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Derrotando Espíritus de Religiosidad

Quiero que recapitulemos algo: cuando aparece Jesús en la escena de la historia del evangelio, ¿Había o no una iglesia organizada? Sí señor, la había. Estaban los fariseos que, acertados o equivocados, eran los únicos que hablaban del Dios único y verdadero. Jesús, en lo terrenal, era el hijo de José el carpintero y de María, dos miembros de esa iglesia. ¿Cuáles serían sus obligaciones, entonces, de acuerdo con las ordenanzas y los estatutos de aquella iglesia, que no son tan diferentes a los de hoy? Que Jesús se sometiera y se sujetara a las autoridades de esa iglesia, como correspondía. ¿Y qué pasaría si él no obedecía? Sería declarado blasfemo, desobediente, hereje y rebelde. ¿Qué hizo Jesús? No se sujetó ni se sometió a esa religiosidad humana. Él traía un mensaje divino y su trabajo se limitó a proclamarlo. No sólo sin buscar la ayuda oficial, sino desafiándola.

Ahora bien: ¿Sería bien visto, esto, en ese tiempo? ¡En absoluto! Ni su propia gente, esa que él amaba, sanaba y liberaba, confiaba demasiado. No lo cuestionaban abiertamente, pero: ¿Cómo iba a ser una autoridad de Dios si estaba enfrentado con sus representantes oficiales? Gracias a Dios por los que sí confiaron. En parte por estos, el cristianismo es hoy lo que es. Un cristianismo que, dicho sea de paso, tiene como fundamento, base y premisa seguir el modelo de Cristo, aquel rebelde, insujeto, blasfemo, hereje y desobediente, y no el de los fariseos, aceptados, reconocidos y jerarcas de la iglesia estructuralmente aceptada. No te asustes. ¡Es que nadie ha dicho eso! Cierto. Nadie leyó la Biblia tampoco; la mayoría se quedó en sus propias leyes y estatutos. ¿Y qué tiene que ver eso, hoy, con nosotros? No sé, vamos a estudiarlo y compararlo, pero tengo la certeza que hay un espíritu religioso que todavía está bien vivo, activo y en franca lucha contra el modelo Cristo. Y vamos a ver qué es lo que sale para combatirlo y derrotarlo.

(Mateo 23: 1)= entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: (2) en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.

Esto es lo mismo que si yo dijera hoy, a quien me quisiera oír que: En los seminarios se sientan como profesores los teólogos y líderes. Estoy reconociendo una presencia legal y oficial en los institutos, lo que no significa que esté reconociendo su autoridad espiritual. Dice que era en la cátedra de Moisés, que era el sitio donde se interpretaban los libros. Por eso se lo comparaba con los seminarios, que son los lugares donde, aparentemente, están los eruditos, expertos y profesionales de la teología, encargados de interpretar la Biblia. Esdras, por ejemplo, era un escriba y su tarea era la de enseñar la ley, que llevado al hoy, significaría enseñar la Palabra. En suma: si quieres compararlo, imagínate a profesores o maestros bíblicos de cualquier organización o congregación. ¿Y qué dice de ellos ese rebelde y conflictivo de Jesús?

(3) Así que todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; (Esto te muestra, me muestra y nos muestra algo: lo que se está enseñando y predicando en muchos centros eclesiásticos, no es ni antibíblico ni malo. Si hay fidelidad para con la palabra escrita y no se le agrega ningún invento de hombre, no interesa de qué labios emana esa enseñanza o esa predicación. De última, el falso suele ser el profeta y no necesariamente la profecía. Acepta, cree y pon por obra lo bueno que ellos digan. Pero atención: esto tiene un importante agregado, escucha:) mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.

