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¿Encontraste Tu Cobertura?

Todavía recuerdo perfectamente a un matrimonio de hermanos que, ni bien finalizado mi programa radial, se llegó hasta la emisora para saludarme y bendecirme, y de paso hacerme saber que ellos me escuchaban cada sábado en clara y absoluta desobediencia a lo que se les había ordenado en su congregación. Ante mi sorpresa, me dijeron que, efectivamente, en más de una ocasión se les dijo que no debían escuchar nada que se difundiera por esa emisora, ya que la misma, les dijeron, no contaba con la cobertura de un importante grupo de líderes locales.

Yo no me quedé pensando en la prohibición en sí, que como toda prohibición, contenía un altísimo porcentaje de infantilismo espiritual. Me quedé pensando en el eje de esa prohibición, un eje que tiene que ver en una gran medida y ante una altísima necesidad de aclaración fresca y pura, con la esencia de este lo que habrá de ser este estudio: un poner blanco sobre negro respecto a lo que es realmente el liderazgo bíblico y, una evaluación como corresponde, a lo que es lo que conocemos como tal, lo que una enorme cantidad de hermanos fieles están viviendo y, en ciertos casos, padeciendo.

Porque lo que ellos me comentaron, tiene que ver con uno de los factores todavía más pronunciados, predicados, enseñados y batallados por parte de nuestro liderazgo contemporáneo en casi todas sus facetas: la cobertura. Eso de lo que nadie se atreve a hablar con claridad y con la Biblia en su mano, porque habrá que decir en honor a la verdad, que cada predicador sueña con que esa palabra lo beneficie en algo. Pero, como no es ese mi caso, -creo que ya te habrás dado cuenta-, fue que allí mismo me hice tres preguntas que no me extrañaría en absoluto te hayas formulado o te estés haciendo tú también por estas horas: Número uno: ¿Qué cosa es una cobertura? Número dos: ¿Qué base legal hay para que exista una cobertura? Número tres: ¿Quién estará en condiciones de ser, entonces, una cobertura?

La única idea previa que tenía y a la que quizás podía adherir, era la de un predicador al que alguna vez le había oído enseñar que si existe un hombre o una mujer, que alguna vez haya dado a conocer tres o cuatro principios espirituales que tú aceptaste, creíste y pusiste por obra en tu vida, ese hombre o esa mujer es tu cobertura. No necesariamente el pastor de tu iglesia, si no fue él quien aportó a tu vida esos principios. Sin embargo, como eso no fue avalado bíblicamente por este buen hombre, quedó allí como algo que te encaja, es cierto, pero que no puedes encarnar porque le falta una pata espiritual de enorme peso: la probanza de la Palabra.

Tiempo después, un par de hermanos que habían madurado mucho a la luz de la palabra y no de las espectacularidades del entretenimiento cristiano, me hicieron llegar un trabajo que habían bajado de Internet, algo que recién comenzaba a utilizarse en el ambiente. Pertenecía a un hombre que estaba trabajando, -aseguraba-, en un proyecto de iglesias en las casas, algo que a mí no me terminaba de cerrar del todo, pero que en este asunto de la cobertura, con mucha más sabiduría y conocimiento que otros, había brindado algunos pormenores que yo hoy, a muchísimos años de aquello, me he permitido tomar como base que sustente al menos una parte de este trabajo, que no tiene otra intención que la que emana del mandato a los cinco ministerios: perfeccionar a los santos y edificar el cuerpo, lo que equivale a decir: madurar al creyente y fabricar un cuerpo de muchos miembros, no de unos pocos considerados importantes.

Es muy sencillo comprobar que, pese a todo lo que se diga, (O no se diga, porque ¿Cuántos saben que los cristianos limpios y transparentes terminamos por amar al secreto y los pactos de silencio?) La enseñanza moderna conocida como “cobertura protectora”, ha generado muchísima confusión primero y una conducta bastante inestable después, en el pueblo de Dios. Esta doctrina, tan singular que amina y se difunde bajo la bandera de otros nombres, sostiene que los cristianos están protegidos, por ejemplo, tanto de los errores doctrinales como de los fracasos morales, cuando se someten a la autoridad de otro creyente o de alguna organización cristiana. ¿Alguna vez lo razonaste así?

