Siempre me ha llamado la atención un detalle bíblico profundamente revelador: hay un salmo famosísimo dedicado al pastor… el Salmo 23. El Señor es mi pastor, nada me falta. Hermoso. Profundo. Con praderas verdes, aguas tranquilas y ovejas relajadas. Pero uno busca, hojea, vuelve a buscar… y no hay ningún salmo dedicado al maestro.
Y no es casualidad. Porque el pastor guía a las ovejas… pero las ovejas no preguntan cada cinco minutos: —“¿Esto entra para el examen?” —“¿Va a subir el punto?” —“¿Y si no entendí, puede repetirlo… pero distinto… y más despacio?”
El pastor dice: “Por aquí”. Y las ovejas van. El maestro dice: “Por aquí”. Y alguien responde: —“Yo no lo veo tan claro”. Otro dice: —“En TikTok explican otra cosa”. Y uno más pregunta si puede entregar el trabajo… la semana que viene… o el mes que viene… o cuando se sienta inspirado. El pastor cuida del rebaño. El maestro cuida del rebaño… y además corrige redacciones, pone notas, llena actas, explica por quinta vez lo mismo, y aun así escucha: —“Profe, usted no explicó eso”.
El Salmo 23 dice: “Confortará mi alma”. Imagínate un salmo del maestro: “El Señor es mi maestro… y aun así tengo que repetirlo”. No hay salmo del maestro porque si lo hubiera, sería demasiado largo. Tendría anexos. Rúbricas. Notas al pie. Y probablemente una queja al final.
Y sin embargo… si hubiera un salmo del maestro, no hablaría de aguas tranquilas, hablaría de paciencia infinita. No de verdes pastos, sino de sembrar sin saber cuándo brota. No de ovejas obedientes, sino de personas libres… que un día, sin avisar, recuerdan una frase y cambian de rumbo.
Tal vez no hay un salmo dedicado al maestro porque su recompensa no está en el texto,
sino en ese exalumno que un día dice: “Ahora lo entiendo… gracias”. Y eso, aunque no esté en la Biblia, es casi un milagro.
Por lo tanto, y teniendo en cuenta todas estas cosas, me voy a tomar el atrevimiento de pedir prestado un salmo y dedicarlo a todos los maestros de la palabra existentes no sólo dentro de las congregaciones cristianas, sino en cada casa o sitio no religioso donde enseñar la Palabra de Dios sea una prioridad. ¿Me lo prestan? Gracias, voy a tomar el pequeño salmito que lleva el número 119.
La Historia Global
El Libro de los Salmos nos enseña algo muy sencillo y, a la vez, muy difícil de vivir: que podemos presentarnos ante Dios tal como estamos, sin disfraces. En los salmos hay alegría, gratitud, pero también miedo, rabia, cansancio y hasta ganas de rendirse. Nada de eso se oculta. Y eso ya es una lección espiritual profunda: Dios no espera palabras bonitas, espera un corazón verdadero.
Muchos salmos nacen en momentos de crisis. El salmista no ora cuando todo va bien, sino cuando se siente acorralado, incomprendido o débil. Ahí descubrimos algo práctico para la vida diaria: la oración no es huir de los problemas, es mirarlos de frente y llevarlos a Dios. Orar no cambia mágicamente la realidad, pero sí cambia el lugar desde donde la enfrentamos.
El salmo nos recuerda que la confianza no es ausencia de miedo. El miedo está ahí, pero no tiene la última palabra. “El Señor es mi pastor, nada me falta” no significa que nada duela, sino que aun en medio del valle oscuro no caminamos solos. Esa certeza no quita el sufrimiento, pero lo vuelve habitable.
Otra enseñanza clave es la memoria agradecida. El salmista recuerda una y otra vez lo que Dios ha hecho antes. En la práctica, esto nos invita a no vivir solo desde la herida del presente. Recordar los momentos en que fuimos sostenidos nos da fuerza para el ahora. La fe se alimenta de memoria.
Finalmente, los Salmos nos devuelven a lo esencial: la vida humana es frágil, pero profundamente valiosa. Cuando reconocemos nuestra pequeñez, dejamos de fingir autosuficiencia y aprendemos a descansar. En ese descanso, humilde y confiado, el alma encuentra paz, no porque todo esté resuelto, sino porque ya no carga sola.
La Historia Central
Quiero referirme aquí, dentro mis acotados conocimientos teológicos e históricos, al Salmo 119. Es el Salmo más extenso y el capítulo más largo de la Biblia. Tiene ciento setenta y seis versículos y cada versículo, (con la posible excepción de dos de ellos), constituye una alabanza a la Palabra de Dios. Por eso es mi ocurrente y antojado título de Salmo del Maestro. ¿Qué otra cosa definiría el trabajo de enseñanza, sino el respeto, cuidado y admiración por la Palabra?
Sería muy positivo que tú y yo pusiéramos ese énfasis en la Palabra de Dios. Como creyentes necesitamos colocar el énfasis donde Dios lo coloca. En nuestro tiempo se coloca mucho énfasis en programas, métodos, ceremonias y actividades de la iglesia. Ya aprendí y viví bastante de eso. Este es otro tiempo en mi vida y en la de muchos creyentes. Por eso es que estoy convencido que nuestro énfasis principal debería recaer en la Palabra de Dios porque ella es lo único que Él ha prometido bendecir.
El arreglo, la organización, la conformación de este Salmo es sumamente interesante. Fue preparado de una manera muy cuidadosa. Es un acróstico, pero un acróstico un poco diferente de lo que ya hemos visto con anterioridad. En lugar de tener un versículo que comienza con cada letra del alfabeto hebreo (Y hay veintidós letras en el alfabeto hebreo), hay ocho versículos para cada letra del alfabeto, con lo cual se distribuyen los 176 versículos de este Salmo.
Hay muchos ministros que han hablado bastante acerca de lo significativo de los números en la Biblia. No soy un erudito en ello, pero repetiré lo que aprendí y tú sacarás tus conclusiones. El número ocho en este Salmo, es clave ya que bajo cada una de las veintidós letras del alfabeto hebreo, hay ocho versículos que empiezan con esa letra en particular. El número ocho en la Biblia parece ser el número de la resurrección. Fue por ejemplo, en el octavo día cuando el Señor Jesucristo regresó de los muertos.
Él estaba muerto en el séptimo día, en el sábado, y en el octavo día, que era el primer día de la semana, resucitó. Muchos piensan que Dios ha terminado sus tratos con Israel, y otros que eso no es así. Pablo aclaró algo en Romanos 11:15, cuando escribió: Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿Qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? Para algunos teólogos, la Biblia afirma categóricamente que Dios no ha terminado con Israel. Para otros, exactamente lo contrario.
Es cierto que dice que así como el Señor Jesús resucitó de los muertos, ese pueblo será reunido como nación en el reino. Lo que sucede es que algunos entienden que habla de Israel, mientras que otros sostienen que se refiere a la iglesia, sin apellidos ni razas nacionales. Dios, de una manera especial, salvará a naciones. Así que habrá multitudes que aún serán salvadas. El gran predicador Spurgeon solía decir: «Dios va a ganar. Habrá más personas salvas que perdidas». Lo creemos así, aunque al mirar a nuestro alrededor no vemos que esté sucediendo.
Hay personas que se entusiasman cuando visitan a Israel en el presente, porque creen que están viendo el cumplimiento de la profecía. Aunque es cierto que los judíos están regresando a Israel, éste no es el cumplimiento de la Escritura, porque están regresando con una actitud de incredulidad; no están volviéndose a Dios. Hemos leído un comentario sobre judíos inmigrantes en Israel, destacando que éstos estaban sorprendidos por el ateísmo y la falta de práctica de la religión judía en ese país.
Así que es cierto que no hay mayor actitud de retorno a Dios en Jerusalén, que la que hay en cualquier otra ciudad del mundo. Pero cuando Dios cumpla Su profecía, traerá a los judíos de regreso a su tierra y ese evento será la resurrección de la nación. Será como si ellos volvieran de la muerte a la vida.
Si tú recibes vida eterna será por medio de la Palabra de Dios. El apóstol Pedro nos dijo en su primera carta universal, capítulo 1, versículo 23: Pues habéis renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre«. Renacidos por la Palabra de Dios que revela al Señor Jesucristo. La Palabra de Dios te traerá vida, te traerá libertad, te traerá alegría, te traerá bendición.
Este Salmo ha tenido mucho significado para muchos cristianos a través de los años. John Ruskin, en el ocaso de su vida, escribió: «Es extraño que de todas las porciones de la Biblia que me enseñó mi madre, la que me resultó más difícil de aprender y la que rechazaba mi mente, el Salmo 119, ha llegado a ser la más hermosa, en su pasión desbordante y gloriosa del amor por la ley de Dios».
Y William Wilberforce, este hombre de estado que se convirtió durante el movimiento de Wesley, escribió en su diario: «Caminé desde la esquina de Hyde Park repitiendo el Salmo 119, con una gran sensación de consuelo». Hasta aquí la cita. Si alguna noche, tú no puedes dormir, antes de probar otros recursos para matar el tiempo, te aconsejamos que leas los versículos de este salmo. Con toda seguridad que sentirás los efectos de la palabra de Dios.
Este salmo se caracteriza por ciertos términos, como, por ejemplo, palabra, dichos, caminos, testimonios, juicios, preceptos, mandamientos, ley, estatutos y fidelidad. Al recorrer este Salmo, destacaremos ciertos versículos conforme sean iluminados por el Espíritu Santo. No tengo intención de establecer un comentario bíblico ni mucho menos, sólo entregarte lo que entiendo es un extenso canto de alabanza a la maravillosa Palabra de Dios con la idea que seas bendecido/a por ella.
ALEF
Comienzo del Desarrollo
Lo primero que nos encontramos al iniciar la lectura del Salmo 119, es con una palabra: Alef. Es la primera letra del alfabeto hebreo de la cual te voy a dar algunos pormenores, con la intención que conozcas algo más de los motivos o razones por las cuales participa de este trabajo. La alef está formada por dos iud, una en la parte superior derecha, y la otra en la inferior izquierda, unidas por una vav en diagonal. Esto representa las aguas superiores e inferiores con el firmamento entre ellos, como fue enseñado por el Arí z» .
El agua, es mencionada por primera vez en la Torá, en el relato del primer día de la Creación: Y el Espíritu de Dios merodea por sobre la superficie de las aguas. En ese momento, las aguas superiores e inferiores eran indistinguibles; su estado es llamado como «agua en el agua». En el segundo día de la Creación, Dios separó las dos aguas «extendiendo» el firmamento entre ellas. En el servicio del alma, como enseña el jasidismo, el agua superior es agua de alegría, la experiencia de estar cercano a Dios, mientras que el agua inferior es agua de amargura, la experiencia de estar lejano de Dios.
En la filosofía judía, las dos propiedades intrínsecas del agua son «húmedo» y «frío». El agua superior es «húmeda», asociado con el sentimiento de unidad con la «exaltación de Dios»; mientras que el agua inferior es «fría», con el sentimiento de separación, la frustración de experimentar la inherente «soledad del hombre». El servicio Divino, como enseña el jasidismo, enfatiza que, de hecho, la conciencia primaria de ambas aguas es el sentido de Divinidad.
Cada una según su perspectiva: según las aguas superiores, cuanto mayor es la «exaltación de Dios», más grande es la unidad de todo en Su Ser Absoluto; según la perspectiva de la segunda, a mayor «exaltación de Dios», mayor es el abismo existencial que separa la realidad de Dios y la del individuo, y de aquí la inherente «soledad del hombre».El Talmud nos cuenta acerca de cuatro sabios que entraron al «pardés», el místico huerto de elevación espiritual, sólo alcanzado a través de intensa meditación y contemplación cabalística.
El más grande de ellos, rabí Akiva, les dijo a los otros antes de entrar: «Cuando vuelvan del lugar de la piedra de mármol pura, no pidan ‘agua, agua’, porque está dicho: ‘Aquel que habla falsedades, no se parará ante mis ojos'». El Arí z»l explica que el sitio de la «piedra de mármol pura», es donde se unen las aguas superiores e inferiores. Aquí no se puede suplicar ‘agua, agua’, ya que es como si dividiera las aguas superiores e inferiores.
«El lugar de la piedra de mármol pura» es el sitio de la verdad, el poder Divino de soportar dos opuestos en forma simultánea, y en las palabras de rabí Shalom ben Adret: «la paradoja de las paradojas». Aquí, «la exaltación de Dios» y Su «proximidad» con el hombre, se une con la «soledad del hombre» y su «distancia» de Dios. La Torá comienza con la letra bet: Bereishit (en el principio) Dios creó los cielos y la tierra. Los Diez Mandamientos, la revelación Divina al pueblo judío en el Sinaí, comienza con la letra alef: «Anoji soy Dios tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.
El Midrash afirma que la «Suprema Realidad» se apartó de la «realidad inferior», porque Dios decretó que ni la Realidad Superior va a descender, ni la inferior va a ascender. Al entregar la Torá, Dios anuló Su decreto, Él Mismo fue el primero en descender, como está escrito: «Y Dios bajó sobre el Monte Sinaí». Por otro lado, la realidad inferior ascendió: «Y Moisés se acercó a la nube…». La unión de la «realidad superior», la iud de arriba, con la «realidad Inferior», la iud de abajo, por intermedio de la conexión de la vav que es la Torá, es el secreto último de la Torá.
Lo que Lees en Tu Biblia
(Salmo 119: 1) = ¡Cuán bienaventurados son los de conducta intachable, los que andan en la ley de Jehová!
Quiero recordarte que cuando en la Biblia lees la palabra bienaventurado, lo que estás leyendo es un sinónimo de feliz. En este caso, felices, da la pauta para todo el resto del salmo; la clave para la felicidad es cumplir la voluntad de Dios, tal cual ésta se revela en su Palabra. En los originales hebreos, la palabra que aquí se ha traducido como conducta, en realidad se inscribe como camino. Camino intachable. En cuanto a la expresión traducida como Ley, la palabra usada es torta, que proviene de torah.
Esta es la primera y más importante de las ocho palabras claves (en cierto modo sinónimos), de este salmo. El vocablo torah, que es ley, significa primordialmente instrucción o enseñanza, más bien que un elemento del sistema legal. Dios, para ordenar, primero instruye. Y resulta muy llamativo y curioso que, en un salmo como este, que ha trascendido a todas las enseñanzas globales como un salmo dedicado a exaltar la palabra de Dios, lo primero que se nos dice es que solamente son los de andar intachable por la vida los que pertenecen genuinamente a la Palabra.
Porque esto, indudablemente, tiene que ver con el poner por obra. Doctores o master en Teología hay cientos, pero gente que resulte intachable a la hora de examinar sus comportamientos o conductas, muchas menos. Es mucho más fácil predicar en una conferencia que vivir conforme al propósito y la voluntad de Dios apenas veinticuatro horas. Sin embargo, los que han sido llamados a establecer parámetros reales y genuinos dentro de un secularismo plagado de pecado y corrupción, son aquellos que pueden mostrar algo más que una verba elocuente. Son los que pueden plantarse delante de un incrédulo escéptico y decirle: Oye, si no crees que el Evangelio de Jesucristo cambia las vidas, mírame vivir.
Te recuerdo que cuando decimos que alguien es intachable, etimológicamente estamos asegurando que esa persona no merece ni la menor censura a sus actos. Que no se puede establecer contra ella la menor crítica porque sus comportamientos sólo dan origen al asombro y la maravilla que sólo es capaz de producir y despertar la santidad bien entendida. El Salmo 101 tiene que ver con una promesa de vivir rectamente, y en sus versos 2 y 6, respectivamente, podemos leer: Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí. En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa – Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; el que ande en el camino de la perfección, éste me servirá.
El otro salmo que alude a lo mismo que centraliza el que estamos estudiando, es el 128. En su primer verso, leemos: Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Fíjate; todas las bendiciones que aparecen aquí se basan en un elemento de culto al que frecuentemente se le presta muy poca atención: el temor al Señor.
2) ¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón lo buscan!
Si tú consultas a un buen diccionario secular, te dirá que el término testimonio significa: una declaración en que se afirma o asegura alguna cosa; una prueba, justificación y comprobación de la certeza o existencia de una cosa o un documento autorizado por notario en que se da fe de un hecho. Si nos remitimos al más evangélico término de testificar, nos encontraremos que en lo conceptual es salir de testigo a favor de algo o alguien, aunque nosotros histórica y tradicionalmente lo hemos utilizado casi como sinónimo de evangelizar.
La palabra utilizada para tal efecto en este texto, es la palabra edith, y se constituye en la segunda palabra clave en este compendio, porque implica el establecimiento de ciertas reglas de conducta que de alguna manera atestiguan la voluntad de Dios. Creo que es muy bueno que en diferentes lugares del mundo se levanten púlpitos y plataformas albergando a hombres y mujeres que, con gran elocuencia, hablen al pueblo incrédulo o no tan incrédulo de las bondades del Dios de todo poder.
Y es mucho mejor si a esas charlas las adornan o enriquecen con ciertos y específicos textos bíblicos elegidos conforme a las reglas que la Teología sistemática establece para una buena homilética. Pero está más que claro que es mucho mejor si quien se planta delante de muchas personas deja traslucir en su conducta y en su ser interior la presencia viva del Dios vivo. Y a eso, créeme, sólo se lo consigue buscando al Señor tal como lo dice aquí: con todo nuestro corazón. Y esto no es algo nuevo ni novedoso, sino que simplemente se trata de respetar un antiguo mandamiento dado por Dios mismo a su pueblo Israel. En Deuteronomio 6: 5 leemos: Y amarás a Jehová tú Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
Los Nacidos de Dios
(3) En verdad no hacen iniquidad, porque andan en sus caminos.
Te recuerdo; estamos hablando de aquellos con una conducta intachable que caminan conforme a la ley (Que en este caso es la Palabra) de Dios. Y dice aquí que ellos no hacen iniquidad precisamente por eso, por andar en sus caminos intachables. ¿Qué quiere decir esto? Que la iniquidad, que es la suma genética de pecados transferidos por ligaduras familiares, estará presta a brotar en cualquier persona siempre y cuando ésta no se refugie en los rudimentos de la Palabra de Dios.
Porque la vida activa de la Palabra, (Recuerda que dice la Biblia que la Palabra ES viva, no que ESTÁ viva. Es diferente: todo lo que está vivo, un día se muere. Pero todo lo que ES vivo permanece porque tiene visos de eternidad. De eso hablamos. Y la Palabra de Dios cuando se convierte en un hecho activo y dinámico, toma forma concreta a la vista natural de los seres humanos. Produce integridad, rectitud y honestidad, tres elementos básicos para considerar a alguien intachable. Y cuando se camina en estos parámetros, no hay iniquidad ni ADN que pueda con ello.
No obstante, lo que nos tiene que quedar más que claro de este verso, es que se nos asegura que cuando andamos en los caminos de Dios, (Esto es obediencia a Su Palabra y sometimiento a Su Espíritu), no hay manera de que caigamos en iniquidad. Esto es muy importante porque es mucha la gente (Cristiana, obviamente) que pese a estar convertida y ser fiel, todavía pelea duramente contra ese flagelo de su historia generacional y familiar llamado iniquidad. Claro está que si tú apareces en una iglesia y le dices a su gente que para salir de ello tiene que leer más su Biblia, seguramente van a mirarte torcido.
Juan, en su primera carta y en el capítulo 3 y verso 9 lo explica así: Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En otras palabras: obediencia a la palabra de Dios y sometimiento al Espíritu Santo son reaseguros en contra del pecado compulsivo de la iniquidad.
Más adelante, en esa misma carta pero ya en el capítulo 5 y verso 18, Juan lo vuelve a reiterar ampliando conceptos, cuando expresa: Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios (Cristo) le guarda, y el maligno no le toca. ¿Recuerdas el pasaje que dice que al que está en Cristo el maligno no le toca? De eso habla. Cuidado: dice al que está EN Cristo, no al que recibió información acerca de Él o dice creer en Él.
(4) Tú nos has encomendado tus preceptos para que sean muy guardados.
Dice que Dios nos ha encomendado sus preceptos. ¿Qué cosa es encomendar algo a alguien? Encargarle que haga alguna cosa, poner algo al cuidado de alguien, recomendar, alabar o entregarse y confiarse al amparo o protección de alguien. ¿Todo eso por un precepto? Y aquí viene la segunda parte: ¿Qué cosa es un precepto, concretamente? Un precepto vendría a ser en primera instancia, una disposición o un mandato superior que se debe cumplir.
Disposición o mandato superior que se debe cumplir: En segunda medida, un precepto es cada una de las instrucciones o reglas que se dan o establecen para el conocimiento de un arte o facultad. Entonces, ¿Todo por un precepto? Digamos que por más de uno. Porque la palabra de Dios no es el logos que tienes delante de tus ojos intelectuales en tu Biblia. La palabra de Dios está encerrada en forma de principios espirituales que deben ser revelados por el Espíritu Santo; de otro modo no pueden ser vistos.
Por eso es que el mundo secular es total y absolutamente incapaz de encontrar perlas en las escrituras. Intelectualmente es imposible encontrar esos preceptos, que no son otra cosa que esas disposiciones o mandatos que Dios ha encerrado en su Palabra con la finalidad de que cuando el Espíritu se los reveles a sus hijos, estos los obedecerán de inmediato. Y luego dice que esos preceptos que Dios nos ha encomendado, tienen que ser guardados por nosotros.
Claro está que el término guardado, aquí, tiene características muy distintas al uso común de la lengua española. Se traduce del vocablo hebreo piqqudim, y se convierte en la tercera palabra clave que significa referirse a normas personales que el ser humano tiene que obedecer. El error durante mucho tiempo, al menos en la América hispana, ha sido que se ha interpretado esto como que debemos tomar esos preceptos de Dios y esconderlos debajo de la almohada o del colchón para que nadie los vea ni los toque. Y salimos a decir que somos obedientes y hemos guardado los preceptos. Calma, hermano; guardar es cumplimentar, poner por obra, llevar a la práctica. Normas personales.
Consecuencias de Aquellas Tablas
(5) ¡Cómo anhelo sean ordenados mis caminos, para poder guardar tus estatutos!
Una curiosa oración la del salmista. Curiosa y, además, peligrosa si no tenemos en cuenta las probables respuestas de Dios. Siempre recuerdo en mis primeras épocas de creyente, solía reunirme con unos muchachos en una casa de familia a orar y escuchar la Palabra de boca de alguien más maduro. Entre esos jóvenes estaba el que me había hablado del Señor y, de alguna manera, acompañado a la entrada del camino de la fe. Un íntimo amigo de él, a quien yo respetaba muchísimo porque largamente era el que más conocía la Biblia de todos nosotros, solía orar de un modo muy particular.
Él se arrodillaba y clamaba: “¡Señor! ¡Quebrántame!” Él explicaba que eso lo hacía porque era necesario que Dios nos quebrantara para sacar de nuestro interior lo mejor y más provechoso para Su Reino. A mí me impactaba todo eso, pero ni por asomo me atrevía a orar del mismo modo. Sentía que corría un riesgo que era incapaz de evaluar. Pese a mis escasos conocimientos, no estaba del todo equivocado. Al poco tiempo este joven comenzó a tener problemas en su matrimonio.
Su esposa, que había sido una católica romana sin el menor interés por las cosas de Dios, se había volcado a misas, novenas y cuanta liturgia romana existiera con la única finalidad de combatir la nueva fe de su marido. El problema fue creciendo cada vez más hasta que algunos meses después, desencadenó en una crisis de la que ya jamás volvieron a salir. No se divorciaron por razones reglamentarias “de ambas religiones”, pero sus vidas atravesaron pequeños infiernos terrenales que terminaron por entibiar primero y enfriar posteriormente la tremenda fe que parecía tener mi amigo.
No te lo puedo negar; fueron muchas, muchísimas las ocasiones en las que en mi memoria retornaban aquellas palabras cargadas de pasión y fuego espiritual que él había pronunciado en el marco de nuestras reuniones: “¡Señor! ¡Quebrántame!” ¿Habría respondido así Dios a su oración? Nunca lo supe con certeza ni me atreví a conjeturarlo. Sólo aprendí a tener respeto por lo que dicen nuestras bocas. El salmista aquí clama para que sus caminos sean ordenados por Dios con la finalidad de tener lo necesario interiormente como para poder guardar (Respetar, cumplimentar) sus estatutos.
¿Y de qué se habla cuando se habla de estatuto? Gramaticalmente, es una norma, una regla que tiene valor legal para un cuerpo, una asociación o grupo específico. Sin embargo, desde los originales, la palabra es juqqim, y se constituye en la cuarta palabra clave relacionada con normas sociales que rigen la conducta del individuo como miembro de la sociedad.
(6) Entonces no me avergonzaría al contemplar todos tus mandamientos.
Es inevitable; cuando pronunciamos, escribimos o pensamos en la palabra Mandamiento, retornamos casi sin pausa a las remotas tablas que Moisés bajó del monte luego de pasar ese tiempo a solas con Dios. Y no es incorrecto, sólo que es incompleto. Porque un mandamiento, en este tenor que estamos hablando, es una especie de conjunto de leyes divinas, y no son aquellas diez de Moisés las únicas. Ha quedado demostrado en algunos trabajos nuestros que Jesús estableció muchos más, y que todos deben respetarse por igual. En este caso específico, la palabra hebrea utilizada para traducir mandamiento, es la palabra mitsvot, y se constituye en la quinta palabra clave de las ocho que antes te preanunciara, y que tiene que ver precisamente con las leyes divinas en la esfera de una vida santa propuesta por Dios.
¡Guarda Sus Estatutos!
(7) Te alabaré con rectitud de corazón, cuando aprenda tus justos preceptos.
Hablaba con alguien con ciertos problemas de relación y me confesaba que eso le sucedía por causa de su extrema rectitud. Yo le preguntaba si con ella misma también era así de recta, y me respondía que sí, que lo era, y que no le resultaba sencillo serlo. El mundo valora sensiblemente la rectitud, la integridad y la honestidad en las personas. Las valora al grado sumo de convertirlas en líderes políticos o sociales a aquellos que la poseen o, al menos, parecerían poseerla. Hay un gran caudal de simulación al respecto.
Haciendo honor a la antigua palabra de Jeremías respecto a que la hipocresía nació en la iglesia, convengamos que la rectitud y sus valores conjuntos se simulan mucho más en nuestros ambientes que en los del mundo secular. Por eso hay tanta decadencia espiritual en la alabanza. Hoy, la alabanza, (Lo mismo que la adoración), han quedado reducidas por imperio de las prédicas interesadas, en minúsculos comportamientos musicales o artísticos. Con eso se ofende a Dios.
Alabanza es estrictamente lo que aquí se dice: portar un corazón recto. Y eso solamente puede lograrse como producto de la presencia del Espíritu Santo en el interior del hombre. La palabra preceptos, en este texto, es la palabra hebrea mishpatim, y es la sexta palabra clave que tiene que ver con las normas de rectitud para respetar los derechos del prójimo. Es habitual, corriente y reiterativo ver protestas en defensa de nuestros derechos, pero muy poco se ve respecto a los de nuestro prójimo. Y es muy curioso, porque de eso se habla cuando se nos dice que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos.
(8) Guardaré tus estatutos, ¡No me abandones del todo!
Creo que no debe existir un ser humano que alguna vez no le haya pedido y hasta clamado a Dios que no lo abandone. Ocurre cuando creemos que Dios se olvidó de nosotros y, muy ocupado con sus grandes asuntos, no está para perder su tiempo en un insignificante hombrecillo de pies pegados al piso con insignificantes problemillas. Sin embargo, con el correr de los tiempos y un caminar más maduro en los senderos divinos, aprendemos que no es así en absoluto. Dios jamás olvida a unos para dedicarse a otros. Por eso es omnipresente y omnisciente. La equidad y justicia celestial no es ni podrá ser entendida por el hombre natural.
De todos modos, sí puede suceder que Él permita que pases un tiempo de prueba, otro de crisis y aún de angustia. Siempre será para encontrar, en el final de ese camino, una respuesta positiva y una victoria erguida en medio de la aparente derrota. Por eso es menester que, si Él va a determinar cierto grado de pequeño abandono, que no lo sea en su totalidad. Eso es lo que pide el salmista. En suma, esta estrofa de ocho versos nos muestra que la felicidad consiste en cumplir el primer mandamiento de la ley. Muestra el salmista quiénes son los verdaderamente dichosos los perfectos de camino, es decir, los de conducta intachable, que caminan en la ley de Jehová.
Esto equivale a guardar sus testimonios, es decir, las normas de conducta que atestiguan la voluntad de Dios. Vemos, pues, la correlación que hay entre felicidad y obediencia, y la tremenda equivocación que sufren los mundanos cuando piensan que una conducta santa es necia o aburrida. ¡Es todo lo contrario! No hay nada tan sabio y entretenido como cumplir con amor la voluntad de Dios, pues la obediencia es el vínculo con que la impotencia se une a la omnipotencia: Todo lo puede el que hace lo que Dios quiere. Pero es menester concentrar el esfuerzo mental y cordial, buscando de todo corazón el conocimiento de Dios.
(Romanos 12: 1) = Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto racional. (2) No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Dice luego que estos no hacen iniquidad, pues el objetivo primordial de la Torah es prevenir al hombre para que no marche por las sendas del mal, sino por los caminos de Dios. Así que andar en la ley de Jehová equivale a andar en sus caminos. De esta consideración, y del encargo que Dios ha hecho de que sean diligentemente guardados sus preceptos, el salmista expresa su deseo vehemente de guardar los estatutos de Dios; para esa observancia es menester una conducta firme, estable, afianzada.
Sabe que si adquiriese esa firmeza, no se vería avergonzado de haber fracasado en alcanzar su ideal, al considerar todos los mandamientos divinos. El salmista promete ahora dar gracias a Dios con corazón recto cuando aprenda las ordenanzas justas (literalmente dice justos juicios) de Dios. Con ello confiesa que “no domina la asignatura”, que le queda aún mucho por aprender de la ley de Dios.
Ordenanzas. Durante toda la vida, debemos ser buenos estudiantes de la escuela de Cristo, sentados a sus pies, sin tenernos jamás por “maestros consumados”. A esta acción de gracias, añade el salmista una ferviente oración, a fin de que no le abandone hasta el extremo. Los más santos son los que más temen la tentación, pues son los que más odian el pecado; sólo con la protección constante de Dios, se siente capaz de guardar sus estatutos; es muy apropiado aquí el vocablo, ya que el término hebreo procede de una raíz que significa “grabaren piedra”, pues desea tener siempre ante los ojos esos estatutos, a fin de no correr la suerte fatídica de Israel siempre que eran culpables de transgredir los estatutos de Dios.
¡Qué bueno es el poder buscar a Dios con todo el corazón! No es de una manera indiferente o fría, sin entusiasmo. A veces al entusiasmo le sigue una actitud de desánimo o desgano. No son como ese hombre que se menciona en el Salmo 1, de quien se dice: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos. Es la persona que no se detiene, que continúa caminando bajo la dirección del Espíritu. Como dice otra versión del versículo 2: Dichosos los que guardan tus estatutos y de todo corazón lo buscan. Como complemento, y a pesar de algunas diferencias un tanto cuestionadas, reproduzco estos mismos ocho versos del Alef, tal cual lo traduce la Versión Popular.
¡Felices los que se conducen sin tacha y siguen la enseñanza del Señor! Felices los que atienden a sus mandatos y lo buscan de todo corazón, los que no hacen nada malo, los que siguen el camino del Señor. Tú has ordenado que tus preceptos se cumplan estrictamente. ¡Ojalá yo me mantenga firme en la obediencia a tus leyes! No tendré de qué avergonzarme cuando atienda a todos tus mandamientos. Te alabaré con corazón sincero cuando haya aprendido tus justos decretos. ¡Quiero cumplir tus leyes! ¡No me abandones jamás!
BET
Receta Para Una Buena Limpieza
La letra bet, primera de la palabra «casa», se refiere a la casa de Dios: Mi casa será llamada Casa de Oración para todos los pueblos. Consta en el Midrash que la Motivación Divina para la Creación, fue que el Santo, Bendito Sea, deseó tener una morada en la realidad inferior. El cumplimiento de este deseo, comienza con la creación del hombre, un alma Divina investida en un cuerpo físico, y prosigue con la multiplicación del hombre, la «conquista» completa del mundo para convertirlo en el reino de Dios. La Torá empieza la descripción detallada del Tabernáculo y sus utensilios, con la declaración de su propósito final: Y me construirán un Templo y moraré en ellos. No dice «en él», explican los sabios, sino «en ellos», en cada uno y uno de los judíos.
Morar en ellos es en esencia la revelación de Divinidad en el pueblo de Israel, siempre presente, pero a veces «ensombrecida», como en el tiempo del exilio y la destrucción del Templo. La santidad innata del pueblo de Israel, causa que la Tierra Santa se expanda y eventualmente abarque toda la tierra (la realidad inferior), como está dicho: «la tierra de Israel, se extenderá a todas las tierras del mundo». Bet equivale numéricamente a la palabra «taavá«, que significa «deseo» o «pasión». En general, «taavá» connota una cualidad humana negativa, sin embargo, en muchos lugares denota la pasión positiva del tzadik, el hombre justo. Un pasaje de Proverbios declara: «Él va a satisfacer la pasión del tzadik«, y otro dice: «las pasiones de los tzadikim son sólo buenas». La «taavá» de Dios, el «Tzadik del mundo», está totalmente por encima de la razón y la lógica.
En este nivel, no se puede preguntar «porqué». Como fue expresado por rabí Shneur Zalman de Liadi: «Sobre la pasión, no puede haber preguntas». Como Dios es la esencia del bien, entonces Su pasión es «sólo bien». «¿Con quiénes se aconsejó el Santo, Bendito Sea, si crear o no el mundo? Con las almas de los tzadikim«. La expresión «las almas de los tzadikim«, alude a todas las almas judías, como está dicho: «Todo tu pueblo son tzadikim«. El apelativo que se le da a Dios, como el «Tzadik del mundo», se refiere al origen y unidad absoluta de las almas judías en Su Misma Esencia. Cuando el alma desciende para ser investida en la conciencia y experiencia finita de un cuerpo aparentemente mundano, su tarea es llegar a ser el tzadik como una verdadera emulación de su Fuente, el «Tzadik de Arriba». Esto se logra con el refinamiento y purificación de la pasión, taavá, que es volverse «sólo bien».
El «Tzadik de Arriba» mora en la Casa construida para El por el tzadik de abajo. Aquí, la pasión más profunda del Creador llega a su consumación. La bet grande, la primera letra de la Torá y el comienzo de la Creación, expresa su propósito final, como está dicho: «Lo último en la acción, es lo primero en el pensamiento». En la primera palabra de la Torá, Bereshit, las tres letras «auxiliares», (el prefijo bet y las dos letras finales, iud y tav), se leen bait, «casa» (equivalente a la escritura completa de la letra bet). La raíz de «bereshit», rosh, significa «cabeza». Entonces, la permutación más «natural» de bereshit se lee: rosh bait, «La cabeza de la casa». Una permutación de las letras de la palabra rosh es osher, «bienaventuranza». Cuando el tzadik conduce a Di-s, la «Cabeza», a Su Casa, se convierte en una casa de verdadera y eterna felicidad.