Dice la historia que los fariseos eran los más reconocidos maestros de la ley de Moisés, aunque fallaban a la hora de observar sus propios preceptos. Muchas de sus enseñanzas eran muy profundas, pero Jesús examinó aquellos aspectos en los cuales su hipocresía anulaba la validez de sus doctrinas. Esto significaba, en todo caso, que los falsos eran los fariseos y no necesariamente la doctrina que ellos enseñaban. Este es un tiempo donde ocurre exactamente lo mismo, casi como como una copia fiel. Si fuéramos a ser espiritualistas podríamos decir que hay como una fuerza invisible y oscura que lleva a muchos de los líderes contemporáneos a comportarse y actuar del mismo modo en que lo hacían aquellos fariseos. Hay mucha, muchísima gente que se pone en contacto conmigo, como con una especie de referente confiable, con la misma pregunta: “¿Por qué en mi iglesia es una cosa lo que se predica y se enseña, y otra totalmente opuesta lo que se hace?” Vamos a suponer que un porcentaje de esa gente es negativa, díscola, conflictiva y rebelde. Supongamos que otro porcentaje pueda haber hecho una mala lectura de las circunstancias. Aún así, el porcentaje que queda como gente fiel que tiene razón, es demasiado alto. Es evidente que en una gran cantidad de nuestras congregaciones hay doble ánimo, doble mensaje, que sus líderes no respaldan con sus vidas lo que enseñan y predican.

(4) Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.

Jesús se refería, aquí, a las innumerables disposiciones y regulaciones que reducían a la religión a un sistema pesado y confuso de observancias rituales que mantenían a la gente en una servidumbre permanente. También esto se está repitiendo en estos días. Más allá de los credos basados en ritos que no tienen nada que ver con las Escrituras, los cultos que se dicen auténticamente bíblicos y cristianos, también están invadidos por disposiciones humanas que deben respetarse sin ninguna discusión, tal como si fuera palabra escrita. Alrededor de la Santa Cena, sin ir más lejos, un acto que tal como Cristo lo ordenara, se cumple en memoria de él, hay toda una ceremonia ritual que, en muchos casos, ha llevado a que la adoración se deposite en los elementos que se utilizan para servirla, en los servidores y en el acto mismo de hacerlo, cuando la única fuente de adoración es aquel a quien se recuerda con ella.

 (5) Antes hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. (¡Sí, hermanos! La iglesia ha decidido donar toda esa ropa a los inundados, pero vamos a llamar a los canales de televisión cuando la entreguemos. Primero, para que nadie se piense ninguna cosa rara y, segundo, para que el mundo lo sepa y nos conozca. Y tercero, agregaría yo, aunque nadie lo diga, para mostrarle a los opositores de adentro que estamos haciendo cosas, que no somos unos ineptos) pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; (Los fariseos exhibían su piedad, o sea su espiritualidad, en público, para recibir alabanzas de la gente. Las filacterias que aquí dice que se ensanchaban, eran pequeñas bolsitas de cuero que contenían ciertos textos de la Escritura, que los judíos llevaban en sus brazos o sobre sus frentes.

Los flecos, mientras tanto, eran los adornos con que los judíos decoraban los bordes de sus mantos. Hay dos maneras muy diferentes de evaluar el andar de una congregación: con los ojos de los hombres, teniendo en cuenta los éxitos sociales, políticos, numéricos. De nivel, de status, o con los ojos de Dios, esto es: su poder manifestado en respaldo a la palabra auténtica predicada. No te va a costar demasiado ver por dónde anda la tuya. Sólo se honesto y reconócelo) (6) y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, (A esto, los que lo conocen mejor que nadie, son los ujieres. Hay gente, de esa que hay que ubicar en las primeras filas reservadas, cuando hay eventos importantes, que siempre llegan bastante tarde, porque el punto allí no está en sentarse allí, sino ser vistos cuando se sientan.

Otra: ¿Recuerda aquellos tiempos en que a los líderes se insistía en ubicarlos en sillas especiales allá, arriba de las plataformas o los escenarios, tal como si estuvieran en exposición? ¡Qué mal se sentían algunos siervos fieles y humildes que conozco! Pero era una disposición que no se podía modificar. Menos mal que esto quedó en la historia, verdad? Bueno, al menos aquí en Argentina, quiero decir. Hay una parábola en Lucas 14:7 que detalla esto a la perfección): (7) y las salutaciones en las plazas, (O sea las puertas de salida de los templos, cuando alguien se ubica tipo portero y la gente, a medida que va pasando, lo saluda. Los hombres, con un apretón de manos o un abrazo, las hermanitas, con un ósculo santo. No es nuevo, viene de la época de la familia Ingalls, aquella vieja pero emblemática serie televisiva. ¿Te das cuenta?) Y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.

