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Tiempo de Subir al Monte

(Mateo 4: 8-11) = Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

A ver; ¿Por qué te parece que Jesús no le dijo en ese momento a Satanás que era un flor de mentiroso, ya que ninguno de los reinos que le ofrecía eran de su propiedad? Simple, porque en gran parte, lo que el diablo le estaba diciendo, era verdad. No una verdad completa si la estudias a fondo, pero verdad literal de ese momento. Satanás trabaja casi siempre así: él parte desde una verdad que tú puedes comprobar y coincidir y luego la da vuelta en el aire, la tergiversa, la convierte en una tremenda mentira y tú, como vienes confiado con la verdad con la que arrancó, te comes la mentira sin darte cuenta hasta mucho tiempo después, cuando ya ha producido un daño irreparable. No tienes idea la enorme cantidad de gente que ha caído en cualquier cosa por creerse asuntos así.

Segunda duda: ¿Qué reinos le mostró Satanás a Jesús? Ya sé que por nuestra cultura literalista e intelectual heredada de la influencia griega, de inmediato pensamos en reinos geográficos con sus cortes corruptas y sus fiestas orgiásticas, pero no, no se trata de esos reinos. En todo caso, esos reinos materiales y naturales, son el producto del culto desenfrenado de los otros: el reino del poder, del dinero, de las adicciones, de los vicios, de la sexualidad promiscua, de los homicidios, de los robos. Esos son los reinos que Satanás poseía en ese momento porque habían sido del hombre pero el hombre los había perdido.

Ahora bien; Satanás le dice que esos reinos del mundo que él le ofrece a Jesús, son suyos. Y a pesar que se lo dice con bastante convicción, igualmente hay bastante discrepancia en esto, pero suponiendo que eso fuera así como una franja de creyentes lo entiende y lo enseña, ¿En qué momento pasaron a su poder? ¿Cómo se hizo propietario Satanás de todos esos reinos? ¿Cuándo fue? En el momento de la caída de Adán, que hasta allí era el dueño de todo y de todos los reinos. ¿Recuerdas que Dios le dijo que sojuzgara todo porque todo le pertenecía? Cuando viene Jesús, entonces, todos esos reinos estaban bajo el control de las tinieblas y, como consecuencia casi natural, el hombre cae bajo el yugo de Satanás, cuando había sido creado para sojuzgarlo y que él fuera el que debía someterse.

Y si bien Dios es Todopoderoso y dueño absoluto de todo lo creado y por crearse, Él no puede modificar esto porque no puede saltarse por encima de la legalidad que Él mismo decretó. Y esa legalidad nos dice que Dios le dio al hombre toda la autoridad para gobernar y sojuzgar la tierra, pero fue el hombre el que con su pecado de desobediencia le entregó al infierno el derecho legal a reemplazarlo. Y que conste para que nadie se confunda, que si el hombre, hoy mismo, le entrega a Satanás el derecho a gobernar algo de su vida, ya sea por incredulidad, por pacto o por pecado, Dios no puede hacer absolutamente nada para cambiarlo. Está muy bueno para sacarse culpas aquello de echarle la culpa al diablo de todo lo malo o torcido que hacemos, pero deja de estarlo delante de Dios, cuando queda en evidencia que ningún demonio tiene posibilidades de hacerle nada a tu vida si antes tú con alguna acción muy puntual de pecado no le abres las puertas y le permites el acceso.

Pero esto me da pie para recordarte algo muy importante. Hoy también Satanás va a ofrecerte lo mismo que le ofreció a Jesús, diciéndote lo mismo que le dijo a Él, pero las cosas cambiaron y ahora él no es dueño de nada y todo lo que te ofrece no le pertenece, es falso de toda falsedad. Te ofrece riquezas que no son suyas, te ofrece la tierra, que no es de él, te ofrece una sabiduría carnal y terrenal, que además es malvada. En suma, todo lo que te ofrece ahora ya no le pertenece y, si tú le crees, quedas sometido a su voluntad y nadie puede liberarte porque has hecho prevalecer tu voluntad y se la has entregado por tu decisión.

(Santiago 3: 13-18) = ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

¿Has prestado atención fina a lo que dice aquí? Que si padeces de celos y entras en contiendas con mucha facilidad, aunque seas el más cumplidor y eficiente de los hermanos de tu iglesia, no tienes sabiduría divina, sino terrenal, animal y diabólica. La sabiduría de Dios se demuestra con hechos concretos en nuestra conducta, no con activismo religioso. La carencia de hipocresía es el sello de los genuinos. La falsedad hipócrita y la demagogia discursiva, es el sello del libreto infernal vendido como puro y comprado por miles y miles de personas fieles y sinceras, pero fiel y sinceramente engañadas. Si no sabes como salirte de ese plagio, recuerda a Santiago.

