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Por si Fuéramos Esparcidos

(Génesis 1: 11) = Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. 

(2) Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. 

(3) Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. 

(4)Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. 

Debo haber leído este pasaje no menos de diez o quince veces, sin exagerar. O quizás más, no lo sé, no he llevado la cuenta. Y sin embargo, al leerlo esta mañana buscando otra cosa, algo tintineó en mi cerebro de un modo muy singular, exactamente como cuando sé, que sé, que sé, que llega algo que debo compartir. Y como mi mayor trabajo en esta vida es ser obediente, aquí voy.

Mira nuevamente el verso 4, porque allí está el extremo de este ovillo que, si el Señor quiere, vamos a desenrollar ahora. Despacio, como se debe leer la Palabra, no la letra escrita. Y dijeron: (¿Quiénes son estos que dijeron lo que luego dijeron? Los hombres que encuentras en el final del capítulo anterior) Vamos, edifiquémonos una ciudad. (¿Cómo que van a edificar una ciudad si Dios los había enviado al campo y se los había aclarado muy bien, dejando traslucir que le desagradaba que se levantaran ciudades? Respuesta simple y antigua: desobediencia) y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; (¿Tú sabes que esto a mí me hace acordar de los primeros pasos hacia la caía de aquel hermoso Lucero de la Mañana, que nació siendo creación de Dios y luego decidió ubicarse junto a Él, y de ser posible, por encima de Él?) y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. 

Si tú sigues leyendo Génesis, verás que verdaderamente fueron esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Pero se salieron con la suya: se hicieron un nombre. Un nombre que, nos guste o no reconocerlo, todavía rebota en nuestros oídos en estos tiempos, cuando en lugar de oír el único nombre que está por sobre todo nombre, que es el del Señor Jesucristo de Nazaret, oímos diversidades inventadas por esos mismos hombres, o sus descendientes. Bautistas, Pentecostales, Hermanos Libres, Cuadrangulares, Presbiterianos, Nazarenos, y decenas o centenas de nombres propios más.

Entonces no podemos menos que mirar hacia adentro y reflexionar: ¿Dónde comenzó todo esto? Es más: ¿Cómo comenzó? Y si tú quieres añadirle algo: ¿Por qué comenzó? Tengo que llevarte del Antiguo Testamento de los albores de la Creación al Nuevo Testamento, en una de las cartas de Pablo, en este caso, a los Romanos.

(Romanos 10: 13) = porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. (Este es un principio inalterable de Dios que todavía hoy, funciona)

(14) ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? (Este es el paso previo a lo que vulgarmente llamamos como La Gran Comisión, esto es: id y predicad el evangelio hasta lo último de la tierra)

(15) ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Mira; creo que la lógica de Pablo es tan sencilla que casi resulta ingenua. La lógica simple de Pablo estima que, para que tú te pongas a hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Enviado. Punto y aparte, a otra cosa. No se trata de querer, no se trata de buscar, no se trata de anhelar, y ni siquiera se trata de ser fiel, honesto y sincero: para hacer, tienes que haber sido enviado.

Por eso es que él dice: ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Ustedes recuerdan el contexto del pasaje del cual es sacado este texto, ¿Verdad? Habla del oír, del pensar, de la salvación. Pero en el verso 15 que es el que nos interesa, él dice ¿Cómo van a predicar? ¡Cómo se atreven a predicar si no han sido enviados!

No creo ser el primero ni el único que, ante un problema por parte de un consiervo que busca consejo, porque no ve adelantos en su trabajo ministerial, yo suelo preguntarle si cree que verdaderamente lo ha llamado el Señor a ese ministerio. De hecho, las respuestas son educadas, medidas, respetuosas y hasta complementadas con esa sonrisa evangélica que tanto conocemos, pero el gesto me dice que mi pregunta no le cayó para nada bien. Y sin embargo es una pregunta llena de amor y buenas intenciones, no una crítica.

He oído a hombres y mujeres de Dios hablar sobre este asunto y ellos sostienen que, según sus experiencias personales, el cincuenta por ciento de los ministros que se encuentran al comando de una iglesia, no han sido enviados por el Señor a esa tarea. A mí, en lo personal, me parece que se quedaron cortos. O tuve mala fortuna en donde me tocó observar.

