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Conmigo en Todas las Batallas

Es determinante conocer ampliamente al Dios al que servimos. Porque es la ignorancia la que hace fuerte a Satanás, de allí que saber quién es el Dios en el que creemos y quienes somos nosotros mismos en Cristo Jesús es imperativo. Y no sólo saber quiénes somos, sino también con qué armas contamos y con qué autoridad contamos. Y tener muy en claro quién es el que está por delante de nosotros peleando esta batalla, porque ese es el factor que va a impedir que experimentemos el más mínimo temor de nada.

Con esa autoridad es que debemos plantarnos frente a Satanás y decirle en la cara: mi casa y yo servimos, (No que serviremos, servimos) al Dios vivo, por lo tanto vas a salir ya mismo de nuestras generaciones. ¿Amén? Es necesario que comencemos esto contigo comprometiéndote en esto. Recuerda que en el evangelio no hay observadores, sólo hay protagonistas. El bando, el ejército, la línea de combate a la cual vas a servir, la eliges tú, pero lo cierto es que al medio no se queda nadie. A menos que alguien tenga tanta indiferencia o miedo que prefiera mirar como caen sus amigos y familiares mientras él está a salvo. Tú no quieres eso, lo sé, así que…¡¡Pelea!!

Lo cierto es que cuando nacemos, indefectiblemente traemos las marcas, los sellos y los estigmas de nuestro ADN físico, biológico. Pero no es el único, porque también recibimos del mismo modo, un ADN espiritual que nos determina en una serie de factores que no siempre son buenos. Ese ADN espiritual es transferido de generación en generación, del mismo modo que se transfiere el otro, el físico. Y si ustedes hacen indagaciones profundas y bien estructuradas de sus propias familias, pueden de pronto encontrar que se repiten patrones muy singulares. Génesis 17:7 dice que hay un pacto perpetuo entre nuestra generación y la de nuestros descendientes. Eso se llama ADN.

Y uno de esos patrones de los que te hablaba, es el patrón de violaciones. Parece demasiado fuerte o brusco denominarlo así, pero créeme que así es. Violaron a la bisabuela, a la abuela, a la madre, a la nieta y ahora vendrán por la biznieta. Es un patrón que si no lo cortas, se repite una y otra vez. ¿Cómo no lo entendieron, todavía? ¿Hasta cuándo nadarán en la ignorancia?  Otro patrón muy visible es el de los accidentes automovilísticos. Hubo accidentes graves en la primera, en la segunda y llegará hasta la cuarta generación. Y así muchos más muy conocidos en sus consecuencias. Suicidio, homicidio, alcoholismo, lujuria, etc. Y así vas entendiendo, cuando escudriñas con tu madre o tu abuela, tu padre o tu abuelo, y allí te das cuenta que hay un patrón que se repite generación tras generación.

Es indudable que hay cosas que tú has odiado de tus padres. Por ejemplo, lo que ellos te decían cuando estaban enojados, hasta esas palabras de maldición que metían en tu vida. Una de las que tengo más presentes por consejería, es a mujeres que cuando se pusieron de novias con jóvenes que no eran del agrado de sus padres, alguno de estos llegó a decirle a modo de declaración profética que lo abandonara, que si se llegaba casar con ese hombre, nunca sería feliz y lo lamentaría. Esa es lisa y llanamente, una maldición que, lamentablemente, hemos visto cumplida en muchas vidas destrozadas por esa causa.

Y para tu sorpresa, hoy tú te encuentras repitiendo algunas de esas palabras, cuando estabas en pleno convencimiento que eso no te gustaba. ¿Cómo puede ser posible? Te arrepientes y les pides perdón a tus hijos por eso, pero luego vuelves a hacerlo, una y otra vez. Esos son patrones que han migrado de generación en generación. Si tú, mujer que me estás escuchando, has sido madre soltera, es muy probable que si no has roto con esos patrones generacionales, también tu hija sea madre soltera. Yo no digo que eso va a ser así, yo digop que debes hacer lo posible en el ámbito espiritual para que eso no sea así.

