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El Día de la Libertad

El día que llegamos a Cristo, fusilados y desparramados contra el suelo duro, encontramos lo que necesitábamos. Empezando por una paz que no conocíamos, pasando por una liberación interior que ignorábamos pudiera existir y concluyendo por una certeza externa que nos potenció al máximo de nuestras posibilidades. Sin embargo, no todo fue tan sencillo ni tan inmediato. Alguien dijo alguna vez que, si los cristianos estuviésemos TODOS llenos del Espíritu Santo, tanto la consejería pastoral como la sanidad interior, quedarían desoladas y sin trabajo. Pero la realidad nos muestra que no es así, sino lo contrario. Que los ministros en muchas ocasiones se granjean la antipatía de algunas de sus ovejas por causa de no poder atenderlas debidamente en sus necesidades y que en las congregaciones donde la Sanidad Interior está organizada, los turnos para atención se entregan con meses de anticipación. ¿Cuál es el problema, entonces? El evangelio de Jesucristo, seguramente que no. El problema son las ataduras que traemos de nuestra vida anterior y que no rompemos inmediatamente, porque no lo sabemos, porque no nos atrevemos o, sencillamente, porque no nos interesa hacerlo porque estamos en un tono de apatía y estupor. Este trabajo apunta a ayudar a desatarnos de todo lo que todavía nos liga a yugos de alguna clase de esclavitud.

(Gálatas 5: 1)= Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

Una mujer, cristiana desde su niñez solía, cuando las cosas no le salían como ella quería, atacar verbalmente a las personas. “Lo que sucede es que soy hija de vascos”, era su excusa, ya que esa procedencia, según ella, le justificaba conforme a la leyenda de la tozudez de los vascos. Ese comportamiento, era su herencia espiritual. Porque es más que obvio, que leyendas y famas al margen, y aún habiendo algo de cierto, es notorio que no todos los vascos tienen que ser similares. Lo cierto era que había un área en la que el enemigo tomaba ventajas en su vida. El haberse convertido no había cambiado su carácter y ella solamente se excusaba. Cuando el Señor le mostró el problema, ella se arrepintió, renunció a su pecado de ira y amargura al hablar y se declaró libre de la atadura por el poder de la sangre de Jesucristo. Tú, hoy, puedes hacer exactamente lo mismo con todo aquello que, entiendas, has heredado por genética de tus padres o incluso abuelos maternos o paternos. No escatimes nada, sólo sé específico y claro.

1 – CADENAS QUE ATAN AL PASADO

Muchos creyentes batallan con problemas como el mencionado, que les impiden su crecimiento espiritual. Estas ataduras son como eslabones de una cadena que nos mantienen firmemente unidos al pasado, en un área de debilidad en la que nuestros antepasados, que no eran creyentes, eran vulnerables. Esta herencia espiritual negativa se manifiesta porque abrimos alguna puerta, dándole al enemigo el derecho legal de entrar. Estas ataduras generalmente afectan nuestra mente, voluntad y emociones influenciando nuestro comportamiento con explosiones de ira, rebelión, depresión, amenaza de suicidio, hambre compulsiva, mentiras, robo, pecado sexual, adicción a químicos, comportamiento destructivo  muchos más. Fíjate; no necesitas ser demasiado perspicaz para entender estos tiempos que estamos viviendo.

(2 Corintios 12: 20-21)= Que no haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes; que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizás tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido.

Muchos cristianos que luchan contra estos problemas llevan verdaderas vidas de derrota, están limitados por la culpa. Tratan de cambiar su conducta por sí mismos, sólo para caer en lo mismo más profundamente y desesperarse. Tienen ser liberados de las cadenas que los tienen sujetos. Una gran mayoría supone, – porque no hay nada que se los avale -, que el simple hecho de aceptar un día a Cristo como Salvador y Señor y convertirse, termina con todas estas cosas. Eso, te aviso, es evangelio mágico, una variante doctrinal que muchas cristianos que ven demasiadas películas pseudo-místicas,  han adoptado indebidamente. En la conversión, tu espíritu se somete al Espíritu Santo, pero tu alma, luego de un pequeño lapso donde queda despatarrada por el tremendo shock, reacciona y pelea cada centímetro de la vida del protagonista, que en este caso vienes a ser tú, precisamente. Y esgrime sus propias armas, que a la hora del crecimiento, resultan de piedra de tropiezo indudables.