La palabra “Rabí” se traduce como “mi maestro”, y era una especie de título honorífico surgido en el siglo 1 antes de Cristo, derivado del verbo Rabat, que significa “ser grande”. Vale aclarar que, si bien Jesús aceptaba ser reconocido como Rabí, desaconsejaba a sus discípulos aceptar el título porque, dice aquí más adelante, “uno es vuestro Maestro”. Por eso es que yo, personalmente, acepto que se entienda que administro lo mejor que puedo y me sale el ministerio del maestro que el Señor ha puesto en mis manos, pero no que se me llame maestro a mí, simplemente porque uno solo es nuestro maestro. Lo dice con claridad el verso 8, mira:

(8) Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.

Esto se contrapone con el placer que proporciona a los hombres el recibir tratamientos protocolares cristianos. Si alguien tiene algo de sabiduría, es Maestro, si tiene palabra que se cumple, Profeta, si anda edificando nuevos templos, Apóstol, si predica y se convierten más de dos, Evangelista, y si sabe aconsejar a la gente, aun usando técnicas humanistas, es Pastor. Basta. Jesús dice aquí que el único título –en este caso Maestro-, es suyo y que TODOS nosotros, somos sencillamente HERMANOS, está claro? Por si quedan dudas, mira lo que dice Santiago en 3:1: Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

(9) Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; (¿Escuchaste bien? No interesa lo que digan las acotaciones de comentaristas al pie de cualquier Biblia que lea. Esto es lo que dice: que no llames padre vuestro a nadie en la tierra) porque uno es vuestro padre, el que está en los cielos. (Es curioso. No voy a enseñar sobre esto, pero te lo dejo para que hagas tu propia investigación, para que lo escudriñes, para que no te limites a decir, cómodamente, “un hermano lo publicó en Internet”. ¿No te enseñaron que el día que te mueras te vas a ir al cielo a estar con Dios? Pero resulta que aquí no dice que Dios el Padre está en EL cielo, dice que está en LOS cielos. ¿Qué querrá decir esto? ¿Adónde guardamos la imagen esa que tantos dibujantes han plasmado, de un hombrecito con camisón sentadito en una nube, no haciendo nada y probablemente aburriéndose como una tortuga que tanta gente se ha creído de verdad? ¿Eso puede ser el cielo que espera a los hombres como promesa de un Dios Majestuoso, Creador, Todopoderoso y Dinámico? No me cierra. ¿A ti tampoco, no? Estudia. Tu Biblia es igual a la mía.)

(10) Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro maestro, el Cristo. (No debe ser ninguna tontería esto, sino no lo hubiera vuelto a repetir, no? Basta. Ya sé que me amas, ya sé que por allí puedo, desde este sitio, haberte sido de bendición a tu vida, pero por favor: no me llames más Maestro, okay?)

(11) El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. (En este mismo evangelio, un par de páginas antes, en 20:26, él dice: mas entre vosotros no será así. (Quiere decir así en la sociedad, en la política, en una empresa, en la economía) sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor.)

Yo creo que nadie puede ofenderse ni suponer que agredo a alguien si digo que no es esto, precisamente, lo que mayoritariamente está ocurriendo con nuestro liderazgo. Es una verdad tan visible y palpable que ha llegado, incluso, a irritar a muchos hermanos fieles y sinceros hasta el extremo de convertirlos en escépticos, descreídos y rebeldes. No los puedo justificar por la reacción, pero tampoco puedo ignorar la acción que lo originó.

Charlaba una vez con un joven pastor que estaba al frente de una modesta congregación y, sabiendo que él la había formado luego de irse de una congregación más grande, le pregunté: ¿Por qué te fuiste de tu anterior iglesia? ¿Te peleaste con alguien? ¿Te fuiste mal? – ¡No!, me dijo. – Ni me peleé con nadie ni me fui mal; sólo que un día descubrí que en lugar de estar sirviendo al Señor como yo creía, en realidad estaba sirviendo al pastor y toda su familia. Sucede. Es el no cumplimiento de esta palabra y se alimenta de la obsecuencia humana.