(Santiago 1: 2-5) = Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

Pero hay una verdad que cuando la escuches, aunque ya la sepas, volverá a hacerte sentir feliz. Todo lo que Satanás te ofrezca, hoy, ya es tuyo, ya te pertenece. Si logra engañarte y le crees, entonces le estás entregando voluntariamente tu alma a cambio de riquezas o poderes que ya eran tuyos. Porque será suficiente que te diga que todo lo que existe le pertenece al Padre, y hasta donde yo sé, todo lo que le pertenece a un Padre, los que lo heredan sí o sí son sus hijos, no los extraños. Y fíjate la calidad del engaño que Satanás ha logrado infiltrar en la gente, que muchos de ellos hacen pactos con él para obtener a cambio algo que ya era suyo. Satanás les da lo que no es de él, lo que ya les pertenecía.

Él no sabía muy bien qué era lo que Jesús iba a hacer, de haberlo sabido con precisión, otra hubiera sido su estrategia; pero sí tenía más que claro que había venido a esta tierra a hacer algo que lo iba a complicar y mucho, entonces por esa causa le ofrece entregarle todo lo que Adán le cediera a cambio de adoración. Obviamente Jesús no aceptó eso y le respondió que como quiera que fueran las cosas, solamente adoraría al único Dios, su Padre. Con cada uno de nosotros pasa algo parecido. Cuando sabemos quiénes somos en Cristo, ni siquiera perdemos tiempo en discutir con Satanás. Aunque también a nosotros nos quiera hacer poner en duda nuestra identidad diciéndonos que “si somos hijos de Dios” hagamos o no hagamos tal o cual cosa, simplemente nos quedamos en silencio porque esa batalla ya fue ganada en la cruz.

Los que tienen mayor experiencia en esta clase de confrontaciones, saben muy bien y así lo enseñan, que cuando alguien comienza a discutir o a debatir con Satanás por la razón o la causa que sea, lo que está dejando en evidencia son dos cosas: que le teme y que no se siente con suficiente autoridad como para derrotarlo. Sucede lo mismo que cuando un jefe, patrón o director de algo se siente en la obligación de gritarle a sus subordinados que es él quien manda allí. Lo que deja a la vista que no tiene real autoridad, porque la autoridad no se gana a los alaridos, sino haciendo la voluntad de Dios y por el camino correcto. La conclusión de todo esto es que Jesús no discute con Satanás en nada porque sabe quien es, cual es su ADN y qué clase de autoridad le ha sido entregada.

(Mateo 21: 23-27) = Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te dio esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

Dime, con la máxima honestidad que tengas y con tu corazón lleno de sinceridad en tu mano: si oyeras hoy a alguien dentro o fuera de una iglesia, pero perteneciente a nuestra condición de cristianos, ¿entenderías que ha sido un real y genuino enviado de Dios, o pensarías que es un arrogante más de los tantos que juega n a ser los grandes líderes del evangelio? Tenemos un grave problema los hombres con la autoridad: la confundimos con orgullo, soberbia o arrogancia. Es muy cierto que dentro de los ambientes eclesiásticos hay mucho orgullo, mucha soberbia y no poca arrogancia, y que al mismo tiempo lo que mas escasea es la autoridad, pero que cuando esta existe y sale a la luz pública, generalmente cosecha más rechazos que adhesiones.

Cuando Jesús retorna del desierto luego de esos cuarenta días, es cuando realmente comienza su ministerio, y no duda ni tiene inconvenientes en echar fuera demonios y expulsarlos de donde se encuentren, porque además de su autoridad natural por nacimiento divino, el paso por el desierto, las pruebas y el ayuno le han otorgado una autoridad superior que le permite hace todo eso y mucho más. Por eso se nos dice que debemos ser imitadores de Cristo, ya que de ese modo tendremos su misma autoridad. Pero nadie imita lo que no conoce. Las diferentes voces de las personas de los distintos países, sus modismos y tonadas, son producto de la imitación. Puedes hablar con tonada argentina, chilena, mexicana o caribeña si estás con gente de allá y la oyes hablar. Tu oído si es fino registra eso y al poco tiempo tu estarás hablando igual a ellos, sin ser nativo de donde ellos lo son.

