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Moradas de Eternidad

Hace quince días, estuve compartiendo contigo, algunas riquezas emanadas del Salmo que hoy por hoy, todavía está en los primeros planos de oración, culto y confianza de la mayor parte del pueblo creyente, el Salmo 91. Solamente pudimos examinar su primer verso, pero con eso nos bastó para poder apreciar que presenta y muestra un solo tema en especial y en singular: la protección de todos los peligros, incluidos los fenómenos naturales. Dice en su primer verso, que El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Eso nos está mostrando que quien está protegido contra el peligro, es el que busca refugio en Dios, esto es, el que habita al abrigo del altísimo. No puede buscar refugio el que decide no habitar al abrigo del Altísimo, eso es evidente.

Lo que persigue este salmo es, básicamente, que entregues tu corazón a Dios, y que cuando lo hagas de forma incondicional, puedas tener la certeza que tanto tú como las personas amadas, estarán seguras. Dios es amor y nunca nos lastimará, nos enseñará y en cada paso que demos, tendremos de su protección. Dios tiene un lugar secreto donde cada uno de nosotros podemos morar en paz y con seguridad. Este lugar secreto es el lugar de descanso en Dios, un lugar que nos llena de paz y consuelo. Sin embargo, en el final de aquel trabajo que sólo llegó a examinar ese primer verso, llegamos a una conclusión concreta, evidente y ciento por ciento contundente: solamente haciendo real este primer verso, todos los demás serían posibles. Te propongo verlos y saber qué es lo que en realidad nuestro Dios tiene para nosotros en este tiempo tan especial y tan incierto.

(Salmo 91: 2) = Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.

Diré yo, dice el autor. ¡Qué pena no saber con certeza quien es el autor! ¿Verdad? No importa. Para el caso, él dice que Dios es su esperanza, lo cual significa que es la máxima persona en la que se confía para obtener lo que se espera. Es el tercer paso del camino y no precisamente el más sencillo. ¿Crees en Dios? Está bueno, pero no es mucho el mérito, dice la Biblia que también los demonios creen y tiemblan. ¿Le crees a Dios? Esta ya es mucho más complicada que la otra, porque no siempre lo que dice Dios tiene esa lógica que tanto le gusta a nuestra mente griega para aceptarlo como válido. A veces Dios dice cosas que a nuestra mente humana le cuesta horrores creer. ¿Cómo se va a cambiar un monte de lugar simplemente porque yo lo crea? ¿Es que eso puede ser posible? Dios lo dijo. ES posible. Punto. Y el tercer paso es, definitivamente, confiar en Dios. Y no se parece en nada a creer o creerle.

(2 Reyes 18: 5) =  En Jehová Dios de Israel puso su esperanza; ni después ni antes de él hubo otro como él entre todos los reyes de Judá. (Está hablando del rey Ezequías)

Ahora bien; aquel que vive en una real y verdadera intimidad con Dios, nada que ver con culto de domingo, conoce la grandeza de su protección, si, la conoce. Y ahí es donde Dios mismo se convierte en una poderosa esperanza y un indestructible castillo medieval para el creyente. Es obvio que la figura de Castillo tiene que ver con una fortaleza, con un bastión inexpugnable. Los castillos se construían con la finalidad de que sirvieran para defender a toda la gene que los habitaba. El asalto a un castillo medieval, era más complicado que cualquier asalto de un ejército moderno a cualquier objetivo bélico.

(1 Timoteo 1: 12) =  Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

Pero también le dice que es su esperanza. Pregunto: ¿Tú que me oyes, ahora, alguna vez has dicho de manera definitiva, Oh, Señor, tú eres mi esperanza? ¿Se lo has dicho? Es más, vuelvo a preguntarte: huyendo de todo lo demás, ¿Te h as refugiado en Él de la tormenta y la tempestad, de la tormenta del día y de la pestilencia de la noche, del hombre y del diablo? Eres tú el que debe confesarlo, no solamente pensarlo. Lo que digas con tu boca, creyendo, te será hecho. Este era el autor, hablando, declarando, expresando. Ahora pasa a declarar lo que Dios hará en tu vida amenazada, si es que lo buscas como abrigo, en su calidad de Altìsimo, y de sombra, en su rol de Omnipotente.

