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A la Sombra de los Becerros de Oro

La palabra Delivery, que significa reparto o entrega, es una actividad parte de la función logística que tiene por finalidad colocar bienes, servicios e información directo en el lugar de consumo, esto es: al cliente final. En el ámbito empresarial, la gestión del delivery se preocupa del diseño, planificación, implementación y mejoramiento de los flujos asociados a la entrega, generalmente sujeta a restricciones de tiempos y costos.

Ahora bien: tú te preguntas a esta altura del tema, qué podría tener que ver una labor como la que describo, con una iglesia cristiana. Mi respuesta respaldada por años de experiencia y contribuciones desinteresadas de gran parte de hermanos diseminados por el planeta, es que sí tiene que ver, y mucho. Hay centenares, quizás miles de congregaciones delivery, que son aquellas que llevan a sus miembros, exacta y puntualmente lo que sus miembros desean y solicitan, y no lo que Dios dice que hay que darles.

(Gálatas 1: 10) = Pues, ¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Esto significa una sola cosa: que aquel ministro de Dios que quiera agradar a los hombres, no es siervo de Cristo. Y Pablo, en este pasaje, nos demuestra con toda claridad, que jamás en su mente, él tuvo la idea de agradar a la gente. Jamás en la mente del apóstol, que predicaba la cruz de Cristo, se instaló la idea de enseñar un evangelio que se adaptara a los gustos o disgustos de la gente a la cual estaba dirigido.

Para Pablo no existía ninguna clase de evangelio a la carta. Para él, el evangelio era menú único, y el que tenía hambre y sed lo tomaba como era, y el que no se iba a comer a la casa del vecino de la acera de enfrente. La iglesia del Señor no puede tener un evangelio a pedido de sus miembros por una sola y simple razón: el evangelio es uno solo y, al igual que con todo lo demás, lo tomas o lo dejas, así de simple.

Tú no puedes pedirle a quienes dirigen una iglesia que te preparen un evangelio light, esto es, fresco, liviano, o diet, de bajas calorías, sin demasiadas complicaciones, profundidades ni obligaciones. Tampoco puedes pedir a ese ministro que te prepare tu plato preferido porque no es un chef, es un ministro.

Entones, a ti te gusta que te hablen de la prosperidad porque todavía andas acariciándole la espalda a Mammon, y le pides eso. Y si es posible que lo prepare sin ese ingrediente tan pesado, que se llama infierno. Otros, son más humildes y piden el plato de la casa, que como todos sabemos, es el de las promesas de bendición.

Y cuando le preguntan si lo desea con todos los ingredientes, pide como especial favor que lo preparen del mejor modo, pero sin añadirle compromiso. ¡Oiga!, le dicen, ¿No desea que le agreguemos una pizca de santidad, como aderezo? – ¡No! ¡Nada! ¡A mí me gusta solo!

Allí es cuando se presenta el grupo especial de alabanza que recorre las mesas, (Digo los bancos), preguntándole a la gente qué canciones quieren oír y cantar. La mayoría, por supuesto, les pedirá que canten lo que está de última moda, lo que oyen a cada momento en las radios cristianas, los canales cristianos y en las casas de música cristianas.

¡Es que me gustan esas canciones nuevas que han dejado de pronunciar la palabra pecado y han empezado con la de libertad y hacer lo que sintamos en nuestros corazones! Como corolario de este ficticio restaurant, hay una especie de buzón de sugerencias, donde se lee: “Aceptamos sus sugerencias porque deseamos brindarle un buen servicio. Sólo le costará veinte dólares”.

“Porque, -van a justificar los responsables de ese lugar-, nuestro deseo es que quienes vienen aquí se sientan cómodo y a gusto.” Escucha mi hermano o amigo que hoy estás allí, del otro lado. Déjame decirte que esto jamás estuvo ni por asomo en la mentalidad del apóstol Pablo.

Eso, convengamos, tampoco estaba en la mentalidad de la iglesia del primer siglo. ¿Te parece que fue promocionalmente acertado, si se pensaba atraer a gente nueva a la iglesia, el juicio público que se le hizo a Safira y Ananías? ¿Te parece que podrían empujarse por entrar todos los que vieron desparramarse a estos dos por el simple hecho de haberle robado a Dios?

He visto gente que a la salida de una reunión se queja con el pastor porque no le gustó la alabanza del día. Y ahí está el pobre hombre tratando de darles explicaciones para que no se enojen y se vayan. ¿Por qué no les dice la verdad, que esa alabanza no era para ellos y por eso les pasó indiferente? ¿O vamos a ser tan egocéntricos que pensamos que un ministerio completo hará algo que nos satisfaga individualmente?

