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Limpiando Mi Fusil

Hace ya un tiempo, compartía un café con alguien en una mesa de un bar, mientras hablábamos de las cosas del Reino, cuando acertó a pasar un muchacho muy joven repartiendo unas tarjetas que, cuando la tuve en mis manos, caí en cuenta que eran salmos. A mí me tocó el Salmo 91, a quien compartía la mesa conmigo, el Salmo 23. Nunca pensé que ese salmo jugaría un rol tan importante en mi vida personal y ministerial. Porque fue el salmo que dejé una tarde, escrito a mano con letras desprolija, en un papel arrugado en mi casa paterna, para que mi madre, entonces sana y activa, pero católica romana muy cerrada, se tentara y lo leyera, como un ingenuo método de evangelización. Tiempo más tarde, mi madre enfermó de una patología desconocida y, en muy pocos días, partió con el Señor. Y digo que partió con el Señor, porque estando ya en el hospital, me contó que había leído ese salmo que yo le había dejado, que lo había creído y que deseaba que yo orara con ella y por ella, para que lo que estaba pasando tuviera el mejor final. El mejor final, para el Dios de todo poder y Soberanía, fue llevarla con Él, de eso estoy seguro.

Esa tarde, cuando ese joven me dejó esa tarjeta justamente con ese salmo, no pude sino recordar aquel episodio de mi vida, y me pregunté por qué el Señor insistiría en hablarme a través de él, cuando aparentemente ya no tendría necesidad cierta de hacerlo. Hoy, cuando las cosas no se presentan tranquilas y el temor comienza a ganar espacios en los corazones de los hombres, aún de los que dicen ser creyentes, tengo la certeza que ese salmo no fue escrito para completar un libro, sino con una intencionalidad muy superior a una simple lectura de cabecera. Y mucho más si siempre te llega en momentos en que nadie parece tener respuestas claras a las dudas y los dilemas que un enorme porcentaje de personas padece. Por ese motivo y porque siento en mi ser interior esa sensación tan singular que solamente experimento cuando recibo directivas concretas de mi Jefe operativo, es que hoy quiero incursionar por el interior profundo de ese salmo, y desmenuzarlo contigo para que te sirva de bendición, de respaldo y de arma de guerra, si es necesario. Tarde lo que tarde y tenga la magnitud que tenga.

Lo primero que debería contarte, es que el Salmo 91 no tiene título, (Al que vemos en algunas versiones, se lo han colocado los traductores), y por lo consiguiente, su autor permanece en calidad de desconocido. Cierto es que, como reitera o comparte algunos de los temas que también podemos leer en el salmo 90, no son pocos los que suponen que su autor fue Moisés. Sin embargo, hay otros que han creído observar que también reitera algunos conceptos muy singulares que encontramos en los salmos 27 y 31, por lo que adhieren al pensamiento de que su autor también fue David. De todos modos, y pese a que algo de su lenguaje sobre fortalezas y escudos recuerdan a David, otras expresiones retrotraen al canto de Moisés en Deuteronomio 32 y en el salmo 90, pero de hecho está considerado oficialmente como anónimo y sin tiempo establecido, y es por eso que algunos comentaristas entienden que resulta más accesible debido a ello.

Asimismo, no son pocos los que han notado que este salmo tiene un carácter lindando con lo maravilloso. Alguien dijo que el Salmo 91 es indudablemente una de las mayores posesiones de los santos. Otro prestigioso comentarista ha añadido que en toda la colección, (Así denomina al libro de los salmos), no hay un salmo más alentador que ese, y que su tono es elevado y sostenido, que la fe se muestra en su más alto apogeo y que habla con integridad y nobleza. Coinciden en que es una de las más excelentes obras de este tipo que han aparecido,  que resulta imposible imaginarse algo más sólido, más hermoso, más profundo o más ornamental.

Y recordaba, mientras comenzaba esta grabación, que un hermano en Cristo de mi país, que en el año 1982 fue combatiente en la guerra que se libró con el Reino Unido por la posesión de nuestras Islas Malvinas (Falklands para ellos), y luego fue compañero de tareas mío, me contaba que la noche que comenzó el bombardeo británico sobre las islas, él se encontraba en un pozo que habían cavado en la tierra, y que las bombas cayeron por todas partes, matando e hiriendo a muchos soldados, pero que a su lugar parecían evitarlo casi de un modo preconcebido. Lo que él no sabía, era que en ese momento, en su congregación, sabiendo que esto podía pasar, habían establecido una vigilia de oración y todos sus hermanos oraban al unísono cubriéndolo con la sangre de Jesús. Y que además la que por entonces era su novia, (Hoy su esposa), le había enviado en un sobre de papel, una carta de amor que, en su extremo final, contenía un salmo…¡¡El 91!!! Ese hermano, hoy pastor activo, nunca olvidó que aquella noche, la oración de su gente, le salvó la vida.

