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La Validez del Soldado

Lo  he dicho muchas veces y lo seguiré enseñando y proponiendo: solamente podemos cambiar nuestra manera de vivir, cambiando anteriormente nuestra manera de pensar. Y es esa la razón fundamental por la que nuestra mente es el campo de batalla más grande que tenemos contra el enemigo. Y que las influencias recibidas a través de los distintos canales de comunicación que hoy son tan florecientes, han impedido que ese cambio sea posible y afecte, primero nuestra propia vida y luego las de todos con quienes nos relacionemos. En otas épocas se podía elegir qué libros leer y cuales no tocar.

Pero hoy, la invasión intelectual que se produce por intermedio de las redes sociales y de todo el espectro residente en la Web es implacable, y es muy complicado para una mente debilitada por las urgencias de distinta índole ceder ante tentaciones de distinto calibre y terminar siendo víctimas de lo que habíamos sido puestos como señores. Esclavos de aquello que estaba bajo nuestro señorío. Hay cosas muy simples que al pueblo de Dios parecería imposible de conseguir.  Para lograrlo, tenemos que leer la Palabra, internalizarla muy adentro y luego conocer realmente a Cristo y no simplemente movernos en base a informaciones diversas que tenemos sobre Él. Está escrito.

Estamos en guerra, a eso creo que ningún creyente sólido, por mejor o peor fundamentado que haya sido respecto a esto, lo ignora. Sólo que el gran dilema de una guerra, y mucho más de estas características tan singulares, es conocer dos elementos claves: Quien es nuestro enemigo, cuál es su metodología operativa, su poderío y posibilidades, y quienes somos nosotros, quien soy yo y, esencialmente, quien es mi comandante. Con todos esos elementos en claro, las posibilidades de victoria no sólo son mayores, sino que me atrevo a decir que son ciertas ciento por ciento.

En lo que a mí respecta, mi mayor interés es conocer lo mejor que pueda a mi comandante, ya que cuando me de una orden, yo tendré que ejecutarla conforme a su diseño de batalla, y no de acuerdo con mis brillantes ideas personales. Mi comandante es Cristo, y yo vengo escuchando sobre él desde que me inicié en el evangelio. Sin embargo, todo lo que oí de Él y sobre Él, no fue suficiente para lo más importante que debo tener como soldado eficiente, que es conocer a mi comandante.

No puedo de ninguna manera entrar en una guerra y obedecer órdenes en las que en muchas ocasiones mi propia vida estará en juego, obedeciendo a un desconocido. ¿Y como conozco a mi comandante? Ejercitando a muerte lo que la propia palabra significa en idioma bíblico: teniendo comunión, identidad, intimidad y confianza mutua con él. Conoció Adán a Eva y Eva concibió. Esa es una clase de intimidad, pero no la única. Sin embargo, la palabra sigue siendo la misma. Intimidad con Cristo es saber cómo es, como piensa, que quiere de cada uno de nosotros y qué es importante o no importante para él. Eso evita el pecado y también los legalismos infames.

Por lo tanto, tratemos de ver quien es Jesús. Y no es nueva esa intención. Jesús les preguntó exactamente eso a sus primeros discípulos. ¿Quiénes dicen los hombres que yo soy? Para luego ser mucho más contundente y concreto cuando les dijo: ¿Y ustedes quien dicen que yo soy? Pedro se llevó el trofeo cuando respondió que para Él, Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. ¿Qué harías tú si Él te preguntara eso mismo a ti, ahora? No lo sé. Lo que sí sé, es que hay una enorme mayoría que tiene un concepto equivocado de Cristo. Creo que la religión ha desfigurado la persona de Jesucristo. Lo pone tan moribundo en el Calvario, que nadie quiere encontrarse con ese Cristo lleno de sufrimiento y mucho menos ser como Él.

¿A qué mente racional e intelectualmente de excelencia se le podría ocurrir ir en sintonía con un hombre que conforme a lo que todavía se enseña en muchos lugares, nació solamente para sufrir, ser flagelado, escupido, ofendido y finalmente colgado de una cruz? ¿Qué hombre con formación profesional podría aceptar que todo eso es bueno y del gusto de un Dios al que aparentemente cuesta agradar y no un problema de estoicismo mezclado con un masoquismo auto flagelante que enseña que mientras más se sufre más contento estará Dios? ¿Habría alguien en el planeta lo suficientemente loco como para elegir eso como forma de vida, más cuando habita en un medio ambiente donde nadie vive así, incluso entre las cuatro paredes de lugares que se pasan todo el tiempo hablando de ese hombre y esa cruz?

