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03 – Requisitos del Reino

2 Pedro 1: 2 = Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. (3) Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, (4) por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

Verso 10 = por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. (11) Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

El requisito del día presente es: mayor gracia. Dice el verso 2 que la gracia y la paz nos sean multiplicadas en el conocimiento del Hijo de Dios. Dice la Palabra de Dios que donde abunda el pecado, es necesario que la gracia abunde aún más. Donde abunda el pecado, la inmoralidad, la perversión y la iniquidad, quiero hacerles saber, que necesitamos más gracia de Dios. Para poder ser participantes de su naturaleza divina y poder escapar de la corrupción que nos rodea.

Entonces vemos que este no es el tiempo de escapar, de correr o de huir de los demonios. Es el tiempo de demostrar el poder en la gracia de Dios. Es tiempo de confrontación. Este no es el tiempo para un ministerio de mantenimiento; es tiempo de declaración, de consumirse de hambre por la verdadera Palabra de Dios. Sólo un hombre puede libertar a otro hombre. No podemos hacerlo tomando como elemento, por ejemplo, el maná antiguo. Porque esas son técnicas que dieron resultado, digamos que un excelente resultado, en la antigüedad. Hoy es otro tiempo.

Tampoco podemos hacerlo adoptando el sistema mundano. Tenemos que estar establecidos en la verdad presente. El hombre no vive sólo de pan. En original dice que vivimos de cada palabra que está procediendo de la boca de Dios. Hemos sido instruidos para orar: danos el pan de hoy. En la siguiente escritura, hay tres requisitos indispensables.

Daniel 2: 20-22 = Y Daniel habló y dijo: sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. Él revela lo profundo y lo escondido; conoce lo que está en tinieblas, y con él mora la luz.

Entiende bien: dice el verso veintiuno que Él muda los tiempos y las edades. Si Él es quien muda los tiempos y las edades, es necesario que entendamos bien lo expresado: de todo ello derivan la sabiduría, el conocimiento y el entendimiento.

Daniel 7: 9 / / 13-14 = Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.

(13) Miraba yo la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. (14) Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.

Esto es lo que acontece, vamos a observarlo, más o menos dos mil años atrás. Esto es lo que la teología nos enseña que va a acontecer en el futuro. Pero quiero que veas bien el verso 18, porque cuando Jesús asciende, nosotros fuimos vivificados con Él y se nos hizo sentar en lugares celestiales con Él. Dice la Palabra que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo son uno. Significa que usted no los puede separar. Y si somos uno con Jesús, no podemos ser separados del lugar donde Él se encuentra. Entonces Cristo no puede venir por la iglesia, sino que viene CON la iglesia.

Verso 18 = Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre.

Estamos recibiendo una autoridad presente, un reino. Vimos en 2 Pedro capítulo 2 que, si nosotros tenemos entonces firme nuestra elección, y segura nuestra profesión, se nos abre una puerta de abundante entrada al reino presente de Dios. El reino de Dios tiene que ser establecido en vosotros, antes de desear que el rey regrese por su reino. Entonces: ¿Dónde es que está el reino de Dios ahora? Mirad: el reino de Dios está entre vosotros. Mira lo que el cuerpo de Cristo está por hacer. Mira el verso 21.

Versos 21-22 = Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía, hasta que vino el anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino.

Ahora mira el verso 25, está hablando del Anticristo; está hablando de la bestia. Vamos a enseñarles qué va a acontecerle a la bestia. Hay muchos que están tratando de enseñar temor y miedo a la iglesia. Vamos a ver el fin de la bestia.

Versos 25-27 = Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo. Pero se sentara el juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.

Ahora mismo, en el tiempo presente, a través del sistema comunicativo, la iglesia se está cansando, tal y como dice el verso 25, es Satanás a través del espíritu del anticristo, está agotando la fe del creyente, está agotando con falsas doctrinas, incrustando temor en la iglesia. No es tiempo de evacuar la tierra, es tiempo de progreso en la tierra. Estamos recibiendo, por medio de esta violencia, el Reino; y poseyéndolo con gozo. No hay cosa mayor que probar y experimentar verdadera victoria. Vimos en Santiago 1:12 que bendecido es aquel hombre que vence toda tentación, porque cuando es tentado y probado, cuando ha traspasado ese lugar, tiene una corona de justicia

Entonces, actualmente, estamos recibiendo y poseyendo un reino espiritual. Entonces vemos que hay confrontación, persecución, nos conviene a todos buscar primeramente del Reino de Dios y su justicia y dejar TODO lo demás en orden siguiente. También tenemos que saber los tiempos en los que vivimos, las edades, las estaciones. ¿Por qué estás orando? Santificado sea tu nombre. Exaltado sea tu nombre. Adoración. Tu reino y tu dominio venga, desde el cielo hasta la tierra.

