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Levantados Para Ser Guardas

(Éxodo 24: 1) = Dijo jehová a Moisés: sube ante Jehová, tú, y Aarón, Nadab, y Abiú, y setenta de los ancianos de Israel; y os inclinaréis desde lejos.

(2) Pero Moisés solo se acercará a Jehová; y ellos no se acerquen, ni suba pueblo con él. (¿Qué les dice? Regístralo. Haz de cuenta que tú eres el enviado)

(Verso 9) = Y subieron Moisés y Aarón, Nadab y Abiú, (¡Pero si serán cabezones! ¿No les dijo que sólo debía subir Moisés?) (10) y vieron al Dios de Israel, y había.

Recuerda: aquí hay cuatro mil años de diferencia en vocabulario. Y este no tiene todos los edificios para comparar lo que vio con piedras, como el otro. Este lo que tiene es un desierto al frente, todos los días. Entonces, si él va a expresar lo que vio, va a usar el vocabulario que es traído ¿De dónde? Del desierto. Estamos buscando la calle de oro. Porque ya sabes que no son calles de oro, sólo hay una. Creo que vamos a vivir todos en la misma calle. Imposible entenderlo.

Y dice: Y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno.

Ahí tienes la calle. Aquí la rotula como “un embaldosado”; y semejante… a ver… ¿A qué digo que es semejante para que tenga mucha fuerza? ¡Al cielo! ¡Claro que sí, al cielo! Ahora traduce: ¿Qué está diciendo? ¡Ah, no lo sé! Pulido, suave.

Así que lo vio como un embaldosado bien pulido y brillante, y lo más pulido que tenía Moisés a mano, era el cielo. El otro la vio transparente como el vidrio, este como un embaldosado pulido. Y también Ezequiel vio la misma calle en la misma ciudad.

Sólo que Ezequiel va a describirla de otra manera; en primer lugar, porque tiene otro vocabulario y en segundo término porque vive en palacio. Pero que conste que va a ver lo mismo. Dios le está enseñando la misma casa, sólo que ya más adelantada.

(Ezequiel 40: 17) = Me llevó luego al atrio exterior, y he aquí había cámaras, y estaba enlosado todo en derredor;

Él aquí está viendo una calle que da la vuelta toda alrededor. Y dice que estaba rodeada de treinta cámaras. Treinta, recuerda, tiene que ver con madurez. Obviamente, tiene que ver con toda una historia y con el propio Jesús al comienzo de su ministerio terrenal. ¿Vamos a ver ahora dónde más está esa calle?

Vamos a Juan 19. En Éxodo, la palabra en hebreo, es libnah, y significa transparente, loseta o ladrillo, o un pavimento. En Ezequiel 40, es cahrispah. Este es un carbón encendido, o piedra que deslumbra, como los letreros de neón. Por eso él decía que era como vidrio, como cristal, pero transparente. En cambio este dice que es fluorescente la cosa esa. Le sacamos un poco más de la definición en el hebreo.

(Juan 19: 13) = Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal del lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata.

El Enlosado es una plataforma mosaica, un piso de losetas quebradas y bien pulidas. Eso es lo que está describiendo Juan. El tribunal era una plataforma. Eran dos habitaciones divididas por una línea; una entraba por el este y otra entraba por el oeste.

Una era la entrada santa, la otra era la entrada gentil. Esta plataforma se llamaba “El Enlosado”. El Gabata. La palabra ahí para el Enlosado, es lithos prothos. Y lo que hicieron, fue lo siguiente: La iglesia quería matar al Señor; Pilatos, no.

Entonces, para poderlo lograr, sentaron a Jesús del lado de los gentiles; para que Pilatos pudiera entrar a la corte. Porque él no podía entrar por el lado santo, tenía que entrar por el lado de los gentiles. Entonces, redujeron al Señor a un gentil, para poder matarlo.

En la calle de oro. La calle de oro, es la obra redentora del Señor. Es la forma que Dios ha escogido para que tú llegues a estar cubierto de oro purísimo, siete veces. La calle de oro, eres tú. Así que sí que hay calle de oro, pero quizás no la que te habías imaginado.

La calle de oro es la obra redentora, la forma que Él escogió para que tú fueras purificado como el oro, siete veces. Transparente, porque a través de ti, lo que se va a  ver eres tú. No te vas a ver tú, se va a ver Él.

(Apocalipsis 21: 22) = Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.

Fíjate que en el producto final, no hay templo. O sea: construyan o no, me es indiferente. Porque el producto final, no requiere de ninguno. El templo que se está construyendo es la morada de Dios en el Espíritu. Allí es donde mora Él; no mora en templos hechos por manos de hombres.