En lo que yo he visto, no dudo de sus mejores intenciones y hasta de su honestidad, pero en el fondo, creo que ellos supusieron o les pareció que habían sido enviados. Tuvieron algo que se llama presunción, que coincido con otros hermanos, se parece mucho a la fe, pero no es fe; es sólo presunción. Un sentir que se expresa con: “me parece”, “yo creo”, “tengo la sensación”, “supongo” o el clásico y tradicional: “yo siento”.

Déjame decirte que todo eso forma parte de la presunción. Fe, en todo caso, y desde lo personal, es decirte: yo tengo certeza total que he sido enviado para enseñar. No para pastorear, no para evangelizar, no para profetizar, aunque de pronto si Dios lo necesita pueda fluir temporariamente en esos ministerios. Pero enseñar sí, eso es lo que el Señor puso en mi vida.

Y peguntarle a un ministro con problemas si está seguro que Dios lo envió a ejercer ese ministerio, es lo mismo que encararse con alguien que asiste a una iglesia y preguntarle: ¿Tú eres salvo? Claro, esta pregunta también suena como ofensiva, incluso hasta desubicada si se quiere, pero es necesario saber con quién y de qué estamos hablando.

Entonces sale uno que te dice: ¡Pero no, hermano! Si alguien se te acerca o te escribe pidiéndote ayuda ministerial, se supone que…! ¡No! En estas cosas, yo mejor nunca supongo nada. Hace ya bastante tiempo que descubrí que lo importante para mi vida no es lo que yo supongo, sino lo que yo conozco.

Y después viene la otra. La gran mayoría de los hombres o mujeres a los que me ha tocado hacerles esa pregunta, respecto a si cree que ha sido enviado a ese ministerio que hoy está ejerciendo, se me queda mirando y ahí salen las respuestas un tanto evasivas. Y…tanto así como llamado, no se, pero a mí me gusta hacer esto. A mí también me gusta cantar, pero no tengo voz ni para cantar el himno nacional de mi país. No fui enviado a cantar, seguramente.

De todos modos, muchos podrán decirte que, pese a no haber sido enviados específicamente a ese ministerio, igualmente Dios lo ha bendecido mucho en su trabajo. Pero resulta que Dios no te bendice porque estás bien, te bendice porque te ama, porque tiene alta misericordia y porque en suma, el ministerio que tú estás ocupando, es suyo. Pero lo cierto, es que no le otorgó esa Comisión para su vida. No lo hizo.

Y el gran problema de no haber recibido una clara Comisión por parte de Dios, es que la persona no entiende sus límites ni sus capacidades. Vamos a revisar qué dice la palabra a continuación. En este texto que acabamos de leer, dice “cómo predicarán” La palabra predicarán, en el griego es kerusso. Kerigma es predicar y kerusso es predicarán. Y luego dice que cómo predicarán si no fueron enviados.

Y la palabra enviados es la palabra apostellos. De ahí viene nuestro más conocido término, apóstol. O sea que lo que allí dice, es: ¿Y cómo kerusso, sino fueren apostellos? ¿Cómo predicarán si no han sido enviados? Ya te estoy dando la definición de apóstol, enviado.

Pero veamos la primera palabra, kerusso. Es muy importante, porque esa palabra significa “ser heraldo”. Quizás alguno de ustedes pueda recordar alguna de esas imágenes de la Edad Media, donde existían castillos y señores feudales. Cuando un rey o una autoridad querían comunicar su voluntad al pueblo, enviaba un kerusso. Mandaba un heraldo con un mensaje. Y él tocaba una trompeta y todos se reunían en la plaza principal de la aldea.

Y ahí el heraldo sacaba el edicto o el documento y lo leía. Generalmente les informaba a los súbditos que subían los impuestos y todas esas cosas. Y los oyentes, no podían hacer nada en contra de la persona. De hecho, no la podían tocar. ¿Por qué? Porque él no estaba allí por su propia voluntad.

En principio, él había sido enviado. Y en segundo lugar, él fue enviado porque tenía un mensaje que comunicar. Y el mensaje, era más importante que el enviado. O sea: el mensaje, siempre es más importante que el portador del mensaje. El mensaje, siempre es más importante que el enviado. Y es por el mensaje que la persona no puede ser tocada. Porque quien toca la persona, toca a quien envió el mensaje.

La palabra kerusso, entonces, significa: primero, ser heraldo, o en general proclamar. Esta palabra aparece, por ejemplo, en Mateo 3:1, donde se traduce como predicando. En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. Aparece en Marcos 1:45, donde se traduce como publicar. Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.

