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Realidades Extremas

Desde el primer momento en que el fantasma de una epidemia, que es una enfermedad infecciosa que durante un período de tiempo ataca, simultáneamente y en un mismo territorio, a un gran número de personas, luego convertida oficialmente en pandemia, que es una enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a la mayoría de los habitantes de una población, llegó a los oídos cristianos, no fueron pocos los teólogos, profetas y otros representantes de la iglesia tradicional y estructural que conocemos, que salieron a preanunciar desastres y juicios extremos violentos por parte de Dios para con un pueblo desobediente. Recurrieron a todas las escrituras que nos dan detalles de esos hechos y, esta que hoy voy a compartir contigo, la de Isaías capítulo 24, fue una de ellas. Personalmente y lo dije en mi blog, coincido en parte con lo del juicio divino, aunque no de ese modo aterrador y catastrófico conque gustan presentarlo algunos, sino desde lo conceptual acorde al significado de la propia palabra Juicio: que es separación de lo verdadero de lo falso.

Entonces veo que es bastante difícil determinar el significado real de este texto. Muchos lo llaman “El apocalipsis de Isaías”, porque tras la extensa sección dedicada al juicio de las naciones, el texto se ocupa de cómo hará que Su Reino triunfe sobre el mal. Por lo tanto, resulta más que necesario no tratar de identificar hechos históricos concretos en estos capítulos. En adición a las profecías sobre lo que Dios hará, aparecen himnos de alabanza y acción de gracias. Y como es típico en la literatura apocalíptica, gran parte de su lenguaje es figurativo. Y la sección apocalíptica abre con un panorama de juicio universal contra el pecado humano.

Este pecado se define y resume diciendo que los seres humanos quebrantaron el pacto sempiterno, o sea: algo que durará siempre, eternamente. En el Antiguo Testamento se establecen muchos pactos, pero todos apuntan al que se cumple a través de la muerte expiatoria de Cristo en la cruz. La causa fundamental de la ira de Dios, entonces, es el rechazo de la gratuita oferta de salvación contenida en el evangelio de Cristo Jesús. A partir de ello, por un lado transita el juicio real y efectivo, y por el otro las exageraciones producto de la imaginación de los hombres temerosos. Eso, convengamos, ha venido ocurriendo a lo largo de toda la historia humana, y alcanzara su climax en los tiempos concretos de la Segunda Venida de Cristo, hecho que a menudo ha sido catalogado como La Gran Tribulación.

Aquellos cuyos tesoros y posesiones hacen que su felicidad se base en la tierra, serán llevados a la necesidad y a la miseria. Eso es lo que se preanuncia aquí y en casi todo el contexto similar. Bueno será, entonces, que apliquemos lo que dice la Escritura respecto a la vanidad y a la aflicción de espíritu en todas las cosas aquí abajo. El pecado ha trastornado la tierra, ha llegado a ser muy diferente para el hombre de lo que era cuando Dios la creó para que fuera su habitación. En el mejor de los casos, es como una flor que se marchita en las manos de los que se complacen con ella, y la ponen en su regazo. El mundo en que vivimos es un mundo de desilusiones, tal como lo dijera el poeta, es un valle de lágrimas; los hijos de los hombres en ella no son sino de pocos día y llenos de problemas.

