La gran pregunta que tengo para este día, es: ¿Cómo hago para acceder a un Dios que, durante toda mi vida, me enseñaron que era inaccesible? Porque durante años, tal vez décadas, nos dijeron que Dios era distante, que teníamos que ganarnos su favor, que debíamos merecer sus bendiciones con buenas obras, oraciones largas o ayunos perfectos. Que, si pecábamos, perdíamos el acceso. Que debíamos acercarnos con cuidado, casi con miedo y temblor, y nunca con demasiada confianza
Y ahora, de repente, alguien te dice que Dios te diseñó como hijo heredero con derechos legales completos. Que puedes acercarte al trono de la Gracia con confianza absoluta. Que el acceso no depende de tu desempeño, sino de tu identidad. ¿Cómo procesas eso? ¿Cómo cambias una mentalidad construida durante generaciones? La mayoría de creyentes, incluyendo a líderes y pastores, viven toda su vida cristiana con mentalidad de esclavos temerosos, en lugar de mentalidad de hijos herederos.
Y esa diferencia de identidad, no es cosmética, define literalmente tu nivel de acceso a los recursos del Padre. Dios nunca creó esclavos, creó hijos. La esclavitud fue un invento humano después de la caída. Pero la religión sostiene esa mentalidad de esclavo llamándola humildad, reverencia. Lo que hoy haremos aquí es buscar y establecer una comparación entre la mentalidad de siervo y la mentalidad de hijo. Eso te permitirá descubrir, ahora mismo, en qué lugar de esos estás parado tú.
Sé que esto puede sonar radical e, incluso, hasta irreverente. Durante toda tu vida te enseñaron que la humildad significaba verte como un pobre pecador indigno. Y que acercarte a Dios con confianza, sólo era presunción. Que pedir acceso total a sus recursos era avaricia espiritual. Esa enseñanza, reconozcamos, tiene absoluta lógica humana. Pero el problema es que no tiene fundamento bíblico, cuando entiendes el diseño original de Dios.
Aspiro que al concluir esto, tengas un panorama más que claro de como producir el cambio que modifique y solidifique toda tu vida cristiana. Por eso es que, antes de comenzar a darle forma a esto, debes saber algo esencial: Dios nunca diseñó siervos. Lee Génesis cuidadosamente y no encontrarás las palabras esclavo o siervos en el diseño original. Repetiré hasta el hartazgo Génesis 1:26: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree.
Señorear. Ese es un lenguaje de autoridad, de dominio, de gobierno. Ese es lenguaje de hijos herederos con derechos de familia, no de sirvientes contratados con acceso condicional. Cuando un rey tiene un hijo, ese hijo no es empleado del palacio, es heredero del reino. Tiene acceso total a los recursos del reino y no porque trabaje bien, sino porque nació en la familia correcta. Fíjate en esto: Adán nunca fue creado para servir a Dios en el sentido de esclavo amo.
Fue creado para gobernar la tierra como representante de Dios. Esa es la diferencia. Un esclavo ejecuta órdenes por obligación, pero un hijo representa al padre por identidad y amor. Entonces, pregunto, ¿De dónde salió la mentalidad de esclavo? De la caída. Génesis 3 registra como el pecado introdujo miedo, vergüenza y distancia. Así es que, cuando Adán pecó, adoptó inmediatamente mentalidad de esclavo. ¿Recuerdas que fue lo primero que hizo? Se escondió.
Tuvo miedo, se sintió indigno. Esa es, exactamente, la mentalidad de esclavo. Miedo al amo, esconderse cuando fallas. Sentirte indigno de estar en la presencia del que tiene el poder. Pero mira lo que Dios hizo. Inmediatamente comenzó el proceso de restauración de mentalidad de hijo. No eliminó a Adán, no lo convirtió en esclavo permanente. Prometió un redentor que restauraría la relación padre-hijo. Avancemos miles de años. Éxodo 19.
Dios saca a Israel de Egipto, donde literalmente eran esclavos, y mira el lenguaje que usa en Éxodo 4:22: Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito. ¿Estás entendiendo esto? Dios no dijo: “Israel es mi siervo fiel”, dijo: Es mi hijo. Sin embargo, aquí comienza otra tragedia, porque Israel salió físicamente de Egipto, pero nunca pudo salir de la mentalidad de esclavo que allá era. Recuerda: ¿Qué hicieron constantemente durante esos cuarenta años en el desierto? Quejarse, dudar, querer regresar a Egipto donde, al menos, tenían cierta seguridad como esclavos.