¿Sabías que hay congregaciones que realizan encuestas entre sus miembros, para tener una idea de lo que desean que el pastor predique? ¿O que salen por el barrio donde funciona la iglesia a preguntarle a los vecinos, (¡Vecinos no creyentes!) cómo les gustaría que fuera la iglesia?

Los resultados de esas encuestas dentro y fuera del ambiente eclesiástico han arrojado resultados muy sintomáticos en dos puntos esenciales. 1) Que no canten tanto ni tan fuerte. 2) Que prediquen bien corto. Es como decirles que hagan una especie de pequeña misa de quince o veinte minutos y listo, todos a casa.

A eso le puedes sumar, si quieres, tanta gente que se demora exprofeso en cualquier cosa y termina llegando a la iglesia cuando faltan cinco o diez minutos para concluir el culto. Eso sí; de ninguna manera se van a perder el saludo del pastor que les da la mano a todos los que se van retirando.

Existe en la Biblia una historia bastante conocida, de una iglesia que vivía en el desierto. Quiero examinarla con ustedes. Tenía un nombre esa iglesia. Se llamaba “Iglesia Evangélica El Becerro de Oro”. ¿No la recuerdas? Te lo refresco ya mismo. Éxodo capítulo 32.

De todos modos, y por lo que me ha tocado ver en los templos durante mi estadía en ellos, es que a muchos les gustaría de sobremanera que ese capítulo de ese libro, no existiera en sus Biblias. Sin embargo, Pablo dijo con referencia a él, que esas eran cosas que se habían escrito para nuestra enseñanza, par amonestación, para que nosotros no caigamos en semejante ejemplo de desobediencia.

Antes de leer donde te mandé, te recuerdo que anteriormente, por ahí por el capítulo 20, Moisés baja del monte, y les dice el mensaje que Dios le había dado a Moisés. Diles esto: No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen de ninguna cosa que esté en el cielo, en la tierra o debajo de la tierra. No las honrarás, no te inclinarás a ellas, porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte y celoso, que visito la maldad al que tal hace hasta la tercera y cuarta generación.

Eso fue en el capítulo 20. Después Moisés vuelve a subir al monte donde él tenía encuentros con Dios. Y mientras él estaba allí, llevó al joven Josué junto a él, Josué era una especie de aprendiz en el ministerio. Finalmente, Josué fue el que introdujo a los israelitas a la tierra prometida.

Pero, entretanto que él se fue a buscar a Dios, dejó de encargado a la congregación, o sea a la iglesia evangélica “El Becerro de Oro”, A Aarón su hermano. ¿Quién era Aarón? Aarón era el sacerdote, el que entraba al tabernáculo que Dios había diseñado, ellos lo habían construido, y él era como el puente, el que ligaba a Dios con el pueblo.

Eso es lo que era Aarón. Era un sacerdote, era un líder, era el que de alguna manera dirigía al pueblo de Dios, a la iglesia en el desierto. Y para que tengas una clara visión espiritual de lo que estamos hablando, vamos a ver lo que sucedió en el capítulo 32.

(Éxodo 32: 1) = Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, (Viendo el pueblo, la iglesia, que Moisés se tardaba en descender del monte) se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

Este es el pueblo, la gente, que lejos de tener paciencia o confianza o fe, empezó a  murmurar cada vez más fuerte y a pedir más acción, que pasara algo. ¡Oye! ¿Tú eres el ayudante del pastor que anda de viaje? ¡Pues haz algo, no está pasando nada, nos estamos aburriendo, nos vamos a ir a la otra iglesia donde hay milagros por docenas!

Entonces le pidieron dioses para adorar, para no perder tiempo y por las dudas que Moisés, que estaba tardando demasiado, decidiera no regresar. Dice Pedro que algunos tienen por tardanza a la segunda venida de Jesucristo. ¿Entiendes la similitud?

Entonces, como parece ser que Jesús está tardando demasiado y vaya uno a saber si realmente viene, comienzan a inventar recursos, métodos, teologías, doctrinas, en suma: dioses nuevos especialmente preparados para sí mismos. Y como ya se tardó más de dos mil años Jesús en venir, ya han salido algunos predicadores que aseguran que entendimos mal, que en realidad Jesús no va a volver.

Además, observa que ellos fueron donde estaba Aarón, el sacerdote, el hermano del líder principal, y le pidieron que les hiciera dioses. No ellos, no sus conocidos, no los orfebres que allí había, que seguramente no eran pocos. ¡Le pidieron a Aarón que él mismo les hiciera los dioses!

Y no un solo Dios, como el que aparentemente estaban creyendo hasta allí, ¡Muchos! Que los fabricara, que los inventara si no sabía qué hacer o cómo hacerlos. ¿Qué les había dicho Dios en Éxodo 20? No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te inclinarás a ellos ni los honrarás.

