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Una Aventura Llamada Espíritu Santo

Para poder compartirte esto con el grado de autoridad espiritual que se necesita para que quien lo recibe tenga la convicción absoluta que es verdad revelada o divina, necesito que sepas algo de mi historia personal como hijo de Dios. Acepté al Señor esa noche llena de estrellas, tal como ya te lo he contado, y comencé a reunirme con un pequeño grupo de jóvenes, del que formaba parte el que me habló de esto y me acompañó a tomar mi decisión.

Si bien me sentía bien con ellos, ya que en ningún momento me discriminaron por mi calidad de novato, como si solía suceder en las congregaciones evangélicas convencionales, yo igualmente notaba algunas diferencias que me colocaban en un plano de inferioridad. El conocimiento bíblico, sus estilos de vida, un algo que de algunos se irradiaba sin ser visible y, naturalmente, el don de lenguas que no todos, pero si algunos de ellos poseían.

Lejos de sentir envidia, como sí suele suceder en grupos más grandes, yo quería tener todo eso para poder manifestarlo y ser parte de lo que sabía que tenía que ser parte, aunque nadie me lo hubiera explicado todavía. Luchaba contra todas las tentaciones que un joven de treinta años puede tener y fumaba. No mucho, pero fumaba. El periodismo, el café y el cigarrillo constituían un combo que se podía observar en todas las redacciones o estudios de radio de mi tierra. Era casi un ícono de la profesión.

Pero, una noche los jóvenes me invitaron a ir al templo donde ellos eran miembros. Querían que yo sintiera lo que ellos sentían allí y no tuve inconvenientes en aceptar. El pastor, un hombre mayor, pero dueño de una bondad y una unción como pocas veces pude ver en otros consiervos suyos, esa noche predicó sobre los dones del Espíritu Santo, aclarando que, para poseerlos, era necesario primeramente ser llenos del Espíritu, plenos. Y que, si no lo sentíamos así, que debíamos pedirlo y Dios nos lo concedería.

Podrás imaginarte que, en mi primera experiencia eclesiástica evangélica, yo estaba con mis sentimientos entremezclados. Temor, desconfianza, culpa por lo que, según algunos de mi familia opinaban, era un “cambio de religión” y todo lo que alguien que haya pisado por primera vez a una iglesia evangélica puede saber por propia experiencia. Sin embargo, ni bien el pastor comenzó a hablar del Espíritu Santo, todo mi ser se sintonizó con él y cada palabra tenía la sensación que era exclusiva para mí.

Sobre el final del mensaje, el pastor pidió que todos los que quisieran ser llenos del Espíritu Santo no tenían que hacer nada más que pedírselo al Señor, creyéndolo, y el Señor se lo enviaría. Yo obedecí sin dudar esa demanda. No recuerdo en absoluto si llegué a hacer algo parecido a una oración que todavía no sabía cómo hacer, salvo lo que le escuchaba a mis amigos y nuevos hermanos. Lo que sí sé, es que debo haberlo pedido con fe genuina, porque al instante y por primera vez desde mi conversión, caí de rodillas sin poder ni querer evitarlo.

Mi experiencia personal, que la comparto como experiencia personal, no como teología doctrinal, fue de pronto sentir un enorme calor en todo el cuerpo, ver que mis piernas se volvían débiles, aunque no para arrojarme al piso, sino para doblar mis rodillas. Y que cuando quedé en esa posición, empecé a hablarle a Dios a una velocidad que no era mi estilo, generalmente pausado y tranquilo cuando lo hacía profesionalmente. Lo que yo creía que era un cúmulo de palabras atropelladas sin sentido, en realidad eran lenguas. Eso me informaron luego mis amigos.

Yo sentía que lo que decía tenía un sentido y me daba la certeza total y absoluta que el Señor me escuchaba y me entendía lo que le hablaba, aunque casi en el final de ese momento tan singular y raro, me di cuenta que estaba hablando en un idioma que no era el mío y que no podía entender en absoluto desde lo auditivo natural. Yo había recibido la llenura, bautismo o como se le quiera llamar por parte del Espíritu Santo y, lo que estaba viviendo, era una consecuencia probatoria de eso.

De algo tengo certeza total: en ningún momento pensé en vivir eso y, mucho menos, en imitar esas lenguas. Jamás fue mi estilo la imitación y no iba a comenzar justo en una iglesia, puedes imaginarte. Así que, con este elemento mío y personal en tu conocimiento, creo que puedo comenzar a compartirte algunos principios que, si tienes la bendición de poder aceptarlos y creerlos, podrían conseguir que suceda en ti, al menos, algo similar a lo que sucedió conmigo.

Porque la pregunta que normalmente formula alguien que recién ha llegado a la fe, o en todo caso, alguien a quien no le han enseñado ninguna de estas cosas, es: ¿Y qué ocurre después de esa experiencia, como quieras que la llames? En mi caso personal, me cambió la vida en ciento ochenta grados. Un ochenta o noventa por ciento de mis flaquezas vulnerables desaparecieron, y entre el diez o veinte por ciento que me quedó, el cigarrillo fue el único. Varios meses debí pelear para sacarlo para siempre de mi vida.

