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Cuando La Flor se Marchita

En este mismo momento quizás, allí, donde tú estás leyendo esto, porque tal vez y en una de esas, no sabías qué otra cosa más interesante hacer, tú estás viviendo algún tremendo drama. De enfermedad, de angustia por algún problema grave de familia, de escasez o de pobreza o de cualquier otra necesidad apremiante. Y tú, en el mejor de los casos, has recurrido a la evasión de la Web, no por deseos de saber más sobre la Biblia, o por recibir una enseñanza o por tomar contacto con un mensaje teóricamente o teológicamente bien estructurado, sino porque piensas –con esa enorme sencillez de creyente fiel y simple-, que Dios quizás tenga una palabra que pueda caber en tu alma hoy y ahora, y que te proporcione una pequeña brisa de paz o de consuelo y que te aliente, en suma, para poder seguir adelante, algo que en este instante casi se te antoja como algo lógicamente imposible. ¡Ánimo! Las cosas de Dios, si algo precisamente no tienen, es lógica humana.

Entonces allí viene cuando te formulas la pregunta histórica, legendaria, que cada uno de nosotros, como hijos de Dios en servicio, debe haber oído y leído centenares de veces. ¿Por qué me tiene que suceder esto a mí? Déjame decirte, en principio, que esa es una pregunta que nadie va a responderte jamás, y mucho menos satisfactoriamente. Te pueden aconsejar y te pueden alentar con todo el amor y con toda la sabiduría del mundo, pero es como que no te basta, como que no te es suficiente. Tu corazón sigue temblando de dolor, de angustia y, nada de lo que siempre te ha sido de bendición para utilizar con los demás, parece venirte bien a ti mismo, para tu vida. Una cosa es el problema que vive el otro y otra cosa, muy diferente, el que te toca vivir a ti en tu propia epidermis, por decirlo con elegancia, en tu propio cuero, para ser más drástico.

Yo, particularmente, por una serie de razones que van desde lo ministerial hasta lo personal, pasando por lo conceptual, desearía que en este trabajo Dios me permitiera fluir con la unción del pastor que no soy. Con un corazón lleno de amor, con una necesidad íntima de darle a un alma un suave pero firme empujón hacia arriba, justo en el momento en que parecería venir desplomándose en caída libre. Que brote de estas palabras una gracia pastoral de amor, de confianza y de poder divino, que son las únicas que realmente pueden ministrar una vida, y no la experiencia o la sabiduría de un hombre, que es lo que nos han enseñado a pensar. Para eso, vamos a incursionar en la carta del apóstol Santiago, dejando de lado, claro está, porque no viene al caso, la especulación de si este hombre habrá sido o no un hermano carnal de Jesús. Yo sé que lo fue, pero no entro ni entraré jamás en debate con nadie. La Palabra de Dios no es para debatir. La Palabra de Dios es para aceptar, creer y poner por obra. Todo lo que no sea útil para eso, es discurso religioso y no sirve, pero no es Palabra ungida.

Lo cierto, en el inicio mismo, es que él no se vanaglorió de su relación personal con Jesús ni tampoco se identificó a sí mismo como un líder religioso. Dice que su mayor honor fue ser un siervo de Dios. Y no dice ser más, porque todavía se estaba escribiendo el Nuevo Pacto, de donde a partir de esa cruz y esa sangre, comenzamos a acceder a la posibilidad de ser llamados hijos de Dios, que indefectiblemente será mucho más importante que ser siervos. De hecho, son los hijos los que heredan al Padre, no sus siervos. Y si bien en lo literal las doce tribus a las cuales él se dirige designan a la nación de Israel y que al hablar de la dispersión (DIÁSPORA), alude a los judíos disgregados en tierra de gentiles, usando discernimiento para con sus palabras al tiempo presente, su mensaje se introduce profundamente en la médula de cada uno de los cristianos del mundo, dispersos precisamente en ese mundo gentil, incrédulo y ateo, para arrimar una dosis de fe, de esperanza y de sosiego que en tantos momentos del día debemos absorber para superar todas las cosas que nos tocan vivir.