Pero más que no cumplimiento, le diría que es alteración, tergiversación de esta palabra. Sujeción incondicional. Sí, pero a autoridad que está sujeta a autoridad divina, nunca a hombre que tergiversa la Palabra de Dios porque eso es esclavitud humana, y no hemos sido llamados a eso, sino a libertad en Cristo Jesús. Todos sabemos quien, a lo largo de toda la historia bíblica, es el que ha venido permanentemente tomando las cosas de Dios y tergiversándolas. ¿Qué pasará con quienes hacen lo mismo? Yo no lo digo, lo dice la Biblia.

(12) Porque todo el que se enaltece, será humillado; (Este “todo” que leemos aquí, incluye a toda una congregación. Desde el portero, el ujier, el que se acaba de entregar a Cristo, tanto como al más renombrado de los líderes. Dios no hace acepción de personas) y el que se humilla será enaltecido. (Dentro de la tergiversación de la que te hablaba, esto siempre se tomó como el deber que tiene alguien de menor rango eclesiástico de humillarse ante otro de mayor jerarquía. Si esto hubiera sido así, Jesús se hubiera humillado y sometido a los fariseos. Al fin y el cabo ellos tenían una jerarquía reconocida que él no podía discutir. Pero manteniendo una transparente humildad (atención con esto) Jesús los resistió con la Palabra. Él sabía muy bien quién era en el Padre Celestial. ¿Tú sabes quién eres en Cristo? Resiste al humanismo. Pero si todavía no sabes quién eres en Cristo, entonces no te lances a discutir tonterías y a arremeter en contra de toda autoridad. Porque sin unción te puede pasar que de pronto te encuentres resistiendo al mismo Cristo en el que dices creer. Sólo con la Palabra. Sólo en Cristo. Él es el Camino, la Verdad y la vida)

Jesús advierte permanentemente contra la orgullosa búsqueda de la alabanza pública, como sucede cuando se aspira a posiciones prominentes o a títulos que confieren una cierta superioridad. A veces, los títulos se usan como emblemas de respetabilidad, o para indicar determinados deberes o cargas de responsabilidad. Pero es la actitud que inspira la búsqueda de tales reconocimientos lo que Jesús condena. Por algo y partiendo desde Isaías, siguiendo con Santiago y terminando con Pedro, tres veces podemos leer que Dios da gracia a los humildes y resiste a los soberbios. Como creyentes somos todos iguales y debemos reverenciar solamente a Cristo. Y lo que sigue, es una expresión que tiene tremenda actualidad.

(13) Más ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.

(14) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones, por esto recibiréis mayor condenación.

¿Por qué diría Jesús algo llamativo para con las oraciones largas, si no fuera, como nos han enseñado a pensar, sinónimo de mayor espiritualidad? Simplemente porque no es así. Quien está acostumbrado a orar, ora muy largo a solas, porque es cuando saca para afuera todo lo que hay en su corazón en lo íntimo de su cuarto. Por eso cuando tiene que hacerlo en público, es breve, conciso y concreto, y ora específicamente por lo que se le ha pedido. No es generalización, es globalmente mayoría.

(15) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorren mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.

Imagina una gran campaña evangelística organizada por una iglesia numerosa pero humanista, carnal. Babilonia. ¿Qué sucede con la gente que acepta a Cristo allí? Yo no me animo a dar una respuesta concreta, pero esta última palabra me dice que debemos ser muy cuidadosos y no dar por sentadas cosas que la Biblia no da por sentadas.

(Verso 23)= ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley; la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.

Es notoria la inconsistencia del espíritu religioso, habiendo perdido por completo el sentido de las proporciones en cuestiones espirituales. Escrupulosamente celosos de las cosas exteriores más triviales, tales como todo lo relacionado con el diezmo de pequeñas semillas y plantas, olvidaban los más importantes principios morales. Cuando Jesús dice que esto era necesario hacer, despeja una de las incógnitas y dudas más notables que hay en muchos bolsillos inconversos. Al decir que esto era necesario hacer, Jesús les muestra a sus discípulos que lo moralmente correcto es que practiquen el diezmo, pero no como una obligación legal, sino como un acto voluntario de disciplina consciente capaz de activar la promesa que hay en Malaquías, de abrir la ventana de las bendiciones celestiales hasta que sobreabunden.

(Verso 25)= ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpian lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.