En Lucas 4:18, donde se lee como pregonar. El Espíritu del Señor está sobre mí,  Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;  Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;  A pregonar libertad a los cautivos,  Y vista a los ciegos;  A poner en libertad a los oprimidos; Y en el verso 19 como predicar. A predicar el año agradable del Señor.

En Lucas 12:3, como se proclamará. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas. En Hechos 10:37, como predicó. Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: Romanos 2:21, que predicas. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? 

En Apocalipsis 5:2 es que pregonabas. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y en 1 Pedro 3:19, al acto de Cristo después de su resurrección al proclamar su victoria a los espíritus angélicos caídos. En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, Jesús fue donde estaban los ángeles caídos y les kerusso, les predicó.

En segundo lugar, la palabra kerusso significa predicar el evangelio como un heraldo. Mateo 24:14, dice que será predicado. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. En Marcos 13:10 es sea predicado. Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. Marcos 14:9, se predique. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.

En Marcos 16:15 dice predicad. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. En el verso 20, dice predicaron. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén. En Lucas 8:1 dice predicando. Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,

En Lucas 9:2, a predicar. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. En Lucas 24:47, que se predicase. Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. En Hechos 8:5, dice predicaba. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Hechos 19:13, predica. Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo.

En Hechos 28:31, leemos predicando. Predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento. Romanos 10:14 dice quién predique. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? 1 Corintios 1:23 habla de predicamos. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura;

También en 1 Tesalonicenses 2:9: Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Y, en 1 Timoteo 3:16, dice predicando. E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.

Creo que no exagero nada si digo que la palabra kerusso, es el centro del ministerio cristiano del Nuevo Testamento. Keruks, mientras tanto, significa portavoz. O sea que el keruks, tiene un kerusso, que es mensaje. Y el mensaje, es el kerigma. Todas derivan de lo mismo. Keruks es el portador, kerusso es el hacerlo y kerigma la palabra que se predica.

En pocas palabras, aquí está diciendo Pablo cómo predicarán, como kerusso. Y está hablando de proclamar, está hablando de un mensaje real, está hablando de un heraldo; está hablando de un encargo para transmitir una palabra que no nace en el hombre. O sea, no es el keruks, no es el portador el que crea la palabra. Él solamente la repite.

El rey ordenaba que se presentara ante él un keruk, un portador. Y cuando lo tenía frente a él. Le ordenaba que llevara un kerigma a la población. Y él escuchaba atentamente esa palabra, y luego iba, se plantaba delante de la gente y decía: ¡El rey dice! Y daba la palabra encargada.

De hecho, es lógico que si yo estoy siendo enviado a dar un mensaje, tengo que saber el mensaje. También es lógico que si me están enviando a entregar un mensaje, yo tengo que saber a quién entregárselo. Por eso, la segunda pregunta que se le formulará a quien pida ayuda ministerial, es: ¿Dónde fue enviado? Porque podría ser que las cosas no funcionaran por no estar en el lugar correcto.

Escucha: es bien posible que una persona esté haciendo lo que Dios le dijo, de la manera en que Dios le ordenó hacerlo, pero no en el lugar donde Dios quería que fuera. Lo que estoy queriendo decirte, amado hermano ministro, es que si tu ministerio no te funciona y tienes certeza que has sido llamado a ejercerlo, muy probablemente estás haciendo lo correcto pero en el lugar equivocado.

¿Y cuál es la consecuencia de eso? Que jamás llegará a tener un fruto de ciento por uno. Como mucho, tendrá sesenta. Esas tres escalas: a treinta, a sesenta y a cien, están en proporción directa a esta precisión: el qué, el donde y el cómo. Si estás en el lugar donde has sido enviado, haciendo lo que Dios te ordenó y del modo en que Dios quiere que lo hagas, tu cosecha será del cien, nada menos.

Esto es muy parecido a los famosos y casi legendarios test vocacionales que solían hacerse en los últimos grados de la escuela primaria o, en su defecto, en los últimos años del nivel secundario. Se suponía que iban a descubrir qué habilidades tenías tú y en qué profesión la podías aplicar. La realidad técnica nos dice que no siempre funcionó por una sencilla causa: esos test estaban orientados más a saber qué era lo que a ti te gustaba que respecto a tus capacidades para hacerlo.