En otras palabras: “Dios, háblanos, díctanos tus planes y propósitos.” Esa es la prioridad de toda oración. No es nuestra necesidad, tenemos que entender los tiempos y las estaciones de Dios. “Venga tu Reino”, significa activar y extraer el poder espiritual residente en el ámbito divino y sufrir violencia extendiendo la fe para alcanzarlo y ponerlo por obra en la tierra.

La segunda llave, es la siguiente: Dice: “Hágase su voluntad”. No es una opción, es un mandamiento; tu voluntad sea hecha. El significado literal, es: Sea Generada. ES como decir que sea generado o forzado a través de una generación. Dios dio a Israel una oportunidad, pero la generación de Moisés murió en el desierto. Y vino otra generación luego, la de Josué. Cruzaron el Jordán, entraron en la tierra prometida. Confrontaron contra Jericó sin temerle a los gigantes, porque el arca de Dios andaba con ellos.

El problema más grave que tenemos en la iglesia, dentro de la inmensa y muy variada gamas de problemas eclesiásticos, es que los movimientos previos se convierten en enemigos del movimiento presente. ¿Cómo podemos fluir en un Reino con propósito y con estrategias en tiempos y estaciones, que no está de acuerdo con recibir o con poseer? Si todavía estás como una garrapata incrustada en el último movimiento, buscando bendiciones en lugar de ser tú mismo, bendición.

Las dimensiones para implantar el reino, son tres: 1) Salir de Egipto. 2) Atravesar el Desierto. 3) Entrar en la Tierra Prometida. En la tierra prometida, mi hermano, se acabó la luna de miel. Tenemos que trabajar para obtener el fruto de la tierra. Si el poder de Dios ha venido sobre ti, ya tienes al reino de Dios sobre ti y, por lo consiguiente, todo lo necesario para ejecutar su voluntad. En la Tierra Prometida fluyen leche y miel, dice la Palabra. Pero tú sabes muy bien que si no arriesgas que te ataquen las abejas yendo a sus panales o que te dé una patada la vaca ordeñándola, no consigues ni miel ni leche.

Reino, ven acá. Reino, ven a mí; tienes que aceptarlo; tienes que recibirlo; tienes que entrar en él, y esforzarte y forzarlo como un embajador. El Reino de Dios sufre violencia. Pero aquel que sufre violencia y permanece, tiene victoria.

Lucas 11: 14-15 = Estaba Jesús echando fuera un demonio, que era mudo; y aconteció que salido el demonio, el mudo habló; y la gente se maravilló. Pero algunos de ellos decían: Por Belcebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.

Esto es confrontación, violencia. Dice más adelante, en el verso 23, la clásica frase de que quien con Él no recoge, en realidad está desparramando. Esto no ha sido tomado muy en serio, pero lo cierto es que si no estás con Cristo estás contra Cristo. Anticristo. Una mentalidad. Si preguntamos por qué o para qué murió Cristo, quedaríamos asombrados de la cantidad de respuestas que tendríamos. El Espíritu Santo no es un tema de controversia. Pero si vamos al principio veremos que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza.

Vemos, entonces, como crea un vaso extrayendo de su origen desde el mismísimo polvo de la tierra, ¿Verdad? Y en el próximo segundo sopla o respira aliento de Dios dentro del vaso, ¿Me sigues? Bien; eso es lo que, dice, convierte al hombre en alma viviente. Adán. Adán, además de perder la autoridad, el derecho y el dominio sobre la tierra, ¿Qué es lo que más perdió? Perdió el Espíritu Santo. ¿Qué es lo que vino a traer Cristo consigo? ¿No lo sabes? Pregunto: ¿Cuál era la necesidad más grande que existía?

Redención. ¿Era realmente redención esa necesidad? ¿Era darte esa especie de credencial del seguro para que tú no te vayas al infierno y te puedas sentar en una nube por allí? Ni lo sueñes. Él murió para que tú fueses conectado nuevamente con Dios a través del Espíritu. Lee con atención la carta de Pablo a los Gálatas. Examina con cuidado lo que dice en el capítulo 13 y los versos 13 y 14. Allí dice que la razón por la cual Cristo murió y se convirtió en maldición por nosotros, es para que podamos recibir la promesa del Espíritu. Él ES Espíritu. Él ES Dios Todopoderoso.