Una de esas piedras de tropiezo y muy importante, es la falta de perdón. Gente que ha sido lastimada, herida, rechazada o humillada, se ha llenado de rencor y resentimientos. En un momento dado de su vida encuentra a Cristo, lo acepta como Salvador personal y lo hace Señor de su vida, y de ahí en más, de acuerdo a lo que le enseñaron, se predispone a vivir como Dios quiere y a servirlo lo mejor que pueda, pero si no corta con aquello que marcó su vida, el resentimiento continúa, la falta de perdón se manifiesta y su relación con el Señor se deteriora. Si a esto le sumamos que vive en un estado permanente y constante de pena y disconformidad, entonces el cuadro se completa de tal manera que resultaría poco menos que una epopeya sacar a alguien de esa situación.

A esto habría que agregarle las adicciones a todo aquello que pueda producir hábito o dependencia, el rechazo y una pobre imagen de sí mismos, que determinan que mucha gente esté literalmente, tratando a Dios de mentiroso. ¿Por qué? Porque se llaman basuras a sí mismos, mientras que Dios dice que son SU imagen y semejanza. ¿Llamarás tú a Dios basura? Las relaciones sexuales ilícitas en cualquiera de sus expresiones, no es necesario que te las detalle y cualquier forma de ocultismo también son durísimas cadenas que tienes muy pocas probabilidades de romper.  Sería interesante ampliar nuestros conceptos sobre algunas de ellas que significan, por sí mismas, en otras claves necesarias para romper ataduras.

2 – FALTA DE PERDÓN

Parafraseando al Padrenuestro, alguien dijo alguna vez: Perdónanos por arrojar basura y desperdicio, así como nosotros perdonamos a quienes nos la arrojan. Parece una linda paráfrasis, ingeniosa y punzante. Lo siento. Debería ser real. Perdonar significa terminar definitivamente con el deseo de devolver “la basura”; no recordar más el asunto. Significa renunciar a la ira y al resentimiento y, de ese modo, liberar al deudor y, de paso, romper una atadura que nos perjudica solamente a nosotros mismos. Es una decisión de la Voluntad. Y entiéndeme definitivamente esto, por favor: nosotros podemos decidir perdonar a una persona que nos ofendió, nos guste o no hacerlo.

 

(Mateo 6: 14-15)= Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. (¿Consigues entender el porqué de esa falta de relación que tienes con el Señor? ¿No has podido ver, aún, que si no perdonas de una vez y para siempre “esa” vieja ofensa recibida, jamás podrás establecer esa comunión divina que tanto ansías?)

 

(Efesios 4: 31-32)= Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como también Dios os perdonó en Cristo. (¿Sabes qué es lo que más llamó mi atención de este texto? Que habla de la gritería con una entidad similar a la de la amargura y la maledicencia. ¿Es para tanto? ¡Si solamente nos gritamos un poco, nada más que eso, no nos castigamos ni nada, solo nos gritamos! ¿Ah, sí? Bueno, díselo al Señor, entonces.)

(2 Corintios 2: 10-11)= Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo.

Ponemos al perdón en su perspectiva correcta al darnos cuenta que cualquier injusticia que sufrimos de parte de otro, es pequeña comparada con nuestro propio pecado contra Dios. En otras palabras, la “basura” que le hemos entregado a nuestro Padre celestial, es peor que toda la “basura” que otras personas nos han arrojado a nosotros. Si queremos recibir el perdón de Dios, debemos perdonar. Lo que nos ayuda a perdonar a quienes nos ofenden es la gratitud hacia Dios por su misericordia para con nosotros, y el deseo de demostrar esa gratitud obedeciendo su Palabra.

3 – HERIDAS DE ORGULLO

La falta de perdón crea una atadura entre la persona que ha sufrido la ofensa y la persona que la ocasionó. Esto se rompe con el perdón, las dos partes se liberan y el Espíritu Santo puede sanar y restaurar. De hecho, el nuevo vínculo con el Señor llena de amor a la persona. La historia tiene protagonistas.