De todos modos, la sanidad que recibes del cielo cuando el Espíritu de Dios hace morada en tu vida, es notoria en cuanto a que el amor de Dios comienza a fluir de ti y hasta llega a tocar a las personas cercanas. Esto se puede manifestar de diferentes maneras. Una de ellas, ya te lo adelanté, es el hablar en lenguas, pero no es la única, aunque algunas doctrinas muy singulares hayan llegado a establecerlo así. Conocí congregaciones donde se marginaba a los que no tenían don de lenguas.

¿Fundamento? Que no tenían al Espíritu Santo morando en su espíritu Ah, ¿Sí? ¿Y quién inventó esa barbaridad? No lo sé, pero sí me imagino por quien o quienes estaban influidos. Sacaron a más gente de las iglesias que todos los demás demonios juntos. Dios tenga misericordia de ellos. De todos modos, quiero aclararte que sí, que las lenguas son parte de esa instancia sobrenatural y que es no sólo valioso sino muy importante recibir ese don.

En primer lugar, porque son esenciales para tu edificación personal y para comunicarte con el Señor de una manera casi familiar. Las lenguas también son útiles y necesarias para interceder y, especialmente, para orar por todo aquello que todavía no entiendes. De hecho, son importantes y muy por encima de todo ese bullicio que en más de un caso suele ser hasta simulado en distintos lugares. Si no lo tienes, mi sugerencia es la misma que aquel pastor dijo aquella noche: ansíalo, pídelo y créelo. Dios hará el resto.

A los que tienen dudas, reservas o sencillamente no quieren dar ese paso, nadie puede plantarles en sus mentes el temor a perder la salvación, nada que ver con eso. De todos modos, está escrito que, en el día final de la resurrección, todos comenzaremos a hablar en lenguas, sencillamente porque ese es el idioma de ese país llamado cielo, al cual pertenecemos y con el Rey que sabemos que tiene.

Pero, atención con esto que voy a decirte: las lenguas son para ahora, no para el cielo. Porque es ahora que debemos alabar al Señor y edificarnos en Él, tal como lo dice Pablo en 1 Corintios 14, hay varias maneras en que el Espíritu Santo se manifiesta. Algunas tienen que ver directamente con lo que vamos a compartir hoy. Y la razón es simple. Es mucha la gente, que se dice cristiana, obviamente, que desconoce todo o casi todo respecto a estos dones ni cuando los están experimentando.

A veces, el Señor ya te ha dado un don y tú te quedas tieso preguntándote que pasa, sin saber que lo que has recibido es un don de Dios destinado a bendecir el cuerpo de Cristo en la tierra. De hecho, al actuar así, estás perdiendo una hermosa oportunidad de servir al Reino. No a la iglesia, no al pastor, al Reino, porque de allí es que viene todo, no de las estructuras de tu denominación o de tu congregación. No está nunca demás saber esto, te evitará muchos y horribles errores.

Dios no se enoja si no lo usas, pero, que no lo hagas, discúlpame, sigue siendo ignorancia. Por eso Él espera que escuches y aprendas, para que seas activo y valioso en este cuerpo de Cristo y, al mismo tiempo, estés disponible para bendecir a otros. Y quisiera comenzar esto colocando casi en una primera línea lo que a ojos vista parece ser una batalla permanente: el Espíritu Santo versus las emociones. Ya hemos hablado de las emociones, pero nunca está de más reiterar conceptos y conocimiento.

En principio, debo reconocer que hay mucha gente que en cualquier lugar de reunión que se encuentre, de pronto se emociona muy fuerte y llama a eso el Espíritu Santo. Es un riesgo muy fácil de vivir y ser víctima de error. Porque el Espíritu Santo, no es de ninguna manera una emoción. Él no es en absoluto emocional, aunque, en honor a la verdad, hay muchas posibilidades que sí influya en tus emociones. Así es que, cuando estés emocionado, no le eches la culpa al Espíritu Santo.

Mejor échales la culpa a tus propias emociones. Lo que sí es el Espíritu Santo, es poder. Y cuando el poder es liberado, algo debe ser influenciado. Nuestras emociones son, por lógica, lo primero que es afectado cuando el poder del Espíritu Santo actúa en nosotros. Cuando hay gozo, libertad, nuestras emociones reaccionan. Pero muchas personas, al no saber cómo liberar este poder, terminan comportándose de manera desordenada.

Corren, gritan, desparraman bancos y cuanto elemento se les cruce en su camino, sin pensar en lo que hacen o sienten. Otros incluso llegan a golpear a la gente en sus cabezas. Todas estas cosas, obvio, no edifican a nadie. De ninguna manera alguien me bendice o beneficia si me golpea en la cabeza diciéndome que es el Espíritu Santo. Tampoco beneficias a ningún grupo si te pones a gritar cuando alguien está diciendo algo valioso de parte de Dios.