La Biblia dice que este Espíritu Santo, es tan maravilloso, que tomó la segunda persona de la divinidad; el ilimitado; el Todopoderoso Dios; el Príncipe de Paz; el eterno Dios; el Creador y lo redujo a una simiente. Y lo colocó en el vientre de una mujer: María. Dice que fue engendrado por el Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios es Dios. ¿Quién es este Espíritu? Para eso murió. Hombre sin este Espíritu: Óyeme: El hombre fue creado para tener dominio y autoridad. Que haya muerto espiritualmente no significa que haya perdido la pasión por tener autoridad y dominio. El problema es que ahora tenemos al hombre sin el control del Espíritu en su vida; el resultado es un hombre salvaje, atravesando todo lo que puede con tal de tener dominio.

No tiene restricciones sin este Espíritu. No puedes tener Palabra, ni autoridad, ni comunicación con la Deidad sin tener comunión con el Espíritu Santo. Jesús dijo permanentemente: Yo no puedo hacer nada por mí mismo si no lo hace mi Padre que mora en mí… Engendrado por el Espíritu.

Lucas 11: 17-22 = Más él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿Cómo permanecerá su reino? Ya que decís que por Belcebú echo yo fuera los demonios. Pues si yo echo fuera los demonios por Belcebú, vuestros hijos, ¿Por quién los echan?

Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Más si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Pero cuando viene otra más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín.

Lo que hemos oído testificar, son testimonios sobre nosotros mismos. Como el diablo ha destrozado todas nuestras pertenencias. Si acaso Satanás pusiera un vicio fuerte en tu vida, entonces tú testificarías que Dios te liberó. Sin embargo, no fuiste liberado para eso, sino para que tengas victoria sobre ese vicio. Y cuando tú tienes una victoria grande sobre una adicción grande, por ejemplo, puedes salir del templo, ir por la calle y orar por todos quienes tienen adicciones y creer que desaparecerán. Porque si ya en Cristo has vencido una vez, no tienes por qué no volver a vencer. Ahora tienes autoridad.

Yo creo en los dones espirituales operando en la iglesia. Pero el Espíritu Santo no fue dado para ser manifestado en medio de los santos, fue dado para ir en contra del paralelo satánico, y ser demostrado en contra de los poderes en las calles de tu ciudad. Sabemos lo que Dios puede hacer, pero ellos no. Entonces: ¿Por qué nos entretenemos testificándonos entre nosotros? Vemos violencia en el verso 15. Él es acusado que era del diablo. A lo mejor tú has escuchado alguna vez alguna acusación parecida en tu contra. Dios no toma ligeramente esas acusaciones, las ve con gozo; sabe que Egipto será tomado por tus manos.

Aquí vemos a los religiosos hablando de Belcebú. Ellos dicen: “Si ustedes no hacen las cosas como las hacemos nosotros, entonces no pueden ser de Dios.” Pero vemos que, a través de manifestaciones inusuales, Dios obra milagros. ¿Milagros? Sí; para tomar el corazón de la ciudad, para tomar el principado que opera sobre la ciudad y rebajarlo bajo los pies de la iglesia. Es muy raro que el Espíritu Santo opere de la misma manera dos veces.

Hay personas tratando de hacer las obras de Dios por repetición. Están tratando de desarrollar su fe manipulando al Espíritu Santo conforme a un molde ya establecido. Dios no es un Dios metodista, (Con perdón de los hermanos denominados de ese modo), Dios no tiene fórmulas. La palabra, es: Estrategia. Hay cristianos, y tú los habrás visto decenas, cientos o miles de veces, atando al diablo allí y acá. Y lo atan, es cierto, pero no lo despojan. Y no basta con que se lo ate, debemos despojarlo de lo que está usurpando. Eso es lo que necesitamos.

Hebreos 12: 25-29 = Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Y esta frase: aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así Que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Dice que el Dios Altísimo está deseando tener un reino de sacerdotes. No solamente conmoverá lo natural, sino también lo divino. La pregunta que nos queda, es: ¿Qué significa “conmover”? Explicaciones nos pueden dar muchas, pero me quedo con una específica. CONMOCIÓN.

De aquel eterno propósito escondido en Dios desde el principio. Con la intención de aclarar a todos cual sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas. Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en lugares celestiales.

La Palabra dice que todo el que invocare el nombre del Señor será salvo, pero también dice que no todo el que dice “Señor, Señor”, tendrá acceso a la autoridad del Reino. Otra pregunta que nos queda: ¿Cuándo se entiende que será esto? La Palabra lo confirma en más de una oportunidad: AHORA.

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enero 23, 2026 Néstor Martínez