Discípulos de un solo Maestro

Hay algo que no podemos ignorar, y ese algo es el tremendo avance que las redes sociales en todo su contexto han tenido sobre nuestra sociedad, sobre nuestro mundo en general. Los que hablamos este maravilloso idioma, sólo conocemos las que se conducen en lo que entendemos, pero si a ellas les sumamos los millones que lo hacen en otras lenguas, hay que asumir y aceptar que el de las redes sociales, es el gran tema que hoy por hoy debería acaparar la atención de los creyentes, tanto para entenderlas, como para sacarlas de su standard secular y hasta satánico, y llevarlas al terreno en donde nosotros estamos residiendo, el terreno de la fe, del amor a Dios y de la búsqueda de los diseños divinos que nos permitan militar en Su Reino. Hay creyentes que detestan a todas esas redes y han resuelto abandonarlas por completo y no contaminarse con ellas. Hay otros que han resuelto adherirse a todas y desde ellas procurar llegar con un mensaje claro de amor, de salvación y de ingreso al camino de la fe. Respeto a ambos, no fui levantado ni llamado a ser juez de nada ni de nadie. Pero sigo pensando y creyendo que la vida en Cristo es un suave y delicado equilibrio entre el conocimiento y la unción. Si sobre enfatizamos lo primero, caemos víctimas del espíritu de Grecia. Si sobre enfatizamos lo segundo, corremos el riesgo de caer en un híper misticismo tan satánico como lo que creemos combatir. No te olvides que cuando él ya no te puede frenar con incredulidad, se da la vuelta, se pone a tu espalda y te empuja al delirio místico.

Se nos ha enseñado a todos, unos más, otros menos, -las diferencias están en los métodos-, que nuestra Gran Comisión es predicar el evangelio. Y aunque este término no está así en la Palabra, es verdadero y genuino. Lo que no siempre hemos acertado a saber con seguridad, es cuál es el evangelio que tenemos que predicar. Hoy, la onda casi de moda, es hablar del Reino y asegurar que ese es nuestro evangelio, cosa que efectivamente es así porque eso exactamente fue lo que predicó Jesús, pero que a mi entender es un conocimiento incompleto, ya que le falta un par de detalles que tienen su peso y valor. El evangelio de Mateo, en 28:18-20, nos da la pauta precisa cuando cuenta: Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Está sumamente claro. El mandato es preciso y concreto: que vayamos y hagamos discípulos en todas las naciones. No a salvar almas, no a ayudar a los pobres, no a formar grupos ideológicos para gobernar naciones, no a respaldar a políticos que dicen ser amigos o “hermanos”, no a nada que no sea hacer discípulos. Allí es donde nos encontramos con el primer dilema: ¿Qué cosa es un discípulo? Nuestro diccionario español, nos da dos acepciones. Una, que es una persona que recibe enseñanzas de un maestro o que sigue estudios en una escuela, la otra, que es una persona que sigue y defiende las ideas, doctrinas y métodos de un maestro. Según nuestras biblias, discípulo es un término que tiene su origen en un vocablo latino y que sirve para referirse a un individuo que sigue una determinada doctrina. O sea que, para que exista un discípulo, o seguidor, tendrá que existir un maestro, a los que la sociedad secular ha nominado como líder. Lo cierto es que la Palabra muestra al discípulo como un aprendiz, alguien que sigue las huellas de su referente.

¿Y quién es un discípulo verdadero? Aquel que le brinda Vida Eterna a quien la quiere, por el poder que hay en su palabra. Por eso, es y tiene que ser en estas palabras en donde deben permanecer estos discípulos. Un discípulo cree por el Evangelio y permanece por el Evangelio. Las palabras de Cristo son Espíritu y son Vida para Él. Eso es un discípulo del Señor, no nuestro. ¿Y cómo lograr uno? ¿Cómo hacer de un incrédulo o un religioso, un verdadero discípulo del Señor? Enséñale. Aunque no te entienda, aunque no te crea, aunque lo compare con las mieles del mundo secular y hasta se enoje contigo, enséñale. Luego corrígelo. Cuando veas que sus decisiones son egocéntricas, emocionales o sencillamente mundanas, corrígelo. También aquí quizás se enoje, pero hazlo de todos modos. Modela su vida, su carácter, su todo. Recuerda que Jesús no solamente capacitó a sus discípulos para enseñarles a las personas, sino para cambiarles la vida. Y finalmente, ámalo. El poder del amor de Dios en la vida de una persona, le da sustento y autoridad para encarar lo que sea. Y ese será el discípulo que honre y fundamentalmente glorifique a su Maestro divino, Jesucristo.

Tengo la certeza total que por aquí pasa el futuro inmediato del Cuerpo de Cristo en la tierra. Y no digo Iglesia, porque no sé qué es lo que en lo futuro veremos cómo iglesia, digo Cuerpo de Cristo. Creo que deberías comenzar ya mismo a orar firme y fuerte para que sea el Señor el que vaya trayendo a tu vida a creyentes tan genuinos como tú, dispuestos a ser fieles discípulos del Señor y a extender ese mandato hasta el último de sus días. Luchar por otra cosa o defender otras causas, así se trate de cosas nobles y sanas, es apartarse de nuestra verdadera Gran Comisión. Y tú sabes muy bien que todo lo que no se invierte en lo que Dios está diciendo y haciendo en este tiempo, es esfuerzo perdido. Y particularmente, entiendo que no queda tanto tiempo por delante como para darnos el lujo de dilatarlo innecesariamente en egocentrismos estériles. ¿Cómo hacerlo? Creo que Pedro nos da una pauta clara cuando en el Primer Capítulo de su Segunda Carta, nos dice en los versos que van del 5 al 7: vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

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Tres Impactos Profundos

Hay tres factores en la vida de los creyentes que le complican la vida. Los tres confluyen en una batalla permanente en varios frentes: el emocional, el social y el espiritual. El primero, que tiene enorme incidencia en la paz que alguien pueda lograr o no, es la dificultad que existe en las personas en otorgar y solicitar perdón. (Mateo 5: 43-44)= Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; El primer paso para perdonar es reconocer tu resentimiento contra un enemigo, rival o adversario en algo. Tienes que identificar a ese enemigo y a lo que pueda haber hecho para herirte. Allí es donde tienes que decir: Lo perdono por tal y tal cosa”. Después arrepentirte de lo que estás sintiendo y pedirle a Dios que te perdone a ti, tal como Jesús lo hizo y dijo que debíamos hacer cuando enseñó a orar con lo que llamamos “el Padrenuestro”.

Después de eso, deberás orar fervientemente por el bien de ese enemigo o adversario tuyo. Jesús nos dijo que oráramos por nuestros enemigos y que eso nos ayudaría enormemente a amarlos. Cuando tú oras por tus enemigos, le pides a Dios que se manifieste ante ellos y llene sus necesidades, estás venciendo al mal con el bien, ¿Entiendes? En lugar de llenar tu mente de pensamientos negativos, aliméntala con pensamientos positivos sobre el amor de Dios hacia esa persona. Si Dios responde a tu oración, como es tu deseo, la persona por la que estás orando será bendecida y recibirás una lección de alto nivel sobre la redención, el más alto exponente del perdón divino. Si le pides a Dios que bendiga a alguien que te ha herido, el resultado será un pecador arrepentido y un nuevo hermano o hermana en Cristo. Recuerda que sin arrepentimiento, no hay posibilidad de perdón. Pero que sin perdón, no hay posibilidad de acceder a la paz. Y que sin paz, no hay modo de tener la autoridad que nos ha sido conferida.

El segundo baluarte a vencer, es social y tiene que ver con el espíritu de culpa que se adueña de las personas sencillamente por ser pobres. (Lucas 18: 22)= Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Se ha enseñado durante muchos años que la santidad y la pobreza van juntas. El apóstol Pablo dice: Sé vivir humildemente y sé tener abundancia. Entonces añadió: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Puedes ser tan santo cuando tu situación financiera es confortable, como cuando eres pobre. Quizás sea más fácil clamar a Dios cuando se está en necesidad. Pero si los creyentes santifican a Dios en sus corazones más allá de las preocupaciones materiales, deben ser capaces de vivir por encima de las circunstancias que los rodean, ya sean estas de prosperidad o de pobreza.