Imitar a alguien es reaccionar ante las cosas del mismo modo que aquel a quien imitamos, responder con similares conceptos, hacer las mismas cosas o mayores, tener una posición igual ante la sociedad. Los primeros en llamarnos cristianos fueron los griegos. Y si bien lo hicieron en tono de sorna o burla, la realidad es que lo que ellos querían significar con ese adjetivo, es que todos nosotros éramos pequeños Cristos, que no es una blasfemia ni mucho menos, ya que sabemos que Cristo significa Mesías, Ungido de Dios y eso es lo que teóricamente deberíamos ser cada uno de nosotros cuando salimos a la calle. Ojo: no te estoy diciendo que seamos diocesitos o pequeños dioses, porque Nueva Era enseña esto y ha confundido bastante. Lo que digo es que tenemos autoridad para comportarnos así y lograr similares objetivos.

No se trata, (Quiero que a esto que digo ahora  lo entiendas muy bien) de vestirnos con ropas raras y conseguir con eso andar rozando el ridículo, se trata de tener un estilo de vida acorde con lo que predicamos. Con eso sería más que suficiente para que la gente que nos conoce y nos trata diariamente, se dé cuenta que somos creyentes. Tampoco me estoy refiriendo, (Y a esto también quiero que lo entiendas bien), a hablar con esas muletillas tan clásicas y tradicionales de la fraseología evangélica. Nadie te va a ver como creyente auténtico porque andes por la calle diciendo aleluya cada treinta segundos y gloria a Dios cada cuarenta. No pasa por allí la cuestión. La gente va a saber sin que nadie se lo diga que eres un hijo o una hija de Dios simplemente porque tendrás una honestidad e integridad que no existe en el mundo secular. Hablarás con palabras sanas y sin doble intención, malicia o directamente grosería. Ser, antes que hacer o parecer. Eso te hace creyente en Cristo.

Conocer a Cristo es la base fundamental de todo. Recién allí es cuando entiendes que eso no es en absoluto religión. Es más, te vas a enojar contra la religión y todos sus modernos fariseos. La religión es la que te enseñó a decir: ¡Te alabo, mi Dios!, que está bueno y no es negativo, pero la realidad a mí me dice que si queremos de verdad alabar a Dios, lo que tenemos que hacer es hablar maravillas de Él, de su poder, de su amor, de su misericordia. Si yo digo: ¡Qué grande y hermoso es mi Dios!, estoy verdaderamente alabando. Si digo “te alabo”, solamente estoy diciendo lo que tengo que hacer, pero todavía no lo estoy haciendo, ¿Se entiende?

Mira; cuando tú conoces realmente el corazón de Cristo, vas a preguntarte qué estuviste haciendo tanto tiempo, antes y como te engañaron, como no te diste cuenta que te mintieron y como les creíste mansamente, sujetamente, sus mentiras. Como viviste bajo el evangelio del terror, cómo pudiste caminar bajo el evangelio de la miseria y la pobreza, cómo pudiste creerte todo eso. ¿Maldad? ¿Acaso delincuencia? En algunos casos puntuales, puede ser que sí, pero mayoritariamente lo que sucede es que esos que se supone y dicen ser representantes de Cristo, tampoco lo conocen, entonces como vulgarmente decimos por aquí, hacen la suya. Sin mala intención, quizás, pero en error pleno y total. Mi pueblo perece por… ¿Recuerdas a eso de Oseas, verdad? No llegaron a conocer el corazón de Dios. Se quedaron con la liturgia, con mandamientos de hombres en forma de estatutos y ordenanzas denominacionales.

Jesús no cedió ante las tentaciones que le ofreció Satanás porque le detectó sus intenciones desde el principio. Que distinto sería todo si los que están entre nosotros en eminencia aprendieran a reconocer las intenciones verdaderas de todos los que se les acercan. Muchos se te acercan para recibir bendición de ti, es verdad, pero no son pocos los que lo hacen para desgastarte, hacerte dudar o tentarte con fraudes o engaños que te harían más rico y poderoso aquí en la tierra. Es fundamental discernir los espíritus de aquellos que se nos acercan. Los genuinos no van a ofenderse por eso, al contrario. Serán los falsos los que te dirán que eres desconfiado y que no te pareces a Jesús. Mienten y lo saben, pero lo que desean es neutralizarte, y si no lo consiguen, derrumbarte.

Entonces, la gran pregunta es: ¿Qué ha pasado con la iglesia? ¿Por qué no gobierna como tiene que gobernar? ¿Por qué no hace la voluntad de Dios como debe hacerlo? ¿Por qué vemos a muchos cristianos vivir y tener conductas peores que los que llamamos mundanos? ¿Por qué andan llorando por las esquinas por las razones que sean? Si están casados porque no les funciona el matrimonio. Si están solteros porque no saben como encontrar novio o novia. Lloran porque bogan y lloran porque no bogan. ¿Por qué? Ya lo anticipa Proverbios, cuando dice que hay mucha gente que no puede disfrutar de lo que se le ha dado. ¿Sabes por qué? Porque todavía no entendió ni creyó que el enemigo verdaderamente ya está derrotado. Y sigue declarando derrota cuando todo el cielo está hablando de victoria.