El descender de la «Cabeza» para morar en Su «Casa» abajo, en verdadera felicidad, es el secreto de la brajá, «bendición», que comienza con la letra bet. Nuestros sabios enseñan que la «gran bet», inicia la Creación en particular y la Torá como un todo, con el poder de bendecir. Dios bendice Su Creación, la cual creó con el atributo de bondad, el atributo de Abraham, como se explicará en la letra hei. Abraham, la primer alma judía, es encomendado con el poder Divino de bendecir, la «gran bet» de la Creación, como está dicho: «Y tú serás bendición». Posteriormente, en el tiempo de su circuncisión, se le otorgó la «pequeña hei» de la Creación, el poder de atraer hacia abajo y manifestar la bendición Divina de felicidad en los detalles más pequeños de la realidad.
La bendición sacerdotal está compuesta por tres versículos. El número de palabras es sucesivamente 3,5 y 7, con diferencias iguales de dos (bet). El número de letras aumenta según el orden: 15, 20, 25, con diferencias iguales de cinco (hei). Las palabras representan la conciencia general o amplia, mientras que las letras representan la conciencia particular o pequeña. El poder de bendición «completo» es el de la bet, como está dicho: «…Y colmados con la bendición de Di-s». El poder de traer abajo la bendición a los pequeños detalles de la realidad es el de la hei. Este servicio de Abraham, y de todos los judíos a partir de él, lleva al cumplimiento de la intención final de la Creación: la realización del poder de bendición de Israel, que el dominio del Rey (la «Cabeza de la Casa»), se extienda para abarcar toda la realidad, y de esta manera brindar verdadera felicidad a todos.
Una Paz Por Todas Partes
(9) ¿Cómo podrá el joven mantener puro su camino? ¡Guardando tu palabra!
Aquí hay algo que queda más que claro: los que más riesgo corren respecto a no poder mantener su pureza, son los más jóvenes. Y esto no es descabellado ni por asomo, ya que históricamente ha sido así, lo sigue siendo y, supongo, -y no quiero atar nada en el nombre de Jesús-, todavía no hay motivos para suponer que algo cambie. Por lo tanto, y con las tristísimas experiencias vividas en tantas y tantas iglesias cristianas del planeta, es imperativo encontrar una salida, una solución, una manera de impedir que la impureza contamine aun más a nuestros jóvenes. ¿Sabes qué? Aquí el salmista la ha encontrado: ¡Guardar (Que es cumplimentar, respetar, poner por obra) la palabra de Dios!
Esta expresión, palabra, es traducida del término hebreo dabar, y tiene una implicación que determina que sea la séptima palabra clave que, en este caso, expresa nada más y nada menos que la voluntad de Dios. En el Segundo Libro de las Crónicas, capítulo 6 y verso 16 se alude a este pasaje cuando dice: Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le has prometido, diciendo: no faltará de ti varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden su camino, andando en mi ley, como tú has andado delante de mí.
(10) Con todo mi corazón te he buscado, no permitas que me desvíe de tus mandamientos.
Hay temor por parte del salmista a caer una vez más en pecado y fuera del agrado y la consideración de Dios. Es consciente de su poder y por eso pide que, teniendo en cuenta su decisión carnal, (Eso es el corazón), Dios no permita que se desvíe en su andar. Me pregunto si entre los que leen esto, hoy, no habrá alguien que padezca del mismo temor. ¿Eres tú? Pide a Dios que no permita que te desvíes y Él lo hará. Lo único que necesitarás, obviamente, es desear no desviarte. Hay una alusión al mismo asunto en el Segundo Libro de las Crónicas, capítulo 15 y verso 15: Todos los de Judá se alegraron de este juramento; porque de todo su corazón lo juraban, y de toda su voluntad lo buscaban, y fue hallado de ellos; y Jehová les dio paz por todas partes.
Me preguntaba, cuando leía este pasaje, qué significaría poseer y experimentar paz “por todas partes”. ¿No necesitamos tener paz en el corazón, que en realidad es el alma, y que en suma tiene que ver con nuestros sentimientos y emociones? De hecho que lo necesitamos. ¿Pero es esa sola porción de paz la que necesitamos? No, también anhelamos experimentarla en nuestra vida diaria, en el marco de una guerra espiritual en la que, -a sabiendas o por ósmosis- estamos inmersos. Paz por todas partes, a mi modesto entender, es exacta y puntualmente eso: por todas partes.
El Análisis de los Estatutos
(11) En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.
La palabra traducida aquí como dichos, es una variante poética de la otra que se traducía como palabra en el verso 9. Es el término hebreo imrah y se constituye en la octava y última palabra clave de las ocho anticipadas. Expresa, obviamente, el resumen del discurso divino. Se nos muestra que cuando hacemos eso, simplemente eso, atesorar la palabra o los dichos de Dios en nuestros corazones, ese es el mejor recurso para no pecar. Me pregunto otra vez, cuántos que hoy leen esto están peleando en contra de alguna clase de pecado. Bien; aquí tienes tu respuesta: guarda los dichos y la palabra de Dios en tu corazón, será suficiente.
En el Salmo 37, que habla de la herencia del justo y la calamidad del impío, hallamos en el verso 31 una reafirmación a este concepto, cuando dice: La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán. Hay rastros evidentes que María, la virgen madre de Jesús, cumplimentaba sobradamente con estos preceptos. En Lucas 2:19 lo dice así: Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón, y en el verso 51 del mismo capítulo lo señala de este modo: Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
(12) ¡Bendito tú, oh Jehová! ¡Enséñame tus estatutos!
Un estatuto es una norma, una regla, algo que tiene valor para un cuerpo colegiado, para una asociación o similares; es una ley básica para un régimen autónomo de una región, que ha sido dictada por el Estado del cual forma parte. ¿Por qué entonces el salmista hablaría de estatutos pertenecientes a Dios? Porque el salmista veía a Dios, entre otras formas, con la que se mira a un rey. Y un rey, además de tener potestad, dominio y autoridad sobre una jurisdicción, tiene capacidad formal para crear estatutos que beneficien a esa jurisdicción.
Ahora bien; ¿Cómo enseña Dios sus estatutos a los que desean conocerlos para honrarlos y obedecerlos? Puede ser a través de emisarios o terceros, aunque ello conlleva el lógico riesgo que ya hemos visto y vivido ampliamente. Pero también lo hace por intermedio de su Espíritu Santo. Por ello Él mismo declara que el Santo Espíritu es quien nos guiará a toda verdad. El hombre natural, por la innata rebelión insuflada en su carne, es pasible a desobedecer cualquier clase de regla o estatuto, venga de donde venga. En lo espiritual, si no nace de arriba, será igual. A esto se refiere Romanos 12:2 cuando nos demanda renovar nuestra mente.
Una Meditación No Trascendental
(13) He contado con mis labios todos los juicios de tu boca (14) Me he regocijado en el camino de tus testimonios, más que sobre todas las riquezas.
He contado; tiempo pasado. Algunas versiones lo dan en futuro, pero en los originales y en la versión clásica es muy claro. El salmista habla de algo que ha ocurrido. Y lo que ha ocurrido puede darse en dos direcciones. La primera, tomando a ese contar, como enumerar, darle un orden numérico. En este caso, a todos los juicios salidos de la boca de Dios. La otra, tomando a esa misma palabra como un relato. En este caso, hasta cabe una predicación que se refiera a uno más juicios de Dios sobre la tierra. Y esto último cuenta, -a mi modo de entender- con mayor relieve, porque fíjate que el verso siguiente nos habla del regocijo que el salmista expresa respecto a los testimonios respecto a Dios. Y añade que eso, para él, (Y también para muchos de nosotros, seguramente) vale más que cualquier riqueza material o humana. En los dos versos siguientes, últimos del segundo bloque de ocho, el autor retorna al concepto de futuro.
En el Salmo 40 y verso 9 se expresa muy claramente lo dicho cuándo señala: He anunciado justicia en grande congregación; he aquí, no refrené mis labios, Jehová tú lo sabes.
(15) Meditaré sobre tus preceptos, consideraré tus caminos. (16) Me deleitaré en tus estatutos, no me olvidaré de tu palabra.
Quiero dejar más que en claro el significado real de la palabra meditar, y no el que luego diversas pseudo-ciencias le han adosado. Meditar siempre es pensar detenidamente, con atención y cuidado y reflexionar en algo o sobre algo. De ninguna manera se trata de dejar la mente en blanco, lo cual sería sencillamente una contraposición al significado real de la expresión. La palabra que aquí se traduce como preceptos, en la versión clásica se muestra como mandamientos. Es la palabra original piqud, y se muestra precisamente como un precepto, estatuto o mandato, lo cual implica que es correcta cualquiera de esas traducciones. Esta palabra viene del verbo paqad, que quiere decir designar, supervisar, situar o registrar. El verbo tiene el sentido de contar o enumerar los cargos personales (Aquellos por los cuales se es responsable).
Piqud aparece veinticuatro veces, siempre en los salmos. Veintiuna de ellas en el salmo 119, el resto en el salmo 19:8, 103:8 y 117:7. Los piqudim divinos son sus estatutos, mandatos, preceptos numerados, y la relación autorizada de sus mandamientos. En suma, esta estrofa de ocho versículos que terminas de leer, muy bien puede llevar por título: Receta para una buena limpieza. La pregunta y la respuesta están de acuerdo con la enseñanza de los Libros Sapienciales y conforman un verdadero tesoro para la reflexión, meditación y maduración del creyente. Pregunta el salmista ¿Con qué limpiará (mejor, conservará puro) el joven su camino, es decir, su conducta? Pregunta de enorme transcendencia para todo joven, de tantas maneras tentado cuando aún no ha adquirido experiencia de la vida. La respuesta es muy sencilla:
Con guardar tu palabra. El Decálogo es encabezado en Éxodo 20:1 con la expresión: Y habló Dios todas estas palabras…, con lo que a los diez mandamientos, les suelen llamar los judíos las diez palabras. Sin embargo, el gran mandamiento de Deuteronomio. 6:4-5, es llamado así. Por eso, todo israelita llegado a la mayoría de edad religiosa —13 años— es llamado (Bar Mitsvath, que quiere decir Hijo del mandamiento, esto es, obligado a cumplirlos. Vemos, pues, que sólo la palabra de Dios puede conservar puro el corazón de los jóvenes. No sirven para ello ni las leyes de los reyes (Aunque sean necesarias para la observancia del orden y de la moral exterior) ni los principios morales de los filósofos.
El salmista quiere predicar ahora con el ejemplo, confesando que él ha guardado en su corazón, es decir, en lo más íntimo de su ser, los dichos. Aunque suele interpretarse comúnmente como consigna o algo parecido, Cohén afirma que es una variante poética de dabar, aludiendo al paralelismo que se halla en Isaías 5:24. Agrega que ha dado testimonio público de las ordenanzas de la boca de Dios, que medita y considera los mandamientos y caminos de Dios, y en ellos se complace y regocija, prometiendo, no olvidar la palabra de Dios. ¡Estupenda experiencia! ¡Si cada uno de nosotros buscáramos así a Dios, si así lleváramos en el corazón y en la mente los mandamientos de Dios, atesorándolos y cumpliéndolos, como quien se complace en ellos más que en todas las riquezas, bien podríamos, como el salmista, decirle entusiasmados a Dios: ¡Bendito tú, Jehová!
Lo que todo joven necesita en esta hora presente es estudiar la Palabra de Dios. Esta Palabra debería ser enseñada en todos los niveles educativos, para que puedan aprenderse los valores que permitan llevar una vida íntegra. Hay muchas personas que piensan que esto quiere decir simplemente que se deben memorizar partes de la Biblia. Ahora, creemos en el valor de aprender de memoria la Escritura. Pero creemos que atesorar en el corazón la Palabra de Dios significa obedecerla. Y esto es lo importante. Es hermoso poder citar de memoria versículos y fragmentos de la Biblia, pero hay que destacar la importancia de la obediencia a la Palabra. Porque esto es lo que quiso enfatizar el Salmista, al decir que había guardado en su corazón los dichos de Dios. Versión Popular.
¿Cómo podrá el joven llevar una vida limpia? ¡Viviendo de acuerdo con tu palabra! Yo te busco de todo corazón; no dejes que me aparte de tus mandamientos. He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti. ¡Bendito tú, Señor! ¡Enséñame tus leyes! Con mis labios contaré todos los decretos que pronuncies. Me alegraré en el camino de tus mandatos, más que en todas las riquezas. Meditaré en tus preceptos y pondré mi atención en tus caminos. Me alegraré con tus leyes y no me olvidaré de tu palabra.
GUIMEL
La Imagen de un Hombre Rico
Nuestros Sabios enseñan que la tercera letra del alfabeto, que es guimel, simboliza un rico corriendo detrás de un hombre pobre, para darle caridad. La palabra guimel se deriva de la palabra guemul, que en hebreo significa tanto dar una recompensa como un castigo. En la Torá, la recompensa y el castigo tienen el mismo objetivo final, la rectificación del alma para que sea apta para recibir la luz de Dios en su completa expresión. Recompensa y castigo, implica que el hombre es libre para elegir entre el bien y el mal. (La enseñanza de la guimel, en lo que se refiere al lado abierto de la bet, del cual nació, es explicado en la letra anterior). El Rambam (Maimónides), en particular, pone mucho hincapié en el libre albedrío, por ser fundamental para la fe judía.
De acuerdo con el Rambam, el Mundo Venidero, el tiempo de la recompensa, es un mundo completamente espiritual de almas sin cuerpo. En este punto, el Ramban (Najmánides) no está de acuerdo y sostiene que de momento que existe la libertad de elección sólo en nuestro mundo físico, la rectificación definitiva de la realidad, la recompensa del Mundo por Venir, va a ser también en el mundo físico. La cábala y el jasidismo sostienen esta opinión del Ramban. Esto es lo que insinúa la pierna de la letra guimel, que representa el correr del hombre rico, para brindarle bondad al hombre pobre. Correr, más que cualquier otro acto físico, expresa el poder de voluntad y libre elección (la palabra hebrea de «correr», ratz, se relaciona con la palabra «voluntad», ratzón).
Al correr, la pierna está firmemente en contacto con la tierra; a través de un acto de voluntad, el alma afecta directamente la realidad física. La recompensa final, que es la revelación definitiva de la luz Esencia de Dios, será entonces otorgada por derecho propio al alma, justamente en el mismo contexto del de su misión en la vida, el mundo físico. Dice la Torá: «En este día [en este mundo] para hacerlas, de lo que los sabios infieren: «mañana [en el Mundo Venidero] para recibir su recompensa«. Sólo «hoy» tenemos la oportunidad de elegir entre el bien y el mal. Y de esta manera, de acuerdo con nuestra elección, nosotros mismos definimos la recompensa y el castigo de «mañana». Así como la maldad es un fenómeno finito, así es castigada. No es así con el bien y su recompensa, que son verdaderamente infinitos. La guimel de «hoy» es el secreto de «mejor una hora de teshuvá y buenas acciones en este mundo, que toda la vida del mundo por venir. Esto, claro está, es un comentario analítico apto para incorporar como información, pero en modo alguno para tomarlo como doctrina.
Sólo Estamos de Paso
(17) Haz bien a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra. (18) Abre mis ojos, y contemplaré las maravillas de tu Ley.
¡Cuántas discusiones, debates, polémicas y divisiones estériles se hubieran evitado si alguien hubiera entendido correctamente esta palabra! En primer lugar, reconociendo que si Dios no envía el bien a nuestras vidas, por nosotros mismos será imposible conseguirlo. ¿Cuántas veces tu mejor predisposición, planificación y esfuerzo han chocado contra un imponderable que lo arruinó todo? ¿Y qué me dices si te digo que decir Imponderable es decir Dios por encima de todas las casualidades.Y en segundo lugar, dando por sentado que solamente cuando Dios abre nuestros ojos espirituales a través de la acción de su Espíritu Santo, es cuando podemos verdaderamente conocer su Palabra. Sin ese mínimo detalle, apenas incursionaremos intelectualmente en su logos, cosa en la que anda más de la mitad de muchos que aseguran ser cristianos.
Del mismo modo les enseña a aquellos que todavía aseguran que la palabra de Dios no es nada más que la reiteración de los ya conocidos relatos bíblicos, que esto de ninguna manera podría rotularse como una maravilla. Que muy por el contrario, una maravilla, que es un suceso o una cosa que produce admiración, o un sentimiento de admiración o asombro por algo, solamente es posible ante un hecho inédito o sobrenatural. Y de esto se habla aquí, porque Dios jamás ha dejado en la Biblia una palabra fuera de contexto, sobredimensionada o exagerada respecto a sí mismo. Sobre esto encontramos algo en el Salmo 13. En el verso 6, David dice: Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien. A pesar de lo atribulado que se sentía al comenzar a escribir este salmo, el autor lo concluye con un canto de alabanza. Esto es recibir ese bien divino.
(19) Estoy de paso en la tierra, no encubras de mí tus mandamientos. (20) Mi alma se quebranta anhelando tus preceptos en todo tiempo.
Ten en cuenta que estás leyendo un salmo que aparentemente escribiera el autor de la mayoría de ellos, David. Que si bien fue un personaje célebre en la Biblia por una serie de razones, no fue en primera instancia precisamente un iluminado respecto a la sabiduría divina. Y es él quien reconoce, entiende y acepta lo que muchos cristianos todavía no parecen haber reconocido, entendido y mucho menos aceptado: que están de paso en esta tierra, sólo de paso. Porque sus comportamientos generalmente dan a entender que creen que vivirán eternamente o que jamás les sobrevendrá la declinación y la caída natural y obvia de toda naturaleza humana. Pero dice aquí algo más. Dice que en un alma previamente quebrantada es donde suele hacer profunda huella un precepto de Dios. Porque es un alma que ya no tiene más esperanza en nada de lo que se ve y apela, como lo hizo y lo sigue haciendo una enorme mayoría, a lo invisible y espiritual como única salida a su crisis.
Estoy de paso en la tierra. Ese concepto lo establece Jacob delante de Faraón. En Génesis 47:9 leemos: Y Jacob respondió a Faraón: los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación. Otra escritura relacionada con ese estar de paso por esta tierra a la que tanto parecemos estar aferrados: 1 Crónicas 29:15: Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura. Otro enfoque sobre el mismo asunto está en el salmo 39:12: Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; porque forastero soy para ti. Forastero. Esta es una palabra novedosa aunque no disímil, que se incorpora a las otras utilizadas.
Pablo, en su segunda carta a los Corintios, da su propia versión respecto a este tema cuando expresa en 2 Corintios 5:6: Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor. Fíjate: ¿Tanto temor a lo que simplemente es retornar a la misma instancia y presencia ante la cual estábamos antes de nacer? Finalmente, el ignoto autor de la carta a los Hebreos de su impresión al respecto cuando expresa, en Hebreos 11:13: Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
Tu Siervo Medita en Tus Estatutos
(21) Reprendiste a los soberbios: ¡Malditos los que se desvían de tus mandamientos! (22) Aparta de mí el oprobio y el menosprecio, pues he guardado tus testimonios.
Dios da gracia a los humildes y reprende a los soberbios. En algún tiempo hice especial hincapié en la lectura de ese texto. Era cuando estaba asfixiado por todo el oropel humano levantado en torno a grandes figuras de la cristiandad que se presentaban como adalides de un evangelio raro, sin esfuerzo, demasiado liviano y fresco como para ser el genuino. Me atreví a denominarlo públicamente como un evangelio “light” y “diet”, de bajas calorías. Allí también leí que antes de la caída viene la soberbia. Y así es como lo dice. Parecería más lógico decir que como consecuencia de la soberbia llega la caída, pero sin embargo se nos enseña que necesariamente, para que haya desmoronamiento y caída, en primer lugar deberá aparecer la soberbia.
Y no podemos menos que temblar observando el mover de toda esa soberbia en tantos y tantos hombres y mujeres que reciben honras y homenajes en todo el planeta. ¿No han entendido que están transitando hacia una maldición ya pronunciada y profetizada? La consecuencia será lo que leemos en la segunda parte: oprobio y menosprecio. Porque si malo sería para un cristiano con prestigio y fama caer en desgracia delante de los ojos de un mundo secular que seguramente se burlará de él, mucho peor será vivir esa caída delante de los ojos de tantos y tantos hermanos que lo habían convertido en su mentor, en su tutor, en su guía ciego de ciegos. En el Salmo 39 y verso 8 hay otra visión del mismo concepto cuando expresa: Líbrame de todas mis transgresiones; no me pongas por escarnio del insensato.
(23) Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí, tu siervo medita en tus estatutos. (24) Sí, yo me deleito en tus testimonios, porque ellos son mis consejeros.
Esta que se menciona al principio es la vida, yo diría, casi “natural” de un creyente genuino: vivir conforme a la palabra del Dios viviente sin prestar demasiada atención a lo que digan los príncipes de la tierra. Príncipes encarnados en la figura de gobernantes seculares y también religiosos. Todos los que han recibido mandato para ser parte protagonista de alguna clase de reforma a los estándares tradicionales y clásicos de la religión, han sido el objetivo a atacar por parte de aquellos que muy cómodos en sus vidas cómodas se oponen a cualquier cambio que les signifique resignarla.
Revisa las críticas que algunos líderes les efectúan a muchos reformistas. ¿Qué puedes ver en primera instancia? Descalificación, injurias y hasta calumnias. Nunca un argumento sólido que sea capaz por la boca de Dios de destruir una falsa enseñanza o doctrina. Es la mejor prueba en evidencia de que se trata de gente que sólo defiende sus intereses personales, jamás los de la iglesia del Señor a la que aseguran servir, cuando en la realidad, lo que están haciendo es servirse de ella. Es indudable que Dios quiere nuestros corazones, no sólo nuestro tributo verbal, y desea que nuestros sentimientos le pertenezcan exclusivamente. Desarrollar los hábitos de disciplina que conducen a este tipo de vida debe ser algo prioritario para nosotros. Esto significa que debemos reexaminar nuestras metas en la vida y evaluarlas a la luz de la Palabra, no de los consejos humanos.
Esta sección podría titularse: Las delicias de la experiencia devota. Aunque esta experiencia no está exenta de sombras, el versículo 24 marca la pauta general de la estrofa. El salmista pide a Dios que le conserve la vida a fin de guardar su palabra, ya que en ella tiene sus delicias. Quiere que Dios le quite el velo que le cubre los ojos, a fin de ir hallando, como quien ahonda en una mina de oro, más y más maravilla que extraer de la Ley de Dios, ya que él se siente como un extranjero que necesita conocer bien las leyes del país. ¿Quién sino Dios se las puede descubrir, ya que él las oculta a los que son sabios en su propia opinión, pero las revela a los que las reciben con sencillez infantil? Somos, por naturaleza, ciegos para las cosas de Dios, hasta que la gracia divina hace que caigan de nuestros ojos las escamas. Y cuanto más nos abre los ojos, más son las maravillas que hallamos en su ley. Tal es el anhelo que tiene el salmista de conocer los veredictos de Dios, que el continuo deseo le consume el alma.
Pasa el salmista a exponer ante Dios un obstáculo que ensombrece sus alegrías. Los magnates influyentes del país se sentaban a murmurar de él, mientras él meditaba en los estatutos divinos, siempre dispuesto a cumplirlos, no sólo porque los amaba, sino porque ellos le aconsejaban la mejor manera de frustrar los planes de sus enemigos. Éstos son unos soberbios, pecadores presuntuosos a los que Dios reprocha y resiste; pero no sólo ellos son malditos, sino todos los que se desvían (literalmente yerran) de los mandamientos de Dios, pues también éstos sufren su castigo correspondiente, lo cual ya es una maldición. Siendo el oprobio y el menosprecio como un manto que cubre a la persona, el salmista pide que retire. El mismo verbo hebreo del versículo 18 para quitar el velo de los ojos esas ignominias, ya que no quiere compartirlas con sus enemigos, puesto que él es fiel a Dios, mientras que ellos son rebeldes. Tomemos nota de este detalle significativo. Necesitamos que Dios intervenga sobrenaturalmente para que nuestros ojos puedan captar las realidades espirituales. Versión Popular.
¡Concédele vida a este siervo tuyo! ¡Obedeceré tu palabra! Abre mis ojos, para que contemple las maravillas de tu enseñanza. Yo soy extranjero en esta tierra; no escondas de mí tus mandamientos. Me siento oprimido a todas horas por el deseo de conocer tus decretos. Tú reprendes a los insolentes y malditos que se apartan de tus mandamientos. Aléjame de sus ofensas y desprecios, pues he atendido a tus mandatos. Aunque hombres poderosos tramen hacerme daño, este siervo tuyo meditará en tus leyes. Yo me alegro con tus mandatos; ellos son mis consejeros.
DALET
Aparición del Hombre Pobre
La dalet, el hombre pobre, recibe caridad del hombre rico, la guimel. La palabra dalet significa «puerta». La puerta ocupa el lugar de la abertura de la casa, representada por la bet En el Zohar, dalet se lee como «que no tiene nada de sí misma». Esto expresa la propiedad de la más inferior de las emanaciones divinas, la sefirá de maljut, «reino», que no tiene más luz que la que recibe de las sefirot superiores. En el servicio del hombre a Dios, la dalet caracteriza «shiflut,» «humildad», la conciencia de no poseer nada propio.
Junto con la percepción del propio poder de libre albedrío, uno debe ser consciente de que Él nos da el poder de llegar al éxito, y de no pensar, Dios lo prohíba, que los logros y talentos son «mi poder y la fortaleza de mi mano». Toda realización en este mundo, particularmente el cumplimiento de una mitzvá, el cumplimiento de la voluntad de Dios, depende de la ayuda Divina. Esto es especialmente cierto en la lucha del individuo con su inclinación al mal, tanto cuando se manifiesta como una pasión externa, ofreciendo una obstinada resistencia a aceptar el yugo Divino, como a través de la pereza, apatía y similares. Como enseñan nuestros sabios: «Si no fuera por la ayuda de Dios, el hombre no hubiera sido capaz de vencer la inclinación al mal».
El Talmud describe una situación, donde un hombre está cargando un objeto pesado, y otro hombre aparenta ayudarlo poniendo sus manos sobre la carga, con lo que en realidad el primer hombre soporta todo el peso. Podemos denominar al segundo hombre «un ayudante sólo aparente». Así somos nosotros, explica el Baal Shem Tov, en relación a Dios. En definitiva, toda nuestra fortaleza viene de lo Alto, el libre albedrío no es más que la expresión de nuestra voluntad de participar, como si fuera, en el acto Divino. Uno meramente pone las manos, sobre la carga transportada exclusivamente por Dios. «Para Tí, Dios, es la bondad, para que Tú pagues al hombre de acuerdo con sus actos». El Baal Shem Tov observa: ¡El justo pago de acuerdo con los propios actos, no es un acto de bondad, sino más bien uno de juicio!
Él mismo contesta: «de acuerdo con los propios actos», puede ser leído «como si fuera que los actos son suyos». Así, la verdadera bondad de Dios es investir la recompensa «inmerecida» en una apariencia de «merecimiento», para no avergonzar al que la recibe. El nombre de Dios en este versículo es Adnut, cuyas letras en hebreo, en otro orden se leen diná, «juicio», que implica el aspecto de juicio por el cual la bondad de Dios se expresa plenamente. El Zohar lee jesed como jas d’leit, «teniendo compasión de la dalet,» es decir, el que no posee nada propio.
Con respecto a una persona arrogante, dice Dios: «Yo y él no podemos morar juntos». La puerta de la casa de Dios, sólo permite entrar a los humildes de espíritu. La puerta misma, la dalet, es la característica de humildad como se explicó anteriormente. La dalet es también la letra inicial de la palabra dirá, casa, «lugar donde se mora», como en la frase «morada de Dios abajo». De esta manera, el significado completo de la dalet es la puerta por la que el humilde ingresa a la realización de la morada de Dios en los mundos inferiores. Muy intelectual, como la mayor parte de las enseñanzas judías, pero interesante para comprender un significado posterior que el Espíritu Santo seguramente revelará a cada lector en fe.
Un Sustento Inigualable
(25) Postrada en el polvo está el alma mía, vivifícame conforme a tu palabra. (26) Te he expuesto mis caminos, y me has respondido; Enséñame tus estatutos.
Si mi alma está postrada en el polvo, quiere decir algo más que se encuentra en el suelo, humillada. También implica un grado de carnalidad perjudicial para cualquier intento de vida espiritual de excelencia. Porque eso es polvo, carnalidad. La buena noticia es que el Señor puede vivificarte, que es como decir que puede devolverte la vida perdida o espiritualmente dormida. ¿Y cómo lo hace? Mediante la activación de Su Palabra. Porque, -recuerda-, una cosa es el poder de la Palabra, y otra muy concreta y contundente es la palabra de poder.
(Salmo 44: 24-25) = ¿Por qué escondes tu rostro y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra? Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo, y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra.
Una aclaración más que importante: olvidar, para los hebreos, era permanecer inactivos, del mismo modo que recordar es reconocer una situación y responder adecuadamente. De acuerdo con la revelación del Nuevo Testamento, la justicia que se demora no es justicia que se deniega.
(27) Hazme entender el camino de tus preceptos, y meditaré en tus maravillas.(28) Mi alma se deshace de tristeza, ¡Susténtame con tu palabra!
Sabemos que Dios tiene preceptos, y sabemos que esos preceptos son como oro puro para nuestras vidas cotidianas. Sin embargo, lo que no siempre entendemos es que para arribar a esos preceptos y poder ponerlos por obra, tenemos que andar un camino que no es precisamente de pétalos de rosas. Pídele a Dios que te lo haga entender y llegarás. ¿Crees que podría existir algo mejor que acostarte por las noches, apoyar tu cabeza en la almohada y ponerte a pensar en los milagros maravillosos que Dios ha hecho en tu vida durante ese día? Eso sería meditar en las maravillas del Señor, y es facultad exclusiva y única de sus hijos. Y cuando la tristeza por cualquier causa aterrice en tu vida, (Es probable que alguna vez lo haga) recuerda que solamente en Su Palabra tendrás sustento para sobrellevarla dignamente. Porque no se trata de combatir la tristeza, sino de superarla en Cristo.
(Salmo 145: 5) = En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré.
(Salmo 107: 26) = Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal.
(Salmo 20: 2) = Te envié ayuda desde el santuario, y desde Sión te sostenga.
(1 Pedro 5: 10) = Más el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
Todo esto tiene que ver con una comparación que el hombre, en su raciocinio humano y su cultura ciento por ciento griega, es incapaz de entender. La gloria eterna de Dios se compara con el relativamente breve período en que estos cristianos sufren. A la luz de la eternidad, las pruebas son pasajeras.
Anchura de Corazón
(29) Aparta de mí el camino de la mentira, y concédeme el favor de tu ley. (30) He escogido el camino de la fidelidad, me he propuesto tus ordenanzas.
Hay dos perlas en estos versos que merecen ser extraídas para su entendimiento claro y puesta por obra concreta. La primera, es la que nos deja ver con claridad que, si existe mentira en la vida de una persona, es imposible que la Palabra de Dios llegue, haga morada y produzca victoria. La segunda, es la que tiene que ver con lo que a nivel matrimonial es básico, central y fundamental: la fidelidad. Si se traiciona el pacto de fidelidad, un matrimonio queda a la deriva y destruido de por vida. No olvides que la iglesia y Cristo conforman un matrimonio.
(31) Me he apegado a tus testimonios, ¡Oh, Jehová, no permitas que sea avergonzado!(32) Correré por el camino de tus mandamientos, porque tú habrás ensanchado mi corazón.
Cuando entregamos nuestra vida a Cristo, hay una serie de cambios en ella que producen un verdadero sismo en nuestro diario vivir. Uno de esos cambios, tiene que ver con las reacciones humanas de terceros ante nuestra presencia. Gente que hasta ayer mismo poco menos que nos ignoraba, ahora parece estar sumamente pendiente de lo que decimos o hacemos. Y cuando se da la ocasión, no pierde tiempo en acusarnos de lo que sea o, lo más clásico tradicional: burlarse. Los espíritus de burla, que en realidad son demonios enviados por las oficinas del infierno a avergonzarnos y de ese modo enfriar si es que pueden nuestra fe, tienen posibilidades de acción siempre y cuando no hagamos lo que aquí dice el salmista: apegarse a los testimonios de Dios en Su Palabra.
Hay una clara promesa de Dios respecto al guardar sus mandamientos. Está en el Libro de Deuteronomio 11: 22-23 y expresa: Porque si guardareis cuidadosamente todos estos mandamientos que yo os prescribo para que los cumpláis, y si amareis a Jehová vuestro Dios, andando en todos sus caminos, y siguiéndole a él, Jehová también echará de delante de vosotros a todas estas naciones, y desposeeréis naciones grandes y más poderosas que vosotros. Uno de los ejemplos bíblicos conocidos respecto a lo que aquí se habla de ensanchar un corazón, es Salomón. En 1 Reyes 4:29 se lee: Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.
Otro ejemplo es Israel misma, a la que Dios por medio de Isaías le dice en Isaías 60:5: Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti. Aquí el salmista pide luz, vigor, fuerzas, “anchura de corazón”. La letra inicial (d) le obliga a mencionar repetidamente el camino (hebreo, dérekh).El camino que conduce al Cielo comporta fatigas, desalientos, peligros y tentaciones, como describe Bunyan en su Pilgrim’s Progress.
El salmista se siente abatido, hundido (literalmente apegado) hasta el polvo, a causa de las contrariedades que sufre y pide a Dios que le reanime y le sostenga. Confiesa que ya ha puesto ante la vista de Dios sus caminos, sus vicisitudes, y que Dios le ha respondido; lo que le anima a pedir a Dios que le haga conocer bien sus estatutos, el camino de Dios en sus mandamientos, a fin de ponderar las maravillosas enseñanzas contenidas en la Ley. Se derrite mi alma de pesadez, dice literalmente. Bajo el peso de la tristeza y de la ansiedad, el corazón se le enternece hasta disolverse en lágrimas. Puesto que abomina el camino de la mentira, ya que ha escogido el camino de la verdad (literalmente fidelidad), teniendo siempre ante los ojos los veredictos de Dios, hasta el punto de sentirse apegado a los testimonios divinos, pide a Jehová que no le avergüence, sino que le conceda el favor que le pide, a fin de que no se rían de él sus enemigos como si estuviese dejado de la mano de Dios.
Poner delante de nosotros los veredictos de Dios es como si pusiésemos delante de los ojos el modelo que hemos de copiar cuando aprendemos a escribir, y como tiene el arquitecto ante sí el modelo del edificio que piensa construir. Mirar constantemente al modelo hace que un creyente sea firme y estable. Especialmente notable es el versículo 32 en que el salmista piensa en correr por el camino de los mandamientos, es decir, obedecer con el mayor gusto, con la mayor prontitud y alegría, la voluntad de Dios, cuando (o, porque) Dios le ensanchará el corazón. En todo caso, no es una frase condicional (“si Dios le ensancha el corazón”); el salmista está seguro de ello. Ensancharse el corazón se entiende mejor si lo comparamos con la metáfora opuesta: “encogerse el corazón”.