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brille. O sea: ningún tipo de reflexión. Porque la gloria de Dios, (ese es el nombre que tenía en Ezequiel), la ilumina, y el sol era su lumbrera. La ciudad tenía el nombre de Dios.

Y las naciones que hubieran sido salvas, caminarán a la luz de ella. Nota claramente que, la ciudad de Dios, no es todo el cuerpo de Cristo, porque hay naciones santas que van a caminar tras la sabiduría de Dios. Estamos hablando de un remanente. Con la plenitud.

Porque todo el mundo anda pensando que se va para el cielo, y les podemos decir que no. ¿Por qué? Porque Él anda en nosotros, reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta sus errores. No tomando en cuenta sus errores.

Ese es el verdadero evangelio. Sal por allí y dile a la gente que Dios no tiene nada en su contra, que ya los perdonó. ¡Ese es el verdadero evangelio! Lo que pasa es que tenemos más fe para destrucción que para restauración.

El verdadero evangelio, es nuestro. Y ahí andamos nosotros con el Señor, reconciliando al mundo consigo mismo, sin tomarle en cuenta sus errores, esto es: sin hacerle juicio a ninguno. El único juicio que resta, es el de no aceptar la calle de oro.

Estamos hablando de la identidad del sacerdocio. Por eso vamos a volver a Ezequiel. Y hemos visto que lo que vio Ezequiel, sea o no sea físico, o relativo a una construcción física, sí se puede aplicar muy bien a lo que Dios está construyendo en el mundo del Espíritu.

Nosotros, la casa de Dios, la nueva Jerusalén. Ya sabemos que en esa casa hay una calle, hay una obra redentora, que termina como oro purísimo, o sea: con la fe tratada siete veces. Eso es lo que nos dice Santiago en su carta.

Terminamos transparentes, es decir, que no te veas tú, sino Él a través de ti. Cuando hablamos de la manifestación de los hijos de Dios, quiero que entiendas que no estamos hablando de manifestar a los hijos, sino de la manifestación que los hijos traen.

Es la manifestación DE los hijos. Es lo que los hijos traen. La Biblia dice que traen la gloria de Dios en vasos de tierra. Es Jesús, el Cristo, la esperanza de gloria. Podemos ver y entender, al acercarnos al Jordán, a la segunda unción, a este día número tres que ha comenzado desde la puesta en marcha de este nuevo milenio, estamos empezando a comprender su muerte y los tesoros escondidos que habían en la oscuridad, según Isaías 45, versos 1 al 3.

Fíjate que Hilcías también murió de lepra. También fue un rey que murió de lepra. La lepra es tipología de pecado en la Biblia. La lepra le dio en la cabeza. Cuando vemos que la cabeza muere llena de pecado, vemos el templo lleno de sus faldas. Eso está en toda la Biblia.

Tenemos que verlo muerto. Y vernos a nosotros muertos en su lugar. Quiero adelantarte algo. Ven conmigo a Mateo 27. Es en la muerte que está todo el poder. Es el entender lo que está consumado. Los evangelistas lo proclamaron, pero nosotros queremos explicarlo.

(Mateo 27: 57) = Cuando llegó la noche, (Eso es hoy. Porque la noche no es un tiempo cronológico, es una estación de Dios.) vino un hombre rico, (Ahí está la herencia) de Arimatea.

La palabra arimatea significa “de arriba” Nacido de arriba. José de Arimatea, es una parábola acerca de ti. Tú eres el hombre rico que nació de arriba. José de Arimatea. También fue discípulo de Jesús. Todos nosotros, en el segundo día de Dios, fuimos discipulados por Jesús.

(58) Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.

(59) Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, (60) y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.

Muy sencillo. Ahí está Jesús, muerto en la cruz. José de Arimatea eres tú, y fuiste y buscaste al que murió en la cruz. Y lo pusiste, ¿En qué sepulcro? En el de José de Arimatea. Puso una piedra frente al sepulcro, y se fue. Entiende que este hombre, ahora anda despreocupado respecto a la muerte, porque su tumba ya está llena.

Cristo no murió en tu lugar; murió por ti. Murió como tú. Quien murió en la cruz, fuiste tú. Quien fue juzgado en la cruz, fuiste tú. Él no tenía pecado. Tú, refiriéndome al Adán que nos trajo hasta la cruz. No tenemos esa naturaleza, esa murió. Somos nueva creación.

La tumba está llena. Dice Hebreos capítulo 2, que Él gustó su muerte por nosotros. Como que se tornó nuestro copero. El copero era aquel que bebía todo lo que el rey iba a beber luego, para que el rey bebiera tranquilo sin pensar en envenenamientos.

