Estudios » Crecimiento

Afectando Generaciones Futuras

A ti te gusta leer los salmos? ¿Extraes de ellos la riqueza de los depósitos espirituales acumulados allí o solamente te regocijas en tu corazón, en tu alma, en tu mente, en tus emociones, con el romanticismo casi poético que los salmos tienen? Porque…si tú llegaras a estar en esta última condición, lo que voy a compartir en este trabajo, quizás te signifique toda una novedad; casi una revelación podría arriesgar. Sí, en cambio, tienes ojos espirituales como para “ver” profundidades, esta enseñanza te va a despertar algunos interrogantes que seguramente te habrás formulado en más de una oportunidad.

(Salmo 110: 1)= Jehová dijo a mi Señor: (Recuerda que el que está hablando es David, que Jehová es Jehová y que su Señor, indudablemente, es su futuro descendiente: Cristo) siéntate a mi diestra, (Sentarse, en el idioma del Reino de los cielos, no es depositar sus glúteos en un sillón, sino tomar una posición más elevada) hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

(2) Jehová enviará desde Sión (Desde la Iglesia), la vara de tu poder; (Es decir: la autoridad del poder de Cristo) domina en medio de tus enemigos.

(3) tu pueblo (Esto es: usted, su esposa, su marido, sus hijos, sus padres, sus hermanos) se te ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder, (No habla de un día cronológico; habla del día en que el pueblo decrete y active por fe ese poder) en la hermosura de la santidad. Desde el seno de la aurora tienes tú el rocío de tu juventud.

(4) Juró Jehová, (Cuidado que es Dios mismo el que está jurando, no lo olvide) y no se arrepentirá; tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

Aquí está el extremo de este ovillo, de esta madeja. Porque tú, al igual que yo mismo y que muchos otros, hemos leído este texto, nos hemos enterado que el sacerdocio de Cristo es según el orden de Melquisedec, nos hemos dado por informados y satisfechos, y gloria a Dios, y aleluya. Pero ni por asomo se nos ha ocurrido, (O debería decir: se nos ha revelado) a una gran mayoría, preocuparnos por saber: Número Uno: ¿Quién es Melquisedec? Número Dos: ¿Qué significa un sacerdocio según el orden de Melquisedec?

Muy bien: a un hombre de Dios, apóstol de estos tiempos, sí se le reveló y se le ocurrió. Estuve oyéndolo en varias oportunidades cuando, en la unción profética y magisterial más tremenda que yo haya conocido, desgranó por espacio de varios días revelación y enseñanza con relación a este sacerdocio. Recuerdo haber aceptado esa palabra, haberla creído y puesto por obra, por lo tanto asumí el derecho y la libertad de tomar, de aquella enseñanza recibida, tres o cuatro puntos muy primarios a partir de los cuales podré compartir contigo este estudio, este trabajo. Es un fundamento sumamente valioso, porque creo que Dios está haciendo hoy y ahora, y no tiene sentido reducirlo a una mínima proporción cuando su difusión se hace imperiosa.

(Hebreos 6: 13)= Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo.

Conforme a la ley de Dios, cuando tú juras, haces un pacto inmutable e inamovible. O cumples con el juramento o te deshaces en mil pedazos. Por eso Cristo le ordena al hombre –que Él sabe que es imperfecto e inconstante-, que no jure. Porque no desea que el hombre se autodestruya totalmente por la ligereza de un juramento. Muchos de los que todavía juran, hoy, -incluso por Dios y los Santos Evangelios-, no saben a lo que se exponen. La historia y sus hechos nos muestran que de un modo u otro, la ley de Dios se cumple.

Aquí dice que Dios, no encontrando uno mayor que Él para jurar su promesa a Abraham, juró por sí mismo. Es decir que le dice: “Yo te juro que voy a hacer esto contigo, Abraham. Y si no lo hago, me deshago” Entonces pregunto: ¿A cuántos de los que están leyendo esto les gustaría llevar a Dios a hacer un pacto personal al máximo? ¡No me lo puedo imaginar! Que se acerque a ti, te llame por tu nombre y te diga: “Yo te prometo (Aquí pon tu nombre) que haré contigo tal cosa y si no te la cumplo, yo, Dios me deshago.” ¡¡Aleluya!!

(Verso 14)= Diciendo: de cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.

(15) Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. (Aquí hay un detalle que vamos a tener muy en cuenta: Abraham alcanzó la promesa)

(16) Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación.

(17) Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;

Fíjate que el juramento que Él hace a Abraham, incluye a los herederos de la promesa. Y nosotros, en Cristo, según Gálatas 3: 28 y 29, somos los herederos de la promesa. O sea que por cuenta suya, Dios jura por sí mismo. Para que tú te sientas seguro y tengas la certeza de que la herencia, efectivamente, viene.