Indica primordialmente verse libre de apuros y problemas, a fin de tener mayor espacio para concentrar las energías y gozar de la libertad necesaria en orden a llevar a cabo lo que amamos. El verdadero cristiano es optimista, pues sabe que Dios le da sabiduría, donde se le llama anchura de corazón y el amor que, por su Espíritu, derrama en nuestros corazones. El amor de Dios y el gozo en el cumplimiento de su Ley son las ruedas y el motor de nuestra obediencia. La tendencia en estos días es de ceder al impulso que quiere postrarnos. Todas las circunstancias parecen empujarnos hacia abajo. Abatida hasta el polvo está mi alma. En esa dirección gravitamos nosotros. No sólo nuestro cuerpo decae, sino que nuestra alma también es impulsada hacia abajo en este mundo. ¿Y cómo podemos vencer a esa fuerza? Vivifícame dice aquí, es decir, dame vida según tu palabra. Porque la Palabra divina imparte vida, restaura la vida y nos impulsa hacia delante, y hacia arriba. Versión Popular.
Estoy a punto de morir; ¡dame vida, conforme a tu promesa! Te he expuesto mi conducta, y me has respondido. ¡Enséñame tus leyes! Dame entendimiento para seguir tus preceptos, pues quiero meditar en tus maravillas. Estoy ahogado en lágrimas de dolor; ¡mantenme firme, conforme a tu promesa! Aléjame del camino de la mentira y favoréceme con tu enseñanza. He escogido el camino de la verdad y deseo tus decretos. Señor, me he apegado a tus mandatos; ¡no me llenes de vergüenza! Me apresuro a cumplir tus mandamientos porque llenas de alegría mi corazón.
HEI
La Hora de las Vestimentas
El nombre de la letra hei aparece en el versículo: «Tomen (hei) por ustedes mismos, semillas». «Tomen» (hei) expresa la revelación propia en el acto de dar de lo de uno a los demás. Dando a los demás en la forma de autoexpresión, es el regalo definitivo del ser. En el secreto de la letra guimel, el hombre rico da de sí mismo al pobre en forma de caridad. La forma más elevada de caridad, es cuando el dador se oculta completamente del receptor para no avergonzarlo, como está dicho: «el obsequio encubierto doblega el enojo». Aquí, en el secreto de la letra hei, el regalo mismo es la relación y expresión del ser, bosquejando al receptor en la esencia del dador. Iosef, el que dice las palabras «tomen para ustedes semillas», corresponde a la sefirá de iesod, cuya función es expresarse en forma de dar semillas, como está explicado en cabalá.
Cuando Iosef le dio por primera vez grano a sus hermanos, no lo podían reconocer, como la dalet en relación a la guimel. En su revelación a sus hermanos (y en consecuencia a todo Egipto), su entrega se volvió como la de la hei. En vez de grano, ahora el da semilla. El alma posee tres medios de expresión, «vestimentas» en la terminología de la cabalá y el jasidismo: pensamiento, habla y acción. La vestimenta superior, el pensamiento, es la expresión del propio intelecto interior y las emociones hacia uno mismo. El proceso del intelecto y las emociones al volverse conscientes al pensar, es similar al darse a sí mismo (el esencial dominio inconsciente del alma) a otro (el propio estado de conciencia). Las dos vestimentas inferiores, habla y acción, posibilitan expresarse a los demás.
Las tres líneas con las que se compone la hei, corresponden a estas tres vestimentas: la línea superior horizontal, al pensamiento; la línea vertical derecha, al habla; y el pie suelto a la acción. La línea horizontal simboliza un estado de ecuanimidad. El continuo y llano fluir del pensamiento, es la contemplación de cómo Dios se encuentra por igual en todo lugar y en cada cosa. En relación al prójimo judío, uno debe entender que cada uno de nosotros, posee un punto interior de bondad, y que todos los judíos son iguales en esencia. Esta comprensión, el plano elevado horizontal de la propia conciencia en relación a otro, configura el «escenario» de las relaciones personales para todo individuo.
El punto de origen de la palabra, la línea vertical derecha de la hei está conectada directamente con la línea del pensamiento, y luego desciende para expresar los pensamientos propios, y los sentimientos interiores hacia otros. La raíz de la palabra hablar, en hebreo es davar, que significa «liderazgo», como en la expresión «Hay un líder [dabar] en una generación, no dos líderes en una generación». Liderazgo implica jerarquía, posiciones relativas de arriba y abajo, y esto es representado por una línea vertical. El Rey, y del mismo modo todo líder, rige a través de su poder de hablar, como está dicho: «Con la palabra del Rey está Su soberanía». La separación de la acción, el pie izquierdo desconectado de la hei, del pensamiento, que es la línea horizontal superior, refleja una profunda verdad acerca de la naturaleza de la acción. «Muchos son los pensamientos en el corazón del hombre, no obstante el consejo de Dios seguramente se alzará». El servidor de Dios experimenta la brecha entre sus pensamientos y sus actos.
A menudo él es incapaz de llegar a entender sus intenciones interiores; en otros momentos es sorprendido por sucesos inesperados. En ambos casos siente la mano de Dios dirigiendo sus acciones. Esta brecha es la experiencia de la Nada Divina, la fuente de toda Creación, haciendo algo de la nada. Llegamos ahora a la culminación de la secuencia representada por las tres letras guimel, dalet, y hei, el proceso de dar de uno mismo a otro. El obsequio, representado por el pie, el segmento desprendido de la hei, cuando se integra completamente con el receptor, se convierte en su propio poder de acción y entregar de sí mismo a otros. Más todavía, él ahora entiende completamente que en definitiva, el efecto y potencia de sus actos son en verdad la acción de la Providencia Divina.
Eliminando Necesidades Superfluas
(33) Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. (34) Hazme entender, y atesoraré tu Ley, y la guardaré con todo el corazón.
Es indudable que el salmista ha encontrado al Señor en su veta más prolífica para el entendimiento humano: la de Maestro, mediante la acción eficaz de Su Espíritu Santo. Porque nadie en el mundo cristiano ignora que el Espíritu Santo nos guía a toda verdad, pero muy pocos lo creen lo suficiente como para ponerlo por obra en la práctica. De otro modo, cuéntame por qué insólita causa la mayor parte de las organizaciones que se autodenominan como cristianas, optan por abrir y mecanizar institutos, seminarios y hasta universidades sustentadas en la Teología, y no enseñan, predican y promocionan lo único que, según la propia Palabra de Dios, alcanza y sobra para entenderlo y entenderse: ser llenos del Espíritu.
La enseñanza cristiana tradicional que nos llega a través de enseñanzas humanas de diferentes niveles, nos entra por el intelecto (alma), se atesora en nuestro ser interior (corazón-alma) y finalmente opera a través de nuestros cuerpos. Sin embargo, observa que el verso 34 nos asegura que cualquier enseñanza espiritual que nos llegue de parte del Santo Espíritu de Dios, tendrá que ser la que cumpla con ese rol. De otro modo, jamás podremos esperar cambios reales. Y esto ya estaba más que claro para el autor de los Proverbios, cuando refiriéndose a los valores de la sabiduría, en el 2:6 expresa: Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Es decir que si bien se aprueba como acto de inteligencia la sabiduría humana, se deja en evidencia notoria que la verdadera sabiduría, y única, proviene de Dios.
Es Santiago quien en su carta, incorpora este concepto al Nuevo Testamento. Cuando dice en el verso 5 del capítulo 1 que: Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. No obstante lo claro que está escrito esto, a mí te confieso que me llamó la atención de sobremanera esa condición añadida al pedido de sabiduría a Dios, donde Santiago nos dice que Él nos la dará abundantemente y sin reproche. ¿Sin reproche de qué? ¿Qué quiso decir con esa palabra, reproche? La palabra griega que utilizó para que nosotros tradujéramos reproche, fue la palabra oneidizo, y originalmente tiene la implicancia de comportarse en una manera juvenil e inmadura. La palabra describe a los jovencitos que se hacen burla, se fastidian y se insultan entre ellos mismos. Después, supongo que más adelante en el tiempo, la palabra llegó a significar mofa, ridículo, regaño, ofensa y el uso enojoso y sarcástico de palabras. Lo que Santiago nos está asegurando aquí, entonces, es que Dios nos da lo que pedimos sin hacernos recordar que no somos dignos.
(35) Hazme andar por la senda de tus mandamientos, porque en ella me deleito. (36) Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia.
¿No te parece sumamente curioso y hasta “casual” que el salmista utilice esta comparación entre el atesoramiento de los testimonios o mandatos de Dios con la avaricia? Mucho más si el término usado, (que en hebreo es barat), implica avidez por las riquezas materiales, sin reparar en los medios para conseguirlas? ¡Ánimo y tranquilidad, hermano! No se trata, (Como absolutamente nada que leas en tu Biblia), de una “casualidad”, sino lisa y llanamente de una causalidad. Si no terminas de entender lo que te estoy diciendo, recuerda los problemas, debates y duras polémicas que se han levantado a favor de miles y miles de fraudes cometidos por pseudos ministros de Dios con diezmos, ofrendas y toda dádiva que el pueblo suponga entregar a Dios que terminan enriqueciendo a hombres sin escrúpulos.
A mí me duele y me lastima (Además de ofenderme) que el mundo secular nos ataque con esto, pero lamentablemente debo mantenerme en silencio porque, como hijo de Dios, tengo que inclinar mi rostro ante una verdad, venga de donde venga esa verdad. Quiero decir algo que quizás va a molestar y también a lastimar, pero que no es ni invento ni exageración. ¿No has oído en muchas ocasiones mentiras suaves, pero mentiras al fin, disparadas desde púlpitos con el fin (Dicen) de convencer y convertir a más gente? Y, como contrapartida, ¿No has oído algunas verdades que el mundo secular expresa respecto a nosotros, que no nos atrevemos a modificar ni alterar porque nos conviene?
Y cuando dice que lo haga andar por la senda de sus mandamientos, la palabra que se ha utilizado para traducir eso, es otra vez piqud. Te recuerdo que su implicancia es un precepto, un estatuto o un mandato. Algo autorizado o designado por Dios. Esta palabra viene del verbo paqad, que quiere decir designar, supervisar, situar o registrar. El verbo tiene el sentido de contar o enumerar los cargos personales (Aquellos por los cuales se es responsable). En cuanto a inclinar nuestros corazones a sus mandamientos, ya leemos en 1 Reyes 8:59: Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres. Y con referencia al asunto de la avaricia, hay un texto en el evangelio de Lucas, donde Jesús comparte con sus discípulos la parábola del rico necio. Allí, en Lucas 12:15, Él dice: Y les dijo: mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
Como complemento o añadidura a esto, podemos decir que la vida es mucho más que obtener y poseer cosas materiales. Dios quiere, más bien, que gocemos de una vida plena, completa y equilibrada; y ha hecho provisión a través de su Palabra para que disfrutemos la vida que recibimos de Él. El Señor, todos lo sabemos, ha prometido suplir nuestras necesidades. Así lo leemos en la carta de Pablo a los Filipenses 4:19. Y ha prometido colmar los deseos de nuestro corazón, como señala el Salmo 37:4. Pero quiere también que definamos nuestras prioridades con claridad. La palabra dice textualmente que busquemos primeramente el Reino de Dios y su justicia. De esa manera, apoyándonos tanto en las promesas de Dios, como en prioridades bien establecidas, pueden confiar en que todas estas cosas nos serán añadidas.
Vivificados en Su Justicia
(37) Aparta mis ojos, que no vean la vanidad, vivifícame en tus caminos. (38) Confirma tu palabra a tu siervo, que es para los que te temen.
Hay dos elementos que son los que por lo menos a mí me saltan de este pasaje. Uno es lo complicado que resulta la vanidad dentro del ámbito espiritual. Y que conste que no estoy hablando del ambiente eclesiástico estructural, donde la vanidad es poco menos que moneda corriente. Estoy hablando del ambiente espiritual, donde ese flagelo puede costar, incluso, la vida espiritual de la gente. Y lo segundo, es la imperiosa necesidad de confirmación que tenemos los creyentes respecto a la palabra de Dios y su contenido. El salmista descubre que esa confirmación solamente es posible y probable con gente que teme a Dios. ¿Pero no es esto una constante lógica dentro del mundo cristiano? No. Debería serlo, es cierto, pero no lo es. ¿O no te has dado de narices con cientos de cristianos que por sus actos diarios y sus conductas de vida demuestra claramente no temer a Dios?
Hay un pasaje en el libro de Isaías que resume claramente todo esto. Es el que encontramos en el capítulo 33 y versos 15 y 16: El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala; éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras. Los salmos, mientras tanto, ofrecen otra perspectiva a lo aquí mencionado. El Salmo 71 es un ejemplo, cuando en su verso 20, dice: Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Y respecto a confirmar Su palabra, Dios da pistas sobradas al respecto. Una la encontramos en 2 Samuel 7:25. Allí dice: Ahora pues, Jehová Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has dicho.
(39) Aleja de mí el oprobio que temo, porque tus preceptos son buenos. (40) He aquí, anhelo tus mandamientos, vivifícame en tu justicia.
El único temor santo, es el temor a Dios. Y ya todos sabemos muy bien que ese temor no es el clásico y tradicional miedo que conocemos, sino una reverencia suprema. Todos los otros temores de los que habla la Biblia y quizás está invadida tu vida, no son de Dios. Por eso el salmista, que confiesa estar atacado por esos miedos, (En este caso tiene miedo que le llegue algo que le produzca oprobio), hace lo que tantas veces les hemos enseñado a hacer a los más nuevos: entregarle sus miedos a Dios. Porque Él sabrá qué hacer con esa arma satánica que tantos resultados todavía le da a los intereses del infierno.
En cuanto a la vivificación que pide, (Que es dar vida al o a lo que no la tiene, o confortar y vigorizar al alicaído o al débil), en este caso lo hace con referencia a la justicia divina, determinando que el Dios absolutamente fiel se sostenga así de justo ante las injusticias de la vida, pero en el anterior verso 37 lo había hecho con referencia a los caminos de santidad. Esta estrofa podía llevar por título: La necesidad de ser enseñado y guiado. Aquí, la necesidad de usar muchas veces la letra h obliga al salmista a echar mano de la forma Hiphil de los verbos con bastante frecuencia. Dicha forma tiene sentido causativo (hacer que…), como iremos viendo en esta estrofa.
El salmista pide a Dios que le instruya, que le haga entender los mandamientos y le haga caminar por ellos, ya que se complace en ellos; así los guardará hasta el fin mejor que “como una recompensa” (Aunque no puede descartarse esta versión del vocablo équeb, en el sentido de que el cumplimiento del deber tiene en sí mismo la recompensa, como el pecado lleva en sí mismo la pena). Consciente de que, de por sí mismo, no puede obrar el bien, pide a Dios que incline su corazón a sus testimonios, a lo que esos testimonios prescriben, no a “la ganancia” (literal), especialmente a la que se adquiere por medios deshonestos. La codicia es raíz de muchos otros pecados; pues es contraria a muchos mandamientos. Quienes deseen tener bien arraigado en el corazón el amor de Dios, han de tener desarraigado del corazón el amor al mundo.
En ese mismo tono, pide que Dios le haga volver (literalmente pasar) los ojos de mirar vanidades, es decir, cosas que no tienen valor real si se las compara con las cosas de Dios, y que le avive en el camino de Dios, es decir, que le fortalezca y le afiance en la senda de la virtud para vencer las tentaciones que presentan dichas vanidades. Así como la mirada de las vanidades infecta de vanidad el corazón, así también el corazón débil en el servicio de Dios no tiene fuerza para resistir la atracción de las vanidades. Profesando ser siervo de Jehová, le pide que le cumpla las promesas, que pertenecen a los que reverencian a Dios. No es arrogancia pedir a Dios las promesas que él mismo ha hecho; no tenemos por qué pedir más, pero tampoco tenemos por qué contentamos con menos.
Como ya lo había hecho antes, vuelve a pedir que Dios haga pasar el oprobio, la mofa que de él hacen sus enemigos, ya que las ordenanzas divinas son buenas, es decir, benefician a quienes se someten a ellas, como él lo hace y, puesto que él anhela los preceptos divinos, bien puede pedir que Dios le sostenga a él, como a siervo fiel, en su justicia, es decir, como Dios y Dueño justo que es. Podría tener un doble sentido (a) en tus justos juicios; (b) conforme a tus justas promesas. Así se lee esta estrofa en la Versión Popular.
Señor, enséñame el camino de tus leyes, pues quiero seguirlo hasta el fin. Dame entendimiento para guardar tu enseñanza; ¡quiero obedecerla de todo corazón! Llévame por el camino de tus mandamientos, pues en él está mi felicidad. Haz que mi corazón prefiera tus mandatos a las ganancias mal habidas. No dejes que me fije en falsos diose; ¡dame vida para seguir tu camino! Confirma a este siervo tuyo las promesas que haces a los que te honran. Aleja de mí la ofensa que temo, pues tus decretos son buenos. Yo he deseado tus preceptos;¡dame vida, pues tú eres justo!
VAV
Historia de Una Fuente Infinita
En el principio de la Creación, cuando la Luz infinita llenaba toda la realidad, Dios contrajo Su Luz para crear un espacio hueco vacío, como si fuera, que habría de ser el «lugar» necesario para la existencia de los mundos finitos. Hacia este vacío, Dios atrajo una línea individual de luz, figurativamente hablando, de la Fuente Infinita. Este rayo de luz, es el secreto de la letra vav. Aunque la línea es singular en apariencia, no obstante tiene dos dimensiones, una fuerza interna y otra externa, la cuales toman parte en el proceso de Creación, y en la interacción continua entre el poder creativo y la realidad creada.
La fuerza externa de la línea, es el poder de diferenciar y separar los varios aspectos de la realidad, estableciendo un orden jerárquico, arriba y abajo en la Creación. La fuerza interna de la línea, es el poder de revelar la interinclusión inherente de los distintos aspectos de la realidad, uno en otro, asociándolos juntos en un todo orgánico. Esta propiedad de la letra vav, como se usa en hebreo, se conoce como vav hajibur, lavav de «conexión», que en castellano es «y». La primera vav de la Torá -«En el principio Dios creó los cielos y [vav] la tierra»-, sirve para asociar espíritu y materia, cielo y tierra, a lo largo de la Creación.
Esta vav, que aparece en el principio de la sexta palabra de la Torá, es la letra número veintidós del versículo. Ella alude al poder de conectar e interrelacionar los veintidós poderes individuales de la Creación, las veintidós letras del alfabeto hebreo de la alef a la tav. (La palabra et (que aparece antes de las palabras «los» y «la» en este versículo, y se escribe alef-tav) es generalmente tomada como que representa todas las letras del alfabeto, desde la alef hasta latav. Nuestros sabios interpretan la palabra «et» en este versículo, como incluyendo los distintos objetos de la Creación presentes entre el cielo y la tierra).
En hebreo bíblico, la letra vav tiene también la función de invertir el tiempo aparente de un verbo, a su opuesto, de pasado a futuro o de futuro a pasado (vav hahipuj). La primera aparición en la Torá, de este tipo de vav, es la vav con la que comienza la palabra número veintidós desde el comienzo de la Creación, «Y Dios dijo….». Este es el primer dicho explícito de los diez dichos de la Creación: «Y Dios dijo (el verbo ‘dijo’ es invertido del tiempo futuro al pasado por la vav al principio de la palabra -‘Y’): ‘Sea la luz’ y fue la luz». El fenómeno de la luz quebrando la oscuridad del tzimtzum, la contracción primordial, es en sí misma el secreto del tiempo, (el futuro transformándose en luz), que permea el espacio.
En el servicio Divino del judío, el poder de cambiar el pasado desde el futuro, es el secreto de la teshuvá («arrepentimiento» y «retornar a Dios») por amor. A través de la teshuvá por temor, las transgresiones intencionales que uno cometió, se vuelven como errores, se endulza en cierta manera la severidad de las transgresiones pasadas, pero no cambian en forma completa. Sin embargo, cuando un judío retorna por amor, sus transgresiones deliberadas se transforman en méritos; de la toma de conciencia de la distancia que nos separa de Dios a causa de nuestras transgresiones, proviene la fuerza motivadora de retornar a Di-s con una pasión aún mayor que la de aquel que nunca pecó. Todo judío tiene una parte en el Mundo por Venir, como está dicho, «Y toda tu nación son ‘tzadikim‘, por siempre ellos heredarán la tierra». El poder de la teshuvá de convertir completamente lo pasado en bien, es el poder de la vav de invertir el pasado en futuro. Esta transformación en si misma requiere, paradójicamente, atraer la luz desde el futuro hacia el pasado.
En el servicio Divino del hombre, traer el futuro hacia el pasado es el secreto de estudiar las enseñanzas internas de la Torá, el aspecto de la Torá que se relaciona con la revelación de la venida del Mashiaj. Rashi explica el verso del Cantar de los Cantares: «Que me bese con los besos de su boca, porque su amor es mejor que el vino», aludiendo a las dulces enseñanzas que se revelarán en los tiempos del Mashiaj. Cuando una persona estudia atentamente los secretos de la Torá, el actúa desde el futuro en el pasado, con el fin de fortalecerse y animarse a retornar en completa teshuvá de amor, y de esa manera convertir su pasado en futuro.
Eludiendo Trampas Satánicas
(41) Y venga a mí, oh Jehová, tu misericordia, tu salvación, conforme a tu dicho.(42) Para dar respuesta al que me afrenta, porque en tu palabra he confiado.
Fíjate que no es un asunto moderno la permanente confrontación que existe entre el creyente y el incrédulo, que suele llamarse a sí mismo, “ateo”. La antigua discusión de: “Dios NO existe” – “Dios SI existe” – “Demuéstrame que Dios existe” – Demuéstrame tú que Dios no existe”, queda en evidencia universal cuando el salmista señala y consigna aquí que desea que venga a él la misericordia y la salvación de Dios prometida con la intención de demostrarle a los que le infringen afrentas que Dios es real. Al respecto hay un texto hermoso en el Proverbios 27:11. Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, y tendré qué responder al que me agravie. ¿Qué quiere decir? Que cuando se incursiona en la sabiduría divina, siempre hay una palabra justa y llena de amor para responder a una ofensa.
(43) No quites jamás de mi boca la palabra de verdad, porque en tus juicios espero ansiosamente. (44) Así guardaré tu Ley continuamente, eternamente y para siempre.
El temor santo que el salmista resume en el primer verso de estos dos, deja claramente en evidencia que conoce a la perfección las artimañas satánicas utilizadas para crear confusión, error y destrucción en el pueblo de Dios. Personalmente, tengo total certeza y seguridad respecto a quien soy en Cristo, pero también observo que en la maraña de textos bíblicos con el que me veo obligado a trabajar diariamente, hay ciertas trampas relacionadas con mi intelecto o mi memoria por parte del enemigo, y que muy bien en un momento dado me puede llevar a decir, sin darme cuenta, una barbaridad de marca mayor.
Claro está que mis hermanos son consagrados y fieles, además de genuinos, (Si así no fuera no entrarían en nuestra Web ni escucharían nuestras proclamas), y si hay un error van a descubrirlo prontamente. El riesgo es que los más jóvenes en el evangelio sigan ciegamente lo que he mal dicho y caigan en confusiones graves. Por eso es que me vas a escuchar y leer pedir siempre a los lectores u oyentes de mis trabajos que lo hagan con sus Biblias en la mano y comprobando si lo que digo es así. No me ofendería en absoluto esa desconfianza, porque también está escrito que es maldito el hombre que confía en el hombre.
Cuidado con lo que Haces con tu Mente
(45) Y me encaminaré en lugar espacioso, porque he escudriñado tus preceptos. (46) Delante de reyes hablaré de tus testimonios, y no me avergonzaré.
Aquí puedes encontrar la otra parte de la historia de las confrontaciones. Porque el enemigo, cuando quiere mermar la capacidad espiritual activa de un cristiano, procura colocarle obstáculos. Uno de ellos, el anteriormente descripto: la afrenta, el ataque, la injuria, la agresión. El otro, este que ves aquí en el segundo verso: producir vergüenza. ¿Alguien con autoridad plena en Cristo podrá explicarme la razón, el motivo o la causa por la cual miles y miles de cristianos, hijos confesos del Dios de todo poder, sienten enorme vergüenza de hablar de Él delante de la gente?
¿Puede avergonzarse alguien por referirse a quien es el dueño de todo el oro y la plata del mundo? Hay una sola respuesta: sí, porque en ese terreno es precisamente donde Satanás y sus demonios procuran fastidiar e incomodar a los creyentes. Y conste que lo consiguen más de lo que quisiéramos reconocer. Dentro de las advertencias sobre esto, que Jesús les deja a sus discípulos, hay una recogida por Mateo en su evangelio. En el capítulo 10 y versos 17 y 18, leemos: Y guardaos de los hombres, porque os entregarán en los concilios, y en sus sinagogas os azotarán; y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. Y en el Libro de los Hechos encontramos un episodio que tiene al apóstol Pablo como protagonista. En el capítulo 26, en sus dos primeros versos, dice: Entonces Agripa dijo a Pablo: se te permite hablar por ti mismo. Pablo entonces extendiendo la mano, comenzó así su defensa: me tengo por dichoso, oh rey Agripa, de que haya de defenderme hoy delante de ti de todas las cosas de que soy acusado por los judíos.
(47) Me deleitaré en tus mandamientos, los cuales amo.
(48) Alzaré mis manos hacia tus preceptos, los cuales amo, y meditaré en tus estatutos.
Ya te expliqué más arriba lo que significaba meditar en la palabra. Te dije que se trataba de pensar casi con meticulosidad en cada palabra, en cada letra, en cada punto y coma, porque todo está puesto allí con una intención pre determinada, no para llenar espacios como hacemos los hombres ni mucho menos para cumplir con formalidades idiomáticas. Nada que ver con dejar la mente en blanco; eso no es meditar, eso es llamar demonios a tu vida. Y créeme que ellos suelen ser obedientes a ese llamado. Dicho eso, ahora paso al segundo punto, que es el de levantar nuestras manos hacia su Palabra. ¿Por qué? Porque cuando levantamos nuestras manos, (Presta atención extrema a las situaciones habituales donde lo has hecho alguna vez); es porque estamos rindiendo honores a algo o a alguien.
Por ejemplo, se ve mucho en el ambiente del fútbol. ¿Qué cosa hacen los simpatizantes, (Aquí en mi patria llamados “hinchas”), en las gradas mientras se disputa el juego? Cantar, alentar, vociferar, enojarse, presionar a los jueces, intimidar a los adversarios, y…levantar sus manos. ¿Entiendes la razón por la cual es norma y costumbre casi tradicional hacer eso en las iglesias más progresistas de nuestros ambientes? Claro está que, levantar tus manos no basta para honrar a Dios. Lo haces cuando levantas tus manos con decisión, fe y certeza. Así es como funciona. De otro modo, es apenas religiosidad.
A esta sección podríamos ponerle por título: El coraje necesario para dar testimonio. En efecto: Pide el favor de Dios, contenido en sus promesas, precisamente para estar más animado a dar testimonio de la bondad de Dios ante los que quieren avergonzarle. Con esta esperanza, está seguro de que no se le irá de la boca la palabra de verdad, es decir, un testimonio sincero y veraz de lo que Dios ha hecho por él, lo cual sería difícil de cumplir si le faltase la manifestación del favor de Dios hacia él. Seguro de haber sido escuchado, hace una promesa firme, usando los tres vocablos que indican continuidad de por vida: “tamid” = siempre, “leolam” = para siempre, y “ed” = perpetuamente (el mismo vocablo de Isaías 9:6… perpetuamente Padre).
Esto le dará ánimo y coraje: Y andaré por ancho campo, es decir, libre de ansiedades, porque busqué tus preceptos. Y, como el que teme a Dios, no tiene por qué temer a nadie, se siente ya con el coraje necesario para dar testimonio delante de reyes, como lo dieron los compañeros de Daniel ante Nabucodonosor, los Apóstoles ante las autoridades judías, y el Apóstol Pablo ante el rey Agripa. Repite, una vez más, el amor que profesa a la Ley de Dios, el deleite que siente en cumplirla y meditarla, hasta el punto de que quiere alzar las palmas de las manos hacia los divinos mandamientos en actitud de intensa devoción, de empeño decidido. “La frase —dice Cohén— denota de ordinario la actitud de oración.” “Casi diviniza la Ley —comenta Arconada— al prometer alzar a ella sus manos, en gesto de oración”.
La misericordia de Dios está canalizada, por así decirlo, y el canal o medio que la trae hasta nosotros es la Palabra de Dios. Entonces, la pregunta, es: ¿Te regocijas tú al leer la Palabra de Dios? ¿Amas la Palabra de Dios? Si no es así, ¿Por qué no le pides a Dios que te de amor por ella? El profesor McGee nos cuenta que él hizo esta oración por años, porque se crió en un hogar donde no podía oír la Palabra de Dios, y entonces le llevó mucho tiempo llegar a estar interesado en ella. Versión Popular.
Dios mío, muéstrame tu amor y sálvame, tal como lo has prometido. Así podré responder a mis enemigos. Permíteme hablar con la verdad, pues confío en tu palabra. Puedo andar con toda libertad porque sigo tus enseñanzas, y siempre las cumpliré. En la presencia de reyes podré hablar de tus mandamientos y no sentirme avergonzado. Yo amo y deseo tu palabra, pues me llena de alegría.
ZAIN
Es Una Luz Que Vuelve…
El Maguid de Mezeritch, el sucesor del Baal Shem Tov, enseña que el versículo «Una mujer virtuosa es la corona de su esposo» alude a la forma de la letra zain. La letra previa, la vav, representa el or iashar («luz directa») de Dios que desciende al mundo. La zain, cuya forma es similar a la vav, pero con una corona en la parte superior, refleja el or iashar de la vav como or jozer («luz que vuelve»). Or jozer asciende con tan tremenda fuerza, que llega a un estado de conciencia más elevado que el del punto original revelado del or iashar.
Al llegar al reino supra-consciente preliminar de keter (la»corona»), se amplía la percepción tanto a izquierda como a derecha. En verdad, «No hay izquierda en El Anciano (el nivel de keter), todo es derecha». Esto significa que el temor a Dios (izquierda) es indistinguible, a este nivel preliminar del nivel supra-consciente, de la otra manifestación más elevada: el amor a Dios (derecha), en cuanto a su naturaleza de aferrarse a Dios. La experiencia de or jozer, subsecuente a la consumación del proceso creativo inherente en or iashar, la creación del hombre en el sexto día, es el secreto del séptimo día de la Creación, el Shabat.
La «Reina» Shabat, que en general significa mujer en relación al hombre, «la mujer virtuosa, es la corona de su esposo», tiene el poder de revelar en su marido su propia corona supra-consciente, la experiencia del sereno placer y la sublime voluntad innata en el día de Shabat. «¿Quién es una buena (literalmente «kosher»] mujer? Aquella que hace la voluntad de su marido. «El jasidismo explica que la palabra «hace», también significa «rectifica», como está dicho al finalizar el relato de la Creación, (el sello del séptimo día, Shabat): «el que Dios creó para hacer», «hacer» en el sentido de «rectificar» (Esto implica que Dios nos dio la tarea de finalizar la rectificación de Su Creación), como explican los sabios. Así la «mujer kosher» es aquella que rectifica el deseo de su marido, elevándolo a este a nuevas percepciones de la esfera supra-consciente interior del alma.
Dios Sigue Aborreciendo Las Mismas Cosas
(49) Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar ansiosamente. (50) Ella ha sido mi consuelo en mi aflicción, porque tu promesa me ha dado vida.
En principio, una persona cualquiera, llevándose por su raciocinio secular e intelectual, jamás podría llegar a entender que algo escrito tenga la capacidad para actuar sobre la vida de una persona y modificarla abrupta y radicalmente. Los que hemos tenido experiencias de esa naturaleza, sabemos que más allá de lo que diga la ciencia y los sabios, eso es real y cierto. Tan cierto como lo es el álgido debate que suele darse entre supuestos ateos y no menos supuestos creyentes. Porque lo centralizan en textos escritos y lo analizan con sus propias sabidurías intelectuales humanas y luego se toman la pretensión de evaluarlo y hasta calificarlo.
Es imposible calificar la Palabra de Dios desde la mente humana. Porque la Palabra de Dios, que está encerrada en el contexto global de la letra bíblica, sólo puede tener medida cuando el Espíritu Santo la revela, la clarifica y la ilumina. De otro modo, son textos casi de tenor aburrido que no dicen mucho más que el relato de historias antiguas y, aparentemente, fuera de todo interés para el hombre moderno.
La Promesa de Dios es la que nos da vida, la que mecaniza nuestros movimientos diarios y la que nos permite esperar confiados. Por eso es que Pablo, en Romanos 15:4, escribe: Porque las cosas que se escribieron antes, (Antes es precisamente esto, los salmos, entre otras escrituras), para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanzas.
(51) Mucho me han escarnecido los soberbios, pero no me he apartado de tu Ley. (52) Recordando tus antiguos mandamientos, oh Jehová, quedé consolado.
Cuando observamos rasgos de soberbia en líderes o jerarquizados hermanos dentro de las congregaciones, solemos justificarlos diciendo que así es el hombre, que es la naturaleza humana y que esa será su batalla por siempre. No es mala ni errónea la definición, sólo es incompleta. Porque omitimos decir lo que también está escrito y es que Dios aborrece a los soberbios y da honra y gloria a los humildes. Por tanto, cuando uno o más soberbios te escarnezcan, (Y lo harán porque es su estilo “normal” de vida), apela a la Palabra de Dios, no te apartes un milímetro de ella y verás su derrota.
Asimismo, cuando el enemigo te oprima con malos recuerdos, (Recuerda que tu mente es siempre el campo de batalla de lo que llamamos la guerra espiritual), también recurrir a la Palabra será la genuina y segura salida. No sólo recibirás sabiduría que trae paz, sino también un grado de consolación que sólo puede entenderse desde lo sobrenatural. A propósito de los soberbios y sus burlas, Jeremías 20:7 lo resume bastante bien cuando expresa: Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí.
¿Verdad que leyendo esto es como si por un momento estuviéramos a un paso de caer en alguna forma de blasfemia? No te preocupes, no eres tú, es Jeremías. Él, con total honestidad pero también con absoluto error e ignorancia, presupone que Dios utilizó su fuerza de manera indebida. En cuanto al consuelo del que se habla luego a partir de sus mandamientos, Job estuvo bastante ducho al respecto cuando, en su libro, capítulo 23 y verso 11, dice: Mis pies han seguido sus pisadas; guardé su camino, y no me aparté.
Y en el Salmo 44 y verso 18, el mismo tema de seguir sus pasos, es tratado con total claridad por el salmista cuando expresa: No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni se han apartado de tus caminos nuestros pasos. Finalmente, el Salmo 103 y verso 18 concluye el pensamiento global diciendo: Sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra. Allí está la gran verdad de todas las verdades. No se trata sólo de recordar o guardar, se trata de poner por obra.
Nombre Sobre Todo Nombre
(53) Me domina la indignación por causa de los malvados, que abandonan tu Ley. (54) Tus estatutos han venido a ser mis salmos, en la morada de mi peregrinación. (Originalmente “de mi cuerpo”)
Vamos por partes: ¿Podrías abandonar tú algo que jamás fue tuyo? No, es imposible. Para que abandonemos algo, primeramente ese algo estuvo con nosotros. De otro modo, podríamos decir que alguien jamás tuvo tal o cual cosa, pero no que la ha abandonado. Un hombre –ejemplo- puede abandonar a su esposa, pero nunca a una mujer que no conoció, ¿Se entiende? Por lo tanto, cuando el salmista dice aquí que le produce indignación que los malvados abandonen la Ley (Que hoy sería la Palabra) de Dios, no se está refiriendo a gente incrédula que jamás conoció esa Palabra o esa Ley, se está refiriendo a personas que conocieron la Ley o la Palabra y luego, por causas atribuibles a sus intereses personales, decidieron abandonarla.