(Salmo 91: 1) =  El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente.

Leyendo esto, salta a la vista que es indudable que Dios tiene un lugar secreto para los suyos. Así parecería indicarlo el Salmo 27, cuando en el verso 5, se lee: Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto. También el Salmo 31 consigna en su verso 20: En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas.

El primer verbo que encontramos, es el que se resume en la palabra Habita. ¿Qué cosa es Habitar? Es un sinónimo de lo que veremos a continuación. Es morar, es vivir. La palabra original en este texto que la traduce, es la misma que luego también se traducirá como Morará. Más adelante podremos ver y descubrir lo que esto significa. Partamos de la base de entender esto que es clave: todo lo que venga de aquí en más, sólo podrá ser posible si verdaderamente somos capaces de crucificar nuestra carne y vivir al abrigo del Altísimo. Eso es en síntesis, lo de Habitar. ¿Y donde es que eso se producirá? En un lugar que sobresale de la continuidad del mismo texto.

Ese lugar, se nos dice, es un lugar donde se puede habitar. Pero dice que es al Abrigo. Hay una versión bíblica muy antigua, que data del año 1569, llamada “La Biblia del Oso”, que en lugar de la palabra Abrigo, que es la que figura en la mayor parte de las versiones más conocidas, está la palabra Escondedero. Creo que es la que más y mejor traduce la palabra de los originales, que es el vocablo Séter, y se traduce como Cubierta, Bajo, Detractor, Escondedero, Esconder, Ocultamente, Oculto, Refugio, Rodear, Secretamente, Secreto y Solapadamente. En todos los casos, la implicación concreta es que lo que se te ofrece, es una especie de Lugar Secreto. Y añade que ese escondite secreto, será junto al Altísimo, que significa Supremo, algo superior. Por encima de todo lo conocido y por conocer. No es poca cosa ese lugar tan singular, entonces. Un escondite secreto preparado para ti, en compañía de lo más grande y supremo que existe en la suma de todos los universos.

Este primer verso se completa diciendo que ese que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. El Omnipotente, lo sabemos, es Dios. En realidad, la palabra que lo define en los originales, aquí, es Shadday, que concretamente se traduciría como El Todopoderoso. Cuando aparece como El Shadday, significa Dios Omnipotente. Este nombre figura cerca de cincuenta veces en el Antiguo Testamento. Fue el nombre mediante el cual se conoció a Dios entre los patriarcas. Algunos eruditos trazan su origen en el verbo Shadad, que significa Poderoso, Inconquistable. Otros relacionan su origen con la palabra acadia para “montaña”, que indica la grandeza, fortaleza o la sempiterna naturaleza de Dios. Otra explicación es que Shadday está compuesto de la partícula Sheh, que significa Quien o Cual, y Day, que es Suficiente. Por lo tanto, Sheh-day, o Shadday, es el Dios Todo Suficiente, eternamente capaz de ser todo lo que su pueblo necesita.

Y dice que ese ser hipotético del que está hablando, Morará bajo la sombra del Omnipotente. ¿Qué significa Morar? El diccionario español dice que Morada, que viene de Morar y  de Ada, y es la estancia de asiento o residencia algo continuada en un lugar. Y también un lugar donde se habita. Dos diccionarios bíblicos de distintos autores, coinciden en que el original mone, que significa Un Lugar Estable, se traduce como Moradas, y se encuentra en Juan 14:2, cuando leemos: En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. El verbo Morar, es sinónimo de Habitar, Residir, Vivir. La palabra original que se traduce como Morará, es Yasháb, y quiere decir en primera instancia, Sentarse. Recuerda que el sacerdote se podía sentar sólo cuando había concluido su tarea ministerial. También se traduce con los siguientes sinónimos: Permanecer, Establecerse, Casarse, Parar, Parte, Persistir, Poblar, Poner, Posesión, Presidir, Quedar, Reposar, Residir, Resistir, Rodear, Salvar, Sentar, Situación, Tener, Tierra, Tomar, Vecino, Vivir, Acampar, Acostumbrar, Afirmar, Asentar, Asiento, Bajo, Colocar, Condición, Dejar, Disfrutar, Encerrar, Esperar, Establecer, Habitante, Habitar, Hacer, Hallar, Inhabitada, Llegar, Mantener, Morada, Morador, Morar.