No es provechoso si organizas tu pequeño espectáculo personal en medio de una reunión convocada para otra cosa. Lo único que logras es distraer y sacar del estado realmente espiritual a los que intentan adorar en espíritu y en verdad. Sin embargo, aunque no lo creas, son muchos los que atribuyen todos estos desórdenes al Espíritu Santo. La Biblia dice que el Espíritu Santo es un Espíritu de orden y decoro. Encontrarás eso en las escrituras si sabes buscarlo.

Él es de primera categoría y hace todas las cosas con decencia, con clase. Y no hace nada para crear confusión. Él no es el autor del desorden. Todo lo que hace, es ordenado, sobrio y decente. De ese mismo modo intentamos hacer los que entendimos que gozo y unción no son sinónimos de zafarranchos. Si realmente te dejas guiar por la palabra de Dios, nunca podrás caer en esa clase de cosas. Las emociones no deben reemplazar al Espíritu Santo.

Sin embargo, cierto es que el Espíritu Santo influye en nuestras emociones, pero al mismo tiempo nos brinda suficiente dominio propio para controlarlas. La escritura dice que el espíritu del profeta está sujeto al profeta, ¿Verdad? Esto significa que el Espíritu Santo puede actuar en ti, pero tú mantienes el control, siempre. Puedes cerrar la boca hasta el momento de hablar. Puedes quedarte sentado, aunque sientas ganas de correr.

La Biblia también dice que, si quieres profetizar y alguien ya está hablando, debes callar hasta que haya terminado. El que crea que el Espíritu Santo viene y lo posee, lo está viendo a la inversa. Eres tú el que lo posee a Él si es que lo quieres. Digo esto porque hay muchos que dicen que cometieron esas tonterías porque no pudieron evitarlo. Sin embargo, en el mejor de los casos, están equivocados. En el peor, mienten para cubrir sus locuras. Claro, hay una tercera opción: que sea un espíritu, si, pero no el Santo.

La obediencia vale más que los sacrificios. Dios prefiere tu obediencia a tu adoración. Algunos prefieren hacer muchas cosas para Dios, pero no le obedecen. Son aquellos que están tan activos para Dios que no se hacen un tiempo para conocerlo. El Espíritu Santo está en nosotros, y debemos obedecerle a Él, no a nuestras emociones. Jesús dijo que él es el Consolador. Y un Consolador no rompe sillas o bancos, no interrumpe a nadie ni crea confusión. Un Consolador, calma.

También mencionamos que cuando el Espíritu Santo actúa, debe ser liberado. Haciendo una mala comparación, es como la dinamita. Hechos 1:8 = pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Aquí cuando dice “poder”, usa la palabra dunamis, que significa un poder explosivo. Una capacidad sobrenatural similar a la dinamita.

Y cuando la dinamita explota, algo se mueve. La iglesia es una fuerza dinámica en la tierra. La historia nos muestra que la iglesia siempre ha sido una iglesia de acción. En la Biblia, lo que los discípulos predicaban, lo practicaban, y esto es exactamente lo que Jesús había querido para su iglesia, siendo él el mayor ejemplo. Una de las primeras expresiones del Espíritu Santo, son las lenguas. No es la única, pero suele ser la primera, porque la lengua es el órgano más disponible para Dios.

De hecho, tu lengua también suele ser tu mayor problema en la vida. Por eso, es lo primero que Dios quiere tocar. Santiago dice que la lengua puede destruir todo tu cuerpo y también a quienes te rodean. Muchos de nosotros ya lo hemos experimentado. Por eso, cuando eres lleno del Espíritu Santo, lo primero que suele darte son palabras que tú puedes pronunciar con tu boca. Hablar en lenguas no es algo que el Espíritu Santo hace por ti, sino que tú lo haces luego que Él depositó palabras en tu espíritu.

En las escrituras, cada vez que la gente hablaba en lenguas, dice que ellos hablaban según el Espíritu les daba que hablasen. El día de Pentecostés, el Espíritu les daba la inspiración, pero ellos ponían las palabras en sus bocas. Muchos se sientan y esperan que su lengua se mueva sola. Pero nada sucede en la lengua, todo sucede en el espíritu, en el interior. Y esto también requiere confianza. Si crees que Dios no miente, entonces cuando le pides algo, Él te lo concede.

Pide ser lleno del Espíritu Santo, cree que lo serás y, cuando aparezcan palabras incomprensibles en tu mente, suéltalas y verás como se convierten en un torbellino que circula más rápido que tu mente. Si Dios te llegara a fallar, tú lo sabrías al instante. Pero no tienes que preocuparte, Dios nunca te fallará. Algunos no lo hacen porque no confían en la palabra de Dios. Entonces se ponen a esperar, pasivamente, y por esa razón es que todavía no hablan en lenguas.