La mentalidad de esclavo prefiere la seguridad predecible bajo opresión, que libertad riesgosa con responsabilidad. Puedes sacar al esclavo de Egipto en un día, pero sacar la mentalidad de Egipto del esclavo, toma generaciones. Y la mayoría de creyentes nunca completa esa transición. Vamos ahora al Nuevo Testamento. Juan 8:35-36: Jesús está enseñando y dice algo devastador: Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
¿Estás viendo la distinción? Esclavo, acceso temporal, condicional, basado en desempeño. Hijo, permanencia eterna, acceso incondicional basado en identidad. Y luego viene Gálatas 4:7, donde Pablo resume todo: Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. Entiende, por favor, la obra de Cristo no fue convertirte en mejor esclavo de Dios, fue restaurarte la identidad de hijo con todos los derechos de herencia.
La pregunta, entonces, ahora, es: ¿Con cuál identidad has vivido? Cuando oras, ¿Te acercas como un esclavo pidiendo permiso, o como un hijo que sabe que tiene acceso al Padre? Cuando fallas, ¿Te escondes con miedo o corres hacia el Padre sabiendo que eres hijo amado? Tus respuestas a esas preguntas delinean el nivel de acceso a todas las cosas que Dios tiene para ti. No es que Dios cambie según tu mentalidad. Es que tu mentalidad determina cuanto de lo que Dios te dio realmente recibes y usas.
Imagina esto: dos personas tienen una cuenta bancaria cada una con un millón de dólares, cada uno del mismo padre. Una tiene mentalidad de empleado y dice: “sólo puedo usar lo que mi jefe me autorice”. Otro tiene mentalidad de hijo: tomo lo que necesito, es mi herencia. Tengo derechos legales completos. ¿Quién accede más? No porque el dinero sea diferente, sino porque la mentalidad es diferente. Eso es lo que diferencia al Reino. Porque, veamos: ¿Qué motiva a un siervo y que motiva a un hijo?
El siervo sirve, porque tiene que servir. Su seguridad depende de su desempeño. Si falla, pierde el trabajo. Si no cumple las expectativas, es despedido. Entonces vive en ansiedad constante. ¿Hice suficiente? ¿Cumplí el standard? ¿Estoy seguro? Sucede hoy mismo. Cristianos que sirven a Dios, pero sin gozo. Porque están operando como empleados, tratando de mantener el trabajo y no como hijos, disfrutando la relación.
Fíjate en Lucas 15, la parábola del hijo pródigo. Cuando el hijo mayor confronta al padre, dice algo revelador en el versículo 29: Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. ¿Captaste el lenguaje? Te he servido, sin desobedecer. Nuca me diste. Esa es mentalidad de empleado. Y el padre responde con algo devastador en el verso 31: Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
El hijo mayor tenía acceso total durante años, pero nunca lo usó porque pensaba como empleado, esperando que le dieran en lugar de utilizarlo como hijo que ya tenía. O sea que la mentalidad de siervo, te hace pedir permiso para usar lo que ya te pertenece por derecho de herencia. El hijo sirve porque quiere servir, no porque tema el castigo si no lo hace. Lo hace porque ama al Padre y se deleita al representarlo. Su seguridad no depende del desempeño.
Su seguridad depende de identidad permanente. Juan 15:15 es clave, aquí. Jesús les dice a sus discípulos: Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. ¿Estás viendo la diferencia? El siervo hace lo que se le ordena, sin entender por qué. El hijo o el amigo, entiende al padre y participa en la visión.
Dios no busca empleados que ejecuten órdenes ciegamente, busca hijos que comprendan su corazón y cogobiernen con Él inteligentemente. El punto es nuestra relación con Él. Si hago tal cosa, Dios me dará tal cosa. Si oro suficiente, Dios responderá. Si ayuno correctamente, Dios me bendecirá. Pero aquí todo sería intercambio y condicional. Pregunto: ¿Has vivido así? Responde con honestidad. ¿Cuántas veces has procurado negociar con Dios?
Decirle algo así, por ejemplo: “Dios, si me das ese trabajo que estoy buscando, te prometo que diezmaré” O la otra más grave, todavía: “Dios, si sanas a mi familiar, te prometo que me consagraré totalmente” Esto, aunque le duela a quien le duela, es nada más que mentalidad de esclavo disfrazada de fe. Porque en el fondo, hay miedo. Es como pensar que, si no cumplo mi parte, Dios no va a cumplir la suya. Sólo un problema: el hijo no negocia con su padre, confía en él.
Y no porque sea perfecto, sino porque la relación es permanente. Romanos 8:15, dice: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Abba, tu ya lo sabes, era un término íntimo, como decir papá o sencillamente papi o papito. Ahora imagínate a un hijo teniendo que ganarse el derecho de llamar “papi” a su padre. ¡Por favor!