Y dice luego: MI Dios, en quien confiaré. De hecho, esta cercana relación con Dios y todos los beneficios que vienen de ello son para aquellos que conocen a Jehová como Dios, y para aquellos que verdaderamente confían en Él. AL mismo tiempo, al haber recibido de Su protección, consuelo y cuidado, el creyente le cree a Dios aún más, y de manera creciente le conoce a Él como su Dios. Los hombres son lo suficientemente aptos para proclamar sus dudas, y aun jactarse de ellas, y en verdad que hoy en día hay fiesta para los que pretenden audazmente tener la cultura y las ideas, los cuales se glorían de echar sospechas sobre todo; así que se vuelve en el deber de todos los verdaderos creyentes en hablar y testificar con calma y coraje hacia su propia confianza bien fundamentada sobre su Dios. Alguien deslizó algunos personajes que tenían, como “Mi Dios”, su frase preferida. Fue dicha en la conversión de Rut, en la creencia individual de Tomás, en la declaración de oposición de Miqueas, en el voto secreto de consagración de Jacob, en el consuelo más profundo en gran temor de aflicción a Jesús y en la celebración de una creyente victoriosa como Miriam.

(3) El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora.

El lazo del cazador. Ya está más que claro que Dios protege y cuida a su pueblo, y que así como el cazador pone lazo sobre las aves que persigue, así el enemigo lo pone sobre nuestros hermanos en Cristo, y en cada uno de nosotros, si es que tiene la menor oportunidad. Y eso sucede cuando elegimos ser necios y por lo tanto débiles, como si fuéramos, en efecto, una de esas pequeñas aves, y entonces es allí cuando nos volvemos aptos para ser engañados y empujados a nuestra destrucción, por parte de un enemigo central que conocemos, pero usando personeros que no siempre discernimos, logrando en ese caso asestarnos un duro golpe que recibimos, esencialmente, por haber caído fruto de confiar en quien no debíamos. Maldito es el hombre que confía en el hombre, ha dicho…

La astucia es patrimonio del enemigo y la utilizará en nuestra contra ni bien encuentre la ocasión propicia, pero Dios nos mirara con amor y cuidado, y si nos abrigamos a su sombra, velará para que ni el engañador más hábil nos atrape. No te olvides que Satanás y sus agentes, a menudo obran con las mismas técnicas y estrategias que usan los cazadores. Trabajan en lo secreto, cambia permanentemente sus trampas y métodos, seduce con placer o ganancia y suele utilizar un mal ejemplo o una carnada. Y que conste que esto no es discurso para multitudes, es un llamado de atención directo y personalizado. Por esa razón es que todo el salmo está escrito con el uso de la persona singular “tú”, lo cual es una manera de decir que estas verdades son para cada persona en lo individual. Y estas que estamos viendo ahora, son para ti, si es que en verdad estás dispuesto a poner tu confianza en Dios o permanecer en Él como quiera que vengan las cosas a tu vida.

En cuanto a la peste destructora, (¡Y vaya si esto no está más que actualizado!) Es notorio que Dios también protege a su pueblo en tiempos de plagas y enfermedad. Es obvio que ni el salmista ni el Espíritu que lo inspiró tienen ni la menor intención de aportar esto como una promesa absoluta, respecto a que cada creyente, sea quien sea, será librado de cada lazo o de cada peste. La idea es que se pueda señalar las múltiples veces en que Dios hizo justamente eso para Su pueblo que confía en Él. Si Él lo hizo una vez…Esto no significa, por supuesto, que aquellos que confían en dios nunca morirán de enfermedades infecciosas o que no sufrirán con las trampas del enemigo. Significa que aquellos que confían en Dios son liberados habitualmente de tales peligros. ¿Qué cristiano no podría testificar a muchos de esa clase de liberaciones? Todos los que yo conozco, y me incluyo, las hemos disfrutado.