Hay un poder evidente en una antigua maldición de Dios. Y cuando digo la palabra “maldición”, estoy seguro que a muchos hasta le parece impropio que pensemos en nuestro Dios de amor y lo ubiquemos como pronunciando una maldición que atañe a tanta gente. Sin embargo, lo único que demostraría ese pensamiento, es nuestra ignorancia respecto a la verdadera mente de Dios. Él es santo, ¿Entendes? Y su Santidad no admite ni la menor ingerencia de pecado. Y el hombre, ese hombre que hoy se abruma y hasta le reclama a Dios que haga algo por él, está repleto de pecado, y no se da cuenta que es eso lo que impide que Dios pueda acercarse a él y tomarlo de la mano para sacarlo de este aprieto. Lo cierto es que esa maldición, que está vigente, hace desolación en todos los rangos y condiciones. El pecado acarrea calamidades a la tierra. La tierra está contaminada por los pecados de los hombres y será asolada por los juicios de Dios. El gozo carnal y de los placeres, muy pronto se terminará. Nadie disfruta de las bondades de su carne en medio de pestes y dolencias. El fin de toda esa podredumbre, será pesadumbre. Dios tiene muchas maneras de amargar el vino y la bebida fuerte de los que las aman; el destemple del cuerpo, la angustia mental, la ruina del patrimonio, amargarán el trago fuerte, y harán insípidas las delicias de los sentidos. Que los hombres aprendan a lamentarse por el pecado, y a regocijarse en Dios; entonces, nadie ni nada puede quitarles su gozo. Isaías 24.

(Verso 1) = He aquí que Jehová vacía la tierra y la desnuda, y trastorna su faz, y hace esparcir a sus moradores.

Dice que Dios vacía la tierra  y la desnuda. Las dos palabras están dentro del mismo vocablo original hebreo, balac, y tienen que ver con asolar, más propiamente con aniquilar. Ocurre que cuando hablamos de aniquilar, todos nos imaginamos un ejército matando a todo lo que respira en un lugar, y la realidad semántica nos indica que no es así. Aniquilar es, literalmente, arruinar, reducir algo a la nada, destruir, producir en una persona abatimiento y hacerle perder su ánimo. Deteriorar gravemente la condición de algo. Y luego dice que eso, trastorna la faz de la tierra. Obviamente que la faz de la tierra es su superficie, su parte visible. Y trastornarla, es inquietarla, alterarla, perturbarla, producir desorden y trastocar, que es desacomodar algo. Fíjate que esto se asemeja bastante a lo que sucede hoy. No se trata como parecería a una primera y somera lectura, de una destrucción mayúscula, sino de algo que termina, como aquí se lo señala, esparciendo a la gente, es decir, desparramándola por diversas latitudes, incluso en muchos casos, fuera de sus propios centros de residencia habituales. Hay mucha gente que hoy está varada en países que no son los suyos, sin la posibilidad cierta de retornar a ellos.

(2) Y sucederá así como al pueblo, también al sacerdote; como al siervo, así a su amo; como a la criada, a su ama; como al que compra, al que vende; como al que presta, al que toma prestado; como al que da a logro, así al que lo recibe.

Fíjate el detalle para nada menor de las comparaciones que puntualiza, para dar a entender que será algo equitativo, que no hará ninguna clase de distinciones por ninguna razón. Compara al sacerdote, que en esos tiempos formaba parte de una casta casi intocable y privilegiada, con un pueblo que no tenía ninguna de esas ventajas o prerrogativas. Compara al siervo con su amo, lo cual para esa cultura, era algo directamente impensable. Un amo era un señor, un individuo lleno de poder y posibilidades, mientras que uno de sus siervos, era un elemento de utilidad, un número, un ente con una categoría apenas por encima a la de un animal irracional. Válido esto mismo para con la criada y su ama. Esa ama era, generalmente, la esposa legítima del señor de la casa, la cual habitaba con él como su esposo y padre de sus hijos, pero eso no era obstáculo para que la libidinosidad de algunos de esos hombres, los hiciera abusar sexualmente de una criada, la cual no tenía ni el menor derecho a quedarse o denunciarlo, y hasta le produjera embarazos que, en el mejor de los casos, si terminaban en un alumbramiento, hacía que el niño quedara en poder del amo que lo destinaba a formar parte de su grupo de siervos. Compara al que compra con el que vende, cuando es lógico que siempre el que vende tenga la última palabra, tanto en precio como en decisión de ejecutar negocios, al que presta con el que recibe prestamos, en suma: lo mismo al acreedor que al deudor. ¿Cómo podríamos decir que se llama eso? Justicia. Claro está que una Justicia así, con la “J” mayúscula, porque es de procedencia divina. Ya sabemos que la justicia terrenal, de ninguna manera se ejecuta con las bases que enumera este texto.

