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El Ámbito de las Angustias

Hace, prácticamente tres años y algunos meses, cuando comenzó a tomar volumen e importancia todo el tema este de la pandemia de Covid 19, no pude evitar recordar un pasaje que alguna vez había leído en mi Biblia. Les confieso que no recordaba donde estaba y en qué contexto, pero con la ayuda de una buena concordancia, logré hallarlo.

(Apocalipsis 3: 10) = Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.

De inmediato, no pude evitar pensar que cuando llegan momentos de crisis o prueba, Satanás echa mano a una antigua estrategia suya que aún le da muy buenos resultados: enviar personeros suyos, a los que podríamos denominar Espíritus Angustiadores, con la misión de socavar y enfermar nuestras emociones y, como consecuencia de ello, hacer bajar nuestras defensas biológicas y empujarnos al contagio de cualquier virus con todas sus consecuencias. Esto no es nuevo, quedará demostrado a partir de tu Biblia y la mía, pero déjame decirte que todavía le sigue dando muy buenos resultados al que lidera el reino de las tinieblas.

Hay tres salmos que en su contenido hacen referencia a esos Angustiadores. El primero es el Salmo 7 y verso 6: Levántate, oh Jehová, en tu ira; Alzate en contra de la furia de mis angustiadores, Y despierta en favor mío el juicio que mandaste. Punto primero: los Angustiadores siempre actúan con furia, que es ira, violencia, crueldad, maldad. El segundo es el Salmo 27:2: Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Los angustiadores llegan a comer tus carnes, es decir: para tomar derecho legal para atacarte y hasta destruirte y si continúas dejándote llevar por tu carnalidad. Dios tomará control de eso, pero en la medida que crucifiques tu carne. Y el tercer salmo es el 6:6: Me he consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con mis lágrimas. Esta, obviamente, es la consecuencia emocional de la actividad de un Angustiador.

Hay un episodio muy vívido en el Antiguo Testamento que refleja y resalta la presencia de estos personeros satánicos. Está relacionado con el libro de Job, quien como todos saben, fue un personaje que vivió una tremenda prueba en medio de Dios y de Satanás, y que por esta causa fue despojado de todos sus bienes y su honra. En el 19:9 dice: Me ha despojado de mi gloria, y quitado mi corona de mi cabeza. Esto no fue todo, también le llegó una enfermedad. Lo refleja en 7:5 cuando expresa: Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; mi piel hendida y abominable.

Todo lo que se describe es obvio que dejó a este pobre hombre sin esperanzas. Lo cuenta en 19:10 cuando relata: Me arruinó por todos lados, y perezco; y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado. No me digas que nunca te has sentido así en tu vida. Y no sólo eso, sino que por su propia reacción, obstaculizó la respuesta divina. A eso lo dice en 19:7, cuando casi grita: He aquí, yo clamaré agravio, y no seré oído; Daré voces, y no habrá juicio. Podemos ver que se levantaron sus Angustiadores en medio de sus amigos más íntimos e incluso dentro de su propia familia. Se desgarra diciéndolo en 19:19: Todos mis íntimos amigos me aborrecieron, Y los que yo amaba se volvieron contra mí.

¿Tarea central de un Angustiador? El verbo se conjuga solo: angustiar. ¿Qué es lo que se angustia en un ser humano? No es su espíritu, ya que este en todo caso se abruma, se duerme, se contrista. Tampoco su cuerpo, que responder a acciones fisiológicas independientes. Su alma, eso es lo que mayoritariamente se angustia. 19:2 lo expresa así: ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, Y me moleréis con palabras? Un alma angustiada es presa de profundo dolor, al punto de llegar a aborrecer su propia vida. Mira 3:10 y 11: Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, Ni escondió de mis ojos la miseria. ¿Por qué no morí yo en la matriz, O expiré al salir del vientre?

Sin embargo, este hombre todavía tiene capacidad de reacción y en un momento dado se levanta en fe con la convicción que Aquel que lo defiende y respalda, está activo y a su favor. En 19:25-29, dice: Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí. Mas debierais decir: ¿Por qué le perseguimos? Ya que la raíz del asunto se halla en mí. Temed vosotros delante de la espada; Porque sobreviene el furor de la espada a causa de las injusticias, Para que sepáis que hay un juicio.

Y de improviso, la palabra Justicia apareció en el oscuro horizonte de Job y la ira de Dios se desencadenó en contra de sus angustiadores. Primeramente Dios tiene palabras muy concretas y claras para con Job, y luego, en 42:7 el hecho se refleja así: Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job. Pero esto es acompañado por una actitud de Job relacionada con su capacidad de oración. El verso 8 lo muestra de este modo: Ahora, pues, tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job.

