Cuando la Tierra se Mueve

Así como la semana pasada la palabra hecha nombre que nos convocó fue la de Elías, en esta ese nombre se transforma en Daniel. ¿Quién es Daniel? O mejor modifico la pregunta: ¿Qué es Daniel? No hay precisiones en el significado de su nombre, pero indistintamente como lo aceptemos, apunta hacia lo mismo. Una corriente asegura que Daniel significa Dios es Juez, mientras que hay otra que señala que se traduce como Juez de Dios. No es lo mismo, claro, pero no hace al fondo del tema, ya que en los evangelios, Jesús dijo claramente que Él no habría de juzgar a nadie, aunque en otro sector, señala que si llegara a juzgar, su juicio sería verdadero. Lo cierto es que Jesús no vino a hacer su propia voluntad, ni tampoco a hacer oír sus propias palabras. Él vino a hacer la voluntad del Padre, y a hablar las palabras que estaba hablando su Padre. Entonces, en los evangelios tenemos el fundamento donde el Señor es el cumplimiento de lo que quiere decir la palabra Daniel. Jesús ha permitido siempre que su Padre sea el Juez. Porque Jesús vino con la vida de su Padre, con la presencia de su Padre dentro de él hasta llegar a decir que Él era templo de Dios.

Es decir que, si el significado de la palabra Daniel se va a cumplir en nosotros, esto quiere decir que tampoco vamos a juzgar según nuestro propio criterio. No vamos a juzgar según las apariencias, ni seremos jueces por nosotros mismos. Si vivimos para que la presencia del Señor esté en nosotros, para cumplir su voluntad, para hacer su obra y para expresar sus palabras, entonces el juicio de Dios va a fluir a través de nosotros. En Daniel capítulo 1 y versos 1 y 2, leemos: En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios. Presta atención: ¿Quién entregó al rey de Israel, al rey del pueblo de Dios en manos de un rey pagano? Dice muy claramente que fue El Señor quien lo hizo. Si el Señor es el Juez, Él tiene derecho de hacerlo, si Él lo quiere. Inclusive, en la profecía de Jeremías el Señor dijo por boca del profeta que era mejor ir cautivos a Babilonia en lugar de hacer cualquier otra cosa. Y por esto decían que Jeremías era un traidor a la patria; sin embargo, era la palabra del Señor.

El caso es que Daniel y sus amigos fueron llevados cautivos junto con los vasos del templo de Dios. Los vasos del templo simbolizan también a Daniel, a sus amigos y a personas de ese nivel, que eran verdaderos siervos de Dios en lo que realmente la palabra Siervo significa: Servidor, no servido por aduladores y obsecuentes. Tanto Daniel como sus amigos no eran precisamente inmaculados, pero eran lo mejor que había en el pueblo de Dios. Por eso el dictamen del Señor fue que debían ir cautivos a Babilonia: la causa era más que todo, un pecado colectivo entre todo el pueblo de Dios. Babilonia simboliza Confusión, y es lo que hace el hombre cuando implementa sus propios planes a su propia manera. En lo económico, el hombre siempre ha querido sacar dinero de la nada y, tarde o temprano, tendrá que haber una caída en las economías que se sustentan de esa forma. En otro sentido, eso es lo que se conoce con el nombre de “Ciclo de las Economías y Negocios del Mundo”, que van para arriba y para abajo. En lo político, el hombre ha llegado a la conclusión, con su propia sabiduría, que la fuente de autoridad y poder es del pueblo, (Es decir, del ser humano), y eso produce oscilaciones de un lado al otro. La política tiende a ir como un yo-yo de izquierda a derecha, y viceversa.

En lo espiritual, cuando el hombre se cree la fuente, se fabrica una especie de homosexualismo espiritual. Hace tiempo ya que se han aprobado legislaciones en muchos países para que homosexuales y lesbianas se puedan casar, pero aunque se les conceda ese permiso, todos sabemos que nunca podrán engendrar vida, porque eso es imposible. Ese es el resultado cuando el hombre aporta al hombre y no recibe ideas y planes de Dios, pues todo queda estéril. De la misma manera, una iglesia que sea así, nunca puede engendrar vida, y lo único que puede hacer es tratar de suavizar un poco la estadía en la tierra de los seres humanos. Cuando la iglesia se mete profundamente en el humanismo, pensando que el centro de todo es la felicidad del hombre, pierde su norte, pierde su horizonte, y eso fue lo que pasó con el pueblo de Dios. Se habían desviado de tal manera que el pueblo santo resultó ser más terrible que los pueblos paganos. Se habían desviado de tal manera  que por esa causa el Señor mandó a Nabucodonosor para que arrasara Jerusalén y para que trajera a Babilonia lo mejor de ella.

Durante mucho tiempo, el pueblo de Dios contemporáneo, ha estado dentro de los estamentos babilónicos. Modernos Nabucodonosor han sojuzgado a miles y miles de creyentes fieles, sinceros, honestos y llenos de humildad y sujeción. Y esto no ha sido como castigo a nada ni porque a Dios se le ocurriera entretenerse viéndolos debatirse en esas Babilonias. Esto fue porque Dios, otra vez, decidió traer lo mejor de su pueblo y ponerlo en cautividad, con la finalidad de que ese pueblo superara una enorme prueba de carácter y saliera, en el final de la historia con todas sus luces espirituales encendidas alumbrando caminos sin transitar por parte de gente que todavía estaba militando en la máxima oscuridad de la ignorancia, el humanismo, la corrupción y la indiferencia. A ellos, como a Daniel y sus amigos, los hizo pasar por el horno de la prueba y de ese horno salieron con algunas quemaduras leves, es cierto, pero con la certeza de que nunca más iban a ser contaminados por nada que procurara imitar a Su verdadera Palabra. En tiempos en donde Babilonia está cayendo por causa de una pestilencia, esta, que si bien se muestra como una maldición que aqueja y oprime, al igual que con el cautiverio de Daniel, termina siendo de bendición, maduración y victoria.

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2002 – 22 de OCTUBRE – 2020

En este mes de Octubre pero del año 1990, el Ministerio Tiempo de Victoria nació en una emisora de radio de mi ciudad de Rosario, como sitio de enseñanza bíblica radial. El objetivo marcado por nuestro Padre celestial, era el de enseñar las bases del Evangelio del Reino, el mismo que predicó Jesús y por fuera de todas las doctrinas existentes y por existir de todas las denominaciones que la iglesia cristiana tenía y tiene, aún, en su seno. Doce años de radio y un día como hoy, 22 de Octubre, primer paso internacional en la Web. Hasta aquí hemos estado con muchos errores cometidos y algunos aciertos celebrados, con varios defectos de expresión e impacto pero con una sola virtud manifiesta en tres puntos: integridad, rectitud y respeto. Gracias a todos los que desde aquellos viejos tiempos nacionales y luego en estos internacionales, nos han acompañado con su respaldo, apoyo y oración. Ustedes conocen este trabajo nuestro tan profundamente que ya saben que el único objetivo visible y manifiesto en todo esto, es el de cumplir con la palabra de Dios y perfeccionar a los santos. Quiera el Señor que lo hayamos conseguido en el máximo porcentaje. A todos los que están allí, del otro lado de esto, mi afecto sincero y el abrazo más grande que pueda abarcar a todos los que estamos en un mismo sentir. Los bendigo. Nos seguimos encontrando. Gracias.

Nestor A. Martínez

Rosario – Argentina

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La Hora de la Espada

La palabra del día presente tiene un nombre: Elías. En la historia, un profeta. En la actualidad, una mentalidad profética. ¿Un hombre fuera de serie? ¿Una estrella del evangelio que llega para lograr la restauración del Reino? Puede ser, pero seguramente no desde las marquesinas del estrellato cristiano. Dice Santiago que aquel viejo Elías, era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, con lo que a mí me da la sensación que si hoy estuviera allí, a la vista de todos, es muy probable que no pudiéramos identificarlo. Estamos como el antiguo pueblo de Israel, esperando un Mesías. Vino el Hijo de Dios en persona y no lo reconocieron, porque esperaban esa caracterización de Hollywood que muchos cristianos todavía tienen de Jesús. Con los modernos Elías está sucediendo lo mismo. Y de su historia, podemos entresacar perlas para nuestro tiempo.

(1 Reyes 19: 1) = Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. (2) Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. (Cada vez que vea la luz un Elías, casi al unísono aparecerá un espíritu de Jezabel presto a eliminarlo, a aniquilarlo, a no permitirle ministrar. Jezabel también tiene mensajeros, predicadores de la manipulación, la seducción y la amenaza)

(3) Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. (4) Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. (5) Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. (Mira; no salió con su espada en mano llevándose por delante a todos. Fue cauto y buscó primeramente preservar su vida. Aceptó su desierto de prueba, pero eligió sentarse bajo el enebro, cuya raíz sirve para hacer carbón, y el carbón se usa para avivar y mantener el fuego. Como a muchos de nosotros le habrá sucedido, cuando estaba creyendo morir, fue cuando empezó a vivir)

(6) Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. (7) Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. (8) Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. (¿De donde recibe esa vida? Del alimento sobrenatural que llegó del cielo, no de las tortas sin sabor fabricadas en la tierra. Cuarenta días, los mismos que necesitó Jesús para superar su prueba personal y acceder al tremendo poder de Dios. Pero para llegar allí, deberás subir al monte de Dios. Aquí en el llano, eso está distorsionado por la manipulación de Jezabel)

(9) Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? (10) El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. (Mirando lo que queda a la vista de lo que fueran nuestras orgullosas iglesias, ¿No te has sentido así en estos días? ¿Y qué has hecho? Lo mismo que Elías y en su momento David: meterte en una cueva, la cueva de los anónimos, los que no son nadie, pero que para el Reino, son los enviados)

(11) El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. (12) Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. (Esta es la enseñanza clave para los miles de Elias en operaciones: jamás obedezcas voces imperativas y amenazantes. Tu Dios, que es el mío, te va a hablar por su Espíritu con voz apacible, como si fuera un delicado silbo)

(13) Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?(14) El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. (15) Y le dijo Jehová: Vé, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria.  (16) A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. (Ese es el trabajo primario y básico de todos los Elías de este tiempo: ungir gobernantes, que no significa hacer dudosas campañas políticas a su favor, sino munirlos con la gracia y el poder divino para que gobiernen con equidad y justicia, y no con ambiciones personales y corrupción: Y para dejar un legado que tomaran los Eliseos, que ya se están levantando)

(17) Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. (18) Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

¡Esa es la hora de la espada! Una espada que jamás ha perdido su filo. Una espada que siempre estuvo presta a ser usada para lo que fue enviada: para destruir a los baales, que son los falsos dioses creados por la sociedad pretendiendo suplantar al genuino, al Dios de todo poder, al único Rey del universo. Un Rey que está empezando a poblar su jurisdicción divina, su Reino, con hombres y mujeres muy parecidos a los harapientos soldados de David en Adulam. Porque lo único que puede derrumbar esos dioses que hoy vemos como atractivos y casi obligados a acudir, como son el dinero, el poder, la fama, los éxitos y los grandes negocios sucios, es el poder que emana de la Palabra de Dios, una espada infalible, vigente y eterna. De ella surgirán esos siete mil, mil por cada día utilizado para la creación, un número completo, divino, que constituirán ese remanente santo, ese ejército de tantos y tantos Elías que, destrozando tronos de manipulación, corrupción y engaño, producto de mentes influenciadas por tantos y tantas Jezabeles, definitivamente mostrarán a quien quiera verlo, un Reino basado en una calidad de Amor que trae consigo gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, y que como dice la Palabra, contra tales cosas no hay ley.

¡Ánimo! ¡Esfuérzate y sé valiente! La hora está llegando. Es tu tiempo de Elías, vívelo con todo tu ser. Para esto has sido enviada o enviado a este mundo, en este tiempo y en este lugar.

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¡No te Tapes los Oídos!

Desde el primer día en que el Señor te bendice con la enorme responsabilidad de administrar uno de sus cinco ministerios, te enfrentas con una disyuntiva que es legendaria: ¿A quien le doy mi atención, mi prioridad y mi obediencia, al Señor o a lo que me dice la gente que se nutre de ese ministerio? Supongo que cualquier creyente de mediana trayectoria, tiene su respuesta más que clara: al Señor, sin dudarlo. Pero la multitud de consejeros afectuosos que se acercan a ti, pueden mostrarse escépticos respecto a que seas tan contundente. Te dirán que puedes equilibrar entre lo que te ordena el Señor y lo que te hace resultar agradable, cercano y útil para tantos necesitados. Hay una historia que habla de esto y no es precisamente de las más predicadas o enseñadas: la historia de un tal Esteban.

El primer punto de esta historia, es la murmuración. En este caso, de los griegos, en lo actual, puede ser tranquilamente la del mundo intelectual y racional, ese que la sociedad determina como: serio, no fantasioso, no místico. Y es a partir de esa murmuración que los discípulos deciden ampliar su abanico y elegir diáconos, palabra que significa Servidores o, más en concreto. Ministros. Y entre todos los elegidos, de los que no hay historias demasiado fuertes, está Esteban. Hechos 6:8, que es donde se relata este episodio, señala que: Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Señores: esto es un ministro del Reino. Cualquier otra cosa, en el mejor de los casos, alguien con muy buenas intenciones, creciendo, madurando y siendo fiel, pero todavía en la mitad del camino de lo que se requiere.

Esa gracia y ese poder que moraba en Esteban, ¿Determinó que fuera reconocido, honrado, admirado y aclamado por el pueblo de su tiempo? No. Determinó lo que dice el verso siguiente: Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. ¿Había alguna estructura llamada Iglesia en ese tiempo? No, la única estructura visible en la que se hablaba, se enseñaba y se predicaba de Dios, era la sinagoga. Y desde su seno es que se levantaron algunos, no todos, para enfrentarse con este ilustre desconocido, anónimo atrevido que osaba salir a decir cosas que ellos, los ordenados oficialmente, no estaban diciendo. Había que silenciarlo. Ellos se encargarían que este muchacho imberbe entendiera quienes eran los que tenían mando y poder allí. Pero no lo lograron. Dice el verso 10: Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.

Listo. Asunto concluido. ¿Gran victoria de Esteban y todo el mundo a aplaudir, entonces? No, en absoluto. Porque en contrario de lo que parecería ser lo correcto para gente que ama al mismo Dios, que sería someterse a lo que revele su Espíritu Santo, ellos, los religiosos, se dispusieron a hacerle sentir el rigor de lo oficial, de lo legal, como fuera. Mira el verso 11: Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. Escucha por favor esto: gente de la sinagoga, la llamada iglesia de Dios de ese tiempo, ¡Le pagó a testigos falsos para que declararan mentiras que perjudicaran a Esteban ante la opinión pública!

Y a Esteban le ocurrió lo mismo que a Jesús. Ellos salieron y lo apresaron y lo trajeron en calidad de detenido e imputado por todas esas mentiras al concilio, que venía a ser como una especie de Tribunal, aunque no imparcial, porque les pertenecía a ellos, y donde ellos mismos decidirían la suerte que debería correr este advenedizo por atreverse a desafiarlos mostrando un rostro de Dios que no era el que ellos le habían dibujado al pueblo. No podían permitirlo, sentaría un peligroso precedente. Había que eliminarlo de raíz. Jesús, en similar situación, eligió el silencio, hace muy pocos días hablábamos de esto. Con una coherencia que nos estremece por su precisión, el Espíritu Santo trae hoy la otra cara de esta misma moneda: Esteban. Él eligió hablar, explicar, predicar, mostrar, proclamar, salir a presentar batalla, aún sabiendo que estaba en terreno enemigo.

Y lo acusaron con una estrategia basada en mentiras que nadie se tomaba el trabajo de comprobar. Ellos eran la autoridad y a la autoridad se le cree sin dudar nada. Pero, aun asfixiándolo con esas acusaciones, no pudieron evitar empalidecer cuando vieron resplandecer su rostro como el de un ángel. Tanto que uno de los principales sacerdotes se conmovió y no pudo evitar preguntar si realmente las cosas no serían como estaba diciendo ese muchacho. Ese breve lapso de dudas, le dio la posibilidad a Esteban de poder predicar uno de los mensajes más claros y contundentes que trae la Biblia en todo su contexto. Cuando terminó esa tremenda confrontación, nutrida de verdad y unción, lo natural en gente que ama a Dios hubiera sido el arrepentimiento, pero ellos no hicieron eso. Por el contrario, dice que Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.

Es decir que no hay un método humano capaz de lograr que un ciego espiritual vea una verdad clara como el agua. Jesús hizo silencio, terminó en la cruz. Y no por causa de los romanos, ellos fueron sólo sus ejecutores. Por causa de sus propios “hermanos” de la sinagoga. Aquí, Esteban eligió jugarse y hablar, pero el resultado fue el mismo. En un momento dado, relata Hechos 7:57: Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. ¿Estás viendo? ¡¡¡Se taparon los oídos!!! ¿Quieres un acto más necio, vil y cobarde que ese? El resto de la historia tú la conoces, porque de eso si se ha predicado, pero como homenaje a la fidelidad de Esteban, aunque sin referirse demasiado a los que lo ejecutaron. Porque Esteban, dice el verso 55: vio la gloria de Dios, y todos sabemos que esa gloria solamente es visible cuando entras en Su Reino. Terminó pidiendo al cielo que se perdonara a sus asesinos, entre los que –oh rara paradoja divina-, se encontraba un tal Saulo de Tarso…

¿Cuántos Esteban habrá hoy en el mundo? Porque Jesús hubo uno solo, pero el legado que Él dejó, se derramó sobre muchos. Y esos muchos diáconos modernos, servidores, ministros, están levantando sus voces para hacerle saber al mundo instruido en religión y teología, que hay un Reino que se glorifica en hombres capaces de lograr que sus rostros resplandezcan como los de los ángeles. ¿Conoces alguno así donde resides? ¿Se lo está escuchando? ¿Se está poniendo por obra todo lo que dice, predica y enseña o solamente es una especie de entretenimiento espiritual en días donde no se puede hacer otra cosa? Eres libre de tomarlo como quieras y desees hacerlo. Tienes una voluntad que te fue dada y se te respetará hagas lo que hagas y decidas lo que decidas. Sólo es mi deber, hoy, como simple ministro del Señor, recordarte que mientras el rol de Esteban fue de victoria, el de Saulo de Tarso, allí, fue de condenación. Pablo, luego, se encargaría de poner toda su vida al servicio de ese Reino que predicaba Esteban, como precio a pagar por haber sido uno de los que ayudó a acallar su voz redentora.

