó a superar algunas cosas que me habían herido en este proceso. No puedo esperar contártelo todo."

"Y yo no puedo esperar escucharlo."

"Me pregunto si tu primera impresión acerca de Juan podría ser correcta, después de todo

"Ahora, ¿tú piensas que él es Juan el apóstol? ¿Por qué dirías esto?"

"No sé … Hay algo en él – una profundidad; y cuando él te habla, tú sabes que él se preocupa realmente por ti como persona. Nunca conocí a alguien como él. El dice las cosas más extrañas, que de cierta manera son tan increíblemente sencillas; pero de otra manera desafían tu comodidad religiosa, porque descomponen todo lo que pensabas antes."

"Intenté decírtelo…"

"Yo sé, pero nunca me di cuenta de que trae tanta libertad. ¿Piensas que él podría ser aquel

Juan?"

"¿Por qué no le preguntas?" dije con una sonrisa, sabiendo que ella nunca lo iba a hacer.

"Me sentiría tonta", dijo, señalando hacia la casa, de donde apareció Juan.

"¡Aquí estás!", llamó Juan, saliendo por la puerta y dirigiéndose hacia la parrillada.

"Escuché que eres una buena ayuda en la cocina", dije, agarrándole para abrazarle. "Es tan bueno verte."

"¡A ti también! Como veo, tienes una gran fiesta hoy."

"No lo planeamos. Ibamos a invitar a unas pocas personas, pero de alguna manera perdimos el control, y más y más gente nos preguntó si podían venir." – Miramos alrededor del jardín, al juego de volei agitado en el rincón izquierdo, con un buen número de espectadores en la sombra, una piscina llena de gente que salpicaba agua por todos lados, unas personas conversando en varios lugares donde había sombra, y una mesa llena de comida y refrescos, incluso varios kilos de helados hechos en casa.

"Esto es grandioso. ¿Estás seguro que no estoy malogrando algo?"

"Por supuesto que lo haces, pero nos gusta tenerte aquí. Ha pasado tanto tiempo, que pensé que ya no volvería a verte."

"De hecho vine a la ciudad para visitar a algunas otras personas. Están mal en este momento – enojados por unas cosas de la política congregacional que los agotó. Pero el Padre está haciendo algo maravilloso en ellos a través de todo esto. Ellos dijeron que habían escuchado de ti, y quise darte su número de teléfono", dijo, sacando un pedazo de papel de su bolsillo. "Les dije que te iba a pedir que les llames."

"Con mucho placer", dijo Laura, cogió el papel de su mano y entró a la casa.

"Entonces ¿cómo estás, Jacob?"

"Es una aventura, Juan, por cierto. Hemos pasado por unos altibajos increíbles desde la

última vez que nos encontramos."

"Ahh, ¡entonces asumiste aquel pastorado!"

Yo me había completamente olvidado de eso, y la idea me hizo estallar en risa:

"¡Sí! ¡Correcto!" "¿Por qué no? ¿Un sueldo fijo, un trabajo de buena reputación, éxito personal? ¿No eran esas las cosas que más te importaban cuando nos encontramos por primera vez?"

¡Cuánto tiempo había pasado desde entonces! Comencé a repasar en mi mente los cuatro años desde que había conocido a Juan. De alguna manera parecía ser mucho más tiempo.

"No lo puedo creer, Juan. Ni siquiera sigo pensando en esas cosas. Me divierto tanto aprendiendo a conocer esta vida en Jesús, y ayudando a otros a hacer lo mismo, de tal manera que ni siquiera me preocupo por lo que los demás piensan de mí, o por tener un trabajo exitoso."

"Entonces ¿qué sucedió?" preguntó Juan, mientras volteé los pollos sobre la parrilla caliente.

"No podría ni resumirlo. Mira alrededor, y verás gran parte de ello. Dios ha abierto tantas relaciones para nosotros, y estamos viendo como las personas reciben una hambre por Jesús como nunca lo hemos visto desde los primeros días en la fe. Estamos viendo a nuevas personas conocer a Jesús, y otros que crecen en él. Ahora no tengo casi ninguna conversación que no se enfocaría en Jesús en alguna manera."

"¿Y pudiste juntar a tu pastor antiguo con Diana?"

"Sí, lo hicimos, y estoy muy entusiasmado por la manera como eso se arregló. Cuando tengamos un momento a solas, te lo contaré", dije, señalando a las personas alrededor que fácilmente podrían escuchar nuestra conversación.

"Me gustaría escucharlo. ¿Sigues en el negocio de bienes raíces?"

"Un poco, cuando la gente pide mi ayuda en eso, pero no intento levantar este negocio. Estoy pasando gran parte de mi tiempo ayudando a la gente a resolver su relación con Dios. Fui invitado a compartir mi historia con varios grupos, y a pasar tiempo con personas que están en momentos críticos en su propio viaje. Me entusiasma ver a Dios cambiar las vidas, mientras yo solamente les ayudo a liberarse de la condenación que les hace sentir excluidos del afecto del Padre.

Cuando leo ahora la vida de Jesús, veo más claramente que esto fue lo que él hizo: liberar a la gente de su vergüenza, para que pudieran acercarse a su Padre. Y estoy viendo esta libertad creciente en mi propia vida también. Este es probablemente el regalo más grande que me diste, Juan. Ya no trabajo bajo la culpabilidad opresiva de cuánto me quedo atrás, ni bajo las exigencias de mi justicia propia. Y ya no impongo esto a los demás tampoco."

"Esto es fabuloso."

"Nunca me había dado cuenta de cuánto de mi ‘ministerio’ era simplemente una manipulación de la vergüenza de la gente – sea para hacerles sentirse culpables por quedarse atrás, o sea para ganar la aprobación de la gente."

"Así es la religión humana, Jacob. Es un sistema de administración de la vergüenza, a menudo con las mejores intenciones, y siempre con los peores resultados."

"Pero funcionaba, por lo menos hacia afuera."

"Sí, pero solamente amarraba más las ataduras. Al fin, la gente sigue adicta a la vergüenza, y oscila entre la condenación de uno mismo y la gloria en uno mismo. Nunca encuentran la libertad de simplemente vivir en él. Les hace pensar que la relación con Dios es una relación de causa y efecto: si ellos son buenos, Dios será bueno con ellos."

"Ahora entiendo que es por eso que tanta gente vive alejada de Dios. Visité a dos personas moribundas durante el mes pasado, y ambos eran atormentados por la idea de que merecían su enfermedad por algo equivocado que habían hecho, aunque no sabían cuál era la cosa equivocada que hicieron.

Demoré mucho para llegar debajo de la superficie de sus respuestas tipo receta; pero al final ambos admitieron que estaban muy enojados con Dios porque él no les había sanado; y a la vez se sentían muy culpables por tener esta clase de pensamientos."

"La mayoría nunca admite tener este enojo, porque tienen miedo que les pasará algo peor. Así siguen adelante, sintiendo que Dios es injusto con ellos, y nunca pueden resolver este problema – parecido a lo que tú pasaste en el hospital aquella noche."

"Lo recuerdo bien, Juan. Me gusta como Dios me estaba cambiando solo un poquito cada vez. A veces ni siquiera me doy cuenta de que él lo está haciendo, hasta que estoy en una situación y me veo a mí mismo reaccionar de manera muy distinta de antes. Disfruto inmensamente de la nueva persona que Dios está formando en mí."

"Como una mariposa que está saliendo de su crisálida para volar, Jacob. ¿No es triste que pensábamos que podíamos presionar a la gente para cambiar espiritualmente, en vez de ayudarles a crecer en la confianza hacia el Padre, para que él los cambie? No puedes presionar una oruga en un molde de mariposa y hacer que vuela. Tiene que transformarse desde adentro."

"Y me entusiasma mucho más, levantar la vergüenza de encima de los hombros de la gente, que cargarlos con ella. No me extraña que la comunión cristiana se proclame como una obligación. ¿Quién quisiera juntarse con gente que siempre te hace sentir culpable, o que te presiona a conformarte con las expectativas de ellos?"

"Es por eso que la vida del cuerpo a menudo llega a ser manipulativa, y enfocada en el rendimiento. ¿No es esto mucho mejor?" dijo Juan, mirando nuestro jardín. No estuve seguro qué quiso decir con esto, pero asentí. –

"Incluso comencé a publicar la historia de nuestras conversaciones en la internet, Juan. Espero que no te moleste. Las reacciones fueron increíbles. Gente del mundo entero ha estado en viajes similares; han reflexionado acerca de su vida en él, y de lo que podría ser una vida como iglesia de Cristo.

Parece que mucha gente comienza a ver lo vacío que son las formas religiosas. Ya perdí la cuenta de las tantas personas que me dijeron que mi historia refleja la suya en tantos aspectos, con excepción de tu persona, por supuesto. Un tipo incluso se molestó de que en toda su desesperación de encontrar la vida de Dios, él todavía no se había encontrado contigo si seguías vi…" – ¡Ups! Mejor no iba a terminar la palabra.

Pero Juan no me soltó tan fácilmente: "¿Si seguía qué, Jacob? ¿Qué cosa les dijiste?"

"Dejé abierta la posibilidad de que tú podrías ser Juan, el discípulo de Jesús. Tú sabes que me pregunté esto al inicio, y así he sido honesto acerca de eso."

"¿Y a qué conclusión llegaste?" dijo Juan, mirándome con una risa.

"No sé. Jesús dijo a Pedro que era posible. Y tienes que admitirlo, unas cosas increíbles sucedieron en mi vida desde que nos encontramos. Parece que tú comprendes este viaje como nadie que conocí antes. Tú has confirmado algunas de mis esperanzas más profundas, y me ayudaste a vivirlas con más libertad. Ahora, la pregunta de quién eres, se hizo mucho menos importante para mí. Pero admito que estoy curioso. Y tú nunca lo negaste."

Juan sonrió, y justo cuando abrió su boca, fuimos interrumpidos. Marvin se nos acercó y abrazó a Juan desde atrás. "¡Mira quién está aquí!"

Juan se volteó y sonrió. "Marvin, ¿no cierto?"

"¿Te recuerdas de mi nombre? Esto es asombroso. Te vi aquí con Jacob y pensé que tenía que saludarte. Nadie me dijo que ibas a venir."

"Tampoco lo sabían. Pasé por aquí por casualidad. Tú también fuiste pastor anteriormente, ¿no cierto?"

"No hablaré de tus pecados si tú no hablarás de los míos", dijo Marvin, riéndose.

"Puedes hablar de los míos, si deseas. Esto solamente aumenta mi admiración por el Padre", respondió Juan.

Marvín se rió de una manera un poco incómoda, porque no pudo encontrar el chiste. Después de unas palabras más entre ellos, Juan volvió hacia mí. "Veo que un buen número de personas aquí son de aquel grupo en casa. ¿Cómo anda eso, Jacob?"

"No hay mucho de ‘eso’ para contarte, Juan. Nunca volvimos a tener reuniones regulares desde tu visita. No sé por qué, realmente, pero las relaciones han crecido, y nos encontramos con frecuencia unos con otros. No me preocupé mucho por ello, pero a veces me pregunto si debería preocuparme."

"Bueno, a mí me preocupa", dijo Marvin.

"¿Y por qué?", preguntó Juan.

"Porque siento que no hago nada valioso."

"¿Como por ejemplo …?"

"No sé. Esta es la parte extraña." dijo Marvin, sacudiendo su cabeza y suspirando de frustración. "Nunca antes tenía relaciones tan fructíferas, y veo como personas de mi barrio y de mi trabajo abren sus vidas para Jesús. Parece que estoy con personas todo el tiempo."

"¿Y esto no es productivo?"

"No sé si ‘productivo’ es la palabra apropiada. Simplemente me parece que todo esto no se enfoca en nada. Algunas personas que conozco, no encuentran comunión como yo la tengo. Parecen estar a la deriva, sin el enfoque que hay en una comunión regular. Si nuestro grupo antiguo se estuviera reuniendo, les invitaría."

"¿Y qué cambiaría esto?", preguntó Juan.

"No sé. Pienso que los anclaría de alguna manera a un grupo." – Parecía que Marvin esperaba una respuesta de Juan, y cuando no respondió, Marvin se sintió incómodo y siguió hablando. "Ellos necesitan algo." – Se detuvo nuevamente, pero Juan se quedó callado. – "Alguna identidad, supongo."

"¿Y una reunión proveería esto, o simplemente encubriría esta necesidad?" preguntó Juan.

Yo volteé nuevamente los pollos sobre la parrilla, agradecido porque esta vez no fui yo quien se encontraba sobre la parrilla.

"Esperaría que proveería un enfoque y una motivación."

"¿Esto es lo que resulta de una reunión?", preguntó Juan.

Marvin miró a Juan con una mirada confundida. No sabía qué decir, o quizás intentaba imitar la técnica de Juan.

"Ayudaría, ¿no cierto?", dijo Marvin por fin, un poco frustrado.

Juan puso su brazo sobre el hombro de Marvin. "No quiero frustrate. Pero es importante que reflexiones bien acerca de estas cosas. Si vas a organizar una reunión en la esperanza de tener un enfoque, esto probablemente resultaría más en una distracción que una ayuda. La gente vendrá a la reunión pensando que esta es su enfoque, pero con el tiempo verán que la reunión en sí es insuficiente como enfoque."

"¿Por qué?" – El tono de Marvin se había suavizado un poco.

"Porque lo único que provee motivación, es conocer al Padre. Las reuniones son un sustituto pobre de eso."

"¿Entonces solamente nos quedaremos sentados y no haremos nada?" – La frustración de Marvin volvió a aparecer.

"¿Quién dijo que no hagamos nada? Solamente te animo a no comenzar una reunión solamente por comenzar una reunión. Cada vez que la gente ve moverse a Dios, alguien tiene la idea de levantar una construcción, o de comenzar un movimiento. Pedro era así en la transfiguración. Cuando no sabía otra cosa que hacer, propuso un programa de construcción. Si caminas por este camino, Marvin, tendrás que liberarte de la sobreestimación de tus propias capacidades."

"¿Mi qué?", se rió Marvin. – "Ni siquiera sé lo que esto significa."

"Significa que la obra de edificar la iglesia es suya, no tuya ni mía. No pienses que puedes organizar algo con tu propio ingenio. Esto se ha intentado millones de veces en los últimos 2000 años, siempre con los mismos resultados. Al inicio es divertido, y el entusiasmo de ver como Dios toca las vidas, es más fuerte que nuestros propios intentos de organizarlo.

 Pero esto no dura para siempre. Al fin, la gente termina encerrada y atascada en el mismo programa que fue inventado para proteger la vida de Dios entre ellos. Y a menudo, este mismo programa finalmente echa fuera a Dios, porque la gente prefiere su propia sabiduría. Nosotros no somos lo suficientemente inteligentes para controlar las maneras como Dios obra."

"Tampoco quisiera hacerlo", respondió Marvin.

Juan sonrió: "Es por eso que tenemos esta conversación."

"¿Pero qué es la iglesia, Juan, si no es reunirse regularmente?"

"No estoy diciendo que no puede reunirse, Marvin. Solamente digo que las reuniones no producirán lo que tú buscas. Mira alrededor", y señaló el jardín con su mano, "¿no hay personas juntos por todas partes?"

"¿Y esto llamas una iglesia, Juan?" – Marvin fue igualmente sorprendido como yo.

"¡Sï! Pensé que era una parrillada", añadí yo.

"No, yo digo que la iglesia está aquí. Aquí hay personas que aman al Padre. Durante este día, ellos compartirán mucho de su vida juntos, estoy seguro. Jesús dijo que se necesita solamente a dos o tres; y nunca dijo que era necesario hacerlo a la misma hora, en el mismo lugar, o de la misma manera cada semana.

Parece que él no pensaba de la iglesia como algo que ‘hacemos’, ni como algo ‘adonde vamos’. El pensaba de la iglesia como una realidad en la que vivimos cada día. ¿No ves que ustedes ya lo están haciendo? Viviendo como su cuerpo, nos animaremos unos a otros cada día, y nos estimularemos unos a otros a amar más, y a vivir más en la gracia. Esto puede ser tan sencillo como tener una parrillada."

"¿Aun sin adoración ni estudio Bíblico?", preguntó Marvin.

"Ya estamos hablando de cómo trabaja el Padre, ¿no cierto? Y adorar no es tener un tiempo de canciones o de oración, Marvin. Es vivir como un sacrificio diario en la vida de Jesús, dejándole demostrar su realidad por medio de ti. Este es el gozo de vivir en el reino – verle a él obrando en ti. Pero estoy seguro de si alguien aquí desea juntar a algunas personas para cantar, alabar u orar, otros querrán también, y sería asombroso.

 Parece que aquellas personas allí están orando." – Juan señaló a un grupo en el patio que estaban tomándose de las manos en un círculo. "Pero nunca hemos escuchado que esto se llame iglesia." "¡Por supuesto que no! No puede ser tan fácil. No puede ser tan divertido. Tenemos que esforzarnos más, y sentirnos más miserables. ¿No ves que esta es la manera como la vida del reino es arrebatada de vuestros corazones?" – Juan sacudió su cabeza con un suspiro. –

"Habrá suficientes problemas mientras avanzas en tu camino por este mundo. ¿No prefieres compartir la vida juntos como creyentes, con gozo y animándose unos a otros?"

"¿Pero cómo crecerán los nuevos creyentes, Juan? ¿No necesitamos enseñanza?"

"¿Y qué es lo que estamos haciendo ahora? Yo te estoy ayudando a descubrir algo que te liberará de maneras que ni siquiera te imaginas. ¿No es esto enseñanza?"

"Pero no todos están involucrados. Algunos se lo están perdiendo."

"Ellos tal vez se están perdiendo esta conversación, pero estoy seguro de que no se están perdiendo lo que Dios quiere hacer en ellos hoy. El es bastante bueno en esto."

"¿Estás diciendo que es mejor no tener ninguna reunión donde todos compartimos juntos?"

"No se trata de lo que es mejor. Se trata de lo que es real. Hay muchas formas como la iglesia puede celebrar su vida juntos. En este momento, parece que tú comprendes una sola de estas formas. Mira la iglesia como una realidad, no una actividad. Así podrás celebrar la iglesia en cualquier forma que se expresa alrededor de ti. Yo no diría que esto es mejor.

Pero tampoco es peor. Muchas cosas increíbles sucederán hoy porque ustedes están juntos. A veces, esta vida se expresa mejor en una conversación como esta. A veces se expresa mejor en una conversación más grande en el marco de una reunión.

Cuando lo puedes ver de una sola forma, te pierdes tantas otras formas en las que trabaja el Padre. En vez de pensar en la clase de reunión o grupo que deberíamos tener, pregunta por lo que ayudará mejor a la gente a crecer en esta vida. Jacob tuvo unas buenas ideas acerca de esto hace unos minutos."

"¿Qué?", dije, mientras saqué el último pollo de la parrilla. No estaba seguro a qué se refería Juan. "¿Acaso estabamos hablando acerca de la iglesia?"

"Ciertamente. Cuando la gente aprende a vivir en una relación con el Padre, liberados de la vergüenza, este es el núcleo de la vida del cuerpo. Descubran cómo compartir esta vida, y ustedes serán el cuerpo."

Marvin iba a hacer otra pregunta, pero yo levanté la bandeja con los pollos y les indiqué que me siguieran a la mesa donde nos esperaba el resto de la comida y la gente estaba esperando. Di la bienvenida a todos, mencioné que Juan se había unido a nosotros, y le pedí si podría orar por nosotros. El devolvió mi sonrisa, se detuvo por un minuto, examinó la mesa, y entonces asintió.

"Cojamos cada uno un vaso vacío", dijo Juan, mientras pasó unos vasos descartables a los que se encontraban a su lado. Después levantó un gran pan que estaba en la mesa. Comenzó a partirlo en pedazos y repartirlos a las personas cerca de él. "Tomen cada uno un pedazo." –

Después levantó una jarra con jugo de uvas que Laura acababa de traer. Llenó unos vasos de las personas a su lado, después pasó la jarra a Jeremy para que sirviera a los demás. Cuando todos tuvieron pan y jugo, Juan levantó el pan en su mano, y otros siguieron su ejemplo.

Juan dio gracias a Dios por toda su provisión, desde la comida en la mesa, hasta el perdón de los pecados, y hasta por los buenos amigos, y sobre todo por la vida en el Hijo. "Su cuerpo fue quebrantado para que nuestros espíritus tengan vida.

Piensen en esto y piensen en él, mientras coman." – Y todos lo hicimos. Después Juan cogió su vaso. – "Esta es la sangre de su pacto, que nos limpia del pecado y refresca nuestro espíritu. Esta es la última comida que él comió en aquella noche con sus seguidores, y él prometió que lo haremos de nuevo en la edad que viene.

A nuestro Rey, nuestro Redentor, y hermano mayor en la casa del Padre…" dijo Juan, levantando su vaso y haciendo una pequeña pausa. Otros se unieron al brindis y expresaron su gratitud hacia Jesús. Por fin, Juan terminó. "Hasta que te veamos cara a cara…", dijo, mirando hacia el cielo.

 Después brindó con los que estaban a su lado. Y entonces bebimos juntos, y nos quedamos parados en silencio sin saber que hace ni decir. Al fin, algunos rompieron el silencio abrazándose, y después se formó una fila para servirse la comida.

 Después de llenar nuestros platos, nuestra conversación con Juan continuó con varios otros que se unieron a nosotros. Después de presentar a algunas personas, Marvin nos llevó de vuelta adonde habíamos dejado la conversación.

"Me gusta tu punto de vista acerca de la iglesia, Juan, pero ¿haremos esto cada semana?"

"¿Qué piensas, Jacob?"

"Solo si lo hacemos en la casa de Marvin y él cocina", sugerí.

"Te ayudará no pensar en lo que harás cada semana, sino acerca de lo que Jesús te pide hacer hoy. Tú tienes obviamente un corazón por las personas que ves que nadie se preocupa por ellos. Esto es fabuloso. Pero no pienses en una rutina para motivarlos. Piensa en lo que Jesús te pide hacer para animar o equiparles. Es tan sencillo."

"Como invitarles a cenar."

"Sí, o incluso invitar a algunos a estudiar juntos la Biblia, si esto está en tu corazón."

"Esto es lo que quise hacer, pero sentí que iba a ser algo extraño."

"¿Qué tal si invitas a algunas de estas personas a tu casa para un estudio de seis reuniones acerca de algún aspecto de tu vida en Dios? Pienso que algunas personas están buscando exactamente esto."

"¿Y qué hago cuando esto termine?"

"Lo que él te dé a hacer después. Recuerda, equipa a las personas a vivir en él primero. Después verás como él junta a su cuerpo. No me malentiendas. Me gusta cuando un grupo de cristianos quieren intencionalmente caminar juntos como una expresión de su comunión – escuchando a Dios juntos, compartiendo sus vidas y recursos, animándose unos a otros y preocupándose unos por los otros, y haciendo cualquier otra cosa que Dios les pide hacer.

Pero no puedes organizar esto con personas que no están listos. Recuérdate, el discipulado viene siempre antes de la comunión. Cuando aprendes a seguir a Jesús tú mismo, y ayudas a los demás a hacer lo mismo, entonces encontrarás que la vida del cuerpo brotará por todas partes alrededor de ti."

"Pero ¿cómo se ve esto?"

"Puede verse como cualquier cosa. Conozco a personas que se juntan para caminar en los bosques, y desayunan debajo de los árboles. Conozco a familias que se han trasladado juntos al mismo barrio para disfrutar de su cercanía.

Conozco algunas iglesias en casa realmente sanas, que comparten sus vidas juntos, y algunas otras que se reúnen en locales más grandes. Conozco a otros que trabajan juntos como un equipo para construir casas para los pobres, o para cocinar en una misión, o alguna otra forma creativa de hacer conocer la vida de Jesús en su cultura.

 Puede verse como cien cosas diferentes, porque el Padre es tan creativo. Si intentas copiar algo de esto, verás que se convertirá en algo muerto y vacío después que pase la primera emoción. La iglesia florece donde la gente se enfoca en Jesús, no donde la gente se enfoca en la iglesia. Este es un tiempo maravilloso para aprender a disfrutar de él juntos.

 Simplemente sigue viviendo, amando y escuchando, y él te guiará a aquella expresión de iglesia que encaja mejor en sus planes. No te preocupes si es nada que tú puedas señalar con el dedo y decir, ‘esta es la iglesia’. Tú eres la iglesia. No tengas miedo de vivir en esta realidad."

"Si la iglesia puede ser tan sencilla, Juan, ¿dónde entran los líderes en este cuadro? ¿No

necesitamos ancianos y pastores y apóstoles?"

"¿Para qué?"

"¿No es necesario que alguien esté encargado de organizar las cosas, para que la gente sepa qué hacer?" – Marvin estaba bastante excitado. Yo sabía que no iba a recibir la respuesta que esperaba.

"¿Por qué, para que la gente pueda seguir a algún humano en vez de seguir a Jesús? ¿No ves

que ya tenemos un líder? La iglesia le da a Jesús el primer lugar en todo, y no permitirá que alguna otra persona usurpe su asiento."

"¿Entonces los líderes tampoco son importantes?"

"No de la manera como te enseñaron. Hoy en día, la gente casi no puede imaginarse una vida del cuerpo sin una organización, y sin un líder que moldea a los demás según su visión. A algunos les gusta liderar, y otros desean desesperadamente ser guiados.

 Este sistema ha hecho que el pueblo de Dios sea tan pasivo que la mayoría ni siquiera puede imaginarse vivir sin un líder humano con quien se pueden identificar. Y después nos preguntamos por qué nos quedamos tan atrás en nuestra vida espiritual. Vuelve a leer el Nuevo Testamento, y encontrarás que allí hay muy poco enfoque en alguna forma de liderazgo como lo conocemos hoy."

"Pero había ancianos y apóstoles y pastores, ¿no cierto?"

"Si los había, pero ellos no estaban adelante guiando a la gente según sus visiones personales. Ellos estaban detrás del escenario y hacían exactamente lo que tú tienes en tu corazón, Marvin: ayudaron a la gente a vivir profundamente en Cristo, ¡de manera que él pudiera guiarles!

 Los ancianos no son para administrar una organización, sino para equipar a los seguidores de Cristo, ayudándoles a encontrar una verdadera relación con el Dios viviente. Por eso él nos dijo que ayudemos a las personas que sean sus discípulos, y por eso dijo que él edificaría su iglesia. Enfoquémonos en nuestra tarea y dejemos que él haga la suya."

"¿Pero dónde encontramos esta clase de líderes hoy?"

"No busques a líderes como tú te los imaginas. Piensa en hermanos y hermanas que están un poco más avanzados en el viaje que tú. Ellos están alrededor de ti – en esta ciudad y en este jardín."

"¿Pero cómo sabemos quiénes son, si nadie los designó?"

"Yo preguntaría, ¿cómo sabemos si alguien es realmente un líder siervo, solamente porque tiene un título? ¿No has conocido a muchas personas que se hacen llamar pastores o ancianos, pero que no tienen la madurez espiritual para respaldar este título? ¿No nos dijo Jesús que los mayores en esta familia no son aquellos que ejercen autoridad sobre otros, sino aquellos que sirven? ¿Es realmente tan difícil decir quiénes son?", preguntó Juan.

"Pienso que preferiría rótulos con sus nombres", dijo Marvin, y todos nos reímos. En este momento, una madre soltera de edad media pasó detrás de mí para unirse a algunos otros en el césped. Cuando le sonreí, ella se detuvo y dijo: "¿Podría preguntarte algo, Jacob?"

"Por supuesto, Cristina."

"Estoy preocupada por mi carro", dijo. "Hizo un ruido raro al llegar acá, y me gustaría que alguien lo revisara."

"Me gustaría ayudarte, pero realmente no sé mucho de carros. ¿Conoces a Bob allá con la camisa azul?" pregunté, señalando hacia él.

Ella miró y asintió. "No muy bien, pero me encontré con él."

"El sabe más de carros que cualquier otra persona aquí. Le pediré que te ayude."

"Esto sería grandioso", dijo ella, y se fue a conversar con algunas otras personas.

Al volver, me di cuenta de que los demás habían escuchado nuestra conversación, y Juan me miró de frente. "Es tan sencillo como esto", dijo Juan, señalándome a mí con una mano abierta.

No comprendimos de qué estaba hablando, y por eso nos quedamos todos callados. – "¿Por qué envió Jacob a Cristina donde Bob?"

"El es un aficionado de carros" – dijo alguien. – "Todos lo saben."

"Pienso que Cristina no lo sabía, y Jacob le hizo saberlo. Encontrar los dones de Dios en la familia puede ser tan sencillo. Jesús te dará relaciones para que vivas en ellas. Mientras creces en ellas, sabrás qué dones dio él a los demás. No es algo tan secreto que la gente no lo supiera.

 Y cuando te encuentras con alguien que no ve los dones en los demás, tú puedes ayudarle, señalándolos. Esto es quizás todo lo que Pablo les dijo a Timoteo y Tito que hicieran. Ellos ciertamente no estaban nombrando equipos de administración.

Pienso que ellos simplemente identificaron a aquellos que conocían la verdad del Evangelio y habían sido cambiados por el Evangelio. Otros que decían ser cristianos no habían sido cambiados, y Pablo no quería que los creyentes jóvenes fueran confundidos por ellos."

"¿Y esto funciona?" dijo Marvin, sacudiendo su cabeza.

"Mejor que cualquier otra cosa que conozco", respondió Juan. – "¡Podemos confiar en Jesús para esto! El es un mejor administrador de la iglesia que cualquier otro de nosotros. Vive en él, y haz cualquier cosa que él pone en tu corazón, y te asombrarás de lo qué él hará entre ustedes."

"La gente ya piensa que somos raros", dijo Laura.

Con una buena risa, Juan se levantó y se disculpó porque tenía que irse. La gente se quejó, porque habían esperado poder hacerle más preguntas. "¿Podemos volver a hacer esto?", preguntó Marvin.

"Me gustaría si se da la oportunidad, pero esta no es mi decisión."

"¡Pero tenemos tantas otras preguntas!", añadió alguien más.

"Entonces pregunta a Jesús", respondió Juan. – "Yo podría responder preguntas todo el día, y no haría ninguna diferencia. No podemos armar esta vida ordenadamente en el intelecto. Tenemos que descubrirla durante el viaje. El te aclarará las cosas cuando las necesites." Con esto, tiró su plato descartable a la basura, y salió por la puerta.

Capítulo 12

La gran reunión

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que yo había estado parado en un escenario, hablando a una congregación sentada ordenadamente en filas. Me sentí extraño al aceptar la invitación, e incluso más incómodo al tener que hablar. Pero Bryce, el pastor de la Capilla Piedra del Ángulo, me había invitado a hablar a su congregación acerca de mi relación creciente de confianza en el Padre.

Yo había conocido a Bryce solamente desde una distancia, por medio de unas reuniones ministeriales hace muchos años. Por eso, su llamada hace dos meses me tomó de sorpresa. El dijo que había escuchado unos rumores y quería encontrarse conmigo y escuchar de mí mismo.

 Yo solo podía imaginarme qué había escuchado o por qué se preocupaba por mí, pero pensé que iba a ser divertido descubrirlo. De un almuerzo juntos resultaron varios otros, y descubrí que él luchaba con las mismas frustraciones en su vida en Cristo, como yo en los años anteriores. Esto realmente me chocó.

El había sido pastor de jóvenes cuando le conocí, y ahora era el pastor principal de su iglesia. Su congregación había crecido rápidamente cuando vinieron personas de dos otras congregaciones grandes que se estaban desintegrando después de que sus pastores populares habían renunciado – uno de ellos para pastorear una iglesia más grande, y el otro en medio de un escándalo.

Las prédicas entusiasmadas y divertidas de Bryce, junto con sus músicos casi profesionales, hicieron de la Piedra del Ángulo un punto de atracción especial para los evangélicos. Ellos ya tenían tres cultos en un local grande, y consideraban construir otro más grande. Yo hubiera pensado que Bryce era fuerte como una roca.

Pero no fue así. En nuestra primera conversación, él me dijo que se estaba muriendo espiritualmente, y que estaba preocupado de que muchos de su gente estaban en la misma situación. Su relación con Dios se había secado ante las exigencias de una congregación creciente. –

 "Estoy llegando a la conclusión de que no hay correlación entre el éxito de mi ministerio, y la calidad de mi propia relación con él. De hecho, parece que predico mis mejores sermones en medio de mis peores fracasos.

Estoy empezando a pensar que el ministerio es el lugar donde me escondo de Dios." El deseaba recobrar la pasión por Dios que inicialmente le había llevado al ministerio, pero no sabía cómo lograrlo. Cuando él había hablado a otros de esta hambre, ellos le aseguraban de que su ola de éxito era una prueba de la bendición de Dios, y que debía pasar por alto sus dudas.

 Esto funcionaba por algún tiempo, pero su soledad interior y sus luchas con tentaciones cada vez más fuertes por fin le abrumaban, y le empujaban hacia la ira y la depresión. Sin que otros lo supieran, él se desquitaba de esto en casa con su familia.

 Ninguno de los dos podíamos imaginarnos adónde llegaría él, pero ambos sabíamos que él estaba corriendo un gran riesgo en la situación en que se encontraba. Sin embargo, él seguía diciendo que no se iba a contentar con nada menos que una verdadera relación con Dios, no importaba lo que le iba a costar. Y él me pidió hablar a su congregación en sus cultos dominicales.

Ahora el culto había terminado. Laura y yo nos habíamos despedido de Bryce, y nos dirigíamos hacia la playa de estacionamiento. Algunas personas esparcidas por allí me dieron las gracias por visitarles. Entonces le vi. Fue Juan, saliendo del estacionamiento con una sonrisa que me parecía un poco maliciosa. Nos abrazamos, y Laura parecía más emocionada que yo al verle. Admito que me sentí un poco avergonzado, estar parado en ese lugar.

"¿Qué haces aquí?", le pregunté. "Oh, déjame adivinar", añadí en tono burlón. "Acabas de caer del cielo a este estacionamiento y me viste aquí."

"No. No es nada excepcional. Estuve anoche donde Diana y Jeremy. Cuando hojeé su periódico, vi que ibas a hablar aquí, y quise verte. Ellos están realmente bien, ¿no cierto?"

"Esto es todavía decir poco. Nunca he visto a dos personas crecer tan rápidamente. Nos va muy bien ayudándoles a avanzar en esto."

"Ellos me dijeron que incluso habían vuelto a tener un buen contacto con Jim y su esposa. Me gusta cuando Dios trae una verdadera reconciliación, incluso después de una traición y una tragedia."

"Es una gran historia", dijo Laura. "Pero me pregunto por qué ellos no nos dijeron que ibas a llegar a la ciudad."

"Ellos no lo sabían", sonrió él, y yo sabía lo que esto significaba.

Le pregunté si le podíamos invitar para el almuerzo, pero él dijo que no tenía tiempo. Alguien de Los Angeles se iba a encontrar con él aquí en algunos momentos. –

"Conversaremos aquí tanto tiempo como podemos", dijo Juan, señalando una mesa debajo de los árboles de un parque al lado del estacionamiento. Al caminar allí, oí los gritos de unos gansos silvestres encima de mí, y mirando al cielo vi una docena de ellos, ordenados en forma de V, volando hacia el sur. Era un día hermoso de otoño. Entonces oí a otro grupo de gansos desde más atrás.

"Entonces, ¿qué haces aquí?", preguntó Juan.

"Me cogiste", dije y levanté mis manos como rindiéndome, "pactando con el enemigo."

"Tú no piensas esto realmente"; dijo Juan, riéndose. – "Por lo menos espero que no."

"No, de veras que no. Pero cuando me preparaba para esto, me preguntaba qué ibas a pensar tú acerca de mi visita acá. Algunas personas hablan de estas instituciones como de la esclavitud egipcia de los israelitas. No sabía si tú también eras de ese lado."

"No exactamente", respondió Juan sonriendo. – "Entonces ¿cómo llegaste acá?"

Le conté a Juan acerca de mi relación con Bryce, y su invitación de hablar aquí.

"¿Y cómo te fue?", preguntó Juan.

"Tendrías que preguntar a alguien de ellos."

"Fue maravilloso", dijo Laura. "El los hizo reir en un momento y llorar el próximo momento, mientras hablaba acerca del vivir en el amor del Padre."

"Pero me sentí muy incómodo, Juan. Antes me gustaban estos entornos, pero hoy me pareció tan poco efectivo."

"¿Por qué?"

"Lo hice por años, Juan, pero no estoy seguro de cuánto valor tiene esto para ayudar a la gente a vivir libres. Sin duda puedo plantar algunas semillas de esta manera, y hay los momentos excepcionales cuando se prende la luz para alguien; pero la mayoría de la gente se vuelve sorda al mensaje después de algún tiempo.

Incluso cuando escuchan algo que les choca profundamente, ellos lo olvidan cuando vuelven a su vida diaria. Por el otro lado, nuestras conversaciones realmente han cambiado mi vida. Y yo sé que no fue simplemente por las palabras que hablaste, sino por el momento cuando las hablaste. Fue en los momentos de lucha por responder mis preguntas, o hacer tus propias preguntas, lo que las hizo tan poderosas. Yo no sé como podría reproducir esto en un sermón."

"Claro que no puedes; pero esto no significa que haya sido sin valor lo que hiciste hoy. Todas las cosas tienen su lugar, pero como tú dices, este no es el primer lugar. A lo largo, los sistemas como este no les ayudan a la gente a vivir profundamente en la vida de Jesús, ni les ayudan a experimentar las profundidades de la comunión cristiana. Pero a menudo confrontan a la gente con el hecho de que Dios existe."

"Yo sé que recibí algo de la verdad, y una hambre por Dios, en una congregación como esta", dijo Laura.

"¿Pero fue también satisfecha esta hambre en la congregación, Laura?"

"A veces pensaba que lo hacía. Pero mirando atrás, pienso que solamente me frustraba. Me dio hambre de conocer a Dios de una manera que no se podía cumplir allí. Pero también me hizo sentir que era por mi culpa. Me sentía como si no comprendiera lo suficiente, o como si no me estaba esforzando lo suficiente."

"Esto es lo que sucede cuando una institución intenta hacer lo que no puede hacer. Con proveer servicios para que la gente siga asistiendo, la institución sin quererlo nos distrae de la verdadera vida espiritual. Nos ofrece una ilusión de espiritualidad, en experiencias organizadas de manera profesional; pero no puede mostrar a la gente cómo vivir cada día en él, a través de las verdaderas luchas de la vida.

Esto es algo de lo más extraño en el cristianismo que se encierra a sí mismo en un cajón institucional. ¿Quién desearía ser educado en un orfanatorio? Nuestros corazones tienen hambre de una familia. Es allí donde los niños aprenden quiénes son, y cómo encajan en el mundo. Pero estas congregaciones son como orfanatorios, levantados para la conveniencia de todos.

 Aquí sobrevives cuando te sometes a sus reglas. Pero esta no es la manera cómo Jesús te conecta con su Padre. Para esto necesitas una familia, y hermanos y hermanas que pueden atenderte en el momento, sin tener que esperar el día de la reunión, o tener que organizar un curso."

"Es por eso que tú me ayudaste tanto. Parece que siempre estuviste allí cuando te necesitaba realmente, aunque no siempre estuviste cuando yo lo deseaba. Tú me ayudaste a ver cómo proseguir lo que Dios ponía en mi corazón. Esto me ayudó a aprender cómo caminar con él. Ahora no cambiaría por nada mi vida en él."

"Yo tampoco", añadió Laura. – "Pero entonces, ¿para qué sirven estas instituciones?"

"Quizás sirven para mantener ocupados a todos los que están atrapados en una religiosidad humana, para que no tengan la energía de infectar el resto del mundo", dije con ironía.

"Esto no sería un mal uso", dijo Juan y se unió a mi sonrisa. Pero después se volvió serio. – "Pero temo que las cosas no sean tan sencillas. Como tú dices, una buena enseñanza puede ayudar a plantar unas semillas, y los grupos como estos pueden ayudar a conectar a personas que están en el mismo viaje. Dios podrá usar estas conexiones en los años venideros. Pero esto cuesta un precio.

 Con el tiempo, las instituciones pueden volverse abusivas cuando exigen más y más conformidad. Cuando esto sucede, yo siempre animo a las personas a escapar de allí. Sin embargo, otras instituciones pueden ser relativamente sanas. Unas dinámicas de familia, de amor y compasión se mezclarán con los elementos institucionales, y sucederá algo de verdadera comunión. ¿Te recuerdas de tus primeros días en el Comunidad del Centro?"

"¡Yo sí!", dijo Laura, y su cara se iluminó. – "¿Entonces no fue del todo malo?"

"No, de ninguna manera. De hecho, en los primeros días de un grupo nuevo, el enfoque es normalmente en Dios, no en las necesidades de la institución. Pero normalmente esto se pierde con el tiempo. Las presiones financieras aumentan, y viene un deseo de tener rutina y orden.

Todo esto nos distrae de la sencillez de seguir a Jesús. Las relaciones se estancan en la rutina. Con el tiempo, la maquinería institucional consume un montón de energía para tan solamente seguir funcionando; y entonces se vuelve irrelevante."

"¿Piensas que esta es la manera como Dios lo ve?", preguntó otra voz. Yo me había dado cuenta de que Juan había mirado por encima de mi hombro en los últimos segundos, pero no me había dado cuenta de que alguien más estaba allí. Me volteé y vio a Bryce parado detrás de mí.

"¿Cuánto tiempo has estado aquí?", pregunté.

"Acabo de llegar. Estuve yendo hacia mi carro, cuando te vi sentado aquí y me pregunté si este era el famoso Juan."

Le dije que sí, y les presenté uno al otro. – "¿Puedo juntarme con ustedes? Este es exactamente el punto donde estoy luchando."

"Por supuesto", dijo Juan, mientras hizo un espacio para que Bryce se sentara a su lado. "Jacob y yo hemos tenido unos tiempos muy buenos durante los últimos meses. Me gusta lo que Dios está haciendo en él."

"¿De verdad?"

"Yo conocí a Jacob solamente desde una distancia, hace muchos años. Pero veía en él un desprecio hacia las personas que no pensaban como él. Después escuché algunos rumores de que él había salido de la Comunidad del Centro y que no asistía a ninguna iglesia, y pensé que él se había convertido en otra víctima amargada del ministerio.

 Pero hace unos meses comencé a escuchar su nombre con más frecuencia en algunas conversaciones, y me gustó lo que escuché. Entonces le llamé, y cuando nos encontramos me sorprendí. Este no era el Jacob que yo había conocido. Había cambiado mucho, y las cosas que él hablaba, despertaron mi hambre más profunda.

 Pero cuánto más vivo este viaje de la vida en Cristo, menos motivado estoy para cumplir las exigencias de todo esto", dijo, señalando hacia el edificio de la iglesia que brillaba en el sol. – "No me siento cómodo con el crecimiento que sucede aquí. Cuanto más personas atraemos, más vacíos nos volvemos por dentro.

Para muchos, este es un lugar para esconderse. Asistir con regularidad e incluso sentirse bendecido. Me sigo diciendo que estamos haciendo unas cosas maravillosas aquí, y esto es lo que me hace continuar. Pero en mis momentos sinceros, yo cuestiono todo esto. Renunciaría enseguida, si Dios también lo considera tan irrelevante como tú dijiste hace un minuto."

"Por favor comprende que no dije que tú eres irrelevante para Dios, o que estas personas lo son. No lo son. Yo quise decir que Dios mira más allá de la institución, y trata con las personas. El desea que ellos le conozcan, y que experimenten una verdadera comunión unos con otros. El seguirá invitándoles a esto durante toda su vida."

"¿Entonces no tienes ningún problema con que yo haya predicado aquí, Juan?", pregunté, un poco aliviado.

"Claro que no, Jacob. No tengo ningún problema con ir a cualquier lugar adonde va Dios, y él seguramente está aquí atrayendo a la gente hacia él mismo."

Bryce continuó: "Pero considerando todo el trabajo que se hace aquí, y todo el dinero que gastamos, el fruto espiritual es muy escaso. No hay personas nuevas conociendo a Dios. Nuestros miembros nuevos vinieron de otras congregaciones que están en problemas.

 No conozco a nadie aquí que esté en el mismo viaje como Jacob, y solo unos pocos que comparten mi hambre; y estamos tan ocupados que hacemos poco acerca de ello." – La voz de Bryce se quebrantó, porque salió a la superficie la lucha que había visto tantas veces en él.

Juan estiró su mano para cubrir la mano de Bryce. "No puede ser de otra manera. Una vez que la gente se enamora del programa y se vuelve dependiente de él para su vida espiritual, ellos no verán sus limitaciones. El programa no puede sustituir su propia vida en Jesús; y puede producir solamente una ilusión de comunión, porque depende de lo que la gente hace para mantener la institución."

"¿Pero no podría ser mejor? Estoy dividido entre la responsabilidad de reformarlo, y el deseo de abandonarlo. Ninguna de las dos parece una buena opción. Dudo que pueda ser reformado, o por lo menos que yo pueda hacerlo.

Ya hay algunas personas que cuestionan mi liderazgo cuando hablo acerca de mis luchas. Y no tengo idea de qué vivir si renuncio." Juan dejó sus palabras suspendidas en el aire por un momento, y yo hice lo mismo. Yo sabía que esta era la cuestión esencial con la que Bryce luchaba.

No tenía ninguna respuesta para él, y estaba muriendo de expectativa por lo que Juan iba a decir. Mientras esperábamos, vi otro grupo de gansos volar sobre los hombros de Juan, gritando mientras se unieron a los otros grupos que volaban hacia el sur.

 "¿Qué debo hacer? ¿Es esto algo malo y debo huir de aquí? ¿O puede mejorar si personas como Jacob siguen hablándonos para equilibrar las voces de aquellos que solo quieren servir la máquina?" –  El me miró con una sonrisa. Habíamos hablado de este tema antes. El incluso me había preguntado si yo quisiera ser uno de los líderes de su iglesia.

"La gente ha intentado reformarlo por dos mil años, y el resultado es casi siempre lo mismo: un nuevo sistema remplaza el antiguo, pero finalmente el nuevo sistema también se convierte en un sustituto. ¿Te diste cuenta de que las personas que comparten tu hambre, no comparten tu pasión por reformar la maquinería?"

"Lo noté. Aquellas personas que respeto más por su madurez espiritual, parece que no están dispuestos a ayudarnos a manejar esta cosa. Me decepcioné mucho de ellos. En cambio, en el liderazgo tenemos a personas que no conocen bien a Dios, pero que tienen opiniones fuertes acerca de la manera cómo las cosas deben hacerse."

"Esto debería decirte algo."

"Me dijo que quizás ellos no son tan espirituales, si no están dispuestos a ayudarme."

"Bueno, esta es una posibilidad. O quizás los más espirituales desean invertir su tiempo sirviendo a personas, en vez de asistir a reuniones interminables de comisiones."

"Temí que ibas a decir esto", dijo Bryce con una sonrisa frustrada. – "Pero esto deja la maquinería, como tú lo llamas, en las manos de personas que no conocen el carácter de Dios. Es imposible trabajar con ellos."

"Esto es un problema, ¿no cierto? Las estructuras son para ganar poder y para imponer su propio camino sobre otros. Aquellos que crecen conociendo a Dios, no necesitan estas estructuras."

"Y hay momentos cuando no estoy seguro si quiero invertir mis talentos para hacer que siga funcionando, si no es efectivo para el reino, y especialmente si les quita a mis hijos su padre porque estoy fuera todo el tiempo."

"¿Es así como te sientes?"

"No para mí, pero mi esposa lo dice todo el tiempo. Quizás ella tiene razón. Admito que estoy tan sumergido en toda esta actividad aquí al nivel humano, que no me doy cuenta de cosas como estas."

"Te hará bien escucharle a ella; pero todavía mucho más importante es que escuches a Jesús. Bryce, me parece que estás intentando hacer una decisión acerca de tu futuro, basada en principios en vez de la obediencia sencilla. ¿Qué te dice Jesús: que te quedes aquí, o que salgas?"

"Yo esperaba que me ibas a dar algún criterio que me lo haría más fácil saberlo."

"¿Y así quitarte la oportunidad de escucharle a él soplar su voluntad en tu propio corazón?" respondió Juan sonriendo. "Nunca. Esto está entre tú y él. Si tratas de esto con Jesús, esto te ayudará a crecer en la relación con él. No busques una respuesta ‘correcta’ o ‘equivocada’ a tu pregunta. Así tendrías que condenar a aquellos que no hacen lo que tú haces. El podría querer que te quedes más tiempo, que ames a estas personas y que tu hambre los anime."

"O los frustre", corrigió Bryce.

"Hace ambas cosas", dijo Juan. "O, él podría querer que te vayas y que veas como él cuida de ti de maneras que nunca aprenderás aquí. Yo no tengo ninguna idea cuál de los dos es."

"Este es el punto donde me quedo atascado. Simplemente no lo sé. Estoy vacilando tremendamente entre los dos, según las circunstancias en las que me encuentro."

"Es por eso que te ayudaría apartar tus ojos de las circunstancias, y mirarle solo a él. El te puede guiar en todo, y perfeccionar su propósito en ti." "Simplemente no sé", dijo Bryce. "Quizás solamente tengo miedo de perder mi sueldo."

"¿De verdad?"

"No sería honesto decir que no estoy pensando en eso. Estudié para esto; no sé si soy calificado para alguna otra cosa."

"Te sorprenderás de lo que el Padre podría decirte que hagas, y como él te equiparía para hacerlo. Pero todo lo que puedes hacer, es llevar este miedo a él y pedirle que te muestre el camino."

"Lo hice. Miles de veces", suspiró Bryce.

"Entonces no es el tiempo", dije para mi propia sorpresa, y desde el rincón de mi ojo vi a Juan sonreir y asentir con la cabeza.

"¿Qué significa esto, Jacob?"

"Una parte del viaje consiste en hacer lo que él aclara para ti. Si has entregado el asunto a Dios, entonces deja que él lo resuelva. Si él te dijera que renuncies hoy mismo, yo creo que lo sabrías, aun a pesar de tus temores.

Si él todavía no te lo ha aclarado, entonces espera. Solamente sigue amándole y siguiéndole cada dia. Estoy aprendiendo el gozo de descansar en él, hacer lo que sé hacer, y no hacer lo que no sé hacer. Esta fue una de las lecciones más difíciles de aprender, pero también la que más me liberó."

"Pero yo quiero una respuesta de lo que es correcto o equivocado." – Se notó la frustración de Bryce.

"Esto es lo que todos deseamos", dije, reconociendo su frustración. – "Hasta que él mismo nos sea suficiente como respuesta. Esta es su decisión, no la tuya, y será claro cuando sea claro."

"Simplemente pregúntale con quién quiere él que camines ahora mismo", sugirió Juan. – "No intentes aclarar lo que tú quieres, o lo que piensas que es lo mejor. Sigue la convicción que Dios hará crecer en tu corazón con el tiempo."

"Quizás ni siquiera necesitarás decidir. Alguna otra persona podría decidirlo por ti", añadí yo.

"Sí, a menudo él obra de esta manera también", dijo Juan.

"¿Cómo?"

"Bueno, yo no me decidí a salir de la Comunidad del Centro, Bryce. Me despidieron, ¿te acuerdas?"

"Esto sí suena divertido", dijo Bryce con mucha ironía.

"Jacob tiene razón", dijo Juan. "A veces no sabemos lo que Dios quiere porque todavía tienen que desarrollarse algunas historias, y porque tu vida todavía tiene que impactar algunas otras vidas."

"¿Entonces es realmente un caminar de día a día para que Jesús arregle su camino en nosotros?", dijo Bryce.

"Sí, Bryce, y cuando aprendas a vivir de esta manera, nunca querrás volver atrás. Jesús es muy bueno en mostrarte cómo hacerlo, especialmente cuando tu deseo de agradarle es puro, y cuando no deseas hacer simplemente lo que piensas que es lo mejor o lo más fácil."

"Como poner mi seguridad financiera por encima de mi pasión espiritual", dijo Bryce, más para sí mismo que para nosotros.

"Esto es probablemente lo más difícil. No es por nada que lo llaman ‘la ética puritana del trabajo’", dijo Juan.

"He invertido tanto aquí, Juan. No sé si podría irme si supiera que Dios quiere esto de mí." "Tienes razón, no lo sabes. Te sorprenderás de lo que harás cuando el camino sea claro. Algún día tendrás más tareas valiosas de las que tienes aquí."

"¿Entonces qué debo hacer acerca de todo esto por mientras?"

"Sigue la dirección de tu hambre. Sé sincero acerca de ello contigo mismo. Haz cada día lo que él pone en tu corazón que lo hagas."

"¿Y si esto crea un conflicto verdadero?"

"¿Como por ejemplo …?"

"No sé. Ya estoy escuchando unas murmuraciones porque no estoy haciendo suficiente propaganda para la ofrenda, o porque no estoy presionando a la gente lo suficiente para que ayuden en la iglesia infantil. Cuando animo a la gente a confiar en Dios, mi pastor asociado piensa que solo intento descuidar mi trabajo."

"Creeme, lo sé", dijo Juan con preocupación en su voz. "Pero tienes que seguirle, incluso si esto crea conflictos. Sé siempre amable con todos, pero nunca comprometas lo que Dios puso en tu corazón, solamente para estar bien ante la gente. No tengo idea de cómo esto resultará para ti, pero siempre resultará de maneras que no podemos imaginarnos."

"Pero esto podría ser mi muerte."

"Sí, esto es posible. Pero si le vas a seguir a él, ¿qué opciones tienes? Sigue tu hambre, Bryce. Te moldeará y te dará valor para cualquier cosa que viene."

"Y si finalmente renuncio, tendré que decir a los demás que se vayan también?"

"¿Por qué, para qué ayudaría esto?"

"Para salvarles de todo esto, y señalarles algo más real."

"Señalarles hacia Jesús siempre ayuda. Pero decirles que se vayan, raras veces ayuda. ¿Qué hubieras pensado si Jacob te hubiera dicho esto hace cinco años?"

"Hubiera pensado que él era un rebelde divisivo, y me hubiera alejado de él."

"¿Y cómo te hubiera ayudado esto? Solo te hubiera hecho más resistente contra lo que Dios ha hecho en ti en los últimos cinco años." – Bryce se puso muy pensativo. – "Ves, Bryce, la verdad tiene su tiempo. Si dices la verdad a alguien que todavía no está listo para escucharla, le empujarás más lejos, no importa cuán buenas sean tus intenciones."

"¿Y cómo sé que no están listos?"

"¿Realmente piensas que cientos de personas estarán listos, el mismo día, algún domingo por la mañana?"

"Esto lo entiendo, pero ¿qué de personas individuales?"

"Necesitas que Jesús te lo muestre. El te puede ayudar a sentir cuando alguien está listo, y cuando necesitas aguantar. Asegúrate de que realmente tengas sus mejores intereses en la mente, y que no quieres utilizarlos para validar tu propio punto de vista. Esto nunca funciona.

También, escucha las preguntas que la gente hace, y esto te mostrará si tienen hambre de recibir más. Incluso con Jacob, yo colocaba algunos granos de oro delante de él para ver lo que iba a hacer con ellos. Si él escuchaba, luchaba y pedía más, le llevé más adelante. Si no lo hacía, dejé el asunto allí. Intenté servirle; yo no necesitaba validarme a mí mismo."

Me sorprendí de su respuesta, y me pregunté qué cosas me había perdido por no comprender adónde él quería llevarme. También me pregunté si esta era la razón por qué Jesús hablaba en parábolas – para ayudar a las personas hambrientas a ver, sin endurecer innecesariamente a aquellos que no estaban listos. Tendría que explorar más este asunto.

"En resumen, si quiero encontrar una expresión de iglesia que cumple lo que dicen las Escrituras, tendré que cambiar esta organización o abandonarla."

"O dejar de buscarlo."

"¿Qué? ¿Hablas en serio?"

"Ningún arreglo institucional contendrá todo lo que es la iglesia. No lo busques de manera institucional; búscalo de manera relacional. El Nuevo Testamento habla acerca de las prioridades de la iglesia: Jesús como única cabeza y único enfoque; los creyentes animándose unos a otros diariamente; liderazgo plural y lateral; participación abierta; y un ambiente de libertad para que la gente pueda crecer en él."

"¿Cómo la comunión que tengo con Jacob?"

"Y Dios te dará otros más mientras tú simplemente le sigues a él", añadió Juan. – "Algunos te ayudarán en tu viaje por algún tiempo, y tú ayudarás a otros; pero mayormente encontrarás que compartirán mutuamente esta vida."

"Pero si construiríamos una estructura acerca de esta pasión …" – la voz de Bryce se apagó mientras intentó encontrar una manera de terminar su pregunta. Por fin agachó la cabeza y preguntó: "¿Son la estructura y la pasión polos opuestos?"

"No, no lo son. No toda estructura es equivocada. Estructuras sencillas, que facilitan compartir su vida juntos, pueden ser muy positivas. El problema surge cuando las estructuras adquieren una vida propia y se vuelven un sustituto de tu dependencia de Jesús."

 "¿Entonces no necesito buscar la iglesia perfecta, ni intentar levantar una?"

 "De la manera como tú lo piensas, yo diría que no. Pero Jesús sí está edificando una iglesia sin mancha ni arruga. Esta iglesia incluye a cada persona en esta ciudad y en todo el mundo que vive en una relación creciente con él. Está bien que tú te fijes en la forma cómo esta iglesia se expresa cada día en las personas y sucesos alrededor de ti.

Pero no intentes acorralarlo en algo que tú puedas controlar. Esto no funcionará. Jesús vio la iglesia como una realidad, no como una tarea de construcción para sus seguidores. Ella está creciendo, por todas partes alrededor de ti. Solo que ahora no lo puedes ver, porque te enfocas en algo mucho menor que su belleza e inmensidad."

"¿Cómo puedo cambiar esto?"

"Hay una sola manera – mantén el enfoque en él. Donde Jesús recibe el primer lugar, la iglesia simplemente emerge de maneras maravillosas. El te colocará en el cuerpo exactamente como él desea. Y mientras estas relaciones crecen, te verás rodeado por un grupo de personas que desean caminar juntos en una comunión más intencional.

Es algo asombroso cuando esto sucede, pero aun así tendrás que mantenerte enfocado en él. Incluso aquellos grupos que comienzan centrados en él, son pronto tentados a organizarse para muerte. Cuando Jesús deja de ser el objeto de nuestra búsqueda, comenzamos a perder el contacto con su cuerpo."

"No sé qué decir." – La lucha fue evidente en la cara de Bryce. – "Esto va en contra de todo lo que he aprendido. Fui entrenado para hacer esto, para mantener el control. Me siento tan impotente si tuviera que vivir de la manera como tú lo dices."

"Esta es la forma como el sistema nos controla a nosotros." – Juan sacudió su cabeza, identificándose con la lucha de Bryce. – "Es un sistema donde pensamos que podemos lograr algo con nuestra propia iniciativa y nuestro esfuerzo; pero por esta misma razón no puede producir la vida que tú buscas. Esto lo encontrarás solamente en él."

"Y solamente cuando renuncio al control."

"O la ilusión del control, Bryce", dije. – "La lección más dura de este viaje fue que yo nunca tenía el control. Yo solamente pensaba que lo tenía."

Juan se mantuvo callado, así que continué: "La comunión verdadera no es algo que nosotros podríamos fabricar. Es un regalo que Dios nos da."

"¿Pero no está esto en conflicto directo con casi todo lo que hago aquí?"

"¿Realmente?", preguntó Juan.

"Esto es lo que me pregunto. Sí, somos generosos. No manipulamos a la gente abiertamente. Pero no hacemos nada para animarles directamente a vivir esta clase de vida. Hablamos acerca de ello, queremos que la gente lo haga, pero nuestros esfuerzos se dirigen hacia el crecimiento y el éxito de esta institución. No les enseñamos a depender de Jesús en alguna forma práctica. En lugar de ello, les enseñamos a tener su seguridad en ser parte de nosotros."

"Quizás es tiempo para vivirlo de manera diferente", sugirió Juan. Bryce se calló por un momento. – "Yo sé que lo mejor que podemos producir nosotros se queda muy detrás de la vida que veo vivir a Jacob. Cantamos juntos y llamamos esto ‘adoración’; asistimos regularmente al culto y llamamos esto ‘comunión’; y nos hemos convencido a nosotros mismos que realmente hacemos estas cosas con tan solamente estar en el culto, no importa si es una realidad en nuestros corazones o no."

"Y no importa si realmente vienen para conocerle a él", dije.

"¡Eso es! Yo he tenido una comunión más profunda contigo, Jacob, en los últimos dos meses, que con cualquier otra persona en esta congregación. Contigo puedo ser sincero acerca de mi hambre, y no me siento condenado. Aquí parece que la gente siempre busca motivos escondidos."

"La libertad de ser sincero, y la libertad de tener luchas, son claves de una verdadera amistad", dijo Juan.

"Aquí hemos intentado hacerlo como una obligación de los creyentes. Les decimos que se comprometan con nuestras reuniones y con una de nuestras células." Me recordé haber pensado así en un tiempo pasado que parecía hace siglos. – "¿Cómo puede la obligación producir una verdadera relación, Bryce?

 Solamente donde la experiencia es inefectiva o muerta, se necesitan obligaciones. Cuando la gente vive en la vida de Jesús, ellos valorarán cada pequeña oportunidad de conectarse con otros hermanos y hermanas que están en el mismo viaje. No será algo que tienen que hacer, sino algo que nunca querrán perderse."

"Siempre volvemos a lo mismo, ¿no cierto? Cuando buscamos primero la vida en él, estas otras cosas se arreglan. Si no buscamos esto, cualquier otra cosa que hacemos no va a satisfacer nuestra hambre."

"Esto es muy cierto. El es el motivo que nos reúne, y sin esto, ningún compromiso será suficiente." – Mientras lo hablaba, se volvió mucho más claro para mí de lo que lo había pensado antes. – "Me estoy convenciendo de que la iglesia que Jesús edifica, va mucho más allá de toda forma humana que hemos intentado para copiarla o contenerla."

"¿Quieres decir que no hay ninguna manera de reunirnos como pueblo de Dios, que cumpliría la esperanza de la iglesia del Nuevo Testamento?" "Oh, sí hay una reunión que cumple esto", dijo Juan con una certeza que me sorprendió.

"¿Realmente? Me gustaría escuchar más de esto", dije. Justo en este momento, otro grupo de gansos voló gritando sobre los árboles y atrajo todas nuestras miradas hacia el cielo, mientras su formación en forma de V se alejaba hacia el sur.

"¡Ellos lo comprenden!" dijo Juan sonriendo, cuando volvimos a mirar abajo.

"¿Qué comprenden?"

"Hay una reunión. Ellos todos se dirigen hacia el sur, hacia lugares más calurosos. No importa tanto con qué grupo están en este momento, pero que estén volando en la dirección correcta. Tú piensas que una reunión es un evento donde uno asiste, e intentas fabricar el formato perfecto que garantizará resultados.

 Pero ningún evento puede garantizar los resultados que tú buscas. Tú no estás viendo que Jesús siempre reúne a su rebaño hacia él mismo. Personas del mundo entero descubren que su hambre por él es más fuerte que su hambre de cualquier otra cosa.

 Mientras mantienen su mirada en él, se acercan cada día más a él. Y a la vez se encontrarán al lado de otros que se mueven en la misma dirección. Los gansos vuelan juntos de esta manera, no porque alguien les obliga a hacerlo, sino porque esto alivia su carga y los acerca más a su meta."

Juan volvió a mirar hacia el cielo, y nosotros seguimos su mirada. Ahora vimos por lo menos cuatro grupos diferentes, todos volando hacia el sur. – "Y todos estos grupos llegarán al mismo lugar, juntos. Esto es todo lo que Jesús quiere – un solo rebaño, atraído solamente hacia él, y cada uno ayudando a aliviar la carga de otros que se mueven en la misma dirección.

Esta es la reunión. No se trata de cuándo ustedes se reúnen, dónde se reúnen, o cómo se reúnen en eventos. Se trata de reunir nuestros corazones con él. Cuando esto sucede, normalmente no te encontrarás solo por mucho tiempo.

Encontrarás a otros que se mueven en la misma dirección. Al viajar juntos, se ayudarán unos a otros en el camino. Por eso, solamente se herirán unos a otros cuando buscan a personas que quieran reunirse en una forma determinada, o que piensen igual que tú en todo. Cada persona que cruza tu camino, creyente o no creyente, en una institución como esta o fuera de ella, podría convertirse en tu compañero de este viaje.

Amando a cada uno de ellos hasta donde ellos lo permitan, participarás en su gran reunión. Pero la meta permanece la misma. ¡Es él! Es siempre él – no una forma de reunirse, ni un programa planeado, ni un sueldo seguro, ni un futuro predecible."

Nadie dijo nada, pero algo hizo clic muy dentro de mí. Supe que lo que él estaba diciendo, era mucho más importante de lo que pude captar en ese momento. Nos quedamos reflexionando en silencio, mirando las aves desaparecer en el horizonte.

"Siempre no sé qué hacer", dijo Bryce.

"Sí lo sabes", respondió Juan.

"Lo sé", dijo Bryce y sacudió su cabeza, "seguirle, ¡cada día! Aunque me da miedo, hay una verdadera libertad en esto, ¿no cierto?"

"Sí la hay. Y lo harás mejor cuando puedes descansar en lo que él obra. El no intenta hacerlo difícil; él quiere que experimentes el reino mismo. El te atrae hacia este gozo, no hacia algún deber agobiante o alguna promesa vacía."

Con esto, la persona a quien Juan esperaba apareció en el estacionamiento. Mientras Juan se fue, Bryce se volteó hacia mí:

"Ya veo por qué le amas tanto, Jacob."

"Nunca conocí a alguien como él."

"Yo tampoco, Jacob, yo tampoco."

Capítulo 13

La despedida final

Vi su figura conocida sentada en la banca donde tuvimos nuestra primera conversación hace cuatro años. Juan me había llamado antes y me había preguntado si yo podía encontrarme con él alrededor de las seis de la tarde en el parque donde todo este viaje comenzó.

En el camino allá pensé en todo lo que Juan y yo habíamos pasado durante estos años y sonreí, agradecido por su sabiduría y compasión. Nuestra relación había cambiado mucho durante este tiempo. Yo ya no tenía esa necesidad desesperada de llenarle con preguntas.

Yo había llegado a simplemente disfrutar de su amistad. ¡Pero qué amistad! De cada encuentro con Juan yo salía sintiendo que mi confianza en el Padre había crecido tremendamente. Salí de mi carro y sentí el viento fresco de la primavera en mi cara.

Con el viento llegó un olor dulce a flores de limón desde una plantación cercana. Cuando me acerqué al lugar donde estaba Juan, le encontré en una conversación animada con un joven que parecía estar en medio de sus ejercicios físicos.

Continuaba trotando en el mismo lugar mientras conversaban. Cuando llegué, ellos se dieron la mano sonriendo, y el joven continuó su carrera. Juan saltó de la banca para darme la bienvenida.

"Hola Jacob. Gracias por tener tiempo. Quise verte una vez más antes de irme."

Nos abrazamos. – "¿Antes de irte? Tú siempre te vas."

"Esto es cierto", sonrió. – "Pero normalmente no tan lejos."

"¿Realmente? ¿Adónde te vas?"

"Voy al extranjero por un tiempo, a visitar a algunas personas en Africa, y pienso que no volveré acá de esta manera. Por eso quise pasar un tiempo contigo una vez más."

Mi corazón quiso desmayarse. No podía imaginarme una vida sin sus visitas que me animaban.  "Siento oírlo", dije. – "Pero mi pérdida seguramente será la ganancia de ellos. Estoy seguro de que ellos serán tan bendecidos al conocerte como yo lo fui."

"No siempre sentías esto."

Fue fácil recordarme de cuánto la presencia de Juan me frustraba en aquellos primeros días. Cuánto más le escuchaba en aquel tiempo, más mi vida parecía hacerse pedazos. "Sí, no fue fácil al comienzo. Realmente me trajiste problemas."

"Oh, no, eso no hice yo. Yo nunca te dije que hicieras algo. Yo simplemente hice algunas observaciones y algunas preguntas, y te di algunas opciones. Las decisiones eran todas tuyas."

"Me doy cuenta de esto, pero el resultado no siempre fue bueno."

"¿Cómo pudo serlo? Tú tenías dos deseos que estaban en conflicto el uno con el otro."

"¿Qué quieres decir?"

"Tú tenías esa hambre increíble de conocer a Dios y seguirle. Pero también querías vivir en circunstancias seguras y ser aceptado y querido por la gente. Eso no es compatible con seguirle a él. Estamos seguros solamente porque él está con nosotros, no porque las circunstancias son fáciles.

 Mientras intentabas lograr que todos te querían, no pudiste ser la persona que Dios te hizo. Cuando comenzaste a seguir tras lo que Dios puso en tu corazón, el otro reino tuvo que colapsar. Fue inevitable, aunque fue duro. Nunca es fácil ver a personas pasar por este proceso."

"Pero es bueno tener estos días en mi pasado."

"¡Eso sí, Jacob!", dijo Juan, riéndose.

"Yo no tenía ninguna idea de cuán real Jesús podía ser para mí y para mi familia. No tenía ninguna idea de cuán equivocada era mi manera de pensar acerca de él. Me gusta la manera como ha resultado todo.

Aunque fue muy doloroso, puedo decir que esta es la vida que mi corazón siempre buscaba. Aun mis mejores días dentro de la religión humana me dejaron un poco vacío, y siempre estaba frustrado de que yo debía hacer más, y que Dios también debía hacer más.

Ya no tengo esta frustración. Incluso en los días difíciles estoy agradecido por lo que Dios hace en mí, para que yo pueda vivir más libremente en él. Cada noche cuando nos acostamos, Laura y yo estamos agradecidos por la manera como Dios obra en nosotros y en las personas con quienes él nos trae en contacto."

"Esto es maravilloso. Saber contentarse es uno de los mejores dones en este viaje."

"Y es aun más que esto. Antes yo estaba tan enfocado en lo que yo quería de Dios, y cómo lograr que él iba a cumplir mis deseos. Ahora simplemente deseo conocerle a él y dejar que él me cambie, para que se vea su reflejo en mí.

 Es difícil explicarlo. Antes yo intentaba actuar como un cristiano. Ahora encuentro que hago y digo cosas que aun me sorprenden a mí mismo. El me cambió, Juan, y no es por nada que yo hubiera hecho."

"Así es como debe ser, Jacob."

"Solamente lo siento que yo haya demorado tanto tiempo para comprender todo esto."

"El tiempo no le preocupa al Padre, Jacob. El disfruta de arreglar cosas en nosotros, aunque demore. Lo que aprendiste ahora, nadie te lo podrá quitar, no importa adonde Dios te envíe y con quien te haga caminar."

"Esta vida en Cristo es todo lo que Laura y yo siempre esperábamos. Pero nada de esto encaja en los paquetes donde siempre esperábamos encontrarla. Tuve un encuentro increíble ayer, Juan, que me deja asombrado de la manera como Dios trabaja."

"¿Qué sucedió?"

"Tuve una diligencia en la corte y no me gustó mucho ir allí. En la sala de espera estaba leyendo el diario, cuando entró una hermosa mujer joven y se sentó justo en la silla a mi lado. No tenía idea de lo que ella quería, pero me volteé para saludarle.

Me dijo que se llamaba Nicole. Después de conversar un poco acerca de nuestros trabajos, familias, y frustraciones con la corte, no vi más propósito en la conversación y volví a leer. Pero entonces ella agarró mi brazo y comenzó a llorar.

 Me dijo que ella pensaba que su padre la odiaba. Cuando la pregunté por qué, me contó acerca de una pelea horrible que habían tenido la noche anterior. Al enterarme de los detalles, me parecía que ella había malentendido lo que su padre le estaba diciendo.

 Pude escuchar palabras que yo mismo había dicho a mi hija, y sabía que la intención no era como ella lo tomó. Sugerí que ella quizás estaba malentendiendo a su padre. Intenté ayudarle a verlo desde la perspectiva de su padre.

 Ella se sorprendió al pensar que quizás todo lo había entendido mal. ‘¿Entonces piensas que mi padre me ama?’, preguntó. Le dije que no le conocía y que solo ella podía responder esta pregunta, pero que valía la pena descubrirlo. Ella me dijo que iba a buscar a su padre después de terminar su diligencia, para descubrir qué era lo que él realmente quiso decir."

"Esto es grandioso", dijo Juan.

"Todavía falta la mejor parte. Unos minutos después le tocó su turno a ella. Ella se levantó y se despidió de mí. En este momento sentí un impulso de preguntarle cómo era su relación con su Padre celestial.

Ella se vio confundida; obviamente no comprendió de qué hablaba yo. Por fin preguntó si yo me refería a Dios. Le dije que sí. Nunca olvidaré su respuesta, porque ella casi gruñó: ‘He crecido con todo esto. Le odio.’

Le sonreí y dije: ‘Nicole, así como podrías estar equivocada acerca de tu padre en la tierra, estás muy equivocada en cuanto a tu Padre celestial. Tienes un Padre que te ama más de lo que cualquier persona en este planeta te amó o te amará.’ –

Su cara se iluminó con asombro, y me preguntó si esto realmente pudo ser verdad; y si era verdad, qué era lo que ella debía hacer. Ella tuvo que entrar inmediatamente, por eso solamente pude decir: ‘Si yo fuera tú, al salir de estas puertas pediría a Dios que si el te ama tanto como yo dije, que él se te haga conocer.’ –

 Ella me aseguró de que lo iba a hacer, y se fue. Yo sé que Dios tiene sus ojos puestos en ella, y disfruté de ser parte de una conversación como esta, y después no me arrepentí de nada de lo que dije o no dije."

"Cuánto más estamos en paz con nosotros mismos, más fácil es para Dios utilizarnos para tocar a otros. ¡Qué historia tan fabulosa!"

"Y no estoy solo. Hay tantos otros que están aprendiendo a vivir este viaje en libertad y gozo. ¿Te acuerdas del grupo en casa donde nos visitaste?"

"Sí me acuerdo, y te iba a preguntar ¿qué resultó de ello?"

"No sé como responder. Seguimos encontrándonos, pero de manera irregular. No se parece a las reuniones que teníamos. Hemos aprendido a vivir más como una familia, y a dar tiempo a las personas que Dios trae a nuestras vidas.

Mi historia con Nicole es solo una de muchas que experimentamos, mientras Dios nos usa como un regalo para otros. Laura y yo comenzamos a reunirnos con un grupo de nuevos creyentes los martes por la noche. Ellos nos pidieron ayudarles a arreglar su propia relación con Dios. Estos son de los tiempos más hermosos que tenemos."

"¿Y Bryce?"

"Todavía no sé en qué terminará eso. Seguimos encontrándonos y tenemos unas conversaciones grandiosas. El sigue creciendo, pero está atrapado entre la realidad de su corazón y las expectativas que los demás tienen de él.

Esto crea un poco de división entre aquellos que comparten su hambre, y aquellos que se sienten amenazados por eso. El próximo mes será crítico para él."

"¿Te mantendrás cerca de él?"

"Absolutamente. Aunque el camino que él tiene por delante será difícil, no importa lo que suceda."

"Después de todo lo que pasaste, no me sorprendería si quisieras escapar de una situación como esta."

"Una parte de mí quiere hacer eso. Pero de ninguna manera puedo dejarle solo al pasar por esto." Justo en este momento escuchamos unas voces levantándose cerca de nosotros. Aun antes de comprender el contenido, pudimos escuchar la tensión y el enojo.

 Vimos a casi una docena de personas caminando en nuestra dirección, con canastas de merienda, mientras sus niños se esparcían para jugar en el parque. Los adultos se dirigían hacia los árboles, detrás de nuestra banca. Mientras se acercaban, pudimos escucharles más claramente.

"Si tengo que aguantar otro culto más, creo que me moriré."

”¡Y yo también!", respondió su amigo.

"¡Tengan cuidado con esta manera de hablar!", dijo una de las mujeres.

"¿Por qué? ¿Acaso me va a caer un rayo?"

"No, pero el pastor podría enterarse, y entonces te arrepentirás haberlo dicho."

"La primera vez que llegué a esta iglesia, parecía tan llena de vida, y sentí que la gente realmente se preocupaba unos por otros. Pero ahora todo es solamente culpabilidad. Parece que nunca hacemos suficiente para Dios. Ya estamos ocupados cuatro noches por semana. Estoy exhausto. Ya no tengo nada más que dar."

"Bueno, entonces quizás él no estaba hablando de ti."

"¿No? ¿Entonces por qué me siento tan culpable?"

"No sé. El tiene buenas intenciones, y aunque quizás a veces se equivoca, él sigue siendo el ungido de Dios."

"Si vuelvo a escuchar esto una vez más …" comenzó a decir un hombre, pero fue interrumpido.

Las palabras expresaron tanto dolor que me volteé para ver de dónde venían. Fue la señora más baja del grupo. Se había callado hasta entonces, pero ahora las palabras reventaron de su boca como el agua de un dique roto:

 "El ungido de Dios, qué tontería. El está allí para construir su propio reino, y los ancianos como ustedes se quedan sentados y le dejan hacerlo. Esto me está destruyendo a mí y a mi familia, y a nadie le importa."

Algunos de los demás se quedaron boquiabiertos en silencio. Pareció que la mujer misma también sintió el choque de sus propias palabras. Enterró su cara en sus manos y comenzó a llorar. Dos mujeres se acercaron para consolarla; los demás se quedaron como congelados.

Volví a mirar a Juan. Sus ojos estaban cerrados como en oración, y su cara expresaba dolor. Al mirarme, sonrió por un momento muy breve. "¿Quieres tú manejar esto, o quieres que yo lo haga?"

"¿Manejar qué?" pregunté, porque no sabía a qué se refería.

Juan movió su cabeza hacia las personas detrás de nosotros. Un silencio incómodo había invadido el grupo. Solo algunos comenzaron a abrir sus canastas y sacar su comida.

"No podemos interrumpir de esta manera."

"En este momento creo que no lo tomarán como una interrupción", dijo Juan.

"¿Quieres que les hable?" – No podía imaginarme cómo hacer esto.

"Bueno, pienso que te toca a ti hacerlo, si estás dispuesto", dijo Juan con una sonrisa. – "Yo de todas maneras tengo que irme."

Con esto, él se levantó y yo también. – "Chau, Jacob." – Lo dijo de una manera tan definitiva que las lágrimas brotaron en mis ojos.

¿Te volveré a ver? Quise saber, aunque presentía la respuesta..

"No es probable", dijo. – "Por lo menos no en este lado de la eternidad."

"Gracias por todo lo que hiciste por mí", dije, suprimiendo las lágrimas. – "No puedo imaginarme como hubiera sobrevivido todo esto si tú no hubieras estado a mi lado."

"No fui yo, Jacob", dijo Juan. "Fue el Padre todo el tiempo, y él tiene muchas maneras de hacer lo que hace."

"Es igual, me alegro de que hayas sido tú."

"Yo también me alegro de que fui yo. Ahora hay otros que necesitan tu ayuda, Jacob, si estás dispuesto", dijo Juan, señalando a las personas detrás de nosotros.

"Estoy dispuesto, pero no tengo ninguna idea de qué decir."

"Te será dado. Simplemente anda y ámalos."

Con esto, Juan golpeó mi hombro y se fue. Le miré alejándose, y por fin supe la respuesta a la pregunta que me había perseguido por tanto tiempo. Supe ahora quién era Juan, y la respuesta era tan increíblemente sencilla.

Sacudí mi cabeza con un suspiro. Después me volteé hacia la gente y seguí pensando en algo que podía decir. En este momento, uno de los hombres apuntó con su dedo a la mujer que había expresado su dolor:

"Deberías avergonzarte de ti misma, Sally. Jesús nunca hablaría así."

En este momento, las palabras vinieron a mi mente, algo que había escuchado hace mucho tiempo en lo que ahora parecía como otra vida. Me metí entre el grupo pequeño, y tan amablemente como podía, pregunté:

 "Ustedes realmente no tienen ninguna idea de cómo es Jesús, ¿es cierto?"

Y con esto comenzó otra conversación, y un montón de historias que no tengo el tiempo de contarlas.

Has visto otro enfoque de lo mismo que hoy por hoy están viviendo miles de hermanos fieles en todo el planeta. Hasta no hace mucho tiempo parecía ser que apenas éramos algunos locos, probablemente conflictivos, insujetos y rebeldes que trataban de hacerse oír. Hoy sabemos que es algo que Dios está haciendo en todo el mundo y que da por cumplimiento una palabra profética que viene desde Ezequiel 34.

Acerca de los autores

"Jacob Colsen" es un seudónimo para el trabajo combinado de dos amigos de hace mucho tiempo, colegas y compañeros de viaje. Cada uno de ellos ha dado un poco de su historia personal a "Juan" y a "Jacob" para ayudar a otros a encontrar el gozo de vivir libremente en Cristo:

Wayne Jacobsen recorre el mundo, ayudando a la gente a descubrir qué fue lo que Jesús realmente enseñó acerca de la vida en su Padre, y en la comunidad relacional con otros creyentes. Sus libros y artículos (en inglés) se encuentran en lifestream.org. Fue editor contribuyente del Leadership Journal durante más de 20 años, y también publica semanalmente sus mensajes de audio en thegodjourney.com para aquellos que se atreven a pensar más allá del cajón de la religión organizada. Vive con su esposa Sara en Moorpark, California.

Dave Coleman fue pastor y capellán de un hospicio, pero vivió su vida de manera más eficaz como un hermano ayudando a otros en el viaje de la vida en Jesús. Ha enseñado ampliamente acerca de temas de matrimonio y del vivir en la gracia y el propósito de Dios, y trabajó como voluntario en la rehabilitación de alcohólicos. Vive en Visalia, California, con su esposa Donna.

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El Sistema de La Iglesia Ramera

“Salid de ella, Pueblo mío”

Por: Charles Elliott Newbold, Jr.

Debo confesarte que en los últimos meses me han enviado artículos y libros que, si me hubieran llegado antes, jamás hubiera escrito yo lo que escribí. Pero Dios es sabio y sabe muy bien lo que hace.

Cada uno de nosotros, los que hemos podido discernir a Babilonia y ya no militamos en sus carpas circenses, tiene un rol para cumplir distinto en el plan de Dios. Así es que, desde la Web, desde la letra impresa, desde la televisión o la radio, siervos fieles y con sus ojos bien abiertos han comenzado a gritar la nueva esencia en marcha.

Este trabajo de un autor que no conozco, va mucho más allá de un mero libro que se escribe para que ocupe un sitio en los estantes de las librerías o engrose algo en el bienestar material de quien lo venda.

Este trabajo tiene todas las características de ser un hito en la historia de la iglesia. En nuestro caso particular, lo siento mucho más que una palabra confirmada a lo que estamos enseñando. Lo siento directamente como otra vertiente de la misma palabra.

Me alegra profundamente que así sea. Hay tanta escasez de genuinos y tanta superabundancia de falsos que, en casos, la decepción golpea a tu puerta. No le abras. Primero deja de hacer lo que estás haciendo y lee esto.

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Gracias a los muchos”hermanos” que trabajaron conmigo a través de las muchas correcciones de este libro, para asegurar, lo mejor que podamos, que lo que está escrito aquí, sea presentado claramente, y aún más importante, que sea espíritu y verdad. Aunque no vais a ser nombrados, quiero que sepáis cuánto os aprecio. Sabéis quienes sois. Gracias por vuestra contribución y ánimo.

Oro por todos lo que lean estos libros para que Dios les conceda un espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de Él; que los ojos de vuestro entendimiento sean alumbrados, para que podáis conocer la esperanza de su llamamiento, las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos, y cual la supereminente grandeza de Su poder para vosotros los que creéis.


Capítulo 1

Sión y Babilonia Comparadas

Con frecuencia cantamos cánticos sobre Sión de las Escrituras. Yo era entonces un nuevo convertido, reuniéndome en una habitación con muchos creyentes sensibles al Espíritu. Esas canciones siempre tocaban una nota de alegría en mi corazón, pero no sabía por qué. “¿Sabes lo que es Sión?”, Pregunté a una de las hermanas.

“Si”, contestó ella humildemente.

“¿Querrías explicármelo?”, Pregunté ansiosamente.

“Lo descubrirás en su momento”

“¿Eso es todo?”, “Sabes la respuesta, ¿Pero tendré que esperar a descubrirlo por mí mismo?” No teniendo otra opción, esperé.

Algunos años mas tarde, llegué a comprender que Sión es un lugar simbólico en el espíritu en el que Jesús es lo único que hay. El solo tiene la preeminencia.

Amén. Bienvenidos a Sión.

Algunos años mas tarde, llegué a comprender que Babilonia significaba algo también, que estaba en contraste con Sión. Simbólicamente, Babilonia es todo lo que la mente carnal (de la carne) maquina en la exaltación del Yo-la preeminencia del Yo sobre Dios. Es un lugar en nosotros donde pensamos que LO somos. Exaltamos nuestras imaginaciones y toda cosa altiva por encima del conocimiento de Dios. 2ª Corintios 10:5.

Amén. Bienvenidos a la puerta de salida de ese lugar.

Tanto Sión como Babilonia fueron lugares históricos, y sin embargo, las escrituras también hablan de ellas como estados espirituales del ser. Hebreos 12:22 habla de Sión en este sentido figurativo:

Pero hemos venido al Monte Sión, y a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén Celestial, y a una compañía innumerable de ángeles, a la asamblea general y asamblea de los primogénitos, los que están escritos en los cielos, y a Dios, el juez de todos, y a los espíritus de los hombres justos hechos perfectos.

Mientras tanto, 1 Pedro 2:6 dice: Mirad, he aquí que pongo en Sión una piedra angular, escogida y preciosa, y el que crea en Él, no será avergonzado. Este Sión es Jesús.

Apocalipsis 14:8 es un buen ejemplo de cómo Babilonia ha sido usada en este sentido figurativo: “Otro ángel le siguió diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación”

Lo más notable es Apocalipsis 17:5, que identifica a la madre de las rameras como Babilonia: “Y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA, LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA”.

Tanto Sión como Babilonia, reflejan la condición de nuestros corazones.

Claro, casi exquisitamente claro. No hay otro modo de discernir y detectar ambas. Un corazón sucio no puede cantar a Sión. Un corazón lleno de gozo y poder, no puede jamás arrodillarse ante los baales babilónicos.

La Babilonia simbólica es esa actitud del corazón que nos hace pensar que podemos resolver nuestros problemas y satisfacer todas nuestras necesidades sin Dios.  Miramos al gobierno, a la política, ciencia, tecnología, psicología, sociología, economía, entretenimiento y religión, para encontrar nuestra ayuda-cosas que la humanidad ha inventado. Por tanto, nos miramos a nosotros mismos para salvarnos a nosotros mismos.

En este libro, sin embargo, mi referencia a la Babilonia espiritual está limitada a los sistemas de iglesia religiosos, organizados, institucionalizados, que yo enfrento como productos de la mente carnal. Por favor, sigue leyendo para ver lo que quiero decir con esto.

(La palabra iglesia y el pronombre la, cuando los uso en cursiva en este libro, hacen referencia a esta cosa que llamamos la iglesia. Cuando no están en cursiva, me refiero a los edificios que han sido dedicados a la adoración de una deidad, o estoy citando directamente otras fuentes, tener esto en cuenta es importante para entender el contenido de este libro).

ESPÍRITU Y CARNE

Para entender estos dos “estados del ser espirituales”—es decir, Sión y Babilonia–, debemos entender la diferencia entre Espíritu y Carne.

En el contexto de este libro, la diferencia entre el cuerpo de Cristo y esta Cosa que llamamos  iglesia, es la diferencia entre Espíritu y carne—lo que es del Espíritu de Dios y lo que es de la naturaleza del viejo hombre de la carne y del pecado, incluso la mente carnal.

Sión representa al Espíritu, y Babilonia representa la carne. El cuerpo de Cristo necesita mucho discernir entre lo que es Espíritu y lo que es carne, porque lo que es de la carne es enemigo del Espíritu. Los que creen verdaderamente en Cristo han recibido el poder del Espíritu para vivir una vida separada de la carne. Esta separación es lo que llamamos santificación.

Este sería, en principio, uno de los principales motivos por el que algunos pueden descubrir a Babilonia mientras que otros, viviendo dentro de ella, no sólo no pueden verla sino que, inclusive, están absolutamente convencidos que eso es La Iglesia.

La palabra carne es usada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento en referencia a la existencia física natural de toda la humanidad, tal y como la vemos usada en Mateo 24:22: “Y, a menos que esos días fueran acortados, ninguna carne sería salva; pero por causa de los escogidos, esos días serán acortados”.

La carne también se ha usado en referencia al cuerpo humano de un individuo. Después y antes de Su resurrección, y antes de Su ascensión, Jesús apareció a Sus seguidores y dijo, “Mirad mis manos y mis pies, que soy yo. Tocadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Lucas 24:39.

Sin embargo, la clase de carne de la que se escribe en este libro, es en referencia a esa naturaleza caída de pecado en toda la humanidad que surgió cuando Adán se rebeló en el Jardín. Pablo escribió en referencia a esto: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes éstas; a cerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.”Gálatas 5:19-21.

La carne es capaz de cometer los males más viles sin conciencia, incluso teniendo conocimiento de lo que es bueno y de lo que es malo. Así sucedió en los días de Noé. Génesis 6:5-7. Estas prácticas no son las obras del cuerpo físico, sino de la naturaleza caída de pecado que reside en nosotros.

Pablo ya había establecido en Gálatas 5:17 que “la carne es (pone su deseo) contra el Espíritu y el Espíritu contra la carne; y estos dos se ponen para que no hagáis lo que queréis” Romanos 8:7 afirma que “la mente carnal es enemistad (hostil) contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, y tampoco puede”.

La mente carnal y el Espíritu de Dios hablan idiomas que son extranjeros y desconocidos mutuamente. La mente carnal (de la carne), no puede hablar Espíritu y el Espíritu de Dios no puede hablar carne.  La mente carnal no tiene capacidad en absoluto para entender las cosas de Dios, que son Espíritu. 1ª Corintios 2:12-14.

 Cuando las cosas inspiradas por Dios se reducen a doctrinas rígidas, sistemas de teología, razonamiento y lógica, ya no son por más tiempo Espíritu, sino que se han hecho carne. Y si carne, entonces engaño. La mente carnal es completamente extraña al Espíritu de Dios; es hostil a Dios.

Entiende, por favor: no se trata que tú estés enojado con el pastor Martínez porque no te permitió cantar en la plataforma. Se trata de Engaño.

LA SENTENCIA DE MUERTE

La sentencia de muerte ha sido pronunciada sobre la carne. La naturaleza carnal del hombre esta separada de Dios, que es vida; por tanto, la carne está muerta y todo lo que procede de la mente carnal es muerte.

No obstante, la carne tiene una vida propia. Es terrenal, sensual, egocéntrica, y en guerra con Dios. Su vida nace de la semilla de la muerte. Tiene un empuje inherente por preservarse a sí misma a cualquier costo.

Teme la aniquilación. Sin embargo, no puede salvarse a sí misma porque esta destinada a la auto-destrucción. La naturaleza carnal gobierna a una persona hasta que la vida de Dios en Cristo es sembrada en su espíritu, momento en el que la vieja semilla de la carne y del pecado se entiende que esta como ya está—muerta.

 Por desgracia, incluso después de ser redimidos por la sangre del Cordero, y mientras permanezcamos en esta vida, llevamos ambas semillas: la semilla de la carne y de la muerte, y la semilla del Espíritu y de la vida.

LA RAMERA DEL YO

La carne ama al Yo. El Yo,  en mayúscula, es el término que uso en este libro para referirme a la naturaleza caída de la carne, egoísta, autocomplaciente, egocéntrica, ególatra y aprovechada.

La naturaleza carnal del Yo se vuelve a sí misma. Es egoísta, orgullosa, arrogante, altiva, vana, narcisista, manipuladora, controladora, dominante, impaciente, terca, insensible, resentida, enfadada, dura, rebelde, aprensiva, ansiosa, quejica, opuesta, juiciosa, negativa, crítica, cínica, indiferente, avariciosa, lasciva, sensual, envidiosa, codiciosa, celosa, busca defectos en los demás, deshonesta y engañadora. Es engañada y sufre de delirios de grandeza. Siempre pregunta, “¿Qué hay para mi?

Publicar esto en grandes letras para que, esencialmente, lo lean más de la mitad de los que a diario acuden a las consejerías cristianas, no sólo sería un acto atinado, sino un ejercicio pleno de apostolado divino.

La ramera, ampliamente definida, es cualquier cosa para el Yo. Estas cosas que llamamos  iglesia, me refiero a ellas como el sistema de la iglesia ramera porque han sido creadas desde mentes carnales y deseos para el Yo.  Las Iglesias, tal y como las entendemos hoy, no tienen fundamento en la Escritura. Son iconos de la adoración del yo. Aún más, son idólatras, engañosas, y peligrosas.

UN MENSAJE CONFLICTIVO

Voy a dar duro a la idolatría del sistema de iglesia tal y como lo conocemos y lo experimentamos hoy. Si no estás preparado para escuchar este mensaje por el Espíritu, sin duda alguna, te vas a ofender profundamente de ello.

 El mensaje de este libro será muy conflictivo a muchos de vosotros que sois victimas del sistema de iglesia, pero será mucho más conflictivo aún para los que dependáis del sistema de iglesia para vuestro sostenimiento, y para aquellos que encuentren significado, identidad, validez, reconocimiento, poder y seguridad en ello.

Si decides seguir leyendo este libro, te llevará donde piensas que no quieres ir. Viajarás más allá de la fachada de esa cosa que llamamos iglesia y verás como es una invención de la carne. Descubrirás los demonios que la potencian.

Si llegas lejos, descubrirás con Abraham, en el mejor de los casos, la “ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor, es el Señor”. Hebreos 11:10. Vendrás al “Monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos,  a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos” Hebreos 12:22.23

SION Y BABILONIA

Antes de penetrar en la exposición de la idolatría de este sistema de la ramera, quiero abreviar algunas comparaciones entre el Sión espiritual, en el que Jesús es lo único que hay, y la Babilonia espiritual (la ramera), en la que la mente carnal del Yo se exalta a sí misma, para poder proveer un mejor punto de referencia a lo que sigue. Muchos de los pensamientos aquí debajo se desarrollan más ampliamente a lo largo de este libro.

Sión se refiere al genuino cuerpo de Cristo, la esposa, la ekklesia; Babilonia se refiere al falso sistema de iglesia de las tradiciones de los hombres y religiones. (Ekklesia es la palabra griega en el Nuevo Testamento que ha sido mal traducida como  “iglesia” –church en inglés- en la mayoría de las versiones inglesas, y que literalmente significa “los  llamados fuera”).

Sión es un pueblo—el pueblo de Dios; Babilonia es una Cosa- instituciones de iglesia y sistemas. Sión es un organismo vivo; Babilonia se caracteriza por instituciones y sistemas. Sión consiste en un pueblo que ha nacido en ella. Babilonia consiste en un pueblo que se ha unido a ella, o han sido escogidos para ella.

Sión es un pueblo que es llamado por el nombre de Jesús. Babilonia es un pueblo que es llamado por muchos nombres diferentes que representan divisiones dentro de este sistema de iglesia babilónico: bautista, católico, carismático, episcopal, luterano, metodista, presbiteriano, pentecostal, y todos los demás.

Sión está centrado en Jesús. Babilonia está centrada en sí misma. Sión vive por el Espíritu. Babilonia vive para la carne. Sión es celestial, Babilonia es terrenal. Sión es gracia; Babilonia es ley. Sión es vida; Babilonia es muerte. Sión es existir; Babilonia es hacer.

Sión es descanso; Babilonia es obras. Sión es luz; Babilonia es oscuridad. Sión es humildad; Babilonia está llena de orgullo, arrogancia, y altivez. Sión es libertad en Cristo, Babilonia es cautiverio de la carne.

Sión es el Reino de Dios. Babilonia es los reinos de los hombres. Sión tiene a Jesucristo como su cabeza; Babilonia ha elegido o nombrado a hombres como sus cabezas. Sión es un pueblo guiado por el Espíritu. Babilonia es guiada por reglas y normas hechas por los hombres.

Sión es sensible al Espíritu, Babilonia agrada al hombre. Sión es obediente al Espíritu Santo. Babilonia es trabajo duro de iglesia. Sión logra sus cosas en el poder del Espíritu Santo (Zacarías 4:6); Babilonia intenta lograr cosas en su propia fuerza.

Sión tiene su autoridad en la Palabra de Dios; Babilonia pone su autoridad en doctrinas hechas por hombres. Sión es un cuerpo en Cristo Jesús como Señor; Babilonia es sectaria y divisiva, consistiendo en muchas divisiones de personas.

Sión adora en espíritu y en verdad; Babilonia programa la alabanza. Sión predica a Cristo y a El crucificado. Babilonia proclama denominaciones, doctrinas, herencias, tradiciones, credos, posturas personales y opiniones.

Sión es el sacerdocio de todos los creyentes; Babilonia es el sistema del clero. El clero son aquellos que quieren diferenciar entre ellos y los demás. Sión responde a Dios como la autoridad suprema. Babilonia responde a los hombres y a sus instituciones como la autoridad.

Sión obtiene revelación. Babilonia depende de imaginación. Sión conforma al pueblo a la imagen de Jesús. Babilonia conforma al pueblo a su propia imagen. Sión disminuye para que Cristo crezca. Babilonia crece para sí en poder, posición, riquezas y dominio.

Sión calcula el costo; Babilonia cuenta el dinero. Si pone su vida; Babilonia se preserva y se protege. Sión espera en Dios para producir lo que Él quiera en Su tiempo; Babilonia hace esquemas, organiza y promociona ejecutar su propio plan a su manera y en su tiempo.

Sión busca al Señor de todo corazón para ser poseída por Él; Babilonia va tras cosas y personas para poseerlos. Sión es la ciudad de Dios; Babilonia busca construir una ciudad, una torre, y un nombre par sí. Gen. 11:4. Sión anhela reunirse con Jesús; Babilonia busca con pasión reunir personas para sí.

Creo con total sinceridad que, de no seguir leyendo esto y concluir nuestra lectura aquí, si eres alguien nacido del Espíritu, ya tienes más que suficiente para entender. Lo estamos diciendo muchos, es verdad, pero con esta diáfana claridad, muy pocos. Al menos yo no los he visto.

NEGAR EL YO

Para ser un discípulo de Jesucristo, uno tiene que estar dispuesto a negar el Yo, tomar su cruz, y seguir a Jesús. Lucas 9:23. La negación del yo es la cruz que llevamos. El hombre viejo de la carne y de pecado tiene que ser considerado muerto. La vida sacrificada define el concepto del amor (ágape) del Nuevo Testamento.

Cuando vivimos de acuerdo con la carne, estamos viviendo para el Yo. A la inversa, cuando vivimos para el Yo, estamos viviendo conforme a la carne. Cuando vivimos conforme al Espíritu, llevamos el fruto del ágape. No hemos sido llamados a vivir para nosotros  mismos.

Hemos sido llamados a entregar nuestras vidas a Cristo para que El pueda vivir Su vida de ágape a través de nosotros. No podemos ser la novia de Cristo y al mismo tiempo, vivir de forma egoísta en este mundo. O somos la novia, o estamos viviendo la vida de la ramera.

La vida centrada en el yo, es convertirnos en nuestro propio dios; por tanto, es idolatría. En un capítulo mas adelante, mostraré como la idolatría es HARLOTRY espiritual.

Nos hacemos prostitutas espirituales cuando creamos algo y le damos nuestro corazón en lugar de al Señor Jesucristo. Eso es lo que los hombres han hecho con esta Cosa que llamamos iglesia. Han hecho a la iglesia en un sustituto de Jesús. 

Muchos de los que son parte de estos sistemas de la iglesia ramera son creyentes genuinos que aman al Señor, pero no están desinformados y engañados. Sin querer, han entregado sus corazones a estas Cosas que llamamos iglesia. Dios nos ama a todos, pero aborrece nuestras idolatrías.

Es decir que…”Perdónalos Padre…” Aunque sí saben lo que hacen…

Juzga las palabras en este libro por ti mismo, y júzgate por estas palabras. Abre tu corazón al Espíritu Santo para que El pueda instruirte y dirigirte a Jesús. Espero revelarte el corazón de Padre Dios para que tu corazón te sea revelado a ti; para que te atrevas a enfrentarte a tus idolatrías, limpiar Su templo, de quién tú y yo somos, y regresar al Dios de vuestra salvación. La idolatría revelada en este libro no se refiere a “ellos” sino a cada uno de nosotros.

Capítulo 2
Muestra la casa a la casa

Con mucho fervor, el hermano Leonardo, el predicador invitado, comenzó su mensaje pidiendo a la congregación que abrieran el Evangelio de Juan, capítulo 15. Afirmó inmediatamente que Jesús es la vid verdadera y que nosotros somos los pámpanos.

 Después hizo una sorprendente declaración diciendo que llevar fruto no era el asunto más importante en este pasaje; sin embargo, permanecer si lo era. “Llevar fruto” es mencionado cuatro veces”, afirmó, “mientras que permanecer es mencionado nueve veces”.

Golpeó la frase repetidamente, “Tenemos que permanecer”, “Tenemos que permanecer”. Esperé que terminara su frase diciendo, “debemos permanecer en la vid, que es Jesús”. Nunca lo hizo. Después lo vi venir. Tenía que decirlo. Era la abundancia de su corazón.

 Después de todo, era un hombre de iglesia. Se echó hacia atrás en el podio, apuntó con dedo acusador a sus insospechadas víctimas, y dijo,”El problema que tenemos en nuestra sociedad hoy, y especialmente en la iglesia, es que la gente no permanece. Van de iglesia en iglesia, y nunca hacen un compromiso con la iglesia o con el pastor”.

¡Wow! ¡A esto mismo, exactamente, lo oí en una importante iglesia de la ciudad argentina de Rosario en el año 1999!

¿Creía sinceramente que permanecer en el sistema que llamamos iglesia es lo que significa permanecer en Jesús? ¿Creía que comprometerse con una iglesia o con el pastor, es lo mismo que comprometerse con Jesús?

Su conclusión era una escandalosa mal interpretación de la Escritura, hablada para el beneficio del pastor local, cuya iglesia tenía una larga historia de pérdida de miembros. En lugar de liberar a los santos para tener una relación mucho mas profunda con su Señor, puso una trampa para esclavizarlos más y más a la Cosa que llamamos iglesia.

No es que deliberadamente se propusiera engañar al pueblo. En toda veracidad, se estaba engañando a si mismo. Todos hemos sido engañados. Mentidos. Seducidos. Este engaño ha sido pasado a través de generaciones de Cristianos, desde al menos el tercer siglo después de Cristo.

 Los que perpetúan este engaño son igualmente víctimas del mismo. Esta mentira es tan profunda y cruel que la hemos creído como la verdad. Ministramos muerte con este engaño, pensando que estamos ofreciendo vida.

Y peor aún, la gente esta perdiendo sin darse cuenta a oportunidad de su unión gloriosa con Cristo porque han recibido una falsa seguridad de su salvación. Este engaño profundo nos ha envanecido en importancia egoísta. Ha hecho que muchos creyentes abandonen su primer amor, Jesús. El diablo nos ha seducido para danzar con él a la vez que nos hacia pensar que estábamos danzando con el Señor.

LA MENTIRA

Esta es la mentira: Se nos ha hecho creer que esta cosa que llamamos iglesia es de Dios y que nuestra membresía y participación en la misma es esencial para nuestro caminar cristiano cuando de hecho, es un sustituto idolátrico de Jesús, y con frecuencia, un estorbo para caminar con Él.

Esta Cosa que llamamos iglesia, tal y como la hemos experimentado, es una extensión idolátrica de nuestros propios egos. Aunque existe como una entidad para sí misma, estamos en ella, y ella esta en nosotros.

Es un icono de auto-adoración que ha crecido a partir de las tradiciones de los hombres, y no tiene fundamento en la Escritura. Proclamamos que esta Cosa que llamamos iglesia es el Reino de Dios, cuando en realidad, no tiene nada que ver con el Reino de Dios. Más bien, es la cautividad babilónica de los escogidos de Dios.

Hemos confundido nuestra relación con Cristo fusionándola con esta cosa que llamamos iglesia. Somos llevados a creer que cuando estamos en una relación correcta con ella, estamos en una relación correcta con Cristo, que tenemos que ser miembros de una iglesia para ser salvos o para ser un buen cristiano: que servir a ella es servir a Cristo, que amarla es amar a Cristo, que diezmar para ella, es diezmar para Cristo.

En esto último está la mejor explicación, (Que nosotros no podemos dar por razones de prudencia ministerial), de por que alguien que diezma años y años jamás llega a tener en su vida la promesa de sobreabundancia hecha realidad.

En muchos casos, esta Cosa que llamamos iglesia es como una carpa que hemos hecho para extender los movimientos y revelaciones de Dios para preservarlos, manipularlos, adueñarnos de ellos, controlar en ellos a otra gente y usar a la gente y al sistema para nuestra sórdida ganancia carnal.

Hallamos consuelo en las restricciones que los muros que esta  iglesia levanta delante de nosotros. Podemos escondernos en ellos y sentirnos bien en ellos. Ampliamos los ganchos de esta carpa lo suficiente para dejar que otros que quieren caminar, hablar y vestirse como rostros, entren también a formar parte de todo esto.

Hablamos de formas muy extrañas de esta Cosa que llamamos iglesia. ¿A que iglesia vas? ¿Cuál es el nombre de tu iglesia? ¿Cómo ha ido la iglesia hoy? ¿Estás construyendo un anexo a tu iglesia?

¡Vaya iglesia que tuvimos en la reunión de oración anoche! El pastor o el cura a menudo saluda a la muchedumbre el domingo por la mañana diciendo, “Buenos Días, Iglesia”. Estas declaraciones convierten a la iglesia en un edificio, una institución con un nombre, un servicio, una reunión, la clase de rato que pasamos juntos, y la gente.

La palabra “iglesia” como se usa en las traducciones en inglés del Nuevo Testamento se refiere al pueblo de Dios, pero ya no limitamos su significado a la gente. Si en realidad quisimos decir que el pueblo es la “iglesia” cuando usamos este término, estas mismas declaraciones tendrían que hacerse de esta forma: ¿A que vas? ¿Cómo se llama ? ¿Cómo ha ido hoy? ¿Estas construyendo un anexo a ? ¡Vaya que tuvimos en la reunión de oración anoche!

No conocemos otra cosa e insistimos en la teoría de que nosotros, el pueblo redimido de Dios, somos la iglesia. Sin embargo, en la práctica no hacemos distinción entre el pueblo y esta Cosa que llamamos iglesia. Sin embargo, que la palabra iglesia se use así, de manera intercambiable, no es el problema. Sucede mucho más de lo que los ojos ven en este asunto.

La palabra iglesia, tal y como la usamos, habla de una unión mística, profana, ilegal, que incorpora edificios, instituciones, denominaciones, y gente. Se han fusionado todas ellas de tal forma y confundido entre sí, que perpetúan la peligrosa mentira de que esta Cosa que llamamos iglesia (edificios, instituciones, denominaciones, y la gente que se asocia con ellos), es la asamblea de Cristo de los-llamados-fuera.

Esta Cosa que llamamos  iglesia parece buena en su apariencia externa, pero a menudo es controlada interiormente por hombres y mujeres que buscan con ambición, a menudo sin saberlo, algo para ellos mismos.

SUSTITUTO DE JESÚS

Cuando predicamos la iglesia, como lo hacemos de forma muy astuta, predicamos por tanto otro evangelio, un falso evangelio. Perpetuamos la mentira. Con frecuencia tenemos mucho celo por evangelizar a la gente hacia nuestras iglesias; sin embargo, nos cuesta guiarlos a negarse a si mismos, tomar su cruz, y seguir a Jesús.

Tal mandamiento de parte de Jesús, es un concepto extraño a la mayoría de los cristianos hoy. Si Llevamos a alguien a Cristo, inmediatamente imponemos membresía de iglesia sobre ellos, esperando especialmente que se unan a “nuestra” iglesia.

Personalmente he anhelado tener comunión con otros creyentes que estuvieran dispuestos a ser el cuerpo de Cristo conmigo sin tener que fichar por la esclavitud y jugar según las reglas que proceden de ser miembro de una de estas instituciones.

 No encuentro satisfacción en pagar mis cuotas a la iglesia solo para saludar y “dar palmaditas” a otros creyentes, mientras todos nos escondemos detrás de fachadas religiosas fingidas.

Si fuera cierto que ir a la iglesia fuera sinónimo de venir a Jesús, entonces tendríamos que preguntar: ¿Qué Jesús es éste? ¿Es el Jesús Bautista? ¿La Iglesia de Jesucristo? ¿El Jesús Metodista? ¿El Jesús Presbiteriano? ¿El Jesús Católico Romano?

¿El Jesús Ortodoxo? ¿El Jesús Protestante? ¿El Jesús Carismático o Pentecostal? ¿E Jesús Independiente? Hay tantos para escoger. La gente sin iglesia mira a esta mezcla de iglesias a las que son invitados a entrar a formar parte, y se preguntan como alguien puede desear ser parte de eso.

Damos nuestros corazones a estas Cosas que llamamos iglesia más que al Señor Jesús.  Son enemigos de Dios porque están tomando el lugar, sustituyendo a lo que es santo, a lo que es Suyo.

MUESTRA LA CASA A LA CASA

Este engaño no es nuevo. Los hijos de Israel en Judá y en Samaria estaban ciegos espiritualmente por sus propios corazones de ramera. Rehusaban escuchar las palabras de los profetas para regresar a la adoración de su Dios. Así, Dios esparció a la gente de Samaria a Asiria y más tarde, exilió a Judá a Babilonia.

El profeta Ezequiel había sido llevado con los cautivos de Judá a Babilonia. Tuvo visiones de Dios que le pidieron que compartiera con  los ancianos de Judá “altivos de rostro” de  “corazón duro”, tanto si le escuchaban como si no. Dios quería que supieran que había habido un profeta en medio de ellos. Ezequiel 2-3.

Veinticinco años más tarde, Dios tomó a Ezequiel mediante una visión, a la tierra de Israel y le mostró a un hombre cuyo aspecto era como de bronce. Este hombre tenía una cuerda de lino y una vara de medir en su mano.

 Midió todo alrededor del Templo. Midió el ancho y el alto de la pared, las entradas, las habitaciones, y las salas. Después llevó a Ezequiel a la entrada que miraba al oriente, y la gloria del Dios de Israel vino del oriente.

 “Su voz era como el sonido de muchas aguas; y la tierra brilló con Su gloria.” Ezequiel 43:2. El Espíritu levantó a Ezequiel y le llevó al atrio interior cuando la gloria del Señor llenó el Templo. Ezequiel 43:5.

Después Ezequiel escuchó al Señor hablándole desde fuera de la casa y le dijo que esta casa, el templo, era el lugar de Su trono, el lugar de la planta de sus pies, donde El habitaría en medio de los hijos de Israel para siempre.

Sería el lugar donde Su santo Nombre habitaría. Ezequiel 43:7. Dios dijo a Ezequiel que “la casa de Israel no profanaría mas Su santo Nombre con sus fornicaciones; ni ellos, ni con sus reyes, ni con los cuerpos muertos de sus reyes en sus lugares altos”.  Ezequiel 43:6-9.

Después el Señor encargó a Ezequiel que mostrara la condición de la casa del Señor a la casa de Israel, “Tu, Hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados y midan el diseño de ella.

Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, hazles entender el diseño de la casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes; y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todas sus reglas y las pongan por obra.

 Esta es la ley de la casa: sobre la cumbre del monte, el recinto entero, todo en derredor, será santísimo. He aquí que esta es la ley de la casa.” Ezequiel 43:10.12.

Seguidamente, mostró a Ezequiel un templo de piedra. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento creemos que este templo de piedra representa la casa espiritual de las piedras viva—el cuerpo de Cristo que es el templo del Espíritu Santo, del cual somos nosotros. La condición de los corazones reflejaba la condición del templo de Dios. A la inversa, la condición del tiempo de Dios reflejaba la condición de sus corazones.

Todavía funciona así.

Siglos más tarde, el anciano apóstol Juan recibió la revelación de  Jesús en la que le pedían que midiera el templo de nuevo. EL escribió: “Me fue dada una caña, como una vara; y el ángel en pie me dijo: “Levántate y mide el templo de Dios, y el altar y a los que adora en el” Apocalipsis 11:1

Hoy, el Espíritu del Señor nos llama a que mostremos a la casa, la casa para que podamos avergonzarnos de todo lo que hemos hecho. Es decir, mostrar como hemos dado nuestros corazones a nuestras denominaciones, instituciones, edificios, vidrieras, nuestros bancos dedicados, nuestros santos, rituales, liturgias, doctrinas, normas de orden, programas, culto del domingo en la mañana, tantas, tantas cosas.

El Espíritu del Señor quiere mostrarnos como vamos detrás de nuestras propias agendas aunque contradigan la agenda de Dios. El nos llama a guardar su patrón, no el nuestro; sus leyes, no las nuestras. Porque esta es la ley de la casa, que fuéramos santos (separados) para el Señor. Ezequiel 43:12.

Esta clase de santidad no es la que se nos enseñó en nuestras antiguas iglesias. Aquello estaba más relacionado con vestimentas, maquillajes, trato con las damas, consumo de alcohol o tabaco. Y estuvo correcto, porque nos sirvió de base para no perjudicar innecesariamente nuestros cuerpos, pero santidad, – Queda a la vista – es otra cosa.

Si nos pidieran que midiéramos la estructura de una casa física, sacaríamos nuestra cinta de medir y calcularíamos los números .Comprobaríamos el ancho, el largo y el alto. Los que están en la iglesia institucional se miden típicamente a sí mismos por cuantos miembros tiene, lo grande de sus edificios, cuantos edificios tienen, cual es la altura de su campanario, cuantos coches pueden aparcarse en su aparcamiento, que clase de coches se aparcan en su aparcamiento, cuanto dinero meten. Miden estas cosas porque dan mayor honra a esos pastores y ministerios que tienen lo más grande y lo máximo. Esta casa es una casa falsa.

La verdadera casa de Dios se mide por el amor, la fe, la misericordia, la gracia, la paz, la vida, la luz, el descanso, el gozo, la esperanza, el perdón, la aceptación, la justicia, la alabanza, la adoración, volver la otra mejilla, sometimiento de unos a otros, recibir al profeta en el nombre del profeta, emplear los dones del Espíritu para la edificación del cuerpo, tener pasión por Jesús, y estar animado en cuanto a las cosas que animan a Dios.

Son expresiones que definen nuestra relación con Cristo como Su novia y unos con otros como la familia de Dios.  Medimos el templo de Espíritu Santo, de quien somos, a través de estos términos bíblicos. Si aquello en lo que estamos que llamamos iglesia se caracteriza por términos tales como disensión, calumnias, obras muertas, incredulidad, legalismo, manipulación y temor, entonces es una casa de rameras. Tenemos una Cosa-una extensión idolátrica del Yo que no es de Dios.

Capítulo 3
La Iglesia: La Cosa

Éramos pocos en número, sentados cómodamente cara a cara en el salón de la casa de una piadosa pareja. Yo tenía algo que compartir ese miércoles por la noche. Era la primera y más significativa revelación que yo había recibido del Espíritu Santo desde mi conversión, un par de años antes.

Titulé la enseñanza La Cosa. Años antes habían hecho una película de terror con ese mismo nombre. Aseguré a mi audiencia que yo no iba a hablar de eso. Sin embargo, la cosa de la que hablé, era igual de monstruosa.

Comencé la enseñanza diciendo, “Eso que llamamos la iglesia no es la iglesia, sino una Cosa.” Con esa enseñanza, comencé mi viaje personal en el descubrimiento de la idolatría de la iglesia y la diferencia entre ella y la verdadera novia de Cristo.

Años más tarde, mi esposa y yo vivíamos en el oeste de Tennessee y estábamos esperando dirección del Señor. Mientras estábamos allí,  Él me llevó a comenzar una reunión los domingos por la mañana y a invitar a algunas personas que conocía para que asistieran. Algunos vinieron.

Nos reuníamos en el Nombre de Jesús. Cantábamos. Yo compartía las revelaciones y enseñanzas que el Señor me daba; orábamos, nos despedíamos y seguíamos cada uno por nuestro camino. Estábamos bastante unidos unos con otros, y teníamos algún contacto unos con otros durante la semana. Comenzábamos a ser el cuerpo de Cristo unos a otros.

Después compramos un edificio, lo renovamos, abrimos las puertas, y tuvimos nuestras reuniones allí. Llamaba al edificio “Centro de Enseñanza Cristiano”. Hacía lo que creía que el Señor me decía, y la gente comenzó a asistir.

Éramos libres de las pesadas tradiciones de los hombres, formalidades, credos, reglas, normas y programas. Estábamos comprometidos a seguir al Espíritu Santo dondequiera que El escogiera llevarnos. Su presencia era poderosamente sentida en la mayoría de las reuniones en aquellos días de los principios.

Insistía en que no éramos una iglesia, que Dios no me había llamado a comenzar una iglesia, y que yo no era el pastor de una iglesia. Trataba de diferenciar entre el edificio, al que habíamos dado un nombre, y aquellos de nosotros que nos reuníamos en ese edificio, y a quienes yo rehusaba dar un nombre.

Explicaba que era un centro de enseñanza para el cuerpo de Cristo en esa área. Quizás fue un error, pero teníamos reuniones los domingos por la mañana para aquellos que escogían no ir a ninguna otra parte. Esa reunión del domingo por la mañana se convirtió en el evento principal de la semana.

La presión comenzó. Algunos de los que venían allí querían que fuera una iglesia, y querían que yo fuera su pastor. Yo pastoreaba a individuos, pero insistía en que no éramos una iglesia.

Un pastor local discutía mi polémica, insistiendo en que éramos una iglesia. Afirmaba que no había un precedente de la Escritura para justificar el ministerio para-eclesial que teníamos. Dijo, “Si tu pareces un pato, caminas como un pato y graznas como un pato, entonces debes ser un pato.

 Pareces una iglesia, caminas como una iglesia y hablas como una iglesia.” Yo no quería escuchar esto en aquel entonces, pero al mirar atrás, tengo que admitir que tenía razón. Esta Cosa que llamamos la iglesia se había introducido sigilosamente en nuestro trabajo. Se suponía que el trabajo del Centro de Enseñanza nunca había de ser una iglesia.

Una vez que comenzamos a “tener” iglesia, comenzamos a buscar algo para nosotros mismos. Creamos una Cosa que había ido mucho mas allá de lo que Dios me había llamado a hacer. Regresamos exactamente a la cosa de la que habíamos salido.

Teníamos cultos los domingos por la mañana y por la tarde, escuela dominical, y un programa para jóvenes. Levantábamos ofrendas y las poníamos en una cuenta bancaria. Nuestro grupo empezó a ser conocido por el nombre que yo había puesto en el edificio.

Perdí mi visión de edificar a un pueblo, y en su lugar, comencé a edificar una Cosa. Comenzamos a ir tras ello en lugar de ir en pos del Señor Jesús. Nos reuníamos alrededor de ello, en lugar de alrededor de la presencia del Señor.

 La gente comenzó a marcharse y no sabían por qué. Cuantos más se marchaban, mas trataba de aferrarlos. Me sentí abandonado. Pero era yo el que les había abandonado a ellos permitiendo que la obra se convirtiera en una Cosa.

Poco después de esto, el nombre Icabod se escribió sobre nuestra puerta, hablando espiritualmente. 1ª Samuel 4:21.  Como con Elías, el torrente se secó y los cuervos dejaron de traer sus bocados.1ª Reyes 17:3-7. Era hora de proseguir hacia delante. Tardé un año en acumular todo el coraje necesario para cerrar finalmente.

Aunque la mayoría de nosotros sabemos que la palabra “iglesia”, tal y como se usa en la Escritura, se refiere al pueblo de Dios en Cristo, no obstante hemos hecho una Cosa de ello. Es una extensión de nosotros mismos y existe como una entidad para sí misma.

Quien haya leído mi primer libro (“Una Mosca en la Nariz”), ya sabe que a mí me sucedió casi lo mismo. Que no llegué a comprar o alquilar edificio ni a realizar reuniones o cultos de domingo. Pero el grupo de jóvenes que se reunían conmigo los días viernes simplemente para aprender de la Palabra, por poco se convierte en esa Cosa, que es como decir: más de lo mismo

LA EVOLUCIÓN DE LA IGLESIA

¿Cómo evoluciona esta Cosa que llamamos iglesia?

Los creyentes del Nuevo Testamento no tenían tal bagaje. Al principio, eran llamados simplemente los seguidores del camino. Se reunían espontáneamente en el templo y en algunas sinagogas durante un tiempo. La mayoría, sin embargo, se reunían por las casas, e iban de casa en casa. Eran atraídos por la Presencia del Señor en medio de ellos.

Los cristianos no tenían edificios de iglesia hasta que Constantino, el gran Emperador de Roma desde el año 306 DC hasta el 337 DC, abrazó el Cristianismo. Su aprobación de la fe creó un clima de libertad para levantar edificios “para la gloria de su Dios”.

Se cree que los primeros edificios cristianos fueron construidos según el patrón de la arquitectura de la basílica romana-arquitectura que estaba firmemente enraizada en las tradiciones del Imperio Romano y no tenía ningún fundamento en la Escritura.

 Los edificios de iglesia se hicieron mucho más trabajados con las influencias bizantinas, románicas y góticas. El diseño de estas catedrales con frecuencia escondía a los monjes y a los coros de la gente, anticipando la idea de la separación del clero del laicado, que no tiene fundamento en la Escritura.

Durante la reforma, los protestantes interrumpieron la construcción de grandes edificios. Los reformadores se contentaban con edificios rectangulares simples. Estaban fundamentalmente interesados en reunir a la gente y tener un lugar donde predicar. Sin embargo, hacia el siglo diecinueve, la arquitectura  de la iglesia protestante se había vuelto detallista, consistiendo en elementos de una variedad de estilos.

El encanto de los edificios de iglesia a lo largo de los siglos ha contribuido a la institucionalización del sistema de la iglesia tal y como lo conocemos.

Y no son pocos (Y en mi pasado más próximo tendría que contarme entre ellos) los que concurren a esos templos más por el orgullo indisimulado de pertenecer a esa hermosa obra arquitectónica que por lo espiritual que allí dentro se mueve.

LA ETIMOLOGIA DE LA PALABRA “IGLESIA”

Con la tendencia a la construcción de edificios para la adoración de Dios, no es sorprendente que los traductores de la Biblia en inglés, King James, escogieran traducir la palabra griega “ekklesia” usando la palabra inglesa “church” (“iglesia”, en inglés). Una mirada profunda a la etimología de la palabra “iglesia” puede ser bastante reveladora.

Yendo hacia atrás en el tiempo, la palabra inglesa “church” derivó de la antigua palabra inglesa cirice, relacionada con la palabra noruega/escandinava kirkja. Ésta, a su vez, procedía de la palabra Germánica kirka; que derivó de la palabra Griega Kyrite; y ésta, a su vez, derivó de la palabra Griega kurio, que significa “gobernador”, “señor”,”maestro”. En Griego, Kuriake oika significa “la casa del señor”.

Así, la palabra iglesia llegó a significar “un edificio apartado o consagrado para la adoración pública” {1}

Quiero recordarte dos términos muy conocidos en los ambientes de la Guerra Espiritual. Uno, es el de la Tergiversación. El otro, el de la Sutileza. Lo primero es cambiar una verdad por una mentira sin que nadie se percate de ello. Lo otro, es hacerlo con tal habilidad que parezca verdad. Ambas, son propiedades íntimas de Satanás y sus demonios.

Aunque la palabra inglesa “church” (“iglesia”, en inglés) no tiene su raíz en el término griego ekklesia, se usa para traducir ekklesia. Ekklesia es la composición de dos palabras Griegas: ek, que significa “fuera de”, y kaleo, que significa “llamar”.

Combinadas, la palabra significa literalmente “llamar fuera de”. Ekklesia se utilizaba comúnmente entre los griegos en referencia a un cuerpo de ciudadanos que se “reunían” para discutir los asuntos de estado {1}.

Una traducción correcta y bastante apropiada de ekklesia es “los llamados fuera de”, aunque hay veces en que el contexto demanda que “asamblea” o “reunión de los llamados fuera”, sean otras expresiones usadas. La palabra tiene que ver con una gente que son “llamados fuera de” para congregarse.

Quizás, los traductores de la versión de la Biblia King James tuvieran la idea de que el cuerpo de Cristo pudiera considerarse como una kuriake oika (La casa del Señor), puesto que somos el templo del Espíritu Santo. 1 Corintios 3:16.

 Quizás. Pero desde entonces hasta ahora, la palabra iglesia se usa para referirse no solo a personas. Su uso ha sido adulterado de tal forma que nunca deberíamos usarla cuando nos estamos refiriendo al cuerpo de Cristo.

 Es apropiado el uso de la palabra “church” (en español, “iglesia”),  cuando estamos de hecho hablando sobre un edificio pero no cuando estemos hablando sobre el cuerpo de Cristo. (1). Lo que llamamos “church” en inglés (en español, “iglesia”) es una Cosa. La ekklesia, es un pueblo.

LA COSA

Organizamos esta Cosa. Le damos nombre, la legalizamos, escogemos responsables para ella, abrimos cuentas bancarias en su nombre y entrenamos y contratamos al personal para que la ponga en marcha.

Tomamos dinero para ella. Programamos campañas para reclutar más gente a unirse a ella. Llevamos un registro de asistencia a ella. La amamos, nos enfadamos con ella, dimitimos de ella, y la abandonamos. Si estamos particularmente contentos con ella, hacemos folletos y la publicitamos para promocionarla.

Evaluamos la Cosa para determinar su éxito o fracaso. “El culto de alabanza fue bueno”, decimos.”El sermón estuvo bien”, “la ofrenda fue pobre”. “La asistencia fue baja”.

Pregunta a un pastor como va su iglesia, y puede que conteste con comentarios como que “nuestro programa de edificación va muy bien”, “Tenemos nuevos miembros”, “Hemos duplicado la membresía en el último año”, “Estamos perdiendo gente por la puerta trasera en cuanto han entrado por la puerta principal”.

 ¿Puedes ver donde esta su corazón? Está evaluando la Cosa sobre la que él probablemente es la cabeza.  El crecimiento de su iglesia  se refleja en su éxito o fracaso como líder. Por otro lado, si contesta respecto del bienestar espiritual del pueblo, entonces entenderá más o menos lo que significa ser el cuerpo de Cristo. “Bueno, ya sabes, muchos han sufrido alguna aflicción, pero eso les ha hecho más fuertes en el Señor”.

Si habla sobre su gente de forma posesiva, esta atrapado por su propia vanidad.  No son su pueblo. Por otro lado, si habla sobre las ovejas que pertenecen al buen pastor que es Jesucristo, puede  que sea  libre y que posiblemente libere al pueblo de Dios.

También he escrito que en mis escasos contactos persona a persona con el que fuera el pastor principal de mi última congregación evangélica, yo pretendía entablar conversaciones relacionadas con el Señor, mientras que a él no lo podía mover del hablar de Su iglesia.

POR CAUSA DE ELLO

Muy poco después de comenzar una iglesia, casi siempre comienza a tener una existencia de sí misma y comienza a existir por causa de ella misma. La gente en ella existe para servir a ella, más que para servir a la gente.

Aquellos que están dedicados a la supervisión de la  marcha de la iglesia, esperan que sus miembros asistan a ella, la apoyen, y la sirvan.  Planifican varios programas que encajen en el modelo de lo que piensan que debería ser un servicio completo de iglesia.

La familia Conners había sido apoyada por su iglesia durante ocho años de labor difícil pero fiel en el campo misionero.  Después de regresar, asistieron a su iglesia durante un tiempo antes de abandonar.

La primera pregunta administrativa o pastoral referente a ellos fue echa por el contable de la iglesia. “¿Asisten los Conners a la iglesia?” “No”, contestó un amigo de ellos. “¿Por qué?” “Por ninguna razón en particular”.

Estaba indignado. “Después de todo el dinero que les hemos dado, ahora que pueden ayudar no vienen”. Quizás esta hubiera sido una genuina preocupación bajo otras circunstancias, pero su interés  en ellos vino un año y medio después de su vuelta.

“Estaba frustrado por el hecho de que nadie del personal hubiera ni siquiera notado que ya no asistíamos, y cuando se dieron cuenta, el primer comentario fue el del dinero”. ¿Se había gastado el dinero de los Conners?

 No. Estaban en otro país para gastarse a sí mismos en el Señor, a favor de los santos allí.  Parece que se esperaba de los Conners que sirvieran a la institución, pero fueron en si mismos abandonados por el así llamado liderazgo dentro de esa institución.

El hermano Billy se convirtió en el pastor de la Iglesia West Side después de la muerte de su padre. Su padre fundó la iglesia. El hermano Billy anunció un domingo que el estaba cumpliendo su visión de tener un ministerio en la cárcel y con un autobús.

“Nos faltan estas cosas para ser una iglesia completa”, explicó. “Necesitamos voluntarios para el ministerio de la cárcel y para el ministerio del autobús. Hay formularios para quien quiera inscribirse, en la mesa de atrás”.

 Muchos amados corazones que no sintieron ningún llamado para un servicio de este tipo, se inscribieron pera hacer que el hermano Billy se sintiera bien sobre si mismo y su iglesia.  Tenían que servirle para que el cumpliera su visión de una Cosa.

Muchos a menudo se cansan de las obras de los hombres y se marchan. El liderazgo es difícil de encontrar. Si los cultos o programas estuvieran verdaderamente satisfaciendo las necesidades de la gente, la gente estaría dispuesta a apoyarlos. Una falta de apoyo puede ser un claro indicativo de que el acontecimiento ya no satisface  una necesidad que sea digna de apoyo.

Pese a todo, aquellos que se van espiritualmente fuertes porque han visto más allá de la Cosa, siguen siendo evaluados como perdidos, conflictivos, insujetos, problemáticos o algunos epítetos de peor calidad. Babilonia se defiende.

PROVOCANDO CULPA

Si no damos el apoyo que se espera a la Cosa y sus programas, tanto si queremos como si no, si somos llamados a servir a una cierta capacidad o no, se nos hace sentir culpables. ¿Te has sentido culpable alguna vez por dejar de cumplir una función de la iglesia?

 Esas vocecitas llenas de vergüenza en tu cabeza susurran: “malo, malo”. “Fue mi culpa que el programa fracasara. No di suficiente de mi dinero y de mi tiempo a ello.” Puedes estar seguro por estos sentimientos de que estas sirviendo a la Cosa, no al Maestro.

Cuando el liderazgo de la iglesia nos pide que hagamos un compromiso con la iglesia, en realidad se nos está pidiendo que hagamos un compromiso con la Cosa. Nuestra lealtad se mide por como  servimos a esta Cosa. Se piensa de nosotros que somos cristianos perezosos si no la apoyamos; y si ni siquiera asistimos a una iglesia local, se asume que nos hemos apartado.

Por otro lado, cuando “hacemos” iglesia, tenemos expectativas de como ha de ser. Tiene que funcionar conforme a nuestras expectativas, o sentiremos que nos ha fallado.

Si la Cosa tiene que funcionar de un modo concreto antes de que tenga éxito, entonces aquellos que la apoyan van a sentir la presión de obrar de forma que la conviertan en un éxito.  Si no se convierte en un éxito, habrá alguien a quién culpar. O bien es culpa de la gente, del pastor, del director del coro,  o del consejo.

¿Qué pasa si tu y yo tenemos expectativas diferentes sobre como debería funcionar una iglesia? Tendremos conflicto. Siempre habrá conflicto en la iglesia porque siempre habrá expectativas en conflicto. Son las expectativas del hombre, no las de Dios.

Aquí es donde se abre un abanico de posibilidades. Sin embargo, las más clásicas son dos diametralmente opuestas. Los que se van porque tienen una visión distinta de cómo debe funcionar la iglesia, y los que se van porque tienen una visión distinta de cómo debe funcionar La Cosa.

ADICTOS A LA COSA

Algunos son clínicamente clasificados como adictos religiosos. Yo soy alguien que se está recuperando de adicción religiosa. Poco antes de mi conversión en 1978, vi como esta Cosa, la iglesia, era un sistema idolátrico de tradiciones de hombres. Yo lo deseché (no a la gente dentro de ella); y sin embargo, volví a sentir una atracción seductiva hacia ella.

La necesitaba. Había encontrado mi identidad previamente en ella. Tenía presencia, poder y posición en ella. Como pastor de la misma, pensé que al menos parte de ella era mía. Mi corazón se jactaba en lo secreto. “¡Esto es mío!”. Era mi fuente de apoyo financiero. Era la única cosa para la que había sido entrenado.  Me uní a ella y ella se unió a mí.

Nos vinculamos a esta Cosa que llamamos iglesia y por ende, nos esclavizamos a ella. Nos unimos a ella y ella de alguna manera toma posesión de nosotros. De hecho, nos hacemos adictos a ella. Tal y como lo escribió Dennis Loewen, “Produce adicción. ¿Cómo lo sabemos? Una forma de saberlo es que todos pasamos por el síndrome de abstinencia cuando la dejamos”.

Algunos creyentes con discernimiento que asisten a iglesias espiritualmente estancadas, se dan cuenta de que ya no necesitan estar ahí. El Espíritu Santo esta ausente. Los cultos están muertos. El predicador es aburrido. La gente discute sobre asuntos irrelevantes y triviales. Sienten que sus diezmos se malgastan en salarios inútiles, programas e hipotecas.

Sus enormes edificios están vacíos la mayor parte del tiempo. Se sienten obligados a servir en comités que sirven a la institución más que servir a la gente. Ven al liderazgo probando un truco publicitario tras otro para convertir la Cosa en algo relevante con el fin de que más personas se unan a la misma y sean activas en ella.

Estos preciosos creyentes quieren salir, pero descubren que no pueden. La madre no lo entendería. “¿Por qué esa vidriera dedicada en el nombre del abuelo, y tú estás pensando incluso en marcharte?”. Razonan que han sido amigos de toda la vida aquí. “¿Cómo podría abandonarlos?”

 Se les hace sentir como traidores, desertores, conflictivos, inconformistas. Algunos reniegan de los miembros de su propia familia por abandonar su “fe”. Algunas tradiciones afirman que una persona irá al infierno si abandonan su forma particular de iglesia.

Así, se sienten atrapados en el sistema. Se visten de sus sonrisas de mañana de domingo y esconden sus resentimientos secretos por sentirse atrapados. Saludan y hacen gestos en el pasillo, pretendiendo que “¿verdad que es estupendo estar en la casa del Señor?”. Se establecen en sus bancos y comienzan de nuevo a tener comunión con las nucas de la gente que hay delante.

Muchos de los que se atreven a dejar una iglesia, van por la calle deseando un “clima espiritual” mejor, solo para encontrar a la misma vieja ramera con un vestido nuevo. Solo que las reglas son ligeramente diferentes.

Van de iglesia en iglesia, buscando lo genuino solo para encontrar mas falsas fachadas religiosas; salen en busca de Espíritu y verdad solo para encontrar más carne e hipocresía. Sin embargo, continúan con la búsqueda, porque son adictos a ella. Cabecean sobre sus caballos de madera, incapaces de bajarse por causa de la velocidad del carrusel—el sistema de la iglesia que da vueltas perpetuamente sin ir a ninguna parte.

Unas pocas personas con discernimiento son capaces de romper la esclavitud de la iglesia, pero a menudo se marchan dañadas y resentidas. Algunos asisten a grupos anónimos, buscando recuperarse de los abusos religiosos que les han producido estos sistemas religiosos de las tradiciones de los hombres.

La iglesia, tal y como la hemos experimentado, impregna cada aspecto de nuestra sociedad. Es la única cosa que hemos visto y sabido que en teoría representa a Cristo. Al ir tras ella, como hizo el Israel de antaño, hemos cometido fornicaciones y provocado a celos al Señor.

Espero que estés orando para que el Espíritu Santo levante el velo de tus ojos para ver como la iglesia es un sistema falsificado, para ver como hemos hecho una Cosa de quienes somos en Cristo, hemos corrido tras ello en lugar de ir tras Jesús.

Notas

{1} Webster’s New World Dictionary, 2ª ed., sobre “church” (“iglesia”, en Inglés.

{2} Vine’s Complete Expository Dictionary of Old and New Testament words, N.T.,s.v. “assembly” (“asamblea”, en Inglés)

Nota del Traductor

(1) La palabra española “iglesia” si deriva de la palabra griega “ekklesia”, a diferencia de la voz inglesa “church”, con raíz germánica.

 

Capítulo 4

Celos: Cometiendo fornicación

La mayoría de la gente en la pequeña iglesia rural donde yo servía, aceptó el hecho de que yo creyera que hablar en lenguas, la sanidad divina, la expulsión de demonios, y todos los dones del Espíritu Santo fueran para hoy, incluso aunque la burocracia de la denominación no estuviera de acuerdo.

De cualquier forma, intenté hacer de Jesús el único asunto que importaba. Todo el mundo estaba muy contento con este arreglo hasta que el Espíritu Santo habló a mi Espíritu pidiendo que aboliera la Escuela Dominical.

“Señor, me estás confundiendo”, discutí. “Nadie cierra la Escuela Dominical, especialmente como pastor de esta denominación. La Escuela Dominical pertenece a los ancianos. Tú deberías saber eso, Señor”. Deseché el pensamiento por imprudente.

Tenía planes para levantar la Escuela Dominical. Había estudios que habían probado que la existencia de grupos pequeños como la Escuela Dominical, podían contribuir al crecimiento de iglesia, y en ese momento  de mi entendimiento, quería edificar la iglesia.

Sin embargo, después de ser dirigido con severidad al cierre de la Escuela Dominical por tercera vez, supe que tenía que hacer algo. Llamé a los hombres de la iglesia y les presenté mi dilema.

La mayoría de ellos estaban dispuestos a probar para ver lo que Dios haría.  “Después de todo”, muchos razonaron conmigo, “si no resulta provechoso, siempre podemos volver a tener Escuela Dominical”.

Sin embargo, no todos estaban dispuestos a probarlo. No sabía que Dios quería que diera tal paso hasta que traté de negociar el trato con la persona de mayor influencia en la iglesia. Lágrimas brotaron de sus ojos, hablando con voz entrecortada, pero firme. “Tú no vas a quitar Mi Escuela Dominical”. Entonces supe de qué iba todo esto. La Escuela Dominical era un becerro de oro para algunos de ellos, y yo me había atrevido a tocarla.

Esto se ha repetido en mi ciudad en muchas ocasiones, ya que la denominación que más escuelas dominicales conservaba en sus congregaciones, – De hecho, fui maestro de una -, decidió en conjunto suprimirlas. Hubo encarnizado combate por esos becerros de oro.

IDOLATRIA: LA EXTENSIÓN DEL YO

Judson Cornwall afirma acertadamente, “La idolatría es principalmente la respuesta de la adoración personal hacia algo inferior que Jehová Dios, sea el Yo, un objeto hecho por nosotros mismos, o un concepto que podamos abrazar.

Un ídolo es cualquier cosa, o alguien, incluido nosotros mismos, que recibe el crédito por las habilidades que solo Dios posee” {3}  Monty Stratton añade, “Cualquier imagen que tenemos de nosotros mismos que no sea la imagen que Dios tiene de nosotros, es un ídolo, es un dios falso” {4}

Nosotros, como seres creados, hacemos cosas y logramos cosas que llegamos a adorar. Ponemos esas cosas delante de nosotros y les hacemos homenajes, tanto si son canciones o novelas que escribamos, los atletas que creamos, los jardines que plantamos, los negocios que levantamos, los trofeos que ganamos, los hijos de los que somos padres, los cohetes que ponemos en órbita, las curas que inventamos, los sermones que predicamos, o las iglesias que institucionalizamos.

 Vivimos a través de los ídolos que hemos hecho de estrellas de cine, estrellas de la canción, o estrellas del deporte. Queremos el poder que imaginamos que la fama y la fortuna nos concederían. Queremos ser dios, especialmente de nuestras propias vidas.

Aunque somos más grandes que las imágenes que creamos, aún así nos inclinamos ante ellas y les rendimos obediencia. Nos enorgullecemos tanto en nuestras obras. Dejamos que controlen nuestras vidas, nuestras emociones, y nuestras relaciones. Las amamos. Las miramos y nuestros corazones se hinchan de orgullo. Son extensiones idolátricas de nosotros mismos.

En muchas ocasiones lo he enseñado: la gente que no ha podido trascender en nada secular en el ambiente del mundo, cuando entra a la iglesia, procura encontrar un sitio donde lograrlo. La búsqueda de prestigio personal, en la iglesia, es superior a la del mundo secular.

IDOLATRIA: LA ADORACIÓN DEL YO

Toda idolatría es la adoración del Yo. Es una extensión de nosotros mismos: nuestras adoradas opiniones, especulaciones, planes, programas, y proyectos; es el trabajo auto-exaltado de nuestras manos  y las imaginaciones de nuestras mentes—todas las cosas que hacemos en la naturaleza de carne y de pecado de nuestro viejo hombre, lo que nos lleva a estimarnos a nosotros mismos mas de lo que deberíamos.

Es la actitud del la malvada madrastra de Blanca Nieves, que pregunta: “Espejito, espejito, ¿Quién es la más bella de todos?” Esperando completamente que el espejito responda: “Tú eres la mas bella de todas”.

El hombre caído idólatra, es ególatra por naturaleza. Para ser distintos, tenemos que ser transformados en una nueva criatura. Necesitamos una nueva naturaleza que nos dé el deseo de consagrar el Yo para un bien mayor, llamada la vida de Cristo en nosotros. Sólo Cristo, por su Espíritu, puede implantar esa nueva naturaleza en nosotros.

Esto, entre otras cosas, te sirve para que entiendas de una vez por todas que, por más que te esfuerces explicando cuestiones a la gente inconversa, no van a poder entenderte nunca. Si no llega Cristo a sus vidas, no hay entendimiento para aquello que a ti te es sencillo de entender.

Cualquier cosa que atraiga al ego, no es de Dios. El Yo esta enamorado del Yo. Busca lo suyo propio. Es vanidoso, orgulloso, arrogante, altivo, se permite todo, está absorbido por si mismo, tiene hambre de poder, y es lascivo.

 Lucha por la independencia, dependiente de si mismo y se  administra solo. Usa y abusa de los demás. SI es necesario, logra sus propias ambiciones. Miente, roba, hace trampas, asesina, envidia, culpa, justifica y hace lo que sea necesario para salvarse a si mismo. Llega a cualquier fin para protegerse a si mismo. Es adicto al más. Nunca puede sentirse satisfecho.

La naturaleza carnal del Yo generalmente mira a sus propias invenciones—ciencia, gobierno, militar, religión, educación, deportes, y cualquiera otras instituciones e invenciones humanas para salvarnos, alimentarnos, protegernos, hacernos felices, darnos nuestra identidad, y proveernos con un estilo de vida mejor. Creamos instituciones que nos sean útiles, y nos enfadamos cuando nos fallan.

Por causa de que el ego esté siempre centrado en si mismo, es un agujero negro en el espacio sobre el que se encuentra, siempre succionando hacia si como una aspiradora. El ego se consume a si mismo, es autodestructivo, y tiene a la muerte como su recompensa final. El ego vive y muere para sí mismo.

Listo. Este pequeño pero muy completo manual del Yo, te será útil para detectar y confrontar líderes con esa característica. No para que ellos cambien, (Sin Cristo nunca lo harán), sino para que tú sepas a qué atenerte.

IDOLATRIA: FORTALEZA DEL YO

La idolatría del Yo se ve en nuestra tendencia a lograr cosas en nuestras propias fuerzas. Vemos cosas que hay que hacer y debemos hacerlas. Estamos constantemente distraídos por la ocupación que creamos para nosotros mismos. 

La ocupación  es una distracción de la intimidad con Dios. Preferimos hacer algo para Dios que pasar tiempo con El. Sin embargo, El no nos creó para hacer cosas para El, sino para ser como EL es, para que podamos tener comunión con El y unos con otros en El.

Nos esclavizamos a nosotros mismos a las obras que demandamos de nosotros mismos. Aún más, esclavizamos a otros a nuestras obras cuando otros nos dejan. Adoramos nuestros logros. Consecuentemente, hemos hecho incluso ídolos de nuestro tiempo de silencio.

 El estudio bíblico, la intercesión por la calle, el testificar y otras obras que nos parecen “buenas”. No son cosas malas en sí. Son maravillosas cuando son inspiradas por el Espíritu Santo. Se nos convierten en idolátricas cuando las usamos para hacernos sentir que estamos haciendo algo para Dios.

De cada diez correos que recibo, al menos cinco, traen lamentos y culpas por no estar “haciendo nada para Dios”. Yo les pregunto si procuran buscarle, pero es como si les hablara en otro idioma.

IDOLATRIA: LAS COSAS QUE NOS POSEEN

Nuestros ídolos tienen que ver con cosas que poseen a nuestros corazones. Lo que poseemos, posee una parte de nosotros. En el Antiguo Testamento, Jacob sirvió a su padre político, Labán, durante veinte años, para ganar a sus esposas, Lea y Raquel, y para ganar su rebaño para que pudiera regresar a la tierra de su padre.

Al impedirle  la marcha Labán, Jacob dejó a Labán sigilosamente, con sus esposas y animales. Al marcharse, Raquel robó los ídolos de la casa de su padre y los llevó con ella. Génesis 31. Estos ídolos pudieron ser valiosos recuerdos de familia, lo que podría haber influido en sus motivos para llevárselos, aunque lo más probable es que fuera por causa de que su corazón fuera poseído por ellos.

Las cosas que perseguimos a menudo nos vencen. Yo vivía en Nashville, Tennessee, la capital mundial de la música country, donde hay un dicho sobre muchos de los candidatos musicales que viven allí, que afirma que “están siguiendo a la bestia”.

 Esta bestia es una búsqueda imaginaria  de significado a través de la fama a la que muchos de ellos esperan “llegar con la música”. Sin embargo, a mí me parece que la bestia les persigue. La bestia puede ser cualquiera de esas cosas que buscamos para que las posea el yo. Las cosas que buscamos a menudo nos poseen. Podemos ser poseídos por nuestra búsqueda.

UN DIOS CELOSO

Dios nos creó para Él. El quiere una relación íntima con nosotros. Él quiere que le conozcamos, le amemos, confiemos en Él, dependamos de Él y le obedezcamos. Es un Padre amoroso y fiel para nosotros lo que creemos, y demanda de nosotros que le demos nuestro amor y fidelidad a Él.

Él es profundamente celoso de cualquier cosa que levantemos entre Él y nosotros. Déjate sentir el desprecio apasionado de Dios hacia nuestra idolatría, al leer detenidamente el texto que aparece debajo. Los que amáis sinceramente al Señor, deberíais ser impactados para siempre con las citas de la Escritura.

Dios habló a través de Moisés a los hijos de Israel diciendo: “Yo soy Jehová tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra“. “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás.” Éxodo 20:1-5, Deuteronomio 5:1-10.

Jesús contestó al fariseo diciendo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este el primero y grande mandamiento.” Mateo 22:37-38. Esta clase de amor es ágape, que tiene que ver con la entrega de tu vida para el bienestar de otros. En este caso, tiene que ver con querer sólo lo que Dios quiere, no querer nada para el Yo.

La idolatría rompe el corazón de Dios, que quiere celosamente un amor no dividido, adoración y fidelidad.  Dios tiene celo por nuestros ídolos. El está celoso cuando nos jactamos en nosotros mismos y en nuestros logros, en lugar de reconocer que toda buena dádiva, y todo don perfecto procede de lo alto, del Padre de las luces” Santiago 1:17. Dios dijo, “No te has de inclinar a ningún otro dios (otros dioses), pues Jehová cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es”. Éxodo 34:14.

Moisés ordenó al pueblo que guardara las ordenanzas de Dios y les advirtió que no cometiesen idolatría diciendo: “Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.” Deuteronomio 4:24. Josué reafirmó al pueblo que Dios es un “El es Dios santo y Dios celoso”. Josué 24:19

Elías expresó celo a favor de Dios: “He sentido  un vivo celo por Jehová de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y solo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” 1ª Reyes 19:14 (También lee Ezequiel 8:3, 16:38-42; 23:25; 36:5-6, 38:25.)

Asaf lamentaba: “¿Hasta cuando, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre? ¿Arderá  como fuego tu celo?” Salmos 79:5.

El profeta Nahum, siendo el pulso de Dios, declaró que “Jehová es Dios celoso, y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos para sus enemigos”: Nahum 1:2

Joel, mirando al día de la renovación, profetizó, “Y Jehová, solícito (celoso) por su tierra, perdonará a su Pueblo”. Joel 2:18.

Sofonías habló: “Ni su plata ni su oro podrá librarlos el día de la ira de Jehová, pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo; porque ciertamente destrucción apresurada hará de todos los habitantes de la tierra”.

Sofonias 1:18. El siguió hablando por Dios, diciendo, “Por tanto, esperadme, dice Jehová, hasta el día que me levante para juzgaros: porque mi determinación es reunir las naciones, juntar los reinos para derramar sobre ellos mi enojo, todo el ardor de mi ira; por el fuego de mi celo será consumida toda la tierra.” Sofonias 3:8.

Zacarías escribió, “Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: Clama, diciendo: Así ha dicho Jehová de los Ejércitos, Celé con gran celo a y a Sión”. Zacarías 1:14. Y de nuevo, “Celé a Sión con gran celo, y con gran ira la celé.” Zacarías 8:2

El apóstol Pablo preguntó a los corintios “¿O provocaremos  a celos al Señor?” 1ª Corintios 10:22. Como lo hizo Elías, Pablo sintió el fuego del celo de Dios en su estómago y escribió mas tarde: “Porque os celo con celo de Dios, pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”. 2ª Corintios 11:2

ISRAEL: ESCOGIDO POR UN PROPÓSITO

Israel fue escogido por Dios para que pudiera tener un pueblo que fuera llamado por su Nombre. Deuteronomio 28:10; 2ª Crónicas 7:14; Daniel 9:19; Hechos 15:14. Habían de ser un pueblo a través del cual Dios haría un Nombre para Sí mismo. 2ª Samuel 7:23; 1ª Crónicas 17:21. Serían para El un pueblo, un nombre, una alabanza, y una gloria. Jeremías 13:11.

Israel había de ser una nación (separada) de personas para el Señor. Después de tres meses de salir de Egipto  y de haber acampado en el desierto del Sinaí, Moisés subió al monte a hablar con Dios.

Dios le dijo a Moisés que dijera al pueblo: “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y como os tomé sobre alas de águila, y os he traído a mi. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es la tierra: Y vosotros  me seréis un reino de sacerdotes y gente santa.” Éxodo 19:4-6.

Los seguidores de Cristo, sean judíos o gentiles, son el cumplimento de la expectativa divina. Pedro escribió respecto de los que creerían en Jesús: “Mas vosotros sois linaje escogido,  real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido de Dios para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”: 1ª Pedro 9.

El Señor había de ser su Dios y ellos habían de ser Su pueblo. No debían tener otros dioses delante de ellos. No debían invocar el nombre de cualquier otro dios y darle a ese dios la gloria por las cosas que Dios había hecho a favor de ellos.

Eso sería un gran insulto a Dios, a su Nombre, y a aquellos que eran llamados por Su nombre. Dios esta celosamente celoso de todas aquellas cosas en las que ponemos más confianza, consuelo y placer que en Él mismo.

Esto está escrito y no se ha modificado un milímetro. Por tanto, deberíamos preguntarnos como se sentirá Dios observando a tantos “siervos” suyos que han dejado de tener en cuenta esta palabra.

LA PROHIBICIÓN

Dios sabía que la única forma de asegurar que los Israelitas permanecieran fieles a El, era prohibirles mezclarse con los paganos de la tierra. El hizo un pacto con ellos mientras estaban en el desierto. El les dijo que haría maravillas entre ellos expulsando al amorreo, al Cananeo, al Heteo, al ferezeo, al Heveo, al Jebuseo de delante de ellos cuando entraran en Canaán.

No obstante, Dios les advirtió que tuvieran cuidado de no hacer un pacto con los habitantes de la tierra hacia la que se dirigían. Dejar de destruir los altares idolátricos de los paganos, romper sus imágenes, y destruir sus lugares de adoración de ídolos, sería una trampa en medio de ellos. Los Israelitas “tomarían a sus hijas para sus hijos, y sus hijas fornicarían en pos de sus dioses, y harían a sus hijos fornicar tras sus dioses”: Éxodo 34:10-17.

La adoración de otros dioses es idolatría, y la idolatría es cometer fornicación, en lo que respecta a Dios.  Dios también lo llama fornicación y adulterio. La versión King James de la Biblia en inglés lo traduce “fornicación”.

 Este lenguaje radical describe el corazón de Dios en el asunto de la idolatría. Debería hacernos caer sobre nuestros rostros, arrepentirnos rápidamente de nuestras idolatrías, y volvernos a Él con un corazón puro no adúltero.

Hemos llegado, como cristianos organizado en iglesias, a establecer pactos con sectores paganos, con la única finalidad de acceder a ciertos privilegios.

LA VIOLACIÓN DE LA PROHIBICIÓN DE DIOS

Dios había dicho a Israel que no se mezclara con los habitantes de la tierra y que no fueran en pos de sus dioses, pero de cualquier forma eso es lo que hicieron. Dios sabía que lo harían. El le dijo a Moisés que después de su muerte, “este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses de la tierra a donde va para estar en medio de ella; y me dejará e invalidará mi pacto que he concertado con él”.

“Y se encenderá mi furor contra él en aquel día; y los abandonaré, y esconderé de ellos mi rostro, y serán consumidos;  y vendrán sobre ellos muchos males y angustias, y dirán en aquel día, ¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mi? Pero ciertamente Yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos.” Deuteronomio 31:16-18.

El fracaso de Israel  en el desierto

Los israelitas violaron la prohibición de Dios mientras estaban en el desierto. Estaban en un lugar llamado Sitim, cuando se entregaron a sus fornicaciones con las hijas de Moab. Las moabitas sedujeron a los Israelitas a hacer sacrificios y postrarse a sus dioses. Israel se unió a Baal-Peor, el dios ídolo de Moab, y la ira del Señor se encendió contra Israel.

El Señor dio instrucciones a Moisés de que tomara a todos los príncipes del pueblo que hubieran roto la prohibición, y “los ahorcara ante Jehová delante del sol, para que la ira de Jehová se apartara de Israel”. Moisés, obedeció a los jueces de Israel para matar a los hombres que se inclinaban ante Baal-peor.

Uno de los Israelitas trajo descaradamente a una mujer madianita a sus hermanos delante de Moisés y el pueblo. Finees, el hijo de Eleazar, el hijo de Aarón el sacerdote, lo vio y se levantó de entre el pueblo, y tomó una lanza en su mano.

Fue tras el hombre de Israel a la tienda y los atravesó a ambos. Esto hizo que la plaga sobre los hijos de Israel cesara ese día. Su celo por Dios apartó la ira de Dios. Veinticuatro mil personas murieron en esa plaga. Números 25:1-11.

Deuteronomio 32:16-17 y 21 nos dice que los Israelitas provocaron a celos a Dios, con dioses ajenos, y que estos eran abominaciones para El. “Sacrificaron a los demonios, y no a Dios, a dioses que no habían conocido…

” A nuevos dioses a quienes sus padres ni siquiera habían temido. “Me movieron a celos”, dijo Dios; “con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos; Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, los provocaré a ira con una nación insensata”.

            El fracaso de Israel durante los jueces

Dios sacó a Israel de Egipto con señales y maravillas que atestiguaban. Cruzaron milagrosamente el Mar Rojo por tierra seca. Recibieron el maná, el agua, las codornices. Oyeron a Dios en la Montaña y vieron Su gloria sobre el rostro de Moisés.

Anduvieron errantes durante cuarenta años y sus sandalias no se gastaron. Experimentaron el celo de Dios en Sitim. Entraron en la tierra de la promesa de Dios bajo el liderazgo de Josué, cruzando milagrosamente el río Jordán y tomando Jericó con la marcha, el sonar de los trompetas y el griterío.

Tenían que expulsar a todos los habitantes de la tierra, no fuera que se mezclaran con ellos y que se inclinaran a sus dioses. Muchas de las tribus de Israel no hicieron eso. No expulsaron absolutamente a los habitantes de la tierra, y por tanto, fueron desobedientes a Dios.

Un ángel del Señor vino de Gilgal a Boquim y dijo al pueblo de Israel: “Yo os saqué  de Egipto y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres; diciendo: no invalidaré jamás mi pacto con vosotros, con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a Mi voz.

 ¿Por qué habéis hecho esto? Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero. “. La gente alzó su voz y lloró a las palabras del ángel. Jueces 2:1-4.

No obstante, una nueva generación creció después de Josué, e hicieron exactamente la misma cosa que era mala ante los ojos del Señor: abandonaron al Señor y sirvieron a los dioses idolátricos, Baal y Astoret. Jueces 2:13.

Y así sucedió, una y otra vez. Dios levanto individuos como Ehud, Débora, Gedeón, Sansón y otros jueces en Israel. Los Israelitas no escucharían a sus jueces, sino que fornicaron en pos de otros dioses. Después de caer bajo la mano opresora de sus enemigos en la tierra, se arrepentían y clamaban a Dios, y El cambiaba de opinión y los libraba (lee Jueces 2:17-20).

El período de los jueces acabó con este trágico comentario: “En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”. Jueces 21: 25. La anarquía es la idolatría final del Yo.

El fracaso de Israel durante los reyes

Los Israelitas querían su propio rey como todas las demás naciones, rechazando así el reinado de Dios sobre ellos. Así, Dios le dijo a Samuel que les diera lo que pedían. 1ª Samuel 8:5-7. ¡Que terrible que Dios pueda darnos realmente lo que pensamos que necesitamos y queremos!

Nada cambió. Tenían corazones de ramera. 1ª Crónicas 5:25 nos dice que “se rebelaron contra el Dios de sus padres, y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales Jehová había quitado de delante de ellos”.

El salmista lamenta: “No destruyeron a los pueblos que Jehová les dijo; Antes se mezclaron con las naciones y aprendieron sus obras, y sirvieron a sus ídolos, los cuales fueron causa de su ruina.

Sacrificaron  sus hijos y a sus hijas a los demonios, y derramaron la sangre inocente, la sangre de sus hijos y de sus hijas, que ofrecieron en sacrificio a los ídolos de Canaán; y la tierra fue contaminada con sangre. Se contaminaron así con su obras y se prostituyeron con sus hechos”.Salmos 106:34-39. Este salmo entero es una poderosa retractación del olvido de Israel.

¿Qué otra cosa que una reiteración de todo esto es cuando adoptamos cualquiera de los sistemas mundanos de publicidad o promoción, con la finalidad de difundir la labor de una iglesia o de sus pastores?

DIOSES DE LA CARNE

Los Israelitas levantaron sus propios lugares altos e hicieron altares a Baal. Esculpieron Astoret y se inclinaron a ellas. Sacrificaron a sus hijos a Moloc haciéndolos pasar por fuego.

El cronista de 1ª Reyes 14:22-23 escribió, “Y Judá hizo lo malo ante  los ojos de Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron. Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas  e imágenes de Asera,  en todo collado alto, y debajo de  todo árbol frondoso. “

Asaf, el salmista, se lamentó por los pecados del pueblo contra un Dios celoso, cantando, “Porque Le enojaron con sus lugares altos, y le provocaron a celo con sus imágenes de talla” Salmos 78:58.

Baal significa “amo” o “señor”, que también ha sido traducido como “marido”. Baal era el dios de la agricultura, quién creían responsable del aumento de los rebaños, las cosechas, y las familias.

La adoración de Baal, tal y como existía cuando Israel comenzó a infiltrarse en Canaán, era conducida por sacerdotes en los campos y en los “lugares altos” de los montes, donde las comunidades traían sus impuestos a su deidad favorita, en forma de vino, aceite, primeros frutos y las primicias de los rebaños. El culto incluía gozosas danzas licenciosas y comidas ritualísticas” {5}

Astoret era el nombre dado a la diosa de la luna, la sexualidad, el amor sensual, y la fertilidad. Era también el nombre de las figuras de madera o postes que se levantaban para representarla. {6} Sus templos eran centros de prostitución sagrada. Astoret es mencionada unas cuarenta veces en el Antiguo Testamento.

Moloc significa “rey”.Su adoración era caracterizada por padres que sacrificaban a sus hijos empujándoles a caminar sobre o dentro de un horno de fuego. La ley hebrea prohibía estrictamente esta práctica.

El señor había hablado a Moisés diciendo: Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Israel, que ofreciere a alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará.

Y Yo pondré mi rostro contra el tal varón y lo cortaré de entre su pueblo, por cuanto dio de sus hijos a Moloc contaminando mi santuario y profanando mi Santo Nombre”: Lev. 20:1-3.

Ezequiel hablo por Dios: Porque ofreciendo vuestras ofrendas haciendo pasar vuestros hijos por el fuego, os habéis contaminado con todos vuestros ídolos hasta hoy.” Ezequiel 20:31

Jeremías 3:9 lamenta que cometieron adulterio con piedras y árboles. Santiago 4:4 nos enseña que la amistad con el mundo es adulterio.

Dios demandaba una adoración no dividida, no adulterada, y obediencia a El. La verdadera adoración de Dios demanda que pongamos lo que El quiere de nuestra vieja naturaleza de carne y de pecado- que neguemos el Yo en total abandono a Dios.

DIOS SE DIVORCIA DE ISRAEL

Israel era considerada por Dios como su desposada. Jeremías 3: 14. Dios fue fiel a ella, pero ella era repetidamente infiel a Él. Intentó la fidelidad, ocasionalmente, y hubo momentos de arrepentimiento y de restauración. Los reyes buenos purgaron el templo de idolatría, pero ni siquiera completaron su obra totalmente. De forma insistente, mantuvieron sus lugares altos.

De Salomón, está escrito: “Salomón amó al Señor, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.” 1ª Reyes 3:3. Asa hizo lo que era bueno a los ojos del Señor.

Desterró a los sodomitas de la tierra y quitó los ídolos de su padre; privó a su madre, Maca de ser reina madre, porque había hecho  un ídolo de Asera; pero “los lugares altos no se quitaron”. 1ª Reyes 15:11-14.

“Josafat anduvo en todos los caminos de Asa su padre, haciendo lo que era recto a los ojos del Señor”, pero no quitó los lugares altos. 1ª Reyes 22:43. Joás (2ª Reyes 12:1-3), Amasías (2ª Reyes 14 :1-4), Jeroboam (2ª Reyes 15:32-34), igualmente hicieron lo que era recto a los ojos del Señor, aunque no quitaron los lugares altos.

Las Escrituras nos dicen que Ezequías y Josías fueron los únicos reyes que quitaron los lugares altos. Ezequías “hizo lo que era recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. El quitó los lugares altos, quebró las imágenes y cortó los símbolos de Asera” 2ª Reyes 18:3-4a.

Nos dice que Josías quitó los lugares altos “Y no hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma, y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él se levantó otro igual.” 2ª Reyes 23:25. Pero a excepción de estos dos, un rey tras otro tuvieron lo mismo en común: no quitaron los lugares altos.

Durante los años que Josías era rey, el Señor preguntó a Jeremías si había visto lo que la rebelde Israel había hecho. Dijo que había ido tras todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y había fornicado, y por todas las razones por las que la Israel rebelde había cometido adulterio, Dios la había desechado y le había dado carta de divorcio. Jeremías 3:6-8.

Por decir esto mismo pero en idioma sencillo, más de uno ha sido espiritual y moralmente apedreado en su congregación. Sobre todo en aquellas donde estiman que ser divorciado es un pecado más grande que el de la blasfemia al Espíritu Santo.

LLEVADOS CAUTIVOS

En la historia temprana de Israel, después del reinado de Salomón, el Reino de Israel se dividió. El reino de Israel (después llamado Samaria), consistía en las diez tribus del Norte, que se separaron del reino después de la muerte de Salomón durante el reinado de su hijo Roboam. Fue gobernada por Jeroboam. El Reino de Judá consistía en las dos tribus restantes en el sur, Judá y Benjamín.

A través del profeta Ezequiel, Dios describió a estos dos reinos como hijas de una misma madre. El dio a estas hijas los nombres Ahola y Aholiba. Ahola significa “tabernáculo de ella”, y Aholiba significa “mi tabernáculo en ella” o “el tabernáculo es de ella”.

 Ahola era la hija mayor, Samaria, y Aholiba era la menor, Judá (o Jerusalén). Ezequiel dice: “fornicaron en Egipto; en su juventud fornicaron; allí fueron apretados sus pechos, allí fueron estrujados sus pechos virginales”: Ezequiel 23:3.

Aunque Ahola pertenecía al Señor, fornicó y adoró a sus amantes asirios. Cometió sus fornicaciones con ellos y se corrompió. Así, Dios la desterró en brazos de sus amantes, los asirios. Su hermana, Aholiba, vio todo lo que su hermana mayor había hecho y como había sido llevada cautiva por sus amantes asirios; aún así, ella multiplicó sus fornicaciones más que su hermana.

Dios envió a los babilonios en juicio,  para llevar cautiva a Judá. Dios dijo: “Pondré mi celo contra ti, y procederán contigo con furor”: Ezequiel 23. Por tanto, por causa de sus idolatrías y fornicaciones, Samaria fue esparcida a las naciones por los asirios. Judá (Jerusalén) fue llevada cautiva a Babilonia por los Babilonios.

Las Escrituras dejan claro que estos hechos adúlteros de idolatría eran abominaciones para Dios. Ezequiel 16:51-52 revela que Judá había cometido el doble de pecados que su hermana Samaria. Ella había multiplicado sus abominaciones.

De todos los pecados que Israel y Judá cometieron, la idolatría era el más abominable para Dios. Su idolatría era lo que la llevó a su caída. Abandonaron a Dios a cambio de los lugares altos. No somos diferentes hoy. Nosotros también tenemos lugares altos y nuestros lugares altos son igualmente un cepo para nosotros.

Notas

{3} Judson Cornwall, Cosas que Adoramos: Como reconocerlas y ser libres de la Idolatría (Shippensburg, PA: Destiny Image Publishers, 1991), 18

Regreso al texto

{4} Monty Stratton, El Descubrimiento (Macon, GA: Foundation Ministries, 1998), 78

Regreso al Texto

{5} Harper’s Bible Dictionary (New York: Harper & Brothers, 1956), s.v. “Baal”.

Regreso al Texto

{6} Nelson’s New Illustrated Bible Dictionary, s.v. “Astoret”

Capítulo 5

Nuestros lugares altos

Rara vez veía a Benny sin escuchar algo lleno de profunda sabiduría, digno de un sabio. Aquel día no era ninguna excepción. Con ese típico parpadeo de su ojo, y esa irónica sonrisa de oreja a oreja en su rostro, típica del Tennessee Occidental, me preguntó: “¿Sabes como puedes distinguir si algo en tu vida es un ídolo?”

“No”. Esperé su respuesta. Sabía que sería buena. Su sonrisa se agrandó. Sus palabras eran lentas pero cortas. “Por tu forma de luchar por algo cuando te lo quitan”.

Muchas de las cosas por las que luchamos son probablemente ídolos en nuestras vidas. Nos enfadamos cuando algo que adoramos nos lo quitan o cuando tememos que nos lo quiten.

¡Sabio de sabios, Benny! ¿Has visto pelea más denonada que la que libran los líderes y asalariados de Babilonia cuando se dan cuenta que se derrumban sus templos?

NUESTROS LUGARES ALTOS

Nosotros, como con el Israel de antaño, tenemos nuestros ídolos. Nuestros ídolos son nuestros lugares altos. Nuestros lugares altos son esas cosas que deseamos por encima de nuestra consagración a Dios.

 Nosotros también hemos ido tras las fornicaciones de los dioses de nuestra propia creación. Quemamos “Incienso” a la obra de nuestras manos y a las imaginaciones de nuestras mentes, cuando nos enorgullecemos en nuestros logros.

 Cosas como la ciencia, el gobierno, la bolsa, la religión, las artes, las dietas, el entretenimiento y los deportes, pueden obrar para nuestro bien, pero pueden convertirse en idolátricos cuando ponemos nuestra confianza en ellos más que en Dios. Nos hacemos a nosotros mismos Dios.

Esta fue la mentira en el jardín del Edén: si pudiéramos haber conocido como Dios conoce, nos haríamos como Dios. Así, en Adán nos llenamos de conocimiento, y el conocimiento se convirtió en una maldición para nosotros.

Jugamos a Dios cuando nos gloriamos en nuestras capacidades intelectuales para figurar cosas, razonar cosas, entender cosas, inventar cosas, e imaginar incluso logros mayores. Exaltamos aquello que pensamos que sabemos por encima del conocimiento de Dios.

 Nos mantiene a distancia de Dios y nos estorba para entrar en intimidad con el Padre-Dios, nuestro Creador. El conocimiento envanecido es la arrogancia del Yo, y el Yo es ese monte alto sobre el que edificamos nuestros altares.

En Argentina, hay un ejemplo muy explícito respecto a este sentir: Maradona. Ese tremendo y extraordinario jugador de fútbol, ha sido elevado a una categoría inmerecida y ni siquiera buscada por él. La de pasar de ser simplemente “El Diez”, en “El dios”, haciendo juego de palabras. Su vida no ha sido precisamente el modelo adecuado para comparar.

EXTENSIÓN DEL YO

Nuestros lugares altos son extensiones de nosotros mismos. Nos echamos hacia atrás como un pintor artista y vemos el lienzo de nuestras obras, y suspiramos, “Ah! ¡Esto es lo que he hecho!” Nuestras identidades se rodean de nuestros logros.

 Queremos ser alguien, marcar nuestra señal, dejar nuestra huella dactilar en algo importante. La naturaleza de nuestro hombre viejo de la carne está atraída por la necesidad de poder, de posición, reconocimiento, posesiones y dominio.

Doblamos la rodilla ante aquellos que son ricos y famosos, y rechazamos, o por lo menos, tratamos con aire de superioridad a aquellos que son pobres o completamente desconocidos. Nosotros, como Nimrod, hemos peregrinado a nuestra tierra de Sinar, queriendo edificar una torre, una ciudad, y un nombre para nosotros. Gen. 11. Los que tienen “Ministerios”, también hacen esto.

Y cuando no lo hacen porque su único objetivo es servir al Reino de Dios, son mirados con desconfianza hasta por los propios hermanos genuinos. Porque ellos, enseñados por el mundo, se dicen: ¿Cómo va a ser un ministro del Señor si no tiene automóvil?

IGLESIA COMO UNA EXTENSIÓN DEL YO

Esta cosa que llamamos iglesia puede ser una forma tal de extensión de nosotros mismos. Es una de esas cosas que perseguimos en nuestros corazones porque la amamos tanto. Esto es lo mismo que decir que amamos las obras de nuestras manos y las imaginaciones de nuestros corazones, que se expresan en esa Cosa que llamamos iglesia. Estamos en la iglesia porque la iglesia está en nosotros. Es una extensión de nosotros. Por tanto, nos estamos sirviendo a nosotros mismos cuando la servimos.

“¡Venga ya!”, Dices. “No puede ser que hables en serio. ¿No estás siendo muy duro y crítico con la iglesia? Amo a mi iglesia. Tengo relaciones de toda la vida en mi iglesia. Tenemos un coro, buenas predicaciones, las almas se salvan, el Espíritu Santo se mueve con frecuencia en nuestros cultos. Los rituales y los símbolos me hacen sentir cerca de Dios. ¿Cómo puedes entonces justificar el hecho de que Dios se manifieste en la iglesia? ¿Cómo puedes llamar a la iglesia, mala?”.

Los buenos cristianos van a la iglesia. De hecho, cuanto mas fuertes son en su fe, es más probable que asistan a la iglesia. Identifican la “asistencia a la iglesia” con su fe. Su fidelidad a la iglesia es con frecuencia el criterio de medida de su fidelidad a Cristo.

Después de todo, las iglesias incluso pertenecen a los cristianos, al menos en nombre y percepción. La presencia de Dios es manifiesta en algunas de estas iglesias en ocasiones, pero eso no significa que estas Cosas que llamamos iglesia hayan nacido del Espíritu. Siguen siendo extensiones idolátricas del Yo.

Dios a menudo ha bendecido y prosperado a Su pueblo en cautiverio. Dios bendijo a Israel en numerosas ocasiones incluso aunque ella se hallaba comprometida con la idolatría. Incluso cuando Él exilió a Judá a Babilonia, El ordenó que se construyeran casas, que se plantaran jardines, que comieran del fruto de ellos y que hubiera crecimiento en las familias. Jeremías 29:4-6.

 Dios incluso pronunció un severo juicio contra aquellos judíos idólatras que trataban de permanecer en Judá. Jeremías 29:16-18. “Después de que se hayan cumplido setenta años en Babilonia”, prometió el Señor a Judá, “te visitaré y obraré mi buena obra hacia vosotros, haciéndoos regresar a esta lugar” Jeremías 29:10. Dios tenía que visitar al pueblo en Babilonia para librarlos de Babilonia.

El Espíritu Santo se ha movido con frecuencia sobre su pueblo para salvar, sanar, y librarles a través de la historia del sistema de la iglesia institucionalizada. La reforma protestante, el gran despertar de 1800, y el avivamiento pentecostal de principios de 1900, son muestras históricas de cómo Dios buscaba liberar a su pueblo de un viejo orden, para llevarle a uno nuevo.

Unas pocas iglesias han experimentado lo que ellas llaman renovación. Dios está llenando las lámparas de aquellos dispuestos a estar preparados con suficiente aceite para atravesar la distancia hasta que suene la última trompeta.

 Sería un error trágico, sin embargo, tomar la unción de Dios sobre su pueblo como una aprobación de sus ídolos. Si es Espíritu Santo se está moviendo en tu iglesia, no está presente para bendecir tus idolatrías, sino para preparar a un pueblo para Él mismo.

 Dios cuida a su pueblo, que resulta estar en cautiverio a la iglesia. El esta preparando a su esposa. El tiene que entrar a esos lugares ilegítimos que llamamos la iglesia para prepararla de forma que El pueda sacarla de ahí.

Aquí tienes una explicación argumental altamente precisa respecto a esa pregunta que tantas veces me hacen y quizás también te hacen a ti: ¿Por qué, si eso es Babilonia, como tú aseguras, todavía sigue habiendo allí adentro sanidades, milagros y nuevos convertidos? Ahora ya lo sabes.

LA NOVIA PROSTITUIDA

Bill Shipman la vio de este modo. “Fue casi como una visión”, explicó. Yo estaba en las habitaciones y en las calles con ellos. Vi a Jesús esperando en la habitación del novio.  La novia estaba en otra habitación.

 Él estaba preparándose para ir a verla. Al retrasarse, ella se asomó a la ventana y se interesó en las actividades de la calle. La atracción de la calle arrastró a su corazón de ramera hasta que salió ella misma a la calle.

Pronto, después de caminar por las calles, fue violada. Su vergüenza la llevó a creer que no tenía otra opción que convertirse en una prostituta, y eso es lo que hizo. Estaba en un burdel, encerrada tras puertas medievales enormes, de roble sólido.

Parecían formidables. Estaban cerradas con pestillos, con una clase de pasamanería de cobre, y diferentes tipos de herrajes. Jesús salió en su búsqueda. Sabía donde estaba. Al acercarse a las puertas, los demonios le aullaban y le siseaban e intentaban meterle prisa, aunque tenían una actitud cobarde hacia Él.

Abrió las puertas y entró. Ella estaba echa un desastre y Él intentaba convencerla para que se fuera con Él. En su culpa y en su vergüenza, ella rehusó, y de esa forma, Él se marchó. Esperó un tiempo y la visitó de nuevo.

Todavía no le miraba al rostro. Una vez más, Él la dejó. Estando esperando en su habitación, fuegos de pasión e ira repentinamente se encendieron en sus ojos. Salió furioso de su habitación y a pasos largos por la calle, se acercó a la casa donde vivía su novia prostituida.

Todo el mundo le vio llegar. Huyeron delante de Él. Los demonios le vieron y corrieron delante de Él para cerrar las puertas, con la esperanza de evitar que entrara. Sin duda ni pausa, en su andar, golpeó las puertas con las palmas de sus manos. ¡BOOM! Explotaron. Las astillas salieron volando por todas partes.

Entró y la descubrió seca por su vergüenza. Su rostro estaba escondido en sus manos. Esta vez era distinto. Esta vez Él no le pidió que se fuera con Él. Esta vez Él agarró su mano y la llevó a la habitación de la novia, aunque estaba con su vestido sucio, manchado de semen.

Pude ver la pasión y el amor que Él tenía hacia ella en sus ojos. Jesús la veía sólo de una manera. La veía como una virgen. Sin embargo, ella no le miraba. Él la alcanzaba, la tocaba con ternura, y levantaba su rostro hacia el Suyo.

 Con muchas dudas, ella lentamente levantó sus ojos para mirar a los suyos. La vio más allá de su vergüenza y la levantó más allá de su vergüenza. En el instante en que sus ojos coincidieron con los Suyos, fueron llenos de la misma pasión que El había tenido para ella.

Yo estaba ahí mismo con ellos. Casi podía ver en sus rostros. Me eché hacia atrás y vi que ella había cambiado. Era hermosa. Tenía el mismo brillo que Jesús. Eran uno. No había atracción o anhelo para nadie más que el uno para el otro.

Ella solo tenía ojos para Él. Ella se parecía a ÉL, y Él a ella.  Estaban en pie en una misma luz. Él no había disminuido en absoluto, más bien ella había crecido en Él. Aunque ella se parecía a Él y tenía el mismo fuego en sus ojos como el que tenía Él en los suyos, ella estaba todavía bajo Sus pies, bajo Su autoridad. Eso es lo que lo hacía tan hermoso como era.

Creo que la visión de Bill es del Señor y revela perfectamente como Él ve a su novia en su prostitución, y como Él trata de venir a nosotros. De hecho, incluso siendo Su novia, nos hemos prostituido con nuestros sustitutos de Jesús. Quizás, incluso ahora sentimos las ondas expansivas de sus pisadas acercándose a nosotros para librarnos de nuestra vergüenza y vestirnos con mantos de justicia.

EL LUGAR ALTO DE LA IGLESIA

 Sustituir a Jesús por la iglesia es idolatría en enormes proporciones. No hemos de levantar la iglesia y convertirla en el camino de la salvación. Solamente Jesús es nuestra salvación. Cuando la gente acusó a Dios y a Moisés de sacarles de Egipto para morir en el desierto, el Señor envió serpientes voraces entre ellos, y las serpientes mordieron a la gente por causa de su murmuración.

Muchos israelitas murieron. El pueblo se arrepintió y Dios cedió. Dios le dijo a Moisés que hiciera una serpiente y la pusiera sobre un poste. Todos lo que hubieran sido mordidos, podían vivir tan solo mirando a la serpiente.  Números 21:4-9.

Ese debía haber sido el final de la historia. ¡Pero lee 2ª Reyes 18:4! Ezequías había sido hecho Rey de Judá, y la Biblia dice que el hizo lo que era recto a los ojos del Señor. “Quitó los lugares altos, quebró las imágenes y cortó los símbolos de Asera e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés: porque hasta entonces, le quemaban incienso los hijos de Israel.” Tomaron una obra de Dios, y la convirtieron en un ídolo. En este mismo espíritu de idolatría, la gente ha convertido el mover de Dios en las denominaciones que ha terminado adorando mas tarde.

El padre de un hermano muy amigo solía decirme, cuando le expresaba cual era la denominación de mi congregación, que me quedara allí, pero que él no estaba muy seguro de mi salvación. Él creía fielmente que sólo los de su denominación eran salvos. ¿Y por que lo creía? Acertaste. Porque se lo habían enseñado.

Lo que hoy llamamos la iglesia es un sistema idolátrico de tradiciones de hombres que es prostitución espiritual. La iglesia es lo que hacemos en adición a lo que Cristo nos ha hecho ser en Él.

Si lo que llamamos iglesia puede ser legalizado, unido, nombrado y referido como  “esa”, y nos puede ser quitado, entonces no es lo real. La verdadera ekklesia es un cuerpo colectivo de personas que han nacido en ella. Solo han tomado el nombre de Jesús porque están en relación con Él. Esa relación no les puede ser quitada.

Si la iglesia no es la cosa real, entonces es algo falsificado. El problema con las falsificaciones es que aparentan ser muy semejantes a lo real. La iglesia, como algo falsificado, se presenta y se percibe como lo real. Y aunque sea extraño, sin embargo no se asemeja remotamente a lo real. No obstante, hemos sido engañados en creer que lo es.

Muchos queman el incienso de la adoración del yo a todo lo que se asocie con esta Cosa que llamamos iglesia. Han hecho ídolos de sus doctrinas, formas de gobierno, herencias, programas, rituales, liturgias, edificios, cultos del Domingo por la mañana, asistencia a la iglesia, presupuestos, personalidades, la Escuela Dominical, las reuniones de jóvenes, los grupos misioneros,  las reuniones de hombres, las ventas anuales, y las actividades—todo ello asociado con la iglesia.

Retozan alrededor de sus logros colectivos: sus cementerios, denominaciones, escuelas bíblicas, residencias de la tercera edad, hogares de niños, hospitales, misiones y ministerios de la cárcel. 

Puede que algunos de ellos sean genuinos ministerios y causas dignas puestas por  Dios, pero se han vuelto idolátricos cuando los operamos para darnos un buen aspecto y hacernos sentir piadosos. Mucha actividad no es piedad. Estas instituciones, con frecuencia giran más alrededor de quienes las operan, que alrededor de aquellos a quienes pretenden servir.

Muchas de estas Cosas de iglesia fueron originalmente comenzadas para satisfacer las necesidades de la gente, pero pronto se convirtieron en un fin en sí mismas. Muchas de las instituciones se han vuelto orientadas hacia el beneficio, en lugar de hacia el servicio.

 Jesús dijo: “El sabbath fue hecho para el hombre, y no el hombre para el Sabbath”. Marcos 2:27. Hemos reservado ese dicho. Ahora bien, es como si existiésemos por causa de la iglesia y no la iglesia para nosotros.

Por otra parte, puede que tengamos la actitud de que nuestra iglesia tiene el personal correcto. Si es posible, construimos competitivamente un templo más grande y mejor que los chicos que tienen otro, en la misma calle, un poco más abajo. Planeamos nuestros cultos y albergamos la esperanza de tener el mejor espectáculo de la ciudad.

 Algunos de nosotros anunciamos nuestra alabanza y adoración, nuestras oraciones, nuestra predicación, e incluso nuestras ofrendas para convencernos incluso a nosotros mismos, de que quizá el Espíritu Santo esté en medio de nosotros.

Podemos planear programas en nombre del evangelismo y hacer tal marketing de nosotros mismos, con el fin de acorralar mas personas—para enseñarlos, arrojarlos y marcarlos con nuestra marca especial, para clonarlos a nuestra semejanza.

Y sin embargo, queremos estar separados de las otras iglesias en la ciudad. Fabricamos nuestros credos artesanalmente para distinguirnos a nosotros mismos de ellos. Los nombres que nos damos a nosotros mismos reflejan nuestra separación de ellos.

 Incluso a veces nos jactamos de nuestras diferencias. Un joven en una reunión de hombres trataba de comunicar una inocente pero pegadiza frase; sin embargo, revelaba esta noción separatista. Decía: “Iglesia Vineyard: Experimenta la diferencia”.

Para muchos corazones engañados, su iglesia es su plan de salvación, y tenemos tantos planes de salvación como iglesias. Enfatizamos la necesidad de membresía de iglesia y asistencia regular a la iglesia, y a través de ellos comunicamos el mensaje sutil de que somos salvos a través de estas Cosas. Se nos considera no sujetos a la Escritura si no vamos a la iglesia.

Muchas iglesias asocian el bautismo en agua con la membresía de su iglesia. Algunas denominaciones (sectas) predican que estás perdido a menos que seas un miembro de su iglesia. Para algunos, ser aceptados en su redil involucra una adhesión a su rígida doctrina. “Tenemos la sana doctrina. Tienes que estar de acuerdo con nosotros y bautizarte en nuestra iglesia, y serás salvo.” Absolutamente ridículo. ¿No es Jesús nuestro Salvador?

Hemos levantado sepulcros para nosotros mismos y nos hemos convertido en nuestros propios cadáveres dentro de ellos. Nos hemos sepultado en una grandeza que hemos buscado para nosotros mismos.

No hay vida en estos sepulcros ni la puede haber jamás. No hay esperanza de vida de resurrección dentro de ellos porque existen para proveer algo para el Yo. La vida de Resurrección viene a través de la negación de uno mismo, y no a aquellos que buscan salvarse a sí mismos.

NUESTRA IDOLATRÍA ES PROSTITUCIÓN ESPIRITUAL

Cuando la novia se prostituye, se convierte en una junto con la ramera, y distinguir a la novia de sus prostituciones se hace difícil. Si te prostituyes, te conviertes en ramera. El apóstol Pablo escribió: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?

 ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él. “ 1ª Corintios 6:15-17.

Pablo estaba escribiendo a los creyentes corintios, que eran, junto con todos los santos en todos los lugares y en todos los tiempos, la novia de Cristo. Una novia es femenina en género. Una ramera es femenina en género.

No pretendo ningún menosprecio hacia alguien que esté sexualmente roto, pero cuando la novia de Cristo se une a la prostitución del Yo, opera en el espíritu perverso del lesbianismo espiritual y en la práctica del sexo con el yo. Nos llenamos de “ambición con nosotros mismos” más que con nuestra relación sacrificial con nuestro novio, el Señor Jesucristo. Él está celoso de eso.

Esto es muy revelatorio. No he oído algo así como “lesbianismo espiritual”, pero si lo llevamos al hecho concreto de una dudosa unión entre la novia y la ramera, se nos presenta con máxima claridad.

FORTALEZAS DE LA MENTE

Estas idolatrías del Yo son fortalezas de la mente. Una fortaleza espiritual es la preocupación por un objeto, una persona, o una institución, con ira o temor; con un fetiche, una adicción o un pecado.

Una fortaleza espiritual es cualquier cosa que nos fascine, domine nuestras mentes, y nos haga comportarnos obsesiva y compulsivamente. Estas son cosas que gobiernan sobre nosotros. Aparentamos no tener ninguna fuerza para hacer algo con respecto de las mismas. Y sin embargo, no podemos negar que estas cosas son dañinas a nosotros o a otros.

Una fortaleza espiritual puede también ser la parrilla de salida por la que vemos cosas. La iglesia es una de tales fortalezas de la mente.  Nos han lavado el cerebro para llegar a creer que la iglesia, tal y como la conocemos y practicamos, es lo que deberíamos hacer.

Jamás hemos conocido otra cosa que la iglesia tal y como la practicamos. Así que cuando digo que la  iglesia es un ídolo y una fortaleza en tu mente, puede que te sea muy difícil creerlo. No puedes verlo.

 Incluso si lo vieras, te cuesta trabajo aceptarlo por causa de tu mente o forma de pensar. Sin embargo, una vez que ves el engaño, recibes la verdad y comienzas a caminar en la luz, comienzas a notar como cambia tu mente. La fortaleza está siendo derribada.

Sacar a la novia de Cristo de la iglesia no es una tarea fácil porque la iglesia es una fortaleza en su mente.  Dios tiene que sacar a la iglesia de nosotros, y también tiene que sacarnos a nosotros de ella. Lenguaje extraño, ¿cierto?

Porque a la par que Dios trata de sacarnos de la iglesia, nosotros estamos tratando de meter gente en ella. Si tratamos de abandonar la fortaleza de la iglesia antes de que haya sido sacada de nosotros, simplemente regresaremos a ella.

Navidad. La Navidad es una de esas fortalezas de la mente. No había sido celebrada de ninguna forma antes del siglo tercero. Alexander Hislop explica: “Mucho antes del siglo cuarto, y antes de la era cristiana en sí, los paganos celebraban un festival  en ese preciso momento de año, en honor del nacimiento del hijo de la reina Babilonia de los cielos; y puede que presumiblemente, para conciliar a los paganos, y para engrosar las filas de los adheridos nominales del Cristianismo, el mismo festival fuera adoptado por la iglesia Romana, dándole el nombre de Cristo” {7} Tomaron esta celebración estrictamente pagana y pusieron a Jesús en el centro de la misma.

Roma instituyó una misa que era llamada la misa de Cristo (Christ-Mass, en inglés), y que luego se abrevió a Christmas (“Navidad”, en Inglés”). La navidad siempre ha sido, es y siempre será una fiesta pagana. Ha crecido a lo largo de los siglos para convertirse en el insulto encantado, mágico, lleno de mercadería, a Dios, que es hoy día.

Somos hipnotizados por ella. Enganchados a ella. Esclavizados por ella. En deuda con ella. Dennis Loewen añade: “La navidad es otro ejemplo de lo poderoso que es el falso espíritu de fornicación. Hay un espíritu de la navidad. Es cálido. Es maravilloso; es bueno.. pero no es de Dios.

