Estudios » Crecimiento

Prioridades y Consecuencias

 (Romanos 3: 20) = Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. (La ley viene para que conozcas tu pecado).

(Romanos 4: 15) = Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

Había transgresión, por eso Dios le puso una ley a Adán. Si no la hubiera tenido, jamás se habría dado cuenta que había caído. ¡Qué bueno! Sin oportunidad de ser malo, claro. ¡Qué fidelidad! Sin oportunidad de apostatar.

Dios le puso la oportunidad de apostatar, y apostató. Ahí está la razón por la cual nosotros tenemos que cambiar la ley. La ley, ahora, no es la de afuera, es la de adentro. Tú puedes tener una iglesia bien estructurada, de diez mil miembros, por parámetros que tú les exiges que hagan, y ellos por amor a ti, y tú por ser bueno con ellos, porque mientras más blando es alguien con la gente, más te ama esa gente y más fiel se te hace. Pero eso no garantiza el fin.

El ser bueno con la gente, no cambia a la gente. Cuando uno confronta a la gente, la gente se enoja. Entonces salen a criticarte diciendo que no tienes amor. Porque a la gente le gusta ir a un lugar donde todos dicen que el responsable de ese lugar es un amor. Se pelean por ser parte o miembros de ese lugar, les da un cierto aire de misticismo del bueno.

Pero resulta ser que en la palabra, eso no es bíblico. Que la cabeza, el referente o el eje central de un ministerio sea preponderantemente amor y nada más que amor, eso no es bíblico. Porque ese amor que en sí mismo es bueno, te podrás imaginar que nadie lo censura, no es el que nos va a cambiar, sino la confrontación de la palabra. Pero la ley tiene que ser la habilidad de entrar en este libro y mostrarte a ti quien Dios dice que eres y para dónde vas, y que tu vida se ajuste con ella.

Liderar incluye o implica que tiene que haber una jornada en tu ministerio. Y la jornada se determina por el calibre de existencia de la gente. Cuanto hemos caminado, depende de qué tan madura anda la gente. Y qué tan madura anda la gente, no depende de cuanta Biblia saben, sino de cómo están viviendo en la sociedad. No vinimos a este planeta a recitar capítulos y versículos como si fuéramos una audio-biblia, vinimos a lo mismo que vino Jesús en su tiempo: a vivir una vida que sirviera de ejemplo, espejo y manual para los demás.

Qué promedio de jóvenes se tienen en la Universidad y qué promedio de calificaciones o notas tienen. Y fíjate que esto es Biblia, no teología. Entonces, eso es lo que Dios quiere, que la ley cambie. La ley es otra. Tiene que haber un cambio de ley. O sea, todo se hace basado en otro tipo de ministerio. Es algo nuevo, hay palabra, lo que no hay todavía es pintura del diseño.

Otra cosa que la ley es, es una fuerza invisible o una plataforma de operación. Para todos los que conocen lo mínimo de la informática o las computadoras. La ley vendría a ser el disco duro, o disco rígido de un equipo. El ministerio que sea, sería el software.

Nosotros, lo que hemos hecho, es cambiar muchos software. Le pisas un callo a la gente y reacciona igual. En reforma debemos cambiar ese programa antiguo que ya no se usa, por el más moderno y avanzado. Y entonces el software trabajará mejor. Lo que se cambia es lo de abajo, la ley.

El principio operativo. Lo pongo en español argentinizado y claro: cambian las prioridades. Lo que era importante, ahora no lo es; y lo que no era importante, ahora sí lo es. La escala de valores, cambia. La visión, cambia. Los deseos personales, cambian. La ley cambia todo eso, si no la ley no se ha tocado. Me dicen que debo actualizarme porque mi viejo siglo veinte no se parece en nada a este siglo veintiuno. Es cierto, hago lo posible. No me sale tan mal, pero… ¿Te digo algo? El evangelio no tiene tiempo cronos. Era lo mismo en el primer siglo que en este. Los que cambian son los hombres que lo transportan. Faltan Jesús, sobran Judas Iscariote.

