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¿Quieres Ser del Reino o No?

Si estás acompañándome desde hace tiempo en este sembrar de palabra divina, ya sabes que me agrada y mucho la profundidad, el respeto por la escritura y sus conceptos y la claridad necesaria para que nadie se confunda y piense que estamos creando nuevas doctrinas. Vengo hablando de esto desde hace mucho tiempo, pero lo de hoy tiene una intencionalidad concreta. Está hecho para entender, para creer y para practicar. Es complicado leer bien la Biblia, pero mucho más lo es vivirla todos los días.

Pero antes de entrar en tema, déjame hacerte una pregunta sencilla, pero en ciertos casos, peligrosa. ¿Sabes, realmente, qué evangelio predicó Jesús? No me asombraría que, en términos muy sobrios y ajustadamente teológicos, nos encontremos con más de una respuesta. Porque evangelio, todos lo sabemos, es buenas nuevas o buenas noticias, y si como se dijo alguna vez, que tu jefe te comunique que desde el mes que viene te aumentan el sueldo es una buena noticia, no creo que a eso se le pueda llamar evangelio.

Entonces el juego sencillo de imaginación popular, es: ¿Cómo imaginas que predicaba lo que predicaba Jesús? ¿Hacía señales o movimientos raros con sus manos, o las juntaba en postura de santidad, mientras te miraba con una expresión casi de hombre angustiado, que es como lo presenta mayoritariamente el catolicismo romano? O se plantaba por allá arriba de una roca o montaña bien alta, para que todos lo vieran, mientras decía con voz fuerte algo así como: “¡Repitan esta oración conmigo y nos encontraremos en el cielo!”, que es por su parte como suele mostrarlo la iglesia evangélica tradicional.

O sino: “Crean esto que les estoy diciendo y podrán unirse a nuestro grupo denominado “Carpintero Super Star”, o algo parecido tal como: “Presten mucha atención a esto que les estoy enseñando porque es una doctrina completa de salvación y triunfo sobre el Imperio Romano” ¿Así hablaba Jesús con toda esa gente que, si bien se daba cuenta que Él traía y tenía algo distinto, no terminaba de olvidar que era el hijo de José, ese que ganaba buen dinero con sus maderas?

De acuerdo. Fui periodista, escritor, conductor de programas de radio y creativo en todo lo máximo de mis capacidades, así que imaginación y de la más voladora no me falta, pero… ¿Quieres que te confiese algo? Desde que conocí a Cristo, las cosas viejas de mi vida pasaron y he aquí todas o casi todas fueron hechas nuevas. Así que cuando se habla de estas cosas, prefiero ir a mi Biblia y dejar que ella diga la justa. Mateo 4:17 = Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Listo. Esto es lo que Mateo, que era un muchacho que estaba allí, al ladito de donde Jesús le hablaba a la gente, escribió sobre alguna tabla y luego transcribió en su legado literario, su libro, llamado por la iglesia tradicional, evangelio. Y si obedezco lo que dice mi Padre respecto a Su Palabra, esto fue lo que Jesús dijo y predicó, no otra cosa. Y hay una clave, fíjate, que si eres perspicaz como yo pude serlo, a la hora de leer, ya habrás podido observar: Jesús nunca predicó SOBRE el Reino, Jesús siempre predicó EL Reino.

Y es muy distinto. Ejemplo. Si yo como periodista, te escribo un artículo o hablo SOBRE automovilismo, voy a contarte sobre autos, pilotos, carreras, etc. Pero si yo lo que hago es un trabajo de EL automovilismo, es porque yo intervengo y puedo hablar de lo que se vive por dentro. ¿Comprendido? El problema que hoy afrontamos como creyentes, no es que se esté predicando otro Jesús. Es como que muchas veces lo que se está predicando, es otro enfoque de ese evangelio.

Así que lo que hoy vamos a hacer desde esta plataforma, es comparar una cosa y la otra. Esto es; el evangelio del Reino que anunció primeramente Juan el Bautista y luego el propio Jesús, con otras formas de evangelio que hoy se están predicando y que no me asombraría para nada que tú misma o tú mismo, hoy, estuvieras oyendo, donde quiera que vivas. Y no lo hará para criticar personas, Dios me guarde de eso. Jesús nunca lo hizo. Él cuestionó y confrontó al sistema religiosos, no a ciertos hombres específicos. Lo que pretendo, es volver a la raíz, esa de donde nunca debimos haber salido.

