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¿Lo Dijo Dios o lo Dijo Pablo?

Hace un tiempo atrás, publiqué en la ventana “La Palabra del Día” que tiene nuestra legendaria Web, un texto bíblico acompañado de un comentario personal, tal como lo vengo haciendo desde hace más de veinte años. Siempre hay distintas reacciones sobre cada uno de estos trabajos. Están los que coinciden con lo que decimos allí y están los que no coinciden, aunque por respeto no expresan demasiado su desacuerdo. Pero en el caso puntual que voy a examinar hoy, esa reacción fue diferente. Porque no se refería a coincidencias o disensos, sino directamente a una forma errónea de interpretar un texto bíblico.

Me lo hicieron saber y, conforme a como es mi rutina respecto a esas cosas, de inmediato partí de la única base de la que debo partir: la de la posibilidad, en efecto, de un error mío al respecto, de una mirada equivocada o, lo peor, de alguna forma de infiltración carnal portadora de confusión. Fiel a un estilo de corrección global, pero también de humildad y mucho respeto por lo que digan otros hermanos en Cristo, decidí hacer lo que siempre deberíamos hacer cuando existe alguna duda bíblica o simplemente de conducta: volver atrás, estudiar el texto con pasión, pero sin obcecación ni vanidad humana.

Voy a reproducirte ahora el texto bíblico en cuestión y mi comentario de ese momento textual. 1 Corintios 11: 2-3 = Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué. Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Ese fue el dúo de versículos publicado y, lo que sigue, mi comentario:

Aquí tienes, para despejar toda duda que pueda sobrevenir de doctrinas erróneas y/o malintencionadas. ¿Has oído hablar en el terreno matrimonial, de la obligatoria sujeción de la mujer al varón? Y no es obligatoria porque a Dios se le ocurra, sino porque eso pertenece al diseño en toda su dimensión y, sus resultados, tienen siempre que ver con lo que Dios mismo pueda estar haciendo al respecto. ¿Quieres tener un matrimonio, no digo perfecto, pero sí encuadrado en todas sus áreas, dentro del diseño que el Señor ha determinado para esa unión conyugal?

 Entonces, a todas luces, ese matrimonio tendrá que tener el orden descendente del cual Pablo habla aquí. La cabeza espiritual y general de toda la casa, será Dios mismo. Él comandará a su Hijo, que es quien vendrá a reinar a tu casa, si es que el hombre que habita en ella, está dispuesto a someterse. Cuando eso sucede, el hombre pasa a ser cabeza espiritual del hogar y, para el resto de su familia, no es ningún esfuerzo ni sacrificio someterse. Cuando eso no ocurre, olvídalo; el creyente no es esclavo de nada ni de nadie que no sea de Dios mismo.

No voy a mencionar las diferencias de interpretación de unos ni otros, sólo voy a incursionar en la Escritura para develar la incógnita central de todo este texto, respecto a si esto que dice en ese verso es realmente palabra de Dios o, apenas, una idea personal de un hombre llamado Pablo. La única manera de arribar a un resultado capaz de develar o revelara misterios escondidos o corroborar opiniones, es realizando a partir de este momento un análisis profundo, bíblicamente riguroso y pastoralmente consciente de 1 Corintios 11:3, cuidando tanto la teología como su aplicación práctica, sin caer en reduccionismos ni abusos interpretativos. Cuando llegue al final, espero haberlo conseguido.

Repito el texto central del tema: Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. En primer lugar, hay que consignar que este versículo es absolutamente programático. Porque aquí Pablo establece un marco teológico antes de tratar asuntos prácticos, tales como serían, en este caso, el orden y el testimonio de la adoración. Porque, y atención con esto, no es una frase aislada, sino un principio estructural. Un concepto clave que parte de una palabra clave: Cabeza.

En el original, la palabra griega que la identifica, es kephalē. Y, atención con esto, no está significando primariamente algo así como “superioridad ontológica”, sino simplemente Fuente, Origen, Autoridad relacional, Responsabilidad representativa. O sea que Pablo no está describiendo un cierto valor, una determinada dignidad o una sobrada capacidad, sino simplemente un orden relacional funcional. Y aquí creo que cabe el añadido de algo comprobado por años de lecturas y estudios: en la Biblia, la palabra Orden, no implica de ninguna manera Inferioridad.