En lo literal, geográfico y circunstancial, a esto Jesús lo dice porque los fariseos eran meticulosamente escrupulosos en materia de purificación ceremonial, pero ignoraban la demanda de Dios de mantenerse puros en lo interno, además de ser caritativos con los pobres. A la hipocresía siempre le preocupa más la apariencia que la realidad. Esto tiene correlato con muchas cosas que hoy vemos a nuestro alrededor. Son muchísimos los llamados grandes siervos de Dios que muestran una imagen estética y ministerialmente impecable, incuestionable. Observando eso, nadie se atreve a pensar el por qué si todo se está haciendo debidamente, en santidad, bajo la dirección del Espíritu Santo y con un testimonio irreprochable, no se manifiesta poder ni presencia de Dios y los frutos no son conforme a la promesa de la Palabra.

La mayoría lo piensa a esto, pero esa misma mayoría lo calla porque le enseñaron que, hablar algo que tenga que ver con importantes siervos de Dios equivale a la murmuración que, obviamente, es tremendo pecado. Esta tan particular interpretación de las cosas ha mantenido robando, mintiendo y adulterando las cosas del Espíritu a verdaderos hipócritas, lobos rapaces que, disfrazados de ovejas, han ido diezmando sistemáticamente al rebaño. Siempre en mis años de sueño espiritual, me llamó la atención cuánto había en la historia bíblica sobre la hipocresía, la simulación, la apariencia, el “hacer como qué” o fingir. Cuando descubrí -¡Al fin!- que la Biblia no es un libro de historia, recién allí me cerraron muchas cosas que hoy me atrevo a mostrar.

(Verso 27)= ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.

Yo quisiera saber de qué evangelio han tomado letra aquellos que dicen que no hay que decir cosas fuertes desde el púlpito, que si nos apartamos del amor y la bondad de Jesús estamos predicando un evangelio de garrote, que golpea y hiere a la oveja y termina dañándola. Creo que no hace falta aclarar que esta expresión, -Sepulcros Blanqueados-, Jesús se las dice en la cara a las máximas autoridades jerárquicas de la iglesia estructurada de su tiempo. ¿Qué haría la organización eclesiástica actual con un tipo que tiene la osadía de decirles a los más importantes líderes algo así? Disciplinarlo o quizás expulsarlo de la congregación donde está primeramente, prohibirle ocupar cargos o desarrollar ministerios, suprimir su participación en la Santa Cena y, finalmente, en algún concilio, reunión, junta o consejo de líderes, pasarse la voz para que ninguno de los presentes lo admita en su iglesia local, verdad? No importa, eso no anula la verdad. Todavía hoy, en la zona de Palestina, suelen blanquearse las tumbas. Más que por belleza estética, eso sirve para identificarlas y no tropezar accidentalmente con alguna de ellas, incurriendo de ese modo en profanación. Esta misma historia pero en Lucas 11:44 lo dice así precisamente: sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima, no lo saben. Demasiado coincidente para ser cuestión de léxico, no?

(28) Así también vosotros, por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.

(29) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, (30) y decís: si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas.

(31) Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.

(32) ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!

(33) ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?

Ellos se engañaban a sí mismos; reclamaban falsamente superar en rectitud a sus antecesores. Aunque levantaban monumento a los profetas que sus padres habían asesinado, ellos mismos estaban conspirando para matar al hijo de Dios. Por eso sufrirían igual condena. ¡Pero hoy ya no se matan profetas, hermano! Es verdad, físicamente, ya nadie mata profetas. ¿Pero no equivale a matarlos el no dejarlos hablar, anularlos, levantar calumnias contra ellos para que la gente no les crea? Espíritu religioso. Hasta en algunos seminarios se enseña, como materia, los métodos para neutralizar líderes emergentes que puedan socavar o atenuar a los ya establecidos. Tremendo.

(34) Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; (Escucha: está hablando Cristo. Y dice que Él mandará profetas, sabios y escribas. ¿De dónde sacaron que los profetas era patrimonio, únicamente, del Antiguo Testamento?) Y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad. (¿Quiénes azotan a los profetas en la iglesia y os persiguen? Los influidos por el espíritu religioso. ¿No es real eso, hoy?)

(35) Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar.

(36) De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.

