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VIVIR Para Estar Vivo

Es muy natural que todos nosotros, llevados en nuestro afán de conocer más, de saber más, de recibir más, indagamos en nuestras Biblias recursos, doctrinas, ideas, exposiciones, que nos llevan a avanzar más lejos en cuanto a conocimiento. Pero también nos damos cuenta que eso, en alguna medida, nos hace perder de vista lo que verdaderamente le interesa al Señor. Y esto es muy fácil que suceda, porque no creo descubrir nada nuevo ni original, si te digo que de ningún libro se ha escrito tanto en la tierra, como se ha escrito de la Biblia. No solamente la Biblia es el libro más publicado en la historia del hombre, sino que podemos tener la estricta seguridad de que ningún libro se ha escrito tanto como se lo ha hecho de la Biblia. Entonces, es muy posible que en toda esa interminable cantidad de hojas que se han hecho acerca de la Palabra, acerca de la Escritura, perdamos un poco de vista qué fue lo que Dios quiso transmitirnos con su Palabra. Y basta para darnos cuenta de eso, entrar a una librería cristiana y darle un vistazo a los estantes de libros, la cantidad de material que hay que hablan de muchísimas cosas.

Por ejemplo, por ahí el Señor te habla de la Justicia y ahí vas a tener diez libros que te hablan de la Justicia, y todo en base a la Biblia, de hecho. Entonces, al ir conociendo nosotros más y más al Señor e ir avanzando en nuestra vida en Él, muchas veces corremos el riesgo de perder de vista el punto central. Es como ir conduciendo tu automóvil dejándote guiar por ese invento tan importante como ha sido el GPS y, en lugar de ir directamente al objetivo “A”, tomas un desvío que te lleva al punto “B”. Eso te deja la pauta que, a pesar que estás avanzando tal como debías hacerlo, pero no pareces llegar nunca a tu punto de destino. Lo que intento mostrarte con este ejemplo, es que no se trata de la cantidad de kilómetros que viajas o los lugares que vas pasando. Hay gente que hizo kilómetros y kilómetros en su vida, y jamás llegó al punto que era su objetivo. Eso y no otra cosa es lo que le pasa a mucha gente, cuando confunde la vida en el espíritu, con la actividad, con la ocupación de iglesia. Está manejando, pero no llega a ninguna parte. Y esto es importante, porque cuando nosotros llegamos al punto que era nuestro objetivo inicial, el Señor de inmediato nos va a dar vía libre y camino abierto para pasar a un punto siguiente a ese. Pero es obvio, jamás podríamos ir a un objetivo de tercer nivel, sin antes haber pasado y superado los de primero y segundo nivel. Así es que, por más importante que pueda parecernos el camino y sus vericuetos, lo que realmente importa es llegar al objetivo, todo lo demás, es irrelevante.

Eso me dice a mí y te dice a ti, que lo más valioso e inteligente, es saber pararnos en lo más importante. ¿Por qué digo esto? Simple, porque la rutina nos come. El afán de todos los días, el salir, volver, estar. Y esa rutina, por muy buena que sea, por muy planificada, nos desgasta, nos come, nos lleva la vida. Sin darnos cuenta superamos meses, años y así se va la vida. Y el punto clave de todo este discurso, es que somos conscientes que mucha gente todavía confunde actividad con objetivo. Como iglesia genuina que somos, nosotros debemos tener el cuidado de hacer evaluaciones muy precisas y objetivas de todo lo que hacemos. Y después, cuando creamos que lo tenemos claro, poder ayudar a otros y decirles que no confundan activismo con efectividad. De allí que lo que realmente va a interesarnos de sobremanera, por encima de cualquier otra cosa, es no perder de vista aquello para lo cual Dios nos llamó. Y si leemos las cartas de Pablo, vamos a recoger no solo mucha enseñanza, sino también retazos grandes de experiencia sólida. Porque nosotros tenemos la tendencia de mirar sus cartas, y suponer que él quiso enseñar doctrina. Sin embargo está muy lejos eso de ser así. Él no era teólogo. Él jamás quiso escribir libros que enseñen. Lo que tenemos de él, son esencialmente cartas. Hoy los llamaríamos chats o mensajitos, que él enviaba a la gente que conocía. Ni siquiera a una sola de esas catorce cartas se la podría considerar como un tratado teológico, con la intención de que sea. Él en ningún momento dijo que estuviera dispuesto a escribir un libro para la posteridad y ahí nomás arrancó y empezó, no. Nunca lo hizo.