Y esto no es palabrerío inconsistente. Conozco un caso cercano de una familia no creyente donde la madre quedó embarazada siendo muy joven y debió casarse sin desearlo para cubrir ese problema. La hija repitió el mismo patrón a la misma edad en que ella lo había hecho y terminó casándose también obligada por el problema. Y para concluir hasta hoy, la nieta repitió el embarazo siendo soltera exactamente a la misma edad que su abuela y su madre, y terminó casada con quien no amaba demasiado y hoy, a favor de otras libertades y otras rutinas, se ha separado del padre de aquel hijo y de otro que se añadió durante el matrimonio. Ella tuvo dos varones, quizás eso haya roto con ese patrón generacional o no, no lo sabemos. Será otra historia.

Que quede claro que esto, para nosotros los creyentes, es muy fácil de romper. ¿Cómo se rompe? Con el Verbo, con la Palabra. Tú dices, declaras, decretas y ordenas, en el nombre de Jesús, que no quieres más esa herencia, sea lo que sea el tema a cortar. Esa es una oración profética, de Reino y guerrera. No te olvides que todos nosotros llevamos dentro nuestro, al Varón de guerra. Porque la Palabra dice que Jehová es Varón de guerra. Por lo tanto, todos tenemos esa unción de querer guerrear. Es decir que eso está en nuestro ADN. No nos gusta que alguien venga y nos esclavice. No somos esclavos, así que la única forma de esclavizarnos, es a través de la ignorancia.

¿Y como lo consiguen? Matándonos la auto estima, la moral, diciéndonos que no valemos nada. Y de todo eso, yo ya no tengo dudas, muchos de nuestros familiares han sido parte muy activa e importante: muchos de ellos, sin querer o queriendo, nos convencieron de que no valemos nada. Que somos la oveja negra, que ya vamos a ver como pagamos nuestras travesuras cuando tengamos nuestros hijos. Que así como nosotros los hicimos sufrir a ellos, nuestros hijos nos harán sufrir a nosotros. ¿Ninguno de ustedes oyó algo así de sus padres? Bueno, déjame decirte que en más de un caso, ellos te dijeron eso porque ellos mismos lo oyeron de sus propios padres, o sea, de tus abuelos.

El Proverbio 22 es muy claro cuando te dice que el que instruye al niño en su camino, se asegura que cuando llegue a viejo no se habrá apartado de él. Y esa es nuestra responsabilidad como padres, no andar vociferando barbaridades simplemente porque estamos nerviosos o enojados hasta por la estupidez de que haya perdido nuestro equipo favorito. Y sé que esto último puede sonarte exagerado, pero en mi país y con el fútbol, he podido ver eso que digo y muchas cosas peores. Lo cierto es que en este mismo momento miles de vidas se están debatiendo entre tener victoria o vivir derrota, ¿Sabes por qué? Porque no han salido del pasado, y todavía siguen allí.

¿Y en qué parte de su pasado siguen? En la niñez. Si pudiéramos sanar a mamá y a papá, ellos seguramente van a criar hijos diferentes. No los van a marcar con maldiciones, incluso les quitarán aquellas generacionales con las que pudieran haber nacido, lo mismo que sus herencias nefastas. Tendrán que corregirlos, está claro, nada es absoluta y totalmente permisivo como dicen algunos libros supuestamente científicos por causa de los cuales abunda la anarquía en todas las áreas. Tendrán que aprender lo que es la disciplina y que todos sus actos, como quiera que sean, tendrán alguna clase de consecuencia.

Enseñarles que son libres a la hora de tomar sus decisiones, pero que por cada decisión que tomen, cargarán con una responsabilidad como resultado de esa decisión. Conclusión: si hay alguna forma de dolor que todavía te oprime con relación a tu pasado o tu vida de niña o niño, lo mejor que podrás y deberás hacer es soltarlo y dejarlo ir. De otro modo, me temo que nunca servirás para gran cosa en el hoy, porque estás permanentemente en el ayer. Y algo tienes que tener presente siempre: lo que pasó en tu infancia, no fue por tu culpa. No eres culpable que tus padres se divorciaran, ni que se agredieran el uno al otro, ni tampoco que alguien te violara o que te humillaran. Sólo hiciste lo correcto, obedecer a tus padres. Y terminaste siendo víctima de algunos de sus errores.