Presta mucha atención, porque si lees los evangelios con calma y entendiendo, que es como se deben leer, vas a descubrir algo impresionante que tal vez antes no habías visto con demasiada atención. Jesús, con quien quiera que estuviera y ante el público que fuera, hablaba del Reino de los Cielos todo el tiempo. Lo refleja Mateo 9:35 cuando dice: Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 

Está muy claro. Jesús iba a TODAS las ciudades y aldeas, no a las que mejor lo recibían o lo agasajaban. A todas. Y tenía algo muy particular en cuenta. En la sinagoga, que es como si en estos tiempos y en estos lugares dijéramos La iglesia, Él ENSEÑABA. Donde predicaba, era en la calle, a quien quisiera escucharlo. Hoy sucede exactamente lo mismo. Este ministerio y muchos otros, han sido enviados a ENSEÑAR a los que ya son, mientras que otros, a anunciar a Cristo a los que no lo conocen.

De todos modos, también queda en evidencia que el Reino, para Jesús, no era un tema más del cual cada tanto elegía hablar. Era el eje central, el corazón mismo y el núcleo básico de todo su mensaje. Pero cuidado, dejando traslucir a cada momento que, ese Reino que Él proclamaba y anunciaba, no era de ninguna manera un lugar geográfico, ni tampoco un imaginario cielo digno de una película de Hollywood preparado para después de la muerte. Por eso lo dejó más que claro a quien es lo escuchaban.

Lucas 17: 20-21 = Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. Fíjate que los que le preguntaron eso, no fueron los hombres del vulgo, de la calle, sino los religiosos oficiales del tiempo y el templo. ¡Los supuestos encargados de enseñarlo! ¿Estoy exagerando o en estos tiempos, en muchos lugares del mundo hispano sucede algo similar? Y digo hispano porque no conozco, por razones culturales, el mundo cristiano no hispano.

Es decir que lo que Jesús predica y enseña, según el sitio geográfico en donde lo haga, es un Reino en el que Dios mismo es el que está reinando. Como fue dicho, un país llamado Cielo con un Rey Soberano y Eterno. Es una jurisdicción espiritual que le permite reinar en el corazón de todos aquellos que, errores más o errores menos, Dios mismo estima como hombres o mujeres con un corazón conforme al Suyo. También reina en las relaciones de cada uno de nosotros y, muy especialmente, en nuestras decisiones diarias. En pocas palabras: donde Dios reina y gobierna, allí hay Reino. Donde el hombre insiste en hacer su propia voluntad, por mejor intencionada que sea, no está el Reino.

Porque, veamos, ¿Cómo empieza Jesús cada una de esas predicaciones sobre el Reino? Arrepentíos, dice. ¿Te suena muy a español antiguo? Arrepiéntete, entonces, esto es mucho más actual en lo idiomático. ¿Eres un paisano mío argentino? ¡Arrepentite! Ahora bien; cuando Él dice eso, de ninguna manera te está diciendo que por esa razón tengas que sentirte un miserable aplastado por la culpa, así como tampoco un ser humano viviendo permanentemente bajo condenación. La palabra griega metanoia, significa simplemente cambio de mente, de mentalidad, de dirección.

¿Estás entendiendo, por fin, que no se trata de llorar como un descosido al pie de una plataforma o sentir lástima de ti mismo por verte tal cual eres? Se trata sencillamente de modificar tu sendero. Si hasta hoy ibas caminando con rumbo sur, porque pensabas que era el que más te convenía, deberás empezar a hacerlo con rumbo norte, porque allí es donde te espera la Vida Eterna. Es como si Jesús en lugar de esa palabra que suena rimbombante y casi espectacular, dijera en voz audible pero no aullido, “Che…dejen de pensar como siempre pensaron, porque no sé si se enteraron que mi Padre Dios ya empezó a gobernar” …

Por eso, exactamente por eso es que Pablo, que no se perdió una de todas las que Jesús dejó por allí colgando para que alguien la tomara y se la calzara en sus lomos, va a decir después lo que se lee en su carta a los Romanos, capítulo 12 y verso 2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento. En suma: la voz del Rey, es la voz de un Padre que no le dice a su hijo que haga un esfuerzo y se comporte mejor, es la voz de una fuente de toda sabiduría que le demanda pensar distinto, vivir distinto y amar distinto. Y no es poca cosa, esto.