Fin de la dramática historia. Fin de este relato que hemos tomado por base a partir del Antiguo Testamento, para referirnos a algo que todavía sigue vivo y vigente en las vidas de muchos cristianos, los angustiadores enviados por Satanás para demolerlos. El verso 10 sencilla y simplemente nos informa que:  Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.

Hay muchas promesas de fidelidad de parte de Dios para con su pueblo en los días de los angustiadores. El pasaje de Apocalipsis 3:10 con el que comencé este trabajo, es uno, pero no el único. El Salmo 20:1-4 es otro con palabra justa: Jehová te oiga en el día de conflicto; El nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envíe ayuda desde el santuario, Y desde Sion te sostenga. Haga memoria de todas tus ofrendas, Y acepte tu holocausto. Te dé conforme al deseo de tu corazón, Y cumpla todo tu consejo.

Y, finalmente, como sucede con tantos otros problemas o tribulaciones que existen en la vida de los hijos de Dios, tenemos al maravilloso, incomparable y casi único Salmo 91, en toda su extensión. Válido puntualmente para esto, para la pandemia, para cualquier otro tropiezo de cada hombre o mujer de Dios y para todo aquel que se decida a hacerlo suyo aceptándolo, creyéndolo como hecho y poniéndolo por obra desde la propia fe:

(Salmo 91: 1) = El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. A ver; morar bajo la sombra del Omnipotente, es estar protegido contra todo y todos los que te vengan en contra, pero tiene una condición previa que no siempre se trasluce en la lectura: eso sucede con aquellos que habitan al abrigo del Altísimo, que es como decir: gente que jamás se sale de debajo del paraguas divino.

(2) Diré yo a Jehová: esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Nosotros decimos que vamos a alabar a Dios y ahí salimos y decimos: ¡Oh, Dios mío! ¡Yo te alabo! Está bien, Dios es bueno y acepta esa alabanza tan forzada como buena, pero déjame decirte que alabar a Dios a conciencia, es decirle esto que el salmista le dice aquí. ¡Esto es una alabanza! ¡Aquí es donde Dios mora de manera permanente en cada uno de nosotros!

(3) Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. El cazador ya sabes quién es. Su lazo (Que utiliza con extraordinaria habilidad), es un elemento que sólo aguarda que le des la más mínima oportunidad y quedarás prisionero. De eso se trata cuando se nos dice que no demos lugar. Que no le demos ventaja, ocasión, posibilidades, chances, derechos legales. Y de la peste destructora creo que no necesito decirte nada. La has visto, la has olido y palpado en tus cercanías. No sé si te afectó directa o indirectamente en algo, pero sí sé que afectó a millones de personas y, entre ellas, a muchos cristianos. Peste. Pregunto: ¿Por qué no habrán sido librados? Casi automáticamente me remito al verso 1.

(4) Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. A lo largo de toda mi carrera de creyente, he oído las comparaciones con todas las aves que puedas imaginarte respecto a ese amoroso cuidado protector de Dios. No tengo la verdad absoluta ni sé de alguien que la tenga, pero en lo que a mí sentir personal se respecta, me quedo con el águila. Por todo lo que el águila significa y porque debajo de esas tremendas alas creo que hasta un ser humano se sentiría seguro. Escudo y adarga son más o menos la misma cosa y sirven ambos para detener todo tipo de dardo en nuestra contra.

(5) No temerás al terror nocturno, ni saeta que vuele de día, (6) ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya. Estos dos versículos, que en realidad constituyen una sola frase, un solo principio, constituyen la síntesis casi perfecta de lo que es un ataque satánico integral, es decir: contra una persona, contra una familia, contra una ciudad y contra un país, da lo mismo. El terror nocturno es la presencia espiritual maligna inminente. La saeta siempre es el dardo diabólico. La pestilencia es la enfermedad y los miedos que ella conlleva y la mortandad sus consecuencias.

(7) Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; más a ti no llegará. El que lea esto y entienda que es una especie de certificado de inmortalidad terrenal, se equivoca. Dios creó a un hombre con nacimiento, vida y muerte en esta tierra. Con una resurrección y Vida Eterna si acepta ser uno de sus hijos, pero con un derrotero global y similar para todos en este paso por la tierra. ¿Y entonces? Entonces lo que debemos leer en este verso, es la posibilidad muy cierta que, si a Dios le place por alguna razón que compete a su Soberana voluntad mantenernos con vida, podrá tranquilamente suceder esto que leemos y será normal conforme a su diseño.