Hay indudablemente una cadena que Pablo presenta como si se tratara de una clave hermenéutica. Presta mucha atención a su estructura lineal. Comienza en Dios, y se traslada a Cristo. Prosigue en Cristo y se traslada al Varón. Continua en el Varón y se traslada a la Mujer. El punto decisivo de este tema está centralizado en el primero y el último eslabón. Dios es la cabeza de Cristo. Esta, que parece simplemente una frase de contenido casi religioso es, sin embargo, el eslabón básico y central de todo. Si no se lo entiende correctamente, todo el resto del texto se distorsiona.

Ahora bien: ¿Qué significa que Dios sea la Cabeza de Cristo? Significa puntualmente subordinación, pero sin inferioridad. Entender esto es vital. Porque Cristo es plenamente Dios, ¿No es verdad? Lo dice Juan 1:1, cuando comienza su evangelio: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Lo corrobora el propio Pablo, cuando hablando de Él en Colosenses 2:9 dice: Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, ¿Está claro? Y, sin embargo, aun siendo esto que vemos y confirmamos, Él se somete voluntariamente al Padre en lo que podríamos llamar la economía de la redención.

Hay otro texto, también de la autoría de Pablo, que encara el mismo tema aunque con mayor despliegue. Filipenses 2: 5-8 = Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Esto se conoce como subordinación funcional, no ontológica. Si Cristo no es inferior al Padre, pero se le somete, entonces la sumisión bíblica nunca implica inferioridad de valor. Este principio gobierna toda la interpretación del texto.

Muy bien. Ahora viene la segunda parte. La que nos dice que Cristo es la cabeza del varón. La primera pregunta que tenemos que hacernos alrededor de esto, es: ¿Qué implica Cristo como cabeza? En primer lugar, autoridad espiritual. En segundo término, fuente de vida. Seguidamente, modelo de carácter y, finalmente, responsabilidad moral. Con esto te queda más que claro que de ninguna manera existe un varón autónomo, ni mucho menos una autoridad última o final. En Efesios 5:23 Pablo les aclara a los Efesios: porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

Está claro. Por tanto, es indiscutible que en todos los órdenes establecidos, el varón responde de sus actos ante Cristo. O sea que su liderazgo está no sólo limitado, sino también juzgado y modelado por Cristo. La contrapartida que ha sido y sigue siendo muy abundante es digna de tenerse en cuenta. Si cualquier liderazgo masculino se extralimita en dominio al punto de causar opresión, utilizando toda clase y formas de manipulación o, inclusive, se sirva de todo eso en beneficio de sí mismo, ese varón de manera automática ya dejó de estar bajo la cabeza de Cristo.

Todo esto es, de alguna manera, la antesala necesaria para examinar la tercera fase de este texto, en la que dice que el varón es cabeza de la mujer. ¿Cuál es su sentido bíblico correcto? En primer lugar, aquí Pablo de ninguna manera está hablando de superioridad intelectual, o de mayor valor espiritual, o de que el varón tenga mayor cercanía con Dios o que haga todo un proceso basado en los derechos humanos. El propio Pablo es muy contundente cuando les dice a los Gálatas en 3:28: Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

¿Y entonces? ¿Qué es lo que sí implica el texto en sí mismo? Global y abarcativamente, representación y responsabilidad. Lisa y llanamente, el varón es llamado a dar cuenta de todos sus actos delante de Dios, a dar protección en todo lo que esté a su alcance, a servir en todo lo que le sea posible y a liderar, de ser necesario, en sacrificio total aquello para lo que haya sido levantado. De hecho, casi está demás aclarar que todo esto, de ninguna manera es un equivalente a dominar algo o alguien. Varón, ¿Quieres ver el modelo básico de todo eso? Mira el texto siguiente y saca tus propias conclusiones.