Sin embargo el pueblo, diciéndole al pastor cómo querían que fuera su congregación. No se conformaban con Jehová, ni tampoco con Cristo. Querían que se inventaran otras cosas para entretenerse, en tanto Moisés volvía, si es que volvía. Y allí el pueblo vino al líder a informarle que querían una iglesia a gusto de ellos mediante un delivery especial.

¿Y qué hace Aarón? Lo consiente, tal vez por temor a que se le vayan. Seguramente pensó: si se me van, se me van los diezmos, y algunos son grandes. Así que lo mejor es congeniar con ellos y asunto arreglado. ¿Recuerdas lo que dijo Pablo? Si yo agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Los ministros, y hablo de los que han sido levantados por Dios y no por los hombres, han sido levantados para agradarle a Él y no a ustedes. Y el evangelio de moda desde hace unos años es el evangelio de darte lo que tú le pides, no lo que tú verdaderamente necesitas conforme a como Dios lo entiende.

Escuché a alguien decir con bastante criterio, que el evangelio no es como la constitución de ciertos países, que cuando cambian sus gobiernos, sus legislaturas flamantes entran y le cortan, recortan, sacan o añaden artículos a gusto y necesidad presente. De hecho, la palabra de Dios no se parece en nada a la constitución de un país. Nadie puede quitar, añadir no modificar una letra de ella, sin caer en gravísimo pecado.

Entonces aquellos le dijeron: haznos dioses que vayan delante de nosotros, que nos dirijan. ¡No les bastaba con Dios! ¡Querían a alguien a quien pudieran ver y que les dijera lo que tenían que hacer! Hoy podría estar ocurriendo lo mismo en muchos lugares. Y no necesariamente por culpa total de la gente, sino que también tienen gran responsabilidad los ministros participantes.

A mí no es poca la gente que me escribe contándome sus problemas, algunos de ellos tremendamente graves. Y generalmente sus correos terminan todos o casi todos con la misma pregunta: ¿Qué debo hacer? Jamás le digo a nadie lo que deben o no deben hacer.

Me limito a mostrarles algunos conceptos básicos relacionados con el pecado para que no caigan en él, y luego les sugiero que deben buscar respuesta en el Espíritu Santo que seguramente mora en ellos, al igual que en mí, y que es el único autorizado a guiarlos a toda verdad. Si los hombres intentamos tomar su lugar, podemos en cualquier momento convertirnos en guías ciegos llevando al hoyo a todos nuestros guiados. ¿Sabes qué clase de juicio implicará eso?

Y fíjate que en el final de ese versículo dice respecto a Moisés: no sabemos qué le haya acontecido. Ellos estaban impacientes. ¡Cuánto está tardando Moisés! ¡Nosotros no podemos esperar, queremos acción en esta iglesia del desierto! ¡Queremos milagros! ¡Queremos experiencias tremendas!

La gente de mi país, en los años 90, andaba peregrinando de iglesia en iglesia, para ver en cuál de ellas la gente se caía cuando oraban por ella y en cuales no pasaba nada. Cierto es que en las que no pasaba nada, probablemente no estaba el Espíritu Santo presente, pero tan cierto es como que en las que sí aparentemente pasaban cosas, esas cosas a veces eran digitadas por fuera del Espíritu Santo.

Los países que tienen gobernantes que buscan eternizarse en el poder a cualquier costo, generalmente empiezan por desconocer y luego si pueden hasta tergiversar sus propias leyes. Hay iglesias cuyos ministros, ambiciosos de tener un lugar donde pasen cosas tremendas que traigan multitudes, no han vacilado en desconocer a la propia Biblia y a todo lo que en ella se dice. Lo que vale es lo que allí se siente.

A esta altura de nuestras vidas de fe, no podemos permitirnos el lujo de abandonar la palabra de Dios genuina y entrar en doctrinas de dudosa procedencia, sólo porque de cuando en cuando eso produce alguna alternativa sobrenatural. ¿Quién les dijo que todo lo sobrenatural proviene de Dios? ¿Quién inventó eso? ¿Es que ahora me dirán que los demonios son seres naturales?

Muy bien; eso fue lo que hizo Aarón: abandonar la palabra de Dios. La única que se conocía hasta ese momento. Esto nos deja una enseñanza: ¿Podemos los ministros de Dios desviar al pueblo? Si dejamos la Biblia a un lado, ¡Claro que podemos hacerlo! Igualito a como lo hizo Aarón.

Mi pregunta en este día, para ti que eres líder de lo que sea: ¿Qué harás tú en una situación como esa? No me respondas. Una cosa es darme una respuesta allí, cómodamente sentado en tu casa, sin ninguna perspectiva de nada, y otra ante la posibilidad de hacerte de una enorme fortuna o de un tremendo prestigio personal. Sólo piénsalo.

(Verso 2) = Y Aarón les dijo: apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.

