No voy a ser demasiado extenso en esta introducción porque el propio título y significado no lo necesitan. Sólo voy a compartirte, casi como una excepción en lo que será esta producción especial, tres textos bíblicos que fundamentan todo este trabajo. Cada uno de ellos contiene un mensaje distinto, aunque todos coinciden justamente en lo que será la base sustancial de este estudio. Léelo, compáralo con tu Biblia y lo que ya conoces y aprovecha todo lo que te sea revelado para crecer y madurar más en fe.
Apocalipsis 1:4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;
Como hijos de Dios, recibimos gracia y paz de Aquel que es, que era y que ha de venir: un Padre eterno cuya presencia sostiene nuestra vida. Nuestra identidad no depende de lo que hacemos ni de cómo nos ve el mundo, sino de pertenecer a Dios y formar parte de su Reino. La gracia nos recuerda que somos recibidos por amor, y la paz nos enseña a vivir confiados bajo el gobierno de nuestro Padre. Dios no abandona a sus hijos en medio de los cambios, porque Él permanece firme cuando todo lo demás pasa. Ser miembro de su Reino significa aprender a vivir desde los valores del Rey: verdad, misericordia, justicia, humildad y amor.
Los siete espíritus delante del trono nos hablan de la plenitud de la presencia y de la obra del Espíritu de Dios en medio de su pueblo. No estamos llamados a vivir una fe vacía, sino una vida llena de la presencia de Dios y sensible a su dirección. Como hijos, podemos acercarnos al Padre con confianza; como miembros de su Reino, somos llamados también a representar su corazón ante los demás. La gracia nos sostiene, la paz nos afirma y el Espíritu nos capacita para caminar fielmente en la voluntad del Rey. Que nuestra vida pueda decir cada día: pertenezco a Dios, vivo bajo su Reino y quiero que su presencia transforme todo lo que soy.
Apocalipsis 3:1 Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto.
Jesús conoce nuestras obras y mira más allá de la apariencia, porque para Dios no alcanza con tener fama de estar vivos. Como hijos de Dios, estamos llamados a tener una vida real con Él, no solamente una imagen religiosa delante de los demás. Sardis nos advierte que podemos conservar un nombre, una historia y una apariencia, mientras nuestro corazón se va alejando de la vida del Espíritu. Ser parte del Reino de Dios significa permitir que el Rey gobierne nuestro interior y no solamente nuestras palabras o costumbres. Los siete espíritus de Dios representan la plenitud del Espíritu que vivifica, despierta y sostiene a quienes pertenecen al Señor.
Cuando el Espíritu nos muestra nuestra debilidad, no lo hace para destruirnos, sino para llamarnos nuevamente a una vida verdadera. Un hijo de Dios no necesita esconderse detrás de apariencias, porque puede presentarse delante del Padre con un corazón sincero y arrepentido. Las siete estrellas nos recuerdan que Cristo tiene autoridad sobre su Iglesia y que cada miembro de su pueblo está bajo su mirada. El Reino comienza también dentro de nosotros, cuando dejamos que Cristo vuelva a ocupar el centro y nuestras obras nacen de una fe viva. Que nunca nos conformemos con parecer vivos: pidamos al Espíritu que despierte nuestro corazón, renueve nuestra comunión con Dios y haga de nuestra vida un testimonio verdadero.
Apocalipsis 4:5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
Del trono de Dios salen relámpagos, truenos y voces: la escena nos recuerda que estamos delante de un Rey santo, poderoso y digno de toda reverencia. Sin embargo, quienes somos hijos de Dios no nos acercamos solamente a un trono de autoridad, sino al Padre que nos ha llamado a pertenecer a su Reino. Delante del trono arden siete lámparas de fuego, imagen de los siete espíritus de Dios en la plenitud de su presencia y poder. El fuego habla de una presencia que ilumina, purifica y enciende el corazón de quienes desean caminar con Dios. Como miembros del Reino, necesitamos esa luz para discernir el camino y no vivir guiados únicamente por nuestros deseos o pensamientos.
Como hijos, necesitamos ese fuego para que nuestro amor por Dios no se apague y nuestra fe no se convierta en una costumbre sin vida. El Espíritu de Dios ilumina lo que está oscuro, revela lo que necesita ser transformado y nos conduce nuevamente al corazón del Padre. El trono nos recuerda quién reina; las lámparas nos recuerdan que su Espíritu está presente y activo en medio de su pueblo. Por eso, nuestra vida debe ser un lugar donde la presencia de Dios encuentre un corazón dispuesto, humilde y encendido para servir. Que el fuego del Espíritu mantenga viva nuestra identidad de hijos, y que nuestra manera de vivir manifieste en la tierra la realidad del Reino al que pertenecemos.
1 – Punto de Partida…
Un muy antiguo escritor dijo alguna vez que un buen libro es aquel que lee el señor de la casa y que también lo entiende su sirviente. Clasismos y feudalismos al margen, coincido en lo que pienso que es el eje central de esta idea: escribir algo con un lenguaje llano, como si fuera un libro, sin acartonamientos ni solemnidades que en este tiempo casi rozan lo ridículo y sin delirios académicos que obliguen al lector a leerlo acompañado de la famosa IA que todos conocemos y utilizamos, con la única finalidad de poder entender lo que quiso decir el autor. En Argentina solíamos decir Al pan, pan; y al vino, vino, en una suerte de refrán popular que se traducía simplemente en llamar las cosas por su nombre y sin usar eufemismos difusos y confusos.
Los denominados “libros cristianos” caen muy fácilmente en este último ítem. Nosotros estamos tan acostumbrados a manejarnos con capítulos, versículos y ese caudal inagotable de muletillas y fraseologías evangélicas que, apartarnos de eso, para muchos sectores, estoy seguro que sería el equivalente de caer en blasfemia o herejía. Si utilizo nuestro idioma vulgar llamado lunfardo, te diría que la mayor parte de lo que se escribe en un libro cristiano, es “chamuyo” (Discurso sin sustento) evangélico. O “evangelista”, como gusta de llamarlos el mundo secular.
Sólo un problema: si se quiere escribir algo para que lo lea el señor de la casa, que en este caso sería el cristiano de iglesia, pero que también sea entendido por su empleado, que en esta simbología sería el no creyente, me temo que algo no se está haciendo bien. Que alguien que todavía no conoce a Cristo, ni a la Biblia y que todavía tiene una imagen muy difusa de un Dios lejano y medio cruel tome la decisión de leer un libro cristiano, tendrá entidad de milagro.
Entonces nosotros nos excusamos con aquello de que la palabra de Dios nunca vuelve vacía y le damos para adelante con toneladas de textos bíblicos y algunos comentarios, con la idea casi mágica de que alguien va a leerlo y se va a convertir de inmediato. Debería decirte que no somos culpables por pensar y creer eso de ese modo, porque eso es lo que nos enseñaron a todos o a casi todos como verdad absoluta. Sólo otro problema: suponer que decir que tanto amó Dios al mundo que dio su Hijo unigénito para que todo el que cree en Él sea salvo y tenga vida eterna va a ser suficiente para que el más feroz de los delincuentes caiga de rodillas y entregue su vida al Señor, es un pensamiento más “mágico” que cristiano.
Eso puede suceder, no lo pongo en duda en absoluto. Dios es Soberano y de última hace todas las cosas como quiere, con quien quiere, cuando quiere y de la manera que quiere, pero la Palabra de Dios -creo- pasa por otros andariveles. Te hago una pregunta más filosa que espada nueva: ¿A qué personas amas más? ¿A las que se juntan contigo cada semana en la iglesia donde te congregas o a las que se quedan afuera, en un bar, bebiendo toneladas de alcohol y vociferando obscenidades?
No me digas nada: si eres un cristiano promedio y educado en las santas bancas oyentes de los santos púlpitos, ya sé cuál será tu respuesta. Si es la que pienso, déjame que te diga que, aunque proclames mil veces ese versículo tan conocido y clásico en nuestros ambientes, apenas estás repitiendo onda papagaya, lo escrito en ese pedazo de papel llamado Biblia, pero de ninguna manera difundiendo la Palabra de Dios.
Porque la auténtica Palabra de Dios, esa que jamás volverá vacía, no es algo que tú dices, sino algo que tu vives. Y porque además de la versión Reina Valera tradicional, hay una enorme cantidad de versiones de la Biblia que, en muchos casos, presentan algunas diferencias que llevan a quedarse dudando al más teológico. Es verdad que la gran mayoría de esas diferencias son de forma, pero tú sabes tan bien como yo, que hay otras que son de fondo. Y esto no trae luz ni entendimiento, sino confusión: Y donde hay confusión, no está presente el Espíritu del Dios que conocemos, creemos y amamos. No es lo mismo decir que en EL principio creó Dios los cielos y la tierra, a decir que eso fue en UN principio, ¿Verdad? Mi duda antigua y pregunta actual, es: ¿Cuál sería en este caso la Palabra de Dios que no volverá vacía?
Tengo una certeza y como tal te la comparto: no es lo mismo ser un creyente bíblico a ser un cristiano bibliótico. Este término no existe, obviamente; acabo de inventarlo porque no se me ocurre otro mejor para definir al “hermanito” convencional. Ese que, con la mejor de las intenciones, se idiotiza a full con las letras y se olvida de los contenidos invisibles de esas letras. Y si a eso le sumamos algunas gotas de soberbia pretenciosa de conocimiento de las escrituras, de esa que en nuestros ambientes abunda como yuyo malo, ahí te queda plantada en el centro del escenario estelar una figura impactante.
Es la de ese hombre o esa mujer que se te presenta como un enviado directo de las oficinas celestiales para decirte lo que debes o no debes hacer con tu vida si es que deseas ser aceptado como parte del Reino de los Cielos. Debería disculparme aquí por haber escrito esto de este modo, pero te aseguro que lo haré si tú me dices que nunca has visto en ningún escenario cristiano a alguien como el que termino de describirte.
Escribí y publiqué, hasta este momento, ocho trabajos en formato libro. “Ocho excelentes libros”, me dijo uno de mis apreciados receptores ministeriales. Y añadió que “Lo más excelente de todo, es que son gratis y no debes pagar nada para leerlos”. Si de algo estamos escasos los creyentes, es de sonrisas, o directamente risas. Este me la brindó con su definición. Si estás pensando que eso me ofendió, te equivocas. Todo lo contrario. El hábito de dar de gracia, (Que significa favor), lo que de gracia se recibe, no es abundante. Lo es mucho más el ponerle un precio a cada objeto físico o virtual que sale de nuestras fuentes. Tan corriente es esto que no son pocos los creyentes que lo rotulan de normal. Error total y grave, si es que lo tomamos como complicidad implícita con la mercadería en la iglesia.
Decir que debemos ponerle precio a algo que el Espíritu Santo nos ha regalado, es tan normal como que una jovencita decida abortar su embarazo por las razones que se le ocurran. Lo normal es que tenga su bebé, no que lo asesine. Que el mundo llame normal a esto, es problema de ellos, pero no factible para imitarlos. Bien; que el mundo secular determine que cada cosa que un hombre crea o construye tiene que tener un precio en dinero, allá ellos. Nosotros sabemos muy bien que cuando el Padre nos dijo que el obrero es digno de su salario, no quiso decirnos que saliéramos a manipular bolsillos ni billeteras del prójimo. Lo que nos dijo es que Él se iba a encargar de correr con los gastos que nos ocasionara servirle sin que nosotros debamos andar mendigando o presionando a nadie. Y si no terminas de creer esto, te desafío a que lo intentes. Funciona.
Porque la gran pregunta que siempre surge aquí, es: ¿Y si no lo hace y se me vence el alquiler del salón y no tengo con qué pagarlo? Entonces será el momento de preguntarle si Él desea que tú tengas ese salón y lo utilices como lo estás haciendo. Si Él está detrás de tu ministerio, Él cubrirá todas tus necesidades. Si no lo está, pasarás apuros, porque, aunque sea una hermosa obra la que estás haciendo, si no lo consultaste con anterioridad, o lo hiciste y no tuviste respuesta, lo que sea que estés haciendo, aunque parezca bellísimo, es algo que salió de tu alma, no de tu espíritu. Y tú ya sabes que Dios aborrece las obras de la carne. Y no solamente las malas, como nos han enseñado tantas veces, sino todas.
Y en esos ocho libros publicados por este ministerio, aunque me esmeré, me esforcé y realicé todas las cabriolas, saltos mortales y piruetas varias con la finalidad de hacerlos plenos de amenidad y fácil de ser leídos, tengo certeza que cometí el mismo error que anteriormente te mencioné: le di prioridad a la estructura, al modo y a las formas con que el noventa y nueve por ciento de los autores cristianos lo han estado haciendo. Y me incluyo. Entonces le pedí al Señor que me diera una pista, algo singular y específico que me mostrara de qué manera debía hacerlo, para no volver a cometer los ocho errores que antes había cometido. ¿Cuántos de ustedes saben que, cuando le piden al Señor algo específico, lo mejor es no adelantarse imaginando cómo y usando qué cosa nos responderá? Hacer eso es perder el tiempo; Él siempre lo hará del modo que no imaginaste.
Por eso no me la creo en cuanto a ningún aplauso, halago o reconocimiento. En primer término, porque sé que el autor real de todas estas cosas es el Espíritu Santo, ya que sin su guía nada sería posible. Y luego, porque lo que vulgarmente se denomina como ayuda idónea, a veces supera por mucho una simple ayuda.
Lo cierto es que después de orar pidiéndole claridad y dirección al Señor, me tocó armar un trabajo destinado a convertirse en audio largo, de los que semanalmente público en la Web. Como era un trabajo de fondo, El texto tenía varios versículos bíblicos de distintos libros, puestos para fundamentar lo que decía. Pero de pronto se me ocurrió imaginarme que cada lector, al llegar a esos textos, diría algo así como: “A este pasaje ya lo conozco”, y continuaría con lo que yo decía o comentaba al respecto. En ese pensamiento, sentí que el Espíritu me decía mansamente algo así como: ¿Ves, Néstor? Ya es tiempo de hablar de mis cosas fundamentándote en mi Palabra, pero sin martirizar a tus lectores con textos bíblicos que seguramente ellos ya se conocen de memoria.
Entendí, pero mi religiosísima duda inmediata, fue: ¿Y cómo hago eso? Y la segunda duda, fue: ¿Qué van a decir quienes lo lean, que no repito nada de lo que la Biblia tiene escrito? La primera duda el Señor me la sacó ese mismo día a partir de un comentario que publiqué en mi cuenta de Twitter. Si te piden “opinión” sobre la homosexualidad, alcanza conque digas que Él los hizo o los formó macho y hembra. Que, si hubiera considerado importante darle alguna alternativa a su sexualidad, hubiera creado un sexo intermedio, algo así como un “mambra” o una “hemcho”, ¿Entiendes?
La Palabra de Dios que no vuelve jamás vacía, es la que el Espíritu Santo tiene la misericordia de revelarnos. Y si eso no siempre coincide con lo que dice nuestra hermenéutica, pero lo lamento; no suelo hacer negocios con el dios de los ladrones. Y en cuanto a lo que digan los que leen esto con ojos evangélicos ultra religiosos, allá ellos. Tienen derecho a pensar y decir lo que quieran. El mismo derecho que tengo yo a obedecer al Espíritu Santo, aunque eso no coincida con cierta o determinada doctrina denominacional.
Así es que, tomando como base esto nuevo e inédito para el mundillo cristiano que terminaba de recibir, tomé la decisión de que mi próxima producción especial, si mi Señor me lo avalaba y autorizaba, sería compartiendo los fundamentos bíblicos sin moverme de la esencia pura de la Palabra de Dios, pero sin poner capítulo y versículo, de modo que el lector se tome el trabajo de buscarlo por sí mismo si es que desea confirmación de lo dicho.
De allí en más, procurar que mi carne intelectual o mi alma emocional no sean las que decidan que se dice o qué se calla. Y a partir de eso, darle lugar de una vez por todas al Espíritu Santo de Dios para que fluya a su antojo, que es para eso que me fue dado, no para lucirme orando en lenguas en público o ver cómo se me va la gente al piso cuando le pongo una mano sobre su cabeza. A esto último, los demonios pueden imitarlo casi a la perfección, pero a lo primero, a proclamar la Palabra de Dios auténtica y sin contaminaciones, de ninguna manera. Eso es total y absolutamente nuestro. Hacia allá vamos. ¿Cuento con tu compañía? Gracias, sabía que me dirías que sí.
2 – Sonidos Proféticos
¿Algunos de ustedes escribió, aunque sea una sola vez y en pequeñito, o breve, algún texto que no surgiera de sus mentes, sino de lo que el Espíritu Santo les mostraba? Yo no. Hasta aquí, yo no hice eso. No al menos como yo mismo quisiera y entiendo que debería hacerlo. De acuerdo, escribí y dije muchas cosas inspiradas por la sabiduría del Espíritu con un impacto de bendición para muchos, pero siempre fueron episodios parciales dentro de un contexto más…terrenal. Demasiado N.M. para poco E.S. ¿Se entiende?
Fui periodista gráfico, es decir que tengo oficio para escribir algo. Me gusta, lo sé hacer y no me cuesta ningún esfuerzo ni trabajo hacerlo. Pero eso dando curso a mi sabiduría personal, a la mediana formación intelectual que poseo y a la necesidad de comunicar algo que sea de interés para el lector. Pero permitiendo que el Espíritu Santo tome control y decida qué decir y qué no decir, cuando, como y de qué manera, te confieso que no, que no tanto como quisiera. Y es muy tremendo, porque escribo esto y en realidad no sé si sucederá, o que o cómo ocurrirá.
Como toda experiencia, entenderás que seguramente puede faltarme o sobrarme algo. Y eso porque, aunque lo anhelo profundamente, siempre cabe la posibilidad que en algún momento y casi de modo automático piense y ejecute por mis propias ideas sin aguardar la dirección divina que necesito. Ya consulté y supe cómo debo escribir esto que comienza aquí, pero me falta un pequeño detalle que no es menor: sobre qué voy a escribir.
O sea que tengo el cómo, pero me falta el qué. En los ocho libros que te mencioné, antes de comenzar, tenía un detalle del tema, lo había dividido en la cantidad de capítulos que deseaba construir y contaba con todos los textos bíblicos que lo respaldaban. Nada original ni extraordinario, sólo el método, la forma y la manera en que la mayor parte de los autores encaran sus trabajos. Muy diferente a poner este punto y aparte y no saber con qué, ni diciendo qué cosa voy a seguir.
3 – Desenredando Ovillos Invisibles
Listo. Creo que tengo la punta del hilo de la madeja, (O como se les llame a esos ovillos que venden de hilo, de lana, etc. en tu tierra). Ahora voy a empezar a tirar o jalar hacia adelante y ver hasta donde me lleva. Espero que mi Papá celestial me ayude y no permita que se me enrede y no pueda ni sepa para donde caminar. Si eso me sucede, esto no será una producción especial, será un “¡Dios me libre!”, que es como decimos por aquí cuando deseamos huir de algo que no nos gusta. Lo que sí sé, es que libros ya no volveré a escribir, porque no se me ocurre imprimirlos y mucho menos venderlos y porque, -seamos sinceros- nuestra gente cada día que pasa lee menos. Con que lea la Biblia me conformo, y no sé si lo harán todo lo que deben.
El caso es que, en los últimos meses, una noche tuve una visión o un sueño, jamás lo voy a saber con precisión, donde vi un elemento que, en primera instancia, no supe lo que era. Una vara larga con una leve protuberancia en su extremo. Quedé conmovido porque no fue un sueño común y tampoco una visión resplandeciente. Fue eso. Y yo no tenía ni la más pálida idea de lo que era “eso”. Mi amado Espíritu Santo me sopló casi como al pasar: “es una trompeta” … ¿Una trompeta? ¿Cómo va a ser eso una trompeta, si las trompetas son…? Gracias a Dios no terminé el pensamiento. Hubiera quedado muy pobre y desinformado ante Su Presencia.
Sucede que uno dice trompeta, y como normalmente los hombres pensamos con imágenes, de inmediato se me aparece la figura de ese instrumento pequeño, de tono dorado, con una gran bocina en su parte delantera y tres teclas para conseguir de ella todos los sonidos. Trompeta. La que hizo famoso a tantos músicos americanos, de los que indudablemente se destacó Louis Armstrong, un moreno siempre sonriente que lograba por la posición de sus labios darle un punto tal en el sonido agudo a ese instrumento, que nadie pudo conseguir emularlo y mucho menos superarlo.
Eso era en mi imagen una trompeta. ¿Se habría equivocado el Espíritu Santo? Porque lo que yo vi en esa visión era otra cosa muy distinta a la trompeta. Obvio, ya lo habrás percibido, estaría muy elevado espiritualmente, pero en historia andaba más que flojo. Porque lo que yo vi, y tal como Él me lo dijo, fue una trompeta, pero de las antiguas, que no se parecían en nada a lo que hoy llamamos con el mismo nombre.
Si viste alguna película de la época medieval, habrás observado salir o llegar de su palacio a un rey, con toda su corte y a una hilera de hombres que, con una vara larga con una pequeña protuberancia en su extremo, la soplaban y les sacaban un sonido estridente que emocionaba, paralizaba e incentivaba a rendir honores al rey. El sonido de las trompetas, anunciaba la llegada del rey. Ese es el motivo, la causa principal por la cual a los profetas se les dice que son trompetas. Anuncian la llegada del Rey de reyes y Señor de señores. En conclusión: esa había sido mi visión, ahora lo podía saber con total claridad y sin dudarlo en lo más mínimo.
Perfecto; pero si bien todo eso estaba más que bonito, a mí me estaba faltando una de las cuatro ruedas que se necesitan para que cualquier elemento importante avance: me faltaba saber la causa, el motivo, el por qué yo había visto esa visión y qué debía interpretar que tenía que hacer con ella. Y como no contaba con ningún José de Egipto o Daniel de Babilonia, me las iba a tener que arreglar solo para saberlo.
Entonces hice lo que siempre en casos de duda o incógnita suelo hacer. Nada original ni híper espiritual. Orar, pedir dirección específica y puntual al cielo y, a renglón seguido, desparramar mi arsenal de Biblias, comentarios, concordancias, interlineales y tablas de hebreo, griego y arameo, con el que en muchas ocasiones pude arribar a hermosas enseñanzas a partir de revelaciones difusas. Lo primero, en fe, de hecho; lo segundo, por las dudas. Un bochornoso papelón, este cristiano…
¿Cuántos saben que Dios es bueno? Porque en este caso fue muy positivo y alentador todo esto, porque, en primer lugar, descubrí que el verdadero significado de la palabra Profeta, está muy lejos de ser esa especie de adivinador del porvenir que en muchos sitios se ha enseñado. Profeta, mis queridos amigos, es la traducción primaria de lo que en realidad se conoce como Vocero. Y un Vocero, no es un adivino del porvenir, sino una especie de heraldo que luego de hacer sonar sus trompetas, proclama en voz alta el mensaje que el rey lo ha enviado a difundir. Hice ese trabajo en una etapa de mi vida secular. Y jamás dije algo que mi superior no me hubiera ordenado decir. Vocero.
Pablo mismo, el gran Pablo, en algunas de sus cartas deja en evidencia una especie de temor santo a que, habiendo sido heraldo de tanta gente, él mismo se pierda por no obedecer las órdenes superiores de manera correcta. Y no estoy hablando del hermanito raro que viene a la iglesia solamente los domingos, llega en medio de la alabanza, cuando ya termina, se sienta en las últimas filas, escucha el sermón y se levanta y se va cuando el predicador está finalizando.
Porque a ese que se comporta así, si bien nadie puede tratarlo de incrédulo, impío y pecador, es más que notorio que lo que hace es simplemente porque no le interesa que nadie lo conozca y reconozca, y tampoco conocer él a las personas que lideran el lugar, porque, en definitiva, lo que no quiere es comprometerse con nada y con nadie. Acepta la salvación por gracia con aires de ser merecedor de tenerla, pero no tiene ni por asomo intención alguna de pagar ni un minúsculo precio por entrar y pertenecer al Reino. No estoy hablando de gente así que teme perderse, ¡El que lo dijo textualmente fue Pablo! ¿Entiendes ahora lo que significa e implica tomarse en broma o ligeramente la aventura de ser creyente?
Es decir que hasta aquí, tenía las trompetas, que en este caso era solamente una, no varias, tenía su significado primario, que eran los profetas o voceros, tanto los genuinos como los falsos, tenía los ángeles, que cuando salen de los textos del Antiguo Testamento son serafines o querubines creados por Dios para ministrar a los hombres, o los del Nuevo Testamento, que en realidad son Mensajeros que, en muchos casos, pueden ser humanos y estar al servicio del Señor de señores llamado Jesucristo.
Voceros, mensajeros, difusores. Mi visión iba tomando forma, pero todavía no se veía en la mirada espiritual parecida a nada que se pudiera reconocer como lo suficientemente claro para avanzar. Había algo más encerrado en esta caja de cristal que es una visión con origen cielo. Un algo que no necesitaba a ningún émulo de Sherlock Holmes, aquel antiguo detective de ficción que se preciaba por descubrir a los autores de todos los delitos que se ponían bajo su investigación para encontrarlo, sino oración, fe y confianza en el hermoso Espíritu Santo de Dios.
Tú, si eres asiduo visitante a nuestra Web o nos acompañas en YouTube, Twitter o Spotify, ya sabes que definitivamente, no soy un ministro apocalíptico. Jamás lo fui, ni quiero serlo. Pero es más que evidente que estos tiempos son muy especiales. Es como si todo se hubiera acelerado y, que cada día que pasa, fuera cobrando mayor velocidad. Lo que intriga de verdad es que nadie termina de entender hacia dónde y hacia qué nos dirigimos a esa velocidad. Hay señales muy claras en la tierra y en los cielos, pero son muy pocos los que deciden tomarse el tiempo para verlas, creerlas y entenderlas.
Y aquí quiero ser claro: la pandemia de COVID 19 que mundialmente padecimos, no fue simplemente un asunto que SUSPENDIO los cultos en las iglesias por espacio de casi dos años y que, al extinguirse o disminuir su potencial, es como que las autorizara a retomar lo que venían haciendo sin cambio alguno. Yo estoy convencido que esa pandemia, fue una señal con la que Dios, que por algún buen motivo la permitió, nos advirtió que el evangelio genuino era mucho más que juntarse en un salón a cantar cuatro canciones, orar un poquito, escuchar un lindo discurso y volver a casa. A mí se me antoja que la pandemia fue una trompeta sonando fuerte. ¿Para decirnos qué cosa? Aún no lo sé, hacia allá vamos.
4 – Siete: Ese Número…
En los tiempos en los que todavía la actual tecnología no estaba siquiera en la imaginación del más evolucionado, la marinería en general navegaba en medio de las tinieblas de la noche, guiándose por las estrellas. La imagen del timonel mirando el cielo en aquellas naves que parecían desarmarse en medio de las gigantescas olas, ha sido figura y fotografía preferida de Hollywood para sus producciones de piratas o similares navegantes de la época.
Entonces, cuando todavía estás en medio de la oscuridad de la noche en cuanto a una revelación clara y diáfana que sabes que llegará, pero no sabes cuando, lo único que te queda esperar es que alguna estrella piadosa te proporcione la luz necesaria para avanzar sin riesgos de colisión o naufragio. Hasta este momento, con mi trompeta, yo navegaba a ciegas, como un remedo a aquellos antiquísimos marinos.
¿Cuántos de ustedes saben tan bien como yo que, cuando oras lo que debes orar y lees la Palabra como debes leerla, en algún momento algo se mueve y una estrella luminosa cae del firmamento y te convierte la noche en día y la tiniebla en luz? Juan, en su tiempo de absoluta soledad de presidio, en Patmos, fue receptor de las más grandes y maravillosas visiones de Dios. Y te confieso que durante mucho tiempo fui de los que estuvo buscando cuales habían sido los méritos de Juan para tener acceso a semejante calidad y cualidad de revelación.
¿Será que tenemos un tiempo para estar congregados y ministrándonos unos a otros, pero en algún instante llegará otro tiempo donde seremos traspasados espiritualmente a otra dimensión y allí será donde veremos cosas que ojo nunca vio y oiremos palabras inefables que jamás habíamos oído? No lo sé. El fanatismo eclesiástico no acepta nada que no salga de la boca de alguien que se congrega en tal o cual lugar y bajo la cobertura de tal o cual persona. De acuerdo, lo asumo, siempre se hizo así, pero me queda una duda en forma de pregunta: ¿En qué iglesia se congregaba Juan, en Patmos, cuando recibió lo más grande y maravilloso que un hijo de mujer haya recibido? ¿Quién era su cobertura?
Con él me encontré cuando viajé en oración siguiendo la pista que deja Pablo cuando nos dice que a la final se tocará la trompeta. Juan me habló de los siete sellos y de los siete ángeles haciendo sonar las siete trompetas. Por poco o por mucho, todos sabemos algo respecto a la calidad del número siete para nosotros. ¡Es el número de Dios!, dicen los más simples. ¡Es el número de lo completo!, añaden los más estudiosos. Es la cantidad de veces que la ley demandaba perdonar a los enemigos.
A esa cantidad, Jesús la dio por concluida en su esencia funcional cuando dijo que no, que ya no había que perdonar siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y allí fue cuando muchos de nuestros amados profes de teología creyeron tener una revelación preciosa y enseñaban que, para que un perdón funcionara, había que ejercitarlo cuatrocientas noventa veces, que es el resultado de la multiplicación de setenta por siete. ¿Y el Espíritu Santo? Bien, gracias, pero nadie lo consultó. Si lo hubieran hecho, hubieran sabido que ese setenta veces siete quiere decir: Todas las veces que sean necesarias.
5 – Sonidos Cósmicos
No me imagino a un ángel tocando una trompeta, pero no me preocupa, ya que no tengo ninguna obligación de hacerlo. Hace tiempo largo, en realidad desde siempre, que el universo es capaz de funcionar por sí mismo sin necesitar de mi imaginación. Cada ángel toca una trompeta y punto. Lo que eso significa, el sonido que emite, el tono en que lo hace, es algo que en muchos puntos todavía no ha sido totalmente revelado. De hecho, cuando el primer ángel hace sonar su trompeta, dice que hubo granizo, fuego y sangre. Fíjate; si permito que mi imaginación pinte la escena, hasta podría ver caer del cielo una mezcla de granizo y fuego que daría un color rojo sangre. Si hubiera nacido pintor, creo que hubiera hecho un cuadro con eso.
Está buena mi imaginación, ¿Verdad? Olvídala, no sirve para nada. Porque eso no cayó de ninguna parte. Porque se nos dice que hubo, pero si te vas a los originales, verás que el término adecuado es llegó a ser, traducido de una palabra griega que se escribe gínomai y significa simplemente hacer que sea. Si recordamos que el granizo es símbolo de juicio, el fuego de purificación y la sangre de vida, entonces creo que el Espíritu Santo podrá mostrarte algo más que lo que vemos con nuestros ojos terrenales. Vendría a ser una especie de acción, que determina una reacción y produce una consecuencia.
Luego Juan dice que eso que vio, determinaría que fuera destruida la tercera parte de la tierra, los árboles y la hierba. Algunos de los grandes eruditos supieron decir respecto a esto, que, si ni la tierra fuera tierra, ni los árboles, árboles, ni la hierba, hierba, entonces ningún hombre sabría que son, en realidad, y todos empezaríamos a navegar en un mar de conjeturas e hipótesis. Cierto, absolutamente verdad, pero con una situación que no todos los hombres están en condiciones de ver y entender.
Que, si el Espíritu Santo de Dios te muestra el real significado de esa tierra, esos árboles y esa hierba destruida en su tercera parte, entonces toda la visión de Juan toma sentido, y sentido actual. Por ejemplo, si todo eso no fuera nada más y nada menos que una pintura aparentemente surrealista, pero muy precisa con relación al desagrado y al juicio que Dios hoy mismo podría estar ejecutando por causa de todo lo que el hombre ha destruido a partir de la contaminación del planeta por causa de todos los desechos no renovables que con indiferencia e irresponsabilidad humanitaria arroja sin pudor en cualquier terreno habitado o fértil.
Me pregunto si este mensajero que hace sonar esta trompeta, (Porque ya sabes que ángel significa eso: Mensajero), no será alguno de esos tantos hombres o mujeres que pasan sus vidas advirtiendo a sus vecinos respecto a sus desatinos. Asuntos que, en aras de enriquecer alguna industria o incrementar las ganancias empresarias, muchos cometen sin que les importe las consecuencias de lo que están haciendo. Si eso mismo que están dejando fluir, no es un factor clave para obstaculizar la vida normal futura de sus propios hijos o nietos. Cuidado; Dios es bueno, Dios es amor y Dios es misericordioso, pero también es JUSTO. Sería más que prudente que no olvidáramos esto, jamás.
Y eso es lo que lo convierte en sobrenatural. En la tierra no hay justicia, apenas una tímida imitación que más que justicia, es análisis y manipulación de leyes, que, dicho sea de paso, no siempre resultan justas. Porque fueron elaboradas por legislaturas que, todos hemos visto, defienden determinados intereses que todos conocemos. Todos lo sabemos, pero pocos lo decimos en voz alta, por temor a ser rotulados con etiquetas vulgares que nada tienen que ver con la vida que deben llevar los hijos de Dios. Si de Jesús llegaron a decir que echaba fuera los demonios por Belcebú, ¿Qué no dirán de nosotros si los estorbamos en sus negocios?
6 – Montañas Incandescentes
Cuando el segundo ángel hace sonar su trompeta, la consecuencia no es en absoluto de menor impacto que en la primera. Porque una gran montaña se incendió y se precipitó en el mar y que como resultado de esta terrible catástrofe, una tercera parte de ese mar se convirtió en sangre, lo que produjo que una tercera parte de los seres vivientes que había en ese mar, murieran, así como también fueron destruidas una tercera parte de las naves que lo surcaban. Sabemos que montes o montañas, en la Biblia, generalmente son ciudades, pero que cuando reciben el adjetivo de Gran Montaña, entonces ya estamos hablando de gobiernos de grandes naciones.
El mar es símbolo de gente, pero no de tres o cuatro, sino de muchedumbres. La sangre, mientras tanto, ha sido universalmente considerada como la imagen fundamental de la vida, el vehículo de lo vital que, cuando se derrama, llama a la muerte. Su simbología es ambivalente, signo simultáneo de purificación y corrupción, energía y violencia. Obviamente, cuando hablamos de la sangre de Jesús, allí el tema es otro, muy puntual, preciso, específico y contundente: expiación de pecado.
¿Qué es una gran montaña ardiendo en fuego? Una gran nación que está siendo purificada por juicio, esto es: separando lo verdadero de lo falso. Que luego necesita del respaldo de las muchedumbres, lo que sería su gente, en su totalidad, que es la única manera de eliminar negociados, corrupciones o delitos de magnitud que lo único que consiguen, independientemente del color ideológico que lo haga, es enriquecer a unos pocos y sumir en la pobreza a las mayorías. Y cuando digo “mayorías”, no estoy clonando ningún discurso ideológico, me estoy refiriendo a la clase media, empleados, obreros, pequeños empresarios y profesionales de servicio, no solamente a la carencia rozando lo miserable de las franjas sociales más bajas.
Si hay unidad y consenso, honestidad e integridad a la hora de gobernar, eso significará convertirse en la sangre de una vida digna de ser vivida. De todos modos, ese cimbronazo monumental traerá cierto caos, del que no estará ajeno el pueblo de Dios. Si aporta para una unidad transparente y legítima, será bendecido. Pero si colabora con los sectores corruptos, formará parte de la tercera parte de los seres vivientes que perecerá, así como todas las estructuras congregacionales que respalden corrupción. Esas serás las naves, cuyos timoneles las habrán llevado al lugar de su extinción.
7 – Estrellas Rutilantes
El tercer sonido de trompeta, fue de otro calibre, nivel y dimensión. Dice Juan que cayó del cielo una estrella, ardiendo como una antorcha sobre los ríos y las fuentes de agua. Que su nombre era Ajenjo y que produjo aguas amargas como veneno que diezmaron a ese pueblo en su tercera parte. ¿Alguien todavía va a seguir enseñando que esto tiene que ver con una catastrófica hecatombe sideral? ¿Es posible que todavía existan cristianos que no se den cuenta que, si cae una estrella, por pequeña que sea, el desastre será mucho más grande que convertir las aguas dulces en amargas?
Esto es muy obvio y si bien la ceguera que produce no estar en contacto íntimo y personal con el Espíritu de Dios, puede llevar a mucha gente a no entenderlo y a otra tanta a seguir tomándolo literalmente, creo que una enorme mayoría ya ha visto de lo que en realidad aquí se está hablando. La estrella que cae, es un espíritu, y aunque se le otorgue el nombre de una planta, su verdadero nombre es Amargura. Lo único que no queda del todo claro es cómo, un simple espíritu de amargura, puede llevar a la muerte a muchos hombres.
No es tan difícil verlo. El problema no es el espíritu, que como todo espíritu es invisible. El problema es donde, en qué, en quien o en quienes mora y habita ese espíritu. Dice que se cae del cielo, lo cual nos deja en claro que no es un espíritu que hoy esté habitando en comunión con Dios. Cae del cielo y no retorna más allí. ¿Y cómo cae? Ardiendo como una antorcha. La antorcha, bíblicamente, es una Luz que consume la oscuridad, sana nuestras heridas y resplandece aun en medio de la más profunda tristeza y de las tinieblas más impenetrables; es una Luz que sobrepasa todo entendimiento.
¡Pero ese es un ministerio! ¡Y de los buenos! Sí, pero eso sería si realmente lo que ve Juan fuera una Antorcha. Pero él no dice eso, él dice que ese espíritu cae del cielo ardiendo COMO una antorcha. Clarísimo. Es un ministerio falso, pletórico de señales y maravillas que no tienen origen en el cielo santo, sino en la tiniebla infernal plagada de demonios. Y ese engaño es el que produce tanta amargura, desazón, decepción e indignación, que es mucha la gente que se va del Camino por causa de un falso profeta, que es un falso vocero y que en realidad es un personero más de Satanás enviado a robar, matar y destruir.
8 – Dolores Doctrinales
La cuarta trompeta produce heridas en la tercera parte del sol, de la luna y de las estrellas. Y Juan dice que todo eso es para traer oscuridad, siempre en las terceras partes de estos tres elementos mencionados. Pero en esta trompeta, hay un añadido que estremece, porque Juan oye a los ángeles gritar, (Porque cuando la Biblia dice “a gran voz”, significa eso, gritar), dando ayes de lamento y dolor por causa de lo que, predicen, serán las consecuencias de las próximas tres trompetas faltantes.
En este caso puntual, hay algunos aspectos que son más visibles en lo espiritual que otros. El Sol de Justicia es Cristo, el Verbo, el unigénito de Dios en los cielos. La Luna simboliza a Jesús, el hombre en el cual ha encarnado Dios mismo. Queda la incógnita de las estrellas, pero será develada por el propio Juan en otro momento y espacio de su legado. Cuando habla de total oscuridad, se refiere a un evento no visto hasta ese momento, y que tampoco volverá a repetirse luego de ese suceso.
Porque está hablando de la crucifixión, del momento clave para la humanidad, del instante en que el pecado que separaba a Dios del hombre, es redimido por el Hijo hecho carne y perdonado al punto de, en Él, restaurar una comunión que, en otro sentido, sería imposible. Dios sigue aborreciendo el pecado y no tiene ninguna comunión con él, pero cuando ese pecado es pasado por la cruz de Cristo, entonces las ropas sucias se tornan blancas y Dios puede acercarse y obrar.
¿De dónde saco esto? De lo que Jesús mismo dice, cuando expresa que el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor. ¿Puedes entenderlo? No está hablando de ninguna hecatombe cósmica, como todavía les gusta enseñar a muchos, más proclives a las películas o series de ciencia ficción que a leer sus Biblias con entendimiento. Estas primeras cuatro trompetas revelan la severidad del juicio de Dios.
Él ataca todos los medios ordinarios de subsistencias, como la comida y el agua; y ataca todos los medios ordinarios de comodidad, como la luz y los ciclos regulares de los días. Sabemos, porque es más que obvio, la gran humildad que viene sobre los hombres en medio de algo como un terremoto, porque comprenden que la “naturaleza”, como habitualmente dicen, no es tan segura como ellos piensan. Con estas cuatro trompetas, ese efecto se multiplicará en gran manera.
Las primeras cuatro trompetas mencionadas, entonces, también revelan la misericordia del juicio de Dios. Estos son juicios parciales que golpean terceras partes, y quieren conducir a un mundo rebelde al arrepentimiento antes de la cortina final. Por ahora, Dios perdona más que lo que castiga, aunque todavía queden vigentes sectores muy antiguos que gustan de hacer del feroz castigo de Dios a los malos, casi una forma de doctrina distinta y hasta opuesta a la primaria que nació con los viejos apóstoles.
9 – Langostas Destructivas
Como respuesta al sonido de la quinta trompeta, Juan vio a una estrella caer del cielo y recibir la llave del pozo del abismo. Ya lo sabes, estrella, conforme a Juan y sus visiones desde Patmos, siempre es espíritu, no planeta ni elemento cósmico. Y aquí está más que claro que ese espíritu tiene un nombre, Lucero. Es a él a quien se le dio la llave, (Una, no varias) del pozo del abismo. Algunos piensan que esta posesión de la llave lo constituye a Satanás como amo del infierno y por eso sugieren que esa estrella era otro espíritu y no él.
Sin embargo, si Dios me dio a mí un ministerio para que yo lo administre, es más que claro que el ministerio es Suyo y no mío, y me lo puede retirar cuando se le antoje o entienda que no me lo merezco o no hago lo que debo hacer. Si Satanás recibió la llave de ese lugar, no es él ni el amo ni el propietario, apenas es un empleado que, al menor error o exceso, se queda sin llave, sin pozo, sin abismo y sin existencia. Ese ángel pervertido tiene el poder que Dios permite que tenga, nada más. Y deberá cumplir con el propósito que Dios tiene para ese sitio, le agrade o no, porque para eso se le dio esa llave. Y si se te estuviera ocurriendo preguntarme por qué hace eso Dios, lo lamento, pero tendré que derivarte a él para que se lo preguntes personalmente. Él lo hace, yo lo asumo y lo incorporo. EL es el Rey.
Y de ese pozo, inmediatamente comenzó a salir humo, como si fuera un horno. ES un horno; el infierno es un enorme horno. Y dice que, en medio de ese humo, empezaron a salir langostas, y que a ellas les fue dado un poder como el que poseen los escorpiones. Se les prohibió que tocasen la vegetación ni nada de lo que había en la tierra, pero se las autorizó a que produjeran daño a todos los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. Con una salvedad; no les estaba permitido matarlos, sino atormentarlos por espacio de cinco meses.
Por eso cita al escorpión. Su picadura produce tremendo dolor, pero generalmente no mata, y liga a eso con la misericordia que espera su arrepentimiento. Y concluye Juan diciendo que ese tormento haría desear a esos hombres, recibir la muerte. Es incontable la suma de tesis, teorías, ponencias, interpretaciones y hasta fábulas que se han dicho y escrito respecto a este pasaje que se encuentra en Apocalipsis, y que no son muchos los que logran verlo con claridad. Cada hombre o mujer lo ha entendido conforme a sus mentalidades y hasta acorde a sus culturas, pero no podemos decir cuántos realmente accedieron a lo que Juan estaba queriendo decir o mostrar con esto.
A mí cuando leía estas cosas me llamaba mucho la atención que se dijera que ellos buscarían su propia muerte. Es que la idea del suicidio, aún en las circunstancias más horripilantes, no es algo que pueda caber en una mente gobernada por el Espíritu de Dios. De hecho, sabemos que los atormentados quieren morir, como lo quiso el propio Pablo en su momento, pero por una razón completamente diferente y un resultado distinto al de Pablo. Porque a Pablo la muerte lo llevaría a bendición eterna; pero para los atormentados sin Cristo, la muerte es un salto al vacío fatal, del tormento presente al fuego eterno. Fíjate que la idea de la muerte como una suerte de ruta de escape, es un absoluto engaño satánico. Un engaño que año tras año, se lleva a muchas más almas de las que debería llevarse.
Hay documentos que prueban que ciertos asesinos seriales sabían que en corto o mediano plazo iban a morir por causa de sus delitos, pero estaban convencidos que eso iba a ser “pasar a mejor vida”, porque seguramente irían a un mejor lugar que el que ahora habitaban. Terrible auto engaño, que es el más grave de todos los engaños. Quien le quita la vida a otro ser humano o se quita la propia, nunca podrá ir a un lugar mejor. Dios ha sido y sigue siendo muy claro al respecto. Las modernas “ciencias” de la comunicación han tergiversado sus principios y han difundido supuestos “cambios” que jamás salieron de las oficinas celestiales. Gracias a Dios, a estas cosas solamente las están creyendo los necios, imbéciles y mediocres que se creen iluminados, pero que viven en una tiniebla tal que no les permite ni siquiera saber quiénes son.
En cuanto a las langostas, es muy nutrida su participación en las cosas relacionadas con el reino de las tinieblas. Yo recuerdo que, durante muchos años, cuando recién comenzábamos a recibir información sobre guerra espiritual, se nos enseñaba que el pasaje que habla de la oruga, el revoltón, el saltón y la langosta, eran cuatro animales distintos que simbolizaban los diferentes ataques del enemigo. Como la mayor parte de la enseñanza antigua y tradicional, mitad cierta y mitad equivocada.
Porque era verdad lo relacionado con el símbolo, pero no lo era que se trataba de cuatro animales o insectos diferentes. Sencillamente eran los cuatro estados de una langosta; desde su nacimiento como oruga, pasando por un revoltón con algo de movimiento, con un saltón que ya es una langosta, pero todavía sin alas, a la propia langosta en toda su dimensión destructiva y dañina. Aquí se habla de su semejanza a caballos preparados para la guerra, es decir con sus monturas y cubiertas de acero necesarias para evitar ser alcanzados por las flechas, lanzas u otras armas que el enemigo utilizara contra el jinete.
Dice que, en las cabezas de esas langostas, había coronas de oro. Eso nos habla de seres que forman parte de un reino, punto que se confirma cuando luego señala que sus rostros eran como rostros humanos. ¿Cuántos saben que los demonios son espíritus que solamente tienen poder cuando habitan en un cuerpo humano? Luego alude a que usaban cabello como el cabello de una mujer. Esto muestra que eran seres con cobertura espiritual emanada de las tinieblas.
Dice que sus dientes eran como dientes de león, y aquí hay una estricta semejanza a la imagen del diablo, cuando se nos dice que anda como león rugiente queriendo devorarnos. En ambos casos, no se nos dice que SON dientes de león o que SON leones. En los dos, se utiliza una comparación, porque dice que son COMO dientes o COMO leones. Imitadores que, lo mejor que saben hacer, es rugir, produciendo ese gran estruendo que todavía es capaz de asustar y hasta aterrorizar a muchos que no saben quiénes son. El mayor poder satánico, si le crees, está en sus bocas.
Y finalmente, con relación a estos animalitos tan destructores, un elemento sumamente importante para poder diferenciar lo espiritual ciento por ciento, con lo material, físico, visible y palpable. Porque Juan dice que tienen por rey sobre ellas al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego Apolión. ¿Sabes qué? Esta es una indicación más que clara y evidente de que estas criaturas están muy lejos de ser langostas literales. La propia Biblia nos dice que las langostas literales no tienen rey, y sin embargo estas sí parecen tenerlo.
Por allí ha dicho Acur, hijo de Jaqué que Las langostas, que no tienen rey, y salen todas por cuadrillas. Así que queda bien claro que esto es espiritual. Fíjate que el nombre de su rey, es Abadón o Apolión, que en sus respectivos idiomas tienen el mismo significado: Destrucción y Tormento, que lleva a Perdición. Y como a ambos se lo rotula como ángel del abismo, no hay ninguna duda que se está hablando de Satanás o, en todo caso, alguna entidad demoníaca que transitoriamente pueda estar liderando un ataque. Este, -aseguran- es el primer “Ay”, pero sólo el primero, porque nos dice que lo peor aún está por venir.
10 – ¿Doscientos Millones?
Y lo que viene ahora es la sexta trompeta. Y de su sonido brota una voz que sale entre los cuatro cuernos del altar de oro que está delante de Dios. Norte, Sur, Este y Oeste, los cuatro puntos cardinales aprendidos y aceptados. De todo el planeta, si lo quieres más sencillo. Y la voz, de manera imperativa, impropia de un Espíritu Santo, da la orden que sean liberados cuatro ángeles que están atados a orillas del río Éufrates, y les demanda matar a la tercera parte de los hombres del mundo. Los llamados jinetes del Apocalipsis, están en la previa de su cruel misión.
Ángeles desatados. Dios no ata a sus ángeles, así que ya sabes de donde provienen. Y te digo más: muchos de esos ángeles todavía andan desatados, en total libertad y son llamados en el argot de la guerra espiritual, principados satánicos. Ellos son. Y vienen a completar un trabajo iniciado por demonios de menor jerarquía, las langostas, las que sólo estaban autorizadas para atormentar a los hombres por espacio de cinco meses, como preparación para su aniquilación total por parte de estos ángeles desatados.
Y no es una simple acotación geográfica la que nuestra Biblia dice respecto al sitio en donde ellos estaban atados. Porque menciona al río Éufrates, que no es un curso de agua dulce más. El Éufrates está íntimamente ligado al primer pecado, al primer asesinato, a la primera rebelión y revuelta, organizada en contra del propio Dios y a la primera dictadura. Todos sucesos que se encuentran en distintos lugares del libro del Génesis. Nada de lo escrito en tu Biblia es casual o para llenar un espacio.
Eso es lo que muchos escritores brillantes, menos brillantes o mediocres, como el que fuera el que suscribe esto, hemos hecho para alargar nuestros trabajos en el convencimiento que así ganarían mayor respeto. Necedad total solamente restaurada por la sangre de Jesús y por nuestra aceptación a su Señorío. Sin embargo, lo que más me impactó de esta sexta trompeta, es que dice que el ejército que salió a asolar la tierra, era de doscientos millones de soldados. ¿Te das una tímida idea, al menos, de lo que significa una fuerza bélica de doscientos millones de hombres?
No. Es imposible para cada uno de nosotros, habitantes de países con mediana cantidad de poblaciones, imaginarnos algo así. Entonces hacemos lo más lógico: pensar que todo es simbólico y que, en lo literal, eso que está escrito es sencillamente imposible. Pensar así es un error. Estoy de acuerdo que esto tiene contenido espiritual y simbólico por encima de cualquiera aspecto literal, pero déjame decirte que hay un algo en lo que estamos equivocados por una simple razón de falta de información común, no seleccionada, secreta o confidencial.
Si recurres al buscador más conocido del planeta, hoy respaldado por IA, y le haces la consulta común respecto a si existe en el mundo algún ejército de doscientos millones de soldados, te aparecerá esta respuesta, que fue la que obtuve yo y reproduzco textual: ¿Qué país del mundo tiene 200 millones de soldados? Las fuerzas armadas chinas representan las más grandes del mundo, con un número aproximado de 3 millones de personas, y el ejército más extenso con aproximadamente 200 millones de soldados. El ejército chino está formado por cinco fuerzas principales que son: Las Fuerzas Terrestres del Ejército Popular de Liberación. Listo. Tómalo o déjalo. O, en todo caso, si tienes dudas, envía tu consulta a los muchachos de la empresa que tiene como inicial “G”+ IA.
Y concluye diciendo que esos hombres que habían sido azotados por las plagas mencionadas, lejos de arrepentirse y volverse a Dios, no sólo que no lo hicieron, sino que, pasado el cimbronazo más fuerte, retornaron a sus vidas anteriores con total tranquilidad y sin sentir remordimiento ni deseos de arrepentirse. Volvieron a sus pecados habituales, que no necesito mencionar para no darle prensa innecesaria, pero que son los más ordinarios y comunes entre la gente sin Cristo, aunque incluya a alguno que dice tenerlo, a su culto a los ídolos y a todo aquello que, en fin, forma parte de esa imitación de vida llamada incredulidad.
¿Has visto como en un lugar donde hubo un terremoto que se llevó vidas y produjo desastres materiales, a los pocos días todo vuelve a la normalidad como si jamás hubiera ocurrido nada? Así reacciona el hombre después de un golpe fuerte con su propia vida. De los centenares de libros cristianos que leí o pasaron por mis manos, recuerdo a uno en especial, más por su título que por su contenido. John White, es su autor y su título es: “Aunque los Muertos Resuciten”. Enorme verdad que demuestra que la incredulidad es algo más que no creer en milagros, es un demonio que ciega y destruye.
11 – Simplemente El Reinado
Antes que se ejecute el toque de la séptima trompeta existe una pausa que es muy interesante analizar, porque esta se produce entre el término de la sexta trompeta y el sonido de la séptima. El escenario comienza a cambiar casi de manera dramática entre lo terrorífico que se venía observando, a lo celestial. Es una escena gloriosa que posibilita que, en este paréntesis, el mundo sepa, entienda, crea y acepte que el tiempo ha llegado a su fin. Juan, en la isla de Patmos, ve en su tremenda visión, a un ángel fuerte, que desciende del cielo, y que viene envuelto en una nube.
Dice que trae sobre su cabeza un arco iris, y que su rostro es como el sol, sus pies como columnas de fuego y tiene en su mano un librito. Y que este ángel fuerte pone su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, (¿Algún hombrecillo de pies pegados a la tierra puede imaginarse algo así?) y clama con gran voz como rugido de león, y al clamor de este ángel fuerte, siete truenos emiten sus voces. Pero lo más sorprendente es que, cuando Juan iba a escribir lo que los siete truenos iban a decir, recibe la orden de no hacerlo.
Dicen los que saben un poco más que yo, que el sonido de la séptima trompeta dio inicio a un gozo indescriptible motivado en una resolución inevitable. Es que no pudo, no puede ni podrá haber una declaración más gloriosa que esta: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Tú sabes que, en la antigua gramática griega, el tiempo del verbo que se usa aquí cuando dice han venido, indica nada menos que una absoluta certeza sobre la venida y reinado de Jesús, mucho tiempo antes que ese hecho sea cumplido.
La pregunta que nos salta de inmediato, es: ¿Cómo puede experimentarse esa clase de gozo si el amado Rey todavía no está reinando de modo completo? Te lo respondo en modo bélico. Cuando tejes una estrategia de combate y adoptas una táctica ciento por ciento ganadora, la derrota solamente habita en las mentes débiles y en las que todavía dejan morar al espíritu de incredulidad, que es el más antiguo de todos los espíritus satánicos. Porque cuando hemos pecado, independientemente de cuál haya sido ese pecado, el primero que surge es el de incredulidad, porque es el que nos convenció, como lo hizo con Eva, de que todo saldría bien y que no sucedería absolutamente nada malo. Engaño.
Luego, Juan hace mención de los veinticuatro ancianos. Esta descripción, no quiero exagerarte, ha desencadenado no menos de doscientas interpretaciones distintas y, como resultado de algunas de ellas, doctrinas que con el tiempo se han convertido en una denominación más de los cientos que dividen en retazos a la iglesia del Señor. Hasta este momento no tengo nada respecto a esto, así que no emitiré palabra alguna. Si antes de llegar al final de este trabajo lo tuviera, te lo compartiré.
Aspiro a salirme de todas las estructuras religiosas, y escribir un formato libro con prefacios, introducciones, capítulos, versículos y epílogos, no deja de ser una estructura más. Me ayude mi Padre a romperlas y dar a luz algo de bendición, pero sin respeto por esos métodos, modos, costumbres o sencillamente tradiciones. Pero Juan incluye, en un momento dado una expresión que, en principio, nos sonará muy conocida o corriente, pero que a poco nos damos cuenta que va mucho más allá de lo dicho: Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has tomado Tu gran poder y has comenzado a reinar.
Hay tres palabras que están en este texto que no han sido incluidas por cumplir con un protocolo religioso o por simple costumbre o tradición: te damos gracias. ¿Cuántas veces decimos eso mientras oramos o tenemos alguna forma de comunicación con nuestro Padre? Sí, ya lo sé, es de uso y costumbre de manera abundante, al menos en los grupos de habla hispana. Me pregunto y te pregunto: ¿Tú crees que aquí Juan está dándole gracias a Dios por el que es y por el que era, y porque ha tomado su gran poder y ha comenzado a reinar?
Podría ser, hemos dado gracias por asuntos mucho más difusos, pero… ¿Y si no es un agradecimiento lo que Juan hace allí, sino un compromiso? La única versión que dice te agradecemos, es una de lenguaje actual, popular o como quiera que denominemos a esas que transcriben el idioma bíblico al que se habla en la calle. Creo que, en este caso, erraron el blanco con la traducción. Porque lo que Juan le dice, es que es tiempo de darle gracias a Dios, que es como decir empezar a darle nuestros favores, en función, relación y comunión con todo lo que Él ha sido, es y será y con su inmenso poder puesto en marcha para reinar. No es agradecimiento, es compromiso, pacto y decisión.
Porque luego añade que se airaron las naciones, lo que es un equivalente a enojarse, fastidiarse, resentirse por causa de algo que Dios ha hecho o tiene decidido hacer. Porque el castigo de Dios, si es que vamos a llamarlo así porque así lo llaman muchos cristianos, se ajusta al delito, a la transgresión, a la falta cometida, de ninguna manera es arbitrario. Igualmente, las naciones tocadas están enojadas con Dios y Él, obviamente, también lo está con ellas. Por consecuencia natural, todos aquellos que intentan o pretenden destruir lo creado, a corto o mediano plazo serán destruidos. Es Ley. Es Justicia.
Sin embargo, la gran pregunta, es: ¿Por qué está enojado el mundo secular con Dios? Simple; porque él ha dicho que viene a gobernar, y el mundo quiere todo lo que se te ocurra que puede querer, menos que se acerque y se implante el Reino de Dios. Por ese motivo es que, en uno de sus relatos, Lucas rescata una expresión de Jesús referida a eso que dice textualmente: No queremos que este reine sobre nosotros. Compruébalo: a pesar de la decencia que las religiones cristianas parecen evidenciar, rendirse a Dios sigue siendo intolerable para la mayor parte de las naciones auto denominadas como cristianas. ¿Es una paradoja? ¿Es una contradicción, o simple hipocresía? Recuerda esto; mientras la ira del hombre es impotente, la de Dios es Omnipotente.
12 – Definitivamente, Culpables…
Listo. Siete ángeles haciendo sonar siete trompetas. Cada una con un mensaje distinto destinado a que el hombre creyente, destinatario de todas estas cosas. (Porque la Biblia jamás fue escrita para el mundo incrédulo, sino para la iglesia). Para que este hombre, (O sea: nosotros), adoptemos frente a nuestras respectivas sociedades aquellas actitudes que hacen a una persona de bien y no a un contingente subversivo presto a tomar el poder e implantar algo parecido a una teocracia. No, gracias, por mí no se molesten. Ni por asomo quiero ni querría eso para mi pueblo, no sé qué tendrás en mente tú para con el tuyo.
Supongo que, como se dice en mi tierra, “para muestra, basta un botón”. Y algunas zonas de Oriente son ese botón que nos regala una muestra que está kilométricamente lejos de ser una solución para nada que no sea más despotismo, más tiranía y opresión para los más pobres. No pienso ni por asomo tomar fraseologías izquierdistas, pero te advierto que, para alternar con los poderosos de manera cercana, tienes dos posibilidades: o eres tan poderoso como ellos, o eres su empleado, a su servicio incondicional y total con rango implícito de esclavo. De otro modo, ni lo sueñes, aunque por conveniencia alguien te quiera hacer pensar o creer que si…. ¡Pero Jesús alternó con los poderosos! Si. Porque Jesús era más poderoso que ellos…
En lo personal tengo una teoría desarrollada hace mucho tiempo. Y tiene que ver con los grandes inventos del hombre, del ser humano en su conjunto, para expiar sus propias culpas. Hace muchos años, era Dios el máximo objetivo. Los que decían creer en Él, llegaban a las peores atrocidades supuestamente cometidas “en su nombre”. Y los que decían no creer en Él, se burlaban, se enojaban y lo agredían con insultos de todos los colores. De niño, y viviendo en zonas carenciadas y de alta pobreza por causa de trabajos mal pagos, solía escuchar como esos hombres rudos, que jamás habían pisado ni pisarían el suelo de ninguna iglesia, como no fuera a la hora de casarse, bautizar a sus hijos según la tradición o asistir al funeral de algún pariente o amigo, insultaban fieramente a un Dios en el que, llamativamente, decían no creer.
¿Qué calidad de locura o idiotez tiene que haber en mi cabeza si decido agredir a alguien que no conozco y repito barbaridades de esas personas sólo porque alguien me hizo creer que son así? Sí, Dios era justamente el ser apropiado para recibir los rezongos, quejas, lamentos y enojos de gente que perdía la brújula de sus vidas por causa de sus gruesos errores y no por influjo divino. Recuerdo a un vecino grandote y morrudo mirar al cielo y desafiarlo: ¡Castígame a ver si eres guapo! (Guapo, en mi patria, en esa época era sinónimo de valiente, de no cobarde) Si Dios escuchaba ese pedido y decidía cumplirlo, seguramente podría ser lo último que ese grandulón dijera en esta tierra. Pero, hasta que viví en su cercanía, Dios me mostró que era misericordioso, o…simplemente había decidido hacer oídos sordos a palabras necias.
Ahora, en este tiempo, el hombre dice que ha madurado, que ya no cree en supersticiones fantasiosas y que sus problemas más agudos no son por causa de sus conductas, sus adicciones o sus más íntimas corrupciones, sino por culpa de sus gobiernos. No interesa demasiado a qué línea ideológica culpan, da lo mismo. En cada país se tejen sus propias coyunturas y disfrutan o padecen de sus mismas elucubraciones pseudo políticas. No pienso defender a ninguno de esos gobiernos, sean del signo o el color que sean, a eso lo tengo más que claro hace mucho tiempo.
Y es porque, salvo muy raras y casi milagrosas excepciones, la ineficiencia en general para todas las cosas más gravitantes, suelen ser un parámetro que mide exactamente los mismos valores en cada uno de ellos. De todos modos, y sea dicho esto en salvaguarda de la verdad genuina sin participación de intereses pautados, no debe existir un solo político honesto, serio y responsable en el mundo, que sea capaz de respaldar conductas de energúmenos disfrazados de respetables habitantes. Todos sabemos y tenemos pleno conocimiento que hay comportamientos y conductas despreciables en las que nada tienen que ver los gobernantes de turno. Ni siquiera de los más inútiles.
Tengo certeza, en todas las líneas existentes, que es tiempo que la sociedad se haga cargo de lo que por simple responsabilidad ciudadana o nacional le corresponde. Cada país con sus culturas y formas, cada nación con sus respuestas de acato y obediencia o desacato y anarquía. Alguien dijo hace muy pocos días, con un poco de razón y un mucho de brutalidad, que, si todo pasara por hacer responsables a los políticos, con fusilarlos al amanecer a cada uno de ellos, todo estaría solucionado. Sin embargo, es más que evidente que todos podríamos comprobar que de ninguna manera eso podría ser el medicamento capaz de sanar esta antigua y grave enfermedad. Porque cualquier energúmeno e ignorante podría gobernar una Nación con ciudadanos correctos, honestos y responsables.
Pero jamás, un gobernante con esas cualidades va a poder gobernar una nación con ciudadanos energúmenos e ignorantes que se mofan de la legalidad y las normas de coexistencia en la misma. Y eso es, en mayor o menor medida, lo que se está experimentando en gran parte de este mundo al que nuestro Padre nos ha hecho arribar con una misión puntual y específica para cada uno. Muchos llegarán a saber cuál es esa misión y cómo cumplimentarla y quizás lo hagan, pero otros, que son mayoría, jamás podrán ni siquiera enterarse y, espiritualmente, pasarán por esta vida y esta tierra como normalmente se dice: “sin pena ni gloria”. Oye: Dios no nos creó para vegetar ni para sobrevivir, y mucho menos para arruinarle el planeta; nos creó para pelear la buena batalla y vencer.
13 – Todos Juntos en Todo
Ahora veamos: ¿Por qué piensas que me deslicé por estas últimas ramas de conclusiones aparentemente inconexas con el tema que traíamos? Simple. Porque no están desconectadas del eje central que motivó encarar esto de manera espontánea, sin la menor planificación previa y dejando que fluya quien debe fluir De mí y En mí: el amado, bendito y real Espíritu Santo de Dios, que es Dios mismo guiando a toda verdad. Te hablé de siete ángeles, haciendo sonar siete trompetas e involucrando de a ratos a siete estrellas. En otros textos Juan menciona a las siete iglesias y a los siete espíritus que moran en ellas, y concluye en muchos de esos pasajes, explicándonos que esos siete espíritus, son Los Siete Espíritus de Dios.
En lo personal, te confieso que de muy adulto en el Evangelio recién tuve ocasión de oír un mensaje que hacía alusión a esos siete espíritus, que obviamente no son la traducción de siete dioses distintos, sino siete condiciones espirituales de nuestro único Dios Todopoderoso, Omnipotente, Rey de reyes y Señor de señores. Y sentí que debía ir más profundo dentro de lo poco que sabía y me dediqué a escudriñar, buscarle cinco patas a un gato que tiene cuatro y definir por qué o para qué Él nos dejó a través de Juan, desde Patmos, este pasaje que está en el capítulo 5 de Apocalipsis:
Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Este es el pasaje según lo transcribe la versión tradicional y clásica Reina Valera. Pero hay otras dos versiones que quiero compartirte. La primera, es la de la Biblia Textual, que como seguramente sabes, fue traducida directamente de los originales al español, sin pasar por el inglés. Esa dice:
Y vi en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, un cordero en pie, como inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados a toda la tierra. Y, finalmente, como para redondear conceptos, acudí a la llamada Nueva Traducción Viviente, que, en este mismo texto, consigna: Entonces vi a un Cordero que parecía que había sido sacrificado, pero que ahora estaba de pie entre el trono y los cuatro seres vivientes y en medio de los veinticuatro ancianos. Tenía siete cuernos y siete ojos que representan los siete aspectos del Espíritu de Dios, el cual es enviado a todas las partes de la tierra.
Hay muy pocas diferencias entre estas tres versiones, pero en las tres, hay una coincidencia muy singular que tienen las tres y que, estoy más que seguro, fueron el detonante para encarar todo esto que todavía estoy muy lejos de saber hacia dónde o qué me habrá de llevar. Pero como confío ciegamente y a morir en el Espíritu Santo, no cuestiono nada, no conjeturo nada ni me imagino nada; simplemente hago silencio, escucho Su voz y procuro no permitirme desobedecer nada de lo que me diga, lo entienda o no lo entienda.
Dice que son los siete espíritus de Dios, o sus siete características de fondo, que nos han sido dados y enseñados… ¿Para qué cosa? Para que los conozcamos, ya que han sido enviados esos siete espíritus a todas las partes de la tierra. ¿A los judíos? No, a todas partes. ¿A los cristianos? No, a todas partes. ¿A los que congregan en iglesias cristianas? No, a todas partes. ¿Tienes una mínima idea de lo que significa decir que algo es enviado a todas las partes de la tierra? Exactamente eso: que ha sido enviado a TODAS LAS PARTES DE LA TIERRA.
A todos los continentes, a todas las razas, a todas las naciones, a todas las tierras, a todas las regiones, sean dominadas por las religiones que sean dominadas. En cada caso y en cada lugar, los siete espíritus de Dios estarán allí, a disposición de todos los que quieran o deseen hacerlos suyos y operar en obediencia y sujeción a ellos. Es obvio que, para que eso sea posible, lo primero que tenemos que conseguir, es conocer cuáles son esos siete espíritus y cómo podemos hacer para adquirirlos.
Si la propia Palabra me está diciendo que será una condición irremplazable de los ciudadanos del Reino de Dios, yo quiero que esos siete espíritus moren en mí como lo hacen en mi Padre, porque si soy Su imagen y semejanza, sé perfectamente que eso es posible y obligatorio. Y, además, es la suave y delicada diferencia entre la unción genuina y la religión babilónica y vacía.
Voy a compartirte el texto principal que los define y que seguramente utilizaré como plataforma de lanzamiento para todo lo que sigue. Está en el libro de Isaías, en el capítulo 11 y en el segundo versículo. Viene hablando en tono profético del nacimiento de Jesús y de la potencialidad de su ministerio como Dios encarnado en un hombre, y dice al respecto que: Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Isaías profetiza que Jesús iba a tener morando en su ser estos siete espíritus y la historia deja en evidencia que así fue.
También sabemos que una vez inmolado Jesús el Cristo, el Mesías, el Ungido de Dios para Israel, fue designada como Su Cuerpo vivo en la tierra, la iglesia. Su iglesia. Esa a la cual tú y yo pertenecemos. Porque si tú no pertenecieras a esa iglesia, jamás me leerías ni me escucharías. Sólo por el Espíritu Santo eso sería posible. Aquí estamos quienes nos dejamos guiar por Él. El que eligió ser guiado por el espíritu del mundo, el de babilonia, o por el del anticristo, se queda al margen porque no coincide ni comulga con nada de todo esto. Creo que es tiempo y momento, entonces, de presentarte en profundidad a cada uno de esos espíritus, y ver de qué modo pueden ser incorporados a tu vida, y habilitados por decisión voluntaria tuya, a que te guíen a toda verdad y victoria. Que así sea.
14 – El Espíritu de Jehová
Isaías 11: 2 = Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.
En realidad, debería decirte sencillamente Espíritu Santo, porque de él se trata. Porque es la base central, porque todo lo demás habita en Él mismo y genera lo que genera. Es indudable y nadie que diga ser cristiano puede desconocerlo. Resulta absolutamente imposible para un ser humano poder ser portavoz del Dios Altísimo si su Espíritu no habita en su ser y lo inunda de todo lo que necesita para ser Su Vocero, o Su Profeta, como mejor te guste llamarlo. Babilonia, la iglesia paralela, imitadora y ramera, puede imitarlo todo con bastante calidad, pero de ninguna manera pudo, puede, ni podrá jamás imitar la unción.
Ah, y cuando digo que Babilonia es ramera, no te creas que es un insulto gratuito que le estoy propinando, es una descripción. ¿Qué otra cosa podríamos llamarla si, en muchos casos muy comprobados, se ha vendido por dinero o por espacios de poder? Y si eso no es suficiente, mírala. Simula lo que no siente, finge lo que no cree, ríe para satisfacer al cliente, llora para inspirar compasión y sacar ventaja y, parece amar, cuando en realidad tiene frialdad e indiferencia. De acuerdo, ser ramera es ejercer el trabajo más antiguo, pero lo curioso del caso es que todavía son muchos los que utilizan sus servicios. ¿Son ellas el problema o sus…clientes…?
El Espíritu de Jehová es, indudablemente, la persona misma de Dios. Su esencia, que es el Espíritu, su Nombre y su carácter. Todo esto, unificado, fusionado y mancomunado, reposando sobre este Jesús profetizado por Isaías. Jehová, que fonéticamente se pronuncia Yejová, es el auto existente o el Eterno. Es el nombre nacional de Dios-Jehová el Señor. El componente principal de este Espíritu es la herencia. Nuestro ser almacena la herencia genética en los cromosomas de la célula, y estos forman un cordón llamado ADN. El Espíritu, es el ADN de Dios metido en nosotros. Si después de saber esto todavía no entiendes por qué gozas de la calidad de ser considerado hijo de Dios, entonces déjame sugerirte que veas a alguien con autoridad espiritual suficiente como para que te libere de ese espíritu de bloqueo mental que evidentemente no te permite ni concentrarte debidamente ni entender correctamente.
Pablo lo enseña en alguna de sus cartas cuando dice que es en Él que tuvimos, (Tiempo pasado) herencia, así como fuimos predestinados, (No de manera individual, sino como Cuerpo de Cristo) conforme a Su propósito. Creo que es necesario que te recuerde que el propósito del diseño de Dios no es que tú accedas a salvación. Ese, en todo caso, es su deseo. Su propósito es que Su Reino sea extendido a lo largo y ancho de la tierra. Y quienes fuimos predestinados a lograr eso, somos nosotros. Pero -reitero- no de forma individual y por méritos personales, sino por la inconmensurable Gracia y Misericordia y como parte activa, dinámica y participativa de un tremendo Cuerpo de un no menos tremendo Jesucristo en esta tierra.
De hecho, no pienso utilizar este trabajo para enseñarte a orar, porque esa sería, en principio, una falta de respeto a tu espiritualidad, pero también un menoscabo a tu voluntad y a tu inteligencia, pero lo que sí podría hacer es compartirte como es, en esencia, la oración mayoritaria que los hijos de Dios elevan a su Padre a la hora de buscar dirección: Padre, ayúdame a entender tus misterios. Por medio de la intimidad contigo, revélame conforme a tu voluntad todo lo que tú sabes que necesito conocer. Que las lámparas del Espíritu no se apaguen jamás en mi vida, sino que cada día pueda vivir en constante adoración, con esa lámpara divina en mi vida. En el nombre de Jesús; Amén.
15 – Identidades Documentadas
Cuando alguien nos habla por primera vez del Espíritu Santo, la mayoría de nosotros, muy jóvenes o recién convertidos, no tenemos mejor actitud que la de mirarlo como si estuviera delirando. ¿Nunca te ocurrió eso? Es que al hombre natural, con sus pies más o menos bien arraigados a esta tierra, hablar de espíritus inmateriales, invisibles, que sólo existen en una dimensión que desconocemos y no vemos con nuestros ojos naturales, es algo que está casi en el nivel de enajenación, de locura, de fantasía o superstición. Si decidimos creerlo, aunque no entendamos nada, Él se va a encargar de manifestarse en nosotros y el asombro inicial dará paso a un gozo inexplicable, genuino y permanente. Pero es menester dar ese paso tremendamente complicado y difícil que es creer en lo que no vemos y tener certeza de lo que esperamos. Hebreos lo llama FE.
El Espíritu Santo de Dios es Su poder o Su fuerza en acción. Miqueas, ese personaje bíblico que tiene un libro que la mayoría de nosotros tal vez leyó apenas una o dos veces en su vida, (En algunos casos más, es verdad, pero en algunos otros, ninguna), tenía un asunto sin resolver con los dirigentes de Israel. Eso era como si hoy lo tuviera con el liderazgo oficial de las iglesias. Y lejos de amedrentarse, someterse o ligarse con sus legalismos o corrupciones, él les dice que está lleno del poder del Espíritu de Jehová y munido de su capacidad de juicio y de fuerza, para denunciar la rebelión de Jacob y el pecado de Israel. Me pregunto cuántos de nosotros, hoy, tendremos la misma certeza espiritual, moral y emocional para ejecutar lo mismo. Y sin temor a “represalias santas”. ¡Gloria a Dios por los que sí! Porque sé que los hay. Mi oración es que el Cielo los cubra con su bendita autoridad y poder.
Esa misma potencia de la que te estoy hablando, para una acción totalmente desprovista de antecedentes y hasta de lógica humana, fue la que cubrió a aquella jovencita llamada María. Eso fue cuando ese ser lleno de luz, o una tremenda luz que cobijaba a un ser increíble, le hizo saber que el Dios Altísimo le hacía saber que Su Espíritu vendría sobre de ella y que sería cubierta por su sombra. Inconcebible para la mente humana y carnal. Posible ciento por ciento para el mundo espiritual. Efecto trascendente de un embarazo único en toda la historia de la humanidad y de un nacimiento capaz de sacudir cielos, tierra, infiernos y universos. Una verdadera e increíble historieta infantil para la élite intelectual más rancia de nuestro mundo, pero allá ellos y sus tremendas sabidurías que han llevado a este planeta a la situación que hoy estás viendo a la vuelta de tu casa, cualquiera sea la ciudad, población, aldea, región o nación en la que vivas.
Cuando Dios decide enviar a Su Espíritu, Él proyecta o dirige todo su potencial hacia un lugar o hacia una persona en concreto, sea donde sea, para que se cumpla su voluntad. Fue así en la historia y lo sigue siendo hoy mismo, pese a que en algunos sitios muy singulares todavía se permiten dudar de la existencia de ese Espíritu Santo y se dejan llevar por corrientes doctrinales nefastas y castradoras, más apegadas al intelectualismo griego que a ese cristianismo que pregonan de labios para afuera. Algún salmista se preguntó a dónde podría irse fuera de la influencia de ese Espíritu. A ninguna parte. ¿Alguien se cree capaz de huir de la Presencia de Dios? Escuché a alguien dar un concepto del ateísmo que me impactó. Dijo que un ateo, cuando ni cree, ni obedece, ni confía ni espera nada de ningún Dios, es porque se siente dios de sí mismo. ¿A que no adivinas igualito a quien se comporta? Auch…
Ese Espíritu de Jehová, es el que estaba sobre el Mesías. Fue, es y seguirá siendo la más clara evidencia que Jesús jamás tuvo un espíritu falso ni engañador. Y que ni siquiera llegó a tener el espíritu de un hombre. Era el Espíritu de Jehová el que reposaba sobre el Hijo, y el que en algún momento le llevó a decirles a sus discípulos que ellos no sabían de qué espíritu eran. Él tenía el Espíritu de Dios y sabía quién era. Esa dicotomía se ha sostenido hasta hoy. Por cada creyente genuino que camina la vida siendo guiado por el Espíritu Santo, hay muchos que sobreviven sin saber qué espíritus los guían, manejan sus vidas o sencillamente los manipulan. Y significa, al mismo tiempo, la reafirmación de un concepto que hasta no hace mucho tiempo parecía ser sólo patrimonio de doctrinas muy pentecostalizadas. Sin Espíritu Santo, el creyente no es nada, ni siquiera termina de ser creyente genuino. Agrade o no, esta es una realidad visible por donde se la busque.
En nuestras Biblias, cuando leemos la palabra espíritu, estamos accediendo a la traducción de los términos rúaj, en hebreo, y pnéuma, en griego. En la mayoría de los casos, estos términos se refieren al poder de Dios en acción, es decir, a la manifestación gloriosa y poderosa de su Espíritu Santo., el mismo que se movía sobre la faz de las aguas en los supremos instantes de la Creación. Sin embargo, el espíritu tiene connotaciones de distinto calibre, lo que lo hace estar presente en un compendio de expresiones ligadas a la vida del hombre en el planeta.