Jesús pronuncia aquí una severa advertencia sobre el juicio que pendía sobre la nación. La profecía de Jesús se cumplió con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Toda la sangre de los justos derramada desde las primeras víctimas hasta la última, será reclamada a Israel. Hermano de cualquier nacionalidad: no te desentiendas del monumental lío en el que está metido tú país, porque todo lo que en él suceda, es responsabilidad espiritual de la iglesia. Ahora, si la iglesia insiste en priorizar al espíritu religioso, con ritos, formas, métodos y aspectos externos, el país va a seguir puntillosamente el mismo derrotero. Primero lo espiritual, luego lo natural.

(37) ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!

(38) He aquí (A ustedes, religiosos. les habla) vuestra casa (Casa siempre es iglesia, vuestra iglesia, aunque tenga mucho prestigio) os es dejada desierta. (No quiere decir que se vaya la gente, quiere decir que allí no está el Señor y, por lo tanto, todo se limita a religión vacía y hueca)

(39) Porque os digo que desde ahora (Ahora es AHORA, eh?) no me veréis, (No lo verán dentro de los cultos, en las reuniones, en las celebraciones, en los mensajes, en la adoración y la alabanza, en congresos, clínicas y cuanta fiesta de entretenimiento cristiano puedan organizarse) hasta que no digáis (O sea: hasta que no vuelvan a confesar genuinamente con sus bocas y creerlo en sus corazones) bendito el que viene en el nombre del Señor.

Ahora bien: yo, a todo esto, lo conozco desde que me tocó salir de la que fuera mi última congregación. Y a partir de allí, trabajar para preparar a cada hermano o hermana que en un futuro tuviera mi mismo llamado y mandato, a sostener una relación con el Señor sin el ornamento religioso estructurado y dominante. Trabajé años y años en eso. Para algunos lo conseguí, para otros me faltó, seguramente. Sin embargo, mi dilema principal, era: ¿Y esto es todo? ¿No iremos más allá? Y si debemos ir, ¿Dónde queda ese más allá? La respuesta la tuve a partir de ese mismo evangelio que predicó Jesús, el único: El Reino. Allí deberíamos ir. El tema sería cuándo y quién daría la orden de partida. Y un día, hoy, a más de quince años de aquella primaria decisión de fondo que debí tomar, esa respuesta ha llegado. Y en el final de este trabajo, quiero compartirla, como ya lo adelanté desde mi blog.

Esa respuesta tiene que ver con una palabra que recibí del Señor más o menos hace unos cinco meses atrás. Cuando estaba orando en búsqueda de nuevas direcciones u horizontes para este ministerio, Él me dijo simplemente: Busca tus frutos Diamante… Yo aprendí que cuando le pides a Dios que te de una palabra de dirección, generalmente eso es lo que Él hace. Darte UNA palabra. Y a partir de ella, tú debes procurar arreglártelas, ya sea investigando, escudriñando, estudiando, para llegar al punto central que sería el objetivo específico y preciso que esa palabra contiene. En este caso y más allá del fruto, la palabra es Diamante.

En realidad, todos sabemos qué cosa es un diamante, no necesito ahondar en lo concerniente a lo mineral, químico u orgánico. Sí quiero, -porque eso busqué y encontré-, compartirte el significado revelado que eso tiene en lo espiritual. La palabra que define Diamante, en griego, es adamas, y concretamente se puede traducir como Inalterable e Invencible. Ese, es el punto de partida. Cuando se me ocurrió unificar lo recibido en estos últimos tiempos y lo uní a Moisés y Josué, que son de alguna manera los estandartes que simbolizan la capacidad de liberación de espíritus de religiosidad que tiene nuestro trabajo, la conclusión quedó tan clara que no puedo menos que asombrarme, si es que las cosas de Dios pueden seguir asombrándote, todavía.

La religiosidad crea, en torno a un individuo sincero y fiel, una especie de prisión de la que resulta imposible salir sin ayuda externa. Es una prisión muy especial, porque si bien puede verse el afuera, palpitar la libertad que existe en ese afuera, nos resulta imposible salirnos. Es, de alguna manera, una prisión de fino cristal. De buena calidad, a veces; mediocre, otras tantas, pero siempre cristal. Y cuando quise averiguar cómo se puede trabajar ese cristal para derrumbarlo sin demasiado estrépito que pueda producir daño, el trabajo de vidriería, me trajo la respuesta: la única forma de horadar ese cristal y permitir así que lo que está prisionero en su interior pueda salir libremente, es un Diamante. Con un Diamante cortas el cristal, lo marcas, le sacas el hueco cortado y por ahí pasas y sales.