Y cuando uno entiende eso, de repente, va entendiendo de alguna manera la razón por la cual Dios levantó a Pablo. Porque un libro, trate del tema que trate, siempre tendrá un objetivo. El autor apunta a un público al cual quiere llegar, en su mente, como algo imaginario, y le escribe ese libro a esa persona. Pero es muy diferente cuando una persona le escribe una nota, un mensaje, un correo, un chat, a un grupo de amigos, en el que considera importante que sepan para que puedan llegar al objetivo de máxima que se han propuesto. No es lo mismo que te compres un libro que te enseñe a orar, a que recibas un correo de un ministro de los buenos, que te diga que orando por ti sintió de escribirte eso mismo. Porque un libro tiene un destinatario anónimo y no hay un rostro en cuanto al destinatario, pero un correo, si. Tú tomas un libro y lo miras de ida, de regreso, los puntos, las comas, y te sientes en la libertad total de tomar o rechazar lo que mejor te plazca, nadie te lo va a prohibir ni a censurar.

Pero cuando este amigo me manda un correo que me dice que lo escribió pensando en mí, ya no me pertenece el rol de un lector casual, sino que soy un lector interesado en encontrar qué es lo que se me está queriendo comunicar. Y eso es lo que Pablo hace, él no manda consejos, él manda instrucciones. Y en medio de esas instrucciones aparecen pensamientos y reflexiones que él tenía. Una de ellas dice, por ejemplo: No quiero quedarme afuera de aquello para lo cual Dios me llamó. ¡Un momento! ¿Cómo es esto? ¿Hay alguna posibilidad de que tú te quedes fuera? Para Pablo, sí. No de la salvación. La salvación de Pablo estaba segura, sino del objetivo de vida que Dios le había dado a él. Por eso Pablo dice permanentemente: “Yo golpeo mi cuerpo para ver si”. Y ese “golpeo mi cuerpo”, los monjes de la Edad Media lo consideraron, literalmente, como una acción de penitencia y de auto flagelación o auto maltrato personal.

Pero resulta ser que Pablo no estaba hablando de eso en lo más mínimo. Él, en ningún momento se golpeó a sí mismo. Él estaba hablando de algo más profundo. Pero, en pocas palabras, de lo que se trata y que él está tratando de comunicarnos a nosotros es que, si el apóstol Pablo, la más grande lumbrera que hubo en el primer siglo, después de Jesucristo, dice que debe tomarse constantemente el tiempo para reflexionar y ver que no está perdiendo de vista su llamado, ¿Cuánto más nosotros, almas bendecidas de Dios que hemos nacido en el siglo veinte o veintiuno, veinte siglos después de eso, y sin la claridad que él tuvo en su conversión, nosotros en la nuestra?

Yo no creo que haya otro peligro mayor que la auto confianza, sencillamente porque eso genera en nosotros la posibilidad de error de una forma tremenda. Tan interesante y tan importante como una persona que ya sabe que volar como capitán de avión, tiene que tener cierta cantidad de años, un entrenamiento donde se le enseñe lo básico de nuevo. Y no con la finalidad que lo aprenda, sino con la finalidad de que no lo vaya a omitir u obviar. En la rutina de todos los días de subirse a un avión y bajarse de un avión. Porque un día, solamente un día, se subió al avión y se olvidó de activar cierto botón, y por ese olvido se matan ciento veinte personas, incluido el capitán. Porque se olvidó activar un simple conector…

Lo que intento decir con esto, es que las cosas más delicadas de nuestras vidas no van a suceder por dejar de hacer algo muy serio, no. Cuando tenemos entre manos algo muy serio, nos ponemos muy serios, muy juiciosos y muy atentos. Son esas cosas pequeñas, esa fatiga diaria de las cosas más rutinarias, tales como ser madre, padre, hermano, maestro, las que suelen borrarte la certeza de la razón por la que estamos aquí. El tema central de la Biblia, de los sesenta y seis libros, en esencia, está dividido en dos; el primero, La Vida. Vida. Esta es una palabra que todos podríamos explicar, pero tratar de definir, no creo que sea tan fácil. Piensa por un momento: trata de definir en una frase, lo que es La Vida.

Claro está que siempre es depende de qué. Porque para un médico, para un biólogo, para un sociólogo, Vida significa muchas cosas. Entonces es cuando yo te sorprendo y te digo: no me interesa lo que piensa toda esta gente importante y capacitada de la vida, quiero saber que es para ti. Resulta ser que en la Palabra, la Vida no es un concepto, sino la realidad. Dios crea al hombre, y en el mismo lugar donde está él, pone el Árbol de la Vida. El deseo de Dios, era que el hombre tenga Vida. Eso era lo que Él quería.