Tienes que actuar por fe, exactamente igual que para la salvación. Por experiencia propia y compartida de otras personas, cuando comienzas a hablar en lenguas, apenas son una o dos palabras, dichas casi con temor. Pero a medida que te relajas y dejas fluir lo que viene de tu interior, esas pocas palabras se convierten en un río tumultuoso que fluye con un caudal inimaginable. Lo que frena todo esto, a veces, es que algunos tienen temor de que, en lugar de recibir al Espíritu Santo, reciban a un demonio.

Jesús habló de esto. Dijo: Ustedes saben dar buenas cosas a sus hijos. Cuando les piden pan, no les dan una piedra. Cuando les piden pescado, no les dan una serpiente. Luego añadió. ¿Cuánto más el Padre dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? La palabra serpiente, en este pasaje, es la misma palabra usada en otros lugares, cuando Jesús habla de los demonios. En Lucas, dice: Les he dado potestad de hollar serpientes y escorpiones y sobre toda la potencia del enemigo.

En la cultura griega, la serpiente es una imagen de los demonios. Jesús, a menudo llamaba al diablo una serpiente, un escorpión o un espíritu maligno. Así que cuando Jesús dice que el Padre no da serpientes a quienes le piden pescado, te está queriendo decir: ¿Crees que Dios te daría un demonio si le pides el Espíritu Santo? Nunca. Dios no tiene demonios para dar. Si pides el Espíritu Santo, lo crees y lo amas, Él te dará el Espíritu Santo. Es el único que tiene, y es santo.

Lo único que deberías tener en cuenta a la hora de formular ese pedido, es el estar conforme a la voluntad de Dios. Si estás pecando y lo sabes, pero no quieres abandonarlo, entonces no pidas al Espíritu Santo, porque Dios no te lo enviará hasta que en tu ser interior no haya una morada digna de ser habitada por Él. En ese caso y si no te has arrepentido, podrías estar pidiéndolo para usufructuar con su poder o simplemente para lucirte.

Allí sí eres candidato a albergar un demonio, porque no notarás la diferencia. Esto ocurre mucho dentro de las iglesias cristianas, porque, así como hay hombres y mujeres de Dios que quieren servir con fidelidad, también hay cizaña que quiere abusar en lo que puedan de los hijos del Padre. Pero Dios, no. Dios da buenos dones. Todo don perfecto viene de arriba, y no me refiero a alturas geográficas, sino dimensionales.

Veamos ahora lo que Pablo tiene para decir en 1 Corintios 12: 1 = No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Observa bien y aprende a leer tu Biblia con inteligencia divina. Pablo los trata de hermanos, eso quiere decir que estaba dirigiéndose a cristianos. Pero luego les dice que ignoran acerca de los dones, lo cuales los haría ignorantes. No son culpables porque nadie se los había enseñado, pero eso me dice a mí y a ti, que tranquilamente se puede ser cristiano y también ser ignorante.

Ahora ponte en el lugar de Pablo. Les está diciendo hermanos, pero también que son ignorantes. ¿Cómo crees que reaccionarían, hoy, esos hermanos que tan bien conoces y que, lo sabes, son ignorantes en muchas cosas de fondo, todavía? Sobre esas reacciones podemos dialogar un rato largo, tengo cierta experiencia en el tema. Seguramente alguien se dirigiría a ti y te diría: ¡Oye! ¡Tengo cincuenta años de venir a la iglesia! ¡No puedes enseñarme nada! ¡Y lo dicen en serio!

Pablo no tenía miedo de decir la verdad. Él decía: son mis hermanos, pero son ignorantes. Hoy salen lustrados vejestorios a decirte que eres demasiado joven para enseñarles sobre Jesús a ellos, que hace años están en la iglesia. De todos modos, hay una realidad: sólo puedes llevar a otros al mismo lugar al que tú has ido. Si no estás allí, no puedes traer a nadie por simple verborragia. Si retienes esta verdad harás buen camino, porque te darás cuenta que siempre tienes que avanzar.

Son muchos, muchísimos los cristianos que no pueden avanzar mucho más de donde están parados sus líderes, por la sencilla razón que sus líderes no van hacia ninguna parte. Hay mucho liderazgo evangélico que no se ha tomado el tiempo ni el esfuerzo de sondear las profundidades de Dios. ¿Qué podrían darles a otros si no tienen nada para ellos? Como resultado, los creyentes dan vueltas semana tras semana.

Pablo les decía: no quiero que seáis ignorantes. Y no me miren torcido, está claro que sé un poco más que ustedes. No era un mérito de Pablo, eso; era el resultado de un esfuerzo y una entrega total. Sin embargo, no son pocos los que prefieren seguir a un líder que no ha aprendido nada, simplemente porque lo aman. Se quedan con él durante cincuenta años, y nunca saben nada más que lo que él sabe. Y, a veces, lo que sabe es muy limitado. O directamente erróneo. Ha sucedido, todos lo sabemos. Y sigue pasando.