El mundo ama la Navidad tanto como la aman los cristianos. ¿Qué nos dice eso? Una celebridad “cristiana” dijo en un programa de televisión nacional que la navidad son tres cosas: “decorar, dar regalos y comer”: Debemos saber que lo que ama el mundo no puede ser de Dios.

El apóstol Juan nos exhorta: “No améis el mundo, ni las cosas que hay en el mundo. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, y los deseos de lo ojos, y la vanagloria de la vida, no es del Padre, sino del mundo” 1ª Juan 2:15-16.

El hecho de que lo que la mayoría de la gente hace en Navidad tenga sus raíces en este festival de invierno pagano, debería ser en sí razón más que suficiente para que los Cristianos no lo celebraran—el árbol y las luces, las velas, el muérdago, el intercambio de regalos,  el tronco en la chimenea, los pasteles, el pavo, la borrachera e incluso la fecha del 25 de Diciembre.

 El hecho de que esta época del año sea completamente centrada en las compras hoy, debería añadir a nuestro desprecio por esto. Sin embargo, el verdadero bofetón a Dios es que amamos estas cosas del alma mas que a la obediencia a ÉL. Son fortalezas emocionales en nuestras mentes. Nos faltaría un juicio sano si creyéramos que podemos celebrar estos días y épocas tenazmente, y ser libres de su cautividad.

La idea de no celebrar la Navidad produce tal afrenta a los demás, que la mayoría no podría sacrificarla incluso estando convencidos de que era una abominación para Dios. Se nos considera leprosos por no seguir con ella. Agradamos a los hombres más que a Dios.

He escuchado el cliché en mi niñez, de “devolver a Jesús a la Navidad”. Con frecuencia se inscribe de la siguiente manera: “Pon a Cristo de vuelta en la Navidad” (en inglés, la palabra “Navidad” se inscribe con frecuencia como X-mas, la “X” simbolizando a Cristo).

Incluso aunque la “X” probablemente  signifique la letra griega chi que aparece en Christ (Cristo en inglés), tenemos la tendencia a pensar en ello como si quitásemos a Jesús. Durante años he estado pensando en esto y ahora me atrevo a decirlo: en lugar de devolver a Jesús a un festival pagano al que Él, en primer lugar, nunca perteneció, saquémosle de ahí completamente y devolvámoslo al mundo al que pertenece.

Después de todo, la Biblia nunca demandó esta celebración, y Jesús nunca habría impuesto una atadura enloquecedora sobre nosotros. Pablo escribió: “Para libertad Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” Gálatas 5:1. Eso es lo que tenemos que enseñar a nuestros niños.

La Navidad es uno de esos “lugares altos” que la mayoría de nosotros aparentan no estar dispuestos a derribar, incluso sabiendo como Dios pueda sentirse al respecto. Nuestras mentes están ya decididas. “Me gusta la Navidad”, me dijo una madre joven. El resto de su frase lo podemos imaginar, “Así que voy a seguir con ello”.

Construimos escenas de los pesebres en nuestros jardines y levantamos  Papá Noeles luminosos junto a ellos. Buddy, en una caja registradora, ilustraba esta mezcla de forma muy simple. Tenía un gorro de Papa Noel sobre su cabeza y una cinta de W.W.J.D. (Siglas en Inglés de la frase: ¿Qué haría Jesús?) alrededor de su cuello. Buddy, Jesús no habría llevado ese gorro.

Después de decirle a una anciana el por qué yo ya no celebraba la Navidad, ella respondió, “Pero no pienso en dioses paganos cuando miro mi árbol de Navidad. Yo pienso en Jesús”. Eso me pareció razonable. Pregunté a Dios al respecto. El contestó: “¿Qué pensarías tú si encontraras a tu esposa en adulterio y ella te contestara, ‘pero cariño, estaba pensando en ti todo el tiempo’!”

Mucha gente se justifica, “lo hacemos por los niños”. Si la Navidad es idolátrica para los padres, entonces por qué los padres quieren sacrificar a sus hijos a estos ídolos?”

Declaro y confieso pertenecer, todavía, a la legión de los que no hemos podido evadirnos a esta celebración supuestamente “cristiana”. He escrito y me habrás leído más de un artículo al respecto donde doy a conocer mi posición. He sido bastante criticado por ello. Y hasta se ha pedido oración por mi, ya que parezco haberme perdido en el rumbo, por esa causa…

Y sin embargo, debo reconocer que todavía participo de estas cosas. Indirectamente, sin sentir absolutamente nada, es cierto, pero presente. ¿Por qué? Por no desairar  a mi familia. ¿Y sabes que? Especialmente a mi familia no creyente. Sin dudas. Este será un nuevo precio a pagar.

Semana Santa. La Semana Santa es igualmente idolátrica y escalofriante. Muchos cristianos usan el término Semana Santa con cariño, y en asociación con la preciosa resurrección de nuestro Señor Jesucristo, sin considerar el hecho de que Semana Santa (“Easter” en Inglés) es la palabra Inglesa para la diosa Ishtar (también llamada Astarte y Eostre en otras culturas paganas).

Ishtar se celebraba como la reina del cielo. Mucho de lo que hacemos en Semana Santa tiene su origen en el paganismo. La fecha de la celebración de la Semana Santa no coincide regularmente con la resurrección de Jesucristo, que ocurrió tres días después de la Pascua. La Cuaresma, los cultos al amanecer, la decoración de los huevos, los conejitos, son todos ellos abominaciones no sujetas a la Escritura, para Dios.

¡Uff! ¡Al menos de esta celebración, somos inocentes con mi familia. Hace ya mucho tiempo que esos cuatro días donde las iglesias elaboran actividades especiales, traen invitados y hacen campañas de evangelización, dejaron de tener significado espiritual alguno para nosotros.

La última vez que adherí a la celebración de la Semana Santa, fue como invitado a predicar los cuatro días en una congregación. Yo les aseguro que llevaba cuatro bosquejos de temas muy distintos a los que luego prediqué, pero lo cierto es que el Señor me guió, precisamente, a hablar de estas falsas festividades. Obviamente, fue debut y despedida. Nunca más me llamaron allí.

Entonces, ¿Cómo llegamos a practicar todas estas cosas? Alexander Hislop escribe, “para conciliar los paganos con el Cristianismo nominal, Roma, siguiendo su política normal, tomó medidas para amalgamar los festivales paganos y cristianos, y mediante un ajuste muy complicado pero ingenioso del calendario, no resultó ser una tarea difícil en general, conseguir que el Paganismo y el Cristianismo– este último ya muy hundido en la idolatría—se dieran la mano”. {8}

Dennis Loewen hace la siguiente observación, “La ramera no tiene cuidado de estas cosas. Se acostará con cualquier cosa siempre que sea otro Jesús. Su razonamiento es el siguiente: “¿Para qué molestarse con estos detalles?”. Por otro lado, a Dios si le importa. ¿Cómo puede alguien leer las Escrituras y verle de otra forma?

POTENCIANDO NUESTROS LUGARES ALTOS

Potenciamos esas cosas ante las que nos inclinamos y homenajeamos.  Liberamos el poder de Dios en nuestras vidas cuando nos inclinamos y Le adoramos. De la misma forma, potenciamos a nuestros ídolos cuando nos inclinamos ante ellos, sean hombres, edificios, instituciones, ideas, ciencia, opiniones, demonios, o esa Cosa que llamamos iglesia.

Patrick vino a comenzar una nueva iglesia. Como suele suceder, la unción del Señor estaba presente, y la gente entraba libremente en la alabanza y la adoración. Se estaban formando relaciones. La visión en un principio parecía estar enfocada hacia la edificación del pueblo en Cristo.

 Había libertad. Después surgió un deseo de tener un edificio, después la necesidad de un préstamo, después la necesidad de más dinero, y finalmente, una atracción por la membresía. La gente se encontró a sí misma llevada hacia aquello de lo que precisamente habían intentado salir.

Patrick los estaba llevando de vuelta hacia aquello de lo que él mismo había salido antes, porque aquello de lo que él había salido, nunca había salido de él. En lugar de edificar a un pueblo, estaba consumido por un edificio, una iglesia-su iglesia.  Unos pocos de los que asistían a su iglesia y  que discernían, se marcharon cuando se dieron cuenta de que permaneciendo, servían solo para adherirse y potenciar su idolatría.

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando asistimos a sus cultos. 

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando contribuimos a ella.

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando insistimos en el uso de la palabra iglesia en referencia al cuerpo de Cristo.

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando nos preguntamos unos a otros a qué iglesia vamos.

Potenciamos la idolatría de la iglesia cuando medimos la espiritualidad de la gente por la iglesia a la que asisten.

Tenemos nuestros lugares altos; y sin embargo, conocemos el corazón de Dios en estos asuntos porque Él nos habla claramente:”No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Éxodo 20:3.

El Espíritu Santo puede llevar a un creyente maduro, liberado, a asistir a una iglesia, y quizás contribuir a ella con un propósito que solo conocen Dios y ese creyente. Sin embargo, si ese creyente se une en su corazón a ese sistema, una vez más levantándolo, ha vuelto a la idolatría y a la prostitución espiritual  de ello.

Ha caído en el engaño. El que siente el llamado de Dios para permanecer o regresar a las situaciones de esos sistemas de iglesia ramera, tiene que ser honesto consigo mismo respecto de su verdadero motivo, no sea que él diga, “Dios me lo pidió” para justificar los deseos de ramera del corazón.

“Parece que Dios me está pidiendo que retorne allí”, es lo que más leo expresar a gente que anteriormente me había contado de las maravillas de haber salido del sistema. Reitero algo que he dicho mil veces y probablemente este autor también diga: Babilonia no es ESE lugar en sí mismo; Babilonia es una mentalidad. Por tanto, mientras no la abandonas, donde quiera que estés, sigues en ella.

PRESAGIANDO LA IDOLATRÍA

La mayoría de las veces, los creyentes del siglo primero iban de casa en casa, lo cual podría ser un plan ideal para reunirse hoy día. Cada vez un mayor número de creyentes se reúnen en los salones de las casas para tener alabanza y adoración, participar de la Palabra, del rompimiento del pan, la oración y la comunión.

Estos escenarios pueden dar una libertad tremenda en el Espíritu Santo, crear oportunidades para que cada uno-a pueda usar sus dones, formar relaciones más fuertes entre ellos y mantener el apoyo del uno al otro en tiempos de necesidad.

Sin embargo, tenemos que comprender que nuestra salvación no depende de reunirnos en células hogareñas, como tampoco depende de pertenecer a la iglesia.

Totalmente correcto. Porque lo más probable es que, si llegamos a pensar así, en un corto lapso, estemos conduciéndonos exactamente igual que una iglesia, aunque sea en una casa de familia.

Nuestra salvación está en el Señor. Podemos convertir en un ídolo las células hogareñas tan fácilmente como podemos hacerlo de la iglesia.  El problema no está en tener o no un edificio, mantener o no reuniones regularmente, tener o no actividades, tener o no una estructura.

El problema tiene que ver con lo que hay en nuestros corazones respecto de estas cosas. Puede ser posible tener todas estas cosas y no unirse a ellas, aunque lo dudo. Tarde o temprano, sin darnos cuenta, hacemos una Cosa de ellas y comenzamos a ir tras esa Cosa más que en pos del Señor.

 De esa manera funcionan nuestros corazones de ramera. Puesto que, después de todo, esas cosas salieron de nuestros corazones. Pienso que es poco probable que podamos organizarnos como un grupo de creyentes,  con un edificio, un nombre, una cuenta bancaria, un sistema de creencias, y cosas así, sin que esas cosas, tarde o temprano se conviertan  en una fuente de orgullo en nosotros como extensiones idolátricas de nuestra necesidad carnal de exaltar el Yo.

Encuentro una mezcla en muchas iglesias.  Hay carne y Espíritu a la vez, porque hasta ahora, Dios ha respondido a Su pueblo dondequiera que hayan invocado  Su Nombre. El responde a pesar del hecho de que hayamos convertido a estas Cosas en ídolos en nuestras vidas. Él responde al Espíritu Santo y a Su naturaleza en nosotros.

Sin embargo, Él rechaza nuestra carne y nuestras idolatrías.  No me atrevo a tocar lo que Dios esté haciendo en una persona o iglesia. Yo solo deseo expulsar a la parte idolátrica de todo ello y exponer los corazones de ramera para que podamos arrepentirnos de eso.

Si tú estás en una de esas Cosas que llamamos iglesia y estás ciertamente creciendo en el Señor, no querría decirte que te marcharas físicamente, sino que abandonaras cualquier forma de idolatría de la misma. ¡Ten cuidado!

 Phil Perry hizo la observación de que “cuánto más aparente moverse el Espíritu Santo en una de estas Cosas, más engañoso es. La gente ve lo que Dios está haciendo pero fracasan en ver todas las cosas que están mal.”

Las “cosas que están mal” están terriblemente mal. El cepo está todavía preparado para atraparte y para que te ocupes de por vida al sistema como esclavo. Muchos grupos pueden comenzar en el Espíritu, pero continuar después en la carne. Gálatas 3:3.

Hemos de ser un pueblo dirigido por el Espíritu Santo en todo lo que hacemos, decimos y somos. Hemos de adorar en espíritu y en verdad. Cualquier cosa, incluida la iglesia, que nos estorbe para hacer esto, no puede ser de Dios. Nuestros lugares altos son nuestros amantes babilonios, y la iglesia, es la cautividad babilónica del Pueblo de Dios de hoy día.

Notas del Autor

{7} Alexander Hislop, Las Dos Babilonia o la Adoración del Papado (Neptune, NJ: Loizeaux Brothers, 1959), 93. El libro de Hislop es bastante exhaustivo, bien documentado y convincente.

Regreso al Texto

 {8} Hislop, p.105

Capítulo 6

Babilonia Espiritual

¿Qué es la Babilonia espiritual hoy? Hay opiniones muy opuestas.

Alexander Hislop afirma que la mujer de Apocalipsis 17 dijo estar “sentada sobre siete montes”, y que tenía sobre su frente el nombre escrito, “Misterio, Babilonia la Grande”, en asociación con la apostasía romana (la iglesia católico-romana) {9} 

Otros opinan que Babilonia es todo el sistema mundial que está bajo el dominio de Satanás. Un amigo mío tiene un argumento muy convincente de las Escrituras de que los Estados Unidos de América es la moderna Babilonia. Un profeta de nuestro tiempo reconocido internacionalmente ha dicho que la ciudad de Nueva York es la Babilonia moderna.

Yo digo que Babilonia es todo lo de arriba, y aún más. Babilonia fue una ciudad en un tiempo, en Mesopotamia. Ha sido espiritualizada en las escrituras como algo que esta en contradicción a Dios. Ahora es un tipo de algo espiritual.

Babilonia no es la Iglesia católico-romana, sino un tipo de algo que a menudo se encontraba en la Iglesia católico-romana. Babilonia no es los Estados Unidos de América, sino un tipo de algo que hay en los Estados Unidos de América.

 Babilonia no es la Ciudad de Nueva York, sino un tipo de algo que hay en la Ciudad de Nueva York. Babilonia ciertamente no es el cuerpo de Cristo, sino un tipo de algo que hay en los corazones de muchos en el cuerpo—algo que no debería estar ahí.

Tal y como lo definí en el capítulo uno, Babilonia es todo lo que la mente carnal del hombre maquina en la exaltación del Yo—la preeminencia del Yo sobre Dios, sea en naciones, ciudades, políticas, gobierno, ciencia, tecnología, religión, filosofía, psicología, sociología, comercio, educación, entretenimiento o la iglesia. Es todo lo que hay en el mundo y del mundo. Describe la condición espiritual de la iglesia.

Tal cual. Coincido totalmente. Una mentalidad. Algo que nace de adentro hacia fuera.

LA MENTE CARNAL

La Babilonia espiritual se caracteriza principalmente por la idolatría de la mente carnal. Carnal hace referencia a la carne. La “carne” a menudo se refiere a esa naturaleza de pecado caída del hombre, que está en enemistad con Dios.

 La mente carnal es todo pensamiento, razón, lógica, imaginación, opinión, y especulación que se asocia a la vieja naturaleza caída adámica del hombre. Practicamos Babilonia cuando hacemos cosas conforme a nuestra noción más que conforme a la de Dios.

El apóstol Pablo explicó que los que hacen cosas conforme a la carne, ponen su mente en las cosas de la carne; pero aquellos que hacen conforme al Espíritu, ponen su mente en las cosas del Espíritu.

“Porque los que son de la carne, piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios”. Romanos 8:5-7ª

El llamamiento del jardín trataba de que Adán y Eva ejercieran el poder de su propio intelecto, que Dios les había dado, para exaltarse a ellos mismos en sus propias mentes. Dios dijo a Adán que podía comer de todos los árboles del jardín excepto de uno.

 No había de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. “Porque en el día que lo comas, ciertamente morirás”, advirtió Dios. Génesis 2:16-17. Esta prohibición era clara y simple. Dios dijo lo que quería decir, e iba en serio. Eso debía haber dejado el tema zanjado.

Sin embargo, Satanás se deslizó hasta el extremo de su intelecto y razonó: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”: Génesis 3:4-5.

 El conocimiento del bien y del mal era un llamado a la idolatría de la mente. Una vez que se entregaron a la tentación y comieron de la fruta, sus mentes se hicieron carnales. Fueron transformados en una naturaleza que era distinta de la forma en que Dios los había creado.

Génesis 3:6 dice tres cosas sobre Eva: Vio que la fruta del árbol era buena para comer y que era agradable a los ojos, y deseable para ser sabio. Este versículo también nos dice que Dios creó al hombre con la capacidad de tomar decisiones, con el deseo de ser como Dios, y con la vulnerabilidad de ser engañado. Eva fue engañada con la posibilidad de tener conocimiento y de ser igual a Dios. Así que mordió la mentira y también se la dio a comer a su marido. Génesis 3:6.

La capacidad de tomar decisiones no es pecado. Es un don de Dios. Pecamos cuando tomamos decisiones contrarias a la voluntad de Dios. Pensamos que sabemos más que Dios. Por tanto, exaltamos nuestro conocimiento, lógica, razonamiento, opiniones, imaginaciones, especulaciones y toda cosa altiva por encima del conocimiento de Dios. 2ª Corintios 10:5.

Ignoramos esa parte de la Palabra de Dios que no está de acuerdo con nuestras aspiraciones, expectativas, teologías y doctrinas. Creemos lo que queremos creer. Locamente nos hacemos a nosotros mismos Dios. Incluso hacemos que Dios sea como queremos que Él sea. Por tanto, estamos en rebelión contra Dios, así como Adán y Eva lo estuvieron.

Pablo escribió contra la arrogancia del conocimiento diciendo: “Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña”: Gálatas 6:3. De nuevo escribió: “Si alguien imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” 1ª Corintios 8:2.

Esto es para leer con mucha atención y en más de una ocasión. Porque es apto para enseñarlo, tal como se nos ha enviado a hacer. Pero también es apto para que revisemos nuestros propios comportamientos, ya que muy fácilmente podríamos estar cometiendo el mismo pecado que buscamos erradicar.

ENGAñO

La Babilonia espiritual se caracteriza por el engaño. Satanás engañó a Eva. Les dio a entender que Dios les había engañado. Si de hecho, comían del árbol del conocimiento del bien y del mal, afirmaba Satanás, se harían como Dios, conociendo el bien y el mal.

Eva creyó las mentiras de Satanás e inmediatamente estructuró su propia falsa realidad alrededor de esas mentiras. Ella incorporó esas mentiras en su propio paradigma de la realidad. Ella construyó su propia verdad sobre Dios y suspiró: “¡Oh, ahora veo!”. Sin embargo, en lugar de tener sus ojos abiertos, se convirtió en una ciega espiritual.

Antes de que fueran a poseer la tierra de Canaán, Dios advirtió a los israelitas que guardaran sus corazones para evitar ser engañados.  Deuteronomio 11:6. Pablo escribió, “Nadie se engañe a si mismo. Si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio” 1ª Corintios 3:18.

Él pidió a sus lectores varias veces que no fueran engañados. 1ª Corintios 6:9; 15:33; Gálatas 6:7. A los Efesios, les escribió: “Que nadie os engañe con palabras vanas” Efesios 5:6. A los Colosenses les escribió: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”. Colosenses 2:8.

A los Tesalonicenses les escribió: “Nadie os engañe en ninguna manera.” 2ª Tesalonicenses 2:3. Podemos estar cegados a la verdad por la lascivia, los placeres, la malicia, la envidia y el odio. Tito 3:3. Podemos estar endurecidos por el engaño del pecado. Hebreos 3:13.

Podemos engañarnos a nosotros mismos siendo solo oidores de la Palabra y no hacedores. Santiago 1:22. Podemos engañarnos a nosotros mismos siendo religiosos. Santiago 1:26; 1ª Juan 1:8. Juan añade: “Hijitos, nadie os engañe”. 1ª Juan 3:7.

Con todas esas escrituras en mente, ¿Crees que es posible que seamos engañados, incluso siendo creyentes en Cristo? “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo”. 2ª Juan 1:7.

Oseas habló en nombre de Dios diciendo: “Oíd la Palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra, porque no hay verdad, ni misericordia ni conocimiento de Dios en la tierra. Mi pueblo fue destruido porque le faltó el conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento.” Oseas 4:1,6ª. La Babilonia espiritual—todo lo que maquina la mente carnal—es la exaltación de lo que construimos como verdad, por encima de lo que Dios dice que es la verdad.

Si podemos ser engañados cuando, en lugar de pensar en los beneficios para el Reino de Dios, pensamos en los beneficios para nuestro prestigio, intelecto, emociones, sentimientos y posiciones jerárquicas.

Y no salgamos después a defendernos con el clásico: “¡Estoy bajo ataque del diablo! Porque es cierto que estarás bajo ataque, pero no porque seas alguien muy importante y Satanás te dedique el día completo, sino porque tus propias vanidades e idolatrías religiosas habrán abierto las puertas suficientes para que ese ataque te llegue.

ORGULLO

La Babilonia espiritual se caracteriza por el orgullo. La naturaleza orgullosa del YO piensa que sabe. Piensa que sabe mejor que Dios. Toma decisiones todo el día, cada día, sin consultar con Dios, sin ni siquiera pedir sabiduría.

Cuando somos golpeados con el orgullo, somos levantados en quienes pensamos que somos y lo que pensamos que sabemos. El Yo es orgulloso, arrogante, y altivo. “El conocimiento envanece”. 1ª Corintios  8:1.

La Babilonia espiritual esta asociada con la arrogancia de aquellos que seguían a Nimrod a la tierra de Sinar (Babel). {10}  La Biblia  dice que todos eran de una sola lengua, y un discurso, y se decían el uno al otro, “Hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego”.

 Y sustituyeron la piedra por el ladrillo, y cambiaron la mezcla  por el asfalto. Y dijeron, “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue el cielo, y hagámonos un nombre”. Génesis 11:3-4.

Las iglesias y los ministerios están atrapados por la tentación orgullosa de congregar a un gran número de personas, edificar grandes edificios con campanarios apuntando al cielo, y hacerse nombres para sí mismos, sucumbiendo a la tentación de exaltar el Yo.

 Damos nombre a nuestras iglesias, ministerios e instituciones, por nosotros mismos. Dedicamos las vidrieras y los bancos en memoria de los hombres. Ponemos nuestros nombres sobre objetos para nuestra propia gloria.

¡Que contraste con los que siguen a Jesús! Como Pablo exhortó, “Haya pues en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz.” Filipenses 2:5-8.

Créeme, hermano; cuesta mucho a un ministro bien intencionado, lograr que las personas no lo tomen como delegado personal de Dios en la tierra, superdotado espiritualmente o una especie de Mesías moderno. Es como si los cristianos buscaran más a un líder espectacular, que al espectacular Dios que tienen.

En una ocasión me tocó dar una conferencia respecto al sentir íntimo de un verdadero liderazgo y, además de rechazar públicamente a esa palabra, “líder”, dije que el máximo trabajo ministerial genuino, era evitar que la gente te adorara a ti en lugar del Señor.

YO EXALTADO

La Babilonia espiritual se caracteriza por la exaltación del Yo. El Yo exaltado dice “Yo puedo salvarme, sanarme, librarme y arreglarme a mi mismo”. “Aumentaré mi conocimiento de la ciencia, mi poder en la política, mis obras en la religión, mis inversiones en la bolsa, mi percepción de la psicología del hombre”.

“Cambiaré la genética de los humanos, los clonaré, abortaré bebés, y cambiaré las leyes de tal forma que me sienta cómodo haciendo estas cosas”. “Me transformaré en un artista, en una estrella del rock, en un modelo, en una estrella del deporte, en un político, en un escritor, músico, o tele-evangelista para poder conseguir fama y fortuna. Podré edificar una ‘iglesia’ en torno a mis revelaciones, y mis programas por los que puedo dar a entender a otros que pueden ser salvos, sanados y liberados”.

Este es el espíritu del rey de Babilonia en nuestros corazones, que Isaías llama Lucifer (“el que lleva la luz”-el otro nombre de Satanás). De él, escribe Isaías: “¡Como caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste de la tierra, tú que debilitabas a las naciones.

 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte de mi testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré y seré semejante al Altísimo. Más tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.” Isaías 14:12-15.. “YO”,”YO”, “YO”.

El rey de Babilonia, Nabucodonosor, caminaba por el palacio de su reino y dijo: “¿No es ésta la gran Babilonia, que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Daniel 4:30.

Los que nos exaltamos a nosotros mismos como el rey Nabucodonosor, seremos humillados como el rey Nabucodonosor. “Aún estaba la palabra en la boca de rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti.” Daniel 4:31.

 Fue apartado de los hombres para morar en el campo con las bestias, donde comía hierba como los bueyes, posiblemente durante siete años. Esto le sucedió para que pudiera llegar a saber que el Dios Altísimo gobierna en el reino de los hombres y da reinos a quien Él quiera. Daniel 4:32.

Hemos creído la mentira de la serpiente en el jardín. Creemos que somos nuestro propio dios. ¡Qué patético! Nos adherimos de tal forma a esta mentira que es percibida como verdad y como algo digno de ser deseado. Nos estimamos a nosotros mismos más que a Dios.

Jesús dijo: “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla, será enaltecido.” Mateo 23:12.

Yo sé muy bien que los pastores o titulares de ciertos ministerios que promocionan casi hasta la exageración a sus hombres, difundiendo fotografías de ellos con sus familias casi en tamaño natural, como si fueran actores, no suelen propiciar mayoritariamente estas cosas, sino que son pensadas y ejecutadas por algunos de sus obsecuentes servidores.

Sin embargo, no podrán quedar marginados del juicio del Señor al respecto, por una simple cuestión de omisión. Una cosa es que yo no vaya personalmente a pegar en la fachada de ingreso de mi templo una monumental fotografía mía, pero otra muy distinta es que no haga absolutamente nada cuando veo a otros hacerlo o sencillamente lo encuentro hecho.

CONFUSION

La Babilonia espiritual se caracteriza por la confusión. Babel significa confusión. Génesis11:9. El Señor vio que los moradores de Sinar eran un pueblo y hablaba una sola lengua, lo que significaba, de acuerdo con las propias palabras de Dios, que nada les detendría en lo que se propusieran.

Por tanto, Dios dijo, “Descendamos y  confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero” Génesis 11:7. El Señor los dispersó por todas las partes de la tierra para que no pudieran terminar la construcción de su ciudad.

Todo lo que hay en el mundo continúa siendo marcado por la confusión. Tenemos confusión entre las naciones, confusión entre grupos étnicos, confusión en el gobierno, confusión en el mercado de valores, confusión en la educación, confusión en la ciencia y la tecnología, confusión en el hogar, y confusión en la iglesia local.

Al rehusar los cristianos seguir la dirección del Espíritu Santo y haber insistido en la construcción de sus pequeñas torres hacia el cielo, tenemos una gran diversidad, desunión y confusión entre nosotros.  Si nos encontramos a nosotros mismos en confusión, algo aparte de o añadido a Dios, nos está hablando. La mente carnal esta operando y en oposición al Espíritu de Dios.

Santiago dice: “Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” Santiago 3:16. Si tenemos la mente de Cristo, seremos de una misma mente. Si no somos uno en mente, uno o todos estaremos revolcándonos en el lodo de la mente carnal. Sin embargo, cuando nosotros, como pueblo de Dios, buscamos Su voluntad, El no nos hará estar en confusión. Dios no es autor de confusión. 1ª Corintios 14:33.

La lectura de este concepto legítimo y real es simple: si hay confusión en la iglesia local, como mayoritariamente la hay, es porque allí no se está buscando al Dios real y genuino de la Biblia, sino a uno fabricado a partir de ciertas coincidencias con la doctrina denominacional o pastoral.

IMAGINACIONES

La Babilonia espiritual se caracteriza por imaginaciones vanas. Dios vio respecto de los de Babel, que “nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer”. Génesis 11:6. Estaban construyendo para si mismos, con sus propias manos, con ladrillo y lodo, lo que habían imaginado en sus mentes.

La capacidad para imaginar, igual que la capacidad de razonar y tomar decisiones, es una virtud dada por Dios. Las imaginaciones no son malas en y por si mismas. Se hacen malas cuando nos gloriamos en las cosas que inventamos como resultado de ellas.

 Podemos conseguir logros espectaculares con el trabajo de nuestras manos, a partir de las imaginaciones de nuestras mentes. Caminamos por la Luna y ponemos vehículos sobre Marte. Cargamos gigabites de memoria en pequeños chips de ordenadores.

Surfeamos millas infinitas sobre la inmensa autopista de información que es Internet. Empequeñecemos las grandiosas pirámides de Egipto con modernos rascacielos. Una persona en el lugar correcto con la forma de pensar equivocada, puede pulsar un botón y aniquilar grandes ciudades en unos cuantos minutos.

Por las mismas fuerzas del intelecto e imaginación, podemos construir mega-ministerios, universidades, catedrales, y dar la vuelta al globo con “televisión cristiana” y “programación cristiana”. Hacemos lo que aparentan ser “poderosas explosiones para Dios” con el brazo de la fuerza del yo. Nada nos parece imposible a nosotros si tan solo podemos imaginarlo.

María dijo de Jesús mientras El estaba aún en su vientre: “Esparció a los soberbios en la pensamiento de sus corazones” Lucas 1:51. Pablo escribió respecto de los injustos que “no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido”. Romanos. 1:21.

Tenemos que echar abajo “imaginaciones y todo pensamiento altivo que se exalta por encima del conocimiento de Dios” y “llevar a la cautividad todo pensamiento que no se someta a la obediencia a Cristo” 2ª Corintios 10:5. A menos que nuestras obras sean inspiradas por Dios, no aguantarán el fuego de Dios. Serán madera, heno y hojarasca. 1ª Corintios 3:11,15.

Hoy, en cualquier buena iglesia, se le otorga mayor credibilidad, confianza y posicionamientos a gente con inteligencia y formación profesional. Nadie podría decir que eso esté incorrecto, pero mucho más sabio sería hacerlo con aquellos que son fieles, genuinos y verdaderos.

BALBUCEO

La Babilonia espiritual se caracteriza por el balbuceo. El Balbuceo es charla inútil. “En las muchas las palabras no falta pecado, pero el que refrena sus labios es prudente” Proverbios 10:19. Palabras, palabras, palabras. ¿Has oído decir de algunos que solo balbucean y balbucean?

 Con frecuencia, sus palabras no tienen sentido, son aburridas, tóxicas. Hablan cuando necesitan estar escuchando. Responden antes de escuchar. De los tales, Proverbios 18:13 dice:” Al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio”. De tal gente se dice que no tiene oídos.

Proverbios describe la palabrería de Babilonia en estos versículos: “El que mucho abre sus labios, tendrá calamidad”. Proverbios 13:3. “En la boca del necio está la vara de la soberbia” Proverbios 14:3. “Las vanas palabras de los labios empobrecen” Proverbios 14:23. “La boca de los necios hablará sandeces” Proverbios 15:2. “Los labios del necio traen contienda; y su boca los azotes llama.

La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.” Proverbios 18:6-8. “¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él”. Proverbios 29:20

Algunos hablan y nunca dicen nada. Algunos hablan hasta que dicen algo. Pocos son los que hablan cuando tienen algo que decir. Pedro escribió: “Si alguno habla, hable conforme a las Palabras de Dios” 1ª Pedro 4:11. ¡Ojalá fuera hoy ese día!

Obviamente, he oído a muchísimos de los primeros, a muchos, pero algo menos, de los segundos y solamente a dos, que recuerde, de los últimos. Y como no podría ser de otro modo, estos dos moldearon y marcaron a fuego mi vida y ministerio actual.

ACUMULACIÓN DE CONOCIMIENTO

La Babilonia espiritual se caracteriza por la acumulación de conocimiento. El incremento tan extremadamente rápido del conocimiento en el día de hoy, es predicho en Daniel 12:4 “Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.”

La hora que vivimos ha sido clasificada como la era de la información. El conocimiento se extiende como hongos. Cada nueva pieza de conocimiento multiplica lo que aprendemos. Parece no haber límite al conocimiento que podemos acumular hoy.

Parece no haber límite a lo que los humanos podemos hacer con el conocimiento que acumulamos. Por causa de lo que sabemos, nuevos umbrales en el espacio se van cruzando constantemente con cada lanzamiento de éxito.

Los ordenadores y sus programas se quedan anticuados para cuando llegan al mercado. Se hacen operaciones quirúrgicas grandiosas sin incisiones intrusivas. Guerras de alta tecnología pueden ser ganadas en cuestión de días. El conocimiento se hace más poderoso que el dinero.

Dependemos de nuestra capacidad para investigar, explorar examinar, conocer, entender y descubrir cosas. Tenemos un apetito insaciable de más conocimiento, para arrancar las cosas desde la raíz para ver de qué están hechas. Nos hemos convertido en una sociedad de tecnomaníacos. Presumimos de poder resolver nuestros problemas con más conocimiento.

El conocimiento es una de nuestras Babilonias, uno de nuestros lugares altos, y somos el dios que adoramos. El conocimiento que lleva a la auto-idolatría es el conocimiento del bien y del mal. Cada año, hombres y mujeres se gradúan de seminarios a miles, para llenar púlpitos por todo el mundo.

 Aplicarán las más altamente críticas y casi ateas interpretaciones de las Escrituras, que han aprendido. Están en bancarrota espiritual por causa de un aprendizaje tan noble, y llevan a la bancarrota a sus seguidores.

Pablo tendría hoy el mismo temor que tuvo por los corintios:”Pero me temo que como la serpiente engañó a Eva, así vosotros también hayáis sido engañados para apartaros de la simpleza que hay en Cristo Jesús.” 2 Corintios 11:3.

Esto parecería ser contrapuesto a lo que se nos dice en Oseas, respecto a que el pueblo perece por falta de conocimiento. Sin embargo no lo es, porque el conocimiento del cual se habla en Oseas, es traducción de intimidad y no de estudio sistemático.

SECTARISMO

La Babilonia espiritual se caracteriza por el sectarismo.

Después de que la gente de la tierra de Sinar se hubiera propuesto en su corazón edificar una ciudad, una torra, y un nombre para ellos mismos, el Señor bajó y dijo “descendamos y confundamos allí su lengua”.    El lugar fue llamado Babilonia porque el Señor confundió su lengua y los esparció por todas las partes de la tierra. Génesis 11:2-9.

Puesto que esta Cosa que llamamos iglesia es de la carne y es un aspecto de la Babilonia espiritual, está bajo la misma maldición de confusión y sectarismo. Está fundada en el sectarismo, e incluso florece sobre ello.

Promociona la desunión del cuerpo de Cristo. Su misma existencia depende de cómo cada sistema de iglesia difiere uno de otro. Esto se ve fácilmente en la forma en que sus nombres anuncian sus diferencias.

El sectarismo dice: “Yo soy de Pablo, Yo soy de Apolos”: Pablo acusó a los creyentes corintios de ser “carnales” y “meros hombres” por causa de su sectarismo. Había celos y contiendas en medio de ellos.

 Ponían su identidad en personalidades (Pablo, Apolos, Cefas) en lugar de ponerla en la persona de Jesucristo. Apolos y Pablo era ambos siervos del mismo Jesús. Uno plantaba; el otro regaba; pero era Dios quien daba el crecimiento.

 El que planta y el que riega no es nada, sino que es Dios quien importa, porque El es el que da el crecimiento. Cuando entendemos que todos somos compañeros de obras, el campo de Dios, el edificio de Dios, entonces el sectarismo será quitado de en medio.

La desunión en el cuerpo de Cristo se convierte en unidad, unicidad. Solo puede haber un fundamento, Jesucristo. Si lo que tenemos es sectario y contribuye a la desunión del cuerpo, ha sido edificado sobre el fundamento equivocado. 1ª Corintios 2.

Una vez que vemos esta verdad, no deberíamos tener necesidad ni de nombrarnos a nosotros mismos para poder identificar de lo que vamos. Todos estamos en los negocios del Padre, dejando que el Espíritu Santo que mora en nosotros nos edifique como el Templo del Espíritu Santo.

 “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él, porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. 1ª Corintios 3:17. Cuanto más nos separamos del cuerpo de Cristo, más destruimos el templo del Espíritu Santo.

Claro está que es aquí cuando comienza a tener preponderancia el resultado de las apetencias del Yo. La pertenencia, la posesividad y todo lo que tiene que ver con lo personal priva por encima de los intereses del Reino. No importa si no crees en Él, ven aquí y trabajemos duro.

RELIGION

La Babilonia espiritual se caracteriza por la religión. Aunque las masas de almas parecen aborrecer la religión, sea de la clase que sea, nuestra naturaleza de pecado tiene una tendencia hacia ello, porque eso se halla bajo la condenación y las obras.

 El primer Adán fue arrastrado lejos de la presencia de Dios (condenación), y recibió el mandato de labrar la tierra y comer su fruto con el sudor de su frente (obras). Génesis 3:19,23. Puesto que el hombre caído del pecado y de la carne está bajo la maldición, siente vergüenza y quiere hacer algo para sentirse bien.

El hombre pagano hacía dioses y después establecía rituales (cosas religiosas qué hacer), para tratar de apaciguar a sus dioses. Algunos de ellos incluso sacrificaban a sus niños a estos dioses de su propia creación.

Aunque muchos pueden haber sido genuinamente redimidos por el Señor, siguen trayendo sus tendencias carnales de vergüenza a la vida de la iglesia; solo conocen un camino para relacionarse con Dios, y es a través de la religión. La gente inclinada hacia la religión ama la religión. No importa nada en absoluto que la gente escoja expresarse a sí mima religiosamente. La religión sigue siendo religión.

Aman las atmósferas religiosas de la iglesia porque la iglesia les da algo qué hacer con el fin de salvar la culpa de la condenación. Muchos cristianos bien intencionados son inconscientes de que van a la iglesia y hacen cosas religiosas  a partir de un falso sentido del deber.

Asisten porque les hace sentirse bien. Quizá no hayan comprendido completamente que “ya no hay condenación para lo que están en Cristo Jesús, los que no caminan en la carne sino en el Espíritu.” Romanos 8:1.

La religión es ajena a Dios. Él no demanda una cosa religiosa de nosotros. Hemos sido hechos seres espirituales por la presencia y poder de Su Espíritu Santo morando en nosotros. Su presencia y poder en nosotros nos hace ser y hacer lo que el Padre demanda de nosotros.

 No hay forma de ser justos sin que sea Su justicia obrando en nosotros. Por eso se llama gracia.” Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y eso no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe.

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios ordenó de antemano para que anduviésemos en ellas”: Efesios 2:8-10. La religión apesta en la nariz de Dios porque nos impide tener relaciones íntimas con Él. Nuestra relación es con nuestra religión o con nuestra iglesia.

El hombre de la carne se engaña a si mismo pensando que si su religión le hace sentirse bien, debe ser buena; por tanto, sigue adelante haciendo sus cosas religiosas. Para el tal, la iglesia es con frecuencia la actividad religiosa que hace.

 Sin embargo, al final del día, después de que todo se haya dicho y hecho, nada hay diferente en él que antes de involucrarse en esta actividad religiosa. Está tan vacío por dentro como lo estaba antes. Una relación permanente con el Padre a través de Jesucristo es el único alimento que sacia el alma hasta la satisfacción plena.

Yo sabía dar un ejemplo a mis alumnos deseosos de testificar. Les decía que, tal como estábamos, si nos plantábamos delante de alguien confrontándolo a entregarse a Cristo, ese alguien nos iba a preguntar para que tendría que hacer eso.

Entonces la respuesta nuestra, sería que debería entregarse a Cristo para pasar a ser un hijo suyo, leer la Biblia, venir a la iglesia, orar por los demás y testificar. Y ese alguien preguntaría: “¿Y para ser como eres tú, por ejemplo? ¡¡¡No, muchas gracias; por el momento no quiero ser así!!!”

SISTEMAS RELIGOSOS

Los sistemas religiosos que constituyen y gobiernan esa Cosa que llamamos iglesia  caracterizan a la Babilonia espiritual. De la misma forma que Judá y Jerusalén estuvieron un día bajo cautiverio babilónico, así esta hoy el pueblo de Dios unido a la iglesia en su corazón.

 El ladrillo y el barro son las doctrinas sectarias, credos, tradiciones, festivales y celebraciones, liturgias, rituales, conferencias, políticas, herencias y calendarios eclesiásticos. Estas cosas permanecen sustituyendo a una relación dinámica, viva, personal con Dios, o junto con ella. Estas cosas que gobiernan la iglesia tienen poco que ver con el Reino de Dios.

La mayoría de nosotros hemos nacido y crecido en la Babilonia espiritual, y nunca hemos conocido otra cosa. No hemos visto lo que el cuerpo de Cristo es, como una novia pura y santa. Aunque sabemos que no todo está bien dentro de lo que llamamos la iglesia, pensamos que puede arreglarse, o por lo menos, mejorarse, pero no es posible.

Muchas veces, hoy, en la distancia, me he preguntado por qué si yo veía todas esas cosas no reaccionaba. He llegado a entender que, además de una proverbial ceguera espiritual, también existen dentro de La Cosa llamada iglesia, vendas mágicas que tapan nuestra visión espiritual.

LA ABOMINACIÓN DESOLADORA

La mente carnal rebelde-inmersa en el engaño, el orgullo, la exaltación del Yo, confusión, imaginaciones, balbuceos, la acumulación de conocimiento, sectarismo, religión y sus sistemas religiosos-está en la iglesia como lo está en el mundo. La abominación desoladora del lugar santo del Templo de Dios, del que somos nosotros, como creyentes, es el gobierno de la mente carnal por encima de la obediencia a Dios.

Jesús habló sobre esto. Mientras describía las señales del fin a sus discípulos, mencionó la abominación desoladora que había sido predicha por el profeta Daniel. Les dijo que cuando viesen la abominación desoladora en medio del lugar Santo, habían de tomar varios pasos. (lee Mateo 24:15, Marcos 13:14).

La abominación desoladora es descrita por Daniel para el futuro. Daniel 12:9-11. Daniel recibió la revelación de que una persona vil se levantaría, reuniría las fuerzas, profanaría la fortaleza del santuario, quitaría los sacrificios diarios, y pondría ahí mismo la abominación desoladora. Daniel 11:21-31.

Algunos piensan que la profecía de Daniel se cumplió alrededor del 165 AC., cuando Antíoco IV (Epífanes), gobernador griego de Siria, hizo lo impensable. Sacrificó a un cerdo inmundo sobre el altar santo del Templo Judío.

Otros creen que se cumplió cuando los Romanos destruyeron el Templo, alrededor del año 70 DC. Otros también sugieren que se cumplirá cuando el “el hombre de pecado” tome el Templo y obligue a la gente a inclinarse ante él, haciéndose a sí mismo igual a Dios.{11}

Todas estas sugerencias apuntan hacia hechos naturales, históricos. Quizá fue o será uno de ellos. Quizá tenga un cumplimiento múltiple que incluya todos ellos. Sin embargo, consideremos que lo qué es expresado generalmente en lo natural, se cumple también en el ámbito espiritual. Los escritores del Nuevo Testamento explicaron que lo espiritual no es primero, sino lo natural. Después viene lo espiritual, que sigue a lo natural. 1ª Corintios 15:46; Hebreos  9:11.

Jesús estableció el acontecimiento de la abominación desoladora en el futuro, incluso como una señal del fin de los tiempos. Los escritos de Pablo concuerdan que sería para un tiempo futuro después de él.  2ª Tesalonicenses 2:3-4. Mateo indicó que el lector necesitaría entendimiento. Mateo 24:15.

Considera que el cuerpo de Cristo es el Israel espiritual, y el templo del Espíritu Santo. Por lo tanto, ¿Donde tendría lugar la abominación que asola al Lugar Santo? Tendría lugar en las mentes y espíritus de los miembros del cuerpo de Cristo. Ya hemos comprobado en las Escrituras que es posible que los creyentes sean engañados.

La abominación ocurre cuando la mente carnal recibe preeminencia sobre la Palabra de Dios y la mente de Cristo. Cuando permitimos que esto suceda, el lugar santo de nuestros espíritus queda asolado.

 Cuando nos inclinamos antes esos sistemas idolátricos de las tradiciones de los hombres como incorporados en nuestras iglesias, dejamos entrar a la abominación al lugar santo que es nuestro espíritu. Nuestras idolatrías profanan el templo del Espíritu Santo. La mente carnal gobierna.

LA CAIDA DE BABILONIA

Esta iglesia Babilónica caerá como cayó la Babilonia histórica.

La Babilonia histórica fue usada por Dios para juzgar a Judá por sus idolatrías. Isaías 10:5-6. Daniel describió el juicio de Judá en Babilonia como un tiempo de indignación (ira). Daniel 11:36. Cuando el período de 70 años de la indignación de Dios se cumpliera, Dios traería su juicio contra Babilonia. Jeremías 25:12. Dios profetizó a Babilonia a través de Isaías diciendo: “Me enojé contra mi pueblo, profané mi heredad y los entregué en tu mano; no les tuviste compasión”. Isaías 47:6

Dios ve el orgullo de Babilonia: “Oye, pues, ahora esto, mujer voluptuosa, tú que estás sentada confiadamente, tú que dices en tu corazón: Yo soy, y fuera de mí no hay más; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad.” Isaías 47:8.

El predice lo que va a sucederle: “Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.

 Porque todas las naciones han bebido del furor de su fornicación; los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.” Apocalipsis 18:2-3

“Y oí otra voz del cielo, que decía, salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas“  Apocalipsis 18:4.

Esto habla de la persona en Apocalipsis 17:5 que había escrito sobre su frente el nombre: “MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA”.

Salir de la Babilonia espiritual no es fácil. Estamos cómodos en ella. La iglesia institucionalizada nos hace sentir seguros, protegidos y autosuficientes. Nos da un status, posición, reputación, seguridad, identidad. Nos hemos institucionalizado con las instituciones de nuestra propia creación.

Esto es tan cierto que podría asegurarte que hay una franja de cristianos muy amplia que ya ha visto por el Espíritu Santo, como son las cosas; pero que ha decidido quedarse allí porque se siente tal como aquí se explica.

Notas

{9} Hislop, p.1

{10} Sinar era el territorio que más tarde fue conocido como Babilonia. Babel es el nombre Hebreo de Babilonia.

{11} Nelson’s New Illustrated Bible Dictionary, s.v.

Capítulo 7
Institucionalizada

Bob y Joy, Chris y Jena, Troy, Rachel y Darlene se sintieron conectados unos con otros en el Espíritu de Cristo y comenzaron a reunirse en sus respectivos hogares. Cantaban canciones espirituales, compartían revelaciones y enseñanzas que el Señor les daba.

 Bob se encargaba principalmente de la enseñanza. Tenía el don  para ello. Oraban por las necesidades de cada uno. Eran libres para ir y venir como quisieran. Cuando corrió la palabra de que el Señor se estaba manifestando es sus reuniones, más personas comenzaron a asistir.

 Pronto eran demasiados para los salones de sus casas y decidieron alquilar un lugar para reunirse. Comenzaron a levantar ofrendas para cubrir los gastos. El grupo creció y decidieron que Bob tenía que dedicarse al pastorado a tiempo completo.

Había suficiente dinero y para actuar de forma responsable, decidieron abrir una cuenta bancaria. El banco exigía un nombre. De esta forma, se pusieron un nombre. Siguieron creciendo y decidieron ahorrarse el dinero del alquiler comprando un local de su propiedad.

 Escogieron ancianos para supervisar el negocio en el que se estaban convirtiendo.  Años mas tarde ocuparon el hermoso local para el que se habían endeudado. Pero algo diferente había sucedido. La gente ya no se sentía libre de ir y venir a su antojo.

 Se esperaba que estuvieran allí y que pagaran sus diezmos allí. Ahora tenían un presupuesto. Pasaron de ser una comunidad de creyentes a una iglesia. En el momento en que se pusieron nombre, se convirtieron en una Cosa. Se institucionalizaron a si mismos.

Las instituciones parecen tomar su existencia de si mismas, como si tuvieran mentes en sí. A menudo se hacen más grandes que la suma de los individuos que las instituyen. Pueden conquistar y consumir todo y a todos a su alrededor.

Sin embargo, estas instituciones están vacías de vida. Nos hipnotizan, neutralizan, atrapan y esclavizan. Nos enredamos en ellas y se convierten en nuestros ídolos. No pasa mucho tiempo hasta que nuestras instituciones altruistas, orfanatos, casas de la tercera edad, colegios, universidades, seminarios, hospitales, cementerios, edificios de iglesia y “ministerios”, cobren mayor importancia que las personas para quienes se iniciaron.

 Finalmente, las personas existen para servir y preservar dichas instituciones en lugar de  que esas instituciones existan para servir a esas personas. Sus programas de marketing pueden defender estar satisfaciendo necesidades personales e incluso que ya estén satisfaciendo necesidades  personales, pero la motivación subyacente de sus programas de marketing es con mucha frecuencia, aumentar la clientela para mantener o hacer crecer la institución.

Don Potter escribió en el Morning Star Journal que había hablado con Jim Bakker después de su salida de la cárcel, y Bakker admitió haber cuestionado que Dios estuviera en alguna de las cosas que ellos hacían en su mega ministerio de televisión.

 Todo creció tan rápido que nada le haría parar. Bakker no podía imaginar poder llegar a fallar a tanta gente. Don comentó: “Estaba atrapado en una maquinaria de ministerio que había comenzado a funcionar sola, por sí misma” {12}  Esto sucede a iglesias y ministerios de todos los tamaños.

La Instituciones con frecuencia  acumulan grandes sumas de dinero de la gente asociada a ellas. La gente se siente bien dando a esas instituciones, pero con frecuencia, descubren que la mayor parte de su tiempo, de sus energías, y de sus recursos, se consume meramente para alimentar el sistema.

 El altruismo en el sistema es con demasiada frecuencia reducido a una ficha. Muchos ministerios de la televisión utilizan llamados altruistas para arrastrar las emociones de los donantes potenciales, pero terminan usando la mayor parte del dinero para que la propia maquinaria de su ministerio siga dando vueltas.

INSTITUCIONALIZADO

Es bastante extraño que parezca que estas instituciones tengan vida propia. Es de por si extraño como nuestras instituciones nos institucionalizan.

El tiempo que pasó Brooks en la cárcel de Shawshank fue cincuenta años. La mayor parte de esos años fue el bibliotecario de la cárcel.  Sucedió repentinamente. Le dieron la condicional. ¿Buenas noticias? No para Brooks. Se volvió loco.

 Le liberaron, y unos días después apareció ahorcado de una soga hecha por el mismo. Los internos nuevos no comprendían. Estaban confusos esperando que Red les explicara. Red había pasado la mayor parte de su vida detrás de esos muros. El conocía la historia.

 Red contestó filosóficamente, “Estaba institucionalizado. Había estado aquí cincuenta años. Es lo único que conocía. Aquí era un hombre importante. Un hombre educado. Pero fuera no era nada. Solo un viejo con artritis en ambas manos.

Probablemente ni siquiera pudiera coger una tarjeta de biblioteca aunque lo intentara… Estos muros son divertidos. Al principio los odias. Después te acostumbras a ellos. Pasa bastante tiempo, y empiezas a depender de ellos. Eso es estar institucionalizado.” {13}

Tremenda la comparación. Tremenda y muy dura, pero auténticamente cierta. Gracias a Dios no me ha tocado experimentarlo en cárceles, pero sí en otras instituciones en donde he prestado servicio. Y créeme que no hay un ápice de error en esto que se ha dicho.

Y si no lo terminas de entender o de creer, o te da la sensación que hay cierta exageración en lo expuesto, piensa en mucha de la gente que has conocido como “importante” dentro de las iglesias. ¿Serían tan importantes afuera de ellas? ¿No? ¿Y entonces por qué supones que van a aceptar lo que Dios les diga y retirarse de ellas?

VOLVIÉNDONOS COMO ELLAS

Cuanto más tiempo pasamos en nuestras instituciones, mas nos volvemos como ellas. Hace unos años me desperté de un sueño en el que alguien me decía: “Ten cuidado de no volverte como el club al que te unas”. Este dicho tenía un giro de humor cuando lo oí en el sueño.

 Por otro lado, sonaba como una advertencia de no volverme como aquello a lo que uniera. Por otro lado sugería que ya estaba en el club al que me había unido. ¿Por qué otra razón me uniría a ello? Un club está compuesto por gente. Una vez que te unes al club, tú eres el club. Una vez que te unes a  una iglesia, tú eres esa iglesia.

Algo dentro de nosotros nos atrae a las cosas a las que nos unimos. Poco después de unirnos a esas cosas, parece que tenga la forma de poseernos. Se convierten en nosotros, y nosotros nos convertimos en ellas.

Encontramos nuestra identidad en ellas. Nos jactamos, “Soy presbiteriano”, “Soy bautista”, “Soy metodista”, “Soy católico romano”, “Soy pentecostal”. Después no podemos resistir preguntar, “¿Qué eres tú?”

Jesús nos dijo que nosotros estábamos en Él y Él en nosotros, así como Él estaba en el Padre y el Padre en Él. Esa no fue mi experiencia al crecer en la iglesia institucional.  Yo me sentía mas unido a ella que a Cristo.

Yo estaba en ella y ella estaba en mí.  Estaba programado para ser uno con ella, y para llevar a otros a esa unión mística, profana, e  ilegal con ella. O estamos en Cristo o estamos en la ramera.

Sin dudas. Es como si un domingo por la tarde, estando en el culto, tú te sientes muy a gusto con tus bancos nuevos y cómodos, quizás con aire acondicionado en verano o buena calefacción en invierno, aunque allá adelante no suceda gran cosa. Entonces tú te dices: “Y bueno…si Dios hoy no viene aquí, igualmente nos podremos arreglar sin Él…

CREER LO QUE ELLOS CREEN

Para pertenecer sinceramente a una de estas instituciones, se requiere de alguna manera que creamos lo que nos dicen aquellos que las gobiernan. A menudo desconocemos lo que creemos aparte de las doctrinas de nuestra iglesia.

 Jerry Wilson dice: “Mientras estudiaba para el ministerio, un compañero comenzó a hacerme preguntas sobre lo que creía. Contesté a cada una diciéndole lo que los bautistas creían. Seguí así un rato. Después sonrió y me dijo, ‘¿Así que no crees en nada?’”

Hemos de creer en Jesús. Nuestra fe en Dios a través de Jesucristo es la forma de entrar al Reino. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” Efesios 2:8. Creer lo que nos dice que creamos nuestra institución no nos salva. Y sin embargo, tendemos a pensar que sí.

No creo que tú puedas llegar a imaginarte la cantidad de cristianos que todavía andan por la vida convencidos de lo contrario. Viviendo como pueden, cayendo día tras día en groseros pecados pero conformándose con que total, por formar parte de tal o cual denominación, su salvación está asegurada y nadie se la puede quitar. Pregunto: ¿Alguna vez fueron salvos?

HACIÉNDONOS DEPENDIENTES DE ELLOS

De la misma forma que Brooks se hizo dependiente de esos muros en la Cárcel de Shawshank, así nosotros también nos hacemos dependientes de nuestras instituciones. Confiamos en que ellas cuidarán de nosotros.

De forma similar, nuestras instituciones nos necesitan. Las autoridades dentro de ellas necesitan que seamos dependientes de dichas autoridades y de la institución, para poder perpetuar su existencia y la de la institución.

Bill Shipman descubrió este principio de la dependencia cuando trabajaba en un centro de desarrollo de delincuentes menores.  En lugar de animarles a convertirse en ciudadanos productivos, las autoridades procedían de forma que convertían a los internos en personas más dependientes.

 Si alguno de los internos mostraba signos de individualismo, le prescribían más valium. Aquellos que cuidaban de ellos querían ajustarse a ellos en lugar de reformarlos. Necesitaban que los internos dependiesen de ellos.

En varias ocasiones Bill intentó conseguir que algunos de los internos salieran de la dependencia, pero fue detenido por otros miembros del personal. Usaban el miedo para conseguir que los jóvenes siguieran sintiéndose inseguros con respecto de ellos mismos. “Lo mejor es que no escuchéis a Bill”, decían. “Saldréis y en cuestión de días, estaréis de vuelta aquí”.

“Veía cosas en esta institución,” contaba Bill, “que se parecían muchísimo a lo que yo había visto  en la iglesia, a través de líderes muy fuertes, con ambiciones egoístas. Todo va bien cuando tratas de mejorar la institución o sus posiciones, pero cuando lo que tratas de mejorar es los clientes—la gente necesitada—entonces eres abucheado.”

“Lo mismo sucedía en Haití”, recordaba Bill. “Los sacerdotes primero llegaban a Haití con una misión genuina de ayudar a la gente. Bajo la influencia del gobierno, los superiores de la iglesia, con actitudes politizadas, persuadían a los sacerdotes a actuar de forma distinta.

Se les decía que enseñaran a los esclavos que eran ciudadanos de segunda en el Reino de Dios, y que la única forma de entrar al Reino era sirviendo a los blancos. Los haitianos negros llegaron a creer eso de ellos mismos. Todavía les cuesta romper esa forma de pensar. La idea está institucionalizada en su pensamiento”.

No puedes preservar la institución y al mismo tiempo, trabajar para salir del negocio. Las instituciones pueden comenzar a hacer el bien, pero por su propia naturaleza, casi siempre terminan fomentando la dependencia.

Recuerdo que en una ocasión vino a hablar conmigo un hermano que había sido diácono de una iglesia por más de veinte años, siempre con el mismo pastor. Finalmente, él había tomado la decisión de irse de esa congregación.

Cuando le pregunté el motivo, sólo me miró y sonrió casi con picardía, mientras me decía: ¿Sabes que? Un buen día, descubrí que nunca había estado sirviendo al Señor, sino sirviendo al pastor. Y yo no creo ni haber nacido ni haber aceptado a Jesucristo para eso…

PREEMINENCIA DE LA INSTITUCIÓN

Nuestras instituciones con frecuencia se vuelven más importantes que la gente para las que se crearon. Aquí tenemos un buen ejemplo. Corría el año 1750.

Los misioneros jesuitas se hallaban alrededor de las tierras fronterizas de Argentina, Paraguay y Brasil. Los portugueses querían tomar la posesión del territorio y hacer que la misión les transfiriera la tierra a ellos.  Comenzó la guerra contra la misión y muchos de los nativos perdieron sus vidas en la batalla.

 En la película La Misión, sobre esta historia verídica, el padre Gabriel estaba perplejo por la decisión de sus superiores de sacrificar las vidas de los nativos para que pudieran cumplir con las demandas portuguesas.

El Señor Hatar, tratando de lograr que el Padre Gabriel entendiera, preguntó lo que él pensaba que estaba en juego en este asunto.

“Yo creo que la obra de Dios esta en juego aquí”, contestó el Padre Gabriel ingenuamente. “no”, contestó el Señor Hatar. “Lo que está en juego es la misma existencia de la orden Jesuita tanto aquí como en Europa”.

Para salvar la orden, el Señor Hatar hizo lo que él pensaba que tenía que hacer. Permitió la matanza de muchos nativos y la destrucción de la misión. Su base lógica “Si los Jesuitas resisten a los portugueses, entonces la orden jesuita será expulsada de Portugal—y si de Portugal y España, quizás también de Italia, quien sabe.

Si tu orden (jesuita) ha de sobrevivir, Padre, la misión aquí tiene que ser sacrificada.” {14}. La preservación de la institución—en este caso la orden Jesuita—era una causa mayor que las vidas de la gente que vino a salvar.

Cuando vemos la verdad e intentamos hablar en contra de los abusos de la institucionalización, se nos mira como el enemigo. No somos útiles a la institución. Cuando cesamos de ser de útiles a la institución, la institución busca formas de expulsarnos.

Tal cual. Yo fui separado de la última emisora de radio “cristiana” en la que trabajaba, por causa de un comentario que hice respecto a la demanda de los pastores al gobierno nacional respecto a percibir un sueldo determinado cuando sus iglesias superaran los cien miembros.

El sueldo, equivalente al de un párroco católico romano, le permitiría vivir dignamente y oxigenar diezmos y ofrendas para mejores perspectivas. Mi pregunta, fue: si un gobierno nos impulta a vivir en cierta clase de pecado, ¿Qué posición habrán de tomar estos hombres que, en definitiva, son empleados de ese gobierno? Como decimos por aquí: chau y fuera.

LA IGLESIA EMPRESA

Muchas organizaciones de iglesia han escogido legalizarse de acuerdo con las leyes de los estados, principalmente con el fin de obtener ventajas fiscales, y ofrecer deducciones de impuestos a los donantes.

Las iglesias con frecuencia tienen este status fiscal sin necesidad de legalizarse oficialmente. Sin embargo, tanto si se han legalizado oficialmente o no, la mayoría se han estructurado conforme a los principios y políticas de las empresas. Han convertido lo que son como comunidad de creyentes en un negocio y han dado al negocio el poder de controlar las actividades de sus miembros.

La iglesia empresa, como las empresas del mundo, tiene características específicas. Son típicamente iniciadas por el ser humano, gobernadas, dirigidas y orientadas al beneficio, movidas por el éxito, amigables con sus clientes, centradas en su producto (programas y servicios) y conscientes de su propia imagen.

Tiene que hacerse una clara distinción entre las empresas de los hombres y el cuerpo de Cristo. No estamos necesariamente sirviendo a Dios y contribuyendo a Sus causas solo porque servimos y contribuimos a estas empresas.

El ministerio de Cristo se logra en y a través de los miembros del cuerpo de Cristo, al servirse unos a otros, y no a través de documentos legales dentro de archivadores. El edificio de Dios no se hace con las manos, sino que es eterno, en los cielos. 2ª Corintios  5:1.

La mentalidad de la iglesia empresa es un invento moderno del mundo occidental, que es completamente ajeno a la expresión del Nuevo Testamento de lo que significa ser el cuerpo de Cristo. Sin embargo, comités misioneros y celotes cristianos venden los principios y políticas de la mentalidad de iglesia empresa por todo el mundo.

Este concepto mundano es promovido como la única manera de hacer iglesia. Los creyentes que se atreven a quedarse fuera de este sistema, se les considera apartados. Bob Hughey afirma, “Lo que comenzó como un movimiento en Israel, se convirtió en una filosofía en Grecia, una institución en Roma, una cultura en Europa y una enorme y rica empresa en América.

JERARQUÍAS INSTITUCIONALES

Todas las instituciones, sean gubernamentales, educativas, sociales, científicas o religiosas, tienen alguna forma de posiciones de poder jerárquicas estructuradas dentro de sí. Estas son la vieja guardia, por así decirlo, aquellos a los que no sólo les ha sido conferida la autoridad, sino que también tienen el poder para ejercitar un control muy estricto. Muy poco puede suceder o permitirse sin su autorización. Esto no es menos verdad en las iglesias.

Esta jerarquía a menudo se establece en capas, como en la iglesia católico-romana, anglicana, o en las tradiciones ortodoxas de Oriente. La posición más alta dentro de la iglesia romana es el papa, que ha recibido una autoridad extraordinaria y una gran estima.

 La escuela de cardenales se haya por dejado del papa, habiendo sido nombrada por el papa para ayudarle. Los obispos en la iglesia católico-romana, anglicana, o en las tradiciones ortodoxas de Oriente, son clérigos que están por encima de los curas, y tienen autoridad para ordenar y confirmar, y con frecuencia para gobernar una diócesis.

En estas tradiciones, los curas son clérigos que se encuentran por debajo del obispo, y están autorizados a realizar los ritos sagrados de sus iglesias. Los diáconos en estas tradiciones son clérigos que se encuentran por debajo de un cura. En la mayoría de las otras tradiciones de iglesias cristianas, los diáconos son laicos, elegidos para desarrollar varias funciones en la adoración, el cuidado pastoral o la administración.

Tradiciones menos litúrgicas, como las que existen en la mayoría de las iglesias protestantes, tienen su propia forma de jerarquía. Casi todos los grupos de iglesia tienen alguna forma de tribunal superior en sus asambleas generales, convenciones o conferencias, en las que se eligen oficiales y se les dan poderes limitados. La gente rara vez permanece en un puesto tiempo suficiente para edificar una maquinaria política.

Sin embargo, el control en estas tradiciones probablemente brote a través de ciertos individuos de influencia que a menudo se hallan escondidos dentro del sistema. Hugh era uno de estos hombres.

Él influyó en silencio mucho de las políticas sociales de su denominación. Durante mas de cuatro décadas desde que fuera contratado para su posición burocrática por el centro administrativo de su denominación, el transformó la teología de su iglesia desde una posición conservadora hacia otra liberal.

Algunas asociaciones se han formado para englobar iglesias de naturaleza semejante. Estas asociaciones son generalmente encabezadas por una personalidad carismática, que a cambio, tiene un círculo interno de zánganos que le ayudan a cumplir su agenda—una variación del escenario del papado y del cardenal.

Igualmente, las asambleas locales tienen posiciones de autoridad jerárquica dentro de ellas—pastores, ancianos, diáconos, comités. Muchas tradiciones pentecostales tienen obispos que reciben mayor estima que otros. Estas jerarquías dentro las iglesias son las tradiciones de los hombres y no tienen ningún fundamento en las Escrituras, pero parecen necesarias para la perpetuación de las instituciones.

Nos bastaría recordar que una de las tareas que Jesús vino a realizar durante su ministerio terrenal, fue la de romper con  la tradición de los ancianos, ¿No es así?

NORMAS INSTITUCIONALES Y REGULACIONES

Muchas cosas que han comenzado por el Espíritu y que han sido fundadas sobre sólidos principios bíblicos, luego se han institucionalizado. El proceso es muy simple, natural y común. Una vez que ha comenzado la actividad, los hombres tienden a organizarla.

 Desean darle alguna forma de estructura para controlarla o al menos para mantener el control dentro de ella. La estructura institucionalizada se hace generalmente por medio de rígidas normas y regulaciones.

 Una vez que se han colocado en su lugar, estas reglas son difíciles de cambiar. Se convierten en la autoridad sobre aquellos que las han hecho. Incluso la gente que las hace, se sujeta a las reglas y por tanto, las levanta hasta convertirlas en su máxima autoridad.

Hay un conocido “pacto” interno en una denominación que, entre otros puntos, sostiene el de la prohibición de beber vino a sus miembros. No alcohol en todas sus expresiones, sólo vino. Nadie recuerda ya que ese pacto fue elaborado por misioneros estadounidenses que bebían largamente cerveza y buen wisky, pero sentían repulsión y asco por el vino que bebían los nativos.

Cualquier tipo de organización demanda unas  reglas. Una vez que instituimos reglas y normas para gobernar nuestras relaciones unos con otros, casi nos hemos institucionalizado a nosotros mismos. Limitamos la libertad del Espíritu Santo para dirigirnos.

 El control es uno de los mayores enemigos a nuestra libertad en el Espíritu. Lo más probable es que las reglas que los hombres hacen para controlar la vida de la iglesia se conviertan en limitaciones insanas. Con frecuencia terminamos esclavizándonos a estas reglas.

No obstante, las reglas buenas dan límites sanos y son necesarias incluso para nuestra participación en las vidas de los demás en el cuerpo de Cristo. Estas reglas están generalmente en la categoría de “amaos los unos a los otros”.

 La Palabra de Dios es la ley de Dios y sirve al bienestar de aquellos que la guardan. Tenemos la capacidad de guardar la ley de Dios por el poder del Espíritu Santo obrando en nosotros.

Sin embargo, con mucha frecuencia, las reglas de la institución reemplazan la palabra y el Espíritu de Dios. Tal fue el caso cuando yo creía que el Espíritu Santo quería abolir la Escuela Dominical. Las reglas de la organización no permitían eso. “No hacemos eso aquí”, es la excusa común. Las reglas de la iglesia confinan las actividades del Espíritu Santo.

Necesitamos distinguir entre la ley de Dios que nos hace libres en Cristo, y las leyes de la iglesia, que imponen restricciones sobre nosotros y nos atan a los hombres.

La institución de la iglesia es uno entre muchos de nuestros inventos Babilónicos, y es perpetuado por los que están en EL ministerio.

Cuando a Argentina llegó aquella “onda de la unción” de los años 90, que había partido de Benny Hinn y se había derivado al pastor Claudio Freidzon, y la gente comenzó a caerse durante las ministraciones en el altar de muchas iglesias, en algunas más conservadoras, sus pastores dejaron de orar por temor a que eso también sucediera allí, donde nunca jamás se había visto algo así.

No abro juicio si fue bueno o malo, ni siquiera pretenderé indagar si vino total o sólo parcialmente de Dios. Lo que sí sé, es que las iglesias más tradicionales eligieron continuar con sus agendas, proyectos, costumbres y modismos por sobre todo lo que se veía en los alrededores.

Notas

{12} Don Potter, “Talento en venta”, The Morning Star Journal (Charlotte, NC: Morning Star Publications, Summer 1997) Vol.7 No. 3,63

Regreso al Texto

{13} The Shawshank Redemption, producido por Nike Marvin, dirigida por Frank Darnbont. Basada en una novela de Stephen King, titulada Rita Hayworth y la Redención de  Shaswshank

Regreso al Texto

{14} La Misión, producida por Fernando Ghia, David Puttmen e Ian Smith (asociado), dirigida por Roland Jaffe, créditos escritos a Robert Bolts. Distribuida por Warner Brothers, 1986.

 
Capítulo 8
El Ministerio
 

Mientras conducía a casa un gélido día de invierno, después de compartir con algunos creyentes en Georgia, yo seguía escuchando las palabras que retumbaban a mi alrededor: “Deja el Ministerio”. La palabra era de lo más preocupante porque yo pensaba que ya lo había dejado. Y sin embargo, ahí estaba, acosándome sin parar: “Deja el Ministerio”.

Después descubrí el énfasis en el artículo: “Deja EL Ministerio”. Sabía que se trataba de una palabra purificadora de Dios obrando en mí. EL Ministerio, con el énfasis en el artículo “EL” y “M” mayúscula, era una fortaleza dentro de mí que me habían pasado a través de generaciones de tradición religiosa. Esta fortaleza es lo que llamamos estar en EL Ministerio.

“¿Qué significa dejar EL Ministerio?”, Pregunté a mi esposa Nancy. Como siempre, con una percepción muy aguda, sabiendo que tenía que ver conmigo en particular, contestó pensativamente:

”Significa no sentirte responsable de la gente de los grupitos a los que ministramos, haciendo un temario o un libro de todo lo que te viene, sistematizando todo hasta convertirlo en una enseñanza formal, con la idea que tienes de enseñarlo, comenzar una escuela ministerial, enviar circulares de información, ni pastorear a nadie. Significa simplemente ser”.

“Eso lo entiendo”, le dije, “pero no sé como parar. ¿Cómo paro lo que ha sido programado dentro de mí desde mi infancia?” Desde ese comienzo, el Espíritu Santo abrió mis ojos para ver algunas cosas sobre EL Ministerio y comencé a ser libre de las falsas expectativas que van junto con el hecho de estar en EL Ministerio.

Y sí, es así sin ninguna duda. En mi casa, con mi familia, hablamos de “la página”, jamás usamos la palabra Ministerio, aunque estamos conscientes que lo es, pero conforme a la visión de Dios, donde lo más importante es Él y no su ministro de turno.

EXTENSIÓN IDOLÁTRICA DEL YO

Por fuera, EL Ministerio parece ser una vida noble entregada al sacrificio del Yo; pero cuando lo interno es expuesto a la luz, se descubre una vida de egocentrismo y auto-exaltación. Como sucede con la Cosa que llamamos iglesia, así sucede con EL Ministerio.

Puede ser igualmente una extensión idolátrica del Yo, algo que existe fuera de y en adición al que está en el ministerio. Es un manto que nos ponemos nosotros mismos que Dios no ha tejido para nosotros.

Hacemos algo de estar en el ministerio cuando suponemos, “Estoy en ministerio, por tanto, yo tengo un ministerio.” Muchos santos bien intencionados han comenzado Ministerios sobre el fundamento de un testimonio poco usual, o unos dones poco usuales.

Es bueno compartir nuestros testimonios. Probablemente ésa sea la razón por la que los tenemos, pero no tenemos que entrar en EL Ministerio sólo porque tengamos un testimonio. No tenemos que entrar en EL Ministerio sólo porque tengamos dones para evangelizar, profetizar, sanar, enseñar, cantar o predicar. No tenemos que entrar en EL Ministerio sólo porque sintamos el llamado de Dios al servicio. Dios nos ha llamado a todos a ministrar. Todos tenemos que hacer el ministerio de los santos.

Pablo, el apóstol, ilustró como todos somos miembros del cuerpo de Cristo y como cada uno tiene una función diferente. Estas funciones son dones y servicios de unos a otros, en el cuerpo. Pablo dijo que si tenemos el don de profecía, entonces hemos de profetizar de acuerdo con la medida de nuestra fe.

 Si tenemos el don para el ministerio, entonces tenemos que ministrar. Si enseñanza, enseñar. Si exhortación, exhortar. Si dar, dar con simplicidad. Si el de dirección, dirigir con diligencia, si muestras misericordia, entonces con alegría. Romanos 12:6-8.

En ninguna parte sugiere él remotamente que hemos de comenzar una empresa, un nombre privado de entidad sin ánimo de lucro, darle nombre, y solicitar los fondos para que pueda ser quienes somos en el cuerpo de Cristo. Tan solo tienes que hacer conforme con quien tú eres.

Cuando comenzamos en EL Ministerio, comenzamos algo que Dios no ha comenzado, porque estamos queriendo algo para el Yo. Nos volvemos posesivos de esta cosa que llamamos Ministerio.

Nos referimos a ello como “MI Ministerio”, o “ESTE Ministerio”. Incluso lo convertimos en un negocio. Le damos nombre, lo legalizamos, le preparamos una base de datos, solicitamos los fondos para ello, y traficamos con nuestros dones, como mercadería de una tienda de toma y daca.

Muy cierto. Esto se llama “Tiempo de Victoria” porque nació como un programa de radio y los programas de radio tienen que tener, obligatoriamente, un nombre para poder salir al aire. Pero a ese nombre me lo dio el Señor…

Cuando iba a modificar una estructura periodística que tenía radialmente y convertirla en enseñanza, pregunté en oración como debía llamarla. De inmediato vino a mi mente una idea que jamás podría haber salido de mi mismo: “Este es tu tiempo de victoria, avanza.” Y allí fui.

Incluso, a la hora de elegir la cortina musical, también consulté a mi Padre celestial. NO deseaba quedar bien con algún cantante o músico conocido difundiendo su tema. Entonces Dios dijo a mi sentir: “Pon lo que quieras, pero recuerda que yo no te traje hasta aquí para que te vuelvas hacia atrás”. Punto. Cuando entras a mi Web, lo puedes oír. Es el mismo durante quince años.

OBLIGACIONES DEL MINISTERIO

Cuando alguien escoge entrar en EL Ministerio como una carrera, una profesión, una forma de pensar, adopta innecesariamente un sistema de obligaciones falsas que siente dentro de él mismo y que le esclavizan a esa Cosa que llamamos EL Ministerio. Estas son algunas de las obligaciones falsas:

El que entra en EL Ministerio se siente obligado a pensar de si mismo, a comportarse  y a cumplir sus obligaciones de una cierta manera para poder vivir a la altura de las expectativas que acompañan a la posición ministerial.

Se siente obligado a producir sermones, realizar rituales, conducir servicios, visitar a sus feligreses, desarrollar programas, imprimir boletines, enviar circulares informativas, aumentar el crecimiento numérico, aumentar las finanzas, escribir libros, vender cintas casete, estar en la televisión y en la radio, vestir conforme al código, y en algunos círculos, sanar a los enfermos y obrar milagros. Estas son la clase de cosas que atestiguan falsamente de su éxito.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a establecer el escenario en el que puede interpretar la iglesia, para poder guiarnos a todos los demás a interpretar la iglesia. Interpretar la iglesia es hacer algo religioso que no esta inspirado ni potenciado por el Espíritu Santo.

Es hacer fielmente todas las cosas que hacemos en la iglesia que nos hacen sentir que hemos cumplido nuestra responsabilidad religiosa. Interpretamos la iglesia por la forma en que vestimos para ir a allí, por la forma pretenciosa en que nos saludamos unos a otros, por los programas y rituales que seguimos, por la forma en que nos colocamos en filas en los bancos, y por la forma en que hacemos cosas unos por otros sin ni siquiera tener un sentir de estar involucrados unos con otros.

 Expresamos más exactamente lo que significa ser el cuerpo de Cristo cuando hacemos cosas con y para los demás. Nuestras reuniones deberían ser para “considerarnos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, exhortándonos unos a otros, y tanto más cuando veis que aquel día se acerca”. Hebreos 10:24-25.

Cumplimos estas cosas siendo sensibles al Espíritu Santo, que es el único que sabe como ministrar a nuestras necesidades individuales. Nos ministramos unos a otros por el Espíritu con los dones del Espíritu nombrados en 1ª Corintios 12:1-11.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a justificar Su Ministerio. Descansa sobre pruebas externas fingidas de su éxito, contando narices, aumentando el presupuesto, multiplicando su salario, edificando grandes edificios, haciendo muchas visitas, pasando largas horas en la oficina, aconsejando a mas gente, aumentando el numero de programas, adquiriendo mas invitaciones para ministrar, programando mas apariciones por televisión, comprometiéndose con una audiencia cada vez mayor y vendiendo mas libros y casetes.

¿Podría ser ésta la fuerza de atracción para aquellos que registran la asistencia y ofrecen cifras en el tablón de anuncios sobre la pared de la iglesia cada domingo, en comparación con las del año anterior?”

El que está en EL Ministerio se siente obligado a presentarse a sí mismo de una cierta manera delante de su público, con el fin de impresionarlo, para que le den su aprobación. Puede ser mediante su forma de vestir, su forma de peinarse, o su forma de hablar; puede ser la clase de coche que conduce y la casa en la que vive.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a ser piadoso y religioso, pretendiendo ser más espiritual de lo que es realmente. Se convierte en un hipócrita al ponerse su fingida máscara religiosa. La piedad y la religión no tienen nada que ver con la simplicidad de seguir a Jesús honestamente y en quebrantamiento, y dejando que Su Espíritu Santo nos cambie de dentro a fuera.

EL que está en EL Ministerio se siente obligado a permanecer distante de los otros santos. Como resultado, lo que están en EL Ministerio a menudo crean fraternidades exclusivas, como evidencia la existencia de asociaciones ministeriales, la celebración de conferencias para el clero, y otras reuniones que refuerzan la existencia antibíblica del clero y el laicado.

El que está en EL Ministerio hoy se siente mas frecuentemente obligado a establecer una entidad legal que ofrezca deducciones de impuestos para sus contribuyentes. Sin embargo, a menudo, esta entidad de papel se convierte incluso en algo más que en una empresa que ofrece ventajas fiscales.

Se convierte en el nombre y la imagen de “su” ministerio.  El se presenta a sí mismo como el presidente y el fundador de ello. Habla de “este Ministerio” en tercera persona, como si fuera la fuente de la que emana el ministerio de Cristo. Al hacer esto, se presenta a sí mismo incluso más grande de lo que Dios le ha hecho ser.

El que está en el Ministerio, se siente obligado a comenzar algo—sea lo que sea. No puede presentarse improductivo. Organiza, institucionaliza, formaliza, establece y sistematiza las cosas. Con una profunda preocupación sincera, comienza cosas por sus propias fuerzas, y tiene que mantener la marcha de dichas cosas en su propia fortaleza. Cuando deja de trabajar su plan, sus planes dejan de funcionar para él. Pero lo que Dios comienza en el poder del Espíritu Santo, Dios lo acaba en el poder del Espíritu Santo.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a edificar su reputación y a promocionar sus talentos, dones y mercancías.  Consecuentemente, tiene que tener su propio programa de relaciones públicas para promocionarse a sí mismo.

Con orgullo pone su nombre y su rostro en el trabajo que él cree que Dios le ha llamado a hacer. Sin embargo, Santiago escribe: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos delante del Señor y Él os exaltará”. Santiago 4:6,10.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a conocer más de la Biblia y de la religión que aquellos a quienes él ministra. Por tanto, se siente obligado a obtener proezas académicas que a menudo le exponen al orgullo y al intelectualismo.

 No está satisfecho de que la gente tenga conocimiento. Necesita que la gente sepa que él sabe. Se siente obligado a competir con otros ministerios para conocer tanto o más que ellos, y para ser tan bueno o mejor que ellos. A veces siente que es necesario mantener a los que ministra en ignorancia, y por tanto, dependientes de él.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a solicitar apoyo para su ministerio, sea de sus “asociados” o desde una posición salarial. Cuando recibe un sueldo por su “así llamado” papel de liderazgo en el cuerpo de Cristo, él distingue entre el mismo y las ovejas.

 Ignora el hecho de que él, también es una oveja y que todas las ovejas están en el ministerio. El que está en EL Ministerio no tiene la fe en la capacidad de Dios de usarle a su debido tiempo y proveer para él sin tener que manipular a otros para apoyar “su” ministerio.

Paréntesis. Innegable lo que se dice aquí. Sin embargo, existimos un grupo, no sé si pequeño o grande, que hemos entendido estas cosas y hacemos nuestro trabajo casi en silencio, confiando sola y únicamente en la provisión de Dios que Él hará como le parezca.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a tener un título para sí mismo—Pastor, Reverendo, Obispo, Apóstol, Doctor. Cuanto más prestigioso sea el título, mejor. Bob Hughey afirma, “Los títulos dividen, la función unifica. Un testimonio es mejor que un título”.

También es veraz totalmente. Uno de los trabajos más continuos en la tarea de responder correos de lectores de la Web, es el de poder convencerlos que no deben llamarme “pastor”, ni “maestro”, ni “apóstol” ni nada con lo que deseen honrarme. Sólo Néstor. Si tú alguna vez me has consultado al respecto, eres mi testigo de ello.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a clonar a otros para que sean como él o como su clase de iglesia. Necesita clonarles con el fin de poseerlos. Si no los posee, teme perder su apoyo.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a apartarse del “laicado”, mediante la ordenación. Muchas tradiciones de iglesia ordenan a su clero a través de lo que la iglesia histórica llama “sucesión apostólica”.

La sucesión apostólica es la perpetuación de la autoridad espiritual mediante la ordenación sucesiva del clero desde los tiempos de los apóstoles. En las iglesias católico-romana y anglicana, y en las tradiciones ortodoxas orientales, el clero es ordenado por sucesión apostólica para poder administrar los sacramentos y las órdenes.

Aunque Bernabé y Pablo fueron confirmados apóstoles por los profetas y maestros en Antioquia (Hechos 13:1-3) y los ancianos tenían que ser nombrados en cada ciudad (Tito 1:5), la tradición común de la ordenación tal y como se practica en el Cristianismo occidental, no se encuentra en el Nuevo Testamento.

Bernabé y Pablo no fueron apartados por los doce apóstoles sino por unos ciertos maestros y profetas en Antioquia. (Hechos 13:1-3). La unción para el ministerio procede de Dios y no de los hombres. Efesios 4:11.

El que está en EL Ministerio se siente obligado a perpetuar la industria del Ministerio. EL Ministerio es un gran negocio. Controla la economía de seminarios y escuelas bíblicas, iglesias con los puestos de su personal, construcción de nuevas empresas, mobiliario de iglesia, Ministerios, casas editoriales, empresas de grabación, librerías, conferencias y programas de radio y televisión.

 Es una red de apoyo económico en la que el Ministro mismo es atrapado y que no puede romper fácilmente. Los que están en EL Ministerio viven vidas comprometidas bajo las influencias de espíritus de agradar al hombre.

 Los mercantes que venden su mercadería a los que están en EL Ministerio y los que están en EL Ministerio dependen unos de otros para su existencia.  Esta dependencia mutua para su existencia es otra razón por la que todo este sistema es una fortaleza que no es derribada fácilmente.

EL que está en EL Ministerio se siente obligado a perpetuar la institución de EL Ministerio así como la institución de la iglesia. EL Ministerio es una institución dentro de la institución de la iglesia y es la fuerza más poderosa y singular que perpetúa la institución de la iglesia.

 Si hubiéramos de erradicar esta noción errónea de EL Ministerio de la ecuación de la iglesia, esta cosa que llamamos iglesia caería en pedazos. Igualmente, sin el sistema de la iglesia, EL Ministro no tendría contexto en el que practicar su oficio.

 La iglesia es sostenida por el dinero. Cuando se acaba el dinero, la institución de la iglesia se viene abajo. De igual modo, cuando se acaba el dinero, EL Ministerio se termina, porque los que están en EL Ministerio dependen del dinero y del sistema.

LA BASE DE DATOS

El que está en EL Ministerio se siente obligado a construir una base de datos para mantener la visibilidad con sus supuestos ayudadores. Vive bajo el código de temor: “fuera de la vista, fuera de la mente”.

 Puede que mantenga un registro de bautismos, bodas, funerales que él haya presidido, así como del número de asistentes a sus reuniones y los nuevos miembros que trae, como si fueran muescas en el gatillo de pistola espiritual.

El que tiene una base de datos con el propósito de traer ganancia personal para sí en el ministerio, quiere ampliar su esfera de influencia.

Tiende a pensar que es dueño de la gente de su base de datos.

Tiende a pensar que tiene una responsabilidad hacia la gente que aparece en su base datos—que necesita responder a ellos.

Tiende a pensar que la gente que hay en su base de datos debe apoyo a “su ministerio”.

Tiende a medir su éxito en EL Ministerio por el tamaño de su base de datos. Los Nombres son como trofeos. Cuantos más tenga, más quiere y mejor piensa de sí mismo. Periódicamente, con orgullo hará un inventario de los números solo para ver cuántos hay en su lista de direcciones de correo.

Puede terminar sintiéndose obligado hacia su base de datos, incluso si esos nombres solo ocupan el tamaño de un fax corto o de  una pequeña lista de direcciones de e-mail. La base de datos puede poseer parte de él y atarle a ella.

 El no habrá cesado en EL Ministerio hasta que el haya destruido sus bases de datos que utiliza para su propio provecho. La incapacidad para desechar bases de datos que le sirvan de provecho propio, puede ser un indicativo de que son un ídolo en su vida.

La palabra clave para los que están en EL Ministerio es “provecho propio”. La mayoría de los “boletines” que yo he visto, se leen como un panfleto que promociona al que está en EL Ministerio, es decir, a quien los ha enviado. La mayoría de ellos busca apoyo financiero para sí mismos.

Tenemos que evaluar honestamente: ¿Existe nuestra base de datos para nosotros mismos o para Jesús? Juan el Bautista tuvo una visión del Reino de Dios cuando dijo: “El (Jesús) debe crecer, pero yo debo menguar”. Juan 3:30. EL Ministerio es un ministerio de crecimiento del Yo, mientras que el verdadero “ministerio” es el ministerio del crecimiento de Cristo en otros.

PROFESIONALES A TIEMPO COMPLETO

El que está en el Ministerio a menudo lo busca como una carrera a tiempo completo, o una ocupación con la esperanza de poder obtener unas entradas para él. Tal es el caso de John y Sue. Ellie escribió lo siguiente sobre ellos:

Había pasado un tiempo desde la última vez que había oído de Sue. Me alegré mucho de tener noticias de ella pero sentí las mismas emociones que siento cuando llaman los amistosos tele-vendedores. Insegura en cuanto a mi percepción, continué una amable conversación.

 Ambas familias éramos libres para no ser parte de una iglesia local  y habíamos decidido independientemente quedarnos en casa los domingos por la mañana. Sin embargo, desde entonces, Sue y su marido John, habían comenzado una iglesia por si mismos.

Finalmente terminó preguntándome a qué iglesia íbamos. Le dije que sentíamos que no debíamos estar en una iglesia en ese momento. Suspiró e hizo un comentario  sobre cuánto tiempo ellos dedicaban a la oración.

 “Cuando comienzas una obra, tienes que pasar mucho tiempo en oración”, dijo. “De hecho”, añadió, “todavía no sabemos si”… Su voz y su vocabulario le fallaron. Yo podía afirmar que ella estaba triste de pensar que su obra bien podría dejar de proveerles un modo de vida.

 En un intento por animarla, le dije: “No importa lo que suceda, el crecimiento que tú ves y la relación que estás desarrollando con estas otras personas es eterna y está por encima de El Ministerio y de Una Obra.”

Sue contestó con toda sinceridad,”realmente sentimos el llamado al ministerio, y si  el ministerio va a ser nuestro modo de vida, entonces de alguna manera tendrá que ser viable y algo más que un par de familias reuniéndose en un salón”.

El Ministerio en el Espíritu Santo procede de lo que somos en Jesús y no es una posición que buscar en el mundo. Cuando necesitamos una congregación para obtener unos ingresos para nosotros mismos, tenemos la condición de ramera en nuestros corazones.

 Estamos buscando algo para el Yo. Si somos realmente llamados a ser ancianos que pastorean a las ovejas de Dios, hemos de alimentar a Sus ovejas. Dios no quiera que nos alimentemos de ellos.

Ha sido dicho, pero conviene reiterarlo hasta que sobreabunde. El yo tiene una manía casi ancestral: busca más, busca más y busca más. No por lo que pueda beneficiar a la gente, sino a nuestra propia ambición. El ministerio carnal jamás te dará paz o gozo. Sólo te aportará stress, angustias y alegrías transitorias.

LA SILLA DE MANOS

“Supuestamente era un tiempo de celebración”, recordaba Bill Shipman. “Estamos enviando a algunos líderes desde nuestra iglesia a Chicago para comenzar una nueva iglesia. Les inundamos de costosos regalos, ignorando las necesidades de los demás en medio de nosotros. Una pareja, necesitaba un refrigerador. Tenían que comprar hielo. Era un desequilibrio”, recordaba.

Bill, compartiendo una visión que tuvo del Espíritu Santo en referencia a esto, vio a estos hombres siendo levantados sobre llamativas y recargadas sillas de manos.

Las sillas eran doradas y tenían forma de espiral rizada, y con tapices elegantes que colgaban con borlas en la parte superior. Las sillas de mano parecían pesadas. Estos hombres estaban siendo levantados y llevados por los pequeñitos de la iglesia. Los pequeñitos estaban contentos de llevarlos en peso cuando comenzaron a atravesar un desierto.

El Espíritu Santo habló una palabra de advertencia a aquellos líderes que estaban siendo enviados diciendo, “Salís, pero salís en vuestra propia voluntad. No vais en Mi voluntad”.

Tengo hermanos amigos con llamados muy claros y serios para salir a misionar al extranjero. También tengo hermanos amigos que, por causa de una tremenda crisis económica y carencia de trabajo, tuvieron que emigrar a otros países. ¿Sabes que? Ambos dicen lo mismo: “El Señor nos llevó allá”.

Poco después de su marcha, yo vi que aquellos que llevaban a los líderes se debilitaban y las sillas de mano  se tambaleaban. La gente siguió intentando sostenerlos financieramente, orando por ellos, intercediendo por ellos, pero todo el mundo se cansaba cada vez más. Finalmente, cayeron exhaustos y tuvieron que soltarlas. Las sillas de mano se cayeron y de hicieron pedazos.

“Esos hermanos y hermanas en Chicago estaban pasando un mal momento financieramente,” dijo Bill. “Vendieron sus casas antes de marcharse. No hicieron el mejor uso de los recursos de Dios tal y como lo hicieron. Todo se hizo en egocentrismo.

 La gente comenzó a marcharse. No podían seguir sosteniéndoles por más tiempo. El liderazgo se sintió abandonado, pero no era abandono. Los niños nunca tenían que haber sostenido a los Padres; los padres son los que están hechos para sostener a los hijos”.

Esta es una de las mejores definiciones que he leído respecto a este asunto del sostenimiento ministerial. Mira hermano: si te caes en la miseria, más que falta de apoyo de tu gente, lo que tienes, es una negativa del Señor a lo que estás haciendo. De estar de acuerdo contigo, Él se encargaría de sostenerte como sea. Y sin que debas pedirle nada a nadie.

TABLAS DE SUMINISTROS FALSAS

“Los líderes falsos todavía quieren quitar el polvo de esas sillas de mano para conseguir que las personas les estén sometidos”, matizó Bill. “Esto sucede por todo el mundo. Los líderes de esta misión Haitiana mostraban la tabla de suministros de su organización con mucho orgullo. 

El nombre del líder principal de la misión se había colocado en la parte superior de la pirámide. Seguidamente estaban los otros líderes con la gente que formaba la línea base. Me preguntaron, “¿Qué piensas de esto?”

“¿Quieres saberlo de verdad?”, Respondí.

“Seguro, hermano Bill”.

“Si Jesús entrara en este instante, el la arrancaría de la pared, la pondría boca abajo y diría, “Ahora si es una tabla de suministros”.

Bill terminó, “Los líderes verdaderos ponen a la gente en lugares de honor y les llevan en silla de mano que son adornadas con tierno cuidado y misericordia. Si el ministro no se ve a sí mismo como uno entre la novia desposada de Cristo, violará a la novia, usándola para beneficio propio”.

El Ministro Babilónico se ve a sí mismo no solo como alguien que ha sido apartado, sino como alguien que ha sido puesto por encima del “laicado”. El es el “profesional”. Se pone títulos en su ambición personal de edificar para sí mismo una ciudad, una torre, y un nombre. La reputación es algo muy importante para él.

Aunque a sí mismo se llama el siervo de ellos, con más frecuencia que no, llama al rebaño para que le sirva, para sus planes y para sus programas. Sin embargo, él está eternamente atareado haciendo el trabajo de la iglesia en lugar de la gente—obra de iglesia, no obra del reino de Dios.

La tradición ha obligado a este ministerio –que es el único hombre en su propio show-a cumplir muchas funciones que no están dentro de sus dones. Muchos en EL Ministerio caen en orgullo cuando intentan tomar responsabilidades que no pertenecen a sus dones. Ese orgullo y ambición lleva a la frustración y al agotamiento.

SIERVOS

Tanto si decimos que estamos “en EL Ministerio“ o que “tenemos un Ministerio”, asumimos algo que es ajeno a la idea del ministerio del Nuevo Testamento. EL Ministerio con “M” mayúscula es un concepto babilónico, mientras que la idea de ministros con “m” minúscula es bastante neotestamentaria.  No tenemos “un” Ministerio. Todos somos el ministerio de Cristo.

 EL Ministerio, tal y como ha sido conceptualizado, es un estorbo al verdadero ministerio del Nuevo Testamento, porque reprime a los santos del cumplimiento de sus ministerios. EL Ministerio está en directa oposición al verdadero ministerio del Nuevo Testamento.

La palabra “ministerio” en el Nuevo Testamento se traduce de diversas palabras griegas. Doulos (esclavo) y diakonos (siervo) son dos de los términos que han sido traducidos como “ministerio”.

Todos los santos son ministerios/siervos de acuerdo con el patrón establecido en el Nuevo Testamento. Aunque hay algunos a quienes el Señor Jesús nombra apóstoles, profetas, evangelistas, pastores (ancianos) y maestros, son dados al cuerpo para equipar a los otros santos para la obra del servicio (ministerio). Efesios 4:11-12.

 Esos siervos que equipan (apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros) son posiciones clericales dentro de la iglesia. No son oficios. El término oficio no es una palabra griega del Nuevo Testamento. {15}.

Los nombramientos de siervo son funciones dentro del cuerpo de Cristo. Los que se exaltan a sí mismos como apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son manchas en nuestros ágapes y nubes sin agua. Judas 12.

Los que tienen el manto de un verdadero anciano no usan sus dones para enseñorearlo sobre los santos. Se ven a sí mismos iguales que al rebaño. Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso cuando estaban con él en Mileto: “Mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” Hechos 20:28. Los ancianos se encuentran entre las ovejas, y no colocados piadosamente sobre las ovejas.

Pablo les advirtió que se guardasen en sus propios corazones porque después de su marcha, sabía que entrarían lobos rapaces para atacar el rebaño. Algunos, en medio de ellos, ganarían preeminencia, retorcerían la verdad, y atraerían a los discípulos para conseguir que les siguieran. Hechos 20:29-30.

 Los Ministros de las iglesias de hoy son igualmente territoriales. Persiguen a cualquiera que perciban como ladrones de “sus” ovejas. ¡Parecen olvidar que los santos de Dios no son sus ovejas! ¡Son Sus ovejas!

El siervo no busca exaltarse a sí mismo—aumentarse en poder, posición, riquezas, y dominio. Está contento de permanecer sin nombre y sin rostro para servir cuando, donde y como el Espíritu Santo dirija. Hace esto sin esperar nada para el Yo.

¿Estás viendo? Ante la duda que se forma a partir de la abundancia de falsos ministerios y ministros, esa es la mayor tranquilidad que tenemos los que creemos ser genuinos: nuestra propia vida, nuestros frutos cotidianos y la presencia del Espíritu Santo dando discernimiento adecuado a cada hombre y mujer.

SIGUIENDO A JESÚS

Llamé a Bill Shipman para decirle que había dejado EL Ministerio. Después de valorar mis noticias durante un instante, me contestó lleno de alegría en su voz: “Yo pensaba que se suponía que solo teníamos que seguir a Jesús”.

Cesar en EL Ministerio no significa inactividad. Tenemos un camino que andar. Hemos de seguir a Jesús dondequiera que ÉL vaya y no tenemos que convertirlo en un negocio, darle un nombre o utilizar un título sobre nosotros mismos.

Cada uno de nosotros tiene un don—un ministerio—con “m” minúscula, tanto si es grande o pequeño, y del que tenemos que ser fieles mayordomos. Tenemos una responsabilidad de responder al Espíritu Santo cuando nos llame a operar en ese don o ministerio para la edificación del cuerpo, para que podamos edificarnos unos a otros para morada espiritual, como la familia de Dios. Efesios 2:19-22. Estas son funciones, no posiciones.

EL Ministerio implica que algunos entre nosotros son peces gordos, mientras que el resto, carecemos completamente de trascendencia. Implica una relación de arriba a abajo entre los que disponen de grandes dones sobre todos los demás.

 Si alguna vez ha habido peces gordos en el Reino de Dios, los doce apóstoles escogidos ciertamente estarían aprobados. Sin embargo, Jesús enseñó a sus doce que no habían de ser como los príncipes de los gentiles que se enseñoreaban de la gente. Mat. 20:25-26.

 Con los doce de entonces, e incluso con nosotros hoy, “el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo (diakonos, que significa literalmente, “siervo”(doulos,  que significa literalmente “esclavo”); como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir (diokonesai, que literalmente significa, “servir”), y para dar su vida en rescate por muchos “. Mateo 20:27-28.

Los cinco siervos que equipan en Efesios 4:8 tienen las unciones para equipar al resto del cuerpo de Cristo para la obra del servicio, pero esto no los hace mayores que el resto del cuerpo de Cristo.

 Los que tienen la unción apostólica son los mejores remadores. Recordando su experiencia de conversión ante Agripa, Pablo citó al Señor, como si le hubiera dicho, “Pero levántate, y ponte en pie, porque te he aparecido para este propósito, para hacerte un ministro.” Hechos 26:16.

 La palabra para ministrar usada aquí viene de la raíz huperetes que significa “remero”. Este término náutico generalmente se refiere a cualquier subordinado que trabaja bajo la dirección de otro.

 Los Apóstoles están subordinados a la autoridad de Cristo, que los ha apartado y los envía. En 1ª Corintios 3:21-41, Pablo incluye a Apolos y a Cefas como remeros: “Téngannos los hombres por servidores de Cristo”. Este término también se uso en referencia a Juan Marcos en Hechos 13:5.

He descubierto que cuando intento hacer un ministerio—es decir, cuando intento hacer que suceda en mis propias fuerzas, la unción me evade.  Cuando descanso en ser quién soy sin tratar de hacer ministerio, la unción me empuja.

 Soy mucho mas productivo para el Reino cuando mantengo resignación respecto del EL Ministerio que cuando lo busco activamente. Cuando persigo EL Ministerio, no encuentro el Reino. Cuando persigo el Reino, el ministerio (no EL Ministerio), me persigue. EL verdadero ministerio es la medida de Jesús que Él desea derramar a través de mí.

Muchos individuos que están en esta Cosa que llamamos EL Ministerio son Nicolaítas y tienen un espíritu Nicolaita.

Notas

{15} La versión King James utiliza la palabra “office” (oficio en inglés), en varios pasaje, pero es traducida de varias palabras griegas que significan cosas diferentes. En Lucas 1:8, en referencia a Zacarías, que esta operando bajo su sacerdocio del Antiguo Testamento, la palabra “office” significa “servir como sacerdote” y en Lucas 1:9, simplemente se refiere al sacerdocio. En Romanos 11:3, la palabra “office” ha sido derivada de diakonian que significa “servicio”. Esta frase es traducida literalmente, “Magnifico mi servicio”. En Romanos 12:4, la palabra “oficio” procede una palabra griega que significa “acción”. En 1ª Timoteo 3:1, no existe ninguna palabra en absoluto en el texto griego en la que la palabra “office” haya sido implicada. En 1ª Timoteo 3:10, de nuevo, la palabra procede de la palabra raíz diakonas (servicio), y no debería leerse, “Que usen el oficio de un diácono”, sino en su lugar, “Que ministren (o sirvan)”. En 1ª Timoteo 3:13, la palabra usada aquí, bathmon, habla de la forma en que uno camina con dignidad, rango y presencia.

Capítulo 9
Los Nicolaítas

¿Nicolaítas?¿Quiénes fueron los Nicolaítas? Sólo son mencionados dos veces en la Escritura y ambas veces, en contienda. La primera mención de ambas aparece en Apocalipsis 2:6.  Jesús glorificado dijo al viejo apóstol Juan que escribiera al ángel (mensajero) de los llamados fuera de Éfeso.

 En esta carta, Jesús alabó a los efesios por sus obras, su trabajo, su paciencia, y por el hecho de no poder soportar a los malos. Además, habían probado a los que se decían ser apóstoles pero no lo eran, y los habían hallado mentirosos.

Sin embargo, el Señor les amonestó severamente por haber dejado el primer amor. Quizá tenían todas las doctrinas correctas y estaban haciendo las buenas obras de un cristiano, pero estaban mostrando mas afecto por las cosas del evangelio que por la persona del evangelio.

 Lo que fuera que estaban haciendo los efesios que les había causado abandonar el primer amor, era lo suficientemente severo para que el Señor les llamara al arrepentimiento. Si no se arrepentían, El quitaría su candelero de ellos.

 Quitaría el poder, presencia y la luz de su Santo Espíritu. Después el Señor les alabó diciendo, “Pero tienes esto, que aborreces las obras de los Nicolaítas, las cuales Yo también aborrezco”.

La única otra referencia a los Nicolaítas está en Apocalipsis 2:15. Los llamados-fuera de Pérgamo estaban entre los que sostenían la doctrina (enseñanza) de los Nicolaítas. Respecto de ellos, Jesús dijo, “Tienes a los que retienen la doctrina de los Nicolaítas, la que Yo aborrezco.” El aborrecía lo que ellos enseñaban.

Por estas dos referencias, sabemos que el Señor odiaba sus “obras” y sus “doctrinas” (enseñanzas). Parece que solo nos queda especular sobre quienes eran, cuales eran sus obras y que enseñaban. Pero no es así. La evidencia de lo que hacían y enseñaban se revela en la Escritura. Sabemos quienes eran por lo que hacían y enseñaban. A través de esto, sabemos quienes son en las iglesias hoy.

EL NOMBRE DE LOS NICOLAÍTAS

La primera pista en cuanto a quienes eran podemos encontrarla en como se llamaban—Nicolaítas. La palabra Nicolaíta procede de dos palabras griegas: nike y laios. Nike significa “conquistar”, “someter”, “vencer”, y laos se refiere a un cuerpo de personas, personas comunes.

Nikos es el equivalente a nike y ha sido traducido como “victoria”. Cuando ambos se combinan, estos dos términos se traducen como “conquistador” (o el que somete) de la gente común. Estos conquistadores de personas estaban entre la asamblea de los llamados-fuera en Éfeso y Pérgamo. Obviamente tenían una influencia grande entre los santos.

(Algunos expertos dicen que eran seguidores de Nicolás, uno de los diáconos en Hechos 6:5. Especulan que Nicolás cayó en error y apartó a algunos creyentes de la fe. Esto es imposible de documentar.)

Su nombre representa quienes fueron los Nicolaítas y lo que enseñaban. Eran los que se colocaban a si mismos por encima de la gente “común”, como teniendo alguna autoridad sobre ellos y enseñándoles que ésta era la forma en que se suponía que tenían que ser la cosas.  Creo que este fue el comienzo del sistema del clero que se hizo vigente en el sistema de la iglesia histórico-institucional.

El clero se refiere a personas que son ordenadas para el servicio religioso tales como ministros, sacerdotes y rabinos. La palabra clerical se usa a veces en relación hacia la persona del clérigo.

El Clericalismo es la “influencia política o el poder del clero, o una política o principios que favorecen esto: generalmente un término despectivo” {16}. El sistema del clero en las iglesias aboga por la elevación de los ministros “profesionales” por encima de los creyentes comunes.

ASOCIADOS CON BALAAM

La segunda pista en cuanto quienes fueron los Nicolaítas la encontramos en la asociación de su nombre con Balaam. En Apocalipsis 2:15,  la traducción inglesa King James dice: “Y así tenéis también a los que retienen la doctrina de los Nicolaítas.”

La Palabra “también” procede de la palabra griega kai, que puede ser traducida por “y”, “también”, o “Incluso”, dependiendo del contexto en el que sea usado. El texto griego tiene en adición a kai, la palabra omoios, que significa, “de igual manera”.

 Algunas de las traducciones no usaron omoios y perdieron un aspecto importante de interpretación. La New American Standard lo mantuvo y lo tradujo así: “De la misma manera”. “Así, también tenéis entre vosotros de la misma manera a los que retienen las enseñanzas de los Nicolaítas”.

Preguntamos, “de la misma manera”, ¿De la misma manera que quién? La respuesta a esa pregunta la encontramos en los versículos anteriores. En Apocalipsis 2:14-15, el Señor dijo “Pero tengo unas pocas cosas contra ti; que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.

Y también tienes ahí a los que retienen la doctrina de los Nicolaítas, la que yo aborrezco.” Por tanto, sugiero que esta referencia a Balaam es el antecedente de la frase “De la misma manera”. “La doctrina de Balaam”  (v.14) y “la doctrina de los Nicolaítas” (v.15) se refieren a la misma cosa o cosas.

Por tanto, si “la doctrina de Balaam” es a lo que se refiere la frase “de la misma manera”, entonces es necesario investigar más sobre Balaam para poder saber más sobre los Nicolaítas.

DÍ, HAZ Y SÉ

Sin embargo, primero que nada, consideremos las tres virtudes de los verdaderos ministros de Dios: dirán lo que Dios diga, harán lo que Dios hagan, y serán lo que Dios quiere que sean. No pueden hacer ninguna otra cosa. Son diferentes de Balaam en el Antiguo Testamento, tal y como menciona Números 22-24. Balaam no podía ser lo que no era.

Balac era Rey de los Moabitas en el tiempo en que los Israelitas tenían levantadas sus tiendas en la tierra de Moab. Balac tenía temor de lo que los Israelitas pudieran hacer a su pueblo porque había visto que habían golpeado a los Amoritas, y que habían tomado sus ciudades. Así, envió mensajeros para contratar a Balaam con el fin de que viniera y pronunciara una maldición contra estos Israelitas que habían salido de Egipto. Balaam no era un profeta Israelita.

Balaam fue engañado por el precio que le ofrecieron, pero advirtió a Balac que estaba sujeto a decir las palabras que Dios pusiera en su boca. Balaam hizo eso exactamente. Pronunció cuatro profecías favoreciendo a Israel y una en oposición a Balac. ¿Por qué entonces, fue Balaam mencionado con tanto desprecio tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento?

Recuerda, se necesitan tres virtudes para ser un verdadero ministro de Dios: decir lo que Dios dice que digamos, hacer lo que Dios dice que hagamos y ser lo que Dios quiere que seamos.  Balaam se quedó terriblemente corto en cuanto a la tercera virtud de ser. Por medio de esto, podemos saber.

EL ASUNTO EN PEOR

Más adelante, en Números 31, leemos cuando Dios dijo a Moisés que se vengara de los Madianitas por los Hijos de Israel. Había enviado a sus capitanes y guerreros de cada tribu y los sacerdotes con los vasos santos y las trompetas de alarma. Mataron a cada varón de Madián y a sus reyes.  Quemaron las ciudades y tomaron del botín, pero capturaron a las mujeres y las trajeron con ellos.

Moisés y los demás salieron a recibir al ejército que regresaba, y vieron lo que habían hecho. Moisés se enfadó con los oficiales y les preguntó porque habían salvado a las mujeres. Parecía que era una cosa muy noble de hacer, ¿verdad?

 Moisés explicó su ira en el versículo 16: “He aquí, por consejo de Balaam ellas fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen contra Jehová en lo tocante a Baal-Peor, por lo que hubo mortandad en la congregación de Jehová.”

¿Qué es lo que pasó en Peor y qué tuvo Balaam que ver con ello? ¡Aparentemente todo! Vemos en Números 25 que Israel fornicó con las hijas de Moab: ”Invitaron al pueblo a los sacrificios de sus dioses: y el pueblo comió y se inclinó ante sus dioses.

 E Israel se unió a Baal-peor y la ira de Jehová se encendió contra Israel”. Números 25:2-3. Recuerda, Dios dejó muy claro que los israelitas no debían mezclarse con el pueblo de la tierra. Deuteronomio 7:1-6.

No se hace ninguna referencia a Balaam en Números 25, pero Números 31:6 nos informa que este “pecado” en Peor fue causado por el consejo de Balaam. En Números 22-24 leemos como Balac ofreció dinero y prestigio a Balaam para que pronunciara una maldición contra los israelitas. Balaam no iba a perder una oportunidad como esa para obtener fortuna y preeminencia.

Balaam debía conocer la prohibición que Dios había establecido, tal y como aparece en Deuteronomio 7 y la usó para derrotar a los israelitas. “Enseñó a Balac a poner piedra de tropieza a los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación:”

 Apocalipsis 2:13. Con otras palabras, Balaam aconsejó a Balac a engañar a los hijos e hijas de Israel a mezclarse con los hijos e hijas de Moab. De esta forma, Balaam no tenía que pronunciar la maldición, sino que se aseguró de que Israel cayera por sí misma bajo maldición. Eso es exactamente lo que hizo Israel. Cometieron fornicación y trajeron la maldición de una plaga sobre ellos mismos que mató a veinticuatro mil de los suyos. Números 25:9.

Balaam cobró su dinero de sangre y se preparó para vivir lujosamente entre los reyes de Madián. Sin embargo, su vida no duró mucho después de ese episodio. Números 31:8 nos dice que murió a espada cuando Israel se vengó de los Madianitas. Era un falso profeta. Estaba sujeto a decir lo que Dios quería que dijera. Incluso fue obligado  por su asno a hacer lo que Dios quería, pero no estaba en él ser quien Dios quería que fuera.

Era avaricioso y buscó para si mismo poder, posición, riquezas y dominio. Se puso a sí mismo por encima de los asuntos de Dios y de su pueblo. Nosotros somos muy parecidos a Balaam cuando pedimos a Dios que bendiga nuestra carne en lugar de negarla para obedecer a Dios.

Ni lo dudes. He participado de reuniones de ministerio eclesiástico, donde el pastor presenta a la comisión su proyecto de actividades para el año. La comisión lo lee, lo analiza, lo evalúa, lo corrige si es necesario y luego lo aprueba.

La aprobación es la señal de largada para poner en marcha el plan. Eso sí; antes de iniciarlo, se ora para que Dios bendiga lo que esos hombres ya decidieron. ¿En que Biblia estudiaron eso? ¿Nunca nadie se atreverá a decirles que cualquier plan de trabajo eclesiástico tiene, necesariamente, que comenzar con esa oración y no terminar en ella?

EL NOMBRE Y LA REPUTACIÓN  DE BALAAM

Otra conexión entre Balaam y los Nicolaítas está grabada en su nombre. El nombre de Balaam es la combinación de dos palabras del hebreo, beli, y haam. Beli significa “conquistador” y  haam significa “el pueblo”.

 Si las unes, obtenemos “conquistador de pueblos”. Por tanto, el nombre de Balaam se traduce igual que “Nicolaíta”. ¿No es esta una evidencia suficientemente fuerte de que la referencia a Balaam es el antecedente de la frase “de la misma manera”?

Balaam también aparece mencionado en 2ª Pedro 2:15 en el contexto de los falsos maestros. Los falsos maestros eran los que “han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam, hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad.”

También es mencionado con desprecio en Judas versículo 11:” ¡Ay de ellos!”, escribe Judas, “porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam.” Estos tres testigos del Nuevo Testamento testifican contra Balaam de forma muy severa, sin exagerar nada. Cada uno de ellos habla de avaricia. Los Nicolaítas hacen que el pueblo de Dios cometa fornicación espiritual al unirlos a sus idolátricos sistemas de iglesia.

AUTO-ENGRANDECIMIENTO

Habiendo mirado a la persona de Balaam y quien era este hombre, regresamos a la pregunta original: ¿Entonces, quiénes fueron los Nicolaítas? Fueron líderes dentro la comunidad cristiana, que eran falsos profetas “de la misma manera” como lo fue “Balaam”

Eran ministros en medio de la asamblea de los-llamados-fuera, que eran motivados por la avaricia y el auto-engrandecimiento-la necesidad de crecer en poder, posición, riquezas y dominio. Se las arreglaron para exaltarse a sí mismos en posiciones de liderazgo por encima de los “comunes” llamados-fuera.

El Nuevo Testamento menciona a Diótrefes, que poseía el espíritu Nicolaíta. El fin del primer siglo después de Cristo se acercaba, y el anciano apóstol Juan escribió su tercera epístola. Escribió al amado Gallo y mencionó su dolor por causa de alguien llamado Diótrefes.

Por la carta, parece que Diótrefes se había colocado en un lugar poco común de autoridad en medio de la asamblea de los llamados-fuera. Amaba tener preeminencia entre ellos. 3ª Juan 1:9. No solo rehusó dar la bienvenida al apóstol Juan y a los otros hermanos, sino que quitó de la asamblea a los que se atrevieron a darles la bienvenida. 3ª Juan 1:10-11.

El deseo de preeminencia es característico del espíritu Nicolaíta. Los Nicolaítas son aquellos que buscan levantarse por encima del así llamado laicado. Digo “así llamado” porque no se hacen distinciones tales en el Nuevo Testamento entre el clero profesional y el laicado. Tales distinciones son un insulto a la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes.

 El ejercicio clerical de tal autoridad sobre los llamados-fuera surgió por toda la cristiandad poco después del fin del primer siglo. Esta referencia a Diótrefes en 3ª de Juan es una clara evidencia de que ya había enraizado. Los Nicolaítas son como cabras, les gustan los lugares altos.

EL NICOLAÍTA EN MÍ

Yo crecí en el cristianismo institucional. El espíritu Nicolaíta (clero) se programó en mí desde mi niñez, por parte de todos aquellos que ya lo tenían programado en sí.  Es generacional. Era lo único que yo había visto o conocido. No había forma de saber que el ministerio pudiera ser algo diferente de lo que mi experiencia y educación me había enseñado. Así, continué el curso normal del ministerio que se esperaba de mí.

Yo respondí al llamado al ministerio cuando tenía unos doce años de edad, inscribiéndome en la escuela denominacional, donde sería entrenado para el ministerio, inmediatamente después de dejar el instituto.  Años después acabé un Master en Divinidad en este seminario.

Había tomado el curso normal de las clases de Biblia y religión que entrenaban para perpetuar el sistema en el que me encontraba. Había sido entrenado por el sistema del clero para ser uno de ellos. Fui contratado por los ancianos de la iglesia local para ser su pastor. Era el administrador general y para todo lo práctico, era el profesional contratado para llevar el trabajo de la iglesia.

Después de doce años detrás del púlpito, me aparté de Dios y dejé el ministerio. Después de mi conversión, años más tarde, Dios me inmovilizó en lo que yo llamo mi experiencia del desierto. Duró muchos años. Dios me puso en la escuela de su Espíritu Santo. Era un tiempo de aprendizaje de la palabra de Dios para mí mismo, de recibir revelaciones, y de ser purgado de muchas manchas y arrugas.

Un día concreto en mi viaje por el desierto, estaba orando con el Señor cuando vi en mi mente una imagen de miniatura de un hombre que se encontraba en lo alto de un acantilado con los brazos cruzados, el pecho erguido, la cabeza hacia atrás, lleno de arrogancia y orgullo. Después de mirar otra vez, dije, “¡Señor, se parece a mí!”

Sabía que estaba viendo un “espíritu” de preeminencia. Sabía que ahí estaba el espíritu Nicolaíta que se había implantado en mí desde mi temprana niñez. Este es ese espíritu de auto-engrandecimiento del clero.  En cuanto lo vi, renuncié a ello y pedí al Señor que lo quitara de mí. Esto ha tardado varios años en suceder.

Pero ¡Gloria a Dios que ha sucedido! Tanto el hermano autor de este trabajo, como tú mismo, o tú misma, yo y quien quiera que lo desee, hemos visto a innumerables “siervos” de estas características. Y créeme que la gran mayoría, sigue exactamente igual.

EL LEVANTAMIENTO DE LOS OBISPOS

El espíritu Nicolaíta es engañoso y mortífero. Esta profundamente atrincherado en la mayoría de los hombres y mujeres que han sido entrenados y nutridos para ministrar en el sistema de la iglesia. Las personalidades Nicolaítas han gobernado en las iglesias desde el primer siglo DC..

A pesar de estas excepciones como Diótrefes, la simplicidad parecía caracterizar la vida de los así los-llamados-fuera que conocemos en el Nuevo Testamento, hasta después de la muerte de Juan. Poco se sabe sobre las actividades de los-llamados-fuera durante los pocos años entre la muerte de Juan y el cambio de siglo.

Cuando las páginas de la historia de la iglesia comenzaron a pasar  en el comienzo del siglo segundo, algo interesante había ocurrido. Algunos llevaban el título de obispo, como Policarpo de Esmirna, Clemente de Roma, Ignacio de Antioquia, Polybo de Troya, y Onésimo de Éfeso.

 Estos fueron hombres piadosos, defensores de la fe, algunos de los cuales se convirtieron en mártires por Jesús, pero fueron de cualquier modo, atrapados bajo el poder y posición del obispado.

Justo González apunta en su Historia del Cristianismo, que Jacobo, el hermano de Jesús, recibió erróneamente el título de obispo de Jerusalén por parte de los líderes de la iglesia, años mas tarde. {17

González explica que “el énfasis en la autoridad de los obispos y en la sucesión apostólica, fue parte de la respuesta de la iglesia ante el desafío de herejías a finales del Siglo II y principios del Siglo III. Al convertirse la iglesia en principalmente gentil, el peligro de estas herejías era mayor, y en consecuencia, llevó a un énfasis mayor en la autoridad episcopal (obispado)”. {18}

A finales del S.III y comienzos del S.IV, con el movimiento monástico, los obispos vivían en grandes ciudades y disfrutaban de gran poder y prestigio. Además, el obispado se había convertido en un oficio que cumplir más que en un llamamiento de Dios a un hombre.

Cuentan la historia de un hombre llamado Martín, nacido en el 335 DC, que vivió la vida monástica y fue elegido para el oficio de obispo de Tours por demanda popular. González escribió: “Cuando el obispado de Tours quedó vacante, el populacho quería elegir a Martín para esa posición.

La historia cuenta que algunos de los obispos presentes en la elección se opusieron de tal forma a esa idea, argumentando que Martín era insólitamente sucio, vestido con trapos, y desaliñado,  y que su elección dañaría el prestigio del oficio del obispo”. {19}

Esta historia nos cuenta que el obispado de Tours se había convertido en una posición u oficio para el que los hombres podían ser elegidos. Lo que una vez fue el llamado de Dios sobre hombres en particular, se había convertido en una institución de hombres.

Muchas iglesias de la tradición Presbiteriana han escogido a hombres, mujeres y jóvenes como ancianos para cumplir ciertas posiciones durante períodos listados. ¿Dónde está esto en la Biblia?

De acuerdo con los antecedentes del Nuevo Testamento, los ancianos eran nombrados en cada ciudad y existían en pluralidad. Nadie recibía esa responsabilidad solo. Los ancianos no eran llamados obispos ni pastores.

Eran ancianos que pastoreaban el rebaño de Dios en medio del cual el Espíritu Santo los había hecho supervisores (que es la palabra griega episcopous, también traducida “obispo”).Hechos 20:20. Los términos anciano, pastor y supervisor se refieren a la misma persona.

 El anciano tiene que ver con quienes eran. El pastor tiene que ver con lo que hacían. El supervisor tiene que ver con como hacían lo que hacían. Un anciano es alguien que es llamado por Dios a desarrollar una función en el cuerpo de Cristo y jamás pretendió ser una posición, oficio, título o institución en el Reino de Dios.

Este “oficio” antibíblico del obispo fue el semillero en el que el sistema jerárquico del clero se enraizó y floreció con el ascenso eventual de la iglesia católico-romana. El poder del oficio del obispo era tal que el simonismo se convirtió en un asunto de iglesia. El simonismo es la compra y la venta de posiciones eclesiásticas (de iglesia).

Asimismo, se sabe que los nobles, los reyes y los emperadores nombraban e investían a obispos y abades para tener el control político de la iglesia.  

La veneración que reciben los papas, cardenales, obispos y sacerdotes tiene que ser repugnante para el Espíritu Santo; especialmente que el Papa, un hombre, sea llamado Santo Padre. La palabra cardenal, cuando se usa como adjetivo, significa de “extrema importancia, primordial”. {20}

Jesús exhortó a Sus seguidores respecto de esta necesidad de veneración: “Pero vosotros no queráis que nadie os llame Rabí; porque uno es vuestro maestro, el Cristo, Y todos vosotros hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros  sea vuestro siervo. Porque el se enaltece será humillado, y el que se humilla, será enaltecido.” Mat. 23:8-12.

A pesar de la Reforma y de otros despertares espirituales, la influencia del sistema del clero abunda en cada denominación e iglesia independiente. Cualquiera que desafíe la posición exaltada de alguien como “Pastor” (o cualquiera que sea el título que tengan), estará usando palabras de guerra al máximo.

Sin embargo, declaro con valentía que los Nicolaítas hoy son los que promocionan el sistema del clero, que separa a los así llamados ministros  “profesionales”, del así llamado laicado. Son los que buscan crecimiento en poder, posición, riquezas, y dominio y generalmente a expensas de los santos. Este “sistema del clero” es la obra del espíritu de ramera en las iglesias.

Uno de los “trabajos” más productivos dentro de las iglesias, ha sido el de enseñar y adoctrinar a la gente respecto a la obediencia ciega a sus líderes, como quiera que estos sean. Se proclama justicia para cualquier acto delictivo de cualquier ciudadano, pero sólo esperar en Dios cuando el delincuente es una jerarquía religiosa. ¡Hipócritas!

COME A LAS OVEJAS

Los Nicolaítas son esos pastores de Ezequiel 34 en contra de los cuales Dios profetizó porque se alimentaban cuando debían haber alimentado al rebaño. Comían la grasa y se vestían con la lana, mataban a las que estaban bien alimentadas, no fortalecían a la enferma, ni sanaban a las que estaban enfermas, no vendaban a la perniquebrada, ni traían a las que se habían apartado, ni buscaban a las perdidas, gobernaban sobre las que tenían, con fuerza y con crueldad. Sus rebaños estaban dispersados y se habían convertido en presa para todas las bestias del campo.

El Señor estaba en contra de esos pastores. El dijo que reclamaría Su rebaño de sus manos y que les haría dejar de alimentar al rebaño. No podrían seguir alimentándose del rebaño porque El prometía librar a sus ovejas de sus bocas. Sus ovejas no serían nunca más carne para ellos. Ezequiel 34:2-5,10.

Sobre esto tengo escrito un capítulo entero en mi libro “La Vida Fuera de los Templos”. Allí digo y sostengo con certeza que, conforme a un sentir en el Espíritu, el tiempo que hoy estamos viviendo, es el del cumplimiento de Ezequiel 34.

Dennis Lowen afirma, “Balaam hizo un gran daño aconsejando a Balac que engañara a los Israelitas a través de la fornicación, para que finalmente sirvieran a dioses ajenos. Los Nicolaítas modernos exigen el mismo efecto final que cuando casaban al Pueblo de Dios a un dios ajeno—a otro Jesús.” Los Nicolaítas se aprovechan de las ovejas por ganancia. Comen a las ovejas para engordarse ellos mismos.

Sin embargo, vienen días cuando Dios mismo quitará a estas ovejas de los falsos pastores. Buscará a Sus ovejas, y las buscará Él mismo. Alimentará, cuidará, dirigirá y las sanará Él mismo. Ezequiel 34:11-16. Los Nicolaítas de hoy tienen las mismas marcas de los fariseos que vivían en los días de Jesús.

Notas

{16} Webster’s New World Dictionary, 2nd College e.d., s.v. “Clericalismo”

Regreso Al Texto

{17} Justo L. González, The Story of Christianity: Volume 1, The Early Church to the Dawn of the Reformation (San Francisco: Harper and Row, 1984) 21.

Regreso Al Texto

{18} González, 97

Regreso Al Texto

{19} González, 149

Regreso Al Texto

{20} American Heritage Dicitionary, S.V. “cardinal”

Capítulo 10
 Las Marcas de los fariseos

Aquellos ministros que son golpeados con la necesidad de preeminencia, poder, riquezas y dominio, han abrazado las enseñanzas falsas de los Nicolaítas y probablemente perpetúen tanto las enseñanzas como los hechos de los Nicolaítas. Tienen las mismas marcas que caracterizaron a los fariseos de los días de Jesús.

En Mateo 23:33, Jesús llamó a los fariseos “serpientes” y “generación de víboras”. La palabra griega para “generación” también se traduce como “descendencia”. Aquí, Jesús está llamando a los fariseos serpientes y descendientes de serpientes.

Él continúa en el versículo 33, “¿Cómo escapareis de la condenación del infierno?” La Biblia identifica a Satanás como una serpiente. Génesis 3:1-5; Apocalipsis 12:9; 20:2. La asociación entre Satanás y los fariseos es indiscutible.

 ¿Por qué razón llamó Jesús a los fariseos, serpientes? ¿Qué objeción tenía en contra de ellos? Después de todo, eran gente devotamente piadosa y celosa en el cumplimiento de la ley. La mordaz letanía de desgracias pronunciada por Jesús en Mateo 23 define algo de lo que eran las marcas detestables de los fariseos.

 Aunque las diferencias entre algunas de estas marcas de los fariseos son pequeñas, son distinciones importantes qué hacer—no tanto para juzgar a los demás, sino para juzgar al fariseo que hay en todos nosotros.

Tal cual. Y quiero añadir que es a esa gente a la cual Jesús, si se hubiera comportado como hoy se nos obliga a comportarnos a los cristianos dentro de una congregación, tendría que haberse sujetado, ya que eran las autoridades de la única iglesia establecida y reconocida de su tiempo.

USO ABUSIVO DE LA AUTORIDAD

Jesús detestaba la forma en que los fariseos mal usaban y abusaban de la autoridad. Jesús dijo a la multitud y a Sus discípulos, “En la cátedra de Moisés se sientas los escribas y los fariseos.” Mateo 23:1-2.

Los fariseos asumían la posición de autoridad sobre las vidas de las personas. Se consideraban a sí mismos expertos en la ley. Por tanto, presumían de poder decir a todo el mundo como tenían que vivir.

La actitud Nicolaíta de hoy se aprecia en ese aire de importancia del que quiere sentarse en la cabecera de la mesa, ser elegido en posiciones de autoridad, o ser contratado para algún oficio de prestigio. Los Nicolaítas son típicamente políticos en posiciones muy altas de preeminencia y autoridad dentro de los sistemas de iglesia.

 Se adulan a sí mismos y también buscan la adulación de los demás. Aún más, se saltan los martillos autoritarios de los presidentes y subastadores para designar a alguien entre ellos como su cabeza. Solo Jesús es la cabeza de Su cuerpo, la ekklesía. 1ª Corintios 11:3; Efesios 1:22, 5:23; Colosenses 1:18.

HIPOCRESÍA

Jesús detestaba la hipocresía de los Fariseos. “ Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo. Más no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” Mateo 23:3.

La hipocresía es pretender algo por fuera que no existe por dentro. Es la pretensión de virtudes, principios o creencias que no son genuinos. Jesús dijo que los fariseos eran como sepulcros blanqueados, que parecen hermosos por fuera, pero que dentro están llenos de huesos de cadáveres y de inmundicia. Mat. 23:27.

 Él les llamó hipócritas. “Así  también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.” Mat. 23:28. De nuevo les acusó diciendo; “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!” Mat. 23:14. Lo que decían respecto de guardar la ley de Moisés era correcto, pero su fracaso en hacer lo que esperaban que otros hicieran, no era correcto.

Así sucede en “EL Ministerio” hoy. Los que están tras los púlpitos pueden clamar para que todo el mundo a su alrededor sea puro sexualmente, mientras que pretendiendo serlo ellos mismos, no lo son.

Pueden predicar en contra del tabaco, la bebida, la blasfemia y el baile, pretendiendo ellos mismos ser santos, aunque no lo son.  Pueden llamar a qué otros confiesen sus pecados, pero ellos esconderán los suyos propios por temor de lo que los demás puedan pensar.

  Pueden condenar a los políticos por hacer el mal, aunque ellos continúen haciendo lo que es más abominable para Dios—practicar sus manipulaciones (brujería) sobre “su” pueblo.

El clima completo de la iglesia está cubierto de hipocresía. La iglesia debería ser el lugar al que podemos ir y sentirnos lo suficientemente seguros de ser nosotros mismos, pero no lo es. Nos ponemos nuestras máscaras y nos escondemos detrás de nuestras sonrisas de domingo por la mañana, el tiempo suficiente para cumplir nuestras obligaciones con Dios, sentirnos bien de hacerlo, e ir a la cafetería antes de que los metodistas dejen salir. La iglesia del domingo por la mañana tiene muy poco que ver con como vivimos el resto de la semana.

Algunas veces me han sugerido que evalúe si no he escrito o dicho ciertas cosas con indisimulado enojo, o resentimiento, o rencor, o amargura, u odio. No entienden, no pueden entender el significado de la palabra “celo”. Esa que se usó para decir que consumía a Jesús por su casa. En este texto está visible el mismo sentir. No es casual.

EL LEGALISMO

Jesús detestaba el legalismo mezquino de los Fariseos. “Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombres de los hombres; pero ellos, ni con un dedo quieren moverlas.” Mateo 23:4. Jesús detestaba su dureza sobre el pueblo y como imponían sus leyes sobre el resto.

Los legalistas en las iglesias siguen atando a las personas a sistemas y órdenes de iglesia, edificios de iglesia, servicios y rituales de iglesia, ofrendas de iglesia, y obras de iglesia—cosas que no tienen nada que ver con Jesús o el Reino de Dios. La gente se siente culpable y poco espiritual si no van a la iglesia.

Guardar el sábado era en sí una cuestión tal entre Jesús y los fariseos. Algunos legalistas siguen insistiendo en el tema de guardar el sábado de acuerdo con la forma en que ellos piensan que tiene que ser guardado.

 Quieren hacer del domingo (algunas veces llamado erróneamente “sabbath”), el día de reposo, aunque para ellos diste mucho de ser un día de reposo—más bien un día muy importante de obras de iglesia.

No guardamos el Sabbath yendo a la iglesia el domingo o echando la siesta todo el domingo. Guardamos la ley de Dios entrando en Jesús por la fe. Jesús es nuestro reposo del Sabbath. Hebreos 4.

Él es nuestra justicia. Jesús no está buscando a un pueblo que guarde el Sabbath. Está buscando un pueblo que se mantenga santo (separado). Guardar el Sabbath no es la forma de mantenernos santos.

La santidad es la obra del Espíritu Santo en nosotros, separándonos del amor del mundo. La santidad es un cambio de naturaleza desde dentro como resultado de la obra de Dios en nosotros. No es lo que hacemos externamente, sino quienes somos por dentro, lo que importa a Dios.

 Somos tan falsos como los fariseos si pensamos que nuestra justicia pudiera de algún modo depender de lo que hacemos externamente—las ropas que llevamos, nuestra forma de peinarnos, la comida que comemos o dejamos de comer, la forma en que adoramos, o vamos a la iglesia. Vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en Jesús cada momento de cada día (ver el capítulo sobre el Legalismo).

Aunque a los lectores les pueda parecer inconcebible, debo asegurarles que, en pleno siglo veintiuno, todavía recibo una considerable cantidad de correos de hermanas que desean saber la verdad respecto a la permisividad o no de usar pantalones.

No es mi intención polemizar con nadie sobre supuestas doctrinas o interpretaciones determinadas de ellas. Pero me gustaría mucho ser mosquito para comprobar cual es el grado de santidad de aquellos que se plantan en la entrada de un templo a mandar de regreso a casa a todas las mujeres que llegan con pantalones en lugar de faldas.

BUSCADORES DE RECONOCIMIENTO

Jesús detestaba el deseo de los fariseos de reconocimiento y como perseguían la admiración por ellos mismo. “Antes, hacen todas sus obras para ser vistos de los hombres. Pues ensanchan sus filacterías,  y  extienden los flecos de sus mantos”. Mateo 23:5. (Las filacterías eran pequeñas cajas de cuero que los fariseos sujetaban de sus frentes, conteniendo citas de los primeros cinco libros de la Biblia).

Los Nicolaítas en muchas tradiciones de iglesia hoy están seducidos por sus propias ansias de auto-importancia, llevando collares clericales, vestimentas, ropajes con tiras académicas en las mangas, y otras cosas semejantes para diferenciarse del “laicado”.

Al cardenal en la iglesia católico-romana, se le dirige como “Su Eminencia” (de él), o “Su Eminencia” (de Ud.). Tal veneración de hombres es un insulto a Dios. Jesús llamó a Sus discípulos hacia Sí,  y les dijo como diría hoy, “Si alguno desea ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.” Marcos 9:35.

Escucha: ¿Cuál es la diferencia entre estos “Su Eminencia” del catolicismo romano y el título de “pastor” que una gran parte no sólo acepta sino que además financia se les diga? Pastor es una función, jamás un título. No existe tal cosa como un pastor sin ovejas para apacentar.

PREEMINENCIA

Jesús detestaba el deseo exagerado de estar por encima de los demás de los fariseos.  “Y aman los primeros  asientos en las cenas (círculos internos), y las primeras sillas en las sinagogas” (sentados en la plataforma). Mateo 23:6.

Nunca me olvidaré cuando, en mi época de mayor relieve en mi trabajo radial, concurrí a una congregación muy grande a escuchar a un predicador que me interesaba y estaba de visita. El ujier que vino a mi encuentro, lamentablemente me reconoció. Y allá fuimos, rojos de vergüenza santa con mi esposa a sentarnos en la primera fila. Recuerdo que cuando quise declinar esa ubicación, el ujier casi se enfadó conmigo. ¿Cómo que no, hermano? ¡Esos lugares están reservados para los siervos importantes del Señor!”

Me quedé con las ganas de preguntarle a ese rústico hombre si en el pueblo de Dios había siervos que no eran importantes. O si se medía su importancia a través de la repercusión pública que tenían. Allí acuñé la frase célebre: No existen los “grandes” siervos de Dios. Si son grandes, no son siervos. Y si son siervos, son pequeños, pequeños, muy pequeños…

La preeminencia es ese deseo de auto-importancia en los Nicolaítas del día de hoy que les hace querer ser los jefes en el sistema. Quieren estar sentados en la plataforma sobre sillas de obispos, haciendo diferencias entre ellos y la gente. Los pastores dan a otros pastores posiciones de preeminencia porque la aman para ellos mismos.

Tal cual. En una población cercana a Rosario, una noche, vino a predicar a una iglesia la salvadoreña Dina Santamaría. No tuvo mejor idea, cuando la presentaron, que empezar a profetizarles palabra dura y fuerte a todos los pastores que estaban sentados en sillas especiales arriba de la plataforma.

Desde abajo se podía oler el aroma a vergüenza multitudinaria. ¿Sabes que? En su posterior visita, Dina se encontró con una llamativa novedad. La plataforma estaba vacía y los pastores entremezclados con sus ovejas. ¿Humildad? No, prevención.

Es ese aire de auto-importancia lo que les hace relamerse en sus planes, programas, métodos, organizaciones, proyectos de construcción, heredades, tradiciones, estadísticas y doctrinas para que puedan ser honrados y reconocidos. Es ese aire de engreimiento en ellos mismos, para dibujar tablas organizativas, con ellos en la parte superior de la pirámide.

Es ese aire de auto-importancia dentro de ellos que quiere la iglesia más grande y los mejores sueldos. No escatiman políticas para conseguirlos. Es ese aire de auto-importancia dentro de ellos que les lleva a “sermonizar” y ser muy elocuentes desde sus púlpitos para poder ser altamente estimados por los hombres.

Es ese aire de auto-importancia dentro de ellos que les lleva a querer adquirir conocimiento, escribir libros de su propio intelecto, y conseguir grandes cosas para poder ser aclamados por los hombres.

Se aferran a su profesionalismo educado sobre las cabezas del “laicado”, haciéndose pasar por una de esas autoridades indiscutibles en asuntos bíblicos y eclesiásticos. Esta es la tiranía del clero.

Y la gente le sigue preguntando a pastores, líderes y ministros varios, (Me incluyo), sobre puntos bíblicos que ellos deberían conocer igual o mejor que sus referentes. Porque todos usamos la misma Biblia. Es simple responsabilidad de cada uno recibir o no revelación del Espíritu Santo.

 Porque la revelación no llega por esfuerzos humanos, métodos o posiciones jerárquicas. La revelación sólo llega a la vida de una persona si esa persona es obediente al propósito y la voluntad de Dios. ¿Simple? Lo parece, pero créeme que no lo es tanto ejecutarlo.

Es ese aire de auto-importancia dentro de ellos que les lleva a centrarse en los aspectos externos, en lugar de los internos. Están preocupados con la construcción de un reino para el yo, en lugar de construir el Reino de Dios. Edifican sistemas de iglesias más que a la gente. Y lo peor, aún, se confunden el uno por el otro.

Es ese aire de engreimiento dentro de ellos que les empuja a preparar sus maletas y correr cuando los lobos de la disensión mordisquean los talones del rebaño. Son asalariados. Es ese aire de engreimiento en ellos que les hace olvidar lo que son, es decir, ovejas, bajo la vara del Buen Pastor. Ese orgullo y altivez les hace pensar más altamente de ellos mismos de lo que deberían.

He conocido gente expulsada de una congregación por oponerse a la enseñanza pastoral que aseguraba que LA señal del Espíritu Santo en la vida de una persona, es orar en lenguas. Han sido sancionados porque se enfrentaron con una enseñanza del pastor, no por error doctrinal.

Porque la Biblia es muy clara al respecto. Y nos dice adonde quieras leerlo, que el orar en lenguas es algo legítimo y real, pero es UNA de las señales de la presencia del Espíritu santo en una vida, no la única. Echaron a alguien por estar en contra de lo dicho por el pastor sin detenerse a revisar si lo que esa persona decía no estaba más ajustado a la Palabra que lo del líder.

BÚSQUEDA DE POSICIÓN

Jesús detestaba su deseo de posición. Amaban las “salutaciones en las plazas y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.”. Jesús continuó exhortándoles diciendo, “Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque Uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo”. Mateo 23:7-10.

La actitud Nicolaíta del día presente se ve en ese aire de engreimiento dentro de los que los quieren ser llamados Papa, Su Eminencia, Cardenal, Obispo, Padre, Reverendo, Señor Reverendo, Pastor y Ministro, con “M” mayúscula.

La competición por el reconocimiento es tan fiera hoy que muchas personas del clero quieren ser llamadas doctores. Algunos han obtenido doctorados o titulaciones honoríficas, pero otros han comprado títulos falsos.

 Se ponen estos títulos unos a otros dentro del sistema. Hacen política respecto de posiciones de autoridad y anhelan ser contratados por la congregación más grande dentro de su alcance.

Las personas inseguras en el ministerio obtienen sus golpes estando en el ministerio. Ahí pueden ganar poder, posición, reconocimiento, seguridad, ingresos financieros y un sentido de significado. Los creyentes maduros encuentran que solo Jesús es su todo en todos.

En el Reino de Dios no existe ese posicionamiento “hacia arriba” o “hacia abajo”. Jesús dejó muy claro que los verdaderos líderes son los siervos. Los verdaderos líderes no se exaltan a sí mismos.

REBELIÓN Y TERQUEDAD

Jesús detestaba la rebelión y terquedad de los fariseos. “Más ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque cerráis el Reino de los Cielos delante de los hombres, pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.” Mateo 23:13.

Muchos de los fariseos tuvieron que haber sabido por su conocimiento concienzudo de las Escrituras que Jesús era el Mesías. Existían demasiadas coincidencias entre las profecías del Antiguo Testamento y los eventos de la vida de Jesús, para que fueran ignorados. ¡Lo sabían!

 Pero no querían creer (Lee Juan 9:39-41). Se habían comprometido con el sistema del mundo para poder ganar poder, posición, riquezas y dominio. Aunque muchos fariseos creyeron y se volvieron a Jesús, la mayoría no lo hicieron. Los que no creyeron endurecieron sus corazones contra la verdad. Rehusaron entrar e igualmente estorbaron a otros para que no entraran.

Muchos líderes en el sistema de iglesia deberían saber que mantienen a “su” membresía como rehén,  por medio de la rigidez de sus sistemas de creencias y gubernamentales, y que además, rehúsan dejarla libre. Enseñan y predican la iglesia, obras de iglesia y membresía de iglesia, como “el camino”. Necesitan el compromiso de parte de su membresía para edificar un reino para ellos mismos.

Las personas se quedan atrapadas en esos lugares. Los que dirigen las iglesias nos invitan a quedarnos quietos en su lugar para siempre, y nos culpan de ir de sitio en sitio. Los que permanecen en esos lugares, reciben el mismo maná viejo y lleno de gusanos. El crecimiento espiritual es mínimo, si es que lo hay. Cualquier crecimiento que alguien pueda experimentar es probablemente experimentado fuera de ese lugar, y a pesar de ese lugar.

El crecimiento espiritual, es en realidad, un viaje espiritual. Es un viaje que responde al llamado de Jesús, “ven y sígueme”. “Pero Señor, déjame que vaya y primero entierre a mi padre”. A eso, Él sigue respondiendo: “Que los muertos entierren a sus muertos” Lucas 9:59-60.

 Si te encuentras en un lugar muerto, levántate y sigue el Camino, Jesús. Jesús es el Camino, no un lugar. Si hemos de seguir a Jesús, no debemos quedarnos atrapados en un lugar. La iglesia, tal y como la conocemos hoy, es un control policial a Jesús.

Un gran avance en la cautividad babilónica, pese a sus innumerables defectos, fue la puesta en marcha de las llamadas emisoras de radio cristianas. Sin necesidad de pedir autorización, muchos lograron por esa vía, acceder a una palabra genuina y totalmente apartada de la hojarasca seca con la cual habían pretendido alimentarlo por años. Luego, esto también sufrió perversión, tal como leerás a continuación.

DEVORANDO A LOS DEMÁS

Jesús detestaba la forma en que los fariseos se aprovechaban de las viudas. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.” Mateo 23:14. Los fariseos son tomadores, no dadores, aunque pretenden estar dando algo a cambio de las ofrendas y donaciones.

Esta práctica ocurre cada día en la así llamada televisión y radio  “cristianas”. Los tele-evangelistas hacen grandes promesas a sus televidentes potencialmente desplumables, que envían sus contribuciones.

 “Envíame una donación de $ 50 y te enviaré esta unción desde Israel”. La basura de “Jesús” que ofrecen es ridícula. Pulseras, estudios bíblicos especiales, libros, paños de sanidad. Algunos prometen orar por ti o enviarte un libro si les envías una donación ¿Qué pasa si no lo haces? ¿Estarán todavía dispuestos a orar por ti y a enviarte un libro? Estos trucos promocionales son usados para aumentar su información y su base de apoyo.

Conocí una emisora radial de habla hispana en USA que ofrecía oración por escalas. 5 dólares, oraba alguien por tu problema. 10 dólares, oraban cinco personas. 50 dólares, oraban los intercesores del ministerio. 100 dólares, oraba el pastor por micrófono y tú te enterabas lo que oraba. Vergonzoso.

Kathleen era la viuda de un hombre benevolente. Después de su muerte se sintió obligada a continuar su nivel de generosidad aunque no podía permitírselo. Conociendo su vulnerabilidad, el presidente de un seminario la persuadió a dar una contribución extraordinaria a su institución.

 Era apuntarse un tanto. Ella era una creyente devota y asumía que con su contribución, estaba haciendo avanzar la causa de Cristo. Poco sabía que esta escuela estaba corrompiendo la fe de hombres y mujeres jóvenes con su currículo anticristiano y liberal. El devoró su casa.

En lugar de devorar  las casas de las viudas, deberíamos establecer nuestro corazón en devorar a Jesús. Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo de Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, en Mí permanece y Yo en él.” Juan 6:53,56. Sólo Él tiene palabras de vida eterna. Juan 6:67-68

HACIENDO PROSELITISMO

Jesús detestaba como los fariseos ganaban prosélitos para el Judaísmo. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque recorréis mar  y tierra para hacer un prosélito (convertido al Judaísmo), y una vez hecho, le hacéis dos veces mas hijo de infierno que vosotros”. Mat. 23:15.

Un prosélito es una persona que se ha convertido de su religión, fe, secta o grupo, a la del que le está ganando como prosélito. Los fariseos no hacían a nadie un favor por convertirlos al Judaísmo.

En lugar de llevar a otros a la fe y relación con Yahvé (Dios), les llevaban a sus observancias de tradiciones, días y rituales; Por tanto, daban a entender, “Este es el camino, andad por él”. Al hacer esto, colocaban a los demás bajo la servidumbre de la ley. Su motivación no  era otra cosa que aumentar su propia esfera de influencia.

Como con los fariseos en los tiempos de Jesús, los Nicolaítas de hoy día llevan a sus convertidos a creer que su salvación está asegurada mediante la asociación con su forma de religión. Al hacer esto, predican a “otro Jesús” y hacen a sus convertidos dos veces mas hijos del infierno que ellos mismos.

Jesús vino a hacer libres a los hombres. Atar a los demás a nuestras prácticas religiosas es una ofensa para Él. Hemos de unir a las personas a Jesús para hacerlas libres. “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Juan 8:36

Mencionar la palabra “libertad” dentro de muchas congregaciones, es como hablar de pecado, de libertinaje, de anarquía, de desgobierno y de una especie de orgía satánica. Entonces la pregunta que debes hacerte, es: ¿Qué verdad es la que debo conocer para ser libre en Cristo? Si alguien te responde esa consulta, dale gloria a Dios.

SANTURRONERÍA

Jesús detestaba la santurronería esnob de los fariseos. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta, el eneldo y el comino y dejáis lo más importante de la ley, la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” Mateo 23:23.

 Guardaban la letra de la ley diezmando la “menta, el comino y el eneldo”, pero sin saber nada del espíritu de la ley: “juicio, misericordia y fe”. Pensaban que guardando la letra de la ley, obtendrían la justicia por las obras del Yo.

La santurronería es pensar que nuestra justicia tiene algo que ver con lo bien que lo hacemos todo. Sugiere que podemos apaciguar a Dios siendo buenos o haciendo buenas obras, mediante el cumplimiento de la ley, o cosas absurdas como cumplir nuestras obligaciones del domingo por la mañana. Los fariseos guardaban la ley para ser salvos por la ley. Pablo declaró expresamente que “la letra mata, pero el Espíritu vivifica”. 2ª Corintios 3:6. Conocían la ley, pero no el Espíritu de la ley.

Los santurrones pueden ser legalistas, arrogantes, altivos, religiosos, devotos, odiosos, estrictos, juiciosos, críticos, ásperos, siempre aconsejando, viles, peligrosos, y faltos de misericordia, compasión, amabilidad y generosidad. En contraste, el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Gálatas 5:22-23.

Nuestra justicia no es la justicia de Dios. “Nuestra”. “Suya”. ¡¿Ves la diferencia?!  Su justicia puede ser nuestra sólo por la fe en Cristo, pero nuestros intentos de justicia jamás pueden ser los suyos.

Jesús es la Justicia de Dios. Sólo Él cumplió la ley y los profetas. Mateo 5:7. Fil.3:9 nos recuerda que hemos de ser hallados en Cristo, no teniendo nuestra propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe en Cristo.

Somos la justicia de Dios en Cristo. 2ª Corintios 5:21. No dice que “seremos”, “deberíamos ser” o “casi somos”, dice que “somos”. Tiene que ver con ser y no con hacer. Somos porque Jesús nos ha hecho ser quienes somos en ÉL a través de Su propia obra terminada en la cruz.

No hay nada en el hombre caído y de pecado que tenga el potencial para lograr salvarse a sí mismo o para hacerle ser lo suficientemente bueno para que Dios ponga su sello de aprobación sobre él.

HOMICIDIO

Jesús detestaba los corazones asesinos de los fariseos: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos y decís: ‘Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas’, así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron  a los profetas”. Mateo 23:29-31.

Por otra parte, Jesús predijo que matarían y crucificarían a algunos de los profetas, sabios y escribas que El enviaría. “Y de ellos, a unos mataréis y  crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y  perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra.” Mateo 23:34-35.

Jesús dijo a los judíos incrédulos en Juan 8:44: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad porque no hay verdad en él”.

Si Jesús dijo que el diablo era homicida y que los judíos incrédulos eran sus hijos, la implicación era que ellos, eran también homicidas. Jesús ya había afirmado previamente que ellos buscaban matarle. Juan 8:31.

Si pudieran, los fariseos no arrepentidos en el sistema de la iglesia hoy, matarían a todos aquellos que amenazaran destronarlos de sus diminutos imperios. Es la cizaña  que ha crecido entre el trigo. En Mateo 13:24-30, Jesús dijo que sería exactamente así.

Conocí un caso muy comentado en su momento. Sucedió hace varios años en una pequeña congregación. Por causa de una profunda enemistad entre dos mujeres que aspiraban a una misma posición en la iglesia, una de ellas intentó aplastarla con su automóvil. No lo consiguió, pero el intento fue más que suficiente. ¿Santidad?

Los Nicolaítas hoy matan espiritualmente a las ovejas de Dios cuando las usan para su sórdida ganancia personal. Yo fui a un seminario en mi juventud en el ministerio. Me enseñaron que los milagros no eran reales y que mucho de lo que decía el Antiguo Testamento, eran meros mitos.

Me enseñaron la religión, pero la religión no tenía vida. Era joven, fácilmente impresionable y no estaba bien fundamentado en la palabra y en el Espíritu. En lugar de ser edificado en la fe, caí en bancarrota espiritual. Finalmente me convertí en un ateo profeso hasta mi conversión radical años más tarde.

Las Escrituras nos exhortan a apartarnos de aquellos que tienen apariencia de piedad, pero niegan su poder. 2ª Timoteo 3:5.

Estos Nicolaítas del presente, que llevan las marcas de los fariseos, son los porteros de la Babilonia espiritual. Babilonia es la Gran Madre de las Rameras. Apocalipsis 17:5. Su otro nombre es Jezabel. Ella es la tirititera detrás del escenario y que mueve los hilos de los Nicolaítas en las iglesias hoy.

Capítulo 11
 
Jezabel

Jesús dijo a los creyentes en Tiatira, “Tengo unas pocas cosas contra ti.” Eso debería ser suficiente para prestar atención. ¿Por qué dijo eso? “Porque toleras (permites) que esa mujer, Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos”. Apocalipsis 2:20. ¿Quién era “esa mujer Jezabel” y qué hizo para que Jesús tuviera semejante contienda con ella?

UNA CONDICIÓN ESPIRITUAL

Jezabel en Tiatira puede haber sido una persona real entre los-llamados-fuera en ese lugar, y puede que hubiera estado involucrada en inmoralidad sexual. Puede haber estado atrayendo a otros hacia sus caminos.

Esto no es impensable, puesto que el adulterio sigue teniendo lugar en las iglesias hoy, como siempre ha tenido lugar. De hecho, algo mucho más comprometedor, mucho más significativo espiritualmente, y por lo que el Señor mostró un gran desprecio, estaba sucediendo allí.

El “espíritu de Jezabel” en Tiatira representaba la condición de los corazones de los-llamados-fuera de aquel lugar. El Acab de Jezabel en el Antiguo Testamento define lo que es este espíritu de Jezabel por su vida y por su reputación. Ella controlaba, manipulaba y practicaba la brujería y la prostitución.

La prostitución espiritual es la búsqueda de cualquier cosa para el Yo. Es la carne hambrienta de realzarse a sí misma. Todos tenemos corazones de ramera y somos fácilmente engañados.

 Cuando esta prostitución idolátrica es llevada dentro de nuestra vida de asamblea como el cuerpo de Cristo, entonces tenemos operando al espíritu de Jezabel. Nuestra idolatría y nuestra prostitución espiritual pueden no ser tan descarados como los suyos, pero siguen siendo un terrible estorbo para tener una relación íntima con nuestro Señor.

Esta Jezabel en Tiatira y este “MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA” (Apocalipsis 17:5), representa la misma condición espiritual—idolatría y prostitución espiritual (fornicación).

Jezabel enseñaba y seducía a los siervos de Dios en Tiatira a cometer fornicación y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Esta ramera de Apocalipsis 17 es descrita como la gran ramera que se sentaba “sobre muchas aguas, y con quien los reyes de la tierra cometían fornicación, y con la que los moradores de la tierra se habían embriagado con el vino de su fornicación”. Ella misma estaba “ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los mártires de Jesús”.

EL ESPÍRITU DE JEZABEL DEFINIDO

El espíritu de ramera de Jezabel busca cualquier cosa para el Yo. Es la idolatría del Yo—del amor propio. Filipenses 2:21 dice “Porque todos buscan los suyo propio no lo que es de Cristo Jesús”.

El que busca lo suyo propio está enamorado de sí mismo… el amor propio es idolatría, y toda idolatría es prostitución espiritual. Nuestra naturaleza de pecado tiende al amor propio y su condición empeora por el engaño de espíritus demoníacos.

El espíritu de ramera esta presente en cuanto intentamos edificar algo en la carne para el Yo. En contraste, el Espíritu Santo está presente cuando afirmamos nuestros corazones para edificar sólo para ÉL y para Él.

Nos engañamos a nosotros mismos cuando pensamos que nuestros grandes programas de construcción de iglesia son para ÉL. No lo son. Son para el Yo. Muchos cristianos bien intencionados pero mal informados, intentan explotar al Espíritu Santo para engrandecerse.

Muchos falsifican la presencia del Espíritu Santo para hacer que su iglesia o sus cultos parezcan buenos. Esto está mal. No hemos recibido el Espíritu Santo para hacer que la ramera tenga buen aspecto.

El espíritu de Jezabel es aún más definido por sus hechos.

ELLA EXTRAVÍA A LOS SIERVOS DE DIOS

El espíritu de Jezabel extravía a lo siervos de Dios, a aquellos que se comprometen completamente a servir a Cristo. La Jezabel de Tiatira extraviaba a la gente a través de sus doctrinas—las cosas que enseñaba.

 El Señor dijo, “Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a todos cuantos no tienen esa doctrina (enseñanza).” Apocalipsis 2:24. Ella violaba las mentes y la espiritualidad con falsas enseñanzas; concretamente, aquellas enseñanzas que exaltarían el Yo, especialmente ella misma, para que pudiera tener el control sobre ellos. En esto, ella estaba haciéndoles comer cosas sacrificadas a los ídolos. El ídolo en este caso era el Yo. Toda idolatría brota del amor al Yo.

A través de sus doctrinas, hizo la misma cosa de la que Balaam fue hallado culpable de hacer. El uso de la expresión “comer cosas sacrificadas a los ídolos” la vincula con Balaam. Saber quién fue Balaam y lo que hizo,  aclaró quienes fueron los Nicolaítas, y ahora nos aclara quién fue “esa mujer Jezabel”. Todos buscaban algo para el Yo, para poder obtener dominio sobre el pueblo.

Comer cosas sacrificadas a los ídolos es lo que hacemos cuando dejamos que el viejo hombre de pecado, arrogante, egoísta y promotor de sí mismo, gobierne, en lugar de dejar que sea el Espíritu Santo quien gobierne. Es el señorío de la ramera en lugar del Señorío de Jesucristo.

Algunos en Tiatira fueron engañados por la “doctrina” egoísta y promotora de sí misma, expuesta por “esa mujer Jezabel”. Estas doctrinas influenciaron mas tarde el surgimiento del sistema del clero. Consistía en un sistema de tradiciones egoístas de los hombres, basadas en el poder, la posición, la pompa, la preeminencia, las riquezas y el dominio.

Los que están hoy día en las iglesias que violan a las ovejas de Dios para poder crecer ellos mismos en poder, posición y dominio, están haciendo igualmente que las ovejas coman cosas sacrificadas a los ídolos—los ídolos de la auto-glorificación.

INCITA A LA ADORACIÓN A BAAL

No es una coincidencia que la mujer de Apocalipsis 2 se llame Jezabel, o que la mujer en Apocalipsis 17 sea llamada MADRE DE LAS RAMERAS. No podría haber una descripción más perfecta de todo aquello que es una abominación para Dios, que la Jezabel de 1ª Reyes 16, que se casa con Acab, rey de Israel. Cuando investiguemos su vida y sus prácticas, nos convenceremos ciertamente de que ella sirve como un tipo simbólico del espíritu de prostitución en el sistema de iglesia que habría de surgir.

Jezabel era una princesa fenicia, hija de Etbaal, Rey de Tiro de los Sidonios. Acab, Rey de Israel, se casó con ella. Las Escrituras dicen, “Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nebat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los Sidonios, y fue y sirvió a Baal y lo adoró.” 1ª Reyes 16:31. En esto, Acab “hizo más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel.” 1ª Reyes 16:33. Ella llevó a Acab a la adoración de Baal.

Baal significa “poseedor” y era el dios del aumento de los rebaños, cosechas y familias. Puede definirse en términos actuales como “avaricia”. La adoración de Baal es la adoración de yo, y se caracteriza por el amor al mundo: el hambre de poder, posición, riquezas y dominio, mucho de lo que vemos a lo largo de la historia de la iglesia y en el sistema del clero.

Si el espíritu de Jezabel puede tener éxito en conseguir que los siervos de Dios adoren a otros dioses, que aparten sus ojos de Jesús y los dirijan hacia sí mismos, habrá conseguido que cometan fornicación espiritual y que coman cosas sacrificadas a los ídolos.

Les habrá hecho cometer pecados que son una abominación para Dios. Cuando levantamos a esta Cosa que llamamos iglesia y añadimos gente a ella, apartamos sus corazones del que tendría que ser su primer y único amor, Jesucristo.

No soy una persona afecta o aferrada al dinero. Siempre he trabajado duro y he procurado administrar de la mejor manera mi salario. Nunca me falto nada, nunca me sobró nada. Creo que eso es lo que Dios llama: cubrir nuestras necesidades. De allí para arriba, avaricia, ambición. De allí para abajo, irresponsabilidad, derroche.

Bajo esa óptica personal, siempre me llamó poderosamente la atención el grado de avaricia o amor por el dinero que encontré dentro de las congregaciones. No digo que haya que andar por la vida regalándolo todo, porque no es eso administrar bien, pero tampoco podemos estar permanentemente procurando ver como le sacamos alguna ventaja al “hermanito”.

ELLA CONSULTA A LOS PROFETAS DE BAAL

El espíritu de Jezabel consulta a los profetas de Baal. Los profetas de Baal dicen cosas que atraen y atrapan a los deseos de la carne.

El Acab de Jezabel tenía sus propios profetas de Baal. Ella dejó que los profetas de Baal comieran en su mesa. 1ª Reyes 18:19. Hacían cosquillas en sus oídos diciéndole lo que ella quería oír. Quería oír lo que pensaba que pudiera producir un aumento de poder, control y grandeza hacia sí.

Ese era el caso de Acab, cuando se unió a Josafat en guerra contra el Rey de Siria sobre Ramot de Galaad. Josafát rogó a Acab que buscara al Señor antes de ir a la batalla. Acab reunió unos cuatrocientos hombres de los profetas de Baal, y le dijeron que procediera, asegurándole que el Señor le libraría.

Ya estaba en su corazón el proceder de esta manera, y así, le dijeron lo que quería escuchar. Josafat preguntó, “¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el que le consultemos?” Sin duda alguna, Acab se encolerizó con la sugerencia.

Acab conocía a Micaías pero le dijo a Josafat:   “Le aborrezco porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal”. No obstante, Micaías fue consultado y le dijo a Acab lo mismo que los profetas mentirosos le habían dicho: “Sube y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey.”

 Acab sabía que no estaba hablando la palabra del Señor y le ordenó que hablara la verdad. Y así, le dijo: “Vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor.” 2ª Crónicas 18:22 añade, “Jehová ha hablado el mal contra ti.” ¡Fascinante! Acab sabía que Micaías no hablaba verdad, que no era la voluntad de Dios que saliera a la batalla, pero lo hizo de cualquier modo, trayendo su propia destrucción. 1ª Reyes 22.

Los “Acabs” de las iglesias de hoy se rodean de hombres del “Sí”. Seguirán arrodillándose a sus propios Baales y  consultarán  a sus propios profetas de Baal  siempre que sean adictos a lo más Grande, lo mejor, y lo máximo. Más grande, mejor y más de todo. Más grande, mejor y más de todo. Edificios de iglesia más grandes. Mejores salarios. Más miembros. Ofrendas mayores. Honor, reconocimiento y reputación mayores. Incluso sabiendo que esto les lleva a su propia destrucción, su insaciable  apetito de aumentos, les empuja hacia delante. Lo hacen, de cualquier forma.

Las modalidades han ido modificándose con el correr de los tiempos, pero la esencia indudablemente no. Todavía hoy, en muchos lugares, los predicadores dicen aquellas cosas que la gente desea oír, en lugar de hablar lo que Dios está ordenando hablar.

ELLA MATA A LOS PROFETAS DE DIOS

El espíritu de Jezabel mata a los profetas de Dios.

La Jezabel de Acab se caracterizó por haber matado a los profetas del Señor. 1ª Reyes 18:4,13. El Señor vengó la sangre de Sus siervos los profetas y la sangre de todos los siervos del Señor de la mano de Jezabel (2ª Reyes 9:7) ungiendo a Jehú, uno de los capitanes de Acab, para ser Rey de Israel  y darle instrucciones de aniquilar a la casa de Acab.

La Jezabel de Acab y LA MADRE DE LAS RAMERAS comparten esta reputación: ambas mataron a los profetas de Dios. Apocalipsis 17:6 describe a una mujer “ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús”. Apocalipsis 18:24 dice que “Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos y de todos los que habían sido muertos en la tierra.”

Sus poderes van mucho más allá de los de una mujer convincente. Estaba asociada a los poderes de la oscuridad—alguien a quien esquivar, alguien de quien huir. Elías tenía sentido común suficiente para saber esto.

 Había ganado una poderosa victoria para el Señor sobre el Monte Carmelo. Fuego descendió del cielo a su petición y consumió los altares de los profetas de Jezabel. Después Elías mató  a todos los 450 de sus profetas a espada en el arroyó de Cisón. 1ª Reyes 18:20-40.

 ¡Que valentía! ¡Que confianza en Dios! Después, cuando “esa mujer Jezabel” amenazó con hacerle lo que él había a hecho a los profetas de ella, huyó por su vida, e hizo sabiamente. Reconocía la profundidad del mal en ella. Huyó una jornada de camino hacia el desierto, se sentó bajo un enebro y rogó al Señor que tomara su vida. 1ª Reyes19:1-4.

Este espíritu en Jezabel ya estaba conspirando en Israel durante el tiempo de los Jueces, cuando Sansón se entregó tontamente a Dalila, una mujer en el Valle de Sorec. Ella le indujo a que le revelara el secreto de su fortaleza, lo que le costó su fuerza, su libertad, su vista, y finalmente, su vida. Jueces 16:4-22.

Juan el Bautista, el profeta, cayó víctima de este espíritu atroz. Mateo 14:1-12. Juan había condenado a Herodes por tomar a la esposa de su hermano, Herodías. Herodes quería matar a Juan, pero temía a la multitud que consideraba a Juan profeta.

 En la celebración de su cumpleaños, la hija de Herodías bailó ante la ilustre multitud del cumpleaños. Su actuación fue tan grata que Herodes locamente le ofreció cualquier cosa que pidiese, hasta la mitad de su reino.

Su madre no desaprovechó el tiempo animándola a pedir  la cabeza de Juan. La Biblia dice que Herodes se sintió mal, pero se había jactado de su promesa a oídos de toda la multitud presente, y no podía echarse atrás. La cabeza de Juan cayó y el espíritu de Jezabel se había cobrado la vida de otro profeta de Dios.

Si Jezabel no puede matar al profeta de Dios abiertamente, tratará de seducirlo a cometer algún acto inmoral, ilegal o sin escrúpulos para descarrilarlo. La historia de José y la esposa de Potifar es el ejemplo clásico de este tema en las Escrituras.

Aunque había sido comprado como esclavo, José halló favor con Potifar y Dios bendijo a Potifar por causa de la presencia de José en su casa. Potifar confió la administración de su casa y de sus riquezas a José.

 La esposa de Potifar era otro asunto.  Tenía motivos sexuales hacia José e intentó seducirlo en su cama. José, siendo un hombre de integridad, rehusó sus seducciones. Ella le atrapó. Agarró su manto al huir de ella, y lo llevó a Potifar, acusándole falsamente de haber intentado abusar de ella.

Aunque Potifar le encarceló, el espíritu de Jezabel finalmente fracasó, porque Dios usó el encarcelamiento para guiarle a su destino-el asiento de honor  y de confianza en la casa de Faraón. Génesis 39:7-20.

Proverbios 5:1-8 es una advertencia al hombre natural que se aplica al hombre espiritual igualmente: “Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia, inclina tu oído. Para que guardes consejo y tus labios conserven la ciencia. Porque los labios de la mujer extraña destilan miel y su paladar es más blando que el aceite, más su fin es amargo como ajenjo, agudo como espada de dos filos. Sus pies descienden de la muerte, sus pasos conducen al Seol, sus caminos son inestables, no los conocerás, si no considerares el camino de la vida. Ahora pues, hijos, oídme y no os apartéis de las razones de mi boca. Aleja de ella tu camino y no te acerques a la puerta de su casa.”

El espíritu de Jezabel en las iglesias de hoy no es nada menos que una amenaza a los siervos de Dios. Muchos siervos piadosos y genuinos de Cristo han sido dañados espiritual y emocionalmente, y excomulgados de las iglesias porque han buscado seguir la dirección del Espíritu Santo en contra de los intereses de sus rígidas tradiciones denominacionales.

Como Bob Hughey indica, “La ramera roba afecto, tiempo, energía, recursos financieros y semillas de la esposa”. Tal y como la semilla física de los humanos es el esperma, así, la semilla espiritual es la Palabra de Dios. Su Palabra es para su esposa. Hemos de recibir con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar nuestras almas. Santiago 1:21b.

Aquí Está la respuesta a las innumerables preguntas respecto a por qué muchos sienten que el ir o estar en la iglesia los va apartando de todo el resto de sus vidas normales. Se preguntan como puede ser que servir al Señor les robe tantas cosas que Dios mismo recomienda hacer. Simple. No están sirviendo al Señor; están sirviendo a Jezabel.

ELLA DESTRUYE A LA DESCENDENCIA DE DAVID

El espíritu de Jezabel es asesino e intentará alterar la historia del mundo. No se detiene ante nada para destruir la herencia de Dios, intentando matar incluso a la descendencia real desde el Rey David hasta el Rey Jesús.

Jezabel y Acab tuvieron una hija, de nombre Atalía, que se casó con Joram, rey de Judá. Después de morir, el hijo de Atalía, Ocozías, fue hecho rey en Judá, pero fue matado por Jehú. Cuando Atalía vio que su hijo había muerto, se levantó, comenzó a matar a toda la descendencia real de la casa de Judá, se hizo con el trono y reinó durante seis años. Ella heredó el demonio de su madre.

Atalía tuvo éxito en la matanza de toda la descendencia real a excepción de Joás. Josabet, la hija del Rey Ocozías, escondió a Joás lejos de sus hermanos, que estaban siendo matados.  Joás sería mas tarde coronado Rey de Judá por la asamblea de levitas y jefes principales de Israel, bajo el liderazgo de Joiada, el sacerdote.

Cuando Atalía escuchó la conmoción que rodeaba a la ceremonia de coronación de Joás, rasgó sus vestidos y gritó. “¡Traición, Traición! Joiada ordenó que fuera sacada del Templo y matada. 2ª Reyes 8:25-11:20, o 2ª Crónicas 22-23.

Apreciamos la magnitud de este evento histórico cuando recordamos que Jesús, el Mesías, sería descendiente de David. 1ª Crónicas 17:11-12. Si Joás hubiera sido asesinado con el resto de la descendencia real de David, esto habría interrumpido ese linaje divino.

Al acercarnos al final de los tiempos, encontramos a Satanás, la verdadera influencia que potencia al espíritu de Jezabel, una vez más intentando destruir el linaje real de David. Todos los que son llamados, escogidos y hallados fieles (Apocalipsis 17:14) son el hijo varón de Apocalipsis 12:1-5, que ha de gobernar a las naciones con vara de hierro, y a quién el dragón intenta devorar. Este hijo varón es un hijo colectivo, que lleva la imagen del Hijo, y a quién el Espíritu Santo manifestará en estos últimos días.

El espíritu de Jezabel intenta destruir el espíritu de la condición especial de hijos, cuando es predicado, pervierte la revelación cuando ésta brota, y mantiene a muchos como rehenes a los sistemas religiosos de los hombres.

Evalúa con la máxima serenidad esto que has leído y luego, si puedes, confróntalo con lo que has vivido o pueda estar viviendo en alguna congregación. Si no suceden estas cosas, no le busques la quinta pata al gato. Pero si está ocurriendo, entonces procura no minimizarlo.

SE SIENTA COMO UNA REINA

El espíritu de Jezabel busca asentarse como una reina. La Jezabel de Acab gobernaba furtivamente. Era el poder que había detrás del trono. El espíritu de Jezabel ha estado actuando históricamente a hurtadillas, pero el Espíritu Santo revela que ella se colocará de hecho abiertamente sobre el trono como hizo Atalía.

“Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto. Porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, no soy viuda y no veré llanto.” Apocalipsis 18:7.Ya está sucediendo no solo en la iglesia, sino en todas las áreas de la vida; se sentará como reina antes del final de los tiempos.

El Espíritu de Jezabel rechaza la autoridad del hombre. Está empujada a usurpar la cabeza de su marido—haciéndose cargo de lo que Dios ha encargado solo a él. Contesta por él, toma decisiones por él, y le manipula para sacar sus planes. Usa el sexo, el llanto, las caras largas, la confabulación, la auto-compasión, y la amenaza con lograr lo que ella quiere. Esto está vívidamente ilustrado en el siguiente capítulo sobre Nabot.

El espíritu de Jezabel quiere más que ninguna otra cosa, gobernar en las iglesias y gobernar sobre los escogidos de Dios. Ella apunta al liderazgo cuando puede. Los ancianos de una pequeña ciudad se reunían, oraban y estaban de acuerdo unos con otros en cuando a la dirección hacia la que creían que el Señor les estaba guiando.

 La siguiente ocasión en que se reunieron, el anciano Juan había cambiado de postura. ¿Por qué? Había ido a casa, lo había hablado con su esposa y al no encajar en sus planes, ella le persuadió para cambiar de opinión. Ella gobernaba sobre él; por tanto, ella controlaba casi todo lo que sucedía en esta comunidad a través de él. Él era un Acab y ella una Jezabel.

Jezabel es movida por ambición y se caracteriza por ser la cabeza de la mujer. El espíritu Santo estableció el orden de Dios para la cabeza a través de Pablo. El escribió: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios, la cabeza de Cristo.” 1ª Corintios 11:3.

El principio de dirección no es una cuestión de ciudadanía o de grandeza. Ciertamente, tampoco favorece el comportamiento abusivo por parte del marido ni obediencia ciega por parte de la esposa. Es un asunto de jurisdicción. Es la responsabilidad de todo varón ante su Cabeza, Cristo, de amar y cubrir a su esposa adecuadamente.

 El entrenador Bill McCartney habló profundamente en el programa de televisión NBC Today Show, el día 19 de Noviembre de 1997, diciendo: “El llamado de todo varón es llevar a su esposa al esplendor”. Un hombre piadoso será un verdadero pastor sobre su casa. Dirigirá, alimentará, sanará y los atenderá.

Las mujeres que usurpan la cobertura de sus cabezas, se abren a sí mismas a espíritus engañadores. 1ª Corintios 11:10. Las mujeres que se convierten en “el poder detrás del trono” o que de alguna manera comienzan a ejercer autoridad sobre sus maridos, se abren a sí mismas a un espíritu de Jezabel. 1ª Corintios 2:12-14. La cabeza o dirección de la mujer está fuera de orden y es peligrosa. Hará extraviar a los siervos de Dios.

Las iglesias establecidas en Babilonia están potenciadas por las influencias secretas de los espíritus de Jezabel, y los Acabs son peones en sus manos. Estos espíritus estarán disponibles y funcionando cuando este sistema de la iglesia ramera esté en su sitio. Este sistema idólatra de adoración al ego, atrae demonios como moscas a una merienda.

Vale la pena consignar que Jezabel es un espíritu, y que los espíritus no necesariamente muestran predilección por un determinado sexo. Necesitan un cuerpo para operar y toman al primero que se les presenta factible.

Sin embargo, el de Jezabel elige preponderantemente mujeres, ya que por características propias, ligadas con la seducción por sexualidad, es donde mejor cumple su tarea destructora. Jezabel no es necesariamente mujer, pero mayoritariamente sí.

ES ABATIDA EN UN DÍA

LA MADRE DE LAS RAMERAS está en contraste con la esposa de Apocalipsis 19:7-9. Esta falsificación es la madre de las abominaciones de la tierra. Ella es una abominación al Señor y será abatida en un día. Su gloria ya languidece con la gloria que asciende de la verdadera esposa santa de Dios.

Una similitud sorprendente existe entre la Jezabel de Acab y LA MADRE DE LAS RAMERAS en cuanto a como terminan ambas.

2ª Reyes 9:30-33 narra como moría la Jezabel de Acab. Jehú había sido ungido para reemplazar a Joram, como el rey de Israel y recibió la orden de aniquilar a toda la casa de Acab, incluida a Jezabel.

Cuando Jehú llegó a Jezreel, encontró a Jezabel asomada por una ventana. A su orden, algunos eunucos la arrojaron, salpicando su sangre sobre el muro y sobre los caballos. Jehú la atropelló.

Cuando fueron a enterrarla, descubrieron que los perros la habían devorado por completo a excepción de su cráneo, pies, y las palmas de las manos, tal y como Elías había profetizado. 1ª Reyes 21:23.

Apocalipsis 18:2 nos dice, “ha caído, ha caído la gran Babilonia.” El versículo 8 dice: “Por lo cual, en un solo día vendrán sus plagas”. Versículo 10:”Parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, Ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte, porque en una hora vino tu juicio.”

 v .17: “Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas.” v.21: “Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar diciendo, “Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada”:

El segundo ángel dijo en Apocalipsis 14:8, “Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.”

Entonces, uno de los siete ángeles en Apocalipsis 17:1-2 dijo, “Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas, con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.”

Finalmente, en Apocalipsis 19:1-2, Juan “oyó una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía, ‘Aleluya, salvación y honra y gloria  y poder son del Señor Dios nuestro, porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación”.

El sistema idolátrico de las tradiciones de los hombres, arropado en esta Cosa que llamamos la iglesia, y tipificado por el espíritu de Jezabel, esta destinado a la destrucción. Apocalipsis 2:21-24 nos cuenta el resto de la historia, “Y le ha dado tiempo (a Jezabel) para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.

He aquí, yo la arrojo en cama y en gran tribulación a la que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. Y a sus hijos heriré de muerte y todas las iglesias sabrán que Yo soy el que escudriño la mente y el corazón.

Y os daré a cada uno según vuestras obras. Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga.”

El gobierno de la mente carnal en la iglesia es la cautividad Babilónica de la iglesia. Los Nicolaítas son los porteros y Jezabel gobierna detrás de la escena. Es una tarántula viuda negra que teje su red de seducción y engaño para atrapar a todos los que pueda.

Y así sucedió a Nabot. El también fue atrapado en la trampa.

Capítulo 12
Nabot

 

Era un buen día para Nabot, paseando por su viña y probando las uvas mojadas de rocío en la quietud de la mañana. “Una buena cosecha este año”, pensó para sí, sonriendo y moviendo su cabeza en acuerdo. 1ª Reyes 21 (con un poco de mi imaginación).

El sol del oriente cegaba a Nabot, impidiéndole ver a Acab, el Rey de Israel, que se acercaba nerviosamente hacia él. Acab había salido temprano esa mañana. Tenía algo en mente. Su palacio estaba junto a la viña de Nabot.

“¡Oh!” Nabot se sobresaltó por Acab. “No te oí llegar”.

Acab no perdió tiempo en hacer su oferta a Nabot. “Dame tu viña para que pueda tener una huerta junto al palacio”. Te daré una viña mejor en algún otro lugar, o si lo prefieres, te daré su valor en dinero.”

Nabot dio un paso atrás. No podía creer lo que le había pedido. No necesitaba tiempo para tomar una decisión. Lo soltó directamente de su boca. “Guárdeme Jehová de que yo te de a ti la heredad de mis padres” 1ª Reyes 21:3.

El semblante de Acab decayó. Su corazón se había propuesto a toda costa la compra de este terreno de Nabot.  Angustiado, regresó a su casa, se acostó, apartó su rostro y se compadeció de sí mismo.

Jezabel halló a Acab con la cara larga y le preguntó: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu y no comes?”

“Porque hablé con Nabot de Jezreel y le dije que me diera su viña por dinero pero el respondió: Yo no te daré mi viña”, dijo Acab lloriqueando.

Se levantó y dijo lo que cualquier Jezabel auténtica hubiera dicho en una situación como esa: “¿No eres tú ahora rey sobre Israel? ¡Levántate! ¡Come! ¡Alégrate! Yo me encargaré de esto. Te daré la viña de Nabot”.

Acab hizo lo que cualquier buen Acab hubiera hecho. Hizo exactamente lo que ella le dijo que hiciera y nunca cuestionó la forma en que planeó quitar la viña a Nabot. Un amigo mío lo vio de esta manera: “Él no deseaba saber por temor a descubrir que sus planes eran desagradables. Estos Acabs no son estúpidos. A menudo viven a través de otra persona, es decir,  a través de sus Jezabeles”.

No malgastó el tiempo. Su indiferencia hacia Nabot era obvia. Esta era su oportunidad de ganar más poder y autoridad para sí misma. Logró su objetivo gobernando encubiertamente a través de su marido. Ella era la voz detrás de él. 

Se apresuró pasando por los siervos que estaban fuera del aposento de Acab, se quitó  su chal de los hombros, se dirigió hacia el despacho real, cogió un pergamino y comenzó a escribir cartas a los ancianos y nobles que vivían en la ciudad. Falsificó la firma de Acab sobre ellos, echó cera junto a su nombre, y selló cuidadosamente las cartas con su anillo.

“Proclamad ayuno”, escribió, “Y poned a Nabot delante del pueblo; y poned a dos hombres perversos delante de él, que atestigüen contra él y digan: ‘Tu has blasfemado a Dios y al rey’. Entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera.”

¡Que terrible! ¿Sabían los hombres de la ciudad, esos ancianos y nobles, que Jezabel era la autora de esta conspiración criminal? ¿Pretendían no saber? ¿Desconocían la buena reputación de Nabot, y que esto era una trama contra él? No importa—siendo los hombres del sí, que es precisamente lo que eran—hicieron lo que el palacio real les pidió que hiciesen. Tuvieron su juicio formal, sentenciaron a un hombre bueno por la palabra de dos canallas, y le apedrearon hasta la muerte.

Pronto llegaron las noticias a Jezabel de que Nabot había muerto. Corrió a los aposentos de Acab, apartó bruscamente la ropa de cama de su cabeza y le gritó: “¡Levántate!”, “Toma posesión de la viña de Nabot”; “¡Ya no vive, está muerto!”

Hasta ahora, muchas preguntas sin contestar. El mal estaba hecho. Acab y Jezabel tenían lo que querían. O al menos, eso pensaban.

LOS SÍMBOLOS

La historia se lee como una parábola y tiene unas similitudes sorprendentes con las circunstancias que rodearon la muerte de Jesús. Sigue hablando a la condición presente de la iglesia. Leer sobre Nabot como una parábola, expone aún más la naturaleza, hechos, enseñanzas y obras de los Nicolaítas y del espíritu de Jezabel. Acab define particularmente  el espíritu Nicolaíta.

Casi cada persona, lugar y parte en esta historia tiene un significado simbólico, El nombre de Nabot significa “brote”. Como tal, es un tipo de Jesús, la raíz de Jesé. Vivió en Jezreel, que significa “Dios siembra”. Jezreel es un tipo del Reino de Dios en el que Dios siembra la buena semilla de la palabra para cuidar su viña.

La viña de Nabot representa la asamblea general de los-llamados-fuera, que es el cuerpo de Cristo—todos los que son nacidos de lo alto por la semilla eterna en Cristo. Jesús es la vid verdadera, el Padre es el sembrador y nosotros somos los pámpanos. Permanecemos en Él y ÉL permanece en nosotros. Juan 15:1-8. Nosotros somos la fruta de esa viña también.

Debemos saber que el enemigo de nuestra fe busca robar, matar y destruir (Juan 10:10), haciendo lo que sea necesario para reclamar la viña de Dios para sí mismo.

LA HERENCIA

Nabot se horrorizó por el insulto de Acab. Su viña era más que una parcela de terreno. Era la herencia de sus padres. “Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.”, dijo a Acab.

Escucha el doble significado aquí: “la heredad de mis padres”. Lo que fue tomado de Nabot, fue tomado de sus antepasados igualmente. Si la herencia que yo deje a mis hijos, me es robada, me es robada porque era mi herencia para ellos. Se convierte en una cosa personal.

Nosotros, como la viña de Dios, somos  su herencia. Pablo oró por los efesios—una oración que todos nosotros podemos reclamar—“para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él,  alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cual es la esperanza a qué ÉL os ha llamado, y cuales las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos”. Efesios 1:17-18.

De igual modo, nosotros tenemos nuestra herencia en Él. Efesios 1:11 dice que hemos recibido una herencia por Cristo. Colosenses 1:12 añade que somos participantes de la herencia de los santos en luz. Hebreos 9:15 nos asegura que tenemos la promesa de la herencia eterna. 1ª Pedro 1:3-4 declara que hemos nacido de nuevo de entre los muertos para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo, que nos deja una herencia incorruptible.

Está reservada en el cielo. Nuestra redención en Cristo Jesús es una herencia maravillosa para nosotros. Es lo que Dios quiere para nosotros. De igual modo, nuestra redención es una herencia para Dios. Es lo que Dios quiere para Él mismo. Para Él también es una cosa muy personal.

El Israel de antiguo recibió una herencia de tierra. Habían de tomarla para ellos mismos y para Dios. Espiritualmente hablando, también nosotros hemos recibido una tierra que poseer para nosotros y para Dios. Nuestra tierra es nuestras almas, es decir, nuestras mentes, voluntades y emociones.

Tenemos una herencia espiritual de justicia, paz, y gozo en el Espíritu Santo, de redención, santificación y glorificación; de convertirnos en los hijos de Dios por la obediencia. Porque somos los herederos de Dios y coherederos con Cristo. Romanos 8:17. Recibimos lo que Dios tiene para nosotros y Dios recibe lo que El debe tener de nosotros. Nos beneficiamos mutuamente.

Por tanto, no es ninguna sorpresa que Satanás tirara de las cuerdas sobre sus marionetas de Acab para robarnos a nosotros y a Dios de nuestra herencia. Satanás, como Acab, quiere la viña de Dios para él mismo.

 Su misión fundamental en nuestras vidas es destruir a aquellos de nosotros que somos herederos y coherederos con Cristo. Los falsos pastores se camuflan entre el rebaño como lobos con piel de oveja, para reclamar la herencia de Dios para ellos mismos.

 Los pastores se refieren a sus congregaciones como el pueblo de ellos. Identificamos a un cuerpo de creyentes como la iglesia del “hermano Bobby”. No podemos poseer lo que pertenece a Dios. Pertenecemos los unos a los otros en el reino de Dios, pero nunca hemos de poseernos unos a otros. Somos sus ovejas, las ovejas de Su prado.

Acab quería la viña para hacerla un huerto, no por las uvas ni el vino que producía. Quería cambiar su carácter. Los Acabs de hoy cambian el carácter de la viña santa de Dios. Clonan a los demás para parecerse a ellos mismos con el fin de satisfacer sus propios planes en lugar de permitir que el Espíritu Santo conforme a otros a la imagen de Jesús. Satanás gana el control de la viña de Dios a través de personalidades que se han engrandecido a sí mismas, de los Acabs de mano dura que gobiernan las iglesias.

No sólo que es normal referirnos a las congregaciones como “la iglesia del pastor XX”, sino que incluso, yo he descubierto que para mucha gente, es un motivo de alto orgullo pertenecer a una iglesia comandada por un pastor famoso o conocido.

LA PROPOSICIÓN

Acab prometió a Nabot que sustituiría su viña por una mejor, o le daría el precio en dinero a cambio de la misma. De forma similar, Satanás trató de comprar a Jesús cuando vino a Él en el desierto, le mostró todos los reinos del mundo, y le dijo que Él podría tener todos ellos y su gloria, si tan solo Él se postrase y le adorara.

Jesús respondió al Diablo: “Vete de Mí, Satanás, porque escrito está: ‘al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás.’ ” Lucas 4:5-8. Nabot contestó a Acab diciendo, “Guárdeme Jehová que yo te dé a ti la heredad de mis padres.” Si Jesús se hubiera entregado a la tentación de venderse a Satanás, no habría habido “herencia en los santos”. Efesios 1:18.

Acab es un tipo del clero dentro de ese sistema de iglesia—aquellos que buscan algo para el yo. Los ministerios del tipo de Acab hoy deben tener seguidores para poder avanzar en poder, posición, riquezas y dominio.

David Fitzpatrick afirma que el propósito del liderazgo es “ayudar a entrenar y equipar personas para ejercer el llamado de Dios que está sobre sus vidas…pero la iglesia de hoy parece fluir con demasiada frecuencia en una dirección—hacia el centro, continuamente reuniendo los talentos y dones de todo el mundo y usándolos con el fin de lograr los objetivos de unos pocos.” Y enfatiza: “No creo que la vida de las personas deba consumirse en ayudar a un líder a conseguir sus metas en la vida.” Con simplicidad valiente, afirma, “Debemos liberar a las personas, no poseerlas”. {21}

LA TRAMA

El nombre Jezabel significa “sin marido”. Significa que era una mujer sin cobertura. Una mujer puede ser soltera, y estar cubierta; y puede estar casada, y no tener cobertura. La diferencia tiene que ver con que ella tenga un corazón sometido. Jezabel no solo no se sometió a la cabeza de su marido, sino que usurpó la cabeza de su marido.

Llevaba la voz cantante. Como tal, es un tipo del sistema de iglesia ramera en el que las personas son las cabezas, y no Cristo. A través de estos sistemas, el espíritu de Jezabel trama y maquina para conseguir sus ambiciones y sus planes personales.

Esto le sucedió a Jesús. Mateo 26:3-4 dice: “Entonces, los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote, llamado Caifás; y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús y matarle.”

 Podemos imaginar muy bien a ese espíritu de Jezabel rondando sobre los Acabs/Nicolaítas en el tiempo de Jesús, provocándoles para que crucificaran al Hijo del Dios viviente. Ciertamente estaba presente.

Como en el caso de Nabot, había dos hombres despreciables presentes para testificar contra Jesús. Mateo 26:59-61 lo documenta así: “Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos que dijeron: ‘Este dijo: ‘Puedo derribar al Templo de Dios y en tres días reedificarlo’.”