Ahora creo que podrás entender tus propios sentimientos, así como yo al tomar contacto con la revelación de esta palabra, tomé conciencia de los míos. Es muy difícil que yo me indigne con acciones o actitudes de mundanos incrédulos. Para ellos, tiene que surgir de mi interior la infinita paciencia y misericordia de Dios. Mi indignación, en cambio, puede ser probable cuando esa falsedad emana de gente que hasta ayer mismo pudo haber estado sentada a mi lado escuchando un mensaje o cantando una alabanza. Y si bien trabajo muy fuerte en lo concerniente a Dominio Propio, te confieso que en este punto, todavía no he podido lograrlo adecuadamente.
Respecto a la indignación que los hijos de Dios experimentan al ver a gente que habiendo conocido la Palabra luego decide abandonarla, en el Libro de Esdras podemos leer, en 9:3: Cuando oí esto, (Viene hablando de contraer matrimonio con paganos), rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo. No menos esclarecedor resulta el Salmo 89, cuando en sus versos 30, 31 y 32, expresa con toda claridad este concepto, diciendo: Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades.
(55) Recuerdo en la noche tu Nombre, o Jehová, y deseo guardar tu Ley. (56) Esto me ha sucedido, porque he guardado tus preceptos.
No es casual que la Biblia hable sobradamente del nombre que está por sobre todo nombre. Y tampoco lo es que aprendamos a batallar contra las fuerzas del infierno “en el nombre de Jesús”. El nombre de nuestro Dios, de Su Cristo y de Su Espíritu Santo están por sobre todo nombre terrenal o humano, por eso tienen que estar más que presentes en nuestras vidas, sobre todo cuando a ellas llega la Noche, que simbólicamente es el momento de las crisis o tribulaciones. Por eso dice el Salmo 63:6: Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche.
Esta sección puede llevar por título: La fuente del consuelo y de la esperanza. Nótese las veces que estas palabras ocurren aquí y el bellísimo versículo 54. Comienza el salmista con un verbo que va a repetir (zacar, ya que la letra de esta sección es la z): Acuérdate de la palabra (aquí, dabar, pero en sentido de “promesa”, como en otros lugares imrah) dada a tu siervo, en la que me has hecho esperar, es decir, poner la esperanza”. La promesa de Dios le había infundido esperanza; ahora pide a Dios que, puesto que su palabra es fiel y no puede violar su promesa, ha de recordarla para librarle de la decepción que sufriría si no se cumpliera. En las crisis pasadas, esa promesa le había reanimado, vivificado; por eso, sabe que tendrá ahora el mismo efecto, y en ella halla el consuelo en su aflicción.
Ese consuelo le sustenta (, pues recuerda experiencias pasadas, en que Dios le había sacado a campo ancho cuando sus enemigos se burlaban de él y hablaban mal de él. Lo que más siente él con respecto a sus enemigos, y lo que le enfurece hasta hacerle derramar ríos de lágrimas es el desacato con que estos impíos tratan la Ley de Dios. ¡Ojalá sintiésemos nosotros la misma santa indignación al ver hollada de tantos modos la santa Ley de Dios! Pero no es difícil indignarse cuando son otros los que la huellan ¿Nos indignamos también contra nosotros mismos cuando pecamos?
El consuelo que el salmista recibe de las promesas de Dios sube de punto cuando lo transfiere al cumplimiento mismo de la Ley (A) El obedecer los preceptos de Dios lo estima como lo mejor que tiene. Incluso durante la noche, no le abandona el recuerdo de Dios y de la Ley, pero lo más grandioso es que los estatutos de Dios le infunden tal gozo y tal consuelo que son sus cantares, le inspiran a cantar, en la casa de su peregrinaje, es decir, en la morada en que se siente como peregrino, o extranjero. En otras palabras, cumple las promesas que me hiciste, con las que me infundiste esperanza. Versión Popular.
Recuerda la palabra que diste a este siervo tuyo: en ella me hiciste poner la esperanza. Éste es mi consuelo en la tristeza que con tus promesas me das vida. Los insolentes me ofenden sin cesar, pero yo no me aparto de tu enseñanza. Recuerdo tus decretos de otros tiempos, y en ellos, Señor, encuentro consuelo. Los malvados que abandonan tu enseñanza me llenan de furor. Tus leyes han sido mis canciones en esta tierra donde soy un extranjero. Señor, por las noches me acuerdo de ti; ¡quiero poner en práctica tu enseñanza! Esto es lo que me corresponde: obedecer tus preceptos.
JET
Viviendo Una Vida
Jet es la letra de la vida (jaim, de la raíz jaiá, cuya letra más importante es jet). Hemos explicado enjasidismo, que hay dos niveles de vida, «vida esencial» y «vida que vitaliza». Dios en sí mismo, como si fuera, está en el estado de «Vida Esencial». Su poder creativo, que permea continuamente toda la realidad es «vida que vitaliza». También en el alma judía: la esencia de su raíz, por ser una con Dios, posee el estado de «vida esencial». Por el otro lado, el reflejo de la luz del alma que brilla abajo para dar vida al cuerpo, se experimenta físicamente a nivel de «vida que vitaliza». Este segundo nivel, que es la vida como la conocemos en general, se manifiesta como una pulsación, el secreto de «correr y retornar», «ratz vshuv«.
De acuerdo con el Arí z»l«, la letra jet está construida combinando las dos letras previas, vav y zain, con una fina línea a modo de puente, conocida como el jatoteret («joroba»). La nueva luz que aparece con la unión de la vav –or iashar– y la zain –or jozer– es el secreto de «rondar» o «sobrevolar», a la manera de «tocar sin tocar». La imagen de «sobrevolar» aparece en el mismo comienzo de la Creación: «Y el espíritu de Dios sobrevuela por sobre las aguas». La palabra «sobrevuela» (merajefet) es la palabra número ochenta en la Torá. Es la primera palabra en la Torá que es numéricamente múltiplo de veintiséis, el valor del nombre Havaiá (merajefet = 728 = 26 times 28).
Veintiocho es el valor numérico de coaj, «poder». Así, el secreto último implicado en el valor numérico de la palabra «sobrevolar», es «el poder de Di-s». En cabalá, esta palabra es en particular, el secreto del poder Divino de redimir las 288 chispas caídas, que «murieron» en el proceso de «ruptura de los recipientes» (merajefet es una permutación de met rapaj, «288 han muerto»). Los sabios nos enseñan, que el «espíritu de Di-s», se refiere aquí de hecho al alma del Mashiaj (que se permuta en shem jai, «el nombre viviente»). «Sobrevolando» está simbolizado en la Torá «como un águila que levanta su nido y sobrevuela sobre su cría», como fue enseñado por el Maguid de Mezeritch. Para no aplastar al nido y su cría, el águila sobrevuela sobre el nido mientras alimenta a sus pichones «tocando pero sin tocar».
El águila aquí es una metáfora de Dios en relación con Sus hijos, Israel en particular y toda la Creación en general. Si Dios quisiera revelar completamente Su Absoluta Presencia o retirar Su poder de re-creación continua, el mundo cesaría de existir instantáneamente. De esta manera, «sobrevolando» sobre la realidad de la Creación, Dios continuamente la nutre y sostiene, mientras que a la vez brinda a cada criatura, o en la terminología de la cabalá, a cada recipiente, la habilidad de crecer y desarrollarse «independientemente». La letra jet entonces, sugiere el delicado balance entre la revelación de la Presencia de Dios, (la vav de la jet) y el ocultamiento de Su poder creativo frente a Su Creación (la zain de la jet).
Este estado de «sobrevuelo», «tocando sin tocar», es el principio del fenómeno de «vida que vitaliza». Además, «tocando sin tocar» desde Arriba, refleja en si un «correr y retornar», en la pulsación interna de toda criatura viviente. «Y las criaturas vivientes [jaiot] corren y retornan como la aparición de un relámpago». No leas jaiot («criaturas vivientes») sino jaiut, («fuerza vital»). La jatoteret, esa delgada línea sublime que conecta los dos componentes o facetas de la «vida que vitaliza», es un tema en sí misma. Está insinuada en: «Aquel que vive en la cima del mundo», que es Dios, «la Vida Esencial». En verdad, paradójicamente Su Esencia llena y sostiene toda la realidad creada, mientras simultáneamente «sobrevuela» por sobre el nivel de «sobrevolar» en sí mismo, insondable y por encima de toda percepción humana.
Considerando Tus Caminos
(57) Mi porción es Jehová, he resuelto guardar tus palabras. (58) He suplicado tu favor de todo corazón, ten misericordia de mí conforme a tu dicho.
Si examinas con cuidado este pasaje, verás que más allá de las palabras aparentemente altisonantes que seguramente pasarán a engrosar el libreto tradicional de enseñanza bíblica, hay tres elementos que nos dejan en evidencia la capacidad de decisión del hombre respecto a su vida espiritual. Nadie es obligado a creer y nadie es obligado a no creer. Ambas son decisiones que por diversas causas y motivos los hombres y mujeres toman en algún momento de sus vidas y marcan su derrotero futuro, tanto en lo literal y físico en esta tierra como en lo espiritual y místico en su futuro de eternidad.
El salmista, ejemplo válido para este examen que podemos imitar, dice que su porción, es decir: su modelo, su patrón, su base sólida es Dios. Él comenzará todo desde allí hacia adelante. Luego dice que ha resuelto guardar sus palabras y no dejarlas caer en el olvido o la indiferencia, cosas que muchos otros han decidido adoptar hoy mismo. Y, finalmente, declara que ha suplicado a Dios que le otorgue su favor. Esto, a primera vista, parecería ser algo relacionado con un interés egoísta, pero si lo miramos desde la óptica de la fe simple, veremos que se trata de un alto reconocimiento de señorío de un ser por sobre otro.
Hay otro salmo donde se habla de “la porción”, aunque en este caso sea de la herencia global, colocando a Jehová en el otro extremo; es el 16 y en el verso 5, dice: Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte. También se alude al guardado de la palabra en el libro de Deuteronomio. En 33: 9, se expresa: Quien dijo de su padre y de su madre: nunca los he visto; y no reconoció a sus hermanos, ni a sus hijos conoció; pues ellos guardaron tus palabras, y cumplieron tu pacto. Respecto al verso 58, hay un texto muy relacionado en 1 Reyes 13:6, donde leemos: Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tú Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes.
(59) Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios. (60) Me apresuré, no me retardé, en guardar tus mandamientos.
Una vez más, otra forma de aplicar dominio propio y también la teoría del libre albedrío. Consideré yo mis caminos, no los hice considerar por un experto. Volví mis pies a los testimonios de Dios. Lo hice yo mismo, nadie lo hizo en mi lugar. Y, finalmente, me apresuré en guardar sus mandamientos sin retardarme. Y, una vez más, lo hice yo; nadie tuvo que venir a presionarme para que me dé prisa. Fíjate como lo relata Lucas en su evangelio respecto a la parábola del hijo perdido. Lucas 15:17-18: Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Lo que puede verse en primera medida, es que el padre está presente en el recuerdo del hijo aún en un lejano país. El arrepentimiento es un rechazo del pecado, y un reconocimiento de que la ofensa ha sido cometida contra Dios; además, es un cambio en el corazón que se manifiesta en una modificación de la conducta.
No Todo lo que se Mueve y Respira
(61) Lazos de impíos me han envuelto, pero no he olvidado tu Ley. (62) A medianoche me levanto para darte gracias, por tus justos mandamientos.
Lo primero es para que nunca te olvides ni se te vaya de la memoria que existen lazos o ligaduras espirituales, así como también su versión óptica, que denominamos vendas, vendas mágicas. Una atadura impía, que es de lo que aquí se está hablando, puede ser factor por el cual alguien olvide los conceptos básicos de la Palabra de Dios. Las vendas, mientras tanto, ocasionan en el cristiano una altísima incapacidad para ver asuntos que, si luego logra salir de esa situación espiritual y ser liberado, no podrá entender cómo no fue capaz de darse cuenta de lo que lo rodeaba cuando estaba dentro de la situación. Les sucede a menudo a personas que abandonan una congregación y luego comienzan a verla desde afuera.
La medianoche de la que aquí se está hablando, tiene que ver con el Nuevo Nacimiento, con el inicio de un nuevo día, ya que la medianoche daba paso a la mañana, que es como luego comenzaría la sociedad en general a medir los tiempos. El Salmo 140:5 rescata las prisiones entre impíos y consigna: me han escondido lazo y cuerdas los soberbios; han tendido red junto a la senda; me han puesto lazos.
(63) Soy compañero de todos los que te temen, y de los que observan tus preceptos. (64) Oh Jehová, la tierra está llena de tu misericordia, ¡Enséñame tus estatutos!
El compañerismo es un vínculo o una relación de amistad entre uno o más personas. ¿Es ese el caso del sentido que a esa palabra le está dando el salmista? Creo que no, creo que se queda corto. Que en este caso ese compañerismo tiene mucho más que ver con una sana hermandad que con simple coincidencia afectiva. Porque decir “hermano”, mi amado hermano o hermana, va mucho más allá de lo que la estructura eclesiástica ha terminado en convertir en una especie de tratamiento religioso formal. Tú no puedes decirle “hermano” a todo lo que se mueve o respira dentro de un templo. Nadie discute tu buena predisposición y voluntad, pero me temo que si lo haces, un día de estos te encuentras llamando “hermano” a un demonio.
Tú, Señor, eres todo lo que tengo; he prometido poner en práctica tus palabras. De todo corazón he procurado agradarte; trátame bien, conforme a tu promesa. Me puse a pensar en mi conducta, y volví a obedecer tus mandatos. Me he dado prisa, no he tardado en poner en práctica tus mandamientos. Me han rodeado con trampas los malvados, pero no me he olvidado de tu enseñanza. A medianoche me levanto a darte gracias por tus justos decretos. Yo soy amigo de los que te honran y de los que cumplen tus preceptos. Señor, la tierra está llena de tu amor; ¡enséñame tus leyes!
TET
Las Razones de un Vientre
La tet es la letra inicial de la palabra tov, «bueno». La forma de la tet es «invertida», simbolizando el bien escondido, invertido – como está expresado en el Zohar: «su bien está oculto dentro de él». La forma de la letra jet simboliza la unión de la novia y el novio, consumada en la concepción. El secreto de la tet (que equivale numéricamente a nueve, los nueve meses del embarazo), es el poder de la madre de llevar su bien interior y oculto (el feto), durante el periodo de embarazo.
El embarazo es el poder de llevar lo potencial a lo real. La revelación de una energía nueva y actual como la revelación del nacimiento, es el secreto de la letra siguiente del alef-bet, la iud. Ella revela el punto de la «Vida Esencial», el secreto de la concepción en la letra jet, preñada y cargada por la tet. De los ocho sinónimos de «belleza» en hebreo, tov -«bueno»- alude al más íntimo, inverso y «modesto» estado de belleza. Este nivel de belleza, está personificado en la Torá por Rivka y Bat Sheva, quienes son descriptas como «muy bellas [buenas] de apariencia».
En el comienzo de la Creación, la aparición de la luz es denominada «buena» a los ojos de Dios: «Y Dios vio que la luz era buena». Nuestros sabios interpretan esto como: «bueno para que esté oculto, para dárselo a los tzadikim en la Tiempo Venidero». «¿Y dónde El la ocultó? En la Torá, como está dicho: ‘no hay otro bien que la Torá'». El Baal Shem Tov enseña que el » Tiempo Venidero» se refiere también a cada generación. Cada alma de Israel es un potencial tzadik (como está dicho: «y tu pueblo son todos tzadikim«), en conexión con la luz buena oculta en la Torá. Cuanto más uno realiza su potencial de ser un tzadik, más bondad el revela del «útero» de la Torá».
En el primer versículo de la Torá: En el comienzo Dios creó los cielos y la tierra, las letras iniciales de «los cielos y la tierra», son las letras del «Nombre oculto» de Dios en la Creación, (alef-hei-vav-hei), de acuerdo con la cabalá. El valor numérico de este nombre es diecisiete, el mismo que el de la palabra tov, «bueno». La palabra tzadik equivale a doce veces diecisiete, igual a doscientos cuatro, el valor total de las doce permutaciones de las cuatro letras del Nombre oculto. Los Tzadikim, que son llamados «bien», poseen el poder del Nombre oculto (derivado de «los cielos y la tierra»), la bondad oculta necesaria para unir los cielos y la tierra, y de esta manera revelar la luz interior y el propósito de la Creación.
Así como la alef tiene el poder de conllevar opuestos, (el poder del firmamento de asociar las aguas superiores e inferiores), la tet posee el poder de unir los mundos de arriba y abajo, «cielos y tierra». El jasidismo explica que en el servicio del alma, este poder se manifiesta en el hombre cuando asume el estado de estar «en el mundo pero fuera del mundo» simultáneamente. Estar «en el mundo» significa estar completamente consciente de la realidad mundana, para rectificarla. Estar «fuera del mundo», significa estar completamente consciente de que en verdad «no hay otro fuera de Él».
Encontramos otra conexión entre luz y bien, en la historia del nacimiento de Moisés: «Y ella [Iojeved, la madre de Moisés] vio que él era bueno». Rashi cita al Midrash, el cual explica que en el nacimiento de Moisés, una gran luz llenó el cuarto. De acuerdo con la Masorá (tradición) antigua, latet en la palabra tov («bueno») de este versículo es más grande. Esto da idea del Absoluto Bien Divino confiado a Moisés, cuya misión en la vida fue cumplir la promesa de la redención de Egipto y la revelación de la Torá en el Sinaí. El exilio de Egipto es comparado a un útero, en el que Israel estuvo en estado de preñez latente por el lapso de doscientos diez años. En el Sinaí, se unieron cielo y tierra, como se discutió en la letra alef. De esta manera, la enseñanza global de la tet es que, por intermedio del servicio del alma, toda la realidad se «preña» con la bondad y belleza Infinita de Dios, y de esta manera brinda paz y armonía a los «cielos y la tierra».
Sentido Común y Conducta
(65) Bien has hecho con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra. (66) Enséñame buen sentido y sabiduría, porque tus mandamientos he creído.
Alguien dijo en una ocasión que el sentido común debería ser el más común de los sentidos, y fue una excelente frase. Aunque, bueno es reconocerlo, no prosperó demasiado en los ambientes seculares de los diversos lugares en los que la gente se agrupa. Si algo hoy está en permanente asignatura pendiente, ese algo es precisamente el sentido común. Los diferentes procedimientos en distintos tópicos, lo muestran con toda claridad.
De hecho, lo único que cabría aguardar es que alguien llegue a los pies de Cristo y que, de ese modo, además de acceder a su salvación eterna y cambiar radicalmente su vida, también adquiera casi de modo simultáneo y automático, este maravilloso sentido. Sin embargo, quienes militan en congregaciones locales de todo el planeta, saben perfectamente que también dentro de los templos es bastante escaso el sentido común, y que en muchas ocasiones se procede y actúa bajo otras perspectivas que no son, precisamente, aptas para un testimonio eficaz.
Aquí está la solución inmediata. Pedirlo a Dios es un recurso, pero cuenta con una condición inexcusable. Creer en sus mandamientos. No estoy diciendo cumplimentarlos, porque sabemos, (Al menos en cuanto a los diez legendarios e históricos), prácticamente es imposible y están puestos allí precisamente para eso, para que reconozcamos nuestra imposibilidad carnal de respetarlos. Pero sí debemos creerlos como dictados por Dios mismo y, a partir de eso, quedaremos habilitados para pedirle a Él una serie de elementos necesarios para un mejor servicio al Reino; entre ellos, el sentido común.
(67) Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; más ahora guardo tu palabra (68) Bueno eres tú, y bienhechor; enséñame tus estatutos.
Es más que claro el mensaje divino en el primero de estos dos versos. ¿Tienes temor de ser humillado? Mantente en el camino de tu Señor, cobíjate en Su Palabra y nada te acontecerá. Pero, si te descarrías, Él no vendrá a obligarte a retornar, pero quedarás liberado de su cobertura. Y cuando eso suceda, el enemigo no tardará ni una milésima de segundo en golpearte y, seguramente, terminarás humillado. No por Dios mismo, sino por la falta de su cobertura, producida por tu decisión, no la de Él.
A propósito de esto, Jeremías reproduce un lamento de Efraín que es toda una declaración precisa. Jeremías 31:18-19: Escuchando, he oído a Efraín como se lamentaba: me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios. Porque después que me aparté tuve arrepentimiento, y después que reconocí mi falta, herí mi muslo; me avergoncé y me confundí, porque llevé la afrenta de mi juventud.
Queda en claro que estamos hablando de disciplina. Y así lo recoge el ignoto autor de la carta a los Hebreos, cuando en el capítulo 12 y el versículo 11, expresa: Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. En mi paso por las iglesias, he conocido a personas que en su momento habían sido disciplinadas por diversos motivos. La reacción de cada uno, me hablaba con claridad de la espiritualidad de esa disciplina. Mientras la mayoría sentía casi sed de venganza mezclada con revancha, sólo uno me aseguró que había modificado su vida para bien porque había sentido el genuino amor de Dios en esa disciplina. Esto último me reconcilió con mis hermanos, mientras que lo demás me aseguró que sin Palabra no hay estatura.
Por Encima de Cualquier Valor
(69) Contra mí forjaron mentira los soberbios, más yo guardaré de todo corazón tus mandamientos. (70) Se engrosó el corazón de ellos como sebo, más yo en tu ley me he regocijado.
Me gusta, en ocasiones, invertir la lectura de los textos con la finalidad de encontrar su aplicación implícita. Si lo hiciera con el verso 69, ello me estaría mostrando que, cuando nos apegamos genuinamente a la Palabra de Dios, generalmente nos ganamos nuevos enemigos. Que no son aquellos que deseen nuestros cargos, posiciones o jerarquías, como ocurre en las estructuras eclesiásticas convencionales, sino nuestro descrédito y humillación, con el fin de que la gente termine por no creer en lo que debe creer para ser salvo.
Me llamó la atención un texto que encontramos en el libro de Job, en el capítulo 13 y verso 4. Dice: Porque ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; sois todos vosotros médicos nulos. Tiene que ver, es más que obvio, con los soberbios que el verso 69 dice que forjarán mentira para con los hijos de Dios, pero lo que llama la atención es la última calificación: médicos nulos. Me quedé pensando qué cosa es un médico, (Porque nadie cuestiona que lo sea), pero nulo, esto es: sin resultados, sin sanidades, sin éxitos, sin fruto.
Lo único que encontré más cercano, es a alguien puesto en un sitio con credenciales y jerarquías indiscutidas, pero sin la menor posibilidad de hacer algo positivo. ¿Dónde está esa clase de gente? En el mundo secular podríamos encontrar alguno, pero lo haríamos diez minutos antes que sus propios clientes, al ver la carencia de resultados, lo abandonen y condenen a la ruina. Pero, ¿Y en la iglesia? En la iglesia propiamente dicha, creo que no. Pero en Babilonia, tengo la certeza que sí. Porque aunque sean médicos nulos, nadie se atreverá ni siquiera a decirlo, y mucho menos a dejarlo sin trabajo, cargo o posición adquirida.
Y en el 70, dice que el corazón de ellos, los soberbios mentirosos, se engrosó como sebo. Esto tiene la implicancia de volverse tan insensibles como un recipiente lleno de manteca. David, en el salmo 17 y verso 10 habla de esto mismo cuando dice: Envueltos están con su grosura; (Alude a una vida llena de lujos y derroche) con su boca hablan arrogantemente. ¿Conoces o has conocido a alguien así? Ten cuidado. No están allí para ayudarte en tu ministerio, están allí para obstaculizarlo y, si pueden, destruirlo.
Al respecto, Isaías también da su punto de vista cuando, en el capítulo 6 de su libro y en el verso 10, expresa: Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, no oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. ¿Te das cuenta? Cuando tú te enojas con aquellos que, oyéndote, es como si no aceptaran nada y siguen firmes y fieles a sus pecados y sus perdiciones, ahora sabes que no se trata de personas obcecadas o tercas; ¡Están cegadas por el dios de este sistema! No es que no quieran oírte y entenderte. ¡No pueden! ¿Y lo peor? Que no saben que no pueden.
(71) Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. (72) Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata.
Aquí, en el verso 71, está la confirmación de lo que ya veíamos anteriormente. Aquí el salmista se ha dado cuenta que si ha podido prestarle atención y entender los estatutos de Dios, ha sido porque al ser humillado, no le quedó otro recurso que refugiarse en ellos. Eso me lleva a algo que alguna vez oí y jamás olvidé. Dios te llama. Dios siempre te está llamando porque te quiere a su lado, codo a codo, nunca perdido. Pero, atención con esto: teniendo en cuenta la calidad carnal del hombre y sus reacciones, Dios te formula un primer llamado con amor. Con tanto amor y suavidad que, en muchos casos, ni siquiera lo oyes. El segundo llamado, en cambio, es con firmeza. Es imposible no escucharlo, aunque sí volver a evadirlo. Si lo haces, llegará el tercer llamado, que siempre es con rigor. Y de este es imposible escapar. O respondes, o te quedas.
Y luego te consigna que Su Palabra tiene más valor que millares de elementos de los más finos metales existentes, representados aquí por el oro y la plata. Y a eso lo vemos reiterado en el salmo 19, cuando el mismo David expresa, en el verso 10: Deseables (Está hablando de los mandamientos de Dios), son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. ¿Entiendes ahora el significado de aquella tierra de la que fluye leche y miel? Es alimento y Palabra, obviamente. Tanto la leche que se extrae de la vaca como la miel que se extrae de la abeja, conllevan un trabajo; ninguno de estos elementos fluye por sí mismos.
Finalmente, el propio Salomón da rienda suelta a su sabiduría cuando, en el Libro de los Proverbios, en el 8 y versos 10 y 11, expresa: Recibid mi enseñanza, y no plata; y ciencia antes que el oro escogido. Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella. Y concluye la idea en el verso 19, donde se puede leer: Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi rédito mejor que la plata escogida. Sólo una mínima acotación, como si fuera necesaria, ya que seguramente la observaste y tomaste nota de ella: No dice que nuestro fruto es oro, dice que es oro refinado. ¿Sabes cómo se refina el oro? ¡Exactamente! ¡Pasándolo por un horno a altísima temperatura! El horno de la prueba, si así deseas entenderlo. Veámoslo en la Versión Popular.
Señor, tú has tratado bien a este siervo tuyo, conforme a tu promesa. Enséñame a tener buen juicio y conocimiento, pues confío en tus mandamientos. Antes de ser humillado cometí muchos errores, pero ahora obedezco tu palabra. Tú eres bueno, y haces el bien; ¡enséñame tus leyes! Los insolentes me acusan falsamente, pero yo cumplo tus preceptos de todo corazón. Ellos tienen la mente entorpecida, pero yo me alegro con tu enseñanza. Me hizo bien haber sido humillado, pues así aprendí tus leyes. Para mí vale más la enseñanza de tus labios, que miles de monedas de oro y plata.
IUD
El Pequeño Punto del Infinito
La letra iud, (Que en mi Biblia aparece como yod), un pequeño punto suspendido, revela la chispa de bondad esencial escondida en la letra tet. A continuación del tzimtzum inicial (la contracción de la Infinita Luz de Dios para hacer «lugar» a la Creación), quedó dentro del espacio vacío un punto potencial e individual o «impresión».
El secreto de este punto es el poder del Infinito de contener el fenómeno finito dentro del Sí Mismo, y expresarlo en la realidad externa aparente. Una manifestación finita comienza de un punto de dimensión cero, luego se desarrolla en una línea unidimensional y una superficie bidimensional.
Esto está insinuado en la escritura completa de la letra iud (iud-vav-dalet): «punto» (iud), «línea» (vav), «superficie» (dalet). Estas tres etapas corresponden en cabalá a: «punto (necudá), «espectro» (sefirá), «figura» (partzuf). El punto inicial, el poder esencial de la letra iud, es el «pequeño que contiene mucho». «Mucho» se refiere al simple Infinito de Dios, escondido dentro del punto inicial de revelación, que se refleja cómo el potencial Infinito que tiene el punto, de desarrollarse y expresarse en todo el múltiple fenómeno finito de tiempo y espacio.
Antes del tzimtzum, el poder de limitación estaba oculto, latente dentro de la Infinita Esencia de Dios. A continuación del tzimtzum, se reveló este poder de limitación, y paradójicamente la Esencia Infinita de Dios, que originalmente «encubría» el poder de limitación, se volvió ahora El mismo oculto (no de verdad, sino desde nuestra limitada perspectiva humana) dentro del punto de la luz contraída.
Desde el interior de este punto de limitación, es revelado el secreto de las diez sefirot, los canales Divinos de luz, a través de los cuales Dios trae continuamente Su mundo a la existencia. Diez, el valor numérico de iud, es también el número de mandamientos (literalmente «declaraciones») revelados por Dios a Su Pueblo Israel en Sinaí. Todos los mandamientos, y de hecho cada letra de la Torá, tienen el poder de lo «pequeño que contiene mucho»; cada uno es un canal para la revelación de la Luz Infinita de Dios en la realidad finita.
A la Hora del Consuelo
(73) Tus manos me hicieron y me formaron; hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.
(74) Los que te temen me verán, y se alegrarán, porque en tu palabra he esperado.
Cuando logramos entender de verdad que fue Dios quien nos formó y no una simple evolución genética o biológica, comenzamos a aceptar que todo lo que nos falta saber y aprender respecto a Él, es aquello que precisamente habrá de llevarnos al conocimiento que tanto deseamos. Aprender sus mandamientos no se trata de repetirlos textualmente de memoria, como se suele hacer todavía en las escuelitas bíblicas. Se trata, nada menos, de encarnarlos, con todo lo que ello significa.
Job en su libro demuestra tenerlo bastante en claro, cuando en el capítulo 10 y versículo 8, leemos: tus manos me hicieron y me formaron; ¿Y luego te vuelves y me deshaces? Dentro de la lógica simple que implementaba Job, él no podía comprender que si alguien lo había creado con tanto esmero no exento de amor, ese mismo creador pudiera dejarlo librado a su suerte como él sentía estar en ese momento. Olvidaba algo que todavía muchos cristianos olvidan hoy: es Dios, no es un hombre sujeto a las lógicas griegas.
Mucho más atinado en sus pensamientos era David, el mismo autor de este salmo, cuando en el 138 y verso 8, expresa: Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos. Es curioso, porque cuando dice que cumplirá su propósito, ese término “cumplirá” es la palabra gamar, que en realidad significa finalizar, realizar, satisfacer o perfeccionar. Y este verbo aparece cinco veces en el Antiguo testamento. En tres de ellas se refiere a algo o a alguien que se ha puesto fin o ha desaparecido. En dos de ellas se refiere al cumplimiento y perfeccionamiento de la obra de Dios en nuestra vida. La idea es que Dios comienza su obra en la vida de su siervo y continúa hasta que esté absoluta y completamente acabada.
Y luego dice que los que temen a Dios lo verán porque en su palabra ha esperado. ¿Qué significa esto de “me verán”? Que será en el espíritu. No está hablando de vista física, está hablando de revelación profética. ¿Causa? Haberse refugiado en la Palabra. Este es el poder de la palabra de Dios. Cuando reprendemos un demonio o declaramos una victoria aún no lograda, estamos estableciendo la palabra de poder. A esto lo clarifica mejor David en el salmo 34 y verso 2, cuando dice: En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos y se alegrarán.
(75) Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste.
(76) Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo.
Quisiera saber cuántos son los cristianos que conocen que los juicios de Dios son justos. Hay una franja que no es menor, que ha sabido declarar, (Yo los he oído), que en casos Dios juzga muy parecido a como se juzga en la tierra, lo que equivale a un verdadero insulta en el rostro santo de Dios. Dios jamás juzgará como un hombre. Cuando Dios dice juicio, dice que separará lo verdadero de lo falso. ¿Alguien va intentar hacerme creer que Dios se equivoca cuando dice que alguien es verdadero o que alguien es falso?
Hay un punto muy clave que ha sido publicado en la Biblia en varias escrituras, y al que muchos creyentes no parecen tener muy en cuenta. Se preocupan de parecer más que de ser, y cuando se les recuerda eso, argumentan que todo es por el buen testimonio. ¿Olvidan que Dios conoce el corazón de cada hombre y cada mujer del planeta? ¿Olvidan que podemos con la mejor de nuestras artimañas engañar a una humanidad completa, pero que jamás engañaremos a Dios? Por lo tanto, si Dios dice que alguien es falso, es falso y punto.
Y con respecto a donde dice conforme a tu fidelidad me afligiste, es más que obvio que hay una inmensa mayoría de hermanos que jamás entendió lo que esto significa, pero cómo no pudo o no supo averiguarlo, lo dejó a un costado y se acabó el problema. Aunque se tratara de maestros supuestamente enseñando o capacitando a alumnos. Te lo explicaré en breve síntesis. ¿Puede un Dios fiel decidir afligirte? ¿Verdad que suena casi cruel? Toma tu diccionario de idioma español y busca la palabra Fidelidad.
¿La encontraste? Dice: 1- Lealtad. 2- Exactitud, veracidad. 3- Reproducción muy fiel del sonido, sin distorsiones. ¡Claro1 No entendimos el texto porque cuando leímos fidelidad, de inmediato pensamos en una esposa para con su marido y viceversa. Fidelidad, no traición. Y en parte es esto, pero mucho más lo otro. Dios es tan leal a sus propias leyes, es tan exacto y veraz en todo lo que dice y hace, hay tanta precisión en su voz que no se distorsiona con ninguna doctrina humana que, a la hora de mirarte con tus pecados a cuestas y tus iniquidades sin resolver, aunque le duela, no puede menos que afligirte. De eso habla.
Hay un texto en la carta a los Hebreos, en el capítulo 12 y versos 9 y 10 que, de alguna manera, reflejan todo esto: Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
Y luego nos brinda un aspecto de la misericordia que no siempre ha sido mostrado o enseñado. Entre otras virtudes o consecuencias, la misericordia tiene una que vale por todas las demás juntas: consuelo. ¿No te produce consuelo a tu alma el saber que, aunque seas débil y no puedas sostenerte sin caer en alguna clase de pecado a diario, la inmensa misericordia y paciencia te va a proporcionar una y otra vez una oportunidad más para enmendarte? ¿O preferirías un juicio humano lleno de indiferencia y legalismo que te ejecute al amanecer por una nimiedad? Pero los hijos de Dios esperan de esa misericordia simplemente porque Él lo ha prometido. Sólo un detalle: sus hijos deberán vivir en el poder de Dios, no en su misericordia. A esta, sólo deberán echar mano las contadas veces que la necesiten.
Un Corazón Íntegro en Estatutos
(77) Vengan a mí tus misericordias, para que viva, porque tu ley es mi delicia. (78) Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado; pero yo meditaré en tus mandamientos.