(3) La tierra será enteramente vaciada, y completamente saqueada; porque Jehová ha pronunciado esta palabra.

Las palabras vaciada y saqueada, están repetidas dos veces cada una en el original hebreo, conforme a su estructura a esto se lo hace para darle énfasis a lo que se dice. El saqueo, te recuerdo, es apoderarse de manera violenta a partir de un grupo de personas o de soldados, de lo que se halla en una propiedad o plaza previamente tomada. Y dice que esto se produce a partir de lo que Dios ha dicho, que es la palabra que se reproduce a continuación.

(4) Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra.

Atención con esto porque no siempre la Biblia nos entrega lo que vemos a primera lectura. Cuando Dios dice que cayó la tierra, lo que está diciendo es que tuvo gran derrota la carne. Cuando añade que cayó el mundo, está consignando que el que cayó o se desplomó fue el sistema secular, y por qué no, también el religioso. Y cuando se refiere a que enfermaron los altos pueblos de la tierra, nos está mostrando que las naciones de mayor poderío jamás podrán evadir su poder si es que Él lo despliega contra ellas. La versión Biblia Textual, al mismo texto, lo resume así: De duelo está la tierra, se reseca; Languidece el universo, se marchita; Los encumbrados de la tierra desfallecen. Lo que la versión tradicional da como altos pueblos, aquí se traduce como nobles. Es decir, esto atañe tanto a la clase plebeya como a la nobleza. Y eso, en el tiempo donde esto fue escrito, era algo tan impensado como si hoy dijéramos que esta peste puede matar al mendigo que duerme en la plaza como al presidente de un país.

(5) Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno.

Sería interesante saber como y en qué puede contaminarse la tierra. En principio, si seguimos la línea, estamos hablando de la carne, ya no de un suelo físico. Y una contaminación es una degradación que puede producirse con sustancias perjudiciales, una alteración de la pureza de algunas cosas y, obviamente, el contagio de una enfermedad, algo sumamente de moda. Se contaminó la carne. ¿Y por qué ocurrió todo esto? Porque dice que traspasaron las leyes, lo cual significa que las transgredieron, falsearon el derecho, lo que te está diciendo que existía un derecho y algo o alguien lo falsificó, y finalmente quebrantaron el pacto sempiterno, que es como decir que se burlaron de un pacto realizado con Dios mismo, ya que no existe otro sempiterno en esta Creación.

(6) Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres.

Te decía antes que cuesta bastante relacionar a un Dios como el que tenemos en nuestra mente, con alguien que emite una maldición de esta naturaleza, ¿Verdad? Maldición, te recuerdo, es una imprecación que se dirige contra alguien o algo, manifestando enojo y aversión hacia él o hacia ello, y muy particularmente deseo de que le venga algún daño. Eso dice cualquier buen diccionario, pero presumo que esto se va un poco más allá del idioma español liso y llano. Esto es de origen divino. Es, en todo caso, lo opuesto a bendición y se relaciona mucho con Satanás y el ocultismo. Por eso cuesta considerablemente establecerla en Dios. Claro está que en esta área, tiene sus particularidades. Fijate que la primera maldición que pronunció Diosm después de la rebelión del Edén, fue contra el instigador de aquella rebelión mediante el agente que este había utilizado: la serpiente. Ojo que la maldición no fue contra el hombre, ni contra la mujer, fue contra el mensajero, la serpiente. Esta clase de maldición de ninguna manera debe confundirse con blasfemia o un enfado violento. Es mecanismo de juicio, que como ya hemos explicado, procura establecer diferencia y distancia entre lo verdadero y lo falso. Una crisis es capaz de producir esa separación y ese juicio, por eso es que Dios las ha permitido y las sigue permitiendo en este tiempo. No es contra el hombre, es a favor de él. Otra versión dice que la maldición devora la tierra, y que sus habitantes lo pagan.