Después de traer a Jesús ante Pilatos, comenzaron a acusarle de engañar a la nación y de prohibir el pago de impuestos al César, y de decir que Él era el Cristo, un Rey. Lucas 23:2. Él era el Cristo y Rey, pero su intento al decir esto, era maligno. Y como en el caso de Nabot, incluso le acusaron de blasfemia. Mateo 26:65.

Los fariseos, los saduceos, los gobernadores y los ancianos del Judaísmo en el tiempo de Cristo, tenían su espíritu político de Acab/Nicolaíta en ellos. Recuerda que Nicolaíta significa “conquistador de personas”.

Juan 11:47-48 testifica de esto. “Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio y dijeron, ‘¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación’.”

LA EJECUCIÓN

La trama contra Nabot fue ejecutada tal y como Jezabel la había preparado. Los ancianos y los nobles habían conocido seguramente a Nabot toda su vida, y sabían que las acusaciones eran falsas. No obstante, por causa de la intimidación influyente de los espíritus de Acab y de Jezabel, le mataron de cualquier forma. Sacaron a Nabot de la ciudad y le apedrearon hasta morir.

De la misma manera, los líderes religiosos, con las aprobaciones políticas, hicieron que Jesús fuera llevado fuera de los muros de la ciudad a una colina llamada Gólgota (que significa “calavera”) y ordenaron que fuera clavado a una cruz romana. Marcos 15:22.

Los Acabs y los Nicolaítas de la iglesia de hoy siguen intimidando a los creyentes con temor; por ejemplo, probablemente les digan que se saldrán de la voluntad de Dios si dejan la iglesia de ellos.

Hebreos 13:13 nos advierte diciendo: “salgamos, pues, a Él, fuera del campamento llevando su vituperio”. Salir del campamento hoy día para nosotros, es como salir del sistema de la iglesia ramera.

No puedes vivir una vida entregada y dirigida por el Espíritu dentro de ella. O eres controlado por los que la dirigen o por el Espíritu Santo. La membresía de la iglesia es voluntaria. Si te has puesto voluntariamente bajo un liderazgo falso como el que tenemos en el sistema de la iglesia ramera, estás bajo una dirección y cabeza falsas.

 Si por el contrario, te dejas dirigir por el Espíritu Santo y eso corre en dirección opuesta a los planes del liderazgo en tu iglesia,  lo más probable es que causes problemas. Si los que la gobiernan no pueden controlarte, se enfadarán contigo, buscarán formas de silenciarte, y con suerte, te ignorarán.

No es este el argumento que propongo a los que me escriben preguntándome que deben hacer, pero no puedo dejar de reconocer que es mucho más contundente que los que yo utilizo. El autor, aquí, no se anda con falsas interpretaciones de la ética. Es como Dios dice o no es. Y punto.

LA POSESIÓN

Después de que Nabot fuera apedreado, Jezabel despertó a Acab y le dijo que tomara la posesión de la viña de Nabot. La posesividad y la propiedad son los rasgos principales de los espíritus Nicolaítas y de Jezabel.

La posesión de la viña de Nabot se convirtió en la caída de Acab y de Jezabel, porque Dios libró su juicio contra ellos. De la misma forma, la muerte de Jesús por los “Acabs” de Su día, fue su derrota. Jesús dejó muy claro a los discípulos que ningún hombre podría tomar Su vida. Tenía el poder para ponerla y para tomarla otra vez. Juan 10:18. Jesús puso Su vida por Sus ovejas. Juan 10:15.

La historia antigua de Nabot, Acab y Jezabel se ha dado como una actuación avanzada en el escenario de la historia. Solo los nombres y los personajes han cambiado. 1ª Reyes 21:15-16 podían leerse igualmente así: “Y sucedió que cuando el espíritu de Jezabel oyó que Jesús y todos los apóstoles habían muerto, que dijo a los Acabs/Nicolaítas (clero), “Levantaos e id a los-llamados-fuera, y tomar posesión de ellos”. Eso es exactamente lo que sucedió, y han gobernado las iglesias desde el siglo segundo DC hasta hoy.

La estrategia de Balaam permanece igual hasta este día:”Si no podemos maldecirles, les seduciremos para que caigan en la prostitución de Yo”. Cueste lo que cueste, los Acabas y los Nicolaítas deben poseer a los “suyos propios.”

EL ESPÍRITU DE ELÍAS

Aquella mañana era diferente de la mañana cuando Nabot probó las maduras y frescas uvas de su viña. Esta mañana Acab se había levantado temprano para ver los campos arados de la viña de Nabot, en un momento en el que la muerte de Nabot todavía rondaba cada surco de la tierra. A Acab, esto no podía importarle menos. Tenía lo que quería, o al menos, así pensaba él.

Un airado Elías, con el fuego de la unción de Dios en sus ojos, no perdió tiempo ni intercambió cortesías. “¿No mataste, y también has despojado?” Y volverás a hablarle: “Así ha dicho Jehová:’En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre’.” 1ª Reyes 21:19

Tambaleándose sobre su propia ineptitud, Acab preguntó a Elías, “¿Me hallaste, enemigo mío?” Los Acabs siempre verán a los verdaderos profetas de Dios como sus enemigos, porque los verdaderos profetas no les dicen lo que los Acabs quieren oír.

“Te hallé”, contestó Elías, “porque te vendiste a obrar el mal a los ojos de Jehová”. Además, Dios declaró a través de Elías, que traería el mal sobre Acab, cortaría su postrimería y haría de su casa como la de Jeroboam y Basa por la forma en que provocó a ira al Señor e hizo pecar a Israel. Y así sucedió, tal y como Elías había profetizado.

El Espíritu de Elías está siendo liberado hoy en parte para pronunciar juicio contra los Acabs y Jezabeles que enseñan y seducen a los siervos de Dios a cometer fornicación y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Apocalipsis 2:20. ¡Cómo damos nuestro afecto, tiempo, dinero, energías, hijos y cosas semejantes, a estos sistemas idolátricos de iglesia en los que nos hallamos!

LA VALIDACIÓN

Jesús contó una parábola que suena parecida extrañamente a la historia de Nabot por causa de la envida, el crimen y el juicio que aparecen en ella.

“Hubo un hombre, padre de familia, el cual  plantó una viña,  la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.”

“Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus siervos a los labradores,  para que recibiesen sus frutos. Más los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.”

“Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros, e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo diciendo, tendrán respeto a mi hijo. Más los labradores cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Éste es heredero, matémosle y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña y le mataron”.

“Cuándo venga, pues, el Señor de la viña, ¿Qué hará a aquellos labradores?”

Le dijeron:  “A los malos destruirá sin misericordia y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”.

Jesús les dijo: “¿Nunca leísteis en las Escrituras, ‘La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo?  El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?  Por tanto, os digo, que el Reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.  Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado…..”

“Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar como echarle mano, temían  al pueblo porque éste le tenía por profeta.” Mateo 21: 33-46.

El señor en esta parábola es Dios el Padre. La viña es Su asamblea de los-llamados-fuera, los verdaderos herederos de Abraham, herederos por la fe. Los labradores era la nación de Israel, que en aquel tiempo estaba siendo gobernada por los sistemas políticos y religiosos de los fariseos, saduceos, escribas y gobernadores. Los siervos a quienes asesinaron son los profetas. El Hijo a quién también mataron fue Jesucristo. La nación a quién Él entregó el cuidado de la viña (el Reino de Dios) son los Gentiles.

Esta parábola habla igualmente de la condición del sistema de la iglesia hoy, y los Nicolaítas en ese sistema de iglesia hoy perpetúan la actitud de los fariseos, saduceos, escribas y gobernadores. Una vez más, el Espíritu del Señor testifica que la viña (los-llamados-fuera) será quitada de ellos y será entregada a aquellos que lleven a los-llamados-fuera, a la plenitud de Cristo. Serán pastores que no buscarán nada para ellos mismos.

Acab es un tipo del Yo en el trono. Jezabel es la prostitución de la búsqueda de cosas para el Yo. Cuando se trata de esa Cosa que llamamos la iglesia, ella se confabula para estar en el trono—practicando su hechicería para poseer la herencia de Dios en los santos.

Notas

{21} David Fitzpatrick, Issues of the Heart: Let My People Go (Asuntos del Corazón: Dejar Ir a Mi Pueblo) (Thompson Station, TN: Innercourt, 1992), 73-74

Regreso Al Texto

Capítulo 13
Brujería en la vida diaria

Acab hizo algo abominable a los ojos de Dios: se casó con esa mujer, Jezabel, que trajo sus idolatrías y su brujería a la casa del Señor. La Jezabel de Acab, la Jezabel de Apocalipsis 2:20, y la gran ramera de Apocalipsis 18, fueron cada una de ellas conocidas por sus brujerías.

En cuanto a la Jezabel de Acab, 2ª Reyes 9:22 nos dice que “¿Hay paz, Jehú’ ¿Qué paz con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?”

En cuanto a “esa mujer, Jezabel”, en Apocalipsis 2:20, Jesús dijo que enseñaba y seducía a “mis siervos a cometer fornicación, y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.”. La palabra griega para seducir, también ha sido traducida como “cautivar” o “engañar”. Estos términos están relacionados con la brujería.

En cuanto a la gran ramera que se sienta sobre las muchas aguas, Apocalipsis 18:23 menciona que todas las naciones fueron engañadas por su hechicería.

DEFINIENDO LA BRUJERÍA

La práctica de la brujería es una obra de la carne. Pablo escribe: “Y manifiestas  son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidia, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; y os digo que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios”: Gálatas 5:19.-21. La palabra griega para hechicería es pharmakeia, que se refiere a la persona que prepara y utiliza remedios mágicos. La versión inglesa King James la traduce como “brujería”.

Aunque la brujería es una obra de la carne, el espíritu de brujería puede influenciar a nuestra carne para que hagamos todas las otras obras de la carne. Pueden atraer a la carne a cometer adulterio y fornicación.

Puede manipular circunstancias en nuestras relaciones para levantar contiendas, celos, y arranques de ira. Puede controlar todos los aspectos de nuestra carne para hacer el mal si dejamos que tome dominio.

La brujería, como obra de la carne, tiene dos dimensiones en sí. Uno es el concepto estricto y familiar que surge normalmente en la mente. Evoca la imagen de una mujer vieja y huesuda, con el rostro arrugado y una voz estridente, encorvada sobre una tetera de hierro, hirviendo una poción de arañas y hierbas para hechizar a las personas.

Es habitual y corriente en nuestras sociedades consumistas, que los niños hagan disfraces de ella y Satanás se las ha ingeniado para presentarla como “simpática”. Cuando se habla de “brujitas”·, el único sentimiento que eso despierta en la población, son sonrisas comprensivas y tiernas. Sólo en los “locos” creyentes la mención de una bruja les eriza la piel y les pone los cabellos de punta.

 Evocamos muñecas de vudú, tablas de ouija, tarjetas del tarot, bolas de cristal, lectura de las manos, astrología, meditación, parapsicología, fenómenos psíquicos y telepatía mental. La forma mas descarada de brujería es la adoración satánica, en la que se sacrifican niños y animales para obtener poder espiritual.

Todas estas prácticas pertenecen al lado oscuro de la brujería. Jezabel ciertamente practicaba la cara oculta de la brujería y se rodeaba de profetas que hacían lo mismo. La Biblia deja absolutamente claro que tales prácticas son una abominación para Dios. Levítico 19:26; Deuteronomio 18:10.

Podría añadir que si deseas comprobar y probar que el mismísimo Satanás está detrás de cualquier forma de brujería, bastará con observar como se las ha ingeniado para introducir estas prácticas en la sociedad occidental y otorgarle a las mismas mayor status que ir a una iglesia. Las personas famosas o importantes hablan muy poco de Dios, pero viven consultando adivinos, tarotistas o parapsicólogos.

La otra dimensión de la brujería es más amplia y más sutil. La defino como cualquier cosa que hacemos para manipular a otros en contra de su voluntad, para lograr los deseos propios egoístas. La manipulación es un intento de controlar a alguien. El control y la manipulación son prácticas de la brujería.

En nuestro día, no usamos poción de brujas para controlar a los demás. Más bien, hacemos otras cosas como utilizar las emociones, retenemos afectos, provocamos temores, provocamos culpa, intimidamos con la ira, mentimos y engañamos o usamos la autocompasión.

La práctica de la brujería en este sentido más amplio del término, abunda en nuestras vidas y tiene efectos devastadores sobre nosotros en la vida diaria. Si podemos ver como funciona en la vida diaria, quizás podamos ver lo común que es su práctica en esta Cosa que llamamos la iglesia. (Trataré con los demonios de la brujería en el siguiente capítulo).

Está bien, será bueno. Pero déjame añadir antes de ello, que yo sentía todo eso en mis primeros años de iglesia, pero francamente, creía que era yo quien estaba loco o algo peor. Leer un libro titulado “Exponiendo La Hechicería en la Iglesia”, de Rick Godwin, abrió mis ojos y nunca más los dejó cerrarse a esta realidad.

LOS EFECTOS GENERALES DE LA BRUJERÍA

La práctica de la brujería, intentar que otros hagan cosas en contra de su propia voluntad—impregna cada nivel de la experiencia humana, desde los políticos que nos engañan para conseguir nuestros votos, los anuncios que envían mensajes subliminales, los comerciantes que tratan de engancharnos con sus productos, los clérigos que tratan de dictar a nuestras conciencias, hasta los artistas, que juegan con nuestras emociones.

Todo el mundo quiere algo de nosotros. Principalmente quieren nuestro dinero, y si pueden, explotarán nuestros cuerpos, almas, mentes, tiempo y talentos para conseguirlo. La mayoría de nosotros practicamos la brujería sin ser conscientes de ello. La práctica de la brujería es tan sutil y común que o bien no la reconocemos, o bien nos hemos insensibilizado a ella. Simplemente experimentamos su frustración.

La práctica de la brujería es la causa principal de problemas en el mundo. Es la causa principal de problemas en el hogar entre maridos y esposas, padres e hijos, hermanos y hermanos, que intentan manipularse el uno al otro. Es la causa de contienda entre amigos y naciones. Es la mayor fuente de conflicto en las iglesias.

Sentimientos de culpa, depresión, sospechas, meditaciones mentales y ensayos, ira y amargura, fantasías, confusión, celos, deseos irresistibles, y obsesiones, pueden ser provocados por la práctica carnal de la brujería. La pobreza, el crimen, la enfermedad, afecciones y conflictos en la relaciones, están también entre los efectos de la brujería.

La brujería influencia esos comportamientos en nuestras vidas sobre los que no tenemos fuerzas—cosas a las que podemos ser adictos: el tabaco, la bebida, las drogas, la televisión, internet, la música, la comida, los deportes, la pornografía, el sexo, relaciones y los juegos de azar.

Estos efectos de la práctica de la brujería son tan universales que todos nosotros nos identificamos con al menos algunos de ellos. Casi todos nosotros, en un momento u otro, experimentaremos la frustración y la ira que resulta de la manipulación. La presencia de la brujería crea una atmósfera que seca la vida de cualquiera que sea tocado por ella.

INDICIOS DE BRUJERÍA

Estos son algunos de los indicios de las prácticas sutiles de la brujería en la vida diaria:

El engaño y la mentira indican la presencia de brujería. Mentir es mentir, tanto si pensamos en ello como una mentirijilla o un gran engaño. Diferenciamos entre mentiras piadosas y grandes engaños para justificarnos o para disminuir las consecuencias.

Al mentir, estamos escondiendo alguna verdad para hacer que algo suceda o para evitar la consecuencia de lo que pueda suceder. La verdad nunca tiene que ser retorcida, manipulada, forzada o alterada.

Una vez que ha sido alterada, ya no es verdad. Se ha convertido en una mentira. Dios no tiene que mentir, hacer la vista gorda o maquinar para que la gente le obedezca. El simplemente da Su Palabra en verdad llana y ordena que los hombres la obedezcan.

Por eso es que siempre hemos dicho que, cuando desde un púlpito se deja de decir una verdad, o se dice una parte de ella, lo que resta sin decir, es el equivalente a mentira. Y no podemos ocupar un púlpito para darle lugar al padre de mentira, no crees?

La otra, es la cuestión de los engaños o mentiras “inocentes” que se dicen a los niños. Las formas de su concepción y nacimiento, la fantasía de los tres reyes magos viajando por el aire en camellos voladores y el legendario ratón que se lleva los dientes caídos. ¿Te suena simpático, inocente y hasta tierno? No importa, siguen siendo mentiras.

La fortaleza del yo es otro indicio de brujería. Practicamos brujería cuando confiamos en nosotros mismos. Tratamos de hacer que sucedan las cosas en nuestra propia fuerza, especialmente esas cosas que deberían ser entregadas a la operación del Espíritu Santo.

 Filipenses 3:3 afirma que como creyentes: ”Somos la circuncisión, los que adoramos a Dios en el espíritu y nos gloriamos en Cristo Jesús, y no confiamos en la carne”. Salmos 118:8 confirma: “Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre”.

En la década de los noventa, en mi país, la gente se caía cuando se oraba por ellos. Comenzó así, con gente cayéndose sin previo aviso, sin lastimarse y conmocionados por lo que ocurría en su interior.

El mover pasó, pero muchos líderes se quedaron enamorados de esos desparramos humanos, ya que les traía más gente interesada en ver y experimentar el fenómeno. Pero como ya no ocurría nada en forma sobrenatural, entonces comenzaron a empujarlos mientras oraban. Al principio, levemente, contando con la complicidad del que se arrojaba al suelo para no hacer quedar mal al pastor. Luego, con más fuerza, cuando veían que los hermanitos no “colaboraban”. Yoísmo.

Otro indicio de brujería es el intento de muchos por controlar indebidamente sus vidas y las vidas de los demás. La gente insegura intenta hacer sus mundos mas seguros construyendo estructuras para ellos mismos y  para los demás en sus vidas.

Cuando somos inseguros, pensamos que tenemos que controlar a Dios, a los demás, a nuestro entorno, y cada circunstancia de nuestras vidas. Intentamos controlar lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos.

Otros indicios de brujería son el temor, la preocupación, la duda, la ansiedad y la inquietud. Cuando no podemos controlar por más tiempo a los demás ni creer que podemos confiar en Dios, nos entra el pánico.

Sin embargo, no necesitamos temer, ni manipular ni controlar a los demás ni a las circunstancias por más tiempo, una vez que sabemos quienes somos en Cristo. Podemos “soltar algo, y dejarlo en manos de Dios…” Podemos descansar en nuestro conocimiento de que el Señor es Dios y es soberano sobre todo.

Un hermano me escribió muy preocupado por el grado de dependencia que su joven esposa tenía para con él. Se preguntaba y me preguntaba que sería de ella si a él le sucediera algo. Sólo le pregunté: ¿Ustedes son creyentes?, a lo que me respondió que sí, que por supuesto. Entonces sólo le dije: Entonces, ¿Por qué ofendes a Dios con tu falta de confianza en Él?

El orgullo es otro indicio de brujería. Es una forma de mentira porque el orgullo esconde. Esconde la inseguridad que las personas orgullosas no quieren que otros vean. El orgullo indica una extrema conciencia y preocupación por el Yo. Se manifiesta en egos bien auto exaltados, o humillados. La auto-humillación es una falsa humildad. Es orgullo disfrazado.

La rebelión manifiesta también a la brujería. Es la voluntad de la carne levantándose contra la voluntad de Dios. El Rey Saúl regresaba de la batalla habiendo desobedecido a Dios. Dios había mandado a Saúl que aniquilara completamente al enemigo. No lo hizo.

 Por el contrario, trajo algunos de los despojos de la batalla con él. Cuando se le preguntó al respecto, pensó que podría “estafar” a Dios con la excusa coja de que regresaba con animales para hacer un sacrificio a Dios.

El profeta Samuel contestó: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente, el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.” 1ª Samuel 15:22-23. Consecuentemente, Dios rechazó a Saúl como rey, no porque hubiera pecado—David pecó tanto como Saúl—sino por causa de la condición de su corazón.

 Era ambicioso, engañoso, rebelde, terco e idólatra. Cualquier ambición del Yo va a llevar a la práctica de la hechicería. El Yo tratará de usar personas para coaccionarlas con el fin de que cometan actos en contra de su propia voluntad.

Por favor, nunca digamos que nosotros no somos orgullosos. Antes de hacerlo, evaluemos y examinemos cada uno de nuestros actos. El orgullo es tan sutil, a veces, que lo portamos como bien de familia casi sin darnos cuenta. El problema es que los demás sí se dan cuenta que lo tenemos.

La terquedad es otro indicio de brujería. “La obstinación es adivinación e idolatría” 1ª Samuel 15:23. Las personas tercas son típicamente rígidas, firmes, no dadas al razonamiento, inflexibles,  incapaces de ceder y completamente indóciles. No pueden aceptar estar equivocadas.

Tratan de mantener sus posiciones y por tanto, de esta forma sutil, practican la brujería. La gente que tiene su confianza en Dios no es amenazada por las sugerencias, correcciones, opiniones y acciones de los demás. Está dispuesta a aprender de los demás.

En algunos seminarios de bastante prestigio que pertenecen a sectores ultra conservadores de la iglesia, se enseña casi con nivel de materia, a articular determinados argumentos con la finalidad de mantener, lo que ellos llaman: “firmeza de nuestras convicciones”, que en la mayoría de los casos, son asuntos imposibles de sostener bíblicamente y sólo vigentes por terquedad ministerial.

Maldecir es también un indicio de brujería. Sin darnos cuenta, a menudo pronunciamos maldiciones con nuestras bocas. Maldecimos a otros, a otras cosas, e incluso a nosotros mismos. Santiago 3:10 nos enseña que nuestras lenguas bendicen a Dios, y al mismo tiempo, maldicen a los hombres que están hechos a imagen de Dios. “De una misma boca proceden bendición y maldición, hermanos míos, esto no debe ser así”.

Pronunciamos maldiciones cuando hablamos palabras malignas, blasfemias, juicios falsos, críticas, o cuando estamos de acuerdo con un informe maligno. Los padres pronuncian maldiciones y practican brujerías sobre sus hijos cuando les llaman “malos”, “feos”, “estúpidos”, “torpes” o “inútiles”. Las personas, especialmente los niños, tienden a convertirse en aquello que les llamamos. Creo que los demonios son asignados para hacer reales estas maldiciones.

Aquella hermana se quejaba amargamente que su amada hija no era feliz en su matrimonio. Ella sostenía que alguien le tenía que haber hecho algún “trabajo” de brujería, ya que no había manera de encarrillar esas vidas por un camino de serenidad y paz.

Sin embargo, a poco de intercambiar palabras, pudimos descubrir que la propia madre, cuando la joven estaba de novia con ese muchacho, porque a ella no le resultaba simpático y, esperando influir en una decisión de ruptura, solía decirle: “¡Deja a ese hombre, hija! ¡Con ese hombre nunca serás feliz si te casas! Tal cual. Las palabras de la madre ataron espiritualmente a la hija.

La palabrería también es un indicio de brujería. Las personas muy habladoras, con mucha verborrea, que no dejan hablar a los demás, están completamente centradas en ellas mismas. Figuradamente hablando, no tienen oídos.

 Dominan la conversación y con frecuencia interrumpen a los demás antes de que terminen sus pensamientos. Están preocupadas con sus propios pensamientos y no están realmente escuchando lo que los demás dicen.

 Pueden usar su verborrea para controlar y aferrarse a otros por temor de perderlos, aunque su incesante palabrería tenga el efecto opuesto, y aleje a los oyentes. Es muy difícil comunicarse con esas personas. “Las personas que hablan mucho también utilizan su muro de palabras para aislarse a sí mismas de la verdadera intimidad”, dice Valerie McCarley.

Esto es, lamentablemente, muy abundante en el ambiente de los cristianos. Muy de sobremanera, este virus letal ataca preponderantemente a los ministros, porque ellos suponen que su palabra tiene más peso y valor que la de cualquiera de los miembros de la iglesia.

La falta de perdón es un indicio de brujería. Practicamos brujería cuando deliberadamente retenemos el perdón hacia los demás para poder manipular sus sentimientos o sus acciones. Pensamos que estamos castigándoles reteniendo el perdón, pero estamos castigándonos a nosotros mismos severamente.

 Podemos ser secuestrados y retenidos como rehenes por nuestra propia falta de perdón hacia los demás,  y también por la falta de perdón de los demás hacia nosotros. Finalmente, por medio de aquello que rehusemos perdonar, terminaremos enganchados en la raíz de la amargura. La amargura puede matarnos.

La impaciencia es otro indicio de brujería. La impaciencia significa que tenemos prisa en que suceda algo. Nos precipitamos en medio del tráfico, nos enfadamos con la gente que se pone delante o nos frena, y tomamos decisiones compulsivas de comprar cosas que no necesitamos.

Nos impacientamos con circunstancias, con otras personas, con nosotros mismos y con Dios. “¿Por qué no hace esto o esta otra cosa?” La impaciencia empuja en busca de algo para el Yo, sin tener en cuenta a los demás, o el tiempo y la voluntad de Dios.

Totalmente verdad. Hay gente que se fastidia porque Dios no responde en el lapso de quince minutos a sus oraciones. Te quedan mirando como si les hablaras en chino cuando les dices que hay que ser paciente con Dios porque Él es eterno y no usa reloj pulsera…

La desconfianza en Dios es otro indicativo de brujería. Eso es lo que nos motiva a recurrir a ella. Hace caso omiso del señorío de Jesucristo. Pero cuando nos sometemos a Su señorío, entramos en una relación de confianza en Dios.

 Confiamos en que Él es absolutamente soberano y que el Espíritu Santo es nuestra guía competente. Estamos seguros sabiendo quienes somos en Cristo. Nadie puede poner temor, culpa o condenación sobre nosotros, ni puede provocarnos a ira. Sólo buscamos la voluntad de Dios,  y nada para el Yo (que normalmente es a expensas de los demás).

 Nos propondremos apasionadamente mantener a los demás libres de nuestro control y manipulaciones. Cuando aprendemos la fe en Dios—que Él es soberano y está en control—penetramos en ese reposo prometido de Hebreos 4:1-11.

La práctica de la brujería es también evidenciada por dominio, intimidación, actos violentos, quejas, maquinaciones, contiendas, tensiones, enfados, gimoteos, hechizos, adulaciones, seducción, violaciones, chantajes, sobornos, atracos, celos, hipocondría, control mental, rechazo y el temor al rechazo, el poder de sugestión, anuncios subliminales, tramas y competitividad. Las prácticas de brujería referidas a la iglesia, son mencionadas en el siguiente capítulo.

INDICIOS DEL ESPIRITU SANTO

En contraste con la brujería, el Espíritu Santo es manifestado por el poder de Dios obrando en nuestras vidas. Produce honestidad, verdad, claridad, confianza, fe, seguridad, descanso, paz, gozo, vida, bendiciones, justicia, luz, poder, salud y sanidad, humildad, sometimiento, un espíritu quieto y benigno, perdón y libertad.

El Espíritu Santo opera cuando basamos nuestra seguridad y fe en Jesucristo como Señor. Zacarías 4:6b dice: “No con ejército, ni con fuerza, sino con Mi Espíritu, ha dicho Jehová de los Ejércitos.” Una vida en el Espíritu camina en la confianza del Salmo 37:23: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y Él aprueba su camino.”

Santiago 3:14-18 resume este contraste entre el Espíritu Santo y la brujería para nosotros: “Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal, diabólica.

Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía, y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”

Nota como Santiago usó estas tres palabras: terrenal, animal (sensual), diabólica. Estas concuerdan con la progresión del pensamiento presentado aquí, que la carne (lo que es terrenal), busca algo para el Yo (que es sensual) que invita a lo demoníaco (lo que es diabólico).

La brujería es una fuerza negativa y destructiva de la carne y voluntad humanas. Cualquier grado de brujería es una abominación para Dios. Es una falsificación del Espíritu Santo. El Espíritu Santo de Dios, dador de vida, no permanecerá donde se practique la brujería.

De la misma forma que practicamos la brujería en la vida diaria, podemos estar seguros de que también es practicada en las iglesias.

Capítulo 14

Brujería en la iglesia

¿De qué forma podría la práctica de la brujería tener algo que ver con la iglesia? Mucho, y en muchas maneras. La experiencia de William es un ejemplo.

William había sido llamado por los responsables de la iglesia a pastorear su pequeña comunidad independiente. Después de mucha oración y consultas, su esposa y él estuvieron de acuerdo. Dejaron su hogar para enfrentarse a los desafíos de la nueva obra. Él lo cuenta así:

Sabía desde el principio que Stella estaba en control de esta iglesia, supongo que yo ignoré las banderas rojas. Este grupito había decidido unánimemente que era la voluntad de Dios que yo fuera el pastor, y después de mucha oración, acepté.

Era engañoso al principio, porque mis contactos iniciales eran con su marido y con otro hombre. Después sucedió. Un incidente detrás de otro. Se enfrentó a todo lo que yo hacía. Resistía mi predicación. Controlaba las finanzas y la escuela cristiana que llevaba la iglesia. Lo hacía todo a través de su marido. Él era su voz.

Después, los responsables de la iglesia me llamaron a una reunión. Sabía que algo iba mal cuando llegué. Querían que yo estuviese en la iglesia cada mañana a las seis para atender la llegada de los niños.

“Pensé que queríais que pastorease la iglesia—que pasara tiempo en oración, estudio y ministerio. El servicio de asistencia nunca fue mencionado.”

“No hay ningún hombre aquí. Necesitamos alguien aquí, si hay que cambiar las bombillas”, respondieron.

“Un momento”, dije, “Yo no vine aquí a cambiar bombillas.” Supe entonces que no me querían por más tiempo, por lo que les pregunté si creían que Dios me había enviado allí. Les desafié a pensar sobre ello antes de que contestaran. Pregunté a cada uno de ellos y cada uno respondió, “No”. “Entonces no necesitamos seguir con esta reunión”, les dije.

El marido de Stella dijo, “Bueno, estoy seguro de que podemos hacer algo.”

“Hermano,” contesté, “acabas de decirme que no piensas que Dios me hubiera enviado aquí. Si no piensas que Dios me ha enviado aquí, entonces, ¿como quieres solucionar las cosas?” Aquel fue el fin de esa relación. Fuimos expulsados un mes después de habernos mudado.

Stella quería que William fuera el pastor de la iglesia siempre que ella pudiera controlarlo y manipularlo para que hiciera lo que ella quería. Sin embargo, surgieron problemas entre ellos cada vez que él hacía o decía algo que amenazara el control de ella sobre las cosas.

Ella operaba en el espíritu de Jezabel y su marido ocupaba perfectamente el papel de Acab. Cuando traían sus manipulaciones y sus asuntos de control a la vida y los asuntos de la iglesia, practicaban brujería en la iglesia—siendo la brujería: cualquier cosa que hagamos para manipular a los demás en contra de sus voluntades para lograr nuestros deseos egoístas. Donde quiera que se practique, no importa lo levemente que sea practicada, la brujería sigue siendo brujería.

Yo viví algo parecido a lo de Williams. Dos matrimonios lideraban un grupo que formaba un anexo de una iglesia más grande. Un día vinieron a mí diciendo que la esposa de uno de ellos había soñado que yo era el pastor de esa iglesia naciente. Ellos entendían que Dios estaba detrás de ese sueño.

Yo les respondí que íbamos a orar con mi esposa y que, si efectivamente, Dios era quien deseaba eso, me lo iba a tener que decir a mí, ya que nos conocíamos bastante. A mí, Dios me dijo exactamente lo contrario y no acepté. Tiempo después, el matrimonio de la hermana que había tenido ese sueño, se desembarazó del otro y se quedó con la iglesia. A mí me necesitaban para manipularme debidamente y conseguir lo mismo.

BRUJERÍA EN LA IGLESIA

Las personas practican la brujería en la iglesia tan inconscientemente como la practican en la vida diaria. Es una abominación para Dios cuando se practica en cualquier terreno, pero más especialmente cuando se practica unos contra otros en la familia de Dios.

Jesús es la cabeza de Su cuerpo, los-llamados-fuera. El Espíritu Santo es Su administrador. Los que siguen a Jesús son obedientes a Su Espíritu Santo. El Espíritu Santo establece el Reino de Dios. Nunca puede establecerse por mano de fortaleza humana y la práctica de la brujería.

Cuando los hombres asumen la cabeza o dirección sobre el cuerpo de Cristo y las personas se someten a esa falsa cabeza, opera la carne, en lugar del Espíritu de Jesús. El hecho de que términos tales como la ambición, la impaciencia, la  competición, el éxito, la promoción, la contienda, la oposición, la conflictividad, el divisionismo, y la falta de entrega sean comunes entre los que gobiernan las iglesias y permanezcan en ellos, es evidencia suficiente de que están operando en la carne.

La naturaleza carnal del hombre es controladora y manipuladora—por tanto, se involucra en la práctica de la brujería. Cuando lo que tienes es encabezado por un hombre (o mujer), siempre estará bajo el gobierno de la brujería—hombres edificando sus propios reinos bajo el pretexto de ser el Reino de Dios.

Las estructuras de las denominaciones y de las iglesias institucionalizadas están encabezadas por hombres; por tanto, están fuera del orden de las Escrituras. Los que gobiernan las iglesias pueden decir que Cristo es la cabeza de su iglesia, pero no lo es.

 No puede ser la cabeza de muchos cuerpos distintos. Él es la cabeza de Su cuerpo. Hay un solo cuerpo de Cristo. Si Jesús estuviera a cargo de estas organizaciones gobernadas por el hombre, no habría necesidad de que muchos hombres y mujeres hicieran política para obtener posiciones. Si Él fuera la cabeza de las iglesias, solo habría una iglesia porque solo hay un cuerpo de Cristo. Por el contrario, las iglesias están divididas unas contra otras.

…Y ninguna casa dividida puede prevalecer…

Es alarmante descubrir que esta Cosa que llamamos iglesia no es gobernada por el Espíritu Santo, sino por la brujería. En palabras del argot callejero de Bob Hughey, “Todo lo que se llama cristiano y Espíritu Santo no lo es. Cuidado.”

A mí me gustaba enseñar a mis alumnos que “no todo lo que se mueve y respira dentro de un templo se llama Hermano”.

AUTO ENGRANDECIMIENTO

Las personas aprovechadas y egoístas que gobiernan las iglesias son típicamente alimentadas por la necesidad de crecer en ellas mismas en poder, posición, riquezas y dominio. Son los Nicolaítas que están incitados por el espíritu de Jezabel.

Amasan grandes sumas de diezmos y ofrendas obtenidos injustamente para construir cuidados edificios para ellos mismos en lugar de embellecer al Señor de gloria y a Su novia. Seducen a los demás para que se unan a ellos, en lugar unir a los demás a Jesucristo.

Maquinan tramas, programas, y planes de marketing para completar con logos y slogans con el fin de inducir a que los demás se unan a ellos. Inspiran lealtad y entrega hacia ellos mismos y su visión, en lugar de hacia Jesús y a Su visión por la esposa.

Ciegan a las personas a sus propias leyes y doctrinas falsas. Producen culpa en las personas para que firmen compromisos, consiguiendo que hagan juramentos que Dios nunca les pidió que hiciesen.

Construyen sus identidades alrededor de sus nombres, posiciones, collares clericales, títulos, denominaciones, tradiciones, doctrinas y herencias. Engañan a la gente haciéndoles creer que estar muy ocupados es piedad.

 Usan su poder para dotar a los demás de poder, con el fin de conseguir aliarlos con ellos mismos. Dan los lugares de preeminencia a las personas que llegan con anillos de oro e indumentaria costosa. Santiago 2:2. La gente, su dinero y sus talentos son travesaños en la escalera que utilizan para subir a las alturas de sus propias ambiciones, que son alimentadas por su propia imaginación.

PLANES PERSONALES ESCONDIDOS

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias tienen planes personales. Estos planes personales egoístas entran en conflicto con los planes de Dios. Con frecuencia, sus agendas están ocultas. Personas distintas tienen agendas distintas.

 El obispo Pete construyó un nuevo santuario por su necesidad de identidad. El padre David entró en el ministerio para agradar a su padre. El reverendo Dan obtuvo un doctorado para recibir reconocimiento y una mejor posición. El Dr. Anthony se comprometió a escribir un nuevo libro cada año solo para mantener su popularidad.

Las personas que tienen agendas ocultas necesitan partidarios que les apoyen para sacar adelante sus planes. Quizá quieran membresías de iglesia crecientes, edificios más nuevos y grandes, reputaciones infladas o mejores salarios.

Necesitan narices y monedas para lograr sus altos y deseados prestigios. Saben que la “grandeza” impresiona a las personas. Se han enseñado eso unos a otros. Así que cuánto más crezcan, más impresión piensan que causarán. Cuanto mas populares se vuelven algunos ministros, más colmados de riquezas son por parte de muchos.

Sus agendas tienen que seguir manteniéndose ocultas de sus partidarios, porque la verdad supondría pérdida de apoyo, y por tanto, buscan ganar la lealtad y el apoyo provocando el temor, la condenación, la culpa, el emocionalismo, e incluso a través de informes falsificados.

Una congregación fastuosa y hasta con derroche si se quiere, ofende la sensibilidad humana y la compasión de Dios cuando cuenta entre sus miembros, a gente que no se sabe si alcanza a comer todos los días o si tiene donde dormir por las noches.

De hecho, la iglesia no está en el planeta como una entidad de beneficencia, pero puede incluirla a partir del amor de Dios diseminado entre sus hijos allí presentes. Pero si darle de comer a un vagabundo no aporta prestigio al ministro principal, pues entonces que el vagabundo se muera de hambre.

RECLAMACIONES DE DINERO

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias dependen de otros para hacerse a sí mismas prósperas, así como a sus iglesias. “Socios”  o miembros ingenuos y confiados son engañados para llegar a creer que al dar a estos ministerios o iglesias gobernadas por personas con planes personales, están en realidad dando “como para el Señor”.

 Estos ministerios con frecuencia hacen sentir culpables a los que no dan tanto como escojan dar libremente. Hacen extractos de los diezmos y de las ofrendas de sus votantes, engañándoles al hacerles creer que están “sembrando” en el Reino de Dios, cuando en realidad, están potenciando reinos de hombres.

Atraen las emociones de sus partidarios para persuadirles a dar a su ministerio o iglesia. Si son personalidades televisivas, pueden prometer el envío de un regalo a sus partidarios, a cambio de una donación: libros, casetes, paños de sanidad, aceite para la unción de Israel, o alguna otra cosa.

Sus circulares son diseñadas profesional y cuidadosamente para tocar las fibras sensibles del corazón de los donantes, manipulándoles para dar dinero.

Enseñan falsamente que sus iglesias son los almacenes de aquellos miembros que “pertenecen” a ellas. Muchos de ellos acumulan riquezas y las derraman sobre sí mismos en la construcción, mantenimiento y preservación de sus organizaciones e instituciones, mientras que los pobres de todo el mundo siguen sin alimentos, sin ropa, sin cobijo, y sin el evangelio de Reino de Dios.

Jesús jamás sugirió ni por asomo que “al edificar vuestros edificios, y preservar vuestras instituciones, lo hacéis a Mí”. Más bien dijo que si alimentamos a los hambrientos, damos de beber a los extraños, vestimos a los que están desnudos, visitamos a los enfermos y a los que están en la cárcel, vamos a hacer todas estas cosas a Él. Mateo 25:35-40.

Conozco una enorme congregación aquí en mi ciudad que, mientras sigue su crecimiento edilicio y de prestigio, ya internacional, todavía sigue colocando buses para traer a los cultos a personas que no poseen una moneda para el transporte público.

Y difunden eso como “una obra de amor”, mientras que el ideal que sería el de facultar a esa gente para confiar en el Señor y trabajar en Él y como para Él, ganando su sustento, es reemplazado por largos relatos donde se cuentan minuciosamente cada uno de los viajes por el mundo que efectúa su pastor en el marco de su” tarea apostólica…”

IRA Y CÓLERA

Algunas de estas personas aprovechadas que gobiernan las iglesias pueden ser adictas inseguras al control, que necesitan mantener una sentido del orden en sus vidas para sentirse seguras. Pueden ser perfeccionistas que imponen su standard de perfección sobre los demás.

Cuando las demás no cumplen los estándares de estas personas, se sienten frustradas y se encolerizan. La ira es parte de su arsenal de armas para manipular a las demás personas a su conformidad. El pastor Daniel era uno de ellos.

La iglesia del Pastor Daniel—y enfatizo que era “su” iglesia—servía como escaparate para su tendencia a actuar. Era un orador consumado, un ávido lector, y una personalidad cautivadora. Su aspecto era exquisito y su puesta en escena era muy profesional.

 Atraía a las masas y multiplicaba los miembros, pero no podía mantenerlos. “¿Por qué la gente se marcha por la puerta de atrás tan rápido como entran por la puerta principal?”, preguntaba. No quería escuchar la verdad. Quería que fuera la culpa de “ellos”; no la suya.

La gente se iba por el uso incorrecto de la autoridad. Era abusivo espiritual y emocionalmente. Después de todo, era “su” iglesia y nadie tenía permiso para hacer nada a menos que fuera invitado a hacerlo.

Su iglesia era su teatro, su púlpito el escenario, y él era la obra. Los que tuvieran el mínimo pensamiento de contradecirle, especialmente si habían recibido una posición de liderazgo, se volvían sospechosos. Tenían que ser tratados, normalmente con un fuerte ataque verbal.

Dejar su iglesia no era una opción agradable. Los que lo intentaban, a menudo eran amenazados con el pensamiento de que se saldrían de la voluntad de Dios, y les sucederían cosas terribles. La lealtad de muchos en su membresía se basaba en el temor y en la intimidación.

Su esposa Jezabel alimentaba sus fervientes manipulaciones con las suyas propias. Gobernaba furtivamente detrás del trono de él. La mayoría lo sabía, pero nadie se atrevía a hablar una palabra. “¡Calla!” era la norma operativa en esta familia disfuncional extendida llamada iglesia.

En una iglesia fui testigo de la agria discusión entre dos pastores que casi llegó al punto de tomarse a golpes de puño. Uno de ellos era “el dueño” de la iglesia; el otro, un pastor asociado que pretendía “colaborar” pero que en realidad buscaba armar un grupo personal y propio.

Las cosas que se dijeron, a los gritos, y moviendo los brazos como aspas prestas a descargar un buen golpe en la cabeza del contrincante, han quedado en el anecdotario de lo que puede hacer la ira y la cólera en la vida del más fiel y servidor.

ADULACIÓN

La gente egoísta que gobierna las iglesias a menudo adula a sus candidatos para ganarlos. “Vosotros dos tenéis tanto qué ofrecer. Es una lástima que no estéis involucrados en una iglesia en algún sitio.”

Ese argumento lo han usado con mi esposa y conmigo unas pocas veces. Nos decían que éramos la pareja ideal en una iglesia a la que asistimos. Creo que la intención era adularnos, pero no nos aduló.

La adulación es tentadora, seductora y engañosa. Cuando no vemos lo que nos está sucediendo, somos atrapados por ello. Tiene el motivo engañoso de alabarnos para ganar nuestro favor. Un verdadero cumplido no tiene un motivo oculto, pero los que adulan, están tratando de sacar algo de nosotros para ellos, con su actitud encantadora.

Son como la mujer adúltera de Proverbios 7:4-5, que caza a los creyentes que carecen de discernimiento. “Di a la sabiduría, tu eres mi hermana, y  a la inteligencia llama parienta, para que te guarden de la mujer extraña (adúltera), y de la extraña que ablanda sus palabras.”

La adulación es un llamado a la carne buscando grandeza, esplendor, placer sensual, éxito y riquezas—todas ellas relacionadas con cosas del mundo.

Coincido en un todo. En más de una ocasión he sufrido, aunque sin llegar al engaño, gracias a Dios, de este verdadero flagelo que espera agazapado a los hijos de Dios, esperando un desliz egocéntrico para destruirlos. Suena demasiado bonito como para obviarlo, pero también como para creerlo. Sólo puedes caer en esa trampa si de verdad te crees que eres un Jesús contemporáneo.

POSESIVIDAD Y PROPIEDAD

La gente egoísta que gobierna las iglesias es típicamente posesiva y reclama la propiedad sobre sus votantes. Si son tus dueños, pueden controlarte. Si no pueden controlarte, renegarán de ti.

La membresía en las iglesias es una reclamación de propiedad que las iglesias han establecido sobre un número de personas. Todas las iglesias y denominaciones lo hacen. Elige a cualquiera.

En 1997, la convención bautista del sur informó de 15.891.514 miembros y 40.887 iglesias. {22}  ¿Por qué tenemos que saber cuántas personas nos pertenecen? ¿Por qué tenemos que saber cuántas personas asistieron a la escuela dominical y al culto de adoración? ¿Por qué es importante comparar esta cifra con “la misma fecha del año pasado? ¿Para quién estamos contando? Contamos porque medimos nuestro éxito con los números.

Me encontraba en una reunión de recién convertido y decidí contar la asistencia. Una voz suave y silenciosa en mi espíritu me interrumpió y me dijo, “No cuentes. Tú no sabes quién cuenta.” Descubrí a tiempo lo cierto que esto era, con el ir y venir de gente.

Además, ¿No estamos contando a la cizaña junto con el trigo? Jesús nos dijo que la cizaña y el trigo crecen juntos. Mateo 13:24-30. No siempre sabemos quienes son. Si tenemos que contar narices y saber que estamos incluyendo a la cizaña en esa cifra, entonces tenemos que saber que no estamos contando como Dios cuenta. Estamos contando algo para el Yo.

Quizá, contamos para determinar qué fuertes que somos. La Biblia registra tres veces en las que se tomó un censo de Israel. Las primeras dos veces, Dios lo había ordenado. Dios había mandado a Moisés que censara a toda la congregación de los hijos de Israel a partir de los veinte años de edad, numerando a sus ejércitos. Números 1.

La segunda vez, el Señor les dijo a Moisés y a Eleazar que hicieran el censo de “toda la congregación de los hijos de Israel de veinte años arriba, por las casas de sus padres, todos los que pueden salir a la guerra en Israel.” Números 26

La tercera vez, cuando el Rey David ordenó tomar el censo por iniciativa propia. 1ª Crónicas 21 nos dice como Satanás se levantó contra Israel y provocó a David a censar a Israel. 2ª Samuel 24:1 nos informa sobre esta historia diciendo, “volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: ‘Vé, haz un censo de Israel y de Judá’.”

La clave de lo que acontece con todo esto la encontramos en el versículo dos de ambos pasajes. David ordenó el censo diciendo, “para que yo sepa el número de gente.” Dios se disgustó tremendamente con David y envió una plaga sobre Israel que mató a setenta mil hombres. El deseo de David de contar su incremento provocó una gran pérdida.

Puso su confianza en la fortaleza de los números, en lugar de en Dios. Fue bueno que Dios contara a Israel. Israel era suyo. No fue bueno para David censar a Israel. Israel no le pertenecía. David buscó la propiedad de la ciudadanía para sí mismo. Fue algo que Satanás le incitó a hacer en su corazón.

Nos fascinan los números. Edificamos nuestra importancia sobre lo grande que percibimos que somos. El tamaño es un asunto de opinión. Para poder determinar lo grande que somos, tenemos que compararnos con otros.

Compararnos con otros es un espíritu orgulloso y competitivo que no tiene lugar en el Reino de Dios. Los que gobiernan las iglesias se refieren a “sus” miembros de iglesia como extensiones de ellos mismos. Se valoran por sus estadísticas. Sienten que tienen que poseer a las personas para poder mantenerlas.

Sonny estaba en el campo de baseball con sus hijos una húmeda noche de verano y vio al pastor Gene. Sonny le preguntó, “¿Tienes a alguien aquí?”, “Todos los míos están aquí”, contestó. Sonny se quedó perplejo con su respuesta.

Sonny sabía que el Pastor Gene no tenía a sus hijos jugando al baseball esa noche. El Pastor Gene le explicó, “Si son miembros de mi iglesia, son míos.” Sonny lamentó más tarde no haberle preguntado en ese instante, “¿Realmente quieres esa responsabilidad? No son tus ovejas. Pertenecen a Jesús.”

El pastor de la que fue mi última congregación hablaba de su iglesia como propiedad. El argumento con el que justificaba estas expresiones, era que tenía la responsabilidad ante Dios por ellos, pero lo cierto es que la verdad era la que el autor termina de relatar.

Además, este buen hombre hablaba de su membresía como de gente toda salva. La palabra que habla del trigo y la cizaña compartiendo en un mismo plano, no entró nunca en su cabeza, y si lo hizo, pasó por el tamiz de otra interpretación menos incómoda.

De todos modos, soy incapaz de censurarlos por ello. En más de una ocasión me he sorprendido a mí mismo controlando el incremento de visitantes a la Web. ¿Para que? Por ego, no puede haber otro motivo ni explicación.

Yo no tengo discípulos personales, no controlo la vida de nadie de los que visitan esta página, no les pido ofrendas, no donaciones ni diezmos. Es más: ni siquiera me tiene que interesar si ingresan diariamente o no. Mi trabajo es poner allí lo que mi señor me ordena y luego dejar que Él traiga a los que deben leerlo u oírlo. Pero la tentación surge y no es sencillo batallarla. Pero se puede.

HIPER-ACELERACIÓN

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias a menudo aceleran las cosas para rodearse a sí mismos de una buena apariencia. La hiper-aceleración en este contexto consiste en intentar hacer que el Espíritu Santo “suceda” en la fuerza del yo.

Lo que hacen los líderes para pretender la presencia de Dios es precisamente esa aceleración. Estos líderes tienen que hacer que sus reuniones ofrezcan la apariencia de que Dios se está moviendo en medio de ellas, tanto si lo está en realidad, como si no.

 Obviamente no lo está, por lo que sustituyen al Espíritu por una especie de hiper-aceleración. Intentan que sucedan cosas que no están sucediendo realmente, o intentan aparentar que están sucediendo cosas que en realidad no están sucediendo.

Esa hiper-aceleración es la práctica de la brujería. La vemos y la escuchamos en muchas reuniones de  iglesias “carismáticas”, conferencias y convenciones en las que el líder de la alabanza y de la adoración prolonga la música que da energía durante una hora o más, pretendiendo que el Espíritu Santo está presente o deseando invocar Su presencia.

 Cuando el Espíritu Santo escoge no manifestarse a Sí mismo, la congregación puede ser intimidada por no cantar suficientemente fuerte, por no hacer palmas suficiente tiempo, por no orar suficiente, o por no danzar en el Espíritu con suficiente desenfreno.

“Unid vuestras manos y dad al Señor una ofrenda de palmas.” “¡Que alguien me dé un amén!” Nos manipulan para hacer y decir cosas que no queremos hacer ni decir—cosas que no están en nuestro corazón el hacerlas o el decirlas.

 De cualquier forma lo falsificamos porque no queremos destacar en medio de la muchedumbre, o que piensen que somos rebeldes, ni tampoco ser acusados de apagar el Espíritu. Cuando falsificamos algo, nos convertimos en un fraude—fariseos.

Los que practican esta clase de hiper-aceleración, como la que a menudo vemos en la así llamada “televisión cristiana”, miden falsamente la presencia del Espíritu Santo por el volumen de la música, el fervor emocional de la audiencia, el elegante juego de piernas del predicador, la espontánea profusión religiosa de amenes de la muchedumbre, el número de personas que yacen caídas en el Espíritu—“pasando el rato en la alfombra”, tal y como ellos lo denominan. Algunos ministerios miran a estas cosas para validarse a sí mismos.

Y le faltó esa escena tan habitual donde el predicador comienza a aullar que se siente cada vez más la presencia del Espíritu Santo, que la unción es cada vez más “pesada” y que un tremendo fuego quema en la plataforma. En realidad, nadie siente absolutamente nada, pero para no contrariar a nadie, todo el mundo revolea los ojos, temblequea, se ríe, se va al suelo o hace cualquier monería para dar a entender que “eso” ocurre porque la presencia del Espíritu ha llenado el lugar.

De hecho, esto no es obstáculo para que en algunos casos suceda realmente eso de manera divina, sobrenatural y enviada por Dios. Nadie lo puede negar ni desconocer. Pero hete aquí que, cuando el Espíritu Santo llena un lugar, lo primero que otorga es humildad, dominio propio y perfil bajo; y lo segundo, la glorificación inmediata para Cristo y no para ningún hombre “intermediario”.

MENTALIDAD DE ACTUACIÓN

Muchos de las personas egoístas que gobiernan las iglesias han convertido sus iglesias y ministerios en centros de diversión, y buscan ministros que no son otra cosa que teatreros que mueven a las multitudes. Los auditorios de sus iglesias, diseñados a modo de teatros, y las congregaciones hambrientas de “entretenimiento”, demandan esta mentalidad de espectáculo.

El espectáculo”cristiano” es un gran negocio hoy día. Los ejecutivos egoístas y seculares de la así llamada industria musical “cristiana”, son impulsados por los fundamentos empresariales. Si aquello que llamamos “cristiano” se puede convertir en una industria, entonces no es lo verdadero.

 Los “artistas” cristianos” (los grandes son llamados “estrellas”) son el producto de esta industria motivada por el beneficio económico y a menudo son atraídos por la necesidad de popularidad, dinero y posiblemente ganar el anhelado “Dove Award”.

Supongo que este premio es considerado cristiano por la paloma que simboliza al Espíritu Santo. ¿Para qué querrían un trofeo los así llamados “artistas” cristianos? ¿Para quién actúan? ¿Tienen una vitrina especial en casa donde mostrarlos? ¿Es su motivación de obtener fama y fortuna la misma que la de los artistas del mundo? ¿O es un sacrificio de alabanza al Señor sin ninguna búsqueda de ganancia personal?

Escritores, maestros bíblicos, personalidades de televisión, evangelistas: ¿Son vuestros esfuerzos completamente dedicados a servir al Señor, o dedicados al servicio del Yo? Si es para el Señor, entonces son inspirados por el Espíritu Santo. Si es para el servicio del Yo, entonces son motivados por la brujería.

Punto. Al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Y no valen de nada las argumentaciones. Lo único que sirve como elemento probatorio, aquí, es el testimonio individual de cada personaje mencionado aquí. Árbol bueno, fruto bueno. Árbol malo…

FALSA SEGURIDAD DE SALVACIÓN

Las personas egoístas que gobiernan las iglesias dispensan una falsa seguridad de salvación.

A pesar del hecho de que los cristianos posean a las iglesias, muchos de los que pertenecen a ellas, son cristianos nominales solamente. Solo tienen una relación religiosa con Dios. Esta relación es en realidad con su religión y con su iglesia. Dios está distante de ellos. Asisten a estas cosas que llamamos iglesia porque les hacen sentirse justos.

 Han cumplido con su deber religioso. Esto les da una seguridad de salvación falsa. Los líderes de las iglesias fomentan este sentido de falsa seguridad de salvación haciendo que la gente sienta que todo está bien porque asisten y apoyan a su iglesia. Se les hace sentir culpables cuando no lo son.

Dennis Loewn me escribió lo siguiente:

Hace años escuché un casete de Leonard Ravenhill. Mencionaba que había almorzado con un pastor que era uno de los líderes nacionales de la iglesia americana. Él le hizo le preguntó: “¿Cuándo comenzará la iglesia a ministrar la salvación que hay en Jesucristo?” El pastor contestó, “¡Nosotros estamos ministrando salvación!” Ravenhill no estaba de acuerdo. “No, estáis ministrando la seguridad de la salvación.”

Ravehill estaba en lo cierto. La “seguridad” está siendo dispensada semanalmente a cambio de una asistencia de una hora de duración y unos pocos dólares en el cepillo de la colecta. Esto, con mucho, es el principal producto que está siendo vendido en la iglesia de hoy día. Este es su pan y su mantequilla, y lo mejor es que nadie se meta con ello.

Si Jesús hubiera limpiado el Templo de la venta de la mercadería (nuestros souvenir, productos-basura de Jesús, es decir su equivalente hoy), los habría vuelto locos. Sin embargo, Su ministerio amenazaba con quitarles el producto principal y más rentable—que el pueblo tuviera que conseguir la justificación de Dios mediante la asistencia al Templo.

Jesús encapsuló este mensaje a la mujer del pozo. Juan 4:20-24. Él le dijo que llegaba la hora cuando los hombres ya no irían más a Jerusalén para adorar al Padre. Todos hemos visto la fea envidia de las iglesias modernas, por mantener su comisión auto-proclamada como el Templo Moderno al que asisten las personas para llegar a ser “justas”. Cuando los judíos vieron y oyeron a Jesús, supieron que su trama había llegado a su fin. De esta forma no les quedaba otra salida que matarle.

Lo mismo sucede con este mensaje. Si hablamos contra las implicaciones materialistas y físicas menores de la moderna mercadería descarada del evangelio, haremos algunos enemigos, y puede que incluso unos pocos amigos. Pero si hablamos a la raíz espiritual, ¡cuidado!, porque la mayoría de las iglesias están dispensando seguridad y enseñando que su organización es el lugar donde recibirla.

Jesús prometió que seríamos odiados y despreciados por causa del evangelio. Él sabía que el mundo no sería la principal amenaza más de lo que fue para Él, sino que nuestros enemigos nos matarían pensando que estarían rindiendo un servicio a Dios.

El Cristianismo americano no es menos apóstata que la mezcla babilónica (talmud) que Jesús encontró en Jerusalén. Esto es innegable. Las iglesias están haciendo un negocio de ladrillos en las almas de los hombres, dispensándoles la seguridad de la salvación y haciendo el proceso tan fácil que nadie tiene la oportunidad de hacerse pobre de espíritu o lamentar por sus pecados. Pablo dijo, “Es necesario que a través de muchas tribulaciones, entremos”. (Hechos 14:22), e “indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad.” 1ª Timoteo 3:16.

Cuando nos enfrentemos a sus rostros y les digamos que no pueden por más tiempo seguir engañando al pueblo con esta falsa seguridad de la salvación, todas las promesas de Jesús referentes a ser discípulos perseguidos, se harán manifiestas.

De todas las formas en que se practica la brujería en las iglesias—auto-engrandecimiento, planes ocultos, reclamaciones de dinero, ira, adulación, posesividad, hiper-aceleración, espectáculo, y falsa seguridad de salvación—el legalismo es con mucho, el más astuto enemigo del cuerpo de Cristo.

Notas

{22} World Magazine, 30 Mayo 1998, 17

Regreso Al Texto

Capítulo 15
El Legalismo

Los que gobiernan las iglesias son típicamente legalistas.

Técnicamente, el legalismo es la excesiva conformidad estricta, literal a la ley a un sistema religioso. Bob Hughey dice, “El legalismo es el sistema por medio del cual hacemos cosas para tratar de llegar a Dios.” “Es poner la confianza en la carne, en un intento de encontrar aceptación por parte de Dios.”

Pablo escribió a los creyentes de Filipo en referencia a esto y les dijo que se guardaran de los de la circuncisión (también llamados judaizantes), que enseñaban que “a menos que os circundéis conforme a la ley de Moisés, no podéis ser salvos.” Hechos 15:1.

Hicieron de la circuncisión una pre-condición para ser cristiano. Pablo clarificó el tema con los Gálatas diciéndoles, “Nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios, y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.” Filipenses 3:2-3. El grupo de la circuncisión ponía su confianza en la carne para encontrar aceptación de parte de Dios.

Podemos estar agradecidos por esta controversia que Pablo tuvo con los Judaizantes porque eso le inspiró a marcar una línea muy clara entre la gracia y el legalismo. Sin embargo, desafortunadamente, los que confían en la carne son todavía muchos entre nosotros. Casi siempre gobiernan las iglesias. Por tanto, esta línea divisoria entre la gracia y el legalismo tiene que seguir siendo trazada.

De todos los engaños perpetuados en el sistema de la iglesia, el legalismo es el más alarmante porque parece tan correcto, y sin embargo es tan erróneo. Las obras de la ley, o en términos más actuales, las leyes de la iglesia y de la obra de iglesia—se presentan como “el camino” a la salvación por encima de la obra de la gracia de Dios por medio de Jesucristo. Estas obras se convierten en sustitutos de Jesús.

“¿Cómo anda, hermano?”, era el modo de saludar de un hombre muy legalista que conocí en mis primeros tiempos de creyente. Pero lo llamativo era su gesto al saludar. Torcía su cabeza, cerraba un ojo como quien hace puntería y torcía la boca en una mueca de corte feroz.

Los hermanos que formaban un pequeño grupo donde hice mis primeros pininos cristianos, se reían de este hombre y hacían bromas respecto a él imitándolo casi a la perfección. Pero cometían un error: lo tomaban como alguien pintoresco y excéntrico, no como en pecado.

EL LEGALISMO REQUIERE ALGO MÁS

La gente legalista requiere más de nosotros que Dios mismo. Vivimos cerca de unos Menonitas. Aunque sus casas están dispersadas en la comunidad, son una comunidad en sí mismos.

 Llevan ropas diferentes, viven ciertos códigos y adoran juntos en un edificio al que han dado nombre conforme a ellos mismos. Yo respeto mucho a esta gente. La simplicidad y la modestia de su estilo de vida es algo a desear.

 Sin embargo, tengo que preguntar, ¿Tengo que ser un  Menonita para ser cristiano? Si no, ¿Entonces para qué podría yo querer convertirme en un Menonita? ¿No es suficiente ser un creyente en Cristo Jesús bautizado?

Pedro dijo a los presentes el día de Pentecostés, “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.” Hechos 2:38. Ningún otro requisito se les demandó para tener lo que los doce tenían.

 Si yo no puedo ser cristiano sin ser Menonita, ¿Entonces que tengo que hacer para ser un Menonita? ¿Tengo que llevar la indumentaria, cumplir el código y asistir a cada reunión? ¿Hasta que punto puedo ser considerado un Menonita hecho y derecho?

A partir de la observación, parecería que tendría que hacer más para ser un Menonita, que para ser un católico-romano, episcopal, luterano, metodista, presbiteriano, bautista, pentecostal, carismático, miembro de la Iglesia de Cristo, o alguna otra iglesia independiente.

Sin embargo, en cada uno de estos grupos, tengo que “hacer” algo aparte de creer en Jesús para ser uno de estos—como mínimo, tendría que unirme a su iglesia. Se esperaría que yo me uniera a algo a lo que Jesús jamás me demandó que me uniera, algo que ni siquiera existía en los días del Nuevo Testamento—iglesia. Así pues, ¿Qué es esto a lo que quieren  que me una? ¿No es éste el grupo de la circuncisión, disfrazado?

EL LEGALISMO ES EL HACER LAS COSAS EXTERNAMENTE

La gente legalista son los que se concentran en hacer cosas externamente para obtener el favor de Dios. Cualquier intento por ganar  nuestra salvación se denomina obras-justicia. Sin embargo, Pablo escribió a los creyentes romanos afirmando que ninguna carne puede ser justificada por hechos (obras) de la ley.

En lugar de ellos, somos justificados libremente por la gracia de Jesucristo a través de la redención que hay en Él. Por tanto, Pablo llegó a la conclusión de que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley. Romanos 3:20,24,28.

El legalismo se basa en la actuación. Implica que somos recompensados por lo que hacemos y que somos castigados por lo que no hacemos. Se basa en las obras. Esta es precisamente la razón por la que las iglesias están muertas.

 Pablo escribió. “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis, de la gracia habéis caído.” Gálatas 5:4. Cuando regresamos a la ley, tanto si es la ley del Antiguo Testamento, o la ley de la iglesia moderna, caemos de la gracia.

La ley es hacer. La gracia es ser. La ley tiene que ver con lo que “deberíamos” hacer, pero no podemos. La gracia tiene que ver con lo que Dios ya ha hecho por nosotros. (Llamamos a la gente a ser como María, sentarse a los pies de Jesús, pero amamos tener a nuestro alrededor a las Martas. La mayor parte de las actividades en las iglesias depende de las Martas). Lucas 10:38-42).

Si yo trato de legislar lo que debes hacer para actuar como un buen cristiano, entonces estoy bajo la ley y poniéndote bajo la ley. Por otro lado, si te presento a Jesús, que es la ley perfecta de Dios, y Él legisla su ley desde dentro, cambiando tu naturaleza, entonces te estoy llevando a la gracia de Dios La gracia es el poder de Dios obrando en ti para cumplir Su palabra en ti. La fe persigue activamente a la gracia de Dios. La fe nunca seguirá a la ley.

El escritor de Hebreos describió por qué los israelitas no entraron el reposo que Dios había prometido. Si Dios lo prometió, entonces tiene que haber un pueblo que sí entre. Su reposo prometido es un reposo de obras muertas. “Porque el que ha entrado en Su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.” Hebreos  4:10.

EL LEGALISMO INTENTA PERFECCIONAR POR LA CARNE

La gente legalista es la que intenta perfeccionarse a sí misma y a los demás por medio de la carne. Pablo escribió, “¡Oh, Gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo ya fue presentado claramente entre vosotros como crucificado?

Esto solo quiero saber de vosotros. ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” Gálatas 3:1-3.

Pensamos que sabemos lo que Dios espera de nosotros mental, física, espiritual y moralmente, y tratamos de legislarlo en nuestra vida y en la de los demás. Inventamos códigos de vestido y comportamiento que pensamos que ejemplifica la santidad.

Sin embargo, a menos que haya tenido lugar un cambio de naturaleza dentro de nosotros, los cambios por fuera son en vano. Somos falsos. Lo interno de nosotros siempre tiene una forma de brillar a través de ese exterior dorado, delgado y transparente que mostramos a los demás.

Dios es el único que puede cambiarnos por dentro. Ezequiel 36:25-27. Él hizo una promesa a Israel a través del profeta Jeremías: “Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días,” declara el Señor.”Daré mi ley en su mente y las escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” Jeremías 31:33.

Esto fue cumplido por Cristo, que fue y es la “palabra hecha carne” (Juan 1:14). La Palabra de Dios es injertada en todos los que creemos en el nombre del Señor Jesucristo. “Recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” Santiago 1:21.

La ley de Dios ha sido depositada dentro de nuestros espíritus humanos y hemos sido transformados por medio de ella. Por tanto, ya no necesitamos vivir conforme a la operación externa de la  ley, sino por la operación interna de la ley de Dios. ¡Eso es la gracia!

EL LEGALISMO DIVIDE

Las personas legalistas tienden a ser divisorias. Puede que no pretendan serlo, pero sus caminos legalistas causan división. Cuanto más legalistas son, más tienden a separarse por causa de cosas pequeñas, no esenciales.

Me contaron la historia de dos grupos cristianos sectarios, que vivían en comunidades muy distantes una de la otra, y que desarrollaron un plan para que sus jóvenes se casaran fuera de su comunidad local.

Los líderes de estos dos grupos no pudieron llegar a un acuerdo con tal plan por causa de un asunto religioso. Un grupo creía que los hombres tenían que llevar cinco broches en sus abrigos, y el otro creía que tenían que llevar solo cuatro.

Había dos iglesias de Cristo en un pequeño pueblo de Tennessee, donde, conforme a su propia doctrina, una sola debía existir. Un grupo creía que estaba bien tener una cocina en el edificio de la iglesia, mientras que el otro creía que no. Esa fue la causa de su división.

Con mucha frecuencia, normas tontas e insignificantes causan divisiones y profundas heridas que a veces llevan al rechazo de individuos por sus propias familias. Iglesias de todo tipo se han dividido por asuntos no esenciales. Las iglesias, por su propia naturaleza, están programadas para la separación.

Pablo explicó a los corintios: “Siendo solo uno el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” 1ª Corintios 10:17. Después escribió, “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.

Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Pero ahora son muchos los miembros. Pero el cuerpo es uno solo. Para que no haya desavenencias en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.” 1ª Corintios 12:12-13,20,25.

Pablo llamó a los Efesios a soportarse con paciencia unos a otros con toda humildad, mansedumbre, paciencia, amor, esforzándose por mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz, por una verdad ineludible: “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos.” Efesios 4:2-6.

Hay un solo cuerpo. Este único cuerpo de Cristo no es ni puede ser muchos cuerpos. Por tanto, si donde estás, está dividido, no es lo verdadero.

EL LEGALISMO LLEVA AL AISLAMIENTO

Los líderes legalistas en situaciones extremas tienden a aislarse a sí mismos y a los que les siguen. El temor controla su comportamiento. Estos líderes temen que los que se encuentran bajo su influencia, puedan abandonarles. Cuánto más protectores sientan que tienen que ser, más restrictivos se vuelven.

Limitan las preguntas que sus seguidores puedan hacer, las personas que puedan llegar a conocer, la literatura que les permiten leer, y las cosas que tengan permiso de escuchar. Tienen que proteger a los que se hallan bajo su pulgar de las influencias que les harían dudar, o peor aún, dejar el rebaño. A quienes no cumplan esto, se les hace sentir blasfemos.

Hemos de ser santos, santificados. Las palabras santidad y santificación proceden de la misma palabra griega que significa separación. Hebreos 12:14 dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual, nadie verá al Señor.”

 Tenemos que separarnos a nosotros mismos del pecado y del mundo para Dios, pero esta clase de separación no es aislamiento. Somos un cuerpo, Su cuerpo, enviado para cumplir Su obra en el mundo.

 No podemos cumplir Su obra como Su cuerpo si nos aislamos los unos de los otros. A pesar del moderno ecumenismo (las iglesias intentando la cooperación pero manteniendo sus diferencias), las iglesias por su propia naturaleza, se dividen unas de las otras.

EL LEGALISMO ES UN RITUAL MECÁNICO, VACÍO

Las personas legalistas hacen obras desde un sentido del deber sin gozo, pensando que Dios va a agradarse con su actuación o que Él pueda concederles favor “merecido”. Es un ritual vacío.

Así sucede con el lavamiento de los pies. Algunas tradiciones creen que lavarse los pies es una ordenanza como lo es el bautismo en agua y la cena del Señor. Pueden apartar arbitrariamente unas ciertas ocasiones durante el mes, cada tres meses o una vez al año, para lavarse los pies unos a otros.

Cuando el Espíritu Santo lleva a alguien a lavar los pies de otro, puede resultar ser algo poderoso y lleno de significado, y normalmente transmite un mensaje de significado espiritual; pero imponer el lavamiento de los pies como un requisito para la salvación, para poder justificarse, o para poder ser espiritual, es volver a obras muertas legalistas. Lo mismo podemos decir de cualquier acto de adoración o servicio. Cuando las cosas se hacen mecánicamente, generalmente son obras de la carne sin sentido.

Los escribas y los fariseos eran muy dados a la observancia mecánica ritual de leyes, tiempos, días—la mayoría de las cuales eran hábitos de sus propias tradiciones. En unas de sus muchas críticas mordaces a ellos, Jesús citó a Isaías diciendo: “Este pueblo de labios me honra, más su corazón está lejos de Mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.” Mateo 15:8-9.

EL LEGALISMO ES JUCIOSO

Las personas legalistas tienden a hacer juicios muy críticos contra los demás. Quizá conozcas a Bob, o a Jane, o a Suzy o a Tom. Con cualquier otro nombre, todos son iguales. Son los que han olvidado lo que eran antes de convertirse.

 Han olvidado que ellos, una vez también estuvieron perdidos, fueron rebeldes, tercos, egoístas y personas de carne y de pecado,  llenos de voluntad propia. Algunos nunca supieron que estuvieron perdidos, rebeldes, tercos, egoístas y llenos de voluntad propia.

 Ellos, que una vez necesitaron compasión y misericordia, no tienen compasión y misericordia hacia los demás. “Fueron salvos” y por alguna extraña razón endurecieron sus corazones hacia los que no son salvos todavía.

 En casos severos, no tendrán nada que ver con “el pecador”, o con cualquier sistema de creencias que sea diferente del suyo propio. Las personas juiciosas hacen evaluaciones críticas de los demás y quieren imponer la idea de la justicia sobre los demás.

Lo qué juzgamos, es diferente de cómo juzgamos. Si juzgamos con malicia y contienda en nuestros corazones, nos volvemos críticos y por tanto, caemos en pecado. La crítica mordaz juzga a los demás por la intolerancia propia de la carne del que critica.

 Ministra condenación a los que son juzgados. Olvidamos que seremos juzgados por el Señor en un día. “Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compadeceremos ante el tribunal de Cristo.” Romanos 14:10.

Una cosa es llamar a un hermano al arrepentimiento desde el amor y la compasión por su alma, y otra muy distinta es destinarle al infierno con contienda en nuestros corazones. Por tanto, tenemos que cuidar como juzgamos.

Este libro completo es un juicio contra esa Cosa que llamamos iglesia. Tenemos que discernir lo que Dios está diciendo. Entonces nosotros hablamos esas revelaciones, visiones, sueños y entendimientos dados por Dios a nosotros para que, si fuera necesario, nos llamemos  unos a otros al arrepentimiento. 

Llamamos pecado al pecado. Juzgamos lo que Dios juzga, pero cuando traemos nuestros propios planes, opiniones o sentimientos en una situación concreta, convertimos el juicio justo, en una crítica legalista y mordaz.

En cuánto al sistema de la iglesia ramera de las tradiciones de los hombres, que llamamos iglesia, ya ha sido juzgada por Dios. Apocalipsis 17:1 dice: “ Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada  sobre muchas aguas.”

 Y Apocalipsis 18:10: “Parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!” Me siento empujado por el Espíritu Santo de Dios a “enseñar a la casa de Israel esta casa”, no a juzgar a otros, sino a llamar al arrepentimiento a aquellos cuyos corazones se han entregado a sus idolatrías en lugar de al Señor.

EL LEGALISMO ES ESCLAVITUD

Los legalistas atan a los demás a sus obras. Pablo exhortó a los Gálatas: “Estad pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” Gálatas 5:1

El legalismo nos ata a la misma ley. La gracia nos da el poder de Dios para obedecer al Dador de la ley. James Ryle ha definido esencialmente la gracia como la presencia poderosa de Dios que nos permite ser quienes Él nos ha llamado a ser y hacer lo que Él nos ha llamado a hacer en Cristo. La esencia de la gracia requiere que nuestra relación con Dios y nuestras obras de obediencia se basen en lo que Dios ha hecho y no en lo que nosotros alguna vez podamos hacer.

Aunque la novia de Cristo ha sido liberada por la gracia de Dios, en su mayor parte sigue en las iglesias y prisionera de las leyes de iglesia. Cuando estamos en la carne, en incredulidad, bajo la ley, o haciendo obras que Dios no ha ordenado, seremos cautivos  de estas cosas—carne, incredulidad, ley y obras. Cuando estamos en el Espíritu, en fe, en gracia y en reposo, seremos libres de estas cosas—carne, incredulidad, ley y obras.

La cautividad del legalismo tiene lugar cuando nuestras leyes, normas y reglas, colocan a Dios en una caja, y después intentamos ajustar a todos los demás en esas mismas cajas. Si no se ajustan a la caja, se consideran intrusos e incluso infieles.

EL LEGALISMO NOS CONDENA

Las personas legalistas ponen al resto bajo condenación. Cuando somos sujetos a leyes hechas por el hombre que no podemos cumplir, nos sentimos culpables, avergonzados y condenados. La ley nos condena. Pablo escribió: ”Porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Romanos 3:20.

La gracia, por otro lado, nos absuelve. La ley de Dios nos dice lo que se demanda de nosotros, pero no tienen poder para hacernos obedientes. La gracia es el poder de Dios. La ley nos condena, la gracia nos llena de poder. Romanos 8:1 dice: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

El Señor trató con Larry sobre el asunto de ir al médico. Larry tuvo que llegar a un punto de confianza en el Señor de que todas las cosas están bajo su control. No era ya por más tiempo una cuestión de sanidad para Larry; era una cuestión de que la voluntad de Dios se cumpliera.

Larry tenía fe. No era su fe, sino la fe de Dios en él de que soportaría cualquier mal y enfermedad que viniera sobre él sin someterse a tratamiento médico. Larry se cuidó de no hacer de esta norma, una norma para todo el mundo.

Si él hubiera dicho: “El Señor me ha mostrado que está mal ir al médico y por tanto, es incorrecto que cualquiera vaya al médico”, se habría desplazado de la gracia al legalismo. Si hacemos de ir o de no ir al médico una norma para todo el mundo, somos legalistas. Esas leyes pronto se convierten en requisitos imposibles para la salvación.

EL LEGALISMO SE BASA EN EL TEMOR

Los legalistas motivan con el temor. Las consecuencias son terribles si no permanecemos en esas leyes.

“Yo nací, fui bautizada, y recibí instrucciones en la Iglesia Católica”, dijo Lillie. “Todos nosotros fuimos enseñados a seguir las directrices de los curas. Recibíamos los sacramentos con frecuencia, la Santa Comunión y la Confesión.

 En ese momento, la Iglesia Católica no animaba a sus miembros a leer la Biblia. Eso quedaba reservado para los curas. No fue hasta casarme y tener cinco hijos, que sentí un hambre de conocer a Dios de forma más personal.

No podía hablarte nada del Antiguo o del Nuevo Testamento. Mi marido y yo comenzamos a asistir a una iglesia no denominacional donde enseñaban sobre la Biblia. Sinceramente experimenté la presencia del Espíritu Santo allí.

Sin embargo, no podía romper con el yugo que la Iglesia Católica tenía sobre mí. Íbamos a misa temprano el domingo por la mañana, y después íbamos a esta otra iglesia. Hicimos esto durante tres años.

El temor de no recibir la Eucaristía y de perder sus gracias, posiblemente incluso de perder nuestra salvación, nos mantenía atados a la iglesia Católica. Lentamente, fuimos librados de temor al recibir más entendimiento de las Escrituras.”

Pablo escribió,”Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor; sino que habéis recibido el Espíritu de adopción por el cual clamamos ¡Abba, Padre!”. Romanos 8:15. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” 2ª Timoteo 1:7. Hemos de temer a Dios; no a los hombres;  ni a las leyes religiosas prefabricadas, normas ni reglas impuestas por hombres.

EL LEGALISMO NOS MATA

Las personas legalistas privan a otras de la vida de Dios con sus obras. Pablo escribió a los corintios explicándoles, Dios “nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” 2ª Corintios 3:6.

Los Gálatas seguían observando los días religiosos, los meses, las estaciones y los años sobre los que Pablo se angustiaba, “Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.” Gálatas 4:8-11.

La mayoría de los cristianos están atados por lo que su sistema de iglesia afirma ser práctica cristiana apropiada. En algunas tradiciones, los individuos tienen poco que decir sobre la forma de vestirse, dónde ir, qué hacer, qué creer y cómo han de comportarse.

Estas cosas les son dictadas a ellos y las hacen de memoria. Rara vez saben por qué les requieren estas cosas. Los sistemas de iglesia no tienen vida qué dar. Además, apagan el espíritu con sus reuniones carnales, formalidades, tradiciones, rituales, dogmas, programas y reglas.

Tendemos a hacer leyes religiosas y sistemas de las verdades de Dios y las seguimos en lugar de seguir a Dios. EL Reino de Dios tiene que ver con la realidad viviente de Jesucristo y el poder de su Espíritu Santo que obra en nosotros, para cumplir las intenciones finales de Dios. Jesús nunca podría haber sido oprimido dentro de los sistemas y de las fórmulas que elaboramos desde nuestras mentes carnales. ¡Cuidado con ellos! Son asesinos.

Es muy probable que los que se reúnen solo en el nombre de Jesús dirigidos por el Espíritu Santo, expresen espontáneamente la vida de Jesús en medio de ellos. Cuando el Espíritu de Jesús está presente, también lo estará el fruto del Espíritu Santo. La novia de Cristo se caracteriza por la libertad, amor, alabanza, la palabra, el fruto, el ministerio, los dones del Espíritu Santo, la comunión, la edificación y el servicio.

EL LEGALISMO ES UNA MALDICIÓN

Las personas legalistas sujetan al resto a la maldición de la ley. Pablo dijo, “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está, Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.” Gálatas 3:10.

La ley fue dada para mostrarnos la perfecta voluntad de Dios. Se requiere de nosotros que guardemos toda la ley de Dios si vamos a ser justos delante de Dios. Puesto que es imposible para nosotros guardar toda la ley, se vuelve una maldición para nosotros.

 En lugar de darnos vida, nos mata. Romanos 7:7. Pablo afirma que cuánto más intentamos obedecer la ley externamente, más tendemos a hacer eso que precisamente no deseamos hacer. Romanos 7:21.

A lo sumo, las leyes que son puestas sobre nosotros por los religiosos en los sistemas de iglesia, pueden ser obedecidas externamente. Ningún cambio de naturaleza tiene lugar. Por tanto, cualquier requisito de adherirnos a un sistema de creencias, unirnos a él y asistir a la iglesia, vestir de una cierta forma, obrar ciertos rituales, o cumplir ciertas leyes, normas y reglas, nos coloca bajo una maldición. Nos hallaremos a nosotros mismos tratando de hacernos justos  por medio de leyes que no podemos obedecer en nuestros corazones.

Los que imponen la ley sobre los demás no solo los ponen bajo maldición, sino que son malditos ellos mismos. Pablo advirtió a los Gálatas que si “aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” Gálatas 1:8. Iba en serio y por eso lo repitió otra vez: “Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” Gálatas 1:9.

 Gracias a Dios que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado de un madero.” Gálatas3:13. La gracia bendice.

No conozco un solo legalista que ande por la vida y los templos sonriendo amorosamente o con un rostro de paz y serenidad envidiable. Todos ellos lo hacen con rostro duro, severo, agrio y lleno de arrugas. ¿Por qué? Simple: Porque están bajo maldición. ¿De que se supone que rían?

EL LEGALISMO NOS HECHIZA

Las personas legalistas hechizan a otros por medio de la persuasión y de la intimidación. Pablo exhortó, “Oh, Gálatas insensatos, ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?” Gálatas 3:1.

Era como si un encantamiento hubiera sido arrojado sobre los Gálatas por el grupo de la circuncisión, al caer presos de su falsa enseñanza. Los espíritus de seducción a menudo acompañan a las falsas enseñanzas, extraviándoles de la obediencia a la verdad.

Nuestras enseñanzas (doctrinas) a menudo se convierten en el evangelio que predicamos. Un conocido mío me dijo de sí mismo, “Yo predico la fe”. Después declaró, “Funciona”. Sin embargo, el apóstol Pablo proclamó que él predicaba a Cristo, y a Cristo crucificado.

 Jesús es lo que funciona y Jesús no es una cosa. Que sorprendente que la fe, la solución adecuada a la ley, pudiera ser tan mañosamente convertida de nuevo en ley. Cuantos cristianos bien intencionados y que buscan a Dios han sido hipnotizados por esta falsa enseñanza.

Algunas denominaciones han hecho del bautismo en agua y de la membresía de su iglesia en el camino de la salvación. Consecuentemente, muchos están siendo inconscientemente bautizados en el nombre de esa iglesia en lugar de en el nombre de Jesús. Qué afrenta para Jesús, que dijo claramente, “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por Mí.” Juan 14:6.

Cualquier práctica, enseñanza, doctrina, ritual, programa, norma, regulación, sistema, organización, asociación, o gobierno de iglesia que ate y oprima a las personas en lugar de liberarlas en Cristo, no es de Dios. Es legalismo.

 El Legalismo es carnal. La carne es manipuladora. La manipulación es la práctica de la brujería—manipular para que los demás hagan cosas en contra de su voluntad. Podemos estar seguros que donde se practique la brujería, los demonios de la brujería estarán colonizando.

Una vez me consultó una hermana sobre el famoso uso o no uso de pantalones. Le pregunté si ella los usaba y me dijo que no, que como su iglesia lo prohibía, ella había decidido obedecer por sujeción y, además, para evitar el juicio.

Entonces, sonriendo le pregunté si su casa era fría en ese invierno. Me dijo que sí, pero que ella lo combatía con un pijama para dormir. Le pregunté como era ese pijama que usaba para irse a la cama en invierno. Me dijo que consistía en camisa y pantalón de tela gruesa y abrigada.

 ¿Pantalón?, le pregunté. ¡Oh! ¡¡¡Culpable!!!, le grité. Ella me miró sin entender, pero luego fue aflojando su expresión paulatinamente, de improviso se hizo una luz en sus ojos y, entendiendo la lección, largó una carcajada riéndose de su propio e incomprensible legalismo.

Capítulo 16
Los demonios de la brujería

Milton Green notó con acierto que en cada situación, o bien hay un ambiente de Espíritu Santo, o un ambiente demoníaco.

Dondequiera que haya una de estas cosas que llamamos iglesia, hay una obra de la carne. Si es de la carne, entonces es idolátrica. Si es idolátrica, está infestada de demonios. Si está infestada de demonios, va a ser motivada por la manipulación y el control, que es en sí la práctica de la brujería en la más amplia y sutil definición del término.

 Si es la práctica de la brujería, entonces los demonios de brujería van a estar pululando. Aunque vengan en grados distintos de fuerza—lo más probable es que cada una de estas Cosas tenga algún poder o principado asignado para gobernar sobre ella. Este hedor de carne atrae a los demonios de brujería.

¿Entiendes ahora que, cuando te has sentido horrible dentro del templo de tu congregación, no fue porque tú estabas en pecado mortal o cualquier otra tremenda culpa de tu parte? ¿Entiendes que simplemente pudo haberse tratado de una opresión de esa clase de demonios de templos?

EL ESPIRITU DE BABILONIA

La Babilona espiritual toma forma tangible en esta Cosa que llamamos iglesia. La iglesia es idólatra. En la Biblia, los demonios se asocian con la idolatría. El Señor habló a Moisés en Levítico 17:7 en referencia a los israelitas, diciendo, “ Nunca mas sacrificarán sus sacrificios a los demonios, tras de los cuales han fornicado.” Así pues, esta Cosa que llamamos iglesia está poseída de demonios—todos los demonios de la Babilonia espiritual.

Creo que el más destacado de los demonios de la Babilonia espiritual, es el espíritu de Babilonia mismo. (En los tiempos de gobierno Persa sobre Babilonia, Daniel identificó al príncipe del Reino de Persia. Daniel 10:13. Este “príncipe”, se entiende por el contexto de las Escrituras, es una fortaleza demoníaca sobre Persia). No puedo decir si hay un espíritu de Babilonia en general, o si hay multitudes. Si puedo decir que es una presencia muy real en las iglesias.

El espíritu de Babilonia obra en concierto con el espíritu de brujería y es monstruoso en naturaleza y tamaño. Yo nací y crecí en la Babilonia espiritual como muchos otros en la iglesia. Era lo único que conocía. Estaba en mí y yo estaba en ello. Como ministro en ese sistema, encontré identidad, significado, validez, poder, apoyo y esperanza. Era una fortaleza importante en mi vida.

Incluso después de mi conversión y de la separación del sistema, experimenté momentos en que yo mismo era vencido por este espíritu de Babilonia. Quería volver al sistema, exactamente a la misma cosa que antes me había llevado a la bancarrota espiritual.

La atracción era tan fuerte a veces que yo estaba seguro de que era la voz de Dios llamándome. El llamado contradecía las revelaciones y entendimientos que había recibido sobre el sistema de la iglesia, pero no podía ver la verdad mientras me encontraba bajo su velo de engaño. Después de un tiempo, el velo era quitado y  recuperaba el sentido.

Después me sentía culpable de haber sucumbido a ese espíritu. Pensaba para mí mismo: “Debo ser horrible”. El Espíritu Santo, lleno de gracia, me daba entendimiento. Me mostraba que este espíritu de Babilonia que venía sobre mí, era enorme y yo era vencido por ello. Me llevó años ser librado del mismo. Incluso entonces, esperando hallarme en un momento de debilidad, su voz seductora, ya muy bajita, me llamaba, “Ven a casa”.

Conozco a ese espíritu. Luché por bastante tiempo contra él, conjuntamente con mi familia. Cuando sentí que lo habíamos derrotado, recién allí puedo decirte que empecé a ver a Babilonia tal cual es. Hoy sé que jamás volvería allí aunque me lleven de los cabellos. Preferiría quedarme calvo.

Por eso estoy en condiciones de entender, (Como creo también lo está el autor de este trabajo) a los que me escriben desesperados porque han salido pero ahora no saben que hacer. Por esa misma razón le puse ese título a mi segundo libro.

LA TRINIDAD PROFANA

Cuando este espíritu babilónico es expuesto más claramente, creo que otras tres influencias demoníacas se ven trabajando en concierto una con otra, para gobernar sobre las iglesias carnales. Son un espíritu matriarcal, un espíritu de Jezabel, y un espíritu de brujería. Estos espíritus operan como tres en uno para formar la “trinidad profana” en oposición al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

El espíritu matriarcal. El espíritu matriarcal es una falsificación del Padre-Dios. De acuerdo con el Diccionario/Thessaurus Universitario Merriam-Webster’s, una matriarca es una “mujer que gobierna o domina a una familia… la madre siendo la cabeza y la gobernadora de su familia y descendientes.

”Apocalipsis 17:5-6 revela que este “MISTERIO, BABILONIA LA GRANDE”, se llama “LA MADRE DE LAS RAMERAS”. Esta madre en Apocalipsis es un espíritu matriarcal. No tiene marido, tiene descendencia, y gobierna sobre esa descendencia. Llama rameras a su descendencia y tiene muchas de ellas.

El espíritu matriarcal se nota más por esto: conquista. Domina su casa. Quita el gobierno de cualquiera a su alcance. Conquista todo poder de decisión. Conquista conversaciones. Contesta por otros. Conquista las vidas de las personas. Los que están bajo su dedo disminuyen, son asfixiados y pierden su identidad en ella.

 Ella amadrina; ella sofoca. Este dominio ocurre por todas partes—en la sociedad, en el hogar y particularmente, en la iglesia.  Está extremadamente fuera del orden divino cuando sucede, pero es especialmente gravoso para Dios cuando conquista entre la familia de Dios que construyen para ellos mismos estas Cosas que llamamos iglesia.

El espíritu matriarcal usurpa el papel del patriarca para que pueda formar la familia por sí misma. Gana control sobre la casa por medio del espíritu de Jezabel.

Sobre este espíritu matriarcal, tengo algo para decir. No recuerdo a la cantidad de congregaciones a las que alguna vez he ido a predicar, pero créeme que en el 75 por ciento de los casos, quienes influyeron para que fuera, eran mujeres.

En las que fueron mis congregaciones en algún momento, la mayoría de las posiciones de comando, estaban lideradas por mujeres. Diaconisas, ministras, secretarias. Eso me llevó a preguntarme en voz alta en más de una ocasión: ¿”Adonde están los hombres de la iglesia?”

Jezabel. El espíritu de Jezabel (ramera) es una falsificación del Hijo, Jesús. El espíritu de Jezabel usa cualquier medio posible para enredarnos en su red de ataduras. Da vueltas alrededor de su brujería para conseguir esto.

Brujería. El espíritu de brujería es una falsificación del Espíritu Santo. La brujería es, entre otras muchas cosas, seductora, atractiva, engañosa, insistente, provocadora de temor, vergonzosa, manipuladora, controladora, provocadora de culpa y ofensiva.

Con el tiempo, esta trinidad profana tomará dominio en cada situación del sistema de iglesia ramera.

POTENCIANDO EL ESPIRITU MATRIARCAL

Estas tres manifestaciones obran juntas como una. Tienen diferentes funciones pero trabajan para lograr un mismo objetivo final—dar el dominio de la casa al espíritu matriarcal.

Falsifican las funciones del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. De la misma forma que la función del Espíritu Santo es glorificar al Hijo, la función de la brujería es ayudar a Jezabel a lograr sus metas.

 De la misma forma que Jesús vino a glorificar al Padre, la función de Jezabel es finalmente potenciar/glorificar al espíritu matriarcal. Jezabel practica la discriminación a los hombres (lo masculino) para poder eliminar a los patriarcas, dejando el gobierno de la casa en poder del espíritu matriarcal únicamente.

Estos tres–el matriarcado, Jezabel y la brujería—están tan enredados que cuando el espíritu de Jezabel madura, por así decirlo, se convierte en el matriarcado. Esto es lo que les sucedió a Bob y Sharon.

Bob fue llamado a servir al cuerpo de Cristo a tiempo completo, pero desde el primer día de su matrimonio en adelante, este matriarcado-Jezabel-el espíritu de brujería, operando a través de Sharon, se oponía a él en casi todas las decisiones que tenía que tomar.

Este espíritu trataba de dictar su vida y ministerio por él. No le dejaba llevar su matrimonio, aunque él era bastante capaz de hacerlo. Con el paso de los años, le agotó espiritual, emocional, mental y físicamente.

Terminó siendo más fácil para él rendirse a ello que tener que levantarse repetidamente en contra de ello. Su necesidad por dominar era la Jezabel en ella. La forma en que se manifestaba contra él era por medio de la brujería en ella.

Cuando cumplieron los sesenta, la brujería le había agotado por completo, Jezabel le había cortado por competo y el matriarcado había terminado por conquistar. El espíritu de Jezabel en ella se transformó en el matriarcado.

Lo que les sucedió a Bob y a Sharon ilustra lo que con frecuencia sucede en el sistema de la iglesia. Por ejemplo: El pastor que quiere dominio sobre “sus” ovejas suprime sus dones y ministerios para poder tener el gobierno sobre ellos.

Él quiere—esa es Jezabel; el suprime—esa es la brujería; él gobierna—ese el matriarcado. Esta trinidad profana no tiene un género específico. Opera igual a través de varón o mujer para asegurar su dominio sobre la casa.

 El verdadero Patriarca de la ekklesia de Dios es Dios el Padre-Dios. En el momento en que Su pueblo se someta a otra autoridad espiritual como cabeza, el matriarcado conquista tanto si el liderazgo es masculino o femenino.

El sistema de iglesia en conjunto está estructurado para el dominio injusto de unos pocos sobre muchos. Phil Perry dice respecto del sistema de la iglesia ramera que “o bien te mantiene dominando, o bien te hace débil.” La brujería y Jezabel en estas Cosas que llamamos iglesia potencian a unos con autoridad impía y aprisionan a otros bajo esa autoridad impía.

LA MUJER EN LA CESTA

El pasaje de Zacarías 5:5-11 respecto de “la mujer en la cesta” es un cuadro de esta trinidad profana.

Un ángel mostró a Zacarías una cesta (efa, que es una vasija para medidas sólidas), y Zacarías observó que la apariencia del efa  (cesta) salía por toda la tierra.

La cesta es como el sistema de la iglesia que de hecho ha salido por toda la tierra.

El ángel levantó la tapa de plomo del efa, dejando que Zacarías viera a una mujer dentro. El ángel identificó a la mujer como “Iniquidad”.

La iniquidad es como un espíritu matriarcal que busca gobernar las iglesias. Es la personificación de la iniquidad, la mente carnal, la abominación desoladora del lugar santo, que está donde no debería estar. Marcos 13:14.

El ángel arrojó una masa de plomo sobre la boca del efa para esconderla. (El plomo es pesado, semejante a la pesadez que cae cuando el espíritu matriarcal aparece). El ángel, por tanto la encerró durante un período de tiempo.

El espíritu matriarcal en las iglesias ha sido escondido hasta ahora, pero pronto será revelado cuando se siente sobre su trono en su propia casa.

Entonces Zacarías vio a dos mujeres que venían con el viento de sus alas. Sus alas eran como las de una cigüeña.

Las dos mujeres son como los espíritus de Jezabel y de la brujería que obran en concierto con el espíritu matriarcal.

Estas dos mujeres cogieron el cesto con la mujer Iniquidad, dentro, y lo llevaron a Sinar que es Babilonia.

Sinar es la cautividad babilónica de la iglesia, llamada el sistema de la iglesia ramera.

Las dos mujeres llevaron el cesto a Sinar para edificar casa para Iniquidad. Será su propia casa y será establecida. Una vez que esté establecida, será puesta sobre un pedestal (base, fundamento, lugar de cimiento). Será la cabeza de la misma.

Los espíritus de Jezabel y de la brujería llevaron a esta mujer a Sinar, el lugar del sistema de la iglesia ramera, para edificar casa para ella. Su casa es una falsificación del templo del Espíritu Santo—todos los cristianos verdaderos—sobre los que Cristo es la cabeza.

 Cuando la casa esté preparada, la Iniquidad, el espíritu matriarcal, estaría puesta sobre su pedestal, aparentemente para recibir todas las cosas para ella misma, para poder ser todo en todos. Esto falsifica el destino de Jesús, quien, cuando todas las cosas le hayan sido sujetas, también se sujetará a Dios para que Dios pueda ser todo en todos. 1ª Corintios 15:28.

La trama de la trinidad profana está siendo desarrollada hasta su cumplimiento en el sistema de la iglesia ramera hoy: el espíritu de Jezabel esta siendo transformado en la matriarca.

ZÁNGANOS DE BRUJERÍA

Estas tres fortalezas demoníacas principales se sientan como abejas reinas con un enjambre de zánganos cumpliendo sus órdenes. El ángel de Apocalipsis 18:2 “clamaba con voz potente diciendo, ‘Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se hecho habitación de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.” El espíritu de ave y el ave inmunda y aborrecible habla de demonios.

Pablo escribió, “Pero el espíritu dice claramente, que en los postreros tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.”1ª Timoteo 4:1. Después añadió que “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme  a sus propias concupiscencias y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” 2 ª Timoteo4:3-4.

Los demonios susurran a los que tenemos comezón de oír, y sucumbimos a sus engaños cuando no hemos zanjado el asunto de la entrega extrema al señorío de Jesucristo. Cuando seguimos deseando el Yo con lujuria,  y no amamos la verdad.

Recuerda, el Señor Jesús estaba hablando a las asambleas de los-llamados-fuera en Asia cuando mencionó la doctrina de Balaam en Apocalipsis 2:14, la doctrina de los Nicolaítas en Apocalipsis 2:15, y la doctrina de Jezabel en Apocalipsis 2:24. Estas eran falsas enseñanzas que amenazaban la sencillez y la pureza de devoción de los santos a Jesús.

Estos demonios de iglesia son muy reales y trabajan en concierto unos con otros para hacer estragos en el cuerpo de Cristo. Estos titiriteros invisibles manipulan nuestras cuerdas para crear engaño, confusión, división, intolerancia y odio.

Los demonios de iglesia mienten y nos engañan hasta el punto de poder atarnos a estas Cosas que llamamos iglesia. Aún sabiendo que estamos atados a estas Cosas espiritualmente muertas, nosotros y los demonios podemos salir con las más sofisticadas justificaciones para permanecer en ellas. “Pero, ¿quién predicará en mi funeral?” . “Mis hijos tienen a sus amigos aquí”. “Nací, fui bautizado y me casé aquí.” “Mi abuelito ayudó en la construcción de esta iglesia.”

LOS NOMBRES DE LOS DEMONIOS

“¡Cierra la escuela dominical!”. Y eso hice. La decisión de hacer esto no era fácil ni era sin consecuencia. Me costó mi puesto en la pequeña iglesia rural donde acababa de empezar a predicar.

No tenía ni idea al principio de que los demonios serían sacados a luz por medio de tal decisión, pero pronto tuve la oportunidad de comprobarlo. El Señor expuso un becerro de oro en los corazones de algunas personas.

Aunque estas tres palabras eran muy simples, “cierra la escuela dominical”, el Señor expuso a unos cuántos que se habían unido a una tradición de hombres, quienes por sus propias confesiones y decisiones mostraron amar a la institución de la escuela dominical suficiente como para no “probar el Espíritu” en este asunto.

En este proceso, Dios expuso numerosas obras de la carne entre el núcleo de los disidentes. Cada obra de la carne que aparece en cursiva más abajo, tiene su correspondiente espíritu demoníaco consigo. Los demonios reciben sus nombres conforme a sus actividades.

Sus doctrinas y políticas gubernamentales eran restrictivas, impidiendo al Espíritu Santo hacer algo nuevo en medio de ellos. Cualquier pensamiento o acción que no encajara en el estrecho corredor del régimen de su iglesia, era rechazado. Cualquiera que se atreviera a probar esos límites, sería considerado un adversario de la fe. De esta forma estaban presentes los demonios de restricción.

Eran muy posesivos en su intento de adueñarse de la propiedad, del púlpito, del programa y de la gente. Así estaban presentes los demonios de posesividad.

Su posesividad les hacía manipuladores y controladores, lo que en sí constituye la práctica de la brujería. Estaban presentes los demonios de la manipulación, el control y la brujería.

Dos de los ancianos fueron muy falsos al ir a hurtadillas y sin mi conocimiento a las autoridades más altas, con la única intención de expulsarme. Había presentes demonios de mentira.

Eran rebeldes contra el escuchar la palabra del Señor. No pretendían estar hablando en nombre del Señor, pero se aferraban a su tradición. Por tanto, eran tercos, soberbios e inflexibles. El cambio no era una opción. Su obstinación ere orgullosa y arrogante. Estaban presentes los demonios altivos y los demonios de rebelión, orgullo y arrogancia.

Eran idólatras al amar a su iglesia y tradiciones más que a su disposición de confiar y obedecer al Espíritu Santo. Sus identidades estaban completamente centradas en su iglesia. Había demonios de idolatría presentes.

Eran legalistas, políticos, con tendencia a hacer clanes, rencorosos, sospechosos, celosos, impúdicos, calumniadores, quisquillosos, malévolos, y contenciosos. También estaban presentes todos estos demonios.

Si somos sectarios, habrá espíritus de sectarismo; si somos divisorios, habrá espíritus de división; si somos legalistas, habrá espíritus de legalismo; si somos religiosos, habrá espíritus de religión; si somos seductores, habrá espíritus de seducción; si somos celosos, habrá espíritus de celos; si somos rencorosos, habrá espíritus de rencor; si somos odiosos, habrá espíritus de odio; si tenemos lascivia, habrá espíritus de lascivia; si tenemos hambre de poder, habrá espíritus de intimidación y dominio; si tenemos malicia y homicidio en nuestros corazones, habrá espíritus de malicia y homicidio.

¿Homicidio?, ¿Un espíritu homicida en la iglesia? Puede estar en el corazón. El Pastor Henry había perdido el favor de muchos de sus feligreses. Convocaron elecciones para expulsarlo y él ganó con un margen muy estrecho.

 Para sorpresa de la congregación, el siguiente domingo él confesó desde el púlpito que habría matado a todo el que votó en contra de él con una pistola. La inquisición católica hacia el año 1500 es uno de entre los muchos ejemplos históricos de lo horrible qué es este espíritu de homicidio en nombre del “Cristianismo”.

Los responsables de la iglesia ejecutaban juicios secretos y enviaban a los herejes condenados a los gobiernos seculares para ser quemados en la hoguera. Jesús fue juzgado, condenado y ejecutado por los numerosos líderes religiosos de Su día. (Le mataron sólo porque estuvo dispuesto a poner Su vida). Si nosotros buscamos algo para el Yo, despreciaremos a todos los que nos amenacen. Algunos matarían si pudieran.

Los demonios en las iglesias son muchos y muy viciosos. Muchas iglesias se han convertido más en un campo de batalla lleno de heridas, que en un centro para la sanidad.

LOS DEMONIOS Y LAS PERSONAS

Los demonios sólo pueden obrar a través de gente dispuesta. Los espíritus malignos tienen libre acceso a los que cometen pecado. La práctica del control y de la manipulación es pecado y abre la puerta a los espíritus de brujería.

Los que mandan en estas Cosas que llamamos iglesia pueden ser pocos en número, quizá sólo uno. Puede ser el pastor, aunque no necesariamente. En la mayoría de las denominaciones, los pastores van de iglesia en iglesia, limitando su capacidad de conseguir una fortaleza sobre sus congregaciones. Los que ganan esa fortaleza en su iglesia son generalmente los que permanecen ahí durante toda una vida, o los que fletan una iglesia en su propio nombre.

Con mucha frecuencia, los que están en control son personas “laicas” que no sólo mandan en la iglesia, sino que controlan también a los pastores. Pueden ser hombres o mujeres. La influencia matriarcal puede estar en la Srta. Nessie, cuyos antepasados fundaron la iglesia, y nunca se hizo nada sin su previa autorización.

 La influencia de Jezabel puede estar en Jennifer, que sedujo al Pastor John para tener una aventura con ella,  o puede estar en el Pastor John, que sedujo a Jennifer a tener una aventura con él.

 La influencia de la brujería puede estar en el diácono Will, que controla los presupuestos, o puede estar en una autoproclamada profetisa Charlotte, que manipula las vidas de las personas a través de profecías falsas. Muchas veces, los que mandan en las iglesias son los que tienen dinero y posición en la comunidad, y así, intimidan a los que les veneran indebidamente.

Un pastor amigo mío me dijo hace años que cuando entraba en una nueva situación de iglesia, su primera labor consistía en descubrir quién era el “jefe” para poder encontrar la forma de trabajar con él o con ella.

No es nuevo nada de esto. Creo que nadie ignora quien fue Maquiavelo en la historia. Y una de las frases predilectas de este hombre, era: “No aspiro a ser rey porque no creo tener capacidad para reinar. Sólo aspiro a ser quien más influencia tenga sobre el rey…” Tal cual.

BRUJERÍA Y EL ESPÍRITU SANTO

Una forma de discernir este espíritu falso de la brujería es verlo en contraste con la naturaleza y obra del Espíritu Santo. La brujería se caracteriza por el engaño, el Espíritu Santo se caracteriza por la honestidad, veracidad y honradez. Dios es Verdad.

La brujería es ambiciosa, por tanto, es impaciente e insistente. Tiene sus propios planes y no se conforma con esperar en el Señor. La idea completa de esperar es amenazante para la práctica de la brujería. Si no podemos esperar que Dios haga algo, entonces estamos deseando algo que Dios no ha ordenado.

Por favor; toma nota de esta última frase porque creo que es la mejor síntesis de la iglesia carnal y humanista que he leído. Si no podemos esperar que Dios haga algo, entonces estamos deseando algo que Dios no ha ordenado. Impecable.

Si Dios lo ordenó, entonces deberíamos poder esperar en Él, para que Él lo haga a Su tiempo. Su tiempo es perfecto. La naturaleza del Espíritu Santo en nosotros es para descansar, esperar, escuchar y después actuar solo cuándo sea el momento de actuar. El Espíritu Santo es paciente, benigno, amable y lleno de longanimidad.

La brujería trata en el temor, la ansiedad y la falta de reposo. El Espíritu Santo ofrece confianza, fe y reposo en Dios.

La brujería crea un ambiente negativo y destructivo. El Espíritu Santo crea un ambiente positivo y edificante.

La brujería produce fruto de contienda, pobreza y muerte. El Espíritu Santo produce el fruto de la paz, la bendición y la vida.

La brujería se caracteriza por el intento personal de controlar a las personas y circunstancias pronunciando maldiciones. El Espíritu Santo  trae lo que es bueno pronunciando bendiciones. Con la lengua bendecimos a Dios o maldecimos a los hombres. Santiago 3:9.

La brujería es intrusiva. El Espíritu Santo es amable.

La brujería es maligna. El Espíritu Santo es justo.

LA LEY REAL DE LA LIBERTAD

Santiago 1:25 se refiere a la perfecta ley de la libertad. Tenemos que dejar que la gente sea libre. Tenemos que dejarles ser libres para ser quienes son y donde están, en un momento dado de sus vidas.

Cualquier acto de control que produzca ataduras a un tercero es la práctica sutil de la brujería. Jesucristo es la Verdad. El es el camino, la verdad y la vida. Juan 14:6. “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” Juan 8:32. “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.” 2ª Corintios 3:17. “La libertad con que Cristo nos hizo libres.” Gálatas 5:1.

La naturaleza carnal del hombre tiende naturalmente a la manipulación y al control, que es en sí la práctica de la brujería. Por tanto, se halla bajo la influencia de demonios de brujería. Cuando está presente la brujería, el demonio de Jezabel está presente.

Cuando el demonio de Jezabel está presente, el demonio de Acab (Nicolaíta) está presente. Cuando estos demonios operan en la iglesia carnal, tenemos lo que Jesús llamó en Apocalipsis, “las profundidades de Satanás”.

Capítulo 17
Las Profundidades de Satanás

“¡Cómo caíste del cielo, Oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas subiré y seré semejante al Altísimo.” Isaías 14:12-13

LA MORADA DE SATANÁS

Hay varias cosas de interés que se revelan en los versículos de la Escritura de Isaías que mencionamos arriba. Primero, apreciamos que junto esta referencia a Lucifer, quien creo que es Satanás, está el contexto de la profecía de la caída del rey de Babilonia y de la destrucción de Babilonia. Isaías 14:3-11, 22-23.

Si quitamos los subtítulos y los capítulos y versículos que han sido dados arbitrariamente a estos versículos, se leen como un pasaje continuo, por tanto, enlazando a Lucifer con Babilonia como el rey de Babilonia.

En segundo lugar, apreciamos que Lucifer tuvo cinco jactancias, cinco “Yo quiero”. Busca usurpar el lugar de Dios en el cielo, exaltar su trono por encima de las estrellas, sentarse sobre el monte de la congregación a los lados del norte, ascender por encima de las alturas de las nubes, y ser como el Altísimo. Babilonia va de esto—la exaltación del Yo. Es todo aquello que maquina la mente carnal.

En tercer lugar y muy particularmente, Lucifer dijo que se sentaría sobre el monte de la congregación a los lados del norte. El Salmo 48:2 nos permite saber que “los lados del norte” se refieren al Monte Sión. “Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra es el Monte de Sion, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey.”

 El “gran Rey” en este versículo se refiere a Yaveh, que es Jesús. Salmos 2:6 declara, “He puesto mi Rey sobre Sion, mi santo monte.” Sion es la morada de Dios (Salmos 9:11) y es “la ciudad del gran Rey”.

Sion es también un tipo del remanente santo de Dios. “Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste para hacerla la tribu de Tu herencia; este Monte de Sion, donde has habitado.” Salmos 74:2.

También leemos, “Los que confían en Jehová son como el Monte de Sion.” Salmos 125:1. Lucifer intentó desde el principio, sentarse como la cabeza de la congregación del pueblo de Dios.

Israel fue la congregación del pueblo de Dios, como lo son todos los creyentes verdaderos en Cristo en este día. Lucifer buscó ser la cabeza de Israel entonces, igual que ahora busca ser la cabeza del cuerpo de Cristo en este día.

 Lucas 4:13 dice:”Y cuando hubo acabado toda tentación, se apartó de Él (Jesús) por un tiempo.” Pero solo por un tiempo—Satanás no pierde tiempo en engañar, si fuera posible, a los elegidos de Dios. Mat. 24:24. Su conquista de las iglesias no debería ser ninguna sorpresa para nosotros.

Leemos en el libro de Apocalipsis cuánto se involucró Satanás en las tres asambleas de los-llamados-fuera que menciona ahí. Él, no Jesús, estaba gobernando en sus corazones. Jesús estaba en pie, llamando desde fuera de la puerta, hablando espiritualmente, de la ekklesía de Laodicea diciendo: ”Si alguno oye Mi voz, y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo.” Apocalipsis 3:20.

EL TRONO DE SATANÁS

El Señor Jesús instruyó al apóstol Juan a escribir a los-llamados-fuera en Pérgamo diciendo: “El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto: Yo conozco tus obras, y donde moras, donde está el trono de Satanás.” Apocalipsis 2:12-13.

La interpretación de esta frase, donde está el trono de Satanás, no está clara. ¿Está el trono de Satanás en medio de la asamblea de los-llamados-fuera? ¿Tiene él este trono en la misma ciudad donde ellos están? ¿O se refiere a qué simplemente hay personas en la asamblea en Pérgamo que representan las acciones de Satanás?

 Dice que este trono está ahí y después dice que él mora allí. Esto concuerda con la propia aspiración de sentarse sobre “el monte de la congregación, en los lados del norte.”  Cualquiera que sea el caso, él despertó la persecución entre ellos.

Jesús alabó a los que levantaron Su nombre y no negaron la fe. Sin embargo, Él tenía unas cuántas cosas contra ellos porque tenían entre ellos a los que seguían las enseñanzas de Balaam y los Nicolaítas.

Satanás estaba en medio de todo esto. Sería ingenuo pensar que Satanás pudiera estar en otro lugar. Su misión siempre ha sido hacer la guerra contra Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, y contra Su asamblea de los-llamados-fuera. Cualquier otra cosa que él haga en este mundo, la hace para poder avergonzar, usurpar o destronar a Jesús, o robarle su herencia en los santos. Efesios 1:18.

 Satanás no establecerá su  trono fuera de los campamentos del pueblo de Dios a menos que deba. Lamentablemente, por causa de los corazones carnales de ramera de la gente, él ha recibido carta libre para acampar a sus anchas. Él se coloca a sí mismo tan cerca del centro del pueblo de Dios como pueda.

LAS PROFUNDIDADES DE SATANÁS

Jesús comenzó Su mensaje a través de Juan a los-llamados-fuera de Tiatira reconociendo sus obras, amor, servicio, fe, paciencia y que sus últimas obras eran más que las primeras. Después dijo que Él estaba contra ellos por tolerar a esa mujer Jezabel, que se llamaba a sí misma profetisa.

Ella enseñaba y seducía a Sus siervos a cometer fornicación y comer cosas sacrificadas a los ídolos. Jesús le había dado tiempo para arrepentirse, pero no lo hizo. Consecuentemente, Él dijo que la arrojaría a un lecho de enfermedad, y arrojaría a los que cometían adulterio con ella, a gran tribulación; eso es, a menos que se arrepintieran de sus obras.

 Aún más, Jesús dijo que mataría a los hijos de Jezabel con muerte para que todos los-llamados-fuera supieran que Él es el que escudriña los corazones de los hombres y da a cada uno según sus obras. Los hijos espirituales de Jezabel son los que la siguen en su engaño e idolatría. Jesús hizo una distinción aquí entre los hijos de Jezabel y los-llamados-fuera Suyos propios.

Después Jesús dijo que no pondría ninguna otra carga sobre el resto de ellos en Tiatira, “a cuántos no tienen esa doctrina (enseñanza), y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás.” Apocalipsis 2:18-19.

Que hubiera en la asamblea de los-llamados-fuera en Tiatira quienes no conocían las cosas profundas de Satanás, sugiere que sí había quienes las conocían. Estos eran los que se dejaban seducir por Jezabel para cometer fornicación y cosas sacrificadas a los ídolos.

Jesús encargó a los que no habían conocido estas cosas profundas de Satanás, que retuvieran lo que tenían hasta que El viniera. ¿Por qué les habría dicho que retuvieran lo que tenían? Porque lo que tenían podía ser fácilmente quitado de ellos mediante engaño. Este espíritu de Jezabel es muy seductor y engañoso.

Jezabel estaba en la asamblea de los-llamados-fuera de Tiatira y tenía seguidores. Estaba enseñando cosas que Jesús llamó “las profundidades de Satanás”. Nada podía estar más claro. SI estas Cosas que llamamos iglesia son extensiones idolátricas de yo-adoración-carne-entonces los que gobiernan sobre ellas practican la brujería y están bajo el control de los espíritus de brujería, y si están bajo la brujería, entonces ellos también están involucrados en las profundidades de Satanás.

SINAGOGAS DE SATANÁS

Cuando Jesús encargó a Juan que escribiera a las asambleas en Esmirna y Filadelfia, El mencionó a los que blasfemaban al llamarse a sí mismos judíos, de los cuales, Jesús clarificó que no eran judíos, sino de la sinagoga de Satanás. Apocalipsis 2:8-9; 3:7-9.

 Jesús podía haberse referido a algunos Judaizantes que podrían haber penetrado en las filas de los creyentes allí, pero es más probable que Él se estuviera refiriendo a los judíos inconversos que calumniaban a los creyentes en estas ciudades.

Jesús dijo que aquellos que falsamente se llamaban a sí mismos Judíos eran la sinagoga de Satanás. De la misma manera en que los creyentes son el templo del Espíritu Santo, ellos eran la sinagoga (lugar de reunión) de Satanás—no sus edificios, creencias o actividades. Él dijo que ellos blasfemaban llamándose a sí mismos Judíos.

Pablo dijo que los verdaderos Judíos son los seguidores de Jesús. “Pues no es judío el que los es externamente, ni es la incircuncisión la que se hace externamente en la carne, sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra, la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.” Romanos. 2:28-29.

Eran la sinagoga de Satanás porque se oponían y perseguían a los seguidores de Jesús. Se habían propuesto de antemano en las sinagogas que cualquier hombre que confesara que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga. Juan 9:22.

Tanto énfasis se ponía en pertenecer a la sinagoga que era muy vergonzoso ser expulsado de ella. Se culpaba y avergonzaba como un medio de manipular, controlar, dominar y poseer a los votantes de la sinagoga, como se hace hoy día en las iglesias. Es una afirmación muy dura, pero cualquiera que permita que la carne gobierne en lugar del Espíritu Santo, ése es también la sinagoga de Satanás.

EL PATRÓN VERDADERO

Casi todo el mundo está de acuerdo con que el sistema de la iglesia desde su nacimiento después del primer siglo D.C., ha seguido el patrón del sistema de la sinagoga de la religión judía. La palabra sinagoga literalmente significa reunión. Era el lugar de reunión de los Judíos para leer y explicar las sagradas escrituras y orar, pero se terminó convirtiendo más que en un lugar de reunión.

Se convirtió en un edificio y en una institución, como lo es la iglesia hoy. Hay algunas similitudes entre la sinagoga y los sistemas de iglesia que aparecen en las notas de final del capítulo con algunos comentarios personales. {23}.

Los fariseos eran una parte inseparable del sistema de la sinagoga en los tiempos de Jesús y eran conocidos por su legalismo; su ambición de poder, posición, reconocimiento y dominio; su altivez; su justicia propia e hipocresía; su estilo de vida egoísta; y sus intenciones homicidas.

¿Qué tenemos que decir de los clérigos de la Cristiandad de hoy que son igualmente legalistas; que ambicionan poder, posición, reconocimiento, y dominio; que son altivos, justos por sí mismos, hipócritas y egoístas; y que tienen intenciones homicidas en sus corazones? ¿Podrían ser los fariseos modernos en las iglesias?

Conecta conmigo. Si los líderes de esa Cosa en la que tú estás y que tú llamas iglesia, tienen las marcas de los fariseos, entonces están en la carne y buscan algo para sí mismos. Son la sinagoga de Satanás.

 Si tu participas, compartes, y tienes tu comunión con ellos en ese sistema idolátrico, lo más probable es que el sistema esté también en tu corazón. Si ese es el caso, entonces tú eres también la sinagoga de Satanás con ellos.

Satanás tiene su sinagoga y Jesús tiene su asamblea de los-llamados-fuera. Somos los-llamados-fuera para reunirnos con Él. Él formó un pueblo. Él está edificando Su templo y está hecho de piedras vivas.

Hemos de unirnos solo a Él. Bill Shipman dice, “Si estamos unidos, sometidos, comprometidos, o en pacto con cualquiera o con cualquier cosa diferente del Señor Jesús, estamos cometiendo adulterio espiritual.”

Mucho de lo que Jesús enseñó estaba en contradicción con los que los fariseos enseñaban. De forma figurada apuntó con su dedo a los fariseos, declarando a Sus discípulos, “¿Los veis? Lo que dicen y hacen no es lo real. ¡Mirádme! Yo soy el camino y la verdad y la vida.”

 Hemos formado  lo que llamamos iglesia conforme al patrón del sistema de la sinagoga de los hombres. La novia de Cristo nunca puede ser definida por sistemas, instituciones, edificios, órdenes gubernamentales, programas, fórmulas, credos, doctrinas, rituales, y letanías. La asamblea de los-llamados-fuera es un pueblo que se ha formado conforme al patrón de la persona de Jesucristo. Sólo Él es el gobernador y el gobierno del Reino de Dios. Isaías 9:6.

Cuando llegamos a esta Cosa que llamamos iglesia, en la mayoría de los casos, Satanás se ha posicionado a sí mismo y su trono en medio de ella.  ¡Tenemos que ver esto! Su engaño es tan grandioso que ni siquiera sabemos que podemos estar sirviéndole en medio de nuestro servicio a Cristo. “El mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” 2ª Corintios 11:14.

Él es una luz falsa llena de engaño y de profunda oscuridad. Esta Cosa que llamamos iglesia vela los ojos de los que permanecen como parte de ella. Las personas son tan engañadas por esta oscuridad, que se han convertido inocentemente en dispensadoras de ello. La iglesia, en toda su oscuridad, es la ramera que falsifica a la verdadera novia.

El sistema de la iglesia ramera brota de los que tienen a la Babilonia espiritual en sus corazones. Esta Babilonia es la gran ramera que se sienta sobre muchas aguas. “Muchas aguas”, incluye a todos los pueblos de todas las naciones en todas las iglesias denominacionales y no denominacionales que practican la fornicación de iglesia.

Total y absolutamente de acuerdo. Son muchos los que, en su afán de confrontar y luego abandonar a Babilonia, se limitan a enfrentarse a congregaciones o denominaciones, cuando la realidad es la aquí descripta: Babilonia es una mentalidad y se encuentra presente donde quiera que haya alguien que la alimente.

FUERA DEL CAMPAMENTO

El sistema de la iglesia ramera no puede arreglarse. Nunca podrá ser redimido. Es carne y toda la carne se halla bajo el dominio de Satanás. El pueblo de Dios—los que somos llamados por Su nombre y no dejamos que nadie nos llame por otro nombre—debemos salir de Babilonia.

 Somos redimidos por la sangre del Cordero, unidos sólo a Él, bautizados en Su muerte y levantados en Su resurrección. Estamos inmersos en el Espíritu Santo y somos guiados por el Espíritu Santo. Sólo Él es el Señor de nuestras vidas. Estamos sujetos unos a otros en el espíritu de la humildad y del amor.

Bob Hughey escribe, “Dios está buscando a un pueblo, no un lugar. Su programa de construcción está hecho de piedras vivas, no de bloques de hormigón, madera y clavos. Está buscando y levantando a un pueblo de fe, no alguna reunión teológica que surja con una declaración de fe.

No está comenzando un nueva organización sin ánimo de lucro. Está trayendo a la vida un organismo con verdaderos apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, cada uno en el cuerpo, ministros.

 No busca a un pueblo conocido por su doctrina, el nombre de su pastor, la localización, sino levantando a un pueblo conocido por su amor por Él y los unos por los otros. No está buscando a un pueblo atado por tradiciones, sino que está levantando un pueblo libre en Jesús y siendo guiado por Su Espíritu Santo. {24}

“Por lo cual, también Jesús, para santificar al Pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando su vituperio.” Hebreos 13:12-13.

Notas

{23} Fuentes de información basadas en hechos y mencionadas más abajo, se obtuvieron del Harper’s Bible Dictionary y de la Nelson’s New Illustrated Bible Dictionary, s.v. “sinagoga”.

Origen. El origen de la sinagoga como institución es incierto. Aunque las sinagogas no son específicamente mencionadas en el Antiguo Testamento, surgieron en algún momento después de que Judá fuera llevada al cautiverio Babilónico en el siglo sexto A.C.

Babilonia es el lugar donde surgieron más probablemente. En los tiempos del Nuevo Testamento, las sinagogas ya eran numerosas y estaban jugando un papel más importante en la vida comunitaria.

 Eran centros sociales para las actividades judías y escuelas para los niños. Puede que se usaran como juzgados locales y para los castigos. Al menos Jesús predijo que harían tales cosas en las sinagogas, contra aquellos a quienes Él enviaría. Mateo 10:17, 23:34.

 En cuanto se refiere a la evidencia de las Escrituras, no existe mención por parte de Dios instituyendo las sinagogas, tal y como Jesús no instituyó la iglesia tal y como la conocemos hoy.  Tanto la sinagoga como la iglesia, sean cuales sean las buenas intenciones de servicio que tengan, siguen siendo las instituciones de los hombres y el resultado de las tradiciones de los hombres.

Edificios. Los judíos probablemente habrían hecho la sinagoga en casas, pero las evidencias atestiguan que levantaron edificios para ellos al principio. Los restos de una de ellas se han encontrado en Alejandría, Egipto, probablemente datada alrededor del año 230 A.C.

Muchas sinagogas judías estaban bien establecidas por todo el Imperio Romano, y también había sinagogas en Jerusalén en los tiempos de Jesús. El tipo arquitectónico más antiguo utilizado era la basílica.

La basílica constaba de una nave central (la parte principal), con un ábside semicircular (una proyección del edificio), dos o cuatro filas laterales, un vestíbulo o zona de entrada, y muros altos  con ventanales sobre la nave. La Torá estaba colocada en un arca sobre una plataforma donde también se hallaban las lámparas y un atril.

Muchas iglesias siguen ese patrón del estilo arquitectónico de la basílica. Los únicos edificios que Dios mandó fueron el Tabernáculo de Moisés, que era una tienda portátil con una serie de artículos en su interior, y el Templo de Salomón. Éxodo 25:8-9 y 1ª Crónicas 28.

 Los cristianos no comenzaron a construir sus propios lugares de adoración hasta que el emperador Constantino se convirtió alrededor del año 325 D.C. y tras cristianizar a todo el Imperio Romano.

Asientos. La gente joven se sentaba en la parte trasera, y los mejores asientos, reservados al frente, eran para los ancianos. Jesús condenó esa orgullosa ambición por destacar en Mateo 23:6. En referencia a los escribas y los fariseos, Él dijo que amaban los asientos principales en las sinagogas. Hoy, el clero sigue amando los principales asientos en sus congregaciones. Esos asientos en los púlpitos son típicamente elaborados, grandes y tapizados para la realeza.

Oficiales. Una sinagoga no podía formarse a menos que hubiera al menos diez hombres judíos en la comunidad. Jesús dijo que donde dos o más se reunieran en Su nombre, Él estaría en medio de ellos. Mateo 18:20.

 Las sinagogas tenían un grupo de ancianos respetados y devotos, quienes regulaban las políticas de la sinagoga. Los gobernadores cuidaban del edificio y planeaban los servicios. Un ministro estaba a cargo de los rollos sagrados, cuidaba de las lámparas, mantenía limpio el edificio, impartía la correspondiente disciplina y enseñaba a los niños durante la semana.

 El gobernante nombraba a un delegado de la congregación para leer la lección de las Escrituras, dirigir la oración y predicar o comentar sobre la Escritura. La Torá estaba escrita en Hebreo antiguo, por lo que a menudo se necesitaba un intérprete. Dos o tres personas encargadas de distribuir la caridad, tomaban el dinero u otras cosas que  necesitasen para los pobres.

El hecho de que Jesús habitualmente fuera a la sinagoga, leyera del rollo y enseñara, no indica una aprobación del sistema de la sinagoga. Lucas 4:16-20 dice que Jesús incluso fue echado de la sinagoga. En Mateo 10:17 y 13:54, Jesús y Mateo se refirieron a ellas como sus sinagogas.

Hay diferentes tradiciones de iglesias Cristianas con variaciones en cuanto a estos oficiales. En los sistemas presbiterianos, el grupo de los ancianos gobierna con los pastores. Son los equivalentes al ministro de la sinagoga.

 Los diáconos o los ujieres son los equivalentes a los que distribuían la caridad. Los oficiales gobernantes pueden ser llamados diáconos, como en la tradición bautista, o puede ser sacerdotes en la tradición episcopal.

Pablo reconocía que Dios dio a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, otros, pastores (supervisores-ancianos), y a otros maestros. La versión inglesa King James utilizaba el término “oficio”, aunque debía haber sido traducido como servicio. Romanos 11:13; 12:4; 1ª Timoteo 3:1, 3:10 y 3:13.

La idea del ministerio como oficio o posición, es ajena al pensamiento del Nuevo Testamento. No es un término del Nuevo Testamento o una distinción. Estos son funciones-actos de servicio-en el cuerpo de Cristo. No existen tales “posiciones” en el Reino de Dios, son en los reinos de los hombres.

Orden de la adoración. Antes del servicio, el ministro colocaría la Torá en el atril y la enrollaría en la lectura del día. Este servicio comenzaba con la Shema-el pasaje de Deuteronomio 6:4-9. El orador del día dirigiría la oración, mirando hacia Jerusalén, con las manos extendidas—después de lo cual, la gente diría “Amen”.

 Permanecía de pie para leer la lección del día, y se sentaría para dar un sermón sobre ella. Lucas 4:20. Después, si un sacerdote estaba presente, pronunciaría la bendición a lo que la gente le contestaría, “Amen”.

Si no hubiera un sacerdote presente, alguien ofrecería una oración para cerrar la reunión. Las Escrituras siguen leyéndose y los sermones siguen predicándose en las iglesias hoy como en las sinagogas, siguiendo las lecturas preceptivas de la semana.

No he añadido nada porque esto ya ha sido descubierto y confrontado por otros siervos, tal el caso de Gene Edwards en “Más Allá de lo Radical”.

Este formato está en directa contradicción con la reunión de los creyentes dirigidos por el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, y que iban de casa en casa. La reunión corintia aparece en 1ª Corintios 14:26.

“¿Qué hay pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación.” Las asambleas del Nuevo Testamento se caracterizaban por la existencia de los dones equipadores de los ministerios de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores (ancianos) y maestros; por la pluralidad de los ancianos; por la operación de todos los dones del Espíritu Santo; y por el mutuo reconocimiento de la contribución de unos a otros en el cuerpo de Cristo. Jesús dijo que el Padre buscaba a los que le adorarían en Espíritu  y en verdad (Juan 4:23-24), no conforme a un boletín o a un ritual muerto.

Estoy convencido más allá de toda duda, que si Jesús tuviera que entrar en la mayoría de las iglesias hoy, Él sería tratado de forma muy parecida a como le trataron en las sinagogas de Su día. La diferencia entre aquello a lo que Él nos llama a nosotros y lo que tenemos en la iglesia hoy,  es impresionante.

{24} James Nesbit, A Lifestyle of Light, (Un Estilo de Vida de Luz) 2ª ed. (Liberty, TN: Highey and Nesbit, 1999), 350

Capítulo 18

¿Quién Ascenderá?

Invoqué el nombre del Señor, “¿Quién ascenderá al alto monte de nuestro Dios y Rey?”

El contestó; “El de corazón contrito y humillado. El que se humilla en Mi presencia. Ese es el que ascenderá a mi monte santo.” E invoqué otra vez y pregunté,”Señor, ¿Cómo puede alguien humillarse? El hombre está tan lleno de orgullo.”

Y Él dijo, “El que se humilla es el que reconoce su orgullo y se rompe delante de mi. Le veré. Vendré a él. Romperé su corazón. Llorará y lamentará porque sabrá que hombre de labios inmundos es él. Le veré y le levantaré. Pero si se levanta él sólo, le dejaré caer otra vez.”

De nuevo pregunté, “Señor, ¿Adónde vamos desde ese lugar?”

Y Él contestó, “¿Dónde queréis ir? Lo que haya en vuestro corazón, ahí es dónde iréis. Si en vuestro corazón está seguirme, entonces caminaremos juntos  y moraremos en cosas más profundas y más ricas. Iremos de gloria en gloria, de fe en fe.

 Si, ascenderemos, y ascenderemos, a cada vuelta yendo más y más arriba. Hijo Mío, éste es un lugar en Mí mismo. Yo soy el Monte Sión. Yo soy Mi monte santo. Cuando te dijo que vengas a Mí, te estoy llamando a Mi monte alto.”

“Si por otro lado, está en vuestro corazón ir a Babilonia, o de vuelta a Egipto, entonces es ahí a dónde iréis. Las recompensas de Babilonia estarán ahí y las joyas de Egipto serán vuestras. Solo que no confiéis en ellas, porque no pueden salvaros y en esa hora cuando Yo venga en toda Mi gloria, no tratéis de rescatar vuestra alma con ellas. Para Mí son cosas viles. Las arrojaré de vosotros. Os desnudaré y os dejaré en vuestra vergüenza.”

“Hay gloria en Babilonia y riquezas en Egipto, pero irán al abismo. Porque del abismo salieron. Son carne y atraen a la carne. No las toquéis. No vayáis tras ellas, porque de cierto serán vuestras si queréis.”

“Señor”, dije, “Esto es un gran engaño, ¿verdad? ¿Babilonia y Egipto?”

“Jamás ha habido un engaño mayor que éste”, contestó Él.

Me estremecí con este pensamiento.

“Tan grande es el engaño”, explicó, “que los hombres bajan a Babilonia, se adornan con la religión y la piedad, y creen sinceramente que han venido a Mí. Son sacudidos en ira ante la sugerencia de que ésta, su Babilonia, no sea Mía, ante la sugerencia de que Yo no esté ahí.”

“Y de Egipto, ¿Qué puedo decirte de Mi hijo, Egipto? Él también es hermoso y rico, y mora en casas donde tiene tierras en propiedad, y comercia y vende en el mercado. La prosperidad abunda e igualmente el engaño.

Porque en las riquezas en las que viven y se mueven, ahí tienen su existencia.  Pero… ¿Adónde les llevarán sus riquezas y que les conseguirán cuando Yo venga? Miraré al pobre a los ojos y veré de dónde procedía su hambre.

 Miraré al rico a los ojos y veré de dónde procedía su satisfacción, y se envanecerá en su corazón, y Me mostrará las cosas de su granero y dirá, ‘Mi Señor, de todo lo que es mío’. Me volveré de nuevo al pobre y le preguntaré de dónde procedía su pobreza.

Y apuntará al granero del hombre rico y dirá, ‘Mi Señor, de todo lo que es suyo.’ ¿De dónde viene tu satisfacción? El hombre pobre se inclinará y dirá, ‘Ah, Señor, de Ti, de Ti, mi Señor, de Ti.”

Dije, “Señor, háblanos claramente. ¿Qué es Babilonia y qué es Egipto?”

Él contestó, “Babilonia es todo lo que maquina la mente carnal. Es el orgullo y la arrogancia y la altivez del hombre que exalta su propio conocimiento sobre el conocimiento de Dios.

“En cuanto a Egipto, ésta es la carne y toda su lascivia.”

“¿No puedes ver, hijo Mío, como la mente carnal ha preparado su propio plan con todas sus tradiciones y lo ha etiquetado como iglesia?  A lo largo de las generaciones, los hombres han pensado que esto era Mío y para Mí, pero no es así.

 Esta es la ramera, la mujer que se sienta sobre muchas aguas, que pretende lealtad a Mí, pero es viuda. No es mi Esposa. Su engaño es tremendo. Ha conseguido para sí riquezas de este mundo. Se ha rodeado de edificios preciosos y los llama templos y catedrales, sinagogas e iglesias. Se ha vestido de ropajes reales que ha tejido con sus propias manos.

El lino que Yo doy es justicia, que ha sido comprada por Mi sangre. Ella ha acumulado grandes riquezas con cuentas bancarias e inversiones y ha hecho que los hombres se aten a ella por medio de estas cosas. Ella ha adquirido estas cosas por la sangre de los mártires.”

“Por dondequiera que mires, puedes ver a la ramera. Está por todas partes en los corazones de los hombres Los hombres la persiguen y a ella le encanta. No está casada pero ha tomado para sí muchos amantes. Está corrompida y los que duermen con ella están corrompidos.”

“Misericordia y paz hay para los que tienen ojos para ver y oídos para oír cuando suenen las trompetas y el llamado salga, “Salid de ella, pueblo Mío, ¡Salid de ella!”

“El camino a Sión está pavimentado con humildad”.

“Señor”; clamé. “Es tan difícil de decir. ¿Por qué me cuesta tanto decirlo claramente?  ¿Por qué te cuesta tanto decirlo claramente?”

Él contestó, “Porque el engaño es tan tremendo.”

“El cristianismo es una religión, y los hombres religiosos son atrapados en esta red.” “¿Quién puede escucharme?”dijo el Señor, “¿O quien puede escuchar a Mis profetas, cuando se dice del Cristianismo que es, como sistema religioso, una religión falsa?” “¿Quién puede entender cuando Yo declaro que toda religión es falsa?”

 “El mayor engaño de todos es que los hombres vengan a ella en Mi nombre, pensando que han venido a Mí. Yo no soy ‘una cosa’. No soy una religión. Soy el Dios vivo y verdadero. Demando que todos los hombres vengan a Mí y renuncien a toda religión, pero, ¿Quién podrá escuchar?”

“La Religión tiene límites. Yo soy ilimitado. Tiene sus leyes, normas y reglas. Yo ofrezco gracia, amor y paz. La religión ata a los hombres; Yo los libero. La religión suprime a los hombres; Yo les llamo a subir a los lugares celestiales.

 La religión restringe y controla. Yo libero. La religión demanda obediencia a ella misma; Yo demando obediencia a Mí. Si, obediencia que es mucho mejor que sacrificios. Yo aborrezco la religión y a los hombres religiosos. Son peligrosos y extienden el engaño a corazones inocentes.”

“Señor, Tú has hablado claramente. Pero entonces, ¿Adónde irán los que salgan de Babilonia?”

Y Él contestó simplemente, “A Jesús”.

“Subid, Mis santos, Subid a los lugares celestiales. Sentaos a Mi mano derecha y a Mi mano izquierda. A mi izquierda hay gracia, misericordia y paz. Y a Mi derecha hay rectitud, justicia e ira. Yo soy una espada de dos filos. Mi espada sale de Mi boca. Separa a los justos de los injustos. Es afilada, rápida y segura.”

“Mira que Yo divido lo bueno de lo malo. Enderezo el camino. Levanto los valles. Muevo las montañas. Lo alto será rebajado y lo bajo será levantado.”

“Si él no puede comprender esto (el hombre de pecado), deja que vaya a su casa, cierre su puerta y llore y lamente, porque ciertamente habrá pena por esta casa”.

“¿Cómo saldrán de Babilonia?”, pregunté al Señor.

“Saldrán viniendo a Mí. Simplemente saldrán. La puerta está abierta. El camino es claro. Los profetas han pasado por ahí antes. No miréis atrás. No regreséis. Salid, simplemente.”

“Y cuando te critiquen y te llamen con nombres blasfemos, que tu cabeza sea como un pedernal, guarda silencio, ten paz, ámalos, vuelve la otra mejilla, porque así persiguieron a vuestros padres antes que a vosotros.”

“No miréis atrás. No hagáis nada. No digáis nada. Simplemente marchaos. Decid en vuestro corazón, “He dejado Babilonia y he ascendido al monte alto de mi Dios. He venido al Monte Sión, a Jesús, el autor y consumador de Mi fe.”

“No puedes llevar a Sión hasta Babilonia. Tienes que salir de ella. No puedes cantar las canciones de Sión en Babilonia. Sólo se pueden cantar en Sión.”

“Sión es un lugar en el Espíritu dónde Jesús es lo único que hay”.

“Señor”, mis preguntas no se acaban nunca, “esta clase de libertad, esta independencia, esta libertad, ¿No será una gran amenaza a los que dirigen Babilonia?”

“Oh sí, hijo Mío, se ofenderán grandemente por causa de Mis santos. Dirán que habéis sido engañados. Os calumniarán, acusarán y difamarán. Maquinarían para mataros si pudieran.  Porque vosotros, mis santos, os habéis hecho lo que ellos no pueden, porque no pueden soltar lo que tienen. Aunque de cualquier forma, pronto todo eso les será quitado.”

“Dime, Señor, a la vista de todo esto, ¿Es que todavía no hemos oído realmente el evangelio? ¿Qué es el evangelio? Háblanos claramente.”

El evangelio ha sido retorcido y pervertido para ajustarse a los moldes y religiones—de una forma tan única que los hombres confunden a Cristo con sus sistemas y añaden convertidos a ellos en lugar de a Él.”

“Pero la verdad del evangelio es ésta: que Yo, el Señor Dios de Israel, vine en carne humana, cumplí la Ley y los Profetas, derramé Mi sangre de justicia, Me levanté de la tumba, ascendí a los cielos donde ahora Me siento  a la diestra de Dios el Padre, y desde dónde intercedo por los santos y por la fe, reúno para Mí mismo Mi propia asamblea de santos.

 Se reúnen en Mí. Son mi asamblea general de los primogénitos. Les he dado a luz por Mi Espíritu. Les guío por Mi Espíritu. Son uno en la fe, la esperanza y el amor. Están por todos lados y Me adoran en espíritu y en verdad. Me sirven en obediencia dónde están, con todo lo que son en Mí.

Y nada de esto tiene nada que ver con esa Cosa que los hombres llaman iglesia. Son Mi cuerpo, Mi templo, Mis santos, real sacerdocio, nación santa. Están por encima del institucionalismo—más allá de doctrinas, credos y rituales. No son religiosos. Son santificados.”

“Éstas son las buenas noticias: que Jesucristo es el Señor. Y cualquiera que invocare Su Nombre, será salvo.”

“Señor, conozco a pastores jóvenes, llenos del Espíritu, que te aman y que quieren avanzar contigo. ¿Qué harán una vez que vean estas cosas?”

“Ningún hombre que ponga sus manos en el arado y mire atrás, es apto para el Reino de los Cielos”.

“De nuevo, te ruego, Señor, habla claramente”.

Y Él dijo, “El que vea estas cosas y obedezca Mi palabra, simplemente saldrá. Dejará casa, familia y amigos y saldrá. Es una palabra dura, ¿quién la podrá oír?”

“Éstos son los que siguen al Cordero por dondequiera que Él vaya.” (Apocalipsis 14:4).

“Señor, ¿Qué haré con esta palabra?”

“Proclámala desde las azoteas. Proclámala a las naciones. Lo que te ha sido revelado en secreto, proclámalo públicamente. ¡Sé valiente! ¡Sé directo! ¡Sé fuerte! ¡Proclámalo con fuerza! Sacude naciones. Sacude sus puertas. Sacude sus fundamentos.

 Si no pueden permanecer, no son Míos. Si puede cerrarse y clausurarse, no es Mío. Si puede ser llevado por el viento, no es Mío. Si produce ira y violencia, murmuración maliciosa, calumnias y mentiras en los que lo escuchan, no es Mío, porque tales cosas no salen de Mí.

“Mira, Yo he puesto Mi fundamento. He edificado Mis muros. Y ahora estoy dejando caer la plomada. Mi palabra de Verdad sale. Lo que no se alíe con Mi palabra será derribado y arrojado al mar. Envío a Mis profetas de nuevo.

Salen en el Espíritu de Elías, predicando el Reino de Dios y llamando a todos los hombres al arrepentimiento y a sumergirse en Jesús. Son Mis “Juanes Bautistas”. Salen para preparar el camino del Señor.”

“¿Volveré para casarme con una ramera? ¡Que repulsivo para Mí! Tampoco tomaré para Mí a los que estén unidos a ella. Escudriñad vuestros corazones, pueblo Mío. Babilonia está en el corazón. Salid de ella y ella saldrá de vosotros. Sión, de igual forma, está en el corazón. Venid a Mí y Yo seré vuestro único amor.”

“Levantaos, resplandeced. Venid a Mí.”

“Señor”; oré. “Perdóname por el temor y la intimidación que siento cuando pienso en proclamar todas estas cosas.”

“Conocerás a la ramera por esto también, que tiene un control tan poderoso sobre los corazones y las mentes de los hombres, que están cargados con el temor de atreverse a salir de ella, y mucho más de hablar en contra de ella.

 Ella es la más pura expresión de la idolatría y está llena de idolatría, y los que se unen a ella son idólatras. Pero debes darte cuenta, hijo Mío, de que una cosa es un ídolo cuando los hombres ponen su confianza y su amor en ello.

 Y los idólatras no quieren que nadie toque a sus ídolos. Cosa peligrosa es tocar los ídolos de los hombres.  Al proclamar estas cosas, estarás echando abajo fortalezas y sacudiendo ídolos—y serás odiado por muchos por causa de Mi nombre.”

“Ahora bien, la ramera, la madre de las rameras, es el espíritu mismo de Satanás. Él se ha escondido bajo sus faldas y ha engañado a las naciones. Lo último que él quiere es que ella sea expuesta. De hecho, él  es el gran dragón e intentará consumir a mis siervos, a los que Yo envío en Mi nombre para proclamar el evangelio del reino y a exponer a la ramera y a sus falsificaciones.”

“Una fiera batalla ha comenzado en los lugares celestiales. Todo el infierno se ha soltado para destruir a Mis siervos si pudieran, pero no pueden ni siquiera tocarlos porque están muertos y escondidos en Mí. Por eso el temor es tan apremiante. Es real. No obstante, Mis siervos de hecho me seguirán dondequiera que Yo vaya a cualquier precio para sus vidas.”

“¿Por qué es tan duro dejar Babilonia? ¿Por qué no pueden los cristianos simplemente alejarse de ella?”

“Los Espíritus de Babilonia son numerosos y muy irresistibles. En la cabeza del sistema está la madre de las rameras, Jezabel. Se viste como si fuera la esposa y así ha engañado a lo mejor de los corazones.

 Sin embargo, es un espíritu engañoso. Sus formas seductoras atraen a la carne de los hombres y a su deseo de poder, posición y riquezas. Obrando debajo de ella, están todos los Acabs: los reyes y los gobernantes en las iglesias, espíritus que operan por medio de hombres orgullosos.

 Los Acabs son los Nicolaítas—los conquistadores del pueblo. Son el sistema del clero que se eleva por encima de la gente. Trabajando para ellos hay otros demonios como el orgullo, la altivez, el control, la posición, la autoridad, el poder, la posesividad, el dominio, la propiedad y los celos.”

“Estos espíritus gobiernan las iglesias, los sistemas y el pueblo bajo ellos. Gobiernan a través de espíritus de temor, y de intimidación. Cooperando con ellos están los espíritus de la tradición, el dogmatismo, el sectarismo, la doctrina, el sentimentalismo, el denominacionalismo; los espíritus de guerra son la confusión, el odio, la división, la tendencia a la división, la amargura, y cosas semejantes. Estas cosas se aferran a los hombres y son fortalezas en las mentes de los hombres. Pero en la raíz de todas ellas están los despreciables espíritus de religión.

“Para que los hombres salgan, primero tienen que entender estas cosas. Después tendrán que arrepentirse de ellas y venir a Mí con corazón puro. Les libraré. Les separaré y limpiaré sus corazones corrompidos. Les revestiré en disposición y les prepararé para el banquete en Mi mesa.

 Les alimentaré con el buen forraje de Mi palabra en lugar de las ramas secas de las mentes de los hombres, difíciles de digerir. ¿Quién podrá digerir el intelecto humano? ¿Quién podrá tragarse sus mentiras y engaños?

La respuesta es todo el mundo. Porque el hombre es necio y carente de conocimiento. Pero el que tiene Mi Espíritu tendrá hambre y sed de Mí, y Yo le revelaré Mi naturaleza. Vendrá a Mí y cenaré con él y él conmigo. Ése es el que podrá salir de la ramera.”

“Ése es el que saldrá de la ramera, porque no perderé a ninguno de los que el Padre me ha dado—a ninguno excepto al hijo de perdición.”

“La ramera está por todas partes. Está en el ministerio, pretendiendo promocionarse a sí misma en poder, posición y riquezas. Está en los ministerios—los Acabs, los Nicolaítas. Hace política para promocionarse.

Miente, engaña, hace fraudes; hará cualquier cosa para avanzar. Está llena de ambición y de deseos egoístas. Es una abominación para Mí, todo lo opuesto a Mi naturaleza y a la naturaleza de Mi esposa.

“Por esto, hijo Mío, digo que la mujer ha de estar en silencio, ser amable y sometida, porque lleva el gozo de la esposa en su corazón. Ella ama a su amante. La ramera se ama a sí misma. La esposa da de sí. La ramera quita para sí. La esposa se esconde en lo escondido. La ramera se exhibe—incluso en su misma puerta.

Se anuncia a sí misma y engaña a los hombres para que vengan a ella, para que se unan a ella para los placeres de la carne. El yo es carne. Cualquier cosa para el yo es carne. Por esto es la abominación que asola Mi lugar santo. Mi lugar santo es el espíritu del hombre. Cuando ese espíritu es corrompido por la carne, es una abominación para Mí.”

“La ramera es la naturaleza carnal del hombre que ha tomado su gobierno en las iglesias—auto-engrandecimiento, hombres buscando incremento de los rebaños para ellos mismos. Cuentan a los miembros y se glorían en ellos.

Son dueños de sus propias ovejas y las llaman Mías. Mienten porque no son Mis ovejas. Hacen discípulos para sí mismos, de sí mismos y por ellos mismos. Despluman a sus rebaños por causa de su propia sórdida ganancia. No son Mis ministerios. Son asalariados y Nicolaítas.”

“La ramera es fea y esconde su fealdad en vestiduras llamativas y decora su rostro con colores abundantes. Se esconde detrás de estas cosas. Se avergüenza de su pecado. Y sin embargo, no se arrepiente. No puede arrepentirse. Es mala en su interior.”

“¿Qué hay de la ramera, Señor? ¿Quién o qué cosa es el espíritu de la ramera? ¿Cómo podemos saber cuando ella está operando?”

“El espíritu de la ramera, hijo Mío, es cualquier cosa para el Yo. Ella es la abominación que asola a Mi Lugar santo. Mi esposa, Mi esposa santa esta vestida de justicia. Sólo tiene ojos para Mí. Ella está completamente consagrada a Mí. Ella es pura y no conoce corrupción ni busca nada para ella misma. Ella es la vida consagrada. Se niega de todo yo, toma su cruz y me sigue diariamente.

Mi esposa es hermosa y brilla en la inocencia de su santidad. Está separada para Mí. Está unida a Mí. Yo soy su esposo y ella es Mí único amor verdadero. Yo la he dado a luz. Le he dado su cena. La he adornado en justicia, hermosura y santidad. Mi esposa es difícil de ver en el mundo porque está en silencio, carece de pretensiones, es humilde—está escondida en Mí.

“Pero la ramera—ella es ruidosa y está siempre alborotada. Se busca a sí misma. Desea expandir su regazo con las riquezas de las naciones. Busca el Yo en todo y todo lo que hace lo hace para el Yo. Ha pintado Su cara con toda forma de atrocidades.

Aborrece a la esposa. Porque no tiene marido. Ella es una ramera. Toma a cualquiera o a cualquier cosa en su regazo si le produce incremento. Ella es una abominación para Mí porque está llena de jactancia. Ella es engañosa. Es carnal. Es una ramera. Una ramera es infiel. Ella es la falsificación.

“Los hombres vienen a ella buscando el Yo—auto-engrandecimiento, auto-dependencia, autocompasión, fortaleza en sí, todo para ella misma. Yo, Yo, Yo. Hijo Mío, de esta manera puedes saber si la ramera está trabajando: Pregúntate, ‘¿Lo que estoy a punto de hacer, o lo que estoy discerniendo, tiene algo que ver con el Yo?

¿Estoy buscando el Yo? ¿O estoy buscando el bien de los demás? Si lo que busco es el Yo, entonces todo el tiempo se tratará de la ramera’. “Si es algo Mío”, dice el Señor, “será algo para los demás, será la vida consagrada del agape.”

Ella es engañosa. Ella hace toda clase de promesas. Promete la vida, el gozo, la prosperidad y la paz; y a cambio, te cobra un precio. No puede ofrecerte estas cosas; porque de hecho, los que van a ella van al Seol—bajan a la muerte, a la pobreza, a la desesperación, a las ataduras y a la angustia.

“Y no puede ofrecer estas cosas. Sólo Yo puedo ofrecer vida, gozo, paz, bendición y felicidad. Estas cosas se encuentran en Mí. Ella dice, ‘toma para ti lo que es tuyo’. Yo digo, ‘sacrifícalo’. Ella dice que vive para vivir, para beber y para alegrarse.

 Yo digo, ‘llora y lamenta’. Ella dice, ‘te daré placer y gran deleite’. Pero yo digo, ‘te daré vida eterna’. Ah, ella no puede darte paz. No puede ofrecerte estas cosas. No son suyas. Ella engaña a sus amantes y les hace pensar que tiene estas cosas, pero no las tiene.”

“La ramera es el Yo—cualquier cosa para el Yo. Te prostituyes cuando tu corazón se va detrás de cualquier sustituto de Jesús.”

“Hijo Mío, recuerda esto, y guarda tu corazón. Vacíate del Yo. Permanece humilde, quebrantado, vacío delante de Mí. Yo te llenaré. Seré tu gozo, tu satisfacción, tu todo.”

“Cuidado con la ramera. Está por todas partes—en cada ventana, puerta, esquina de la calle. Está en la voz de todo el que habla. Se jacta, se enorgullece, engaña, adula y seduce. ¡Cuidado! ¡Cuidado!

“La ramera es el regazo de todo hombre. Se levanta y dice, ‘Quiero esto o eso, o quiero hacer esto o eso, o quiero ser esto o aquello’. En todo momento y en todas las cosas busca algo para ella. ¿No puedes verla en la iglesia? ¿No puedes verla en el ministerio? ¿No puedes verla en los comités y juntas, en lugares de alto liderazgo?

 ¿No puedes verla en los bancos? ¿No puedes verla en el coro? Por todas partes levanta sus faldas para danzar su propio baile al ritmo que ella misma ha escrito de su propia invención. Y cuando ha terminado, hace sus reverencias y recibe sus reconocimientos, su aplauso, sus placas y trofeos; decora sus paredes con ellos. Es la ramera, la falsificación de Mi esposa, que simplemente se halla escondida en Mí.”

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.” Marcos 8:35

Suena el llamado de la trompeta. “¡Salid de ella, pueblo Mío!” “Así pues, salgamos a El fuera del campamento, llevando su oprobio.” Hebreos 13:13

Atrevámonos a enfrentarnos a nuestros ídolos, limpiar el templo, y regresar al Dios de nuestra salvación. &

He incluido esta profecía que recibí el 4 de Febrero de 1987, porque sirve como un resumen minucioso y cierre de todos los capítulos anteriores

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Como habrás podido observar, no he interferido con ninguna clase de comentarios esta última parte del trabajo, la que Charles consigna como una palabra profética recibida por él en el año 1987. No me corresponde hacerlo porque no es información, conclusión ni opinión: es palabra profética.

Esto, claro está, independientemente de si luego se concluye en que es o no es realmente palabra de Dios a una vida humana para proclamación. Hasta tanto eso se conozca, (Sólo el tiempo comprueba la validez de los profetas), nuestra obligación como hijos de Dios, es respetarla.

De todos modos, y si crees que lo que voy a decirte puede tener o no validez como para evaluarla, tengo que reconocer que en mi interior no hubo, en ningún momento de leer todo este trabajo, esa simbólica lucecita de alarma que el Espíritu Santo suele producir cuando algo no anda bien.

Es más; en muchos momentos de la lectura, no pude contener una expresión de asombro y sorpresa, ya que brotan de los labios (O dedos, o teclas de un teclado de ordenador), palabras exactamente idénticas a las que han nacido en mi interior y me han llevado a decir y escribir cosas que ya habrás oído o leído.

Y esto, de hecho, si bien resulta una confirmación absoluta a lo que muchos hemos recibido con orden de difundir, también deberá ser examinado con cuidado. No soy un joven impetuoso ni irresponsable que, porque cree tener una palabra de verdad, sale de inmediato a darle característica de absoluta de un modo pontificio.

Soy un hombre maduro, con algunos años encima y con muchas cosas vistas en la vida secular y eclesiástica, como para hacer la pausa necesaria que se impone como precaución. Porque si esto es, como hoy creo y afirmo, una verdad divina que poco a poco se irá conociendo en la tierra, no tendremos más que darle gloria a Dios y cantas aleluyas a Su Santo Nombre.

Pero si todos nosotros, (El autor de este trabajo, los autores de los otros que ya has leído y yo mismo), hubiéramos sido fatalmente engañados por algún espíritu maligno, e impelidos a difundir una doctrina de demonios, tal como muchos que nos acusan dicen, entonces será bueno que tú revises tu interior, veas que te dice el mismo Espíritu Santo que suponemos habita en nuestras vidas y, en función de ello, decidas.

Nadie va a vencer en esta batalla contra Babilonia sólo porque crea y tome como cierto y verdad lo que otros le dicen. Los que van a vencer y convertirse en remanentes santos del Señor, serán aquellos que examinarán todo y rescatarán lo bueno, esto es: lo que se ajuste estrictamente a la Palabra escrita en la Biblia y no en los reglamentos de las denominaciones supuestamente cristianas.

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La Vasta Transición al Nuevo Pacto

Los autores de este trabajo, son los mismos del que ya hemos publicado (“Los Cinco Montes”) y nos lo ha enviado la misma hermana en Cristo, Martha Villarreal, una colombiana que vive en República Dominicana y tiene tanto amor por la verdad limpia como todos nosotros.

Disfruta de este excelente trabajo al cual, – Gracias a Dios -, puedo añadirle muy poco, ya que es sumamente completo y no necesita mayores aclaraciones, salvo las que, por el estilo de esta ventana agregamos, con la única finalidad de hacer saber las coincidencias coyunturales que podemos estar viviendo, que seguramente son similares a las que vives tú.

LO QUE SIGNIFICA CONGREGARSE EN CRISTO

Por George Davis y Michael Clark

En una conversación muy inusual con una mujer Samaritana, Jesús habló de una gran transición que en definitiva iba a cambiar la forma en que Dios sería adorado. Ella quería una respuesta a la antigua rivalidad que empezó cuando una revuelta por asuntos de impuestos dividió el reino de David, y de allí en más los que salieron se mudaron a Samaria y construyeron un segundo centro de adoración en el Monte Gerizim.

Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar (Jn. 4:20).

En vez de tomar parte en la línea de sus hermanos de la tribu de Judá, asumiendo que ellos estaban completamente en lo correcto y los Samaritanos completamente equivocados, Jesús tomó una tercera posición, diciéndole que ambas doctrinas no estaban del todo de acuerdo con las reales intenciones de Dios.

Primer punto clave a la hora de discernir espíritus que guían posiciones: ausencia de egocentrismo, ausencia de corporativismo (Que no es lo mismo que estar en un Cuerpo) y presencia de sana imparcialidad sin otra aspiración que la de llegar a la verdad.

Ese día en Samaria, Jesús le mencionó de una gran transición que aboliría completamente las viejas órdenes religiosas carnales de los hombres, abriendo camino a un orden más elevado de adoración que está de acuerdo con la misma naturaleza de Dios.

 Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Jn. 4:21-24).

¡El status quo, (Las Cosas como Están) estaba por sufrir un cambio drástico! Un nuevo pacto entre Dios y el hombre estaba ya en camino a ser una realidad en espíritu y verdad.

Una parte central de esta vasta transición consiste en quitar los viejos símbolos religiosos que atan y ciegan a los hombres en viejas tradiciones, y llevarlos a ese nuevo y vivo camino que él consagró para nosotros a través del velo, es decir, Su carne (ver Hebreos 10:20).

La voluntad de Dios en este asunto está claramente establecida en Hebreos 10:7-9. Quita lo primero para establecer esto último. Usted no construye una nueva casa en el sitio donde ya hay una construida sin primero echar abajo la vieja casa.

Se acercaba el tiempo cuando nadie sería capaz de adorar a Dios en un templo en Jerusalén. La hora vino en el 70 dC, tal como Jesús lo había profetizado antes. El emperador Romano Tito destruyó absolutamente el templo y no quedó piedra sobre piedra en el templo (Ver Mateo 24:2).

 Si bien aparentemente desastroso, este evento fue una señal debido al pecado de los Judíos, porque cumplió las palabras de despedida de Jesús: He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor. Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. (Mat. 23:38-24:2)

Esta fue no solo la señal del fin del antiguo orden, sino un testimonio de futuras bendiciones que habrían de venir. Después de que Jesús echara a los cambistas del templo, los judíos le preguntaron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Jesús les respondió: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.” Los judíos dijeron: “En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

 Esto es tan característico del hombre religioso. Debido a esta fijación por los símbolos religiosos físicos, no puede ver más allá a la realidad celestial. Lo que estos miopes judíos no sabían era que Jesús “hablaba del templo de su cuerpo” (Vea Juan 2:15-21). Note como Jesús usó las palabras templo y cuerpo de manera intercambiable.

Vamos a seguir aquí la lógica de Jesús muy de cerca. El templo en el monte de Sión fue meramente una representación terrenal o sombra del templo real o lugar de morada de Dios, “Uno más grande que el templo”, se encontraba ya en medio de ellos (vea Mateo 12:6).

Cuando los judíos destruyeron el templo de Su cuerpo, Jesús levantó un templo nuevo en su lugar. Esto claramente apuntaba a la casa espiritual, el Cuerpo de Cristo. Dos mil años después, el templo del Cuerpo de Cristo fue un cuerpo físico que se levantó de nuevo al tercer día.

Su cuerpo natural fue la clave para la realización del propósito completo de Dios en su Hijo porque fue aquella única semilla que fue sembrada en la tierra y de la cual creció un cuerpo espiritual con mucho fruto.

Por lo cual, entrando en el mundo dice: ‘Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo (Heb. 10:5).

Aquí está el molde divino. Pablo comparó nuestros cuerpos al trigo o a algún otro grano que es plantado en corrupción para resucitar en incorrupción.

 Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual (1 Cor. 15:42-44).

 Lo mismo es cierto acerca del Cuerpo de Cristo. El cuerpo físico de Cristo o templo, fue sembrado un cuerpo natural; resucitó un cuerpo espiritual. Ahora, bajo este glorioso Nuevo Pacto, el templo de Su cuerpo es una casa espiritual hecha de piedras vivas, puestas por Dios para su propia morada.

La mayoría de los creyentes terrenales entendieron este misterio muy bien y fueron cuidadosos de dar a Dios la adoración que él buscaba en esa casa. Lo central en su fe era el conocimiento de que él es Espíritu y como tal solo puede ser adorado en espíritu.

Pedro, el que quería levantar tres idénticos tabernáculos, (Algunas versiones dicen “enramadas”), para Jesús, Moisés, y Elías unos cuantos años antes, ahora comprendió que Dios en esta nueva dispensación ha fijado residencia en un templo espiritual no hecho de manos.

Pedro lo comprendió con claridad. ¿Era, acaso, Pedro, un prestigioso y estudioso teólogo de la época? En absoluto. Ya sabemos que Pedro era un pescador. ¿Imaginas lo que era un pescador de aquel tiempo? Un poco menos que una honorable bestia sin preparación intelectual alguna.

Decididamente, este siempre es un asunto espiritual, jamás fue ni será intelectual. ¡Y gracias a Dios que es así! ¿Te imaginas un cielo para profesionales y otro de menor nivel para analfabetos? Acepción, esa es la palabra que Dios jamás usa, y sus hijos, muy a menudo.

Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1 Pe. 2:5).

 Pablo concuerda con Pedro: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 Cor. 6:19).

¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo (2 Cor. 6:16).

Y nuevamente, En quien [Cristo] vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Ef. 2:22).

Juan estaba en el Espíritu cuando tuvo una visión de la Jerusalén celestial bajando como una novia ya dispuesta para su esposo. Lo primero que él notó fue la ausencia de lo que la mayoría del mundo religioso considera esencial.

Pero templo no vi en ella, pues el Señor, Dios todopoderoso, con el Cordero, era su templo (Ap. 22:22 – BJ).

Cuanto más nos acercamos a la ciudad celestial, más se desvanecen los símbolos religiosos terrenales. Millones hoy en día se están dando cuenta de que la verdadera adoración no depende de un escenario o púlpito, músicas especiales amenizando el ambiente, o de un edificio especial, sino que es un asunto del corazón y sucede en cualquier lugar donde Su verdadero cuerpo se encuentra viviendo en Su verdad.

Un detalle anexo pero notorio: los que se dan cuenta como dicen aquí los autores, no sólo que no son escuchados dentro de sus congregaciones, sino que son rechazados, marginados y hasta vituperados por lo que se considera como “doctrina de demonios”.

Creyendo esta gran realidad del Nuevo Pacto, los primeros creyentes no tenían templos. Una parte central del mensaje fue tomado de las palabras de Dios al Israel que se había apartado en Isaías 66:1; Jehová dijo así:

 El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?  (Vea también Hechos 7:49, 17:24-28). En el siglo segundo, el apologista cristiano Minicus Félix nos da un sentir de la profundidad del entendimiento de esos días de esta gran verdad transicional, cuando escribió a los escépticos:

Ustedes erróneamente piensan que nosotros ocultamos lo que adoramos debido a que no tenemos templos o altares. …¿Cómo puede alguno edificarle un templo, cuando todo el mundo no lo puede contener? Aun yo mismo, un mero ser humano, viajo a lo largo y ancho.

¿Así que cómo uno puede callar la majestad de tan gran Persona dentro de un pequeño edificio? ¿No es mejor dedicarnos a El en nuestra mente y consagrarnos en lo más profundo de nuestro corazón, en vez de en un edificio? (Minicus Félix, Octavius, 2 Siglo dC).

Con respecto a esta sorprendente declaración, J. G. Davies escribió:

A través de por lo menos los dos primeros siglos, no existían edificios de iglesias como tal, y esto era tan sorprendente, que para el pueblo pagano era considerado un fundamento para acusar a los cristianos de “ateismo”.

 En un mundo notable por el número de sus santuarios y los ríos de sangre que fluían diariamente de las víctimas sacrificadas, los cristianos llamaban la atención en que no poseían templos ni estaban involucrados en sacrificios” (Uso secular de los edificios como Iglesias, J. G. Davies, 1968 – Pág. 1).

Vamos a continuar explorando esta gran transición del Nuevo Pacto, como tomó forma en la iglesia primitiva y su responsabilidad directa en nuestras vidas como creyentes del Nuevo Pacto, tanto individual como colectivamente.

Considerando la preocupación de la Cristiandad de hoy en edificar lugares de adoración más grandes y adornados, es dolorosamente obvio que algo ha cambiado drásticamente. Creemos que esta es la prueba concluyente que la mayoría de los cristianos aún tienen que comprender el enorme significado de la verdad que Jesús compartió tanto tiempo atrás con la mujer Samaritana.

 “Como fue el caso de la antigua Israel, una estructura ha crecido en la Cristiandad que procede de la carne y no representa la mente de Dios… Ciertamente no seremos engañados si, debido a los eventos presentes, leemos la mente de Dios; la mente que nos guía fuera del viejo sistema de gobierno de la iglesia terrenal y nos guía a una nueva y fresca vida de verdad” (Blumhardt – Venga Tu Reino).

No es suficiente dejar atrás el viejo sistema religioso del templo para adoración y sacrificios carnales. Debemos continuar hacia una plena participación en las realidades espirituales de esta orden superior de adoración.

William Law explica:

Por eso parece plenamente que el estado de los evangelios no puede ser la ultima dispensación de Dios, o el final de la redención del hombre, a menos que su obra completa fuera una obra del Espíritu de Dios en el espíritu del hombre; es decir, a menos que quitados los velos, tipos, y sombras, traigan el asunto mismo, o la sustancia de todos los tipos y sombras anteriores, a un gozo real, como para ser poseído por el hombre en espíritu y en verdad.

Ahora, el asunto mismo, y por el cual han sido todas las dispensaciones de Dios, es esa primera vida de Dios la cual nació esencialmente en el alma del primer hombre, Adán, y por la cual murió. Pero ahora, si la dispensación del evangelio vino a terminar con todos los tipos y sombras, para traer de nuevo en el hombre un verdadero y pleno nacimiento de ese Espíritu Santo el cual tuvo al comienzo, entonces debe ser claro, que la obra de esta dispensación debe ser sola y eminentemente la obra del Espíritu Santo.

Adorar en el Espíritu, el Pneuma de Dios

“El asunto primordial de todas las cosas, el primer principio del ser y vivir, es el Espíritu” (Hipólito, Philosophumena. V.10)

La adoración espiritual empieza con la comunión del espíritu de la criatura con el Espíritu del Creador. Como Jesús dijo a Nicodemo: …el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

Fue de ese Soplo que empezó la vida. ¿Qué fue lo que hizo de un montón de tierra roja del primer Adán, un alma viviente? ¡El Espíritu del Dios viviente separó lo muerto de lo vivo! Lo que fue cierto en Adán también es cierto en la Iglesia.

Siempre hay un hijo del Señor que tiene una visión profética justa para que nadie pueda argumentar que no lo ha entendido. Esto que ha sido escrito aquí es sencillamente inapelable, si es que alguien tiene la poco feliz idea de apelarlo por alguna inexplicable razón.

Cualquier persona o personas congregadas que no son animadas por el Soplo de Dios, está muerta y no puede ser llamada correctamente la Iglesia de Cristo. Así como fue con Adán, así también lo es con la autentica Iglesia.

Dios formó a Adán del polvo de la tierra y sopló dentro de esa forma inerte el aliento de vida. Dios formó la primera Iglesia de vasos terrenales que estaban igual de inertes. El envió su Espíritu para vitalizarlos y hacerlos testigos de su vida, amor y poder.

Solo como un organismo vivo, animado por el Espíritu, pudieron ellos caminar en armonía con el Dios vivo. Así que el nacimiento espiritual de la Iglesia fue lo primero para Dios. De Jesús, Juan escribió: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Donde no hay pneuma, no hay luz.

El profeta Joel también predijo este gran evento transicional. “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:28-29).

 Este sello del Nuevo Pacto cayó sobre los primeros 120 creyentes que, en obediencia al mandamiento de Cristo, estaban reunidos en el aposento alto en Jerusalén, esperando por la promesa del Padre. “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos” (Hch. 2:2-3).

Esto nos recuerda a la descripción de Jesús sobre aquellos que son nacidos de nuevo por el Espíritu. “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Jn 3:7-8). Después que el Espíritu vino sobre estos santos, la casa donde estaban no pudo contenerlos más tiempo. Salieron fuera de sus paredes como un tornado.

¿Cada uno que nace del Espíritu es como el viento? ¿No es lo que Jesús dijo aquí? ¿Eso sería un caos, verdad? Alguien va a tener que supervisar, alguien va a tener que estar en control o quien sabe lo que pueda pasar.

 ¿Creyentes corriendo de aquí para allá, hacia cualquier lado, un poco lo que sucede cuando usted abandona el presbiterio? Esta clase de vida va echar por tierra todo lo que hemos edificado con tanto esmero. Exactamente, ese es el punto.

Sí, ese es y ha sido el punto desde el principio. Los hombres decidieron inventar cargos y posiciones de liderazgo con la finalidad de controlar lo que Dios mismo tenía pensado no controlar. Por tanto, cuando te digan que los líderes son del Señor, ya sabes que nacen a partir de la incredulidad de los que conforman la llamada “iglesia”.

 Si algo le ha enseñado la naturaleza al hombre, es que el hombre no puede controlar el viento. Usted no puede discutir con un huracán. Prueba las estructuras y fundaciones de todo. Lo que hemos visto en Nueva Orleáns es prueba de esto. Sopla donde quiere y rompe las paredes que se resisten a los torrentes de Dios.

Así es que el Espíritu Santo demanda ese lugar de absoluta supremacía o se retira para encontrar a aquellos que le darán su lugar. Creemos que es por esto que el último derramamiento del Espíritu durante los años 70 no fue en las iglesias, sino fuera en las calles.

 ¡Usted no puede confinar al viento en edificios! Usted no puede dictar el curso del viento y usted no puede hacer volar su cometa sin eso. Como un querido hermano que conocemos escribió: “¡Lo opuesto al viento son los ladrillos!”

¿Cuándo será que los hombres religiosos aprenderán que ellos no pueden controlar de dónde viene el viento ni adonde va? ¿Cuándo ellos cesarán de resistir al Espíritu Santo y a aquellos que son guiados por él? Ellos a menudo hablan de la soberanía de Dios pero si esto fuera cierto, ¿por qué ellos actúan como si ellos fueran los soberanos?

Esta es una pregunta que yo me he hecho mil veces. Y no por odios o resentimientos, te lo aseguro, sino por la pena de ver como se desperdician dones, esfuerzos y buenas intenciones, por causa de gente que supone que Dios les ha dado la concesión de por vida de su Palabra.

 Las palabras finales de Esteban están impregnadas de significado: Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: "El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?" "¡Duros de cerviz! ¡Incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros (Hch. 7:48-51)

Aquí en Hechos 3 y Joel 2 vemos la adoración en Espíritu representada por el derramamiento y soberanía guiadas por el Espíritu de Dios como opuestas al sistema cerrado de adoración del viejo orden, donde solo unos pocos individuos favorecidos eran considerados ungidos.

 Bajo este Nuevo Pacto, el Espíritu profético que antes caía sobre un grupo de élite, ahora caía abundantemente sobre todos, aun los que en aquellos días fueron considerados lo más bajo de lo bajo: los siervos. Sin distinción de clases o privilegios, todos son ungidos.

Todos son sacerdotes. Todos son enseñados por Dios (1 Jn. 2:27). Todos pueden entrar al Lugar Santísimo porque Cristo ha quitado el velo (Heb. 10:19). Todos reciben dones del Espíritu (Ef. 4:7; 1 Cor. 12:4-6 y Rom. 12:6-8). Todos ministran los unos a los otros (1 Pe. 4:10).

En este glorioso Nuevo Pacto, el Dios que es sobre todo, es ahora por todos, y en todos. (Ef. 4:6). No hay sacerdotes privilegiados en el Cuerpo de Cristo. ¡Todos son sacerdotes! (1 Ped. 2:5,9). ¡Hay solo una Cabeza, y cada miembro precioso y ungido, está igualmente conectado a El! Antes de que nos dirijamos a ver este gran misterio de la Iglesia, es necesario que veamos aquellas cosas que resisten y obstruyen su plena manifestación.

No Dejando de Congregarnos – Un Camino Nuevo y Vivo

Primero nos queremos dirigir a un juicio común hecho por aquellos dentro del Cristianismo denominacional contra aquellos que han salido de entre sus paredes, buscando una verdadera manifestación del Cuerpo de Cristo.

George Barna correctamente escribió de estos revolucionarios en su nuevo libro La Revolución.

“A ellos no les sirven las iglesias que juegan juegos religiosos, ya sea que esos juegos sean servicios de adoración que zumban sin la presencia de Dios, o programas ministeriales que no tienen frutos espirituales.

Los Revolucionarios evitan ministerios que comprometen o suavizan nuestra naturaleza pecaminosa para expandir terrenos organizacionales. Ellos rehúsan seguir a personas en ministerios de posiciones de liderazgos quienes proyectan una visión personal en vez de una visión de Dios, o que buscan popularidad en vez de la proclamación de la verdad en sus declaraciones públicas, o que están más preocupados acerca de su propio legado en vez del legado de Jesucristo.

 Ellos rehúsan donar un dólar más a los monumentos hechos por los hombres que marcan sus propios logros y garantizan sus lugares en la historia. No se impresionan por títulos y lugares con nombres en las universidades y seminarios cristianos que hacen a la gente joven incapaz de defender la Biblia o indispuestos a dedicar sus vidas a servir a otros. Y los Revolucionarios se avergüenzan del lenguaje que prometen a los cristianos amor y santidad pero que resulta ser solo forma sin sustancia.”

No me avergüenza reconocer y declarar públicamente que, sin haberle pedido permiso ni autorización a nadie, formo parte junto a mi familia de esta clase de cristianos. ¿Revolucionarios? No lo sé, pero distintos a los babilonios, seguro. ¿Y tú que? ¿Adonde te ubicas? ¿Estamos en un mismo sentir o todavía no has terminado de cortar tu cordón umbilical con “mamá Babilonia”?

Como prueba de su crítica a todos los que no se congregan en sus edificios de la forma que ellos lo hacen cada domingo, aquellos dentro de la Cristiandad citan el siguiente pasaje: “…no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre…”  (En estos últimos ocho años, lo debo haber oído cuatrocientas veces por lo menos.)

¿No debemos congregarnos como cristianos? ¡Ciertamente! Este deseo de congregarnos todos juntos está profundamente enraizado en el corazón de los creyentes, pero como lo indica la condición que gobierna la reunión de los cristianos, debemos prestar mucha atención a estas palabras de Jesús:

“Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente” (Mat. 9:16-17).

Gran daño se hace cuando los hijos de Dios intentan guardar, remendar, y usar las formas del viejo sistema religioso. ¡Este viejo odre no puede contener o sostener el vino nuevo! Estamos diciendo lo obvio cuando decimos que es muy posible que nuestras “reuniones cristianas” hagan más mal que bien.

Pequeño paréntesis aquí para avisarte, hermano que todavía vives con enormes culpas por haber dejado de asistir a tu última congregación, que esa sensación de malestar que venías experimentando en aquellos cultos, eran una manifestación que el Espíritu Santo ponía en tu vida y no una prueba de que estabas endemoniado, tal como ciertos líderes dieron a entender sobre ti. ¡Relájate! Descansa…

Considerando los eventos en el pasado reciente, y los miles de casos de abusos en la iglesia, pocos podrán negar esto. Algunas de las cosas más carnales han sido hechas en el nombre de Cristo por hombres que amasaron grandes congregaciones para ellos mismos.

La propia naturaleza de carnalidad es un espíritu parcializado para el cual todo es congregarse. Pablo escribió a los Corintios carnales: Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.

¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre (1 Cor. 1:11-15).

¿No es de esto de lo que se trata una denominación, un grupo congregado alrededor de un líder dominante (o líderes), diciéndole que él es su líder? Más adelante en esta epístola Pablo dio su opinión sobre este congregarse: Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor (1 Co. 11:17).

Trescientas personas juntas congregándose en un edificio no constituyen más iglesia que once hombres muertos juntos siendo un equipo ganador de fútbol. La verdadera ekklesia es la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (Ef. 1:23). ¡Es congregarse solo en El!

 El viejo odre no puede contener esta clase de plenitud. Todo depende de la naturaleza del congregarse. Cualquier grupo que se llame a sí mismo “cristiano” que no se congrega alrededor de Cristo, del propósito de Dios en Cristo a través del Espíritu, no puede reclamar verdaderamente que se congregan juntos. ¡Más bien esto es desorden y desparramo!

No quisiera ser catastrófico, petardista o apocalíptico, así que voy a dejar esta consideración anexa a tu evaluación y definición. Lo que yo creo, es que hoy hay enorme mayoría de desorden y desparramo jugando a ser iglesia.

Me vienen a la mente las palabras de un viejo himno carismático: “…Nos congregamos todos ante El. A él se congregarán los pueblos. Nos congregamos todos ante El”. Jesús hablo de esta condición muy importante cuando dijo a sus discípulos: “Donde dos o tres se congreguen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Todas las reuniones que no están de acuerdo con el nombre de Cristo, de su carácter propio y posición, abrazando la plena implicación de su obra consumada, no se están congregando ante El y debido a esto no es para lo mejor de su Reino.

¿Entonces qué es el congregarse al que se refiere el autor de Hebreos en dicho pasaje? La respuesta es obvia mientras vemos el contexto del pasaje. El error bíblico es a menudo el resultado de tomar las Escrituras fuera de contexto y no ver todo el sentir de Dios. Esta no es la excepción. La exhortación a los cristianos hebreos solo puede ser entendida en el gran ámbito y visión de esta epístola.

Para recibir el impacto completo de lo que significa congregarse, debemos volver al comienzo del capítulo nueve y seguir el pensamiento desarrollado por el escritor. La lógica va así. El primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal (v.1), Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.

Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, que tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierto de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo. En el versículo ocho el autor presenta una gran verdad transicional y el propósito de todo lo que había escrito hasta ese entonces.

Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie, lo cual es símbolo para el tiempo presente…

¿Por qué el camino al Lugar Santísimo aun no estaba abierto para todos? El primer tabernáculo aun estaba en pie. Esto nos lleva a la verdadera pasión de Cristo y a su obra. …y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último (Heb. 10:9).

El primer tabernáculo consistía sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas. Y continúa más adelante en este capítulo con este pensamiento:

Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios… (Heb. 9:23-24)

Cristo se convirtió en nuestro Sumo Sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación (Heb. 9:11). Por medio de su propia sangre entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna salvación para nosotros.

Pablo no fue crucificado por usted, tampoco lo fue Pedro, Jerónimo, Agustín, Lutero, Calvino, o el Pastor Maravilla. El perfecto sacrificio de Cristo es lo que lo hace a él, y solo a él, el Mediador de un Nuevo Pacto. Si nuestra sangre fuese eficiente para la limpieza de pecados, entonces nosotros también pudimos haber sido mediadores.

He intentado en mil estudios explicar esto que interiormente entiendo claramente, pero jamás logré hacerlo con la claridad que aquí se lee. Gloria a Dios porque Él da la palabra justa a aquellos que están puestos para hacer un determinado trabajo para su Reino.

Pero no, se nos requiere venir ante el Padre puramente por los méritos de la sangre de Cristo. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios (Ver Heb. 9:1-24). ¿Qué podemos decir si rechazamos una salvación tan grande?

¡El tiempo de la reforma ha llegado! Dios ha derribado el velo y nos ha abierto el camino y nos ha extendido una invitación a todos a “entrar al Lugar Santísimo”. Considerado estas grandes verdades transicionales, leamos de nuevo nuestro texto acerca del congregarnos:

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. (Heb. 10:19-25)

Aquí leemos que Jesús consagró para nosotros un “camino nuevo y vivo”. El viejo tipo es quitado en la perfección de Cristo. Con todo, el hombre elige inclinarse ante el residuo de eso. Encontramos un ejemplo perfecto de esto en el Israel de nuestros días. Treinta y cinco años después de la muerte de Jesús, los romanos invadieron Israel por la fuerza, destruyeron Jerusalén y arrasaron el viejo Templo.

Hasta este día, solo una pared del perímetro externo del Templo de Herodes (no la pared misma del templo) puede ser vista: “el muro de las lamentaciones”. Es impresionante la clase de devoción que se demuestra a esta reliquia. La gente se para ante eso e inclina sus cabezas y meten oraciones escritas entre sus grietas, ¡y eso que Dios se ha mudado a otro templo!

Justo antes de morir Cristo, sus discípulos señalaban a esta gran estructura del asesino (Herodes) que los judíos habían convertido en una cueva de ladrones y Jesús dijo: Destruid este templo, y en tres días lo edificaré.

¿Qué templo levantó Jesús? Si, él resucitó, ¿pero instruyó él a los discípulos a empezar desde ese día con picos y palas, mezcla y aplanador, empezar a construir otro templo físico y material como cuartel general de esta nueva religión denominacional? ¡No! El resucitó de los muertos y consagró un nuevo lugar de reunión para todos los creyentes en el Lugar Santísimo en los cielos. Quitó lo primero para establecer lo segundo.

El nos invita a congregarnos con él más allá del velo en el santuario celestial y dejar que nuestros cuerpos sean la extensión de su templo aquí en la tierra. Solo como parte de este organismo vivo y colectivo, sujeto a la Cabeza que considera a unos y otros para estimular al amor y buenas obras, nos podemos congregar apropiadamente. Este es el lugar de reunión para los auténticos miembros de su Cuerpo.

¿Qué tiene de nuevo y vivo para la gente el congregarse en santuarios terrenales, todos mirando a la plataforma del orador en total pasividad hasta que el líder que domina mira hacia abajo desde su púlpito y los dirige a moverse, orar, cantar o pagar?

¿Es esto lo que Jesús consagró para que nosotros caminemos en eso? ¿Qué es nuevo y vivo acerca de iglesias con estructuras terrenales con sacerdotes y pastores que presiden? Aun los paganos tienen sus templos bajo este modelo.

¿Es esto por lo que Jesús murió; para poner un remiendo sobre una vieja y gastada vestimenta religiosa? ¿Hemos de entrar a través del velo de su sangre desgarrada para que podamos sentarnos pasivamente en un banco por setenta años y después morir?

 ¿Es esto lo que significa congregarnos en un camino nuevo y vivo? ¿Se leerán nuestros epitafios en el cementerio de la iglesia: “Aquí yace José. El fue fiel en congregarse en el Viejo Pacto por setenta años y su pastor estuvo orgulloso de él”?

Yo tengo mis propias respuestas personales a todas estas preguntas dejadas en el aire por los autores. No te las reproduzco porque pertenecen a mi relación personal con mi Señor. Sólo voy a añadir esto: ¿Tú también tienes tus respuestas o aún evalúas tus dudas?

Si no es nuevo ni vivo no es una reunión del Nuevo Pacto, sin importar cuanta gente se reúna bajo un techo. La epístola a los Hebreos es una advertencia y una exhortación. Su autor repetidamente advierte que aquellos que se apartan de este camino celestial para volver a las viejas tradiciones religiosas, se arriesgan a no entrar en la plenitud de las intenciones de Dios. La pregunta es, ¿tenemos oídos para oír esta advertencia?

Es claro en esta epístola que los primeros creyentes judíos se dividían en dos grupos. Algunos desecharon congregarse en este nuevo y celestial camino y se volvieron a las formas humanas del viejo orden religioso desechando congregarse con Su cuerpo vivo, así como los incrédulos judíos en Cades Barnea entristecieron a Dios y no prosiguieron para heredar la tierra de la promesa.

T. Austin Sparks, escribiendo sobre el libro de los Hebreos, explica:

“Bien, todo esto constituyó esta crisis de si ellos iban a elegir esto o aquello, lo uno o lo otro. Ir de vuelta a algo terrenal después de lo celestial, a algo tangible después de algo espiritual, a algo temporal después de algo eternal, a algo visible después de lo invisible.

Y pienso que es bastante evidente, a través de esta carta mientras usted la lee, que había una división entre estos creyentes. Ellos estaban divididos en dos grupos. Este es el punto de la exhortación “no dejando de congregarnos como muchos tienen por costumbre”.

Algunos decían, “No vamos a seguir más con esto” y ellos estaban teniendo sus propias reuniones y su propio círculo y no prosiguiendo en el verdadero camino. Estaba fraguándose una división; dos grupos.

Estaban aquellos que habían visto el llamado y la visión celestial e iban en pos de eso; y estaban aquellos que, si lo vieron, se estaban yendo a la deriva poco a poco. ¡Y que vigorosa palabra es esa! Originalmente tiene un significado náutico como usted sabe.

 Es la figura de un barco tratando de atar sus amarras en medio de la corriente y de repente perder las amarras y así ir a la deriva hacia las rocas. Si vemos esto y lo perdemos, nos iremos a la deriva, y así como Israel en Cades Barnea naufragó, nosotros también naufragaremos. Es una advertencia, una exhortación.”

Aquellos que desechan el camino nuevo y vivo y se vuelven a las formas religiosas muertas, están renunciando a la congregación de los primogénitos. Aquellos que rehúsan seguir adelante en este camino celestial y vuelven a sentarse mudos en un banco, son los que están desechando el congregarse apropiadamente. El autor de Hebreos más adelante nos dice de nuestro llamado y reunirnos celestial, que no debe ser desechado.

Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba:

Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia. (Heb. 12:18-28)

¿Desecharemos esta congregación, la congregación de los primogénitos con los espíritus de los justos hechos perfectos? Dios tiene estándares mucho mas elevados que los de los hombres religiosos. ¿Abrazaremos el camino nuevo y vivo?

¿Dejaremos que Dios conmueva nuestras vidas hasta que todo lo que quede sea ese reino que no puede ser conmovido? ¿Nos acercaremos a la Jerusalén celestial, a la congregación de los primogénitos, o nos volveremos a las sombras de los tabernáculos terrenales y ordenanzas carnales con hombres carnales?

¿Aceptaremos esta vasta transición del Nuevo Pacto o continuaremos reconstruyendo viejos templos y bloqueando con nuestras tradiciones muertas el camino al Lugar Santísimo? ¿Seremos culpables de la misma cosa de la que Jesús acusó a los fariseos? …porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando (Mat. 23:13)

Nuestras reuniones no pueden ser celestiales hasta que primeramente nos sentemos juntos en lugares celestiales en Cristo Jesús. Todos los que primeramente no se congregan en ese santuario celestial que Dios hizo y no el hombre, alrededor de Dios el Juez y Jesús el mediador de un nuevo pacto, serán conmovidos y esparcidos por Dios.

 Dios deseó que su Reino estuviera en la tierra así como está en el cielo (o exactamente igual) (Mat. 6:10); que todas las cosas en la tierra fueran conforme al patrón en los cielos. Así como hizo con el templo de Herodes, él no va a permitir nada sino el patrón celestial para continuar en su Nombre.

El resiste y esparce todo lo demás para preservar la integridad de su obra en la individualidad de sus hijos, no sea que ellos vengan a una unidad terrenal en su naturaleza y preferencia, habiendo perdido totalmente de vista Su propósito eterno.

El Principio de Babilonia: La Fuerza Primaria contra la Unidad del Espíritu

Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego.

Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.

Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.

Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra. (Gen. 11:1-9)

Aparte del rechazo del hombre a congregarse en la forma celestial y de su insistencia en congregarse alrededor de principios y valores terrenales visibles, hay otro mal que se planta y desafía al propósito eterno de Dios para la humanidad. Hemos elegido llamarlo “El principio de la unidad de Babilonia” el cual es sin lugar a dudas el contraataque y la primera fuerza contra la unidad del Espíritu.

Vamos a explicarlo por medio de extraer una historia del libro de Daniel. Babilonia una vez más resurgió y había llevado cautivo al pueblo de Dios. El rey babilónico, Nabucodonosor, tuvo sueños acerca de “lo que había de acontecer en los postreros días” y ninguno de los magos Caldeos, astrólogos y adivinos (hombres terrenalmente sabios), pudieron interpretarlos. Dios lo reveló a Daniel en una visión nocturna y él fue llamado junto al rey. Daniel se paró frente a Nabucodonosor y dijo:

Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. (Dan. 2:31-33)

Ahora podemos ver que los cuatro elementos de la estatua representaban el reino de Nabucodonosor con la cabeza de oro, el Imperio Medo-Caldeo con el pecho y los brazos de plata, el Imperio Griego con su vientre y muslos de bronce, y el Imperio Romano con las piernas de hierro.

 Pero había un nivel más que vio el rey y no era natural y lo perturbó grandemente, su pie mezclado en parte de hierro y barro. Estos dos elementos no se adhieren naturalmente entre ellos con ninguna fuerza.