Creo que a nuestros hijos podemos enseñarles muchísimas cosas, sobre todo en un tiempo como este presente, en que las cosas que nos rodean van mutando día tras día a una velocidad vertiginosa, pero de la que jamás debemos olvidarnos, es de enseñarles que un NO, también es una respuesta, y que al igual que las otras respuestas, a esta también la tendrán que tener en cuenta y, llegado el caso, respetarla. Es imperativo si tienes un hijo, que aprenda que ninguno de nosotros todos los días nos salimos con la nuestra. Tenemos que aceptar que hay días en que otros tendrán más razón que nosotros en las cosas que digan o hagan. Y eso no termina en tu adolescencia, te acompaña hasta que eres adulto.

Porque lo peor que le puede pasar a un adulto, es tener un niño atrapado dentro de él. Y si bien estoy hablando en sentido figurado, es obvio, que no te quepan dudas que a la hora de las expresiones, eso parece ser absolutamente literal. Lo peor que le puede pasar a un adulto, es tener a un niño o a una niña violada sin querer crecer. O una niña o un niño asustado, sin querer salir del miedo. Un niño o una niña esclava sin querer salir de la esclavitud. Quien no haya vivido algo así, no puede tener ni la más pálida idea de lo que eso significa para una vida que se está formando. En suma: estoy refiriéndome a un niño o una niña encarcelados por no querer o no atreverse a salir a la victoria. Porque te diré, por si no lo sabías, que lo peor de ti no es lo que te hicieron, sino lo que tú te estás haciendo a ti mismo.

Cuando vemos a delincuentes, homicidas, violadores o asesinos crueles, (Y lamentablemente vemos a muchos más de los que quisiéramos ver), estamos viendo casi al unísono a niños maltratados, violados, humillados, azotados, heridos y lastimados por dentro y por fuera. Y vemos también que aquí Satanás usó a personas justas que en su momento convirtieron a niños puros y sanos, en verdaderos monstruos. Obviamente que eso no es ni podría ser ningún atenuante para sus delitos. Hicieron lo que hicieron y tendrán que pagar hasta la última gota de sangre lo que hicieron. Pero saberlo debería servir para evitar que a futuro las cárceles sigan repletas de esta clase de monstruos siglo veintiuno.

Ustedes que hoy me están escuchando, no pueden sentirse culpables por lo que personas simple y sencillamente endemoniadas hicieron con sus vidas infantiles. Y no interesa el parentesco. Porque tendré que decirte con absoluta certeza que solamente un endemoniado maltrata a un niño indefenso con la excusa de corregirlo. Solamente un terrible endemoniado es capaz de violar a su propia hija. Y alguien poseído totalmente y enajenado irrecuperable, salvo liberación espiritual, si es capaz de violar a una criatura de tres o cuatro años de edad. ¿Nadie dirá nunca públicamente las cosas como son? ¿Tanta vergüenza tienen que el mundo secular les diga que están locos? No están locos, están viviendo en el Reino de Dios y conocen al reino de las tinieblas, eso es todo.

El problema en este momento, entonces, ya no es tu niñez. El problema en este instante, eres tú, que no quieres dejar ir ese pasado. Es como que te quedaste ligado fuerte y feo con ese pasado. Y eso te daña a ti misma, a ti mismo. Y te daña en una zona de tu ser que no tiene repuesto ni reparación de urgencia. Ninguno de nosotros puede evitar que una tercera persona nos haga daño, si así lo quiere, más allá de defendernos lo mejor que podamos, pero sí podemos evitar causarnos daño a nosotros mismos, que tú ya sabes, es el peor de todos los daños. Un daño auto infringido que puede destrozarnos por fuera y por dentro y hasta sepultar para siempre un llamado divino glorioso.