Nos cuenta la historia que Lord Craven, un Cristiano, era un hombre que estaba viviendo en Londres cuando la plaga devastó la ciudad en el siglo XV. Para poder escapar del esparcimiento de la plaga, Craven se determinó a dejar la ciudad e irse hacia su casa de campo, así como lo hicieron otros de su misma posición social. Él pidió su coche y maletas para que estuvieran listas. Pero mientras iba caminando por uno de los pasillos de su hogar, a punto de entrar al carruaje, él escuchó a uno de sus siervos que le dijo a otro, ‘Supongo que, ya que mi Lord abandona Londres para evitar la plaga, que su Dios vive en el campo y no en la ciudad.’ Fue una nota directa y aparentemente inocente. Pero se quedó con Craven de una manera tan profunda que él canceló su viaje diciendo, ‘Mi Dios vive en cualquier lugar y me puede preservar en la ciudad así como en el campo. Me quedaré donde estoy.’ Así que se quedó en Londres. Él ayudó a las víctimas de la plaga, y él mismo no la contrajo nunca.  También hay un entendimiento espiritual y una aplicación de esto. “El alma tiene de manera similar sus enemigos, listos para atacar y sorprenderla en todas horas. La avaricia y la ambición están mirándola durante el día; mientras que la concupiscencia, como una pestilencia, ‘camina en la oscuridad.’ En la adversidad ella es molestada por terrores; en la prosperidad, aun en mayores peligros por los placeres. Los Hijos de Dios no siempre son inmunes de la plaga física y de la pestilencia; pero son siempre guardados de las fuerzas destructivas espirituales ya que permanecen en el lugar secreto del Altísimo.

(4) Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad.

En esta hermosa metáfora, Dios es representado como un ave, cubriendo a sus polluelos debajo de sus alas– así como lo describió David anteriormente en el Salmo 61:3-4: Porque tú has sido mi refugio, Y torre fuerte delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. Y si bien no se especifica qué clase de ave es la que representa a Dios aquí, todo nos hace presuponer que debería ser un águila, por estar íntimamente consustanciada con las particularidades de Dios y su Reino. Dijo Mac Laren en un párrafo de un comentario al respecto, que “El águila, extendiendo sus temibles alas sobre sus aguiluchos, es un símbolo maravilloso de la unión de poder y gentileza. Sería una mano muy audaz la que quiera sacar a los aguiluchos del lugar cálido y secreto para atreverse a tener los terrores del pico y las garras.” Martín Lutero, por su parte, expresó con relación a esto, que: “es la fe la que te ha convertido en el polluelo, y Cristo la gallina; para que tú puedas esconderte, y esperar, y revolotear, y cubrirte bajos sus alas; pues hay salud en sus alas.” En la comparación que surge de inmediato, nos encontramos con que Jesús pudo haber salvado y cubierto a Jerusalén y a sus habitantes, pero el pueblo es evidente que no estaba dispuesto. Ellos no vendrían a él. Ellos no habitarían en el abrigo del Altísimo. Pero en lugar de eso éstos clamaron para crucificarle. ¿Te das cuenta como se teje el destino de un ungido? Nada que ver con aclamaciones y aplausos, y mucho menos con fastuosos escenarios y luces de colores.

Escudo y adarga es su verdad. Esto demuestra que aquel que confía en el Señor, tiene una doble armadura de protección. Por un lado lleva ese escudo redondo, efectivo, útil, y por el otro una malla protectora que es la adarga, algo que envuelve a la persona para su cuidado y protección. Hay otras versiones que la llaman muralla o fortaleza. Dios combina eficientemente el calor protector del ave que simboliza, con la fuerza dura y sin ceder un milímetro de una armadura. Ese es nuestro Dios. ¡Ese es tu Dios! ¿Todavía estarás temeroso de lo que pueda sucederte hoy o mañana? ¿Dónde está tu confianza? ¿No le dijiste un día al Señor que eras suyo, que podía hacer contigo lo que Él quisiera o necesitara hacer? Listo. Olvídalo; Él escuchó esas palabras tuyas y, créeme, se las tomó muy en serio. Él hará exactamente eso.

(5) No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, (6) Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya.

El hecho de tener a Dios como esperanza y refugio, esto otorga fuerza y coraje al pueblo de Dios, de eso nadie tiene dudas. Cuando el pueblo de está atrapado en el temor, esto es una indicación de que ellos están faltos de la confianza apropiada en Dios, como su protector y consolador y, como consecuencia de esa merma de fe, el enemigo invade y toma comando de la escena. Y tú no puedes ignorarlo, porque ya sabes quién es el que tiene el imperio del temor y la muerte. Alguien dijo alguna vez que no tener temor, es en sí mismo una bendición que no tiene palabras, ya que cada sufrimiento que soportamos por una verdadera herida, conlleva necesariamente que somos atormentados por mil dolores las cuales se levantan solamente del temor. Son los llamados “síntomas mentirosos”, que partiendo de bases de mentira, ya cada uno de nosotros tiene que ver más que en claro de donde provienen.