Los pies sobre los cuales esta gran imagen se paraba, de la cual él era la cabeza, era débil y el rey lo sabía. En efecto, era una casa dividida contra sí misma. Es importante que cuando la Piedra no cortada de mano hirió la imagen, marcó la culminación de los reinos de hombres caídos golpeándolo en su punto más débil: sus pies.

La terrorífica imagen (ídolo) representaba la culminación de un simple pensamiento en las mentes de los ascendientes de Noé, miles de años antes. En vez de ser obedientes a Dios y de dispersarse sobre la tierra para llenarla con buena simiente, ellos encontraron una planicie en la tierra de Sinar y se dijeron unos a otros, “Venid, hagamos ladrillos…”

Lo próximo en su agenda era construir algo para ellos mismos con estas falsas piedras. “Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”.

Dejaron de ser peregrinos y viajeros y se hicieron un campamento. Preste atención a estas frases: “hagamos… edifiquemos… hagámonos un nombre… por si fuésemos esparcidos”. Este es el principio germinal que empezó, nutrió, fructificó y unificó a los cincos terribles reinos de los que soñó Nabucodonosor, representados por la imagen. Sin embargo, había algo en el preocupante sueño de Nabucodonosor sobre los “postreros días” que no es ni terrible ni preocupante para aquellos que creen.

Daniel continúa:

Estaba mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra. (Dan. 2:34-35)

Antes de continuar debemos mencionar un principio Divino que gobierna todo lo concerniente a los propósitos redentores de Dios: el principio de la Piedra(s). Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Pacto, lo que se ofrece al Señor debe ser presentado sobre el altar por el absoluto mérito de lo que él ha hecho, lo que solo él puede hacer y lo que es él. Dios fue categórico en que cualquier altar construido a él debía ser construido de piedras naturales enteras y dijo a Moisés: …no alzarás sobre ellas instrumento de hierro (Dt. 27:5-6).

Las piedras de su altar no pueden ser moldeadas por la ingenuidad y ambición del hombre. Muchas veces en el Antiguo Testamento encontramos que Dios ordenó esas piedras no cortadas, piedras “no hechas de manos”, que serían usadas cuando algo que representara su obra eterna fuera a ser construido.

Este es el principio que confunde a los edificadores de Babilonia hasta el día de hoy. Al hombre le gusta lo rápido y fácil. Ellos prefieren un titulo obtenido en cuatro años que toda una vida siendo moldeados por Dios. Por esta razón a ellos les gusta construir con bloques de concreto y ladrillos. Pero lleva tiempo construir con piedras no cortadas con manos, y lo que Dios construye lleva mucho tiempo.

Es imposible hacerle entender a la iglesia estructural y organizada de nuestro tiempo que un liderazgo jamás podrá forjarse en las aulas de un seminario. Ellos suponen que, cuando hablamos de ser levantados por el Señor, casi divagamos en medio de una fantasía en la cual ya no creen. ¿Iglesia?

Mencionando a Isaías, Pablo escribió: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; Y el que creyere en ella, no será avergonzado (Rom. 9:33). Pedro escribió de esta preciosa Piedra: Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen: La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo (1 Ped. 2:7).

Jesús es esa Piedra preciosa y de tropiezo que golpea en el fundamento mismo de las idolátricas imágenes de sus constructores. El es el Fundamento; La Cabeza del ángulo; La Piedra Principal, cortada sin la ayuda de manos de hombres, rechazado por aquellos que se hacen un nombre para sí mismos. ¿Cómo ve Dios todo esto? ¿Qué ve él cuando mira a los edificadores que se apresuran a construir monumentos para ellos mismos?

Cuando descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres”, él dijo: “He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.

Todo lo que edifican los hijos de los hombres representa solo una cosa para Dios. El vio su ciudad y su torre, él vio más allá de la arquitectura. El vio aquello que más tergiversa y amenaza Su voluntad para con el hombre. El vio una unidad falsa, “el pueblo es uno”, que aparta a los hombres de ir en pos de Sus grandes propósitos: la unidad de Cristo.

El hombre ya había conocido una vez esta gran unidad mucho antes que la fundación de Babel, porque Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció…. La auténtica unidad con Cristo solo puede venir con nuestro decrecer, nuestro desaparecer. Esto nunca va a suceder mientras nos predisponemos a dejar un legado y a hacer un nombre para nosotros mismos.

Con la rebelde Babel Dios introdujo confusión como una medida provisional. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.  Se nos dijo que hay como 200.000 denominaciones y sectas cristianas. No sería exageración decir que todas ellas hablan un lenguaje doctrinal diferente y rehúsan oír los discursos de los otros.

Recientemente vimos este drama con un hermano. Estaba intentando forzar su creencia doctrinal y rehusaba escuchar todo el consejo de Dios en las Escrituras. La doctrina no estaba centrada en Cristo y de esta manera, por discutir sobre esto, nunca íbamos a llegar a la unidad del Espíritu.

No iba a recibir nuestro consejo de dejar lo otro y moverse hacia el centralismo de Cristo. De esta manera, nuestro tiempo que empezó en un dulce congregarnos en el Espíritu, pronto fue trastornado y el enemigo triunfó en causar división entre los hermanos una vez más. Lo triste fue que todo esto sucedió en un lugar público. El evangelio de Cristo fue una vez más una ofensa para los no creyentes.

Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra. (Ver Gen. 11:1-9)

En vez de prestar atención al llamado de Dios para multiplicar y llenar la tierra con una buena semilla, los descendientes de Noé aparecieron con una agenda que se paró desafiantemente opuesta a los propósitos de Dios: Babilonia. Y todavía lo es.

 Tantos vienen juntos con una agenda diferente a la de Cristo. En vez de vivir para Dios y para Sus propósitos, ellos establecen, en verdaderos estilos humanísticos, edificar un memorial para sus propias grandezas, teniendo al hombre como cabeza:

 Tu, oh rey… eres esa cabeza de oro. No sorpresivamente, tomó la imagen de un hombre. En contraste, la Cabeza del Cuerpo de Cristo no es un hombre sino Cristo mismo. No hay mezclas en este Cuerpo; es Cristo, de la cabeza a los pies.

Ellos viajaron a las planicies de Sinar y allí empezaron a hacer ladrillos y erigir edificios para alcanzar el cielo. La historia de este pueblo que salió es un perfecto paralelismo a la historia de la iglesia desde el primer siglo hasta ahora.

 Allí hubo una Constantinopla en medio del siglo cuarto para lo cual el pueblo abandonó la unidad del Espíritu y tomó la idolátrica unión de Babilonia, volviéndose uno en un masivo proyecto de edificación bajo el liderazgo de hierro del Emperador Constantino.

Esta iba a ser una ciudad que iba a tener el poder combinado de la Roma de hierro y de la iglesia de barro (Ver Isaías 64:8 y Romanos 9:20-21). Sí, la iglesia de Jesús con sus divisiones clérigo-sacerdotal y laicos, sus masivos programas sostenidos por las espaldas de los pobres, ha estado adherida al Romanismo por 1600 años. La Gran Reforma nunca tuvo éxito en romper la atadura de este mito de hierro y barro.

El mayor pecado aquí es el mismo: Edifiquémonos… no sea que seamos esparcidos. No hay nada que desplace mejor la unidad en el Espíritu que un buen programa de construcción. Queremos culpar de la división al diablo, pero éste no es el caso.

 Más bien es la falta de un buen Fundamento, la Piedra rechazada por los edificadores, ese es nuestro tropiezo. Podemos decir “Dios no es el autor de confusión”, lo cual es una declaración cierta cuando se aplica a la auténtica iglesia siendo edificada por Jesús y alineada a la piedra principal, pero edificada sobre Un Fundamento (ver 1 Cor. 3:11). Pero es una declaración falsa cuando se aplica a la ciudad y torre que han construido los hijos de los hombres.

Aquí diremos algo que puede ofender a algunos, sin importar el hecho de que sea cierto más allá de cualquier sombra de duda. Nada tiene una propensión más grande hacia la división que el cristianismo denominacional, y esa división es obra de Dios.

 Así como el confundió a los constructores de Babel quienes dijeron hagámonos… edifiquémonos… hagámonos un nombre para que no seamos esparcidos, El, no el diablo, está detrás de la confusión de nuestras lenguas.

Y no son “hombres rebeldes” aquellos que no se unen a los programas de construcción. La búsqueda ilícita de los hombres por unidad, propósito, e identidad, separados de la unidad de Su Espíritu, sigue siendo la raíz del problema.

Así como una vez el gran esfuerzo de Babel terminó en división y en un proyecto dejado inconcluso, el fin del denominacionalismo divisionista es confusión de lenguas (las doctrinas de hombres) de una miríada de organizaciones muertas rogando por vida.

 En su libro Un cuerpo en Cristo, Kokichi Kurosaki establece que los métodos humanos nunca van a unificar la Iglesia de Cristo. “…que la unidad de los cristianos no es un asunto de esfuerzo humano o cooperación. La verdadera unidad debe venir solamente de Dios, y cuando hay verdadera comunión con Dios, eso vendrá naturalmente de él mismo.

 El poder de los cristianos no viene de cooperación humana sino de una vida-unión con Dios. Es el poder de Dios obrando en el hombre. Por eso, un Cuerpo no puede ser creado por colaboración humana. Existe simplemente removiendo las barreras y teniendo comunión con Dios, una realidad que prevalece entre aquellos que lo obedecen y se aman unos a otros. Ningún otro método meramente humano lo conseguirá”.

Tal unidad viene de una comunión profunda y permanente con Dios el Padre y Cristo, el Hijo. Nuestra comunión con Dios debe ser en Espíritu y verdad. Volverse “uno en Espíritu” es más que una linda canción de los años 70.

Todos debemos estar en el Espíritu si es que alguna vez conocemos el poder del cuerpo unificado de Cristo. ¿Por qué? Cristo es Espíritu. El es Verdad. Y en Espíritu y Verdad él es uno con el Padre. Nuestra comunión los unos con los otros depende de esta misma condición.

Esto es la razón por la que inmediatamente conectamos con ciertos cristianos y sentimos como si los hubiéramos conocido toda la vida. Con todo, y probando mientras podemos, no podemos conectarnos con otros. O estamos unidos en el Espíritu o no estamos unidos a los ojos de Dios.

Me ha pasado, me sigue pasando y, supongo, lo seguiré viviendo. Quizás a ti también y, como lo hice yo, por un momento llegues a creerte que eres tú el discriminador o el que no anda conforme al amor de Dios. Ya lo ves, no es así; hay argumentos sólidos que lo respalda.

 Sí, debemos amar a todos los hombres, pero cuando venimos a tener comunión, “realmente nuestra comunión es con el Padre y con el Hijo”. Si dos creyentes primero no están unidos con el Padre y con el Hijo, individualmente, no hay forma posible que tengan comunión entre ellos.

 Pueden ser cordiales. Pueden encontrar cosas en común, aun doctrinas, y hablar de ellas por horas, pero a menos que estén individualmente vivos en unión vital con Dios, no hay forma posible de que puedan unificarse.

La iglesia de hoy está en la misma condición que la Israel apóstata de la cual Dios habló cuando dijo: Olvidó, pues, Israel a su Hacedor, y edificó templos, y Judá multiplicó ciudades fortificadas; mas yo meteré fuego en sus ciudades, el cual consumirá sus palacios (Oseas 8:14).

Esta es una confirmación muy clara a lo que en algunos estudios hemos deslizado, en el sentido de que la tan difundida y promocionada apostasía ya está entre nosotros hace tiempo, lo que es un equivalente a pensar que, para la venida del Señor, no es tanto el tiempo que resta.

Considere el fin de Babilonia: Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.

Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites (Ap. 18:2-3). ¿Cuánto más directo tiene que ser Dios con nosotros para que veamos que somos pobres, miserables, ciegos y desnudos en toda nuestra opulencia de Laodicea?

En tanto los hombres religiosos estén ocupados reconstruyendo el primer tabernáculo, ellos no pueden tener parte en aquel santuario no hecho de manos. Si no estamos dispuestos a congregarnos en la unidad celestial con el Espíritu, en ese lugar celestial más allá del velo, solo estamos construyendo Babilonia la Grande y si bien miles se congregan como hermanos, hemos renunciado al congregarnos todos juntos.

Por lo tanto, hermano salido de Babilonia; cuando alguien te acuse de estar mal delante de Dios porque supuestamente ya no te congregas, tú has aprendido aquí con este excelente trabajo, que quien realmente no está conforme al propósito y la voluntad de Dios, es ese que aparentemente sí se congrega. ¡Que paradoja!

Hemos visto lo que no es la Iglesia. Ahora vamos a examinar, a grandes rasgos, lo que es la Iglesia.

Cristo es la Iglesia y la Iglesia es Cristo

“A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales… (Ef. 3:8-10)

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. (Ef. 4:7)

El don colectivo del Espíritu Santo para nosotros es Cristo. El don separado de Jesús para la Iglesia es el Espíritu de Cristo mismo. Después que él fuera recibido en los cielos, dio “dones” o gracias, expresiones únicas de sí mismo a cada creyente.

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida (metron, una porción limitada o grado) del don de Cristo (Ef. 4:7). Cada creyente es llamado a reconocer tanto su porción como la de otros santos. Todos somos necesarios en su santa asamblea para hacer el todo con Cristo. Cuando cada uno contribuye su limitada porción, Cristo es visto.

 El viene a ser la suma y la manifestación plena de todas sus partes terrenales. La plenitud de la estatura de Cristo solo es obtenible por la cooperación del compartir, (koinonía), compañerismo y participación en el Espíritu que es derramado sobre todos. Un creyente que tiene un entendimiento excepcional de estas cosas, se refirió a esta cooperación participativa como “Cristo en sesión”.

Esto es un gran misterio. ¡Que Dios abra nuestros ojos para ver! Antes que podamos entender lo que Jesús ha hecho por nosotros, ¡primero tenemos que ver que no se trata de nosotros! No es acerca de nuestros dones o de nuestros ministerios.

Todo lo que el Padre está haciendo aquí en la tierra es acerca de su Hijo, Jesús. Estamos dotados con Cristo. Pablo escribió: Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia (Col. 1:17-18).

Y nuevamente: …el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. (Heb. 1:3-4)

La Biblia del Mensaje (Que es una versión en inglés), tiene una interpretación muy directa de Efesios que muestra la prioridad de Dios en su creación. El [Jesús] esta en control de todo, tiene la palabra final en todo. En el centro de todo esto Cristo gobierna la Iglesia. La Iglesia, como puede ver, no está alrededor del mundo; es el mundo el que está alrededor de la Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, donde él habla y actúa, por medio de lo cual él lo llena todo con su presencia (Ef. 1:22-23).

No es acerca de la iglesia, sino más bien acerca de Cristo teniendo su Cuerpo a través del cual él puede hablar y actuar y llenarlo todo con su presencia. La ekklesia de Dios es un organismo a través del cual Jesús actúa aquí en la tierra.

Es todo acerca de él manifestando su preeminencia. Existimos como manifestación de su amor por el mundo. Nosotros no existimos para que podamos hacer un nido para nosotros mismos con Sus gracias, o tal vez peor aun, enterrar sus gracias en la tierra como buenos calentadores de bancos acobardados bajo la preeminencia de un mero hombre.

Los autores de este trabajo han encontrado el adjetivo que durante años he estado buscando para poder delinear el estado de la mayoría de los cristianos asistentes a una congregación cualquiera: acobardados. Exacto, puntual y certero. Ahora bien: ¿Cómo hacemos para compatibilizar esto con aquello de que el reino de Dios no es para los cobardes?

Y así Pablo enfáticamente declara: Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. Para mi el vivir es Cristo, y el morir ganancia. Y todas las cosas en él subsisten…. …para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él (1 Cor. 8:6).

Existimos debido a Cristo. Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también el (Aparece en la versión en griego y también en otras) Cristo (1 Cor. 12:12 NBLH).

La presencia de la palabra el en el texto griego implica el artículo uno, solo, o único. Los muchos miembros del Cuerpo de Cristo, la plenitud de él, es el Cristo sobre la tierra tan ciertamente como Jesús – el templo de Dios – fue Emanuel, Dios con nosotros.

 Así como Jesús no hizo distinción entre el templo terrenal y el templo de su Cuerpo, aquí Pablo no hace distinción entre el Cristo que ascendió y está sentado a la derecha del Padre y los muchos miembros del Cuerpo de Cristo caminando sobre la tierra. El lo ve como uno e iguales: “así también es el Cristo”. Esto es un gran misterio, pero es esencial que lo entendamos si es que vamos a continuar en Dios.

Dietrich Bonhoeffer explica este misterio como Dios se lo ha revelado:

“A través de su Espíritu, el Señor crucificado y resucitado existe como la Iglesia, como el nuevo hombre. Es tan cierto decir que su Cuerpo es la nueva humanidad, como decir que el es Dios encarnado morando en la eternidad.” (El Costo del Discipulado, New York, Editorial Macmillan)

T. Austin Sparks pone en palabras simples lo que muchos de los hijos de Dios están aprendiendo:

“La iglesia es una Persona y esa Persona es Cristo en una expresión corporal. Debemos revisar nuestra mentalidad cuando hablamos de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. ¿De qué está usted hablando? No de eso, o algo, como si fuese algo en sí mismo, y enseñando en sí mismo. No, es un Hombre con una familia; con hijos, hermanos y hermanas, engendrados de Dios, eso es la Iglesia.

 Oh, cuánto eclesialismo podemos tener sin la vida de la familia, pero la Iglesia después de todo, cuando venimos a las palabras finales, es solo la medida de Cristo que hay en aquellos que la hacen, hasta que todos lleguemos a la medida de Cristo; cada uno de nosotros. Eso es el Cuerpo de Cristo, eso es la Iglesia.”

La plenitud de Cristo no puede realizarse en un sistema eclesiástico cerrado, sino solo en un contexto de cuerpo mientras cada coyuntura contribuye con aquello que individualmente recibieron de la Cabeza.

¿Ha pensado usted alguna vez que nuestro cuerpo es una parábola de una verdadera realidad espiritual? ¿Que Dios lo haya hecho de esta forma para que podamos ver como él ve su Reino, deseando que participemos?

¡Así es cómo es esto hermanos! Así es como el Cuerpo está entretejido (Ef. 4:12-16). Así es como vivimos esta gloriosa realidad del Nuevo Pacto. No podemos pasar por alto la importancia de la participación de cada miembro. Y si todos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo?” (1 Cor. 12:19)

Perfecto. Nunca mejor ejemplificado. A prueba de cualquier error o confusión de roles. ¿Puede funcionar un cuerpo sólo con su cabeza? Aquí, a eso, le llamamos discapacitado. ¿Y puede operar con un solo miembro como intermediario con la cabeza? En absoluto. Lo estás viendo.

En ningún lado de las Escrituras se implica que Cristo diera gracia solo a unos cuantos miembros extraordinarios. El Espíritu de Dios ha sido derramado cobre cada creyente. …a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia… (Ef. 4:7). …las coyunturas que se ayudan mutuamente… (Ef. 4:16). “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho… repartiendo a cada uno en particular como él quiere (1 Cor. 12:7-11). Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. (1 Ped. 4:10)

Asidos a la Cabeza

Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios.

 Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. (Col. 2:18-23)

En este pasaje, Pablo nos cuenta sobre creyentes que están separados de la Cabeza (Cristo) y se privan de su premio porque han vuelto a los principios rudimentarios del viejo sistema religioso. El crecimiento de Dios viene solo cuando condenamos la religión que nos auto imponemos, “no manejes, ni gustes, ni aun toques, en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos…” ¿Entendió esto? Cada miembro del Cuerpo de Cristo recibe su nutrición cuando se sujeta a la Cabeza, que es Cristo. Es entonces que todos somos sostenidos por las coyunturas y ligamentos.

Mucho antes que esto, ciertos hombres aparecieron entre los santos y empezaron a decirles que se sujetasen a ellos como cabeza. Empezaron a formarse cismas en el Cuerpo inmediatamente (Vea Hechos 20:29-31 y 3 Juan 9-11). Hay un gran abismo entre la iglesia con Cristo como su Cabeza y la iglesia comandada por el hombre.

Estamos seducidos y somos necios si pensamos que podemos perfeccionar por medios carnales lo que Dios ha empezado por el Espíritu (vea Gál. 3:3). El nos ha dicho que él no solo es el Autor, sino también el Consumador de nuestra fe. Si hemos muerto con Cristo, hemos muerto a estos rudimentos básicos del mundo.

Aquí está el punto. Muchos se enojan agriamente cuando alguien, observando estas fallas, les pregunta si verdaderamente están convertidos o sólo son miembros de esa congregación. Que nadie se ofenda, pero es evidente que lo que está ausente en una gran cantidad de casos, es precisamente eso: una conversión genuina.

En Gálatas 6:14 Pablo habla más aun sobre esta liberación. Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

Una mirada a los versículos anteriores y posteriores de esta gran declaración nos revela que el mundo del que Pablo habla fue el de la religión de sus antepasados. Tal vez como ninguno, Pablo completamente abrazó esta vasta transición del Nuevo Pacto.

De hecho, el minucioso lector habrá notado que virtualmente todas sus epístolas tratan del asunto de la distinción de la religión versus la fe en Cristo. Nada ha cambiado. La elección frente a nosotros es ya sea asirnos de la Cabeza del cual todo el cuerpo va nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, o retornar al viejo orden de la religión basada en abstinencias y apaciguamientos en la cual no hay ni vida ni poder (Ver Jer. 2:11-13).

Lo que está sucediendo, (Y lo ha venido haciendo durante mucho tiempo), es que una gran cantidad de personas suponen que religión y cristianismo son sinónimos, y cuesta bastante sacarlos de ese error que sostienen como producto de sus cegueras espirituales.

Un Cambio en el Liderazgo

Ezequiel predijo que una parte vital de esta transición del Nuevo Pacto sería un cambio de liderazgo. Donde hubieron muchos pastores bajo el Viejo Pacto, en el orden Nuevo y Vivo habría solo UNO. Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará (Ez. 34:23-34).

Esta profecía predijo una transferencia de todo gobierno y dominio a uno: Cristo, del linaje de David. El gobierno estaría sobre sus hombros. Jesús dijo: También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor (Jn. 10:16).

Nunca una palabra ha sido más confirmada que esta en nuestro sentir. Si has leído o lees mi último trabajo en formato libro, titulado “La Vida fuera de los templos”, te encontrarás con un examen a este capítulo de Ezequiel completo, bajo la aseveración de estar viviendo en este tiempo su cumplimiento.

Estas palabras de Jesús son reales y prometedoras. ¡Nosotros las retorcemos para nuestra propia perdición! Es nuestra responsabilidad aceptarlas y someternos a ellas, no torcerlas para que encajen a nuestras radicales y seguras posiciones teológicas.

¿Hay allí un solo redil o no? ¿Si es así, cómo debemos vivir? ¿Hay allí un solo Pastor o no? Si es así, hay muchos cambios que deben ser hechos antes que la iglesia empiece a reflejar la verdad de esto.

Alguien dijo: “Cuando un hombre que está honestamente equivocado oye la verdad, va a dejar de estar equivocado, o dejar de ser honesto”. Hemos confrontado individuos con la verdad del Nuevo Pacto. Algunos, al comienzo, actuaron en forma entusiasta, hasta que evaluaron el costo de sus ambiciones privadas y de sus ministerios.

Entonces rechazaron la verdad, el Nuevo Pacto, y a nosotros. Si realmente hay una sola Cabeza, Pastor, Padre, Amo, y Maestro como Jesús tan claramente lo establece, entonces ¿dónde deja eso a los profesionales pagados?

Una cosa es ser pagado y otra cosa es venderse o ser comprado. No dijimos que la obediencia fuera a ser fácil. Normalmente es ante esta coyuntura que tantos individuos honestamente equivocados cesan de ser honestos. Mirando al espejo y viendo que clase de hombres son, se vuelven y convenientemente olvidan lo que vieron.

¿Cuándo finalmente vamos a admitir que nadie, excepto Cristo, es la Cabeza de la Iglesia y que, bajo este Nuevo Pacto, Dios no tiene hijos favoritos extras? La noción de que Dios permite que algunos estén más cerca de él que otros, que ellos pueden ser los maestros y gobernadores perpetuos de los menos iluminados, es ajeno al Nuevo Pacto y debe ser igualmente extraño a la Iglesia.

A través del curso de su vida, Soren Kierkegaard denunció la desigualdad del sistema clérigo-laico. “Cristianismo implica que cada hombre, cada simple individuo, está igualmente cerca de Dios”. Las palabras de Kierkegaard están de acuerdo con aquellas del profeta Jeremías que predijo el día en que todos, desde el menor hasta el mayor, tendría conocimiento de Dios igual y directamente de él.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jer. 31:33-34. Ver también Hebreos 8:8-11).

No hay lugar para ningún otro intermediario que Cristo en este gran Nuevo Pacto. Así como hay un solo Dios, así también hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Tim. 2:5). Donde alguna vez hubo una casta sacerdotal para la obra de interceder por el resto de Israel, ahora Dios ha establecido un reino de sacerdotes, donde cada uno es miembro de Su sacerdocio santo.

Cuando hombres bien intencionados tratan de funcionar como intermediarios, ellos quebrantan tanto el señorío de Cristo como el sacerdocio de todos los creyentes. Esto resulta en algo que la profesión médica llama el síndrome de la coyuntura congelada.

Quiero que reflexiones serenamente, porque esto que has leído es muy fuerte como para digerirlo de una. Los autores de este trabajo dicen que, por mejores intenciones que tengas, si tú eres un líder conforme a la usanza actual, tú estás quebrantando el señorío de Cristo. ¿Lo entiendes?

Yo (George) aprendí esto por el camino difícil. Debido a una herida que tuve en mi trabajo en mi brazo derecho, tuve que mantenerlo enyesado; inmóvil por muchos meses. Tenía que hacer todo con mi brazo izquierdo. Pronto empecé a experimentar dolor en mi hombro derecho. Pregunté al doctor cuál era el problema.

Me dijo que debido a la herida y la necesidad de dejarlo inmóvil, había adquirido un problema secundario llamado hombro congelado. Este problema resultó ser tan serio y doloroso como la herida original. ¿Por qué? Dios creó cada coyuntura en mi cuerpo para estar activo. Cualquier otra cosa no es natural y lleva a la atrofia.

El equivalente de esta enfermedad ocurre en el Cuerpo de Cristo cuando la hiperactividad de un miembro causa que otros miembros del cuerpo se queden ociosos, congelados, y eventualmente no sirvan para nada.

Irónicamente, el mismo que es responsable de este problema siente que es su deber reprochar a los miembros inactivos por no hacer lo suficiente. Algunos creyentes están tan congelados que no pueden tomar ni la decisión más personal sin primero obtener el permiso de ese otro miembro. Hemos visto suceder esto muchas veces.

Un hombre empieza a desplazar a la Cabeza debido a que se convirtió en el originador y regulador de todo. Entonces desplaza a los otros miembros del cuerpo tomando el gobierno de cada función del cuerpo y no es permitido hacer nada sin su bendición personal, si es que ya no lo hizo todo él mismo.

¡Cristo solo es la Cabeza de la cual todo el Cuerpo está unido y entretejido! Todo es originado y regulado por El. En El vivimos, nos movemos, y somos. Si él no es la Cabeza de nuestro congregarnos, entonces estamos viviendo muy por debajo de nuestro llamado colectivo y nunca conoceremos el crecimiento que viene de Dios, ni el mundo nunca va a ver la verdadera manifestación del unigénito Hijo de Dios.

Lo clásico es que el pastor, desde el púlpito, vocifere con santa indignación en contra de todos los que, además de no trabajar, sólo critican. Estos, a su vez, en lo oculto e íntimo, despotrican contra el pastor porque no les permite hacer nada que a él no le agrade. ¿Quién tiene razón? Nadie. Ambos bandos no están haciendo lo que Dios ordenó, por tanto ninguno tiene la razón.

Jesús intercedió acerca de esto en Juan 17 cuando dijo: Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. (Jn 17:9-10.

Cuando los cristianos se preguntan unos a otros, “¿A qué iglesia asistes?” o “¿Quién es tu pastor?”, ¡que afrenta es esto a todo lo que Cristo vino a establecer y a poner en orden! Pablo no podía creer a los Corintios y cómo ellos ya se estaban dividiendo entre ellos mismos tomando partido en grupos diciendo: “Yo soy de Pablo, Yo soy de Apolos, o Yo soy de Cefas (Pedro)”.

 Pablo les reprendió y finalmente llega al capítulo tres de su primera carta a ellos diciéndoles: Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios (1 Cor. 3:21-23).

¿Con que parte del todo es que nosotros tenemos tanto problema aquí? Mientras nos abrimos al Espíritu como el Cuerpo de Cristo, todo lo de Cristo aparecerá en nuestras reuniones. Nadie lo va a poder acaparar, y nadie va a quedar fuera.

Muchos Miembros – Un Cuerpo

En 1 Corintios 14:26 encontramos una pregunta crucial con respecto a la comunión cristiana seguida de una respuesta. Primero la pregunta: “¿Qué hay, pues, hermanos?” y luego contesta: “Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.” Así es como esto es bajo este glorioso Nuevo Pacto. Un solo hombre no puede hacer todas las cosas porque en este vasto Nuevo Pacto, todos tienen una parte que realizar.

Dejen que todas las cosas sean hechas por todos para edificación. Edificación es lo que ocurre cuando cada miembro tiene una parte tanto dando como recibiendo todas las cosas espirituales. Así es como es.

 Así es como funcionó el Cuerpo casi dos mil años antes, y si somos obedientes al Espíritu, así es como nuestras reuniones funcionarían hoy en día. No que nosotros lo podamos hacer. No podemos más tratar de conseguir vida del cuerpo a través de energías humanas, como tampoco podemos juntar tierra y darle forma de hombre, soplar en él aliento de vida, y producir un alma viviente que camine.

 La forma y función vista en el libro de Hechos, la cual los cristianos de hoy estamos prestos a convertirla en una metodología, era simplemente nacimiento de vida divina, nutrida y llevada a dar frutos en la expresión del Cuerpo de Cristo durante aquella época. No podemos replicar eso haciendo de eso un molde. ¡Necesitamos la vida! El hombre no puede crear vida ni tampoco está equipado para orquestar los asuntos de la vida.

Solo el Dador de la Vida puede hacer nacer, nutrir, y traer a madurez a ese nuevo hombre que busca la plenitud de la estatura de Cristo. Si un hombre intenta establecer a los miembros del Cuerpo en un lugar y traerlos a la estatura completa, todos van a ser réplicas de él. Todo el cuerpo se convierte en ojo, oído, o nariz, y la función de todos se pierde (Ver 1 Cor. 12:17).

Cierta vez, yo Michael, fui a una iglesia que estaba organizada en “células”. El pastor había comprado un plan de estudios de un ministerio de Houston, Texas, que tenía como don solo un ministerio en mente, “pastorear”, basado en un modelo Bautista.

El tenía una serie de libros de trabajo que uno tenía que completar empezando con una oración del pecador y de ahí continuar hacia adelante. La meta era hacer a cada persona el líder de una célula de personas bajo el pastor. Era un esquema piramidal consistente de muchas pequeñas pirámides teniendo al hombre de la oficina en Texas en la punta.

Finalmente confronté al pastor y le dije que en el reino de Dios, un mismo tamaño no se adecua a todos. Usted no puede meter al pueblo de Dios en una caja más de lo que puede embotellar el viento y soltarle en un día húmedo y caluroso.

No todos son pastores y hay más para llevar a los santos a la madurez plena que simplemente decir la oración del pecador, completar cuadernos, y atender interminables reuniones y sesiones de entrenamientos.

El Cuerpo de Cristo consiste de muchas partes únicas, diversas, y complementarias obrando en sesiones bajo el señorío de Cristo, investidas de la medida del don de Cristo dado a cada uno por Cristo. El Cuerpo es una extensión en la tierra del Cristo en los cielos. Esta es la única iglesia que está viviendo en obediencia al poder y principios del Nuevo Pacto.

Esto da clara y fundamentada respuesta a una de las consultas que más asiduamente recibimos todos los que estamos con esta o palabra similar en la Web u otro punto de contacto público. ¿Qué opina de la G12? ¿Qué piensa de las células? ¿Qué cree de los sistemas de barcas? Etc. Aquí está la respuesta en boca de Dios mismo, no en opinión de hombres, por más sabios que estos sean.

Los Cinco Ministerios

“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.” (1 Jn. 2:18-20)

El concepto extra bíblico de “los cinco ministerios” enseñado en muchos círculos cristianos hoy en día, viola el mismo espíritu del Nuevo Pacto dividiendo al pueblo de Dios en dos clases, los dotados y los no dotados, los clérigos y los laicos, la élite y las escuálidas masas.

Este falso ejemplo es la causa de grandes divisiones entre el pueblo de Dios, porque eso alimenta una excesiva devoción al hombre, que divide al Cuerpo de Cristo en cultos a las personalidades.

Estoy totalmente de acuerdo con el concepto de que aquello de “algunos sí y muchos no”, es antibíblico, nefasto y sólo fruto del egoísmo humano más sus propios mezquinos intereses. Pero creo noble consignar que creo en los cinco ministerios como algo presente en cada uno de los creyentes, del mismo modo que han sido repartidos los dones.

Creo que hay muchos hermanos con corazones de pastor, con amor para sus hermanos y unción para ayudarlos y sostenerlos. No para comandar una iglesia, ya que no es esa la función del pastor, sino para apoyar, apacentar y pastorear a los demás.

También creo que hay muchísimos otros que han sido ungidos para enseñar, para profetizar, para plantar fundamentos apostólicos o para evangelizar. En lo que no creo es que cada uno de todos estos deban responder a las directivas de alguien que no sea Cristo, la cabeza de todo el Cuerpo.

Pablo escribió a los creyentes Corintios que decían ser de él: ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? (1 Cor. 1:13). Cristo esta dividido cuando ciertos hombres se predisponen a posicionarse ellos mismos sobre el resto de la herencia de Dios y hacer un culto que los siga a ellos.

El intento de justificar una casta especial de ministros, afectuosamente llamados “los cinco ministerios”, ha resultado en el asesinato contextual y anulación de Efesios capítulo cuatro en la vida de los santos de Dios.

Oímos solemnes advertencias de los eruditos de hoy en día, acerca de guardar estas cosas en contexto, pero en lo que concierne a este pasaje en particular en Efesios 4, la mayoría elige enfocarse solo en un par de versículos e ignorar el resto del capítulo como si no estuviese allí.

Haciendo esto, distorsionan todo el mensaje del libro. Enfatizando su lugar entre los cinco ministerios, fracasan en lograr aquello mismo que ellos dicen hacer: traer a cada creyente a la participación plena en la total edificación del Cuerpo de Cristo.

 Este sistema que reclama existir para el enriquecimiento de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe”, perpetúa su total pobreza por medio de hacer espectadores pasivos a los miembros de cuerpo de Cristo.

La razón de esto es simple. La participación de cada miembro es una amenaza a la especialidad de esta clase especial. Nadie es especial cuando todos son especiales. Así que la triste verdad es: creyentes que milagrosamente vienen a la madurez bajo estas adversas condiciones no son tratados como miembros bendecidos del cuerpo de Cristo, sino como enemigos.

A esto no solamente lo he visto, sino que directamente me ha tocado vivirlo. Y delante del Señor puedo asegurarte que mi única intención siempre fue la de ayudar a madurar a los santos, pero fatalmente siempre fue interpretado como un deseo de suplantar a otros en sus posiciones.

En vez de ser considerados recursos viables a todo el cuerpo de Cristo y ejemplos a los otros de lo que es el crecimiento cristiano, ellos son considerados cañones sueltos, no sujetos bajo ninguna cobertura, y son denigrados como rebeldes.

Hemos recibido cientos de cartas de estos mismos santos que no están amargados, sino más bien confundidos, preguntándose qué es lo que hicieron mal. El error no ha sido de ellos por haber crecido en Cristo y haber operado en su metron dado de Dios, sino más bien la culpa cae en este falso ejemplo de autoridad que es amenazada por el obrar del Espíritu de Dios en la vida de todos los creyentes. Si todos son ungidos y vienen a la madurez, entonces los pocos pierden su especialidad.

Esto no es algo nuevo. A través de la historia han surgido hombres ambiciosos con enseñanzas similares que también tenían un solo diseño: elevar a unos pocos y silenciar al resto. Ellos cazaron y persiguieron a quienes enseñaban el sacerdocio de todos los creyentes, empezando con el resurgimiento de los obispos al comienzo del segundo siglo.

Por casi mil años hicieron sordomudos a la gente traduciendo la Biblia a un lenguaje muerto que solo los escolásticos conocían: el latín. Es claro para nosotros que esto es lo que también se ha hecho con Efesios 4:11-12.

En medio de más de un capítulo de las Escrituras que trata de la gracia de Dios dada a todos, los hombres han superpuesto, por medio de un poco de sofisticación eclesiástica, la noción de una élite y de una indispensable casta de ministros que los hace solo a ellos responsables de perfeccionar a los santos.

La gloriosa verdad del Nuevo Pacto es que Dios derramó su Espíritu sobre toda carne. Refiriéndose a esta gloriosa verdad, a través del capítulo cuatro de Efesios, Pablo constantemente señala a “todos… cada uno de nosotros… cada parte”. La base de este razonamiento se encuentra en el versículo 6:

Hay… un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. (Ef. 4:6)

Pablo describe el panorama completo del envolverse de Dios con sus hijos por medio del uso de tres preposiciones: sobre, por, y en. Vamos a ver en forma resumida estas preposiciones puesto que se refieren a todos.

Sobre Todos

Dios es sobre (Griego – epi) todos. Si bien es indisputable que Dios es sobre todos, epi lleva consigo la idea de ser no solo sobre sino más bien por encima y en. De hecho, en el Nuevo Testamento a menudo es más traducido por encima (Vea Léxico Strong 1909).

Epi es traducido por encima 196 veces, en 120 veces, encima 159 veces, ante 41 veces, y por 41 veces. Epi fue traducida sobre solo 5 veces.

Dios siendo sobre todos es un pensamiento que es abrazado virtualmente por todas las religiones. Ciertamente Dios está por encima de toda persona, en la tierra y en el cielo. El griego Zeus, el romano Júpiter y el noruego Thor, fueron dioses distantes, remotos y a menudo centrados en ellos mismos.

Algunos osan ser más íntimos en sus pensamientos, viendo a Dios suspendido sobre ellos, protegiéndolos y proveyendo para ellos. Sin embargo, esta palabra epi conlleva en sí el pensamiento radical de que Dios está sobre o descansando sobre todos, ungiendo a cada creyente.

Como mencionamos anteriormente, en el Viejo Pacto, el Espíritu de Dios descendía y descansaba sobre unos pocos bendecidos y eso solo por un corto plazo de tiempo. Pero el deseo de Dios de un sacerdocio más perfecto, un reino de sacerdotes, está bien documentado comenzando en Exodo 19:6.

Como el aceite de la unción que corría por las barbas de Aarón hasta la punta de sus vestimentas, Dios desea ungir a todo el sacerdocio de creyentes con su poder y su presencia morando en los creyentes. Con el advenimiento de Cristo su voluntad comenzó a ser perfeccionada y ser evidente en sus santos.

Por Todos

Dios se mueve por (griego – día) todos.

La palabra día es una preposición primaria que denota el significado “el canal de un acto… la base o razón por lo cual algo se hace o no se hace” (Léxico Mejorado Strong). En forma simple, la base o razón por la cual las cosas se hacen en el cuerpo de Cristo es todos. Dios elige a todos, el cuerpo entero de Cristo, como su canal o expresión en este maravilloso Nuevo Pacto.

¡Dios también es en (griego – en) todos sus hijos!

1722 en preposición. Una preposición primaria denotando (fija) posición (en lugar, tiempo o estado), y (por implicación) instrumentalidad (mediadora o constructiva), es decir, una relación de descanso… 2782 veces mencionado; traducido “en” 1874 veces, “por” 141 veces, “con” 134 veces, “entre” 117 veces, “a” 112 veces, “sobre” 46 veces, “a través” 37 veces, y traducida variadamente 321 veces.

En habla del lugar de Dios entre sus hijos. El es la Fuente y el Origen de todo. Pablo escribió a los colosenses:

… en quien [Jesús] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia (Col. 1:14-18)

Cristo es esa Fuente que está disponible para todos en virtud de su relación permanente con cada uno de nosotros. No podemos enfatizar más la palabra todos a través de este pasaje (ocurre 22 veces solo en el libro de los Efesios).

Pablo empieza en el primer capítulo de su carta diciendo: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo… (Ef. 1:3).

Esto establece el tiempo del resto del libro. En el capítulo 4 hay solo unos cuantos pronombres personales. No es acerca de uno o aun de pocos, sino de nosotros, cada uno, cada coyuntura, cada parte, todos, todo el cuerpo de Cristo.

Pablo continúa explicando lo que quiso decir con todos en el capítulo 4: Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida [metron] del don de Cristo (Ef. 4:7). El resume este pensamiento en el versículo dieciséis: …de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (Ef. 4:16)

¡Cristo, quien creó todas las cosas, quien es antes de todas las cosas, quien sostiene todas las cosas, reclama preeminencia sobre todas las cosas y eso incluye a su Iglesia! El es la Cabeza de su Cuerpo, la ekklesia de Dios.

La inconsistencia de todo esto es que el hombre mismo que predica la verdad de la preeminencia de Cristo en todas las cosas, prácticamente niega Su preeminencia por hacer creer que solo unos cuantos especiales, los cinco ministerios, son necesarios para mantener las cosas en orden. ¿Increíble, no? Aquel por quien todas las cosas fueron creadas, en el cual todas las cosas subsisten (están juntas) no puede sostener a su Iglesia sin la ayuda de profesionales.

El verdadero cuerpo de Cristo existe por virtud de la gracia dada por Cristo a cada uno de nosotros de acuerdo a la medida del don de Cristo (Ef. 4:7). Este cuerpo no puede alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo – perfección espiritual (4:13) – separado de la medida de cada miembro (4:16).

El “crecimiento del cuerpo para ir edificándose en amor” es sin lugar a dudas el perfeccionar a los santos referidos en el versículo 12 que ha sido hecho competencia exclusiva de una clase especial. El “cada miembro recibe su crecimiento” de Efesios 4 está en abierta antítesis a la noción actual de que el cuerpo no puede llegar a madurar sin la ayuda de profesionales académicos.

 ¡No! El cuerpo se edifica a sí mismo por la medida de cada miembro. Esto es lo que hace a un cuerpo, cuerpo. Así como el cuerpo natural se edifica a sí mismo a través del trabajo efectivo de cada miembro, así también el cuerpo espiritual de Cristo. Esto no solo es el mensaje de Efesios 4, sino el de la mayoría de las cartas de Pablo.

El Don de Cristo es Cristo

Cuando Pablo escribió: a cada uno de nosotros es dada la gracia él quiso decir a cada uno de nosotros se nos dio la gracia. A cada creyente se le ha dado una porción métrica [metron] de un don mayor (singular): el Don de Cristo.

Nos hemos dado cuenta de que esto puede ser tomado como una referencia a los dones que Cristo da, pero la palabra don es singular, refiriéndose a un solo Don. ¡Cristo es ese Don! ¿No dijo Jesús esto cuando, preparando su partida, dijo a sus discípulos que él enviaría a otro (griego – allos – uno de su misma clase) Consolador? “No os dejaré huérfanos”.

El dijo: “Vendré a vosotros” (Jn. 14:18). ¡El es ese Don que el Espíritu trae! ¡El viene a nosotros! En otra parte Pablo escribe: Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Gál. 4:6). ¿Encontramos esto muy alentador, no le parece? ¡El ha venido a nosotros!

El término cuerpo de Cristo implica una manifestación corporal de Cristo, animado por el Espíritu de Cristo dentro de cada creyente: muchos miembros, un cuerpo (“así también Cristo”). Cristo es el corazón y Espíritu de ese cuerpo.

 El cuerpo es simplemente una vasija a través de la cual él se expresa a sí mismo. Este Don de Cristo que va a tomar forma en una manifestación colectiva de Cristo, es la plenitud de aquel que todo lo llena en todo. Todos los metrons (Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor y Maestro, más los mencionados en Romanos 12 y 1 Corintios 12), puestos juntos hacen el Don de Cristo.

A diferencia de Cristo a quien le fue dada la gracia sin medida, y pudo decir “Si me han visto a mi, han visto al Padre”, cada uno de nosotros tiene solo una medida de gracia. La manifestación de Cristo es dependiente de la contribución de todas esas medidas. …hasta que todos lleguemos… a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef. 4:13).

Más claro resultaría imposible que estos hermanos lo explicaran. Tú tienes dones si estás en Cristo. Si no lo estás y apenas concurres a un templo una vez por semana, pueden ocurrir dos cosas: que no tengas nada (Que sería lo mejor) o que tengas dones que no provienen del Espíritu Santo, sino de su antítesis maligna…

Efesios 4:11

Habiendo dicho esto, miremos de nuevo a todo el contexto. Tenga en mente que no hay pensamientos sin conexión en ningún lugar en este texto; un pensamiento construye otro mientras Pablo nos lleva a la suma de todos los tratos de Dios con sus hijos nutriendo la contribución en el testimonio de su Hijo. Pablo nos dice desde el principio a quienes Cristo da la gracia o dones. Veamos de nuevo al contexto:

“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres… El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros… (Ef. 4:7-8; 10-11)

Pablo empieza estableciendo que a cada uno de nosotros fue dada la gracia. Note que él se incluye a sí mismo en esto, nosotros, refiriéndose al metron que Cristo le ha dado. Es un estudio interesante buscar en las epístolas de Pablo cuantas veces él se refiere a la gracia que le fue dada en relación a lo que él dijo e hizo, de acuerdo a la gracia que me fue dada (Vea Rom. 12:3; 12:6; 1 Cor. 3:10; Ef. 3:7; 4:7, etc.).

Con todo lo impresionante que el ministerio de Pablo haya sido, él no hace distinción entre la gracia dada a él y la gracia dada al resto de los creyentes. Solo este versículo ya refuta de por sí la idea de que solo unos pocos son excepcionales.

El continúa diciendo como esto contribuye; basado en que se dan estas gracias y basado en que se reciben. Un maestro de la Biblia solía decir: “Cuando ustedes ven la palabra por lo cual (por consiguiente) en la Biblia, usted necesita mirar y ver qué sucede allí con lo siguiente”. Aquí la palabra por lo cual implica que las siguientes palabras son una extensión y explicación del pensamiento anterior.

En este caso adjunta la declaración a la explicación de cómo a cada uno de nosotros es dada la gracia: Subiendo a lo alto… dio dones a los hombres. Vemos entonces que los dones dados por el Cristo que subió no son dados a unos pocos especiales sino que fueron distribuidos entre todos.

¿Cuáles son las gracias que el Cristo que ascendió nos dio a cada uno de nosotros? Normalmente leemos este pasaje de esta forma: Dio a unos el ser apóstoles, y a otros, profetas, y a otros, evangelistas, y a otros, pastores y maestros (Ef. 4:11).

 El error de que estos son cargos en vez de gracias, es donde se encuentra el problema de interpretación. Para completar esta ilusión, estas palabras griegas tienen que ser cambiadas de adjetivos a sustantivos. Tome por ejemplo la palabra apóstol.

En su Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Gerhardt Kittel dice de esta palabra apóstolos: “Originalmente fue un adjetivo como lo demuestra Plat. Ep. VII 346a… Lo máximo que puede ser dicho es que la palabra denota la calidad de ser enviado, a no ser que nos refiramos a ella como a un término estereotipado…

Así, en su posterior uso cristiano [como el título] fue una innovación a los oídos griegos o para aquellos familiares con el griego. Esto se demuestra por el hecho de que la palabra en latín no tiene traducción, sino que fue tomada como una palabra en el latín eclesiástico (apóstolos)”. De aquí es donde tenemos la palabra “oficio” de un Apóstol. Aquí vemos como la alteración eclesiástica ha tomado lo que describe la gracia de la obra, un adjetivo, y la cambió por un sustantivo: un título jerárquico.

La palabra traducida otros no es otros en el griego. Es el artículo definido los (griego ho). Sabemos que esta palabra es plural y certifica el hecho que estas gracias son dadas a muchos. No tenemos problema con esto porque está perfectamente de acuerdo con el contexto. Lo que preguntamos es: ¿Cuan plural es este plural?

Lo que tradicionalmente nos lleva a creer mientras leemos este versículo es que otros significa algunos (unos pocos). La implicación es que solo unos cuantos elegidos con estos títulos pueden ministrar. Debido a esta falsa enseñanza, la vibrante fe que alguna vez estuvo viva con la vida de Jesús fluyendo y manifestándose a través de cada miembro, es ahora algo así como un simple espectador deportivo.

¡Simplemente ponga, todos significa cada uno de nosotros! El Dios y Padre de cada uno de nosotros, es sobre y encima de cada uno de nosotros, obrando a través de cada uno de nosotros y en cada uno de nosotros.

No todos son apóstoles o enviados, pero a todos les es dada la gracia. Estas gracias o poder investido son distribuidas entre los creyentes para realizar tareas especificas. No son dadas para exaltar a ninguna persona por encima del resto. Jesús no ascendió en lo alto y dio títulos para gobernar. El dio poder para servir.

Tenemos que hacer una elección. ¿Seguiremos en nuestros cómodos y acolchados bancos domingo tras domingo entregando nuestro santo llamamiento en el cuerpo de Cristo a unos pocos, o nos moveremos a la gloria de Dios? A todos se nos ha dado la medida de Cristo que nos permite a todos hacer la obra del ministerio y que equipa a cada uno a hacer lo mismo de la forma más completa.

Todas estas medidas: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, maestros, y muchas más, juntas hacen el Don de Cristo. Jesús viene a cada uno de nosotros por virtud de estas gracias para que El pueda llegar a un mundo perdido y moribundo.

Aquí está el complemento que pone luz clara a lo que anteriormente se había dicho y que llevó a una aclaración nuestra. Cuando los cinco ministerios del Señor se convierten en cargos o posiciones eclesiásticas, es cuando quebrantan la voluntad de Dios, ya que en modo alguno son títulos sino funciones.

Una Carta de un Hermano que se está Recobrando

Recientemente recibimos una serie de cartas de un querido hermano en New York quien ha sido parte de lo que se llama a sí mismo “La Iglesia Local”, o “El Recobro”, del cual él todavía se está recobrando. Sus comentarios son muy interesantes:

Al Haungs escribió:

Yo participé en el grupo Yahoo de Wayne Jacobsen, y Efesios 4:11 vino a la discusión, así que hice un estudio del griego de ese pasaje. Voy a separar todos los detalles, pero la cosa más chocante para me fue que la palabra otros repetidamente en este verse no significa unos pocos.

En la versión del Recobro, hay una nota al pie para este versículo que dice que los mencionados en este versículo tienen dones especiales, mientras que los demás miembros del cuerpo tienen dones generales. La enseñanza implicada del Recobro es que otros significan pocos.

Ahora, Nee [Watchman] y Lee [Witness] estaban en contra del sistema clérigo-laico, pero esta “categoría especial de don” abre de nuevo la puerta para eso. Como participante en el Recobro, usted es llevado eventualmente a estar bajo uno de estos “especialmente dotados” para que usted pueda estar “preparado (equipado)”. Interesantemente, usted nunca se gradúa, y siempre permanece bajo un preparador.

Personalmente, creo que todos somos preparadores y estamos siendo preparados simultáneamente, y podemos funcionar en una o todas las funciones, dependiendo de la necesidad como Pablo claramente en una u otra forma fue apóstol, profeta, pastor maestro, evangelista, etc.

Cuando descubrí que otros no significa unos pocos, no pude dormir esa noche y me levanté y estudié más hasta que estuve satisfecho, y luego volví a dormir. (¡Notable! ¡¡A mí me sucedió exactamente lo mismo!!)

En mi experiencia, haber estado en el Recobro se volvió un súper arrastrarme porque las reuniones se volvieron esencialmente una plataforma para que unos pocos hablaran y hablaran y hablaran y hablaran, y luego tal vez hacer que unos pocos puedan testificar al final, “solo tres minutos por favor” y usualmente el testimonio era continuamente corregido y balanceado y recortado por los pocos que tenían permiso para hablar y hablar y hablar.

Estuve pensando acerca de este asunto esta mañana, y se me ocurrió que estos dones son dados en forma común y libremente a los cristianos, y esa es la norma, no la rareza para nosotros de ver apóstoles, profetas, etc. y debido a eso no existe el creyente común y (vs.) la clase especial, más bien todos pertenecemos a la clase especial y son nuestras especialidades, cada uno individualmente, lo que se mezcla y pone junto al cuerpo, en eso cada uno tiene algo beneficioso para otros que otros no poseen.

Aquellas personas que piensan altamente de sí mismos como si fuesen los preparadores (apóstoles, profetas, etc.) y no simultáneamente siendo preparados, típicamente se apartan ellos mismos del cuerpo. (Tal cual. Indiscutible. Es así)

Ejemplo: Casi todos los hermanos son tentados sexualmente. Algunos de nosotros en nuestra hora de tentación fuimos ayudados por otros hermanos, y gracias a eso pasamos esa prueba. En mi caso, todo lo que me costó fue simplemente ver a otro hermano en el campo de la Universidad y yo inmediatamente corrí a él y le conté mi tortura mental e inmediatamente la nube de tentación se evaporó.

Pero esos hermanos que se ven a sí mismos como separados en una clase especial de dones como preparadores, y no siendo preparados simultáneamente, cuando en una hora de tentación igual que la que describí, se separan del cuerpo, y no acuden a la primera ayuda disponible, sino que solo pueden recibir ayuda tardía de “grandes preparadores”, o tal vez de nadie, luego caen ante una tentación fácil de vencer. Es fácil si uno accede al equipo de otro hermano accesible.

Aquí podríamos acotar que, por cada miembro catalogado como “raso” de una congregación, que cae en pecado sexual por la causa que sea, cae un promedio estadístico de cinco líderes. ¿Qué quiere decir eso, sino lo que has terminado de leer?

Este asunto de otros no significando pocos, no solo nos libera a todos para equipar a otros, sino que nos pone a todos al mismo nivel de importancia, y también nos libera de ser preparados por otros.

Dios humilla al soberbio. El cuerpo está lleno de apóstoles, profetas, etc. porque el Señor es generosamente súper abundante en su gracia.

La Esperanza de Gloria

Aquí queremos compartir, por la gracia de Dios, una verdad que es fundamental para la vida y ministerio del Nuevo Pacto. Ninguna disertación sobre el Nuevo Pacto sería completa sin esto, porque es el objetivo divino tras todas las gracias que son dadas a los creyentes.

Lo hemos tocado previamente pero queremos considerarlo ahora en una profundidad mayor. Habiendo descendido, ahora Cristo ascendió por encima de los cielos y ha dado dones para un propósito especifico y ese propósito es el centro de todo. El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo (Ef. 4:10).

 Este es el mensaje real de Efesios capítulo 4. No que unos cuantos elegidos son llamados a gobernar sobre los muchos, sino que Cristo desea llenar a cada miembro de su cuerpo hasta que ellos colectivamente alcancen su estatura, y para que al final, hasta el mismo mundo sea lleno de Su gloria.

La pregunta que surge espontánea al leer esto, entonces, es: ¿Por qué no se ve esto cuando se está adentro de una congregación que funciona de este modo? En primer término, porque se enseña cuidadosamente lo contrario, y en segundo lugar, porque hay un a venda mágica puesta sobre los ojos espirituales de los hermanos.

Todo es logrado con la plenitud de Cristo en los creyentes. El es nuestra Sabiduría. El es nuestra Santificación. El es nuestra Justificación y nuestra Redención. No hemos sido llamados a una redención puramente legal sino a una participación viva con Aquel que es nuestra redención.

 Pablo aclara muy bien esto cuando escribió a los creyentes griegos que crecieron en una cultura de intelectualismo y humanismo arrogantes: Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor (1 Cor. 1:30-31).

Esas palabras debieron haber sonado extrañas a esas personas que toda su vida habían sido enseñadas sobre la gloria del potencial humano. Dios no ha escogido al poderoso, noble y sabio. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. (1 Cor. 1:26-29)

Contrario a la opinión popular, no somos llamados a trabajar para Dios o aun a vivir para Dios. Ninguna de estas expresiones pueden encontrase en el Nuevo Testamento. Estamos llamados a ser vasijas a través de las cuales él pueda vivir y obrar.

¡Perfecto! A mí no se me ocurrió jamás escribir esto. ¡Y es tan simple! ¡Una verdad tan clara e inapelable! Adhiero totalmente porque el Espíritu Santo dice a mi entendimiento que esto es decididamente así y no de ningún otro modo. Y gloria a Dios por ponerlo en el entendimiento de estos hombres.

La voluntad de Dios para todos los creyentes es que ellos puedan ser los recipientes de una inagotable fuente de sus aguas vivas, que brotan hacia la vida eterna. Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado (Jn. 7:37-39)

Hemos sido condicionados a pensar del evangelio como la historia de la vida y muerte de Jesús, acompañado del mensaje de salvación. Si bien esto es parte del evangelio, hay mucho más ahí que eso. El evangelio es la historia del Cristo resucitado, y las buenas nuevas es que él desea fijar residencia en el creyente y cumplir toda justicia en el creyente. Esta fue una parte vital del evangelio que Pablo predicó entre los gentiles:

A esto sí me ha tocado decirlo dentro de una congregación. De más está decir que de allí en más me gané sobradamente la antipatía del pastor y de todos sus colaboradores. ¿Los motivos? Jamás me los dieron, pero de todos modos jamás aprobaron que fuera así como aquí lo has leído. ¡Y es así!

…a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí. (Col. 1:27-29)

¿Cuál era el misterio o esperanza de gloria que Dios quiso dar a conocer entre los gentiles? ¿Era Cristo en Pablo o Cristo en Pedro o Juan o Apolos, o en algún otro hombre santo? ¡No! ¡Era, es, y siempre será “Cristo en vosotros”!

Webster define esperanza como: “El supremo grado de una expectación bien fundamentada de lo bueno”.

Todos tienen esperanzas en algo o alguien. ¿En que ponemos nosotros los creyentes nuestra esperanza? Como cristianos, ¿Cuál es la esperanza que traerá el cumplimiento de todas las promesas del Evangelio?

 Se promete gran gloria a cada creyente. (Vea Romanos 8:30). En lo que confiamos que nos traiga esa realización de esa gloria, es nuestra esperanza de gloria. Aquí está la gran mentira de la religión. La religión ofrece muchas esperanzas. Dios solo ofrece una.

 La Religión ofrece al hombre que si tan solo él practica ciertas disciplinas de forma consistente y por un buen tiempo, los cielos eventualmente se abrirán y Dios dirá: “Bien Hecho”. Pero Dios pone dentro del hombre la Simiente incorruptible, al mismo Cristo, que transforma al creyente desde dentro hacia afuera.

¡Dios! Si a esta verdad se la pudiera predicar domingo tras domingo desde los miles o millones de púlpitos habilitados en todo el planeta, otro sería el pueblo de Dios en la tierra, otro el Cuerpo de Cristo y otra, muy diferente, la perspectiva futura.

La religión promete mucha gloria pero da poca. Para el tiempo en que la gente agota una esperanza, la religión les ofrece otra. Esto les entusiasma temporalmente y distrae al agotado creyente, dándole la suficiente esperanza para continuar por otro año más, cuando otra esperanza deba ser introducida o el pobre y desgastado creyente se dé por vencido.

Parece que siempre viene alguien con una nueva esperanza justo a tiempo. WWJD, Los Guardianes de la Promesa, La Tercera Ola, el Movimiento Profético, los Oradores de Jabes, Vida con Propósito, G-12, La Iglesia Emergente, etc.; ¿Quién sabe que vendrá después?

Con gran fanfarronería, los hombres religiosos introducen su nueva esperanza, vendiendo sus libros y prometiendo al pueblo de Dios que si ellos tan solo perseveran es esta metodología, va a resultar en gran gloria.

Uno o dos años después estos albatroses de tapa dura aparecen por cientos en las librerías de libros usados, demostrando que la esperanza era falsa y los agotados dedos que daban vueltas a las páginas, más agotados aún. Solo de pensar en eso nos cansa.

Cabe aclarar que WWJD, son siglas que en inglés quieren decir: “What Would Jesús Do” (Que haría Cristo en mi lugar), y es una doctrina surgida hace un tiempo, mientras que Albatroses son unos pájaros nómadas que nunca están en un mismo lugar, refiriéndose a libros que no se quedan en las bibliotecas.

Amós profetizó de estos tiempos diciendo: He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán (Am. 8:11-12).

Déjenos asegurarle que Jesús satisface el hambre de nuestras almas, pero la iglesia de hoy se ha convertido en una conferencia de adictos, siempre corriendo de un lugar a otro o a la última gran y mega iglesia que se levantó en su zona. Nos hemos vueltos adictos buscando el próximo éxito.

 Jesús también vio venir esto cuando dijo: “Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos” (Luc. 21:8).

 Nota: El no dijo que ellos iban a decir que ellos son el Cristo, sino que El es el Cristo. Esta es la puerta abierta a los engaños más efectivos de Satanás, El usa la apariencia de cosas aparentemente “cristianas” para atraer a los buscadores con su última telaraña de engaños.

En los últimos diez años (Con dos de miembro de una congregación incluidos), es esto exactamente lo que me ha tocado decir. Pero es tan sutil el engaño y viene disfrazado de cristiano con tanta prolijidad, que solamente con militancia religiosa es imposible discernirlo.

Isaías vio este mismo pecado en Israel mientras andaba detrás de sus muchos amantes, cayendo víctima y terminando cautiva de las falsas esperanzas dadas por sus amantes:

El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan. Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos. Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú. (Is. 51:14-16)

Al igual que Esaú, los santos de Dios están vendiendo su derecho de primogenitura como Su pueblo, por un plato de lentejas que se enfría más rápido de lo que ellos puedan comer. Debemos prestar atención a la advertencia de Pablo:

 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos… (Rom. 10:6-8).

 Este versículo expone la futilidad de todas las esperanzas religiosas. Querer nosotros traer de lo alto la presencia y poder de Cristo a través de disciplinas religiosas es lo mismo que si hubiésemos querido nosotros resucitar a Cristo de entre los muertos.

Con todo, la religión continúa buscando esa fórmula mágica que baje la gloria de Dios. Si realmente somos Su pueblo y no pertenecemos a otro, Su palabra está en nuestras bocas y en nuestros corazones y si buscamos más que eso, es una afrenta al Espíritu de Dios. Apagamos el lugar del Espíritu en nuestra vida interior.

Siempre me llamó la atención que desde las plataformas se clamara, orara y hasta aullara para que baje la gloria de Dios. ¿Qué baje? ¿Qué baje de donde? – ¡Hermano! ¡Desde el cielo, por supuesto! – ¿Y quien te dijo a ti que el cielo está en un lugar alto desde lo geográfico? Escudriña.

Las buenas nuevas para los cansados es que “Cristo en nosotros, es la esperanza de gloria”. No es Cristo en la política, buscando más representantes cristianos en cargos del gobierno, o Cristo en nuestras escuelas o Cristo en ninguna faceta de nuestra vida social diaria.

Aun Cristo sentado en los lugares celestiales no es nuestra esperanza de gloria. No. Está mucho más cerca de nuestro hogar que eso. Cristo en usted, dentro de usted, emanando desde usted, manifestándose a través de usted, es la única esperanza de gloria.

Los cambios y obras eternas se realizan solamente a través de la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. A no ser que él se convenciera a sí mismo de lo contrario, cualquiera que ofrezca cualquier otra esperanza, sea en hombres (los cinco ministerios) o programas, no está perfeccionando a los santos sino engañándolos.

Coincido totalmente. Porque cuando escudriñamos ese término, “perfeccionar”, descubrimos que implicaba en realidad “madurar”. Y cuando los líderes actuales se quejan de la falta de madurez de sus pastoreados (Cosa que es así, sin dudas), no dicen que el error ha sido de ellos y no de quienes no han podido madurar por falta de verdadero alimento nutritivo.

Todo lo que Pablo hizo lo hizo para asegurarse que el glorioso Cristo encontrara plena residencia y expresión en cada uno de los que conoció. ¿Fue Pablo un preparador? ¿Hizo él el trabajo? No. El dejó esto bien en claro. …para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí… No yo sino Cristo en mi… Cristo vive en mí.

 ¿Quién estaba haciendo la obra? Oh, nos damos cuenta de que esto puede sonar un poco extremo para algunos, pero ¿es así realmente? Podemos literalmente arrancar el Nuevo Testamento de nuestras Biblias para creer otra cosa, porque cuanto más leemos, más nos damos cuenta de que esta gloriosa esperanza se encuentra virtualmente en cada página.

Dios estaba obrando poderosamente en y a través de Pablo. Estas nos son palabras de un discurso superficial. Pablo hizo todo de acuerdo a la gracia que le fue dada. Tyndale (Un predicador del siglo XV que tradujo por primera vez el Nuevo Testamento del griego al inglés), nos recuerda de la limitación del ministerio de Pablo por medio de traducir de acuerdo (kata) como “tanto como” implicando medida y limitación. Pablo recibió un metron de gracia y todo lo que hizo fue “tanto como” esa gracia le permitiera. Pablo fue y obró tanto como Dios obró en y a través suyo. Pablo no tuvo competencia en él mismo.

…no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. (2 Cor. 3:5-6)

Todo es de acuerdo a la gracia: Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad (Fil. 2:13). Todo es hecho de acuerdo a Su poder. Este entendimiento fue una parte vital del evangelio que Pablo predicó. Considere el siguiente pasaje:

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. (2 Tes. 1:11-12)

Cuando se trataba de perfeccionar a los santos, Pablo no puso ninguna esperanza en agencias humanas. No hay una sola referencia a méritos humanos en ningún lado en el pasaje arriba mencionado. Pablo oraba por producir algo mucho más allá de sus capacidades. Esto es por lo que él pedía que Dios obrara.

Su fe estaba en Dios, que cumplía toda obra de fe con poder para el propósito establecido de que Cristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él. Pablo no es preparador aquí. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. (2 Cor. 4:7)

El tesoro es Cristo. La obra de Dios es Cristo viviendo su vida y haciendo la voluntad del Padre a través de nosotros, yendo con la ayuda de nuestros pies, llegando a otros con la ayuda de nuestros brazos y manos. ¡Las riquezas de la gloria de este misterio debe ser la única esperanza de TODOS los hijos de Dios!

Jesús habló de este misterio de Cristo en vosotros muchas veces mientras se preparaba para ir al Padre. El usaba el ejemplo de su relación con el Padre, quien hacía a la obra a través suyo. El quería que sus discípulos creyeran que el Padre estaba en él haciendo la obra para que ellos pudieran participar del mismo misterio.

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré. (Jn 14:10-14)

Estamos convencidos de que las palabras de Pablo para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, reflejan un profundo y permanente entendimiento del misterio del cual Jesús habló en Juan 14. En esa luz, vamos a considerar cuidadosamente la definición de Jesús de creer en este pasaje.

El no está hablando de creer en credos o en un cuerpo de doctrinas o aun de creer en las Escrituras. El está llamando a sus discípulos al más alto nivel de creencia, una participación de las riquezas de un misterio glorioso, que empieza con la bien fundamentada creencia de que él es en el Padre y el Padre en él. Las implicaciones de este creer son claras. El Padre que mora en Jesús habla y hace las obras.

Contrario al pensamiento moderno, el hombre vive de acuerdo con lo que realmente cree, y no conforme a lo que sirve de labios. Lo que creemos determina en lo que estaremos o no estaremos involucrados. Jesús continuó explicando el resultado del creer y participar de este misterio.

El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. ¿No dijo Jesús que él no hacía las obras sino el Padre que moraba en él era el que hacía las obras? Si, el Padre morando en Jesús hablaba y actuaba.

 Este es un creer de un orden superior; asidos, dependiendo, y confiando en el Padre. Cuando Jesús dijo las obras que yo hago, él [el que cree que El es en el Padre y el Padre en El] las hará también” fue una clara referencia a su declaración previa el Padre que mora en mí, él hace las obras. Si bien Jesús dijo aun mayores hará [el creyente], él continúa explicando quien realmente está haciendo estas obras mayores diciendo: yo lo haré.

Vemos esto claramente en el relato de Marcos: Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amen. (Mr. 16:17-20)

¿Sanaron los creyentes a los enfermos? No realmente. El Señor obrando con ellos sanaba a los enfermos. El creyente no está totalmente pasivo aquí, sino que simplemente declara las buenas nuevas y el Señor hace la obra.

Está muy claro. Nadie sana porque ore fuerte o de un modo especial o porque repita mil veces “sana Dios, sana Dios, sana Dios”. Alguien puede ser usado para una sanidad milagrosa y maravillosamente sobrenatural sólo porque a Dios le place hacerlo por su intermedio.

A ti te queda una responsabilidad: orar por ese enfermo, poner tus manos sobre él y decir en voz alta que, en el nombre de Jesús, sé sano: Lo que venga o no venga luego, ya no es decisión ni responsabilidad tuya. Es Dios en ti como fue en Cristo.

Considere las palabras de Jesús:

De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. (Jn 5:19)

No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. (Jn 5:30)

Aquí Jesús define lo que significa ser enviado por el Padre. Aquellos que son enviados por el Padre no pueden hacer nada por sí mismos. No son enviados a actuar conforme a su propio juicio o hacer aquellas cosas que ellos piensan que el Padre haría si estuviera aquí.

Dios no envía representantes que actúan de acuerdo a algún código, sino vasijas a través de las cuales El está presente y activo. Los verdaderos enviados solo se comprometen con lo que ven al Padre hacer. Ellos no buscan su propia voluntad o gloria sino la voluntad y gloria del Padre que los envió.

Quiero añadirte, aquí, que cuando terminas de leer como hacen las cosas los “enviados”, recuerdes que esta palabra es la traducción literal y concreta de lo que nosotros conocemos con el nombre (O título eclesiástico) de Apóstoles. ¿Lo están haciendo así los que conoces?

 Cualquiera que hable de sí mismo, avanzando en su propia y extravagante posición y poder, no es verdadero y el amor del Padre no está en él. Mas adelante, Jesús dijo: El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero aquél que busca la gloria del que lo envió, él es verdadero y no hay injusticia en El (Jn 7:18 NBLH). ¿Qué quiso decir Jesús con “habla de sí mismo”? ¿Quiso decir que cualquiera que habla y habla de su ministerio, su lugar, yo, yo, mi, mi, mío, es falso?

Sentimos fuertemente que esto es solo un síntoma de la infidelidad a la que Jesús se estaba refiriendo aquí. La palabra traducida de en este versículo es la preposición griega apo, la cual habla de un estado de separación; la separación de una parte del todo.

La definición de Thayer: “apo”

1)= De separación: 1a) de separación local, verbos de movimiento desde un lugar, es decir, de salir, de huir… 1b) de separación de una parte del todo 1b1) de donde se saca del todo una parte 1c) de cualquier clase de separación de una cosa de otra por el cual la unión o comunión de dos se destruye 1d) de un estado de separación, o sea, de distancia 1d1) física, de distancia de lugar 1d2) temporal, distancia de tiempo

2)= Origen: 2a) del lugar de donde es algo, viene, pasa, es tomado 2b) del origen de una causa

Cualquiera que es enviado por el Padre y permanece en unión con él, no habla de su propia iniciativa sino de una participación con Aquel que lo envió. El permanece en una unión a través de la cual el Padre habla y actúa.

Cualquiera que reclame ser enviado, que habla y actúa de sí mismo, independientemente, ha roto ya sea su comunión con Aquel que lo envió, o no lo ha visto del todo. Es falso y su ambición lo tiene separado. No está apasionado por la gloria del Padre.

 Vemos mucho de esta incredulidad hoy en día. Los hombres van alrededor hablando de sí mismos, hablando de sus ministerios en grandes términos, fabricando guías y falsos milagros. Lo que se tiene como profecía en su grupo es sin duda el fruto fantasioso de su separación del Origen.

 Hablan de sí mismos y su injusticia ha resultado en días de fiesta para la prensa, (Publicaciones de fraudes, corrupción, inmoralidad, etc. en grandes titulares) Todo lo que hacen y dicen parece traer más desgracia a Dios y a Su pueblo.

Continúan alimentando a la prensa con todo lo que necesita para difamar a los santos, apareciendo ellos mismos como locos megalómanos hambrientos de dinero. Hay solo una cosa que va a silenciar las críticas y convencer al mundo de la legitimidad de los reclamos de Jesús.

Jesús oró al Padre para que sus discípulos tengan la misma relación con él que él compartía con el Padre. …para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste; Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado (Jn 17:21,23).

 ¡Hablando de perfeccionar a los santos! Nada sino la manifestación colectiva de Cristo en los creyentes va a convencer al mundo. “…que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con El mismo…” (Vea 2 Cor. 5:19 NBLH), Cristo está ahora en el creyente, obrando hacia la misma finalidad.

Toda noción de “hacer la obra del Señor” es una falacia [mentira]. La peor cosa que pudiera pasar es que pasemos toda nuestra vida intentando hacer lo que solo Dios puede hacer y al final solo traer reproche a su nombre. Si no es Dios haciendo la obra, no es la obra de Dios.

 Dios no necesita a nadie que obre por él. ¡El es bien capaz de obrar por sí mismo! Lo que él quiere son vasijas que cooperen con él en este gran misterio, que presenten sus cuerpos como sacrificios vivos para comprobar su buena, aceptable y perfecta voluntad en y a través de ellos. A la luz de esta gran verdad de Nuevo pacto, este es nuestro culto razonable (el único culto que tiene sentido). (Esta es una de las más grandes verdades ocultas que hoy todavía evidencia la iglesia)

Aquellos que entienden la implicación de este gran misterio, y se hacen participantes de sus riquezas, no se apresuran o actúan presuntuosamente. Sus días de experimentación religiosa se acabaron. Otros pueden hacerlo pero ellos no.

Están esperando mientras que otros muchos nuevos carros de bueyes que prometen traer el arca de la presencia y poder de Dios de vuelta a Sion, se pierden por el camino. Su obvia falta de entusiasmo cuando suena la trompeta, llamando a todos a correr alrededor de la nueva esperanza, es una gran fuente de consternación para aquellos que hablan y actúan de su propia iniciativa.

Por el contrario, aquellos que no son de este grupo, cuando dicen “no yo sino Cristo”, no están repitiendo una frase tonta. Están describiendo lo que ha venido a ser una realidad para ellos. Se ven a sí mismos como vasijas terrenales, contenedores de lo divino.

El Cristo que mora en ellos hace la obra. Esta es la clave para una vida cristiana fructífera (Cristo morando en uno). Lo demás no es más que humo y espejos. El que carece de esta fe, este creer, está condenado a una vida de rigor religioso.

Dios quiere que cada creyente esté capacitado para decir: Yo no hablo de mi propia autoridad; sino que Jesús que mora en mí hace la obra. ¿No es esto lo que quiso decir Pedro cuando escribió: Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos Amén?. (1 Ped. 4:11)

Solo aquellos que, a través de esta creencia, aceptan la respuesta a la oración de Jesús yo en ellos y tú en mí…, pueden tener parte en aquellas grandes obras de las cuales habló Cristo, porque éstas no se están desempeñando por o a discreción del creyente, sino por Dios que está en Cristo y en ellos. El don es el Cristo morando dentro de uno. Aquel que tiene al Hijo también tiene al Padre porque el Padre está todavía en el Hijo y todavía está haciendo la obra a través del Hijo.

Vemos que este misterio de Cristo en vosotros está inseparablemente conectado a la gracia de Cristo – el mismo Don de Cristo. Somos muchas partes separadas haciendo un Pan, todos con un metron de su gracia. En esta realidad él está llenado todas las cosas de El mismo.

 Uno de los mayores obstáculos para la realización de esto, es nuestra preocupación por los dones y títulos. ¿Cómo realmente podemos amarnos los unos a los otros cuando queremos ser exaltados por encima de otros con títulos honoríficos?

Cuando un pastor me escribe, generalmente le respondo llamándolo por su nombre. Debe sonarle bastante raro, ya que está acostumbrado al trato permanente de “pastor”. Sin embargo, la mayoría no me dice nada, y a los que me lo recuerdan, les hago saber lo que ya saben: que pastor es una función y no un título nobiliario.

 No encontramos un ejemplo de Jesús tomando títulos para sí mismo aparte del de Hijo del Hombre, y éste lo usó para mostrar su humilde lugar de siervo entre todos nosotros. De hecho insistió a sus discípulos que se cuidaran de llamarlo por un título que era suyo por justicia: Mesías.

 El les dijo que no lo dijeran a nadie, y con todo nosotros nos vamos por ahí escupiendo títulos como si fuéramos primos de un rey doblemente destituido. Jesús no se impresionó de los hombres porque sabía lo que había en el hombre. Debemos tomar su ejemplo.

Pequeño paréntesis necesario. Cuando hagas esto que, acertadamente, estos hermanos te sugieren, ten en cuenta que tu actitud no va a caer bien ni vas a ser efusivamente saludado o felicitado por ello. Muy por el contrario, te tendrán por soberbio, arrogante o algo peor. Es el precio a pagar.

Yo (George) tuve muchas oportunidades de estar orgulloso de mi hijo mayor pero nada puede compararse con este ejemplo que él recientemente compartió. El líder del grupo cristiano donde él se reúne, fue alrededor del cuarto preguntando a cada uno: “¿Cuál es su ministerio?”

Teniendo problemas reales con el concepto corriente de “ministerio”, mi hijo compartió lo que él estaba pensando en ese momento y cómo había orado por una respuesta apropiada que no afirmara a los otros en el error. El escuchaba mientras la gente respondía: “Yo soy llamado a ser un apóstol… Yo soy llamando a ser un Profeta… Yo a ser un Evangelista… Yo a ser un Pastor… Yo a ser un Maestro…”.

Cuando la pregunta finalmente cayó sobre él: “¿Cual es tu ministerio?” la respuesta de Dios inundó su corazón. “Mi ministerio es seguir la guía del Espíritu Santo y hacer solo aquellas cosas que El me señale y para las cuales me capacite”. Continuó compartiendo con ellos su preocupación en este asunto de que todos estos títulos interfieren con el verdadero servicio hacia Dios y hacia los otros.

Ese es exactamente el punto. Dejemos todas las conversaciones sin fruto acerca de para qué son nuestros dones o llamados porque en realidad no somos nada de esas cosas. ¡El es todas esas cosas! ¡El hace la obra! Solo sea fiel, como él lo fue, de hacer solo aquellas cosas que usted ve hacer al Padre. Aquí es donde se encuentran las riquezas.

 Aquí es donde la esperanza de gloria da lugar a la realización de la gloria. Aquí es donde se actualiza el ser hijo. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Gál. 4:6).

Todavía brota obediencia aceptable al Padre del Espíritu de Aquel que clamó en el jardín de Getsemaní Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú (Mr. 14:6). Todas las esperanzas de Jesús descansan en la voluntad del Padre hacia él sin importar el costo del momento.

Pablo encontró esta misma esperanza en “la ministración del Espíritu de Jesucristo” y expresó su inquebrantable creencia en el resultado de esa esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte (Vea Fil. 1:19-20).

Todo es traído a conformidad con la imagen del Hijo por el Espíritu del Hijo dentro de nosotros. Aquí no hay un cristianismo de nudillos blancos o de apretarse los dientes. Las disciplinas religiosas son tan vacías como son de numerosas. Todo lo que se requiere para la magnificencia de Cristo se encuentra en Cristo en vosotros. El es magnífico.

El es en su conjunto amoroso y en tanto que le permitamos vivir su devoción al Padre en nosotros, nuestras vidas toman esa belleza que es él. Y así él es magnificado en nuestros cuerpos. La excelencia le pertenece a él. La belleza le pertenece a él. La obra es hecha por él y el crédito ciertamente va a él. Entonces, ¿Por qué toda esta jactancia en dones y ministerios? ¿Por qué tomamos el crédito por lo que no hemos hecho?

Yo no sé que es lo que sucede contigo, hermano líder que puedas estar leyendo este excelente trabajo. Pero te confieso que a mí, cuando alguien me trata de maestro, me da mucha vergüenza. Y si bien a veces no alcanzo a decir nada, en mi interior, sé que no soy nada de eso. O Él es en mí, o yo voy al fracaso total.

Cristo Obrando en Nosotros

Cristo, El Apóstol en Nosotros

Debemos dejar de exaltar al hombre por encima de su nivel (Rom. 12:3; 2 Cor. 12:7) y pedir al Padre que abra nuestros ojos para ver a Cristo obrando en nosotros, individual y corporalmente. ¡Que él nos de ojos para ver que Jesús es el Apóstol en nosotros! El es el Profeta (Hch. 3:20-22).

El es el Evangelista. El es el Pastor y Maestro en nosotros. Debemos aprender a ver estas gracias no como oficios sino como Cristo hablando y actuando a través de cada creyente para el beneficio de todos. Cristo en vosotros es la esperanza de gloria.

Jesús es el Apóstol. El es el que hace la obra en el obrero. Esto es lo que Pablo estaba diciendo cuando dijo a la iglesia de Corinto ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. (1 Cor. 3:5-7)

Por eso siguen señales a los que creen. No dice “Estos que creen seguirán a estas señales” como tan a menudo se practica en estos días. La palabra apóstol en el griego significa “uno enviado” o “enviado”. Un enviado es un mensajero de su gobierno.

El no habla por sí mismo, sino por los que lo enviaron. Muchos de nosotros alguna que otra vez fuimos enviados por Dios a bendecir a otro en el cuerpo de Cristo y la mayoría de nosotros volvió maravillado del poder y autoridad que vino sobre nosotros mientras íbamos en su nombre.

Esta misma palabra aparece en una de las enseñanzas de Jesús en la última cena:

Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado  (Apostellos) es mayor que el que le envió. (Jn 13:14-16)

¿Puede usted divisarlo? Es traducido “el enviado”

En el Nuevo Testamento los doce fueron llamados discípulos hasta que fueron enviados y después de eso fueron llamados apóstoles. Los doce que vieron a Cristo y se sentaron a sus pies no fueron los únicos que fueron llamados apóstoles en el Nuevo Testamento. El término apostolos es usado para describir a otros que fueron enviados así como también a Matías, Pablo, Bernabé, Andrónico y Junias y otros. Revise.

Jesús es aquel enviado por Dios, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión (Heb. 3;10), que todavía viene a nosotros por el Espíritu que toma lo que le pertenece a él y nos lo imparte a nosotros (Vea Jn 16:14). Todos podemos tener parte en esto según le place al Espíritu (vea 1 Cor. 12:11).

Algunos dirán: “Bien, ¿y qué de Pablo llamándose a sí mismo Apóstol?” Veamos a Romanos 1:1:

Pablo [3792], siervo [1401] de Jesucristo [2424], llamado [2822] a ser apóstol [652], apartado [873] para [1519] el evangelio [2098] de Dios [2316], (Rom. 1:1)

La frase “a ser” fue agregada por los traductores. El griego aquí en realidad se lee “Pablo, un esclavo de Jesucristo, invitado, enviado [652], limitado al buen mensaje de Dios”. Sí, Pablo fue enviado y eso fue testificado por las señales que lo seguían, o Cristo obrando a través de él.

 Como dijimos antes, apostolo no es un título, sino que en esta instancia describe la gracia dada a Pablo. Pablo tenía gracia de sobra. El fue un enviado. El fue enviado de la misma y exacta manera que el Padre envió a Jesús.

Recuerde las palabras de Jesús a los doce: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío (Jn 20:21). Así como Jesús demostró ser un enviado por la presencia del Padre obrando a través suyo, estos enviados demostraron que ellos fueron enviados por el mismo criterio.

Ellos no fueron llamados a ocupar oficios eclesiales sino a ir y cooperar con Cristo; él obrando a través de ellos. El Padre obrando a través de Jesús comprobó que él fue enviado por el Padre. Jesús obrando a través de Juan, Pedro, Pablo, y otros, fue la prueba de que ellos fueron enviados por él.

Algunos caen dentro del argumento que ellos fueron “Apóstoles” (los doce originales) y después hubieron “apóstoles” (con a minúscula), pero el griego tampoco apoya esto. Si usted es enviado, usted es enviado.

Muchos han sido enviados a todo el mundo a predicar el evangelio (vea Mt. 28:19-20; Jn. 20:24; Hch. 6:2 y 1 Cor. 15:5). La palabra griega traducida apóstol (apostolos), evangelista (euagelistés) y diácono (diakaneo) tienen significados simples apuntando a la gracia de Dios obrando en los santos.

A través de los años estas palabras han sido milagrosamente transformadas en envidiables títulos de distinción, con la ayuda de un poco de magia eclesiástica de dejar las palabras originales griegas sin traducir y después anglicanizándolas, (Esto es: volviéndolas sustantivos en inglés) en sustantivos.

Es interesante que Saulo y Bernabé fueron nombrados entre ciertos “profetas y maestros” por el Espíritu Santo mientras ellos ministraban al Señor con la iglesia en Antioquía (Ve Hch. 13:1-3). ¿Por qué los registros de Lucas no dicen “Habían entonces… apóstoles, profetas y maestros”?

Ninguno de estos había sido enviado hasta ese entonces. Saulo había estado en preparación y en espera por cerca de veintiún años después de que Jesús le apareciera en la camino a Damasco y le hablara acerca de su llamado, pero nunca fue un apostolos enviado hasta ese día cuando el Espíritu Santo dijo a todos Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hch. 13:2). Estos hombres no fueron enviados por una orden eclesiástica, como tampoco lo fue Jesús, sino que fueron “enviados por el Espíritu Santo. (Hch. 13:4).

Pablo dejó esto bien en claro en su introducción a su carta a los creyentes de Galacia:

Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos) (Gál. 1:1).

Saulo, que fue llamado por Jesús en la ruta a Damasco veintiún años antes, finalmente fue separado para el evangelio de Dios y enviado por el Espíritu (Rom. 1:1). Saulo supo la diferencia entre ser llamado y ser enviado.

 El pudo haber salido antes de eso (como es tan común hoy en día), pero lo iba a hacer sin el poder de Dios. Fue después de este “ser enviado” que el nombre de Saulo fue cambiado a Pablo y las señales de uno que fue enviado (“señales, prodigios y milagros” – 2 Cor. 12:12) que son la prueba de la presencia del Señor viviente obrando en y a través de él, empezaron a acompañar cada situación en la cual el Espíritu le guiaba.

Sabemos poco sobre si algunos de los que se llaman a sí mismo apóstoles hoy en día, Dios marca con la distinción de ser sus enviados. En la mayoría de los casos no hay señales que siguen, no marcas de Cristo en sus cuerpos, solo formas de hablar y poses. Aun si Dios hubiera querido enviar a estos hombres, ellos codiciosamente “agarraron el anillo de oro” y salieron por sí mismos y sin El. Ellos han sido falsos y hablan de sí mismos sin Su autoridad y poder.

Cristo continuó su ministerio a través de Pablo, “No yo, sino Cristo en mí”. Ningún hombre pudo haber caminado todos esos kilómetros y sufrido todas esas privaciones a no ser que Cristo estuviese obrando poderosamente en y a través de él.

Cristo el apóstol de nuestra fe estaba obrando a través de esta mera vasija de barro. Pablo vivió el mismo ministerio que había declarado a los gentiles sin necesidad de adoptar ninguna postura, sino más bien caminando en la humildad de Aquel que lo envió.

Hoy mismo, mientras trabajaba con este artículo para subirlo a nuestra Palabra Confirmada, me llegó un correo de un pastor, que me pide lo aconseje respecto al comportamiento algo “raro” por parte del “apóstol” que es su cobertura en su iglesia.

Entre otras “bellezas”, me dice que no viene jamás a visitarlo, que a la hora de llevarse la recaudación indudablemente se la lleva, pero a la hora de poner un centavo en alguna necesidad, mira para otro lado. Además de esto, me dice que se expresa con palabras soeces. ¿Enviado? ¡Por favor! ¿Enviado de quien?

Cristo, el Profeta en Nosotros

Jesús habló y sigue hablando (profecías) como el Oráculo de Dios, porque él es el Profeta.

…y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable (Hch. 3:20-22)

La palabra traducida profeta en Efesios 4 es prophetes. Significa uno que habla bajo inspiración, como un oráculo de Dios. Jesús es Aquel que nos da la inspiración de hablar por el obrar de su Espíritu, porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía (Ap. 19:10).

Esto te tiene que quedar bien claro, así no te vuelves a equivocar como quizás te hayas equivocado antes, respecto a darle crédito a gente que “te profetiza” sobre tu vida sentimental o laboral. Por favor: no confundas un oráculo de Dios con un espíritu de adivinación esotérico.

 Así como él fue visto caminar entre las siete iglesias del Asia y hablando con ellos en el libro del Apocalipsis, él todavía desea hablar con aquellos que son suyos hoy en día. Si, “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

¿No dijo Pablo que todos pueden profetizar o hablar bajo la inspiración directa de Dios? Sí, y en caso de que nosotros pensemos que esto se aplica solo a pocos, Pedro da una aplicación general. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Ped. 4:11)

¿Con todo, qué es lo que vemos hoy en día? ¿Vemos una comunidad profética, u hombres y mujeres corriendo alrededor de la iglesia reclamando poseer “un oficio de profeta” y vendiendo su “dones proféticos” como si tuviesen un puesto en el mercado profético?

Algunos de estos individuos se han convertido en estrellas virtuales, teniendo grandes conferencias a las que podemos asistir por el bajo, bajo precio de 100 dólares (comúnmente es más). Las personas con hambre de un toque de Dios y que quieren oír alguna palabra de aliento de parte de El, pueden, con una “donación” adicional, comprar una palabra personal de profecía de estos Balaams que prostituyen sus dones como una prostituta barata parada en la esquina de una calle.

Si no fuese por la idolatría en los corazones de los cristianos de hoy en día y la codicia de tener reyes sobre ellos, estos hombres nunca se habrían salido con la suya. Durante la mitad del siglo diecinueve, Soren Kierkegaard vio esto y escribió:

 “Esos que hablan a las multitudes, codiciando su aprobación, aquellos que reverentemente se inclinan y arrastran ante ellos, deben ser considerados peor que prostitutas. Son instrumentos de falsedades”. Qué contraste con Aquel que tan a menudo enviaba a las multitudes a otro lado y se negaba a ser su rey o a tomar nada de ellos.

¡El espíritu de la profecía ha sido derramado (Joel 2:27-29) sobre todo el pueblo de Dios que camina en su Espíritu! Pedro vio esto en el día de Pentecostés y se refirió a la profecía de Joel para explicar lo que estaba sucediendo entre aquellos recién llenados con el Espíritu mientras hablaban en lenguas y profetizaban.

¿Te quedó claro? ¿Verdad que si? No vayas nunca más a ninguna parte a buscar señales; las señales deben seguirte a ti. No pagues fortunas por una palabra profética; tú puedes y debes profetizar, Dios lo dijo. No busques estrellas en el evangelio; sólo existe y tiene poder el Sol de Justicia. Y cuando aparece el sol, las estrellas se extinguen.

Cristo, el Evangelista en Nosotros

La palabra griega euangelistes significa un predicador de buenas nuevas. Jesús fue a una sinagoga y leyó estas palabras de Isaías que profetizó sobre Su futuro ministerio:

El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros (Luc. 4:18-21)

Esta es la unción y obra de Cristo en y a través de nosotros. Cada uno de nosotros tuvo épocas cuando el Espíritu habló a través de nosotros con poder para traer a los inconversos el mensaje de las buenas nuevas de Jesucristo.

 Pero también hemos conocido a algunos que parecen estar más dotados en hacer esto que otros. Es lo mismo, el énfasis no está en el “oficio” sino en el depósito de la gracia de Dios al igual que Felipe experimentó con el eunuco en el camino a Etiopía.

A esto es a lo que yo suelo llamar “ministerio”, no a un armado organizacional, con empleados a sueldo, conferencias programadas con cinco años de antelación ni estudios de marketing previos en los países a visitar. Un ministerio es la gracia de Dios sobre tu vida para operar en algo específico.

Así como fue con la palabra apostolos, euangelistes ha sufrido alguna alteración a través de los años en un esfuerzo por hacer un oficio de eso. Kittel escribe: “euangelistes originalmente denota una función, no un oficio”.

Pablo dijo a Timoteo que haga la obra de evangelista, pero debe leerse, “obra para predicar las buenas nuevas”. Todos los que tienen a Cristo morando en ellos tienen esta amonestación mientras el Espíritu les dirige.

Vemos una clara demostración de esto en el diseño de Dios cuando Saulo perseguía a la iglesia de Jerusalén y los esparcía. ¿Qué hizo este disperso cuerpo de creyentes? Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio. (Hch. 8:4). Después de todo, la “gran comisión” estaba apunto de ocurrir.

Cristo, el Pastor tanto En como Sobre Nosotros

[El Pastor, la Roca de Israel – Génesis 49:24]

Por todas partes en el Nuevo Testamento, la palabra griega poimén se traduce shepperd o shepperds  (Esto es: pastor en inglés) excepto una vez y esa vez es en Efesios 4:11, donde es traducida pastors.

¿No le parece raro que solo esta palabra traducida tan pobremente en un versículo es el fundamento de casi todo el sistema jerárquico Protestante? Un edificio edificado sobre un fundamento falso no puede durar. No es raro que estemos viendo tan gran éxodo de la Cristiandad en estos días.

Por decir sin temores mucho menos que esto, he sido considerado como hereje o blasfemo en el marco de alguna denominación evangélica. Ahora mis temores se han ido, al menos ya sé que somos, por lo menos, tres los que sabemos que esto es así.

Poimén literalmente quiere decir “un alimentador”. El Gran Pastor provee el alimento y el alimentador meramente dirige las ovejas de Cristo a la Fuente de toda comida espiritual. David sabía donde ir.

Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. (Sal. 23:1-3)

Nuestra respuesta a aquellos que quieren ejercitar reverentemente el señorío sobre nosotros es esta: El Señor es nuestro Pastor y él no dejará que nada nos falte. No necesitamos de nada. No necesitamos cuidado porque él vela sobre nosotros para alimentarnos. No necesitamos guía porque él nos conduce a toda verdad por su Espíritu. No necesitamos alimento espiritual, porque él es tanto nuestra Comida como nuestro alimentador.

En al Antiguo Testamento leemos de muchos ejemplos donde los hombres fueron llamados “pastores”.

Los lideres de la religión judía fueron conocidos como pastores, si bien ellos a ellos no les fue bien donde este término se aplica a ellos.

Aullad, pastores, y clamad; revolcaos en el polvo, mayorales del rebaño; porque cumplidos son vuestros días para que seáis degollados y esparcidos, y caeréis como vaso precioso. Y se acabará la huida de los pastores, y el escape de los mayorales del rebaño. ¡Voz de la gritería de los pastores, y aullido de los mayorales del rebaño! porque el Señor asoló sus pastos. (Jer. 25:34-36)

Pese a esto, Dios prometió darles mejores pastores.

…y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia (Jer. 3:15)

Yo mismo reuniré el remanente de Mis ovejas de todas las tierras adonde las he echado, y las haré volver a sus pastos; y crecerán y se multiplicarán. Pondré sobre ellas pastores que las apacentarán, y nunca más tendrán temor, ni se aterrarán, ni faltará ninguna de ellas, declara el SEÑOR. (Jer. 23:3-4)

No terminó aquí, porque más tarde Zacarías profetizó que Dios tomaría al rebaño para sí mismo y los alimentaría mientras separaba a los pastores a quienes aborrecía y bajo los cuales el rebaño quedó empobrecido. Dios los llama “las ovejas de la matanza”.

Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por nombre Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas. Y destruí a tres pastores en un mes; pues mi alma se impacientó contra ellos, y también el alma de ellos me aborreció a mí. (Zac. 11:7-8)

Pero Dios tenía un plan final para tratar de una vez y para siempre con los fallidos pastores humanos. El título de Pastor ES dado a un príncipe aún por venir que gobernaría a los Judíos, el Hijo Mesiánico de David. En Ezequiel leemos:

Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños?

 Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia.

Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas…

Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida.

 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.

Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.

Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.

Más en cuanto a vosotras, ovejas mías, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos. ¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que también holláis con vuestros pies lo que de vuestros pastos queda; y que bebiendo las aguas claras, enturbiáis además con vuestros pies las que quedan?

Y mis ovejas comen lo hollado de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis enturbiado. Por tanto, así les dice Jehová el Señor: He aquí yo, yo juzgaré entre la oveja engordada y la oveja flaca, por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis.

Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado. (Ez. 34:2-24)

Ezequiel profetizó esto mucho después que el rey David hubiera muerto. Todo Israel sabía de la venida del Mesías; aquel Pastor iba a ser llamado el Hijo de David. Ellos sabían de la promesa que Ezequiel profetizó.

El propio Hijo de Dios haría lo que los pastores humanos fallaron en hacer, destituidos de ellas de una vez y para siempre, sin embargo, los cristianos todavía corren de aquí para allá buscando hombres que sean sus pastores. Esto no es diferente al pueblo de Israel en los tiempos de Samuel rechazando a Dios como su Rey y queriendo un hombre en Su lugar; y es igual de triste.

Yo leo estoy hoy y no puedo dejar de asombrarme, ya que mi Señor me lo mostró a mí exactamente de la misma manera. Esto quiere decir que nadie puede arrogarse una calidad de pequeño Moisés del siglo veintiuno, sino que Dios está dando la misma palabra a muchos hijos. Sólo bastará con que ellos no tengan temor, sean valientes y obedezcan, tal como lo han hecho estos autores.

Finalmente en Ezequiel leemos: “Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos”. ¿Cuántos pastores? ¡Uno! Este Pastor es diferente a todos los demás pastores en que él ha comprado a sus ovejas con su propia sangre.

Pablo dice de él: Porque el que en el Señor fue llamado siendo esclavo, liberto es del Señor; asimismo el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres (1 Cor. 7:22-23). Si, Señor Jesús, tú nos has liberado de pastores humanos y nos has tomado solo para ti. ¡Somos las ovejas de tu prado! ¡Oh cuán gran salvación!

Por sobretodo, Jesús es el Pastor de nuestras almas. El es el Obispo [superintendente, capataz]. Somos sus ovejas y de nadie más. Pedro enseñó esto mismo.

Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas. (1 Ped. 2:25)

Hace mucho tiempo ya que debiéramos haber “vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas”. Un verdadero alimentador señala a todos los hombres la Fuente de toda comida espiritual: Jesucristo. Entonces este alimentador sale del camino para que el gran Pastor pueda ser su Pastor.

Tantos hoy en día que se llaman a sí mismos “pastor”, reúnen a la ovejas de Jesús bajo ellos mismos y tratan de mantener un control sobre ellas, renaciendo así la horrible profecía de Ezequiel una y otra vez. En vez de esforzarse en dejar ir libres a las ovejas, ellos las mantienen débiles y dependientes de ellos mismos.

Jesús dijo a los discípulos: Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. (Jn 10:14-16).

El resultado final de las ovejas que oyen la voz de Cristo es un solo rebaño y un solo Pastor. Si hemos de tomar las palabras de Jesús como verdaderas y luego mirar alrededor a la Cristiandad de hoy en día con sus 200.000 denominaciones y sectas y millones de pastores y sacerdotes, debemos concluir que muy pocos “cristianos” están oyendo Su voz hoy en día.

Tal cual. Es más; no sólo que no pueden perder tiempo esperando oír la suave y delicada voz del Espíritu Santo de Dios, sino que pretenden reemplazarla por las voces de los que ellos llaman “sus referentes”. Esto, quizás no sea pecado en sí mismo, pero lo cierto es que el único referente válido para un creyente, es Cristo.

Sus ovejas conocen Su voz y no seguirán a otro, con todo tan pocas hoy saben que se supone que ellas deban estar oyendo que él hable en sus vidas. Corren de mar a mar buscando un hombre que ocupe el lugar que solo puede ocupar Jesús. Continúan siguiendo tras hombres que buscan hacer discípulos de ellos mismos. Es triste decir esto, más sin embargo, Pablo advirtió que esto se convertiría en la norma (Vea Hch. 20:29-31).

Cristo, el Maestro en Nosotros

Hemos visto una interesante progresión (o más bien disgregación) de los hombres tomando estos títulos para ellos mismos. El mismo hombre que empezó como un pastor en los años sesenta, se convirtió en maestro en los setenta.

Después se volvió de moda ser conocido como un evangelista en los ochenta y salir en TV con sus propios programas. Entonces en los noventa vino un gran empuje para “restaurar el oficio de apóstoles y profetas”.

Así que los hombres que tienen esos títulos menores ahora se llaman profetas, hoy en día estamos oyendo que se llaman a sí mismos como los apóstoles de estos días, demandando absoluta autoridad sobre el rebaño de Cristo.

Teniendo esta tendencia en mente, ¿qué es lo próximo: falsos Cristos? Es obvio para nosotros que así como el hombre ha olvidado a Aquel que los ha comprado con su sangre, el camino se está preparando para que el Gran Falso Profeta surja y tome a la Cristiandad en un temporal.

¿Quién se levantará para ser el más grande entre nosotros y el “Papa” sobre la Cristiandad? Lo único que se sostiene ante la razón es que para que los falsos pastores prosperen, tiene que haber también falsas ovejas que no oigan la voz del “Gran Pastor”.

¿Falsas ovejas? ¡Tremendo! Jamás pensé en algo de esa naturaleza. Pero evidentemente y a la luz del comportamiento demostrado por mucha gente, indudablemente las hay. Son aquellas que se conducen de modo incondicional para con esos falsos pastores por razones que tienen que ver con sus conveniencias personales. Falsas ovejas. Todos los días aprendemos algo nuevo y gloria a Dios por ello.

Usted pensaría que las palabras de Jesús a los discípulos fueron suficiente:

…y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo (Mat. 23:7-11)

Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Jn 14:25-26)

¿Y qué acerca de lo que dijo Juan a la iglesia unos pocos años después?

Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. (1 Jn 2:26-28)

Este asunto de no necesitar de un hombre que nos enseñe parece ser tan contradictorio cuando leemos en Hebreos que nosotros – los que vamos madurando en Cristo – nos vamos a convertir todos en maestros:

Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.

Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. (Heb. 5:12-14)

Pablo profetizó que en estos últimos días los hombres teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias. Aprender de los hombres se ha convertido casi un deporte en la iglesia en Estados Unidos.

Estados Unidos es, indudablemente, el lugar geográfico en el que los autores han podido observar lo que dicen, pero permíteme añadirle a ello que también sucede lo mismo en Argentina, Chile, Brasil, Perú, Uruguay, Colombia, España, Italia, Venezuela, México, Guatemala y Honduras, conforme a correos en ese tenor recibidos por nosotros desde esos lugares.

 Corremos a esta y a aquella conferencia y vamos de este a aquel website para encontrar “buenos maestros”. ¿Cuándo será que vamos a crecer y empezar a buscar al Maestro por nosotros mismos? ¿Cuánto tiempo vamos a ser meros bebés, alimentándonos del pecho de maestros humanos?

 ¿Cuánto tiempo vamos a estar con necesidad de leche e incapacitados para la palabra de justicia? ¿Cuándo tendremos algunos dientes para empezar a masticar como los de Berea que escudriñaban las Escrituras todos los días y no dependían de las enseñanzas de Pablo como su única fuente?

Tal cual. Es exactamente el mismo sentir. No quieras saber cuanto cuesta que alguien entienda que no debe recurrir a ti todo el tiempo, sino buscar por sí mismo, tanto en lo concerniente a la Palabra como también a la oración.

Estoy de acuerdo que esto es así por causa de una falsa enseñanza por parte de Babilonia, que ha producido cristiano-dependientes de hombres más que del Señor, pero no menos cierto es que todo eso se ha hecho con la aceptación por comodidad de los que hoy se muestran como perjudicados.

Un verdadero maestro de Dios “sala la comida”. El hace a los oyentes hambrientos de oír la palabra del Maestro, Jesucristo, para ellos mismos y les enseña que esto puede hacerse. Busca que los hombres no acudan más a él sino a Cristo cuanto antes.

¿Cuánto tiempo ustedes madres dejan que sus hijos se nutran de sus pechos? Hay algo enfermizo si es que un niño de tres o cuatro años que está capacitado para correr y jugar, siga aún nutriéndose del pecho de su madre.

 ¡Si usted ha sido cristiano por más de tres años y todavía no está enseñando a otros (no nos referimos a alguna guía de estudio o libro de trabajo tampoco, sino de lo que usted oye del Maestro decir a las iglesias) usted es espiritualmente retrasado! ¡Vergüenza para sus pastores y maestros por tenerlos aun en sus propios pechos todos estos años!

Tantos cristianos en Internet parecen ser incapaces de oír lo que el Espíritu está diciendo a las iglesias. No tienen oídos espirituales para oír. Nos entristece ver a estos bebés contentos con seguir o repetir las enseñanzas de otros en vez de compartir los que ellos mismos han estado oyendo de Dios.

Nos sentimos robados de que tantos miembros del cuerpo de Cristo (donde nuestras coyunturas deberían estar cooperando para la provisión del Espíritu) estén incapacitados de proveer para el resto de nosotros de parte de Dios.

Es como un cuerpo que ha tenido un derrame y todo un lado está paralizado, flácido y con la cara hundida, el brazo colgando y arrastrando un pie. ¡Esta no es la novia perfecta de Cristo que está sin manchas y arrugas a Su regreso, porque su novia es una virgen que sabe donde conseguir el aceite y sabe que no es de otras vírgenes!

Aparte de la lista de gracias – o dones – listados en Efesios 4, hay otra lista en el capítulo doce de Romanos:

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. (Rom. 12:3-8)

¿Por qué Pablo empieza esta lista con tan sobria advertencia? Porque siempre están aquellos que piensan que su porción es la única porción, mientras ministran “Hermano Amor, viajando con su show de Salvación”. (En inglés “Brother Love’s traveling salvation show", título de una canción del cantautor norteamericano Neil Diamond).

 ¡Dios ha permitido a cada uno una medida de fe! No solo uno o dos o algunos. Esos que profetizan o enseñan no tienen el “oficio” de profeta o maestro. Ellos solo fluyen en la abundante provisión del Espíritu con los otros miembros del cuerpo de Cristo.

 ¡Qué bendición es cuando nos congregamos en el Espíritu y vemos que esto pasa! Pero todo lo que se necesita es una persona que piense más alto de sí mismo de lo que debiera y todo se apaga y nuestra reunión se convierte en otro show carnal de perros y ponys.

Cada creyente que es nacido de lo alto, sin excepción, mueve una o más de estas gracias. ¿Tenemos todos las mismas funciones? No. Pero todos tenemos la gracia de Cristo. Estas gracias son distribuidas entre cada uno de nosotros para un simple propósito: para traernos a todos colectivamente a una resplandeciente apreciación y realización de la plenitud de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef. 4:13).

Es triste que esas cosas dadas a nosotros del Espíritu para darnos madurez y unidad en Cristo sean usadas, en manos de hombres carnales, para tener al pueblo de Dios cautivo, conformándose con una mediocridad cristiana.

No hay lugar para tradiciones carnales muertas en el revolucionario cuerpo de Cristo. Dios no solo dio a su Hijo para ser la propiciación de nuestros pecados, sino que continúa dándonos a su Hijo, como un Pan diario fresco a través de la manifestación de Espíritu que ha sido dada a cada uno. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. (Fil. 3:3)

¿Y dónde nos deja esto? Exactamente donde debemos estar: siendo canales abiertos para que El se manifieste a sí mismo como lo desee. Pablo sabía esto y por esto pudo decir: Todo lo puedo en Cristo (El Ungido) que me fortalece. Dios nos dio el don del Espíritu (Hch. 2:38), no los dones del Espíritu.

 ¡La palabra griega doron o dones no está en el griego original en 1 Corintios! Lo decimos de nuevo, el don de Dios es Cristo y su Espíritu. Cuando creamos esto estaremos capacitados como Pablo en decir: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Más que claro y correcto. Es exactamente así y la enorme mayoría de nosotros lo ha desconocido. Y no sólo eso, sino que además hasta nos hemos permitido el lujo de armar enseñanzas de los dones del Espíritu Santo y escribir teorías y libros completos sobre ello. Bendito sea el Señor que no permite que sus hijos genuinos vivan permanentemente en error.

Si Efesios 4:11 no quiere decir que Cristo es todo en todos en cada uno de estos atributos, entonces gran parte del resto de la Biblia se contradice a sí misma. Jesús nos dijo que no llamemos a ningún hombre maestro. Pedro nos dijo a todos que hablemos como un oráculo de Dios y Pablo dijo que todos podemos profetizar.

En Cristo todos somos enviados (apostolos) desde el trono de Dios con las buenas nuevas. Pablo sirvió en todas estas formas, porque ministraba a Cristo. El exhortaba a los creyentes en todas partes “…vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne”. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo (Ef. 4:7).

 Nosotros tan ligeramente citamos Juan 3:16, ¿pero podemos oír sus palabras? Dios… dio a su Hijo primogénito… ¡Dios dio el don de Cristo! El resto de Efesios 4 depende de esto. Todas las gracias de las que se habla después de eso, no son nada más que El manifestándose a sí mismo en Su Cuerpo como él quiere.

Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo (Heb. 13:20-21)

¿Estamos involucrados en meros asuntos de iglesia o en el Reino de Dios?

Solo porque cada alguien está eufóricamente ocupado no quiere decir que esté funcionando como cuerpo. La pregunta real es, ¿dónde se originan los dones que ejercitamos? ¿Son dones espirituales, distribuidos en el cuerpo por la Cabeza, o se originan en nuestra carne? ¿Adoramos en Espíritu o tenemos confianza en la carne del hombre?

El liderazgo de hoy en la iglesia y su contrapartida en el mundo corporativo sabe que una persona ocupada está en menos condiciones de estar descontenta. Con esto en mente, las iglesias modernas de nuestros días alientan la participación de cada miembro.

Es la naturaleza de esa participación lo que se cuestiona aquí. A cada uno de ellos se le pide que asuma alguna responsabilidad perteneciente a la función y mantenimiento del edificio de la iglesia, el patio, y los programas del pastor.

 Algunos son asignados a encargarse de los detalles del estacionamiento. Otros son más aptos para acomodar a la gente o dar la bienvenida a los extraños en la puerta. Aquellos que tienen conocimientos musicales sirven en el equipo de adoración.

Aquellos con aptitudes de secretaría o contabilidad pueden ayudar con las finanzas de la iglesia o servir como secretarias de la iglesia. A aquellos con conocimiento de las Escrituras se les puede pedir que enseñen en la Escuela Dominical bajo la cuidadosa supervisión del pastor y de los ancianos.

Otros sirven en la limpieza o como cuidadores del patio. Aquellos que son buenos con los niños terminan en la guardería. Sabemos de algunos que aman las actividades al aire libre que están convencidos que su “ministerio” es llevar a otros cristianos a cazar y pescar. Hay algo para acomodar las habilidades naturales de cada uno.

Esta clase de comportamiento no debe ser confundido con ministerio del cuerpo. Las actividades que hemos mencionado más arriba no son dones espirituales sino que están basadas en habilidades naturales, de la carne.

No se necesita la gracia divina para realizar nada de esto. En vez de la manifestación del Espíritu, las habilidades de dirección del hombre desfilan desvergonzadamente como si procedieran del mismo trono de Dios. En vez de la unidad del Espíritu vemos una uniformidad impuesta o una falsa unidad Babilónica que viene de construir ciudades y torres.

 Esto no es de lo que Jesús hablaba en Mateo cuando dijo a Pedro: Yo edificaré mi iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Pedro no lo entendió. Tan pronto como vio la visión en el Monte con Moisés y Elías ministrando a Jesús, él quiso empezar un programa de construcción él mismo: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas [tabernáculos]. Dios lo paró en medio de su propuesta diciendo: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

¿Cuándo aceptaremos finalmente el hecho de que la carne no puede transubstanciarse en algo divino? ¿Cuándo aprenderemos el peso de las palabras de Jesús La carne para nada aprovecha?. Jesús dijo: Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Jn 3:6).

La palabra clave aquí es nacido. Lo que es nacido del Espíritu es Espíritu y es únicamente adaptado a Dios, que es Espíritu. El hombre natural puede ser muy engañoso porque es muy religioso y muy celoso. Con todo, el hombre natural tiene una gran falla.

El…no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente (1 Cor. 2:14). La carne y el Espíritu no son compatibles. Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gál. 5:16-17). Sin importar su belleza externa. Lo que es nacido de la carne no puede ser ni más ni menos que carne. El origen determina todo. Solo lo que es nacido del Espíritu puede tener parte en el reino de Dios. Carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios.

Pablo escribió: Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén. (Rom. 11:36). Dios solo aprueba aquellas cosas que son de, por, y para él. El acepta solo aquellas cosas que son apadrinadas por él y nacidas de su Espíritu.

Solo aquellas cosas que son de él, o se originan en él, serán sostenidas por su Espíritu y retornarán a él como un sacrificio dulce. Solo aquellas cosas que son sostenidas por su Espíritu retornarán la gloria a él.

 Todo lo demás es inútil; madera, hoja, y hojarasca se quemarán en el día de la prueba. Jesús, hablando de los fariseos, lo puso en términos aún más drásticos: Cada planta que no plantó mi Padre será desarraigada.

Recuerde, el fariseísmo fue el resultado del hombre de preservar la identidad de una nación, Israel, en un tiempo de cautiverio. ¿Cuál fue el efecto de este supremo experimento religioso? ¡No se dieron cuenta del día de su visitación y tomaron parte en el brutal asesinato del Ungido!

¿Por qué lo mataron? Mataron a Cristo para defender su lugar en un sistema antagónico a El (Vea Jn. 11:47-48). ¿Le suena familiar? ¡Debería! Los hombres todavía están crucificando a Cristo de nuevo por la misma razón.

Debemos ser muy cuidadosos acerca de lo que plantamos, porque lo que sea que no venga directamente del Padre a través de su Espíritu es una falsificación barata y no tiene lugar en esta casa Espiritual. Lo que es nacido de la carne es carne.

Esta ha sido una definición limpia y contundente de los modos, usos y costumbres imperantes en Babilonia. Así, tal como se detalla aquí, es la realidad vigente aún en este tiempo. Atrévete a decir esto en voz alta en cualquiera de sus templos y podrás ver su “amor al prójimo” en acción.

Viviendo Juntos en la Realidad del Gran Nuevo Pacto

Discerniendo el Cuerpo del Señor

Aquí es donde la rueda toca el pavimento. Las cosas algunas veces parecen un poco diferentes en el papel de lo que son en la vida real. Los creyentes en Corinto fueron descubriendo que esto era del todo cierto. Pablo los reprendió por prácticas que eran inconsistentes con el Nuevo Pacto.

Llegó a esto: estaban comiendo erróneamente. Su adoración no estaba de acuerdo a los estándares de Dios para la adoración, en Espíritu y en verdad. La forma en que comían “el ágape” [la Cena del Señor] o comida común entre los santos locales que Jesús estableció como un símbolo de su comunión con él y entre ellos, no estaba de acuerdo con la verdad.

Pablo les dio una sobria advertencia acerca de compartir el pan y la copa que representan el cuerpo y la sangre de nuestro Señor, quebrantada y derramada por nosotros.  Se han escrito volúmenes enteros acerca de si el vino y el pan que comemos se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo. No vamos ni siquiera a tratar de mencionar esto aquí, pero quisiéramos mencionar algo que sentimos es más importante.

Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. (1 Cor. 11:29)

Recuerde el contexto de esta Escritura. Los creyentes Corintios amaban las fiestas: “Las comidas son para el vientre, y el vientre para las comidas”. Aunque pensaban que estaban comiendo la Cena del Señor, Pablo rápidamente señaló que la manera de comer de ellos estaba mal del todo. (1 Cor. 11:20).

Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Nada puede ser más errado en el Nuevo Pacto que reunirnos para alimentar nuestro egoísmo. Los Corintios no discernían el cuerpo del Señor.

Cada uno ponía su interés propio por encima del de los demás. Pablo continúa: uno tiene hambre, y otro se embriaga (v.21). ¿Suena como el mundo, verdad? Algo no funcionaba, y era la falta de atención al cuerpo.

Eran egocéntricos en vez de cuerpo céntricos. Todavía pensaban como individuos y no como piensa un cuerpo. No estaban comiendo una comida común que reflejara el cuidado o la unidad del cuerpo como lo mandó el Señor, sino que cada uno comía para sí mismo, con total indiferencia hacia los hambrientos en medio de ellos.

¿Entonces cómo pensamos como cuerpo? Pablo escribió que en un cuerpo espiritual, cuando un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; o si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él (1 Cor. 12:26).

Si a usted se le cae un martillo en el dedo del pie usted no solamente mira hacia abajo y dice “Pobre Dedo. Lamento que hayas estado en el camino. Voy a orar por vos”, y después sigue alegre su camino sin volver a pensar en eso.

Y sin embargo así es como tendemos a reaccionar en la Cristiandad cuando oímos acerca de la desgracia de otro miembro en el cuerpo de Cristo. Cuando a alguien se le honra, nos sentamos en nuestros bancos y nos decimos a nosotros mismos: “¡Ese tuve que haber sido yo!”

 Pero aun estas mismas cosas son perpetuadas por la actitud del liderazgo de la iglesia de estos días. Si usted está necesitado por el alquiler de un mes y va al comité de benevolencia de la iglesia (si es que siquiera tiene uno), ellos le dan veinte dólares y le dejan con eso.

 Usted recibe una curita para poner sobre el agujero de una bala porque la mayoría del dinero en la iglesia se guarda para la construcción y mobiliario del nuevo proyecto de edificio de la iglesia o para el viaje del pastor a Hawai.

Así es como era con los fariseos 2.000 años antes, todo el dinero de la iglesia es corban (vea Mr. 7:7-13). En la iglesia de hoy, nos gusta aparentar estar preocupados por otros, pero en realidad no nos vamos a permitir perder el sueño (o dinero) por sus desgracias. Con todo, no fue así en la iglesia primitiva en el libro de los Hechos. Eran movidos por el Espíritu como un cuerpo y ninguno tenía necesidad de nada, porque nadie decía que lo que tenían era de ellos.

En este tiempo se critica mucho, (Y quizás con bastante razón), a todo movimiento o afán corporativo, que lanza el mensaje de “aquí todos somos buenos y todos somos bellos”, que nunca es real. Sin embargo, cabe consignar para información y enseñanza, que corporativismo, nunca ha sido ni será sinónimo de estar en un Cuerpo y pensar y moverse como tal.

Corrupción y tacañería parecen pernear al liderazgo de la iglesia de hoy en día. Está por todos lados en las noticias. Judas nos da una idea mejor de cómo el Señor ve tal iniquidad. El escribió acerca de ciertos hombres que acostumbraban a profanar la Santa Cena.

 El los llamó hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios. El los comparó a los ángeles que no guardaron su dignidad sino más bien se levantaron a exigir preeminencia (1:6). ¿Quiénes eran estos profanadores? Judas explica:

Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados” (Jud. 1:12)

Mientras miramos a la Cristiandad en estos días, ¿qué vemos? Vemos hombres que yerran en discernir el cuerpo del Señor, tomando su propia cena por encima de otros. Para ellos toda la idea de ministrar es ganar prominencia, no poner sus vidas por otros.

 Así que oímos el lenguaje del egoísmo: mi ministerio, mi don, mi llamado, mi iglesia, yo, yo, mío, mío. Se llaman a sí mismos “pastores” y “ministros” pero menosprecian la ekklesia de Cristo, a los llamados a salir fuera, y profanan las reuniones ágapes (cena del Señor) por no apreciar correctamente (no discernir correctamente) a los otros miembros del cuerpo de Cristo.

 Fallar en discernir el cuerpo del Señor equivale a despreciarlos. Por eso Pablo pregunta: ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? (v.22). La respuesta implicada era que sí, sí que lo hacían. ¿Pero qué es exactamente lo que hacían?

Creo que aquí te ha quedado bien en claro el significado de ese “discernir al cuerpo del Señor” del que se habla en el texto que usamos en la Santa Cena. ¿Verdad que jamás te había quedado claro que cosa era esa de discernir el cuerpo del Señor? A mí también. Ahora lo sabemos: discernir el cuerpo de Cristo es no confundir a los hijos de Dios con los miembros de Babilonia.

Veamos: “despreciar” kataphroneo significa literalmente ‘pensar bajo de o contra alguien’ (kata: bajo, phrem ‘sentir’), y por eso significa ‘pensar ligeramente de, menospreciar, pensar poco o nada de” (W. E. Vine).

El orgullo es una espada de dos filos. Corta de dos formas. Una sobre estimación de usted mismo causa el desprecio hacia otros, usted no puede pensar muy alto de usted mismo sin pensar poco o nada de su hermano y hermana, profanando todo lo que Cristo deseó lograr por medio de quebrantar su cuerpo y derramar su sangre por ellos.

Atención con esto, por favor. Está escrito en un simple párrafo y, si no estás leyendo con real atención y cuidado, por allí se te pasa de largo. Sin embargo es la actitud más frecuente que se está viendo en el marco del pueblo de Dios. Por parte de líderes y liderados por igual.

Pablo explica más aun: “porque yo recibí del Señor…” Lo que Pablo había recibido del Señor era algo completamente diferente de lo que estos cristianos estaban haciendo:

Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. (1 Cor. 11:23-25)

Esta Santa Cena es una representación de la unidad espiritual y comunión del cuerpo de Cristo como Pablo lo había explicado antes. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión [reunirse, compartir, participar] del cuerpo de Cristo?” Pablo no está hablando meramente del cuerpo físico de Cristo como continúa explicando: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan. (Ver 1 Cor. 10:16-17)

¡Mientras somos participantes del Pan Partido, colectivamente nos convertimos pan para ser partidos y dados al mundo hambriento por Cristo! Mientras discernimos el cuerpo de Cristo, apreciando con precisión a cada miembro y relacionándonos con ellos de acuerdo al amor de Dios, participamos de la vida de Cristo que fluye a través de cada miembro de ese cuerpo. Nos separamos de esa vida del cuerpo por considerarnos solo a nosotros mismos, cambiando la fiesta de amor en una glotona fiesta para megalómanos.

Pablo continúa: Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí (1 Cor. 11:29). Discernir el cuerpo es principalmente discernir el lugar y condición de otros en el cuerpo de Cristo y hacer algo al respecto. Esto es esencial para que nosotros podamos encontrar nuestro propio lugar en el cuerpo.

La falta de conciencia de cuerpo es la razón de tanta enfermedad y muerte entre el pueblo de Dios. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen (11:30). La interrupción del flujo de vida y salud en el cuerpo no es poca cosa en relación al fallar el discernir la medida de gracia que cada miembro posee.

Dios ha creado el cuerpo para ser mutuamente dependientes. La mano no sirve sin el brazo para llevarlo al lugar donde puede hacer algo. Un brazo no sirve sin el hombro para moverlo y así… A algunos de les ha dado el don de sanar (1 Cor. 12:28).

 Si no discernimos estos miembros vamos a menospreciarlos y no recibiremos de ellos en una relación de articulación con articulación. No nos beneficiaremos de la medida de gracia que Dios les ha dado a ellos. Viviremos fuera de todo aquello que implican las palabras “No te necesito”. Estamos enfermos y muriéndonos porque nos hemos cortado a nosotros mismos de la fuente de sanidad de Dios.

Esto se aplica a todos los dones. Así como una revelación de Cristo es requerida antes que podamos ser salvos, asimismo debemos tener una revelación de su Cuerpo antes de que podamos discernir a sus miembros y disfrutar la plenitud de Cristo. Sin un discernimiento apropiado del cuerpo de Cristo vamos a tener que suponer muchas cosas, y correr el riesgo tanto de usurpar su Señorío como de desplazar a los miembros de Su Cuerpo.

Ahora vamos a echar una mirada a un pasaje de la Escritura que revela como los miembros del cuerpo deben funcionar en relación a Dios y a los otros. ¡Las puertas del infierno tiemblan con solo pensar en esto!

El Nuevo Pacto adora en Espíritu y Verdad, y el obstáculo a esto está bien asentado en Rom. 12:1-21. Por favor lea el pasaje entero para entender completamente lo que Pablo esta compartiendo con los santos.

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.  Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.

  Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.  Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.  Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.  Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.  No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.  No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Por la gracia dada a él a través de las misericordias de Dios, Pablo llamó a los creyentes a una más elevada forma de adoración espiritual. El empieza por dirigirse al primer obstáculo a esa adoración. La primera condición para probar la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios es presentar nuestros cuerpos como sacrificios vivos.

Lo segundo es rehusar ceder ante la presión de este mundo a conformarnos a su modo de pensar. Es extremadamente importante que entendamos la definición de Pablo de conformarse a este mundo.

Pablo no se refiere a lo externo, a pecados carnales como fumar, masticar y beber, sino a los valores y actitudes del mundo. Lo opuesto a conformarse a este mundo – en este contexto – es la renovación de la mente.

Esto, quizás no parezca demasiado importante, pero créeme que han hecho muy bien en aclararlo. En nuestras congregaciones, la mayoría se pasa todo el tiempo evaluando la calidad de cristianos de los demás a partir de lo externo, de lo que se ve.

Debemos recibir del Señor una mente renovada y esto viene a través de su profunda obra de la cruz en nuestras vidas. Solo cuando nuestro pensamiento es renovado podemos ver lo que es aceptable y bueno para Dios y ver su perfecta y madura voluntad dando fruto en nuestras vidas individuales y conjuntamente como miembros que hacen el cuerpo de Cristo.

El hombre mundano común piensa más de sí mismo de lo que debiera pensar. Los cristianos son conformados al mundo por considerarse a sí mismos más de lo que debieran. La palabra griega aquí es huperphron: pensar de más.

El segundo requisito para adoración espiritual, después de haber presentado nuestros cuerpos a Dios como sacrificios vivos, es cordura. Pensar sobriamente es pensar sin exageración. Seremos sobrios si no tomamos como nuestro algo que no tenemos (Biblia de Ginebra, Notas en Romanos 12:3).

Cuando la sobriedad se ha ido por el camino, aparece la exageración. El borracho es el ejemplo perfecto de esto. El va al bar, inhibido y melancólico; un hombre insignificante en un planeta superpoblado.

 Después de unos cuantos tragos se transforma en un gigante física e intelectualmente superior, gloriosamente distinguido de todos los otros seres. Solo pregúntele. Se lo va a decir. Y si no lo hace, él le va a decir lo mismo.

 Un exagerado concepto de sí mismo es una marca segura de conformidad al mundo y es el mayor obstáculo a la adoración espiritual. ¿Por qué? Con una excepción sin importancia, el cuerpo está hecho para otros miembros.

Hay muchos miembros en el cuerpo y tenemos que considerarlos (discernir) a cada uno de ellos correctamente, reconociendo que “Dios ha dado a cada uno una medida de confianza” (Nuevo Testamento No Eclesiástico).

 No haremos lugar para otros miembros del cuerpo si pensamos que lo que tenemos es todo lo que necesitamos para ministrar y lo que tenemos que decir es más importante que lo que cualquier otro miembro menor tiene para contribuir.

Decididamente todos nosotros caemos en este error. Existen muy pocos creyentes que entiendan que tienen sólo una parte de la unción y el poder de Dios en sus vidas. De acuerdo, el sistema religioso imperante lo enseña así, pero…¿No tenemos Biblia, nosotros? ¿O sólo es válido lo que se lee en la Biblia del pastor?

En Romanos 12:15 pablo describe la profundidad de interconexión e interdependencia que debiera existir en el cuerpo cuando escribe: Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. En un cuerpo sano, lo que le pasa a uno afecta a todos los miembros.

Cuando Pedro fue arrestado y encarcelado en el libro de los Hechos, la iglesia no hizo simplemente una pequeña oración y continuó con su trabajo. No. Ellos se reunieron y oraron hasta que Pedro vino y golpeó la puerta de la casa donde estaban reunidos después de que un ángel lo hubiera liberado. “Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él”. (Hch. 12:5)

Todos son miembros los unos de los otros, apasionados por la salud y bienestar de los demás. De ahí la exhortación en Rom. 12:16 Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. En Hechos vemos esta interdependencia mutua siendo vivida.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. (Hch. 2:40-47)

Pablo recordaba a los creyentes en Roma que su lugar en el cuerpo era en relación a los otros miembros. Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros (Rom. 12:5). Para el hombre la unidad se basa en la similitud.

Si somos iguales entonces vamos bien. La unidad del cuerpo es completamente diferente porque está basada en una diversidad divinamente orquestada. Todos son diferentes más sin embargo todos son uno. Somos miembros los unos de los otros y el lazo común es Cristo y su amor consumidor.

Por tanto, cuando se habla de “reuniones de unidad”, dentro del ambiente de la iglesia evangélica tradicional, de lo que se está hablando es de una docena o más de hombres tomándose juntos un café o un té una vez por semana, pero eso de modo alguno es ni puede llamarse unidad.

Mucho menos cuando comenzamos a hablar de un término muy utilizado por estos días, el ecumenismo. No se trata de discriminación doctrinaria, se trata simplemente de no caer en el engaño propuesto por diferentes sectores que aspiran a liderar a una supuesta única iglesia global.

El proverbio “Médico, cúrate a ti mismo” no se aplica aquí porque los dones que Dios da a los miembros del cuerpo no son para ellos personalmente sino para la edificación de los otros miembros. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros… Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad… Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes… Así como es con Cristo así también con su cuerpo. Somos llamados a llenar la medida de sus sufrimientos, poniendo nuestras vidas en servir a los otros.

¡Dios esta buscando adoradores que le adoren a El en una manera consistentes con su ser! Millones hoy en día están sintiendo este llamado celestial y, como los cristianos de antes, están yendo a Jesús fuera del campo ortodoxo de la religión, con sus estructuras fijas y tradiciones hechas por los hombres.

A través de años de lucha y sufrimiento están aprendiendo a discernir el cuerpo de Cristo y cediendo al fluir del Espíritu. Algunos de ellos menosprecian el cuerpo por pensar de ellos más de lo que debieran pensar. Se ven a sí mismos especiales, cortados por encima del resto.

Dios les está enseñando a ser miembros iguales, probando la buena, aceptable y perfecta voluntad de Dios como se supone que tiene que manifestarse en el cuerpo de Cristo. Su enfoque no está más solamente en “su ministerio”, sino que están aprendiendo a apreciarse a ellos mismos correctamente, buscando y edificando la medida del don de Cristo en los otros.

 Esta es la reforma que la Iglesia de Cristo necesita desesperadamente antes de que pueda ver la perfección de Cristo aquí en la tierra. Sin este testimonio de Cristo en un cuerpo celestial obrando en total unidad, el mundo nunca sabrá que El y el Padre son uno (Vea Juan 17).

 Cuando sus santos posean la vida de Cristo y la compartan, todo el resto ocupará su lugar. Satanás no está del todo preocupado cuando los cristianos intentan cambiar la forma exterior de la cosas, abrazando nuevas formas de disciplina y así no son tocados y cambiados por la vida de Dios la cual se manifiesta en un corazón generoso y cambiado y visto de todos.

Esto es lamentablemente real. De allí que muchos cristianos anden engañados con una supuesta tranquilidad que adjudican a su “fortaleza” espiritual, mientras que la verdad es que están tranquilos porque no molestan a Satanás en absoluto con su religión portátil y acomodaticia.

No Tema a La Excavadora (Buldózer)

Debido a esa actitud de salvarse a uno mismo con la cual todos luchamos, la mayoría de los creyentes de hoy en día no han experimentado esta vasta transición del Nuevo Pacto. Es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el reino de Dios (Vea Hch. 14:22). Es a través de la crisis de despojarnos que Dios quita lo primero para establecer lo segundo.

A esto, aún quedan millones de cristianos sinceros y hasta muy fieles, que no lo han terminado de entender. La idea de venir a este planeta a pasarla “bomba” ha calado tanto a partir de discursos pasatistas y malintencionados, que todavía hay muchos que creen que sufrir un poco es síntoma de estar mal delante de Dios y jamás correcto.

Yo, Michael, tuve un sueño significativo que Dios usó para alertarme de sus intenciones y lo que estaba por pasar en mi vida. Allá por 1980 soñé que estaba sentado en los escalones al frente de mi casa en un precioso día soleado, disfrutando de mi bien cuidado jardín, cuando un camión grande cruzó la calle con un gran tractor Caterpillar en su trailer.

El conductor salió, y arrancó el Buldózer y lo estaba calentando mientras yo pensaba “¿Me pregunto qué es lo que van a hacer los vecinos como esa máquina tan grande?” Bueno, pronto iba a saber que no era en los vecinos en quien el conductor estaba interesado.

¡Bajó la máquina del trailer y se dirigió directamente a mi jardín! ¡Arrancó el pasto, desarraigó las flores, y lo próximo que iba a atacar era mi casa! Le grité pero sin resultado. El ni siquiera se daba cuenta de mí presencia.

 Al terminar, todo el lote fue nivelado y todo lo que quedó fue una pila de escombros. Después subió la máquina y se fue. Yo me quedé allí sentado en un pedazo de mis viejos escalones, agarrándome de la cabeza y preguntando a Dios “¿Por qué? ¿Por qué me has quitado esta preciosa casa? ¿No me la diste tú a mí? Ahora no tengo nada”.

Queremos retener lo viejo y lo nuevo de todo, pero este no es el camino del Señor. El siempre quita lo primero que se ha convertido en viejo y lo reemplaza con algo nuevo y vivo. El es el Dios de lo nuevo.

¡El hace nuevas todas las cosas! No espera la misma cosa que fue enterrada y murió para crecer en una mayor manifestación. Si usted planta una pequeña semilla, usted no obtiene una gran semilla. Pablo escribió a la iglesia de Corintio:

Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. (1 Cor. 15:35-38)

A través del profeta Hageo el Señor dijo:

Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis. Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos.

 Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos. (Hag. 2:5-9)

Después de este sueño y otras advertencias, yo eventualmente di permiso a Dios para hacer lo que él sabía que debía hacerse para que yo continuara creciendo en Cristo y en su reino. Todo el cielo cayó sobre mi vida.

Fue el comienzo de un prolongado periodo de desierto que iba a quitar todo lo que yo antes pensé que era una señal segura de que Dios me amaba y de lo que él había hecho hasta ese momento en mi vida. Mi familia y yo pasamos a través de muchos años de dificultades después de eso, pero lo más duro fue no estar capacitado para oír más su voz.

Ahora puedo decir que lo que tenía el Señor en el otro lado no vale la pena ser comparado con las cosas pasadas. Dios es bueno y él es el único quien fielmente hace nuevas todas las cosas (vea 2 Corintios 5:17 y Apocalipsis 21:5).

Yo (George) también estoy bastante familiarizado con el Buldózer de Dios. La mayor parte de su trato en mi vida consistió en despojarme las muchas enseñanzas falsas y tradiciones de hombres religiosos bien intencionados, que me llevaron cautivo cuando fui un nuevo creyente.

 Desde entonces, mi peregrinar puede ser definido como Luz disipando tinieblas. Con cada descubrimiento de Cristo, las supersticiones que alguna vez pensé que eran fundamentales e indispensables, fueron expuestas como lo que son, ropas de pordiosero.

Hasta ahora he sido liberado de una vasta cantidad de supersticiones e ignorancias, ¡y estoy aprendiendo realmente quien es Cristo! Estoy aprendiendo a no temer al Buldózer mientras más y más me convenzo de que crisis es cambio. A través de mucha tribulación entramos en el reino.

No podemos venir a una plena realización de este vasto Nuevo Pacto antes de que nuestros ídolos sean golpeados en sus pies por la Roca no hecha de manos. El hierro del imperialismo Romano y el humilde barro del cuerpo de Cristo mezclados conjuntamente se están acabando. ¡No tema la pérdida de instituciones terrenales y su posición en ellas!

No agonice por la pérdida de tradiciones y ceremonias visibles y carnales. Dios derrumbó eso hace 2.000 años atrás y es hora de que sigamos su ejemplo. ¡Todo aquello en lo que hemos puesto nuestra confianza, fuera de Cristo, debe ser destrozado y esparcido por el Viento como la paja de verano dejada en el piso! ¡Amen! ¡Hazlo así, Señor!

Dios lo bendiga mientras usted coopera con El en traer la plenitud de Cristo en Su cuerpo.

Amén. Muy poco para añadir, ya que todo lo valioso ha sido dicho y probado por los autores. Si al examinar este trabajo has sido bendecido la mitad de lo que lo fui yo, el día de hoy es un día glorioso para tu vida.

Es mi oración que, todas estas perlas que Dios pone en manos de tantos de sus siervos útiles, puedan llegar a ojos y entendimiento de una mayoría de hermanos, que aún se encuentran cautivos de todo esto que se detallaba al final.

Un poco nosotros, otro poco tú mismo o tú misma, desde el sitio en que se te ha permitido servir y otro poco tantos y tantos creyentes genuinos y limpios delante del Señor, constituirán el todo que la masa necesita para leudar. Y cuando comience este proceso, ya no habrá quien lo detenga.

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Salid de Ella, Pueblo Mío

Por: Peter White

A este material me lo envió uno de los tantos hermanos en Cristo que aportan a nuestro trabajo enviando todo lo que les parece positivo. Confieso que lo archivé para mejor oportunidad sin leer ni una letra.

Es más; no tomé de esto ni una coma ni una tilde para escribir ninguno de mis libros por una simple razón: no lo había leído. Si lo hubiera hecho, quizás mis trabajos hubieran sido diferentes, ya que en muchos casos digo exactamente lo mismo que aquí hallarás escrito.

Creo en la tarea del Espíritu Santo abriendo ojos espirituales a mucha gente en este tiempo. Pero siempre se trata de gente que está buscando genuinamente a Dios y que ama la verdad. Por eso es que no ha caído en las garras del engaño, la Biblia lo dice.

Obvio resulta decirte que no conozco a Peter White ni a lo que pueda haber sido su obra o trabajo. Es más: ni siquiera sé si es una persona que vive o si es alguien que ya está con el Señor. En la Web no encontré de él nada más que pequeñas menciones a este trabajo.

De todos modos, me place y me honra estar en un mismo espíritu con él, me alienta haber recibido una palabra en el mismo tenor que la que él ha recibido. Me place comprobar que su calidad de trabajo es superior a la mía y también quizás su formación.

Ello, una vez más, confirma lo que ya tantas veces hemos dicho y que no siempre terminamos de creer: Dios sólo necesita gente obediente. Dios no necesita doctores en teología ni master en divinidades, aunque si son obedientes bienvenidos sean. Por lo que a mí respecta, Dios sigue levantando a viles y necios para avergonzar a tantos y tantos sabios. Amén.

PREFACIO

La Cristiandad, como la hemos conocido, está en un proceso de división y desmoronamiento. La Iglesia se divide multiplicadamente a diario. Los miembros dejan una iglesia, se unen a otro grupo, y poco tiempo después encuentran que, dentro de sí mismos, se sienten tan insatisfechos y con tanta infelicidad como cuando estaban en su antigua iglesia.

Otros abandonan la iglesia, no se unen a ninguna parte, y se dan cuenta que se les comprendió mal, que los rechazaron o los hicieron a un lado, por no conformarse a los sistemas aceptados por la tradición.

Los ministros renuncian a su ministerio y toman empleos seculares. Y dondequiera que vayamos, hay creyentes firmes en Cristo y en las Escrituras como la Palabra de Dios, que ya no están satisfechos con "asistir a la iglesia" y comportarse como si fueran buenos miembros de un club.

Las fallas humanas quizás tengan que ver con mucho de esto, pero hoy la gran mayoría de creyentes que no encuentran satisfacción en el "iglesismo" de hecho reciben la guía del Espíritu Santo, porque DIOS SÍ ESTÁ EN SU OBRA.

Esta es una visión total y absolutamente correcta de lo que se está viviendo. No digo correcta en su interpretación, (Cada uno puede tener la suya), pero sí en lo lineal, en lo conceptual e informativo de un modo objetivo.

Los caminos del Señor no son nuestros caminos (Isaías 55:8-9), y nos asombraremos al descubrir que Jesús se puede multiplicar, inclusive por medio de la división. Para muchos de nosotros esta es una experiencia traumática, pues el anhelo de nuestros corazones está en conflicto con mucho de lo que se acepta como un cristianismo "adecuado."

Absolutamente real. Lo digo en mis libros publicados, sobre todo en el último que habla, precisamente, de cómo se vive una vida cristiana fuera de los templos que, por años, determinaron o no nuestro cristianismo o ateísmo.

Con toda humildad examinamos ansiosa­mente nuestros corazones delante del Señor, porque nos preocupa que en nuestro interior haya algo equivocado y malo. Después de años de estar a gusto con los conceptos tradicionales de la "religión" y de las iglesias cristianas, estamos confusos porque ya no nos podemos identificar más con los caminos antiguos y, al mismo tiempo, mantener una buena conciencia.

Nuestro hombre interior se rebela contra el sistema y sus estructuras, y en muchos de nosotros falta la seguridad de si es el Espíritu Santo quien nos dirige o si estamos en pleno engaño. Pero, ¡Tengamos ánimo! No nos encontramos solos.

Por todo el mundo el Espíritu Santo mueve los corazones para sacarlos de Babilonia y llevarlos a la Nueva Jerusalén. En todas partes vemos miles de cristianos confundidos, o infelices por alguna situación de sus iglesias, o por haber salido de la iglesia y preguntarse qué hacer después.

 Mi viaje personal a lo largo de esta extraña ruta, comenzó hace casi veinte años, pero antes había pasado treinta años en el cristianismo tradicional. Este libro es un intento de ayuda a quienes están en el comienzo de ese camino y se ha escrito con la esperanza de ayudarles a encontrar un Jesús más fresco, muchísimo más vivo, como la única autoridad sobre el ser y función de su Cuerpo y de su Novia.

Si estás perfectamente contento con "tu iglesia" y te preguntas de qué trata todo esto, entonces, POR FAVOR, NO LEAS ESTE LIBRO… PORQUE NO SE ESCRIBIÓ PARA TI.

Peter Whyte

25 Victoria Drive, Highlands

Harare, Zimbabwe

INTRODUCCIÓN

La iglesia a la que pertenecemos puede ser aquella a la que asistieron nuestros padres, o aquella donde nacimos de nuevo, o una a la que fuimos atraídos por su predicador carismático, su doctrina, o quizás por sus cánticos y su alabanza.

Cualesquiera sean las razones, al final sostendremos las creencias del grupo al que nos hemos unido. Si asistimos a un instituto bíblico o a un seminario, nuestros conceptos, filosofías y ritos, se forman según los de esa escuela particular de pensamiento.

Pero, muy pronto, nos encontraremos incapaces de estar de acuerdo con millones de otros cristianos tan sólo porque su "indoctrinación" ha sido distinta de la nuestra. Aunque todos los creyentes han pasado del reino de las tinieblas al reino del amado Hijo de Dios, permanecemos divididos en miles de denominaciones y de grupos en desacuerdo.

 Estas son las consecuencias de nuestros conceptos, ideas, y tradiciones. Necesitamos sostenerlos más ligeramente, es decir, con menos firmeza, y estar preparados para, cuando sea el caso, descartarlos por completo del todo, si queremos movernos con Dios.

Tremendo. Si cualquier cristiano más o menos considerado dijera algo así, inmediatamente sería expulsado casi sin juicio sumarísimo previo. Por blasfemo, o hereje, o insujeto o por todas las cosas juntas. Peter lo dice y para mí, es Palabra Confirmada y yo también lo digo. Somos dos. ¿O somos más?

Nuestros antecedentes ambientales, sean las normas de nuestra sociedad, las enseñanzas de otros, o nuestros estudios y lecturas de la Palabra, afectan toda nuestra vida y nuestro ministerio. De hecho, influyen en todas y cada una de nuestras decisiones y acciones.

En general, en nosotros hay la tendencia a tener sobre todas las cosas un punto de vista "popular." Esta posición es compartida por la mayoría de los cristianos en nuestro círculo. Sin embargo, eso no garantiza que sea el punto de vista de Dios.

Pertenecer a una "iglesia" reconocida, con un edificio, un ministro "ordenado," ancianos, diáconos, y estar comprometidos con todas las actividades que se asocian con el concepto popular de ser buenos cristianos, puede ser un engaño muy sutil.

 Podemos ser engañados por esas actividades y pensar que son un comportamiento que agrada a Dios, cuando en realidad para Dios son de muy poca importancia, a menos que obedezcamos a su Hijo. En el monte de la transfiguración Dios habló audiblemente:

"Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd" (Mat. 17:5).

Cuando Dios ordenó a los discípulos "OIR" a Jesús, en realidad les mandó: "OBEDECER A JESUS." Sin obediencia al Rey Jesús siempre estaremos impedidos y obstaculizados en nuestro crecimiento espiritual.

A esto que mi hermano White ha escrito tan acertadamente, habría que ampliarlo, incorporarlo a un letrero de grandes dimensiones y colgarlo en las paredes de todos los templos evangélicos del planeta. Y si digo evangélicos es porque siempre nos hemos preciado de respetar genuinamente la Palabra, cosa que otros credos por lo menos no dicen.

Permaneceremos siempre carnales, como hombres-bebés. Ninguna cantidad de conocimiento bíblico, ni de actividades religiosas, o de buenas obras, tiene importancia en el Reino de Dios si no obedecemos al Rey.

La observancia religiosa, es decir, la práctica rutinaria de la religión, no es la prioridad de los discípulos del Rey y su Reino. Jesús y sus primeros discípulos constantemente chocaron con los líderes religiosos, por no conformarse a sus tradiciones y a los patrones aceptados del comportamiento religioso.

Cuando Jesús vino a anunciar las Buenas Nuevas del Reino de Dios, la Biblia afirma en forma clara: .…Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15diciendo:  El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio" (Mar. 1:14-15).

El evangelio del Reino consiste simplemente en que se restaure el Gobierno de Dios, de manera que quienes creemos que hemos sido llamados, dejemos que el Rey reine sobre nuestras voluntades individuales libres.

Aquí, si has sabido leerlo, hay una palabra clave. Una palabra de la que todos quienes estamos en este mismo sentir valoramos mucho y que, por contrapartida, en las iglesias tradicionales se ve devaluada por desconfianzas incomprensibles e insostenibles: libre.

En todos y cada uno de los hijos de Dios existe el llamamiento a ser como Cristo en compañerismo amoroso y en sumisión a Dios, y a convertirse en "vencedor," para participar en el Gobierno de Dios sobre la tierra.

Durante siglos satanás ha estado trabajando como ángel de luz para engañar a la Iglesia de Jesucristo. El engaño es su mayor arma, porque por medio del engaño nos mantiene en su ciudad espiritual de Babilonia, aunque seamos creyentes llenos del Espíritu que "ganamos almas" para nuestras iglesias.

¿Está claro, verdad? A eso le llamo yo nombrar a las cosas por su verdadero nombre y dejar de lado los eufemismos hipócritas con que nos hemos manejado durante años y años. ¿Es engaño y no errores involuntarios? Pues digamos engaño y se acabó Y hay más.

Babilonia representa el gobierno de satanás y es el nombre que Dios da en Apocalipsis para describir el reino de satanás sobre todo el sistema mundial, inclusive el sistema de las iglesias. El Espíritu Santo nos llama a salir de Babilonia y a entrar en la Nueva Jerusalén.

 Este es el motivo para el gran "revolcón" en el Cuerpo de Cristo y la incapacidad en millones de nosotros para continuar con la "iglesia de costumbre." Hay un gran sacudi­miento que tiene lugar una vez más a medida que Dios sacude la tierra. Y todo lo que hemos construido se quitará y se reducirá a escombros, hasta cuando lo único que permanezca sea el Reino de Dios.

Jesús enseñó que los terremotos, guerras, rumores de guerras, pestes, hambres, no son señales del fin, en cambio: …será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (Mat. 24:14).

El evangelio del Reino sólo se está comenzando a entender en la segunda mitad del siglo 20. Aún estamos a un largo camino de ver que lo que Jesús llamó "este evangelio del reino" se predique para testimonio "en todo el mundo." Casi todos los predicadores entienden muy poco de esto; por esto vemos a algunos de ellos con sus mentes sin renovar que discuten y pelean sobre su comprensión carnal del Reino de Dios.

Tal cual. Nadie podría haberlo explicado con mayor precisión. Siempre hemos dicho que lo que se estaba predicando y aún se hace en las iglesias tradicionales, no era el evangelio del Reino de Dios sino una especie de cosa moderada con la cual ya podías ingresar como miembro a una congregación.

Sin embargo, se oye "venir un estruendo por las copas de las balsame­ras"  (1 Crónicas 14:15). El Espíritu Santo está sacando de los sistemas eclesiales a millones de cristianos y en todas partes se levanta callada y misteriosamente una Iglesia gloriosa.

Cantidades innumerables de pequeños grupos de cristianos que indudablemente son guiados por el Espíritu de Dios se reúnen sin necesidad de edificios, templos, bancas, declaraciones de fe, ministros profesionales, coros, compañías de danza, servicios fijos, equipos de sonido, ni comités de todas las cosas que son tan necesarias para perpetuar las iglesias en Babilonia. En lugar de las prácticas de la "religión cristiana," una vez más el Señor nos enseña a entender EL CAMINO DE ESTA VIDA.

La Iglesia del Reino, la Iglesia que Jesús construye, es UNA IGLESIA, UNA CON EL SEÑOR Y ÚNICA EN CADA UNO. No guarda ninguna semejanza ni tiene ningún parecido con las iglesias, estructuras y organizacio­nes que los seres humanos hemos construido en todos los siglos pasados.

La Iglesia del Reino es la Iglesia de los Vencedores.

Generalmente fracasamos en ser vencedores porque de manera muy sutil nos han engañado al hacernos pensar que la base para pertenecer a una iglesia se encuentra en estar de acuerdo sobre las doctrinas. Esta es justamente una de las más exitosas mentiras de satanás. Debemos detener su perpetuación si la rehusamos y decidimos no volverla a aceptar más.

La Iglesia de Jesucristo existe porque es una familia con un mismo Padre. Existe de la misma manera que lo hace una familia natural, no porque todos sus miembros estén de acuerdo entre sí, sino porque tienen un mismo padre. El único criterio para ser miembro de la Iglesia de Jesucristo es ser uno de los hijos de Dios. Si Dios es nuestro Padre, entonces somos miembros de su Iglesia.

Todos estamos de acuerdo en que Jesucristo es Señor y creemos en Él, pero creer EN Él no es suficiente. DEBEMOS CREERLE A ÉL.  Debemos creer TODO CUANTO DIJO Y OBEDECERLE A ÉL.

Antes que podamos entrar a la Nueva Jerusalén debemos regresar a esa simplicidad infantil que afirma: "SI JESUS LO DIJO, ENTONCES NO HAY DISCUSION Y PUNTO." Sólo entonces podremos ser libres de las redes de las diversas doctrinas y tradiciones que nos mantienen en Babilonia y comenzar nuestro viaje a la Ciudad cuyo arquitecto, constructor y hacedor es Dios.

La Iglesia primitiva estaba formada por personas a quienes se había enseñado LA PALABRA DE CRISTO, es decir, todo cuanto Jesús dijo a sus discípulos que enseñaran. Debemos enfrentar la realidad que Jesús nunca ha cambiado sus instrucciones.

La vía que tenemos por delante es arrepentirnos de nuestros antiguos conceptos, doctrinas, tradiciones, y prácticas, si son contrarios a las palabras del Rey y, de una vez por todas, DAR A JESUCRISTO EL PRIMER LUGAR EN TODO.

Es tan simple y parece tan complicado. Así es esto. Falta todavía todo el libro en sí, pero lo dicho hasta aquí por Peter White encierra un argumento tan contundente que, solamente con ceguera espiritual no se podrá verlo en toda su magnitud.

Capítulo Uno

BABILONIA LA GRANDE

"3Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.

 4Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio:  Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra.  Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.

7Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos" (Apocalipsis 17:3-7).

Para quienes oímos el llamado del Espíritu a "salir de Babilonia," es esencial entender algunas verdades básicas sobre ella, de manera que podamos ver a través de los engaños de satanás.

El Apocalipsis pinta a Babilonia la Grande como una mujer vestida de púrpura y escarlata, adornada con oro y piedras preciosas y perlas. Ella es la falsificación satánica de la desposada del Cordero, la Esposa de Cristo, que es la ciudad de oro puro, la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:18).

Notemos que esa falsa mujer está adornada con oro, para cubrir la impureza debajo de la superficie, de manera que mientras se ve hermosa y genuina por fuera, no es la Ciudad Esposa de Dios, que es de oro puro por todas partes.

Al leer de esta ramera, frecuentemente fracasamos en darnos cuenta que su apariencia es tan parecida a la de la verdadera desposada, que nos engaña y nos seduce.

Claro que no es obviamente repugnante, sino por el contrario muy atractiva y con aspecto de suma inocencia. Tal como la Nueva Jerusalén, se adorna con perlas y piedras preciosas, y a nuestras mentes carnales nos parece ser demasiado sincera como para que sea falsa.

 Esta es la razón para que mantenga en cautiverio a la vasta mayoría de los hijos de Dios. Fallamos en ver que las personas no son las falsas; lo falso está en el sistema, es decir, en la Ciudad Ramera, y en la mente sutil de satanás que todo lo controla.

La mujer está sentada sobre una bestia escarlata, llena de nombres de blasfemia que tiene siete cabezas y diez cuernos. La Biblia nos dice en Apocalipsis 17:9 que las siete cabezas son siete montes.

 Muchos cristianos interpretan estas palabras para identificar las siete colinas de Roma; pero esto no es correcto. Cuando se escribió el Apocalipsis, la Iglesia Católica Romana ni siquiera existía, pero desde el primer siglo el Misterio de Babilonia ha estado en la obra de engañar a los creyentes.

Las colinas no son montes. Los montes simbolizan reinos o gobiernos. El versículo nueve se debe leer en el contexto del versículo diez, donde se nos dice que los siete montes son siete reyes. Así podremos entender que las cabezas representan siete reinos o sistemas de gobierno.

Es cierto que la iglesia de Roma constituye una parte muy grande del Misterio de Babilonia, pero lo mismo pasa con la iglesia Protestante y con la iglesia Ortodoxa.  Esta gran ciudad, Babilonia la Grande, gobierna sobre todas las ramas del sistema eclesiástico en todo el mundo.

LA BESTIA ESCARLATA, SATANÁS, EL DRAGON ROJO, CONTROLA TODO EL SISTEMA MUNDIAL DE LOS GOBIERNOS Y DE LAS SOCIEDADES, INCLUSIVE EL SISTEMA RELIGIOSO.

Hay muy poco que agregar a esto, está muy claro. Sólo recordarte que cuando en la Biblia se habla del Fin, no se habla del Fin del Mundo, sino del Fin del Cosmos, que en realidad debemos traducir como Sistema. Mucho más claro aún, ¿Verdad?

Los diez cuernos son también diez reyes, dirigentes de gobierno, y su poder y autoridad sobre los hombres los emplea satanás quien los manipula y los usa, a medida que su sistema mundial abraza a todos y a cada uno de ellos, excepto a los que no aman el mundo.

Sin embargo, a pesar de eso, los diez gobiernos aborrecen a la ramera, las estructuras visibles del "iglesismo," y la dejarán desolada y desnuda y la destruirán. Pero es Dios quien ha puesto en sus corazones hacerlo así, pues simplemente ejecutan los propósitos del Señor (Apocalipsis 17:17).

Esta ciudad mujer reina sobre los Reyes de la tierra, que son los hijos de Dios, y los mantiene cautivos por sus engaños. Controla toda denominación, toda organización eclesiástica que funcione de acuerdo con los patrones del mundo.

El método que Babilonia usa para engañar y controlar secretamente a los creyentes en Cristo, tiene sus raíces en el orden mundial, los sistemas, estructuras, organizaciones y tradiciones de la sociedad humana. El apóstol escribió:

"15No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Juan 2:15-16).

"Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno" (1 Juan 5:19).

En estos versículos el término griego para "mundo" es "kosmos" (kosmoz) que se refiere a orden, arreglo, disposición. Esta palabra comprende todo cuanto los hombres han desarrollado para la conducción de sus sociedades, incluyendo aquí todo sistema de gobierno, educación, religión, leyes, economía, defensa, finanzas, negocios y diversiones o entretenimientos.

Es decir, todos los elementos de la sociedad están bajo el poder y el control de satanás. Al usar las normas de la sociedad para controlar nuestros conceptos, satanás sutilmente seduce a los hijos de Dios y les hace creer que los patrones del mundo han de ser las normas para la iglesia.

Aquí encuentras la respuesta a tus dudas en cuanto al por que la “iglesia”, en casi todas sus expresiones, no puede resistirse a la tentación de imitar a los métodos del mundo. No es casual, lo hace porque su comando real es el mismo que conduce a las cosas seculares.

El espíritu del mundo se manifiesta con toda su fealdad en las iglesias que se glorían en el tamaño de sus edificios, el número de sus miembros, sus riquezas y sus programas. Se puede ver en los servicios o cultos orientados hacia el hombre, en la predicación dirigida a impresionar o a entretener a la audiencia, en la música y cantos y en las presentaciones estelares, en la situaciones de tipo teatral que no son otra cosa sino el negocio del espectáculo arropado en envolturas cristianas.

Satanás nos mantiene cautivos en Babilonia al haber establecido en nuestras mentes la falsa idea que los patrones mundanos son aceptables y buenos para las iglesias.

La Biblia nos dice que hay tres áreas principales donde los hombres somos vulnerables.

1. Los deseos de la carne.

2. Los deseos de los ojos.

3. La vanagloria de la vida.

Estas áreas son instintivas, congénitas, en todos nosotros, en el plano natural, pero después de nacer de nuevo por el Espíritu de Dios recibimos poder para vencerlas. Sin embargo, sólo si usamos nuestra libre voluntad para obedecer al Espíritu Santo, podemos vencer esos deseos mundanos y rehusarnos a seguir en la aceptación de los patrones del mundo.

Uno de los objetivos principales de satanás es impedir que seamos guiados por el Espíritu Santo; cuando tiene éxito en este aspecto, hace que vivamos, nos comportemos y pensemos como el mundo.

Entre paréntesis: ¿Cuánto se parece a lo que aquí has leído lo que has visto hasta hoy en tu entorno religioso, cualquiera sea este y se radique en donde se radique? Es notable la facilidad de comprensión que hay cuando estás fuera, que contrasta con la enorme ceguera cuando estás dentro.

La Escritura nos exhorta a tener una renovación tal en nuestras mentes hasta cuando podamos pensar con la plenitud de la mente de Cristo (Romanos 12:2; Efesios 4:23). Solamente entonces podremos ver a nuestra sociedad y a nuestros sistemas religiosos con los ojos de nuestro Dios y Señor.

¡Esa era la renovación que Dios pedía en los años 90! ¿Y nosotros que hicimos mayoritariamente? ¡Renovamos los bancos, pintamos las paredes de los templos con colores más vivos, cambiamos viejos órganos por modernos teclados y sumamos percusión a la alabanza!

Para entender y escapar de Babilonia, debemos primero ver que los sistemas y estructuras de la religión tienen sus orígenes en la mente de satanás y que son tan parte del "kosmos"  como toda otra faceta de la sociedad humana.

Consideremos cómo Satanás divide la humanidad con diferentes religiones e inclusive hace que los hombres peleen entre sí por sus creencias religiosas. No sólo provoca los conflictos entre religiones distintas como islamismo, hinduismo, catolicismo, judaísmo y otras, sino que dentro de cada religión divide a sus miembros. En toda religión hay sectas que combaten con otros seguidores y reina así la confusión; en consecuencia, Babilonia resulta triunfante.

En los primeros tres capítulos del Apocalipsis, el Señor dice, repetidamen­te: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias."  También afirma que sólo los vencedores  podrán entrar a la Nueva Jerusalén.

¿Esto vendría a cambiar radicalmente nuestros viejos y clásicos conceptos sobre la salvación y todo lo demás? No lo sé, no creo tener la suficiente luz y revelación, más autoridad delegada como para aseverar una cosa u otra. Pero si fuera tú, me pondría a escudriñar y a orar al respecto.

Es responsabilidad individual de cada uno de nosotros vencer al mundo, y oír el llamado del Espíritu Santo y de la Esposa para salir de Babilonia. Podemos estar seguros que este llamado se hace a creyentes en Cristo, llenos del Espíritu, que pertenecen a diversas iglesias, pues el Apocalip­sis sólo se nos dirige a nosotros, no a quienes están por fuera del Cuerpo de Cristo.

Quienes no salgan de la ciudad ramera participan en sus pecados y reciben de sus plagas, cuando Dios use a los diez reyes para destruirla. La iglesia visible, organizada en sus estructuras, que controla a los santos con métodos mundanos, va a ser derribada y perseguida por los líderes y gobiernos del anticristo.

¿No hemos visto a uno de esos reyes que obra en China en el siglo XX? Ahora, después de la destrucción de las iglesias rameras y de la matanza de muchos santos en las décadas pasadas, vemos a un "nuevo rey" o gobierno que acepta y hasta recomienda a los creyentes que vivan fuera de Babilonia.

También vemos a muchos cristianos chinos que no quieren regresar a los edificios y organizaciones llamadas "iglesias," a las que su gobierno ya no desdeña más. Después de experimentar la VIDA en el Espíritu, fuera de Babilonia, no están interesados en volver a ella.

Hay sitios en donde era tanta la persecución y las denuncias que, cuando terminaban de reunirse, no se ponían de acuerdo cuando y donde sería la próxima, ya que indefectiblemente la policía siempre se enteraba. Dejaban que el Espíritu Santo lo dispusiera, ordenara y comunicara a cada uno. De más está decirte que el día de reunión estaban todos en el mismo lugar, a la misma hora y con el mismo aviso misterioso recibido.

Apocalipsis 18 describe el juicio que viene sobre Babilonia la Grande, esa monstruosa ciudad espiritual que falsifica a la verdadera Esposa de Cristo y que engaña y mantiene cautiva a toda la familia de Dios. Hace que los mercaderes de la tierra se enriquezcan de la potencia de sus deleites (v. 3).

 Hace que nosotros, los reyes de la tierra, los hijos reales de Dios, vivamos con ella en adulterio, en lugar de vivir con nuestro Esposo, Cristo. Casi todos nosotros estamos tan engañados que en verdad lloraremos y lamentaremos sobre ella y por su causa, cuando la veamos destruida (v. 9). Pero el Señor nos exhorta a alegrarnos de su destrucción (v. 20).

En muchas iglesias la comodidad y la prosperidad de los miembros son de capital importancia. Edificios lujosos con aire acondicionado, donde se instalan asientos de terciopelo y sistemas de sonido de alta tecnología, perpetúan el sistema de la Ramera. Los versículos 12 y 13 describen la riqueza material con la que tratan, así como el manejo de los cuerpos y las almas de los hombres. Por esto se nos advierte desde los cielos:

"4Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; 5porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades" (Apocalipsis 18:4-5).

Como resultado del juicio de Dios, Babilonia la Grande será derribada con violencia (v. 21), y en ella no se oirán más las voces de esposo y esposa (v. 23).

Lo más triste de todo es el hecho que en la destruida ciudad ramera se encuentra "la sangre de los profetas y de los santos" (v.24), que son los creyentes verdaderos que nunca entendieron la falsificación. Posiblemente una inmensa mayoría de hijos de Dios ha muerto, y quizás ha de morir aún, sin entender jamás el mayor engaño que satanás ha usado para vencer a los santos.

Necesitamos tener conciencia de cuán atractiva y seductora para nuestras mentes es la iglesia ramera. De manera obvia en su apariencia no es repulsiva ni errada, porque es una muy buena falsificación de la Esposa.

Es una imitación tan bien hecha que engaña a la mayoría. Mantiene a los preciosos hijos de Dios en su poder y sólo por la misericordia de Dios, el Señor abre nuestros ojos espirituales para que veamos a través del engaño.

Esto es importante enfatizarlo, repetirlo y clarificarlo una y otra vez aunque más no sea hasta el cansancio. Nadie descubrirá a Babilonia por su inteligencia, su formación profesional o su doctorado en teología. Si no viene una luz divina producto de la misericordia de Dios para con tu fidelidad y obediencia, ni tú, ni yo ni el autor de este trabajo lo hubiéramos podido ver.

También es indispensable comprender que Dios en sus propósitos soberanos ha permitido que la bestia domine a la Iglesia por muchísimos centenares de años, pero ese período ya toca a su fin con la predicación del Evangelio del Reino de Dios. Esto se profetizó por primera vez cuando los judíos estaban cautivos en Babilonia:

"21Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, 22hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino" (Dan. 7:21-22).

Vivimos ahora en el tiempo cuando muy lentamente la Iglesia despierta al hecho que el plan de Dios para nosotros consiste en que gobernemos y reinemos en vida. Vamos a estar bajo el gobierno de Dios y luego seremos parte de ese gobierno, cuando hayamos aprendido a ser vencedores. 

De ahí la razón para que hoy el Espíritu nos llame fuera de los tipos tradicionales de iglesias, en tan grandes cantidades. Jesús desarrolla a quienes tienen oído para oír, de manera que gran número de nosotros pongamos activamente a los enemigos del Señor bajo sus pies, como preparación para su regreso. Los vencedores han de ser parte de la Esposa que se alista.

Durante muchísimos años la Iglesia ha consistido de creyentes débiles y sobre todo inmaduros, mientras muy pocos han caminado como vencedores. Bajo las cadenas de los enormes engaños de Babilonia la Grande, simplemen­te evangelizamos a muchas personas que se han añadido a nuestras cifras, dentro de la ciudad ramera. Como los judíos en su cautividad babilónica, somos hijos queridos de Dios que reproducen su nación y aumentan su cantidad, pero que se mantienen atados en su esclavitud.

Lo más triste de todo esto que es estrictamente cierto y real donde quiera que lo busques, es que toda esa debilidad e inmadurez no sólo no ha sido exhortada por los líderes de turno, sino que incluso ha sido incentivada, ya que de ese modo se favorecían en lo personal y ministerial.

Para confirmar la profecía de Daniel, Dios nos hace saber de nuevo en el Apocalipsis que Él permite al enemigo vencer a sus santos con el resto de la humanidad sobre la tierra. Tal es el tremendo resultado de nuestra sumisión al sistema del mundo y la consecuencia de nuestro fracaso para derrotarlo.

La bestia de Apocalipsis 13 es la misma sobre la cual se sienta la ramera de Apocalipsis 17. El sistema mundial de Satanás es la bestia que blasfema contra Dios y contra el Cuerpo de Cristo y HACE GUERRA CONTRA LOS SANTOS Y LOS VENCE.

"7Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos.  También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación [la bestia opera todos los sistemas mundiales de gobierno]. 8Y la adoraron TODOS los moradores de la tierra CUYOS NOMBRES NO ESTABAN ESCRITOS EN EL LIBRO DE LA VIDA DEL CORDERO que fue inmolado desde el principio del mundo. 9Si alguno tiene oído, oiga" (Apocalipsis 13:7-9).

El "todos los moradores de la tierra"  se refiere solamente a aquellos "cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida"  y no incluye a los creyentes en Jesucristo.

La "adoración" a la bestia implica el amor que algunas personas tienen al "kosmos" más que a Dios. Necesitamos examinar con todo cuidado los objetos de nuestro amor, de manera de no engañarnos al pensar que podemos amar las cosas del mundo sin que al mismo tiempo adoremos a Satanás involuntariamente. El amor al dinero, al poder, el orgullo de las posiciones, el materialismo y los placeres sensuales, son abominaciones a los ojos del Señor.

Revisa lo que está viviendo tu iglesia, hoy. Por mejor que sea o parezca, por consagrado y santo que parezca tu pastor. Si hay amor por el dinero más que administración correcta, lucha por posiciones y pecados relacionados con la sensualidad, mucho me temo que estás en babilonia aunque tú creas que es la Nueva Jerusalén. Engaño.

Cuando comenzamos a contar el número de los que nos sostienen o nos pertenecen, y anunciamos a cuántos hemos salvado, liberado o sanado o cuántos asisten a nuestros servicios, campañas o reuniones evangelísticas entonces, sin duda, manifestamos el orgullo y "la vanagloria de la vida."

¿Cómo decide una congregación traer a un determinado evangelista itinerante para ministrar y predicar en sus campañas? Tomando conocimiento en primer término de los números que acompañan el ministerio de ese hombre. ¿Unción? No interesa, no es visible.

Cuando construimos el edificio para una "iglesia" y organizamos su membresía, simplemente levantamos otra torre de Babel. Cuando nos vestimos muy bien para asistir a las reuniones o adornamos el edificio de la iglesia y lo llenamos con comodidades de criaturas para nuestros "miembros," entonces le damos gusto a "los deseos de los ojos y a los deseos de la carne."

EL REINO DE DIOS NO VIENE CON SEÑALES QUE SE PUEDAN OBSERVAR.  SOLAMENTE SE PUEDE VER A BABILONIA.

El Reino de Dios es invisible a los ojos de la carne, pero los ojos del Espíritu lo ven y lo entienden, pues es el reinado de Dios en el corazón de los creyentes. El comportamiento religioso se puede ver, pero solamente el Espíritu sabe si en realidad Dios gobierna en un corazón.

Ejemplo: ¿Permitirías predicar en tu iglesia a alguien que fuma? ¿No, verdad? Es de mal testimonio, queda feo y además es un pecado en contra de su propio cuerpo. Correcto. ¿Y a alguien que esté en un adulterio que nadie conoce? Y… claro…si no se sabe. Basta. Juzgas por lo que ves y no por lo que el Espíritu te muestra.

Babilonia la Grande es, sin embargo, mucho más falsa e insidiosa que nuestras organizaciones, denominaciones, iglesias y estructuras visibles. Su nombre está escrito en nuestras frentes, pues ha penetrado en nuestras ideas y ha corrompido nuestro pensamiento.

 La tradición nos "ha lavado el cerebro" de tal manera, que no podemos imaginarnos cómo vivir la vida cristiana sin ella. Aunque hayamos dejado una de sus torres visibles, nos uniremos a otra o, todavía peor, comenzaremos a construir una nueva.

Sólo cuando renovemos nuestras mentes y hayamos ejercitado nuestras libres voluntades (libre albedrío), para borrar el nombre de Babilonia de nuestras frentes, podremos escapar de la ciudad ramera.

En este proceso un paso esencial es comenzar a cuestionar las tradiciones y prácticas que aceptamos y hemos seguido ciegamente desde el pasado, e investigar y aprender de sus orígenes. También necesitamos considerar toda palabra dicha por el Rey Jesús y comparar sus instrucciones y enseñanzas con lo que hemos aprendido de nuestros maestros espirituales y de nuestros líderes religiosos.

Cuando nuestros corazones y nuestras mentes estén puestos en obedecer la Palabra de Dios, debemos aprender que el único cimiento firme sobre el cual se puede construir es Jesucristo, y que toda palabra que salió de sus labios y está registrada en las Escrituras, es la Palabra de Dios, de importancia capital para que la debamos oír y, sobre todo, obedecer.

Tal cual lo dice el autor aquí, así es. Ahora bien; ya lo sabes: cuando comiences a poner en práctica todo esto que aquí se te sugiere, el mismísimo “infierno santo” se levantará en tu contra. ¿Estarás dispuesto o dispuesta a pagar el precio de tu reputación arruinada y todo lo que eso conlleva dentro del tejido social de lo que hasta ayer fue “tu iglesia”?

Capítulo Dos

ORGANIZACIÓN Y ESTRUCTURA

Sin estructura ninguna organización puede existir o ni siquiera funcionar. Casi todas nuestras iglesias, en una forma o en otra, son organizaciones religiosas y deben tener estructuras para mantener y perpetuar sus existen­cias; no obstante, Jesús nunca comenzó ninguna organización religiosa.

Entonces, ¿cómo reconciliamos nuestros conceptos de iglesia hoy con el ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo y sus apóstoles?

Como nuestro Rey es el primogénito de muchos hermanos, el primer Apóstol, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Pastor y nuestro único Señor y Maestro, entonces, ¿por qué su ejemplo no se sigue hoy?

Jesús nunca se hizo llamar Reverendo, ni se vistió con ropas especiales para hacer saber a todos que era un siervo de Dios, ni construyó un edificio donde dirigir sus servicios, ni sugirió que sus discípulos diezmaran para El, ni jamás tomó una ofrenda en sus reuniones.

Antes de su ministerio público trabajaba como carpintero para sostener a su madre y a sus hermanos y hermanas menores, después de la muerte de José, su padre. Tampoco estudió bajo los rabinos en Jerusalén, cuyas escuelas eran en su época el equivalente de los seminarios o institutos bíblicos actuales. Desde la edad de doce años, hasta cuando tenía cerca de treinta, vivió y trabajó en una pequeña aldea, pero TENIA COMPAÑERISMO CON DIOS EL PADRE.

Estoy tan en desacuerdo como Peter respecto al aprovechamiento ambicioso por parte de muchos supuestos siervos respecto a los diezmos y ofrendas de su congregación, pero respecto a Jesús hay algo que no quedó del todo claro.

Es bien cierto que Él jamás salió a pedir ofrendas a nadie y que tampoco se pasaban canastos o bolsas en lo que eran sus reuniones, pero el grupo que lo acompañaba y Él mismo contaban con dinero que no se aclara de donde provenía, aunque no sería raro que fuera de alguna de la gente que los escuchaba o se beneficiaba con sanidades o liberaciones.

¿Por qué tengo certeza de esto? Porque dice la Escritura que Judas Iscariote, el que luego sería traidor, era el “encargado de la bolsa”, en referencia a una bolsa con dinero. Esto significa que Judas era el tesorero de ese grupo.

Eso ya nos dice que ellos poseían dinero que de alguna parte les había llegado. Pero no es todo. También añade que Judas robaba de esa bolsa sin que ellos lo advirtieran, lo cual nos hace entender que la cantidad que había en esa bolsa no era pequeña, ya que nadie roba una moneda, si sólo hay dos, sin que nadie lo advierta.

Durante dieciocho años fue un miembro honorable, industrioso y dedicado de su comunidad, donde creció "…en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres" (Luc. 2:52). Cuando finalmente comenzó a enseñar:

"Se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?" (Jn. 7:15).

No es sorprendente que los judíos se maravillaran porque aquí tenemos a Uno que sin haber pasado por sus métodos religiosos de instrucción, vino a convertirse en su maestro. Es obvio que Dios no necesita preparar a sus siervos por medio de los sistemas religiosos del mundo, a fin de producir un Apóstol, Profeta, Sacerdote y Rey.

Si consultamos al Espíritu Santo y obedecemos las enseñanzas de Jesús, descubriremos que tener un compañerismo íntimo con Dios es el mejor modo para convertirnos en discípulos del Rey y su Reino.

 Infortunadamente el mundo ha influido a la Iglesia hasta tal punto que sólo nos sentimos seguros cuando pertenecemos a alguna organización o estructura visible y, sobre todo, cuando hay una cadena de mando claramente definida.

 Antes que podamos ser liberados de la falsa creencia que para seguir a Cristo uno debe ser miembro de determinada organización religiosa, estricto en sus pagos, debemos entender los orígenes y propósitos de las organizacio­nes y de las estructuras.

Como Jesús creó todas las cosas, también creó las organizaciones y las estructuras. Se debe decir que las hizo muchísimo antes de crear al hombre, y que las diseñó para las huestes celestiales. Antes que los seres humanos existieran, los principados, las dominaciones, los tronos, las potestades, los gobernadores y todas las demás autoridades existían ya en los lugares celestiales. Para todos ellos Dios creó el sistema de "cadena de órdenes."

Los ángeles se dividían en tres grandes grupos, cada uno dirigido por un arcángel. Tan grande era la autoridad de estos tres seres sobre sus huestes, que cuando se rebeló uno de ellos, Lucifer (= Lucero o Satanás), y fue expulsado de la Presencia de Dios, todos los ángeles que se encontraban bajo su mando, se fueron con él. Llegaron a la tierra y, desde el plano espiritual invisible, corrompen, influyen y procuran destruir al hombre, que es la más preciada obra de las criaturas hechas por Dios.

Los hombres y las mujeres fueron creados por Dios a su imagen y en su semejanza. Somos creados para ser como  Dios, con libertad total de elección, creados para gobernar y no para ser dirigidos por satanás y los espíritus del mal, o por cualesquiera otras cosas que viven y se mueven sobre la tierra.

"Y los bendijo Dios [al hombre y a la mujer], y les dijo: Fructifi­cad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Gén. 1:28).

Cuando Eva y Adán cayeron, rechazaron el Reino de Dios (el Gobierno de Dios) y abrieron el camino para que satanás introdujera su gobierno. Que sólo opera por una estructura y organización de tipo piramidal, con órdenes que van de arriba hacia abajo.

La primera mención de un reino en la Biblia se refiere al establecido por Nimrod cuando fundó la ciudad de Babel (= Babilonia), según Génesis 10:8-10. Este fue el comienzo de los reinos de este mundo. Y luego, muy gradualmente, satanás introdujo su sistema babilónico de gobierno hasta tener a todo el mundo bajo la organización de sus estructuras sistematizadas.

Por medio de toda la historia del Antiguo Testamento vemos justamente cómo Dios desea un pueblo para El. Un pueblo que en forma por completo voluntaria se someta a su muy distinto tipo de gobierno, que funciona tan sólo con base en una relación de amor. 

Es un amor que se origina en la Santísima Trinidad, fluye de modo incesante entre sus miembros, de ellos pasa a nosotros y regresa a Dios, de quien sale  a los espíritus de aquellos que han descubierto el gozo de servir a los demás y así glorificar a nuestro Creador.

Las estructuras de tipo autoritario, hasta las más sutiles que se puedan diseñar, son como dictaduras y tienen sus orígenes en el reino de satanás y se oponen al Reino de Dios.

No es ninguna novedad esto, tanto para nosotros como para nuestros lectores. Sin embargo, es bueno que alguien extraño a este ministerio lo diga, ya que de otro modo siempre cabe la posibilidad de algún resentimiento personal, enojo o rencor carnal. Palabra más confirmada que nunca.

Cuán triste debe estar nuestro Padre celestial al ver a sus hijos en las redes del sistema babilónico de gobierno y a los líderes que usan versículos de las Escrituras para promover sus conceptos mundanos de autoridad y sumisión.

 Como a las religiones organizadas las controlan leyes similares a las de los gobiernos en el mundo, producen estatutos y declaraciones de fe, temas sobre los cuales todos deben estar de acuerdo y obedecer, si quieren calificar para que los consideren como posibles miembros.

Muchos cristianos bien intencionados, sin darse cuenta que viven en Babilonia, abordan a otros con preguntas como: "¿A qué iglesia perteneces?" o "¿A quién te sometes? ¿Quién es tu líder?"

Sus conceptos son tan mundanos que cuando cualquier otro miembro deja de inclinarse ante una jerarquía o no está de acuerdo con determinadas creen­cias o prácticas, inmediatamente lo aíslan o, mucho peor, con suma frecuen­cia lo rechazan.

 Los resultados de este comportamiento son: "miembros perdidos," divisiones, rupturas, brechas y grandes penas. Además por todas partes hay confusión, Babilonia reina, y el Reino de Dios se divide contra sí mismo.

Cuando Jesús llegó con su evangelio del Reino de Dios, vino a dar libertad a los cautivos del gobierno babilónico que había envuelto al pueblo de Dios y que había inundado e imbuido todo su sistema religioso.

En los primeros años la Iglesia era la familia de Dios, una comunidad redimida dentro de toda otra comunidad, sin estructuras, ni edificios especiales, ni oficinas centrales, ni estatutos, ni declaraciones de fe, ni jerarquías, ni juntas directivas, ni juntas misioneras, ni fondos para edificios, ni papas, ni arzobispos, ni sacerdotes, ni monjas, ni cuerpos gobernantes, ni presbiterios, ni reuniones de damas, ni ancianos, ni consistorios, ni escuelas dominicales, ni concilios, ni organizaciones paraeclesiásticas y sin todo aquello que se asocia hoy con el "cristianismo apropiado."

Todas esas cosas parecen muy importantes a las mentes naturales de los hombres, pero son por completo irrelevantes en el Reino de Dios. Jesús es más que capaz de construir su Iglesia sin ellas que, de hecho, sólo son un obstáculo para El.

En la Iglesia primitiva todos experimentaban la verdadera vida de iglesia.  A ninguno de los jóvenes se le enviaba a una escuela especial para aprender sobre Dios y su Palabra. Su escuela era la comunidad donde estaban –la familia de Dios– todos los creyentes en una localidad.

Los apóstoles venían y vivían en ese lugar, y allí trabajaban para sostenerse por meses y hasta por años. Los apóstoles formaban a Cristo entre los discípulos al vivir con ellos, al demostrarlo a Él y al enseñarles a hacer todo cuanto Jesús les había ordenado.

 Luego se iban y dejaban la iglesia local para seguir sus propios caminos bajo la guía del Espíritu Santo. Ni siquiera tenían biblias para enseñar. Tampoco nunca se envió a ningún pastor desde una Oficina Central para dirigir y enseñar a la nueva iglesia.

Lentamente, a veces con muchos sufrimientos, por varios años, se formaban las vidas y dentro de esas comunidades, DIOS comenzaba a levantar apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. El Espíritu Santo decidía los asuntos. Nunca hubo "ceremonias de grado" para producir "ministros del Evangelio," que pasarían a ser "Reverendos o Pastores," al aprobar los exámenes.

Las gentes, esas personas ordinarias a quienes las Escrituras llaman la Iglesia, comenzaron a reconocer los ministerios que funcionaban en su interior y decían: "Dios nos ha dado un pastor, un profeta o una profetisa." Estas palabras no son títulos, sino que con toda sencillez describen determina­das funciones de ciertos creyentes a quienes sólo Jesús puede dotar y capacitar.

Esto coincide con lo que se expresa de la palabra original que se traduce como pastor, que es poiman o poimano, y que da a entender que más que un título, como luego lo hemos tomado, en realidad se trata de una función. Por lo cual, no existiría tal cosa como un pastor sin congregación ni iglesia.

El pastor o el profeta, o cualquier otro don del Cristo resucitado no se convertía en "parte del clero," sino simplemente funcionaba como parte del cuerpo, ni mejor ni más importante que la joven creyente que lavaba los pisos. ALLÍ NO SE OLVIDABAN LAS PALABRAS DE CRISTO:

"26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mt. 20:26-28).

A todos los creyentes de un pueblo determinado se les conocía colectiva­mente como la iglesia. Sólo se agregaba el nombre del pueblo para identificar a los creyentes según la localidad; así tenemos la iglesia de Corinto, Roma, o Jerusalén. Desde el punto de vista individual se les conocía como discípulos, no como miembros de tal iglesia.

 Después de muchos años satanás introdujo el falso concepto que al edificio donde nos congregamos se le llame "iglesia." La iglesia se podía reunir, pero no "iban a la iglesia" y los discípulos quedarían asombrados si alguien les preguntara a qué iglesia pertenecían.

Jamás lo vi de este modo. Es impresionante pero estrictamente cierto y real. Y es más: si cuando te preguntan a que iglesia perteneces, respondes que a la de Jesucristo, te vuelven a mirar con una mezcla de ferocidad y burla, ya que ellos esperaban que les dijeras “a la del pastor Fulano”…

Sólo después de muchos años de experimentar la verdadera vida de iglesia, el Espíritu Santo haría salir de esas iglesias locales a los profetas, los apóstoles, los evangelistas, luego de ser ungidos por Dios, pero sin ser nombrados por los hombres. Iban sin biblias, ni sermones preparados, ni notas, pues el Espíritu Santo les dirigía. En lugar de dar conferencias, impartían VIDA.

Por si no has terminado de entender lo que Peter quiere decir cuando expresa que los antiguos no llevaban biblias, te aclaro que no es que desacredita el usarlas hoy, sino que ellos tenían la Palabra de Dios en sus corazones y no la necesitaban. Hoy, lo que mayoritariamente hay en esos corazones es doctrina denominacional, así será bueno que la usen, pero para escudriñarla, no como símbolo representativo del credo evangélico.

Cuando llegaban a cualquier pueblo donde hubiera otros creyentes, se les recibía de manera inmediata como parte de la Iglesia, porque no había diferencias, a no ser en el nombre de las distintas localidades. Se amaban y se servían entre sí, porque esa era la orden básica y más importante del Rey.

No había necesidad o lugar para las organizaciones o estructuras de las iglesias modernas, porque la relación entre una gran familia, unida por un mismo Espíritu, era todo cuanto importaba.

Los problemas, muy semejantes a los que se observan en el día de hoy, comenzaron a surgir cuando algunos judíos, cuya formación había tenido lugar en la manera acostumbrada y que se habían levantado en el sistema religioso israelita tradicional, procuraron imponer la circuncisión como un requisito indispensable para ser salvos (Hechos 15).

Los mayores opositores a la Palabra de Dios predicada por Pablo resultaban de quienes estaban en los sistemas religiosos  de la época, tanto en el judaísmo como entre los gentiles. Un ejemplo de esto se halla en el relato de los disturbios de Efeso que aparece en Hechos 19.

Gran número de escribas y fariseos creyeron en Cristo, pero como sus conceptos mundanos de las estructuras religiosas les seguían, satanás pudo introducir el espíritu de Babilonia a la Iglesia. Las estructuras, las organiza­ciones y la forma piramidal de control no pueden funcionar sin reglas y requisitos. Las tradiciones y las leyes fueron las mejores armas de satanás para confundir y atrapar las mentes no renovadas de muchos discípulos inmaduros, como lo demuestra la Carta a los Gálatas.

La vida en el Espíritu, que es la vida cristiana normal, es imposible si permitimos que las leyes y las reglas y las tradiciones de las estructuras religiosas nos encadenen y contengan. De ahí la advertencia del apóstol Pablo:

"2Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuer­po. 3Porque nosotros somos la circuncisión, LOS QUE EN ESPÍRITU SERVIMOS A DIOS y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne" (Fil. 3:2-3).

¿Comprendes, ahora, con todo lo que has leído, incluyendo este magnífico trabajo de Peter White, cual es la causa por la cual en las iglesias que conocemos no existe vida espiritual alguna y todo se sintetiza y se limita a actividades sobre una plataforma incentivada por modernos maestros de ceremonias que actúan como verdaderos “porristas” cristianos?

Cuando Jesús habló con la mujer samaritana que había tenido cinco maridos, le dijo con toda sencillez que Dios no necesitaba los lugares de adoración hechos por el hombre, incluyendo el templo de Salomón. Afirmó que Él sólo quiere adoración "en espíritu y en verdad," y este tipo de adoración puede tener lugar dondequiera que se encuentre la gente unida al Espíritu de Dios.

 Dios no necesita catedrales ni otros "lugares santos" para que su pueblo se reúna con Él. En contra del templo en el Antiguo Testamen­to, Jesús en el Nuevo Testamento, convirtió en templos de Dios los cuerpos de los creyentes.

"21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23Mas la hora viene, Y AHORA ES CUANDO LOS VERDADEROS ADORADORES ADORARAN AL PADRE EN ESPÍRITU Y EN VERDAD; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24Dios es ESPÍRITU; y los que le adoran, EN ESPÍRITU Y EN VERDAD es necesario que adoren" (Jn. 4:21-24).

Los edificios de las iglesias, los templos, los santuarios y los demás "lugares santos" han tomado tal dominio sobre nuestras mentes, que no podemos imaginarnos cómo reunirnos sin ellos. Se han convertido en el centro de nuestra vida cristiana y sutilmente han reemplazado a nuestros hogares como los más importantes sitios de reunión.

Mientras podemos adorar cuando nos congregamos en grandes números, el compañerismo sólo se experimenta con base en la intimidad y es imposible en una gran multitud. No se puede tener compañerismo con la espalda o con la nuca de alguien.

Cuando uso la palabra compañerismo, la empleo en el sentido del Nuevo Testamento que tiene un significado mucho más profundo que nuestra comprensión moderna, por lo general limitada a la idea de asistir a la iglesia.

El primer capítulo de 1 Juan merece un estudio detenido, pues el apóstol escribe sobre el compañerismo con el Padre, y desea que todos los cristianos lo experimenten y lo gocen. El compañerismo del Nuevo Testamento consiste en compartir todos los aspectos de nuestra vida, en relaciones profundamente íntimas, tanto con Dios como con otros creyentes.

Los servicios religiosos formales, conducidos por el clero, con audiencias pasivas, impiden al Espíritu Santo dirigir nuestras reuniones. Los edificios eclesiásticos, los bancos, los púlpitos, los altares, etc., sutilmente sirven para reforzar el dominio de Babilonia sobre la mente natural. Sirven de obstáculo al Espíritu de Dios y evitan que los santos cautivos en esas redes vengan a ser la Iglesia que Dios desea.

Pero no nos detienen para nacer de nuevo o para ser llenos del Espíritu. No nos impiden adorar juntos, ni nos detienen para escuchar prédicas, sermones o enseñanzas; sin embargo, las reuniones grandes o reuniones masivas, son sólo un aspecto muy limitado del compañerismo cristiano.

Los hijos de Dios permanecen como su familia, aunque elijan vivir en el cautiverio babilónico. Sin embargo, cuánto anhela Él que regresen a su Jerusalén espiritual, donde el espíritu del mundo no tiene cabida.

No tengo ninguna duda respecto a lo que Peter sostiene en el final de este capítulo, pero siempre, (Desde que mis ojos espirituales fueron abiertos, claro), me impresionó el modo en que los líderes, que sí conocen la palabra, siguen engañándose con esa mentira diabólica.