(Santiago 1: 2)= Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.

Fíjate que el mandato estructural, aquí, es regocijarse; poco menos que ponerse a cantar, saltar y bailar cuando tu fe sea sometida a prueba. ¿Tú puedes creer que exista en este planeta alguien que pueda comportarse así? Si nos llevamos por los conceptos y parámetros de la lógica griega, todo indicaría que no, pero cuando entramos en terrenos de la jurisdicción del Reino de los Cielos, ahí las cosas comienzan a modificarse. Ahora bien; pero si salimos un tanto de lo estructural, podemos ver en este verso una palabra que indudablemente es clave: CUANDO. Porque no te dice que es SI te encuentras en diversas pruebas, que determinaría alguna posibilidad de que eso no sucediera; te dice CUANDO, lo que te está avisando que, te agrade o no, lo entiendas o no, lo aceptes o no, al largo, mediano o corto plazo, alguna prueba (No puedo saber si fuerte, muy fuerte, liviana o muy liviana) te va a aparecer. Hay tres escrituras que confirman esto y la última, abre paso a una segunda fase que te lleva a ti a una mejor comprensión y, por consiguiente, te alienta y te capacita para el paso siguiente.

(Mateo 5: 12)= Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Esto te está diciendo que una de las posibilidades de sufrir pruebas, radica en cuando el Señor deposita en ti la gracia de alguno de los ministerios del Reino. Se es salvo por gracia y misericordia, sin mérito ni precio alguno de tu parte. Pero se sirve al Reino con rigor y con inclemencias, eso es notorio. Alguien dijo alguna vez con bastante sentido del humor, que lo único gratis que viene en la Biblia, es la salvación, que para todo lo demás, hay que comprar un ticket y pagar un precio. Y que ese precio varía según la intensidad de lo que obedezcas hacer, pero que a tu favor está la certeza de que jamás ese precio será más oneroso de lo que tú puedas afrontar. Dios no te levantó para acostarte o asesinarte, te levantó para que seas más que vencedor).

(Hebreos 10: 34)= Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. (Aquí se deja en evidencia con meridiana claridad, que las pruebas sobrevienen sobre el grueso de los creyentes, sobre todos y cada uno de los que un día asumieron el compromiso trascendente de seguir y servir a Cristo. Esto da por tierra con ese famoso discurso tremendista que más de una vez habrás escuchado, de que Dios permite que pases una prueba como único reaseguro de limpiarte o purificarte por un pecado cometido. Puede ser en algún caso, no lo pongo en duda, Dios es Soberano, pero en muchas ocasiones, (Y de esto es de lo que se habla aquí), Dios permite que pases por alguna prueba con la finalidad de que salgas de ella maduro, fortalecido y poderoso en Cristo Jesús)

(1 Pedro 1: 6)= En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas. (Es muy leve la mención, pero suficiente como para entender definitivamente que, si Dios considera NECESARIO para tu crecimiento, purificación o entrenamiento, permitir determinadas pruebas sobre tu vida, sin dudas que lo permitirá. No porque te odie, sino porque te ama. Y si todavía no lo puedes entender, fíjate: si tú hijo o hija se clava un alambre oxidado y tiene riesgos de infección o de algo peor, y para eso tiene que ser inyectado con un antibiótico poderoso, de esos que en inyectables son bastante dolorosos, ¿Vas a evitarle ese dolor y dejarlo morir o permitirás que sufra con la inyección para que luego sane y viva muchos años más? Las pruebas que Dios permite para tu vida, son el inyectable con antibiótico para tu infección espiritual)

La única duda que a cualquier persona puede caberle en estas circunstancias, es: ¿Por qué puede ser necesario? O mejor dicho: ¿Para qué? Y esta no es una pregunta que yo me formule por que sí, porque se me ha ocurrido justo en este momento que estoy grabando esto sobre este tema. Esta es una pregunta que muchos cristianos se han formulado en más de una ocasión y que, incluso, si son gente de oración continua, se la han formulado al Señor, también. Yo, en lo humano y ministerial, podría darte una serie de respuestas muy sesudas, elaboradas y hasta inteligentes, si quieres, pero no lo haré. ¿Sabes qué? Dejaré que la misma y propia palabra de Dios te lo responda.