Y no se termina allí esto. Porque Jesús hizo con el evangelio del Reino algo que todavía no estamos haciendo la mayoría de los pocos que estamos hablando de esto. Jesús no solamente habló del Reino, lo mostró. A esto lo dice claramente según lo relata Mateo 12:28 cuando expresa:  Si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el Reino de Dios. Así es, sin ninguna duda. ¿Hay sanidad milagrosa? Es apenas un anuncio de que el Reino ha llegado. ¿Hay perdón para todas las ofensas recibidas? Eso también es señal de la llega del Reino a la tierra. Es decir que, cada mesa compartida con pecadores, era una clara declaración política y espiritual.

Que claro en su totalidad. El Reino se nota con mucha evidencia donde cada excluido o marginado por las diversas formas de discriminación que muchos humanos practican, es abrazado con ese calor y esa fuerza que sólo una clase de amor como esta hace posible. Donde cada enfermo, sea de la patología o la dolencia que sea es restaurado, allí también está presente el Reino. Y, finalmente, concluye esta muestra visible de lo invisible con la imagen de cada oprimido que es liberado. Así es que, si el evangelio no toca la vida real y la transforma, no es Reino, apenas es discurso sobre el Reino.

Y no es lo mismo, lo lamento por aquellos que sienten que están en este último nivel. Pueden cambiar, pueden avanzar, pueden llegar, pueden entrar y, allí sí, van a poder ver con sus propios ojos espirituales primero, y naturales después, que el Reino no es una moda ni una sofisticación teológica, sino una jurisdicción real con un Rey más real, todavía. Tengo certeza de estar entrando en terreno sumamente delicado por todo lo que representa y magnifica, pero al mismo tiempo necesario sí o sí para los que buscan llevar a esa Verdad que se convierte en Camino que lleva a una auténtica Vida, no se si soy claro.

Cualquiera de ustedes, o una gran mayoría, o minoría, no lo sé porque no conozco todo el mundo cristiano, sabe más que bien que anda girando por los púlpitos un evangelio casi diluido que, traducido en palabras simples, sería algo así como decir “Cree en Jesús y, cuando te mueras, te vas a ir al cielo con Él”. Sería un irresponsable, por mejor intención que tenga, aquel que minimice esto y hasta llegue a tomarlo con sorna.

Porque hay una Vida Eterna tan real como el Rey al cual amamos y representamos, y es la dimensión espiritual a la que cada uno de los que hoy creen en Jesucristo, irán cuando sus cuerpos vuelvan al polvo de la tierra. Esa es una verdad y nadie puede discutirla, pero déjame decirte que es una verdad a medias. Porque no es ese el mensaje que Jesús dejó instrucciones que debía predicarse hasta lo último de la tierra, sino el del Reino. Hay vida eterna con Cristo en el final, pero fíjate que Jesús nunca predicó sólo eso.

En todo caso, Él vino a glorificar al Padre y lo hizo en cada ocasión que tuvo. Juan 17:3 refleja una de ellas cuando lo vemos decir con relación a sí mismo: Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Con eso queda más que claro que decir vida eterna no es solamente hablar de duración. Muy por el contrario, vida eterna es calidad de vida en comunión con Dios, pero aquí y ahora. Porque cuando el evangelio se convierte en un seguro post mortem, es cuando perdemos el impacto transformador del Reino en el presente.

Claro está que, a la hora de atrapar la atención de multitudes. Cosa que a Jesús jamás le interesó, los predicadores modernos han estado buscando merced a estudios de marketing los temas más captadores de oyentes. Así es como aparece el famoso asunto del llamado evangelio de la prosperidad. Nada más alejado al verdadero mensaje de Jesús. El siempre habló de provisión, es cierto, pero nunca prometió lujo sin cruz. Y lo deja bien claro en Mateo 6:24 cuando dice: Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. 

Aquí es cuando alguien, dispuesto a defender ese curioso evangelio sustituto sale y te dice que sí, que está de acuerdo en no servir a las riquezas, pero que, si Dios quiere prosperarlo, él no se puede negar ni desea hacerlo. Dicho así, es absolutamente verdad, pero hay una muy delgada línea entre lo que Dios decida hacer y lo que nosotros lo presionamos para que haga. Porque el Reino de los Cielos no gira alrededor de “Dios tiene servirme a mí”, sino en “Yo sirvo al Rey” y Él cubre mis necesidades, que no tiene nada que ver con enriquecimientos ostentosos.