(3) Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; (4) y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entones dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

Claro, la Biblia dice que hizo un becerro y todo queda en una nebulosa, ¿Verdad? ¿Sabes lo que es un becerro? Es la cría de una vaca menor de tres años de edad. Aquí en Argentina, país muy rico en vacas, los llamamos terneros, o terneritos. Su carne es muy codiciada y de muy buen precio en la venta para el típico asado criollo. Rebobinamos: Aarón juntó todo el oro de sus paisanos y…¡Les hizo un ternero para que lo adoraran!

Escucha: hay gente que piensa que porque alguien les pide dinero con dudosas promesas, sus problemas se terminarán. Ni lo sueñes. Es muy probable que no sólo no se les terminen sus problemas viejos, sino que con esa actitud ahora se estén añadiendo problemas nuevos.

Cuando a ti te seduzcan desde un púlpito, desde la televisión, desde una página Web o de donde sea, y te aseguren que si envías una ofrenda de amor de, digamos…mil dólares, todos tus problemas serán solucionados por el Dios de todo poder, recuerda esto: esos, al decir de Pablo, son obreros fraudulentos, ni lo dudes. No porque Dios no pueda hacer ese o cualquier otro milagro que tú necesitas, sino porque Dios jamás te cobrará un centavo por hacerlo, si es Su voluntad y si Él quiere. Eso se llama Soberanía.

Por eso Pablo les recordaba a los Corintios algo que hoy sería necesario repetir: Él les decía: Yo no busco lo vuestro, sino a vosotros. En cambio esos obreros fraudulentos de los que te hablaba, son lo opuesto; no te buscan a ti, buscan lo tuyo, lo que tú posees.

Por eso podemos decir sin temor a equivocarnos, que hay mucha gente que va y cree que le está dando a Jehová lo que está dando, cuando en realidad se lo está dando al becerro de oro. ¡Al ternero! Porque todo aquello que es manipulado para sacarle a la gente, es hechicería, y como tal, un becerro de oro moderno.

El que tenga oídos para oír, que oiga. ¡Pero hermano! ¿Entonces usted está en contra de dar ofrendas? ¡Ni por asomo1 ¿Cómo voy a estar en contra de algo que Dios mismo instituyó? De lo que estoy en contra es de utilizar esa palabra, ofrenda, para manipular emociones y lograr donaciones millonarias. Una ofrenda es un acto de generosidad y obediencia voluntaria, jamás una imposición obligatoria.

Pero mira como concluye este último verso. Dice que dijeron: ¡Israel! ¡Desde ahora serás llamada Iglesia del Becerro de Oro! ¡Estos son tus dioses que te sacaron de Egipto! Un momento. ¿Quién los sacó de Egipto? ¿El ternero ese o Dios usando a un hombre llamado Moisés?

Fíjate lo que hizo Israel. Comenzó a atribuirle al becerro de oro, el poder divino de haberlos sacado de la esclavitud de Egipto. Ahora escúchame bien para que luego no andes diciendo que nadie te lo advirtió: cuando nosotros comenzamos a atribuirle a la gente algo que en realidad está haciendo Dios, ya nos hicimos becerros de oro.

¿A quién se le ocurriría promocionar internacionalmente a alguien como ese hombre que ha tocado y sensibilizado a millones con su talento? A un ministro supuestamente cristiano. Mi pregunta, es: ¿Tendrá sustento bíblico claro, eso? Si ese libreto publicitario no salió del cielo porque no coincide con la palabra de Dios, ¿De dónde supones que salió?

Cierto es que andan por el mundo decenas de siervos y siervas de Dios ungidas, desplegando todo su poder en sanidades, milagros y maravillas. ¡Gloria a Dios por eso! Pero de ninguna manera daremos la gloria a esos hombres o a esas mujeres. Ellos sólo han sido instrumentos temporarios.

He oído a miembros de algunas iglesias asegurar muy sueltos de cuerpo que ellos están dispuestos a dar sus vidas por su pastor. Ni te cuento lo que se ha sabido luego del manejo financiero de ese hombre. Pero pregunto: ¿Por qué vas a dar la vida por un hombre, por mejor que este sea, si ya Jesús lo hizo? ¿Estás declarando que el sacrificio llevado a cabo en la cruz no fue suficiente?

¡Israel! ¡Estos son ahora tus dioses! No entiendo hasta qué punto puede encaramarse la idolatría en gente que dice ser cristiana. Y si les llegas a tocar sus becerros de oro, ¡Cómo se te ofenden! Claro, no se ofenden de la misma manera cuando algunos de esos hombres, pagados de sí mismos, se atreven a pisotear con su indiferencia la sangre de Jesucristo.