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Tiempo de Buscarme: ¿Vienes?

Hay una pregunta que quedó pendiente, en los aires, en la dimensión del espíritu y casi colgada de la nada y que aparentemente resultaba una incógnita, un dilema sin resolver: ¿Habrá un después? Dios sigue hablando. Todo aquel que tenga oídos para oír, que oiga lo que el Espíritu dice a la iglesia. ¿Qué iglesia? Tú, tú eres iglesia. No tienes nombre ni apellido de que vives, pero vives. Pero ya sabes que de todo lo que tiene nombre de que vive, algo a veces puede estar muerto. Habrá un después. Está guardado en el legendario y profético libro de Isaías, siempre presente a la hora de encontrar revelación.

(Isaías 55: 1-3) = A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David.

¿Quiénes son los sedientos? Los que necesitan salir de sus rutinas, costumbres y tradiciones y venir a Cristo. De eso hablaba Juan cuando dijo que si alguno tenía sed que fuera a Él y bebiera. ¿Ricos? ¿Pobres? Son iguales en esta ocasión. Hay sucesos que igualan a la gente, la reducen a una sola y única necesidad: agua de vida. No necesitas dinero para obtener tu alimento espiritual y  tu revelación fresca; leche y vino. La invitación está llegando de parte de Dios mismo, en el exacto momento en que no existe lugar físico alguno que esté invitando a algo. El Señor está buscando a los sedientos, pero sólo a los sedientos. Y les promete que se deleitará y vivirá su alma. El hombre es un espíritu, pero la que disfruta de esta vida terrenal, es su alma, y lo comparte con el cuerpo. Sólo tiene que responder afirmativamente a esta invitación y venir, pero para hacerlo dice que deberá inclinar su oído. ¿Sabes lo que esto significa? Escuchar a alguien que en todos los niveles está por debajo de ti. Alguien a quien en otro tiempo y momento, ni siquiera le hubieras prestado atención. Es un nuevo tiempo de pacto, ha dicho el Señor. Es tiempo de Reino, y al Reino lo hemos estado viendo como por espejo, es decir; entre otras cosas, invertido, al revés. Lo malo era bueno, lo bueno era malo.

(Versos 4-6) = He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tú Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado. Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.

Este llamado, esta invitación, es muy puntual y específica. Gente que será testigo es la que está llegando. No conoces a nadie, nadie te conoce a ti, pero al igual que en los días de Noé, el arca se va poblando sin que una raza conozca a la otra. Habrá una señal y tú sabrás que esa es la señal. Y ese será el tiempo de buscar a Dios, mientras Él pueda ser hallado. Invocarlo, mientras su oído está lo suficientemente cercano a ti para oírte. ¿Sólo eso será necesario? No, hay más.

(Versos 7-9) = Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

La orden es clara si es que en ese después quieres estar donde Él está. Deja de pensar por ti mismo. Deja de poner en práctica tus brillantes ideas y entiende que son sus pensamientos los que te llevarán alto y lejos. Y que si tienes causas pendientes de perdón, lo encontrarás. Porque la mente de Dios trabaja con valores y principios distintos a nuestra mente y sus pensamientos nos llevan años luz de ventaja. Cuesta entenderlo, pero es así.

(Versos 10-13) =  Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.

Este es el después. Los sedientos vendrán a buscar saciarse y lo harán, gratis, sin gastar un solo centavo. Y los que tienen dinero, lo seguirán gastando en todos los deleites y placeres existentes sobre la tierra, pero su vacío interior jamás podrá ser llenado ni su sed saciada. Frustración, vacío, depresión, miedo. Ese será el después de quienes eligieron la política, la ciencia, la filosofía, o las prácticas ocultistas. Sentirán decepción porque no encontrarán ningún tesoro en el final de su arco iris. Cada uno de sus triunfos se terminará extinguiendo. Sus tremendas necesidades y deseos interiores irán más allá de su aparente autosuficiencia. Esa será la verdadera separación de lo verdadero de lo falso. No podrán estos ir a buscar el agua de vida sencillamente porque no tendrán sed. Si no tienes pasión, no hay amor. Si no tienes sed, no hay agua.

¿Y qué ofrecerá nuestro Dios? Agua que da vida, leche que alimenta y vino que revela. Solamente los sedientos tendrán un después. Y no necesitarán de ese dinero que todo este tembladeral se habrá llevado, simplemente traerán su confianza y su fe, y recibirán lo que Dios tiene para darles. La invitación es clara, la oferta está hecha, la proposición está en marcha y todo está disponible. Pero nosotros tenemos que hacer algunas cosas que pareceríamos haber olvidado: 1) Oír atentamente. 2) Comer del bien 3) Deleitar nuestra alma con grosura. 4) Inclinar nuestro oído al que trae el Renuevo, el que no tiene genealogía ni curriculum, el que no tiene promoción ni estrellato. Una vez más, el que llega según el orden de Melquisedec.

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¿Cómo Salgo de Esto?

En mis primeros años de creyente, recuerdo que me aterrorizaba escuchar predicar sobre el juicio de Dios. Todavía tenía en mi disco rígido cerebral varios archivos confeccionados en base a programas de la que fuera durante mucho tiempo la religión oficial de Sudamérica: un Dios severo, lindando con cruel y casi gozoso de encontrarte en un pecado, por insignificante que fuera, para hacer desplomar sobre ti todo su poderío y reducirte a nada. Más adelante, cuando empecé a conocer a mi Dios y a tener cierta intimidad con Él, aprendí que juicio es simplemente separar lo verdadero de lo falso, y que es precisamente lo que mi Dios nos ha dicho que hará cuando llegue el momento, empezando por su casa. Los veintitrés versos del Salmo 50, nos hablan de esa instancia, y creo que nunca más oportuno y necesario recorrerlo y ver qué nos dice a cada uno.

1 – Salmo de Asaf. El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, y convocado la tierra, Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. (Cada nombre que se le da a Dios, tiene aquí su propia fuerza en significado; poderoso, majestuoso, Dios de dioses. El salmista se refiere a Dios en términos de una máxima majestad)

2 – De Sion, perfección de hermosura, Dios ha resplandecido.

3 – Vendrá nuestro Dios, y no callará; Fuego consumirá delante de él, Y tempestad poderosa le rodeará. (Fuego. ¿Recuerdas su venida al Monte Sinaí? Durante mucho tiempo se relacionó tempestad con desastre climático. Hoy sabemos que no necesariamente significa eso. Hay una tempestad que hace temblar toda la tierra)

4 – Convocará a los cielos de arriba, Y a la tierra, para juzgar a su pueblo. (Aquí lo tienes con absoluta claridad. No es un juicio contra las naciones impías, ni contra los sistemas seculares, ni contra los personeros de Satanás. Es un juicio contra Su pueblo. Piensa: ¿Eres tú parte de Su pueblo?

5 – Juntadme mis santos, Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. 6 – Y los cielos declararán su justicia, Porque Dios es el juez. Selah (Aquí se reafirma lo dicho anteriormente: el juicio comienza por su casa, comienza con sus santos. Te recuerdo que santo, significa apartado, separado para servir. Ellos son los que tenían pacto con Él. Así lo vemos en 1 Pedro 4:17: Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (Pedro está confirmando lo dicho desde el principio. Eso está vigente. La Gracia no modificó la palabra profética.)

7 – Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo. 8. No te reprenderé por tus sacrificios, Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí. 9. No tomaré de tu casa becerros, Ni machos cabríos de tus apriscos. 10. Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados. (Escucha; cuando Dios trata así con Su pueblo, a menudo lo hace delante de un mundo que lo observa con suma atención. La tierra entera es su audiencia. Los creyentes no enfrentarán un juicio para su destino eterno; ellos han confiado en Jesús y su obra para con ellos y son salvos. Sin embargo, sí enfrentarán lo que Pablo llamó El Tribunal de Cristo, y sus obras y sus motivaciones serán juzgadas. No importa cuánto haces, importa por qué y para quien lo haces.)

11 – Conozco a todas las aves de los montes, Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. 12. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud. (¿Se imaginan los hombres que el Señor necesita estandartes y música, e incienso y lino fino? Si así fuera, las estrellas engalanarían su estandarte, los vientos y las olas se convertirían en su orquesta y diez mil veces, diez mil flores, exhalarían perfume, la nieve sería su lino fino y el arco iris su canto. Las nubes de luz, su manto. Alguien dijo con mucho acierto alguna vez: “¡¡Oh necios!! ¡Adoran, y no saben qué!” Toda la tierra es de Él, Él la creó, Él es Su dueño.)

13 – ¿He de comer yo carne de toros, O de beber sangre de machos cabríos? 14. Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo; 15. E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás. (Dios prefiere la oración de un corazón quebrantado, al servicio más fino y elegante jamás ejecutado por sacerdotes y coros.)

16 – Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca? 17. Pues tú aborreces la corrección, Y echas a tu espalda mis palabras. 18. Si veías al ladrón, tú corrías con él, Y con los adúlteros era tu parte. 19. Tu boca metías en mal, Y tu lengua componía engaño. 20. Tomabas asiento, y hablabas contra tu hermano; Contra el hijo de tu madre ponías infamia. 21. Estas cosas hiciste, y yo he callado; Pensabas que de cierto sería yo como tú; Pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos. 22. Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, No sea que os despedace, y no haya quien os libre.

Olvida aquel pueblo al que literalmente se refiere el salmo. Viaja en el espacio-tiempo hasta este hoy que te está abrumando, confundiendo y desorientando. Ya no interesa cuándo y cómo, lo que interesa es el que. Y el qué está delineado con absoluta claridad en estos últimos siete versos. Tráelos a este hoy y estarás frente al juicio de Dios sobre su casa, como estaba escrito. Como siempre fue, como muy pocos creyeron. Como muchos menos se están dando cuenta, todavía. La pregunta surge automática de miles y miles de labios temblorosos de quebranto y arrepentimiento. ¿Cómo salgo de esto? ¿Cómo me libero de este mal? El último verso tiene la y tu respuesta.

23 – El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios.

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Permanecer Permaneciendo

El comentario, la pregunta, la necesidad de saber, vino de cualquier parte, no interesa el autor, el gestor o la motivación. Y fue así: “He estado escuchando a…(Cuatro nombres de gente muy valiosa en el evangelio) y siguen predicando, enseñando y hablando de cosas importantes que es bueno saber, pero ninguno de ellos supo, quiso o pudo decirme qué es lo que en realidad está sucediendo hoy, con todo esto del coronavirus y todas sus consecuencias. ¿Lo sabe usted?” No, pero el Espíritu Santo sí.

(Juan 6: 27) = Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.

Quiero que leas este mismo texto en dos versiones bíblicas distintas. La de Lenguaje Actual, dice: No se preocupen tanto por la comida que se acaba, sino por la comida que dura y que da vida eterna. Esa es la comida que yo, el Hijo del hombre, les daré, y ya Dios mi Padre les ha mostrado que yo tengo autoridad. Mientras que la Biblia Textual, que traduce directamente de los originales al español, lo muestra así:  ¡Trabajad!, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a Éste selló Dios el Padre.

La palabra griega que aquí se traduce como Permanecer, se puede dividir en tres aspectos: lugar, tiempo y condición. En cuanto a Lugar, su significado es quedarse como huésped, alojar, mantener una comunión ininterrumpida. Con relación a Tiempo, su sentido es continuar siendo, resistir, sobrevivir. Y respecto a Condición, indica que uno Permanece tal como uno es. Esta palabra Permanecer fue muy usada por el apóstol Juan. Cristo, en el camino a Getsemaní, enseñó a sus discípulos la necesidad imperiosa de Permanecer en Él, usando la figura de la vid y los pámpanos.

La unión orgánica y biológica con el tronco, para los pámpanos, significa Vida. Es la unión fundamental que debe existir entre Cristo y los creyentes. Es un imperativo divino cuando Jesús dice; Permaneced en mí. Claro que existe una diferencia entre el orden natural y el espiritual. Los pámpanos naturales no ejercitan su propia voluntad para escoger si permanecen o no en la vid, o si mueren. Pero en el sentido espiritual si hay un definido acto de la voluntad por parte de los discípulos. Es el sentido de la urgencia.

Esto le muestra a cualquier discípulo que él es responsable. La afirmación de Jesús es verdadera, en Él hay fructificación, pero fuera de Él, sólo hay infructuosidad. El Maestro no solo sustenta la Vida, sino también es la Fuente de Vida. Juan habla de estar en Él… Estamos en Él, dice… Permanecemos en comunión ininterrumpida con Él. También nos dice que debemos trabajar por la comida que a vida eterna permanece. Y eso es sumamente importante y clave, porque nos está diciendo que la comida no es algo que nos llega sin que hagamos nada, sino que es un verdadero trabajo encontrarla, no viene como algo espontáneo, tiene que haber un esfuerzo.

El Señor sabe que el vínculo que nos une al Cielo no es físico, pues Dios es Espíritu. Esto es vivir la vida para atesorar a Cristo como único sustento. Esto es trabajar por el alimento que Permanece para vida eterna. Es vivir luchando para que nada nos distraiga de encontrar en Cristo la Fuente de Vida verdadera. Es lograr someter por ese trabajo, cada cosa que no sea un fin en sí misma. Este principio debe consumirlo todo. Es no dejar que nada nos nuble la visión de Cristo como única Justicia. Nuestra ancla como vida eterna, como nuestro pastor, sacerdote y profeta.

Pregunto: ¿Alguna vez te detuviste a analizar y masticar esa palabra Permanecer? Es importante que lo hagas. Estamos en un tiempo muy especial donde Señor nos está llamando a una comunión muy íntima y personal. Tenemos que saber discernir los tiempos y Sus tiempos. Es un tiempo que algunos que conocen bien los significados, podrían llamar Tiempo de Juicio y no se equivocarían, porque indudablemente que todo esto está separando lo verdadero de lo falso con una precisión milimétrica, sin errores. Y esa perfección solamente puede tener un origen y un motivo: que definitivamente. El Reino de los Cielos se ha acercado. Eso está sucediendo.

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¿Qué es Esto?

Cuando Moisés saca a su pueblo de la tierra de Egipto, los hijos de Israel murmuraron contra él y contra Aarón, y decían: ¡Ojalá hubiéramos muerto por la mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando comíamos carne y nos saciábamos de pan. En este desierto vamos a morir de hambre! Jehová los escucha y responde en Éxodo 16:4: Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.

Entonces aparece el maná, o sea el sustituto del pan, era una cosa menuda, redonda como una escarcha sobre la tierra. Pero el pueblo era rebelde y codicioso, prefería Egipto y su comida, sin entender que allí eran prisioneros, eran esclavos y donde los llevaba Dios era la libertad y la dependencia exclusiva de su Dios, su Señor.

No supieron ver ni agradecer. Para caminar con Dios hay que ver cada detalle, cada cosa que nos haga abrir nuestros ojos espirituales y confiar. Él es un Dios de detalles, de pequeñeces, que a veces pasamos por alto, y también es exquisito, nos cuida como a la niña de sus ojos. Al pueblo no le bastó su maná, querían carne.

Antes que viniera el milagro, Dios responde a Moisés diciendo: ¿Acaso se ha cortado la mano de Jehová? ¡Ahora verás si se cumple mi palabra o no! Leyendo esto surge la necesaria pregunta: ¿Se cumple su Palabra hoy en tu vida?

Entonces les hizo soplar un viento muy fuerte que trajera codornices y cuando ellas dejaban de volar por ese viento fuerte que no podían, caían y morían en tierra. Moisés no lo podía creer, eran muchísimos en número, ¿Cómo iba a alimentarlos? Dios dejó las codornices sobre el campamento, un día de camino a un lado, y un día de camino al otro. El pueblo levantó todo el día y toda la noche, y todo el día siguiente.

¿Qué es esto? Eso fue lo que dijeron los israelitas cuando vieron la provisión de Dios. Venía acompañado de algunas instrucciones importantes. Pero, a pesar de la claridad de las instrucciones, ellos no obedecieron a Moisés.

Más allá del alimento físico, la mayor necesidad que tiene el hombre en esta vida en medio del desierto, es una relación íntima que dependa de Él. Necesitamos saber que Él es el Señor y debemos conocer que Él es nuestro Dios. Pero eso sólo es posible teniendo intimidad con Él, es decir: Conocerlo. Y no existe intimidad si antes no hay pasión. ¿Crees tú tener pasión por tu Dios?

Esa fue la razón por la cual Dios llevó a Israel al desierto y no directamente a la tierra prometida. Él les dice: Te acordarás de todo este camino por donde el Señor tu Dios te ha traído por el desierto, para humillarte, probándote a fin de saber lo que había en tu corazón. Piensa. ¿No estará tu Dios, hoy, haciendo lo mismo contigo?

Él es un Dios que te escucha, que cubre tus necesidades, pero también que te hace crecer y madurar si estás abierto a Su Espíritu y entiendes esa lección, para poder pasar a otro nivel de aprendizaje. El que crea que en el Reino de los Cielos no hay niveles, todavía no salió de su zona de confort.

Las diez plagas de Egipto fueron movidas por el dedo de Dios. Y es aquí donde Él dice: ¿Acaso se ha acortado mi mano? Imagínate lo que puede haber en su mano. ¿Puedes imaginarte lo que cobija y sostiene nada menos que la mano de Dios? Y mucho más si tienes en claro que decir Mano, equivale a decir Poder, Potestad, todo aquello que me temo que todavía falta en tu vida.