Mi propia experiencia, y el sentir de algunos ministros bastante independientes que conozco, y con los que alguna vez he podido conversar sobre el tema con muchísima amplitud, nos ha llevado a entender que la doctrina de la cobertura es un asunto que perturba de una manera muy elocuente a la iglesia de nuestros días, como lo hizo en la de años atrás y como lo hará, seguramente, en la que se está gestando, si es que alguien no se atreve a salir a dar la cara y abrir la boca. Aunque esto demanda, con la prudencia, el respeto y la sobriedad del caso, una profunda reflexión libre de tradicionalismos por parte de nuestro pueblo. Quiero hacer notar que cuando hablo de ministros independientes, me estoy refiriendo a aquellos que no están agrupados, salvo en lo nominal, con ninguna de las clásicas organizaciones evangélicas tradicionales que conocemos.

Comencemos, entonces, por el principio, viendo la palabra esencial en este tema: Cobertura. Primero: ¿Está esa palabra en la Biblia? ¿Tú sabes que escrita de esa manera, no? Sí en la versión antigua de la Reina-Valera, pero no en la que todos tenemos ahora como versión clásica. Sí aparece una terminología muy parecida que tiene que ver con la cabeza cubierta de la mujer, en la primera carta de Pablo a los Corintios, que dicho sea de paso, sería un tema al que alguna vez deberíamos encarar por dos razones: para traerles claridad a quienes puedan estar en confusión y libertad a quienes puedan estar en esclavitud legalista. Eso, en el Nuevo Testamento. En el Antiguo, por su parte, sí la podemos encontrar algunas veces, pero siempre en referencia a ropas de vestir o a algún otro tipo de cubierta, pero jamás en lo espiritual y mucho menos para referirse a la autoridad o a la sumisión relacionada con el liderazgo.

De esto, hay algo que nos resalta inmediata y llamativamente: hay una muy escasa evidencia bíblica con relación a las coberturas, como para construir con ella toda una doctrina como se ha hecho. Pese a eso, la gran mayoría de hermanos, casi como papagayos, siguen repitiendo la consabida pregunta: “Hermano; ¿Quién es tu cobertura?” Como si de la respuesta, la no-respuesta, o el tenor de la respuesta, fuera algo así como una prueba de carbono 14 que determinara la autenticidad o legitimidad de una iglesia, un ministerio o una persona cualquiera.

Ahora bien; si tenemos en cuenta de la manera en que debemos tenerlo, que la Biblia guarda silencio con respecto a la idea de la cobertura, ¿Qué es lo que se quiere decir, entonces, con esa tan remanida pregunta de: ¿Quién es tu cobertura? Una gran mayoría, si las presionas un poco, te van a cambiar esa pregunta por otra muy parecida que también se nos ha hecho alguna vez, y hasta predicado, incluso: ¿A quién rindes cuentas por tu iglesia, tu ministerio o tu vida? Pero esto se enfrenta con otro inconveniente: la Biblia jamás dijo que deberíamos rendirle cuentas a otro que no fuera Dios. Escrituras al respecto, aún a riesgo de cansarte, abundan.

(Mateo 12: 36) = Más yo os digo: (Dice Jesús) que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. (El día del juicio, obviamente, deja ver que será ante Dios mismo que habrá que dar cuenta).

(Mateo 18: 23) = Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. (Si la semejanza es con el Reino de los Cielos, ¿Con quién tiene semejanza el rey a quien van a rendirles cuentas sus siervos?)

(Romanos 3: 19) = Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. (Está más que claro: el juicio es únicamente de Dios y toda boca, toda boca, deberá cerrarse)

(Romanos 14: 12) 0 De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. (Más claro aún: dice que “cada uno”, o sea tú, yo y todos los hombres y mujeres famosos dentro y fuera del evangelio, deberán rendir cuentas ante Dios)

(1 Corintios 4: 5) = Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. (Otra vez el mismo concepto: “cada uno”, pero esta vez para lo bueno. De todos modos, es notoria la intención igualitaria divina).

(Hebreos 4: 13) = Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuentas. (Esto es contundente. Para ser legal la rendición de cuentas ante alguien más que el Señor, aquí no diría: “Aquel a quien tenemos que dar cuentas”, sino “a Dios, UNO de los que tenemos que dar cuentas”. Te lo aseguro: Dios lo hubiera dicho, porque no es Dios de confusión.)

(1 Pedro 4: 5) = Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos. (Es Dios, sin dudas. Que yo sepa, no hay persona humana capaz de juzgar a muertos, ¿No?)

Ahora bien; todas estas escrituras dan base para que un creyente con corazón recto y sin resentimientos, rebeldías o intereses personales, pueda decir sin temor a equivocarse ni molestar u ofender a nadie: “Yo rindo cuentas a la misma persona a quien le rindes tú: a Dios”. No obstante, y donde quiera que tú te congregues, así sea en la congregación de más bondad, amor y misericordia y paciencia, prueba decir eso y vas a ver cómo, inmediatamente, cae sobre ti un profundo y oscuro manto de sospecha y, por allí, hasta de falsas acusaciones.