(18) Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.

(19) La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, Lo que aquí vemos es que Jesús atravesó un velo. Pero no lo atravesó porque Él era bueno, o era grande, o mejor que nosotros; lo atravesó como primogénito en esperanza y confianza en cosas inmutables en las cuales Dios no puede mentir. Y esto te dice a ti, -además-, que hay otro grupo de gente que va a poder cruzar el mismo velo. Precursor, tú sabed, quiere decir: uno que va primero, pero que mantiene la puerta abierta para que tú entres después.

Es decir que Cristo es el patrón y nosotros el cumplimiento. Y a pesar que muchos en la iglesia están pensando que Cristo viene a rescatarlos de sus problemas terrenales. Hay gente que está pensando en atravesar el velo. El mismo que atravesó Cristo y que fue ni más ni menos que su propia carne.

Lo que te estoy diciendo es que hay gente que va a atravesar el velo llamado “la carne” y va a entrar en otra dimensión, aquí en la tierra, viviendo más allá de las limitaciones de la carne, aquí en la tierra.

Eso, para que tú lo entiendas definitivamente, sería vivir del otro lado de ese velo, donde la conciencia de la muerte ya no le atribula ni le atemoriza. Porque la muerte, en suma, es una sensación angustiosa que viene de su razón. Para Dios la muerte no existe. Porque estar ausente del cuerpo –equivalente a morirse- es estar presentes en Él, lo entiendes?

Visto desde la perspectiva de Dios, tú nunca te mueres. Porque, -dice su Palabra-, el hombre fue escogido desde antes de la fundación del mundo, no cuando el hombre nace. El hombre tenía vida antes de nacer y tiene vida después que muere. Cuidado con lo que estás entendiendo. ¡No es filosofía oriental, es Biblia! No te estoy hablando de reencarnación, por favor, te estoy hablando de predestinación global que tú, con tu decisión personal, puedes llevar a lo individual.

Sabemos que somos hechos en semejanza a Dios. Lo que no hemos visto, todavía, es hasta qué nivel alcanza esa imagen y semejanza. El día que podamos verlo, ya no le tendremos tanto miedo a la enfermedad y a la muerte.

Ahora: para poder superar este tipo de emociones, hay que vivir del otro lado de la carne, porque si vivimos de este lado del velo, no lo conseguiremos nunca. Un detalle: hasta que no entramos en esa dimensión, no somos amenaza para el enemigo. No podemos hacerle ningún daño a Satanás mientras nos desvivimos guardando este bastión tan débil llamado cuerpo de carne. Por eso es que dice: “El que quiera salvar su vida”…

El verso 19, termina diciendo: …hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

Aquí nos volvemos a encontrar otra vez con este hombre: Melquisedec. Cristo es sacerdote según los principios del sacerdocio de Melquisedec. Por eso es que los fariseos tenían problemas con Cristo. Porque Cristo no era de la tribu de Leví y dentro del sacerdocio levítico, dentro de la ley que prevalece en el tiempo de los fariseos; si tú vas a ser sacerdote, las leyes que lo gobernaban eran las leyes levíticas. Tú no podías ser sacerdote de un orden y vivir bajo otro gobierno.

Estamos en tiempos de restauración y reforma. Y cuando hay una reforma, hay un cambio de sacerdocio. Pero cuando hay un cambio de sacerdocio, se impone también un cambio de ley. No se puede cambiar un orden sacerdotal y operar sobre los mismos principios que el orden que se está reformando.

Presta atención que dice: “Hecho Sumo Sacerdote para siempre”, según el orden de Melquisedec. Es decir que lo primero que da a entender, es que este es un orden eterno. No ministra bajo el yugo de las tribulaciones temporales; Vive en un nivel que está más allá del velo de lo temporal; es un ministerio que no está limitado por el tiempo cronológico.

Entonces, no es simplemente otro líder, otro pastor, otro ministro, otro título. Es una naturaleza, una posición espiritual, una sustancia que iguala en título. El orden de Melquisedec es eterno. Es antes que lo levítico y posterior a lo levítico también. Dice Cristo: “Tú, Señor, ministra según estos principios y Él es el primogénito”. Esto es: el orden de Melquisedec es, en suma, un compendio de principios gubernamentales de una ley que gobierna el Nuevo Testamento. El problema es que nosotros, en pleno 2003, todavía andamos en leyes y legalismos del siglo pasado. Aún dentro de la restauración, la reforma y la renovación, no terminamos de entender la gracia.

(Hebreos 7: 1)= Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo.

Lo primero que tenemos que hacer, es notar el tiempo en que aparece Melquisedec y compararlo con el actual para comprobar si este orden está llamado a aparecer una vez más y en qué condiciones.