La pobreza es una maldición, no una bendición. No es ciertamente un sinónimo de rectitud. A veces es producto de los horrores de una guerra, de las malas administraciones de un gobierno injusto o poco previsor. En ocasiones es el resultado de una opresión de los ambiciosos y egoístas, o de la desobediencia humana a los mandamientos divinos, o de ignorar los principios que encierran las bendiciones de Dios. A veces la pobreza temporal es el resultado de un ataque satánico o de una seria e inexplicable calamidad. Cualquiera sea su causa, pobreza y santidad no son equivalentes. Algunos hacen voluntariamente un voto de pobreza para poder entregarse completamente a Dios. En tal situación la pobreza se convierte en una bendición para esas personas, debido a que han renunciado a todos sus bienes materiales para servir al Señor. Esto, más que obviamente, si el Señor verdaderamente los ha llamado a esa actitud. De otro modo, es una auto flagelación que no llega a ninguna parte del mundo espiritual. Sin embargo, la simple pobreza no constituye una señal de santidad. Por supuesto, lo mismo puede decirse de la riqueza.- Los santos son aquellos que están contentos allí donde Dios los ha situado, y sirven al Señor de todo corazón, independientemente de las circunstancias materiales que los rodean.

Y, finalmente, porque no puedo ni debo evadir el tema, tengo que recalar en lo que espiritualmente representa el flagelo del aborto. En mi país, ayer, la Camara de Diputados de la Nación dio media sanción al proyecto de despenalización del aborto. Hubo un largo debate al respecto y finalmente triunfó esta postura. Los creyentes no podemos ni siquiera pensar en un debate o algo parecido. Es un tema que tenemos absolutamente claro, o no tenemos conciencia donde estamos plantados. (Salmo 139: 13)= Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. El aborto constituye definitivamente un mal. Es suprimir una vida humana, ya que la Palabra de Dios muestra que la vida comienza con la concepción. Dios nos da forma cuando aún estamos en el vientre de nuestra madre. El profeta Jeremías y el apóstol Pablo fueron llamados desde antes de su nacimiento. Mi embrión vieron tus ojos, dice el verso 16 del mismo salmo. Juan el Bautista saltó en el vientre de su madre cuando se escuchó la voz de María, la madre de Jesús. Obviamente, los niños ya poseen identidad espiritual desde que están en el vientre de sus madres. Eso creemos los hijos de Dios llamados cristianos y oficiando como creyentes. Cualquier otra cosa será merecedora de respeto, pero no formará parte de nuestras convicciones, eso es claro.

Desde el momento en que ocurre la concepción comienza un proceso de desarrollo que continúa hasta la edad adulta. Dios condenó a los israelitas que sacrificaban sus hijos al dios pagano Moloc. Esas criaturas se consumían en el fuego del sacrificio, ofrecidas a un dios de la sensualidad y las conveniencias humanas. Lo mismo ocurre en nuestros días, y al actuar de esa manera confesamos que los seres humanos no valen nada para nosotros. Esta es una terrible mancha en nuestra sociedad. La Palabra de Dios no es más específica en el caso del aborto porque tal práctica era algo impensable para el pueblo de Dios. Por ejemplo, cuando Israel estaba en Egipto, un faraón cruel forzó a los israelitas a matar a sus niños recién nacidos. En la Biblia se considera este incidente como el más alto exponente de la crueldad y la opresión. La idea de matar a sus propios hijos era anatema entre los hebreos. A todo lo largo del Antiguo Testamento, las mujeres soñaban con los hijos. Los hijos se consideraban un don de Dios. Las mujeres imploraban por no estar estériles. ¿Como puede una mujer creyente, entonces, destruir a su propio hijo? El aborto no sólo es inconcebible, sino el máximo exponente de la barbarie pagana.

El aborto es una decisión personal que tendrá inevitablemente consecuencias espirituales. Eso, en lo individual, tanto para la mujer que lo decida como para el hombre responsable que lo avale. Reitero: es individual, tiene distintas lecturas y cada uno asumirá su responsabilidad. Pero en mi país habrá algo más para reflexionar: una ley. Y si esa ley es aprobada finalmente, por ser ley deberá respetarse, entonces lo único que se me ocurre como hijo de Dios, es pedir al Padre que tenga misericordia de Argentina. Amén.

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¿Dónde Estás Tú?

Siempre me impactó que, ni bien se produjo la desobediencia del primer hombre y la primera mujer, en cuanto a no comer del fruto que se le había prohibido, y que por ese motivo sus ojos fueron abiertos y pudieron verse a sí mismos tal como eran, y por temor se escondieron, que Dios mismo en persona, lo primero que le dice al hombre cuando lo vuelve a encontrar, es: ¿Dónde estás tú? ¿Es que Dios verdaderamente ignoraba donde se había escondido Adán? No, Dios lo sabía todo, pero quiso en un acto más de misericordia, darle la posibilidad de expresarlo, de decirlo, de arrepentirse, de reconocer que había fallado y volver a sus brazos como estaba antes de desobedecer y caer. Pero el hombre no retornó, sino que decidió vivir su propia vida. Y Dios se lo permitió por su enorme amor y paciencia. Y llegado al hoy, ese mismo hombre, encarnado en cualquiera de nosotros, anda por esas calles de la vida cuestionando a Dios por todo lo que nos está pasando y casi preguntándole con irreverencia: ¿Dónde estás tú, Dios mío? ¿Por qué no haces algo para terminar con esto? La respuesta se nos revela a todos a partir de una palabra que recibí y que está en Job 38, 39 y parte del 40. Yo pude haber sido uno de los que le hizo esa demanda, entonces seré yo el que reciba esa respuesta. Y lo haré desde la versión de Lenguaje Actual, para que suene más contundente y precisa.

(Job 38: 1) = Dios le respondió a Job desde la tormenta: (2) «¿Quién eres tú para dudar de mi sabiduría, si sólo tonterías has dicho? (3) ¡Vamos a ver qué tan valiente eres! Ahora yo voy a hablar, y tú me vas a escuchar. (Sí, Señor…como tu digas, Señor…pero detén esa tormenta que me hace sentir temor …) (4) »Si de veras sabes tanto, dime dónde estabas cuando puse las bases de la tierra. (5) ¡Tú no sabes quién la midió metro a metro, (6) quién puso la primera piedra y en qué descansan sus cimientos! (7) ¡Tú no estabas allí, mientras cantaban las estrellas y los ángeles danzaban! (8) »Dime quién puso límites al mar cuando este cubrió la tierra; dime cuándo lo envolví entre nubes y lo dejé en la oscuridad; dime cuándo les mandé a las olas no pasar más allá de la playa. (No, Señor…yo no sé nada de eso… ¿Cómo se te ocurre que yo estaría allí cuando cantaban las estrellas y los ángeles danzaban? ¡Me hubiera desmayado!) (12) ¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes al sol para que comience un nuevo día? (No, Señor…¿Cómo le voy a dar órdenes al sol?)  (13) ¿Alguna vez en tu vida le has dado órdenes a la tierra para que se quite de encima a los malvados? (Tampoco, Padre, ¡Pero te aseguro que lo haría de buena gana!) (14) Cuando la luz del nuevo día se asoma tras las montañas, (15)  los malvados no soportan su luz, y allí se acaba su poder.

(16) »¿Has bajado al fondo del mar para ver dónde nace el agua? (¡No, Señor! ¿Cómo podría?)  (17)  ¿Has bajado al reino de la muerte y visitado a los muertos? (Padre…tú sabes que no…) (18) Si en verdad lo sabes todo, dime cuánto mide la tierra. (19) »¿Sabes dónde viven la luz y la oscuridad? (20) ¿Puedes llevarlas al trabajo, y regresarlas a su casa? (¡No! ¡Yo no podría hacer nada de eso!) (21) ¡Claro que no! No has vivido tantos años ni naciste antes que ellas. (22) »¿Has estado en los depósitos donde guardo la nieve y el granizo? (¡Oh! ¿Hay depósitos para la nieve y el granizo?)  (23) Yo los tengo guardados para los tiempos de guerra y para castigar a los malvados. (Ah…no lo sabía…) (24) ¿Sabes hacia dónde se dirigen los relámpagos, y a qué regiones de la tierra viajan los vientos del este? (25) ¿Sabes quién deja caer las lluvias torrenciales, (26)  y quién riega los desiertos, donde nadie vive? (27) ¿Quién riega los campos secos y los convierte en verdes prados? (28) ¿Quién produce la lluvia y el rocío? (29) ¡Dime de dónde salen el hielo y la escarcha, cuando el agua del mar profundo se endurece como la roca! (No lo sé, Dios mío, ¡No se nada de eso!) (31) »¿Puedes hacer que las estrellas se agrupen en constelaciones y aparezcan todas las noches? Allí tienes a la Osa Mayor, a Orión, las Siete Cabritas y la Cruz del Sur. (¡No, Padre! ¿Cómo podría hacer yo algo así?)