(Génesis 2: 8) =  Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

(9) Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

(10) Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.

(11) El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; (12) y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.

(13) El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus.

(14) Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.

(15) Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.

(16) Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; (17) mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Noten ustedes que la primera instrucción que el Señor le da a Adán, es una permisiva. De todo árbol del huerto puedes comer. De todo árbol. Menos del árbol del conocimiento. No lo necesitas a ese. Come de todos los que quieras. Él tenía libre acceso al árbol de la Vida. Estaba ahí, estaba en el centro del Edén. Era el más llamativo, el más hermoso. ¿Por qué era necesario el árbol de la vida? Porque no era tan importante que Adán fuera hecho por la vida de Dios, sino por su propio contenido. Y uno necesita comer, para que lo que está fuera, sea introducido. Y presta atención a esto: el Señor, pese a todo lo que pasó con Adán y Eva, nunca cambió su plan. (Salmo 36: 8) = Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, Y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.

(9) Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz.

Dice que serán completamente saciados con la grosura de tu casa. Y tú lo abrevarás del torrente de tus delicias, porque contigo está el manantial de la vida. El manantial de la vida. En tu luz veremos la luz. ¿Cómo reconoces a un hijo de Dios? ¿Por su ministerio? ¿Por la calidad de la Biblia que usa? ¿Por la forma en que se viste? No. Lo reconoces por la Vida. De los hijos de Dios, brota Vida. El sello de los que conocen a Dios, es la Vida.

En lo que llamamos Nuevo Testamento, esto se hace mucho más claro. Les podría mostrar centenares de versículos y no estoy exagerando nada. Por una simple cuestión de tiempo, quiero mencionarte algunos. Comienza con Juan 1: 4. Si lo lees desde el principio, Dice: En el principio era el logos. Logos, verbo, voz. En el principio era la palabra. No dice que era la doctrina. Tampoco dice que en el principio era la enseñanza. Dice que en el principio era la palabra, el logos. Y luego dice que en él, había…¡Vida! Y la vida era la luz de los hombres. Recuerda el salmo que acabamos de leer: hay manantiales de vida, por lo tanto, luz. Una persona no puede tener luz, sino tiene vida, primero. La vida produce luz, la muerte produce oscuridad. Tú le quitas luz a una planta y la planta se te muere, aunque tenga agua y nutrientes.

Y el hombre es igual. Porque Dios no creó al hombre para la oscuridad, lo creó para la luz del día. La mayor parte de las violaciones en las grandes ciudades ocurre entre la 1.00 y las 5.00 de la madrugada. La mayor cantidad de violaciones tienen como víctimas a jovencitas entre 16 y 18 años de edad. Y esto tiene una explicación que no es la clásica y tradicional de que las ciudades son inseguras. Lo son, es cierto, pero la explicación conforme al diseño de Dios, es que una jovencita de esa edad, no tiene nada que andar haciendo por las calles entre la 1.00 y las 5.00 de la madrugada, eso es indiscutible. Y no me digas que si no lo hacen serán mal miradas. ¿Van a elegir ser violadas o asesinadas en contra de su voluntad, para no quedar como tontas delante de una sociedad que luego en lugar de protegerla la va a entregar a las mentes más retorcidas?

No existe ciudad segura en el mundo, hoy. ¿Tú quieres caminar tranquila y sin temores a que te suceda algo malo? Haz que la noche te encuentre en tu casa. Y esto es muy singular, porque hay iglesias que están instaladas en naciones o lugares que las llevan a acostumbrarse a vivir en la oscuridad. En esas iglesias, es normal la oscuridad, y no sólo la física. Suele ser normal en lugares así, que los pastores se mientan entre ellos. Era normal que cuando hay una situación inmoral, se escondiera a la persona en otro lugar donde nadie sabría nada. Era normal la manipulación, la mentira, todas esas cosas espantosas, eran normales. Nadie pasaba al frente y decía: “Hermanos, quiero pedir perdón por esto”. Era normal. Era normal que una familia se reúna en una congregación y la amante de ese hermano también lo hiciera, en el mismo lugar, era normal. Era normal la enfermedad, era normal el espíritu de orfandad. Todas esas cosas que vienen dentro del paquete que es: oscuridad.