Se cuenta de un caso en que el orgullo de una mujer fue profundamente quebrantado cuando su hija se divorció, pero cuando se enteró que estaba embarazada de su último novio, directamente se puso furiosa. Varios días luchó en contra de su ira, de su enojo y su disgusto. Después se llenó de culpa sabiendo que debía perdonar porque era cristiana.

Sentía como que el enemigo le estaba robando la familia. El marido estaba enojado, la hija avergonzada y ella tenía tanta soberbia que no podía admitir un hijo ilegal en su medio ambiente. Sabía que tenía que hacer guerra espiritual y que la llave era el perdón. Primero le dijo a la hija, cara a cara, que estaba en contra de lo que hacía, pero que había decidido perdonarla. Después le pidió al Señor que la perdonara a ella misma por su enojo, por su soberbia y por su actitud egoísta. Entró en guerra diciéndole a Satanás: No me importa lo que estás tratando de hacerle a mi familia. El amor y la provisión de Dios son mayores que todo lo que tú puedes hacer. Tu ataque está roto en el nombre de Jesús y Dios nos ayudará a superar esta situación y mantenernos juntos. Los veintiún años invertidos en mi hija, no se van a perder por este problema aislado…

Luego la madre oró así: Dios; te entrego todo mi ser. Cualquiera que sea tu plan para mí como abuela. Te pido que ministres a mi hija, que la acerques a tu corazón y que nos unas en tu amor. Por favor Señor; trae a este niño seguro al mundo. Gracias porque será una bendición para todos nosotros. La atadura de esa madre se rompió cuando perdonó a su hija: las emociones negativas dejaron de atormentarla. La joven siguió estudiando, vive ahora con su bebé y sus padres y el Señor está restaurando una relación entre ellos basada en el amor.

4 – EL PROCESO DE LA AFLICCIÓN

(Proverbios 15: 13)= El corazón alegre hermosea el rostro; más por el dolor del corazón se abate el espíritu.

La aflicción es causada por varios factores: una relación rota, la pérdida de un ser querido o del trabajo, por sueños que no se concretan. También puede ser consecuencia de un aborto o de esterilidad; puede deberse a malos entendidos con otras personas o desconcierto contigo misma. También podemos estar en desacuerdo con Dios sintiendo que Él nos abandona cuando más lo necesitamos.

La aflicción es la consecuencia de un proceso natural sobre una situación determinada y por un tiempo razonable. Los psicólogos dicen que normalmente puede durar entre uno y tres años. Es un proceso de sanidad que si no se resuelve, prolonga la aflicción y abre la puerta a problemas espirituales, físicos y emocionales, y es una traba para el crecimiento espiritual.

Para poder liberarse de esta aflicción, la persona debe estar en condiciones de decirle a Dios: Señor; no entiendo esta tragedia, pero decido creer en tu amor por mí y deposito mi confianza en ti. Recién entonces Dios puede, como dice Isaías: Derramar el óleo de gozo en lugar de luto.

5 – LA ESCLAVITUD DE LAS ADICCIONES

Aquella que concurre cuatro veces en la semana al instituto de belleza para mantener una apariencia exterior impecable; la que es adicta a su teléfono móvil; la que vive en el gimnasio modelando su figura por encima de la media habitual; la que se mata por mantener su casa impecable con prioridad sobre la atención de su esposo o sus hijos. Otra es alcohólica y otra adicta a las drogas recetadas. Todas tienen comportamientos dependientes.

El diccionario define la adicción como Rendir la voluntad a algo, de manera obsesiva. El gran peligro en la adicción es el hecho de rendirse, de entregarse a otro poder permitiendo que la voluntad se torne pasiva. Muchos adictos niegan que hayan entregado su voluntad e insisten en repetir: Puedo abandonar eso en cualquier momento. Pero las cadenas no se rompen hasta que no deciden entregarse al poder del Espíritu Santo para ser liberados.

La Escritura nos advierte en 1 Pedro 2:11: Os ruego que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma.