Durante nuestra vida el Señor podría permitir que muchas cosas terribles le sucedan a sus hijos (Como por ejemplo lo permitió en la vida de Job),o incluso, así como lo permitió con su propio Hijo. Pero nosotros, sus hijos, sabemos muy bien que ningún poder está fuera del control de Dios y que por lo tanto, nada debe llevarnos a las regiones de temor, que de ninguna manera tienen que ver con nuestra fe en el ámbito de la luz, sino con el de la tiniebla. El terror nocturno, Ni saeta que vuele de día dice despues: Yo creo que el salmista representa aquí a  todos los tipos de destrucción que podrían venirnos en todo tipo de circunstancias. Él dice que podría ser de noche o de día; en la oscuridad o en el mediodía pleno de luz solar. Podría llegar como un terror o como una saeta, como pestilencia o como mortandad, y creo que de esto estamos conociendo cada día más, ¿No te parece?. En definitiva: de la manera o de la forma en que algunas de esas cosas lleguen, se nos asegura que Dios es y será capaz de defender a Su pueblo. ¿Lo puedes creer?

(7) Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará.

Cuando leía este verso, recordaba algo que dijo el legendario Charles Haddon Spurgeon. Sé que muchos, hoy, podrían ver esto con ciertas reservas, pero lo reproduzco porque no proviene de un hombre cualquiera, sino de un hombre que indudablemente marcó un antes y un después en lo relativo a la enseñanza de la Palabra. Spurgeon dijo respecto a este verso: “Es imposible que cualquier mal le deba de pasar al hombre que es amado del Señor; las calamidades más aplastantes únicamente pueden hacer más corto su viaje y apurarle hacia la recompensa. La enfermedad para él no es enfermedad, sino un bien de una forma misteriosa. Las pérdidas le enriquecen, la enfermedad es su medicina, el reproche es su honor, la muerte es su ganancia. Ningún mal en el sentido estricto de la palabra le puede suceder, pues todo es anulado por el bien.

De hecho, esta época que estamos viviendo lleva este texto a una realidad de connotaciones casi crueles. En algunos lugares del mundo que no son precisamente esos que siempre han sido utilizados para ilustrar con sus imágenes los contenidos de pobreza o abandono, hoy presentan una fisonomía que tranquilamente podría encuadrarse en estas expresiones. Si vives en una zona donde el virus ha producido mucho contagio y dentro de los contagiados hay personas en edades de riesgo o patologías que facilitan la extensión de la enfermedad de manera peligrosa, no sería desatinado pensar que podrían llegar a caer mil a tu lado u diez mil a tu diestra. En todo caso, son números que los más serios de los columnistas han dado como factibles y probables. Queda en claro, entonces, y aunque las incredulidades que se cultivan por todo el planeta puedan decir lo contrario, que la protección y el cuidado de Dios puede estar enfocado específicamente a preservar a uno entre diez mil. Es suficiente con que ese uno, sea suyo..

(8) Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos.

Te confieso que a mí este texto me llamó poderosamente la atención. Porque de entrada me sonó como contradictorio por parte de Dios, referirse a los impíos como lo venía haciendo, y de pronto aparece y me asegura que estos tendrán recompensa en esta etapa. ¿Recompensa? Claro, si tienes a recompensa como premio o remuneración especial, que es a grandes rasgos lo que te dice cualquier diccionario, de hecho no lo podrás entender. Pero si tienes a esa palabra como resultad o consecuencia ineludible de tus hechos, entonces creo que todo tomará otro color. Los impíos tendrán una consecuencia clara y a la vista por lo que hayan sido sus hechos. De hecho, el pueblo de Dios está animado, incentivado a mirar esta verdad y, por ende, a equipararla con la suya y establecer las diferencias.

(9) Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, (10) No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada.