Tiene que ver con el aliento o la respiración, si partimos de la base de aquel soplado en la nariz del primer ser inanimado formado con polvo de la tierra y agua. Por eso me pareció excelente el ejemplo que da Habacuc, cuando se pregunta cómo puede ser que la gente le hable a un palo mudo o a una piedra sin vida animada. Me sumo a Habacuc, en mis años infantiles, de eso, he visto por toneladas. Por más que ambas cosas estén cubiertas de la pompa y la fastuosidad del oro y la plata, no tienen espíritu alguno morando en su interior, por lo que resulta imposible que hablen, que piensen, que vivan una vida como la tuya o la mía. Sin espíritu no hay vida humana, carnal. Sin Espíritu Santo no hay vida abundante. Míralo así: Jesucristo es la Verdad, el Camino y la Vida. Jesucristo es Dios encarnado. Dios ES Espíritu. Conclusión: Espíritu es VIDA.
También podríamos incluir aquí lo que expresa nuestro buen amigo Juan, desde Patmos, cuando en esa visión que tuvo, que todos recitamos pero que muy pocos entienden, ve a una bestia con imagen de dragón, capaz de producir señales que impacten a los hombres, y cautivarlos con sus falsos aromas de flores de cartón pintado. Esa bestia es Satanás, (Que ha crecido de serpiente antigua a dragón) y Juan nos cuenta que se le permitió recibir aliento, para que de ese modo cobrara vida y saliera por el mundo a atacar, a robar, a matar y a destruir a los hombres que eligen vivir sin Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ten muy en cuenta esto: Satanás no existe porque es poderoso, sanguinario, lleno maldad y perversidades. Satanás existe porque le fue permitido acceder al aliento de vida, lo cual me dice a mí y a ti que forma parte del diseño de Dios en esferas que solamente el Señor sabe sus causas y motivos.
El Espíritu Santo también es viento, que es lo que traducimos desde el griego pnéuma. (De allí el idioma español ha rescatado la palabra neumático, el que usas en tu automóvil y que implica algo que contiene viento). En el post diluvio, se nos cuenta que Dios hizo pasar un gran viento sobre la tierra y que las aguas comenzaron a descender. Si el diluvio fue un juicio, ese viento divino fue el Espíritu de Dios empezando a sanar la tierra. Nada que ver con huracanes o ciclones tropicales. Algo de todo esto todavía se conserva, ya que, si bien los servicios de meteorología pueden predecir tormentas u otras variaciones climáticas, lo único que no pueden lograr es predecir los vientos, tanto cuando llegan como cuando se retiran. El viento es impredecible, como lo es el Espíritu. Nadie sabe de dónde viene ni para donde va. Sólo el Padre que está en los cielos. ¿Alguna vez lo has visto así, o tan siquiera te tomaste el trabajo de pensarlo?
También se lo define como una fuerza vital o una energía que mantiene con vida a los seres humanos y a los animales. No iré en contra de esta definición, ya que, en algún lugar de su libro, Job expresa que, si Dios decide regresar a la tierra y retirar del hombre su aliento y su espíritu, el hombre perecería de inmediato y volvería ser polvo de la tierra, de donde vino. Sin embargo, este pensamiento que nace de un algo coherente y bíblico, ha sido tergiversado por distintos grupos esotéricos, llegando a convencer a mucha gente ignorante de la Palabra y de las bases del Evangelio, que Dios es una energía, y no el Todopoderoso, Justo, amoroso y misericordioso que nosotros conocemos. Una simple estrategia que ha sacado a muchísima gente del camino de eternidad y lo ha introducido en un reino de tiniebla. Con un disfraz muy pintoresco y atractivo, pero infierno de cabo a rabo. A los demonios les encanta disfrazarse. Y de sobremanera cuando saben que alguien se cree sus disfraces…
16 – Descubriendo Entidades
Esto, en lo concerniente al Espíritu Santo de Dios, pero también hay mención en la Escritura de otros espíritus, que no provienen de Dios y que habitan, influyen o directamente poseen la voluntad de un hombre para arrastrarlos a cometer toda clase de pecados, delitos y transgresiones. Cuando en el libro de Números se habla de Caleb, se lo rescata como a un hombre que peleó para no ser usado por espíritus inmundos, y al encontrarlo firme yendo en la dirección de Dios, Él decidió meterlo en la tierra que buscaba y dársela a él y a sus descendientes como heredad. Esto te deja en claro algo muy importante: por poderoso y feroz que parezca el enemigo y sus fuerzas, nunca lo será tanto como para sacar del Camino a alguien que decida pelearle la buena batalla con la cobertura de la sangre de Jesús.
Cuando se habla de espíritus, necesariamente se hará referencia a seres espirituales, como el mismo Dios lo es y como también lo son sus ángeles. Uno de estos seres, se ofrece a Dios para inducir a hablar mentira a ciertos profetas para confundir e inducir a Acab. Son relatos que a veces nos suenan incomprensibles según nuestra manera de ver estas cosas, y si se quiere hasta contradictorios, pero que simplemente hay que seguir escudriñando porque siempre detrás de algo no muy claro que incluya a Dios, hay una salida llena de luz que nos lleva a victorias totales. Dios es Luz y ninguna tiniebla habita en Él. Y por esa misma razón se nos recuerda que si Dios es Espíritu, es imperativo que quienes le adoran, lo hagan en espíritu y en verdad. De otro modo, cualquier forma de adoración, será falsa.
En el contexto general de toda la Biblia existe una semejanza entre el Espíritu Santo y lo que aquí se denomina como Las Manos o Los Dedos de Dios. El salmo dice Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos. Es obvio que David, el salmista en cuestión, conocía el valor de simplemente considerar la gloria de la Creación de Dios. Él sabía lo que era mirar el cielo estrellado y considerar qué gran Dios había creado ese vasto y maravilloso universo. Dicen los que de esto conocen bastante, que a simple vista se pueden ver unas cinco mil estrellas. Pero que, con un telescopio de cuatro pulgadas, se pueden ver alrededor de dos millones de estrellas. No lo sé. Ni las conté con mis ojos naturales ni accedí a un telescopio, pero tengo certeza que así debe ser.
Y no termina allí ese tan particular conteo, ya que que con un espejo de doscientas pulgadas pueden verse más de mil millones de estrellas. ¿Alguno de ustedes tiene al menos una remota idea de lo que significa ese número? Si la tiene, enséñeme, porque yo no la tengo, lo confieso. Lo que sí puedo decir es que, si el universo es tan grande como aquí se muestra, entiendo que si se viajara a la velocidad de la luz, se necesitarían cuarenta mil millones de años nuestros para llegar al borde de ese universo si es que existe tal cosa. Por eso es que, considerar los cielos, nos hace ver la grandeza de Dios. Estos grandes objetos celestiales como la Luna y las estrellas, son la obra de esos dedos de Dios. A pesar de la asombrosa magnitud del sol, ha dicho alguien, tenemos abundantes razones para creer que algunas de las estrellas fijas son mucho más grandes; ¡Y, sin embargo, se nos dice que son la obra de los dedos de Dios! ¡Qué mano! ¡Poder mover y lanzar esos mundos!
Más adelante y en otro de sus salmos, David deja en evidencia que no está viendo los cielos donde está entronizado Dios, sino los azules por el día y negros tachonados de estrellas por la noche. Él mismo dice que podía ver a Dios mismo en ese azul, sumada la gloria del sol y las nubes y la belleza de los amaneceres y atardeceres. También en el nocturno, con el brillo de la Luna, el asombro de ese colchón de estrellas y la dispersión nublada de las galaxias distantes. Estos juntos, con su tamaño y su grandeza, les estaban gritando a David y a todos los que quisieran verlo, la magnificencia del Dios que creó todo esto glorioso y la propia evidencia de Su Gloria. ¿Sabes qué? Todavía nos están gritando a todos nosotros, a los que se decidan simplemente a mirar, exactamente lo mismo. Dios no es culpable que no lo hagamos y demos prioridad a nuestro teléfono móvil o a nuestras redes sociales. Avance tecnológico y progreso, llaman a eso. No lo cuestiono. Pero tampoco lo obedezco.
De alguna manera, David dejaba entrever su concepto pleno de inteligencia y aptitud, cuando estimaba que ese Dios en el cual había creído era glorioso en su tamaño. Y que también lo era por haber creado algo tan grande, en Su ingeniería, que consiguió que ese algo funcionara y siga funcionando tan bien en su conjunto. Y todo aún en contra de las barbaridades que el hombre comete y que parece amenazar lo creado, en Su arte, por haber hecho algo tan hermoso y en su bondad y gentileza. Y no sólo eso, sino por haberlo entregado a toda la humanidad sin que ésta se lo merezca ni haya hecho algo para merecerlo. Máxime cuando dice que el firmamento (También llamado la Raquia), se convierte en una forma poética de referirse a los cielos y muestran la obra de las manos de Dios.
De hecho, el propio Jesús iba a conectar estos principios cuando respondió a una acusación que los fariseos le habían hecho, respecto a que Él hacía lo que hacía porque estaba en alianza con el diablo, diciendo simplemente que, si por el dedo de Dios Él era capaz de echar fuera los demonios, esa era una prueba palpable que el Reino de Dios había llegado a todos ellos. Era como decirles que no, que de ninguna manera Él estaba bajo Satanás. Sino que podía demostrarles que era más fuerte que él. Yo me pregunto con toda ingenuidad, pero también con absoluta certeza, cuantos, de mis amados lectores creyentes genuinos, todavía, hoy, afrontan por sus palabras o evidencias en sus ministerios, acusaciones similares. Si así fuera contigo, ¡Ánimo! La victoria está de tu lado, porque el poder del más grande es el que te respalda. Tal como un artesano usa la fuerza de sus manos y sus dedos para hacer su trabajo, Dios ha usado su Espíritu para todo lo que vemos.
17 – Universos de Maravillas
Por ejemplo, para crear nada menos que el universo, que muy lejos de ser todo lo que nuestros ojos naturales pueden ver, o nuestra mente motivada por la ciencia ficción puede imaginar, es un algo inexplicable y casi inconcebible para la lógica humana entender. Miles, o millones de galaxias, ¿Quién puede decirlo con precisión? Nadie. La ciencia especula, conjetura y en base a ciertas hipótesis supuestamente técnicas, arriba a conclusiones que un público neófito y más ignorante que ella, acepta como válidas sencillamente porque no tiene una mejor para entregar.
El viejo salmo nos dice que Por la Palabra fueron hechos los cielos. O sea que la grandeza de Dios va más allá de Su bondad moral; También es el Dios de todo poder y autoridad. Por Su mera palabra fue creado el universo. ¿Podemos entender de verdad algo así? ¿Alguien tiene una vaga idea, en este momento, de lo que el hablar significa para el hijo de Dios? Se me ocurre una sola palabra de advertencia: Cuidado.
El mundo fue creado por la palabra o mandato de Dios, que puede describirse aquí, a la manera de los hombres, como formado por ‘el aliento de su boca. Luego dice que Él junta como montón las aguas del mar: El salmista veía a los poderosos océanos y comprendía que reflejaban el poder y la sabiduría de Dios en la creación. Y los hizo en depósitos; ya sea en las nubes, o en las entrañas de la tierra, de donde las puede sacar cuando lo crea conveniente.
Lo que se quiere decir, sin embargo aquí, es la separación de la tierra y el agua al principio, y posiblemente la continuación del mismo poder manteniéndolos separados, ya que los verbos en el versículo 7 son participios, lo que implica acción continua. Por lo consiguiente, hablar de la obediente gloria de la naturaleza, es recordar el descarado desafío del hombre. No lo aceptes si no estás seguro, sólo viaja a donde se halla el mar y observa. Si no te produce algo inexplicable verlo, tú estás espiritualmente dormido.
En Isaías, dice que el cielo es su trono y la tierra es estrado de sus pies. Imagina eso, si puedes. Aquí, el Señor vuelve a poner las cosas en la perspectiva adecuada. Nunca podremos entender mucho de nada hasta que entendamos que el Señor está entronizado en el cielo y que la tierra está bajo Su mando – ciertamente, la tierra es el estrado de sus pies. Luego pregunta y se pregunta dónde está la casa que le habremos de edificar.
Y ante la natural falta de respuesta, expresa que Él va a mirar al que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla de reverencia ante su palabra. Podemos querer servir a Dios – pero servirlo a nuestra manera. Puede que queramos edificar algo para Dios, Pero; ¿Qué hay que podamos edificar que sea digno de Dios? En cambio, lo que Dios realmente quiere de nosotros es un espíritu pobre y humilde y que tiemble ante Su palabra.
He aclarado, explicado y hasta enseñado en innumerables ocasiones que, cuando hablamos de humildad, de ninguna manera estamos hablando de pobreza, aunque en algunos casos puntuales, pueda incluirla. Y que cuando hablamos de pobreza, no necesariamente estaremos refiriéndonos a falta de dinero. La humildad genuina no tiene nada que ver con tu cuenta bancaria. Suponiendo que llegues a poseer una. Y quien suponga que las personas altamente carenciadas, que por poco no tienen ni donde pasar la noche ni qué comer cada día, automáticamente puedan considerarse humildes, no conoce a los hombres.
He visto ricos y pobres soberbios, pero también los he visto humildes. Cuales en más o menos cantidad, te lo dejo a tu análisis. No quiero caer en facilismos que después pueden ser interpretados como influencias ideológicas. No porque las desestime o desprecie, sino porque casi todas las ideologías encierran una parte de verdad y otra de mentira. Y, siendo así, ya sabes de donde provienen. Todas.
Humilde, en este caso específico, es literalmente “‘cojo’ o discapacitado, que aquí es usado con significado espiritual: alguien que es consciente del daño causado por el pecado, de la incapacidad personal para estar de pie delante de Dios. Entonces es mi deber preguntarte: ¿Eres tú uno de esos que tiembla ante la palabra de Dios? Tiemblan ante el poder penetrante de la Palabra de Dios, está escrito. ¿Nunca vas a ese lugar al que llamas iglesia y te sientas en el banco y dices: Señor, concédeme que tu Palabra me escudriñe y me pruebe, ¿para qué no sea engañado?
Algunas personas siempre deben tener dulces y comodidades; pero los hijos sabios de Dios no los desean en exceso. Pedimos pan de cada día, no azúcar de cada día. ¡Pero se nos dice que seamos como niños! ¡Y a los niños les encantan las golosinas! Sí, pero también son utilizadas por sus padres para ejecutar disciplina. Entiende. Prueba no darle golosinas a un niño desde su nacimiento. Si logra superar la presión externa de escuelas, amigos y hasta maestros, formarás a un ser librado de lo que el azúcar en exceso produce. Todos lo sabemos.
18 – Escrituras Indelebles
¿A alguno de ustedes se le ha iluminado el entendimiento y pudo entender que toda esa Biblia que consumen a diario, también fue obra del Espíritu Santo? ¿O han elegido pensar cómo se enseña en sitios tradicionales, de los denominados conservadores, que todo lo escrito fue obra de distintos hombres que, en cada tiempo y momento de los siglos, decidieron por su cuenta expresar lo que sus conocimientos poseían?
Si piensas como estos últimos, te sugiero que dejes de leerme y acudas a libros o trabajos elaborados por mentes brillantes y llenas de conocimiento teológico básico y central. Esto te debe estar sonando a fantasías supersticiosas y no te aportan nada. Es más; te hacen perder un voluminoso tiempo que podrías estar utilizando en hacer buenos y rentables negocios. El mundo de las finanzas tiene un dios propio que, para muchos hombres y mujeres, (Algunos cristianos incluidos) tiene más atractivo que el mundo espiritual que proponemos desde aquí.
Si, por el contrario, eres de los que cité en primer lugar, entonces sígueme y entiéndeme. Y entiende bien lo que te digo para que no salgas a decir que “el hermano dijo”. Cuando te digo que me sigas, no te estoy invitando a formar parte de ninguna secta de la cual yo sea el líder, te estoy pidiendo que me sigas con atención lo que escribo, que lo filtres con tu Biblia y que luego decidas que hacer con tu vida actual y con la venidera en eternidad.
Mi mayor gratificación, (Única que un ministerio avala y autoriza tener), será la de saber que ya somos dos, o tres, o los que sean, que estamos realmente en un mismo sentir, en un mismo espíritu. Y aunque la expresión suene a popular, créeme que no es justamente ni abundante ni poca cosa. Siempre se ha respetado y mucho la opinión de las mayorías. Los gobiernos se eligen por los designios de ella. Sin embargo, en esto, estoy en certeza de ser parte de la minoría. No interesa; mi Biblia jamás le dio la razón a la mayoría. A lo sumo, me hizo saber que esa mayoría lo único que tenía a su favor era eso: ser mayoría. Pero de allí a tener la verdad…
Existen, dentro de la escritura, una serie de principios para la garantía profética que han sido instalados allí por el propio Espíritu Santo de Dios. El primero, es el que declara y decreta que ninguna escritura es ni puede ser de interpretación privada. Que esto le agrade a quien le agrade y le duela a quien le duela. Nunca fue idea ni invento de Dios poner a Hermes, el dios de los ladrones al frente nada menos que de las bases técnicas de la interpretación de Su Palabra.
Eso se le ocurrió a unos hombres que nos hicieron creer que habían sido iluminados para ello. Estoy convencido que la causa por la cual el mundo secular está lleno de incrédulos, es porque en muchos casos han visto a cristianos creerse cualquier cosa que no tenía nada que ver con Dios, pero que como fue por una figura prestigiosa, casi rotulada como estrella del evangelio, sus elucubraciones encontraron campo fértil en la ignorancia y la fragilidad de conciencia de una gran parte del pueblo de Dios.
Por mucho menos que eso, la sociedad rotularía como imbécil a quien quisiera transgredirlo. Aún en el tiempo de Pedro, enemigos de Jesús distorsionaban las profecías del Antiguo Testamento, dándoles significados personales y bizarros para excluir a Jesús de su cumplimiento. Pero Pedro dice que la profecía no es de interpretación privada, sino que su significado es evidente y puede ser comprobado por otros. Tú te enteras de esto y no puedes evitar pensar que hoy estas cosas no parecen haber cambiado demasiado.
Porque, aunque Pedro aquí habla de profecía de la Escritura, está echando mano al mismo principio que existe para el don de la profecía hoy en día. Debe haber una confirmación sobria de cualquier palabra profética, y no por medio de otra palabra profética, sino por las Escrituras. En el don de profecía, Dios nunca habla solamente a una persona, y siempre provee confirmación. De hecho, nunca la profecía fue traída por voluntad humana: Es erróneo y malo el distorsionar la profecía a nuestro significado personal, porque la profecía no viene del hombre, sino de Dios, aunque venga por medio de los hombres santos de Dios– pero solamente cuando son inspirados por el Espíritu Santo.
Lejos de inventar el tema de sus propias predicciones, los profetas antiguos ni siquiera sabían el significado de lo que ellos mismos escribían. Ellos fueron más allá de sí mismos por la influencia del Espíritu Divino, y después de años estaban solos para descubrir el objeto de la profecía; y el cumplimiento era prueba absoluta de que era predicción de Dios y que no era invento privado. La palabra griega Antigua traduce “inspirado” tiene el sentido de llevado a lo largo, como un barco siendo llevado a lo largo por el viento o la corriente (Nota que la misma palabra es usada para un barco). Es como si los escritores de las Escrituras “elevaban sus velas” en cooperación mientras Dios y el Espíritu Santo los llevaban a lo largo de la dirección que Él deseaba.
19 – Milagros Verdaderos
Otra de las condiciones básicas del Espíritu Santo en la vida de una persona es la de proporcionar los elementos necesarios y suficientes para que hasta el más tímido e introvertido pueda predicar el evangelio con poder. Eso significa hacerlo sin contaminaciones carnales y ejercer el mismo poder para producir toda clase de señales, milagros y maravillas. Cuando nosotros le pedimos al Señor que nos unja, lo que estamos haciendo es requerir que nos revista con ese simbólico aceite precioso. Cuidado: aunque sonemos muy convincentes, Él siempre mirará nuestro corazón, única manera de saber para qué queremos su poder. No todos lo ejercitan con los mismos fines, tú lo sabes, yo también.
La palabra ungir significa frotar o espolvorear, aplicar un ungüento, pomada o líquido aceitoso. Las personas en el Antiguo Testamento a menudo eran literalmente ungidas con aceite. Por ejemplo, los sacerdotes fueron ungidos por su servicio especial para el Señor. Se aplicó aceite literal, pero como una señal del Espíritu Santo sobre sus vidas y servicio. El aceite en la cabeza era sólo la representación externa del verdadero trabajo espiritual obrando dentro de ellos. A ver si nos entendemos. Si tú unges una puerta de tu casa y declaras por fe y lo crees que por esa puerta no pasará ni un miserable demonio, así será. Pero aunque será porque hiciste un acto simbólico usando aceite, el poder que frenó a los demonios estuvo en tu declaración de fe, no en una buena marca de oliva, ¿Soy claro?
Lucas, en su evangelio, rescata palabras que Jesús expresa en sintonía con lo escrito por Isaías. Allí Él dice que el Dios Padre está sobre él y que lo ha ungido para una serie de sucesos que son uno más importante que el otro. Porque se trata nada menos que de sanar el daño que por cinco específicas causas el pecado hace con el hombre. El primer factor no es menor, y quiera Dios que no hayas sido nunca alcanzado por su obra destructora.
Yo sé que hablar de pecado en esta época de alta tecnología y híper abundancia de redes sociales que proclaman las mil y una formas diversas de relacionarse con otros, ya sea del mismo sexo o del opuesto, parece hasta tonto. Escucha: siempre fue así, ¿O tú te piensas que cuando Jesús lo mencionaba esa gente de su época, tanto los hombres rudos como las mujeres permisivas se lo tomaban con alegría y entendimiento? ¡Lo odiaban por exponerlos!
Dar buenas nuevas a los pobres: El pecado empobrece en todas las áreas de nuestras vidas, tanto en lo material, como en lo físico, emocional y espiritual. Me dirás que en algunos casos que conoces no siempre es así, pero te diré que nunca sabemos cómo y qué hará Dios con cada persona. Por eso, cuando dice que el Mesías trae buenas nuevas a los pobres, está hablando nada menos de lo que en su esencia significa el evangelio, buenas nuevas. Para salvación por Gracia y para reinado por poder divino.
No necesito aclarar que no habla solamente de pobres en dinero, sino en todas las áreas en las que alguien puede serlo. El dinero es necesario, pero a la hora de los grandes temas, pasa a ser absolutamente secundario. Los ricos no son obligadamente felices ni pueden comprar salud o vida con sus fortunas. ¿Alguna vez has consultado estadísticas de suicidio por clase social? Te asombrará saber que ese tremendo pecado de quitarse la vida es mucho más abundante en las clases media alta y alta que en las inferiores. Algo te está diciendo, eso.
El segundo factor que el Señor va a liberar en nuestras vidas tiene que ver con nuestras emociones. Porque Él dice que viene a Sanar a los quebrantados de corazón: El pecado quiebra corazones, y el Mesías tiene buenas nuevas para los quebrantados de corazón. ¿Cómo se puede quebrantar un corazón? En primer término, aclaremos que como ya sabemos, la mayoría de las veces que la Biblia dice “corazón”, en realidad está diciendo “alma”, ya que así lo llamaban los hebreos. Atención; no digo que “siempre” signifique eso, digo que “a veces”. Hay momentos en que corazón es corazón, nomás.
Un alma se quebranta por un shock emocional muy fuerte, como una pérdida muy amada. El pecado es una tremenda pérdida de la cual tomamos conciencia al segundo siguiente de haberlo cometido. Allí el enemigo nos introduce un espíritu de culpa y el quebranto puede ser tan grande que en muchos casos ha llevado a personas al suicidio. De hecho, la misma situación puede también quebrantar clínica y físicamente al corazón como órgano vital y desencadenar infartos y muertes súbitas. Allí está lo que antes te decía. Es en parte figurativo, pero en otra parte y no menor, es literal, lamentablemente literal.
La tercera expresión que el Espíritu puso en Jesús y pone hoy en todos nosotros, es la de salir al mundo a pregonar libertad a los cautivos: Todos sabemos más que bien que el pecado cautiva a las personas y las esclaviza, pero no tenemos ni la menor idea de la calidad y dramática potencia que tiene ese cautiverio y esa esclavitud. Es muy cierto que el Mesías vino a liberarlas, pero al ser crucificado, muerto, resucitado y ascendido a los cielos, nos dejó esa misión a cada uno de nosotros.
Ahora bien; es menester que, si pensamos realmente liberar a los cautivos que el mundo secular posee en manos del enemigo, primeramente, deberemos renunciar y cancelar cualquier forma de cautividad personal que cada uno de nosotros pueda albergar. Diversas adicciones, promiscuidad sexual, amor al dinero y muchas más, mantienen esclavizada, aletargada, estupidizada e idiotizada a una alta parte de la sociedad y ellos la única manera de vivir conforme a lo que Dios ha dispuesto, es mediante nuestro testimonio. Y el mismo módulo le añade…Y vista a los ciegos: Porque el pecado también nos ciega, y el Mesías viene a sanar nuestra ceguera moral y espiritual.
Luego habla de su tarea de poner en libertad a los oprimidos. ¿Quiénes serían esos oprimidos? Todos aquellos a los que el reino de las tinieblas tiene derecho legal a oprimir. ¿Satanás y todos sus demonios? Exacto, pero como brazos ejecutores con permiso celestial para operar por causa del pecado. Porque en la cruda realidad cotidiana, el que oprime a sus víctimas es el pecado. Y es sobre eso a lo que el Señor viene a traer libertad. A esos oprimidos. Nada que ver con opresiones sociales.
A eso lo ha utilizado alguna ideología para pretender politizar el evangelio. No da. Puede suceder, no me atreveré a soslayarlo, pero sólo si al Señor le parece correcto y necesario, no como obligación excluyente. Pero que se entienda bien, tal como realmente es y no como mayoritariamente nos han enseñado: Jesús no vino solamente a predicar sobre la libertad. Tampoco vino a traer liberación. Jesús ES liberación para todo el que lo acepte y lo convierta en Señor de su vida.
Y concluye Lucas relatando que Él también vino a proclamar el año agradable al Señor. La teología sistemática tradicional sostiene que esto parece describir el concepto del año del jubileo en el Antiguo Testamento, ese del que da información el libro de Levítico. Era ese año donde los esclavos eran liberados, las deudas canceladas y todo comenzado nuevamente desde cero. Sin embargo, yo hace mucho tiempo que entendí que nada de lo que hay escrito en mi Biblia está porque sí, o con alguna razón histórica o geográfica.
Toda escritura tiene un trasfondo oculto que el Espíritu Santo está dispuesto a revelarle a todo aquel que acuda en su búsqueda con fines alineados con el propósito y la voluntad de Dios. Y al Espíritu Santo le ha placido determinar que este que estamos transitando HOY, es ese año. Sólo créelo, asúmelo, ponlo por obra en tu vida y enséñalo tal cual está profetizado. ¿Un milagro divino? Sí, y por tu mano. Si lo crees, por supuesto. De otro modo, jamás verás ni vivirás nada.
20 – Testigos Privilegiados
¿Y qué supones que hizo Jesús con todo esto que ya había visto y oído? Acudir a sus discípulos más cercanos y decirles sin dudarlo que no les era propicio a ellos saber los tiempos en que habrían de ocurrir todas estas cosas. Les dijo algo así como No les toca a ustedes saberlo. O sea que advirtió a sus discípulos contra inquirir o indagar sobre los aspectos de la hora del Reino de Dios. ¿Motivo? Se los aclaró de inmediato: les dijo que esas cosas solamente pertenecían a Dios el Padre. ¿Verdad que en más de un caso a esto parecería habérselo dicho a muchos de nosotros?
Y créeme que fue más que sabio que Jesús no esbozara ante esos muchachos cuál era su plan para los siguientes dos mil años. Era muy bueno que ellos no supieran que la restauración completa del reino de Israel que todos esperaban ocurriera pronto, no iba a verse materializada por espacio de dos mil años siguientes. Imagínate el golpe de sano desánimo que hubiera invadido a esos jóvenes que lo habían dejado todo para seguirlo. Incluso, podría esa información hacerlos menospreciar el aspecto del Reino de Dios que ya estaba presente con ellos. Porque si todavía nadie te lo dijo, aunque duela y moleste, te lo diré yo: Jesús vino a los judíos, no a los gentiles. Eso fue luego de la cruz. Jesús instituyó con su sangre el Nuevo Pacto, también conocido como Nuevo Testamento, pero mucho cuidado; él vivió en el marco del Antiguo, es obvio.
Con esto Jesús, ya resucitado, dejó nuevamente en evidencia su sometimiento al Padre. Eso, quedó muy claro, no era algo temporal, era algo eterno. Y allí es donde les expresa que, si bien a ellos no les correspondía saber nada de lo referente a los tiempos y las sazones en cuestión, sí llegarían a ejecutarlo cuando recibieran poder. Y eso, les añadió, iba a suceder cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo. ¿Entonces, no lo tenían en su ser interior, todavía? Sí, pero sólo como ejecutor del sello divino y eterno, pero no como gestor del poder de Dios fluyendo en cada uno. Sólo cuando eso ocurriera, ellos estarían preparados y dispuestos a ser testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. Pregunto y te pregunto: ¿Piensas que esta última sólo fue una frase encontrada por Jesús al azar y sin más animo que alentar a sus amigos? No. No fue una frase cualquiera.
Te aclaro que esos chicos, (Así se les dice ahora a los varones de la edad de los discípulos de Jesús y el propio Señor), cuando oyeron la palabra Poder, lo primero que se les pasó por la mente fue considerarlo como el tipo de poder que tenía por ejemplo el César, y es por esa razón que le preguntan si restauraría el reino de Israel. Ellos todavía no tenían ni la menor idea de lo que significaría el auténtico poder de Dios en sus vidas. Es la misma confusión que hoy tiene la iglesia, cuando cree que tener poder, es tener mucho dinero en sus cuentas bancarias y acceso a ciertas posiciones políticas en sus países de residencia.
Iban a aprender que sólo podemos ser testigos de Dios en esta tierra si fluye en nosotros Su poder, ya sea para predicar, sanar o liberar. Y mucho cuidado con los términos, porque Jesús nunca les dijo que serían testigos como una orden imperativa, sino de un modo indicativo. Serán testigos. Es decir; todo lo que suceda, vean digan o hagan, inexorablemente lo llevará a ser testigos. Testigos privilegiados, sin dudas. Ese poder y esa calidad no saldría de la nada, sino directamente por disposición del Eterno mediante Su Espíritu.
Todo esto, nos deja más que en claro a ti y a mí, que definitivamente necesitamos ser llenados del Espíritu Santo si es que deseamos ser testigos. El mejor programa de entrenamiento para el evangelismo logra muy poco sin la llenura del Espíritu Santo. De lo que dice Isaías respecto a esto, es de donde un grupo que seguramente conoces, sacó su supuesta orden de fundar una orden llamada así, Testigos de Jehová. Allá cada uno.
Por respeto humano y misericordia divina, no añadiré ningún comentario, pero entre tú y yo, que quede claro: nada que ver. ¡Pero Nada que ver! De hecho, somos testigos de Dios cuando nos convertimos en testigos de Jesús. Y este es un nombre que, curiosamente, aunque sea el nombre que está por sobre todo nombre, en esos grupos no es bienvenido. Después dice que lo serán en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra: El progreso del esparcimiento del mensaje del evangelio de Jerusalén, a Judea y Samaria, y después hasta lo último de la tierra se convierte en el bosquejo del libro de Hechos.
Fíjate que no es casual que en Hechos 1, describe el evangelio en Jerusalén. Más adelante en el 8, habla del evangelio en Judea y Samaria. Y, finalmente, en el 13 cuenta del evangelio yendo hasta lo último de la tierra. Podemos imaginar las objeciones que los discípulos quizá hayan pensado contra los lugares de ministerio que Jesús describió. ¿Por qué digo esto? La Escritura no necesita al dios de los ladrones para interpretarse. La Biblia se interpreta a sí misma. Jerusalén era donde Jesús fue ejecutado por la palabra de una multitud enojada. Judea rechazó su ministerio. Samaria era considerada un basurero de mestizos impuros. Y, en lo último de la tierra, los gentiles eran vistos por algunos judíos de aquel día como nada más que leña para los fuegos del infierno. Aun así, Dios quiso que se enviaran testigos a todos estos lugares, y el Espíritu Santo los empoderaría para hacer este trabajo.
21 – ¿Cuánto Sabes de Los Dones?
Es muy curioso y hasta incomprensible, porque mientras toda la iglesia habla de los dones, no toda se pone de acuerdo en adjudicarlos al Espíritu Santo, que es el dador de ellos. Hay una realidad espiritual visible, y es que los dones son diversos, los ministerios son diferentes, y las operaciones son distintas: pero son el mismo Espíritu, el mismo Señor, el mismo Dios haciendo la obra a través de los dones, los ministerios y las operaciones.
Muy pocos ignoran que este sigue siendo un tema conceptual que todavía presenta debate, algo incomprensible dentro de un evangelio que nos fue dado para aceptar, creer y poner por obra, pero jamás para llevarlo a la polémica o al debate como si fuese la idea de un ser humano. Las cosas de Dios no se debaten. O se creen y se activan, o no se creen y se omiten de nuestras vidas. Cada uno elige donde pasará la eternidad, Dios no le impone nada a nadie. Dios desea que cuando te mueras te vayas al cielo con Él, pero eso no significa que seas imprescindible allí para que Su cielo sea más cielo; tú eres quien lo decide.
Cuando se habla de Ministerios, se habla en realidad de lo que yo llamaría oficios dotados. Naces para algo sin que nadie te lo pueda explicar con cierta coherencia basada en la lógica griega por qué naces para ese “algo”. Tú sabes qué sabes y no tienes ni la más pálida idea por qué es qué sabes qué sabes. Eso se llama Espíritu Santo. Yo nací con una buena voz y con talento para escribir. ¿ADN familiar? Ni por las tapas. Mi familia, desde mis padres hacia atrás, analfabetos. Buena gente, pero con cero formación intelectual. Propio de zonas rurales de mi país antiguo. Él fue quien planificó para mí este ministerio, yo apenas puse un pequeño grano de arena llamado obediencia. Suyo es el poder, la honra y la gloria. Mía la dedicación, la ‘perseverancia y la humildad para no creerme una estrella. Eso es Ministerio.
La palabra griega para Operaciones, es energematga. De allí es de donde obtenemos nuestras más conocidas palabras energía, energético y energizar. Es una palabra de poder milagroso y activo. Operaciones es la misma palabra que en otros textos se traduce como Hacer. En cuanto a experimentar diversidad de operaciones, significa que Dios muestra y derrama su poder milagroso de diferentes maneras, pero siempre es el mismo Dios el que hace la obra. Entonces, la pregunta que surge, es: ¿Cuál es la diferencia entre dones, ministerios, operaciones y la manifestación del Espíritu, de la que se habla y mucho en nuestras Biblias? Porque indudablemente, todos estos son dones, efectivamente, pero algunos dones son ministerios y otros son operaciones, que tienen más que ver con eventos milagrosos o derramamientos en un tiempo o lugares particulares, lo que sería esa manifestación del Espíritu aludida.
¿Sabes qué ocurre? Que es muy fácil para nosotros enfocarnos en nuestra pequeña área de los dones, ministerios u operaciones, y pensar y hasta llegar a creer que aquellos que tienen otros dones, ministerios u operaciones, no están caminando realmente con Dios. A esto que te digo no me lo contó nadie, ¡Lo he visto con mis propios ojos! Te diré que, aunque el único Dios tiene una diversidad más que gloriosa en la forma que Él hace las cosas, esto no significa ni por asomo que esas formas que Él tenga para hacerlas, coincidan con nuestra manera de verlas, es decir: con nuestro propio énfasis o toque.
¡Esto no puede ser de Dios!, me dijo una vez un hermano que se sentía empujado a trabajar en villas de emergencia o sectores altamente carenciados. Él huía de eso porque en su ser interior, lo despreciaba, pero los hechos parecían burlarse de esas decisiones porque de un modo u otro aterrizaba allí y allí parecía ministrar con poder. No era culpable de haber recibido una herencia genética humana racista y clasista, pero tenía que entender que Dios no era ni su padre ni su madre, sino el Dios que podía llevarlo a salvación o dejarlo librado a su suerte. Si reflexionas muy seriamente en esto por un momento, quizás todavía estés a tiempo de darle un giro de bendición a tu vida, estoy seguro.
Después te dice que esas manifestaciones del Espíritu te son dadas para provecho, lo cual te deja implícito que de ninguna manera es para lucimiento personal y mucho menos para erigirte como ídolo popular de ciertas masas ignorantes o simplemente cómodas. Si has leído tu Biblia con serenidad y sin influencias doctrinales denominacionales, tú sabes que el Espíritu Santo está siempre presente en y entre los cristianos. Jesús mismo dijo del Espíritu Santo Para que esté con vosotros para siempre.
Sin embargo, algunas veces la presencia del Espíritu es más evidente que en otras ocasiones. Hay veces cuando Él podría elegir manifestarse, eso es, hacerse evidente. No obstante. No deberíamos pensar que el Espíritu Santo está más presente cuando se manifiesta a través de los dones. El Espíritu Santo siempre está presente con los creyentes, pero a veces Él es más evidente por medio de la manifestación que le es propia, que no siempre está ligada o relacionada con sucesos espectaculares. Alguien dijo con mucha certeza alguna vez: Por buscar lo espectacular, no te pierdas lo divino.
En cuanto a la manifestación del Espíritu para provecho, el propósito es indudablemente beneficiar a lo que podríamos llamar la familia de la iglesia. Olvida a tu congregación local por un momento y, especialmente, y a esas o a esa familia que todos saben es la que maneja los hilos internos de todo. No estoy hablando de esa clase o esa forma de familia. Estoy hablando nada menos que de la mismísima familia de Dios. Porque si tú eres verdaderamente mi hermano y yo soy un creyente nacido de nuevo por el sacrificio de Cristo en la cruz, somos familia.
Pero eso es solamente si verdaderamente somos hijos del mismo Padre. Parece una obviedad lo que digo, pero tú y yo sabemos que no lo es. En muchos templos todavía se los llama “hermanos” a los infiltrados satanistas que lo visitan. Pablo, al comenzar a mencionar diferentes manifestaciones del Espíritu, comienza mencionando a la palabra de sabiduría. De esto voy a ser mucho más amplio en el módulo que deberé dedicarle. Pero, mientras tanto, será bueno que sepas que esta es la única habilidad de proclamar la sabiduría de Dios, especialmente en una situación importante, tal como se lo ha podido ver en las vidas de Esteban y del propio Pablo.
Más adelante menciona la palabra de ciencia, que es la única habilidad de declarar conocimiento el cual sólo podría ser revelado sobrenaturalmente, tal como lo recibe Jesús en su encuentro con la samaritana, ¿Recuerdas? Viví algo así. No de manera permanente ni como parte de un show estelar programado con horarios y detalles, sino en algunos casos muy puntuales y no elegidos al azar, sino porque al Espíritu Santo le agradó utilizarme a mí como canal de ese don en ese momento y con esa persona. Como parte del cuerpo de líderes de la que fuera nuestra última congregación, muy de vez en cuando, solía ser invitado por el pastor principal para participar del grupo que oraba por las personas que en cada final de culto pasaban al frente. Recuerdo que yo le pedía al Señor que no me usara para algo demasiado espectacular, porque sabía que eso me iba a proporcionar más enemigos que hermanos.
En una de esas ocasiones, pasó al frente un matrimonio al que conocía porque eran asiduos asistentes a las clases de escuela dominical de la que era maestro. Pero no venían prioritariamente a buscar oración para ellos, sino para una mujer que los acompañaba y a la cual yo no conocía ni jamás había visto. Recuerdo que después de saludarlos, oré por cada uno de ellos y, finalmente y a su pedido, por esta mujer desconocida.
No me preguntes como, por qué, ni mediante qué formas porque no lo sé, pero lo que sí sé es que de improviso y casi sin darme cuenta, yo me encontré diciéndole a esa mujer cosas que para mí no tenían demasiado sentido, pero que para ella fueron de un impacto tal que se quebrantó y rompió en llanto desconsolado. Lo único que alcancé a escuchar que decía era que daba gracias a Dios por eso, porque yo le había dicho cosas de su vida que solamente ella conocía, lo cual era la máxima garantía de la presencia del Espíritu Santo aportando esa palabra de ciencia para romper en ella una atadura emocional antigua y perjudicial para su vida de fe.
Es obvio que, cuando te sucede algo así, tu ego te da un coscorrón fuerte para llamar tu atención con la finalidad de volcarla sobre ti mismo y no sobre el verdadero autor de todo ese suceso. Aquí es donde te tiene que funcionar la humildad genuina sí o sí. Con apariencias o gestos de humildad, no alcanza. Si lo entiendes, creces; su no lo entiendes, comienzas a caerte. Además, hacemos bien al entender la diferencia entre la palabra de sabiduría y la palabra de ciencia; uno puede tener mayor conocimiento, incluso conocimiento sobrenatural, como el caso que te comenté, y sin embargo no tener sabiduría de Dios para aplicar ese conocimiento. También debemos usar el discernimiento al recibir una palabra de ciencia, recordando siempre que Dios no es la única fuente de conocimiento sobrenatural. Incluso si una palabra es verdad, eso no quiere decir que es de Dios y que el que habla la palabra está realmente representando a Dios.
Del don de Fe, por rara paradoja, es muy poco lo que podemos hablar. Se cree y se vive o no se termina de creer y no se manifiesta nunca. Es una parte esencial de la vida de cada creyente. El don de Fe es la habilidad única de confiar en Dios contra todas las circunstancias. Tal como lo hizo Pedro, recuerda, cuando saltó del bote y se puso a caminar sobre las aguas. Cuando leía este relato en mis primeros tiempos de creyente, me imaginaba a mí mismo en una situación similar.
¿Sabes qué? No tengo dudas que, en mis primeros tres meses de convertido, ni lo hubiera pensado; me hubiera lanzado al mismo mar dispuesto a caminar porque, si me dicen que Jesús pudo, yo que voy camino a imitarlo, también puedo. Luego, cuando la doctrina denominacional que me tocó en suerte recibir me fue moldeando, ya mis seguridades no fueron tantas y, calculo, que, ante la misma situación, hubiera tomado todos los recaudos posibles y necesarios y luego hubiera decidido qué hacer. Una pintura personal de lo que la capacitación religiosa produce.
¿Alguien puede responderme el por qué, si todas nuestras Biblias nos dicen que existe algo llamado Dones de Sanidades, nosotros hemos sido aleccionados hasta el cansancio respecto a un cierto y único don de sanidad? Cualquiera podría decir que eso es exactamente lo mismo, pero créeme que no es así. El singular, se estaría refiriendo con toda seguridad a la salud, a las enfermedades y a las profusamente promocionadas, pero no tantas veces observadas como genuinas, sanidades físicas.
Yo no tengo ninguna duda que una oración de fe y si Dios así lo avala, puede extirpar un cáncer para siempre, y mucho menos que un paralítico se levante de su silla de ruedas o que un ciego de nacimiento recupere su visión. Pero convengamos que esto se ve mucho más como oferta masiva que como acontecimiento observado. Fui sanado por oración de una hernia inguinal que jamás volvió a fastidiarme, y mi esposa de un quiste en su ovario que, de un día para el otro, desapareció “misteriosamente” en los estudios técnicos. Así que ya lo sabes; no soy un negador ni un escéptico de la sanidad física. Pero mi Biblia dice Dones de Sanidades. Y eso me dice a mí, que es para más de una.
Este es el don, y como consecuencia inmediata el poder, que recibieron los apóstoles. Un poder que, seamos sinceros, no siempre residió en ellos. Yo recuerdo con absoluta claridad como Pablo, (¡Y estoy hablando de Pablo!) no pudo sanar a Timoteo, ni mucho menos remover su propio aguijón de la carne. Eso me confirma a mí que esa parte del don, es dado sólo para ocasiones extraordinarias y cuando a Dios le place avalarlo, ya sea como parte testimonial o por alguna otra razón que sólo le cabe atenderla a Él.
No son pocos los evangelistas que han disfrutado de este don en sus campañas de milagros, pero tampoco lo son los que luego han fallecido por una dolencia contra la cual no pudieron pelear. Dios no es ni cruel ni asesino, pero nos convendrá a todos saber que siempre protege su gloria. Y los dones de sanidades, incluyen la física, pero también se extiende a la almática y la espiritual. Pero, como se dice en el ambiente periodístico, esto tiene mucha menos prensa que la sanidad física. O “vende” menos. ¿Eso quiere decir que existen ministerios capaces de vender sus dones al mejor postor? No lo sé. ¿Has visto alguno así?
El don de hacer milagros. Tú ya sabes que un milagro es nada menos y nada más que una alteración al orden natural de las cosas visibles. Si tú te pones a orar por lluvia en un día de pleno sol y sin una nube a la vista, y en menos de diez minutos el cielo se nubla y por poco se provoca una inundación, allí indudablemente existió un orden sobrenatural que alteró y reemplazó el natural que estaba predominando. La palabra es dynameis, y se traduce como actos de poder. De allí proviene, entre otras palabras conocidas y al tono, la palabra dinamita, a la que seguramente todos identificamos con esos cartuchos que, añadiéndole una llama de fuego a su mecha, tiene un inmenso poder de destrucción al explotar.
Es, lisa y llanamente, el momento singular y sin precedentes de cuando el Espíritu Santo se planta por encima de las leyes de la naturaleza, tal como si fuera un piloto haciendo uso de sus controles manuales, y obra en lo que sea a través de una persona disponible, ya sea por fe o por simple obediencia. Ninguna de estas cosas puede ser hechas por el simple capricho de un individuo, lo cual pone en tela de juicio a las legendarias, famosas y tan promocionadas “campaña de milagros”. La gran verdad escondida suele ser que: necesitamos la campaña como fuente de recursos, o de aumento de membresías, pero a los milagros los veremos si a Dios se le ocurre enviarlos, de otro modo te los quedaremos debiendo para la próxima.
El don de Profecía nos habla de propagar el mensaje de Dios en una situación en particular, siempre de acuerdo con Su palabra y Su obra actual. Algunas veces, es cierto, tiene el carácter de predecir el futuro, pero eso no es excluyente, como para transformar a un profeta en una especie de adivino santo, que es lo que mucha iglesia sincera, bien intencionada pero ignorante de los fundamentos esenciales de la palabra ha creído y ha enseñado como verdad absoluta. Con frecuencia, las personas que creen que los dones milagrosos han sido removidos de la iglesia, desean definir la profecía como “predicar.”
Aunque esto es común, es impreciso. Existe una palabra griega para predicar, y una palabra griega para un discurso divinamente inspirado. Pablo está usando la palabra para un discurso inspirado divinamente, no predicar. Aunque una predicación buena, ungida por el Espíritu a menudo usará el don espontaneo de profecía, es impreciso definir profecía como “buena predicación. De hecho, la mejor traducción de la palabra profeta, es Vocero. Por eso la Biblia hace más hincapié en los falsos profetas que de cualquier otro ministerio. Está hablando de falsos voceros, ya sean profetas, maestros, pastores, evangelistas o apóstoles. Un vocero, te recuerdo, es nada más que una persona designada por una autoridad para servir de nexo. El vocero está contratado para repetir lo que su jefe le ha ordenado decir. Punto. Cualquier otra extravagancia, me traerá a la memoria a Lucero, ¿Soy claro?
El Discernimiento de espíritus: Esta es la habilidad de detectar la diferencia entre lo que es una doctrina verdadera y una falsa, y también entre lo que es propio y proveniente del Espíritu Santo y lo que es patrimonio de otra clase de espíritus. En el transcurso del relato bíblico, vas a ver que el diablo aparece como un ángel de luz. También que Él engaña con un mensaje falso y tentador. Que puede haber espíritus mentirosos en la boca de selectos profetas.
O que Satanás pueda hablar justo después de que Dios ha hablado, diciendo algo opuesto y confundir a gente sin discernimiento que cree fielmente que el que sigue hablando es Dios. Algunas veces te encontrarás con gente que parece decir las cosas correctas pero que su libreto y discurso realmente es del diablo. Entonces, es importante probar la palabra de cada uno que afirma hablar de parte de Dios. El diablo puede obrar milagros engañosos, así como tratar de infiltrarse en la iglesia con falsos maestros. Que no te quepa ninguna duda; ¡Cuánto necesitamos el don de discernimiento en la iglesia hoy en día!
El don de lenguas es un idioma personal de oración dado por Dios, por medio del cual el creyente puede comunicarse con Dios más allá de los límites del conocimiento y del entendimiento. Debería explicarte que un idioma es un acuerdo entre partes, donde precisamente se acuerda que ciertos sonidos representan ciertos objetos o ideas. Cuando se usa el don de lenguas, entonces, lo que hacemos es acordar con Dios que el Espíritu Santo ora a través de nosotros, aunque nosotros no podamos entender lo que estamos diciendo con nuestras palabras.
No le hace, Dios entiende. Es una soberana ignorancia suponer que porque alguien ora en un idioma desconocido para ti, ese alguien está fantaseando. ¿Qué sabes tú? Puede ser que simule, es verdad, pero también puede ser que no. Si no tienes don de interpretación y tu discernimiento no es confiable, mejor cállate.
Las lenguas tienen un lugar importante en la vida devocional del creyente, pero un pequeño lugar en la vida corporativa de la iglesia, especialmente en reuniones “públicas”- ¿Motivos? Los excesos. Tú ya sabes que todo extremo siempre es malo y no aporta nada. Cuando las lenguas son practicadas en la vida corporativa de la iglesia, deben ser cuidadosamente evaluadas desde lo espiritual, y nunca expresadas sin interpretación dada por el Espíritu Santo. Ese es el orden que Dios demanda, no prohibirlas. La habilidad para orar en una lengua desconocida no es un don dado para todos los creyentes. Algunos lo reciben y otros no, pero eso no va en la calidad espiritual de cada uno de ellos.
Somos un cuerpo y no todos son manos, ni dedos, ni piernas. La habilidad de orar en una lengua tampoco es la evidencia de la llenura del Espíritu Santo; este enfoque ha llevado a muchas personas a buscar el don de lenguas (Incluso a falsificarlo) meramente para probarse a sí mismo y a otras personas que realmente están llenos con el Espíritu Santo. No puedo asegurar que hoy se siga con un método que en algún momento me tocó conocer de cerca, porque no estoy en el mundo de las congregaciones y supongo que muchas cosas han cambiado. Pero en ciertos tiempos no demasiado lejanos, en algunas congregaciones de denominaciones muy proclives al uso de estos dones, se marginaba a todo aquel que no lo tuviera, con el argumento mencionado: era la prueba de no estar llenos del Espíritu.
Inconcebible, porque si bien hay una escritura que parece avalar esa idea, hay otra que dice lo mismo, pero, en lugar de orar en lenguas, dice que la señal es predicar la palabra con denuedo. Y denuedo, no es solamente esfuerzo o vigor, también significa Sin adulteraciones. ¿Aquí también van a marginar a quienes no tengan eso? Por favor…Todavía es mucha la gente que cree con total sinceridad que el don de lenguas murió con los apóstoles.
Así se lo han enseñado y, dejándose llevar por el aquello de que nadie debe discutir lo que el siervo (Pastor) enseña, sencillamente lo creen. Curiosamente, muchos de ellos definen el don de lenguas meramente como la habilidad de hablar en otros idiomas para el propósito de esparcir el evangelio en otros idiomas. Pero eso no ha cambiado ni un poco desde los días de los apóstoles. En lugar de eso, la Biblia claramente dice que el don de lenguas es para la comunicación individual con Dios, no con el hombre.
Incluso en el día de Pentecostés, cuando los discípulos estaban hablando en lenguas, ellos no le estaban predicando a la multitud (Pedro lo hizo en el idioma griego el cual era común para todos ellos). Más bien, ellos estaban alabando a Dios Les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios, se dice allí, y la multitud en el día de Pentecostés escuchó a los discípulos alabar entusiasmados a Dios. Con frecuencia, aquellos que hablan en lenguas hoy en día, reciben la burla y el menoscabo por parte de aquellos que niegan ese don, con la acusación de que ellos están hablando “tonterías.” He llegado a oír a cristianos muy importantes calificarlos hasta de payasos…En fin…
Hechos 2 es usado incorrectamente para apoyar esto, porque Hechos 2 nos dice que aquellos que hablaban en lenguas ese día de Pentecostés estaban hablando idiomas inteligibles entendidos por otros. Pero no nos dice que todos los 120 o más estaban hablando en lenguas que podían ser entendidas. Y, no deberíamos asumir que aquellos que no fueron inmediatamente entendidos por los que estaban ahí estaban hablando tonterías.
Ellos pudieron haber estado alabando a Dios en un lenguaje completamente desconocido, aunque humano (Pregunto: ¿Cómo sonaría el lenguaje de los Aztecas a los oídos romanos?) O en un idioma completamente único dado por Dios y entendido por Él y solo Él. Después de todo, la comunicación con Dios, y no con los hombres, es el propósito de las lenguas. La repetición de frases simples, ininteligibles y quizás sin sentido para los humanos que están ahí no significa que hablar así sea “tonterías.” La alabanza a Dios puede ser simple y repetitiva, y parte de toda la dinámica de las lenguas es que sobrepasa el entendimiento del hablante), siendo entendido por Dios y solamente Dios.
Y voy a cerrar esto del don de lenguas, con dos apreciaciones directamente opuestas en cuanto a su posición. La primera es a favor. ¿Has oído a esos que se burlan de los que hablan en lenguas, como los rotulan para distinguirlos? Les dicen “Los bara bara”. ¿Por qué? Porque escuchándolos, han notado que esa palabra es la que más repiten, y toman eso como una prueba de ignorancia e ingenuidad. Suponen que cuando alguien quiere simular que tiene el don, se pone a decir en voz bien alta muchas veces “bara bara” y ya está, eso sería orar en lenguas.
Sería atendible si no fuera por la enorme carencia informativa de los burladores. Si examinaran las escrituras con la ayuda del griego y el hebreo, sabrían que Bara, en griego, es Crear, Creación, Creador. ¿Verdad que ahora suena bastante más serio el asunto? La segunda, es en contra. Me tocó en una ocasión, en una congregación repleta de gente, ministrar a un hombre y, ni bien empecé a orar con él, empezó a orar en lenguas a los gritos. Antes de pensarlo, me encontré silenciando a un demonio de burla en el nombre de Jesús, y el supuesto “hermano” se quedó en silencio y no pudo continuar. ¿Lengua falsa? Si, también las hay. Pero, si hay algo falso que viene del infierno, tiene que ser porque hay algo genuino que viene del cielo. ¿De acuerdo? El infierno es incapaz de crear nada, apenas imita como mejor puede lo ya creado.
Y me quedó pendiente un don que no siempre ha sido tan difundido o apreciado, que es el de Interpretación de Lenguas. Si quieres algo absolutamente sobrenatural y proveniente del Espíritu Santo sin dudas, ese es este don. Porque un satanista podrá imitar el hablar en lenguas, pero jamás tendrá manera de imitar su interpretación. A lo sumo, simulará hacerlo. De todos modos, este don permite que el don de lenguas sea de beneficio para aquellos que no sean el hablante, como si fueran capaces de escuchar y estar de acuerdo con las palabras habladas en lenguas a Dios. Te hago una pregunta con algo de mala intención: ¿Cuántas veces escuchaste predicar o enseñar, pública y masivamente, respecto al don de interpretar lenguas? Gracias, yo tampoco.
Aunque en estos comentarios tendemos a enfocarnos en la lista de dones, Pablo no lo hacía. Ya que él no daba una descripción detallada de cada don, es probable que los cristianos corintios estuvieran familiarizados con todos ellos. Yo me tomé el trabajo de hacerlo, porque entiendo que hoy, la iglesia en general, no está en la misma sintonía. Lo que Pablo quería enfatizar, era que cada uno de estos es uno o el mismo Espíritu, repitiendo la idea cinco veces y concluyendo con la afirmación, Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu.
Aparentemente, y comenzando desde los propios corintios, la tendencia a la división entre los cristianos ha hecho que una gran cantidad, (Muchos sostienen que es la mayoría), piensen separadamente o competitivamente acerca de los dones. A lo mejor los “hablantes de lenguas” pensaron que eran superiores a los “profetizadores,” ¡Como si los dones vinieran de dos dioses diferentes! Pablo enfatiza a quien quiera escucharlo, que todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, y eso supongo que tendría que ser suficiente para que nosotros reflejemos esa misma unidad entre nosotros mismos.
Algo es real: al mundo secular lo tiene sin el menor cuidado si alguien profetiza, tiene unción o habla en lenguas. Para ellos, de uno u otro modo, todos somos igualmente tontos, ingenuos, ignorantes, supersticiosos o algo peor. Eso nos está diciendo a ti y a mí que el problema más grave está dentro mismo de lo que hoy llamamos la iglesia.
Si algo de lo que ha sido dicho no ha sido enteramente entendido, es que el Espíritu Santo es quien otorga esos dones, y lo hace. Repartiendo a cada uno en particular como él quiere: Aquí hay otra razón para la unidad, y una razón en contra de cualquier sentido de superioridad con respecto a los dones. Son distribuidos no de acuerdo con la voluntad del hombre, sino como el Espíritu de Dios quiere – como Él quiere.
Entonces, a medida que los dones son dados como Él quiere, en ocasiones – si no decididamente con frecuencia – la voluntad y la sabiduría de Dios son bien diferentes de nuestra voluntad y de nuestra sabiduría, de allí que nunca deberíamos asumir que los dones son distribuidos como nosotros los distribuiríamos. A menudo, entendemos que los dones espirituales son dados porque una persona es especialmente espiritual o madura o porque está más cerca de Dios. Eso es lo que, en grandes rasgos, se nos ha hecho pensar. Pero puede que no sea del todo así el caso. No deberíamos asumir nunca que dones son sinónimo de madurez.
Dios puede y lo hace, para Su propia gloria y propósito, distribuye dones espirituales a aquellos que no son especialmente maduros o espiritualmente cercanos a Él. Es por esto que la dotación espiritual nunca es el criterio para posiciones de liderazgo entre cristianos, pero madurez cristiana y carácter sí lo son. Dios puede otorgar a cualesquiera dones espirituales notables en un momento, pero carácter y madurez toman tiempo para formarse. Si el Espíritu, verdaderamente, distribuye a cada uno en particular como él quiere, ¿Por qué escogería dar un don particular en un momento particular?
Las mayores razones pueden no ser evidentes, pero el objetivo de la obra del Espíritu Santo es siempre glorificar a Jesús y formar Su naturaleza y carácter en nosotros. La meta del Espíritu no es ni asombrarnos o confundirnos, sino formar el fruto del Espíritu; y él va a usar o no usar cualquier don que crea correcto para llegar a ese fin. Repartiendo como Él quiere: Aunque las manifestaciones del Espíritu son dadas como el Espíritu quiere, aun así, deben ser recibidas con fe por el creyente. Él distribuye y nosotros recibimos, y la recepción y el ejercicio de los dones suele y debe ser muy natural.
22 – La Maravilla de Los Frutos
A mí, y supongo que al igual que a muchos de ustedes, me enseñaron que los frutos del Espíritu eran nueve. Y me los hicieron memorizar. Y estuvo bien, porque eso me hizo conocerlos, pero déjame que te aclare que, en realidad, EL fruto del Espíritu es UNO, el Amor, y como consecuencia de eso, van a aparecer sus derivados o consecuencias, que son el Gozo, la Paz, la Paciencia, la Benignidad, la Bondad, la Fe, la Mansedumbre y la Templanza. Y se me hace saber qué contra ninguna de estas cosas, hay ley.
Nadie me puede obligar a amar, pero tampoco a no hacerlo. Todo es una simple y bendita consecuencia de la calidad de ese Amor que brota de la íntima comunión con el amado Espíritu Santo. Ese es el fruto del Espíritu. Las obras de la carne parecen abrumadoras – tanto en nosotros como a nuestro alrededor. Dios es lo suficientemente bueno y lo suficientemente grande como para cambiar todo con ese fruto del Espíritu. El fruto del Espíritu siempre puede conquistar las obras de la carne. Y ese fruto tiene varias características sumamente importantes. Lee esto con atención:
El fruto no se obtiene trabajando, sino que nace permaneciendo. Es frágil. Se reproduce a sí mismo. Es atractivo y nutre. Pablo usó el plural al describir la vida según la carne (Obras de la carne), pero usa el singular (fruto, no frutos, del Espíritu). En el panorama general, el Espíritu tiene una obra que hacer en todos nosotros. Estos no son los dones del Espíritu, que se distribuyen de forma individual por la voluntad del Espíritu; esto es algo para todo cristiano.
Puede ser significativo que la palabra fruto sea singular; Pablo no está hablando de una serie de frutos que se compartirían, de modo que un creyente tenga uno, y otro otro. Más bien se refiere a un grupo, de modo que todas las cualidades deben manifestarse en cada creyente. Amor, que es el primero que menciona, traduce la antigua palabra griega Ágape. Yo he enseñado que la traducción más amplia y correcta de ágape, es Carácter. Nada que ver con el amor sentimental, que es phileo.
Podríamos decir que esto es amor del Espíritu, porque es fruto del Espíritu. Esto va más allá del afecto natural o la lealtad a la sangre o la familia. Se trata de amar a las personas que no son fáciles de amar; amar a la gente que no te agrada. A las que sí te agradan, es tan fácil amarlas que no hay mérito alguno en ello. Cuando te indignes y te enojes porque te han tratado mal y pienses en vengarte o desquitarte devolviendo todo ese mal por mayor mal, recuerda este texto, El fruto del Espíritu es amor. ¡Ah, no!, me dirás, ¡Es que eso fue vergonzoso!’
Por supuesto que lo era: y por lo tanto no lo imites: no construyas mugre por mugre, sino por el contrario bendición, porque ‘el fruto del Espíritu es amor. También es útil comprender las obras de la carne a la luz de este amor del Espíritu. Cada una de las obras de la carne es una violación o una perversión de este gran amor. Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, son falsificaciones del amor entre las personas. La idolatría y la hechicería son falsificaciones del amor a Dios. Enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, son todos opuestos del amor, las borracheras y orgías son tristes intentos de llenar el vacío que sólo el amor puede llenar.
Un fruto llamado GOZO. Una de las mejores estrategias de marketing jamás empleadas en los estados terrenales, fue la de posicionar el reino de Satanás como el lugar donde está la diversión, el bullicio, la alegría y la felicidad, y el Reino de Dios como el lugar donde habita la tristeza, la amargura, la infelicidad y la miseria. Pero la Palabra nos dice que el fruto del Espíritu es Gozo, y eso es para aceptarlo, creerlo y vivirlo. Podríamos decir que este es el gozo del Espíritu, porque es un gozo más elevado que la emoción de una experiencia emocionante o un conjunto maravilloso de circunstancias. Es una incomprensible alegría que puede permanecer, incluso cuando las circunstancias parecen terribles.
Pablo conocía este gozo personalmente; podía cantar cuando estaba esposado en el oscuro calabozo de una prisión. Chara, es la palabra griega antigua que se usa aquí para traducirla como gozo: De hecho, no es el gozo que proviene de las cosas terrenales, eso que vulgarmente se llama parranda o fiesta, y mucho menos de triunfar sobre alguien más en la competencia. Es un gozo inentendible para la lógica humana, cuyo único fundamento es Dios. Los creyentes no dependen de las circunstancias. Su alegría no proviene de lo que tienen, sino de lo que son; y no de donde son, sino de quienes son; no por lo que disfrutan, sino por lo que su Señor sufrió por ellos.
Un fruto llamado PAZ: Esta paz es paz con Dios, paz con las personas, y es una paz positiva, llena de bendición y bondad, – no simplemente la ausencia de lucha. Podríamos decir que esta paz es una paz del Espíritu, porque es una paz más elevada que la que viene cuando todo está en calma. Esta es la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento. Y algo que está implícito, aunque no necesariamente explícito. La paz siempre es la consecuencia de haber vencido o detenido una guerra. Sin guerra previa, no hay paz. Te lo recuerdo por las dudas. Si has pasado por ambientes conservadores, ya sé que la palabra guerra, en lo espiritual, siempre sigue sonando a fantasía mística.
Allá cada uno. Dios te levantó para ponerte en su ejército. Y hasta donde yo sé, un ejército se conforma con soldados prestos para ir a la guerra. No es un invento mío ni de ninguna denominación de esas que están mal vistas por sus extremismos, es Palabra escrita y revelada. La palabra griega antigua que se usa aquí para paz es eirene, y significa no solo estar libre de problemas, sino todo lo que contribuye al mayor bien de un hombre. Aquí significa esa tranquilidad de corazón que se deriva de la conciencia omnipresente de que nuestro tiempo está en manos de Dios. No es casual que los nombres más abundantes en la iglesia primitiva fueran Clara, (Derivado de chara, que es gozo) e Irene, (Derivado de eirene, que es paz.
Un fruto llamado PACIENCIA: Tener paciencia significa que uno puede tener amor, gozo y paz, incluso durante alguna instancia de tiempo en el que las personas y los acontecimientos nos molestan. Aprende esto y jamás lo olvides: si Dios no se irrita rápidamente con nosotros, hagamos las barrabasadas que hagamos, eso significa que tampoco nosotros debemos irritarnos rápidamente con los demás, nos hagan las barbaridades que nos hagan.
La paciencia, en sí misma y como tal, es una obra del Espíritu. Es esa cualidad que le permite a una persona soportar la adversidad, el daño o el reproche y le aporta un sentir que lo hace esperar la mejora, el arrepentimiento o la oportunidad de cambio de aquellos que puedan haberle causado un mal. Cuando el infierno descubre que no puede vencer a ciertas personas por la fuerza, trata de vencerlas a largo plazo. Para resistir sus continuos ataques debemos ser pacientes y esperar a que el diablo y sus demonios se cansen de su juego estéril.
Un fruto llamado BENIGNIDAD: La Biblia usa la palabra Benignidad o Amabilidad, para referirse al interés sincero en el bienestar de los demás, que se exterioriza mediante palabras amables y actos considerados. La benignidad no es sólo ser educado y cortés. Es algo más profundo, porque la motivan el amor y la empatía. La mejor prueba que Dios posee alta benignidad, es que dice su Palabra que hace salir el sol sobre inicuos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. O sea que incluso los que no reconocen que Dios los haya creado y prefieren adjudicárselo a una mona, disfrutan igualmente de estos beneficios.
Jesús jamás fue duro ni dominante, salvo cuando se enfrentó a la estructura religiosa. Con el resto de la gente fue compasivo, amable y servicial, independientemente de saber quién era y lo que representaba. Hay dos maneras de dejar fluir nuestra benignidad. Una es con acciones concretas, la otra con palabras precisas. Las acciones siempre estarán dirigidas a ayudar a alguien, sin aguardar nada a cambio, y lo segundo, a dar a quienes lo necesiten, palabras de respaldo, de aliento y de ánimo que les ayude a superar sus pruebas y obtener victoria. Y, atención con esto: uno de los obstáculos más fuertes para desplegar benignidad, es la timidez. Un creyente debe ser humilde, pero jamás tímido. ¿Por qué? Porque es Hijo del Rey. ¿Alcanza?
Un fruto llamado BONDAD: Muy cercano y parecido al anterior. De hecho, circulan juntos y se complementan. La bondad es una característica que ningún ser humano podría tener sin la obra del Espíritu Santo en su vida. Ejemplos del mundo secular hay de sobra, como para aceptar como genuina esta aseveración. La palabra griega que se traduce como bondad, es agathosune, y no sólo se refiere a una actitud o una motivación, sino a un estilo de vida caracterizado por la virtud y la buena voluntad. En algunos textos bíblicos, ser bueno tiene la misma implicancia que ser justo.
Si recuerdas el episodio, cuando María eligió sentarse a oír a Jesús y dejó a Marta con toda la carga de la cocina, Jesús la felicitó por haber hecho algo bueno. Dios ha llamado en algún momento a un siervo fiel, como siervo bueno. Esto une a la bondad con la Justicia y la Fidelidad. Alguien dijo alguna vez que, así como una taza de agua derramará esa agua cuando sea golpeada, así también un creyente que está lleno del Espíritu Santo derramará bondad cuando se le empuje o presione. Sin embargo, hay una imitación satánica que ha dado bastante resultado al infierno, y es esa gente que anda por la vida con una sonrisa tan bondadosa que parecen de otro planeta. Por cada uno que es genuino en su bondad, hay diez falsos que se aprovechan de la ingenuidad ajena.
Un fruto llamado FE: Cuando alguien me pregunta qué cosa es la Fe, mi respuesta es más bíblica que la de los ultras legalistas. Certeza de lo que espero, convicción de lo que no veo. ¡Ah, qué gracia! Me responden. ¡A eso lo sabe cualquiera! ¿Sí? ¿De verdad tú que me estás leyendo ahora, piensas que a eso lo sabe cualquiera? Si te refieres al versículo de Hebreos 11:1, puede ser, pero si tiene que ver con su significado, lo dudo. ¿Cómo se supone que hará un brillante intelectual, por máxima formación profesional que posea, para comprender qué cosa significa tener certeza de algo que estoy esperando y convicción plena de lo que aún no veo?
Algunas veces he dado el ejemplo práctico de aquel que aguarda el bus en la parada. Tiene certeza que llegará un bus para abordarlo y viajar donde necesita hacerlo, pero además tiene convicción que llegará, aunque todavía no lo vea venir. ¿Me dirás que eso es sencillo de aceptar para alguien que no está siendo guiado por el Espíritu Santo? No, de ninguna manera. La Fe es uno de los frutos del Espíritu Santo que también es un don de Dios. ¿Tienes fe? Úsala. ¿No tienes fe? Pídela y te será dada. Sólo un problema: nadie podrá anticiparte en qué envase, paquete o envoltorio te llegará…
Un fruto llamado MANSEDUMBRE: Me gusta cultivar el sentido del humor porque hace más llevadera y entretenida la vida. El humor sano hace reír y la risa aumenta las endorfinas y es sana para tu organismo. Por eso siempre he enseñado, con el permiso de mis hermanos mexicanos, autores intelectuales del término, que ser Manso, de ninguna manera es sinónimo de ser Menso. Así les llaman ellos a los tontos, débiles, cobardes o similares. ¿No has encontrado a cristianos varones que se parecen más a lo segundo que a lo primero? Yo sí. Y me llevó en algún momento a preguntar dónde estaban los hombres del evangelio.
Porque donde quiera que iba, me tocaba tratar con mujeres. No me molesta para nada eso, todo lo contrario, pero realmente me preocupa que tantos hombres todavía no hayan tomado conciencia real de lo que significa ser cabeza espiritual. O se convierten en unos déspotas, tiranos y hasta agresivos, o se muestran todo lo opuesto, con una fisonomía que los hace ver más como afeminados que como mansos. Varón que me lees: no es manso el que teme ser lastimado y se queda quieto. Eso se llama cobarde. Es manso el que, tal como lo vivió Jesús, sabiendo que tiene poderío suficiente como para arrasar con todo y con todos, elige ser manso y soportar algunas imperfecciones de los demás sin reaccionar.
Un fruto llamado TEMPLANZA: Desde el momento mismo de su salvación, Dios quiso que el hombre viviera en un marco de templanza, que es de alguna manera la expresión visible del dominio propio. Dijo que debemos vivir en este siglo, (Que en realidad es sistema, el que quieras), de una manera sobria, justa y piadosa. Sin dominio propio o templanza, es imposible vivir todo eso. ¿A qué trampas eres más vulnerable? ¿Al sexo? ¿Al alcohol? ¿A las adicciones en general? A eso se refiere el texto que nos dice que debemos resistir al diablo y él huirá. Resistir en términos bélicos, es combatir.
Y estos tres elementos, que sólo son un ejemplo por lo abundantes, de todas las tentaciones habidas y por haber que serán puestas en nuestra ruta, se pelean con templanza y dominio propio, que es como decir: con las armas letales que nos proporciona el Espíritu Santo. La palabra griega que se traduce como Templanza es enkrateia, cuya idea básica es fuerza, poder o dominio de sí mismo. Es de alguna manera, ejercitar el gobierno propio. Ningún hombre que no sepa gobernarse a sí mismo, estará jamás capacitado para gobernar a otros. Que lo sepan todos los políticos del planeta, y también sus seguidores, especialmente si son cristianos…
Listo. Esos son todos los frutos que emanan de un espíritu lleno del Espíritu Santo y, por ende, lleno de Amor, origen del resto. Y concluye señalando que contra tales cosas no hay ley. Yo creo que Pablo escribió esto con una alta dosis de ironía y otra no menor de eufemismo. Porque es más que notorio que no hay ni puede haber una ley que esté en contra del amor, del gozo, de la paz, de la paciencia, de la bondad, de la benignidad, de la mansedumbre y de la templanza. Te diré más: si una persona tiene este fruto del Espíritu, no necesita de la ley para nada, porque ya la está cumpliendo sobradamente. Y esto último es lo que no pocos comentaristas o estudiosos de la palabra determinan como un eufemismo de tono magistral.
Porque consignan que Pablo estaba refiriéndose a personas que se pelean entre sí para acceder a los poderes públicos, pero que de ninguna manera cuentan con los atributos mínimos para llevarlos a cabo con éxito o con buenos resultados. Si gobernar necesita de todos estos elementos mencionados, ¿Me quieres decir por qué motivo la política termina siendo tan sucia, a veces? Porque no los tiene y cae en las garras del reino de las tinieblas, y apenas consigue implantar una imitación paupérrima de lo que habría sido llamado a ser modelo, ejemplo y rutina a imitar por todos los gobernados. Gobernante corrupto da a luz pueblo corrupto. Gobernante ungido, da a luz pueblo ungido.
23 – ¿Es o No Es Una Persona?
Cuando comencé a congregarme, en la que fuera mi primera congregación, todavía se utilizaba un viejo órgano para musicalizar los más viejos himnos que allí se cantaban. Recuerdo el final de una estrofa de uno que decía: “¡Bendita Trinidad!”. Hasta allí, hablar de la Trinidad con relación a la presencia del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, era lo habitual, formaba parte del ABC de cualquier escuelita bíblica. Y se lo completaba con la mención directa o indirecta de las tres personas que formaban parte de esa Trinidad. Tres en uno, uno en tres. Con el ejemplo doméstico y rural del huevo. Cáscara, Clara, Yema.
Tres elementos, un solo huevo. Algo mediocre el ejemplo, pero era lo que había a mano y se usaba a menudo. Un día, apareció alguien que dijo a quien quisiera escucharlo que, si bien no discutía en absoluto la Trinidad divina, había que convenir que esa palabra jamás estuvo en ninguna de las versiones bíblicas. Ni siquiera en la más utilizada, como lo era la versión tradicional Reina Valera. La pregunta nos surgió a muchos, pero no tuvo respuesta. No al menos una que sonara convincente o bien fundamentada. Si la Trinidad no estaba en la Biblia, ¿Por qué la mencionábamos y enseñábamos como si lo estuviera?
Ahí quedó todo, si no fuera porque también salieron otros estudiosos y buscadores de perlas que empezaron a cuestionar que al Espíritu Santo se lo llamara persona. Alguien que anduvo leyendo algo en el libro del Éxodo, en su capítulo 15, prestó atención que allí se lo define al Espíritu Santo como las manos, los dedos o el aliento de Dios, lo cual estaría demostrando, -según ellos-, que el Espíritu no es una persona. Argumentaban que las manos de un artesano jamás trabajan por su cuenta, puesto que no pueden actuar de manera independiente del cerebro o separadas del cuerpo.
De la misma manera, -concluían-, el Espíritu de Dios sólo actúa cuándo y cómo Él lo dirige. Eso es lo que palabras más, palabras menos, dice Lucas en el capítulo 13 de su evangelio. De hecho, se le suman otros textos como fundamentos para delinear que al Espíritu Santo también se lo compara con el agua, y se lo relaciona con otras cosas más impersonales, tales como la fe y el conocimiento. Esto, -según rescatan estos estudiosos- también estaría dando a entender que el Espíritu Santo no es una persona. No, al menos, con las formas y las características que nosotros tenemos de eso que llamamos persona.
También se añade que aunque la Biblia menciona lo que podríamos definir como el nombre propio de Dios, esto es, Jehová, y también el de su Hijo, o sea, Jesucristo, en ningún lugar le otorga un nombre similar al Espíritu Santo. Y recuerdan la visión del cielo que tuvo Esteban, y que el relato de ese episodio da cuenta que él vio solamente a dos personas, no a tres. La gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios. El Espíritu Santo, entonces, fue simplemente el poder que Dios utilizó para que Esteban pudiera tener esa visión.
Mucho cuidado con todo esto, porque existen algunas versiones de la Biblia que, efectivamente, se refieren al Espíritu Santo como a una persona. Rescatan que Juan dijo: Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son una misma cosa. Y tres, son los que dan testimonio en la tierra. Sin embargo, algunos investigadores han descubierto que Juan en realidad no escribió estas palabras, y que por lo tanto no deberían estar en la Biblia. No abro juicio ni emito opinión. No he estudiado a fondo este asunto y me limito a ser descriptivo con lo que he hallado al respecto.
Es que aquellos que leen sus Biblias con la misma velocidad con la que leen el periódico, se encuentran con que, si ella habla del Espíritu Santo como si fuera una persona, así tendrá que serlo. Pero resulta ser que, en las escrituras, a veces se presenta al Espíritu Santo con características propias de una persona, pero eso no significa que lo sea. Lo mismo sucede con la sabiduría, con la muerte y con el pecado. Sin ir mucho más lejos, se describe al pecado como alguien seductor, codicioso y asesino.
En el evangelio de Juan, vemos que Jesús se refirió al Espíritu Santo como un ayudante. Dijo que ese ayudante, (También conocido como el Parakleto), daría evidencia, guiaría, hablaría, oiría y les declararía verdades a los discípulos, que lo glorificaría a Él y recibiría cosas de Él. Entonces hay quien dice que como Juan utilizó los pronombres personales masculinos para referirse al Espíritu Santo, este tiene que ser una persona. Pero, la pregunta es: ¿Eso es cierto?
No necesariamente, si es visto desde esta óptica. Porque el griego, a diferencia del español, clasifica los sustantivos y los pronombres en masculinos, femeninos y neutros. Como el sustantivo que usó Juan para referirse al ayudante, o parakletos, es masculino, el pronombre también tenía que ser masculino. En cambio, cuando Juan se refirió al Espíritu Santo con el sustantivo neutro pneuma, que se traduce espíritu, utilizó un pronombre neutro. Luego están los que sostienen que, si el bautismo se realiza en el nombre del Espíritu Santo, entonces el Espíritu tiene que ser una persona.
La realidad nos muestra que, en ocasiones, la Biblia utiliza la frase En el nombre de, para indicar que alguien realiza algo con el poder o la autoridad que se le ha dado. En nuestro idioma español, a veces usamos con el mismo sentido la expresión En el nombre de la ley, pero eso no significa que la ley sea una persona. Por tanto, cuando alguien se bautiza en el nombre del Espíritu Santo, significa que reconoce el poder de ese Espíritu y su función en el cumplimiento de la voluntad divina.