Y luego se extrañan de no crecer, de no madurar, de no prosperar en nada de lo que hacen. Sin embargo, no se trata de competencia, sólo es una cuestión de supervivencia. La Biblia dice: Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Dios nunca te preguntará durante cuánto tiempo has estado en tal o cual iglesia. Te preguntará cuanto te pareces a Jesús o cuanto de Su palabra habita en ti. Eso es lo que cuenta. Competir para ver quien tiene la iglesia más bonita no te lleva nada más que a la vanidad hueca.

No se trata de glorificar hombres; es la palabra de Dios y a Jesucristo a quien hay que exaltar. Pablo dice de nuevo: No quiero que seáis ignorantes, hermanos, acerca de los dones espirituales. Estos creyentes ignoraban estas cosas, algo que lamentablemente todavía sigue vigente en muchas de las asambleas de la iglesia evangélica, según sus doctrinas caseras. Tengo una buena noticia: Dios está remediando eso.

Él añade, verso 2: sabéis que cuando erais gentiles se os extraviaba y se os llevaba tras los ídolos mudos, según erais conducidos. (3) Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama a Jesús anatema. Y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Este versículo quiere decir simplemente esto: nadie puede declarar sinceramente que Jesús es Señor, si el Espíritu Santo no habita en él.

Lo que quiero decir es que muchas personas religiosas pueden levantarse y decir cosas hermosas, pero esas palabras no siempre vienen del Espíritu Santo. No son más que palabras vacías. Discursos sin valor. Las instituciones religiosas están llenas de hipócritas. Un hipócrita es alguien que dice: Jesús es mi Señor, pero su vida es un desastre. La Biblia dice que nadie puede proclamar esto, a menos que el Espíritu Santo lo declare en él.

Porque es el Espíritu Santo quien hace Señor a Jesús en nuestras vidas. Y dice el verso 4: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. La palabra diversidad significa simplemente diferente. El Espíritu Santo nos llena, luego libera todo esto en dones, y estos dones son variados. O sea que es muy cierto que tenemos una gran variedad de dones, pero no menos cierto es que por esa razón tenemos una unidad de propósito.

Glorificar a Dios y edificar el cuerpo. Ese es el propósito, más allá de las formas, circunstancias o hasta doctrinas diversas. De hecho, no importa cómo se manifieste el Espíritu Santo. Él sólo tiene un pensamiento: glorificar a Jesús. No es para que te jactes, diciendo: hablo en lenguas, soy mejor que tú. Lo he oído y visto a esto, nadie me lo contó. Escucha, aprende, recuerda y entiende: el propósito de un don, sea cual sea, siempre es el mismo: glorificar a Jesús.

Miremos el verso 6: Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Que se te grabe bien esto, es el mismo Dios. Esto significa que todos los dones del Espíritu, son obra de Dios. Y que Él actúa en cada uno. Pero siempre hay alguno que dice; “hermano; ¿Por qué yo no profetizo o actúo como los demás? ¿Por qué yo no recibo del Señor como ellos?” Sin embargo, como quiera que seas, el Señor actúa en ti, por eso está escrito el primer verso de este capítulo.

Ignorancia. Puede ser que no sepas, aún, que él está obrando. Estamos aquí para ayudarte a tomar conciencia del Espíritu, para que seas sensible y reconozcas cuando Dios actúa en ti. A veces, hay que caminar simplemente con una fe bruta, por evidenciarla de alguna manera. Porque esa forma de fe, es una buena fe. En el verso 5 sobresale la palabra Operación. Asimismo, también tenemos la palabra Administración, que significa distribuir. El Espíritu Santo distribuye los dones, y son variados.

Pero en el verso siguiente, Operación quiere decir que, cuando Él distribuye estos dones, se pueden manifestar de manera diferente en cada persona. Si hay un grupo de diez personas, Dios pueda dar diez dones diferentes a cada uno de ellos, pero se van a manifestar de manera distinta en cada uno. Dios puede darle el don de profecía a tres personas. Pero una puede cantarla, otra puede darla en lenguas y la tercera en el idioma del lugar donde se encuentren. Y una cuarta, quizás sólo con su vida diaria.

Es la misma profecía, pero administrada de manera diferente. Así que no busques nunca hacer las cosas como otra persona. Actúa según la manera en que el Señor te ha formado. Y deja que Él se exprese naturalmente a través de ti. Algunos toman fuerza y adoptan una voz profética. ¡Así dice el Señor! Cuando saben que no es su verdadera voz, es inútil jugar un papel. A veces, el Señor te da solamente un versículo. Todo lo demás, corre por cuenta de tu trabajo, dedicación y esfuerzo.