(8) Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos. De acuerdo. Esto no siempre sucede. No son pocos los cristianos que se han pasado toda su vida de escasez y urgencias esperando que a ese hombre rico, vecino suyo y delincuente lleno de maldad por donde se lo mire, reciba su castigo de modo visible para que el pueblo de Dios reaccione y glorifique Su nombre. Lo lamento, no funciona así. Lo más probable es que ese hombre multimillonario pase toda su vida disfrutando de su fortuna y llegue a vivir una vida longeva y se muera de viejo en su lecho cómodo y caliente. Porque déjame decirte que la recompensa a los impíos de la que aquí se habla, no se produce en esta dimensión, sino en la otra. Y en esa dimensión, tú te encontrarás en un lugar de privilegio donde podrás verlo todo y comprobarlo todo. Hoy es imposible.

(9) Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, (10) no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Esta es una promesa fiel, firme y vigente por los tiempos de los tiempos. Se activa y se cumple en cada situación en la que un hijo de Dios lo necesite y eche mano de ella. Sin embargo, como todas las promesas divinas, tiene un condicional inevitable. Dice que no te va a sobrevenir ningún mal ni tampoco plaga alguna tocará tu morada, siempre y cuando pongas a Jehová por tu esperanza, (Y no tus habilidades, no tu poder terrenal, no tu dinero, no tu inteligencia) y al Altísimo por tu habitación, que tiene directa vinculación con lo ducho y leído en el primer verso. Esta es la máxima promesa de respaldo y cobertura para mi gusto, y se ha convertido en un verdadero clásico de los clásicos de las declaraciones de victoria este salmo y estos dos versos, pero se necesita el cumplimiento de la primera parte, para que se active y sea efectiva la segunda.

(11) Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. Esto no siempre ha sido bien entendido y mucho peor ejecutado. ¿No dice la Palabra que tenemos poder y autoridad para resistir en el día malo, echar fuera demonios y pelear la buena batalla? ¿Y entonces por qué aquí se nos da a entender que deberemos esperar con confianza que Dios envíe a sus ángeles en nuestro auxilio, lo que nos estaría dando a entender que por nosotros mismos no podríamos salir victoriosos? Simple. Porque aquí no estamos hablando de demonios, sino de espíritus humanos en oposición. Y un espíritu humano es accionado por la decisión voluntaria de un hombre, contra la cual Dios no puede accionar porque su diseño le impone respetar la voluntad de su creación. Sin embargo, los ángeles ministradores sí pueden frenar esa actividad humana y someterla al señorío de Cristo. No lo hará el hombre, sino los ángeles. Está escrito.

(12) En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Para darte un aporte en este verso, tuve que consultar a una gran cantidad de versiones bíblicas. Porque si bien el contexto parece claro y tiene que entenderse como de ayuda total por parte de los ángeles, en lo conceptual no me quedaba muy claro si ellos nos llevarían en brazos o tomándonos de la mano. Una  vez más, la historia del enceguecido Saulo de Tarso entrando a Damasco luego de haber sido derribado, se repite. Lo que se nos dice aquí, por mayoría de interpretaciones, es que esos ángeles nos tomarán de la mano y nos guiarán por senderos seguros para que no suframos tropiezos, lastimaduras o magullones. La metáfora se impone, pero es tan clara que no necesita ser explicada.

(13) Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro de león y al dragón. Quiero que lo entiendas con claridad. Hollar, en el idioma español y según uno de sus buenos diccionarios, tiene tres acepciones: Pisar, dejar huella – Comprimir algo con los pies – Humillar, despreciar. Son más que contundentes estas expresiones. Nos dice que hollaremos al león, al áspid (Víbora, serpiente), al cachorro de león y al dragón, para mi gusto, cuatro expresiones de un mismo personaje: Satanás. Aunque en sus diferentes etapas como imitador.

(14) Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Otra vez manifiesta dos promesas de protección y respaldo, pero otra vez, para ambas, pone dos condiciones ineludibles y no excluyentes. Serás librado de todo mal y de todo ataque, pero si eres capaz de poner todo tu amor en Él. Y serás puesto o puesta en alto, pero si eres capaz de CONOCER su nombre, que de ninguna manera significa leer sobre su historia o capitalizar información sobre sus hechos, sino sencillamente tener intimidad con Él, ser uno en ambos.