Algo te puedo dejar como conclusión inconclusa de este tema. Si bien los primeros discípulos de Jesús, incluidos los apóstoles, creían que el Espíritu Santo era una persona, a eso hay que aclarar que no lo enseña ni la Biblia ni la historia. Según la Enciclopedia Británica, la doctrina de que el Espíritu Santo era una persona distinta y de naturaleza divina, se definió en el Concilio de Constantinopla, en el año 381 después de Cristo.
Ese Concilio se celebró, por consiguiente, más de dos siglos y medio después de la muerte del último apóstol. De hecho, entonces, esto no sienta ni debe sentar doctrina alguna al respecto. Sólo lo incluí como un elemento a tener en estudio, porque es más que valioso e interesante que, a medida que la presencia de ese Espíritu Santo en nuestras vidas nos lleva a ingresar en mayores verdades no conocidas, mayor será nuestra luz para ir accediendo a dimensiones espirituales necesarias para cumplir con la misión encomendada al hombre.
24 – Gloriosamente Regenerados
Sabemos más que bien que el espíritu del hombre nace muerto por causa de la caída de Adán. Y que, en esa condición, es imposible que tenga alguna forma de comunión con Dios. Por tanto, Él instauró en Jesús, un nuevo nacimiento, que no es ni físico, ni emocional, es espiritual. El anterior espíritu generado por Dios en el nacimiento primario, pasa a ser re-generado, es decir, vuelto a generar, pero esta vez mediante la cruz de Cristo.
Un espíritu regenerado puede tomar contacto con Dios y ser lo que Su diseño dice que debe ser: sal de la tierra y luz del mundo. Con un espíritu no regenerado, eso es imposible. Ese es el significado de degeneración, no simplemente consumir pornografía o alguna otra suciedad moral por el estilo. Un espíritu degenerado, es un espíritu no regenerado, esto es: patrimonio de alguien que, aunque diga creer en Dios y asista a todas las congregaciones que se le ocurra, lo cierto es que todavía no ha nacido de nuevo. Y si no se nace de nuevo, no se puede re-generar ese espíritu.
Ahora bien; una vez regenerado, el espíritu humano es vivificado por la entrada de la vida de Dios. Y el Espíritu Santo es el motor principal de esa tarea. Él redarguye al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Al menos eso es lo que nos asegura Juan en su evangelio. Él dispone los corazones de los hombres para que se abran y crean en el Señor Jesucristo como Salvador. El trabajo de la cruz ha sido cumplido por el Señor, pero el corresponde al Espíritu Santo aplicar este trabajo ya finalizado al corazón humano. No deberíamos ignorar ninguno de nosotros cuál es la relación entre la cruz de Cristo y su aplicación por el Espíritu. En la cruz se cumple todo, pero el Espíritu Santo administra al hombre aquello que ya se ha cumplido en la cruz.
Eso me dice a mí y te dice a ti, que la cruz nos garantiza seguridad; el Espíritu Santo nos proporciona experiencia. La cruz nos trae el hecho de Dios; el Espíritu Santo nos da la evidencia y la demostración de este hecho. La obra de la cruz crea una posición y consigue una salvación que permite que los pecadores sean salvados; la obra del Espíritu es revelar a los pecadores lo que la cruz ha creado y conseguido de tal manera que éstos puedan, -de hecho-, aceptarlo y ser salvos. El Espíritu Santo nunca funciona independientemente de la cruz: sin la cruz, el Espíritu Santo no tiene una base adecuada desde la cual operar; sin el Espíritu Santo la obra de la cruz es muerta, esto es, no produce efecto alguno sobre los hombres por más que ya es efectiva ante Dios.
En tanto que la cruz es la que consigue toda la obra de la salvación, el Espíritu Santo es el que interviene directamente sobre los hombres para lograr su salvación. Así, de este modo, la Biblia describe nuestra regeneración como obra del Espíritu Santo. Juan lo dice: Lo que nace del Espíritu, espíritu es. Jesús no se queda con eso y se extiende en este tema, añadiendo que el hombre regenerado es Todo aquel que es nacido del Espíritu. O sea que los creyentes son nacidos de nuevo porque el Espíritu Santo viene a traer la obra de la cruz sobre ellos y comunica la vida de Dios a su espíritu.
No es otro que el ejecutor de la vida de Dios. Vivimos por el Espíritu, les dice Pablo a los Gálatas. No importa lo que los hombres conozcan por medio de su cerebro. Si el Espíritu Santo ha regenerado su espíritu, su conocimiento no les será de ninguna utilidad. Si su fe se apoya en la sabiduría de los hombres y no en el poder de Dios, entonces son meramente estimulados y afectados en sus almas. No durarán mucho, puesto que no han nacido de nuevo todavía. La regeneración alcanza sólo a los que creen en su corazón.
Al mismo tiempo que otorga vida a los creyentes en su nuevo nacimiento, el Espíritu Santo realiza una labor posterior de permanencia en ellos. ¡Qué lamentable es que nos olvidemos de esto! Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros…y pondré dentro de vosotros mi Espíritu. Así fue profetizado en Ezequiel. ¡Qué maravilla es la Palabra! Tanto que da para retroceder y prestar suma atención a lo leído. Fíjate que inmediatamente después de la oración coordinada que dice Pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros, sigue otra que expresa: Pondré dentro de vosotros mi Espíritu.
La primera oración nos hace saber que los creyentes recibirán un nuevo espíritu a través de la renovación de su espíritu muerto mediante la nueva vida recibida, La segunda hace referencia al revestimiento o permanencia del Espíritu Santo en su espíritu renovado. Los creyentes, entonces, en su nuevo nacimiento, no sólo reciben un nuevo espíritu, así con la “é” minúscula, sino que también el Espíritu Santo de Dios pasa a habitar en ellos.
¿No es triste que muchos no logren entender la novedad de su espíritu y la presencia permanente del Espíritu Santo en su nuevo espíritu? Los cristianos no debieran esperar muchos años después de su regeneración y entonces, al cabo del tiempo, despertarse de pronto y empezar a buscar al Espíritu Santo; ya tienen su entera presencia permaneciendo en ellos. No tan sólo visitándolos, sino habitando desde el momento de su salvación. Pablo nos exhorta de este modo: No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados en el día de la redención.
Mira este detalle: El uso del verbo Contristar en lugar de decir Enojar, es la prueba más contundente del amor del Espíritu Santo. Dice Contristar, y no Obligar a partir, Porque mora en vosotros y estará en vosotros, según lo relata Juan. Mientras que todo creyente nacido de nuevo tiene al Espíritu Santo habitando permanentemente dentro de él, sin embargo, la situación del Espíritu no tiene por qué ser la misma en todos los cristianos, ya que puede estar o bien contristado o gozoso.
Deberíamos entender la relación entre regeneración y revestimiento del Espíritu Santo. A menos que le sea proporcionado un espíritu nuevo, el Espíritu Santo no puede encontrar lugar donde permanecer. La simbólica paloma santa no encontró lugar donde posarse sobre el mundo juzgado; sólo logró encontrarlo en la nueva creación. Al menos de eso es de lo que se habla en Génesis 8. ¡Cuan positiva es esencialmente la regeneración! Sin ella el Espíritu Santo no puede habitar en el hombre. Los hijos de Dios reciben dentro de ellos el hogar permanente para el Espíritu de Dios. Así como este nuevo espíritu emerge a través de una relación con Dios que da vida y es por ello inseparable de Él, así también la morada del Espíritu Santo es eternamente inmutable.
Son pocos los que saben que han nacido de nuevo y que por ello poseen una nueva vida, pero muchos menos son los que saben que, desde el mismo momento en que creyeron en Jesús, tienen al Espíritu Santo habitando dentro de ellos para ser su fuerza, su guía y Señor. Y es por esta razón que muchos cristianos son lentos en su progreso espiritual y parece que nunca crecen. Este triste estado refleja, bien la insensatez de sus líderes o su falta de fe individual. Hasta que los hijos de Dios no abandonen ese prejuicio de estos líderes que El revestimiento del Espíritu Santo es tan sólo para el que es espiritual, difícilmente lograrán llevar a sus hermanos y a la gente a un nivel perceptible de espiritualidad.
La obra regeneradora del Espíritu de Dios abarca mucho más que el hecho de redargüirnos de pecado y llevarnos al arrepentimiento y a la fe en el Salvador. Nos confiere con toda seguridad una nueva naturaleza. La promesa de que el Espíritu Santo habitará dentro de nosotros sigue inmediatamente a la promesa de que se nos dará un nuevo espíritu. De hecho, son dos aspectos de una misma promesa. Al redargüir a los hombres de pecado y llevarlos al Señor, el Espíritu Santo está haciendo ya la obra de base para su propio revestimiento.
La gloria singular de esta dispensación de gracia es que el Espíritu de Dios entra en los creyentes para manifestar al Padre y al Hijo. Dios ya ha impartido su Espíritu a sus hijos; y ahora estos deben reconocer fielmente al Espíritu Santo y someterse lealmente a Él. Tanto el día de la Resurrección como el día de Pentecostés han pasado ya, y el Espíritu hace ya tiempo que ha venido. Pero hay muchos que experimentan simplemente el nuevo nacimiento sin conocer adicionalmente la llegada del Espíritu. ¡Están viviendo en el otro lado o vertiente de la Resurrección y de Pentecostés!
Al margen de la torpeza de los cristianos para reconocer la existencia del Espíritu de Dios en ellos, Dios, a pesar de todo, se los ha dado. Este es un hecho inmutable que la condición en que esté el cristiano puede contradecir. Por el hecho de haber sido regenerados han pasado a ser hechos automáticamente templos aptos para el Espíritu Santo. Si hubieran reclamado también esta parte de la promesa como reclaman la otra, serían capaces de experimentar gloriosamente las dos.
Pero si lo que hacen es poner énfasis en el nuevo nacimiento y estar simplemente satisfechos con la posesión del nuevo espíritu, desaprovecharán la oportunidad de experimentar una vida vigorosa y alegre y perderán muchas de las bendiciones que Dios ha puesto a su disposición en el Señor Jesús. Si, por otro lado, aceptan la promesa de Dios en su totalidad, creyendo que con la regeneración Dios les ha dado una nueva vida juntamente con la entrada del Espíritu Santo, entonces su vida espiritual avanzará tremendamente.
Por medio de la fe y de la obediencia los creyentes pueden experimentar la presencia constante del Espíritu el mismo día que reciben su nuevo espíritu. Quien habita dentro de ellos les revelará a Cristo, los santificará y los conducirá hacia alturas auténticamente espirituales. Aun así, los cristianos no suelen apreciar la elevada posición que el Espíritu Santo ocupa, de tal modo que la rebajan hasta el menosprecio de su existencia dentro de ellos y se dejan llevar por las directivas de sus propias mentes.
Estas personas deberían humillarse ante esta luz, aprender a respetar a esta Santa Presencia y estar dispuestos a permitirle trabajar en sus vidas. Deberían temblar ante ella por causa de Dios, no atreviéndose a imponer su propia voluntad en lo más mínimo, sino recordando siempre cómo Dios ha provisto para ellos. El Espíritu Santos e halla ya en nuestro espíritu. Por ello, la cuestión que tenemos delante ahora es si estamos dispuestos a permitirle trabajar en nuestro interior.
25 – ¿Y Entonces..?
Entonces, nada. Esta simple y casi escueta presentación del Espíritu Santo de Dios, sin ánimo de constituirse en un material de estudio teológico, tuvo como objetivo principal, que tú sepas que sin Él morando en tu espíritu, espiritualmente estás castrado, inutilizado e inservible para la obra, cualquiera sea esa obra. No me interesa qué doctrina denominacional has aprendido y qué es lo que se dice en el ambiente con el cual compartes tus días. Me interesa que sepas lo que la escritura dice al respecto.
Porque tendré que recordarte, si es que por algún motivo aún no hubieras caído en la cuenta, que lo que dice Dios es lo que vale. Lo que digan los hombres, cualquiera sean ellos, por mejor intencionados que estén y por mejores que sean en cuanto a su devoción personal, carece de valor cuando se confronta con la palabra genuina y auténtica. No se trata de lo que yo interpreto de mi Biblia, se trata de lo que el Espíritu Santo que mora en mí me haga saber.
Independientemente de lo que digan los más afamados teólogos que te hayan presentado, tu Biblia y la mía no necesitan al dios de los ladrones, ese que se llama Hermes, para que nos interprete sus textos. La Biblia se interpreta a sí misma, sin otra ayuda que la del Espíritu Santo de Dios. A eso es a lo que se le llama Revelación, no a la espectacularidad que preanuncia acontecimientos siderales o catastróficos, aunque nadie pueda asegurar que no los incluya si así Dios lo necesita para preservar su diseño.
El hombre o la mujer de Reino, hoy, tiene que poseer indefectiblemente el Espíritu de Jehová en su vida. De otro modo, podrá ser un buen cristiano nominal, podrá hacer buenas obras que despierten el reconocimiento sincero de toda la sociedad que lo rodea, pero de ninguna manera podrá cumplir con la misión celestial con la que fue dotado cuando vino a morar a esta tierra. El día que el creyente genuino termine de entender que su máximo trabajo no es procurar caer simpático al mundo secular, sino el vivir de un modo que deje en evidencia que ser un hombre de Reino te hace diferente, ese día sí que será más que vencedor en Cristo Jesús.
Entendamos esto de una vez por todas. No nacimos para ser salvos e irnos al cielo con Dios cuando nos muramos. Eso vendría a ser un paso previo para el motivo por el que realmente vinimos, que es a ser artífices prácticos y concretos de la extensión del Reino de los Cielos en toda la tierra. Eso es ser Sal y Luz. Eso es tener inevitablemente para ser útil y ungido, el primero de los siete espíritus de Dios en nuestras vidas. Todo lo que voy a contarte a continuación, será el resultado y consecuencia de poseer este Espíritu. Si Él no estuviera en tu vida, podrás salir a contarle a todo el mundo que eres cristiano, pero Jesús todavía te estará mirando atentamente y diciendo que no te conoce. Tómalo o déjalo. Palabra de Dios o doctrina de tu religión. Tú decides, tienes una voluntad creada para eso.
26 – Espíritu de Sabiduría
Isaías 11: 2 = Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová
A mí me gustaría de sobremanera añadirle a este espíritu de sabiduría, el de revelación. Creo que uno no sobrevive sin el otro y ambos equipan al creyente de un modo que es imposible que alguna capacitación humana pueda lograrlo. De hecho, el propio Pablo lo menciona de ese modo en un pasaje de su carta a los Efesios. No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él. Eso dice y planta un antecedente que para mí y para todos los que gustamos de escudriñar las escrituras en busca de una verdad que esté por fuera de todas las doctrinas denominacionales, es más que suficiente.
El espíritu de sabiduría y de revelación, es el espíritu que contiene el Reino de Dios, así como te lo digo, sin añadirle ni quitarle nada. No podemos ninguno de nosotros acceder al Reino y sus jurisdicciones espirituales y físicas, si no es a través de ese Espíritu de sabiduría y revelación. Y que se entienda como se debe entender: no es algo opcional, tiene casi nivel de mandamiento sagrado. No hay ninguna coincidencia en que Jesús dijera: Yo soy la luz del mundo.
Tampoco no existe ninguna “casualidad” respecto a que Él haya dicho de nosotros: Vosotros soy la luz del mundo. Si Jesús el Rey de reyes, es la luz del mundo, su Reino es un reino de luz. Y la luz, mi querido amigo o amiga, es símbolo de entendimiento, de conocimiento, sabiduría y revelación. Jesús es la revelación de Dios para el mundo, y no solo la revelación de Dios, sino Aquel quien revela al Padre. Jesús revela al Padre a quien él quiere, porque Él es la fuente de la revelación de Dios.
Y a esto no lo estoy diciendo porque a mí me parezca correcto, porque hoy me desperté con ganas de inventar algo, o porque crea personalmente que es así, lo digo porque así está escrito. Y cuando algo que está escrito en la Biblia se acepta como verdad, se cree y se pone por obra, no hay impedimento alguno que no permita reiterarlo. Según lo rescata Lucas, Jesús dijo en algún momento que todas las cosas le fueron entregadas por el Padre, y que nadie conoce al Padre sino el Hijo, y el Hijo sino el Padre, pero le añadió algo más: Y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.
Y lo que el Hijo me quiere revelar hoy, es que cuando anteriormente dice que el Padre le entregó a Él todas las cosas, lo que está diciendo es exactamente eso que leemos: todas las cosas. Me temo que la iglesia aquí «se fue de mambo» y solamente se atrevió a creer que decía todas las cosas buenas… Pero no, dice todas las cosas, y eso incluye justamente a todas las cosas que vemos y oímos. Luego Jesús decidió que hacer con cada una de esas cosas entregadas. ¿Sabes qué? Hoy, tú y yo, tenemos la misma posibilidad. Y también la misma Responsabilidad.
Algo está más que claro: nosotros, hoy, somos portadores de la revelación de Dios. Y lo somos de tal manera que, cuando hablamos y actuamos dentro del plano social en el que estamos insertos, alumbramos a los que están en oscuridad. La falta de revelación, de la cual sufre tanta gente que supone ser iglesia, es estar lisa y llanamente en oscuridad y en ignorancia. Y esto último no es una descalificación como producto de una observación de falta de capacitación teológica, esto es la descripción del resultado o consecuencia de esa oscuridad espiritual de la que te hablaba.
Escucha bien: el Reino de Dios se recibe por revelación y posee la esencia de la revelación de Dios. Con esto lo que quiero decir con valor de altísima verdad, es que donde sea que haya revelación de Dios, hay manifestación de su Reino. Sin revelación apenas conformaremos un grupo más de los tantos que andan a ciegas por la vida. Además, piensa por un momento con mente no templista: si no tienes revelación divina, ¿De qué vas a hablar? Hay una realidad más que visible: lo que tú no sabes, no puedes verlo. Y lo que no puedes ver, jamás se te activa. Y lo que nunca se te activa, jamás lo vives.
Parece un inteligente juego de palabras, pero me gustaría que entendieras que esa es la verdad más grande que habrás recibido en este día. Las religiones que no creen en Jesús, podrán hablar de Dios, creer en Él y hacer excelentes obras en Su nombre, pero jamás tendrán revelación divina. Porque Jesús es la Luz de este mundo, y aquel que decide seguirlo, Él mismo le asegura que no andará jamás en tinieblas, sino que tendrá nada menos que la luz de la vida. ¿Tú crees que a tu vida le hace falta un poderoso reflector que te permita no tropezar en caminos que parecen rectos, pero no lo son? Ese reflector es Jesús.
Por eso es que Pablo nos llama hijos de luz. Mal interpretadas sus palabras, condujeron a muchos a terrenos esotéricos hostiles en la creencia de andar en caminos de luz. Es evidente que cuando no existe la verdadera luz morando en nuestro ser interior, cualquier cosa superficial o externa que produzcamos, siempre formarán parte de un auto engaño, que es el peor de todos los engaños.
Un hombre llamado Simeón tuvo la oportunidad de ver a Jesús bien de cerca, y dijo que sus ojos habían visto salvación, algo que él no podía entender antes de verlo, porque luego se encargó de aclarar que lo que él había visto, había sido una luz que alumbraba con su revelación el camino de los gentiles, y que eso mismo mostraba la gloria de Israel, porque era a ellos a los que Jesús había venido a salvar.
Esto también habla y de manera absolutamente abierta, que la luz genuina pone en evidencia todas las cosas. Y, una vez más, cuando digo todas las cosas, estoy queriendo decir exactamente eso: todas las cosas. Esto significa que, ante un determinado hecho, lo que la luz muestra, nadie puede dudar de su realidad ni negarla bajo ningún argumento sólido. ¿Por qué? Porque esa luz espiritual es tan pero tan potente, que traspasa cualquier forma de oscuridad y manifiesta todo con absoluta claridad.
Pablo se los dice justamente de este modo a los efesios en su carta. Nosotros leemos el pasaje, quizás lo aprendemos de memoria, tal vez lo adoptamos como regla primaria en nuestras clases de enseñanza y así lo hacemos. Pero una enorme mayoría de nosotros, (Y me pongo por ejemplo en mis primeras épocas), no alcanza a tomar dimensión real de lo que significa para Cristo ser la luz del mundo, que es como decir que es una luz que borra con toda la oscuridad de cualquier sistema.
Por eso es que, en algún momento de esta carta, Pablo les dice que desea que el Señor les de espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él. Pablo sabe que el espíritu de sabiduría y revelación viene sobre nosotros específicamente para caminar en el conocimiento de Jesucristo. Toda revelación, -aprende esto-, tiene que ver con el conocimiento más claro del Señor. Cualquier otra forma de revelación, siempre será para ponerla en observación.
No sería la primera vez ni la última que el enemigo se las ingenia para infiltrar algo que parece venir del cielo y, ante la ignorancia o la comodidad de los hombres, esa revelación termina llevando al derrumbe a toda una congregación o algo mayor. Lo cierto es que esta es la única forma de conocer a Jesús. Porque muchos lo conocen en su teología, bajo su doctrina y el conocimiento informado. Esto es muy importante tenerlo, pero a Cristo se le debe experimentar en nuestro interior con sabiduría y revelación.
En el mundo existen muchos teólogos lejos de Cristo. Es posible tener conocimiento informativo de la persona y no conocer a la persona informada en intimidad. Cristo debe ser revelado. Dios es conocido en la medida en la cual Él se ha revelado a la creación. Cristo debe ser revelado, porque Cristo es la revelación de Dios. Y si se nos revela la revelación de Dios, creo que no nos queda absolutamente nada por incorporar.
Sé que suena algo enredado esto que digo, pero si te despojas de tus ansiedades cotidianas y le pones todas las pilas de tu energía al entendimiento, seguramente me estarás entendiendo y aprendiendo algo que jamás te será olvidado y significará un notorio avance en tu maduración y crecimiento, tal como en su tiempo y momento, lo fue en el mío. Tú, que hoy has llegado a este trabajo casi sin proponértelo, ¿Conoces a Cristo o sólo tienes información acerca de Él? Conocer a Cristo es tener intimidad con Él y eso no puede ser reemplazado por ninguna estrategia humana, por inteligente o ingeniosa que sea.
27 – Una Bomba Resplandeciente
El espíritu de Sabiduría, al cual nos permitimos añadirle el de revelación, es lisa y llanamente el Espíritu Santo soplando luz, entendimiento e inteligencia con relación a todas las cosas que estaban abiertas en el génesis, antes que el hombre pecara. Es la función del Espíritu Santo de darnos la capacidad de articular y decodificar las cosas que son del espíritu, muy por encima de la capacidad intelectual del mundo secular para hacerlo en las cosas que son de la carne.
Es la apertura de los ojos del espíritu, (Cosa a la que no todo el que se dice cristiano accede), para ver lo invisible, para creerlo y para entenderlo. Satanás y sus demonios tienen alguna imitación más o menos lograda para lo primero y lo segundo, pero de ninguna manera podrán conseguir lo tercero. Porque este soplo de Sabiduría y revelación va directo al espíritu del hombre y no simplemente a su razón.
¿Quieres que te deje un ejemplo concreto a los fines que puedas entenderlo más fácilmente? La creación. Dios forma al hombre del polvo de la tierra y se dedica a observarlo con amor y ternura paternal. Sin embargo, se da cuenta que ese ser recién formado necesita compartir su felicidad para sentirse pleno, y Adán no tenía con quien hacerlo ante toda esa maravilla que sus ojos estaban viendo y que había sido creada para que él la disfrutara. Estaba impactado y maravillado, pero no podía sentirse enteramente pleno porque no tenía con quien compartirlo.
Allí es creada la mujer. Porque por ese motivo es que Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo, no solamente por su sexualidad o su reproducción. Y ese también es el motivo por el que hoy tienen tanto éxito las redes sociales más conocidas, son la manera más sencilla que el hombre moderno tiene para compartir con otros sus momentos felices. ¿Verdad que encaja? Yo vi esto no hace tanto tiempo. Hasta allí, había leído sobre la creación tanto como tú, pero a esto jamás lo había visto antes. El Espíritu Santo, hoy, está abriendo ojos espirituales y arrojando luz y entendimiento en quienes lo buscan.
Veamos: la palabra Sabiduría, viene del vocablo griego sophia, (De allí extraemos el nombre Sofía), y nos habla de la sabiduría que pertenece al hombre con relación directa a la inteligencia suprema que proviene de Dios. Algo así como que yo no puedo ufanarme ni ensoberbecerme por tener un poco de sabiduría, porque, si la poseo, es gracias a la inteligencia suprema del Dios que me la otorga en la medida que yo la acepte como uno de sus siete espíritus, esto es: como parte de su propia conformación divina.
La sabiduría humana y carnal, y aún la diabólica, que puede ser altamente importante, lo sabemos, sin embargo, derivan de algo que ya ha sido creado. La sabiduría de Dios, mientras, puede aparecer en un hombre sin nada que lo muestre como base. Simplemente el Espíritu Santo la revela, la implanta y funciona. El pastor de la primera iglesia en la que aterricé como recién convertido, se llamaba Don Carlos. Tenía una tremenda sabiduría para cualquier tema del que hablara. Intelectualmente, ¡Era técnicamente casi analfabeto! ¡Su familia le leía la Biblia…!
La palabra revelación, mientras tanto, viene del griego apokalypsis, que significa algo así como al descubierto, hacer desnudo, la divulgación de una verdad o instrucción. Otras definiciones de esta palabra nos hablan de divulgar verdades concernientes a las cosas desconocidas, manifestación o apariencia.
Si la unimos con la palabra espíritu, del griego pneuma, que quiere decir un soplo, aire en movimiento, similar a la respiración o al aliento, formulamos una verdadera bomba espiritual. El soplo o pneuma del espíritu denota un acto constante, continuo y progresivo, como es nuestra respiración. Involucra tanto la inteligencia suprema, como la que les pertenece a los hombres. Haciendo que todas las cosas traídas a la luz, queden al desnudo y sean manifiestas y divulgadas.
Terrible ignorancia la de muchísimos maestros cristianos y no menos de la mayoría de sus alumnos que jamás acudieron a sus Biblias para confirmar lo enseñado. Han adoptado a la palabra Apocalipsis como desastre o hecatombe destructiva. ¿A qué no descubren en donde tuvo origen esa enseñanza errónea? En el mismo sitio donde se inventó aquello de que no se puede leer el libro de Apocalipsis hasta que no se es espiritualmente maduro. ¡Les hacen perder bendición a los creyentes! Es el único libro de toda la Biblia que dice que Es bienaventurado el que lo lee.
En lo que popularmente llamamos “soplo del Espíritu”, hay dos cosas bien delimitadas en juego. Por una parte, está la sabiduría, que es tanto divina como humana. Divina en su esencia, humana en su ejecución. Todos estamos en condiciones de recibir un soplo de sabiduría, pero convengamos que no todos lo están de igual modo en ponerlo por obra ejecutándolo de la manera correcta. Por la otra parte, está la revelación. Se la puede definir de tantas maneras como la inteligencia humana desee hacerlo, pero la realidad espiritual nos deja en clara evidencia que decir revelación, es denominar a la manifestación de lo oculto.
Fíjate con cuidado en tu Biblia. Busca en una buena concordancia todos los pasajes donde la palabra revelación está presente y vas a ver, al menos en una proporción mayoritaria de los casos, que siempre está precedida por la palabra Misterio. Un misterio, linealmente todos lo sabemos, es algo que existe pero que está Oculto al ojo terrenal. En suma, siempre la revelación manifestará un conocimiento de un aspecto de Dios que transformará nuestras vidas. Es por esto que, sin revelación, tú jamás podrás tener un conocimiento íntimo acerca de Dios.
28 – ¿Qué te Pasó, Salomón..?
Es indudable que, si en el marco de un trabajo relacionado con el Reino de Dios, vamos a hablar de uno de los siete espíritus que conforman su estructura divina, que también evidenció poseer Jesús y que cada uno de nosotros debería tener si es que deseamos ser miembros y parte de Su Reino, como es el de la Sabiduría, muy difícilmente no se nos aparezca en nuestra mente el nombre de este legendario rey que, independientemente de su vida, que no fue justamente un dechado de moralidad que pueda tomarse como modelo, quedó en la historia ligado a ese espíritu.
Dios le dio esa sabiduría a Salomón y bien cabe, creo, recalar sintéticamente en su historia, para conocer el modo y los motivos que Dios tuvo para hacerlo. De hecho, esta historia se asemeja bastante a la de otro rey famoso llamado David, que tampoco reuniría hoy las condiciones o requisitos morales que cualquier sanedrín moderno utilizaría para desecharlo e impedirle reinar. Para conocer a Salomón, deberemos leer con atención el tercer capítulo del primer libro de los Reyes.
Salomón tuvo, en lo que duró su vida, la friolera de setecientas esposas, todas reinas y aproximadamente trescientas concubinas. Este tipo de vida lo condujo a un desastre en su existencia. Indudablemente que esto significó un muy mal ejemplo indigno de ser seguido por alguien que espiritualmente deseara aproximarse al verdadero Dios. Se nos dice que a todas esas mujeres él se acercó con amor, pero es indudable que esa palabra lo movilizó a él de un modo muy similar al que todavía hoy moviliza a tantos hombres y mujeres, que tienen al amor como emblema de sus necesidades sexuales y, conjuntamente, con las elecciones diversas de las formas de su sexualidad.
La palabra amor está presente en cualquier forma de relación humana que conlleve sexo, independientemente de si es hetero u homo. La mayor parte de las naciones “avanzadas”, aceptan esto como parte de un cambio de costumbres y tradiciones respecto a la moralidad a las que deben adaptarse. Y en esto lamentablemente debería incluir a muchas naciones en las que el cristianismo no sólo está presente y es fuerte, sino que está incluso representado en sus estamentos gubernamentales. Sabiduría, oportunismo y ambición personal no son familiares cercanos.
Hay algunos puntos respecto a la vida de este rey que a mí me gustaría reconsiderar, más allá de lo que los comentaristas de prestigio y la propia enseñanza cristiana tradicional nos haya entregado como válido. En primer término, el mismo libro de los Reyes dice, por allí por el capítulo 11, que todo esto que acabo de mencionar sucedió cuando Salomón era ya anciano, pero es notorio que este patrón de conducta se inició con su primer matrimonio con la princesa egipcia, hija de Faraón.
Es muy probable que esto haya tenido un sentido más político que espiritual, pero de cualquier manera fue el comienzo de la caída espiritual de Salomón. No será la primera vez en la que un acto aparentemente circunstancial y decididamente terrenal, por su contenido que casi siempre es ignorado, tiene incidencia en el ámbito espiritual y termina por degradar a la persona que lo comete de modo ignorante y desprevenido.
Además, sin embargo, hay que recalar necesariamente en lo que señalan algunas muy antiguas leyendas de rabinos judíos respecto a este matrimonio. Nadie les ha prestado demasiada atención a lo que dicen, del mismo modo en que se lo haría hoy ante un comentario similar. Esos rabinos aseguran que, en su noche de bodas, la princesa egipcia le lanzó un hechizo a Salomón y colocó un tapiz sobre su cama que se parecía al cielo nocturno con estrellas y constelaciones. El hechizo, dicen ellos, tenía la intención de que cuando Salomón se despertara, mirara hacia arriba y pensara que las estrellas aún estaban a la vista y que aún era de noche, y decidiera seguir durmiendo.
¿En qué afectaba esto el plano espiritual del rey? En que de costumbre él dormía hasta no menos de las diez de la mañana, y todo Israel estaba afligido debido a que Salomón tenía las llaves del templo debajo de su almohada, y ellos no podían hacer el sacrificio de la mañana hasta que él no se despertara y les abriera las puertas. Si esos sacrificios agredían al reino de las tinieblas, esta estrategia satánica usando a la princesa sencillamente como bruja al servicio le dio óptimo resultado. Me pregunto si la vida posterior del rey no habrá tenido que ver con algo así. Es simple: lo tomas o lo dejas. Lo crees o lo ignoras.
Pese a todo esto, y quizás por la alta misericordia de Dios para con él por causa de ser hijo de David, un hombre del que Dios mismo dijo que tenía un corazón conforme al suyo, y también porque pese a todo, el seguimiento que Salomón tenía para con Dios era genuino y no simulado, una noche se le apareció en sueños. Dicen los que saben bastante de esto, que ese fue uno de los sueños más significativos de toda la Biblia. Y en ese sueño, Dios le ofreció a Salomón nada menos que todo lo que él quisiera pedirle.
Este ofrecimiento despertaría la “envidia santa” de cualquier creyente, pero eso sucedería porque no siempre leemos nuestras Biblias con detenimiento, porque, de haberlo hecho, encontraríamos tres textos de lo que llamamos Nuevo Testamento, que nos aseguran lo mismo que Dios le ofrece al rey, Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá, es lo que se lee en Mateo. Si permanecemos en Él y sus palabras en nosotros, podemos pedir lo que queramos y nos será hecho, se nos asegura en Juan. Y en su primera carta, el mismo apóstol nos dice que esta es la confianza que tenemos en Él, que, si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye.
Cuando Salomón le responde a Dios en el sueño, lo primero que le dice es que por ser muy joven ignora muchas cosas. En realidad, él no tenía una edad muy corta. Él estaba viniendo a Dios con una gran humildad, algo que fue su gran patrimonio por fuera de sus comportamientos en otras áreas de su vida. Decir que era muy joven fue casi una licencia poética del rey para reconocer sus insuficiencias al enfrentar los enormes desafíos de un tremendo liderazgo como el que le tocaba desempeñar.
Pero, atención con esto: Salomón no tenía esa falsa humildad que ha llevado y sigue llevando a tantos soberbios simuladores e hipócritas a decir en voz alta y públicamente que no pueden hacer una determinada cosa, y que por lo tanto ni siquiera lo intentarán. Él mostraba una actitud diferente, era como si dijera que esa tarea era más grande que él y que debía confiar en Dios sí o sí para resolverla. ¿Qué decidió responder a la oferta que Dios le hizo, entonces? Decidió pedirle sabiduría, conocimiento, un modo de resolver asuntos sin cometer errores.
La forma de Salomón para pedirle a Dios que le de sabiduría, es decirle que le otorgue un corazón entendido. Es más que notorio que el rey pidió algo más que un gran conocimiento. Él quería entendimiento y lo quería en su corazón, no solamente en su mente. En realidad, la antigua palabra hebrea traducida en el texto base como Entendido, es literalmente Escuchar. O sea que lo que Salomón deseaba era un corazón que escuchara, un corazón que pudiera escuchar a Dios. Me pregunto cuántos, de nosotros, hoy, daríamos lo que no tenemos por acceder a lo mismo.
No es ninguna casualidad que el mismísimo Pablo, según lo relata en su carta a los Efesios, pidió en oración que los ojos de su entendimiento fueran alumbrados. ¿Alumbrados por quién? Es obvio, por el Espíritu Santo de Dios, no habría otro modo. El argumento central de este pedido del rey, fue que lo necesitaba para juzgar al pueblo de Dios y, esencialmente, para discernir entre lo bueno y lo malo. Hoy, muchos ministros que presumen de tener prestigio, y andan por el mundo predicando ante miles, o no tienen ese discernimiento o, si lo tienen, no poseen el coraje para utilizarlo, les cueste lo que les cueste. Eso no se llama Fidelidad, precisamente.
Lo cierto es que a Dios le agradó de sobremanera que Salomón le pidiese eso. Él sabía de su gran necesidad de sabiduría, de discernimiento y de entendimiento, pero Dios en realidad estaba complacido porque Salomón no pidió ni riquezas, ni fama, ni más poder para sí mismo. La Biblia no aclara demasiado los motivos concretos, pero sí hace especial hincapié en darnos a conocer que la petición del rey agradó delante del Señor, así es como lo expresa la versión más tradicional.
Ahora bien; la pregunta que yo me formulé y que una gran mayoría de ustedes seguramente también se hicieron, es: ¿Este era el don más grande que Salomón pudo haber pedido o recibido? Nadie podría responder eso con exactitud, pero lo cierto es que el rey hizo bien su trabajo, tan bien o mejor que otro. Pero en su deslizamiento al final, como lo vemos en el capítulo 11, mostró que había algo que faltaba en su vida espiritual. Y si bien no hay ninguna señal en su biografía que tuviera la profunda devoción interna que sí tenía su padre, lo cierto es lo que hizo fue del agrado de Dios y así le respondió.
Porque, y atención con esto, Dios no solamente le contestó la oración de Salomón pidiendo sabiduría, sino que se la respondió más allá de toda expectativa. Porque el rey no pidió ni riquezas, ni gloria, ni una larga vida, pero Dios también le dio todo eso de manera conjunta con lo único que él había pedido. Allí es donde se comprende lo que Pablo le dice a los Efesios cuando señala que Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.
Hubo muchos otros episodios que pueden servir como respaldo a esto, pero indudablemente el de Salomón fue uno y más que visible. Creo que lo que se valoró aquí es que el pedido fue con relación a su carácter y no a sus posesiones, a su ser y no a su hacer. Yo me pregunto qué hubiéramos hecho cada uno de nosotros si nos hubiera tocado estar en el lugar del hijo de David y Betsabé. ¿Qué porcentaje real de creyentes hubieran pedido lo mismo? No tengo una respuesta probada y respaldada, pero nadie me saca una sensación que muy probablemente sea la misma que tienes tú, amado lector.
Finalmente, dice la escritura que Salomón despertó y que entendió que lo que había vivido era nada más que un sueño, pero que lo creyó. Por consecuencia, el sueño se hizo realidad y Dios no solo contestó la oración del rey, sino que además lo hizo sabio, poderoso, rico e influyente. Su reinado fue glorioso para Israel. Al mismo tiempo y de manera muy poco entendible desde lo terrenal, su final fue trágico. Se puede llegar a decir que Salomón malgastó estos dones que Dios le dio. Aunque logró muchas cosas, pudo haber hecho muchas más, pero su corazón se alejó de Dios al final de sus días.
Pregunto: En lugar de ser el más sabio de los hombres, tal como todavía hoy se lo considera, ¿No se convirtió en el más ignorante de los hombres? ¿No se olvidó, incluso, del conocimiento de su Creador y adoró sin pudores las abominaciones de los moabitas, de los de Sidón y de todo lo que se cruzó en su camino con aroma a místico? ¿No puede decirse que su idolatría fue la mayor estupidez cometida por un ser humano al que Dios había bendecido de manera casi inigualable? A mí, en lo personal, Salomón me decepcionó. Pero estoy muy lejos de juzgarlo. Primero, porque no vine a eso a esta tierra, y segundo, porque todavía soy un ser humano, y como tal, lleno de imperfecciones, estoy obligado a pelear mi buena batalla, no sea que habiendo sido heraldo…
Pero no quiero concluir este bloque dedicado a Salomón, sin hacer mención a su clase magistral de sabiduría dada a dos mujeres, cuando todavía era muy joven y recién comenzaba su reinado. Esas dos mujeres, de las que muy pocos dicen y aclaran que eran dos prostitutas, comparecieron ante el rey con dos niños recién nacidos; uno muerto y el otro vivo. Las dos afirmaban que el niño que estaba vivo era su hijo, mientras que el que había fallecido era el hijo de la otra. Incluso relataban la causa de la muerte del niño. Cada una juró delante del rey que la otra, mientras dormía, había aplastado y asfixiado a la criatura y que por esa razón se había muerto.
Y cada una, también, aseguraba que la otra, aprovechando que la otra dormía, había cambiado un al niño muerto por el que estaba con vida. Ambas acudieron a Salomón en búsqueda de una resolución justa. Lo primero que llama la atención, es que el rey haya accedido a recibirlas. Si hoy todavía existe una más que evidente marginación y discriminación social para la mujer que ejerce la prostitución, imagínate en aquella época. No había un solo hombre que les prestara la menor atención, como no fuera para requerir sus servicios. Por eso sorprende gratamente que el rey las haya recibido y ocupado de resolver el asunto.
Lo cierto es que Salomón las escuchó a las dos con mucha atención y profundo respeto. Y luego de reflexionar un breve momento, pidió que le trajeran una espada. Y allí mismo, casi sin inmutarse, le ordenó a un guardia que empuñara esa espada y que cortara por la mitad al niño que estaba con vida y que le diera la mitad de esa criatura a cada una. Ya sé que de sólo pensarlo te suena tremendamente cruel y digno de un animal irracional en lugar de un rey lleno de sabiduría, pero la respuesta a ese pensamiento que seguramente es el primero que llegó a tu mente, vino de inmediato.
Porque una de las mujeres aceptó que el niño fuera cortado en dos, pero la otra, con altísima desesperación, no sólo se opuso tenazmente, sino que le rogó al rey que entregara el niño a la otra mujer, declarando que ahora entendía que era su madre legítima. ¿Y qué hizo el rey? Ordenó que el niño fuera entregado a la mujer que se opuso a ese acto terrible, porque entendió que solamente una madre verdadera elegiría quedarse sin su hijo, con tal de salvar su vida. Si esto no fue un ejemplo de sabiduría, no sé qué otro podría hallar para mostrar. Y servirá para guardar en la memoria a un Salomón sabio y justo, más allá del personaje casi nefasto en el que se convirtió en los últimos días de su vida. Y me quedará la duda, si es que no me es revelado, si ese final no tuvo que ver con aquel hechizo de la hija de Faraón en su noche de bodas…
29 – Entendimiento Progresivo
Cuando digo que algo es progresivo, estoy diciendo que algo no es inmediato. Y por lo relatado hasta aquí, ha quedado en claro que la sabiduría, es algo que, si Dios acepta brindárnosla, lo hace de manera inmediata y de ese mismo modo funciona. Pero también dije que, a la sabiduría, para que rinda fruto al ciento por uno, la tiene que acompañar en los planos espirituales, la revelación. Y este don es el que es progresivo.
La revelación no te llega como una pluma desprendida de un ave que cae balanceándose y que cuando aterriza sobre tu cabeza te ilumina y ves todo lo que no habías visto. La revelación se va adquiriendo a medida que vas madurando, y parafraseando lo dicho, así como la gloria va de gloria en gloria, la revelación progresa y se agiganta de un día para el otro, luz sobre luz, palabra sobre palabra. Y creo que no tengo mejor ejemplo para darte respecto a esto que traerte un retazo de la experiencia de Moisés con Dios en el desierto.
En un momento dado, el libro del Éxodo rescata que Moisés le ruega a Dios que le muestre su Gloria. Escucha y entiende: Moisés había caminado con Dios, había visto muchos milagros y maravillas, pero sin embargo necesitó un tiempo y un momento para pedirle a Dios que le mostrara su Gloria. Me surgen dos preguntas. ¿Necesitaba Moisés ver eso para reforzar su fe? La otra: ¿Por qué crees tú que Moisés le pidió a Dios que le mostrara su Gloria?
Y una tercera que nace en estas dos anteriores: ¿No era suficiente con todos los milagros que había visto? ¿De dónde sacó el motivo de su corazón para pedir tal cosa? Claro está que, de hecho, Moisés no tenía la misma referencia bíblica que tú y yo tenemos y que, de alguna manera, nos estaría enseñando la inutilidad y casi la irreverencia de hacer tamaño pedido. Si me dejas pensar con la mente de Moisés, yo creo que a pesar que él había visto tantos milagros, se encontró con la experiencia de una revelación progresiva de Dios. O sea que, dicho en idioma de la calle: quería más.
Vamos a poner algo en blanco sobre negro: la dimensión de la Gloria de Dios, es para aquellos que tienen revelación de ella. Porque la Gloria testifica de un mundo que estaba mucho más allá de la dimensión en la que Moisés habitaba, y era como si esa nueva estructura espiritual lo llamara. Y allí es donde se da lo que estamos categorizando como progresivo. A ver si puedo lograr que me entiendas absolutamente.
Cuando hablamos de una revelación progresiva, me gustaría que imaginemos la naturaleza de los números, de esos números que todo el planeta occidental conoce y adopta para sus negocios y su vida. ¿Cómo son esos números? Tú ya lo sabes: 1, 2, 3, 4, 5, y así sucesivamente hasta que decidas detener el conteo. O sea que los números son caracteres que suben en progresión por naturaleza y descifran cantidades. Muy bien; lo mismo sucede con la revelación de Dios.
Dios jamás te da todo de una sola vez. Y no lo hace porque tiene muy buenas razones para no hacerlo. ¿Te imaginas a un hombre casi analfabeto, que de pronto porque a Dios le place, adquiera no solamente conocimiento superior al intelectual más brillante, sino además que lo haga portador de un poder sobrenatural impactante? Pregunto: Suponiendo que sobreviva a ese impacto, ¿Habrá ego humano que soporte eso sin inflarse casi a la medida del que tenía aquel viejo ángel llamado Lucero?
Te queda claro, entonces, tanto la acción como la razón. Dios no nos da todo de una vez porque nuestro espíritu y nuestra mente necesitan de cierta capacidad para articular ciertas cosas. Dios lleva de uno a dos, luego de dos a tres, y así sucesivamente. Por eso te di el ejemplo de los números. Como si fuera un moderno juego de video por pantallas. Hasta que no superas la pantalla 1, no puedes jugar en la 2. Y no se trata nada más que de medir las cosas, sino en ver la progresión de esas cosas.
Y si necesitas otro ejemplo, te pongo mi vida, que es lo más cercano que tengo. Hoy en día yo me siento capaz de articular, descifrar y hasta de discernir algunas cosas del Reino de Dios que, hace diez años, no podía y ni siquiera me daba para imaginarlo. Ni me molesto en pensar qué o cuanto sabré mañana, el mes próximo o el año que viene. Y que esto es así no hay ni puede haber dudas. La iglesia primitiva, sin ir más lejos, comenzó con una explosión espiritual en el Pentecostés, pero en ese momento todavía no tenían claro el misterio de la Gracia de Dios a los gentiles.
Y eso fue lo que sucedió hasta que un día llegó un tal Pablo y allí Dios lo usó a él para revelar y develar ese misterio. Y no fue merced a un estudio bíblico sistemático o por asistir a alguna conferencia sobre teología que lo supo. El mismo Pablo se lo cuenta a los Gálatas confesando que a eso él no lo recibió ni aprendió de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. De allí es que estoy absolutamente en certeza y convencido que debemos tomar en cuenta siempre que Dios es infinito y eterno.
Yo sé que a esto no hay un cristiano que al menos de palabra, lo ignore. Sin embargo, no siempre se tiene en cuenta a la hora de pretender con algo de curiosidad y mucho de presunción, que podamos conocer todo el aspecto de Dios en un solo día. Eso, sencillamente es imposible. Y si me respondes que para Dios no hay nada imposible, te diré que estás en lo cierto, pero tan cierto como es que Dios de ninguna manera está dispuesto a asesinar al hombre que con tanto amor creó. Y créeme que, si le permite conocerlo en su total amplitud en un solo día, eso sería lo que haría con el hombre: matarlo.
Lo que sí se nos está permitido hacer, es progresar en la revelación y en el conocimiento de Él. Y te digo más; Dios tiene la intención de que lo conozcamos íntima y profundamente. Tú ya lo sabes porque lo he enseñado muchas veces. El verbo conocer, en la Biblia, va mucho más allá de tomar contacto con alguien o algo desconocido. En la Biblia, conocer, es sinónimo de tener intimidad. Conocer a Cristo, entonces, no es tener mucha información acerca de Él, sino intimidad suficiente como para saber de antemano o al instante qué piensa de tal o cual cosa o que haría o no haría en otra tal o cual cosa.
Sólo un detalle que no es menor y seguramente te hará pensar: para tener intimidad con algo o con alguien, es obligatorio antes sentir pasión. Tú lo sabes: sin pasión no existe la intimidad. Sin pasión, cualquier cosa que parezca intimidad, es simulación, es fingir lo que no se siente, es hipocresía. Y cuando te digo que esto no es algo menor, sé de lo que te estoy hablando: la falta de pasión por el Señor, es la causa número uno de la frialdad de mucho de lo que llamamos iglesia.
Recuerdo haber cantado en alguna reunión de alguna iglesia a la que asistí, una canción o himno cuya letra decía: “Señor, dame más de ti”. Y ese recuerdo me lleva a pensar que, en más de un momento de mi vida, me he encontrado pensando que quiero más y más, más y más, más de Dios y de Su Palabra. Y he creído relacionarlo con ese salmo que dice que un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas. O sea, he tomado eso de pedirle a Dios que me dé más de Él, como algo profundo que llama a lo profundo.
Sin embargo, en algún momento de mi vida he creído escuchar la voz suave pero firme de mi Padre celestial diciéndome: “Néstor…¿Me dices que quieres que te dé más de mí? Ya te di mi hijo, mi único hijo al que mandé a la cruz por ti, te di a través de su sangre una redención y una salvación que no te merecías porque estabas muerto en tus pecados y tus suciedades mundanas. ¿Y ahora me pides que te dé más de mí? ¿Se puede saber qué más podría darte para que me creas, me ames y me respetes?” Como decimos en Argentina: listo y chau. Yo no tengo agallas para volver a pedirle a Dios que me de algo más de todo lo inmerecido que me regaló. ¿A ti que te parece?
No es casual que Pablo se auto formulara preguntas respecto a cuestiones que nosotros, en nuestra supina ignorancia, suponemos que él debería conocerlas. ¡Es que era Pablo!, decimos. Sí, era Pablo, ¿Y con eso qué? ¿Te olvidas de donde salió el enorme y casi maravilloso Pablo? Salió del tenebroso, asesino, traidor y maldecido Saulo. Nosotros nos olvidamos de eso, y mucho más a la hora de sentir lástima por nosotros mismos porque nos consideramos demasiado sucios como para que Dios nos ame.
¿Jamás vamos a entender que eso nos sucede porque hay “alguien” que nos infiltra ese pensamiento porque no desea que sepamos la auténtica verdad? Por ese motivo es que Pablo solía decirles a los Efesios que ellos iban a ser plenamente capaces de comprender conjuntamente con todos los creyentes, cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura de todo lo que el Reino de Dios encierra, y al mismo tiempo tener la facultad de conocer el amor de Cristo, algo que excede a todo conocimiento. ¿Por qué razón decía eso? Porque era la única manera de que ellos, (en este caso nosotros, tú y yo), seamos llenos de la plenitud de Dios. Nada menos.
Lo cierto es que ya no es ninguna novedad, (Al menos para ti, que, si me estás leyendo o escuchando, es porque eres lo suficientemente maduro para entenderlo), que hay varias dimensiones espirituales, y que, por natural consecuencia, necesitamos crecer en la revelación de ellas, esto es, comprender cuál es su anchura, longitud, profundidad y altura. ¿Y cómo sé yo que una dimensión tiene todas estas cosas? No lo sé, pero si aquí lo dice, ¿Cómo me probarás tú que no las tiene? Reitero el principio: ¿Por qué me pides que yo te de pruebas y argumentos sólidos de que una dimensión tiene anchura, longitud, profundidad y altura y tú no me presentas ninguna que me demuestre que no las tiene?
Es el antiguo dilema de la discusión entre el creyente y el ateo. El creyente dice: “Hay un Dios y yo creo en Él”. Y el ateo refuta: “No hay ningún Dios y yo no creo en Él” Y no conforme con esto, el ateo sigue hablando y dice: “Vamos a ver, si me demuestras que Dios existe, me hago creyente”. A lo que el creyente, sin perder ni un segundo, le responde: “Si tú me demuestras que Dios NO existe, me hago ateo”. Pueden llevar toda una vida discutiendo en ese tono. ¿Qué me dice a mí y te dice a ti eso? Que las cosas de Dios y de su Reino, no son para debatir, discutir o establecer polémicas. Son para creerlas y vivirlas o para no creerlas y perdértelas.
Míralo desde esta óptica. Las dimensiones espirituales conforman un algo que excede a nuestras capacidades de entendimiento. Por inteligente que seas, por más que hayas accedido a una formación de altísimo nivel intelectual y en ese terreno seas considerado poco menos que brillante, no puedes entender lo que es una dimensión espiritual, a menos que el Espíritu Santo acuda en tu auxilio y te lo revele. Claro está que para que eso suceda, tú deberías dejar a un lado tus recursos mentales y depositar toda tu confianza en un Espíritu Santo que no estás viendo. ¡Eso es cosa de locos!, te dirá el mundo secular. Y está bien que ellos lo vean así, ¿O no fue dicho que para el que no cree y se pierde, el evangelio es locura?
Como ejemplo menor de esa incapacidad, voy a compartirte seis ítems en los que es imposible creer o tener entendimiento sin la ayuda del Espíritu Santo de Dios: La Gloria de Dios, la Palabra de Dios, el Propósito de Dios, el Reino de Dios, el Mover del Espíritu y su operación y la Dimensión Espiritual. Aquel que desea que yo crea que sólo habiendo cursado una digna e importante carrera de doctorado en teología es suficiente para entenderlo, rebotará contra un muro de santa incredulidad de mi parte. Y pensará que yo también estoy loco. Y a mí me quedará simplemente darle gracias al Señor por ello. ¡Bendita sea esta locura!
No es mi intención irme por más ramas de las que normalmente me gusta colgarme a la manera de los respetables orangutanes y hacer un estudio profundo y extenso de estos seis elementos que te mencioné, pero al menos permíteme que te sintetice algo de cada uno, porque la conclusión estimo que vale la pena no omitirla. Primero: ¿Quién puede hablar con cierta propiedad y conocimiento de la Gloria de Dios? ¿Acaso un hombrecillo que se infatúa al instante al menor atisbo de algo parecido a una gloria humana, aunque más no sea efímera?
¿No deliran tantas personas por aparecer ante alguna cámara de televisión que esté filmando lo que sea, para poder experimentar la minúscula gloria de que sus amigos o compañeros de trabajo al día siguiente casi le pidan autógrafos porque “lo vieron en la tele”? Soy argentino y de Rosario, exactamente igual que Lionel Messi, el que dicen que es el mejor jugador de fútbol del mundo. Lo conocen en todo el planeta, lo admiran en todo el globo y un ochenta por ciento por ciento daría lo que no tiene por parecerse a él.
¿Tú crees que ese deseo es simplemente para poder pegarle bien a un balón? ¿De verdad piensas que es por eso? Honestamente, yo estoy convencido que quienes desean imitarlo, deliran y sueñan con vivir, aunque sea un día, una hora o un minuto la gloria humana que este muchacho vive cada día… Pensando eso y así, ¿Estamos preparados para entender lo que significa nada menos que la Gloria del Dios Omnipotente, Todopoderoso y Creador de todos los universos conocidos y por conocerse?
Luego tenemos La Palabra de Dios. ¿Cuántas veces hemos oído hablar y nosotros mismos hemos hablado citando a la Palabra de Dios? ¿Cuántos suponen, todavía, que decir Biblia es decir palabra de Dios? Cuidado. La Biblia ES la Palabra de Dios porque ella es la que le da vida y sustento. Pero no toda la Biblia contiene Palabra de Dios, hay mucho texto, historias y aditamentos que fueron añadidos con posterioridad por estudiosos muy nobles y bien intencionados, pero no siempre ungidos. Así es que, más que nunca en esto, se necesita estar guiado por el Espíritu Santo. De otro modo, podríamos tomar como Palabra de Dios, algo que sencillamente nació en la interpretación de un hombre.
Y ya sabes qué es lo que sucede cuando dejamos que nos gobierne una palabra que no es la divina. Conocí a un pastor que estaba convencido que, con sólo leer un par de versículos bíblicos, sus receptores ya estaban recibiendo palabra de Dios. Ese pastor no tenía demasiado conocimiento del Espíritu Santo y su denominación tampoco le permitía ahondar demasiado en ello. De haberlo hecho, se hubiera enterado que Palabra de Dios es un texto bíblico revelado, no un versículo escrito. A veces, van juntos, pero no siempre. Generalmente, esto último es apenas logos. Y lo que bendice es el rhema.
En cuanto a El Propósito de Dios, tengo que confesar que no hace tanto tiempo que lo tengo claro. Hoy, y comienzo por lo que mejor habla de mí, sé que el propósito de Dios es recuperar su Reino y extenderlo hasta el último confín de la tierra, pero hasta no hace demasiado tiempo, yo era uno más de los que suponía que el propósito de Dios era que tú y yo lo reconociéramos, lo aceptáramos como Salvador y Señor de nuestras vidas para de ese modo ser salvos y vivir en la eternidad con Él, Está muy bueno ese pensamiento, pero eso es el Deseo de Dios, no el Propósito.
Yo deseo que todos los cristianos del mundo accedan a mi página Web y a mis redes y reciban lo que el Señor pone en mi corazón para bendecirlos, pero mi propósito es linealmente reforzar el conocimiento y el entendimiento de aquellos que ya han dejado de lado sus primeros pasos y han decidido profundizar en la Palabra y en las riquezas del evangelio. ¿Verdad que suena parecido, pero no es lo mismo?
Con relación al Reino de Dios, es tanto lo que se ha dicho y enseñado casi como verdad absoluta, que parecería innecesario ahondar más en el tema. Sin embargo, mi experiencia en los ambientes cristianos me dice que sí es necesario, porque todavía hay bastante confusión al respecto. Y hasta donde yo sé, la confusión, (Eso se llama Babel), no proviene de Dios ni llega para bendecir a nadie.
Primariamente, muchos pensábamos que ese Reino era un lugar especial y en las alturas, en medio de las nubes, donde al morir iríamos todos los salvos por la sangre de Jesús a pasarlo bien y gastar el tiempo tocando instrumentos de cuerdas, tal como muchos dibujantes de gran imaginación lo pensaron y plasmaron en sus trabajos. Grande fue mi asombro cuando supe que, aunque fuera salvo, mi futuro no estaría sentado en una nube, con una especie de camisón blanco, tocando un instrumento parecido a un laúd.
Tampoco en un cierto lugar geográfico con similitud en botánica y fauna al Edén, sino en una jurisdicción espiritual, que es donde Dios habita, y que incluso hasta podría estar en paralelo a nuestra dimensión visible y terrenal. De hecho, hablar del Reino de Dios como una dimensión espiritual invisible, es incursionar en un asunto en el que todavía una gran parte de cristianos no han conseguido ponerse de acuerdo.
Veamos ahora El Mover del Espíritu y su Operación. ¿De qué estamos hablando? Pues exactamente de eso que hemos leído. No es culpa de Dios ni de su Espíritu que muchos, pero muchísimos cristianos todavía entiendan que esto tiene que ver con monumentales batifondos dentro de un templo. Con gente cantando, danzando, arriba de las sillas o las butacas, gente temblequeando en todo su cuerpo, gente en el piso en profundo éxtasis y todas aquellas manifestaciones corporales y visibles que seguramente habrás visto en muchas ocasiones en alguna iglesia o en tu propia congregación. ¿Estoy negando que eso sea una manifestación del Espíritu Santo?
No, jamás podría negar eso porque me estaría arrogando una autoridad que no tengo para decir qué cosa es del Espíritu y qué cosa es de la carne. Lo que estoy queriendo explicar es que eso, que muy bien puede ser UNA expresión de la presencia del Espíritu Santo en un lugar puntual, no puede ser tomada, entendida y enseñada como LA manifestación del Espíritu, la única. Lo primero es una posibilidad de la que solamente Dios sabe cómo, cuándo y por qué. Lo segundo, un error que ha llevado a que muchos cristianos fieles y sinceros, estén creyendo que, si alguien no tiembla, no ora en lenguas, no grita y no se cae al piso, no ha sido tocado por el Espíritu.
Tengo dos experiencias y creo que sirven como modelo. Estuve en una reunión masiva donde alguien oró por llenura del Espíritu, por un “toque” de su poder y yo, mi esposa y miles de los que allí estábamos, nos desparramamos por el suelo sin poder tener la fuerza necesaria para levantarnos por un buen rato. Hermosa experiencia física y emocional de la que no me canso de dar gracias a Dios por permitírmela vivir.
Pero debo confesar que cuando logré ponerme de pie y retorné a mi casa, al día siguiente, yo seguía siendo el mismo cristiano mediocre que el día anterior había ido a buscar más de Dios. Por el contrario, en otra ocasión y ya no con público, sino en el marco de un grupo reducido, alguien oró específicamente por mí y me profetizó y decretó muchas de las cosas que hoy están en mi vida. No temblé, no me fui al piso, no oré en lenguas ni tuve ataques de risa incontenible.
Pero doy fe que, al día siguiente, algo dentro de mí empezó a operar y desde ese momento me sentí y fui otra persona absolutamente distinta a la anterior. Mi lectura más equilibrada, fue: en la primera experiencia, recibí un toque del Espíritu, pero en la segunda fui lleno de Su bendita presencia. Podría hablar horas y llenar kilómetros de papel con lo que entiendo por ese Mover y esa Operación, pero elegí dar este testimonio porque mi propósito es que esto más que de enseñanza o modelo, sirva de plataforma de lanzamiento para tu maduración espiritual.
Y, finalmente, nos encontramos con La Dimensión Espiritual. ¡Qué inmensa variedad de ideas cunden por la imaginación de las personas cuando hablamos de dimensión espiritual! ¿No es cierto? Para algunos, es una mezcla de pasajes bíblicos entremezclados con rituales paganos que dan origen a una especie de delirio místico que determina que cada interviniente vea santos, ángeles buenos y demonios feroces hasta debajo de su plato de sopa.
Ese es uno de los extremos. En el opuesto, la dimensión espiritual pasa solamente por convertirse en personas que leen sus biblias, acuden a un templo cada fin de semana o cuando son convocados a un culto especial, que oran en público por diversas cuestiones y que no rehúsan participar en la vida política, social y económica de la sociedad, casi sin diferencias mayores con ella.
Luego están los que procuran mantener el equilibrio y toman un poco de lo primero y lo barnizan con la solemnidad de esto último. ¿Quieres que te diga lo que pienso? Son muy pocos los creyentes, (Y no me voy a incluir todavía entre ellos), que tienen alguna idea más o menos aproximada respecto a qué es realmente una dimensión espiritual.
Yo, en lo personal, sigo estudiando, pero estoy cada vez más lejos de los dos polos que termino de mencionar, aunque también me resisto a caer en la mediocridad tibia de un centrismo que es el equivalente a un no te metas o a un no compromiso que no tiene que ser voluntad de Dios que expresemos.
El hombre que conoce estas verdades que he sintetizado, se convierte en una amenaza para las tinieblas. Por ejemplo, si la gloria de Dios se me revela de continuo, da por sentado que seré transformado de continuo, ya que somos transformados de gloria en gloria. Una transformación personal es una puerta abierta para una transformación mundial.
Y a eso, el enemigo le teme mucho más que a nuestras conferencias multitudinarias, a nuestros cultos estruendosos o a nuestras campañas de milagros o liberación de endemoniados. Nadie va a menoscabar esto último, pero tampoco a elevarlo casi por encima de lo que Dios mismo dijo que era. Repito: nadie va a minimizar el poder de Dios, la omnipotencia de Dios, la majestuosidad de Dios ni el deseo de Dios, pero la prioridad la tiene el propósito de Dios, de eso no tengo dudas.
30 – Santas Habilidades
Vamos a ver. Ya sé que en apariencia suena un tanto raro hablar de habilidades cuando de cuestiones espirituales se trata. Deja una sensación de calificativo carnal para algo que no lo es. Sin embargo, sería muy inteligente de nuestra parte, hermanos y amigos de habla hispana, acudir a uno de nuestros diccionarios y consultar el significado gramatical de esa palabra.
Según el que yo consulto, que es bastante completo, Habilidad significa Capacidad, inteligencia y disposición para realizar algo. Y también es lo que se realiza con gracia y destreza. Entonces, la conclusión más sencilla, es: si todas estas cosas que describen a la habilidad indudablemente son talentos naturales de una persona, ¿Cuál sería la diferencia con lo que llamamos los dones? La única diferencia es la condición de aquel que los recibe.
Si quien tiene esas habilidades es un no creyente, lo suyo son talentos naturales que en cualquier momento pueden fallarle o llevarlo a un error. Si quien las tiene, en cambio, es un creyente sólido, esos talentos han sido pasados por la cruz de Cristo y se han convertido en dones irrevocables que funcionarán siempre a la perfección. ¿De acuerdo con esto? Entonces déjame decirte que la Revelación, aunque suene muy mística y cargada de solemnidades, es simplemente una habilidad espiritual que te permite ver lo que una gran mayoría no está viendo.
Pablo trata de explicárselo a los Corintios, cuando en su primera carta les dice que nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu Santo de Dios, y que eso nos permite saber todo lo que Dios nos ha concedido. Cuando lo lees en tu Biblia, suena a una mención más de capítulo y versículo, algo que la iglesia evangélica se encargó de enraizar tanto en sus miembros que, llegado un momento, una gran mayoría se encuentra hablando no ya en un idioma antiguo, bíblico o espiritual, sino directamente conforme a los rudimentos de la traducción de la tradicional Reina Valera.
Eso, eso también es alta religiosidad, aunque muchos de nosotros en alguna etapa de nuestra vida congregacional, la hayamos disfrazado de espiritualidad, conocimiento, entendimiento y adjetivos similares. Y antes que sigamos rindiendo cultos de admiración a aquellos cristianos primitivos, detengámonos a pensar que, si Pablo sintió la necesidad de escribirles esto a los maduros Corintios, tiene que ser indudablemente porque una gran proporción de ellos no lo tenía claro en absoluto. Cuando somos muy bíblicos, corremos ese riesgo: confundir enseñanza primaria con conclusiones profundas.
Lo cierto es que, poseer un Espíritu de Sabiduría, conlleva la consecuencia de tener un alto grado de revelación. Sin revelación, no habrá sabiduría. No, al menos, de la que viene de Dios. Podrá haber una sabiduría terrenal, producto de la educación sistemática de nuestro intelecto, cosa que nadie va a despreciar, pero no de la divina, que es la que no se equivocará jamás.
Y si no entiendes todavía lo que significa ver donde nadie está viendo, imagínate esto: un cuarto inmenso y lleno de tesoros de incalculable valor, pero totalmente oscuro, sin siquiera una minúscula luz que nos permita verlos. Puede que esos tesoros sean muchísimos y de un valor que nos convertiría en multimillonarios, pero si no se enciende una luz, jamás se nos va a revelar lo que allí se encuentra. ¿Soy claro? Bien; ahora imaginemos ese mismo cuarto, pero lleno de serpientes venenosas.
¿Qué tal sería según tu opinión, caminar por un cuarto oscuro lleno de serpientes venenosas? ¿Quién podría discernir el peligro, sino aquel que lo puede ver? ¿Quién podría ver los tesoros, sino el que los ve? La revelación es como la luz que se enciende en ese cuarto oscuro. Nos lleva a ver las verdaderas riquezas espirituales y nos libra del peligro. Nos da la capacidad de ver lo que con nuestros ojos naturales no se puede percibir. La revelación son los ojos de la Iglesia.
Te sugiero que me acompañes en esta parte de este trabajo, con la lectura pausada y entendiendo del segundo capítulo de la Primera carta de Pablo a los Corintios. Hay todo un ensamble allí que es importante señalar y destacar porque eso nos dará mayor enseñanza. Lo primero que el apóstol hace, es mencionar algo muy importante. Les dice que no hemos recibido el espíritu del mundo. Cuidado, no les está diciendo que ese espíritu los ignorará por ser cristianos, no, todo lo contrario.
Querrá seducirlos y captarlos, pero allí es donde les recuerda que lo que han recibido es el Espíritu que proviene de Dios, y dice que eso es con el propósito de saber lo que les ha concedido. Esto es una reiteración de lo que ya te dije anteriormente, pero con un añadido. A renglón seguido, Pablo habla de cosas muy importantes que tienen profunda conexión las unas con las otras.
Lo primero que les muestra, es el carácter de una predicación con demostración de Espíritu y poder. Porque tomar un micrófono, leer un texto bíblico y decir algunas cosas alusivas a él, no es tarea demasiado compleja. Pero predicar el evangelio, con todo lo que eso significa y contando con la ayuda automática del Espíritu Santo y con su poder manifestado y visible, es otra cosa.
Luego hace una referencia a la limitada sabiduría de los hombres, a la que de manera muy clara contrapone con la que él llama sabiduría oculta, que en realidad es la de Dios en misterio. Y allí es donde relata una experiencia personal que, recuerdo, la primera vez que la leí, causó un tremendo impacto en mi flamante concepto espiritual.
Porque si bien yo estaba en condiciones de entender, al menos parcialmente, lo que significaba un ámbito espiritual invisible comparado con el visible que todos los días podíamos incursionar, cuando Pablo dice que el lugar en el que estuvo le hizo vivir cosas que ojo no vio ni oído oyó, a mí se me desmoronó toda la escenografía casi de ciencia ficción que mi mente carnal y terrenal se había fabricado alrededor de lo que comenzaba a creer y a vivir.
En esas primeras noches de desvelo y pensamientos cruzados tantas veces me pregunté qué cosas que ojos no habían visto serían esas y cuales las que ningún oído había oído. No tengo una vista demasiado aguda, pero sé y puedo definir una cosa de la otra con facilidad. Y en cuanto a los sonidos, conozco de música lo suficiente como para cultivar un oído delicado que reacciona de inmediato a un desafino o a un error en los tonos. Pero de ninguna manera lo sentí preparado para escuchar algo que nadie jamás había escuchado en ningún lugar. Eso estaba demasiado alto en su profundidad como para que yo pudiera descifrarlo.
Y en algún momento, él estima que es necesario que les aclare a esos cristianos, que todas las cosas que está hablando les han sido reveladas por el Espíritu. Con eso, no solamente les deja en evidencia que no habla por ideas propias de su mente o de su sabiduría humana, sino que además le permite ingresar en los ámbitos de la profundidad de Dios. Por mi trabajo en radio, solían invitarme a toda clase de congregaciones, de todas las denominaciones por igual.
Eso me permitió ver los dos extremos de este tema. Estaban las más conservadoras, que hacían prácticamente una doctrina especial de la profundidad de Dios, y estaban las más populares, que argumentaban que Dios era muy simple y nadie necesitaba gran cosa para conocerlo. Como prueba irrefutable de que ningún extremismo es bueno, quedó la imagen grabada a fuego de iglesias conservadoras sustentadas por sus riquezas intelectuales, pero sin conocimiento del Espíritu Santo, y de las populares, abarrotadas de ignorancia y fabricando para su consumo diario a un Dios chabacano y ordinario y adjudicándole al Espíritu Santo toda clase de exageraciones carnales.
Esta dicotomía traspasó por años a la iglesia evangélica en general y la fue dividiendo en mil retazos que, por contrapartida casi ridícula, se esmeraban en predicar unidad. Es verdad, sus líderes se reunían un día a la semana y compartían café, mate y galletas, pero eso no era unidad, sino simplemente juntarse. Olvidaron que, en el Pentecostés, los discípulos no sólo estaban todos juntos, sino además unánimes. Y ellos jamás pasaron de estar todos juntos, nada más.
Finalmente, en este relato Pablo termina hablándoles de la procedencia del Espíritu que han recibido, que, dicho sea de paso, es el mismo que tú y yo hemos recibido. Y no voy a reiterar sobre esto lo que ya dije de manera abundante anteriormente. Hablar del Espíritu Santo es hablar de Dios mismo, y cuando un hombre creado e imperfecto se toma el compromiso de hablar de su Dios, si no se esmera en conservar humildad y sometimiento, lo más probable es que se quede irremediablemente corto en todo lo que dice. Porque luego encara con tremenda profundidad y sin merma de conceptos las distancias que existen entre el hombre natural y el hombre espiritual.
De alguna manera, les explica la distancia que hay entre vivir en Adán, conforme a la carne, o vivir en Cristo, conforme al Espíritu. Y lo remata dedicándole tiempo y espacio a lo que él denomina como la mente de Cristo. ¿Tenemos, aunque más no sea una vaga idea de lo que significa pensar, actuar o decidir con la mente de Cristo? Con absoluta honestidad, yo creo que no, que apenas esbozamos algunos conceptos y los ponemos en los púlpitos porque eso nos proporciona prestigio, pero de allí a vivir conforme a esa mente divina, hay un enorme campo.
En suma, este capítulo tiene un sabor de la dimensión espiritual muy elevado. Comienza con una predicación llena de demostración del poder del Espíritu y termina con el hombre espiritual poseyendo la mente de Cristo. Si nosotros comenzamos con una predicación llena de demostración, terminamos desarrollando la mente de Cristo.
La demostración es para confirmar la veracidad del mensaje. Al hacerlo hay intervención sobrenatural de Dios activando una mente espiritual y de conquista; la mente de Cristo. Pero el foco en el que deseo recalar, es el que nos enseña que, sin la intervención sobrenatural del Espíritu Santo, todo esto de que habla Pablo, aunque se nos haya concedido, nunca lo vamos a poder ver. Por eso dice que es para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.
De hecho, hay algo que queda implícito y hasta explícito: lo que no sabemos, no lo vemos. Y lo que no vemos, no se activa. Y lo que no se activa, no se practica, ni se vive, ni se experimenta. Dios nos ha concedido riquezas espirituales que necesitan ser reveladas. Los hijos de Dios son los más ricos del mundo; pero fíjate que no dije millonarios. Somos los verdaderos ricos del mundo, en la habilidad espiritual y las riquezas espirituales.
Pero por causa de la ignorancia (Que es la falta de conocimiento de las riquezas concedidas), muchos caminan como los más miserables del mundo. Ahora entendemos porque Pablo no cesaba de orar y doblar sus rodillas por la Iglesia en Éfeso. Con el propósito que Dios le diera espíritu de sabiduría y revelación en el conocimiento de él (Cristo).
Porque la revelación nos lleva a conocer, y conocimiento (revelado) es poder. Recuerdo a un jefe de una empresa en la que trabajé por casi treinta años, que siempre y ante la menor circunstancia adversa, solía decir: “Querer es poder”. Pero realmente, tú puedes tener un fuerte deseo de querer hacer algo, pero si no tienes el conocimiento específico sobre ello, no puedes. El conocimiento es poder; esto es una ley espiritual que la aprendí con los años. La revelación nos habilita en el conocimiento revelado. Y el conocimiento revelado abre la puerta a lo ilimitado e inimaginable.
Muchos creyentes se conforman con saber que son salvos por gracia y que van al cielo. Creo yo que eso estaría bien si mañana tuvieran la promesa de morir. Pero es algo que no sabemos cuándo va a ocurrir. Una nueva generación se está levantando, con un futuro prominente y glorioso. Debemos de alcanzar la madurez, para que la sabiduría oculta, que es la sabiduría de los maduros, sea revelada a nuestras vidas.
31 – ¿El Entendimiento Tiene Ojos?
Míralo así: ¿Tú crees que en pleno siglo veintiuno, con todo el adelanto tecnológico y científico que existe y es visible en todas las áreas de vida del hombre, a un cristiano que asiste a una iglesia, es necesario recordarle semanalmente que no debe robar, mentir, matar, fornicar o adulterar? Supongo que cualquiera de ustedes, gente madura que me lee, está en este mismo instante moviendo su cabeza en clara señal de negatividad.
Obviamente, tanto los púlpitos de las congregaciones, así sea la más pequeña de todas, como los canales de difusión que apóstoles, profetas, pastores, evangelistas y maestros tienen a su disposición en este tiempo, deberían ocuparse prioritariamente de ahondar en el escudriñado de la Palabra para acceder a las verdades más escondidas que todavía evidencia el evangelio del Reino.
Sin embargo, tú y yo sabemos, porque probablemente lo hemos visto con nuestros propios ojos, y oído con nuestros propios oídos terrenales, en una gran mayoría de casos, todos esos sitios todavía se ocupan y se preocupan por lo que te dije al principio: recordarle a los cristianos que no deben robar, mentir, matar, fornicar o adulterar, entre otros tantos pecados más de los que permanentemente giran sobre esos cristianos tentándolos. La gran pregunta que nos surge, observando esto, es: ¿Por qué sucede eso? La respuesta es tan simple que avergüenza: porque el pueblo de Dios, en su enorme mayoría, todavía no posee el entendimiento suficiente para superar todos esos obstáculos de principiantes.
Cuando Pablo les dice a los Efesios que el Espíritu Santo alumbra los ojos de nuestro entendimiento, para que de ese modo podamos saber cuál es la esperanza real y genuina a la que Él nos ha llamado, lo que está haciendo es reiterar la importancia del espíritu de sabiduría y de revelación. O sea, dicho en palabras concretas, que la revelación es la que alumbra los ojos del entendimiento. Y fíjate que, en ese pequeño retazo de Palabra, el introduce las palabras Conocer o Saber en dos aspectos.
Primero, en la esperanza a la que fuimos llamados. Segundo, en el conocimiento de las riquezas de la gloria de su herencia en los santos. Es decir que, en otras palabras, si no tenemos sabiduría y revelación, nunca conoceremos estas dos cosas. ¿Entiendes ahora por qué debemos en esta altura de los tiempos, seguir repitiendo como una letanía, desde la mayoría de los púlpitos, esas advertencias que fueron escritas para ilustración de los creyentes en sus primeros pasos de este Camino?
Falta de revelación. Falta de sabiduría. Falta de entendimiento. Queda la pregunta que alguien pudo hacerse en el aire: ¿Para qué es necesario conocer todo esto? Por la razón que venimos diciendo. Sin conocimiento, estamos arruinados. El Señor fue quien dijo que su pueblo perece por falta de conocimiento.
A esta altura de las cosas la pregunta, entonces, es: ¿Qué es el Entendimiento? Mira; la palabra entendimiento que aparece en el texto que da origen a todo lo que Pablo les enseña aquí, viene del griego dianoia, que quiere decir: la mente como una facultad para entender, sentir y discernir. El entendimiento es el que separa, distingue y ordena los pensamientos.
Él usa la frase ojos del entendimiento porque el que entiende observa, ve, mira. Dios ya nos ha concedido la esperanza y las riquezas de la gloria de su herencia. Cuando recibimos revelación, entonces, los ojos de nuestro entendimiento son alumbrados y así es como podemos entenderlas, sentirlas y discernirlas.
El entendimiento le permite a la persona ponerse en contacto con el mundo en el que está habitando, como una realidad, captando de ese modo su estructura y su significado. Lo que no entendemos, mientras tanto, carece de significado. Una persona sin entendimiento no entraría en contacto con el mundo como realidad, aunque éste estuviera presente. ¿No has visto a gente así en tu vida diaria?
Lo que estoy queriendo decir es que un creyente sin entendimiento espiritual, no entraría en contacto con el Reino de Dios como realidad. El entendimiento es algo que se afila como las espadas al usarse en combate. Aquí es entonces donde sobresale la importancia de la revelación. Todos los hijos de Dios tienen una capacidad de entendimiento de las cosas espirituales porque Dios se las dio.