Ellos se fabricaron esos becerros. Y luego van y los tocan, pero no lo aceptan. Dicen que fue el Espíritu Santo el que los tocó. Yo sé que Dios utiliza hombres y mujeres para bendecir, porque Dios es Espíritu y todo espíritu necesita un cuerpo para operar en la tierra. Tengo una noticia: el cuerpo de Cristo es la iglesia, no una persona suelta. Aunque debería aclarar que la iglesia, claro, es la que Dios acepta como tal, no necesariamente la que está inscripta en los registros de culto de las naciones.

(Verso 5) = Y viendo esto Aarón, (¿Viendo qué cosa? ¡Su iglesia! ¡Tres millones de miembros! Sin embargo, una vez más, habrá que decir que los números jamás son indicadores de algo divino, sólo son números. Un cura sanador de mi ciudad ha reunido a trescientas mil personas en un día. NI todas las iglesias evangélicas juntas de aquí lo han conseguido jamás. Sólo números. Ha dicho alguien por allí que el calvario se ha vuelto un circo de tres pistas. Está bien, lo entiendo, soy un hombre mayor. Pero hace años que me han dejado de gustar los circos. Aunque tengan danza y le llamen profética.) edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: mañana será fiesta para Jehová. (¿Fiesta para Jehová por el poder de un becerro? Ahí nació el adagio: vox-populi / vox-dei. Voz del pueblo, voz de Dios. ¡Hermosa mentira satánica!)

Esto te demuestra una vez más que, como ministros, hay un poder limitado, pero poder al fin, que le permite a un ministro del Señor caer en tentación, desviarse del camino, desbarrancarse en el agujero de corrupción más negro y hediondo, y llevarse consigo a una multitud que, en casos, es sincera, fiel y honesta en su fe. Pero total y absolutamente carente de discernimiento.

Una vez más tengo que reiterar algo que ya me han escuchado muchas veces: no se crean todo lo que oyen o leen. ¡Ni siquiera lo que me oyen o me leen a mí! Examínenlo todo a la luz de las Escrituras. A mí, personalmente, si lo examinas con cuidado, me haces un favor. Porque si cometo un error y tú me lo marcas, yo lo enmiendo y evito caer en juicio y desgracia. El error puede estar en la mente de cualquier hombre. Por eso sigue y seguirá siendo maldito el hombre que confía en el hombre.

Y dice que edificó un altar. Pregunto: ¿Para qué sirve un altar, lo recuerdas? ¡Para ofrecer sacrificio! ¿Es que vamos a volver a ofrecer sacrificios? ¿Otra vez volveremos a ofrecerte holocaustos? En Apocalipsis 11:1, el Señor le dice a Juan: “Mira, mide el templo a ver si está hecho conforme a mi diseño. Mide el altar, y ve qué sacrificios son los que se están ofreciendo.”

¿Por qué habrá dicho eso? Respuesta simple: porque es mucha la gente, todavía, que cree que le está sacrificando a Dios su alabanza, cuando en realidad se la está sacrificando al becerro de oro. Porque le atribuyen a los seres humanos, a los que sólo son polvo de la tierra, lo que sólo Dios puede hacer. Y creen que les están ofreciendo a Jehová Dios sacrificio de alabanza.

Y es incienso de adoración al becerro, que se regodea y se pavonea allá arriba, y al finalizar la reunión se para en la salida a firmar autógrafos en las Biblias de los asistentes. A mí me gustaría preguntarle a esa gente, para qué quiere el autógrafo de un becerro de oro en su Biblia.

¿Vas a adorar esa firma? ¿Vas a incorporarla a tu colección distinguida de eminencias cristianas? ¿Qué diferencia hay entre eso y lo que conocemos como la farándula artística? Debería decir que ninguna, pero lo cierto es que sí hay una diferencia, y no es a favor nuestro. Ellos, al menos, no son hipócritas.

Y finalmente, Aarón dice que mañana sería fiesta para Jehová. ¿Tú qué crees, sería fiesta para Jehová? ¡Pero ellos creían que era una fiesta para Dios! Hay muchos que creen que están haciendo fiesta para Dios, pero cuando le atribuyen a la gente lo que sólo Dios puede hacer, la realidad es que están danzando y haciendo fiesta con el becerro.

Dijeron: hagamos fiesta para Jehová. Esta palabra, Fiesta, en el hebreo, significa algo así como: ¡Vamos a divertirnos! ¡Vamos a pasarla bien aquí dentro de la iglesia! He oído a supuestos artistas o cantantes cristianos, invitando a la gente a sus conciertos, diciendo que vengan, que nos vamos a divertir mucho.

A mí se me ocurre preguntar: ¿Qué tendrá de divertido, por ejemplo, que caiga el juicio de Dios sobre Safira y Ananías? ¿Qué tendrá de divertido que los falsos profetas se metan en la iglesia? Escucha: ningún lugar habilitado para rendir culto a Dios es para divertirse. Normalmente, cualquier lugar a tal efecto, debe cumplir con dos aspectos sobresalientes.