Jesús alimentó multitudes y eso sirvió como un enorme testimonio de su poder, pero Él no vino a eso y ni siquiera fue a predicar o en eso. Fue una situación que se dio por una serie de circunstancias que tn tu Biblia están relatadas. Por eso es que lo leemos decir en Lucas 12:15 cuando expresa una respuesta a alguien que le consulta sobre una herencia: Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Con esto queda más que claro que el Reino trae contentamiento en todo caso, pero no idolatría del éxito como nos quieren vender.

Otro reemplazo del evangelio real que me ha tocado escuchar, es el evangelio del miedo. Frases como “Si no haces tal o cual cosa, Dios te castiga”, o la otra más evangélica que contrarresta a esta católica: Si le fallas, Dios se te va y te deja librado a tu suerte”. No soy quien ni tengo autoridad especial para decir que esto no es o sí es así. Lo único que sé es lo que el propio Jesús dijo y podemos leer en Lucas 12:32 cuando Él expresa: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

Esto me dice a mí y también a ti que el Reino no se impone por miedo, sino que se recibe como regalo. O sea que la obediencia del Reino nace a partir del amor, de ninguna manera del terror. Además, si sabemos que Satanás es el príncipe del miedo y de la muerte, si predicamos un evangelio basado en el temor esperando que la gente se asuste y se convierta, ¿Me quieres decir del brazo de quien va a ingresar a esa supuesta salvación anunciada? Acertaste. Imposible.

La pregunta que no pocos se formulan, es: Dentro del ambiente y jurisdicción del Reino, ¿Sigue vigente y activa la Gracia de Dios? Por supuesto que si, pero con un elemento importante a tener en cuenta: el Reino es Gracia, pero de ninguna manera gracia barata. Es justamente con relación a esto y a cierta confusión existente en la época, pero que en algunos sitios todavía está presente, que Jesús dice lo que rescata Lucas 9:23: Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. 

O sea que el evangelio del Reino no es nada cómodo en absoluto. Es profundamente liberador, de eso no existen dudas, pero altísimamente confrontativo para con el ego humano. Si esto no es transformado, aunque se hable de gracia, indudablemente no estamos hablando de la Gracia de Jesús. Durante años hemos sido testigos de gente que anda por las iglesias relatando sus testimonios de conversión, matizados con detalles emotivos que sirven para que muchos se ablanden y sigan esos pasos.

Pero si un leve examen a la vida diaria de esa persona nos muestra que sigue exactamente igual que antes de convertirse, entonces todo lo que dice es falso, como también su testimonio y, por ende, lo que haga cada uno que lo oyó. Entonces, a la luz de todas estas cosas, es donde indefectiblemente debemos baja a tierra. Porque vivir el Reino, que no es lo mismo que hacer bonitos discursos sobre Él, implica varias cosas que no siempre cumplimentamos.

Una de ellas, perdonar cuando humanamente no conviene. Porque una cosa es perdonarle una ofensa a tu jefe bajo promesa suya de aumentarte el salario y otra muy distinta hacerlo sabiendo que igualmente firmará tu despido. Jesús dijo y Mateo 5:44 lo reproduce: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

Cierto total. Porque una cosa es amar a nuestros amigos, esos con los que compartimos hermosos momentos y, otra muy diferente, procurar amar a esos que indudablemente son nuestros enemigos que no vacilarían en eliminarnos como sea. Creo que es en función de todo esto que Jesús dice lo que dice conforme a lo que expresa Mateo 6:3: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Ese “todas estas cosas” incluye cada una de las cuestiones que viene relatando antes, pero también incorpora a esta forma de amor tan singular.

Hay un error que cometemos como producto de nuestra formación demasiado religiosa y templista por encima de bíblica. Ser alguien de Reino implica vivir con integridad cada día, y muy especialmente cuando nadie te está mirando. No te olvides que cada decisión diaria que debas tomar, es un pequeño acto de Reino. Por eso mi amado amigo, amiga, hermano o hermana en Cristo, es mi obligación recordarte que no necesitas ningún púlpito para predicar el Reino, sólo necesitas un corazón rendido. ¿Lo tienes?