Fíjate que Moisés, en el Salmo 90, habla de Dios como una morada para su pueblo. Como si fuera la habitación, el hogar excelso para el hombre. El autor del salmo 91 parecería aceptar esa idea y le añade una referencia a un lugar secreto, un sitio de la máxima seguridad para el hombre. De hecho, hay muchos seguidores de Jesucristo en el mundo, que parecerían conocer muy poco del Abrigo del Altísimo o de lo que es Morar bajo su Sombra. Muchos parecen tomar esto solamente como algo místico o sobrenatural. Pero David, que conocía muy bien todo esto, era un guerrero y un hombre bien relacionado con las realidades de la vida. Es cierto que la vida del espíritu parece llegar más fácilmente a algunos que para otros, pero hay un aspecto del Abrigo del Altísimo que es para todos los que ponen su confianza en Él. En cuando a la Sombra del Omnipotente, esta es una expresión que implica gran cercanía. Es obvio que debemos caminar muy cerca con un compañero si es que queremos que su sombra caiga sobre nosotros. De todos modos, la pregunta surge: ¿Habla la Palabra de Dios respecto a la Sombra? Sí, habla.

 (Isaías 32: 2) =  Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.

Este texto, indudablemente, te está hablando de una sombra muy singular, la sombra de lo que aquí denomina como peñasco, pero que no tenemos ningún problema en dilucidar que se trata de una roca, de La Roca. ¿Recuerdas quien es La Roca en la Palabra? Correcto. Es Cristo. A su sombra debemos estar. Y si no lo tenemos a nuestro lado, es muy difícil que su sombra nos cubra.

(Cantares 2: 3) = Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los jóvenes; Bajo la sombra del deseado me senté, Y su fruto fue dulce a mi paladar.

Aquí, este hermoso libro se está refiriendo a la sombra de un árbol. Y aunque no son pocos los que todavía lo ven como un canto a la relación de pareja humana, a todas luces salta a la vista que en verdad se trata de lo que la iglesia le dice a su amado, que es Cristo. Una vez más, pero ahora en forma de árbol, la realidad nos demanda vivir bajo la sombra de nuestro deseado.

(Salmo 63: 7) =  Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré.

Esto, David se lo dice a Dios mismo, quien para él en esta ocasión, toma la imagen de una gran ave con sus alas desplegadas, y cubriendo amorosamente a sus polluelos, que seríamos cada uno de nosotros. A la sombra de las alas de Dios, sería la implicación de este caso.

(Isaías 49: 2) = Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba;

El profeta dialoga con Jehová su Dios. Y consigna que su mano, es la que lo cubre y protege. Y es a su sombra que elige vivir. Y no conforme con eso, añade que Dios lo guardará en su aljaba. La aljaba, te recuerdo, era una especie de caja que se utilizaba para portar las flechas utilizadas por los soldados y por los cazadores. Decían los pensadores de la época que el hombre que tiene muchos hijos, es como la aljaba, que está llena de flechas. Por eso un siervo de Jehová estará gratificado por estar escondido en la aljaba de su Dios.

Aquí, para mi humilde entender espiritual, hay dos mensajes. El primero, es de carácter terrenal, físico, material. Es el que leemos en la primera parte del verso 1. El que habita al abrigo del Altísimo. Una habitación es un lugar de residencia. Un lugar de residencia, (Salvo muy especiales excepciones circunstanciales, tales como hoteles, cárceles, etc.) es un lugar que se elige. Tú decides donde vivirás, donde habitarás. Y aquí, lo que se te está mostrando, es la mejor opción para la decisión almática y carnal. Habitar al abrigo del Altísimo. Que es como decir que creemos que Dios tiene un lugar secreto donde nos espera para poder protegernos de todo riesgo con mayor facilidad y velocidad. Sólo que está en nuestra decisión voluntaria elegir habitar allí.