Pero no todos tienen el mismo nivel de entendimiento porque, por causa del ejercicio, algunos tienen un nivel de entendimiento más elevados que otros. Está el entendimiento de las cosas del mundo y está el entendimiento de las cosas espirituales. Así como se entra en contacto con el mundo como realidad a través del entendimiento natural, así entramos en contacto con el cielo como realidad por el entendimiento espiritual (Que es la revelación).
¿Qué es lo que llamamos revelación? Llamamos revelación a los ojos del entendimiento alumbrados por el Espíritu Santo, para conocer tres factores básicos de nuestra vida de eternidad: Nuestra esperanza a la que fuimos llamados. Las riquezas de la gloria de la herencia de los santos y a Cristo, como el Rey soberano que gobierna nuestras vidas.
Dice el autor de la carta a los Hebreos que no hay cosa creada que no sea manifiesta en la presencia de Dios; y que esas cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. Pienso y creo fielmente que, en este fluir espontáneo y sin estructuras ni metodologías, necesitamos entender la diferencia entre revelación, fe y conocimiento.
Las tres están entrelazadas, pero no son lo mismo. Una, nos lleva a la otra. La revelación es desvelar lo oculto, quitar el velo y manifestar lo que no se había visto. La fe, mientras tanto, es creer lo que no se ve en convicción y certeza firme de corazón. Y, finalmente, es saber la existencia de algo, sea visible o invisible. ¿Cómo funcionan estos tres elementos en el Reino? En primer lugar, Dios conoce, nos manda a creer y nos otorga revelación.
Dios no necesita creer algo que él ya sabe, porque la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Dios todo lo sabe, cómo el ser Omnisciente que es. Todas las cosas están abiertas y desnudas a sus ojos. Somos nosotros lo que necesitamos creer lo que no vemos, pero que Dios ya sabe. Dios nos manda a creer lo que Él ya sabe, pero que nosotros no vemos. Es por esto que tenemos que cuidarnos de la fe basado en el conocimiento.
Te doy otro ejemplo: tienes un vaso de cristal lleno de agua y se lo muestras a alguien para que lo vea. Le muestras el vaso de cristal con agua hasta al tope. Luego lo cubres con un manto oscuro y le dices: “Aquí tengo un vaso lleno de dólares”. Entonces le haces la pregunta: ¿Cuántos creen que aquí hay un vaso lleno de dólares? Nadie lo creería, porque acabaron de “ver” el vaso lleno de agua antes que lo cubrieras. Bueno, esta es una fe basada en el conocimiento.
La gente dice no creo por lo que ve y conoce. Muchos creen por lo que ven y conocen. Basan su fe en lo que conocen y no en el poder ilimitado de Dios. Dios dice en Jeremías que Él sabe los planes que tiene para nosotros. Es decir que Él conoce los planes, así que ahora nos toca a nosotros creer lo que no vemos, pero que Dios ya sabe. Ahora bien, ¿Cómo se conecta la revelación con estos dos elementos (Conocer y fe)?
La revelación nos deja ver en el espíritu lo que Dios ya sabe y agita poderosamente toda la estructura de nuestra fe; la catapulta a otro nivel. Cuando hay revelación suben los niveles de fe. Dios sabe que hay una vida eterna para los que creen. Nos la revela a través de su Espíritu en Cristo Jesús. Esta revelación eleva la fe, de lo que Dios ya sabe. ¿Puedes entenderlo, o la enredé con palabrerío humano?
32 – Un Paseo por La Biblia
Ahora bien, de acuerdo; la Sabiduría es uno de los siete espíritus que conforman el carácter de Dios, pero ¿Qué dice la Biblia a lo largo de su contexto respecto a ella? No siempre lo mismo, la menciona de distinta manera. En Génesis, la mujer recién creada entiende que la sabiduría se alcanza. En Éxodo, que podemos ser llenos de ese espíritu, que Dios puede ponerlo en alguien, que el corazón nos puede impulsar en ella, y que Dios puede darlo.
Deuteronomio dice que la sabiduría es nuestra. Samuel muestra que nuestra sabiduría puede compararse a la de un ángel de Dios. En los Reyes se dice que la sabiduría tiene medida, que puede ser mayor o menor la que alguien tiene con respecto a otro. Que alguien puede verla manifestada en otra persona. Que puede oírse. Que puede excederse en su medida.
En Crónicas dice que se pide. Que tiene y muestra su grandeza. Job dice que se adquiere. Que tiene secretos. Que se puede morir. Que puede ser vana. Que puede limitarse. Que se enseña. Que se halla. Que es mejor que las piedras preciosas. Que se mueve, viene. Que se declara. Que tiene fuerza. El Salmo dice que se comprende, que se trae al corazón y que es un principio.
En el libro de los Proverbios, que es donde más encontramos esta palabra, quizás por la incidencia de la participación de Salomón, dice que se entiende, que clama, es sana, es un camino, es una persona, edifica casa, la guardan, recrea, se produce, pone una corona, reposa, adorna, se esparce, es una fuente. En Eclesiastés, también obra de Salomón, crece, sobrepasa la necedad, fortalece, se aleja, es provechosa.
Isaías, en su libro, dice que se engrandece, reina, y se desvanece. Jeremías, por su parte, añade que extiende los cielos y afirma el mundo. Ezequiel dice que es hermosa, pero que también se corrompe. Lucas, en su evangelio, dice que es justificada por los hijos. El libro de los Hechos, que es irresistible.
Pablo, a los Romanos, les dice que es una riqueza. Santiago 3:17 completo porque vale la pena: Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia, de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.
¿Te lo resumo una vez más para que lo memorices? La sabiduría divina se alcanza, podemos ser llenos, Dios puede ponerla, se la puede impulsar, Dios puede darla, es nuestra, se puede comparar a la de un ángel, puede ser de mayor o menor volumen, podemos verla, puede oírse, excederse, se pide, tiene grandeza, tiene secretos, se adquiere, puede morir, ser vana, limitarse, se enseña, se halla, es mejor que las piedras preciosas, se declara, tiene fuerza, se comprende, se trae al corazón, es un principio que forma parte de un diseño.
Se entiende, clama, es sana, es un camino, es una persona, es una casa, la guardan, recrea nuestras vidas, se produce, tiene corona, reposa, adorna una vida, se esparce, es una fuente, se engrandece, reina, extiende los cielos, afirma el mundo, es hermosa, es justificada por los hijos, es irresistible, tiene riqueza, es pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia, de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. ¿Necesitarás algo más para utilizarla con victoria? Si, ejercitarla en la vida común, la de todos los días.
33 – ¿La Vemos Desde lo Terrenal…?
La Vemos. ¿Por dónde comienzo? Funcionando en modo pirámide, podría hacerlo empezando desde abajo, desde la base hacia arriba, (Eso sería hablar de la sabiduría para utilizarla en el plano familiar, con tu cónyuge, tus hijos, padres, hermanos de sangre, etc.) o hacerlo desde el extremo superior hacia abajo. En este caso, debería hablar de la sabiduría del creyente, aplicada a la vida diaria de tu país, de tu patria, del lugar en donde Dios decidió que debías nacer.
Porque pensar y creer que nacemos en un lugar del planeta por simple casualidad, entiendo que es faltarle el respeto a la propia sabiduría de Dios, su concepto de Eterno, Todopoderoso y Omnipotente. Si hemos sido creados por un Dios así, es imposible que las cosas sucedan porque sí, por simple inercia o algo tan inexplicable como eso. O sea: tú has nacido allí, en ese lugar en el que ahora habitas, porque probablemente tengas una misión que cumplir para el Reino de Dios justamente allí, en lo que hoy llamas Mi patria.
Debe ser por esa razón que sentí vivamente la carga espiritual de desarrollar este fragmento desde arriba hacia abajo; desde lo máximo que tenemos como seres humanos en esta tierra, que es el lugar donde vivimos. Porque me fue mostrado que, si no somos capaces de dejar un sello vigoroso y poderoso de la presencia de Dios en nuestras vidas en nuestra nación, muy difícilmente podemos tener demasiadas aspiraciones en cuanto a la nación de Dios. Salvos somos y seremos, porque no es eso lo que está en discusión.
El trabajo para el Reino se cumplirá o no, conforme a lo que hayamos entendido y oído de parte del Espíritu Santo de Dios. Y eso, en el mejor de los casos, que, habiéndolo escuchado, hayamos resuelto obedecer sus órdenes, algo que no es la mayoría de cristianos la que hoy lo está haciendo. Nací en Argentina, esta es mi patria terrenal. MI trabajo para el Reino de Dios, es extenderlo, y a eso de la única manera que podría lograrlo, es viendo a Argentina, al menos en su gran mayoría, rendirse a los pies de Cristo. Por ahora, no estoy cumpliendo con mi misión personal, pero seguiré firme en la brecha.
En la etapa en donde todavía asistíamos con mi familia a una iglesia convencional, se nos decía que, para conquistar a Rosario, que es mi ciudad de residencia, para Cristo, y luego extenderlo a el resto del país, la mecánica adecuada era que, en cada ocasión que había campañas de evangelización, yo debía invitar a mis amigos, o conocidos no creyentes, a que vinieran a participar de ellas y orar para que el evangelista designado fuera usado para su conversión. No voy a decirte ahora que eso fuera malo, porque en ese tiempo y momento ninguno de nosotros, incluidos los líderes, podíamos verlo de otro modo, pero si puedo asegurarte que no rindió los frutos que se esperaban.
Es muy cierto que esas prácticas lograron que muchos hombres y mujeres que hasta allí profesaban un Catolicismo Romano insulso y casi sin participación activa, decidieran seguir a Jesús y pasara a congregarse en iglesias evangélicas de diversas denominaciones que cada vez fueron aumentando más en número y en cantidad de miembros. A eso, se lo tomó como una victoria espiritual, que en parte lo fue, pero que al final del camino, se convirtió en lo último que cada creyente genuino hubiera deseado: ser una religión más de las tantas existentes.
He contado en algunos de mis libros, que lo primero que oí sobre la existencia de Dios y Jesús, fue por boca de mi abuela materna. Era católica romana practicante y muy comprometida con lo que consideraba como SU iglesia. Obviamente y como no podía ser de otro modo, conjuntamente con Dios y Jesús, me presentaron a María, la venerada virgen, a todos los santos autorizados a serlo, con cada uno siendo patrono de algo puntual y a los ángeles, como niños rubios pequeños, desnudos y con alas y algunos con un arco y una flecha para ligar a los enamorados. Allí nació esa expresión relacionada con que, cuando alguien se enamora, todavía le llaman “flechazo”.
Ese fue mi bautismo “espiritual”. Iba a algunas misas con mi abuela y, por gestión de ella, cursé la enseñanza inicial obligatoria, llamada “el catecismo”, para poder ser autorizado a tomar “la primera comunión”, que es un ritual que todavía cumplimentan niños y niñas entre siete a diez años de edad, y donde ingieren por primera vez una hostia, que es un círculo hecho de agua y harina que se disuelve en la boca y representa supuestamente al pan como cuerpo de Cristo.
Desde mi infantil comprensión de las cosas, hice todo eso porque creí con sinceridad en todo lo que me enseñaron como verdad absoluta. Nadie en mi país discutía que la Iglesia Católica Apostólica Romana era la representante y casi dueña de Dios y todo lo que de ella salía, no se cuestionaba ni se ponía en duda.
De hecho, hasta hace muy pocos años, para ser elegido presidente de mi país, el candidato debía probar ser Católico Apostólico Romano, y reconocer al papado del Vaticano como su autoridad espiritual infalible. La iglesia, a través de sus dignatarios más importantes, controlaban sus regiones llamadas diócesis con mano de hierro, y designaban a sacerdotes aventajados y encumbrados en los estratos sociales y políticos internos, a ministros de Educación a nivel de país y de cada una de las provincias, y de ese modo en las escuelas primarias iniciales.
Por tanto, era normal tener clases de educación religiosa y establecer el cumplimiento de ciertas reglas morales que nadie discutía ni debatía, pero que, en honor a la verdad, a escondidas eran muy pocos los que las respetaban, incluidos los ministros en cuestión. Esa panacea singular que durante muchísimos años vivió el catolicismo, empezó a tambalear y devenirse en debilidad cuando la iglesia evangélica tradicional, a través de su interpretación de la Biblia y el aspecto externo de credibilidad que emanaba de sus líderes, comenzó a socavar esa enseñanza llena de idolatrías y las convirtió en un acto de conversión a Cristo que traspasaba a un viejo católico en un nuevo nacimiento a un cristiano de fe y sin rituales paganos.
Yo fui uno de los que, simplemente leyendo la Biblia, caí en la cuenta que de ninguna manera el catolicismo romano representaba al Dios en el cual yo creía, y mucho menos era la propietaria de todo lo que le pertenecía. Así fue que, escuchar lo que decía esa Biblia que todos conocíamos pero que ninguno habíamos leído, fue toda una aventura, porque dentro del catolicismo, (Y la mejor prueba era mi abuela), se sostenía y se creía fielmente que aquellos que leían la Biblia se volvían locos. Yo no me volví loco, pero mi vida hizo un cambio de ciento ochenta grados simplemente por creer que Jesús era mi Salvador, aceptar su sacrificio en la cruz por mis pecados y decretarlo como Señor de mi vida.
Conjuntamente con el entendimiento del fraude espiritual en el que había estado viviendo, acepté que la iglesia evangélica era la que verdaderamente creía, representaba y mostraba al Dios verdadero. Y allí fui a militar. Todavía la sabiduría de Dios, uno de sus espíritus gloriosos, no moraba en mí, porque ese cambio de lugar de adoración me duró apenas quince años, hasta que me fue revelado que la iglesia evangélica también estaba comenzando a caer en el mismo error del catolicismo: creer que era la única que representaba a Dios y arrogarse su propiedad para tomar decisiones de todo nivel.
Nadie podrá entender ni imaginarse el grado de profunda libertad que experimenté cuando me afirmé con todas mis fuerzas en mi fe, en la oración y en la lectura de la Palabra, pero me liberé y desligué de toda la pompa religiosa que, durante toda mi vida, con diversidad de matices, me había acompañado. Pude ver a un Dios cercano, íntimo si yo lo buscaba, misericordioso, leal y poderoso, sin el riesgo de convertirlo en un dictador agrio, cruel y severo al punto de asesinar a sus propios soldados por cuestiones menores. Ese es el Dios que le gusta a Satanás que creamos, porque él sabe que, a corto o mediano plazo, nos sentiremos decepcionados y sencillamente nos iremos del Camino en búsqueda de una libertad para la cual hemos sido creado.
Lo que mucha gente todavía no entendió, es que vivir en libertad sin Cristo, es caer irremediablemente en el libertinaje satánico. No hay grises en esto, o recoges con Él, o desparramas. Creo que una de las cosas que favoreció mi uso equilibrado de esa libertad, fue el haber sido entrenado para la tarea periodística de ese tiempo, en el que el periodismo era sólo el vocero equilibrado e imparcial de todos aquellos que no tenían voz audible de ser escuchada y no un grupo de mercenarios a sueldo de los poderosos que mejor oferta realizan, como lo es en su gran mayoría hoy. ¿Se nota mucho que no me siento orgulloso en absoluto de mi antigua profesión?
Y entonces, a favor de una llamativa y preocupante falta de sabiduría divina, el enemigo echó raíces en nuestras naciones a partir de la estrategia más antigua que esgrime y que tan buenos resultados le ha dado: la división. División es eso, Di-visión: dos visiones distintas para un mismo tema. Lo que para el cielo es pecado, para el infierno es diversión. Lo que para el cielo es negro, para el infierno es blanco. Y tú le crees al que mejores argumentos te entrega. Sólo un problema: el cielo no tiene argumentos, el cielo tiene una Verdad que es Cristo, y tú eres quien decides si le crees o no. Esa es la primera dualidad en la visión. Esa es la primera división.
Luego, y ya en el ambiente netamente terrenal, los personeros de las tinieblas crearon las antinomias. Si a unos les gustaba la lluvia, la amaban y casi adoraban, a los otros no les gustaba y la aborrecían y la defenestraban. Lluvistas y anti lluvistas. Eso se infiltró en la iglesia primitiva. Jesús sanó a un ciego untando sus ojos con barro hecho con tierra mezclada con su saliva. Pero luego sanó a otro ciego simplemente ordenándole que recuperara la visión.
Aquí hubo teólogos muy fariseos que se opusieron porque, aseguraron, si no untaba los ojos con barro no podía sanar. Barristas y anti barristas. Bueno, en ese tono tan grotesco de dividirse, alguien pensó la brecha que separaría a todo un planeta: creó la izquierda y la derecha. O el comunismo y el fascismo. Y a partir de allí, medio planeta odió al otro medio por esa causa.
¿Tienes una mínima idea respecto a las guerras y millones de hombres, mujeres y niños muertos en ellas, por causa de la defensa ideológica de pensamientos, filosofías y argumentos que luego, al ser ejecutados por hombres imperfectos y hasta corruptos, llegan a parecerse los unos a los otros, independientemente del color que digan profesar? Eso logró Satanás casi en el planeta entero. Y donde eso no está en ese tono, está en alguno parecido.
En mi país no sucede con la derecha y la izquierda, sucede con el peronismo, una fuerza ideológica supuestamente intermedia creada por un viejo general del ejército que prendió en las clases más carenciadas y todavía hoy, cuando ya no muestra casi nada de aquella primaria “tercera posición”, divide a mi patria en peronistas y anti peronistas. ¿Conclusión? Argentina, un país maravilloso que tiene de todo para ser rico y potente, es un permanente intercambio de corrupciones, fraudes, mentiras y otras similitudes, y todo en nombre de esas falsas ideologías que no llevaron ni llevarán jamás a nadie a buen destino.
Observa el mundo y sus sistemas de gobierno y dime de un país donde realmente exista esa panacea llamada felicidad, paz, progreso y gente feliz. Puede que exista alguno pequeño, con personas no demasiado ambiciosas, que se conformen con lo que tienen y lo logren, pero mayoritariamente, formamos parte de un mundo cuyos reinos terrenales matan y mueren en defensa de dudosas ideas que son el simple barniz con el que tapan y disfrazan sus intereses sectoriales, materiales, económicos y de poder. Y eso sin hablar del otro invento satánico que han sido y siguen siendo ciertas logias que todos conocemos, que todos mencionamos, pero que muy pocos se atreven a investigar porque no le extrañaría a nadie que hasta les pueda costar la vida hacerlo.
Bueno; en ese panorama lleno de incertidumbres y dudas, está el llamado pueblo de Dios. En el país que se te ocurra, en la nación que sea, en la región que elijas. ¿Y qué hace el pueblo santo con todo este andamiaje estratégico que el infierno ha logrado incorporar a su vida cotidiana? Hace todo lo que puedas imaginarte, pero menos imitar a Jesús. Los que pretenden meter a la figura de Jesús en la ideología de izquierda, aseguran que Él vino a cambiar su sociedad y a liberarla del yugo romano.
Los que insisten con meterlo en el otro extremo ideológico, lo proyectan de un modo opuesto. Con ayuda a los pobres, pero con respaldo a los poderes dominantes. Un Jesús de izquierda y un Jesús de derecha. Los medios de comunicación, sostenidos por grandes corporaciones que ponen todo su dinero detrás de sus objetivos, se han encargado de difundirlo como mejor encaja a sus intereses. Esa es la ideología, hoy, del cristiano medio.
¿Puede un creyente simpatizar con una ideología que propone matrimonio homosexual, aborto libre y libertad sexual matizada por consumo adictivo para reforzarlo todo? No, no puede. Eso es, en gran medida, la izquierda. ¿Puede un creyente simpatizar con una ideología que conlleva cierta explotación al trabajo honesto y que muestra una iglesia rica pero compuesta por gente pobre? No, no puede. Eso, en grandes rasgos, la derecha.
Obviamente que los ultras capacitados politicólogos preparados con alta sabiduría humana van a salirme al cruce y a tratarme de ignorante por la pequeñez de mis argumentos, pero les digo que no me interesa. No les discuto sus opiniones, pero me afirmo en lo que digo a partir no ya de ninguna forma de sabiduría humana, sino en la única que es confiable por donde la mires, la divina. Y esa, a través de Salomón, me recomendó que no me inclinara ni a izquierda ni a derecha, y que mi pensamiento fuera recto.
¿Y qué cosa es un pensamiento recto? Es como una línea trazada de un punto a otro sin desviarse ni dar curva alguna. Tú, yo, nosotros, cada uno de los miles de creyentes, somos el punto de partida de esa línea. El otro punto, el de llegada, es Jesucristo. Si vivimos nuestros días con nuestros ojos espirituales y terrenales fijos en Él, no podemos cometer errores ni equivocarnos, no al menos en las cuestiones de fondo. Y créeme que aportar nuestra sabiduría divina al derrotero de nuestros países de residencia, no sería algo menor. Pero a eso sólo podemos lograrlo con victoria si lo hacemos al modo Jesús.
Y el modo Jesús nos muestra que, si bien alternó con los ricos y poderosos de su tiempo, y hasta compartió mesa con ellos, no los eligió por sobre la gente pobre que formaba parte del vulgo. Todo lo contrario. A estos últimos se acercó, compartió con ellos un pedazo de pan y estuvo en sus casas pobres hablando del Reino al cual representaba.
¿Se unió con ellos para derrumbar el poder de los poderosos? No. Él no vino a cambiar gobiernos humanos, Él vino a cambiar el corazón del hombre y ayudarlo a nacer de nuevo. Ese es el modo Jesús, no afiliarse a un partido político y llevar al poder máximo a alguien que luego hará desastres de los que seremos cómplices. ¿No has visto de esto, a tu alrededor? ¿Estoy exagerando?
La Sabiduría divina, ese espíritu que forma parte de la esencia de nuestro Dios, es un suave y delicado equilibrio entre el conocimiento y la unción. Si te excedes en el conocimiento, terminas siendo un cristiano intelectual que, en cualquier momento, cansado de cuestionar a sus maestros o líderes, se atreverá a cuestionar a Dios mismo.
Si te excedes en la búsqueda de la unción, correrás el riesgo que el enemigo te engañe con alguna imitación al tono y te conviertas en un cristiano súper místico que puede terminar siendo víctima de sus propios delirios. Como puedes observar, aquí también está implantada la famosa división, rotulada con el eufemismo de Antinomia y, aunque nos pese reconocerlo, convengamos que por el momento parecería estar dándole buenos resultados al reino de las tinieblas.
Ejemplos de esto en nuestra vida cotidiana, hay tantos que podríamos perdernos en la ruta de buscarlos. Derecha vs Izquierda, en lo ideológico. Blancos vs. Negros, en lo racial. Pregunto: ¿Cómo luciría físicamente Jesús, siendo habitante de ese lugar del mundo? No lo sé, la Biblia no lo dice, pero rubio, alto y de ojos celestes como el Robert Powell de la película de Franco Zefirelli, seguramente que no. Ricos vs. Pobres, en lo clasista. Mujeres vs. Hombres, en lo referente al antiguo machismo y su rival actual, el feminismo.
Los llamados juegos clásicos en el fútbol internacional: Barcelona vs. Real Madrid, en España, Manchester United vs. Manchester City en Reino Unido, el Newells Olds Boys de Lionel Messi versus el Rosario Central de Angel Di María en mi ciudad de Rosario, el River Plate vs. El Boca Juniors, en la Argentina global y así indefinidamente por cada país, ciudad o poblado que guste de esta disciplina. Rivalidades deportivas llevadas a la antinomia total y nacional. Muy difícilmente los unos celebrarán una victoria internacional de los otros, aun siendo de un mismo país, y así en todo lo demás. La gran pregunta, entonces, es: ¿Cómo se comportará un creyente en estas instancias?
Como se comportó Jesús en su tiempo y en el plano social en el que le tocó moverse. ¿Jesús fue pro Imperio Romano? No. Alternó con ellos sin demostrarles odio ni rencor, pero no fue su aliado. De hecho, Poncio Pilatos íntimamente deseaba salvarlo de la muerte, pero el propio pueblo al que Jesús pertenecía no se lo permitió. Entonces, ¿Jesús fue anti romano? No, tampoco. Alternó con las clases más desposeídas y seguramente oyó sus quejas y lamentos por causa de la opresión de ese gobierno, pero eso no lo constituyó en un líder revolucionario.
Él jamás encabezó ninguna manifestación contraria al imperio ni participó de reuniones conspirativas como en las que sí participaba aquel Barrabás, a quien el pueblo decidió salvar de la cruz en lugar de hacerlo con Jesús. Porque a Jesús, por si todavía no te queda claro, no lo crucificó el imperio romano, lo envió a la cruz el Sanedrín, expresión estructural religiosa de su tiempo. O sea: Al Hijo de Dios hecho hombre, lo envió a la muerte un grupo de hombres que se arrogaban ser representantes del Dios Padre de ese condenado. ¿Te suena familiar? Guerra espiritual en su máxima esencia. Hoy no es muy distinto.
Pero resulta ser que no pocos cristianos me han dicho a mí, que eso es manejarse con excesiva comodidad y falta de compromiso. Que como hijos de Dios debemos involucrarnos en las cosas terrenales y llevar la visión de Dios a ellas. ¡Ah, sí! ¿Eh? ¿Podrás darme hoy algún modelo concreto y puntual, en algún lugar del planeta, de eso que piensas y que verdaderamente funcione y que no sólo haya servido para que miembros de iglesias cristianas accedan a cargos importantes con salarios importantes?
Puede existir algo así, no lo dudo, pero no lo conozco, no me consta. Lo que sí conozco y me consta, son cristianos evangélicos participando activamente en la política ideológica y estructural de sus países, aportando un enorme caudal de votos para erigir figura máxima a un hombre casi elevado al nivel de profeta moderno, y luego siendo partícipes necesarios por complicidad manifiesta de hechos que avergonzarían a un niño por su corrupción y malicia.
De eso sí he visto, y ha terminado por reafirmar la postura convencional que me dice que, si no voy a seguir a Cristo, cualquier cosa con la que lo reemplace, terminará en más destrucción. Y no sólo de la economía o la sociedad de un país, sino también de la credibilidad que los llamados hijos de Dios hayan tenido en esos lugares. Porque si la iglesia cristiana acompañara a alguien que resulta ser corrupto, será muy complicado mostrarla a la gente sin mancha ni arruga.
O sea que, si eso fue un plan satánico, aceptemos que le ha salido brillante y hasta ahora más que vencedor. Y es una verdadera pena, porque los que creemos en el Dios de todo poder, sabemos que armas nos sobran para vencerlos y no permitirles arruinar la tierra que habitamos. A mí no me interesa quien gobierna en Argentina. Me interesa que Argentina, el lugar en donde Dios me hizo nacer, no sea gobernada por el reino de tinieblas y tenga un futuro digno para mis hijos, nietos y el resto del pueblo del Señor en esta tierra.
El asunto es cómo lo consigo a eso, sin otra ayuda que el cielo. Así como termino de expresarlo, porque con ayuda del cielo, no es necesaria ninguna más de ninguna otra procedencia, calidad o jerarquía. Cuando llegan las elecciones para las más altas posiciones de gobierno en mi país, yo debo clavar mis rodillas y clamar a mi Padre para que me otorgue sabiduría para elegir si no a un hombre que lo represente de verdad si lo hubiera, al menos a uno que no represente al infierno.
Pero a eso tengo que hacerlo yo, individualmente, cada miembro de mi familia, individualmente sin otro interlocutor que el Señor mismo. A cada uno el Espíritu Santo le dirá qué hacer y qué NO hacer. De ninguna manera aceptar sin cuestionamientos lo que diga el líder de una congregación. No por desconfianza o mala independencia, sino porque no puedo elegir yo algo que no le convendrá al país en el que vivo, sino al líder que me lo propone con calidad de orden a la cual debo sujetarme. A eso, aquí en Argentina, ya lo vivimos. Y no funcionó. Al menos para los creyentes rasos, más arriba, no lo sé.
Sabiduría divina, entonces, no es aliarse con un dictador, sea de derecha o izquierda, que lo único que hizo es prometer dádivas a los evangélicos porque no le gustan los católicos. Sabiduría es elegir lo que tienes paz para elegir, resultes ganador o no. Después de todo, ya lo sabes: la iglesia genuina, ES gobierno, no depende de un gobierno humano. Y es gobierno desde sus rodillas, no desde sus contubernios secretos. La política es originalmente sucia e inescrupulosa.
El creyente puede cambiar eso y convertirlo en algo sano y transparente, pero eso sólo puede ocurrir si es figura principal. Si se encolumna detrás de gente no creyente, pero con cierta trayectoria política, lo único que conseguirá es contaminarse con la corrupción ajena o, lo peor, terminar siendo más delincuente que el mayor de los delincuentes de guante blanco que haya. El cristiano no tiene vedado incursionar en la política ni en ninguna otra actividad secular, pero no puede formar parte de ninguna de ellas simplemente por sus nombres.
No existe tal cosa como un partido político cristiano. De haber sido esa la voluntad de Dios, el primero en fundar uno hubiera sido Jesús. Existen cristianos metidos en la política, que es otra cosa muy distinta. No existe música cristiana, existen cristianos haciendo música. Toma un tema musical compuesto por un no creyente y ponle letra cristiana, ¿Crees que esa será música ungida? No, y todos lo sabemos, aunque por allí miremos para otro lado cuando sucede cerca nuestro.
Música cristiana y ungida para nuestro Dios, sólo puede ser el fruto de la creación de un hombre o una mujer ungidos que la compuso para glorificar al Señor y no para vender muchos discos y ganar dinero y fama con eso. Y lo mismo es válido para cualquier otra actividad. No se trata de comportarnos como una secta, se trata de establecer parámetros claros dentro de los que solamente van a poder subsistir los creyentes genuinos. De los otros, creo que ya los sufrimos bastante.
Finalmente, y porque este espacio reservado al espíritu de Sabiduría que debe imperar en todo miembro del Reino, hay que dejar algo muy en claro aunque decirlo cueste feroces oposiciones, fantasías conspirativas o barbaridades parecidas. La Democracia, sistema gubernamental que existe en la mayor parte de las naciones del planeta, no formó parte del diseño de Dios para este mundo.
La democracia nació en los ambientes de una Grecia no siempre afecta a la figura del cristianismo. No te olvides que el término cristianos no deriva de nuestra cultura de fe en el evangelio divino, sino que fue una expresión de burla que algunos griegos destinaron a aquellos hombres que pelearon y murieron para sostenerlo.
De todos modos, no debemos alarmarnos demasiado por esto, porque si demos cracias es la traducción de gobierno del pueblo, esa misma cantidad de naciones que la tienen como sistema adquirido, no la han respetado ni dan muestras de respetarla en lo venidero. No nos queda otra que preguntarle a Dios en oración qué es lo que Él quiere para cada lugar del mundo en el que habitamos. Porque ten por seguro que tampoco es partidario de teocracias, ni aristocracias, ni nada que incluya el pensamiento griego. Demasiado daño nos ha hecho ese pensamiento en nuestros dos mil y tantos años de historia.
Entonces…a seguir escudriñando y sumándole experiencias y aspectos a los vericuetos que la sabiduría divina tiene cuando debe ser manifestada en la tierra. Actuar con sabiduría humana siempre estará muy bien visto en casi todos los órdenes de cualquier sociedad, pero intentar hacerlo mediante sabiduría de Dios, ya tendrá seguramente más detractores y opositores que defensores. Y no siempre por causa de la propia sabiduría, a la que nadie se atrevería a cuestionar, sino por causa de los hombres que deben manifestarla.
Partamos de una base que no siempre hemos examinado con precisión o a conciencia. ¿No decimos de manera permanente que formamos parte, también los creyentes, de una sociedad en la que debemos no sólo insertarnos, sino también y además, ser sal y luz? Eso estaría muy bueno, si no fuese que estamos reconociendo algo que, según la propia Palabra de Dios, es contraproducente al grado de convertirse en pecaminoso. Si somos socios del mundo secular en el gobierno del planeta, estamos en yugo desigual.
No debemos tener temor a plantar nuestras rodillas en el duro suelo de las vicisitudes y pedirle al mismo Dios de ayer, hoy y siempre, la misma Sabiduría que en su momento pidieron hombres de alto relieve en la historia del evangelio. Si se la otorgó a Salomón, a Moisés y a David, siendo que cada uno de ellos tenían muchos puntos no demasiado claros en cuanto a sus conductas, ¿Qué menos hará con cada uno de nosotros, si es que se lo pedimos con la tranquilidad de hacerlo para el bien del Reino y no para el nuestro personal?
De hecho, no es solamente con sabiduría que este mundo cambiará sus cosas más complejas y se convertirá en un lugar digno de ser habitado por los hijos de Dios, eso es una realidad indiscutible. Pero no menos discutible será que, sin sabiduría, y como quiera que sean nuestros talentos y capacidades, será imposible llevarlo a buen puerto. Y Dios no nos puso en esta tierra para que se la arruinemos, sino para que la bendigamos y logremos que Su Nombre sea glorificado por todos.
34 – Espíritu de Inteligencia
Isaías 11: 2 = Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová
Cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, algunos sí, otros no, ha estado o está, ahora mismo, congregando junto a otros creyentes en algún sitio de los llamados iglesias, aunque todos saben que la iglesia no es un lugar físico, sino la suma de representantes de Dios en la tierra. Conforme a mi experiencia personal, y a pesar de haber estado relacionado con una congregación de las llamadas conservadoras, con gente intelectualmente muy preparada, con muchos profesionales de distintas áreas como miembros, igualmente me atrevo hacerte una pregunta de la que yo ya tengo respuesta clara: ¿Cuántos cristianos realmente inteligentes has conocido en tu vida? Y, conforme a tu respuesta, la otra: ¿Esos cristianos inteligentes eran mayoría en tu congregación?
No me digas nada. Voy a hablar del tercero de los siete espíritus de Dios, el de Inteligencia, y espero que el contenido de lo que escriba y diga, te sea de iluminación primero, de revelación después y de bendición para toda tu vida, finalmente. La inteligencia, conforme a las diferentes experiencias probadas y comprobadas en distintas áreas grupales, es el arte de discernir, discriminar, entender y diferenciar las cosas.
Allí es donde a ti, seguramente como yo, bombardeados por los medios de comunicación con respecto al tremendo pecado de discriminación ambiente, te preguntas y me preguntas: ¿Discriminación, Néstor? ¿Está seguro? Sí, estoy seguro. Porque en sí misma, y por fuera de los usos y costumbres del marco social secular en el que te toca vivir, la palabra discriminar no es mala ni pecaminosa.
Puede ser malo, es muy cierto, cuando la usamos para castigar, censurar, estigmatizar o marginar a personas de cualquier nivel, ya sea en lo social, como en lo racial, étnico, orientación sexual, etc. De esto se ha visto tanto que, reitero, los medios de comunicación, sobre enfatizando los errores, han creado una conciencia masiva sobre la palabra discriminación, que no es la correcta. Y te digo por qué. Si tú tienes que elegir entre lo malo y lo bueno, sea en el asunto que sea, estás ejerciendo discriminación.
Y eso, como podrás imaginarte, no es ni malo ni negativo, todo lo contrario. Si el Espíritu Santo te guía a hacer alianza con otro creyente, pero no te permite hacerlo con un tercero, no vas a cuestionar su mandato, aunque, en lo práctico, está discriminando. ¿Entonces, Dios discrimina? No necesariamente, pero el hombre y su tendencia natural al pecado, hace una especie de auto discriminación consigo mismo. Para Dios lo blanco es blanco y lo negro, negro. El gris no existe,
Hay un texto en el Antiguo Testamento que, de alguna manera, reafirma y confirma esto que termino de decirte. Es donde Dios le cuenta a Moisés que se ha ocupado de un hombre llamado Bezaleel, y que lo ha llenado de Su Espíritu, de sabiduría y de inteligencia. Y añade que eso este buen Bezaleel podrá usarlo en las ciencias y en las artes, así como también para inventar diseños, que no es algo menor, para trabajar en oro, plata y bronca y ser artífice de obras en piedras de valor y en madera.
Y concluye aclarando que todos esos dones con que ha favorecido a este hombre, le habrán de ser útiles para cualquier clase de trabajo. Creo que aquí tienes más que claros los pormenores que darán a luz a un gran artista de cualquier rubro, a un científico de alto nivel, a un arquitecto o, incluso, a un enorme artesano.
Primera pregunta directa: El día que descubriste que tenías alto talento para…lo que sea, ¿Entendiste que era algo que Dios te había dado sin merecimiento alguno de tu parte, o te arrogaste toda la gloria para ti mismo? De tu respuesta dependen muchas cosas futuras en tu vida. Indudablemente, la inteligencia es necesaria para cada paso que damos.
Y -voy a aclararlo como corresponde-, no se trata de un talento natural, como a muchos les gusta catalogarlo, sino como un don de Dios, otorgado a su máxima creación, el hombre, sencillamente para su beneficio personal durante el tiempo que dure su estadía en la tierra. Mal que le pese a Dios mismo y su Amor y Misericordia, el hombre ha utilizado esos dones en incontables ocasiones para perjudicar a otros hombres y, en casos, hasta para atacar a la propia creación de Dios, a sus criaturas y, si se ensoberbece demasiado, a Dios mismo.
Hay registros concretos del momento en que se le da a David, aun siendo rey muy joven, pero rey al fin, un alto nivel de entendimiento y de prudencia. Y se le dice que eso es para que cuando gobierne, lo haga siendo leal a la Palabra de Dios, que por ese entonces se conocía como “la ley”. No sé cuántos cristianos tienen entendimiento para las cosas más profundas, es mi oración que sea en la mayoría.
Pero sí sé que la prudencia, no siempre es nuestro mayor potencial. Sucede que nos vamos a los extremos. O no la guardamos y perdemos terreno por ir donde Dios no nos manda, o no ir donde sí nos envía, o la guardamos en exceso y se convierte en pusilanimidad o directamente en cobardía.
A lo largo de mi derrotero eclesiástico, y en algunos momentos formando parte de áreas de su liderazgo, te confieso que he visto dentro de lo que llamamos la iglesia, mucha más cobardía, especialmente en hombres, que la que puede verse en el mundo secular. Y no me refiero ni a machismos caducos ni a autoritarismos mediocres, me refiero a la suficiente valentía como para comportarte como un hijo del Dios Altísimo y no como un cristianito de segunda categoría social.
Convengamos que tanto entendimiento de las cosas como prudencia especial para ejecutarlas, tienen que ver directamente con la inteligencia. Eso es puntualmente lo que David recibió. Y luego Salomón. Y más tarde Jesús. Y en este tiempo Su Cuerpo en la tierra, que somos tú y yo, además de los miles o millones que nos preceden y acompañan.
35 – Desde el Infinito…
Si has leído el libro de Job y has entendido lo que fue su vida, ya sabrás que, a pesar de todo, en lo personal estuvo muy lejos de ser un dechado de virtudes. Sufrió, pagó y fue recompensado, pero lo que jamás le faltó, fue palabra de guía, de asesoramiento. Por ejemplo, le dijeron que solamente con Dios estaba la sabiduría, el poder, el consejo y la inteligencia.
Pese a todo lo que estaba viviendo en su carne, él lo creyó, y eso le permitió decir en un momento dado que el temor del Señor era la sabiduría y el apartarse del mal, la inteligencia. Parecen lindas palabras sueltas, pero contienen una enorme verdad ungida y genuina. Es lo que casi en el final de su derrotero, lo lleva a decir que verdaderamente hay espíritu en el hombre, pero que solamente el soplo divino del Omnipotente es el que logra que el hombre lo entienda.
Queda absolutamente claro, entonces, que la sabiduría y el poder de Dios, son patrimonios inclaudicables de todos los creyentes. Y cuando digo de todos, estoy significado y queriendo decir exactamente eso que leíste u oíste: de todos. Lo único que cada uno de nosotros tiene que hacer respecto a estos dones, es tomarlos y activarlos por fe. Asimismo, el atinado consejo y la inteligencia para llevar a cabo las distintas estrategias, también son patrimonio del pueblo santo.
Una vez más queda establecido que, tanto la sabiduría como la inteligencia, tienen su cuna en el temor a Dios, y su testimonio viviente es el apartarse de toda clase de mal. No existe tal cosa como alguien que, incursionando en lo malo de forma visible, pretenda ser reconocido como inteligente. Como periodista, en algunas ocasiones la policía me ha dicho que a tal o cual delincuente no lo pueden apresar porque es muy inteligente. En lo formal y superficial, puede ser así, pero en lo de fondo, disiento: si fuera realmente inteligente, no sería un delincuente. Porque la inteligencia no es patrimonio cultural, sino el soplo de Dios en la vida de los hombres.
No es casual ni producto de la inclinación poética de los salmistas, que estos escritos tan antiguos hablan respecto a que, mientras la sabiduría es sinónimo de temor o reverencia a Dios, el entendimiento, es sinónimo de inteligencia. Esto tiene que ver directamente con el cumplimiento de los mandamientos más importantes que emanan del cielo. Añaden que la grandeza del Señor y su poder, no tienen ni principio ni fin, son eternos, y, por lo tanto, infinitos.
Indudablemente, los creyentes pretendemos conocer al Dios que amamos y adoramos, pero no podemos ni siquiera imaginarnos lo que significa esa palabra que mencioné: infinito. Nada para el hombre es infinito, todo tiene una conclusión, incluida su propia vida. Por lo tanto, un entendimiento infinito, es una clase y calidad de inteligencia desconocida para toda la raza humana, pero a la cual por medio de la unción y la plenitud del Espíritu Santo puede acceder con sólo creerlo posible.
Pregunto: si eres o has sido un creyente mediano como lo he sido yo, ¿Cuántas veces recuerdas que te hayan dicho, enseñado o predicado que al que cree, TODO le es posible? Yo no las contabilicé, pero sin caer en ningún “argentinismo”, (Somos famosos por ser exagerados en todo), puedo asegurarte que no menos de treinta o cuarenta veces. Muy bien: ¿Lo creí y lo puse por obra de inmediato?
No, durante mucho tiempo lo acepté como bueno y lo creí como posible, pero siempre pensando que eso era para otros, pero que para mí no sabía si me iba a funcionar. El arma satánica desplegada en mi contra, funcionó de maravillas y me tuvo prisionero de la incredulidad religiosa durante muchos años. Gracias a Dios y a su maravilloso poder, logré salir de allí, Pero la pelea sigue, porque todavía quedan muchos que todavía no salieron, ya lo sabes.
36 – Luchador Infatigable
Dice Salomón en sus Proverbios que Dios da la sabiduría como si fuera una parte de su misma esencia, pero que también brinda conocimiento e inteligencia, aunque en este caso a partir de la revelación de su Palabra, esto es, de lo que dice su boca poderosa. Y como parte de su propia experiencia en esas áreas, dice luego que fue usando esa sabiduría con la que Dios fundó nada menos que la tierra donde todos habitamos, con su esencia, con ese elemento invisible pero real. Pero añade, -y esto es tremendo en su inmensidad-, que con su inteligencia afirmó, que es como decir que consolidó, que fundamentó, que plantó, nada menos que los cielos.
No EL cielo, sino LOS cielos. Todos. Por eso, cuando leemos que de la boca de Dios viene el conocimiento, no estamos hablando de que de pronto escuchemos una voz potente que nos dice qué hacer o qué no hacer. Mucho cuidado con este pensamiento porque todos sabemos que hay muchas voces que vienen del mundo sobrenatural, y que no podemos escuchar, ni mucho menos creerle, a todas. Los demonios también hablan. El mayor poder de la serpiente antigua hoy devenida en dragón, quedo dicho, está en su boca. Así que será cuestión de nutrirnos de su palabra y de ese modo engrosar nuestra capacidad ejecutora mediante dones y regalos que Dios nos brinda para hacer mejor nuestro trabajo.
Por eso me gusta mucho leer Isaías. Creo que una tonelada de años antes que sucedieran las cosas más importantes, él ya hablaba de ellas. Por eso tiene valor cuando dice que Dios creó los confines de la tierra. ¿Alguno de nosotros, simples hombrecitos con nuestros pies atados a la tierra, tiene la más mínima idea de lo que significa el confín de la tierra? Lo leemos, lo repetimos, lo mencionamos en nuestras brillantes predicaciones y hasta nos permitimos la arrogancia de enseñarlo con versículos paralelos y todo, pero…
¿Saber de qué se trata hablar del confín de un planeta, o del universo mismo? Creo que ni siquiera vale la pena seguir leyendo a Isaías que, por las dudas, nos aclara que ese Dios no se cansa ni desfallece ante alguna adversidad y, mucho menos, deja de exhibir un entendimiento de tal calibre y nivel que es imposible que ser alguno pueda alcanzarlo. Aunque todavía existan ciertos imbéciles que pretendan hacernos creer que sí.
Alguna vez alguien me dijo con mucho criterio que Dios era lo que Dios era, y no necesariamente lo que los hombres solemos decir y hasta enseñar que es. Porque independientemente de todos los estudios bíblicos que los teólogos quieran sostener, cada hombre o mujer hacen de Dios un personaje acorde a su imaginación. Y te puedo añadir algo más que no te sonará raro ni fantasioso. También están los que hacen de Dios una figura apta para comprender, aceptar, justificar y hasta respaldar sus fechorías.
Con esto estoy diciendo que no es casual ni esporádico que cada persona fabrique un Dios a su medida, o a la medida de sus propias y hasta íntimas necesidades. O que opten por tomar figura de sus padres carnales. Por eso existen formas de un Dios severo, permisivo, buenísimo, cruel, castigador y todas aquellas particularidades que los hombres en su rol de padres, pueden poseer.
Lo cierto es que estamos hablando de ese Dios llamado Jehová, en una mezcla de nombres que de ninguna manera terminan de presentarlo con el real, que es como quiera que se traduzca en cada idioma: Yo Soy el que Soy. Ese Dios, creador eterno de todos los confines de la tierra, el que no le ha pedido ayuda a nadie para crear todo lo creado, que no se fatiga jamás, y que posee una inteligencia decididamente superior a todo lo conocido.
Y que no son precisamente la mayoría de nosotros, sus hijos, los que procuramos imitarlo, sino que en muchos casos optamos, por lo contrario, y eso nos hace aparecer ante la sociedad en la que habitamos, como un grupo de tontos que no sabe ni expresarse. Eso, queramos o no, ofende la inteligencia del Dios que nos creó. Y digo: ¿A ese Dios pretenden algunos estudiar, analizar, evaluar y hasta cuestionar? ¡Pobre hombrecillo inepto y vanidoso! El mismo Jeremías lo describe cuando declara que fue el que puso orden en el mundo. Me atrevo a añadir que volverá a ponerlo en cualquier momento. Como decimos por aquí…un día de estos…
37 – ¿Somos Sus Oyentes?
Tú lees o escuchas esto y piensas: ¿Qué onda es esto de la inteligencia cristiana, es algo nuevo? Sí, tan nuevo es, que ya se lo trataba en la antigua Babilonia. No en esta de hoy, que es una fantochada humanista con pretensión de imitar a la iglesia genuina, sino aquella donde reinaba Nabucodonosor, y donde dice que a esos cuatro muchachos que él tomó de rehenes, Daniel y sus tres compañeros, supongo que los recuerdas, Dios les dio conocimiento e inteligencia.
Y añade algo que para la época no era algo menor. Dice que les dio eso en todas las letras y ciencias. ¿Entendiste bien lo que leíste o escuchaste? Conocimiento e inteligencia EN TODAS las letras y ciencias. ¿Alcanza tu mente finita a analizar lo que realmente significa tener conocimiento e inteligencia en todo lo que tuviera que ver con las letras y las ciencias? Es difícil. Por esa razón fue que Daniel tuvo entendimiento para toda forma de sueños y visiones. No fue un milagro casual y temporario, fue un proceso.
Tanto que hablamos de la diferencia entre dones y talentos, y hasta hemos enseñado casi con valor doctrinal que una cosa son los talentos naturales y otra muy diferente los dones que Dios regala a sus hijos. No es necesariamente así. Aquí creo que queda reflejado con absoluta claridad que los llamados talentos naturales, esto es: los que sin ser creyentes traemos casi desde la cuna, tal como el conocimiento intelectual y la inteligencia, también proceden de Dios.
Dice aquí que Dios fue quien se los dio a Daniel y a los demás. Pero luego añade, y creo que ya desde el plano estrictamente espiritual, que Dios también le otorga a Daniel la facultad y habilidad de tener visiones proféticas, interpretar los sueños de otras personas y tener el suficiente entendimiento espiritual, no intelectual, para descifrar sus mensajes.
Dicen los relatos que cuando Jesús hablaba, la gente se maravillaba de su inteligencia y de sus respuestas. Jamás fariseo alguno logró confundirlo ni hacerlo decir algo que se pudiera considerar como blasfemia o herejía. Cuenta Lucas que Jesús sabía muy bien siempre lo que iba a decir, que jamás improvisaba, aunque todo su mensaje era espontáneo y sin formalismos religiosos a los que la mayoría estaban acostumbrados.
La palabra que en el Nuevo Testamento se traduce como inteligencia, es la palabra sunesis. Literalmente significa “poner junto”, por tanto, rapidez de aprehensión, es decir, facultad crítica para una clara aprehensión, o sea, para valorar inteligentemente una situación cualquiera. Lo que hoy llamamos velocidad mental, es el más claro sinónimo de inteligencia. Este término ha sufrido tergiversaciones indeseables, ya que se ha terminado llamando inteligente a un delincuente sagaz para cometer una fechoría.
Asimismo, se usan dos palabras para traducir entendimiento: phronesis y sunesis. La phronesis actúa, mientras que la sunesis juzga. Phronesis representa el lado práctico de la mente, en tanto sunesis el lado que analiza y discierne. Convengamos que el Jesús del cual estamos hablando en este texto, es un niño de apenas doce años, que, como todos sus congéneres, había sido llevado al templo con la finalidad de presentarlo e iniciar su vida de adulto, tal como era la costumbre tradicional de ese tiempo.
Pero se suponía que él podía sentarse con los maestros de la ley para escuchar atentamente lo que ellos decían y aprender sus primeros rudimentos de la religión. Lo que no se comprendía del todo, y maravillaba a quienes eran testigos, era que, en lugar de ser oyente, Jesús ya era exponente, y que los que oían y aprendían de él, eran los que supuestamente debían enseñarle. De esto es lo que Pablo le habla a su discípulo Timoteo, cuando le dice que considere lo que le dice y que el Señor le de entendimiento en todo.
38 – Cualidades Incomprensibles
Juan nos dice que sabemos que Dios ha venido y nos ha dado entendimiento, porque eso es lo que nos ha permitido conocer al que es verdadero, a su Hijo Jesucristo. Y lo que él describe aquí, a su modo y a su manera, además de hacerlo conforme al idioma de su tiempo, es lo que hoy nosotros conocemos con el término de Certeza. Curiosamente, esta es una palabra imposible de explicar de manera técnica o racional. Porque todos los que tenemos o hemos tenido certeza de algo o de alguien, seguramente vamos a coincidir en que lo más cercano a una explicación del significado de Certeza, sería algo así como “yo sé que sé, que sé y que sé, pero no sé explicar cómo y por qué es que lo sé”. De ese entendimiento se está hablando aquí.
Porque con un entendimiento humano, secular, intelectual y literal, es imposible determinar que Jesucristo es Dios. Una doctrina probablemente se pueda memorizar y repetir, pero una concepción de vida eterna y la seguridad plena de que eso es así, sólo puede lograrse con la guía y ayuda del Espíritu Santo, y eso es total y absolutamente imposible de reseñar o explicar con concreta expresión humana.
Pablo se lo resume a los Colosenses cuando les dice que desde el día que oyó eso no ha cesado de orar por ellos, y de pedir que sean llenos del conocimiento de la voluntad de ese Dios, en toda sabiduría posible y en toda inteligencia espiritual. Nota que el apóstol lo deja más que en claro al principio. No está hablando de inteligencia humana, como producto de una formación o una capacitación académica o técnica, que él la tenía y en gran escala, sino de otra forma de inteligencia, desconocida para una gran mayoría y símbolo de locura mística para los que creen serlo en mayor medida.
De todo este maravilloso compendio de precisión qué Pablo elabora acerca de las bondades del evangelio de Jesucristo, podemos rescatar algo que no siempre se nos ha enseñado, y que sin embargo está a la vista desde siempre: hay una inteligencia de nivel espiritual que está muy por encima de la meramente intelectual que es la que más conocemos y a la que normalmente veneramos. Entre esa inteligencia y los más conocidos dones del Espíritu Santo, hay algunas diferencias que tal vez debamos examinar.
Los dones del Espíritu Santo son como iluminaciones o “toques” especiales que nos da el mismo Espíritu para que podamos penetrar en algunos de los “rincones” esenciales para nuestra santidad. Su cometido fundamental es entender a Jesucristo. No son dones abstractos ni especulativos, ni lejanos… Los dones del Espíritu vienen a enseñarnos quién es Jesucristo y nos llevan a una relación personal con Jesucristo y por Él con el Padre.
Se define este espíritu de Inteligencia como un hábito sobrenatural infundido por la Gracia, por el cual la inteligencia del hombre, bajo la acción iluminadora del Espíritu Santo, se hace apta para una penetrante intuición de las verdades reveladas especulativas y prácticas y hasta las naturales en orden al fin sobrenatural. Te lo digo un poco más sencillo y sin tanta palabrería profunda. Este espíritu es, en la práctica, un don de conocimiento y nos hace conocer a Jesucristo en la línea de la verdad. Nos lo hace conocer “desde adentro”, íntimamente: El nombre de entendimiento implica un conocimiento íntimo.
Entender significa, en efecto, algo como leer dentro de algo o alguien. ¿Podremos con nuestras mentes humanas llegar a entender realmente lo que esto significa? Los hombres entendemos las cosas por la inteligencia, pero nuestra inteligencia es racional, o sea que pasa deductivamente de una cosa a la otra: “dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis…” dice la canción de los niños… Así funciona nuestra razón, por partes, distinguiendo, comparando.
Nuestra razón natural necesita distinguir para entender. El Espíritu Santo cuando viene con el espíritu de Inteligencia no viene con ese método racional, sino que viene de una manera más parecida al conocimiento del cielo. Porque en el cielo el conocimiento es intuitivo, se ve directamente a Dios “tal cual es” diría Pablo.
Y no veremos por nosotros mismos, sino por “especies divinas” es decir por algo que nos dará Dios. Las cosas nos serán evidentes, sin necesidad de distinguir ni comparar, sino que conoceremos todo intuitivamente -es decir en su conjunto- porque conocernos todo en Dios. En esta vida el espíritu de Inteligencia funciona de modo semejante y nos hace conocer así, aunque según nuestra capacidad humana, a Dios, a sus misterios y a las creaturas.
Un hermoso ejemplo del espíritu de Inteligencia es Tomás, el apóstol incrédulo, cuando vio al Resucitado después de no haber creído a los otros discípulos. Cuando vio al Señor sin discurrir ni analizar, sino de golpe, entendió todo, y por eso dijo: “Señor mío y Dios mío” como un signo de que había entendido profundamente en el misterio de Jesucristo. Este espíritu nos da una gracia especial para descubrir el sentido oculto de las Escrituras.
Muchas veces nos pasa que, leyendo la Biblia, especialmente en oración, sentimos algo nuevo en un texto leído muchas veces. Eso se llama Inteligencia divina, que nos da luces para conocer una presencia viva y novedosa de Dios. También puede pasarnos con una canción, con una lectura, una predicación… Cualquier cosa que sintamos que haga que “se nos abren los ojos” como les pasó los discípulos de Emaús que, cuando el Desconocido partió el pan, ahí lo reconocieron por la acción de ese espíritu.
O a la Magdalena que habla con el cuidador de la huerta en el sepulcro de Jesús sin reconocerlo. Pero cuando el Señor le dijo “María” ella recibió Inteligencia y entendió todo: le respondió “Raboní” y se tiró a los pies del Resucitado. Muchas veces no tenemos tiempo de ponernos a reflexionar en lo que somos y tenemos, pero es importante hacerlo de vez en cuando, pues si no conocemos los dones que Dios nos ha dado, ¿Cómo vamos a poder usarlos, aprovecharlos y, entonces, vivir mejor? Tenemos que conocer todo lo que Dios nos ha dado como personas, para poder aprovecharlo positivamente. Dios le dio a la persona humana cuatro cualidades que lo hacen semejante a Él y superior al resto de las criaturas: Inteligencia, Voluntad, Libertad y Capacidad de amar.
39 – Estampas de Trascendencia
La inteligencia es la capacidad que tiene el hombre para pensar, para buscar y hallar la verdad a través de la mente y la razón. Gracias a esta capacidad, el hombre puede entender y aprender, imaginar y memorizar, puede hacer grandes descubrimientos e inventar cosas maravillosas, puede mejorar el mundo, pero lo más importante es que, gracias a su inteligencia, el hombre puede llegar a conocer la verdad. Conocer la verdad significa que aquello que pensamos coincide con lo que realmente es o sucede. Por ejemplo: Si vemos un burro y pensamos: «aquello que veo es un burro», estamos en la verdad. Pero si somos medio miopes y, viendo un burro, pensamos que lo que vemos es un caballo, entonces nuestra miopía engaña a nuestra inteligencia y la aleja de la verdad.
La verdad de si era burro o caballo, puede ser intrascendente en nuestra vida (A nadie van a matar por confundir un burro por un caballo), pero hay verdades que son muy importantes de conocer porque afectan a toda nuestra vida. Son las verdades que llamamos «trascendentes» y que responden a las preguntas: ¿Por qué estoy vivo? ¿Quién me dio la vida? ¿Por qué me la dio? ¿Qué quiere de mí? ¿Por qué voy a morir si deseo vivir? ¿Por qué existe el mal en el mundo? ¿Por qué existe el sufrimiento, si yo quiero ser feliz? La inteligencia nos hace capaces de conocer estas verdades trascendentes, pero sólo las descubriremos si empleamos tiempo y nuestra inteligencia en ello: pensando, estudiando, preguntando. En cambio, si nos pasamos la vida pensando en si fue burro o caballo lo que vimos, no descubriremos nada que sea trascendente para nuestra vida.
El hombre no sólo piensa, sino también «quiere». Es decir, el hombre busca aquello que le atrae. La voluntad es la capacidad que tiene el hombre para «moverse» hacia un bien que desea. La voluntad busca siempre un bien que ha sido pensado y prestando a ella anteriormente por la inteligencia. La voluntad se mueve para alcanzar la felicidad que la inteligencia piensa que le dará tener el bien deseado. Dios nos creó con una voluntad para que sea absoluta propiedad nuestra. Él jamás nos impondrá nada. Por eso el infierno, a través de la hechicería, procura hacerse dueño de nuestra voluntad y doblegarla para sus fines de destrucción. Y así como hay verdades y verdades, también hay quereres y quereres: el «querer comer un chocolate en este momento» es un querer intrascendente, pero el «querer ser feliz eternamente», es un querer que puede afectar todos nuestros pensamientos y acciones.
La libertad es la capacidad que tiene el hombre para actuar o no actuar, para hacer eso o aquello, de acuerdo con su inteligencia y voluntad. Es la capacidad que tiene el hombre para escoger, para decidir entre dos o más bienes. Al ser el hombre libre, se convierte en responsable de sus acciones; es decir, él tiene que responder por lo que hace o dice y se le pueden pedir cuentas de lo que hace o dice. A un animal no se le puede exigir lo mismo. Un lobo, por ejemplo, no se da cuenta de lo que hace cuando mata una oveja, simplemente tiene hambre y actúa. En cambio, el hombre puede tener hambre y escoger libremente comer o no comer. Y volvemos a lo mismo.
Así como hay verdades y Verdades, y así como hay quereres y Quereres, también hay decisiones y Decisiones. Por ejemplo: No me afectará en nada si decidí libremente ponerme la camisa blanca en lugar de la azul para ir a una reunión, pero puedo «dar al traste» toda mi vida si decido libremente casarme con la persona equivocada y puedo estropear toda mi eternidad si decido libremente buscar el mal en lugar del bien. Una decisión importante tomada «sin pensar», «al aventón», al «a ver qué sale», nos puede acarrear muchos problemas en esta vida y en la futura. Una decisión importante necesita que se piense bien y que sea revisado lo que la voluntad quiere. Podemos hablar de tres áreas en las que actúa la libertad del hombre:
- a) Libertad física o de movimiento. Es la libertad para moverse de un lugar a otro. Te puedes cambiar de silla, levantarte e ir y venir por todo el lugar donde te encuentres, puedes rascarte la cabeza o mantener cruzados los brazos. No hay nada ni nadie que te lo impida. Tienes libertad física.
- b) Libertad de acción. Es la libertad de querer o elegir cualquier cosa o acto. Puedes, saliendo de donde ahora te encuentras, decidir comprarte un dulce, o puedes ahorrar ese dinero para los útiles de la escuela. Puedes despedirte de quienes estaban contigo o salir en silencio. Puedes.
- c) Libertad moral. Es la que elige entre el bien y el mal. Por ejemplo: Decidí no tomar más alcohol porque quiero dejar de sentirme mal y de hacer daño a mi familia.
Pero la libertad no es «hacer lo que uno quiera», porque existen leyes (Naturales y humanas) que deben respetarse para poder vivir en paz con nosotros mismos y con todos los demás. Imagínate qué sucedería si tratáramos de no respetar la ley natural de la gravedad (Que es la que hace que se caigan los objetos), y decidiéramos lanzarnos desde un quinto piso… ¡Moriríamos estrellados contra el suelo! De la misma manera, imagínate que no quisiéramos obedecer las leyes humanas del respeto a la propiedad privada…
Yo, por lo pronto, agarraría la lapicera de un señor y me quedaría con la camisa de ese otro y con los zapatos de aquél, «porque me gustaron». ¡La vida en comunidad sería un desastre! Por lo tanto, aunque seamos libres, totalmente libres, esto no nos da el derecho de hacer cuanto nos venga en gana. Alguien de peso dijo alguna vez: Hagan buen uso de su libertad, para que, con base en la verdad, puedan lograr realmente cosas buenas.
40 – Amar; Esa Capacidad…
La inteligencia, la voluntad y la libertad actúan siempre juntas: La inteligencia hace que el hombre descubra un bien (Algo bueno, o que parece bueno). La voluntad mueve al hombre para que busque y consiga ese bien descubierto por la inteligencia. La libertad le permite al hombre decidir si se mueve o no se mueve con su voluntad para alcanzar el bien que ha descubierto la inteligencia, pues hay que tener presente que la voluntad del ser humano, como es libre, puede elegir actuar en contra de algunos datos ofrecidos por la inteligencia.
Así, por ejemplo ¿No hemos bebido agua alguna vez sin la seguridad de que sea potable al estar presionados por una fuerte sed? O ¿No hemos renunciado a un dinero que nos atraía para fines razonables para dárselo a quien lo necesitaba? Algo más que nos hace diferentes y superiores al resto de los seres la Creación (animales, aves, etc.) es nuestra capacidad de amar que es debido a nuestra libertad, pues una criatura que no es libre no puede amar, ni pecar (Que es falta de amor).
La capacidad de amar es la capacidad inteligente, voluntaria y libre de darse uno mismo al prójimo, de entregarse totalmente a los demás sin poner condiciones. Los animales no pueden amar; sólo se da en ellos la atracción sexual, pero eso no es amor. El amor de pareja incluye en alto grado a la sexualidad, pero no es la necesidad prioritaria. Si en algún caso lo fuera, entonces habrá que realizar un auto examen y ver si lo que hay es amor o solamente necesidad sexual.
El enemigo es un artista en hacerlas confundir, pero el cielo ha sido claro y contundente. El amor del ser humano puede ser de diferentes tipos: filial (A los padres y a Dios), fraternal (A los amigos o hermanos), esponsal (Al cónyuge) o humanitario (A todos los hombres). Cada uno de estos amores tiene diferentes manifestaciones, pero se caracterizan todos por la entrega total y desinteresada de la persona al otro. El amor es un sentimiento, pero además es también un acto de la inteligencia, de la voluntad y de la libertad.
No se ama porque se siente amor hacia una persona, sino que se ama porque se quiere amar a esa persona. Amar es desear para el amado lo mejor de todo, no para tu satisfacción personal sino para la de él y ayudarle a conseguirlo. Aquí no acaba el egoísmo sino sólo la generosidad. Amar, pues, es darse al otro sin esperar nada a cambio. Tomemos como ejemplo el amor de Dios por nosotros: Él se entrega todo por nosotros en cada momento.
Nos da la vida, la Creación maravillosa, su vida divina, hasta a su propio Hijo nos lo entregó por amor. Y no tiene por qué hacerlo, Él es perfecto, infinito, omnipotente… ¿Qué interés puede tener para ti su amor por mí, por cada uno? Él ama a todos con igual amor. Si alguno de ustedes se siente poco amado por Dios, el problema no está en Dios sino en ustedes. El amor de Dios es como la luz del sol. El sol brilla siempre, pero si yo me volteo de espaldas o cierro la persiana, no entra la luz del sol, pero por mi responsabilidad, no por la del sol (Corro la cortina), que siga brillando.
41 – Diferencias Sustanciales
Recuerdo que cuando era niño, en la escuela solían elogiarme por algunas cosas que hacía bastante bien, tales como leer o escribir, recitar poemas o actuar en las obras de teatro infantil. Lo que más escuchaba al respecto (Y obviamente me lo creía) fue que era muy inteligente. Supongo que a muchos les habrá ocurrido algo parecido. Y a eso deberíamos sumarle, por ejemplo, la rotulación de inteligencia para mucha gente que ha llegado a una buena vejez y recoge halagos por su sabiduría. Debo decir que de todo hay una realidad y una falsedad.
Porque si conocemos profundamente el significado de ambas palabras, inteligencia y sabiduría, veremos qué hay diferencias sustanciales con respecto a una persona. Yo puedo decir categóricamente que un hombre sabio, sólo es aquel hombre que depende de Dios. Sin embargo, un hombre inteligente puede ser cualquiera que posea habilidades naturales, también dadas por Dios, pero a toda Su Creación, para ejercer una tarea o estudio con destreza y la capacidad para ejecutarla, aunque ésta no sea perfecta. Quiero exponerte a continuación, las similitudes y diferencias.
Conozcamos ahora al hombre inteligente, pero sin sabiduría. – Puede tener habilidades extremas en muchas actividades de la vida cotidiana. Puede ser una persona estudiosa con conocimiento adquirido. Un profesional respetado. (Ingeniero, abogado, poeta, músico, médico, etc.) Normalmente una persona inteligente puede funcionar por su razonamiento en todo lo que hace. Es emprendedor y trata de obtener sus metas trazadas de acuerdo con su pensamiento.
Su pensamiento está programado en la prosperidad social que ha de alcanzar, y su satisfacción es alcanzarla. Puede dirigir en su conocimiento si sus características personales lo permiten. Puede aprender métodos y técnicas o todo lo que encuentre a mano para relacionarse con los demás. De los hombres inteligentes hay mucho que hablar. Poseen características especiales, pero la más importante es su personalidad interior. Ahí es donde comenzamos a entrar en el mundo de la sabiduría que veremos más adelante.
Un hombre inteligente puedes ser tú mismo, porque todos somos inteligentes en algún área de las que llamamos capacidades naturales. Tú puedes ser un gran escultor, un gran cantante o un gran conductor de taxi. Todos tenemos destrezas en diferentes áreas del conocimiento humano. Por ejemplo: un obrero de la construcción que se dedica a este trabajo rudo tendrá mayor destreza en esa área que otra persona que sea escritora. Pero la inteligencia de ambos radica en hacer cada uno su labor.
Aún más, el escritor no se ha dedicado al trabajo rudo, pero lo puede hacer y tener destreza para hacerlo, y el trabajador rudo puede ser un excelente escritor también. Para muchas personas hay confusión en cuanto a tareas que el hombre realiza y su inteligencia. La inteligencia del hombre depende de su naturaleza y no de lo que hace, por lo que concordamos en que todos los hombres son inteligentes, La inteligencia depende del pensamiento humano y el deseo de ejercer su capacidad al máximo en lo que hace (La capacidad aumenta con su estudio, pero el estudio no hace al hombre ser inteligente): Somos hombres creados por un ser divino.
Este nos hizo a imagen y semejanza de Él. Nuestra inteligencia fue preconcebida desde el principio. Por lo que podemos explicar que el niño nace inteligente y aprende a desarrollar su capacidad. Eso incluye el lenguaje y el estudio futuro. Lo que hace que se desenvuelva mejor en sus años de juventud y para toda la vida. (Bíblicamente, libre albedrío). Es decir, tiene la capacidad puesta ya en un principio por Dios de escoger el camino y futuro.
Por esto el Señor nos encarga a los padres, el encaminar a los niños en sus caminos, para que cuando sean mayores no se aparten de la sabiduría y la inteligencia, que están determinadas por el conocimiento de la Palabra de Dios. El ejemplo mayor es que todos podemos cantar, pero no todos somos cantantes, porque entran a funcionar capacidades naturales de destreza, pero sí todos poseemos la inteligencia de poder cantar. Si no tienes un don y lo pides a Dios, Él te lo dará. Este don sería un don espiritual y no capacidad natural, porque ha sido dado a través del Espíritu de Dios. Ahí se cumplen las promesas de Dios a sus hijos. Dice el Señor: pedid y se os dará.
Claro: yo digo pedid y se os dará, y el idioma Reina Valera en el que hablo, ya hace el milagro de darle contenido bíblico a mi expresión. Sin embargo, aquí en Argentina, es como si yo escuchara una voz que en mi gracejo cultural me dijera: “Ché, Néstor, pedí lo que te haga falta y te lo van a dar”. El concepto es el mismo, pero ya suena mucho más humano que bíblico, ¿Verdad? Sin embargo, sigue siendo real, todo lo demás, es religión sin resolver.
Porque no se queda en esa, sino que le agrega que no tengo que detenerme en pedir, sino que además tengo que buscar, porque si busco algo, seguramente lo voy a encontrar. Y que, si no lo encuentro, no tengo que ir a ver qué me dice el hermano ese que es más crecido, sino que le pregunto al mismo que empecé pidiéndole, y Él me dirá la justa. Ese es el equivalente a llamar, Él me abrirá. Y me lo remata asegurándome que todos los que piden, buscan y llaman, reciben, hallan y se les abre. ¿A todos? Obvio, pero con una sola condición: a todos los que piden, buscan y llaman aquello en lo que el Señor está presente. No estamos hablando de antojos ni caprichos.
Y por si estás distraído y no entiendes lo que te están explicando, te da el modelo. Te hace ver que un padre carnal, por más desamorado e indiferente que pueda ser, muy difícilmente si su hijo tiene hambre, le dé una lata de cerveza en lugar de un pedazo de pan. Por más loco que sea ese hombre, lo que su hijo necesita comer, él verá de conseguírselo. Entonces el ejemplo, es: si ese padre desaprensivo decide hacer eso por un hijo suyo, ¿Qué menos haría un Padre de la calidad del celestial que todos tenemos en potestad?
No es innecesario explicar y reiterar esto, todavía son muchos los cristianos que le piden cosas a Dios y que, una vez que terminaron su oración de “Señor dame”, se sientan a pensar en cómo podrán salir del atolladero por ellos mismos. Ni se les ocurre pensar que venga una respuesta positiva a su pedido. Es tan complicado resolver respecto a lo que piden, que entienden que a Dios también le costará mucho trabajo y que, finalmente, se olvidará de ellos y no sucederá nada. Son los mismos que suelen repetir como papagayos que todo lo pueden en Cristo que los fortalece…
O sea que todo lo dicho tiene que ver con una sentencia que jamás dejará de ser: todas las cosas que a ti te agrada que los hombres hagan contigo, serán las mismas que tú deberás hacer con ellos. Eso formaba parte de la ley de lo que decían los voceros de Dios, llamados profetas. En ese acto habrá justicia, por eso es y será siempre un acto inteligente. De hecho, un hombre inteligente reconoce y escoge sus dones y destrezas y los pone a funcionar para alcanzar una prosperidad material de lo que hace.
Esto es natural en todas las personas. Esto es constante e invariable, todos hacen lo mismo. Las personas pueden tener frustración por no ejercer el deseo de sus dones naturales, pero siempre tratan de buscarlos y alimentarlos de alguna forma. El desear tener un don natural que no tenemos es frustrante también, y esto sucede mucho en personas que quieren ser lo que no pueden. Pero para todo hay un remedio y un escape, pero éste no está en el plano natural humano, sino en el plano espiritual.
Existe una relación entre la inteligencia y la sabiduría que es lo que expondré seguidamente. Conozcamos ahora a los hombres sabios que sí poseen inteligencia. Su sabiduría es proveniente del plano espiritual. No hay frustración en su personalidad. Su vida es más equilibrada. Dependen de Dios para todo lo que hacen y no ponen la mira en las cosas materiales sino en las espirituales. Piensan en el bienestar del prójimo y no en el suyo.
Aman a Dios sobre todas las cosas. Su familia es lo básico después de Dios. Reconocen sus debilidades y le piden a Dios para que les dé destreza en ellas. Buscan la paz espiritual en ellos y con los hombres. Ayudan y son dignos de reconocimiento y su visión es estar con el Señor en Su venida. Existen muchas más características del hombre sabio, pero la sabiduría no depende de la edad, depende de Dios Todopoderoso, que es quien puede dárnosla a través de Su palabra.
El hombre sabio posee la capacidad de resistir cualquier perturbación y funciona basado en la verdad cristiana, no lo hace en su pensamiento, sino que pone a Dios de escudo y defensor en cualquier batalla. No importa lo que trabajemos y tengamos, nuestra sabiduría está en buscar de Dios y no de los hombres, porque la inteligencia ya la tenemos. Trabajemos y hagamos todo en unión a Dios. Porque el afán de este mundo es abominación al Señor.
El pensamiento del hombre sabio es limpio y sin maquinación, porque está lleno de amor divino. No mira lo terrenal como primario, sino que pone cada cosa en su sitio como Dios manda. Observa prolijamente si sólo eres inteligente o si también posees sabiduría. Recuerda que ambas están en el plano espiritual y no en el humano, aunque las reflejemos en éste. Si las tienes, bienaventurado eres y si no, yo le pido a Dios para que le creas a Él y puedas poseerlas para que las cosas al final sean con la bendición de Dios y no por el reconocimiento de los hombres solamente.
42 – De Procedencia Celestial
La pregunta que se hace todo un planeta no creyente, respecto a esto, es: ¿De dónde viene la inteligencia? Porque este tema sería la base para poder entender la relación y la ubicación privilegiada que tenemos ante toda la creación. Y para eso primero tenemos que dejar claro lo que es la trinidad del Hombre o Tricotomía, como la llaman algunos estudiosos del tema, Cuerpo, Alma y Espíritu. Así lo llama la ciencia secular, a mí me gusta exactamente invertirlo: Espíritu, alma y cuerpo, con las mayúsculas a quien hizo méritos para tenerla.
Después de escuchar algunas tesis, salió lo que llamamos en el argot cristiano “Alimento Sólido”, que vendría a ser esa rebanada de carne muy grande que puede atragantar a cualquiera que trate de asimilarlo al alimentarse de él. Sabemos que, para poder digerir este tipo de alimento espiritual, se requiere cierta madurez y cierto nivel de conocimiento, discernimiento o revelación de la palabra de Dios a través del estudio. Y no estoy hablando ni de “iluminados” ni de “gente fuera de serie”, estoy hablando de obedientes que aceptaron el desafío de escudriñar las escrituras,
Y, -atención con esto-, no digo que yo ya lo haya alcanzado, como lo dijo Pablo, pero sí puedo asegurar que Dios me ha revelado cosas que se han confirmado en muchas circunstancias de mi vida diaria. Me han motivado a escribir de ellas y compartirlas con aquellos creyentes sólidos no religiosos que están dispuestos a escucharlas. Dios me dio cada palabra para escribirlo, y muchas cosas de las que Dios me dio para plasmarlas se están confirmando.
Por eso quiero compartir esto con todos ustedes, y el tema de discusión fue después de estar de acuerdo, de que somos cuerpo, alma y espíritu, surgió la pregunta a discusión: ¿En dónde se ubica la inteligencia? Estaremos de acuerdo que en el cuerpo no se encuentra, así que deberemos ver si está en el alma o en el espíritu. Yo doy mi opinión en base a lo que he aprendido y vivido a través de la palabra de Dios, y afirmo que según lo que Dios me ha mostrado sobre la Inteligencia se ubica en el espíritu.
Sin embargo, y como ocurre en todo lo que se pone en debate, hay otros que entienden que no es así y que tienen para ellos que la inteligencia viene del alma. Pero podemos ponernos de acuerdo que para despejar las dudas que hayan surgido, nos demos a la tarea de escudriñar la palabra pidiendo al Señor me dé revelación sobre este tema. Me quede una vez más impactado de la palabra de nuestro Padre. Nunca trataba de competir o de demostrar quién tiene la razón, de ganar o perder, sino de poder entender y confirmar lo ya visto.
Arrendaba este tema para poder ministrar y predicar la palabra de Dios. Y mi Padre celestial sabe que en mi corazón mi única intención es edificarme y edificar conforme a su palabra. Le doy gracias a Dios porque permite este tipo de situaciones para que seamos edificados y no tratar de imponer mi razón o mi voluntad, sino que sea la razón y la voluntad de Dios la que impere. Este mensaje va encaminado para aquellos que todavía tienen duda o no tienen una visión muy clara de lo que es espíritu, alma y cuerpo, y de qué se compone cada parte de la trinidad o tricotomía del hombre, y como consecuencia implícita de todo ello, donde, de estas tres partes de nuestro ser, se ubica la inteligencia
Los que hemos estudiado con cierta dedicación la Biblia, sabemos, que, en el mensaje del Reino, hay dos tipos de palabra, lo que llamamos la palabra Logos y la palabra Rema. Ya de esto hablé anteriormente, pero conviene reiterarlo todas las veces que sea necesario para que quien debe entender, entienda sin la menor posibilidad de confusión. La palabra logos es aquella que nos da un mensaje literal de lo que estamos leyendo, y la palabra rema es aquella palabra que nos da una revelación. Es aquella palabra por medio la cual Dios nos habla en ese momento y esa palabra encaja perfectamente en alguna circunstancia de nuestra vida o nos da revelación para dar solución a alguna aflicción o problema.