Efesios 5: 25 = Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Creo que está tan claro que es imposible pretender añadirle algo más. Cristo lidera muriendo, de ninguna manera imponiéndose. Además, es evidente que el rol de la mujer en este texto de ninguna manera es de silenciamiento, sino más bien de dignidad. Pablo no reduce a la mujer, sino que la incluye en el orden, le reconoce su participación activa en la adoración. Lo dice con claridad en 1 Corintios 11:5: Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.

Y si esto no fuera suficiente, también le atribuye a la mujer gloria y propósito. De hecho, en 1 Corintios 11:11-12, vemos como lo equilibra cuando expresa: Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque, así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. De todo esto se desprende una clara evidencia de algo que no siempre ha sido visto así y, por consiguiente, mal interpretado en detrimento femenino. Pablo deja en claro que el orden bíblico de ninguna manera es jerárquico o en valor, sino definitivamente relacional.

Hay una dimensión espiritual profunda en juego, aquí. Porque este texto, en suma, revela algo todavía mayor. Dios trabaja a través del orden, no del caos. Y cuando digo orden, no estoy hablando de estructuras rígidas ni mucho menos acartonamiento religioso. Orden divino es eso, orden. Y esta forma de orden no anula la libertad, tampoco borra la identidad ni mucho menos oprime a alguien cuando refleja el carácter de Dios. De hecho, el problema nunca fue ni será el orden bíblico. El problema siempre radicó y seguirá firme en todo corazón caído que lo ejecuta mal. Dios es un Dios de orden, y aunque no te lo parezca en primera instancia, todo esto forma parte de ese orden Suyo.

Ahora bien: ¿Cómo aplicamos ese orden en lo familiar y cotidiano? Porque una aplicación práctica consciente es muy importante. En primer lugar, voy a dejar bien esclarecido que este texto y todas sus implicancias, de ninguna manera justificó, justifica ni justificará nunca expresiones de machismo. Tampoco respalda el abuso espiritual y mucho menos silencia o esconde dones. Y creo que ni siquiera vale la pena añadirle que tampoco anula el discernimiento femenino, que, si me dejo llevar por experiencias ministeriales personales, no por doctrina, es muy superior y más abundante que el masculino.

Atención con esto. Cualquier uso de este texto para controlar o para violentar, es total y absolutamente antibíblico, ¿Estoy claro? Nunca te olvides que, independientemente de toda la poesía discursiva con la que puedas rodearlo, en la vida real, liderazgo es equivalente y sinónimo puntual de servicio, o de opulencia o abuso. Autoridad, en tanto, tiene que ver siempre con responsabilidad, no con despotismo o prepotencia. Y ni hablar de la potencia de las voces. Todavía hay mucha gente convencida que autoridad es gritar fuerte. ¿Sabes qué? Ningún demonio se ira de donde está por los gritos que tú le obsequies. Se irá si tienes autoridad divina delegada y, esencialmente, tus ropas blancas. Sumisión, por otra parte, es siempre confianza voluntaria, de ninguna manera coerción.

Hay algo que nos tiene que quedar más que claro a todos por igual, pensemos como pensemos y hayamos visto este verso como lo hayamos visto. Donde está Cristo genuinamente como cabeza, en primer lugar, hay amor, no puede de ninguna manera no haberlo. En segundo término, y no es algo secundario, hay verdad, porque de existir una mínima cuota de falta de ella o directamente de mentira, Cristo se retirará de allí sí o sí. Como prosecución necesaria de todas estas variantes, aparecerá la Justicia, así con la jota mayúscula, que es como se escribe la que emana de lo divino.

La terrenal es otra historia de la que seguramente alguna vez hablaremos, pero con pruebas o hechos concretos, como se debe hablar de estos ítems. Y, finalmente, como consecuencia natural y resultado de todo esto, gozaremos de auténtica libertad interior. Que nada tiene que ver con declamaciones ideológicas o políticas. Libertad no es pensar o creer lo correcto, sino hacerlo como quieres hacerlo. Si estás acerado o equivocado, luego se verá y siempre habrá posibilidades de cambiar lo que se deba, pero en principio, eres libre cuando -salvo el Espíritu Santo-, nadie te dice lo que debes pensar o creer.