 

La segunda parte, mientras tanto, y me refiero a la que señala que Morará bajo la sombra del Omnipotente, es netamente de carácter espiritual. No es algo físico ni material, es espiritual. Porque Morar, que a primera lectura parecería ser un sinónimo de Habitar, (De hecho, son traducidas las dos palabras de un solo vocablo hebreo, Yashab), tiene connotaciones distintas a partir de algunas de sus ramificaciones. Como ejemplo, puedo decirte que a mí me llamó mucho la atención que esta palabra hebrea también se traduzca como Casarse. Nosotros los hispanos utilizamos esta palabra, mayoritariamente, para determinar la unión de un hombre y una mujer en matrimonio. Obvio es que, si Cristo y la Iglesia son un matrimonio, Morar, aquí, estaría íntimamente relacionado con una calidad de unión indestructible e inamovible. Sin embargo, escudriñando en los significados de esta palabra Casarse, encuentro uno que dice: Corresponder, ajustar, encajar, unir, y estas acepciones sí que encajan y bien en esa unidad que se forma entre el hombre y su Dios, cuando este lo cobija y guarda. Otra de las palabras que se traducen de Yashab, es Reposar. Y la tengo que rescatar porque tengo certeza que, si vamos a habitar al abrigo del Altísimo y a morar en la Sombra del Omnipotente, será precisamente como una excelsa forma de reposo, y no como algo agitado, inquieto o estresante. Estar en Dios, es eminentemente, estar en Su Paz.

Otra de las connotaciones de esta palabra que estamos estudiando, es Disfrutar. Si como sabemos, esto significa deleitarse, gozar, sentir satisfacción, poseer algo bueno o agradable o aprovechar, quiero creer que estar en ese refugio secreto a la sombra del Dios Todopoderoso tiene que ser algo que, efectivamente, sea digno de Disfrutar y con todo nuestro ser. Otra de las acepciones que concitó mi atención, fue la de Acampar. Literalmente, esto significa instalarse temporalmente en un lugar al aire libre, alojándose generalmente en tiendas de campaña. Eso es lo que significa Acampar para nuestro hombre moderno de estos tiempos. Sin embargo, tengo la certeza que aquí, acampar, tiene una connotación mucho más amplia y abarcativa. Esto se trata de levantar un campamento a cubierto de toda inclemencia, de todo riesgo, y nada menos que en la compañía del Dios de todo poder. Eso es Acampar bajo estas condiciones tan singulares. ¿Quién podría despreciar tamaña belleza si toda ella está a nuestra disposición, simplemente por ser hijos amados del Dios Altísimo, cobijados a su abrigo y morando bajo su sombra? Y no son estas únicas palabras, ya has visto que existen muchas más que procuran, si se pudiera, expresar la maravilla de estar con Él, refugiados y a su infinito cuidado.

Convengamos, entonces, que tanto sea el estar al abrigo del Altísimo, como el morar a la sombra del Omnipotente, son dos expresiones distintas, pero de un mismo contenido. Es linealmente, estar refugiados en Dios, no salirse debajo de su cobertura, no exponerse a las inclemencias de la tormenta y quedarnos debajo de su sana y santa protección. En tiempos de crisis, como los que nos tocan vivir en este momento, nadie mejor que Él y su refugio a prueba de todo lo que quieras venga en tu contra, para convertirse en el único reaseguro válido de victoria, de serenidad y de suficiencia. Hay innumerables versiones bíblicas que nos son útiles para comprobar si en todas se lee lo mismo y de igual modo. También hay palabra anexa y circundante, a lo largo de toda la Escritura, aunque muy especialmente en el maravilloso libro de los salmos, que respalda y recuerda permanentemente esto. Y lo hace para tu bendición, y también para Su Gloria.

La Biblia Traducción de Lenguaje Actual, lo expresa así al salmo 91: Vivamos bajo el cuidado del Dios altísimo; pasemos la noche bajo la protección del Dios todopoderoso. Lo de “pasar la noche” no es una manera de hablar ni algo que se dice porque sí. La noche es sinónimo de oscuridad, y la oscuridad es sinónimo de Tiniebla. Y la Tiniebla, así en singular, ya lo sabes…

Biblia Nueva Versión Internacional, de la que se dice que fue traducida directamente desde los originales a su origen en inglés, dice: El que habita al abrigo del *Altísimo se acoge a la sombra del *Todopoderoso. Acogerse a la sombra del Todopoderoso, no es un sinónimo de habitar a la sombra del Omnipotente. Porque habitar es sentar residencia, mientras que acogerse, es más bien adaptarse, amoldarse a un estado de vida nuevo. La Biblia Nueva Versión Internacional de 1999, lo expresa exactamente igual.