¡Otra vez apelando a la misericordia de Dios! Aunque esta vez ya no está pensando en el consuelo que ella le acercará, sino directamente en lo más valioso que la misericordia transmite: Vida. ¿Vida abundante? Eso es obvio, aquí, hoy y ahora. ¿Vida eterna? También, pero los cristianos, aunque aseguran creerlo y confiar, no son en su gran mayoría demasiado afectos a referirse a esta forma de vida. La ven en un futuro que, esperan, sea muy lejano; la consideran y la estiman, pero no la enseñan ni la predican con la misma lucidez y presencia conque lo hiciera Jesús. Ha sido una forma de distorsionar el evangelio, como en tantas otras cosas más.
Cuando señala que la ley de Dios es su delicia, lo que está diciendo solamente podremos estimarlo y compararlo con alguien que hoy, en medio de todas las rutinas, doctrinas light, modismos y tradiciones evangélicas que subsisten entremezcladas con el origen, pudiera decir alguien que, tal vez, no llegue a ser tan bien mirado por sus pares: que en la lectura de la Biblia está su delicia. Soy alguien que vive con mi Biblia permanentemente abierta y buscando cada hecho cotidiano en ella como forma de no errar el paso a seguir y esperar siempre que el Espíritu Santo siga marcando rutas a seguir.
El afán de justicia que habitualmente impera en el hombre común, sincero, humilde, simple y hasta ingenuo, suele darse de narices con este elemento que vemos en el inicio del verso 78. ¿Alguna vez serán avergonzados los soberbios, tal como hemos leído en tantos textos bíblicos? Si has aprendido a depender de la palabra de Dios y no de las circunstancias naturales, ten por seguro que sí. Aunque sigan levantando calumnias e injurias contra gente que no reacciona del mismo modo ni paga con la misma moneda. El único reaseguro válido para que ello suceda, es meditar en los mandamientos del Señor. ¿Meditar? Sí, pensar, reflexionar, evaluar y entender que, por más que pasen cien años y todo esté sepultado bajo tierra, nada quedará oculto bajo el sol. Está escrito y yo elegí creerlo.
Jeremías es muy claro al respecto cuando, en el capítulo 50 de su libro y llegando al verso 32, dice: Y el soberbio tropezará y caerá, y no tendrá quien lo levante; y encenderé fuego en sus ciudades, y quemaré todos sus alrededores. Veamos esto: si alguien cae porque otra persona le hizo una zancadilla, hay un ataque, una agresión. Si alguien tropieza y cae, tal como lo vemos aquí, es porque le suceden dos cosas a tener muy en cuenta: le falla la visión y sus pasos son inseguros y sin la autoridad de aquel que sabe perfectamente en qué dirección debe moverse.
(79) Vuélvanse a mí los que te temen y conocen tus testimonios.
(80) Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, para que no sea yo avergonzado.
¿Quiénes son los que el profeta desea que vuelvan a él? Dice que los que temen a Dios y conocen sus testimonios. ¿Y quiénes podrían ser los que tienen ambas condiciones? Los genuinos y verdaderos hijos por adopción. Jamás un religioso vacío de contenido podría tener reverencia por alguien en quien ni siquiera termina de creer del todo, y mucho menos conocer sus testimonios, que es como decir: tener la mente de Dios. La integridad, por su parte, es uno de esos valores humanos que hoy está en franca decadencia y ausencia.
¿Quedará alguien, en algún lugar de la tierra, que esté dispuesto a comprar o vender algo sólo colocando como testimonio su palabra? ¿Alguien que diga: “A esto que me has vendido te lo pagaré así, así y así, y luego cumpla puntualmente con lo dicho? Si lo hubiera, sería para darle gracias a Dios vivamente, porque será alguien que indefectiblemente, asista a una iglesia o no, está viviendo conforme al propósito y la voluntad de quien lo creó. ¿Y sabes qué? Podrán ocurrir muchas cosas, pero ten la seguridad y la certeza que esa persona jamás será avergonzada. Y no porque algún mediocre o necio no pretenda hacerlo, sino porque Dios en persona lo cubrirá y respaldará. ¿Necesitarás algo más que eso? A la Versión Popular.
Tú mismo me hiciste y me formaste; ¡dame inteligencia para aprender tus mandamientos! Los que te honran se alegrarán al verme, porque he puesto mi esperanza en tu palabra. Señor, yo sé que tus decretos son justos y que tienes razón cuando me afliges. ¡Que tu amor me sirva de consuelo, conforme a la promesa que me hiciste! Muéstrame tu ternura, y hazme vivir, pues me siento feliz con tu enseñanza. Sean avergonzados los insolentes que sin razón me maltratan; yo quiero meditar en tus preceptos. Que se reúnan conmigo los que te honran, los que conocen tus mandatos. Que mi corazón sea perfecto en tus leyes, para no tener de qué avergonzarme.
CAF
El Poder de Realizar el Potencial
Las dos letras de la escritura completa de la palabra caf, son las iniciales de dos palabras hebreas: coaj («potencial») y poel («real»). Así la caf alude al poder latente dentro del reino espiritual, el potencial de manifestarse completamente en la esfera física de lo real. Dios debe crear el mundo continuamente; de lo contrario, la Creación dejaría de existir instantáneamente. Su potencial, es entonces actualizado a cada momento. Este concepto se conoce como «el poder de revelar el eterno potencial dentro de la realidad». En el jasidismo se nos enseña que esta debe ser la primera percepción al despertar. De momento que el significado literal de la letra caf es «palma» – el lugar del cuerpo donde se lleva a la práctica el potencial – esta percepción es reflejada en la costumbre de poner una palma sobre la otra al despertar, al recitar la plegaria de Modé Aní: «Te agradezco, Rey viviente y eterno, porque devolviste con misericordia mi alma dentro de mí; Grande es Tu fidelidad».
El poner una palma en la otra, es un acto y signo de subyugación, similar al acto de inclinarse frente a un rey. Cuando uno se inclina, nulifica totalmente la conciencia en presencia del Rey, al poner una palma en la otra, uno entra en un estado de súplica y plegaria al Rey, con el fin de revelar una nueva voluntad en Su corona suprema (deseo) hacia Sus súbditos.
Caf es también la raíz de la palabra kipá, (etimológicamente, la raíz de la palabra «cap» en inglés), el iarmulke o casquete. En relación a la creación del hombre está dicho: «Tú has puesto Tu Palma [caf] sobre mí». Nuestros sabios se refieren a Adán como «la generación de las Palmas [caf] del Santo, Sea El Bendecido». La conciencia de la presencia de las «Palmas» de Dios sobre la cabeza propia, en Su continua creación de nuestro ser, se convierte en la kipá en nuestra cabeza. Más elevado todavía, el mismo poder de llevar a los hechos un potencial, que se manifiesta en Sus Palmas, como si fuera, deriva en definitiva de Su corona (el poder de desear) por encima de Su cabeza, (es decir, Deseo «supra-rracional»).
Como verbo, caf significa «subyugar» o «doblegar». Nos fue dicho en el talmud, que en el tiempo de la entrega de la Torá en el Sinaí, «El suspendió la montaña sobre ellos como un barril». En el jasidismo está explicado que la motivación Divina manifestada con este acto, fue revelar un amor colosal por Israel. Tanto amor fue revelado con todas las tremendas revelaciones en el Sinaí, que el pueblo fue «forzado», como si fuera, a responder con la aceptación del yugo de los Cielos, por amor. La montaña misma parecía abrazar por la fuerza al pueblo. Este es el secreto de la caf, es lo «mucho» que se revela del «pequeño» punto de la iud.
La Oración Más Repetida
(81) Desfallece mi alma por tu salvación, más espero en tu palabra.
(82) Desfallecieron mis ojos por tu palabra, diciendo: ¿Cuándo me consolarás?
Observa, si has aprendido a leer tu Biblia correctamente, que en el verso 81 dice que desfallece su alma por la salvación. No die “mi espíritu”, dice “mi alma”. ¿Por qué? Porque el espíritu fue soplado por Dios y deberá un día volver a Él, sí o sí, que fue quien lo dio. El alma, en cambio, está en búsqueda de su destino eterno. Puede sujetarse al Espíritu Santo que mora en su espíritu y vivir la eternidad con Cristo, o sujetarse a su propia voluntad carnal, sus sentimientos, sus emociones o los dictados de su mente. En ese caso, también deberá vivir una eternidad, aunque no con Cristo.
En un salmo dedicado a los hijos de Coré, el 84, en el verso 2 leemos lo siguiente: Anhela mi alma y aún ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. Independientemente de la excelsa poesía que se inserta en estos escritos, hay una realidad visible: el salmista confiesa un esfuerzo carnal por cantar y adorar al Dios vivo, más el deseo de sus sentimientos y emociones de ser recibidos en lo que llama los atrios de Jehová, que no son otra cosa que los ingresos al tabernáculo santo, por una puerta llamado Jesucristo que, en principio, nos introduce en el Camino. Luego vendrán el Lugar Santo y el Lugar Santísimo, que son la Verdad y la Vida, respectivamente.
En el verso siguiente, en cambio, también el salmista habla de desfallecer, pero ya no es el ámbito del alma, sino de sus sentidos físicos. El cuerpo tiene destino de polvo de tierra y corrupción, porque de allí fue formado, de allí que todo le produce dolor y angustia. Sin embargo, podemos observar que tanto en un caso como en el otro, el único reaseguro visible es el de la palabra. En el primero, esperar que en ella se llegue al cumplimiento. En el segundo, una vez más, consuelo.
El propio David confirma este sentir en el salmo 69:3, cuando expresa: Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a Dios. Este texto me dejó pensando algo muy simple: ¿Cómo esperan los ojos de una persona? Mirando sin ver. ¿Y qué cosa es lo que unos ojos esperarían de Dios? Verlo. En el Antiguo Testamento se sostenía que nadie podía ver a Dios cara a cara y seguir vivo, pero en el Nuevo Testamento y en las bienaventuranzas, Jesús asegura que ciertos y determinados creyentes con específicas condiciones, verán a Dios. ¿Literalmente? ¿Simbólicamente? En su tiempo, esos creyentes lo sabrán. Hoy tienen una promesa y todas las promesas de Dios serán sí y amén.
(83) Porque estoy como el odre al humo; pero no he olvidado tus estatutos. (84) ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás juicio contra los que me persiguen?
Como el odre al humo, dice. ¿Qué quiere decir? Que pese a toda su buena predisposición y esfuerzo, su ser interior no puede contener la presencia, la unción y el poder de Dios. Es como si en ese odre, apto para guardar elementos líquidos o sólidos, deseáramos atesorar sustancias gaseosas. Se escaparían como arena entre los dedos porque ese odre no serviría para contener ese estado. Cuando el hombre no está alineado con la sintonía divina, no puede contener a Dios. Aunque no olvide su palabra ni sus estatutos. Por el momento, con eso solo no alcanzará.
En su libro, Job lo define bastante bien cuando en el capítulo 30 y verso 30, expresa: Mi piel se ha ennegrecido y se me cae, y mis huesos arden de calor. ¡Job! ¿Alguien se ha tomado el trabajo de leer atentamente la historia de Job? Es más: ¿Alguien se ha tomado el atrevimiento y el desparpajo ministerial de dedicarse a predicar sobre el libro de Job? No parece políticamente correcto, ¿Verdad? ¡Claro! Acostumbrados como estamos a un evangelio donde todos nuestros asuntos se solucionan y pasan a ser maravillosos, plenos de abundancias y prosperidades, hablar de Job sería como detonar una bomba destructiva, ¿No es así? No le hace; eso, también forma parte del evangelio, y todos lo sabemos.
Y fíjate luego, en el verso 84, que dos preguntas formula el salmista. En primer lugar, quiere conocer la cantidad de días que tiene asignados de vida, como si fuera así que funcionan las cosas. Quiere calcular, quiere tejer conjeturas, hipótesis y ciertos mecanismos. En suma; es notorio que confía más en sus propias cuentas y planes que en lo que dios pueda hacer por él. Y la segunda pregunta, es la que de otorga contenido al subtítulo: es una pregunta en forma de la oración más repetida por todos los mortales. ¿Cuándo veré que aquellos que me humillaron, hirieron o agredieron, están padeciendo el juicio divino por esa causa. Dios no responderá esa pregunta tampoco; a Él le agrada tomarse justicia y decretarla a favor de cualquiera de sus hijos, pero jamás se los dirá con anterioridad a ninguno de ellos. Le interesa sobremanera que la gloria le siga perteneciendo en exclusividad. O, por lo menos, no piensa compartirla ni mucho menos cederla.
En el salmo 39, David va a reiterar algunos de estos conceptos. Dice en el verso 4: Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy. Cierto. ¿Has pensado cuál es la razón esencial de tus miedos habituales? No tanto a la muerte, sino al dolor que ella pudiera traerte. ¿Conclusión? Fragilidad. Conciencia de alta fragilidad. Y se completa esto en el libro de Apocalipsis, capítulo 6 y verso 10 cuando leemos: Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran la tierra?
Anhelando la Vivificación
(85) Los soberbios me han cavado hoyos; más no proceden según tu ley.
Las trampas de los soberbios son ingeniosas y contundentes, pero sólo si estás dormido espiritualmente. Si, por el contrario y como debes, estás bien despierto, no caerás en ellas porque el refugio de la Palabra de Dios con todas sus armas a tu disposición, te permitirá eludirlas. A partir de esto es que David escribe en su salmo 35 y verso 7: Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo; sin causa cavaron hoyo para mi alma. Aquí se encuentra, de alguna manera, la respuesta al interrogante del anterior. ¿Qué clase de hoyo es el armado por los soberbios? Un hoyo para las almas que, dejándose llevar por todo ese color y ese bullicio, caen en la trampa sólo por sus propias concupiscencias.
(86) Todos tus mandamientos son verdad; sin causa me persiguen; ayúdame.
Hay una tremenda contundencia en la expresión del salmista en cuanto a los mandamientos divinos. No dice que los estuvo observando, o que los estuvo analizando o examinando; tampoco dice que algunos le parecen excelentes, otros buenos y otros no tanto. Lo que dice es preciso y específico: dice que todos son verdad. Y a esto, no lo ha descubierto ni la inteligencia humana ni la lógica griega; a esto lo ha descubierto un espíritu que ha recibido revelación del Espíritu Santo de Dios. Y, como consecuencia de ese estado profético, obvio y casi habitual resulta que comience a ser perseguido.
David lo amplía y esclarece cuando en su salmo 35 y verso 19, expresa: No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos, ni los que me aborrecen sin causa guiñen su ojo. Y esto se complementa con lo que el mismo salmista expone en el 109, verso 26, donde leemos que añade: Ayúdame, Jehová Dios mío; sálvame conforme a tu misericordia.
(87) Casi me han echado por tierra, pero no he dejado tus mandamientos.
Esto es lo que yo llamo respetar la palabra de Dios en contra de lo que sea o de quién sea. Casi me han echado por tierra, dice. ¿Qué significa eso? Cualquier cosa que quieras interpretar, pero siempre en derredor de apriete, soborno, amenaza, agresión, injuria, calumnia o cualquiera otra “belleza” de estas a las que nuestra férrea oposición espiritual está tan acostumbrada y adherida. Recogemos un texto en Isaías 58:2 que consigna: Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.
(88) Vivifícame conforme a tu misericordia, y guardaré los testimonios de tu boca.
Aquí se modifica el clamor a Dios y se pasa de una acusación mezclada con una afirmación personal, a un pedido directo de misericordia y vivificación, pero sustentado por un compromiso de esos de los que no se puede retornar ni volver atrás. Dice que guardará los testimonios de la boca de Dios. ¿Crees que eso es algo sencillo de llevar a cabo? ¿Sí? Pues entonces yo creo que tú no has entendido nada. Te invito a hacer exactamente eso y vas a ver de qué modo medio infierno y la mitad del averno se te vienen encima a tratar de impedirlo. Versión Popular.
Con ansia espero que me salves; ¡he puesto mi esperanza en tu palabra! Mis ojos se consumen esperando tu promesa, y digo: « ¿Cuándo vendrás a consolarme?» Aunque soy un viejo inútil y olvidado, no me he olvidado de tus leyes. ¿Cuánto más habré de esperar? ¿Cuándo juzgarás a los que me persiguen? Gente insolente que no sigue tu enseñanza ha cavado trampas a mi paso. ¡Ayúdame, pues soy perseguido sin motivo! ¡Tus mandamientos son todos verdaderos! Casi he sido borrado de la tierra, pero no he descuidado tus preceptos. Dame vida, de acuerdo con tu amor, y cumpliré los mandatos de tus labios.
LAMED
Contemplación del Corazón
En las «Letras de Rabi Akiva», la escritura completa de la letra lamed (lamed-mem-dalet) es la sigla de la frase: «un corazón que entiende el conocimiento» (lev mevin daat). El valor numérico de esta frase, (608), equivale a «corazón» (32) veces «Eva» (19), es decir, «el corazón de Eva». En su comentario de la historia del Jardín del Edén, el primer episodio del género humano, Rabi Avraham Ibn Ezra declara que Adán es el secreto del cerebro; Eva, el secreto del corazón; la serpiente, el secreto del hígado. En la cabalá y el jasidismo, estas correspondencias fundamentales son desarrolladas y explicadas en profundidad.
Adán y Eva, hombre y mujer, son los prototipos espirituales de las fuerzas de dar y recibir. La unión marital y el dar del hombre a la mujer, se relaciona con el secreto del conocimiento, como está dicho: «Y Adán conoció a su esposa Eva». Por esta razón, son vistos a menudo como que representan al maestro y el alumno. El maestro contrae su intelecto en un punto (iud), para poder transmitir sus enseñanzas a su estudiante, mientras que el discípulo nulifica sus niveles previos de concepción, para ser un recipiente adecuado para las nuevas y maravillosas enseñanzas de su maestro.
En particular, la forma de la lamed representa la aspiración del alumno devoto de aprender de la boca de su maestro. El significado literal de la letra lamed es «aprender» (o «enseñar»). La semilla de la sabiduría, insinuada por la letra iud, desciende desde el cerebro (Adán) para impregnar completamente la conciencia del corazón (Eva). El corazón aspira (ascendentemente) a recibir este punto de comprensión desde el cerebro. Este es el secreto de la forma de la letra lamed, el corazón asciende con la aspiración de concebir y comprender («entender conocimiento») el punto de sabiduría, la iud situada en el cénit de la letra lamed.
Nuestros sabios se refieren a la lamed como «una torre elevándose en el aire». Trescientas leyes se relacionan con el secreto de esta «torre voladora». En nuestro estudio de Torá, la «torre voladora» es la expresión de nuestro amor y devoción por el estudio de la Torá, nuestra aspiración de concebir su verdad interior, estirándonos por sobre la «barrera de la gravedad» de las preocupaciones de la tierra. Cuentan que el Baal Shem Tov solía poner la palma de su mano en el corazón de un chico judío, y lo bendecía que sea un «judío cálido». La palma, el poder de realizar un potencial, se vuelve manifiesto – a un nivel espiritual interior – en el «deseo [corona, keter] del corazón» de concebir y unirse con el Deseo de Dios, las enseñanzas de la Torá. La lamed, el corazón, aspira a ascender y conectarse con la iud de la Comprensión Divina. Esto es reflejado en la forma de la letra lamed, una caf conectándose hacia arriba con una iud. Este es también el secreto de la secuencia espiritual insinuada en las letras de la palabra keli, «recipiente» o «instrumento» (caf-lamed-iud): el poder de realizar un potencial (la palma [caf] del Baal Shem Tov), que se manifiesta en la aspiración del corazón [lamed] elevándose para concebir el secreto de la sabiduría Divina [iud]. En la Torá, el corazón simboliza el concepto primario de recipiente, el secreto de Eva.
Afirmando las Generaciones
(89) Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos.
Sabemos que la Palabra de Dios es eterna porque así lo hemos leído en infinidad de textos. Sabemos que la Palabra de Dios es poderosa y puede ejecutar cualquier cosa por más imposible que nos parezca en lo humano y natural. Sin embargo, lo que no siempre supimos, y si lo supimos es muy probable que no lo hayamos terminado de entender, es que la Palabra de Dios permanece para siempre, en los cielos. Ya no en la tierra de los hombres creación de Dios; ya no debajo de la tierra, donde mora Satanás y sus demonios o ángeles caídos. Allí ejerce autoridad y poder esa Palabra. Pero, del mismo modo y a pesar de su señorío total, también lo hace en los cielos, algo que nos parecía innecesario consignar, ya que lo dábamos por lógico. Sin embargo, si lo ha dicho, es porque alguna razón importante debe tener y necesita que lo sepamos.
Esto, si lo has sabido leer, te lleva inexorablemente a otro pasaje que encontramos en lo que llamamos el Nuevo Testamento, aunque todos sabemos que a pesar de ser así por la forma en que se armó la Biblia, el Nuevo Pacto comienza exactamente en la cruz, cuando Jesús derrama su sangre, la sangre del Nuevo pacto o Testamento. Allí, en Mateo 24:34-35, dice: De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Escuché alguna vez a un enorme predicador que traía palabra fresca y genuina decir que, el día que él muriera, aún después de muerto iba a seguir gritando verdades. Eso lo dijo en los años 90. Él murió en los albores del año 2000. Hoy esa palabra sigue intacta, golpeando a miles de dormidos y despertándolos al evangelio genuino. Y fue sólo un hombre, imagínate lo que puede hacer Dios mismo con su Palabra.
Y por si hiciera falta, Pedro en su primera carta lo reitera. En el verso 25 del primer capítulo de esa epístola, el apóstol dice: Más la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada. A esto nadie lo pone en duda y lo expresado se convierte en absoluta verdad sin discusión. Sin embargo, para que este círculo de enseñanza y despertamiento cierre, es necesario encontrar la llave que nos permita entrar en él. Y esa llave está al final de este último texto, donde se nos dice que la palabra que no pasará jamás y que permanecerá para siempre, no es necesariamente ese mensajito moraloide y humanístico que sueles oírle a veces a algunos mercaderes religiosos, sino la del evangelio que nos ha sido anunciado desde el principio. ¿De qué principio? De los discípulos de Jesús, de allí nace la sana doctrina, no de lo armado por los cabezones de tu denominación.
(90) De generación en generación es tu fidelidad; tú afirmaste la tierra, y subsiste.
No me vayas a comparar esta fidelidad que aquí se le endilga a nuestro Dios con la de tu esposa o la tuya misma para con ella, por mejor que sea. Ni se te ocurra. Dios no es adúltero ni lo será jamás. De la fidelidad de la que se habla aquí, es de la que podemos comparar con un sonido estéreo de una enorme orquesta donde cada instrumento se oye con claridad y armonía. De esa fidelidad se está hablando, y significa que cuando Dios le habla a una generación, lo que le dice es claro y diáfano; no es culpa ni responsabilidad de Dios si esa generación decide no escucharlo o hacerlo pero no poner por obra lo escuchado. Están rechazando, (A sabiendas o por supina ignorancia) al que puso al planeta en medio del universo y, mediante algo que ni siquiera la ciencia más específica puede descubrir todavía, lo sustenta y sostiene en la nada para que tú y yo, luego, pretendamos enseñarle a Él cómo debe hacer las cosas. ¿Ridículo, verdad?
No le basta a David expresarlo en el salmo que nos ocupa. También lo hace en el 36, donde en su verso 5 señala: Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes. El ejemplo que David nos entrega aquí, nos da a entender que la fidelidad de Dios tiene una cota visible que son las nubes, esto es: es comprobable, visible, real y tangible, mientras que su misericordia no tiene límites y puede alcanzarte donde quiera que te encuentres y hayas hecho lo que hayas hecho. En el 148, cuando la creación alaba al Señor y viene hablando de todas las cosas creadas, dice en el verso 5 y 6: Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron creados. Los hizo eternamente y para siempre; les puso ley que no será quebrantada. Luego, su hijo Salomón lo reconocerá y respaldará cuando, en Eclesiastés 1:4, diga: Generación va, y generación viene; más la tierra siempre permanece. Dime con honestidad: cuando lees y entiendes esto, ¿Verdad que todas esas cosas por las cuales discutes y te haces mala sangre a diario, carecen de sentido?
Decretos de Su Autoridad
(91) Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, pues todas ellas te sirven.
Este texto, sumando algunos versos anteriores, considera la absoluta autoridad de la Palabra de Dios como algo inalterable y firmemente asegurado en el cielo. El pasaje señala: 1.- Lo eterno del dominio divino mediante Su Palabra. Aunque los tiempos y las estaciones cambian y las costumbres sociales, las opiniones humanas y las orientaciones filosóficas varían, ello no afecta la permanencia o la autoridad de la Palabra de Dios. 2.- Dios es fiel en el ejercicio de su poder, en el cumplimiento de su promesa y las bendiciones de su Palabra, tanto como en su exigencia de justicia y juicio. Así como habló y la tierra fue creada y se sostiene, de la misma manera también ha hablado en cuanto a las leyes que rigen la vida.
El relativismo del pensamiento humano no afecta su autoridad o sus normas. 3.- Aunque la creación subsiste por su Palabra, (Todas las cosas creadas le sirven), el hombre contradice a menudo la autoridad del Creador. Pero, cualquiera que sea nuestra pasada rebelión, cuando acudimos a Cristo debe ocurrir una restauración de la Palabra de Dios como principio orientador de nuestras vidas. No sólo se declara esto en forma conclusiva en los evangelios por el mismo Jesús, sino que para Pablo, responder de otra manera, compromete el tipo de vida al cual hemos sido llamados. Como pueblo “espiritual” debemos rechazar las inclinaciones “naturales” de la humanidad caída. Al escuchar y rendirnos a la autoridad de la Palabra Divina, comprobamos que ya no somos dominados por el espíritu mundano del error.
Hay un texto en Jeremías 33:25-26 que, de alguna manera reafirma lo dicho. Leemos: Así ha dicho jehová: si no permanece mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, también desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob. Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia.
(92) Si tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido.
Y esto nos habla de la Palabra como consuelo eficaz ante las crisis, los fantasmas de la depresión, de la tristeza, de la angustia y de todos los miedos que el infierno arma y proyecta contra los hijos de Dios. Pregunto: ¿Tendrán otra arma más eficaz que la Palabra para salir indemnes de todo ese ataque despiadado?
El Fin de Todas las Perfecciones
(93) Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has vivificado.
Acostumbrados como estamos a utilizar el idioma de una manera circunstancial, tradicional y casi automática, no prestamos atención al uso en algunos textos bíblicos de palabras de neto corte eterno. Lo hemos enseñado en otros trabajos, pero bien vale la pena repetirlo. Hay cuatro palabras, (Entre otras que seguramente cualquiera de ustedes hallará), que poseen esencia de eternidad: Todo, Nada, Siempre, Nunca.
Porque es imposible que el hombre terrenal sin Dios, (Y aun creyendo en Él, pero sin poseer la manifestación práctica y vital de Su poder), pueda utilizarlas sin caer en una franca exageración o, directamente en una mentira. Un hombre podrá decirle a otro, ante un problema, que hará todo lo que se necesite para solucionárselo. Sin embargo, este todo, no podrá ir mucho más allá de todo lo que esté a su alcance, ya que el resto siempre quedará en el imponderable exterior y factible para fuerzas externas.
Un hombre puede asegurarle, por ejemplo, a la novia que será su esposa que, el día que estén unidos en matrimonio, nada le faltará para ser feliz. Hermoso desde lo romántico y amoroso, pero irreal en la consecución del objetivo. Ese hombre, lo máximo que podrá hacer, es procurar con toda su dedicación, esfuerzo y trabajo duro, que su esposa tenga la mayoría de las cosas que necesita a su alrededor, pero nunca podrá asegurarle que nada le faltará, ya que dentro de este planeta, mientras habite aquí, algo seguramente se quedará sin lograr.
Prosiguiendo en el terreno del romanticismo sentimental, que suele ser el área en donde mayor cantidad de promesas se efectúan a otra persona, una mujer enamorada vivamente de su hombre, podrá murmurarle al oído que, pase lo que pase y suceda lo que suceda, siempre habrá de amarlo. De hecho, todas esas promesas son bien intencionadas y, en el momento de expresarlas, la persona que lo hace está plenamente convencida de su validez y sinceridad. Sin embargo, la estadística fría de las relaciones conyugales, nos muestra una cruda realidad: ese siempre te amaré, concluye en muchos casos en un…siempre y cuando no aparezca ese otro hombre que me dislocó el corazón, o la extraña que llevó a ese hombre al adulterio.
Y, finalmente, la cuarta palabra de contenido eterno suele pronunciarse muy a menudo en muchas situaciones de la vida común. Nunca te voy a olvidar, nunca me voy a comportar mal, nunca voy a hacer eso o aquello otro, nunca voy a cometer delito alguno, nunca, nunca y nunca. Y, generalmente, muchos de esos nunca, terminan constituyéndose en elementos de duda, algo así como el nunca, a menos que…
Por eso cobra tremenda validez lo que leemos en el inicio del verso 93. Porque allí el salmista expresa, y aquí sí con conocimiento y dominio del contenido eterno de sus palabras, que nunca y jamás se olvidará de sus mandamientos, que es como decir que cualquiera de nosotros, hoy, nunca y jamás se olvidará de lo que haya leído en Su Palabra, y que no conforme con ello, se atreverá a ponerla por obra en cada momento del día.
(94) Tuyo soy yo, sálvame, porque he buscado tus mandamientos.
El simple hecho de buscar la Palabra de Dios como alimento natural y diario, nos coloca de manera automática en la calidad de hijos suyos por adopción. Muchos examinan las Escrituras, sacan conclusiones respecto a ellas, dirimen doctrinas o posicionamientos teológicos, pero eso no los convierte en hijos. Lo único que sí lo hace es tener hambre de esa palabra como único reaseguro de alimento nutritivo.
(95) Los impíos me han aguardado para destruirme; más yo consideraré tus testimonios.
Un detalle. Un simple, nimio y hasta aparentemente insignificante detalle. Sin embargo, a los ojos de quien verdaderamente se decida a obedecer escudriñando las Escrituras, un detalle que cobra dimensión, fuerza y valor: el impío, (Que como ya se ha dicho en muchas ocasiones es el no pío, esto es: persona no espiritual o anti espiritual), jamás te atacará buscándote donde te encuentres. No hay tal cosa como que un impío se arroje sobre ti y procure eliminarte. El impío hará lo que aquí se te dice: te esperará en algún lugar del Camino y, allí sí, si vienes desprevenido, te asestará un fuerte golpe, esperando que ese golpe sea de gracia y te saque de la competencia. ¿Y cuál te da a entender que es la mejor arma de defensa? Considerar los testimonios divinos. ¿Y dónde encuentras esos testimonios, para conocerlos y tenerlos presentes? En tu Biblia.
(96) A toda perfección he visto fin; amplio sobremanera es tu mandamiento.
Lo que la raza humana llama perfección, sólo es la sumatoria de conceptos y preceptos, que de alguna manera se asemejan más a nuevas serie de eufemismos que a cosa cierta. Porque la perfección, visto desde el ángulo de “sin error”, en la raza humana no existe. Sólo Jesús fue perfecto, y dice la palabra que por lo que padeció aprendió obediencia, y por esa obediencia accedió a perfección. Pero está escrito y tiene un significado concreto y mucho más accesible a nosotros: madurez. Versión Popular.
Señor, tu palabra es eterna; ¡afirmada está en el cielo! Tu fidelidad permanece para siempre; tú afirmaste la tierra, y quedó en pie. Todas las cosas siguen firmes, conforme a tus decretos, porque todas ellas están a tu servicio. Si tu enseñanza no me trajera alegría, la tristeza habría acabado conmigo. Jamás me olvidaré de tus preceptos, pues por ellos me has dado vida. ¡Sálvame, pues soy tuyo y he seguido tus preceptos! Los malvados esperan el momento de destruirme, pero yo estoy atento a tus mandatos. He visto que todas las cosas tienen su fin, pero tus mandamientos son infinitos.
MEM
La Fuente de la Sabiduría
La mem, la letra del «agua» (maim), simboliza la fuente de la Sabiduría Divina de la Torá. Así como las aguas de una fuente material, (manantial), ascienden desde su desconocido origen subterráneo, (el secreto del abismo en el relato de la Creación) para revelarse sobre la tierra, también la fuente de la sabiduría expresa el poder de fluir desde su origen supraconciente. En la terminología de la cabalá, este flujo es desde keter («corona») hacia jojmá («sabiduría»). Esta corriente es simbolizada en Proverbios como «la corriente que fluye, la fuente de la sabiduría».
En particular, se nos enseñó que hay trece canales de flujo, desde su origen supraconciente hasta el comienzo de la conciencia. Estos canales corresponden a los Trece Atributos de Misericordia revelados en el Monte Sinaí, como también a los trece principios de exégesis (interpretación) de la Torá, la (supraracional) «lógica de la Torá.
La mem es la decimotercera letra del alef-bet. En la cabalá, se nos enseña que «trece mem«, como si fuera, aparecen en el «aire primordial», el «espacio exterior» en el que la letra lamed se eleva. Cada atributo de misericordia es de hecho una contracción de una relativamente Infinita sabiduría, ubicada a nivel de la supraconciencia («aguas que no tienen fin»), para canalizar y revelar un destello de sabiduría en la «pantalla» de la conciencia. La sabiduría consciente atrae su foco de comprensión, primariamente desde ese atributo de misericordia, sobre el que se refiere la Torá como «El guarda benevolencia por miles de generaciones», las iniciales de estas palabras en hebreo, forman la palabra «corriente», «la primera palabra en la frase citada anteriormente: «la corriente que fluye, la fuente de la sabiduría».
En atbash, mem se transforma en iud, el punto de sabiduría o comprensión revelada, la gota de agua que emerge de la fuente de la mem.
Las palabra «uno» (ejad) y «amor» (ahavá), equivalen ambas a trece, el secreto de la letra mem. La mem final cerrada, el origen de la fuente de la sabiduría conectada e incluida dentro de su subterráneo origen supraconciente, corresponde al secreto de ejad, «uno». La mem abierta, de la que surge el punto (iud) del entendimiento consciente, es la primera manifestación de amor (es decir, el deseo de aferrarse a otro) en el alma. La conexión entre las dos fuentes de la mem, la fuente «cerrada» y la «abierta», se realiza a través del poder de los Trece Atributos Divinos de Misericordia. Este es el secreto del Nombre Esencial de Di-s: Havaiá – el «Nombre de Misericordia». El valor numérico del nombre Havaiá es 26 = 2 veces 13, la unión de «uno» y «amor», el poder de atraer a la conciencia, la sabiduría de la Torá.
Con los Pies Contenidos
(97) ¡Oh, cuanto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.
Quiero sacarte, por un momento, de tu habitual zona de confort, esa que pones en práctica cada domingo, cuando acudes a la iglesia, y te sumas a los coritos o canciones habituales, levantas tus manos como todos los demás, oras con énfasis por las cosas que merecen ser enfatizadas, escuchas con genuina o simulada atención la predicación del mensaje y, cuando el predicador pregunta cuantos aman la Palabra de Dios, tú das un salto en tu banca y dices un ¡Amén! enorme, potente y pletórico de gozo. No le hace, el dilema crucial de este texto y de tu vida misma es saber si, de verdad, amas la palabra de Dios cómo has declarado que la amas. Porque si así fuera, la segunda parte de este versículo te coloca en una posición más bien complicada. Dice que si amas la palabra de Dios, estarás todo tu día en franca meditación de ella. ¿Lo estás? ¿Sí? ¿Aún a la hora que juega tú equipo de fútbol favorito? ¿Aún a la hora que televisan esa novela que te tiene atrapada?