El primero, es adorar a Dios, sin extender esa adoración absolutamente a nadie más. De ninguna manera esto significa danzar alrededor de un becerro o del talento de un determinado don. Y la segunda es venir a escuchar a ver qué dice Dios en su palabra. Porque su palabra es el pan que alimenta nuestra vida.

Claro está que hay un tercer punto que queda supeditado al cumplimiento de estos dos primeros. Si nosotros cumplimos con estos dos puntos mencionados, aparecerá de manera automática un tercero: habrá milagros, sanidades, liberación y aliento de parte de Dios.

Pero nunca jamás alguien que se diga cristiano podrá decir que va a la iglesia, donde quiera que ella se congregue o reúna, a pasar un buen rato. Porque cuando a uno le dicen que cometer un fraude es producir una afrenta a Dios, eso no tiene nada de divertido.

Por eso es que a tanta y tanta gente no le gusta el mensaje de la cruz. Les es locura. Entonces lo toman y lo modifican, lo alivianan, lo endulzan y hasta lo tergiversan a gusto de los que oyen. Así se llega que en muchos lugares al pastor lo llaman Director y al pecado le dicen Error.

Y después te condicionarán los temas. ¡No digas nada de los homosexuales, es discriminación! ¡No hables de adulterio, hay parejas no del todo claras que pueden ofenderse! De hecho, si llamas a cada cosa por su nombre, ¿Me quieres decir qué tiene de divertido o atractivo, eso?

Hay recursos mucho más atractivos. ¡Venga, Dios lo quiere hacer rico, hoy! ¡Espere su milagro financiero! Traiga su ofrenda, haga una colecta para fabricar su becerro de oro. Escucha de una vez por todas, y entiende: nuestro Dios no es ningún becerro de oro.

Becerros de oro, recuerda, son los dioses que nosotros mismos fabricamos. Y eso es eminentemente vanidad. Y están mudos. Tienen boca, pero no hablan. Tienen oídos, pero no oyen. Ellos son, en todo caso, un reflejo de quienes los hacen.

 (Verso 6) = Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

He visto a mucha gente, (Con muchos cristianos incluidos) ir a ver un espectáculo secular a un auditorio y ahí están, ¡Tres horas antes! En mi tierra, un partido de fútbol medianamente importante, convoca a una multitud que está allí dos o tres horas antes.

Y ves en el lugar a muchos hermanitos, con sus camisetas, sus banderas, sus sombreros, saltando, cantando y gritando porque, -aseguran- es la alegría del folklore. ¿Ahora al fanatismo le llaman folklore? Quisiera que a algunos de ellos los vieras en su vida cristiana. Todo triste, medido, lánguido, aburrido. Al gozo y la alabanza la dejan para el domingo en el estadio.

Sin embargo, a mí me ha tocado asistir a tremendas conferencias de tremendos hombres de Dios que han pasado por mi país, y allí estábamos, dos horas antes para encontrar un buen lugar y disfrutando de las siete u ocho horas que duraba el evento. Pero, ¿Y el domingo siguiente? Daba pena ir a la iglesia de todos los domingos. Hasta parecía que se habían quemado los focos por la oscuridad que se veía. Claro, ¿Es todo responsabilidad de la gente que asiste? No, sólo la mitad. ¿Y la otra? No te lo diré, sólo piensa.

Y dice en el final que el pueblo se sentó a comer y a beber. Ahí lo tienes, ¿Estás viendo? ¡Hicieron fiesta! Ahora, veamos: ¿Tiene algo de malo hacer una fiesta cristiana? Fíjate que no, porque dice que los primeros cristianos, perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Por si no te diste cuenta, el partimiento del pan era que comían juntos, que tenían convivencia entre ellos. ¡Eso es sano! Y eso es plan de Dios para su pueblo, los cristianos tenemos que saber convivir entre nosotros. Pero el centro de nuestras reuniones es uno solo: adorar a Dios y escuchar su palabra.

Y después podemos hacer reuniones donde convivimos y nos divertimos, pero sin sacrificar el mensaje del evangelio. Ese es el meollo de este asunto. Y dice que luego de comer y beber, se levantaron a regocijarse, Ese verbo, regocijar, es una palabra hebrea que significa: reírse a carcajadas. Pero de una manera desaforada.

Sin embargo, la palabra hebrea implica, escucha bien, que hubo un desenfreno de índole sexual entre los que hicieron fiesta a Jehová. En el capítulo 10 de la primera carta a los Corintios, Pablo hace mención de este episodio, y habla de cómo se sentaron a comer, a beber y hacer fiesta para Jehová, pero que se desenfrenaron de tal manera, que cayeron en la lujuria de la carne.