Porque la ley es el epicentro de la humanidad, es lo que se desarrolla, es el conjunto. Ejemplo clásico: la falta de puntualidad. Porque en un principio alguien pactó llegar a una cierta hora y llegó treinta minutos después, ahora eso está impuesto como rutina. Y si alguien que llega de afuera se queja, lo primero que le responden, es: ¡Aquí se acostumbra así!

Es la conclusión de todas las filosofías dichas desde Adán hasta hoy, que han formado ese carácter en esa región, y que normalmente se denomina cultura, que produce un comportamiento determinado y similar en la gente.    

Eso cambia. La cultura de la iglesia cambió. Porque antes, para hablar de qué está pasando en Dios, se hablaba de los logros ministeriales del altar el domingo a la mañana. Y eso te decía qué tan buena estaba la iglesia, o qué tan buena estaba la onda con Dios.

Ahora, en cambio, lo que está haciendo un presidente de un país lejano o lo que sucede en naciones casi desconocidas, es lo que Dios está haciendo en la tierra. Y no sólo la oración en la iglesia. Dios se está moviendo, globalmente. Y a veces te enteras por Facebook, Instagram o Twitter. Y a veces ni siquiera te enteras. No le hace, Dios sigue activo de todos modos. Con tu apoyo o sin él. Es Dios. Él no te necesita a ti, tú lo necesitas a Él, será bueno que lo aprendas de una vez por todas.

Y si nos perdemos aquí buscando a Dios, cuando se saca la cabeza afuera se está más que perdidos. Por eso es que no se puede estar independiente de algo que está conectado global. Y no hablo de redes humanas, aunque no las desapruebo del todo; hablo de revelaciones compartidas.

Si lo vemos en lo natural, ese es un reflejo de lo espiritual. No te dejes llevar por las noticias. Mientras que hay misioneros de iglesias tradicionales, tratando de libertar a gente que están ministrando entre  refugiados destruidos por el hambre y las enfermedades, otros comentan que sólo allí es donde ellos pueden alabar a Dios, porque si salen de esos lugares, jamás podrían llegar a tener iglesias. ¿Es que es de Dios tener dos clases o formas de iglesia? No, es todo hombre, todo carne. Eso, en el mejor de los casos y por no caer en demonologías que siempre suenan fantasiosas.

Dios se está moviendo de formas raras. Y de hecho, está haciendo cosas grandes, aún dentro de climas total y absolutamente desfavorables. Es una plataforma invisible que es lo que hace que todo funcione. Entonces, al que está del otro lado, le puede parecer que es uno el que anda fuera de orden.

Y claro que sí, que anda fuera de orden, pero del orden de él, no del de Dios. Porque él anda en el orden levítico, ¿Y cuál es el orden levítico? El que hace las cosas por ritos. El orden correcto es el de Melquisedec. ¿Y cuál es el de Melquisedec? Según el poder de una vida indestructible. Son dos órdenes.

Y el orden que termina la obra comenzada, es el de Melquisedec, así que no hay otra forma, para allá vamos todos. Aunque unos vengan más tarde que otros. Esto es Biblia. Todos vamos para allá. Unos van adelante, y luego regresan a buscar los otros. La idea es que salga el remanente, para que luego salga la iglesia entera. Pero todos van para allá.

Y esa es la transición. Eso es lo que estamos experimentando. Y se manifiesta en distintos lugares de distintas maneras. Dependiendo de dónde estamos cada cual. No es lo mismo vivir la transición en Argentina, que en Brasil, que en África que en Alemania, y mucho menos en estos tiempos tan sinculares, ¿Lo entiendes?

(Gálatas 3: 15) = Hermanos, hablo en términos humanos: un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.

(16) Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: y a tu simiente, la cual es Cristo.

(17) Esto, pues, digo: el pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

Tienes que entender que hay dos palabras que dice que la ley es añadida. Hay veces que la palabra añadir, significa mezclar dos cosas y hacer una con ellas. O poner de lado a lado. La ley fue puesta al lado de la gracia. En la balanza de la vida, parecería ser que pesan lo mismo, pero a la hora de ejecutar la venta, la Gracia sigue teniendo muchísimo más valor. La Gracia existe por causa de Dios, la Ley por causa del hombre. No hay mucho más para añadir.