Tómalo. Pasa tu desierto, vive tu necesaria humillación y sal con fortaleza de esto que es para tu bendición. Dios te ama, y a veces te lo demuestra sacudiendo un poco tus perezas y tus apatías. Es mejor ser sacudido por nuestro Dios porque te ama, que olvidado y abandonado a nuestra propia sabiduría humana, porque Él respetará siempre nuestra Voluntad. Aunque te siga amando y se entristezca por ti.

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¿Cómo Predicarán sin Ser Enviados?

Primero vamos a establecer algo que nadie o muy pocos podrán dejar de ver: de cada diez creyentes, por lo menos cinco, creen que tienen algo para decir o, en su defecto, capacidades o condiciones como para hacerlo. Entonces hacen lo más usual y corriente: soñar con ser predicadores.

Segundo: cuando las congregaciones designan a sus predicadores, (Al margen de cuando éstos son sus pastores, ancianos o líderes principales), generalmente tienen en cuenta una premisa: tiene que ser gente con conocimiento y que se encuentre probadamente capacitada para la tarea.

Pero donde hay una masiva coincidencia en el pueblo de Dios, es en que la iglesia que viene, la que yo llamaría del Tercer Milenio, tendrá que modificar unas cuantas características de la actual, ya que pese a las tradiciones, costumbres, rutinas y metodologías a la que tan aferrados estamos, no han arrojado todavía el resultado que Dios quiere.

El pueblo, -la verdad sea dicha-, no ha cumplido con la Gran Comisión y eso, en contra de lo que muchos todavía suponen, no es una responsabilidad unilateral del llamado liderazgo eclesiástico. No hay indicios bíblicos de que uno de los cinco ministerios sobre los que se edifica la iglesia, tenga que sobrellevar todo el peso de la gestión. La responsabilidad ante Dios, es de la iglesia. O sea: mía. Y también tuya, ¿Estamos?

Y ante esa circunstancia, la predicación profética del evangelio, adquiere una relevancia singular y superlativa. ¿Quiénes serán y como deberán ser, entonces, los predicadores del Tercer Milenio? A la respuesta no hay que esperarla del cielo como por arte de magia; la respuesta ya está en la Biblia desde que la Biblia fue escrita en los antiguos rollos. Lo único que debe hacer el pueblo para encontrar esa respuesta, hoy, es ir a buscarla.

Tenemos un extenso texto en los capítulos segundo y tercero del libro del profeta Ezequiel que nos muestra una serie de condiciones y hechos que, en lo literal e histórico, corresponden al llamado al servicio de Ezequiel, pero que en lo tipológico y simbólico, presentan un parentesco tan cercano a la actualidad que nadie puede ya poner en duda que la Biblia es rica en todo terreno, no sólo en los que hemos estudiado.

(Ezequiel 2: 1) = Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo. 

¿Te fijaste en esa actitud que a veces tenemos las personas, que nos lleva a ponernos de pie simplemente como símbolo de respeto para con alguien? Bueno; así parece ser esta expresión. Ponte sobre tus pies, le dice. Eso es todo. Es como si le dijera: mira; párate sobre tus pies porque vas a hablar conmigo, ¡¡no con ningún mortal!! Daniel tiene una visión, que él relata pormenorizadamente en el capítulo 10 de su libro, y puntualiza que cuando esa visión, (Que en realidad es un ángel), le señala que esté atento a sus palabras, le añade que se ponga de pie, cosa que Daniel hace, -según lo relata él mismo-, temblando.

(2) Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba. 

La gran clave, aquí, es que el Espíritu de Dios entró en él y lo preparó para la tarea. Lo afirmó sobre sus pies, es decir, le otorgó seguridad. Aunque la revelación profética se presente simbólicamente por medio de visiones, señales, parábolas y oratoria humana, Ezequiel de todos modos, las considera fruto del poder y la autoridad del Espíritu Santo. Se ofrecen numerosas referencias al Espíritu de Dios, tanto en el mismo libro como en el de Daniel, (Siempre relacionado con afirmar los pies, o sea: con dar sustento firme a las bases), que muy bien se podría caracterizar al libro de Ezequiel como los hechos del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento.

(3) Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. 

Mira; la clave está en la expresión yo te envío. No te está diciendo “quiero que vayas”, o tal vez “Me parecería bien que fueras”, o quizás “Si quieres, ve” No. Dice YO TE ENVIO. Sin sugerencia ni espacio alguno como para el análisis o las evaluaciones personales. Con un único margen que es muy del Reino: obedecer. Con respecto al calificativo de gentes rebeldes utilizado aquí, hay que señalar que Ezequiel, como muchos de los profetas que le antecedieron, enfrentaba una difícil tarea, porque la gente se había rebelado en contra de Dios. En el verso 4, va a corroborar por repetición ese envío y va a esclarecer los principios fundamentales del mandato.

(4) Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. 

Aquí hay de parte de Dios para con Ezequiel una enseñanza de cómo debe hablar en su nombre. Y presta atención a otro detalle que también es vital. No le dice que deberá hablarle a personas del mundo secular o incrédulo, o sea a gente inconversa. Le dice que deberá hablarles a hijos de duro rostro (Esto es: desobedientes) y de empedernido corazón, (Que podríamos especificar como porfiados, tercos, obstinados). Esa es la tarea del profeta y predicador.

(5) Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos. 

Creo que el tema aquí está bastante más que claro. Escuchen o no escuchen, ese no es tu problema. La palabra tiene que ser hablada. Si ellos la escuchan, gloria a Dios y espectacular por donde se lo mire. Si no la escuchan, lo lamentamos mucho, se la pierden. Si la obedecen, eso será maravilloso y tendrá consecuencias magistrales. Si no la obedecen, venga lo que venga, será mucho peor para ellos. Si la creen, se salvarán. Si no la quieren creer, sea por la razón que sea, se perderán. Pero atención con esto: la escuchen o no, la crean o no, la obedezcan o no, siempre van a tener muy en claro que es palabra profética que viene de Dios a través de alguien a quien Dios mismo habrá enviado.

(6) Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde. 

Creo que están saltando delante de tu vista las dos palabras que son una especie de salvoconducto o llave de ingreso a todo este mover de la predicación. Esas dos palabras son NO TEMAS. Tendré que decirte que es muy frecuente que todo predicador, ante un mensaje que presiente será muy duro en cuanto a la exhortación o a la destrucción de ciertas “vacas sagradas” de la tradición, puede que evidencie cierto temor a la reacción que sus oyentes puedan evidenciar y a lo que luego, a partir de esa reacción, pueda sobrevenir o desatarse.

¿Acaso me habrán de entender? ¿Es que será posible que ellos puedan verlo como yo lo veo, Señor? ¿No se ofenderán? ¿No se pondrán de pie y vendrán hasta este púlpito a sacarme a puntapiés? ¿No me acusarán, como les ha ocurrido a tantos y tantos, de blasfemo o de hereje, o incluso de lo peor, de anatema? ¿No me prohibirán estrictamente volver a predicar? ¿No me disciplinarán los ancianos de mi denominación y terminarán expulsándome de la iglesia? ¿No me granjearé al decir todo esto, la antipatía de mis hermanos? Mira; lo peor que podría acarrear esta clase de temor, esta especie de duda existencial, sería que busquemos atenuar el efecto de esa exhortación o de esa revelación, buscando adornarlas con palabras elegantes, dulces y almibaradas. Escucha mi hermano: no es tiempo de palabras dulces, ¡¡¡Es tiempo de predicar un evangelio total y absolutamente limpio de polvo y paja mundana!!!

En el libro del profeta Jeremías, podemos leer que en el capítulo 1 y verso 17, se nos dice que si tememos, Dios nos hará quebrantar delante de ellos. Pero que si en cambio de eso decidimos no temer, entonces los quebrantados serán ellos. Dice el otro gran profeta que es Isaías, en el capítulo 9 y verso 18 de su libro, que Serán alzados como remolinos de humo. Y como si todo esto no fuera suficiente, lo va a rematar Miqueas, cuando en el capítulo 7 y verso 4 de su libro, concluye asegurando que Ahora será su confusión.

(7) Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes. 

O sea que te queda claro: el mandato es hablar. No importa si te escuchan o no te escuchan. No importa si se lo creen o no se lo creen. No importa que rostro pongan ni qué reacción tengan. De cualquier modo, el mandato es hablar. Y cuando aquí se señala que son muy rebeldes, te está mostrando claramente el o los destinatarios de tu mensaje. Todos sabemos que el mundo, aunque generalmente se presente de manera rimbombante y con un aura de inteligencia y capacidad, en realidad es ignorante; en esto es total y absolutamente ignorante. No sólo eso, encima desconoce la verdad y, por lo tanto, muy mal se podrían rebelar en contra  de lo que no conocen.

Quien se rebela, aprende, lo hace ante una verdad que no quiere aceptar, pero que en su ser íntimo sabe que es absoluta verdad. Y eso, créeme, encaja mucho más con el llamado pueblo de Dios que con el mundo incrédulo. O, si lo prefieres  más actualizado, encaja mucho más con el mundo religioso que con el ateísmo. Si me preguntas con cuál de los dos me quedo, creo que vas a sorprenderte con mi respuesta. ¡Con el ateo! Porque el ateo, un día le son abiertos sus ojos espirituales y puede ver, y pasa de helado a hirviendo. En cambio el religioso tiene mucho más que ver con el tibio, ¿Recuerdas?

(8) Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy. 

Esto, indudablemente tiene que ver con una costumbre bastante arraigada entre nosotros, que es la de hablar siempre o casi siempre a partir de nuestras propias ideas, de nuestra propia adaptación y con nuestra propia y particular sabiduría humana. El mandato, hermano que piensas predicar, es que primero te detengas todo el tiempo que sea necesario para oír lo que dios te habla, y que luego, sencillamente y sin aspavientos, te limites a repetirlo.

En un mensaje, que es como normalmente denominamos a nuestras predicaciones, y aún en contra de lo que se estila por algo que llamamos ética, no hay copyright. Es decir que no existe en esto ninguna clase de derechos de autor. El autor de tu mensaje siempre es y será el Espíritu Santo. Nosotros, se cual fuere nuestro nombre, nuestro prestigio, nuestra fama o nuestra calidad, solamente podemos ser canales más o menos útiles. Si se nos ocurriera negar esta realidad y decidiéramos atribuirnos la autoría, estaríamos declarando públicamente que nuestra unción proviene de nuestra propia mente y no del Espíritu, y allí sí habría que convenir que hay derechos de autor. Lo que no habrá, de eso no tengas dudas, será vida en ese mensaje.

(9) Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro. 

(10) Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones y ayes.

Permíteme una leve acotación al margen. Tú ya sabes, si es que has estudiado algo de teología elemental, que los rollos más antiguos estaban escritos solamente de un lado, esto es, de una sola cara. En este caso específico, que te dice que estaba escrito por delante y por detrás, está indicándote que ese mensaje era muy extenso y que por ese motivo no mostraba espacios para que el profeta pudiera incorporar –como era de uso-, observaciones propias.

Un excelente modelo, si quieres verlo así, de lo que hoy debería ser tu bosquejo, tu mensaje. Las endechas, lamentaciones y ayes eran los temas favoritos de Ezequiel, en este caso concreto, antes de la destrucción de Jerusalén, y todavía lo sigue siendo en todos aquellos que prefieren adherir al lamento de una sociedad que se cae a pedazos, en lugar de la firme y transparente proposición de un evangelio que crece y comienza a reinar.

(Ezequiel 3: 1) = Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. 

La cultura de ese tiempo determinaba que a los niños se les debía hacer probar pequeños trozos de material de rollos mezclados con miel, para que empezaran a relacionar la bendita Palabra con la dulzura. Sin embargo, la tipología de comer, aquí, implica alimento, pero hace al abecé de cualquier predicador: primero deberá asimilar bien el mensaje, luego deberá internalizarlo, como implantó decir la ciencia de la psicología, y luego, una vez convertido en rhema en tu vida personal, (Esto es, revelación), entonces recién comunicarlo al pueblo.

(2) Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. 

(3) Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel.

(4) Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.

(5) Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de lengua difícil, sino a la casa de Israel. 

(6) No a muchos pueblos de habla profunda ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oyeran. 

(7) Más la casa de Israel no te querrá oír, porque no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón. 

Primer punto del bosquejo y nada superficial: Dios conoce a su pueblo. Sabe que no está demasiado dispuesto a oírlo a Él y, por lo tanto, tampoco a los que auténticamente vienen en Su nombre. La casa de Israel no te querrá oír, les dice. Pregunto: ¿Cuántas veces has visto esa misma actitud desde tu propio púlpito o plataforma donde predicas habitualmente o, caso especial, fuiste invitado a hacerlo? No es por tu culpa, quédate tranquilo. Es Él y la profunda mella que hace Su palabra.

La casa, (Aquí es la iglesia), dice que es dura de frente, y habrá que aclarar que la frente, en este caso, simbolizaba la mente, el intelecto, el razonamiento humano prevaleciendo por sobre la promesa de Dios. Y dice que también es obstinada de corazón. Fíjate que la obstinación es una actitud de la voluntad humana, y la voluntad, precisamente, está alojada en el alma, (que en su modismo era llamada “corazón”), y no en el espíritu.

(8) He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes. 

Observa un detalle que a primera lectura puede parecer leve, pero que en el sentido estricto del tema, de ninguna manera lo es. Aquí no está diciéndote de manera voluntarista que eres fuerte. Aquí te está asegurando que, confiando y creyendo, Él es el que te hace fuerte. Fuerte en autoridad y en mentalidad.

(9) Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde. 

(10) Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos. 

Deberás inexorablemente tomar en tu corazón, primero, todas sus palabras. Todas, sin perderte ninguna. Primero deberás oírlas tal como son, sin que las hagas pasar por ningún filtro denominacional o doctrinario grupal. Luego deberás aprender, en medio de todo eso, a oír a Dios mismo. Y luego sí, recién después que las tengas asumidas con claridad, puedes salir y predicarlas.

(Verso 12) = Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de gran estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar. 

Fíjate que a este buen profeta llamado Ezequiel, no vino un día una prestigiosa junta de teólogos notables, cabezones históricos de una denominación histórica y tradicional y lo levantó luego de profundos estudios y sesudos exámenes. ¡A Ezequiel lo levantó el Espíritu! Es tan simple que preocupa su simplicidad en un ambiente donde todo parecería ser muy intrincado. Dios es simple. Eres o no eres.

(13) Oí también el sonido de las alas de los seres vivientes que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de gran estruendo. 

Presta atención a este simple detalle: Ezequiel no escuchó el sabio y preparado consejo de hombres experimentados y duchos. Tampoco leyó a excelsos comentaristas o teólogos de altísimo prestigio, propietarios de tesis de pronunciado respeto entre las autoridades religiosas de su tiempo. Ezequiel, simplemente oyó a los ángeles.

(14) Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó; y fui en amargura, en la indignación de mi espíritu, pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí. 

Aquí vemos que el profeta Ezequiel, con sus ojos carnales cargados de limitaciones temporales, primeramente se amargó notoriamente, y hasta se inflamó en santa indignación más tarde, por tener que cumplir la tarea para la cual había sido levantado. Sin embargo y pese a todo lo que giraba en su derredor, privó su obediencia ante lo que él mismo rotulara como Mano Fuerte de Dios.

(15) Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río Quebar, y me senté donde ellos estaban sentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos.

Es notable cómo, de una clara amargura y alta indignación de un sobrecargado Ezequiel sin visión eterna, todavía, el profeta pasa a un grado de estupor, a un bloqueo mental y a una incapacidad física y mental de reacción. A eso, de la única manera que podemos llamarlo, es estar atónito. Me ha tocado estar atónito en muchas ocasiones, pero de todas maneras, no puedo ni siquiera imaginarme estarlo por espacio de una semana.

(16) Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: (17) Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. 

Observa cómo se desarrollan los acontecimientos. Dios le deja una semana completa a Ezequiel para que el profeta se haga todas las películas habidas y por haber en su mente. Y cuando ya daba la sensación que Dios se había olvidado de él, (¿Cuántas veces habremos pensado lo mismo en algo nuestro?), viene y le anuncia su nueva categoría. Le dice que lo ha ascendido a Atalaya. Un atalaya es algo así como un vigilante, un guardia, una especie de vigía del pueblo que llega con un mandato clarísimo: amonestar a ese pueblo con las palabras que Dios mismo ponga en su boca.

(18) Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.

Indudablemente que son muchos, hoy, los que desean predicar, y si es posible, a multitudes o por la televisión. Si eso es de Dios o de la carne, es otra historia que también merecerá ser contada. Hay otros tantos que desean pastorear, profetizar o enseñar y, con relación a eso, le piden, le claman poder a Dios para ejercerlo. Fíjate que no siempre tienen en cuenta lo que aquí estamos observando: la demanda de Dios.

(Verso 22) = Vino allí la mano de Jehová sobre mí, y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo.

Tengo la idea de que aquí se terminaron todas las dudas, el ostracismo, las fantasías y hasta las especulaciones. Dios parece decir: ¡Arriba, Ezequiel! ¡Levántate, sal y cumple con lo que te ordené! Y cuando Ezequiel lo mira confundido porque se siente muy poca cosa para hacer algo para ese Dios tremendo y majestuoso, el propio Dios lo va a sacar de su error. Lo mira a los ojos, lo sacude por los hombros y le dice: ¡Sal! ¡Ahí está el mundo esperando mi palabra a través de tu boca! Clarísimo. MI palabra, a través de TU boca. No eres tú, Eze; soy yo. ¿Te imaginas con qué ganas y a qué velocidad se habrá levantado Ezequiel?

Porque hay una diferencia, una enorme diferencia entre lo que sentía Ezequiel y lo que sienten muchos que desean predicar hoy. Hay muchos, hoy, muchísimos debería decir, que se instalan en un púlpito totalmente tranquilos y felices porque tienen todo previsto respecto a lo que van a decir. Han calculado, evaluado y estimado cada palabra para no molestar, no perturbar ni inquietar a ningún sector.