(Santiago 1: 3)= Sabiendo que la prueba de vuestra fe, produce paciencia. (La paciencia no se compra, no se recibe mágicamente ni se hereda. La paciencia se produce, se arma como una poderosa estructura de hierro. La paciencia, en suma, es el fruto que nace como resultado de una prueba. O de varias. Vamos a ver, tre daré un ejemplo…laboral. Accedes a un trabajo en…digamos, una oficina administrativa de una gran empresa. El salario es bueno, las condiciones de ambiente y confort son buenas, los compañeros son gente interesante e inteligente, y sumado a todo eso, tú oras cada día, para que Dios te use en la vida. Pero resulta ser que hay un solo problema: tu jefe. Es sencillamente insoportable, energúmeno, irrespetuoso y hasta excedido en sus reprimendas. Tú hay días que quieres comértelo a la parrilla, como buen argentino afecto al asado regional que eres. Sin embargo, el día que le presentas tus quejas al señor, Él simplemente te responde: ¿No me pedías que te usara? ¿No me pedías que te dé paciencia? Aquí tienes las dos cosas en tu jefe: oportunidad de presentarme y paciencia, mucha paciencia…)

(Romanos 5: 3)= Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia. (Convertirte en cristiano no te libera, automáticamente, de todas las dificultades. La Biblia da muchas pruebas que dejan en evidencia que esto es así y que, para producir paciencia, indefectiblemente tú vas a tener que pagar un precio. La actitud madura del cristiano ante la adversidad, es enfrentarla con sumo gozo, que obviamente, no es una simple reacción emocional, sino una deliberada e inteligente evaluación de las circunstancias desde la perspectiva de Dios, para ver a la prueba como un medio para el crecimiento moral y espiritual.

No nos podemos gozar de las pruebas por sí mismas, ya que ello sería una especie de masoquismo o estoicismo humanista disfrazado con esa mentira monumental e histórica llamada “resignación cristiana”, sino en sus posibles frutos. Someter a prueba equivale a comprobar lo genuino de algo, en este caso tu propia fe. Sirve como una disciplina para purgar esa fe de toda impureza nociva, extirpando lo que es falso, formal o meramente religioso. La paciencia, en suma, no es un resignarse pasivamente “a lo que venga”, sino tener firmeza, valor y hasta tozudez para poder aprender a resistir con valentía. Y no olvides que “resistir” en términos bíblicos, no es aguantar o soportar, es combatir hasta las últimas consecuencias.

(Santiago 1: 4)= Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

Puedes  darte cuenta que la idea de Dios, es que tú resistas de tal manera como para que Él tenga tiempo suficiente para hacerte semejante a Cristo por medio de la prueba. ¡Nada menos! Y de este texto de Santiago, lo que sobresale casi como reaseguro o garantía de que todo estará bien, es la última parte, donde te dice que pese a todo lo que pueda venir sobre tu cabeza como prueba de carácter y fortaleza, finalmente, no te faltará cosa alguna. Y eso, cuando tú andas en las tinieblas de la ignorancia y la confusión, créeme que no es poca cosa.

(Colosenses 4: 12)= Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere. (Firmes, perfectos y completos. Yo creo que firmes y completos, tiene que ver con una posición tomada de la cual no te habrá de mover nadie. Y perfectos, tú ya lo sabes porque te lo he enseñado antes, tiene que ver preponderantemente con madurez. Perfecto, es maduro. Porque la madurez, en el evangelio, es sinónimo de victoria)