En síntesis, y comenzando a darle un cierre a todo este reflexionar seriamente en algo que no siempre se ha tomado con seriedad, podemos concluir en que 1 Corintios 11:3, nos enseña preponderantemente que Dios es un Dios de orden, como ya te dije. Pero lo que me faltó añadirte es que el orden, justamente refleja relaciones, no valor. Que Cristo mismo es quien modela la sumisión. Que el liderazgo bíblico de ninguna manera puede parecerse a un hermoso trono de oro, sino más bien a una cruz de madera rústica. Deja más que en claro que la dignidad de la mujer es total y absolutamente incuestionable y que la autoridad verdadera, siempre sirve.

O sea que te deja bien en evidencia que, cuando este texto se utiliza en el Espíritu, el resultado es la cadencia de la armonía que produce, mientras que, si se lo usa groseramente en la carne, lo que determina es total y nítida opresión. Y yendo bastante más atrás en nuestra propia historia en el evangelio, a la luz de Génesis en sus capítulos 1, 2 y 3, vemos que Pablo no inventa individualmente este orden, sino que se limita a recuperarlo a partir de la Creación misma. A todas luces, quien quiera leerlo con sabiduría divina aplicada, podrá ver que Génesis es el fundamento silencioso que habita detrás de este texto. Y te lo voy a demostrar en la práctica, para que todo no quede en un discurso más de los tantos que andan por allí.

Vamos a verlo en primera instancia, desde lo dicho en Génesis 1:26-27: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Hay algunas perlas que saltan a nuestra vista en este texto. Dice que Ambos son imagen de Dios. Añade que la autoridad sobre la Creación, es compartida.

Continúa con que no hay jerarquía ni subordinación aquí, y concluye mostrando que la diferencia sexual es intencional, no accidental. Esto, innegablemente establece un principio ciento por cuento irrenunciable. Varón y mujer son, indefectiblemente, son iguales en dignidad, en valor, en capacidad espiritual y, esencialmente, en acceso a Dios. De hecho, que queda más que claro que, cualquier interpretación de la legendaria 1 Corintios 11:3 que contradiga Génesis 1, ya está equivocada, aunque pretendan contármela como mejor les parezca.

En segundo lugar, quiero que me acompañes a revisarlo en el segundo capítulo de Génesis, concretamente en el verso 18, que dice: Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Importante; la palabra Ayuda que se lee aquí, es la palabra ‘ezer, que es la misma utilizada para Dios como ayudador de Israel conforme a lo leemos en el salmo 33:20: Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él. O sea que de ninguna manera implica inferioridad como muchos han creído entender, sino todo lo contrario, auxilio fuerte y ciento por ciento necesario.

La otra palabra allí inscripta, es Idónea, que en los originales se lee como kenegdo, y literalmente se traduce como “frente a él” o “correspondiente a él”. Indica cien por ciento igualdad, complemento y mutua correspondencia, en modo alguno dependencia silenciosa y sumisa. Eso es carne. Así que el orden de la Creación comienza con Adán, él es creado primero. Luego, Eva es creada de Adán, no como subordinada, sino como relación. En 1 Corintios 11: 8-9 Pablo justamente alude a esto cuando les dice: Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. En conclusión, en Génesis 2 se introduce el orden relacional, de ninguna manera el dominio.

Y, finalmente, tal como te lo anticipé, aterrizamos ahora en Génesis 3, concretamente en lo que es la distorsión del orden, no su creación. Dice Génesis 3:16: A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Vamos a poner algo en claro para que no se discuta más: esto de ninguna manera es un mandato, esto es sencillamente una consecuencia del pecado.

Porque luego van a surgir distorsiones que han destruido esta palabra y la han convertido en permisos para delinquir. ¿El varón tiende a dominar? Si, el varón tiende a dominar. ¿Y la mujer? La mujer tiende a luchar por control o protección. Entonces, como no podría ser de otro modo, la relación se vuelve tensa y dolorosa. Y esto es clave, porque el dominio masculino no es creación, es caída. Por tanto, y atención con esto, cualquier lectura de 1 Corintios 11:3 que legitime dominio, primero contradice Génesis, luego contradice al mismísimo Cristo y, finalmente, casi de rebote, también contradice a Pablo.