En el primer salmo que encontramos en nuestras Biblias, ya está inscripta esta palabra tan singular: meditar. Dice el verso 2 del Salmo 1: Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Más de uno se ha quedado atónito al leer esto, preguntándose: ¿Es posible meditar la palabra de día y de noche? Y más, aún: ¿Qué cosa es meditar, realmente, según este texto? La palabra que aquí se traduce como medita, es el vocablo hebreo hagah, y tiene que ver con reflexionar, gemir, murmurar, cavilar, el hacer un sonido quedo como el de un suspiro; meditar o contemplar algo mientras se repiten las palabras.
Hagah representa algo distinto a la palabra Meditación, lo cual sólo puede ser un ejercicio mental. En el pensamiento hebreo el meditar acerca de las Escrituras implica repetirlas silenciosamente con un sonido suave y sordo, a la vez que se abandona por completo cualquier distracción externa. De esta tradición nos llega un tipo especializado de oración judía en la cual se recitan textos, se ora intensamente o se pierde la conciencia en comunión con Dios mientras se hace una reverencia o se balancea hacia delante y hacia atrás. Evidentemente esta dinámica forma de oración/meditación se remonta a los tiempos de David.
(98) Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo.
¿Es posible que la mínima forma de contacto directo con la palabra genuina de Dios, pueda determinar un grado mayor de sabiduría en una persona? Es posible. Hay infinidad de textos repartidos en toda la Escritura que, por lo menos, así lo dan a entender y hasta lo confirman con precisión y contundencia. Y poseer mayor sabiduría que cualquiera que se nos enfrente por la razón que sea, siempre es altamente positivo. Respecto a esos mandamientos, Moisés es muy puntual cuando en Deuteronomio 4:6, escribe: Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Se me ocurre añadir que, tal como lo reitero todavía a quien esté dispuesto a oírme, a cada momento y en cada trabajo, la gran clave no está en la palabra en sí misma, sino en tener la disposición para ponerla por obra. Allí es donde comienza a activarse y a ser elemento claro de victoria.
(99) Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación.
Esto confirma lo que hemos dicho en más de una ocasión. Puedes tener un doctorado en teología y hasta un master en divinidades, pero eso no te ubicará más cerca de Dios ni tampoco te ayudará a conocerlo mejor. Lo único que te hace acercar y conocer a Dios, es tener intimidad con Él. Y sólo teniendo esa intimidad puedes ser, como el salmista, entendido a partir de los hechos, actos, manifestaciones y testimonios de Dios.
(100) Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos; (101) de todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra.
Dice que ha entendido más que los viejos. Esta palabra que se utiliza aquí y que se traduce “viejos”, es la palabra hebrea zaqen, y tiene que ver con anciano, una persona vieja, un hombre viejo. El verbo utilizado significa literalmente “envejecer”. Porque Zaqan quiere decir “barba”, algo que crece con la edad. Las personas mayores son respetadas en la Escritura porque su experiencia en la vida les ha dado sabiduría. Los ancianos que acompañaban a Moisés o aconsejaban a los reyes eran hombres mayores y maduros. En esta referencia el salmista ha sido instruido por el Señor de tal manera que sabe más que cualquier persona mayor. Jóvenes y adultos deberían, de igual manera, escuchar a Dios cuando se derrama el Espíritu Santo.
A renglón seguido, cuando dice que de todo mal camino contuvo sus pies, lo que está diciendo es que se apartó de caminar por la senda de los impíos. Una cosa es ser pecador, esto ya está aprendido y se sabe su final. Pero otra cosa es andar en camino de pecadores, que si bien podría llegar a ser considerado como un error no todavía juzgable, sí sus consecuencias inmediatas. A propósito de ello, Salomón escribe en el proverbio 1:15 lo siguiente: Hijo mío, no andes en camino con ellos. Aparta tu pie de sus veredas.
Más que la Miel a Mi Boca
(102) No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste.
¿Alguien sabe por qué la Palabra de Dios implica juicio de su parte? Porque tiene la capacidad de determinar quién es quién. Para entenderlo, deberás recordar que cuando decimos Juicio, de ninguna manera estamos hablando de catástrofes, lluvia de fuego, terremoto ni tsunamis. Eso, en todo caso, podría llegar a ser, -si Dios así lo permite- parte de la ejecución de una sentencia. Peo aquí no estamos hablando de sentencia, estamos hablando de juicio. Y juicio es el acto de separar lo verdadero de lo falso. Y lo único que puede determinar qué cosa es verdadera y qué cosa es falsa, o qué persona es genuina y qué persona es falsa, es la Palabra de Dios. Por eso el salmista expresa que nunca se apartó de ellos, simplemente porque provenían de Dios.
(103) ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.
Todos los que alguna vez pasaron por las áreas de la formación de locutores, saben que existen distintos medicamentos caseros para combatir la disfonía vocal o, sencillamente, la afonía. Las mezclas suelen ser de lo más pintorescas y curiosas, pero llamativamente, uno de los elementos que jamás está ausente de cualquier medicina doméstica relacionada con nuestras cuerdas vocales, es la miel. Y si a eso lo relacionamos con el alimento espiritual que es la Palabra de Dios, podremos ver que en muchos pasajes de la Escritura se habla de ella, (O de la Ley, cuando se trata del Antiguo Testamento), se la relaciona con comerla.
En el Salmo 19, David viene hablando de los mandamientos de Dios, y en el versículo 10 alude a sus juicios. ¿Y sabes qué dice allí de ellos? Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que la miel, y que la que destila del panal.
(104) De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.
Esta es una verdadera asignatura pendiente en los cristianos. Ni por asomo tengo veleidades profesionales, esnobistas y mucho menos clasistas, pero en algunas ocasiones créeme que avergüenza escuchar a hermanos que, con escasísima información y altamente deficiente formación, pretenden darle cátedra de vida a un mundo que, de arranque, los ridiculiza por ello. No estoy diciendo con esto que todos los cristianos deberían pasar por la universidad, no. No puedo decirlo por una sencilla razón: yo no lo hice ni creo que lo haga, ya. Sin embargo, el que suponga que un creyente no tiene que ser inteligente, es alguien que todavía ve al evangelio como una forma de religión y no como un estilo de vida.
Porque este estilo de vida que hemos abrazado, contiene un elemento específico, preciso y contundente para dotarnos de la inteligencia que nos permita competir en igualdad de condiciones con un mundo incrédulo, impío y pecador, pero formado intelectualmente. Y ese elemento es la lectura, meditación, profundización y puesta por obra de la Palabra de Dios. Quien conoce íntimamente a Dios, puede llegar a pensar como Él está pensando. Y aquellos que son capaces de pensar con la mente de Dios, podrán tener las fallas y errores que tú quieras, pero jamás alguien podrá decir que no son inteligentes. Versión Popular.
¡Cuánto amo tu enseñanza! ¡Todo el día medito en ella! Tus mandamientos son míos para siempre; me han hecho más sabio que mis enemigos. Entiendo más que todos mis maestros porque pienso mucho en tus mandatos. Entiendo más que los ancianos porque obedezco tus preceptos. He alejado mis pies de todo mal camino para cumplir tu palabra. No me he apartado de tus decretos porque tú eres quien me enseña. Tu promesa es más dulce a mi paladar que la miel a mi boca. De tus preceptos he sacado entendimiento; por eso odio toda conducta falsa.
NUN
Heredero del Trono
En arameo, nun significa «pez». La mem, las aguas del mar, es el medio natural de la nun. Ella «nada» en la mem, cubierta por las aguas del «mundo oculto», allí las criaturas no tienen conciencia de sí mismos. Al contrario del pez, los animales terrestres que están expuestos sobre la faz de la tierra, sí tienen autoconciencia.
Las almas de Israel se dividen en dos categorías generales, simbolizadas por los peces y los animales terrestres. Los dos prototipos de estas categorías son el leviatán y las behemot. En el presente, estas dos categorías de almas corresponden a las dos tendencias innatas y atractivos para el alma, para las dos dimensiones de la Torá, una oculta y secreta y la otra legal y revelada.
En el futuro, los dos prototipos de leviatan y behemot se unirán en la batalla, cada uno «matando» el ego del otro, para luego unirse juntos en verdadera unión. La «carne» de ambos será luego servida en el banquete de los tzadikim en el Mundo por Venir. Las almas de los tzadikim «consumen» la misma raíz de conciencia de nuestro presente nivel de alma, ara integrarla («digerir») a un totalmente nuevo y más elevado nivel de conciencia.
«Leviatán» equivale, según su guematria, a maljut, («reino» 496). En cabalá, maljut en el mundo de Emanación Divina, es representado por el mar, cuya marea es controlada por el poder de la luna, por el símbolo del rey David (al ver la luna nueva decimos: «David el rey de Israel vive por siempre»). Cuando maljut desciende para dar vida a los mundos inferiores, está simbolizado por la tierra. Así, el leviatán es el símbolo de la Fuente Divina del «reino». En hebreo, nun significa «reino», y en particular el «heredero del trono».
La «nun» es la letra número catorce del alef-bet, que equivale numéricamente a «David», el progenitor del eterno Reino de Israel. El heredero de David es Mashiaj ben David, del que fue dicho: «Mientras el sol exista, su nombre va a mandar». Nuestros sabios nos enseñan que uno de los nombres del Mashiaj es Inon («regirá»), que es análogo a nun.
Mashiaj es conocido también como «el descarriado» o, literalmente, el «caído». Como aprenderemos en el secreto de la letra samej, la nun no aparece en el salmo 145, pero es sostenido por la trascendente misericordia de Dios, como está expresado en la siguiente letra samej.
En general, la nun corresponde en la Torá a la imagen de caer. El alma misma del Mashiaj experimenta continuamente caídas y muerte; si no fuera por la siempre presente Mano de Dios que lo «atrapa», se podría estrellar contra el suelo y al destrozarse, morir.
La conciencia de caer, es el reflejo de la falta de ego del pez en su acuático medio natural, cuando es forzado a revelarse en el suelo seco. Esta es como la experiencia de un tzadik oculto, cuando es forzado de Arriba a revelarse por el bien de Israel y el mundo.
Encontramos esto ejemplificado en la vida y enseñanzas del Baal Shem Tov, y lo podemos extender a la vida del Mashiaj. Finalmente, el «destino» de Mashiaj y su generación es asumir el nivel de mar en la tierra, para experimentar, paradójicamente, la auto anulación de la propia conciencia, como está dicho en el versículo de Isaías con el que Maimónides concluye su Código de la Ley Judía (cuya sección final, «Las Leyes de Reyes», culmina con la descripción de la venida del Mashiaj): «porque la tierra estará llena del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar».
¿Hay Sacrificios Agradables?
(105) Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.
Todos tenemos muy poca experiencia en la vida como para vivirla sin guía alguna. La Palabra de Dios es esa guía. Este salmo que estamos examinando revela múltiples aspectos de la Palabra de Dios, y muestra cuánto puede asistirnos en las circunstancias prácticas de la vida. Pero ningún versículo en particular aborda esto más claramente que este que terminamos de leer, donde la Palabra de Dios se compara con una lámpara que alumbra nuestro camino, dirige cada uno de nuestros pasos y brinda sabiduría a nuestros planes futuros.
Josué vincula la aplicación regular de la Palabra de Dios a la vida como el camino más seguro, tanto para el éxito como para la prosperidad. Además, el salmo 119 destaca la sabiduría que la Palabra de Dios ofrece al simple, una verdad que advierte contra tomar decisiones basadas en sinrazones o engaños humanos. También el Libro de los Proverbios nos recuerda que las admoniciones o correcciones que la Biblia contiene son parte de la luz que nos ofrece, tanto como cualquier otra afirmación positiva que podamos hallar en ella. Permite que la Palabra de Dios te guíe, corrija, instruya, dirija, enseñe y confirme. Jamás te apresures a actuar sin ella, en nada.
El Proverbio al cual aludíamos anteriormente es el 6:23, donde podemos leer: Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen.
(106) Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios.
A propósito de lo que aquí se dice, hay un texto que se encuentra en el Libro de Nehemías, capítulo 10 y versos 28 y 29, donde se puede leer: Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y discernimiento, se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor.
(107) Afligido estoy en gran manera; vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.
Seguramente que en alguna ocasión, sea por la causa que fuera, te ha tocado vivir tiempos o momentos de aflicción. Alguna pérdida, algún contratiempo importante, algún problema de salud, de sentimientos, o de emociones. Aflicción. ¿Qué instancias tremendas, verdad? Todo parece derrumbarse a tu alrededor y tú, que hasta allí quizás has dado a todo el mundo que te rodea una sana y santa imagen de cristiano fiel y victorioso, de pronto no sabes dónde meterte para esconder tu angustia y tu aflicción. La pregunta, es: ¿Qué harás? Algunos irán corriendo a hablar con su pastor, otros harán una sesión de sanidad interior y, los menos, pero que también los hay, acudirán a psicólogos. Cristianos, eso sí. Sin embargo, la solución, a partir de lo que terminas de leer, es mucho más simple: toma tu Biblia, sumérgete en lo que allí está escrito. Créelo, asúmelo como real y pasa a ponerlo por obra en tu vida ya mismo, y verás, no sin sorpresa, que tu aflicción comenzará a descender hasta desaparecer. ¡Funciona!
(108) Te ruego, oh Jehová, que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca, y me enseñes tus juicios.
En el Libro del profeta Oseas, en el capítulo 14 y verso 2, leemos: Llevad con vosotros palabras de súplica, y volved a Jehová, y decidle: quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios. Entiende que decir “la ofrenda de nuestros labios”, es como decir que vamos a hablar cosas buenas. Es decir que vamos a hablar del bien. Y decir cosas buenas o decir el bien, es lo que generalmente sintetizamos con una palabra: bendecir.
En la carta a los Hebreos, en el capítulo 13 y versículo 15, se expresa: Así que ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. La gran pregunta que siempre ha surgido en todas las escuelas bíblicas alrededor de esta expresión, es: ¿Por qué la alabanza a Dios constituye un sacrificio? La respuesta no es simple, pero es genuina. La palabra “sacrificio”, aquí, es el vocablo griego thusia, y viene de la raíz thuo, verbo que significa “matar por un propósito” La alabanza con frecuencia requiere que nosotros “matemos” nuestro orgullo, nuestro temor, nuestra dejadez o cualquier cosa que amenace disminuir o interferir con nuestra adoración al Señor.
Descubrimos también aquí el fundamento de toda nuestra alabanza; el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. Es por Él, en Él, con Él, a Él y para Él que ofrecemos nuestro sacrificio de alabanza a Dios. La alabanza nunca será estorbada con éxito, siempre que la dirijamos hacia Él, el Autor y Consumador de nuestra salvación. ¡Su cruz, su sangre, su amor, que nos ha dado el don de la vida y el perdón de nuestros pecados, hacen que la alabanza que le tributamos constituya un sacrificio vivo!
Eludiendo los Lazos Impíos
(109) Mi vida está de continuo en peligro, más no me he olvidado de tu ley.
En un mundo que, como el actual, presenta tantas alternativas negativas para las personas de bien, ya sea por robos, asaltos, homicidios, narcotráfico, terrorismo entre otras, que no le permiten disfrutar de todo lo que el Señor ha creado para ellas, será bueno tener en cuenta lo que David consigna aquí. Él era un hombre sometido a distintas amenazas, y según lo expresa aquí, podía soportarlas con éxito no desviándose de los conceptos básicos de la palabra de Dios, que por entonces era la ley. En torno a este mismo tema aunque desde otra perspectiva, Job escribe en su libro, en el capítulo 13 y versos 14 al 16: ¿Por qué quitaré yo mi carne con mis dientes, y tomaré mi vida en mi mano? He aquí, aunque él me matare, en él esperaré. No obstante, defenderé delante de él mis caminos, y él mismo será mi salvación, porque no entrará en su presencia el impío.
(110) Me pusieron lazo los impíos, pero yo no me desvié de tus mandamientos.
¿Qué significa en términos modernos, que alguien le ponga lazo a alguien? Tengo una sola palabra que me viene a la mente: trampa. Alguien prepara una trampa y la presa, que en este caso sería humana, es tentada por la carnada de esa trampa, y cae. Muy bonito el símbolo, pero estremecedoramente real y vigente. ¿Recurso valedero para no caer en esa clase de trampas? No desviarse de la Palabra de Dios. Hay gente que sana de dolencias mediante prácticas que contienen imposición de manos por parte de sus hechiceros. ¿Sabe esa persona lo que le acaban de transferir? Puede que su dolencia sane por un tiempo, pero… ¿Y después? De haber leído y creído en su todo la palabra escrita, eso no lo hubiera tentado ni seducido.
En el Salmo 140, David se explaya un poco más sobre esto, e incorpora a los hacedores de esas trampas maléficas. En el verso 5, dice: Me han escondido lazo y cuerdas los soberbios; han tendido red junto a la senda; me han puesto lazos. A esto lo confirma, afirma y amplía en el salmo siguiente, el 141, cuando en sus versos 9 y 10, consigna: Guárdame de los lazos que me han tendido, y de las trampas de los que hacen iniquidad. Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasaré adelante.
(111) Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón.
Recuerdo que en una ocasión un pretendido maestro bíblico enseñaba a partir de este verso, que los hijos de los cristianos estaban a salvo de cualquier problema simplemente porque habían heredado la fe de sus padres. Lamento aclarar que de ninguna manera es así. Los hijos de cristianos tienen, -en efecto-, una inmensa fortuna de haber nacido en un hogar de creyentes, pero eso para lo único que les sirve, es para tener más allanado un camino que, en otras condiciones, suele ser mucho más duro. Pero a la fe deben cultivarla, pedirla y ejercitarla ellos mismos en un trato puntualmente directo con Jesucristo y sin otro intermediario. Dios siempre tiene hijos, jamás nietos.
Lo que aquí se nos dice, no es que por ser descendientes de cristianos ya seremos cristianos. Eso sería como suponer que si una pequeña perrita se le ocurre parir dos o tres cachorritos en un garaje, los que nazcan en lugar de ser perritos, serán automóviles. Lo que el salmista consigna es que al tomar los hechos, palabras y testimonios de la persona misma de Dios para siempre, estos se convierten de manera automática en el gozo de su corazón. Ya lo decía el propio Moisés cuando escribió, en Deuteronomio 33:4 que: Cuando Moisés nos ordenó una ley, como heredad a la congregación de Jacob. Clarísimo. Si aquí la heredad está constituida por la ley, hoy, esa misma heredad tiene como protagonista indiscutible a la Palabra de Dios. No a la letra de un libro llamado Biblia, no al discurso religioso de un llamado predicador: ¡La palabra revelada! Esa es la Palabra de Dios, todo lo demás, imitación. A veces muy barata, a veces de mejor valor, pero imitación al fin.
(112) Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos de continuo, hasta el fin.
Ya lo he explicado en otros textos y en otros contextos, pero bien vale reiterarlo porque este es otro contexto más. Cuando en la Biblia leemos algo relacionado con inclinarse, es porque se nos está mostrando que lo que vamos a recibir inclinándonos, proviene de algo o de alguien a quien quizás considerábamos por debajo nuestro, ya sea en inteligencia, capacidad, visión, jerarquía o poderío. Delante de Dios, es la única actitud posible para encontrarse con su verdadera esencia, con su palabra revelada y con la manifestación auténtica y no preparada para shows de su poder. Versión Popular.
Tu palabra es una lámpara a mis pies y una luz en mi camino. Hice un juramento, y lo voy a cumplir: ¡pondré en práctica tus justos decretos! Señor, me siento muy afligido; ¡dame vida, conforme a tu promesa! Acepta, Señor, las ofrendas de mis labios, y enséñame tus decretos. Siempre estoy en peligro de muerte, pero no me olvido de tu enseñanza. Los malvados me ponen trampas, pero no me aparto de tus preceptos. Mi herencia eterna son tus mandatos, porque ellos me alegran el corazón. De corazón he decidido practicar tus leyes, para siempre y hasta el fin.
SAMEJ
El Círculo Infinito
La forma circular de la samej simboliza la fe fundamental reflejada en todos los niveles de la Torá y la realidad: «Su final está insertado en el comienzo, y el comienzo en su final». Esta comprensión y percepción de la unidad inherente entre comienzo y final, que al ser comprendida en profundidad implica ecuanimidad en todas las etapas del «ciclo infinito», es de hecho la manifestación de la Luz Trascendente de Di-s (sovev kol almin), que abarca por igual cada punto de la realidad.
Esta Luz Trascendental presente en todo momento, se denomina «Él es la igualdad e iguala lo pequeño y lo grande». En nuestro servicio a Dios, esto implica que en relación a los fenómenos del mundo, todas las cosas deben ser relacionadas y aceptadas en forma igual. Este es el atributo de ecuanimidad como fue enseñado por el Baal Shem Tov, en su interpretación del versículo: «Siempre puse [shiviti, de la raíz shavé, ‘igual’] a Di-s delante de mí».
Mientras que en los niveles externos de conciencia, uno debe permanecer al margen de los eventos pasajeros del mundo; a niveles más profundos de conciencia, en relación a Almas y Divinidad, uno debe estar constantemente aspirando a lograr cada vez más altos niveles de apego y acercamiento a Dios, y realizar Su Voluntad en la Creación a través de Torá y mitzvot.
En jasidismo, se explica que el dicho de los sabios: «¿Quién es rico? El que está contento con su porción», se refiere sólo a las posesiones mundanas, mientras que en relación a asuntos espirituales, no debemos estar nunca satisfechos con nuestras adquisiciones presentes, sino pugnar por obtener más. No obstante, como nuestro afán tiene lugar dentro del contexto general de igualdad externa, también deviene como un círculo, un espiral, con un movimiento dinámico siempre ascendente. De esta manera, el círculo dinámico existe dentro de otro círculo estático. Este es el secreto de la frase de la visión de Ezequiel: «la rueda dentro de la rueda.»
Como se mencionó en nuestra discusión de la letra nun, la samej, que significa «apoyar», es el poder Divino de apoyar y alzar al «caído». Dice un versículo: «ella ha caído y no se alzará, la virgen de Israel«. En otro leemos: «Así como he caído, seguramente me levantaré«. La primera estrofa puede ser entendida como referida al servicio del círculo externo estático, el atributo de ecuanimidad verdadera en relación con todo fenómeno mundano. Uno puede caer a un más «bajo nivel de energía» de la realidad física, siendo incapaz de elevarse a si mismo, y confiar totalmente en la benevolencia de que la Divina Providencia lo sostendrá. El segundo verso, implica una motivación interna y activa de levantarse, aunque dependa seguramente del soporte y la ayuda de la Divina Providencia, y puede ser entendido como el servicio del círculo dinámico e interno de la aspiración espiritual.
Como es el caso para dos círculos concéntricos, la base del círculo exterior desciende por debajo del círculo interno, aunque su porción superior es más alta que el del círculo interior. Esta es en sí misma la manifestación definitiva de «el final» se inserta en el «comienzo». «El final» se refiere aquí al servicio del círculo externo. «El comienzo», se relaciona con el objetivo último del círculo interior, la revelación de abajo, en los Mundos, de la Esencia misma de Di-s, presente en forma latente en la fe simple, inherente en el servicio mundano de ecuanimidad.
Jamás Serás Avergonzado
(113) Aborrezco a los hombres hipócritas; más amo tu ley.
Quien suponga que cuando el salmista declara aborrecer a los hombres hipócritas está refiriéndose a gente no creyente, impía, pecadora y pagana, está absolutamente equivocado. A lo que el salmista se refiere aquí, es a la clase religiosa que se hace pasar por creyente. ¿Por qué digo esto que suena a invento personal? Simple, porque la Palabra de Dios me avala. Jeremías 23:15, expresa: Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra. ¿De dónde dice que salió la hipocresía en toda la tierra? De los profetas.
Se sobreentiende, de los falsos profetas, de esa clase religiosa que se hacía pasar por profeta, no de los auténticos profetas de Dios. Y no es el único texto. Mateo, en su evangelio y en 23:28, en referencia a los fariseos, reproduce lo que Jesús les dice: Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. No hay un solo pasaje en donde se le adjudique hipocresía a un soldado romano, un César o un paisano común del mundo secular. Siempre que se pronuncia esa palabra, está dirigida a alguien relacionado con la iglesia o una supuesta iglesia. A ellos se refiere Santiago cuando en 1:8 de su carta, expresa: El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.
(114) Mi escondedero y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado.
El machismo vernáculo seguramente reaccionará y dirá: ¡No es de hombres esconderse! O sino: ¿Qué clase de valiente soy que necesito esconderme detrás de mi Padre? La asunción de esta palabra emana precisamente de esto último que he dicho: somos todavía muy inmaduros y niños en esta feroz guerra espiritual en la que por ir a Cristo estamos metidos, como para poder pelearla por nosotros mismos y sin ayuda de nuestros mayores. ¿No corrías a buscar ayuda de tu padre cuando eras pequeño y algún peligro te amenazaba? Esto es lo que Dios te está proponiendo hoy, pero no desde lo cobarde o pusilánime, sino desde la profundización de Su palabra. Porque dice que Dios es su escudo, (Esto es: el que se coloca entre la agresión y él mismo), y su escondedero, pero todo ello en la confianza de estar esperando en el cumplimiento de Su palabra.
En el Salmo 32, David no se refiere a esto calificándolo como escondedero, sino como refugio. Allí dice en el verso 7: Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; con cánticos de liberación me rodearás. En el Salmo 91, mientras tanto, que es el que se refiere casi con exclusividad a la seguridad de descansar en la presencia de Dios, el escondedero y anteriormente refugio, toma otro nombre: abrigo. Dice en el primer verso: El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.
(115) Apartaos de mí, malignos, pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.
No es una amenaza, es una advertencia mezclada con decreto. Si la maldad toca a un hijo de Dios, la inmediata reacción de éste será acudir al poder de su Padre, al cual tiene acceso por la simple obediencia a Su Palabra. La Palabra de Dios ha sido la creadora y la fuente de todo, no dejará de serlo por algún maligno que pretenda sabotear sus planes. Lo reitera en el salmo 6 y verso 8, cuando expresa: Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi lloro. Lo vuelve a consignar en el salmo 139, cuando en el verso 19, dice: De cierto, oh Dios, harás morir al impío; apartaos, pues, de mí, hombres sanguinarios. Y ahora podremos comprobar que Jesús reitera el concepto, el principio ante los falsos, cuando en el evangelio de Mateo, capítulo 7 y verso 23, declara: Y entonces les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
(116) Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; y no quede yo avergonzado de mi esperanza.
Está escrito (Y aquí el salmista lo recuerda), que la Palabra de Dios, simple y solamente Su palabra, será suficiente sustento para nuestras vidas. Y que también actuará conforme a su poder, para alejar cualquier posibilidad de vergüenza hacia el evangelio, un sentir que ha sido de piedra de tropiezo desde siempre para la consecución de la misión ordenada. EL propio salmista lo valida en otro escrito, en el Salmo 54:4, cuando expresa: He aquí, Dios es el que me ayuda; el Señor está con los que sostienen mi vida. Y no es el único, en el Salmo 25:2 añade: Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado, no se alegren de mí mis enemigos.
En el mismo contexto, pero ya en tiempos más modernos, Pablo de alguna manera confirma y corrobora lo dicho por David, cuando en su carta a los Romanos, capítulo 5 y verso 5, señala: Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Y lo refirma en la misma carta, más adelante, en el capítulo 9 y verso 23: Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria.
Consumidos Como Escoria
(117) Sostenme, y seré salvo, y me regocijaré siempre en tus estatutos.
La Palabra de Dios es el único sostén que tenemos los creyentes. No es casual ni circunstancial que Jesús se haya defendido de la tremenda tentación a la que Satanás lo sometió en el desierto durante esos cuarenta días, usando precisamente la Palabra. Ella emanó el poder de Dios y ese poder venció esa prueba. De allí que, en lo subsiguiente, sólo quedará recordar ese evento y regocijarse siempre en esa Palabra, nos agrade o no, sea lo que esperamos o no. Dios es Soberano y sabe perfectamente lo que hace, cuando lo hace, cómo lo hace y con quién lo hace.
(118) Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos, porque tu astucia es falsedad.
Todavía hay cristianos que, no habiendo leído correctamente el texto, siguen declarando que los hijos de Dios debemos ser mansos como palomas y astutos como serpientes. Y ¿Sabes qué? No es eso lo que dice. No utiliza el término astuto, nosotros lo utilizamos. Lo que allí dice es que debemos ser prudentes como serpientes. Porque la astucia, y este texto lo confirma, proviene de la falsedad, y todo lo que es falso, proviene del infierno. Y todo lo falso que proviene del infierno, está preparado para desviarnos de la Palabra y llevarnos al error y al fracaso.
(119) Como escorias hiciste consumir a todos los impíos de la tierra; por tanto, yo he amado tus testimonios.
Trabajé durante muchos años en una gran empresa del área siderúrgica. Producía acero. Y para llegar al acero, previamente y a partir de diversos minerales en combustión, debía obtenerse hierro de primera fusión. Luego, mezclando ese hierro con otra clase de elementos y sometiéndolos a altísima temperatura, se arribaba a la obtención de acero. En ambos casos, tantos los altos hornos productores de arrabio o hierro de primera fusión, como los convertidores que obtenían el acero, arrojaban desechos que no servían para nada y debían ser arrojados como desperdicios sin valor alguno. ¿Sabes cómo se llaman en siderurgia esos desechos? Escoria. Al respecto, en el libro de Ezequiel, capítulo 22 y verso 18, leemos: Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron.
(120) Mi carne se ha estremecido por temor de ti, y de tus juicios tengo miedo.
Está bien descripto el sentir. Cuando no estamos dentro de los parámetros de conducta o vida que Dios ha trazado para nosotros, y cuando no prestamos interés ni atención con lo que Su Palabra nos determina, ingresamos en un estado absolutamente carnal que nos lleva a un temor indescriptible a los juicios divinos. Y lo que se estremece o tiembla de temor no es nuestra estructura creada, sino nuestra carne, que como ya sabemos, suele estar expuesta en mayor medida al ataque satánico. A esto en alguna medida lo relata con claridad el profeta Habacuc, cuando en el capítulo 3 y verso 16 de su libro, expresa: Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí; si bien estaré quiero en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas. Versión Popular.
Odio a la gente hipócrita, pero amo tu enseñanza. Tú eres quien me ampara y me protege; en tu palabra he puesto mi esperanza. ¡Aléjense de mí, malvados, que quiero cumplir los mandatos de mi Dios! Dame fuerzas, conforme a tu promesa, y viviré; ¡no defraudes mi esperanza! Ayúdame, y estaré a salvo; así cumpliré siempre tus leyes. Tú desprecias a los que se apartan de tus leyes, porque sus pensamientos no tienen sentido. Los malvados de la tierra son para ti como basura; por eso yo amo tus mandatos. Mi cuerpo tiembla de temor delante de ti; ¡siento reverencia por tus decretos!
AIN
La Providencia Divina
Ella [la tierra de Israel] es la tierra que Dios tu Dios pretende; los ojos de Dios tu Dios están siempre [mirando] en ella, desde el principio del año hasta el fin del año». El ciclo anual, desde el principio al final («el final incluido en el principio»), alude al «ciclo infinito», el secreto de la letra samej, como se explicó antes. La Providencia Divina, los «ojos» de Dios controlando el ciclo, es el secreto de la letra siguiente ain, que significa «ojo». Aunque la revelación primordial de la Providencia sobrenatural es en la Tierra de Israel, se le ordena al judío en exilio crear algo de la santidad existente en cada uno, en cada una de las escalas de la diáspora, reconociendo las Providencia Divina donde quiera que esté.
Al entrar a la Tierra de Israel, la segunda ciudad a ser conquistada por Joshua fue Ai, que se escribe ain-iud, forma abreviada de la ain (ain-iud-nun, donde la nun cae) «el Ojo». Jericó, la primera ciudad a ser conquistada, viene de la palabra hebrea reaj, el sentido del olfato. En el jasidismo se enseñó que el origen de este sentido es en keter, la sensibilidad supraconciente que dirige la motivación del Deseo o Voluntad. La palabra hebrea para la «tierra», eretz, deriva de la palabra ratzón, «deseo», como enseñan nuestros sabios: «¿Por qué es llamada eretz? Porque desea hacer la Voluntad de su Creador». La vista es el primer sentido consciente, correspondiente a la sefirá de jojmá, «sabiduría».
En la conquista de Jericó, Ajan – relacionado a la palabra ain [la caf de Ajan equivale a la guematria de la escritura completa de la iud (iud-vav-dalet) de ain, 20] – codició el botín prohibido. El trágico resultado fue la derrota inicial de Israel en la batalla de «el Ojo». Codiciar, es el defecto espiritual de la visión del ojo. Sólo cuando el pecado de la codicia fue rectificado, se entregó «el Ojo» al pueblo judío. Ante la derrota inicial, Joshua cayó desesperado sobre su rostro, más Dios le ordenó: «Alza, santifica al pueblo…. Hay algo maldito en medio de ti, Israel; no te podrás imponer a tus enemigos hasta que no lo remuevas de tu seno». Se le dijo a Joshua «alza», aunque el pueblo no se podía «alzar». Esto alude al secreto de los dos círculos concéntricos de la letra samej: el círculo exterior y estático, que sostiene la caída de la nun, y el dinámico e interno, dirigido en definitiva por la Providencia Divina de la ain.
La escritura completa de la letra ain equivale a 130, o 5 veces 26, siendo 26 el valor numérico del Nombre Havaiá. En cabalá, este fenómeno se aprecia al entender que el ojo posee cinco poderes Divinos. El ojo derecho posee cinco estados de bondad, mientras que el izquierdo posee cinco estados de severidad o poder. En los salmos, encontramos dos versículos en relación a la Providencia de Dios sobre el hombre. Uno dice: «El Ojo de Dios está sobre el que es temeroso de Él». El otro asevera: «Los Ojos de Dios están en los tzadikim«. El atributo de temor a Dios, se refiere a la conciencia de la sefirá de maljut, «reino», asemejado a la mujer virtuosa: «la mujer temerosa de Dios, ella será alabada». Maljut está constituida y dirigida por los cinco «poderes», el secreto del ojo izquierdo de Dios. Por esta razón, en el primer versículo «Ojo» está en singular, refiriéndose sólo al ojo izquierdo. En la «figura masculina», correspondiente a los seis atributos emotivos del corazón, la Providencia refleja el balance entre las cinco bondades junto con los 5 poderes de Dios. Por eso en el segundo versículo, aparece la forma plural «ojos», en referencia a ambos Ojos de Dios.
Se enseña asiduamente en el jasidismo, que ese ojo en singular encierra una referencia oculta al «ojo siempre abierto» de keter, la supraconciencia. Aquí, el singular es el secreto de «todo es correcto», como está escrito «no hay lado izquierdo en el Anciano, todo es derecho». El temor a Dios, que es el recipiente del alma para contener y revelar este tan escondido y supremo nivel de Providencia, es el temor reverencial frente a la percepción de la Luz Trascendente de Dios, permeando cada punto de la realidad, como se enseñó en el secreto de la samej.