(33) ¡Si no sabes gobernar la tierra, cómo podrías gobernar el cielo! (Perdóname, Padre! Es tan cierto, eso…) (34) »¿Puedes ordenar que llueva con sólo levantar la voz? (No) (35) ¿Puedes darle órdenes al rayo, y hacer que te obedezca? (No, no puedo hacer eso) (36) Dime quién les dio sabiduría al gallo y a las otras aves. (Tú, Señor) (37) Dime si eres capaz de contar las nubes y hacer que llueva (38) para humedecer la tierra cuando esta se reseca. (No sé cómo haría eso) (39) Tú no consigues comida para las leonas y sus cachorros, (49) mientras duermen o descansan en el fondo de sus cuevas. (41) Tú no alimentas a los cuervos, cuando sus polluelos andan perdidos y me piden de comer. (Es verdad, yo no hago nada de eso, ni lo haré jamás) (Job 39: 1) = »¿Sabes cuándo nacen las cabras monteses? ¿Has visto nacer a los venados y cuánto tardan en nacer? (3) Al llegar el momento, la madre se encorva en el bosque y tiene a sus críos; ellos crecen y se hacen fuertes, y luego se van para no volver. (5) »Yo soy quien hizo libres a los burros salvajes; (6) yo soy quien les dio el desierto para que vivan allí. (7) Son tan libres que no hacen caso de los ruidos de la ciudad ni de los gritos de los arrieros. (8) Y así, andan por los cerros en busca de pastos verdes. (¡Qué maravilla inigualable que eres, Señor!)

(9) »¿Tú crees que un toro salvaje estará dispuesto a servirte y a dormir en tus establos? (No, no lo creo) (10) ¿Tú crees que si lo amarras podrás hacer que te siga, y que no se aparte del surco hasta que cultives tus campos? (No me parece que pueda lograr eso) (11) ¿Puedes confiar en su fuerza y echar sobre sus lomos todo el peso de tu trabajo? (No, no podré dominarlo) (12) ¿Puedes hacer que el toro junte todo tu grano y lo lleve hasta el molino? (Yo no, pero sé que tú si) (13) »El avestruz es muy alegre, y le gusta agitar sus alas, pero no es un ave cariñosa: (14) pone sus huevos en la arena, y allí los deja empollar; (15) ¡no parece importarle que una fiera los aplaste! (16) Maltrata a sus polluelos como si no fueran suyos, y no le importa que se pierdan. (17) Cuando yo repartí la sabiduría, no le di su porción de inteligencia, (18) pero cuando extiende sus alas es más veloz que cualquier caballo. (Esto es así, sin dudas, los conozco. Habitan el sur de mi país…)

(19) »¿Eres tú quien le dio al caballo su fuerza y sus largas crines? (20) ¿Eres tú quien lo hace saltar como si fuera un saltamontes, y que asuste a la gente con su orgulloso resoplido? (21) El caballo patea con furia y se lanza hacia la llanura, sintiéndose orgulloso de su fuerza. (22) No tiene miedo de nada, sino que ataca de frente. (23) El ruido de las armas resuena en sus oídos; oye a lo lejos la trompeta, y al oír las órdenes de ataque, resopla y corre a todo galope sin que nadie pueda detenerlo. (Maravilloso el caballo. Pura dignidad y majestuosidad. Digna creación salida de tus manos, Señor) (26) »¿Le enseñaste al halcón a volar y dirigirse hacia el sur? (27) ¿Fuiste tú quien ordenó que el águila remonte el vuelo y haga su nido en las alturas? (28) El águila vive en las montañas; pasa la noche entre las grietas. (29) Desde su lejano escondite se lanza sobre su presa, y la mata. (30) Las águilas se juntan alrededor de la presa, y sus polluelos se ponen felices cuando se beben la sangre. (¡Sí Señor! ¡Esta es TU creación! Toda ella conectada y en sintonía perfecta…

 (Job 40: 1) = »Yo soy el Dios todopoderoso; tú me criticaste y desafiaste, ahora respóndeme». (3) Y Job le respondió: (4)  «¿Qué podría responderte si soy tan poca cosa? Ya he hablado más de la cuenta, y no voy a insistir. Prefiero quedarme callado».

Fin. Yo puedo ser uno de los que se plantó casi con imberbe soberbia y altanería delante de Dios y le recriminó la razón, el porqué de su decisión de permitir esta pandemia que se está llevando vidas, trabajos, sustentos, felicidad. Y de paso, una vez más, recordarle la desnutrición y la muerte infantil, la injusticia social que abunda en el mundo, los abusos de poder de todos los poderes, las depravaciones sexuales de los cultores de la moral, los ataques a la vida con leyes de muerte de los elegidos para vivir mejor y todo eso que tanto nos duele. Y podría darle a este comentario un remate genial, lleno de expresiones voluntaristas de declaraciones impactantes que te harían saltar de tu asiento y aplaudirme, pero… ¿Sabes qué? De pronto me siento tan parecido a Job…Tan parecido… que no puedo hacer otra cosa que cerrar mis ojos, renovar mi confianza en el que nunca me defraudó y decir…Prefiero quedarme callado…

 

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¿De Oído Oiréis, y No Entenderéis?

Recuerdo una mañana en la emisora radial en la que trabajaba, concluido el programa atendí personalmente la consulta de un hermano mayor que yo en ese momento, que necesitaba que lo ayudara a resolver un problema personal que vivía y al cual no le encontraba salida clara. Para mí todo estaba muy claro y concreto, la solución era muy simple y con suficiente respaldo bíblico y así se lo dije. Nunca me voy a olvidar de su mirada casi extraviada, perdida en un horizonte lejano y sin luz ni brillo en sus ojos. Y un murmullo apenas audible que salió de sus labios: “No entiendo, Néstor, no entiendo…” me dijo. Me quedé observándolo casi con incredulidad. ¿Cómo era posible que no me entendiera algo que era tan simple y puntual? Allí, en esa mañana y en un hecho casi cotidiano de los tantos similares que ocurren, me di de cara por primera vez con la falta de entendimiento en un creyente. Fiel, honesto y sincero, dispuesto a ser obediente y sano, pero sin entendimiento.

¿Qué cosa es entender? La palabra que usamos viene del latín intendere, compuesto por in, que significa Dentro, y tendere, que viene a ser Estirar en el sentido de dirigirse hacia algo, el conocimiento de un objeto, para incorporarlo a la estructura mental, de modo no arbitrario, sino comprensivamente. Lo que se entiende tiene sentido, resulta claro, se lo puede juzgar, valorar y sobre todo aplicar a otros casos similares, solucionando muchos problemas de la vida cotidiana. Eso es, en líneas generales, entender. Entonces ahora nos cabe la auto observación y análisis personal y grupal. ¿Es suficiente convertirse para entenderlo todo de una? No. Es notorio que nos lleva un tiempo. Pero pasado ese tiempo, ¿Es garantía que hayamos entendido todo o lo estemos entendiendo? No, no es garantía, hay miles de ejemplos de creyentes con muchos años en el camino que llevan vidas complejas por causa de su falta de entendimiento. La gran pregunta que nos surge, entonces, es: ¿Cómo se sale de eso? O más osada la pregunta: ¿Hay una salida para eso? La respuesta es sí, la hay.

En el marco de La Parábola del Sembrador, Jesús dice algo que Mateo recoge en 13:23: Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno. ¿Seré yo el único al cual le enseñaron que el que oye la palabra es el que da fruto y produce, dejando de lado que en medio de ese concepto está la palabra entiende que generalmente nadie te menciona? La gran pregunta que debes formularte, es: cuando oigo la palabra de Dios, ¿La entiendo? ¿O sólo la oigo y creo que con eso ya es suficiente? Hay tres poderosos versículos en Marcos 4:23-25. mira: Si alguno tiene oídos para oír, oiga. Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Quiero que prestes atención suma a la palabra que los evangelistas interpretaron como Oír en el verso 23. Tal como la entendemos hoy, esa palabra no transmite el significado de lo que Jesús quiso decir. La palabra que Él usó es la palabra griega akouo y se traduce como Oir con entendimiento. No simplemente oir, no es suficiente escuchar. Es obligatorio Entender.

