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¿Cómo Está tu Aceite?

 

Tengo muy presente el vendaval de renovación que se desató en mi país, Argentina, en los albores de la década de los años noventa. No fue un avivamiento, como muchos sostuvieron, sino apenas un despertamiento, un algo divino que llegó, impactó y luego de cierto tiempo, se retiró. El que pudo o supo apropiarlo, en parte o en plenitud, nunca más fue el mismo. El que se tomó un exagerado tiempo para analizar, observar, evaluar y calcular, se quedó sin nada. Se conoció como “la época de la unción”.

A partir de allí, fueron muchos siervos de Dios los que salieron a la palestra a darle su apoyo a ese mover espiritual de indudable repercusión nacional, o en el caso contrario, a defenestrarlo directamente, rotulando incluso como blasfemias o herejías las que se cometían en el nombre de la unción en los distintos templos cristianos. De un modo u otro, con aciertos, excesos y errores, la unción llegó, bendijo al que quiso recibirla y se retiró.

Hoy, a más de dos décadas de aquellos episodios, algunos de los que estuvimos allí y recibimos una potente inyección de fe y confianza plena y ciega en Jesucristo, nos atrevemos a examinar con mayor serenidad los hechos, y considerarlos a partir de la Palabra de Dios y, esencialmente, de los frutos o no-frutos que ello pueda haber dejado para la posteridad. Con una certeza plena que será el hilo conductor de este trabajo: la unción tuvo notoriamente dos expresiones diferentes, lo que alguno dio en llamar: dos caras de una misma moneda.

(1 Juan 2: 18) =  Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.

(19) Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.

(20) Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.

Lo primero que nos queda más que claro en este pasaje, es que el famoso, publicitado y cien veces predicado anticristo, de ninguna manera será un dirigente político secular o alguien relacionado con alguna clase de religión falsa. Entiende que si así fuera, resultaría decididamente imposible que alguien de esas características pudiera llevar a confusión o engaño a genuinos hijos de Dios.

Lo que aquí se expresa con claridad por medio de Juan, es que esos anticristos, (Porque no es uno solo, como muchos todavía enseñan, sino varios, como dice aquí, esencialmente, salieron de nosotros, esto es: eran personas que quizás los días domingo se sentaban a tu lado en la iglesia a cantor himnos o coritos, a escuchar el mensaje, a orar contigo, incluso en lenguas, y llegado el caso, hasta ocupar un púlpito para alguna clase de función. Salieron de nosotros, pero lógicamente, no eran de nosotros.

Y el verso 20, de alguna manera le da un remate clave a todo esto, una especie de punto de referencia obligatoria: aquí dice que nosotros, los que somos genuinos, los que no estamos en la iglesia para destruirla sino para extenderla, tenemos la unción del santo y que, precisamente por esa causa, conocemos, -asegura-, todas las cosas. Y yo aprendí que cuando la Biblia dice TODAS, quiere decir puntualmente eso: todas las cosas. Y es solamente Dios el que nos puede dar, a través de una bendición suya tan singular como es su unción, la capacidad de discernir lo que es y lo que no es, no hay otra cosa.

(Verso 27) =  Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Aquí dice que la unción de Dios es el Espíritu Santo. Es la habilidad de Dios, por el Espíritu Santo de revelarnos a Cristo y Su voluntad. La unción es el Poder de Dios en nuestra vida, es algo del Cielo -no de los hombres- Dice: Ustedes tienen la unción y por eso les concede esta capacidad: Discernir.

A la luz de estas definiciones tan concretas y certeras, entonces, bien vale la pena preguntarnos: ¿Por qué hay tan poco discernimiento en nuestros días? Tal vez, entre otras muy probables razones, porque falta la unción. Falta esa presencia divina en las vidas de los creyentes que es la única que los puede capacitar para entender cuestiones que de ninguna manera ingresan por nuestras mentes.

Algo, sí, queda más que en claro y deberá advertirse para evitar tremendos y graves errores: la unción no ha sido diseñada por el cielo para exaltar al hombre. Muy por el contrario, cuando es inundado por ella, ese hombre desaparece y de inmediato, Jesucristo viviente aparece y es exaltado por su presencia ineludible.