¡Ridículo! ¿Verdad? Sin embargo, mucho me temo que, como cristianos, estamos haciendo eso todo el tiempo. Otra pregunta y más atrevida que la anterior, porque va a confrontarte. Cuando oras y dices Padre nuestro, ¿Realmente estás creyendo que eres hijo? ¿O sólo estás recitando palabras para que Dios no note que te sientes como empleado? A ver: cuando fallas moralmente, ¿Qué haces? El siervo se esconde, evita a Dios y trata de arreglar las cosas, primero, antes de orar. Siente que temporalmente ha perdido el acceso.
El hijo, en cambio, corre hacia el padre, inmediatamente y confiesa todo con honestidad, recibe perdón basado en la relación permanente y es restaurado rápidamente. Juan 1:9 fue escrito para hijos, no para esclavos. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. ¿Estás viendo? No dice que hará esto si trabajas suficiente como para compensar. Dice que, si confiesas, que es lenguaje de relación abierta, no de transacción comercial.
De hecho, el hijo tiene una enorme ventaja sobre el siervo. Tiene acceso directo al padre en cualquier condición. El siervo, mientras, cree que primero tiene que estar presentable para acceder. Pero el hijo sabe que la gracia siempre lo hace presentable. Por eso, la pregunta que puedes hacerte ahora, es: ¿Cómo te acercas a Dios cuando sabes que has fallado? Aquí es donde la comparación se vuelve directamente devastadora.
Porque este es el punto en donde la mayoría de cristianos vive con mentalidad de esclavos sin darse cuenta. El siervo sólo tiene acceso a lo que el amo le asigna para cumplir su función. Nada más que eso. Un mayordomo, por ejemplo, puede administrar una casa entera, pero eso no lo hará dueño de nada. Todo es préstamo temporal basado en desempeño. Esta suele ser la razón por la cual muchos cristianos viven en escasez perpetua a pesar de servir a Dios fielmente.
Tienen mentalidad de empleados. Sólo pueden usar lo que Dios les autorice específicamente para la tarea que la asignó. Entonces oran así: “Dios…si es tu voluntad, ¿Podrías darme…? Con tono de limosna. Fíjate en la parábola de los talentos, en Mateo 25. El siervo que escondió el talento en el verso 25 Tuve miedo y fui y escondí tu talento en la tierra. Mentalidad de esclavo, miedo a usar los recursos porque no son míos, son del amo y, si los uso mal, me castigará.
Pero el hijo tiene derechos legales a todo lo que pertenece al padre. No porque lo ganó, sino porque nació en la familia. En Lucs 15:31, el padre dice al hijo mayor: Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. No algunas cosas. No lo que necesites para trabajar. Todo. Acceso total, permanente, incondicional. O sea que, como hijo de Dios, tienes derechos legales a todos los recursos del Reino. No porque los merezcas o hayas trabajado por ellos, sino porque Jesús te hizo coheredero.
Romanos 8:17 confirma cuando dice: Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Coherederos con Cristo, piensa en eso. Cristo tiene acceso total al Padre. Tú eres coheredero. ¿Qué significa eso? Que tienes el mismo acceso que Él. No casi igual o parecido, ¡El mismo! Igual. El siervo vive preocupado por la voluntad cambiante del amo. Hoy hay trabajo, mañana tal vez no.
Hoy hay pago y dinero, mañana quien lo sabe. Entonces vive ansioso, acumulando, teniendo. ¿Cuántos cristianos conoces, que sirven a Dios fielmente, pero que viven en ansiedad financiera permanente? Oran, diezman, ayunan, pero siempre falta. Mentalidad de esclavo. Están pidiendo a Dios que les de para usar lo que ya les dio como herederos. ¿Imaginas a un hijo de millonarios viviendo como mendigo, porque no sabe que tiene una tremenda cuenta bancaria a su nombre?
Parece ridículo, ¿Verdad? Pero así viven millones de cristianos. El hijo descansa en la provisión del padre. No porque es flojo, sino porque conoce el carácter y los recursos de su padre. Filipenses 4:19 dice: Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. ¿Estás viendo el lenguaje? Todo lo que les falte, dice. No algunas cosas si eres bueno; todo. Y conforme a sus riquezas, no a tu desempeño. La provisión del Reino no está limitada por tu capacidad de ganarla, está limitada sólo a tu capacidad de recibirla con mentalidad de hijo.