Hermanos. Ustedes que han recibido liberación espiritual, alimento, formación y dirección a partir del trabajo de este ministerio son, por revelación divina, esos frutos-Diamante. O sea: los encargados, de ahora en más, de taladrar cristales religiosos que se encuentran aprisionando a hermanos fieles y hambrientos de lo verdadero. Pude reunirme personalmente con algunos de los primeros. Y lo pude hacer porque son medianamente cercanos. Pero tengo muy en claro que hay muchos más, geográficamente lejos, pero espiritualmente muy cerca. Para todos ellos, va esta palabra que Dios mismo puso en mi entendimiento.

(Ezequiel 3: 1) =  Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, (El rollo, aquí, es la Palabra) y ve y habla a la casa de Israel. (La casa de Israel, hoy, es la iglesia global, genuina, única)

(2)Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. 

(3) Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel. (La Palabra genuina siempre es dulce y bienvenida. La que rechazas y te adormece o aburre, es la palabra de hombre)

(4) Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras. (Es decir que el mandato, aquí, no es para ir al mundo incrédulo, sino al pueblo religioso, supuestamente cristiano.)

(5) Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda (Se refiere al humanismo filosófico disfrazado de religión) ni de lengua difícil(Esto es al mundo cristiano ultra intelectual y literalista) sino a la casa de Israel. (Iglesia genuina, no babilónica)

(6) No a muchos pueblos de habla profunda ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oyeran. (Si un día Dios te enviara a ellos, allí sí te oirán. Pero hoy no te está enviando a ellos, sino a Su iglesia.)

(7) Mas la casa de Israel no te querrá oír, (Aquí tienes la causa, el motivo, por el cual son tantos los hermanos que conoces que no les interesa oír lo que tienes para compartirles. ¿Será porque son malos? No, mira…)  porque no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón. (El mundo religioso no quiere oír la Palabra del Reino porque, en suma, no le interesa oír a Dios. Prefiere seguir con su propia agenda eclesiástica y humana)

(8)He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes. (Esto te habla del epicentro de la guerra espiritual: mente contra mente. Mente de Dios, contra mente programada por Satanás, dios de este siglo que ciega el entendimiento para que no resplandezca la luz del Evangelio.)

(9) Como diamante, (¡¡Wow!! ¡Aquí apareces tú!) más fuerte que pedernal he hecho tu frente; (Esto es: tu entendimiento) no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, (¿Recuerdas qué era lo que impedía que les hablaras? Eso, el miedo. ¿Sabes de dónde viene el miedo, verdad? Obvio, del dueño del imperio del miedo y la muerte, que no es Dios, precisamente. porque son casa rebelde. (Rebelde, sí, pero no imbatible. Todo lo puedes en Cristo que te fortalece.)

Ya está. Eso es. Tú, ahora, desde hoy, acompañas a ese pequeño grupo de hermanos que yo pude conocer y tratar porque viven relativamente cerca de mí, geográficamente. Pero, que en conjunto, ellos y tú, serán los encargados de horadar el cristal de la religiosidad y fabricar el hueco por el cual, van a salir los liberados que conformarán el establecimiento del Reino de los Cielos. Ese es el Reino que hoy ha llegado a tu vida, en cumplimiento de lo que Jesús predicó como único y verdadero evangelio.

Todo lo demás, ha sido invento de hombre, que si bien ha sido usado por Dios para bendecir, igualmente, solo ha determinado demora, dilación y pérdida de tiempo para el logro del único objetivo central de nuestra presencia en la tierra: devolver el Reino usurpado a su legítimo propietario. ¿Quieres acompañarnos? Si no lo hiciste ya a partir de mi publicación en el Blog, házmelo saber de ahora en adelante, y te incluiré en nuestra nómina de trabajo. Te bendigo en Jesucristo y me honro en recibirte como compañero de ruta hacia el objetivo base de este ministerio, acceder a un genuino Tiempo de Victoria…Amén.

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enero 2, 2020 Néstor Martínez