La unción, asimismo, tiene proporciones, que en el Antiguo Testamento, aunque en sentido figurado, nos dan una pauta del sentir que dios tenía al formar el aceite de la unción con los distintos ingredientes que una gran parte de nosotros, si tuvo por lo menos una mínima instrucción bíblica eclesiástica, indudablemente conoce. De todos modos, la Biblia nos habla de esto con toda claridad en el Libro del Éxodo, capítulo 30 y verso 22 en adelante.

(Éxodo 30: 22) =  Habló más Jehová a Moisés, diciendo: (23) Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, (24) de casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin.

(25) Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa.

(26) Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, (27) la mesa con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del incienso, (28) el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y su base.

(29) Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos, será santificado.

(30) Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes.

(31) Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones.

(32) Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros.

(33) Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de entre su pueblo.

(34) Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, (35) y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo.

(36) Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima.

(37) Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová.

(38) Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo.

Aquí no hubo «caprichos» para mezclar hierbas o especies. El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo Testamento y el Antiguo Testamento está revelado en el Nuevo. El error “técnico” más frecuente en las escuelas bíblicas, es separarlos en su lectura como si de pronto, cada Testamento (O Pacto, para ser más precisos); pertenecieran a un Dios diferente.

El Antiguo Testamento es la sombra y figura de lo que había de venir y cuando viene Cristo por el
Espíritu y nos hace herederos de sus promesas, no tenemos la sombra de la figura reflejada en la
ventana sino la gracia de Dios.

El Espíritu de Dios y la unción de Dios nos ha venido a dar lo apropiado para que Cristo sea
glorificado. La unción verdadera nunca, nunca, levanta la fama de un hombre, sino que indefectiblemente levanta a Cristo. Esa es la verdadera.

Perdón, hermano; pero si usted me dice que la unción que levanta a Cristo es la verdadera, ¿Me está dando a entender que existe una unción falsa? Sí. Y no te lo estoy “dando a entender”, ¡Te lo estoy diciendo con total y absoluta claridad y frontalidad. Si alguna supuesta unción levanta y glorifica a un hombre, es falsa, porque la verdadera unción, hace que el hombre desaparezca.

Porque la unción genuina sepulta cualquier pretensión de fama y apetito por el poder de parte de hombres o mujeres supuestamente creyentes. Y lo hace a partir de algo que la propia unción produce y que muy pocos han podido entender: la unción trae santidad, y la santidad es enemiga acérrima de cualquier forma de vanidad.

Cierto es que, en aquellos tiempos que te mencionaba en el principio, lamentablemente pudimos observar cualquier cosa de parte de ciertos hombres y mujeres, moviéndose según sus declaraciones, por la unción que los inundaba. ¿Sabes qué? ¡Hasta el caso de un ministro supuestamente ungido que se escapó con la esposa de un diácono por la simple razón de que ella, también estaba ungida! ¡Y aseguraban que Dios los había unido! ¿Perdón? ¿Dios avalando un adulterio? ¿De qué Dios me hablan?

Y no es el único caso en ese tenor. A veces los cristianos pecan de ingenuidad y son engañados o, en otros casos, bajo el barniz de esa ingenuidad, en realidad lo que esconden es permisividad para pecar. ¡No puedo creer que haya habido jovencitas tan ingenuas como para ir a tener relaciones sexuales con un líder porque, aseguraban, ese líder tenía la unción y, al estar en una misma carne, ellas recibirían la misma bendición! ¿Ingenuidad, estupidez, o triquiñuela pecadora?

Jesús dijo que entre los profetas que hubo de los nacidos de mujer, no hubo uno más grande
que Juan el Bautista. Fue el más grande, según Cristo. En efecto; Juan el Bautista se encontró
con una «conferencia de prensa» de todos los medios de comunicación de Palestina, de Galilea, de
la otra Galilea, de las tierras de Efraín… ¡vinieron todos! Y le preguntaban:

¿Quién eres? ¿Quién eres? ¿Eres el Mesías? No… les dijo él. ¿Quién eres?… a ver ¿Quién eres? -le preguntaban los movileros de la época con sus cámaras y micrófonos, (diríamos). ¿El Mesías? ¡No!… ¡Un profeta!… ¡No!… ¿Isaías? ¡No! Uno que se  levantó de los muertos… ¡No! ¿Quién eres? ¡Danos tu nombre! ¡Hay que anotarlo!