Nos da respuesta a cosas que a veces no entendemos. Nos da ánimo o consuelo en el momento preciso en que lo necesitamos. O nos quita la venda de los ojos de cosas que antes no veíamos, en lo terrenal, en lo carnal, y abre nuestros ojos y oídos espirituales para discernir claramente su mensaje, para llevar a la acción de los hechos, a lo tangible de las cosas. Dice la palabra de Dios que él hace las cosas que se ven, a partir de las que no se veían. Hebreos 11: ahonda sobre el punto y lo explica así: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
Ahora vayamos al estudio de este tema desde su definición en el mundo secular. Escudriñando algunos diccionarios me quedo con las definiciones que aquí, transcribo textualmente, y posteriormente entraremos de lleno a la palabra de Dios. La inteligencia: es la capacidad de relacionar habilidades y conocimientos que poseemos para resolver una determinada situación. ¿Qué es una inteligencia? Es la capacidad para resolver problemas cotidianos, para generar nuevos problemas, para crear productos o para ofrecer servicios dentro del propio ámbito cultural.
Un prestigioso profesional de la no menos prestigiosa Universidad de Harvard, publicó su teoría de las inteligencias múltiples. Este hombre decidió dividir a la inteligencia en ocho formas distintas, las cuales describo a continuación para apoyo y enriquecimiento de lo que, en suma, es uno de los siete espíritus de Dios. Si eres un creyente genuino y maduro, no necesitas ninguna injerencia de lo secular para creerlo, pero en respeto y honra a los que todavía no alcanzan a verlo con total claridad, ahí va:
Inteligencia lingüística: Es la clase de inteligencia que tienen generalmente y de manera mayoritaria los escritores, los poetas, los buenos redactores. Utiliza ambos hemisferios del cerebro para ejercitarla. En lo personal, supongo que encajo con esta forma.
Inteligencia lógica-matemática: Es la que se utiliza para resolver problemas de lógica y de matemáticas. Es la inteligencia que tienen los científicos. Se corresponde con el modo de pensamiento del hemisferio lógico y con lo que la cultura occidental ha considerado siempre como la única inteligencia. Obvio, en esta forma no cuenten conmigo…
Inteligencia espacial: Consiste en formar un modelo mental del mundo en tres dimensiones; es la inteligencia que tienen los marineros, los pilotos, los ingenieros, los cirujanos, los escultores, los arquitectos o los decoradores. En lo dimensional, tengo cierta empatía con esta, pero no formo parte de aquellos que estoy seguro pueden extraer de ella un mayor rédito.
Inteligencia musical: Es aquella que permite desenvolverse adecuadamente a cantantes, compositores, músicos y bailarines. Tengo esta. Soy profesor de música, ejecuté algún instrumento hace muchos años y accedí a todo ese mundo donde solamente con esta forma de inteligencia puedes avanzar. Para mi gusto, se complementa con un don que viene del cielo, como por ejemplo una buena voz para un cantante o un oído privilegiado para el músico ejecutante. Ninguna de estas dos cosas puede estudiarse. Sólo se enseña a mejorar u optimizar lo ya instalado, pero si esa instalación divina de don o talento no está, no hay nada que hacer.
Inteligencia corporal-cinestésica: Es la capacidad de utilizar el propio cuerpo para realizar actividades o resolver problemas. Es la inteligencia de los deportistas, los artesanos, los cirujanos y los bailarines. Admiro de todo corazón a quienes la poseen, pero no fui bendecido con ella.
Inteligencia intrapersonal: Es la que permite entenderse a sí mismo. No está asociada a ninguna actividad concreta. De hecho, es la que quizás es menos abundante. Aplicando inteligencia mediana y añadiéndole discernimiento si se es creyente, es muy factible entender la problemática de las personas y hacer algo desde la posición de cada uno para ayudarlos. Pero de allí a entendernos a nosotros mismos, hay un campo enorme y de difícil tránsito. O esta forma de inteligencia desciende del cielo o no recala en los seres humanos. Los consultorios de psicología están repletos de pacientes que carecen de ella.
Inteligencia interpersonal: Es la que permite entender a los demás; se la suele encontrar en los buenos vendedores, políticos, profesores o terapeutas. Con esta tengo buena relación, pero de ninguna manera pienso ni mucho menos creo que sea un patrimonio natural de mi persona. Puedo entender a los demás, si el Espíritu Santo acude en mi ayuda, de otro modo no tengo ni para empezar a hablar. Como testimonio, he vivido más de una experiencia donde ese Espíritu me ha demostrado su validez y poder.
Inteligencia naturalista: Es la utilizada cuando se observa y estudia la naturaleza, con el motivo de saber organizar, clasificar y ordenar. Es la que demuestran los biólogos o los herbolarios. Si mi vida respondiera a una lógica humana y no divina, yo debería tener esta clase de inteligencia, ya que nací en el campo y crecí en medio de la naturaleza en casi todos sus aromas y sabores. Sin embargo, no; no fui bendecido en esa área, supongo que fue porque se me iba a utilizar en otras.
Quiero que entiendas que, si me puse como ejemplo a mí mismo, no fue para trascender ni por lo que sería un incomprensible egocentrismo. Lo hice para que, partiendo de mis análisis personales, tú tengas la posibilidad y las pistas para realizar los tuyos. Creo que esa sería una manera muy inteligente, justamente, de poder arribar a una conclusión que, créeme, no es la mayoría de los cristianos la que la posee: saber para qué fuiste elegido desde antes de la fundación del mundo y, lo más valioso, reconocer tus talentos y tus dones, ya no para ufanarte de ellos, sino para dedicarlos al servicio del Reino.
Si indagamos un poco en la etimología de la propia palabra encontramos en su origen viene de un vocablo latino: Inteligere, compuesta de intus (Entre) y legere (Escoger). Cuidado: mucha atención en esta parte de la etimología de la palabra (ESCOGER-ENTRE), por lo que podemos deducir que ser inteligente es saber elegir la mejor opción entre las que se nos brinda para resolver un problema. ¿Te dice algo el término Libre Albedrío?, más adelante hablare sobre este punto.
43 – Definiciones Seculares
Para el común denominador de las personas, hablar de inteligencia es referirse al conjunto de funciones psíquicas superiores o de asociación, que comprende el pensar, conocer y comprender. Conocimiento, comprensión, acto de entender. Sentido en que se puede tomar una sentencia, dicho o expresión. Habilidad, destreza y experiencia. Acuerdo o entendimiento entre dos o más personas, Naciones, etc. Sustancia puramente espiritual. (Esto es de un diccionario secular). Ahora, por otro lado, quiero aclararte que no debemos confundir la palabra Inteligencia, con Intelecto, Memoria, y Sabiduría. A continuación, te doy algunas definiciones seculares.
Intelecto: (Del latín intellectus) Entendimiento, potencia cognoscitiva racional del alma humana. (R. A. E.) La palabra intelecto, tiene que ver con el entendimiento y el conocimiento, de preferencia a las ciencias, las artes y letras, un hombre intelectual es una persona que tiene un conocimiento general de estas cosas. Por el simple hecho de escribir con alguna creatividad y establecer contacto con personas a las que quiero transmitirles un mensaje, puedo ser considerado un intelectual por el mundo secular. Sin embargo, y delante del Señor lo digo, no lo soy. Hago todo eso, pero de ninguna manera me considero un intelectual, sino todo lo contrario, un hombre de pueblo, de calle, de campo, de barrio clase media tirando a menos media….
Memoria: Tremenda es esta capacidad mental que permite a un individuo registrar, conservar y evocar las experiencias, y es el lugar donde se almacena toda la información que entra por nuestros cinco sentidos. (En términos informáticos es el disco duro de nuestra mente.) En lo personal tengo buena memoria. No tanto para los nombres y apellidos, pero sí para hechos, episodios o vivencias bíblicas. De hecho, el simple acto de cumplir años todos los años, e ir sumándolos a los abundantes que hay, hace que ese disco rígido natural vaya saturándose de información y, mal que pese, omitiendo a veces alguno de esos datos. Es notable esta declinación. Una persona de cien años de edad, podrá recordar perfectamente qué golosina comía cuando tenía ocho años, pero es muy probable que, si es de noche, no recuerde lo que almorzó ese mediodía.
Sabiduría: Es, como ya te lo dije antes, el grado más alto del conocimiento. – Es, incluso, el conocimiento profundo en alguna materia, incluso en ciencias, letras o artes. Aquí no hablaré en primera persona porque es muy difícil, sino imposible, para cada hombre o mujer del planeta, evaluar su nivel de sabiduría. Son los demás quienes lo hacen, pero tampoco esto es confiable. No es lo mismo hablar de la probable sabiduría de un líder importante, que la del hombre que le vende la verdura. A la manipulación emocional por seducción o adulación no la inventé yo. Hubo una tal Jezabel que llegó mucho tiempo antes.
La palabra, Inteligencia, entonces, tiene que ver con la habilidad del hombre, con la destreza, o con la experiencia para enfrentar todos los problemas o adversidades, derivada de su fuerza interior, de su fuerza espiritual sin estar controlada por los sentimientos o las emociones o los sentidos. Una persona puede ser inteligente desde que nace, de hecho pienso que Dios nos dio inteligencia a todos, con habilidades más desarrolladas que otras y así podemos ser diferentes e individuales para que cada quien sea complemento de la creación, por ejemplo podemos ver personas que son grandes médicos, arquitectos o ingenieros, científicos, líderes sociales, políticos, etc.
Y esto es para que no hagamos lo mismo todos, tanto se requiere del médico como el trabajo de un artesano o un carpintero, no menos importante que la del médico, un Ingeniero o un Arquitecto, se complementan para hacer construcciones que transforman nuestro hábitat en un lugar más agradable vivir, el campesino o el Ingeniero Agrónomo producen los alimentos para que el hombre pueda llevar alimentos naturales a la mesa, el pescador o el biólogo marino.
Dios nos dio una inteligencia a todos por igual, solo con habilidades más desarrolladas que otras y esto lo confirman los científicos del mundo, pero también podemos ver que hay personas que tienen varias habilidades de inteligencia. Ahora si agárrate bien de dónde estás para que no te vayas a caer, y si estás parado siéntate porque lo que Dios nos muestra es tan impactante que yo sé que si estás leyendo esto nunca se te van a olvidar estas líneas.
44 – Diseños del Altísimo
Comencemos desde el principio. ¡Qué inteligente verdad! ¿No te parece? Y es bueno que valga la redundancia, porque si hay que comenzar por el principio, será por el más bíblico de todos los principios, el instalado en el libro de Génesis, que justamente significa, Principio. A primera lectura es inicio y comienzo, de acuerdo, pero esencialmente en este caso, principio es proyecto, diseño, patrón, croquis, modelo. Y allí me dice que Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto, para que lo labrara y lo guardase.
Esto nos dice a ti y a mí que, al menos en sus primarios movimientos, el hombre debía ser agricultor. Sembrar, cosechar, comer y disfrutar, si hablamos de hortalizas, verduras y flores. Todo para él. ¿Te imaginas el shock emocional de ese hombre recién creado, ante la maravilla inexplicable e incomparable de todo un ambiente circundante armado para su residencia y su vida?
Pero luego le hizo saber la condición central, básica y fundamental. Porque, ¿Cuántos saben que cada bendición que Dios te regala siempre tiene una condición a cumplir de tu parte? Lo único que es por Gracia, que es un simple y nada simple favor de Dios para contigo, sin mérito ni costo alguno de tu parte, es la salvación, pero en todo lo demás que es Reino puro, hay un precio a pagar.
Pero como la vida del Reino es conforme al principio de quien más da más tiene, ahí tienes tu respuesta. Si deseas algo de parte de Dios para tu vida, pídeselo y Él te lo dará, con las condiciones que los intereses del Reino determinen. Pero nunca trates de sacárselo con mentiras, lamentos, hipocresías o palabrerío religioso, porque en este caso, lo más probable que suceda es que, no sólo no recibas lo que deseas, sino que incluso pierdas lo poco que tenías. Eso también es Justicia.
Si lees con atención y precisión, verás que al que Dios le pone sus condiciones elementales para vivir en el huerto, es a Adán. A él es a quien le dice que no deberá comer del árbol del conocimiento o de la ciencia del bien y del mal, que es la única condición que le demanda. Pero le aclara muy nítidamente que, si lo hace, ciertamente morirá. De acuerdo, esto último llegado el caso podría incluir una muerte física, pero seguramente que no es a esa clase de muerte a la que Dios se refiere.
Para Dios la muerte física no existe. Simplemente se trata de un cambio directo entre una dimensión y la otra. De la dimensión material y terrenal a la dimensión espiritual e invisible. A la primera, el hombre la conoce y, todo lo que emane de ella, estará dispuesto a creerlo y hasta respetarlo. Pero a la segunda no siempre puede verla, entonces lo más probable es que suponga que hay exageraciones o excesos de legalismo y transgreda el mandamiento. Eso hizo Adán.
Desde el principio, desde SU DISEÑO, Dios les dio a Adán y a Eva, la inteligencia para que tuvieran libre albedrío, y pudieran elegir, entre una opción y otra, entre el bien y el mal, entre obedecer y desobedecer. Aquí, en esta parte, la Biblia da respuesta a todos aquellos que preguntan porque Jehová, les puso esa condición a Adán y a Eva de comer de todo el Huerto, pero no del árbol del bien y del mal.
Por qué permitió que se llegara a ellos esa tentación, si Él conocía mejor que nadie la fragilidad del ser humano. De acuerdo, todos sabemos muy bien que la palabra dice que Dios no nos tienta, y lo creemos, pero en un caso como este, no son muchos los cristianos que lo han entendido sin que al menos una mínima brizna de duda les haya pasado por la mente.
Sabemos más que bien que Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y que luego sopló en su nariz aliento de vida. Y que recién cuando ese soplo llegó a su ser, fue el hombre un ser viviente. Hasta allí fue algo inanimado que tenía toda la imagen de un ser humano, pero carecía de vida. Nadie puede crear vida. Lo que nosotros tomamos es una parte del diseño de Dios y, con eso, gestamos una vida. Pero el diseño es suyo.
Es muy corriente hoy que la ciencia tome un óvulo y un esperma y los fecunde en un tubo y forme a partir de eso, una vida. Y allí sale la prensa a decir que el hombre está creando vida. No. Está creando un ser a partir de la vida que viene de lo divino. ¿O conoces a alguien que haya sido capaz de crear un óvulo o un esperma? O alguien que simplemente haya hecho posible crear sangre humana. Soplo es VIDA.
En el original, don de nosotros traducimos como aliento de vida, está escrito como ruach en hebreo, que sirve para denotar varios conceptos que son sinónimos del espíritu en la Biblia, (Viento, aliento, mente, espíritu) Adán y Eva no podrían ser la creación perfecta de Dios si no hubieran sido creados con una libre voluntad, con un libre albedrio que les permitiera tener el poder de elegir, y durante mucho tiempo ellos eligieron obedecer, hasta que Eva fue seducida.
Porque allí ella fue convencida de tomar una mala decisión, y fíjense que no digo engañada, porque el pasaje nos muestra que Eva si sabía que no debía de comer del árbol prohibido, y se lo repitió a la serpiente. Pero la serpiente la sedujo y la convenció, igual que como lo hace hoy con tantos y tantos cristianos. El segundo paso fue hacer comer a Adán del fruto prohibido, y él lo hizo, aunque también sabía que lo tenía prohibido. Seducción por partida doble. Adán le echó la culpa a Eva. Eva le echó la culpa a la serpiente. La serpiente miró para todos lados y no encontró a quien culpar…
Ella decidió creerle a la serpiente y no a Dios, ¿Y qué me dices de Adán?, el decidió dejar sola a Eva, ¿Dónde estaba Adán, cuando la serpiente seducía a su mujer?, y luego que estuvo con ella decidió comer del fruto, que Eva le ofreció. Y lo hizo sabiendo que no debía de comer del fruto de ese árbol, las instrucciones fueron muy claras y muy precisas, en ese tiempo como en la actualidad las instrucciones de Dios, fueron y son muy claras, los mandamientos que Dios nos dio en su palabra, están muy claros.
Yo no sé qué parte de ellos no hemos entendido, pero es que es muy difícil, cumplirlos. De aquella primaria pareja humana y su caída, nos queda hoy la misma estrategia casi automática para librarnos de la sanción: echarle la culpa de nuestros problemas a otro. Alguien rompe un plato y digo: ¡Mira lo que hiciste! Un día al plato lo rompo yo y entonces digo: ¡Mira lo que me hiciste hacer! Jezabel a full. Y no en una mujer, en el que esté más vulnerable. Jezabel es un espíritu y usa el cuerpo que encuentre disponible.
45 – ¿Qué Dicen las Escrituras?
En Éxodo 20 puedes leer los primeros mandamientos completos y te aseguro que los vas a entender muy bien, yo me pregunto por qué es tan difícil de entender o de interpretar esto, en la lengua o dialecto que lo escribas dicen lo mismo. Dios, al darnos espíritu, nos dio la inteligencia, y por eso afirmo que la Inteligencia está en el espíritu porque la verdadera inteligencia viene de Dios, por eso ahora, casi como excepción para el estilo de este trabajo, voy a compartir los versículos en que Dios me confirma esto, el que le cree a Dios y lleva a la práctica todas sus enseñanzas, recibe la inteligencia que viene de Él.
Cuántas veces hemos visto a grandes eminencias, de mentes brillantes, siendo manipulados por una hermosa mujer o por un amigo cercano? El maligno lo tiene atado con el amor al dinero o al sexo y ahí anda, perdido sin remedio. También a gente intelectual o a verdaderos genios viviendo en la miseria, y no por su voluntad, sino por inclemencias circunstanciales. A un gran matemático que resuelve los problemas más difíciles e impresionantes, pero no es capaz de tener inteligencia para seducir o conquistar a una mujer, o para tener buenas relaciones con su familia, amigos o la misma sociedad.
Pero la Biblia nos dice que la inteligencia viene de Dios y esto lo respaldaremos con retazos de la misma Palabra de Dios, en: Proverbios 9:10: El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia. Proverbios 2:6: Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Isaías 11:2: Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Isaías 29:24: Y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina. Job 20:3: La reprensión de mi censura he oído, Y me hace responder el espíritu de mi inteligencia.
¡Mira que hermosa revelación! En la Biblia hay un pasaje donde también se hace la pregunta de, ¿Dónde se ubica la inteligencia?, Y también nos da la respuesta, además hay cerca de cincuenta y tres apariciones de la palabra Inteligencia en la versión Reina-Valera donde nos revela quien da la inteligencia y a quién se la da y a quién, no se la da.
Alguien comento alguna vez, que la Biblia no decía dónde estaba, pero yo creo todo lo contrario, pues, aunque no lo dice literalmente o directamente, lo dice de muchas formas, pues al leer todos los versículos donde aparece la palabra inteligencia. De todos modos, como en este fragmento ya vengo jugado por la escritura, pongo el pasaje completo para su mejor comprensión.
Job 28:12-28: Más ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? (13) No conoce su valor el hombre, Ni se halla en la tierra de los vivientes. (14) El abismo dice: No está en mí; Y el mar dijo: Ni conmigo. (15) No se dará por oro, Ni su precio será a peso de plata. (16) No puede ser apreciada con oro de Ofir, Ni con ónice precioso, ni con zafiro. (17) El oro no se le igualará, ni el diamante, Ni se cambiará por alhajas de oro fino. (18) No se hará mención de coral ni de perlas; La sabiduría es mejor que las piedras preciosas.
(19) No se igualará con ella topacio de Etiopía; No se podrá apreciar con oro fino. (20) ¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia? (21) Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, Y a toda ave del cielo es oculta. (22) El Abadón y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos. (23) Dios entiende el camino de ella, Y conoce su lugar. (24) Porque él mira hasta los fines de la tierra, Y ve cuanto hay bajo los cielos. (25) Al dar peso al viento, Y poner las aguas por medida; (26) Cuando él dio ley a la lluvia, Y camino al relámpago de los truenos, (27) Entonces la veía él, y la manifestaba; La preparó y la descubrió también.
Y en el 28 nos da la respuesta, Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia. Job 38:36: ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia? Proverbios 3:19: Jehová con sabiduría fundó la tierra; Afirmó los cielos con inteligencia. Proverbios 19:8: El que posee entendimiento ama su alma; El que guarda la inteligencia hallará el bien.
Colosenses 1:9-10: Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios. Lucas 2:46-47: Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndolos y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.
46 – En el Día a Día…
En una ocasión, escuché a una persona decir casi despectivamente, que había mucha gente con muy poca inteligencia. No fue difícil entender que se estaba viendo a sí mismo como sumamente inteligente y que por eso se esforzaba en marcar esa diferencia. El egocentrismo o narcicismo, no es justamente sinónimo de inteligencia. Yo soy un convencido que Dios nos dio a toda su creación inteligencia, aunque con habilidades diferentes, y esto me recuerda que en oración por ese tema el Señor le mostró a alguien la imagen de un joven con parálisis cerebral, para que, seguramente, se pudiera pensar que en él no había ni podía haber inteligencia.
Sin embargo, contaba esa persona en su testimonio, que le fue mostrado que aún con su parálisis este joven escribía en una computadora utilizando un lápiz en su boca y, de ese modo, presionar sobre el teclado. Faltó añadir que ese joven ha escrito excelentes libros con esa mecánica. Incluso añadió que también le mostró como los discapacitados de diferentes áreas de sus personas, suelen desarrollar una inteligencia superlativa, ya que ello le sirve para suplir o sobrellevar su discapacidad. Con lo poco que yo personalmente he visto en este aspecto, te doy fe que eso es casi una verdad absoluta.
Todos los días podemos ver y comprobar como los niños autistas, o los que nacen con síndrome de Down, son considerados por mucha gente como faltos de inteligencia. De ninguna manera podría suscribir a una opinión así. Y no lo digo por sentimentalismos o emocionalismos. Muy por el contrario, yo creo que tanto unos como los otros tienen una inteligencia especial que evidencian en situaciones especiales. Lo que sucede es que quizás no están desarrollando las habilidades y/o dones que Dios les dio, y por eso son mal evaluados. Tenemos un problema grave con las discapacidades: los que las evalúan, son seres “normales”. Entonces no tienen ni idea ni empatía que produzca algo útil o real.
Lo que muy pocos entienden es que a esos niños que mencioné es muy probable que les ocurra eso porque la sociedad en la que viven los margina, los discrimina y no los termina de incluir. Si puedo añadir algo, te sugeriría que nunca menosprecies a una persona que aparentemente no parece ser inteligente, porque yo puedo asegurarte que si lo es.
Lo que ocurre es que la inteligencia de ellos ahí está, solo que no la han desarrollado. Además, te aviso que tú y yo no estamos en este planeta para decidir quién es útil o quien no lo es. Primero, tratemos de cumplir cada uno de nosotros con nuestra misión, y dejemos sea Dios quien se ocupe de lo demás. Los únicos legalmente autorizados para juzgar son los miembros del Poder Judicial de cada nación, y así anda la justicia…
Allí es, entonces, donde tú me dices que sí, que tengo razón con esto de la inteligencia repartida, pero que te queda la duda respecto a todos esos genios que tienen un IQ muy alto Por si no recuerdas lo que es el famoso IQ, son las siglas que nos hablan del cociente intelectual de una persona, del examen o test que determina su puntaje.
Toda persona que supere los 130 puntos de IQ entra en el rango de los «genios» y, los que llegan a superar los 160 puntos se consideran superdotados intelectuales. Bueno, en este caso también hay una explicación, ellos nacieron con esa bendición, pero dime de qué te sirve tener un IQ o un nivel de inteligencia (Que, te recuerdo, se mide según rudimentos del mundo secular).
Si eres un genio y haces cosas muy impresionantes, pero no tienes control de tus emociones, caes en ira, en golpes, ofendes a tus seres queridos a tu esposa a tus hijos, engañas a tu jefe, y lo que es peor te engañas a ti mismo. Ante la falta de dinero en vez de trabajar más, decides darte una ayuda haciendo una trampa, decides corromperte por necesidad, por ambición o por lo quieras y entras en eso, en lugar de confiar en Dios y pedirle a él la provisión, y hacer la parte que te corresponde.
Crees que eres más inteligente porque te robaste la herramienta del trabajo y nadie se dio cuenta, porque a tu paciente le dijiste que tenías que hacerle una cirugía para sacarle dinero, porque le afinaste o arreglaste el auto de tu cliente, y le cobraste todas las refacciones nuevas, pero le pusiste las mismas o peor aún, ni si quiera las cambiaste.
Es muy curioso cuando de verdad te crees más inteligente y que tienes mucha suerte, porque te encontraste una billetera con dinero, un teléfono celular, o una laptop, y te quedas con ella, total nadie te vio, y además te la encontraste. Y te crees que eres muy inteligente, porque haces negocios chuecos, o porque le compras a precio ruin algo a una persona que está pasando por un apuro de dinero o una necesidad muy grande. O porque consigues un auto o una propiedad a la mitad o menos de la mitad de su costo, sabiendo su valor de mercado porque quien lo vende está cargado de deudas. Si puedes, contéstate a ti mismo esa pregunta. No a mí, yo no soy juez de nadie. A ti respóndete. Y no te engañes ni te mientas.
Un prestigioso profesional hizo una clasificación de la inteligencia muy interesante, pero luego de examinarla, yo le agregaría una inteligencia más. Así lo pensé en el momento en que leí su trabajo, que le faltaba una inteligencia más para agregar. Sin embargo, al reflexionar sobre ellas, todas en las que había pensado, todas vienen de una sola, la Inteligencia de la Fe.
Porque si tú, siguiendo la definición de la etimología de la palabra escoger-entre, escogiste entre creerle o no creerle a Dios, y tu decisión fue la correcta, o sea, creerle a Dios, yo te aseguro que él te dará la Inteligencia y la sabiduría para vencer todas las adversidades que se presenten en tu paso por este mundo, y llegues con Él a darle la mejor de las cuentas al estar delante de Él cara a cara. Sé inteligente y créele a Dios.
No me interesa qué opinión tiene el planeta que vive fuera de Dios de la inteligencia. Tampoco si esa opinión como creyente me margina o me hace a un lado. Yo creo que, en mayor o menor medida, todos ustedes y me incluyo, alguna vez hemos pasado por ese tipo de cosas. Solo se me ocurre recordarte el mandato más sabio que se haya visto, que te apartes del mal, y si te apartas del mal, te apartas para Dios, y si te apartas para Dios, recibes la Inteligencia de Dios porque a eso es a lo que Él llama Santidad.
Ser inteligente no es ser perfecto, sino buscar la estatura del varón perfecto. En Efesios, Pablo lo dice con claridad: Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
Y no podría finalizar este bloque sin que el Espíritu Santo me lleve a hacer mención de algo que día tras día va cobrando difusión y hasta promoción: la llamada Inteligencia Artificial. Desde que hace un tiempo, (Al momento de escribirse este trabajo), se lanzó la inteligencia artificial ChatGPT, un tema del que casi nadie hablaba pasó a estar en las charlas de sobremesa y las conversaciones entre amigos.
¿Qué impacto tendría esta nueva tecnología sobre áreas tan sensibles como la educación, la automatización de nuestros trabajos o la circulación de información falsa? Pero mientras la discusión se centraba en estos riesgos más mundanos, un grupo de más de mil expertos y desarrolladores llamaron a pausar los avances en la investigación de Inteligencia Artificial (IA) porque “podría poner en riesgo a la Humanidad”.
No entiendo. Una cosa es que la IA pueda afectar los empleos y otra muy distinta es que ¡Nos pueda matar a todos! ¿Cómo podría un simple chat ser peligroso? En realidad, en los círculos de investigación en IA este no es un debate nuevo: gran parte de la comunidad especializada lleva más de una década argumentando que, aunque a nosotros pueda sonarnos absurdo, el riesgo es real: los peligros que acarrea se pueden comparar a los de la tecnología nuclear. Lo que sí es una novedad es que los protagonistas de esta comunidad científica den un golpe en la mesa y pidan, como se dice en el fútbol, “parar la pelota” por seis meses para estudiar los riesgos de los desarrollos en los que ellos mismos trabajan desde hace años.
Históricamente, dicen los que de esto saben un rato largo, que en sintonía con lo que pasa con la mayoría de los grandes temas que afectan a la humanidad, siempre hubo dos bandos en materia de IA. Por un lado, están los “apocalípticos” que advierten sobre los peligros extremos de estos desarrollos. En diciembre de 2014, un importante científico se adelantó a su tiempo y fue categórico sobre el posible efecto destructor de la tecnología:
“El desarrollo de la IA puede terminar con la raza humana”. Expresó.Los que promocionan todo esto, dicen que los llamados “sistemas complejos” -un tipo muy particular de desarrollo entre los que se encuentra el cerebro humano- articulan una gran cantidad de componentes simples pero, cuando la cantidad comienza a aumentar, muestran propiedades emergentes que no eran para nada obvias en el esquema original.
Los hormigueros son un ejemplo claro de sistema complejo: cada hormiga tiene reglas de conducta muy básicas, no hay autoridad ni planificación, pero con muchas hormigas aparecen fenómenos increíbles como la “agricultura”, la división especializada del trabajo y hasta los cementerios. En comparación a la simpleza de una única hormiga, el desempeño de una colonia de hormigas es absolutamente sorprendente e inesperado.
Algo parecido pasa con el cerebro humano. Basta conectar decenas de miles de millones de algo bastante simple como una neurona para que emerjan fenómenos tan exóticos como la consciencia, la inteligencia y la memoria. En los sistemas complejos las consecuencias imprevistas e inesperadas no son la excepción, son la norma.
¿Y qué cosa es, en suma, lo que llaman inteligencia artificial? La inteligencia artificial general es precisamente la quimera máxima: la creación de una máquina con inteligencia sobrehumana. La mera mención de esa expresión trae a la memoria de quienes están empapados en este tema todas las variables que se ocupó siempre de explorar la ciencia ficción.
Pero estamos cerca de que ya no sea solamente una idea de película. El informe concluye con una recomendación de seguir estudiando en profundidad para entender el funcionamiento de estos sistemas. Una vez más, lo que está en juego es la posibilidad de crear una máquina superinteligente. Mucho más inteligente que un ser humano.
Un chimpancé, por darte un ejemplo supuestamente de rigor científico, es una criatura sumamente inteligente pero claramente está un peldaño por debajo de la capacidad humana. Jamás podría un simio interpretar el contenido de este trabajo y ofrecer una opinión al respecto. Lo que nos dicen es que esa misma brecha insondable podría generarse entre un humano y una máquina superinteligente. Podríamos estar tan afuera de todo como un primate en una conferencia académica. ¿Cuál sería el riesgo concreto, entonces? Una forma de abordarlo, es pensar cómo nos comportamos nosotros con las criaturas de menor capacidad intelectual.
Si vamos caminando y pisamos una hormiga, no nos altera el día. Si, en cambio, nos molestan porque son muchas, les arrojamos veneno y tratamos de aniquilarlas. Los mosquitos, que sí nos molestan bastante, nos obsesionan y los perseguimos hasta aplastarlos. En el extremo contrario, el osito panda nos cae muy simpático y hacemos denodados esfuerzos para evitar su extinción.
Entonces cabe preguntarnos: ¿En qué lugar quedaremos nosotros respecto de esas super inteligencias? Tal vez, decidan cuidarnos, pero, si por alguna razón las molestamos, está el riesgo de que inventen un “veneno” para aniquilarnos. Si tuviéramos que agradar a otro para que nos deje vivir, quedaríamos en una posición de absoluta sumisión.
Cuando se evalúan los riesgos, solemos imaginar una entidad súper malvada, un villano como los de las películas. Pero no necesariamente tiene que ser así: en la naturaleza puede existir destrucción sin maldad. El proceso de la reproducción de virus y bacterias puede llegar a matarnos con su mera existencia, sin que los microbios tengan conciencia ni objetivo alguno detrás del daño que causan.
Salvo que “alguien” se encargue de sembrarlos de alguna manera. Entonces, la IA podría ser algo que meramente exista de forma ontológica y que, aún sin ser portador de conciencia o maldad, se convierta en algo tremendamente nocivo. Esto es lo que dice la ciencia o pseudo ciencia, obviamente, pero para nosotros las cosas creo que son mucho más simples, claras y puntuales.
Ahora bien; esto es lo que en grandes rasgos dice lo que aquí consideramos como “ciencia”. Nadie del común sabe si esto que te cuentan es así o no. Si acaso es menor y te lo agrandan para operarte emocionalmente o si es mayor y te lo achican para que estés confiado. Lo que sí te puedo asegurar, es que esto no proviene de Dios ni por asomo. Y no me consideres un vetusto que añora tiempos pasados.
Si un Dios como el nuestro creó un hombre con la inteligencia natural que ese hombre posee, ¿Qué sentido tendría crear una máquina que lo reemplace? Además, ¿A quien respondería la programación de esa máquina si permite y financia cosas que Dios no aprueba? No estoy en contra de ninguna forma de avance tecnológico que ayude al hombre a tener mejor calidad de vida, pero de ninguna manera estoy dispuesto a aprobar aquel que pretenda reemplazarlo o automatizarlo.
Hoy, nosotros, en nuestros ambientes cristianos o pseudo cristianos, consideramos como muy inteligentes a los que en corto o mediano lapso ascienden en sus funciones o cargos hasta llegar a lo que pueda considerarse como jerarquías máximas. Te pregunto y me pregunto: ¿Podemos considerar como inteligentes a los que no dudan ni vacilan en aplastar a quien o a cuantos deba aplastar para poder llegar a una posición de prestigio y hasta buen salario dentro de una organización cristiana?
Tú piensa como mejor te parezca, pero a mí déjame seguir pensando y creyendo que nada de eso puede agradar a un Dios justo y santo, aunque sí agrade a muchísimos hombres que aseguran representarlo “oficialmente”. En la iglesia humana existen jerarquías que se respetan y se sostienen económicamente. En el Reino de Dios, creo en la existencia de rangos que Él mismo les otorga a los que son justos, que significa ser obedientes y en santidad.
Observa, mediante la lectura de los evangelios, la conducta en el día a día que tuvo Jesús mientras ejerció su ministerio. ¿Tú crees que los jerarcas de la religión de su tiempo lo consideraban un muchacho inteligente? Más bien, estoy convencido que lo tenían por todo lo contrario. ¿Cómo podía ser inteligente alguien que, en lugar de aprovechar una buena posición como la que ostentaba su familia visible, elegía juntarse con otros jóvenes a caminar los campos hablando en un idioma espiritual absolutamente desconocido hasta ese momento?
Yo siempre Pensé y creo no estar muy lejos de la verdad, que si cualquiera de nosotros, cristianos modernos, hoy, nos encontráramos con alguien que pretende enseñarnos algo genuino pero que no figura en nuestras doctrinas tradicionales, lo tildaríamos de loco, místico, fabulador o algo peor. Y estoy hablando de Jesús, propietario del espíritu de inteligencia divina, porque así está escrito en la Palabra de Dios.
En suma: si ser inteligente para el mundo secular es trepar en tu empresa a cualquier precio, obtener riquezas por cualquier método o acceder a sitios de poder usando cualquier estratagema, se los agradezco mucho, pero no cuenten conmigo. Me quedo con la inteligencia modo Jesús y orando para llegar al menos a una milésima de la que verdaderamente fue la suya. Con eso, seguramente me será más que suficiente para hacer verdad ese texto que tantas veces repetimos como loros amaestrados y tan poco hacemos efectivo: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
47 – Espíritu de Consejo
Isaías 11: 2 = Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová
Consejo. Ha existido en muchos lugares un a especie de confusión a partir de una letra. La palabra Concejo, escrita así, con la letra “c”, no tiene nada que ver con la que leemos aquí. Concejo es la sede de un ayuntamiento, comuna o municipio, como quiera se llame en cada lugar, donde se reúnen los concejales que son el cuerpo legislativo de esos sitios.
Consejo, mientras tanto, es otra cosa muy diferente. Nuestros diccionarios dicen que es la opinión de alguien con respecto a algo, que es transferida a otra persona con la finalidad de ayudarla a tomar una decisión. Quizás haya algo de esto, pero creo que es mejor que nos introduzcamos en su estudio y ver si realmente esa característica y parte de la esencia de Dios, es lo que realmente nosotros conocemos.
El Espíritu de Consejo, entre otras alternancias, tiene que ver específicamente con el arte de la planificación y la toma de decisiones, con el asesorar, el aconsejar y también el querer. Es un baluarte divino que solamente tendrá utilización a la hora de ser necesario para consolar almas angustiadas. Es patrimonio de Dios y a Él le desagrada que los hombres no lo utilicen.
De hecho, cuando los gabaonitas se fingieron embajadores para engañar a Josué, dice que Israel se confió y tomó las provisiones de ellos, sin consultar a Dios. No permitieron que el Padre ejerciera su espíritu de consejo y obraron conforme a su sabiduría humana. Yo me pregunto cuántos, de nosotros, hoy, cometemos el mismo pecado. Cuantos pensamos, decidimos y ejecutamos algo que nos parece bien y recién después oramos a Dios para que lo bendiga y respalde.
Esta fue la segunda vez que Josué actuó sin consultar a Jehová. La primera había sido en Hai. Las consecuencias, ya las conoces. Por eso siempre es aconsejable buscar a Dios en oración cada vez que debas tomar alguna decisión, no interesa si es tan importante o no, no le hace. Pero hazlo antes de moverte, no después. En la mayor parte de las congregaciones que he conocido durante mi etapa de membresía tradicional, las decisiones se tomaban con mayor o menor participación de la iglesia en su conjunto.
En el caso de las más conservadoras y supuestamente democráticas, hasta por el sistema de votación en asambleas. En el caso de las más pentecostalizadas, todo se hacía a la usanza vaticana: por decisión unilateral del pastor titular. En lo que ambas parecerían ponerse de acuerdo puntualmente, era en no consultar a Dios. Siempre vi orar pidiendo al Señor que bendijera las decisiones ya tomadas, pero nunca a gente esperando pacientemente una respuesta para luego decidir. ¿Será por eso que se ha fracasado tanto?
Job parece tener muy en claro todo esto. Él dice que con Dios está la sabiduría y el poder, y que, además, también es suyo el consejo y la inteligencia. Está mencionando, fíjate, a cuatro de los siete espíritus de los que estamos hablando, pero está haciendo hincapié notorio en el de consejo. Estas cuatro cosas están mancomunadas en la esencia de nuestro Dios. Sabiduría, poder, consejo e inteligencia. Muchos se preguntarán: Si tienes el poder de Dios, ¿Para qué necesitas sabiduría, consejo o inteligencia?
Es que lo uno sin lo otro, es mediocre. Por eso opera todo junto. El dueño de una empresa, por ejemplo, tiene el suficiente poder como para obligar a todos sus empleados a realizar todas las tareas que a él se le antojen necesarias para algún fin determinado. Será obedecido, sin dudas, pero solamente será apreciado, admirado y convertido en líder indiscutible, si a esa acción de poder le añade sabiduría, consejo e inteligencia.
48 – Hay un Solo Infalible
El salmista dice que el consejo de Dios permanecerá para siempre, y los pensamientos de su corazón, por todas las generaciones. ¿Tienes una vaga idea de lo que significa decir “para siempre” y luego ampliar eso a todas las generaciones nacidas, naciendo y por nacer? Si la tienes, estás dotado por una unción especial y el Espíritu Santo te está dando revelación y dirección precisa y puntual.
Porque ambas expresiones tienen concepto de eternidad y pertenecen exclusivamente al ámbito del espíritu. Hay aquí en esto que te menciono una precisión anotada al respecto de la palabra “consejo”. Se consigna que en este caso se refiere a todo el plan de Dios para la humanidad en el marco de la historia. Es decir, para que se entienda mejor: no estamos hablando de consejería almática, sentimental o matrimonial, sino de patrón, croquis, modelo o plan para la creación en su conjunto.
Más adelante, el mismo autor añade que Dios lo ha guiado con su consejo, pero que luego confía en que lo recibirá en gloria. Se refiere a una persona que vive conforme a como verdaderamente debería vivir cada uno de nosotros, que decimos ser hijos de Dios por adopción. Esto implica vivir conforme a la palabra de Dios, ya que ese es Su máximo consejo, o el fundamental para entender.
Y eso es para luego aspirar a lo más importante que puede aspirar un modesto hombrecillo de pies pegados al piso: ser recibido en gloria por Su Padre celestial. Todas estas cosas, dichas así, parecen extraídas de la literatura cristiana conforme a sus razones teológicas, pero la gran verdad de todas las verdades es que funciona, es así y puede probarse y comprobarse con mucha certeza.
Y continúa reprochándoles que muy pronto ellos olvidaron sus malas obras y no esperaron el consejo del Padre. Es obvio que habla de la increíble postura del pueblo de Israel para con ese Dios que los había sacado de tantas y tantas vicisitudes. Páginas y páginas de nuestras Biblias encerrando relatos de hechos que fueron siempre favorables a un Israel terco y duro, por parte de un Dios misericordioso y paciente.
Deberían haber aprendido la lección que su propia historia les estaba dando, pero no lo hicieron. Eligieron, ante el primer obstáculo más o menos serio, optar por otras soluciones. Algunas, humanas, con todo lo que la sabiduría humana implica, y otras sencilla y directamente diabólicas. Por lo uno o por lo otro, se olvidaron de Dios y de su consejo perfecto. Esa fue Israel. ¿Y la iglesia, hoy? ¿De verdad tú crees que se está comportando mejor que el viejo y terco Israel?
Por eso desde los mismos salmos se lo rotula como pueblo rebelde y aborrecedor del consejo del Altísimo. Es obvio que esto va mucho más allá de una simple desobediencia por omisión, olvido o sencillamente ignorancia. Esto es pleno libreto del infierno cumplido por hombres sin alma. Porque desechar el consejo de Dios para tomar otro, puede estar dentro del libre albedrío del hombre, pero aborrecerlo, eso sólo queda reservado para Satanás, sus demonios y todos sus personeros terrenales.
Ahora, reflexiona. Pero no lo hagas con respecto a vidas ajenas que hayas visto comportarse así, hazlo con tu propia vida. ¿Estás seguro o segura que nunca has despreciado el consejo de Dios para tomar uno que el mundo secular te hace creer que le pertenece? ¿Y tú todavía no aprendiste que lo que no viene de Dios viene del reino de las tinieblas? No hay camino neutro ni intermedio; recoges o desparramas.
Por eso no es casual que Salomón haya escrito en sus proverbios que hay muchos pensamientos en el corazón del hombre, pero que cuando recibe el consejo de Dios, eso permanece en su vida para siempre. Así como nos ha sucedido en más de una oportunidad que, sin saber qué decir en una situación límite, “casualmente” nos hemos acordado de un versículo que resume el momento de modo perfecto, así también, aunque parezca no estar en nuestras memorias, a la hora de las grandes decisiones de un verdadero creyente, el consejo de Dios aparece casi milagrosamente en su vida.
He fracasado en muchas instancias de mi vida personal y ministerial por olvidar esto. Pero, también he experimentado la imborrable bendición de haber recordado algo quizás escuchado o leído decenas de años antes y me ha sido útil para solucionar un tema actual. Eso es, en grandes rasgos, el consejo de Dios.
Veamos: ¿Cuánta gente que vive orgullosa de sus ancestros y de lo que ellos hicieron y le dejaron como herencia? Yo he conocido a varios. ¿Sabes qué? No llegan a entender que, en muchos de esos casos, lo que para ellos es un motivo de orgullo, para Dios es pecado de iniquidad, generacional y hereditario. Y para colmo de males, eso siempre se posee dentro de un envase de alta vanidad que hace directamente imposible el darse cuenta y solucionarlo. Allí es donde se necesita el consejo divino.
Y allí es donde, también, el hombre suele cometer el error más frecuente, que es el de acudir al consejo humano, en casos disfrazado de científico o profesional. Isaías ya hablaba de eso, y créeme que era una ironía de marca mayor en este libro. Porque te da la sensación que habla de tanta y tanta gente que todavía pulula hoy por nuestras iglesias, que no sólo viven en total y absoluta desobediencia a Dios, sino que además hacen del pecado una forma cotidiana de vida y del consejo divino apenas un mero entretenimiento pasajero que ni memorizan ni cumplen.
Hay un capítulo de alabanza que serán entonadas por los justos a través de la historia. La primera persona (Te exaltaré, te alabaré), no representa a Isaías, sino a todos los redimidos por Dios, especialmente por aquellos que ocupan la escena apocalíptica. Sin embargo, lo que debemos rescatar para nuestra propia vida diaria, es la calidad y cualidad que se le atribuye al consejo de Dios pese –se lo destaca- a que tienen suficiente antigüedad como para que muchos desaprensivos lo tengan por perimidos.
Pero, una de las cosas que los que aspiran a formar parte de la jurisdicción del Reino tienen muy presente, es que deben dejar de lado toda ligadura emocional con lo terrenal. Si le das prioridad a la lógica griega por sobre la palabra de Dios, tu vida no será ni mejor ni peor que la de tu vecino incrédulo. Y el final quizás pueda tener alguna diferencia, pero eso siempre y cuando hayas tomado una decisión genuina y no simulada. Dios no puede ser engañado ni burlado, y además es infalible en sus conclusiones.
49 – Refugiados en La Palabra
Jeremías se pregunta si alguien estuvo en el secreto de Dios y por causa de estarlo, pudo oír su Palabra. Él mismo se da respuesta cuando, milímetros más adelante, dice que Dios aclara que, si alguien hubiera estado en su secreto, habría hecho oír Su Palabra al pueblo, y como consecuencia de ello, lo hubiera hecho volver de sus malos caminos y de la maldad de sus obras. Eso nos deja pensando en un hoy que no es de ninguna manera distinto al del tiempo en que Jeremías escribe esto.
Porque aquí el consejo de Jehová pasa por donde indudablemente tendrá que pasar en la mayor parte de las veces: por su Palabra. Quien no sepa qué hacer en una determinada situación, siempre tendrá un texto bíblico para recordar y tomar base, porque para eso fue escrito. Y que conste que no estoy hablando de una suerte de bibliomancia a la que tantos cristianos son adeptos, sino de la lectura correcta, de los textos correctos e interpretados de la manera correcta, esto es: conforme a lo que el Espíritu Santo revela.
Y es por esa misma razón que, luego de hacerse estas preguntas, el profeta reflexiona y expresa su admiración por Aquel que hizo el cielo y la tierra con su gran poder y con su brazo extendido. Eso lo lleva a la conclusión de que no hay nada difícil para ese Dios que, añade, vive haciendo misericordia a millares. Pero aclara que, así como ejecuta esa parte de su esencia, también da curso a la otra, a la de la Justicia, que lo lleva a castigar la maldad de los padres en sus hijos después de ellos, algo que hoy conocemos con el nombre de Iniquidad.
Y es aquí, en esta reflexión donde Jeremías tiene el santo impulso de adorar y alabar al Todopoderoso que, según expresa entre otros conceptos, es grande en consejo y magnífico en hechos. ¿Sabes qué? Esto es alabanza, esto es adoración. Esto es hacerlo en espíritu y en verdad. Nada que ver con tiempos de música lenta o con ritmo, que es en lo que nosotros convertimos esa alabanza y esa adoración.
Por eso es que Pablo, en su discurso a los ancianos de Éfeso, les dice que les protesta con razones puntuales. Les aclara que está limpio de la sangre de todos porque no ha rehuido nunca anunciarles el consejo de Dios. Esto te deja en clara evidencia que el consejo divino, en este caso al menos, es estrictamente lo que tiene que ver con Su Palabra y no con alguna idea íntima que procura solucionar asuntos emocionales o sentimentales. Eso llegó después a lo que llamamos iglesia.
Y no se lo estaba diciendo a cualquiera, sino a obispos de su tiempo. Un obispo era un supervisor, alguien que estaba al frente de la conducción de algo. Un pastor actual, si es que quieres verlo así, aunque con enormes diferencias de manejo y poder. ¿Y qué es lo que dice que deberá hacer un obispo para preciarse de serlo? Llevarle al rebaño el consejo de Dios, y no rehuirlo él personalmente. Hoy esto es una falencia notoria.
No sólo no se le lleva a la gente la palabra auténtica de Dios, reemplazándola por elucubraciones denominacionales o de credos auto denominados como “cristianos”, sino que además los propios líderes están muy lejos de cumplir con ese consejo. Consejería cristiana, una práctica que mezcla humanismo intelectual con psicología adaptada y barnizada con versículos bíblicos. Su resultado, lo estás viendo donde quiera que residas.
Sin irnos demasiado por las ramas, ahí tienes ese pasaje donde Pablo les dice a los Filipenses que se ocupen en su salvación con temor y temblor, ¿Lo recuerdas? Este texto, durante mucho tiempo, se interpretó como una advertencia de Pablo respecto a la posibilidad de perder la salvación obtenida, lo cual dio lugar a posturas, tesis y debates teológicos que dividieron iglesias, separaron personas y hasta crearon denominaciones. Todo porque los cristianos todavía no nos hemos acostumbrado ni aprendido a leer la Biblia tal cual está escrita, respetando todas las reglas gramaticales, y no confundiendo signos y puntuaciones llevándonos a nosotros mismos a confusiones graves.
Porque aquí, lo que dice Pablo, es que debemos ocuparnos EN nuestra salvación con temor y temblor, no DE nuestra salvación. Porque si fuera DE, entonces sí estaríamos hablando de algo que poseemos y que podemos `perder, pero dice EN, y eso significa “adentro de”. Si tú te ocupas DE tu casa, significa que debes cuidarla, protegerla e impedir que te la roben, usurpen o arruinen.
Pero si te ocupas EN tu casa, eso quiere decir que puedes ponerte a escribir, pintar, componer canciones o cualquier otra cosa parecida. Ocuparnos EN nuestra salvación es utilizarla de la mejor manera que encontremos. Predicando el evangelio, llevando a otros a los pies de Cristo, enseñando sobre el Reino de Dios y su justicia y, esencialmente, compartiendo con los demás el consejo divino.
50 – Elección sin Manipulación
En lo que hoy sería catalogado como un mensaje tendiente a mover los bolsillos y billeteras con la finalidad de recoger una buena ofrenda, Pablo les aconseja a los Corintios que lo hagan. El capítulo 8 de su Segunda carta se refiere a eso. Pero les dice dos cosas en ese consejo de origen divino, que no siempre se repiten hoy.
Una ofrenda se entrega si se desea hacerlo, no obligado por las circunstancias, por quedar bien delante de los líderes, por no pasar por avaros delante de los hermanos, como una deuda de gratitud por lo que se haya hecho a nuestro favor o, sencillamente, como una gran mayoría, como manera de ser parte de la iglesia en su conjunto y recibir un tratamiento privilegiado acorde a la calidad de esa ofrenda. Por deseo íntimo como expresión de un sentir profundo puesto allí como carga por el Espíritu Santo, muy pocos. Y es de eso que Pablo les habla cuando los aconseja.
Y le añade algo que realmente es tremendo, porque forma parte de lo que indudablemente es el espíritu de la jurisdicción o ámbito del Reino de Dios. Primero les dice que no solamente les conviene ofrendar, sino que lo mejor que puede sucederles, es que quieran hacerlo, no que lo hagan por obligación. Quien ofrenda por obligación, recibe por compasión.
Quien ofrenda por voluntad y deseo, recibe por obediencia. El primer consejo, es que cada uno lo haga conforme a lo que tenga, que no significa como muchos creíamos, que quien tiene mucho debe dar mucho y quien tiene poco debe dar poco. Sobre esto se ha hablado tanto que todavía existe una niebla de confusión que ha llevado al error a más de uno. Equivocados. Con la mejor de las intenciones en la mayoría de los casos, pero igualmente equivocados.
Significa lo que suscribe al final, que, si existe una voluntad dispuesta a dar, sin presiones ni manipulaciones, esa ofrenda será aceptada según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. No será justificado un pobre porque ofrende un millón de dólares provenientes de la delincuencia, como tampoco un multimillonario que ofrende un dólar. Esto también se llama Justicia. Que a todas luces es una asignatura pendiente en la iglesia actual.
Como podemos ver, Pablo da un consejo, que también podríamos catalogar como opinión, y no un mandato para borrar cualquier apariencia de coacción. Nosotros también podemos hacer lo mismo, pero sin cometer el grueso error que muchos han venido cometiendo hasta hoy. Emitir opiniones o consejos personales y darles entidad de “palabra dada por Dios en oración”. Lo primero es sabiduría para el consejo, lo segundo sencillamente herejía.
El espíritu de Consejo es necesario para saber elegir en el día a día lo que Dios quiere, no sólo lo que es lícito, sino lo que es mejor; es tener el discernimiento interior para optar por lo bueno, por lo que le agrada a Dios, por lo perfecto. Es no conformarse a este sistema pervertido por el infierno a través del humanismo, el intelecto sobrevaluado, las ciencias alternativas y las adicciones y optar por transformarse por medio de la renovación del entendimiento.
Esa es, hasta hoy, la única manera válida conocida para saber con certeza cuál pueda ser la voluntad de Dios agradable y perfecta para nuestras vidas. De este espíritu depende la conciencia formada y recta, la delicadeza y sensibilidad de la misma conciencia. Gracias al Espíritu de Consejo, se apuesta por la voluntad divina, se sigue la insinuación del Espíritu. Por ese motivo es que el salmista bendice al Señor que le aconseja, que hasta de noche le instruye internamente.
Pablo, después de su conversión, da testimonio de cómo siguió la directriz del Espíritu. Dice textualmente: Cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que lo anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia…
Por la obediencia al espíritu de Consejo se acierta en la elección de forma de vida, en el discernimiento de la vocación. Para seguir la insinuación del Espíritu Santo se debe permanecer atento a los signos que acompañan sus sugerencias; Él es el Abogado, el Defensor, el Paracleto. El Espíritu actúa sin violencia y es fiel. No se impone, a pesar de que no cesa en su acompañamiento.
No compite, pero se deja notar por la paz del corazón. No abandona, aunque se tarde en percibirlo. Es como el ojo de la conciencia, el oído del corazón, la luz en el horizonte, hacia donde se deben dirigir los pasos. El Espíritu se comunica a través de la oración. En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar; es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica.
Es necesario también examinar nuestra conciencia en relación con la Cruz del Señor. Estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza recibida, y solamente la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas nos puede otorgar la garantía de no ser engañados ni llevados por falsos senderos religiosos.
Durante los últimos tiempos, muchos hemos estado explorando el poder de nuestras decisiones; esto es, nuestra fuerza de voluntad. Como creyentes, Dios nos ha dado libre albedrío para seguir Su voluntad a cada momento, o seguir lo que creemos y pensamos. Las decisiones emocionales, sin embargo, y a pesar de estar puestas allí por Dios conjuntamente a todo lo creado, apagan el Espíritu de Dios.
Mientras que las decisiones en Fe (Decisiones que seguimos a pesar de cómo nos sentimos) desatan todo el poder de Dios para ayudarnos. Entonces, nuestra fuerza de voluntad- lo correcto que escogemos hacer en cada momento- es lo más importante que será visto en nuestras almas.
Este es el pasaje, la entrada o la puerta para que la vida de Dios fluya en nuestros corazones y en nuestras vidas. Este pasaje o puerta se abre, si bien a primera vista parece no ser sencillo de transitar, es altamente necesario para que fluya la vida de Dios fácilmente; o se cierra, así estancando y bloqueando la vida de Dios en nosotros. Todo depende de nuestra decisión.
Dios nos ha dado su autoridad no para tomar decisiones que estén basadas en nuestros propios sentimientos, sino que nos ha dado su poder para llevar a cabo o implementar buenas decisiones en nuestras vidas. Exploremos esta área mejor. Y no como un mero entretenimiento religioso, sino como forma de estilo de vida ordenado por el Señor en Su Palabra.
51 – Hay Una Sola Voluntad
¿Cómo nos aconseja Dios hasta que se lleva a cabo Su voluntad?, ¿Cómo nos ayuda Él para que Su voluntad sea hecha y cumplida en nuestras vidas? Isaías 11, que es el eje central de nuestro trabajo presente, nos da la respuesta. En este pasaje, Dios enumera las 7 funciones del Espíritu de Dios. Una de estas funciones se llama el Espíritu de Consejo que significa conocimiento sobrenatural de la voluntad de Dios en nuestra propia vida individual. ¡En otras palabras, son las instrucciones personales de Dios, su dirección, para ayudarnos a tomar decisiones según el designio de su voluntad! El Espíritu de Consejo es como nuestro consejero personal, nuestro ayudador, nuestro guía.
Él nos dice lo que debemos y no debemos hacer. Recuerda que según Pablo, Dios nos promete que Él es en nosotros quien… produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Esto significa que Dios está en nosotros para hacernos saber cuál es su voluntad para nuestras propias situaciones particulares. La palabra en el Antiguo Testamento para consejo es esa y significa direccionarnos y no desviarnos del camino. (No desviarnos de ser formados a su imagen). Naturalmente, solo Dios nos puede mantener en línea recta, porque solo él conoce nuestros propios caminos. Aquí tenemos un grandioso ejemplo:
Años atrás, una familia cristiana preciosa, afrontó un problema realmente importante. Su hijo fue herido gravemente en un accidente acuático, que rompió su espalda y quedó paralizado desde el cuello hacia abajo. La primera semana es siempre muy crítica, después de un accidente como este. Muchas decisiones de vida y muerte se deben tomar. Todos los doctores habían aconsejado a la familia que, si ellos querían que su hijo sobreviviera, debían hacerle una operación de fusión ósea.
Esta operación iba a ser muy peligrosa, especialmente porque la condición física de su hijo era bastante precaria. Todos los médicos concluyeron que la operación era la mejor decisión y que todo había sido preparado para ello. La mamá había decidido estar a solas con Dios, orar y buscar su consejo. Ella le dijo a Dios que no tenía la más mínima idea de lo que se debía hacer con respecto a su hijo. Pero, que ella reconocía que Dios estaba en control de sus vidas y le pidió que, si la operación era la decisión incorrecta, que por favor interviniera.
No me preguntes el motivo, pero cuando supe de este caso, no pude menos que recordar lo que Salomón escribe en uno de sus proverbios, cuando dice: Confía en el Señor de todo tu corazón; y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. El caso es que justo cuando su hijo estaba listo para ser llevado a la sala de operación, un tío de él quien también era neurocirujano, llamó y le dijo a la familia que definitivamente no se hiciera la operación.
Ellos no pudieron memorizar todas las razones médicas que él les dio, pero la familia sintió como Dios estaba interviniendo, así que decidieron posponer la operación. Es notorio que los médicos estaban completamente desconcertados por la decisión de la familia, pero sin embargo la respetaron, independientemente de no estar de acuerdo con ella.
En menos de dos horas después de la llamada de teléfono, su hijo comenzó a tener un serio problema respiratorio y si hubiera estado en medio de la operación nunca habría sobrevivido. Esta operación fue puesta en agenda por tres veces más. Pero en cada caso, Dios intervino de manera sobrenatural y las detuvo. Una vez mientras su hijo estaba recibiendo una transfusión, ya listo para la operación, comenzó a tener una reacción alérgica y estalló en una urticaria (picazón de la piel).
Una vez más la operación se postergó. Lo último que se supo, fue que su hijo nunca tuvo que ser intervenido, pero que había sobrevivido a esta prueba y se encontraba bastante bien. A ver: no estamos hablando de un tremendo milagro espectacular, sino sencillamente de cómo Dios, en su infinita misericordia, le prolongó la vida por muchos años a un joven que seguramente la hubiera perdido en la primera cirugía. No esperes entenderlo, sólo acéptalo como voluntad divina.
El consejo sobrenatural de Dios va de la mano con algo llamado Fortaleza. O sea que la fortaleza de Dios está en la habilidad sobrenatural de tomar lo que ÉL nos ha aconsejado, y luego llevarlo a cabo en nuestras vidas. En otras palabras, ¿Qué tan bueno es conocer cuál es la voluntad de Dios si no tenemos la fortaleza o poder para realizarlo? Nuevamente es Pablo el que nos aporta algo cuando expresa: porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad…
Esto nos dice con absoluta claridad que Dios no necesita de nuestras habilidades naturales o fortalezas físicas o emocionales para ayudarlo a llevar a cabo su propósito en nosotros. En realidad, cuando intentamos llevar a cabo su voluntad con nuestra propia fortaleza, simplemente le impedimos a Él hacerlo.
Que se entienda: no nos castiga por elegir eso, pero inexorablemente tiene que apartarse y dejarnos librados a nuestra propia fortuna. Aun cuando tengamos grandiosas capacidades propias, debemos aun así confiar en Dios en todo lo que hagamos. Jesús nos dice, porque separados de mi nada podéis hacer. En otras palabras, todo lo que hagamos con nuestras propias habilidades, separados de su Fortaleza, no tendrá fruto.
52 – Siempre Él; no Nosotros
Como dice ese texto que tantas veces nos leyeron, nos enseñaron, nos predicaron y nos exhortaron, pero llamativamente no tantas veces nos mostraron en su ejecución práctica: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Así, toda confianza en uno mismo debe ser confesada y reemplazada por la confianza en Dios; debemos prescindir de toda nuestra autoestima (Esa especie de me gusta lo que hago y lo que soy) y confiar en Dios (Que en ese caso sería: me gusta lo que Dios hace a través de mí y lo que está haciendo en mí); toda nuestra confianza en uno mismo debe ser sustituida por la fortaleza de Dios y su habilidad. En otras palabras, no es lo que nosotros podamos hacer por Dios, pero lo que Dios hará a través de nosotros.
No es apenas conveniente, sino que es fundamental que Dios nos aconseje y haga su voluntad en nosotros. ¿Por qué? Entre otras muy buenas razones, en que, si Él hace eso, será el único en llevarse la gloria. Que el sabio no se alabe a él mismo en su sabiduría humana, es lo que aconsejaba Jeremías. Y le añadía al valiente por su valentía y al rico por sus riquezas.
El profeta aseguraba que de lo único que era conveniente y fundamental que el hombre se alabara, era de entender a Dios y conocerlo, que no es simplemente tener mucha información teológica acerca de Él, sino simplemente intimidad. Pero recuerda esto a la hora de esa intimidad. En nada de lo que hagas en esta vida, podrás tener intimidad si antes no sientes pasión por esa intimidad. ¿Soy claro?
Lo que denominamos como la fortaleza de Dios, en griego significa poder para reinar, dominio de si mismo, autocontrol, o mejor dicho, control del espíritu. Esto es exactamente lo que la fortaleza de Dios hace en cada uno de nosotros si le damos lugar. Reina en (O lleva a cautividad) nuestro ser, para que la vida de Dios venga a nosotros. Lucas aún dice, Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas. Cuando pasamos por tiempos difíciles y tomamos decisiones en fe, no es por lo que sentimos, pensamos o queremos, sino que es a la manera de Dios.
Dios nos dará su poder sobrenatural para renunciar a nuestros sentimientos carnales, pensamientos incontrolables, y deseos egoístas. Así entonces podremos caminar en su Espíritu y su vida. El Espíritu de Consejo y la fortaleza de Dios son únicamente la Autoridad de Dios y el Poder de Dios para abandonar los hábitos de la carne y ser revestidos de Cristo. No es una simple palabra. Revestidos, significa que estábamos vestidos de Él, nos quitamos esa ropa por pura carnalidad y ahora nos la vamos a volver a poner.
Recuerdo que una joven mujer cristiana relataba respecto a cómo había añorado asistir a su primer retiro de mujeres de la Iglesia. Estaba tan emocionada que había estado contando los días hasta que llegó ese fin de semana. Finalmente, ese día llegó, y por las primeras veinticuatro horas tuvo uno día magnífico. Pero la noche del sábado cambió todo.
Después del Servicio hubo un tiempo para reunirse y buscar más de la presencia de Dios. Durante el tiempo de adoración, se sintió movida por el Espíritu a hablar lo que el Señor le estaba diciendo, entonces dijo unas pocas palabras en lenguas (una lengua espiritual que es un don de Dios). Alguien lo interpretó muy despacito en la parte de atrás del salón. Pero evidentemente, no todos escucharon.
Nadie le dijo nada a ella esa noche, pero la próxima mañana, escuchó a la esposa del pastor diciéndole a uno de los nuevos creyentes que el incidente de la noche anterior (El de hablar en lenguas) había sido un don malgastado porque había sido usado de la manera incorrecta.” En otras palabras, no había sido interpretado. Bueno, te puedes imaginar la humillación que esa mujer sintió.
Ella salió llorando porque estaba herida, pero al mismo tiempo, ella confesó y se arrepintió de su enojo que sintió hacia la líder. Ella le dijo al Señor. “Perdóname si usé mi don incorrectamente”. Luego, le rogó al Señor que le confirmara a su corazón si debía haber hablado o no. Le dijo, ¿Fue de tu Espíritu o de mi carne?
Agregando más sal a la herida, esa tarde la esposa del pastor nuevamente se levantó en frente de todo el grupo y compartió diciendo: “Lo que ocurrió la noche fue un don malgastado porque fue usado incorrectamente- no hubo interpretación.” De nuevo, el corazón de esa mujer fue dañado. (Solo imagina cómo te sentirías si esto te ocurriera a ti.) Justo después una mujer se levantó de la audiencia y dijo, “Oh, no; lo que se habló anoche fue definitivamente del Señor. El me dio la interpretación, pero tuve temor y callé.”
Luego, otra mujer de atrás del auditorio se levantó y dijo. “yo también estaba dando la interpretación, pero a causa que soy de otro grupo de creyentes, no dije nada.” Ella entonces dijo lo que sintió de parte de Dios y la primera mujer que se había levantado dijo también. “Sí, eso fue exactamente lo que yo recibí.”
El líder luego confesó que había actuado equivocadamente y había malinterpretado lo que había ocurrido la noche anterior. La mujer luego comenzó a sollozar porque Dios estaba específicamente respondiendo a su oración- Dios le estaba confirmando que Él, efectivamente la había llevado a hablar. Esta hermosa joven, sin embargo, no se detuvo allí. Ella tomó una decisión de fe para dejar de lado sus sentimientos de rabia y enojo hacia la esposa del pastor que eran justificados según ella; sin embargo, se humilló, se acercó, le abrazó y le dijo que le amaba.
Ella le contaba luego a sus más cercanos como sintió el amor de Dios hacia esta mujer. ¡Esto era absolutamente un milagro! En el pasado seguramente ella habría actuado desde sus sentimientos de dolor y enojo, totalmente fuera del amor de Dios. Pero, a causa que ella se entregó a ÉL esos sentimientos. Él le dio su amor por ella. ¡Fue un milagro!” La única ruta a la humillación es la Cruz. Nosotros somos humildes en la medida que nos rendimos al Señor. Esta joven mujer ciertamente es un ejemplo de esto.
53 – Muriendo en La Carne
La muerte, (La de nosotros mismos) es la única puerta a la vida real. Solo muriendo (Que para que no lo entiendas mal, es lisa y llanamente estar escogiendo dejar de lado nuestro yo) produce como fruto la vida de Dios. Recuerda lo que dice Juan. Si un grano de trigo que cae en la tierra no muere, se queda solo, pero si realmente muere, entonces lleva mucho fruto. Eso, en obvia metáfora con lo que Jesús hizo en la cruz por ti, por mí, por todos.
¿Alguna vez te detuviste a pensar qué grado de ofensa casi agresiva para con Él, sería no creer en eso que hizo o, saberlo, creerlo, pero no darle importancia? Es así como, el creyente maduro es quien reconoce su propia vida y en cada momento escoge entregársela a Dios. La famosa y tan predicada madurez de Cristo, no es tener tanto conocimiento teológico, ir a la Iglesia regularmente, enseñar estudios Bíblicos o aún escribir libros.
Porque eso sería apenas información, que de ninguna manera es igual a transformación, pero simplemente tomar las decisiones de fe correctas, ir limpiándonos día a día con lo que Dios nos muestra de nuestro propio corazón. Así la vida de Dios se hace vida en nosotros. En otras palabras, las personas son realmente maduras cuando toman decisiones, consultando a Dios en todo momento.
La manera en que podemos saber qué tan maduros estamos en el Señor, es cuando somos sensibles para ver nuestro propio pecado. Y también es verdad que: mientras más maduro eres en el Señor, más pecado ves en ti mismo. Peor te sientes, más te refugias en Él, más maduras y así sucesivamente.
Caminar en el consejo de Dios y en su fortaleza, es la victoria que venció al mundo. Esto es la fe. Las decisiones que tomamos no solo le permiten a Dios trabajar, sino que también nuestras decisiones permiten que Él pueda obrar en nuestra vida. En la primera de sus cartas, Juan dice que los victoriosos son aquellos que dejan que prevalezca el Espíritu de Dios por sobre lo que piensan, sobre sus emociones, y sobre sus propios deseos.
Esto es la preparación (Que es como decir equipamiento, la limpieza) que cada uno de nosotros debe escoger hacer diariamente. Es nuestra propia responsabilidad de dejar lo viejo y revestirnos de lo nuevo. Nosotros ya poseemos la vida de Cristo en nuestros corazones; nuestro trabajo es simplemente asegurar que esta sea la vida que sea reflejada en nuestras almas. Nuestra voluntad más nuestras decisiones constantes, constituyen la llave para hacerlo.
El espíritu de Consejo es un hábito sobrenatural por el cual el alma en gracia, bajo la inspiración del Espíritu Santo, juzga rectamente, en los casos particulares, lo que conviene hacer en orden al fin último sobrenatural. Hace poco le preguntaron a un joven si sabía qué era el espíritu de Consejo y dijo textual: “sí, es lo que hacen los pastores que aconsejan a gente todo el día” … ¡No! ¡No es eso!
El espíritu de Consejo no consiste en tener la capacidad de aconsejar a los demás… sino que es el milagro sobrenatural por el cual somos aconsejados por el Espíritu de Dios. Claro que es un regalo, porque nace del amor de Dios que quiere conducirnos hacia el bien que es Él mismo y nos enseña entonces a conducirnos en el los casos concretos. Es decir que es el bien que nos dice qué pasó dar aquí y ahora, en orden a llevarnos a la meta del camino que es la santidad.
Este espíritu viene a hacernos más prudentes en el obrar, y desarrolla en nosotros la capacidad de resolver según la mente de Dios en situaciones concretas, especialmente si se trata de casos repentinos, imprevistos, y difíciles de resolver, que requieren a veces una solución en el instante. Estas situaciones son las que no dan tiempo a que uno pueda sentarse a pensar y considerar y estimar los “pros” y los “contra” en una reflexión serena. Aquí nos es necesario el espíritu de Consejo que puede darnos una solución instantánea de lo que debe hacerse por esa especie de instinto o con naturalidad característica de los dones.
Hay situaciones muy complejas en que no basta con la prudencia humana, ni siquiera con la virtud de la prudencia, y se hace necesario el Don de Consejo que nos sugiere de parte de Dios cómo obrar en el caso concreto. Este espíritu es muy necesario para todo aquel que de algún modo tenga responsabilidad sobre otras personas. Y no estoy hablando de iglesias tradicionales bajo pastorados tradicionales, estoy hablando de trabajos que sirven o no sirven para madurar gente.
Cuentan que a un encumbrado cristiano le pidieron opinión en cierta ocasión, respecto a cuál era su parecer sobre un asunto: querían darle un importante cargo de gobierno a un hombre “muy santo”. Este hombre respondió diciendo: “si es sabio, que nos enseñe; y si es santo que ore por nosotros, y si es prudente, que nos gobierne” El espíritu de Consejo viene a perfeccionar esa prudencia especialmente necesaria para cualquier tipo de tarea de conducción o gobierno.
También es un espíritu sumamente necesario para los líderes grupales. Un buen líder espiritual es alguien que tiene muy vivo el espíritu de Consejo en su alma. Este espíritu nos preserva del peligro de una falsa conciencia, negaciones y autoengaños, ya que, superando las luces de la razón natural, a veces demasiado influenciada por la pasión, los gustos o los caprichos, nos dicta con fuerza lo que hay que hacer. También nos resuelve con seguridad y certeza muchas situaciones difíciles e imprevistas, sobre todo cuando no alcanza la simple prudencia.
Otro efecto de este espíritu es que nos inspira los medios más oportunos y eficaces para hacer el bien a otras personas. Aquí entra el aconsejar a otros. Nadie aconseja mejor que quien tiene el espíritu de Consejo, porque tiene un hábito de dejarse aconsejar por Dios y puede también conocer las inspiraciones de Dios para otras personas. En este mundo hay demasiados “consejeros”. Muchos programas televisivos llaman “consejos” a las publicidades… que nos aconsejan una cerveza, una compañía de aviación, una crema para depilar, o perchas eléctricas para el placard… Todos consejos que nos llegan.
En medio de tantos y tantos consejos pidamos la gracia de dejarnos aconsejar por el Espíritu de Dios en el aquí y ahora de nuestra vida cotidiana, porque aconsejados por la Voz del Señor, estamos seguros de ir hacia nuestra verdadera y plena felicidad…Y me queda para un próximo trabajo, el excesivo respeto casi rozando la pleitesía intelectual por el consejo profesional, esto es: la psicología secular como ciencia adaptada al cristianismo…
54 – Situaciones Muy Especiales
Leemos en el libro de Isaías lo que escribió acerca de la venida de Jesús, ¡Setecientos cincuenta años antes de su nacimiento! Y que con una claridad meridiana, describe cosas que han sucedido y que sucederán. Este pasaje, que a esta altura de este trabajo te va a resultar muy conocido, nos dice que surgirá una persona, y él lo llama vara, es decir: rama del tronco de Isaí, una especie de vástago que retoñará de sus raíces.
Obviamente que se refiere a Jesucristo, que fue descendiente de Isaí, que fue el padre de David. En otras palabras, Isaías nos dice que de la descendencia de David o de la descendencia de su padre se levantaría alguien sobre quien reposaría el Espíritu de Jehová y describe este Espíritu, como espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. ¿Te resulta familiar?
¡Tú necesitas de ese espíritu de sabiduría y de inteligencia! Me llama la atención que muchas personas le piden cosas a Dios o esperan recibir algo de Él, pero no es mucha la gente que le pide sabiduría e inteligencia; no obstante, esas cosas vienen cuando el Espíritu de Dios reposa sobre el creyente. El clásico y casi rutinario “dame dame” de la mayor parte de los cristianos, es el sello indeleble de su carne obrando por encima de su espíritu.
Dios es Padre y ningún padre deja a su hijo clamando por algo, pero… No es fácil ser padre. ¡Se necesita una gracia especial! ¡Se necesita sabiduría e inteligencia para serlo! Y cuando no reposa sobre ti el espíritu de sabiduría e inteligencia haces todo lo que puedes y está a tu alcance, pero te sale mal, entonces dices: “Este hijo me salió torcido”. ¡Claro, si nació de ti! ¿Qué tal si Dios como Padre dice lo mismo de cada uno de nosotros?
A muchos padres les falta sabiduría e inteligencia, se turban y no saben qué hacer cuando las maestras les enseñan a sus hijos cosas que van en contra de la palabra de Dios. A veces ni se enteran de lo que se les enseña en las escuelas, y muchas maestras que están instruyendo a esos hijos tienen formas de vida complejas o están en contra del matrimonio o en contra de la fe, pero los padres se turban y no saben qué hacer. Hay psicólogos que no saben qué hacer con sus propios hijos, pero les enseñan a los padres del librito del cual aprendieron, cómo hacer con sus hijos.
Se necesita sabiduría para criar hijos y el Espíritu de Jehová es espíritu de sabiduría y de inteligencia. Muchas madres van a la iglesia y dicen: “Pastor, órele porque yo no sé qué hacer con él” ¡Se piensan que esto es un horno microondas, y que el pastor le pone la mano al nene y el nene, al toque, se hace bueno y obediente! ¡O que aprieta el botón tres segundos y listo! ¡Vaya tranquila que ya tiene el nene arreglado! ¡Las madres se piensan que es “soplar y hacer botella”! A veces traen al nene y dicen: “Pastor, mi hijo es muy desobediente, dígale que tiene que ser obediente” ¡Mira tú, entonces el pastor ahora es la madre!
Para poder tratar con el esposo, ¿Se necesita sabiduría o no? ¡Claro que sí! ¡Hay cada uno! Las mujeres saben lo “embromados” que son. ¡Algunas están agradecidas con el hombre que les tocó, pero no son todas! Pero también vienen mujeres y dicen: “Pastor, ore para que Dios cambie a mi marido”, como diciendo, “A éste ya no lo quiero, que me dé otro.”
Ella no pide sabiduría: “Señor, ¿Cómo debo hacer con mi marido?”, sino que pretende que otro hombre, en este caso un pastor, ore para que Dios le cambie de esposo. Ella no sabe cómo hacer con él ni qué decirle; “dígame pastor, ¿Qué le digo a mi marido?” y agrega: “Ya probé todo, lo único que me falta es subastarlo.” ¡Es que los hombres son bravísimos!
También los hombres necesitan sabiduría para poder tratar con sus esposas porque las mujeres son –dicen- “recontra bravas”. Alguna mujer dice: “Yo lo amo a mi marido, pero él me mata a palos.” Se les pregunta a los dos por qué se pelean y responden que discuten por cualquier estupidez. “Pero si son estupideces, ¿Por qué se pelean?” “Es que no sabemos…” responden. “Pastor, yo me propuse que no lo iba a pelear, que iba a ser la mejor esposa, pero cuando llega del trabajo le veo la cara y ya lo trato mal.” Sucede. Y no esporádicamente, muy a menudo. Demasiado, te diría. De acuerdo, te estoy discerniendo. No es suficiente en estos casos con el espíritu de consejo, pero créeme que algo te ayudaría manifestarlo.
Hay otras personas que no saben qué hacer con el dinero, o mejor dicho con la escasez de dinero. No llegan a fin de mes, pero en lugar de pedirle a Dios sabiduría le piden plata. En lugar de orar: “Señor, dame dirección y entendimiento para salirme de mis deudas”, le oran pidiéndole que les permita ganar la lotería o encontrar un bolso con millones en la calle.
Dime: ¿Qué hace un necio con dinero en la mano? Por eso Dios no le da, porque es un necio, porque si le das dinero a un necio siempre le va a faltar porque no se sabe administrar, se gasta el dinero en lo que no aprovecha. ¡Lo pierde! Se gasta la plata y ni sabe en qué, en lugar de ordenar los gastos, y después se lamenta que no pudo pagar las facturas. ¡Se necesita sabiduría e inteligencia! La Biblia dice que el Espíritu que reposó sobre Jesús es un espíritu de sabiduría y de inteligencia.
Hay gente que se ha enfriado y se ha alejado del camino; una mujer que se había bautizado, tomó la llamada Santa Cena; y ese mismo día se encontró con un hombre, se juntó como pareja con él y le fue mal. Volvió después de andar tropezando por varios años y le decía al consejero: “Yo no tengo perdón de Dios”. “¿Quién te predicó eso?” le preguntó el ministro, y ella agregó: “Yo he pecado y me voy a ir al infierno.” “¡Pero yo también he pecado! Le dijo él; ¿Y me voy al infierno por eso?” Si tienes el Espíritu de Dios, Él te recuerda el versículo de la Biblia el cual señala que, si hemos pecado, abogado tenemos para con el Padre. Claro, pero eso es para cuando ese pecado te duele, te arrepientes y pides perdón, no para cuando pecar es un modo de vida diaria.