Ahora bien; con la oscuridad dentro de la iglesia, de inmediato viene la pérdida de autoridad. Entonces, aunque tuviéramos iglesias de veinte mil miembros, eso no significaba ninguna diferencia para que el imperio de la muerte hiciera lo que le de la gana con la gente. La oscuridad trae pobreza. La oscuridad nos divide. En los mismos grupos llamados cristianos, viene gente que te saluda con la paz del Señor y tú no alcanzas a discernir quien es, realmente, porque no hay luz. Y donde no hay luz, tampoco hay vida, entonces los ministerios están secos. Puede ser gente muy buena que está tratando de servir al Señor, pero bajo un imperio de muerte. Recuerda siempre que la Vida está en Cristo. La Vida no está en la prédica, la Vida no está en un ministerio, la Vida está en Jesús. Ese es el diseño de Dios.

(Juan 10: 10) =  El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

¡Escúchame! ¡No dice yo vine para que sepan orar! ¡O yo vine para que sepan la Biblia! ¡O yo vine para que tengan enseñanza y doctrina en abundancia! No. Él dijo: Yo vine para que tengan Vida, y la tengan en abundancia. Y a eso lo está diciendo Jesús. ¡Yo vine para esto! ¡No me adjudiquen roles que no tengo! A traer Vida en abundancia es que vine. Y como todos nosotros estábamos muertos, Él tuvo que pagar el precio de nuestra salvación. Él no vino a salvarnos. Hay gente que fue salva y no tiene Vida. Por eso es que la meta no puede ser la salvación. Si yo veo que mi objetivo central es tener Vida, obviamente que tendré que pasar por la salvación, pero no me voy a detener en ella. Tú no estás aquí para ser salvo; estás aquí para tener Vida. Y hasta que no tengas Vida abundante, no has llegado al objetivo. Así que, si todavía te arrebata la tristeza alguna mañana, necesitas Vida. Así que si te preocupas alguna noche y no puedes dormir, porque te vienen pensamientos que te quitan la paz, no necesitas convertirte de nuevo, necesitas Vida. Tienes Vida, pero no la tienes en abundancia.

La Vida no es un concepto, por eso es imposible definirla en una frase. La Vida es algo que se experimenta. Es algo que se disfruta. Está o no está, uno lo sabe, lo puede ver. No se puede disfrazar. La Vida no tiene imitación. O estás vivo o estás muerto, no hay nada más. No es estar casi vivo o estar medio muerto, no existe eso. La ciencia avala eso. Ningún médico te dirá que alguien está medio vivo o casi muerto. Si no tiene signos vitales, está muerto. Punto.

Nosotros nos hemos acostumbrado a vivir con la salvación. ¡Y ese es un problema! Porque la salvación es una experiencia que se da en un momento de nuestra vida, que no la podemos correr como algo que no ha terminado. O sea: nuestra salvación empezó y terminó. Y punto. Pero la Vida, no es un evento. Es todo un proceso, en el que nosotros vamos de vida a más vida, vida abundante, de victoria a victoria, de gloria en gloria, o sea: nuestra vida es una vida de ascenso. Y aunque nuestro cuerpo se va desgastando, interiormente estamos creciendo cada día más. Entonces, yo no puedo ver en ningún momento una línea recta y aburrida en la vida cristiana, sino un constante ascenso, y todo movilizado por el combustible divino, que es la Vida de Dios en nosotros.

La gente va a una escuela y dice: yo necesito aprender esto. No, lo que tú necesitas es la Vida. Todo lo que nosotros podamos aprender en una escuela, nos equipa, pero eso no significa que con ese equipamiento una persona viva. Es mucha la gente muy bien equipada que, sin embargo, a la hora de entrar en acción, le cuesta muchísimo concentrarse y actuar. Porque no están teniendo vida, sólo están teniendo capacitación. Si ese es tu caso, dile al Señor que le agradeces su salvación y su unción,  pero que por favor necesitas Vida, y Vida abundante, no mediocre o rutinaria. Eso es lo que nos alinea. No es la prisa por tener simplemente Vida, sino para que esa Vida sea abundante. A medida que nosotros manifestamos Vida abundante, todo lo que es tinieblas empieza a soltarnos. Por ejemplo, la enfermedad, que técnicamente, es tinieblas. Es decir que, podemos pasarnos toda la vida buscando ser sanos o, mejor, procurando llenarnos de Vida abundante y como consecuencia de ello, ser sanos siempre sanos. Detrás de cualquier enfermedad, detrás de cualquier problema, hay una acción de las tinieblas que trata de frenarte o hacer que tú disminuyas tu marcha.