¡En los diarios de aquí y de allá! ¡En la radio! ¡En todos los canales de la televisión! ¡En todos los sitios de Internet! ¡Hay que poner el nombre de  este gran siervo! ¡Dios dijo que es grande! ¡Y no es poca cosa que Dios haya dicho que es grande!  ¡Y si Dios dijo que es el más grande tienen derecho a «sobresalir»! Obvio que así hubiera pensado toda esa gente, incluidos nosotros, si hubiéramos estado allí.

Pero el más grande según Cristo contestó estas preguntas sobre quién era: «Una Voz que Clama en el Desierto”, fue lo único que les dijo. ¡Ni nombre  tenía! Y aunque lo tuviera… ¿Para qué quieren mi nombre, si yo no vine acá sino para preparar los caminos del Señor?

Pero… Juancito… ¿No podemos poner aunque más no sea: «El gran Juan»? A él conviene crecer y a mí menguar. Esta es la unción. ¡Esta es la unción! Y que quede constancia que Juan el Bautista terminó con su cabeza en un plato para la emperadora, porque fue débil ante la tentación y no concluyó su ministerio ante la llegada de Jesús como él dijo que haría. Ungido y todo, no pudo evitar ser engañado. Es guerra, no lo olvides jamás.

La pregunta que el Espíritu Santo te hace a ti, entonces, es ésta: ¿Quieres la unción? ¿Quién eres?
Oigo la respuesta de alguien que dice: Nadie, no soy nadie… pero cuando le «pisan la cola»…
¡Ah!… ¡entonces!… ahí dejan ver que su carne no sólo no está crucificada, sino que está tremendamente viva y activa. Y la unción sólo se deposita sobre hombres y mujeres crucificados a Cristo.

Hoy vamos a tener que orar. Porque si bien ya lo sabes, no está de más recordarte que Dios no deposita la unción donde hay rebelión y soberbia, ¡Ni lo pienses!
Cuando hay autosuficiencia, ¿Para qué quiero la unción… si yo tengo «propaganda»? Hermano, piénsalo y apréndelo: ¡La unción es cosa seria, no un juego de ministros!

El primer ingrediente que nos encontramos formando parte de ese aceite divino, es La Mirra. Mirra significa sufrimiento. Vas a tener que enfrentar el sufrimiento, vas a tener que enfrentar
la envidia y vas a tener que enfrentar Persecución.

La unción va a traer como consecuencia, cuando alguien está favorecido por la gracia del Señor, que pase lo mismo que pasó con José. La túnica de colores que le regaló su padre Jacob (hablo en el
sentido espiritual, dado que José fue muy favorecido porque Dios lo amaba mucho, porque el padre
lo amaba) tenía todos los colores, lo cual significa que tenía todos los ingredientes de la Gracia de Dios.

Pero fue suficiente con que vieran a un joven favorecido con esa túnica, para que se
levantara la envidia y el profundo enojo. Prepárate.  Porque en la última hora de los obreros de la viña -en la cual estamos viviendo- Dios en la  última hora va a concentrar los procesos y va a vestir a muchos con la túnica de José de todos  los colores y se va a levantar una habladuría como se levantó en la parábola:

¿Y éstos quiénes  son que trabajaron solamente una hora? ¡Y miren lo que pasa!
Pero el Señor es dueño de todo. Si quieres la unción y estás preparado y estás decidido a
morir… ¿Cómo que a morir? Sí, hermano: Mirra era lo que se usaba para embalsamar a los muertos…

¿La unción dices? ¡Sí! La unción no se deposita sobre los vivos, sino sobre los muertos. Los muertos a  la «carne», los muertos al «ego», los muertos al «yo»… ¡Aquí está un siervo con unción!
-decimos- Yo no juzgo a los demás ni a mí mismo. La unción es depositada sobre un corazón crucificado con Cristo. No vivo ya yo, sino que Cristo vive en mí. Es el ingrediente que dice «Estás muerto «…

Una de las cosas que me llama la atención es que cuando nace Jesús, los reyes le traen
oro -porque era el Hijo de Dios y merecía ese ingrediente que representa realeza- Incienso, porque era ofrecido en sacrificio dado por él y mirra,  porque iba a sufrir por su gente.