Y encima, o sea que no fue que canceló la gracia. Es decir que, en el tiempo que había ley, la gracia todavía era. Por eso David actuó de una manera no conforme al orden, porque volvió loco a todo el mundo, pero así y todo, todavía encontró a Dios.

No andaba operando en la misma orden. Andaba en otra orden. Moisés dio la ley, pero no vivió bajo la ley. Él mantuvo su tienda personal, con su vino, su pan y su piedra. Cuando él se metía a su tienda, Dios se movía. Aarón entró al tabernáculo; Moisés, no.

Moisés no vivió bajo la ley; él la dio. David sacó la cabeza bien fuera de la ley, y alcanzó una clase de misericordia que sólo hemos visto en el Nuevo Testamento. Que existía en ese tiempo, porque la ley no opaca la gracia, sino que fue añadida a ella.

Estaba ahí, pero es que la gente se fue por la letra y no vivió el Espíritu. La ley no invalida la promesa, entonces, la promesa es la plenitud de Cristo. Por eso tenemos que tener cuidado, porque la ley, que es lo que hace el culto, no nos opaque de obtener la promesa.

Porque el culto no es lo importante, lo importante es obtener la promesa. Y resulta ser que nosotros validamos todo conforme a la calidad del culto. Dichoso culto, no tiene nada que ver con la promesa. El culto es una escuela, y la escuela es un tutor, que es el equivalente de la ley, que sólo es para que entiendas quién es quién en ti, pero cuando lo entiendes, no la necesitas.

Mientras la iglesia se mantenga en la postura de estudiante, nunca termina. La Biblia se tiene que acabar. Mientras haya un mañana, nunca es hoy. Mientras estemos profetizando, siempre hay un mañana. Para terminar, entonces, hay que llegar a la parte de implementar. Y lo que hemos aprendido en la ley, que es el culto.

(Verso 17) = Esto, pues, digo: el pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

(18) Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.

Cuando Dios le habla a Abraham, en Génesis 12, le dice: te voy a hacer una gran nación. Y la palabra gran, es la palabra gadowl, y significa de edad y madura importante y poderosa, con magnificencia y distinguida y digna de respeto.

Escucha lo que Dios anda buscando. Que seamos una nación importante y poderosa, no mística y religiosa. Distinguida y digna de respeto. Lo místico es normal porque todo aquel que cree en algo o alguien que no se ve, que es invisible, es apto de ser llamado místico. Lo que no es normal es el híper misticismo. Ningún extremo es bueno, sólo exageración de una verdad. Lo que te hace libre es conocer la verdad, no sobredimensionarla.

En Génesis 15, cuando le repite la promesa, le dice que tiene el derecho a Canaán, y que aquellos que estén con ellos, serán bendecidos por ellos, y que aquellos que se levanten contra ellos, serán malditos.

Nota lo que Dios está produciendo. En Génesis 17, cuando pronuncia la promesa otra vez, le añade una pequeña cosa, y dice: vas a ser fructífero, todo lo que toques, se multiplicará. Por último, en Génesis 22, cuando vuelve y le habla a Abraham, le repite toda la misma promesa, y al final le dice que sus hijos van a poseer la puerta de sus enemigos.

O sea que Dios está en busca de un pueblo que tenga un estilo de vida como simiente, que al que lo juzgue, le caiga el juicio, que al que lo bendiga, que automáticamente reciba bendición. Un pueblo que se levante a poseer una promesa, y luego se la lleve a la humanidad.

A que seamos una gran nación, y que tengamos total posesión de la herencia. Una gente que produzca reyes y príncipes de sus lomos, y que posean las puertas de sus enemigos. Ese es el producto final. Y eso, señores, no viene por la ley; viene por promesa.

(Verso 18) = Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios se la concedió a Abraham mediante la promesa.

(19) Entonces, ¿Para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.