Ejemplo: una mujer y su marido mostraban ser un ejemplo como familia. Incluso iban, con sus dos hijos, todos los domingos a las reuniones de una congregación cristiana. Ella aparentaba ser un modelo de esposa y madre, pero lo que nadie sabía era que hacía diez años que venía consumiendo drogas recetadas y profusas bebidas alcohólicas. Trabajaba como enfermera y no tenía dificultades para conseguir las necesarias recetas de los médicos; especialmente, para bajar de peso.

Ella declaró que sabía que no tenía que hacerlo, y que cada vez que tomaba una píldora, clamaba a Dios que la ayudara, pero no se podía controlar. Sabía que como madre dejaba mucho que desear, pero no podía dejar de tomar esas píldoras. Después tomaba vino para tranquilizarse. Pero la realidad era que lo hacía para escapar.

Un día la vino a visitar su cuñada y le contó cómo hablaba con Dios. Ella pensó que también le gustaría enormemente hablar con Dios de esa manera. Después conoció a un misionero que la desafió a que invitara a Jesús a ser Señor de su vida. Recibió a Cristo en su corazón, pero siguió con sus viejos hábitos. Otro día se sorprendió al leer en su Biblia que su cuerpo es templo del Espíritu Santo. Entonces oró: Señor; si tu Espíritu habita en mí, yo no quiero abusar de algo tan sagrado. Por favor, ayúdame a terminar con esto.

Estaba determinada a liberarse de la atadura de las drogas, así que fue a su cartera y sacó de ella todas sus píldoras. Esa noche las arrojó por el inodoro de su baño y nunca jamás volvió a tomarlas. Tampoco tuvo reacciones en su cuerpo por la falta, es decir; no padeció ninguna clase de síndrome de abstinencia. Tres semanas después, mientras tomaba vino como de costumbre, escuchó una voz demasiado clara que le decía: Este será el último trago. Miró alrededor pero no vio a nadie. Pero ella sabía que era el Señor quien le hablaba y que debía dejar también inmediatamente la bebida. Arrojó al lavabo el resto de lo que quedaba en su copa y nunca más volvió a beber. El poder de Dios rompió la atadura.

6 – LAS RAÍCES ESPIRITUALES DE LA ADICCIÓN

Las adicciones, ya sean drogas, alcohol, música rock, gratificaciones personales, pornografía, perfeccionismo o negativismo, generalmente se manifiestan como el deseo de escapar a diversas circunstancias.

Un prestigioso profesional cristiano, escribió alguna vez que: Todas las adicciones tienen una raíz espiritual. El ser humano es rebelde y egoísta por naturaleza: desea reconocimiento y satisfacción. La adicción es un reflejo directo de nuestra atadura interna a este pecado de rebelión. La sanidad no es completa hasta que no se haya cortado con esta atadura.

Las adicciones no solamente tienen causas espirituales, sino consecuencias espirituales. Hay muchas maneras en que las adicciones pueden ser destructivas espiritualmente. Hay formas, por ejemplo, de idolatría espiritual que crean adicción. Consumen energía y llaman la atención. Crean una barrera entre el adicto y Dios, impiden la obediencia a Dios y, finalmente, perpetúan el pecado.

Muchas veces la persona es llevada a la adicción debido al abuso del que fue víctima en la niñez. Por ejemplo: violación, rechazo, una mala imagen de sí mismo, falta de perdón, culpa o aflicción. Si en la herencia familiar existen comportamientos de este tipo, hay que tomarlo en cuenta y lidiar con él. Pídale al Espíritu Santo que le muestre la raíz que causa la adicción, ya sea suya o de la persona por quien usted está orando, y busque la sanidad y la liberación en esa área.

Este puede ser un camino largo y difícil. Las adicciones no siempre se rompen instantáneamente, como en aquel caso de la mujer drogodependiente y alcohólica que mencionáramos. Los adictos, a veces, pueden luchar bastante tiempo antes de sobreponerse a sus compulsiones. El consejo y la ayuda de grupos cristianos colaboran en parte. La victoria se logra en oración, en disposición para aceptar la ayuda de otros y, esencialmente, en experimentar la confianza precisa en la misericordia de Dios. Si deseamos ser libres, podremos romper las ataduras de la adicción por el poder de la sangre de Jesús y andando en su Espíritu.