Y a eso lo vemos reflejado en Mateo 15:10: Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: ¿Te das cuenta? Las dos cosas son obligatorias, no sólo oír. Porque Jesús mismo advierte con mucha claridad y precisión que debemos tener cuidado con lo que oímos y comprendemos. Hay personas bien intencionadas que dicen que ir a cualquier iglesia es lo mismo, porque todas son iguales. O escuchar a un predicador o maestro u otro, porque todos enseñan bien. Eso es un grave error. Puedes partir de la base que se te ha demostrado claramente que los fariseos enseñaban mal y erróneamente a su gente. Y Jesús sostiene que a partir de esas malas enseñanzas, la gente ya no puede recibir la verdad. No todo es lo mismo, no. El que te enseña la palabra de Dios, moldeará tu entendimiento de ella. O sea: lo que tú aprendes de tu maestro, es lo que comprenderás. Lo que tu ministro o maestro comprenden, te ayudará o impedirá tu habilidad de recibir de Dios. Marcos 4:24-25 confirma eso: Les dijo también: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís. Porque al que tiene, se le dará; y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

Esto último te lo deja muy claro: si tú entiendes poco, recibirás poco. Si tú entiendes mucho, recibirás mucho. En tanto más entiendas, más recibes. De hecho, si tienes un maestro que no cree en milagros y no enseña sobre ellos, en tu vida no habrá milagro alguno, aunque tú pienses que puede haberlos. Una cosa es pensar, imaginar y hasta desear algo, y otra cosa es creerlo. Y en eso se juntan la sanidad, la prosperidad, la liberación y todo aquello que pertenece a una vida diaria que nunca es fácil. Ejemplo y ejemplo básico: Dios ha dicho que suplirá todas tus necesidades. Si tú puedes entender esa promesa, creerla y activarla en tu vida, jamás tendrás necesidades ni escasez de nada. Si no lo entiendes, no te opones ni desmientes la promesa, pero en tu vida jamás se activará. Lo resume muy ajustadamente 3 Juan 2: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Fíjate bien en esto: la oración de Juan es que tú seas sano, pero como condición, él pone que también debe prosperar tu alma. ¿Y qué tendría que ver la salud con la prosperidad del alma? Que en el alma está la mente, y en la mente el intelecto, y el intelecto es lo que usamos para entender las cosas.

2 Pedro 1:3, dice: Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. Esto te dice que Dios proveerá todo lo que necesitas, pero la única condición que te pone es que todo eso tiene que venir a nosotros a través del conocimiento, que es intimidad, pero también Entendimiento. Comprende que Dios ya te dio todo cuando te dio a Jesús. Él te dio su posesión más preciosa. Ahora bien; si Él ya te ha dado su posesión más preciosa, ¿Por qué rehusaría darte todo lo demás que necesitas? Una vez que comprendemos lo precioso que Su Hijo es para Él, comprendemos que Él nos lo dará todo. Un caso puntual es el rey Salomón. Cuando debió pedir, pidió Sabiduría. Y como respuesta a su oración, recibió alto entendimiento, y eso le trajo sabiduría a su vida. Él no pidió riquezas, ni vida larga ni venganza contra sus enemigos. Él simplemente pidió entendimiento, y al hacerlo, Dios suplió todos sus otros deseos.

Entonces tú te rascas la nuca, miras el monitor y dices: ¡Muy bien! De acuerdo. No tengo entendimiento, ¿Y ahora qué hago?¿Dónde lo voy a buscar? Al entendimiento en ninguna parte, te bastará con buscar a Dios, porque dice Proverbios 28 que los que buscan a Dios son los que entienden todo. Luego, apártate de la maldad, porque Daniel 12 dice que los hacedores de maldad no entienden. Seguidamente, camina en fe, porque dice en Hebreos que por la fe comprendemos. Después estudia la Palabra de Dios, que es la que te trae entendimiento y, finalmente, repite con certeza y convicción la oración del apóstol que vemos en Efesios 1:15-18: Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos. Listo. Me quedo tranquilo, ahora sé que si me acompañaste hasta aquí, has entendido.

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Mientras Ruge la Tormenta

Como simples observadores de la realidad que vivimos, y más allá de nuestro trabajo ministerial, estamos convencidos que uno de los problemas del alma más graves que se están produciendo en el marco de los protocolos de aislamiento y movimientos restringidos que nos ha traído esta pandemia, es el que tiene que ver con la ansiedad. Tanto las redes sociales como la televisión de cada país, le otorgado a esta patología general una atención suma, evidenciada en los distintos discursos que las distintas ciencias tienen respecto a estos estados de ansiedad, sus razones y alguna forma de paliativos para superarla. Creo que los hijos de Dios, que también vivimos el mismo aislamiento y reclusión domiciliaria podemos aportar algo al respecto, que tenga visos de solución realmente efectiva y no convierta a un problema social como es la pandemia, en un asunto de vida o muerte.

A lo largo de nuestra vida hemos aprendido algunas cosas muy interesantes acerca del sistema nervioso. Gracias a nuestro sistema nervioso podemos ver, oír, tocar, gustar y oler. Sin este sistema no podríamos funcionar para nada, y aún se verían afectados nuestra manera de pensar, reaccionar frente a las cosas y nuestros sentimientos. Gracias a todos los mensajes que giran en nuestros nervios es que podemos expresar emociones, tales como el placer, la tristeza, el temor, la ansiedad, las preocupaciones y otras. Nuestro sistema nervioso puede brindarnos placer así como también traernos dolor y sufrimiento. De la misma manera nuestros sentimientos pueden ser muy positivos y felices o pueden ser muy negativos e infelices. Como seres humanos somos fácilmente afectados por lo que sucede a nuestro alrededor y por nuestras circunstancias.
Las cosas buenas y positivas nos traen placer pero a veces en un abrir y cerrar de ojos todo cambia y nos trae dolor y nos causa nervios, ansiedad, preocupación y temor.

Debes saber que si pasas la mayor parte de tu tiempo nervioso y ansioso, no sólo tendrás una vida infeliz sino que podrás llegar a enfermarte. Tus sentimientos están ligados a tu sistema nervioso el cual cubre todo tu cuerpo, así que si vives con constantes temores y preocupaciones, puedes llegar a desarrollar serias enfermedades. Nadie quiere ser infeliz, estar ansioso, temeroso o preocupado, pero parece ser una manera muy natural de responder a ciertas cosas que suceden en nuestras vidas, como esta que vivimos en este tiempo como sociedad. Pero resulta ser que Dios nos hizo con esta clase de sentimientos con algún propósito. Hay veces que al estar bien temerosos puede darnos fortaleza física para hacer ciertas cosas que no seríamos capaces de hacer normalmente. A veces hemos dicho «No se de dónde saqué fuerzas pero lo hice».

Dios nos ha hecho de una manera tan maravillosa que cuando estamos en un peligro, una hormona llamada adrenalina hace que nuestro corazón lata más fuerte y envíe fuerzas inmediatamente a los músculos. Es una respuesta de fuga o lucha. Es decir llegamos a ser lo suficientemente fuertes por un corto momento para luchar contra algo o correr rápido. Pero si constantemente estamos con temores y ansiedades, nuestros cuerpos están bajo una constante presión y eso es lo que nos lleva a enfermarnos. Entonces la gran pregunta, es: ¿Qué podemos hacer si circunstancias como estas nos hacen estar siempre ansiosos y temerosos? Para responder a esta pregunta quiero referirme a una historia verdadera de la Biblia que ocurrió en la vida de Jesús y sus discípulos. Mira Marcos 4:35: Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. (36) Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. (37) Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. (38) Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? (39) Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. (40) Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? (41) Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?

Era muy natural que se hubieran asustado de una tormenta, especialmente cuando las olas golpeaban el bote hasta dejarlo casi lleno de agua. ¿Cómo te sentirías tú? Yo no estaría precisamente tranquilo, te lo aseguro. Debido a que Jesús estaba durmiendo y no haciendo nada ellos pensaron que no tenía cuidado, que le resultaba indiferente todo. Cuando lo despertaron, ellos estaban histéricos del susto y le gritaron: Maestro; ¿no te importa que nos ahoguemos? Jesús no se puso como loco, corriendo de aquí para allá como ellos. ¿Por qué no? Porque él sabía que tenía el poder sobre el viento y las olas. Después de todo, la Biblia nos cuenta que cuando Dios hizo el mundo Jesús estaba con Él, creando todas las cosas. Así que para el asombro de los discípulos, Jesús tranquilamente, se despertó y habló al viento y a las olas que se calmaran. Imagínate el dibujo de la sorpresa en el rostro de los discípulos. Ahora no estaban asustados del viento y de las olas sino que se llenaron de temor al ver que Jesús era tan poderoso. Si Jesús era sólo un buen hombre o un maestro o un profeta no podría controlar el viento y las olas como lo hizo. Él estaba demostrando en ese momento quién era realmente, era Dios en cuerpo de hombre.