Que, dicho sea de paso, era un profundo lector del Génesis y, a partir de la influencia de ese libro en su vida, él recala en el segundo capítulo para afirmar el orden, en el tercero para rechazar el dominio masculino como base de esto y, en el primero, para restaurar lo que sería la dignidad mutua de la pareja humana. Reorienta todo en Cristo y reafirma, como lo dice en 1 Corintios 11:11-12. Que, En el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón. O sea que queda más que claro que Cristo no borra la creación la redime.

Entonces, ¿Cómo aplicarlo hoy, sin distorsiones? Creo que aquí está el punto más delicado y necesario. Las distorsiones más comunes que deben evitarse son, en mayor medida, el llamado “machismo bíblico”. Es el que usa “cabeza” como licencia para controlar, es el que ignora el modelo de Cristo crucificado y el que produce miedo, silencio y abuso. Esto, mi querido amigo o amiga, hermana o hermano, no es autoridad espiritual, esto es carne religiosa.

La segunda distorsión grave y peligrosa, es la de la negación total del orden. Esta es la que rechaza cualquier diferencia funcional, la que reduce el texto sencillamente a lo que denomina como “cultura antigua” y que, por consecuencia, elimina responsabilidad espiritual masculina. Esto, a todas luces, desconecta el texto de Génesis y de Cristo. Y otra distorsión frecuente es la de darle una aplicación rígida y uniforme. Esta distorsión es la que aplica esquemas sin discernimiento, ignora contextos, dones y llamados y produce culpa innecesaria. Porque Pablo, entendamos, está hablando de principios, no de moldes mecánicos.

¿Cómo se debe vivir hoy en ese orden bíblico redimido, entonces? En primer lugar, en el matrimonio, que es donde peor se lo ha interpretado. Presta mucha atención, hermano: el varón lidera sirviendo, no mandando. La mujer participa activamente, no pasivamente. Las decisiones se disciernen juntos, no por separado. Y el liderazgo se nota más en la responsabilidad que en la voz final. Ten en cuenta lo más importante de todo: Cristo nunca lidera sin escuchar.

En segundo lugar, en la iglesia. Aquí hay que consignar que los dones no están de ninguna manera anulados por causa del género, ni lo sueñes. La autoridad espiritual se reconoce por su fruto y su carácter. Porque el orden debe edificar y no apagar el Espíritu. Pablo se los dice a los tesalonicenses, No apaguéis el Espíritu. Así, sin vueltas. Y luego, en la vida personal. Todo creyente vive bajo una cabeza, Cristo. Nadie ejerce autoridad sin antes vivir en sumisión a Dios. Que esto se vea muy pocas veces o directamente no se vea, no es un problema de Dios, ni de Pablo ni de los predicadores, es un problema nuestro en lo global.

Porque la verdadera autoridad nace de la obediencia, aunque existan indudablemente diversos criterios de discernimiento práctico que son muy importantes. De ellos surgen algunas preguntas sanas para aplicar a este texto que hemos restado examinando. ¿Refleja el carácter de Cristo? ¿Produce amor, verdad y libertad? ¿Edifica a ambos? ¿Asume responsabilidad o sólo poder? ¿Está sanando lo que Génesis 3 rompió? Si no cumple nada de esto, entonces no estamos hablando de ninguna manera de aplicación bíblica, aunque citen doscientos versículos.

Para que quede claro en el final. Génesis 1, refleja igualdad esencial. Génesis 2, orden relacional. Génesis 3, distorsión por el pecado. 1 Corintios 11, entonces, redención del orden en Cristo. O sea que el evangelio no elimina el orden, elimina el pecado que lo corrompe. Porque cuando el orden es vivido en el Espíritu, el varón no oprime, la mujer no es silenciosa, Cristo es glorificado y la comunidad es edificada.

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febrero 1, 2026 Néstor Martínez