O sea que, si vamos a verlo con la óptica cristiana, ese es un trabajo absolutamente relacionado con tu alma. Ellos no entienden ni jamás podrían entender nada que tenga que ver con un llamado divino. Sin embargo, no se puede dentro de nuestro ambiente elegir a una persona para ejercer un ministerio, simplemente dejándome llevar por un test vocacional.

Mira; en la mayoría de las obras abiertas por iglesias-madre hay a cargo personas que aterrizaron allí por otras razones, pero como trabajaron más o menos bien y parecen estar a gusto, las autoridades de la iglesia responsable terminan por nombrarlos y ordenarlos. Pero, pregunto: ¿Alguno de esos ministros se detuvo a pensar por un momento si esa gente que está designando ha sido llamada y enviada por el cielo a hacer ese trabajo? Y es importante, porque cuando Dios e envía, siempre lo hace a un lugar y a una clase de ministerio que Él ya sabe que está en tu genética.

Estábamos en la primera palabra del texto que leímos, así que ahora quiero que recalemos en la segunda: apostellos. Esta palabra se conforma de dos vocablos. El primero es un prefijo, Apo, y la segunda que es la que le da movimiento, es stello. Es la unión de dos palabras.

¿Y qué significa Apo? Significa Lejos. En varios sentidos: dé lugar, de tiempo, de relación. De, desde. Como prefijo por lo general denota separación, partida, cesación, terminación, reversión. Y stello, mira lo que significa: fortificado de la base, fijar firmemente, detenido, reprimir, abstenerse de asociarse con, apartarse, evitar. ¿Cómo traduzco apostellos, entonces? Apartado para una misión. Enviado para una misión.

De todos modos, lo que verdaderamente impresiona, es el peso que le da la palabra stello. Fortificado. Porque generalmente a apóstol lo traducen como enviado, y nada más. Pero no es alguien a quien quisieron sacarse de encima y lo enviaron lejos, ¡No! Es un enviado especial para una misión especial que solamente él puede llevar a cabo.  Apostello. Apartado. Apartado lejos, pero firmemente.

Apartado lejos, que le impide asociarse con otras personas. Ha sido apartado, no se puede asociar con otras cosas. Apartado lejos para una misión. Apartado lejos, pero capacitado. Resumiendo, el ministerio no es como tener hijos. Porque el primer hijo puede salir medio torcido, pero el segundo le sale un poco más recto. A la tercera ya seguramente te sale bien. ¡Es que jamás nos enseñaron a ser padres!

De acuerdo, aprendemos por experiencia. Entendido, aprendemos comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal. Entonces pregunto: ¿De qué te sirve tener el árbol de la vida, si vas a aprender por conocimiento y error? ¡Es que yo no sabía esto cuando me metí al ministerio! Obvio, te metiste comiendo del árbol del conocimiento. No del árbol de la vida.

Porque es imposible que Dios te envíe para algo, sin que te diga cómo hacerlo. Estamos analizando las dos palabras que usa Pablo: predicarán y enviados. ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Más, aun: ¿Cómo podrán ir y abrir sus bocas, si no tienen qué decir? ¿Cómo podrán ir lejos, si no están firmes ni consolidados en sus lugares?

Hay muchísimas personas que tienen claro que Dios los ha llamado para algo, pero en concreto no saben para qué. Entonces, muchos de ellos, lo primero que hacen, es abrir una iglesia. Ese es un error muy frecuente, demasiado frecuente. No se dan cuenta que, al abrir una iglesia, están tomando una decisión de vida. Mejor dicho: de por vida.

Y tal vez no era ese su destino en el Señor. Quizás Dios quería levantarlos en alguna clase de ministerio itinerante y no al frente de una congregación. Una cosa es al ministrar en lo que fue enviado, toda su unción queda de manifiesto. Pero a la hora de pagar los gastos fijos de esa congregación, el dinero no alcanza. ¿Qué pasó? Pasó que Dios sigue respaldando su verdadera unción, pero no respalda sus finanzas. Eso significa que algo no está bien.

¡Es que no entiendo por qué me respalda en lo central pero no con el alquiler del salón! Perdón: ¿Será que Dios quiere que tengas un salón? ¡Pero es que sin un salón no puedo ministrar! Sí que puedes, sólo debes tener ingenio. ¡Pero es que la mayoría de los ministerios que conozco tienen sus salones! Entonces ahí te está guiando la tradición, no el Espíritu. ¿Y si has sido llamado, por ejemplo, para ministrar a jóvenes directamente en las calles, donde pasan la mayor parte de sus horas, y no en un salón?