Todos nosotros experimentamos tormentas en nuestras vidas.  Esta pandemia, por sus características, muy bien puede ser una de ellas. Es natural sentirnos inseguros. temerosos y hasta ansiosos. Y también puede ser que de pronto sientas como que a Dios no le importa tu situación. Pero, Jesús sólo quiere que hagas como sus discípulos, que le digas que tienes miedo. Que te acerques, lo llames y le cuentes que estás nervioso y ansioso. Si sientes como que Dios no tiene cuidado puede ser que Él está esperando que seas honesto y le digas tus sentimientos. Y así como hicieron sus amigos lo que debes hacer es pararte y observar lo que Dios hará.
Puede ser que no calme la «tormenta» en tu vida pero él tiene poder para estar contigo a través de la tormenta y darte la calma que necesitas. Él quiere darte la paz en medio de las tormentas.

Hay algo muy importante que Dios quiere que todos hagamos: confesar nuestros pecados a Él. Que le contemos acerca de todos los errores que hemos cometido porque tiene todo el poder para perdonarnos y limpiarnos de todo mal. El quiere ayudarnos a triunfar sobre los sentimientos de ansiedad y temor y sustituirlos por sentimientos de paz y de calma. A través de su palabra en la Biblia nos pide por medio de Pablo en Filipenses 4: 6 y 7; Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Esta es la única solución posible a lo que estás sintiendo en estos días. ¿Lo tomas? Serás más que vencedor. ¿No lo tomas y eliges otras soluciones? Se te respetará, pero sólo perderás tu tiempo y la oportunidad de ser ministrado por el Dios de todo poder.

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Padre… ¡Socorre a tu Ungido!

Pandemia, aislamiento, distanciamiento social, tapabocas, hisopados, contagiados, recuperados, fallecidos. Estos términos parecerían haberse incorporado en forma permanente a nuestro vocabulario cotidiano. ¿Cuánto tiempo llevamos en comunión con ellos? ¿Cuánto más estaremos? Todas preguntas que el mundo en general formula y se formula sin obtener respuestas. ¿Y nosotros, los creyentes? Las mismas, con un añadido que en algunos casos es…casi ofensivo por su dureza. ¿Dónde está Dios? se atreven algunos. ¿Se olvidó de nosotros? Arriesgan otros. ¿Hará algo en nuestro favor alguna vez? dudan unos cuantos. Creo que hay una respuesta, y está en el tercer capítulo del pequeño libro del profeta Habacuc. Un libro escrito en la penumbra, con los pensamientos del profeta envueltos en sombras. Parecería, al igual que muchos de nosotros hoy, que al comenzar a escribir él tuviera un signo de interrogación fijado en su mente. ¿No estamos hoy, todos nosotros, en esta misma situación? ¿No tenemos esas mismas preguntas y cuestionamientos, cuando salimos a buscar desesperadamente respuestas que no parecen hallarse en ninguna parte? Exactamente en esta situación estaba Habacuc, la misma en que tantos y tantos creyentes tan fieles y sinceros como era él están hoy, en este preciso tiempo.

Sin embargo, él después va a concluir su libro expresando una tremenda experiencia de la gloria de la Presencia de Dios con una gran exclamación. Encuentra una fe segura y firme y la expresa en la última parte de este libro. Allí es donde está este cántico en forma de oración que, de alguna manera, tiene directa vinculación con lo que es hoy nuestro diario vivir y esperar en Cristo. Y pensé compartir esto, porque es una oración intensa, madura, necesaria. Fue como si el profeta le hubiera dicho a Dios que su oración no fue respondida. El Señor le había dicho: “Habacuc, yo quiero que vivas tu vida por medio de tu fe. Que confíes en mí. que permanezcas en la torre de vigía donde te instalé.” Es obvio que en la vida de Habacuc, ocurrió un gran cambio. Esa experiencia gloriosa que él pasó en la torre de vigía y esa paciente espera por una respuesta por parte de Dios, lo llevó al punto de tener una verdadera fe, y no sólo eso, sino que abrió sus ojos a una realidad de la cual no era consciente anteriormente. Así es que este es un cántico, que muy bien podríamos estar ejecutando y cantando a todo pulmón hoy mismo, ahora mismo.

Dice Habacuc 3: Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot. Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia. Dios vendrá de Temán, Y el Santo desde el monte de Parán. Selah Su gloria cubrió los cielos, Y la tierra se llenó de su alabanza. Y el resplandor fue como la luz; Rayos brillantes salían de su mano, Y allí estaba escondido su poder. Delante de su rostro iba mortandad, Y a sus pies salían carbones encendidos.  Se levantó, y midió la tierra; Miró, e hizo temblar las gentes; Los montes antiguos fueron desmenuzados, Los collados antiguos se humillaron. Sus caminos son eternos. He visto las tiendas de Cusán en aflicción; Las tiendas de la tierra de Madián temblaron. ¿Te airaste, oh Jehová, contra los ríos? ¿Contra los ríos te airaste? ¿Fue tu ira contra el mar Cuando montaste en tus caballos, Y en tus carros de victoria? Se descubrió enteramente tu arco; Los juramentos a las tribus fueron palabra segura. Selah Hendiste la tierra con ríos. Te vieron y tuvieron temor los montes; Pasó la inundación de las aguas; El abismo dio su voz, A lo alto alzó sus manos.

El sol y la luna se pararon en su lugar; A la luz de tus saetas anduvieron, Y al resplandor de tu fulgente lanza. Con ira hollaste la tierra, Con furor trillaste las naciones. Saliste para socorrer a tu pueblo, Para socorrer a tu ungido. Traspasaste la cabeza de la casa del impío, Descubriendo el cimiento hasta la roca. Selah Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros, Que como tempestad acometieron para dispersarme, Cuyo regocijo era como para devorar al pobre encubiertamente. Caminaste en el mar con tus caballos, Sobre la mole de las grandes aguas. Oí, y se conmovieron mis entrañas; A la voz temblaron mis labios; Pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; Si bien estaré quieto en el día de la angustia, Cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas. Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar. Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas.

Lo llamativo de esta oración hecha cántico, es que se ejecuta a continuación del juicio contra Babilonia, en una tremenda similitud con un tiempo actual donde, precisamente, si bien no ha sido juzgada, sentenciada y ejecutada, la Gran Ramera, esa que es un paralelo de lo genuino, tampoco sé si ya ha caído, pero sí puedo asegurarte que la pandemia y sus consecuencias, le han asestado un golpe de muerte. Ya nada es igual ni lo será, todos lo sabemos, todos lo esperamos, todos lo hemos orado mucho tiempo, y ahora todos confiamos. El profeta le pide a Dios que avive su obra en medio de los tiempos, y eso es exactamente lo que Dios está haciendo en estos días. Le recomienda que en la ira se acuerde de su misericordia, y también esto estamos viendo a cada paso. Dice que hizo temblar a las gentes, y tú puedes ver al miedo, que es casi terror, inundando rostros y corazones. Pero recuerda que los juramentos a las tribus, que es el equivalente a las grandes promesas escritas, son hoy una palabra segura. Dice que la tierra ha sido hollada, lo cual es verdad, y las naciones trilladas, cosa que también estamos viviendo. Que fue traspasada la cabeza de la casa del impío, que es como decir que ningún poderoso humano ha podido arrogarse victoria alguna en este marco de derrota total.