En cambio Ezequiel iba temblando, dudando y hasta resistiéndose porque sabía que tenía que decir lo que Dios pusiera en su boca, le gustara a quien le gustara y le molestara a quien le molestara, con lo que eso significaba en ese tiempo. Esa y no otra será la marca del predicador de este tercer milenio. O no será predicador, sino apenas un discursista religioso más de los tantos que ocupan espacios en todas las latitudes.

(23) Y me levanté y salí al campo; y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro. 

Suficiente. Totalmente claro. Cuando tú sales al mundo a cumplir con un mandato del Señor, lo primero que vas a ver manifestada es la gloria de Dios. Lo segundo y casi inmediato, la acción de humillarte ante esa gloria y postrarte en su presencia.

(Verso 27) = Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son.

Lo dicho: Él abrirá tu boca. Él abonará tu cuenta. Él está detrás y por encima de toda tu sabiduría y tu capacidad. ¿Vas a seguir, después de esto, creyendo estar llamado a predicar el evangelio ante uno, diez, cien, mil o diez mil? Serás, entonces, uno de los predicadores de este Tercer Milenio. Uno de los que definitivamente habrá dejado de entender que la predicación es humana, para pasar a asumir en total y absoluta obediencia, que predicar es un asunto del Dios Todopoderoso a través de tu boca.

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Bajo El Espíritu de Juan

Una de las profesiones más satisfactorias pero más exigentes es el ministerio de los hijos de Dios. Sin embargo, a diferencia de otras profesiones, tú no eres quien elige el ministerio divino, es el ministerio el que te elige a ti. La Biblia dice que Jesús es la cabeza de la Iglesia, y es Él mismo quien elige quién debe entrar al ministerio, y si así lo quieres, a tiempo completo. Nadie debería entrar al ministerio a su antojo o sólo por el deseo de hacer el bien, y mucho menos por una ganancia financiera. Si tú no estás llamado, no tendrás la gracia o el don para hacerlo. Como resultado, estarás frustrado, la vida de Dios no estará allí, y será simplemente un trabajo, sin satisfacción.

Alguien con un llamado al ministerio, desempeñando otro trabajo, será miserable. Y alguien que no está llamado al ministerio, trabajando en el ministerio, será igualmente desdichado. Entonces, ya que es tan importante convertirse en un ministro sólo si tú estás llamado, la pregunta es: ¿Cómo saber si estoy llamado? Dios lidia con nosotros como individuos, así que Él no hace lo mismo con todos. Todos podemos tener diferentes experiencias cuando recibimos el llamado al ministerio. Sin embargo, existen patrones que pueden verse en la vida de las personas llamadas al ministerio. Básicamente, tú sabes que estás llamado por revelación, pero aquí están estas cinco señales que te pueden ayudar a determinar si estás llamado(a) al ministerio.

1 – Las personas llamadas al ministerio reciben su llamado sobrenaturalmente. He escuchado a algunas personas decir que Jesús se les apareció para hablarles de su llamado – ese no es el caso de la mayoría de nosotros. También he oído a otros decir que escucharon una voz audible sobre su llamado – eso tampoco es lo común. Lo que la mayoría de nosotros tiene es ya sea una voz interna o convicción que nos empuja a amar, servir y buscar a Dios, más allá de la mayoría de las personas. Algunos pueden recibir una palabra profética o una confirmación profética, otros pueden tener un sueño, o a menudo Dios trae esa convicción a través de la lectura de la Biblia. Es como si un verso relacionado con el llamado saltara de la página y te sacudiera por dentro. Este es el testimonio del Espíritu Santo dentro de ti. No lo siented solamente durante un tiempo de tu vida. Es una convicción que nunca se va. El llamado de Dios te marca para el resto de tu vida. Lo que sea que tú hagas, tú lo sentirás tironeándote por dentro. Es como un viento o una corriente. Tratar de ir en contra de él requiere esfuerzo. Te hace sentir mal e insatisfecho, sin paz. Dejarte llevar por él hace que todo parezca fácil, que fluye, y rápido. Todo se siente en paz en tu vida y hay una satisfacción interna y felicidad que vienen a tu vida.

2 – Las personas llamadas al ministerio aman servir. Un componente que se encuentra en todos nosotros es que nos involucramos de todo corazón en servir en el momento. Nadie tuvo que empujarnos; no era una carga. Lo hicimos porque queríamos servir a Dios. Asimismo, no importaba a qué trabajo nos asignaran, lo hacíamos con responsabilidad y con gozo.

3 – Las personas llamadas al ministerio manifiestan una gracia y dones que son visibles para otros. Cuando una persona está llamada al ministerio, hay dones sobrenaturales que se manifestarán en la vida de la persona. Estos dones fluyen naturalmente y sin esfuerzo. De hecho, puede ser tan natural para ti que quizás no te des cuenta que estás fluyendo en esta gracia, pero otros lo notarán. Las personas notarán que tus oraciones son más efectivas. Cuando tú le predicas el evangelio a otros, es más efectivo. Cuando tú hablas, las personas quieren oírte. Tienes un entendimiento más profundo de las Escrituras. Hay una gran autoridad en tus palabras. Hay un mayor poder y manifestaciones espirituales. Todas estas cosas ocurrirán y crecerán a lo largo de tu vida.

4 – Las personas llamadas al ministerio están “programadas” para el ministerio al que están llamados. Todos los llamados ministeriales son pre ordenados por Dios antes de que la persona nazca.  Así que, cuando tú naciste, Dios “te programó” con ciertas características que van con tu llamado. Son inseparables de ti como persona. Ser un pastor no se trata simplemente de tener el título de pastor, o de recibir un diploma de una universidad bíblica. Tu personalidad, manera de pensar, la manera en que te comportas, etc., están programadas de acuerdo a tu llamado. Por ejemplo, un pastor será un extrovertido, siempre buscando cuidar a otros, y será un referente en amor. Un evangelista no puede evitar el estar pensando siempre en ganar almas. A un maestro le gusta estudiar y es muy organizado. Un profeta odia el mal y todo lo que vaya en contra de la voluntad de Dios. Un apóstol siempre querrá ayudar al mayor número de personas posible a crecer y madurar en las cosas de Dios. Estas son cosas que no son estudiadas, son parte de quien eres tú y no pueden cambiarse más de lo que tú puedas cambiarte el color de tus ojos.

5 – Las personas llamadas al ministerio tendrán un mayor deseo por Dios y las cosas de Dios que el creyente promedio. Cuando comparas tu caminar de creyente y el de otros ministros con el de la mayoría de los cristianos, encuentras que tienes un deseo mucho mayor por las cosas de Dios. Estas dispuesto a morir a tus deseos y a ti mismo. Estas dispuesto a sacrificar más para el beneficio de otros. Estas dispuesto a buscar la voluntad de Dios mientras otros están divirtiéndose. Estas dispuesto a pedirle a Dios que te de convicción cuando estas equivocado. Estas dispuesto a pedirle a Dios que lidie contigo en el área de la santidad. El cristiano promedio está dispuesto a sacrificar cosas por Dios. El ministro está dispuesto a sacrificarse a sí mismo por los propósitos de Dios.

Los ministros maduros podrán sentir por el Espíritu Santo, o por la obra de Dios a través de ti, que tu tienes un llamado. ¿Tienes algún líder maduro que te conozca? Pideselo, y ellos seguramente puedan ayudarle. ¿Entonces, cómo te fue? ¿Te ha llamado Dios al ministerio? Si ese es el caso, entonces prepárate a morir a tí mismo, pero también prepárate para la más fantástica aventura de fe, bendición, satisfacción y poder que tú puedas experimentar en la vida. Te ha sido entregado un regalo maravilloso, pero ahora, es tiempo de prepararte para ello. ¿Y como sería la mejor manera justamente en esta época tan particular que estamos viviendo? Bajo el espíritu de Juan, sin dudas.

Hubo una gran persecución en los primeros años de la iglesia.  El emperador romano en ese tiempo, Nerón, desterró a Juan a la Isla de Patmos.  Esta isla era pequeña; un lugar desierto y deshabitado. Estaba poblada solamente por unos pocos prisioneros que habían sido desterrados allí para vivir el resto de sus vidas. Como ellos, Juan fue enviado a Patmos para morir. Escúchame, si ahora mismo me agarra uno de esos bomberos voluntarios que diariamente Satanás te manda para apagar tu fuego santo, seguramente me dirá: ¿Y ese es el premio que da Dios por servirlo como lo sirvió Juan? Dime tú que debo responderle a mi interlocutor.

Porque el hombre, el apóstol al que me estoy refiriendo, es el mismo a quien el propio Jesús amó de tal manera, que la Biblia lo menciona como el «amado Juan» a quien, -está escrito-, Cristo tanto amó. De hecho, él fue quien se recostó en el pecho de Cristo durante la última cena. Lo que muchos no añaden, después de esta escena, que ha dado origen y lugar a tanta basura doctrinaria, es que en ese entonces, Juan era apenas un adolescente de no más de quince años.

De acuerdo al criterio de cualquiera de nosotros, por bien intencionado que fuera, Juan era un fracasado. Después de haber estado por largo tiempo acompañando al mejor y más grande de todos, terminaría sus días así, confinado a esperar la muerte en una isla de la cual nadie podía salir una vez que había sido desterrado allí. Y en este paréntesis, añado: vemos en 3 Juan 9-10, como Juan llegó hasta el extremo de ser rechazado por los hermanos de la iglesia, dirigidos por el líder Diótrefes!!  

(3 Juan 9) = Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe.

(10) Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia.

Muchos cristianos de hoy lo hubiesen mirado y hubiesen dicho:  «Qué desperdicio. ¿Por qué Dios permitiría que uno de los hombres más ungidos de todos los tiempos estuviera aislado de esta manera?» ¿Cómo no lo dejaron para que formara o capacitara a los más nuevos y así podía aprovecharse su tremendo conocimiento y sabiduría? Ahora imagínate la reacción de los líderes de hoy.  Tristemente, hubiesen medido a Juan por los criterios actuales del éxito: no tenía congregación, no tenía edificio para la iglesia, no tenía dinero para rentar o comprar una estructura.

No tenía mandato oficial, nadie decía ser su cobertura, esto es: el hombre al cual debería rendirle cuenta de sus actos y también girarle sus ofrendas mensuales como reconocimiento por esa cobertura. No tenía vehículo para viajar, casa, ni un traje decente para predicar. No tenía agenda para el ministerio, no tenía programas para alcanzar la comunidad, no tenía plan para ganar las naciones. Los líderes lo hubiesen descartado, diciendo: «Este hombre no tiene nada.  Está acabado. En primer lugar,  ¿Por qué fue llamado al ministerio?»  (Muchos hubiesen dicho que era “una higuera estéril o sin frutos”, añado nuevamente) ¡Que equivocados hubiesen estado, ¿No es cierto?  

A todo esto, lo único que faltaría agregarle, es la censura clásica con la cual sectores de la iglesia intentan cerrar la boca que está hablando lo que Dios habla en este tiempo: “No puede hablar, no tiene derecho, no se congrega en ninguna iglesia, no tiene cobertura pastoral”. ¿Alguien ha perdido dos minutos de su tiempo tratando de hallar cual era el grupo eclesiástico en el Juan se congregaba durante su estadía en Patmos? ¿O quizás encontrar al pastor que firmó el aval para que pudiera publicarse el material que Juan había escrito estando allí? ¿Será que mientras se determina que cualquier cristiano evangélico es avalado como tal cuando tiene la “cobertura” de un líder que lo respalde, mientras que Juan cumplió al punto la palabra bíblica que dice que nuestra única cobertura es Jesucristo?

Él escribió:  «Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el Reino y en la paciencia de Jesucristo… Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor.» (Apocalipsis 1 : 9-10).  En otras palabras, Juan estaba diciendo:  «Sí, fui aislado de la civilización. Pero tengo una iglesia. Y ministro al Señor aquí. No tengo hermano o hermana que se una a mí. Pero estoy en el Espíritu.»   Te aseguro que la alabanza que Juan ofreció desde esa remota isla fue tan gloriosa para Dios como mil voces adorándole en mil diferentes idiomas.

“¡Imposible!, – diría más de un criterioso jerarca denominacional -. Si aceptamos esto, estamos avalando que la gente, en las iglesias, haga lo que quiera”. Dicho así no puede menos que contar con nuestro respaldo porque parecería ser algo correcto. Pero… ¿Y qué tal si lo vemos desde el ángulo de algo revelado por el Señor mismo? Sigue…

Simplemente, Juan murió a todos sus propios planes y pensamientos del ministerio. Hasta donde Juan sabía, su exilio en Patmos iba a ser su suerte final. Probablemente pensó:  «Me han abandonado aquí para el resto de mi vida. Pero no voy a perder el fuego de Dios. Aún cuando sea el único aquí, voy a adorar al Señor. Puede ser que no tenga congregación, ni hermanos o hermanas con quienes tener compañerismo. Pero voy a caminar en el Espíritu. Y me voy a dedicar a buscar el rostro del Señor. Ahora tengo tiempo para conocerle a él como nunca antes lo había hecho.»

Este es exactamente el razonamiento de este tiempo. Porque no estamos hablando de personas que no se congregan porque se pelearon con sus pastores porque no se les permitía cantar la “cancioncilla” con la cual querían lucirse en la plataforma. Muy por el contrario, estamos hablando de gente con el espíritu de Juan, propietaria de revelación fresca y palabra genuina que, con el simple hecho de estar presente, complica el discurso humanista y personalista de muchos.

Esa gente, entonces, resulta molesta. Y como la determinación del liderazgo no deja ningún espacio para la evaluación o el análisis, esa persona pasa a ser exonerada por rebelde, insujeta o díscola y es enviada al Patmos de la marginación. Juan buscó al Señor completamente en medio de su aislamiento.  Se movió en el Espíritu. Y se dio a sí mismo como un sacrificio vivo. Muchachos, muchachas, este es el corazón de mi mensaje:  Ahora Juan estaba en ministerio a tiempo completo.   No me refiero a esto en términos de lo que generalmente pensamos como tal ministerio.

En Patmos no había necesidad de levantar fondos, lemas o hacer campañas publicitarias. No había necesidad de competir con otros ministros o construir edificios de iglesias más grandes. Y nadie estaba cerca para alabar a Juan, felicitarle, presumir de él.  Su vida estaba limitada a un sólo enfoque, un sólo ministerio:  a Jesucristo solamente. Eso era todo lo que Juan tenía. Fíjate que lo que dice aquí, es lo que muchos otros estamos diciendo, y que nos granjea ciertas antipatías por parte de ciertos líderes. Y ni hablar si a esto lo dijera alguien que sólo ocupa un banco en el templo; alguien sin posiciones ni cargos.

Es un reconocimiento a una deformación humanista, carnal y aborrecible en la que muchos ex siervos de Dios (Ahora se apacientan a sí mismos), han caído por causa de sus egocentrismos inagotables. Publicidad eclesiástica, (De esto hemos hablado), competencias Inter.-ministeriales (Dios lo pensó como complemento, no como competencia. Igual a la unión entre el hombre y la mujer). Construcción de enormes edificios de mampostería como símbolo de crecimiento “espiritual” cuando todos sabemos que Dios fue muy claro cuando aseguró desde su Palabra que Él no habitaba en templos hechos por manos de hombre.

Adulación y alabanza al líder o visitante ilustre. Todo un montaje escénico preparado para elevar la categoría, el impacto visual y la importancia ministerial del hombre o la mujer que se quieran levantar como mensajeros de este tiempo. Alguien dijo alguna vez que no le debe importar al ministro si alguien lo felicita, lo alaba o lo adula. Que la persona que lo hace ha sido formada así y cree que eso es correcto y bueno. Lo que sí se advierte es que esa batalla contra su ego es del ministro y él es quien debe librarla y ganarla. Y, finalmente,  llegamos a la conclusión que muchos han visto muy de cerca en este tiempo: cuando se dan una serie de circunstancias que sacan a la gente de las babilónicas iglesias humanistas y religiosas, sólo les queda la mano de Jesucristo. Y de esa mano se aferran como único método válido para poder seguir adelante.

¿Qué es el ministerio a tiempo completo?  El ministerio a tiempo completo no significa simplemente el pastorear a una iglesia.  Ni es el viajar como evangelista o llevar a cabo campañas de avivamiento.  El ministerio a tiempo completo no lo determina un diploma, un certificado de un colegio bíblico o la ordenación de parte de oficiales de la iglesia. De hecho, tú puedes pastorear a una iglesia grande y exitosa y no estar en el ministerio a tiempo completo.  Puedes predicar cientos de mensajes y alcanzar multitudes de miles. Pero ninguna de estas cosas te hace un ministro a tiempo completo ante los ojos de Dios.

Algunos verdaderamente creen que Dios los ha llamado al ministerio a tiempo completo.   Pero a otros simplemente……les atrae la idea de recibir un salario soportable por hacer la obra de Dios.

Es indiscutible que estos dos asuntos son casi “tabúes” en nuestro ambiente: poner en tela de juicio cierta clase de actividad “pastoral” que más que ese ministerio del Señor es una especie de “gerencia” administrativa eclesiástica, y hacer mención a un personaje del que muy pocos o ninguno se atreve a predicar: el asalariado.  Otros están tomando parte en la obra del Señor a tiempo parcial, de hecho, en la mayor parte de los países, los ministros tienen que tener trabajos seculares porque sus congregaciones no los pueden sostener. Así que por años le han suplicado a Dios: «¿Cuándo se abrirá la puerta para mí?»

Creo que Dios desea que cada creyente tome parte en el ministerio a tiempo completo.  La Escritura nos dice que todos somos llamados como sacerdotes delante del Señor.  Sin embargo, primero tenemos que quitar de nuestras mentes que el ministerio a tiempo completo es una posición o profesión.   A los ojos del Señor, el ministerio a tiempo completo es ministrarle a él mismo. Este párrafo es, por sí mismo, la auténtica confirmación a una palabra que venimos proclamando desde hace más de diez años. Cada creyente debe tomar parte del ministerio. ¿Fundamento? La Palabra, que nos dice que somos todos ministros competentes.