(7) Se perdió el vino, (Se perdió la revelación. Languidece en medio de la apatía) enfermó la vid, (Enfermó el pueblo de Dios, se ha marchitado) gimieron todos los que eran alegres de corazón.

(8) Cesó el regocijo de los panderos, (Se guardaron las tremendas bandas de alabanza y adoración) se acabó el estruendo de los que se alegran, (Ya nadie da gritos de júbilo) cesó la alegría del arpa.

(9) No beberán vino con cantar; (Ya no hay revelación entre canción y canción) la sidra les será amarga a los que la bebieren.

La sidra es, de alguna manera, en la Biblia, el sinónimo de fiesta, de alegría apartada de los caminos de Dios, de borracheras, de ese aturdirse en el cual todavía cae tanta gente sin Dios que no puede encontrarle sentido a su vida. A esa gente es a la que el mensaje del evangelio tiene que llegar. A esa gente, que en algunos casos muy puntuales y gracias a Dios no demasiado abundantes, también están dentro de los templos cristianos

(10) Quebrantada está la ciudad por la vanidad; toda casa se ha cerrado, para que no entre nadie.

Ahora imagina esto: ¿Puede toda una ciudad, con su enorme estructura y sus millones de habitantes, quebrantarse fieramente por causa de la vanidad imperante en ese ambiente? Sí, puede. Y no por los varios motivos que conocemos, (La inseguridad, la droga, el delito, etc.), sino por una causa específica: Dios nunca quiso que nosotros habitáramos ciudades. Es más: Él nos mandó que fuéramos al campo, pero Caín fue el primer desobediente y nos hizo pagar a todos los demás, las consecuencias de su propia desobediencia. Entonces esa vanidad, que significa arrogancia, deseo de ser admirado por el alto concepto que uno mismo tiene de lo que estima son sus méritos, inevitablemente llevará al hombre al quebrantamiento de corazón. Hoy, con todo lo nos está pasando, tienes una prueba de ello, ¿O no se ha cerrado toda casa para que no entre nadie? ¿No estamos viviendo exactamente eso, en este tiempo?

(11) Hay clamores por falta de vino en las calles; todo gozo se oscureció, se desterró la alegría de la tierra.

Lo primero que quiero que hagas, es ponerte una mano en tu corazón, dejar de leer tu Biblia con un sentido literal, dando por cierto por obediencia todo lo que allí se te dice, pero no pudiendo evitar de considerarlo como algo literal que pasó hace mucho tiempo. Aquí te está  hablando de otra cosa. Te dice que en las calles hay clamores por falta de vino. ¿Tú puedes llegar a pensar, si tienes una pizca de cerebro, que los borrachos van a andar por las calles, en un tiempo como este, clamando para que un ángel les traiga una copa de vino? El clamor, mi hermana, mi hermano, es por la falta de revelación. Ocurre que, cuando hay falta de revelación, entonces entramos a tejer hipótesis, conjeturas, opiniones y debates. Y la palabra de Dios no es nada de esto último: o es revelación del Espíritu o es vana palabrería humana. Y si eso sucede, el gozo, (Que no es la alegría superficial, esa que hasta con el alcohol se puede conseguir) también se pierde, porque nuestro gozo siempre girará en torno a la revelación de su palabra. Finalmente, y como consecuencia de eso que vive íntimamente el pueblo de Dios, el mundo secular se siente contagiado y la alegría general y el bullicio desaparecen de la tierra. Pregunto: en algunos lugares que seguramente tú habrás podido ver, en estas horas, ¿No es exactamente eso lo que está pasando?

(12) La ciudad quedó desolada, y con ruina fue derribada la puerta.