A Jesús lo mataron por envidia -dice la Biblia- ¿Estás preparado para resistir la envidia? La envidia es mutiladora. A la envidia no la puede  soportar nadie que está vivo en la carne; tiene que estar muerto. Háblale a un muerto (no te contesta),  pellizca a un muerto (no reacciona), insulta a un muerto (no te contesta). Pero… insulta a  un muchachito bien vivo… y es como «pisarle la cola a una víbora».

La unción levanta a Cristo cuando el hombre desaparece. Dios usa un instrumento, una voz, una persona, una personalidad, una mente, pero es Cristo, Cristo.  La unción trae persecución; no siempre te van a entender.

La mirra la usaban con una mezcla de drogas (Marcos 15:23). Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; más él no lo tomó. La mezclaban con vino y con hierbas y actuaba como una droga que le daban a la gente en el sufrimiento para adormecerla y que no sufra en el momento de la muerte. Y eso le acercaron a Jesús en la cruz. Jesús no lo quiso  porque él no estaba ni amargado ni deprimido.

Jesús enfrentó la cruz y llevó nuestros dolores, y todo en estado absolutamente consciente. Él no quería estar adormecido, Él  quería estar bien consciente, porque todos conocemos la historia y sabemos que a Él le entregaron mirra, no mirra con vino y especias. La mirra se obtiene de un árbol que crece en Arabia. Se empleaba también para hacer perfume.

Él murió en la cruz sin beberse eso, que los soldados acostumbraban a darle a los crucificados, en un minúsculo acto de misericordia, porque esa bebida atemperaba mucho el sufrimiento. Es notorio que la unción hace que vengan embates que golpean muy fuerte sobre la carne, pero todo es simplemente para poder comprobar dónde estás parado. La unción es: jamás devolver mal por mal.

El segundo ingrediente presente en el aceite de la unción, es la Canela. Tiene un gusto muy agradable. En aquellos tiempos se usaba para perfumar la cámara de encuentros muy íntimos. La
unción hace agradable el estar en comunión.

La canela -que es un árbol de la familia del laurel- se usaba para perfumar las cámaras íntimas
donde el esposo se encontraba con la esposa y habla del deleite de la comunión y la intimidad con
Dios. ¿Pero no está relacionada con el placer? Sí, pero no con el placer en modo hedonista, sino en el respeto y la prosecución de un diseño divino para con el hombre y su mujer.

La unción del Espíritu Santo te da la llave de entrada a la cámara secreta para tener comunión
íntima con el Espíritu Santo, que es como si te dijera que es directa comunión con Dios. Quiero preguntarte: ¿Cuánto tiempo dedicas en el día para buscar a Dios? Te pregunto más: ¿Tienes comunión íntima con Dios a solas?

De hecho, no me estoy refiriendo a tener reuniones, estudios bíblicos, reuniones de oración… etc. Te estoy hablando de una comunión directa entre tú y tu Padre celestial. ¡Oh, no! Me respondes; Estoy muy ocupado… no tengo tiempo… Y después el cenit de la incongruencia religiosa: “Estoy tan ocupado en las cosas del Señor, que no tengo tiempo para ninguna otra cosa.” ¡Y entre esas “cosas”, me estás ubicando a ese Dios al que dices servir!

¿Hay un tiempo en tu vida en que cierras la puerta y te tiras al piso, o doblas tus rodillas, o
caminas o te sientas y dices: Qué agradable es tener comunión contigo, Señor? Y se llena ese
lugar con el aroma de la canela que es la dulce comunión en la intimidad, donde nadie te escucha
-sólo Dios te escucha- donde nadie sabe lo que estás orando -Dios sabe lo que estás diciendo.

Porque cuando sales para hablar con la gente, sólo le puedes comunicar lo que Él te ha dicho allí
en secreto en la intimidad, allí adentro, en la cámara secreta. Digo entonces… si falta el diálogo en la cámara secreta y no se puede oír lo secreto de Dios…  ¿Qué saldrás a decir afuera? Plantarse un lugar y decir: “Así dice el Señor » es cosa seria. Hay una gran diferencia entre un sermón y una Palabra de
Dios. Tú mente quizás no lo note, pero tu espíritu, seguramente que sí.