7 – RECHAZO Y UNA AUTOIMAGEN NEGATIVA

Las palabras, ya sean nuestras o de otros, tienen el poder de sanar o de lastimar el espíritu. Una encuesta indica que se necesitan, por lo menos, cinco afirmaciones positivas para contrarrestar los efectos de un solo comentario negativo. Por eso es que Proverbios 15:4 y 18:21, expresa: La lengua apacible es árbol de vida, más la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu.

Un pastor oró en una ocasión con una atractiva mujer de alrededor de unos cuarenta años de edad que se creía gorda y fea. Ella, había crecido en el campo y, cada vez que la familia pasaba por otros campos donde se veían cerdos comiendo, solían hacerle bromas señalando que los que estaban comiendo eran juanitas, en relación con su nombre.

Atada a las palabras de su madre, Juana luchó con una imagen “gorda” de sí misma por toda su vida. Rechazaron y rompieron esa maldición durante una sesión de oración donde hicieron, incluso, guerra espiritual. Luego declararon que ella era creación divina, hecha para su gloria y le dieron gracias a Dios por haber hecho a Juana a su imagen. Ella fue liberada de la atadura y se comenzó a ver a sí misma desde una nueva óptica.

Otro caso notable es el de una mujer que llamaremos Rosa. Su hijo, que llamaremos Roberto, y que había sido normalmente buen alumno, cuando cursaba quinto grado, empezó a tener malas calificaciones. La opinión de la maestra, era que él podía hacer las cosas mucho mejor. Orando, Rosa recordó el día en que su suegra se enojó con su marido, porque él le reprochó que fuera tan exigente en la escuela con su hermana menor. Ella, entonces, le contestó textualmente: Espera que Roberto crezca y vas a ver lo que se siente cuando no puedes controlar a tu hijo en la escuela. Roberto, entonces, sólo tenía seis meses.

(Isaías 54: 17)= Ninguna arma forjada contra ti prosperará y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová.

Rosa usó este versículo para, en oración, romper esas palabras pronunciadas hacía tanto tiempo. Naturalmente, el muchacho mejoró y llegó a ser uno de los mejores promedios en su colegio.

8 – RELACIONES SEXUALES ILÍCITAS

(1 Corintios 6: 16-18)= ¿O no sabéis que el que se une con una ramera es un cuerpo con ella? Porque dice: los dos serán una sola carne. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica contra su propio cuerpo peca. Esto significa que cualquier relación sexual fuera de un pacto serio y responsable de unidad entre un hombre y una mujer, ya sea heterosexual, homosexual o cualquier otra variante, es considerado pecado y el pueblo de Dios está continuamente siendo alertado contra esa clase pecado. De hecho, en algunos sitios parecería ser el único tipo de pecado condenable, mientras que otras formas no menos dañinas no son evaluadas con el mismo rigor.  Las enfermedades que se transmiten por contacto sexual, son lo que Pablo advierte en Romanos 6:23 cuando dice: Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Las consecuencias del pecado sexual pueden ser la muerte física, emocional o espiritual. Este tipo de pecado abre la puerta para la influencia demoníaca.

Una víctima de incesto o violación puede creer que no tendrá relaciones sexuales normales, creyéndose atada de alguna manera a su agresor. Puede afectar su relación con Dios y con otras personas, sus emociones y su autoimagen. El perdón al agresor es lo único que puede liberarla, aunque un intenso tratamiento de lo que llamamos Sanidad Interior o Sanidad del Alma, aquí, podría ser necesario y positivo. La consecuencia frecuente del pecado sexual es el aborto. Los defensores de la vida insisten en que esto trae serios conflictos espirituales, tanto a las mujeres que deciden abortar como a la nación que lo autoriza.

9 – ESPÍRITU DE MUERTE

Satanás oprime a estas mujeres, inyectándoles pensamientos en la mente. Las bombardea con sentimientos de culpabilidad, condenación, remordimiento, auto-justificación, hastío, odio a sí mismas e ideas de suicidio. Los demonios vienen por la puerta abierta que el aborto ha dejado al enemigo. La mujer debe ser liberada de estos espíritus.