Hasta que llegara Cristo. O sea: hasta que nosotros entendamos a Cristo. En aquel tiempo, hasta que llegara Cristo físicamente. Ahora estamos en Cristo, pero creo que todavía no sabemos quién es. Estamos adorando a Jesús, el cordero que murió, no al león de Judá. En el trono, hay dos: hay un Cordero y hay un León. Uno es el sacrificio, el otro es el sacerdote. ¿Hasta cuándo el pueblo de Dios andará buscando sacrificar o sacrificarse, cuando Dios le dijo que sólo hicieran eso si les resultaba imposible amarlo?

(Verso 21) = ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.

(22) Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes.

(23) Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. (O sea que la ley te encierra hasta que tú veas. Es un tutor. Hasta que entiendas. Y estamos en el Nuevo Testamento, pero como no entendemos. Se pone más claro ya mismo.)

(24) De manera que la ley ha sido nuestro ayo, (¿Qué es un ayo? Nuestro. Pero se les envió a ellos. Y está buscando que tengamos un padre. Que salgas de la escuelita y comiences a heredar de padres de otro orden. Esto es lo que hoy está pasando en el mundo del espíritu).

(25) Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, (¿Está claro, verdad? Cuando viene la fe, ya no estás bajo el ayo.) (26) pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, (27) porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

(Gálatas 4: 1) = Pero también digo: entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo. (Lo que te está diciendo es que, mientras el heredero es niño, necesita el ayo).

Entonces la ley, hoy, viene a ser ese culto que nosotros creamos para cuidar del niño hasta que vea en dónde está parado. Nació de nuevo. Tú no estás aquí simplemente perdonado, estás aquí porque naciste de nuevo. ¿Y qué es nacer de nuevo? Es nacer de arriba. ¿Cómo que de arriba? Sí, de la posición de la cual habíamos caído. Estamos hablando de un orden superior, de una dimensión aérea pero en lo espiritual, de un ámbito en el que jamás mundano alguno ni siquiera le pasará cerca. No los envidies, no sabes lo que tienes y andas deseando porquerías mugrientas que el modernísimo sistema de marketing te vende como piedras preciosas.

Porque de arriba como término de elevación, no es. Es arriba como posición que nos corresponde. Todo el mundo está perdonado, porque si Dios fuere levantado de la tierra, ¿Atraería a cuántos hombres a mí? A todos. Y si uno murió por todos, entonces, ¿Cuántos murieron? Todos murieron.

O sea que todos fueron justificados en la cruz. Todo el mundo, todos. El que mató, el que está matando y el que va a matar. Están perdonados por Dios. El único juicio que resta, es no aceptarlo a Él. Es por lo único que la gente va a ser juzgada.

Todo el mundo ha sido perdonado de todos sus pecados. Ese es el evangelio, por si se te había olvidado. Que Dios anda reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta sus pecados. O sea que, la prostituta que todavía no se ha prostituido, ya está perdonada por haberse prostituido cuando se prostituya.

El problema es que nosotros nos creemos que estamos perdonados, también; entonces vivimos igual que ellos. Nosotros no estamos perdonados, nacimos de nuevo. Cuando nos dimos cuenta que estábamos perdonados, nacimos de nuevo. Y eso nos pone, nosotros aquí y ellos allá. ¿Por qué los seguimos copiando, imitando y creyendo que ellos hacen las cosas mejor que nosotros? ¿Cuándo vamos a entender quiénes somos y qué clase de herencia estamos recibiendo?

Ellos están muertos, nosotros estamos vivos. Efesios 2:5 dice que fuimos levantados, resucitados, y estamos sentados en los cielos. Por eso es que la Jerusalén desciende, no sube. Nos estamos formando aquí, pero somos de allá. Operamos diferente.

Pero eso es cuando lo entiendes. Cuando no, aunque estás aquí posicionalmente, estás viviendo en el otro lado físicamente. Entonces necesitas la ley. Y así nos pasamos la vida estudiando. Esto se puede poner tan interesante y tan inagotable, que podemos llegar a estudiar la Biblia por otros mil años más.