¡Pero es que estoy diciendo algo que es bíblico, hermano! No interesa, ellos tienen sus propias leyes y jamás confiarán en que tú puedes manejarte solo, sin que otro que no sea el Espíritu Santo te diga lo que tienes o no tienes que hacer. ¡Pero es que a ellos es a quienes no avala la palabra! No interesa. LA Biblia, en algunos grupos, camina detrás de los estatutos y ordenanzas denominacionales internos.

Lo cierto es que, la pregunta básica de ¿Quién es tu cobertura?, no solo no significa lo dicho, (A quien le rindes cuentas), sino a otra que va implícita como esta y que es, si vamos a ser absolutamente sinceros, sin ninguna clase de disimulo ni elegantes eufemismos, el fundamento real que les interesa a quienes te hacen la pregunta. Ya no: ¿Quién es tu cobertura?; sino la más usual de: ¿Quién te controla? La falsa enseñanza común sobre la cobertura, realmente se reduce a una cuestión acerca de quién controla a quien.

De hecho, la iglesia institucional moderna, está construida sobre la idea del control. Y no te lo estoy diciendo para que te indignes y te rebeles, te lo digo como enseñanza. Porque tú sabes tan bien como yo, que cuando se intenta ejercer control sobre la voluntad de otra o de otras personas, sea a través del método que sea, así sea el que parece ser el más digno, eso sigue teniendo un nombre que eriza la piel: Hechicería. ¿Hechicería? Sí, hechicería. ¿Tú que te creías, que eso era patrimonio de una vieja flaca, fea, vestida de negro, con sombrero de copa puntiaguda, nariz ganchuda con un grano grande en el tabique, con una escoba y una lechuza en el hombro, removiendo una gran olla donde hierven sus pócimas mágicas? ¡Despierta! Las brujas modernas tienen rostro y marketing televisivo.

(Miqueas 5: 12) = (Aquí Dios le está hablando a Israel, su pueblo, que es como decir a su iglesia; no al mundo, ¿Eh?) Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros. (Fíjate que esto podría tener que ver con brujas y adivinos, si fuera dirigido al mundo; pero se está refiriendo a la iglesia, no al mundo. ¿De qué está hablando, entonces? De la hechicería religiosa, que no se ejerce por brujería o el ocultismo en cualquiera de sus variantes, sino por directa manipulación de las voluntades mediante los dos sistemas clásicos jezabelinos: seducción o intimidación. Dulces promesas, o rudas amenazas. Y funciona, ¿Eh?)

(Apocalipsis 18: 23) = (Obviando a Gálatas 5:20, donde se coloca a la hechicería conjuntamente con otras obras de la carne que impiden entrar al Reino de Dios, en una palabra que va dirigida a la iglesia, y no al mundo, aterrizamos en este pasaje, donde viene hablando de Babilonia, la gran ramera, la iglesia falsa, la imitación sutil y satánica de algo que, exteriormente, es igualito a la iglesia, pero cuando se buscan los frutos, nos damos cuenta que no hay y que, por lo tanto, eso no es Dios) (Luz de lámpara no alumbrará más en ti) (O sea que, la luz del mundo, ya no habita allí) mi voz de esposo y de esposa se oirá más en ti. Porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; (Mercadería en la iglesia. Falsos ministros viviendo en la opulencia, la fama y el poder, al mejor estilo secular) puyes por tus hechicerías (Esto es: tus manipulaciones), fueron engañadas todas las naciones.

(Malaquías 3: 5) = Y vendré sobre vosotros para juicio; (Dios le habla a su pueblo. No importan los tiempos, el pueblo de Dios, somos nosotros) y seré pronto testigo (Alguien que ha visto el delito) contra los hechiceros y adúlteros (Manipuladores de la voluntad ajena y gente infiel para con Cristo, el esposo) contra los que suman mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero (Empresarios cristianos que pagan menos de lo que corresponde, o pagan sueldos en negro, vistiéndolos con el rótulo muy religioso de “ofrendas de amor”) a la viuda (que es la iglesia que funciona sin la presencia de Cristo) y al huérfano (Los que todavía no han podido encontrar al Padre celestial) y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice Jehová de los ejércitos.

Naturalmente que nuestra gente, expuesta a estas cosas, muy raras veces se da cuenta y reconoce que es un espíritu de control el que verdaderamente está en el fondo del asunto. Generalmente se viste, se cubre, se arropa y se disfraza con sobrias vestiduras bíblicas. Hay dos maneras de predicar. La primera, es la que tiene que ver con el evangelio real, genuino, verdadero, y se expresa dejando que una palabra se revele y muestre lo que Dios está diciendo a su pueblo hoy, ahora.