(Colosenses 3: 4) =  Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

Esta Vida de la que estamos hablando, no es un concepto, es Cristo. Entonces, si alguien te pide que le definas la palabra Vida y su significado, tú simplemente deberás decirle: Cristo. ¡Pero es que Cristo es una persona! Sí, la Vida es una Persona, es Él. Entonces, de la misma manera que tú puedes decir hoy día que tienes Vida porque tienes a Cristo, también puedes darte cuenta que no tienes Vida abundante, ¿Sabes por qué es? Porque Cristo todavía no está llenando convenientemente todas las áreas de tu vida. Cristo en mí, eso es mucho más importante que una oración determinada por importante que parezca. Cristo en mí. Llenando todo de Su Presencia. A ver…ya no se trata de leer la Biblia todas las mañanas, se trata de comerte la palabra, que no es lo mismo. Leer la Biblia implica conocer, comerte la palabra significa crecer, madurar, ser. ¡Tú no quieres conocer un delicioso plato, tú te lo quieres comer! Eso es. La Vida no se conoce, se disfruta.

¿Tú sabías que a medida que creces y maduras en el evangelio, hay libros de la Biblia que van perdiendo significación, y otros que la van ganando? De  hecho, son los que traen a Cristo revelado, esos son los que te esperan en esta parte del camino. Los anteriores, sirvieron para traerte hasta acá. Y es en esa instancia donde, por ejemplo, por la mañana, ya no debes buscar leer para conocer, para saber, para aprender, sino que debes elegir comer, nutrirte, alimentarte, no estudiar con la mente y el raciocinio. A eso, que es muy bueno y necesario, déjalo para más tarde. A primera hora, come, por favor, come.

Eso ora, pide y declara: “Señor, voy a comer de ti, ahora”. Porque en la plataforma de conocer y saber, que reitero es muy bueno, no necesariamente hay Vida. A esto se lo consigue comiendo, comiendo a Cristo, te diría, aun a riesgo que me tomen por caníbal, como ya les ha pasado a varios que lo dijeron así. Comiendo a Cristo, tengo luz. Y al incrementar esa luz en mi interior, esa luz absorbe la oscuridad de las preocupaciones, de la tristeza, del afán, de la enfermedad, de la angustia, del stress. Nuestra arma más poderosa es la Vida de Cristo. No hay nada en esta creación que sea más poderoso que eso. Si lees Apocalipsis 22, te encontrarás con algo más.

(Apocalipsis 22: 1) =  Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero.

(2) En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.

(Verso 14) =  Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

(Verso 17) =  Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

Con todos estos elementos en la mano, te pregunto: ¿Cuál es el tema más importante en Dios? ¡¡La Vida!!! Por eso, no se trata que tú seas creyente o cristiano, se trata que tengas Vida. ¡¡Vida!! Por eso estamos en esta pequeña reunión, hoy, tú y yo, para animarnos juntos a llenarnos de la Vida de Dios. La enseñanza nos confronta a no tolerar las tinieblas. Y nuestro esfuerzo diario tiene que estar encaminado a que la Vida de Dios, sea lo que dirija nuestra vida. ¿Cuál es el daño más frecuente que cometemos con nuestros hijos cuando somos cristianos? Queremos que ellos conozcan la Biblia. Queremos que ore, tratamos de enseñarles las formas para orar con más efecto.  Nadie dice que esto sea malo, pero déjame decirte algo que quizás se te ha olvidado. El hecho de que alguien se lea toda la Biblia de ida y vuelta, no significa ni asegura que vaya a adquirir vida. Y lo que tu hijo necesita, es Vida.

Si un niño no quiere ir a un lugar donde se habla de Dios, si no encuentra ningún placer en ir a ese lugar, no necesariamente ese niño está endemoniado. Podría ser una causa, esa, pero no siempre. Por allí lo que ocurre es que en esos lugares, él no encuentra Vida. Para él es más placentero salir a dar vueltas con su bicicleta que ir a esa iglesia. Porque para él, eso es Vida, y lo otro no. Él tiene que conectarse con Dios a través de la Vida, no a través del estudio, o del conocimiento, o del ayuno, o de la oración previsible. Debe conectarse a través de la Vida. ¿Cuál es la señal distintiva de la gente más joven? ¡Quieren vivir! Está planificando como va a ser su vida, si va a estudiar, si va a trabajar. Su agenda es la Vida, no en pensar en tener Vida Eterna el día que muera. ¡¡Es joven!! ¡¡Si Dios quiere y se cumple su diseño, para eso falta mucho!!