Una vez más, la desolación se engalana de una ciudad. Y la puerta derribada, más allá de la significación que tiene, ya que la puerta era el lugar de comando, de autoridad de cada ciudad, de lo que te habla es precisamente de eso, que como una desolación producida por juicio, lo primero que derriba es a una autoridad falsa. Una autoridad que no ha sido puesta por el Rey. La versión Biblia Textual, en este verso, dice que en la ciudad solo quedan escombros. Escombros, al menos aquí en mi país, son aquellos trozos de ladrillos o mampostería que quedan como resultado de la destrucción de una construcción. Es decir: si un enorme viento derrumba una vivienda, lo que queda en el suelo, son sus escombros. Y esta versión dice que la ciudad quedó así, lo que te deja entender que todo lo que el hombre había construido, con su sabiduría humana personal y su esfuerzo, en un santiamén fue derribado y sólo quedaron las ruinas. Es, de alguna manera, lo que le espera a la obra del hombre si no la somete a Dios.

Ahora bien: lo que viene, nos indica que habrá un remanente preservado de la destrucción general, y que será un remanente devoto y piadoso. Estos pocos estarán dispersos, como los restos del olivo, escondido bajo las hojas. Es notorio que el Señor conoce a los suyos, pero fíjate que el mundo, no. Cuando la alegría de toda esa gente sin Dios que inunda el mundo secular se acabe, el gozo de los santos será tan vívido como siempre, porque el pacto de gracia, la fuente de sus consuelos, y el fundamento de sus esperanzas, nunca falla. Los que se regocijan en el Señor pueden regocijarse en la tribulación, y por fe, pueden triunfar cuando todos los que los rodean están llorando. Por la televisión y las redes sociales incentivas a sus congéneres a hacer lo mismo que ellos, a los que están en el horno de la aflicción. O en los valles, lugares cenagosos, oscuros, bajos. En todo fuego, aún el más caliente, en todo lugar, aún el más remoto, mantengamos nuestros buenos pensamientos de Dios. Si ninguna de estas pruebas nos conmueven, entonces glorifiquemos al Señor en las hogueras.

(13) Porque así será en medio de la tierra, en medio de los pueblos, como olivo sacudido, como rebuscos después de la vendimia.

Cuando dice que será en medio de la tierra, lo sabemos, de lo que está hablando es de lo que será en medio de la carne, en medio de los pueblos en su conjunto. Serán sacudidos, sin duda, pero luego vendrá lo que aquí se consigna como rebuscos después de la vendimia. A vendimia, lo sabemos, al menos los países como el nuestro, con producción de buen vino, es la recolección de la cosecha de la uva, mientras que el rebusco, es el trabajo de observar en algún sitio si hay algo que sirva para sacar o seleccionar lo mejor. Rebusco es algo que se hace con cuidado y esmero. Es, de alguna manera, como decir que se busca al Remanente Santo, el que quedará visible después de todo esto.

(14) Estos alzarán su voz, cantarán gozosos por la grandeza de Jehová; desde el mar darán voces.

Hay que separar muy bien los significados de las palabras. Dice que alzarán su voz y cantaran gozosos por la grandeza de Jehová. No dice alegres, dice gozosos, que aunque suene muy parecido, no significa lo mismo. La alegría llega cuando todas nuestros asuntos andan bien y excelente, pero el gozo de Dios es posible cuando ninguno de nuestros asuntos están como quisiéramos. Con esto, lo que intento que sepas, es que alegría puede sentir cualquier hombre o mujer del planeta, crea en lo que crea o no crea en nada. Pero gozo, solamente los hijos de Dios, porque el gozo emana del Padre, no del mundo y sus efímeros éxitos.

 (15) Glorificad por esto a Jehová en los valles; en las orillas del mar sea nombrado Jehová Dios de Israel.