Sin embargo, tú y yo sabemos que ese Cristo no se quedó allí. Sabemos perfectamente que si bien murió y fue sepultado como cualquier hombre de carne y hueso, Él se levantó al tercer día, caminó con ellos que no lo reconocieron, ascendió a los cielos y hoy está sentado a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. ¿Por qué haría eso? Porque ante cada ataque satánico que argumente tener derechos sobre un hombre o una mujer pecadores por causa de la desobediencia de Adán, Jesucristo intercede entre ese pecado y su Padre esgrimiendo su sangre bendita como reaseguro total y definitivo de perdón, redención y salvación.

Pero ellos solamente se han quedado con ese Cristo crucificado, ese con rostro lastimoso que tanto les gusta mostrara a los demonios para desmoralizar a los cristianos que se sienten impotentes y frustrados por lo que aparentemente fue esa derrota. Por eso necesitamos avanzar para conocer quien realmente es Jesucristo. Su corazón, el palpitar de su corazón. Entenderlo de la manera correcta, que no es esa cuestión romántica apta para novelas de la tarde, pero tampoco tan áspera o dura, que es como les gusta presentarlo a los demonios. Y despegarnos para siempre de esa imagen de un Jesús débil, sangrante e impotente para frenar todo lo que le sucede. ¡Ese no es mi Dios! ¡Y tampoco es el tuyo!

Hay que aclarar que Cristo no vino a la tierra como Dios, tomó al hombre que era Jesús y vivió en su cuerpo como hombre ungido y lleno del Espíritu Santo. Él dependía del Padre. Lo dijo cuándo explicó que sólo hacía las cosas que el Padre hacía y decía lo que el Padre decía. Y cuando la situación lo imponía, se alejaba de sus compañeros y se iba solo a orar al Padre. El ministerio de Jesús. Todos hablamos del enorme ministerio de Jesús. ¿Recuerdas como comienza? Con un ayuno de cuarenta días en el desierto. Un desierto al que no fue llevado como castigo ni como juicio, sino como un severo entrenamiento de todas sus áreas al que el Espíritu Santo lo llevó simplemente para que luego volviera con poder. Fue tentado, es cierto, pero no como Dios, sino como hombre. Dios no puede ser tentado. Y la palabra que define lo que Jesús se trajo del desierto, es Autoridad.

Yo creo con total honestidad y sin el menor atisbo de crítica personalizada para con nadie, que la iglesia en su conjunto nos ha escondido la figura y la persona de Cristo por causa de la religión. La religión nos ha presentado un Cristo malhumorado, bravo, que anda buscando permanentemente a ver en qué nos equivocamos para poder condenarnos. Que nos señala, que nos acusa, que viene nada más que para ver nuestras derrotas. Es muy complicado imitar todo eso. Por eso no nos sentimos con la valentía de decir como dijo Pablo; imítenme a mí como yo imito a Cristo. Y no lo hacemos porque entendemos que nuestro testimonio está muy lejos de ser el adecuado para que la gente vea a Cristo reflejado en nuestras vidas.

Es mucho más fácil hablar con un borracho o un drogadicto que con un fariseo. Que hoy sería alguien que se cree santo simplemente porque va a la iglesia o porque ostenta un cargo importante. Escucha: un creyente genuino, jamás experimenta eso en su vida simplemente porque la característica, el ADN de Cristo está dentro de nosotros. Escucha; si el mundo va a ver a Cristo, lo va a ver en nuestras vidas. A la gente en su gran mayoría, les gustaría que Cristo se les aparezca, pero no es así el fundamento central de toda nuestra fe. Es verdad que Él se les ha aparecido a muchos hombres y mujeres, con diversas revelaciones y palabra, pero solamente por un tiempo. Porque tanto los personajes más importantes del evangelio como los más anónimos, necesitan desesperadamente vivir por fe, porque de otro modo jamás serán lo que Dios quiere que sean.

A mí me causa un poco de pena y otro poco de humor cuando escucho enseñar o predicar sobre un Jesús pobre y  casi menesteroso. Yo entiendo que lo que se pretende es sacar a Jesús del área de los ricos multimillonarios impíos y pecadores, y llevarlo al terreno de la gente humilde, carenciada y necesitada de lo mínimo para la subsistencia, pero no voy a negociar jamás aceptar que Jesús era, como se dice en Argentina cuando se quiere definir a un careciente marginado, “un pobre diablo”, no.

Y te llevo a un hecho concreto. El multiplicó los peces y los panes para darles de comer a los que estaban reunidos oyéndolo, ¿No es cierto? Eso me dice a mí que si Jesús hubiera sido como algunos de ciertos modernos hombres de Dios son, no hubiera dudado en hacer lo mismo en lo privado y armar una cadena de panaderías y un monopolio de venta de pescado, ¿No crees? Es insólito lo que llegamos a creer los hijos de Dios cuando dejamos que nuestros inteligentísimos ideales justicieros invadan la pureza y la riqueza del evangelio genuino. Jesús no era pobre. Jesús era el Hijo de Dios y ningún hijo de Dios será pobre. Lo que no significa que sea rico. Significa que tendrá todas sus necesidades cubiertas, está escrito; bastará con que lo creas y lo actives.