No hay necesidad de hacerse el espiritual. El Espíritu Santo es tan natural, que se vuelve sobrenatural. Él actúa de modo diferente a través de cada uno, así que no busques imitar a nadie. Sé simplemente tú mismo en el Espíritu. Verso 7: Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Yo lo sintetizaría así: para provecho común. Esto significa que es para beneficio de toda la iglesia. No hablo de congregación local, hablo de iglesia.

Algo es real: todo lo que Dios hace, es para provecho de todo su pueblo, de todo el que de manera genuina es de Él y no de un templo o una denominación que a veces vive o sobrevive sin Él. Sus manifestaciones y sus dones están destinados a bendecir a todos. Pablo continúa, luego, enumerando los nueve dones. Pero quedémonos un instante en esta idea de provecho. Todo don manifestado por el Espíritu Santo, no es para ti mismo, sino para la edificación de los demás.

¿Alguna vez has oído a alguien decir: “Soy el profeta Fulano de Tal”? Eso es orgullo. La Biblia dice que el don que has recibido no es para ti, sino para los demás. Si he recibido el don de la enseñanza, como parecería ser, de algo estoy más que seguro: no es para mí. Porque no voy a sentarme a enseñarme a mí mismo. Lo mismo con el don de sanidad. Si lo tienes, no es para ti. Porque no necesitas sanarte a ti mismo. Ese don es para alguien más que está enfermo.

Todo lo que el Espíritu manifiesta, es para beneficio de los demás. Algunos suponen que, porque un día dan una buena profecía, se están volviendo más espirituales. No. Si piensas así, necesitas ayuda. Estas en peligro, porque lo que recibiste, no era para ti, sino para los demás. Y es aquí donde aparece otro problema que hemos visto mucho. Las personas que, un día, reciben una manifestación del Espíritu Santo, tienen tendencia a creerse superiores a los demás a partir de eso.

Hermana, hermano, si el Señor en su enorme misericordia decide usarte, dale gracias y alábalo. Punto. Jesús dijo: no permitan que nadie los llame maestro o rabí. Él sabía lo que decía. Gracias a Dios los pocos que comenzaron a comunicarse conmigo llamándome maestro o pastor, al sugerirles que si me decían Néstor eso sonaría a música en mis oídos, entendieron y así lo hicieron. La adulación, en cualquiera de sus manifestaciones, seducción incluida, es peligrosísima. Pero si sabes quién eres y dónde estás, vences.

No podemos andar por los templos o las calles haciéndonos pasar por lo que no somos, porque en todo caso, si algo tenemos, es porque Él nos eligió a nosotros y no nosotros a Él. El hombre carnal ama los títulos, credenciales y posiciones. Todo eso es hojarasca en las dimensiones del Reino. Ya hay un Rey. Punto. Hijos, sólo si aceptan ser súbditos de ese Rey. Justos, santos. Todos somos santos. ¿De dónde viene todo esto?

Lee tu Biblia, en todas partes de las escrituras encuentras a los santos. Envío esta carta a los santos de Éfeso, los santos de Galacia, los santos de Roma. Ojo: aquellos, no las estatuas que estás viendo en Roma hoy.  ¿Por qué todos esos eran santos? Porque el significado es el mismo. La palabra santo significa simplemente santificado, ser uno. Todos somos santificados por la sangre de Jesús. No te dejes llevar por aquellos que exaltan a las personas. Lo que tienes, es para los demás, así que debes darlo de gracia.

Esto nos lleva a otro principio importante. Si un don es dado para la edificación de todos, entonces cada uno aquí tiene algo qué aportar. Cada uno tiene algo para darme y yo, al mismo tiempo, algo para darle a él o ella. Al decir eso me vino a la mente la palabra talentos. A veces, los dones del Espíritu Santo operan en ti cuando todavía no has llegado. El Señor sabe que vas en camino y se adelanta para que cuando llegues ya tengas algo de experiencia. Lo sé por historia propia de vida.

Hay gente, allí, del otro lado, que seguramente piensa que mis oraciones son importantes y llegan al trono de la gracia. Y tal vez sea así, pero no de manera distinta a lo que pueden ser tus oraciones. Quizás sólo te falte la fe para que así sea. Dios te ama tanto como me ama a mí, no somos diferentes. Y sus dones pueden actuar en ti como actúan en mí. Lo que debemos saber es cómo desarrollarlos. Como ponerlos en acción para tú y yo trabajar juntos, aunque no lleguemos a conocernos nunca personalmente ni formemos ninguna estructura con nombres rimbombantes.

Versos 8-10 = Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Ahora ya sabes. No te vanaglories. Todos estos dones operan en cada uno según el mismo Espíritu los distribuye según Su voluntad.

Las escrituras dicen: no te vanaglories. Si le impones las manos a alguien y es sanado, no te jactes. Tú no has sanado a nadie por ti mismo. La Biblia dice que es el mismo espíritu el que opera. Él es el que hizo el trabajo. No soy de esos que anda por la vida buscando sanar gente, pero tengo algunas experiencias que, les aseguro, nunca busqué, simplemente sucedieron. Una mañana salía de la emisora de radio donde tenía el programa y me encontré con un hermano de la que entonces era nuestra congregación.