¿Sabes dónde está Cristo o no lo sabes? ¡Él está sentado a la diestra del Padre intercediendo por nosotros! Si no has querido pecar, pero de todas maneras lo has hecho, pídele perdón a Dios. ¿O será que a Jesús se le terminaron las fuerzas para perdonar pecados y ahora el diablo le gana? ¿En qué crees, en tu propia opinión, en tu propio consejo? ¿O le crees al consejo de la palabra de Dios? ¿Crees en Dios o no? ¡Hay salvación para aquel que se arrepiente y hay perdón para aquel que le pide perdón a Dios por sus pecados! ¡Hay esperanza! Pero habiendo comenzado por el espíritu terminan en la carne y después dicen: “A mí Dios no me va a perdonar” o “Yo no tengo perdón de Dios”.
Un cristiano muy querido, por el cual mucha gente está sacudida, se ha enfriado y ha entrado en un estado de opresión; los demás miembros de su iglesia se molestaron con él y lo disciplinaron porque estaba a cargo de un grupo de niños, pero él quería tapar la conducta que estaba teniendo. Entonces se ha ido del centro comunitario del cual él estaba a cargo, diciendo: “El pastor no me va a perdonar más”.
¡Si ese pastor no está dispuesto a perdonar, entonces no tiene derecho a estar predicando absolutamente sobre nada relacionado con el Reino de Dios! Pero el diablo le ha predicado a este hombre y él se ha convencido que no lo van a perdonar más. Se fue y les pidió dinero a algunas mujeres de la iglesia, con la excusa de que era para el campamento y ellas se lo dieron, y él se lo gastó en cerveza; cuando lo encontraron estaba absolutamente borracho, y además convencido que nadie lo iba a perdonar jamás.
Se necesita el espíritu de sabiduría, de inteligencia, de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. El espíritu de conocimiento se manifiesta cuando yo sé algo que Dios me ha revelado; tal vez te lo explico, pero no me doy a entender bien, aunque yo sé que Dios me ha dado ese conocimiento, y tú no entiendes, pero no hace falta que lo entiendas porque yo ya tengo ese conocimiento que Dios me ha revelado.
Yo sé, quizás no se razonar cómo ni por qué, pero lo sé porque Dios alumbra; el conocimiento que viene de Él es una luz que entra en la mente y en el corazón, espíritu que alumbra y muestra la verdad. Así es como funciona. Nadie podrá decirte que es sumamente sencillo o fácil, pero tampoco que es imposible.
55 – Una Cuestión de Varas
Esa vara de la que habla Isaías, y que él dice que sale del tronco de Isaí, es Jesús. Te pregunto: Sin la unción de ese Espíritu de Jehová del cual ya hemos hablado, ¿Tú crees que Jesús hubiera sabido todas las cosas como es notorio que lo supo? Lo dice en su libro con claridad: Jesús nos hará entender de manera diligente en el temor de Dios y no nos juzgará según lo que vea o lo que oiga. No quise ser textual Reina Valera aquí, porque entiendo que es el mejor modo de aplicar la contundencia que la propia Palabra escrita y revelada tiene, por fuera de nuestros recitados clásicos y tradicionales. Esto elimina cualquier discusión tendiente a rebajar la deidad que Jesús portaba.
Porque, si dices que Jesús sabía todas las cosas, ¿Para qué hacerle entender? Es más que obvio que Jesús sabía todo lo que el Espíritu que estaba sobre Él le revelaba. La Biblia dice que Él no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó; Jesús era Dios despojado, por eso tuvo que aprender a caminar, por eso tuvo que aprender a hablar, nació y tuvo que aprender como cualquier hijo de vecino lo que todo hijo de vecino ignora.
Me agrada y mucho darle a Jesús la real importancia que como hombre ungido tuvo en esta tierra durante su ministerio, pero no me gusta caer en el exceso clásico y casi religioso de convertirlo en un personaje místico tal como algunos, que ciertas religiones extrañas inventaron con la finalidad de competir con Él. La Biblia nos dice que Jesús crecía en gracia y en sabiduría para con Dios y para con los hombres, ¿Verdad? Así es que, si era que Él sabía todo, entonces no necesitaba crecer en sabiduría.
Una vez más nos queda claro: Jesús se despojó a sí mismo y se hizo siervo, como uno de nosotros y se puso en la posición de un hombre débil, aunque sin pecado y tuvo que depender de la unción del Espíritu Santo para hacer su obra porque el poder, la sabiduría, la inteligencia y el temor de Jehová vienen del Espíritu Santo. Él sí que fue el primer hombre que agradó al Padre, que lo obedeció ya que hizo todo lo que el Padre quería y que no hablaba por su propia cuenta, porque no era ni sería jamás su intención la de deslumbrar a alguien o lucirse, como hemos visto a tantos. Hizo lo suyo tal cual lo dice Isaías. Ni por vista ni por oído, por unción y revelación.
Si tú juzgas por lo que ven tus ojos y argumentas por lo que oyen tus oídos eres un injusto, no hay justicia en lo que ven los ojos y oyen los oídos. Porque lo cierto es que la verdad espiritual que se esconde detrás de cada circunstancia sólo se recibe por revelación. Me gustaría ver los rostros de algunos miembros de algún poder judicial de algún país que se dicen cristianos profesantes. Un juez es una persona muy importante, no lo dudo ni lo niego, pero no pertenece a ninguna casta especial, diferente y mucho menos superior.
Espiritualmente, las leyes que él manipula para juzgar sus causas, siguen siendo injusticia. ¿Motivos? No puedes confiar en tus sentidos, no puedes confiar en tu alma, y los creyentes que se debilitan, se enfrían y se van por el camino del infierno son creyentes que confían en lo que sienten. “Yo siento que Dios no me va a perdonar.” ¿Cómo lo sabes? “No lo sé, pero lo siento.” ¡No dejes que te predique el diablo! el Espíritu de Dios que estuvo sobre Jesús quiere estar sobre tu vida. El evangelio no funciona en base a lo que se siente, funciona en base a lo que se cree.
No juzgará según su vista, dice Isaías; cuando andamos almáticamente o carnalmente juzgamos por lo que vemos y lo que oímos, pero no debes creer en lo que ves y oyes. Hay quienes se esmeran en hablar y tratan de hacerte entender alguna verdad, pero aquel que está bajo la unción del Espíritu Santo, entiende perfectamente si la cosa es así como se lo dicen o no. Si los creyentes de todo el planeta se condujeran así, jamás podrían ser engañados por ninguna esfera del mundo secular, y mucho menos por la política y por la propia estructura religiosa.
A la que pertenecen o adhieren. Alguna persona me habla y yo lo escucho, esa persona me quiere hacer entender algo, pero yo lo veo al revés porque no me guío por las palabras que dice, sino que interpreto el espíritu de las palabras que expresa. En lo personal, hace mucho tiempo que no me dejo convencer por ningún discurso, por mejor ensamblado o argumentado que esté. Y a eso lo pongo en práctica para todo, incluso para escuchar a mis hermanos genuinos o pseudo hermanos predicadores.
Recuerdo que en una de las consejerías en la que me tocó participar por ser oficialmente uno de los líderes de la que fuera mi última congregación, una mujer que me dijo: “Todas mis hermanas se casaron y me dejaron a mí sola con mi madre. Yo soy la que más la ha amado porque siempre estuve con ella, cuando se enfermaba mis hermanas siempre han puesto excusas, nunca me ayudaron y yo siempre pagando todo. ¡Siempre al lado de mamá!”
Mientras ella me hablaba y me contaba sobre lo buena que era y todo lo que hacía por la madre, yo veía claramente como en una película, lo resentida que estaba con las hermanas y el odio que tenía por la madre. Me estaba explicando lo buena que era y de pronto me dijo: “¡Yo no sé qué es lo que me pasa, por momentos me vienen unos deseos de que mi mamá se muera!” Ella jamás pensó que lo que tenía era odio contra su madre porque le había tocado llevar la pesada carga de aguantarla. Cuando se lo hice ver se quebrantó y pienso, (No sé cómo terminó su historia) que debe haber hallado la forma de enmendar eso y perdonar a su madre y a sus hermanas. Con esto te queda en evidencia que, diga lo que diga la gente con la que hablas, el Espíritu Santo te mostrará siempre la verdad.
Un joven muy fastidiado se encaró con el pastor de una iglesia y le dijo ¿No es que Jesús ama a los pobres? Porque yo he visto que, a veces, cuando entra alguien alcoholizado o drogado, o simplemente mal vestido y oliendo a mugre, y quiere interrumpir el culto para pedir oración o algo para comer, le piden enseguida a algún colaborador que lo lleve afuera y lo ayude porque no quieren que se corte el espíritu del culto. ¿Sabe qué? Siguió el joven. ¡Ustedes nos han mentido! ¡Ustedes rechazan a las personas de la calle! ¿Tú crees? Le respondió el anciano pastor. Mira a tu alrededor.
Todos los que estás viendo, llegaron de las calles en peores condiciones que tú. Te has dejado engañar por el diablo y sus demonios. Y acto seguido le dijo: ¡Alguien te ha mentido y tú estás resentido!” El joven se conmovió como si hubiera recibido un golpe. ¡Él creía que estaba dando una lección de teología! Pero fue obcecado e insistió ¿No era que Dios ama a los pecadores? a lo que el pastor repitió: ¿Y quién te dijo que aquí no los amamos, si tenemos a todas las iglesias llenas de pecadores?
Cuando Salomón oró a Dios, Él le dijo que le pida lo que quiera, entonces Salomón le pidió sabiduría y a Dios le gustó eso, por lo tanto, le dijo que, porque no había pedido ni gloria ni honores, así como tampoco riquezas ni victoria sobre sus enemigos, no sólo le iba a dar la sabiduría que le pedía, sino también como recompensa esa victoria, con su gloria y sus riquezas. Y lo que sigue diciendo Dios según Su Palabra, ya había sido anunciado por Isaías, diciendo que habría un impío, un inicuo a quien Dios mataría con el espíritu de su boca.
He dicho anteriormente que la amenaza más frecuente del reino de las tinieblas, es mediante su boca diabólica. Tengo una buena noticia. ¡El arma más poderosa de Dios también es su boca! Dice la Biblia que la palabra de Dios es una espada de doble filo que penetra hasta partir el alma y el espíritu, la coyuntura y los tuétanos; el creyente carnal no diferencia el argumento que viene del alma y el que viene del espíritu, tienen entrelazada el alma con el espíritu y nunca sabe qué es del espíritu y qué del alma. Por eso dice la Biblia que la espada del Espíritu es la palabra de Dios y ésta aparta lo que proviene del alma y lo que proviene del Espíritu, porque lo que viene del alma es del hombre y lo que viene del Espíritu es de Dios. Es muy importante que hagas lo que proviene del Espíritu y no lo del alma.
Quien conoce la palabra de Dios y está en comunión con Él, y quien está bajo la unción de ese Espíritu que es el Espíritu que te da el temor de Jehová el cual te aparta del mal, sabe cuándo un argumento es de la carne y sabe cuándo es del Espíritu. Pastor, yo no sé si es de Dios o no, pero lo siento. ¡Qué débil el creyente! Quiere hacer lo que siente y lo que le parece, y cuando el pastor le pregunta si eso es del Espíritu no lo sabe.
Pero resulta que le dice que él sí lo sabe y que eso que él “siente” está mal. Entonces va y se enoja, porque alguien le dijo que él sí lo sabe. El que camina con Dios sabe, quien no camina con Dios no sabe ni entiende. Le dices a alguna jovencita que busca aconsejamiento que no se case con esa persona porque realmente no le conviene, y seguramente te responde que lo ama y no sabe si podrá dejarlo. Entonces le añades que ese hombre no tiene vida espiritual ni le interesa y que ella es una hija de Dios y seguramente se va a enojar y mucho.
Va a ponerse a despotricar con todo el que le diga que no está bueno que siga con ese muchacho. Va a decir que no permitirá que nadie le manipule la vida y que ella tiene libre albedrío para decidir qué hacer y qué no hacer. Y que, si a alguien no le gusta, se irá a otra iglesia y listo. Entonces el pastor que no quiere que nadie se le vaya de su congregación, se quedará en silencio, verá como la joven se casa con ese hombre y hasta oficiará la ceremonia en el templo.
Tiempo después, cuando la joven ya superó su deslumbramiento y la potencia de sus hormonas, un día viene llorando al mismo pastor y, reconociendo que tenía razón cuando la aconsejó anteriormente, le anuncia que ahora quiere divorciarse. ¿Sabes qué? Si la iglesia es tradicional, ahora el pastor le dice que no, que, si ya se casó, ahora no puede divorciarse porque Dios aborrece el divorcio. En conclusión, independientemente de cómo termine esta historia simbólica de las que seguramente hay a raudales, una realidad es visible: ella jamás llegó a entender lo que estaba bien y lo que no lo estaba, y pagó precio muy alto en su vida por ello.
Lo más lindo de toda esta historia, viene ahora: Jesús fue el primer hombre ungido con el Espíritu Santo el cual reposó sobre Él; espíritu de poder, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de temor de Jehová. Por eso Él caminó con Dios, por eso no fue vencido en la tentación; cuando fue ungido, el Espíritu lo guio al desierto para ser tentado por Satanás, pero Satanás no lo pudo vencer porque el Espíritu Santo estaba sobre Jesús.
¡Él tenía luz! ¡Se había hecho débil como un hombre cualquiera, pero sobre Él reposaba el Espíritu de Jehová! Satanás usaba la palabra de Dios, pero Jesús tenía muy claro que la palabra de Dios en la boca de Satanás no era el Espíritu de Dios hablando. Hay creyentes, (Y lamentablemente demasiados), que, al no tener ese Espíritu ni el conocimiento de esto, fracasan.
Comienzan a tambalear, a alejarse y a enredarse en razonamientos y argumentos del alma, de la carne, por lo tanto, empiezan a hacer lo que sienten y les parece y se alejan del camino de Dios. Algunos de ellos no saben cómo volver, se sienten muy débiles para hacerlo, dicen: “¡No puedo!” La verdad es que sí pueden, porque pueden confiar en Cristo y Él los sacará del pozo en el que se encuentran porque Cristo no ha perdido el poder, Él sigue siendo el Señor, sigue perdonando y rescatando.
¡Si estás vivo aún hay tiempo! Muchos creen que la eternidad es algo muy lejano y dicen: “Yo sé que algún día voy a volver.” Lo atropelló un camión en la esquina y no volvió más porque la eternidad no está lejos: ¡La eternidad está a la vuelta de la esquina! Hay como un vidrio entre tú y la eternidad, en cualquier momento pasas para el otro lado.
56 – Una Cuestión de Eternidades
Un hombre contó que tuvieron que internar al padre porque sufrió un ataque al corazón y fue operado de urgencia. Su padre no fumaba, no bebía, hacía ejercicios diariamente, se hacía chequeos clínicos dos veces por año y los médicos aseguraban que estaba en perfectas condiciones, pero el asunto es que lo tuvieron que intervenir de urgencia. Cuesta creer que un hombre que no fuma, que no bebe, que se cuida haya terminado así, padeciendo una patología suficientemente peligrosa como para quitarle la vida. ¿Será que no tuvo prudencia o prevención en cuanto a su salud?
Hoy, los médicos nos prohíben comer pastas, pan, arroz, carne asada con grasa, tampoco podemos comer el pollo con piel. “¿Qué ha comido?”, pegunta el médico al menor síntoma raro. Entonces, tú le respondes, por ejemplo, que comiste arroz. Y allí te tira: “¡No coma arroz porque tiene carbohidrato!” “Bueno, entonces me como unos fideos.” “No, porque también tiene carbohidrato.” Mucha gente se desespera y piensa: ¡Ya no podemos comer nada!
“Bueno, me como una fruta”, le dices. “Una sola, porque tiene azúcar.” Ni fruta podemos comer tranquilos, porque le ponen pesticidas. Antes, recuerdo consejos de mi madre, te decían que las laves bien y así las podías comer, pero ahora el asunto es que el fertilizante viene en la tierra así que la fruta está contaminada por dentro. Allí es donde alguien, ya con su paciencia desbordada, salta y dice: ¡Entonces me como el carozo!
De última tienes que tener dentro de tu apartamento una huerta y un criadero de pollos y de vacas. ¡Ni carne se puede comer porque tiene hormonas que les dan a las vacas para que crezcan y engorden más rápidamente! ¡Ya no sabemos qué comer! Pero te cuidas en todo y de repente te viene algo impensado e imprevisto y te encuentras con la eternidad en un instante.
Algunos que gustan del humor negro con aroma a macabro, te recomiendan que duermas con un ataúd al lado, cosa que si te viene el soponcio te das vuelta y te metes solo en el cajón. A algunos les parece que está muy lejos la eternidad. ¡Está al lado suyo! Y que conste que esto que digo no es para atemorizar o frustrar a nadie, sino simplemente es una verdad mayúscula que todos sabemos que está vigente, pero que la gran mayoría preferimos mirar hacia otro lado y hacer de cuenta que no existe. Eso también se llama Necedad.
“Yo sé que algún día tengo que volver a la iglesia”, dicen algunos. Está bien, puedo entenderte, pero… ¡Vuelve ahora mismo! ¡Vuelve al Señor y arrepiéntete! Él tiene misericordia, te quiere perdonar, liberarte de esa predicación del infierno que te miente y te asegura que puedes pecar un poco más, total, algún día vas a volver y lo arreglarás todo. ¡Mira que la eternidad está ahí, a un paso! ¿Dónde piensas pasar la eternidad? El Espíritu del Señor está sobre ti y te revela conocimiento, sabiduría, inteligencia.
¿Acaso eres un soberbio que dice: “¡Yo sé lo que tengo que hacer! ¡A mí nadie me va a decir lo que tengo que hacer!”? Lo que necesitas es despojarte de ti mismo, porque lo que Dios quiere, es que el mismo Espíritu que ungió a Jesús te unja a ti, y que la misma sabiduría, la inteligencia, el poder y el temor de Jehová que reposó sobre Jesús y le enseñó a ser prudente repose sobre ti. Por y para eso es que estoy hoy recibiendo y escribiendo todo esto.
¡Dios tiene la pretensión de que tú seas su moderno Jesús en la tierra! Él quiere que su Espíritu y el tuyo sean uno solo, y también quiere que tu alma esté sometida a tu espíritu y no que tu espíritu esté contristado por culpa de la soberbia de tu alma. Lo que proviene de la carne es carne y lo que proviene del espíritu, es espíritu. Entiende esto, por favor, y no permitas que nada disperse tu pensamiento. Dios no necesita ni pastores, ni líderes, ni estructuras religiosas monolíticas y aceitadas.
Dios necesita que tú, hombre o mujer que me lees, aceptes que eres Creación suya muerta en el espíritu, que te arrepientas de todos tus pecados, que le pidas perdón y lo aceptes como Salvador personal de tu existencia y que, finalmente, con todo eso ya ejecutado, pases a formar parte activa de Su Reino en la tierra. ¡Dios quiere llenarte! Quiere que camines seguro en sus caminos y pienses sus pensamientos. Arrepiéntete de tus caminos, pídele al Señor que te perdone y te guíe. Dile algo así como lo que te dejaré como modelo:
“Señor, quiero ver esos días en que la vaca y la osa estén paciendo sus crías, ver al león comer paja junto al cordero. Quiero ver esos días en que tu presencia hará que el niño recién destetado juegue con la víbora. Quiero ver el día que tú gobiernes en esta tierra, quiero ver tu Reino en esta tierra. ¡Yo creo que la gloria del Señor cubrirá la tierra, así como las aguas cubren el mar! Creo en ti Señor, ayúdame a caminar en tus caminos. Líbrame de mis sentimientos, de mis pensamientos, líbrame de mí mismo Señor. Lléname de ti, perdóname porque mis argumentos se levantan para mantenerme lejos de ti y mi espíritu gime dentro de mí porque te quiere a ti, te anhela a ti Señor.
¡Haz que mi alma se apegue a ti! Me doblego delante de ti Señor; dame el espíritu que ungió a Jesús, dame el espíritu que hizo que Jesús agradara te agradara, te lo pido en el nombre de Jesús. Lávame en tu sangre Señor, toma mi vida en tus manos y espíritu noble me sustente, perdona mis pecados y límpiame de mis maldades con tu sangre preciosa. Que mientras haya tiempo yo pueda mantenerme en la fe, en la limpieza y la pureza que produce la sangre de Jesús sobre mi vida. ¡Me arrepiento de mis pecados! ¡Perdóname y límpiame! En el nombre de Jesús hago esta oración, amén”.
57 – Consejeros Siglo Veintiuno
Uno de los libros más antiguos, que forma parte esencial dentro de la cultura folklórica argentina, es el llamado “Martín Fierro”. Sus páginas, escritas en prosas octavas por un autor cuyo nombre es José Hernández, brindan un relato de lo que en fundamentos básicos ha sido el llamado gaucho o criollo de las pampas argentinas. Su ropa, sus sueños, sus realidades y sus consejos llenos de una sabiduría humana, pero apartada de toda pompa profesional o de todo interés material.
Justamente, en una de sus estrofas dice en el principio: “Un padre que da consejos, más que padre es un amigo”. Esa fue una verdad tangible y genuina para la gente de mi generación. Hoy, en otro tiempo muy distinto a aquel, algún chico lleno de humor haría una paráfrasis así: “Un padre que da consejos, más que padre es un fastidio” En fin; cada cosa en su momento, en su tiempo y en su necesidad.
Sin embargo, el consejo sigue ocupando un sitial muy importante en la vida de las personas. Están los inseguros de todo, que viven pidiendo consejos a los demás, sobre todo. Si alguien no les dice lo que tienen que hacer, es muy probable que no hagan nada. Dentro del pueblo cristiano hay mucha gente así. Demasiada para mi gusto, aunque aparentemente no para el gusto de pastores y líderes tradicionales, que mucho me temo se han ocupado eficientemente en formarlos de ese modo.
Y todo bajo el complicado argumento de la sujeción. Quizás pueda exagerar un poco en algo de esto, pero en lo personal jamás tuve inconvenientes en obedecer las órdenes o directivas de los que fueron mis jefes o superiores, tanto en lo laboral como en cualquier otro orden. Trabajé muchos años en mi país para una empresa perteneciente a Fabricaciones Militares, así que el asunto de la cadena de mando lo tengo más que claro y jamás tuve problemas al respecto.
Entonces, cuando entré al mundo eclesiástico y se me enseñó que el pastor era el responsable máximo del lugar y quien daba las directivas de todo lo que debía o no debía hacerse en la estructura congregacional a su cargo, para mí no fue ninguna novedad ni molestia. Yo estaba acostumbrado a obedecer. Pero cuando comencé a ver a mi alrededor que ese hombre prácticamente era dueño de la vida eclesiástica pero también de la vida privada de cada uno de los miembros de su iglesia, entonces empecé a dudar respecto a si la palabra que se usaba, –sujeción– era la correcta, o si en su lugar había que decir directamente dependencia o, lo más grave pero no fantasioso, esclavitud.
Recibí “consejos” sin que yo los pidiera respecto a algunas áreas de mi vida privada que estaban en directa oposición a lo que el mínimo sentido común o criterio demandaban. De hecho, allí se acabó mi obediencia ciega. Yo ya había entendido que Dios nos hizo con una voluntad que ni siquiera Él va a manipular ni imponer. Eso se llamaba y se sigue llamando Libertad. En dependencia a Cristo, con todo lo que el diseño divino demanda, pero Libertad al fin.
Como líder que fui en la congregación en la que serví como maestro bíblico, también me tocó hacer consejería. Y allí descubrí que, por cada problema emocional, familiar o de pareja, había dos o tres que tenían que ver con la operativa interna de la congregación. Cuando tuve mi programa radial, también venía a verme gente cristiana de otras iglesias con distintos problemas para ver si podía ayudarlos de alguna manera porque donde concurrían no les habían dado con la tecla. Matemático: buscando en uno u otro lado a alguien que les dijera que hacer o no hacer con sus vidas.
Espíritu de sabiduría, de inteligencia y de poder de Dios, ausentes con o sin aviso en ellos. En esas sesiones de consejería casi itinerante y definitivamente extraoficial, me tocó ver de todo. Algunas experiencias las he contado en alguno de mis libros, otras decidí mantenerlas en secreto para preservación de las víctimas y por carencia de pruebas genuinas que sirvieran para ajusticiar a los culpables. Abusos, los que se te ocurran, de todos los colores.
Primero, ser obedientes a full. Con el pastor en primer lugar, a los padres en segundo orden. Así es como ha solido funcionar esto. Y luego, lo clásico y tradicional en cuanto a lo moral: no robar, no mentir, no adulterar, no fornicar. Ser buenos, fieles y rápidos para ayudar al prójimo. Acá es donde me preguntarías: ¿Pero eso es malo, Néstor? Respuesta: ¡¡No!! ¿Cómo va a ser malo vivir conforme al diseño de Dios para el hombre? Lo que sí creo que está demás, e incluido por religiosidad estructural y denominacional y no por mandato divino, es la cuestión de la obediencia ciega al pastor. He visto arruinarse a muchas vidas por obedecer a ese mandato.
No obstante, y a pesar de muchos hechos muy singulares, la consejería se afirmó en el seno de la iglesia y se convirtió en todo un ministerio adornado hasta con flores de profesionalismo. La congregación a la que asistí con mi familia durante muchos años, fue una muestra de eso. En un momento dado había en la membresía al menos seis o siete psicólogos. Eran licenciados en esa ciencia y la ejercían de manera secular y en sus consultorios privados.
Nada discutible, cada creyente puede y debe trabajar en el mundo secular en aquello para lo cual está preparado. Salvo actividad ilícita, pecaminosa o que incentive a alguna forma de pecado, todo lo demás es lícito. La psicología como ayuda emocional a la gente que lo necesita, también. Pero la actividad y el servicio de estos cristianos profesionales para adentro de la iglesia, es otra cosa. Porque se definen como psicólogos cristianos, un rótulo con el cual siempre estuve en desacuerdo, ya que, a mi modo de entender, debían presentarse como cristianos licenciados en psicología, que no es lo mismo. Primero lo primero.
De todas maneras, Todo estaba relativamente bien y en cierto modo, muchos nos sentíamos casi orgullosos de la tarea de estos “hermanos más capacitados”. Pero, en un momento dado, sus conocimientos del funcionamiento interno de las personas, supongo que los llevó a tentarse con la posibilidad de escalar y convertirse, si se podía, en una especie de líder principal o, al menos, como consejero directo y personal del líder en cuestión.
Consiguieron ser nombrados como ministros del área de consejería y empezaron a dictar cursos y clases para lograr que cada miembro que formaba parte de ese equipo supiera cómo encarar una consejería ante cada problema que se le presentara. Hasta allí, nada reprochable, puesto que todos sabemos cuánto peso tiene el alma y la carnalidad en la vida de las personas. Y; si ellos tenían por su preparación las herramientas aptas para acomodar todo ese andamiaje endeble, no era para despreciar, sino todo lo contrario.
Una noche, orando por un asunto en el cual me habían involucrado, surgió algo que me hizo quedar reflexionando por largo rato. Esa congregación era del estilo de las conservadoras, por lo que el tema del intelecto y los profesionales en distintas áreas eran mucho más bienvenidos que aquellos que no habían recibido una preparación escolar suficiente como para salir de sus tareas rudimentarias con la cual trataban de sostener a sus familias. De ninguna manera yo era un opositor a estos “avances”, todo lo contrario.
Al programa que conducía en dos emisoras cristianas de aquel tiempo, llevé como invitados a muchos psicólogos, con la idea de tratar temas del alma que seguramente les harían mucho bien a muchos oyentes. Pero el día que escuché desde un púlpito decir que si no se tenían conocimientos de psicología no se podía ayudar a la gente con problemas, algo me hizo “ruido” dentro de mi ser. Porque la duda en forma de pregunta se hizo visible en el acto: Ante una aseveración así, ¿Qué rol le reservaríamos a ese Espíritu Santo del cual nos llenábamos la boca asegurando que era el único que nos guiaría a toda verdad?
Hoy, a muchos años de estos episodios y viviendo otros tiempos muy distintos, aunque no menos complicados, puedo decirte que, si somos el cuerpo de Cristo en la tierra y pretendemos llenarla de la gloria de Dios, de ninguna manera podemos creer que eso será posible a partir de los títulos y honores que ciertas y determinadas personas reciban en alguna universidad. No estoy en contra de estudiar y capacitarse el máximo de lo que resistan nuestras neuronas, pero de ninguna manera entiendo que eso sea indispensable para que Dios te use.
Una vez más lo diré casi a modo de sentencia: Dios no viene a levantar a los capacitados, Dios capacita a los que va a levantar. Estará muy bueno que un psicólogo ponga al servicio del Reino todos sus conocimientos con la finalidad de ayudar al diagnóstico o la definición de alguna patología que afecte almas. Pero estará mucho mejor, que una vez que tenga en sus manos ese diagnóstico, plante sus rodillas y espere que el Espíritu Santo le dé dirección para decirle a ese paciente lo que Dios quiere que haga o no haga con su vida. Eso sería, según mi limitado entendimiento, hacer funcionar y operar ese espíritu de consejo que nos ha sido entregado.
58 – Espíritu de Poder
Isaías 11: 2 = Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová
Creo, con total y absoluta sinceridad y la máxima objetividad de la que sea capaz, que, si existe un espíritu de Dios que es anhelado por el ochenta por ciento de los cristianos, especialmente aquellos que ocupan cargos importantes dentro de las organizaciones religiosas más conocidas, ese es el espíritu de poder. El hombre, y esencialmente el que todavía tiene su naturaleza caída y no ha nacido de nuevo, tiene una carrera en su vida en la que hay muy visibles tres estaciones intermedias antes de llegar a la meta: ganar mucho dinero, adquirir fama o prestigio por ese motivo y, finalmente, con la suma de ambas cosas, acceder a posiciones de poder, donde quiera que pueda ser ejercido.
Las artes, las ciencias y hasta las disciplinas deportivas, suelen ser posiciones de tránsito en esa carrera. La política, en todo caso, es su punto central. Quienes llegan más arriba en ella, adquieren un poder que les permite, en algunos casos muy puntuales, hasta convertirse en el señor de la vida y la muerte de sus congéneres. Parece apocalíptico y hasta exagerado, pero seguramente muchos de ustedes saben muy bien que no es así.
Y aunque es muy importante conocer el significado de la palabra poder, también lo es el hecho de saber a ciencia cierta donde se encuentra el origen etimológico de la misma. Y tenemos que decir que este se halla en el latín vulgar y más concretamente en el concepto posere, de donde luego extraeremos nuestros términos más conocidos, tales como posesión, poseer, etc. De todos modos, poder es un verbo que vendría a traducirse como “ser posible” o “ser capaz de”, y que emana de una expresión, pote est, que tiene el mismo significado que la mencionada forma verbal.
El término poder tiene múltiples definiciones y usos. Esta palabra, como sabrán muchos de ustedes, se utiliza para describir la facultad, habilidad, capacidad o autorización para llevar a cabo una determinada acción. El poder implica también poseer mayor fortaleza corporal e intelectual con relación a otro individuo y superarlo en una lucha física o en una discusión.
Por otra parte, tal como se puede leer en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), el concepto de poder señala la posibilidad de que algo ocurra: “Puede que nieve esta noche”. De todas formas, el uso más habitual del término refiere al control, imperio, dominio y jurisdicción que un hombre dispone para concretar algo o imponer un mandato. Así, el poder se relaciona con el gobierno de un país o con la herramienta en el que consta la facultad que un ser humano le otorga a otro para que, en representación suya, pueda llevar a cabo un cierto plan.
El poder es, además, una posesión o la tenencia de algo (por ejemplo: “Ya tengo los documentos en mi poder”. De esta forma, una oración que podría reflejar a la perfección lo señalado podría ser la siguiente: En el ayuntamiento de aquella gran ciudad, los candidatos a las elecciones dieron todo de sí para lograr salir vencedores pues quedó claro que todos querían hacerse con el poder.
Este concepto, al ser utilizado en combinación con otras palabras, permite nombrar diferentes situaciones. Así, el poder absoluto describe al despotismo; el poder adquisitivo, a la disponibilidad económica para comprar bienes y contratar servicios de diversa índole; el poder constituyente, a aquel que hace foco en la soberanía popular para lograr una organización mediante sus Constituciones; el poder ejecutivo, al que tiene a su cargo el gobierno del Estado y la observación de las leyes; el poder legislativo, al que supone la potestad para hacer y reformar las leyes; y el poder judicial, al que ejerce la administración de la justicia, entre otros.
Además de todo lo subrayado también hay que añadir que es muy frecuente que se hable de lo que se conoce como el cuarto poder. Esta es una expresión con la que intenta plasmarse la gran importancia que tiene la prensa hoy en la sociedad de todo el mundo. Y es que se considera que a través de los distintos medios que la integran se puede conseguir influir en la ciudadanía, así como ofrecer una fuerte presión sobre los distintos dirigentes políticos.
De esto, hoy, hay sobrados testimonios que lo corroboran. De la misma forma, hay que hablar de lo que es el quinto poder. En este caso, bajo dicha denominación se engloba la Iglesia como estructura institucional y la religión. Una institución o una doctrina que también tiene la capacidad para influir sobremanera sobre el ser humano.
59 – Vehículos de Trascendencia
El espíritu de poder, quinto en la cronología del candelabro hebreo, es en línea generales y según lo transcriben algunos estudiosos de diferentes épocas, el arte de la ejecución; del poder hacer, de la fuerza heroica, de la relación con la realidad y, en suma, del hacer. Ya en el libro de Éxodo podemos leer cómo, durante las plagas enviadas a Egipto, Dios le habla de su poder a Moisés. Y hay un texto, en donde se recoge algo que Dios le expresa a Moisés durante el exacto momento de la plaga del granizo.
Algo que tiene que ver con el epicentro de lo que hoy todavía es el hombre en el concierto del cielo como factor de poder central: un vehículo, un utilitario sencillo en la medida de su aptitud desde la obediencia. A muchos hombres que se creen los dueños absolutos de sus vidas, esto les molesta y mucho. No entienden que ninguno de nosotros puede considerarse dueño de su vida por tres motivos: no sabemos por qué nacimos, no sabemos cuánto tiempo viviremos y no sabemos cómo y cuándo dejaremos de vivir. Si eso es ser dueños de nuestras vidas, no sé de qué te estoy hablando…
Y allí es donde suelen decir: “¡Pero si alguien se suicida de alguna manera es dueño de su vida!”. Sí, eso es lo que les hizo creer el infierno. Y logró lo buscado: que cometan uno de los pecados más graves y se pierdan por toda la eternidad. ¿Dueños de sus vidas? En mi país, cuando alguien accede a cualquier cosa que se le ofrece por causa de estar con miedo a que le ocurra algo, se suele decir a modo de sentencia, que “el miedo no es tonto”, dando a entender que el más duro puede aflojarse y convertirse en dócil si tiene miedo.
A mí siempre me produjo esa sensación cuando leía en Éxodo 14.31, que cuando Israel vio lo que Dios hizo a los egipcios con las plagas, el pueblo temió a Jehová, y creyeron en Él y por consecuencia en Moisés, su siervo. La gran pregunta, es: ¿Fue por ese miedo típico que todos conocemos porque alguna vez nos cosquilleó la cervical? No. Eso es lo que los que hablamos el idioma español entendemos, pero aquí no se está hablando de esa clase de miedo, sino de temor a Dios.
Y hasta donde vemos en el resto de las escrituras, cuando hablamos de temor a Dios estamos hablando de reverencia, de respeto, de un darnos cuenta que en Él si podemos creer y confiar para vencer. Reconozco que este relato parece encajar mucho más con lo que te dije al principio que con lo segundo, pero si vamos a respetar lo escrito en nuestras Biblias, habrá que acatar lo que eso significa y no lo que a nosotros nos parece que significa.
Porque lo que dice emana de la influencia divina, mientras que lo que nos parece, proviene de nuestra cultura de influencia griega. La respuesta apropiada al poder de Dios, entonces, es el temor, (Y te reitero: hablamos de temor reverente, no de miedo satánico, obviamente), la confianza y la obediencia. Los israelitas tuvieron que aprender esa lección vez tras vez. El poder de Dios cuyo Espíritu hoy da plenitud al hombre, destruyó al poder egipcio mediante las plagas a las que Faraón debió someterse.
Ya Dios le había advertido a Moisés que su mano no se iba a acortar cuando llegara el momento de ponerla tanto sobre ese pueblo pagano como sobre el suyo por igual, si es que no cumplimentaban los requisitos mínimos para formar parte de Su familia real. Sucede que no siempre estamos en conciencia plena de lo que verdaderamente ocurre en el ámbito espiritual cuando nos decidimos a orar.
Cuando clavas tus rodillas en oración y clamas al Dios de todo poder para que te arregle ese problema que a ti te parece imposible de arreglar, no siempre tu fe es ciento por ciento. A veces, tienes un corazón lleno de dudas y, si escucharas la voz de Dios, seguramente te estaría diciendo exactamente lo mismo que le dijo a Moisés aquí. “Oye, hijo o hija mía que hoy lees esto, ¿Tú crees que mi mano se ha acortado y que no me será posible lidiar con tu problema? ¿No has entendido todavía que Yo Soy Dios y nada es imposible para mí?
Y fíjate como concluye, al menos parcialmente, la historia de ese hombre llamado Moisés. Sabemos que por cuanto Él amo tanto a sus padres es que eligió a su descendencia después de ellos y los sacó de Egipto no solamente con su notoria presencia en cada una de las alternativas, sino también con su gran poder manifiesto de modo visible, especialmente cuando llegó el momento de abrir el mar y dejar pasar al pueblo para luego ahogar y aniquilar a sus perseguidores.
Eso quiere decir, mi amado amigo o amiga, (Sólo te trataré de hermano cuando me sea revelado que somos hijos del mismo Padre y no sólo miembros de la misma congregación, o lectores de la misma Biblia), que todavía enjuicias a tus padres por algún error o equivocación cometida de manera involuntaria respecto a tu educación o crianza, que tal vez hoy has conocido a Cristo y eres salvo o salva, porque antes el Señor amó a esos padres tuyos y por amor a ellos posibilitó tu transformación. ¿Lo habías pensado así alguna vez? Lo reafirma con todas las letras más adelante, cuando dice que, pese a todo, ellos son tu pueblo y tu heredad. Absoluta verdad. ¿Tú? ¿Yo? Apenas vehículos divinos utilizados para ello.
60 – Sentencias Testimoniales
Poder. ¿Recuerdas la historia de Sansón? Dice la Biblia que un día despedazó a un león como quien despedaza un cabrito, sin otra ayuda que sus manos. La práctica horrible y cruel de desgarrar un cabrito en dos tirando de sus patas, era común en esa zona del mundo, donde todavía se sigue practicando como parte de algunos ceremoniales. Los hombres estaban más que acostumbrados a hacerlo y a nadie le asombraba ni incomodaba.
Sin embargo, el espíritu de poder de Dios se manifestó en este caso específico de Sansón, dejándolo en evidencia en su fuerza física. Un cabrito era cosa de todos los días y hasta los más jóvenes lo practicaban desde niños como parte ceremonial. En primer lugar, porque a pesar de tener su estructura bien consolidada, un cabrito no presentaba demasiada resistencia a la fuerza humana, así como tampoco se podía defender por ser un animal inofensivo y para nada agresivo. ¡Pero Sansón hizo eso con un león! Y si has conocido alguno de manera personal y física, ya lo sabes. Fuerza y algo más se necesitaba. Espíritu de Poder. Eso.
En el segundo capítulo del primer libro de Samuel, es donde aparece por primera vez una referencia muy clara al Mesías esperado, y dice que los que decidan ser sus adversarios serán quebrantados delante de Dios y que sobre ellos tronará el poder del Altísimo desde los cielos. En este texto -reitero- es donde aparece la primera referencia al Mesías, y hace alusión a lo que el poder de Dios puede producir entre aquellos que se opongan, no sólo mediante un hombre puntual y específico, sino mediante cualquiera que acepte ser parte del Reino de Dios. Por ejemplo; tú, que hoy me estás leyendo y todavía no puedes terminar de creer que eso pueda ser cierto.
La historia de Samuel se consuma cuando llega Saúl en compañía de los profetas y dice la Palabra que el Espíritu de Dios vino sobre él con poder y profetizó entre ellos. Es decir que, así como vimos anteriormente al poder de Dios siendo manifestado en una descomunal fuerza física, ahora lo vemos en otro de los personajes más conocidos, ejecutando profecía. Para Dios no hay nada imposible y hasta las asnas son capaces de hablar si Él así lo dispone. ¡Y pensar que todavía puede haber algún mini-astro por allí que presume de ser una estrella porque sabe hablar con elocuencia!
Los elementos espirituales que rodean la presencia de Dios son claros y definidos. En este caso estamos hablando del poder, el cual se hace presente en esta mención, pero no en soledad. Hay muchos textos donde inexorablemente está acompañado de otros que jamás se encuentran demasiado lejos: la gloria y la alegría. De allí que, cuando vemos manifestaciones del poder de Dios que no glorifican Su nombre, sino el de algún hombre que dice representarlo, y se realiza en medio de ambientes cargados de ansiedad o solemnidad, podemos deducir que no siempre se trata del poder de Dios, sino de alguna imitación puesta para confusión y perdición.
Cuando vemos algo así, (Y quiero pensar que no soy el único que ha sido testigo de hechos como el mencionado) sería interesante recordar lo que Josafat dijo cuando se puso de pie en la asamblea de Judá y de Jerusalén, delante del atrio nuevo, y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿No eres tú Dios de los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista?
Job, en una de sus reflexiones, dice que en los ancianos está la ciencia, y en la larga edad la inteligencia. De hecho, todos sabemos que esto no es excluyente ni matemático. Tú y yo seguramente conocemos ancianos que no demuestran ni demostraron nunca en sus vidas tener ciencia para nada, y que, a pesar de cumplir años puntualmente, su vejez no es sinónimo de inteligencia. Obviamente, Job se refiere a un modelo que tal vez pueda ser mayoría, aunque tenga sus excepciones.
Lo que no lo tiene, es lo que dice a continuación: que con Dios está la sabiduría y el poder y que Suyo es el consejo y la inteligencia. Por muy poco no están citados en estas sentencias cumplidas los siete espíritus que estamos estudiando. Fíjate que, en apenas dos versos, están incluidos: la ciencia, la inteligencia, la sabiduría, el poder y el consejo. Se lo adjudica a los ancianos y a personas que han vivido muchos años. Buen momento para preguntarnos: ¿Esto es realmente así, como dice la Biblia, y debemos creerlo sin interesarnos por lo que vemos u oímos a nuestro alrededor con ancianos y gente longeva?
No. Dios siempre dijo que escudriñemos las escrituras, y eso es lo que aquí deberás hacer. Haciéndolo, descubrirás que esta aseveración no es masiva y globalizada, que sólo se refiere a los hijos del Dios Altísimo. Porque sus ancianos son los que indudablemente adquieren mayor sabiduría, y sus longevos los que a través de todo lo vivido en diaria comunión con Dios, han aprendido. Y que conste: cuando digo hijos del Dios Altísimo, me estoy refiriendo a exactamente a eso, a los hijos del Dios Altísimo, que no necesariamente incluye a gente que va a una iglesia todas las semanas, aunque un porcentaje esté incluido. Por eso dice el salmista que Jehová reina y se viste de magnificencia, pero que además se ciñe de poder. Y concluye diciendo algo que conmueve por su magnitud: que afirma el mundo con su poder y que ese mundo no habrá de moverse sin su autorización.
Según lo relata Mateo, cuando aparezca la señal del Hijo del Hombre en el cielo, a continuación, será visto por todos viniendo con poder y gran gloria. Es una profecía a la que estamos tan acostumbrados a leer, oír y recibir como enseñanza o predicación, que casi no nos conmueve, pero… ¿Alguien podría llegar siquiera a imaginarse cómo será ese día y ese momento, y qué clase de poder manifestará el Cristo y que calibre tendrá la Gloria que dejará visible en todo el planeta?
No puedo enumerarte la cantidad de tesis y teorías respecto a cuál será esa señal. Distintos teólogos, aprendices de teólogos, oportunistas y charlatanes han elaborado diferentes interpretaciones tendientes a preparar a la gente respecto a la Segunda Venida. Ha sido por esa causa que, cada tanto, cada cierto tiempo, período o suma de años, salta algún grupo en algún lugar del mundo que, con bombos y platillos y pintorescos ceremoniales cubiertos por decenas de cámaras de la televisión, anuncian el fin del mundo, la Segunda Venida de Jesucristo para una determinada fecha y parten con ropas especiales a una montaña cercana a esperarlo.
Obviamente, algunos días después retornan cabizbajos, confundidos, sin prensa alguna que cubra ese momento y con la despiadada burla de todos los incrédulos que, a partir de esto, se vuelven mucho más incrédulos todavía. Lo que yo puedo asegurarte, es que el Señor va a retornar. Porque está escrito y porque Él mismo lo está diciendo aquí y en otros textos más. Cuando va a ser, de qué modo va a ser y bajo qué perspectivas externas, no lo sé. Y no sé si alguien puede arrogarse el saberlo con certeza. Es más; no sé si Dios mismo quiere que lo sepamos. Lo que sí sé, porque Él lo dice, es que no será hasta que El Evangelio del Reino sea predicado en todo el mundo. Pero ese evangelio, no cualquiera de los que durante años hemos inventado.
Si lo quisiera, nunca hubiera permitido que se escribiera que nadie lo sabe y que será como ladrón en la noche. Para ser un hijo de Dios, es más que suficiente. Y que los influenciados por el espíritu de Grecia sigan tejiendo conjeturas, hipótesis y análisis. Ese no es nuestro trabajo. Marcos relata lo mismo más o menos con las mismas palabras. Con la única acotación producto del escudriñar propio que voy a hacer, es considerar que la palabra que aquí se traduce como nubes, es nipash, la misma que en otros textos es traducida como cantidad importante de testigos. Si quieres, lo tomas; si no te convence, lo dejas. Lo que no puedo evitar es que sea verdad porque así está escrito.
61 – Mundos de Falsedades
Según lo relata Lucas, cuando Jesús se sentaba a enseñar, (Él no usaba grandes ni elevadas plataformas, tampoco luces de colores, onda club nocturno. A Él no le interesaba que lo vieran, le interesaba que lo oyeran. Ese es el camino), se reunían a escucharlo los fariseos y doctores de la ley de su tiempo. Eso es como si hoy, un joven de treinta años, anónimo, hijo de un colaborador importante de la sinagoga, de un exquisito carpintero, pero desconocido en cuanto a lo teológico, se pusiera a enseñar sobre aspectos que los encargados de trasladarlos a la gente, evidentemente desconocían.
¿Tú crees que eso lo hacía simpático y bienvenido a los estratos humanos de la religión organizada? Déjame decirte que, a pesar del tiempo transcurrido, nada ha cambiado al respecto. Y añade Lucas que el poder del Señor estaba con Jesús para sanar. Esto significa que los que tenían revelación del Espíritu Santo, de ninguna manera rotulaban a Jesús como un simple sanador.
A eso lo hacían los popes de la religión. Saca tus conclusiones. Dice un comentarista en una de mis Biblias de estudio que esa expresión de “el poder del Señor”, lo que en realidad significa es: “el Espíritu del Señor”. Amén, es una corroboración a lo que estamos enseñando. El poder sanador, ese que tanto se promociona y hasta se bastardea en cualquier plataforma de cualquier campaña supuestamente evangelística con cierta mediocridad, es uno de los siete espíritus de Dios y, como tal, sólo se mueve cuando Dios lo dispone, no cuando un hombrecillo fatuo con veleidades de astro lo reclama a los gritos tal como si Dios fuera su empleado obediente. Por favor, dime que jamás has visto algo así y que he sido yo solo el que lo ha podido observar.
Cuando Pablo les escribe a los romanos, les aclara que no se avergüenza del evangelio, cosa que sí les sucedía a casi todos los que habían elegido seguir lo que Jesús el Cristo les había dejado como legado. De eso no sólo se burlaban los griegos incrédulos e impíos, (Ellos los llamaban en tono de burla “los cristianos”, que de ninguna manera los halagaba, sino que era una ironía tendiente a ridiculizarlos. Por eso casi no uso ese rótulo, y opto por llamar creyentes a mis hermanos en la fe.), sino también muchos de los religiosos formales de la época. Y Pablo concluye diciendo que el evangelio, para él, es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree. Esto destruye la antigua discriminación entre judíos, gentiles y griegos.
El tema central de la carta es que Pablo no se avergonzaba de anunciar el evangelio porque sabía que tenía poder para traer salvación a la gente. Ello sucedía cuando, para alcanzarla, las personas confiaban y ponían su fe en Cristo. Cuando él dice “al judío primeramente”, se refiere a que la práctica misionera de Pablo en cada ciudad era comenzar predicando el evangelio en la sinagoga judía, y luego, una vez que los judíos lo escuchaban, o rehusaban hacerlo, recién ir a predicarles a los gentiles. Esto seguía fielmente el patrón establecido por Dios en el Antiguo Testamento, el de Cristo durante su ministerio terrenal, y el del trabajo evangelístico de la iglesia primitiva.
A los corintios, Pablo les explica algunas cuestiones y termina haciendo especial hincapié en lo que él determina cómo actuar conforme a la bendición material recibida. Si se tiene abundancia, señala, se debe compartir con quienes no la tienen, de manera que cuando ellos la reciban, harán lo mismo con quienes antes les suplieran sus necesidades. Maravilloso el principio, pero sustentado necesariamente en la virtud del hombre.
Por fuera de esta virtud, se prestará para el fraude, la mentira y el costoso engaño. En Argentina, algo así, te aseguro que es quedar como candidato principal al premio al ingenuo mayor del planeta. En principio vemos que Pablo está dando un consejo, una opinión, y no un mandato. Esto borra cualquier apariencia de coacción. Porque él dice que esto es desde el año pasado, lo cual nos da a entender que los problemas entre Pablo y la iglesia de Corinto quizás retrasaron este proyecto.
El hace hincapié y referencia a estar con la voluntad dispuesta, lo que equivale a decir con el deseo de dar, lo que implica y significa una cuestión clave. No se está hablando, obviamente, del simple monto de una ofrenda. Cabe señalar que los corintios disponían en esos momentos de más recursos que los cristianos de Jerusalén y, como da a entender Pablo, más que los macedonios, quienes acababan de entregar una tan generosa ofrenda.
El maná en el desierto había provisto suficiente para los israelitas, un hecho que ilustraba los deseos de Dios para con su pueblo. Una distribución equitativa, sin embargo, depende de lo que ofrenden aquellos que gozan de la abundancia. Creo que este es el justo momento y lugar para recordar y recordarte que, una ofrenda, es algo que se da de manera voluntaria y sin que nadie ni siquiera te lo insinúe. A gusto y con paz y gozo. De no ser así, tiene otro nombre, jamás el de ofrenda.
A los colosenses, en tanto, Pablo les dice que orará para que sean llenos de conocimiento de la voluntad de Dios y portadores de poder e inteligencia espiritual. Los herejes prometen a sus seguidores un nuevo conocimiento, que en griego es la muy conocida palabra gnosis, que preponderantemente, se basa en enseñarse a sí mismo. Pablo ora para que los colosenses reciban la plenitud y se mantengan bajo la potestad del más completo y claro conocimiento (Eso es epignosis), de la voluntad de Dios. Luego, cuando les dice que anden como es digno del Señor, se refiere a un radical compromiso de la voluntad, el sentimiento y la disposición de agradar a Cristo. Tal forma de andar se caracteriza por la plenitud de frutos, crecimiento en el conocimiento divino, poder de lo alto y gratitud.
62 – Poseedores de Bienes Eternos
La Biblia dice que el Reino de los cielos no consiste en palabras sino en poder. Es indudable que Dios les ha concedido a sus hijos poder, para ejercer determinadas funciones, Hechos 1 dice que recibimos poder cuando el Espíritu Santo viene sobre nuestras vidas, pero esta capacidad, revestimiento y potestad es para serle testigo en Jerusalén, que representa nuestra “casa, (Que es como decir ciudad), urbanización, Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.
La Biblia también dice que una vez que aceptamos a Jesús en nuestros corazones adquirimos una identidad, un nuevo Nombre y Apellido espiritual, que nos es otorgada una nueva ciudadanía que no es terrenal sino celestial. Pablo, en Filipenses, nos muestra donde fuimos constituidos hijos legítimos de Dios, y Juan es contundente en esto cuando dice que a todos los que lo recibieron voluntariamente, sin presiones de la religión y creen en Su nombre, les dio potestad, que es autoridad, de ser hechos, no sólo llamados, hijos de Dios.
Ahora bien, a esta facultad Dios nos la dio para ejecutar determinadas actividades, nos la delegó para facilitarnos el ejercicio, servicio y trabajo aquí en la tierra, nos la confió para ocuparnos de una obligación de encargo absoluto, para que lo representemos, ya que somos los mayordomos del Reino, embajadores de Dios aquí en la tierra.
La palabra poder tiene un significado muy particular, y es la capacidad que nosotros tenemos para hacer o abstenernos de hacer algo, es esa potencia, posibilidad para lograr lo que Dios nos ha mandado hacer o no hacer. Dios nos otorgó ese poder conjuntamente con un mandato, para que obremos en su nombre y por su cuenta. Descansó en nosotros dándonos un mandato o poder, que es una representación legal que acarrea responsabilidades. Está en nosotros responderle acorde a su confianza.
Es por eso que el temor al fracaso, el miedo de levantarnos y hablar la palabra de Dios no puede tomar el control de nuestras vidas. Una persona valiente no es aquella que no siente miedo, sino aquella persona que en dicha circunstancia no toma en cuenta lo que teme. Alguien dijo que en Dios no existe no tener miedo; existe que, teniéndolo, se vence.
¿Alguien me creerá si confieso que he sentido temor muchas veces en mi vida, incluso luego de convertirme? La Biblia también dice que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio. El dominio propio es la facultad y potestad de una persona sobre sí misma. Es por eso que Pablo inspirado por el Espíritu Santo dijo que el Reino de los cielos para los que se pierden, es locura, pero para nosotros es poder de Dios.
A los corintios él les dice que ese poder lo adquirimos de forma generosa y no onerosa, y que fue sin pagar ni medio centavo, que todo el pago lo llevo Jesucristo nuestro Señor en la cruz, para que nosotros seamos libres, de toda atadura, ligadura, opresión, maldición y desenfreno carnal. Isaías le añade que fue por amor, en favor a nuestro caminar y desenvolvimiento, y que es por esa razón que hoy en día tenemos un corazón humillado y agradecido, tanto es así que anunciamos las buenas nuevas del Reino en toda oportunidad que se nos presenta, confesándole al delante de los hombres y sin avergonzarnos. Porque…te pregunto… ¿Verdad que no te avergüenza hablar de Él delante de la gente que te conoce? Si la respuesta es afirmativa, eres de los nuestros. Si dudaste o tienes respuesta negativa, sigue buscando y hallarás todas las respuestas que necesitas.
Es también por eso que él se agrada con nuestros actos de fe y de osadía. Todo lo que estemos emprendiendo para el Reino de Dios, tenemos que hacerlo en el nombre de Jesús, porque Él merece toda la gloria de nuestras acciones, aunque tengamos el libre ejercicio de nuestros derechos. Marcos dice que en el nombre de Jesús echaremos fuera demonios.
Alégrate porque eres un procurador del Reino, un gerente de los negocios y asuntos de Dios aquí en la tierra, esa es tu identidad como hijo, ese es tu derecho legítimo, así que Levántate, Toma tu lecho Y Anda. Es decir, recobra, despierta la actitud como hijo que está en ti, revive el espíritu de poder que Dios te delegó, toma el control, y enseñoréate de tu debilidad, de todo lo que este atando tu vida y separándote de la comunión con el padre, y anuncia lo que Dios ha hecho en ti.
Recuerda siempre y que no se te olvide nunca; tú y yo tenemos la mente de Cristo, y he allí que debemos de tomar actitudes como el, seamos imitadores de él, de lo bueno, y no nos cansemos de anunciar las buenas nuevas del Reino. El Espíritu Santo, en este caso puede ser considerado como una persona, porque posee las características de la personalidad divina. En otras palabras, posee intelecto, emociones y voluntad. Una fuerza –como muchos le llaman- o un poder o un ente etéreo –como otros lo rotulan-, o una manifestación insustancial, incluso, no tiene intelecto, ni emociones ni voluntad; pero la Biblia nos habla de que el Espíritu Santo sí tiene estas tres características de la personalidad. Por favor; ten la bondad de ser creyente. Místico es otra cosa. Espiritualista, también.
63 – Batallas con el Intelecto
No son pocos los cristianos que, ante la falta de conocimiento genuino de lo que en realidad es el Espíritu Santo de Dios, eligen copiar las definiciones que al respecto han elaborado grandes intelectuales. Ellos han hablado de “una energía” o de “una fuerza”, aunque en ningún momento elevan eso a un calibre sobrenatural. Pablo estaba absolutamente convencido que todo lo que él sabía sin verlo era porque el Espíritu Santo se lo había revelado, y eso es lo que trata de enseñarles a los corintios.
Presta atención a este detalle no menor: cuando Pablo dice en su carta nos las reveló se refiere a principios, palabras, conocimiento; y no a una fuerza o a una energía, que de ninguna manera son capaces de revelar conocimiento. Más adelante y en la misma carta, él les añade que por esa razón hablamos sabiduría. De acuerdo, amén, pero… ¿Esta sabiduría de dónde es? Es notorio que se trata de la sabiduría que Dios da, y ¿Quién nos da esa sabiduría?
Y luego él sigue hablando del Espíritu de Dios, pero luego cambia y habla del espíritu del hombre, entonces mira la comparación: Espíritu de Dios – espíritu de hombre. Nadie duda que tú eres una persona, ¿Cómo podríamos dudar que el Espíritu Santo es una persona? Encaja, sí, si hasta lo compara contigo mismo. Es una de las formas en que el Espíritu de Dios es presentado, de eso no quedan dudas. Quien quiera debatir o cuestionar todo esto, que lo haga.
Personalmente, prefiero ocuparme de asuntos que requieren mayor dedicación por su gravitación e importancia. Lo otro es, apenas, diferencias interdenominacionales que en el Reino me atrevo a asegurarte que no tienen entidad. Aunque parezca una humorada, en realidad es una triste incongruencia: el 70 por ciento de las divisiones son por interpretar distinto ciertas cuestiones de forma, y no las de fondo.
Sin ir demasiado lejos con esto, fíjate que Pablo, cuando dice: Porque ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios, de alguna manera estaba presintiendo todo eso. Porque aquí hay una directa comparación del Espíritu Santo con el del hombre, en el sentido de que hay esa habilidad de conocimiento.
¿El hombre puede adquirir conocimiento? -Sí; exactamente es así con el Espíritu Santo, y está comparándolo directamente contigo; tú no eres una fuerza, no eres un ente etéreo, – ¡NO!, eres una persona, y aquí se compara al Espíritu Santo con nosotros como personas, por lo tanto, el Espíritu Santo es, entre otras características, (A esto dejémoslo bien en claro), una persona, especialmente porque tiene intelecto.
64 – Santas Emociones
Cuando Pablo exhorta a los efesios, advirtiéndoles que no contristen al Espíritu Santo, les da como razón o argumento que eso es porque han sido sellados en Él para el día de su redención. Esa palabra Contristar, que él utiliza, es casi un sinónimo de entristecer. O sea que el Espíritu Santo se entristeció. Hay otra versión que lo dice con mayor claridad y precisión: no entristezcan al Espíritu Santo. Yo me pregunto y te pregunto: ¿Se puede entristecer a una fuerza, o un ente abstracto o una energía? No, no se puede entristecer nada de eso. Porque en todo caso, una fuerza desaparece, una energía actúa, empuja, pero no se entristece.
Además, una fuerza o una energía pueden cesar, pero jamás se entristecerse. Una fuerza en todo caso y si lo quieres más claro, se apaga, pero no se entristece. Una fuerza tiene fuerza o tiene energía. Un ente abstracto se mueve automáticamente, pero ninguno de ellos muestra un elemento que sólo responde a las emociones: tristeza. En Romanos 15 Pablo les habla del gozo del Espíritu; y en Santiago 4, el autor nos habla de que el Espíritu Santo es celoso, es celoso cuando te ve a ti compartiendo con el mundo. ¿Son estos los comportamientos más coherentes para una fuerza o energía sin nombre visible? Tómalo o déjalo. No le hace, sigue siendo Verdad.
65 – Dueño de una Voluntad
Dice: «Ahh!, éste no es mi dueño el que está manejando, así que no arranco, por más que éste trate de convencerme, igualmente no me muevo», -¡NO!, esto no es cierto, la fuerza no puede tomar decisiones, arranca hasta con un ladrón. En cambio, el Espíritu Santo puede usar su intelecto, emoción y su voluntad para decidir lo que él quiere hacer. ¿Alguna vez te planteaste o te plantearon la visión de un Espíritu Santo dueño de una férrea voluntad dispuesta a todo para favorecer al Reino de los Cielos? No encaja demasiado con esa imagen triste y casi desolada que muchos le quieren endilgar tanto como para declinarle su poder y su valor.
Sin embargo, no le hace. El Espíritu Santo tiene una voluntad y la potencia como Él quiere. Es Soberano por una sencilla razón: ES Dios, y Dios ES soberano. Sobre el ejercicio de la voluntad del Espíritu Santo también vemos algo en nuestras biblias. En Gálatas habla de que nosotros nos sometamos a la voluntad del Espíritu Santo, porque les y nos recuerda que la carne es contra el Espíritu y el Espíritu contra la carne. Y más, aún, porque añade que estos se oponen entre sí para que ellos no hagan lo que quieren hacer. De allí surge posteriormente la demanda de andar en el espíritu, que es como decir, bajo la dirección del Espíritu Santo de Dios.
66 – Actuando por Mandato
El Espíritu Santo habla, en Hechos vemos como pide que se aparte a Bernabé y Saulo para la obra a que han sido llamados. Por cierto, y por si fuera necesario confirmarlo, aquí está otra vez la voluntad del Espíritu puesta de manifiesto en su directiva. El Espíritu Santo es quien llama a alguien al ministerio. Muchas veces decimos: “Dios me llamó”, y no está mal, pero lo cierto es que realmente la voz encargada de eso es la del Espíritu Santo. Lo que sucede es que muchos que sienten ser llamados pertenecen a denominaciones que no tienen demasiado en cuenta al Espíritu Santo, entonces comienzan sus ministerios con una tremenda duda teológica y espiritual.
A esto lo confirma el mismo Pablo en un diálogo que tiene con su discípulo Timoteo. El Espíritu Santo como buen maestro que es, también enseña, según escribe Juan Jesús les dijo a sus discípulos que el Padre se los iba a enviar en Su nombre, y que Él les iba a enseñar todas las cosas. ¿Leíste bien? TODAS las cosas. Nos enseña y nos recuerda cosas que hemos olvidado, ¿Quién?, el Espíritu Santo. Pregunto: ¿Puede una fuerza etérea o abstracta hacer eso?, No, de ninguna manera. Aquí lo estamos viendo como una persona. Y a eso mismo también lo vemos en el libro de Nehemías.
En la carta de Pablo a los Romanos dice que Él es el que da testimonio a nuestro espíritu humano, nada menos que de nuestra condición de hijos de Dios. Mira, si el Espíritu testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios y no se creyera que el Espíritu Santo es una persona, entonces tú tampoco debes ser persona, y tú eres una cosa, un objeto; porque el Espíritu testifica a nuestro espíritu como una persona. El Espíritu Santo guía, eso también está escrito. En la misma carta, Pablo añade que todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Todos. Te recuerdo que para ser guiados por alguien, el primer paso deberá ser nuestro: ir en búsqueda de la persona que deseamos nos guíe.
También la Palabra habla que el Espíritu indica qué hacer, el Espíritu da órdenes específicas, una fuerza no haría eso; en Hechos el autor cuenta que un día le dijo a Felipe que se acercara y se juntara al carro donde viajaba el etíope, ¿Recuerdas el episodio? Esto indica que nos muestra las cosas que debemos hacer. También en Hechos vemos que el Espíritu Santo ayuda. Que nos ayuda como una persona no como una fuerza, no se habla de que nos ayuda como un abre latas eléctrico o algo parecido, es algo más que una fuerza potencial, es una ayuda de consejo, de consolación. La ayuda del Espíritu no es impersonal, de una cosa, es personal. Sigue siendo una de las tesis, de acuerdo, pero para mi gusto, es la que mayores fundamentos bíblicos presenta.
Luego, nos encontramos con que se nos dice que de igual manera el mismo Espíritu es el que nos ayuda cuando estamos débiles y no sabemos qué pedir en oración. Él es quien intercede por nosotros y nos lleva a respuestas necesarias. Y añade Pablo que lo hace con gemidos indecibles, lo cual nos hace pensar de inmediato en una oración en lenguas angelicales. Estamos hablando de una persona, no de una fuerza impersonal. Y no concluye allí, sino que se nos enseña que el Espíritu Santo también consuela. El Espíritu Santo es una persona, entre otras razones, porque se le puede tratar como a una persona.
Al Espíritu Santo no lo podemos tratar como a una fuerza, cometeríamos un error al tratarlo así, por tanto, si podemos tratarlo como a una persona entonces: Se le puede obedecer, porque es una persona, al igual que se le puede desobedecer, pero es más que obvio que sería mejor obedecerle. En un momento dado, es el Espíritu el que le avisa a Pablo que hay tres hombres que lo están buscando, que se levante, descienda de donde se encuentra y que no dude ni vacile en irse con ellos porque Él es quien los ha enviado. ¿Qué te parece? ¿Alguna vez te dirigió así el Espíritu Santo? Es maravilloso, sencillamente impactante. Al Espíritu Santo se lo trata como una persona, no como “una cosa”, todos lo hacemos así. Además, Él habló con Pedro y le dio una orden.
El Espíritu intervino en el pensamiento de Pedro justo cuando él estaba pensando en la visión. Está más que claro que una fuerza jamás podría hacer algo así. Aquí se puede notar una sabiduría, una inteligencia, que se le manifestaba a Pedro para entender la visión. Se le puede mentir y probar. No creo que exista una fuerza a la que uno le pueda mentir. En un momento dado Pedro le pregunta a Ananías por qué se dejó llenar el corazón con pensamientos nacidos de Satanás y llevado por eso, le mintió al Espíritu Santo, quedándose con una parte de lo que debía ofrendar. Esto nos muestra que, llegado el caso y si el hombre así lo decide, también se le puede resistir.
Se exhorta a los creyentes de la época diciéndoles que son duros de cerviz e incircuncisos de corazón por hacerlo, al igual que ya lo habían hecho sus padres. A una fuerza, yo no la puedo resistir de esta manera, eso es evidente. Por ejemplo, si tú te encontraras a diez mil metros de altura en un avión, tú vas de piloto y de repente dices: «apaguemos el motor y resistamos la fuerza» de seguro la fuerza se traería abajo el avión y te estrellarías. A la fuerza no se le resiste, en cambio, a una persona sí se le puede resistir, decirle a alguien que «No» o que «yo argumento esto o aquello». ¿Estás entendiendo la diferencia?
Se le puede contristar, también, ya hemos hablado de esto. Pablo se lo dice a los efesios con total transparencia. Se lo puede blasfemar, y eso constituye el único pecado que, según la propia palabra de Dios, no tiene perdón. En Mateo lo dice con claridad y como para que nadie se haga el distraído o argumente que no lo sabía. Al final de cuentas eso también es resistir la obra que él quiere hacer, para que yo reconozca que Jesús es el Señor y que solamente en él hay salvación. El Espíritu Santo es una persona porque se relaciona al mismo nivel con otras personas. Así que, si el Padre y el Hijo son personas, y el Espíritu Santo se relaciona con ellos, entonces él es también una persona.
El Espíritu Santo es una persona porque para referirse al Espíritu Santo en el texto original griego se usa un pronombre masculino. Pneuma, que es el sustantivo neutro que al aplicarse al Espíritu se reemplazan por pronombres de género masculino. En lugar de decir «lo», dicen «el». La Biblia dice del Espíritu Santo «éste» o «aquel», entonces está hablando de una persona. Reitero lo dicho para dejarlo en claro: no se puede referirse a una energía o a una fuerza etérea e invisible, con términos como los mencionados. Y todos sabemos que, aunque no terminemos de entender muchas cosas, la Biblia jamás se equivoca ni se contradice.
Y si todavía te quedan dudas, lo cual no es negativo, sino positivo, porque me dice que no eres uno a los que van a engañar con cualquier argumento, tienes lo que Jesús dice según lo relata Juan. Dice que rogará al Padre y que el Padre les enviará otro consolador. All decir Jesús otro Consolador está hablando de una persona, no de una cosa. Puesto que él (Jesús) es el primer Consolador, estaba hablando de alguien que en todo caso lo va a sustituir para continuar con su labor, tal como él lo había hecho con sus discípulos, como una persona. ¿Crees tú que en la mente de los discípulos estaban pensando que era una fuerza?
No, estaban pensando en una persona. En Lucas, cuando el ángel le habla a María y le anticipa lo que sucederá con ella, le dice que será el Espíritu Santo el que vendrá sobre ella, y que será por esa causa que el poder del Dios Altísimo la cubrirá con su sombra. Pregunto: ¿Cómo fue que vino el poder a cubrirla? respuesta: cuando vino el Espíritu Santo, es decir, que es el Espíritu el que comunica (O da) la fuerza, el Espíritu es el que comunica el poder, pero es más que la fuerza o el poder, él es quien lo comunica, él es la persona que lo hace.
También en Lucas dice que Jesús volvió en el poder del Espíritu. Cuidado, no dice que Jesús volvió en alguna forma de poder de poder que había recibido. Dice que es el Espíritu el que comunica ese poder. En Hechos también se hace la distinción entre el Espíritu Santo y una simple fuerza. Hace referencia a como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús. En Romanos Pablo les dice que el Dios de esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que ellos abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo. Esto te dice con absoluta claridad que es el Espíritu quien da el poder, no es simplemente que él en sí es poder, sino que él comunica el poder.
Y a los Corintios el apóstol les vuelve a decir que ni su palabra ni su predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder. Eso es, en grandes rasgos, puntualmente, lo que hoy debería estar sucediendo en cada lugar en donde este evangelio es predicado. ¿Crees que es así? No me respondas, conozco tu respuesta. Es tan real que el Espíritu Santo es una persona, que ahora vamos a ver la prueba vivencial, lo que yo llamaría, la prueba de la experiencia. El gran Pablo les dice a los Corintios que La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ellos y habiten en ellos.
Notemos que ese texto literalmente dice la comunión del Espíritu Santo. En la experiencia de los creyentes sabemos que el Espíritu Santo es una persona, que habla, nos guía, nos ayuda, nos indica qué orar, nos redarguye de pecado, nos llama a hacer la obra, etc. O sea que es verdaderamente una persona y que deberíamos practicar más esta relación. Tú puedes tener comunión, hay que hacer una diferencia, tú oras al Padre, en el nombre del Hijo, en la guía, poder y sabiduría del Espíritu Santo, pero tú también puedes hablar con el Espíritu Santo, la Biblia dice que él busca adoradores en espíritu y en verdad, seremos mejores adoradores en la medida que tengamos comunión con el Espíritu Santo.
Estoy más que en certeza que cada día podremos ministrar mejor a las personas, en la medida que tengamos esta comunión. Algunas veces, cuando estamos orando, el Espíritu nos guía a hacer una oración especial, dirigida por él, no es por nuestra propia fuerza. Cuidado, porque será nuestro primer impulso, pero no debemos olvidar que es el Espíritu el que nos ayuda a decir mejor las cosas. Dependemos en todo de él, para hablar, para pensar, para actuar; y cada vez que no dependemos de él, algo sale mal. Una de las representaciones en la Biblia del Espíritu Santo es la de una paloma, y yo creo que eso es así porque su mover y su acción es altamente sensible.
Y es por esa razón que se le puede contristar o entristecer. Cuando tú haces cosas indebidas, tú percibes inmediatamente que el Espíritu se entristeció, ese es el mover del Espíritu Santo dentro de ti, sientes como una alarma interna, y piensas ¡Qué raro! ¿Por qué me siento como mal, como deprimido, alejado, oprimido? ¡Claro!, ¡Es que el Espíritu Santo se ha entristecido! ¿Cómo supones que podrías sentirte bien? La Biblia dice que se contrista con malas palabras, con malas actitudes, con ira, con enojo, con mentiras, con egoísmo, con desobediencia, y con una serie amplia de factores más.
Y luego tú te sientes mal, porque: ¿Sabes qué pasó?, pasó que contristaste al Espíritu santo, eso pasó. En la alabanza, hay gente que se cruza de brazos como si estuviera oyendo rock. ¡¡¡Ten comunión con el Espíritu Santo en la alabanza!!!, que él sea el que te ayude a alabar a Dios como debe ser. ¡No es la letra que cantas! ¡No es la música que suena! Es el Espíritu el que te ayuda a testificar acerca de lo que Dios hace en ti. El Espíritu Santo está aquí desde Pentecostés, Jesús está en el trono, y vendrá un día por segunda vez, pero mientras tanto no estamos solos; así como los discípulos estaban con Jesús, y Jesús era el maestro para ellos, hoy nosotros los discípulos tenemos al Espíritu Santo como maestro, porque así lo dijo el Señor. ¿Te cuesta ponerlo por obra? Te entiendo. ¿Sugerencia? Sólo atrévete y créelo.
67 – ¡Avivando el Fuego…!
Hay un pasaje en la segunda carta de Pablo a Timoteo, que nos cuenta cómo el apóstol le dice a su discípulo que “avive el fuego” del don de Dios, Esta expresión aviva el fuego, da a entender en lo que sería hoy un lenguaje común, algo así como ponle ganas a las cosas espirituales O tal vez algo que suene más popular, como ponte las pilas en las cosas espirituales. El don de Dios o el regalo de Dios, a que se refiere Pablo, era el ministerio que Dios había regalado a Timoteo para servirle. Debemos saber que cada uno de los discípulos posee diferentes regalos que Dios nos ha dado, y al igual que Timoteo debemos avivar el fuego en nuestras vidas.
De alguna manera, se lo confirma Pablo a los Corintios, cuando les dice que Dios no nos ha dado un Espíritu de Cobardía, sino de poder amor y dominio propio. Vemos que Dios ya nos dio el poder, el amor y el dominio propio, pero cuando el fuego no está avivado, surge en los creyentes el espíritu de cobardía o temor que evita que el poder, amor y dominio propio se manifiesten. Nosotros podemos identificar qué tan avivada esta nuestra llama, considerando en que magnitud están los siguientes elementos en nuestra vida. Ahora ya lo sabes. No le pidas en oración a Dios algo que ya te ha dado. Por si no lo registraste en su momento, te recuerdo lo que recibiste.
Poder: Del griego DUNAMIS …Este poder es el que nos posibilita seguir al Señor a pesar de los problemas y dificultades y que nos da buen ánimo; pero, si nosotros somos de aquellas personas que cualquier dificultad los desanima, y quieren -como se dice en boxeo- “tirar la toalla”, entonces: Necesitamos avivar el fuego.
Amor: Del griego AGAPE…Recordemos que el amor ágape es la faceta más pura del amor, y es el amor con que Dios ama. Tiene que ver más con carácter de miembro del Reino que con algo romántico. Dios nos manda a amar aun a nuestros enemigos bajo esa óptica. Podemos decir que cuando hay carencia de amor, el fuego no está avivado, y necesitamos avivar el fuego. Una cosa muy importante de saber es que el amarnos unos a otros es un mandamiento que viene del Señor, no una idea humanista.
Dominio Propio: Del griego SOPHORNISMOS, que significa Disciplina o autocontrol. Es bueno poder hacer un análisis de nuestra vida y ver qué hábitos o costumbres en nosotros todavía nos dominan, cuando aún nos quedan hábitos o costumbres que no podemos abandonar, entonces: “Necesitamos avivar el fuego” Pablo dijo que, aunque todo le era licito, de nada se dejaría dominar.
Cuando no se manifiesta en nosotros poder, amor y dominio propio, podemos darnos cuenta que el fuego de Dios necesita ser avivado. Ahora bien, el avivar ese fuego implica que seamos constantes en las prácticas de la oración, adoración, lectura de la palabra, no dejar de congregarnos, aunque esto siempre tiene que ver con iglesia genuina y no con babilonias imitadoras, etc., etc. Por esa razón es que hemos estado hablando de lo que significa ser cobardes. Dijimos que era principalmente falta de ánimo y de valor. ¿Por ejemplo? Para abandonar Babilonia y refugiarse en una Jerusalén genuina.
Dice el diccionario de la lengua española esto: El espíritu de cobardía no procede de Dios. Muy por el contrario, la presencia de ese espíritu es una característica de los impíos, de los que dudan, de los que tienen inseguridad, de los que dependen de los sentimientos o de las emociones más de que la palabra de Dios. Por eso es que invertimos tiempo y espacio y estuvimos hablando acerca de cómo llegar a recibir este poder para poder llegar, -valga la redundancia- a ser hijos de Dios. Y también cómo vivir como hijos de Dios. El poder del Espíritu Santo produce esto. Nadie podrá vivir conforme a diseño divino con rudimentos mundanos.
También el poder del Espíritu Santo produce el amor. El amor que viene de Dios. Es interesante que Pablo diga que el amor de Dios se derrama en nuestros corazones. La naturaleza caída del hombre, no le permite amar a Dios, porque Dios es santo, y la naturaleza humana no lo es. La caída, no le permite al hombre amar a su prójimo. Eso se pone de manifiesto por su propio egoísmo. Es más, tampoco le permite amarse a sí mismo, porque es consciente de sus propias debilidades. Esto conlleva un problema emocional que en la iglesia es lamentablemente demasiado abundante: la baja autoestima.
De Ahí el gran mandamiento que Dios pronuncia en su palabra y que Jesús lo reitera según el relato de Mateo, ante la pregunta de cuál era el gran mandamiento. Allí se nos dice que entonces él dijo que, tal como ellos lo habían leído en los rollos, debían amar al Señor su Dios con todo su corazón, toda su mente y todas sus fuerzas. Y que el subsiguiente es semejante, porque les dice que amarán a su prójimo como a ellos mismos. No hay ninguna duda, entonces, que conforme a la ley de Dios. tenemos que amarle a él poniendo énfasis en todos estos elementos: Con todo el corazón, con toda nuestra alma. Con toda nuestra mente y fuerzas. No es poca cosa, créeme.