Dicho de manera simple, tú podrías estar como el apóstol Juan, abandonado en una isla, y puedes estar en el ministerio a tiempo completo. De hecho, considero a Juan uno de los ministros más eficientes en la Biblia. Así es como sabrás si estás listo para ser un ministro a tiempo completo: Ya no necesitas más el aplauso humano. No necesitas una asignación, un plan o tomar parte en alguna obra grande. No necesitas el respaldo o credenciales. No necesitas una congregación o un edificio de iglesia.   

Esto, para mi gusto, es una confirmación que va a contramano con todas las críticas que seguramente todos nosotros estaremos recibiendo y que, obvio, son las mismas que muchos de nuestros antecesores, pioneros en buscar las riquezas del Reino, recibieron: ¡¡Necesitas congregarte!!  Es preferible estar a solas con Jesús, alimentándole con tus alabanzas, que ser admirado como un gran ministro.  Sabes que todo ministerio para otros fluye del ministerio a él. Entonces, estarás listo para lo que Dios ve como ministerio a tiempo completo.

Muchos predicadores quienes son vistos como ministros a tiempo completo hoy, no son ministros a los ojos del Señor. Sé de algunos que reciben un salario pero que no ministran al Señor. No tienen ninguna carga de él. No lo buscan diligentemente en oración. Y no obtienen sus sermones de él. En vez de esto, ellos toman prestados sus sermones de otros predicadores. Tales ministros son meros asalariados, que reciben un cheque p un depósito en sus cuentas bancarias, por hacer su trabajo. Están faltos de oración, sin una palabra fresca del cielo.

También sé de personas laicas que tienen un conocimiento mucho más profundo de Cristo que los hombres que lo pastorean.   Estas personas no reciben ni un centavo por ministrarlo al Señor.   Pero son conocidos en el cielo como ministros a tiempo completo. Son intercesores, con hambre por la verdad, sirviendo a Dios de todo corazón. Y son dados a la oración, encerrándose con Cristo. Estos son ministros verdaderos, que hace tiempo han crecido mucho más que su pastor. De hecho, su pastor puede ser un náufrago, no un ministro de Dios.

A esto, que es estricta verdad y realidad actual (En la que formamos parte, sin dudas), sólo hay que agregarle un pequeño detalle que, por ser parte protagonista de esa alternativa, puedo dar: no importa si no llega ningún cheque de alguna organización o gran congregación; cuando tú sirves al Señor sin ambiciones personales ni privadas, Dios corre con los gastos. Y es el mejor respaldo financiero que conozco.

Volvamos a Juan en Patmos.   No tenemos ninguna evidencia de que Juan tuvo contacto con nadie en la isla. Juan no tenía a nadie con quien tener compañerismo.   No tenía consejo santo, ninguna voz que le escuchara. Cualquiera se hubiese vuelto loco en una situación como esa.   Pero Juan no.   En vez de eso, él aprendió a depender de la voz del Espíritu Santo.   Él se aferró al Espíritu Santo para consuelo y protección.

Esto es, precisamente, lo que le falta a mucha gente que me escribe. Gente que huyó de Babilonia, pero que aún no pudo cortar con aquella ligadura del alma con esas cuatro paredes que eran su templo y esa suma humana que, supuestamente, eran sus hermanos, (Hoy desaparecidos de sus vidas porque les han enseñado que somos “hermanos apartados”)

De hecho, en su ministerio a tiempo completo, se le dio a Juan una revelación de la gloria del Cristo exaltado. Para nosotros hoy también se ha abierto una puerta a los cielos.   Al igual que Juan, hemos sido llamados a «subir». La Escritura dice:

(Hebreos 4:16).  Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Este llamado para venir al trono ha sido grandemente ignorado por ministros y laicos. Así que,  ¿Dónde están los ministros a tiempo completo que apagarán toda voz y programa carnal del hombre?  ¿Quién se alejará de toda ambición personal para ser gobernado y dirigido tan sólo por el Espíritu Santo?  ¿Quién permitirá que otros le sobrepasen según los criterios humanos, porque se han limitado a tan sólo una cosa en su ministerio: a vivir y a caminar en el Espíritu?

El aislamiento de Juan fue impuesto en él por personas impías.   Pero el Señor se complace cada vez que nos sometemos voluntariamente a un «exilio» con él.  Esto no significa que dejemos a un lado el ministerio externo.  No significa que dejemos nuestro trabajo, nuestra familia, nuestro testimonio. La gran pregunta que surge, entonces, es: ¿Estoy escuchando a los hombres o al Espíritu Santo?

Una vez que Cristo se convierte en nuestro único enfoque, podemos recibir discernimiento y dirección de lo alto. Que Dios ayude a cada hombre o mujer que predica prosperidad, a cada predicador que ha transigido, que soborna a su congregación con un evangelio hueco, carente de arrepentimiento. Y esos ministros serán responsables ante Dios por cada alma desilusionada que se insensibiliza a sí mismo por sus falsas enseñanzas.

Si alguien todavía albergaba dudas con respecto a la dureza extrema de esta exhortación que el Señor nos envía en este tiempo tan especial, este párrafo te despeja todas tus dudas. Es muy claro, concreto y apuntado en la dirección específica: la de los grandes corruptos que se convirtieron en los impíos que expulsan a los “juanes” a los “patmos” del aislamiento físico, pero de ninguna manera espiritual.

Mira; hay un evento que todavía recuerdo. Después del 11 de septiembre del 2001,  la gente inundó las iglesias, pero en seis meses se habían alejado.  Muchas personas recurrieron a la iglesia después de los ataques terroristas.  Pero no encontraron esperanza allí.  No escucharon una palabra del cielo, ni recibieron bálsamo para sus almas heridas.

Muchos de los ministros que les predicaron eran tan ignorantes de Dios como ellos mismos.  La mayoría de ellos eran hombres que no oraban, cristianos mundanos, que en nada eran ministros verdaderos.  Así que la gente se alejó. Qué les espera a aquellos que son ministros de Dios a tiempo completo?

(Isaías 28: 16) = Por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure  

«El que creyere, no se apresure»     El significado en hebreo es:  «No será avergonzado o confundido»    Nada nos sacudirá, porque sabremos que nuestro Dios estará obrando. Sabremos que él estará cargándonos, como llevó a Israel por el desierto. Esa es la promesa que nos sostiene a muchos en este tiempo. Esa es una promesa que, lamentablemente, sólo se puede ver cumplida cuando llega la tremenda crisis del exilio forzoso. Pero es una promesa que tiene cumplimiento cierto, que funciona notablemente y que, a diferencia de todos nuestros métodos humanos, nos lleva inexorablemente a ser más que vencedores.

¿Sufrirán los cristianos en los días venideros?  Sí, yo creo que algo se sufrirá, si.  Pero tan cierto como que Satanás no pudo destruir a Juan, tampoco Dios permitirá que el enemigo destruya a su santo remanente.  Él está levantando una iglesia de ministros a tiempo completo, que se mantendrán firmes él en medio de toda tormenta.

Aquí está la otra palabra clave de confirmación espiritual. Podrás tener algunas diferencias conceptuales o visuales, porque los tiempos no son necesariamente los mismos para cada hombre; pero muchos ya han sido informados debidamente por el Espíritu Santo de Dios en revelación, que hay un remanente santo que se está levantando entre las ruinas de la iglesia tradicional, costumbrista y ritualista.

Y no se trata precisamente de buscar a alguien a quien seguir. De lo que se trata, es de madurar. Y madurar en el Señor es, exactamente, concluir con esa clase de seguimientos. El árbol se conoce por sus frutos y no todo lo que reluce es oro ni todo lo negro es petróleo..

Existe mucha gente que habla bonito pero que luego, en sus actos cotidianos, es como si se movieran exactamente a la inversa de lo que hablan. No sé ni me interesa ninguno de estos casos. Lo que sí me interesa, es que lo que se está diciendo, cuando viene de Dios, es auténtica y genuina confirmación. De todo lo demás, el Padre celestial es el único juez.

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Los Fundamentos de Tu Autoridad

La gente en el mundo aún no ha visto la autoridad que le ha sido dada a través de Jesucristo. Ni tampoco ha aceptado la autoridad que es por derecho suya, por causa de haber nacido sobre la Tierra. El hombre fue creado a la imagen de Dios para tener compañerismo con Él. El hombre fue la corona de toda la creación. Poseía capacidades que estaban más allá de su comprensión; sin embargo, fracasó porque quebró la Palabra de Dios. Cuando Adán postró su rodilla ante Satanás, perdió su autoridad espiritual. Comencemos con Mateo 8:5-10 y utilicemos este como un punto de lanzamiento a la autoridad:

(Mateo 8: 5) = Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, (6) y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.

(7) Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.

(8) Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará.

(9) Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

(10) Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

Este hombre era un gentil. No era un hombre del pacto, era un exiliado en aquel momento y no tenía terreno legal para ir a Jesús. El Evangelio era en primer lugar para los judíos, luego para los gentiles. Hasta cuando Jesús envió a sus discípulos a predicar, les dijo lo que leemos en Mateo 10: 5-6:

(Mateo 10: 5) = A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, (6) sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Este hombre no estaba incluido en el Pacto, pero Jesús dijo: «Iré y sanaré a tu siervo«. El centurión le dijo a Jesús que no tenía necesidad de ir hasta su casa. En aquellos días Jesús no podía tomar un avión o tren. Tenía que ir caminando o bien cabalgar sobre un burro, iY si ustedes nunca estuvieron sobre uno de esos burros, les digo que preferirían caminar!

El centurión le dijo a Jesús: No tiene que caminar hasta mi casa, porque soy un hombre bajo autoridad y sé cómo funciona la autoridad. Cuando a mí me dicen algo, lo hago. Tengo soldados bajo mi mando, y cuando les digo que vengan o vayan, lo hacen. Ahora simplemente di la palabra y mi siervo será sanado. Esta es la forma más alta de fe. Alguien le preguntó al Señor: «¿Por qué el centurión tenía ese tipo de fe aunque no estaba incluido en el Pacto?»

El Señor le dijo: «Era un militar que entendía la autoridad, porque estaba bajo autoridad. Si enseñas la autoridad a mi pueblo para que la entienda como la entendió este hombre, ellos podrán operar con el mismo tipo de fe». Cuando entiendas la autoridad como La Biblia la expone, te levantarás a un nuevo nivel de fe. Llegarás a usar la autoridad que Dios te ha dado cuando hables su Palabra contra las circunstancias de la vida.

Estas tendrán que conformarse a la Palabra de Dios! ¡El conocimiento de esta verdad te hará libre! Toma autoridad sobre las circunstancias Un hombre se encontró con otro y le preguntó: – ¿Cómo te va? – Bueno, no tan bien bajo estas circunstancias. – ¿Qué haces bajo las circunstancias? Hemos cantado canciones de tan poca fe durante tantos años que ¡hemos comenzado a creerlas!: «Soy un pobre peregrino, cansado de tanto vagar». ¡No somos pobres peregrinos cansados de vagar! Somos peregrinos y extranjeros, pero ¡coherederos con Cristo Jesús!

Otra canción dice: «No sé hoy lo que traerá el mañana: sombras, sol o lluvia«. A medida que obtienes entendimiento de su autoridad a través de la Palabra de Dios, no tendrás que preocuparte por lo que traerá el mañana. ¡Toma tu fe y cambia lo que le trae el mañana! . Jesús habló una verdad profunda cuando dijo lo que leemos en Juan 8:31-32:

(Juan 8: 31) = Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; (32) y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Dios habló a través de su profeta Oseas; dijo en 4:6: Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré. Salomón dijo en el Proverbios 2:6-7: Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Él provee de sana sabiduría a los rectos.

Una de las más grandes necesidades de este día es darse cuenta de lo que Dios ha hecho para nosotros en Cristo Jesús. Encontramos explicación de esto en 2 Pedro 1:1: Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra. Podrás observar que Pedro escribe a aquellos que han obtenido una preciosa fe igualmente que la nuestra.

En otras palabras, ¡Tú y yo estamos incluidos! Hemos obtenido esa misma fe. Y sigue Pedro en el verso 2: Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Quiero que presten particular atención a la frase, «el conocimiento de Dios«. Gracia y paz te son ¡multiplicadas, no agregadas a ti! Las personas actualmente buscan la paz. Pero la mayoría de ellas la busca en los lugares donde no se encuentra.

Observa: paz nos es multiplicada a través del conocimiento de Dios y a través del conocimiento de Jesús, nuestro Señor. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder; mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia Dice el verso 3. Si se le han dado todas las cosas, quiere decir que no hay nada más que Él pueda dar. Esta Escritura no dice: «Él les dará todas las cosas, en algún momento«. ¡Ya lo ha hecho! Ya nos ha dado todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad a través del conocimiento de Él, quien nos ha llamado a gloria y excelencia.

Esto solamente viene ¡a través del conocimiento de Dios! La Palabra dice: Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para la edificación del cuerpo de Cristo: Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo»(Efesios 4:11-13).

Él ha dado un ministerio de cinco aspectos: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos. La verdad sola no te hará libre Recuerda las palabras que Jesús les dijo a sus discípulos: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:31-32). Yo en una ocasión la había citado mal. Entonces un día el Señor me dijo: – Eso no es cierto. Yo quedé conmocionado y dije: – Bueno, tú lo dijiste. Debe ser cierto. Él respondió: – No lo citas en su totalidad. Si permaneciereis en mi palabra… entonces conocerás la verdad, y la verdad ios hará libres!

Todos no llegarán a conocer la verdad, porque no permanecen en la Palabra. ¡Es el conocimiento de la verdad el que nos hace libres! Muchos saben sobre la verdad, pero pocos tienen el conocimiento de esa verdad. El apóstol Pablo dijo: «¡Todas las cosas son suyas!» Pedro dijo lo mismo en 2 Pedro capítulo 1: «El Señor ya lo ha hecho». No está por hacerlo algún día. De hecho, La Biblia nos dice que Dios terminó su obra en seis días y luego descansó. ¡Algunos de nosotros hemos tratado de hacer trabajar a Dios a partir de aquel día! Él puso todo en movimiento. Fue hecho en Jesucristo y está disponible para todos los que quieran recibirlo.

La libertad nos viene cuando continuamos en la Palabra de Dios, porque eso produce el conocimiento de Dios. Pedro dijo: «Por su divino poder (. ..) por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina» (2 Pedro 1:3-4). No dijo que teníamos que ser participantes. Dijo que podríamos ser participantes. Está disponible para ti. Como participante de la naturaleza de Dios, tú eres capaz de operar al mismo nivel de fe de Dios. El hombre fue creado para tener compañerismo con Dios el Padre.

«Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y lo pusiste sobre las obras de tus manos» (Hebreos 2:6-7). Observa: se habla de dos tipos de personas en estas Escrituras: el hombre y el Hijo del Hombre. Jesús siempre se llamó a sí mismo Hijo de Hombre. Dios estableció al hombre sobre la obra de sus manos. ¡Dios le dio dominio sobre la Tierra!: «Le hiciste un poco menor que los ángeles». El griego dice: «… por un poco de tiempo, menor que los ángeles«.

Por causa de la caída el hombre fue hecho menor que los ángeles, por un poco de tiempo. En el comienzo el hombre fue creado en un orden más alto que los ángeles. Solamente al hombre se le dio el derecho de elegir sus palabras y hacer sus propias decisiones; los ángeles no tienen ese derecho. «Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él, pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas» (Hebreos 2:8). Si puso todas las cosas debajo de él, no hay nada más para poner debajo. Puso todas las cosas en sujeción bajo los pies del hombre. En lo que se refiere a Dios, fue hecho cuando puso a Adán sobre todas las cosas de esta Tierra; a Adán le fue dado dominio sobre toda la Tierra.

Puedes ver en Génesis que el hombre fue creado para tener dominio. ¡Todas las cosas fueron puestas en sujeción bajo sus pies Dios no está por hacer esto por la humanidad algún día. ¡Ya lo ha hecho! ¡Dios no dejó nada que no fuera puesto bajo los pies del hombre! El hombre fue puesto sobre todo. Aún no verá todas las cosas debajo de él, pero sí puede ver a Jesús que fue hecho igual al hombre. El hombre no ha llegado todavía a esa posición, por causa de la caída de Adán, pero tú ves a Jesús. «Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo (. ..) Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todp semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo» (Hebreos 2:14, 16-17).

Jesús fue hecho igual al hombre. Tomó sobre sí el cuerpo de un hombre. Vino a la Tierra como hombre y puso todas las cosas bajos sus pies. Adán debía ser Dios sobre la Tierra. Como leemos sobre la creación del hombre en Génesis 1:26- 28, nos damos cuenta que la humanidad fue creada para gobernar la Tierra: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Observa en el versículo 26 la palabra todo: «en toda la tierra» y «en todo animal que se arrastra sobre la tierra». y aquí hay una de las más asombrosas declaraciones de La Biblia: «Hagamos al hombre a nuestra imagen«. «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dio lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla» (vv. 27-28). Es importante observar que Dios no dijo: «Simplemente, se humilde y deja que las circunstancia de la vida te atropellen. Jamás hagas nada con respecto a tus circunstancias. Solamente di: ‘Venga lo que viniere, no hago nada para cambiarlo»‘. ¡No! Dios dijo: «¡Sojuzgadla!» En otras palabras, si la Tierra o cualquier criatura viviente se sale de su lugar, ¡Tú la pones de nuevo en su lugar! Eso es bastante diferente de las ideas que se daban en nuestras Escuelas Dominicales.

Dios creó al hombre para que sea dios sobre la Tierra. El hombre no fue puesto aquí como un gusano en la tierra. Dios creó la Tierra y se la dio a él. Se transformó en algo del hombre que debía hacer lo que deseara, pero Dios le dio algunas guías junto con la capacidad de realizarlas. Los cielos son los cielos de]ehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres (Salmos 115:16). 19  Dios le dio la Tierra al hombre. Le dijo: «Si se sale de la raya, no me llames a mí. Tú la vuelves a poner en su lugar». O sea: No te deprimas y juegues a hacerte el muerto diciendo: «Oh, esto debe ser la voluntad de Dios«. Usa tu fe y cambia las circunstancias! ¡Sojúzgalas! ¡Toma dominio sobre ellas!

Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen. conforme a nuestra semejanza. La palabra semejanza en el original hebreo significa «una exacta duplicación en su especie«. Dios ¡se duplicó a sí mismo en su especie! El hombre no surgió de un mono. No vino de una célula única que decidió arrastrarse sobre la Tierra, y después se colgó de su cola de los árboles, y finalmente caminó erguido. ¡Esa es basura intelectual! Dios creó al hombre totalmente desarrollado, como dios sobre la Tierra. Le dio esta Tierra a Adán y le dijo: «Aquí está, Adán. Sé dios sobre la Tierra y todo lo que hay en ella. Si se sale de la raya, tú la cuidas».

¡Adán fue una exacta duplicación de la especie de Dios! Fue creado a la imagen de su creador. Dios creó al hombre según su propia especie. La ley completa del Génesis lleva esto implícito: Todo produce según su especie (vea Génesis 1) «Dios es Espíritu» Juan 4:24). ¡No se plantan duraznos y se cosechan naranjas! No se plantan pepinos y se cosechan manzanas. Todo produce según su especie. Esa es la ley del Génesis, la ley de Dios. Dios dijo que «mientras las tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche» (Génesis 8:22).

La ley obra. Las leyes de Dios jamás han sido suspendidas. Siguen en vigencia actualmente. Dios creó al hombre según su imagen, es una exacta duplicación de su especie. Ahora, ¿Qué especie de Dios es? Jesús dijo que «Dios es Espíritu», Tú no eres Dios. No eres igual a Dios en sus atributos divinos, pero eres un espíritu bajo autoridad. Puedes participar de la naturaleza divina: la rectitud. Adán estaba subordinado a Dios. Dios lo creó, le dio toda esta autoridad y poder, y le dijo: «Sé dios sobre la Tierra como yo soy Dios sobre los cielos».

La Biblia nos dice que el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios. El hombre es un ser tripartito: es un espíritu; tiene un alma y vive en un cuerpo. Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen«. Si el hombre fue hecho a la imagen de Dios, entonces es un ser trino como Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. 1. El hombre es un espíritu. El espíritu humano se contacta con Dios, que es un Espíritu. 2. El cuerpo se relaciona a Jesús, que fue la manifestación física de Dios en esta Tierra. 3. El alma del hombre -que se compone de voluntad, mente y emociones- se relaciona con el Espíritu Santo, que es llamado guía y maestro.

Estoy convencido que el alma de un hombre es el acople que une al espíritu con el cuerpo. Del Espíritu Santo se habla como guía a través del Nuevo Testamento. Dado que el hombre fue creado como exacta duplicación de la especie de Dios, tiene que ser un ser trino para poder calificar para la semejanza con Dios. «Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set» (Génesis 5:3). Las palabras exactas utilizadas para describir los hijos de Adán, son usadas por Dios para describir al hombre. El hombre fue creado a la semejanza e imagen de Dios. Esa es la ley de Génesis.

Si todo produce según su especie, Set se habría parecido a Adán. ¿Por qué Dios iba a desviarse de su ley de estructura en el universo y crear algo que no fuera según la especie de Dios? Dios continúa con su ley, y utiliza las mismas palabras para describir a Set. «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente» (Génesis 2:7). Observa que dijo: ‘formó al hombre«. Eso no es creación. Algunos dicen que el hombre fue creado del polvo. Eso no es cierto. Algunas veces hemos estado como aquel niño pequeño que ha escuchado decir a su maestra de la escuela dominical: «Somos hechos de polvo, y al polvo regresamos«. El niño pregunta: – ¿Ha dicho que ‘somos polvo, y vamos a volver al polvo’? – Sí. Eso es lo que Dios dijo. – Bueno, miré debajo de mi escritorio … ¡Alguien debe estar llegando o yéndose!

Algunos de nosotros hemos estado así de confundidos en nuestro pensamiento concerniente a la creación del hombre. La Biblia muestra que Dios formó el cuerpo del hombre del polvo de la tierra. Creó significa «traer a la existencia». Formar algo no es creación. Puedes tomar una sustancia existente y formar algo, pero eso no es una creación. Puedes construir un edificio a partir de árboles. Los árboles existían antes de que el edificio fuera formado. Los hombres no crearon el edificio. Lo construyeron -lo formaron e imaginaron- desde una sustancia ya existente. Dios tomó algo que Él ya había creado -la Tierra- y formó el cuerpo del hombre desde el polvo de la sustancia que ya existía. Allí el hombre fue completo con ojos, oídos, nariz, manos, pies… un espécimen perfecto.

Pero estaba tan muerto como un clavo de puerta. No había vida en él. Si Dios lo hubiera soltado, se hubiera caído. No había vida en él hasta que Dios sopló aliento de vida en él. Dios sopló su vida en Adán, ila vida de Dios! «Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación» (Génesis 2:3). Dios creó e hizo. Dios creó la Tierra, pero hizo el cuerpo del hombre. Lo hizo de aquello que ya había creado, y luego sopló vida en ese cuerpo, ¡vida del espíritu! La creación vino cuando Dios sopló vida del espíritu en Adán. La palabra espíritu significa «viento o aliento». Dios sopló su Espíritu dentro del hombre, y el hombre se transformó en un duplicado exacto de la especie de Dios.

Veamos lo que Dios pensó antes y después de la creación del hombre: «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra» (Génesis 1:26-28). ¿Cómo debía Adán sojuzgar la Tierra? Como una copia exacta de la especie propia de Dios, Adán era capaz de operar al mismo nivel de fe con Dios. Adán estaba subordinado a Dios, pero toda la Tierra estaba bajo su control.

Adán era hombre bajo autoridad. Algunos piensan que Dios hizo la Tierra de la nada, pero no fue así. La hizo desde algo. La sustancia que Dios utilizó fue la fe. Comparemos Génesis 1:1 con ]uan 1:1: «En el principio creó Dios» Génesis 1:1) «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» Guan 1:1). Luego Juan 1:3 dice: «Todas las cosas por él fueron hechas [el Verbo; y sin él [el Verbo), nada de lo que ha sido hecho, fue hecho«. Dios creó la Tierra con palabras. Dios usó su fe cuando creó. Él desata su fe en sus palabras. No había luz hasta que Dios dijo: «Sea la luz«. Produjo luz con su fe. Usó sus palabras como transportadoras de esa fe. Encontrarás las palabras «Y dijo Dios» expresadas diez veces en Génesis 1.

¿Por qué Dios le dijo a Moisés que escribiera «Y dijo Dios», y que luego hiciera la lista de todas las cosas que Dios dijo? La razón por la que quedó registrado de esta manera fue para revelar cómo Dios creó. Lo hizo con palabras. Usó sus palabras como transportadoras para llevar su fe hacia donde la creación ocurrió. Las palabras de Dios están llenas de fe, y Él las usó para traer la creación a la existencia. «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera» (Hebreos 11:1). Fe es la sustancia. Algunas personas piensan que el mundo espiritual no existe porque no pueden verlo. Pero Dios, que es un Espíritu, iCreó este mundo! Pablo nos dice que miremos las cosas que no vemos. ¿Cómo se hace eso? A través de los ojos de la fe.

Las cosas que se ven son temporales, lo cual significa que están sujetas a cambio. Podemos ver este mundo, por lo tanto está sujeto a cambio. Este no es el mundo establecido. Pasará. El mundo espiritual es el real; creó todas las cosas que tú ves. Génesis 1: 1 declara: En el principio creó Dios,  ¿Cómo? Con la Palabra. Nada fue hecho sin la Palabra. Jesús era la Palabra. Nuevamente Juan 1:3 dice: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho». Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (Hebreos 11:3).

Las cosas que tú ves no están hechas con las cosas que aparecen. No puedes ver la fe, pero el mundo fue hecho a partir de la fe de Dios. «Las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas» (2 Corintios 4:18). En otras palabras, las cosas que ves están sujetas a cambio. Esa es la razón por la que Dios le dijo a Adán que sojuzgue la Tierra y tuviera dominio sobre ella. ¡Tú puedes tomar tu fe y cambiarla! Palabra del poder de Dios «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días, nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas» (Hebreos 1:1-3).

«El cual siendo el resplandor de su gloria.» ¿La gloria de quién? iLa gloria de Dios! «La imagen misma de su sustancia.» Jesús es la expresa imagen de la persona de Dios. El texto griego declara: «una expresión exacta de la sustancia de Dios». Si quieres saber qué aspecto tiene Dios, mira a Jesús. Él dijo: «Yo y el Padre uno somos» Juan 10:30). Realmente era eso lo que quería decir. Quiso decir que era la imagen exacta, la imagen expresada de la persona de Dios. «Y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.» Si hubiera dicho «por el poder de su Palabra«, entonces tú podrías decir que hay algo de poder en su Palabra, pero no todo el poder. Pero no dijo eso. Él sustenta todas las cosas con la palabra de su poder: La Palabra hablada de Dios es su poder. Fue la capacidad creativa de las palabras que desató su fe.

La luz viaja a trescientos mil kilómetros por segundo. En el momento de la creación Dios llamó a la existencia a más de veinticinco billones de kilómetros de universo dentro de un período de veinticuatro horas! Los científicos dicen que el universo aún está en expansión a la velocidad de la luz. Hay galaxias más allá de nuestra vista. Las distancias en el espacio se miden en años luz, que es la distancia que viaja la luz en un año. ¡Qué vasta expansión puso Dios en movimiento con sus palabras! Dios creó a Adán a su imagen y semejanza.

Era la intención que Adán tuviera dominio sobre la Tierra., al desatar su fe en palabras, tal como Dios había hecho con las suyas. Dios utilizó las palabras para producir toda la creación. La puso en movimiento con sus palabras! Dios creó a Adán a su imagen y semejanza. Era la intención que Adán tuviera dominio sobre la Tierra., al desatar su fe en palabras, tal como Dios había hecho con las suyas. Dios utilizó las palabras para producir toda la creación. La puso en movimiento cuando dijo “Sea” (Genesis 1:3) ¡Y fue hecho! La fe de Dios fue transportada por las palabras.

En suma: todo esto que has escuchado, son los fundamentos de tu autoridad. Cuando estás con tus vestiduras blancas, símbolo de vivir una vida conforme al diseño y el propósito de Dios sobre esta tierra, tú tienes esa autoridad en todo su contexto y contenido. Y cuando se tiene autoridad, no es simplemente para guardarla en un bolso en espera de alguna ocasión que amerite usarla. Cuando se tiene autoridad, al igual que aquel legendario centurión, es para ejercerla día tras día en beneficio del Reino. Porque está escrito que cuando tú buscas el Reino de Dios y su Justicia, todo lo que te falta o necesitas, te será añadido. Todo.

Y no te dejes llevar por los tibios que te dicen que no `puedes declarar ni decretar nada. Tú perteneces a un pueblo de reyes y sacerdotes. Y hasta donde yo sé, si bien hay muchos momentos en que debemos orar, clamar, pedir, rogar y suplicar, tal como lo hace un sacerdote, también hay otros momentos en que las distintas circunstancias que nos tocan atravesar, imponen que decretemos, ordenemos y declaremos en el bendito nombre de Jesucristo de Nazaret, porque eso es también hacer honor al rey que llevamos dentro, simplemente por haber sido formados en imagen y semejanza del Dios de todo poder en el que creemos y funcionamos.

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¿Con la Ley o con La Gracia?

Hay muchos estudiosos de la Biblia desde el ángulo de su elaboración histórica, que sostienen con bastante firmeza que el libro de Malaquías, en realidad habría sido escrito por un autor anónimo. Hay otros, por su parte, que adhieren en parte a esa teoría, pero le añaden que el verdadero autor sería Esdras, quien en este caso habría utilizado el seudónimo hebreo MAL’AKI, cuya traducción es MI MENSAJERO. No sé cuánto podrá interesar esto más allá de lo anecdótico. Siempre pienso que Dios se ríe de estas elucubraciones científicas nuestras. Lo cierto es que lo escrito en este libro tiene total y absoluta validez en este tiempo, hoy, ahora. De allí que entonces y a través de todos los tiempos, este mensajero de Dios puede proyectarse y hacer que, lo escrito hace miles de años, parezca haber sido publicado por el periódico de hoy.

(Malaquías 1: 6)= El hijo honra al Padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿Dónde está mi honra? Y si soy señor, ¿Dónde está mi temor? Dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciéis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?

(7) En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y me dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.

Punto primero: el Señor está hablando cara a cara con los sacerdotes. ¿Y quiénes son hoy esos sacerdotes? Mira: si tomamos el contexto general con el mismo criterio que en su base, está hablando con los ministros, les está hablando a los pastores; en suma, nos está hablando a todos nosotros, y al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Ahora; si lo enfocamos con criterio bíblico, 1 Pedro 2:9 (Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable😉 y Apocalipsis 1:6 (y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos) .nos dicen que Dios está hablando con todo su pueblo, un pueblo que es linaje escogido, nación santa y real sacerdocio; un pueblo al que Cristo ha convertido en reyes y sacerdotes para Dios. Un pueblo compuesto, dice y asegura, por todos ministros competentes. Así que te pido que no le saques el cuerpo, porque si bien es para ese pastor, es cierto, también es para ti.

¿Y qué nos dice? Nos dice que, tanto desde los púlpitos como desde los bancos, no estamos honrando su calidad de Padre, así como tampoco respetando su categoría de Señor. Fíjate que el pueblo de entonces le hizo la misma pregunta que cualquier ministro, que cualquier hermano, le haría hoy: ¿Se puede saber en qué te hemos deshonrado o no te hemos respetado? Y Él responde. Primero, al ministro: “Hombre; yo no te puse aquí para que tú les hables palabras suaves y aduladoras, ni para que les hagas exposiciones filosóficas, sociológicas ni psicológicas; yo te puse aquí para que les hables todo lo que yo te diga. Presta atención: No lo que yo dije una vez, hace mucho tiempo; ¡Lo que estoy diciendo hoy, ahora!” Pero a nosotros, a continuación, nos dice: “Y ustedes, muchachos, sería bueno que no desprecien a los que andan predicando mi palabra mientras le rinden honores, aplausos y exclamaciones de júbilo a los que eligen los discursos seculares, tales como la ayuda social o las medicinas alternativas. En otras traducciones, Dios habla de alimento mancillado en lugar de pan inmundo como dice en esta.

(8) Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿No es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿No es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe: ¿Acaso se agradará de ti, o le serás acepto? Dice Jehová de los ejércitos.

Nuestra cultura nos ha enseñado que cada domingo vamos a un templo a recibir, cuando la manera en que Dios plantó su iglesia fue para que ese acto fuera a la inversa, es decir que tú vayas, cada domingo a la que sea tu congregación, a dar. Eso es ofrenda, no necesariamente dinero. Y aquí lo tienes en lo negativo, ofrenda falsa, impura, contaminada. Animal ciego, falta de visión. Animal cojo, inestabilidad, andar desparejo. Animal enfermo, carencia de salud espiritual, órganos o miembros dolientes. (9) Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero, ¿Cómo podéis agradarle si hacéis estas cosas? Dice Jehová de los ejércitos.

Esta expresión de TENGA PIEDAD es un vocablo que se pronuncia CHANAN y significa estar generosamente inclinado hacia alguien, tener compasión de alguien, hacerle un favor a una persona en necesidad. CHANAN, normalmente, se traduce de otro modo, no como piedad, tales los casos que podemos en ver en el libro del Génesis 33:5 y 33:11, en los Salmos 119:132 y 123:3 y en el pasaje del libro de Job 19:21.

(10) ¿Quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre mi altar de balde? Yo no tengo complacencia en vosotros, dice Jehová de los ejércitos, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda.

(11) Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos.

(12) Y vosotros lo habéis profanado cuando decís: inmunda es la mesa de Jehová, y cuando decís que su alimento es despreciable.

(13) Habéis además dicho: ¡Oh! ¡Qué fastidio es esto! (¡Qué aburrido! ¡Se lo pasan hablando de la Biblia y de la Biblia! ¿Por qué no ponen los pies sobre la tierra? ¿Nunca oíste esto?) Y me despreciáis, dice Jehová de los ejércitos; y trajisteis lo hurtado, lo cojo, lo enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestras manos? Dice Jehová.

(14) Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy gran rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones.

Aprende por favor: si tú eres el diezmo más grande de tu congregación; si además brindas una alta y generosa ofrenda, pero tu corazón no está recto delante ni conforme al corazón de Dios; porque usas sus diezmos y sus ofrendas para presionar al pastor para que te coloque en cargos importantes, sólo por eso, tu ofrenda es inmunda, contaminada, no agrada a Dios y, obviamente, no te bendice.

(Malaquías 2: 1)= Ahora, pues, oh sacerdotes, para vosotros es este mandamiento: (O sea: esto que viene es para ti, ministro de la congregación, pero también para ti, hermano raso, pero sacerdote al fin del pueblo de Dios.)

(2) Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; Y aún las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón. (Fíjate por favor y no lo mires con ojos religiosos, tradicionales ni solemnes: Aquí le dice que Dios puede maldecir la vida de un ministro desobediente que insiste en “hacer la suya”, pero también dice que puede extenderlo a todo lo que él bendiga, es decir: tú mismo. Pero igualmente será vigente y válido para ti y todo lo que tú bendigas, si es que tratas de engañar a Dios con falsas posturas espirituales)

(3) He aquí yo os dañaré la sementera, (La fuente del conocimiento humano) y os echaré al rostro el estiércol, (Esto es inmundicia. ¿De qué?) El estiércol de vuestros animales sacrificados, (Ofrenda, ministerio, trabajo inmundo) y seréis arrojados juntamente con él.

(4) Y sabréis que yo os envié este mandamiento, para que fuese mi pacto con Leví, ha dicho Jehová de los ejércitos.