(1 Tesalonicenses 5: 23)= Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Lo único que debo aclarar aquí, para evitar confusiones, es que cuando anteriormente dice PERFECTOS, no se está refiriendo a la ausencia absoluta de pecado, o de algo que no tiene errores, sino a una idea que implica algo completamente desarrollado y maduro, ¿Entiendes? Y CABALES, muestra una idea de plenitud y redondez que, sin Cristo, (Y sin pruebas, o sin dolor) es muy poco probable poseer. Simple sabiduría. Claro, tú estarás pensando: “Todo esto está muy bonito, pero; ¿Qué sucede cuando mi sabiduría no alcanza, no me sirve ni me ayuda para afrontar lo que me toca padecer? La respuesta:

(Santiago 1: 5)= Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

¡Es tan simple! ¡Es tan sencillo! “- Está bien, hermano… Pero eso es mas bien…teórico, ¿No cree? –“Espera. Vamos a ver. La Biblia es muy amplia y muy sabia, para todo. Si buscas una respuesta para lo que sea que la busques, en la Biblia esa respuesta seguramente estará.

1 Reyes 3: 9-10)= Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque: ¿Quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto. (Esto nos deja una enseñanza: para juzgar a un pueblo, se necesita en primer lugar, poseer un corazón entendido. ¿Y qué cosa es un corazón entendido? Un alma que se ha despojado de todos sus requerimientos propios y carnales, y ha decidido usando la autoridad de su propia voluntad, someterla a los dictados del Espíritu Santo. Eso y no otra cosa es lo único que podrá darte, como anexo más que indispensable, discernimiento entre lo bueno y lo malo. De otro modo, te equivocarás una y cien veces. Y créeme que sucede muy a menudo entre nosotros.)

(1 Juan 5: 14)= Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. (Claro, es palabra y como tal se cumple, pero… ¿Recuerdas aquella que dice que todo lo que pidamos con nuestra boca, creyendo, nos será hecho? Es así, sin ninguna duda, pero deberemos añadirle esto que terminamos de leer: lo que pedimos tiene que ser conforme a su voluntad. De otro modo se nos puede poner la boca de color violeta pidiendo cosas, y jamás las recibiremos. Y a esto, tenlo por seguro, no te lo enseña nadie. No le hace, es verdad.)

Ahora, veamos el conjunto: la sabiduría, conforme a lo que hemos leído, te dice que puede recibirse pidiéndosela a Dios con fe. Y esto, que a lo mejor te suena remanido y casi como parte de una rutina regular y sistemática, no es así. Porque, de ninguna manera esto es instrucción intelectual, información académica o especulación filosófica, Esto es simplemente y nada menos que comprensión espiritual del propósito de las pruebas.

Porque hete aquí que cuando Dios concede un don, lo hace –dice- abundantemente y SIN REPROCHE. Esto es: generosamente, no con disgusto, no con desgano o con reservas. La palabra REPROCHE, aquí, es la palabra ONEIDIZO, y tiene un significado relacionado con un comportarse de modo juvenil e inmaduro. La palabra describe a los chicos que se hacen burla, que se molestan y hasta que se insultan entre ellos mismos.

Después, la misma palabra llegó a significar mofa, ridículo, queja, ofensa y el uso enojoso y sarcástico de palabras. Lo que Santiago nos dice aquí, en suma, es que Dios nos da lo que nos da, sin recordarnos que no somos dignos de recibir algo de su parte. Todo eso está muy bien, pero para muchos que hoy nos están oyendo, seguramente esto sigue siendo teoría, vana palabrería quizás, porque a la hora de los resultados y a pesar de pedirlo revolcándonos en la necesidad, lo cierto es que no recibimos nada.

(Santiago 1: 6)= Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a la otra.

Tú no te imaginas la cantidad de cristianos que están orando, en estas horas, por diferentes necesidades con fuerza, con dedicación, con firmeza y disciplina. Cristianos fieles y cumplidores, pero que en el fondo de sus corazones, no pueden terminar de creer con clara convicción que esa oración pueda tener, verdaderamente, el efecto que están buscando. Jamás lo confesarán, de hecho, y ni por asomo se atreverían a dialogarlo con nadie, más que todo, por vergüenza. Pero muchos de los que en este momento están escuchando esto, saben muy bien en lo íntimo de sus almas, que realmente es así.