Capítulo Tres

AUTORIDAD Y SUMISIÓN EN EL REINO DE DIOS

Sin sumisión no se pueden formar en nuestras vidas ni el carácter ni la naturaleza de Dios.

Son cristianos quienes nacen del Espíritu de Dios, por medio de su fe en Jesucristo y en todo cuanto Él cumplió en el Calvario. Son salvos y su destino, cuando mueran, es el cielo. Sin embargo, se supone que la salvación de Dios también debe tener un efecto profundo sobre nuestras vidas terrenales, según se deduce de la exhortación de la Escritura a: "…ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor" (Fil. 2:12).

Este versículo nada tiene que ver con que trabajemos para ir al cielo. Jesús se encarga de eso. El pasaje se refiere a otro aspecto de la salvación que se aplica a nuestras vidas en la tierra. Si vivimos en obediencia a las enseñanzas de Jesús, gozaremos los beneficios de ser salvos del mundo y podremos experimentar y gozar los privilegios de ser hijos de Dios. Jesús no tiene problemas en llevarnos al cielo.

A esto lo hemos explicado así: Si se te dice que te ocupes DE tu casa, deberás limpiarla, pintarla, y repararla, esto es: te ocupas duna casa en su aspecto exterior. Ahora, si se te dice que te ocupes EN tu casa, podrás leer, estudiar la Biblia, oír música o lo que quieras, esto es: te ocupas de algo específico adentro de tu casa. El concepto es el mismo.

 Esa parte de su salvación es un regalo de su gracia. Sin embargo, tiene un gran problema con nuestras libres voluntades, a las que jamás se impone, aunque anhela nuestra sumisión voluntaria a sus enseñanzas y a la voluntad de Dios.

Si la sumisión no es voluntaria, se convierte en subordinación. El resultado natural de nuestra obediencia a Jesús se traduce en la sumisión de nuestros propios deseos y de nuestros egoísmos a los deseos de nuestro Señor y a las necesidades de los demás.

La única prueba verdadera de nuestro amor a Jesús, se encuentra en nuestra obediencia a Cristo.

Todas nuestras actividades religiosas, nuestra sabiduría, conocimiento y manipulación de las Escrituras, así como nuestras buenas obras, pueden tener sus raíces en nuestro ego y ser improductivos por completo, si no estamos en sumisión a El. La única medida de nuestro amor por Jesús se muestra y encuentra en cuánto obedecemos sus enseñanzas.

El objetivo total de nuestra sumisión se halla en QUE CRIS­TO SEA FORMADO EN NOSOTROS.

El Nuevo Testamento nos enseña a someternos a Dios y luego resistir al diablo, que huirá de nosotros. Pero el diablo no huirá solamente a causa de nuestra sumisión a Dios. La Escritura también nos enseña a someternos unos a otros, pues el propósito de este sometimiento es para que vengamos a ser más como Jesús, el primogénito entre muchos hermanos.

 También se nos ordena recibir reprensión y correcciones de quienes nos aman y cuidan de nuestras almas. Asimismo se nos exhorta a someternos a las autoridades puestas por Dios.

Por tanto, una actitud sumisa es esencial para quienes quieren crecer y desarrollarse hacia la madurez en el Reino de Dios. Sin embargo, la naturaleza y función de la autoridad en el Reino de Dios, se opone diametral­mente a la naturaleza y función de la autoridad mundana (babilónica).

Está más que claro. Nuestra sumisión será para con aquellos que nos enseñan, exhortan o procuran hacernos cambiar los malos hábitos con la idea de llevarnos a la victoria. Y sumisión en cuanto a tener muy en cuenta lo que nos dicen y no ignorarlos con actitudes soberbias o egocéntricas.

No tiene nada, pero absolutamente nada que ver con lo que hoy por hoy se enseña en cuanto a la sumisión, que dentro de los templos es llamada sujeción. Porque en ningún texto bíblico se alude al hecho de que un hombre pase a depender ciegamente de otro, obedeciéndole sin chistar y por imposición autoritaria lo que sean sus órdenes, directivas y hasta caprichos, tal como ahora Peter lo explicará.

En consecuencia, debemos renovar nuestras mentes en esta área o caeremos en las redes del enemigo que de manera constante oscurece nuestro entendimien­to, nos quita las cosas buenas de Dios, nos las hace inaprovechables y se complace en obstaculizar siempre nuestro crecimiento espiritual verdadero.

Durante siglos satanás ha introducido en las iglesias estructuras mundanas de autoridad y conceptos mundanos de autoridad y sumisión. Como resultado, casi todos los cristianos viven esos conceptos mundanos y no tienen ni idea que tales puntos son inaceptables en el Reino de Dios.

El concepto mundano de autoridad significa poder para gobernar a los demás, para imponer nuestras voluntades, opiniones y decisiones a quienes están bajo nosotros. El concepto mundano de sumisión significa subordina­ción y una obediencia incuestionada a los líderes. A menudo esta obediencia tiene sus raíces en el temor a quienes poseen la autoridad.

Si un cristiano tiene estas i­deas, estará abierto al engaño satánico en la forma más sutil. En su deseo genuino de agradar a Dios y de no ser rebelde, procurará someterse a todo anciano o a cualquier ministro ordenado o pastor.

Las mujeres harán lo mismo y se someterán a sus esposos, en algunos casos aunque sus peticiones sean perversas o su comportamiento intolerable, inclusive satánico, pues creen que así agradan a Dios. Esta clase de sumisión ciega o de obediencia incuestionada, no es lo que Dios quiere y en verdad obstaculiza el crecimiento espiritual y la extensión del Reino de Dios.

Si deseamos llegar a la madurez en Cristo, debemos entender cómo funciona el gobierno en el Reino de Dios y particularmente que todos nosotros tenemos como responsabilidad no someternos a un liderazgo erró­neo o en engaño, sobre todo cuando se trata de líderes inmaduros o mundanos.

De acuerdo con la inspiración del Espíritu Santo, tal como se puede leer en las Escrituras que se compilaron en la Biblia, nuestra sumisión impone y crea una autoridad sobre nues­tras propias vidas.  Esto se deduce de las siguientes palabras del apóstol:

"¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, SOIS ESCLAVOS DE AQUEL A QUIEN OBEDE­CEIS…?" (Ro. 6:16).

Por tanto, la sumisión a una autoridad equivocada es una necedad. Debemos tener discernimiento sobre las cosas a las que obedecemos y, obviamente, mucho más respecto a quienes nos presentamos en sumisión.

Siempre nuestro primer deber es someternos a Dios. Siempre la sumisión a nuestro REY tiene prelación sobre cualesquiera otras cosas. La sumisión a los demás cristianos debería sujetarse a un criterio: "¿Aquellos que verdadera­mente nos aman lo hacen incondicionalmente, y su preocupación principal es formar más de Cristo en nosotros?"

Si su énfasis primordial está en conformarnos a sus creencias, doctrinas, reglas, requisitos o a las constituciones de su organización religiosa o de su "iglesia," entonces seamos prudentes, o podremos encontrarnos como esclavos de algo o de alguien distinto de Cristo.

Pertenecer a una iglesia que tiene sus pastores y ancianos, y obedecerlos, no es necesariamente la sumisión en el sentido que Dios la quiere. Somos responsables de discernir si han sido colocados allí por el Señor, o si esa posición de autoridad viene de uno de los sistemas jerárquicos del mundo.

En el Reino de Dios todos los conceptos y principios se oponen totalmente a los del sistema mundano, cuyo diseño viene del príncipe de este mundo. Por tanto, el gobierno de Dios es completamente opuesto en naturaleza y funciones  a la manera como obra el gobierno en los sistemas y estructuras mundanos.

El gobierno de Dios siempre producira el gozo y la paz del Espíritu Santo.

En consecuencia, debemos cuestionar toda forma de gobierno que no produzca paz y gozo en nuestro espíritu. Si nos domina, nos constriñe, o nos quita nuestro propio proceso para hacer decisiones, entonces NO ES DE DIOS y estamos en la obligación de resistirla y rechazarla.

No hace falta en absoluto añadirle nada a lo escrito por Peter White, pero no resisto la tentación de pensar en voz alta: ¿Qué tal si extrajéramos estos últimos conceptos, los escribiéramos con letras bien grandes en un cartel y lo colgáramos al ingreso de cada templo evangélico? ¿Verdad que produciría algunos escándalos?

El fracaso en seguir este paso, al final nos pondrá en una miserable esclavitud religiosa y nos estancaremos en una niñez espiritual, pues haremos sólo lo que se nos dice para conformarnos al sistema, o perderemos nuestro gozo y nuestra paz. Esto se produce porque el Espíritu Santo, que se halla dentro de nosotros, no se puede jamás poner de acuerdo con el espíritu del mundo que obra ahí, en el sistema religioso.

En todos los sistemas religiosos del mundo se encuentran las mismas características de entender la autoridad y la sumisión. El judaísmo exige obediencia a la autoridad rabínica. El islamismo reclama de sus fieles una obediencia total a todos los ayatollahs y mullahs.

 La Iglesia Católica abraza una autoridad suprema a su Papa, con sus cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes, que forman una autoridad de estructura piramidal, una jerarquía, a la que todo buen católico se debe someter. En todas las denominaciones protestantes, inclusive en los movimientos donde los hogares se consideran como iglesias, casi todas las tendencias organizativas tienen una estructura de control donde también se ve en acción la forma piramidal.

Quienes están arriba ejercen la autoridad. La coerción, las manipulacio­nes, el rechazo y hasta la fuerza, son los métodos habituales para ejercitar la autoridad mundana. Los sistemas pueden ser muy sutiles o, por el contrario, bien notorios, pero si alguien no se conforma y somete a los líderes, esas son las armas que al final se usarán.

Todo eso está en rebeldía directa contra las claras órdenes de Jesús, quien prohibió a sus discípulos el ejercicio de la autoridad en la forma como el mundo lo hace:

"25…Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen potestad sobre ellas.  26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo" (Mt. 20:25-27).

Hasta cuando los hijos de Dios no tengan el deseo genuino y común de obedecer a Cristo y convertirse en sus discípulos perfectos, los reinos de este mundo nunca vendrán a ser el Reino de Dios. Los cristianos no tomamos en serio las palabras de Jesús y un poderoso espíritu de engaño nos impide ver que Él es nuestra autoridad final.

Esa es la clave que desconocemos: un espíritu de engaño obrando en nuestras vidas que no nos permite ver la corrupción imperante dentro de los templos. Ahora bien; ¿Con qué autoridad entró ese espíritu a operar en nosotros? Es indudable que nosotros mismos se la otorgamos. La Palabra dice que Dios sólo permite obrar a espíritus engañadores en la vida de uno de sus hijos cuando éste no busca verdaderamente la verdad.

Si el Rey Jesús dice algo, entonces eso debe ser lo definitivo. Sin embargo, estamos tan atados por los conceptos mundanos que hasta usamos versículos de las Escrituras para contradecir sus enseñanzas y luego seguimos nuestra comprensión errada de esos versículos en lugar de obedecer al Señor.

En efecto, Jesús enseñó con toda claridad que quienes gobiernan o dirigen su Iglesia no se deben enseñorear de los demás, es decir, no tienen ninguna razón para ejercer la autoridad como el mundo lo hace.

En el Reino de Dios se nos ordena convertirnos en siervos de aquellos a quienes dirigimos. Un apóstol, anciano, pastor, esposo, o cualquier otro líder, no puede obrar de modo diferente al de Jesús, quien nunca se impone a alguien para someterlo a Él.

 Jesús da sus instrucciones y luego permite a sus discípulos obedecerle o no. Nunca los amenaza, ni manipula, ni los obliga. Y lo que es todavía más maravilloso, jamás los rechaza o deja de amarlos si le desobedecen.

Cuando Jacobo y Juan pidieron sentarse a la diestra y a la izquierda de su gloria (Marcos 10:35-40), eran inmaduros, y todavía estaban llenos de los conceptos mundanos de liderazgo y autoridad. Sus mentes no habían alcanzado aún el nivel de siervos de Cristo; sus pensamientos, sin renovar, eran competitivos y les llevaban a pedir posiciones de importancia.

Lo mismo pasó con los otros discípulos que se enojaron ante la petición de los dos hermanos (Mateo 20:24). Entonces Jesús los reunió a todos, les enseñó las diferencias entre la autoridad del mundo y la autoridad de su Reino, y luego pasó a revelarles sus naturalezas y espíritus completamente distintos.

Es posible hacer una paráfrasis de las palabras de Jesús en Mateo 20: 25-28, de la siguiente forma:

"Ustedes saben cómo se usa la autoridad en el sistema del mundo, pero en mi Reino no será así. Ustedes deben aprender a ser siervos de aquellos a quienes enseñan o dirigen, y para ejercer la autoridad no tienen que apelar a su oficio, o a su ministerio a fin de hacer que los demás se les sometan. No pueden usar las promesas de recompensa o promoción o estatus para manipular a las personas, como se hace en el mun­do. El Reino de Dios no funciona de esa manera. Ustedes solamente PUEDEN SERVIR Y DEBEN PONER SUS DESEOS Y SU VIDA AL SERVICIO DEL BIEN DE LOS DEMÁS, según yo lo demuestro con mis enseñanzas y con mi propia vida."

Jesús es nuestro "modelo de hijo" y nunca le vemos obligar, manipular, o forzar a alguien para que le obedezca o le siga. Con todo denuedo proclamó la Palabra de Dios y que si se rechazaba su palabra, no haría ningún intento para imponerla, ni iba a rogar a las gentes que le siguieran.

Jamás usa su autoridad espiritual para de alguna manera controlar a los demás. De la misma forma, el Espíritu Santo nunca nos controla o nos quita el proceso de tomar nuestras decisiones. Nos guiará y nos dirigirá, pero no empleará la fuerza para doblegar la más leve de nuestras resistencias a Él.

Dios es amor y espera que nuestra sumisión sea por completo voluntaria, sólo porque le amamos y le respetamos. Los líderes en el Cuerpo de Cristo no están por encima de su Maestro, y también deben esperar que otros se les sometan voluntariamente por amor y respeto hacia ellos y porque sobre ellos se reconoce la unción de Dios.

El Rey nos ha prohibido usar la autoridad espiritual a fin de obtener una sumisión que no sea voluntaria. Si eres obispo, o pastor, o anciano, o apóstol, o esposo que das liderazgo a la esposa y a la familia, estás limitado por las mismas órdenes de Jesús, si en verdad Él es tu Señor y Maestro.

Soy un ministro del Señor y, periódicamente, recibo correos de diferentes partes del mundo con personas que desean someterse a mis órdenes y contar con mi “cobertura”. Mi respuesta es siempre la misma: las órdenes para ti te las dará el Señor, préstale atención a su voz. Y la palabra cobertura no existe en la Biblia más que para hablar del cabello de las mujeres.

El Nuevo Testamento nos enseña con toda claridad a obedecer a nuestros líderes y a someternos a su autoridad. Por tanto, es muy fácil producir mediante la teología bíblica una comprensión equivocada del gobierno de la iglesia, que producirá un liderazgo autocrático y seguidores bajo subordina­ción, que no entienden la naturaleza ni el espíritu de la autoridad en el Reino de Dios.

Mientras la Escritura exhorta a los creyentes a obedecer a quienes velan por sus almas (Hebreos 13:17), jamás exhorta a los líderes a exigir la sumisión de los demás a su liderazgo o ministerio. A los maridos se les exhorta a amar a sus esposas; no se les ordena exigir sumisión ni dominar a sus mujeres, ni forzar sus voluntades. Solamente se prescribe a las mujeres sujetarse a sus propios esposos, como al Señor.

Peter no lo aclara porque no lo considera necesario, pero a mí me gusta pecar de claro y no de confuso. La sujeción de una mujer a su esposo es correcta cuando su esposo está verdaderamente sujeto al Señor. No se prescribe jamás sujeción a una bestia pervertida, corrupta y violenta.

"Gobernar bien" en el Reino de Dios es muy distinto a ser un gobernador o a tener autoridad en el sistema del mundo, pero como la mundanalidad ha invadido todos los sistemas religiosos, encontramos cristianos en posiciones de liderazgo que se comportan como autoridades mundanas.

En efecto, mientras algunos maridos dominan a sus esposas, otros precisamente por su falta de inteligencia y de una adecuada relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en una forma que hasta se puede considerar y catalogar como una verdadera torpeza, por decir lo menos, con algo de suavidad, destruyen la capacidad de la mujer cristiana para tomar decisiones y, en muchísimos casos, también destruyen sus matrimonios. De esta manera satanás triunfa y la pobre pareja engañada ve la destrucción de sus vidas, simplemente por la ignorancia sobre la autoridad espiritual que viene de Dios.

Los pastores, los ancianos o los diáconos, en casi todas las estructuras de las iglesias, consideran como un insulto si hay alguna oposición entre los miembros del rebaño. El estatus se busca y se conserva, mientras se esgrime el poder para hacer que los demás se conformen.

En verdad, hay muy pocas diferencias entre tales iglesias y una organización de negocios en el mundo. Si el Gerente o los Directores toman decisiones, y los empleados no se muestran de acuerdo o no las obedecen, entonces resultan renuncias o despidos. En las iglesias se aplican varias formas de excomunión, al seguir la misma filosofía mundana.

El que por años fue el pastor de la iglesia donde concurríamos con mi familia, gustaba mucho de leer libros sobre administración de empresas, ya que sostenía con total convencimiento y sincera convicción que la iglesia era una empresa y debía ser administrada como tal.

En el Reino de Dios NO HAY COSAS TALES COMO CLERIGOS Y LAICOS. Este engaño del diablo está en conflicto directo con la enseñanza del Nuevo Testamento donde estipula que todos los hijos de Dios son sacerdotes, con acceso directo al Señor.

 Sólo los paganos necesitan sacerdotes para poder acercarse a Dios por medio de ellos. La clerecía apenas existe en Babilonia, y su objeto es dividir la familia de Dios en clases, y dejar que la mente de satanás controle las mentes de quienes están en cautividad.

Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, no son el clero; simplemente son hombres y mujeres, dones del Cristo resucitado que Él brinda a la humanidad. No es posible manufacturar o fabricar los dones en esas personas dotadas y producirlas como se producen los profesionales, por ejemplo, abogados o ingenieros. Sólo Dios puede ungir y darnos esos miembros esenciales de su Iglesia, pero necesitamos discernimiento para poder reconocerlos.

Conocí una iglesia cuyo pastor gustaba de promocionar ciertas reuniones “especiales” en las que él oraba por la gente imponiéndole sus manos con la promesa de recibir, mediante ese acto, diferentes dones que previamente se solicitaban con un compromiso de ofrenda posterior.

En la Iglesia de Jesús no tienen un sitio preciso ni adecuado las jerarquías clericales que funcionan a su amaño en otros sistemas religiosos. La división entre clero y laicado que se encuentra en el islamismo, el judaísmo y en nuestras iglesias cautivas de Babilonia, produce estructuras que, a pesar de ser funcionales, se oponen a los designios de Dios para su Iglesia que debe ser un organismo vivo, no una organización religiosa.

Los líderes en el Cuerpo de Cristo necesitan entender que las enseñanzas de Pablo sobre sumisión y sometimiento, no son preceptos ni órdenes para que ejerzan una autoridad mundana sobre aquellos a quienes deben cuidar en sus iglesias, congregaciones o comunidades.

Desde el punto de vista de nuestras mentes naturales parece no solamente irreal, sino hasta una completa tontería, colocar a alguien en una posición directiva, y decirle luego que no puede ejercer ninguna autoridad sobre aquellos a quienes dirige.

Sin embargo, no debemos considerar las cosas desde el punto de vista de la mente natural, que es el punto de vista del mundo; por el contrario, más bien tenemos que aprender a ver las cosas con una mente renovada, la mente de Cristo.

Jesucristo, el Señor de toda la creación, es nuestro ejemplo perfecto de autoridad en el Reino. Nunca la ejerce sobre sus discípulos. Utiliza las parábolas y da órdenes, pero nunca va a forzar nuestra sumisión. Aún más que eso, no grita, no se enfurece, no se pone de mal humor, ni nos rechaza cuando fallamos en obedecerle.

Conocí a un pastor que gracias a Dios no era el de mi congregación, al que muy a menudo se lo podía ver tremendamente enojado por causas que, obviamente, tenían que ver con la falta de obediencia de su gente para con sus “directivas”. Ver su rostro cuando se enojaba, te confieso que producía un miedo gélido y tenebroso.

Su amor y su gracia hacia nosotros no se afectan con nuestra falta de sometimiento a Él. Jesús siempre espera nuestra sumisión voluntaria que es la única forma válida de sumisión en su Reino. Nuestro deseo de obedecerle, que es la única medida de nuestro amor por Él, debe venir de haber derribado las tentaciones de nuestra voluntariedad, sin que haya ninguna coerción por su parte. Si no es así, Él no quiere ni acepta nada.

Tal es la naturaleza de la autoridad, la sumisión y el sometimiento en el Reino de Dios.

Sólo deberíamos someter nuestras vidas en el Cuerpo de Cristo a la autoridad o al liderazgo que demuestren la naturaleza del Señor. La autoridad espiritual verdadera, que se origina de Dios, proviene de la unción y de una mente renovada, la mente de Cristo.

No llega por títulos como "Pastor, Anciano, Reverendo, Evangelista, Apóstol, Profeta, o Maestro" dados por otros hombres que, sin saberlo, están cautivos en Babilonia. Pero tampoco la impide si un líder nació y se levantó en Babilonia y se le dio un título.

Muchos, muchos clérigos profesionales son verdaderamente ungidos por Dios y su sinceridad nunca jamás se puede poner en duda. Si no tienen conciencia de estar presos en las redes babilónicas, esto no evita que el Señor les use, aunque Él desea ardientemente que salgan de la esclavitud que sufren dentro de los muros de Babilonia.

Esto es muy importante, además de ser estrictamente cierto. Los que andamos por la vida con este mensaje no siempre lo aclaramos y, con eso, corremos el riesgo de añadirle a la gente un punto más de confusión.

Dios está usando, y en casos grandemente, a hombres y mujeres que aún se encuentran respondiendo al sistema babilónico. Están predicando verdades, sanando enfermos y liberando endemoniados, pero eso no significa que estén siendo aprobados. Sólo estás siendo usados.

Los hombres y mujeres a quienes Dios ha dado SU autoridad no se conocen por sus títulos, profesiones, capacidad intelectual o ni siquiera por sus conocimientos bíblicos. Se distinguen y reconocen por su humildad y sus corazones de siervos.

Un pastor formado, establecido y puesto en esa posición verdaderamente por Dios, es compasivo, amable y misericordioso, y no busca sus propios caminos. No le preocupará que no asistamos a las reuniones para "sostener" su predicación, o si estamos o no de acuerdo con toda su teología.

Su preocupación principal será la conducta de nuestra vida diaria, nuestras relaciones y las actitudes de nuestro corazón.  Su objetivo más importante será ver más de Cristo formado en nosotros.

Si las metas de nuestros líderes son conformarnos a cada uno a su "teología o conceptos" y construir estructuras y organizaciones más grandes y mejores, entonces debemos cuestionar si entienden que el crecimiento espiritual no tiene nada que ver con cifras o con que tengamos todos la misma teología.

Peter enfoca esta problemática desde un ángulo que todavía evidencia respeto por ciertas posiciones que se reparten dentro del sistema eclesiástico. Por tanto, sólo se puede añadir que el ministerio del pastor según Dios, no tiene absolutamente nada que ver con el que conocemos.

El crecimiento espiritual se relaciona enteramente con el nivel en que la vida de Dios se haya desarrollado en nosotros.

¡Cuidado con someter nuestras vidas a un liderazgo eclesiástico que no entienda con claridad esto, pues entonces se nos guiará a objetivos erróneos y se impedirá nuestro crecimiento espiritual!

Tener objetivos adecuados es esencial para todo discípulo del Rey y su Reino. Sin la meta apropiada no es posible entender o enseñar correctamente la sumisión. Pablo define así el enfoque preciso y certero de una enseñanza sana:

"Pues el propósito de este mandamiento es el AMOR nacido de CORAZÓN LIMPIO, y de BUENA CONCIENCIA, y de FE NO FINGIDA" (1 Ti. 1:5).

Se necesita entender la sumisión en este contexto, pues el único propósito del sometimiento es que por su medio permitamos a Dios, y a nuestros hermanos, conformarnos a la imagen de Cristo. Aquí se requiere la renovación de nuestras mentes hasta cuando aprendamos a pensar, hablar y actuar como Dios lo hace.

Esto tomará muchos años y algo de sufrimientos pero, al final, en nuestros corazones tendrá lugar la transformación. Nuestro hombre interior crecerá hasta cuando dejemos de ser "carnales" como los creyentes infantiles de Corinto, y seamos hombres espirituales a quienes guía y dirige el mismo Espíritu de Dios.

El sometimiento no es una doctrina legalista que se debe imponer a toda costa, pues hemos encontrado su base doctrinal en el Nuevo Testamento. Es una ACTITUD que se necesita EN NUESTROS CORAZONES, antes que nuestra voluntad se pueda alinear con la voluntad de Dios.

Quienes no tienen el deseo de recibir reprensiones, enseñanzas o corrección de otros discípulos del Rey y su Reino, todavía no tienen "voluntad para hacer la voluntad de Dios,"  y no se les puede discipular.

Sin embargo, si somos sinceros en nuestros deseos de llegar a ser discípulos del Señor, no debemos permanecer como niños crédulos, que no piensan, sino aprender a ser sabios en los caminos de Dios, de manera que no nos sometamos insensatamente.

Alguien, alguna vez, me dijo algo que no voy a olvidar nunca porque, cada día que pasa, tengo la convicción que es estrictamente así. Cuando conocemos a alguien que evidencia claramente autoridad del Señor en su vida y ministerio, sujetarnos espiritualmente a esa persona, no es un esfuerzo, es un privilegio.

Hay cuatro niveles de autoridad, de importancia decreciente, que todo discípulo debe entender:

1. Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

2. Las Escrituras -según las entendamos.

3. NUESTRA PROPIA CONCIENCIA ante Dios.

4. Otros cristianos, o la autoridad secular.

La autoridad de nuestra propia conciencia tiene un nivel de autoridad muchísimo más alto que el de cualquier otro ser humano. Todo hombre y toda mujer tienen el derecho de obedecer a su propia conciencia bajo Dios.

 Nadie tiene derecho para violar nuestra conciencia como cristianos. No importa si esa persona es una autoridad secular, un esposo, un pastor, un apóstol, un maestro, un arzobispo, un anciano, un sacerdote, un miembro del cuerpo gobernante, o del presbiterio, o el Papa.

En los niveles descendentes de la escala de autoridad, todos están en una categoría inferior a la de nuestra propia conciencia. Sin embargo, es vital para cada uno de nosotros asegurar­nos que no hemos endurecido nuestra conciencia, ni hemos permitido que se haya cauterizado de tal manera que sólo elijamos obedecer aquellas órdenes o los mandamientos de Jesús que nos gustan o que concuerdan con nuestra teología particular.

Una obediencia incuestionada a los líderes de la iglesia puede no ser sumisión espiritual, sino necedad que nos lleva al engaño. Si eso nos pone en cautiverio a un sistema religioso y a las tradiciones humanas, esa no es la voluntad de Dios. Así se desobedece al Rey, y nos lleva a una "mala conciencia y a una fe fingida."

La fe sincera es creer en nuestros corazones. No es dar un consentimiento mental porque alguien nos dice lo que debemos creer. Romanos 14 nos enseña que pecamos si hacemos algo contrario a nuestras convicciones delante de Dios.

 Por tanto, debemos resistir cualquier intento que pretenda obligarnos o dominarnos, en contra de nuestras más íntimas convicciones y de las advertencias de nuestro corazón. Si resistimos a esa "vocecita quieta y callada" dentro de nosotros, resistimos al Espíritu Santo, que es infinitamente más sabio que todos los seres humanos juntos.

Es básico y fundamental para nuestras vidas tener siempre presente que el Espíritu Santo es quien mueve los corazones de los hijos de Dios en Babilonia y quien nos llama a salir de allí para que pasemos a la Nueva Jerusalén.

A medida que crecemos en comprensión espiritual y renovamos nuestras mentes, podemos encontrar que la "iglesia" a la que pertenecemos, se hace inadecuada, y que el Espíritu Santo nos urge a movernos.

Como casi ningún líder en las iglesias entenderá esto, luchará por guardar y mantener "los miembros de su comunidad." Cuando encuentra que no nos puede retener, decide que estamos engañados o "demonizados" o que somos rebeldes ingobernables.

A los creyentes que tienen la experiencia de esas situaciones, con frecuencia se les hiere y ofende, debido a la falta de sabiduría de tales líderes que luchan a fin de persuadirlos para que no se vayan, y luego los rechazan o condenan, cuando se levantan en libertad.

Es altamente misericordioso Peter White cuando expresa que esas ofensas se producen globalmente por la falta de sabiduría de los líderes, cosa que es cierta. Omite, por amor y misericordia, decir que también sucede por daño a los intereses personales y particulares de esos líderes.

Debemos tener corazones humildes y gentiles hacia esos líderes, pues aún no han comprendido lo que el Señor hace hoy. Tienen el temor que quienes dejan "su iglesia" pueden contaminar el pensamiento de los que se quedan. Sinceramente creen que quienes no están de acuerdo con ellos, son víctimas del error y por eso luchan para proteger sus "reinitos."

De manera semejante, si eres pastor, anciano o líder, y el Espíritu Santo te llama a salir del sistema, puedes enfrentar incomprensiones, cóleras, y aun heridas graves por parte de las personas que te quieren controlar. Esta es la reacción carnal y natural de la junta directiva, los ancianos, los diáconos o de las congregaciones, a algo que no entienden.

Si el Espíritu Santo te dirige a salir de la membresía de una iglesia o de una situación de liderazgo, no te afectes por la falta de comprensión de aque­llos a quienes dejas.  Sobre todo, que el rechazo que hacen de ti, o la difamación que te brin­den, no vayan a hacer disminuir tu amor hacia ellos.

Esto es decididamente cierto. No me preocupa que algunos pastores que me han conocido y tratado hoy me critiquen, sea por la causa que sea. Lo que sí me alarma, y no por mí sino por ellos, es que también me critique gente que jamás me ha visto en su vida. Porque eso sí es murmuración.

Si no pueden entender tu necesidad de obedecer al Señor más que a sus tradiciones y conceptos, entonces debes tenerles compasión por su ceguera espiritual y recordar que sólo por la gracia de Dios, tus ojos se han abierto. También, únicamente por la gracia del Altísimo crecemos en sabiduría y entendimiento espirituales.

Dios ama de la misma manera a todos sus hijos, sean obedientes o desobedientes.  LOS QUE SE QUEDAN EN BABILONIA O LOS QUE VAN A LA NUEVA JERUSALÉN, SON IGUALMENTE PRECIOSOS PARA NUESTRO MARAVILLOSO PADRE CELESTIAL.

Capítulo Cuatro

ESCAPE DE BABILONIA

Sólo cuando se sale de Babilonia es posible entrar a la Nueva Jerusalén, pero nuestros viejos y establecidos conceptos de cristianismo están tan arraigados en nuestras mentes que es difícil escapar completa­mente de los muros de la ciudad.

Esto, que ha sido dicho casi como al pasar, sin embargo, es el elemento clave. Porque son muchos los que saben que la Nueva Jerusalén está allí y es una realidad, y se disponen a entrar en ella. Pero no han dado el paso fundamental y básico para conseguirlo: salir de Babilonia. Quien no se atreve a salir, no tiene fundamentos para entrar.

La gran Madre de las Rameras es hermosa, atractiva y familiar. Estamos tan atados a sus encantos que para nosotros es muy difícil ver a nuestros tipos tradicionales de iglesias como sus hijas rameras. Sin embargo, no podremos escapar sino hasta cuando seamos capaces de discernir entre el bien y el mal, y ver las cosas como Dios las ve.

Babilonia emplea con sutileza todo edificio que se llame iglesia, capilla, o catedral como una herramienta expedita para atraer y atar a las personas.

Tristemente, el edificio divide y separa la verdadera iglesia local constituida por todos y cada uno de los cristianos que viven en ese lugar. Así se pueden satisfacer los egos de sus constructores, y gratificar los sentidos de algunos de los miembros de determinadas congregaciones, pero todo esfuerzo y dinero que se gastan en establecer una iglesia cuyo fundamento es una edificación, al final será un desperdicio, pues simplemente la obra termina como un monumento más a los engaños de Babilonia la Grande.

Los miembros de esas "iglesias" trabajan para que aumente su número y para que crezca esa organización, pero no se pueden dar cuenta que construyen exactamente dentro de los muros de la Babilonia espiritual.

Las doctrinas y las reglas que los líderes imponen a sus grupos crean divisiones artificiales entre todos los creyentes en esa localidad. Los cristianos que viven en un lugar no se congregan juntos, aunque se reconocen unos a otros como miembros del mismo cuerpo.

 En vez de hacerlo así, se reúnen de acuerdo con la denominación a la que pertenecen y hasta pueden atravesar toda la ciudad a fin de no congregarse con los vecinos de la puerta siguiente que son de otra denominación.

¿Qué pensaría el apóstol Pablo sobre este comportamiento tan necio y loco? Los conceptos tradicionales de membresía de la iglesia, cuidado pastoral, e inclusive el hacer discípulos dentro del sistema, atan a las personas a determinados líderes, organizaciones y estructuras.

Estas iglesias con su clerecía y su laicado, sólo pueden existir con base en tener reuniones regulares; todas las actividades se centran alrededor del complejo del edificio. Se deben congregar para los servicios dominicales, las reuniones de oración, las reuniones de jóvenes, las actividades de las damas, etc.

Todas estas reuniones a horas determinadas y en días fijos, permiten a los hombres controlar las comunidades, pero impiden al Espíritu Santo dirigir su Iglesia.

Si se le cede la dirección al Espíritu Santo, los líderes sólo convocarán una asamblea de la totalidad de la iglesia local, cuando Dios quiere hacer conocer algo.

Este es uno de los engaños más sutiles. Y utilizo la palabra “sutil” porque, indudablemente, sólo cayendo en esta ceguera resulta imposible darse cuenta que, sin auxilio, apoyo y poder del Espíritu Santo es total y absolutamente imposible crecer, madurar, ministrar y vencer.

Babilonia exige que un ministro predique en la reunión planeada para el domingo y las tradiciones humanas le obligan a hacerlo así. Fuera de la reunión en el primer día de la semana, no hay ninguna base en el Nuevo Testamento para nuestros ritos tradicionales de los servicios del domingo y para los sermones en un edificio que llamamos "iglesia."

El Libro de los Hechos, capítulo 20, cuenta que los discípulos que vivían en Troas se juntaron el domingo para partir entre sí el pan, y que Pablo les habló hasta la medianoche. Quizás comenzó mientras aún comían, quién sabe, pero ciertamente no había nada parecido a nuestras tradiciones de un sermón, metido como un sándwich entre los himnos de la mañana del domingo.

 Los hermanos se congregaron en un aposento alto, no a nivel del suelo, ni en un edificio llamado iglesia. Nunca concibieron al sitio de reunión como la "Casa del Señor," pues sabían que sus cuerpos humanos eran esa casa.

Ciertamente no tomaron una hostia diminuta o un pedacito de pan, ni bebieron de un dedal de vino, ni llamaron a eso comunión. Todos discurrían entre sí y podían hablar o cantar. Participaban en lo que hoy se llamaría una "ministración abierta."

Cuánto deleite tendría nuestro Padre si todos sus hijos en una localidad se CONGREGARAN PARA MINISTRARLE A ÉL EN ADORACION Y ALABANZA, en vez de reunirse por separado para tener varios servicios rituales de acuerdo con sus tradiciones particulares.

Un conocido predicador fue invitado a una de las cuatrocientas cincuenta iglesias que había en una capital de una provincia. Pensaba decir precisamente eso al comenzar su mensaje. Sin embargo el Espíritu Santo le sugirió modificarlo.

Entonces, en el justo momento en que se acallaron los sones de la música de la alabanza y la adoración previas, se encontró diciendo: “Hermanos…es para mí un honor y un privilegio estar ocupando el púlpito de una de las cuatrocientas cincuenta partes en que el Señor está dividido en esta ciudad.

El llamado del Espíritu Santo a "salir de Babilonia" crea una gran tempestad por todas partes en las iglesias del mundo. Hay miles de creyentes descontentos con sus iglesias, y muchos están confundidos, pero debemos oír lo que Él dice y tener la voluntad de movernos y seguir adelante.

Ojalá todos entendiéramos la lección de Éxodo que "cuando la nube de Dios avanza, debemos seguirla o nos quedaremos atrás."

Al terminar Dios un período en el desarrollo de su iglesia, da una nueva visión a algunos de su pueblo mientras aún están en el lugar antiguo que Él quiere que se deje atrás. No debemos equivocarnos como muchos pioneros que, en los movimientos anteriores de Dios, fueron sutilmente engañados al permitir que lo nuevo se estancara y fuera absorbido por el sistema viejo. Debemos aprender de sus errores y buscar continuamente una visión nueva del futuro, sin permitir que nuestra comprensión presente nos impida avanzar y seguir en el propósito de Dios.

Al principio de este siglo, al derramarse el Espíritu Santo se produje­ron las nuevas denominaciones pentecostales. Luego, el "Movimiento Carismático" afectó a muchos en las denominaciones antiguas, pero Babilonia la Grande simplemente absorbió "lo nuevo."

Ahora se proclama el Evangelio del Reino de Dios y como resultado vemos mucha confusión. Pecados, que una vez se escondieron, se exponen a la luz públicamente. Las organizaciones cristianas están en descrédito, las iglesias se dividen o se acaban y se forman nuevos grupos dentro de los muros de Babilonia. Sin embargo, no debemos permitir que esto nos alarme o nos confunda porque en todas esas cosas se halla la mano de Dios.

Nuestras mentes naturales nos dirán que este alboroto es del diablo. Sin embargo, Dios controla todo y todo cuanto sucede no es otra cosa sino el fruto de predicar el Evangelio del Reino de Dios. El Gobierno de Dios es lo único que Babilonia no puede absorber ni detener.

Dios ya no quiere aceptar más nuestras divisiones denominacionales, nuestros conceptos de iglesias, ni tampoco los organismos para-eclesiales, las instituciones religiosas, ni las escuelas o seminarios bíblicos. Él ha expuesto todas esas cosas como ataduras a la Babilonia espiritual y nos llama a salir de ella y pasar a la Nueva Jerusalén.

Estar asociado con alguna organización visible no significa nada. En cambio, conocer a Cristo y tener con Él una relación íntima, sí lo es todo. A Él se le debe restaurar a su sitio correcto como "la cabeza de todo varón" (1 Co. 11:3).

Me permito recordarle al lector algo que ya ha sido dicho, pero que en este punto del excelente trabajo de Peter White me parece prudente: Babilonia va a caer, eso es lo que dice la Palabra de Dios. Por lo tanto, más allá de las inconveniencias o conveniencias, será bueno no caerse con ella.

Cuando el Evangelio del Reino de Dios se recibe en buena tierra, se entroniza al Rey Jesús en el corazón del creyente y Él reina desde el interior, porque el Reino de Dios no viene con señales que se puedan observar.

 Sólo se puede apreciar a Babilonia con sus torres visibles. El Reino de Dios es invisible a los ojos de la carne y sólo los ojos del Espíritu lo pueden percibir y comprender, porque es el reinado de Dios dentro de nosotros (Lucas 17:20-21).

La única manera de mantenernos en el propósito de Dios se cumple cuando voluntariamente nos separamos de los sistemas de la iglesia babilónica, para obedecer la voz de Dios que habla desde el cielo:

"SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO, PARA QUE NO SEÁIS PARTÍCIPES DE SUS PECADOS, NI RECIBÁIS PARTE DE SUS PLAGAS" (Ap. 18:4).

Para esto, el primer paso requiere dejar de lado las actividades religiosas y la asistencia tradicional a la iglesia, a fin de pasar tiempo con el Padre en un quieto compañerismo personal. Tal paso puede ser por una temporada larga o corta, pero sólo el Espíritu Santo nos lo puede mostrar.

 Es esencial permitir que el Espíritu Santo renueve el espíritu de nuestras mentes hasta cuando adquiramos la mente de Cristo y hasta cuando su nombre esté escrito en nuestras frentes.  Sólo entonces entendere­mos la voluntad de Dios y pondremos nuestras vidas en la misma línea con sus propósitos y objetivos.

Casi todos los cristianos que piensan con seriedad en las cosas de Dios, se comprometen firmemente en tareas cristianas como reuniones, extensiones, campañas y proyectos diversos, etc. Pero, con inusitada frecuencia estamos tan ocupados trabajando para Dios que tenemos muy poco tiempo, muchas veces casi nada, para dedicárselo a Él.

A causa del falso concepto que las iglesias son los edificios donde debemos reunirnos los domingos, etc., es difícil para nuestras mentes concebir las diversas maneras en que el cuerpo de Cristo se reúne y funciona. En defensa del sistema existente la mente carnal citará de manera inmediata el siguiente versículo:

"No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca" (Heb. 10:25).

Los santos engañados suponen equivocadamente que las reuniones de la iglesia babilónica son las únicas formas de congregarnos, cuando en realidad muchas de ellas se han convertido en una abominación para Dios.

Ah, sí, ahora vé y díselo a alguien que está dentro del sistema y trabajando a sueldo para ellos, y podrás ver de inmediato el peor rostro de un religioso enfurecido. Porque esa es la reacción que he visto por decenas: rabia, furor, ira casi violenta y a un tris de convertirse en agresión física.

Es posible reunirnos en una casa, un sitio de trabajo, bajo un árbol en un parque, cualquier edificio público, un teatro, una bodega o inclusive en un estadio deportivo para las grandes reuniones de adoración.

Dios no diseñó los edificios que se llaman "iglesias" donde uno se sienta en filas para observar las presentaciones profesionales del frente, ni tampoco son necesarios para congregarnos, o para que nos enseñen.

 Es posible emplear un templo para la asamblea de una iglesia local verdadera, pero hay problemas debido a sus antiguas asociaciones. La disposición de las sillas normalmente no es apropiada para las ministraciones abiertas que son lo mejor cuando todos se sientan en un círculo o en un cuadrado, para estar frente a los rostros de los demás, y no sólo mirar a las espaldas o a las nucas.

Es que nadie tiene en cuenta las ministraciones abiertas. Por el contrario, todo está armado para el lucimiento personal o grupal de las máximas autoridades del lugar. Ni por asomo alguien puede suponer que entre el público, entre la masa asistente, haya alguien tan o más ungido que ellos.

Los edificios de iglesias levantados para el uso exclusivo de una denominación o de una secta, son herramientas poderosas de satanás para dividir el Cuerpo de Cristo a nivel local. Esos edificios, denominados según un grupo particular, se alzan en competencia entre sí, de la misma manera como las diversas instituciones bancarias compiten en una ciudad.

Casi todas nuestras formas tradicionales de reunirnos tienen en verdad el propósito del edificio, la extensión de nuestros "reinitos," la enseñanza de nuestros miembros, el mantenerlos juntos y el aumento de su número. Pero, sobre todo, las reuniones son básicas para levantar fondos a fin de que el sistema continúe.

Es cierto y es importante que nos congreguemos, pero podemos hacer esto de muchas maneras, sin seguir los patrones tradicionales de Babilonia que, en realidad, tienen sus orígenes en el judaísmo y en las religiones paganas.

En el Nuevo Testamento no hay nada para apoyar la idea que los cristianos se deben reunir con horarios fijos, en edificios especiales donde se tienen servicios religiosos previamente dispuestos y determinados, y donde todo está bajo el control, las órdenes y la organización de clérigos profesionales.

1. LA IGLESIA NO ES UNA REUNIÓN.

2. LA IGLESIA NO ES UN EDIFICIO.

3. LA IGLESIA NO ES SINO UNA PALABRA PARA DESCRIBIR A LOS CREYENTES EN CRISTO.

4. UNA IGLESIA LOCAL ESTA CONFORMADA POR TODOS LOS  CREYENTES QUE VIVEN EN ESA LOCALIDAD.

Jesús dejó muy en claro que Él se halla presente hasta en la más pequeña de las asambleas de su pueblo cuando dijo:

"Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt. 18:20).

El Antiguo Testamento nos enseña que Dios puede considerar las ocupaciones religiosas como una abominación ante sus ojos. Hasta los servicios más solemnes y los esfuerzos más sinceros en nuestra carne para agradar a Dios, pueden ser una verdadera pestilencia para el Todopodero­so.

Dios ordenó a Israel ofrecerle sacrificios, observar el Sabbath (el día de reposo), y congregarse. Sin embargo, cuando todo eso se volvió algo tradicional y una forma rutinaria de observación religiosa, dijo:

"10Príncipes de Sodoma oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 11¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes ni de ovejas, ni de machos cabríos. 12¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?  13No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y DÍA DE REPOSO, EL CONVOCAR ASAMBLEAS, NO LO PUEDO SUFRIR; SON INIQUIDAD VUESTRAS FIESTAS SOLEMNES. 14Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; ASIMISMO, CUANDO MULTIPLIQUÉIS LA ORACIÓN, YO NO OS OIRÉ; llenas están de sangre vuestras manos" (Is. 1:10-15).

Como el antiguo Israel, las iglesias han hecho una RELIGIÓN DE LAS REUNIONES. Muchos de nuestros servicios, aun los servicios de comunión, se han convertido en ritos religiosos que se constituyen en una verdadera abominación ante Dios.

El Espíritu Santo no tiene nada que decir en la dirección de nuestros servicios. Planeamos y disponemos nuestras reuniones a horas determina­das, con un orden pre-fijado en el culto, donde habrá himnos, plegarias y, claro está, sermones.

Cantamos algunos coros, predicamos y hasta profetizamos en nuestras reuniones porque así ha sido la costumbre hacerlo, pero no porque nos haya dirigido el Espíritu Santo. A menudo incluimos "momentos de cánticos" que muchas veces tienen como único objetivo entretener a las personas. Al final se nos pregunta en la puerta: "¿Gozaste de la reunión? ¿Cómo te pareció? ¿Te agradó?"

En los años 90, en mi país, la Argentina, hubo un despertamiento de importantes características. Los cultos, por unción de poder y presencia del Señor pasaron a durar cuatro o cinco horas cuando hasta allí, una hora sobraba. Hoy, ese mover ya pasó y muchos de esos “momentos de cánticos” se realizan con la finalidad de sumarle minutos y horas a una reunión que, otra vez, con media hora se resuelve y el resto cansa.

¡Qué triste que nadie se detenga a pensar si nuestro Dios gozó y se agradó con la reunión!

El engaño en la observación religiosa, cuando se toma como un sustituto del andar en el Espíritu, fue un problema tan grave, inclusive en la iglesia primitiva, que el apóstol Pablo se vio obligado a escribir la siguiente exhortación:

"9Mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conoci­dos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años.  11Me temo de vosotros que haya trabajado en vano" (Gá. 4:9-11).

Si has oído el llamado del Espíritu Santo para salir de Babilonia, es esencial parar este tipo de reuniones y dejar de lado toda la tradición babilónica. En casi todos los casos, en el nombre del Señor, es indispensa­ble cesar en esas tareas, durante una temporada, permitirle a Dios que nos hable y que nos muestre lo que El desea.

Debido a las continuas reuniones y a otras actividades eclesiales que aceptamos como el cristianismo adecuado, muchos de nosotros disponemos de muy poco tiempo para tener un compañerismo verdadero con Dios.

Sólo cuando en realidad nos damos a amar y a adorar a nadie más sino a nuestro Señor Jesús, Él nos muestra cómo congregarnos, y cómo adorarle en Espíritu y en Verdad

Esto es una respuesta más a las tantas preguntas que yo y todos los hermanos que están en el mismo sentir y mover presente, reciben de la gente que salió de Babilonia y ahora no sabe como desarrollar su fe, su cristianismo y su relación espiritual.

Dios desea que le adoremos, pero la adoración real y verdadera es una respuesta espontánea de amor. Hablar de "entrar en un tiempo de adoración" es una expresión que carece de sentido. Cuando adoramos a alguien, tenemos esa clase de amor que se eleva en nuestros corazones de manera continua. No es algo que se pueda conectar mecánicamente cuando el director de una reunión religiosa hace el anuncio respectivo.

Es abominable tener un "líder de adoración" que lucha para levantar el entusiasmo en una comunidad, que la urge a "cantar con mayor fuerza o más alto," como si Dios fuera sordo. Cuánto debe quebrantarse el corazón del Señor con nuestros intentos mundanos por manipular la adoración, que no debe ser un derramamiento falsificado de amor desde nuestros corazones.

Esto no quiere decir que no haya adoradores genuinos dentro de los muros de Babilonia, pues Dios siempre tiene sus Danieles, Sadraces, Mesaces y Abed-negos. Hay millones de genuinos amantes de Dios que sin saberlo están aprisionados y no saben nada de los engaños espirituales de la Ciudad Ramera.

Como sus mentes fueron programadas por el sistema, siguen sus métodos y formas, pero a pesar de las reglas impuestas por la tradición, su amor genuino por Jesucristo se eleva hacia Dios. El Espíritu Santo se comunica con algunos de estos privilegiados y en el momento preciso y oportuno les revela la verdad sobre Babilonia la Grande.

Enfrentar el hecho que la gran mayoría de nuestra actividad religiosa no es dirigida por Dios y que no hace parte de su diseño, es muy difícil; en especial,  cuando hemos vivido en Babilonia por tantos años.

 Con todo, sólo podremos escapar de los brazos engañadores de la Ramera, única­mente cuando cuestionemos y rechacemos casi todos nuestros conceptos y creencias tradicionales. Debemos permitir que nuestras mentes se renueven en muchas áreas. Por esto, es sumamente útil conocer el origen de nuestras tradiciones y algunos hechos históricos para apreciar cuán lejos se han desviado de su curso nuestras iglesias.

En la iglesia primitiva las reuniones tenían lugar en las casas o en cualquier sitio lo suficientemente grande como para acomodar a todos. No se trataba de servicios religiosos donde había un orden de adoración. Cristo era el centro y los creyentes se congregaban para compartir de Él, no para oír el sermón de un clérigo profesional, como hacemos nosotros.

No había edificios con el nombre de iglesias, donde se daban los servicios dominicales. No había clérigos ni laicos, como los entendemos hoy. Todas las personas eran capaces de ministrar y participaban activamente como en toda reunión familiar.

Pasaron siglos para que las reuniones degenera­ran en una grande audiencia que escuchaba muy calladamente a un ministro profesional, y donde la participación se limitaba a levantarse, sentarse, cantar o hablar, cuando se le permitía o se le mandaba.

Nada impediría que retornemos a esto. Como lo haríamos, sólo debería ser armado por el Espíritu Santo. Porque, mucho me temo que si se designan hombres encargados de la organización, por distintos intereses volvamos a caer en lo mismo.

Hacia 325 d.C. el emperador Constantino hizo del cristianismo la religión del estado romano. Tanto él, como virtualmente todos los miembros del Imperio tenían mentes paganas y se hallaban profundamente arraigados en la cultura y en las creencias religiosas propias del paganis­mo.

Las religiones, judaísmo, islamismo, budismo, hinduismo y, obviamente, todas las paganas, necesitan SACERDOTES, TEMPLOS, INCIENSOS, TUNICAS, ALTARES, SACRIFICIOS, y otros elementos cuyo resultado son las tradiciones de los ritos de adoración.

Entonces, para la religión del estado romano fue natural requerir todas esas cosas. Sin duda alguna, tanto la influencia judía como su espíritu invisible de religión babilónica también afectaron su pensamiento.

Primero se erigieron edificios porque pensaban que necesitaban sitios de reunión más grandes por el aumento de los miembros a fin de congre­garse, cuando las casas resultaron pequeñas para los creyentes.

 En Roma, los primeros cristianos se reunían en las Catacumbas debido a las persecuciones que habían ordenado los emperadores paganos. Cuando Constantino puso fin a la persecución, no pasó mucho tiempo antes que la influencia pagana pidiera templos, sacerdotes con túnicas y el resto del sistema de ritos ya establecidos.

En aquellos tiempos los edificios no tenían ventanas, de modo que se necesitaban velas o cirios para iluminar el interior oscuro. Eventualmente, a los niños se les encargó encender las velas y este es el origen de los "niños del altar" y de las velas encendidas en las iglesias.

Las edificaciones húmedas y oscuras con sus congregaciones de creyentes que poco o rarísima vez se lavaban, vinieron a ser más y más desagradables a medida que pasaban los años. Entonces se echó mano del incienso que se empleaba en todos los templos -tanto en el judío como en los paganos, a manera de ofrenda a Dios y a los dioses- para cubrir y disimular los malos olores. Hoy, muchas iglesias siguen con esos ritos ridículos que no tienen nada que hacer con Cristo o con su Iglesia.

En otro estudio hablamos de la alternativa que determinó la costumbre tradicional del culto evangélico de los domingos por la mañana a las 11.00 AM., y muchos se asombran cuando decimos que ese horario se estableció simplemente porque Martín Lutero, a quien le gustaba demasiado la cerveza, la bebía los sábados por la noche de modo tal que no le permitía levantarse más temprano.

En los siguientes doscientos años las influencias paganas continuaron la corrupción de las creencias. El papa Gregorio Magno introdujo el culto a las "reliquias sagradas," por ejemplo, huesos de "santos" especiales que mostraban poderes sobrenaturales, según se creía, y que inclusive en los días actuales muchos fieles veneran y aun adoran.

La influencia de los magos paganos produjo la extraña doctrina de la transustanciación, en cuya virtud las especies del pan y el vino se transforman mágicamente en las sustancias verdaderas de la carne y la sangre de Cristo en la eucaristía.

Es indispensable enfrentar el hecho que nuestros servicios rituales del domingo, que se llevan a cabo en edificios mal llamados "iglesias," se originaron a partir de las mentes paganas, supersticiosas y primitivas. Cuando Martín Lutero (que era sacerdote católico) rompió con Roma, dejó en la práctica todas las mismas formas de reuniones, pues sin duda alguna habían venido a ser parte de las tradiciones y la cultura europeas.

La Reforma Protestante fue casi enteramente intelectual y teológica, y dejó intacta la tradición de las reuniones. Quizás a Lutero se le puede  responsabilizar de los conceptos sobre Pastores y Presbiterio. Al escapar de Roma, simplemente vagó hacia abajo, por otra calle, dentro de los muros de la ciudad Ramera, Babilonia la Grande.

Las funciones de los sacerdotes católicos incluían oficiar en las bodas y funerales (por un estipendio), visitar a los enfermos, dirigir la misa, el rezo del rosario, la bendición con la custodia, y otras formas de culto los domingos o los demás días de la semana, y orar por los fieles.

Lutero sencillamente cambió el rito de la misa por los servicios del culto dominical, y siguió con todo lo que hacía cuando ejercía su ministerio como sacerdote en la iglesia romana. De esta manera, nuestras ideas modernas sobre el Pastor y sobre los deberes pastorales, no se originaron en Jesús ni en sus apóstoles.

A pesar de su increíble capacidad intelectual, Juan Calvino se sometió a seguir los conceptos no espirituales de los servicios religiosos como la única forma de congregarnos. En consecuencia, hemos continuado con el sistema que nos mantiene en Babilonia, completamente cautivos, hasta el día de hoy.

A partir de esa época medieval y oscurantista recibimos nuestras ideas tradicionales de iglesias, pastores, formas de reunión, sermones, púlpitos, bancas, liturgias, coros, túnicas, altares, y todo lo que edifica y sostiene nuestras falsas apreciaciones de un "cristianismo adecuado." 

En el Nuevo Testamento no hay nada que justifique nuestros conceptos modernos de esas cosas.  Un pastor en el Nuevo Testamento era un don de Jesucristo, de la misma forma como dio apóstoles, profetas, evangelistas o maestros.

 Nuestro pensamiento de "reverendos" o "pastores" entrenados como clérigos, que gobiernan sobre congregaciones, no nació en el corazón de Cristo, sino en la mente carnal de los hombres medievales.

La reunión en un edificio especial, reservado para efectuar nuestras actividades religiosas, a horas fijas, en días determinados, puede consolar nuestras conciencias y satisfacer nuestras tradiciones culturales, pero casi todas esas reuniones han venido a ser una abominación ante los ojos de Dios, como en realidad al final llegaron a serlo todas las asambleas solemnes de Israel.

Antes de Constantino, otro emperador de Roma, el malvado y pagano Diocleciano, que persiguió a los creyentes, había dividido el imperio en provincias a las que dio el nombre de "Diócesis." Luego nombró gobernadores para todas las diócesis, y a cada gobernador se le llamó "Vicario." Este es un ejemplo perfecto de la manera como Babilonia nos controla, pues inclusive en el día de hoy continuamos con el uso de tales términos en las iglesias.

La iglesia que Jesucristo comenzó:

– No tuvo edificios llamados iglesias, catedrales o capillas.

– No tuvo liturgia ni orden de servicios.

– No tuvo jamás  una denominación.

– No tuvo acta de constitución ni declaraciones de fe o de principios.

– No tuvo himnario, tratados, coros, comités de finanzas ni de ofrendas.

– No tuvo escuela dominical.

– No tuvo seminarios ni institutos bíblicos.

– No tuvo organizaciones para-eclesiales,

No será posible escapar de Babilonia sino hasta cuando seamos capaces de captar y aprehen­der que JESÚS PUEDE EDIFICAR SU IGLESIA SIN NINGUNA DE ESAS COSAS. Dios puede elegir usarlas, y lo hace así debido precisamente a su gracia, a su misericordia y a su paciencia maravillosa con nuestra ignorancia o con nuestra necedad, pero eso no quiere decir que ellas sean su mejor camino o la plenitud absoluta de su deseo perfecto para nosotros.

Cuando nuestros ojos espirituales se abran, y una vez que comencemos a cuestionar el sistema de la iglesia, nos encontraremos en tremendo conflicto con quienes aún no han comprendido los engaños de Babilonia la Grande.

Hermanos de muy buena voluntad, muy sinceros, y de alta significación, lucharán por disuadirnos de nuestro "error" y contenderán para proteger las doctrinas y prácticas del sistema. Se nos puede clasificar como rebeldes, como engañados o aun demonizados, y hasta pueden ser inevitables las rupturas de relaciones previas muy afectuosas con diversos hermanos.

Esto nos llevará a que nos rechacen, y entonces tendremos que enfrentar la experiencia de un desierto espiritual en el proceso para escapar de Babilonia.

Allí es donde camina la mayor parte de los que toman contacto con nuestro ministerio. Buscan que yo les diga que cosa tienen que hacer ahora que han salido de Babilonia. Es decir que, buscan que alguien se haga dueño de sus voluntades porque eso es exactamente lo que han estado viviendo hasta hoy adentro de Babilonia y suponen que sin ese “líder” sus vidas no puede vivirse con seguridad y certeza.

Capítulo Cinco

LA EXPERIENCIA DEL DESIERTO

Una vez que somos guiados por el Espíritu Santo a rechazar el sistema de la iglesia Ramera, sufriremos una experiencia de desierto espiritual. Debemos entender que no hemos pasado por este camino antes. Cada uno de nosotros es un pionero y no hay ninguna ruta claramente marcada como para que podamos seguirla.

La cosa más difícil y de mayor dureza para casi todos nosotros reside en que quienes permanecen detrás no entienden que buscamos una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. Amistades preciosas, compañerismos llenos de amor, que hemos disfrutado en "nuestra iglesia," repentinamente se pueden volver fríos y amargos.

Con frecuencia tendremos que enfrentar incomprensiones, malos entendidos, y hasta que nos acusen falsamente de apostasía, rebelión y engaño, así como el doloroso rechazo de aquellos a quienes amamos pero que en forma súbita han perdido su amor por nosotros.

En este punto seremos muy vulnerables ante los emisarios de la Ramera, que procurarán convencernos de regresar, o que nos unamos a otro grupo, o por lo menos que nos comprometamos con alguna "actividad cristiana." No predicar más, no volver a enseñar, ni a cantar en el coro, ni gozar con la asistencia a la iglesia, cuando quizás hemos hecho eso por muchos años, es una experiencia devastadora.

Sin embargo, debemos saber que es nuestra carne la que echa de menos las reuniones, los cantos, la música, o el calor de aquellas antiguas amistades y desea que regresemos a Babilonia o a Egipto.

Hay soledad, frío y dureza en el desierto, pero allí Dios preparó a Moisés y allí también podemos aprender a "no amar el mundo, ni las cosas del mundo" y descansar tan sólo en Dios para alcanzar y ganar a Cristo. No hay "muletas religiosas" donde sostenernos y apoyarnos. No hay ninguna actividad religiosa donde podamos ocultar nuestra verdadera condición ante los demás ni ante nosotros mismos.

Sólo mediante una firme decisión para rechazar las tentaciones, y gracias a la comunión y al compañerismo constantes y permanentes con nuestro Dios y Señor, durante períodos muy prolongados, podremos escapar a los muchos lazos y a las innumerables e invisibles cadenas de Babilonia.

Después de un tiempo seremos capaces de ver bajo los oropeles que adornan a la Ramera, y entonces, podremos aborrecerla de verdad, pero debemos amar siempre a quienes permanecen atados en cautive­rio.

Es esencial que jamás olvidemos que Dios no tiene "llaneros solitarios" en su Iglesia. Siempre debemos tener conciencia que al Cuerpo de Cristo lo constituyen muchos miembros y que debemos permitir a Dios que sea El quien nos una a los demás. No nos uniremos a algo o a alguien, sino sencillamente descubriremos aquellos a quienes Dios decide unirnos.

Esta es una irrenunciable verdad que todos quienes hemos salido de Babilonia deberemos tener muy en cuenta. Llevo recibido no menos de veinte invitaciones a unirme a diferentes grupos que están en oposición a la iglesia estructural, pero a todos he dicho que no.

Y lo he hecho por una simple razón: yo no estoy en oposición a las formas de conducción, manejo y emisión de la actual iglesia evangélica; yo creo que eso no es la iglesia del Señor, que es muy distinto. Y además, estoy en la certeza que eso también es Babilonia, cosa es mucho más que estar en oposiciones políticas.

Dios, en y a su debido tiempo, nos unirá con otros. Debemos ser pacientes y permitirle que lo haga, en su completa libertad, sin tratar ni una sola vez de ayudarle. Somos "piedras vivas"  y Jesús es el arquitecto y edificador de su Iglesia. No somos los constructores, sino el material que Él ha de usar para levantar la obra de su Iglesia. Sencillamente debemos tener la voluntad dispuesta y el deseo de serle obedientes.

Su Iglesia es una familia. No tiene ninguna semejanza con las iglesias, estructuras y organizaciones que hemos creado. La Iglesia que Jesucristo construye no es una institución. Es un organismo vivo, una mujer hermosísima, "vestida de lino fino, limpio y resplandeciente." La Esposa del Cordero, nuestro Señor Cristo Jesús.

El irresistible reinado de nuestro Señor Jesucristo en nuestros corazones individuales, crea unidad tangible en el Espíritu. No necesitamos nada externo que nos mantenga juntos, porque nos conocemos unos a otros, gracias a la revelación interior del Espíritu Santo. El Espíritu dentro de nosotros crea la relación espiritual amorosa que es todo cuanto necesitamos para que gocemos del compañerismo con el Señor y con nuestros hermanos.

Para que el Cuerpo de Cristo funcione sólo se necesita la guía del Espíritu, a fin de que sus miembros se relacionen entre sí. Cuando se derribe al ego y en el corazón de todos los creyentes se entronice a nuestro Rey, se tendrá una relación perfecta, saturada de paz,  maravi­llosa por el gozo y la plenitud del regocijo. Así, a partir de ese momen­to, no podrán existir jamás ni discordias ni divisiones, PORQUE ENTONCES A TODOS LOS CORAZONES HABRÁ VENIDO EL REINO DE DIOS.

Esto también es estrictamente así y nadie podría haberlo definido mejor que Peter en este párrafo. ¿Sabes como se derrumba tu Ego cuando te das cuenta que ya no habrá más púlpitos, aplausos de hermanos, reconocimientos públicos, firmas de Biblias y adulaciones varias que te abundaban en Babilonia?

El Padre, que es infinitamente sabio, siempre se halla pleno de gracia y de misericordia y, como nos ama, nos disciplinará a fin de que podamos compartir su santidad. Nos enseña de muchas formas distintas y nos habla dentro de las limitaciones de nuestra comprensión individual que se halla atada a nuestro ambiente, cultura y experiencia.

Dios sabe todo sobre nosotros, conoce los pensamientos más secretos de nuestros corazones y permitirá que seamos tentados por nuestros propios deseos y por el enemigo. Si fracasamos en la prueba, no progresaremos, pero experimentaremos los mismos problemas una y otra vez, hasta cuando aprendamos a vencerlos y superarlos.

Solamente hay tres raíces para todas las clases de mal. Cuando examinamos los pecados de cualesquiera categorías que sean, siempre encontraremos que su origen residirá en EL ORGULLO, EL AMOR AL DINERO Y LOS DESEOS DE LA CARNE.

Los hombres aman el estatus, el poder para gobernar a los demás y cuando alcanzan eso, el orgullo les hará retenerlo, con inusitada frecuencia,  a expensas de herir a otros. Muy a menudo los hombres mentirán para impresionar a sus oyentes sobre su propia importancia o se dan ínfulas por sus logros. El orgullo es la raíz de la mentira.

El orgullo se manifiesta cuando nos resistimos a las correcciones o a la instrucción de quienes nos aman. El orgullo hace que nos levantemos para reclamar nuestros "derechos" y nos impide pedir perdón o humillarnos. El orgullo hará que le echemos la culpa de todos nuestros problemas a los demás, o frecuentemente al diablo, cuando en verdad la causa del problema reside en nosotros mismos.

Es bastante frecuente y habitual dentro del movimiento eclesiástico babilónico, que un invitado de cierto país, cuando predica en nuestra congregación, cuente las maravillas que el Señor está haciendo por su mano en aquel lejano lugar. Obviamente, aquí no ocurre absolutamente nada el día de su visita, pero lo adjudicamos a nuestra incredulidad.

Luego es nuestro pastor el que viaja allá en devolución a esa visita y, cuando retorna, hay que oírlo detallar las maravillas que el Señor hizo allá por su mano. Naturalmente, aquí ese pastor no puede orar ni por un dolor de muelas porque salvo asistencia al odontólogo, esa muela no se va a caer sola.

Seguimos suponiendo que se trata de nuestra incredulidad que no permite que aquí, en nuestra iglesia, se manifieste el poder de Dios. Sin embargo, un día nos enteramos que los hermanos de aquel país de donde vino el pastor y luego viajó el nuestro, pasan exactamente por lo mismo porque, en ambos casos, se les ha relatado lo mismo que a nosotros. Orgullo y mentiras evangélicas…

Las Escrituras a veces se traducen mal y no es raro que se citen aun peor. Por ejemplo, el versículo: "raíz de todos los males es el amor al dinero" (1 Ti. 5:10), en verdad dice y se debería leer así: "el amor al dinero es UNA RAÍZ para todas las clases de mal" Los hombres matarán, robarán, asaltarán a otros para obtener riquezas o posesiones. También mentirán, defraudarán, engañarán y embaucarán por el amor al dinero.

Los pecados que tienen sus raíces en los deseos de la carne incluyen, entre otros, adulterio, fornicación, homosexualidad, lesbianis­mo, lujuria, incesto, rapto, y a veces homicidio. El comportamiento falso y engañoso, las mentiras y hasta el robo, a menudo tienen su raíz causal en relaciones y deseos sexuales incorrectos o equivocados.

Estas tres áreas de nuestras vidas deben estar bajo el Gobierno de Dios si vamos a compartir su santidad. "La Esposa SE HA PREPARA­DO y es nuestra tarea vestirnos de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino corresponde a las acciones justas y al comporta­miento correcto de los santos" (Ap. 19:7-8).

Si hemos dejado una iglesia babilónica y no hemos querido unirnos a otra, ni mucho menos comenzar una nueva, experimentaremos incomprensiones y rechazos muy dolorosos. Esas circunstancias desagradables prueban nuestra fe, pero si soportamos hasta el fin y no renunciamos, creceremos en la madurez espiritual. Debemos recibir esas pruebas y aceptarlas con todo gozo, a fin de que el fruto apacible de justicia se manifieste en nuestras vidas.

Si permitimos la amargura y el resentimiento que resultan de experimentar una relación dolorosa, no nos acercaremos más a la Nueva Jerusalén, sino que vamos a permanecer más tiempo en el desierto. Cuando el sistema de la iglesia nos hiere y nos rechaza, debemos ver eso como una oportunidad para crecer y madurar en bondad fraternal, perdón, humildad, paciencia, dominio propio y amor cristiano.

¿Qué creías que era ese mandato de “perseverar hasta el fin”? Porque al igual que lo hice yo, seguramente lo has repetido como un perico hasta el cansancio, lo has enseñado y predicado, pero hoy es el tiempo en que deberás reconocer que no lo habías entendido.

Volvámonos al Padre para recibir el consuelo de su Santo Espíritu por intermedio de Jesús. Tengamos comunión con el Altísimo. Si sabemos de otros que han oído nuestro mismo llamado, podemos tener compañerismo con ellos.

Sin embargo, si también han sido heridos y rechazados, no nos compadezcamos unos a otros, pues entonces sólo satisfaremos a nuestra carne y al diablo al criticar a quienes todavía permanecen en Babilonia.

Recordemos que sólo por la pura gracia de Dios, el Espíritu Santo nos ha hecho ver a Babilonia. Para Dios no somos mejores ni más importantes que sus otros hijos amados que aún se encuentran en cautiverio, enceguecidos por la Gran Ramera.

Hasta cuando el Espíritu Santo no revele a los demás la verdad sobre Babilonia, no podemos explicar estas cosas a quienes están en esclavitud. Tienen un velo ante sus ojos. Las cosas espirituales sólo se pueden entender y discernir espiritualmente, pues la mente carnal y religiosa es incapaz de recibir todo lo que contradiga su conocimiento intelectual.

Con frecuencia es mucho más sabio nunca explicar, y nunca quejarse.

Jesús jamás procuró justificarse o dar explicaciones a sus acusado­res religiosos, y haremos muy bien en seguir su ejemplo.

Esto, si lo imitas tal como debes hacerlo con tu único referente válido, va a acarrearte desconfianzas y críticas muy ácidas sobre tu supuesta soberbia espiritual. Ellos aman el debate, pero en realidad lo transforman en métodos coercitivos de convencimiento y proselitismo religioso.

Me invitan a diario a intervenir en decenas de foros supuestamente de enriquecimiento cristiano. La verdad, por lo poco que he leído en ellos, no pasan de ser expresiones, a veces agresivas, que se regalan unos a otros, representantes y defensores de distintos credos religiosos. Eso no es Dios.

Si hemos dejado a Babilonia por nuestra propia elección, debería ser tan sólo por el amor de Cristo y por el sometimiento a su voluntad.

Si por el contrario, se nos ha expulsado del sistema contra nuestra voluntad, entonces veámoslo como la mano todopoderosa de Dios, llena de gracia y de misericordia que nos libera de la esclavitud y de la servidumbre.

La religión desgarra y separa las familias. No necesitamos religio­nes. Necesitamos CONOCER A DIOS. El conocimiento íntimo del Señor se alcanza fuera del campamento. Los momentos más íntimos de la esposa con el Esposo, no son para experimentarlos en público ni para que otros los vean. Cuando estamos solos en el desierto, no hay nadie más a quien volvernos, excepto a Él, y eso es maravilloso y lo mejor para nosotros.

Un pensador argentino no creyente, llamado José Narosky, que ha compuesto miles de pequeños pensamientos sintéticos que denominó como Aforismos, construyó uno desde su secularizad que dice: “Cuando las religiones separan a los hombres, se apartan de Dios”. Terriblemente exacto.

Nuestro viaje a través del desierto por lo general es lento, y puede tomar un largo tiempo. Si hemos pasado muchos años en Babilonia, quizás también se necesiten varios más en el desierto para desprogra­mar nuestras mentes.

 Los espíritus inmundos de las tradiciones, de la superstición, del engaño de nuestra cultura religiosa, requieren mucho tiempo para ser completamente expuestos y rechazados, a fin de que nuestro pensamiento quede por entero limpio de su dominio y sus influencias.

En casi todos nosotros hay un abrumador sentimiento de culpa cuando dejamos de asistir a la iglesia y abandonamos nuestras actividades religiosas previas. Nos confundimos, pues no sabemos qué hacer al suspender las cosas que los "cristianos hacen," según la tradición y las "creencias populares."

También hay grandes peligros adicionales, pues podemos caer en las trampas del demonio y del mundo, cuando estamos solos en el desierto espiritual; por tanto, es muy importante que resistamos las tentaciones y que evitemos las malas compañías en este período.

La experiencia del desierto hará que algunos cedan, renuncien, y regresen a la bien ordenada seguridad carnal de Babilonia, pero los que perseveren hasta el fin serán VENCEDORES.

Hay siete promesas para los Vencedores:

1. Se les garantiza que comerán del Árbol de la Vida (Ap. 2:7).

2. No sufrirán el daño de la segunda muerte (Ap. 2:11).

3. Se les dará a comer del maná escondido, junto con un nombre nuevo que sólo conoce el que lo recibe (Ap. 2:17).

4. Recibirán autoridad para gobernar sobre las naciones con vara de hierro (Ap. 2:26-27).

5. Serán vestidos con vestiduras blancas y sus nombres no se borrarán del Libro de la Vida. Además el propio Jesús confesará sus nombres delante del Padre y de sus ángeles (Apo. 3:5).

6. Serán Columnas en el Templo de Dios (el Cuerpo de Cristo) y tendrán escritos sobre ellos el nombre de Dios (Jesús – Salvador) y el de LA NUEVA JERUSALÉN (Ap. 3:12).

7. Se sentarán con Jesús en su trono, así como El se sienta con el Padre en su trono (Ap. 3:21).

Sólo cuando el Nombre que es sobre todo otro nombre, esté escrito en nuestras frentes, tendremos la mente de Cristo. Sin embargo, como en todas las promesas de Dios, hay una condición que se debe cumplir, antes que la podamos recibir. Las siete promesas las tendrán y disfrutarán sólo quienes PERSEVEREN, SOPORTEN Y VENZAN.

El Padre desea que todos y cada uno de sus hijos sea vencedor de:

LA CARNE, EL MUNDO, EL DIABLO Y SUS DEMONIOS.

Esto toma tiempo, pues rara vez hay una entrada rápida y fácil a la Nueva Jerusalén. Nuestro viaje se debe entender mejor como un proceso de transformación, y todos progresaremos de acuerdo con nuestra disposición y voluntad para negarnos a nosotros mismos y vivir para Cristo.

Nuestro Señor Jesucristo debe reemplazar al hombre como la Cabeza de su Cuerpo, y únicamente Él solo debe ocupar el primer lugar en todo.

Cuando se dice que ese nombre estará escrito en nuestra frente, será bueno no confundirlo con lo que según Apocalipsis hará la Bestia diabólica, marcándolos a todos en la mano y la frente. Aquí se está hablando de tener en la mente a la mentalidad de Cristo.

Capítulo Seis

JESUCRISTO TENDRA EL PRIMER LUGAR

"13El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. 15Él es la imagen del Dios invisible, el primo­génito de toda crea­ción. 16Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean prin­cipados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; 19por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (Co. 1:13-20).

Queda así meridianamente claro que Dios quiere que nuestro Señor Jesucristo tenga el primer lugar en todo. Podemos hablar de "Renovación y de Restauración" y es obvio que el Cuerpo de Cristo las necesita a ambas, pero todos tenemos una tremenda incapacidad para dar a nuestro Rey el primer puesto tanto en nuestras vidas personales como en nuestras iglesias.

A fin de dar a Jesús la preeminencia, tu voluntad y la mía necesitan rendirse voluntariamente a Él, de modo que pueda vivir su vida en nosotros, en una forma verdadera y real.

Por tanto, la palabra de Cristo debe venir a ser nuestra última palabra.

Tenemos que aprender a darle a Él la preeminencia y a enfocar nuestras mentes en sus dichos, a seguir su camino de vida y el ejemplo de su vida sobre la tierra.

Jesús es Señor de todo. Su señorío se extiende sobre toda Escritura y no tenemos el más mínimo derecho para tomar ni una sola enseñanza de la Biblia y emplearla de forma que contradiga la propia Palabra de Cristo. También debemos examinar nuestras tradiciones y rechazar todas las que no tengan su origen en Él.

Jesús dio instrucciones muy específicas a sus apóstoles pero, con el correr de los siglos, sus órdenes se han abandonado gradualmente, gracias a los sutiles engaños de satanás. Las doctrinas y tradiciones de los organismos religiosos han venido a reemplazar esas instrucciones del Rey, y se convirtieron en los patrones y estándares aceptados por la cristiandad.

Por ejemplo, Jesús ordenó a sus seguidores que hicieran discípulos para Él y su Reino, y no miembros de las organiza­ciones religiosas e iglesias de nuestra propia elección.

Jesús ordenó a sus apóstoles que pusieran a los nuevos discípulos bajo el gobierno y la dirección de su Reino, enseñán­doles a hacer todas las cosas que Él les había ordenado (Mateo 28:19-20).

Entonces, ¿por qué desafiamos abiertamente a nuestro Rey al hacer "miembros de iglesias" de más de 40,000 denominacio­nes, sectas o grupos diferentes, que sólo existen porque sus fundadores o líderes están divididos sobre sus enseñanzas y creencias distintas?

La desagradable verdad reside en que ni un solo grupo obedece las órdenes del Señor, pues si lo hicieran, no se denominarían más y a todos sus conversos se les enseñaría A HACER todo lo que Jesús enseñó a sus primeros discípulos.

Esto es más que obvio y, además, es absolutamente contrario a lo que la misma Biblia dice cuando consigna que el Espíritu Santo es nuestro único guía a toda verdad. Porque si es así, ¿Cómo pueden sobrevivir todas esas diferencias doctrinarias si la verdad es solamente una?

Los líderes cristianos a menudo están tan ocupados en la edificación de sus estructuras, o en dirigir sus cultos y servi­cios, o en enseñar todo cuanto sus grupos creen, que las palabras de Cristo no encajan en sus conceptos y se desdeñan o se ignoran. Sus puntos de consideración sobre el cristianismo casi siempre se sostienen con mucha sinceridad, pero no se dan cuenta que están atados por los engaños de Babilonia.

Vistos desde la perspectiva de Dios, todos somos rebeldes, todos seguimos desafiantemente nuestros propios caminos, en lugar del camino de nuestro Señor Jesús.

Nuestros seminarios y nuestras escuelas bíblicas perpetúan esta involuntaria rebeldía, porque los sistemas, las estructuras y las creencias tradicionales tienen más control sobre nuestras mentes que la Palabra de Cristo el Señor.

Creemos EN Cristo pero, sin que tengamos conciencia de ello, en realidad hemos alcanzado un punto donde generalmente no le creemos A Cristo.

Por eso es que en todos mis trabajos, y aún a riesgo de ser muy mal mirado por hermanos fieles y sinceros, suelo decir y enseñar que, cuando la Biblia habla de incredulidad, no habla del mundo pagano, impío y pecador, sino de la incredulidad que hay adentro de lo que llamamos iglesia.

Todos nosotros necesitamos revisar nuestra presunción y orgullo teológicos al pensar que tenemos las respuestas correc­tas, y examinar nuestras creen­cias y nuestras prácticas por la PALABRA DE CRISTO.

¿Amamos a Jesús?  ¿HACEMOS TODO LO QUE DICE?

"21El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él 3El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. 24El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió" (Juan 14:21-24).

Debemos ser muy conscientes del hecho que cuando Jesús pronunció esas frases no hacía mención de las Santas Escritu­ras. Se refería a SUS PROPIAS PALABRAS. Es decir, las que hablaba a sus discípulos, y que con toda claridad Él afirma que son LA PALABRA DE DIOS.

"24y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. 25Os he dicho estas cosas ESTAN­DO CON VOSOTROS" (Juan 14:24-25.

Si con toda sinceridad deseamos dar al Señor Jesucristo el primer lugar en todo, debemos arrepentirnos de nuestras ideas sobre lo que hemos creído y enseñado. Debemos volver a la DOCTRINA DE CRISTO. También debemos redescubrir el significado neotestamentario de LA PALABRA DE DIOS.

Sin las Escrituras no tendríamos ninguna forma intelectual de saber lo que Jesús enseñó, o lo que Dios quiere de nosotros, porque vivimos casi dos mil años después de la resurrección de Cristo.

Que las Escrituras fueron inspiradas por Dios y, en ese sentido, El es su autor, es un hecho no discutible por quienes hemos nacido de nuevo gracias al Espíritu de Dios. La Biblia es completamente confiable, pero la manera como muchos hombres la leen y sacan frases del contexto para probar sus creencias, siempre se debe cuestionar.

Llamar a la Biblia la Palabra de Dios en el sentido que Él inspiró a sus escritores individuales, no es incorrecto. Sin embargo, por medio de nuestro uso continuo de esta frase para describir y referirnos a las Escrituras, en un grado alarmante, hemos perdido nuestra capacidad para entender y captar lo que quieren decir estas palabras cuando las leemos en el Nuevo Testamento.

El enemigo toma conceptos inocentes y los tuerce de forma tan sutil que al final se convierten en errores y perdemos de vista a la verdad. De este modo, en una enorme escala, vence a los santos y nos mantiene atados en el cautiverio babilónico. El pecado apreciable con facilidad no es nuestro problema, sino los engaños sutiles de satanás que encadenan al pueblo de Dios y nos impiden escapar de su ciudad.

Esto es indudablemente así y no somos pocos los que hemos podido vivirlo y verlo muy de cerca. Hasta la secta más satánica y equivocada suele aferrarse a una palabra extraída de las escrituras. Por eso es necesaria la actividad interior del Espíritu Santo.

Se ha dicho hasta el cansancio y seguramente lo habrás oído muchas veces, que el diablo conoce mejor la Palabra que muchos cristianos y no es así, créemelo. El diablo conoce la letra que está en la Biblia de memoria, pero jamás pudo ingresar a la Palabra de Dios por un simple motivo: no posee el Espíritu Santo y por lo tanto no tiene ni puede tener la menor revelación de ella.

Antes que millones de cristianos puedan ser libres de estos engaños necesitan que sus pensamientos se renueven en esa área. Para muchos de nosotros, sobre todo para los "funda­mentalistas combativos" y para el "Pueblo de la Palabra" (de manera incidental parte de mis antecedentes persona­les) es una verdadera herejía señalar lo que a continuación sigue.

Sin embargo, si eres un buscador sincero de la verdad, y pides al Espíritu Santo que te guíe, encontrarás que es una declaración correcta, por más desagradable que  aparente ser al principio.

Nos hemos acostumbrado tanto a llamar a la Biblia la Palabra de Dios, que cuando encontramos esta frase en el Nuevo Testamento, pensamos inmediatamente en las Escrituras. En consecuencia, no podemos entender lo que leemos, porque casi sin excepción, "La Palabra" o "La Palabra de Dios" siempre se refiere a Jesús o a SU MENSAJE,  al ver estas frases en el Nuevo Testamento.

Sólo hasta cuando comprendamos esto, y por tanto aprehen­damos y captemos lo que leemos, dejaremos de ser engañados sutilmente y podremos ser capaces de hacer lo que Dios ha dicho.

El cristianismo se ha desviado tanto de su curso verdadero, que aquellos de nosotros que queremos dar a Jesús el primer sitio en todo, a veces no tenemos otra alternativa sino abando­nar toda esa mezcolanza, y comenzar de nuevo. Es muy difícil construir sobre los escombros de nuestros conceptos y experien­cias pasados, porque el entendimiento tradicional de Babilonia tiene sus bases en esos desechos, basura que debemos eliminar de nuestros nuevos cimientos.

El apóstol Pablo escribió: "NADIE PUEDE PONER OTRO FUNDAMENTO QUE EL QUE ESTA PUESTO, EL CUAL ES JESUCRISTO"  (1 Co. 3:11). Con todo, en cincuenta años de experiencia e investigaciones cristianas en muchas denomina­ciones, nunca he encontrado un solo grupo que en sus enseñan­zas fundamentales instruya a los nuevos creyentes a hacer todo lo que Jesús enseñó.

Casi siempre se les dice a los nuevos conversos que lean la Biblia, que oren, que asistan a las reuniones y que testifiquen a los demás. Luego se les instruye en las creencias y doctrinas del grupo al que se han unido.

 En un claro contraste, Jesús ordenó a sus apóstoles hacer discípulos a quienes se les debía enseñar a hacer y practicar todo cuanto Él enseñó. ¿Cuándo cambió nuestro Rey sus instrucciones? Si dice que sus maestros deben enseñar a otros a hacer lo que dijo y predicó, somos rebeldes al desobedecerle.

Nos han construido y edificado sobre cimientos falsos y, como consecuencia, nunca creceremos hasta alcanzar y obtener la estatura de la plenitud de Cristo.

Solamente la leche pura y sin contaminación, leche no adulterada, de las palabras de Jesús nos hará crecer hacia la madurez espiritual, como dijo el apóstol Pedro; y si algunas personas conocieron de primera mano la verdad, deben haber sido los primeros discípulos y los apóstoles del Señor.

Los recién convertidos, si han tenido la fortuna de caer en una iglesia que valora la revelación del Espíritu Santo, quizás puedan aprovechar en algo su lectura obligatoria. Si, por el contrario, están en lugares más ortodoxos, sencillamente, leer la Biblia les significará un verdadero sacrificio.

Recordemos que Jesucristo, con toda autoridad dijo estas palabras que inclusive en el día de hoy, tienen un profundo significado:

"24Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25Porque todo el que quiera salvar su vida la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará" (Mt. 16:24-25).

En aquellos días, cuando un hombre llevaba su cruz hasta el punto de la crucifixión, era para todos los objetivos y propósitos un hombre muerto. Había perdido todos sus dere­chos y el control sobre su propia vida. Cuando Jesús dice que nos neguemos a nosotros mismos, quiere decir que debemos morir al yo, y rendirle a Él nuestras voluntades si queremos seguirle y compartir con Él en la vida de Dios.

Sólo cuando rindamos nuestras almas, con todos sus deseos egoístas, a la soberanía, al reino y a la dirección del Espíritu de Cristo, habremos dado al Señor Jesús la preeminencia en todo.

Capítulo Siete

LA PALABRA DE DIOS

Jesucristo es la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Vino de los cielos para traernos un mensaje de Dios, y el Nuevo Testamento llama tanto a Jesús como a su mensaje: La Palabra de Dios.

La Palabra de Dios desea que oigamos y obedezcamos no solamente a Jesús mismo, sino también a sus enseñanzas.  Dentro del contexto de la Iglesia primitiva "La Palabra"  no significaba un libro; quería decir simple y llanamente: el propio Jesús y/o su mensaje.

 Como en los años que se describen en el Nuevo Testamento, el Nuevo Testamento no se había escrito todavía, para satanás era muy difícil engañar a los cristianos y hacerles pensar que el Nuevo Pacto era también "un pacto en la letra" y no en el Espíritu. Cuando algunos de los creyentes judíos comenzaron a pensar y a seguir en esa línea de ideas, Pablo se vio obligado a corregirlos en varios apartes de sus cartas, por ejemplo, 2 Corintios 3:6.

Asimismo debemos recordar que cuando se escribieron los libros del Nuevo Testamento, cada evangelio, las diversas epístolas, y luego el Libro del Apocalipsis, se leían y se entendían como una entidad completa en sí misma.

Cuando se recibía una carta de Pablo, por ejemplo, se leía en alta voz a todos los creyentes, la iglesia, en ese lugar. Se leía como toda carta, desde el principio hasta el fin. No había capítulos ni versículos y como muy escasamente algunos pocos hermanos sabían leer, a todos no les era posible comparar las Escrituras del Antiguo Testamento con los escritos del Nuevo Testamento, a fin de entender y captar los significados de esas escrituras individuales.

La mentalidad fija en el siglo XX de los creyentes cristianos evangélicos, pentecostales, bíblicos (entre quienes me cuento),  hace difícil enfrentar esta realidad. Sin embargo, en la Iglesia primitiva no existían ni teología sistemática ni se conocían las respectivas exigencias de ser cristianos bíblicos, de manera que sus conceptos sobre lo que se debe considerar bajo el apelativo de una verdadera y sana doctrina, estaban muy aparte y muy retirados de los nuestros.

Los apóstoles enseñaron a la Iglesia primitiva a hacer todo lo que el Señor Jesucristo les había enseñado. Inclusive al apóstol Pablo le fue necesario escribir estas palabras:

"3Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nues­tro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia" (1 Tim. 6:3-5).

En la mente de los discípulos lo que Cristo les había dicho era la Palabra de Dios. Su mensaje, el evangelio del Reino de Dios, era La Palabra que los discípulos se encargaban de difundir por todas partes.

Por tanto, cuando una iglesia recibía una epístola y oía algo que se relacionaba con "la Palabra de Dios," de manera inmediata todos sus miembros pensaban en Jesús y sus palabras, en todas sus enseñanzas y no apenas en un libro.

Cuando el apóstol escribió "sed hacedores de la PALABRA, y no tan solamente oidores" (San. 1:22), no estaba exhortándonos a "hacer todo lo que la Biblia enseña." Cuando su epístola se leía en alta voz, de manera muy clara y obvia, todos los cristianos oyentes entendieron que con esos términos se les  exhortaba de manera muy perentoria a "ser hacedores de las Palabras de Cristo,"  y no apenas oidores que luego no hacían lo que El Señor había dicho.

Por medio de sus apóstoles Jesús confió la Palabra de Dios, que es el mensaje de Dios Padre a la humanidad. Satanás necesitó muchos siglos para quitar nuestra atención de esta simple y sencilla verdad, y sutilmente hacer que de manera inmediata se pensara en la Biblia cuando decimos "La Palabra."

Al hacerlo así entenebreció nuestros pensamientos, de forma tal que nuestras ideas se programaron para reemplazar la Palabra Viviente, Jesucristo el Rey, y su mensaje, sus enseñanzas, sus órdenes, con la Biblia.

El resultado de este sutil engaño reside en que mientras luchemos por defender las Escrituras como la Palabra de Dios, seremos incapaces de considerar con nuestra razón cualesquiera cosas que inclusive en un modo muy remoto contradigan las fijaciones de nuestras mentes. Algunos que lean este libro pueden pensar que con mis explicaciones hago un ataque a la autoridad y a la inspiración de la Santa Biblia, pero eso no es así.

Todos debemos entender y sobre todo creer en nuestros corazones, con toda fe, que:

"16Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Ti. 3:16-17).

La Biblia es absoluta y totalmente confiable en todos sus aspectos, y debemos depender de ella en la perfecta confianza que Dios inspiró su registro para nuestro beneficio. Sin embargo, como toda palabra escrita en la Biblia no la habló Dios, necesitamos comprender que Él también quiere enseñarnos mediante los fracasos, las caídas, los pecados y la ignorancia de los hombres, de manera tal que no vayamos a caer exactamente en los mismos errores.

Soy uno que ha entendido lo que Peter White ha querido decir aquí. Y no sólo lo entiendo, sino que en el sentido amplio de su declaración no puedo evitar compartirlo, ya que ese error que él señala ha determinado, nada menos, que la aparición de miles de legalistas supuestamente bíblicos en nuestras congregaciones.

Cuando los "consoladores" de Job le dieron consejos, procedían con base en su sabiduría humana y no hablaban la palabra de Dios. De hecho, Dios se mostró más que disgustado con la impiedad de las palabras que ellos ofrecían y por eso dijo a Elifaz temanita:

"Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job" (Job 42:7)

El Eclesiastés contiene muchas ideas y palabras que contradicen lo que verdaderamente ha dicho Dios. Incluye afirmaciones que son ciertas, otras que son  ciertas en parte y otras que son falsas por completo.

Sin embargo, Dios inspiró su escritura y su inclusión en la Biblia, a fin de mostrarnos la total futilidad y todas las vanidades del hombre cuando tratamos de sustituir la sabiduría de Dios con la sabiduría humana, y luego procuramos vivir por medio de nuestro entendimiento humanista.

Salomón, el escritor, fue en su tiempo el más sabio de todos los hombres que jamás habían vivido, pero cuando era de edad avanzada se desvió de Dios y cayó presa de los engaños y seducciones del mundo.

Gratificó y cedió a sus deseos carnales con centenares de esposas y concubinas, adquirió enorme riqueza y virtualmente tuvo un poder ilimitado para imponer su voluntad sobre los demás. Cuando escribió el Eclesiastés, al final de su vida, concluyó que la existencia es vanidad, que no vale la pena, ideas que vienen de haber vivido "bajo el sol," apartado de Dios y desprovisto ya de la guía y orientación del Espíritu Santo.

Pese a todo esto, el Señor le usa para enseñarnos que sus necias conclusiones son el resultado trágico de no vivir bajo el gobierno de Dios, y que no debemos permitir que seamos engañados de modo semejante por el intelecto humano.

El registro del pecado de David con Betsabé quedó escrito para nuestra instrucción, a fin de que podamos entender cómo la codicia y los deseos de los ojos y de la carne nos pueden atrapar y destruir. Dios estaba profundamente enojado con el terrible pecado de David, de manera que jamás nos debemos comportar en la misma forma.

También ese relato sirve para ayudarnos a comprender el maravilloso perdón de Dios, cuando nos arrepentimos de verdad. A esto se refería Pablo cuando escribió que toda la Escritura es inspirada por Dios, útil para que aprendamos de ella, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y preparado por completo para toda buena obra.

La Biblia es para nosotros de un valor incalculable. Es mucho más sabio llamarla "Escritura," más que la Palabra, porque contiene historia, los pensamientos de los hombres y las mentiras del diablo y, claro está, asimismo las verdaderas palabras de Dios.

Aunque Dios inspiró sus escritos, necesitamos discernir las diferencias entre los registros de lo que Dios ha dicho, y aquello que Dios no ha dicho, y todo cuanto se ha escrito para nuestro ejemplo, enseñanza e instrucción.

Sucede exactamente lo mismo con relación a los nombres de los personajes bíblicos que muchos cristianos toman para bautizar a sus hijos con ellos. Sería prudente que, antes de darle un nombre a un hijo, sepamos su significado, con el fin de no atar espiritualmente al recién nacido.

Nuestro Dios nos ha dado mentes, una razón y capacidades de pensamiento; es responsabilidad nuestra usar todos esos elementos.

Por ejemplo, es una necedad en nosotros, y un insulto para Dios, decir que las frases de satanás son "la Palabra de Dios," simplemente porque están registradas en las Escrituras. El mismo Jesús afirmó que siempre que el diablo habla, miente, porque es el padre de todas las mentiras.

Cuando el Sumo Sacerdote acusó a Jesús de blasfemar (Mateo 26:65), no hablaba la palabra divina. Aquí simplemente se trata del registro de las declaraciones de un clérigo religioso que con toda ira decía lo que su mente  humana, carnal, muy adiestrada y aprendida, pero también en una completa honestidad consideraba como cierto, mientras procuraba defender sus malas interpretaciones de las Escrituras en el Antiguo Testamento.

Cuando el Todopoderoso diseñó el Nuevo Pacto, en su voluntad no dispuso que fuese un pacto "de la letra," sino un pacto del Espíritu.  Nuestro Padre celestial, lleno de amor, desea que entremos en una relación personal con Él, en su Hijo nuestro Señor Jesucristo, y por medio de su Espíritu Santo.

Nos dio la Biblia como una herramienta o mapa para ayudarnos en este propósito. Los hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios (Romanos 8:14), desde el propio interior de sí mismos, no por leyes, ordenanzas, ni regulaciones, que se pueden basar en la opinión de alguien, generalmente sólo sobre ciertos versículos bíblicos cuya interpretación puede ser correcta o puede estar equivocada.

Como hoy no tenemos apóstoles de los que vivieron con Jesús y le oyeron enseñar, debemos descansar y confiar en la Biblia y en el Santo Espíritu de Dios para re-descubrir la doctrina de Cristo. Digo "re-descubrir" porque recuerdo con asombro y con no poco horror, el libro titulado "The Doctrine of Christ" ("La Doctrina de Cristo")  que recibí cuando estudiaba teología años atrás. Ese texto no tenía ni una palabra de lo que Jesús había enseñado, pues tan sólo describía al Jesús histórico, quién fue, y algo de lo que hizo.

Muchos ministros profesionales, evangélicos, pentecostales o de otras más antiguas denominaciones, me miran con asombro y me preguntan qué significado tiene mi declaración que debemos volver a la doctrina de Cristo como enseñanza básica y fundamental. Su incrédulo interrogante es: "¿Qué quiere decir usted con eso de la doctrina de Cristo?"

La doctrina de Cristo ES LA ENSEÑANZA DE JESÚS A SUS DISCÍPU­LOS, TANTO POR LA PALABRA COMO POR EL EJEMPLO.

Como hoy casi es imposible encontrar líderes cristianos que enseñen a los nuevos creyentes a hacer todas las cosas que Cristo ordenó, nosotros los que deseamos darle a Él el primer lugar en todo, y vivir totalmente en su Reino, debemos re-educarnos a nosotros mismos.

Podemos comenzar con un Nuevo Testamento en esas ediciones que tienen las palabras del Señor en letras rojas, a aprender todos esos textos  registrados y, mucho más importante con énfasis en hacer lo que Él dijo.

Jesús dio todas sus parábolas para mostrar a sus verdaderos discípulos los misterios del Reino de Dios, y cómo funciona aquí en la tierra. El Espíritu Santo revela su significado a quienes siguen a Jesús y obedecen su Palabra.

Esto sirve de manera excelente para clarificar algunos conceptos erróneos y otros mal intencionados. Suelen decir que el Espíritu Santo revela cosas a los privilegiados que cuentan con ciertas funciones importantes, mientras que los detractores aseguran que los anónimos que no conoce nadie no pueden recibir ese beneficio.

Sin embargo, aquí queda más que claro que el Espíritu Santo, (Que es Dios mismo, y por lo tanto mantiene su carácter de justo), sólo va a prodigar revelación a aquellos que realmente siguen a Jesús y obedecen su Palabra. ¿A quien se le puede ocurrir que lo haría con las personas con credenciales de las organizaciones religiosas?

Jesús prometió que si obedecemos sus palabras, y así demostramos que le amamos de verdad, entonces TANTO ÉL COMO SU PADRE VENDRÍAN Y HARÍAN SU MORADA DENTRO DE NOSOTROS.

Dios nos dio las Escrituras a fin de que las usemos para guiarnos en el plano espiritual. La Biblia no es un fin en sí misma, sino un medio para ese fin. No nos enseña que quienes conocen bien las Escrituras son los hijos de Dios, pero afirma claramente que quienes son guiados por el Espíritu de Dios son los hijos de Dios.

Nuestras mentes se deben renovar hasta cuando todos tengamos la mente de Cristo, y nuestra relación con Dios ya no sea más en lo natural, sino en el Espíritu. Como Pablo declara en 1 Corintios, de la misma manera sucedió con los primeros apóstoles. Es posible parafrasear lo que dijo sobre la mente de Cristo de la forma siguiente:

"26Nosotros los apóstoles discutimos la sabiduría de Dios con quienes tienen madurez espiritual… 9…Cosas que ojo no vio ni oído oyó (ustedes no las pueden leer en un libro, ni otro cristiano se las puede decir),  10Pero las cosas del Espíritu de Dios nos las revela el mismo Espíritu 14y así, nosotros los apóstoles tratamos las cosas espiri­tuales con palabras espirituales que ustedes corintios no pueden entender 16Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.  31Mas ustedes, hermanos son niños espirituales en Cristo 3-4no han madurado, PORQUE TIENEN DIVISIONES ENTRE USTEDES, PUES HAY CELOS, CONTIENDAS, DIVISIONES, Y CADA UNO SIGUE A LOS LÍDERES INDIVIDUALES DE SUS PREFERENCIAS, y demues­tran con esto que aún son carnales, sin que se hayan desarrollado en el Espíritu" (1 Co. 2:6-3:4).

¿Qué clase de palabras tendría para nosotros hoy Pablo si pudiera ver aquí el modo como seguimos las denominaciones y los grupos individuales de nuestras propios gustos y preferencias?

Las cosas del Espíritu sólo se pueden entender y captar por medio del Espíritu y son terreno extraño, tierra extranjera, para la mente natural. Por esto debemos oír la advertencia del apóstol a la iglesia de Efeso, para que no nos acerquemos a las cosas de Dios con el intelecto, sólo con nuestra mente  llena de carnalidad y sin renovarla.

"17Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18teniendo el entendimiento entenebrecido ajenos de la vida de Dios por la ignoran­cia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 19los cuales, después que perdieron toda sensibilidad se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 20Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, 21SI EN VERDAD LE HABÉIS OÍDO, Y HABÉIS SIDO POR ÉL ENSEÑADOS, CONFORME A LA VERDAD QUE ESTA EN JESÚS. 22En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23Y RENOVAOS EN EL ESPÍRITU DE VUESTRA MENTE, 24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Ef. 4:17-24).

Como a los gentiles o paganos (inconversos) se les excluye de la vida de Dios, debemos adherirnos al hecho increíble que pertenecer a Cristo significa que somos elegidos para compartir la misma vida del Altísimo.

Estamos EN CRISTO, Él está no sólo EN nosotros, sino que está en eterno compañerismo con Dios Padre y con Dios Espíritu Santo. Podemos seguir en esta existencia terrenal, de tropiezo en tropiezo, hasta cuando con nuestra muerte vayamos al cielo o podemos decidir vestirnos ya mismo, en este preciso momento, del hombre nuevo para permanecer en el Espíritu, en la vida de una plenitud espiritual absoluta y perfecta, en un compañerismo continuo y permanente con la misma Trinidad.

Los discípulos del Rey Jesús y de su Reino "no deben andar en la vanidad de sus mentes naturales." Nuestras mentes se deben renovar mediante  aprender y obedecer las enseñanzas de nuestro Señor Jesús.

A la vista de todo esto que has leído y que es estricta verdad, ¿No te parece más que infantil, inmaduro y hasta irresponsable seguir adelante que con esas posiciones teológicas donde el pentecostalismo tradicional adhiere al Espíritu Santo y el conservadorismo ortodoxo no?

Aunque el conocimiento bíblico tiene un enorme y positivo valor, nunca nos conformará a la imagen y semejanza de Cristo, que es el objetivo y la meta de nuestro Padre celestial. A menos que Cristo se forme en nosotros, podemos tener un conocimiento perfecto y completo de toda la Biblia y a pesar de eso, fracasar en el crecimiento espiritual, ya sea en un solo aspecto o en su totalidad.

Hoy nuestro problema reside en la dificultad extrema de encontrar a otros cristianos que hayan oído de Cristo y a quienes se les haya enseñado en Él. Si te acercas a un ministro ordenado o a un devoto miembro de una iglesia para recibir instrucción, se te enseñará en todo lo que creen, de acuerdo con las doctrinas y tradiciones de su denominación, secta o  grupo particular. Como sus maestros no les instruyeron en hacer todo lo que Jesús dijo, sólo pueden enseñar a otros en lo mismo que fueron enseñados.

Podrían reclamar que todas sus enseñanzas se basan en "una clara interpretación de la Palabra de Dios," es decir, la Biblia, y no en Jesucristo. El engaño estriba en que hay centenares de grupos distintos que no se pueden jamás poner de acuerdo sobre el entendimiento de lo que significa "una clara interpretación de la Palabra de Dios."

Sin que haya conciencia de ello, casi toda la cristiandad está en rebeldía contra el Rey y contra su Reino, porque hemos fracasado en obedecer sus instrucciones elementales y básicas, con respecto a todo cuanto SE NOS ORDENÓ HACER Y ENSEÑAR.

"18Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20ENSEÑÁNDOLES QUE GUARDEN TODAS LAS COSAS QUE OS HE MANDADO; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén" (Mt. 28:18-20).

Jesús no nos instruyó a hacer miembros de iglesias o de denominaciones. Él nos ordenó hacer discípulos del Rey para su Reino.

Jesús no nos mandó enseñar catecismos, homilética, hermenéutica, psicología, o las doctrinas de nuestra denominación, historia eclesiástica, o todo cuanto la mente natural del hombre pueda inventar.

Mínimo; sólo para añadir que, cuando en nuestras iglesias se habla grandilocuentemente de “ganar almas” para Cristo, habría que recordarles a esos maestros que en el Nuevo Testamento no existe ese mandato, sino el que has leído: hacer discípulos.

¿Quién nos fascinó para no hacer ni enseñar, es decir, desobedecer de una manera tan abierta y desafiante a Jesús? Debemos arrepentirnos de nuestra desobediencia y restaurar al Rey a su sitio correcto como "la Cabeza de todo hombre."

En una de las más conmovedoras oraciones, Jesús claramente dice que sus palabras son la Palabra de Dios y que Él quiere que nosotros la guardemos:

"6He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, Y HAN GUARDADO TU PALABRA. 7Ahora han conocido que todas las cosas que  me has dado, proceden de ti; 8PORQUE LAS PALABRAS QUE ME DISTE, LES HE DADO, y ellos las recibieron" (Juan 17:6-8).

“YO LES HE DADO TU PALABRA” (Juan 17:14).

"Santifícalos en tu verdad; TU PALABRA ES VERDAD" (Juan 17:17).

Si pudiéramos romper nuestro hábito de llamar a la Biblia la Palabra de Dios, y referirnos a ella como las Escrituras, muchos de nuestros falsos conceptos quedarían expuestos. Esto no alterará el hecho que toda palabra de las Escrituras fue inspirada por Dios, que es de gran valor para nosotros, pero hemos de discernir correctamente LA PALABRA que es de una importan­cia panorámica.

Jesús tuvo que reprender a los líderes religiosos porque no le escuchaban, y preferían su propia comprensión de las Escrituras (Antiguo Testamento). Es un fenómeno muy notable que los cristianos religiosos, no sólo los del día de hoy, sino también los de todas las épocas, en una forma similar, discuten acaloradamente sobre la defensa de sus interpretaciones y su entendimiento de las Escrituras, como la Palabra de Dios, pero se niegan a obedecer las palabras de Cristo.

Tal cual, pero si lo tomamos desde el ángulo de la guerra espiritual que el pueblo de Dios está librando, ya no puede llamarnos la atención. El engaño ha sido, es y al parecer seguirá siendo por un buen rato, el arma no sólo preferida sino más eficiente de Satanás.

"37También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su aspecto, 38NI TENÉIS SU PALABRA MORANDO EN VOSOTROS; PORQUE A QUIEN ÉL ENVIÓ, VOSOTROS NO CREÉIS. 39Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; Y ELLAS SON LAS QUE DAN TESTIMONIO DE MÍ; 40y no queréis venir a mí para que tengáis vida" (Juan 5:37-40).

La devoción a las Escrituras, y la falla o fracaso en creer y ser obedientes  al mismo Jesús, harán que sobre nosotros vengan todas las reprensiones de Dios.

Hasta cuando captemos la verdad que tanto a Jesús como a sus enseñanzas en el Nuevo Testamento se les llama la Palabra de Dios, no entenderemos correctamente lo que leamos y, con esa actitud, vamos a ponerle obstáculos a nuestro crecimiento espiritual.

La obediencia a Cristo es la única manera de crecer en el Espíritu, para que Dios se encargue de aumentar nuestra fe.

Claro que es muy importante y de mucha excelencia saber las Escrituras, pero su mero conocimiento no hace que seamos más como Jesús. Más de Cristo en nosotros es igual a mayor crecimiento espiritual. Nuestro destino es ser conformados a la imagen del Hijo, y no ser únicamente personas capaces de citar versículos bíblicos.

Esta es una dramática realidad que no siempre se puede expresar sin riesgo de ser exonerados, vituperados, injuriados y marginados. Pero no por ello deja de ser estrictamente cierto. Es mucha la gente que todavía sigue enseñando que, para ser como cristo, basta con leer la Biblia.

¡Claro que los cristianos debemos leer la Biblia! Pero solamente ese acto, ten la completa seguridad que no nos puede hacer como Cristo. Lo que sí nos va moldeando en su carácter y en su esencia, es vivir la vida que Él vivió, una cuestión que es mucho más complicada que memorizar diez versículos.

El apóstol Pedro nos recomienda desear "como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada"  de la Palabra. Cuando escribió su carta no había Nuevo Testamento, de manera que no nos hablaba sobre desear la leche pura de la Biblia; su exhortación se refería a la leche no adulterada de las Palabras de Jesús. La obediencia a las Palabras del Señor trae crecimiento espiritual.

En el comienzo de su misiva el apóstol dice que se nos ha elegido en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo (1 Pedro 1:2), y luego agrega:

"122amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; 23siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, POR LA PALABRA DE DIOS QUE VIVE Y PERMANECE PARA SIEMPRE (esta es una clara referencia a Jesús). 24Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba. La hierba se seca y la flor se cae; 25mas LA PALABRA DEL SEÑOR PERMANECE PARA SIEMPRE. Y ESTA ES LA PALABRA QUE POR EL EVANGELIO OS HA SIDO ANUNCIADA (la Palabra de Cristo). 21Desechando, pues toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2desead, como niños recién nacidos, LA LECHE ESPIRITUAL NO ADULTERADA (el mensaje de Cristo), PARA QUE POR ELLA CREZCAIS para salvación, 3si es que habéis gustado la benignidad del Señor. 4ACERCANDOOS A ÉL, PIEDRA VIVA, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5vosotros también, como piedras vivas, sed edificados COMO CASA ESPIRITUAL Y SACERDOCIO SANTO, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo" (1 Pe. 1:22-2:5).

Recordemos que los primeros destinatarios de la carta todos habían recibido enseñanzas de los apóstoles mucho antes que la leyeran. Los verdaderos apóstoles de Cristo no desobedecieron a Jesús al elegir las instrucciones fundamentales y básicas, de modo que podemos estar seguros que los primeros lectores de las epístolas de Pedro tenían sus raíces en el terreno firme y sólido de la doctrina del Señor. Con certeza inmediatamente comprendieron que LA PALABRA DEL MENSAJE DE CRISTO QUE SE LES HABÍA PREDICA­DO PREVIAMENTE era la leche espiritual no adulterada de la Palabra.

Algunas de las muchas referencias a la Palabra de Dios, que en su contexto sólo pueden significar el mensaje de Cristo Jesús, y no la Biblia, son las siguientes:

"2Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas4Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra7 Y crecía la palabra del Señor" (Hec. 6:2,4,7).

"Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan" (Hech. 8:14).

"7el procónsul Sergio Paulo, varón prudentellamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios12 Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor" (Hech. 13:7,12).

El Nuevo Testamento contiene dos declaraciones muy interesantes, hechas por Pablo y por Juan, que enfatizan la importancia de las Palabras y las enseñanzas de Jesús. Infortunadamente,  por lo general las ignoran quienes proclaman que enseñan  la Palabra de Dios.

1. Cuando Pablo escribe a Timoteo le instruye en la esencia de la doctrina sana, que se relaciona con enseñar actitudes y relaciones correctas, y concluye:

"2Esto enseña y exhorta (con referencia a todo lo que estaba escrito). 3Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a LAS SANAS PALABRAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4ESTÁ ENVANECIDO, NADA SABE, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5disputas necias de hombres corruptos de entendimiento Y PRIVADOS DE LA VERDAD, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales" (1 Ti. 6:2b-5).

2. Juan advierte que todos los que no permanezcan en la enseñanza de Cristo, no tienen a Dios, y dice claramente que no debemos tener compañeris­mo con tales personas.

"9Cualquiera que se extravía, Y NO PERSEVERA EN LA DOCTRI­NA DE CRISTO, NO TIENE A DIOS; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí TIENE AL PADRE Y AL HIJO. 10Si alguno viene a vosotros y no trae esa doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! 11Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa de sus malas obras" (2 Juan: 9-11).

Todo creyente o cristiano bíblico que desea con sinceridad llegar a ser discípulo del Rey y su Reino hará bien en meditar muy cuidadosamente estos dos pasajes de las Escrituras y medir sus creencias y sus doctrinas con ellos.

Ojalá que todos nos humillemos y nos arrepintamos de nuestras fallas y fracasos en dar a nuestro Rey, que es la Palabra de Dios, el Verbo Encarnado, y que nos trajo con todo amor esa Palabra de Dios, el lugar adecuado que le es propio y le corresponde como Cabeza del Cuerpo de Cristo.

Capítulo Ocho

LA NUEVA JERUSALÉN

"2vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su mari­do9vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. 10Y me llevó en el Espíritu a un monte muy alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 11teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal" (Ap. 21:2, 9-11).

La Nueva Jerusalén es la eterna y amada compañera de Dios. Es la Novia de Cristo, la Esposa del Cordero. Es sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante, y está santificada por Cristo, quien dio su vida por ella y la limpió al lavarla con su Palabra, el Evangelio del Reino de Dios.

Hizo esto para que pudiera presentársela a sí mismo, santa y sin mancha. Ella es la Iglesia de Jesucristo que la ama, la nutre, la alimenta y la acaricia de la misma manera como lo hace con nuestros cuerpos individuales. El Señor lo hace porque cada creyente es un miembro de su Cuerpo.

Los últimos dos capítulos de Apocalipsis describen a la Novia, la Esposa, cuya formación tiene muchísimos centenares de años, pues está compuesta por todas y cada una de las generaciones de creyentes.

El Libro del Apocalipsis es una revelación de lo que sucede en el plano espiritual donde, como sabemos, no existe el tiempo. Esas cosas sucedían antes que a Juan se le ordenara escribirlas en un libro, suceden durante todo el resto de su existencia sobre la tierra, y continuarán sucediendo hasta cuando se cumplan completa y totalmente todos los propósitos de Dios para los hombres.

Fíjate que, sin llegar a profundizar en el tema, White vislumbra que el libro del Apocalipsis es algo diferente a esa especie de profecías futuras políticas y sociales con que se lo ha pretendido hacer ver. Es, – Luego lo verán – la revelación de una persona llamada Jesucristo.

Es muy importante darnos cuenta que las cosas más espirituales implican procesos más que sucesos, pues, por ejemplo, las bodas del Cordero bien pueden ser algo así como un proceso, más que una simple ocasión, como en lo natural somos dados a suponer de acuerdo con nuestra experiencia terrenal.

Pablo escribió a la iglesia de Efeso sobre el gran misterio de Cristo y su Iglesia que se convierten en una sola carne:

"31Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia" (Ef. 5:31-32).

Para nosotros es posible entrar a la Nueva Jerusalén, convertirnos en parte de la Novia, y en una sola carne con nuestro Señor, mientras aún estamos en nuestros cuerpos terrenales. Este es el motivo para que el Espíritu y la Esposa digan: "Ven."

De ahí la razón para que el Señor ordene a su Iglesia que está en Babilonia: "Salid de ella, pueblo mío" porque Él no quiere que participemos en los pecados de Babilonia, ni quiere que recibamos ninguna de las muchísimas plagas que contra ella se acumulan en juicio.

La Carta a los Hebreos que se escribió alrededor del año 68 d. C., dice:

"22Sino que os habéis acercado al MONTE DE SION, a LA CIUDAD DEL DIOS VIVO, JERUSALÉN LA CELESTIAL, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, 24a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel" (Heb. 12:22-24).

Como el Apocalipsis se escribió casi treinta años más tarde, alrededor del año 95 d.C., quiere decir que hacia el 68 d.C., se tenía una buena cantidad de creyentes que ya habían llegado a la Jerusalén celestial. Sin embargo, la influencia de Babilonia fue tan engañadora y penetró tanto en las iglesias durante los siguientes 27 años, que el mismo Señor Jesús tuvo necesidad de:

Reprender a las siete iglesias de Asia, a la iglesia de cada ciudad separadamente, por diversas ofensas a Dios.

A todos los que leen Apocalipsis exhortarlos para que: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias."

Exhortarnos a todos a ser Vencedores.

– Revelar los engaños de Babilonia la Grande que ya había vencido y aprisionado a los santos.

       Decir a todos los creyentes: "Salid de ella, pueblo mío."  Por eso, tanto el Espíritu Santo como quienes ya están en la Esposa, se unen en el mismo clamor.

        

"Y el Espíritu y la Esposa dicen: VEN. Y EL QUE OYE DIGA: VEN" (Ap. 22:17).

"Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas EN LAS IGLESIAS" (Ap. 22:16).

"Bienaventurado el que lee, y LOS QUE OYEN las palabras de esta profecía, Y GUARDAN las cosas en ella escritas; porque EL TIEMPO ESTÁ CERCA" (Ap. 1:3).

Estas palabras de Cristo son completamente aplicables para todo creyente, en toda iglesia y en toda generación. Dios dio esta revelación de las cosas espirituales a Jesucristo para que el mismo Señor las pudiera manifestar a sus siervos (Apocalipsis 1:1).

La Nueva Jerusalén, como se describe en los capítulos 21 y 22 del Apocalipsis, tiene aspectos presentes y futuros. Cuando esté completa el día de mañana, estará formada por una cantidad tan grande que nadie puede enumerar.

Mide doce mil estadios de alto (un estadio = 180 metros), doce mil de largo, y doce mil estadios de ancho. Apocalipsis 21:1-16, revela que al final tendrá miles de millones de habitantes. Un día Jesús atraerá a TODOS los de su amada Iglesia a Él mismo, y muchos que vivieron y murieron en esclavitud espiritual vendrán a la ciudad celestial.

Sin embargo, nuestros intereses y nuestras preocupaciones corresponden al presente, de manera que debemos dejar que nuestro Padre se encargue del futuro.

Mientras permanecemos en nuestros cuerpos terrenales, se nos llama a ser parte de ella AHORA. Pero sólo podemos ser parte de ella ahora mismo, si amamos lo suficiente a Jesús como para obedecerle y oír su llamado sobre salir de Babilonia. Debido a nuestra obediencia, tanto Jesús como el Padre vendrán y harán su morada con nosotros, según la promesa divina:

"El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (Juan 14:23).

Esta obediencia no es del tipo de obediencia legalista, pues tiene su raíz en la relación plena de gozo y amor del deseo que experimenta una esposa para agradar y complacer a su esposo y señor.

No tiene ninguna conexión con los deberes o con las obligaciones. Es la respuesta amorosa de nuestros corazones cuando la enormidad del amor de Jesús hacia nosotros inunda nuestras almas, y entramos en su reposo, y abandonamos nuestros propios esfuerzos y luchas religiosos.

Este es el concepto de la única sujeción bíblica posible, que es la voluntaria. Nadie puede tener la obligación de sujetarse; o lo decide o no lo decide, o lo acepta o no lo acepta. Y lo único válido ante los ojos de Dios, es lo que el hombre hace por decisión y no por imposición.

Tal es el inevitable resultado de nuestro compañerismo personal e íntimo con Dios Padre celestial, Dios Hijo Jesús, y Dios Espíritu Santo.

Tan sólo los vencedores, y únicamente ellos, heredan estas cosas durante la vida terrenal, no todo creyente. Por tanto, si deseamos entrar a la Nueva Jerusalén ahora mismo, debemos aprender a ser vencedores.

"El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo" (Apocalipsis 21:7).

Los doce Apóstoles del Cordero son las piedras para los cimientos en los muros de la ciudad. Esos cimientos están adornados con piedras preciosas que revelan la madurez espiritual del discípulo vencedor.

A cada una de esas piedras los antiguos atribuían significados especiales que son fácilmente relacionables con nuestro crecimiento espiritual. Muestran etapas progresivas tanto en nuestra comprensión de las cosas del Espíritu, como en nuestras relaciones individuales con el Señor Jesucristo.

Las piedras preciosas se producen siempre en las profundidades de la tierra, como resultado de grandes presiones, y cada uno de nosotros, que hemos venido para vencer, experimentará ciertas clases de sufrimiento, estrés y presión, mientras Dios forma en nuestro interior a su Esposa. Que el Espíritu Santo nos revele la necesidad de ser adornados con algunas de estas piedras, a medida que viajamos hacia Sion, la ciudad espiritual de nuestro Dios.

Totalmente cierto. Y para aclararte aún más esta expresión, si es que aún no acabas de entenderla correctamente, piensa que esas presiones que sufre la tierra y originan piedras preciosas, es la tipología perfecta de lo que deberá sufrir nuestra carne (tierra) para lograr lo mismo.

Hace muchísimo tiempo pedí al Señor que me revelara el significado de las piedras preciosas que adornan los cimientos de la Nueva Jerusalén en Apocalipsis 21. Varios años después me regalaron un libro muy viejo donde encontré una sección con el título de "El Antiguo Significado de las Piedras Preciosas."

 A medida que leía, el Espíritu Santo me iluminó repentinamente para comprender lo que comparto en las líneas que siguen. Que el Señor también ilumine tu entendimiento sobre sus significados espirituales, cuando los apliques a tus propios progresos, tanto en el plano personal como  en el espiritual.

1) JASPE: es cuarzo opaco e impuro que se encuentra en las rocas metamórficas. Denota un proceso de cambio.  Todos los creyentes sufrimos esta metamorfosis, a partir del momento en que somos nacidos del Espíritu de Dios.

 Aunque el jaspe es una piedra preciosa muy bella y muy fina, le falta brillo y rareza, pues es muy abundante, como los millones de cristianos que creen en el Señor. Siempre contiene impurezas, como todos nosotros.

2) ZAFIRO: significa libre de encantos.  Indica que los múltiples atractivos de Babilonia ya no nos pueden engañar por más tiempo. El zafiro  también denota arrepentimiento,  pues quiere decir que hemos renunciado a nuestra discusión con Dios y abandonamos todas las tradiciones religiosas que en alguna oportunidad tuvieron tanta importan­cia dentro de nuestras vidas espirituales.

 3) ÁGATA: quiere decir progreso hacia menos impurezas.  Es menos opaca que el jaspe. A medida que respondemos al llamado que Dios siempre nos está haciendo de ser santos como El es santo, rechazamos toda impureza de pensamiento y de obra.

Entre más íntima sea nuestra relación personal con el Señor, más creceremos en su semejanza, y más vamos a aborrecer  y a rechazar el pecado. La Esposa se ha preparado y se viste de acciones justas, es decir, de lino fino, limpio y resplandeciente (Apocalipsis 19:7-8).

4) ESMERALDA: descubre falsos amigos y asegura un amor verdadero.  Implica capacidad para discernir con todo poder lo falso de lo real. El Señor nos da estas capacidades a medida que ve la sinceridad de nuestros corazones hacia Él.

El amor verdadero apenas se puede dar a Jesús cuando la belleza de la ciudad ramera ya no nos cautiva ni nos encanta más, y cuando Él tiene no sólo el primer lugar sino también el único lugar en todo. Asimismo, en nuestro crecimiento espiritual es factible alcanzar un punto donde podemos ver a través de quienes profesan ser nuestros amigos, pero que en verdad no lo son.

5) ONICE: se cree que asegura la felicidad conyugal, el éxito en el amor y la alegría en la unión.  Esto habla de la fiel relación de la Esposa con Jesús. El adorno con esta piedra significa que ya no tenemos más relaciones adúlteras con Babilonia. Gozamos con Jesús de una íntima unión personal de amor que nos llena de gozo y hace que, en comparación, todo lo demás carezca de importancia.

6) CORNALINA (CARBUNCLO o RUBÍ): se encuentra en el pectoral de Aarón  (Éxodo 28:17). Como todo creyente es un sacerdote, puede interceder ante Dios por quienes están sin Cristo, y también puede proclamar el Evangelio del Reino. Cuando actuamos como sacerdotes en favor de los incrédulos, se nos adorna con esta primera piedra sacerdotal.

7) CRISÓLITO: se supone que es el antídoto para la locura y denota una libertad total de las pasiones malignas.  Cuando estamos libres por completo de la forma sutil de locura religiosa que nos mantenía cautivos en Babilonia, y que no es el Camino, quedamos en libertad de las malas pasiones que nos hacían amarla y con las que la amábamos. Entonces somos adornados con crisólito.

8) BERILO: es otra piedra que también aparece en el pectoral de Aarón  (Éxodo 28:20). A medida que madura nuestro compañerismo con el Padre, progresamos en nuestra comprensión y en nuestra capacidad para obrar como sacerdotes de Dios. Funcionamos entonces exactamente de la misma manera como Jesús actuaba en su humanidad, mientras estuvo en este mundo, al representar y revelar a Dios ante los demás, cuando se nos adorna con el berilo.

9) TOPACIO: denota fidelidad, compañerismo y amistad.  Estas características son resultado de un afecto personal muy estrecho e íntimo con el Señor.

"14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer" (Juan 15:14-15).

El topacio se reserva para los amigos de Jesús, completamente leales y dignos de toda confianza y que, además, también se aman entre sí de manera incondicional.

10) CRISOPRASO: resplandece en la oscuridad.  Jesús dijo que sus discípulos son la luz del mundo. Sólo podemos ser la luz del mundo cuando Cristo se haya formado en una manera completa y total en nosotros, y se manifieste en nuestras vidas a quienes están alrededor nuestro.

 Muchas actividades "cristianas" en el nombre de Jesús, no glorifican a Dios, pues a veces hablamos y obramos en una forma más que impía. El crisopraso se destina para quienes reflejan a Cristo en sus actitudes, palabras y comportamiento, de manera tal que brillan y resplandecen en medio de las tinieblas del mundo.

11) JACINTO: es translúcido y permite el paso de la luz, pero la difunde en una manera tan peculiar y especial que quien mira a través del jacinto no puede distinguir con claridad los objetos que están más allá de él.

Todo profeta adornado con jacinto puede recibir en forma directa de Dios y revelar su luz y su verdad del Evangelio a los demás. Los que las reciben por medio del profeta no ven ni oyen las cosas con suficiente claridad. Antes de poder adquirir el adorno de esta piedra preciosa, debemos crecer en compañerismo con Dios hasta cuando podamos recibir las cosas que ojo no vio ni oído oyó.

12) AMATISTA: implica sinceridad y es un preventivo de las pasiones violentas.  En todos nosotros se encuentra el deseo de aparecer como espirituales frente a otros cristianos. Podemos hablar o actuar sin espiritualidad cuando no nos observan nuestros hermanos o hermanas; el grado hasta donde hagamos esto, revelará la insinceridad y la hipocresía escondidas en nuestros corazones.

A medida que maduramos en Dios dejamos de preocuparnos por las opiniones ajenas y vencemos este deseo de tener buena fama y buena opinión ante los demás. En este punto pasamos a ser completamente sinceros y permitiremos que los otros vean nuestra verdadera naturaleza y nuestros verdaderos sentimientos íntimos.

Verdad. Y esta actitud es la que, de improviso, nos transforma en “soberbios” a los ojos de los que hasta ayer eran nuestros “hermanos amados”, pero que ahora parecerían haberse convertido en acérrimos enemigos prestos a destruirnos sin darnos la menor oportunidad.

 Luego, si hay ira injusta, impaciencia, intolerancia, u otras impurezas ocultas en nuestro interior, se revelan y se exponen nuestras pasiones violentas. Quienes nos aman y cuidan de nuestras almas, pueden entonces ayudarnos a vencer estas cosas, y podremos así ser liberados de sus efectos dañinos para nuestro andar en la vida interior del espíritu. Sólo quienes de manera voluntaria han despreciado la fama y han muerto verdaderamente al ego, podrán ser galardonados con amatista.

El Espíritu Santo nos revelará muchísimo más sobre estos temas si tenemos voluntad para oír la voz de Jesús y fijar con firmeza nuestras raíces y afirmar nuestros terrenos en la Palabra de Cristo.

El Señor nos enseña mucho más sobre la Esposa de Cristo en estos dos últimos capítulos de Apocalipsis, pues declara con mucha sencillez muchas cosas que necesitamos oír y obedecer.

En la Nueva Jerusalén no hay templo ni santuario, pues el Señor Todopoderoso y el Cordero son su templo y su santuario  (Apocalipsis 21:22). Cuán distinta de la ciudad de Babilonia con sus catedrales y templos de piedra y vidrio, ladrillos o concreto, llamados "santuarios" o "iglesias" o "la casa del Señor" por los santos cautivos y engañados.

Sólo podrán entrar en la Nueva Jerusalén aquellos cuyos nombres estén escritos en el Libro de la Vida del Cordero  (21:27). Sus puertas siempre están abiertas, en espera que los reyes de la tierra traigan su gloria y honor a ella  (21:24-25). Dios anhela que su sacerdocio real se aliste para que así pueda entrar en su ciudad.

Los siervos del Cordero tienen el nombre del Cordero escrito en sus frentes (22:3-4), pues han renovado sus pensamientos, mediante la muerte absoluta y completa a las insinuaciones del yo, y han podido desarrollar así la mente de Cristo.

Sirven al Rey de reyes (22:3), y no a ninguna institución religiosa organizada, ni mucho menos a las estructuras hechas por seres humanos.

A la Nueva Jerusalén la constituyen personas, los hijos de Dios que han venido a ser sus siervos, sus amigos y su Esposa. En medio de ellos fluye el agua de la vida de Dios, un río del Espíritu que se origina del trono de Dios, en los corazones de quienes le han entronizado verdadera­mente allí (22:1-3).

El Señor Jesucristo es el Árbol de la Vida que produce su fruto continuamente, todos los meses del año.  Las hojas del árbol son aquellos discípulos cuyas raíces y fortaleza están en Cristo, que han sido iluminados por Dios, y reinan en vida, para traer sanidad tanto espiritual como física a las naciones (22:2-6).

"14Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas de la ciudad. 15Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. 16YO JESÚS HE ENVIADO MI ÁNGEL PARA DAROS TESTIMONIO DE ESTAS COSAS EN LAS IGLESIAS. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. 17Y el Espíritu y la Esposa dicen: VEN. Y el que oye, diga: VEN. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente" (Ap. 22:14-17).

Jesús sencillamente declara y afirma que todas estas cosas son para las iglesias, o sea, para todas aquellas personas nacidas de nuevo que han depositado su fe en Él, es decir, que creen en Cristo.

Por eso algunas de estas cosas no han funcionado en la operatoria para la que fueron pronunciadas, porque han sido llevas al carácter de lema móvil de algunas organizaciones que pensaron que estaban dirigidas a ellas.

El Espíritu y la Esposa dicen: "VEN" a los hijos de Dios que conforman las iglesias porque todos ellos están mantenidos en tremendo cautiverio y en una esclavitud más que ominosa por "Babilonia la Grande, la Madre de las Rameras y de las Abominaciones de la Tierra" (Ap. 17:5).

Los que OYEN y responden, también dicen: "VEN."

Que todos los sedientos salgan de Babilonia y traigan su gloria a la Nueva Jerusalén, y los que quieran tomen del agua de la vida gratuitamente. AMEN.

Capítulo Nueve

ENTRAR A LA NUEVA JERUSALEN

"22os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, 24a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla más que la de Abel. 25Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros si desecháremos al que nos amonesta desde los cielos. 26La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: AÚN UNA VEZ Y CONMO­VERÉ NO SOLAMENTE LA TIERRA, SINO TAMBIÉN EL CIELO. 27Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. 28Así que, recibiendo nosotros un reino inconmo­vible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; 29porque nuestro Dios es fuego consumidor" (Heb. 12:22-29).

Cuando se escribieron estas palabras a los hebreos, se les recordaba la presencia aterradora de  Dios cuando dio los Mandamientos de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí. La Biblia registra que el gran temor de Dios cayó sobre todos y que Moisés entonces dijo:

"No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis" (Éx. 20:20).

Nosotros, cristianos modernos tenemos muy poco temor de Dios, y a menudo olvidamos que nuestro amoroso Padre celestial es también Dios el Juez de todos y que su ira justa puede venir sobre todos los que rehúsan persistentemente obedecer sus órdenes.

Dejando de lado a todos aquellos hombres que ejercen el pastorado en una iglesia por razones particulares, de conveniencia o subsistencia pero sin llamado a ese ministerio, las causas que aquí se detallan tienen origen en que los únicos predicadores aparentemente habilitados, son los pastores. El corazón del pastor, (Partiendo de la base que lo sea), es un corazón de amor, de allí que sólo se ha predicado esa faceta de Dios.

En el día actual sus juicios caen sobre iglesias, individuos y ministerios, porque ha venido el tiempo en que Él, una vez más, sacude tanto el cielo como la tierra. Él disciplina a su iglesia rebelde y pecadora, debido a su amor de Padre.

Cuando vemos a  ministros cristianos de fama internacional expuestos como charlatanes, acusados de inmoralidades sexuales o de malos manejos de dineros, deberíamos examinarnos y pedirle a Dios que nos revele todo pecado que haya en nuestro interior.

 Cada uno de nosotros necesita llevar su existen­cia y su modo de vivir ante el juicio del Señor. Esta gran sacudida tiene lugar porque Él ya no tiene voluntad para tolerar más nuestra religión cristiana ramera con todas sus tradiciones, y la manera como hacemos una separación entre los aspectos secular y religioso de nuestras vidas.

Necesitamos entender que el Espíritu Santo nos llama a salir de Babilonia y que no experimentamos felicidad con el sistema eclesiástico, porque el Espíritu de Dios dentro de nosotros tampoco está feliz con él.

También Él tiene un propósito más grande al llamarnos fuera, porque aún ama a todos los hombres y desea que vengamos a ser como Cristo, de manera que su amor se haga real y tangible a un mundo que está enfermo de religión.

Jesús quiere que nos convirtamos en los hijos manifiestos de Dios y que estemos tan cercanos a Él como para ser capaces de hacer todo cuanto Él hizo, y eventualmente hacer las "cosas mayores" que prometió que sus discípulos harían.

Alguien dijo alguna vez que la mayoría de los cristianos no terminan de creer o aceptar que realmente puedan hacer cosas mayores a las que hizo Jesús. Sin embargo, cualquier creyente puede plantarse frente al mundo y decir: “¡Miren! ¡He aquí a un pecador arrepentido, salvo por la Gracia del Señor! A eso, Jesús no lo pudo hacer.

Es cierto que delante nosotros hay todavía un largo camino antes de venir a ser como Él, pero si tenemos oídos para oír lo que el Espíritu dice hoy a las iglesias, y respondemos al abandonar todo, a fin de vivir en sumisión a Jesús, entonces veremos cómo el mundo se levanta en admiración ante el Cuerpo de Cristo.

Además, como consecuen­cia de esa actitud, también tendremos el privilegio de poder ver, y sobre todo de participar de manera muy activa en la mayor cosecha de almas de toda la historia de la humanidad.

Jesús desea que experimentemos su camino de vida de una manera tal que la gloria de Dios resplandezca de nosotros, para que los perdidos sean atraídos hacia Él. El cambio del mundo se producirá por el Espíritu de Cristo manifiesto en nosotros, no por nuestras discusiones verbales llenas de dogmatismo, ni muchísimo menos por la defensa de nuestra religión.

 A medida que andamos en su camino, y en un completo y total compañe­rismo con El, nos restaurará el poder del Espíritu Santo que se lee en el Libro de los Hechos. La vida casi sin virtud y de fe débil que caracteriza a la gran mayoría de los cristianos, se verá  reemplazada por una energía y una fe inclusive mayores que las que mostraban los primeros discípulos.

Esta es la base de lo que todos los salidos de Babilonia hemos recibido de parte del Señor, aunque con distintos matices: la futura iglesia será sin templos, sin ritos, sin jerarquías humanas y sin palabras discursivas. La iglesia del siglo veintiuno será un nuevo estilo de vida que impactará al mundo como jamás lo ha hecho todavía.

Entrar en la Nueva Jerusalén es un proceso donde primero se necesita nuestro morir verdadero al ego, y luego dejar que Jesucristo tenga y conserve el primer lugar en nuestros corazones.

Esto significa que debemos  aprender a humillarnos de manera real y efectiva, para convertir­nos en siervos, a fin de perder y abandonar todo pensamiento de auto im­portancia. Necesitamos asimismo por lo menos uno o dos creyentes más con quienes compartir nuestras vidas en forma íntima y total, porque ese es el compañerismo perfecto, cierto y verdadero.

Pero, por encima de todas las cosas, debemos tener un compañerismo íntimo, completo y absoluto con Dios Padre, y con nuestro Señor Jesús, por medio del Espíritu Santo. Este compañerismo se basa en compartir la totalidad de nuestra vida con Dios.

Nada tiene que ver con esas relaciones poco profundas que con tanta frecuencia experimentamos al asistir a las reuniones de la iglesia y que llamamos "compañerismo." Este compañeris­mo, motivo de los escritos de Juan, abarca todos los aspectos de nuestra vida.

Precisa que nos hagamos conscientes de la Presencia constante de Dios dentro de nosotros y que busquemos su gloria en todo cuanto hagamos y pensemos. Entonces, cuando experimentamos esta clase de compañerismo con Dios, podemos recibir la revelación de su Espíritu y comenzar a tener la mente de Cristo. A partir de ese preciso momento será perfectamente posible que nos apropiemos la comprensión completa y total del verdadero significado de estas líneas en la Escritura: 

"Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1:3).

Jesús gozó del compañerismo con el Padre y el Espíritu Santo antes de su encarnación. Tal indescriptible comunión (griego, koinonía) de la Trinidad es eterna, y Él tuvo ese compañerismo continuo y permanente durante los cortos 33 años de su vida humana en la tierra.

Un compañe­rismo así busca sólo amar y servir a los demás dentro de la comunidad; necesitamos adherirnos al milagro del llamamiento que se nos hace a unirnos y establecernos para hacer parte de esa fraternidad.

Consideremos el compañerismo con Él que gozaban quienes seguían a Jesús, y cómo les enseñó a ser siervos uno del otro. La koinonia íntima con Dios siempre  nos lleva a desear el bien de los demás dentro de nuestra congregación y a ser siervos.

Eso ilumina nuestra comprensión de lo que quiere decir ser grande en el Reino de Dios. Juan, como el resto de los apóstoles supo muy bien lo que esto significaba, y de ahí que pudiera dejarnos esas palabras para nuestro beneficio y para nuestra enseñanza, a fin de que nuestro gozo fuera satisfecho y cumplido.

El Espíritu Santo llama a millones de hijos de Dios a apartarse de sus actividades religiosas, y a pasar tiempo a solas con Dios. Ministros a quienes se acepta ampliamente como reconocidos maestros bíblicos y conferencistas de fama, evangelistas y pastores, oyen la misma palabra y el mismo llamado del Señor. Algunos responden, cancelan sus compromi­sos y se retiran de la vida pública para esperar en oración ante el Altísimo.

Pero una vez más el Todopoderoso sacude los cielos y la tierra para retirar y destruir las trampas de la religión y acabar con todas las cosas que siempre nos han engañado. Y esto ha de continuar y seguir hasta cuando sólo ha de quedar y permanecer la única cosa que no se puede quitar ni sacudir, el inconmovible Reino de Dios.

A los que oyen el llamado: "Salid de ella, pueblo mío," les asaltan las dudas, los temores y la confusión. El espíritu maligno de la tradición y la potestad de las convenciones sociales trae a nuestras mentes preguntas como: ¿Qué vamos a hacer con las bodas y funerales sin la dirección de "la iglesia"? ¿Qué pasará con las escuelas dominicales?

Sin duda, nos será de mucha ayuda para superar esas barreras, hacernos a la idea que en las enseñanzas de Jesús o en las del Nuevo Testamento no hay ningunas bases para nuestras ideas cristianas de la actualidad sobre esos temas.

Es posible casarse ante una autoridad civil, de acuerdo con las leyes terrenas. Después, todos los creyentes se pueden reunir para bendecir a los cónyuges y orar con y por ellos. Para que una pareja se una ante la vista de Dios, no se necesita la presencia de ningún "ministro ordenado."

 En algunos países sólo se da licencia para efectuar matrimonios a los ministros de aquellas iglesias cuyo registro e inscripción se hayan hecho ante la autoridad civil, con una personería jurídica y estatutos aprobados por el gobierno.

Todo esto es parte del control de Babilonia, pero no necesitamos estar bajo tal atadura. Los servicios mortuorios carecen de relevancia en el Reino de Dios. Para los hijos de Dios solamente ha de ser motivo de regocijo enterarse que uno de nosotros va a estar con el Señor.

El entierro o la cremación del cuerpo terrenal por cualesquiera personas no tienen ningún problema. No hay nada santo ni santificador en un "servicio mortuorio en la iglesia," aunque la tradición procurará mantenernos en ignorancia sobre este punto e insistirá sobre su necesidad a fin de atarnos y mantenernos en Babilonia. Cuando la Biblia narra la muerte de Ananías, un creyente pecador, se lee que lo enterraron sin que siquiera la esposa fuera invitada al funeral:

"5Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. 7Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido" (Hech. 5:5-7).

Las escuelas dominicales sólo comenzaron su existencia a partir de 1780, cuando se establecieron para dar a los niños más pobres la oportunidad de aprender a leer y escribir, en combinación con la instrucción religiosa.

Pero, tristemente, han reemplazado el plan de Dios, a saber, que los padres instruyan a sus hijos en los caminos del Señor. Nuestros hijos pueden ser llenos del Espíritu Santo desde una muy temprana edad, aprender a oír su voz y, claro está, a andar en los senderos de Dios gracias a las enseñanzas y los ejemplos de sus padres, quienes además tenemos la responsabilidad de disciplinarlos.

Se pueden bautizar en una piscina, un río, o hasta en la tina del baño. No hay necesidad de un clérigo o un pastor especiales para bautizar a un creyente, pues esta es una acción a cargo de cualquier discípulo.

La insistencia de ciertas denominaciones en bautizar oficialmente a sus miembros tiene sus motivos en el mismo espíritu del mundo que lleva a un ranchero a marcar su ganado. Ahora son nuestros para siempre y nadie nos los puede quitar.

No he agregado nada a lo expuesto porque, solamente delante del Señor puedo asegurarte que no tomé absolutamente nada de este trabajo para escribir mis libros, ya que a esto lo pude leer después.

Y mucho menos su autor me pueda haber copiado a mí, ya ni siquiera sabe quien soy. Lo único que quiero que entiendas, por Cristo Jesús, es que indudablemente es el Espíritu Santo le está diciendo las mismas cosas a todo aquel que decida oír su voz.

Como el sistema mundial controla a las iglesias de Babilonia, la tradición y las costumbres sociales han venido a ser de tanta importancia, que tienen más poder sobre las mentes de las personas que la misma palabra de Dios.

Inclusive las mentes carnales apelarán a las Escrituras para forzar el entendimiento de las tradiciones y, quizás sin que se den cuenta, apoyan o sostienen el yugo de Babilonia sobre los creyentes, a fin de detenerles en su salida de la ciudad dorada.

Para justificar los edificios de las iglesias y las reuniones tradicionales, se señalará que Jesús, según la costumbre iba al templo o a las sinagogas y que los primeros discípulos se congregaban en el templo. Sin embargo, Jesús vivió bajo la ley y no podía haber guardado sus requisitos perfecta­mente fuera del sistema religioso.

La ley exigía de Él participar en las reuniones, pagar los diezmos, guardar el Sabbath y asistir a las fiestas y festivales judíos. Sólo al hacerlo así, y luego al entregar y rendir su vida inmaculada en el Calvario nos liberó de la ley de Moisés y de todo su engranaje religioso.

Los primeros discípulos eran todos judíos y se reunían en el templo porque no habían logrado entender de manera completa y perfecta todo cuanto Cristo llevó a cabo en la cruz. Fue necesario que pasaran muchos años antes que algunos de los primeros cristianos captaran el pensamiento que ya no había más necesidad de vivir bajo la ley. De hecho, casi todos los creyentes hebreos conservaron su celo por la ley y pensaban que sólo los discípulos gentiles eran libres de sus exigencias (Hechos 15:1-35).

Cuando Pablo llegó a Jerusalén, precisamente antes de ser puesto en la cárcel, contó a los ancianos todo cuanto Dios había hecho entre los gentiles por medio de su ministerio, y a continuación dice la Escritura:

"20Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. 21Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres. 2­2¿Qué hay, pues? La multitud se reunirá de cierto, porque oirán que has venido. 23Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. 24Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley. 25Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. 26Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, CUANDO HABÍA DE PRESENTARSE LA OFRENDA por cada uno de ellos" (Hch. 21:20-26).

Las Escrituras nos dicen que los judíos que creyeron en Jesús, fueron incapaces de entender por completo el Nuevo Pacto en su sangre. Tan fuertes eran sus tradiciones y costumbres religiosas que hasta continuaron  ofreciendo sacrificios en el templo, después de su resurrección.

Sencilla­mente, no podían escapar de los tentáculos con que Babilonia había envuelto a la totalidad de la religión judía. Dios permitió que los romanos destruyeran por entero el templo de Jerusalén en el año 70 d.C., para establecer la separación entre la Iglesia y las ataduras del templo.

El sistema mundial tiene sobre nuestras mentes un poder de dominio tan fuerte que también nosotros no queremos escapar completamente para entrar en la Nueva Jerusalén, a menos que, conforme lo hizo Pablo, consideremos todas las cosas como estiércol a fin de que podamos conocer a Jesús en toda su plenitud.

Toma bastante tiempo ser libres de nuestras tradiciones, costumbres sociales y creencias religiosas que, según es obvio, no tienen un origen genuino en nuestro Señor Jesucristo. Sólo el Espíritu Santo puede hacer esto, en la medida en que adoramos a Dios y nos sometemos a Él.

Mientras le conozcamos más íntimamente, El nos enseñará lo que debemos hacer; pero como nuestro Dios no sufre de impaciencia y sólo en contadas ocasiones ha permitido ver su prisa, debemos aprender humildad, paciencia, mansedumbre y así esperar su sabia dirección.

El Espíritu Santo también nos muestra las personas con quienes nos debemos unir en compañerismo. Esto es algo muy distinto de unirse a algo o a alguien, ya sea dentro de una iglesia o en una organización para-eclesial. Simplemente, podemos continuar en nuestras vidas de comunión con el Señor, y esperar hasta cuando nos demos cuenta que Dios mismo nos ha unido a otros creyentes.

El Altísimo logra esto de muchas formas, a veces en los lugares de trabajo o de estudio, a veces en un sitio de esparcimiento, por ejemplo, un club deportivo, otras veces por medio de negocios o a través de contactos sociales.

Las relaciones dispuestas por el Espíritu Santo son permanentes y carecen de estrés, sin que jamás se vuelvan una carga. Se establece una unión espiritual hermosa y libre que nos lleva hacia los demás creyentes a medida que el verdadero amor ágape (ágape) fluye entre nosotros.

Esto no se puede fabricar con medios humanos ni manipular; sólo se reconoce cuando está allí. Con mucha frecuencia Dios nos unirá a personas que nunca elegiríamos por nosotros mismos, pues Él es quien edifica su Cuerpo, no nosotros.

Cuando escogemos nuestras relaciones, permitimos que nuestros gustos o disgustos personales o los convencionalismos de la sociedad, influyan en nuestra elección. Dios nos agrega a personas que nos serán de provecho para nuestro desarrollo espiritual y que nos han de ayudar a conformarnos a la imagen de su Hijo.

Debemos estar preparados para aceptar críticas, reprimendas y exhortaciones, así como aliento y apoyo de aquellos a quienes nos unimos en compañerismo. El Padre sabe lo que necesitamos a nuestro alrededor para pulir y redondear las asperezas de nuestros bordes y filos, a fin de dar una forma adecuada a nuestras vidas.

Cuando seleccionamos nuestras escogencias, es más que probable que evitemos a quienes nos fastidian y molestan, o afectan nuestros egos, y revelan las grietas de nuestros caracteres o las limitaciones de nuestra habilidad o de nuestras capacidades. Sin embargo, todas esas cosas son esenciales si queremos ser cambiados en su imagen y semejanza.

La Nueva Jerusalén, la Esposa de Cristo, se debe manifestar sobre la tierra antes que Jesús regrese. El no va a volver por una joven sucia, inmadura, agresiva, que use bluyines desteñidos y deshilachados. Su Esposa será una manifestación de Él mismo y estará constituida por quienes se han alistado para ese momento.

Será hermosa, más allá de toda comparación, pura y santa, sometida por entero a su Esposo, estimará todas las cosas como pérdida por amor a Cristo, pues considera todo como pérdida por la excelencia del conocimiento de Jesús, por cuyo amor lo ha perdido todo y todo lo tiene por basura, para ganar y agradar a su Señor.

"7Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. 9Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios" (Ap. 19:7-9).

El Señor llama fuera a su Esposa, pero debemos hacer nuestra parte, pues a nosotros nos corresponde tan sólo alistarnos.  ¡Cuán poca cosa es renunciar a nuestras tradiciones religiosas, a nuestra seguridad en las estructuras y organizaciones, y a todo lo que el mundo nos pueda ofrecer, a cambio de convertirnos en parte de su Esposa!

Si el propósito de tu corazón es continuar tu viaje hacia la Ciudad Esposa, recuerda que únicamente llegarás allí por la vía interior estrecha.  Esto no se cumple con observancias religiosas, ni obras de caridad, ni estudios bíblicos, ni oraciones verbales, ni por ayunos.

Todas estas cosas son más que buenas, son superiores y son además, excelentes, pero son todas del exterior y las hacemos mediante el ejercicio de nuestro ego. Mediante el cultivo de nuestra relación con Dios, en nuestro interior, en el Espíritu, estaremos en el Camino a la Ciudad.

Aprende a descansar en Él y a saber que estás EN ÉL, que Él está EN TI, y que su santa y divina voluntad consiste en que solamente hagamos y digamos las cosas que Él activa. Ser guiados por el Espíritu significa andar en sumisión y obediencia a Jesús.

 Esta obediencia no es una respuesta mecánica a la ley, sino el resultado de una preciosa relación de amor que nos urge desde el interior a  agradar en todo a nuestro esposo, Maravilloso Consejero y Salvador. Ven al sitio de completa tranquilidad espiritual y absoluta paz interior, sin tener en cuenta las circunstancias exteriores, descansando y confiando sólo en Él, no en ti mismo ni en los demás.

Esta es la fe verdadera y real que se desarrolla a partir de nuestro andar personal y de compañerismo interior con nuestro Señor. Recordemos siempre que el compañerismo consiste en compartir todos los aspectos de nuestra vida con Dios, sin que en esa relación se excluya ninguna área. No debe haber jamás ni la más mínima división entre nuestras vidas espiritua­les y seculares.

ÉL ES EL CAMINO, ÉL ES LA VERDAD, ÉL ES LA VIDA.

Que el Espíritu Santo te guíe y te dirija en tu viaje a la Ciudad de Dios, que es siempre un lugar de compañerismo corporativo, y que nunca dudes que Él y nosotros podemos venir a ser una sola carne, ahora mismo, en el plano terrenal.

"25Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha, ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin man­cha29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30porque somos miem­bros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. GRANDE ES ESTE MISTERIO; MAS YO DIGO ESTO RESPECTO DE CRISTO Y DE LA IGLESIA" (Ef. 5:25-31).

Nunca una palabra es más confirmada que esta. Reitero; no conozco al autor y muy probablemente jamás lo conozca, pero siento en mi corazón que, – Con la diferencia lógica de matices que corresponde a lo cultural y regional -, el Espíritu Santo habló a su corazón del mismo modo en que lo hizo con el mío.

Yo estoy aquí, tú me conoces y sigues y examinas mi trabajo. Un día en alta victoria y el otro en dura batalla. Es la vida más o menos corriente de todo creyente en Jesucristo. No sé adonde está Peter White, que cosa está haciendo y como pelea su batalla.

Es más; ni siquiera sé si todavía está vivo o si ya ha partido a la presencia del Señor, ya que tampoco conozco la cantidad de años que tiene. Lo único que sé es que, en el momento de escribir esto, la unción que estuvo sobre su vida, es muy similar, – Sino la misma -, que estuvo sobre la mía.

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Me voy de la Iglesia

Pastor Bernardo Stamateas

La congregación “Presencia de Dios”, de la ciudad argentina de Buenos Aires, es relativamente nueva pero se está extendiendo muy rápidamente en cantidad de miembros. Bernardo Stamateas y su esposa son psicólogos y le han impreso una especie de sello personal.

El tema que Stamateas encara en este trabajo contiene aristas esenciales para tomar partido por el disenso o por el consenso, según la óptica y rango espiritual desde el que se lo lea. En esta sección, que generalmente utilizamos para confirmar enseñanzas brindadas, hoy nos permitimos modificar levemente la rutina y el estilo.

Tomaremos lo que el autor señala de esta problemática de manera correcta según la palabra, como Palabra Confirmada, pero no dejaremos pasar ninguna de las expresiones de corte babilónicas, sin comentarlas debidamente, con la finalidad de no confundir a nuestros lectores. Así comienza el texto fiel:

LOS 10 MOTIVOS PRINCIPALES POR LOS QUE LA GENTE SE CAMBIA A OTRA IGLESIA

Antes de entrar en lo que Bernardo Stamateas dice al respecto, quiero puntualizar algo que hace ya muchos años que vengo diciendo: en Argentina, (Y me atrevería a decir que en una gran parte del planeta también), la iglesia del Señor ya no crece, sólo se desplaza.

Una de las grandes preocupaciones de los pastores y de la Iglesia Cristiana en general es la cantidad de cristianos que van “de iglesia en iglesia”. Durante muchos años, se ha sostenido un gran mito que en éste articulo queremos destruir, el mito es el siguiente:

“ME ROBARON LAS OVEJAS”

Este es el gran mito que se sostiene dentro de las iglesias: pensar que cuando un miembro se va a otra iglesia, es porque esta otra congregación lo “robó” o lo “atrajo”. Sin embargo, como veremos, esto no es verdad. Siempre que una persona cambia de lugar es porque siente un malestar interior.

Siempre. Es muy difícil o es imposible que una persona que se siente bien interiormente en un lugar, que se siente bien con determinadas personas, se vaya a otro lugar. Es decir, una persona es “atraída” por otro lugar, pero en realidad no es la atracción lo que la mueve hacia la otra iglesia, sino el intento por resolver su malestar.

Echarle la culpa a otra iglesia de que “le robo un miembro” es tan ridículo como aquellos que se separan e inmediatamente dicen que fue porque “le hicieron un trabajo de brujería”, en vez de aceptar que el matrimonio entró en crisis y que fue ese el disparador de la separación.

Lógico, es más fácil decir que “le hicieron un trabajo de brujería” y que por eso el matrimonio se quebró. Cuando una persona se va de la iglesia, el pastor comete un gran error, muchas veces, de vivir esa salida como una traición que el hermano le hace al pastor y su bronca no le permite analizar objetivamente “el malestar interior del que sufre“.

La primera conclusión a la que tenemos que llegar -aunque sea dolorosa- es saber que siempre que alguien se va de nuestra iglesia es porque ha habido un malestar interior que ha sido como un resorte, un disparador, un impulsor, que lo llevó a buscar otro lugar.

Claro, es mas fácil decir “me robaron la oveja”, porque esto calma la angustia y pone las culpas afuera, “el otro es el culpable, no yo”. “El otro pastor”, “la otra iglesia”, la “ladrona”, la que “sedujo”, la que “hipnotizó”:

“Yo, pastor y mi iglesia, no tenemos nada que ver. Sencillamente ‘la oveja’ ha sido una pobre persona tonta, engañada y seducida por un pastor perverso o por una iglesia”. Sin embargo, mientras sigamos pensando así, nunca entraremos en el nivel de la excelencia.

La mayor parte de lo que se dice aquí es totalmente cierto. Las causas que producen ese malestar serán ahora evaluadas, aunque mucho me temo que no en su mayor gravitación, sino en los aspectos que se pueden observar desde el plano en que están evaluadas.

Sólo una acotación: la gente se está yendo de las congregaciones, de las denominaciones, de los templos, incluso si así se lo toma, hasta del credo evangélico, pero no necesariamente de la iglesia.

Salvo que alguien todavía entienda que “iglesia” es algo de esto que hemos mencionado y no el cúmulo de personas que han creído de verdad en Jesucristo como Salvador y Señor de sus vidas.

Entonces, la primera pregunta que nos tenemos que hacer es: Si un miembro o muchos se han ido de mi iglesia, es porque ha habido un malestar. El otro gran mito que debemos desterrar, a mi entender, y que no sirve es la famosa “carta de transferencia”.

Cuando una persona se va de la iglesia y se solicita la carta a la iglesia de dónde salió, en esa carta se expresan., muchas veces, las broncas, las maldiciones, las frustraciones hacia el que se fue. Otro aspecto interesante es ver pastores que se enojan cuando un miembro de su iglesia se va a otra y se enojan, se molestan porque ha sido recibido en otra congregación.

Esto también es estrictamente veraz. Personalmente, tengo claro que el Señor nos ha sacado de Babilonia para servir en otro plano, en otro nivel y dimensión. Sin embargo, de acuerdo a la opinión que algunos pastores “importantes” de mi ciudad tienen de mí, es muy poco probable que, de desearlo, tuviera acceso a otra congregación.

Se han equivocado muy feo, casi horrible se podría decir, en cuanto al mandato (Si lo hay) y a la autoridad (Si les ha sido concedida). Han llegado a creer que son los “dueños” de la iglesia y también de la voluntad de Dios. Por tanto, admiten y expulsan conforme a lo que ellos suponen o les parece. Dios se apiade de todos en el día del juicio.

Dicen: “Esa iglesia roba miembros”, “Tienen gente de otro lugar”. ¡Hasta ahora no hemos encontrado NINGUNA iglesia que no tenga miembros de otras iglesias! Diríamos: “el que esté sin miembros de otra iglesia, que tire la primera Biblia”. A continuación voy a enumerar cuáles son los malestares principales que hacen que una persona o un grupo entero salgan de una congregación buscando otro lugar donde poder buscar más de Dios.

1. SE VAN PORQUE SUFREN MALTRATO.

El maltrato es principalmente emocional y espiritual. Esto hace que una persona esté lastimada, dolida, rebajada, descalificada, y eso es un motor que lo impulsa a buscar un lugar en el cual encuentre buen trato. Cuando uno está en medio del océano, cualquier roca, cualquier madera, o cualquier balsa sirve para la salvación. Veamos de dónde puede provenir el maltrato:

a. Maltrato de los Pastores

El maltrato existe fundamentalmente en iglesias o pastores que castigan cuando predican, que en sus mensajes destilan odio, ira, resentimiento. Inmediatamente, cuando el pastor se entera que alguien tiene algún problema, lo usa como una anécdota en sus mensajes.

Todo el mundo en la iglesia empieza a mirarse; ya saben de quién se está hablando. Por un lado, el maltrato se ejerce a través de las maldiciones:“Si te vas de acá… te va a ir mal”, “El que se va de acá, lo voy a denunciar públicamente”. Por otro lado, el maltrato espiritual está regido por la culpa, la manipulación y la descalificación. Gritarle al miembro, humillarlo en público o en privado, descalificarlo en público, etc.

A estas expresiones las he oído yo mismo, por una emisora de radio supuestamente cristiana, que es propiedad de una congregación, también supuestamente cristiana, de boca de su propio pastor, supuestamente cristiano aquí, en mi ciudad de residencia.

Ni quieras imaginarte algo que aquí, en texto gráfico, no se puede mostrar: el tono de voz con que se dicen estas cosas. No hace falta ni es necesario el menor grado de discernimiento para darse cuenta el odio, el rencor y el resentimiento que se destilan en esas voces.

b. Maltrato de líderes

Hay líderes que maltratan a la gente, que creen que son de su exclusividad. Dicen: “Vos sos de mi barca”, “Vos me perteneces”, “Vos no podes consultar con nadie que no sea yo”, “Vos me tenés que pedir permiso para ponerte de novio”.

Hay otra congregación aquí, en mi ciudad, que funciona con el sistema de células caseras lideradas por terceras líneas que, a su vez, dependen de otras superiores y éstas del pastor principal.

Hasta hace muy poco tiempo he recibido gente que huía despavorida de ella por causas como las que se señalan aquí. Por motivos que no interesan en este trabajo, yo estaba algo así como “prohibido” en esa denominación.

Sin embargo, muchos de los líderes de esas células, venían a la emisora de radio donde yo trabajaba a pedir consejo sobre como conducirse con sus ovejas “privadas”. Tenían directivas que, en casos, los movilizaba de tal manera que no vacilaban en concurrir a otros ministros a buscar confirmación de ello.

Nadie quería intervenir porque hay una especie de código de tono mafioso que dice que cada denominación hace lo que cree mejor y que cada pastor es dueño de hacer lo que mejor le parezca en cada templo. Y la gente está obligada a creer en lo mismo que cree su pastor, que no siempre es lo que dice la Biblia al respecto.

Muchas de estas células, trabajaban estudiando trabajos que sacaban de mis audios, los cuales venían a buscar, obviamente, a escondidas de sus pastores. Los que se comportaban así, eran incapaces de hacerse dueños de esa gente, pero los que no lo hacían, ni lo dudaban.

Conozco un caso: una hermana de esa congregación fue engañada por su esposo, que finalmente se fue de la casa con su secretaria. Cinco años después, esa mujer estaba prisionera de una célula que, ni la dejaba salir, ni conocer a otra gente y, mucho menos volver a casarse, pese a que el marido real había tramitado y obtenido el divorcio y se había casado con su secretaria.

Uno de esos líderes me confesó, casi llorando, que ellos no sabían muy bien que hacer con la vida de esa pobre mujer, pero que las leyes de la denominación eran las leyes y había que cumplirlas porque de otro modo se quedaban fuera.

La historia finalizó, como corresponde, con esa mujer yéndose de esa congregación y también del Camino del Señor, ya que con todo lo que le dijeron, le hicieron pensar que estaba cometiendo un horrible pecado y que hiciera lo que hiciera, ya no tenía salvación.

No sé adonde está esa dama, hoy. Pero si anda por allí sin saber que hacer con su vida, y sin atreverse a pedirle perdón a Dios porque le han hecho creer que no será perdonada, le digo ya mismo: pide perdón y regresa a los caminos de Dios, que no tienen absolutamente nada que ver con esa gente ruin, cruel y malintencionada que has conocido.

c. De ujieres

Cuando una persona viene a la iglesia, la primera cara visible es el ujier, que le da la bienvenida. Hay ujieres que reciben a la gente con cara de limón o que se creen dueños. Dicen: “Acá no te sientes”, “Andáte de acá”, “Váyase de acá”. Decepcionan a la gente con miradas sospechosas las cuales hacen que las personas se sientan mal y se vayan de la iglesia.

Es cierto, también lo he visto y vivido desde ambas posiciones. Porque la que aquí no se menciona, es la que tiene que ver con el tratamiento que se le otorga a la persona conocida o invitada por los pastores.

A ellos, generalmente estos ujieres los tratan con almibaradas palabras y les dicen cosas tales como: “¡No se moleste, hermano, siéntese aquí!” y sacan casi a empujones al que estaba sentado para dejarle espacio a los “especiales”. Sólo una duda: ¿En que Biblia se habla de ujieres?

d. De otros miembros

Hay iglesias que tienen asambleas, reuniones, las cuales se desarrollan bajo un “todos contra todos”. Existen discusiones, chusmeríos baratos, chusmeríos caros, agresiones del uno hacia el otro, peleas entre líderes. Esto hace que la gente se vaya.

Estuve quince años en una de esas. Solía decirse, allí, en tono de broma que esa era la iglesia donde las mujeres oraban y los hombres votaban. ¿Democracia? Discurso democrático. El funcionamiento, tan autoritario como las demás.

La iglesia jamás aprobaba lo que le parecía mejor, sino lo que el pastor y sus ayudantes se encargaban de hacer aprobar con distintas técnicas de manipulación, apriete o sobornos. De todos modos, para los reglamentos internos de la denominación, eso estaba bien y era suficiente para darle marco legal.

e. De peleas entre pastores o entre líderes

Hay gente que se va, no porque ha sido lastimada directamente, sino porque cuando mira a su alrededor ve líderes “enquistados” que no quieren perder su “status-quo”, su posición. Se pelean con otros líderes, se critican. Vemos iglesias compuestas por equipos pastorales divididos entre sí, líderes que dicen una cosa y el pastor dice otra.

Todo este nivel de maltrato emocional y espiritual, hace que la gente se vaya. Sin lugar a dudas, cuando una persona es violentada y maltratada y descubre otro lugar en donde es bien tratada, esa persona se cambia de iglesia.

Esto último es, desde ya, bastante relativo y hasta dudoso. Pero lo anterior es real. Con un agregado: en esas peleas “Inter.-líderes”, la gente toma posición como si fuera un grupo de simpatizantes en un campo de fútbol. Sólo le faltan las banderas y arrojarse objetos contundentes.

No está dicho aquí pero es también no menos cierto, que cuando finaliza alguna de estas contiendas, el que resulta vencedor se queda con la iglesia y es acompañado en “el ministerio” por aquellos que le fueron fieles a la hora de la reyerta.

Es totalmente lógico que así sea, en ninguna sociedad normal una administración humana podría conducirse si no se aceptaran estas reglas de juego. Sólo que estamos hablando de la iglesia del Señor, y en todas estas cosas, a Él no parece tenerlo presente nadie.

Preguntas para reflexionar:

¿Cuál es el nivel de maltrato que hay en mi congregación, en mis líderes, entre la gente, entre los ujieres?

¿Cuál es la atmósfera que hay en mi congregación? ¿Hay una atmósfera de gozo, positiva, alegre, dinámica?

¿Felicito, aliento, reconozco y bendigo a la gente, o la castigo?

¿Soy de señalar los pecados y de ponerme en juez o soy un restaurador de vida, un motivador?

Estas preguntas insertadas al texto tienen un calibre del nivel de las escuelitas dominicales, pero las he dejado, en primer lugar, para respetar fielmente el texto y, en segundo término, porque puedes utilizarla para una evaluación doméstica o regional.

2. SE VAN POR ESTAR EN UNA IGLESIA SIN PROPÓSITO.

Este segundo punto también es muy frecuente. Las iglesias sin propósito están muertas y aburridas. En ellas, la gente va, escucha mensajes que no le sirven para nada, que no tienen ninguna trascendencia en su vida y se va.

La gran pregunta que al autor no se formula aquí, pero que no podemos dejar pasar por alto nosotros, es: Si, en efecto, hay gente que acude a esa clase de congregaciones que son reales y existen, sin dudas, ¿Para que siguen yendo? ¿Qué es lo que los hace seguir asistiendo a la más triste de las nadas?

Generalmente, aquí es donde me suelen responder que es porque entienden que necesitan congregarse y tratan de cumplimentar con ello aún en esas condiciones. Perdón: ¿Alguien va a pretender que nos creamos que CONGREGARSE conforme a la Biblia, es algo como lo que estamos describiendo?

En ellas son moneda común las discusiones teológicas, las interminables enseñanzas “doctrinales” que no sirven para nada en la práctica, las reuniones aburridas, con canciones aburridas, una adoración depresiva, un pastor que pasa y dice: “Bueno, hoy somos poquitos, ¿dónde estarán los demás?” y comienza a retar a los que vinieron por los que no vinieron.

Cierto. También lo he visto y oído muchas veces. Sólo una acotación: ¿Cuándo se habla de canciones aburridas y adoración depresiva, se está hablando de falta de gozo o de música de mala calidad? No conozco la respuesta, pero en esta área, la confusión es muy corriente.

Son iglesias sin propósito, en las cuales la gente ofrenda y se pregunta: “¿A dónde irá a parar mi dinero, si esta iglesia no hace nada?” Se enganchan en toda “propuesta espritual nueva”, en toda “propuesta alternativa nueva”, luego la cambian y pasan de una actividad a otra.

Yo también, durante muchos años, me preocupé por saber adonde iba a parar mi dinero, ese que diezmaba y ofrendaba puntualmente cada mes en mi congregación. Un día, el Señor me mostró que tanto diezmos como ofrendas deben llevarse a los alfolíes, que son los lugares adonde está el alimento que necesitamos, y no para obras humanas o enriquecimiento ilícito de personas. Discernir donde lo llevamos y donde NO lo llevamos, es tarea de cada uno en comunión con el que nos guía a toda verdad, el Espíritu Santo de Dios.

No tienen actividades dinámicas, con atractivo para los jóvenes. Los miembros de estas iglesias son los que no invitan a nadie, a ningún amigo, porque dicen: “Me da vergüenza invitar amigos míos a la iglesia porque no entienden nada, porque se aburren o porque no les sirve”.

En primer término, debo confesar que no comparto eso de fabricar en la iglesia cosas que signifiquen un “atractivo para los jóvenes”. Mientras Satanás los empuja al infierno desde muy pequeños con los duendes y las hadas, nosotros todavía andamos armando mesas de ping-pong porque nuestros pastores pasaron sus reuniones de jóvenes sabatinas disfrutando con eso. O aprendemos que este es otro tiempo o perdemos lo que tenemos.

Y si sentimos vergüenza de invitar a personas que les interesa conocer más de Jesucristo a nuestra congregación, no es porque las reuniones sean aburridas por falta de entretenimiento, sino porque no se habla de ese Jesucristo al cual vienen a buscar los incrédulos, sino de lo bueno que está haciendo la iglesia tal o cual en la sociedad secular. Y eso, a gente del mundo, acostumbrada a promociones, autopromociones y discursos baratos, sí que les aburre. Y mucho.

He sido testigo, por las naciones del mundo, de iglesias que no tienen niños, que no tienen jóvenes, adolescentes, que apenas tienen un grupo de ancianos y cuando uno les pregunta: “¿Qué actividades atractivas desarrollan?”, no hay propósito, no hay nada.

Dicen: “Acá a la iglesia no venimos a divertirnos, sino a buscar de Dios”. ¡Cómo si buscar de Dios y divertirse fuesen dos cosas contradictorias! Dicen esto en vez de entender que el Reino es una fiesta. Son iglesias sin objetivos.

Dicen: “Bueno, queremos ganar la ciudad, impactar el barrio”, pero eso es mentira; es una teoría escrita en un papel de un estatuto, porque en la práctica no hay movilización, no hay motivación, no hay metas específicas escritas, ni hay grandes desafíos

Esto que Bernardo Stamateas describe con absoluta fidelidad, no se encuadra precisamente en falta de propósitos, aunque también los padezca, sino en lisa y llana falta de presencia del Señor en los cultos y reuniones.

Una vez leí un libro cuyo autor hablaba de estas cosas. Y en un momento dado, él escribe un absurdo que, si se entiende como corresponde, golpea duro: Dice que hay iglesias tan bien organizadas, donde todo funciona tan aceitadamente y de manera casi automática, que si un día Dios se va de vacaciones, no se dan cuenta. Obviamente: el absurdo es que Dios se vaya de vacaciones. Pero que no se den cuenta es muy probable….

. Los mensajes son largos, tediosos y aburridos. Muchas veces la atmósfera espiritual se descubre midiendo la luz física. Cuando vayas a una iglesia, mirá la luz. La luz te va a indicar cómo es la luz espiritual que hay dentro. ¡Hay iglesias que tienen dos lamparitas! ¡Todos están a oscuras! ¡Con una música triste! Sin motivación.

El error con la música, parte de considerar a cierto tipo de expresión musical como “música cristiana”. No existe tal cosa. Antes eran los himnos, hoy son las baladas y las rítmicas que gustan en nuestros países latinoamericanos. No le hace, son la misma cosa.

No existe ni la cumbia cristiana, ni el rock cristiano, ni el tango cristiano. Todo tiene que ver con quien las componga. ¿Consideraremos cristiana una canción de Marcos Witt interpretada por un cantante secular, alcohólico o drogadicto?

Hay música que sirve para fines cristianos porque ha sido compuesta por autores creyentes genuinos. En la misma disquería puedes hallar CD de personas que no son creyentes genuinos, sino oportunistas que han visto un buen negocio en la discografía cristiana. Si ellos compusieron temas, esos temas de ninguna manera pueden considerarse cristianos.

De otro modo, estaríamos incurriendo en el mismo error que cometeríamos si tomáramos como cristiana a una música compuesta por un autor alcohólico, adúltero, promiscuo y vicioso, simplemente porque la interpreta un cantante cristiano confiable.

Claro, cuando estas personas descubren otro lugar en el cual son motivadas, que hay propósito, que hay conquista, que hay desafío, se van. Una iglesia con luz, con brillo, con alegría, atractiva, con mensajes atractivos, con títulos atractivos es una iglesia poderosa.

Permíteme ser reiterativo en un concepto: estoy convencido que una iglesia poderosa es aquella donde la presencia de Dios se discierne, se percibe, se siente como un peso divino y majestuoso imposible de evadir. Todo esto que aquí se menciona, es simplemente “puesta en escena”. Válida en grado sumo, tal vez; pero puesta en escena al fin.

¿De qué le sirve a una persona que viene por primera vez a nuestra iglesia a escuchar “El manto babilónico” o “El pecado de Acán” cuando no sabe quién es Acán ni qué es el manto? En pleno verano dice “el manto”, ¿Qué manto? O el mensaje “Las trompetas de Jericó”, cuando no sabe dónde queda Jericó, cuando tiene que pagar los impuestos, cuando su mujer lo abandono, cuando sus hijos están en el alcohol…

Si cualquiera de esos mensajes mencionados, es predicado por un ministro genuino, levantado realmente por el Señor, y lo que predica es palabra auténtica, sin humanismos de ninguna clase, esa persona podrá no ser entretenida, pero será bendecida. Porque quien bendice es Dios hablando por boca de sus ministros, no sus ministros.

Con respecto a sus problemas de vida cotidianos, que son reales y muy concretos, tienen que ver indefectiblemente con sus emociones, y estas, con su estado espiritual. Quien está espiritualmente vacío, busca llenar su alma con cosas anímicas, y su vida con cosas materiales.

Recientemente, me decía una mujer que había estado veinticinco años en una congregación de una denominación tradicional de las iglesias evangélicas, había perdido su trabajo, había intentado suicidarse y su hijo estaba en la droga. Me decía llorando: “Mis veinticinco años no me aportaron nada… Yo necesito saber que Dios es algo más de lo que me enseñaron”.

Cierto lo que dice esta mujer. Hoy por hoy, en la mayor parte de nuestras congregaciones se enseña un Dios muy diferente al de la Biblia. Dicen que lo hacen por una razón de tiempos, ya que, – Aseguran -, la Biblia se escribió hace mucho tiempo y hoy las cosas son distintas. ¿Tú te crees esto?

Preguntas para reflexionar:

¿Mi iglesia tiene objetivos claros?

¿Hay propósitos y desafíos en nuestra congregación?

Hay metas grandes a coto y a largo plazo? ¿Estamos logrando cosas?

¿Estamos generando una iglesia atractiva, dinámica, alegre, moderna?

Cuando miramos los muebles que tenemos en la congregación, ¿Son de hace treinta años atrás, con esas mantillas blancas, con ese ropero que trajo un hermano porque en la casa no lo quería tener porque estaba roto? ¿Hay luces tenues, o estamos creando una atmósfera atractiva?

El objetivo de la iglesia del Señor es extender el Reino de Dios en la tierra. Cualquier otro objetivo, por mejor intencionado que sea, es idea de hombre. El mayor desafío es conseguirlo, ya que cuando se intenta esto, se vive en Guerra Espiritual sin cuartel.

Las metas, los logros, son técnicas gerenciales utilizadas con mucho éxito en grandes y potentes empresas. Muchos ministros optan por estas técnicas para la iglesia y consiguen con ello muchos éxitos numéricos. Pero no es eso lo que Dios nos ha ordenado. El mundo debe copiar a la iglesia, no a la inversa.

¿Qué es una iglesia atractiva? ¿Las tantas que vemos muy bien iluminadas, coloridas, con tremendo movimiento en la plataforma, música contagiosa, cuerpos muy profesionalizados de danzas y mensajes destinados a las problemáticas del hombre moderno? Es probable. Sólo una duda: ¿Qué lugar ocupa la verdadera palabra de Dios en ese andamiaje? Otra duda: ¿Qué registro habrá de ellas en el ámbito del Espíritu?

3. SE VAN PORQUE NO LOS DEJAN SERVIR Y DESARROLLAR SU DON

Hay personas que tienen un profundo deseo y una santa insatisfacción de servir a Dios, de trabajar, de desarrollar su potencial. Saben que Dios ha puesto dinamita dentro de ellos. Quieren servir en la música, en las artes, en la evangelización, etc. Quieren servir con su pasión.

La pasión es el motor motivador más poderoso que existe; pero no los dejan trabajar… Dicen: “No, este ministerio ya está completo” ¡Claro! ¡El ministerio de adoración quedó cerrado ya! Desde hace muchos años… cuando la hermana Felicitas se hizo líder del ministerio y solamente deja entrar a cinco o seis amigotas.

¡Claro! El líder Juancho que lidera evangelismo hace cuarenta y tres años no deja ingresar a nadie…La gente que quiere trabajar y servir, a veces siente que tiene un techo. Recientemente, me decía una persona: “Pastor, yo estudié cine. Yo quiero poner mi don a disposición del Señor. Pero me dijeron que el cine no era de Dios. Que acá no hay ministerio de cine. Que si quería eso que fuera a la televisión, que ‘acá es una iglesia’”.

¿Cuánta gente quiere servir con su vocación, con su pasión, pero no lo dejan trabajar? Todo es un techo. ¿Por qué? Porque muchas veces, los pastores tienen miedo de levantar más pastores en su congregación.

Algunos líderes tienen miedo que les “hagan sombra”. Esta es gente con baja estima, que siente que todo es competencia y comparación. Los pastores se enojan porque se nombró a otro pastor y no a él. Ese techo hace que llegue un momento en que la persona se va.

Existe un tremendo riesgo de confundir ministerios y dones con talentos y vocaciones. Los ministerios, según Dios, son cinco básicos. Hay pequeños anexos que van en conjunto, pero no se salen de su jurisdicción.

Después existen determinados talentos que pueden ser puestos, – Es verdad – al servicio de la obra del Señor, ya sea en discipulado o en evangelización. Acepto que el cine y el teatro, así como las artes y la música, pueden ser bien usados en estas áreas.

Sin embargo, es muy complicado, por no decir imposible, pensar en el cine o el teatro a la hora de ministrar con unción pastoral, profética o apostólica. Parecerían ser elementos aptos para el evangelista o el maestro.

Y luego también conlleva el riesgo (Muy profuso) de utilizar estos mal llamados “ministerios”, para poder acceder a disfrutar de expresiones que enriquecen el ego, que como todos sabemos, es el epicentro indiscutido de cualquier expresión artística.

Yo soy periodista, y cuando me hice miembro de mi primera congregación, pensé que Dios iba a usarme grandemente en lo que eran mis talentos profesionales. ¿Te asombrarás si te digo que durante más de cinco años el Señor no me dejó ni siquiera hacer el boletín interno de esa pequeña iglesia?

Un día, – Lo recuerdo muy bien -, me dije y le dije al Señor en oración: ¡Está bien, Señor! ¡Si a ti no te interesa lo que yo puedo aportarle a la iglesia, olvídalo! ¡Pero al menos déjame que me ofrezca para barrer el templo o limpiar los cristales de las ventanas!

Yo no lo sabía, pero Dios estaba esperando ese gesto mío de humildad, que era el equivalente a pasar todos mis probables talentos naturales por la cruz de Cristo. Cuando hice eso, al mes siguiente, todo empezó a cambiar y finalmente terminé en los medios de comunicación tal como quería. Pero no haciendo lo que YO sabía hacer, sino sirviendo al Señor con lo que EL me mandaba a hacer.

El otro asunto, el de los “propietarios” de los ministerios, es más que real y ocurre con mayor frecuencia en las congregaciones más conservadoras, ortodoxas y supuestamente democráticas. ¿Cómo se cambia esto? No se si se atreverán, pero se cambia levantando a los ministerios a gente que Dios haya levantado, y no a nuestros amigos o parientes.

Preguntas para reflexionar:

¿Estoy siendo un techo para los míos?

¿Estoy motivando a mi gente?

¿Estoy abriendo ministerios de acuerdo a su pasión?

Decía una persona: “Pastor, yo quería servir, trabajar, abrir mas reuniones, evangelizar, pero el pastor me decía que con la reunión de los miércoles ya alcanzaba. No importaba que fuésemos cinco. Entonces le propuse: ‘¿Por qué no abrimos los martes, los lunes, para captar otro tipo de gente?´ Pero no. Yo le proponía ayunos, evangelismos, salidas, pero él tenía el día de descanso, o la gente no podía o no me dejaban”.

Uno de los éxitos que nosotros hemos tenido aquí en “Presencia de Dios” es que cuando la gente viene y recibe al Señor, vemos cual es su vocación, cual es su pasión y sobre eso armamos un ministerio.

Coincido con Bernardo en cuanto a que como sistema bien organizado, es correcto y mucho más limpio y bien intencionado que una gran mayoría de lo que se ve por allí. En lo que lamentablemente no puedo coincidir, aunque se me pueda tasar de fundamentalismo, es en que a un ministerio no puede “armarlo” ningún hombre, ya que es Dios mismo quien lo otorga en calidad de préstamo administrativo temporario.

Recientemente se han entregado al Señor muchos artistas y hemos abierto un ministerio para ganar artistas. Se han convertido gente de cine y hemos abierto un ministerio de cine. Chicas bailarinas se han convertido y hemos abierto un ministerio de baile para poder ganar gente del área de la coreografía, etc.

El testimonio concreto, (El cual no me consta, pero no tengo por qué no entenderlo tal cual se lo cuenta), es indudablemente positivo. Lo que no lo es tanto, son los riesgos que el propio líder suele correr respecto a ello.

Hace no demasiado tiempo, en un reality de altísima audiencia en mi país, se publicitó como el libro más leído por los participantes en su permanencia aislada, a uno escrito por Stamateas. Esto fue un excelente testimonio y una muy buena promoción de su ministerio y de su congregación.

La prensa se hizo eco bastante profusamente del tema, (Cosa no usual, ya que siempre solemos tenerla en contra), y llegó a catalogar a Stamateas como “el gurú” (sic) del reality. Hasta aquí, impecable y digno de cierto pequeño orgullo para el pueblo evangélico.

Sólo un pequeño problema. En medio de toda esta buena promoción donde el pastor casi era como una especie de referente para esos jóvenes, estos aparecieron jugando al juego de la copa y adelantando que tenían intención e interés en jugar también con la tabla ouija.

Este es el indudable riesgo que se corre cuando se ingresa en el ambiente de la farándula. Es altamente esotérico y las “brujitas”, tarotistas y videntes están a la orden del día. Si vamos a ministrar allí, vamos a tener que clarificar muy bien las cosas porque, de otro modo, la confusión va a hacerse un “pic-nic” con todos nosotros.

En vez de ubicar a la gente en los ministerios existentes tendríamos que abrirlos de acuerdo a los dones que van llegando, dejarlos trabajar, nunca poner un techo a nadie. El crecimiento de uno es el crecimiento de todos. Cuantos más pastores levantemos, cuanta más gente levantemos, más éxito tendrá el Reino de Dios.

Esto es decididamente cierto. No es el único Stamateas que tiene esta idea. He conocido a muchos pastores muy bien intencionados que no sólo no desean frenar los dones de nadie, sino que desean que se levanten muchos ministros para que el trabajo sea más liviano.

Sólo un problema, un pequeño detalle: ninguno de ellos, (Ya sea por olvido, omisión o decisión consciente), resuelve dar un paso al costado cuando ve a alguien con mayor unción y dones de Dios que ellos mismos y dejarles su lugar. Mantienen su posición contra viento y marea. Que haya todos los dones que se pueda, pero aquí sigo mandando yo, ¿Está claro?

4. SE VAN POR EL LEGALISMO

El legalismo mata, me consta. He sido testigo de gente congregada en iglesias ultra legalistas que terminaron ahorcándose, pegándose un tiro, envenenándose. Cuando una persona que lucha todos los días para subsistir, para llevar adelante su hogar, para trabajar, para luchar en medio de un trabajo con gente que quiere su puesto, que compite, llega encima a una iglesia donde es retado, culpabilizado y acusado, no le queda más que morir.

El legalismo te esclaviza, te pone cargas, imperativos: “No se puede venir con pantalones, no te podes pintar, las mujeres que no prediquen”. Culpas, todo es pecado: “Falta santidad, falta unidad, no se puede jugar al fútbol, no se puede divertir”, ¡cuántos ejemplos podríamos dar!

Te recomiendo que leas el libro que he escrito al respecto sobre “el legalismo”.Hay gente que ha sido castrada en su espíritu con una mentalidad de culpa y condenación. La culpa siempre te remite al pasado: “Hay algunos pecados todavía que Dios no te ha perdonado”

.La condenación te remite al futuro: “Vos no mereces alcanzar los sueños que Dios te dio”. Las personas viven tristes, amargadas, apesadumbradas. Los legalistas son rígidos, cuestionadores, les encanta mirar y analizar a las iglesias crecientes para sacar sus clásicas conclusiones:

“Mas vale calidad que cantidad”, “El cementerio también crece”, “La iglesia no es una bailanta, ni el pastor un payaso”, “El infierno también va a estar lleno de incrédulos”, “Gracia barata”, “Falta de ética” y un montón de estereotipos mas que lo único que hacen es tapar su rigidez mediante una “curita”, mediante maquillaje para no mirar hacia adentro y descubrir que no pueden apedrear a nadie, que tiene que soltar la piedra.

Esto es irreprochablemente así. Cuesta trabajo creer que adentro de un salón que se autodenomina como “la iglesia del Señor”, existan personas que, en el nombre de Dios, puedan estar empujando al suicidio a alguien. Sin embargo es real.

Sin embargo, el consejo de Pablo no es inoportuno cuando se dan estas alternativas. Porque dentro de la politiquería legalista de estos amargados, ácidos, jamás felices, porque están viviendo por la ley y como tal están bajo maldición, hay algunas expresiones que conviene tener en cuenta para no caer en la extralimitación permisiva, que también es negativa.

¿Falta santidad? Si a la santidad se la toma como formas externas, es legalismo puro. Si, en cambio, tiene que ver con la moral y la vida de los hermanos, es lícito reclamarla. ¿Falta unidad? Obvio, no se resuelve con veinte pastores tomando café, juntos, un día a la semana. La única unidad posible, factible y apta, es la unidad en el Espíritu. Si no existe esta última, también es lícito reclamarlo.

¿No se puede jugar al fútbol? ¿Cómo no se va a poder jugar al deporte argentino por excelencia en el marco de una iglesia que está fundamentada en argentinos? ¡Claro que se puede jugar al fútbol! Se pueden organizar torneos, campeonatos o intervenir en otros. Lo que no puede hacerse, es rotular a esa actividad como “ministerio”, cuidado.

Preguntas para reflexionar:

-¿Estoy Sano por dentro?

-¿Estoy Ministrando Legalismo en mi Iglesia?

Una vez me preguntaron cuál era el requisito más importante para interpretar la Biblia. Sin pensarlo dije: “Salud emocional y espiritual”. Porque cuando fuiste violado y no estás sano, cuando fuiste abandonado, cuando tuviste un papá que te golpeaba, cuando te criaste bajo el brazo del imperativo, si no estás sano, vas a lastimar a otros y vas a interpretar la Biblia desde tu dolor y odio: el herido siempre hiere, el rechazado rechaza, el reprimido, condena.

El más moral a veces es el más inmoral. ¿Cuántos ejemplos tuvimos de grandes predicadores que hablaban de santidad y acusaban el usar pantalones, pero se deleitaban en los placeres más perversos a nivel sexual?

Total y absolutamente cierto. Así ha sucedido en muchos lugares y ha producido que muchos se fueran huyendo de esos lugares, pensando que las cosas de Dios serían muy buenas, pero que con esos locos depravados no querían saber más nada.

Sin embargo, a esto que el pastor Stamateas pinta con certeza, habría que adosarle otro aspecto que también es altamente necesario: ser llenos del Espíritu Santo. Y no estoy refiriéndome a hablar en lenguas, temblequear en el suelo o caer en éxtasis nebulosos. Estoy hablando de tener una certeza y una convicción interior capaz de limpiarnos de toda impureza.

Las preguntas que el autor del trabajo formula a continuación son válidas por dos motivos esenciales: 1) Porque son necesarias en grado sumo en lo que es la iglesia de hoy, huérfana de presencia de Dios y poder del Espíritu Santo. 2) Por su propia especialidad profesional puesta al servicio de la congregación.

Preguntas para reflexionar:

-¿Fui Ministrado en Sanidad Interior?, ¿Se Ministra Sanidad Interior en mi Iglesia?

-¿Se Vive en mi Iglesia una Atmósfera de Paz, de Perdón Divino, de Gracia de Bendición?

Siempre el legalista interpreta gracia, libertad y bendición como el polo opuesto: el libertinaje. Dicen: “Claro, ahí aceptan a cualquiera…”

Hace un tiempo me decía con orgullo un pastor legalista: “En mi iglesia no hay ningún divorciado” y le dije: “¿Cómo hiciste?” “Los echo a todos”, contestó…

A esto lo he visto personalmente en cierta y determinada denominación que se precia de ser implacable con este asunto. Es verdad, en ella no asisten divorciados porque se los expulsa. ¿Motivos? Para que nadie tome ejemplo de ellos y los imite.

¿Está bien? No, pero convengamos que en muchos casos, los hermanos se manejan así con la mejor de las intenciones. Que no deja de producir resultados, ya que nadie se divorcia allí. Eso sí; al adulterio no lo han podido erradicar. Nadie descubre a los adúlteros. Y mucho menos si se trata de líderes prestigiosos.