(5) Mi pacto con él (Con Leví, fundador del sacerdocio) fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí y delante de mí nombre estuvo humillado.

(6) La ley de verdad estuvo en su boca, (Sigue refiriéndose a la relación de Leví con la Palabra) e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad.

(7) Porque los labios del sacerdote (El ministro de tu iglesia primero, pero tú mismo a continuación) han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; (Esto es el equivalente hoy, a la Palabra) porque mensajero es de Jehová de los ejércitos. (¿Has visto que la Palabra avala que sea el líder principal quien predique todos los domingos? Dice que es el sacerdote el que trae la Palabra. Te recuerdo una vez más: el pueblo de Dios, tú, yo, todos, somos un pueblo de reyes y sacerdotes. Todos ministros competentes)

Ahora veamos la otra parte de este asunto. ¿Qué es un mensajero? ¿Es, acaso, alguien que se fija un tema, busca en un diccionario bíblico su significado, lo compara con el griego y el hebreo, va a una concordancia y de allí extrae todos los versículos que tienen que ver, que de allí extracta los más precisos, y que con eso hace un bosquejo y luego te predica un mensaje no menor a los 45 minutos y no mayor a los 90 porque si no la gente se cansa y se dispersa? ¿Eso es un mensajero de Jehová de los ejércitos? No. Eso no es un mensajero, eso es un mensajista. Un mensajero es aquel que oye lo que su Señor quiere decir y va y lo repite tal cual, sin agregarle nada suyo personal. Ministro: en el nombre del Señor Jesucristo, díle a tu congregación lo que Dios está diciendo hoy, no lo que a ti te parece bueno y conveniente. Hombre, mujer: díle a tu familia, a tus amigos, lo que Dios dice, no lo que te hace quedar bien a ti.  (8) Mas vosotros os habéis apartado del camino; (¡Eh! ¡A ustedes les estoy hablando! ¡Ministro, congregación, a todos!!) Habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos. (Una palabra falsa o contaminada es de piedra de tropiezo.)

(9) Por tanto, yo también os he hecho viles y bajos ante todo el pueblo, así como vosotros no habéis guardado mis caminos, y en la ley hacéis acepción. (Dios tiene muy en cuenta la acepción de personas. Ricos, pobres, negros, blancos. Dios ideó complementación, no competencia. Dios es Cristo. Cristo es la Iglesia. Iglesia eres tú, soy yo. Esa iglesia, ¿Piensa igual?)

(10) ¿No tenemos todos un mismo Padre? (Todos.Tú, yo, tu pastor, El más encumbrado de los ministros que conoces, tu suegra, Ese que escuchas permanentemente porque te bendice, el portero de tu templo, todos.) ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres? (Mira: literalmente, esto estaba referido a la práctica de repudiar a las esposas israelitas y casarse con mujeres que servían a deidades paganas, pero es sombra y tipología de lo que hoy sucede dentro de las estructuras de la iglesia con las distancias y diferencias denominacionales. Porque cuando en alguna reunión interdenominacional se trata este tema, entre suaves gestos y delicadas sonrisas cristianas, se dice casi siempre que las diferencias son solamente de forma, pero que en el fondo estamos muy unidos. Pero la realidad nos muestra y nos demuestra que no es exactamente así y que las pujas internas, muchas veces, son más virulentas e implacables que las externas.)

(11) Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; (Veamos: Judá es la iglesia y aquí dice que prevaricó. Cuidado: no dice que pecó, como muchos creen haber entendido, dice que prevaricó. Porque pecar es ir contra la voluntad de Dios por diferentes caminos, esto es: debilidad de la carne, por ignorancia u otros por el estilo. Pero prevaricar es hacer lo que ya tú sabes que está mal y decides hacerlo igual o bien porque te gusta o bien porque te conviene. Allí, Jesús ya no podrá decir: “¡Perdónalos Padre, no saben lo que hacen!” Porque es evidente que, en este caso, sí saben muy bien lo que están haciendo.) Porque Israel ha profanado el santuario de Jehová que Él amó, y se casó con hija de dios extraño. (¿Qué significa en el ámbito del espíritu, que la iglesia se case con hija de dios extraño? ¿Cuál será la hija del dios extraño que puede moverse con cierta tranquilidad dentro de la iglesia del Señor? La idolatría. ¿Estatuas? Basta hermano, tú te has quedado en la prehistoria. Idolatría no es solamente imagen y estatuas. Idolatría también es: Poder, Fama, prestigio, Dinero, Sexo, Posiciones, Denominaciones, Doctrinas, Ministerios. Ahora pregunto: ¿Nadie vio, por lo menos una vez, entronizarse algunos de estos ídolos muy cerca del banco en el cual se sienta cada domingo? De inmediatamente gracias a Dios si no lo has visto. Ponte a reflexionar ya, si lo has visto. Convengamos que esta idolatría, es la menos predicada en nuestros templos.)

(12) Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, (Si entendemos que las tiendas de Jacob son los templos o las congregaciones que conforman la iglesia del Señor, la palabra profética y la promesa de juicio son inequívocas: No importa qué tan importante puedan sentirse los hombres; si no hacen la voluntad de Dios, si se oponen a ella, Él los cortará de allí. Parece innecesario tener que decirlo, pero sin embargo créeme que no lo es. ¿Sabes cuántos hombres que llevan años trabajando dentro de congregaciones de prestigio y potencial, están íntimamente convencidos y quizás con absoluta sinceridad, que mientras más alto vayan escalando las posiciones jerárquicas de su denominación, más seguros van a quedar en esos sitiales hagan lo que hagan? Sé lo que estás pensando: ¿Es que no creen que hay una justicia, la de Dios, que está por encima de todas las justicias humanas? Sí, lo creen. O mejor dicho DICEN que lo creen, pero no les entra en la cabeza que, si el presidente de la junta de notables de su denominación le puso su mano sobre la cabeza y le dijo “tú mandas ahora”, Dios se pueda atrever a decir otra cosa. ¡Tremendo! ¿No? Barbaridad mayúscula. Sin embargo, cuestión de todos los días) al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos.

No interpretes mal. A primera lectura, rápida, es cierto, parecería ser como que Dios se las agarra con el que responde, con el que vela y con el que ofrenda, pero todo es simplemente una cuestión de armado de la frase a partir del estilo de aquella escritura. Lo que en verdad dice claramente este verso, es que Dios va a sacar de la Iglesia a todos, como dice en el verso anterior, los que hayan prevaricado y cometido abominación al dedicarse a dioses extraños. Y dice que hará esto aunque esos hombres respondan a su voz, aunque velen por su obra y aunque hasta ofrenden generosamente. Es decir: no importa lo que tú hagas en lo material; Dios no puede ser burlado.

Vuelvo a reiterar algo que ya te he dicho pero que volveré a repetir porque no quiero que te lo olvides y que luego puedas argumentar que a ti nadie te lo predicó, que nadie te lo dijo. Esta palabra es para el ministerio, sin dudas, pero también es para ti, para mí y para todos los que formamos la iglesia. Dioses extraños. ¡Es que tú no sabe que el pastor…! No me interesa tu pastor, me interesa tú. Estoy hablando contigo, ahora. No te evadas, no te excuses, no te hagas el distraído y responde de una buena vez delante del Señor: ¿Estás dedicándole tiempo a dioses extraños? Si lo estás haciendo, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, te intimo a que dejes de hacerlo. Te va la vida en esto, no te has dado cuenta?

(13) Y esta otra vez haréis cubrir el altar de Jehová de lágrimas, de llanto, y de clamor; así que no miraré más a la ofrenda, para aceptarla con gusto de vuestra mano. (No te confundas. Todos sabemos que la mayor resistencia por parte de los creyentes, es a la hora de ofrendar. Por eso, cuando tú lo haces, crees ya haber madurado y crecido enormemente en lo espiritual. Sin embargo, aquí Dios te dice, lisa y llanamente, que tú no puedes comprar su gracia y sus favores con tu miserable dinero. Sé que me estás siguiendo atentamente y no puedes menos que decir ¡Oh! ¡Qué ilusos! ¡Pretender comprar a Dios! Vuelvo a decirte que no te confundas. ¿Nunca oíste a alguien decir algo así como: “¡No sé lo que ocurre! ¡Dios no me responde! ¡No me da nada de lo que le pido! ¡Y eso que estoy diezmando y ofrendando una barbaridad!” ¿Nunca lo oíste? Yo sí.)

(14) Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y a mujer de tu juventud. (La mujer de tu juventud representa a la iglesia) contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera. (Esto habla del superabundante adulterio espiritual) y la mujer de tu pacto. (Proverbios 5:18 dice: Sea bendito tu manantial (Esto es: su capacidad reproductora) y alégrate (Está hablando de intimidad) con la mujer de tu juventud. (Cuidado que no habla de la primera que tú conociste, habla de aquella a la cual le prometiste fidelidad. El Proverbios 2:16-17, señala: Serás librado de la mujer extraña (De la iglesia falsa, paralela, Babilonia) de la ajena que halaga con sus palabras, (La iglesia falsa jamás exhorta o amonesta, siempre adula, halaga y felicita a los mejores que están en el mejor lugar) la cual abandona al compañero de su juventud (Cristo) y se olvida de su pacto con Dios.)

(15) No hizo él uno, (Habla de Adán) habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud.

Como en todo el contexto del libro, cada texto, cada verso, tiene connotaciones que apuntan a más de un objetivo. En la mayoría de los casos, hay un mensaje parcial para el ministro y otro para el liderado. En otros, como este, (Y lo aclara cuando dice que nos guardemos en nuestro espíritu) hay un mensaje lineal para bendición del matrimonio y otro para el creyente y la iglesia.

(16) Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre la iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales.

Este texto, sumado a algunos otros, le ha dado pie históricamente al legalismo vernáculo para fusilar divorciados al amanecer. Porque aquí está diciendo, efectivamente, que Dios aborrece el repudio y todos sabemos, por poco que sepamos, que la palabra repudio, bíblicamente, es un sinónimo concreto de la palabra Divorcio. Pero cuidado, porque, pese a que en todo el resto de la Escritura se encarga de recordar, permanentemente, que a Dios de ninguna manera le gusta el divorcio y que Él no creó al hombre y a la mujer para que llegaran a eso, la misma escritura, en otros textos muy precisos, da cuenta que, cuando no queda otra alternativa, ya sea por diferentes motivos o por alguno muy excluyente, Dios tiene una provisión, un mecanismo, un modo que contempla el divorcio. A Él no le gusta, esto es claro y notorio. Pero llegado el caso que sea inevitable, entonces dice que se lo haga de tal y cual manera, y teniendo en cuenta tales o cuales cosas. Dios aborrece el pecado, pero llegado el momento lo perdona y lo restaura. Sin embargo, la iglesia parecería haber evaluado al divorcio como un pecado más grave que el de la blasfemia al Espíritu Santo y, que como tal deberá ser juzgado, sentenciado y ejecutado. Y a los protagonistas también.

Es notorio, además, que en todo el contexto de este libro de Malaquías, se respeta una constante de estilo. Se escribe algo globalmente, dirigido al sacerdocio; que no es solamente ministerio pastoral, como luego se nos ha enseñado en los institutos y seminarios, sino todo el pueblo de Dios, como lo dice en su Palabra. Pero al mismo tiempo, esa palabra se reparte equitativamente entre ministros y ministrados. Dios no pierde de vista su iglesia y sabe como se conduce, como se maneja hoy. Es allí, entonces, donde nos encontramos con el texto más fastidioso, para muchos, que hay en toda la Biblia:

(Malaquías 3: 8)= ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.

(9) Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda me habéis robado. (Quiero que tengas en cuenta este principio inalterable: Hay maldición sobre aquel que, de una u otra manera, le roba a Dios algo que le pertenece. Y no estoy hablando de dinero. No al menos como cosa única y excluyente. Hablo de cualquier clase de robo. De su gloria, por ejemplo. ¿Sabías que Dios protege su gloria?)

(10) Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Este verso tiene cuatro connotaciones diferentes y, al mismo tiempo, complementarias entre sí. Un mismo texto, cuatro direcciones, cuatro caminos diversos y distantes, pero un mismo objetivo, una misma meta, un mismo punto de llegada.

1)= Traed todos los diezmos al alfolí. Esto es la ley. Pertenece al Antiguo Testamento y, es absolutamente cierto, no tiene consolidación en el Nuevo. Es, en todo caso, un mandamiento dirigido al pueblo, a la oveja, a la iglesia.

2)= Haya alimento en mi casa. Es más que obvio que estas seis palabras van dirigidas a los ministros, a los apacentadores, a los protectores y guías de las ovejas, que es casi como decir abiertamente: a los pastores, tal cual se los denomina hoy. Está señalando que la consecuencia lógica con los diezmos por parte del pueblo, es que tenga un alfolí pleno de alimento. De eso se trata. Si no hay alimento, no hay alfolí. Si no hay alfolí, no tiene por qué haber diezmo. Ley y principio. La ley se mueve hacia la gracia, el principio queda intacto. ¿Entiende?

3)= Probadme ahora en esto. Esto tampoco es ley, esto es un principio inamovible e inalterable. Dios les dijo, (Y aún te está diciendo a ti también) ¡Ey! ¡Sácate las dudas! ¡Pruébame en esto que te digo y vas a ver si no sale como te dije que iba a salir y recibes bendiciones hasta reventar!

4)= Abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Por favor; no te confundas, porque esto es tan básico, tan clave, que puede cambiar para siempre el derrotero de tu vida. Porque si bien está dentro de un versículo que habla algo relacionado con la ley, esto no es parte de esa ley. Esto es una promesa de Dios, con toda la identidad y la entidad que tienen las promesas del Dios viviente. Y el Nuevo Testamento, que efectivamente pone en marcha la era de la Gracia, que a su vez hace concluir la era de la Ley, no termina necesariamente con los principios o con las promesas de Dios. La Gracia reemplaza a la Ley, pero no modifica los principios básicos, ni altera la validez de las promesas.

Con ley o con gracia, un principio de Dios sigue intacto y funcionando eternamente. Con ley o con gracia, las promesas de Dios no concluyen ni se diluyen. Esto significa que: a)= Nadie puede obligarte a dar tu diezmo porque, efectivamente, esa obligación emanaba de una ley que la gracia dejó sin efecto.

b)= Nadie, tampoco, puede impedirte que por fe tú decidas tomar una promesa de Dios y hacerla efectiva en tu vida, por ejemplo, dando tu diezmo a aquel que consideres es tu alfolí, el lugar donde está SU alimento.

c)= Por tanto, si tienes un alfolí real, una fuente de alimento espiritual y tú decides aceptar esta palabra, creerla y ponerla por obra, en la fe y la confianza de que esas ventanas se abrirán en prosperidad y así llevas tus diezmos, será esa promesa y no la ley la que haga que eso funcione. La gran clave está en no errar de alfolí y sembrar lo que haya que sembrar donde hay material de Dios y no de hombre.

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Los Fundamentos de una Reforma

En los últimos tiempos, los creyentes que de alguna manera decimos o suponemos estar en un nivel superior al que nosotros mismos estábamos algunos años atrás, nos llenamos la boca con dos palabras que en otros tiempos, prácticamente estaban vedadas en casi todas las iglesias y púlpitos santos: Reino y Reforma. De Reino te vengo hablando hace un tiempo de diversos modos y desde distintas ópticas o vertientes. De Reforma también algo te he compartido, pero es evidente que siempre queda algo para añadir o aumentar en el calibre de su significado. Así que hoy será momento de ampliarlo.

En primer lugar, saber positivamente que cosa significa Reforma. Como el término lo muestra, una Reforma es específicamente eso: una Re-forma, es decir; algo que era de una forma, ahora debería reacomodarse y modificarse, para pasar a ser de otra forma, aunque sin perder su esencia básica. Eso está claro, ¿Verdad? Entonces veamos ahora lo que es una Forma, para luego poder entender su modificación. Forma tiene que ver con la disposición de las cosas y con el modo o la manera de hacer una cosa. Eso en grandes rasgos, aunque tiene varias acepciones la palabra. Reforma, mientras tanto, es cambiar algo, (Una forma anterior) para su innovación y mejora. Es arreglar, corregir o enmendar algo. Aclarado esto, comencemos con lo puntual.

(Marcos 1: 40) = Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme.

(41) Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.

(42) Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.

¡Qué hermoso! Decimos mientras escuchamos al predicador de turno hacer alusión a este suceso y leer este pasaje para ilustrarlo bíblicamente, como corresponde. Lo que no siempre tomamos conciencia, al escuchar estas cosas, es que Cristo desea hacer hoy exactamente lo mismo con todos nosotros. Él desea limpiarte, pero desea también que a partir del instante en que te limpia, tu vida sea totalmente nueva con un nuevo corazón para ÉL. Si has nacido de nuevo no puedes seguir siendo el mismo (es imposible), sino  que ahora debes ser hecho conforme la imagen del Hijo: Jesucristo.

La manera de concebir las ideas y de escuchar a Dios difiere de la forma natural. Es necesario tener un nuevo corazón para poder escuchar y seguir su voluntad. Es necesario Ser en Cristo antes que hacer, pues la vida (como una semilla) es más importante que la forma y las funciones. Hoy, hermana o hermano en la fe que me escuchas, o a ti amiga o amigo que no tienes costumbre de escuchar este tipo de cosas, a ti nada menos, Dios quiere limpiarte para que seas uno con Él y darte Su forma….

Cada vez que hay una reforma, y en particular una reforma en el pueblo de Dios, el sacerdocio y la ley, que en este caso puntual y específico es Su revelación, cambian. Cada vez que hay una reforma y en nuestras Biblias lo podemos ver más que bien, estas dos cosas se unen, (Sacerdocio y Ley, que es como decir Ministerio y Palabra). Y allí es que la reforma se lleva a cabo, para que se cumpla lo expresado por la Palabra de Dios.

(Malaquías 2: 7) = Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.