Aprende algo: lo peor para tu futuro no es la calidad de la gente que conozcas o que trates, no. De ninguna manera la mala o dudosa gente que llegue a tu vida puede ser lo peor para tu futuro aunque colabore. En todo caso, ese será un efecto secundario. Lo peor para tu futuro en todas las medidas y áreas que conforman tu ser, es que le creas a Satanás sus sutiles mentiras. Yo sufro horrores cuando veo a gente buena, fiel y sincera, que anda desesperada buscando a alguien que pueda solucionarle su problema. No es a hombres a quien debes buscar, ¡Es a Él! Porque si buscas hombres que dicen ser representantes del Reino en la tierra, muy probablemente te ocurrirá lo que alguien rotuló como encontrarte con tuertos, que es como se denomina en mi país a quien le falta visión de un solo ojo y que ve con uno solo. Porque el viejo refrán sigue diciendo que: “En el país de los ciegos, el tuerto es rey”. …

Satanás probablemente hizo todo lo que quiso contigo cuando eras niña o niño, porque era una etapa en donde eras esclava o esclavo, no podías ni sabías defenderte, él se aprovechó de tu vulnerabilidad. Todos sabemos que, en mayor o menor medida, no hay nada más vulnerable e indefenso ante la vida que un niño.  Pero hoy tienes toda la autoridad que el Reino de los Cielos pone en tus manos. Y esa autoridad que ha descendido a tus manos, es la autoridad más grande que existe en todo el universo. ¿Te das una idea de la magnitud que tiene ese tesoro que por momentos ni recuerdas que tienes a tu disposición? Ninguno de ustedes que me escucha son personas que estén a la deriva esperando a ver qué hará un diablo en sus vidas. A ustedes sencillamente los han engañado.

La religión los engañó, la religión estructural y organizada les quitó la autoridad, la religión legalista y farisea les quitó el poder, la religión hueca pero manipuladora les quitó las armas, la religión monótona negadora del poder divino les enseñó a ser ovejas asustadas y tontas. Pero Jesucristo está aquí, entre ustedes, para decirles que, como miembros del Reino de Dios son soldados de milicia, vestidos de honor y de honra. Que el tiempo de la ignominia y la esclavitud se terminó. El pasado está muerto y sepultado. Ahora estás en condiciones de unirte al diseño de Cristo, tú lo decides ya, ahora. La Palabra dice Ama a tu prójimo como a ti mismo. ¿Y cómo amarás a tu prójimo si tú mismo te estás odiando en esta hora? ¿Cómo puedes amar al prójimo si te miras a un espejo y piensas que eres horrible, repugnante y tú misma, tú mismo te estás rechazando? ¿Todavía no entiendes que ese pensamiento no llegó a tu mente por casualidad, sino por causalidad diabólica?

El gran secreto, (Que dicho de paso no debería serlo, porque todos nosotros deberíamos haber dejado la vida enseñándolo), es saber cómo amarte a ti misma, a ti mismo. Esa es la clave. Ese es el principio de todos los principios. ¿Sabes como hacerlo? En primer lugar, cerrando la puerta a los demonios, que es como decir, no dando lugar al diablo. Cerrando la puerta al odio, por más que haya decenas o centenares que estén haciendo grandes méritos para que los odies. Cerrando la puerta a la falta de perdón, aunque los que tienes que perdonar merezcan mínimo que les cortes el cuello. Cerrando la puerta al miedo, aunque el enemigo te proyecte películas de terror a toda hora en tu mente. Cerrando la puerta al rencor, aunque te pese y te desgarre de humillación la crueldad de la que puedas haber sido víctima. Cerrando la puerta a todos los que quieran salpicarte con suciedades o directamente maldecirte, que parecerían no ser demasiados, pero que sin embargo cuando te pones a mirar con atención, los encuentras formando fila para pegarte. ¡Cierra la puerta!

Eso es colocarte un casco que proteja tu mente, ese yelmo del que se habla en Efesios 6, cuando te muestra la armadura de Dios. Sobre todo los versos 16 y 17: Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; Ustedes no pueden vivir bajo un sistema mundano amenazante, lleno de miedo. Ustedes no pueden salir a la calle temblando por temor a qué habrá de sucederles. Ustedes no pueden unirse a esas conversaciones mundanas que te dejan con la sensación que todo está perdido y que da lo mismo vivir que morirse ya mismo.