Mientras la Biblia de las Américas expresa un contenido similar al de la versión original, la versión Biblia Dios Habla Hoy, construye el primer versículo en dos, que quedan así: El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso, dice al Señor: ‘Tú eres mi refugio, mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!’

Mientras que la llamada Biblia del Oso, que es una versión de la Reina Valera del año 1569, una de las más antiguas que encontré dice: El que habita en el escondedero del Altisimo, morará en la sombra del Omnipotente, utilizando casi con exclusividad la palabra Escondedero, la Biblia Católica Latinoamericana, parece apuntar el texto a un interlocutor definido cuando lo expresa así: Tú que habitas al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Omnipotente,

La versión Biblia Textual, que como sabemos, es la que ha sido traducida directamente de los originales al español, sin pasar previamente por el inglés, como sucede con la versión tradicional y clásica, lo expresa así: El que habita al abrigo de ’Elyón (Que es Altísimo) Morará bajo la sombra de ’El- Shadday. (Que es Todopoderoso). Bastante similar en su fonética, aunque con algunas modificaciones en su texto, lo expresa la Biblia de Jerusalén: El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday, Nota que aquí aparece una palabra que luego abundará en el estudio de este salmo, la palabra: Secreto.

Finalmente, para concluir con este escudriñado profundo al primer verso de este salmo tan difundido en estos tiempos de crisis, quiero compartir algunos salmos y un texto de otro sitio, que tienen que ver todos con los conceptos y el eje de lo que hemos estado observando en nuestro salmo.

(Salmo 17: 8) Guárdame como a la niña de tus ojos; Escóndeme bajo la sombra de tus alas,

Pregunto y te pregunto: ¿Quién mejor que nuestro Creador para conocernos? Él sabe todo lo que deseamos y todos lo que nos inquieta. No hay nada de nosotros que salga y Él no lo sepa. El salmista le pide que lo guarde como la niña de sus ojos. Obviamente, hace alusión a la pupila del ojo. Cuando una partícula, por pequeña que sea, se introduce en el ojo, la molestia que ocasiona es tan grande que por poco se paralizan todas las demás funciones. Y jamás volveremos a estar tranquilos hasta no sacarla de allí. La pupila o niña del ojo es tan delicada que hay que prestarle suma atención. De esa misma manera es como Dios nos cuida, no de un modo desaprensivo o irresponsable. Si Dios dice que te cuida, te cuida. Y ese cuidado incluye salvaguardarnos de los ímpetus de las tempestades de la vida y de la furia del enemigo.

(Salmo 27: 5) =  Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; Me ocultará en lo reservado de su morada; Sobre una roca me pondrá en alto.

El Señor, que es la luz del creyente, es la fuerza de su vida;  En Dios vamos a fortalecernos. La presencia misericordiosa de Dios, su poder, su promesa, su disposición a escuchar la oración, el testimonio de su Espíritu en los corazones de su pueblo; estos son el secreto de su tabernáculo, y de éstos a los santos a encontrar la causa de que la seguridad santa y paz de la mente en la que moran. El salmista ora por la comunión constante con Dios en las sagradas ordenanzas. Todos los hijos de Dios tienen el deseo de morar en la casa de su Padre. Pero no residir allí como caminante, que se quedan, pero por una noche; o para vivir allí por un tiempo, como el siervo que no permanece en la casa para siempre; sino para habitar allí todos los días de su vida, como los niños con un padre. ¿Tenemos la esperanza de que la alabanza de Dios será la bendición de nuestra eternidad? Sin duda, entonces tenemos que hacer que sea el negocio de nuestro tiempo.

(Salmo 31: 20) = En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas.