En suma, concluye señalando que, al igual que tantos y tantos hombres y mujeres anónimos de Dios en este tiempo, se alegrarán en Su Nombre, se gozarán en lo que es y seguirá siendo el Dios de su salvación, en el que jamás dejó de ser su enorme fortaleza, en el que vuelve nuestros pies como de ciervas y en las alturas nos hace andar. A todos estos los ha reunido, al igual que lo hiciera Habacuc, para ser testigos de una sentencia que ha traspasado tiempos, distancias, etapas, épocas, pandemias, aislamientos, contagios, recuperaciones y muertes. Es como si parafraseando el inicio del capítulo 2 de este libro, yo tuviera el valor y la autoridad para decir: Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja. Y allí será donde Dios mismo me responda y me diga:  Escribe la visión, (Es lo que estoy tratando de hacer, Padre)  y declárala en tablas, (Que hoy podríamos denominar humildemente un sencillo Blog) para que corra el que leyere en ella. (Correr aquí no es huir, es acudir a la pelea, a la entrega final)  Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. (Ten confianza, dice el Señor, Él no tardará. Así será.) He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; (Ese es el mundo, los gobiernos, los especialistas, los poderosos)  mas el justo por su fe vivirá. (Ese eres tú. Ese soy yo, Esos somos los genuinos hijos de Dios, los ungidos de este siglo veintiuno.

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No es Oro Todo lo que Brilla

Siempre llamó mi atención todo lo que tiene que ver con la apariencia de las cosas. En una época, y por imposiciones de mi profesión, tuve algunos trabajos relacionados con la publicidad, y en este rubro, las apariencias externas, tienen un peso indudable y forman parte esencial de las campañas. ¿Qué cosa es la apariencia? ¿Qué significado tiene o puede tener en nuestras vidas? El diccionario de nuestra lengua dice simplemente eso que mencioné, que es el aspecto exterior de una persona o cosa, que también es una probabilidad o la verosimilitud de algo y, la que realmente más me ha preocupado desde que entré en el Camino del Señor, una cosa que parece y no es. Porque el mismo diccionario, por si nos quedara alguna duda, nos trae un añadido que tiene que ver con la conocida frase de cubrir, guardar o salvar las apariencias, que concretamente significa disimular, encubrir cierta situación para evitar los comentarios de los demás. ¿Te estás dando cuenta? Esto parecería haber sido escrito en cualquiera de nuestras iglesias en lugar de hacerlo la gente de la Real Academia Española…

Ahora bien; nosotros como creyentes en Jesucristo, debemos ajustarnos a una conducta que, sin ser fundamentalista o llena de símbolos o comportamientos extraños, deben estar sin embargo revestidas de principios básicos que lleven a erradicar a la apariencia de nuestros ambientes. Mira lo que Dios le dice a Samuel cuando lo envía a ungir un nuevo rey para reemplazar a Saúl: 1 Samuel 16:7: Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. Aquí lo tienes más que claro. Dice que Dios no mira lo mismo que miramos nosotros, Él mira el corazón de los hombres, cosa que a nosotros nos está vedada. Él sabe lo que hay en tu ambición, en tu idea futura, en tus intenciones reales detrás de cada paso. Nosotros solo vemos aquello que la persona nos vende para que veamos. Y en la mayor cantidad de las veces, decidimos y hasta juzgamos y sentenciamos con esa base.

Y no es el único ejemplo. Jesús lo puso blanco sobre negro a esto cuando encaró a los pomposos y producidos fariseos, verdaderos artistas en cuidar las apariencias, cuando les dijo en Mateo 23:27: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. ¿Qué les quiso decir sin decirlo frontalmente sin ser violento? Que eran simples simuladores. Que no vivían nada de lo que enseñaban e imponían a los otros. Y algo más fuerte, aún: que por fuera tenían bondadosas sonrisas y trataban de “amados hermanos” a todos, pero que en lo privado no vacilaban en hacer negocios sucios y corrupciones en general con las ofrendas. Y ni hablar a la hora de emitir juicios de valor sobre unos u otros. ¿A ti no te sucedió ver cómo alguien juzgaba a alguien simplemente por la manera de vestir? Juan 7:24 tiene la justa en eso; allí consigna lo que Jesús mismo dice al respecto: No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.

En 2 Corintios 5:12, Pablo lo expresa así: No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. Acá está diciendo Pablo algo que no te sonará raro ni asombroso. Está asegurando que hay gente que en lugar de gloriarse en lo bueno y noble que haya en sus corazones, se glorían en lo que muestran sus apariencias externas. Por eso proliferan grandes luminarias, estrellatos, enormes edificios, escenarios magnificentes. Hojarasca. Y lo remata en 2 Corintios 10: 3-7 consignando: Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,  y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta. Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.

Desde que comenzó este proceso que estamos viviendo, hemos estado inmersos en un mundo de apariencias. La prensa, (Y a esto lo digo con cierta autoridad de conocimiento del terreno), ha sido partícipe necesaria de eso. Conforme a como se desarrollaban las noticias y los hechos, de los cuales nosotros sólo tenemos relatos e imágenes, aunque no necesariamente verdades, el estado interior de las personas va mutando del terror a la indiferencia, de la sana preocupación al descreimiento. Todo conforme a los vaivenes de políticas locales o internacionales, en cada región, que demandan lo uno o lo otro. ¿Te has fijado que es la primera vez, si no falla mi memoria, que una pandemia, que es nada menos que una epidemia de algo importante a nivel mundial, tiene seguidores y detractores? Con la participación que tienen las redes sociales en nuestras vidas diarias, faltó muy poco para que se escribiera en algún lugar Covid19 y a su lado el consabido like: “Me Gusta” o “No me gusta”. Como si eso fuera una sentencia personal inapelable que nos hiciera pasibles o intocables a contraer un virus real o imaginario. Todo apariencia.

Donde quiera que tú vivas y como quiera que sea tu acceso a la información, encontrarás seguramente a personas que están muy atribuladas y preocupadas por el avance y las consecuencias de esta pandemia, y otras que viven allí, en una casa vecina, que están absolutamente descreídas de todo esto y piensan con total convicción que todo se trata de una campaña psicológica para producir miedo en la gente y así lograr ejecutar planes siniestros que tampoco están muy claros y definidos. Dominio de un orden mundial, reducción de la población global, eliminación de seres humanos con patologías que no les permiten ser útiles, etc. ¿Qué hay de verdad y qué de fantasía en todo esto? Nadie puede asegurarlo con total certeza. Cuanto más informados creemos estar por todos los avances que la tecnología ha logrado en las áreas de la Comunicación, más nos damos cuenta que no sabemos nada, que sólo nos llega información tendenciosa y que nada de lo que vemos u oímos tiene ciento por ciento de garantía. Esto es: estamos viviendo en un mundo de apariencias, tanto para lo bueno como para lo malo. Aquí es donde recuerdo a un enorme moreno que fuera mi mentor espiritual que siempre nos advertía que tuviéramos cuidado, “que no es oro todo lo que reluce” y, en alusión humorística a sí mismo, añadía: “Ni todo lo negro es petróleo”.

Me quedo para mi vida personal, con lo último que le he leído a Pablo escribiéndole a los Corintios, cuando les dice: Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo. Listo: que el Covid19 sea o no sea, que mate o no mate, que imponga vacunas o no las imponga, que sea verdad o solo apariencia. A nosotros, lo único que nos debe interesar es estar aferrados fuertemente a la mano de nuestro Padre celestial y en buscar las cosas de su Reino. Él dijo que todo lo demás, TODO lo demás, nos sería añadido. Y Él cumplirá su promesa, de esto yo no tengo dudas. Siempre lo ha hecho.

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Paciencia: Esa Perla Cultivada…

Dice el diccionario de la lengua española que la Paciencia es la capacidad para soportar con resignación desgracias, trabajos u ofensas. También el estado de tranquilidad para esperar algo cualquiera sea la prisa que tengamos. O esa calma total para hacer trabajos minuciosos o entretenidos y también cierta lentitud excesiva para hacer las cosas. No cuestiono ni me opongo lo que los eruditos han determinado en este compendio, pero rechazo por convicción íntima la palabra resignación que aquí han inscripto. Yo la reemplazaré por convicción, certeza o alguna similar. Las palabras griegas Upomone y Makrothumia se traducen como Paciencia, pero ellas no son exactamente sinónimas. Upomone es la cualidad de soportar las pruebas. Los que poseen esta virtud están libres de cobardía y desaliento. Es principalmente una actitud del corazón con respecto a las cosas. Makrothumia, en cambio, es una actitud con respecto a las personas. La paciencia es una faceta del fruto del Espíritu; es una virtud que Dios aprecia de manera especial en los seres humanos y que parece desarrollarse mejor en las pruebas: constancia; fortaleza; perseverancia. Términos que se aplican a Dios aparentemente siempre en relación con las personas.