Ustedes tienen que levantar su mirada y decirle a Satanás que ya basta, que no permitirán que siga atormentándolos con dardos de fuego cargados con pensamientos negativos clavados en sus mentes. Es la hora de ponerte de pie por tu casa, por tus hijos y por tu territorio, en el nombre de Jesús. Ustedes no pueden evitar el dolor que le causaron en el ayer, porque no podemos retroceder el hoy. Pero sí pueden evitar que ese dolor se vuelva eterno. Pueden evitar que ese dolor ate sus vidas y la de sus generaciones venideras. Pueden evitar que ese dolor sea la melodía de fondo con la cual te vayas a dormir todas las noches. Pueden evitar unirse a Satanás para que acabe con sus vidas. Porque él quiere acabar con sus vidas, a través del suicidio, a través de la depresión, a través de distintas enfermedades de las llamadas crónicas y terminales, letales. No se lo permitas, recupera tu identidad. Es tiempo de saber quién eres en Cristo. Y ejecutarlo. Para eso fuiste llamado y habitas este planeta.

Tengo una buena y una mala noticia. La buena es que Dios ha preparado algo sin igual, maravilloso e imponente para ti, pero la mala es que quien se lo está boicoteando, eres tú misma, tú mismo. Aquí ya no es el diablo, tampoco es la iglesia, eres tú. Porque el día en que tú te plantas sobre tus pies en fe y en autoridad, aunque tengas una iglesia que te quiera manipular, un líder que te maldiga, o una cobertura que te maldiga, cuando tú te paras en la brecha y dices: “Rompo esta maldición, destruyo esta maldición, la revoco en el nombre de Jesús, porque las puertas del Hades no prevalecerán contra mí.

Y el brujo que me tiene metida o metido en las cuevas, caerá en su red, porque los ángeles sacan mi nombre de ese lugar. Porque así como Dios estuvo con Moisés, de la misma manera y con la misma maestría ganadora ciento por ciento, estará conmigo en todas las batallas. Porque los Moisés fueron los del desierto, pero los Josué somos los de la guerra” Listo. Fin. No quiero que nunca más te vuelvas a hacer o a sentir la víctima. No quiero que le vuelvas a echar la culpa a tus padres, tampoco a tus líderes. El culpable eres solamente tú, de creerte lo que ellos te dijeron. Satanás miente permanentemente. Pero su poder radica en cuantos le creen. Los que deciden no creerle, jamás volverán a ser atacados.

Porque aparentemente, y digo aparentemente porque esto que te voy a compartir es algo que escuché de gente que está conectada con estudiosos en el plano biológico mediante tecnología de última generación. Ellos descubrieron que cuando alguien piensa en una situación crítica que pueda haber vivido anteriormente, aunque eso haya sucedido hace cincuenta años, para el cerebro es como si estuviera sucediendo en ese momento. Imagina ahora a una mujer que tiene un fuerte pensamiento relacionado con una antigua violación que pueda haber sufrido. Ese pensamiento activa su cerebro de un modo que lo pone en guardia y a la defensiva contra lo que entiende que es un ataque terrible. Esa es la razón por la cual cuando una persona recuerda algo que le ha sido tremendo, su rostro se transforma y una mueca horrible le llena las facciones. Por eso la Biblia dice que nunca más te acordarás del pasado, porque he aquí que vengo a hacer todas las cosas nuevas, y volverás a Sion cantando y gozo perpetuo habrá sobre tu cabeza.

No quiero que vuelvas a pensar que estas sola o solo en esta guerra. Nadie, por imponente que sea, gana solo una guerra. Podrá tener algún éxito mediano en alguna batalla aislada, pero a una guerra la gana un ejército, que es un grupo homogéneo, en este caso de hombres y mujeres ungidos, hijos de Dios activos, que han resuelto salir de sus ostracismos y enfrentar al gran destructor con las armas que Dios nos ha dado para eso. ¿Vas a decidirte de una vez por todas a pelear o todavía seguirás esperando que se abran los templos para ir a pedirle al ministro que ore por ti?

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septiembre 16, 2021 Néstor Martínez