Lo que en esta versión se lee como glorificar, en la versión Biblia Textual, se traduce como Aclamad. Y cuando se refiere a los valles, otra versiones hablan de oriente e, incluso, de fuego. Todo esto hace que lo que realmente interesa de recuperar de este pasaje, es la realidad y la vigencia de la glorificación a Dios y de la adoración de su nombre. Es notorio que los creyentes pueden ser empujados a las partes más remotas de la tierra, pero están cantando, no suspirando. Aquí hay terror para los pecadores; el profeta lamenta las miserias que vio venir cual torrente, y el pequeño número de creyentes. Él prevé que el pecado abundará. El significado es simple, que el mal persigue a los pecadores. Inestables, inciertas son todas estas cosas.

Los mundanos piensan habitar en la tierra como en un palacio, como en un castillo; pero será quitada como una cabaña, como un alojamiento dispuesto para una noche. Caerá y no se volverá a levantar, pero habrá cielos y tierra nuevos en que nada habitará sino la justicia. El pecado es una carga para toda la creación; es una carga pesada bajo la cual ahora gime, y al fin de hundirá. Dios visitará a los elevados que están hinchados en su grandeza, que se piensan fuera del alcance del peligro, por su orgullo y crueldad. Nosotros no juzguemos nada antes de tiempo, aunque algunos serán visitados. Nadie en este mundo estará seguro aunque su condición sea siempre próspera; ni nadie tiene que desesperarse aunque su condición sea muy deplorable. Dios será glorificado en todo esto. Pero el misterio de la Providencia aún no está terminado. La ruina de los enemigos del Redentor debe dar lugar a su Reino y, entonces, el Sol de Justicia aparecerá en plena gloria. Felices los que aceptan la advertencia que hay en la sentencia contra otros; todo pecador impenitente se hundirá bajo su transgresión y no subirá más, mientras los creyentes disfrutan bendición eterna.

(16) De lo postrero de la tierra oímos cánticos: Gloria al justo. Y yo dije: ¡Mi desdicha, mi desdicha, ay de mí! Prevaricadores han prevaricado; y han prevaricado con prevaricación de desleales.

Gloria al justo. ¿Y qué cosa es un justo? Según nuestra lengua española, un justo es alguien que establece justicia, así de sencillo. Ahora pregunto: ¿Habrá en la tierra alguien, humano, capaz de establecer auténtica y genuina justicia? No. ¿Y como entendemos esto? Simple: Justo es todo aquel que, por obediencia, hace exactamente lo que Dios haría en su lugar. Eso es un justo. Ahora dime cuantos conoces, cerca de ti. Y luego dime como andan las cosas por tu vida respecto a esto. No te enojes conmigo, yo también estoy en tu misma batalla. Sólo que esperando victoria, no dudando ni temiendo derrota. Luego alude a la prevaricación. ¿Tienes en claro lo que es prevaricar? No es pecar, entiende, es mucho peor. Porque cualquiera de nosotros, tú mismo, tú misma, yo mismo, por ignorancia, debilidad o lo que sea, podemos pecar ya mismo, así es como somos en nuestra naturaleza. Pero sabemos que si nos llegara a suceder imprevista e impensadamente algo así, de inmediato podríamos acudir a nuestro gran abogado, Jesucristo el Justo, y ahí mismo saldríamos perdonados, lavados, limpiados y restaurados. Pero si sabiendo que estamos por pecar, por las razones que sean, decidimos seguir adelante, a sabiendas que eso nos traerá juicio, eso se llama Prevaricar. Y su tratamiento es muy distinto al del pecado.

(17) Terror, foso y red sobre ti, oh morador de la tierra.