Raúl era compañero mío en la escuela bíblica para adultos que compartíamos los domingos por la mañana. Lo saludé y me dijo que iba al médico porque no soportaba más el tremendo dolor de espalda que tenía. Yo también tenía prisa, así que sin siquiera pensarlo le puse mi mano en su espalda, allí, delante de no menos de doscientas personas caminando, y le ordené al dolor que lo dejara. Nos dimos un abrazo y cada uno siguió su camino. Por la noche iba a llamarlo por teléfono para ver cómo estaba y se me olvidó.

Recién lo vi el domingo siguiente. Le pregunté qué le había dicho el médico y me respondió que finalmente había decidido no asistir a consultarlo. Me dijo que el dolor se le pasó en el acto después de orar, así que cambio sus planes y se fue a hacer otras diligencias. Ni él pensó que yo era especial por haberlo sanado ni yo lo pensé como mérito mío. Los dos, ya en ese tiempo teníamos más que claro como funcionaban esas cosas. Si era del Espíritu sanar, se sanaba y punto.

La otra anécdota, fue con la misma zona del cuerpo, pero en José, el padre de un alumno de nuestra clase que venía por primera vez a la iglesia, (Era creyente pero no se estaba congregando) porque su hijo le había hablado bien de nuestras clases. Al final de la misma fui a saludarlo y, en la pequeña conversación, me dijo que estaba muy atacado de lumbalgia, que había venido haciendo un esfuerzo. Tuve la misma reacción que con Raúl y el mismo resultado. Se transformaron en sólidos alumnos de allí en más.

¿Hubo otras sanidades? No. Esas dos, nada más. Orar oré por muchas personas, pero el Espíritu Santo envió su fuego sanador sólo por esas dos. Pese a eso, sé que tengo el don, pero también sé que ese don tendrá resultados de victoria cuando al Rey de reyes le parezca oportuno sanar. Si por cualquier causa que yo no tengo por qué conocer, mi Padre determina no sanar a alguien, mi única respuesta a eso, lo entienda o no lo entienda, será amén y gloria a Dios.

Hay tres categorías de dones. Tres dones dicen algo, son los dones de palabra, de expresión. Tres dones hacen algo, son los dones de acción, dones de poder. Tres dones revelan algo, son los dones de revelación. Así Dios cubre todos los aspectos de las necesidades humanas. La primera fase se encuentra en el verso 10. Dones de expresión. Profecía, Diversos géneros de lenguas, Interpretación de lenguas. Estos hablan, estos se expresan.

Dones de acción. La fe, el don de fe, el hacer milagros, los dones de sanidades. Esto también significa que Dios distribuye distintos tipos de sanidad. Esto último, hay que decirlo, no solamente incluye dolencias físicas. Una sanidad puede ser necesaria en cualquier área de un ser humano. Física, de su alma o de su espíritu. Y no me refiero a profesionales de estas áreas, estoy hablando de Dios, que siempre es quien sana.

Algo es notorio y claro. Los dones de sanidades están en plural, porque Dios tiene varios tipos de sanidad para dar. También hay que entender que la sanidad actúa de dos maneras. El Señor deposita sobre mí un don de sanidad y yo pongo mis manos sobre un enfermo, pero este don no se queda en mí. Pasa a la persona enferma, porque es ella la que lo necesita, no yo. Por eso se habla de don de sanidad. No es el que ora quien se queda con el don.

De hecho, hay una gran diferencia entre los dones y los frutos. Luego tenemos los dones de revelación. En el verso 8 encontramos: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, palabra de conocimiento y discernimiento de espíritus. Estos son dones de revelación. Podría decirse que estos dones están numerados por orden de importancia. Primero, los dones de revelación. Palabra de sabiduría y palabra de ciencia. Tienen que entenderse en este orden.

¿Por qué? Porque es más importante conocer los caminos de Dios que, simplemente, ver sus obras. La Biblia dice que Dios dio a conocer sus caminos a Moisés y sus obras a los hijos de Israel. Moisés conocía los caminos de Dios, pero el pueblo sólo veía sus obras. Abraham también conocía los caminos de Dios, mientras que el pueblo veía únicamente sus obras. Ahora, las sanidades que vemos, son las obras de Dios. Sólo duran un tiempo. Alguien puede ser sanado hoy y volver a lesionarse mañana.

Las obras de Dios son temporales en ese sentido. Lázaro, por ejemplo. Fue resucitado, pero más adelante murió de nuevo. La diferencia es que murió dos veces. Fue un milagro extraordinario, pero temporal. Por eso Jesús decía que no lo siguieran por lo que pudieran recibir, sino por lo que Él era. Los dones de revelación, son dones de relación. Consisten en caminar en armonía con Dios hasta el punto en que Él puede susurrarte sus pensamientos.