Y cada vez la revelación va a ser más interesante. Pero no terminaríamos. La promesa no viene por la ley, viene por fe. Hay que comenzar a vivir esto por fe. En tu trabajo, en tu escuela, en donde sea. El evangelio es el manual de vida, no es un manual de iglesia. Iglesia como organización estructural conducida por hombres bien intencionados pero hombres al fin, ya tuvimos bastante.

Nosotros fuimos los que la redujimos a la iglesia. Dios no es religioso. Dios es el Creador de la humanidad, no de la iglesia. Él es el creador de la humanidad, y en la Biblia está su palabra. Nada que ver con un templo. El hombre le escribió “Santa Biblia”, allí en la tapa, no Dios.

¡Pero qué irrespetuoso es este hermano! ¿Cómo va a hablar así de la palabra de Dios? Escucha por única y última vez lo que te digo: ¡Dios es una persona, no un libro! La Biblia tiene letra, la palabra es una persona. Si la tocas una sola vez, cambias para siempre.

Recuerda siempre esto: antes de que la Biblia existiera, la palabra ya era. Todo lo demás, es iglesismo. Sácale lo eclesiástico a la iglesia y vas a ver que lo que te queda, es muy distinto. Porque si algo ha estado obstaculizando el evangelio genuino, eso ha sido el iglesismo. No la iglesia, sino su deformación humanista.

(Versos 1 y 2) = Pero también digo: entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.

Dice que siendo señores de todo, estamos bajo tutores. ¿Qué hacemos sentados bajo tutores siendo dueños de todo? Es que no sabemos quiénes somos, porque si llegas a saber quién eres, jamás aceptarás tener tutores.

Entonces, el epicentro de lo que está pasando hoy, no es lo que pasa en el culto. Al culto siempre lo tendremos porque siempre hay gente aprendiendo. Fíjate; antes se profetizaba, pero ahora ya estamos de este lado de la profecía. Somos la gente que tiene que manifestar lo que se profetizó. Porque si no, nunca se acaba. Se dijeron cosas, ahora alguien las cumple. Ese es el proyecto. Ese es el principio. Si lo que estás viendo no se le parece, es porque aun estamos lejos.

Es el tiempo en que nos levantemos como Pedro y digamos: esto es aquello que dijo la Escritura. ¿Y a ti quién te dijo que esto es aquello? ¡Nadie, yo lo digo ahora! ¿Pero y a ti quién te lo dijo? Nadie. ¡Pero aquel que lo dijo sí que estaba lleno del Espíritu! ¡Yo también!

Resumiendo: cambiando el sacerdocio, hay que cambiar la ley. La religión es ese proceso de tutoría donde se enseñan cosas que no perfeccionan a nadie, y que mantiene a la gente bajo un ayo, porque son niños. Pero está al lado de algo, no opaca lo otro.

La verdad es que la promesa sí es factible, pero es por medio de una tecnología que se llama fe. La fe no es aquello que se usa según se aprendió en el mover carismático, para conseguir tus deseos. Porque nosotros operamos, no por nuestra fe.

Gálatas 2: 20 dice que juntamente con Él estamos crucificados, y que ya no vives ni tú ni yo, sino que vive Cristo en nosotros, y que el que se une con Dios, según 1 Corintios 6:17, un espíritu es con Él. Así es que tú tienes un solo espíritu por dentro, el tuyo o el de Dios.

No digas nada. Pero el que se une con Dios, ¿Cuántos espíritus dice que es con Él? Uno. Haz la suma cuando tú quieras.  Y que la vida que vives ya no la vives por tu propia cuenta, sino que la vives por la fe del Hijo de Dios, no la tuya.

La fe que tenemos, no es la nuestra, es la de Él. Y Él pagó por ella un precio caro que es para llegar al final, no para que te compres un Mercedes o una Ferrari. Es una fe diferente, es una fe de Reino. Sí creemos en prosperidad, porque sin dinero no se funciona ni se termina, pero no es la prioridad, es la consecuencia.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

septiembre 16, 2021 Néstor Martínez