¿Vamos por partes? Te lo adelanté en el otro estudio, cuando vimos solamente el primer verso. Esto es un condicionante de todo lo que venga luego. Es decir que, todo lo que Dios hará de bueno en tu vida con respecto a tu protección, está condicionado a que tú lo pongas por tu habitación personal. Dios no es un osito de peluche al que tú puedas acudir cuando estás angustiado o con temores infantiles. Dios es tu habitación, así que todo lo que hagas deberá ser puesto a su consideración y su decisión. Y tú te limitarás a ser obediente, así es como funciona. Cuando dice que no te sobrevendrá mal, de alguna manera está repitiendo todo lo concerniente a tu seguridad y protección que ya te había dicho antes. Una vez más vale la pena aclarar que esto de ninguna manera es tenido como una absoluta promesa para cada cristiano en cualquier circunstancia, porque ya has podido ver, todos lo hemos visto, que gente muy amada por Dios ha caído hacia alguna forma de mal o incluso muerto en alguna plaga. Es una feliz observación la que tiene aquí el salmista, y una expresión en general de la protección, el consuelo y el cuidado de Dios para con Su pueblo. Esto, lejos de ser algo masivo y casi estuctural, es solamente para aquel que verdaderamente habita y que no solamente aparenta habitar en Dios. No funcionan las simulaciones en las crisis, sólo funciona la verdad. El error que mucho cristianismo ha cometido, en esto es suponer que todo esto es para cualquier hombre o mujer que diga ser cristiano o formar parte de alguna clase de estructura u organización cristiana. A todas luces y por muchos eventos, se ha podido comprobar que eso en modo alguno es así, y que en lugar de decepcionar al pueblo, como tantas veces ha sucedido, lo que debe hacer es confortarlo y darle la plena seguridad que si pone al Altísimo por su habitación, de verdad, nada tocará su vida. Dios nunca dijo que ninguna aflicción caerá sobre nosotros, de ninguna manera. Lo que sí dijo, es que ningún mal tocará nuestra morada, que es muy distinto.

Con relación a esto, Charles Spurgeon, supongo que no es necesario que aclare de quien se trata,  dio un notable testimonio a un cumplimiento en específico de esta promesa: “En el año de 1854, cuando apenas estuve en Londres doce meses, el vecindario en el cual trabajaba fue visitado por el cólera Asiático, y mi congregación sufrió con sus incursiones. Familia tras familia me llamaron para estar al lado del enfermo, y casi cada día era llamado para visitar su tumba. Me entregue hacia la ferviente labor de las visitas a los enfermos, y fui enviado a todas las esquinas del distrito por personas de todos los rangos y religiones. Me cansé en mi cuerpo y enfermé en el corazón. Mis amigos parecían caer uno a uno, y me sentí o creí que estaba enfermando como aquellos alrededor de mí. Un poco más de trabajo y llanto me hubiera llevado al desánimo así como los demás; sentía que mi carga era más pesada de lo que podía soportar, y estaba a punto de hundirme debajo de ella. De la manera como Dios dispuso, estaba regresando de una casa en luto del funeral, cuando mi curiosidad me condujo a leer un papel que estaba sobre la ventana de un zapatero en la Calle Dover. No parecía como un anuncio del comercio, ni tampoco lo era, pues llevaba en una buena letra de molde estas palabras:Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. El efecto sobre mi corazón fue inmediato. La fe se apropió de este pasaje como propio. Me sentí seguro, refrescado, lleno con inmortalidad. Fue hacia la visita del moribundo con calma y con un espíritu en paz; no sentí temor ni mal, y no sufrí ningún daño. La providencia la cual movió al comerciante a colocar esos versículos en su ventana los cuales agradecidamente reconocí, y en la memoria de su maravilloso poder, yo adoré al Señor mi Dios.

(11) Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos.

(12) En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra.

Esto describe otra manera en la que Dios puede enviar Su protección y cuidado para con SU pueblo – por medio de Sus ángeles. Dios puede cuidar a Su pueblo por medio de esos siervos suyos, a los cuales conocemos como ángeles, ordenándoles que cuiden y lleven a Su pueblo. Así será que entonces, los ángeles de Dios tendrán un encargo especial de acompañarlos, defenderlos, y preservarlos; y en contra de su poder, la influencia de espíritus malvados no puede prevalecer. Estos harán, cuando sea necesario, cambiar tus pasos fuera del camino del peligro, los alejarán cuando venga en tu camino normal. Y dice que los mandará; mandar es una orden estricta, más que una simple ordenanza; es como cuando pones a un empleado para que haga un trabajo de una manera certera y completa, tú lo mandarás, le dices algo así como: te mando a que no descuides ese asunto; o sea que no le dices solamente lo que debe hacer, no le dices en que trabajará, sino que lo mandas a hacerlo. Así dice el Señor sobre los ángeles.