Esto te habla, en sentido figurado pero con mucha certeza, de lo que sientes en tu ser interior cuando caes en pecado. Hay mucha escritura que respalda esto. En Deuteronomio 28:67, leemos esto: Por la mañana dirás: ¡Quién diera que fuese la tarde! y a la tarde dirás: ¡Quién diera que fuese la mañana! por el miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y por lo que verán tus ojos. Job, en su libro, 15:20, lo ve así: Todos sus días, el impío es atormentado de dolor, Y el número de sus años está escondido para el violento. El libro de los Salmos no está al margen de esto, mira el 107:17: Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su rebelión Y a causa de sus maldades; Y mucho menos los Proverbios, leemos el 13:15: El buen entendimiento da gracia; Mas el camino de los transgresores es duro. Ya en el Nuevo Testamento, el concepto se repite. Pablo lo esgrime con sabiduría en su carta a los Romanos. En 2:9, dice: tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, mientras que en 3:16, concluye: Quebranto y desventura hay en sus camino;

(18) Y acontecerá que el que huyere de la voz del terror caerá en el foso; y el que saliere de en medio del foso será preso en la red; porque de lo alto se abrirán ventanas, y temblarán los cimientos de la tierra.

Esto, lo que te está dejando más que en claro, es que no habrá escapatoria. No, al menos, como nosotros los seres humanos entendemos el escapar de algo. Si llueve, nos escapamos de la tormenta para refugiarnos en un sitio a resguardo, donde no llega el viento, el granizo ni la lluvia, así es como huimos de los peligros. En este caso, queda claro que no podrá ser, no nos será permitido, porque el peligro llega, precisamente, para que lo afrontemos, lo batallemos y lo derrotemos, no para que huyamos. Por lo tanto, el que se asuste por los gritos de terror de las personas y pretenda huir, tropezará con lo que sea y se caerá a un pozo. Y si llegara a poder salir de ese pozo, caerá en alguna red que justamente acierte a estar en ese lugar. ¿Tanta casualidad? No, no existen las casualidades. Es Dios que ha abierto las ventanas de los cielos y está haciendo temblar los cimientos de la tierra. ¿Crees que puedes contra eso? Pobre pequeño hombrecillo con sus piececillos pegados al suelo…

(19) Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida.

A esta escritura, quizás con la influencia de los clásicos cataclismos imaginados por los sermones de nuestras iglesias antiguas, siempre se la ha relacionado con la posibilidad no descartable, obviamente, de una guerra nuclear. Sin embargo, déjame añadirte un elemento que en todo caso, puede sonar a condimento. Si entiendes que la que será quebrantada es la tierra, como suelo, como la parte visible y sólida del planeta en donde vives, la idea de lo nuclear y todo lo visto y oído, seguirá siendo válida. Pero, si en lugar de eso, eliges entender que cuando dice tierra, en realidad está diciendo polvo, que es carne, entonces todo toma otro sentido y, las mismas palabras, pueden interpretarse de modos muy diferentes, y de información concreta y firme. Piensa, tú que reniegas mucho porque no puedes vivir en el espíritu todo lo que desearías, y tu carne todavía te pesa y te fastidia, ¿En qué áreas crees que esa, tu carne, recibiría todo lo que estás leyendo? ¿Lo tienes? Bien; exactamente en eso sería muy inteligente que empieces a trabajar ya mismo.

(20) Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará.

¿Alguna vez has tenido oportunidad de ver o escuchar a personas que forman parte de grupos o iglesias en las que la revelación divina tiene un sobre énfasis, que en casos llega hasta extremos casi insólitos lindando con el delirio místico? Yo sí, y te puedo garantizar que si no es de eso que se nos está hablando aquí, cuando dice que la carne temblará como un ebrio. Porque alguien sin revelación es un religioso que camina frío, sin horizonte ni objetivo. Hace todos los días la misma cosa y espera que de eso tan reiterativo y repetitivo, salga algo que lo bendiga. Pero el que cree vivir de revelación en revelación y deja de prestarle atención a su vida diaria, a su familia, a su trabajo, a su vida misma, ese andará por la vida temblando y será removido como una choza en donde quiera que se establezca, sencillamente porque sus bases distarán mucho de ser las sólidas y firmes que se necesitan. Y será sobre esa clase de gente sobre la que la gravedad de sus pecados, disimulados por su supuesta espiritualidad, tendrá características de hecatombe y el impacto de su colisión será de altísimo daño global. Y lo más grave de todo, es la sentencia final que dista mucho de ser la que el Señor nos propone siempre con su paciencia y su misericordia: dice que nunca más se levantará. ¿Sabes lo que significa decir Nunca Más? Pues exactamente eso. Es terminología eterna: nunca más.