En lugar de ceder a la impaciencia o el desaliento ante nuestros problemas, debemos dirigir nuestros pensamientos a la bondad del Señor hacia los que temen y confían en él. Todo viene a los pecadores a través del maravilloso don del Hijo unigénito de Dios, para ser la expiación de sus pecados. No permitas el ingreso de  ningún sentimiento de incredulidad, o abandonarte a pensar bajo circunstancias desalentadoras, que se cortan de delante de los ojos del Señor, y se fueron para el orgullo de los hombres

(Salmo 32: 7) =  Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. Selah

Es muy difícil de llevar al hombre pecador con humildad para aceptar la misericordia gratuita, con una confesión completa de sus pecados y de la condenación propia. Pero el camino verdadero y único para la paz es la conciencia, es decir, confesar nuestros pecados, para que puedan ser perdonados; declararlos para que seamos justificados. Aunque el arrepentimiento y la confesión no merecen el perdón de la transgresión, que son necesarias para el disfrute real de la misericordia que perdona. Y lo que la lengua puede decir de la felicidad de esa hora, cuando el alma, oprimida por el pecado, se activa libremente a derramar sus penas delante de Dios, y para apoderarse de su misericordia pacto en Cristo Jesús! Los que acelerarían en la oración, deben buscar al Señor, cuando, por su providencia, los llama a buscarlo, y, por su Espíritu, les hace subir a buscarlo. En un momento de la búsqueda, cuando el corazón se ablanda por el dolor, y agobiado por la culpa; cuando el único refugio humano deja de ser; cuando hay descanso se puede encontrar a la mente perturbada, entonces es que Dios se aplica el bálsamo curativo por su Espíritu.

(Salmo 64: 2) Escóndeme del consejo secreto de los malignos, De la conspiración de los que hacen iniquidad,

Que Dios conozca tan íntimamente mi interior tiene una vertiente positiva y otra, digámosle, negativa. La primera consiste en que el Señor se convierte en una fuente de gran valor para el conocimiento de mí mismo. Puede examinar mi interior más profundo y ayudarme a identificar pensamientos, miedos, emociones, actitudes, motivaciones, que de otro modo quedarían ocultos o no serían percibidos por mí mismo. La otra, la «negativa» es que nada puede ocultarse de su escrutinio y, por tanto, aunque podamos, o como mínimo, intentemos, engañarnos a nosotros mismos, no podemos hacerlo con Él.

(Salmo 119: 114) =  Mi escondedero y mi escudo eres tú; En tu palabra he esperado.

Definitivamente, y al igual que el salmista, tenemos que reconocer que Dios está ahí, sea el lugar que sea, cubriéndonos y guardándonos. El rey David, cuando Saúl lo estuvo persiguiendo, también reconocía que la mano del Señor estaba siempre a su lado para guardarlo y por eso lo adoraba. Le decía que lo amaba, lo llamaba su roca, su amparo, su fortaleza, su libertador, su refugio, su escudo, y, finalmente, oh sorpresa, ¡Su escondite!

Debemos tener la convicción que Dios siempre está en alerta con nosotros. Si él es nuestro más alto escondite, es porque conoce de antemano lo que nos puede llegar a hacer daño y nos quiere resguardar. Muchas veces no entendemos el porqué de las cosas. Dios si lo sabe. Incluso cuando vamos por una vía y de un momento a otro nos desviamos, nuestra actitud es de queja y pelea. ¿No nos está guardando Dios de algún mal? ¡El es el poder que nos salva!

Ya has visto que dice el Salmo 91 que no tenemos que temer el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras, ni la plaga que destruye a mediodía. Entendamos bien; ni la peste ni la plaga. Es necesario depositar toda nuestra confianza en eso y no en lo que la televisión nos propone. Cuidado con lo que oyes. La fe viene por el oír, así que lo que tus oídos escuchen en mayor cantidad, ahí estará tu fe.

(Salmo 143: 9) =  Líbrame de mis enemigos, oh Jehová; En ti me refugio.

(Isaías 32: 2) = Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.

Esto es, a grandes rasgos, lo que significa el primer versículo del hermoso Salmo 91. Lo seguiremos estudiando porque la crisis mundial por la que atravesamos, nos ha llevado a recalar una vez más en él. Sin embargo, este trabajo de hoy, ha tenido como objetivo principal que tú entiendas que, a menos que hagas realidad en tu vida este primer verso, no podrás acceder a las bondades, beneficios y bendiciones de los siguientes. Te los leeré, para que sepas a que puedes aspirar, si es que decides verdaderamente vivir al Abrigo del Altísimo y a la Sombra del Omnipotente.

(Salmo 91: 2) =  Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.

(3)  El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora.

(4) Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad.

(5) No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día,

(6) Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya.

(7) Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará.

(8) Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos.

(9) Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación,

(10) No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada.

(11) Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos.

(12) En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra.

(13) Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.

(14) Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

(15) Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.

(16) Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.

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septiembre 6, 2020 Néstor Martínez