Ha sido dicho hasta el cansancio con todo lo que comparó Jesús al Reino. Con una semilla de mostaza, la más pequeña que puede producir un enorme árbol. Con un poco de fermento o levadura, que colocada en mínima cantidad en una masa puede, de un momento a otro leudarla de tal modo que nadie pueda entenderlo desde lo natural. Todo el capítulo 13 del evangelio de Mateo está lleno de la expresión “El Reino de Dios es como…”

Lo que te está dejando observar es que el Reino nunca comienza de modo espectacular como algunos pretenden mostrarlo según sus imaginaciones humanas personales, sino que siempre comienza fiel. Si hoy tú permites que Dios reinen tu casa, esencialmente en tu carácter y en las que san tus permanentes palabras, indefectiblemente el Reino estará avanzando en tu vida. Que sea la dimensión que gobierne tu existencia y te avale con autoridad delegada a que gobiernes tu territorio, es un solo paso.

Es necesario, sino imperativo, retornar a un Jesús real, alejado de toda supuesta doctrina oportunista que se muestre tal como es y no como lo necesita la religión organizada para sus propios intereses y fines. El evangelio del Reino no es una moda nueva. Es el mensaje original. Volver al Reino es volver a Jesús.
No al Jesús domesticado, sino al Jesús que anuncia, confronta, ama y transforma. Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Esto, que leemos en Mateo 6:10, es la base central del modelo de oración que nos dejó. Que no solo lo oremos. Que lo vivamos. Porque cuando Dios reina,todo empieza a encontrar su lugar.

El Reino de Dios no es una religión más, es el gobierno vivo de Dios actuando en la historia y en el corazón humano. La religión cristiana es la forma histórica, cultural y comunitaria en que muchas personas han respondido a ese Reino. El Reino es la realidad; la religión es el vehículo. El Reino es el reinado de Dios; la religión son las estructuras que lo anuncian y lo celebran. Jesús no predicó una institución, predicó el Reino. No dijo “vengan a fundar una religión”, sino “síganme”

. El Reino es dinámico, como semilla que crece en silencio. La religión puede volverse estática si pierde el Espíritu que la anima. El Reino es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. La religión puede quedarse en normas externas si olvida el corazón. El Reino transforma personas desde dentro. La religión organiza comunidades desde fuera. El Reino rompe barreras y acerca al excluido. La religión, mal vivida, puede levantar muros.

El Reino es la voluntad del Padre hecha realidad en la tierra. La religión es el camino pedagógico que enseña a buscar esa voluntad. El Reino comienza pequeño, como levadura en la masa. La religión ofrece ritos que recuerdan esa presencia escondida. El Reino es obedecer a Dios antes que a los hombres. La religión es útil cuando conduce a esa obediencia concreta. El Reino no se reduce a templos, aunque puede habitar en ellos.

La religión se expresa en templos, liturgias y doctrinas. El Reino se reconoce por sus frutos: amor, perdón, servicio. La religión se valida cuando produce esos frutos. El Reino no se impone por fuerza, se acoge por fe. La religión pierde su sentido si no lleva a esa fe viva. El Reino es relación con un Padre. La religión es la escuela donde aprendemos a vivir como hijos. Si quieres vivir el Reino hoy, empieza por amar al prójimo concreto que tienes delante. Y deja que tu práctica religiosa sea puente hacia esa vida nueva, no sustituto de ella.

Hermana, hermano en Cristo, no estás traicionando tu historia por escuchar un llamado más profundo, estás honrando tu conciencia. El Reino de Dios no es una institución que compite, es una realidad viva que transforma el corazón. El miedo suele aparecer cuando damos pasos hacia la libertad interior. La culpa muchas veces nace de lealtades aprendidas, no necesariamente de convicciones actuales. Dios no se ofende porque busques la verdad con sinceridad.

Nada de lo que viviste fue en vano; todo fue parte de tu proceso. Yo comencé como tímido, ignorante pero sincero Católico Romano. Luego entendí la Biblia y pasé a ser un obediente, sincero, pero también ignorante evangélico. Hoy soy un hijo de Dios y ciudadano de Su Reino procurando hacer que entiendas que esto no es nueva doctrina, sino una verdad que estaba escondida. Cambiar no significa despreciar el pasado, sino crecer más allá de él. La fe auténtica no se impone por temor, se elige por amor y convicción. Si el Reino te atrae, es porque ya está obrando en ti. Confía en que Dios guía con paciencia a quien lo busca con un corazón honesto.

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noviembre 6, 2026 Néstor Martínez