(21) Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra.

¿Hay alguna duda en alguien que llegará el tiempo en el que Dios habrá de juzgar a los ángeles, tanto a los que son suyos, como a los caídos que se fueron con Luzbel? Y si Dios hará eso, que aparentemente no tendría necesidad porque todo está como está y es poco probable que cambie, ¿Qué menos haría con los reyes de la tierra? Y cuando digo reyes, en este tiempo, tú sabes a lo que me refiero: gobiernos, sistemas de gobierno, ideologías tradicionales y promocionadas como maravillosas, de uno u otro lado, modelos económicos, inclusiones o discriminaciones, en suma: todo eso que forma parte de nuestro cotidiano andar por el mundo en el cual estamos, pero del cual no somos parte espiritual. Y si Dios juzgará a sus ángeles, a los de Satanás, y también a los reyes y a todos los que creen ostentar mucho poder en esta tierra, te pregunto: ¿Quién te hizo creer que no lo hará contigo? ¿Acaso puedes decirme o darme un buen motivo para que no lo haga? Creo que será mucho mejor para ti y para tu vida, que empieces a pensar que sí, que lo puede hacer y sin problemas.

(22) Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán castigados después de muchos días.

Por si se te olvidó, sigue hablando de lo que Dios hará con el ejército de los cielos. Y dice que los amontonará y encarcelará en mazmorras. ¿Haría eso Dios con sus hermosos y serviciales ángeles? No lo creo. ¿Es que entonces se estará refiriendo a los ángeles caídos, a los que se fueron detrás de Luzbel, más conocido como Lucifer, hoy llamado Satanás? No lo sé, mi espíritu me dice que sí, quisiera que examines qué es lo que te dice el tuyo. Eso, digo, para que no caigamos en la receta fácil de asustar para convertir. No es buena esa receta. Ha traido a mucha gente a la iglesia, estoy de acuerdo, pero la ha traído del brazo del que tiene el imperio de la muerte y del miedo. ¿Sabes quién es, no es así?

(23) La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso.

Desde que tengo uso de razón y memoria eclesiástica, se ha estado enseñando que esto tendrá que ver con un tremendo cataclismo, que determinará que todo quede en tinieblas, que el fragor de alguna clase de guerra nuclear le otorgue a la luna ese color rojizo y al sol lo que aquí se describe como confusión, que bien podría interpretarse como movimiento sobre su eje. Sin embargo, y sin querer soslayar esto, que muy bien podría ser factible porque condiciones ambientales existen para que eso ocurra, yo creo que todo pasa por algo mucho más simple. Las culturas antiguas, (Y no pocas de las modernas y actuales, fogoneadas por el orientalismo y el hinduismo), han sido de uno u otro modo, adoradores del sol y de la luna, como una especie de dioses superiores. La historia bíblica y el trabajo de investigación de historiadores muy prestigiosos, como Josefo, así lo testifican. No sería extraño, entonces, que a la hora de establecer un juicio, Dios elija justamente pegar un duro golpe a esas supuestas deidades, como forma inequívoca de dejar en claro quien es el Dios del universo, el Todopoderoso, el Altísimo y Señor de Señores y Rey de Reyes. ¿DE qué lado de la escena estarás tú? Porque estar, estarás, sin dudas. A menos que te hayas muerto antes, estarás. ¿Y en qué posición íntima y personal con tu Creador te encontrarán estos sucesos? No temas, no te hagas películas de terror en tu mente, sólo reflexiona, estás más que a tiempo…

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septiembre 6, 2020 Néstor Martínez