Entonces, como no tenemos esta plataforma de claridad, nos guiamos por un sentido común, Dios me llama. Y sí; eso está fuera de toda discusión. Lo que te falta especificar es a qué te está llamando. Bueno, es que… ¡Dios me está llamando a predicar! ¿Ah, sí, eh? ¿Y a quienes, se puede saber? ¡Bueno! ¡A los que no conocen al Señor! ¿Y qué vas a hacer, campañas masivas? ¿Vas a predicar en las plazas con riesgo que la policía te lleve preso por alterar el orden, que es como toman a uno que está con la Biblia, mientras que miran para otro lado si son hare-krishnas o esotéricos vendiendo pirámides?

Ves a esta persona diez años después, y su situación sigue igual. Siente que tiene un llamado y responde y va. Pero supongo que va al lugar equivocado. Y no está yendo al lugar en donde Dios lo necesita. Y cómo anda con lo justo y pasando necesidades, ahora se ha convencido de otra cosa: que su ministerio es tan potente que el enemigo le está poniendo zancadillas cada cinco minutos. Entones, para él, estar en el ministerio pasa por sostenerse con uñas y dientes.

A mí particularmente, y no soy el único, créeme, me da la sensación que eso no es un ministerio. Es más; tengo la certeza que en algún lugar de tu camino, tú giraste a la derecha cuando la realidad dice que debías girar a la izquierda, ¿Se entiende? En alguna parte erraste el camino. ¿Sabes qué? Es como errar el blanco. ¿Sabes de qué estoy hablando, verdad?

Claro que, en medio de todas estas crisis, fíjate una vez más en la lógica tan sencilla de Pablo: ¿Cómo predicarán si no fueran enviados? ¿Cómo pueden llevar un mensaje si no han sido consolidados firmemente en su base, para ir más lejos? Apo: lejos. Apartado. Stello. Consolidado firme. Y allí es donde se me ocurre, (O no, no lo sé), formularme la pregunta: ¿Quiénes son, concretamente, los apostellos a kerusso? Respuesta tan simple que desacomoda: los hijos de Dios por adopción. ¡Ah, todos los cristianos! No te creas. Eso pensaba yo también hasta recién, pero mira:

(Juan 1: 6) = Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. (Va a hablar de Juan el Bautista)

(7) Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 

(8) No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 

(9) Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. (Ahora está hablando de Jesús, el Cristo. Jesucristo, si lo quieres con su nombre correcto)

(10) En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. (Cierto; muchos conocían a Dios, a Jehová, pero no al Cristo, su Hijo. Muchos, todavía; demasiados, siguen sin conocer su nombre, siquiera; sólo Dios Padre. NO está solo, tiene al Hijo y al Espíritu. Eso es el evangelio)

(11) A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. (Ahora empieza a examinarte: ¿Lo has recibido tú? ¿Sí? ¿Estás seguro o segura? Acompáñame a ver lo que viene)

(12) Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (13) los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. 

¿Leíste bien? A todos los que le recibieron. A todos los que le recibieron, les dio potestad, que es derecho, autoridad, de ser hechos hijos de Dios. Y tú me acabas de asegurar que eres uno o una de los que le recibieron, ¿Verdad? Pero cuidado, añade que es: a los que creen en su nombre. La palabra potestad, aquí, es la palabra exousía, que aquí se traduce como Potestad.. Es una palabra sumamente poderosa. Se la traduce como capacidad, privilegio, fuerza, competencia, libertad, maestría, (Concretamente magistrado, sobrehumano, potentado) influencia delegada: autoridad, derecho, dueño, jurisdicción, libertad, poder, potencia, potestad.

A los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio capacidad de ser hechos hijos de Dios. ¿Y entonces qué pasa cuando tú ves a una persona que hace, hace y hace, pero nunca llega a ser hijo? ¿Qué puede haber pasado con él? No le recibió. ¡Pero es que no, hermano! ¡Es que ese hermanito tiene muchos años de creyente! Puede ser, pero no le recibió. La señal de que una persona recibió al Hijo, es que él tiene competencia, autoridad, potencia. ¿Para qué? Para ser hijo.