Cristo gustó la muerte por ti, para que tú no vivas preocupado por ella. Dichoso el que ha resucitado en esa reflexión. Gustó la muerte por ti. No es un buen samaritano. Escucha: tú puedes ver la cruz y, emocionalmente, recibir un impacto que te hace llorar cuatro o cinco meses, pero se te pasa.

Porque no es la muerte física la que te afecta. Porque tu problema no era físico. Era espiritual. Y es en el área espiritual en la que todavía la iglesia anda peleándose entre sí. Si Él hubiera muerto en tu lugar, Él hubiera muerto como un buen hombre, pero de esa clase de sectas hay muchas.

El problema que tú tenías, Él te lo quitó y lo clavó en la cruz, junto contigo. Tú te mudaste para allá. Parece lo mismo, pero sin embargo hay un mundo entero de diferencia y distancia. La tumba de José de Arimatea, está llena.

Cuando cruzaron el Jordán, ¿Cuánto tiempo se pararon antes de cruzarlo? Tres días. Luego cruzaron, pusieron sus pies en el Jordán, Y las aguas se pararon ¿Dónde? Lejos de la ciudad de Adán. En el momento en que pisas el entendimiento de la muerte, las aguas se ruedan hasta Adán.

Adán muere. Adán es el hombre de pecado. El pecado entró al mundo por un hombre. El hombre de pecado es Adán. Eso es lo que Cristo vino a eliminar. El primer modelo fue cancelado en la cruz, y se construyó el último modelo.

El primer Adán, el último Adán. El primer hombre, el segundo hombre. No último hombre, segundo hombre. Pero último Adán. Y estamos en el primero o en el segundo. Y es posible estar en Cristo por fe, y caminar en Adán por entendimiento.

Porque Adán no es un nombre, es una clasificación. Cada cual a su debido orden. La palabra orden, es dacma, que tiene que ver con clasificación, batallón o brigada. Cada uno a su debido orden. Los que son de aquí, por acá; y los que son de allá, por allá.

Las personas que le tienen temor a la palabra de Dios, se esconden, al igual que Adán se escondió cuando Dios lo llamó. Están en Adán. Porque cuando estás en el GAN, le das la bienvenida a la palabra de Dios, por más reveladora que sea. Pero cuando no estás en el GAN de Dios, te asusta la verdad de Dios.

Volviendo al libro de Ezequiel, vamos a ver ahora el capítulo 44. Vamos a mostrarte qué sacerdocio hay. Y recuerda que el sacerdocio fue eliminado no por algo que hicieron, sino por algo que no entendían. Lo que los eliminó y contaminó, y además los volvió confusos, fue un entendimiento fragmentado.

El problema que tenemos muchos ministros, y me incluyo, es que a veces queremos arreglar a la gente, de ministrarla. Y nos quemamos. Porque el enseñarle a la gente a actuar diferente, no cambia su comportamiento.

Si fuéramos responsables por ministrar la palabra en lugar de atender sus necesidades, algo funcionaría mejor. Lo que sucede es que estamos preocupados con acción. Queremos ver que ellos tengan sus necesidades cumplidas. Y no nos damos cuenta que solamente ministrando la palabra de Dios es como sus necesidades serán atendidas.

Si sacamos más tiempo para ministrar a la gente que para ministrar la palabra, nos pasaremos la vida ministrando a la gente, hasta que eso nos termina por quemar. Un hombre siempre manifiesta lo que él cree que es. Si le enseñas al pueblo a comportarse de cierta manera, eso nunca va a cambiar la percepción que ellos tienen de ellos mismos.

Entonces, les cambiamos la percepción sobre sí mismos, enseñándoles quién es Cristo, porque nosotros y Cristo somos uno en la Biblia. Por eso dice que mirando la Biblia como un espejo, somos cambiados en la imagen que vemos.

Mirando a la Biblia como a un espejo. O sea que si cuando veo a la Biblia, puedo ver que de quien estoy leyendo es de mí, entonces cambio. Si cuando veo la gloria de Dios como si fuera el reflejo de mi rostro, entonces cambio. Si no, no.

Cuando me miro con Él es que me siento muy pequeño, y muero. Ahora bien; si pudiéramos cambiarle la identidad al pueblo, entonces sus acciones serían correspondientes a la identidad que ellos piensan tener. Es identidad lo que necesitamos.

Cuando nosotros nos convertimos en vencedores, no es porque estamos venciendo, sino porque nos hemos dado cuenta que vencimos cuando Cristo venció. No es algo que tú haces, es algo que ya está hecho y que tú ahora recién te has dado cuenta que lo puedes hacer.