Un nuevo sistema del legalismo que ha crecido en los últimos años afirma que el que no esta en una barca o en una célula no puede permanecer al ministerio. Una presión permanente: «multiplicate y gana gente». Utilizando rígidamente materiales que el que no lo sigue queda descartado.

Nuevamente vemos que hasta las cosas buenas hechas un ritual y una obligación pasan a ser malas. Nos han llegado testimonios de cientos de personas de todo el mundo que avalan esta afirmación.

El sistema de “barcas” o células ha pululado por todo lo largo y ancho del planeta cristiano. Seguramente ha sido la visión que Dios le dio a alguien en algún lugar, pero eso no significa que el método tenga que dar resultados positivos en todas partes, o que se tome como un “ábrete sésamo” de conversiones o crecimiento.

En otros sitios, el sistema radica en discipulados de pequeños grupos. Un discipulador y varios discipulados. En la teoría, un método que permite un crecimiento constante y real. En la práctica, verdaderas batallas campales “santas” por un discípulo.

5. SE VAN POR ESTAR EN IGLESIAS ALMÁTICAS

El alma es la suma de la mente, la voluntad y la emoción. Hoy estoy convencido que una de las razones principales por la que muchas iglesias no crecen, es porque son almáticas. ¿Qué es ser almático? Es un vínculo pegoteado, pegajoso, intenso, simbiótico.

Sucede en el “amiguismo”: un amigo te lo elegís vos, pero un hermano te lo elige Dios. El vínculo del alma, que tanto hemos desarrollado en nuestros libros, hace que se armen grupos cerrados: “Vos sos mi amigo, vamos a comer juntos, trabajamos, juntos salimos, juntos nos vamos de vacaciones…”

Así se aman, hasta que se pelean y así se odian. Son los “Montesco” y los “Capuleto”. Son esas familias que gobiernan las iglesias de grandes apellidos y múltiples miembros. Son esas tres o cuatro familias tal vez, en una iglesia de ochenta miembros las que no dejan que entre gente nueva, aunque llorando claman en oración: “¡Padre queremos un avivamiento!” Su espíritu dice: “No queremos a nadie porque queremos manejar nosotros la situación”.

Lo almático es siempre manipulador. Mis vínculos con la gente no tienen que ser del alma, sino del espíritu. A mi lo que me une no es el afecto, es un propósito de Dios: la sangre de Cristo que nos ha unido para traer salvación a la tierra.

Eso no quiere decir que en el vínculo del espíritu no haya afecto. Hay algo más poderoso que el afecto, que es la sangre de Cristo. Nos amamos y entre nosotros nos perdonamos, porque hay algo más grande que el afecto: una misión que tenemos que cumplir.

Hace un tiempo me decía un hermano: “Pastor, yo me voy de acá porque no puedo ir a comer asado con vos. Y yo vengo de una iglesia donde íbamos a comer asado con el pastor todo los sábados. Y a mi lo que más me interesa es estar cerca del pastor comiendo un asado” Así que lo bendije y pensé: “Pobre persona. Nunca será usada en altos niveles de unción, por ser almático”.

La gente con vínculo almático se queda al lado de los pastores. Dice: “Yo soy la mano derecha del pastor”. Se sienten “VIP”. “¡Uy! el pastor me tocó, vi la unción”, sencillamente porque nunca tuvieron papá o mamá, entonces buscan satisfacer esa carencia afectiva con el pastor de turno que les toca.

Las relaciones almáticas hacen que una familia o un matrimonio tomen control y gobierno de las actividades, del pastor, de todo y no dejan que nadie nuevo ingrese. Hay familias, clanes, que se mueven simbióticamente. En general familias numerosas de muchos años de tradición evangélica que toman, generación tras generación, el control de la iglesia o de las instituciones.

Leí que Mahatma Gandhi fue a una iglesia bautista en la India, pero por no ser blanco lo echaron de ella. ¡La cristiandad se perdió uno de los hombres más poderosos que si hubiese recibido a Cristo podría haber llegado a cambiar la historia de la India con el mensaje de salvación! ¿Y por qué? Porque un grupo de personas no lo aceptaron.

Tal como Bernardo Stamateas lo expone aquí, resulta indiscutible. Esto que él consigna y puntualiza, es total y absolutamente real y podemos verlo en muchas congregaciones, tanto sea pequeñas como voluminosas.

Pero no es lo único. Yo tengo la certeza total que, en estos tiempos, las iglesias evangélicas son, mayoritariamente, ministradoras de almas. Trabajan con las emociones, con la voluntad, con los sentimientos, con los afectos y con la mente en general. Lo que está ausente de ellas es lo espiritual.

Entonces, a los pastores, se los evalúa y se los mide conforme a sus capacidades estrategas para mantener el poder en contra de todas las oposiciones que se le presenten. En algunos lugares, a eso se lo ha denominado como “política cristiana”. Para mí, sigue siendo politiquería religiosa.

6. SE VAN POR LA FALTA DE INTERÉS EN LA GENTE QUE SE CONGREGA

Otro motivo que he observado es que hay gente que va a una iglesia y nadie la saluda, nadie la discipula, nadie se interesa por ella. Se los saluda y motiva un poco, pero no hay un entrenamiento, una formación, una paternidad espiritual apostólica, un liderazgo sobre esas personas.

Si vienen, bien y si no vienen, también. Si se van, el pastor argumenta: “Estaban con nosotros pero no eran de nosotros. Así que, como es débil en la fe, algún pecado tendrá…” En vez de darse cuenta que no hubo entrenamiento, formación, interés, amor verdadero por la gente.

Porque no les interesa saber de sus hijos hoy la gente sufre el síndrome de abandono y lo conocemos como el “síndrome de la llave”: chicos adolescentes que se levantan con la llave colgada. Cuando se van de la casa están solos. Cuando regresan del colegio, están solos. Están solos mirando Internet, horas.

Luego viendo televisión. Solos chateando. Solos crecen. No pueden compartir con sus hijos, sus nietos, y mueren solos. Esa gente es la que llega a nuestras congregaciones, donde se siguen sintiendo solos. No hay nadie para discipularlos, desafiarlos, amarlos. Cuando se van, recién ahí los llama todo el mundo:

“¡No te vayas!, ¡Te queremos!, ¡Vení!” Porque irse es como una herida narcisista a la iglesia, sin embargo no hay una profunda reflexión sobre ellos. Se fue porque el malestar generado en su interior, el abandono espiritual, hizo que se vaya.

Sin menoscabo de lo escrito, tengo dos experiencias personales para compartir. Una, en una jornada bajo la ministración del pastor Claudio Freidzon en 1992. La otra, tres años más tarde en una presentación de Marcos Witt.

En la primera, estuve nueve horas en un gimnasio cubierto y en ningún momento experimenté cansancio, aburrimiento u otra sensación similar. En la segunda, lo experimentado fue lo mismo aunque por un tiempo algo menor: seis horas. Y en esta última, sin sentarme. Y no tenía ni tengo veinte años.

¿Qué quiero significar con esto? Que además de lo que el texto dice con respecto al recibimiento de los hermanos y la “contención” que ellos puedan brindar a los recién llegados, si en el lugar hay unción del Espíritu Santo y presencia del Dios de todo poder, lo que tú tienes a tu alrededor, es lo de menos.

Tú recibes eso, te llenas con eso y, así cuando todo termina nadie te venga a saludar, si mañana esa reunión se repite, tu vuelves, y vuelves, y vuelves. Y todo esto al margen, claro está, en lo que hoy puedan estar haciendo estos dos hombres, no lo sé. Pero no le hace, en su momento fueron usados grandemente.

Preguntas para reflexionar:

-¿Amamos a la Gente?


-¿Seguimos a la Gente?

-¿Nos Interesamos por Ellos?


-¿Le Ponemos a la Gente Padres y Madres Espirituales, bajo un
Ministerio Apostólico, con Cuidado Paternal para Formarla, Entrenarla, Seguirla, Discipularla?

7. SE VAN PORQUE HAN SIDO “DISCIPLINADOS” (LEASE “CADENA PERPETUA”)

Hay gente que ha cometido errores y fueron disciplinados. Pero quiero referirme en este punto a gente que ha cometido errores, ha pecado, pero se ha arrepentido. Ha reconocido de corazón su error y su pecado. Sin embargo, le ha caído la disciplina con cadena perpetua. Gente a la que se la ha disciplinado por cinco años.

Contaba una persona que cuando se fue a casar, fue en bicicleta a la iglesia y el pastor el mismo día que los casó ¡Los disciplinó por haber venido en bicicleta! Disciplinas estúpidas, ridículas, sin sentido, locas.

Chicas que tuvieron relaciones sexuales prematrimoniales y no se pudieron casar de blanco, o en la iglesia, por su pecado, aún cuando la pareja se había arrepentido y había pedido perdón al Señor. Pero parece que el hombre no perdona…

En la que fuera una de mis congregaciones, una de las jóvenes que ministraba en la banda de música de alabanza y adoración, un buen día, apareció con un embarazo de largos cuatro meses. Su novio era un muchacho de otra congregación. La iglesia decidió una disciplina. Yo formé parte de ella porque en ese tiempo estaba dentro del staff ministerial como maestro.

Recuerdo todavía las largas sesiones en las que se debatía los alcances de su pecado y las penas disciplinarias que deberíamos propinarles. Había momentos en que calculo que el Sanedrín con Jesús hubiera parecido una monada comparado con esto.

Hasta que un día no soporté más ese rol de duros y severos censores y pregunté: “Hermanos…¿Qué estamos disciplinando, fornicación o embarazo?” – ¡¡Fornicación!!, me respondió un coro donde creo que estaban presentes Anás y Caifás y sus familias.

¿Están seguros?, repetí. ¿Ustedes pueden asegurarme que en este momento, estos chicos son los únicos que están en pecado de fornicación en toda la congregación? – Se miraron entre ellos y algunos dijeron: Hermano…aquí no tenemos dudas, ¿No le parece? En los demás no sabemos…

Claro: no lo saben porque aún no hay una panza creciendo, ¿Verdad? Entonces, por favor, hermanos amados, seamos sinceros y no hagamos más hipocresía. Estamos disciplinando el vientre inflado de la hermanita, no su lógica fornicación anterior. Porque no tenemos discernimiento para asegurar que este es el único caso.

La disciplina de la muchacha y su novio se completó. Sin mí, obviamente. Por disposición nunca se supo bien de quien, en las siguientes reuniones no fui citado ni convocado. Debería haberme dado cuenta que estaba viviendo en Babilonia, pero aún estaba ciego. Y eso, claro está, sin justificar de ninguna manera la fornicación, sino la soberbia de la disciplina y los disciplinadores.

Pregunta para reflexionar:

-¿Somos Restauradores o Condenadores?

Disciplinas con tiempo; por diez o veinte años. Peor aún: barcas de disciplinados donde todos debían estar juntos. Me decía una persona: “La gente entraba a la iglesia y veía “la barca de los condenados a cadena perpetua”. Estábamos estigmatizados” “¿Qué pecado habrán hecho?”, la gente se preguntaba queriendo averiguar. Por el contrario, la disciplina es siempre restauradora, motivadora y privada.

No se puede disciplinar a quien no reconoce su pecado pero se puede disciplinar -léase ayudar, restaurar, bendecir– no con una fecha de tiempo, sentándolo en la última silla o privándolo de la última cena, sino mediante un perdón de Dios y un acompañamiento para la madurez y el amor hacia esa persona.

Esto es decididamente así, tal como bien lo pinta Stamateas. Es como si la palabra de “las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”, estuviera escrita en el Corán y no en la Biblia. Hay gente que se especializa, adentro de los templos, en recordarles el feo pasado a aquellos que lo tuvieron y creían haber sido perdonados por Dios…

8. SE VAN POR BUROCRACIA

Existen iglesias llenas de estatutos, formalidades. Para bautizarse hay que hacer un curso de meses, para tomar la santa cena hay que hacer otro tanto. Estatutos, leyes, diáconos, ancianos, padres de ancianos, presidentes, pro-tesoreros, juntas, asambleas, padres de diáconos, sobrinos de diáconos… burocracia, asamblea donde se discute todo.

“Felipe…¿Qué impide que yo sea bautizado ahora mismo?” – Esa fue la pregunta del etíope. ¿Y que respondió Felipe? ¿Acaso le dijo que no podía bautizarlo hasta que no aprobara el cursillo o diera muestras de entender su significado?

“Haced esto en memoria de mí”…dijo Jesús con respecto a lo que luego implementaríamos como la Santa Cena. ¿Acaso dijo “haced esto LOS BAUTIZADOS?” No. Él no discriminó, como tampoco lo hizo Juan el Bautista en el río. ¿Entonces? Burocracia. ¿O debería decir Legalismo?

Entran cinco, salen tres. “Moción de uno, aprobación de otro”.Entonces, la persona se siente atrapada en un montón de comisiones y reuniones inútiles, estructuras, y se va porque Dios nos ha hecho libres.

Un predicador que alguna vez escuché, decía una vez algo muy contundente respecto a estas cosas. Él aseguraba que no había salido de la esclavitud del pecado el día de su conversión, para caer en la esclavitud de la politiquería religiosa. ¡Cuanta verdad!

Por supuesto, tenemos que tener una organización pero esta no debe matar al organismo. Dice Lucas Márquez que el organismo es algo vivo, la organización es un sistema donde el foco no es la vida, sino cumplir las reglas.

Correcto lo que dice Lucas Márquez. Sólo habría que añadirle a modo de corolario, algo que es esencial. Necesitamos la unción del Espíritu Santo para ministrar. Y Dios no unge jamás organizaciones, unge personas, organismos vivos…

El foco no es la gente sino la estructura. Pero Dios levantará iglesias organismo donde el foco no será la estructura sino la gente. En suma: ¡simplificá! Sacá las reuniones inútiles, eliminá lo que no sirve, sacá la presidencia, pro presidente, diácono superior, súper tesorero, etc. Eliminá, simplificá, porque los primeros cristianos se juntaban con alegría y sencillez de corazón y las multitudes venían a Cristo.

La pregunta que nos tenemos que hacer, querido colega, es:

-¿He Simplificado al Máximo la Estructura de mi Iglesia para que la Gente pueda Bautizarse cuando quiera y pueda servir donde quiera?

9. SE VAN POR PASTORES SIN COMPROMISO

Mucha gente nos ha manifestado que se va de la iglesia porque el pastor no tiene compromiso: el lunes es el día pastoral, el martes a las tres de la tarde está tomando mate en la puerta de la iglesia, el miércoles hace una visita a las seis de la tarde, el jueves lo dedica para orar y el viernes para pasear.

Gente que ve pastores que no tienen vida espiritual, que son títeres de la congregación, son asalariados: van cumplen un horario, se van, no están motivados, no hay un compromiso genuino por traer un avivamiento, cumplen formalmente, son empleados de la iglesia, hacen lo que la gente les dice.
No marca la visión, no es padre espiritual, sino sencillamente un empleado que como nadie le controla ni le vigila, en general pasa más durmiendo que trabajando.

Son las personas que dicen: “Estoy estresado”. “Necesito veinte días de vacaciones”, cuando tienen menos de cien o doscientas personas. Permanentemente hablan del estrés, del agotamiento emocional, de que “no dan a abasto”.

Llenan sus agendas de papeles y de reuniones sin sentido. Cuando tienen que dar un informe, anotan hasta el folletito que le dieron al de la esquina y cuando uno lee esos informes parecería una iglesia poderosa que está invadiendo la ciudad, pero en la práctica no pasa nada.

Está comprobado que la gente exitosa trabaja más que la gente común. Pero no es trabajar más, sino más inteligentemente. Tener un compromiso con lo que Dios nos ha llamado a hacer. La gente debe ver en el pastor y la pastora el modelo de gente comprometida trabajando de lunes a lunes para la extensión del Reino de Dios.

No voy a comentar este párrafo porque el pastor Stamateas delinea con mucho criterio lo que, a su juicio, debe ser la figura básica del pastor. Conforme a los rudimentos con los que la iglesia clásica se conduce, podríamos asegurar que lo que él señala aquí, es correcto y claro.

Sin embargo, tengo un pequeño inconveniente que no me permite terminar de avalar todo esto. Ese pequeño inconveniente radica en que bíblicamente, la figura del pastor tal como lo conocemos, no existe. Las organizaciones y estructuras evangélicas lo han creado así y así lo siguen sosteniendo. No le hace. El catolicismo también sostiene a su Papa…

Preguntas para reflexionar:

-¿Soy un Pastor Comprometido?


-¿Estoy Trabajando a Tiempo y Fuera de tiempo?

10. SE VAN POR EL PECADO PASTORAL

Mucha de la gente que se retira de sus iglesias es por haber visto, comprobado y descubierto la doble vida de sus pastores. Descubren que quien debería presentar un modelo y ejemplo de la predicación y compromiso en Cristo, tiene una amante, sale con la secretaria, es el único que prospera, tiene su coche cero kilómetro, su casa en Punta del Este y un nivel de prosperidad por pedir, pedir y pedir.

La gente se pregunta: “¿Qué sucede aquí? ¿De dónde sacó ese dinero?” Cuando descubren que el pastor predica una cosa y vive otra (una vida de engaño), la desilusión es tan grande que la gente directamente se aparta. Luego hace el recorrido de tres o cuatro iglesias hasta poder encontrar ese lugar donde respira un poco de paz.

Esto, en un principio global, tiene visos de auténtica realidad. No se trata de resentimientos personales del pastor Stamateas ni míos, se trata de que en muchos casos, – Efectivamente -, alguien se va de una congregación por causas como las citadas.

Pero aquí es, sin embargo, donde mi disidencia anterior se fortalece con argumento básico. Si alguien se va de una congregación a otra, de un templo a otro, de una denominación a otra, de un credo al otro, sencillamente porque la ha decepcionado un hombre, permítanme decirles que esa persona no entendió jamás nunca absolutamente nada del evangelio.

Nuestro modelo es Cristo. Él es el invisible al cual debemos mirar cuando las cosas no salen como pensábamos. Si tomamos modelos humanos, cosecharemos resultados humanos. Si nuestra guía eclesiástica es el alma (Lo enseña el mismo Stamateas), nuestros resultados serán almáticos. Y cambiarse de una iglesia a otra por causa de su pastor, es algo decididamente almático y en absoluto espiritual.

En cuanto a lo dicho aquí como “respirar paz”, es cierto tanto en lo simbólico como en lo literal. En lo simbólico, déjame decirte que tiene que ver con lo que pasa en tu hombre interior, nada que ver con expresiones eclesiásticas externas. En lo literal, todo es cuestión edilicia.

Tú ya has visto que los templos y catedrales católicas romanas están construidas de tal modo que, mayoritariamente, sus interiores siempre son frescos, agradables y acogedores. De experimentar esto a tomarlo como manifestación de paz, hay un paso. Por tanto, si bien es valioso que alguien se sienta en paz, no es lo prioritario. Lo prioritario es, en todo caso, que haya realmente presencia de Dios en un lugar donde se dice adorarlo.

Preguntas para reflexionar:

-¿Soy de una Sola Pieza?


-¿Predico lo que Vivo o Vivo lo que Predico?


-¿Hay Santidad en mi Vida?


-¿Deseo el avance, Crecimiento y Desarrollo de mi Gente o hay Motivaciones espurias, carnales?

Son esos pastores e iglesias que de lo único que hablan es de prosperidad -léase dinero, dar, dar y dar-. La iglesia no ve proyectos nuevos, ideas, arreglos, nada. Parece que el dinero va a un barril sin fondo. Y, efectivamente, va a un bolsillo sin fondo. Cuando una persona está bajo una cobertura que está en pecado, ese pecado baja y afecta a toda la congregación.

Con la nobleza que obliga esta tarea de servicio al Señor, debo decirte que esta última aseveración, pese a ser lo que se enseña oficialmente en todas las iglesias evangélicas, no tiene ningún sustento bíblico.

Cuando la Biblia habla de “cobertura”, siempre se refiere al cabello de la mujer, jamás a un hombre brindándosela a otro. Lo que la iglesia evangélica ha determinado como cobertura, generalmente se trata meramente de un control. De allí que, cuando alguien te pregunta quien es tu cobertura, lo que en realidad desea saber es quien te controla.

Se asegura que los hombres, sin una cobertura o control de sus actos ministeriales, pueden ser víctimas de la corrupción y, con ella, arrastrar a muchos inocentes. Ni lo dudes. Es lo que está ocurriendo en el 80 por ciento de las iglesias, aunque estén bajo la cobertura que se te ocurra…

Existirían muchos más motivos; tendría que nombrar a la gente rebelde que no puede estar bajo autoridad. Son personas que no cambian de iglesia en realidad, más bien las recorren. Son los mínimos. Son los itinerantes.

Son los rebeldes que no se sujetan a nadie y a nada. Los “evangelistas itinerantes”, los “profetas itinerantes”, los “pastores sin miembros”. Los líderes que recorren las iglesias buscando un puesto y un lugar, o metiendo división.

Esto también es absolutamente cierto. Los he visto. Pero para evitar confusiones y errores tan remanidos y clásicos, habrá que aclarar que, cuando el pastor Stamateas habla de estar bajo autoridad, él se refiere a la autoridad oficial y reconocida eclesiásticamente mediante nombramientos, ordenaciones y credenciales.

Es una forma de ver este asunto que no puede ser discutida bajo la lupa de las organizaciones. Pero lo cierto e indiscutible es que, autoridad, es aquello que ha sido enviado verdaderamente por el Señor a hacer una tarea, que no siempre coincide con lo que los hombres determinan como tales.

Para terminar, estos son algunos de los diez motivos principales por los cuáles la gente se va de las iglesias. Habrá muchos más, por supuesto. Según lo que he podido observar, una persona cambia de iglesia una a tres veces y luego se aparta, cuando ese recorrido le hace ir a una iglesia y luego a otra y luego a otra en la que se vuelve a generar otro malestar.

Entre una y tres veces y luego la persona se aparta. No quiere saber más nada. Ahí entran los miles y miles de nuestra querida Argentina que no se congregan. Leen los periódicos cristianos, escuchan las radios cristianas, siguen por Internet los cultos pero no quieren estar en ningún lugar más.

Quiero ser claro: si alguien que va a una iglesia tiene un problema, más o menos grave, que lo decide a irse de allí, y por esa causa se aparta del Camino del Señor y retorna al mundo secular y al pecado, permíteme decirte, que esa persona jamás se convirtió de verdad.

He visto a muchos “apartados” de las congregaciones, pero una enorme mayoría de ellos procura, como puede y sabe, mantenerse en su fe real e intentar llevarla adelante sin los convencionalismos eclesiásticos acostumbrados.

He viajado por todo el país más de una vez y por otros continentes. Nos hemos encontrado con miles de apartados. Gente que ha sido lastimada reiteradas veces. Siempre, en “Presencia de Dios” pensamos en soluciones. Por ello creo que debemos tener en cuenta lo siguiente para evitar que la gente se vaya de la iglesia:

Dos soluciones prácticas:

1- Tener una profunda revisión de los modelos de la iglesia. Una iglesia contenedora, amplia, maravillosa, de bendición. Atractiva, moderna, eficaz, con mensajes poderosos en revelación, prácticos y atractivos.

Multifuncional, con múltiples actividades como lo que hemos desarrollado. Ver que cada persona que se va es una fuente de aprendizaje para reparar lo que estamos haciendo mal (10 causas).

Dentro de lo que son las iglesias evangélicas clásicas y tradicionales, este proyecto suena a muy novedoso y atractivo. Pero visto desde la óptica espiritual, (Única posible en un ámbito espiritual como es el nuestro), es sólo un método más, una mecánica más, un modo más de entretener y procurar retener a las personas.

2- Tener un profundo desarrollo de la sanidad interior. Recientemente salió el libro “Libres de la gente” y estoy convencido que si logramos enseñarle a la gente como tener relaciones interpersonales eficaces y lograr que nadie nunca más lastime su corazón, desarrollar piel de rinoceronte, no descalificar al que lo descalifica, tener un corazón sensible para Dios, no esperar nada de nadie, no hacer vínculos almáticos, saber que todo el potencial para ser feliz está dentro de uno, entonces creo que se levantará una iglesia más poderosa que la que hemos desarrollado.

Aprecio a la Psicología como una herramienta válida para ahondar en la vida de aquellos a quienes se desee ayudar, pero no comparto en absoluto la concepción de una iglesia del Señor de Señores y Rey de Reyes basamentada en resortes freudianos o lacanianos.

Esta es nuestra experiencia en “Presencia de Dios”. Miles de apartados y miles de miles de gente que se ha bautizado en nuestra congregación. Han encontrado un lugar atractivo, poderosos de fe y alegría.

Aún así sabemos que hay roces, dificultades. Alguien dijo que cuando me lastiman y me ofendo es porque eso tocó mi “talón de Aquiles”, una herida que no fue sanada. Cuando me lastimaron en mi infancia, se desarrolló un mecanismo que dice nunca mas nadie me va a lastimar.

Y cuando alguien toca ese “talón de Aquiles”, sin querer, inmediatamente surge una reacción de bronca de defensa y eso me tiene que llevar a sanar mi herida del pasado. Creo que tenemos que llevar a la iglesia a revisar nuestros “talones de Aquiles”, que el Señor nos pueda sanar para que nunca más nadie nos lastime.

Querido Amigo, oro al Señor para que podamos hacernos una autoevaluación sincera y profunda sin temor, romper nuestros techos y nuestras limitaciones no para angustiarnos y sentirnos culpables, sino para ver la Gloria de Dios en nuestras vidas y ciudades.

Es una opinión atendible y comprensible desde lo esencial: quien la vierte es pastor, está al frente de una congregación numerosa que crece en su número de un modo ponderable, y también es psicólogo, conjuntamente con su esposa.

Es un trabajo que contiene diez elementos que quiero reiterar conforme al orden y luego emitir un comentario final para aportar ideas que te ayuden a discernir el valor de lo consensos o disensos con el artículo en sí.

1)= Se van porque sufren maltrato.

2)= Se van por estar en una Iglesia sin Propósito.

3)= Se van porque no los dejan Servir y Desarrollar su Don.

4)= Se van por el Legalismo.

5)= Se van por estar en Iglesias almáticas.

6)= Se van por la Falta de Interés en la Gente que se Congrega.

7)= Se van porque han sido Disciplinados (Léase “Cadena perpetua”).

8)= Se van por Burocracia.

9)= Se van por Pastores sin Compromiso.

10)= Se van por el Pecado Pastoral.

Son, – Efectivamente -, diez posibilidades ciertas. Pero obsérvese que las diez, forman parte de los dictados del alma. Tanto para decidir irse como para pensar algo para retener a los que se van. En suma: todo esto que aquí se detalla, sucede, porque la presencia de Dios y la guía del Espíritu Santo están ausentes.

El pastor Stamateas dice una gran verdad cuando señala que estas son algunas de las razones, pero que indudablemente hay otras que también hacen salir a la gente de las congregaciones. Por ejemplo, que lo que hoy conocemos como “la iglesia”, no tiene absolutamente nada que ver con el modelo que Dios pensó para ella.

Y por esa misma razón, una causa más que seguramente no entrará ni en la cabeza del autor de este artículo ni de ninguno de sus mejores consiervos: que Dios mismo lo saque de allí para poder usarlo sin estorbos en algo diferente.

Claro, el primer pensamiento es: ¿Cómo Dios sacaría a un hijo suyo de su propia Iglesia? Allí es donde retornamos al principio. De donde realmente lo está sacando Dios a su hijo no es de su iglesia, sino de una congregación, un templo, una denominación, un credo o una doctrina que tiene muy poco o nada que ver con su propósito y voluntad.

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Los Cinco Montes

Parte 1

El Propósito Eterno de Dios

Por: Michael Clark y George Davis

A este trabajo me lo envió una hermana llamada Marta Villarreal. Ha sido de gran bendición personal, familiar y ministerial su lectura. Por ello, al par que podemos mostrar otra visión de lo mismo que el Espíritu Santo nos ha mostrado, hoy la publicamos y comentamos.

No conozco a sus autores, pero si se entiende lo que quieren decirte, así que no importa mucho. Son hombres que recibieron algo del Señor y lo volcaron en un estudio. Como tantos y tantos que conocemos y otros tantos que no conocemos están haciendo en este tiempo. Disfrútalo como lo disfrutamos nosotros.

El proverbio “Sin profecía el pueblo se desenfrena…” (Proverbios 29:18), es verdadero. Por otro lado, nuestro comportamiento se restringe y se inspira cuando vemos el Propósito Eterno de Dios y nos aferramos a él.

La gente que no conoce el propósito eterno de Dios desecha su amorosa restricción y hace suprema cualquier cosa de inferior valor. Hoy día, la restricción e inspiración de una visión divina escasea ampliamente por toda la cristiandad.

Los cristianos pasan su existencia mudándose de una esperanza a otra, y con el tiempo, cada esperanza prueba no tener ninguna consecuencia eterna. Estos cristianos son sinceros e indudablemente fieles a lo que ellos piensan que es lo último en sus vidas, pero Oseas profetizó sobre ellos cuando habló a Efraín y a Judá diciendo: "La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece.” (Oseas 6:4-6).

Este artículo es un intento de compartir la visión que ha cambiado nuestras vidas radicalmente, restringiéndonos y cautivando nuestros pensamientos y acciones. Cuando vemos el plan eterno de Dios, las muchas prácticas mundanas de la iglesia moderna se hacen obvias—son como el rocío de la mañana que viene y va con una regularidad predecible, pero que nunca dura ni satisface. ¡Oramos que al leer estas páginas seas atrapado por la visión celestial para que más que nunca, seas apartado como un instrumento santo para Aquel que busca atraparte!

Dice que la iglesia moderna está inmersa en prácticas mundanas. ¡Ve tú y díselo a los que un domingo cualquiera dicen estar de celebración en un templo! ¡Trata de hacerles entender que eso es mero entretenimiento y que en realidad no ven el propósito eterno de Dios!

De Sinaí a Sión

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.” (Hebreos 12:18-25)

En este pasaje, el autor de Hebreos compara el viaje del Israel natural por el desierto con nuestro llamado y peregrinaje celestial. Este viaje espiritual corresponde en tipo a cada fase del peregrinaje de Israel desde el Monte Sinaí en el desierto, hasta el monte Sión, en la tierra de la promesa. Cada tramo de su viaje está lleno de significado—cada milla contiene una lección. Podemos aprender de nuestro viaje espiritual y lo que significa llegar a Sión por el recuento de su peregrinaje espiritual.

Aquí ya enfrentamos el primer inconveniente con la iglesia tradicional, ortodoxa y clásica: ve con ojos llenos de dudas todo lo que es símbolo o tipología. Concretamente: no comparte demasiado todo aquello que no pueda controlar.

Dios marcó el progreso de Israel en este viaje usando montes y colinas como pilares que más tarde conmemorarían ciertas verdades y eventos. En las generaciones que vendrían después, cuando un monte o colina específica atraía su atención, se recordaba el evento que rememoraba. Había dos montes más y una colina en el camino entre Sinaí y Sión, haciendo un total de cinco memoriales. En las páginas siguientes consideraremos estos cinco memoriales y las verdades que prefiguraron.

Si entendemos como el Israel natural vino al monte Sión, podremos apreciar mejor lo que significa haber venido a la Jerusalén celestial, la morada del Dios viviente. Los propósitos de Dios se extienden mucho más allá del Sión natural, de tabernáculos naturales y de templos físicos, llegando hasta el ámbito celestial, entrando en el verdadero tabernáculo en los cielos que levantó Dios y no el hombre (lee Hebreos 8:2). Primero lo natural, luego lo espiritual.

Os invitamos a poneros vuestro calzado para caminar y que os unáis a nosotros al seguir los pasos de Israel desde el monte del temblor—Sinaí en el desierto—hasta el glorioso monte Sión, la ciudad del Gran Rey. Para algunos de vosotros esto será como dar un paseo por el camino de la memoria.

Para otros será un llamado radical a abandonar los estrafalarios asentamientos del hombre religioso que ha dejado de seguir a la nube de Dios y de viajar hacia la Jerusalén celestial. Es un llamado a abandonar las sombras de la religión y a viajar hacia la luz y la sustancia de un Dios eterno. Comenzaremos donde comenzó el autor de Hebreos, en el monte del temblor, Sinaí.

Dejando de lado las formalidades idiomáticas a las que los distintos autores podemos recurrir conforme sea nuestra cultura semántica, creo que lo que vamos a compartir tiene directa vinculación con lo que estamos viviendo diariamente miles de creyentes en todo el planeta: salir de Babilonia.

Sinaí y el Propósito Eterno de Dios

Habían pasado dos meses desde que los hijos de Israel salieran de la tierra de Egipto, que todos reconocemos como un tipo de la liberación del creyente del presente mundo malo. Finalmente, después de pasar por las aguas del Mar Rojo, que fueron separadas milagrosamente, y de ser testigos de la desaparición de los ejércitos que habían sido enviados para devolverlos una vez más a la esclavitud, Israel llegaba al desierto del Sinaí.

Israel acampó en aquel lugar mientras Moisés subía al Monte a la orden de Dios. Dios habló el siguiente pasaje a Moisés. Recuerda que este fue el primer mensaje a Israel en relación con su llamado, propósito y destino como nación.

“Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” (Éxodo 19:4-6)   

Por causa de la influencia de escuelas dominicales previas y de la cinematografía, tendemos a ver a Sinaí como exclusivamente el lugar en el que Dios dio la ley. Si eso es todo lo que vemos, estamos perdiendo por completo el significado.

Sinaí es el lugar en el que Dios reveló Su eterno propósito orientador para el pueblo de Israel. “Os he traído a Mí… Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa.” Este el es corazón de todo el asunto. Este es el mensaje que Dios ordenó a Moisés que hablara a los hijos de Israel.

“Entonces vino Moisés, y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso en presencia de ellos todas estas palabras que Jehová le había mandado. Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo.” Éxodo 19:7-8).

En este punto, la relación de Dios con el pueblo y la relación de ellos con Él, era conducida estrictamente por medio de Moisés. Moisés llevaba la palabra de Dios al pueblo e informaba a Dios de la respuesta de ellos.

Con todo lo bien que hubiera podido funcionar este sistema, esta clase de relación de segunda mano con Dios se quedaba muy corta de la intención final de Dios para con Su pueblo. Él desea intimidad, que cada uno pueda venir delante de Él como parte de Su reino de sacerdotes.

Perdón… ¿No encuentras alguna similitud entre el rol de intermediario que jugaba Moisés con el que pretenden jugar los hombres que dicen ser representantes de Dios y líderes de su iglesia actual?

El cumplimiento del deseo de Dios de atraer completamente hacía Sí mismo a un pueblo lo documenta Apocalipsis 21:2-4. Mientras Juan observaba a la Nueva Jerusalén bajar del cielo, preparada como una novia adornada para su marido, escuchó una gran voz que decía:

“He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.”

Volveremos a considerar este pasaje más adelante. Por ahora, es suficiente decir que Dios desea tener un pueblo traído completamente a Él en una unión—tan cercana que Él personalmente puede enjugar las lágrimas de los ojos de ellos y quitar la tristeza y el dolor de las cosas viejas. Él sigue llevando a ese pueblo a Sí mismo, y lo seguirá haciendo hasta que todos los llamados por Su nombre estén en una relación cara a cara con Él.

Considera con cuidado, atención, serenidad y todo el tiempo del mundo esto que acabas de leer. Es estricta verdad, es resumen sintético de palabra bíblica genuina. Pregunta: ¿Por qué se enseña otra cosa en nuestros templos?

Vamos a parar un instante para considerar un poco más el doble énfasis, “Os he traído a Mí mismo” y “Seréis un reino de sacerdotes… una nación santa”, puesto que esta es la gran prioridad de Dios. Desde que Eva y Adán cayeran, la primera prioridad de Dios ha sido reconciliar el hombre consigo Mismo, restaurar ese frescor de la comunión diaria que se perdió por el pecado de Adán.

Este es el principal propósito orientador de los tratos de Dios con el hombre. Solo aquellos que Él ha traído a Sí Mismo por medio de una gran obra redentora de Su Espíritu podrán ser ese reino de sacerdotes, esa nación santa que Él busca.

Este sacerdocio existe para cumplir Su primera prioridad, la de reconciliar consigo Mismo a los hombres. Solo aquellos a quienes Dios ha llevado a una relación cercana consigo mismo podrán ser Sus sacerdotes, expresando sus virtudes.

Esto da por tierra, inequívocamente, con esa especie de seminarios “fabricantes” de ministros que los hombres se empeñaron en construir. Podrá salir algún ministro de ellos, cada tanto, pero no funciona así en el mundo del espíritu. O viene de Dios o viene de hombre.

La primera disposición de los asuntos de Dios en Sinaí fue la de establecer esa conexión y atraer hacia Sí Mismo a un pueblo—invitándolos a Su presencia santificadora para que pudieran ser una extensión de Su amor al resto del mundo. Dios reveló Su propósito divino a Abraham, el padre de la nación. “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.” (Génesis 22:18).

Como es costumbre en Dios, comenzó Su proceso con un hombre. Vemos en Moisés la verdadera función de su sacerdocio. Moisés vino a Dios en la zarza ardiente y fue enviado como profeta para dirigir un gran éxodo, prefigurando la obra redentora del Señor Jesucristo (Hechos 3:22). La grandeza de Moisés no fue debida a ningún rito natural de pasaje, sino a su relación cara a cara con el Señor, que fue sin igual entre los profetas de Israel.

De Moisés se escribiría más tarde,

“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara.” (Deuteronomio 34:10)

Por su relación cara a cara con Dios, Moisés poseía un conocimiento poco común de los caminos de Dios. El salmista escribió, “Sus caminos (derek… manera, hábito, forma o curso de vida, carácter moral) notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras.” (Salmos 103:7). ¿Cuál era el corazón de este verdadero sacerdote y profeta que conoció los caminos de Dios? ¿Qué es lo que hizo cuando el pueblo merecía la ira de Dios?

“Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré acerca de vuestro pecado. Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.” (Éxodo 32:30-32).

Moisés mostró el corazón de Aquel que es el Mediador entre Dios y el hombre, el Señor Jesucristo (lee 1ª Timoteo 2:5). Los hombres que no han entrado en una unión cara a cara con Dios no pueden conocer Sus caminos y por tanto, nunca podrán ser sacerdotes para Él, siendo Sus representantes.

Hoy en la cristiandad vemos un gran énfasis en conocer las obras de Dios. Miles asisten a conferencias y seminarios por todo el mundo buscando un toque de Dios, alguna manifestación de Su poder. También estudian el libro de los Hechos y esperan hacer una réplica de lo que sucedió cuando Él obraba por Su Espíritu en la iglesia primitiva. El lema no verbal de muchos se ha convertido en “Edifica y Él vendrá”. Pocos Le conocen verdaderamente en una realidad cara a cara, porque buscan Sus manos, no Su rostro.

Jesús dijo a la mujer en el pozo de Sicar, “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que Le adoren.”

La palabra traducida como verdad es muy reveladora: a –participio negativo y lanthano –estar escondido, esconderse de alguien, secretamente, desapercibido, desconocido. Ambas juntas a-lanthano, significa no escondido, no secreto, completamente consciente y conocido. En la mente de Dios esto es la verdadera adoración. La tendencia a esconderse de Dios y del hombre, pasando desapercibido y sin un conocimiento íntimo de Él, tiene su origen en la caída del hombre.

Este era el estado de Adán y Eva después de su pecado. “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales…Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” La palabra hebrea traducida por desnudo en este pasaje es:

Mre `aram (aw-ram’)

Sutileza 1, astuto 1, prudente 1, cautela 1, muy 1; 5

1)                 Ser sutil, perspicaz, astuto, cauteloso, tomar consejo astuto, ser prudente.

En la mente de Dios, lo opuesto a la verdad no es solo mentir, sino también cuando toda tu vida es una mentira, un encubrimiento, un engaño. Después de la caída, Adán y Eva se volvieron sutiles, astutos, perspicaces, precavidos e ingeniosos. Dios dijo, “He aquí, el hombre se ha vuelto como uno de nosotros”. Se había vuelto como Satanás.

Se habían vuelto astutos, escondiendo sus motivos de su prójimo, sin vivir abiertamente y en verdad por causa de la maldad en sus corazones. Vemos esto en Caín, cuando sacó a Abel al campo y lo mató, permitiendo que se manifestara por primera vez en un hombre aquel que es el Mentiroso y el Homicida desde el principio. Es hora de que los que nombran el nombre de Cristo, dejen a un lado las cosas infantiles de la naturaleza caída. Pablo escribió:

“Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” (1ª Corintios 13:9-12).

La primera prioridad de Dios es, ha sido y siempre será, llevar a un pueblo de nuevo a una comunión cara a cara con Él, para que ellos puedan dar a conocer Sus caminos en Espíritu y verdad. Esta es la verdadera historia de Sinaí. Dios no deseaba a un solo sacerdote o a una selecta casta de sacerdotes, sino un reino de sacerdotes.

No buscaba un hombre santo, sino una nación santa. No era suficiente que un hombre tuviera un conocimiento íntimo de Él, porque Él quería hacer peculiar a toda la nación de Israel por medio de una relación cara a cara con Él.

Este es un trabajo donde apenas me tomo el atrevimiento de escribir dos líneas, para que no se pierda el formato de esta ventana de la palabra confirmada. Pero lo dicho aquí, es una verdad tan grande que no necesita de pequeñas verdades ampliatorias.

Si lees cuidadosamente el registro completo de Éxodo 18 a 24, descubrirás que los que más se acercaron a Él, fueron los que más tarde dirigirían a la nación de Israel hasta Sión delante de todo el pueblo. Por causa de énfasis y queriendo ser breves, os daremos la versión condensada.

Dios dijo a Moisés que santificara al pueblo durante dos días, instruyéndoles que lavaran sus ropas porque al tercer día bajaría sobre el Monte Sinaí a la vista de todo el pueblo. Al sonar de la trompeta, tenían que subir al monte, con mucho cuidado de no tocarlo.

Moisés hizo como el Señor ordenó, santificó al pueblo, y ellos lavaron sus ropas. Al tercer día por la mañana, Dios descendió sobre el Monte en llamas. Columnas de humo subían como si el monte fuera un horno, y toda la montaña fue sacudida violentamente.

Hubo truenos y relámpagos y sobre el monte cayó una espesa nube al sonido fuerte de la trompeta. Toda la gente en el campamento se estremeció mientras Moisés los sacaba del campamento para encontrarse con Dios, quedándose en la parte inferior del Monte Sinaí.

Conforme se hacía más fuerte el sonido de la trompeta, Moisés hablaba y Dios le respondía con una voz. Después, Dios bajó hasta la cumbre de la montaña y llamó a Moisés. Fue entonces cuando le dijo a Moisés, “Ve, desciende, y subirás tú, y Aarón contigo; mas los sacerdotes y el pueblo no traspasen el límite para subir a Jehová, no sea que haga en ellos estrago.” (Debe apreciarse entre paréntesis que aunque nadie recibió la autorización para ni siquiera tocar el monte, no obstante Dios invitó a Aarón, el sumo sacerdote, a subir al monte con Moisés. Él no sería el último).

Después Dios pronunció diez puntos de la ley que gobernaría las relaciones de Israel con Él y entre sí mismos (lee Éxodo 20:1-17). Dios dio instrucciones al pueblo de acercarse al monte, pero cuando éstos vieron los relámpagos y el humo y oyeron el trueno, el sonido de la trompeta, y la voz de Dios, se apartaron en temor, temblando y permaneciendo a cierta distancia.

Podían tolerar el fuego, el humo y el trueno, pero no la voz de Dios. Les gustaban las cosas tal y como eran antes, cuando Moisés les traía la palabra de Dios y regresaba a Dios con la respuesta de ellos. Esto parecía mucho más seguro.

Así, dijeron a Moisés, “Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.” (Éxodo 20:19). Moisés explicó que Dios estaba simplemente probándolos, y que no pretendía matarlos, pero aún así, no estaban dispuestos a acercarse.

¡No! ¡Se echarían a un lado! Quizás, las palabras más tristes en la Biblia están en el versículo 21 de Éxodo 20. “Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios.”

F.B. Meyer escribió sobre la tendencia del hombre a apartarse de Dios y buscar mediadores que les hablen en lugar de Dios.

Actualmente, el típico asistente de iglesia se encoge alarmado ante tal intromisión divina en la vida. “¡No tan de cerca!”, clama en tono aprensivo. Y luego intenta que su sacerdote o ministro, que su credo o sacramento, su iglesia o lugar de reunión, se conviertan en su Moisés, para mediar ante Dios y traer el cristal ahumado, para que la luz templada pueda ser mitigada para su vista. “Habla tú con nosotros, y oiremos. Pero que no hable Dios, no sea que muramos…”

Qué contraste con la condición del alma que dice con Samuel, “Habla Señor, que tu siervo escucha”, o con David, “No calles porque si callares, me volvería como los que bajan al abismo”. Hasta ahora solo Moisés y Aarón habían subido al monte de Dios.

Vale la pena, entiendo, colocar un brevísimo paréntesis a esto que no tiene el menor desperdicio, ya que es todo real, cierto, verdad, para señalar algo que, si bien no ha sido expresado aquí, no por ello deberá ocultarse o evadirse.

En una gran mayoría de casos, son las personas las que no desean oír la voz de Dios, la palabra genuina, lo que Dios está diciendo exactamente hoy mismo, ahora mismo, y busca intermediarios, pero ello no puede hacernos olvidar de los cientos de oportunistas disfrazados de ministros que aprovechan esa coyuntura y financian hasta doctrinalmente esa intermediación.

Ese número se iba a incrementar exponencialmente. En Éxodo 24:9-17 leemos, “Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel, subieron; y vieron al Dios de Israel y comieron y bebieron delante de Él. Desde ahí, Moisés y Josué su ayudante prosiguieron en la montaña de Dios” (lee Éxodo 24:13).

Aarón el Sumo Sacerdote y Josué, el sucesor de Moisés, que luego guiaría a los hijos de Israel a la tierra de la promesa, ambos ascendieron al monte de Dios con Moisés. Primero tenían que verle y conocer Sus caminos antes de poder guiar al pueblo y tener algo que darles.

El llamado a la grandeza es un llamado a acercarse a Dios. Solo los que tienen una relación cara a cara con Él, los que conocen Su nombre, pueden conocer Sus caminos y ser sacerdocio santo para Él. Al seguir a Israel en su caminata desde Sinaí a Sión, veremos este hilo a todo lo largo, llegando a su consumación en Su Hijo y en muchos hijos.

Moisés conoció a Dios cara a cara y conoció los caminos de Dios. Los hijos de Israel se echaron atrás y solo conocieron las obras de Dios. Esto llenó todo el viaje hasta Sión de conflicto constante, discusión y queja. Dios dijo de esa generación terca, “… durante cuarenta años… fui provocado con esa generación y dije, Siempre andan vagando en su corazón; no han conocido Mis caminos” (Hebreos 3:10). Esta es la causa y el efecto. Siempre se apartan porque no conocen Sus caminos. Cuanto pecado y confusión desaparecerían si el pueblo de Dios conociera Sus caminos.

Toda una generación pereció en el desierto porque rehusaron caminar por la fe y conocer Sus caminos. En lugar de compartir la visión de Dios y el propósito acercándose a Él, obedecieron a medias y sin pensar unas interpretaciones superficiales de la ley.

Por su falta de visión y fe, fueron “como el caballo, o como el mulo, que no tienen entendimiento: cuya boca tiene que ser sujeta con cabestro y con freno” (Lee Salmos 32:9) Es por falta de visión que el pueblo se desenfrena (Proverbios 29:18), no por falta de ley.

El mensaje de Sinaí no fue la ley. Todos los tratos de Dios con Israel incluyendo la ley, tenían por objetivo este fin. “Os traje a Mí… Me seréis un reino de sacerdotes, nación santa”. Este es el propósito declarado de Dios. Nunca ha cambiado. Es eterno. El cumplimiento final de este propósito eterno está en Cristo.

El apóstol Pedro escribió, “más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1ª Pedro 2:9).

La palabra traducida por “virtudes” en este pasaje tiene un matiz más cercano. La palabra griega usada es arete que significa “un curso de pensamiento, sentimiento o acción virtuoso”. Va mucho más allá de un servicio verbal al Señor.

Sus sacerdotes son vasos de Su naturaleza y de Sus virtudes. Sus pensamientos son Sus pensamientos. Sus sentimientos son Sus sentimientos. Sus acciones son Sus acciones. Sus caminos son Sus caminos.

Así es como anunciamos Sus virtudes; mostrando Sus virtudes, proclamándole en poder. Solo los que han estado en Su presencia pueden proclamarle en poder. Solo los que han estado en Su presencia pueden reflejar Su gloria.

Por causa del encuentro cara a cara de Moisés con Dios, Su rostro brilló con tanta fuerza que tuvo que cubrirse con un velo. ¡Dios ha quitado el velo desde la muerte y resurrección de Cristo! Y así, “nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2ª Corintios 3:18). El rostro de Esteban brilló como el rostro de un ángel al ver al Cristo exaltado.

Mantengamos en nuestra mente este propósito como lo más importante mientras seguimos con Israel en su viaje de Sinaí a Sión. El máximo deseo de Dios es librar a cada individuo de la esclavitud y atraerlo hacia Él mismo.

Entonces comienza el proceso de transformar a Su pueblo, por Su presencia santificadora para convertirlo en nación santa, en un reino de sacerdotes que mostrarán Su virtud a un mundo perdido y moribundo. El mundo necesita Sus virtudes, y no nuestra teología.

Está claro. Un reino de reyes y sacerdotes, ordenando e intercediendo, siendo TODOS ministros competentes. Esto concluye con los períodos de laicos y ministros. Allá el hombre y sus organizaciones, pero Dios siempre fue claro.

Habéis estado demasiado tiempo en este monte

Habiendo servido a su propósito, el Señor dijo a Israel, “Habéis estado demasiado tiempo en este monte: volveos hacia el norte” (Deuteronomio 2:3). Dios dijo a Israel que habían acampado alrededor del Monte Sinaí demasiado tiempo y que era el momento de avanzar.

De este modo la nube de la presencia de Dios se movió de Sinaí hacia el norte, hacia Cades-Barnea. Al mantenerse a distancia de Dios y no conocer Sus caminos, lo que hubiera sido un viaje de solo once días se convertiría en un viaje de cuarenta años.

¿Comprendes ahora, por que razón es que algo que para el común denominador de las personas es un asunto simple y sencillo, a ti se te puede complicar hasta el impedimento total? Estas a una distancia de Dios que no te permite conocer sus caminos.

Dios determinó Su destino, dirección y paso, no más rápido que el cordero más lento. La única tarea de Israel era seguir a la nube. Esto resultó ser la última prueba para ellos, como lo es para nosotros.

Tristemente, no todos los que fueron bautizados en el Mar Rojo fueron bautizados en el Jordán. Dios dijo, “Juro en mi ira que no entrarán en mi reposo”. Así que después de que toda una generación incrédula muriera en el desierto, una nueva generación recibía la palabra de entrar en la tierra. Fueron dirigidos por Josué, que había subido al monte con Moisés. Ahí, en Gilgal, en los lejanos bancos del Jordán, el Señor quitó de ellos el reproche de Egipto (Josué 5:9).

Al entrar Israel en la tierra, atravesaron un paso estrecho por la sierra, abriendo un camino desde el Jordán hasta el mar Mediterráneo. Pasaron entre el monte Ebal (el monte de la maldición) y el Monte Gerizim (el monte de la bendición), donde más tarde Josué leería el libro de la ley de Moisés. Se puede aprender una gran lección comparando estos dos montes, que sentimos que fue precisamente la intención de Dios desde el momento en que Él los formó.

Gerizim y Ebal

“Y cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra a la cual vas para tomarla, pondrás la bendición sobre el monte Gerizim, y la maldición sobre el monte Ebal.” (Deuteronomio 11:29).

Moisés y los ancianos de Israel ordenaron al pueblo diciendo, “Ordenó Moisés, con los ancianos de Israel, al pueblo, diciendo: Guardaréis todos los mandamientos que yo os prescribo hoy. Y el día que pases el Jordán a la tierra que Jehová tu Dios te da, levantarás piedras grandes, y las revocarás con cal; y escribirás en ellas todas las palabras de esta ley, cuando hayas pasado para entrar en la tierra que Jehová tu Dios te da, tierra que fluye leche y miel, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho. Cuando, pues, hayas pasado el Jordán, levantarás estas piedras que yo os mando hoy, en el monte Ebal, y las revocarás con cal; y edificarás allí un altar a Jehová tu Dios, altar de piedras; no alzarás sobre ellas instrumento de hierro. De piedras enteras edificarás el altar de Jehová tu Dios, y ofrecerás sobre él holocausto a Jehová tu Dios; y sacrificarás ofrendas de paz, y comerás allí, y te alegrarás delante de Jehová tu Dios. Y escribirás muy claramente en las piedras todas las palabras de esta ley.” (Deuteronomio 27:1-8).

Ebal—La maldición de la Ley

Después de conquistar la región central de Palestina, Josué dirigió al pueblo de vuelta a Ebal. Allí levantó un altar de piedras no cortadas y escribió una copia de la ley sobre las piedras tal y como el Señor le había ordenado.

Luego puso a la mitad de las tribus sobre las laderas de Gerizim y a la otra mitad en las laderas de Ebal. El arca con los sacerdotes y los levitas fueron colocados en el centro de un estrecho valle formado por estas dos montañas.

Luego se leyeron las bendiciones y las maldiciones de la ley (Josué 8:30) y el pueblo respondió de manera drástica (Deuteronomio 27:11). Los que estaban en Ebal respondieron a las maldiciones, los que estaban en Gerizim, a las bendiciones. Las maldiciones fueron muchas. Las bendiciones pocas.

El monte Ebal se asoma desde el mismo corazón de la tierra, más alto y más estéril que el adyacente Gerizim. Esto recordó a la gente que lo vio del pacto-ley de Dios con Israel. Fue sobre Ebal que Dios ordenó a Israel que construyera el altar y el sacrificio sobre el mismo. Fue sobre ese altar que Él les ordenó que grabaran la ley.

La ley fue escrita sobre el monte de la maldición, no sobre el monte de la bendición, porque la ley no puede traer vida. ¡La ley no puede salvar! (Discutiremos esto en mayor profundidad en la segunda parte de este libro).

Más allá de lo que los autores, con precisión y meticulosidad, puedan añadir a esto, conviene consignar que a todas luces la ley representa maldición. Examina uno por uno a los legalistas que conoces: ¿Has visto alguno de buen humor, alegre o gozoso alguna vez? No pueden, están bajo maldición.

Por causa del contorno de las colinas, esta área tiene un efecto de anfiteatro natural que permitió que toda la nación escuchara la lectura de la ley. Ebal habló alto y claro y sirvió como un constante recordatorio de pecado y de condenación por causa de la incapacidad de Israel en guardar la ley. Cientos de años más tarde y después del ministerio terrenal de Cristo, el apóstol Pablo escribió de la maldición de la ley.

“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero, para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” (Gálatas 3:10-14)

La bendición nunca podía venir por la ley. En sus notas en Deuteronomio 27:4, Wesley escribió:

Monte Ebal: El monte de la maldición. Aquí se escribe la ley, queriendo decir que había una maldición para los que la violaran, y que ningún hombre podía esperar justificación por las obras de la ley, por la sentencia por la que todos los hombres son justamente acusados, siendo todos culpables de la trasgresión de la misma de una manera o en un grado u otro. Aquí tienen que ofrecerse los sacrificios, para mostrar que no hay forma de ser librados de esta maldición, sino por la sangre de Cristo, que todos estos sacrificios tipificaban, y siendo hecho Cristo maldición por nosotros.

Cada vez que los israelitas miraban al Monte Ebal, recordaban la maldición, pero al mirar al Monte Gerizim, que representa el Espíritu, y ver sus fértiles laderas, recibían esperanza para el futuro. El Apóstol Juan hizo esta importante distinción, diferenciando entre la ley y la verdad.

“Porque la ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad (verdad o realidad), vinieron por Jesucristo (Juan 1:17).

Juan pone a la ley a un lado, y la gracia, la verdad y la bendición, en el otro. ¿Está la ley en contra de la gracia y la verdad? No. Simplemente no puede impartir la gracia necesitada (vida) para guardar sus demandas.

La ley no es verdad en el sentido con que Juan utiliza la palabra verdad. De acuerdo con el autor de Hebreos, la ley tenía solo “una sombra de las cosas buenas aún por llegar, y no la imagen misma de las cosas (Hebreos 10:1).

Se necesitan dos cosas para tener una sombra—un objeto (sustancia) y una fuente separada de luz. La ley era sombra, no sustancia. La sustancia se halla solo en Aquel que está lleno de gracia y de verdad, “el Unigénito del Padre” (lee Juan 1:14). La Verdad (realidad) viene por medio de este Gran Sumo Sacerdote en quien “la plenitud de la Deidad mora corporalmente” (Colosenses 2:9).

Como la ley grabada en el altar, el monte Ebal era una sombra de la cosas buenas que vendrían y esas cosas buenas estaban sustancialmente representadas en tipo glorioso por el monte de la bendición, el monte Gerizim.

Gerizim – La Bendición

Tenemos que tener en cuenta que los que estaban al pie del monte Gerizim eran todos hijos de Lea y Raquel. Esto muestra que las bendiciones de Dios pertenecen solo a los que reciben el Espíritu de adopción y libertad, los hijos de la libre.

John Wesley entendió esto cuando escribió,

La bendición contraria fue pronunciada después. “Bienaventurado el que hace esto o esto otro”. A lo que todos los que estaban al pie y en la ladera del monte Gerizim dijeron, ¡Amén!… Todos estos eran hijos de la libre, Lea y Raquel, para mostrar la dignidad de las bendiciones por encima de las maldiciones, y que las bendiciones pertenecen solo a los que son evangélicamente tales, como se expone esto y se explica en Gálatas 4, es decir, a los que reciben el Espíritu de adopción y libertad.

Hoy, los pies del monte Ebal están cubiertos de jardines y huertos, alimentados por los torrentes de fuentes importantes existentes bajo el Monte Gerizim, llevando fertilidad y hermosura por toda la tierra que queda debajo. Gerizim es una parábola de la vida. La Ley, con sus imposibles exigencias, estaba ahí, en Ebal, pero Gerizim apunta a la Fuente de la vida y la bendición.

Es muy interesante que este mismo lugar, Siquem, entre el monte Gerizim y el monte Ebal, la futura capital del Israel de Jeroboam, sea también Sicar, el lugar del pozo de Jacob. Fue en este pozo, bajo la sombra del monte Gerizim, que Jesús tuvo el encuentro con la mujer samaritana y declaró que los verdaderos adoradores de Dios deben adorar en Espíritu y en verdad.

Jesús pidió un vaso de agua a esta mujer. Ella ni siquiera esperaba que le dirigiera la palabra, y aún mucho menos que le pidiera un vaso de agua. Jesús le dijo, “Si conocieras el don de Dios y quién es quién te dice, “Dame de beber”, tú le habrías pedido y Él te habría dado agua viva”.

La mujer contestó: “Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es profundo. ¿De donde tienes agua viva? ¿Acaso eres Tú mayor que nuestro padre, Jacob, que nos dio el pozo, y bebió de el él mismo y sus hijos, y su ganado?”

Jesús le contestó, “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que Yo le daré será en él un pozo de agua que brota para vida eterna.”

“Señor”, dijo la mujer, “¡Dame esa agua!

Hoy día se habla mucho de “la bendición” en toda la cristiandad. Pero, ¿Qué es la bendición? ¿Es un despertar espiritual? ¿Es una experiencia que te tumba en el suelo? David el salmista definió así la bendición: “Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sión; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.” (Salmos 133:3). Aquí vemos que la bendición es vida eterna y es en Sión (del que hablaremos en breve) donde Dios envía la bendición.

¿Cómo obra Dios? Por medio de sus hijos genuinos. ¿Cómo habla Dios? Como quiere, pero mayoritariamente por medio de sus ministros genuinos. ¿Cómo bendice Dios? Por medio de sus siervos e hijos. Por tanto, Dios te bendice por mi intermedio, lo cual me da derecho a mí a decirte que te bendigo, no a pedirle a Él que lo haga simplemente porque ya lo hizo. Y yo debo ejecutarlo.

¡La bendición es vida eterna! Jesús nos da la definición de vida eterna en Su oración sacerdotal de Juan 17: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quién Tú has enviado” (Juan 17:3).

La vida eterna no es solo existencia eterna, porque los que van al eterno castigo existen por siempre (lee Mateo 25:46). La vida eterna no es un don dado aparte de Dios. La vida eterna es la unión con el único Dios verdadero y con Su Hijo Jesucristo. Como la salvación, la vida eterna no es algo separado de Dios, un “algo”, sino Dios mismo. La vida eterna es una unión permanente con Dios. ¡El vive y es eterno!

Recuerda el propósito de guiar de Dios que Él compartió con Israel en Sinaí, “Os traje a Mí mismo”. Lo único que Él ha hecho y que hace ahora es llevarnos hacia Sí y hacernos un pueblo que compartiría de Su naturaleza divina y mostraría sus virtudes.

Él ha llamado a todos los creyentes a ser participantes de su naturaleza divina por medio de la unión con Él y con Su Hijo. Esta es la vida eterna. “El Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros” ¡Esta es la bendición!

Esta es la bendición de Abraham: que por medio de Jesucristo “podamos recibir la promesa del Espíritu por medio de la fe” (Gálatas 3:14). Que de nuestro interior fluirían ríos de agua viva que producirían un fruto que sobrepasaría a todas las aguas que pudieran fluir de Gerizim o del pozo de Jacob. Es por Su Espíritu que Dios mora en nosotros y es por medio de esa unión que el agua viva (un tipo del Espíritu) fluye de nuestro más profundo ser y lleva vida a los lugares baldíos—algo que Gerizim, como tipo físico, solo prefiguró.

El monte de la Bendición no era la bendición, ni lo eran tampoco los ríos que fluían desde debajo. Tampoco el pozo de Jacob, que era alimentado por el agua del cielo. Todas estas cosas apuntaban meramente al camino hacia ese río, las corrientes que alegran la ciudad de Dios (Salmos 46:4), que fluyen del mismo trono de Dios.

Inmediatamente después de Su discurso con la mujer en el pozo, Jesús dijo a Sus discípulos: “Alzad los ojos a los campos, porque están listos para la cosecha”. Cuando miraron, casi seguro que miraron al centro del valle, exactamente en el sitio donde el arca con los sacerdotes y levitas había sido puesto antes, en el momento de pronunciarse las maldiciones y bendiciones.

¿Se refería Jesús a cosechas de almas, como muchos evangelistas nos dicen hoy, o representaban estos campos blancos algo mucho mayor, del mismo modo que la salvación de solo un alma es tan solo una pieza de un cuadro mayor? Esto es una referencia a los propósitos finales de Dios que Él claramente declaró mucho antes en Sinaí, “Os traje a Mí mismo… Me seréis un reino de sacerdotes, una nación santa”.

Esto de que Dios nos atrae hacia Sí mismo, es algo que todos los cristianos repetimos como papagayos, predicamos y enseñamos en nuestros institutos, pero a fuero de ser honestos, son muy pocos los que alcanzan a entenderlo.

Con respecto a la cosecha de almas, ese parecería ser el trabajo prioritario al cual están destinadas nuestras iglesias. Sin embargo, puedes observar que en el Nuevo Testamento, jamás se habla de cosechar almas, sino de hacer discípulos. Y créeme que no es lo mismo.

El cristianismo hoy ha convertido a la salvación del individuo en algo mayor que los mismos propósitos eternos de Dios. Consecuentemente “nuestra herencia en Cristo” casi ha eclipsado a la herencia de Dios en los santos.

Esto lo refleja la actitud que convierte a Dios en siervo de los deseos del hombre, conformando a Dios a la imagen del hombre, con poco o ningún respeto hacia su plan de los tiempos de llevarnos hacia Su imagen.

No. Estos discípulos estaban mirando campos regados con pozos que se alimentaban de los torrentes de Gerizim. Estos torrentes habían producido una cosecha temprana, ya estaban listos para la siega.

Todo aquello a lo que Gerizim había apuntado de antemano había llegado a su fruto. Esa agua que brotaba del interior estaba a punto de llegar y producir un gran fruto en la tierra. ¿Qué pasaría por las mentes de los discípulos al mirar esos campos blancos? ¿Era ése el propósito para el que Dios los había convertido en nación? ¿Había llegado para ellos el tiempo del grano lleno en la espiga?

Los campos que un día estuvieron pisoteados por los pies de cansados israelitas, dirigidos por la nube del Espíritu de Dios estaban ahora completamente maduros. Había llegado un tiempo de gran transición y consumación.

Jesús siguió diciendo,

¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores. (Juan 4:35-38).

Esto es un recordatorio de los tratos de Dios con sus ancestros, a los que Él dijo: Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis.(Josué 24:13).

Uno sembró para que otro cosechara. Uno edifica para otro. Hemos sido enviados a cosechar donde no hemos trabajado, para comer de las viñas y de los olivares que no plantamos, alimentados y nutridos por ese arroyo que brota para vida eterna.

Como Isaac, no trabajamos para nuestra herencia, sino que nacemos herederos de todas las cosas. En ese sentido, cosechamos aquello por lo que no hemos trabajado.

¿Sabes que? El hombre es demasiado soberbio y orgulloso como para llegar a entender y aceptar esto. No hay cristiano raso o ministro que no intente hacer algo con su sabiduría, su fuerza y su inteligencia de lo cual sentirse orgulloso y suponer que Dios también se siente así de él.

No podemos entender que la vida en el reino de los cielos, al cual pertenecemos por jurisdicción divina, es totalmente inversa a la que lleva el mundo incrédulo. Entonces adoptamos sistemas que no tienen nada que ver con nuestros mandatos. Obras privadas, ministerios propiedad de hombres y derechos de autor en la música o la literatura.

¡Pero no, hermano! ¿Cómo va a suprimir los derechos de autor de la literatura o música cristiana? ¿Cómo no vamos a permitir que un buen autor venda a buen precio sus libros o un buen cantante sus CD? ¿No ha leído usted, hermano, que el obrero es digno de su salario ¡Sí que lo he leído, pero eso se refiere a que Dios va a pagar ese salario como a Él le plazca, no que tú esquilmes a tus hermanos invocando su nombre y a veces vendiendo porquerías…!

Dios envió a estos discípulos de Jesús a cosechar donde no habían plantado. Todo lo había hecho Dios— ¡todo por gracia! Jesús los envió a cosechar las fieles labores de los profetas que Dios había enviado antes.

La bendición produce fruto. El agua que brota desde dentro, lleva a los propósitos de Dios a la madurez. Aquellos a quienes Dios envía a Sus campos responden al llamado de cosechar donde no plantaron. Este es un cuadro perfecto de la gracia.

No somos llamados a ser constructores o sembradores, sino cosechadores, enviados a recoger una cosecha plantada por Dios y regada y llevada a la madurez por Su Espíritu. Es muy apropiado que Jesús aclarara esto bajo la sombra de Gerizim.

De vuelta al campamento de Israel, la Nube de la presencia de Dios se levantaba y comenzaba a moverse hacia el norte, donde llegamos a otro conjunto monumental, haciendo otra comparación divina. Lentamente pero con certeza Dios nos acerca al corazón de Sión. ¿Puedes apreciar el entusiasmo?

Gabaón y Sión

“Y el tabernáculo de Jehová que Moisés había hecho en el desierto, y el altar del holocausto, estaban entonces en el lugar alto de Gabaón” (1ª Crónicas 21:29).

Solo el tabernáculo y el altar de la ofrenda descansaban en Gabaón, no el arca. ¿Qué pasó que el arca ya no estaba más en el Lugar Santísimo? En este punto sería bueno hacer una breve historia de cómo el Arca del Pacto y el Tabernáculo de Reunión (el tabernáculo que luego reposaría en Gabaón) se separaron permanentemente y como este aparente desastre sirvió para avanzar el plan eterno de Dios.

En un principio, tanto el Arca como el Tabernáculo se desplazaban de lugar en lugar en la Tierra Prometida durante el tiempo de los jueces. El tabernáculo albergaba el arca cuando estaba parado. Uno de los antiguos jueces llamado Elí era también el principal sacerdote, y sus dos hijos, Ofni y Finees, eran sacerdotes delante del Señor cuando el tabernáculo se hallaba en Silo.

Un día una mujer vino llorando y lamentando en oración en la puerta de la tienda y Elí la regañó pensando que estaba ebria. Ana contestó que no estaba ebria sino que lloraba por su esterilidad. Elí le aseguró que Dios había oído su oración.

Pronto concibió y dio a luz a un hijo al que puso por nombre Samuel. Cuando el hijo fue destetado, conforme a la promesa que ella había hecho, lo llevó al tabernáculo para ministrar delante del Señor como nazareo y profeta. Aunque Samuel no era de la familia de los Levitas sino de Efraín, ministró ahí en Silo, delante del Señor y Dios comenzó a hablarle desde muy temprana edad.

Dios estaba a punto de sustituir a Elí como juez sobre Israel porque sus hijos eran corruptos. Los filisteos vinieron a invadir Israel y el ejército de Israel salió a interceptarlos al paso. La batalla no iba muy bien, así que alguien tuvo la brillante idea de tomar el arca de Dios de Silo, creyendo que Dios pelearía la batalla de ellos por causa de la presencia del Arca.

¡Craso error! Ofni y Finees llevaron el arca al campo de batalla, pero cuando los filisteos oyeron esto, se afirmaron aún más fuertemente. Vencieron a Israel, mataron a los dos hijos de Elí y tomaron el arca como un trofeo de guerra.

En este punto un mensajero trajo las noticias a Elí de que sus dos hijos habían muerto y que el arca había sido robada. Elí era viejo y obeso y cuando escuchó que el arca estaba en manos de los enemigos, cayó hacia atrás en su silla, se desnucó y murió.

Cuando la esposa embarazada de Finees oyó de la muerte de su marido y de la pérdida del arca, se puso de parto y dio a luz a un hijo. Le puso por nombre Icabod, que significa “Traspasada es la gloria de Israel porque ha sido tomada el arca de Dios.” (1ª Samuel 4:21-22).

Samuel y los que permanecían en Silo tomaron el tabernáculo y todo su mobiliario y se dirigieron al sur para evitar la invasión de los filisteos. El tabernáculo de reunión finalmente se estableció en una colina llamada Gabaón, pero sin el Arca del Pacto. Los sacerdotes que sucedieron a Elí y a sus hijos continuaron ministrando ante el tabernáculo vacío durante muchos años, aunque la gloria de la presencia de Dios no estaba allí.

En una ocasión un reportero preguntó a Billy Graham qué era lo que él más temía. Dijo que era edificar una organización evangelística tan bien lubricada que pudiera seguir haciendo su propia cosa incluso después de que Dios se hubiera marchado, sin ni siquiera notar la diferencia.

Es el caso de la religión vacía. Ciertamente son circunstancias muy tristes, pero demasiado comunes hoy día. Es terrible que al dar nombre a sus organizaciones no sean tan honestos como la mujer de Finees.

Este modelo que da el autor aquí, yo lo había leído en un viejo libro, de aquellos que todavía traían unción y no consejos de autoayuda. Allí decía lo mismo con mayor contundencia, aunque jugando con un absurdo. “Hay iglesias tan bien organizadas que, si un día Dios se muere, no se dan cuenta”. ¿Absurdo? Sí, pero muy real.

¿Cómo podemos llamar “el culto” a una reunión de personas que adoran a un Dios que no está allí, que alaban a un Dios que no los oye, que hablan de un Espíritu Santo sin la unción del Espíritu Santo y que llaman salvación y servicio a una asistencia perfecta a sus templos?

Entre tanto, los filisteos llevaron el arca a Asdod, una de sus cinco ciudades principales, colocándolo en el templo de su dios Dagón, un ídolo con cabeza y manos de hombre y cola de pez. Volvieron al día siguiente para descubrir que Dagón se había caído de su pedestal, tumbado ante el arca del Señor.

Volvieron a colocarlo en su lugar pensando que se trataba de algo fortuito. Al día siguiente lo encontraron tirado delante del umbral del arca, con la cabeza y las manos cortadas. ¡Quedó noqueado al segundo asalto y Dios fue el ganador!

El arca era demasiado peligrosa de tratar para el rey de Asdod y los sacerdotes de Dagón por lo que decidieron enviarla a otra ciudad filistea donde la gente cayó enferma con una plaga de tumores (hemorroides en Hebreo original) y la ciudad fue invadida por ratones.

Así el arca fue enviada a la ciudad siguiente, y luego a la siguiente, cada una sufriendo las mismas aflicciones hasta que después de muchos meses tuvieron la brillante idea de devolverla a Israel.

Sus sacerdotes y videntes les dijeron que pusieran cinco “tumores” de oro y cinco ratones de oro en una caja, una por cada señor de los filisteos. Pusieron el arca en un carro de bueyes con la caja de las ofrendas y luego engancharon dos vacas lecheras que tenían crías.

Ataron los becerros a un poste para ver si las vacas madres ignoraban sus bramidos y llevaban el arca a Israel. Si lo hacían, los filisteos sabrían que sus infortunios habían venido por causa del arca y que habían acabado con la plaga devolviendo el arca a su hogar.

La gente de Bet-Semés, en el sur de Israel, estaba segando en el campo cuando oyeron el bramido de las vacas que arrastraban el carro con el arca. Salieron corriendo con gran gozo. El arca se encalló en una piedra.

Los levitas locales la tomaron del carro, colocaron la caja con los tumores y los ratones de oro, rompieron el carro para hacerlo leña, y mataron las dos vacas como sacrificio para el Señor. Así es como sigue la historia:

“Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con tan gran mortandad.

Y dijeron los de Bet-semes: ¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién subirá desde nosotros? Y enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: Los filisteos han devuelto el arca de Jehová; descended, pues, y llevadla a vosotros.

Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová. Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.” (1ª Samuel 6:19-7:2)

Este mismo Quiriat-Jearim es también llamado Baala de Judá en 2ª Samuel. Ahí permaneció el Arca durante el reinado del rey Saúl (un tipo de la carne), que nunca la buscó (lee 1ª Crónicas 13:3).

Se siguieron ofreciendo sacrificios sobre el altar en Gabaón. Se seguían haciendo los lavamientos de la fuente. El candelabro de los siete brazos se seguía encendiendo y alimentando, y salía humo del altar del incienso, pero detrás del velo del Lugar Santísimo todo era oscuridad.

La gloria había sido traspasada. No había receptáculo para el rociamiento de la sangre del cordero, esto es, del propiciatorio. No había luz detrás del velo porque Aquel que es la Luz se había marchado. En breve, el sistema seguiría funcionando pero el Señor de la gloria se había marchado con el arca.

El arca estuvo fuera durante todo el reinado de Saúl y nadie la buscó. ¡Nadie la echó de menos! ¿Por qué? El arca de la presencia de Dios es despreciada y desatendida donde y cuando reina la carne del hombre. La religión funciona muy bien sin Dios. No se requiere Su presencia para que funcione.

Israel nunca fue más religiosa que en aquellos tiempos en los que estuvieron en desobediencia absoluta a Dios o en los que Le olvidaron por completo. Sin tener en cuenta su condición, siguieron quemando incienso mucho después de que la presencia de Dios se hubiera ido.

Eugene Peterson, traductor de la Biblia del Mensaje, captura el verdadero significado de Isaías 1:13-14.

“Cesad de vuestras farsas de adoración. No puedo soportar vuestros triviales juegos religiosos: conferencias mensuales, sabbats semanales, reuniones especiales—reuniones, reuniones, reuniones— ¡No pudo soportar ni uno más! Reuniones para esto, reuniones para esto otro. ¡Las odio! ¡Me habéis agotado! ¡Estoy harto de vuestra religión, religión, religión, mientras seguís pecando!”

La cuestión es que los hombres siguen quemando incienso, dando ofrendas y siguen adorando mucho después de que la gloria haya partido. Jeremías descubrió que en medio del jaleo religioso y de la excavación religiosa de cisternas, ni siquiera los sacerdotes se plantearon la pregunta, “¿Dónde está el Señor?” (Lee Jeremías 2:8).

El hecho de que la gente está unida en actividad religiosa no es un indicativo de que Dios esté presente entre ellos. Si acaso, es una señal de apostasía. Como Isaías profetizó, es bastante positivo que un pueblo se acerque a Dios de boca y Le honre con sus labios mientras los corazones están muy lejos de Él. Su adoración consiste solo en reglas enseñadas por los hombres (lee Isaías 29:13-14).

Coincidencia total, lo cual no es sorpresivo ni asombroso. El Espíritu Santo habla lo mismo en todo lugar y a toda persona que desee oírle. Este es el tiempo que aquí detalla el autor. Un tiempo donde ya no caben discursos teológicos, sino vida manifiesta y testimonial.

El Monte Sión y el Tabernáculo abierto de David   

Después de que Saúl muriera en la batalla, David, un hombre conforme al corazón de Dios y conocedor de los caminos de Dios, tomó el trono de Israel. El poderoso Saúl no había podido tomar la fortaleza de los Jebuseos, que era el reducto más difícil que quedaba en la tierra.

Esta tarea cayó sobre él, que había dicho a Goliat, “Vienes a mí con espada, con lanza y jabalina. Pero yo vengo en nombre de Jehová de los Ejércitos, el Dios de los ejércitos de Israel a quién tú has desafiado” (1ª Samuel 17:45).

Saúl superaba en altura con su cabeza y sus hombros al resto de Israel y Goliat era un enorme gigante. Pero Dios no se agrada de la fuerza natural o del poder de un hombre. En lugar de eso escoge al débil y al necio para confundir al poderoso y al sabio de este mundo.

Saúl y todo Israel temblaron con todas sus armas delante de este gigante durante muchos días. ¡Y sin embargo, cayó ante un humilde pastorcito que había pasado sus días delante del Señor, atendiendo las ovejas de su padre! David no tenía otra arma que su honda, cinco piedras lisas y el Espíritu del Dios viviente.

Tan cierto como que Goliat cayó, así también cayó la fortaleza de Sión (2ª Samuel 5:7), que vino a ser llamada “la ciudad de David”. David hizo del Monte Sión la capital de Israel, no porque le gustara esta ciudad sino porque Dios escogió poner Su nombre ahí como el lugar de Su reposo (lee Salmos 132:13-16).

Los Davides contemporáneos también buscan esa Jerusalén celestial en la que reina el Príncipe de Salem (Paz). Estos son también según el orden de Melquisedec, y a diferencia de Saúl, no se conforman con reinos terrenales.

Varios años después de que comenzaran su viaje, David finalmente llevó a los hijos de Israel al Monte Sión, que es la meta final de cada creyente. Los sucesos de Sión ilustran en sorprendente detalle la realidad gloriosa de la Jerusalén Celestial, la madre de todos nosotros en quienes la Simiente de David ha sido ahora entronizada.

A diferencia de Saúl, David anhelaba el arca de la presencia de Dios. Fue el rey pastor, un hombre conforme al corazón de Dios, un tipo glorioso de nuestro Señor Jesucristo. Tuvo hambre de la presencia del Señor por encima de todo y quiso llevar el arca a un lugar central en el monte Sión.

David tuvo un corazón para hacer rey a Dios. El “Gran Rey” que David promociona no fue Él mismo, sino Dios. David tuvo corazón para rectificar el error que el pueblo de Israel hizo cuando rechazaron a Dios y escogieron a Saúl (lee 1ª Samuel 8:4-22).

¡Que cosa esto del corazón de David conforme al corazón de Dios! ¡Lo que le cuesta a la iglesia ortodoxa, circunspecta y legalista entender que un hombre que cometió adulterio y homicidio pueda tener un corazón conforme al corazón de Dios!

¿Tú te crees que en alguna de nuestras congregaciones alguien con los antecedentes probados de David hubiera tenido perspectivas de ocupar algún cargo importante? ¡Ni por asomo! Eso me hace pensar y nos hace pensar que Dios ve las cosas algo distintas a nosotros. Y como Dios es el único infalible y perfecto que conozco…

El arca reposó en Baala de Judá hasta que David la halló. “Se levantó David y partió de Baala de Judá con todo el pueblo que tenía consigo, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines.”(2ª Samuel 6:2).

El problema es que David y el pueblo pretendieron mover el arca del mismo modo que lo habían hecho los filisteos. Construyeron un carro nuevo, quizás pensado que ya habían ido la milla extra y que habían perfeccionado lo que habían hecho sus enemigos.

Casi puedes verlos pensando, “Si Dios bendijo a los filisteos y paró las plagas cuando devolvieron el arca a Israel en un viejo carro, con toda certeza bendecirá nuestros esfuerzos para traerlo a Sión en un carro nuevo”. ¡Error! La narración sigue así:

“Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en el collado; y Uza y Ahío, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo. Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab, que estaba en el collado, con el arca de Dios, Ahío iba delante del arca. Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos. Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios. Y se entristeció David por haber herido Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy. Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová? De modo que David no quiso traer para sí el arca de Jehová a la ciudad de David; y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo. Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa.” (2ª Samuel 6:3-11).

El problema de los carros es que los bueyes invariablemente tropiezan y los hombres invariablemente sienten la necesidad de resultados firmes procedentes de las obras de sus propias manos.

Dios no está impresionado con nuestros mejores esfuerzos de traer Su presencia a nuestras congregaciones. Todos nuestros pulidos sermones y actuaciones de adoración, nuestros tapices colgados y edificios muy decorados son solo carne para Él. Él quiere que busquemos Su rostro y que Le preguntemos qué quiere hacer y cuando.

Ponte al frente de ese pequeño salón que hay en la otra calle de tu casa y diles, en un breve sermón, esto mismo que has leído a toda esa gente que está sentada quietecita y ordenada oyendo el mensaje del siervo. Podrás ver como son los ojos de la religión llameantes de ira.

Los santos de la joven iglesia de Antioquia ayunaron y ministraron al Señor durante muchos días antes de que el Espíritu hablara y enviara a Pablo y Bernabé a llevar el evangelio con poder al mundo gentil.

Esto tuvo lugar más de veinte años después de que Pablo tuviera su encuentro con el Dios viviente, en el camino de Damasco. En cuanto tenemos un encuentro con Dios, queremos correr enseguida y comenzar un “ministerio” con toda nuestra carne aún intacta, pero Pablo sabía que el poder de la resurrección de Dios no viene sin la participación de Sus padecimientos, siendo hechos semejantes a Él en Su muerte.

La advertencia vino junto con la comisión, “…el Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre”. (Hechos 9:15-16). Cuanto mayor es el llamado, mayor el sufrimiento necesario para purgar de nosotros esta mentalidad de “carro nuevo”.

¿Es una condición indispensable para servir correctamente al Señor, el padecer alguna clase de sufrimiento? Así, descripto conforme a la modalidad estoica, quizás no, pero en el fondo profundo de su significado, no lo dudes. Hay que pagar un precio por servir fiel y genuinamente, y ese precio se compone, generalmente, de tu propia reputación. ¿Estás preparado?

Finalmente David pidió la ayuda de los sacerdotes del Señor. Hizo David también casas para sí en la ciudad de David, y arregló un lugar para el arca de Dios, y le levantó una tienda. Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová, y le sirvan perpetuamente. Y congregó David a todo Israel en Jerusalén, para que pasasen el arca de Jehová a su lugar, el cual le había él preparado. Reunió también David a los hijos de Aarón y a los levitas…”

“Y llamó David a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semaías, Eliel y Aminadab, y les dijo: Vosotros que sois los principales padres de las familias de los levitas, santificaos, vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado; pues por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios nos quebrantó, por cuanto no le buscamos según su ordenanza. Así los sacerdotes y los levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel. Y los hijos de los levitas trajeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo había mandado Moisés, conforme a la palabra de Jehová.” (1ª Crónicas 15:1-4,11-15).

Finalmente el arca de la presencia de Dios atravesó las puertas de Sión. El sonido del cántico y del gozo llenaba el aire.

“Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob. Selah Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,  Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria.” (Salmos 24:6-10).

¡Puedes escucharlo! ¿Puedes escuchar el clamor del corazón del rey-pastor que, como los veinticuatro ancianos de Apocalipsis capítulo cuatro, deseaban ardientemente arrojar su corona a los pies del Gran Rey? Entre el pueblo de Dios, las coronas son fantásticos discos voladores, hechos para arrojarlos a los pies del Rey de Gloria, no para exaltar a la persona que los ha recibido.

La vida de David, sus palabras y cánticos expresaban esta pasión todo el tiempo.

“Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sión, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey.” (Salmos 48:2).

Cuando David trajo el arca con cánticos y danza, sabía que estaba llevando al verdadero Rey de Sión por esas puertas. Embargado de gozo, no podía quedarse quieto; saltó delante del arca con todas sus fuerzas.

Esto es estrictamente así y debe quedarte muy claro sobre todo a ti, hermano de una congregación conservadora u ortodoxa. La danza nació en la iglesia. Si después Satanás la tomó, la pervirtió, la sensualizó, la sexualizó y le dio color a pecado, es otra cosa. Pero la danza en sí misma no era pecado, era honra a Dios. Y que conste que jamás llegué a vencer mis estructuras y danzar.

David sabía que el propósito original de Dios no era un rey terrenal, así que se despojó de sus hábitos reales y de su corona para danzar con un efod de lino, el atuendo de un humilde sacerdote, ante el gran Rey de Sión.

En esta ilustración David muestra perfectamente el sacerdocio que Dios busca tan ardientemente. En David vemos el corazón de nuestro gran Sumo Sacerdote, Cristo, que ahora espera el día cuando Él devuelva todo el poder y la autoridad a Su Padre (1ª Corintios 15:28). David se había propuesto corregir el mal hecho cuando Israel pidió un rey (Saúl), y al hacerlo, rechazaba a Dios como rey suyo.

David trajo el arca a Sión y la colocó en una tienda abierta, llamada desde entonces el “Tabernáculo de David” (2ª Samuel 6, 1ª Crónicas 13-16). Este obrar de David aparentemente estaba en contra de las leyes que gobernaban el uso correcto y la colocación del Arca.

Por ley, el Arca debía haber sido llevada a Gabaón, y colocada en el Lugar Santísimo en el Tabernáculo del Testimonio, un lugar accesible solo una vez al año y por el Sumo Sacerdote después de un lavamiento concienzudo y del derramamiento de la sangre.

Sin embargo, Dios escogió no volver al sistema de Icabod que descansaba en la cima de Gabaón. En lugar de eso, David llevó el Arca a Sión, donde esta accesible a todos, todos los días. Aunque parezca arbitrario, no se trató de un acto fortuito. David dejó muy claro que él no había escogido Sión, sino que…

“Jehová ha elegido a Sión; La quiso por habitación para sí. Este es para siempre el lugar de mi reposo; Aquí habitaré, porque la he querido. Bendeciré abundantemente su provisión; A sus pobres saciaré de pan.  Asimismo vestiré de salvación a sus sacerdotes. Y sus santos darán voces de júbilo.” (Salmos 132:13-16).

Los sacerdotes en Gabaón debían estar preguntándose, “¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué no han devuelto el arca a su lugar apropiado de reposo?” Y lo más inquietante, “¿Por qué han instituido un nuevo sacerdocio para ministrar delante del Arca en lugar del sacerdocio ortodoxo tradicional?

¡Nunca hemos hecho nada así!” Cierto. Dios había escogido una nueva morada y un sacerdocio más perfecto para ministrar delante del Arca día y noche—algo que David podía haber mostrado cuando danzó delante del arca con un efod de lino.

Se necesitó un rey/sacerdote para introducir un sacerdocio real, cuyo cumplimiento pleno es conocido en Cristo nuestro Rey y Sacerdote. Los que fueron nombrados sacerdotes para ministrar delante del Arca en Sión continuaron en el mismo espíritu festivo de cántico, tocando instrumentos delante del Señor. Esto continuó así durante cuarenta años. El contraste entre los eventos en Gabaón y en Sión durante este tiempo es un ejemplo para el pueblo de Dios hoy.

Es tipología activa. El sacerdocio real que Dios busca hoy contiene exactamente las mismas pautas: rey y sacerdote, en obediencia al mandato de ese pueblo que Dios dispuso. No ministran del mismo modo. El sacerdote ruega, suplica, intercede, mientras que el rey ordena, decreta, manda.

¿Qué sucedió el gran Día de la Expiación cuando el sumo sacerdote entró en el Tabernáculo de Moisés en Gabaón y atravesó el velo para rociar la sangre del sacrificio sobre el propiciatorio? ¿Tenía Dios una prioridad mayor que ésta?

La obra redentora tipificada por el cordero inmolado y el rociamiento de la sangre tenía que cumplir la meta única de reconciliar al hombre con Dios. El tabernáculo de David es un vistazo profético de 40 años que confirma el deseo de Dios de habitar entre Su pueblo en una relación cara a cara. En David vemos al Rey-Sacerdote, un tipo de Jesús cuya mediación hace posible la restauración de todas las cosas tal y como fueron predichas por los profetas.

Sión representa el cumplimiento del gran deseo de Dios de morar entre Su pueblo. Al venir a Sión, la morada de Dios, también llegamos a la asamblea general e iglesia de los primogénitos. Solo cuando vivimos en todo lo bueno de lo que representa Sión, podemos estar unidos como nación santa y reino de sacerdotes que declara Sus virtudes.

Solo los que habitan en Su morada pueden traer la realidad de Él a los demás. Solo aquellos cuyos rostros brillan, resplandecientes con Su presencia, pueden verdaderamente ser modelos de Él delante de un mundo perdido y moribundo. Solo los que ascienden al Monte de Dios tienen algún liderazgo que ofrecer al pueblo de Dios.

Está claro. Sólo los que verdaderamente han sido llamados y levantados por Dios para ejercer alguna clase de ministerio, sirve para los efectos del reino. Ni por asomo tienen valor los egresados de los mejores seminarios o institutos bíblicos. Para los hombres, muy importante; para Dios, no existe.

A diferencia del Tabernáculo de Moisés en Gabaón, el Tabernáculo de David era una tienda abierta. Todos, judíos y gentiles por igual, podían estar delante del Arca. El Tabernáculo de David es una visión previa de la iglesia de Cristo, en la que judíos y gentiles se convierten en un nuevo hombre.

Antes de este tiempo los gentiles no tenían lugar en la mancomunidad de Dios. Jacobo reconoció esto cuando citó la profecía de Amós, “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar. (Hechos 15:16). El contexto de esta profecía es el siguiente:

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto” (Amós 9:11,12).

Jacobo habló esto en referencia a la Iglesia de Antioquia, una iglesia gentil que estaba experimentando la realidad de Dios sin los símbolos del Judaísmo. Ahora Dios no sólo había atraído a Israel hacia Sí como nación santa, sino que como había prometido a Abraham, había incluido también a los gentiles. Su sacerdocio estaba creciendo exponencialmente.

A diferencia del tabernáculo de Moisés que permanecía en Gabaón, el tabernáculo de David solo disponía de una pieza de mobiliario, el arca. En el tabernáculo de Moisés había tres partes: el atrio exterior, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo (donde se suponía que tenía que estar el arca).

El Tabernáculo de David solo tenía el Lugar Santísimo, que estaba abierto no solo a un sacerdocio selecto, sino a todos. En el Tabernáculo de Moisés, al Lugar Santísimo sólo tenía acceso el Sumo Sacerdote, y sólo una vez al año.

Ahora, sin horario ni condición, el Judío y el gentil por igual, entraban y salían libremente del Tabernáculo de David para adorar delante del Señor. Esto era un anticipo maravilloso de nuestro acceso más allá del velo rasgado, por el que accedemos confiadamente al trono de Dios y adoramos en Su presencia.

Por este motivo es que no alcanzo a entender el “ministerio” del portero que han inventado algunas congregaciones. Porque lo crean e implementan para recibir con cortesía, amor y cordialidad al visitante y terminan convirtiéndolo en un discriminador que decide quien puede entrar a adorar a Dios a un determinado lugar y quien no.

En la tienda de David no había velo que cerrara el paso a la presencia de Dios. En todo esto podemos ver el corazón de nuestro Dios. Él quiere que todos vengan a Su presencia y ha abierto el camino por medio de la sangre derramada del Cordero sin mancha.

La mayoría de los Salmos eran canciones proféticas cantadas delante del Señor en el Tabernáculo de David, cubriendo el espectro completo de la emoción humana, desde la desesperación profunda hasta el gran gozo. Israel estaba recibiendo una primera visión de un Dios que era tocado con los sentimientos de las debilidades de ellos, y sobre quien ellos podían echar todas sus cargas.

En un mundo caído en el que los hombres están llenos de segundas intenciones es difícil imaginar que un Padre pudiera simplemente desear estar con Sus hijos sin ningún otro motivo en mente.

Dios va tras la simpleza de una comunión que una vez tuvo con un hombre y una mujer que no conocieron el pecado, en un hermoso huerto, hace muchos, muchos años. Sin pretensión, sin astucia, sin sutilezas, sin escondites tras hojas de higuera religiosas, velos, ni ceremonias pretenciosas. Simplemente estar juntos como amigos en un vínculo de amor que desafía a nuestras imaginaciones eclesiales.

¡Verdaderamente! ¿Tanto cuesta imaginar y aceptar una relación así entre Dios y los hombres que le aceptan, aman y deciden servirle? ¿Tanta es la necesidad de crear leyes, estatutos y ordenanzas para añadir a las divinas, como medio de filtro para que eso se produzca?

En Apocalipsis 21:3-4 leemos sobre el clímax final del gran anhelo de Dios de atraer a un pueblo hacía Sí. Aquí es donde vemos los campos blancos—el pensamiento pleno de Dios para Su pueblo llegando a su culminación.

“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.

Todas las penas y tristezas de la vida han terminado en esto—finalmente el tabernáculo, tienda o morada de Dios es con los hombres. Él mora con ellos y está dispuesto a quitar toda lágrima y a abolir la muerte, la tristeza y el dolor para siempre.

El gran objetivo de Dios en la redención es restaurar Su presencia y semejanza en la humanidad, caminar con ellos como caminó con Adán hace mucho, al fresco del día. Esta montañita en Jerusalén es una réplica terrenal del Monte Sión celestial (Apocalipsis 14:4).

El Sión físico fue el lugar de la morada de Dios. Nosotros vivimos en Sión donde tenemos nuestra morada con Él. El Salmista entendió algo de este misterio cuando escribió: “Señor, Tú nos has sido refugio de generación en generación” (Salmos 90:1). ¡Él es nuestra morada! ¡Él es Sión! ¡Él es nuestro Templo!

Cuando Juan vio la Jerusalén celestial que bajaba como una novia preparada para su marido, no pudo evitar notar que faltaba algo. Lo central de la Jerusalén terrenal no se encontraba en la Jerusalén celestial. “No había templo en ella”, dice Juan.

¿Por qué no había templo? “El Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo…” (Lee Apocalipsis 21:22). ¡Dios es el templo! Dios es nuestra morada. Pablo dijo: “Porque en Él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17:28).

¡En Él! ¿Puedes verte totalmente envuelto en este Dios maravilloso que creó los cielos y la tierra para un propósito, convertirse en la morada de miles y miles de hijos e hijas? ¡Con solo pensarlo nuestros corazones son cautivados!

Desde Génesis hasta Apocalipsis, los tratos de Dios con los hombres han constituido una progresiva transición de lo terrenal hacia lo celestial, echando a un lado los símbolos religiosos que sirvieron como lecciones prácticas solo durante un tiempo a la vez que Él se revelaba a Sí mismo.

Con mucha frecuencia Dios tuvo que quitar forzosamente esos símbolos que fueron dados como ayuda en esta revelación por causa de la tendencia de Israel a quedarse atada a ellos. Esteban reprendió al concilio de la Jerusalén natural por su excesiva devoción al templo terrenal, haciendo alusión al hecho de que Dios ya no moraba más en templos hechos de manos de hombres.

¡Pero estos sabios altivos de Israel no lo aceptaron como verdad, a pesar de que uno de sus profetas fue el que lo había dicho primero! Esteban pagó con su vida por atreverse a hablar en contra de su reliquia santa.

No podemos asombrarnos de esto que llevaron a cabo los sabios altivos de Israel. Hoy existen otros altivos, quizás ya no tan sabios, que tampoco terminan de aceptarlo. Por ende, pese a todo lo dicho y escrito, el templo sigue siendo el factor clave para decidir si alguien es cristiano o no.

No obstante, tal y como Jesús lo había profetizado, ni una sola piedra del templo natural quedó encima de otra para el año 70 D.C. Dios había abolido los lugares santos, los simbolismos y las ceremonias de la religión, que solo eran sombras dadas por Él para indicar hacia la sustancia mayor que vendría más tarde.

La Sustancia ha venido. Cristo ha cumplido todos los tipos y sombras del Antiguo Pacto. Dios es luz y en Él no hay sombra de variación. Siempre ha sido Su plan sustituir la sombra con la luz y la sustancia—cambiar lo simbólico por la realidad—para despojar el engranaje de la religión hasta que queden sólo Él y el Cordero.

Quitará y seguirá quitando hasta que no quede otro templo que Jesús y el Padre—hasta que no queden lugares santos, sino solo ellos, hasta que no quede otra luz o sabiduría que no sean ellos mismos. En el Sión celestial, al que somos llamados, no hay servicios santos ni sacerdotes que medien entre Dios y Su pueblo, solo el Sumo Sacerdote, Cristo Jesús.

Sólo una pequeña pregunta que me brota a mí leyendo esta verdad, pero que seguramente también te habrá rondado a ti en tu mente: ¿Adonde colocamos esa supuesta práctica eclesiástica de acudir al pastor para que ore por mí como intermediario entre Dios y yo?

En Sión Dios ya no está velado, sino que el tabernáculo de Dios es con los hombres. Dios nos llama a vivir en esta realidad celestial ahora mismo, cada día. ¿Sabemos realmente el honor que esto significa? ¿Sabemos realmente lo que significa que Dios y el Cordero sean nuestro templo, nuestra morada, que no tengamos nada tan sagrado como Ellos? Juan escribió de Jesús, el Verbo,

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad” (Juan 1:14).

Isaías profetizó de Jesús:

“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (Dios con nosotros). (Isaías 7:14).

¡Mira! ¡El Tabernáculo de Dios es con los hombres!

Mientras tanto los sacrificios simbólicos, los ritos y rituales siguieron en Gabaón. En estos dos montes tenemos un ejemplo perfecto de la condición de la cristiandad hoy día. Por un lado tenemos a los que han hecho de Dios su morada, los que Le adoran en Espíritu y en verdad, que no tienen ningún lugar sagrado sino solo a Él, y solo a Él adoran.

Después están los que prefieren las sombras de la religión, los que piensan que los candelabros ardientes y el incienso, el rociamiento del agua santa y todos sus iconos, son hermosos, y que por tanto, Dios los ama.

El hombre religioso parece obsesionado con coser el velo que Dios rasgó de arriba abajo cuando restauró el tabernáculo abierto de David. El hombre religioso prefiere la adoración de la adoración, en lugar de la adoración de Aquel que quiere que Le adoremos en Espíritu y en Verdad.

El hombre religioso idolatra las cosas terrenales, los símbolos transitorios que Dios dio durante un tiempo para apuntar a las cosas celestiales. Inevitablemente, el hombre religioso convierte al medio en un obstáculo permanente y rehúsa soltar lo que Dios ha roto y desechado.

De este modo el hombre religioso rehúsa el nuevo sacerdocio, “para siempre según el orden de Melquisedec” (Hebreos 6:20), aferrándose al modelo del sacerdocio mediador del Antiguo Testamento que Dios ha sustituido.

Otro enganche a la era del Antiguo Testamento lo constituye la veneración de los lugares santos. Esta es la idolatría que atrae al hombre caído y estorba al propósito de Dios al llamar a un pueblo hacía Sí mismo. Lo más trágico de todo es que la devoción a las ceremonias y rituales que solo exigen una participación pasiva es tomada por error como devoción por Dios. Jeremías profetizó contra la equivocada devoción por los templos y las ceremonias, que Israel consideraba que la protegerían de la invasión de los ejércitos babilónicos.

No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este. (Jeremías 7:4)

Cuando comparamos Gabaón y Sión, tenemos una visión profética del propósito de Dios al separarse Él mismo de la casa o del sistema de adoración. La casa siguió en Gabaón, mientras Dios tomaba residencia en Sión. El tabernáculo terrenal y sacerdocio eran sombras solamente (Hebreos 8:5). ¡Dios es Luz! El autor de Hebreos escribió lo siguiente sobre el santuario terrenal.

“…sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.”

¡Dios es sustancia! El santuario terrenal sirvió como testimonio de las cosas celestiales durante un tiempo, pero ese tiempo ha terminado. ¡Ha llegado la realidad! ¡Ha amanecido! La historia de la Biblia es la historia de la búsqueda de Dios de un pueblo que Le adoraría en Espíritu y en verdad.

Él anhelaba un tiempo en el que se cumpliera Su pasión por tener una nación santa y un sacerdocio real para Sí. Esto es lo que quiere el Padre, una casa espiritual hecha de piedras vivas, que ofrecen sacrificios espirituales. Encontramos varios tipos y sombras del Antiguo Testamento que apuntan hacia esta gran prioridad divina. El quiso separarse de la casa, dividir la luz de las sombras, lo ritual de la realidad que Él es.

Vemos un gran ejemplo de esto en la vida de Jacob.

“Y llegó Jacob a Luz, que está en tierra de Canaán (esta es Bet-el), él y todo el pueblo que con él estaba. Y edificó allí un altar, y llamó al lugar El-bet-el, porque allí le había aparecido Dios, cuando huía de su hermano. Entonces murió Débora, ama de Rebeca, y fue sepultada al pie de Bet-el, debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut. Apareció otra vez Dios a Jacob, cuando había vuelto de Padan-aram, y le bendijo. Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel.” (Génesis 35:6-10).

Tras robar mediante engaño los derechos de primogenitura a su hermano Esaú, Jacob se encontró huyendo por su vida. Esa misma noche tuvo un sueño mientras yacía durmiendo sobre la tierra. Vio una escalera sobre la tierra cuya parte superior alcanzaba al cielo y los ángeles de Dios que subían y bajaban por ella.

Dios estaba en la parte superior de la escalera confirmando el pacto que había hecho con Abraham e Isaac diciendo, “Yo soy el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac”. Jacob llamó Betel, a este sitio, que significa Casa de Dios.

Muchos años más tarde, después de haber sido quebrantado en Peniel, Dios llamó a Jacob de vuelta a Betel, donde Jacob hizo algo muy significativo. Construyó un altar y cambió el nombre de Betel, la casa de Dios, a El-Betel, que significa el Dios de la Casa de Dios (lee Génesis 35:6-10).

Finalmente Jacob vio más allá de lo físico y lo geográfico. Vio más allá de lugares santos, hasta el Dios Santo. Vio más allá de Betel hasta El-Betel. Este es el viaje que hay ante nosotros. La devoción de lugares santos y prácticas santas finalmente tiene que dar paso a una devoción de corazón puro al Dios de la casa de Dios. Por causa de esta revelación Dios cambió el nombre de Jacob por el de Israel, “alguien que gobierna con y como Dios”.

El hombre religioso resiste la transición de Betel a El-Betel. Ama sus lugares santos y matará por preservarlos. Los primeros creyentes predicaron que había sucedido una gran transición hasta el punto de que “el Altísimo no mora en templos hechos de manos” (lee Hechos 7:48, 17:24).

Dios no es adorado en esta o en esta otra montaña, sino en Espíritu y en Verdad. La iglesia temprana captó esta verdad bastante bien y no hizo ningún intento de construir santuarios “cristianos” hasta bien entrado el cuarto siglo, después de que Roma y los judíos hubieran sistemáticamente matado a la mayoría de los líderes de Dios dirigidos por el Espíritu. Sabían que Dios no está más confinado en lugares santos, sino que llena a todo aquel que Le invite a entrar. Ya no santifica más “esta montaña” o la vieja Jerusalén. Jesús habló de un tiempo,

“La hora viene cuando ni en este monte (Gerizim) ni en Jerusalén, adorarán al Padre… pero la hora viene y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque el Padre busca a tales adoradores. Dios es Espíritu y los que Le adoran, deben adorarle en espíritu y en verdad” (mira Juan 4:21-24).

¿Haremos nosotros esa transición? ¿Nos aferraremos a nuestros lugares santos y prácticas santas o Le adoraremos a Él que es Espíritu, en espíritu? ¿Qué escogeremos—ministrar a la casa o ministrar a Dios—ministrar a cosas santas o ministrar a un Dios santo?

Ha habido una gran transición de todo lo que es ilustrativo, ceremonioso y simbólico a la Persona de Dios. Una transición de esta índole exige un despojamiento. De hecho, eso es lo que Jesús vino a hacer.

Esta es la naturaleza de la obra de Aquel que dijo, “He aquí que vengo Oh Dios, para hacer Tu voluntad”. Jesús quitó lo primero para establecer lo segundo (Hebreos 10:9). Él quita las cosas primeras de la religión para establecer la realidad de Él mismo dentro de nosotros.

Creemos que estamos en el día en que ese despojamiento se ha acelerado y Dios ha dividido aún más Betel, todas las cosas religiosas aplicadas a la casa, hasta El-Betel, el Dios de la casa.

El ministerio a la Casa y el Ministerio de Sadoc

Hallamos otro ejemplo del deseo de Dios de desmarcarse a Sí mismo del servicio a la casa en Ezequiel 44. Se había designado un nuevo sacerdocio para acercarse a Dios y adorarle. En Samuel 2:35 hallamos el anuncio profético del juicio sobre Elí, el Sumo Sacerdote, y su casa, seguido del levantamiento de un sacerdocio nuevo y eterno. “Yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días.”

Este sacerdocio fiel comenzó con Sadoc, el descendiente de Itamar, el hijo menor de Aarón. Sadoc era profeta además de sacerdote (lee 2ª Samuel 15:23.28). Aquí vemos que Dios está llamando a un nuevo sacerdocio a salir del antiguo.

Este nuevo sacerdocio haría lo que estaba en el corazón y la mente de Dios. Este nuevo sacerdocio se acercaría mucho más a la intención original de Dios de un sacerdocio real, y como el sacerdocio de Melquisedec, sería también superior al sacerdocio de Aarón.

El sacerdocio de Sadoc es el tipo natural del sacerdocio de Melquisedec. De hecho, Sadoc (justicia) es la última parte de Melqui-sedec (rey de justicia). El sacerdocio de Melquisedec es un sacerdocio eterno, que no tiene ni principio ni fin.

En la mente de Dios, este sacerdocio fue concebido antes de la fundación del mundo, en la eternidad pasada. En Ezequiel 44, vemos dos sacerdocios, uno que cambia y otro eterno. Uno ministra a la casa (templo) y el otro a lo que más ama el corazón y la mente de Dios.

Jean Lead escribió:

Hay un ministerio que ministrará a la casa, al pueblo de Dios, pero hay otro sacerdocio más exaltado, el sacerdocio de Sadoc o Melquisedec, que se acercará a Dios y Le ministrará a Él y al pueblo.

“Cuando salgan al atrio exterior, al atrio de afuera, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos, para no santificar al pueblo con sus vestiduras.”

Mucho después de morir Sadoc el Sumo Sacerdote, David y Salomón, Ezequiel profetizó un nuevo orden sacerdotal dividiendo en dos el sacerdocio aarónico.

“Y los levitas que se apartaron de mí cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras sus ídolos, llevarán su iniquidad. Y servirán en mi santuario como porteros a las puertas de la casa y sirvientes en la casa; ellos matarán el holocausto y la víctima para el pueblo, y estarán ante él para servirle. Por cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron a la casa de Israel por tropezadero de maldad; por tanto, he alzado mi mano y jurado, dice Jehová el Señor, que ellos llevarán su iniquidad. No se acercarán a mí para servirme como sacerdotes, ni se acercarán a ninguna de mis cosas santas, a mis cosas santísimas, sino que llevarán su vergüenza y las abominaciones que hicieron. Les pondré, pues, por guardas encargados de la custodia de la casa, para todo el servicio de ella, y para todo lo que en ella haya de hacerse. Mas los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel se apartaron de mí, ellos se acercarán para ministrar ante mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice Jehová el Señor. Ellos entrarán en mi santuario, y se acercarán a mi mesa para servirme, y guardarán mis ordenanzas. Y cuando entren por las puertas del atrio interior, se vestirán vestiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana, cuando ministren en las puertas del atrio interior y dentro de la casa. Turbantes de lino tendrán sobre sus cabezas, y calzoncillos de lino sobre sus lomos; no se ceñirán cosa que los haga sudar. Cuando salgan al atrio exterior, al atrio de afuera, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos, para no santificar al pueblo con sus vestiduras. Y no se raparán su cabeza, ni dejarán crecer su cabello, sino que lo recortarán solamente. Ninguno de los sacerdotes beberá vino cuando haya de entrar en el atrio interior. Ni viuda ni repudiada tomará por mujer, sino que tomará virgen del linaje de la casa de Israel, o viuda que fuere viuda de sacerdote. Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio. En los casos de pleito ellos estarán para juzgar; conforme a mis juicios juzgarán; y mis leyes y mis decretos guardarán en todas mis fiestas solemnes, y santificarán mis días de reposo. No se acercarán a hombre muerto para contaminarse; pero por padre o madre, hijo o hija, hermano, o hermana que no haya tenido marido, sí podrán contaminarse. Y después de su purificación, le contarán siete días. Y el día que entre al santuario, al atrio interior, para ministrar en el santuario, ofrecerá su expiación, dice Jehová el Señor. Y habrá para ellos heredad; yo seré su heredad, pero no les daréis posesión en Israel; Yo soy su posesión.” (Ezequiel 44:10-28).

Mientras Ezequiel describía su visión del templo, dijo,

“Esta cámara que mira hacia el sur es de los sacerdotes que hacen la guardia del templo. Y la cámara que mira hacia el norte es de los sacerdotes que hacen la guardia del altar; estos son los hijos de Sadoc, los cuales son llamados de los hijos de Leví para ministrar a Jehová.” (Ezequiel 40:45-46).

¡Vio al remanente de Sadoc como un sacerdocio llamado de entre el sacerdocio!

“A los sacerdotes levitas que son del linaje de Sadoc, que se acerquen a mí, dice Jehová el Señor, para ministrar ante mí, darás un becerro de la vacada para expiación” (Ezequiel 43:19).

El ministerio de Sadoc es separado del mundo y solo tiene una misión en la vida: ¡Estar en la mesa del Señor y ministrarle! Este es el ministerio del Monte Sión, la ciudad del Gran Rey, Dios mismo.

Cualquiera puede observar que nuestro actual sacerdocio, o al menos aquellos que pretenden cumplir esas funciones, dista mucho de tener estas connotaciones. ¿Será que también ahora el Señor encontrará un remanente de Sadoc para reemplazarlo?

La tienda con tres partes del tabernáculo de David que desveló el arca a todos testifica de esto mismo. Dios advirtió a David haciendo una clara distinción entre Su casa y los templos construidos por los hombres cuando Natán el profeta corrigió a David por intentar construir un templo de cedro para albergar el Arca y los sacerdotes que antes habían ministrado en el tabernáculo de reunión.

“Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: Por qué no me habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel.”

“Y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa.” (2ª Samuel 7:5-11).

¿Cuál es esta casa que Dios había de construir para David, un tipo de Su propio Hijo? Esteban lo vio, habló de ello al sacerdote que Dios había desterrado al atrio exterior para ministrar al pueblo, y ¡fue matado por revelar sus corazones malignos!

“Mas Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas? ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.” (Hechos 7:47-53).

Hoy, lo que la mayoría de los hombres de iglesia llaman “ministerio” se centra en la casa. Oímos muchísimo sobre ministrar al pueblo pero muy poco sobre el ministerio al Señor. Sin embargo, el verdadero pueblo de Dios tiene un corazón y un enfoque diferentes.

Su clamor es por una cosa, ese tabernáculo de David en el monte Sión. Su pasión es capturada por las palabras de este cántico que fue escrito hace más de veinte años por un grupo llamado Petra:

Llévame

Llévame más allá del atrio exterior

Hasta el Lugar Santo

Más allá del altar de bronce

Señor, quiero ver Tu rostro

Pásame por la muchedumbre

Los sacerdotes que cantan Tus alabanzas

Tengo hambre y sed de Tu justicia

Y solo la encuentro en un lugar

Llévame al Lugar Santísimo

Por la sangre del Cordero

Llévame al Lugar Santísimo

Toma la brasa, limpia mis labios, heme aquí

Toma la brasa, limpia mis labios, heme aquí

En sus tratos con los hijos de Sadoc, el Señor comenzó a hacer precisamente esta distinción. Él separó claramente el ministerio en dos categorías, el ministerio a la casa y el ministerio a Él mismo. Estaba introduciendo un nuevo y más alto orden de ministerio en el que Él es central, no en tipo, sino en realidad, y al hacerlo, se distinguió a Sí mimos de aquello que el hombre religioso venera por encima de todo lo demás—ministerio a la casa y a los congregantes.

Sería bueno escuchar las palabras de un hombre que vivió en Inglaterra, un verdadero buscador en un siglo XVII en el que muchos guías ciegos vendían su producto. Se llamaba George Fox:

Fui enviado por el Señor Dios del cielo y de la tierra a predicar libremente y a sacar a la gente de estos templos externos hechos de manos, en los que Dios no habita; para que pudieran saber que sus cuerpos serían los nuevos templos de Dios y de Cristo; y para llevar a la gente lejos de sus ceremonias supersticiosas, de sus costumbres judías y paganizantes, tradiciones y doctrinas de hombres; y de todos los asalariados del mundo, que toman los diezmos y grandes salarios, predicando por lucro, y adivinando por dinero, a quienes “Dios y Cristo jamás enviaron, como ellos mismos confiesan cuando dicen que nunca escucharon ni la voz de Dios ni la de Cristo. Exhorté a la gente a salir de estas cosas, guiándoles hacia el Espíritu y la gracia de Dios en ellos mismos, y a Luz de Jesús en sus propios corazones; para que puedan llegar a conocer a Cristo, su Maestro gratis, para llevarles salvación y para exponerles las Escrituras.”

Me pregunto que fue lo que ocurrió con este hombre y con sus predicaciones. Observando nuestra realidad debemos hacer muy poco esfuerzo para darnos cuenta que ni fue oído ni creído. Hoy se sigue predicando la misma palabra y nos enfrentamos con la misma reacción.

Dios nunca quiso que el templo fuera un accesorio fijo en Su reino. Indicó su aprobación a ello por causa de la ignorancia del hombre. Como muchas otras cosas, fue meramente una sombra de las buenas cosas que quedaban aún por llegar, un templo no hecho de manos, sino de piedras vivas.

¿Es posible que el actual énfasis en el ministerio a la gente brote de una idolatría similar a la de los hijos de Leví? Los pastores reciben clases sobre plantación de iglesias, edificación de iglesias, y como hacer iglesias “de fácil uso”.

Ofrecemos sacrificio, diezmamos, tocamos música de adoración, ministramos a la gente. Todo va de la gente y de sus necesidades y de lo que les hace sentir bien y quieren regresar para seguir ayudando a la máquina que han creado.

En poco tiempo todo es idolatría porque el enfoque real y el motivo que hay tras el “ministerio” no es Dios, sino edificar, por medio del sudor y del esfuerzo, el ministerio de un hombre o de los hombres.

En una palabra, lo que aquí se dice es confirmación a lo que hemos venido expresando a través de nuestros trabajos: nuestras congregaciones se han convertido, por imperio de las circunstancias y la carencia de poder de Dios, en meras ministradoras de almas.

Sin sudor

Los sacerdotes santos de los hijos de Sadoc no podían vestir nada que les provocara sudor.

“Y cuando entren por las puertas del atrio interior, se vestirán vestiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana, cuando ministren en las puertas del atrio interior y dentro de la casa. Turbantes de lino tendrán sobre sus cabezas, y calzoncillos de lino sobre sus lomos; no se ceñirán cosa que los haga sudar. Cuando salgan al atrio exterior, al atrio de afuera, al pueblo, se quitarán las vestiduras con que ministraron, y las dejarán en las cámaras del santuario, y se vestirán de otros vestidos, para no santificar al pueblo con sus vestiduras.” (Ezequiel 44:17-19).

Esto es extremadamente significativo considerando que el sudor es mencionado por primera vez en relación con la maldición (lee Génesis 3:19). La tierra fue maldita por el pecado de Adán y solo daría su fruto después de sudor y duro trabajo.

Evidentemente antes de la caída, la tierra daba su fruto a Adán y Eva sin esfuerzo por parte de ellos. No había sudor. Pero ahora, por causa del pecado, Adán trabajaría la tierra con el sudor de su frente. El sudor habla del esfuerzo humano. Habla de una tarea inacabada.

El mismo instante en que el hombre cayó de su reposo, tuvo que trabajar para producir lo que una vez había sido orgánico y natural. Dios no permitiría tal esfuerzo en su sacerdocio santo—sin sudor de la frente, porque Él es completamente suficiente. Tomamos prestadas las palabras de Pablo:

“No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” (2ª Corintios 3:5-6).

Esta suficiencia divina que caracteriza al Ministerio del Nuevo Pacto está directamente relacionada con la obra acabada de Cristo. “¡Consumado es!” ¡Todo ya ha terminado! No queda nada por lo que el hombre tenga que sudar.

No hay lugar para alicatar y trabajar duro en el reino de Dios. Cada planta que Dios no ha plantado será arrancada. El santo sacerdocio que Dios busca no está llamado a trabajar sino a mostrar Sus virtudes como Él dijo, “Yo soy su posesión”.

Dios no solo desea poseer a un pueblo, santo y peculiar, sino que quiere que ellos Le posean a Él de forma que Él sea visto, que sea sentido y que sea conocido en el mundo. Dios tendrá un sacerdocio que Le poseerá, y a falta de un término mejor, que serán Su ejemplo y ministrarán conforme a Su suficiencia. Este fue su objetivo desde el principio, y no ha cambiado.

¡Cuanto más nos acercamos a Sión, más cerca estamos del descubrimiento de nuestra herencia, que no es otra cosa que Dios mismo! ¡Al final avanzamos camino de casa!

Habéis venido a Sión

La gloria de Sión no fue esa gloria que la Reina de Saba vio cuando dijo, “no se ha descrito ni la mitad de todo ello”. Fue vista en la humilde tienda de David, abierta por un lado, donde el Arca de la presencia yacía abiertamente. Ahí fue donde Dios reveló con gran detalle el deseo de Su corazón de atraer hacia Sí a un pueblo y tener un sacerdocio real y una nación santa.

El Señor habló Su corazón por medio de Amós cuando dijo,

“En aquel día Yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado” (Amós 9:11).

Santiago recitó el versículo de Amós como prueba de que los gentiles habían sido aceptados en la mancomunidad sin adscribirse a la ley de Antiguo Testamento.

Simeón informó de cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para obtener de ellos un pueblo para su nombre. Esto concuerda con las palabras de los profetas. Como está escrito:

Después de esto volveré. Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído;    Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.” (Hechos 15:14-18).

Amós no profetizo, “reedificaré el templo de Salomón…” ¡No! Es la tienda abierta de David la que Dios se ha propuesto restaurar en estos últimos días. Esto es lo que es Sión—la morada del Dios viviente. Dios prefiere tanto más Su tienda que los templos hechos de manos de hombres.

Cuando el autor de Hebreos escribió, “Habéis venido a Sión”, es seguro que esta tienda de David y todo lo que representa, estaba en mente. Porque escribió, “Habéis venido… a Dios”. Esto va precisamente de todo eso, de venir a Dios, de llegar a un lugar en el viaje en el que Él es todo y en todos.

Aquí es donde la tienda de Dios mora con los hombres y no hay más templos excepto Él mismo. Aquí es donde la casa junto con sus sombras y símbolos es sustituida por la realidad mayor—Dios mismo. Jeremías profetizó exactamente de una transición tal que el Arca de Pacto sería olvidada y Jerusalén sería llamada “el trono de Jehová”.

“Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos, ni se hará otra. En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón. En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres. Yo preguntaba: ¿Cómo os pondré por hijos, y os daré la tierra deseable, la rica heredad de las naciones? Y dije: Me llamaréis: Padre mío, y no os apartaréis de en pos de mí.” (Jeremías 3:16-19).

Sión es el centro de la morada de Dios. Es ahí donde el arca halló su reposo. Dios estaba localizado en el Antiguo Testamento. Si querías adorarle, tenías que ir al lugar donde Él hizo que estuviera Su Nombre. “Helo aquí, helo allí”.

Hoy no hay lugares sagrados ni tierra santa. Él no es adorado en este monte o en este otro, en Jerusalén, Constantinopla o Roma. ¿Dónde está el Señor hoy? Donde dos o tres se congregan en Su nombre, Él dice, “Ahí estoy Yo”.

Presta debida atención a esto porque resume en dos líneas lo que es realmente el cristianismo de este siglo veintiuno.

Él habita en el templo hecho de piedras vivas. En cuanto un grupo se reúne alrededor de un centro distinto que el Dios Viviente, dejan de vivir en Sión porque Sión es el lugar de la presencia de Dios. No puede ser un lugar fijo, porque es dondequiera que Él more.

Finalmente Dios llamó a un pueblo hacia Sí—un reino de sacerdotes, una nación santa—finalmente un sacerdocio para ministrarle a Él—no una casta selecta de sacerdotes sino el sacerdocio de todos los creyentes.

¡No has llegado al Monte Sinaí! ¡Has llegado al Monte Sión! Has llegado a Dios a través de un viaje que representa un tremendo cambio desde lo natural—lo que podías ver con tus ojos naturales—al Sión espiritual.

No has llegado a un sistema que pueda ser apropiado y tocado por los sentidos naturales. ¡Aquello a lo que hemos llegado es mucho más real que todo esto! Llegamos (tiempo presente), al Dios viviente. ¡Llegamos más allá de sistemas velados, más allá de templos con diferentes grados de ascensos, llegamos al Dios Viviente!

Sión es el fin de sistemas velados y habiendo llegado a Sión, estamos cara a cara viendo Su gloria. El velo del templo fue rasgado cuando el velo, la carne de Cristo, fue rasgada en el calvario.

Isaías profetizó,

“Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.” (Isaías 25:7-8)

Todos los velos que Le oscurezcan, que le mantengan a distancia de Su pueblo, son quitados en Cristo. En todo su alcance y significado, Sión es el cumplimiento del propósito de Dios de atraer a un pueblo, sobre alas de águila, a una relación abierta con Él mismo, tan íntima que Él mismo puede enjugar las lágrimas de los ojos de ellos.

Pablo escribió sobre esto,

“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor…” (Efesios 1:4).

“Delante de Él en amor…” ¡Éste es el gran criterio! No importa lo noble que sea el pensamiento, acto o palabra, si no es concebido, nutrido y llevado a fructificación ante Él en amor, no es nacido ni santificado por la presencia del Dios viviente, no es santo.

Es la presencia de Dios que santifica y hace santo. Es la presencia de Dios lo que hace peculiar a una congregación de personas. Podemos predicar, enseñar, o de otro modo, darle la lata a la gente continuamente, exhortándoles a hacer lo correcto pero solo la presencia del Dios viviente puede reprendernos y capacitarnos para vivir por encima de nuestros defectos.

Él es fuego consumidor, fuego que consume la paja de nuestras vidas. Solo lo que está ante Él puede reconocerse como sin mancha. Todos los tratos de Dios tienen un solo fin a la vista—atraer a un pueblo hacía Si para que puedan estar delante de Él en amor.

Su corazón no se deleita cuando el pueblo está temblando al pie de la montaña, pidiendo que sean otros los que se acerquen a Él en nombre de ellos. ¡No! Su voz todavía puede oírse resonando a través del tiempo y de la eternidad, “Yo… os atraje hacía Mí… Me seréis un reino de sacerdotes, una nación santa.”Dios anhela que la nube de gloria que un día descansó sobre el Arca tras el velo en el templo, descanse ahora en cada morada.

“Y creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sión, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre toda gloria habrá un dosel” (Isaías 4:5).

Ahí, en el monte Sión, en una visión profética de cuarenta años, el velo fue quitado y el israelita y el gentil, ambos estuvieron delante del arca en adoración. ¡Sión es el ámbito de la absoluta presencia y señorío de Dios! Es ahí donde el velo es quitado.

Fue ahí donde Él rasgó el velo del templo de arriba abajo. Solo los que han visto a Dios con rostros al descubierto, pueden quitar el velo de los rostros de otros. Cuando contactas con esa gente, puedes entrar en contacto con el Sión de Dios.

Las palabras de Cristo habladas desde la cruz, “Consumado es”, son una invitación a entrar más allá del velo, a la morada celestial de Dios de la que el Sión natural era solo un tipo físico. Todo ha sido acabado. Él ha destruido “la cubierta que hay sobre toda la gente, y el velo que hay extendido por todas las naciones”.

El camino hacia esa habitación celestial de Dios está abierto. El velo entre lo temporal y lo celestial ha sido quitado en Cristo. Hemos venido al Monte Sión, la ciudad del Dios viviente, a la asamblea general e iglesia de los primogénitos, a Dios mismo.

Por la justicia de Cristo, podemos ahora estar en pie en la presencia de Dios. Si, todas las obras de justicia que pudieran ganarnos acceso a través del velo rasgado hacia el lugar santísimo están totalmente acabadas en Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote. Por tanto, el autor de Hebreos nos exhorta a ser un sacerdocio santo.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro… Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. (Hebreos 4:16-10:19-22).

Finalmente está abierto el camino al huerto de Dios, donde podemos volver a entrar en esas obras que estaban acabadas desde la fundación del mundo.

Es imposible y no corresponde, establecer un análisis de lo escrito por los autores. Lo hemos publicado y comentado sencillamente para que quede claro el concepto que la iglesia genuina del Señor está emitiendo desde hace ya mucho tiempo para quien quiera oír: la iglesia cristiana de este tiempo es, fundamentalmente, un estilo de vida que conmueva, impacte y acapare la atención. Cualquier otra cosa, aún por mejor intencionada que fuera, será una muestra más de los esfuerzos humanos y religiosos que venimos viendo desde hace muchos años.

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La Misericordia Obrando a Través del Amor

Por Eric Mumford

¡Jesús nos dijo que la medida de nuestra misericordia hacia “el más pequeño de éstos” es justamente la medida práctica de nuestro cuidado hacia Él en persona! Aleluya, ¡Él ha provisto una forma maravillosa para que nosotros le toquemos a Él, cuidándolo a Él, y mostrando nuestro profundo aprecio por Él!

La madurez de esta forma de ministerio hacia Él está evidenciada por la medida de nuestro cuidado y amor práctico hacia los pobres, hacia los creyentes débiles, hacia los discípulos fuertes, y aún hacia nuestros enemigos.

Obvio que no es necesario que yo aclare algo dicho por semejante monstruo, pero Mumford no está hablando de ninguna manera de gente que no tiene dinero, sino de gente que no tiene plenitud espiritual.

La misericordia es la evidencia y asimismo la medida del amor ágape. Por esta razón, las Escrituras nos enseñan a “amar misericordia” (Miqueas 6:8). En esta línea certera, aprenderemos que la misericordia obrando por amor requiere practicar la misericordia para que podamos asemejarnos a nuestro Padre para poder “tocar” de esta manera en forma personal a nuestro dignísimo Salvador.

Algo de esto se vivió en Argentina en la década del 90, cuando hubo indudablemente un despertamiento espiritual que llevó a muchos a una auténtica renovación, mientras que a otros sólo los llevó a cambios externos. Faltó misericordia para soportar la espera de los que venían más despacio.

¡Algunas muestras del comportamiento de los discípulos, antes que recibieran el Espíritu Santo, según se nos muestran en los evangelios, son verdaderamente piezas de colección sin precio, a la luz de lo que nos revelan!

Me imagino muchas veces lo incómodos que se habrían sentido estos hombres preciosos de Dios, en su vida apostólica y postrera, mientras reflexionaban sobre las cosas por ellos mismos planteadas acerca de su mente natural y de los planteos que hicieron a Jesús mientras Él estaba todavía con ellos.

¡Cómo le habrán extrañado después que Él retornara a su Padre en los cielos! Los dolores por las situaciones en las cuales había clara conciencia de que habían estado en falta con Jesús, sin duda les habrían tomado a medida que recordaban de qué manera había tomado a Él…

Recibir el Espíritu Santo después de la ascensión de Jesús, sin dudas que fue mucho mejor en varios aspectos (Juan 16:7), pero sabemos de que formas también ellos lamentaban y extrañaban aquellos días en que recorrían los campos con el Hijo del Hombre, “Dios con nosotros.”

En el Evangelio de Mateo se registra una situación, justo antes de la crucifixión, lo que sin lugar a dudas les debió haber dolido ahora como creyentes maduros:

“…se le acercó una mujer con un vaso de alabastro de perfume muy costoso, y lo derramó sobre la cabeza de él, que estaba sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron y dijeron: -¿Para qué este desperdicio?, pues esto podía haberse vendido a buen precio y haberse dado a los pobres. Al darse cuenta Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es una buena obra, porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis, pues al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. Mateo 26: 7-12 RV95

En su estado anterior, los discípulos simplemente no podían comprender Quién era el que estaba con ellos en aquellos primeros días del ministerio. No fue una coincidencia que la crucifixión de Jesús tomara lugar en la Pascua: Él era el cordero de Dios, sin mancha ni contaminación, un sacrificio perfecto, sin un solo defecto.

Es muy interesante lo que Mumford expone aquí porque es muy fácil y religioso referirse al ministerio de Jesús con la historia escrita y a la vista, pero en su momento es notorio que muchos de los que hoy lo aman lo hubieran tratado como los fariseos.

El Padre propuso que la sangre preciosa de Jesús sea derramada para que pueda aplicarse como pintando sobre los dinteles de los corazones de los hombres de la misma forma en que la sangre del cordero fuera pintada sobre cada dintel de los Hebreos en Egipto.

De la misma manera en que el ángel de la muerte pasó sobre los Israelitas, pasa la ira de Dios sobre nosotros encontrando que la sangre preciosa de Jesús está pintada alrededor de las puertas de nuestros corazones.

Somos aceptados. Jesús fue lo más precioso que Dios podía ofrecer. Ciertamente los discípulos, vieron más adelante su infinita dignidad y valor, reconocieron amargamente al decir, “Que desperdicio” recordando la forma en que Él fue preparado para el entierro allí mismo, en su misma presencia.

Debieron de haberse dicho unos a otros con una saludable dosis de humillación, “¡una prostituta lo vio a Él, y nosotros no lo pudimos ver!” Juan, el discípulo escribió mucho más tarde lo siguiente: “Mirad cual amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios…

Luego que Jesús retornara al Padre, Juan y los otros también le vieron a Él y no hubieran considerado a ningún perfume de tantísimo valor, sobre la entera faz de la tierra tan solo para ungir Sus pies que iban a ser atravesados con clavos.

La epístola de San Pablo a los Romanos deja esto muy en claro, ya que mientras todavía éramos pecadores ingratos, los que aún no lo querían a Él, Cristo murió por los impíos (Romanos 5: 6-10)

Por tanto, mientras meditamos sobre el regalo extravagante que el Padre nos diera en la persona de Su Hijo, vemos que ésta es una pregunta válida para hacernos a nosotros mismos, “¿Hubiéramos nosotros entregado a nuestro más preciado hijo por los pecadores impíos, ingratos que no te amaron a Ti en primero lugar y aún se burlaron por el regalo de tu propio hijo después?

Esta es la clase de Padre misericordioso y amoroso que tenemos; la cruz probó Su motivación y naturaleza hacia nosotros una vez y para siempre. Mientras vemos en Jesús a quién es realmente, un giro radical ocurre en nuestra economía sobre lo que es de valor incalculable y sobre lo que es un “desperdicio”.

Ministerialmente, es muy sencillo dejarse llevar por las expresiones externas y no prestar atención a las necesidades inmediatas de la gente suponiendo que eso es una “pérdida de tiempo”. Lo cierto es que todo tiempo invertido en algo del Señor, siempre es tiempo ganado, jamás perdido.

Comenzamos en sentido figurativo, a sufrir dolores por amor a Él, a adorarlo sólo a Él. Nuestros corazones buscan las formas posibles para mostrar el valor de lo que sentimos por Él. Gracias sean dadas a Dios, que Jesús proveyó una maravillosa manera para que nosotros demostremos nuestro amor por Él, y esto es ministrándole a Él de la misma forma en que la prostituta lo hizo con su perfume.

En Mateo 25: 31-46, Jesús se describe a Sí mismo como el Rey y Juez en el fin del mundo o de los tiempos. Él separará Sus ovejas (sus seguidores) de las cabras (los que se mueven por el amor “Eros” y los que por su conducta egoísta se mantuvieron lejos de su amor y gracia):

“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, con todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros, como separa el pastor las ovejas de las cabras.

Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: "Vengan ustedes, a quienes mi Padre ha bendecido; reciban su herencia, el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento; necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron."

Y le contestarán los justos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos como forastero y te dimos alojamiento, o necesitado de ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te visitamos?"

El Rey les responderá: "Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño de ellos, lo hicieron por mí."Luego dirá a los que estén a su izquierda: "Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron nada de comer; tuve sed, y no me dieron nada de beber; fui forastero, y no me dieron alojamiento; necesité ropa, y no me vistieron; estuve enfermo y en la cárcel, y no me atendieron."

Ellos también le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?" Él les responderá: "Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mi. Aquéllos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.” NVI

Jesús se encarga de aclarar, en términos muy prácticos, que la presencia o ausencia del amor “Ágape” que deben expresarse en forma de misericordia, son los criterios por medio de los cuales cada hombre será juzgado.

Sí, somos salvados por fe en Jesucristo, pero sin las obras del amor "Ágape" como evidencias del llevar fruto, esa fe está muerta. “…porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión. ¡La compasión triunfa en el juicio! Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?

Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, y uno de ustedes les dice: «Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse», pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.” Santiago 2: 13-17 NVI.

La Biblia nos enseña que, si tú has nacido de nuevo verdaderamente por Cristo, como el hijo o la hija del Padre, Su ADN de misericordia debería manifestarse en tus valores y acciones porque sino tu no eres verdaderamente de su descendencia.

El Hijo de Dios llegó a ser el Hijo del Hombre, lo que quiere decir, que Él se identificó completamente con la humanidad como el nuevo Adán. Al llegar a ser un hombre, Jesús demostró Su cuidado y el gran valor que tenemos para Él. De todas maneras, ¿sabías tú que esto trabaja en los dos sentidos?

Cuando nos comprometemos y cuidamos a los seres humanos, estamos directamente cuidando y ministrándolo a Él. Jesús dijo que la medida de nuestra misericordia hacia el más pequeño de éstos, ¡es la medida de nuestro cuidado práctico para Su propia Persona! ¡Aleluya!

¡Él ha provisto una maravillosa manera para que le toquemos a Él, para que lo cuidemos a Él, para que podamos mostrar nuestra profunda apreciación por Él! La madurez en esta forma de ministerio a Él es puesta de manifiesto por la medida de nuestro cuidado práctico por los seres humanos.

Independientemente de la visión personal que sobre este punto pueda tener Bob Mumford, es más que notorio que la misericordia por el prójimo es una asignatura pendiente en la iglesia del Señor.

Quizás tiene que ver con modalidades o costumbres humanas relacionadas con el aprovechamiento oportunista de la bondad ajena en beneficio propio lo que ha llevado, a los propios hijos del Señor, a convertirse en indiferentes al dolor ajeno.

La misericordia es la evidencia y medida del amor ágape. Por esta razón, las Escrituras nos enseñan a “Amar misericordia” (Miqueas 6:8) En esta misma línea, aprenderemos que amar misericordia requiere practicar la misericordia en la escuela del Espíritu para que podamos tocar a nuestro digno Salvador en forma personal.

Si tú amas y valoras al Señor Jesús, debes permitirle que expanda tu medida. La madre Teresa fue una mujer madura en misericordia. ¿Cómo llegó allí? La madre Teresa tenía una revelación personal trasformadora de vida, a la voz de Jesús que dijo “Sed tengo” desde la cruz.

El Espíritu Santo lo hizo tan real para ella y para su propia vida; que cuidando a los más pobres de los pobres, satisfacía la sed de Cristo mismo. Este llamado a la misma persona de Cristo fue la motivación que subyacía detrás de todo lo que ella hizo, revelando así Su gloria de maneras prácticas a “los más pobres de los pobres” (el más pequeño de éstos) alrededor de todo el mundo.

Esto la motivó cada día a trabajar, de formas tales a estas “obras” llenas de fe agradándole plenamente a Él. Ustedes me han oído describir esta forma de ministerio como “aliviarle donde realmente le duele a Él”.

Entonar cantos es maravilloso; esto lo hago diariamente, pero la adoración guiada por la misericordia es mucho más profunda. Esto es hacer contacto físicamente con nuestro Salvador y de ninguna manera es un “desperdicio.”

Esto tiene total y absoluta coincidencia con lo que hemos estado enseñando y compartiendo desde muchos trabajos: la adoración no es, no tiene que ser, necesariamente, un sinónimo de una clase determinada de música, sino un estado íntimo e interior que, en ciertos casos, podría estar exento de música, porque no es esta el epicentro sino una de sus formas de expresión.

Estoy buscando diligente y fielmente, pasarte a ti lo que conozco de este ministerio de la misericordia a Jesús, pero en rigor de verdad soy simplemente un niño en el jardín de infantes de esta disciplina.

De todas formas, estoy plenamente consustanciado con esta escuela del Espíritu: practicando, creciendo, y aprendiendo cómo amar la misericordia al tiempo en que Él me entrena. ¡Le puedo asegurar, que es una verdadera escuela, con estudios intensivos, que tienen entre otras cosas, un laboratorio de trabajo, donde se nos asignan largos y difíciles trabajos prácticos, viajes a los campos laborales que están muy lejos, exámenes muy difíciles de aprobar, y más aún, exámenes más difíciles de preparar!

¡Es una experiencia que nos exige lo indecible pero el gozo que no puede expresarse verbalmente de camaradería íntima con el Maestro es también remarcablemente cierto! ¡Qué sentido de plenitud es el tener las “herramientas” con las cuales servir cabalmente a mi Salvador!

He aprendido que la misericordia del Padre tiene una profundidad, una superficie y una distancia inagotables. He aprendido que Dios, que se angustia para ser conocido a través nuestro, solamente puede revelarse a Si mismo a través de nuestra actitud de amplia apertura.

Es una situación muy incómoda, y totalmente extraña a la naturaleza “Eros” con la que hemos nacido. Las lecciones en el amor obrando a través de la misericordia a veces son muy dolorosas.

Lo que Mumford llama “naturaleza Eros”, tiene que ver con esa esencia que hoy estamos observando nítidamente dentro de nuestras congregaciones, donde el éxito personal del ministro tiene mayor relieve que las necesidades de la gente que allí se congrega.

Una de las primeras lecciones que recuerdo en la escuela de la misericordia ocurrió cuando era un misionero en Asia promediando la década de los ochenta. Ayudé a liderar un equipo itinerante de evangelización a Indonesia.

Entre los quince miembros de este equipo había un hombre joven quien a su vez pertenecía a una familia rica de Texas. Aún a los dieciocho años de edad, él estaba extremadamente acostumbrado al lujo, a la forma de salirse con la suya permanentemente, a la par de satisfacer siempre sus necesidades.

Por supuesto, ninguna de estas cosas puede ser remotamente posible en las misiones itinerantes en Asia. ¡Yo esperaba que la misericordia simplemente cuidara de la gente pobre, pero era mucho más que eso!

¡El esfuerzo de mi misericordia en ese taller del Espíritu no fue solamente hacia los pobres! Este hombre joven resistía todas nuestras metas y se quejaba por demás. ¡Su envidia contra mí se multiplicaba al punto que me desafió a una pelea a mano limpia frente a todo el equipo!

Los líderes misioneros tenían la autoridad de enviar de vuelta a una persona a su casa si ésta amenazaba con sus actitudes de dividir e inutilizar el trabajo del equipo. ¡No se imaginan las ganas que tenía de hacer eso!

¡Sabía además que estaba plenamente justificado en así hacerlo y hubiese disfrutado el apoyo de todo corazón de los otros miembros del equipo! Cuando hube de pedirle guía al Padre por este asunto, Su respuesta me sorprendió, “¿No te he mostrado misericordia a ti? Acéptalo.

Mi gracia es suficiente para ti.” El equipo perseveró, en forma paulatina la estiró hacia el hombre joven por varias semanas más. Hacia el final de nuestro viaje de tres meses, este hombre comenzó a ablandarse.

¡Aún llegó a las lágrimas agradeciéndome por “el haberlo soportado…!” Mi fiel Maestro llevó la lección aún un poco más lejos a mi hogar en mí, cuando me enteré a los pocos meses que el hombre joven fue diagnosticado con cáncer y murió.

Supe que el Señor había utilizado Su misericordia a través de nosotros para preparar a este hombre joven para llegar a Casa en paz y espiritualmente sano. ¡Cuan profundos son los pensamientos de nuestro Padre!

Tremendo testimonio es este. ¿Cuántos de nosotros hemos estado en situaciones similares a las que el autor relata aquí y hemos tomado decisiones diferentes? ¿Hemos pensado, al menos por un momento, en alguna clase de oportunidad para ese mal mirado? ¿Qué ocurrirá si esa persona tiene un final similar al de este testimonio? ¿No tendremos alguna clase de responsabilidad en el destino final eterno de ese individuo?

¡También reconozco que soy como el “Grinch” que robó la Navidad, ya que mi corazón es tres veces más pequeño de lo que debería ser! Este examen a medida de mi Padre, y de muchas otras como esta, me ha hecho rogar por esta pregunta muy profundamente dentro de mí: ¿Qué significa amar misericordia como lo hace el Padre? Evelyn Underhill provee una vista panorámica brillante de este misterio en su libro Essentials of Mysticism.

La plenitud de la vida de una persona consiste en una serie de actos de respuesta a esta Inmanente Realidad Trascendente. Porque vivimos sometidos a dos órdenes, ya que somos ciudadanos de la Eternidad y del Tiempo.

Como un péndulo, nuestra conciencia se mueve perpetuamente – o debería moverse si es saludable – entre Dios y nuestro vecino, entre este mundo y aquel. La integridad, sanidad, y equilibrio de nuestra existencia dependen enteramente sobre la perfección de nuestro ajuste a esta doble situación: sobre el permanente alternante latido de nuestra adoración externa y nuestro hamacarnos hacia “casa” con caridad.

¡La práctica de mostrar misericordia, y aceptando a otra gente, son medios por los cuales el amor trascendente de Dios que está más allá de nuestro alcance, y de nuestro entendimiento, llega a ser inmanente a nosotros; que está aquí mismo entre nosotros! Sin practicar Su amor Ágape, no puedes recibirlo plenamente. Andrew Murray confirma esta verdad en su precioso libro Absolute Surrender:

Debemos amarnos unos a otros intensamente, o el Espíritu de Dios no puede hacer su trabajo. Hablamos acerca de lastimar o apagar el Espíritu de Dios por mundanalidad y ritualismo, por formalidad, error e indiferencia; pero la situación que más apaga e inhibe el Espíritu de Dios, es ésta, el deseo de amar.

El verdadero amor (ágape) es suficientemente grande para atraer a todos los hijos de Dios, hasta los menos amables y menos dignos de amor, los que son indignos, insoportables y que permanentemente nos ponen a prueba.

Nuestros votos de absoluto sometimiento deben significar absoluto sometimiento al amor divino para que nos llene; para ser servidores por amor; para amar a cada criatura de Dios alrededor nuestro (p 91, 93).

En la escuela del Espíritu, aprendemos que la misericordia es aceptar, recibir a otros como Dios te ha aceptado y recibido a ti.

I. La Misericordia es aceptar a los más débiles y pobres.

El Buen Samaritano “sintió compasión,” ablandó su corazón, y se permitió a sí mismo cuidar del hombre azotado en el camino. Su voluntad de hacer lugar en su corazón lo guió a la acción, a una inversión en sus afectos: contacto físico (vendando sus heridas), su dinero (pagando la cuenta del hospital), “poniéndolo sobre su cabalgadura,” y su tiempo (se acercó al hombre, cuidó de él).

Fue una experiencia costosa, algo así como “derrochar” perfume carísimo, pero, realmente ¿fue un derroche? Jesús termina la parábola diciendo, que el Samaritano “demostró ser un buen vecino,” esto es, que evidenció el hecho de ser hijo, de la misericordia de Su Padre. Jesús dijo, “Ve, y haz tú lo mismo” Lucas 10:37).

De esto, reconozcámoslo, sabemos muy poco y ponemos por obra mucho menos. Es tanta nuestra desconfianza con respecto a no permitir que nos abusen que indefectiblemente nos caemos en el otro extremo: el de la indiferencia y la falta de solidaridad.

Christine Pohl escribe en su libro Making Room: Recovering Hospitality as a Christian Tradition. (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Pub., 1999. p. 16):

La lista de huéspedes de Dios incluye un desconcertante número de gente pobre y quebrada, aquellos que parecen tener poco para dar en cualquier reunión excepto sus necesidades. La calidad distintiva de la hospitalidad Cristiana es la que ofrece una generosa bienvenida a los que son “más pequeños,” vale decir a los que nada pueden dar, sin expectativa alguna de ventaja o beneficio para el anfitrión. Tal hospitalidad que da la bienvenida a los que nada merecen, prevé asimismo a los solitarios con un hogar, y extiende una mesa para un banquete para los que tienen hambre.

Pohl aclara que la hospitalidad no es posible si aquellos que la ofrecen no están “profundamente concientes de sus propias necesidades, fragilidades, y dependencia de otros…y que no estoy aquí porque estoy ayudándoles. Estoy aquí porque nos estamos ayudando unos a otros” (Pohl, p. 72).

Pudiendo entregar mis recursos y mi propio ser, estoy ayudando a los “más pequeños” que se abran a la verdadera naturaleza ágape de su Padre, haciéndolo todo en Su nombre. Los “mas pequeños,” en turno, me están ayudando a crecer en mi propio entendimiento de las misericordias del Padre hacia mí, por lo cual sufro también para llegar a ser un hijo maduro.

Definitivamente, no es lo que podemos ver con asiduidad incluso adentro de nuestras propias organizaciones pretendidamente “cristianas”. Esos más pequeños, que en este caso son los que no aportan nada sino que lo necesitan, no sólo son marginados sino, en algunos casos puntuales que he conocido, tampoco bienvenidos.

En el poder de la revelación del reino de Jesús, los primeros cristianos adoptaron un conjunto de valores radicalmente diferentes y un orden social trascendente que les permitían compartir sus vidas y posesiones entre sí y con los pobres.

Ellos vieron algo del Padre misericordioso, generoso, aceptando formas y queriendo ser como Él, viviendo como Él, y revelándolo a Él a través de sus vidas personales y comunitarias. Funcionó; ellos funcionaron como el cuerpo vivo de Jesucristo, haciendo sus obras.

El Señor me habló hace años atrás, “¿Estás buscándome? ¿Estás buscando diligentemente Mi reino? Me encontrarás a Mí entre los pobres, con las viudas y los huérfanos. Ven, encuéntrame a Mí”. En verdad, le hemos encontrado a Él de la manera en que Él lo prometió.

Nuestras posiciones teológicas opuestas a las doctrinas clásicas del catolicismo romano, (Cosa que obviamente comparto), nos han proporcionado una visión muy singular de esto que aquí se dice y nos ha llevado al otro extremo, el de ignorar al pobre y al necesitado.

Convengamos en que es muy cierto que la prioridad de la iglesia del Señor no es la de darle de comer a los pobres en comedores masivos o comunitarios, pero nadie puede decirnos que no es conveniente hacerlo.

Por no caer en cuestiones religiosas costumbristas, hemos incursionado en el extremismo. Y un extremismo, cualquiera sea el punto ideológico conceptual, no nos olvidemos que simplemente es una sobre exageración de una verdad.

Vika, nuestra hija Ucraniana de 19 años vivió como una chica sin hogar en los mercados por muchos años hasta que nuestro Padre nos la dio como un regalo a nuestra familia. Hace poco tiempo atrás, en un restaurante con su madre y hermanas, ella luego de acomodarse la servilleta de tela sobre su falda comenzó diciendo, “Antes yo entraba a restaurantes como este, me acercaba a personas que tenían servilletas como estas y rogaba pidiendo por comida.

¡Ahora, aquí en mi lugar, sentada y con toda mi familia!” El Padre “levanta del polvo al pobre y al menesteroso alza de su miseria, para hacerlos sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo" (Salmo 1123: 7-8).

Vika ahora se adaptó tanto a nosotros como una Mumford, y es muy preciosa para nosotros. Ahora ha recibido un llamado del Señor para ir a la Universidad Cristiana de Uganda para estudiar trabajo social y desarrollo comunitario y para cultivar la Casa del Padre y sus ministerios con su familia.

Ella es la hija maravillosa, una usina llena del Espíritu Santo, llena de vida con la meta de honrar al Señor a través de la misericordia. Suzanne corta su pelo tan hermoso. ¡El tesoro de esta hija ha hecho que veamos a los huérfanos de hogar y a los despreciados en una luz radicalmente distinta!

Ese es el otro punto estratégico donde, como iglesia, nos hemos quedado en deuda con toda una sociedad. Nadie nos puede enseñar y mucho menos obligar a cultivar estas prácticas de ayuda social, pero tampoco encontraremos un solo texto bíblico que no lo habilite.

Alister McGrath escribe:

Dios toma muchísimo cuidado con aquellos a quienes el mundo considera meramente como residuos a los cuales no se les presta atención. Y Dios salva a aquellos a quienes el mundo considera débiles e insensatos.

El evangelio nos invita a regocijarnos sobre el hecho que Dios nos valora y afirma en esto, al margen sin dudas de nuestros fracasos y pisadas en falso. Pera además hace más que eso. Nos pide que extendamos ese mismo calibre y calidad de afirmar el amor a aquellos a quienes el mundo considera como defectuosos y faltos de valor.

¿No es esta acaso la forma en que el amor de Dios es dado a conocer en los oscuros rincones de la tierra? (McGrath, What was God Doing on the Cross?; Zondervan Pub., 1992; pp70-71).

Esto es muy cierto. La visión que Dios tiene para con las personas que podemos considerar “importantes”, es muy distinta, por no decir totalmente opuesta, a la que podemos tener nosotros, aún con la mejor de las intenciones.

Dios le ordenó a Israel:

Cuando en alguna de las ciudades de la tierra que el Señor tu Dios te da veas a un hermano hebreo pobre, no endurezcas tu corazón ni le cierres tu mano. Antes bien, tiéndele la mano y préstale generosamente lo que necesite.

No des cabida en tu corazón a la perversa idea de que, por acercarse el año séptimo, año del perdón de las deudas, puedes hacerle mala cara a tu hermano hebreo necesitado y no darle nada. De lo contrario, él podrá apelar al Señor contra ti, y tú resultarás convicto de pecado.

No seas mezquino sino generoso, y así el Señor tu Dios bendecirá todos tus trabajos y todo lo que emprendas. Gente pobre en esta tierra, siempre la habrá; por eso te ordeno que seas generoso con tus hermanos hebreos y con los pobres y necesitados de tu tierra.

Leyendo el pasaje recién citado arriba, ¿no te da la impresión que Dios se anticipaba a lo miserables que somos? ¿Qué significa esto de cerrar la mano y lo de ser generoso? En nuestra lucha por extender nuestra medida, los enemigo número uno de la misericordia y la aceptación son las racionalizaciones, el espíritu de los “hermanos-mayores.”

Hábilmente nos escapamos de las demandas de la misericordia razonando desde lo profundo de nuestras almas, con pensamientos alimentados por el Eros – “Si hubiese manejado mejor su dinero no estaría en este lugar;” Si no se hubiera endeudado por ese auto grande que tiene…;” “Dándole a ella es como tirar el dinero en un agujero que tiene entrada y salida,…”

“Hay otra gente que cuidará de él…” “No soy llamado para eso;” etc. Primero, todos nosotros somos llamados para revelar la misericordia del Padre. Segundo, ¿Has olvidado tan rápidamente los incontables errores estúpidos de los cuales el Padre te ha librado, de cómo te ha sacado del fuego vez tras vez una y otra vez?

Él no nos pide que demos desinteresadamente solamente a los pobres dignos; sino a los pobres. De hecho, no hay pobres dignos; son todos pecadores como tú y yo; únicamente Jesús es digno; lo hacemos por Él.

¿Dónde estarías tú si el Padre racionalizara? Abre tu mano con generosidad y deja todos tus prejuicios sobre quién es digno ante el Padre. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aún estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo” (Efesios 2: 4-5).

La idiosincrasia del argentino es, mayoritariamente, la de un individuo con un alto contenido de soberbia y orgullo. Duele reconocerlo pero delante del Señor no podría decirlo de otra manera.

Entonces, para los argentinos, (Hombre o mujer, indistintamente), ser abusados de cualquier manera, más allá de lo feo que es como para cualquier persona, tiene un aditamento extra: sentirse engañado es un golpe a su egocentrismo.

De allí que, la generosidad, tal como la trata con acierto Mumford, en mi país es poco menos que improbable, ya que a lo que ya te he comentado, hay que añadirle un notorio grado de corrupción en una gran parte del liderazgo cristiano.

Fuera de la iglesia, también pulula esa corrupción. Si alguien te detiene en la calle para pedirte una moneda, muy bien podría tratarse de alguien con necesidad cierta, pero también gente que se ha organizado en grupos “profesionales de la mendicidad” que muy lejos están de ser pobres.

Todo esto, que de ninguna manera será excusa válida para no ser generoso, es una hábil estratagema del diablo que, conociendo nuestras formas de vida, nos presenta esta clase de triquiñuelas con la finalidad de evitar que cumplamos con la voluntad de Dios.

He estado estudiando la misericordia por muchos años porque es la naturaleza de mi Padre, y quiero ser como Él. Recientemente, compartí estas lecciones acumuladas en un tiempo devocional con mi esposa e hijos, dado que la misericordia es mandato en nuestra familia.

Impactó tanto a mi esposa, Suzanne, y a nuestros hijos, que sabía que el Padre estaba listo para que se los pasara a Uds., mi amada familia espiritual. Practicar la misericordia del Padre está modelando nuestras vidas a su imagen.

Mi hija Stephanie de doce años de edad, se esfuerza en prácticas obras de misericordia. Ella permanentemente cambia los pañales de los bebés abandonados en Uganda, los que nuestro Padre ha agregado a nuestro cuidado.

Stephanie los baña, limpia, cocina para ellos, y organiza nuestra gran familia manteniéndola “a flote”. Mientras abría este mundo de misericordia en las devociones familiares, el Espíritu le dio a mi hija, Jessica de catorce años de edad, este canto del Señor, la cual canta con la guitarra:

A que extensión Me permitirás amar a través de Ti;

A que extensión vas a estirar generosamente tu corazón,

Mi amor fluye hacia ustedes, Mis hijos;

Amarán la misericordia como Yo;

Amarán la misericordia por Mí.

Acordamos juntos como familia de permitir que el Espíritu Santo nos madure en la misericordia del Padre. Una forma simple donde lo practicamos en Uganda es comprando comida extra y entregándola a la gente hambrienta, también a través de la ventanilla del auto en medio del tráfico.

Dado que no es de nosotros, usamos palabras simples, “Esto es de nuestro Padre en el cielo que te ama y dio Su Hijo por ti." Intencionalmente resistimos a las racionalizaciones, razones que nos impedirían ser radicalmente generosos.

II. La misericordia es aceptar a pecadores.

He conocido mi hijo adoptivo el Ucraniano Misha, desde los trece años de edad. Cuando tenía dieciséis años de edad, cerca del tiempo en que lo recibimos del orfanato, él tuvo que escuchar a sus superiores acusándole sin misericordia en mi presencia, diciendo cosas como, “Misha es un mentiroso y un ladrón, no hace sus tareas escolares, hace trampas, fuma, y permanentemente se involucra en peleas;” y de esta forma lo expusieron sin piedad.

Lagrimas calientes corrían por el rostro de Misha porque él sabía que todo lo que decían era demasiado cierto. ¡¡Sabemos que el acusador de los hermanos es un mentiroso desvergonzado, pero también tiene el conocimiento y posesión de muchos hechos!!

Misha, por supuesto temía desde lo profundo de su corazón que yo reconsiderara la situación y le abandonara. El Espíritu del Señor vino sobre mí en ese momento. Sostuve firmemente el rostro de Misha en mis manos, pero lo que realmente ocurría era que las manos de mi Padre estaban sosteniendo poderosamente a éste ser perdido, y a éste muchacho destrozado a través de mi.

Las palabras de mi Padre vinieron a mi boca también, y mientras miraba profundamente a Misha a través de sus ojos dije, "Sé que no eres aquel de la cual hablan. Te veo a ti, Misha, mi hijo. Yo quien eres realmente.”

Ahora bien, la aceptación no es caminar fuera de la realidad ni tener los ojos vendados. Sin la más mínima contradicción, podemos ser tanto de mente decidida por un lado y ser de corazón tierno por el otro. La aceptación es la “perfección profética.”

La realidad no es como vemos a la gente hoy; la realidad es el hijo o la hija que nuestro Padre intenta hacer plenamente en una persona. Es como Él la ve a ella o lo ve a él. Los hijos e hijas del Padre tratan a la gente de forma tal como si todo el trabajo de Dios hubiese sido hecho en ellos, mientras el Espíritu nos lo ha mostrado a nosotros proféticamente.

¡¡La aceptación, basada sobre la perfección profética, es muy poderosa, ya que llama a otros a acercarse a Jesús con su imagen completa!! Por lo tanto ver a los incrédulos como hijos del reino es, evangelismo de intercesión, ya que los tratamos a ellos de la forma en que el Padre desea profundamente que sean – ¡¡Sus Hijos salvados!!

Excelente. Funciona sobradamente. Sé muy bien, (Todos lo sabemos), que no siempre es posible porque hay mucha gente que se empeña en agredirte e injuriarte, pero si Jesús en su carne lo logró, nosotros no tenemos excusa al menos para intentarlo.

Unos pocos años más tarde, mi hijo Misha, a través del trabajo y aceptación paciente del Padre, trabajando a través mío como mayordomo, ahora es, actualmente, de la forma en que el Padre lo vio – él es el hijo más hermoso y fiel del reino.

Él no es lo que de él decían en el orfanato, y nuestros corazones confían plenamente en él. ¡¡El corazón convertido de Misha y su genuina fe son ahora los fundamentos sobre los cuales nuestro Padre está construyendo!!

Qué gozo fue llevarlo de nuevo para visitar el orfanato para observar los comentarios de los responsables de él antes. Sus bocas quedaron abiertas mientras veían la luz de Jesús que como rayos salían de su hombre interior. Ellos distinguieron claramente esta nueva creación diciendo, "¡Éste no es Misha!"

¡Conocer realmente quién es Jesús es – verlo a Él! Aún mientras crucificaban a Jesús Él intercedió por los soldados Romanos, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Si llevamos esto a lo de las gotas de sangre que traspiraba, a su traición, a su abandono, siendo acusado durante toda la noche, siendo burlado, azotado, humillado, y atormentado por poderes demoníacos, aún con todo esto Jesús no pensó en Si mismo.

Cuando fue aplastado debajo de un peso indescriptible, Jesús sangraba misericordia. Conciente del inmenso enojo e ira que Dios iba a derramar sobre aquellos que lo ejecutaban. (Mateo 26:24), Jesús clamaba por perdón para los soldados ignorantes y maliciosos.

Hemos cometido el error de mistificar sobre exageradamente a Jesús. Era Dios encarnado, es verdad, pero era hombre de carne y hueso como tú y yo. ¿O luego de tu conversión no está Dios encarnado en ti también?

Llama la atención, que Su oración fue prontamente contestada. Cuando tembló la tierra a Su muerte, el centurión encargado de Su crucifixión confesó, “¡Ciertamente éste era el Hijo de Dios!” (Mateo 27:54). Cuando fue herido con la lanza, la aceptación fluía del corazón de Jesús.

Estar preocupado por soldados paganos que echaban suertes sobre Su ropa en esas horas de agonía inimaginable devela la misma esencia del Ágape, una completa ausencia de pensar en sí mismo. El Padre y el Hijo, juntos, apasionadamente aman a los pecadores, aún los feos, los asesinos, los insensibles, los revoltosos. Ellos los aceptan y los quieren.

Debemos entrar en la práctica de ver a los pecadores como Dios los ve, en la perfección profética al margen de su condición de Eros actual. En Lucas 7:39, cuando Jesús fue ungido con el perfume, los Fariseos dijeron: “Si este hombre fuera de veras un profeta, se daría cuenta que clase de persona es ésta que lo está tocando: una mujer de mala vida (literalmente una mujer inmoral)".

Los Fariseos miraban a la mujer, pero Jesús la vio a ella. Entonces les dijo una parábola preguntándole a Pedro: “Simón, tengo algo que decirte. El Fariseo contestó: Dímelo, Maestro. Jesús siguió: Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Unos le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; Y como no le podían pagar, el prestamista les perdonó la deuda a los dos. Ahora dime, ¿cuál de estos dos le amará más? Simón le contestó: Me parece que el hombre a quien más le perdonó.

Jesús le dijo: Tienes razón,” Queriendo decir asimismo que tu economía de valores está de acuerdo con la Mía. (Lucas 7:40-43). La acusación de los fariseos contra Jesús, “amigo de los pecadores,” (Mateo 11:19) fue intencionada para ser una barrera para Él, ¡pero ha llegado a ser un estandarte de esperanza tanto para vos como para mí! Jesús los aceptó a todos; a Nicodemo el fariseo, a las prostitutas, a los recaudadores de impuestos ambiciosos, a los leprosos, etc.

En una de las que en su momento fue mi congregación local, sencillamente se le negó el ingreso a un joven por ser portador de HIV. Algunas damas temían por sus hijos pequeños, aunque conocían muy bien las únicas formas de contagio de esa patología.

Los líderes, pese a todo, se mostraron de acuerdo con la decisión. A muchos de nosotros, sin embargo, y pese a sujetarnos debidamente a la decisión pastoral, nos quedó la duda: ¿Será que deberían buscar una iglesia para enfermos de Sida?

Mi hijo y yo hicimos un viaje en balsa en el río Nilo. Nuestro balsero tenía un espíritu inmundo que se manifestaba permanentemente en comentarios que demostraban perversidad sexual. ¡Tenía ganas de tomarlo por el chaleco salvavidas y tirarlo allí mismo al agua!

Misha, quien había sido radicalmente limpio por el Espíritu Santo y que tiene una sensibilidad a flor de piel, estaba muy molesto con él. Era muy fácil perder el potencial hijo que había dentro de este balsero “perdido” y criticar su hombre exterior.

El Padre nos reveló esta lección a nosotros: ¡Cuan fácilmente los creyentes pueden caer en situaciones de mucha crítica, hacerse pasar por tener un espíritu demasiado santo y alienar asimismo a los pecadores que pueden asimismo ser entibiados a la luz de Jesús que deberíamos irradiar, si solamente le diéramos la oportunidad.

Es también cierto que la Biblia nos enseña que: “Tengan compasión de los que dudan. A unos sálvenlos sacándolos del fuego, y tengan compasión de otros, aunque cuídense de ellos y aborrezcan hasta la ropa que llevan contaminada por su mala vida” (Judas 22-23). Esto quiere decir, tengan cuidado en rescatar a los pecadores de manera tal que no empiecen a “usar” el espíritu inmundo que los viste y se manifiesta en ellos.

De todas maneras, ¿Tienes el coraje de ser amigo de ese hombre como Jesús lo es? ¿Puedes estirar la medida para sentarte con él y simplemente aceptarlo a él, aunque toda palabra que él pronuncie sea sucia? Esto es misericordia.

Ser propietarios de cierta delicadeza por causa de nuestras convicciones, es normal. Modificar esa delicadeza en selectividad, ya es otra cosa. Y mutarla en discriminación ya es indebido, aunque parezca que estamos muy bien como cristianos “limpios”.

Sabido es que a muchos hermanos en la fe les resulta muy dificultoso adaptarse a una vida plagada de anormalidades, tal como se presenta en lugares de trabajo, escuelas, etc. Pero deben saber que si Dios los puso allí es por algo y no para que muestren una boca torcida por el asco o la repulsión.

Quizás, muchos de ellos hayan estado orando y hasta ayunando para acceder a un ministerio evangelístico, y no caen en cuenta que el hecho de tener que compartir con esa clase de gente a diario, no es sino una respuesta clara de Dios a sus oraciones. ¿Adonde se supone que van a evangelizar? ¿Quizás en un ambiente lleno de evangélicos como gustarían vivir?

En la escuela de la misericordia, el espíritu nos enseña una cosa esencial: la misericordia que mostramos debe ser iniciada por Dios y debe ser elegida por Él. Dios dice: “Tendré misericordia de quien yo quiera, y tendré compasión también de quien yo quiera” (Romanos 9:15).

La misericordia no es simplemente una cuestión del alma, o una simpatía carnal iniciada por nosotros, por el contrario, nosotros somos un simple conducto de la compasión del Padre, haciéndolo pues en la manera del Padre.

El Señor corrigió a una querida amiga nuestra pidiéndole que someta su sobrecargado don de misericordia a Él. Dios le dijo a ella: “Querida, hubieses hundido el arca de Noé.” Asombrada ella preguntó, “¿Por qué Señor?” Él respondió, “Porque tú no hubieses cerrado la puerta cuando dije que era tiempo que se cerrase.”

¡Que buen ejemplo! ¿Sabes cuanta gente así hay en el planeta? Con pretensiones de excepción si se trata de ellos, pero altamente estrictos y rígidos cuando las cosas tienen que ver con los demás.

Muy bien. A esta gente, normalmente (al menos en Argentina) y aunque jamás hayan pisado una iglesia, se les llama “religiosos”, y a sus prácticas de rigidez y supuesto respeto firme por las leyes, actitudes de “religiosidad”. ¿Significará algo esto?

III. La misericordia es aceptar a creyentes débiles.

Una niña pequeña estaba arrodillada sobre la falda de su padre diciéndole cuánto lo amaba, al tiempo que mirando por encima del hombro de su padre le hacía caras a su hermanito que estaba por allí.

La madre vio esto y le dijo: “Oye, tu, pequeña hipócrita, diciéndole a tu padre que lo amas y luego haciendo caras y sacándole la lengua a tu hermanito.” Los cristianos dicen que aman al Padre, pero no pueden aceptar y aún desprecian a sus hermanos y hermanas. ¿Cómo podemos amar a Dios nuestro Padre al que no hemos visto sino amamos a sus hijos a quienes vemos?

En los primeros siglos los cristianos tenían discusiones muy fuertes y controversias muy marcadas acerca de las comidas “impuras” y en las observancias de días “sagrados”. Quizá la comida no sea un gran tema hoy en día, aunque en las dietas judías hay una gracia especial cuando usamos algunas ropas especiales de ellos, etc.

Todavía hay problemas entre algunos también hoy en día. De todas formas, ¿puedes pensar de algunas otras “vacas sagradas” en nuestros tiempos por medio de las cuales rechazamos y condenamos a gente o les hacemos sentir cristianos de segunda clase?

Algunos de mis amigos más queridos han sido azotados por cristianos con la “vara” del divorcio. Recuerdo como pastor joven, mi padre y yo estábamos trabajando en la en la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) y hablé con mi padre acerca de un hombre joven que quería trabajar con los jóvenes de la iglesia.

Yo dije: “Tiene el corazón para ellos, Papá, pero fuma.” Mi papá, olfateando el paradigma religioso torcido bajo la cual yo estaba, me preguntó en el estilo apocalíptico de Jesús: “¿Puedes mostrarme en las escrituras en qué lugar hablan de que fumar es un pecado?”

Años más tarde, me acordé de las palabras de mi padre cuando me encontré con una mujer bastante inusual de Dios que pintaba las más asombrosas imágenes proféticas en seda. Ella lograba estos trabajos ¡bajo la inspiración de Su Espíritu con un cigarrillo en su boca!

A Dios no le interesaba un comino acerca de ella fumando y la utilizó gloriosamente. Entender la naturaleza del Eros dentro de nosotros nos abre a las palabras de Jesús: “Lo que entra por la boca del hombre no es lo que le hace impuro. Al contrario, lo que hace impuro al hombre es lo que sale de su boca” (Mateo 15:11). Pablo aborda esta tontera para nada esencial en la vida del pueblo de Dios en esos tiempos:

Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones. A algunos su fe les permite comer de todo, pero hay quienes son débiles en la fe, y sólo comen verduras. El que come de todo no debe menospreciar al que no come ciertas cosas, y el que no come de todo no debe condenar al que lo hace, pues Dios lo ha aceptado.

¿Quién eres tú para juzgar al siervo de otro? Que se mantenga en pie, o que caiga, es asunto de su propio señor. Y se mantendrá en pie, porque el Señor tiene poder para sostenerlo. Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días.

Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios.

Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.

Para esto mismo murió Cristo, y volvió a vivir, para ser Señor tanto de los que han muerto como de los que aún viven. Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias? ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios! Está escrito: «Tan cierto como que yo vivo —dice el Señor—, ante mí se doblará toda rodilla  y toda lengua confesará a Dios.»

Así que cada uno de nosotros tendrá que dar cuentas de sí a Dios. Por tanto, dejemos de juzgarnos unos a otros. Más bien, propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano. Yo, de mi parte, estoy plenamente convencido en el Señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo.

Si algo es impuro, lo es solamente para quien así lo considera. Ahora bien, si tu hermano se angustia por causa de lo que comes, ya no te comportas con amor. No destruyas, por causa de la comida, al hermano por quien Cristo murió.

En una palabra, no den lugar a que se hable mal del bien que ustedes practican, porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo. El que de esta manera sirve a Cristo, agrada a Dios y es aprobado por sus semejantes.

Por lo tanto, esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todo alimento es puro; lo malo es hacer tropezar a otros por lo que uno come.

Más vale no comer carne ni beber vino, ni hacer nada que haga caer a tu hermano. Así que la convicción que tengas tú al respecto, mantenla como algo entre Dios y tú. Dichoso aquel a quien su conciencia no lo acusa por lo que hace.

Pero el que tiene dudas en cuanto a lo que come, se condena; porque no lo hace por convicción. Y todo lo que no se hace por convicción es pecado. Los fuertes en la fe debemos apoyar a los débiles, en vez de hacer lo que nos agrada” (Romanos 14:1-15:1).

Aún los creyentes probados y los no convencionales entre nosotros estaríamos asombrados si el Espíritu expusiera nuestros torcidos juicios de valor, nuestros paradigmas religiosos, y orgullosos juicios que subsisten en la profundidad de nuestro ser.

El tema del divorcio ha sido, en algunas ciertas y determinadas denominaciones, un factor de verdaderos homicidios espirituales. Si esos hermanos entendieran que, al rechazar a alguien que tiene el corazón tan puro y recto como el que tenía David, pese a su pecado con Betsabé, lo sacan del camino en el cual el propio Espíritu Santo lo había colocado, simplemente porque está divorciado, se pondrían a temblar porque el pecado de ellos, es mucho más grande y de dudosa comprensión por parte de Dios que el que se arrogan juzgar.

Hay un extenso trabajo en esta Web sobre este asunto en las Producciones Especiales bajo el título de “¿Hasta que la Muerte nos Separe?”.

Nuestras retorcidas interpretaciones nos causan el “agrandar las pequeñas cosas”. “Gracias sean dadas a Dios, ¡Su misericordia y paciencia nos cubren aún en esto!” Hay un tesoro precioso del reino lo recibí de mi padre, que literalmente utilizo y me guía cada día es este diagrama Triangular.

Nuestra tentación en relaciones humanas con amigos, enemigos, cónyuges, trabajadores, niños y niñas, etc., es movernos por la línea inferior, la que es horizontal en este triángulo a través de la manipulación, control, intimidación, y coerción.

Tratamos de hacer que los demás hagan lo que pensamos que deben hacer a través de muchas formas habilidosas, los que incluyen el poder financiero, el control emocional o coerción sexual, y siempre encontrando aliados para estas actitudes, bloqueando, e insistiendo, y si alguna de ellas falla, podemos contar con la confianza que nos da la culpa.

A este tema lo hemos estado observando muy ampliamente en otros estudios de nuestra Web. Podemos denominarlo así, tal como se lo hace aquí y no estará equivocado, pero también podemos decir que es sencillamente hechicería y tampoco nos equivocaremos.

Muchos de nosotros nos volvemos bastante sofisticados en este arte oculto, pero eventualmente alienamos a todos en el proceso. De todas formas, hay un camino mejor. Vayan al lado izquierdo del triángulo derramando su corazón ante el Dios vivo en fe; confía y permítele a Él hacer lo que Él piensa es necesario hacer en sus vidas en Su propia forma y tiempos.

Una esposa en mi iglesia se obsesionaba muchísimo con su esposo durante muchos años por que éste miraba demasiada TV., pero su adicción parecía ser más y más grande. En una oración desesperada, ella oyó la voz del Señor decirle que detenga esa obsesión pasándole todos sus deseos y frustraciones a Él.

Mordió con sus dientes fuertemente y siguió su consejo. Unas ocho semanas más tarde, personalmente fui testigo de cómo este hombre se paró en la iglesia, sin ninguna influencia de su esposa para decirnos lo siguiente: “El Señor me ha encontrado culpable de mirar demasiada TV., y me está liberando de esa adicción.” Su esposa casi se desmaya.

Aceptar a otros requiere de gran confianza en Dios. Es una estrategia de fe confiar en un Dios vivo capaz de lidiar con nuestras relaciones humanas. Tiene que ver con eso de amarse los unos a los otros suficientemente, y confiando en el Padre también lo suficiente, lo que realmente nos libera enteramente en Sus manos.

El apóstol Pablo, quien llevaba una constante preocupación por las primeras iglesias en muchas regiones del mundo, tenía que aprender su manera de subsistir a esta pesada carga. Él dijo: "Y en el Señor tenemos confianza en que ustedes hacen y seguirán haciendo lo que le hemos ordenado” (2 Tesalonicenses 3:4).

Cuídense de esa pequeña cosa llamada algo así como inocentemente la “desaprobación silenciosa”, lo cual es manipulación sin palabras. ¡La desaprobación silenciosa no es verbal, no requiere de gestos, pero habla claramente a través de una línea horizontal!

Nuestros cónyuges e hijos aprenden a detectar e interpretar nuestra desaprobación silenciosa claramente. Para evitar ser conocido como un manipulador verbal, les decimos casi de contrabando a los que amamos, "No dije nada."

Confiarle a otros al Padre no es tarea fácil. ¡Cómo nos encanta entrometernos con nuestras manos pegajosas en las vidas de otros como los ayudantes no solicitados por Dios! Una de las historias más divertidas de mi papá es sobre un hombre que era dueño de un club nudista, al que Jesús salvó portentosamente a través de la predicación de mi papá.

Dios le tocó, y su arrepentimiento era claramente muy real. Una semana más tarde este hombre volvió radiante a mi papá diciéndole: “¡Que bueno y maravilloso es Jesús; yo no sabía que esto sería tan fantástico! Te digo que, Bob, Dios se reveló muy claramente sobre mí en este punto; Él me dijo que dejara de agregarle agua a las bebidas en mi club!”

¡Los misteriosos tiempos de santificación del Padre no siempre están en nuestra zona cómoda! ¿Podemos aprender la paciencia del Padre? ¿Podemos aprender a subir el triángulo? La regla del reino es: influencie sin control.

Después de tres años de exponerse día a día a Jesús, como testigos de Sus milagros y misericordia, sorprendentemente sus discípulos continuaron discutiendo para el tiempo de la última cena acerca de cual de ellos sería el mayor.

La realidad de esta condición de los discípulos es una evidencia clara y poderosa que Jesús con todo su poder y amor magníficamente aceptó a Sus discípulos aún en su débil fe. El no trató de cambiarlos a ellos o forzarlos a una conversión prematura.

Aunque si bien es cierto que Jesús replicó a su falta de fe y los corrigió, no se la tomó con ellos; ya que ellos fueron genuinamente aceptados y amados. Jesús los confió al Padre, esperando el tiempo en que ellos serían convertidos de raíz.

Esto es estrictamente así, pero con un punto que considero clave para todo esta problemática. El modelo de los discípulos es válidos porque ellos realmente buscaban de Dios, no estaban allí por hipocresía o conveniencia humana.

Cuando esa es la esencia, sólo resta esperar en Dios que Él ilumine el interior de esa persona y ella cambie para bien. Eso es lo que siempre se aconseja en nuestras iglesias. El error, en todo caso, radica en que también se sugiere lo mismo cuando la persona ni busca de Dios ni tiene deseos de cambiar. Ir por otra cosa, sería ir en contra de una voluntad que Dios mismo ha declarado con libre albedrío.

¡Jesús siempre subió el triángulo! De la misma manera que los materiales de construcción en una casa: madera, cemento, metal, vidrio, caños, cables eléctricos, etc. Jesús simplemente les impartía a sus discípulos toda la materia prima, los preciosos recursos del reino confiando que Su Espíritu ensamblara las partes en forma correcta y en el tiempo correcto.

El Ágape del Padre es verdaderamente paciente. La estrategia de aceptación está descripta en Santiago capítulo 3 como la “gentileza de la sabiduría,” “la sabiduría que viene de arriba” del Padre. Es gentil y suave porque la sabiduría de Dios no fuerza ni “manipula” a las vidas de las personas.

“La sabiduría de arriba es primeramente pura [sin Eros], luego busca la paz [los pacificadores son hijos maduros, Mateo 5:9], muestra gentileza [sin coerción], razonable [literalmente “con la voluntad de ceder," no dogmático], lleno de misericordia y buenos frutos [evidencia clara del Espíritu], sin cambios [el Ágape nunca falla – 1º Corintios 13:8], sin hipocresía [el DNA de Cristo] cuyo fruto es la justicia la cual es sembrada en paz por aquellos que hacen la paz” (Santiago 3: 17-18).

Esta es la maravillosa sabiduría del Padre que engendra hijos e hijas desde las inclinaciones del Eros. Sin ti, se posibilita a Dios para que Él tanto aplique y cuide Su verdad. Si, el Espíritu siembra Su semilla incorruptible en otros a través del testimonio de la realidad de Su naturaleza dentro nuestro, pero luegotmor magnrencia clara y poderosa también es capaz de sobreponerse en la vida de otra persona con su propio poder y sin ninguna ayuda tuya. No “manipule” a las personas. Simplemente acepte a las personas y permita que la semilla incorruptible haga su trabajo. Esto es misericordia.

Jesús nos enseñó que los creyentes varían en producción, algunos produciendo treinta, sesenta, y cien veces mas de acuerdo a su capacidad (Marcos 4:20). Cada uno de nosotros tiene una medida de fe y habilidad diferente, pero Dios nos acepta a todos nosotros imparcialmente. No todos los discípulos son los que hacen temblar la tierra.

Real. Total y absolutamente cierto y real. Hemos sido nosotros y nuestras humanas formas de considerar las cosas, los que hemos decidido que solamente son siervos útiles aquellos que predican, sanan, liberan, pastorean o enseñan. El Reino de Dios es mucho más amplio que nuestra limitada óptica carnal.

¿Puedes aceptar la medida de fe dada a cada uno sin presionarlos a ellos para que sean como tú o avergonzarlos en tratar que hagan más de lo que está en su capacidad? Si alguno no puede manejarse en una reunión de oración que dura toda la noche, o no puede pararse al frente de la congregación para testificar, ¿podemos aceptar esto?

Si a alguno no le gusta la iglesia y sigue evadiendo nuestras invitaciones, ¿no podemos simplemente ser sus amigos fuera de la iglesia? Esto es misericordia. Dios trabaja a través de cada uno de nosotros así como somos, haciéndonos crecer en Su propio tiempo.

Mumford da en el clavo con un aspecto de nuestros comportamientos equivocado y que, no me caben dudas, ha contribuido para alejar a mucha gente del verdadero camino del Señor. No todo lo que se mueve y respira adentro de un templo es hermano; no todo lo que respira y se mueve fuera de un templo es diablo.

Dios a veces nos sorprende a través de creyentes débiles; ¡el almuerzo común de un muchacho en los tiempos de Jesús alimentó a 5000 hombres! Suba por el triángulo a Dios, si es necesario, pero déjelos solos. Como Jesús mismo dijo, “¿Por qué molestan a esta mujer? (Mateo 26:10)

Habiendo vivido mi vida entera entre comunidades Cristianas en muchas partes del mundo, he observado que muchas congregaciones, familias, y aún matrimonios llegan a ser demasiado familiares.

La atmósfera de sentirse permanentemente observado, evaluado, mirado minuciosamente, y más aún, cuando la soga al cuello nos llega a apretar tan fuerte y nos hace sentir expuestos como en una pecera.

La gente odia esto, y los niños especialmente. No es difícil entender porque la gente suele decir, “Amo a Jesús pero odio a la iglesia.” ¿Podemos ir creciendo y simplemente salir de todo esto; pero no de nuestro amor y mayordomía espiritual los unos por los otros, sino simplemente “tirándonos hacia atrás” permitiéndonos respirar libremente, para ser nosotros mismos, para practicar y cometer errores, para ser extraños, imperfectos, para vivir?

Yo, personalmente, he oído esa expresión de: “Amo a Jesús pero odio a la iglesia”. Antes me escandalizaba porque lo consideraba una blasfemia en contra de la iglesia. Hoy ya sé que esa persona no está hablando de la iglesia del Señor, sino sencillamente de uno de los templos de los hombres.

¿Podemos comenzar a aceptarnos unos a otros como el Padre nos acepta? Esto es fundamentalmente misericordia. Esta forma de vida, de subir el triángulo hacia Dios en vez de utilizar nuestros propios métodos, crea un entorno de relación donde el Espíritu puede obrar radicalmente en las vidas de cada uno, trayendo el fruto maduro que nunca podremos traer a partir de toda nuestra “manipulación” hacia y en cada uno de nosotros.

¡Sal de allí! ¡Permítele actuar a Dios! Pablo nos enseña que: “Así que, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presentes ustedes mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer.” (Romanos 12:1)

El entorno ancho, y libre de Su aceptación incondicional hace posible que seamos conformados a la imagen de Jesús. Los hijos e hijas del reino no pueden nacer ni crecer en un entorno marcado por las demandas y expectativas humanas.

Este es el punto. Y no se limita a los miembros rasos de una congregación, se extiende a sus líderes. Por eso, hoy, la máxima lucha no parece ser por ganar las almas perdidas, sino por ser exitosos en nuestras iglesias. Lo primero es de Dios, lo segundo es del hombre.

Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien críenlos con disciplina e instrúyanlos en el amor al Señor” (Efesios 6:4). ¿Cuál es el estilo del Padre en disciplina e instrucción? ¿Cómo actúa Él como Padre?

Su paciencia, su gracia en acción, su afirmación y aceptación nos lo hacen mucho más fácil para que lo obedezcamos a Él. Sabiendo que Él es por nosotros y no en contra y que Su agenda para nosotros está abierta de par en par por Ágape, y esto va ganando nuestros corazones para que cedamos. ¿Puedes permitir que Dios haga de padre de tus hijos a través tuyo en Su estilo, con más amor y aceptación, con menos pruebas, menos molestias, y desaprobación? Esto es misericordia.

Mi hija Jessica, es en algún sentido una paradoja. Tiene abundante y hermoso pelo rojizo largo y es la modelo más elegante al ponerse maquillaje y es también una princesa que se viste de punta en blanco, ahora bien también es como un niño clásico, que le encanta rodar por el césped jugando con otros ensuciándose la ropa, las manos y la cara.

La vida en Uganda le calza tan bien; los jeeps, el barro, utilizar camuflaje, etc. Cuando ella era una niña pequeña, mi esposa y yo la vestimos con hermosos vestidos azules y con encajes. ¡Ella era nuestro solcito femenino!

¡Qué rápido vino el día cuando le molestaba usar todo eso y que la retocaran en demasía! ¡Intentar encauzar esta hija nuestra por sobre nuestro verdadero Padre que está en los cielos!, a menudo sentí que Él me consolaba diciéndome: “Acéptala simplemente.”

Ahora bien, ¡su madre y yo tuvimos que trazar una línea en forma de límite cuando ella quería sellar los desgarrones en sus pantalones vaqueros con cinta aisladora! No pongan a sus hijos a prueba, esperando de ellos lo que no tienen o desean que fueran más de lo que realmente son. Acéptalos en la fe que el Dios vivo terminará el trabajo que Él mismo comenzó en ellos a Su debido tiempo.

Este tópico sería de regodeo para cualquier terapeuta enamorado de las diferentes técnicas seculares de orientación familiar. Pero entre tanta palabrería inocua, dirían una enorme verdad: deja que tus hijos sean ellos mismos y no lo que a ti te hubiera gustado ser.

La estrategia del Padre de la aceptación ha producido las relaciones más confiables, preciosas, y fructíferas entre mi hija y yo. ¡Ella es tan tranquila! ¡Cómo me recuerda a otra persona radical, misionera pelirroja (su madre) a quien primero conocí en Hong Kong! La bondad y la aceptación han guiado a mi modelo más elegante e hija comando directamente al reino y la ha llenado con el canto del Señor.

Andrew Murray escribe en Absolute Surrender:

Cuantas veces hay comentarios duros. Cuantas veces estos son usados entre cristianos que trabajan juntos en el trabajo del Señor, críticas muy duras, juicios muy duros, opinión rápida y fácil, palabras sin amor, desprecio secreto hacia otros, condenación secreta hacia otros también.

Pero de la forma en que el amor de una madre cubre a sus niños y se goza en ellos teniendo asimismo la más tierna compasión con sus puntos débiles o fracasos, así también deberíamos ser en el corazón de cada creyente, un amor materno hacia cada hermano y hermana en Cristo. Jesús dijo: "Cómo yo los he amado, ámense unos a otros."

Total y absoluta verdad. Por eso, en este difícil tiempo de la transición, la censura, o la crítica, en todo caso, tendrá que ver con las estructuras o los sistemas religiosos, no con las personas que lo constituyen. Lo primero es una corrupción de la idea de Dios; lo segundo, apenas sus víctimas.

IV La Misericordia es aceptar a los fuertes.

No son solamente los débiles y los pobres los que necesitan aceptación, los fuertes en la fe son los blancos más utilizados sobre esta tierra, especialmente entre su propia gente. No tenemos piedad con los santos “fuertes”.

En números 12, Miriam y Aarón “hablaron en contra” de su hermano Moisés, el hombre humilde a quién Dios eligió sobre Su gente. Miriam y Aarón tropezaron seriamente ya que Moisés tomó una esposa de la tierra de Cush, lo que quiere decir Etiopía; Moisés se casó con una mujer negra. Miriam y Aarón no podían aceptar la elección de Moisés. Ellos dijeron:

Moisés había tomado por esposa a una egipcia, así que Miriam y Aarón empezaron a murmurar contra él por causa de ella. Decían: « ¿Acaso no ha hablado el Señor con otro que no sea Moisés? ¿No nos ha hablado también a nosotros?»

Y el Señor oyó sus murmuraciones. A propósito, Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra. De pronto el Señor les dijo a Moisés, Aarón y Miriam: «Salgan los tres de la Tienda de reunión.»

Y los tres salieron. Entonces el Señor descendió en una columna de nube y se detuvo a la entrada de la Tienda. Llamó a Aarón y a Miriam, y cuando ambos se acercaron, el Señor les dijo: «Escuchen lo que voy a decirles: »Cuando un profeta del Señor se levanta entre ustedes, yo le hablo en visiones  y me revelo a él en sueños.

Pero esto no ocurre así con mi siervo Moisés,  porque en toda mi casa él es mi hombre de confianza. Con él hablo cara a cara, claramente y sin enigmas. Él contempla la imagen del Señor.
¿Cómo se atreven a murmurar contra mi siervo Moisés?»

Entonces la ira del Señor se encendió contra ellos, y el Señor se marchó. Tan pronto como la nube se apartó de la Tienda, a Miriam se le puso la piel blanca como la nieve. Cuando Aarón se volvió hacia ella, vio que tenía una enfermedad infecciosa.

Entonces le dijo a Moisés: «Te suplico, mi señor, que no nos tomes en cuenta este pecado que neciamente hemos cometido. No la dejes como un abortivo, que sale del vientre de su madre con el cuerpo medio deshecho.»

Aunque Aarón y Miriam tenían un problema serio con el casamiento Inter. Racial, Dios parece haber aceptado la elección de Moisés. Sabiendo lo que conocemos hoy en día acerca de Moisés, es probable que Dios mismo le haya puesto a esa mujer en el camino.

El orgullo racial Caucásico de Miriam ofendió al Señor, por tanto Él eligió hacerla blanca como la nieve con lepra por siete días. Demás está decir, ¡que ella fue curada tanto interna como externamente!

En lugares de misión en varios lugares de este vasto mundo creado por Dios, tanto mi esposa como yo hemos tenido el privilegio de ver a Dios unir soberanamente a la esposa y al esposo en hombres y mujeres de mucha diversidad étnica, de muchos países y nacionalidades, entre ellos a Japoneses y Australianos, Estadounidenses y de la Isla de Tonga, Africanos y Europeos, etc.

Aunque su piel fuera de diferentes colores, todos ellos y ellas eran hijos e hijas del Padre, y perfectamente compatibles y adaptables hacia el otro. ¡Nos encantaba sostener a los preciosos bebés marroncitos que Dios les daba!