¿Qué atmósfera, qué cultura, qué incidentes rodean la aparición de Melquisedec? ¿Qué sucedió en la tierra en la que apareció este hombre? Porque pensemos: aquello que hizo que apareciera entonces, es lo que tendrá que volver a suceder para que vuelva a aparecer.

Dice que él salió a recibir a Abraham. Es evidente que Abraham hizo algo más allá de lo levítico; algo más que el entendimiento del hombre. Tan espectacular que Melquisedec dispone ir a darle una mano apareciendo como dos mil años antes de su tiempo.

Abraham conoce a este hombre, quinientos treinta años antes de que hubiera un levítico sobre la tierra. Es decir que Melquisedec es pre-levítico y también es post-levítico. Antes que apareciera la ley, ya Abraham operaba en este orden. Es decir que entró en un orden que en realidad no comenzaría hasta dos mil años después. Una aparición que afectó todas las edades y todas las generaciones de la Biblia.

Esta es la misma gente que Dios está levantando hoy. Gente que está construyendo algo que es eterno, no temporal. Gente que afecta generaciones con lo que hace, no su vida. Ahora bien: ¿Cuáles son las condiciones que prevalecen notoriamente en el marco de la aparición de este personaje?

(Verso 2)= A quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo.

Mucha atención con esto, porque es adecuado para aquel al que no le agrada diezmar y busca en la Biblia textos para afirmar su posición y, de paso, tranquilizar su conciencia. Antes que hubiera ley, ya existía el diezmo. Y Abraham le dio los diezmos de todo, (¡De Todo!) A uno que apareció dos mil años antes de lo que se tenía previsto. ¿Quieres que te lo pase en limpio? Por si no lo has terminado de ver con claridad: Había diezmo antes de la ley; había diezmo durante la ley y, bajo diferentes condiciones, eso es cierto, también hay diezmo después de la ley.

Porque después viene Cristo, tras el orden de Melquisedec, que es lo que realmente interesa, no el tiempo cronológico en que se desarrolla lo que vamos a mencionar, para siempre, diezmando también. ¡Oh fariseos, hipócritas! Que diezmáis la menta y el comino, pero olvidáis la misericordia y la justicia; os es necesario hacer esto sin dejar de hacer aquello. ¿Lo recuerdas, verdad?

El diezmo es eterno. Si tú no estás diezmando, sea por la causa o el argumento que sea, es indudable que no estoy hablando contigo. Estoy hablando con la iglesia genuina, no la nominal; ni siquiera la evangélica en su conjunto. Había una ley sobre el diezmo que, efectivamente, fue borrada por la gracia. Pero conjuntamente con la ley, tú lo sabes, había una promesa de Dios para quien la cumpliera. El problema que tenemos, entonces, es que si bien la ley fue caducada por la gracia, la promesa sigue intacta. Tú ya no diezmas por la ley, diezmas para acceder a la promesa.

El caso es que la iglesia da su diezmo. Lo trae, tal cual como lo dice la palabra y no por ley, al Alfolí. Alfolí, ya lo he enseñado en otro estudio, es Granero. Granero es el lugar en el que se guarda el alimento. ¿Quieres tú algo para estudiar, escudriñar y buscar revelación? Estudia el Alfolí. Pero no el diezmo. El diezmo encierra una promesa, se da y funciona, eso es todo. El Alfolí, en cambio, es otra historia muy diferente porque, si un día el Señor te mostrara a tí tal cual Él lo ve, es probable que a tí se te caerían las medias aunque estuviéramos en pleno verano. No es doctrina particular. No es teología revolucionaria. ¡Es Biblia! ¡Siempre estuvo allí!

Dice que Abraham le dio los diezmos de todo. Diezmo de su dinero, de su tiempo, de su inteligencia, de sus dones, de todo.

…Cuyo nombre significa primeramente Rey de Justicia, y también Rey de Salem, esto es, rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principios de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

(4) Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aún Abraham el patriarca dio diezmos del botín.

Quiero recordarte que el escritor escribe esta carta al pueblo judío. Y Abraham era el referente máximo de los judíos. Decir Abraham, con los judíos, era la llave maestra para abrir las puertas de una conversación válida.

Y al escritor de Hebreos les está diciendo a ellos: hay un nuevo orden en la tierra. ¡Y fíjate si será grande que hasta Abraham le llevó sus diezmos! Esto sólo consiguió que los judíos le prestaran atención en serio.

Dice que no tiene genealogía. Y si no tiene genealogía, por el orden levítico, no tiene derecho a ministrar. ¿Pero quién es este individuo que no tiene principio, que no tiene fin, que no tiene padre ni madre? No te olvides que, conforme al orden levítico, el derecho a la herencia, al linaje y a existir, se basaba en el árbol genealógico. Si tú no eras N.N., hijo de…hijo de, e hijo de, tú no existías.