Escucha esto: una iglesia que elige no hablar de Satanás ni de guerra espiritual para no meterse en problemas, es una iglesia que no conoce a Cristo. Una iglesia que le teme a los brujos y los hechiceros y se preocupa cuando alguno se mete en sus templos, es una iglesia que no conoce el origen y la calidad del poder que tienen de parte de Cristo a su disposición si solo se deciden a activarlo por fe. Leen sus Biblias, estudian, se aplican, predican, enseñan, pero en el fondo de sus corazones, ¿Tú sabes que no creen en lo que ellos mismos proclaman como bueno?

Escucha: Abraham tenía un pacto tremendo con Jehová su Dios. Él era su sanador y no había enfermo en su casa. Pero cuando Cristo vino a la tierra, trajo un pacto nuevo que es más grande que el pacto de Abraham. Hoy estamos viendo una onda creciente que lleva a la iglesia a decir en voz muy alta que quien maldiga a Israel será maldito. Nadie negará eso, pero lo que me temo que la iglesia no está diciendo es que también será maldito aquel que maldiga a un hijo de Dios genuino y en servicio al Reino. De última, nadie me podrá rebatir ni desmentir que Israel, más allá del pueblo elegido o de la nación respetable que es hoy, fue nada más que un apodo que Dios le brindó a Jacob por luchar con él para ser bendecido.

Satanás está entrando en el mundo en este tiempo de una manera como nunca antes. Está entrando en las escuelas, en la misma iglesia inclusive. Él no ha perdido oportunidad de copar la tierra, hasta las calles, las carreteras, los mares a través de los pactos de brujería y hechicería. Hay momentos en que cualquiera de nosotros le preguntaría al Señor si sabemos que todo lo que está creado por Él y para Él fue creado, porque el enemigo ha avanzado tanto. La respuesta es una y muy simple: por nuestra ignorancia. Oseas dice eso, que el pueblo perece por falta de conocimiento, que como todos sabemos, se traduce correctamente como intimidad con Cristo. Oseas no dice que el pueblo perece porque Satanás es poderoso. Por eso es que la Vida Abundante que Jesús compró para todos nosotros en la cruz vendrá a nuestras vidas, cuando el conocimiento pleno llegue a nuestros espíritus y a nuestros corazones.

(2 Corintios 2: 11) = para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.

Fíjate el final de este verso. Dice que no ignoramos sus maquinaciones. ¿Pero es de verdad que no las ignoramos? Lo primero que Satanás te tira a tu mente es la idea de que si tú no te metes con él, él no se meterá contigo. Falacia total. Enorme mentira que puede ser corroborada por decenas, centenares, miles de testimonios de cristianos atribulados por el infierno de todas las formas y maneras que puedas imaginarte. Otra, es que Satanás ya está vencido, así que: ¿Para qué pelear con alguien que ya está vencido? Otra dice que las cosas viejas pasaron y he aquí todas son hechas nuevas. Entonces, ¿Para que prestar atención a esas maldiciones antiguas si todas las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas? Otra más, es la que te dice que Cristo ha vencido en la cruz del calvario y su sangre tiene poder. Escucha; nadie está negando ninguna de esas cosas. ¿A quien se le ocurre que un creyente sólido negaría que la sangre de Cristo tiene poder? Tampoco, nadie niega que las cosas viejas pasan y he aquí todas son hechas nuevas.

Pero no podemos olvidar lo que dice Jeremías 31: 29-30: En aquellos días no dirán más: los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera. Esto significa que el pueblo de Israel conocía lo que era la maldición. Conocía, verdaderamente, lo que eran las decisiones de padres que todavía están pagando muchos hijos del Señor. Lo cierto, sin embargo, es que Dios quiere que entremos a un nivel de vida abundante donde lo que puedan haber hecho nuestros padres, no nos afecte. Si nuestros padres pecaron, habrán llevado su pecado y será justo, pero nosotros no llevaremos esos pecados que no nos pertenecen, no. Nuestro nivel correcto es el que dice la Palabra: las cosas viejas pasaron.

Algo quiero que quede claro: conque andes repitiendo versículos o textos completos de la Biblia, nada más, no esperes que pase gran cosa. Es mucha la gente que anda repitiendo todos los días y en todas las horas que Dios suplirá con sus riquezas en Cristo Jesús todo lo que les falte, y eso es bueno. Pero Pablo no lo dijo a eso para todos, sino para aquellos que sembraban en el Reino y no en el mundo impío. Dios no te va a prosperar para que tu vayas al Casino, o a beber alcohol o a salir de parranda. Dios te va a suplir cuando tú decidas dar de gracia lo que de gracia recibes. No es repetir el versículo, es vivir su espíritu.