En el servicio Divino del alma, estos tres niveles de Providencia corresponden a las tres etapas de servicio: sumisión, separación, y dulcificación, como fue enseñado por el Baal Shem Tov. Todo esto lleva a su enseñanza fundamental y que incluye a todas, en relación a la «Providencia Divina particular». La experiencia inicial de que incluso la más minúscula de las acciones propias es observada y registrada Arriba, lo lleva a uno a un estado de sumisión y temor al Reino de los Cielos, cuyas Ley y Orden controlan el universo. Uno entonces experimenta cómo los Ojos de Dios observan y custodian amorosamente a cada uno de los hijos de Israel. Esto lo hace percibir la separación existencial entre lo sagrado y lo profano, lo justo y lo injusto, y a identificarse con el bien. Finalmente, uno experimenta el Ojo Infinito de Dios dirigiendo toda cosa creada hacia la definitiva realización de su cometido, llevando de esta manera a toda la Creación a consumar su Propósito Divino. De esta manera, este temor que sentimos, es en definitiva por enfrentarnos a la revelación del Amor Infinito de Dios hacia todo («todo es correcto). Este es el secreto de endulzar.
Cuando Tus Ojos Desfallecen
(121) Juicio y justicia he hecho; no me abandones a mis opresores.
(122) Afianza a tu siervo para bien; no permitas que los soberbios me opriman.
Esta es una sentencia que va mucho más allá de una poética habitual relacionada con la literatura hebrea encerrada en los salmos. Este es un principio práctico a tener muy en cuenta en la sociedad moderna por todos aquellos creyentes que se ven oprimidos por la soberbia de un sistema que, indefectiblemente y pese a toda su discursiva demagogia del respeto y demás, cuando se entere que es seguidor de Jesucristo, lo va a dejar afuera de todo lo que pueda. Los motivos, son simples y están a la vista: no le sirve ni puede servirle a un sistema perverso, corrupto e insensible, la personalidad honesta, recta, íntegra e incorruptible de un verdadero hijo de Dios. Por el simple hecho de manejarse con juicios sanos y justicia recta, los soberbios que generalmente se convierten en opresores, procurarán destruirlo. El poder de Dios los afianzará y, mientras su mayor preocupación sea la de refugiarse en la palabra de Dios, nada, pero absolutamente nada forjado en este mundo, podrá conmoverlos ni sacarlos de su objetivo.
(123) Mis ojos desfallecieron por tu salvación, y por la palabra de tu justicia.
(124) Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos.
¿Qué cosa es desfallecer? Abatirse, perder el ánimo. De alguna manera, esta expresión que usa David aquí en este salmo, tiene que ver con frustración, con desánimo, con cierta actitud (O falta de actitud) para seguir librando la buena batalla. Es como si de pronto, en medio de tus circunstancias críticas, tú dejas caer tus brazos y dices: “¡Basta! ¡No doy más! ¡Que sea lo que Dios quiera! Es muy bueno eso de dejarle a Dios nuestras cargas y problemas, pero eso debe hacerse luego de buscarlo en oración y ver si por alguna razón singular, Él no nos está empujando a pelear a nosotros, en lugar de venir a hacerlo Él y librarnos del asunto. Aquí el salmista da a entender que tiene muy serias dudas respecto a su salvación.
Y déjame decirte que David no será el único que experimentará ese raro sentir dentro del pueblo santo. Todos nosotros, quien más, quien menos, alguna vez ha luchado fieramente con esas mentiras satánicas que te aseguran que lo malo que hiciste es demasiado malo como para que Dios pueda perdonártelo, y que tu suciedad es muy grande como para que encuentres forma de lavarte y limpiarte. No lo oigas. Esa es una tremenda mentira que, lamentablemente, al infierno le ha dado demasiado resultado hasta hoy. No te olvides que el engaño es el mayor arma que Satanás tiene para desviarte de tu camino y mermar tu fe. Él no puede impedir que el poder y la Gracia de Dios te liberen, pero sí puede hacer, (Y de hecho lo hace en muchas ocasiones), es convencer con sus mentiras al cristiano y llevarlo a éste a que no crea ni acepte esa liberación.
Más que al Oro Puro
(125) Tu siervo soy yo, dame entendimiento para conocer tus testimonios.
¡Qué inteligente y humilde es el pedido de David! Le dice que le dé entendimiento para conocer sus testimonios. No muestra un doctorado en Teología ni un master en Divinidades; muy por el contrario, exhibe una insuficiencia personal notoria y la necesidad imperiosa de contar con la guía y el auxilio del Espíritu Santo para poder entender los principios de Dios. Y en cuanto a su calidad de siervo, no es mera muletilla de templo, ya que el mismo salmista lo reitera en el Salmo 116 y verso 16: Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva; tú has roto mis prisiones.
(126) Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley.
Esto es lo mismo que decir hoy que los creyentes debemos actuar ya mismo y con toda precisión, porque en una gran mayoría de lugares, la religión cristiana ha terminado invalidando la palabra de Dios como base de sustento principal de su fe y accionar. Coincido totalmente y estoy en pleno acuerdo en lo de actuar. Sólo una pregunta para la cual yo presumo que tengo una respuesta, aunque no sé si es la correcta. ¿Tendrás tú una respuesta a la pregunta de: ¿Cómo debemos actuar? Porque cuando decimos actuar, todos suponemos que se trata de tomar una Biblia y arrojársela por la cabeza a los más tercos y obstinados en seguir como si no ocurriera nada. Pero no es así: actuar es, simplemente, vivir una vida conforme al propósito, la voluntad y el corazón de Dios, y dejar que el mundo nos mire.
(127) Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro.
Todos lo sabemos: el oro es un metal precioso que se extrae de la tierra. Dice su currículum que es un Elemento químico de número atómico 79, masa atómica 196,976 y símbolo Au ; es un metal noble de color amarillo brillante, muy blando, el más dúctil y maleable de todos los metales, muy resistente a la corrosión y a la oxidación y buen conductor; se encuentra en estado libre o combinado, principalmente en las vetas de cuarzo, en los depósitos de aluviones secundarios y en el agua marina; se usa, aleado con otros metales, en acuñación de monedas, en joyería, orfebrería, para dorar, etc.
Ese es el oro en estado natural. ¿Y qué sucede cuando hablamos de oro puro? Es el mismo metal mencionado, pero con tratamiento de purificación en hornos de alta temperatura. ¿Y cómo entendemos, entonces, la calificación de “muy puro”. Científicamente quizás no es probada, pero en la vía práctica de los hechos, es el mismo oro que ha sido pasado más veces por ese mismo horno y a mayor temperatura. Esto habla claramente de la relación que existe entre las virtudes de la palabra de Dios y las pruebas que nos presenta la vida en forma de horno personal de purificación. David reitera en el Salmo 19:10 hablando de los juicios de Dios: Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulce más que miel, y que la que destila del panal.
(128) Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, y aborrecí todo camino de mentira.
Esta es la clave. Estimar a la Palabra de Dios como lo más recto por sobre todas las cosas. Y cuando se dice “sobre todas las cosas”, en este punto y en este contexto, lo que se está tratando de expresar es puntualmente eso: sobre todas las cosas. No hay una sola cosa en el mundo que esté por encima de la Palabra de Dios. ¿Podrás entenderlo así? ¿Será factible que lo creas y lo pongas por obra? Porque si lo haces, tal como lo dice el salmista, empezarás recién allí a aborrecer la mentira, que es el elemento a partir del cual, muchas veces, hasta se han consolidado poderes, imperios y gobernantes. Versión Popular.
Nunca he dejado de hacer lo que es justo; no me abandones en manos de mis opresores. Hazte responsable de mi bienestar; que no me maltraten los insolentes. Mis ojos se consumen esperando que me salves, esperando que me libres, conforme a tu promesa. Trata a este siervo tuyo de acuerdo con tu amor; ¡enséñame tus leyes! Yo soy tu siervo. Dame entendimiento, pues quiero conocer tus mandatos. Señor, ya es tiempo de que hagas algo, pues han desobedecido tu enseñanza. Por eso yo amo tus mandamientos mucho más que el oro fino. Por eso me guío por tus preceptos y odio toda conducta falsa.
PEI
La Torá Oral
La boca, la letra pei, sigue al ojo, la letra ain. Las cinco bondades y los cinco poderes de los ojos izquierdo y derecho referidos en la letra ain, son de hecho las manifestaciones duales de la sefirá de daat, – conocimiento -, como es enseñado en cabalá. Daat es el poder de unión y comunicación. La Providencia es el poder de daat como se revela a través de los ojos, mientras que el poder de daat como es revelado por la boca, el habla, es la forma más explícita de contacto y comunicación entre los individuos. Como está expresado en el versículo: «y Adam conoció a su esposa Eva», «conoció», el poder de daat, se relaciona con la unión física del marido y su esposa, por eso la forma idiomática «hablar» es usada por nuestros sabios al referirse a esa unión. Y así se nos enseña en el Zohar: «[el poder de] daat está oculto en la boca».
Daat como contacto a nivel de los ojos, es el secreto de la Torá escrita. Al leerla en el servicio de la sinagoga, el lector debe ver cada letra del Rollo de la Torá; algunas veces, se usa un «dedo de plata» para señalar y dirigir nuestra vista hacia cada palabra. El contacto a nivel de la boca es el secreto de la Torá Oral.
«No hay otro bien que la Torá». La pei es la decimoséptima letra del alef-bet, el valor numérico de la palabra hebrea tov, «bien» o «bueno», como se discutió en extenso en la letra tet. Las primeras palabras dichas por la «Boca» de Dios: «Y hágase la Luz», espontáneamente produjeron la luz como la conocemos, y a continuación fueron vistas por Sus «Ojos» como que «es bueno». La palabra «bueno», es la treinta y tres de la Torá, la suma de los valores ordinales de las dos letras ain y pei (33 = 16 más 17), lo que alude a la unión de los dos niveles de daat, contacto (el de los ojos, la Torá escrita, y el de la boca, la Torá Oral).
Se dice del pueblo de Israel: «Tú eres mi testigo, dice Dios» y «El testimonio de Dios está en tu interior». Con los ojos cerrados testificamos dos veces por día: «Escucha, Oh Israel, Dios es nuestro Dios, Dios es uno». La ain de la primera palabra, Shema, «escucha», y la dalet de la última, ejad, «uno», son escritas de mayor tamaño, y juntas forman la palabra ed, «testigo». El alma de cada judío es un «ojo»-testigo de la unidad esencial de Dios. En este mundo debemos cerrar nuestros ojos físicos, para revelar el ojo interior de Israel que contempla la Unidad Divina. Al proclamar verbalmente nuestro testimonio, unificamos los dos niveles de contacto, el del ojo y el de la boca.
El expresar sabiduría proviene del ojo interior del corazón y se dirige a la boca, como está dicho: «el corazón del sabio le comunica a su boca». Las palabras de sabiduría, cuando se expresan sincera y humildemente por la boca, encuentran favor y gracia a los ojos de Dios y el hombre, como está dicho: «las palabras de la boca del sabio encuentran favor». En el Sefer Ietzirá se nos enseña que la «ofrenda» para la boca santa es gracia. En el bien, («No hay otro ‘bien’ que la Torá») están inherentes dos propiedades esenciales: verdad y gracia. Aunque cada dimensión de la Torá expresa una amalgama de ambas propiedades, sin embargo, en particular la verdad (la «figura masculina», definida en principio por las sefirot de tiferet y iesoden cabalá) es la conciencia primordial de la Torá escrita, mientras que gracia (la «figura femenina» maljut) es la de la Torá Oral. De esta manera, el poder de la pei, la boca, es expresar la gracia de la Torá Oral.
¿Ministradores de Almas?
(129) Maravillosos son tus testimonios; por tanto, los ha guardado mi alma.
¿Cuántas veces me has escuchado o leído decir que la iglesia actual se dedica mayoritariamente a ministrar el alma, en lugar del espíritu? Sigo pensando exactamente eso porque, entiendo, es la pura verdad, aunque nos fastidie. Sin embargo, quien desee tomar defensa a esa clase de iglesia, podría tranquilamente tomar este verso y ponerlo como prueba indubitable de que, en efecto, Dios desea ministrarnos el alma. ¿Y sabes qué? No estarían equivocados. Porque Dios, en primer lugar, nos creó con un alma, así que suena muy coherente de su parte incentivar a ministrarnos esa parte de su creación. Sólo un problema. Al igual que el cuerpo, que también es su creación y también necesita ser alimentado y ministrado, el alma ocupará un lugar secundario por detrás del espíritu. Y eso es lo que la iglesia actual no ha comprendido o aceptado: que en lugar de preparar sermones emotivos y sentimentales, deberá recurrir a la palabra de Dios genuina y auténtica, y permitir que sea el Espíritu Santo el que nos ministre, y no un hombre elocuente con habilidades histriónicas.
(130) La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.
Me gustaría mucho hablar con tantos y tantos hermanos predicadores que, con la mejor predisposición, respeto por sus ministerios y alto trabajo de estudio y preparación, elaboran sesudos sermones basados en contenidos históricos, geográficos y sociales relativos al pueblo de Israel y, de ese modo, entienden que aportan datos más que suficientes para que quienes los escuchan, puedan conocer esos pormenores que tanto tuvieron que ver con el evangelio. Pero a mí me gustaría hablar con ellos, desde mi humilde status de casi don nadie en este ambiente nuestro, y recordarles que esto que está escrito en este versículo, es realmente la base de todo nuestro trabajo. Me habrás escuchado decir o escribir que cuando algo te bendice, no soy yo sino el Señor que fluye a través de mí, y que yo a lo sumo podré entretenerte e informarte. Muy bien; aquí está la probanza de eso que digo: dice que la simple exposición de la palabra de Dios, (Que ni siquiera llega a ser estudio, sino sencillamente exponerla) alumbra el camino de los que han decidido creer.
A esto se lo confirma de alguna manera el propio Salomón, cuando en el proverbio 6 y en el verso 23, expresa: Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza es luz, y camino de la vida las reprensiones que te instruyen. Veamos por un momento y comparemos con lo que vemos de manera mayoritaria. ¿Estamos recibiendo luz de parte de la mayoría de los ministros que ocupan canales, radios, videos o audios? Si tu respuesta es afirmativa, ese ministro está predicando Palabra genuina. Y de ser así, tú estás caminando en plena luz y es muy difícil que te equivoques o caigas en errores. ¿Sientes que alguno de esos ministros tira de tus orejas con reprimendas ciertas o, por el contrario, habla con palabras dulces y halagadoras para que no te fastidies? Aquí tu respuesta íntima te proporciona tu respuesta global. David concluye estas apreciaciones en el Salmo 19 y verso 7, donde dice: La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
(131) Mi boca abrí y suspiré, porque deseaba tus mandamientos.
Es curioso, pero la mayoría de nosotros cuando lee su Biblia, lo hace como en un conjunto y sin prestar demasiada atención a lo que verdaderamente dice. Y si no, fíjate en esto: haz la prueba ahora mismo, mientras me lees; trata de suspirar con la boca abierta. ¿Verdad que es complicado? Salvo que ingieras el aire por la boca y no por la nariz, ¿Verdad? Tú ahora te preguntas: ¿Y eso qué tiene que ver? Tiene que ver en que, cuando tú aspiras aire, lo que ingresa es oxígeno, claro está, pero en lo natural. En lo espiritual lo que ingresa es Espíritu Santo, que es pneuma, que es aire. Y al suspirar, lo que estás haciendo es exhalar ese mismo aire que, al pasar por tu espíritu humano, sale plenificado de palabra y unción profética. De eso está hablando. Y tiene que ver con lo que se insufla en tu alma. Tanto es así que los hijos de Coré, en un masquil especial (El Masquil es un término hebreo que significaba algo así como una instrucción) que recoge el Salmo 42, dice en el verso 1: Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
(132) Mírame, y ten misericordia de mí, como acostumbras con los que aman tu nombre.
Quisiera saber en este momento cuantos de ustedes estarán más o menos preocupados por distintas circunstancias no demasiado sencillas que sacuden sus vidas. Es lícito sentirse con preocupación cuando enfrentamos algo que, tenemos muy en claro, no podremos solucionar de ninguna manera con ninguna de nuestras capacidades. De hecho, esto te está diciendo que la preocupación es lícita en el hombre que piensa y se mueve fuera de Dios. Porque el que lo hace con Dios como su respaldo esencial y su guía infalible, no conoce el término preocupación, sólo conoce, en todo caso, el de ocupación, y ocupación en las cosas del Señor, no del hombre por jerárquico que sea. Por todo eso, bien vale recordar lo que leemos aquí. Dice que Dios hace misericordia con todos los que ama su nombre. Y si te llega a invadir la satánica duda respecto a si contigo también lo haría, recuerda siempre que Dios es misericordioso con los que le aman, por costumbre, lo que equivale a decir, de manera automática e infalible. Por eso el mismo David escribe en el Salmo 25 y verso 16: Mírame, y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido.
Batallando Contra la Iniquidad
(133) Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.
Habrás escuchado en muchas ocasiones referirse a alguien que no está comportándose adecuadamente, que se reúne con personas de dudosa catadura moral y que en ocasiones, las acompaña en actos inmorales. Y que cuando se habla de esa persona con esas características, se suele decir que no es mala persona, pero que “anda en malos pasos”. Muy bien; este texto que acabas de leer, te muestra la solución sin costo para ese problema. La solución, la única viable y posible, es sumergirse en la Palabra de Dios. Y no estoy hablando de leer la Biblia cada mañana al levantarte o hacer un vertiginoso devocional, (Vaya uno a saber quién habrá inventado este nombre y esta supuesta acción espiritual), estoy refiriéndome a cumplir con un mandato preestablecido y claro dado por el mismo Dios: escudriñar su palabra. Y escudriñar es indagar, investigar, examinar, meditar, buscarle las cinco patas a un gato que sólo tiene cuatro. En el salmo 17:15, David añade: En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. Y en el 19:13, concluye: Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.
(134) Líbrame de la violencia de los hombres, y guardaré tus mandamientos.
A primera y somera lectura, ¿No te parece que el salmista le está proponiendo un canje a Dios? ¿Le está diciendo: mira, si me libras de todos los que me atacan y me quieren asesinar, yo te prometo que guardaré todos tus mandamientos? Suena así, ¿Verdad? Y créeme que en un marco de cristianos como los que tú y yo conocemos, puedo asegurarte que la idea del canje no sonaría tan descabellada. No por nada, cierto sector auto denominado como cristiano, todavía hoy en pleno siglo veintiuno sigue cumpliendo con promesas de todo nivel, estilo y alcance, y no precisamente a Dios o a su Hijo Jesucristo, sino a hombres y mujeres ya fallecidos que ostentan, por decisión de otros hombres, categoría de santos aptos y dignos de adoración. Sin embargo, debo consignarte que no es un canje lo que le propone David a Jehová su Dios. Interpretando correctamente la intencionalidad gramatical de la expresión, lo que el salmista está haciendo es lo que deberíamos hacer todos: dividir las responsabilidades conforme a las posibilidades. Yo hago lo posible al máximo, Dios hace lo imposible al máximo. Co-misión, misión de dos, el Señor y yo. David lo va a explicar mucho más claro en el Salmo 142 y verso 6, cuando dice: Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido. Líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.
(135) Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.
Un rostro resplandeciente, como el que el salmista le propone a su propio Dios que exhiba, es una demostración de gloria. Porque la gloria siempre ha sido relacionada estrechamente con el resplandor, que es como decir con la luz. ¿Y qué produciría una presencia de la cual se irradie luz? En primer lugar y casi con prescindencia de todo lo demás, ausencia de tinieblas. Y eso, en estos tiempos de alta y dura confusión, créeme que no es poca cosa. Por eso se inserta la segunda expresión del salmista, no por casualidad ni para completar la métrica del gigantesco acróstico que es este salmo, el más extenso de todos. Porque al decirle a Dios que haga resplandecer su rostro sobre él, David lo que le está pidiendo es luz, que es el equivalente físico de la revelación. Porque todos sabemos, aunque muchos prefieran ignorarlo, que sin revelación no habrá jamás comprensión de la palabra de Dios, que en estos términos salmísticos, es denominada como estatutos. ¿Quieres que te dé probanza de esto que he dicho? Vete al principio del libro de los salmos, y observa el salmo 4, también escrito por David, que en su verso 6 señala: Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro.
(136) Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley.
Para entender el significado emocional de este versículo, es necesario retrotraernos a una instancia muy grave en la vida de David, su relación con Betsabé. Tú conoces la historia. El rey vio a esta mujer bañándose y se prendó de ella. Pero ella era casada, cosa que para un rey (E incluso para el propio marido), no era impedimento, ya que como señor de todo y de todos, él podía tomar lo que se le antojara por derecho preestablecido, aunque eso fuera una persona, una mujer, la mujer de otro. David lo hizo y la historia concluye como todos sabemos. Sin embargo, lo que quiero rescatar en este texto es que lo que el salmista escribe en el inicio del verso. Dice que ríos de agua descendieron de sus ojos. ¿No es eso llorar amargamente? Lo es. ¿Y cual es su significado? El final del texto lo muestra: lavar, limpiar y purificar esos mismos ojos que no habían guardado la ley de Dios. ¿Y cuándo había sido eso? En el momento en que se posaron en el cuerpo desnudo de Betsabé y llevaron a su cerebro la llama de la pasión, el deseo y la posesión. En el libro de Jeremías, en el capítulo 9 y verso 1, leemos: ¡Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! Lágrimas. Versión Popular.
Tus mandatos son maravillosos; por eso los obedezco. La explicación de tus palabras ilumina, instruye a la gente sencilla. Con gran ansia abro la boca, pues deseo tus mandamientos. Mírame, y ten compasión de mí, como haces con los que te aman. Hazme andar conforme a tu palabra; no permitas que la maldad me domine. Líbrame de la violencia humana, pues quiero cumplir tus preceptos. Mira con buenos ojos a este siervo tuyo, y enséñame tus leyes. Ríos de lágrimas salen de mis ojos porque no se respeta tu enseñanza.
TZADIK
La Fe del Justo
El tzadik vive en su fe». La forma de la letra tzadik o tzadi, se asemeja a la alef más que cualquier otra letra. Las veintidós letras del alef-bet se asocian de a dos, formando once «formas compañeras», según qué formas se asemejan más una a la otra, como se enseña en cabalá. La «amiga» de la alef, el Maestro del Universo, es la tzadik, «el justo» sobre el cual el mundo se sostiene, como está dicho: «El tzadik es el fundamento del mundo».
Con la letra tzadik comienza la palabra tzelem, la «imagen Divina» según la cual Dios creó el hombre. Se enseña en cabalá que la tzadik de tzelem corresponde a los tres niveles conscientes del alma: mente, corazón y acción, mientras que las dos letras siguientes de tzelem (lamed y mem) corresponden a los dos niveles trascendentes del alma, «el viviente» (chaiá) y «el único» (iejidá), respectivamente, como se vio en la letra hei (tzadik en atbash). Estos dos niveles se vuelven conscientes, como dos estados de fe en la percepción interna del tzadik: fé en la Luz Trascendente de Di-s, la máxima fuente de creación, y en la misma Esencia de Dios, la máxima fuente de revelación de Torá y mitzvot. Por esta razón la palabra tzadik (204) equivale numéricamente a dos veces emuná (102), «fe». También en el versículo «el tzadik vive en su fe», la palabra «b’emunató«, «en su fé», puede ser leído como «bet (2) emunató», «dos niveles de su fé». «Viviendo en la propia fé» significa experimentar la más inmensa alegría en el servicio de uno a Di-s, como se explica en el Tania.
La palabra etz, «árbol» que fue creado en el tercer día, tiene la misma guematria de tzelem, 160, la «imagen Divina» con la que el hombre fue creado en el sexto día. «El hombre es el árbol del campo». En cabalá, el tercer día, tiferet («belleza»), es el origen del sexto día, iesod («fundamento»). Tiferet y iesod están integrados totalmente en el secreto de la «línea media» – «el cuerpo y el brit son considerados uno». En el Sefer Ietzirá se nos enseñó que las doce letras simples dentro de las veintidós letras del alef-bet corresponden a los doce meses del año. También cada mes se relaciona en particular con un «sentido» específico del alma. La letra tzadik es la del mes de Shevat, cuyo «sentido» es el de «comer». El día quince (el medio) de Shevat, Tu b’Shevat, es el Año Nuevo de los Arboles. (la denominación rabínica para el árbol, «ilan», equivale a 91, la unión de las dos letras alef y tzadik, que es también la unión de los números 26 y 65 [(2 · 13) más (5 · 13) = 7 · 13 = 1 más 2 más … más 13 = el «triángulo» de 13], el valor del Nombre Havaiá como es escrito (iud-hei-vav-hei) y como es leído (alef-dalet-nun-iud).
El «rey de los árboles» es la palmera, de la que se dijo: «El tzadik florecerá como una palmera datilera». La raíz de «florecer» (peraj) equivale a 288,el secreto de las 288 chispas que cayeron, y que son elevadas por el servicio del tzadik en su conciencia Divina, mientras se ocupa del acto de comer. En cada una de sus actividades aparentemente mundanas del tzadik, el «conoce» (es decir contacta, como está explicado en el secreto de las dos letras anteriores, la ain y la pei) a Dios, como está dicho: «En todos tus caminos (mundanos) conócelo».
La escritura original de la letra tzadik es tzadi, que significa «cazar». El sagrado «sentido de comer», el «sentido» del tzadik, es la habilidad de cazar con la finalidad de redimir y elevar, las 288 chispas caídas de la ruptura de los recipientes, como se discutió anteriormente. «El tzadik come para satisfacción de su alma» es el versículo más relevante del secreto del servicio del mes de Shevat. Las chispas redimidas sirven para elevar la conciencia del alma del tzadik, a niveles más elevados aún de percepción Divina.
(137) Justo eres tú, oh Jehová, y rectos tus juicios. (138) Tus testimonios, que has recomendado, son rectos y muy fieles.
Reconocer que Jehová es justo nos da un punto firme para vivir sin miedo. Si sus juicios son rectos, no nacen del capricho sino del amor que ordena. Sus testimonios no confunden: muestran un camino claro cuando todo parece gris. La fidelidad de Dios nos enseña a ser constantes, aun cuando nadie nos vea. Confiar en sus mandatos nos libra de decidir solo por impulso o conveniencia. Aplicarlos es práctico: hablar con verdad, actuar con justicia y cuidar al prójimo. Cuando erramos, sus juicios no aplastan; corrigen para volver a levantar. Vivir según su palabra ordena el corazón y aclara las prioridades diarias. No es teoría espiritual, es una guía para el trabajo, la familia y las decisiones. Seguir testimonios fieles nos acerca a una vida íntegra y en paz.
Un Celo Santo y de Paz
(139) Mi celo me ha consumido, porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras. (140) Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo.
Mi celo me ha consumido, no por enojo vacío, sino por amor a lo que da vida. Duele ver cómo muchos se olvidan de tus palabras, como si fueran cosa vieja. No las rechazan con odio, simplemente las dejan de lado por distracción. Yo mismo corro ese riesgo cuando vivo apurado y sin silencio. Tu palabra es sumamente pura, no porque sea complicada, sino porque es verdadera. No engaña, no adorna la mentira, no promete lo que no cumple. Cuando la escucho con el corazón abierto, me ordena por dentro. Me muestra qué soltar y qué cuidar en lo cotidiano. Amarla no es repetirla, es dejar que me confronte. Es permitir que corrija mis decisiones pequeñas de cada día. Cuando otros la olvidan, yo quiero recordarla con mi forma de vivir. Que mi celo no sea soberbia, sino fidelidad humilde. Que no me consuma la rabia, sino el deseo de ser coherente. Porque tu palabra no pasa, aunque el mundo corra rápido. Y en ella encuentro una verdad que vale la pena amar y vivir.
Pequeñez Con Memoria
(141) Pequeño soy yo, y desechado, más no me he olvidado de tus mandamientos. (142) Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad.
A veces uno se siente pequeño, como si no contara para nadie. La vida te pasa por encima y parece que nadie te ve. Pero, aun así, el corazón decide no soltar lo que es correcto. Ser pequeño no significa estar perdido. Dios mira lo que el mundo desprecia. Cuando todo falla, sus mandamientos siguen firmes. No cambian con el tiempo ni con las modas. Su justicia no se gasta, no se rompe, no se vende. Aunque haya angustia y problemas, la verdad sostiene. La ley de Dios no engaña ni promete en falso. Caminar derecho cuesta, pero da paz. Aun cansado, uno sigue porque sabe en quién confía. Ser fiel en lo poco vale más que aparentar grandeza. Dios levanta al humilde que no se olvida de su palabra. Y en esa verdad eterna, el alma encuentra descanso.
(143) Aflicción y angustia se han apoderado de mí, más tus mandamientos fueron mi delicia. (144) Justicia eterna son tus testimonios; dame entendimiento, y viviré.
Hay días en que la aflicción y la angustia nos aprietan el pecho y nos roban la paz. No es falta de fe sentirlo, es parte de caminar en un mundo quebrado. El salmista no esconde su dolor, lo presenta delante de Dios con honestidad. En medio de esa presión, descubre algo sorprendente: la Palabra de Dios sigue siendo su delicia. No porque todo esté bien, sino porque allí encuentra verdad cuando todo tiembla. Los mandamientos no son una carga más, son un ancla para el alma cansada. Cuando el corazón está confundido, la justicia eterna de Dios no cambia. Sus testimonios nos recuerdan quién es Él y quiénes somos nosotros. Pedir entendimiento no es buscar respuestas rápidas, es buscar sabiduría para vivir. Dios no siempre quita la angustia de inmediato, pero da luz para atravesarla. Ese entendimiento nos enseña a decidir mejor, a hablar con gracia y a esperar con fe. Vivir, en sentido bíblico, es más que respirar: es caminar alineados con la verdad. Hoy también podemos elegir volver a la Palabra cuando el alma está oprimida. Allí Dios nos forma, nos sostiene y renueva nuestras fuerzas interiores. Con entendimiento recibido de Él, aun en la aflicción, aprendemos a vivir de verdad. Versión Popular.
Señor, tú eres justo; rectos son tus decretos. Todos tus mandatos son justos y verdaderos. Me consume el celo que siento por tus palabras, pues mis enemigos se han olvidado de ellas. Tu promesa ha pasado las más duras pruebas; por eso la ama este siervo tuyo. Humilde soy, y despreciado, pero no me olvido de tus preceptos. Tu justicia es siempre justa, y tu enseñanza es la verdad. Me he visto angustiado y en aprietos, pero tus mandamientos me alegraron. Tus mandatos son siempre justos; ¡dame entendimiento para que pueda yo vivir!
COF
La Santidad en Riesgo
La letra hebrea ק (Qof / Cof) es una de las más ricas y paradójicas del alfabeto, precisamente porque une lo más bajo con lo más alto. Valor fonético: /k/ gutural (similar a “k”, pero más profunda que כ kaf) Valor numérico (guematría): 100 Posición en el alfabeto: 19ª letra Clasificación: Letra gutural profunda La raíz ק-ו-ף está relacionada con: Qof como “mono” o simio (imitación) Ideas de copia, imitación, reflejo En hebreo bíblico y rabínico, esta noción de imitación es ambigua: Puede ser aprendizaje O puede ser falsificación de lo auténtico Desde una perspectiva lingüística, Qof se diferencia de Kaf (כ) en que Kaf es una “k” frontal, mientras que Qof es posterior, pronunciada desde lo profundo de la garganta, lo cual ya sugiere una dimensión simbólica más “interna” o “oscura”.
La letra ק se compone de: Un cuerpo similar a Resh (ר) Un trazo descendente que cruza la línea base Esto es crucial. En la caligrafía tradicional: Ninguna otra letra (salvo finales) desciende tanto por debajo de la línea. Qof rompe el “equilibrio visual” del texto. Qof como descenso al mundo material En la Cábala, Qof representa: El descenso del alma al mundo material. La entrada de lo sagrado en un ámbito de impureza, caos o ilusión. El trazo que baja simboliza: La conciencia que cae por debajo del nivel espiritual La inmersión en lo instintivo, lo corporal, lo inconsciente Por eso Qof está asociada a: La santidad en peligro La espiritualidad puesta a prueba
El vínculo de Qof con el “mono” no es accidental. En textos místicos: El mono imita al ser humano sin comprender Así, Qof representa la imitación externa de la santidad. Rituales sin conciencia. Religión sin transformación interior. Espiritualidad performativa. En este sentido, Qof advierte: No todo lo que parece sagrado lo es. La raíz קדש (kadosh, santo) comienza con Qof. Esto es profundamente paradójico: La santidad auténtica comienza en un lugar de riesgo. Antes de elevarse, lo santo debe atravesar lo profano. Por eso, Qof enseña que: La santidad no es huida del mundo. Es redención de lo bajo
Guematría y significado numérico. Qof = 100 En la tradición hebrea: 10 = plenitud básica. 100 = plenitud elevada, pero también exceso. Esto refuerza la ambigüedad:100 puede ser perfección. O puede ser desmesura, inflación del ego espiritual En lecturas espirituales progresivas: Qof representa el momento en que el alma: Se enfrenta a su sombra. Vive la tensión entre apariencia y verdad. Aprende que la espiritualidad auténtica no siempre es luminosa. En términos psicológicos (lectura contemporánea): Qof corresponde al trabajo con el inconsciente. Con lo reprimido. Con la falsedad del “yo espiritualizado”. Académicamente, Qof: Es una letra gutural profunda. Asociada a imitación y copia. Gráficamente ligada al descenso. Espiritualmente, Representa la caída necesaria para la redención. Advierte contra la santidad superficial. Enseña que lo divino puede habitar incluso lo más bajo. Qof no es la santidad lograda, sino la santidad en riesgo.
Clamar es Reclamar
(145) Clamé con todo mi corazón; respóndeme, Jehová, Y guardaré tus estatutos. (146) A ti clamé; sálvame, Y guardaré tus testimonios.
Hay momentos en la vida en que ya no alcanzan las fuerzas ni las palabras bonitas. Entonces solo queda clamar, pero clamar con todo el corazón. No es un grito vacío, es una súplica sincera delante de Dios. El salmista no clama para recibir cosas, clama para recibir respuesta. Y esa respuesta tiene un propósito: vivir conforme a los estatutos del Señor. Clamar a Dios implica reconocer que no podemos solos. “Sálvame”, dice el salmista, porque sabe que la salvación viene de Él. Pero la salvación no termina en el alivio, continúa en la obediencia. Guardar los testimonios de Dios es una respuesta de gratitud. Dios no busca promesas vacías, busca corazones rendidos. Cuando clamamos de verdad, nuestra vida comienza a alinearse con su verdad. La oración sincera transforma primero al que ora. Dios responde, pero también enseña a caminar en su voluntad. Clamar y obedecer son dos pasos que van juntos. Porque quien ha sido escuchado por Dios, desea vivir para honrarlo.
Acercados a La Maldad
(147) Me anticipé al alba, y clamé; Esperé en tu palabra. (148) Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, Para meditar en tus mandatos.