Y ya hemos aprendido que no podemos amar al mundo ni a las cosas que están en el mundo. Y cuando dice las cosas, no está hablando de elementos materiales o físicos. Las cosas son, por ejemplo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, de lo cual alguna vez hemos hablado más extensamente.

Esas son las cosas que no debemos amar. ¿Y qué hizo Israel? Eso. Todos los que se fabrican becerros de oro, caen en inmoralidad sexual. En perversiones que ni siquiera entre los gentiles se nombra. Y las ovejas son desviadas. ¡Pobres de aquellas que les toque un pastor como Aarón!

¡Pero también son responsables! Cierto. Tienen cada una Biblia para examinar si lo que se les dice está allí o no. Si alguien les dice algo que no está en la Biblia o en ella se lo toma a la inversa, pues entonces no tienen ni la menor obligación de obedecer. Sujeción sí, esclavitud no.

(Verso 7) = Entonces Jehová dijo a Moisés: anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido.

La palabra hebrea que se traduce aquí como corrompido, significa que se depravaron, se envilecieron. Significa violar. Es decir: violaron la palabra de Dios. Violaron los principios de Dios. Violaron lo establecido por Dios. Se hicieron y le atribuyeron a algo que era obra de sus mismas manos, con una ofrenda de oro que ellos hicieron, el poder de haberlos sacado de Egipto.

(8) Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

Se apartaron, dice. Y es cierto, pero: ¿Por qué fue que se apartaron? Entre otras razones, porque su líder pretendió erigirles una iglesia al gusto de cada uno de ellos. Como si hubieran llamado a un delivery santo. Y dice que se hicieron un becerro de fundición y lo adoraron. ¿Por qué dice que lo adoraron? Porque cuando alguien se hace una estatua de fundición y le atribuye poderes que solamente Dios tiene, eso es adoración. Eso es un ídolo.

(9) Dijo más Jehová a Moisés: yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz.

La cerviz, te recuerdo, es la zona que tenemos apenas encima del cuello en la parte trasera, es decir, la nuca. ¿Y qué significa, entonces, ser de dura cerviz? Significa ser alguien de cuello erguido, de alguien que no se inclina ante nada ni ante nadie. Es el absoluto símbolo estético de la soberbia.

Pablo dice que recibamos con mansedumbre la palabra que nos ha sido predicada. Y esa mansedumbre habla de una cerviz inclinada, que habla de humildad delante de Dios. ¡Sí, Señor; lo que tú digas! Porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.

A los que tiemblan ante su palabra. Pero el soberbio, el que tiene dura cerviz, como tenían esos tres millones de miembros de esa iglesia del desierto, eran soberbios. Claro, más adelante se nos da a entender que hubo gente, -los levitas- que no consintió eso. Pero cuando levantaron la voz, la mayoría los hizo callar.

(10) Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.

Fíjate lo que dios le está diciendo a Moisés: Le dice algo así, como: “Escucha Moisés, yo voy a hacer de ti una nación grande, pero ahora hazme el favor, hazte a un lado que los voy a aniquilar a todos.” Y a continuación, viene uno de los pasajes más extraordinarios sobre el tema de la intercesión.

Sobre este tema sobre la oración a favor de otros, para que el juicio de Dios se detenga, y la misericordia de Dios salga por delante. Eso no significa que no llegue el juicio, sino que lo retarda, dándole oportunidad a la gente para que se arrepienta. Y respecto a eso, uno de los padres de la iglesia, dijo una frase que impacta. Ojo: no es palabra de Dios, pero sí tiene sabiduría de Dios.

El que lo dijo fue Agustín de Ipona, más conocido como San Agustín. Él dijo: “La oración, es la fuerza a favor del hombre, pero es la debilidad de Dios”. He visto resultados asombrosos a partir de larguísimas intercesiones. He visto a Dios regocijarse bendiciendo a alguien que parecía no tener salida.

Sin embargo, si bien somos muchos procurando servir a Dios por distintos medios y canales, el problema grave es que hay algunos como Moisés y algunos como Aarón. Y los aarones de este tiempo son cómplices de muchos de los pecados del pueblo, y les dan en sus templos el evangelio que ellos desean: liviano y sin mención de la palabra pecado.

Ahí tienes al evangelio de la súper-gracia, que es el más bienvenido de todos. En él puedes hacer y vivir como te da la gana porque todo tiene a la gracia como corolario obligado. Dios está obligado a cubrirte con su gracia hagas o lo que hagas. ¿De qué Biblia sacaron eso? La mía debe ser muy antigua porque dice lo contrario.

Antes no éramos creyentes, es cierto. Pero ahora estamos justo en el momento en que tú y yo, en nuestro lugar secreto, en el que sea nuestro cuarto de oración, deberemos orar. ¿Por quién o por quienes? Por todos los que hoy siguen siendo miembros de esas iglesias conducidas por becerros de oro. Ah, y deberás orar por los becerros, también.