Atención: esta franja a la que me refiero, indudablemente está expuesta (De manera inconsciente) a someterse a esas “recetas fáciles” que le “garantizan” óptimos resultados y así, a veces, se meten en unos problemas tremendos de los que después les resulta sumamente complicado salirse. Cuando Santiago dice que de ese tipo de duda surgen los que son como Ondas del mar arrastradas por vientos, lo que preanuncia es la transgresión muy probable a ser víctimas de cualquier viento de doctrina. Y quiero sepas, mi hermana, hermano o amigo, que no está hablando con el inefable “mundo incrédulo”, ya que todos sabemos por poco o por mucho, que la palabra Doctrina, es patrimonio casi exclusivo de la iglesia. ¿Qué ocurrirá, entonces? Observa:

(Santiago 1: 7)= No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. (No se puede negar que Santiago en este asunto, es bien claro, no deja ningún lugar para las dudas y además es lo bastante concreto como para, incluso, darle un nombre.)

(Santiago 1: 8)= El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

Yo quiero aclararte que el hombre de doble ánimo del que se habla aquí, es una persona arrastrada en dos direcciones opuestas. Sus lealtades están divididas, y a causa de su falta de sinceridad, vacila entre la fe y la incredulidad, pensando algunas veces que Dios le ayudará y renunciando en otras ocasiones a toda esperanza. Esa persona es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de consistencia en el ejercicio de su fe pone al descubierto la esencia de su manera de ser. En el capítulo 4, en el verso 8, Santiago exhorta a esta clase de personas: dice: Vosotros, los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Como sabemos, en la Biblia, corazón es igual a alma, lo que demuestra que les está diciendo que deben alinear su intelecto, su voluntad, sus sentimientos y emociones y someterlos a la voluntad de Dios y, por fe, a sus promesas teniendo en cuenta un elemento sumamente importante: sin razonarlo humanamente.

La evidencia más concreta del hombre de doble ánimo cuando ostenta posiciones encumbradas, se manifiesta pronunciando, por ejemplos, vibrantes mensajes y sermones sobre temas urticantes desde el ángulo de la integridad, pero dejando en evidencia en cada paso de su vida personal que en absoluto está viviendo conforme a lo que predica. “-¿Sabe lo que sucede, hermano? Yo soy muy pobre… No tengo escuela… A veces no entiendo muy bien estas cosas… ¡Basta! Aquí no se trata de pobreza, ni de riqueza, ni de profesionalismo ni de analfabetismo; estas cosas no cuentan para nada a la hora de la fe.

(Santiago 1: 9)= El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.

Todavía caemos, dentro de los ambientes cristianos, en costumbres provenientes del sistema del mundo incrédulo. La apariencia, es uno de los errores más clásicos. ¿Cuántas veces, en cualquiera de los templos que conozcas, a la hora de invitar al frente para orar, por ejemplo, algunos ministros se inclinan, casi inconscientemente, por alguien bien vestido, que sepa hablar bien, que trasunte formación y seriedad, postergando a los que llegan con sus ropas gastadas, (Que hasta pueden haber sido regaladas por otros, tal vez) o que se expresan dificultosamente, por falta de escuela, por timidez o vergüenza? ¿Qué otra cosa sino la apariencia exterior es esto? ¿Quién puede conocer el corazón del hombre, salvo el Señor? ¿Y quien me garantiza a mí que la oración del culto bien vestido llegará al Trono de la Gracia con mayor seguridad o certeza que la del pobre?

El final del versículo 31 del capítulo 7 de la primera carta de Pablo a los Corintios, asegura que: La apariencia de este mundo se pasa. Eso nos está diciendo que algunos de los “valores” con los cuales nos movemos que nos resultan muy valiosos en el marco de los conceptos externos de ciertos grupos o de una congregación tradicional, en el sistema del Reino de Dios, carecen totalmente de bases. Algo es muy claro: Puede humillarse aquel que posee algo visible de qué gloriarse. El que no tiene ni aparenta nada, ¿De qué podría humillarse?