Y no se trata de un ángel guardián, como algunos añoran profundamente, sino que todos los ángeles son aludidos aquí. Ellos son los guardaespaldas de los príncipes de la sangre imperial del cielo, y han recibido la comisión de parte de su Señor, que también es el nuestro, para guardar de manera cuidadosa sobre todos los intereses de los fieles. Ahora bien: lo que no podemos saber es cómo es que los ángeles nos guardan. Ya sea que alejen a los demonios, o contraataquen tramas espirituales, o que alejen las sutiles fuerzas físicas de la enfermedad, no lo sabemos. Quizás un día estaremos de pie asombrados en los múltiples servicios que han hecho esas bandas invisibles para con nosotros. Debemos de recordar que estos ángeles son de Dios; Él los manda, de Él reciben la comisión, — para Él éstos son responsables por su orden. De parte de Dios tú debes de esperarlos; y por la ayuda de ellos solamente Él debe de recibir alabanza. Se dice de manera expresiva, Pues a sus ángeles mandará; para mostrar que éstos no deben de ser alabados, sino solamente Dios, de quien son estos siervos.

Sin embargo, fíjate que esta promesa que expresa este salmo, fue no sólo citada, sino también tergiversada por Satanás cuando lo vapuleó a Jesús en el desierto en esos épicos cuarenta días. Le quiso hacer creer que si se arrojaba desde la punta superior del templo al suelo, no le iba a pasar nada porque Dios Padre le iba a enviar sus ángeles a protegerlo. Este es un típico caso en donde el infierno y sus demonios pueden llegar a usar textos bíblicos para fundamentar algunas de sus blasfemias. Y como muchos cristianos duermen el sueño eterno con sus Biblias debajo de la almohada, es muy factible que en más de un caso logre salirse con la suya. ABC de la guerra espiritual nos enseña que la estrategia más abundante de Satanás, es comenzar algo desde una estricta y hasta profunda verdad y, a favor de la comodidad de los hombres, dar vuelta esa palabra en el aire y tergiversarla de manera opuesta total a lo que fue expresada. El citó este salmo de una manera falsa. Probar a Dios en ese camino, no era el camino de Jesús; no era parte del camino del Salvador o el Mesías. Dios jamás ha prometido, ni ha dado cualquier protección de ángeles en los caminos pecaminosos o prohibidos.

Este texto es aplicado de una manera errónea, porque no fue utilizado para enseñar o animar, sino que se tuvo la intención de engañar. Haciendo de esta palabra una promesa que sería cumplida sobre el descuido de Cristo de su deber, extendiendo la promesa de la providencia especial hacia los peligros en los cuales los hombres voluntariamente se arrojan a sí mismos. De una extraña manera estamos agradecidos por el intento de Satanás en Mateo 4, ya que nos ayuda a entender de una mejor manera el Salmo 91. Vemos que no da una absoluta promesa para cada creyente en cualquier circunstancia, sino hermosas promesas de la protección, consuelo y cuidado de Dios, que son específicamente recibidas y aplicadas en el creyente por medio del Espíritu Santo. Y, definitivamente, y más allá de todo lo dicho, hay que aclarar que los ángeles estuvieron allí para ayudar a Jesús en Su tentación, solo que no en la manera que el diablo sugirió que estarían.

(13) Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.

La protección de Dios hacia Su pueblo se extiende más allá de la liberación genérica del dolor; también habla de una permisibilidad genérica de victoria hacia Su pueblo, aun en contra de oponentes tan fuertes como el cachorro del león y al dragón. Esto representa a los siervos de Dios no solamente como sobrevivientes, sino como victoriosos, quienes tienen todos los elementos celestiales a disposición para pisotear a enemigos mortales bajo sus pies. Cuando habla del cachorro de león, se refiere a Cristo, quien iba a terminar esta historia que comienza como Cordero, nada menos que como Leon, León de Judá. Por su parte, el oponente, aquí es el Dragón, que es el estado final en la historia del que la comenzó como serpiente antigua.

(14) Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

(15) Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.

(16) Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.