Considerad los lirios. Tu hijito, ¿Qué hace para crecer? ¡Nada! Simplemente se levanta más grande cada mañana. El crecimiento es algo que te ocurre, no es algo que tú buscas. El crecimiento te ocurre a ti. Mucho tiempo pensamos que memorizar escrituras te hacía más maduro. ¡No! Es bueno memorizar escrituras, pero eso no te hace más maduro.

¡Entonces aprendo más hermenéutica! No te gastes, tampoco. Sólo te adoctrina más, y eso te impide ser más flexible con Dios. ¿Entonces no tengo que estudiar? ¡Sí tenemos que estudiar! No estamos hablando de eso. Estudiar es una necesidad, depende de tu función.

Aprende todo lo que puedas de la Biblia, que la tienes que usar para todo esto que ahora la estamos usando. Porque la necesitas para vivir, no para enseñar. Pero resulta ser que todo el mundo la quiere aprender para enseñar.

¿Y quién la vive? No es un libro de doctrina, es un manual de existencia. Considerad los lirios, que no se preocupan ni trabajan. Que sólo entienden dónde están sembrados y permiten que lo que viene de la tierra pase a través de ellos y los nutra.

Escucha: tú puedes ser disciplinado por simple disciplina o por naturaleza. O sea: te puedes portar bien por naturaleza. O portarte bien por obediencia. Pregunto: ¿Cuál será más difícil? De hecho: por obediencia. La otra te sale sola.

Tú te crees que era una cierta y determinada persona, entonces te comportas por la vida puntualmente acorde a esa persona que tú te crees que eres. Y esa es tu naturaleza. Entonces, tú puedes llegar a pensar que eres tan real (de realeza), tan gubernamental, que entonces caminas con autoridad.

El que le gusta mostrarse con falsa humildad, ese tal vez pueda confundirlo con arrogancia, orgullo o lo que sea, pero la verdad es que Dios quiere que camines con seguridad en la tierra. Y no que le pidas permiso a un pie para mover el otro.

Porque tú puedes llegar a pensar que eres importante, que tienes valor en el plan global de Dios, entonces levantarte cada mañana con un sentido casi abrumador de que eres parte de todo lo que Dios está haciendo en la tierra. Y no levantarte renegando porque tienes que pagar la renta.

Esa es una vida miserable. Y un creyente puede ser pobre, sin dudas, pero jamás miserable. Son cosas muy distintas. La pobreza es simplemente falta de dinero. Pablo la sufrió, muchos grandes la vivieron. Ser miserable pasa por otra parte.

Mira si los predicadores salieran por el mundo a hacer su trabajo sin otra motivación que juntar alguna ofrenda para pagar la renta, pobre de ellos, ¿No es cierto? No, tiene que haber algo más grande que te impulse, porque si no de todos los hombres, seríamos los más miserables.

Es el gozo de saber cuál es nuestra naturaleza, de saber que somos participantes de su divina naturaleza. El que se une con Dios un espíritu es con Dios. Somos su cuerpo. Hemos sido trasladados al Reino de su Hijo, estamos sentados en lugares celestiales.

Escucha bien esto y regístralo para siempre, por favor: si tú piensas que el llegar al cielo solamente es el resultado de tu partida física de la tierra, entonces todo el tiempo que tú permanezcas sobre este planeta, Satanás andará caminándote por encima.

Porque lo que pone a Satanás debajo de tus pies, no es el hecho de que tú lo bajes, sino de que Cristo te dejó sentado encima de él. Mientras anda gente mapeando ciudades, hay otros que andan buscando la voluntad de Dios y obedeciéndola. Eso hará que todo lo que exista en el medio, se tenga que ir.

Pablo cambió toda la configuración espiritual de la ciudad de Éfeso, y no tuvo que pelear con Diana ni con nadie. Ellos, lo único que hicieron fue persuadir y razonar con doce personas. Un predicador con una iglesia de doce miembros. Que se los había robado a otra iglesia que no quiso cambiar.

Fue a un lugar donde no quisieron cambiar, entonces se llevó a doce discípulos de allí a la escuela de uno llamado Tiranno, y allí los tuvo durante siete horas diarias durante dos años consecutivos. Y con esos doce, trajo una reforma a la ciudad. Y nunca hizo guerra espiritual.

Porque un principado, es un poder tras un principio. Y por más que tú ores al infinito, si tú no cambias los principios, cuando tú te levantas, el poder vuelve y toma acceso por los credos y principios establecidos en la tierra.