Me anticipo al alba cuando todo está en silencio y el corazón aún no se distrae. Antes de que el día me reclame, levanto mi voz y clamo a Dios. No clamo por costumbre, sino por necesidad. He aprendido a esperar, no en mis fuerzas, sino en su palabra fiel. Esperar en Dios no es pasividad, es confianza activa. Es decidir creer aun cuando no veo respuestas inmediatas. Mis ojos también se adelantan a la noche, cuando el cansancio llega. En las vigilias, cuando otros duermen, el alma piensa con claridad. Allí medito en sus mandatos, no para saber más, sino para vivir mejor. La Palabra me ordena cuando mis emociones se confunden. Me corrige sin herirme y me guía sin gritar. Buscar a Dios temprano cambia la dirección del día. Meditar en su palabra sostiene la fe en la oscuridad. Así aprendo que Dios habla al que le da tiempo. que la esperanza se fortalece cuando la vida se rinde a su verdad.
(149) Oye mi voz conforme a tu misericordia; Oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio. (150) Se acercaron a la maldad los que me persiguen; Se alejaron de tu ley.
Escuchar la voz de Dios es un acto de humildad que nace de reconocer nuestra necesidad. Cuando pedimos misericordia, aceptamos que no todo lo podemos solos. Dios no responde por mérito, sino por amor constante y fiel. Su misericordia no solo consuela, también corrige y levanta. Pedir vida conforme a su juicio es desear una vida ordenada y verdadera. El juicio de Dios no destruye, sino que endereza el camino torcido. En medio de la presión y la persecución, la fe se vuelve más sincera. El mal suele acercarse con ruido, prisa y engaño. Quienes se apartan de la ley de Dios pierden el rumbo interior. La cercanía al mal enfría el corazón y nubla la conciencia. Alejarse de la verdad es un proceso lento pero peligroso. Por eso es vital volver cada día a la palabra de Dios. Ella da vida cuando el ánimo está cansado y herido. Vivir conforme a su voluntad trae paz aun en la dificultad. Elegir la ley de Dios es elegir vida, aun cuando otros se aparten.
Son Testimonios Eternos
(151) Cercano estás tú, oh Jehová, Y todos tus mandamientos son verdad. (152) Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, Que para siempre los has establecido.
Dios no está lejos ni distraído. Está cerca, más cerca de lo que muchas veces creemos, incluso cuando la vida aprieta y el corazón se cansa. Su cercanía no es solo una idea bonita, es una realidad que se nota cuando recordamos que lo que Él dice es verdad, firme y confiable. Sus mandamientos no cambian según el humor del día ni según la conveniencia del momento; son verdad hoy, mañana y siempre. Con el paso del tiempo uno va entendiendo algo importante: lo que Dios ha establecido no es pasajero. Sus testimonios no fueron pensados solo para una época ni para un tipo especial de personas, sino para sostener la vida en cualquier circunstancia. Cuando todo alrededor se mueve, falla o se derrumba, lo que Dios dijo permanece en pie. Por eso confiar en su palabra no es un acto ingenuo, es una decisión sabia. Saber que Dios está cerca da descanso, y saber que su verdad es eterna da dirección. No hace falta entenderlo todo para caminar seguros; alcanza con apoyarse en lo que Él ya dejó establecido para siempre. Versión Popular.
Señor, te llamo con todo el corazón; ¡respóndeme, pues quiero cumplir tus leyes! A ti clamo, ayúdame para que cumpla tus mandatos. Antes de amanecer, me levanto a pedirte ayuda; he puesto mi esperanza en tu promesa. Antes de anochecer, mis ojos ya están velando para meditar en tu promesa. Oye mi voz, Señor, por tu amor; dame vida, conforme a tu justicia. Están cerca mis crueles perseguidores, pero están lejos de tu enseñanza. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandamientos son verdaderos Desde hace mucho conozco tus mandatos, establecidos por ti eternamente.
RESH
De la Conciencia a La Mente
La letra Resh (ר) del alfabeto hebreo admite una lectura rica tanto académica/filológica como espiritual/simbólica, y ambas dimensiones se complementan profundamente en la tradición judía. Análisis académico y lingüístico.Posición y valor: Orden: 20.ª letra del alfabeto hebreo. Valor numérico (guematria): 200. Nombre: רֵישׁ (Resh), que significa literalmente “cabeza”, “principio” o “lo primero”. Este significado no es metafórico: en lenguas semíticas antiguas, la raíz R-ʾ-Sh se asocia de forma consistente con la idea de liderazgo, inicio o jerarquía (por ejemplo, rosh = cabeza). Origen histórico: Desde un punto de vista paleográfico, Resh proviene de un pictograma proto-sinaítico que representaba una cabeza humana vista de perfil. Con el tiempo, el trazo se estilizó hasta adquirir su forma actual en el hebreo cuadrado.Este dato es clave: Resh no surge como una abstracción, sino como una imagen concreta del pensamiento humano, del punto desde el cual se percibe y se decide.Relación con otras letras: Resh se parece gráficamente a la letra Dalet (ד), pero carece del pequeño trazo posterior. Esta diferencia mínima tiene enormes implicaciones simbólicas (y teológicas), como veremos después.
Análisis espiritual y simbólico. Resh como “conciencia” o “mente”. Al significar “cabeza”, Resh simboliza: El intelecto. La conciencia individual. El punto de vista desde el cual una persona interpreta la realidad. En la tradición espiritual judía, la cabeza no es solo el lugar del pensamiento, sino el centro de dirección del alma. Resh representa el inicio del movimiento interior: antes de actuar, se piensa; antes de crear, se concibe. Paradójicamente, Resh también se asocia con la palabra רָשׁ (rash), que significa pobre o desposeído. Espiritualmente, esto enseña que: El verdadero liderazgo (rosh) requiere vaciamiento del ego. La cabeza debe estar “vacía” de arrogancia para recibir sabiduría. Aquí aparece una tensión fundamental: Resh puede ser cabeza soberbia o cabeza humilde, dependiendo de su orientación interior.
Comparada con Dalet, Resh carece del pequeño trazo que, según la mística judía, simboliza: La presencia divina. La apertura hacia el otro. Por eso, Resh representa la mente humana cuando se percibe separada, cuando se entiende como centro autónomo. No es negativa en sí misma, pero corre el riesgo de caer en el egocentrismo si no se “abre” a lo trascendente. Guematria 200. El número 200 se asocia con: Multiplicación. Expansión del pensamiento. Complejidad. Espiritualmente, esto indica que la mente (Resh) tiene un enorme poder creativo: puede construir mundos simbólicos… o perderse en ellos.
Resh en la mística (Cábala). En la Cábala, Resh se relaciona con: El intelecto no integrado. El yo que todavía no se ha alineado con la voluntad divina. El comienzo del descenso hacia la multiplicidad. No es casual que “רָע (ra, mal)” comience con Resh. El mal no surge primero de la acción, sino de una percepción distorsionada, de una cabeza que se cree centro absoluto. Pero esa misma letra también inicia palabras como: (rajamim, compasión) (ruaj, espíritu) Lo que indica que Resh no es caída ni redención en sí misma, sino potencial. La letra Resh (ר) representa el inicio de la conciencia individual, la mente que se reconoce como “cabeza”. Académicamente, remite al liderazgo y al principio; espiritualmente, encarna la tensión entre ego y humildad, entre autonomía y apertura a lo divino. Resh enseña que: La cabeza puede ser corona… o carga. Todo depende de hacia dónde se incline.
Palabra Que Vivifica
(153) Resh Mira mi aflicción, y líbrame, Porque de tu ley no me he olvidado. (154) Defiende mi causa, y redímeme; Vivifícame con tu palabra.
En la aflicción aprendemos a mirar a Dios con mayor sinceridad. El salmista no niega su dolor, lo presenta delante del Señor. Reconoce que solo Dios ve la herida completa del corazón.
Pide liberación, no por mérito propio, sino por fidelidad a la Palabra. Recordar la ley de Dios en medio del dolor sostiene la fe. Cuando todo parece injusto, Dios es el mejor defensor. Él conoce nuestra causa mejor que nosotros mismos. Redimir es más que ayudar, es restaurar lo que estaba perdido. La Palabra de Dios trae vida cuando el ánimo está cansado. No siempre cambia la circunstancia, pero sí renueva el interior. Aferrarse a la verdad evita que el dolor nos endurezca. Dios actúa a su tiempo, aunque la espera duela.
La oración sincera abre espacio para la esperanza. Cada prueba puede convertirse en un lugar de encuentro con Dios. Confiar en su Palabra nos mantiene vivos aun en la aflicción.
Firmes en El Testimonio
(155) Lejos está de los impíos la salvación, Porque no buscan tus estatutos. (156) Muchas son tus misericordias, oh Jehová; Vivifícame conforme a tus juicios. (157) Muchos son mis perseguidores y mis enemigos, Mas de tus testimonios no me he apartado.
La salvación no se aleja de los impíos por falta de poder divino, sino por su negativa a buscar los estatutos del Señor. La Escritura muestra que el corazón que rehúye la verdad también se priva voluntariamente de la vida que Dios ofrece. Buscar los estatutos no es un acto intelectual aislado, sino una disposición humilde de obediencia diaria. En contraste, el salmista apela a las muchas misericordias de Dios, reconociendo que su esperanza no está en sí mismo. La misericordia divina no anula la justicia, sino que se manifiesta precisamente conforme a los juicios del Señor. Ser vivificado por Dios implica ser sostenido espiritualmente en coherencia con su palabra revelada. La vida que Dios da no es meramente emocional, sino una fuerza moral para perseverar en lo correcto. El creyente fiel no está exento de persecución ni de enemigos, como lo confirma la experiencia bíblica. Sin embargo, la presión externa no justifica el abandono de los testimonios de Dios. La fidelidad en medio de la oposición es una expresión concreta de confianza en la verdad divina. Apartarse de la palabra para evitar el conflicto es perder la vida que se pretende conservar. Permanecer en los testimonios es una decisión práctica que se renueva cada día. Dios no promete ausencia de adversidad, sino presencia fiel en medio de ella. La obediencia sostenida es el camino donde la misericordia se experimenta plenamente. Así, la vida espiritual se fortalece cuando la fe se traduce en constancia obediente.
(158) Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, Porque no guardaban tus palabras. (159) Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos; Vivifícame conforme a tu misericordia. (160) La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia.
Al mirar a quienes desprecian la verdad, el corazón se entristece. No por sentirnos mejores, sino por ver el daño que causa alejarse de Dios. La desobediencia rompe relaciones, confunde el camino y endurece el alma. Por eso nace un santo disgusto: amar el bien nos vuelve sensibles al mal. En medio de ese dolor, el salmista afirma su amor por los mandamientos. Amar la palabra no es teoría, es elegirla cuando cuesta. Pedir vida a Dios es reconocer que sin su misericordia nos apagamos. Su palabra nos despierta, corrige y vuelve a encender la esperanza. Vivir según ella es un acto diario, sencillo y concreto. Escuchar, obedecer y perseverar aun cuando otros no lo hacen. La verdad de Dios no cambia con el tiempo ni con las modas. Su justicia permanece firme cuando todo alrededor es inestable. Confiar en esa verdad nos da paz para decidir bien. Y nos da fuerza para caminar rectos en un mundo torcido. Así, la palabra eterna se vuelve vida real en lo cotidiano. Versión Popular.
Mira mi aflicción y líbrame, pues no me he olvidado de tu enseñanza. Defiende mi caso y rescátame; ¡dame vida, conforme a tu promesa! Tu ayuda está lejos de los malvados, porque no siguen tus leyes. Señor, es muy grande tu ternura; dame vida, conforme a tu justicia. Muchos son mis enemigos y opresores, pero yo no me aparto de tus mandatos. No soporto a los traidores, a los que no obedecen tus mandamientos 9 Señor, mira cómo amo tus preceptos; ¡dame vida, por tu amor! En tu palabra se resume la verdad; eternos y justos son todos tus decretos.
SIN
Energías Que Transforman
La letra Sin (שׂ) del alfabeto hebreo es una de las dos formas de la letra Shin, diferenciándose por el punto (diacrítico) colocado a la izquierda, lo que determina su pronunciación como /s/. Desde un punto de vista académico, Sin no es una letra independiente en la escritura tradicional, sino una variante fonética de Shin; ambas comparten la misma forma gráfica básica y el mismo lugar en el alfabeto. Esta distinción refleja la precisión del hebreo bíblico para conservar sonidos antiguos dentro de una misma estructura escrita.
En el plano simbólico y espiritual, Sin hereda gran parte del significado general de Shin, pero con matices propios. Shin suele asociarse con energía, transformación y fuego, representando la fuerza activa que impulsa el cambio. Sin, al pronunciarse suavemente como /s/, expresa esa misma energía de manera más contenida y regulada. Por ello, algunos enfoques espirituales la relacionan con la disciplina, el discernimiento y el control consciente de la fuerza interior, más que con su expresión intensa.
Desde la tradición mística judía, especialmente en interpretaciones cabalísticas posteriores, se ha sugerido que la diferencia entre Shin (punto a la derecha) y Sin (punto a la izquierda) puede aludir simbólicamente a dos direcciones de la energía: expansión y restricción. En este marco, Sin se vincula con la capacidad de poner límites, refinar el juicio y orientar la acción con claridad moral. No se trata de una oposición al impulso vital, sino de su equilibrio, permitiendo que la fuerza no se disperse ni se vuelva destructiva.
En síntesis, la letra Sin representa la energía transformadora expresada con moderación, la sabiduría que sabe cuándo actuar y cuándo contenerse. Su significado espiritual invita a comprender que el crecimiento auténtico no solo depende de la intensidad del impulso, sino también de la capacidad de dirigirlo con conciencia, orden y responsabilidad.
Un Temor que No es Miedo
(161) Príncipes me han perseguido sin causa, Pero mi corazón tuvo temor de tus palabras. (162) Me regocijo en tu palabra Como el que halla muchos despojos.
A veces en la vida uno se da cuenta de que no siempre los ataques vienen porque hicimos algo mal. Hay momentos en los que la persecución, la crítica o la presión aparecen sin causa, como dice el salmista: “Príncipes me han perseguido sin causa”. Y eso duele, porque cuando la injusticia llega desde personas con poder, influencia o autoridad, el golpe se siente más fuerte. No es solo el daño, es la impotencia de saber que uno está haciendo lo correcto y aun así es señalado. Pero el corazón del creyente no se gobierna por el miedo a los hombres, sino por el respeto profundo a la voz de Dios. Por eso el salmista aclara algo clave: “mi corazón tuvo temor de tus palabras”. No es miedo paralizante, es reverencia. Es entender que, por encima de cualquier amenaza humana, está la Palabra de Dios marcando el camino. Cuando uno se aferra a esa Palabra, el ruido de la persecución pierde fuerza, porque el alma sabe en quién confía.
Y aquí ocurre algo hermoso: la Palabra no solo sostiene, también alegra. En medio del conflicto, el salmista no habla de resignación, sino de gozo: “Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos”. Es una imagen fuerte, casi exagerada, porque compara la Palabra de Dios con un botín inesperado, con una ganancia abundante que llena de alegría. Es decir, aun cuando afuera todo parece injusto, por dentro hay una riqueza que nadie puede quitar. Esto nos enseña que la verdadera victoria no siempre es callar a los perseguidores, sino mantener el corazón firme y alegre en Dios. Cuando la Palabra se vuelve nuestro tesoro, deja de ser solo un texto y se convierte en refugio, en fuerza y en celebración. Entonces, aunque nos persigan sin causa, seguimos caminando con paz, porque sabemos que lo más valioso ya lo hemos encontrado.
Un Amor, Una Paz
(163) La mentira aborrezco y abomino; Tu ley amo. (164) Siete veces al día te alabo A causa de tus justos juicios. (165) Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo.
La mentira nos enreda y nos hace sentir sucia el alma, pero Dios nos invita a vivir con sinceridad. Su ley no es una carga, sino un camino que nos guía día a día. Cuando amamos la verdad de Dios, encontramos firmeza en lo que hacemos. No basta con decir “sí” a Dios con la boca; el corazón también tiene que estar de acuerdo. Alabarlo varias veces al día no es solo repetir palabras, es reconocer que su justicia nos sostiene. Cada vez que agradecemos a Dios, reforzamos nuestra fe y claridad en decisiones difíciles. Quien ama la ley del Señor encuentra paz que no depende de los problemas de afuera. Esa paz protege de tropezar, porque nos hace actuar con cuidado y honestidad. No es magia, es disciplina espiritual que fortalece nuestro carácter. La mentira puede parecer salida fácil, pero siempre deja dolor y miedo. La verdad de Dios da libertad y confianza, y eso se nota en la vida cotidiana. Si mantenemos nuestra mirada en sus mandamientos, caminamos con pasos seguros. Repetir su palabra y meditarla nos hace fuertes frente a la tentación. La alegría de vivir según Dios supera cualquier ganancia pasajera que la mentira ofrezca. Amar la ley de Dios no es teoría: es práctica diaria que transforma la vida y nos acerca a Él.
(166) Tu salvación he esperado, oh Jehová, Y tus mandamientos he puesto por obra. (167) Mi alma ha guardado tus testimonios, Y los he amado en gran manera. (168) He guardado tus mandamientos y tus testimonios, Porque todos mis caminos están delante de ti.
He esperado en Dios con todo mi corazón, porque sé que Él nunca falla ni olvida a los que confían en Él. No es sólo esperar, es vivir cada día poniendo en práctica sus mandamientos. Cuando sigo Sus caminos, mi vida encuentra paz y dirección. Los mandamientos de Dios no son cargas, son guías que me muestran cómo amar y vivir bien. Mi alma se alegra en guardar Sus testimonios, porque ahí está la verdad que no falla. Amar la Palabra de Dios es más que palabras bonitas; es dejar que transforme mi corazón. Cada decisión que tomo, cada paso que doy, está delante de Sus ojos. No puedo esconder nada; Él sabe mis caminos y mis pensamientos. Por eso elijo caminar en obediencia, confiando en que su plan es perfecto. Guardar Su palabra me da seguridad, aunque el mundo parezca incierto. Es como sembrar semillas que darán fruto eterno en mi vida y en la de otros. Dios ve mi esfuerzo y mi amor por Él, y eso fortalece mi fe. Mi esperanza no está en lo que yo pueda hacer, sino en Su fidelidad. Y en todo esto, aprendo que vivir según Su Palabra es la verdadera libertad y alegría. Versión Popular.
Hombres poderosos me persiguen sin motivo, pero mi corazón reverencia tus palabras. Yo me siento feliz con tu promesa, como quien se encuentra un gran tesoro. Odio la mentira, no la soporto; pero amo tu enseñanza. A todas horas te alabo por tus justos decretos. Los que aman tu enseñanza gozan de mucha paz, y nada los hace caer. Señor, espero que me salves, pues he puesto en práctica tus mandamientos. Yo obedezco tus mandato y los amo de todo corazón. Yo obedezco tus preceptos y mandatos; ¡tú conoces toda mi conducta!
TAU
Nada Termina en Vano
La letra Tau (ת) es la última letra del alfabeto hebreo y, tanto en el pensamiento espiritual como en el académico, representa la culminación, el sello final y la plenitud de un proceso. Su posición al final del alfabeto no es casual: Tau simboliza el cierre de un ciclo, el punto donde todo lo iniciado encuentra sentido, destino y propósito. Desde un análisis lingüístico y académico, Tau tiene el valor numérico de 400, un número asociado en la tradición hebrea a procesos largos, completos y exigentes. En la Biblia hebrea, el 400 suele aparecer vinculado a períodos de prueba o maduración, lo que refuerza la idea de que Tau no representa un final simple, sino un final logrado después del esfuerzo. En su forma antigua paleo hebrea, la Tau se dibujaba como una cruz o marca, similar a una “X”, lo que indicaba una señal, un límite o una identificación clara. De hecho, en el hebreo bíblico, la palabra “תו” (tav) se usaba como marca o señal distintiva, algo que separa, identifica y confirma.
En el significado espiritual, Tau es vista como el sello de Dios, la marca de la verdad y la fidelidad. Representa aquello que queda grabado en la vida de una persona después de haber pasado por procesos de aprendizaje, corrección y transformación. No habla de comienzos, sino de resultados; no de promesas, sino de cumplimiento. Espiritualmente, Tau nos recuerda que todo camino tiene un propósito final y que cada experiencia, buena o difícil, deja una marca que forma nuestra identidad. En el libro de Ezequiel (9:4), la Tau aparece como una marca protectora puesta sobre las personas fieles, lo que refuerza su sentido espiritual como señal de pertenencia, compromiso y alineación con la justicia. En este contexto, Tau no es solo una letra, sino un símbolo de responsabilidad moral y espiritual: quien lleva la Tau ha sido probado y ha permanecido firme.
Usando un lenguaje popular, se puede decir que la Tau es como la firma al final de un contrato, el “hasta aquí llegamos” que confirma que todo lo anterior valió la pena. Es la marca que dice: “el proceso terminó y dejó huella”. Representa madurez, cierre, verdad y consecuencia. No se puede llegar a la Tau sin haber recorrido todo el alfabeto, así como no se llega a la sabiduría sin haber vivido, aprendido y resistido. En resumen, la letra Tau enseña que nada termina en vano. Todo cierre trae una enseñanza, toda marca tiene un significado, y toda vida, cuando se vive con sentido, deja un sello que permanece.
(169) Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; Dame entendimiento conforme a tu palabra. (170) Llegue mi oración delante de ti; Líbrame conforme a tu dicho.
Cuando levanto mi voz a Dios, no lo hago para impresionar, sino porque lo necesito de verdad. El clamor que sale del corazón sincero siempre encuentra camino hasta el cielo. Dios no se molesta con nuestras preguntas; al contrario, promete darnos entendimiento. Su palabra no es adorno religioso, es guía clara para caminar cada día. Pedir entendimiento es reconocer que solos no sabemos escoger bien. En la oración aprendemos a mirar la vida con los ojos de Dios. Allí entendemos por qué algunas puertas se cierran y otras se abren. Cuando oramos, también pedimos ser librados de lo que nos hace daño. Dios libra, no solo de peligros visibles, sino de malas decisiones. Su promesa es firme: Él responde conforme a lo que ha dicho. Por eso vale la pena confiar incluso cuando no vemos resultados rápidos. Orar es poner la carga en manos más fuertes que las nuestras. Es descansar sabiendo que Dios escucha aun el susurro cansado. Cada día podemos clamar, aprender y ser transformados por su palabra. Así la fe se vuelve práctica y la vida camina con esperanza.
Rebosantes de Alabanza
(171) Mis labios rebosarán alabanza Cuando me enseñes tus estatutos. (172) Hablará mi lengua tus dichos, Porque todos tus mandamientos son justicia. (173) Esté tu mano pronta para socorrerme, Porque tus mandamientos he escogido.
Mis labios se llenan de alabanza cuando entiendo que Dios no solo manda, sino enseña con paciencia. Alabar no es repetir palabras bonitas, es vivir agradecido por lo que Él nos muestra cada día. Cuando Dios nos enseña sus caminos, el corazón se acomoda y la vida encuentra orden. Por eso mi lengua quiere hablar de sus dichos, porque en ellos hay verdad para lo cotidiano. La Palabra no es teoría, es consejo práctico para la casa, el trabajo y la calle. Sus mandamientos son justicia porque no aplastan, sino que cuidan y levantan.
Dios no pide algo que no sea bueno para nosotros, aunque a veces cueste entenderlo. Elegir sus mandamientos es decidir caminar derecho aun cuando otros tomen atajos. Esa elección nos da paz, aunque el camino sea largo o empinado. Por eso pedimos que su mano esté pronta para ayudarnos cuando flaquean las fuerzas. No pedimos que haga todo, sino que nos sostenga mientras obedecemos. La ayuda de Dios llega cuando confiamos más en su voluntad que en nuestra prisa. Alabar, hablar y elegir sus mandamientos es una forma de vivir con fe sencilla. Es reconocer que solos no podemos, pero acompañados por Él sí seguimos adelante. Así la fe se vuelve práctica, la alabanza sincera y la vida más justa cada día.
Nunca Olvides Sus Mandamientos
(174) He deseado tu salvación, oh Jehová, Y tu ley es mi delicia. (175) Viva mi alma y te alabe, Y tus juicios me ayuden. (176) Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, Porque no me he olvidado de tus mandamientos.
He deseado tu salvación, Señor, no como idea lejana, sino como auxilio diario. En medio del ruido y las prisas, tu ley se vuelve descanso y dirección. No es carga, es delicia, porque ordena el corazón y aclara el camino. Cuando la vida aprieta, recuerdo que vivir es más que solo sobrevivir. Que mi alma viva de verdad, no dormida ni resignada. Que al vivir, también te alabe con hechos sencillos y sinceros. Tus juicios no me aplastan, me sostienen cuando pierdo el equilibrio. Muchas veces he caminado sin rumbo, confiando demasiado en mí mismo. Como oveja distraída, me fui tras lo fácil y lo inmediato. Aun así, no dejé de saber que tus mandamientos eran verdad. Por eso hoy no presumo fuerza, pido que me busques. Reconozco que necesito ser hallado, guiado y corregido. No porque sea perfecto, sino porque sigo siendo tu siervo. Tu salvación es regreso, es abrazo y es nuevo comienzo. Y en ese volver, encuentro sentido para seguir caminando. Versión Popular.
Lleguen mis gritos, Señor, a tu presencia; ¡dame entendimiento, conforme a tu palabra! Llegue mi oración a tu presencia; ¡líbrame, conforme a tu promesa! Brote de mis labios la alabanza, pues tú me has enseñado tus leyes. Entonen mis labios un canto a tu promesa, porque todos tus mandamientos son justos. Esté lista tu mano a darme ayuda, porque he preferido tus preceptos. Señor, ¡deseo que me salves! ¡Yo me siento feliz con tu enseñanza! Quiero vivir para alabarte; que tu justicia me ayude. Me he extraviado como una oveja; ¡ven en busca mía, pues no me he olvidado de tus mandamientos!
¿Sólo Un Extenso Salmo?
El Salmo 119 no es simplemente el capítulo más largo de la Biblia, ni un despliegue literario para admirar desde lejos; es la confesión insistente, casi obstinada, de una persona que descubrió que la vida solo cobra sentido cuando se vive a la luz de la Palabra de Dios. A lo largo de cada sección se percibe una relación viva, a veces tensa, pero siempre honesta, entre el corazón humano y la voluntad divina. El salmista no escribe desde la comodidad ni desde una fe ingenua: escribe desde la experiencia, desde la lucha diaria por mantenerse fiel cuando el entorno aprieta, cuando los enemigos abundan y cuando el alma parece desfallecer.
Aquí la Palabra no es un concepto abstracto ni una teoría espiritual; es consejo, refugio, corrección, consuelo y dirección. Es aquello a lo que se vuelve cuando no se entiende el camino, cuando la justicia parece ausente y cuando obedecer tiene un costo real. El salmista ama la ley de Dios no porque sea fácil cumplirla, sino porque ha comprobado que fuera de ella el corazón se dispersa y se engaña a sí mismo. Por eso pide entendimiento, no solo información; vida, no solo normas; cercanía, no solo respuestas.
El Salmo 119 revela que la verdadera espiritualidad no consiste en no caer, sino en saber dónde volver cuando se cae. Hay gozo, pero también lágrimas; hay determinación, pero también súplica. La obediencia que aparece aquí no es mecánica ni forzada, sino nacida del reconocimiento de que Dios es bueno y que sus caminos, aun cuando duelen, conducen a la vida. La Palabra se convierte en lámpara en la noche, no porque elimine la oscuridad, sino porque permite dar el siguiente paso sin perderse.
Al cerrar este salmo, queda una enseñanza clara y profunda: permanecer en la Palabra es un acto diario de amor y resistencia. No se trata de saber más, sino de dejarnos moldear; no de dominar el texto, sino de permitir que el texto nos lea. El Salmo 119 nos llama a una fe perseverante, humilde y encarnada, una fe que aprende a caminar despacio, a confiar incluso sin entenderlo todo y a encontrar, en la voz de Dios, la estabilidad que el mundo no puede ofrecer.
Orando a La Luz del Salmo 119
“Considera mi aflicción, y líbrame, pues no me he olvidado de tu ley. Padre bueno en este día te suplico me permitas orar a la luz de esta porción del Salmo 119. Padre mío, quiero suplicarte a favor de todos aquellos hijos e hijas tuyas que están pasando por momentos difíciles de prueba y aflicción. Padre Celestial, ten misericordia de tu amada Iglesia y líbrala. Padre mío, oro también a favor de mi comunidad de fe. Ayúdala en sus aflicciones y líbrala. Ayuda a mi amada familia y líbrala de toda prueba, dolor o aflicción.
Padre mío, yo te quiero dar gracias por el salmista, por su ejemplo, por su disposición a no olvidarse de tu Ley a pesar de su aflicción. Padre mío, en horas de aflicción tiendo a justificarme a mi mismo y descuido la contemplación de tu Ley pero te pido me perdones y me restaures a vivir en niveles de vida como las de este salmista. Ayúdame oh Dios para que, a partir de este día, cualquiera sea la aflicción que golpee mi vida, yo no ponga tu Ley en segundo plano, sino más bien, pueda también yo decir como el salmista: «Considera mi aflicción, y líbrame, pues no me he olvidado de tu ley.» Líbrame oh Señor de toda aflicción y ayúdame a permanecer en tu santa Ley. Permite oh Dios que yo no me olvide de oír, leer, estudiar, meditar y memorizar tu santa palabra.
Defiende mi causa, rescátame; dame vida conforme a tu promesa. Padre celestial, al mirar en medio de nuestras aflicciones, ayúdanos a mirarte solo a Ti. Solo Tú puedes considerar nuestras aflicciones. Solo Tú puedes librarnos. Solo Tú puedes defender nuestra causa. Solo Tú puedes rescatarnos. Danos vida oh Dios porque a Ti nos volvemos. Padre mío, ayuda a tu verdadera Iglesia, la genuina, y defiende su causa alrededor de la tierra. Rescátala. Dale vida de acuerdo a tus promesas. Defiende la causa de nuestra comunidad de fe, rescátala, dale vida en el nombre de Jesucristo. Señor, defiende la causa de nuestra familia. Rescátala, dale vida. Padre mío, con palabras del salmista te suplico: «Defiende mi causa, rescátame; dame vida conforme a tu promesa.» Padre gracias por tus promesas. El salmista tenía como firme refugio una específica promesa y con ella se aferraba para buscar tu favor. Ayúdame a orar en función de tus promesas.
La salvación está lejos de los impíos, porque ellos no buscan tus decretos. Padre mío, aunque tu creaste los cielos y la tierra y diste vida al hombre con tu buena palabra, el hombre no te conoce. Padre mío, perdónanos por ser ciegos y sordos a tu verdad. Padre mío, ayúdanos. Te ruego traigas salvación a la tierra a través del evangelio de tu hijo Jesucristo. Bien conocía el salmista la condición del hombre oh Señor: «La salvación está lejos de los impíos». Padre mío, ahora entiendo que entre más alejada está una generación de tu buena palabra más alejada está de tu salvación. Y entre más alejada esté esta generación de tu santa verdad menos va a buscar tus decretos. Oh Dios trae un avivamiento a esta generación para que oigan tu verdad, para que crean tu verdad y la obedezcan y no se pierdan.
Grande es, Señor, tu compasión; dame vida conforme a tus juicios. Padre mío, tu gran amor perdura para siempre. Tu misericordia es desde el siglo y hasta el siglo. Tu fidelidad es eterna. Como dice tu salmista: «Grande es, Señor, tu compasión». Ten compasión de tu amada Iglesia oh Dios, ten compasión de mi comunidad de fe. Ten compasión de mi familia. Ten compasión de Israel. Ten compasión de las naciones de la tierra. Ten compasión de mí y «dame vida conforme a tus juicios.» Ten compasión de mí y «dame vida conforme a tu promesa.» Danos vida para servirte oh Señor. Danos vida para buscar tu rostro y tu verdad. Danos vida para orar e interceder a favor de tu Iglesia, y de nuestras comunidades de fe, y de nuestras familias, y de Israel y del mundo en general. Oh Dios ayúdanos a vivir delante de Ti y ayúdanos a confiar en tu compasión.
Muchos son mis adversarios y mis perseguidores, pero yo no me aparto de tus estatutos. Padre mío, dame vida a pesar de mis adversarios. Líbrame de la boca del perro y de las garras del león. Líbrame oh Dios de la furia de diablos y demonios. Ayúdame a estar en pie y a no ser avergonzado. Señor enséñame a tener el carácter de este tremendo salmista que bien pudo haber sido Nehemías o Esdras. A pesar de la aflicción que le provocaban sus adversarios, él no se apartaba de tu Ley. Ayúdame oh Dios a no apartarme de tu Ley pase lo que pase. Ayúdame a tener firme propósito en la búsqueda de tu buena palabra. Ayúdame a tener esa firme disposición hacia tu palabra. Ayuda a tu Iglesia oh Señor a enfocarme en tu verdad. Ayuda a mi comunidad de fe a no ser negligente en cuanto a tu verdad. Ayuda a mi familia a mirar en tu Ley todos los días de su existencia.
Miro a esos renegados y me dan náuseas, porque no cumplen tus palabras. Padre mío, vuélveme por completo hacia tu verdad. Vuélveme hacia tu santa Ley. Ayúdame por sobre todas las cosas a procurar guardar tus mandamientos para no pecar contra Ti. Dame ese santo carácter de los que buscan tu rostro y de los que buscan tu palabra. Señor, ayúdame a sentir nauseas de los «renegados», de las babilonias falsas. Ayúdame a sentir nauseas de los apóstatas. Dame del celo de tu causa oh Dios, dame del celo de tu Casa. El salmista conocía a su generación. El salmista conocía cuán lejos estaban de tu verdad. El salmista decía: «Miro a esos renegados y me dan náuseas, porque no cumplen tus palabras.» Oh Dios que el celo de tu Casa también me consuma. Ayúdame a vivir por la causa de tu evangelio. Ayúdame a vivir conforme a tu verdad. Ayúdame a enseñar tu palabra. Dame la gracia de comunicarme a través de mensajes sólidamente bíblicos. En medio de esta generación que se aleja de Ti precipitadamente, ayúdame a ser sal y luz.
Mira, Señor, cuánto amo tus preceptos; conforme a tu gran amor, dame vida. Padre mío, dame vida. En el nombre de Jesucristo dame vida. Dame la vida de tu palabra, dame la vida de tu santo Espíritu. Como dice tu salmista: «conforme a tu gran amor, dame vida.» Dame vida y hazme útil oh Señor. Dale vida a tu Iglesia. Dale vida a mi comunidad de fe y a mi familia. Ayúdanos a amar tus preceptos. Ayúdanos a amar tu verdad. Señor solo Tú eres testigo verdadero y solo Tú sabes cuánto amamos tu verdad. Ten misericordia oh Señor de nosotros.
La suma de tus palabras es la verdad; tus rectos juicios permanecen para siempre. Señor y Padre que estás en los cielos santificado sea tu nombre. Venga oh Señor tu Reino. Hágase tu santa voluntad en medio de mi generación como se hace en los cielos. Danos el pan de cada día, danos también tu verdad. «La suma de tus palabras es la verdad». Jesucristo es la verdad. Danos tu verdad porque «tus rectos juicios permanecen para siempre.» Padre mío, gracias por ayudarme a orar a la luz de esta porción de este Salmo 119. Gracias Padre, y te pido estas cosas en el nombre de Jesucristo. Amén“.