El otro, es una simple cuestión de armado. Se tiene un tema, que puede ser social, político, filosófico, científico; una opinión sobre ese tema que puede ser personal, sectorial, denominacional o evangélica como credo de oposición. Para poder decir lo que se debe o lo que conviene decir desde un púlpito, hay que cubrir ciertas formas.

Entonces, usando la concordancia o el diccionario bíblico, se buscan dos o tres versículos que den el pie que, luego de leerlos como corresponde y, arrancando desde la lectura, se predica lo que ya estaba previsto, ¿Entiendes? Yo, mi hermano, enseño la palabra y añado, si la hay, revelación fresca sobre ella. Yo no reflexiono sobre una palabra, porque reflexión es opinión, y mi opinión no le interesa a nadie, ni bendice a nadie, ni tiene nada que ver con Dios que es espíritu, no alma humana. Tengo que ser imagen y semejanza, ¿No?

Por eso es que son muchos los cristianos que creen verdaderamente, y con un casi ingenuo convencimiento, que la cobertura es solamente un mecanismo protector. Sin embargo, si nos detenemos con tranquilidad y escudriñamos con objetividad esa doctrina de la cobertura, vamos a terminar descubriendo que está fundamentada en un estilo de liderazgo del tipo “Cadena de mando”, que es lo que vulgarmente se conoce como “verticalismo”. Esto es: uno arriba, un abajo, otro más abajo y muchos en el llano.

¡Pero es que eso se parece a la política del mundo, hermano! No. Te equivocaste. No se parece, ES politiquería igualita a la del mundo. Pero eso, ¿Es bíblico? Mira mi hermano; convengamos que, salvo a la hora del mensaje, la Biblia suele participar muy poco en las actitudes, decisiones y movimientos cotidianos de las diferentes organizaciones eclesiásticas. ¿Pero cómo puede ser eso? No sé cómo puede ser, pero lo que sí puedo decirte, es que sucede tan corrientemente que, casi, ha pasado a ser algo así como: “Y bueno, no es lo que dice la Biblia, pero es lo mejor que se nos ocurre para este tiempo tan complicado”.

Bueno; en este estilo verticalista de liderazgo, los que se encuentran en las posiciones eclesiásticas más altas, tienen un dominio sutil, pero dominio al fin, sobre quienes están por debajo de ellos. Allí, aunque no termines de creerlo y mucho menos de entenderlo del todo, es donde se fundamenta la doctrina de la cobertura. Porque es por medio de este control de dirección jerárquico que se afirma, se enseña, se adoctrina y se mentaliza que los creyentes por la simple sujeción, sumisión y obediencia irrestricta a ese orden jerárquico, ya están protegidos de cualquier error de cualquier naturaleza, tanto sea personal, congregacional, como denominacional. Es decir que, se nos dice: ya estamos cubiertos. Pregunto: ¿Cubiertos de qué? ¿Por quienes? ¿Con qué autoridad? Y, principalmente, ¿Con qué base bíblica?

El concepto es que todos deben someterse y responder a alguien que está en una posición más alta. En la gran variedad de las iglesias evangélicas, con una modalidad que arranca desde la post-guerra hacia acá, esto se traduce así: los laicos, que no es una concepción bíblica sino de la doctrina de los nicolaítas, deben dar cuentas de todos sus actos al pastor. Pero bajo las mismas reglas, ese pastor también debe dará cuentas a una persona, (O a un grupo de personas), que tenga más autoridad legal reconocida. Está bien; se me dirá que un ejército, (Y el pueblo de Dios lo es), funciona así. Pero en ese caso, te diré que en un ejército, sus generales siempre son elegidos por su gobierno, nunca mediante arreglos o componendas a espaldas de ese gobierno. Eso diferencia las cosas.

De modo que el pastor típicamente dará cuentas a la sede denominacional, a otra iglesia, a la que generalmente se le llama “iglesia madre”, o a un obrero cristiano influyente, a quien se considera que tiene un rango más alto en la pirámide eclesiástica. Como resultado, y aquí viene lo curioso, se dice que el laico, “está cubierto por el pastor” y que este, a su vez, “está cubierto por la denominación, la iglesia madre o el obrero cristiano”. En conclusión, el significado de todo esto, sería más o menos que la gente, al dar cuentas de lo suyo a una autoridad más alta, equivale a estar protegidos por esa autoridad. Podríamos entender que se hablara de avales, de respaldo, pero cobertura, es mucho más profundo. En todo caso, se puede tener alguna expectativa cuando esa autoridad está colocada allí por el Señor, no cuando ha sido puesta por el hombre y Dios sólo la soporta por misericordia. Si no crees esto, te pregunto: ¿Cómo vemos que haya funcionado, hasta ahora, esa supuesta cobertura? ¿Ha sido eficaz? ¿La iglesia es más que vencedora y el mundo se sujeta a ella?