El sermón, lo preparas en tu oficina con la Concordancia y el libro de ayuda para hacer bosquejos.
La palabra de Dios la encuentras en el lugar secreto, cuando la «canela», cuando la «unción» te
lleva a estar en comunión íntima y allí Dios abre tu oído, despertará tu oído, cada mañana -dice
Isaías- para escuchar sabiduría de Dios, para buscar sabiduría de Dios.

¡Oíd y viviréis! ¡Oíd y vivirá vuestra alma! ¿Cómo hago para oír? Tengo que estar a solas con Él. Para conocer la frecuencia de su voz, tengo que estar a solas  con Él. No puedes tener una idea siquiera de la cantidad de hermanos fieles, sinceros, bien intencionados y honestos que preguntan qué tienen que hacer o cómo tienen que hacerle, para escuchar la voz de Dios. Todavía no pudieron ver que para escuchar la voz de Dios, sólo tienes que silenciar la tuya.

El tercer ingrediente de los que estamos analizando, es el Cálamo. El cálamo sale de la raíz del ácoro que es un pegamento que se usa en los perfumes para que se pegue en la piel para que no se evapore. Y atención con esto: la unción genuina trae unidad, jamás división. Si se produjera una división, ésta será propiciada desde el sector en que la unción no está presente.

En lo que tiene que ver con las estructuras tradicionales que la iglesia evangélica presenta al mundo secular en estos tiempos, bien vale la pena asegurarte que cuando tienes la genuina unción del Espíritu Santo morando en tu vida, no tienes ningún inconveniente en tener comunión de primer nivel con líderes de otras denominaciones. Y lo haces no por bondad personal tuya, sino simplemente por una enorme verdad que todavía muchos no han visto: Dios no tiene denominaciones., sólo tiene UNA iglesia.

Entonces, veamos: ¿La unción trae mayor unidad entre nosotros? ¡Sí!
¿Y cuándo no hay unidad, qué está sucediendo? Lo más simple y a la vista: está ocurriendo que no hay unción. Habrá muchos programas… pero no hay unción.

¿Y si quiero estar en el eterno propósito de Dios para sacudir la ciudad? Únete o respeta.
La unidad se genera. No unidad intervencionista en las Iglesias, sino unidad en el Espíritu,
siendo amigos, trabajando juntos, compartiendo momentos de almuerzo juntos, teniendo un
propósito, uniéndonos para abrir paso en la ciudad, en el eterno propósito de Dios, pero la
unción servirá y la unidad se genera con respeto al otro, no con subestimación y, mucho menos, con la peor de todas las soberbias, la pretendida soberbia espiritual.

Tengo una duda en forma de pregunta: ¿Cuántas personas tiene la Iglesia del Señor? Respuesta: todas. Otra: ¿De qué color es la piel de Dios? Dímelo. Dios no es racista. No tiene prejuicios. Tú ¿Los
tienes? La unción quiebra los yugos. El blanco se abraza con el negro. Y no hay problemas porque la unidad la produce el Espíritu y el pago fue la sangre de Cristo. Aún está la sangre que nos compró. Entonces… ¿Cómo está tu cálamo, hoy? ¿Cómo está la unidad, hoy?

El cuarto ingrediente a utilizar, es la Casia. Esencialmente tienen la misma cantidad que la mirra: quinientos siclos. ¡Mucho! ¡Para que estés  bien muerto! Porque la Casia es el aroma del Espíritu de la Unción de la Presencia de Dios. Y cuando está la unción hay un aroma a Cristo… querido hermano… Cuando está la unción hay un  perfume agradable. Es algo hermoso. ¡Es tremendo!

Alguien, una vez, contó esto: Dice que conoció a un hombre. Cuando él pasaba caminando y dejaba un  perfume… imagínense… las chicas le preguntaban. ¿Qué perfume usas? Yo no uso perfume
-respondía el hombre- ¡No mientas! -le decían… «Los mentirosos no entrarán en el Reino de los
cielos»… Y el hombre dijo: les voy a explicar. Yo no miento. Yo no uso perfume, yo trabajo en
una perfumería. ¡Y paso la mayor parte del tiempo en un ambiente perfumado! ¡Yo no uso perfume!
Se me mete en la piel, adentro, en los poros, en la ropa, en el cabello y los que quieran… que
me huelan… ¡En todo el cuerpo tengo perfume!