Aquí surge un problema que, lamentablemente, es muy frecuente. ¿Qué es predicar el evangelio? Es algo que en algún momento lo hemos hablado, lo hemos mencionado y hasta lo hemos juzgado. Kerusso, un mensaje divino, pregonado por un apostello, es decir alguien a quien Dios envió a hacerlo. ¿Cómo podemos saber, nosotros, si la gente está recibiendo al Señor? ¡Si hace la oración de entrega, lo recibe! Ah, claro; Pero… ¿Y si esa oración verdaderamente fue genuina, por qué la gente no llega a ser hijo?

En este mismo pasaje, estamos en Juan capítulo 1, dice en el verso 12: Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (Reitero y enfatizo: a los que creen en su nombre).  Y la palabra creer, en el griego es pistis. Pistis es creer, pero dice en su nombre. Ahora bien; cuando yo te digo que lo que mayoritariamente se escucha como prédica es hablar de lo que es o no es la iglesia, llegamos a entender que, entonces, la iglesia se predica a sí misma. Porque ellos, en el fondo, no están haciendo que la gente conozca el nombre de quién es Él, sino el nombre de la congregación.

Y si quieres una prueba legítima de lo que digo, observa los tratados que se reparten en ocasión de campañas evangelísticas puerta a puerta. Un salmo, un versículo, algunas palabras alusivas y al pie, indefectiblemente, el nombre de la congregación que realiza el operativo. ¡Tienen que conocer el nombre de Jesucristo! Porque conocer y creer en ese nombre los llevará a ser hijos. ¿Es necesario el otro? Es que…es para que sepan dónde ir después que se conviertan… ¡Tienen que ir a Cristo! Después que Él los lleve donde estén predestinados a vencer. Porque los hombres no estamos predestinados, pero la iglesia sí. Y para victoria, no para entretenimiento y derrota.

¿Qué se pone en la puerta de las iglesias? Iglesia Cristiana Pan y Vino. ¿Qué es lo que se está exponiendo ahí afuera? ¿Cuál es el nombre que están presentando? Pan y Vino, que es el nombre de los que pagan el alquiler del salón o los gastos fijos del edificio. Y eso, fíjate, a mí me lleva a recordar el pasaje con que iniciamos esto: hagámonos un nombre por si fuéramos esparcidos.

¿Pero, entonces, qué es lo que debería escribirse afuera? Jesús. ¡Pero es que Jesús no es el nombre de la iglesia! ¿Ah, sí, eh? Hubiera jurado que sí lo era. ¡Es que usted no entiende, hermano! ¡En mi país se necesita tener una personería jurídica que la otorga la Secretaria de Culto de la Nación, pero eso sólo es posible si se le presenta con un nombre! En el mío, también, claro que lo sé. Y es correcto que se haga eso, que se organice un fichero de cuito y se presenten todos los papeles que sean necesarios, pero eso no obliga a pregonar en la puerta de tu congregación lo que para ti no sea lo más importante.

Hay negocios de venta de comida, créeme, que parecen tener más discernimiento que la mayoría de las iglesias. “Venta de tortas El Shaddai”. Son creyentes, seguramente, pero fíjate que ellos en su pequeño negocio de venta de tortas, están pregonando un nombre que en la iglesia no se pregona. ¿Y sabes qué? Luego pasas por uno de esos lugares donde te venden aguas milagrosas, ángeles custodios y aceites energizantes o fluidos para atraer o ahuyentar parejas, y ¿Con qué te encuentras? Conque encima de la puerta de ingreso a sus fétidos salones, hay un letrero que dice: “¡Jesús es el Señor! ¡¡¡Ellos anuncian el nombre que nosotros deberíamos anunciar!!! Y lo hacen para vender porquerías…

¿Qué crees que sucedería si todas las iglesias de tu ciudad tuvieran ese letrero sobre sus puertas? Internamente estarían un poco confundidos a la hora de pagar servicios o recibir donaciones, pero la gente seguramente se asombraría al comprobar que todas tienen y anuncian… ¡El mismo nombre! Yo personalmente adhiero a la teoría de varios hombres y mujeres de Dios, algunos de ellos muy conocidos. Creo que muchos no son hijos todavía, porque en lugar de conocer el nombre que está por sobre todo nombre, sólo conocen el nombre de su iglesia. Bautista, Asambleas, Presbiteriana, Cuadrangular, Hermanos Libres, Hermanos Prisioneros, no…este se me chispoteó.