La pobreza crónica en cristianos fieles indica, generalmente, mentalidad de esclavo, no problemas de provisión de parte de Dios. No está diciendo que todo hijo de Dios será millonario, está diciendo que todo hijo que conoce sus derechos de herencia, no vive en escasez perpetua mies sirve al Dios del universo. ¿Cómo le pides las cosas a Dios? ¿Se las pides como empleado pidiendo aumento? “Dios, si te parece bien y no es mucha molestia, ¿Podrías? “¿Así le pides?
¿O pides como hijo que conoce los recursos del padre? “Padre, tu palabra promete que proveerás conforme a tus riquezas. Necesito tanto y tanto para cumplir con el propósito que me diste”. Nunca confundas humildad con mentalidad de pobreza, no tienen nada que ver la una con lo otro. La verdadera humildad viene de reconocer que todo viene del Padre. La mentalidad de pobreza es rechazar lo que el Padre te dio por no merecerlo.
Ahora vamos a vivencias en donde la diferencia siervo e hijo se vuelve estrictamente personal. Porque aquí es donde muchos descubren realmente en qué mentalidad viven. El siervo sabe que su posición depende de que tan bien hace su trabajo. Si produce, está seguro. Si falla, está en peligro. Entonces, su identidad completa está atada a su desempeño. Esta, aunque no puedas creerlo, es una de las prisiones más crueles que existen en la iglesia.
Cristianos que sirven exhaustivamente, no por amor sino por necesidad de probar su valor. Si dejan de servir, sienten que pierden su identidad y su posición con Dios. ¿Alguna vez has sentido que si no estás haciendo algo para Dios, Él pierde interés en ti? Esa es mentalidad de esclavo. Porque el esclavo cree que si es útil, por lo tanto, tiene que ser valioso. El problema es que, cuando ya no es útil, ¿Qué pasa con su valor?
El hijo, en cambio, sabe que su posición en la familia no depende de su desempeño. Puede ser exitoso o fracasar, pero sigue siendo hijo. La identidad es permanente. Efesios 1:5 dice: en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, ¿Ves? La adopción fue decisión soberana de Dios conforme al beneplácito de su voluntad, no conforme a tu desempeño.
Tu valor no está en lo que haces para Dios, está en lo que Dios hizo para tenerte como hijo. Eso nunca cambia. El siervo siempre está consciente de la distancia entre él y el amo. Hay jerarquía estricta. El siervo no entra en la oficina del jefe sin cita previa, no interrumpe, no pide favores personales. ¿Cuántas veces has sentido que molestar a Dios con tus problemas personales es inapropiado? ¿Cuántas veces has orado sólo cuando tienes algo verdaderamente importante? Mentalidad de esclavo.
Hebreos 4:16 es revolucionario cuando dice: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Con confianza, no con temor. No con duda, con confianza. Porque es trono de gracia, no trono de juicio. Y porque somos hijos, no empleados. Un hijo de cinco años puede interrumpir la reunión más importante del padre y el padre no se enojará. Porque es su hijo. O sea: tú puedes interrumpir a Dios en cualquier momento porque eres un hijo.
Él diseñó el acceso así. Pero cuando el siervo falla, debe ser despedido. Entonces se esconde, trata de evitar al amo, procura arreglar las cosas antes de reportar el problema. ¿Recuerdas Génesis 3? Adán falló y se escondió. Esa es la mentalidad de esclavo. Si fallo, ya no tengo aceptación en la consideración del amo. ¿Cuántos cristianos viven así? Pecan y desaparecen de la iglesia por meses. Dejan de orar, dejan de leer la Biblia. Porque sienten que han perdido el acceso, temporalmente, hasta que todo se arregle.
Justo cuando más necesitas al Padre, es cuando la mentalidad de esclavo te dice que no puedes acercarte. Cuando el hijo falla, en cambio, corre de inmediato al padre. No se esconde, sabe que la relación es permanente, así que puede ser honesto. La parábola del hijo pródigo es perfecta aquí. Lucas 15:18, el hijo dice: Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. ¿Entiendes? No trató de arreglarse primero, no esperó a estar presentable. Fue directamente al padre en su condición terrible.
Y en el versículo 20 cuando todavía estaba lejos, Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. El padre corrió hacia el hijo, no esperó que el hijo se limpiara. No le dio un sermón, primero, lo restauró inmediatamente basado en la relación, no en el desempeño. Dios está corriendo hacia ti ahora mismo, no esperando que te arregles. Corriendo hacia ti en tu desastre.