En otro lugar dice que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Por eso resulta interesante que nosotros en este tiempo decimos: ¿Qué podemos esperar, de las personas que amen a su prójimo si no se aman a sí mismas? En la tremenda carta de Pablo a los romanos, por ejemplo, vemos la radiografía, de una persona antes de conocer a Jesucristo. Es ese gran conflicto que se desata en el interior de esa persona, entre las dos fuerzas, el bien y el mal. Y Pablo decía aquello tan conocido y casi famoso de encontrar dentro de nuestro ser interior un deseo de querer hacer el bien, pero no siempre en hacerlo. Y él lo terminaba con ese verdadero clásico de la guerra espiritual, Y el bien que yo quiero hacer, no lo hago, sino que hago el mal que no quiero hacer.
Pero también en ese mismo texto nos presenta el contraste. Y es cuando añade que no hay ninguna condenación entre los que están en Cristo, pero aclarando que eso es con lo que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu, lo que tampoco es poca cosa. Cuando nosotros nos convertimos a Cristo, y el Espíritu Santo mora en nosotros entonces recibimos el espíritu de Poder, amor y de dominio propio. Y es por eso que ahora, dejamos atrás el espíritu de cobardía. Cuando nos entregamos dejamos atrás el espíritu de cobardía. Ese espíritu de Incredulidad, ese espíritu de rebeldía. Y recibimos un espíritu de Amor. Ahora qué otra cosa sería la que recibiríamos viniendo de Dios. Que es amor. Es la única ruta conocida y segura que nos lleva al genuino poder de Dios y no a imitación es satánicas, que también las hay.
68 – Ausencia de Hipocresías
¿Qué otra cosa podría venir de un Dios que es amor? Buenas noticias. Porque ahora sí nosotros podemos amar a Dios. Cuando nos entregamos a Cristo, ahora sí podemos amar a Dios. Podemos amar a nuestro prójimo y hasta podemos llegar a amarnos, a nosotros mismos. Porque dice Pablo que el que mora en nosotros, es el Espíritu Santo. Y que es nada menos el que en nosotros produce el querer como el hacer, obviamente, con referencia a Su voluntad, no a la nuestra. Dios no nos pide lo que no podemos hacer. Sino que para obtener lo que nos pide, él mismo nos capacita para hacerlo. ¿Me entendiste esta frase? Dios nunca te va a pedir hacer algo, para lo cual Él mismo no esté dispuesto a brindarte su ayuda.
Así que, si él mismo te está pidiendo que le ames con todas sus fuerzas, con toda tu mente, con todo tu corazón, que ames a tu prójimo, que te ames a ti mismo, él te lo da a través del Espíritu Santo, entonces, ahora ya no puedes decir más: yo no puedo amar a Dios. Ya no puedes decir, ya no puedo amar a mi prójimo. Ya no puedes decir, no me puedo amar a mí mismo. Porque si tú tomas este paso de fe, entregando tu vida a Jesucristo, pidiéndole perdón, sinceramente por esa cobardía, esa rebeldía, por ese deseo de no creer, esa incredulidad, Dios te va a dar este espíritu maravilloso que te da todo el poder, para cumplir con sus demandas de amor.
Del Señor somos y para el Señor somos y si quieres glorificarle, obedece en fe, camina en fe y eso va a producir ese fruto tan deseado, tan codiciado que Pablo les detalla a los Gálatas, cuando les habla de Gozo paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Claro está que por ahí hay muchos hipócritas que dicen que aman a Dios y tú los conoces, no se preocupan por nadie.
Juan en su primera carta, nos habla de que existe tanta gente hipócrita que dicen que aman a Dios y no aman a su hermano entonces dice: ¿Cómo puedes decir que amas a Dios a quien no ves y no amas a tu hermano a quien sí ves y convives con él? Hipócritas que no aman a Dios y que no se aman a sí mismos. Se dan el lujo de maltratarse, yo digo que son personas masoquistas. Que hallan el placer en su sufrimiento. Creyendo en algún grado que ganarán el cielo de esa forma. El cielo no se gana, se recibe luego de toda una vida, de la extensión que sea, peleando la buena batalla para tener un corazón conforme al de Dios.
69 – Íntegros Para Siempre
Tú, al igual que yo y muchos creyentes más diseminados en todo el planeta han observado, que son muchos los que dicen amar a Dios y luego viven una vida absolutamente opuesta al diseño divino. ¿Puede ser justificado eso? No, Dios no puede ser amado de sólo de labios. O sólo en las partes que nos agradan, porque a Dios se le ama con todo y por todo. Por todo, en todo y a través de todo y esto incluye a las personas que te rodean y a tu propia persona.
Dios busca que le amemos de verdad. Cómo él ama, y ¿Cómo amó? ¿Cómo ama Él? Bueno, ¡Dios, dio y nos dio todo! El sigue dando todo en cuanto a las riquezas en Gloria. En Cristo Jesús. ¿Damos todo a Dios? ¿Tenemos conciencia de que todo es de Dios y que nada es nuestro? Muchos aman conforme a la medida de las bendiciones materiales que reciben, y es interesante.
Porque no podemos medir el amor de las personas por Dios de acuerdo en la condición económica en la que se encuentren. Porque son muchas las personas que dicen amar a Dios cuando todo les va de maravilla, económicamente, sentimentalmente, familiarmente, laboralmente, pero cuando las cosas no marchan tan bien, ahí parece que el amor se les enfría. Jesús nos deja algunos ejemplos de amor.
Y dice, por ejemplo, cuando aquella mujer prostituta que pidió, que imploró el perdón, que ungió los pies con lágrimas y con sus cabellos; él enseñó a través de una parábola, de una historia, de un deudor y él llevó a que su interlocutor confesara que la persona quien más se le perdonó más amó. El amor hacia Dios, hacia nuestro prójimo, hacia nosotros mismos no debe estar sujeto a la situación, a la circunstancia que nos toca vivir. Sea favorable o adversa.
El profeta Habacuc termina su profecía, con una declaración maravillosa. Él dice que aunque no haya frutos en los viñedos, ni vacas en los corrales, aunque ya no quede nada, con todo eso, él igualmente esperará en el Señor. Este es un amor íntegro. Realmente maravilloso, tal como el Señor nos enseñó a amar a nuestro prójimo. Aún a nuestros enemigos.
Pero también yo encuentro en la historia bíblica, un clásico ejemplo en la vida de Job. Aquel viejo patriarca. Él reúne yo diría, los tres amores. Por ejemplo, él respetó profundamente a Dios, cuando él fue víctima de todas esas pruebas, que el diablo trajo a su vida por permiso de Dios, él dijo: qué y recibiremos solamente lo bueno y no lo malo de Dios y dice que, a través de todas esas pruebas, él no negó a Dios, no atribuyó despropósito ninguno a Dios y no pecó contra Dios.
Sino que dijo, Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito. Pero también él oró por sus amigos y, al final de su libro dice que luego de que él hubo orado por sus amigos, Dios lo sanó. Lo prosperó y le dio mucho más de lo que tenía antes. Pero también él se amó a sí mismo. Yo encuentro esto sumamente precioso, sobre todo cuando se pregunta quién es él para comer sus propias carnes.
Como si estuviera diciendo, quién soy yo para tomar mi carne y matarme a mí mismo, No, yo espero en el Señor. El Señor que vale la pena, amar y servir, es el Señor que te ama a ti, y que ha dado todo por ti y que quiere que tú entregues tu vida a él. Si tú quieres dejar de ser un cobarde, incrédulo, rebelde, impío transfórmate en un hombre y en una mujer valiente. Y recibirás este Espíritu que te ayudará a amar, amar a Dios, amar a tu familia, amar a tu prójimo, amarte a ti mismo. No son tonterías religiosas, estas. Son Verdades.
70 – Convicciones Inmutables
El Señor describe la obra del consolador en relación con el mundo. El Espíritu Santo procederá cual un fiscal, por así decirlo. Tratando de obtener la declaración divina de la culpabilidad contra los que rechazan a Cristo. Declarar culpable significa haber demostrado más allá de toda disputa, verdades de otra manera dudadas o descartadas; haber probado más allá de toda duda, la veracidad de los cargos hechos contra mi vida y conducta. Los hombres no comprenden verdaderamente lo que es pecado, la justicia o el juicio, y por lo tanto necesitan que se les convenza de las verdades espirituales.
Por ejemplo, sería inútil argüir con una persona que declara que no puede ver belleza alguna en una rosa, pues esa incapacidad revela claramente falta de percepción de la belleza. El sentido de la belleza debe de ser despertado dentro de él. Debe ser «convencido» de la belleza de la rosa. De igual manera, el alma y la mente oscurecidas no ven nada en las verdades espirituales hasta que no han sido despertadas por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo convencerá al hombre de las siguientes verdades.
El pecado de la Incredulidad. Cuando Pedro predicó el día de Pentecostés, no tuvo nada que decir con respecto a la vida licenciosa del pueblo, su mundanalidad y codicia; no entró en detalles con respecto a la vida depravada de la gente, con el propósito de avergonzarla. El pecado del que la acusó, y del que le mandó que se arrepintieran, fue el de haber crucificado al Señor de Gloria. El peligro del que advirtió a la gente, fue el de rechazar al Señor Jesús frente a tal cúmulo de pruebas. El pecado de la incredulidad es descripto aquí como el único pecado, porque según las palabras de un erudito «donde ÉL actúa, todos los demás pecados desaparecen.»
La conciencia puede convencer al hombre de los pecados ordinarios, pero nunca del pecado de la incredulidad. Sólo el Espíritu Santo puede apelar al hombre la enormidad de este pecado. Hechos 3 dice que Dios ha glorificado a su Hijo, el mismo que esas personas a las que se les está hablando, entregaron y negaron delante de las autoridades representadas por Poncio Pilato. El líder romano había resuelto poner en libertad a Jesús, pero allí fue donde la gente, esa misma gente a la que Jesús había sanado, liberado y ayudado en sus sufrimientos y problemas, optó por elegir a Barrabás, un semi delincuente subversivo y enviar a Jesús a la cruz. No es menor la acusación. Y es legítima.
La Justicia de Cristo. Jesucristo fue crucificado como un malhechor y un impostor que engañaba al pueblo. Pero después del día de Pentecostés, el derramamiento del Espíritu Santo y la realización de milagros en su nombre convencieron a miles de judíos de que Jesús no sólo era justo, sino que también era la única fuente celestial y el único camino de justicia. Él mismo se los dijo, cuando les hizo saber que iría al encuentro del Padre y ellos no volverían a verlo. Por medio de Pedro, el Espíritu Santo les convenció que habían crucificado al Señor de Justicia. Y les añade que se arrepientan para perdón de sus pecados y recibirían el don del Espíritu Santo. Me pregunto y te pregunto: ¿Qué don? El de Poder, sin dudas.
El Juicio de Satanás. Tengo una duda: ¿Cómo se convence actualmente a la gente que el crimen será juzgado y castigado? Con todo lo que se ve a nuestro alrededor, con las distintas facetas de las enormes corrupciones financiadas por el narcotráfico y otros grandes negocios, verdaderamente, la gente del común, ¿Cree en la justicia terrenal? Por la aclaración del citado crimen y el castigo del criminal; en otras palabras, por una demostración de justicia, la cruz constituyó una demostración de la verdad de que el poder de Satanás sobre las vidas de los hombres había sido quebrantado y que había sido decretada su destrucción. Pero ha sido escrito que el Hijo destruyó por medio de la muerte, al mismísimo imperio de la muerte, y que de ese modo nos libró a todos de un temor que nos sometía a servidumbre.
En su primera carta, Juan dice que el que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. ¿Habla de Satanás, puntualmente? Habla de todo ser influenciado por Satanás y sus demonios, eso es un diablo. Y se nos asegura que el Hijo de Dios vino para deshacer esas obras malignas. Y que por ese poder fueron despojados todos esos principados y potestades a partir de esa victoria obtenida en la cruz. Y el propio Pablo les asegura a los romanos que Dios aplastará en breve a Satanás bajo los pies de ellos. ¿Sabes algo? Otra muy distinta sería la iglesia si sus miembros creyeran fielmente que tienen poder más que suficiente para someter al diablo debajo de sus pies.
Lo cierto es que Satanás ha sido juzgado en el sentido de que la gran causa ha sido resuelta en su contra, de manera que no tiene derecho alguno de retener a los hombres en esclavitud, como sus súbditos. Por su muerte, Cristo ha liberado a todos los hombres del dominio de Satanás, y queda librado ahora a ellos aceptar esa liberación o no. ¿No has leído que el propio Jesús dice que Él está a la puerta de tu vida y llama, y que sólo si se lo permites Él podrá introducirse en tu día a día? Si eso tiene que hacer Jesús, podrás imaginarte que Satanás no tiene un poder superior. Por lo tanto, el infierno entra en tu vida cuando tú le abres la puerta, de otro modo se quedará afuera, llamándote e invitándote por medio del pecado a que le permitas ingresar y destruirte.
El Espíritu Santo convence a los hombres de que son verdaderamente libres, por eso es que Juan certifica que, si el Hijo nos liberta, seremos verdaderamente libres. Yo me pregunto si el hombre, hoy, tiene real conciencia de lo que significa ser auténtica y genuinamente libre. De que ha dejado de ser súbdito del tentador, que ya no está más sujeto a obedecerle, sino que ha pasado a ser un súbdito leal de Cristo, súbdito de buena voluntad en el día de su poder. El salmista lo confirma cuando expresa será el pueblo el que se ofrecerá voluntariamente en el día de Su poder, en la hermosura de la santidad y en el rocío de la juventud. Poético, pero cierto y verdadero.
Satanás manifestaba que tenía derecho de poseer a los hombres que habían pecado, y que el Juez justo los debía dejar en sus manos. El Mediador, por otra parte, apeló al hecho de que él había llevado la pena del hombre y había tomado su lugar, por lo tanto, la justicia, lo mismo que la misericordia requería que el derecho de conquista de Satanás fuera anulado y que se le diera el mundo a Jesús, el segundo Adán y Señor de todo. El veredicto le fue desfavorable al príncipe de este mundo y fue juzgado. Él no puede mantener sus bienes en paz cuando aparece otro más fuerte. Es suficiente con que tú rompas en oración el acta de los decretos que hay en tu contra en el infierno y serás libre.
71 – Principios de Renacimiento
Regeneración. La labor creadora del Espíritu Santo sobre el alma puede ser ilustrada por la labor creadora del Espíritu de Dios sobre el cuerpo del hombre en el comienzo. Trata de formarte un cuadro mental de la escena sugerida en Génesis 2, cuando el hombre fue formado del polvo de la tierra y Dios sopló en su nariz aliento de vida. A ver si lo entendemos bien y olvidamos la historieta infantil que se nos enseñó de niños. Dios toma el polvo de la tierra y forma el cuerpo.
Y allí queda inanimado, inmóvil. Aunque está en el mundo, rodeado de belleza, no reacciona porque carece de vida. No oye, ni ve, ni entiende. Luego Jehová Dios sopló, (En algunas versiones dice que “alentó” soplo de vida y recién por esa acción fue el hombre un alma viviente. Inmediatamente se produjo una reacción en lo que respecta al mundo, vio sus bellezas y oyó sus sonidos.
¿Cómo lo logró? Por Dios mismo, que no está lejos de ninguno de nosotros. A eso, así textualmente, lo dice con claridad el libro de los Hechos. Y, sin embargo, el hombre vive y actúa como si ese mundo no existiera porque está muerto, espiritualmente hablando, y por lo tanto no puede reaccionar ante ese mundo. Pero cuando el mismo Señor que vivificó el cuerpo vivifica el alma, la persona despierta al mundo espiritual y comienza a vivir una vida espiritual.
Cualquiera que haya presenciado las reacciones de un verdadero convertido, después del acontecimiento experimental y fundamental conocido como el nuevo nacimiento, sabe que la regeneración no es simplemente una doctrina, sino también una realidad práctica. A mí se me ocurre pedirles a los teólogos un solo favor: no hagan del evangelio una cuestión técnica o académica. No se la merece.
Morada. Deberíamos leer con atención algunos textos bíblicos puntuales y luego reflexionar muy seriamente al respecto. Se nos dice, por ejemplo, que al Espíritu de Verdad, el mundo secular e incrédulo no lo puede recibir por una sencilla razón: no lo ve ni lo conoce. Pero nos aclara que nosotros sí lo conocemos, ya que lo hemos invitado a entrar en nuestros corazones y vivir dentro de nosotros.
Y que nosotros no vivimos según la carne, sino según ese Espíritu que mora en nosotros. No es una fábula, es el resultado de lo declarado y decretado en nuestra conversión. Por eso es que se nos advierte que, si alguien no tiene ese Espíritu, ese alguien no es de Cristo. Aunque asista a un templo regularmente. Todos lo sabemos. Hay sobrados pasajes de la Biblia que nos aseguran que el Espíritu Santo mora en nosotros.
Pese a ello, luego se nos va a recordar que la unción que recibimos del Espíritu permanecerá en nosotros, y por esa razón no tendremos necesidad de que nadie nos enseñe nada, ya que el Espíritu Santo mediante su unción nos enseñará todas las cosas. Y por si alguien lo pusiera en duda, Juan dice que eso es verdad y no es mentira. Dios está siempre presente en todas partes.
Ello constituye una necesidad. En él todos los hombres viven, se mueven y son. Pero morar significa que él está presente en una nueva forma, manteniendo una relación personal con el individuo. Esta unión con Dios, denominada morada, es producida en realidad por la presencia de la Trinidad completa, tal como lo veremos al examinar los textos donde se alude a todo esto. Búscalos.
Muchos eruditos en el estudio de la Biblia, que se adhieren a las enseñanzas fundamentales de la misma, sostienen que Dios impartió a Adán no solamente la vida mental y física, sino también el Espíritu para morar en su ser, Espíritu que el hombre perdió a causa del pecado. No solamente lo perdió en lo concerniente a él, sino también a sus descendientes. Esta ausencia del Espíritu Santo ha dejado al hombre en oscuridad espiritual y debilidad.
Mediante las facultades de su entendimiento, la persona no convertida no puede conocer las cosas que son del Espíritu de Dios. Importantísimo esto que acabas de leer. No me pertenece, obviamente, así que no te lo digo por egocentrismo vanidoso o por angurria de estrellato. Te lo digo porque si llegas a entender esto como no hace tanto tiempo lo pude entender yo, tu vida de fe dará un giro9 de trescientos sesenta grados y, en ese giro, encontrarás el modo de andar en el Espíritu. Nada menos.
Por eso Pablo les dice a los Corintios en un párrafo de su primera carta, que el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios. Y no sólo eso, le añade que a ese hombre natural, normalmente muy bien preparado intelectualmente, las cosas del Espíritu son una verdadera locura. Y es obvio, le suena así porque pretende entenderlas, cuando en realidad las cosas del Espíritu sólo podrán ser vistas si se disciernen.
Y como si fuera un juego de círculos, el discernimiento es un don que puedes apropiar y utilizar en beneficio del Reino, sólo si estás lleno o al menos bien ungido del Espíritu Santo de Dios. De otro modo, ni lo sueñes. Las cosas del cielo ni se estudian ni se compran, se reciben por fe y por corazón conforme al corazón de Dios. Más justicia que esa, imposible.
En lo que respecta a la voluntad, más que claro es que no se puede sujetar a la ley de Dios. Por eso es que a los Romanos, Pablo les añade que los designios de la carne son enemistad contra Dios por la simple razón que no se sujetan a la ley de Dios ni tampoco pueden. En la adoración, fíjate, que eso determina que tampoco puedan llamar Señor a Jesús.
A esto también se los aclara a los corintios cuando les dice que les tiene que hacer saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llamará anatema a Jesús, mientras que tampoco se lo puede llamar Señor, así, con todas las letras, sino por el Espíritu Santo. Esto último me lleva indefectiblemente a recordar ese pasaje donde Jesús dice que le dicen Señor Señor, pero él no los conoce. No está hablando con incrédulos, obviamente.
En lo que respecta a sus prácticas, rituales u otras expresiones corporales, nadie puede agradar a Dios. Otra vez escribiendo a los Romanos, Pablo vuelve a decretar que los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Y que en lo que respecta al carácter, no pueden llevar frutos espirituales. Juan, por su parte, reproduce dos conceptos de Jesús que muy bien vale la pena tener muy en cuenta.
Uno es el que nos dice que permanezcamos en Él y Él en nosotros. Porque, aclara, como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco nosotros, si insistimos en hacer las cosas como se nos antoja y no permanecemos en Él. Y concluye que ese hombre tampoco puede recibir el Espíritu de verdad, porque no lo ve ni lo conoce. Pero nos dice que nosotros sí lo conocemos porque mora en nuestro ser.
Lo cierto es que todo ello se debe a la ausencia del Espíritu, una ausencia que deja al hombre en la plena muerte espiritual. La única salida es por medio de la fe y el arrepentimiento, ya que es el modo en que el hombre se vuelve a Dios, y queda regenerado. La regeneración por el Espíritu encierra la unión con Dios y Cristo. A los Corintios Pablo les vuelve a recordar que el que se une al Señor un espíritu es con Él.
Eso es en lo que nuestro tan particular idioma se conoce como morada. Por eso es que el apóstol les consigna que tengan especial cuidado, ya que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo. Esta morada del Espíritu, o la posesión voluntaria del Espíritu por parte del hombre, constituyen el rasgo distintivo del creyente del Nuevo Testamento.
De hecho, se estima como verdad absoluta que aquel que no tiene al Espíritu Santo morando en él, no es de Cristo. Y añade algo más que jamás deberíamos dejar de tener muy en cuenta. Dice que los que no tienen al Espíritu de Cristo en ellos, no son de Cristo, y que por lo tanto se convierten en los sensuales, (Esa es la palabra usada), que producen la mayor parte de las divisiones en el cuerpo.
Y es muy llamativo, porque nosotros, al menos los que hablamos el idioma español, aun con las habituales diferencias entre las distintas culturas que lo utilizan, usamos al término sensual en lo que tiene que ver con la sexualidad. Que no es erróneo, pero que es tan solo una parte de su significado. Sensualidad es depender de los sentidos almáticos y corporales y elegir vivir por lo que ellos dictan. En todo.
Santificación. En la regeneración, el Espíritu Santo efectúa un cambio fundamental en el alma, al impartir un nuevo principio de vida. Ello no implica, sin embargo, que el Hijo de Dios, al instante, se convierta en perfecto. Siguen latentes las debilidades adquiridas y heredadas; es necesario vencer al mundo, a la carne y al diablo.
Puesto que el Espíritu Santo no obra de una manera mágica, sino en forma vital y progresiva, es gradualmente que el alma es renovada. Será necesario fortalecer la fe mediante numerosas pruebas. También debe ser fortalecido el amor, para sobrevivir las penalidades y la tentación. Deberán vencerse los halagos del pecado y corregirse las tendencias y los hábitos.
Si el Espíritu de Dios hiciera un solo trabajo y luego partiera, algo así como en una misión puntual y concreta, el convertido con seguridad volvería a sus antiguos caminos. Pero resulta ser y así está escrito, que el Espíritu Santo prosigue la buena obra comenzada. No sé si hasta terminarla, porque nadie puede predecir en lo humano cuando comienza o termina una vida, pero sí hasta que el receptor ingrese en una senda que lo lleve a una estatura buscada, la del varón maduro. El evangelio, que fue el medio de nuestro nuevo nacimiento, continúa siendo el medio de crecimiento en nuestra vida cristiana. Estoy hablando de todos aquéllos que han nacido de la incorruptible semilla de la Palabra de Dios.
Pedro sostiene que somos renacidos no de simiente corruptible, sino incorruptible, por causa de la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Y añade en función de eso, que debemos desear tal como si fuéramos niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada. Se refiere a la auténtica palabra de Dios sin contaminaciones doctrinales impuestas por las religiones auto denominadas cristianas.
Asimismo, recuerda una vez más que el Espíritu Santo es quien actúa directamente sobre el alma, produciendo esas virtudes especiales del carácter cristiano conocidas como los frutos del Espíritu Santo. Quien no los evidencia, independientemente de su humildad o bajo perfil, todavía está en la búsqueda y no ha llegado a la mínima estatura pintada en el objetivo.
Pablo, por su parte, también se lo explica debidamente a los gálatas, cuando les dice que el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, y que contra todas esas cosas no hay ley que las obstaculice. Tal cual. No sé si los gálatas tomaron debida nota de esa advertencia, lo que sí sé, es que muchas de nuestras congregaciones cristianas, hoy, todavía no lo hicieron. Obviamente, salta a la vista que todo lo dicho se obtiene a partir del verdadero fruto del Espíritu, que es el primero, porque dice ES, no dice SON. Y ese fruto se llama Amor. Pero el ágape, no el romántico phileo.
La operación del Espíritu es progresiva, yendo «del corazón a la superficie, del interior al exterior, de la raíz de la vida a las manifestaciones de la vida, a las acciones y a las palabras. Al principio permite muchas cosas que son incompatibles con su naturaleza santa y luego, poco a poco, las ataca una tras otra, un año éstas, otro año aquéllas, entrando en detalles de una forma tan completa que sin dejar que nada escape a su influencia, un día todo el hombre, glorificado por el Espíritu, resplandecerá con la vida de Dios. No se trata de cuanto del Espíritu tenemos nosotros, sino de cuanto de nosotros tiene el Espíritu Santo.
Revestimiento de poder. Esto tiene que ver, necesariamente, con el revestimiento de poder: su carácter general, su carácter especial, su evidencia inicial, su aspecto continuo y la forma de recibirlo. Su naturaleza general. Todo lo que te he venido compartiendo ha sido en referencia a la labor regenerativa y santificadora del Espíritu Santo.
Pero ahora, antes de darle un cierre a este pasaje del trabajo, quiero que veamos otra forma de operación: su obra que vigoriza y activa. Esta última fase de la obra del Espíritu queda expresada en la promesa de Cristo que dice, cuando Él nos asegura que recibiremos poder cuando haya venido sobre nosotros el Espíritu Santo. Y no conforme con ese tremendo legado, nos recuerda que seremos testigos de ese poder en todo lugar donde pongamos nuestros pies.
Recibimos poder para servir a DIOS. El rasgo distintivo más predominante de esta promesa es el poder para servicio y no para regeneración para la vida eterna. Toda vez que leemos que el Espíritu viene, descansa y desciende sobre el pueblo, o lo llena, la referencia nunca se relaciona con la obra salvadora del Espíritu, sino siempre con el poder para servicio. Y que conste donde deba constar, que cuando hablo de servicio, estoy refiriéndome a servir a Dios, a su Reino, a su deidad, a su Majestuosidad y a Su presencia, no a personeros mediocres que aseguran representarlo porque alguna credencial de plástico ordinario en su camisa o chaqueta así lo dice.
Seguridad de ser hijos de DIOS. Estoy fielmente convencido que, si en su gran mayoría, los creyentes tuvieran esta certeza, la iglesia sería otra cosa, mucho más cercana a lo que el diseño divino determinara. Estas palabras que vas a leer en distintos textos bíblicos, fueron dirigidas a hombres que gozaban ya de relación íntima con Cristo. Habían sido enviados a predicar, armados de poder espiritual para dicho propósito. En Mateo se nos cuenta que, llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre espíritus inmundos. ¿Estás enterándote recién ahora que liberar endemoniados no es para “especialistas” ni ministerios especiales? Él nos dejó esa autoridad, a todos.
Y concluye en ese pasaje expresándoles que además de echar fuera espíritus inmundos, también les estaba dando toda la autoridad suficiente para sanar toda enfermedad y toda dolencia. ¿Me leíste bien? Acabo de decir TODA enfermedad, y TODA dolencia. Y no es una fanfarronada ministerial mía para captar seguidores ni prosélitos, es algo que hace mucho tiempo les dijo Jesús a sus discípulos, que es lo mismo que decir que nos lo dijo a todos, a cada uno de nosotros por igual, sin distinción de cargos o posiciones eclesiásticas estructurales.
Y como cierre de esto, les aseguró que sus nombres estaban escritos en los cielos. ¿Sabes qué? Igualito que el tuyo, el de toda tu familia creyente. ¿Lo crees? ¿De verdad lo crees? No simules, no estás en el templo y nadie te está observando. Sólo di la verdad. Para ti mismo y para el único que te está oyendo…en los cielos.
Sin embargo, sabiendo que como seres humanos pueden infatuarse si se dan cuenta del poder que fluye de ellos, en Lucas se nos dice que les advierte que no se regocijen de que los espíritus se les sujeten sino más bien de que sus nombres estén escritos en los cielos. Su condición moral fue descrita en las siguientes palabras: ya ustedes están limpios por causa de la palabra que les he hablado.
La relación que existía entre los discípulos y Jesús fue ilustrada por medio de la conocida figura de la vid, donde nosotros seríamos los pámpanos. Sólo permaneciendo adheridos a Él podemos fructificar. Separados, nada podremos hacer. Aunque hoy todavía haya miles que lo sigan intentando. Dios nos llena por su Espíritu Santo. Este Revestimiento de poder es conocido también como llenar con el Espíritu.
Sus características especiales. Los hechos mencionados precedentemente nos llevan a la conclusión de que después de la conversión, y en adición a ésta, el creyente puede experimentar en su vida el recibimiento del poder. El Espíritu regenera la naturaleza humana en la crisis de la conversión, y luego, como Espíritu de santidad dentro del hombre, produce los frutos del Espíritu, los cuales constituyen los rasgos distintivos del carácter cristiano. Los creyentes efectúan a veces una consagración especial y reciben la victoria sobre el pecado y el consiguiente ascenso a un plano de gozo y paz que ha sido denominado a veces «santificación,» o «la segunda obra definitiva de la gracia.»
72 – Poderes Peligrosos Contemporáneos
Conocí a un empresario que comenzó lo suyo bien desde abajo. Recuerdo que, en sus primeros años de trabajo, solía asegurarnos que se esforzaba para darle a su empresa un cimiento material que le permitiera resistir cualquier clase de vendaval económico adverso en el ámbito nacional, cosa que en Argentina no sólo es factible, sino casi que es algo normal en casi todos los gobiernos y sistemas adoptados.
Se pasaba día y noche en su empresa, mientras nosotros trabajábamos nuestras modestas ocho horas, salíamos a divertirnos o simplemente holgazaneábamos al sol. Obviamente, los años le dieron la razón. Su empresa se hizo sumamente sólida y jamás sucumbió a ninguna crisis. Ganar millones por año para este muchacho empezó a ser algo normal y corriente.
Las pocas veces que nos encontrábamos con él, (Ya su status lo estaba llevando a otros terrenos sociales), nos solía decir que ya el dinero no era su preocupación, sino que ahora empezaba a constituirse en una base sobre la cual más adelante pensaba construir una especie de poder que lo impulsara a sitiales de mayor envergadura, no solamente empresarial o económica, sino también política.
Él había entendido lo que todavía nosotros ignorábamos supinamente. Que, para acceder a un verdadero poder dentro de una nación como la nuestra, tener una base sólida de fortuna material no sólo era indispensable, sino sencillamente obligatorio. De hecho, concluyó su historia siendo un dirigente político elegido para distintas funciones muy importantes, en las que, si bien no descolló demasiado, si las supo usar en su beneficio personal y empresario.
Hoy sus hijos son parte de una estructura económica que, de alguna manera, ostenta el máximo poder en mi país, por fuera de las ideologías y las estúpidas diferencias pseudo partidistas con las que se pretenden disimular las verdaderas pujas por el poder. Si quieres podemos hablar de logias o sencillamente mafias, como las rotulan sus enemigos.
Pero lo cierto es que ningún político electo para comandar los destinos de un país como el nuestro, ostenta el poder mayoritario que le permita hacer lo que mejor le parezca en beneficio de la gente que le brindó su voto. Para cada decisión, tendrá que contar con el aval de esos sectores concentrados que, lejos de buscar favorecer a los que menos tienen, tendrán como premisa fundamental seguir engrosando sus propias fortunas y concentrando la mayor parte del poder. Es así, no lo censuro ni lo justifico, simplemente lo describo.
73 – Tiranías Varias
Allí se encuentra lo que, en ese párrafo inicial, denominé como Poder Absoluto. Que ostenta una realidad insoslayable: cualquier ser humano que logre poseerlo, se convertirá en un déspota, dictador y tirano. No hay opción. Una naturaleza caída como la nuestra, no tiene defensa alguna para luchar contra la corrupción en cualquiera de sus aspectos. Si se corrompe el empleado que barre tu calle, que por algo de dinero extra que puedas regalarle limpia solamente tu acera, mientras deja las de tus vecinos todas mugrientas, ¿Qué menos podríamos esperar de aquel que tiene acceso a millones y millones que no son suyos, pero que pasan por sus manos como el administrador que supuestamente debería ser? Si Lucero un día se corrompió y quiso ser igual a Dios, el hombre sin Dios y por lo tanto influido por el infierno, necesariamente buscará hacer lo mismo. Y tener un poder absoluto sobre algo, te hace sentir un dios, no lo dudes. Ese es el riesgo que también puede correr un líder religioso. Lo hemos visto, no estoy inventando nada.
Muy relacionado con este poder que de alguna manera es el que utiliza el dios de este siglo para gobernar el que llamamos mundo secular, es el poder del dinero propiamente dicho, como prenda de cambio, como objeto material de con sumo e insumo. A eso se le denomina Poder Adquisitivo. Las personas que lo tienen en mayor medida, independientemente del modo en que lo hayan adquirido, serán las personas que a corto o mediano plazo se irán adueñando de los distintos sectores de la sociedad y pasarán a controlarlos.
Es el poder que permite a quien lo posee, comprar distintos bienes o servicios de diversa índole. De hecho, todos sabemos que no tiene la misma calidad de vida alguien con un regio poder adquisitivo en comparación con quien no lo tiene o lo tiene, pero en volumen muy escaso. El confort, los mejores colegios, el status social y las posibilidades de acceder a lugares de poder al alcance de sus cuentas bancarias, más que de sus manos.
No es casual ni ocurrente que la Palabra de Dios haga alusión directa a la adoración de los dos dioses. Cuando habla de Mammón, se está refiriendo a una palabra aramea que significa dios de la avaricia. Su etimología es un demonio al cual denominan como Mammón, representando uno de los pecados graves como lo es la avaricia. La Palabra Griega Original tiene como especial definición a la avaricia, avidez, ventaja, codicia. Su nombre, que también es Amón, es en el ámbito satánico un marqués y comanda cuarenta legiones de demonios menores a su servicio.
Quien crea que puede vencerlo con facilidad, se equivoca. Quien crea que es imposible vencerlo, también se equivoca. El considerado como dios de las riquezas, no es invencible en Cristo Jesús, pero tampoco es un enemigo al que se lo pueda subestimar. Todos los que de una u otra manera hemos debido transitar por lugares donde se nos ha otorgado un mínimo de poder, a esto lo sabemos muy bien. O, al menos, deberíamos saberlo. Hay un enorme impacto testimonial en ello.
74 – Constituyendo Inconstitucionalidades
El que sigue, es un poder que no por menos conocido, o en realidad debería decir por menos difundido, no es menos importante: el Poder Constituyente. Es el que hace especial hincapié y epicentro en lo que podríamos llamar la soberanía popular. Yo sé muy bien que esto es, en muchos lugares de alto prestigio, nada más que una entelequia con un nombre, pero sin ningún valor ni presencia activa real.
Los países lo esgrimen a la hora de elaborar sus constituciones nacionales, pero luego y a favor de los dos poderes que mencioné anteriormente, esto suele quedar sin efecto genuino y queda limitado o reducido a un calificativo de un algo que, en la realidad tangible, no existe. La Constitución argentina, por ejemplo, dice en uno de sus ítems que los habitantes de este suelo somos todos iguales ante la ley.
Si me dejas pensar con velocidad y espíritu sincero, puedo asegurarte que eso sería genial de ser puesto por obra, pero todos sabemos que no es así. Ni aquí ni en ningún lugar en donde sus propias constituciones también lo expresen. A mí personalmente me gusta la democracia, pero no soy necio para no observar que en la vía de los hechos no existe y todo se limita a un juego de grupos, capacidades y, obviamente, respaldos económicos.
Si un presidente, en su faz personal, quisiera respetar a muerte lo que dice su Constitución, sea del país que sea, estoy más que en certeza que no duraría demasiado tiempo en su cargo. Algo o alguien se encargaría de armar alguna causa o efecto que indefectiblemente lo haría claudicar. ¿Por malo? No, por inocente. Porque contra ciertos poderes existentes en el planeta, sólo es factible derrotarlos por el poder de Dios. Pero para manifestarlo, hay que se un hijo suyo, los extraños no lo pueden tener.
Esto nos lleva a los poderes que, legendaria y casi tradicionalmente, se supone que conducen los destinos de una nación. De esos tres, el más importante en status y por el cual muchos hombres y ahora también mujeres, llegarían a vender a sus propias madres para accederlo, es el Poder Ejecutivo. Es el que tiene a su cargo el gobierno máximo de un Estado y también el encargado de observar y hacer observar las leyes que rigen en él. Nadie dijo que el principal funcionario de un poder ejecutivo sea algo así como un amo y señor de la vida de sus conciudadanos. Más que eso, por ley vigente en todo el mundo, tendría que ser un simple administrador de los bienes, propiedades y similares de los propietarios de ese país, que son sus habitantes.
Que para operar correctamente se han consolidado en un marco humano al que han denominado “La sociedad”, rótulo que nos está dejando en evidencia que un país, cualquiera sea, es propiedad de sus habitantes, que conforman una sociedad que procura sostenerlo, enriquecerlo, mejorarlo y hacerlo cada vez más fuerte.
Y que a todo eso procuran lograrlo eligiendo, cada una determinada cantidad de tiempo, a un hombre o a una mujer que desde el momento en que resulte vencedor o vencedora, haría las veces de presidenta de ese directorio llamado La Sociedad, que funcionará bajo el nombre de fantasía de un país. Ya me imagino tu sonrisa burlona y despiadada. Pero no te preocupes, tienes razón, ni yo me puedo creer esa novelita rosada llamada en muchos lugares “democracia participativa”.
Los griegos la inventaron. Y a partir del nombre que le dieron, pretendieron hacerles creer a sus paisanos que, efectivamente, era un sistema en donde el pueblo sería el dueño del poder y el propietario de la nación en todas sus líneas. Jamás fue así, ni siquiera en el marco de las extremas ideologías de una y otra punta que, cuando fueron gobierno, se encargaron de dejar en evidencia que esa palabra no tenía nada que ver con ellos.
Como tampoco lo tuvo con los propios inventores, ya que la Grecia antigua se conducía gubernamentalmente por un senado aparentemente elegido por el pueblo, pero que en realidad estaba conformado por la gente más poderosa, adinerada y de más alto status del lugar. El pobre no gobernaba nada, ni siquiera su propia familia, casi siempre viviendo en esclavitud de otra más poderosa. La izquierda y la derecha propusieron reemplazarla por sus “maravillas” conceptuales, pero la historia nos muestra que solamente fabricaron dictaduras y tiranías que a su vez fabricaron más pobres y sometidos.
75 – Debates Debatibles
Como consecuencia de ciertos excesos y ciertas corrupciones de hombres con pocos escrúpulos, la democracia se las compuso para armar un poder que fuera capaz de controlar al ejecutivo en sus decisiones más importantes. Así nació el Poder Legislativo. Lineal y literalmente, es el poder que tiene la responsabilidad de crear y reformar las leyes vigentes o existentes. Sin embargo, en la vía de los hechos concretos, hay muy pocos que hoy crean que realmente están haciendo eso.
La gran mayoría ha entendido claramente lo que en más de una ocasión ha podido ver con sus propios ojos: gente que hace componendas con otra gente con la finalidad de sostener al gobierno, si está del lado oficialista, o de dinamitarlo, si le toca jugar el rol de oposición. La gran frase democrática, lo que yo llamaría la madre de todas las frases, fue: En democracia, el que gana gobierna y el que pierde ayuda. Hermosa frase para adornar un discurso, pero una verdadera utopía al intentar llevarla a la realidad.
Porque la legislatura es un poder efectivo en tanto y en cuanto, ya sea por su sistema electoral o alguna cuestión parecida, exista un sector que tiene mayoría y puede sacar las leyes que desea sin problemas. Pero resulta ser que, como en las campañas pre electorales no hay propuestas, sino batallas verbales agresivas de uno en contra del otro, nadie tiene muy en claro qué cosa es lo bueno para todos y qué cosa solamente es buena para uno de los dos sectores.
Entonces, en la mayor parte de las ocasiones, si un sector desea que una ley salga y se promulgue, tendrá que negociar con el otro sector, único modo de lograr que estos acompañen con su voto a dicha ley. Esto llevó a muchos políticos a decir en voz alta y muy sueltos de cuerpo que, en política, todo es negociable. ¿Sabes qué? ¡Es verdad! Pero jamás te dirán ni podrás saber qué cosa es la que cada uno negocia para lograr un objetivo partidario o personal. ¡Y tú eres quien paga sus salarios con tus impuestos! Una hermosura…
76 – Justo ni Sólo Uno…
Y el tercero de los poderes con los que se construye un país que se precie de ser serio y responsable, es el Poder Judicial. En los papeles, como se dice en los ambientes populares, es el poder encargado de ejercer la administración de justicia. En los papeles, obviamente. La realidad, luego, en cada lugar del planeta, traerá novedades muy distintas.
Y créeme que no estoy siendo ni mal intencionado ni desconfiado de los magistrados, apenas pongo en letras lo que he oído de sus propios labios. En una ocasión, estando cumpliendo funciones en el área de relaciones públicas y prensa de una empresa para la cual trabajaba, me tocó hacer de anfitrión, justamente en representación de ella, para con la visita de un contingente de jueces de mi país retirados, disfrutando de sus jubilaciones.
Era de uso y costumbre, en esos casos, luego de concluida la visita, ofrecerles un almuerzo de agasajo y, en el final del mismo, “a los postres” como suele decirse, dos pequeños discursos. El mío, en nombre de la empresa, y el del juez que presidía la visita. Primero lo hizo ese juez, un hombre mayor, el más veterano de todos, y nos agradeció nuestra atención y gentileza. Luego me tocó cerrar la ceremonia a mí, donde les agradecí habernos visitado y puse de manifiesto nuestro privilegio por haber atendido a hombres que, -dije- habían tenido la nada sencilla tarea de “administrar justicia”.
Aplausos para uno y otro y todos felices. Cuando íbamos retirándonos para acompañarlos a tomar el bus en el que habían venido para retornar a sus lugares, ese hombre se me acercó, puso un brazo en mi hombro y me dijo algo que jamás olvidé ni olvidaré: “Gracias por sus palabras, muchacho, pero nosotros los jueces no administramos justicia. Apenas administramos leyes. Y yo, le confieso, rezo todas las noches para que sean justas” …
Si bien era, como él mismo lo dijo, un “muchacho” todavía muy joven e inexperto, ese día aprendí algo que nunca más se me iba a olvidar, y que con mi entrega a Jesucristo y el ingreso al mundo de la fe, se me consolidó aún más: la verdadera Justicia, así escrita con la “jota” mayúscula, es la de Dios. Los hombres, apenas administradores de diferentes leyes que, a veces pueden ser más o menos justas, pero en otras ocasiones nos dejan a todos con una sensación de injusticia más que notoria. Ha sucedido muchas veces y en oportunidades, con casos muy difundidos por la prensa.
Se me ocurre que aquí podría darle un broche a esto con algo que también me dijo un visitante de esa misma empresa, pero en este caso un Prefecto, que es como aquí se les llama a los directores de las cárceles. Cuando lo felicité por su trabajo y le di a entender lo que yo veía era su responsabilidad, recuerdo que me respondió: “Gracias, pero quiero que sepa que lo que yo tengo en mi cárcel, es un puñado de pobres encerrados por distintos delitos, pero créame que no tengo a todos los delincuentes que debería tener allí. Los más importantes tienen “con qué” estar sueltos…”
Creo fielmente que estos tres poderes con los que un país debe conducirse, en su creación y armado, fueron muy representativos de lo que se perseguía y se necesitaba. Tener mando, control y justicia equitativa para unos y otros era no sólo una premisa muy válida, sino una necesidad evidente y sin el más mínimo espacio de discusión. Hoy, salvo alguna honrosa excepción que desconozco, en la mayoría de las naciones esos tres poderes son cuestionados por igual.
Y todos por una misma razón: trabajar en favor de un gobierno establecido o de un grupo político en oposición, y no para la República, tal como debería ser. Ejecutivos corruptos, Legislativos cómplices y Judiciales que miran hacia otra parte o no, según el color político que tenga el delito. ¿Tengo que ser malintencionado y suponer que se venden por dinero, o por un trozo de poder? Puede ser, pero no tengo ni el menor derecho a escandalizarme por eso, ya que los tres poderes que me faltan mencionar, no son muy distintos. Y algunos me involucran, aun estando en desacuerdo.
77 – Legalización de la Mentira
Porque el siguiente, es el que popularmente siempre se ha conocido como el Cuarto Poder, que sería en este caso la prensa, los medios de comunicación, el periodismo en sus tres facetas más tradicionales: escrito, oral y televisivo. Es indudable que el tiempo pasa sin clemencia y las cosas van cambiando y modificándose en ese lapso. Porque desde la vieja época donde a mí me tocó ejercer la profesión, donde ese cuarto poder nosotros los hombres de prensa de ese tiempo habíamos reemplazado por apenas un quinto querer.
Eso pensábamos, eso creíamos, eso sucedía. Por más verdades que tuvieras en tus manos, si a los intereses de turno no les convenía su difusión, debías llamarte a silencio. Eso, si deseabas conservar tu trabajo. Si elegías jugar al Quijote, no sería el primero ni el último en reemplazar una máquina de escribir o un micrófono por una pinza, una escalera, una brocha de pintar o un pico y una pala. Así era entonces.
Pero de pronto, con el avance de los medios dentro de los ambientes políticos, la huida de los periodistas como propietarios de los medios y su reemplazo por empresarios que deseaban convertirlos en una fuente de ingresos más para sus ya abultadas cuentas bancarias, el Cuarto Poder se fue convirtiendo, según las circunstancias y los tiempos, en un poder que por poco le discutía su primacía a los Ejecutivos nacionales. Si un presidente de una nación decía Blanco y los medios, trabajando con estrategias llenas de psicología le decían a la gente que eso no era blanco, sino Verde, ten la certeza que, aunque el blanco brillara en tu plenitud, la población se iba a dormir todas las noches con el convencimiento total que eso era verde.
¿Se entiende lo que digo? La verdad dejó de ser el objetivo principal de la prensa, que mutó sus modismos para alinearse con quien conviniera a los intereses empresarios que eran dueños de los medios. El país ya había dejado de interesarle a los funcionarios, ahora tampoco le importaba a los medios. No me equivoco si te digo que en algunos lugares, medios de mucha llegada y prestigio sacaron y pusieron gobernantes casi a su antojo. Debo asumir que ninguno de esos países, hizo algo que lo beneficiara, todo lo contrario.
78 – ¿Redes “Suciales”?
Así es que, con una vergüenza ajena, como le llamo a ese sentimiento que me invade por errores de personas que están ejerciendo la misma profesión que yo amé, pero con corrupciones, componendas y similares tan visibles que por poco me producían asco, lograron algo que jamás pensé que podía darse: que yo dejara de decirle a la gente que había sido periodista.
Me daba vergüenza. Y no porque yo hubiera sido corrupto, sino por lo que ahora me tocaba observar en ese ambiente que por mucho tiempo consideré como mi segunda casa. Durante mucho tiempo mi vida se regaba en la página de un diario o en una medianoche de café y desvelos esperando la gran noticia para el cierre de edición. Así me sentí, hasta que apareció lo que ya hoy estimo es un inesperado Quinto Poder. Me refiero a las mal llamadas Redes Sociales.
Y digo que son “mal llamadas” redes sociales, porque si bien en una primera lectura, esa rotulación daría a entender que son mecanismos que pertenecen a un determinado status social que sirve para intercomunicarse, si vuelvo otra vez sobre el significado que me gusta darle a la palabra social o sociedad, las cosas se modifican rotundamente.
Si una red de intercomunicación masiva pertenece a una sociedad, lo más lógico es que esa acción sirva para unirse, para estrechar lazos, para establecer vínculos y, en suma, para hacer un país o un mundo mejor en base a gente que hace fuerza toda para un mismo lado. Cualquiera que tenga participación en esas redes, sabe mejor que yo que han sido, son y serán utilizadas para todo lo que arrime ganancia, ya sea en lo material, económico, lisa y llanamente dinero, o en otros rubros un tanto más sutiles, como el poder propiamente dicho.
En Argentina, hace muy poco tiempo, las redes marcaron presencia en la política local, interna, partidaria, de un modo hasta allí novedoso. No eran personas que opinaban políticamente según su creencia o ideología, sino gente a sueldo, disimulada en cuentas falsas, (Lo que hoy conocemos como trolls), que con una precisión casi quirúrgica, parecían ponerse de acuerdo, (De hecho operaban con un guion preestablecido) para hablar de temas que, en algunos casos tenían que ver con hechos verídicos, pero que en muchos otros casos más, formaban parte de lo que luego en la prensa se rotularía como Fake News, esto es, noticias falsas.
Una explicación en un conocido portal dice al respecto textualmente: Se conocen como Fake News, paparruchas, noticias falsas o noticias falseadas al tipo de bulo que consiste en un contenido pseudoperiodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y que tiene como objetivo desinformar a un público en específico.
El problema más grave fue que todavía la gente suele creer sin dudar lo que lee. A mí me enseñaron en las viejas escuelas de periodismo que cuando se habla de algo, ya sea por radio o televisión, todo puede enmendarse, pero cuando se deja escrito en un medio gráfico, las cosas son distintas porque todo lo escrito es documento apto para demanda judicial. Por esa razón la gente leía una noticia en el periódico de su preferencia y le creía sin dudarlo hasta la última letra.
Las redes aprovecharon esa rutina tradicional y ejercieron un enorme poder sobre la voluntad de las personas para direccionarlas conforme a sus conveniencias. Lamentablemente, la prensa en su conjunto vio este insospechado éxito y se sumó a la práctica. Hoy ya no basta con leer, escuchar o ver una noticia para creerla, por poco hay que contratar un detective privado que te compruebe si lo escrito, dicho o mostrado es verdad o una alegre fake news más de las tantas a las que en este siglo estamos acostumbrados como cosa habitual.
79 – Esos Poderes Conocidos…
De la misma forma, habría que hablar en el final de este bloque de lo que sería un no difundido pero existente Sexto Poder. Aquí yo englobaría a la iglesia como estructura institucional y a la religión en todas sus facetas conocidas y no tan conocidas. ¿Por qué asevero esto? Porque estoy convencido por lo visto, oído y experimentado, que una institución con poder y mando, o una doctrina ensamblada convenientemente, también tienen la capacidad para influir de sobremanera sobre el ser humano. De ninguna manera relacionaría la operativa de una congregación tradicional con el de una secta satánica, ¡Dios me libre de tamaña comparación!
Sin embargo, a la hora de analizar el poder del liderazgo de una u otra, y lo que puede demandar y conseguir de sus subordinados, las cosas empiezan a emparejarse. ¿No conocemos casos en donde la decisión de un hombre desequilibrado llevó al suicidio a decenas de hombres, mujeres y niños, que eran sus seguidores “espirituales”? Pregunto: ¿Existe demasiada diferencia entre esto, con los miles de personas eligiendo a cierto candidato a la presidencia de su país, porque así se lo ha ordenado su líder espiritual supuestamente cristiano?
Son los mismos lugares en donde luego se gastarán horas y discursos enfatizando sobre una supuesta libertad de conciencia o libre albedrío con el que Dios dotó al hombre. Esto es verdad, sin dudas, pero la mecánica con la que lo ponen por obra en las distintas áreas del cristianismo, parecería estar en oposición a ello. Yo estuve en un lugar en el que, sin ser de los más ríspidos en cuanto a sujeciones o mandatos inverosímiles, existían algunos detalles por parte de líderes de segundo o tercer nivel.
Una joven mujer, creyente fiel, sincera y de excelente comportamiento en su vida, de improviso se vio casi presionada a vestir prendas de color oscuro, porque a un líder se le ocurrió que vestir prendas de colores vivos, era síntoma de lujuria, provocación o sencillamente satanismo. ¿De dónde sacó eso? Y suponiendo que tuviera algún viso de verdad, ¿Por qué no se dio una conferencia o charla explicativa, para que la persona tomara sus propias decisiones amparadas en la información y en la paz y certeza que da el Espíritu Santo en una vida? No. Se optó por dar la orden y guay del que no se sujete al siervo. Una idiotez de tal magnitud que luego no puede modificar esa sensación de repugnancia y rechazo conque la sociedad estima a la iglesia. ¿Tú de verdad piensas que Dios coincide con todo esto?
80 – Mire que No Caiga…
En suma, no puedo menos que recordar un antiguo dicho muy popular en mi país, que dice textualmente: Dale poder a un hombre, y lo conocerás. No siempre suceden cosas malas, de acuerdo, no podemos ser absolutamente negativos, pero tampoco ingenuamente positivos o voluntaristas. Creo que cuando Dios, -Y digo Dios, no una organización, ni una junta, ni un concilio -, empodera a un hombre, es porque sabe que ese poder no lo va a corromper ni a cambiar en su esencia.
Así lo hizo desde siempre. El Antiguo Testamento está repleto de hombres y también mujeres que ostentaron poderes y no se envanecieron ni se arruinaron. Pero también relata historias de hombres y mujeres sin Dios, que, al encontrarse con una cuota de alto poder, no vacilaron en usarlo para el mal y para su beneficio personal, casi de la misma manera que hoy vemos hacerlo en las distintas áreas de nuestra sociedad.
Cuando Pablo expresó su tan conocido El que piensa estar firme, mire que no caiga, creo que en gran parte se estaba refiriendo a esto. Y suscribo a su frase de punta a punta. Me ha tocado vivir de todo en este camino de fe y puedo dar testimonio de haber salido ileso, pero de ninguna manera sin haber corrido riesgos de todos los colores. Hasta donde yo sé, el único que fue expuesto a todo lo que la vida, el poder y las circunstancias pueden brindar y no cedió ni un milímetro, fue Jesús.
El resto, todos seres imperfectos que, aunque piensen sinceramente estar muy firmes, un día se descuida y se caen. Y todos sabemos más que bien que, cuando se cae un hombre o una mujer cualquiera, se afecta una serie de personas de sus entornos más cercanos. Pero que cuando el que se cae es un hombre con poder y mando importante, el estrépito es mucho mayor, porque arrastra en su caída a todos los que ciegamente lo vienen siguiendo. No acompañando, siguiendo. Es por esa razón que, en mis redes, siempre hablo de gente que me acompaña, jamás de seguidores. No me gusta que me sigan.
Podría aquí hacerte todo un análisis y detalle de hombres y mujeres que la historia te ha mostrado como portadores de inmenso poder y sus consecuencias. El planeta entero padeció a un Hitler, del que ni siquiera necesito añadir nada más. Sólo que el poder que este hombre poseía y lo llevó donde lo llevó, no le llegó de regalo ni por algunas artes mágicas. A ese poder se lo dio la gente, eligiéndolo para erigirlo como jefe supremo de su patria. Me pregunto cuantos de esos errores podemos estar cometiendo hoy mismo, en este tiempo, donde quiera que cada uno de nosotros tenga residencia.
El espíritu de Poder de Dios, que es el que todos los creyentes debemos anhelar, no es esa clase de poder despótico que sirve para sentirnos mini dioses o mini astros. Es el poder que necesitamos para imponer las condiciones del Reino de los Cielos por sobre todo el andamiaje nefasto y tenebroso que nos ofrece el reino de las tinieblas. Enorme cosa sería que los creyentes dejáramos un poco de lado la letra profusa que conocemos respecto al poder divino y, de una vez por todas, nos decidiéramos a creer en él y ponerlo por obra para bendición de todos. Eso fue lo que hizo Jesús. Y eso es lo que nosotros estamos en condiciones de hacer. Y aún cosas mayores. Él lo dijo. Yo lo creo. ¿Tú?
81 – Espíritu de Conocimiento
Isaías 11: 2 = Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová
Hay, en el libro del Éxodo, un registro que nos cuenta respecto a una de las primeras referencias que la Biblia nos entrega sobre el ser llenos del Espíritu Santo de Dios. En este caso se refiere a Bezaleel, un miembro de la tribu de Judá, respecto al que Dios mismo dice que ha sido llenado en sabiduría, en ciencia y en toda forma de arte.
Y que lo ha hecho para que pueda proyectar diseños, trabajar como orfebre de alto nivel en oro, en plata y en bronce, y que también lo ha hecho hábil para tallar piedras de engaste, obras en madera y toda labor ingeniosa. Eso, si no me equivoco por poco o por mucho, es lo más preciso que podemos encontrar en estos inicios bíblicos, respecto al conocimiento humano y terrenal, pero de origen divino. Lo que secularmente llamamos Talentos. Lo que espiritualmente llamaremos Dones.
La idea que aquí se expresa es que el Espíritu de Dios enriqueció las capacidades innatas de estos hombres con sabiduría para cumplir con sus instrucciones; inteligencia para resolver los complejos problemas del proyecto; en ciencia y en todo arte, necesarios para realizar el trabajo adecuadamente. Por esa razón es que, cuando alguien me consulta sobre si es conveniente o necesario estudiar, principalmente en el plano universitario, o, por ejemplo, teología, suelo responder que sí, que es conveniente porque mientras más conozcamos fundamentos de las cosas que nos rodean y también accedamos a más información relacionada con Dios, más conoceremos las diferentes facetas de Él.
Sin embargo, quiero aclarar que me cuido mucho de advertir convenientemente que esa clase de estudios no hacen a alguien mejor ministro o siervo que aquellos que no los realicen. Porque he aprendido que Dios no viene necesariamente a buscar gente capacitada, sino que es Él mismo capacita de un modo u otro a aquellos que luego va a levantar.
¿Un ejemplo? Quien esto escribe. No tengo otro mejor testimonio a mano. Ya lo he contado en más de uno de los que son mis ocho libros. Soy hijo de un matrimonio con muy escasa formación intelectual. Mi madre cursó apenas hasta el sexto grado del colegio primario y mi padre no pasó del cuarto. Mis abuelos, directamente incursionaban en el nivel de analfabetos o muy cercanos a ello.
Un abuelo paterno rubio y descendiente de españoles que sólo sabía garabatear su nombre. Una abuela cobriza descendiente de aborígenes americanos que no sabía leer ni escribir. Mi abuelo falleció siendo yo muy pequeño, mi abuela murió antes que yo naciera. Por el lado materno, ambos descendientes de inmigrantes italianos del sur itálico, rústicos y sin formación intelectual alguna.
A estos si los conocí y los disfruté como los hermosos abuelos que eran, pero… ¿Me quieres decir de dónde pude haber heredado yo alguna clase de talento intelectual para hablar, escribir, ser creativo o lo que sea que hoy soy? Es espiritual, no tengo ni voy a tener ninguna otra respuesta más coherente o sólida, la acepte o no. Yo la acepté, pero es mucha la gente que ha elegido no hacerlo y ahí anda, envanecidos y presuntuosos, pero perdidos en la vida como perrillos sin dueño…
Hay muchos que creen y esperan que sea Dios mismo quien castigue a la gente en pecado del mismo modo que el salmista dice que lo hace con las naciones. Yo me pregunto si se puede acusar de tibio conformismo a quien piense de esta manera en medio de una crisis. Puede que así sea conforme con los rudimentos seculares tradicionales, pero para un creyente genuino y confiado en lo que verdaderamente es su Dios Todopoderoso, de ninguna manera. Aquí es donde entra aquello tan conocido que es establecer las enormes diferencias existentes dentro del pueblo entre creer en Dios, creerle a Dios y confiar en Dios. Son tres estamentos muy diferentes, aunque suenen parecidos.
El salmista también le dice a Dios que le enseñe el buen sentido y la sabiduría, sencillamente porque ha creído sus mandamientos. Nada más. Aquí hay una expresión que no emana de alguien lleno de comodidad que aguarda que otro piense en su lugar para no tomarse ese trabajo. Lo dice alguien que ha creído en un Dios que posee todo el poder y conocimiento del todo y que sólo de su mano podrá aprenderlo.
Y mucha atención con lo último, porque una cosa es conocer los mandamientos de Dios y hasta aceptarlos como válidos, pero otra cosa muy distinta es creer en ellos y, lo más valioso, cumplirlos o al menos pelear la buena batalla para lograrlo. No te olvides que los mandamientos eran parte de una ley creada simplemente para que el hombre viera la imposibilidad de cumplirla con sus propias fuerzas.
Y en otro espacio, le añade que el conocimiento que ha recibido es demasiado maravilloso para él, que tiene tanta altura que de ninguna manera lo puede comprender. Y este es el decir de alguien que, pese a toda su formación y talentos naturales, es capaz de ver, entender, reconocer y aceptar el tremendo poder de Dios que, en comparación con lo que él pueda lograr, es nada.
Y reconoce que, en la mayoría de las veces, el poder de Dios ni siquiera es entendido por sus hijos. Yo creo que no podemos negar que de esto último tú, yo y todos los que entienden las verdades más profundas del evangelio, lo hemos visto sobradamente, aunque todo haya estado disfrazado con ropaje religioso de fina tela de hipocresía.
El séptimo espíritu de Dios, que es el temor a su santo nombre, dice los proverbios que es el principio o la fuente básica de toda sabiduría, así como el conocimiento de Su Nombre, es el sinónimo más claro de la inteligencia. Pese a que he leído y estudiado bastante alrededor de todas estas cosas, y hasta me he metido en los mismos “bailes” inútiles en los que miles de teólogos han incursionado al respecto, sigo total y absolutamente convencido que, verdaderamente, el principio para una verdadera sabiduría divina, no secular, intelectual o humana, es el temor santo a Dios.
No hay otro modo. No es invento mío que los ojos de Dios velan por la ciencia, aunque al mismo tiempo trastoca todos los planes de los prevaricadores. Esta es una verdad que, cuando se nos presenta delante de nuestros ojos, no siempre lo hace para nuestro gusto de modo lo suficientemente convincente como para dictar sentencia. Es decir que, cuando vemos a alguien muy versado, muy famoso o muy talentoso equivocarse feo en algo, ni por asomo suponemos que haya sido el Señor quien ha trastornado esa sabiduría carnal.
82 – La Hora de Las Decisiones
En algún momento de su vida, Salomón presta debida atención a lo que ha recibido de parte de Dios y es capaz de reflejarlo cuando escribe en Eclesiastés que al hombre que le agrada es a quien Dios le da sabiduría, ciencia y gozo. Mientras tanto, el que no le agrada porque es pecador, se encarga de recoger y amontonar para luego dárselo al que agrada a Dios.
Concluye una vez más puntualizando que todo esto también es vanidad y aflicción de espíritu. Dice la misma palabra en otro lugar, que sin fe es imposible agradar a Dios, ¿No es cierto? Por lo tanto, cuando lees aquí que Dios le da graciosamente sabiduría, ciencia y gozo al hombre que le agrada, saca de tu mente esa idea renacentista de un Dios cruel y egoísta, y ponte a trabajar en tu propio nivel de fe.
Y si no la tienes en la cantidad que necesitas, (Lo cual es bastante frecuente dentro del pueblo cristiano), pídela y te será dada. Claro está que luego no te pongas a analizar en qué envase enviará Dios un grado mayor de fe. Ese es un asunto que le pertenece sólo a Él. Tú recoges sus resultados. Has hecho un pedido y te ha sido otorgada una respuesta. Punto.
Y lo último que dice, es una alarma notoria para tanto avaro que camina por estas calles de Dios. Es bueno e inteligente ahorrar cuando no hay necesidad de hacer gastos, ya que eso forma parte de lo que Dios considera como un buen administrador. Pero algo muy distinto es amontonar cuando sí hay necesidades insatisfechas o incumplidas. Porque eso no es administrar, eso es avaricia. Y el pago a corto o mediano plazo, es el que estoy tratando que entiendas aquí.
Eso es, de alguna manera, parte del conocimiento que buscamos tener. Eso, mientras aguardamos el gran día que ha sido profetizado, que es cuando la tierra toda será llena del conocimiento de Dios tal cual como las aguas cubren el mar. Me pregunto: ¿Está hablando de algún idílico tiempo en donde las cosas serán aquí en la tierra diametralmente opuestas a lo que son hoy? ¿Se habla del milenio, como sostienen muchos teólogos?
La verdad es que no lo sé, porque en tanto mi Padre celestial no se digne a revelármelo, mi sabiduría no llega a ese nivel de anticipación profética. La carne no profetiza, la carne adivina. Obvio, los recursos vienen de sectores distintos. Lo que sí puedo decir es que las aguas no cubren el mar, lo constituyen. Y si mar en la Biblia siempre simboliza gente, y el agua es vida abundante en Cristo Jesús, estamos hablando de un tiempo espiritual donde gente llena del Espíritu Santo vivirá conforme a como Dios dijo que sus hijos lo harían.
Este será el tiempo preanunciado por Isaías, donde consigna que Jehová el Dios Todopoderoso será el especial tesoro de quienes lo amen. Dicen algunos comentaristas que este saqueo del cual se habla en textos de Isaías, se refiere a Senaquerib, rey de Asiria, quien traicionó y saqueó a Judá. Pero otros estudiosos aseguran que no, que se trata de una alusión a Babilonia.
Entonces tú que todavía insistes en entender e interpretar la Biblia conforme a los dictados del espíritu de Grecia que inventó una materia especial a la que bautizó con el nombre de un dios protector de los ladrones, Hermes, te quedas con la primera idea, porque aseguras que Babilonia, hoy, ya no existe. Y es muy cierto, si es que piensas y crees que Babilonia es aquella ciudad de los jardines colgantes no sé qué número de maravilla del mundo. Pero si has entendido que Babilonia es la iglesia falsa, imitadora de la genuina y formadora de seres religiosos, entonces tal vez puedas entender algo más.
83 – Pecados Consentidos
Oseas, en su libro, cuenta que Dios se enemistó fuerte con los moradores de la tierra. A las causas, les detalla de un modo tal que parecería haberlo escrito, hoy mismo, cualquiera de nosotros. Les dijo que no había verdad en ellos, ni misericordia, ni conocimiento de Él en la tierra. Que se sucedían cosas tales como el perjurio, la mentira, el matar, hurtar o adulterar y que prevalecían los homicidios. Y que había dos tipos de pecado caracterizaban al pueblo:
1) Carecían de los elementos básicos de una ética social; 2) Violaban los principales mandamientos. Los mandamientos que regulaban las relaciones con el prójimo eran violados constantemente. Me pregunto si esto era patrimonio de aquellos rudos israelitas, nada más. ¿Estás bien seguro o segura que hoy no se está violando exactamente lo mismo? Mira a tu alrededor. ¿No hay perjurio en los tribunales si eso favorece o enriquece a alguien? ¿No hay mentira? ¿Nadie mata o roba? De hecho, todo esto es moneda corriente.
Y ni hablemos de adulterio si es que deseamos referirnos al que tiene que ver con las relaciones extramatrimoniales de ambos géneros. ¿Causas? Si escuchas a los sabios y filósofos, van a apelar a diferentes excusas que, en algunos lugares tropicales, hasta han relacionado con el clima cálido y todo eso. Sin embargo, la realidad es otra y está inscripta en este mismo texto. No hay conocimiento de Dios en el marco mayoritario de la sociedad, (Y también en una gran parte de lo que llamamos iglesia).
Y eso se refiere a tener compañerismo con Él, más que un conocimiento de su naturaleza divina. Creo que hoy, la misma falencia, está determinando los mismos pecados. ¿Quién tendrá, entonces, a su cargo, instruir para terminar con ello, el Estado, sea cual fuere, o la iglesia, ¿Sea cual fuere? A mí no me caben dudas. Cuando veo una nación o un país en llamas, sé perfectamente que la iglesia en ese país, está ausente. Aunque mucha gente se reúna en muchos lugares diciendo que lo es, y hasta ofrezcan sacrificios de alabanza, de trabajo o de ofrendas.
84 – Repartos Equitativos
Pablo les dice en un momento dado a los romanos, en su carta, que, porque Dios sujetó a todos en desobediencia, pudo hacer valer su inmensa misericordia sobre todos. Después del más extenso argumento teológico del Nuevo Testamento, el apóstol reflexiona sobre la asombrosa sabiduría de Dios en su plan de salvación, y deja que irrumpa una alabanza espontánea. Dice que sus caminos son insondables, lo que significa decir que son imposibles de ser plenamente descubiertos o comprendidos por nosotros.
Y más adelante, en su primer contacto con los corintios, les aclara que a cada uno de ellos les ha sido dada la manifestación del Espíritu, aunque se ve en la obligación de añadirle que eso es para provecho. Y seguidamente les detalla algunas de esas manifestaciones, cuando les habla de la sabiduría, de la palabra de ciencia, de fe y de diversos dones de sanidades. Todo por un mismo y solo Espíritu, concluye. Y presta debida atención para que nadie te confunda. Cuando habla de la sanidad, no lo hace en singular dando a entender que estamos refiriéndonos al cuerpo y su salud.
Él dice dones de sanidades, lo cual da a entender que se trata de un concepto de salud en dos de las áreas más importantes que constituyen al hombre, el alma y el cuerpo. ¿Qué significa esto? ¿Qué quiere decir que haya dones de sanidades, que hay más de una? Exactamente. Que, así como existe y es visible la enfermedad del cuerpo que necesita un milagro de sanidad, también hay almas enfermas que necesitan sanarse. Y queda claro que Dios tiene poder para las dos cosas.
Es decir: necesitamos a Dios o a lo que Él quiera utilizar, pero no necesitamos sí o sí psicólogos cristianos para lograrlo, que se entienda. Son bienvenidos, pero no son imprescindibles. Dios no necesita a los psicólogos; los psicólogos necesitan a Dios. Este es un reparto que por gracia Dios ha ejercido entre sus hijos que le creen. Son dones o reparticiones que por Su Espíritu Santo ha dotado a la iglesia genuina de armas y elementos básicos como para pelear la buena batalla con la máxima excelencia.
85 – Aromas Divinos
Hay algo que es notorio: Dios nos está llevando siempre en triunfo en Cristo y dice que por medio de nosotros se manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. ¿Olor? ¿Hay olor a Cristo en tu vida? Para comprender esto, debemos recalar en que Pablo comienza con los corintios una larga digresión sobre la naturaleza del ministerio cristiano, sin regresar al tema del informe de Tito, que era lo que motivaba esa carta.
Quizás como respuesta a tan buen informe, Pablo eleva de pronto una alabanza a Dios. Aunque abandonó Troas sintiéndose ansioso, ahora veía su experiencia como otro paso en la continua procesión triunfal hacia la gloria de Cristo. El triunfo se celebraba en Roma con un desfile victorioso del ejército vencedor y su jefe al frente. Tanto los vencedores como los cautivos formaban parte de la procesión, y ambos grupos podían disfrutar la fragancia de las especies que ardían mientras esta se efectuaba.
El olor, sin embargo, significaba cosas diferentes para ambos grupos. De la misma manera, el grato olor de Cristo, o sea, el evangelio, es para aquellos que se pierden…olor de muerte para muerte, porque representa y los conduce al castigo final. Los que se salvan hallan en el conocimiento de Cristo el grato olor…de vida para vida, ya que significa ahora vida que conduce a la vida eterna. Para los cristianos tener igual interés por el destino final de otros es un asunto serio.
En principio, es notorio que Pablo admite ser alguien mortal, que vive en medio de las realidades del mundo actual, pero que no pertenece a este mundo. Esto se diferencia notablemente con lo que habitualmente estamos acostumbrados a ver en nuestro liderazgo, que siempre elige presentarse como ultra-santo, infalible y casi rozando la perfección. Y cuando habla de militar, se refiere a que lo nuestro no es un divertimento de fin de semana, sino una verdadera batalla que, se encarga específicamente de aclarar, no es contra personas u organizaciones de personas, sino contra espíritus que influyen en las personas.
Jesús no atacó a Nicodemo, Gamaliel, Anás o a Caifás; atacó al sistema que ellos habían creado. Si somos cristianos, somos imitadores de Cristo. Por esa razón es que no necesitamos armas carnales, sino las que proporcionan el poder de Dios. Su propósito es lograr la destrucción de fortalezas, esto es: todo lo que se oponga a la voluntad de Dios. Aquí Pablo se refiere específicamente a la batalla en la mente, librada contra las ideas y actitudes arrogantes, que él denomina como “argumentos”, y contra toda altivez, u orgullo, opuesta al verdadero conocimiento de Dios. La intención para obtener esa victoria, es llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo.
86 – ¿Dónde Estás, Conocimiento?
Los herejes del tiempo de Pablo prometían a sus seguidores un nuevo conocimiento, que en griego se conocía como gnosis, y que tiene como particularidad principal, bastarse a sí mismo, ¿Te suena familiar la idea? El mundo contemporáneo se mata y se desvive por lograr eso. Entonces Pablo se pone a orar para que los colosenses reciban la plenitud y se mantengan bajo la potestad del más completo y claro conocimiento, que en este caso se denomina como epignosis, y que tiene que ver con el respeto y cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestras vidas.
Pedro, en su segunda carta, dice que la gracia y la paz nos sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Observa que para obtener ese nivel de conocimiento, necesitamos un baño de gracia y de paz, no es mero palabrerío. La frase con la que Pedro comienza esta carta, armoniza con la anterior en el mismo verso. Conocimiento es un término importante en esta carta. En su sentido estricto, la palabra griega aquí empleada (epignosis) indica conocimiento religioso o moral, según su uso en el Nuevo Testamento.
Para otros usos de “conocimiento” (gnosis), deberíamos recurrir a las clásicas enseñanzas, por ejemplo, de la filosofía griega. Las frecuentes referencias a tal palabra e idea revelan un esfuerzo por combatir cierta forma de gnosticismo, una filosofía religiosa esotérica, que hacía énfasis en que el conocimiento era la vía para llegar a Dios. Es indefectible, pero todavía hoy, en pleno siglo veintiuno, y habiendo estudiado mucha biblia, muchos siguen creyendo que tener conocimiento es tener formación intelectual.
El mensaje de Pedro es que el verdadero conocimiento se halla en el Dios de Cristo y las Escrituras. Independientemente de lo que digan las ciencias literarias al respecto, creo que el conocimiento al cual nos estamos refiriendo como uno de los siete Espíritus de Dios, es un real y genuino arte; el arte de conocer a Dios, nada menos. De ninguna manera alguien podría llegar a suponer que este pasaje cabecera está aludiendo a seminarios, institutos o universidades versadas en alta teología. Hay un viejo texto casi poético que lo presenta con claridad.
Santo de Israel, llénanos de tu Espíritu en sabiduría, inteligencia, consejo, poder, conocimiento y temor de Dios. El conocimiento que imparte tu Espíritu de conocimiento, es demasiado maravilloso, es muy elevado, no lo puedo alcanzar. Su conocimiento es más valioso que oro escogido. A la persona que te agrada, das tu Espíritu de conocimiento, tu Espíritu de sabiduría y tu gozo, oh Altísimo. Tu Espíritu de conocimiento dividió los abismos. Él hace que los cielos destilen rocío. El sol, la luna y las estrellas, maravillas del perfecto conocimiento de tu Espíritu.
¿Dónde se halla el conocimiento del Altísimo? No se halla en el mundo de los muertos. El Santo de Israel da sabiduría, de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia. El principio de la sabiduría es el Espíritu de temor de Dios. Y el conocimiento del Santo de Israel es el Espíritu de inteligencia. Los malos dicen al Espíritu de conocimiento: ¡Apártate de nosotros! No deseamos el conocimiento del Altísimo. Ellos odian al Santo de Israel; por lo tanto, morirán sin el perfecto conocimiento. No tienen el Espíritu de conocimiento los que practican la maldad.
No tienen el conocimiento del Santo de Israel los que día y noche maquinan el mal. Los necios aborrecen al Espíritu de conocimiento. Ellos odian la palabra del Altísimo, que creó los cielos y la tierra, el Señor de todos los espíritus. El Espíritu de conocimiento enseña conocimiento de Dios al hombre. Él enseña buen juicio y conocimiento de Dios a quienes creen en los mandamientos del Altísimo. El sabio es todo oído para el Espíritu de conocimiento. Él crecerá en sabiduría e inteligencia.
El Espíritu de conocimiento corona a los prudentes con conocimiento del Altísimo. Los labios de los prudentes esparcen por toda la tierra el conocimiento del Santo de Israel. El que ama la instrucción ama al Espíritu de conocimiento. El necio no discernirá las palabras del Espíritu de conocimiento. El corazón del sabio busca al Espíritu de conocimiento. Él aplica sus oídos a las palabras del Espíritu de conocimiento, y aumenta su poder. Él permanece estable, porque su corazón está lleno del perfecto conocimiento de Dios.
Llegará el tiempo cuando toda la tierra estará llena del Espíritu de conocimiento, como las aguas cubren la mar. Todo pueblo que no conoce al Santo de Israel es necio. No tienen conocimiento del Altísimo los pueblos que suplican a un dios de madera o de yeso, un dios que no puede salvar. El Espíritu de conocimiento enseña el conocimiento del Señor. Él imparte conocimiento de Dios en la tierra. Él da crecimiento en el conocimiento de Dios. Él da el conocimiento de la salvación por el perdón de pecados. Él resplandece en los corazones de los hijos del Santo de Israel, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo.
Él me revela el conocimiento de los misterios de Dios, de Cristo. Él dirige al conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, y a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Él multiplica la gracia y la paz en el conocimiento de Dios y de Jesús, nuestro Señor. Él nos llena del conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría y comprensión espiritual. Él imparte el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó para su gloria y excelencia. Él imparte el verdadero conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
87 – Mirando Hacia Adentro
La palabra Ciencia, también se deriva del griego gnosis que también significa: Búsqueda, investigación, conocimiento de la verdad espiritual. Esto indica una relación entre la persona que conoce y el objeto conocido, y es así que al cristiano que tiene este don, el Espíritu Santo le permite tener el conocimiento de eventos presentes o pasados de una persona, algún asunto o congregación. Se manifiesta en los profetas y generalmente van precedidos por una profecía. Este don lo vemos funcionando cuando Jesús exhortó a la mujer samaritana por los maridos que había tenido, también cuando relató la vida de Natanael, y cuando Pedro reprendió a Ananías y Safira por querer engañar al Espíritu Santo.