Ahora, claro; todo esto no es para que tú, que vienes acostumbrado a ser ministrado en tu alma todos los santos domingos, te creas que tener Vida Abundante es sentirte bonito por dentro. Yo no estoy hablando de sensaciones corporales ni anímicas, yo estoy hablando de fundamentos espirituales muy profundos. Si has sido un religioso que sólo se movía por letra o por experiencias corporales, yo no estaré en tu contra, porque muchas de esas cosas vienen, en efecto, de Dios. Pero no son el cuerpo ni el alma los encargados de recoger lo que Dios nos envía, es nuestro espíritu. Y cuando tu espíritu se llena de la Vida de Dios, que es como decir de su Espíritu Santo, entonces la Vida abundante fluye sola y vertiginosa, y no necesita de circunstancias alegres o positivas para manifestarse. La Vida abundante de Dios, en Jesús, se manifestó con total claridad en esos cuarenta días que pasó en el desierto luchando con Satanás. Y si él dijo que las cosas que él hizo, nosotros haríamos y aún mayores, ¿Qué dura te cabe que tener Vida Abundante no es andar con un alma alegre y un espíritu dormido, como todavía andan tantos y tantos por esas calles de la vida?

Lo que te conecta con Dios, es la Vida. Porque uno se da cuenta con Él, que está muerto. Mira; hay algo que se llama instinto de supervivencia, que lo tienen todos los seres humanos, Ateos, escépticos, gnósticos, creyentes, da lo mismo en esto. Un día tropiezan y se caen al agua, no saben nadar, pero les brota algo desde su interior que no es de parte de Dios, es de su instinto de supervivencia, y van a patalear, mover sus brazos o lo que sea para salir a flote. Y muchos lo lograrán. Yo fui uno. De niño cruzaba caminando un arroyo que estaba cerca de donde yo vivía. Lo podía cruzar de lado a lado porque siempre tenía poca agua. Un día estaba crecido y cuando llegue al medio, me hundí y tragué agua. El que haya pasado por esto, sabe de lo que le estoy hablando. Y piensa que yo no pasaba los 11 años de edad. Estaba solo. Moví mis brazos, mis piernitas flacas, seguí tragando agua, pero llegue a la orilla y me salvé. Instinto de supervivencia. Si, claro, obviamente, Dios me cuidó también allí, él sabía que yo le pertenecía. Pero me cuidó en base a ese instinto que todos los hombres tienen. Y piensa que muchos que de niños se salvan por ese instinto que traen, de grandes deciden irse al infierno y su Padre bueno no lo puede evitar porque jamás irà en contra de su voluntad. ¿No es increíble?

No hay ser humano en la tierra. Que no busque la Vida. Y nosotros, cuando queremos ganar a un familiar inconverso para Cristo, ¿Qué hacemos? No tenemos mejor idea que ir, comprar una Biblia y regalársela. Eso es igual que cuando los españoles llegaron a América, en la conquista. Los cristianos traían biblias y uno de ellos le entregó una a un jefe aborigen y le dijo: “¡Esta es la voz de Dios!” ¿Sabes qué hizo el cacique? Se puso la Biblia en el oído… “Yo no escucho nada”…dijo. Y la arrojó a un arroyo. Y ahí nomás el evangelista se sintió ofendido, lo denunció a las tropas y eso desató la batalla donde murieron centenares de nativos y no pocos conquistadores. ¿Quieres algo más incoherente e innecesario que esas muertes? Y ahí andamos, todavía, en pleno siglo veintiuno, regalando Biblias a la gente. Y viendo como las tiran a la basura sin siquiera abrirlas. ¿sabes qué necesitaba esa gente? Que hagas un buen postre, un buen pastel, una buena torta, se la lleves a su casa y le digas: “Mira…te traje esto porque quiero compartir contigo una enorme alegría que tengo”… – ¿Ah, sí? ¿Y Porque estás alegre? – “Porque vivo…nada menos que eso; estoy vivo”. Escucha. La mejor publicidad que tiene el evangelio, es esa: la Vida.

Eso, de hecho, no significa que ninguno de nosotros tenga problemas, o que tenga la familia modelo, para nada, no. Significa que disfrutemos la Vida. Significa que lo que nos toca hacer, lo hagamos con el gozo de saber por qué lo estamos haciendo. ¿Y quieres que te diga algo? Si haces algo así, esa persona pasará un excelente momento en tu compañía, y cuando tú te vayas, esa persona sentirá como que se le apagó la luz. Y no te extrañe que en pocos días te llame por teléfono o te envíe un mensaje y te pregunte: Oye… ¿Cuándo puedes volver a visitarme? Es la Vida lo que atrae la gente, no nuestra calidad para encontrar versículos bíblicos apropiados en un libro. Es bueno, eso, pero no alcanza. Y estoy seguro que esa persona en algún momento te dirá que cuando llegas tú a su casa, se siente como que todo se ilumina. Tú no puedes ver eso, todavía piensas que no das la medida o que te falta mucho, pero tú no te imaginas lo que eres tú, con sólo estar, al lado de la oscuridad de aquellos que no conocen al Señor. Pero yo te aseguro que la gente mundana reconoce la luz que nosotros tenemos, mientras que nosotros, nos miramos al espejo y no somos capaces de ver lo mismo. Ese evangelismo es mucho más efectivo que regalar Biblias, tratados o predicas. Se llama Transmisión de Vida. ¡Esa es la manera en que Jesús presentaba su mensaje a la gente!