Ésta es la unción. ¿Dónde pasas la mayor parte del día? ¿En qué ambiente? ¿Qué llega al lugar
donde tú moras? La unción de Espíritu, cuando empieza a encontrar -como la paloma- el nido en su
lugar, no la tienes que llamar. Por el contrario, no la podrás evitar. Entonces se cumple la
Palabra: «deléitate asimismo en Jehová». «Deléitate«… no tienes que hacer fuerzas para
aguantar.

A Dios hay que disfrutarlo… en Dios hay que deleitarse. No entiendo aquellos que han interpretado que a Dios haya que sufrirlo. Y no estoy hablando de celebraciones con música y show, eso no es disfrutar; estoy hablando de levantar estandartes de guerra, que sí es disfrutar. En la Palabra dice. «Deléitate en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón«. El Señor mirará desde los cielos y te
concederá aquello que tú pides.

Una vez hubo un banquete con Jesús. Y una mujer rompió un frasco de perfume de mucho precio y la casa se llenó del perfume. Ninguno de los presentes al banquete le pudo dar a Jesús lo que esta
mujer hizo. ¿Está tu cámara llena de perfume? La unción hace que todo lo que toques y donde quiera que vayas lo llenes del perfume de la presencia de Dios.  ¿Cómo está tu aceite, hoy?

Último ingrediente: Oliva. Oliva es símbolo de firmeza. Su madera es muy dura. De allí sacaban el combustible. Los judíos lo usaban como sanidad interior. La echaban externamente para sanar internamente,  heridas -como raíz firme.

Por eso dice la Escritura: El hombre en Dios es como un olivo bien plantado. La unción es la
comunicación especial que Cristo hace de la influencia del Espíritu Santo a los creyentes  guiándolos a la posesión de toda verdad y santidad. El aceite se evapora si no lo reemplazamos. Finalmente, va a desaparecer. La vasija va a quedar  vacía.

El Espíritu Santo no se evapora, pero si lo abandonas, lo perderás. Se pondrá a un costado, te
va a dejar hacer tus programas, tus cosas; y el día que sientas desesperadamente que dependes de
Él y que sin Él no puedes hacer nada, entonces, Él sabrá lo que tienen que hacer.

Efesios 4 nos advierte de algunas posibles fisuras. Si hay una rajadura en la vasija, el aceite
buscará la manera de filtrarse. Efesios 4 dice que no demos lugar al diablo: amarguras, resentimientos, lástima propia.  Sólo el aceite fresco tiene la debida viscosidad para enfrentar la temperatura. Déjame decirte algo más: Si tú no cambias el aceite de tu coche, tu coche se va a fundir. Y la densidad del aceite
evita la fricción y la temperatura que arruinan su motor.

Sólo el aceite fresco puede romper el yugo, puede aguantar las presiones que se sufre cuando uno
está ministrando cada día. Sólo el aceite fresco te dará nuevas fuerzas. Seré ungido con aceite
fresco y Tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo. (Salmo 92:10)

¿Cómo está tu aceite hoy? ¿Quieres la unción todavía? ¿Estás dispuesto a desaparecer? ¿Estás
dispuesto a pagar el precio de la unidad, incluso con personas con las que, salvo el amor por Jesús, parecería no tener nada en común?

A veces, para pagar el precio de la unidad hay que cruzarse de vereda y abrazarse con el que
nunca te abrazó. Porque decir: ¡Amén! Es muy fácil. El «amén» verdadero se traduce en obras.
¿Estás dispuesto a cruzar la línea que nunca cruzaste y tener el respeto y trabajar en unidad
en esta ciudad, pueblo, aldea o región en la que habitas? ¡Unidad!

Y decir unidad no es decir: ¡Ven y únete a nosotros! Unidad es el salvoconducto único, genuino y ultra sincero, para que el propósito del Señor se cumpla. ¿Estás dispuesto a entrar al lugar secreto y tener tiempo con Dios?  ¿Estás dispuesto a que Dios ponga aceite fresco… para que puedas soportar?

¿Para qué seas firme  en la gracia y en la fe? ¡Si estás dispuesto, eres de mi mismo equipo. El equipo de Jesucristo, sin apellidos. Y mucho menos, muchísimo menos, ese apellido más moderno recientemente inscripto llamado ecumenismo. Yo estoy hablando de unidad espiritual, no de hombres o intereses.

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enero 2, 2020 Néstor Martínez