(15) Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. No son pocos los cristianos que todavía suponen que invocar a Dios es mencionarlo en alguna conversación cotidiana con amigos, o sencillamente nombrarlo cuando decimos “hasta mañana si Dios quiere”, o “Nos encontramos si Dios lo permite”. Esto no es invocar, esto es muletilla religiosa tradicional. Invocar, según la lengua española, es LLAMAR o dirigirse a un ser sobrenatural. acogerse a una ley o costumbre, exponerla o alegarla y mencionar algo o a alguien que favorezca. Invocar a Dios es una expresión que nos queda al borde del clamor. Allí es donde Él responderá y hará todo eso que se menciona en el verso.

(16) Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación. Último verso de este maravilloso salmo profético y de combate. Con todos los elementos que hemos estado examinando verso a verso, con todas esas condiciones cumplimentadas, entonces Él hará esto que te promete en este último verso: te saciara de larga vida, que es como decirte que te hará vivir tantos años que te morirás el día que definitivamente ya estés saciado y hasta cansado de esta dimensión y empieces a desear estar y habitar en la otra, en la eterna. Allí será donde vendrá cara a cara y te mostrará lo que realmente era la salvación, y no lo que la mayoría de nosotros creía o pensaba. Así sea para Su bendita Gloria y honra.

Muchos de nosotros, o quizás todos, vemos el dolor muy negativamente. Sabemos que el dolor insoportable es una fuente de profundo miedo, preocupación e inseguridad. Incluso en este momento, algunos de ustedes está sufriendo de algún tipo de dolor. No solo estoy hablando del dolor físico. Algunos están sufriendo de dolores emocionales: sintiendo el dolor del corazón roto, la depresión, la inseguridad, la preocupación, el miedo, la vergüenza, la culpa y/o la soledad. Algunos están sufriendo de dolores psicológicos (mentales): sintiendo el dolor de la confusión sobre lo que Dios está haciendo en sus vidas, preguntando por qué Dios está permitiendo el dolor en sus vidas. Algunos están atormentados por recuerdos de dolor o de remordimientos. Algunos están sufriendo por la incertidumbre de su futuro. Otros están sufriendo de dolores espirituales: sintiendo el dolor del vacío, la falta de sentido, la falta de propósito y la insatisfacción en la vida. Algunos quizá han gritado: “¡Por favor, no más! ¡Ya no quiero seguir más!”. Viendo todo el dolor que plaga nuestras propias vidas y a nuestro alrededor, ¿Cómo podemos decir que el dolor no es una maldición? Ese es el trabajo de un espíritu angustiador. Pero, ánimo, hasta en la noche más oscura brilla una luz,

Existe una enseñanza falsa que es proclamada en muchas partes. Viene del evangelio de la prosperidad y es muy siniestra porque casi suena verdadera. La falsa enseñanza dice esto: “Jesús sufrió en la cruz por nosotros para que no tuviéramos que sufrir en la tierra”. Si esta enseñanza es cierta, entonces los primeros beneficiarios de esto deberían haber sido los doce apóstoles de Jesús. Pero ¿qué fue lo que pasó con los doce apóstoles? Pedro fue crucificado de cabeza. Pablo fue decapitado. Santiago fue apedreado y golpeado hasta la muerte. Todos los apóstoles murieron con mucho dolor, a excepción de Juan que se hizo cargo de María, la madre de Jesús. Me parece que quienes proclaman esta enseñanza falsa creen que Jesús no sufrió ni murió por Sus apóstoles.

Si no vemos cómo el dolor y el sufrimiento pueden ser usados por Dios para bien en nuestras vidas, será fácil culpar a Dios, rechazarlo y posiblemente morir en la amargura. Si pensamos que el dolor es completamente un producto del pecado y totalmente una maldición, sería difícil entender cuando Santiago dice: Tened por sumo gozo que os halléis en diversas pruebas…, o cuando David dice:  Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos«, o cuando Pablo dice: A vosotros se os ha concedido por amor de Cristo no sólo creer en Él, sino también sufrir por Él.

Entonces, ¿qué debemos hacer cuando nos enfrentamos a nuestros dolores y sufrimientos? Dar gracias a Dios en primer término por la oportunidad de vivir esa prueba y luego, tomando toda la autoridad de la que somos poseedores en Cristo Jesús, embestir contra esos espíritus visibles y ordenarles que se sujeten al señorío de Jesucristo. Proclamar la victoria de la luz por sobre la oscuridad y decretar la derrota de las potestades que vienen en nuestra contra.

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agosto 6, 2022 Néstor Martínez