Debemos entender que, ninguna instancia humana, por buena que sea, puede formar hijos. Porque Dios le dio los hijos a una familia, a un matrimonio. Hay un diseño para tener hijos. Y sólo habrá hijos en una congregación donde Él es la cabeza y la iglesia es el cuerpo. Y muy difícilmente una iglesia así, si la hubiera, pondría un letrerito de ese tipo en su entrada. Ese negocio de venta de tortas que te decía tiene más discernimiento. Porque están pregonando al Todopoderoso, el Shaddai.

Esto demuestra que en el fondo, algo se está haciendo mal. ¡Pero, hermano! ¡Usted está en contra de las denominaciones y se nota! Déjalo que se note. Y es cierto, estoy en contra de las denominaciones. Estimo que lo único que han logrado es dividirnos, y ninguna casa dividida prevalece. Es más: creo que las denominaciones no existen. ¿Cómo que no existen? ¡Existen y Dios las usa! Eso es cierto, en lo natural y carnal existen y, efectivamente, Dios las usa. Pero no porque sea su voluntad usarlas. Y no estamos hablando de esa denominaciones que poseen miles de iglesias, muy bien puede ser una sola que sea el principio de otra denominación. Entiende: denominación. De-nominación. Nominación por nombre. Pregunto: ¿No leyeron Génesis 11? Hagámonos un nombre, por si fuéramos esparcidos.

Haz una prueba simple. Cuando te encuentres con algún hermano de otro lugar, dile que tú eres un cristiano que se congrega en tal o cual ciudad, donde tú vives. Vas a ver qué va a hacer lo indecible para saber en qué iglesia, de qué denominación. ¡Necesita etiquetarte! ¡Necesita saber bajo qué nombre humano te congregas! El nombre divino, parecería no importar demasiado. Sin embargo, lo que podemos ver es que la gente siente temor de no tener un nombre. Y cuando alguien dice que pertenece a la iglesia tal o cual, entonces ya ponen en marcha sus sistemas propios de base de datos y, en menos de tres minutos, lo tienen catalogado y ubicado.

¿Sabes qué? Pablo enfrentó eso. Él dijo no es de Cefas ni de Pablo; somos uno. Y nosotros, aunque todos decimos gloria a Dios y gritamos aleluya en el mismo tono, encarnizadamente defendemos nuestros nombres. Cuando alguien me pregunta qué soy, yo digo que soy cristiano. Entonces luego me preguntan a qué iglesia voy. A la iglesia cristiana. ¡Sí! ¿Pero a cuál? A la única, las demás son Babilonia. ¿Y dónde está esa iglesia? En Rosario. ¡Claro! ¿Pero en qué calle? En varias. Aquí es donde puede producirse el primer cortocircuito. ¡Es que a los propios líderes no les gusta que los confundan con los de la otra denominación!

Y los miembros. Muy pocos hijos, la gran mayoría visita o montón religioso. Pero ¿Y por qué? Porque no les predicaron el nombre que está por sobre todo nombre, le predicaron un nombre denominacional, interno. ¿Pero y por qué cometieron ese error tan grave? Porque los que les predicaron, no eran kerussos, no tenían el mensaje que baja del cielo. Les predicaron lo que mejor se les ocurrió. Y cuidado, no digo que con mala intención, ¿Eh? ¿Qué va! Si a veces fueron más que bien intencionados.

¿Y entonces? Simple y ya el propio Pablo lo aclaró: no eran kerusso porque no eran apostellos. ¿Y eso cómo se traducía? Simple: no tenían mensaje, eran nubes sin agua porque no habían sido enviados, sólo habían sido ordenados por su denominación o delegados por la junta denominacional de su iglesia. Y este de hoy es el resultado: mucha gente, mucha religión, unos cuantos siervos y muy pocos hijos. ¿Y sabes qué? Los que heredan el Reino, son los hijos. Los demás, lamentablemente y aunque sean excelentes personas, se quedan afuera. ¿Acaso dónde está el lloro y crujir de dientes? ¡No! ¡No seas tremendista ni apocalíptico! ¡No dije eso! Dije afuera, sólo afuera. Todavía confío en la misericordia del Señor.

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junio 27, 2019 Néstor Martínez