En el reino de Dios, "Ya no tiene importancia ser griego o judío, el estar circuncidado o no estarlo, el ser extranjero, inculto, esclavo o libre; lo que importa es que Cristo es todo y está en todos”. (Colosenses 3: 11)

Nuestro Padre ve las cosas en forma tan diferente de lo que las vemos nosotros. “…no te fijes en su apariencia o en su elevada estatura, pues yo lo he rechazado. No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón” (1º Samuel 16:7).

Aunque gran parte del mundo no está de acuerdo con esto, las personas del continente Africano son iguales a los Caucásicos en cada aspecto. Los creyentes mal orientados deben preguntarse de donde han salido estos modelos culturales falsos; y ¿si se resisten a la economía de los valores de Dios?

El relato de Mumford nos deja en evidencia que la discriminación racial no es un invento americano del norte, sino una expresión espiritual global que denota desprecio por lo que no forma parte del denominador considerado “común”.

Por tanto, estar en esa misma sintonía o no, será cuestión de estar espiritualmente maduro o no. Quienes han accedido a una cierta madurez espiritual, no piensan en cosas tan pequeñas, pero sí lo hacen los inmaduros. El problema radica en quienes de ellos conducen nuestras iglesias.

¿Tendrías el coraje de aprender Sus caminos, cambiando tu mente natural por la Suya, que es excelente, y espiritual? Dios nos ha agregado tanto a mi esposa como a mí a niños de raza negra, niños Africanos a quienes amamos como propios, al igual que a nuestros propios hijos Caucásicos. ¡Cuán real para nosotros es el pensamiento superior del Padre en su reino!

Una perla de mucho valor que me pasó mi papá se llama "el escándalo de la particularidad." Hay una larga historia que tiene Dios en elegir a un hombre y no a otro, una nación y no otra, un lugar y no otro, una forma de cumplir algo y no la que pareciera a simple vista más razonable para nosotros.

Podríamos decir que el escándalo de la particularidad es el M.O. (Modus Operandi) de Dios. Sus elecciones particulares fuerzan a cada ser vivo hacia un valle de decisión: a la izquierda hay una enorme piedra de tropiezo, la que está siendo escandalizada; a la derecha está la aceptación.

La mayoría de las hijas e hijos del reino que son fuertes, y relativamente maduras y maduros son gente muy excéntrica que tienen muchas habilidades excéntricas, fobias, comportamiento errático, y algunos hábitos malos.

Dios aprecia estas debilidades en nosotros, y aunque parezca mentira, demuestra Su poder a través de ellos. Estos discípulos fuertes, tal es el caso de Moisés con su esposa negra, desesperadamente necesitan aceptación, pero cuan poca misericordia reciben.

Son blancos fáciles en si mismos, parecen corderos en medio de las manadas de lobos. En nuestra experiencia, los “lobos” más hambrientos son los compañeros y las compañeras creyentes; ¡por eso es que estoy escribiendo en estas líneas!

Personalmente corroboro esto. He trabajado más de cuarenta años en el ámbito secular y he visto a compañeros de trabajo discutir y hasta pelearse por distintos motivos, pero créeme que no he visto en esas reyertas la crueldad y encarnizamiento que he podido observar entre cristianos en disputa.

Los discípulos fuertes también hacer elecciones equivocadas, lo que nos provee magníficas oportunidades para mostrarles misericordia. ¡Cuántas veces dejamos pasar estas oportunidades y vamos con una actitud de: “tú deberías hacer las cosas de otra manera”.

Está claro, “que si uno está en pecado, debemos restaurarle en un espíritu de misericordia” (Paráfrasis de Gálatas 6:1), ¡pero esto no significa venir con ambos cargadores llenos y a los tiros! No somos abogados, levantando evidencia unos contra otros para poder probar algo.

No estamos llamados a arreglar al otro; estamos llamados a mostrar misericordia, a aceptar y comprometernos unos a otros al Padre. Influencie, pero sin controlar. ¡De cuántas maneras el enemigo se ha valido de mí para hablar tonteras, ser crítico, decir cosas destructivas durante muchos años, y para peor, contra líderes vulnerables que eran forzados a dar sus vidas en el frente de batalla!

¡Oh, esa pequeña cosa que simplemente se nos escapa de la boca! He aprendido, de acuerdo a la verdad “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34), que si mi espíritu está impregnado en misericordia y hecho en la práctica de la aceptación, es mucho menos probable que seamos una fuente verbal contra productiva del enemigo, que utilice sin discreción alguna palabras críticas para desanimar a un hombre o una mujer que Dios está utilizando.

Jesús es el ejemplo más acabado del Hijo fuerte, un líder, quien fue tan pobremente aceptado. Porque Él sabía que Sus formas eran tan radicalmente diferentes que las formas de la gente guiada por su Eros, Él justo parecería y dijo, “bienaventurado es el que no halle tropiezo en mi” (Mateo 11:6).

Jesús comió con pecadores, les permitió a las que fueron prostitutas que ministraran con Él, almorzó con cobradores de impuestos, se sentó con una mujer samaritana, e hizo muchas cosas “ilegales” a propósito de los días sábado.

A todas estas irrenunciables verdades que Bob desgrana, yo simplemente le añadiría una casi humorística: en muchas congregaciones no permiten ministrar a los hombres solteros; les exigen casarse antes de hacerlo. Con estos reglamentos, ¿Hubieran dejado a Jesús sentado en los bancos?

Él fue catalogado como un borracho, un glotón, y un agente de Belcebú. Los fariseos aún lo cuestionaron a Él porque sus discípulos estaban arrancando y comiendo espigas de trigo mientras caminaban a través de los campos el día sábado, y Jesús a eso contestó:

“Por aquel tiempo pasaba Jesús por los sembrados en sábado. Sus discípulos tenían hambre, así que comenzaron a arrancar algunas espigas de trigo y comérselas. Al ver esto, los fariseos le dijeron:

¡Mira! Tus discípulos están haciendo lo que está prohibido en sábado.
Él les contestó:

¿No han leído lo que hizo David en aquella ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? Entró en la casa de Dios, y él y sus compañeros comieron los panes consagrados a Dios, lo que no se les permitía a ellos sino sólo a los sacerdotes.

¿O no han leído en la ley que los sacerdotes en el templo profanan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo les digo que aquí está uno más grande que el templo. Si ustedes supieran lo que significa: "Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios", no condenarían a los que no son culpables. Sepan que el Hijo del hombre es Señor del sábado.” (Mateo 12: 1-8).

Los fariseos vieron a Dios como un Juez exacto que maximizaba las cosas menores; Jesús sabía que Su Padre anhelaba en aceptar, maximizando exclusivamente los temas mayores. Las formas, elecciones, y estrategias de Jesús eran tan extrañas que Juan el Bautista, quien tenía el honor de presentarlo a Él, llegó a desilusionarse y escandalizarse tanto, que mandó a preguntarle a Jesús lo siguiente, “Eres tú el que había de venir o esperaremos a otro” (Lucas 7:19b).

Aún sus queridos amigos, María y Marta tropezaron con su elección de demorar algunos días cuando su hermano Lázaro estaba mortalmente enfermo (Juan 11). Demorando a propósito parecía ser tan indiferente y cruel. En el pueblo de Su infancia, Nazaret, Jesús no pudo hacer muchos milagros. Podemos oír el dolor en Su voz mientras Su propia gente “y se escandalizaba de Él (Mateo 13:57).

Aquellos que están más cerca de un hijo fuerte en el reino pueden ser usados superlativamente para descorazonar y mantenerle de los propósitos de Dios con su inhabilidad para aceptarle.

¡Las actividades de Jesús se aparecían como fuera de control para otros, tanto que Su propia familia creyó que estaba loco! “Luego entró en una casa, y de nuevo se aglomeró tanta gente que ni siquiera podían comer él y sus discípulos. Cuando se enteraron sus parientes, salieron a hacerse cargo de él, porque decían: «Está fuera de sí.»” (Marcos 3:20-21).

¡En aquellos días, no había “hombres en sacos blancos” o sea enfermeros, para cargarte a la ambulancia; ya que cada familia tenía que encargarse de sus propios parientes locos! ¡Sé que mi familia ha querido “agarrarme” algunas veces! La misma madre de Jesús y sus hermanos no lo podían entender a Él y por lo tanto no lo podían aceptar a Él.

En respuesta a esto, Jesús hace este planteo radical: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? replicó Jesús. Luego echó una mirada a los que estaban sentados alrededor de él y añadió:-Aquí tienen a mi madre y a mis hermanos. Cualquiera que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre. ” (Marcos 3:33-35).

Todas estas precisas, reales e impactantes anécdotas del ministerio terrenal de Jesús nos llevan a reflexionar y preguntarnos: ¿Se le parece en los razonamientos la iglesia actual o más bien se parece a los fariseos?

No sé a que respuesta habrás llegado, pero podemos comprobar que Jesús no se movía en absoluto por sus emociones o por sus sentimientos, y eso era lo que lo hacía tan “raro” a esa sociedad egocéntrica. Jesús caminaba en el Espíritu, y por eso resultaba tan fastidioso y molesto a la sociedad religiosa de su tiempo. ¿Te dice algo eso?

aceptar sus siervos bizarros. Aceptar su ministerio es una cosa, pero también debemos aceptar sus defectos como persona, las elecciones que ellos hacen, las formas en que visten, el largo de su pelo, la cantidad de maquillaje que usan o no usan, la forma en sus hijos se comportan, como enseñan, la forma en que gastan su dinero, etc.

Recuerda que siempre la que cubre faltas y pecados es la gloria de Dios. Esa es Su esencia misericordiosa y su asombroso trabajo en la cruz. “El que perdona la ofensa cultiva el amor;  el que insiste en la ofensa divide a los amigos.” (Proverbios 17:9) El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa…” (Proverbios 19:11)

¡De qué manera Satán puede utilizar una lengua sin control! No inhiba el trabajo, el plan, o el tiempo en otra vida, del Padre, pero acepte y confíe en el Señor cuando esto resulte inusual o no calza con tu teología, con tu raciocinio, o tu zona de comodidad. Esto es misericordia y un acto de respeto hacia Dios.

No necesitas ser demasiado observador para entender que, lo que Bob Mumford enseña aquí es exactamente lo opuesto a lo que todos conocemos como legalismo. ¿Es necesario que un siervo más que inútil agregue algo a esto?

En el libro de Job, luego de 38 capítulos de sabiduría convencional y centrada en el hombre, Dios con toda firmeza, aunque misericordiosamente, expone el Eros del corazón de Job diciendo: “¿Qué puedo responderte, si soy tan indigno? ¡Me tapo la boca con la mano!” (Job 40:4).

Años atrás el Señor habló proféticamente a través mío diciendo: “Yo no soy un hombre que mira con un ojo crítico, pero soy el Señor Dios Quien mira sobre Mi gente con amor y compasión. Es Mi gloria la que cubre sus pecados y faltas. Su diversidad es hermosura para Mí, y sobre esto todos pueden estar de acuerdo, ¡Yo soy santo!”

Oswald Chambers enseñaba:

Nunca denuncie algo acerca de la cual usted no sepa nada…Tus propios juicios acerca de ti mismo no me importan ni me interesa lo que digan los demás. “No seas sabio en tu propia opinión,” decía San Pablo.

Tus propias opiniones hacen a la forma en que Dios obra conmigo personalmente las ataduras visibles para otros. Somos llamados a predicar la Verdad, Nuestro Señor Jesucristo, y si nos ubicamos fuera de centro con Él si llegamos a ser especialistas. (Obras Completas de Oswald Chambers, p. 13).

Esto es perfecto en su contenido y su objetivo. Lleva a reflexionar muy seriamente, por ejemplo, sobre cuantas ocasiones habrán sido las que, sin la menor partícula de unción del Espíritu Santo, muchos de nosotros se ha atrevido a disertar sobre el Espíritu Santo.

Mi esposa y yo a veces reflexionamos asombrados sobre las cosas increíblemente dañinas dichas y hechas hacia nosotros durante años por aquellos quienes estimaron en sus propias mentes naturales, a la obediencia profética que nos fuera dada en su momento por el Señor.

Estas experiencias dolorosas mueven nuestra compasión hacia otros líderes imperfectos quienes tratan de seguir al Espíritu como hacemos nosotros. James Ryle compara un espíritu religioso a un rinoceronte en su libro, Hippo In The Garden [Hipopótamo en el Jardín].

Un rinoceronte tiene una visión pobre, es incapaz de ver más allá de su nariz, y ataca lo que no reconoce. Utiliza la intimidación como su principal medio de ataque tales como palabras críticas son utilizadas para atacar entre los mismos creyentes.

Ryle enseña que el rinoceronte es un bombero cuyas palabras ácidas y críticas ahogan el fuego del fervor espiritual de Dios en los corazones de Su gente. ¿Te das cuenta de que las “formas” de Dios tienen dimensiones incomprensibles?

Hay criaturas en el cielo que tienen ojos alrededor de su cuerpo. (Ezequiel 10:12, Apocalipsis 4:8). ¿Cuántos de nosotros, al ver una cosa tan extraña, quisiéramos matarlo para luego hacer preguntas por temor a eso?

¡La forma en que trabaja el Espíritu a través de los seres humanos también es rara! Jesús intentó explicar el comportamiento extraño y errático de Sus siervos, diciendo: "El viento sopla por donde quiere, y aunque oyes su ruido, no sabes de donde viene ni a donde va. Así son también todos los que son nacidos del Espíritu " (Juan 3:8).

La misericordia hacia los creyentes fuertes no es como la simple ausencia de críticas; debe ser preactiva, aliéntelos, edifíquelos, y aprecie sus debilidades como lo hace el Padre. Como niños del reino, aprenda a mostrar a los líderes las “tiernas misericordias de nuestro Dios” (Lucas 1:78).

V. La Misericordia es aceptar a nuestros enemigos y a gente ofendida.

Andrew Murray escribe:

“¿Qué es el bautismo de fuego? Yo no conozco ningún fuego como el fuego de Dios – el fuego de amor eterno, el sacrificio consumado en el Calvario. Señor, permite que el amor fluya desde el cielo hacia el centro de mi corazón…El Amor es un fuego que quema a través de cada dificultad.” (Absolute Surrender, p. 93).

El rey David, estando y siendo muy humillado por sus propias fallas y pecados y expuesto a través de malentendidos voluntarios, por la alienación, casi muere, a la par de que grandes pérdidas lo afecta.

El abre su boca en el Salmo 38:14 diciendo: “Soy como los que no oyen  ni pueden defenderse.”. David manejaba la aceptación aún en la falta, simpatizando con su hijo rebelde y traicionero Absalón deshonrando a su gente quienes pelearon para restaurar su reino (2º Samuel 19: 1-8).

Jesús lo enseño mejor que todos al decir: “Por esto te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho…” (Lucas 7:47), y “Dichosos los que tienen compasión de otros, pues Dios tendrá compasión de ellos” (Mateo 5:7).

Por supuesto que no disfrutamos ser criticados o maldecidos. Aún David clama en el Salmo 64:3-4, “Afilan su lengua como espada  y lanzan como flechas palabras ponzoñosas. Emboscados, disparan contra el inocente; le tiran sin temor y sin aviso.

Debemos aprender a permitirle a Dios responder por si mismo en forma madura a través nuestro hacia nuestros enemigos, confiando que Él lo utilizará en nuestras vidas en una forma nunca vista y aún maravillosa.

Convengamos en que esto que propone Mumford, no es en absoluto sencillo; pero es lo mejor, lo único y lo certero para contrarrestar toda oposición. Por eso sostengo la inconveniencia del debate. No por soberbia, sino por prevención.

Como aprendices de la misericordia de Dios, mi hijo y yo estamos estudiando cuidadosamente la vida de David, especialmente en lo referente a sus numerosos y honorables respuestas al Rey Saúl quién lo envidiaba, odiaba y aún lo buscaba sin misericordia y sin causa como a un animal de caza.

Meditando estas escrituras te educará. Una profunda ilustración de la aceptación y misericordia de David hacia sus enemigos es encontrada en 2º Samuel 16:5-13. Después de la muerte del Rey Saúl, el reino de David fue derrocado por su hijo, Absalón. Mientras corría por su vida desde Jerusalén, un pariente del Rey Saúl llamado Siba salió maldiciendo a David y tirándole piedras.

Cuando el rey David llegó a Bajurín, salía de allí un hombre de la familia de Saúl, llamado Simí hijo de Guerá. Éste se puso a maldecir, y a tirarles piedras a David y a todos sus oficiales, a pesar de que las tropas y la guardia real rodeaban al rey.

En sus insultos, Simí le decía al rey: ¡Largo de aquí! ¡Asesino! ¡Canalla! El Señor te está dando tu merecido por haber masacrado a la familia de Saúl para reinar en su lugar. Por eso el Señor le ha entregado el reino a tu hijo Absalón. Has caído en desgracia, porque eres un asesino. Abisay hijo de Sarvia le dijo al rey:

¿Cómo se atreve este perro muerto a maldecir a Su Majestad? ¡Déjeme que vaya y le corte la cabeza! Pero el rey respondió: Esto no es asunto mío ni de ustedes, hijos de Sarvia. A lo mejor el Señor le ha ordenado que me maldiga.

Y si es así, ¿quién se lo puede reclamar? Dirigiéndose a Abisay y a todos sus oficiales, David añadió: Si el hijo de mis entrañas intenta quitarme la vida, ¡qué no puedo esperar de este benjaminita!

Déjenlo que me maldiga, pues el Señor se lo ha mandado. A lo mejor el Señor toma en cuenta mi aflicción y me paga con bendiciones las maldiciones que estoy recibiendo.
David y sus hombres reanudaron el viaje.

Simí, por su parte, los seguía por la ladera del monte, maldiciendo a David, tirándole piedras y levantando polvo.” David en forma intencional le permitió a Simei que continúe caminando paralelo a él y a sus compañeros maldiciendo, tirando piedras, y tirándole polvo”.

David sabía que la acusación de Simí era parcialmente cierta. Cuando David quiso edificarle a Dios una casa (templo), el Señor Mismo le dijo a David: "cuando Dios me dijo: "Tú no me construirás ningún templo, porque eres hombre de guerra y has derramado sangre." (1º Crónicas 28:3).

David no podía sacarle la mota de polvo a los ojos de Simei mientras él sabía que tenía un tronco en el suyo propio. En fe, David estaba contento que su valor, venganza, y suerte estaban por lo tanto completamente en las manos de Dios, y lo que dijeran sus enemigos, sea esto cierto o falso, no necesitaba ser discutido ni vengado.

Este es un principio que hoy está prácticamente ausente de todas nuestras congregaciones. Ninguno de nosotros, a la hora de criticar a los demás, parecemos tomar conciencia de nuestras propias limitaciones.

Entonces es cuando adoptamos esa costumbre tan clásica en todos nuestros ambientes humanos, incluida la iglesia, lamentablemente. Considerar como terrible lo que has hecho mal tú, y esperar comprensión y complacencia para lo mismo hecho por mí. Ego.

David reconoció que el Señor habla sin dudas, a través de las lenguas viperinas de nuestros enemigos, y debemos ser cuidadosos de no resistirlas inadvertidamente rechazándolas de plano. Tiempo más tarde, luego que Dios vengara al Rey David, Simí se arrepintió en profunda vergüenza y aún recibió más misericordia de David (2º Samuel 19: 16-23).

Mientras Jesús estaba viajando hacia Jerusalén, una aldea Samaritana no lo aceptaba a Él. “Como se acercaba el tiempo de que fuera llevado al cielo, Jesús se hizo el firme propósito de ir a Jerusalén. Envió por delante mensajeros, que entraron en un pueblo samaritano para prepararle alojamiento; pero allí la gente no quiso recibirlo porque se dirigía a Jerusalén. Cuando los discípulos Jacobo y Juan vieron esto, le preguntaron: -Señor, ¿quieres que hagamos caer fuego del cielo para que los destruya?

Pero Jesús se volvió a ellos y los reprendió. Luego siguieron la jornada a otra aldea.” (Lucas 9: 51-56). Luego de su conversión y muchas humillaciones, Juan, conocido anteriormente como “el hijo del trueno,” repitió muchas veces esta exhortación ya como un hombre anciano, “Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce.” (1º Juan 4:7).

¡Tal como en el caso de David, no había respuestas en la boca de Juan! ¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?” (Romanos 2:4).

Ray Comfort enseña: “El caldo de cultivo de la actividad demoníaca en la iglesia son las ofensas no resueltas.” Escuchar de un hombre que ha sido bendecido por Dios, quién a su vez te ha fallado o lastimado, es una prueba difícil de pasar en la escuela del Espíritu de misericordia.

Lo que aquí se señala es estricta verdad. No obstante, siempre la disculpa que se escucha es que el diablo es el responsable de tal o cual inconveniente, pero no se esclarece debidamente que el diablo jamás podría actuar si no se le diera lugar.

Tú debes tropezar o aceptar. Viene justo a tiempo recordar aquella parábola del pago de la jornada completa dada a aquellos que vinieron al campo a trabajar al final de la jornada. Los trabajadores que estuvieron todo el día trabajando al sol, se quejaron: “Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo.

Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo. Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza. Les dijo: "Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo." Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía y a la media tarde, e hizo lo mismo.

Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: "¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?" "Porque nadie nos ha contratado”, contestaron. Él les dijo: "Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo."

»Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: "Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros." Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día.

Por eso cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirían más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día. Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario.

"Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día." Pero él le contestó a uno de ellos: "Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo.

¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga? Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti. ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia de que yo sea generoso?" »Así que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos. (Mateo 20:1-16).

El perdón es el aire mismo que respiramos en el reino del Padre. El perdón misericordioso es lo que da la calidad de vida y la libertad que todos sienten allí: otra oportunidad, un nuevo comienzo, aceptación.

Dado que nosotros mismos disfrutamos esa libertad que nos trae el perdón, y si queremos además preservar esa calidad de vida entre nosotros, Pablo nos sugiere que “¿no sería mejor que acepten ser defraudados que poner en riesgo ese delicado entorno del perdón del reino (1º Corintios 6:7)?

Tanto como las fallas humanas han entrado en el teatro de nuestras vidas, la sangre de Jesús lo ha hecho mucho más. ¿Podemos crecer en la madurez del Padre permitiendo que el error en contra nuestro simplemente se vaya porque somos Sus niños?

¿No podemos aceptar a nuestros enemigos por amor de Jesús, aún si son ingratos y nunca respondan? Para un hijo o hija del reino, el honor del Padre revelando Su misericordia es lo máximo, no de su sola defensa y venganza contra un enemigo. ¡Esta clase de Espíritu que acepta es un perfume que se está derramando directamente a los pies horadados de Jesús!

¿Qué significa amar misericordia? El amor es afecto, es favorecer tiernamente, es un deseo y una inclinación hacia más. En Uganda, me encanta el riquísimo melón y los ananá o piñas. ¡Las como cada vez que tengo una oportunidad!

¡En forma similar estoy aprendiendo a amar misericordia, y me estoy también deleitando en mostrarlo, y en mostrarlo en cada oportunidad que tengo! Porque anhelo ser un hijo maduro de mi Padre, me presento a mi mismo en la escuela del Espíritu cada día para que Él pueda entrenarme en la misericordia del Padre.

Lo practico, buscando intencionalmente las oportunidades para permitirle al Padre que haga el trabajo de aceptación a través mío, si, aún a los ingratos, los indignos, para que pueda ser como Él. La misericordia que obra a través del amor llega a ser una forma de adoración que agrada enormemente al Padre, tocando a Jesús mismo, saciando Su sed. Nunca es un desperdicio.

¿Tienes el valor y el coraje de orar conmigo? “

Padre, sé que mi estándar de medida está cambiado de lugar, que arde, y está lleno de Eros. Estoy desesperadamente enfermo a la hora de buscar culpables. Mi boca está llena de reprimendas y respuestas hostiles. Hay un tronco en mi propio ojo.

Te he avergonzado a Ti, Señor Jesús, por llamarme a mi mismo a Tu nombre y siendo tan exigente y demandante hacia otros. He recibido misericordia, pero no la he mostrado. Te he limitado y no te he representado correctamente a Ti por la miserable “Extensión” de mi aceptación.

¡Ayúdame! Tómame en la escuela de Tú Espíritu; quiero extenderme y aprender Tus formas de aceptación. ¡Rompe mi espíritu santurrón, orgulloso, y controlador y reemplázalo con tu generosidad incondicional, paciencia y humildad!

Padre, deshabilita sistemáticamente todos los botones de control de mi reactor; haz que lentifique mi ira y dificulte el ofender porque anhelo ser un hijo deleitoso o una hija deleitosa para Ti. Enséñame, Padre, que intencionalmente busque la misericordia que avanza y pueda amar a mis enemigos.

Porque Tú eres digno, yo te voy a alimentar a Ti, te voy a vestir a Ti, ministrar a Ti, e invitarte a Ti cuidando por estos, los más pequeños. ¡En tu nombre y para tu gloria, Jesús! Amén.”

Acerca de Eric Mumford

Eric Mumford es un maestro de la Biblia con una visión profética única con una capacidad de interpretar y comunicar las maneras del Señor en que está liberando a creyentes en los propósitos para el reino de Dios.

Él está equipando discípulos para impartir la vida de Jesús y abriendo ministerios creativos pioneros alrededor del mundo como expresiones y señales del amor del Padre. Como hijo de Bob Mumford, y sirviendo en su ministerio de tiempo completo desde 1986, Eric ha sido saturado en el mandato de revelar la verdadera naturaleza del Padre a todas las gentes.

Eric ha ministrado en aproximadamente 50 naciones, levantando hijos e hijas espirituales como embajadores del amor de su Padre. Eric respondió a un llamado a los campos misioneros a la edad de 17 años, invirtiendo tres años en la evangelización en el Sudeste de Asia.

En una base misionera en Hong Kong, Eric conoció a su esposa, Suzanne, quien es de Christ Church, Nueva Zelanda. Se casaron en 1988 y tienen dos hijas, Jessica y Stephanie. Eric y Suzanne también tienen un número de hijos adoptivos e hijas adoptivas tanto de la ex nación de la Unión Soviética de Ucrania y en Uganda donde ahora se han establecido orfanatos llamados "La Casa del Padre" residiendo en estas naciones durante la mayor parte del año.

Después de graduarse en el Instituto Bíblico “Elim” en Lima, Nueva York, Eric obtuvo su graduación en la carrera de Ciencias en la Gerencia de Recursos Humanos en el Colegio Wesleyano cerca de Rochester. Recibió su grado de Master de la Southeastern Baptist Theological Seminary. Eric sirvió como pastor durante 11 años antes de unirse al ministerio de su padre en el año 2001, como maestro de la Biblia y presidente de Lifechangers.

Mientras estaban juntos lejos de su hogar y en el ministerio en 1980, Eric y su padre recibieron una palabra del Señor desde 1º Crónicas 22 que ha servido como inspiración y dirección durante muchos años. En esta escritura, el Señor eligió a Salomón, el hijo de David, para llevar a cabo la obra que era cara al corazón de su padre de “edificar la casa del Señor.”

Uno de los temas primarios en la enseñanza es el Reino de sacerdotes, lo que hace entrenando a los creyentes para que se acoplen en su llamado personal y comunitario de servir al Señor como un “templo viviente.”

Este trabajo es decididamente inobjetable. Muestra con claridad la enorme diferencia entre el ministerio de Jesús y muchos de los nuestros, hoy. Jesús confrontó a los fariseos con la palabra genuina de Dios, pero nunca los agredió ni los ultrajó. Apenas les dijo “Sepulcros blanqueados” y “Generación de Víboras”, pero no como insulto de ánimo ofensivo sino como definición de sus personalidades.

Jesús tomó el azote y desparramó las monedas de los cambistas en el templo, pero eso no puede mostrarse como un ataque físico a ellos, sino como una actitud clara del valor que él le otorgaba a esos sacrificios vanos.

Es el tiempo de tomar esta enseñanza de Bob Mumford y ponerla por obra conforme a la misericordia del modelo Cristo. Confrontar a los sepulcros blanqueados y raza de serpientes que componen las falsas babilonias, arrojar al piso las monedas de los cambistas modernos vendedores de aguas mágicas y aceites divinos, pero no agredirlos a ellos. Porque no son ellos el problema, sino lo que por incredulidad, pecado y corrupción, vive dentro de ellos.

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Lobos Rapaces

…cómo son y cómo reconocerlos…

Por: Bernardo Stamateas

EL DIABLO ODIA A LA IGLESIA DE JESUS CON EL ODIO MÁS REPUGNANTE QUE PODAMOS IMAGINAR

El diablo, horroroso y repugnante enemigo número uno de Dios y de sus hijos, ha buscado incansablemente destruirnos. La humanidad ha visto algo de su carácter reflejado en el mismo corazón pecaminoso del hombre: las masacres, las guerras mundiales, los campos de exterminio, el nazismo, la prostitución infantil, los desaparecidos en la guerrilla, la pobreza, la mortandad infantil…

Espíritus inmundos de altas jerarquías tomaron posesión sobre hombres como Stalin quien mandó matar a veinticinco millones de personas, o Hitler quien mandó matar a seis millones de judíos, Mao a veinte millones de chinos y así podríamos seguir.

Sí, el enemigo ha buscado destruir una y otra vez al mismo hombre, y éste, a través de su pecado, sigue dando autoridad espiritual a las huestes de maldad para que su corazón esté gobernado por el enemigo.

Sólo la iglesia de Jesús se levanta en contra del maligno, sólo la iglesia es como "una ciudad asentada sobre un monte", sólo la iglesia se para sobre los montes de las dificultades, sólo la iglesia le resiste en el nombre de Jesús.

No es necesaria en absoluto la aclaración, pero vale la pena efectuarla. Bernardo Stamateas dice que sólo la iglesia de Jesús se levanta contra Satanás. Eso significa La Iglesia de Jesús, no necesariamente esa que tú conoces, esa que está a una calle de tu casa o esa…a la que asistes cada domingo. Él se refiere a La Iglesia, no a un templo. Aunque lo incluya.

Nuestro maestro Jesús nos prometió que "las puertas del infierno" no prevalecerían contra la iglesia, es decir que no habría autoridad demoníaca ni "legislativa ni ejecutiva" sobre la iglesia del Señor. La iglesia es vencedora, es luz al mundo, es la esposa de Cristo, es el pueblo victorioso de Dios.

El diablo nos odia. El diablo busca por todos los medios acabar con la única "institución" en todo el planeta que va contra sus obras, que lo desenmascara y que tiene la llave para abrir y que nadie cierra, y para cerrar y que nadie abre.

Cabe otra aclaración para no confundirnos y para buscar coincidencia con lo que coincidimos. La palabra encodillada “institución”, aquí, sólo es válida para lo que se dice, si se la observa desde el plano espiritual. En lo formal, administrativo y religioso, no sólo no molesta a Satanás sino que, en muchos casos, colabora con él.

El diablo tiene las puertas de este mundo, la iglesia tiene las llaves.

El diablo tiene maldad sobre este mundo, la iglesia tiene la autoridad de Jesús. El diablo tiene a sus demonios, la iglesia tiene a su Señor y a sus ángeles. Sí, el diablo te odia iglesia. Es por eso la maldad que ejerce sobre ella. Es por eso que ha mandado a sus emisarios sobre y en medio de ella para destruirla.

Totalmente de acuerdo. Es así, tal cual lo muestra Bernardo. Sólo le faltaría a esta aseveración real, agregarle un pequeño pero al mismo muy importante detalle: el diablo puede resentir a la iglesia, si se le abren las puertas con alguna clase de pecado. De otro modo, le resulta mucho más complejo lograrlo.

HISTORIAS TRISTES

Historia 1: Un pastor asumió en la ciudad de Entre Ríos, en la Argentina, su pastorado. Al cabo de dos años en absoluto secreto, abusó sexualmente de 13 niños: con penetración, sexo oral y anal. Cuando esto salió a la luz, los padres desearon ir y "matarlo".

El mismo se escapó, negando todo. Todo el pueblo se enteró y luego de un gran escándalo social, dicha iglesia se quedó sin miembros. La gente del pueblo no deseaba ni que le nombren la "iglesia evangélica".

Este pastor se fue a la provincia de Buenos Aires y se congregó con un pastor amigo quien le permitió liderar el "hogar de ancianos", negando todo lo que había sucedido y creyéndole a este perverso. Al cabo de unos meses varios ancianos denunciaron haber sido abusados sexualmente. Nuevamente se volvió a ir, y nadie hasta el día de hoy sabe donde está.

Realmente penosa es esta historia, pero no única en su género. El pecado sexual, y esencialmente en un nivel de alta depravación, es uno de los más abundantes dentro de las organizaciones eclesiásticas. Sólo puede prevenirse antes de mayor daño, con un discernimiento que sólo el Espíritu Santo puede proporcionar a una persona.

Historia 2: Un pastor afiliado a cierta organización pentecostal de Argentina, poseía una iglesia en la ciudad de Hurlingham. Allí predicaba la palabra, enseñaba a amar a Jesús. Incluso estudió en algunos institutos bíblicos.

Al conversar con él parecía ser una persona de las más "cuerdas" y "bíblicas" habidas. Paralelamente a esto, en el sótano del templo, poseía armas de todo tipo, máscaras antigas, una antena, una radio, vestimenta de guerra y todo tipo de elementos electrónicos para prepararse contra el ataque de ovnis que se avecinaba.

Propuso a su iglesia prepararse contra el "fin" que aparecería con el ataque de los ovnis, tal cual lo explica el Apocalipsis y la Biblia toda, según él. A algunos de sus miembros ingenuos, les propuso el suicidio.

Frente a la negativa de estos, un día se apareció en la casa de uno de ellos, en el día del cumpleaños de su hijo, le dio los regalos a la familia y como regalo para todos sacó su arma de su portafolios y en presencia de dicha familia se suicidó.

La noticia salió por la televisión de Buenos Aires para toda la Argentina, mostrando cómo este pastor "evangélico" estaba afiliado a una organización pentecostal con credencial. El mundo evangélico se conmocionó por este episodio.

Hay un punto del que no siempre se puede hablar con toda la libertad que un auténtico hijo de Dios debería gozar. No se trata del pecado de un sacerdote católico ni el de un pastor evangélico. Se trata del cuidado que, con los excesos místicos, deben tener los cristianos, sin credo ni denominación o adjetivo anexo.

Historia 3: Un hermano bautista que poseía una gran fe, oraba por los enfermos viéndose en la iglesia grandes milagros cuando ministraba. Los pastores de su iglesia lo reconocieron y la iglesia lo vio con un gran futuro.

Fue ordenado y mandado como pastor a una obra misionera. Algunos hermanos en la fe lo buscaban por su "fe" y "palabra". Los milagros siguieron, las conversiones aparecieron también. Su nueva iglesia comenzó a crecer con una asistencia de 40 personas inmediatamente.

Pasadas algunas semanas, una mujer llamó al pastor de la iglesia central para decirle que había sido manoseada sexualmente por este hombre. El pastor fue inmediatamente allí y nueve mujeres, de manera separada al ser visitadas, comenzaron a contar cómo este hombre les hacía decir y repetir "que lo amaban", "que él era un hombre de Dios y que debían cuidarlo".

A algunas las hacía sentar sobre sus rodillas, a otras les daba piquitos de "amor", a otras les decía "liberarlas" imponiéndoles las manos en los pechos, vagina, cola… Se abría la camisa y hacía que lo besen en el cuello como señal de amor.

Mientras tanto las mujeres, al ver los milagros, las conversiones, las oraciones de fe, la lectura de la Biblia que tenía este "pastor bautista" estaban cada vez más confundidas: ¿Será imaginación mía que me toca cada vez que nos quedamos solos después del culto?, ¿No tendrá razón en lo que nos propone si es un hombre de Dios con tanta fe?.

Este hermano fue entonces citado y confrontado, pero negó todo y aún amenazó al pastor de la iglesia central que sería confrontado por el mismo Dios por lo que estaba haciendo. Hoy se congrega en otra iglesia como si nada.

La iglesia que pastoreó ha sido disuelta, decenas se han apartado y otros, horrorizados, no desean ni que les nombren el "evangelio". El barrio habla pestes de la iglesia toda. El pastor de la iglesia donde este manipulador perverso se congrega actualmente sabe de esto, pero no lo puede creer. Este nuevo pastor ha sido engañado, un velo mental y un poderoso control mental ha sido puesto sobre sí. El ve en él a un "hombre de fe" y de "frutos de conversiones", ¿Por qué dudar?

El error más visible aquí, y que aún se comete en altísimas proporciones en la iglesia global, es el de medir a sus ministros conforme a sus resultados sobrenaturales. Quienes sostienen estas tesis, olvidan que en el ámbito espiritual y sobrenatural, Dios no está solo. Que también Satanás y sus demonios son sobrenaturales y operan en el ámbito del espíritu.

Historia 4: Un pastor amigo me cuenta que en la ciudad de Río Negro hay un pastor itinerante "carismático" que ora por las mujeres que tengan quistes en los pechos. Sólo ora por esto porque, según él, tiene el don de sanidad para esto. Lo hace ¡imponiéndoles las manos en los pechos! Este "pastor" sigue predicando por allí…

Personalmente, he oído estas y miles de estratagemas más, tendientes a abusarse y aprovecharse de la credulidad femenina. Una cosa es la fe y otra la ingenuidad. El cristiano no tiene por qué ser ingenuo si es que se conduce con la mente de Cristo.

Historia 5: Un hermano "evangélico conservador", encargado de una iglesia en la provincia de Misiones, abusó sexualmente a unos 10 pequeños, en un hogar de niños, con toda clase de aberraciones.

Cuando fue descubierto, los directivos callaron esto. Este hermano se fue del lugar y apareció en otra provincia: Córdoba, pastoreando una iglesia "independiente" como si nada. Al tomar conocimiento de esto, el consejo de pastores de la ciudad lo denunció. Este pastor, al ser citado, negó todo, se escapó, y nadie sabe dónde está. Posiblemente sigue abusando de otros niños…

Es habitual que este tipo de cosas denunciadas por Stamateas en este artículo, sigan ocurriendo. ¿Por qué? Porque se cae en un tremendo error: confundir “cuerpo “ con “corporación”. Se enseña y se cree en el cuerpo, pero se practica como corporación. Así es como se tapan y esconden estas cosas.

Historia 6: Un pastor pentecostal de la provincia de Entre Ríos, le dice a una iglesia bien humilde, que los demonios se posesionan de las cosas, especialmente de las de oro, porque el diablo es orgulloso y le gusta meterse en el "oro".

Así les dice también que al que lo posea le traerá una maldición de Dios. De esta manera, con meses de preparación para estas enseñanzas, logra que los hermanos humildes le traigan todas las alianzas, relojes, joyas, etc., ya que el pastor al verlas "con su discernimiento" reconoce cuál está endemoniada. Pide que se las dejen para que él las destruya, y así la iglesia quede libre. Este pastor hoy tiene bastante dinero…

De este tipo de “enseñanzas” también está repleta la historia de la iglesia. ¿Es solamente ignorancia e ingenuidad de la gente o también mala voluntad y ánimo delictivo de sus líderes? Ambas cosas. Pero, esencialmente, es ignorancia de la Palabra de Dios y demasiada “sujeción” al pastor.

Historia 7: Un matrimonio de líderes comenzó a hacer sanidad interior en su iglesia. Luego de un tiempo, al ver sus frutos y conocimiento de la palabra, fueron ordenados al pastorado. Se les realizó un largo examen en el presbiterio y, todos los pastores por unanimidad, consideraron que ¡serían grandemente usados por Dios!

Al tiempo, comenzaron a ministrar en sanidad interior a los hermanos. Lentamente y mediante control mental, terminaron teniendo relaciones sexuales ambos pastores con una hermana, luego con otro, luego con dos.

Comenzaron a predicar del amor de Dios, del amor a los enemigos, del amor entre hermanos; y así propusieron, con mucha astucia, tener sexo libre, sólo quienes el pastor diga. Aparecieron desde relaciones sexuales hasta el incesto. Algunos se fueron horrorizados de la iglesia, otros se apartaron. El barrio se enteró, fueron acusados, y ellos, obviamente, negaron todo.

Los casos nombrados arriba, los conozco muy bien porque en algunos he tenido que intervenir, en otros asesorar como pastor a la iglesia, y a decenas de víctimas he tenido que ministrar por abuso emocional y sexual.

Podríamos nombrar muchas historias más como éstas de pastores nazarenos, bautistas, hermanos libres, conservadores de todo tipo, carismáticos, bautistas independientes, menonitas, etc.

A muchos los hemos visto formar sus sectas, a otros famosos los hemos visto suicidarse como pago que el diablo les cobra a todos. Pero cuántos otros están dentro de nuestras iglesias como líderes, pastores, profetas y son ¡emisarios de Satanás!

Esto es decidida y lamentablemente cierto. La buena pregunta que podríamos hacernos, es: ¿Cómo consiguen acceder a lugares de privilegio dentro de la organización de la iglesia? En la respuesta encontremos la clave. Y de esa clave, no están demasiado lejos los propios líderes.

Podríamos seguir. Tal vez el lector también ha sido una víctima de abuso espiritual de estos lobos y podría ampliar más la lista. Fíjese que aquí no hablamos de "peleítas" entre hermanos, ni "el pastor no me entiende" o de celos carnales, falta de amor, falta de reconocimiento o cosas que son graves en sí, pero no de la magnitud de lo que estamos hablando.

Este libro no es de estas cosas, es de algo más grave: es de gente que no conoce al Señor, que no ha sido poseedor del Espíritu Santo en toda su plenitud, estamos hablando de los mensajeros de Satanás que vienen como su padre a matar, robar y destruir.

A esto lo tengo bien presente porque lo he enseñado en muchas ocasiones. Si lees con atención el texto base, lograrás entender que quien viene a robar, matar y destruir no es necesariamente Satanás, sino sus ministros asalariados.

Ahora, en todos estos casos nombrados arriba: ¿no había indicios que hicieran pensar a las personas en que estos "pastores" o "líderes" no venían de Dios?, ¿No había pequeños "síntomas" que les diesen a la iglesia o a los pastores del presbiterio o a los conocidos, motivos para ver o intuir dónde terminaría todo esto?

De algo estoy total y absolutamente en claro y seguro: la gente suele ver con mucha anticipación este tipo de problemas, pero no los denuncia ni se previene porque está muy mal visto “murmurar del siervo”, una cuestión que se ha convertido en auténtica doctrina evangélica y que ha posibilitado que tantos y tantos falsos cometan los abusos más descarados.

He aprendido en mi práctica psicológica que el hombre golpeador ya da indicios de su conducta violenta, indicios claros de su conducta egoísta e inmadura y que muchas mujeres no están preparadas para ver esto. Lo mismo sucede con estos lobos: tienen "frutos" demoníacos y, si estamos más atentos, podremos prevenir muchos males.

Yo, anónimo y muy humilde miembro de una congregación consigo, por guía del Espíritu Santo, “ver” con anticipación que ese hombre que es la mano derecha del pastor, es un lobo rapaz. ¿Qué hago? ¿Lo denuncio? Pregunto: ¿El pastor, va a creerme a mí a quien ni siquiera conoce, o va a creerle a su hombre de confianza? No es fácil, Bernardo, no es nada fácil.

Y con respecto al primer ejemplo, tampoco termina de ser totalmente válido. El hombre golpeador es hijo de padre golpeador, pero cuando se pone de novio, la joven, genuinamente enamorada, aunque se entere de todo esto, elige disimularlo y mirar para otro lado. Así somos y así pagamos caro nuestros errores.

FALSOS PASTORES, FALSOS PROFETAS Y FALSOS MIEMBROS

La Biblia es clara al advertirnos sobre la falsedad dentro del cuerpo de Cristo. Jesús nos habla del trigo y la cizaña (Mt.13: 24-30). El vs. 25 dice: "Pero mientras dormían los hombres, vino el enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue". ¿Quién es esta cizaña? Son los hijos del diablo (Mt. 13:38). Veamos cómo son:

A. LOS FALSOS PASTORES: Estos impostores han existido desde el mismo origen del mundo, Caín según nos registra la escritura fue el primero, desde aquel entonces lo único que ha tratado de hacer el enemigo es matar a todo Abel que quiere hacer la voluntad de Dios.

Jesús es muy duro hablando de estos falsos líderes. Dice Mt. 12:34 "¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos" Lo mismo decía Juan el bautista sobre estos falsos líderes (Mt. 3:7).

En Mt. 23:33 Jesús dice: "¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” Los falsos pastores buscan tener lugar en la enseñanza de la iglesia. Básicamente esta gente aparece en la posición de liderazgo y enseñanza.

Por eso en las cartas del Nuevo Testamento aparecen tantas advertencias sobre los "falsos maestros". Hasta Lucero cuando cayó arrastró la tercera parte de los ángeles. Estos perversos, siguiendo la enseñanza de su maestro, hacen lo mismo, buscan con su enseñanza seguidores para tenerlos y para que los defiendan cuando los necesiten.

A veces su maldad aparece en forma directa y a veces en forma velada. Son tan inteligentes que en sus enseñanzas van sembrando su pensamiento para ir manipulando a la gente y crean velos mágicos sobre sus mentes.

Dice Pablo en Hch. 20:29-30 "Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán" Pablo sabía que cuando la verdadera autoridad espiritual se va o no está, los falsos pastores hacen su aparición, sea viniendo de afuera o de la misma iglesia.

Respeto la visión del asunto por parte de Stamateas, pero no la comparto. Creo que desvía la mirada de la falsedad pastoral para derivarla en un enseñador de nuevas (Y falsas) doctrinas. Que los habrá, pero serán tenidos en cuenta desde otro ángulo.

Lo primero que se debe hacer para determinar a un falso pastor, es poner blanco sobre blanco cual es, bíblicamente, la verdadera función de este ministerio. Decir Pastor, hoy, es decir jefe, líder, responsable total, gerente y casi propietario de una congregación.

Creo, humildemente, que el pastor de Efesios 4:11 tiene otras connotaciones. Es el encargado de proteger, cuidar, ayudar, sanar, vendar y consolar a la oveja. Por tanto, un falso pastor, sería alguien que efectúa directamente lo opuesto. Y que pasa a aprovecharse de esas ovejas en su propio beneficio.

B. LOS FALSOS PROFETAS: Antes los falsos profetas morían. Hoy cambian de iglesia, y los hermanos crédulamente siguen confiando en ellos debido a los velos mágicos que los falsos profetas ponen.

Dice Jer. 5: 26,30,31 "Porque fueron hallados en mi pueblo impíos; acechaban como quien pone lazos, pusieron trampa para cazar hombres… ". "Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos".

Dice Ez.22:25-27 "Hay conjuración de sus profetas en medio de ella, como león rugiente que arrebata a la presa; devoraron almas, tomaron haciendas y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella. Sus príncipes en medio de ella son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre, para destruir las almas, para obtener ganancias injustas".

El apóstol Pablo, que los conocía muy bien porque en su ministerio se tuvo que enfrentar más de una vez con estos manipuladores, habla en Gal.1;7 de los que "os perturban" que significa "ser arrojados a la confusión mental" y en 3:1 nos habla de "fascinar" que significa "hechizar, encantar"; estos llevan a la esclavitud (Gal.2.4) porque son engañadores (1 Jn 2:26).

El apóstol Juan que tanto nos anima al amor, nos deja bien claro que esta gente no pertenece al verdadero pueblo de Dios. Por eso en 1Jn. 4:1 nos dice "probad los espíritus si son de Dios", y la prueba es su fruto final: si lo que hacen trae bendición, unidad y crecimiento al cuerpo de Cristo, esa es la mejor "prueba" para saber si un hermano es verdadero o falso.

El profeta Jeremías habla acerca de estos falsos profetas en Jer.6:13-14 "Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores.

Y curan la herida de mi pueblo con liviandad diciendo: Paz, paz, y no hay paz." Recordemos que esta gente está llena de maldad y su fin es destruir en donde se encuentren. Jesús dijo que son "Lobos rapaces".

Dice Mt. 7:15 "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces". En nuestro anterior trabajo sobre "El don de profecía y el ministerio profético hoy" de esta misma editorial, hemos analizado en profundidad cómo se puede distinguir al verdadero del falso profeta.

Hay una enorme confusión en este tiempo con respecto a este ministerio. Se toma al profeta como a una especie de vidente santo de hechos futuros y no lo es. Un profeta es alguien que recibe de Dios una visión futura de algo que compete a la iglesia global, ni siquiera a una congregación local.

Su ministerio se centraliza en mostrar los vericuetos de ese futuro con la finalidad de ayudar a que la iglesia global pueda tejer las estrategias correctas para arribar al objetivo en victoria, esto es: vencer.

Un falso profeta no es, por tanto, alguien que te dice a ti que vas a casarte con una mujer rubia y tú lo haces con una morena. Tampoco alguien que asegura que en este año va a morir una persona importante (Hay cientos) y luego no muere ninguna o se mueren cien.

Eso, en el mejor de los casos, es palabra de conocimiento. En el peor, (Y que resulta ser el más proliferante adentro de las congregaciones), es un espíritu de adivinación que le proporciona lugar en los púlpitos a mucha gente y ofrendas por sus predicaciones proféticas ungidas…

Un falso profeta será aquel que, en el marco de un desarrollo global de hechos futuros que tienen que ver con la ruta de la iglesia global, suministra información tergiversada con la finalidad de llevar al error a la iglesia y evitar que Dios triunfe en ese lugar del mundo.

C. LOS FALSOS MIEMBROS: Ellos vienen a nosotros, los pastores, justamente porque desean llegar a la cabeza, al conductor. Vienen vestidos de ovejas, porque su primera intención es "hacerse uno más", es decir infiltrarse, ganarse el afecto de los hermanos, saludar a algunos y ayudarlos si es posible, "caer en gracia", ganarse la amistad de algunos.

No necesitan mostrar su verdadera intención, por eso aparecen como "falsos miembros". Su verdadero corazón es rapaz, es un lobo, están llenos de maldad, deseos de destruir y matar a la iglesia. Como gran parte de la iglesia no conoce las advertencias de la Biblia y es muy crédula, cualquier persona que aparece "macanuda" y "espiritual" es tenida como hermano en la fe.

Palabra confirmada. Me has escuchado o leído decir que no todo lo que se mueve, respira y dice “amén” adentro de un templo es hermano. Hay gente a la cual se le ha arraigado tanto este tratamiento protocolar que puede llegar a tratar de hermano a un demonio.

Estos son anticristos, que nunca pertenecieron a los verdaderos hijos de Dios (1Jn. 2:18,19). Estos niegan con su vida la gloria de Jesús, su divinidad, su poder y su hermosura (1Jn. 2:22-24).
En Fil. 3:2 dice: "Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo".

Nos habla de los "perros", "los malos obreros" y "mutiladores del cuerpo". Los perros hace alusión a animales que eran en aquel entonces despreciados, que estaban sin rumbo fijo y atacando a quienes los rodeaban.

La palabra “perro” simboliza a los miembros de las iglesias que atacan y “muerden” a quienes aman a Dios. Los mutiladores del cuerpo decían que debían circuncidarse para tener la salvación. Es gente que cambia la doctrina del Señor, gente que no tiene rumbo fijo, gente que es "mala" en su fruto interno.

Son los "enemigos de la cruz" (Fil. 3:18). No son muchos los que el enemigo manda a una iglesia, pero con esos pocos alcanza para destruirla totalmente. Esta gente es feliz destruyendo las vidas de los que aman a Dios, haciendo la vida imposible a los demás.

Dice 2 Co. 11:13-14 "Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no os maraville porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz". En 1 Jn 2:18-23 se nos habla de un grupo de falsos miembros operando en la iglesia, éstos "salieron de nosotros pero no eran de nosotros".

Simón, el mago, nos dice Hechos 8 en el versículo 13, que "creyó": "También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito".

Sin embargo, cuando vio Simón que el Espíritu Santo se recibía por imposición de manos, quiso comprarlo. Allí mostró su verdadera motivación: el poder. Pedro le dice en Hechos 8: 20-23: "Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.

No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás".Simón era un lobo rapaz, un simulador, un falso seguidor. Él fingía.

Hay un texto, creo que en el Libro de los Hechos, en donde Pablo relata sus vicisitudes. Habla de haber sido azotado, vilipendiado, dice que sufrió escasez, naufragios y otras crisis más. Y, llamativamente, dentro de ese mismo nivel de cosas horribles y peligrosas, le suma el peligro de los falsos hermanos…Por algo debe ser, no crees?

COMO ENTRAN EN LA IGLESIA

Han entrado "encubiertamente" dentro de la iglesia, dice Judas 4: "Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que antes habían sido destinados para esta condenación… " Este "encubiertamente" significa que se han mezclado con el pueblo de Dios, están sentados en las iglesias, en los institutos bíblicos, en el liderazgo.

No es la misma cosa, claro está. Porque en un banco de la última hilera del templo no pueden producir el tremendo daño que sí consiguen desde puestos y funciones de importancia. Por eso, a la hora de hacer funcionar el discernimiento, en primer lugar, deberíamos apuntar a los líderes.

Es gente que entra con engaño, gente que entra con espiritualidad, con discurso bíblico. A veces hemos pensado que los emisarios de Satanás entrarían y quedarían ocultos en algún rincón, o hemos pensado que entrarían con una gallina en la mano para hacer sacrificios satánicos en medio del culto; no. Estos entran "tapados", su maldad está disfrazada por su espiritualidad.

Tienen Biblia, la conocen y la usan de acuerdo a su conveniencia. En 2 P. 2:1 nos habla de los falsos maestros y dice que están "entre vosotros". Cada vez que el diablo trató de destruir a la iglesia desde afuera, mediante persecuciones u opresiones gubernamentales, cargas, esclavitud, etc. la iglesia no hacía más que crecer, era como si la presión desde afuera uniera más a la iglesia.

Así fue que incorporó una estrategia más: meterse desde adentro. Ahora sí, desde adentro lograba partir la unidad del cuerpo de Cristo. El método es tan bueno que hasta el día de hoy lo usa y con buenos resultados para su causa.

La estrategia satánica podrá ser nueva, de este siglo quizás, pero no es creativa ni por asomo. Si repasas la historia del pueblo de Dios, (Me refiero a Israel), podrás observar que tampoco ellos perdieron ninguna batalla contra enemigos del exterior. Siempre fueron derrotados por gente infiltrada. Es un principio. Malo, pero principio. Y los principios siguen operando…

Cuando desconocemos esta Palabra de Dios y cuando bajamos la guardia, "cuando nos dormimos", el enemigo se infiltra (Mt.13:25) El libro de Judas fue escrito tal vez por el hermano carnal de Jesús. La carta es para varias iglesias, con un lenguaje directo, y claro.

Va a hacer un análisis magistral de estos lobos rapaces. En tan solo 25 versículos va a dar elementos a tener en cuenta para conocerlos. Sin lugar a dudas este tema es uno de los menos tratados dentro del ámbito de la iglesia y dicha carta una de las menos predicadas. ¿Por qué?, ¿por qué aún cuando su mensaje es tan claro?, ¿será que el enemigo nos ha vendado para que no hablemos y desenmascaremos delante del pueblo a estos hipócritas?….


COMO ES SU VERDADERO CORAZON

A. IMPIOS: Dice el vs. 4 de Judas: "…hombres impíos… " La palabra en el original es "asebes", es decir "desposeído de temor". ¡No tienen miedo! ni aún a las cosas de Dios. Aunque puedan mostrar lo contrario, en sus conductas no tienen miedo ni a la gente ni a Dios ni a las consecuencias.

No habla aquí de un criminal, degenerado y ladrón, sino de alguien que no posee sentimientos de miedo. Por eso al ver sus vidas, encontramos innumerables situaciones de riesgo, deudas, problemas interpersonales que son contados por la persona como si nada. Aún situaciones de gran riesgo vividas por éstos, pero desposeídos de temor.

El vs.15 dice: "Para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él" Su fruto interno es la clave más importante para reconocerlos. No tienen el fruto del Espíritu Santo, sino el fruto de maldad.

Respeto esta traducción utilizada por Stamateas para con el impío, pero me inclino por la más visible. La impiedad es lo opuesto a la Piedad. Y eso no tiene que ver con miedos ni con compasión, El piadoso, conforme a la Biblia, era el espiritual.

B. CHISMOSOS: Dice el vs.16 de Judas: "Estos son murmuradores… " Les gusta saber, averiguar, estar. Opinan y miran todo alrededor, les interesa saber, porque la información para ellos es muy importante, y por supuesto con información pueden criticar y chismear descalificando a los demás con más sutileza.

Al comienzo, cuando entran en la iglesia, nunca muestran de entrada como son, sino la imagen de un buen "creyente". Más tarde comienzan a manipular, controlar y dividir. Estas conductas son introducidas lentamente en medio de quienes le rodean.

Dice en el vs.10: "Pero estos blasfeman de cuántas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales". Andan según la carne, en concupiscencia e inmundicia, son atrevidos-contumaces-no temen decir mal.

Esto es así, tal cual. El chisme ha sido y sigue siendo una de las enormes asignaturas pendientes de aprobar para las congregaciones cristianas. Personalmente, tengo rechazo visceral por el chisme y los chismosos, pero en la misma medida (O quizás mayor) por aquellos que utilizan al chisme para su beneficio. Y de esto, no quedan exentos ni los líderes…

C. PELEADORES: Continuando con el vs. 16 de Judas: "Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho"

Les gusta la discusión, no pueden vivir en paz. Por eso cuando no tienen problemas con alguien lo inventan, no pueden trabajar en un ministerio sin ocasionar problemas. Si son pastores que entran en una iglesia, buscarán discutir y pelearse con cuanto miembro puedan hasta haber destruido totalmente la congregación a la cual el diablo los llamó.

Les gusta pelear por nada y nunca terminan de estar satisfechos buscan dañar y destruir las vidas de los que aman a Dios. Se saben tomar el tiempo y no hacen nada apurados porque el plan está predeterminado.

No tienen el más mínimo interés de resolver los conflictos, sino que con sus conductas los alimentan para que nunca acaben. Cuanto más pequeña es la iglesia más sobresalen. En las iglesias grandes su trabajo es más sutil y camuflado, pero en ambos su fin es el mismo.

El vs.10 dice que "blasfeman contra las potestades superiores": comienzan a descalificar. Algunos son más fáciles de identificar son los que aparecen inmediatamente con descalificación. Vienen por primera vez al culto y ya critican a los de adoración, que estaba fuerte el sonido, que los diáconos no lo saludaron, que acá no se aman a las almas, evalúan el mensaje: "yo no hubiese dado esa palabra", "esa enseñanza no es para cualquiera".

Es gente que no se deja enseñar, quiere enseñar. Que "blasfeman de cuantas cosas no conocen". No nos engañemos: no es que aparecen gritando malas palabras, ni en medio de una reunión insultando. Lo hacen "encubiertamente", eligen a quienes son sus víctimas o futuros adeptos.

He conocido a muchos de estos peleadores a los cuales alude Bernardo. Tienen características coincidentes con lo que aquí se expone. Sin embargo, la visión es parcial y desde el ángulo e un pastor que se ha sentido criticado y quizás agredido por alguno de estos peleadores. Se entiende. Lo importante es que existen y son así, sin dudas.

D. MENTIROSOS Y FABULADORES: El vs.16 de Judas dice: "…. cuya boca habla cosas infladas…" En el vs.3 dice que "harán mercadería con vosotros": con palabras fingidas. Cuentan las historias de milagros pasados, éxitos económicos, y logros espirituales, y éstos cargados de una serie de exageraciones y mentiras que hasta ellos mismos creen de tanto contarlos.

Necesitan contar su pasado para impresionar, para agradar, para mostrar su espiritualidad. En 3 Jn. vs. 9,10 habla de un tal Diótrefes, una persona que no quiere recibir al apóstol Juan. Porque esta gente no desea estar cerca de gente ungida con discernimiento espiritual que los pueda desenmascarar.

En una congregación que conocí, había un hombre que tenía un ministerio carcelario. Cada domingo tenía una anécdota o un suceso para comentar, respecto a un ámbito que, por misterioso y desconocido para la mayoría, siempre resultaba interesante.

A mí me llevó muchísimo tiempo descubrir que lo que yo creía sinceramente que era un testimonio real por semana, destinado a hacernos conocer ese mundo, en realidad, era una patraña semanal inventada sin otra intención que la de auto promocionar su trabajo, obtener respaldo dentro de la denominación y también apoyo material y económico.

E. ADULADORES: Dice también el vs.16 de Judas: "…adulando a las personas." Tratan de quedar bien con la gente que les interesa. Les siguen el verso a quienes están mal. Buscan la gente en la iglesia y la siguen, la oyen, la aconsejan diciéndoles lo que quieren oír y lentamente van poniendo su doctrina satánica de división y maldad. Más adelante, al analizar el caso de Absalón veremos cómo magistralmente éste utilizó lo que aquí nombramos.

Quien quiera que haya tenido alguna posición de cierta exposición en alguna iglesia, conoce muy bien a esta “especie”. El líder o ministro que no haya sido adulado, no ha hecho nada de valor dentro de la iglesia. El problema es si lo resolvió o no.

Aún sucede. Si tú eres un ministro, cuando oyes a alguien que habla maravillas de ti en tu presencia, simplemente sonríe y vete de allí rápidamente. No puedes evitar que otro diga lo que quiera, pero sí puedes evitar que lo use para manipularte o creértelo como cierto.

F. LIBERTINOS: Dice el vs.4 : "…. convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios…" Es decir cumplen ciertas pautas pero otras no. Son conservadores para algunas cosas pero para otras liberales. Pueden mentir si es necesario, pueden insultar a ciertas personas, pueden recurrir al engaño momentáneo para llegar a sus fines.

Por esto estas personas se hacen de amigos dentro de la iglesia, con la mayoría manifiestan una vida espiritual "íntegra", pero con algunos otros van mostrando su maldad. Sus pecados ocultos tarde o temprano salen a la luz.

Si tú tienes una vida dedicada a agradar a Dios y a someterte a la guía del Espíritu Santo, cuando un libertino de estos llega a tu vida, tú lo disciernes de inmediato. Lo primero que debes conocer es si está buscando realmente ayuda o sólo le interesa proseguir con sus rutinas promiscuas.

Sin embargo, debo decirte algo más: lo más probable que ocurra es que, si se trata de alguien que verdaderamente lleva una vida de libertinaje, se acerque a alguien sin santidad, que sólo está reprimido. Muy difícilmente lo haga con un ungido porque, tal como se dice aquí, saben que serán descubiertos, confrontados y que jamás podrán doblegar a un genuino hijo de Dios.

G. REBELDES: En vs. 8 de Judas señala: "…rechazan la autoridad…" Dice que rechazan la autoridad. Cuando éstos entran a una iglesia puede ser que se sujeten a los pastores o a ciertos líderes pero no a otros, es su estrategia.

No entran con espíritu de rebeldía inmediatamente, los más astutos saben que si lo hacen serán sacados o "sentados en el banco", y eso los hace perder tiempo. Su método es comenzar a descalificar a los hermanos: "ese no tiene palabra profética", "esa no sabe hacer guerra espiritual", "ese pastor le falta mucha unción" y cosas así.

Sus ojos están sobre los más débiles para criticarlos y juzgarlos hasta que lentamente convencen a los demás de que es así, como ellos dicen. Dice el vs.19: "estos son los que causan divisiones… " Causan divisiones.

Es el mismo carácter del diablo. Hablando del mismo, el profeta Isaías dice en Is. 14:13 y siguientes vs. que Lucifer dijo cinco veces "yo subiré", "me" sentaré, "yo seré" etc. Hasta ese momento había una sola voluntad: la de Dios, y todas se sujetaban a ella, pero al querer estar en el trono de Dios, surgió otra voluntad.

Así nació la rebeldía: una voluntad contra la autoridad de Dios. La única voluntad se vio retada por otra voluntad. Sólo había una voluntad. Dos voluntades en choque: eso es rebeldía. El ángel quiso ser lo que no había sido llamado a ser. Nació una voluntad contraria a la voluntad de Dios.

La misma técnica utilizó con Adán y Eva, les dijo "seréis como Dios" es decir tendréis una voluntad igual a la de Dios: dos voluntades. Hoy su estrategia sigue siendo la misma con sus secuaces. Además, en las divisiones que causan siempre buscan sus seguidores.

Entiendo perfectamente de lo que se está hablando. Es más: creo que para el funcionamiento normal de cualquier congregación, es necesario que su responsable puntualice estas cosas. Pero un pequeño detalle: rebeldía es no sujetarse a la voluntad de Dios, no a hombres que no siempre están haciendo Su voluntad.

En algo tiene total y absoluta razón el pastor Stamateas. Nadie puede ingresar a una congregación y pretender desoír lo que su responsable máximo dispone y hacer lo que se le antoja. Así tenga mandato del Señor. Porque si verdaderamente lo tiene, Él jamás lo enviaría allí, sino al mundo a anunciar su nombre a los perdidos.

Nombro algunos aspectos para tener en cuenta como señal de alerta ni bien aparezcan:

  • Tienen antecedentes de problemas en otras iglesias.
  • Tienen antecedentes problemáticos en otras áreas de la vida.
  • Hablan mal de la persona que ocupó nuestro lugar anteriormente (si lo hace con el anterior lo hará tarde o temprano con nosotros).
  • Buscan hacerse amigos de nosotros rápidamente.
  • Nos idealizan y levantan alto (con la misma facilidad nos tirarán abajo).
  • Gastan su dinero y ofrenda en forma visible.
  • Oran en secreto y aconsejan en secreto a los hermanos cuando ni siquiera como pastor han tomado contacto con nosotros para ello.
  • Ni bien entran en la iglesia comienzan a criticar: el mensaje, la gente que no lo saludó, etc.
  • Toman notas o graban reuniones de asuntos delicados.
  • Traen su curriculum "espiritual" y se lo cuentan a todo el mundo.

Indiscutible. Hay gente así, no lo dudes. Si no existieran rebeldes, conflictivos y desobedientes, no existirían los enormes problemas para aquellos que con un llamado real del Señor pretenden predicar la Palabra limpia y genuina.

H. IMPUDICOS: Dice el vs.12 de Judas: "….que comiendo impúdicamente…" Son personas a las que no les gusta trabajar y sí pedir prestado a los demás. Tienen trabajos esporádicos y por poco tiempo y siempre tienen una buena razón del por qué salieron de allí. Se alimentan a sí mismos.

Tal cual. Yo le agregaría a esta pintura muy acertada de sus fisonomías eclesiásticas, que como excusa de su inestabilidad laboral, suelen esgrimir la que más impacta a muchos simples: “¡El Señor me quiere trabajando para Él a tiempo completo!”

Esto es bien real en muchos casos, pero no necesariamente en este. Cuando Dios retira a alguien de todo contacto secular para que trabaje para el reino a tiempo completo, Dios se convierte en patrón, en empleador, en jefe. Y créeme que es de lo mejor en el rubro; en condiciones laborales, en trato, en capacitación y, obviamente, en reconocimiento salarial.

I. SENSUALES: La carta de Judas dice en el vs. 19 "…los sensuales que no tienen al Espíritu" Tienen los ojos llenos de adulterio: no se sacian de pecar. Utilizan la seducción junto con el control mental para esto.

Dentro de estos emisarios de Satanás, muchos, o la gran mayoría que he podido observar y reconocer, no buscan las relaciones sexuales coitales, es más, parecería ser más bien como que su fin fuese la seducción sexual, el robar el corazón con algunas prácticas sexuales como manosear, masturbaciones o frotamientos.

Esta negativa a acceder al coito es como si lo utilizasen para mantener más viva la llama que han despertado en sus víctimas, casi igual a lo que hacen los histéricos. Aunque éstos buscan seducir a la mayor cantidad de mujeres, buscan más a las mujeres, esposas o novias de aquellos pastores o líderes principales de la iglesia.

Dice Ap. 9:21 "Y no se arrepintieron de sus homicidios ni de sus hechicerías ni de su inmoralidad ni de sus robos"

Así cerramos el cuadro de los manipuladores.

Bernardo Stamateas tiene una valorable experiencia como pastor, que su calidad de psicólogo le permite evaluar y rotular conforme a rudimentos muy precisos y específicos de la conducta humana.

Su visión de estos lobos rapaces tiene todo el acierto que podría tener alguien que se conduce mediante los métodos tradicionales que la iglesia aún conserva como válidos: un pastor, una congregación que lo sigue y se sujeta a él.

De esto podemos hablar mucho más, pero no es el sitio ni el momento, ya que la idea central de la publicación de este artículo y nuestros comentarios, es extraer de él todo aquello que confirma en lo global, lo que se está enseñando desde nuestros estudios.

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Protección Contra el Engaño

Por: Derek Prince

En un trabajo que se ha presentado como “Edición de circulación restringida”, Derek Prince, un reconocido maestro de la palabra encara la problemática de mayor relieve hoy por hoy en las congregaciones cristianas evangélicas: el Engaño.

De ninguna manera alteraremos la esencia de lo escrito por Prince. Lo único que adosaremos serán comentarios similares a los que cualquiera de ustedes podría elaborar con experiencias personales que, obviamente, corroboran lo que aquí está escrito.

CAPÍTULO 1

HONREMOS AL ESPÍRITU SANTO DE DIOS

Esta exposición está compuesta por tres partes. En la primera, intento analizar un problema que se ha manifestado en varios sectores de la iglesia en muchas partes del mundo. En la segunda, procuro analizar profundamente la forma cómo surgió el problema. En la tercera, abordo algunas formas que nos protegen de una nueva manifestación del problema.

La verdad no es determinada por las señales y maravillas

En años recientes, ha habido una explosión de señales y maravillas en el mundo entero. Algunas han sido bíblicas y muy útiles; otras extrañas y no bíblicas. Las señales y maravillas no son novedad. Las encontramos registradas en diversos pasajes de la Biblia y en diferentes períodos de la historia de la iglesia.

Con todo, la actual explosión sobrepasa largamente las fronteras de cualquier iglesia o denominación particular y atrajo la atención generalizada de los medios de comunicación, tanto religiosos como seculares.

Quiero dejar bien claro que no poseo prejuicios personales o temores en relación a las manifestaciones poco comunes. La verdad es que en mi vida he experimentado un gran número de señales. No me asustan. No las enfrento en forma negativa.

Como ya mencioné en el librito “Tumulto en la Iglesia”, mi encuentro personal con Jesús en la 2ª Guerra Mundial comenzó de una manera nada convencional. En medio de la noche, en un cuartel del ejército británico, pasé más de una hora tirado en el suelo, con el cuerpo agitado por sollozos convulsivos y después inundado por un río de risa que fue aumentando en volumen cada vez más.

A la mañana siguiente, yo era una persona completamente diferente, transformado, no por un acto de mi voluntad, sino por rendirme al poder sobrenatural que me había inundado. Fui a buscar en la Biblia diversos pasajes que hablan de la risa.

Para mi sorpresa, descubrí que para el pueblo de Dios la risa no es, fundamentalmente, como imaginamos, una reacción a algo cómico, sino una expresión de triunfo sobre nuestros enemigos.

En el Salmo 2:4, David retrata al propio Dios como alguien que se ríe. “El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos”. Aquí la carcajada de Dios no es una reacción a alguna comedia representada en la tierra. Es más bien su respuesta a los ridículos … humanos que tienen la osadía de oponerse a sus propósitos. Es su expresión de triunfo sobre todas las fuerzas del mal.

Observa que aquí, Prince rescata a la risa como algo que proviene de Dios en ciertas y determinadas características. Eso no se contrapone con lo que enseña Watchman Nee, ya que también hay una clase de risa incentivada, buscada y presionada que termina brotando del alma y no del espíritu.

A veces, Dios nos llena de su risa de tal manera que pasemos a compartir su triunfo sobre sus enemigos y nuestros.

Más tarde, pastoreé una congregación en Londres que se reunía en el último piso de un edificio de cinco pisos. Cierta noche, un cojo fue milagrosamente sanado y largó las muletas. Todos irrumpimos en alabanza espontánea. En ese momento, el edificio comenzó a temblar y a sacudirse con el poder de Dios. La alabanza y las sacudidas continuaron durante cerca de treinta minutos.

Percibí que algo similar había sido registrado en Hechos 4:31 en relación a la iglesia primitiva: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la Palabra de Dios”. En esta ocasión, nuestra congregación estaba dirigiendo una serie de cultos evangelísticos semanales en las calles de Londres y ciertamente necesitábamos de una osadía mayor que la normal.

Sin embargo, en relación a cualquier tipo de manifestación, hay dos preguntas que siempre hago: ¿Es una manifestación del Espíritu Santo de Dios o de alguna otra fuente? Segunda pregunta (relacionada con la primera): ¿La manifestación está en armonía con la Escritura?

Fíjate que Derek en ningún momento va a tratar el tema del poder del alma que tan bien encara Watchman Nee, pero tiene muy en claro que no existe un solo poder capaz de conmover las estructuras naturales con algo sobrenatural.

En 2 Timoteo 3:16 Pablo dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”. En otras palabras, el Espíritu Santo es el autor de toda la Escritura y él nunca dice o hace ninguna cosa que se contradiga a sí mismo. Cualquier manifestación genuina del Espíritu Santo siempre estará en armonía, de alguna forma, con la Escritura.

Me gustaría comenzar con algunas advertencias dadas por Jesús, especialmente relacionadas con los tiempos del fin en los cuales creo que estamos viviendo. Son alertas contra el engaño. Se encuentran en Mateo 24:4, 5, 11 y 24. Cuatro veces en 21 versículos, Jesús nos advierte específicamente contra el engaño en este período del final de los tiempos.

Es la primera cosa que Jesús dice sobre los acontecimientos ligados a su venida, en Mateo 24:4: “Mirad que nadie os engañe”. Versículo 5: “Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán”. Versículo 11: “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos”. Y finalmente en el versículo 24: “Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos”.

Todo aquel que desprecia esos avisos o los trata livianamente lo hace con el riesgo de su propia alma. El mayor peligro en este final de los tiempos no es la enfermedad, la pobreza o la persecución. ¡Es el engaño! Si alguien dice: “Esto nunca me sucedería a mí” es señal de que ya le sucedió, porque él está diciendo que nunca podría suceder lo que Jesús dijo que sucedería. Es indicación suficiente de que tal persona está engañada.

Esto es excelente para tenerlo muy en cuenta a la hora de evaluar a ciertos ministros y ministerios. Sobre todo a esos personajes que se presentan ante la gente como súper hombres más allá del bien y del mal.

Ahora quiero decir algo importante sobre las señales y maravillas. Ellas no determinan la verdad y es esencial comprender esto. ¡Las señales y maravillas no determinan la verdad! La verdad ya está determinada y establecida y es la Palabra de Dios.

A esto lo vengo diciendo, predicando, enseñando y proclamando desde que Dios me puso en esta brecha. Es una tranquilidad que otro siervo del Señor haya recibido lo mismo. Supongo que a él le debe haber traído inconvenientes adentro de la estructura. A Babilonia le conviene que esto no se sepa.

En Juan 17:17, Jesús ora al Padre y dice: “Tu palabra es verdad”. Y en el Salmo 119:89, el salmista declara: “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos”. Nada que sucede en la tierra puede mudar una sola letra o tilde de la Palabra de Dios. Ella permanece para siempre en los cielos.

La Biblia habla de señales y maravillas. Revela algunas cosas sobre ellas que son buenas y otras que son muy alarmantes. 2ª Tes. 2:9:12: …inicuo (este es el título del Anticristo) cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.

Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”. Así, Pablo dice aquí que existen señales y maravillas mentirosas.

Hay señales verdaderas y señales falsas. Las señales verdaderas testifican de la verdad. Las señales falsas testifican de la mentira. Satanás es plenamente capaz de producir señales y maravillas sobrenaturales.

Lamentablemente, muchos del movimiento carismático piensan que si algo es sobrenatural, entonces proviene de Dios. No hay base bíblica para tal afirmación. Satanás es perfectamente capaz de producir señales y maravillas poderosas que prueban sus mentiras y la razón de por qué tales personas son engañadas se debe al hecho de que no recibieron el amor de la verdad. A tales personas, Dios enviará un poder engañoso.

Esta es una de las declaraciones más aterradoras de la Biblia. Si Dios le envía un poder engañoso, entonces usted será engañado. Pienso que este es uno de los juicios de Dios más fuertes registrados en la Biblia. Ellas serán condenadas porque no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.

Sé perfectamente que tú, si has sido adiestrado por las estructuras clásicas de la iglesia tradicional, te has espantado al leer este concepto. Jamás nadie te había dicho que fuera Dios quien te enviaba un espíritu engañoso. Sólo un problema: en la Biblia siempre estuvo escrito eso y no otra cosa…

Por lo tanto, señales y maravillas no son garantía de que alguna cosa sea la verdad. Sólo hay una forma segura de conocer la verdad. Está en la Palabra de Dios. Jesús dice en Juan 8:32: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. No hay otra forma de tener la certeza que podremos escapar del engaño en estos días, a no ser conocer y aplicar la verdad de la Palabra de Dios, la Escritura.

En 1994, estuve por primera vez en contacto directo con uno de los grupos donde ocurrían ciertas manifestaciones extrañas. Un grupo de líderes asistieron a algunos de sus cultos y volvieron todos entusiasmados.

Decían: “Ahora, usted no necesita comprobar. No necesita examinar. Basta abrirse y recibir”. Fue la primera vez que comencé realmente a desconfiar de algunas de esas cosas, porque tales afirmaciones están directamente opuestas a la Escritura.

En 1ª Tesalonicenses 5:21, Pablo dice: “Examinadlo todo; retened lo bueno”. Si no examinamos las cosas, estaremos desobedeciendo las Escrituras, y aquel que nos dice que no debemos examinar las cosas no está alineado con la Escritura.

Muchos me toman por débil, inseguro y hasta por soberbio cuando me oyen o me leen decir que aconsejo fijarse en la Biblia si lo que estoy enseñando es así. Están tan acostumbrados al absolutismo que olvidan que lo que estoy aconsejándoles no es una idea personal bien intencionada, sino de respeto a un mandato que todos recibimos por igual.

 No podemos confiar en nuestros corazones para tener la certeza de la verdad. Proverbios 28:26 dice: “El que confía en su propio corazón es necio” Así, no sea insensato. No confíe en aquello que su corazón le dice, porque no es de fiar. De nuevo, en Jeremías 17:9, el profeta dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”.

La palabra engañoso en hebreo es muy interesante. En 1946, frecuenté la Universidad Hebrea de Jerusalén para estudiar la naturaleza –o la ley– de la lengua hebrea. Oí a un profesor experto en este campo discurrir sobre Jeremías 17:9.

Él presentó razones dentro de la lengua hebrea que mostraban que esta forma de la palabra engañoso es activa, no pasiva. No significa que nuestro corazón sea engañado. Significa que nuestro corazón nos engaña, por lo tanto, no podemos confiar en él.

¿Nunca escuchaste a alguien que, en medio de una predicación tendiente, por ejemplo, a incentivar salidas al campo misionero por parte de jóvenes activos y soñadores, te dice que hagas “lo que tu corazón te mande”? Están aconsejando hacer exactamente lo que Dios mismo sugiere que no hagas…

El profesor presentó un cuadro muy vivo de lo que significa descubrir la verdad sobre nuestro corazón. Dijo que es como descascarar una cebolla. Podemos tirar capa tras capa, sin saber nunca cuando llegamos a la última capa – y durante todo ese tiempo nuestros ojos lagrimean.

Durante 50 años, esa imagen ha permanecido nítida en mi mente – una alerta intensa y bíblica contra la posibilidad de creer que mi propio corazón me revele la verdad. La única fuente de verdad es la Escritura.

La mezcla produce confusión y división

Me gustaría ahora resumir rápidamente todo este fenómeno (de señales y maravillas), movimiento, o sea como se quiera llamarlo, basado en parte en la observación personal y en parte en lo que creo son relatos fidedignos. Mi resumen es muy simple: es una mezcla de espíritus, tanto del Espíritu Santo como de espíritus inmundos. Todo está mezclado.

En Levítico 19:19 Dios nos alerta contra tres cosas: mezclar especies de animales, sembrar con mezcla de semillas y vestir ropa con mezcla de hilos. Podemos decir que sembrar con mezcla de semillas representa el mensaje que anunciamos, cuando es en parte verdad y en parte error.

Vestir vestidura con mezcla de hilos se asemeja al estilo de vida que es parcialmente bíblico y parcialmente mundano. Y cruzar ganado con ganado de un género incompatible sería equivalente a que un ministerio o grupo cristiano anduviera de la mano con un grupo o ministerio no cristiano.

Aquí está la clave de muchos contratiempos sociales, ves? No hablamos de yugo desigual, no hablamos de discriminaciones clasistas o religiosas. Hablamos de la Palabra de Dios expresada, declarada, manifestada y puesta por obra para evitar sufrimientos innecesarios.

Hay una cosa interesante sobre tal cruzamiento: su producto es siempre estéril. Por ejemplo, podemos cruzar una yegua y un burro y producir una mula. Pero ésta es siempre estéril; no puede reproducirse. Pienso que esa es una razón de que hayan tantas operaciones “estériles” en la cristiandad – están siendo generadas por personas equivocadas.

¡Perfecto el ejemplo! ¡Más claro le resultaría imposible a cualquiera! Tú, si lo deseas, sigue intentando esos cruces raros. Piensa que no intentarlos es sumarte a la castración discriminatoria. Pero luego no vengas a clamar por ayuda ni a quejarte de tu mala suerte. Se suele cosechar de la misma especie que se siembra.

He observado esto cuidadosamente y he tenido experiencias dolorosas con esta situación de mezcla de espíritus. Creo que la Escritura nos advierte contra esto. Por ejemplo, hay un personaje en la Biblia, el rey Saúl, que poseía una mezcla de espíritus.

Cierta vez, él profetizó por el Espíritu Santo; en otra ocasión, profetizó bajo la influencia de un demonio. Su carrera es una verdadera advertencia. Fue un rey que gobernó durante cuarenta años y fue un comandante militar exitoso.

Pero la mezcla fue su error y su vida terminó en tragedia. La última noche de su vida fue a consultar una bruja y al día siguiente se suicidó en el campo de batalla. Es un ejemplo que ciertamente nos lleva a no querer cultivar ningún tipo de mezcla espiritual en nuestra vida.

Es tragicómico observar como, mucha gente que dice estar en la avanzada del cristianismo moderno, no entiende que si deja alguna pequeña puerta abierta puede ser utilizado por el diablo como canal de su reino. No te olvides que “el que piensa estar firme, mire que no caiga…”

He observado que la mezcla produce dos cosas: primero, confusión; después, división. Por ejemplo, tenemos un mensaje mixto, parte del cual es verdad y parte falsedad. Las personas pueden reaccionar de dos maneras.

Hay los que ven el bien y se concentran en él, y por tanto, aceptan el mal que viene adjunto. Otros se concentran en el mal y, por causa de eso, rechazan el bien. En cualquiera de los casos, no cumplen los propósitos de Dios.

Esta es la causa principal del alejamiento de mucha gente de las iglesias. Pero no se trata de gente que ha sido despertada y sacada de allí por el Señor, sino de personas que, por haber descubierto lo que aquí se menciona, se han enojado u ofendido. Aún no han podido despertar a la verdad; apenas han encontrado una mentira que los lastimó.

Hace mucho tiempo, cuando era pastor, descubrí que las personas con las cuales era más difícil tratar era con las que tenían mezcla. Déjeme darle un pequeño ejemplo imaginario. En nuestra congregación hay una hermana llamada María. Un domingo, ella entrega un maravilloso mensaje profético y todos son edificados, entusiasmados.

Pero dos domingos después, ella se levanta y da una revelación que recibió en un sueño. Cuanto más ella comparte, más confusa se torna la revelación. Por fin, como pastor, tengo que decirle: “Hermana María, le agradezco, pero sinceramente creo que eso no viene del Señor”, y ella se sienta. Pero la historia no termina aquí.

Después del culto, la hermana Silvia viene a verme y me dice: “Hermano Prince, ¿cómo puede usted hablar así a la hermana María? ¿No se acuerda de la linda profecía que ella entregó hace dos domingos atrás?”. Y cuando la hermana Silvia se fue, el hermano Manuel se aproxima y dice: “Si este es el tipo de revelaciones que ella tiene, no voy a escuchar más ninguna de sus profecías”.

¿Ve lo que sucede? Confusión y, como fruto de la confusión, división. Creo que es exactamente esto lo que está sucediendo en la iglesia: confusión resultando en división. ¡No hay duda de que hay una tremenda división! Creo que la confusión siempre produce división.

No hay mucho para agregarle a esto. Sólo que la palabra Confusión, es la palabra Babel. Y de allí derivará el nombre de Babilonia, que rotula la antigua ciudad histórica, pero también a la iglesia falsa e impostora de los últimos tiempos.

La Biblia no nos permite tolerar la incursión del mal en la iglesia. No podemos ser pasivos; no podemos ser neutros. Proverbios 8:13 dice: “El temor de Jehová es aborrecer el mal”. Es pecado contemporizar con el mal. Es pecado tener una posición neutra en relación al mal.

En Juan 10:10 Jesús habló del ladrón, el diablo, que viene para hurtar, matar y destruir. Necesitamos siempre recordar: sea en la vida individual, sea en una congregación, el diablo siempre viene con tres objetivos: hurtar, matar y destruir.

A propósito de esta definición, que es la clásica y más conocida dentro de lo que son las enseñanzas cristianas, recuerdo una muy singular, con excelente fundamento bíblico que mostraba claramente que quien venía a estas tres acciones delictivas, era el asalariado.

La gente se ha confundido porque no ha terminado de entender una diferencia que no siempre se hace. Cuando se dice Satanás, se está hablando de Lucifer, el ex Luzbel, el Adversario en persona. Cuando se dice Diablo, se habla de cualquiera que posea actuando en su interior al espíritu de Satanás. ¿Un ejemplo? Judas Iscariote. La Biblia dice que él ERA DIABLO, no que él “era EL diablo”.

Recuerdo de haber hablado muchas veces con personas necesitadas de liberación de un espíritu malo: “Recuerde que el diablo tiene tres razones para manifestarse en su vida: hurtar, matar y destruir.

Es necesario enfrentarlo y no permanecer neutros – tiene que expulsarlo.” Lo que es verdad en relación a un individuo también lo es para una congregación. Es verdad para el cuerpo de Cristo en todo el mundo.

Algunas de estas manifestaciones poco comunes ya han sido comparadas con manifestaciones extrañas que acompañaron el ministerio de John Wesley, George Whitefield, Jonathan Edwards y Charles Finney.

Sin duda, hubo manifestaciones extrañas en el ministerio de esos cuatro hombres y yo mismo estudié algunas, pero pienso que las diferencias son mayores que las semejanzas entre ellas y la situación actual. Veamos tres de esas diferencias:

Primero, todos esos hombres se basaban en una fuerte predicación de la Palabra de Dios. Difícilmente hacían alguna cosa antes de predicar la Palabra de Dios o divorciado de la predicación de la Palabra de Dios.

El propio Finney comentó cierta vez sobre su ministerio: “En general, yo hablaba por una hora o dos”. No sé cuántos cristianos contemporáneos en Occidente escucharían un sermón de dos horas, pero Finney presentaba la Palabra de Dios en su pureza y poder.

Cuando comencé el ministerio de enseñanza bíblica radial, los “expertos” en radio me llamaban loco porque iba a hacer un programa de una hora de duración, sin música ni otra cosa que hablar de la Palabra de Dios.

Recuerdo que me preconizaron que no iban a escucharme ni los perros. Puede ser en definitiva que los perrillos no me hayan escuchado, pero en seres humanos creyentes, se batieron todos los record de audiencia.

Jamás pudieron entenderme cuando yo les aseguraba que no había mérito alguno de mi parte en ese impacto radial. Creían que era una suerte de falsa modestia mía. Jamás lograron entender esto que Prince reitera aquí: cuando se habla de la genuina y pura Palabra del Señor, nadie se aburre, nadie se duerme, nadie se dispersa.

Segunda diferencia: Todos esos hombres hacían una fuerte apelación al arrepentimiento. Esa era su exigencia fundamental en relación a las personas a quienes ministraban. Tal vez hay quien llame “refrigerio” lo que vemos hoy, pero en Hechos 3:19, Pedro dice que el refrigerio debe ser precedido por el arrepentimiento. Cualquier refrigerio que deje de lado el arrepentimiento no es bíblico.

La tercera diferencia es que en el ministerio de esos hombres no hay, por lo que sepamos, ningún relato de que algunos de ellos hayan impuesto las manos. No estoy diciendo que no sea bíblico imponer las manos sobre las personas, pero hay una diferencia. Hay una situación en que las personas reciben directamente para sí por medio de la palabra predicada y otra situación en que se les imponen las manos.

Déjeme dar un ejemplo. Es como la lluvia. Si estuviéramos al aire libre y la lluvia cayendo sobre nosotros, la recibiríamos directamente viniendo del cielo. Pero, por otro lado, si ella fuere almacenada en una cisterna, entonces no la estamos recibiendo directamente del cielo. Tenemos que tener en cuenta la cisterna y los caños a través de los cuales el agua de la lluvia llega hasta nosotros.

Otro ejemplo didáctico de primerísimo nivel. En el mejor de los casos, hoy existen muchas cisternas sucias, bloqueadas o tapadas. En el peor de los casos, alguien se ha tomado el trabajo de introducir en ellas líquidos contaminantes que determinan que el agua de la lluvia pierda su pureza.

Esto es algo muy real para mí, porque mi primera mujer, Lidia, y yo vivimos en Kenia durante cinco años en una casa en que el agua potable provenía de la lluvia captada en el techo de la casa y canalizada hacia estanques de concreto.

Aunque el agua venía de los cielos, aprendimos rápidamente por experiencia que si permanecía durante mucho tiempo en el estanque, criaba bichos y, consecuentemente, teníamos que hervirla para beber.

No había nada errado cuando la lluvia caía del cielo, pero algo sucedía en la canalización que la traía hasta nosotros y, entonces, ya no era pura. Pienso que lo mismo es verdad en relación con la imposición de las manos. Es un canal que no siempre está puro.

Recientemente, algunos ministros dejaron de imponer las manos solamente y comenzaron a hacer otros gestos – como señalar o apuntar. Con todo, eso no altera el hecho de que algo está siendo transmitido a través de las manos. En caso contrario, no habría razón para utilizar las manos. La cuestión de fondo permanece: ¿Esas manos son canales puros a través de las cuales fluye sólo el Espíritu Santo?

Por ejemplo, hace poco tiempo Rut y yo asistimos a un culto en que hablaban pastores profundamente involucrados en el actual movimiento. Estábamos sentados dos filas atrás de una mujer que pasaba por una terrible experiencia. Era como si continuamente intentase hacer arcadas o vomitar y esto se fuese prolongando por demasiado tiempo. Por fin, yo dije a Rut: “Pienso que deberíamos intentar ayudarla”.

Así, aunque era un culto en el cual no teníamos ninguna responsabilidad, nos aproximamos silenciosamente para hablar con ella. Rápidamente descubrimos que ella estaba hablando en una lengua, pero se nos hizo evidente que era una lengua falsa, que no provenía del Espíritu Santo. La instamos a confesar que Jesús es el Señor y ella no mostró voluntad o capacidad de hacerlo. Por eso, concluí que se trataba de un espíritu de error.

Más tarde, las personas que la acompañaban se aproximaron a nosotros para preguntarnos qué podían hacer. “¿Cómo le sucedió esto?”. Respondieron: “Bien, ella fue a una iglesia que está involucrada en este movimiento y alguien le impuso las manos y desde entonces ha estado así. Pero ella está convencida de que es de Dios. No podemos ayudarla”. Este es sólo un ejemplo de “lluvia” que vino a través de un “estanque de agua” que no era puro.

Siempre se hace alusión al texto donde se le recomienda a Timoteo no imponer sus manos con ligereza. Si bien esto se refiere a la ordenación de personas por ese método, bien vale tenerlo en cuenta para la inversa: si la imposición de manos es una forma de traspasar algo de Dios, no es desatinado suponer que también puede ser usada por el enemigo.

También, en el actual movimiento, se da mucho énfasis al amor. Concuerdo que no hay nada mayor que el amor. Pero el problema es que las personas no siempre perciben la naturaleza del amor tal como es descrito en el Nuevo Testamento. Primero, el amor en nosotros se expresa por la obediencia al Señor. Cualquier tipo de amor que no resulte en obediencia es un amor no-bíblico.

En Juan 14:15 Jesús dice a sus discípulos: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. En otras palabras, ¿Cuál es la evidencia de que usted lo ama? La evidencia es que usted guarda sus mandamientos.

Después, en el versículo 21a, Jesús dice: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama”. Y en 1ª Juan 5:3, el apóstol dice: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos”. Por lo tanto, cualquier tipo de amor que no resulte en obediencia a la voluntad de Dios revelada en su Palabra no es un amor bíblico. Es una falsificación, un sustituto de la realidad.

Además de eso, necesitamos considerar la forma como Dios expresa su amor por nosotros. Es verdad que Dios es nuestro Padre y que nos ama, pero como Padre está preparado para disciplinarnos.

Lo hemos dicho: en nuestras congregaciones hay tanta gente con carencias afectivas que cuando se habla de amor, lo primero que entienden es que se trata de ese amor que une a padres, hijos, hermanos, novios, esposos, etc. Eso es Phileo y aquí se habla de Ágape.

¿No es la misma cosa? No, no es la misma cosa. El amor Ágape es un amor que se traduce como “Carácter de sentirse miembro del Reino de Dios”. Esto es certeza. Esta es la única clase de “amor” que puede cubrir multitud de pecados o echar fuera al temor. El otro, el romántico, es bueno y nadie lo discute, pero no es de lo que se está hablando…

En los mensajes a las siete iglesias retratadas en Apocalipsis, yo diría que Laodicea es probablemente la que más de cerca corresponde a la iglesia contemporánea de Occidente. A esa iglesia, el Señor dice: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete”. (Apocalipsis 3:19).

Así el amor de Dios no es desordenado. No es sentimental. Es práctico. Si nos apartamos de sus caminos y somos desobedientes, su amor se manifestará en reprensión y castigo y nos ordenará que nos arrepintamos. Una vez más, tenemos el problema de intentar obtener lo que Dios promete, dejando de lado la condición básica del arrepentimiento – y eso es engaño.

Recientemente, leí el siguiente comentario de un maestro británico de la Biblia: “Algunos cristianos toman el texto: “Dios es amor” y lo invierten, diciendo: “El amor es Dios”. En otras palabras, nada puede ser errado si estuviere enraizado en el amor. Con todo, cualquier amor que se interponga entre nosotros y Dios es un amor ilegítimo …” De manera semejante, cualquier amor que nos desvíe de la obediencia a la Palabra de Dios es ilegítimo.

 

La identidad del Espíritu Santo

En todo lo que hemos hablado sobre este fenómeno mundial, creo que existe una cuestión central subyacente, generalmente ignorada. De hecho, muy rara vez llegamos a enfrentar seriamente esta cuestión:

¿Cuál es la identidad del Espíritu Santo? ¿Cómo podemos reconocer al Espíritu Santo? ¿Cómo podemos saber las características del Espíritu Santo? ¿Y cómo distinguimos el Espíritu Santo de otros espíritus?

Recientemente leí una declaración de una defensora de la Nueva Era que decía lo siguiente respecto de aquel movimiento: “Cuando el espíritu santo vino, llegó la Nueva Era”. Tengo la seguridad de que la mayoría de mis lectores comprenden que cuando ella habla del espíritu santo, no está hablando del mismo Espíritu Santo que la Biblia habla. Esta es una de las diversas indicaciones de que existe un espíritu santo falsificado.

Hay un grado de cierta responsabilidad por nuestra parte, en algunas de nuestras organizaciones, para que esta clase de engaño progrese: el haber olvidado, dejado de lado y hasta descreído de la existencia de ese Espíritu Santo. Obviamente, eso trajo la contrapartida que también es perniciosa: el sobre énfasis.

No es novedad que Satanás produzca una falsificación religiosa. Desde el tiempo de Jesús, la historia registra una serie de mesías falsos que surgieron en el pueblo judío. Todos ellos tuvieron seguidores. Algunos, como Sap-betai Zvi, ejercieron una larga y duradera influencia. El último de ellos murió en 1994.

Otra falsificación religiosa tiene que ver con la llamada “bienaventurada virgen María”. Con todas las reivindicaciones que han sido hechas en su favor y con todos los títulos que se le han atribuido, dejó de parecerse a una humilde doncella judía que llegó a ser la madre de Jesús y más tarde de sus hermanos y hermanas. Con todo, a lo largo de los siglos esta falsificación reivindicó la devoción de millones de cristianos sinceros.

Esto es decididamente cierto y veraz. Es muy difícil que existan problemas con personas del catolicismo romano, a menos que se hable o se ponga en duda la deidad de María. Una deidad que jamás fue respaldada por ninguna escritura, pero que ha sido aceptada y creída de tal modo que resulta imposible modificar esos pensamientos arraigados.

Precisamos, por tanto, estar prevenidos para no recibir un “espíritu santo” falsificado. Me gustaría sugerir tres formas de identificar el Espíritu Santo.

La primera la menciono en el librito “Tumulto en la Iglesia”, que escribí en 1994. Citaré sólo algunos párrafos: “Otro peligro que amenaza a los que ministran en el campo sobrenatural es la tentación de utilizar los dones espirituales para manipular, explorar o dominar a las personas.

En una época de mi ministerio me vi obligado a expulsar espíritus de brujería de personas que frecuentaban la iglesia. Finalmente, le pedí al Señor que me mostrara la verdadera naturaleza de la hechicería. Creo que el Señor me dio la siguiente definición: Hechicería es el intento de controlar a las personas y llevarlas a hacer lo que usted quiera, utilizando cualquier espíritu que no sea el Espíritu Santo.

Después de haber digerido eso, el Señor agregó: Y si alguien tiene un espíritu que puede ser usado, no es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es Dios y nadie usa a Dios. Esto es muy importante. El Espíritu Santo es Dios y nadie manipula a Dios.”

Tremendo. Tremendo y real. Dime; haz memoria un momento: ¿En cuantas ocasiones has asistido a reuniones en las que hombres, (Quizás sinceros y bien intencionados, pero obviamente engañados), pretendían conseguir con sus esfuerzos, gritos y gestos que Dios hiciera algo que ellos habían anunciado?

Después, prosigo en el librito, diciendo: “Hoy, tiemblo interiormente cuando veo u oigo hablar de alguien que aduce tener dones espirituales y los usa libremente conforme le agrada. Ciertamente no es por acaso que algunos de los que hicieron tales reivindicaciones terminaron en graves errores doctrinales.”

Es importante ver que hay una diferencia entre el Espíritu Santo como Persona, y los dones del Espíritu Santo.

En Romanos 11:29, Pablo dice que los dones… de Dios son irrevocables. En otras palabras, después que Dios nos concede un don, él no lo retira. Somos libres para usarlo o no y para darle un mal uso. Pero incluso aunque lo utilicemos mal, Dios no lo retira de nosotros. En caso contrario, no sería un regalo genuino; sería sólo un préstamo condicional.

Esto es vital tenerlo presente. Derek Prince habrá de clarificarlo mucho mejor más adelante, pero es necesario que tú te lo grabes ahora, ya mismo. De otro modo, cuando ves algo de corte sobrenatural que produce la mano de alguien, jamás te atreverías a suponer que ese alguien puede ser falso.

Te dices a ti mismo: ¿Cómo va a ser falso si Dios lo usa de ese modo? Recuerda: una cosa es que Dios te use, y otra es que Dios te apruebe. A la hora de usar, recuerda que Dios usó sin problemas a Balaam, Salomón, Saúl, Sansón y hasta a Judas Iscariote.

Es un hecho de que existen personas que usan mal los dones del Espíritu Santo. Pablo nos da un ejemplo claro en 1ª Corintios 13:1: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe”.

Obviamente, no es el Espíritu Santo el que se torna “un címbalo que retiñe”. Sino es el don de hablar en lenguas –cuando es mal utilizado – que puede convertirse en un ruido hueco, disonante. Lamentablemente, eso sucede con frecuencia en los ambientes pentecostales y carismáticos.

Creo que es posible usar mal otros dones espirituales – como una palabra de ciencia (conocimiento) o un don de sanidad. Eso puede suceder cuando alguien utiliza un don espiritual para obtener un resultado o promover un movimiento que no está de acuerdo con la voluntad de Dios. Un ejemplo obvio de mal uso es cuando es para lucro personal.

En tal situación, nuestra salvaguarda es ser capaces de reconocer el Espíritu Santo como persona y diferenciarlo de sus dones. Este es, entonces, el primero y más importante hecho sobre el Espíritu Santo: ÉL ES DIOS. Y necesitamos relacionarnos con él y tratarlo siempre como Dios.

El segundo hecho sobre el Espíritu Santo es que él es siervo de Dios Padre y de Dios Hijo. Esta es una revelación maravillosa, porque atribuye un elevado valor al servicio. Hoy, muchos desprecian la idea de ser siervo.

Consideran humillante y poco digno ser siervo. Pero pienso que es maravilloso el hecho de que el servicio no haya comenzado en la tierra. Comenzó en la eternidad y tuvo su inicio en Dios. Dios Espíritu Santo es el Siervo del Padre y del Hijo. Eso no lo menoscaba ni lo hace menos Dios. Pero es un hecho que tenemos que reconocer sobre él, que rige sus actividades y las cosas que él realiza.

En Juan 16:13-14 Jesús nos da una idea del ministerio y actividad del Espíritu Santo: “Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber”.

Vemos, entonces, que el Espíritu no habla por sí mismo; él no tiene su propio mensaje. ¿No es extraordinario? Sólo habla lo que oye del Padre y del Hijo. En segundo lugar, su meta no es glorificarse a sí mismo ni atraer la atención hacia su persona, sino glorificar y llamar la atención hacia Jesús. Esta es la segunda forma importante de identificar al Espíritu Santo.

He sido espectador y hasta participante de reuniones donde la figura central era el Espíritu Santo, toda oración que se efectuaba estaba dirigida a Él y toda la gloria, toda la honra y toda la alabanza estaba destinada a Él. – ¡Es que él es Dios!, decían. Sí, pero nuestro Dios es un Dios de orden.

Me gustaría que prestase mucha atención, porque lo que voy a decir es algo revolucionario. Cualquier espíritu que se concentre en el Espíritu Santo y lo glorifica no es el Espíritu Santo. Eso es contrario a toda su naturaleza y propósito. Así que percibamos eso, nuestros ojos se abrirán a muchas cosas que pasan en la iglesia y que, de otra forma, son difíciles de entender.

Por ejemplo, tenemos un maravilloso corito que cantamos sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu. El primer verso dice del Padre: “Glorifica tu nombre en toda la tierra” El segundo verso dice de Jesús, el Hijo: “Glorifica tu nombre en toda la tierra”. El tercer verso dice del Espíritu: “Glorifica tu nombre en toda la tierra”.

Me gusta cantar los dos primeros versos, pero me rehúso a entonar el tercero, porque para mí no es bíblico. El Espíritu Santo nunca glorifica su propio nombre. Su meta es glorificar a aquel que lo envió.

No tomes con ligereza esta enseñanza. Dentro de nuestra sociedad es bastante frecuente la falsedad, la adulación interesada y todos sus pormenores. Pero esto es la Iglesia del Señor. Y aquí hay una gloria, la de Dios, que debe ser cuidadosamente guardada. Es mucho mejor así. Dios siempre protege su gloria.

 

Déjeme agregar una cosa más que tal vez lo sorprenda. No encuentro en ningún lugar de la Escritura un ejemplo de una oración dirigida al Espíritu Santo. Hasta donde entiendo, nadie en la Escritura oró jamás al Espíritu Santo. Sería bueno que lo compruebe por usted mismo, pero he buscado cuidadosamente y no he encontrado ningún ejemplo.

Usted podría preguntar: “¿Por qué?”. Mi respuesta es: se trata de una cuestión de “protocolo” celestial. Hoy en día, hay tan poco respeto por el protocolo en la tierra que hay veces que no percibimos que hay un protocolo en el cielo.

Es un protocolo que tiene que ver con una relación de señor–siervo. En tal relación, cuando tratamos con un siervo, no hablamos con el siervo, sino con el señor. Pedimos al señor que diga a su siervo lo que debe hacer. Es equivocado abordar directamente al siervo cuando su señor está disponible para recibirnos.

Creo que este es el protocolo del cielo. Cuando reconocemos la relación entre el Espíritu Santo, Dios Padre y Dios Hijo, comprendemos que nunca se da órdenes al Espíritu Santo. Cuando queremos que el Espíritu Santo haga alguna cosa, dirigimos nuestra petición al Padre o a su Hijo.

Cuando estudiaba este asunto, descubrí un pasaje en Ezequiel 37 que, en un principio, pensé que era una excepción. Forma parte de la bien conocida visión de Ezequiel del valle lleno de huesos secos, que no tenían vida alguna.

Antes de nada, él profetizó y los huesos se juntaron, pero continuaban como cadáveres sin vida. Después, en los versículos 9 y 10: “Y me dijo: Profetiza al Espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al Espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo”.

Entonces pensé que “el espíritu” aquí es realmente una figura del viento –o del Espíritu Santo– por lo tanto Ezequiel estaría orando al viento. Pero él no estaba orando. Estaba profetizando. Y no provenía de él.

Simplemente transmitió al viento la orden que recibiera del propio Dios. Así, hasta donde logro descubrir, no hay un único ejemplo en parte alguna de la Escritura de oración hecha al Espíritu Santo.

No estoy intentando hacer de esto un caballo de batalla. Por otro lado, pienso que es un hecho muy importante para ayudarnos en la intención de discernir la naturaleza y ministerio del Espíritu Santo.

Usted podría decir: “Entonces, ¿Dios no oye nuestra oración cuando oramos al Espíritu Santo?”. Pienso que oye. Pero no estamos orando de acuerdo con el protocolo del Cielo. Si queremos realmente agradar al Señor y mostrarle respeto, tenemos que respetar su protocolo.

El tercer hecho importante sobre el Espíritu Santo es lo que indica su nombre: Él es Santo. Este es su título fundamental: Espíritu Santo. En Hebreos, es el Espíritu de Santidad. Él tiene otros muchos títulos: por ejemplo, Espíritu de Gracia, Espíritu de Verdad, Espíritu de Poder, etc. Pero son todos secundarios. Su nombre y título principal es Espíritu Santo. Todo lo que es impuro no procede del Espíritu Santo.

La Escritura también habla de la belleza de la santidad. Hay una belleza en la santidad cuando ésta procede del Espíritu Santo. No es necesariamente externa. Puede ser una belleza interior. Por ejemplo, en 1ª Pedro 3:4, Pedro habla del hombre interior del corazón, y del ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Esa no es una belleza externa. Es una belleza interior que proviene del Espíritu Santo.

Con todo, me gustaría decir, con todo el énfasis posible: Todo lo que es impuro o feo no procede del Espíritu Santo.

 

Voy a presentar una lista de 12 adjetivos que pienso no pueden ser aplicados al Espíritu Santo y que no tienen nada que ver con aquello que es producto del Espíritu Santo. Al leer la lista, le sugiero que confirme mentalmente y vea si concuerda conmigo. A continuación, entonces, la lista de las palabras que nunca podrían aplicarse al Espíritu Santo:

Auto-exaltado auto-afirmado

vulgar rudo

fingido indecente

insensible obtuso

necio irreverente

degradado degradante

Si Dios lo confirma y me da vida, tengo el deseo de escribir un libro para el cual ya tengo el título: “La Santidad no es Opcional”. Sólo Dios sabe si conseguiré algún día escribirlo, pero me gustaría decir que el título declara la verdad exacta.

En la vida cristiana, la santidad no es opcional. Muchos cristianos parecen pensar que la santidad es como un accesorio de lujo de un automóvil, como un tapizado de cuero en vez del original de plástico.

Pero no es verdad. La santidad es una parte esencial de la salvación. En Hebreos 12:14, el autor dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. ¿Qué salvación tenemos que no nos lleve a ver al Señor? Pero sin santidad, nadie verá al Señor.

En nuestro cristianismo occidental contemporáneo, tenemos un cuadro muy incompleto de la salvación: “Si soy salvo y nazco de nuevo y después si quiero proseguir hacia la santidad, es posible – pero es una opción”. Quiero decirle que nuestra salvación tiene que ver con ser santos. Y la santidad proviene solamente del Espíritu Santo.

Hay muchas características de supuestos movimientos del Espíritu Santo que yo podría señalar como ejemplos de cosas que no son santas. Pero voy a indicar solamente una: el comportamiento animal en seres humanos atribuido al Espíritu Santo. Hay muchos ejemplos de esto, algunos de los cuales comprobé personalmente y otros me fueron relatados.

Primero, no conozco ningún pasaje de la Escritura en que el Espíritu lleve a un ser humano a comportarse como un animal. Tenemos el ejemplo de Balaam, pero ese es un fuerte contraste. Dios llevó a la asna de Balaam a hablar como un hombre – ¡pero nunca llevó a Balaam a rebuznar como un burro!

Hubo un hombre a quien Dios llevó a comportarse como un animal: Nabucodonosor. “Y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves” (Daniel 4:33). Pero este fue el juicio de Dios, ¡no su bendición!

Apocalipsis 4:6–8 retrata a cuatro seres vivientes que rodeaban el trono de Dios. Tres se encuentran allí como representantes del reino ‘animal’: un león, un becerro y un águila. Pero ninguno de ellos hace ruidos que expresen su naturaleza ‘animal’. Todos ellos igualmente proclaman la santidad de Dios en un hablar puro y maravilloso.

Es importante comprender que hay un orden en la creación de Dios. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios para ejercer autoridad sobre el reino animal (Génesis 1:26). De hecho, el hombre es la clase más elevada de la creación descrita en los versículos iniciales de Génesis.

Esto tiene que ver con la forma como el Espíritu Santo nos bendice. Él exalta a aquellos a quienes bendice. A veces, lleva a un animal a actuar como un ser humano. Pero nunca degrada a un ser humano, llevándolo a actuar como un animal.

Tengo alguna experiencia en esta área porque en África encontré muchas veces espíritus animales. Recuerdo especialmente un culto de liberación realizado en Zambia con la presencia de cerca de 7.000 africanos.

Cuando terminé de enseñar y comencé a ordenar a los espíritus malos que se manifestasen y saliesen de las personas, se reveló todo género de espíritus animales. Cuando digo “espíritus animales” me estoy refiriendo a espíritus malos, demoníacos, que entran en los seres humanos y los llevan a comportarse como animales.

La primera cosa que sucedió fue que un hombre con un “espíritu de león” intentó atacarme. Pero alguien lo hizo tropezar y él no me alcanzó.

Es necesario comprender que la razón de por qué estos africanos en esta parte de África poseen tantos espíritus animales se debe al hecho de que muchos de ellos son cazadores de animales.

Ellos tienen esta superstición de que para ser exitosos en la caza de un determinado animal, deben tener en sí el espíritu de aquel animal. Así, un hombre tiende a adquirir el espíritu del animal que procura cazar. Por ejemplo, el hombre que va a cazar un león, adquiere un espíritu de león.

Hay muchos otros. Lidiamos con espíritus de jabalís salvajes que llevaban a las personas a osar en la tierra con la nariz como un jabalí en busca de alimentos. Hay también muchos espíritus de serpientes. Se manifiestan generalmente en las mujeres, y cuando esto sucede, las mujeres se arrastran de barriga en el piso como las serpientes. Todo esto lo vi personalmente.

Hay otro espíritu cuya acción no vi personalmente, pero oí el relato de un matrimonio de misioneros que organizó una reunión. Más tarde, conocí a la señora involucrada. Era una cristiana muy amorosa –una profesora– pero el marido era cazador de elefantes.

Cuando se dirigió al matrimonio de misioneros para ser liberados, ellos ordenaron al espíritu de elefante que saliese. Inmediatamente, ella se puso sobre sus cuatro extremidades y gateó a través de la puerta abierta, recostó la cabeza en un pequeño árbol y comenzó a intentar derribarlo. ¿No es extraordinario?

Tal vez algunos de nosotros bien intencionados cristianos occidentales dirían: “Nuestra hermana está derribando árboles para Jesús”, pero la explicación no era esa. El espíritu de elefante en ella es la que la llevaba a hacer lo que normalmente hacen los elefantes, que es derribar los árboles con la cabeza. Así que ella fue libertada de ese espíritu, y dejó de sentirse impulsada a derribar árboles con la cabeza.

En Occidente, tenemos a veces la tendencia a hablar de las personas de África de forma un tanto despectiva y considerarnos nosotros más civilizados que ellas. Con todo, pienso que en este campo de los espíritus malos, somos nosotros, en Occidente, los incultos y los africanos los civilizados.

Durante generaciones vivieron con tales espíritus, y mientras el Evangelio no surgió con el poder del nombre de Jesús y la Palabra de Dios, no tenían posibilidad de enfrentarlos. ¡Gracias a Dios que muchos de ellos saben ahora cómo enfrentarlos!

Otro ejemplo, del cual tengo innumerables informaciones, son las personas que se comportan como perros. Soy un apasionado por los perros, pero pienso que ellos deben quedar en su debido lugar. No creo que el Espíritu Santo jamás lleve a alguien a ladrar o a saltar como un perro.

En este punto Prince se refiere específicamente a algo determinado. UN algo que en su momento acaparó la atención siempre expectante de muchos cristianos ansiosos de manifestaciones nuevas y, por ende, pasibles a recibir engaño.

Siempre que ocurren tales manifestaciones de espíritus animales, hay ciertos pasos que necesitamos seguir. No podemos tolerar o alentar tales manifestaciones, ni podemos esconder la cabeza en la arena y fingir que nada sucedió. En Mateo 12:33, Jesús nos instruyó: “O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol”.

Siempre que hay un fruto malo, proviene de un árbol malo. No basta librarnos del fruto malo. Tenemos también que derribar el árbol malo que lo produjo. Si no lo hacemos, el árbol malo continuará produciendo fruto malo.

No hay duda de que el árbol que produce un comportamiento animal de este tipo es alguna forma de práctica oculta o pagana. Por ejemplo, hay frecuentes manifestaciones de comportamiento animal en algunas partes de África o de la India.

Para cortar el árbol es necesario que los líderes responsables identifiquen el problema, lo confiesen como pecado y se arrepientan de él. En ningún lugar de la Biblia hay base para suponer que Dios perdone los pecados que no estuviéremos dispuestos a confesar.

Alguien dice: “La confesión debe ser tan amplia como la transgresión”. Si los líderes han tolerado estas cosas en presencia de su rebaño, entonces en presencia del rebaño deben confesarlas como pecado y acabar con ellas. En caso contrario, si el árbol malo no es cortado, continuará produciendo malos frutos.

Para terminar, me gustaría presentar una pequeña “parábola” de mi autoría, que habla de mi relación con mi mujer. En esta parábola, mi mujer representa al Espíritu Santo y yo represento a Dios. Por favor, comprenda que esto no pasa de ser una simple parábola y que tengo plena conciencia de que el Espíritu Santo no es la esposa de Dios. Con esas precauciones, voy a contar la parábola.

Un amigo me viene a ver y dice: “Ayer en la noche, vi a su mujer en el púlpito, y ella se veía tan hermosa, tan rejuvenecida, tan llena del Espíritu Santo”. Yo respondo: “Gracias. Ella es así”. Después, un poco más tarde, el mismo se aproxima y dice: “Sabe, ayer vi a su esposa en un bar bebiendo con un hombre”.

Yo respondo: “¡Esa no es mi mujer! Mi mujer es una mujer pura y santa. Ella no entra en bares y no bebe con extraños. Ayer, mi mujer estuvo conmigo todo el tiempo. ¡No hable esas cosas de ella!”.

Poco después, él se acerca y dice: “¿Sabe? Ayer vi a su esposa en la playa tomando un baño de sol en topless”. Ahí me pongo muy enojado y le respondo: “Ayer, mi esposa no estuvo ni cerca de la playa y ella nunca se expondría de esa forma.

Si quiere seguir siendo mi amigo, precisa reconocer que esa mujer liviana e inmoral que vio no es mi mujer, porque eso es un insulto tanto para ella como para mí. Si quiere seguir siendo mi amigo, va a tener que cambiar la forma como habla de mi mujer”.

La aplicación, lógicamente, es esta: Si queremos continuar siendo amigos de Dios, no podemos atrevernos a identificar a su Espíritu Santo con algo que sea liviano, inmoral, feo o impuro, porque eso irrita a Dios fuertemente.

Llegamos a la última Escritura, que se encuentra en Mateo 12:31–32, donde Jesús dice: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.

Esta es una alerta muy solemne y amedrentadora. Fuimos advertidos por el propio Jesús para ser extremadamente cautelosos en cuanto a la forma como hablamos del Espíritu Santo, en cuanto al modo como lo representamos.

Jesús usa la palabra blasfemia y decidí buscarla en el léxico griego. El significado principal de blasfemar es este: “Hablar livianamente o equivocadamente de cosas sagradas”. Así, cuando hablamos livianamente o erradamente sobre el Espíritu Santo o distorsionamos su carácter, por definición estamos próximos a la blasfemia.

Si usted ya hizo o estuvo cerca de hacer así, o estuvo asociado a personas que hacían de esa forma, me gustaría darle un consejo sincero: Usted necesita arrepentirse. Necesita resolver de una vez por todas esa cuestión con Dios y nunca hacerse culpable de desvirtuar al Espíritu Santo de Dios. Porque el Espíritu Santo es santo y él es Dios.

 

CAPÍTULO 2

TERRENAL, ANIMAL, DIABÓLICO

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1ª Tes. 5:23-24).

En el primer capítulo, intenté analizar lo que considero es un problema. En esta segunda parte, quiero verificar, en términos escriturales, cómo surge este problema. Esto es muy importante, porque el problema continúa manifestándose.

Voy a dar cinco ejemplos de cómo el mismo problema ha surgido en los últimos cincuenta años dentro del movimiento carismático. Pienso que si conseguimos analizar el problema, el paso siguiente es evitarlo. Así, espero que todo cuanto tengo que decir sea totalmente práctico.

Comprendiendo la personalidad humana

Quiero hablar ahora sobre la personalidad humana en su totalidad y, especialmente, sobre dos de sus elementos. Si no nos comprendemos a nosotros mismos y el modo cómo estamos constituidos, enfrentaremos un gran problema.

La personalidad humana total es revelada en el versículo citado más arriba: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible”. Por tanto, por completo, significa nuestro espíritu, alma y cuerpo.

Hace muy bien Derek en conceptuar esto porque en muchos círculos autodenominados cristianos, no se tiene muy en claro por una sencilla razón: se sienten capacitados para ministrar sentidos y sentimiento (cuerpo y alma) pero son incapaces de hacerlo con el espíritu.

En Génesis 1 dice que Dios decidió crear al hombre a su imagen y semejanza (v. 26). A su imagen se refiere a su apariencia externa. Hay algo en la apariencia externa del hombre que refleja la apariencia externa de Dios.

Digámoslo de otra forma: Fue apropiado que el Hijo de Dios se manifestase en la forma de un ser humano masculino. No podía haber aparecido en forma de un buey o de un becerro, porque, en cierto sentido, el hombre representa la imagen o la apariencia externa de Dios. “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios…” (1 Corintios 11:7).

Esto no debe entenderse como un Dios machista y representado por el sexo masculino. Se trata de comprender que la imagen de Dios tiene como connotación principal algunas características masculinas: fuerza, valentía, capacidad para la guerra.

Semejanza representa la estructura interna de la Divinidad. La estructura de la Divinidad es Trina: Padre, Hijo y Espíritu. En esta semejanza, el hombre fue creado como un ser trino – espíritu, alma y cuerpo.

Así, de manera singular, el hombre representa a Dios junto a la creación sobre la cual Dios lo puso como señor: en su apariencia exterior y en su constitución interior. No vamos a hablar de la apariencia exterior, sino de la estructura interior de la personalidad humana, que es triple: espíritu, alma y cuerpo.

Esto deja en claro una vez más que a Dios le interesa muy poco lo que se muestra. Mucho más le interesa lo que se es. Los hombres, en su afán de crecer personalmente en las diferentes organizaciones, se han preocupado demasiado en los aspectos externos, pero eso no le hace. Dios sigue pensando de la misma forma.

Volviendo al relato de la creación, podemos detectar el origen de cada uno. El espíritu vino del soplo de Dios. Cuando Dios sopló en la nariz de Adán, eso produjo espíritu en Adán. Incidentalmente, las palabras usadas para espíritu y soplo son las mismas tanto en hebreo como en griego.

El cuerpo fue barro al que se infundió vida divina. El alma surgió a través de la unión entre espíritu y cuerpo. El alma es la parte de difícil comprensión. Es el ego individual, singular – aquello en cada uno de nosotros que puede decir “yo deseo” o “yo quiero”.

Atención con esto porque evaluará la calidad y la cualidad de tu oración. Cuando oras, ¿Le pides al Señor aquello que deseas o aquello que quieres? Sería lo lógico, lo normal y lo que mayormente hacen todos, ¿No es así? Sin embargo no estás orando con el espíritu, estás orando con el alma. Y Dios te hizo con un alma, pero no se mueve por ella.

En general, es definida como constituida de voluntad, emociones e intelecto. Así, de modo muy simple, estos están representados en las tres declaraciones verbales: “Quiero”, “Siento”, “Pienso”. Esta es la naturaleza del alma.

Quien está separado de Dios por el pecado es dominado por su alma. Si nos diéramos el trabajo de analizar, veríamos que la vida y las acciones del hombre natural son controladas por estas tres cosas: “Quiero”, “Siento”, “Pienso”.

“¡Pastor! Escúcheme un momento. Yo QUIERO que usted tenga en cuenta mi opinión respecto al funcionamiento de la iglesia. Yo PIENSO que nos faltan muchas cosas, SIENTO que Dios espera mucho más de nosotros…” Este es un lindo discurso, pero es pura alma.

Consideremos ahora lo que sucedió a Adán y Eva a causa del pecado. Primero, el espíritu murió. En Génesis 2:17, Dios dice a Adán: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”. Durante más de 900 años Adán no murió físicamente, pero murió espiritualmente en el momento que desobedeció a Dios.

Por allí todavía andan muchos cavernícolas que, apoyados en esa escritura, amenazan de muerte, pero de muerte física, de parte de Dios, claro, a todos los que estén en pecado. Y alguno no resistirá la tentación de agregarle a eso que es un gran pecado desobedecerle a él…Siempre se habló de muerte espiritual. A Dios no le interesa la física. A ti te interesa.

Al mismo tiempo, el alma de Adán se tornó rebelde. Necesitamos recordar que cada descendiente de Adán, hombre o mujer, tiene en sí mismo la naturaleza rebelde. Este es nuestro mayor problema. Por esta razón, no basta sólo que nuestros pecados nos sean perdonados, aunque eso sea maravilloso. Lo rebelde tiene que ser muerto y eso forma parte de la provisión del Evangelio.

Analicemos dos pasajes en Efesios que tratan de estas dos condiciones: la muerte del espíritu y la rebelión del alma. En Efesios 2:1-3, hablando a los creyentes vivificados en Cristo, Pablo dice: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.

Este es un cuadro de toda la raza humana en rebelión contra Dios y, por causa de la rebelión, muerta en transgresiones y pecados. Ese es el resultado del pecado. El espíritu muere; el alma se torna rebelde, en rebelión contra su Creador.

¿Qué sucede con el cuerpo? Se torna lo que la Biblia llama corruptible. Eso significa que queda sujeto a la enfermedad, al envejecimiento, en fin, a la muerte. Pero, como ya destaqué, la muerte de Adán no ocurrió físicamente durante más de 900 años.

La muerte que Adán experimentó cuando desobedeció a Dios fue probablemente lo que la Biblia llamaría “la primera muerte”. Después, el Nuevo Testamento habla de “la segunda muerte” (Apocalipsis. 20:6, 14), que creo que es la separación de Dios, final y eterna, del espíritu y el alma rebeldes.

Esto va a servirte para evaluar la condición de aquel que por algún motivo se retira de la congregación. Si su alma toma el mando y comienza a caminar en corrupción física y moral, se ha ido del evangelio. Pero si sigue íntegro y fuerte, aunque no vaya a sentarse a tu lado cada domingo, ni te atrevas a juzgarlo como a alguien fuera del cuerpo…

De la rebelión a la salvación

Entonces, ¿Qué sucede cuando somos salvos? ¿Qué pasa con nuestro espíritu? Es vivificado. Volvemos a vivir en cuanto al espíritu, en Cristo. Leamos Efesios 2:4-6: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.”

Así, Dios nos vivificó. Pero eso no es todo. No tenemos tiempo para entrar en detalles, pero él también nos resucitó y después nos entronizó. Todo eso se encuentra en el pasado. Así, si pudiésemos aceptar esto, espiritualmente estamos sentados con Cristo en el trono. Pero el aspecto que quiero enfatizar ahora es: ¡Fuimos vivificados!

Por ese motivo es que cuando tú te conviertes, durante unos meses, le predicas el evangelio hasta las piedras. Luego, tu alma comienza a reaccionar de ese “shock” y empieza a pelearte la buena batalla. Porque más que con Satanás y sus demonios, tu gran batalla diaria es contra tu propia carne.

El alma es reconciliada con Dios a través del arrepentimiento. Es muy importante enfatizar el arrepentimiento. Un rebelde no puede ser reconciliado con Dios mientras permanezca rebelde. Así, una de las cosas implícitas en la salvación es el hecho de librarnos de nuestra rebelión.

Muchos que afirman haber nacido de nuevo y ser salvos, de hecho nunca han renunciado a su rebelión. Poseen una forma exterior de cristianismo, sin la realidad interior. “Justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos. 5:1).

Cierto total. Sólo que quizás por misericordia o prudencia, Prince no agrega algo que resulta implícito. Esa gente que está en esas condiciones, supone que porque ha sido aceptado en una congregación cristiana, ya está salva. La Biblia nos dice otra cosa, y alguien deberá acercarse, por amor, y decírselos aunque lo agredan.

Estuvimos en guerra contra Dios. Ahora fuimos justificados por la fe – tenemos paz con Dios. Después, en el versículo 11, encontramos: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación”. Estuvimos en guerra contra Dios; ahora fuimos reconciliados.

Entonces ¿qué sucede con el cuerpo por medio de la salvación? Se torna un templo del Espíritu Santo. Considero esto importantísimo. Muchos creyentes no perciben que nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo y que tenemos que tratarlos con reverencia.

Una de las acepciones gramaticales de la palabra Reverencia, es: “Respeto o veneración que tiene alguien a otra persona”. Fíjate que en este caso, no hay otra persona, sino que somos nosotros mismos.

He hallado dentro de muchas congregaciones a gente muy devaluada, acomplejada y creyendo que son lo peor e lo peor. Todo bajo un dudoso barniz de humildad. Gente así es imposible que respete su propio cuerpo. Suficiente para desobedecer el mandamiento.

En 1ª Corintios 6:19-20, Pablo comienza diciendo: “¿No sabéis?”, una frase que usa por lo menos media docena de veces. Mi observación es que siempre que él dice “¿No sabéis?”, la mayoría de los cristianos no saben.

Otra vez muy cierto. A mí me quedará la duda en forma de pregunta: ¿Por qué razón esos cristianos no lo saben? El texto de Pablo habla de que nadie se los enseñó. Pero resulta ser que hoy tenemos seminarios, institutos, escuelas bíblicas. Sin embargo, la acotación es exactamente igual. Es más lo que los cristianos ignoran que lo que saben.

Por una parte, creo que hay en nosotros una excesiva tendencia a la comodidad. Lo veo ministerialmente. Por cada persona que me hace un comentario sobre algo que ha leído, hay cien que me comentan algo que han oído. Comodidad y costumbre tradicional.

“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1ª Corintios 6:19–20).

Resumamos lo que sucede en la salvación: Nuestro espíritu es vivificado; nuestra alma es reconciliada con Dios; y nuestro cuerpo es transformado en templo del Espíritu Santo y también queda calificado para la primera resurrección.

En Filipenses 3:10–11, Pablo dice que nuestro cuerpo se tornó calificado para la primera resurrección, y que esta es la meta de su vida cristiana: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”. La palabra usada para resurrección no se refiere a la resurrección final y completa, sino a la resurrección que es sólo de los verdaderos creyentes.

¡Un momento! ¿Está diciendo este siervo que hay dos clases de resurrecciones? Correcto. Hay una que tiene que ver con todo el planeta humano. Hay otra que tiene que ver con los hijos de Dios adoptados por Jesucristo.

Entonces, ¿Cuáles son las funciones de estos tres elementos? Primero, el espíritu. El espíritu puede mantener comunión directa con Dios y adorarlo. Es la parte del hombre que se originó en Dios y puede volver a Dios en comunión y adoración.

Esto es lo que Pablo afirma en 1ª Corintios 6:17, un versículo muy importante: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”. En mi opinión, sería totalmente incorrecto decir “un alma”. Es “un espíritu”. (Además, tanto en Génesis como en Eclesiastés, dice que el que vuelve a Dios cuando morimos, es el espíritu; no el alma.)

Si observa el contexto de esta frase, verá que Pablo está hablando de un hombre que se une a una ramera y que esto es una unión física, pero él se está refiriendo a una unión espiritual. Visto de esta forma, se torna claro que es una unión muy real. Pero es sólo el espíritu que se puede unir a Dios. El alma no puede, tampoco el cuerpo. Por causa de eso, el espíritu, y sólo él es capaz de verdadera adoración.

Si esto no destroza la antigua “vaca sagrada” del emocionalismo o la expresión física a la hora de la alabanza y la adoración, no sé que te estoy diciendo. Director de alabanza: no se trata de hacer brincar, batir palmas o emocionarse y llorar; se trata de adorar en espíritu y en verdad. Y eso es solamente interno.

En Juan 4:23-24, Jesús dice: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. (Para mí, esto es una declaración impresionante. Dios Todopoderoso, que creó el universo, está buscando personas que le adoren. Y después dice): Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”

El espíritu es el elemento en nosotros capaz de adoración. El alma es capaz de alabar y de acciones de gracias; pero sólo el espíritu puede ofrecer a Dios la adoración aceptable.

¿Y el alma? ¿Qué sucede con ella? El alma es el elemento que toma las decisiones y, a través de la regeneración, ella es capaz de tomar las decisiones correctas. David dice en el Salmo 103: “Bendice, alma mía, al Señor”. Él estaba hablando con su alma.

¿Qué parte de él estaba hablando con su alma? ¡Su espíritu! Su espíritu sentía la necesidad de bendecir al Señor, pero sólo su espíritu podía hacerlo cuando su alma activase el cuerpo. Así, en esta creación actual, el espíritu se mueve sobre el cuerpo a través del alma.

Usando un ejemplo tosco, pienso que el alma es como la palanca de cambios de un automóvil. Nos sentamos al volante, ponemos a funcionar el motor, pero para que el automóvil se mueva, tenemos que usar la palanca de cambios. Esa palanca es el alma. El espíritu está presente, pero sin el alma no consigue mover el auto.

Mi propósito en todo esto es llegar al punto en que podamos distinguir entre espíritu y alma, pero esto no es fácil. De hecho, hay sólo una forma de lograrlo con eficacia y la encontramos en Hebreos 4:12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Note la expresión “hasta”. La Palabra de Dios es el único instrumento suficientemente sensible y afilado para penetrar, dividir alma y espíritu. No existe otra manera para comprender las diferentes funciones del alma y del espíritu y la relación entre ellos, a no ser por la Palabra de Dios.

No podemos confiar en nuestra comprensión o en nuestros sentimientos. El único discernidor confiable es la Palabra de Dios. Pero para utilizarla como discernidor, son necesarias dos condiciones.

Y por ese motivo es que una gran mayoría de cristianos aceptan con mayor facilidad un mensaje humanista, filosófico o intelectual que proviene del alma del predicador, que una palabra Rema, fuerte, ungida y liberadora que emana del Espíritu Santo de Dios.

Ellas se encuentran en Hebreos 5:13-14, donde el autor habla de la diferencia entre cristianos maduros e inmaduros. “Y todo aquel que participa de la leche, es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño (Los que sólo se alimentan de leche todavía son bebés. Después prosigue); pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”.

En otras palabras, el discernimiento no es algo automático. Viene solamente por la práctica y sólo cuando recibimos todo el consejo de Dios a través de su Palabra. Si vivimos como bebés a base de leche, no tendremos la capacidad de discernir. Si crecemos a pesar de eso, continuaremos sin poder discernir, a menos que nos ejercitemos.

Me gustaría desafiarlo a preguntarse: ¿Está practicando el discernimiento? De mí mismo, puedo decirle que, en cierta medida, practico el discernimiento. Cuando entro en una determinada situación, pongo en funcionamiento mis “antenas espirituales” y pregunto:

¿Cuáles son las fuerzas espirituales que están en acción en esta situación? Cuando escucho una predicación no oigo sólo las palabras, sino que procuro discernir el espíritu que acompaña a las palabras.

Pero eso sólo viene con la práctica. Si vivimos de modo descuidado, no adquirimos la capacidad de discernir. Creo que necesitamos practicar el discernimiento en cada situación. Creo que el discernimiento debe ser una parte tan rutinaria en nuestra vida espiritual como la oración. En caso contrario, tendremos problemas.

Totalmente de acuerdo Derek; ya tenemos de esa clase de problemas. Si los cristianos en mayoría tuviéramos el discernimiento mínimo necesario, no hubieran progresado tanto dentro de nuestras organizaciones tantos verdaderos delincuentes espirituales.

Discerniendo entre alma y espíritu

 

Ahora me gustaría hablar de la diferencia entre lo espiritual y lo almático (es decir, del alma), que ilustraré en el siguiente cuadro.

Idioma Sustantivo Adjetivo

Griego pneuma pneumatikós

Español espíritu espiritual

Griego psique psiquikós

Español alma almático

Para comprender este cuadro, tenemos que ir más allá de la traducción. Voy a intentar explicar. En el cuadro, tenemos el griego y después el español. Tenemos el sustantivo y después el adjetivo. Al verlos en conjunto la relación es obvia.

La palabra griega para espíritu es ‘pneuma’, de donde obtenemos en español ‘pneumático’ – o sea algo que funciona con aire. Esto es porque ‘pneuma’ significa ‘soplo’, ‘viento’ y ‘espíritu’. Ahora, el adjetivo de ‘pneuma’ es ‘pneumatikós’. ¿Cómo se traduce al español? Sabemos que ‘pneuma’ es ‘espíritu’. Obviamente, el adjetivo español de ‘pneuma’ es espiritual. No hay otra opción.

Esto explica coherentemente por qué Jesús sopla para transmitirles a sus discípulos el Espíritu Santo. Por eso esa modalidad sigue siendo implementada por muchos actualmente. Por eso, – también – el enemigo lo ha pervertido y usado para su beneficio en muchas ocasiones.

Ahora llegamos a la palabra griega para ‘alma’, y aquí enfrentamos un problema: el término griego para alma es ‘psique’, que da origen a un gran número de palabras como psicológico, psiquiatra, o psicosomático.

Pues bien, tenemos ‘psique’ y el adjetivo es ‘psiquikós’. No hay duda en cuanto a la traducción del sustantivo – es ‘alma’. ¿Pero el adjetivo? El problema es que en inglés y en español no existe una palabra adecuada. La mejor aproximación en español es ‘almático’. A pesar de no existir esta palabra en español, necesitamos usarla para traducir correctamente la Biblia.

Hasta donde yo sé, en alemán, en holandés, en danés, en el sueco y en el noruego – en todos estos idiomas existe una palabra para ‘almático”. Pero el inglés y el español carecen de la palabra necesaria para transmitir esta distinción tan importante.

Derek Prince es la primera persona que he conocido que se ha tomado un tiempo para explicar y enseñar esto. Muchos, como yo, usábamos sin pudores la palabra “almático”, pero al igual que lo debe haber vivido él, éramos censurados por los inteligentes e intelectuales hermanitos que nos aseguraban que esa palabra no existía.

Ahora voy a analizar todos los pasajes del Nuevo Testamento donde la palabra ‘psiquikós’ o ‘almático’ es usada, e intentaré mostrar la diferencia entre espiritual y almático.

Primero, veremos tres casos donde la palabra ‘almático’ se refiere al cuerpo físico, lo que es tal vez un poco difícil de comprender. Analicé cinco traducciones y descubrí varias palabras diferentes usadas en diferentes versiones para traducir este término ‘psiquikós’.

La versión original King James usa ‘natural’ o ‘sensual’. La New King James también usa ‘natural’ o ‘sensual’, pero en las notas al margen usa ‘mundano’. La New American Standard usa ‘natural’ y en las notas al margen ‘no espiritual’ y ‘de mente mundana’.

La New International Versión esa ‘sin el espíritu’, ‘natural’, ‘no-espiritual’ y después usa la expresión ‘siguen su instinto natural’. Vemos entonces que, si no vamos más allá de la traducción, no conseguiremos captar esta diferencia vital entre lo que es espiritual y lo que es del alma.

Veamos los tres casos donde la palabra almático se refiere al cuerpo, en 1ª Corintios 15:44 (dos veces) y 46. Nunca oí a alguien discutir este asunto, pero voy a decir lo que pienso y usted puede aceptarlo o rechazarlo.

Pero es un asunto relevante, porque Pablo dice en 1ª Corintios 15:44, refiriéndose a la resurrección: “Se siembra cuerpo animal (es decir, almático), resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal (almático), y hay cuerpo espiritual”. Note que hay siempre el contraste entre lo almático y lo espiritual. Hay un cuerpo almático y un cuerpo espiritual.

Después, en el versículo 46, Pablo dice: “Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal (almático); luego lo espiritual”. Entonces, nuestro cuerpo actual es almático; nuestro cuerpo resucitado será espiritual.

Comprendo que eso significa que no necesitaremos más de la ‘palanca de cambios’. Nuestro espíritu simplemente decidirá dónde ir, qué decir, qué hacer, y ¡Eso sucederá! Será un cuerpo controlado por el espíritu.

En Ezequiel 1 tenemos la descripción de algunas criaturas que pueden ser representadas como teniendo cuerpos espirituales. Para mí eso es maravilloso, porque en la resurrección tendremos un cuerpo como el de Jesús. Simplemente iremos donde queramos.

No habrá problemas con el alma. En Ezequiel 1:12, hablando de los querubines, dice: “Y cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; y cuando andaban, no se volvían”. Ellos tenían cuerpos espirituales: iban para donde el espíritu quería ir.

Por lo tanto, he aquí mi interpretación. Un cuerpo espiritual es un cuerpo directamente motivado y controlado por el espíritu. Es como un auto en que encendemos el motor y él va para donde queremos ir, a cualquier velocidad. No tenemos que preocuparnos de la palanca de cambios.

Esos son los tres casos donde la palabra psíquicos es usada en relación al cuerpo. Ninguna traducción inglesa (o española) que yo conozca usa la palabra ‘almático’. Consecuentemente, la diferencia queda oscurecida.

Veamos ahora otros pasajes donde se usa la palabra ‘psiquikós’. Llegamos ahora a un punto en que hay un claro conflicto entre lo almático y lo espiritual. 1ª Corintios 2:14-15: “Pero el hombre natural (aquí es el hombre almático) no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie”.

Así, el hombre almático no está en armonía con el Espíritu. Él no puede recibir las cosas del Espíritu, no puede comprenderlas. Podemos hablar a los intelectos más altamente educados y no tendrán capacidad alguna para comprender las cosas del Espíritu, porque están funcionando en la esfera del alma. Esto es importante porque muestra que, en cierto sentido, hay una oposición entre lo espiritual y lo almático.

Pasemos ahora a la epístola de Judas, versículo 19, que es un texto revelador. Hablando de las personas que provocan problemas en la iglesia, la New King James dice: “Son personas sensuales, que causan divisiones y no tienen el Espíritu” (con E mayúscula). Pero obviamente, forman parte de la iglesia, porque provocan división. Entonces, tenemos en la iglesia tanto a los que son espirituales como a los que son almáticos.

No solamente hay problemas entre el alma y el espíritu. Los hay también entre los que se adhieren a una cosa y a la otra. He visto muy pocas veces marginar o separar a alguien por demasiado almático. Si he visto, en cambio, y en muchas ocasiones, dejar a alguien de lado adentro de una iglesia por ser demasiado…espiritual.

De lo terrenal a lo almático y demoníaco

El pasaje más significativo de todos es Santiago 3:15, que analizaré más detalladamente. Hablando de un cierto tipo de sabiduría, Santiago dice: “Porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica”.

Hasta aquí, usted ya ha comprendido que ‘animal’ es ‘almático’. Entonces, hay un tipo de sabiduría que es almática. Y hay una gradación descendente en tres fases: primero, terrenal; después, almática; tercero, diabólico.

Creo que esta es la principal forma por la cual los demonios penetran en la obra de Dios, en el pueblo de Dios, en la iglesia de Dios. Es a través de este tránsito de lo terrenal a lo almático y a lo diabólico.

Por favor; presta suma atención a este punto. Hazlo porque quizás algún día serás uno de los que se rasgue las vestiduras por el estado de la iglesia. Ahora es el tiempo de cambiar su mecánica. Si se le saca lo almático, quizás todavía pueda acceder lo espiritual.

Consideremos lo que todo esto implica. ¿Qué significa ser terrenal? Para un cristiano, creo que significa que nuestra visión está completamente limitada a esta tierra. No conseguimos ver más allá de esta tierra. Todo lo que esperamos de Dios a través de la salvación son cosas que pertenecen a esta vida: prosperidad, sanidad, éxito, poder – ¿Qué más? Creo que todo eso es almático.

Es el momento para acotar algo que tiene que ver con algo que le ha hecho mucho daño a la iglesia. El hombre, en su estado almático, espera que Dios le solucione y le arregle todos sus desaguisados en estas áreas mencionadas. Ahora bien; ¿A nadie se le ha ocurrido preguntar qué cosa es la que Dios espera del hombre?

Voy a dar algunos ejemplos de personas que no eran terrenas. Encontramos una lista de ellas en Hebreos 11. De hecho, podemos resumir a los santos de Hebreos 11 como los que no eran almáticos, no eran terrenos. Veremos sólo dos ejemplos.

En Hebreos 11:9-10, hablando de Abraham, dice: “Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.

Abraham estaba en la tierra prometida, sabía que le había sido prometida, pero no la poseyó y nunca vivió en ella como si le perteneciese. Nunca compró una casa. Vivió siempre en una tienda, que es algo transitorio.

Note el contraste con Lot, que se separó de Abraham y volvió el rostro para Sodoma y se fue para allá. Cuando volvemos a oír hablar de Lot, ya no está sólo mirando hacia Sodoma. Ya está en Sodoma y vive en una casa – dejó de vivir en una tienda. Pienso que, en cierto sentido, Lot es una figura del hombre de Dios que es terrenal.

Pero Abraham tenía una visión que traspasaba el tiempo y penetraba en la eternidad. Él esperaba una ciudad que nunca vería, pero que sabía que un día sería su hogar. Pienso que es así que Dios espera que seamos como cristianos. En este mundo no estamos en casa. Cuando nos sentimos en casa en este mundo, nos tornamos almáticos.

Esta es la gran clave. No se trata de aislarnos del mundo, tal como lo pensaron, lo creyeron y lo ejecutaron muchos grupos cristianos ultra fundamentalistas. Se trata de no darle a este mundo más valor que el que tiene temporariamente para cada uno de nosotros.

Mi segundo ejemplo es Moisés, en Hebreos 11:27: “Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible”. Me gustaría sugerir que esta es la clave para la firmeza.

Es mirar más allá del tiempo, más allá del nivel de esta vida, donde generalmente enfrentamos tiempos difíciles, muchas frustraciones, muchas decepciones. ¿Qué nos permite estar firmes? Una visión que nos transporta más allá del tiempo.

Así se abandona Babilonia, bajo este mismo principio. De otro modo, siempre estarás afuera, criticando lo de adentro y, al mismo tiempo, añorando sus entretenimientos multicolores. No has sido llamado a eso, hermano.

Hay muchos otros ejemplos. Esos dos –Abraham y Moisés– son sólo ejemplos de personas que no fueron terrenas. Tenemos después la notable afirmación de Pablo en 1ª Corintios 15:19, que haríamos bien en ponderar: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”.

Esta es una afirmación extraordinaria. Si todo lo que nuestra fe cristiana nos ofrece son cosas de esta vida, somos dignos de lástima, somos miserables. Y tengo que decir que hay mucha enseñanza en la iglesia que sólo enfatiza lo que Dios hará por nosotros en esta vida. Tales personas generalmente se consideran prósperas y exitosas. Dios las considera dignas de lástima.

Detente un momento, por favor. Primero evalúa a quien lo dice. No puedes considerarlo ningún resentido, ¿Verdad? Luego extiende tu mirada por sobre lo que ha dicho y reflexiona: ¿Cuántos personajes considerados muy importantes por la iglesia tradicional, son apenas dignos de lástima delante del Señor?

Esta es una verdad muy básica. Los cristianos de generaciones anteriores –hasta la Primera Guerra Mundial– tenían una conciencia básica de este hecho: el mundo no es nuestro hogar. Pero desde entonces, muchos cristianos perdieron esta percepción y viven como si realmente perteneciesen aquí. Nuestros pensamientos, ambiciones y planes están concentrados en las cosas del tiempo. Somos terrenos.

Cuando nos tornamos terrenos, ¿Cuál es el próximo peldaño hacia abajo? Almático. ¿Cuál es la esencia del alma? El ego. ¿Qué significa ser almático? Es ser egocéntrico, preocuparse sólo con el número uno – yo. La persona almática dice: “¿Qué gano con esto?”.

La persona espiritual dice: “¿Cómo puedo glorificar a Dios?”. Pienso que usted concordará –y espero no estar siendo cínico– que hay una abundancia de esta actitud almática en la iglesia actual.

Después, lo almático se abre a lo diabólico. Cuando entramos en el campo de lo almático, quedamos expuestos a lo diabólico. Creo que esto es, fundamentalmente, lo que permite que los demonios se infiltren en el pueblo de Dios, en la obra de Dios. Más adelante, presentaré cinco ejemplos de lo que ha sucedido en el siglo XX.

Antes de ver estos cinco ejemplos, veamos lo que es la iglesia hoy. No sólo almática, sino además, ministradora de almas. ¿Se habrá infiltrado algo diabólico en ella? ¡¡Hermano!! ¿Cómo va a decir eso? Prince lo dijo, yo apenas lo creo. Ah, y además suelo comprobarlo en algunas partes del mundo…

Consideremos por un instante dos ejemplos de personas del Antiguo Testamento que pasaron de lo terrenal a lo almático y de ahí a lo diabólico. Eran personas muy diferentes. La primera es Aarón.

Si leemos Éxodo 32, descubriremos algo que siempre me espanta. Aquí estaba el Sumo Sacerdote ungido y oficializado, construyendo un becerro de oro. Me gustaría analizar lo que dice en Éxodo 32:1-10.

En ese momento, Moisés se hallaba en el monte. Hacía cuarenta días que no lo veían: “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido”.

La frase más significativa es esta: “el varón que nos sacó de la tierra de Egipto”. Ellos habían perdido a Dios de vista. Se estaban concentrando en líderes humanos. Creo que, casi inevitablemente, eso conduce a la idolatría.

Si este no es un principio que se da de narices con lo que mayoritariamente se ha estado practicando en la iglesia de hoy, no sé que te estoy diciendo. Ahora ya sabes que cuando Dios dice que hay pecado en su iglesia, el nombre ya lo tienes muy claro: idolatría. Y no estamos hablando de estatuas, es obvio…

Cuando perdemos nuestra visión de Dios y nos concentramos en los siervos de Dios, estamos en gran peligro. Por eso: “Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.”

“Y viendo esto Aarón (esta es una descripción espantosa – cuando Aarón vio su propio becerro), edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová (Oh, Señor. Tengo dificultad para comprender cómo Aarón pudo hacer esto. Pero si Aarón lo hizo, entonces usted y yo también podemos hacerlo. No somos mejores que él. Probablemente, la mayoría de nosotros no llega a su altura). Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse”.

Esta es la esencia de la idolatría: divertirse. Cuando nuestra adoración se torna diversión, pasamos de lo espiritual a lo almático y, en último análisis, a lo diabólico. No quiero parecer crítico, pero tengo que decir que, según mi entendimiento, la mayoría de aquello que llamamos adoración en el movimiento carismático no es de ningún modo adoración.

Si Prince estuviera viviendo con nosotros, hoy, ya se habría dado cuenta que su legítima preocupación por no parecer crítico, no tenía razón de ser. Porque él no estaba siendo crítico, estaba reflejando una realidad que nadie me puede negar en este tiempo.

Frecuentemente, es muy egocéntrico: “Dios, sáname. Dios, bendíceme. Dios, hazme sentir bien. Dios, haz esto; Dios haz aquello”. Es egocéntrico; es almático. Sólo lo espiritual puede concentrarse directamente en Dios.

Mucha música que tenemos hoy en la iglesia apela al alma, estimula el alma. Es muy similar al tipo de música usada en el mundo para estimular el alma. No soy ningún experto en música. Canto desafinado.

Pero tengo una cierta sensibilidad al impacto de la música. Viví cinco años en África, y tengo conciencia de que ciertos temas y ritmos repetitivos pueden embotar nuestra sensibilidad. Si permanecemos el tiempo suficiente bajo su influencia, en especial cuando son tocados muy fuerte, perdemos la capacidad de discernimiento. Y en África, esos ritmos son usados para invocar a los demonios.

Decididamente claro. Prince aquí está hablando de algo que quizás hemos visto en innumerables ocasiones dentro de la iglesia en distintos ámbitos, pero no en la alabanza o la adoración. Al menos nadie se ha atrevido a decirlo antes. Se llama Manipulación Emotiva.

Lo que espanta en esta escena de idolatría de Israel es la completa diferencia entre la actitud del pueblo cuando Dios habló desde el cielo y su actitud dos meses después. Hubo un cambio impresionante.

En Éxodo 20, cuando tuvieron una revelación singular de Dios como ninguna otra nación jamás recibió, su respuesta fue temor y reverencia (Vea Éxodo 20:18-21). Con todo, en menos de dos meses, abandonaron esa actitud y llegaron al punto de querer un becerro de oro para adorar, porque no veían más a Dios, sino a Moisés como la persona que los sacó de Egipto.

Pablo habla de esto en 1ª Corintios 10:5-7. Hablando sobre las experiencias de Israel cuando salieron de Egipto, dice: “Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.”

¿Qué sucedió? Sus necesidades físicas habían sido suplidas. Tenían los estómagos llenos, los cuerpos vestidos, ¿Qué más les faltaba? Un poco de diversión. Quedo muy preocupado cuando la adoración se transforma en una diversión. La diversión dice: “Entusiásmame. Alégrame. Extasíame”. Todo esto es para beneficio del alma. El espíritu queda excluido.

Haz una comprobación sencilla y muy fácil de cumplir sin pelearte con nadie ni comprometerte con nadie si no lo deseas. En un domingo de esos donde el culto de tu iglesia parece ser glorioso y tu regresas a tu domicilio casi caminando en las nubes, observa luego que sucede con tu vida en la semana.

Si en esa semana encuentras que tu relación con el Señor ha mejorado, que caminas con un grado de certeza y seguridad que antes no tenías, el culto fue glorioso nomás, y hay que darle gloria a Dios por ello. Pero si eres el mismo de la semana anterior, lo que pasó el domingo en el templo fue una expresión más de divertimento y entretenimiento para tu alma.

Mi segundo ejemplo de la transición de lo espiritual a lo almático, y de esto a lo diabólico es aún más aterrador. Lo encontramos en Levítico 9:23-10:2. Esto ocurre en un momento glorioso. El pueblo había hecho todo lo que Dios exigía en cuanto a los sacrificios y, cuando su obediencia fue completa, Dios envió su gloria y quemó el sacrificio puesto sobre el altar.

“Y entraron Moisés y Aarón en el tabernáculo de reunión, y salieron y bendijeron al pueblo; y la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.

Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová.”

¡El mismo fuego que consumió el sacrificio quemó a los adoradores! ¿Y qué es el “fuego extraño”? Comprendo que es fuego que no fue tomado del altar que Dios ordenó. ¿Y qué es el “fuego extraño” en nuestra experiencia? Diría que es la adoración en cualquier otro espíritu que no es el Espíritu Santo. Y el castigo era la muerte.

En Números 16:1-35 leemos sobre una rebelión contra Moisés en el desierto, cuando algunos de los líderes tomaron 250 incensarios, pusieron en ellos fuego y dijeron: “Somos tan buenos como Aarón. Tenemos el mismo derecho que él de ser sacerdotes”.

Y Moisés dijo: “Muy bien. Vamos a comprobar esa pretensión”. Y les mandó reunirse, con los incensarios llenos de fuego en las manos. Entonces, el fuego del Señor irrumpió y consumió a los 250 hombres. Para mí, la lección es esta: “Usted es responsable por el espíritu con que se acerca a Dios”.

¡Eso me aterroriza, hermano! ¡Es que yo estoy haciendo exactamente lo que me han enseñado! ¡No soy responsable delante de Dios! ¡Le debo sujeción a mi cobertura! – ¿Ah, sí? Ya te enterarás si eres o no responsable y cuanto te cubre esa “cobertura”.

Dime: esto va por mi cuenta pero reforzado por esto que estamos leyendo: ¿Tú no tienes una Biblia? ¿Y no la has leído? ¿Y no has orado pidiendo entendimiento y revelación? Entonces no tienes excusa. Tú ya sabes muy bien cuanto Dios y cuanto hombre hay en lo que haces.

No quiero decir que usted será consumido por el fuego, pues muchas veces los juicios de Dios son para servir de ejemplo. Pero vemos aquí el peligro de aproximarnos a Dios con lo que es llamado “fuego extraño”: cualquier espíritu que no sea el Espíritu Santo. Esto se ha tornado muy real para mí.

Volvamos a Hebreos y veamos la aplicación de esto en el Nuevo Testamento. Hebreos 12:28-29: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor”.

Note la palabra “temor”. Me pregunto a mí mismo y a usted: “¿Cuánto temor encontramos hoy en la iglesia? ¿En cuantos cultos que frecuentamos hay un sentimiento de la presencia extraordinaria de Dios?”.

El verano pasado, cuando visitamos Gran Bretaña, encontré un pastor amigo que hizo este comentario: “Conozco personas que hablan de Dios como si él fuese alguien que hubiesen encontrado en el bar”.

Tenemos esta relación de “camarada” con Jesús. Él realmente nos invita a la comunión, pero nunca, nunca debemos perder nuestro sentido de temor. Pienso que esta es la raíz de los problemas que hemos hablado.

Ese fue siempre uno de mis factores de preocupación. No soy ni protocolar ni acartonado, y mucho menos solemne, pero cuando pienso en Dios y pese a que sé que me ama lo suficiente como para tenerme la misericordia que me tiene, no puedo verlo como a ese viejo amigo con el cual en otras épocas nos emborrachábamos de parranda. ¡Es Dios! Y hay una enorme diferencia entre su santidad y la mía. Temor no es miedo, es reverencia.

Pensemos nuevamente por un instante en los movimientos espirituales contemporáneos sobre los cuales hemos hablado. Es fácil creer que en algún momento en el principio haya habido un genuino y espontáneo mover del Espíritu Santo. Parte del resultado viene del Espíritu Santo, pero es mezclado con otras cosas. Hay cosas que son de Dios, pero hay otras cosas que no.

Esto es bien cierto. Yo mismo, al igual que tantos y tantos, fui despertado por uno de esos ministerios de impacto. Sirvió para ponerme en marcha y ser medianamente útil para el Reino. Hoy ni sé en qué andan esos ministerios, pero en algún momento he visto ciertos excesos en ellos.

¿Por qué? ¿Cuál es el problema? Mi respuesta es el dominio del alma: hay un imperceptible deslizarse desde el énfasis en Dios a un énfasis en el ego, de la verdad bíblica objetiva hacia una experiencia personal subjetiva.

Con demasiada frecuencia, un sentimiento de temor y reverencia por la santidad de Dios es sustituido por una frivolidad e irreverencia no bíblica. De hecho, diría que la irreverencia se tornó en una enfermedad epidémica en el movimiento carismático contemporáneo. Si somos culpados de esto, tenemos que arrepentirnos.

Más de una vez, Dios me ha convencido de mi irreverencia. Lo he confesado como pecado y me he arrepentido. Debemos vigilar nuestras lenguas. Charles Finney comentó cierta vez: “Dios nunca usa un contador de chistes para sondear las conciencias”

. Un ministerio característico del Espíritu Santo es “convencer de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8). Cuando las personas permanecen sin convicción de pecado, debemos preguntar si el Espíritu Santo está obrando en ellas.

¿Habrá una forma de protegernos?

¿Habrá Dios provisto alguna protección contra este tipo de error? ¡Sí! Pero primero tenemos que comprender que el error ataca principalmente el área del alma – aunque el espíritu pueda ser afectado más tarde. Es, por lo tanto, el alma que tiene que ser protegida.

La protección que Dios preparó para el alma tiene una base singular y completamente suficiente: el sacrificio de Jesús en la cruz. En Mateo 16:24-25 dice: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”. Ved la paradoja divina: para salvar (proteger) nuestra alma, tenemos que perderla.

Antes de poder seguir a Jesús, hay dos pasos preliminares. Primero, tenemos que negarnos a nosotros mismos; tenemos que decir un “no” resuelto y final a nuestro ego exigente y egoísta. En segundo lugar, tenemos que tomar nuestra cruz. Tenemos que aceptar la sentencia de muerte que la cruz nos impone. Tomar la cruz es una decisión voluntaria que cada uno debe tomar. Dios no nos impone obligatoriamente la cruz.

Si no aplicamos personalmente la cruz a nuestra vida, dejamos una puerta abierta a la influencia demoníaca. Hay siempre el peligro de que nuestro ego no–crucificado responda a las lisonjas seductoras de demonios engañadores. El orgullo es la principal área de nuestro carácter que Satanás tiene como objetivo, y la lisonja es la principal palanca que él usa para poder entrar.

Doy fe. Este asunto es una de las mayores luchas por las que un hombre que desea servir al Señor tiene que pasar. No sirven de nada las actitudes de humildad ni ciertas poses aparentemente modestas. El orgullo va a perseguir a cada ministro durante todo su servicio.

Es muy probable que, llegado a un punto de su madurez, el clásico orgullo humano vaya desapareciendo en ese servidor. Pero sólo será un pequeño respiro en la batalla. Luego llegarán los orgullos teológicos, ministeriales o eclesiásticos y, si no se está firme en la cruz, se cae irremisiblemente.

Cada uno de nosotros tiene que aplicar la cruz personalmente a sí mismo. En Gálatas 2:20 Pablo dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo…”. Cada uno de nosotros necesita preguntarse: “En mi caso, ¿es esto verdad? ¿Fui ya crucificado con Cristo? ¿O todavía soy motivado por mi ego almático?

Hoy muchos cristianos piensan que esta solución es demasiado radical. Cuestionan si es realmente la única forma de defenderse del engaño. Tienden a considerar a Pablo un “súper–santo” a quien les es imposible imitar. Con todo, Pablo no se ve así.

Su ministerio como apóstol fue único, pero su relación personal con Cristo fue un patrón que todos debemos seguir. (Vea 1ª Timoteo 1:16). De nuevo, en 1ª Corintios 11:1, dice: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”.

La única alternativa a la cruz es colocar el ego en lugar de Cristo. Pero eso es idolatría y abre el camino para las consecuencias malignas que invariablemente siguen a la idolatría.

La pregunta que cada ministro debe formularse cuando está a punto de comenzar un trabajo o una obra nueva, es: Esto que estoy haciendo, ¿Va a glorificar a Dios o me va a traer prestigio, consolidación y éxito personal a mí?

Si una vocecilla en tu interior te sopla quedamente que ambas son la misma cosa, y que la glorificación al Señor puede estar acompañada con prestigio, consolidación y éxito personal par ti, por favor, échala a puntapiés de ti. No le creas.

La cruz es el corazón y el centro de la fe cristiana. Sin la cruz proclamada y aplicada, el cristianismo queda sin fundamento y sus reivindicaciones dejan de tener valor. De hecho, se torna una falsa religión. Como tal –como todas las falsas religiones– está inevitable-mente expuesta a la infiltración demoníaca y al engaño.

Cinco movimientos que se desviaron

Ahora, después de todo lo que he dicho, me gustaría dar cinco ejemplos de movimientos dentro del movimiento carismático que acabaron yendo todos por el mismo camino. De una forma o de otra, tuve algún tipo de relación con cada uno de ellos.

Volviendo al largo período después de la 2ª Guerra Mundial: en Canadá, hubo un derramamiento del Espíritu Santo en Saskatchewan, que fue llamado la “Lluvia tardía”. Produjo un poderosísimo impacto, y mucha gente de diversas regiones de América del Norte fue a Saskatchewan. Diría que la esencia de este movimiento fue una plena restauración de todos los dones del Espíritu Santo.

Más tarde, conocí un hombre que fue presidente de Adhonep (Asociación de Hombres de Negocios del Evangelio Completo, por sus iniciales en inglés), en Chicago, un excelente cristiano. Me contó lo que le sucedió cuando fue para allá.

Dijo que los cultos duraban nueve horas y eran tan emocionantes que ni siquiera daban deseos de ir al baño. Pero ¿qué sucedió? El líder se tornó una persona orgullosa que se auto-promovía, y cayó en la inmoralidad, desacreditando así los dones del Espíritu.

Más tarde, entre 1957 y 1962, fui misionero entre las Asambleas Pentecostales de Canadá – gente excelente, pero que prácticamente no ejercían los dones espirituales. Un día les dije: “¿Por qué nunca ejercitamos los dones espirituales?”.

La respuesta fue: “Eso fue para la ‘Lluvia Tardía’”. En otras palabras, lo que sucedió nos imposibilitaba de usar los dones; podíamos seguir el mismo camino que ellos. Una de las tácticas de Satanás es desacreditar lo que es bueno a través de su mal uso.

Cuando en Argentina apareció el ministerio de la unción, donde el pastor soplaba y la gente se caía, en mi ciudad de Rosario, una semana antes de la presentación de aquel pastor, apareció un mentalista que, en una plaza y para todos los canales de TV locales, hacía exactamente lo mismo y lograba los mismos efectos.

Después vinieron los “Hijos manifiestos”. Eran un grupo muy poderoso de hombres que se basaban en el versículo que dice que toda la creación espera la manifestación de los hijos de Dios. Tuvieron un ministerio realmente poderoso, especialmente en la expulsión de demonios.

Pero al expulsar los demonios entraban en un largo diálogo con ellos y procuraban obtener revelación de ellos. Creo que es completamente errado en cualquier circunstancia obtener revelaciones por medio de demonios.

Finalmente, adoptaron una teología exagerada que sostenía que algunos de ellos ya habían recibido cuerpos resucitados. Lo que sucedió en seguida fue que dos de ellos murieron en un accidente de avión. Dios les estaba diciendo: “¿Dónde está su cuerpo resucitado?”. Pero en un principio eran hombres excelentes.

Después, surgieron los “Niños de Dios”. Más tarde cambiaron su nombre a “La Familia”. Una mujer llamada Linda Meisner ejerció entre ellos un poderoso ministerio. Me encontré dos o tres veces con ella.

Era una mujer poderosa y muy dedicada, que sentía una enorme carga por los jóvenes de América. Pero cuando fue dominada por el orgullo, se tornó manipuladora y dominante. Muchos de los jóvenes de los “Niños de Dios” quedaron bajo su control. Les hizo cortar relaciones con los padres y la familia y eso fue desastroso. Pero pienso que en el comienzo, ella estaba bien.

Esto refuerza una teoría que no siempre se ha enseñado: que cada secta, por diabólica que sea, ha tenido indefectiblemente origen en un grupo cristiano “normal”. Y también que en cada secta, ocurren cosas sobrenaturales “positivas” momentáneamente para la gente; de otro modo nadie se adheriría a ellas.

Después, apareció William Branham. Tuve una ligera asociación con él en la fase final de su ministerio. Estuve con él en el púlpito dos o tres veces con la Adhonep. Branham tuvo, en algunos aspectos, uno de los más notables ministerios que yo he conocido. Era un hombre muy amable, humilde y amoroso. Su ministerio de la palabra de conocimiento era absolutamente legendario. Jamás alguien le oyó pronunciar una palabra de conocimiento falsa.

Estuve con él en un culto en Phoenix, Arizona. Él estaba en la plataforma y señaló a una mujer en la audiencia, y le dijo: “Usted no vino aquí por su causa, sino por su nieto”. Después, reveló el nombre y la dirección exacta de la mujer en Nueva York. En esa ocasión, se encontraba aproximadamente a 3.000 kilómetros de distancia de la ciudad de Nueva York.

Lamentablemente, después de ejercitar su don dos o tres veces, se desmayó y sus asistentes tuvieron que llevárselo. Explicó lo sucedido recurriendo a la declaración de Jesús que “de mí salió virtud”. Pero Jesús no se desmayó. No creo que esto fuese el Espíritu Santo. Pienso que era diabólico.

Más tarde, hizo amistad con Ern Baxter, quien, por un período considerable, enseñaba la Biblia en los cultos evangelísticos de Branham. Ern respetaba mucho a Branham, pero su corazón quedó despedazado con lo que sucedió. Un día, reunió un pequeño grupo y les dijo: “Quiero contarles una cosa sobre Branham, pero me gustaría que no lo divulguen”.

Como todas las personas involucradas ya fallecieron, me siento libre para revelar lo que Ern dijo sobre Branham. Él dijo: “Branham tenía dos espíritus: uno era el Espíritu de Dios, y otro no”. En cierta ocasión cuando estaban juntos, Branham señaló una lámpara en el techo y dijo: “El poder que tengo puede hacer mover esa lámpara”.

Pienso que Branham permaneció en Cristo hasta el fin, pero fue dominado por personas que quisieron explotarlo. Aunque él no se titulase a sí mismo “Elías”, permitía que sus seguidores lo tratasen así.

Murió en un accidente de tránsito cuando su auto fue alcanzado por un motonetista borracho. Sus seguidores embalsamaron su cuerpo y lo conservaron hasta el Domingo de Pascua, convencidos de que resucitaría, pero eso no sucedió.

Cuando estaba en el Espíritu, bajo la unción, era casi invencible. Cierta vez, en un culto, un endemoniado se acercó para atacarlo. Branham le ordenó que se arrodillase y permaneciese así hasta concluir su mensaje. El hombre se mantuvo arrodillado en la misma posición durante toda la predicación de Branham. Pero tengo que admitir que su fin fue … en el mejor de los casos, desalentador.

Después, tuvimos el “Movimiento del Discipulado”. En este caso, yo estuve personal e íntimamente involucrado y puedo decirle que comenzó como una intervención sobrenatural de Dios. Estuve presente cuando todo sucedió.

Junto a otros tres predicadores – Bob Mumford, Charles Simpson y Don Basham – estábamos hablando en una Conferencia. En medio del evento, descubrimos que el hombre que dirigía y organizaba la conferencia era un homosexual practicante.

Y pensamos: “¿Qué debemos hacer?”. Concordamos en reunirnos en un cuarto de hotel – que no fue el mío. Los cuatro nos arrodillamos y oramos y cuando nos levantamos sabíamos, sin ningún proceso racional, sin haber orado para eso, sin siquiera haberlo deseado – que Dios nos había juntado.

Con todo, pese a eso, al cabo de un año las cosas comenzaron a andar mal. Esta es mi impresión personal: el problema fue principalmente la ambición personal … en diferentes formas. Uno quería ser el líder de un movimiento, otro quería aparecer en el púlpito, etc, y yo era uno de ellos. Según mi experiencia, diría que no hay mayor problema en la iglesia de hoy que la ambición personal en el ministerio.

Es tremendo el modo en que el Señor pone claridad y luz en los ojos y la boca de algunos de sus hombres obedientes. Esto que se asegura aquí sigue siendo, por lejos, no ya el mayor problema de la iglesia, sino el factor que la aleja cada día más de su Señor y cabeza.

El fundamento de la nueva iglesia, (Que no será ni denominacional ni nominal), estará centrado precisamente en este detalle: Cristo la cabeza, sus miembros respondiendo en obediencia sin reclamar nada para sí mismos, más que la gracia de poder estar allí.

Otro problema es que no estábamos renovados en nuestras mentes. Todavía pensábamos en términos de la antigua iglesia. Quienes no simpatizaban con nosotros decían: “Ustedes son realmente una denominación”. Nuestro líder respondía: “¡No! No somos una denominación. Nunca lo seremos”. Pero la lógica de los principios espirituales es inexorable. Él y su grupo se tornaron una denominación.

Nuestro problema fundamental era que no éramos renovados en nuestras mentes. Todavía pensábamos en términos de la forma como la iglesia tradicionalmente hace las cosas. Y no creo que la iglesia haga las cosas como deben ser hechas. Creo que precisa haber una revolución en nuestro modo de pensar antes de poder entrar en plena sintonía con los propósitos de Dios.

Haciendo lo que parecería ser una paráfrasis de nuestra ventana cotidiana en nuestra Web, esta es La Palabra del Día: Regeneración de nuestras mentes. Si nuestras mentes no se generan como nuevas en Cristo, las formas en que hoy están funcionando, son adversas al propósito y la voluntad de Dios.

Déjeme hacer una lista de estos cinco ejemplos: La Lluvia Tardía, Los Hijos Manifiestos, Los Niños de Dios, William Branham, El Movimiento del Discipulado.

Finalmente, me gustaría destacar dos elementos que pienso son comunes a todos estos movimientos. Primero: Orgullo. En mi opinión, el orgullo es el más peligroso de todos los pecados. Cierta vez oí a un colega pastor afirmar: “El orgullo es el único pecado del cual el diablo nunca lo hará sentirse culpable”. Proverbios 16:18, un versículo muy corto, dice: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”.

Usted puede notar que las personas generalmente dicen: “El orgullo precede a la caída”. Pero no es eso lo que dice la Biblia. Lo que ella dice es: “El orgullo (o la soberbia) precede a la ruina”. Entonces, dé media vuelta. No continúe en ese camino, porque su fin es la destrucción. Y digo esto tanto para mí mismo como para usted.

La segunda característica que pienso es común a los cinco movimientos fue aquello que ya comenté: una mezcla de espíritus. Había verdad y había error. Había el Espíritu Santo y había otros espíritus. Y la forma como los otros espíritus entraron fue a través de una declinación progresiva: de lo terreno a lo almático y de esto a lo diabólico.

Recordemos que lo almático es esencialmente egocéntrico. En 2ª Timoteo 3:1-5, Pablo describe cómo será la condición de la humanidad al final de esta era y creo que ya estamos viviendo en ese tiempo. Él señala dieciocho pecados o defectos morales: “También debes saber esto (y es la única vez que recuerdo que Pablo haya sido tan enfático. Él dice: debes saber con toda certeza), que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos”.

La palabra griega traducida por ‘peligrosos’ es usada en un solo pasaje más, en Mateo 8:28, que describe a dos endemoniados que enfrentaron a Jesús. Y note la palabra castellana usada en ese texto: “feroces”.

Entonces, vendrán tiempos feroces, ¡Y ya llegaron! Usted puede orar cuanto quiera, pero no puede cambiar la situación. Porque Dios dice: “También debes saber esto… vendrán tiempos feroces”. Usted no puede cambiar las cosas, pero puede pedir a Dios que lo prepare para enfrentarlas.

Otra clave excepcional. Recuerdo que Santiago dice que pedimos y no recibimos nada porque pedimos mal. ¿Crees que este que estás viviendo, (Donde quiera que vivas), es un tiempo feroz para la iglesia? Entonces no pretendas cambiarlo, ora para que Dios te enseñe estrategias para enfrentarlo.

Después, Pablo da una lista de estos dieciocho defectos morales: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios …”

Note que la lista comienza y termina con las cosas que las personas aman. Amor a sí mismo, amor al dinero y a los deleites. Pero me gustaría enfatizar: la raíz de todo esto es el amor a sí mismo. Es eso lo que deja entrar el mal. Egocentrismo. Estar concentrado en el yo. ¿Qué va a hacer Dios para mí? ¿Qué voy a ganar yo con todo esto?

¿Tú sabes que en la mayoría de correos que recibo, los hermanos que buscan en mí alguna clase de ayuda o guía para sus ministerios o servicios, suelen hacer exactamente este comentario? Dicen: Hermano, ¿Qué cree usted que tendrá Dios PARA MI..?

Y después, continúa en el versículo 5: “…que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” Así, estas personas con estas terribles dieciocho situaciones morales tienen una forma de piedad.

No son incrédulos; no son ateos. No creo que Pablo haya usado jamás la palabra piedad fuera del contexto cristiano. Entonces son, pues, cristianos profesantes. ¿Y cuál es el problema? Egoísmo. El egoísmo es aquello que abre el camino a todos los otros problemas. Egocentrismo. Eso lleva, a su vez, a la mezcla.

Sólo un punto más antes de concluir. La mezcla actúa de la siguiente forma: provoca confusión y después división. Porque parte de lo que presenta es bueno y parte malo. Parte es verdad y parte error.

Esto significa que hay dos formas como las personas reaccionan: hay los que se concentran en el error y rechazan la verdad; otros se concentran en la verdad y aceptan el error. Y de ahí surge la confusión – y de la confusión, a la división.

Creo oportuno agregar que, en el ámbito secular, (política, instituciones, organizaciones, empresas), no hay necesidad de temerle a la palabra División, ya que como su expresión lo señala, es Di-visión; esto es: dos visiones distintas de una misma cosa. En el pueblo de Dios es absolutamente otra cosa: el Espíritu Santo es uno y jamás podrá haber dos visiones de algo que el Espíritu entregó una.

Las personas quedan agresivamente comprometidas a una u otra de las alternativas. ¿Qué provoca eso? La mezcla. No podemos darnos el lujo de tolerar la mezcla. ¿Cuál es la respuesta a la mezcla? ¡La verdad! ¡La pura e incontaminada verdad de la Palabra de Dios!

Total y absolutamente real. El amor, celo, escudriñado y respeto por la palabra genuina nos evita, en incontables oportunidades, caer en la tentación de mezclar las cosas para que se vean más bonitas desde el exterior. A Dios no le interesa el exterior, le interesa tu interior.

Cierta vez en los Estados Unidos fui el único testigo de un accidente ocurrido en la calle frente a nuestra casa. Como resultado, fue citado a testificar en el tribunal. Antes de dar mi testimonio, se me pidió que hablase la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Ese fue el patrón establecido por un tribunal secular. ¿Cuánto más no debemos nosotros, como cristianos, defender la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad?

¡Es que…hermano…cada denominación tiene su propia verdad! No, de ninguna manera. Lo que cada denominación tiene, es su propia doctrina, a la cual ellos rotulan como verdad. En realidad es apenas una opinión humana sobre algo de lo cual ya Dios opinó en la Biblia.

CAPÍTULO 3

CUATRO SALVAGUARDAS

Para iniciar este capítulo, nuestra proclamación son los tres últimos versículos del Salmo 19: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.

En el primer capítulo, describí lo que considero ser un gran problema, y en el segundo, intenté dar una explicación bíblica que muestra cómo surge este problema. En este capítulo final, quiero presentar cuatro salvaguardas bíblicas que nos protegen de tales problemas.

Salvaguarda N° 1

La primera salvaguarda se encuentra en 1ª Pedro 5:5b–6: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”.

Creo que el primer requisito esencial es que nos humillemos. La Biblia dice: “Dios resiste a los soberbios”. Así, si intentamos llegar a la presencia de Dios pero somos soberbios, podemos presionar – pero él nos presionará también, y él consigue presionar con más fuerza que nosotros.

En ningún lugar en la Biblia dice que Dios nos hará humildes. Dios siempre coloca sobre nosotros la responsabilidad de humillarnos. Es una decisión que nosotros debemos tomar. Nadie puede hacerlo por nosotros.

Los demás pueden orar por nosotros y predicarnos la Palabra, pero somos nosotros quienes tenemos que tomar la decisión de humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, para que él nos exalte cuando fuere tiempo.

Convengamos en que la mayoría de los que hemos estado más de diez veces en un templo, hemos visto a gente envuelta en llanto arrojarse de cabeza al suelo como señal de humillación. ¿Sabes que? No es suficiente.

Porque eso es un acto externo de algo que no siempre se experimenta de verdad en lo interno. Yo puedo postrarme y quedarme allí todo el culto para demostrar que estoy humillado, pero mientras estoy con la cabeza contra el piso, puedo seguir pensando que soy el mejor, el más grande, el más ungido y todo eso.

Ya dije que creo que, de todos los problemas, el orgullo es el mayor, el más generalizado y el más dañino. Vimos en el capítulo anterior que la soberbia (orgullo) precede a la ruina (o destrucción).

Si no nos apartamos del camino del orgullo, nuestro fin será la destrucción. Con todo, en el Salmo 25:8-9, encontramos un pasaje muy útil e inspirador: “Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino. Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera”.

Es la gracia del Señor que lo lleva a estar dispuesto a enseñar a los pecadores. Pero Dios matricula a sus alumnos, no por las cualidades intelectuales, sino por su carácter. Muchos pueden frecuentar un instituto bíblico o un seminario, pero nunca estar matriculados en la escuela de Dios, porque Dios sólo matricula a los humildes. “Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera”.

Tú sabes que si a esto lo decimos tú o yo, lo más probable es que nos miren con lástima. Pero aquí lo está diciendo un reconocido hombre de Dios; alguien con la autoridad de haber pasado por esos seminarios y haber entendido que la madurez del creyente no se fabrica en las aulas de la teología.

Descubrí que la palabra manso desapareció de las traducciones modernas. ¿Cuál es la diferencia entre humilde y manso? Para mí, humilde describe nuestra actitud interior; manso describe la forma como la expresamos.

¡Tal vez hoy en día no necesitemos mucho de la palabra manso porque existen tan pocas personas a quien ella podría ser aplicada! Generalmente hay una razón porque ciertas palabras dejan de ser usadas.

Salvaguarda N° 2

La salvaguarda siguiente se encuentra en 2ª Tesalonicenses 2:9-12: “Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos”. Tengamos en mente que Satanás es capaz de producir poder, señales y maravillas.

Watchman Nee tiene otra visión respecto a este punto, pero sin embargo coincide en su esencia con esta. Lo cierto es que cuando hay gente que lo único que piensa al entrar a un templo es en ver señales o maravillas, siempre habrá algún demonio influyendo para hacerlo posible.

He comentado muchas veces que un lugar obvio para que surgiera el Anticristo sería en el movimiento carismático, porque la mayoría de los carismáticos parece pensar que todo lo sobrenatural tiene que venir de Dios. Pero esto no es verdad. Satanás es capaz de grandes señales y prodigios sobrenaturales. Entonces, ¿Cómo nos podemos proteger?

El texto prosigue: “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”. Entonces, ¿Cuál es nuestra protección contra el engaño? Recibir el amor de la verdad. De nuevo, es algo que nosotros mismos tenemos que hacer. Dios nos lo ofrece, pero nosotros tenemos que recibirlo.

Ahora bien, de aquellos que no reciben el amor de la verdad, Dios dice lo siguiente: “Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”.

Este es un versículo amedrentador. Dios les enviará un poder engañoso. Si Dios les envía un poder engañoso, ¡Entonces usted realmente será engañado!

Los cristianos románticos se resisten grandemente a creer esto. Colisionan violentamente con este pasaje y si pudieran sacarlo de sus Biblias, lo harían. Sostienen que no es Dios quien envía el engaño sino el diablo, y que Dios lo que sí hace es permitirlo. Me pregunto cual es la diferencia…

En 1994 –y este es un comentario personal, subjetivo– en Jerusalén, me levanté cierta noche para ir al baño y cuando regresaba a la cama, Dios habló muy claramente a mi mente que había enviado un fuerte engaño al gobierno israelita entonces en ejercicio (Electo en 1992).

Pienso que todo lo que ha sucedido desde entonces confirma eso. Es una afirmación muy significativa, porque si Dios envía un poder engañoso es inútil orar para que tales personas no sean engañadas. (Esta es una respuesta al argumento mencionado.)

En tal situación, podemos orar de dos formas. Primero, que Dios opere a través del engaño para cumplir sus propósitos. (A juzgar por los resultados, parece que un propósito fue quitar aquel gobierno). Segundo, que Dios nos proteja para no quedar nosotros mismos bajo la influencia del engaño. (Esto sería manejarnos conforme al plan y propósito de Dios y no obstaculizándolo.)

Hay dos palabras que son usadas de forma almática para manipular a las personas: una es paz, y la otra, amor. Así, las personas del Medio Oriente, y pienso que probablemente en todo el mundo, están siendo manipuladas por los ofrecimientos de paz. Implícitamente, si estamos contra la paz, somos malvados. Obviamente, quien va contra la paz es una persona mala. Así, las personas se sienten culpadas si no aceptan tal ofrecimiento.

Pero hay condiciones para la paz. En Isaías 48:22, el profeta dice: “No hay paz para los malos”. Y en Romanos 14:17 dice: “El reino de Dios… (es) justicia, paz y gozo…” No podemos tener paz sin rectitud.

Conozco muchos cristianos que andan en busca del gozo. Pero si no cumplen la condición de la rectitud, no pueden recibir el gozo. Los políticos que usan la palabra paz para manipular a las personas están engañándolas, porque la paz no viene para los malos.

Será muy inteligente tener en cuenta esto en lo sucesivo. Falta de paz hay por enormidades. La iglesia puede aspirar a ella, el mundo incrédulo, no. Pero incluso adentro de la iglesia, los que están en desobediencia y maldad, no podrán acceder a ella.

La otra palabra manipuladora es amor, usada en la iglesia. Se habla mucho del amor de Dios: sea amoroso, ¡Dios es tan amoroso, él es tan gentil! Todo eso es verdad, pero Dios es también un Dios muy severo. Llegué personalmente a la siguiente conclusión (a partir de mi experiencia personal a través de la observación de personas que me son íntimas): con Dios nunca sacamos la mejor parte.

Ya he señalado las causas de esto, del por qué para una gran mayoría de cristianos, Dios es amor y nada más. Los predicadores son mayoritariamente pastores. El ministerio pastoral es un ministerio de amor. Esa es la suma de dos más dos.

¡Nunca! Podemos pensar que escapamos del castigo y Dios puede hasta perdonarnos, pero es posible que aún tengamos que enfrentar las consecuencias. Es Dios que nos perdona, pero no nos liberta automáticamente de todas las consecuencias de aquello que hacemos.

Por eso, no levante ninguna imagen sentimental de Dios. Él no es un papá Noel, entregando bombones a los pequeños. Él es muy justo, muy recto, muy amoroso – pero, en cierto sentido, muy severo. ¡No podemos sacar la mejor parte con Dios! ¡Es mejor no intentar!

Siento que actualmente el amor está siendo usado para manipular a las personas. Las personas hablan del amor de Dios y como Dios es tan amoroso – y todo eso es verdad. Pero el amor de Dios es expresado de formas sorprendentes. Como cité anteriormente, Jesús dice a la iglesia en Laodicea: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo”. Eso es amor. Dios es nuestro Padre y él nos ama, pero también nos disciplina.

Hay dos formas erradas de responder a la disciplina de Dios. Por un momento, analicemos Hebreos 12:5-7, que es dirigida a cristianos: “Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo aquel que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois bastardos, y no hijos”.

Hay dos formas erradas de reaccionar ante la corrección de Dios. Primero, somos alertados: “No menosprecies la disciplina del Señor”. No encoja los hombros y diga: “¿Y qué?”. He observado que muchos cristianos que han llegado a la madurez creen que Dios ya no los corrige. La verdad es que él nunca cesa de disciplinar.

Hay mucha enseñanza para aprovechar aquí, pero hay algo más que no se nos debe pasar por alto: Prince nos está diciendo una verdad a gritos que ciertos monopolios cristianos pretenden disimular u ocultar: en la iglesia hay hechicería. Al menos, ese es el nombre de la manipulación en cualquiera de sus formas.

Esto se hizo muy real para mí cuando estaba leyendo la historia de Moisés. Con ochenta años, Dios lo comisionó para libertar a Israel de Egipto y lo envió de vuelta para Egipto. Pero en el camino, el Señor salió a su encuentro y quiso matarlo. (Ex. 4:24-26). ¡Extraordinario!

¿Por qué? Porque él no había circuncidado a su hijo. Había desobedecido la señal del pacto que Dios había establecido con Abraham y su descendencia. Por esto, Dios prefería ver a Moisés muerto que dar continuidad a su ministerio en desobediencia.

A veces decimos: “Satanás me está resistiendo”. Pero, muchas veces, la verdad es que no es Satanás, sino Dios quien está resistiendo. Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. (1ª Pedro 5:5b).

A esto se lo debería incluir necesariamente en todo manual para futuros líderes o ministros. Por algo Pablo asegura que aquel que piensa estar firme es el que más debe cuidarse de no caer. Porque pensar estar firme, en muchos casos, es símbolo de soberbia. (“A mí no va a sucederme nada.”)

La otra reacción errada es desmayar (desanimarse) cuando somos reprendidos por él. No diga: “No aguanto. Dios, ¿Por qué dejas que esto me suceda?”. ¡No aguanto más! No puedo continuar”. Esas son las dos reacciones erradas: menospreciar la corrección y desanimarse.

¿En cuanto al amor de la verdad? La palabra griega para amor en este pasaje es la que todos conocemos muy bien: ágape. Es una palabra muy fuerte. Es la palabra más fuerte para amor en la lengua griega.

No significa sólo leer la Biblia todas las mañanas o ir a las reuniones a escuchar la predicación. Es un compromiso apasionado por la verdad de Dios. Es eso lo que debemos cultivar si queremos escapar del engaño.

Dios enviará un poder engañoso a los que no recibieron el amor (ágape) de la verdad. Eso significa más que sólo un tiempo devocional o leer la Biblia los fines de semana. Es un compromiso apasionado con la verdad de Dios.

Pienso que puedo decir, sin vanagloriarme, que Dios me ha dado eso. Siempre que oigo alguna cosa que no siento ser la verdad, hay algo en mí que se levanta. Dios puede hacer eso con usted también, pero usted tiene que permitir que él lo haga. Esa es la segunda salvaguardia: recibir el amor de la verdad.

Ágape ha sido traducido de varias formas, pero la más amplia y completa indica que su significado es algo así como “el carácter interno de un miembro del Reino de Dios”. Ese es el amor que echa fuera todo temor, no el romántico (Phileo) que experimentan padres, madres, hijos, hijas, novios, novias, esposos.

Salvaguarda N° 3

La tercera salvaguarda es cultivar el temor del Señor. Muchos cristianos dicen que en la vida cristiana no existe más el temor, pero eso no es verdad. Cierto tipo de temores están excluidos, pero no todos.

A continuación voy a dar una lista de las Escrituras que Ruth y yo memorizamos; por lo menos doce pasajes diferentes sobre el temor del Señor. Las promesas son tan excitantes que no comprendo cómo hay personas que no quieren el temor del Señor.

Salmo 34:11-14: “Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré. ¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela”. La implicación es que el temor del Señor llevará a Dios a darle muchos días de vida. ¿Cuál es la primera área con la cual Dios trata? La lengua. Guarda tu lengua del mal.

Salmo 19:9: “El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre”. El temor del Señor nunca cesa; dura para siempre.

Job 28:28: “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia”. Note que la primera exigencia para la sabiduría y la inteligencia no es intelectual, sino moral. Consiste en apartarse del mal. Hay muchos necios expertos por ahí.

Proverbios 8:13: “El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco”. Note que no podemos ser neutros en relación al mal si tenemos el temor del Señor; tenemos que abominarlo. ¿Y cuál es la primera cosa que abominamos? La soberbia. La arrogancia.

Proverbios 9:10-11: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia. Porque por mí se aumentarán tus días, y años de vida se te añadirán”. ¿Quiere una vida larga? Cultive el temor del Señor. Con todo, no basta vivir muchos años; es posible vivir largamente en la miseria. Pero en el temor del Señor, Dios nos ofrece una vida larga y bendecida.

Proverbios 14:26: “En el temor de Jehová está la fuerte confianza; y esperanza tendrán sus hijos (o “él será un refugio para sus hijos”). Entonces, el temor del Señor no nos torna tímidos, sino nos da fuerte confianza. Y provee un lugar de refugio para sus hijos, y que, en estos días pienso que es muy importante.

Y el versículo siguiente dice: “El temor de Jehová es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte”. Este es un cuadro muy vívido. Satanás armó lazos de muerte. ¿Cómo evitarlos? A través del temor del Señor.

Proverbios 19:23: “El temor de Jehová es para vida, y con él vivirá lleno de reposo el hombre; no será visitado de mal”. ¿Cómo rechazar una promesa de estas? “Vivirá lleno de reposo. No será visitado de mal”. No significa necesariamente que tendremos una vida fácil.

Proverbios 22:4: “Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová”. Usted verá que por lo menos el cincuenta por ciento de las veces el temor del Señor está directamente relacionado con la vida. Es una condición fundamental para una vida buena.

Y después, pienso que lo más importante de todo es el cuadro profético del Mesías en Isaías 11:1-2: “Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces” (Todo el Nuevo Testamento confirma que se trata de Jesús. Ahora vea:) Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”.