Tienes que enterarte si eres lo que dijeron que eres o eres lo que hasta ahora te das cuenta que eres según el génesis de Dios en tu vida. Cuando tú te encuentras en tu sexto día te darás cuenta de quién eres en verdad. Y entonces tu séptimo día será descanso y solo gobernaras. Pero eso solo lo sabrás con el espíritu de conocimiento. Una cosa es que te hayan criado en chiqueros, como aquí llamamos a los corrales para cerdos, pero eso no quiere decir que tú seas un puerco.
Preocúpate por saber qué es lo que has dejado de ser por causa de tantos violadores espirituales que andan por la vida. La única manera de encontrar quién eres solo se puede en el sexto día del génesis. La importancia de nacer de nuevo, pero sin ser violada tu alma. El que ama la instrucción ama al Espíritu de conocimiento. El necio no discernirá las palabras del Espíritu de conocimiento. Por eso el espíritu de conocimiento te muestra la verdad de quién eres tú; visto otra vez del Padre. ESPERALO.
Dice un conocido Proverbio bíblico que, si invocas a la inteligencia y pides que la prudencia te asista, que si la buscas como si fuera plata y la examinas como si fuera un tesoro, entonces podrás entender el temor de Dios y encontrarás el conocimiento de Dios. Como creyentes estamos llamados a crecer en conocimiento. Este crecimiento es, al igual que la fe, uno de los ingredientes necesarios para el avance en la vida espiritual. Dios nos ha dejado mandamientos en su Palabra, La Biblia, acerca de la necesidad de crecer en conocimiento y es eso lo que debemos hacer. También nos dice la Palabra que El principio de la sabiduría es el temor a Jehová.
88 – Un Camino Necesario
No importa lo que tú estés haciendo, es necesario que lo hagas con conocimiento. Un mecánico será el mejor mecánico, si conoce más acerca del funcionamiento de los motores. El médico, mientras más conozca sobre el funcionamiento del cuerpo humano, mejor será. El cocinero mientras más platos conozca, mejor cocinero será. Por consiguiente, el cristiano mientras más conozca de Cristo mejor cristiano será. Para adquirir conocimiento en el mundo secular, naturalmente se tiene uno que entregar al estudio continuo y profundo. No hay motivo para no hacer lo mismo con el evangelio de Jesucristo.
En la mayoría de los casos también es necesario dedicarse igualmente a la búsqueda y al estudio de nuevas avenidas y experimentar con nuevos casos para conocer mejor ciertas cosas. Un ejemplo perfecto de esto lo es el campo de la medicina. Entiendo que el conocimiento se diferencia de la sabiduría en que la segunda es en sí el fin de lo que se busca, pero lo primero es el medio. La idea de nosotros crecer en conocimiento es con el fin de utilizar este para poder actuar con más sabiduría, por lo tanto, no podremos llegar a alcanzar sabiduría si no contamos con el conocimiento que esta requiere. `
89 – Todo Está Disponible
Dios, en su abundante amor nos ha dado todo lo que necesitamos para conocer todo lo que debemos conocer. La Biblia no contiene todo el conocimiento de Dios. A esto lo dice con bastante claridad Pablo en Romanos 11, pero sí contiene toda la revelación necesaria para el conocimiento que necesitamos, no más. Ya sabemos, también por Pablo, pero en este caso cuando se lo cuenta a Timoteo, que toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
Es necesario, entonces, conocer que toda la revelación requerida está incluida en la Biblia, por lo que esta debe ser, (No debería ser, te estoy diciendo que debe ser) la única regla de fe de todo creyente. De esta manera evitaremos entrar en doctrinas extrañas y torcidas que inexorablemente nos llevan a la perdición. Las nuevas revelaciones tienden a contradecir lo que ya está escrito en la Palabra y por lo tanto crean confusión. Muchas personas usan frases como «Dios me reveló», «Dios me mostró«. «Dios me habló«, o «Dios me dijo« de manera muy inescrupulosa y liberal.
Estos son los que se creen más espirituales que los demás, los que se llaman a sí mismos profetas, de los cuales son cientos que están hoy en nuestras iglesias. Estos normalmente tuercen las escrituras para que digan lo que ellos quieren y piensan, creando nuevos grupos y nuevas doctrinas. Por consecuencia, hoy en día existen mentiras que se enseñan cómo verdades, y verdades que se rechazan como mentiras. Aunque algunos lo hacen como producto de su ignorancia, otros lo hacen como producto de su astucia. En ambos casos el resultado es el mismo, confusión.
Es necesario que sigamos el consejo de la Palabra de Dios, conforme a lo que Pablo le recomienda a Timoteo, de procurar presentarnos delante de Él como obrero aprobado que usa, (Y aquí la verdadera palabra que se traduce del original es Divide) la Palabra de verdad. Esto significa que la Biblia debe ser bien dividida y estudiada apropiadamente para llegar a entender la verdad que ella encierra. No existe revelación nueva en sí misma, sino revelación o iluminación sobre lo que ya ha sido revelado y permanecía en la oscuridad de la ignorancia.
90 – Pasos Para Obtenerlo
Una de las grandes dudas en forma de pregunta que surge ni bien hablamos de acceder al espíritu de conocimiento del Dios Altísimo, es la forma en que eso puede lograrse. No se trata de algo mágico que llegará a tu cerebro como si fuese una pluma que viene por el aire balanceándose y se posa casual y graciosamente sobre tu cabeza y allí te explota el entendimiento y la luz y sabes que sabes todas las cosas, no. No es así como funciona. Hay elementos que debemos tener muy en cuenta y conocerlos, nos ayudará mucho a obtenerlo. No son los únicos, pero son los más importantes y necesarios.
Por el oír: El conocimiento llega a nuestras vidas por medio del oído. No conocíamos a Dios ni su plan de salvación para nosotros, hasta que un día oímos la predicación de la Palabra de Dios. El oír es de suma importancia en nuestra vida pues por ahí comienza el desarrollo de nuestra fe. Aún después de ser cristianos nacidos de nuevo, es necesario oír palabra que nos de aliento, salud espiritual, guía, y madurez que nos ayude a crecer en el conocimiento. Reitero: estoy hablando de oír palabra de Dios ungida y emanada de Su Espíritu Santo, no armados dialécticos a partir de bases intelectuales estructuradas en nuestra amada teología sistemática. A veces coincide, a veces no coincide y es error, aunque sea fruto de una prestigiosa universidad.
Por el estudio: Además de oír, debemos de acudir al estudio bíblico organizado y bajo la guía del Espíritu Santo y en oración, para entender más las profundidades de la Palabra. El apóstol Pablo y su compañero Silas cuando llegaron a Berea, se encontraron allí con un grupo de judíos, los cuales al oír el mensaje de Pablo, recibieron la palabra con solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Como vemos, el escudriñar la escritura es necesario para llegar un conocimiento pleno y bíblico de lo que allí dice.
Por esa razón es que Pablo le recomendó a Timoteo que se dedicara a la lectura mientras él iba. Si es posible, todo creyente debe esmerarse y hasta esforzarse por saber, confirmar, respaldar y tener certeza de por qué cree en lo que cree y hasta donde todo lo que cree es como se lo enseñaron. Si escudriñar las escrituras tiene nivel de mandamiento, tiene que ser porque eso es para hoy y sin tener en cuenta lo mucho que supongamos conocer. Conocimiento es intimidad, no títulos en cuadros colgados en una pared. La verdad es lo que está escrito, no siempre lo que dice tu doctrina.
Preguntando: Los orientales asiáticos, famosos por su sabiduría terrenal y su monolítica paciencia, solían decir que quien pregunta algo muy archisabido, probablemente pasa cinco minutos por tonto delante de quienes lo están observando. Pero aseguraban que quien no se atreve a preguntarlo, por timidez o vergüenza, puede ser tonto toda su vida. Nosotros tenemos nuestro propio manual, y un verso muy conocido del Antiguo Testamento es el de Jeremías 6:16, nos recomienda preguntar por las sendas antiguas y por cuales sean los buenos caminos.
Él nos asegura que eso es lo único que traerá efectivamente descanso a nuestras almas. Si ustedes, estimados lectores, entienden que no necesitan que sus almas descansen, entonces no estoy hablando con ustedes, olvídenlo. Preguntar no es malo, pero con anterioridad a ello deberemos hacer funcionar nuestro discernimiento, ya que una mala elección de la persona a la que vamos a consultar, nos puede llevar a un error mucho mayor que el que teníamos antes de preguntarle algo.
Cuando nos encontramos con versos en la Biblia, los cuales no entendemos, lo mejor es preguntar a Dios en oración para que el Espíritu Santo nos revele o ilumine sobre el significado de ese verso o ese tema bíblico. El Espíritu Santo es el mejor maestro que existe para todo creyente, yo me atrevo a decir que el único. Porque entre otras cosas, no está limitado por horarios, no se cansa, no le molesta que tú le pidas dirección y siempre está dispuesto a ayudarte.
El Espíritu Santo puede enseñar por medios humanos, En Efesios 4: vemos que Cristo dio dones, y entre ellos el de maestro a los hombres para que enseñen la Biblia. El maestro pastorea a las ovejas llevándolas a profundizarse más en «hierbas frescas y manantiales de aguas cristalinas» del conocimiento de las verdades bíblicas. También podemos preguntar a alguien que tenga más conocimiento. Ora a Dios para que, cuando tengas que preguntar, Dios te dirija a una persona que tenga conocimiento claro y preciso de la Palabra y que sepa guiarte correctamente, y que si no sabe, sea lo suficientemente honesto para reconocerlo.
Aceptando la instrucción: Es a veces necesario recibir instrucción de otro que tiene más conocimiento acerca de ciertos temas. En Hechos 18, la Biblia nos presenta el caso de Apolos, un hombre muy elocuente y poderoso en las escrituras que conocía y hablaba de Dios, pero que solo había aprendido y arraigado en su mente el bautismo de Juan. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Eso sigue sucediendo hoy, si es que tú que supones saber mucho, te avienes a aprender algo de alguien a quien ves por debajo de tu nivel. Cuando la palabra dice que somos todos ministros competentes, dice exactamente esa palabra: todos.
91 – Áreas Indispensables en la Verdad
Es indudable que, en la cuestión del conocimiento, no es simplemente una visión unilateral y simplista. Está compuesto de varias contingencias y, entre todas, conforman lo que serían distintas y diferentes áreas que quiero detallar para información y puesta por obra. En principio, algo que tiene que ver con lo que Pablo les escribe a los Efesios: Conocimiento de Dios y Cristo: En esto, al apóstol no se le ocurre otra manera mejor de enseñarles lo esencial a partir de la mención de lo que luego nosotros conoceremos como los cinco ministerios.
Les dice que tanto apóstoles, como profetas, evangelistas, pastores y maestros, y en ese orden, serán levantados para edificar el cuerpo de Cristo, (Y hay que prestar atención a un detalle que no es menor: no menciona la palabra iglesia), y para el conocimiento del Hijo de Dios, temas que habrán de proyectarlos a la estatura de un varón perfecto, que es como decir maduro, y a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo morando en ellos.
Conocimiento de la voluntad de Dios: Conocer la voluntad de Dios es de suma importancia en nuestra vida y en nuestro crecimiento espiritual. No podemos hacer ni vivir en la voluntad de Dios si no la conocemos. La voluntad de Dios se encuentra en la Biblia de forma explícita y de forma implícita. Debemos pedir a Dios que nos ayude a entender su voluntad y de ahí entonces partimos a tomar decisiones sabias. La Biblia no da detalles acerca de que debemos de hacer en cada momento de nuestra existencia, pero sí, nos da principios que son aplicables a todas las áreas de nuestra vida.
Nos dice, por ejemplo, que nosotros, seremos llenos del conocimiento de su divina voluntad en toda sabiduría en inteligencia espiritual, para que andemos como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios. No podemos, como hijos de Dios, estar conformes con el mundo en que vivimos. Es decir, no podemos nosotros ser conforme al mundo es, sino buscar cual sea la voluntad de Dios agradable y perfecta en todo tiempo.
Conocimiento de la verdad: El conocimiento de la verdad es imprescindible tanto para el creyente como para el pecador. Estamos llamados a crecer en cuanto al conocimiento de la verdad. El propio Jesus nos dejó dicho que conoceríamos la verdad y esa verdad nos haría libres. Lo que Él no dijo, porque estaba implícito para quien se dejara iluminar por el Espíritu, es que Él mismo es la Verdad. Cuando conocemos la Verdad de Dios, que es Cristo, nuestra perspectiva en la vida cambia. El crecimiento en la verdad es también de suma importancia en nuestra vida.
La Verdad no es solo un fin, sino que es un además un medio, un camino. Una vez encontramos el camino de verdad que lleva a la verdad, debemos de siempre andar por el hasta que lleguemos al conocimiento pleno de la verdad y esto cuando Cristo venga. Jesús, al respecto, fue muy claro cuando dijo que Él era el Camino, la Verdad y la Vida, es cierto, pero también dijo que la Palabra de Dios es la Verdad. El deseo de Dios, mientras, es que sigamos la verdad en amor. Cuando esto es así, entonces las palabras de Pablo se harán aún mucho más reales y la iglesia del Dios viviente será columna y baluarte de esa Verdad.
92 – El Modo Retrovisor
No importa cuánto tú o cualquier otra persona llegue a conocer con respecto a todas las cosas antes mencionadas u otras. Igualmente, jamás llegarás a tener un conocimiento pleno de todas las cosas que están en juego. Lo que intento decirte es que, aunque lleguemos a conocer toda la Biblia, entera en todos sus aspectos, ya sea teórica o prácticamente, la misma Biblia nos va a indicar que ahora todo lo que conocimos es solamente en parte. Ya fue dicho: ahora vemos por espejo, oscuramente.
Te advierto que, si estamos viendo algo como por espejo, además de verlo oscuramente o de manera borrosa, también lo estamos viendo de manera invertida. Si no entiendes esto último, fíjate como opera el espejo retrovisor de tu automóvil. Si tienes detrás de ti, siguiéndote a un vehículo de la policía, eso es lo que leerás cuando lo mires y se supone que te llevará a detener tu marcha. Cuando desciendes de tu automóvil y miras el móvil policial, verás que tiene escrita la palabra Policía invertida, cuestión que cuando pase por tu espejo se revierta y pueda leerse como corresponde.
93 – Verdaderas Responsabilidades
Cuando se rechaza el conocimiento, esto no es algo que ocurre sin que produzca mayores consecuencias, todo lo contrario. En el primer capítulo de la carta de Pablo a los romanos, vemos algunas de esas consecuencias adversas de rechazar el conocimiento de Dios. Cuando una persona rechaza a Dios, Dios los deja que sigan en una vida desagradable ante sus ojos para que se pierdan y reciban el castigo por su desobediencia. ¿Verdad que suena algo cruel, esto? Pero no lo es, sólo es justo. Dios no tiene la culpa que nuestra justicia terrenal sea tan…permisiva. O corrupta, en otros casos. Su Justicia es JUSTICIA.
Sucede que nosotros en lo terrenal tenemos conceptos de la justicia que no tienen absolutamente nada que ver con lo que realmente es la Justicia, escrita así, con su inicial en mayúscula, como debe escribirse la palabra cuando se refiere a la Justicia divina. Sin embargo, es necesario también notar que Dios está dispuesto a perdonar a aquellos que se arrepienten de su maldad y se vuelven a Él. Recuerda siempre esto: Dios quiere que todos sean salvos y pasen la eternidad junto a Él. Los que no siempre quieren eso, son los hombres, hasta hoy, en considerable mayoría.
94 – Normas Para Crecimiento
El crecer en conocimiento es de gran beneficio para los creyentes. Alguien que ha crecido gozará de beneficios que le ayudarán tanto a él como a los demás miembros del cuerpo de Cristo. Pablo se lo dijo con claridad a los Efesios, cuando expresó que para que ya no fueran niños fluctuantes llevados de aquí para allá por cualquier viento doctrinario emanado de estratagemas de hombres astutos inspirados por Satanás para el error, debían seguir la verdad en amor y crecer en Cristo, que era la única cabeza posible y válida. De este pasaje podemos deducir que el creyente que crece en el conocimiento de Cristo adquiere ciertas cualidades que son de bendición tanto para él o ella como para la iglesia. Como consecuencia tendremos:
- Madurez espiritual (Vida controlada por el Espíritu Santo)
- Firmeza en doctrina
- Capacidad para detectar la mentira
- Capacidad para seguir la verdad
- Capacidad para andar en amor
- Capacidad para seguir creciendo
- Capacidad para mantenerse en Cristo
Esto significa que el que no ha crecido en conocimiento, también tiene evidencias que lo distinguen y que constituyen uno de los grandes problemas que tiene la iglesia como cuerpo de Cristo en la tierra. Pablo, en su primera carta a los corintios, da un detalle sobre esta clase de personas que yo te resumo en conceptos sintéticos y precisos:
Carnal (vida de pecado)
Celos
Contiendas
Disensiones
Partidismos
Mal edificados
Si le damos importancia al crecimiento en el conocimiento de la verdad de Dios, jamás seremos destruidos. En Oseas leemos que el pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento, y eso nos impulsó a inventar materias y carreras de teología con la finalidad, se argumentaba, de acceder a mayor conocimiento.
No voy a subestimar ni minimizar ninguna preparación o capacitación sistemática o profesional al respecto, pero quiero solamente aclarar que cuando aquí se habla de conocimiento, nada tiene que ver nuestro intelecto ni nuestra alma. Se está hablando de acceder al espíritu de conocimiento que forma parte de la esencia de nuestro Dios, y eso se hace solamente teniendo alta intimidad con Él. Por eso la palabra Conocer se utiliza como forma de intimidad máxima.
También Oseas nos recuerda que, por causa de que una parte importante, sino mayoritaria, del pueblo de Israel desechó ese conocimiento y eligió metodologías humanistas o intelectuales, Dios le dijo que los iba a echar del sacerdocio. Y no estaba hablando simplemente de un cargo en una sinagoga, estaba refiriéndose a sacarlos de la calidad de sacerdotes que, conjuntamente con la de reyes, formó y forma parte central de la categoría del creyente. Ese juicio divino no se detuvo en aquellos que desecharon el conocimiento y olvidaron la ley, sino que como todo juicio supremo alcanzaría hasta la tercera y cuarta generación, por eso les dice que, así como ellos se olvidaron de Él, Él se olvidaría de sus hijos. Tremendo.
Pedro, por su parte, concatena una serie de elementos y valores que, acumulados unos detrás de los otros, discurren por las vidas de los creyentes con la finalidad de darles poder, conocimiento, certeza y autoridad. Dice en su segunda carta que poniendo toda diligencia, sepan añadir a su fe la virtud, que es como decir excelencia de vida. Que a esa virtud le añadan conocimiento, y luego una tras otra, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor.
Y concluye explicándoles que si esas cosas están en ellos de manera abundante, no les permitirán quedarse ociosos o sin frutos en cuanto a ese conocimiento del Señor. Ahora veamos tu presente: ¿Eres uno de esos cristianos altamente activos que desea estar permanentemente en movimiento? No te busques tareas terrenales, aquí tienes un compendio que, de ponerlo por obra, te mantendrá bastante activo y ocupado. Ah, y más que vencedor, también.
95 – Precisiones en la Oración
¿En algún momento le has pedido a Dios sabiduría o conocimiento en la oración? El rey Salomón es considerado como uno de los hombres más sabios que han existido, pero su verdadera victoria fue su oración a Dios pidiendo una mente comprensiva. Salomón pidió a Dios por el conocimiento y Él se lo dio. Si hoy mismo, en este justo y preciso día, tú estás buscando comprensión en alguna área de tu vida, pídelo y el Señor te dará el conocimiento y la sabiduría que sólo Él puede proveer.
Aquí es cuando enganchamos con el último espíritu que nos falta examinar, porque el temor de Jehová es el principio del conocimiento. Y ya lo sabes más que bien porque lo hemos enseñado muchas veces, no estamos hablando de tenerle miedo a ese Dios fiero, cruel, castigador y feroz que en algún momento nos presentaron, sino de sentir, vivir y activar reverencia a Su Santidad y a Su Nombre. Desde es reverencia se pone en marcha algo que luego habrá de catapultarte a todas las alturas probables.
La pregunta que normalmente surge en los receptores cuando decimos algo así, es: ¿Cómo hago para pedirle a Dios que me dé eso mismo que le dio a Salomón? Simple, en principio y si el Espíritu Santo no te guía a algo distinto o mejor, ten en cuenta la oración que el propio Salomón hizo y que el primer libro de los Reyes en su tercer capítulo recoge y publica. Cuando Dios le dice que le pida lo que quiera, Salomón le recuerda la misericordia que hizo para con David su padre, posibilitando con ella que pese a conductas que no fueron las mejores, igualmente pudiera sentarse en el trono.
Y luego acepta que haya sido puesto en el mismo trono de su padre, aunque reconociendo que no sabe ni como entrar ni como salir. Y que está de pronto en medio del pueblo de Dios, al que Él escogió, le recuerda. Pueblo que no se puede contar ni numerar por su multitud. Y allí es donde le pide que le de un corazón entendido para juzgar a ese pueblo que estima como pueblo elegido por Dios y también para discernir entre lo bueno y lo malo. Esto, sumado a una permanente actitud de humildad y humillación ante Dios, agradó al Padre porque vio como bueno que le pidiera eso y no más riquezas materiales.
Por eso Dios mismo le habló y le hizo saber que por haber pedido eso y no prolongación de su vida, o riquezas, o la derrota de sus enemigos, sino que tuvo la humildad de pedirle inteligencia para poder juzgar con verdad y eficiencia, en ese mismo momento le estaba dando un corazón sabio y entendido, y que no se asombrara por eso, pero que seguramente no iba a haber otro igual a él en esta vida que llevaba ni cuando ella finalizara. Pero, que además de lo pedido, Él había decidido darle riquezas y gloria, de modo que fuera un rey diferente a todos y en todo. Y, como cierre, le prometió que, si se mantenía firme en sus caminos, iba a alargar sus días. Después Salomón vivió como vivió y se fue como se fue, ya lo sabes.
96 – El Conocimiento de tu Día a Día
El significado de la palabra Conocimiento ha ido mutando con el correr de los tiempos. Muy cerca de mi casa funciona un punto de reunión denominado Gnosis. Cualquiera se inscribiría pensando que allí enseñan valores y secretos de un mayor conocimiento de la vida y sus principales elementos, pero algunos testimonios recogidos por distintos usuarios, nos dicen que no es tan así, que lo que debería ser una preparación intelectual y seria, se convierte a corto plazo en prácticas esencialmente orientalistas que determinan una presencia de ocultismo real disfrazado con ropaje mitad informativo y mitad pseudo religioso.
Esoterismo en alto nivel y gente viviendo a salario de ello. Nada que ver con nuestro amado espíritu. Muy por el contrario, hace ya bastante tiempo que esa cercanía y algunos pormenores nos obligan, como familia, a atar, sujetar, echar fuera y cortar con actividades emanadas del reino de las tinieblas. Tal como si fuera un consultorio de un brujo o un hechicero. Una más de las tantas sutilezas idiomáticas con las que el infierno pretende sorprendernos. ¿Sabes cual es el problema? En muchos casos, sea por las razones que sea, lo está consiguiendo.
Lo cierto es que, indudablemente, como iglesia, nos está faltando una buena dosis de madurez espiritual. Nadie podría poner en tela de juicio la sinceridad, la fidelidad y la honestidad de muchos cristianos activos y participantes de todo lo que sus congregaciones proponen. Pero el tema aquí pasa por otro lado. Cuando digo madurez espiritual, no hablo de antigüedad congregacional, hablo de madurez espiritual, que es otra cosa, muy otra cosa. Es uno de los resultados más visibles de la presencia del espíritu de conocimiento en las personas creyentes.
No encuentro el motivo, por fuera del mencionado, para que un pastor de una congregación tenga, inexorablemente, cada domingo, que hablar del pecado, de no robar, de no estafar, de no ser avaros, de no fornicar, de no adulterar. Si eso no es inmadurez espiritual, no sé de qué estamos hablando. Yo debería pedirles disculpas a los centenares de cristianos que me escriben y no reciben respuesta, pero no lo hago porque sería darles un mensaje de comprensión que no corresponde. Porque en esta altura ministerial de mi trabajo, yo ya no puedo invertir un tiempo precioso en responder consultas sobre temas que la Biblia es muy clara y contundente.
Ocurre que como iglesia convencional nos hemos abierto denominacionalmente en un abanico tan amplio, que las distintas doctrinas que sustentan estas fracciones están pagando tributo a sus necesidades sectoriales de diferenciarse de las otras. Cuando la Palabra de Dios habla de la sana doctrina, no se está refiriendo a la que cuatro viejos cabezones instauraron en tu denominación. La sana doctrina es la que en todo caso podemos ver en el libro de los Hechos, verdadero puntal del Nuevo Testamento, muy por encima de los cuatro evangelios que son el patrimonio de la vida ministerial de Jesús, pero formando parte del Antiguo Testamento, al menos hasta llegar a la cruz.
Y si un cristiano, cualquiera sea su posición, no tiene firmeza en su doctrina, se convierte en alguien que, al menor atisbo de cuestionamiento o debate, al que suelen ser tan afectos los modernos fariseos de la religión cristiana, se queda sin recursos, sin argumentos y, como consecuencia casi natural de ello, sin fe ni certeza de lo que hasta allí estaba supuestamente seguro de creer.
Si tú no sabes en qué crees y por qué crees en lo que crees, tú eres espiritualmente inexistente. Si no puedes plantarte delante de alguien y decirle con todas las letras cual es la verdad absoluta que conduce tu vida, mucho menos podrás plantarte delante del enemigo y mostrarle que tienes tus vestiduras blancas y eres intocable.
Lo que está ocurriendo, es que a favor de los avances tecnológicos y todo ese andamiaje que a veces suena como una fantasía de otro planeta, anda gente inescrupulosa y mal intencionada predicando mentiras. Esto no sería ninguna novedad, porque desde que el evangelio existe, la mentira con que se lo trata de menoscabar o frenar también existe.
Satanás es padre de mentira, así que no es de extrañar que una de las armas preferidas por sus personeros, sea precisamente esa, la mentira, familiar cercano del engaño. La pregunta del millón que surge aquí, es: ¿Dónde está el discernimiento de los hijos de Dios? Porque de haberlo y en buena medida, cualquier mentira sería discernida y detectada al instante. Pero de momento en que muchos buenos pero oscuros cristianos son engañados, es evidente que el don no está operando como debería.
Veo, en el marco de la iglesia global, más allá de sus diferencias denominacionales y hasta de credos, una muy llamativa falta de capacidad para detectar la mentira. Permanentemente aparecen personas comunes que han sido engañadas y hasta estafadas por falsos líderes, pero también honestos y fieles pastores que se ven abusados en su buena fe por falsos cristianos que, con la excusa de buscar ayuda, terminan usando a estos hombres buenos, pero demasiado ingenuos, que evidentemente se han olvidado de aquella palabra que nos advierte que será maldito el hombre que confía en el hombre. Al leerlo, uno se pregunta si entonces lo que se nos demanda es andar por la vida y las iglesias desconfiando de todo el mundo, porque eso es lo que parece a primera vista.
Sin embargo, no es así. Muy por el contrario, recordemos que la misma palabra nos manda y demanda amarnos los unos a los otros y ministrarnos en amor. Eso me dice a mí que cuando veo una necesidad, lo que puede resultar positivo o negativo es mi inmediata reacción. Como hombre, puedo ver a una pobre mujer que sufre y antes de siquiera ponerlo en oración y pedir discernimiento al Espíritu Santo, me salta el varón protector. Y allí es cuando, antes que me dé cuenta, puedo terminar enredado en los lazos tendidos de alguna moderna Jezabel de las tantas que hoy por hoy pululan por los templos.
Se presentan como pobres mujeres carentes de todo, pero en realidad son enviadas satánicas a tender trampas de seducción a los líderes y llevarlos de un viaje a cualquier forma de pecado que haga trizas su ministerio, su familia y su vida. Cualquiera de ustedes que me está leyendo, sabe que esto es así y tal vez ha sido testigo o protagonista de algo similar a lo que describo o directamente de algo exactamente igual. ¿Cuál es la solución más segura? Aceitar nuestra capacidad para seguir la Verdad, que es Cristo, al precio que sea y con todo el esfuerzo que se necesite. Recuerda que lo que te hace libre no es la Verdad por sí misma, sino el Conocimiento de esa Verdad. Eso dice la palabra.
En este ítem, debemos tener mucho cuidado con nuestras propias motivaciones y ansiedades. No es mala en absoluto nuestra intención de presentarle a Jesucristo a quien se nos cruce y hacer todo lo posible para que acceda a salvación, todo lo contrario, de alguna manera ese es el mandamiento. Sin embargo, he sido testigo en muchos casos de hombres que, llevados por esa motivación y quizás un tanto azuzados por sus propios seguidores, no han vacilado en adornar con algunas mentiras que llaman “piadosas” o “inocentes”, su predicación y hasta su testimonio. Se excusan diciendo que es para que más gente acepte a Cristo, pero se olvidan un punto básico: Si Satanás es el padre de toda mentira, el camino a la Vida Eterna en Cristo Jesús, no será de ninguna manera a través de ella. Aunque suene bonita.
De hecho, mentirle a alguien para que acepte a Cristo y se haga cristiano no parece ser precisamente un acto de amor, ¿Verdad? Suena más bien a una acción tendiente a incorporar un miembro más para una congregación necesitada de sangre nueva, pero también de recursos nuevos. Perdóname el descreimiento, pero vas a creerme si te digo que he visto más fraude y triquiñuelas astutas en todo el tiempo que llevo como iglesia que en mi anterior etapa en el mundo secular, impío y pagano. Y ojo que mi estadía en ese mundo no fue precisamente en una entidad de beneficencia, sino en el ambiente de la prensa, del periodismo. Y si hay un sitio donde la mentira, el engaño y la falta absoluta de empatía reina, ese es el ambiente de ese periodismo que se vende como portavoz de los que no tienen voz. Otra mentira.
Lo que diré lo diré con la autoridad irrevocable de haber estado allí. Por mejores intenciones que un hombre tenga, en cuanto a decir la verdad de todas las cosas feas que pululan en la sociedad mundana, ese hombre no es suficiente. Los encargados de fijar la agenda de lo que va a decirse o no va a decirse, son las empresas que comandan los medios de comunicación. Y a nadie debería extrañarle que, cuando van a hablar, no lo van a hacer en favor de aquellos que no tienen voz, sino en nombre de sus propios intereses.
Que pueden ser económicos, a partir de las jugosas pautas publicitarias, políticos en el caso de ser portavoces de determinados grupos, o lo peor, cómplices y hasta socios de flagelos mucho más graves que esto que te relato. Todo eso en un solo envase: periódicos, radios, televisión y redes. Así es como funciona. Ahora bien, en ese marco, ¿Cómo se inserta un creyente genuino? Por experiencia personal, no se puede insertar. O se mete en la misma mentira que todos sus compañeros o se queda sin trabajo. ¿Y si es propietario? Ahí cambian las cosas, pero la pelea ya no es como un jefe o un compañero, sino con grupos muy poderosos que tienen dinero, poder e influencias suficientes como para cerrarte el medio.
Ahora bien; yo pregunto: si los creyentes tenemos que tener la capacidad de andar en amor, ¿Cómo lo lograremos en este marco ambiente? Bueno; es que así es el evangelio de la cruz. Ese que están “vendiendo” como fácil en muchos sitios, será un lindo y entretenido evangelio, lleno de fiestas, canciones, ovaciones, multitudes y jugosas ofrendas, pero créeme que no es el evangelio de la cruz.
Y que conste que no estoy hablando de esa cosa romántica que muchos suponen que es el amor que aquí se nos demanda. Eso no es ágape, eso es phileo, el amor apto para matrimonios, novios, padres e hijos, hermanos de sangre, etc. Ágape es otra cosa y yo lo he enseñado hasta el cansancio. Amor ágape es tener el carácter de hijo de Dios y miembro de Su Reino. ¡Ese es el amor que echa fuera todo temor! Con el romántico, ni lo sueñes, todo lo contrario.
Y es por causa de haber interpretado cualquier cosa que, durante mucho tiempo, en las iglesias existía una especie de estereotipo del cristiano modelo. Hombre o mujer con rostro que irradiaba paz, de hablar lento, pausado, sereno, y de una permanente sonrisa casi dibujada que más se asemejaba a una promo de pasta dental que al miembro de una congregación de hijos de Dios.
Todo eso, mancomunado, significaba que allí se cultivaba amor. Las distintas conductas de sus miembros y el propio comportamiento de los mismos para con los recién llegados, se encargaba de desmentirlo. En la mayor parte de las congregaciones, (Esencialmente las más conservadoras), la frialdad e indiferencia eran el común denominador que los identificaba. Los que han estado o están allí, saben que no miento.
Y esto, aunque en primera vista no lo parezca, redunda en lo que debería ser prioritario en cada creyente: su capacidad para seguir creciendo. Es inadmisible, si lo comparamos con una vida humana, que a personas adultas y ya con sus propias familias formadas, todavía se le sigan cambiando sus pañales o dando de beber leche en biberones, cuando ya tendrían que estar ingiriendo comida sólida.
No tengo nada en contra de Juan 3:16 como versículo modelo, pero entiendo que ese texto de ninguna manera es un punto de llegada, sino un sitio de partida. Si no eres consciente que todo lo que vivimos y somos es porque Dios amó al mundo al grado de entregarle su Hijo, aunque ese mundo no lo merezca, todavía no sabes nada como debes saberlo.
Mira la vida humana. O animal, si quieres comparar con lo creado con mayor amplitud. ¿Alguna de esas criaturas hace algún esfuerzo para crecer? Uno solo: procurarse alimento cada día. Alguien dijo alguna vez que Dios ha preparado un pequeño insecto o gusanito para alimentar a cada pájaro, pero que salvo cuando es recién nacido, indefectiblemente ese pájaro tiene que salir a buscarlo, nadie habrá de traérselo. El crecimiento espiritual es igual.
No es casual ni protocolar que Dios mismo nos mande y demande escudriñar su Palabra. ¿Qué crees? ¿Acaso que a Dios le interesa que hagamos cursos de teología o accedamos a doctorados o master en divinidades? Nada de eso es malo ni negativo, pero lo cierto es que a Dios lo que realmente le interesa, es que nos alimentemos y crezcamos. Por eso nos manda a su Palabra, que es el alimento puro y genuino.
Si el ser humano, tal como ha sido creado, tiene que seguir creciendo para poder llegar a ser algo o alguien en su vida, así también sucede en el ámbito espiritual. Nuestro crecimiento, si algo nos permite con mayor factibilidad, es lograr acceder a la capacidad de mantenerse en Cristo. Y mucho cuidado con esto, porque no son meras palabras, sino aceitados circuitos que, cuando se ponen en marcha, operan y funcionan en absoluta vinculación y relación el uno con el otro. Sin crecimiento es imposible mantenerte en Cristo, ya que con la proverbial inmadurez que trae esa falta de crecimiento, serás víctima fácil de cualquier mínima tentación que te saque del camino y te envíe de cabeza a un pozo sin retorno.
Mantenerte en Cristo no es sencillo, por eso es que Dios dice en su Palabra que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Si la inviertes, te queda lo que lamentablemente es hoy por hoy lo más visible: nada puedo contra el enemigo porque no tengo a Cristo para que me fortalezca. La gran pregunta que surge, entonces, es: ¿Por qué no tengo a Cristo?
Las respuestas se dividen en un amplio abanico, del que ninguna de sus definiciones es errónea, que uno solo no comprende la verdad y que es sólo la suma de todos la que lo tiene. ¿Te presentaron a un Cristo real o a uno adaptado a doctrinas o conveniencias denominacionales? ¿Conoces a Cristo o sólo tienes información acerca de Él? Son dos respuestas, pero hay muchas más.
97 – Los Resultados de ese Día a Día
Acceder a este espíritu divino que es el de Conocimiento, te permite entre otras cosas, presentarle batalla y obtener victoria sobre puntos que han sido históricamente muy vulnerables en la vida de los creyentes. Globalmente, podría sintetizarlo con el rótulo de llevar una vida carnal y de pecado, pero la amplitud del concepto no siempre alcanza para definir qué cosa es una y qué cosa es la otra.
Y el modo más eficiente para vencer a un enemigo, es conocerlo con su nombre y apellido y, fundamentalmente, saber cómo derrotarlo o, al menos, no permitirle avanzar en tu vida. No es muy complicado, lo que voy a mencionarte son algunos ítems que, en el mejor de los casos, quizás no te hayan fastidiado todos, pero estoy seguro que sí al menos en un cincuenta por ciento.
Puedo comenzar con los celos. Es un demonio, de acuerdo. No interesa demasiado lo que dice al respecto la ciencia secular porque, aunque sus argumentos tengan bases visibles sólidas, ellos no tienen ingreso al mundo espiritual invisible y no pueden ver lo que cualquier mediano intercesor con mediano discernimiento ve con absoluta claridad.
Ese casi odio que alguien comienza a sentir por otra persona, sólo porque esa persona tiene algo que desean para ellos y no lo obtienen, comienza de la mano de otro demonio nefasto y destructor, como es el de la envidia. Hay mucho en la Biblia sobre la envidia, y en todos los casos se la relaciona con patologías corporales absolutamente comprobables. La ciencia secular siempre va a evitar la ruta de lo tenebroso y oriundo de las tinieblas por una simple razón: no tiene sanidad para eso.
Cuando el demonio de la envidia comienza a cargar la mente de alguien con pensamientos de resentimiento, rencor u odio, directamente lo está llevando a caer en las garras del espíritu de celos. Y todos debemos haber conocido, de más cerca o de más lejos, una infinidad de historias en donde los celos desatados y fuera de todo control racional, han llevado a alguien a lo más extremo: terminar con sus propias vidas o con alguna ajena.
Los homicidios y suicidios, en altísimo porcentaje, están relacionados con la actividad de un demonio de celos. En lo laboral, en lo sentimental y hasta en lo eclesiástico. Los celos de muchos cristianos por el éxito de sus líderes, han sido tan nefastos como el de las esposas de los pastores para con todas las mujeres de la congregación. Nada de eso jamás llegó a buen puerto.
Y eso nos lleva a la segunda expresión de la carne descontrolada en una persona: su capacidad para armar o ser víctima de contiendas. Si los hombres analizaran tan sólo un instante los supuestos beneficios que pueden otorgarle una contienda con o contra alguien, podrían observar que jamás se ha visto que proporcione ninguno.
Que cualquier forma de contienda, tanto en lo individual como en lo grupal, solamente tiene resultados negativos que, en muchos casos, rozan lo trágico y lo dramático. Un ejemplo más que claro son las guerras, diagramadas y decididas por hombres mayores sentados en cómodos escritorios, y peleadas y padecidas por miles o millones de jóvenes que ni siquiera saben por qué matan o mueren. Una atrocidad que de ninguna manera puede tener parentesco con esa maravilla central de la creación que es el hombre.
Entonces, es allí donde me dices que no debe ser tan así, ya que Dios mismo respaldó o estuvo detrás de algunas guerras que tenían relación directa o indirecta con su pueblo. Es verdad, pero con una leve y no tan leve diferencia. En todas esas guerras, justas o no, santas o profanas, los líderes no las observaban por pantallas digitales, las peleaban en cuerpo propio. ¿Un ejemplo contundente, aunque enemigo? Faraón cuando perseguía a Israel. ¿Cómo murió? Ahogado junto a sus hombres en aquel mar que se cerró encima de él.
Mi país, esencialmente en su vida política, es una prueba visible y contundente de todo esto que digo. Desde hace siete décadas, el rencor, los celos y el odio se ha adueñado de los hombres y mujeres que supuestamente nacieron con la vocación de servir a sus pueblos y por esa razón se dedicaron a la política. Ya no le interesa a nadie quien tiene razón, quien no la tiene, quien dice la verdad o quien miente.
Cada sector en pugna elabora un discurso de ataque y agresión para con el otro y esa es la forma en que, por cada asunto de menor o mayor relieve, se presenta una contienda segura. Ya nadie se preocupa, ni siquiera en vísperas de elecciones, en difundir sus propuestas o planes, con buscar los puntos vulnerables del adversario, (Debería decir enemigo), y darlos a conocer, será suficiente para convencer al electorado que coincide con cada sector.
Una mediocridad y una pobreza intelectual que espanta. Obviamente, de neto contenido y raíz espiritual. Argentina ha pasado hasta por manos de brujos en el poder, y eso en algún momento se paga. Nada es gratis en el ámbito espiritual. Y esto no tiene absolutamente nada que ver con ideologías. Esto tiene parentesco directo con el ocultismo, con maldiciones generacionales y, obviamente, con el nivel de mediocridad y corrupción que existe en gran parte de la dirigencia en general, incluyendo algunos cristianos evangélicos que pensaron que iban a cambiar las cosas y resultó ser que las cosas los cambiaron a ellos.
Las disensiones son otra evidencia clara de esos desacuerdos. Nadie discute que un disenso serio, maduro y cordial es la mejor base para un sistema democrático que se sustenta en la virtud de los hombres. Sin embargo, cuando esa virtud está ausente, lo que salta a la vista es la mugre moral en todo su esplendor.
Así se crearon los partidismos. En lo político, algo en uso desde que fueron implantados los distintos sistemas democráticos, pero en otras áreas que nada tenían que ver con esto, también fueron protagonistas. Una de esas áreas no previstas, fueron las congregaciones organizadas como estructuras abiertas o democráticas.
En las iglesias donde el pastor ejerce un mando y autoridad de manera individual y casi lindando con lo monárquico, los partidismos se reservaron para los cargos menores o, sencillamente, como sucedía en una congregación que conocí, sólo para formar parte de la mesa con muy pocos y selectos invitados en la que el pastor presidía una cena una vez al mes.
Se sacaban los ojos con las garras de los celos y las envidias para obtener un sitial en esa mesa. En las denominaciones más democráticas, partidismos evidentes a favor o en contra de la elección de ciertos hombres para la función pastoral. No juzgo ni censuro, sólo describo. ¿Mi opinión personal no ministerial? Una vergüenza y una decadencia total.
Me hizo recordar muchas veces a aquello de “yo soy de Cefas, yo soy de Apolos”. Y lo más triste es que muchos de los que, cuando predican sobre estos textos, dicen a viva voz “¡Yo soy de Cristo!”, y su público los ovaciona. Pero luego, en lo que tiene que ver con el movimiento interno de sus iglesias, admiten y hasta incentivan esos subgrupos que, de alguna manera, repiten aquello de Cefas y Apolos, olvidándose de Cristo.
Eso es lo que yo llamo estar mal edificados. Sustentados en doctrinas emanadas de aquella vieja teología natural, la que luego iba a convertirse en liso y llano humanismo y que, hoy por hoy, gobierna la mayor parte de las congregaciones, repletas de conceptos intelectuales y huérfanas de poder de Dios y de guía del Espíritu Santo.
98 – Espíritu de Temor de Jehová
Isaías 11: 2 = Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová
El espíritu de temor a Dios, es tal vez el menos entendible, desde lo racional, de los siete. Porque si estamos hablando de siete condiciones que forman parte de la esencia o estructura de Dios, si es que así podemos llamarla, no nos cabe en nuestra mente finita y terrenal la idea que Dios pueda temerse a sí mismo, ¿Verdad? Entonces vamos a ver si desde este sector de este trabajo podemos dilucidar ese asunto y ponerlo como se debe poner todo el contexto del evangelio del Reino, blanco sobre negro y luz sobre tinieblas, para que no exista ni la menor duda dentro de aquellos que decidieron formar parte de Él.
Lo cierto es que, el arte de aborrecer el mal, eso es en grandes rasgos, el epicentro del Espíritu de temor de Dios. Incluye un cierto perfeccionamiento de la santidad, que en alguna medida se basa esencialmente en el temor de Cristo. Es ampliamente reverencia, y no miedo. El miedo viene de otro lado. Jeremías nos dice con toda claridad que Él pondrá Su temor en nosotros con la simple finalidad de que no nos apartemos nunca de Él. Hablar del pacto eterno entre Dios y su pueblo es innecesario, todos lo conocemos.
Añadir que Él no piensa volverse atrás de lo que promete, tampoco. Sin embargo, enfatizar en que es Él quien ha puesto la reverencia y el temor santo en nuestros corazones, sí es necesario. Porque nos deja en evidencia la razón y el motivo por el cual se necesita ejercitarlo y ejercerlo. Le fue preguntado a Israel si sabía qué le pedía Dios a ellos. Como evidentemente se mostraron confundidos o difusos, Moisés se los aclara en un texto que reproduce en Deuteronomio, donde les consigna que ese pedido se fundamenta en que sienta temor santo o reverencia hacia Él y que lo ame, lo sirva con todo su corazón y con toda su alma.
Eso nos deja más que en claro que corazón y alma son cosas distintas, aunque por mucho tiempo casi todos nosotros hayamos enseñado otra cosa. Y que guarden sus mandamientos y sus estatutos con una sencilla finalidad: que tengan nada menos que prosperidad, con todo lo que esa palabra significa, justamente en un tiempo donde se la ha abusado, bastardeado y tergiversado en favor de oscuros intereses personales. Aquí Dios presenta sus requerimientos mediante una serie de verbos muy activos que hacen referencia a varias actitudes. Temas, andes, ames, sirvas, guardes. Los verbos denotan fidelidad a Dios y se explican en la continuidad de este pasaje mencionado para quien desee buscarlo y leerlo.
99 – Procedimientos Transparentes
El segundo libro de las Crónicas le dice al pueblo que miren muy bien lo que hacen, porque en el temor de Jehová no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho, y que en todo lo que hagan deberán proceder con verdad y con corazón íntegro. Nada menos. Aquí nos queda más que claro que Dios está muy lejos de algo de lo que la iglesia estructural, nominal, religiosa y babilónica no lo está tanto: injusticia, acepción (O discriminación) de personas y cohecho, que como todos sabemos es equivalente al soborno, a la más conocida como coima.
Sería bueno empezar a enseñar que con auténtico y genuino temor santo a Dios, esto puede empezar a modificarse. Sería excelente, como iglesia, ser centros de justicia e igualdad de trato, además de no aceptar una moneda como supuesta ofrenda a cambio de cargos o posiciones. Esto sólo puede conseguirse mediante el cultivo permanente de la verdad por sobre cualquier mentira conveniente, de esas que algunos sectores supuestamente cristianos siguen denominando como “piadosas”, y esencialmente con alta integridad de corazón.
100 – Limpiezas Profundas
No creo exagerar ni equivocarme si te digo que el Salmo 19 contiene palabras que nos dejan en evidencia la mejor prueba de que el temor a Jehová no es ese miedo cervical que experimentamos de vez en cuando. Porque aquí dice que ese temor santo es limpio, mientras que ese miedo de origen satánico es sucio, maloliente y tenebroso. El temor de Dios no es algo que se trae por dentro ni que se introduce por estridencias externas, tal como sucede con los temores más frecuentes.
El temor de Dios es algo, incluso, que puede enseñarse como parte de una mecánica de conductas que nos llevarán, -según leemos-, entre otras cosas, a vivir muchos días sobre esta tierra. Leímos que el temor de Dios es algo limpio, transparente, que nos permite juzgar con equidad y clara justicia. Bien; el salmo 111 añade que también es un factor preponderante a la hora de tener una larga vida sobre la tierra. Y ahora lo concluimos con lo que, para mi gusto, es la esencia pura del temor a Dios: la sabiduría. Sin ella, apenas seremos monigotes llevados por vientos extraños de un lado para el otro.
101 – Valores Más que Esenciales
Todos los que hemos leído con atención suma los proverbios de Salomón, coincidimos en que encierran toneladas de sabiduría práctica. Muy por encima del comportamiento y la conducta del rey en sus días finales, que se contraponen casi violentamente con todo lo que escribió, bien vale la pena rescatar pasajes que seguramente todos tienen muy presentes.
Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová. Recuerda: es posible orar y no tener respuesta y que el responsable no sea Dios. Es posible llamar y no ser escuchado porque has errado el camino de la obediencia, y en lugar de proteger tu vida convenientemente mediante el sabio temor de Dios, eliges el libertinaje de una supuesta independencia.
Y es precisamente con la sabiduría que Salomón despliega su pensamiento y escribe: Si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Aquí hay una perla que, si la recogemos y cultivamos, podemos enriquecer notablemente en lo espiritual. Dice que debemos escudriñar la sabiduría para llegar a tener un entendimiento claro de lo que significa el temor de Dios.
Y que sólo cuando lleguemos a ello, conoceremos de verdad al Santo de Israel. Y luego lo remata con otra reflexión que no es menor: El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco. Es indudable que, para ser un hijo de Dios genuino, debes sentir como Dios siente y aborrecer lo que Él aborrece.
Sólo el temor de Dios te llevará a aborrecer un mal que no siempre aborrece ese pueblo que se llama cristiano a sí mismo. ¿O no hemos visto soberbia y arrogancia en la iglesia, y todo en el nombre de un Dios que, -aparentemente-, ha ungido cierto ministerio? El temor de Jehová aumentará los días; más los años de los impíos serán acortados. Mucho cuidado con esto, por favor. A ti que sueñas con vivir muchos años y ver crecer a tus hijos primero y a tus nietos más tarde.
Que un texto bíblico te diga que el temor de Dios te hace vivir más años, puede pasar como una expresión poética, pero que otro te lo repita, es para ponerse a pensar que algo está queriendo decir Dios al respecto. En el temor de Jehová está la fuerte confianza; y esperanza tendrán sus hijos. El temor de Jehová es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte.
¿Te gustaría ser uno de esos cristianos fuertes que encaran cualquier situación por peligrosa que sea, simplemente basados y sustentados en su total y absoluta confianza en Dios? Entonces deberás cultivar el temor santo a Su Presencia. Ah, y además también pelearás contra la muerte fuera de los términos que Dios permitirá para cada uno. El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; y a la honra precede la humildad.
¿Puede esa clase de temor ser una enseñanza que te permita adquirir mayor sabiduría? Si utilizas para analizarlo la lógica humanista que el espíritu de Grecia nos ha inculcado, absolutamente no. Pero resulta ser que el evangelio no tiene lógica griega, tiene poder de Dios para manifestación de Su Presencia. Y en ese ámbito, sí que puedes poseerla, tal como lo hizo Salomón. Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal.
Quisiera que hoy, todos esos creyentes que por años han estado luchando con alguna clase de pecado u otro mal similar, lean este texto, escuchen esta exhortación y tengan la presencia de ánimo para ponerlo por obra de inmediato. Sólo con el temor de Dios los hombres pueden apartarse definitivamente del mal. De otro modo o con otras técnicas, ya quedó en evidencia que no funciona.
El temor de Jehová es para vida, y con él vivirá lleno de reposo el hombre; no será visitado de mal. Fíjate que no es ni casual ni somero que en cada ocasión que hablamos del temor de Dios, hablamos conjuntamente de vida. Vida física, longeva, larga y activa, pero también vida abundante y plena en eso que aquí se denomina como reposo, pero que en realidad significa aquello que el ser humano más busca durante toda su existencia: paz.
Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová. Ahora examina con cuidado esta palabra. Ya sabes por las anteriores que es sinónimo y resultado del temor de Dios, vida, que no es poca cosa precisamente. Pero fíjate que ahora se le añaden dos ítems que, si bien no son la prioridad absoluta para un cristiano, sí le ayudarán a consolidarse: riquezas y honra. No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo;
Si ponemos una mano en nuestro corazón, como símbolo físico de ser absolutamente sinceros, tendremos que reconocer que en alguna ocasión, si no envidiamos, al menos prestamos atención al progreso o aparente felicidad o prosperidad de pecadores. Bien; aquí tienes tu respuesta: puedes arribar a lo mismo, pero por la vía del temor a Dios, y te será mucho más seguro a futuro.
El profeta Isaías, en su libro, revela a Jesucristo de un modo claro y preciso. Expone su ministerio espiritual, a muchos años de concretarse en lo natural. Y consigna que el Padre le hará entender con diligencia el temor de Jehová, para que con ello en sus manos pueda ejercer y ejercitar todo lo que le ha sido entregado. Dice que no habrá de juzgar según la vista de sus ojos ni tampoco lo hará por lo que escuchen sus oídos.
Asegura que lo hará con justicia a los pobres, que en su tiempo eran los que menos acceso tenían a cualquier forma de justicia terrenal, y que lo hará con equidad. Y que, en todos los casos, la potencia estará en la vara de su boca y en el espíritu de sus labios. Con eso dice que alcanzará y será suficiente para matar al impío. Luego añade que reinarán en nuestros tiempos la sabiduría y la ciencia, y que también habrá abundancia de salvación. Todo eso será factible porque el temor de Jehová será nuestro tesoro.
Mira a tu alrededor por un momento. ¿Estás observando que eso sea así en este tiempo? Cuando dice tiempo, aquí, dice et, por lo que habla de un tiempo en particular; una temporada, era, ocasión o algún período de tiempo. También puede significar los tiempos actuales o presentes. En contraste con olam, que denota lo limitado del tiempo. Et puede ser una temporada, tal como la Pascua, la temporada de las lluvias o de cosecha.
Asimismo, podría referirse a una etapa de la vida, “el tiempo de la vejez”, o “el tiempo de la angustia”, o el “tiempo de amores”, o “el tiempo es malo”. Et se usa doscientas noventa veces. Aquí se habla de la fuerza que Dios dispensará a los creyentes, aún en medio de los tiempos inciertos de la época actual. Es una forma de vincular al temor de Jehová con su cuidado, protección y atención profética.
Ya en tiempos más modernos, le toca a Pablo incursionar sobre este espíritu, y lo hace parcialmente en su carta a los romanos cuando les dice que No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pablo está hablando de la sociedad secular de su tiempo, esto es obvio. En todo caso, y de hecho, de su sociedad contemporánea. Ahora te pregunto con total sinceridad: ¿Y eso tiene alguna diferencia con la tuya o la mía, hoy? No, en absoluto.
Es un mensaje que trasciende los tiempos porque emana de un hombre de naturaleza caída de antes y de ahora. A los corintios, más adelante, les dirá más o menos lo mismo, aunque con distintos matices: Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Esas tales promesas son que Dios morará entre nosotros, nos recibirá, y será nuestro Padre, y deben motivarnos para buscar la santidad tal como debe ser, en el temor de Dios.
No hay modo de acceder a ella si no se pasa antes por este estadio espiritual. Por esa razón es que para completar la trilogía completa, a los efesios les escribe algo mucho más sintético, pero al mismo tiempo, más contundente y puntual: Someteos unos a otros en el temor de Dios. Este simple y escueto texto contiene, sin embargo, la llave maestra que da por tierra las falsas interpretaciones realizadas por ciertos oscurantismos oportunistas, respecto a la sujeción en todos sus órdenes.
No existe tal cosa como sujeción de muchos a uno, sino una que se trata de una ida y vuelta, que es en suma la única interpretación posible de someterse unos a otros en el temor de Dios. ¿He sido suficientemente claro o necesitas una ampliación para que sientas absoluta seguridad y pierdas el miedo al hombre que te esclaviza desde hace tantos años?
102 – Enfoques
«El temor de Dios» no es «el temor a Dios» y si «el temor de Dios, es el principio de la sabiduría» deja muy claro que se refiere al poder del hombre de «desear» el conocimiento divino del bien y del mal (Que sería el pecado primigenio) En el judaísmo y el cristianismo, el temor de Dios es uno de los dones del Espíritu Santo, el cual inspira reverencia de Dios y temor de ofenderlo, y aparta del mal al creyente, moviéndolo al bien.
Es el don que nos salva del orgullo sabiendo que lo debemos todo a la misericordia divina. Por el temor de Dios se llega al sublime don de la sabiduría. El temor puede ser saludable, hay un temor propio y otro impropio. El temor puede hacer que la persona proceda con la debida cautela frente al peligro y de este modo evite la calamidad; o puede ser mórbido y acabar con la esperanza, lo que debilita la resistencia emocional y puede llegar al extremo de ocasionar la muerte.
El temor de Dios es saludable; consiste en un sentimiento de profunda reverencia hacia el Creador, y es un temor sano de desagradarle por el aprecio que se tiene a su amor leal y bondad, y debido también al reconocimiento de que es el Juez Supremo y el Todopoderoso, Aquel que puede castigar o destruir a los que le desobedecen.
Se describen dos clases de temor de Dios: el temor filial y el servil. El temor de Dios filial es aquel por el que se detesta el pecado o se aparta de él, no por las penas con que son castigados los pecadores, sino porque aquello es una ofensa a Dios, algo que le desagrada a Él. Por otra parte, temor servil es el que evita el pecado por la pena que lleva consigo. Es decir, como se ha dicho, «hay tres estados en los que se puede agradar a Dios.
O bien hacemos lo que agrada a Dios por temor al castigo y entonces estamos en la condición de esclavos; o bien buscando la ventaja de un salario cumplimos las órdenes recibidas en vista de nuestro propio provecho, asemejándonos así a los mercenarios; o finalmente, hacemos el bien por el bien mismo y estamos así en la condición de hijos». Por otra parte, el Eclesiastés precisa qué se entiende por temor del Señor. No se trata de un sentimiento que aturde y agobia, que provoca rigidez mental o pequeñez de espíritu, anulando la voluntad.
El temor del Señor nace más bien de la mirada clara que lleva a descubrir que sólo el Señor es digno del servicio del hombre; sus palabras, las únicas a las que se puede hacer caso; sus caminos, los únicos que vale la pena seguir; su ley, la única que merece sumisión. Al mismo tiempo, el Señor es el único ante el cual puede humillarse el hombre. Él es el único Señor verdadero, como – de acuerdo al judaísmo y al cristianismo- lo ha demostrado con su inalterable y continua fidelidad a la confianza que los hombres han puesto en Él.
Solamente de Él, y de nadie más, se puede decir que es clemente y misericordioso, perdona el pecado y salva del peligro. Sin embargo, también se dice que el temor del Señor es el único camino por el que el hombre llega a ser libre y a liberarse por completo. El temor de Dios es una actitud de reverencia y respeto hacia Dios, que pasa progresivamente por las siguientes etapas: Una conciencia de que Dios es el dueño de nuestras almas, y tiene el poder de otorgarnos la salvación eterna o condenarnos a la destrucción.
Aunque la motivación que genera este temor es completamente egoísta, es preferible a no tener ningún temor de Dios. Una conciencia de que Dios está permanentemente mirando todo lo que pensamos, decimos y hacemos, y que Él tiene el poder para premiarnos o castigarnos de acuerdo a nuestra conducta; lo cual nos debería motivar a ser cuidadosos y apartarnos del mal. Un deseo consciente y permanente de agradar a Dios en todo lo que hacemos y no ofender Su santidad. Un reconocimiento humilde de que Él es Dios y nosotros somos Sus criaturas, y por lo tanto, Él es digno de ser temido y reverenciado.
103 – Poético
Juan de los Ríos, eximio poeta, lo expresó así: ¡Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del Santo de Israel! El temor del Dios de Israel es limpio, y permanece para siempre. Él es el principio de la sabiduría. ¿Dónde se encuentra la sabiduría del Altísimo? En Cristo, en el Hijo del Santo de Israel están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.
Si rehusamos el llamado del Espíritu de Sabiduría, y no hacemos caso cuando él nos extienda su mano, si desatendemos su consejo, y no deseamos su reprensión; entonces él se burlará cuando nos venga como tormenta lo que tememos, y se reirá cuando nuestra calamidad sobrevenga como torbellino, cuando venga sobre nosotros tribulación y angustia, porque odiamos el Espíritu de conocimiento, y no escogimos el Espíritu de temor de Dios.
Si recibes las palabras del Espíritu de sabiduría, y atesoras sus mandamientos en lo profundo de tu corazón, si a él das tu oído, e inclinas tu corazón al entendimiento, si lo buscas como buscas la prosperidad, y lo procuras como a tesoros escondidos, si clamas al Espíritu de inteligencia, y alzas tu voz al entendimiento, entonces entenderás el temor del Santo de Israel, y descubrirás el Espíritu de conocimiento, porque el Dios de Israel da el Espíritu de sabiduría, de su boca vienen el Espíritu de conocimiento y el Espíritu de inteligencia. El temor del Santo de Israel es aborrecer el mal. El Espíritu de temor de Dios aborrece la arrogancia, la boca perversa y el mal camino. El corazón que teme a Dios no se aparta de Él. El temor del Señor multiplica los días. En él hay confianza segura.
Él es fuente de vida, para evadir los lazos de la muerte. Él es instrucción de sabiduría. Con el Espíritu de temor de Dios el hombre se aparta del mal. Me deleitaré en el temor del Santo de Israel. Mejor es lo poco en el temor del Señor, que gran riqueza, y tormento con ella. El temor del Señor conduce a la vida, para dormir en paz sin ser tocado por el mal. La recompensa de la humildad y del temor del Señor son la riqueza, el honor y la vida. Viviré siempre en el temor del Santo de Israel. No envidiaré a los pecadores. Me deleitaré en el temor de Dios. El temor del Dios de Israel es mi tesoro.
104 – Vida
La naturaleza humana está incapacitada para odiar al mal. El Espíritu Santo nos capacita para odiar el mal a través del Espíritu del temor de Dios. El temor de Dios es una de las características del Espíritu Santo. Odiar el mal es aborrecer el pecado. Aborrecer el mal es morir al pecado. Temer a Dios es morir al pecado. El creyente no persevera en el pecado. El que persevera en el pecado no teme a Dios. El temor de Dios no vive en los que viven para el pecado.
El cristiano ha muerto al pecado, porque teme a Dios. Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. Porque somos sepultados juntamente con Cristo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva, en el temor de Dios. Y no estoy hablando de un mero acto simbólico en una piscina de un templo, estoy hablando de bautismos interiores, eso es baptizo, sumergirse.
Nuestro viejo hombre, el hombre sin el temor de Dios, fue crucificado juntamente con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, a fin de que aborrezcamos al mal. Los creyentes en Cristo aborrecemos al mal, nos consideramos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. En nuestro cuerpo mortal debe reinar el temor de Dios y no el pecado. No obedecemos al pecado en su concupiscencia, porque tememos a Dios.
El temor de Dios nos capacita para desobedecer al pecado. Porque el temor de Dios mora en nosotros, no presentamos nuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad. Nos presentamos a Dios como vivo de entre los muertos. Presentamos nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. El temor de Dios reina en nosotros, porque estamos bajo la gracia, y no bajo la ley. No hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús; pues en ellos reina el temor de Dios. Ellos no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Temer a Dios es vivir conforme al Espíritu. Los que son de la carne no temen a Dios. Ocuparse de la carne trae como consecuencia la muerte. Aborrecer al mal trae vida y paz. Los que no temen a Dios no pueden agradar a Dios; pues ellos viven según la carne. Si el Espíritu de Dios mora en nosotros, tenemos el temor de Dios. El que no tenga el temor de Dios en su corazón no es de Cristo; porque el Espíritu de Dios nos capacita para temer a Dios. Todos los que son guiados por el temor de Dios, son hijos de Dios.
Andemos en el Espíritu, andemos en el temor de Dios, y no satisfagamos los deseos de la carne. Odiemos el mal. Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas. Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. El temor de Dios reina en los que son de Cristo, pues ellos han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si el temor de Dios reina en nosotros, vivimos por el Espíritu, y andamos también por el Espíritu. ++++++
105 – Superior
La Biblia tiene mucho que decir acerca del temor. De hecho, menciona dos tipos específicos de temor. El primer tipo es beneficioso y debe ser fomentado. El segundo tipo es un detrimento y no sólo debe ser disuadido sino conquistado. El primer tipo de temor es el temor del Señor. Este tipo de temor no es necesariamente miedo que signifique estar temeroso de algo.
Más bien es una impresionante reverencia por Dios; una reverencia por Su poder y gloria. Sin embargo, también es un apropiado respeto por Su ira y enojo. En otras palabras, es un reconocimiento de todo lo que es Dios, lo cual viene a través de conocerlo a Él y todos Sus atributos. Por todo esto, se puede ver que el temor del Señor debe ser fomentado. Sin embargo, el segundo tipo de temor mencionado en la Biblia no es beneficioso y debe ser no sólo disuadido, sino derrotado.
Este es el “espíritu de cobardía” mencionado en 2 Timoteo 1:7 donde dice, Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder de amor y de dominio propio. Así que podemos ver desde el principio que este “espíritu de temor” no viene de Dios. Sin embargo, algunas veces estamos temerosos; algunas veces este “espíritu de temor” nos vence, y para vencer este temor necesitamos confiar en y amar a Dios totalmente.
1 Juan 4:18 nos dice, En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Sin embargo, nadie es perfecto, y Dios lo sabe. Así que Él ha esparcido generosamente ánimo contra el temor a través de la Biblia.
Comenzando desde el libro del Génesis y continuando a través de toda la Biblia hasta el libro de Apocalipsis, Dios nos dice “No temas.” Por ejemplo, Isaías 41:10 nos anima No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Y de nuevo en Daniel 10:12, el ángel del Señor anima a Daniel: Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Y ya en el tiempo de la llegada de la Gracia, Jesús dice, Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
Tan solo estos pocos versos, cubren muchos diferentes tipos de temor. Dios nos dice que no temamos estar solos, o estar demasiado débiles, o no ser escuchados, y no temer por nuestras necesidades físicas. Y estas exhortaciones continúan a través de la Biblia, cubriendo muchos diferentes aspectos del “espíritu de temor.” Sin embargo, estos “no temas” dependen de nuestra habilidad para poner nuestra confianza y fe en el Señor.
En el Salmo 56:11, el salmista escribe, En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Este es un asombroso testimonio del poder de confiar en Dios. Lo que el salmista está diciendo es que, a pesar de lo que suceda, él confiará en Dios. Entonces, la total y completa confianza en Dios, es la clave para vencer el temor.
Confiar en Dios es rehusarse a ceder ante el temor. Es acudir a Dios aún en los tiempos más oscuros y confiar en que Él arregle las cosas. Esta confianza procede de conocer a Dios y saber que Él es un Dios bueno, quien sólo quiere dar a Sus hijos cosas buenas. Es como dijo Job, cuando estaba experimentando unas de las pruebas más difíciles registradas en la Biblia, He aquí, aunque él me matare, en él esperaré. (Job 13:15)
Una vez que hayamos aprendido a poner nuestra confianza en Dios, ya no tendremos temor de las cosas que vengan contra nosotros. Seremos como el salmista. …alégrense todos los que en Ti confían. Den voces de júbilo para siempre, porque Tú los defiendes. En Ti se regocijen los que aman Tu nombre.
106 – Conceptos
La Biblia nos exhorta, a través de muchas escrituras tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, a andar en el temor de Dios. Sin embargo, la enseñanza sobre el temor de Dios es una de las que menos se predica en nuestras iglesias hoy en día. El concepto del “Temor de Dios” puede sonar contradictorio con la idea de un Dios amoroso y misericordioso.
Sin embargo, veremos que el temor de Dios es esencial para tener un concepto apropiado de Dios, para vivir de una manera digna del Señor y para disfrutar plenamente de la libertad y la vida abundante que Cristo nos ofrece. Después de haberlos liberado de la esclavitud en Egipto, Dios se reveló al pueblo de Israel de una manera majestuosa, porque quería crear en ellos una impresión permanente, una sensación imborrable de Su majestad y poder.
Dios quería enseñarle a Su pueblo a temerle, a servirle y obedecerle con temor y reverencia, y apartarse del pecado. Los israelitas entendieron lo que era el temor de Dios. No mostraron presunción ni orgullo. Ellos entendieron que Dios es digno de ser temido y obedecido, y que aún sus propias vidas dependían de la misericordia de Dios. Dios no es egoísta ni cruel.
Aquí se demuestra lo que está en el corazón de Dios: El desea que le temamos y le reverenciemos para nuestro propio bien. Es importante que tengamos un concepto apropiado y equilibrado de Dios. Dios es amoroso y bueno, pero también es un Dios santo, que odia el pecado. Dios nos ama tanto, que nos cela como un esposo a su esposa. El no desea que le seamos infieles.
Es importante para nosotros saber que Dios tiene todo poder para bendecirnos, pero también tiene el poder para juzgar y castigar al que hace lo malo. Un concepto equivocado de Dios, es peligroso. El temor de Dios es una actitud de reverencia y respeto hacia Dios, que pasa progresivamente por las siguientes etapas: Una conciencia de que Dios es el dueño de nuestras almas, y tiene el poder de otorgarnos la salvación eterna o condenarnos eternamente en el infierno.
Aunque la motivación que genera este temor es completamente egoísta, es preferible a no tener ningún temor de Dios. Una conciencia de que Dios está permanentemente mirando todo lo que pensamos, decimos y hacemos, y que Él tiene el poder para premiarnos o castigarnos de acuerdo a nuestra conducta; lo cual nos debería motivar a ser cuidadosos y apartarnos del mal.
Un deseo consciente y permanente de agradar a Dios en todo lo que hacemos y no ofender Su santidad. Un reconocimiento humilde de que Él es Dios y nosotros somos Sus criaturas, y por lo tanto, Él es digno de ser temido y reverenciado. Cuando Dios se manifestó al pueblo de Israel, les dio leyes para que pudieran expresar el temor de Dios en su conducta diaria.
La expresión “Yo Jehová” implicaba “Yo soy su Dios y a mi deben temer”. El temor de Dios es aborrecer el mal. Dios no desea que simplemente seamos indiferentes ante el mal, y mucho menos que guardemos en nuestro corazón una atracción íntima hacia el pecado. Lo que Dios desea es producir en nuestros corazones un aborrecimiento profundo hacia el pecado y un amor por hacer lo bueno.
Por ejemplo: de nada vale que tú te cohíbas de ver material pornográfico, si en tu interior todavía estás anhelando verlo y lamentándote porque no “puedes” verlo porque eres “cristiano”. ¡Lo mismo se puede aplicar a cualquier otro pecado que puedas imaginar! El temor de Dios es sabiduría. La sabiduría nos llevará a ser precavidos y evitar meternos en situaciones que puedan inducirnos a pecar. No debemos tentar al Señor, ni sobreestimarnos y abusar de Su gracia.
Por ejemplo: si tú. tienes un problema con la bebida, lo más sabio será que no frecuentes lugares donde seas tentado a consumir alcohol. Si tú eres un hombre, y tienes debilidad en el área de la codicia, no sería sabio que te ocupes de administrar finanzas ajenas. Y si tu vulnerabilidad es la lujuria, sería importante que procuraras no estar sólo en compañía femenina.
El temor de Dios trae confianza y seguridad a los que andan en integridad. ¡El temor de Dios es fuente de vida porque trae verdadera libertad! Aquellos que son carnales creen que la libertad consiste en poder dar “rienda suelta a la carne” y hacer lo que nos venga en gana. Pero el creyente que es espiritual entiende que la verdadera libertad consiste en ser libres del pecado para poder hacer lo bueno.
¡No se necesita ser libre para hacer lo malo, ya el pecado es parte de nuestra naturaleza caída! Para esto fue que Cristo murió por nosotros, para liberarnos de la esclavitud del pecado y que pudiéramos vivir haciendo lo bueno agradando a Dios. Hay cristianos que asocian “santidad” con “legalismo”. ¡Eso es trágico! Hay cristianos que piensan que ser libres significa “acercarse al mundo lo más posible sin pecar”.
Tú los reconoces porque los oyes elaborando unos argumentos muy bien razonados para justificar su conducta carnal. Puede ser que esas personas no vayan al infierno, pero lo triste es que sus conciencias se endurecen cada vez más al Espíritu Santo, y sus vidas son espiritualmente superficiales, sin poder, y permanecen derrotados y atados al pecado. Se pierden de lo mejor de Dios porque todavía aman su pecado.
¡Y después se sorprenden cuando les viene toda clase de problemas y tribulaciones! Ya hay demasiados esclavos de la maldad en el mundo, como para que tú seas uno más. No se requiere de valor para hacer lo malo y obtener los aplausos y la aprobación del mundo. En cambio, sí se necesita coraje y valentía para atreverse a ser santo y vivir en contra de la corriente del mundo, pero ten por seguro que obtendrás la aprobación de Dios.
La Biblia nos enseña, en Santiago 4:6, Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Ahora bien: debemos entender que en el corazón de Dios no existe el deseo de rechazar a nadie, sino que la persona que no teme a Dios voluntariamente se excluye a sí misma de recibir el favor de Dios, y cosecha las consecuencias de su propio pecado.
Por ejemplo: Una persona que persista en la homosexualidad y la promiscuidad, no es extraño que contraiga alguna de las enfermedades clásicas que esas prácticas traen. Una persona que persista en el vicio del cigarrillo, no es extraño que contraiga un cáncer pulmonar. ¡Lo triste es que esas personas después culpen a Dios de su desgracia! Algunos piensan que es en vano temer a Dios, ya que los impíos prosperan y los justos padecen.
Sin embargo, no debemos olvidar que Dios es el Juez final, y que nuestro temor a Dios tendrá algún día su recompensa, en esta vida o en la venidera. Algunos creen erróneamente que el Dios del Antiguo Testamento es un Dios de ira, al que se debía temer; y que el Dios del Nuevo Testamento es un Dios de sólo compasión, al que no hay que temer.
Contrario a lo que algunos podrían pensar, Jesús no invalidó la enseñanza sobre el temor de Dios. Al contrario, la profundizó y la asoció al hecho de confesar o negar Su Nombre. La experiencia de Ananías y Safira sirvió para fundamentar a la iglesia en el temor de Dios y en la obligación de vivir en santidad delante de Dios. ¿Cómo supo Pedro que Ananías y Safira habían mentido? Gracias al don de la Palabra de ciencia.
En ocasiones, Dios usa los dones de discernimiento y de revelación profética para que los pecados ocultos de la congregación salgan a la luz. Dios hace esto para preservar la santidad de la iglesia, y para que haya en los miembros de la congregación una conciencia de la presencia soberana de Dios en la iglesia. En otras palabras, para que haya temor de Dios en la iglesia.
A menudo escuchamos sobre muchas estrategias para lograr el crecimiento de la iglesia. Sin embargo, en esta escritura podemos ver que los “métodos” de Dios para que la iglesia crezca son diferentes a los métodos humanos. El temor de Dios es un ingrediente fundamental para el crecimiento de la iglesia. El temor de Dios debe inspirar al creyente a perfeccionar la santidad.
En otras palabras, el temor de Dios nos hace conscientes de nuestra propia pecaminosidad, y de la necesidad que tenemos de que haya cambios progresivos en nuestro corazón y nuestra conducta, para agradar a Dios en nuestra forma de vivir. Un cristiano que no siente la necesidad de crecer en santidad es un cristiano estancado, que se ha vuelto complaciente con el pecado.
En otras palabras, no está andando en temor de Dios. Para un creyente espiritual, “ocuparse de la salvación con temor y temblor” no significa vivir en temor de perder la salvación. Los cristianos podemos tener seguridad de que Cristo llevó en Su cuerpo el castigo por todos nuestros pecados, que hemos sido lavados por Su sangre, y que nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida.
Sin embargo, no debemos asumir la salvación ligeramente. Si alguno piensa que la salvación y la gracia de Dios son una garantía y una licencia para pecar y andar descuidadamente, si alguno toma el pecado con ligereza y abusa de la misericordia de Dios, lo más probable es que no haya comprendido en qué magnitud sus pecados ofenden a Dios, ni ha entendido lo que significa la salvación.
El temor de Dios es el fundamento que inspira la vida en santidad y consagración a Dios. La santidad no es un llamado a unos pocos, sino un mandato de Dios a todos los creyentes. Cristo mismo, mientras vivió en la tierra, anduvo en temor de Dios y nos dio ejemplo de andar en temor y reverencia.
Si El mismo tuvo que hacerlo así, nada debería hacernos pensar que nosotros podemos ser diferentes. ¿Alguna vez has pensado que Dios no escucha tus oraciones? Dios oye a los que les temen. No podemos acercarnos a Dios en actitud de arrogancia o auto-suficiencia. Cuando tú entiendas que no tienes derecho a exigirle nada a Dios, entonces tú habrás comprendido lo que significa que es por Su gracia que El responde nuestras oraciones. Dios tiene todo el derecho de demandar humildad y reverencia para poder escuchar nuestras oraciones. Hoy en día, el mundo difícilmente considera un halago el ser conocido como alguien “temeroso de Dios”. Piensa: ¿Cómo te gustaría que te describieran tus conocidos?
Cornelio fue reconocido como alguien temeroso de Dios y de buen testimonio. Ser conocidos como alguien “temeroso de Dios” es un elogio que todos deberíamos desear. Comencé todo esto relatando la forma en que Dios se manifestó al pueblo judío, en medio de una espesa oscuridad, nubes y relámpagos, y una montaña que se estremecía.
Ellos experimentaron estas cosas en lo natural, pero nosotros hemos sido llamados a algo superior en lo espiritual. Hemos recibido la revelación del Mesías de Dios, sido hechos partícipes de un mejor pacto, somos herederos de la salvación, hechos nuevas criaturas en Cristo, y el Espíritu Santo habita en nosotros. Por todo esto, debemos servir a Dios con temor y reverencia, absteniéndonos de toca clase de mal, cuidándonos de no entretener el pecado ni abusar de la gracia de Dios.
107 – Conclusión
Quiero que tengas más que en claro que esto de ninguna manera ha pretendido ser un nuevo compendio de los denominados siete pecados capitales, así como tampoco un análisis teológico o doctrinal de los siete espíritus de Dios.
Sólo he vertido en esta producción especial una serie de informaciones, acompañada de mucha palabra bíblica como único sustento válido, con la simple intención de juntar toda esa información en un solo trabajo, de modo tal que te resulte práctico leerlo y estudiarlo sin necesidad de apelar a los tradicionales diccionarios, buscadores y diferentes páginas especializadas.
Ya tienes más que claro cuáles son los siete importantes, (No me atrevo a llamarlos principales porque no existe esa escala jerárquica dentro del área del pecado) pecados básicos en los que el hombre puede incurrir y auto destruirse.
Luego has accedido a los que la Biblia cataloga en más de un texto como los siete espíritus de Dios. Nada de esto debería modificar tu doctrina y tu fe, y mucho menos tú estilo de vida de hombre o mujer de Reino. Lo que sí aspiro que haga, es mejorar tu relación con el Señor y convertirla en una auténtica comunión que irá mucho más allá de esas pequeñas oraciones-flecha con que en muchos casos aspiramos a convertirnos en cristianos maduros.
Que la paz del Señor te haya acompañado a lo largo de toda esta lectura, que la guía del Espíritu Santo te haya ayudado a seleccionar qué te es más o menos útil y que la misericordia de Dios que impera en tu vida posibilite me disculpes o disimules todos los errores que pueda haber cometido. En la paz del Señor te saludo y bendigo. Amén.