Una jovencita de veinte años, después de un aborto, se entregó al Señor. Comenzó a estudiar para ser médico-misionera. En la Facultad conoció a un joven que había vuelto a los caminos del Señor y quedó embarazada. Su novio no quería el bebé y ella no quería abandonar su carrera, así que lo abortó. Pero esta vez las consecuencias fueron más intensas. Ella dice que todo le resultaba muy irónico, ya que estaba dispuesta a mentir, engañar y matar para “trabajar para Jesús”. Posteriormente ella se arrepintió y recibió el perdón de Dios, pero no se podía perdonar a sí misma.

Esa falta de perdón permitió al enemigo asentar su pie. El espíritu de suicidio se apoderó de ella. Estaba tan deprimida bajo su influencia que podía escuchar a los demonios cantándole: “¡Vas a morir! ¡Vas a morir!”… Esto duró varias semanas. Su liberación se produjo cuando Dios le habló a través de su palabra. (Salmo 118: 17-19)= No moriré sino que viviré y contaré las obras de Jehová. Me castigó gravemente el señor, más no me entregó a la muerte. Abridme las puertas de la justicia, entraré por ellas, alabaré al Señor. Se dio cuenta que tenía una opción. No tenía que morir, podía vivir. Esos pensamientos suicidas habían sido del diablo. Un día llegó a su casa decidida y, en voz alta, dijo: “¡Basta! ¡Se acabó, diablo!” Se perdonó a sí misma y perdonó a los hombres que le habían hecho mal. Casi pudo ver cuando rechazando estos espíritus, “algo” se iba de ella y de su vida.

10 – ACTIVIDADES EN EL OCULTISMO

Deuteronomio 18: 9-14 declara que las prácticas ocultas son abominación a Jehová. Esto se refiere a la Astrología (Lectura de horóscopos (, lectura de las manos, tabla Ouija, Tarot, adivinación del futuro, brujería, magia, sociedades secretas, hechicería, juego de la copa y más. Un gran número de cristianos, aunque tú no puedas creerlo, se exponen permanentemente a la actividad demoníaca yendo a adivinos y diciendo luego entre sonrisas: ¡Ah!, ¡Pero yo no me los tomo en serio! No le hace. Eso no cambia el hecho de que la Palabra de Dios lo condena. Los malos espíritus sí que se lo toman en serio.

Otros compran inocentemente o aceptan como regalos, objetos que tienen algún significado en el mundo del ocultismo. Ejemplo: máscaras indígenas, souvenir de Grecia con dioses míticos, mapas del mundo con los signos del zodíaco, pinturas hindúes y adornos que representan deidades orientales.

La advertencia hecha por Dios a los israelitas, es apropiada para nosotros en el día de hoy. (Deuteronomio 7: 25)= Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego, no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios. No son pocos los creyentes que ya sea por desconocimiento e incredulidad, atesoraban objetos o libros de ocultismo y Nueva Era, que pasaban por momentos malos, y que luego de quemarlos en el nombre de Jesús, experimentaron un notable cambio en sus vidas y una especie de claridad para el mejoramiento de su relación con el Señor.

Esto no es ocurrencia, moda ni invento de estos días. En el libro de los Hechos 19:18-19, detalla que cuando Pablo predicaba en Éfeso, los que se convertían quemaban los libros de ocultismo. Dice: Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos ellos: y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata.

SIETE PASOS PARA CAMINAR EN LIBERTAD

1)= Identifica el área de conflicto. Pídele al Espíritu Santo que te muestre cualquier área de atadura a la que tú debas prestarle atención.

2)= Confiesa y arrepiéntete delante del Señor de los pecados que el Espíritu Santo te muestre.

3)= Perdona, por decisión propia, todo lo que veas que es una atadura; inclusive, perdónate a ti mismo. Libera tu enojo ante Dios, tu sentimiento de que él te dejó caer.

4)= Recibe el perdón de Dios y su sanidad.

5)= Renuncia al pecado y cierra la puerta en cualquier área por donde el enemigo pudiera entrar.

6)= Pídele al Espíritu Santo que te ayude a romper con los patrones de conducta a los que estás acostumbrado.

7)= Permite que el Espíritu Santo vaya formando en ti, cada día, la imagen de Cristo.

(Efesios 4: 31)= Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

(Gálatas 5: 1)= Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

(Verso 13)= Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.

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septiembre 6, 2020 Néstor Martínez