Entonces, es lógico, cada persona en este planeta, anhela eso. No hay una sola persona en el mundo que no quiera vivir. Ni siquiera sienten eso los que hablan todos los días de quitarse la vida. No importa lo que digan. Pero para poder ganar a esas personas para Cristo, nosotros necesitamos compartirles la vida que tenemos. Escucha: tómate tu tiempo si es que deseas profundizar en este tema, que para mí, es ¡El tema! Yo, particularmente, creo que ningún libro de la Biblia nos desmenuza mejor el evangelio que el evangelio de Juan. La Vida brota de cada versículo. ¿Quieres acceder a un Master en Vida? Hazte un post-grado con el evangelio de Juan. Dedícale tiempo, no lo leas como quien lee el periódico del día. Destínale…digamos…seis meses. Entonces tú dices: ¿Eh? ¿Seis meses? ¡Pero eso es mucho tiempo! Dedicale tiempo a las cosas de Dios…Él jamás tiene prisa, no la tengas tú…no vas a vivir ni medio segundo más o mejor si andas con prisa permanente. Se diligente, pero no desaforado. ¡No te estreses por el Señor! Su Espíritu Santo tiene que traerte paz… Quédate con dos o tres versículos por espacio de una semana… Eso es comer a Cristo. Nada que ver con estudio sistemático o conocimiento mental. Come. No con la mente, sino con el corazón.

No es con el conocimiento intelectual, es con el corazón. No se trata del griego, del hebreo o del arameo. Todo eso es bueno y necesario para conocer y entender, pero esto es otra cosa mucho más grande. Esto es comer de Dios, alimentarte con nutrimentos divinos. Y no es abstracto, es real y palpable. A partir del capítulo 14 del evangelio de Juan, y más precisamente en el 17, Jesús empieza a hablar con respecto a que sus discípulos coman de Él. Él dice algo muy simple, él dice: “Hermanos, la Vida está en mí, así que la única manera en que la Vida que hay en mí vaya a ustedes, es que me coman.” ¿A ti te parece que la gente le entendía, eso? ¡¡Pero ni por asomo!! ¡¡Nadie entendía nada, ni siquiera sus aventajados y capacitados discípulos!! Ellos seguían pensando con mentalidad caníbal. Fíjate que antes, cuando Él había dicho que ellos debían beber su sangre, mucha gente se ofendió y se fue. Ustedes saben lo que la sangre era para un judío, ¿No? Se escandalizaban. No son los únicos, todavía queda mucha gente con mentalidad de judío antiguo sin serlo.

Comer a Cristo. La ciencia ha explicado y con mucho acierto, que nosotros los seres humanos, mayoritariamente, somos lo que comemos. Un asiático, por ejemplo, puede tener lo que se te ocurra para comer, pero él se morirá por comer ajo. De hecho, todos sabemos que el ajo es uno de los mejores antibióticos naturales, pero…sucede que luego de comerlo, liberas su aroma mediante tu piel…Wow. ¡No hay bacteria ni vampiro que se te acerque! Pero personas me temo que tampoco. Y el indio, habitante de la India, hace lo mismo con el curry. Y el argentino con las carnes rojas. Y, en todos los casos, nuestras humanidades empiezan a liberar aromas que tienen que ver con el alimento que predomina en nuestras dietas. Por eso me resulta muy interesante que Pablo diga que somos grato olor a Cristo. De hecho, si decides en oración y lo cumples en tu acción de comer a Cristo, muy pronto todo tu ser emanará un aroma a Vida. Haz una prueba, métete en un comercio donde atienda una bruja y verás como te saca corriendo de ahí sin venderte nada. ¡No nos quieren allí! Olemos a Vida, y ellos resumen muerte. Y no estoy hablando de cuerpos…