Es interesante ver que el Espíritu que reposa sobre Jesús es séptuplo – siete es siempre el número del Espíritu Santo. En Apocalipsis 4:5 dice que delante del trono de Dios hay siete lámparas de fuego que son los siete Espíritus de Dios.

Personalmente, entiendo que este pasaje de Isaías nos revela los siete espíritus de Dios. El primero es el espíritu del Señor; o sea, el Espíritu que habla en la primera persona como Dios. Después, surgen todos en pares: el espíritu de sabiduría y de inteligencia; el espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

Es importante ver que el conocimiento debe estar equilibrado con el temor del Señor – porque el conocimiento envanece, pero el temor del Señor nos mantiene humildes. El hecho de reposar el espíritu de temor del Señor sobre Jesús a mí me habla muy fuerte. Aunque él fuese el Hijo de Dios, poseía el temor del Señor; el temor del Señor reposaba sobre él. Nunca lo abandonó.

Continuando sobre el temor del Señor: el temor del Señor es un contrapeso para el gozo. Es muy importante que cuando nos entusiasmamos estemos anclados por el temor del Señor. Una vez más, considero esto una tremenda debilidad del movimiento carismático. Las personas quedan tan entusiasmadas y felices, baten palmas, danzan –lo cual es maravilloso– pero sin el temor del Señor.

Salmo 2:11 dice: “Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor”. Esto puede parecer incoherente, pero es el equilibrio. Nos alegramos, pero con temor. Permanecemos en temor mientras nos alegramos.

Vemos esto en el Nuevo Testamento cuando describe el crecimiento de la iglesia en Hechos 9:31: “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo”.

Note de nuevo el equilibrio; el Espíritu Santo nos conforta, pero tenemos que andar en el temor del Señor. Podemos ser animados, podemos ser edificados, pero eso tiene que ser equilibrado por el temor del Señor.

Usted puede decir: “Pero, hermano Prince, yo fui redimido; soy un hijo de Dios. Ciertamente ya no necesito del temor de Dios”. Por el contrario, usted debe temerlo más aún por causa del precio que él pagó para redimirlo.

Es lo que dice en 1ª Pedro 1:17-19: “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”.

Entonces, el simple hecho de haber sido redimidos es la razón de pasar el tiempo de nuestra peregrinación en temor – porque Dios invirtió mucho en nosotros. Él pagó por nosotros la sangre de Cristo. Esto no deja lugar para la liviandad, que es realmente una negación del temor del Señor.

Creo que a esto es muy poco o nada lo que se le puede acotar o agregar. Sólo un detalle que Prince no menciona pero que indudablemente conoce. Mucha de la gente que dice no tener ya más temor e ignora el temor a Dios y sus promesas, en realidad no dice la verdad, ya que generalmente le temen al líder y no desean ser regañados por él.

Salvaguarda N° 4

La cuarta y última salvaguarda es: coloque y mantenga la cruz en el centro de su vida. Veamos el ejemplo de Pablo en 1ª Corintios 2:1-5: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio (o el misterio) de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría (debemos tener en mente que en esta cultura, el arte más grande era la oratoria.

Para ser alguien, usted tenía que ser un excelente orador. En caso contrario, usted probablemente sería despreciado. Por eso, cuando Pablo dice: “No fui con excelencia de palabras” está en cierto sentido diciendo: “No estoy sujeto a esta cultura”). Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor”.

En una predicación anterior, enfaticé que el poder de Dios se perfecciona en la debilidad. Cuando tenemos en nosotros mismos toda la fuerza que necesitamos, ya no necesitamos de la fuerza de Dios. Dios tiene que llevarnos a una situación en que no tengamos fuerza.

He visto esto continuamente en mi propia experiencia en el ministerio. Si Dios me va a usar de una forma significativa, él tiene que ponerme en una situación en que yo sé que por mí mismo no seré capaz: una situación en que sé que estoy totalmente dependiente de él, que soy débil. Entonces, su poder se perfecciona en mi debilidad.

Me gustaría decir algo más a este respecto: descubrí que las oportunidades para servir a Dios raras veces se ajustan a nuestras conveniencias. De modo general, si Dios le da una oportunidad de servirle, eso le traerá algún tipo de inconveniente. Esto es para comprobar la sinceridad de sus motivaciones.

Pero si queremos que el poder de Dios se manifieste en nuestra vida, en nuestro ministerio, en nuestra congregación, hemos de cultivar el temor del Señor. Hemos de cultivar un sentimiento de dependencia, un reconocimiento de nuestra total dependencia de Dios.

Esta es una enorme y gran verdad. No minimiza nada de lo demás, pero se sobredimensiona porque viene de un hombre que ha sido agasajado, adulado y encumbrado por sus allegados, pero que jamás accedió a dejarse gobernar por orgullos humanistas.

Esto es muy personal, pero antes de predicar, digo siempre a Dios: “Sé que no tengo capacidad. Estoy totalmente dependiente de ti. Si no me unges, si no me inspiras, si no me fortaleces, no lo voy a lograr”.

De vez en cuando, al levantarme para predicar, olvido de hacer esto. Entonces, mentalmente, mientras predico, digo: “Señor, por favor, recuerdo que estoy dependiendo de ti. Nada puedo hacer en mi propia fuerza”.

Después, Pablo prosigue: “Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.

La llave que liberta el poder del Espíritu Santo es estar concentrado en la cruz. Hay un himno que dice: “Cuando contemplo la cruz terrible/ en que el Príncipe de gloria murió/ toda mi riqueza es pérdida/ y todo mi orgullo desprecio".

Cuando realmente vemos la cruz, no tenemos nada de qué gloriarnos. Es interesante que la versión original de este himno, escrito por un inglés, decía: “Cuando contemplo la cruz terrible/ en que el joven Príncipe de Gloria murió”. El autor estaba destacando que Jesús fue cortado en la mejor fase de su vida. Él murió en la cúspide de su vida.

Creo que una de nuestras mayores necesidades es concentrarnos en la cruz. He visto personas tornarse muy ambiciosas, luchando por el éxito, queriendo levantar una gran iglesia o ministerio. A veces son exitosos, pero si su mensaje no estuviere centrado en la cruz, sólo tiene madera, heno y hojarasca.

Recuerdo de un bien conocido predicador inglés de una generación pasada, Charles Spurgeon, un bautista. Enfatizaba continuamente a sus alumnos la importancia de concentrarse en la cruz. Un día, dijo más o menos lo siguiente:

“Predicar los principios de una vida cristiana sin mencionar la cruz es como un sargento de campaña dar órdenes a un pelotón de soldados sin pies. Pueden oír sus órdenes y comprenderlas, pero les falta la capacidad de llevarlas a cabo. Recuerde que es solamente a través de la cruz que obtenemos la capacidad de hacer lo que Dios ordena”.

Volvamos de nuevo a los cinco primeros versículos de 1ª Corintios capítulo 2. Siempre estuvieron entre mis versículos favoritos porque fui soberanamente traído al Señor desde una formación en filosofía griega. Cuando Pablo habla de sabiduría, está hablando de filosofía griega, por lo tanto, pienso estar particularmente apto para apreciar el impacto de lo que él dice sobre la sabiduría.

Al leer estos versículos, necesitamos comprender que Pablo está hablando de una cierta parte de su viaje misionero. En Hechos 17 estaba en Atenas, que era el centro intelectual, la ciudad universitaria, del mundo antiguo. Allí, predicó un sermón diferente de cualquier otro que fue registrado.

Fue un sermón bien intelectual. Se adaptó a su audiencia y citó incluso a un poeta griego (cosa que pienso que no hizo en ninguna otra ocasión). No sé si Pablo fue realmente guiado por el Espíritu Santo. Sea como fuere, los resultados fueron desalentadores. Sólo algunas personas creyeron.

Coincidencia. Nadie se atreve a hablar estas cosas. Hay una enorme religiosidad en la gente, cosa que las hace suponer que todo, irremisiblemente todo lo que está escrito en la Biblia, es para enaltecer a sus personajes. No conocen a Dios.

De allí, Pablo siguió hacia Corinto. Ahora, Corinto era una ciudad portuaria, algo parecido con las grandes ciudades portuarias de nuestro mundo actual – una ciudad muy impía, donde florecía todo tipo de pecado.

En algún lugar entre Atenas y Corinto Pablo tomó una decisión, que encontramos en estos versículos. “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”.

Así, Pablo tomó una decisión revolucionaria. No predicaría en Corinto un mensaje como el que predicó en Atenas. Aquí dice algo que para un judío es notable: “Me propuse no saber”. Básicamente, los judíos son personas con un inmenso saber y generalmente basan su confianza en lo que saben.

¡Qué declaración espantosa! “Me propuse no saber”. Voy a olvidar todo lo que aprendí a los pies de Gamaliel en todos mis estudios – ¡Voy a olvidar todo eso! Sólo estoy preocupado de una cosa: Jesucristo –y no sólo con Jesucristo, sino con Jesucristo crucificado– esto es el centro y el énfasis de mi mensaje”. Y creo que debe ser el centro y el énfasis de nuestro mensaje. Si quitamos la cruz del centro, estamos en peligro.

Advierto que Pablo esperaba la demostración del Espíritu Santo y poder. Compruebo hoy en nuestra iglesia contemporánea que si predicamos sobre el poder todos se entusiasman – y si hacemos una invitación a las personas que quieren recibir poder, muchos pasarán al frente.

Personalmente, creo que este énfasis puede ser extremadamente peligroso. A lo largo de muchos años, he observado que las personas que se obsesionan con el poder acaban llenas de problemas. Generalmente, terminan en el error.

El poder es algo que apela al hombre natural. Algunos psicólogos dicen que el deseo de poder es el deseo número uno en la personalidad humana. Pablo dice: “Quiero poder, pero lo quiero sobre una base diferente de aquella que el mundo entiende.

Quiero olvidar toda mi sabiduría, todo mi conocimiento, todas mis habilitaciones teológicas y quiero concentrarme sólo en una cosa: Jesucristo crucificado.” Y después agregó: “Cuando lo hago, puedo tener la certeza de que el Espíritu Santo vendrá con poder”.

Termino con otro de mis versículos favoritos, Gálatas 6:14: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.

Recapitulemos las cuatro salvaguardas que sugerí:

Número 1: Humillarnos a nosotros mismos. En 1ª Pedro 5:8 el apóstol dice que nuestro adversario el diablo anda a nuestro alrededor, buscando a quien devorar. El diablo es muy poderoso y muy activo. Cualquier teología que diga lo contrario es un engaño.

El otro día, estaba meditando sobre este versículo. Supongamos que sea anunciado que un león anda suelto en el tercer piso del hotel y que es necesario huir. No creo que usted fuese a pasear a la recepción, cantando una cancioncita alegre. Usted tomaría todo el cuidado en salir de modo de no ser detectado por la fiera. Y cerraría cuidadosamente la puerta al salir.

Este es el cuadro correcto de la forma como necesitamos conducirnos, porque nuestro adversario el diablo, realmente anda alrededor como un león rugiente y no podemos cambiar eso. ¿Sabe por qué los leones rugen? Para asustar a la presa y paralizarla. Por eso, no quede paralizado con el rugido del león. Tenga cuidado, pero no ceda al miedo.

Número 2: Recibir el amor de la verdad.

Número 3: Cultivar el temor del Señor.

Número 4: Poner y mantener la cruz en el centro.

Para terminar, citemos Gálatas 6:14 en conjunto. Imagino que todos no lo conocen de memoria, por tanto lo voy decir frase por frase: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. ¡Amén!

No tengo por qué finalizar yo todo esto. Sí quiero, como si hubiera oído atentamente este estudio de Derek Prince en un salón de conferencias de cualquier sitio del planeta, establecer el gozo por la confirmación de una palabra recibida, con una muy utilizada por el pueblo evangélico, pero no por ello desacreditada en su esencia: AMÉN.

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¿Estamos en la Apostasía?

Por David Wilkerson

La palabra Apostasía tiene diferentes significados conforme a quien, donde y para que la traduzca. En un diccionario de lengua española, las acepciones que figuran son las siguientes: Acto de Apostatar.

Apostatar, mientras tanto, es: 1 – Negar la fe de Jesucristo recibida en el bautismo (Concepto católico romano). 2 – Dicho de un religioso: abandonar irregularmente la orden o instituto a que pertenece. 3 – Dicho de un clérigo: prescindir habitualmente de su condición de tal, por incumplimiento de las obligaciones propias de su estado. 4 – Abandonar un partido para entrar en otro o cambiar de opinión o doctrina.

Nuestros diccionarios bíblicos, mientras tanto, dicen que es la transcripción exacta de la palabra griega Apostasía, que significa “defección” o “revuelta”, y que era un término técnico de la política: una revuelta militar.

El sentido religioso es de origen bíblico. Señala en varios textos un sentido amplio de rebelión contra Dios; la no obediencia a Él, ya sea `por desviación de la ley o deserción del culto del templo o la sinagoga.

Explicitado este introito con fines informativos, pasamos a ver en profundidad el texto de lo que David Wilkerson, un conocido hombre de Dios, profeta contemporáneo, diera a conocer el día 7 de Mayo de 1986.

Antes de que el anticristo sea revelado, habrá un misterio de impiedad funcionando. El que va a venir aparecerá después de una furiosa actividad de apostasía. Satanás y todos los poderes de las tinieblas estarán preparando el escenario – destruyendo la fe de muchos.

Es más que obvio que el “escenario” del cual está hablando Wilkerson, tendrá que hallarse adentro de las organizaciones eclesiásticas. Muy difícilmente se podría destruir la fe de muchos cristianos con alguna clase de maniobra desde el mundo secular.

Debido al desenfreno en el pecado, el amor de mucha gente de Dios se enfriará. Habrá creyentes náufragos por todos lados. ¡La mayor preocupación de Dios no es donde están cayendo los cristianos, sino de donde están cayendo!

Esto es exactamente lo que está ocurriendo en Argentina desde hace por lo menos entre diez y quince años. Es más; estos métodos, en ciertos lugares evangélicos de prestigio, tienen mayor aceptación que los clásicos y naturales que ofrece el evangelio de Jesucristo.

 

Todos los profetas previeron esta gran apostasía. A Isaías Dios le dio un mensaje que se refiere especialmente a nuestros días. Habla de los últimos tiempos cuando el pueblo se “volvería a Egipto,” para que les ayudara y rechazarían a Dios como su única fuente de provisión.

Sabemos que, en términos simbólicos de la revelación, volverse a Egipto es sinónimo de volverse al mundo secular. Si bien no se observa eso desde lo material y físico, sí se ve desde lo espiritual. Es mucho más lo que el mundo se infiltró en la iglesia que lo que la iglesia ha podido impactar en el mundo.

 

Dios se aseguró que no hubiera equivocación hacia quien iba dirigida esta profecía. Él le dijo a Isaías: “Ve, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos… para que quede hasta el día postrero, eternamente y para siempre” (Isaías 30:8). La traducción literal es: “Para que sea para las generaciones futuras para los últimos días.”

El capítulo treinta de Isaías es el mensaje para la iglesia de los últimos tiempos. ¡Cuán exacto y cierto! ¡El mensaje comienza con una revelación del dolor de Dios a causa de la apostasía!“

¡Ay de los hijos rebeldes que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo y no de mí; para cobijarse con cubierta y no de mi Espíritu, añadiendo pecado a pecado! Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto” (Isaías 30:1-2).

Analicemos esto: ¿De donde toman consejo los hijos de Dios que no sea de Dios mismo? De los hombres eclesiásticos que dicen representarlo. De los distintos liderazgos establecidos y colocados, precisamente, como ministerios de “aconsejamiento”.

¿Y cual se entendería que es esa “cubierta” de la cual se habla, y que significa pecado porque no tiene nada que ver con el Santo Espíritu del Señor? Otra vez los hombres, que en este caso, argumentan sus manipulaciones humanas con la figura de una falsa “cobertura”.

¿Cuál era “la fuerza” de Faraón? Indudablemente, el ocultismo. Nadie olvida su recurrencia a los magos cuando las culebras de Moisés. ¿Entonces quiere decir que una parte de lo que llamamos iglesia recurre a un grado de ocultismo? Tal cual. Es lo que normalmente conocemos como “El Evangelio Mágico”.

 

¿Por qué les llama Dios hijos rebeldes? ¡Porque han cometido lo último en pecado; el más grande, causándole a Dios la mayor pena! Aquí se introdujo un pecado peor que el adulterio, la fornicación, el robo, la mentira u odiar al hermano. ¡Es el último pecado de rebelión y apostasía! Dios le llama pecado compuesto – de añadir pecado a pecado.

Por favor, ten muy en cuenta esto que dice Wilkerson aquí. Porque no es lo que normalmente se enseña con asiduidad. Hay un pecado mayor que el de adulterio, fornicación y los restantes. Rebelión y Apostasía. ¿Alguien te lo predicó, últimamente?

 

Es una bofetada en el rostro de Dios – es la consumación del pecado más declarado que pueda cometer un hijo de Dios. ¡Es avanzar hacia Egipto antes que consultar al Señor! Esto se les decía a los líderes de Israel en el reinado de Ezequías – pero también es para la iglesia de estos últimos días.

El abuso de drogas, el alcoholismo, el adulterio, el juego, la homosexualidad, la fornicación, la pornografía – todos estos malos actos son pecados contra la carne, contra la sociedad y contra las leyes y mandamientos de Dios. Pero este pecado es contra el Señor mismo ¡Es una indignidad personal contra de un Dios santo!

Aquí David hace la diferencia exacta y clara al respecto. Es malo, muy malo cometer cualquier pecado en contra de la sociedad. Pero es mucho peor, indudablemente, cometer un pecado en contra del Señor mismo. Lo primero trae degradación, lo segundo, condenación.

 

Tenga en mente – este es nuestro Señor apenado que esta hablando: “¡Ahora haces tus planes sin consultarme a mí!”“¡Ahora estas con aquellos quienes confían en el brazo de la carne, y

no en el Espíritu!” “Estas volviendo a la misma cosa de donde te libre – volviste a buscar ayuda de lo que una vez te causo tanto dolor y esclavitud.”

Quiero que lo veas una vez más y lo entiendas definitivamente. Aquí no se está hablando de aquella clase de pecados que todos los cristianos, por débiles que seamos, rechazamos de plano. Se habla de recurrir a los métodos del mundo, postergando los de Dios.

 

¡Recuerda que todo esto tiene que ver con como nos libramos del enemigo! ¡Tiene que ver con liberación! ¿Cómo liberamos al pueblo de Dios de enemigos enfurecidos? Los asirios están a la puerta, amenazando destrucción. Los asirios representan a un enemigo exitoso.

¡Esto representa la impetuosa manera de maldad que parece tener tanto éxito hoy! ¿Cómo van los líderes de Dios – sus pastores – sus ancianos a enfrentar a este formidable enemigo que está a la puerta? El enemigo ha barrido con todo lo que se ha encontrado delante de él y parece imparable. ¡Israel se asustó!

Ese es el concepto básico, sin dudas. Dice que Israel se asustó, lo que hoy equivale a decir que la iglesia se asustó. ¿Y que cosa pudo haber asustado a la iglesia? Su propia debilidad y falta de poder. Eso la llevará, inexorablemente, a recurrir a los mecanismos del mundo que, a la vista de una gran mayoría, parecerían tener más resultados.

 

¡En vez de voltear al Señor con confianza, pusieron sus ojos en el enemigo! Se volvieron al brazo de la carne. Ellos enviaron embajadores a Egipto, a los líderes y generales de gobierno en Zoar y Hanes. Ellos tomaron el asunto en sus manos.

Isaías nos hace una vívida descripción del vacío y de la angustia delante de ellos. Al ir a Egipto iban camino a: “…por tierra de tribulación y angustia, de donde salen la leona y el león, la víbora y la serpiente que vuela” (Isaías 30:6). Ellos no encontraron nada más que vacío y vanidad. “Por tanto la llamó Rahab quien ha sido exterminada” (Isaías 30:7).

Aquí Rahab, en hebreo, quiere decir: “He llamado a Egipto, bocón, que se sienta tranquilo.” Otros lo interpretan como “Gente fanfarrona que es holgazana” (Keil, Delitzsch).La escena es terrible: aquí tenemos al pueblo de Dios, ¡Regresando por el mismo desierto del que habían sido libertados, volviendo por ayuda a un sistema del mundo, presumido y fanfarrón que no se podía mover! Estaban

dispuestos a soportar una vez más el vacío, el dolor y la angustia – en un desierto, buscando que el mundo los ayudara.

la oración, de la fe y de la palabra de Dios. “Porque este es pueblo rebelde… que no quisieron oír la voz de Jehová” (Isaías 30:9).

¿Cuánto más después que yo haya muerto? “Porque yo sé que después de mi muerte, ciertamente os corromperéis y os apartaréis del camino que os he mandado; y que os ha de venir mal en los postreros días, por haber hecho mal ante los ojos de Jehová, enojándole con la obra de vuestras manos” (Deutoronomio. 31:26, 27, 29)

Moisés pronuncia aquí una palabra que, aunque sea una realidad vigente y palpable en nuestras iglesias de hoy, todavía nos cuesta pronunciar y mucho más aplicar como cierta por ese falto respeto del que nos hemos munido: corrupción.

¿Qué es La Corrupción? Dicen los diccionarios que, en las organizaciones, especialmente en las públicas, esta es la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho económico o de otra índole, de sus gestores.

 

Él advirtió: “Ustedes se apartaran – el mal caerá sobre ustedes en los últimos días. Moisés profetizó: “Porque yo les introduciré en la tierra que juré a sus padres, la cual fluye leche y miel; y comerán y se saciarán y engordarán y se volverán a dioses ajenos y les servirán y me enojarán e invalidarán mi pacto” (Deuteronomio. 31:20).

¡Claro! Lo lees ahora a este texto y, bajo la luz de la óptica que el Espíritu Santo te ha dado, puedes verlo de un modo totalmente distinto al que siempre lo habías visto y, caes en la cuenta, que casi todo lo que está ocurriendo hoy y que tanto te angustia, ya estaba anunciado desde el principio de los tiempos.

Vamos a unirlo y llegar al punto que están haciendo los profetas. ¿Qué significa desdeñar al Señor – y regresar a Egipto? ¿Qué interpretación tiene esto en estos últimos días? Dios está diciendo: “Cuándo primero te llame – cuando te toqué y te libré de tus enemigos, ¡Solo me querías a mí! ¡Orabas por todo! Tenías fe y confianza de niño en mí, que yo te guiara e hiciera provisión milagrosa para todas tus necesidades. Yo era tu gozo – solo yo era tu satisfacción. ¡No te habías consumido, tenías un corazón anhelante por mí!

“Ahora tienes todos tus expertos, tus libros de “como hacer.” Tienes métodos modernos, no me necesitas para que te provea ahora. Tienes expertos que te digan como recaudar dinero, como escribir cartas, como hacer apelaciones.

Tienes seminarios, sesiones de entrenamiento, más expertos y más consejo, mucho de los cuales incorporan las enseñanzas de este mundo. Estás aprendiendo como hacer las cosas mejor, ¡pero a mí me conoces menos! Ya no soy el centro de todo, haces las cosas en mi nombre y estás muy ocupado, muy comprometido y trabajas mucho – pero te deja cansado, consumido y vacío, porque estás en el camino a Egipto. Estás encauzado en la dirección equivocada.”

Sin ser mal intencionado ni recurrir a fraseologías oportunistas, deberé decirte igualmente que esto, que fuera recibido por el siervo en el año 1986, podría haberte sido predicado ayer mismo con enormes visos de actualidad.

Por mucho menos que lo que Wilkerson dice aquí, – ¡¡ Y hace ya veinte años!! -, han expulsado a mucha gente de las iglesias. Hermanos con menos prestigio pero con  igualrevelación del Señor han  sido acusados de insujetos, rebeldes y hasta blasfemos herejes.

 

Nuestras iglesias ya no tienen el poder de Dios para atraer a la gente. Ahora bajan a Egipto, toman prestada su música, sus danzas y su entretenimiento, ¡Esperando atraer una multitud! ¡No hay pasión por las almas – solo el gentío! ¡Qué la iglesia crezca a cualquier precio! Fíjense en la mayoría de los boletines de las iglesias, parecen más bien un calendario teatral. ¡La iglesia quiere montar los rápidos caballos de Egipto! Es un hedor en la nariz de Dios.

¡Aun los ministerios de ayuda a la iglesia están cayendo en apostasía! Los trabajadores están estacionados enfrente del ídolo de la televisión. Muchos están leyendo libros de psicología. Aunque algunos tienen pasión por las almas, ¡Aun esto se convierte en algo mundano y energía humana.

¡Un rechazo seguirá al mensaje de santidad, juicio y arrepentimiento! “Que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras” (Isaías 30:10).

¿Sabes que? Hemos visto durante estos últimos años, a muy promocionados profetas o apóstoles de Dios, profetizar mentiras. “¡Esta iglesia ha sido llamada por el Señor! “¡Este pastor está destinado a cambiar la nación!” y otras por el estilo.

El por qué de estas mentiras, hay que buscarlo en dos áreas: o bien tienen que ver con la necesidad de mantener la credibilidad de la gente en un determinado sitio en decadencia, o bien es un simple convenio comercial donde se profetizan mentiras a cambio de un salario denominado desvergonzadamente “ofrenda de amor”.

La iglesia apóstata no quiere saber nada de las visiones y las profecías de hombres justos. Ellos no quieren un mensaje que moleste o perturbe su mundo de éxito. Rechazan cualquier clase de corrección. Bajo la bandera del amor todo se disculpa.

¡Van detrás del entretenimiento! Van por millares a conciertos, obras teatrales y reuniones sociales; ellos ridiculizan a los profetas. Se burlan de los que llaman: “¡Predicadores del día del juicio!” Viven ilusiones. Ellos no quieren a un predicador o un evangelista que les hable la verdad cruda – o que saque la espada del Señor. Ellos dicen: “¡Predícanos cosas suaves! ¡Bendícenos! ¡Haznos sentir bien!”

Total y absolutamente cierto, además de vigente y actual. Y lo que David no dice aquí pero queda implícito es que, cuando un verdadero y genuino mensajero del Señor lleva una mensaje de esos no suaves, precisamente, difícilmente regrese.

En el peor de los casos, se le dice que lo suyo es demasiado…”apocalíptico” y no le hace ningún bien a los hermanos. En el mejor de los casos, se le dice que sí, que está muy bien  y que lo suyo es tremendo y espectacular, pero que por el momento no lo invitarán más porque esa iglesia, “aún no está preparada para esa palabra”. ¡Hipócritas!

Rechazan especialmente el mensaje de santidad y separación Ellos dicen: “Dejad el camino, apartaos de la senda, quitad de nuestra presencia al Santo de Israel” (Isaías 30:11).Nunca pensé que vería el día en que pastores de la Asamblea de Dios me escribirían cartas, reprochándome y diciéndome que estoy trayendo confusión y tristeza al cuerpo de Cristo. ¿Por qué? ¿Por predicar santidad, juicio y arrepentimiento?

David Wilkerson, un hombre probo y reconocido por los genuinos cultores de la Palabra, vapuleado por ignorantes hombrecillos que se pavonean con sus posiciones o cargos dentro de las babilónicas estructuras de las denominaciones históricas.

 

Jeremías fue enviado a profetizar en contra de judíos apostatas, el mismo pueblo del Señor. Dios le advirtió: “Pelearán contra ti… me dejaron a mi fuente de agua viva, y cavaron para sí, cisternas… el temor de mí no está en (ellos)” (Jeremías 1:19; 2:13, 19).

¿Por qué la gente acoge el mensaje de prosperidad y rechaza la corrección y los llamados al arrepentimiento, y a la santidad? Es por sus estilos de vida. Las predicaciones de prosperidad embonan muy bien en sus estilos de vida exitosos.

Se amontonan donde aquellos maestros, porque quieren sentirse cómodos en su mundo de materialismo. No están dispuestos a dejar nada o a sacrificarse u oír de cruces y pérdidas. Ellos están por: comprar, adquirir, disfrutar y subir. Se rehúsan a poner atención a las advertencias proféticas de que la fiesta ya se va a acabar.

Una iglesia apóstata simplemente soporta la voz profética. Lo menosprecian con una sonrisa condescendiente. Y eso es peor que un rechazo directo. “Y vienen a ti como viene el pueblo, y están delante de ti como pueblo mío. Oyen tus palabras, pero no las ponen por obra, antes hacen halagos con sus bocas y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.

En ningún sitio humano, por deteriorado en su moral que se encuentre, puede verse una clase de actitud que en la iglesia es sumamente habitual: agredir, injuriar e incluso hasta calumniar a alguien sin abandonar una “bondadosa” sonrisa y el protocolar tratamiento de “hermano”…

 

Y tú eres para ellos como un cantor de amores, de hermosa voz y que canta bien. Ellos oyen tus palabras, pero no las ponen por obra.” (Ezequiel 33:31-32). Para muchos cristianos, aún para aquellos que sinceramente se llamaban a ellos mismos “su pueblo”, el llamarlos a que quiten de sus casas el ídolo de la televisión, que apaguen el “rock and roll” y la música del diablo, que tomen en serio un sometimiento total, es solo un mensaje nuevo.

He conocido a muchos hombres que andan por la vida con este mensaje permanente. Son escuchados, como aquí bien lo dice Wilkerson, pero en la intimidad jerárquica son considerados como demasiado…fundamentalistas.

 

Les afecta por el lado del entretenimiento – les encanta escucharlo – decir “Amen”, pero no les afecta. Siguen las lujurias de sus corazones. Ves, ellos están liberados, no.  Están bajo la ley o el legalismo y rehúsan permitirle al Espíritu Santo que escudriñe su hombre interior acerca de la corrupción que se esta infiltrando en sus vidas y hogares.

Hay mucha más gente de la que uno se imagina en estas condiciones. Quizás tú tienes alguno muy cerca el domingo en la iglesia. Viven horriblemente, en permanente derrota, sufrimiento y desgaste, pero a la hora de evaluar a otros hermanos, le exigen cumplimiento a todas aquellas reglas que ellos mismos jamás han cumplido.

¡Según la profecía de Isaías, la iglesia apóstata de los últimos días rechazará completamente el llamado al arrepentimiento! Porque así dijo Jehová, el Señor, el Santo de Israel: En la conversión

y en el reposo seréis salvos; en la quietud y en confianza estará vuestra fortaleza. Pero no quisisteis, … sino que dijisteis: No,…” (Isaías 30:15, 16).

¿Te das cuenta lo que terminas de leer? ¿Entiendes que hay al menos un siervo del Señor que en el año 1986 recibió del Espíritu Santo y escribió esto que hoy, a quienes lo decimos, nos llaman rebeldes, conflictivos o resentidos? ¿Tan ciego estás, pueblo mío?

¡Dile que su única salvación ahora esta en el arrepentimiento y santidad! Ellos ni siquiera tienen el tiempo para considerar el asunto, mucho menos contestar a el. Isaías dice que ellos rechazarán el mensaje de arrepentimiento; rechazarán el pensamiento de quietud, reposo y confianza sencilla – ellos están demasiado ocupados corriendo sobre sus caballos ágiles, huyendo – detrás de sus propios sueños.

Revísate ahora mismo en tu interior. Examina tu propia vida de fe. ¿Qué es lo que estás esperando? ¿Acaso que un Dios al que no puedes ver esté conforme contigo y te apruebe como digno hijo suyo?

¿O quizás esto no te interesa demasiado y le otorgas prioridad a lo que los hombres que dirigen tu congregación piensen de ti y dispongan colocarte en alguna posición de liderazgo?

 

Isaías predice un derrumbe repentino de aquellos individuos y ministerios quienes rechazan el mensaje de arrepentimiento. “Por tanto, el Santo de Israel dice así: Porque desechasteis esta palabra y confiasteis en la violencia y en la iniquidad, y en ellas os habéis apoyado, por eso, este pecado os será como grieta que amenaza ruina, extendiéndose en una pared elevada, cuya caída viene de pronto, repentinamente. Y se quebrará como se quiebra un vaso de alfarero, que sin misericordia lo hacen pedazos; …” (Isaías 30:12-14).

¡Viene un quebrantamiento repentino, destructor – un derrumbe de ministerios, iglesias, estilos de vida – de aquellos que están cómodos en Sión! ¡He visto lo que Isaías vio! Viene, muy pronto, una calamidad económica, tan repentina, tan inesperada – ¡El flujo de dinero se detendrá!

1986. ¿Nadie escuchó o leyó a David Wilkerson? ¿O creyeron que el hombre divagaba y no quisieron darle crédito? ¡¡Pastor!! ¿Cómo se van a caer esos ministerios ungidos del Señor? ¿Cómo vamos a estar en miseria en esta iglesia ungida y del Señor? Error. Ni ungidos ni del Señor.

Los ministerios de televisión caerán en bancarrota uno detrás de otro. Muchas iglesias las cuales están cargadas de deudas caerán en bancarrota. Aquellos que predican prosperidad exclusivamente serán los predicadores mas odiados en la tierra.

Ya estamos recibiendo cartas de aquellos que estuvieron en ese campamento, pero ahora en profundos problemas financieros – y los heridos se están volviendo contra sus maestros, gritando, “¡Tu me engañaste! ¿Por que no funciona tu palabrería ahora?” ¡Los maestros mismos estarán en terror, contemplando el derrumbe – de la noche a la mañana!

Tiempo de Victoria recibe a diario correos que hablan de esto. ¡Pero hace veinte años que esto fue profetizado! ¿Cómo se dejaron engañar? La respuesta es casi siempre la misma. ¡Mi pastor me dijo que debíamos creer en esto! Eso no es ministerio, eso es complicidad.

¡Créeme, todo se quebrará! ¿Está mintiendo Isaías? Escúchalo: “Porque rechazaste esta palabra de santidad, arrepentimiento y avisos proféticas, tus muros altas desarrollaran un bulto; caerá de repente – ¡todo estará hecho y terminado en un momento!”¿Quién puede creerlo? ¡Hoy, millones de dólares están fluyendo libremente!

Ellos construyen; ellos compran; ellos venden; ¡siguen en sus sueños como que nunca terminara! ¡Pero el día esta por delante – en corto tiempo, viene un terrible derrumbe! ¡Tan despiadado! ¡Tan quebrantador! ¡Tan repentino! ¿Quién iba a creer que el temeroso derrumbe del mercado de petróleo?

Quizá podrá parecerte que hay aquí una exageración y que nunca ha sucedido nada de esto. Sin embargo no es así. Los grandes ministerios tienen, cada día que pasa, mayores inconvenientes para subsistir y mantenerse. Sólo que se le echa la culpa al diablo. Entonces, miles se ponen a reprenderlo. ¡No se va! ¿Y como se va a ir si no está? ¡¡¡Es Dios!!!

¿Quién iba a creer que nuestra nave espacial “Shuttle” iba a explotar? ¡Miles de pastores apóstatas y sus ovejas indefensas temblarán en vergüenza y terror! “Un millar huirá ante la amenaza de uno; ante la amenaza de cinco, huiréis vosotros todos, hasta que quedéis como un mástil en la cumbre de un monte y como una bandera sobre una colina.” (Isaías 30:17).

Esto significa que el temor los abrumará. Ellos correrán de un lado a otro, sin lugar de escondite, sin descanso, sin confianza en quietud, sin fuerza interior – ¡aterrorizados! ¡Ellos se convertirán en una sombra de lo que una vez fueron!

¡El reino del yo, de orgullo, de ambición, se viene abajo! Las advertencias de Isaías no serán escuchadas – mis advertencias serán mofadas. ¡Pero ellos han sido avisados! Cuándo venga, y vendrá, ¿De qué servirá su mensaje entonces? ¿Quién escuchara? ¡Sus sueños e ilusiones serán arrastradas!

¡Sus escenarios de entretenimiento destruidos! Aun los impíos dirán, “¿Cómo puede ser? ¿Por que Dios le ha hecho esto? ”Estas advertencias no molestaran a aquellos cristianos quienes están encerrados con Dios. Las advertencias de Jesús fueron más fuertes que las advertencias que acaba de leer – pero para los confiados él dice, “No temas.” Sigan leyendo santos – ¡hay un lado glorioso a todo esto!

La pregunta que salta a la vista, es: ¿Cómo puede ser que el pueblo de Dios, ante una crisis, se desmorone por el miedo. ¿No han aprendido que el amor echa fuera todo temor? Sí, pero creyeron que se trataba de amor Phileo, no Ágape. Y con el amor romántico y emocional, jamás combatirás el miedo. Con el Ágape, que es Carácter, sí.

3. ¡De la iglesia apóstata se levantara un pueblo santo y arrepentido quienes tendrán ansias tras el Señor! ¡Cómo nuestro Señor anhela tener un pueblo aquí que sólo lo anhele a él! Él se lamenta por esta apostasía, pero su compasión va a levantar un pueblo que se vuelva a él, que se arrepienta – ¡Quienes sólo lo desean a él! “Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto será exaltado, teniendo de vosotros misericordia.

¡Porque Jehová es Dios justo! Bienaventurados todos los que confían en él” (Isaías 30:18). ¡Aquí Isaías se está dirigiendo a un pueblo del futuro! Está hablando a un pueblo que iba a formar a la Sión espiritual – Jerusalén, que nunca se caerá o derrumbará. ¡Es un pueblo santo, cuya principal característica son sus corazones anhelantes tras Dios!

¿Cuál era la señal de la gente apóstata? Ellos no anhelan al Señor; sino que anhelaban ir tras Egipto, el mundo, la carne y lo mundano. ¡Esta es la triste carencia de la iglesia de hoy! Hay muy poco de este profundo deseo por Cristo. Muy poco de estar encerrado con él, deseándolo a él como la plenitud de vida. Tenemos una generación que trabaja por él, testifica, alimenta a los pobres, ayuda a los desamparados y ministra a las necesidades humanas.

Esta es una tremenda verdad. Tan tremenda como las barbaridades dialécticas que hemos incorporado a la iglesia casi con valor bíblico. “Lugar de contención”. ¿La iglesia del Señor un lugar de contención? ¿Quién la convirtió en un grupo egocéntrico de autoayuda?

La iglesia, centro especial donde Dios suple nuestras necesidades. Cierto, pero ¿Cuáles de ellas? ¿Acaso las financieras? ¿Tal vez las sentimentales? ¿Quizás las emocionales? Ni se te ocurra. Eso es carne pura. Las necesidades de la cual hablan las Escrituras, son las necesidades de contar con el Hijo de Dios en nuestras vidas. No hay otras. Las demás, en todo caso, se sujetan al señorío de esta.

¡Pero muy pocos que pasen sus días anhelándolo a él! Dios dijo: “Mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días” (Jeremías 2:32).Auque todo alrededor habrá un derrumbe y lloro – ¡Este pueblo no llorara! ¡Dios va a escuchar su clamor y contestara su oración! “Ciertamente el pueblo morará en Sión, en Jerusalén; nunca mas llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor te responderá” (Isaías 30:19).

¡Habrá privaciones! Habrá opresión de parte de Satanás, del mundo, de las circunstancias, pero Dios se manifestará en medio de su pueblo. La presencia del Señor será preciosa para ellos. “Bien que os dará el Señor pan de congoja y agua de angustia, con todo tu Maestro nunca mas te será quitado, sino que tus ojos verán a tu Maestro” (Isaías 30:20).

Vendrá una palabra pura, clara y santa. Dios le va a dar revelación verdadera a este pueblo. ¡Ellos verán lo que otros no han visto! ¡Ellos serán guiados paso a paso por el Señor! Entonces no va a haber hambre de la Palabra de verdad, ni habrá necesidad de sermones en cintas, ni de lejanos seminarios. El Señor ya tiene en su lugar una fuerza de predicadores de santidad y arrepentimiento que están esperando la hora en que los cristianos estén listos para escuchar.

Estos predicadores ya no van a ser censurados, ni excluidos, se van a parar en la brecha y

van a proclamar la Palabra santa y pura del Señor ante una nación que tiembla. “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino; andad por él, y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:21).

¡Este pueblo derribara todos sus ídolos! ¡Ansiarán tanto ir tras el Señor, que todos los ídolos tienen que irse! “Entonces profanarás la cubierta de tus esculturas de plata y la vestidura de tus imágenes fundidas de oro; las apartarás como trapo asqueroso. ¡Sal fuera!, les dirás” (Isaías 30:22).

Ellos disfrutarán de su más grande ministerio cuando todo a su alrededor sea temor, fracaso y ruinas. “Y dará el Señor lluvia a tu sementera, cuando siembres la tierra, y dará pan abundante y sustancioso como fruto de la tierra. Tus ganados en aquel tiempo serán apacentados en extensos

pastizales.” (Isaías 30:23).

Remanente. Año 1986. Dedicado especialmente, y con firma al pie, para todos los religiosos empleados útiles de Babilonia que todavía salen a la luz pública por televisoras o radios evangélicas a decir que lo del Remanente es un invento divisionista.

En los últimos años, y ahora con más intensidad, ¡Dios ha estado y está preparando un pueblo que él va a llamar el día de la matanza! Ellos no van a ser sacudidos cuando todo sea sacudido por Dios. ¡Ellos tendrán esa quietud y fortaleza, van a tener su confianza en él!

Consejo práctico: comienza a observar a tu alrededor y ve como están viviendo tus hermanos conocidos. Luego eleva tu mirada a tus líderes y, finalmente, comprueba y evalúa como lo hacen aquellos que han sido marginados de la iglesia por distintas causas. No te asombres por lo que llegues a descubrir.

¡Ellos no van a ser consumidos! ¡Ellos no se van a desanimar, ni estarán cabizbajos! ¡No habrá confusión en ellos! ¡Sabrán que Dios los ha preparado para esta hora! ¡Estarán bebiendo de los ríos de agua viva! “Y sobre todo monte alto y sobre todo collado elevado habrá ríos y corrientes de aguas en el día de la gran matanza, cuando caerán las torres” (Isaías  30:25).

¿Crees eso? En el día que Dios eche abajo todas las fortalezas en que confiaban los hombres y la iglesia apóstata, cuando comience la gran matanza de ministerios centrados en hombres, entonces, ¡Su pueblo estará bebiendo de los manantiales de agua sobrenatural!

Hermano… ¿A que iglesia va? – Soy miembro de la iglesia del pastor Fulano… – ¿Y que es lo que le gusta ver por televisión u oír por radio? – Ah…me gusta mucho el ministerio del apóstol Mengano, que sale por canal XX… Matanza.

Pero lo mejor de todo es que estos santos heridos, pero confiados y anhelantes, entraran en la revelación más grande y brillante de Jesucristo que alguna vez fuera dada a la humanidad. “Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la del sol será siete veces mayor, como la luz de siete días,

el día que vendare Jehová la herida de su pueblo y curare la llaga que él causó” (Isaías 30:26).

Si este mensaje te asusta o te molesta – ¡Es mejor que escudriñes tu corazón! Este no es un mensaje de condena o de tristeza para los vencedores. Aquellos que confían completamente en el Señor se regocijarán – ¡Porque el día de nuestra redención se acerca! ¡Yo soy uno de los predicadores más animados del mundo! Casi no puedo contener mi gozo – ¡Porque Dios está a punto de echar abajo, sacudir y arrancar todo lo que es del mundo y de la carne!

¡Santos – regocíjense conmigo!

No sé si habrán aparecido a agradecerle ese mensaje al hermano David muchos regocijados. Lo que sí sé, es que las cosas que hoy están ocurriendo en las congregaciones y que tanta decepción le produce a tanta gente, ya habían sido previstas y profetizadas.

En nuestro trabajo “ya Salí de Babilonia; ¿Y Ahora?” que está en nuestra Web, dejábamos deslizar la factibilidad de que este fuera el tiempo de lo que la Biblia denomina como La Gran Tribulación.

Hoy, y a partir de este excelente trabajo que el Espíritu Santo puso en el corazón de David Wilkerson hace ya más de veinte años, podemos asegurarte que también estamos en el tiempo que la Biblia llama de la Gran Apostasía. ¿Cuánto queda para la Venida del Señor?

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El Oculto Poder del Alma

Por Watchman Nee

¿Quién, en el ambiente cristiano, no conoce y respeta a Watchman Nee? ¿Quién no ha aprendido, a partir de sus tres tomos de “El Hombre Espiritual”, a definir entre el espíritu, el alma y el cuerpo?

Tal como él mismo lo explica en este trabajo, lo que vas a leer lo ha visto muy poca gente. Y de toda esa gente, supongo que muchos hubieran preferido no verlo. Esto literalmente “te vuela la cabeza”, porque te deja claramente visible que en muchas ocasiones hemos sido víctimas de engaños muy graves. Y creyendo que venía de Dios…

Tu alma no es algo nefasto ni pasible de desechar. Dios te construyó así y Él sabe muy bien como es esa parte de tu ser. Sin embargo, será necesario que leas esto y lo entiendas bien, para que de aquí en más comiences a caminar realmente como Dios quiere: por el espíritu…

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En 1924, cuando llamé por primera vez la atención de los hijos de Dios sobre la división del espíritu y el alma, varios hermanos bien relacionados pensaron que era sólo un juego de palabras sin grande significado. Ellos no pudieron ver que nuestro conflicto no está relacionado con la palabra, sino más bien con lo que está detrás de ella.

El espíritu y el alma son dos órganos totalmente diferentes: uno pertenece a Dios y el otro al hombre. Sean cuales fueren los nombres que les demos, la distinción de los mismos en sustancia es completa. El peligro del creyente está en confundir el espíritu con el alma y el alma con el espíritu, y en consecuencia ser engañado, aceptando las falsificaciones de los espíritus malignos, alterando la obra de Dios.

Independientemente de lo que luego va a sorprendernos este extraordinario hombre de Dios con todo lo que al respecto nos va a descubrir, ya mismo hay que otorgarle razón total en su afirmación: millones de cristianos andan confundidos entre lo espiritual y lo almático.

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Originalmente, la intención era escribir esta serie de artículos inmediatamente después de concluido en 1928 “El Hombre Espiritual”, pero por motivo de la debilidad física y el pesado encargo de otros servicios, sólo fui capaz de publicarlos en la última edición de la revista Despertar. En respuesta a las solicitudes de sus lectores, publico ahora este pequeño librito.

La mayor ventaja en conocer la diferencia entre el alma y el espíritu está en la percepción del poder latente del alma y el entendimiento de su falsificación del poder del Espíritu Santo. Tal conocimiento no es teórico sino práctico, para ayudar a las personas a andar en el camino de Dios.

Aquí hay otra enorme y contundente verdad que no podemos dejar pasar porque será, a lo largo de todo este trabajo, un elemento vital para su entendimiento y puesta por obra: el sentido práctico por encima del teórico al cual tan afectos suelen ser los teólogos.

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La pasada noche yo estaba leyendo lo que dijo cierta vez F. B. Meyer en una reunión, un poco antes de su partida de la tierra. Aquí está un aparte de lo que él dijo: “Este es un hecho sublime, que nunca hubo tanto espiritualismo fuera de la Iglesia de Cristo como lo vemos hoy. ¿No es un hecho que en las áreas inferiores de nuestra naturaleza humana el estímulo del alma es bastante predominante?

Hoy en día la atmósfera está tan cargada con la conmoción de todos los tipos de imitación, que el Señor parece estar llamando a la Iglesia a un nivel más alto”. (En vista de que la cita original no pudo ser encontrada, esta porción ha sido traducida libremente del chino). La situación hoy es peligrosa. Podamos nosotros “examinarlo todo y retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Amén.

Watchman Nee, 8 de marzo de 1933.

Quiero ahora que entiendas de qué se trata todo esto. No es el simple hecho de tomar un buen artículo, agregarle algún que otro comentario bien intencionado, y luego publicarlo con la finalidad de probar posiciones propias. Se trata de algo que le fue mostrado al pueblo en 1933 y ese pueblo no quiso, no pudo o no se atrevió a verlo.

Muy por el contrario, eligió el camino más tortuoso que, indudablemente, tiene que haberle causado tremendo daño moral y emocional al autor: desconfiar de sus definiciones por causa de su ascendencia oriental con la cual se lo vinculara por encima de sus argumentos bíblicos.

Este trabajo de Watchman Nee no necesita ninguna clase de acotaciones ni agregados, ya que en sí es altamente completo. Sin embargo lo incluimos en esta producción, prioritariamente, como desagravio a uno más de los tantos que fueron perseguidos y espiritualmente agredidos por mostrar cierta clase de verdades que no convenían a las estructuras eclesiásticas tradicionales.

1 – EL PODER LATENTE DEL ALMA

“Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol; y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres” (Apocalipsis 18:11-13).

Por favor, observe que aquí en este pasaje, la lista de mercadería comienza con oro y plata, caballos y carros y todos los artículos naturales que pueden ser comerciados. Los esclavos siempre pueden ser comerciados o trocados, sin embargo, esto es un comercio con cuerpos humanos. Pero, además de eso, existe un mercado de almas de hombres como mercadería.

Va a ser muy importante en el resto de este trabajo, que tú hayas entendido esto. Te está diciendo que hay un mercado, un comercio, una explotación, una exacerbación de las cuestiones del alma. ¿Adonde? Si fuera en el mundo importaría muy poco. Lo que nos importa a los creyentes, es la iglesia, ¿Verdad?

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Así también está escrito: “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual” (1 Corintios 15:45,46).

¿Nunca te llamó la atención este texto? ¿No era medianamente lógico, (Según nuestro entendimiento de la lógica, claro), que dijera que lo primero era lo espiritual y no lo animal como verdaderamente dice?

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“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7).

En el discurrir de los dos últimos años he sentido intensamente la necesidad de dar un mensaje conforme será dado ahora. Es tan complejo como profundo. Para el que habla no será fácil, ni para los que oyen será fácil entender.

¿Te identificas? Me identifico. Cuando verdaderamente tienes algo del Señor entre tus manos, y te das cuenta que no se parece en nada a lo que tienen la mayoría de los predicadores, allí experimentas esto que Nee declara aquí: No es fácil para quien lo tiene que decir ni tampoco para quien lo tiene que oír.

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Por esta razón no inserté este mensaje en la tercera parte de “El Hombre Espiritual”. Aun así, siempre tuve el sentir de exponerlo, especialmente después de haber leído varios libros y revistas y haber tenido contacto hasta cierto punto con personas de este mundo.

Siento cuán precioso es el mensaje que tuvimos el privilegio de conocer. En vista de la situación y tendencia actual de la Iglesia, como también del mundo, somos constreñidos a compartir lo que nos es dado. De otro modo estaremos escondiendo la lámpara debajo del almud.

Lo que voy a mencionar en el mensaje para nuestra consideración hoy, tiene relación con el conflicto espiritual y el fin de esta era. Por causa de los que no han leído El Hombre Espiritual, tocaré brevemente en la trilogía del espíritu, alma y cuerpo.

LA TRILOGÍA DEL ESPÍRITU, ALMA Y CUERPO

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra…” (Génesis 2:7). Este pasaje se refiere al cuerpo del hombre. “Y sopló en su nariz aliento de vida…”. Esto describe cómo Dios dio el espíritu al hombre; era el espíritu de Adán. De esa manera fue formado el cuerpo del hombre del polvo de la tierra y el espíritu le fue dado por Dios. “Y el hombre fue un ser viviente”. Después que el aliento de vida hubo entrado en sus narices, el hombre se convirtió en alma viviente.

El espíritu, el alma y el cuerpo son tres entidades separadas. “…Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible” (1 Tesalonicenses 5:23). El espíritu es dado por Dios; el alma es un ser viviente y el cuerpo es formado por Dios.

No son pocos los cristianos que todavía no tienen muy en claro que cosa es la que va al cielo cuando se mueran y que cosa es la que queda. El polvo de la tierra es la carne y volverá a la tierra a la hora de la muerte física. Ah, y es el alimento de la serpiente…

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Según el entendimiento común, el alma es nuestra personalidad. Cuando el espíritu y el cuerpo fueron unidos, el hombre se convirtió en un alma viviente. La característica de los ángeles es que son espíritus, y de los animales inferiores, tales como las fieras, es la carne.

Nosotros los humanos, tenemos ambos: espíritu y cuerpo. Pero nuestra característica no es ni el espíritu ni el cuerpo, sino el alma. Tenemos un alma viviente. Por eso la Biblia llama al hombre alma. Por ejemplo, cuando Jacob descendió a Egipto con su familia, las Escrituras en el original dicen que “todas las almas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta” (Génesis 46:27 -VRV 1909).

Aquellos que recibieron la palabra de Pedro en el día de Pentecostés fueron bautizados “y se añadieron en aquel día como tres mil almas” (Hechos 2:41). De modo que, el alma representa nuestra personalidad, lo cual hace de nosotros, hombres.

Hasta aquí esto es inapelable. Efectivamente, la Biblia habla permanentemente de “alma” como elemento vital que identifica a la vida humana. Y allí será, – Lo veremos en este excelente trabajo – donde se centrará el futuro.

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¿Cuáles son las distintas funciones del espíritu, alma y cuerpo? Tal explicación fue dada en la primera parte de El Hombre Espiritual, sin embargo, un día me puse sobremanera feliz al encontrar en el estante un volumen de los escritos de Andrew Murray, el cual contenía una explicación sobre el espíritu, alma y cuerpo en las notas suplementarias, muy semejantes a nuestra interpretación. Lo que sigue es una cita de una de las notas:

“En la historia de la creación del hombre, leemos que el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra; de esta manera su cuerpo fue formado; y le sopló en las narices aliento de vida, o espíritu de vida, de manera que su espíritu vino de Dios; y el hombre se convirtió en un alma viviente, una persona consciente de sí misma. (Toma debida nota de esto: tú alma es la que te permite tomar conciencia de ti mismo)

El alma era el punto de encuentro, el lugar de unión entre el cuerpo y el espíritu. A través del cuerpo, el hombre (alma viviente), mantenía su relación con el mundo exterior por medio de los sentidos, y podía influenciarlo o ser influenciado por él.

A través del espíritu, él mantenía relación con el mundo espiritual y con el Espíritu de Dios, en donde tenía su origen y podía ser recipiente y ministro de Su vida y poder. Al permanecer por tanto, a medio camino entre esos dos mundos, y perteneciendo a ambos, el alma tenía el poder de autodeterminación, de escoger o rehusar los objetos que la rodeaban y con los cuales mantenía relación.

En la constitución de estas tres partes de la naturaleza del hombre, el espíritu era el más elevado, por estar ligado con el Divino; el cuerpo era el inferior por estar ligado con lo que es sensible y animal; entre ellos permanecía el alma, participante de la naturaleza de los otros, el vínculo que los ligaba y a través del cual podrían obrar el uno sobre el otro.

Su trabajo, como poder central, era mantenerlos en su debida relación; conservar el cuerpo, como inferior, sujeto al espíritu; la propia alma debía recibir del Espíritu Divino, a través del espíritu, lo que le faltaba para su perfección, y asimismo transmitir al cuerpo, aquello que podría hacer de ellos un cuerpo espiritual, por la participación de la perfección del Espíritu de Dios.”

Suena muy sencillo, ¿Verdad? Sin embargo cuesta bastante. Lo que hay para rescatar aquí, es la posición que el cuerpo ocupa en la entidad humana llamada hombre. El último lugar, no el primero, como el hedonismo propone y mucha gente adopta, incluidos cristianos.

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¿Qué es el espíritu? Aquello que nos da conciencia de Dios y nos relaciona con Él. ¿Qué es el alma? Aquello que nos relaciona con nosotros mismos y nos proporciona la autoconciencia. ¿Qué es el cuerpo? Aquello que nos lleva a estar relacionados con el mundo.

C. I. Scofield, en su Biblia con notas de referencias, explica que el espíritu da la conciencia de Dios, el alma la autoconciencia y el cuerpo la conciencia del mundo. Un caballo y un buey no tienen conciencia de Dios, porque no tienen espíritu. Ellos sólo tienen conciencia de sus propios seres. El cuerpo nos lleva a sentir el mundo, así como ver las cosas del mundo, la sensación de frío o caliente y así sucesivamente.

Lo que fue mencionado arriba se refiere a las funciones del espíritu, alma y cuerpo. Menciono ahora un problema muy importante. Muchos consideran este asunto del espíritu, alma y cuerpo, como relacionado sólo con la vida espiritual; pero es necesario reconocer su relevancia para nuestra obra y batalla espiritual.

Esto es decididamente cierto. Cuando se habla en estos términos, la gran mayoría lo relaciona con iglesia y religión. Sin embargo la ecuación tiene que ver estrictamente con las razones más concretas y prácticas de nuestras vidas.

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Nuestra tendencia es compararnos como casi iguales a Adán antes de la caída. Suponemos que, siendo seres humanos de la misma forma que era Adán, no existe mucha diferencia entre nosotros. Creemos que aquello que no podemos hacer, Adán tampoco lo podía hacer.

Pero no vemos que existen dos cosas aquí: (a) Por un lado, la verdad de que no podemos hacer lo que Adán sí podía; y también (b) que aquello que no podemos hacer, Adán sí lo podía. Desafortunadamente no reconocemos cuán capaz era Adán. Si estudiáramos la Biblia cuidadosamente, entenderíamos qué clase de hombre era Adán realmente, antes de su caída.

LA AUTORIDAD Y DESTREZA FÍSICA DE ADÁN

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:27-28). Tenían dominio sobre la tierra, dice Dios.

Amigos, ¿Ya han pensado ustedes en la inmensidad de la tierra? Supongamos que un patrón solicita a su siervo que le administre dos casas. Él le hace la designación basado en la habilidad del siervo para cuidar de ellas.

Ningún siervo es capaz de administrar todas las casas localizadas en una calle, pues no puede hacer más allá de su habilidad. Un patrón duro puede exigir de su siervo más de lo que requiere su obligación, pero nunca exigirá que su siervo se comprometa a realizar algo por encima de su capacidad.

¿Pediría entonces Dios, que Adán hiciese algo fuera de su capacidad? Por lo tanto podemos concluir que si Adán era capaz de gobernar la tierra, sus habilidades ciertamente eran superiores a las nuestras hoy. Él tenía poder, habilidad y pericia. Todas estas habilidades él las recibió del Creador.

Aunque no podemos medir el poder de Adán como si hubiera estado mil millones de veces por encima de nosotros, podemos suponer, no obstante, y con seguridad, que era un millón de veces superior a nosotros.

De otra manera él no sería capaz de realizar la tarea a él asignada por Dios. En cuanto a nosotros hoy, sin embargo, si se nos fuese exigido barrer una alameda tres veces al día, después no seríamos capaces de enderezar nuestras espaldas.

Esta es una novedosa visión de Adán. Jamás yo se la escuché o se la leí antes a nadie. No es interpretada ni tomada así por la teología básica que estudiamos los evangélicos. Sin embargo contiene una enorme dosis de lógica y nos obliga a reflexionar sobre muchos puntos oscuros en nuestra doctrina clásica y tradicional.

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¿Cómo podríamos entonces gobernar la tierra? Aun así, Adán no sólo gobernó la tierra, sino que también tuvo dominio sobre los peces del mar, los pájaros del aire y sobre todo ser viviente sobre la tierra. Gobernar no es sólo sentarse sin hacer nada. Se exige diligencia y trabajo. Viendo eso, debemos reconocer el poder superior que Adán de hecho poseía. Él excede en mucho a nuestra situación actual.

Pero ¿piensa usted que esta comprensión es algo nuevo? En verdad esta es la enseñanza de la Biblia. Antes de su caída, Adán tenía tal fuerza que nunca se sentía cansado después de trabajar. Sólo después de la caída fue que Dios le dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan”.

Dime: ¿Estás viendo lo que yo estoy viendo aquí? Al igual que tú y que muchos otros, yo manejaba un concepto sobre la caída y sus consecuencias. Era interesante y explicaba muchas cosas, pero este que Nee nos presentara hace tantos años nos muestra otras que no habíamos tenido en cuenta.

EL PODER INTELECTUAL Y LA MEMORIA DE ADÁN

“Y Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre” (Génesis 2:19).

Mis amigos, ¿No es esto maravilloso? Supongamos que usted tomase un diccionario y leyese los nombres de todos los animales; ¿No confesaría usted no poder aprender de memoria todos ellos? Mientras que Adán le dio nombres a todos los pájaros y animales. ¡Qué inteligente debe haber sido él!

¡Paf! Otro golpe de este extraordinario maestro bíblico a nuestra ignorancia, a nuestros facilismos y las apologías llenas de fraseologías con que nos manejábamos, suponiendo conocer mucho. ¿A esto lo habías visto antes?¿Ni siquiera te lo habías planteado? Yo no, lo confieso.

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Aquellos de entre nosotros que no son tan brillantes, sin duda abandonarían rápidamente el estudio de la zoología, luego que viesen su incapacidad para memorizar todos los detalles. Pero Adán no fue alguien que memorizó todos estos nombres zoológicos; él fue quien dio nombres a todos ellos. Por eso sabemos cuán rico y perfecto era el poder racional de Adán.

EL PODER ADMINISTRATIVO DE ADÁN

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que labrara y lo guardase” (Génesis 2:15).

Examinando cómo Adán guardaba la tierra, vamos a meditar un poco en las cosas que Dios le encargó que hiciese. Dios ordenó que él labrase el jardín de Edén. Esto precisaba ser hecho sistemáticamente. ¿De qué tamaño era el jardín?

Génesis 2:10-14 menciona el nombre de cuatro ríos, a saber: Pisón, Gihón, Tigris y Éufrates. Todos ellos fluían del Edén y se dividían en cuatro regiones fluviales. ¿Puede usted imaginar cuán grande era el jardín? ¡Cuán grande debía ser la fuerza de Adán para que fuese encargado de labrar una tierra que era cercada por cuatro ríos!

Él no debía sólo labrarla, sino también guardarla; guardar el jardín para que no fuese invadido por el enemigo. Por lo tanto, el poder que Adán tenía en aquel tiempo debe haber sido tremendo. Él debe haber sido un hombre con habilidades asombrosas.

Todos sus poderes estaban inherentes en su alma viviente. Podemos considerar el poder de Adán como sobrenatural y milagroso, pero en lo tocante a Adán, estas habilidades no eran milagrosas y sí humanas; no sobrenaturales, sino naturales.

¡Un momento! ¡Alto allí! Mister Nee, ¿Está usted intentando decirme que el añejo Adán, del que tantas veces habamos mal y hasta nos burlamos un poco, era algo así como un ser sobrenatural? ¿Eso es lo que se supone que usted ha dicho? Sigamos leyendo.

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¿Usó Adán todos sus poderes en aquel tiempo? Por lo que puede ser visto de nuestro estudio de Génesis, él no agotó su poder. Pues luego después de ser creado por Dios, y antes que pudiese manifestar todas sus habilidades, él cayó.

¿Cuál fue la carnada que usó el enemigo para seducir a Eva? ¿Qué le prometió el enemigo a ella? Fue esto: “Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestro ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5).

“Ser igual a Dios” fue la promesa del enemigo. Él le dijo a Eva que, a despecho del poder que ella ya poseía, aún había entre ella y Dios un gran abismo. Pero si comiese de ese fruto, ella tendría la autoridad, sabiduría y poder de Dios. Y en aquel día Eva fue tentada y cayó. (No te enfades con Eva; ten en cuenta esto, por favor)

EL PODER QUE DIOS LE DIO A ADÁN

Investigando de esa manera, no estamos de modo alguno siendo desordenadamente curiosos; sólo deseamos conocer lo que Dios dio a Adán. “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26).

Las palabras “imagen” y “semejanza”, pueden parecer iguales en el significado y de ahí repetitivas. Pero en el hebreo la palabra “imagen” no indica semejanza física, antes denota semejanza moral o espiritual. Alguien expresó a sí mismo: “transformado en la semejanza”; esto es, “ser conformado a una semejanza”.

El propósito de Dios al crear al hombre es para que éste sea transformado según Su imagen. Dios quería que Adán fuese como Él. El diablo dijo: “Seréis como Dios”. Pero la intención original de Dios era que Adán fuese transformado para que se volviese como Él.

No te culpo si has quedado abriendo y cerrando tus ojos a toda velocidad. Esta definición es bastante más que novedosa. Es sencillamente revolucionaria. Personalmente, he oído y leído muchos enfoques relacionados con la imagen y la semejanza, pero este es totalmente atípico y nuevo. Y un punto más: es probable, tiene coherencia. Tanto como los demás.

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De eso concluimos que antes de la caída, Adán tenía en él el poder de volverse como Dios. Él poseía una habilidad oculta que le daba la posibilidad de volverse como Dios. Él era ya como Dios en la apariencia externa, pero Dios le había ordenado que fuese como Él moralmente.

Uso la palabra “moralmente” para indicar aquello que está por encima de lo material, y no aquello que apunta hacia la buena conducta del hombre. Asimismo nos es mostrado cuánta pérdida sufrió la humanidad a través de la caída. La intensidad del perjuicio está probablemente más allá de nuestra imaginación. (Antes de pensar en herejías, tal como lo hicieron los antiguos, repasemos el contexto general de este trabajo sin juzgar por expresiones sueltas.)

LA CAÍDA DEL HOMBRE

Adán es un alma. Su espíritu y cuerpo están unidos en su alma. Aquel poder extraordinario que mencionamos está presente en el alma de Adán. En otras palabras, el alma viviente que es resultante de la unión del espíritu y el cuerpo, poseyó un poder sobrenatural incalculable.

Sin embargo, en la caída, el poder que diferenciaba a Adán de nosotros fue perdido. Ahora, esto no significa que ya no haya tal poder; sólo indica que, aunque esta habilidad aún esté en el hombre, no obstante está “congelada” o inmovilizada.

De acuerdo con Génesis 6, después de la caída, el hombre se convierte en carne. La carne engloba al ser total y lo subyuga. Originalmente el alma era un alma viviente. Ahora, estando caído, se vuelve carne.

Su alma fue destinada a someterse al control del espíritu; ahora ella está sujeta al dominio de la carne. Por eso el Señor dice: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne” (Génesis 6:3).

Al mencionar aquí al hombre, Dios lo llamó carne. Por consiguiente, está registrado en la Biblia que “toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (Génesis 6:12); y también que “sobre carne de hombre no será derramado” (El aceite santo de la unción, que representa un tipo del Espíritu Santo – Éxodo 30:32); y más: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Romanos 3:20).

¿Por qué enfatizo eso en forma dilatada? En Apocalipsis 18 son mencionadas cosas que deberán ocurrir en los últimos días. Al iniciar mostré bien cómo el alma del hombre se convertirá en una mercancía en la Babilonia; es decir, algo que puede ser vendido y comprado.

Bajo el prisma con que W. Nee examina este punto, salta a la vista una realidad que muchos estamos denunciando en este tiempo: que la llamada “iglesia” contemporánea se ocupa pura y exclusivamente del alma de las personas sin tener en cuenta su espíritu. Según este trabajo, ya sabes el motivo.

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Pero, ¿Por qué el alma del hombre es tratada como una mercancía? Porque Satanás, y su títere, el anticristo, desean usar el alma humana como un instrumento para sus actividades al final de esta era. Cuando Adán cayó en el jardín del Edén, su poder fue inmovilizado.

Él no perdió ese poder totalmente; sólo estaba enterrado dentro de él. Generación sucedió a generación y el resultado fue que esta habilidad inicial de Adán se convirtió en una fuerza “latente” en sus descendientes. Vino a ser un tipo de poder “oculto”. No está perdido para el hombre, sino apenas confinado por la carne.

Hoy, en toda y cada una de las personas que viven en la tierra, reposa este poder adámico, aunque esté confinado en ella y no sea capaz de expresarse libremente. Sin embargo, tal poder está en el alma de todo hombre, así como estaba en el alma de Adán al principio.

En vista de que el alma de hoy está bajo el cerco de la carne, del mismo modo este poder está confinado por la carne. La obra del diablo hoy en día es despertar al alma del hombre y liberar este poder latente en su interior, como una falsificación del poder espiritual. Menciono estas cosas porque necesitamos ser advertidos respecto a la relación especial entre el alma del hombre y Satanás en los últimos días.

Ya vimos cómo Adán poseía habilidad especial y sobrenatural, aun así lo que él tenía realmente no todo era especial o sobrenatural, aunque así nos parezca hoy. Adán, antes de la caída podía ejercitar con facilidad, de modo completo y natural, esta habilidad, siendo que estaba contenida en su alma. Pero, después de su caída, este poder quedó confinado por su cuerpo.

Antes el cuerpo era una ayuda para la poderosa alma de Adán; ahora había caído y su poder fue limitado por la cubierta de la carne. Satanás, sin embargo, prueba romper cubierta carnal y liberar el poder latente en el alma del hombre, a fin de obtener el control sobre él. Muchos no entienden esta estrategia y son engañados, aceptándola como si viniera de Dios.

Si te parece que es demasiado aventurado por parte del autor establecer estos parámetros, al menos tómate el trabajo de evaluarlo en sus posibilidades. Escucha: no es descabellado en absoluto y explica unas cuantas cosas que suceden en nuestros ambientes y nos resultan, hasta hoy, inexplicables.

Recibimos, los que trabajamos para el evangelio genuino, a diario, infinidad de comunicaciones que nos dan a conocer que, en diferentes sitios ostensiblemente pecaminosos disfrazados como iglesias, ocurren sin embargo señales y prodigios sobrenaturales. La pregunta es por qué es posible, si ellos están claramente en pecado. Esta es al menos UNA respuesta coherente.

VISTO BAJO EL ASPECTO RELIGIOSO

Aun así esto no acontece sólo en el cristianismo. Los babilonios, los árabes, los budistas, los taoístas y los hindúes, todos intentan, por sus propios modos, liberar el poder que Adán legó a nuestra alma.

En cualquier religión, sean cuales fueren los medios o modos de instrucción, yace un principio común detrás de todas las aparentes diferencias. Este principio común tiene la mira en subyugar la carne exterior, con la finalidad de libertar el poder del alma de todos los tipos de cautiverio, hacia una expresión más libre.

Algunas lecciones de instrucción dadas en esas religiones, quieren destruir la obstrucción del cuerpo, otras la unión del cuerpo y el alma y otras más el fortalecimiento del alma por medio de entrenamiento, capacitándola asimismo a vencer el cuerpo. Sean cuales fueren los medios, el principio detrás de todos ellos es el mismo. Es importante que sepamos esto; en caso contrario seremos engañados.

Me atrevería a decir que en muchos sitios del planeta ya hemos estado siendo engañados. En muchas ocasiones, no es poca la gente que se ha preguntado como, siendo doctrinas de tremendos errores, ciertas religiones podían captar a tantos adeptos. El hombre busca el poder manifestado, esta es una respuesta.

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Yo no sé cómo las personas son informadas respecto de ese maravilloso poder latente del alma del hombre, cuya liberación, actualmente limitada por la carne, resultará en la manifestación de poder milagroso, hasta alcanzar la misma posición de un “mago” o “buda”.

Probablemente ellas son informadas por el diablo, o espíritu maligno. Sus explicaciones pueden variar, pero el principio básico es el mismo, a saber, el uso de medios especiales para liberar el poder del alma. Ellas pueden no usar como nosotros el término poder del alma, sin embargo, el hecho es evidente.

Por ejemplo, en el budismo y en el taoísmo, e igualmente en algunas sectas del cristianismo, poder especial sobrenatural está disponible a todos ellos, para efectuar milagros en la cura de dolencias y en la predicción del futuro.

No te confundas: Nee no dice que TODAS las sanidades físicas o las palabras proféticas de algunas cosas que vendrán provienen de ese poder engañoso. Dice que MUCHAS se originan allí. Lo que estaría sucediendo es que no hay discernimiento suficiente para determinarlo con precisión.

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Tome como ejemplo las prácticas ascéticas y los ejercicios del taoísmo, e igualmente la forma más simple de meditación abstracta: todo eso es ejecutado según el principio de subyugar el cuerpo bajo el alma, con miras a la liberación de su poder.

No es de admirarse que muchas cosas milagrosas hayan acontecido, las cuales no podemos rechazar como supersticiones. Gautama Sidharta fue ateísta. Esto es un consenso de muchos eruditos y críticos respecto a las enseñanzas del budismo.

Él creía en la transmigración del alma, así como en el nirvana (ese estado, según el Diccionario Herencia Americana de la Lengua Inglesa, es “de absoluta felicidad, que se caracteriza por la liberación del ciclo de reencarnaciones y conquistas, a través de la extinción del ego” – Traductor). No tengo la mínima intención de disertar sobre el budismo; sólo quiero explicar por qué es que muchas maravillas han sido realizadas en esa religión.

Aquí es donde la ascendencia de Watchman Nee cobra importancia y valor. Muy pocos como él podrían examinar las prácticas orientales, tan difundidas y apreciadas en este tiempo, con el conocimiento profundo de sus funcionamientos operativos en los planos espirituales que en occidente no se alcanzan a entender, todavía.

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Existe en el budismo una enseñanza sobre el escape del mundo. Aquellos que aceptan el voto budista deben abstenerse del matrimonio y de la comida. No deben matar ninguna cosa viviente. Debido a las prácticas ascéticas pueden, eventualmente, alcanzar la eliminación de todo alimento.

Algunos monjes de alto grado pueden asimismo regresar al pasado desconocido y predecir el futuro. Ellos realizan muchas maravillas por medio de la magia budista. Son capaces de profetizar cosas venideras cuando lo que ellos llaman el “corazón de la sangre” chorrea.

El empeño en todos estos tipos de abstinencias y prácticas ascéticas fluye de un único principio dominante: el budista está intentando quebrar todos los lazos físicos y materiales, con el fin de liberar el poder de su alma.

Conozco algunas personas de más edad que yo, que se ligaron al Club de la Unidad. Ellas y sus colegas miembros del club, practican la meditación abstracta y así por consiguiente. Ellos me cuentan que cada peldaño que penetran tiene su propia dimensión de luz.

La luz que ellos perciben sigue a la verdad que penetran. Creo en lo que dicen, pues son capaces de ser liberados de la represión del cuerpo y así, liberan el poder que Adán poseía antes de su caída. No hay nada de extraordinario en eso.

La moderna iglesia Ciencia Cristiana fue fundada por la señora Mary Baker Eddy. Ella negó la existencia de las enfermedades, del sufrimiento, del pecado y de la muerte (aunque ella ya murió). Siendo que, según sus enseñanzas, no existe tal cosa como las enfermedades, siempre que alguien estuviere enfermo, ella sólo necesitaba ejercitar su mente contra cualquier reconocimiento de dolor y estaba curado.

Esto significa entonces, que si alguien cree que no existe ninguna enfermedad, él no estará enfermo. Del mismo modo, si alguien no cree en el pecado, él no pecará. Por el entrenamiento de la mente, entonces la voluntad del hombre, al punto de la negación absoluta de la existencia de estas cosas, considerándolas falsas e ilusorias, se descubre que ellas realmente no existen.

Cuando este pensamiento fue publicado al principio, muchas personas se opusieron a esto. Los médicos, en especial, hicieron oposición, pues si eso fuese verdad, no habría más alguna necesidad de ellos. Aun así, al proseguir sus exámenes en las personas que habían sido curadas por la Ciencia Cristiana, aquellos médicos no pudieron repudiarla como falsa.

Por consiguiente, más y más personas creen, y más médicos y científicos famosos abrazan esta enseñanza. Esto no es del todo sorprendente, porque existe una reserva de tremendo poder en el alma, esperando apenas ser liberado del confinamiento de la carne.

Esto nos obliga, más allá de las naturales discrepancias que muchos sectores del cristianismo evangélico puedan mostrar para con este hombre de Dios, a replantear muy seriamente nuestros funcionamientos y mecanismos.

Esto nos obliga, preponderantemente, a seguir creyendo que para Dios, en efecto, todo es posible, pero que en muchas oportunidades, interesados mucho más en mostrar lo que casi no se ve, que en adorar al Dios genuino, muchos cristianos han sido engañados y se han metido en terrenos altamente peligrosos.

VISTO CIENTÍFICAMENTE

Veamos ahora este asunto científicamente. El campo de la psicología ha emprendido pesquisas sin precedentes en la era moderna. ¿Qué es la psicología? La propia palabra en sí es una combinación de dos palabras griegas: “psique”, que significa alma, y “logos”, que significa discurso.

Por lo tanto, psicología es la “ciencia del alma”. La pesquisa utilizada por los cientistas modernos es apenas un sondeo en la parte del alma de nuestro ser. Se limita a esa parte, no llegando a tocar el espíritu.

Atención con este esclarecimiento a un tema que por mucho tiempo ha preocupado a unos y a otros. Por un lado, ciertos grupos demasiado extremistas combatiendo a la psicología en cualquiera de sus expresiones y personas. Por el otro, permisivos incorporándolos a la iglesia como parte imprescindibles de ciertos ministerios de aconsejamiento.

Lo cierto es que Nee aquí explicita con meridiana claridad y a partir de la significación misma de la palabra que da nombre a esta ciencia, que ella es un mecanismo de los tantos que la actual iglesia, – Eminentemente ministradora del alma -, adoptó como “servicio” especial.

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La parapsicología moderna comenzó con Franz Anton Mesmer. Su primer descubrimiento, hecho en 1778, es ahora conocido como Mesmerismo (hipnotismo conforme fue practicado por el propio Mesmer).

Sus discípulos lo superaron a través de sus propios descubrimientos, así como el verde es derivado del azul pero supera al azul. Algunos de sus experimentos son casi increíbles en sus resultados. El método de ellos, no de modo imprevisto, tiene como objeto descargar aquel poder oculto dentro del alma humana.

En la clarividencia, por ejemplo (Que es el poder de percibir cosas que están fuera del alcance natural de los sentidos), o en la telepatía (Comunicación científicamente desconocida o medios inexplicables, como por el ejercicio del poder místico), las personas son capaces de ver, oír o sentir el olor de cosas que están a millares de kilómetros.

Se ha afirmado que el Mesmerismo “es la roca de la cual todas las ciencias mentales fueron cortadas” (Jessie Penn Lewis). Antes de la época de Mesmer, la pesquisa psíquica no era una ramificación independiente de la ciencia; ocupaba un lugar insignificante en la ciencia natural. Pero, debido a estos sorprendentes descubrimientos, vino a ser un sistema en sí mismo.

Prestemos debida atención y aprovechemos toda esta excelente información para lo positivo. No hay necesidad de interpretar todo esto como una propaganda subliminal para la parapsicología, es un esclarecimiento de una práctica que, si bien también contiene mentirosos y cuenteros, no deja de poseer algunos elementos muy reales que la convierten en más peligrosa.

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Deseo atraer su atención no al estudio de la psicología, sino al hecho de que todos aquellos fenómenos milagrosos son obtenidos a través de la liberación del poder latente del alma del hombre, aquella capacidad que quedó oculta en el hombre después de la caída.

¿Por qué esto es llamado poder “latente”? Porque en la caída de Adán, Dios no había removido aquel poder “sobrenatural” que cierta vez él poseyera. En vez de eso, este poder cayó con él y quedó aprisionado en su cuerpo. El poder estaba allá, sólo que no podía ser manifestado. De ahí el término poder latente.

Los fenómenos de nuestra vida humana tales como hablar y pensar, son habilidades bastantes notables; sin embargo, el poder latente que está oculto en el hombre es también impresionante. Si este poder fuese activado, muchos otros fenómenos notables serían manifestados en nuestras vidas.

Los muchos acontecimientos milagrosos que la parapsicología moderna descubre, de modo alguno testifican su carácter sobrenatural. Simplemente prueban que el poder latente del alma puede ser liberado por los medios apropiados.

Una lista de los ‘descubrimientos’ que siguieron después de Mesmer ha obtenido el conocimiento básico de las fuerzas misteriosas latentes en la constitución humana, muestra cómo el movimiento avanzó de modo sorprendente, una vez que la llave fue obtenida. En 1784, un alumno de Mesmer descubrió la ‘clarividencia’ como resultado del sueño mesmérico, y accidentalmente tropezó en la ‘Lectura del Pensamiento’. (Jessie Penn Lewis).

La telepatía es la comunicación entre mente y mente de forma diferente y no por los conocidos canales de los sentidos. Ella capacita a una persona a usar su propia fuerza psíquica para determinar el pensamiento de otros, sin necesidad de ser informada.

“El Hipnotismo, la Neurología y la Psicometría… y otros innumerables ‘descubrimientos’ se siguieron a medida que pasaron los años” (J. Penn Lewis). La hipnosis es una condición de sueño artificialmente inducido, en la cual un individuo queda extremadamente sensible y dispuesto a las sugestiones hechas por el hipnotizador.

Y la Psicometría es “el descubrimiento de que la mente puede actuar del lado de afuera del cuerpo humano, y de que la ‘psicometría sensitiva’ puede leer el pasado como un libro abierto. Después vino un descubrimiento llamado estatuvolismo, que significa una condición peculiar producida por la voluntad, en que el sujeto puede ‘lanzar su mente a algún lugar distante y ver, oír, sentir, oler y probar lo que está aconteciendo allá.

Después… vino un descubrimiento… llamado ‘Patetismo’, por el cual la mente podría retirar de sí misma la conciencia de sufrimiento y curar enfermedades. Al principio los hombres de ciencia sólo siguieron estos ‘descubrimientos’ como ramificaciones de la Ciencia Natural” (J. Penn Lewis).

Pero, debido a la multiplicación de esos fenómenos milagrosos, la parapsicología luego se convirtió en una ciencia propia. Para los practicantes de esa ciencia, estos fenómenos son bastante naturales. Para nosotros son aun más naturales, porque sabemos que son simplemente las consecuencias de la liberación del poder latente.

Los psicólogos afirman que en el interior del hombre existe un tremendo ordenamiento de poder: el poder del autocontrol, el poder creativo, el poder reconstructivo, el poder de la fe, el poder de estimular y el poder de revivificar. Todo eso puede ser liberado por los hombres.

Un libro de psicología va tan lejos a punto de proclamar que todos los hombres son dioses, sólo que este dios está aprisionado dentro de nosotros. Al ser liberado dentro de nosotros, todos nos volvemos dioses. ¡Cuán semejantes son estas palabras a aquellas de Satanás!

Aquí es donde indudablemente está la clave de todo. Por años se nos enseñó que todas estas cosas que Watchman Nee presenta como “naturales” por liberación de ese poder latente, tenían que ver con el poder satánico y de los demonios.

Aquí hay una nueva visión al respecto. No desestima de ninguna manera aquella enseñanza clásica, pero le quita cierto facilismo que la hacía poco creíble. Porque la intencionalidad que acompaña a las personas que se esmeran en librar esa clase de poderes latentes, está altamente influenciada por demonios que aprovechan oportunamente la corrupción de ciertas almas.

LA REGLA COMÚN

Sea en China o en los países occidentales, todas estas prácticas de respiración, ejercicio ascético, hipnotismo, predicciones, reacciones y comunicaciones, apenas son la liberación y manifestación del poder interior. Imagino que todos ya hemos oído algo de los hechos milagrosos del hipnotismo.

En China existen adivinos cuyos actos de predicción son bien conocidos. Cada día ellos reciben sólo a unos pocos clientes. Dedican mucho tiempo y energía en el perfeccionamiento de su arte, y sus predicciones son maravillosamente exactas. Los budistas tienen sus proezas milagrosas. Aunque no faltan evidencias de engaño, las manifestaciones sobrenaturales son aparentemente innegables.

La explicación para estos fenómenos es simple: ellos, por el acaso o dirigidos por el maligno, descubren algún método o métodos de prácticas ascéticas que los capacitan para ejecutar proezas extraordinarias. Las personas comunes no saben que poseen este poder en ellas.

Otras, con algún conocimiento científico, saben que este poder está oculto en ellas, aunque no puedan decir cómo es eso. Nosotros que hemos sido enseñados por Dios, sabemos que esta capacidad es el poder latente del alma del hombre, el cual está ahora confinado por la carne, a través de la caída de Adán.

Este poder cayó con el hombre de tal modo que, de acuerdo con la voluntad de Dios, no debería ser usado más. Pero es el deseo de Satanás desenvolver esta capacidad latente, a fin de hacer que el hombre se sienta tan rico como Dios, según lo que Satanás había prometido. Así el hombre se adorará a sí mismo, aunque indirectamente sea una adoración a Satanás.

Por eso Satanás está detrás de todas esas pesquisas parasíquicas. Él está haciendo lo mejor que puede para usar la energía latente del alma, para alcanzar su objetivo. Por esta razón, todos los que hacen crecer su poder del alma, no pueden evitar la comunicación con el espíritu maligno, y de ser usados por él.

Si esto es así, tal como lo anticipara W. Nee hace más de setenta años, más de las tres cuartas partes de la iglesia de Dios ha estado engañada incurriendo en prácticas lideradas por Satanás por causa de las ambiciones de ciertos hombres deseosos de prestigio personal.

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G. H. Pember, en su libro “Eras Primitivas de la Tierra”, mencionó este asunto bajo otro ángulo:

“Dos métodos parecen existir, a través de los cuales los hombres pueden alcanzar conocimiento y poder prohibidos y obtener acceso a una relación prohibida. Lo primero a seguir… debe colocar su cuerpo bajo el control de su propia alma, a fin de poder proyectarla…

El desenvolvimiento de esas facultades es, sin duda, posible sólo a pocos, y asimismo en el caso de ellos, sólo pueden ser alcanzados por medio de un largo y severo curso de entrenamiento, cuyo propósito es quebrar el cuerpo llevándolo a una completa sujeción y producir una perfecta apatía con relación a todos los placeres, dolores y emociones de esta vida, a fin de que ningún elemento perturbador pueda desordenar la tranquilidad de la mente del aspirante e impedir su progreso… el segundo método es por medio de una sumisión pasiva al control de inteligencias exteriores…”.

Debemos prestar atención aquí principalmente al primer método, esto es, la activación del poder latente del alma de alguien. Su punto de vista coincide con el nuestro completamente. Las prácticas ascéticas de los budistas, la respiración abstracta del taoísmo, la meditación y concentración mental de los hipnotizadores, la sesión silenciosa de los pertenecientes al Club de la Unidad y todas las variedades de meditaciones, contemplaciones, los pensamientos concentrados en no pensar en absolutamente nada, y centenas de hechos semejantes que practican las personas, siguen la misma regla, no importando cuán variados sean sus conocimientos y fe.

Todas estas cosas hacen nada más que llevar los pensamientos externos y confusos, las inestables emociones y la débil voluntad del hombre a un lugar de tranquilidad, con su carne totalmente subyugada, haciendo así posible la liberación del poder latente del alma. La razón por la cual tal cosa no se manifiesta en todos, es porque no todas las personas pueden romper la barrera de la carne y llevar todas las expresiones físicas comunes a la perfecta tranquilidad.

Entre las consideraciones que ambos hombres de Dios formulan sobre este tópico, hay algo que resulta clave y que quizás haya sido lo que ha dado ingreso al engaño: la necesidad de “sentirse” bien; la prioridad de “sentir” alguna determinada cosa por la de vivirla conforme a la voluntad y el propósito de Dios.

¿Cuánta gente no predica el evangelio como le ha sido mandado por el simple motivo que dicen que “no lo sienten”? ¿Cuántos no hacen todas las cosas que Dios quiere que hagan porque primero esperan “sentirlo”? La Biblia, – Entiende -, jamás habló de “sentir”, Siempre habló de creer.

ALGUNOS HECHOS

Hace muchos años trabé conocimiento con un indígena. Él me habló sobre un amigo en el hinduismo que podía revelar con precisión, los secretos de las personas. Cierta vez deseó probar la capacidad de su amigo hindú. Entonces lo convidó a su casa, y con toda certeza el hindú pudo revelar todo lo que había sido colocado dentro de una gaveta en la casa.

Más tarde, mi conocido indiano solicitó a su amigo hindú que se quedara del lado de afuera y aguardara, mientras él envolvía un valioso objeto en tela y papel antes de colocarlo dentro de una caja y ponerlo en una gaveta bajo llave. Su amigo volvió al interior de la casa y dijo sin errar cuál era el valioso objeto. Esto incuestionablemente sucedió debido al ejercicio del poder del alma, que podía penetrar a través de todas las barreras físicas.

La señora Jessie Penn -Lewis, a quien citamos atrás, cierta vez escribió lo siguiente:

“Cierta vez encontré, en el norte de la India, un hombre que tenía acceso a los más altos círculos de la sociedad en Simla, la residencia de verano del gobierno de la India, el cual me contó cierta noche, de su conexión con los Mahatmas de la India y en otros países de Asia.

Él dijo que conocía los grandes eventos políticos semanas y meses antes de que ocurrieran. ‘Yo no dependo de las noticias en telegramas y diarios. Ellos registran acontecimientos pasados, pero nosotros los conocemos antes de que ocurran’ dijo él.

¿Cómo puede un hombre en Londres saber lo que acontece en la India y viceversa? Me explicaron que ello era debido a la ‘fuerza del alma’ que es proyectada por el hombre que conozca el secreto de los Mahatmas” (Revista El Vencedor de 1921-23, citado en “Alma y Espíritu” por J. P. Lewis).

Citando el libro “Dinámicas Espirituales” de Wild, Pember registró que un perito

“Puede conscientemente ver las mentes de los demás, obrar a través de su fuerza del alma sobre espíritus externos, acelerar el crecimiento de plantas, apagar el fuego, y, como Daniel, subyugar animales salvajes y feroces.

Puede también enviar su alma a una distancia, y de allá, no sólo leer los pensamientos de los demás, sino hablar y tocar aquellos objetos distantes; no sólo eso, puede manifestar a sus amigos distantes su cuerpo espiritual en la semejanza exacta del de la carne. El experto puede, además, crear, de la múltiple atmósfera circunstancial, la semejanza de cualquier objeto físico u ordenarles que vengan a su presencia” (Pember, op. cit. pág. 252).

LA ACTITUD DEL CRISTIANO

Estos fenómenos milagrosos en la religión y en la ciencia son sólo la manifestación del poder latente del hombre, el cual, a su vez, es usado por el espíritu maligno. Todos siguen una regla común: romper el cautiverio de la carne y liberar el poder del alma.

La diferencia entre nosotros (los cristianos) y ellos, se encuentra en el hecho de que todos nuestros milagros son realizados por Dios a través del Espíritu Santo. Satanás usa la fuerza del alma del hombre para manifestar su fuerza. El poder del alma del hombre es el instrumento de operación de Satanás, a través del cual él realiza sus fines malignos.

Dios, sin embargo, nunca opera con el poder del alma, pues es sin utilidad para Él. Cuando nacemos de nuevo, nosotros nacemos del Espíritu Santo. Dios opera por el Espíritu Santo en nuestro espíritu renovado. Él no tiene ningún deseo de usar el poder del alma.

Desde la caída, Dios prohibió al hombre usar nuevamente su poder original del alma. Por esa razón es que el Señor Jesús frecuentemente declara que necesitamos perder nuestra vida del alma, esto es, nuestro poder del alma. Dios desea que nosotros, hoy, no usemos este poder en modo alguno.

Esto, creo, tiene una enorme similitud con otras pautas vertidas desde esta misma Web por otras vías. Porque allí hemos dicho que la ministración actual de las iglesias en su conjunto mayoritario, está dirigido, apuntado y limitado al alma.

Por tanto, siguiendo esta rutina de entendimiento, que no es ni ocurrente ni traída de los cabellos, muy bien podríamos asegurar que más de la mitad de los hechos importantes y prodigiosos que ocurren en nuestras iglesias, no tienen que ver con el Espíritu Santo de Dios sino con ese poder latente que desde el alma es incentivado a salir y manifestarse.

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No podemos decir que todas las maravillas realizadas en el mundo son falsas; hemos de admitir que muchas de ellas son reales. Sin embargo, todos estos fenómenos son producidos por el poder latente del alma después de la caída de Adán. Como cristianos, debemos ser cautelosos en esta última era, para que no se nos despierte la energía latente del alma, sea a propósito o involuntariamente.

Volvamos nuevamente a las Escrituras leídas al comienzo. Notamos que al final de la era la obra particular de Satanás y de los espíritus malignos bajo su dirección será la de comerciar con el poder del alma de los hombres. La intención es simplemente llenar este mundo con el poder latente del alma.

Un corresponsal de la revista Overcomer (Vencedor) hace la siguiente comparación: “las fuerzas de la psique (alma), dispuestas contra las fuerzas del pneuma (espíritu)”. Todos los que tienen discernimiento espiritual y sensibilidad, conocen la realidad de esa declaración.

El poder del alma se lanza sobre nosotros como un torrente. Haciendo uso de la ciencia (psicología y parapsicología), religión y asimismo de una iglesia ignorante (en su búsqueda exagerada de manifestaciones sobrenaturales y en la ausencia de control en cuanto a los dones sobrenaturales según la dirección de la Biblia), Satanás está llevando este mundo a llenarse de poder de las tinieblas.

Aun así esto es apenas la preparación última y final de Satanás para la manifestación del anticristo. Aquellos que son realmente espirituales (Esto es, aquellos que rechazan el poder del alma), perciben todo alrededor de ellos, la aceleración de la oposición de los espíritus malignos. La atmósfera entera está tan oscurecida, que ellos encuentran difícil avanzar. Sin embargo, esta es también la preparación de Dios para el arrebatamiento de los vencedores.

Una vez más es menester recordar que el don por excelencia para efectuar esto, es el de discernimiento. Sin él corremos el riesgo de convertirnos en legalistas que lo rechazan todo o en crédulos ignorantes que aceptan lo que la tiniebla les propone.

¿Nunca te has preguntado la razón por la cual, en algunos casos, gente que ha sido aparentemente bendecida por un milagro tremendo, luego deriva en actitudes que no tienen nada que ver con el evangelio?

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Necesitamos entender lo que es el poder del alma y lo que esta fuerza del alma puede hacer. Déjeme decir que, antes del regreso del Señor, cosas semejantes a estas serán grandemente aumentadas, tal vez más de cien veces. Satanás realizará muchas proezas sorprendentes a través del uso del poder del alma, a fin de engañar a los elegidos de Dios.

Estamos aproximándonos ahora al tiempo de la gran apostasía. “El mover está aumentando rápidamente”, observó la señora Penn -Lewis. “La mano del archienemigo de Dios y del hombre está en la dirección y el mundo se apresta para la hora negra, cuando, por un breve período, Satanás será entonces el “dios de esta era”, gobernando a través de un súper hombre cuya ‘parousía’ (aparición) no podrá demorar”.

W. Nee está diciendo que se aproxima el tiempo de la gran apostasía. Y lo está diciendo en el año 1933. David Wilkerson escribe su artículo sobre la vigencia de la apostasía en el año 1986. ¿Es que la iglesia del Señor ha estado tan ciega y entretenida que no ha visto el cumplimiento de estos tiempos?

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¿Qué es el poder del alma? Yendo a las Escrituras y bajo la iluminación del Espíritu Santo, los creyentes deben reconocer que este poder es tan infernal, al punto de diseminarse por todas las naciones sobre la tierra y transformar el mundo entero en un caos.

Satanás está utilizando ahora este poder del alma para que sirva como un sustituto para el evangelio de Dios y su poder. El intenta cegar los corazones de las personas por medio del prodigio del poder del alma, a aceptar una religión sin sangre.

Él usa también los descubrimientos de la ciencia psíquica para lanzar dudas sobre el valor de hechos sobrenaturales en el cristianismo, llevando a las personas a considerarlos como si fuesen de igual modo, nada más que el poder latente del alma. Su mira es sustituir la salvación de Cristo por la fuerza psíquica. El esfuerzo moderno de cambiar malos hábitos y temperamentos por medio de la hipnosis es un precursor a este objetivo.

Los hijos de Dios sólo pueden ser protegidos por el conocimiento de la diferencia entre espíritu y alma. Si la obra profunda de la cruz no fuere aplicada a nuestra vida adámica, y si por el Espíritu Santo una unión de vida real no fuere realizada con el Señor resucitado, podemos inconscientemente desenvolver nuestro poder del alma.

Aquí está la llave que abre las puertas definitorias. Aquello que hemos venido enseñando desde tanto tiempo atrás, tiene vinculación directa con lo que aquí se dice de manera anticipatoria: lo único que cabe en estos tiempos es la intimidad real con el Señor, obviando a una gran mayoría de los que dicen ser sus “representantes” o “intermediarios”

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Aquí puede ser útil citar nuevamente a la señora Penn-Lewis:

“El campo de batalla hoy es ‘la fuerza del alma’ versus ‘la fuerza del espíritu’. El Cuerpo de Cristo está, por la energía del Espíritu Santo en él, avanzando hacia el cielo. La atmósfera del mundo está oscureciéndose con las corrientes psíquicas, detrás de las cuales están concentrados los enemigos de los aires.

La única seguridad para el hijo de Dios es un conocimiento experimental de la vida de unión con Cristo, donde él habita con Cristo en Dios, encima de los aires envenenados, en los cuales el príncipe de las potestades del aire realiza su trabajo.

Sólo la Sangre de Cristo para purificación, la Cruz de Cristo para identificación en la muerte y el Poder del Señor Resucitado y Ascendido por el Espíritu Santo, continuamente declarado, retenido y ejercido, conducirá a los miembros del cuerpo en victoria para unirse a la Cabeza que ascendió al cielo”.

Mi esperanza para hoy es que tú puedas ser ayudado a conocer la fuente y las operaciones del poder latente del alma. Que Dios nos pueda impresionar con el hecho de que donde está la fuerza del alma, ahí está también el espíritu maligno. No debemos usar el poder que proviene de nosotros; debemos antes usar el poder que procede del Espíritu Santo.

Podamos nosotros rehusar, principalmente el poder del alma, a fin de que no vengamos a caer en manos de Satanás, pues, el poder del alma debido al pecado de Adán, ya cayó bajo el dominio de Satanás y se convirtió en su último instrumento de trabajo. Nosotros, por esa razón, necesitamos ejercer gran cuidado contra el engaño de Satanás.

2 – LA FUERZA CRISTIANA Y LA PSÍQUICA

Ya vimos cómo Adán fue investido con habilidades extraordinarias y sorprendentes, cuando fue creado por Dios. Esos poderes aparentemente milagrosos cayeron con Adán. Personas que son ignorantes en ese asunto tienden a pensar que en su caída Adán perdió todos esos poderes maravillosos. Sin embargo, las evidencias producidas por la parapsicología moderna indican que él no perdió su poder original, sino que éste sólo quedó aprisionado en su alma.

Durante los cinco o seis mil años transcurridos hubo muchos entre los incrédulos que fueron capaces de demostrar esta fuerza del alma. Dentro de los últimos cien años, más y más personas han sido capaces de manifestar este poder latente del alma.

La habilidad original de Adán no fue perdida; sólo está escondida en su carne. En esta parte del mensaje hablaré sobre la relación entre este poder psíquico latente y un cristiano. A menos que conozcamos su peligro, no sabremos cómo prevenirnos contra él. Te invito a observar principalmente los cuatro siguientes hechos:

CUATRO HECHOS

Primer hecho. Había en Adán un poder casi ilimitado, una capacidad casi milagrosa. Nosotros la llamamos el poder del alma. Las investigaciones psíquicas modernas han probado tal habilidad dentro del hombre. Desde el descubrimiento de Mesmer en 1778, todos los tipos de poder latente han sido exhibidos y manifiestos psíquica y religiosamente. Son sólo la liberación de la fuerza del alma del hombre. No debemos olvidar que estos poderes del alma estaban en el hombre antes de su caída, pero se tornaron latentes en él posteriormente.

Segundo hecho. Satanás desea controlar el poder latente del alma del hombre. Él está bien consciente de que existe tal poder en el alma del hombre, el cual es capaz de realizar muchas cosas. Por eso, su deseo es colocarlo bajo su control y no bajo el control de Dios. Satanás quiere usarlo para su propio propósito y su objetivo, y al tentar a Adán y a Eva en el jardín era para ganar y controlar el poder del alma de ellos.

Antes de continuar informándote, piensa un momento: ¿Puede un hombre de Dios, llegar al caso de explotar sus dones o ministerios en aprovechamiento personal sin interesarle en absoluto el daño que pueda producirles a otros? Yo no lo creo.

Por eso es que leyendo esto resulta sumamente coherente el comportamiento de tantos y tantos supuestos ministros que, si bien muestran algunos hechos de claro origen sobrenatural no pueden, del mismo modo, mostrar una conducta o una vida acorde.

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He hablado frecuentemente sobre el significado espiritual del árbol del conocimiento del bien y del mal y del árbol de la vida. El significado del árbol de la ciencia del bien y del mal es la independencia, la aceptación de acciones independientes.

Sin embargo, el árbol de la vida significa dependencia o confianza en Dios. Su significado dice más, que la vida original de Adán era sólo una vida humana y por eso, necesitaba depender de Dios y recibir la vida de Dios a fin de vivir.

El árbol del conocimiento del bien y del mal revela que el hombre no necesita depender de Dios y que puede trabajar, vivir y producir fruto por sí mismo. ¿Por qué suscito tales cuestiones? Simplemente para mostrar a usted la causa de la caída de Adán y Eva. Si pudiéramos liberar el poder latente de Adán, también podríamos ejecutar maravillas. Pero, ¿Tenemos permiso para eso?

El autor de un pequeño libro que, creo, se titulaba “Las tres señales seguras” decía, en un párrafo, que había iglesias que estaban tan bien aceitadas y organizadas que, si un día, Dios se iba de vacaciones, ellas no se daban cuenta y seguían funcionando como si nada…

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Satanás sabía que había tal fuerza que producía maravillas en el hombre y, por eso, tentó al hombre llevándolo a declarar su independencia de Dios. La caída en el jardín del Edén no fue otra cosa sino una acción de independencia del hombre causando su separación de Dios.

Adquiriendo conocimiento de la historia de la caída en el jardín, podemos percibir cuál fue el propósito de Satanás. Él pretendía ganar el alma del hombre. Cuando éste cayó su capacidad original y fuerza milagrosa cayeron totalmente en manos de Satanás.

Tercer hecho. Hoy Satanás desea liberar y manifestar el poder latente del alma. Luego que el hombre cayó, Dios aprisionó los poderes psíquicos del hombre en su carne. Sus muchos poderes fueron confinados y ocultados en la carne como una fuerza latente; presentes pero inactivos.

Después de la caída, todo lo que pertenece al alma queda bajo el control y sujeción de aquello que pertenece a la carne. Todas las fuerzas psicológicas son consecuentemente gobernadas por fuerzas fisiológicas.

El objetivo de Satanás es liberar el poder del alma del hombre a través del rompimiento de la cáscara exterior de su alma, a fin de liberarlo de su cautiverio carnal manifestando, de ese modo, su poder latente.

Este es el sentido de Apocalipsis 18:13 respecto a realizar comercio de almas humanas. En verdad el alma del hombre se convirtió en uno de los muchos artículos de las mercaderías del enemigo. Él desea, principalmente, tener las capacidades psicológicas del hombre como su mercadería.

¿Has oído hablar o leído algo con relación a no establecer “mercadería” en la iglesia? Ahora ya has visto que no se trata de cerrar el pequeño quiosco que vende golosinas en el hall del templo. Yo prestaría mayor atención a si allí se está ministrando al espíritu o al alma.

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Al final de los tiempos, particularmente durante el tiempo presente, la intención de Satanás es concluir lo que él comenzó en el jardín del Edén. Aunque haya iniciado en el jardín el trabajo de controlar el alma del hombre, él no obtuvo el resultado esperado, porque después de la caída, todo el ser del hombre, incluido su poder del alma, quedó bajo el dominio de la carne.

En otras palabras, las fuerzas psicológicas del hombre cayeron bajo el dominio de sus fuerzas fisiológicas. El enemigo fracasó en hacer uso del poder del alma del hombre; en consecuencia su plan fue frustrado.

Durante estos milenios, Satanás se ha esforzado en influir en los hombres en el sentido de que puedan expresar su poder latente. De vez en cuando él ha encontrado aquí y allí, personas en las cuales ha alcanzado éxito en extraer la fuerza de su alma.

Éstas se han convertido en líderes religiosos obradores de maravillas profanas. Sin embargo, en los últimos cien años, desde el descubrimiento de Mesmer en la parapsicología, muchos nuevos descubrimientos de fenómenos psíquicos siguieron.

Todo eso con un solo motivo: el enemigo está procurando concluir su trabajo anteriormente fracasado. Él planea liberar todos los poderes latentes de los hombres. Este es su único propósito, el cual viene cultivando durante milenios.

Esa es la razón por la que comercia con las almas de los hombres, además de otras mercaderías como oro, plata, piedras preciosas, perlas, ganado y caballos. De hecho él ha ejercitado su máxima fuerza para obtener esta mercadería especial.

Cuarto hecho. ¿Cómo hace uso Satanás de estos poderes? ¿Cuáles son las muchas ventajas para él?

a) Él será capaz de cumplir su promesa original hecha al hombre de que “Vosotros seréis como Dios”. En su habilidad de obrar muchas maravillas, los hombres se considerarán como dioses y adorarán no a Dios, sino a sí mismos.

b) Confundirá los milagros de Dios. Él desea llevar a la humanidad a creer que todos los milagros en la Biblia son sólo psicológicos en su origen, rebajando de ese modo su valor. Él quiere que los hombres piensen que son capaces de hacer todo lo que el Señor Jesús hace.

c) Él confundirá la obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo trabaja en el hombre a través del espíritu humano, pero ahora Satanás forja en el alma del hombre muchos fenómenos semejantes a las operaciones del Espíritu Santo, llevándolos a experimentar falsos arrepentimientos, falsa salvación, falsa regeneración, falso avivamiento, falsa alegría y otras imitaciones de las experiencias del Espíritu Santo.

Presta debida atención a esto, por favor. Estés o no de acuerdo con esta visión, no puedes menos que examinar y examinarte. Es preferible modificar tu doctrina que tu destino eterno una vez que ha sido sellado.

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d) Él usará al hombre como su instrumento en la oposición final contra el plan de Dios en esta última era. El Espíritu Santo es el poder obrador de los milagros de Dios, pero el alma del hombre es el poder obrador de los milagros de Satanás. Los últimos tres años y medio (durante la gran tribulación), será un período de grandes maravillas realizadas por el alma del hombre bajo la dirección de Satanás.

En nuestro trabajo titulado “Ya Salí de Babilonia; ¿Y Ahora?”, hay un capítulo entero dedicado a explicar los fundamento bíblicos que estarían demostrando que la tan legendaria “Gran Tribulación” se está cumpliendo en este tiempo en medio de la total ignorancia de la iglesia.

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Resumiendo, vemos que (1) Todos estos poderes milagrosos ya estaban en Adán, (2) El objetivo de Satanás es controlar estos poderes, (3) En el tiempo del fin Satanás está y continuará ocupado, principalmente, en manifestar estos poderes, y (4) Esta es su tentativa para concluir su tarea anteriormente fracasada.

EL PUNTO DE DIFERENCIA EN LAS OPERACIONES DE DIOS Y EN LAS DE SATANÁS

¿Cómo nos debemos guardar contra el engaño? Necesitamos discernir entre lo que es la operación de Dios y lo que es la operación del enemigo; cuál es la obra hecha por el Espíritu Santo y cuál es la obra realizada por los espíritus malignos.

Todas las obras del Espíritu Santo son realizadas a través del Espíritu del hombre, pero las obras del enemigo son hechas a través del alma del hombre. El Espíritu Santo mueve al espíritu humano, en cambio el enemigo mueve el alma del hombre. Este es el punto básico de la diferencia entre las operaciones de Dios y las del enemigo. La obra de Dios es iniciada por el Espíritu Santo, pero la obra del enemigo comienza en el alma del hombre.

Supongo que a medida que vas avanzando en este estupendo trabajo de tanta antigüedad, no sólo desconocido sino también menospreciado por la iglesia, vas entendiendo lo que queremos significar cuando decimos que la iglesia de hoy es ministradora de almas y no de espíritus.

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Por causa de la caída nuestro espíritu humano está muerto y no puede, por eso, comunicarse con Dios. Cuando creemos en el Señor Jesús, nacemos de nuevo. ¿Cuál es el significado de ser salvo o nacido de nuevo?

Esta no es sólo una cuestión de terminología; una transformación orgánica real ocurre en nosotros. Cuando confiamos en el Señor Jesús, Dios pone Su vida dentro de nuestro espíritu y lo vivifica. Como este espíritu del hombre es la parte principal, este nuevo espíritu que Dios pone en nosotros, es la parte principal.

Juan 3:6 nos dice lo que es el nuevo nacimiento: “Lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Ezequiel también nos informa: “Pondré espíritu nuevo dentro de vosotros” (36:26). Por eso, en la regeneración recibimos un nuevo espíritu.

En cierta ocasión el Señor Jesús dijo: “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Nuestra vida y obra deben, por lo tanto, estar dentro de la esfera de la acción del espíritu.

Cuando Dios nos usa, Él siempre obra en el espíritu y a través de él. “Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18) indica que este nuevo espíritu debe ser lleno del Espíritu Santo. En otras palabras, Dios llena nuestro espíritu con Su Espíritu Santo.

El Espíritu Santo obra en nuestro espíritu, pero el espíritu maligno obra en nuestra alma. Él no tiene cómo iniciar su obra en el espíritu del hombre; su obra se restringe al alma. Lo que él ha hecho en los últimos cinco o seis mil años, lo está haciendo actualmente y continuará haciéndolo en el futuro.

¿Por qué él desea ser omnipotente, omnipresente y omnisciente como Dios? Por ninguna otra razón sino por lo que él pueda realizar con el poder del alma del hombre. Podemos decir que mientras que el Espíritu Santo es el poder de Dios, el alma del hombre parece ser el poder de Satanás.

Qué tristeza que tantas personas ignoren el hecho de que muchas prácticas ascéticas, respiraciones y meditaciones abstractas del budismo y taoísmo, el hipnotismo de Europa occidental, y los innumerables prodigios vistos en las investigaciones psíquicas, son sólo las manifestaciones del poder latente del alma del hombre. Ellos no saben cuán tremendo es el poder del alma.

Hermanos y hermanas, no consideremos eso como un problema pequeño, ni lo rechacemos considerándolo apenas como investigación para los eruditos. En realidad eso tiene efectos profundos sobre nosotros.

Aquí hay dos tesis para tener en cuenta: 1) Si lo que sostenía hace setenta años Watchman Nee era una exageración influenciada por su condición oriental, ya todos nos habríamos olvidado de ello. No habría razones para hacerse problemas por algo inexistente.

2) Pero si lo que este hombre de Dios dijo tuviera algún punto de sostén, la iglesia debió haberle prestado mayor atención. De ese modo se hubiera evitado lo que hoy está viviendo en todo el planeta. Nadie puede sostener la exactitud de esta teoría, pero tampoco hay alguien que pueda despreciarla como imposible. Los hechos actuales nos muestran todo lo contrario.

LOS DOS LADOS DEL PODER DEL ALMA

Según la Biblia, el poder latente del alma parece incluir dos tipos. Eso se compara con la clasificación mirada desde el punto de vista psicológico. Confesamos no poder dividir nítidamente estos dos tipos; todo lo que podemos decir es que parece que existen dos tipos diferentes en el poder latente del alma: uno parece ser el tipo común, y el otro es el tipo milagroso. Uno parece ser natural y el otro sobrenatural; uno parece ser humanamente comprensible, el otro parece estar más allá de la comprensión humana.

El término “mente” en psicología es más amplio en su significado del que es usado en la Biblia. Lo que los psicólogos dan a entender por “mente” o “corazón” incluye dos partes: consciente y subconsciente. El lado subconsciente es lo que llamamos parte milagrosa del poder del alma.

Aunque los psicólogos hagan distinción entre consciente y subconsciente, difícilmente pueden separarlos. Ellos sólo clasifican las manifestaciones psíquicas más comunes como correspondientes al primer tipo (del consciente), y las manifestaciones extraordinarias o milagrosas las agrupan bajo la segunda categoría (del subconsciente).

Nosotros generalmente incluimos sólo aquellas manifestaciones comunes dentro de la esfera del alma, no sabiendo que las manifestaciones extraordinarias y milagrosas son también del alma, aunque manifestaciones de ese tipo corresponden más a la esfera del subconsciente. Debido a los varios grupos de poder latente en las almas individuales, algunos hombres manifiestan los fenómenos más dentro del primer tipo, mientras que otros, más dentro del segundo tipo.

Todos los que sirven al Señor deben prestar atención especial a este punto, de lo contrario serán llevados por los poderes milagrosos mientras estén ayudando a las personas. Déjeme enfatizar entre alma y espíritu: el alma caída de Adán pertenece a la vieja creación, pero el espíritu regenerado pertenece a la nueva creación.

Dios obra con el espíritu del hombre, pues esta es su vida regenerada, su nueva creación. Satanás, por otro lado, edifica con el alma del hombre, esto es, el alma caída en Adán. Él sólo puede usar la vieja creación, porque la vida regenerada en la nueva creación, no peca.

Una vez más vale la pena reiterarlo; esto tiene total y absoluta coherencia. ¿Por qué será que nadie le ha prestado demasiada atención? ¿Por qué este hombre está prohibido en algunas esferas del cristianismo evangélico? Suponte que estaba equivocado; ¿Era para prohibirlo o para confrontarlo a la luz de la Palabra? ¿O quisieron confrontarlo y no pudieron hacerlo?

LO QUE SATANÁS ESTÁ HACIENDO EN LA IGLESIA HOY

¿Cómo es que Satanás opera a través del alma del hombre y trabaja con su poder latente psíquico? Ya dimos muchos ejemplos en el budismo, taoísmo, cristianismo, parapsicología y así sucesivamente. Ilustremos ahora con algunos ejemplos, cómo Satanás usará el alma del hombre en las cosas espirituales. Esto ayudará al cristiano a discernir lo que es de Dios y lo que es del enemigo, y también a conocer cómo Dios usa el espíritu del hombre y Satanás a su alma.

LA ORACIÓN

Las oraciones en la Biblia son inteligentes y no tontas. Cuando el Señor Jesús nos enseñó a orar, Sus primeras palabras fueron: “Padre nuestro, que estás en los cielos”. Él nos enseñó a orar a nuestro Padre en el cielo, pero nosotros los cristianos frecuentemente oramos a Dios en nuestro cuarto.

Nuestra oración debe ser ofrecida al Padre celestial, para que Él la oiga. Él quiere que enviemos nuestras oraciones al cielo por la fe, sin importar si nuestros sentimientos son buenos o malos, o incluso si no hubiere en nosotros sentimiento.

Si tú oras a Dios y esperas ser oído por Dios en tu cuarto, debes ser desconfiado de lo que tú recibas, pues muchos sentimientos extraños, experiencias milagrosas y visiones supuestamente de Dios en tu cuarto, te son dados por Satanás, y cualquier cosa que recibas de Satanás pertenece al consciente o al subconsciente.

Alguien puede no orar a Dios en su cuarto, sino que puede dirigir sus oraciones a la persona por quien ora. Esto también es muy peligroso. Supongamos que tengas un amigo que esté a más de tres mil kilómetros de ti.

Tú oras por él, pidiendo a Dios, conforme sea el caso, para que sea avivado en la Palabra o salvado. En vez de dirigir tu oración a Dios, tú te concentras en tu pensamiento, tu expectativa y tu deseo y los envías a tu amigo como una fuerza. Tu oración es como un arco que lanza tu pensamiento, deseo y ansiedad como flechas en dirección a tu amigo.

Él será tan oprimido por esta fuerza, que acabará haciendo exactamente lo que tú pides. Tú puedes pensar que tu oración fue respondida, pero permíteme decirte que no fue Dios quien respondió tu oración, porque tú no le oraste a Él. Es simplemente una respuesta a una oración que dirigiste a tu amigo.

Quizás tú eres más inteligente que yo. Quizás tú eres más ungido que yo. Quizás la luz de la revelación cae sobre ti con mayor rapidez y exactitud que la que podría caer sobre mí. Sí así fuera, por favor, te pido que evalúes esto. Porque si esto es así como aquí nos lo está diciendo, hay una multitud impensada de cristianos, hoy, arruinándoles la vida a otros cristianos.

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Alguien afirma que su oración es respondida porque, dice él, “he amontonado oraciones sobre mi amigo”. Es verdad, porque tú oraste en dirección a tu amigo y no en dirección a Dios. Tu oración es respondida pero no por Dios. Aunque no conozcas la hipnosis, lo que haces secretamente es satisfacer la ley del hipnotismo. Tú liberas tu fuerza psíquica para realizar esta acción.

¿Por qué eso es así? Porque tú no oraste al Señor en el cielo; por el contrario, tus oraciones fueron proyectadas, amontonadas sobre la persona por quien tú oras. En apariencia tú estás orando, pero en realidad tú estás oprimiendo a la persona con tu poder psíquico.

Si usas tu fuerza del alma en la oración por cierta persona -supongamos que oras para que esa persona sea por lo menos disciplinada si no fuere castigada- la oración de tu fuerza del alma será proyectada sobre ella, quien consecuentemente quedará enferma. Este es un principio fijo del alma. Es tan cierto como cuando una persona se quema si coloca su dedo en el fuego.

Por esta razón, no debemos orar pidiendo que una persona sea castigada en el caso de que no haya hecho lo que de ella se esperaba. Tal oración causará su sufrimiento y hará de aquel que hizo tal oración el autor de esa aflicción. Si oramos, debemos orar a Dios y no al hombre.

Personalmente ya experimenté los perjuicios de tal oración. Hace muchos años estuve enfermo durante un año. Esto aconteció debido a las oraciones de cinco o seis personas que estaban siendo amontonadas sobre mí. Cuando ellas oraban, más débil yo quedaba.

Finalmente descubrí la causa. Comencé entonces a resistir a tales oraciones, pidiendo a Dios me librase de aquello por lo que ellos habían orado. Ahí yo mejoré. Relacionado con esto, déjeme citar una carta escrita por un creyente:

“Recientemente pasé por un terrible ataque del enemigo. Hemorragia, enfermedad cardiaca, falta de aire y exhausta. Mi cuerpo entero estaba en un estado de colapso. Repentinamente me vino al pensamiento resistir mientras oraba, todo el poder ejercitado sobre mí por la ‘oración’ (psíquica).

Por la fe en el poder de la Sangre de Cristo me desligué de todo aquello y el resultado fue notable. Inmediatamente mi respiración se tornó normal, la hemorragia paró, el agotamiento desapareció, todos los dolores desaparecieron y la vida volvió a mi cuerpo.

Desde entonces he sido reanimado y revigorizado. Dios me permitió conocer en confirmación de esa liberación, que mi condición fue el resultado de un grupo de almas engañadas, que están en oposición a mí, ¡y ‘orando’ sobre mí! Dios me usó para liberación de dos de ellas, pero el resto está en un terrible abismo…” (J. Penn-Lewis, Alma y Espíritu).

Durante mucho tiempo, y confieso que sin conocer estas apreciaciones de W. Nee, yo sostuve que muchas de nuestras oraciones se parecían más a actos de hechicería que a deseos fieles y honestos delante del Señor.

Porque noté que en general orábamos pretendiendo que alguien hiciera lo que nosotros deseábamos (Así fuera su conversión) y no dejándole la libertad de elegir a esa persona lo que ella quisiera, tal como Dios mismo lo haría. Eso tiene un nombre: Manipulación. Y cualquier clase de manipulación de las voluntades ajenas, es Hechicería.

Así es que comencé a decir en mis programas radiales, quizás en el marco de una forma algo humorística, que si tenía que optar entre las brujerías de los satanistas que pudieran oír mis programas, y les oraciones en contra de algunos “hermanos”, me quedaba con los brujos…

Creo, a mi modestísimo entender y, desde luego, salvando todas las distancias, que tanto yo como mi familia hemos sido víctimas en muchas ocasiones, de oraciones psíquicas de supuestos cristianos que, quizás engañados ellos mismos, nos imponían hacer cosas que nosotros no deseábamos sólo porque a ellos les agradaba o convenía…

Y no tengo dudas que muchos de los que hoy podrían estar leyendo esto, deben haberse golpeado su frente con su mano expresando algo así, como: ¿Has visto que yo no estaba tan loco? ¡Siempre lo supuse! ¡Yo he estado padeciendo esto!

PODER PARA EL SERVICIO

Si alguien que es experimentado en el Señor está presente en una reunión de avivamiento, puede decir si el predicador está usando el poder del alma o el poder espiritual. Cierta vez un amigo me dijo que cierto predicador era muy poderoso.

Como nunca había conocido tal hombre, le dije que no me atrevía a juzgar. Sin embargo, escribí algunas palabras en una libreta de apuntes y se lo di a mi amigo. Yo escribí: “Lleno de poder, mas ¿Cuál poder?” Este amigo no era tan avanzado en el Señor como su esposa, y no entendió lo que yo le había escrito.

Entonces le preguntó a ella, quien después de leer la nota admitió sonriendo: “Este es un verdadero problema. ¿Aquel predicador está lleno de cuál poder? Una vez un hermano entre nosotros observó que si una persona tenía poder o no, podía ser juzgado por la forma en que golpeaba el púlpito. Necesitamos discernir en una reunión si el poder de alguien es psíquico o espiritual.

Esto es total y absolutamente habitual. Recuerdo que en mis inicios leía que cierto predicador histórico de gran prestigio leía sus sermones y sin embargo – aseguran – había una gran unción en el lugar.

Yo no podía entender eso. ¿Cómo podía haber unción cuando quien estaba predicando leía un texto pre-concebido? Para mí, los únicos ungidos eran los que iban elevando el tono de sus voces cada vez más, mientras el Espíritu Santo los iba “tomando” cada vez más y, finalmente, llegaban al clímax de sus predicaciones cuando golpeaban el púlpito con fuerza.

De allí que no estoy en condiciones ni de censurar ni mucho menos burlarme de estas personas que aquí Watchman Nee cita. Si bien no fue descubrimiento ni teoría mía, sino aprendida de otros, yo fui en algún momento de mi vida “cristiana”, uno de esos.

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Podemos juzgar este poder en dos direcciones: la del predicador y la del auditorio. Si un predicador confía en su experiencia pasada (en la cual las personas se arrepintieron por medio de su predicación), y decide entregar un mensaje por segunda vez en la expectativa de alcanzar el mismo resultado, él está, sin duda, obrando con su poder psíquico. O si él procura despertar a las personas contando historias de arrepentimiento, nuevamente estará usando su poder psíquico.

A esto no sólo que lo hemos visto largamente, y quizás hasta practicado, sino que incluso te puedo asegurar que forma parte de algunos de los muchos “programas” o “técnicas” de evangelización enseñada en los seminarios.

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Por otro lado, si la actitud del predicador es semejante a la de Evan Roberts, el vaso de Dios en el Avivamiento en el País de Gales en 1904-5, entonces su poder del alma será rehusado, porque este siervo del Señor pidió a Dios lo quebrantara, para romper el poder de su alma, para domar su ego y bloquear todo lo que viniese de él. Aquel que ministra debe conocer la diferencia entre estas dos fuerzas. Debe ser capaz de discernir lo que es hecho por el poder de su alma y lo que es hecho por el poder de Dios.

La obra del Espíritu Santo es triple: (1) regenerarnos, (2) habitar en nosotros para que podamos producir el fruto del Espíritu, y (3) venir sobre nosotros para que podamos tener poder para testificar. Siempre que la Biblia menciona el poder del Espíritu Santo, invariablemente apunta hacia la obra de testificar. Esto se refiere al Espíritu Santo viniendo sobre nosotros y no a Su operación en nosotros.

Está claro que el poder del Espíritu Santo es para la obra y la habitación es para el fruto. El poder del Espíritu Santo siempre es mencionado en el texto original de la Biblia como viniendo o descendiendo sobre, mientras que el aspecto de producir fruto es siempre mencionado en el Espíritu habitando en nosotros.

¿Por qué el poder capacitador del Espíritu Santo es mencionado como viniendo sobre? Porque la capacitación que el Espíritu Santo da es fuera de usted. Usted no puede tener certeza de la misma. Por eso, si en una reunión las personas preguntaren si usted está confiado de que las personas serán salvas, usted debe confesar que no tiene certeza alguna. Pues tal poder está fuera de usted.

El poder del Espíritu Santo está más allá de su control. Pero si se trata de la fuerza del alma, usted puede tener certeza. Usted sabe que su mensaje puede llevar a las personas a llorar y a arrepentirse. Lo que es llamado poder dinámico, es simplemente el poder del alma.

Una vez más, estas afirmaciones deberían ser tenidas en cuenta, – Por lo menos -, por el noventa y cinco por ciento de los evangelistas que andan por el planeta presentándose en campañas organizadas por las iglesias locales. No tanto porque todos estén equivocados, sino para que no sean presionados por los pastores que pretenden determinar el “éxito” de las campañas en cifras numéricas de “convertidos”.

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En una ocasión me sentí sin poder. Aunque otras personas dijesen que me encontraban satisfactorio, me sentía débil. Entonces fui a visitar a una hermana anciana de nombre Margarita E. Barber. Le dije: “Su poder es grande; ¿por qué yo no tengo tal poder?” Nosotros nos conocíamos bien y ella frecuentemente me ayudaba en las cuestiones espirituales.

Ella me oyó seriamente y preguntó: “¿Qué poder quieres tener: lo que puedes sentir o lo que no puedes sentir?” Tan pronto oí tales palabras, entendí. Por eso respondí: “Quiero lo que no puedo sentir”. Entonces ella dijo: “Debes recordar que no existe necesidad que las personas sientan el poder que viene del Espíritu Santo.

La tarea del hombre es obedecer a Dios, pues el poder del Espíritu Santo no es dado para que el hombre lo sienta”. (Observe que sentir en el espíritu es otro asunto). Mi obligación es pedir a Dios atar la fuerza de mi alma, esto es, mi propio poder. Debo obedecer a Dios absolutamente, y el resto lo dejo que Él lo haga.

Si trabajamos con la fuerza del alma, sólo podemos sentirlo como lo hacen los hipnotizadores, los cuales saben qué resultados obtendrán haciendo ciertas cosas. Ellos saben cuál es el primero y el último paso.

El peligro del púlpito está en el hecho de que muchos predicadores no saben que están usando su propio poder psíquico. Ellos piensan que tienen poder, pero sólo están empleando el poder psicológico para ganar las personas.

Este error no sólo ha sido experimentado por predicadores (Los cuales en muchos casos son pastores de congregaciones locales que luego, en sus clases de escuela bíblica, lo enseñan a sus alumnos), sino por estos mismos.

Es habitual que alguien nos consulte preguntándonos si realmente puede haber recibido algo de Dios en alguna determina ocasión, ya que no recuerda haber sentido nada. Y no cabe en su entendimiento recibir algo sobrenatural y divino y no ser protagonista de una lluvia multicolor de estrellas en una experiencia inolvidable.

Yo he sabido responder con un ejemplo que, quizás, es algo brusco o poco ortodoxo para ser utilizado dentro de las siempre pacatas sociedades religiosas nuestras, pero que de alguna manera sirve porque, incluso, en algunos círculos ha sido de problema mayúsculo.

He preguntado: ¿Es necesario que una mujer experimente un orgasmo en su relación sexual, para que se produzca la fecundación de un óvulo y quede embarazada? Créanme que no siempre la respuesta fue negativa. Son muchas las mujeres mal informadas o desinformadas que suponían que sí, que era necesario.

Cualquier estudiante inicial de medicina sabe que no lo es. Que son dos cosas que forman parte de un mismo acto físico, pero que no tienen vinculación en lo esencial. Sin embargo, muchas son las que todavía suponen que, si no “sienten” nada, no sucede nada. Muy bien; lo mismo sucede con muchos cristianos también mal informados o desinformados.

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Algunos han sugerido que los predicadores se volvieron expertos en el uso de la psicología en la manipulación de las personas. Pero yo repudio fuertemente tal manipulación, pues, aunque sepamos cómo atraer a las personas por los medios psíquicos, debemos a propósito evitar el uso de cualquier fuerza psíquica.

Una vez yo estaba trabajando en Shantung. Un profesor dijo a su colega: “estos predicadores trabajan con las emociones”. Aconteció que cuando prediqué para los creyentes en aquella tarde, les dije cuán indigna de confianza e inútil era la emoción.

El profesor que oyó de su colega que los predicadores usan la emoción, estaba presente en aquella reunión. Después de oír mi palabra, él dijo que era una pena que el otro profesor que le había hablado, no estuviese presente.

Recordemos que todas las obras que son hechas por medio de la emoción son cuestionables y pasajeras. En la obra hecha por medio del poder del Espíritu Santo, el hombre no necesita emplear su propia fuerza ni hacer nada por sí mismo.

Si es una obra hecha por la fuerza del alma, es necesario que se emplee mucha energía e innumerables métodos tales como lloro, grito, brinco, cántico incesante de coritos o la narración de muchas historias conmovedoras (no quiere decir que los himnos e historias no deban ser usados, sólo que todo debe ser hecho dentro de los límites adecuados). Pues el empleo de tales métodos tienen un solo propósito: despertar o intentar despertar a los oyentes.

Sabemos que algunos individuos tienen una atracción magnética en ellos. Asimismo, no siendo más hermosos o elocuentes que los otros, pueden atraer personas a sí mismos. He escuchado frecuentemente de las personas: “Usted tiene gran influencia sobre fulano, ¿Por qué usted no da un empujoncito en él?”

A lo que respondo: “Esto es inútil”. Pues esto sería simplemente natural; no es nada espiritual. Muchos confunden el cristianismo como si fuese una especie de fenómeno psíquico y como si perteneciese al campo de la psicología.

Realmente no podemos culparlos, porque nosotros los creyentes cometemos el error primero. A menos que el poder de Dios atraiga a sus padres o hijos, su atracción natural -por grande que sea- no tiene valor alguno. Siendo que usted pudiese atraerlos con su fuerza dinámica, ¿Qué adelantaría si nada fuese realmente conquistado?

PAZ Y ALEGRÍA

¿Cuál es la mayor conquista en el cristianismo? Una completa unión con Dios y una pérdida total del ego. En la psicología moderna existe también la así llamada unión del hombre con la “mente” invisible, con miras a llevarlo a la pérdida de su identidad.

Esto parece ser semejante al cristianismo, aunque estén bastante separados. El popular Dr. Frank Buchman (movimiento Grupo Oxford) defendía este tipo de psicología. Una de sus enseñanzas se relacionaba con la meditación.

Él reconocía que la meditación era todo lo que se necesitaba para la comunicación entre el hombre y Dios. Él no pedía que las personas leyesen la Biblia por la mañana; él sólo pedía que meditasen y orasen.

El primer pensamiento que le venga después de la oración, afirmaba él, es el pensamiento que le fue dado a usted por Dios. Y así usted debe vivir todo el día de acuerdo con aquel pensamiento. ¿Quién pensaría jamás que esto es sólo otro tipo de afirmar en silencio la meditación abstracta? ¿Cuál es el resultado de tal meditación?

Tú sentirás mucha paz y alegría, será la respuesta. Si diriges tu pensamiento tranquilamente sobre cualquier cosa, así sea por una hora, también alcanzarás lo que es llamado paz y alegría. Lo mismo que si meditas en forma abstracta por una hora, sin pensar en nada, sin duda no dejarás de obtener esta llamada paz y alegría.

Las meditaciones de muchas personas simplemente son un tipo de operación psíquica. No sucede así con la fe cristiana. Necesitamos meditar en Dios porque ya tenemos Su vida. Podemos conocerlo en nuestra intuición a despecho de cual sea nuestro sentimiento.

Tenemos dentro de nosotros una orientación intuitiva para el conocimiento de Dios. Además de eso, tenemos la Palabra de Dios. Creemos en todo lo que Su Palabra dice. Si tenemos fe, podemos despreciar el sentimiento. Aquí están las diferencias entre la fe cristiana y la psicología.

Fíjate que esta modalidad está afirmada en el tema central de lo que venimos viendo: sentir. Y, además, sentirse bien. Hoy, mucha gente concurre a nuestras iglesias porque se siente mal. Entonces acude sin otro objetivo mayor que el de sentirse bien.

Y cuando en alguna e ellas encuentran actitudes o mecanismos que, parcial o duraderamente les permite lograr sentirse mejor de lo que llegaron, entienden que “eso” es Dios y allí se quedan para siempre. ¿Cómo y quien les podrá hacer entender que lo que aparentemente han recibido y los está haciendo sentir “bien” no viene de Dios como creyeron?

PRODIGIOS

Examinemos los prodigios. Personalmente no estoy en contra de los prodigios. He visto con mis propios ojos la sanidad divina instantánea. Algunos declaran que pueden curar enfermedades. No nos oponemos a la sanidad; sólo cuestionamos los métodos errados de curar.

¿Métodos errados de curar? ¿Cómo que hay métodos errados de curar? ¿No era que las sanidades físicas venían todas de parte de Dios? No sé, pero anda mucho sanador dando vueltas por el mundo, y una parte de ellos ni siquiera creen en tu mismo Dios…

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Algunos me preguntan si yo estoy en contra de las lenguas. Ciertamente que no, aunque cuestiono las lenguas que son obtenidas por medios impropios. En cuanto a las visiones y sueños, también he visto mucha luz. Reconocemos que tales cosas existen en la Biblia, pero resisto las visiones y sueños que son obtenidos por medios ilegales.

La Biblia habla de imponer las manos y ungir con aceite. Algunos, sin embargo, al imponer las manos sobre la cabeza de otra persona, le restriegan con fuerza la nuca y luego preguntan cómo se siente. Naturalmente al ser masajeado, su cuello quedará acalorado.

Este es un truco bajo que hasta los mismos hipnotizadores se niegan a usar. Sabemos que en una parte detrás de nuestro cerebro existe un nervio que se extiende hasta la vértebra. Aquel que hace el masaje puede no saber que eso es un tipo de hipnotismo.

El que recibe el masaje puede sentir una corriente de calor que pasa por su vértebra y hasta puede ser así curado. Aun así eso es sólo una manifestación del poder latente psíquico del hombre. A despecho de que quede bien, yo no puedo considerar eso como una sanidad divina.

No me vas a decir que jamás has tenido alguna novedad de esta naturaleza. Como la gran mayoría acude a un lugar buscando “sentirse bien”, cuando ese objetivo se consigue, lo que menos interesan son los métodos utilizados. Ministradores del alma…

BAUTISMO EN EL ESPÍRITU

Hablemos sobre el bautismo en el Espíritu Santo. En cierta ocasión, cuando yo estaba en Shantung, yo también les decía a las personas que lo buscaran. Sin embargo no apruebo que las personas queden encerradas en una pequeña sala ayunando por varios días, orando y cantando coritos.

Si algunos hicieren eso, no durará mucho tiempo para que sus cerebros queden confusos, su voluntad pasiva y sus labios comiencen a producir sonidos o lenguas extrañas e incoherentes. Y de ese modo el poder latente de ellos será liberado.

En una reunión para buscar el bautismo del Espíritu Santo, las personas continuaron gritando aleluya por miles de veces. Eventualmente sus cerebros se volvieron embotados, sus mentes paralizadas y comenzaron a tener visiones.

¿Cómo puede usted considerar eso como bautismo del Espíritu? Esto no es sino bautismo del alma. Lo que ellos reciben no es el poderoso bautismo del Espíritu Santo y sí la fuerza del alma, la manifestación del poder latente del alma.

Ese poder viene por medio del ejercicio humano y no de la capacitación de Dios. Esta no es la manera correcta de buscar el bautismo del Espíritu Santo. Sin embargo existen aquellos que están entrenando a otros de ese modo, lo cual no lo aprendieron por la instrucción de Dios, sino por sus propias experiencias pasadas.

Algunos pueden preguntar, después de leer eso: “De acuerdo con lo que usted dice, ¿es verdad que no existen verdaderos milagros?” Naturalmente que existen. Damos gracias a Dios por todos los milagros que vienen de Él.

Pero necesitamos discernir que si un milagro no viene de Dios, es realizado por el poder latente y psíquico del hombre. Cuando yo estaba en Shantung, oí sobre una mujer paralítica desde hacía muchos años, que fue completamente curada. Si la sanidad de ella vino verdaderamente de Dios, yo doy gracias a Él.

Si alguno de los que hoy están espantados leyendo esto, no recuerda haber sido parte presente o por lo menos informada de alguna práctica de estas, le sugiero que se ponga de rodillas ahora mismo, allí donde está, y le de gracias al Señor por haberle evitado ese problema. Se ahorraron tomar un sendero equivocado del que luego deberían regresar inexorablemente.

CONOCIENDO LA FUERZA PSÍQUICA

La señora Mary Baker Eddy, fundadora de la iglesia Ciencia Cristiana, negó que hubiera muerte, enfermedad y sufrimiento; sin embargo ella murió. Pero la iglesia Ciencia Cristiana sobrevive y continúa prosperando. Ellos aún creen que si una persona enferma cree que no está enferma, no sentirá dolor; si una persona moribunda cree que no morirá, vivirá.

Como resultado, muchas personas son sanadas. Sus propagadores sólo intentan fortalecer la fuerza psíquica del hombre, para alivio de la enfermedad física. A través de la liberación del poder latente del alma del hombre, es vencida la debilidad del cuerpo. Si formaran parte de algunas de nuestras congregaciones, a eso se le llamaría “grande fe”.

Por causa del desenvolvimiento de la fuerza latente del alma, los prodigios están aumentando actualmente. Muchos de ellos son altamente sobrenaturales, o milagrosos; mientras que todo eso es sólo la manifestación del poder latente del alma. Aunque yo no sea profeta, he leído sobre profecía.

Aprendí que de aquí en adelante el poder latente del alma tendrá mayores manifestaciones, pues en los últimos días el enemigo se apoderará de la fuerza psíquica del hombre para realizar su obra. Si él tuviere éxito en la conquista de ese poder, podrá realizar grandes prodigios.

Existen dos clases de personas que se apegan a los dos extremos respectivamente. Una clase insiste en decir que no hay milagro. Cuando oyen hablar de milagros tales como sanidad divina, se rehúsan a escuchar. La otra clase enfatiza tanto los milagros, que no les importa la fuente de donde proceden tales milagros, si de Dios o del enemigo.

Debemos ser cuidadosos hoy para no irnos hacia ninguno de los dos extremos. Cada vez que veamos u oigamos de un milagro realizado, debemos preguntar: ¿Esto es hecho por Dios o por el enemigo? ¿Es hecho por el Espíritu de Dios o por la ley de la psicología humana?

Es un buen momento y lugar para decir que a esto que acabas de leer, lo hemos dicho, enseñado y reiterado en muchas ocasiones. Nuestros lectores legendarios lo saben muy bien y pueden dar absoluta fe de lo que decimos.

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Hoy debemos usar nuestras habilidades tales como las de la mente, de la voluntad y de la emoción para hacer cosas, pero no debemos expresar el poder latente que existe en nuestra alma. La mente, la emoción y la voluntad son órganos psíquicos del hombre, que él no puede dejar de usar; pues si él no los usa, el espíritu maligno se apoderará de su uso.

Aun así, si un hombre desea usar el poder latente tras esas habilidades, el espíritu maligno comenzará a darle todos los tipos de milagros falsos. Todas las obras hechas por el alma y su ley psíquica son imitaciones. Sólo lo que es hecho por el poder del Espíritu Santo es real.

Él tiene su propia ley de operación, la cual fue mencionada en Romanos: “La ley del Espíritu de vida” (8:2). Gracias a Dios el Espíritu es real y Su ley es concreta. Los milagros realizados según la ley del Espíritu Santo vienen de Dios.

Es muy difícil para los musulmanes creer en el Señor Jesús. Comparativamente son pocos los que se vuelven cristianos. Ahora, ¿Cómo es que ellos oran? Ellos oran tres veces cada día en sus mezquitas. Ellos dicen que si algo necesita ser hecho es orar unánimemente con miles de personas.

“Considere la multitud de mahometanos en oración en la gran mezquita Junna de Delhi”, escribe la señora Penn -Lewis, “donde una centena de miles de personas seguidoras de Mahoma, se reúnen dentro de la mezquita, con una multitud aun mayor entregada a la oración del lado de afuera.”

Pero ¿Qué estaban orando? Al unísono ellos gritaban que querían a Turquía avivada y libre de la dominación de la raza blanca. La fuerza psíquica de ellos ganó la victoria. “Es suficiente”, continúa la señora Penn-Lewis, “indicar la revisión del Tratado de Sèvres, bajo el cual todo lo que estaba perdido para Turquía, tuvo que ser restaurado.

El mayor triunfo de una nación de Oriente sobre todas las naciones de Occidente colocadas juntas, no puede ser imaginado. La explicación dada y creída por millones en la India, está expresada en la palabra ‘fuerza del alma’.” (J. Penn-Lewis, Alma y Espíritu).

Desafortunadamente las oraciones de muchos cristianos no son respondidas por Dios, sino que son alcanzadas por la proyección del poder latente del alma. Ellos logran sus objetivos en forma muy semejante a la de los musulmanes.

Sé que quizás al leer esto último en tu boca se haya dibujado una leve sonrisa, No es así? Sin embargo, créeme que, pese a que es obvio que jamás habías pensado saberte igualado a un musulmán, no has podido evitar un pequeño escalofrío de sólo pensar que quizás haya sido así.

Muchos son los que en alguna ocasión me han preguntado por qué, si los musulmanes y otros, (A los que también suelen sumar a sectores del catolicismo romano) están en una doctrina de alto error, sus oraciones o pedidos parecerían ser respondidos. Esto es una respuesta.

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Veamos ahora los poderes manifestados en el hinduismo. Algunos hindúes pueden caminar en el fuego sin que sean quemados, y esto no es un truco. Ellos andan sobre el fuego y no sólo algunos pasos, sino por un largo espacio con sus pies pisando sobre el hierro en brasa y no son heridos.

Algunos dentro de ellos pueden acostarse sobre camas con clavos puntiagudos. (Naturalmente que los que ellos consideran principiantes no pueden soportar tales cosas y sentirán dolor y se herirán). Esto también es una cuestión de desenvolvimiento del poder psíquico. Cuán desastroso es para los creyentes realizar milagros con el mismo poder que usan los hindúes.

No tengo nada que agregar a esto, desde luego, pero quiero, una vez más, recordarte que en muchas ocasiones hemos dicho que hay tantos cristianos hambrientos de milagros que están dispuestos a aceptárselos hasta a los demonios

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Frecuentemente en las reuniones los cristianos pueden sentir una especie de poder que se comprime sobre ellos; o asimismo en los momentos de oración y lectura de la Biblia pueden sentirse oprimidos sin motivo aparente. Todo eso viene de Satanás, que usa las fuerzas psíquicas para deprimirnos o atacarnos.

Cristianos experimentados en todo el mundo están conscientes principalmente de los severos ataques del enemigo al final de esta era. En vista de que toda la atmósfera del mundo parece estar pesadamente cargada con la fuerza psíquica, necesitamos escondernos bajo la sangre preciosa del Señor y ser protegidos por Él.

Mientras escuchas un sermón en una gran catedral, tú puedes casi que instantáneamente sentir si el poder del alma está en operación y si existe algo presente que parece estar incitándote. Aunque el predicador pueda anunciar que algunas personas se hayan arrepentido y fueron salvas, tú necesitas considerar las consecuencias para aquellos que fueron dados como salvos; porque hubo una mezcla de poder impropio en el trabajo.

Si el poder viniese de Dios, esto es, el poder que viene del Espíritu de Dios, tú habrías sentido luz y claridad. Sin embargo, la fuerza psíquica cuando es usada por el enemigo es despertada por la presencia de una gran multitud. Podamos nosotros tener condiciones de discernir la diferencia a fin de no ser engañados.

El tiempo ahora ha llegado. Satanás está agitando todas sus energías y usando todos los tipos de medios para despertar el poder latente del alma en los religiosos, científicos, intelectuales, y hasta en los mismos cristianos. Esta es la realidad frente a nosotros. Debemos pedir al Señor que nos conceda luz para poder discernir.

De allí es que cuando te digo que “multitud no es sinónimo de victoria”, no estoy exagerando ni dramatizando nada. Multitud es, seguramente, equivalente a éxito secular, pero no necesariamente a victoria espiritual.

A Jesús se le acercaba mucha gente, pero no era porque Él los hubiera convocado. Él se sentaba sobre una roca y se ponía a hablar y la gente se reunía a oírle y ver que señales haría. Pero cuando Él tuvo que hacer algo de verdadera importancia, apartó a esos doce que estaban más cerca y con ellos lo hizo. Al igual que Pablo, cuando se llevó a sus doce a la escuela de Tiranno.

3 – FUERZA DEL ESPÍRITU VERSUS FUERZA PSÍQUICA

Proseguiremos con este importante tópico del poder latente del alma. Ya vimos lo que la fuerza psíquica puede hacer, y cómo podemos distinguir entre las cosas que son y las que no son de Dios. Al final de esta era ocurrirán muchos prodigios, milagros y hechos sobrenaturales. ¿Son realizados por Dios mismo o por la operación de otra especie de poder?

Necesitamos saber cómo separar lo que es espiritual de aquello que viene del alma. Ahora vamos a relatar aún más cómo opera el poder del alma, esto es, cuáles son sus métodos operacionales. Tal conocimiento nos ayudará aun más en el conocimiento de lo que es de Dios y de lo que no es.

PROFECÍAS EN LA BIBLIA

Pero primero examinemos las Escrituras a fin de que descubramos cuáles son las señales del fin de esta era y anteriores al inminente regreso del Señor.

“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24).

“Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses” (Apocalipsis 13:2-5).

“Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2 Tesalonicenses 2:8-10).

Antes de que expliquemos estos pasajes, por favor observe que en 2 Tesalonicenses 2:9 está escrito “prodigios mentirosos”; los prodigios son realmente realizados, pero con el objetivo de engañar a las personas. Estos fenómenos no son imaginarios sino reales, sólo que el fin de los mismos es engañar.

No sé qué cosa te produce a ti darte cuenta que por años has estado leyendo algunas cosas de manera parcializada, sin tomar el contexto global, aunque lo declames, y sin prestarle demasiada atención a las palabras. Como si Dios las usara como los hombres, desaprensivamente.

Porque aquí jamás dijo que los prodigios provienen de Dios y ciertas imitaciones grotescas y groseras que se pretende hacer pasar por prodigios, al diablo y sus secuaces. Sin embargo es eso lo que hemos entendido, creído y enseñado. Y lo que dice es que habrá “prodigios mentirosos”. Que provienen de un poder que no es Dios, pero prodigios al fin.

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Todos los pasajes citados apuntan hacia un solo asunto: existen cosas que se volverán conocidas en la gran tribulación. Sin embargo, sin sombra de duda, algunos de esos acontecimientos se darán antes del tiempo de la gran tribulación.

Eso está de acuerdo con una regla más que obvia en la Biblia, de que antes del cumplimiento de una profecía, generalmente algo semejante acontece antes como un presagio de su realización final. Por esa razón muchos eruditos en profecía concuerdan que las cosas que acontecerán en la gran tribulación, están aconteciendo ahora, una después de otra, aunque la intensidad no sea como en los días futuros. (Aquí tienes la confirmación de lo expresado en el libro: estamos en la Gran Tribulación. No necesitamos más confirmaciones).

Ahora, los pasajes bíblicos que citamos arriba muestran la característica del período de la gran tribulación. Durante aquel tiempo habrá grandes señales y prodigios. Antes de la venida del Señor, el anticristo estará interesado principalmente en realizar señales y prodigios. Es de conocimiento común que antes de que llegue una persona, primero es vista su sombra y escuchada su voz.

Así también, antes de la llegada de la gran tribulación, su sombra y el sonido de sus señales y prodigios ya estarán presentes. En vista de que las señales y prodigios se volverán muy comunes en la gran tribulación, con certeza en nuestro tiempo actual, aumentarán.

UNA OBSERVACIÓN PERSONAL

Antes de que avancemos más, me gustaría hacer una observación. Personalmente no estoy en contra de los milagros. Existen muchos registrados en la Biblia, los cuales son muy preciosos y extremadamente importantes. He enfatizado en el pasado cómo un creyente necesita crecer en varios aspectos. Permítanme repetirlos más de una vez.

(1) Después que alguien es salvo, debe buscar el conocimiento adecuado de la Biblia. (2) Debe desear hacer progreso en la vida espiritual: victoria, santidad, amor perfecto, y así sucesivamente. Esto es muy importante. (3) Debemos ser ardientes en ganar almas. (4) Debemos confiar en Dios con sencillez de fe para que podamos ver a Dios obrando milagros.

¿No te parecen demasiado ingenuas, simples y hasta infantiles estas expresiones de un hombre del calibre espiritual de Watchman Nee? Si te parece eso, es porque has caído en la telaraña intelectual que en los últimos años se apropió de la sencillez del evangelio.

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Existen muchos defectos en la Iglesia de hoy. Muchos creyentes no tienen otro interés sino en una explicación de las Escrituras. El conocimiento de las mismas es excelente, pero no se preocupan ni tampoco buscan el crecimiento en la vida espiritual.

Algunos pueden ir un paso más allá y buscar la vida superior y las cosas profundas de Dios, pero son negligentes en los otros tres aspectos. Otros aun tienen celo pero no tienen conocimiento. Todos estos esfuerzos desequilibrados son malsanos.

¿No es sorprendente que en una iglesia hoy haya aquellos que buscan exponer la Biblia literal o espiritualmente, o la vida más profunda y más rica, o los que son celosos en ganar almas existen en grandes cantidades, pero pocos son aquellos que confían en Dios con una fe viva con el fin de obtener algo de Él?

Todos los cristianos deben esforzarse igualmente hacia el desenvolvimiento de estos cuatro aspectos de crecimiento, a fin de que no haya una situación desequilibrada. Por tanto, no estoy en contra de los milagros, por el contrario, los valoro altamente.

Sin embargo, busco discernimiento debido a los falsos milagros y prodigios mentirosos. Por eso, al hablar sobre estas imitaciones no tengo la menor intención de oponerme a los milagros en sí.

Por favor, recuérdese que todos los milagros obrados por Dios son realizados por el Espíritu Santo con la cooperación de nuestro espíritu. Nunca han sido realizados por el alma del hombre. Satanás es quien hace uso del poder del alma del hombre, aquella fuerza psíquica que debido a la caída está ahora oculta en la carne del hombre.

Y por tanto es inevitable que en los últimos días Satanás levantará un anticristo a quien será dado su propio poder y autoridad, pues él tendrá que confiar en el poder latente del alma del hombre.

Voy a dar algunos ejemplos que nos ayudarán a entender cómo ciertos fenómenos no son demostración de poder espiritual, y sí manifestaciones de la fuerza latente del alma. Siendo que ya hemos tratado con el lado milagroso del poder del alma, enfocaremos aquí su lado no milagroso.

El autor se esmera en dejar bien en claro su adhesión a la factibilidad de los milagros para diferenciarse con ciertas doctrinas arcaicas que sostienen que esas manifestaciones sobrenaturales pertenecieron al primer siglo y ya no son vigentes hoy.

Ejemplo 1 – Evangelismo Personal

Así como nuestras condiciones psicológicas varían de una persona a otra, asimismo acontece con nuestros poderes del alma. Algunas personas tienen mentes más fuertes y a veces pueden leer los pensamientos de los demás.

Alguien puede pensar que a fin de encontrar palabras adecuadas para conversar con otros, debe conocer el pensamiento de las personas. Esta es la manera natural de conocer y debe ser rechazada.

Perdónenme por ilustrar este punto con mi propia experiencia. En mis contactos con las personas puedo fácilmente determinar sus pensamientos después de un corto intercambio de palabras. Yo simplemente lo sé, sin alguna razón especial.

Cuando comencé a servir al Señor al principio, pensé que tal percepción natural de la mente de los demás sería muy útil en la obra del Señor. Pero después de comprender mejor no me atreví a usar más mi capacidad natural. Toda vez que tal situación surge ahora, inmediatamente la resisto con oración.

Quiero que entiendas y veas con la misma claridad que yo lo estoy viendo, que lo que Nee dice aquí tiene una importancia de alta gravitación. Está reconociendo alguna clase de capacidad psíquica y te está enseñando a rechazarla en oración y batalla espiritual.

Me pregunto cuantos ministros, en este tiempo, serían capaces de dejar de lado algo similar si se dan cuenta que ello puede traerles prestigio, cierta fama y la posibilidad de presentarse aquí y allá para “ministrar” y para “bendecir” sin otra condición que algunas pequeñas “ofrendas de amor”.

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Al conversar con las personas, no es necesario que tú sepas lo que ellas están pensando en sus mentes. Además es inútil, pues todo lo que es del alma y es hecho por su poder acabará en vanagloria. Si una obra es hecha por la fuerza psíquica, no edificará la vida de otra persona aunque confiese haber sido ayudada, pues ningún provecho real ha sido depositado en el fondo de su ser.

Por eso, cuando un individuo viene a ti, lo más importante que debes hacer es pedir a Dios que te muestre cómo puedes ayudarlo. Debes decirle al Señor que, por no conocer lo que aquel hombre está pensando, ni estás seguro de su condición psíquica y espiritual, vienes al Señor en total dependencia de Él a fin de recibir las palabras apropiadas. Lo que necesitas es renunciar a ti mismo a fin de recibir ayuda de Dios. (Pasado en limpio, esto es renunciar a tu propia vida para vivir la de Él)

Ejemplo 2 – Reunión de Avivamiento

Es bastante espantoso cómo muchos hermanos que predican, me mencionan mucho la cuestión de las reuniones. Afirman que se van a un salón de cultos y encuentran débiles luces, poca asistencia y abundancia de sillas vacías, a ellos les parece perder su poder después que se levantan a predicar. Pero si las luces estuvieren brillando y el auditorio lleno y animado, les parece crecer en poder. Pero ¿Qué tipo de poder es este?

¿Puedo decir francamente que no es otro sino el poder de su propia fuerza del alma? El poder que viene del Espíritu Santo nunca es afectado por la circunstancia exterior. Cualquiera que quisiere saber lo que es predicar en el poder del alma, sólo necesita asistir a una gran reunión abarrotada de personas y dotada con los equipos más finos, oír los cánticos y observar los movimientos del auditorio. Tú podrás sentir que hay un poder especial en un lugar lleno. ¿Qué poder es este? ¿Sientes una fuerza que presiona sobre ti? No puede ser el poder del Espíritu Santo. Es el poder del alma.

¿Por qué es considerado poder del alma? Sólo observa lo que estas personas están haciendo. Al cantar, ellas cantan en unísono en una dirección, lo que resulta en una concentración de todos los poderes del alma generados por la multitud. ¡Cuán grande es este poder! Tú puedes ir pensando en ayudarlos, pero en tal atmósfera, tú eres quien serás influido por ellos.

¡Cuán peligroso es esto! Muchos siervos del Señor me cuentan la misma historia de cómo los números en el auditorio o la atmósfera de la reunión y otras cosas, ayudan o estorban su trabajo. Siempre les respondo que ellos son controlados por la circunstancia, porque predican en su propia fuerza.

Sin ninguna duda. Esto fue dicho en 1933 donde las expresiones eclesiásticas eran mucho menos efusivas que las actuales, pero encierra una verdad que muchos ven pero muy pocos o ninguno se atreve a levantar su voz para confrontar para no ser mal mirados.

Lo cierto es que, cuando arreglas una predicación en algún templo evangélico, casi siempre te consignan que establecerán un tiempo de alabanza “para levantar los ánimos” y un tiempo de adoración “para preparar el clima previo a la Palabra”.

¿De verdad tú te has creído que la Palabra del Señor, con todo lo que significa y representa en sí misma, necesita de la fabricación de un clima artificial para que sea de bendición? Y si no lo habías creído, por qué lo has aceptado sin chistar cuando te lo han comentado como parte del orden de culto?

Ejemplo 3 – Cánticos

Muchas veces el cántico es de gran ayuda en la obra de Dios. Sin embargo, otras veces no puede dejar de ser sólo una actividad del alma. A un gran número de personas les agrada visitar ciertos grupos de creyentes porque la música allá es excelente.

Yo me congregué “oficialmente” en la estructura eclesiástica de una congregación en la que su banda de música era realmente formidable. Los miembros eran de una excelente capacitación y preparación profesional y oírlos realmente producía placer.

Es bien cierto que era mucha la gente de la ciudad (miembros de otras congregaciones) que asistían a esta preponderantemente por la calidad de su música. Aunque luego debieran soportar el soporífero sermón sin vida ni potencia espiritual del predicador estable.

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Algunos grupos gastan más de un millón de dólares simplemente para instalar un órgano de tubos. Hemos escuchado a personas decir que cuando van a tales lugares y oyen el sonido del órgano y las voces cantando, sus espíritus inmediatamente son liberados en la presencia de Dios.

Realmente acontece tal cosa. ¿Pero son estas personas llevadas en verdad a la presencia de Dios? ¿Pueden ser los espíritus de las personas liberados y aproximados a Dios por una pequeña atracción como esa? ¿Es este el método de Dios?

Desafortunadamente muchos de los arreglos en estos lugares son carnales. Ellos intentan despertar la emoción del hombre y estimular su instinto religioso por medio de sonidos de órganos y cánticos. Tal poder no es de Dios, sino de los himnos y de la música.

Nosotros también cantamos himnos, pero no colocamos nuestra confianza en ellos. Sólo lo que es hecho por el Espíritu Santo es útil; nada más puede alcanzar nuestro espíritu.

¿Has estado en un lugar remoto en el interior? Gracias a Dios, Él me dio la oportunidad de visitar un lugar así. Una vez fui a una aldea a orillas del mar. Todos los habitantes eran pescadores. Había creyentes diseminados por toda la inmediación de esa aldea.

Ellos tenían reuniones con veinte, treinta y hasta con cincuenta o sesenta personas. Siempre que se reunían juntos y cantaban, ¡Qué melodía irregular penetraba en sus oídos! Unos cantan de prisa y otros despacio, lo que resulta en un lapso de diferencia de algunos minutos, porque los más rápidos ya han terminado la última línea, pero deben esperar hasta que los más lentos los alcancen.

¿Puedes tú reunirte bajo este tipo de circunstancia? Probablemente te morirás de impaciencia y tu poder se disipará completamente. Un hermano me dijo que después de oír cantando a tales hermanos, él no podía predicar. Le respondí diciéndole que había una razón para eso: ¿El poder viene de ellos o de Dios?

Tú y yo generalmente consideramos las circunstancias y somos influidos por ellas. Pero si fuera del Espíritu Santo, nosotros controlaríamos la circunstancia. Este es un principio profundo al cual cada uno de nosotros se debe apegar. No usemos nuestra propia fuerza psíquica para que no seamos controlados por la circunstancia.

Algunas veces en un ambiente oprimido, el cántico puede ser usado por Dios para liberar a las personas. Pero si hacemos del cántico o de la oración el centro, enfrentamos el peligro de liberar el poder del alma.

Muchas personas viven descuidadamente durante seis días, y después asisten a una reunión de la iglesia el domingo. Oyen el cántico de muchos himnos y se sienten fervorosas y alegres. Pero preguntamos, ¿De dónde viene ese tipo de fervor y alegría?

Puedo probar que algo está deficiente aquí. Si una persona vive descuidadamente durante seis días, y después viene a Dios un día, debería sentirse culpable y reprobarse a sí misma. ¿Cómo es entonces que el cántico hace que ella se sienta fervorosa y alegre? Esto no puede ser poder espiritual. No deseo ser un crítico modelo, sino que se debe destacar que el cántico excesivo excita el poder del alma.

Más allá de las diferencias espirituales, de tiempo y geografía, estoy total y absolutamente de acuerdo en este punto con Watchman. Es casi regla corriente utilizar la fuerza de la música como suplemento almático encargado de reemplazar las carencias espirituales.

Ejemplo 4 – Exposición de la Biblia

Existe el peligro de que se exprese el poder latente del alma en el estudio de la Biblia. Por ejemplo, alguien está confuso sobre cierto pasaje de la Escritura. No entiende su significado. Asimismo piensa en ello todo el tiempo, sea caminando en la calle, durmiendo en su cama, en su gabinete o viajando en el tren.

De repente un rayo de luz brilla sobre él; ahora parece que puede explicarse aquel pasaje en forma lógica. Si tiene buena memoria, sin duda la guardará en su mente; si su memoria no es tan aguda la escribirá en una libreta. ¿No es maravillosa tal interpretación repentina? Aun así, debe ser hecha la pregunta, ¿Esto es digno de confianza?

Porque a veces eso puede venir del poder del alma. Considerando su resultado, la interpretación puede ser razonablemente juzgada, pues tal exposición nueva, especial y aparentemente espiritual, puede no producir fruto espiritual.

No sólo él puede no extraer vida espiritual de ella, sino que también puede no tener cómo comunicar vida a los demás compartiendo tal interpretación. Todo lo que puede hacer es ayudar un poco la mente de las personas.

En este punto conozco algo, lo que me otorga alguna autoridad para decir que no es erróneo este modo de verlo. Yo agregaría que, en muchos casos, esa “luz” interpretativa tiene que ver con necesidades íntimas, grupales, sectoriales o personales de ciertas cuestiones materiales.

De allí que resulte muy poco novedoso incursionar en los debates y polémicas entretejidos en derredor, por ejemplo, de la llamada “teología de la prosperidad”. Ella está llena de interpretaciones válidas y muy sinceras, pero que tienen como indudable objetivo llevar a la gente a participar de lo que en definitiva es el eje principal: aportar dinero a la organización a la que pertenece.

Ejemplo 5 – Alegría

Gran número de personas desea tener alegría en su sentimiento. La llamada risa santa es un caso extremo del asunto. Se ha enseñado que si una persona fuese llena del Espíritu Santo, invariablemente tendrá esta risa santa.

Aquel que declara poseer esta especie de risa no puede controlarse a sí mismo; sin razón aparente reirá, reirá y reirá como si estuviese infectado por cierta enfermedad y parecerá estar parcialmente enfermo.

En cierta reunión, después de haber concluido el sermón, fue anunciado que todos deberían buscar esta risa santa. Todos comenzaron a golpear en las mesas o sillas, brincando y saltando por todas partes, hasta que después de cierto tiempo apareció esta llamada risa santa. Las personas simplemente se miraban unas a otras y caían en carcajada.

Cuanto más pensaban en eso, más jocoso se volvía. Por eso no podían contenerse y continuaban riendo. ¿Qué es eso? ¿Hay alguna posibilidad de que tal cosa sea la plenitud del Espíritu Santo? ¿Puede eso ser Su obra? No, esto es ciertamente una de las obras del alma.

Menciono este caso extremo a fin de ilustrar por medio de un “extremo” cómo podemos escapar por la tangente por sólo dos o tres grados de inexactitud. Cuando el señor Barlow (un amado compañero cristiano) estuvo aquí reunido con nosotros, una ayuda especial que recibí de él fue esa observación: a fin de ver si una cosa es cierta o errada sólo tenemos que aumentarla unos cien grados, esto es, no importa lo que sea, llévela al extremo.

El principio orientador es que si estuviese errado en los cien grados, la persona sabe que también está errado en el primer o segundo grado. Es muy difícil juzgar sólo por el primer o segundo grado; en caso de que haya algún error, con certeza será demasiado pequeño para identificarlo. Pero al prolongar el aumento de la situación o circunstancia, todo será muy distinto.

Existe un proverbio chino que dice: “El desvío de un centésimo o milésimo de una pulgada, terminará en una distancia de mil kilómetros”. Tú puedes comenzar con un error de sólo un centésimo o milésimo de una pulgada, sin embargo, más tarde se convertirá en una discrepancia de mil kilómetros. La afirmación inversa sería: si examinamos la discrepancia de mil kilómetros, podemos ver el error de una centésima o milésima de una pulgada.

Supongamos que haya dos líneas que no son exactamente paralelas, sino que se separan en un pequeño ángulo de uno o dos grados, difícilmente notable a simple vista. Si prolongas estas líneas una pulgada más, la distancia entre ellas obviamente se volverá mayor.

¿Quién podrá decir cuántas centenas de kilómetros estarán separadas la una de la otra, si fueren prolongadas hasta los confines de la tierra. La distancia a los diez mil kilómetros de su origen prueba la existencia del error formado en el punto inicial.

Apliquemos ahora esta norma a la llamada risa santa. ¿Cómo consiguen las personas esta risa santa? ¿Qué método siguen o qué condiciones deben cumplir? No es otra cosa sino solicitar que se ría. Sólo existe un pensamiento que es reír. ¿Están buscando ser llenos del Espíritu?

Sus labios pueden realmente proferir palabras como: “Oh Dios, lléname con Tu Espíritu”. Aun así, eso es sólo un método; el objetivo de la petición de ser llenos con el Espíritu es algo más que ser llenos. Aunque puedan decir con sus bocas, el deseo de sus corazones está en otro lugar.

¿Cuál es su objetivo? Quieren reír y quedar alegres. No oran diciendo: “Oh Dios, te pido que me llenes con Tu Espíritu, quedaré satisfecho si tengo algún sentimiento o no”. Cualquiera que desee ser lleno con el Espíritu de Dios, debe asumir tal actitud.

Permítanme relatar una historia verdadera. Un estudiante se había arrepentido y había creído en el Señor. Él tenía un condiscípulo que confesaba poseer esta risa santa, y daba la impresión de ser excesivamente alegre. Este colega le instó para que buscase ser lleno con el Espíritu Santo, diciendo cómo él era feliz desde la mañana al anochecer, sin tristeza alguna, y afirmando cuán útil tal experiencia sería para el crecimiento espiritual.

Considerando que este colega era un creyente y poseedor de esa experiencia, el recién salvo pensó que podría tenerla también. Consecuentemente comenzó a orar ansiosamente a Dios. Continuó en oración pidiendo a Dios la experiencia; pidió tanto que llegó al punto de perder el apetito y descuidar sus estudios.

Más tarde fue a ver a un profesor y le pidió que orase por él. El estudiante mismo oró ardientemente a Dios e hizo un voto de que no se levantaría de la oración aquella noche si Dios no le diese la petición. Continuó orando hasta que repentinamente saltó y dio un grito diciendo cuán alegre se sentía.

Él rió y rió. Cuanto más reía, más alegre se sentía. Él rió, danzó y gritó. Su profesor pensó que estaba fuera de sí. Actuando como si fuese un médico, su profesor lo agarró y le dijo: “Hermano, cálmese, no se porte desordenadamente”. Pero cuanto más era advertido, más violentamente reaccionaba.

Su profesor no se atrevió a decir más nada temiendo ofender al Espíritu Santo, en caso de que eso fuese realmente de Dios. Finalmente el estudiante fue a casa y al día siguiente ya estaba mejor. Ahora, eso no fue nada más que una gran liberación del poder del alma, pues él había cumplido la condición para su liberación.

Ejemplo 6 – Visiones y Sueños

Actualmente muchas personas en las iglesias están buscando tener visiones y sueños. Si alguien me pregunta si creo en eso, respondo que no me opongo a nada de eso. Yo mismo he tenido algunas experiencias, y a veces pueden ser útiles. Aun así quiero llamar tu atención sobre la fuente de los mismos. ¿De dónde vienen; son de Dios o no?

Cuán frecuentemente en una reunión alguien comienza a contar haber tenido una visión, y eso da origen a una avalancha de visiones, hasta que todos en la congregación llegan a testificar haber tenido visiones y soñado sueños.

Oyendo sobre visiones, las personas comienzan a orar pidiendo a Dios que les dé la misma experiencia. Ayunarán y orarán por muchas noches mientras no sea concedida una visión. Gradualmente sus cuerpos se debilitarán, sus mentes se volverán vagas y sus voluntades perderán todo el poder de resistencia.

Ahí recibirán lo que es llamado visión y sueño. No hay duda que reciben algo, pero ¿Cómo reciben estos sueños y visiones? ¿Vienen de Dios? Tolerancias tales como dejar la mente vaga y la voluntad pasiva está definitivamente en contra de la enseñanza de la Biblia. Estas personas simplemente se hipnotizan.

Algunas personas son propensas a soñar y parecen tener condiciones de interpretar sus sueños, aunque frecuentemente sea de modo absurdo. Tuve un amigo médico que parecía tener facilidad para soñar. Cada vez que yo lo veía, me contaba nuevos sueños e interpretaciones.

Soñaba casi todas las noches, y frecuentemente tenía tres o cuatro sueños en una sola noche. ¿Por qué le acontecía eso? ¿Sería porque Dios quería darle tantos sueños? Yo sé la razón. Él era alguien que vivía soñando durante el día, y por eso soñaba por la noche también.

Era bien interesante encontrar un médico tan inteligente con pensamientos tan confusos. Continuamente su mente dibujaba cuadros desde la mañana hasta el anochecer, y no tenía cómo controlar su pensamiento. Lo que él soñaba en la noche era lo que había pensado durante el día.

Por causa de eso le rogué de modo bien directo diciéndole que si no resistía a esos sueños, finalmente él sería engañado y su vida espiritual no podría crecer. Gracias a Dios él mejoró más tarde. De eso conocemos que muchos de los sueños no son de Dios; simplemente son los resultados de una mente dispersa.

Yo también creo en las visiones y sueños de carácter proféticos. Pero también puedo comentarte que he visto algunas congregaciones que funcionan en base a estos sueños y visiones. Generalmente son mujeres las portadoras de esa responsabilidad. El pastor debe esperar a ver que dicen esos sueños a esas personas para luego actuar en consecuencia.

Examine la Fuente

Algunos buscan visiones, otros confiesan haber visto una luz o llama, y otros más declaran que tuvieron sueños. A raíz de sus testimonios, muchos otros comienzan a afirmar que tuvieron experiencias semejantes. No me opongo a tales cosas, pero examino el origen de las mismas. ¿Vienen del alma o del espíritu?

Es bueno recordar que cualquier cosa hecha en el espíritu puede ser duplicada por el alma; pero cualquier cosa que es copiada por el alma sólo sirve para imitar el espíritu. Si no examinamos la fuente de esos fenómenos, seremos fácilmente engañados. El punto más importante aquí no es negar estas cosas, sino si las examinamos para ver si emergen del alma o del espíritu.

En una ocasión, siendo yo maestro bíblico en una congregación, vino a mí una hermana que me solicitó le oyera un sueño para ayudarle a interpretarlo para bien de la iglesia y bendición de los hermanos.

Accedí porque era alguien con peso e influencia y no quise enemistarme con ella. Me relató un sueño bastante complejo, pero lo más importante del caso, es que todo lo que tomaba como revelaciones, se las había dado en ese sueño el Señor en persona, al cual había visto claramente.

Eso me dio la pista de que algo no estaba funcionando correctamente. Le pregunté a qué Señor había visto en el sueño. Me respondió que al Señor Jesús. Entonces le pregunté como era él en su aspecto. Me respondió que tal como lo conocíamos.

Allí fue donde le recordé que en ningún relato bíblico se alude al aspecto físico de Jesús y nos resultaba por ello imposible saber que rostro tenía. Me quedó mirando fijamente sin comprender y se fastidió bastante. Ella suponía que yo deseaba desacreditar su visión. No entendía que no podía haber visto a Jesús sencillamente porque nadie sabe cual era su aspecto físico verdadero.

Sin embargo, continué interrogándola con mayores precisiones porque, si bien era una mujer problemática, era lo suficientemente inteligente como para no fabular. Luego de varias precisiones llegué a una conclusión: el Jesús que ella había visto en su sueño, ¡¡Era la figura y el rostro del actor Robert Powell, actor principal de la película “Jesús de Nazaret” de Zefirelli!!

Diferencias en los resultados

¿Cual es la diferencia en los resultados entre la operación del espíritu y la del alma? Esto nos proporcionará un indicio principal entre aquello que es del espíritu y aquello que es del alma. “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante” (1 Corintios 15:45).

Pablo dice aquí que el primer Adán vino a ser un alma viviente. El alma está viva. Ella tiene su vida, y por tanto capacita al hombre para hacer toda suerte de cosas. Esto se refiere a la posición que Adán tenía.

Después el apóstol continúa: “el postrer Adán, espíritu vivificante”. Esta palabra es digna de mayor atención, pues es bastante preciosa y significativa. La diferencia en los resultados entre las operaciones del espíritu y del alma es claramente dada aquí. El alma está viva y tiene vida en sí misma. Mientras que el espíritu es capaz de dar vida a los demás.

Sin embargo el espíritu no sólo tiene vida en sí mismo, sino que también puede hacer que otros vivan. Sólo el espíritu es capaz de vivificar las personas para vida. El alma, a despecho de cuán fuerte sea, no puede comunicar vida a los demás. “El espíritu, dice el Señor, es el que da vida; la carne para nada aprovecha” (Juan 6:63).

Debemos distinguir estas dos operaciones muy claramente, porque es de la mayor importancia. Nadie puede trabajar satisfactoriamente si estuviere confuso en este punto. Déjeme repetir: el alma está verdaderamente viva pero no puede hacer que otros vivan.

El espíritu, por otro lado, no sólo está vivo sino que además da vida a los otros. Es por eso que declaro con tanto énfasis que necesitamos controlar nuestro poder del alma. Todo lo que es del alma no tiene valor. No estamos discutiendo sobre terminologías, porque eso es un gran principio.

Aunque el alma esté viva, no tiene cómo hacer para que otros vivan. Por eso, al ayudar a alguien debemos desear desde lo más profundo de nuestro ser y no ayudar simplemente sus mentes. No debemos trabajar según la fuerza psíquica, siendo que ella no puede salvar ni ser útil a nadie.

Cuán cuidadosos debemos ser. Cómo debemos rehusar cualquier cosa que venga de nuestra alma. Pues ella no sólo no puede ayudar a otros, sino que también está impedida para la obra de Dios. Ella ofende a Dios como también lo priva de Su gloria.

Esto te deja claramente establecido el por qué, la razón y las causas por las cuales, en la mayoría de nuestras congregaciones, hay mucha actividad, mucho ruido, muchas luces y mucho movimiento, pero no existe vida espiritual.

El Peligro de las Operaciones en el Poder del Alma

Permítanme usar algunos ejemplos comunes para ilustrar la diferencia entre las operaciones del espíritu y del alma. Aun así no voy a mencionar aquellos casos milagrosos porque ya lo hemos hecho atrás.

Podemos decir que es bastante común hoy en la iglesia trabajar por medios psíquicos. ¡Cuán frecuentemente los métodos psicológicos son usados en las reuniones de ministerio para atraer las personas!

Cómo los métodos psíquicos son empleados en las reuniones de los creyentes para estimular a los oyentes. Observando los métodos usados, podemos juzgar qué tipo de trabajo está siendo realizado. Déjeme decir francamente que muchos sermones pueden ayudar a las almas de las personas pero no a sus espíritus.

Tales mensajes son dados a partir del alma y por eso sólo pueden alcanzar al alma del hombre y proveerle un poco más de conocimiento mental. No debemos obrar de ese modo, porque tal obra nunca penetra en el espíritu del hombre.

Uno de los errores más frecuentes en la consideración de los hermanos en una congregación, es el confundir la expresión del alma llamada “emoción” con la del espíritu, conocida como “quebrantamiento”. Ambas suelen producir llanto, pero la primera es manejable por el hombre, mientras que la segunda es solamente por disposición de Dios.

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¿Cómo son dirigidas muchas reuniones de avivamiento? (No estoy en contra del avivamiento de los creyentes, esto lo debo dejar bien claro. Sólo estoy preguntando si el modo de conducir tales reuniones hoy es del espíritu).

¿No es verdad que en muchos encuentros de avivamiento, es creada primero una especie de atmósfera, a fin de hacer que las personas se sientan fervorosas y entusiasmadas? Un corito es repetido una y otra vez para llenar de fervor el auditorio. (Un ácido predicador y profeta puertorriqueño solía llamarle a esto: “los porristas cristianos”.)

Son contadas algunas historias emocionantes para estimular que se compartan testimonios. Estos son métodos y tácticas pero no el poder del Espíritu Santo. Cuando la atmósfera está casi en su plenitud de fervor, entonces el predicador se levanta y predica.

Mientras predica, ya está consciente del tipo de resultado que alcanzará en aquel día. Él ya tiene varias estrategias preparadas. Por la manipulación inteligente, él puede saber de antemano que cierta clase de personas sentirá escalofríos, otra llorará, y habría confesión y toma de decisiones.

Tal especie de avivamiento necesita ser renovado cada año o cada dos años, porque el efecto del remedio dado anteriormente pasará y la antigua situación retornará. Para algunos, el efecto de un avivamiento anterior se deshará dentro de sólo unas pocas semanas o meses.

Gran celo y disposición son realmente exhibidos al comienzo del avivamiento, pero después de poco tiempo acaba y desaparece. Esto no tiene otra explicación a no ser la ausencia de vida.

Si fuesen registradas las historias de muchos creyentes, contarían la historia de los avivamientos: avivamientos después de las caídas, y caídas después de los avivamientos. El estimulante usado en el primer avivamiento tiene que ser aumentado en una dosis mayor en el segundo.

A fin de que sea eficaz el método aplicado en el segundo, debe ser más emotivo y emocionante. Yo sugeriría que este tipo de método podría ser mejor descrito como una inyección de “morfina espiritual”.

Ella necesita ser inyectada una y otra vez. Es evidente que el alma sólo puede vivir por sí misma, pero no tiene poder para hacer que otros vivan. Obrar por el poder del alma -aunque las personas lloren, tomen resoluciones y se vuelvan celosas- es, prácticamente hablando, igual a nada.

Durante décadas hemos llamado “avivamiento” a cualquier expresión más o menos bulliciosa ocurrida dentro de nuestros templos o en campañas más abiertas. Olvidamos que la historia de los avivamientos reales nos enseña que tal cosa es válida cuando afecta al mundo secular, no a la iglesia.

El Espíritu da Vida

¿Qué es regeneración? Es el recibir la vida resucitada del Señor Jesús. ¿Por qué la Biblia dice que somos regenerados por medio de la resurrección del Señor en vez de serlo por el nacimiento del Señor? Porque la nueva vida recibida es más que la vida de Belén.

Aquella vida que es nacida en Belén aún estaba para morir, pero la vida de resurrección no muere nunca. “Yo soy… el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:17,18).

La vida de resurrección nunca muere, sino que vive para siempre. La vida que es nacida está en la carne, y por tanto, puede morir. Lo que recibimos en la regeneración es la vida que vive para siempre y nunca muere.

¿Qué es la resurrección? Supongamos que aquí hay un cadáver. Es absolutamente imposible resucitar un muerto por los medios humanos. No importa cuánta energía sea ejercitada y cuánto calor usado, el muerto no volverá a la vida. La única forma de hacerlo vivir es colocar la vida de Dios en él. Esta vida que vivifica el muerto es la vida de resurrección, y esto es resurrección.

¿Qué situación es peor que la muerte? ¿Qué es más frío que la muerte? Un cadáver se deteriorará y pudrirá más y más, pero cuando la vida de resurrección es comunicada, la muerte es tragada por la vida. Consecuentemente, una persona regenerada es capaz de resistir cualquier cosa que pertenezca a la muerte y resistir todas las cosas muertas.

Esto es, prioritariamente, para que sea tenido en cuenta por tantos y tantos hermanos, bien intencionados, quizás, pero empeñados en recordarle a los convertidos su pasado, con la finalidad, – Entienden – que no vuelvan a repetir errores.

Esa persona que ha entregado su vida a Cristo, ha resucitado. Su carne ya no huele más a podrido, ahora está renovada y tiene aroma a flores de vida. Y algo más: si las cosas viejas pasaron y he aquí todas son hechas nuevas, no es lo mejor hacer regresar a alguien al pasado.

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Lo que sigue es una ilustración que ha sido usada para explicar la resurrección. Había cierto hombre que no creía en la resurrección. Él era importante entre un círculo de ateos. Después que murió, el epitafio sobre su sepultura decía: “Sepulcro irrompible”.

El sepulcro había sido construido con mármol. Sorprendentemente, aquel gran sarcófago de mármol se partió un día. Aconteció que una bellota cayó en la fisura de las piedras durante la construcción.

Gradualmente fue creciendo en un gran roble y eventualmente rompió ampliamente el sepulcro. Un árbol tiene vida y por eso puede romper un lugar de muerte. Sólo la vida puede conquistar la muerte. Eso es regeneración, eso es resurrección.

El espíritu vivifica; sólo él puede comunicar vida. Esto es lo que necesitamos observar. Pero desafortunadamente existen muchos sustitutos del espíritu en nuestros días.

El Alma debe ser tratada

Dios sólo trabaja con Su propia fuerza; en consecuencia debemos pedirle que amarre nuestra vida del alma. Cada vez que trabajamos para Dios necesitamos primero tratar con nosotros mismos, colocándonos aparte.

Debemos poner a un lado nuestros talentos y puntos fuertes, y pedirle a Dios que amarre estas cosas. Debemos decirle al Señor: “Oh Dios, quiero que Tú obres; no quiero depender de mi talento y poder. Te pido que obres, porque por mí mismo nada puedo hacer”.

Muchos obreros hoy consideran el poder de Dios insuficiente, y por eso acrecientan los de ellos propios. Trabajar sobre tal base no sólo es inútil sino también perjudicial. Recuérdese que la obra del Espíritu Santo nunca tolera la intromisión de la mano del hombre.

Frecuentemente digo que en la obra de Dios el hombre debe ser como una figura en un papel, la cual no tiene vida y nada puede hacer. Él necesita de un influjo de vida que lo capacite para el trabajo. Neguémonos a nosotros mismos hasta tal punto de que nos volvamos como figuras en un papel, no teniendo poder alguno en nosotros mismos.

Todo el poder debe venir de arriba; todos los métodos usados también deben venir de arriba. Sabemos que sólo el Espíritu es quien vivifica. Dios obra por el Espíritu. Si deseamos que Dios obre, debemos pedirle que amarre nuestra vida del alma; en caso contrario Él no tiene libertad para obrar.

Es increíble el tiempo que le lleva a un creyente sincero y fiel, entender que no es él quien está haciendo la obra, sino aquello que mora en él. Hay tanto ego en el hombre, aunque sea bondadoso, que destronarlo lleva un buen tiempo.

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“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:24,25).

La palabra “vida” aquí en el griego indica el “alma”. Significa que cualquiera que quisiere preservar su vida del alma, perderá su vida del alma; pero aquel que perdiere su vida del alma, la guardará para vida eterna. (¡Cuánto tiempo llevó encontrar la clave de este verso!)

Esta es una orden singular del Señor. Él habla en tales términos a fin de explicar el significado de las anteriores palabras: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Primero muere, después algo acontece.

Si un creyente no pone de lado su propia vida del alma, el espíritu nunca podrá obrar y de ese modo beneficiar a los demás. A fin de que realicemos una obra más profunda para el Señor, necesitamos tratar en forma práctica con nuestra alma. La vida del alma necesita que se pierda.

Un grano de trigo es bueno y su color dorado es muy bonito. Pero si fuere colocado sobre la mesa, permanecerá siendo el mismo grano después de cien años. Jamás producirá ningún otro grano. Todos nuestros poderes del alma son como aquel grano de trigo que no cayó en tierra. Nunca podrá producir fruto.

¿Podemos considerar este problema con toda la seriedad? Aquella vida de resurrección, que es santa y sin mancha y que poseemos ahora, ¿puede producir mucho fruto? Algunos preguntan por qué no pueden ayudar a salvar a las personas; otros indagan por qué carecen de poder en la obra. Muchos confiesan que no tienen poder.

Yo respondo que la razón de que ellos no tengan poder para obrar está en el gran poder que poseen en sí mismos. Siendo que ya poseen grande fuerza en ellos mismos, ¿Dónde está la oportunidad para que Dios obre? Usando la propia sabiduría, método, fuerza o habilidad natural, los creyentes bloquean la manifestación del poder de Dios.

Recuerdo a un pastor bautista que conocí. Cuando oraba en voz alta pidiendo a Dios que enviara a su Espíritu Santo a dar presencia en el templo, creía conveniente añadirle que lo hiciera con orden, respeto y seriedad, “como nos gusta a nosotros”…

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Muchos fenómenos milagrosos son realizados por la fuerza del alma y no por Dios. ¿Cómo esperar buenos resultados y duraderos si sustituyen el poder de Dios con sus propias habilidades naturales? Muchas reuniones de avivamiento parecen buenos sucesos en el momento, pero después los resultados se reducen a cero.

No hay duda de que algunos avivamientos ayudan a las personas. Pero me estoy refiriendo aquí a las obras hechas por medio de los métodos humanos. Puedo declarar solemnemente que cualquiera que anhela una obra mejor y más profunda, ¿No debe hablar sobre poder? Nuestra responsabilidad es caer en tierra y morir. Si morimos, entonces el producir fruto será bastante natural.

¿Qué dijo el Señor respecto de aquel que pierde su vida, esto es, aquel que aborrece su vida en este mundo? La guardará para la vida eterna. Es como si yo tuviese elocuencia y aun así no quisiere usarla. Mi corazón no está colocado en la elocuencia; no la usaré como mi instrumento de trabajo.

Yo pierdo mi elocuencia y rehúso depender de ella. ¿Cuál es el resultado? Gano vida; esto es, soy capacitado para ayudar a otros en vida. Lo mismo acontece con mi capacidad de gerenciar o cualquiera otra habilidad: me rehúso usarla. Al contrario de eso, espero delante de Dios. Así realmente haré bien a las personas. Aprendamos, por tanto, a no usar nuestro propio poder a fin de que podamos dar mucho fruto.

A esto, creo que lo ejercité sin saberlo. Dueño de una oratoria bastante aceptable, una dicción educada por la radio y una capacidad de inventiva que me permitía hablar por mucho tiempo sin repetirme ni cansar, sin embargo, me vi dejando de lado esa habilidad para dar lugar a lo que Dios quisiera hacer. ¡Gloria a Él por ello!

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El poder debe ser obtenido en base a la resurrección. Resurrección es vivir más allá de la muerte. Lo que necesitamos no es de mayor poder sino de muerte más profunda. Precisamos resistir a todo poder natural.

Aquel que no pierde su vida del alma, no conoce nada de poder. Sin embargo, aquel que pasó por la muerte, se halla en poder de la vida. Cualquiera que pierde su vida del alma, a semejanza del grano de trigo que cae en tierra y muere, crecerá en la vida de Dios y producirá mucho fruto.

Creo que muchas personas son tan ricas y fuertes que no dan oportunidad para que Dios obre. Frecuentemente recuerdo las palabras “desamparado y desesperanzado”. Debo decirle a Dios: “Todo lo que tengo eres Tú; yo mismo nada tengo.

Fuera de Ti estoy verdaderamente desamparado y desesperanzado”. Debemos tener una actitud de dependencia para con el Señor, como si no pudiésemos inhalar y exhalar sin Él. Cualquier cosa que tenemos viene de Él. Oh, cómo se deleita Dios viéndonos llegar a Él desamparados y desesperanzados.

Cierta vez un hermano me preguntó: “¿Cuál es la condición para que obre el Espíritu Santo?” A lo que le respondí: “El Espíritu Santo nunca se enreda en ayudar el poder del alma. El Espíritu Santo necesita llevarnos primero al lugar donde no podemos hacer nada por nosotros mismos”.

Aprendamos a rehusar todo aquello que viene de nuestros egos naturales. Sea milagroso o común, debemos rehusar todo aquello que no viene de Dios. Él entonces demostrará Su poder para realizar aquello que pretendió hacer.

Habrás oído y visto, al igual que yo, decenas de reuniones multitudinarias donde se hace énfasis en el poder del Espíritu Santo manifestado allí. Mientras, se le rinden honores, aplausos, glorias y aleluyas al predicador que ha desatado todo eso.

Lamento decepcionarte. Allí no está, ni estuvo, ni muy probablemente estará presente el Espíritu Santo de Dios, sino el poder que tan bien describe W. Nee en este trabajo. Porque el Espíritu Santo se manifiesta, solamente, para glorificar a Cristo, y no a hombre alguno.

El Ejemplo del Señor

“Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19).

El Hijo no puede hacer nada por Sí mismo. En otras palabras, de todas las cosas que el Señor realizó, ninguna de ellas Él hizo por Sí mismo. Esta es la actitud continua del Señor. Él nada hace por Su propio poder o según Su propia idea.

Él rehúsa cualquier cosa que pueda venir de Él mismo. Sin embargo, ¿existe algo errado con Su alma? ¿Su poder del alma no es bastante utilizable? Siendo que Él no tiene el menor indicio de pecado, para Él no sería pecaminoso usar Su poder del alma. Aun así, Él afirma que el Hijo nada puede hacer por Sí mismo. Si un Señor tan santo y perfecto como Él se rehúsa a usar Su propio poder, ¿qué en cuanto a nosotros?

El Señor es tan perfecto, y aun así en toda Su vida Él demostró ser desamparado y desesperanzado en Sí mismo, dependiendo sólo de Dios. Él vino al mundo para hacer la voluntad del Padre en todas las cosas.

Nosotros, que somos apenas una partícula de polvo, en verdad no somos nada. Debemos poner a un lado la fuerza psíquica y rehusar cualquier cosa que venga del poder del alma, antes que podamos trabajar con fuerza espiritual y producir mucho fruto. Que Dios nos bendiga.

Muy bien; reacomoda tu cerebro, que seguramente ha quedado desparramado por la validez y contundencia de esta enseñanza. Eres libre de tomarla, aceptarla, creerla y ponerla por obra, o de dejarla a un costado y ser, uno más, de los que consideraron a Watchman Nee como un hereje.

No es mi intención alterar tu doctrina ni mucho menos, crear alguna nueva. Lo que sí quiero, es que tengas suficiente serenidad de discernimiento para cumplir con el consejo paulino: examinarlo todo y rescatar lo bueno.

Eso es válido para este trabajo. Al llegar a este punto, suponiendo que lo has leído completo, sólo una cosa puedo añadirle: Ahora ya lo sabes. Ahora ya no puedes hacerte el distraído y decir que lo ignorabas.

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