Por eso estos dones están enumerados primero. Dios te revela lo que quiere y luego te da los dones de poder para cumplir su plan. Estos dones de revelación te muestran lo que Dios piensa, lo que siente y lo que quiere hacer. Son dones de un nivel elevado, pero esto no hace que la persona que los manifiesta sea importante. Es el don en sí mismo lo importante. Luego vienen los dones de poder, estos son los dones que actúan.

La fe, los milagros y las sanidades. Se enumeran en segundo lugar porque, una vez que Dios te revela algo, también te da el poder para cumplirlo. Finalmente, en último lugar, vienen los dones de expresión. Las lenguas, su interpretación y las profecías. Hay denominaciones enteras que han puesto a las lenguas en primer lugar, hasta el punto de cometer la barbaridad de asegurarte que, si no hablas en lenguas, no eres salvo. He visto a gente espiritualmente destruida por esa teoría que ni siquiera me atrevo a llamar doctrina.

Es un privilegio el poder ayudar a otros, pero no aplastarlos como si fueran cucarachas. Cada uno de nosotros debería querer edificar a los demás. Estos dones, en tanto, están allí para el bien de todos, y no para que algunos se vuelvan famosos o engreídos. Algunas personas no buscan la gloria, pero Dios las hace conocidas porque las usa. Otros, en cambio, quieren hacerse famosos por sí mismos. Y uno de los ejemplos más prácticos que tenemos, es el de Simón.

Él vio a Pedro y a los demás apóstoles imponer las manos a la gente y les dijo: denme ese poder y les pagaré millones. Él quería ser famoso. Pedro, por su parte, no hizo nada para ser conocido. Simplemente decía: este hombre fue sanado por Jesús, no por mí. Cuando la gente quería adorar a los discípulos, estos respondían: levántense, somos hombres como ustedes. Es Jesús, a quienes ustedes crucificaron quien sanó a este hombre. ¿Y por qué les cuesta tanto a tantos creerme cuando digo lo mismo?

Esa era la actitud que tenían. No se sentían diferentes que los demás. Así que, nunca se dejen impresionar por lo que Dios puede hacer a través de cualquiera de los ministros que conoces que más te agradan. Escúchame, léeme, aprende y enseña lo aprendido y vivido. Luego mira mis trabajos y di: Él no es mejor que yo. Néstor no es mejor que yo. Su voz y sus producciones pueden inundar las redes, pero Él es un hombre como yo, con las mismas luchas y victorias y derrotas que yo.

Hay algo que quiero aclarar. Los dones del Espíritu Santo, son diferentes a los frutos del Espíritu Santo. Pregunto: ¿Quién de ustedes ha tenido alguna vez en su casa un árbol de Navidad? Casi todo el mundo, lo sé. ¿Recuerdan las decoraciones que se le cuelgan a ese árbol? Quedan suspendidas como si fueran frutas. Originalmente, esto representaba simbólicamente, frutas. Es un ritual pagano que ha perdurado y se ha mezclado con la tradición cristiana.

No hay nada de malo en tener un árbol de esos en casa. Sobre todo, por la alegría de los niños. Lo importante es no adorarlo. Las decoraciones representan frutos, pero no crecen en el árbol. Sólo se cuelgan allí. Esos son dones. Y debajo del árbol, ¿Qué se pone? Regalos. Mientras que un verdadero árbol frutal produce su fruto naturalmente. No necesitas colgar una banana de un bananero ni una manzana de un manzano. El árbol produce sus propios frutos.

He allí la diferencia. Los dones del Espíritu son maravillosos, pero los frutos del Espíritu son más importantes. Porque los dones son dados, mientras que los frutos tienen que ser cultivados. Muchos cristianos se parecen a árboles de Navidad. No tienen frutos, pero quieren que Dios les cuelgue cosas. ¡Señor! ¡Dame más amor! ¡Señor! ¡Dame paciencia! ¡Señor! ¡Dame dominio propio! Y Dios les responde que no, que no puede darles lo que ya tienen.

Puedes pedirle un don a Dios, no hay problema, pero no puedes pedir un fruto. ¿Alguna vez has visto a un naranjo esforzarse para producir una naranja? No. El fruto sale naturalmente. Si eres salvo, el fruto del Espíritu está en ti. Gálatas 5:22-23 = Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Noten que el fruto está escrito en singular, no en plural.

Esto significa que todas estas cualidades forman un solo fruto. Si tienes a Jesús y al Espíritu Santo, ya tienes todo esto en ti. Todo esto, a veces cuesta un poco caro, pero créeme que vale la pena de ida y de vuelta. La verdadera presencia del Espíritu Santo en una vida es la potencia de tus frutos. Tu vida debe ser controlada por lo que es beneficioso. No debemos gimotear nunca cuando nos enfrentamos a desafíos. Nos ponemos de pie, miramos a los ojos al diablo y decimos: Hagas lo que hagas, soy más que vencedor.

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febrero 1, 2026 Néstor Martínez