Escucha: si un creyente no se come a Cristo y, en lugar de eso, se come Biblia fría, se come teología, se come cultos, se come oración sistemática, ese creyente no va a resumir Vida, va a resumir Religión. ¿Lo estás entendiendo, ahora? Al religioso, la gente del mundo lo anda buscando para discutir, para cuestionarle su religión. Al hombre que resume Vida, el mundo lo mira, no lo entiende, lo envidia y hasta le produce enojo. Pero es incapaz de enfrentarlo o cuestionarle algo sencillamente por un simple motivo: no tiene argumento alguno para hacerlo. La Vida no se discute ni se debate. Se vive. ¿Nunca te preguntaste por qué un mundo incrédulo, secular, indiferente a todo lo espiritual, sin embargo es capaz de perder su tiempo discutiendo con alguien que va a una iglesia, sobre la validez o no de su fe? Porque el espíritu de religiosidad, genera contienda, nada más que por eso. Un creyente genuino, que sólo resume Vida de Cristo en su vida, jamás discutirá con nadie. Porque se pueden discutir formas, ritos, mitos, tradiciones o costumbres, pero nadie te discute tu Vida.

La realidad a mí me dice que, con la mejor predisposición, buen voluntad y sincera fidelidad, nos han enseñado cosas que no son prácticas. Que debemos ganar a la gente con discursos sobre conceptos, Sobre verdades espirituales, sobre regímenes imperantes, sobre ayunos, demonios, infierno y etc., cuando salta a la vista que la mejor predicación para que alguien realmente desee ser salvo y creyente, es la Vida. La Vida Abundante de un creyente, es la única y mejor propaganda de Dios. Por eso tiene que ser que tenemos la tendencia de amar a la Primavera. Yo creo, y no soy el único, que fuimos creados para vivir en Primavera. Estoy convencido, y tampoco soy el único, que detrás de una persona que ama al Invierno, hay alguien triste. Eso es lo mismo que las preferencias entre la noche y el día. Dios nos ha creado para que funcionemos en base al sol y la luz total, no en base a la noche y la oscuridad. A aquellos que les seduce la noche, yo no los voy a criticar, pero creo que tienen algo en su interior que no les hace ningún favor, al contrario, hasta puede agobiarlos.

Dios nos ha puesto como un reloj interno, para que funcionemos en base al sol, no en base a la oscuridad. Es el sol que brilla entre las 6.30 hasta las 10 de la mañana el que reprograma nuestro reloj interno, cada día. Y ahí se genera todo el reacomodamiento interno, que es el que le ordena a nuestro cuerpo a que hora comer, a qué hora dormir. Es decir que nuestro cuerpo, en lo biológico, fue diseñado por Dios para que responda y se reprograme a la luz. Nuestra alma fue diseñada por Dios para que sea un conector de luz, entre el espíritu y el cuerpo. Y nuestro espíritu, es luz pura. Tanto es así, que brillamos. En Alemania han puesto a las personas en unas cámaras especiales donde se las fotografía, y ahí se puede ver que tenemos algo que nos rodea que se llama aura. Brillamos. Pero si se pone a un brujo, un satanista o un ateo, y no brilla, es gris. Cuidado: no estoy diciendo que brilla el que va a una iglesia o está enrolado en una religión: brilla el que tiene Vida de Dios en su vida.

Somos hijos de luz. Eso es lo que se nos ha dicho. Somos hijos de luz. Y, por lo tanto, como la luz es Vida, lo que en realidad somos, es hijos de la Vida de Dios. Fuimos creados para tener Vida y Vida en abundancia. Ahora, cuando te encuentres con otro creyente, pesa las vidas que hay en cada uno. Pesa tu Vida en primer lugar, y luego la de la otra persona. Y s i uno de los dos está atravesando por algún momento difícil, el otro que está bien y en paz, tiene la obligación de orar, clamar e interceder por el o la que sufre. Sólo te pido en el nombre del Señor, una vez que hayas dejado de escucharme, busca en una concordancia todo lo que existe sobre la Luz y la Vida, y el entendimiento fluirá sin que nadie lo empuje a tu espíritu, a tu corazón. La base y la clave, es el evangelio de Juan. Coman a Cristo, allí, que es donde más se muestra en todo su esplendor. Cada declaración que Él hace, es alimento puro. Nada que ver con Teología, pero nada.Que nuestro hablar sea Vida. ¿Qué todo está más caro? ¿Qué el dólar está más caro? Oye… ¿Qué clase de Vida me estás dando con esas palabras? ¿Tú comes todos los días? Sí, claro, pero ¡Esta todo tan caro! Pero tú, ¿Tienes todo lo que necesitas? Sí, pero… ¡Pero. Nada! ¡Deja ya mismo de declarar muerte siendo que está vivo! Recuerda que VIVIR, es estar vivo, no muerto en espíritu. Eso es vegetar, no vivir. Y la Vida, llama la Vida.

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septiembre 6, 2020 Néstor Martínez