Estos últimos tres versículos son puestos en primera persona, como si fuera Dios hablando de la promesa y bendición sobre SU pueblo. Él habla específicamente de aquellos que han puesto su amor en Él. Se ha hecho notar de una manera maravillosa que la última palabra de este Salmo no es hablada por el pueblo de Dios, sino al pueblo de Dios. Dios pone su amor en nosotros porque amar está en su naturaleza. El hombre fue creado con una voluntad y, entonces, el poner el amor en Dios significa en hacerlo por elección. No esperar a que el sentimiento de amor llegue o no, sino que simplemente elegir en pensar y actuar hacia Dios en maneras para expresar y construir amor. Y esto podría incluir lo siguiente: Pasar tiempo con Dios – Escuchar a Dios – Leer lo que Dios ha escrito sobre Cristo – Hablar con Dios – Pensar en Dios en Tiempos sin Crisis – Adorar a Dios – Hablar de Dios a otros – Dando de Nosotros a Dios y Haciendo Sacrificios Agradables a Él.

Nuestra cultura actual a menudo piensa del amor como algo que le sucede a las personas, no como algo que se elige. La frase por cuanto en mí ha puesto su amor nos recuerda que un significante aspecto de amor es en verdad una elección, y esto describe en parte el amor que debemos de dar hacia Dios. Las promesas y principios declaradas previamente en este Salmo son repetidas de nuevo, pero este tiempo como estando en la boca de Dios mismo. Dios protegerá a Sus amados y les pondrá en alto– y lo hará por cuanto ha conocido mi nombre, teniendo una verdadera relación con Dios. Le pondré en alto, mientras tanto, significa algo así como:  “Le pondré fuera del alcance de todos sus enemigos. Le honraré y le ennoblecerépor cuanto ha conocido mi nombre – porque me ha amado, honrado y servido, y ha rendido la adoración que debe de entregarme. Ha conocido que soy el Dios de amor y misericordia infinita.” Estas son bendiciones que algunos creyentes pierden de vista, simplemente porque siempre están aturdidos y no confían en Dios como debieran. Aquí el salmista cita a Dios como diciendo que las bendiciones son para aquellos que aman a Dios y reconocen su nombre, le invocan, y buscan satisfacción en lo que únicamente él puede proveer. Y eso no es cualquiera. Hay una multitud humana que cree en Dios, otra, mucho menor, que le cree a Dios y una reducida franja que lucha por ser obediente y hacer la voluntad de Dios. Esta es la que ganará esta batalla.

Dice: Me invocará, y yo le responderé: Dios promete contestar la oración de aquel que le ama, y de aquel que genuinamente le conoce. Luego dice: Con él estaré: En las últimas líneas del Salmo Dios habló de bendiciones personales y maravillosas sobre aquel que le ama y le conoce: La bendición de Su presencia: Con él estaré yo en la angustia –  La bendición de SU protección: Lo libraré –  La bendición de Su promoción: Le glorificaré –  La bendición de Su prosperidad: Lo saciaré de larga vida –  La bendición de Su preservación: Y le mostraré mi salvación.

Con él estaré: Así que ningún hombre debe de añadir soledad a la tristeza, sino que tendrá a Dios sentado a su lado, como los amigos de Job, esperando consolarle con verdadero consuelo.

Con él estaré yo en la angustia: De nuevo Dios habla y actúa como una madre con un corazón de ternura hacia su hijo enfermo. Cuando el hijo está en perfecta condición de salud puede dejarlo ella en las manos de la nodriza; pero cuando está enfermo ella misma lo atenderá; le dirá a la nodriza, ‘Puedes ir y atender otros negocios, yo misma cuidare al niño.

Lo libraré y le glorificaré: La única forma en que nosotros podemos glorificarnos, es en Dios. El hombre no tiene gloria propia. Cualquier cosa que el hombre estime como gloria aquí en la tierra, es trapo de inmundicia. La gloria de Dios es la única que lo puede bendecir grandemente. Y eso es lo que lo lleva al primer paso que vemos: ser libre. ¿Sabes lo que significa ser definitiva y totalmente libre? ¿Conoces a alguien que lo sea? Tú puedes ser la primera, o el primero; sólo atrévete a confiar.

Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación: ¿Te das cuenta cual es el secreto para una larga y fructífera vida? Vivir al abrigo del Altísimo. Esa decisión, que debe nacer necesariamente de tu libre albedrío, de tu soberana voluntad, es la llave que te permite acceder a ese bien tan preciado que es la vida. ¿Habrá alguien que no quiera vivir mucho tiempo, aquí y ahora, aún sabiendo el destino de maravillosa eternidad que tenemos? Estar en Él es el camino. Y la salvación, resulta implícito decirlo: Sencillamente: Morar a la Sombra del Omnipotente…Nada menos.

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septiembre 6, 2020 Néstor Martínez