Sin embargo, aquí aparece alguien que no tiene nada de eso y Abraham, el mismísimo Abraham se saca su sombrero, simbólicamente hablando, ante su presencia. En el original del verso 4, donde dice “Cuan grande era este”, se lee “Este hombre”. Y te lo digo porque Melquisedec aparece quinientos treinta años antes que la ley. Hay muchos que creen que es una teofanía, es decir: una aparición etérea. No interesa demasiado lo que se cree: la Biblia dice que es un hombre. Si se manifestó, se dejó de manifestar, si era espíritu, si se encarnó o como a ti se te ocurra, no lo sé. El tema es que, cuando él aparece, la Biblia lo llama HOMBRE. Cuando tú apareces, la Biblia también te llama hombre, y tú existes desde antes que tuvieras un cuerpo.

Otra: Este hombre, Melquisedec, conocía el sacerdocio antes de que el sacerdocio fuera establecido. Y aquí está el escritor de Hebreos, tratando de enseñar la supremacía de Cristo por sobre Moisés, diciendo que hay un nuevo camino por donde acercarse al trono de Dios. Por el velo, el cual viene a ser, mi querido amigo, hermano, tu propia carne.

No sé si te has dado cuenta, a esta altura, que nos está hablando de un sacerdocio que tiene acceso al mundo eterno, y que no funciona sobre las leyes y principios de Aarón. Cuando hay una reforma, siempre hay un nuevo fundamento, una nueva esfera o ámbito de realidades para el sacerdocio.

Ahora: cuando cambia la iglesia por medio de una reforma, el sacerdocio tiene que cambiar para poder estar alineado con la iglesia. El problema de hoy en día es que quieren cambiar la iglesia, pero el sacerdocio no ha cambiado. No estoy hablando de hombres, ni de nombres, ni de títulos; estoy hablando de sustancia, de los principios sobre los cuales operan.

Dice la palabra: “considera cuan grande”. La palabra GRANDE, aquí, es la palabra PELIKOS, y significa: “Alcance de influencia”, “Fortaleza de Carácter Interno”, “Calidad Moral”. Considera qué PELIKOS es este hombre. Considera el principio que tiene. Un principio, al decir de un hombre de Dios que marcó mi vida y este ministerio, “Témpano”, esto es: pequeño en la superficie, voluminoso debajo del agua. Considera la sustancia de su carácter moral, su influencia. Aparece quinientos treinta años antes que la ley describiendo un sacerdocio que no comienza hasta dos mil y tantos años después. Cómo habrá sido de grande que afectó a las generaciones de dos mil años con una sola aparición.

Abraham, cuando le da sus diezmos a este hombre, no está tratando de comprar un oficio, una posición o un título; está invirtiendo en una sustancia, en un carácter, en algo que es eterno. El alfolí del que habla la palabra, es el lugar de la inversión. Tú inviertes, al dar tu diezmo en el alfolí, en el lugar en donde almacenas tu propio alimento. Pero hermano… ¿Qué pasa, entonces, cuando el alfolí que me corresponde está vacío? Ayuda a llenarlo. Pero; ¿Y si no me lo permiten? Cambia de alfolí. Una cosa es un soldado muerto en batalla y, otra muy distinta, una oveja muerta de hambre. Leví invierte en su propia destrucción a través de Abraham.

(Verso 5)= Ciertamente los que entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham.

(6) Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

(7) Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

Dicho sea muy de paso, este es un principio que hoy, en la iglesia casi no se respeta.

(8) Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí uno de quien se da testimonio de que vive.

(9) Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos, porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Melquisedec es el orden del sacerdocio que destruye el orden levítico. Y en Abraham, Leví invierte en su propia destrucción. Fíjate si este hombre será importante, que vale la pena invertir en él aunque viene a sobrellevarse mi ministerio. Repito: equivale a invertir en un nuevo hombre que viene a destruir lo que tú eres. Pero también a introducir un orden superior, aunque eso sea lo que te destruya a ti mismo.

En Abraham, Leví invierte dos mil años antes de la gracia Melquisedec, pero quinientos treinta años antes de la ley. Mire lo que dice el verso 3: Hecho semejante al Hijo de Dios. Eso significa una copia, un duplicado, semejante. Melquisedec es una réplica del original.

Consideremos la grandeza, el PELIKOS de Melquisedec y su habilidad para afectar a las generaciones futuras. Hasta Abraham le da los diezmos y viene tras el orden que en definitiva, es una copia fiel de Cristo. Los diezmos a Cristo.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

enero 2, 2020 Néstor Martínez