Salvo la soberbia, es verdad. Muchas veces encontramos más orgullo entre los muy marginados que entre los que poseen muchos bienes materiales. Porque la soberbia, si bien se puede cimentar en aspectos materiales y se origina en el alma humana, tiene notorias raíces de orden espiritual. Tenemos que reconocer con claridad que toda posesión material carece de valor eterno y que como tal, perecerá. Nadie disfruta dinero, fama, poder o bienestar opulento terrenal en el Reino de los Cielos. Por el contrario, (Y con mucho cuidado de no contribuir erróneamente a la denominada “Teología de la Miseria”) la Biblia muestra concretas pistas de que las cosas son exactamente a la inversa.

(1 Pedro 1: 24-25)= Porque; toda carne (Cuidado: habla de carne, no de creyentes) es como hierba, (Es decir: o verde, que crece, alimenta y embellece, o seca, que es inútil, hojarasca y candidata a la hoguera) y toda la gloria del hombre (Tienes tú permiso aquí para pensar en todos aquellos hombres que hoy, en cualquier estamento de la sociedad, e incluso dentro de las iglesias, disfrutan de gloria personal) como flor de la hierba. (La hierba tiene un período determinado de vida, pero la flor tiene muchísimo menos tiempo.) La hierba se seca, y la flor se cae, (Todo lo que no es de Dios, en este tiempo, se va a caer, se va a secar.) Mas la Palabra del Señor permanece para siempre. (¿Te das cuenta dónde está nuestra verdadera riqueza, nuestra única esperanza y nuestro certificado de victoria? En la Palabra. ¿Y qué es la Palabra, la Biblia acaso? ¡No! ¡La Biblia es el recipiente dentro del cual está la Palabra! La Palabra es el Verbo y el Verbo es Cristo, ¿Me entiendes?

(Santiago 1: 11)= Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.

Tú, ahora, piensa en el empresario, en el artista, en el deportista, en el político, en el funcionario público o en el personaje más exitoso que conozcas. Reconóceme con sinceridad: ¿Lo puedes imaginar marchitándose? Es bastante complicado, ¿Verdad?

¿Cómo se va a caer si, incluso, a la hora de la muerte, el humilde servicio funerario, sin vehículos de cortejo, sin flores a la vista y con un ataúd provisto por el Estado, tiene que detenerse y darle paso a la lujosa pompa que precede a la no menos pomposa procesión automotor que acompaña el sepelio de alguien muy famoso, que ahora es transportado hacia su última morada en un cofre de varios miles de dólares? Entonces, tú te preguntas cómo eso puede significar que el personaje en cuestión se haya marchitado.

Recuerda esto por favor: un hombre es un espíritu, al cual Dios le dio un alma y que vive, o ha vivido, habitando una especie de caja descartable llamada cuerpo. De lo que estamos hablando, entonces, es de una sola parte, (Dicho sea de paso: la menor de las tres) que componen esa maravillosa y perfecta trinidad que es la creación de Dios. ¿Y de las otras dos, qué? ¡Saca tus ojos de lo natural!

(Isaías 40: 6-8)= Voz que decía: da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová (Te recuerdo que VIENTO es PNEUMA y PNEUMA es ESPÍRITU) sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la Palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Tanto la pobreza como la prosperidad son ejemplos concretos de situaciones que ponen a prueba nuestra fe. Cualquiera de ellas puede terminar en desastre.

El cristiano que es materialmente pobre, (Y que puede haberlos, porque el Señor, por ejemplo, mezcló ambas condiciones sociales al momento de elegir sus discípulos. Pero cuidado que estamos hablando de pobreza, no de miseria que no es lo mismo), puede regocijarse en nuevos valores, comprendiendo la naturaleza temporal de los bienes terrenales en oposición a los eternos beneficios de las posesiones espirituales. Ese SE MARCHITARÁ, mientras tanto, se refiere a la destrucción de aquellos que sólo son ricos en las cosas perecederas.

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septiembre 6, 2020 Néstor Martínez