Lo que sucede es que es más fácil ser místico que responsable. Así que hay guerra, y hay responsabilidades. Hay un demonio que hay que detener en lo que algo cambie aquí. Si no, cuando tú te paras, él también. De no ser así, todo el mundo hubiera cambiado. Llevamos siglos haciendo conferencias sobre las armas convencionales. ¡Tiempo de armas modernas!

Los ancianos de cualquier cultura y formación intelectual suelen decir por igual que, si algo has hecho dos veces y en ambas te ha salido mal, cámbialo. Y por supuesto, no estoy hablando de ancianos venerables creyentes, estoy hablando hasta de viejos ateos, impíos y blasfemos. Pero tienen razón.

(Ezequiel 44: 9) = Así ha dicho Jehová el Señor: ningún hijo de extranjero, incircunciso de corazón e incircunciso de carne, (Fíjate que ya en el Antiguo Testamento había gente que podía separar los ritos del estado de los corazones) entrará en mi santuario, de todos los hijos de extranjeros que están entre los hijos de Israel. (Ahí vemos que nadie de afuera, al igual que vimos en Apocalipsis, ningún inmundo, ni borracho, ni perverso, entra).

(10) Y los levitas (Los levitas eran los ministerios que trabajaban por ritos) que se apartaron de mí (O sea: que se apartaron del propósito) cuando Israel se alejó de mí, yéndose tras sus ídolos, (La palabra ídolos, es la palabra eudolón, que significa: imágenes o falsos conceptos de Dios. O sea: la imagen es el falso concepto de Dios. Tus manos tallan lo que tú crees que Dios es. Por eso no es pecado la imagen en sí, sino tu concepto. Babilonia es una ciudad de imágenes labradas, donde la revelación de Dios fluye, y las imágenes labradas la detienen y la echan fuera. Porque están labradas en nuestra mente, son fortalezas. 1 Corintios 10 dice que las fortalezas son pensamientos. Porque la guerra más grande sigue estando entre nuestras orejas) llevarán su iniquidad.

(11) Y servirán en mi santuario como porteros a las puertas de la casa y sirvientes en la casa; ellos matarán el holocausto y la víctima para el pueblo, y estarán ante él para servirle.

(12) Por cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron a la casa de Israel por tropezadero de maldad; por tanto, he alzado mi mano y jurado, dice Jehová el Señor, que ellos llevarán su iniquidad.  (Pregunto: ¿Qué hacen ellos llevando su iniquidad, cuando Cristo la llevó por nosotros? O sea que son gente que sigue creyendo que son pecadores salvados por gracia:

(13) No se acercarán a mí para servirme como sacerdotes, ni se acercarán a ninguna de mis cosas santas, a mis cosas santísimas, sino que llevarán su vergüenza y las abominaciones que hicieron. (¿Qué dijo Zorobabel en ese texto que leímos antes? Qué porque no entendían de dónde habían venido, porque no entendían quiénes eran, no podían comer de las cosas santas).

(14) Les pondré, pues, por guardas encargados de la custodia de la casa, para todo el servicio de ella, y para todo lo que en ella haya de hacerse.

Nota que hay, inmediatamente, dos grupos. Aquí vemos los levitas que sí son salvos, pero que como estaban confundidos, fueron excluidos de ciertas funciones. En Apocalipsis dice que había gente que era parte de la ciudad, y otras que le seguían a la ciudad. Ambas, salvas.

(15) Más todos los sacerdotes levitas hijos de Sadoc, (Esta es otra orden. El nombre Sadoc significa “justos”) que guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel se apartaron de mí, ellos se acercarán para ministrar ante mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la sangre, dice Jehová el Señor. (Observa que cuando todo el mundo se apartó, ellos se mantuvieron.)

(16) Ellos entrarán en mi santuario, y se acercarán a mi mesa para servirme, y guardarán mis ordenanzas.

(17) Y cuando entren por las puertas del atrio interior, se vestirán vestiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana, cuando ministren en las puertas del atrio interior y dentro de la casa.

Hay dos clases de órdenes sacerdotales: la que ministra por rutina y automatismo religioso y la que saben quiénes son, están en Cristo y le conocen. Por eso, no tratan de alcanzar lugares, comienzan a revelar principios.

Estos últimos no trabajan para ser, sino que trabajan porque son. Es un descanso, no es una preocupación de que si no lo hago bien no agrado a alguien. ¡Es que lo tengo que hacer porque si no quedo mal! Basta. Quedaste mal y te mataron por ello. Toda nuestra justicia era paño sucio. En todo el relato bíblico nos encontramos con estos dos tipos de sacerdocio.

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septiembre 24, 2021 Néstor Martínez