Y después está la otra incógnita que en algún momento te pasa por la cabeza pero, por las dudas, no vayas a ponerte de punta con alguien, prefieres callarla. ¿Quién cubre a la iglesia madre? ¿Quién cubre a la máxima sede denominacional? ¿Quién cubre al obrero cristiano? Ya sé cuál es la respuesta. Ha sido permanentemente la más difundida. Es una respuesta cargada de facilismo, aprovechando quizás la comodidad y la apatía de un pueblo que escudriña muy poco las escrituras. Te dicen: “¡Dios lo cubre!” Dios cubre, personalmente, a las más altas autoridades. ¿Ah, sí? ¿y qué es lo que impediría, entonces, que Dios sea, directamente, la cobertura de los laicos o, aún, del propio pastor? Hay un problema aquí. Tenemos un problema aquí. Tenemos adentro un problema que tanto hemos criticado hacia afuera. Un orden de importancia que no está en ninguna Biblia. La suma de Dios-Denominación-Clero-Laicos. Dime la verdad, ¿No te suena conocido?

Sin embargo, el mayor problema es que este modelo, está violando el espíritu del Nuevo Testamento. ¿Sabes por qué? Porque detrás de la retórica espiritual, que la hay y mucha, de proveer responsabilidad legal, de tener una cobertura, surge amenazador el sistema de gobierno que carece de sustento bíblico y está inspirado por un espíritu de control. Lo más aproximado a esto que encontramos en la Biblia, es la palabra Sometimiento, control, dominio, sujeción.

(Romanos 13: 1) = Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.

Veamos: ¿Tú me quieres decir a mí que todos los dirigentes corruptos que han pasado por nuestros países, han sido establecidos por Dios? Entiende bien; los espacios que ellos han ocupado o están ocupando, sí. Porque a ellos, a esas personas, las elegimos nosotros, y como sucede con casi todo lo que rodea nuestras vidas, Dios va a respetar esas elecciones nuestras. Y lo va a hacer como lo hace con cualquier otra decisión que tenga el hombre, empezando si tú quieres, con la de irse al infierno en lugar del cielo. Cada uno de nosotros elige eso, creo que está bastante claro. Esto, además, es una clara evidencia que cuando el idealismo de extrema izquierda encontró en Jesús a un paradigma del revolucionario social, no entendió en absoluto las leyes del Reino de Dios, Pero, atención: esto es para lo legal, humano y administrativo, porque mira lo que Pablo die con respecto a eso:

(Gálatas 2: 4) = Y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que estaban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, (5) a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.

Está muy claro. En el plano espiritual, tanto en la sujeción como en el sometimiento, es a una autoridad que está sujeta a autoridad divina, eso es decididamente bíblico. Pero también lo es el no sujetarse ni someterse al control de falsos hermanos infiltrados que, si la Biblia dice que los hay, ¿Por qué nosotros vamos a suponer que en nuestros alrededores, no? ¿Y esa va a ser tu cobertura? Pregunto: ¿De qué te va a cubrir?

Creo, en principio, que el tema de la cobertura obedece, en síntesis, al trabajo sutil, lento, pero persistente, de un claro y definido espíritu de control, algo que parecería formar parte del diccionario extra bíblico con el que se manejan los seminarios de guerra espiritual, pero que más allá de que se llame o no así, su existencia y trabajo están más que probados y sólo en el marco de una enorme ignorancia no exenta de necedad, podría hacernos pensar que no existe.

La Biblia, es muy cierto, habla de sujeción y habla de obediencia. Principal y mayoritariamente se refiere al Señor, pero cuando tiene que ver con lo humano, delinea más bien los límites y parámetros. Esa especie de inmovilizada esclavitud a la que tantos buenos pero ignorantes creyentes se han sometido, no sólo no los acercará más a Dios o a la verdad, como ellos suponen y le han enseñado, sino que puede hacerlo pasible de cometer serios errores que los llevarán exactamente al lugar contrario a donde suponían que iban. El versículo que pondrá las cosas en su debido sitio, es este:

(Efesios 5: 21) = Someteos unos a otros en el temor de Dios.

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noviembre 14, 2018 Néstor Martínez