Por eso, de lo primero que Satanás deseará convencerte es de que, si es verdad que las cosas viejas pasaron y todas son hechas nuevas, no tienes necesidad de renunciar a ninguna de las que te llevaban a pecar. Pero Satanás te incentiva a eso, porque él sabe que en el Verbo hay poder. Porque los títulos y las actas, se hacen con el Verbo. Y con el Verbo también es que se rompen los títulos y las actas. Te diré que en líneas generales, yo he visto que a mucha gente le da miedo conocer de Satanás. No debemos despreciar ni disminuir al que siente así, sólo lo hace por ignorancia. La Biblia es muy clara en todo su contexto cuando nos dice que no debemos tenerle miedo.

Hay una palabra que dice que las cosas viejas pasaron, y he aquí todas son hechas nuevas. Eso es válido para los traumas infantiles y otros desajustes emocionales, pero no para la participación de demonios. Hay gente que repite eso como papagayos y luego recomienda no meterse con el diablo para que el diablo no se meta con nosotros. ¿Sabes qué? El diablo se les mata de la risa, porque mientras los hombres no le prestan atención, él les destruye la vida, la familia, la iglesia. Además, es importantísimo que sepas que él puede imitar los dones, sin dudas.

La Palabra dice: En mi nombre echaron fuera demonios, pero yo nunca los conocí. ¿Recuerdas ese episodio? Eso quiere decir que en Su nombre un falso cristiano puede hasta echar fuera un demonio, pero eso no significa que sea miembro de Su familia. Lo que el diablo no puede hacer, es imitar los frutos. No se puede imitar una naranja cuando estás en un árbol de manzanas. No puedes simular que eres una uva, cuando en realidad eres una naranja. Los frutos dicen quienes somos. No necesariamente los tienen los que ostentan cargos o títulos, sino los que tienen una relación directa y personal con el Padre celestial.

No puedes tenerle miedo a Satanás. Aunque sabemos que hay gente que le teme. ¿Sabes quien le tiene miedo a Satanás?, el que no sabe quién es Cristo. Los que tienen a Cristo en sus vidas, le conocen hasta la respiración al diablo. Entienden como llega y se infiltra en las casas. Entienden como llega a través de los dibujos animados atormentando a los niños. Eso también es Babilonia. y no pueden derrumbar a Babilonia si tienen su mentalidad arraigada en sus mentes en forma de doctrinas religiosas o programaciones seculares. No pueden ir contra la Reina del Cielo, con todos los nombres de vírgenes que tiene, si han sido entregados a ella con sus nombres u otra clase de pacto. Tendrán que romper ese título, esa acta, para que cuando vayan contra ese espíritu inmundo, este no tenga derecho legal sobre sus vidas.

Por eso conviene recordar que la estrategia del diablo, en primer lugar, es asustarlos, decirles que no existe y que todos los que enseñan guerra espiritual o demonología son locos fantasiosos y místicos irracionales. Ese es libreto del infierno. Y ellos saben que tu debilidad, es su victoria, que tu debilidad es la puerta abierta a una fortaleza suya. Él sabe que tus miedos, son su fuerza. La buena noticia que te traigo es que ya no estás solo o sola. Que ya no tienes que andar buscando cisternas sin agua. Porque hay un Dios maravilloso que tiene ríos de agua viva, para que vuelvas a él y la unción retorne sobre ti de una manera poderosa. Somos demasiado ignorantes y para colmo de males, osados en hacer y decir cosas que no podemos entender.

Yo creo sin dudarlo que la Guerra espiritual forma parte del conocimiento inapelable que cada creyente debe tener si es que desea ser más que vencedor en Cristo Jesús. Lo que no creo es que esa materia sea una que hay que colocar por encima de todas las otras, y de sobremanera por encima de la Gracia del Dios de todo poder. Una cosa es entablar lucha contra el infierno, porque a eso siempre lo viviremos mientras estemos en este mundo, y otra cosa es proceder y hasta enseñar dando a entender que esto es mucho más importante que creer en Jesucristo, simplemente creer en Jesucristo. Hablar de Guerra espiritual es advertirte de los peligros, riesgos y pormenores de una batalla permanente, con la finalidad que nada te sorprenda. No hablar de guerra es como salir a un frente de combate llevando un pequeño cuchillo de cocina mientras dejamos en casa una batería de misiles. Y hablar solamente de guerra, es darle al enemigo un poder que no tiene. Una vez más hay que decirlo: en la última página de la Palabra de Dios, todavía dice que ganamos. Y yo lo creo.

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septiembre 24, 2021 Néstor Martínez