Por ejemplo: cuando Abraham empieza su reforma (Él la pone en marcha cuando decide salir de Ur de los caldeos) para buscar una ciudad cuyo fundamento y hacedor es Dios, se encuentra con Melquisedec. Allí está la orden. Inmediatamente hay un cambio en el estilo de vida. Abraham está en una vida casual y de repente entra en una vida divina. En esa trayectoria, lo primero que acontece, es que se da de narices con la orden de Melquisedec:

(Génesis 14: 18) = Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; (19) y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; (20) y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.

Cuando Israel sale de Egipto, en la primera parada, Dios instituye el sacerdocio. Siempre que hay un cambio, siempre que hay una reforma, aparecen los sacerdotes en un nivel diferente. Cuando Israel cruza el Jordán, comienza una reforma: dejar de estar «vagando» por el desierto y comenzar a repartir herencia. Un estilo de vida totalmente distinto. Cuando cruzan y van al valle de Sitim, se presenta el sacerdocio de Fineés.

En la reforma de Martín Lutero, además de que el justo vive por fe, en lo que se enfatizó, fue en el sacerdocio de cada creyente, donde cada creyente podía acercarse a Dios por sí mismo, sin intermediarios. Quiero recordarte, por si a alguien cercano a ti se le olvidó, que este énfasis, (Que por otra parte es palabra y no invento de hombre), sigue vigente, cosa que no creo que se esté teniendo demasiado en cuenta a la hora de ministrar.

Vemos rápidamente que cada vez que hay una reforma (del Espíritu), hay un nuevo sacerdocio. Cuando David está trayendo una reforma de lo que es el sacerdocio de Levítico a lo que es la orden de Sadoc, de lo que es el ritualismo del tabernáculo, a lo que es la libertad del monte de Sión, vemos que David se pone un efod y se viste de lino y es un rey que ahora lleva una vestimenta de sacerdote en medio de un sistema donde el sacerdocio sólo era levítico, cuando David no era de Leví.

Pero también hubo errores, cuando alguna gente trató de unir (sin el ESPÍRITU) estos dos oficios y no había una reforma. Por ejemplo: Uzías, en 2 Crónicas 26. Uzías era un rey prominente, creativo, muy bueno, pero se extendió en su medida de operación y entró en el templo para hacer lo que le correspondía a otro oficio y no al de él. Y no había reforma en ese tiempo. Entonces, cuando se pone ahora a hacer un orden sacerdotal siendo rey, su vida fue cubierta con lepra y murió leproso. Un rey perfectamente bueno. Lo único que hizo fue tratar de ministrar más allá de donde debía.

En 1 Reyes 13:1-5 vemos a Jeroboam. También trató de hacer esto y terminó perdiendo su reino. Vemos que cuando no hay una reforma y se intentan cambiar las leyes y el sacerdocio hay muerte. Pero también podemos ver que cuando sí se están uniendo (el sacerdocio y el reino) por el Espíritu, entonces es que hay una reforma.

Vemos a David, en 2 Samuel 6. Es tremendo. Porque a veces uno pregunta y se da cuenta que uno mismo dice algunas cosas porque así se la enseñaron y después lees la Biblia y te das cuenta que no es así y dices: no sé para qué me lo enseñaron.

2 Samuel 6: 12) = Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David.

(13) Y cuando los que llevaban el arca de Dios habían andado seis pasos, él sacrificó un buey y un carnero engordado.

(14) Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino.

Aquí vemos al rey usando vestimenta de sacerdote. Es impresionante ver que David sólo tiene el turbante de lino y la mitra puesta en la cabeza. Nosotros pensábamos que el sacerdote, en el día de la expiación, andaba con faldas y campanas y todas esas cosas que tantas veces nos enseñaron sacadas no sé de dónde. Hasta lo hemos enseñado dejándonos llevar por lo que su vez otros nos enseñaron. Cuando nos ponemos a buscar en Levítico el día de la expiación, nos encontramos con que no había ninguna campana, sólo el lino y el efod, mira:

(Levítico 16: 3) = Con esto entrará Aarón en el santuario: con un becerro para expiación, y un carnero para holocausto.

(4) Se vestirá la túnica santa de lino, y sobre su cuerpo tendrá calzoncillos de lino, y se ceñirá el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá. Son las santas vestiduras; con ellas se ha de vestir después de lavar su cuerpo con agua.

Listo. No hay campana ninguna. No entraba con toda la vestimenta. La vestimenta era algo que usaba el sacerdote, pero no cuando entraba al Lugar Santísimo. David estaba vestido con lino y con el efod trayendo el arca hacia la casa. Allí vemos una vez más que se unen estos dos oficios (Rey y sacerdote) en un mismo hombre, en un tiempo de Reforma. Cuando hay Reforma, es importante entender que hay un cambio de unción, un cambio de sacerdocio. Ahora fíjate en esto:

(Zacarías 3: 1) = Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.

(2) Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?

(3) Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel.

(4) Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala.

(5) Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie.

Esto está ocurriendo, recuerda, cuando Israel regresa de Babilonia y Dios está diciendo a la gente: construyan el templo una vez más y reconstruyan sus vidas. Hay una Reforma. Está por llegar Nehemías y Esdras. Hageo está por profetizar. Esto es más o menos el tiempo que se está viviendo. Hay un remanente que salió de Babilonia después de 70 años de cautiverio y están reedificando la iglesia; están levantando el templo una vez más. Y vemos al sacerdote parado, y vemos que siempre que hay una transición, Satanás está presente para impedir – si puede -, esa transición. Por eso es que la gente no transiciona, a menos que tenga suficiente autoridad en sí misma. Porque Satanás siempre trata de oponerse a la transición porque solamente con una transición, o una reforma, la iglesia va a terminar la obra que tiene que hacer. Y él lo sabe.

Y como lo único que puede hacer es frenar a la iglesia y dilatar el tiempo de la materialización de su derrota, lógicamente, lo hace. Y todavía lo consigue. Él sabe cuál es su fin. Pero mientras nadie termine, él va tirando y tiene “vida”. Entonces te entretiene con pandemias o cuarentenas, y cuando todo se soluciona, con campañas todos los fines de semana hasta que tú te mueres, y después viene tu hijo y hace lo mismo; y el hijo de tu hijo y el hijo del hijo de tu hijo hace lo mismo. Y Satanás sigue alentando las campañas y hasta haciendo de “sponsor” si es necesario, porque de última y aunque parezca lo contrario, a él lo favorece no terminar con el propósito.

Dice la Palabra que los mantos están sucios. Los mantos siempre hablan de la unción o del oficio. Parte de la guerra de Dios contra las amenazas intimidatorias de Satanás consiste en cambiarle las ropas a la persona. Parte de la milicia contra Satanás se divide en dos puntos que aquí se ven nítidos: uno es reprender y el otro es transicionar. Si no transicionas, tú estás abierto al enemigo, pero si transicionas se completa la protección del sacerdote.

Cuando hay una reforma y Dios se está moviendo, la unción previa, anterior, es considerada vil. Hay una transición, hay una reforma, están reconstruyendo el templo. El estilo de vida está cambiando, salieron de Babilonia. Todo el tiempo él tenía un manto puesto y nadie prestó atención a eso. Pero en un momento dado en medio de la Reforma, Dios te dice: tu manto no sirve. Cuando hay una Reforma, la unción que tú traías hasta el momento de la Reforma, es considerada vil por Dios. Y no sólo vil, el próximo verso le llamará pecado.

Dios está diciendo: la capa y el manto ya no sirven. Aquello que te trajo a ti hasta hoy, ya no funciona. Si te quedas en él, dice la Escritura, Quítale esas vestiduras (Verso 4) y él dijo: mira que he quitado tu pecado. La palabra original, allí, es Iniquidad. Es decir que: cuando hay reforma, mantener las capas que traía hasta la reforma, ya se considera iniquidad.

Ahora bien: Iniquidad es una palabra muy interesante. La palabra Iniquidad, que es la palabra Pecado, allí, significa: torcer la verdad hacia un error. Es algo que iba bien y de pronto ha comenzado a torcerse. Dice que le va a cambiar los mantos y lo va a vestir de gala. Es decir que va a combinar, ahora, en la Reforma de la reedificación del templo, el sacerdote, pero le va a añadir algo y le va a poner ropa de reyes. Hasta el momento en ropa de sacerdotes, pero ahora, en medio de la reforma de Zorobabel, les va a poner ropa de sacerdote y de gala.

Aquí vemos, una vez más, a los dos oficios reuniéndose, para que la reforma se concrete. Dios reprende al enemigo, pero completa su milicia cambiándole las vestimentas al sacerdote. Parte de la represión, es completar el cambio. Parte de su protección, es venir al otro lado. Si se queda en ese lado, queda abierto al enemigo porque Dios se movió.

Aquí vemos un principio muy importante: Nº 1: Los mantos que eran precisos y buenos ante Dios, ya en la Reforma son considerados viles y de iniquidad. Si te mantienes en los mantos antiguos, estás abierto a las artimañas del enemigo. Esto es importante porque nos está hablando de aquel entonces y, en aquel entonces, era imposible que hubiera un rey y un sacerdote unidos. Dios lo tiene que hacer de alguna manera que lo justifique, porque todavía estaba en pie el orden levítico. (Esto no significa en ningún modo cambiar la Palabra de DIOS, significa renovarse por el ESPÍRITU y derribar TODA estructura religiosa, sistemática o institucional que definitivamente NO proviene del ESPÍRITU)

(6) Y el ángel de Jehová es mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar.

(8) Escucha pues, ahora, Josué sumo sacerdote, tú y tus amigos que se sientan delante de ti, porque son varones simbólicos. He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo.

Es decir que lo que nos está enseñando, aquí en Zacarías, es algo perteneciente a nosotros. Ustedes simplemente son varones simbólicos. Le estoy enseñando a la gente cómo transicionar. Lo primero que tiene que hacer es cambiar las capas, cambiar los mantos, hacia el orden de Melquisedec. Nota que el renuevo, las ramas, es la extensión del reino a través de Cristo. Somos nosotros. Él es la vid y nosotros las ramas. Así que en aquel tiempo no era normal tener ambas unciones, pero eso es simbólico para el tiempo venidero. Esto se continúa en el capítulo 6, que nos da un poquito más de luz al tema.

(Zacarías 6: 9) = Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: (10) Toma de los del cautiverio a Heldai, a Tobías y a Jedaías, los cuales volvieron de Babilonia; e irás tú en aquel día, y entrarás en casa de Josías hijo de Sofonías.

(11) Tomarás, pues, plata y oro, y harás coronas, y las pondrás en la cabeza del sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac.

Aquí estás viendo, perfectamente, que la intención es hacer un sacerdote real. Ponle una corona encima. ¿Quiénes usaban corona? Los reyes. Por si la ropa real no era suficiente, ahora la corona. Te acaba de significar que el sacerdote ahora va a tener, en lugar de mitra, corona.

(12) Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová.

Nota la relación que hay entre la expansión del Reino y la edificación de la casa. Es la rama, la expansión del Reino, la que edifica la casa. Eres tú quien edifica la casa. Pero primero hay elemento clave al cual no podemos ni debemos dejar de prestarle debida atención: hay un cambio de manto.

(13) El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos.

Nota que estos dos, están trabajando dentro de un solo hombre. El varón cuyo nombre es Renuevo… El hombre se refiere al varón perfecto, que tú ya sabes que es el varón maduro, que es el Cuerpo de Cristo, que es la iglesia. Así que la edificación está relacionada con el alcance del Reino a través del renuevo.

Aquí hay cuatro principios que, para mi gusto, deberíamos internalizar correctamente: Nº 1: Que Dios tiene una guerra contra toda posición incorrecta.  Nº 2: Que está en marcha la restauración de un orden divino Nº 3: Que también se ha puesto en movimiento la activación de la influencia del reino. Nº 4: Se pone en vigencia la autoridad que habilita la edificación de la casa. Esto significa que, en resumen, es la aseveración de los propósitos de Dios.

Cuando hay un cambio en la iglesia, esto no es independiente de tu hogar. Si la iglesia cambia, tu hogar cambia. Si la iglesia cambia, la humanidad cambia. Es decir que: cuando hay un cambio en la iglesia, ese cambio tiene que afectar a toda la sociedad. El problema es que nosotros hablamos de Reforma en la iglesia, pero fuera de la iglesia todo sigue igual. Cambiamos algunas pequeñas cosas dentro del culto, del templo, de los salones, pero afuera la vida continúa exactamente igual!!!

Si la iglesia cambia, tu mentalidad cambia. Ya no saludas igual, ya no hablas con tus hijos igual, ya no besas a tu esposa igual, ya no te relacionas con la gente igual. Un cambio en la iglesia no es SÓLO un cambio en el orden y la metodología del culto. Tú eres iglesia. La iglesia no es el pastor, los diáconos, el púlpito y la Santa Cena. La iglesia es lo que Dios dice que es y no lo que los hombres se han acostumbrado a que sea.

¿Te acuerdas de la historia de Israel? Salen de Egipto después de cuatrocientos años de silencio. Eran hacedores de ladrillos. Recuerda que Babilonia se construye con ladrillo, y así, al igual que ellos, muchos de nosotros andábamos en instituciones haciendo ladrillos. Ladrillos, moldes, cristianos que eran todos iguales, eran clones. Tú veías a uno y los veías a todos. Vestían igual, hablaban igual, se comportaban igual y tú les decía cualquier cosa y todos, a coro, le decían: ¡Amén! Cuando Dios dio la ley para el orden levítico, en verdad él quería dar a entender su corazón. Pero la gente sólo entendió la ley. Es decir que si tú vivieras el verdadero espíritu de la ley, serías totalmente libre. Pero ellos no vivieron el espíritu de la ley, vivieron la letra.

(Jeremías 7: 21) = Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne.

(22) Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

(23) Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.

Escucha: Dios le está diciendo al pueblo, allí, que Él nunca habló de sacrificios. Él dice: ¡Yo nunca te dije que sacrificaras nada! ¡Dios mío! ¿Y qué haremos, entonces, con los libros de Levíticos, Éxodo y Números, que están llenos de sacrificios y ordenanzas de Dios sobre cómo degollar el animal y qué hacer con la sangre, y qué hacer con las patas, y qué hacer con la grasa? Pero Él dice allí: Nunca pasó por mi mente la idea o el pensamiento del sacrificio.

Cuando se busca la imagen, en hebreo, del significado de este texto, la implicancia es: ni se me ocurrió pensar en sacrificios. Entonces, Fíjate muy bien lo que dice. Si tú hubieras vivido el espíritu de la ley, tú hubieras sido libre. Pero como tú viviste la letra, te ataste por la ley. Él, lo que quería, era que se obedeciera. Había un sacrificio de expiación por el pecado. Ahora: si todo el mundo obedecía y nadie pecaba, no se necesitaba el sacrificio. Pero ellos prefirieron no obedecer, seguir pecando, y hacer sacrificios. ¿Lo entiendes? Cuando Dios nos da una ley, jamás busca que nosotros vivamos atados a esa ley, sino que busquemos el espíritu de lo que dice y nos liberemos de ella. La ley ES perfecta.

Así que Dios los saca de Egipto y establece el tabernáculo. Y ellos vivían alrededor del tabernáculo. Y toda su vida era gobernada. Dónde tenía que estar la tribu de Judá, dónde podían vivir los levíticos, dónde estaba la tribu de Benjamín. Todos tenían lugares asignados para vivir rodeando al tabernáculo porque la ley gobernaba su estilo de vida. Unos llevaban las columnas, otros llevaban los mantos, otros el mobiliario del templo; cada vez que Dios decía “¡Vámonos!”, cada tribu tenía su trabajo perfectamente en claro.

Si te acuerdas correctamente, el tabernáculo tenía dos partes mayores: el atrio exterior y la corte interior. Esta estaba, a su vez, dividida en dos partes: el lugar santo y el lugar santísimo.  Una vez al año entraban con el arca y había una caja. ¿Te acuerdas de esa caja? Era la representación de Dios. Sin esta caja, sus celebraciones y sus reuniones, su congregación estaba reducida a ritos sin valor.

Ahora la caja representaba la gloria, la caja representaba el dominio, la caja representaba manifestación y la caja representaba gobierno. La caja, en sí, no era nada. Lo que la caja representaba era lo que le daba valor a sus ritos. Así hay muchas iglesias hoy: le dan valor a la caja y no a lo que la caja representa.

Tienen la caja, pero no tienen gloria. Tienen la caja, pero no tienen autoridad. Tienen la caja, pero no tienen manifestación. Tienen la caja, pero no hay gobierno. Sin estas cosas, una iglesia que no es iglesia. Tu iglesia se identifica por lo que representa la caja. Si ellos no tenían estas cuatro cosas, no tenían culto. Tenía que haber gobierno, manifestación, dominio y gloria de Dios. Esto es lo que identifica a una iglesia: ¡La presencia de Dios! Si la presencia de Dios no está, el culto es ritualismo.

(Éxodo 19: 6) = Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Es tiempo de reforma, porque es tiempo de ir hacia las sendas antiguas (O sea: el orden original), hacia las raíces, hacia la voluntad de DIOS en la Tierra como en el Cielo, es ir EN JESUCRISTO HACIA SION. No se trata de dominionismo, ni de «reinados o jerarquías humanos», no se trata de salvaguardar la institución, ni de vivir en arrogancia, altanería, soberbia y orgullo…eso se llama carnalidad. Se trata de obediencia al ESPÍRITU SANTO, preparación en Santidad sin Pecado, misericordia, juicio y Justicia para DIOS, se trata de estar listos a tiempo y fuera de tiempo en CRISTO, con Sus vestiduras.

Los rituales para nada aprovechan si CRISTO ha decidido moverse y no estar allí. Muévete hacia la dirección actual hacia donde el ESPIRITU SANTO está dirigiendo. CRISTO NO VINO A ABOLIR LA LEY, EL VINO A COMPLETARLA!! y si estás en EL, DEBES SER UNA NUEVA CREACION, donde han pasado todas las cosas viejas y han sido hechas todas nuevas!!.

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