Y si no te parece que sea así como te digo, fíjate en algunos detalles muy nuestros que seguramente tú habrás vivido como yo. ¿Por qué piensas que hay tanta gente que predica sobre el Apocalipsis como algo espantoso, destructivo y casi siniestro, cuando es el libro que te habla del establecimiento definitivo del Reino de Dios en la tierra? ¿Por qué la iglesia que debería conocer todo esto le copia al mundo incrédulo y rotula como “un apocalipsis” a algo que es destrucción, conflagración o estallido nuclear? ¿Por qué lo interpreta así si sabe por poco por mucho que Apocalipsis es en realidad apocaluptus y significa revelación? Tan inconscientes e ignorantes seremos que estimaremos como una destrucción y el fin de todo el universo lo que en realidad es la revelación de Jesucristo? ¿Una forma de unir cielo y tierra bajo un mismo nombre que está por encima de todo nombre?

Hay algo que indudablemente no terminamos de entender como creyentes. Jesucristo pagó un precio muy alto para recuperar todo lo que nos pertenecía. Y nosotros nos movemos como si eso jamás hubiera sucedido. Por poco hay cristianos que le piden permiso al diablo para hacer ciertas y determinadas cosas. ¡Satanás no es dueño de nada! Todo lo que él hoy maneja, es porque alguien se lo ha entregado. Ni siquiera ha robado, aunque es ladrón desde siempre. Sólo tomó y aprovecha lo que alguien puso a su disposición. Creo que no de los mayores pecados del pueblo de Dios, es el haber subestimado y hasta omitido el sacrificio de Jesús en la cruz y todo lo que allí se jugó y se ganó en nuestro favor.

Jesús dio todo. Se dio a sí mismo sin esperar más gratificación que la que el Padre le había prometido. Pero no aquí, sino allá. No se trata de dinero ni de posesiones, se trata de dar de lo que se tiene, y a veces lo único que tenemos es unción, es gracia, es amor, es integridad, es transparencia. Muchos están convencidos que el culto a Mammón, que es el dios falso del dinero, es un patrimonio de la gente rica, de los millonarios. Puede ser que eso les pase a ellos, pero no te asombres si te cuento que muchos pobres que no tienen donde caerse muertos adoran a Mammón más que esos ricos, sólo que ese dios parecería ser que no los está bendiciendo. La adoración al dinero es pecado, no ganar dinero. Si lo ganas trabajando honradamente o haciendo negocios honrados, aunque hagas una fortuna no estás pecando. Pero diez centavos que te pongas en el bolsillo como producto de un negocio ilícito, sí es pecado.

Miles, quizás millones de cristianos viven abrumados por el temor al pecado. No es negativo, eso, ya que de alguna manera los protege de caer. Pero déjame decirte que mucho peor que caer en pecado, es caer en las garras del espíritu de religiosidad. Porque ya sabes que con arrepentimiento genuino, siempre hay perdón para el pecado, pero para el religioso no existe nada de eso, ya que cree con total y absoluta sinceridad que es santo de toda santidad. No puede ser perdonado porque no cree que deba pedir perdón. Una revelación divina va a entrar mucho más fácilmente en el alma de un borracho o un drogadicto que en la de un fariseo o legalista. A mí en lo personal me ha sido mucho más sencillo enseñarle verdades a un católico romano practicante que a un evangélico de años y años de iglesia tradicional. El primero tiene doctrina errónea, pero tal vez es sincero. El segundo tiene un libreto y modismos al tono que él supone son su salvoconducto al cielo. Terrible.

Pero no es el hombre el que determinará su vida, aunque tome las decisiones. Por más que se pase una vida dándole autoridad al infierno y el infierno devolviéndosela con poderes y riquezas, eso no es victoria, porque el imperio del miedo y de la muerte no lo dejará vivir en paz. No sirve pactar con satanás, aunque miles y miles hoy estén pactando. Artistas, músicos, empresarios, políticos, deportistas viven haciendo pactos con los demonios como si eso les garantizara todo por siempre. Lo único que se llevan es un éxito y una prosperidad efímera, mientras estén respirando entre nosotros. El día que esa respiración se corta, ese día pierden todo eso ganado y se quedan pobres, desnudos y fuera de la gloria divina.

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agosto 6, 2022 Néstor Martínez