Ahora bien; ¿Por qué invierto todo este espacio en esta introducción a una palabra que es tan conocida en nuestros ambientes? Porque estamos en medio de una Pandemia que obliga las personas creyentes o no creyentes a un altísimo ejercicio de paciencia. Y aquí es donde muchos que no pueden experimentarla sienten culpa o desaliento, porque suponen que por no poseerla, por poco se han caído en las antesalas del infierno. Mira, no; hay historias de creyentes impacientes para tener y repartir. Sin ir demasiado lejos, Moisés, cuando muy fastidiado por las murmuraciones del pueblo, los trata de rebeldes e incrédulos. O de Naamán, cuando se fue muy enojado por las condiciones impuestas por el profeta Eliseo. O la de Jonás, cuando se ganó tremendo dolor de cabeza por estar al sol, al punto de pedir la muerte, O la de los propios discípulos de Jesús, ante los gritos de la mujer cananea. O la de Santiago y Juan, ante la falta de hospitalidad de los samaritanos. O la de Marta, con su hermana María, porque le dedicaba atención a Jesús en lugar de hacer los quehaceres de la casa. No son las únicas. Obvio que esto no es un atenuante ni un justificativo. Sólo es una muestra clara que, si en este tiempo de reclusiones y modificaciones a nuestras libertades, estamos impacientes, sólo deberemos volver nuestros ojos al Señor y Él hará lo que deba hacer con nuestro sentir.

Entonces, la pregunta que todos formulan, (Y algunas me llegan) es: ¿Es obligación tener paciencia? ¿Es pecado la impaciencia? Mira; no me gusta rotular como pecado alegremente cualquier cosa, no es mi estilo. Pero sí me gusta, como ministro con unción magisterial que soy, recurrir al único elemento que jamás me falla: La Palabra. Y la Palabra de Dios dice que tener Paciencia, para nosotros, es una orden, no una opción. Lucas 21:19 dice: Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. En el marco de directivas para servidores, Tito 2:2 dice Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia. Sin embargo, el autor de la carta a los Hebreos es más contundente cuando dice en 10:36: Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Santiago no le va en zaga cuando en 1:4 de su carta expresa: Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y concluye el propio Santiago, en 5:8 consignando: Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Todo esto te deja algo muy en claro: que tú hoy tengas paciencia, no es ni una opción ni una sugerencia. ¡Es una orden! ¿Tienes dificultades para cumplirla? Dios te da la carga, pero también el vehículo para llevarla. Otra vez: Su Palabra.

Tener paciencia, tiene que ver con algo que también son muchos los que quieren poseerlo, pero no todos lo logran: la capacidad de oír la voz de Dios. Y allí es donde nos encontramos con una palabra que es el exacto complemento de la Paciencia: Esperar. Dice el Salmo 37:7: Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino. Por el hombre que hace maldades. Esperar en Dios. Esa es la clave. ¿Funciona? ¡Claro que funciona!  Dice el Salmo 40:1: Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Si para el salmista funcionó, también funcionará para ti. Nadie es más que nadie en el ámbito espiritual. Paciencia, confianza, autoridad. Consecuencias naturales. Testimonio. Dice Isaías 25:9: Y se dirá en aquel día: he aquí, este es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; este es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación. Si, todo está muy lindo, pero esto que estamos viviendo no es fácil y no se encuentra la paciencia a la vuelta de la primera esquina. De hecho, mira Isaias 33:2: Oh Jehová, ten misericordia de nosotros a ti hemos esperado; tu, brazo de ellos en la mañana, sé también nuestra salvación en tiempo de la tribulación. Aquí tienes. Este es tu tiempo de tribulación. ¡Anímate!

Esto es el evangelio, Buenas Nuevas. No desastres sin solución o llamaradas del infierno quemando tus talones. Evangelio es Vida. Y toda expresión de Vida nace desde la autoridad de la espera por algo que sabes que sabes que sucederá. Eso se llama Fe. Y con todos estos ingredientes, no hay manera de ser derrotado. Esta Pandemia exige Paciencia. Y fíjate, son dos palabras que suenan hasta parecidas, pero que no significan lo mismo. Ambas tienen sus dos primeras letras similares: PA, pero luego les cambia en la tercera. Mientras que Pandemia recibe una “N” que puedes usar en Negro, Nefasto, Negativo, Nada, Nunca, Nadie y hasta Naufragio, Paciencia recibe en tercer lugar a una “C”, que más allá de todas las implicancias que pueda tener, nos retrotrae al autor de todos los autores de la mayor Paciencia del universo: Cristo. Y por favor, dime lo que quieras, pero ni se te ocurra decirme que no se puede, o que tú no puedes. Porque tendré que recordarte que este autor te dejó dicho que Todo lo puedes en Cristo que te fortalece Y ese “todo” incluye una Pandemia.

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Cuando la Tierra se Mueve

Así como la semana pasada la palabra hecha nombre que nos convocó fue la de Elías, en esta ese nombre se transforma en Daniel. ¿Quién es Daniel? O mejor modifico la pregunta: ¿Qué es Daniel? No hay precisiones en el significado de su nombre, pero indistintamente como lo aceptemos, apunta hacia lo mismo. Una corriente asegura que Daniel significa Dios es Juez, mientras que hay otra que señala que se traduce como Juez de Dios. No es lo mismo, claro, pero no hace al fondo del tema, ya que en los evangelios, Jesús dijo claramente que Él no habría de juzgar a nadie, aunque en otro sector, señala que si llegara a juzgar, su juicio sería verdadero. Lo cierto es que Jesús no vino a hacer su propia voluntad, ni tampoco a hacer oír sus propias palabras. Él vino a hacer la voluntad del Padre, y a hablar las palabras que estaba hablando su Padre. Entonces, en los evangelios tenemos el fundamento donde el Señor es el cumplimiento de lo que quiere decir la palabra Daniel. Jesús ha permitido siempre que su Padre sea el Juez. Porque Jesús vino con la vida de su Padre, con la presencia de su Padre dentro de él hasta llegar a decir que Él era templo de Dios.

Es decir que, si el significado de la palabra Daniel se va a cumplir en nosotros, esto quiere decir que tampoco vamos a juzgar según nuestro propio criterio. No vamos a juzgar según las apariencias, ni seremos jueces por nosotros mismos. Si vivimos para que la presencia del Señor esté en nosotros, para cumplir su voluntad, para hacer su obra y para expresar sus palabras, entonces el juicio de Dios va a fluir a través de nosotros. En Daniel capítulo 1 y versos 1 y 2, leemos: En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió. Y el Señor entregó en sus manos a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los trajo a tierra de Sinar, a la casa de su dios, y colocó los utensilios en la casa del tesoro de su dios. Presta atención: ¿Quién entregó al rey de Israel, al rey del pueblo de Dios en manos de un rey pagano? Dice muy claramente que fue El Señor quien lo hizo. Si el Señor es el Juez, Él tiene derecho de hacerlo, si Él lo quiere. Inclusive, en la profecía de Jeremías el Señor dijo por boca del profeta que era mejor ir cautivos a Babilonia en lugar de hacer cualquier otra cosa. Y por esto decían que Jeremías era un traidor a la patria; sin embargo, era la palabra del Señor.

El caso es que Daniel y sus amigos fueron llevados cautivos junto con los vasos del templo de Dios. Los vasos del templo simbolizan también a Daniel, a sus amigos y a personas de ese nivel, que eran verdaderos siervos de Dios en lo que realmente la palabra Siervo significa: Servidor, no servido por aduladores y obsecuentes. Tanto Daniel como sus amigos no eran precisamente inmaculados, pero eran lo mejor que había en el pueblo de Dios. Por eso el dictamen del Señor fue que debían ir cautivos a Babilonia: la causa era más que todo, un pecado colectivo entre todo el pueblo de Dios. Babilonia simboliza Confusión, y es lo que hace el hombre cuando implementa sus propios planes a su propia manera. En lo económico, el hombre siempre ha querido sacar dinero de la nada y, tarde o temprano, tendrá que haber una caída en las economías que se sustentan de esa forma. En otro sentido, eso es lo que se conoce con el nombre de “Ciclo de las Economías y Negocios del Mundo”, que van para arriba y para abajo. En lo político, el hombre ha llegado a la conclusión, con su propia sabiduría, que la fuente de autoridad y poder es del pueblo, (Es decir, del ser humano), y eso produce oscilaciones de un lado al otro. La política tiende a ir como un yo-yo de izquierda a derecha, y viceversa.