Porque eres hijo, no empleado. 1 Juan 1:2 confirma: Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Si alguno peca, Dios sabe que pecarás. Y ya tiene plan de restauración. Porque hay hijos que pecan, pero no dejan de ser hijos. Pregúntate honestamente qué haces cuando fallas. ¿Te escondes o corres hacia el Padre? El siervo no tiene propósito propio, su función es ejecutar lo que el amo ordena.
Puede hacerlo de manera excelente, pero al final del día habrán sido sólo ejecución de órdenes ajenas. Hay muchos cristianos que se pasan toda su vida sirviendo a Dios, pero nunca llegan a descubrir su propósito único. Porque confunden actividad religiosa con propósito del Reino. El siervo pregunta: ¿Qué quiere el amo que haga? El hijo pregunta: ¿Para qué me diseñó el Padre? Diferencia radical. El hijo fue creado con propósito específico que refleja el corazón del padre.
No es ejecutor de órdenes genéricas, es portador de diseños únicos. Efesios 2:10: Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Creados para buenas obras. Plural. Específicas, preparadas de antemano antes que nacieras. Dios no te hizo hijo para que seas copia de otro. Te hizo hijo con diseño original único que nadie más puede cumplir. Esa es tu herencia, ahora legado.
Cuando el siervo termina su trabajo o muere, es reemplazado, no deja legado porque nunca tuvo propiedad, sólo ejecutó función. Muchos cristianos llegan al final de la vida y se dan cuenta que trabajaron incansablemente, pero no cumplieron propósito. Actividad no es lo mismo que propósito. El hijo hereda del padre, multiplica con su diseño único y pasa algo mayor a la siguiente generación. Proverbios 13:22: El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos; Pero la riqueza del pecador está guardada para el justo.
El hombre bueno, deja herencia a los hijos de sus hijos. Como hijo de Dios, no sólo recibes herencia, sino que tienes la responsabilidad de multiplicarla y dejarla. Eso es mentalidad de Reino. Ahora viene la pregunta crucial: ¿Cómo harás la transición de la mentalidad de esclavo a la mentalidad de hijo? No es algo instantáneo, es algo que lleva un proceso de renovación completo. Sin embargo, tiene algunos pasos que conviene dar.
El primero, reconocer donde estás ahora. Revisa esta comparación completa. ¿En qué columna vives? No es vivir en cualquiera. ¿En cual realmente vives? Si tu motivación primaria es miedo, si tu relación con Dios es transaccional, si tu acceso es condicional, si te escondes cuando fallas, estás en mentalidad de esclavo. No te condenes, sólo sé honesto.
Segundo Paso: estudia las escrituras sobre adopción e identidad. Romanos 8:15-17: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Gálatas 4:4-7: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
Efesios 1: 3-6 = Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,
Juan 1:12 = Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 1 Juan 3: 1 = Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Lee estos pasajes hasta que tu espíritu se sature con la verdad de tu identidad. La renovación mental viene por la palabra, no por emoción.
Tercer paso: practica acercarte a Dios como hijo, no como empleado. Empieza a orar diferente. En lugar de “Dios, si es tu voluntad”, puedes orar diciendo “Padre, tu palabra promete que como hijo tengo acceso”. Cambia tu lenguaje, porque cambia tu mentalidad. Cuarto paso: cuando falles, corre al Padre inmediatamente. No te escondas, no esperes arreglarte. Practica confesión inmediata y recepción inmediata de perdón.
Cada vez que corres al Padre en lugar de esconderte, refuerzas tu identidad de hijo. Quinto paso: pide al Espíritu Santo que te revele tu propósito único. No te conformes con actividad religiosa genérica. Busca el diseño específico que Dios te dio como hijo. Cuando descubres tu propósito, tu mentalidad de hijo se activa automáticamente. Porque el propósito requiere acceso total a los recursos del Padre. La transición de esclavo a hijo, no cambia a Dios, cambia tu experiencia con relación a Él.
Dios siempre fue Padre, lo que sucede es que tú no vivías como hijo. ¿Estás listo o lista para hacer esa transición? Lo que hemos hecho es una comparación bíblica que posibilita conocer tu verdadera identidad cristiana. Así que ahora sabes exactamente donde estás. Si reconoces que has vivido con mentalidad de esclavo, no te condenes, sólo sé honesto. Porque ese reconocimiento es el primer paso hacia la libertad.
Cuando ores, a partir de ahora, usa lenguaje de hijo. Padre, Abba, papá. Pide con confianza basada en tu relación y no en tu desempeñó. Y cuando falles, porque fallarás, no te escondas, ve al Padre. Dios nunca quiso siervos temerosos, siempre quiso hijos confiados, que conocieran sus derechos de herencia y los usaran para expandir el Reino.