En lo espiritual, cuando el hombre se cree la fuente, se fabrica una especie de homosexualismo espiritual. Hace tiempo ya que se han aprobado legislaciones en muchos países para que homosexuales y lesbianas se puedan casar, pero aunque se les conceda ese permiso, todos sabemos que nunca podrán engendrar vida, porque eso es imposible. Ese es el resultado cuando el hombre aporta al hombre y no recibe ideas y planes de Dios, pues todo queda estéril. De la misma manera, una iglesia que sea así, nunca puede engendrar vida, y lo único que puede hacer es tratar de suavizar un poco la estadía en la tierra de los seres humanos. Cuando la iglesia se mete profundamente en el humanismo, pensando que el centro de todo es la felicidad del hombre, pierde su norte, pierde su horizonte, y eso fue lo que pasó con el pueblo de Dios. Se habían desviado de tal manera que el pueblo santo resultó ser más terrible que los pueblos paganos. Se habían desviado de tal manera  que por esa causa el Señor mandó a Nabucodonosor para que arrasara Jerusalén y para que trajera a Babilonia lo mejor de ella.

Durante mucho tiempo, el pueblo de Dios contemporáneo, ha estado dentro de los estamentos babilónicos. Modernos Nabucodonosor han sojuzgado a miles y miles de creyentes fieles, sinceros, honestos y llenos de humildad y sujeción. Y esto no ha sido como castigo a nada ni porque a Dios se le ocurriera entretenerse viéndolos debatirse en esas Babilonias. Esto fue porque Dios, otra vez, decidió traer lo mejor de su pueblo y ponerlo en cautividad, con la finalidad de que ese pueblo superara una enorme prueba de carácter y saliera, en el final de la historia con todas sus luces espirituales encendidas alumbrando caminos sin transitar por parte de gente que todavía estaba militando en la máxima oscuridad de la ignorancia, el humanismo, la corrupción y la indiferencia. A ellos, como a Daniel y sus amigos, los hizo pasar por el horno de la prueba y de ese horno salieron con algunas quemaduras leves, es cierto, pero con la certeza de que nunca más iban a ser contaminados por nada que procurara imitar a Su verdadera Palabra. En tiempos en donde Babilonia está cayendo por causa de una pestilencia, esta, que si bien se muestra como una maldición que aqueja y oprime, al igual que con el cautiverio de Daniel, termina siendo de bendición, maduración y victoria.

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2002 – 22 de OCTUBRE – 2020

En este mes de Octubre pero del año 1990, el Ministerio Tiempo de Victoria nació en una emisora de radio de mi ciudad de Rosario, como sitio de enseñanza bíblica radial. El objetivo marcado por nuestro Padre celestial, era el de enseñar las bases del Evangelio del Reino, el mismo que predicó Jesús y por fuera de todas las doctrinas existentes y por existir de todas las denominaciones que la iglesia cristiana tenía y tiene, aún, en su seno. Doce años de radio y un día como hoy, 22 de Octubre, primer paso internacional en la Web. Hasta aquí hemos estado con muchos errores cometidos y algunos aciertos celebrados, con varios defectos de expresión e impacto pero con una sola virtud manifiesta en tres puntos: integridad, rectitud y respeto. Gracias a todos los que desde aquellos viejos tiempos nacionales y luego en estos internacionales, nos han acompañado con su respaldo, apoyo y oración. Ustedes conocen este trabajo nuestro tan profundamente que ya saben que el único objetivo visible y manifiesto en todo esto, es el de cumplir con la palabra de Dios y perfeccionar a los santos. Quiera el Señor que lo hayamos conseguido en el máximo porcentaje. A todos los que están allí, del otro lado de esto, mi afecto sincero y el abrazo más grande que pueda abarcar a todos los que estamos en un mismo sentir. Los bendigo. Nos seguimos encontrando. Gracias.

Nestor A. Martínez

Rosario – Argentina

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La Hora de la Espada

La palabra del día presente tiene un nombre: Elías. En la historia, un profeta. En la actualidad, una mentalidad profética. ¿Un hombre fuera de serie? ¿Una estrella del evangelio que llega para lograr la restauración del Reino? Puede ser, pero seguramente no desde las marquesinas del estrellato cristiano. Dice Santiago que aquel viejo Elías, era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, con lo que a mí me da la sensación que si hoy estuviera allí, a la vista de todos, es muy probable que no pudiéramos identificarlo. Estamos como el antiguo pueblo de Israel, esperando un Mesías. Vino el Hijo de Dios en persona y no lo reconocieron, porque esperaban esa caracterización de Hollywood que muchos cristianos todavía tienen de Jesús. Con los modernos Elías está sucediendo lo mismo. Y de su historia, podemos entresacar perlas para nuestro tiempo.

(1 Reyes 19: 1) = Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas. (2) Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos. (Cada vez que vea la luz un Elías, casi al unísono aparecerá un espíritu de Jezabel presto a eliminarlo, a aniquilarlo, a no permitirle ministrar. Jezabel también tiene mensajeros, predicadores de la manipulación, la seducción y la amenaza)

(3) Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. (4) Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres. (5) Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. (Mira; no salió con su espada en mano llevándose por delante a todos. Fue cauto y buscó primeramente preservar su vida. Aceptó su desierto de prueba, pero eligió sentarse bajo el enebro, cuya raíz sirve para hacer carbón, y el carbón se usa para avivar y mantener el fuego. Como a muchos de nosotros le habrá sucedido, cuando estaba creyendo morir, fue cuando empezó a vivir)

(6) Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. (7) Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. (8) Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. (¿De donde recibe esa vida? Del alimento sobrenatural que llegó del cielo, no de las tortas sin sabor fabricadas en la tierra. Cuarenta días, los mismos que necesitó Jesús para superar su prueba personal y acceder al tremendo poder de Dios. Pero para llegar allí, deberás subir al monte de Dios. Aquí en el llano, eso está distorsionado por la manipulación de Jezabel)

(9) Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? (10) El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. (Mirando lo que queda a la vista de lo que fueran nuestras orgullosas iglesias, ¿No te has sentido así en estos días? ¿Y qué has hecho? Lo mismo que Elías y en su momento David: meterte en una cueva, la cueva de los anónimos, los que no son nadie, pero que para el Reino, son los enviados)

(11) El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. (12) Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. (Esta es la enseñanza clave para los miles de Elias en operaciones: jamás obedezcas voces imperativas y amenazantes. Tu Dios, que es el mío, te va a hablar por su Espíritu con voz apacible, como si fuera un delicado silbo)

(13) Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?(14) El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. (15) Y le dijo Jehová: Vé, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria.  (16) A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. (Ese es el trabajo primario y básico de todos los Elías de este tiempo: ungir gobernantes, que no significa hacer dudosas campañas políticas a su favor, sino munirlos con la gracia y el poder divino para que gobiernen con equidad y justicia, y no con ambiciones personales y corrupción: Y para dejar un legado que tomaran los Eliseos, que ya se están levantando)

(17) Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. (18) Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

¡Esa es la hora de la espada! Una espada que jamás ha perdido su filo. Una espada que siempre estuvo presta a ser usada para lo que fue enviada: para destruir a los baales, que son los falsos dioses creados por la sociedad pretendiendo suplantar al genuino, al Dios de todo poder, al único Rey del universo. Un Rey que está empezando a poblar su jurisdicción divina, su Reino, con hombres y mujeres muy parecidos a los harapientos soldados de David en Adulam. Porque lo único que puede derrumbar esos dioses que hoy vemos como atractivos y casi obligados a acudir, como son el dinero, el poder, la fama, los éxitos y los grandes negocios sucios, es el poder que emana de la Palabra de Dios, una espada infalible, vigente y eterna. De ella surgirán esos siete mil, mil por cada día utilizado para la creación, un número completo, divino, que constituirán ese remanente santo, ese ejército de tantos y tantos Elías que, destrozando tronos de manipulación, corrupción y engaño, producto de mentes influenciadas por tantos y tantas Jezabeles, definitivamente mostrarán a quien quiera verlo, un Reino basado en una calidad de Amor que trae consigo gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, y que como dice la Palabra, contra tales cosas no hay ley.

¡Ánimo! ¡Esfuérzate y sé valiente! La hora está llegando. Es tu tiempo de Elías, vívelo con todo tu ser. Para esto has sido enviada o enviado a este mundo, en este tiempo y en este lugar.

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