Te estoy diciendo que deberemos orar por todos aquellos que los mismos cristianos han hecho dioses, y les atribuyen a ellos, ahora, que los toquen, que los bendigan, que los ministren. Orar por eso, duele. Porque sigue doliendo ver como tantas y tantas ovejas son llevadas casi al matadero.

Porque ellas están confiadas, son ingenuas y no se dieron cuenta todavía que lo único que quieren de ellas, es su lana. Tantos falsos apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Falsos que sólo quieren abusarlas. Pablo decía que no quería lo de ellos, sino a ellos. Y que si era necesario, él pondría de su bolsillo para bendecirlos a ellos. ¿Has visto mucho así en los liderazgos convencionales? Los capítulos 11 y 12 de la primera carta a los Corintios, habla de eso.

(Verso 11) = Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: oh Jehová, ¿Por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?

(12) ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo.

Escucha, escucha, escucha. Ese arrepentirse de Dios, no es igual al de nosotros. Porque Dios es santo, y él no tiene de qué arrepentirse. El problema está en la traducción. Aquí significa que Dios decidió, al final, por la intercesión de Moisés, no derramar su ira en ese momento. Les dio tiempo para arrepentirse.

(14) Entones Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

(15) Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas.

¿Qué es lo que estaba escrito en esas tablas de piedra? Los diez mandamientos. Los diez mandamientos de la ley de Dios, son inamovibles, no caducaron. Están escritos para que entiendas que no podrás guardarlos sin ayuda de Jesucristo.

(16) Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.

Ahora seguramente me estás siguiendo a mí con un libro en tus manos. Un  libro que te acompaña desde que te convertiste o que decidiste seguir a Jesucristo. Se llama La Biblia, y es escritura divina. Ese libro, es obra de Dios.

(17)  Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: alarido de pelea hay en el campamento. (Fíjate; era tal el ruido que hacían en la fiesta para Jehová, que Josué creyó que se estaban peleando.)

(18) Y él respondió: no es voz de alaridos de fuertes, ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo.

Y aquí hay un principio muy importante. Aquí vemos a un Moisés que tipifica y simboliza al líder que ha madurado. Que tiene el discernimiento al ciento por ciento. Que han pasado los años y Dios lo ha tratado, Dios lo ha quebrantado; ha humillado su orgullo y lo ha convertido en simple siervo.

Lo mandó cuarenta años al desierto para formarlo. Y pensar que algunos creen que con un titulito de doctor en Teología ya son los grandes ministros. Al siervo de Dios no lo hace un papel. Y ahí está Moisés. Pero está Josué, que simboliza al aprendiz para el ministerio.

Y se nota claramente, el discernimiento de Josué estaba sumamente pequeño, reducido. Él dice: ¡Se están peleando! Y Moisés dice: ¡No! ¡Están cantando! Es la diferencia entre un muchacho inexperto y un hombre hecho. Sin comunión con Dios, aunque sobren manuales y títulos, no hay ministro.

Si tú quieres ser ministro, deberás esperar que sea Dios mismo quien te formule el llamado y, posteriormente, abra sus puertas para que te levantes. Pero deberás tomar modelo, dirección y punto de referencia en hombres consagrados, y no en astutos que sólo pueden enseñarte las técnicas para conseguir más y mejores ofrendas y todos los diezmos. Eso no es un ministerio del Señor.

Creo que no le descubro nada nuevo a nadie si digo que para muchos pastores la iglesia es un negocio, una empresa a la que hay que atender y manejar como tal. Claro que: si la iglesia es un negocio, ¿Quién o quiénes serían los clientes? ¿Y cuál sería la mercadería que está en venta allí?

(19) Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.

Observa bien lo que lees aquí. Dice que vio las danzas. Había música involucrada en el problema. ¡Y supuestamente, era música para Dios! La palabra que se tradujo como Danzas, es una palabra hebrea, que significa “dar vueltas en movimientos corporales alrededor”. Una rueda, un círculo. Esa es una expresión bíblica de alabanza. Y es la misma palabra que se tradujo aquí por danzas,

Dando vueltas alrededor. Cuando es alabanza a Dios, nosotros nos estamos regocijando en Dios. Esa es la expresión genuina de alabanza. Pero ellos estaban danzando alrededor del becerro de oro. De lo que ellos mismos fabricaron y le atribuyeron las cosas.

Y cuando Moisés ve esto, dice: ardió la ira de Moisés. Pregunto: ¿Quién lo entiende a Moisés? Primero lo aplaca a Dios, cuando le dice: no te enojes con tu pueblo.  Y luego cuando baja del monte y se encuentra con la festichola corrida se enoja él. El problema está otra vez en la traducción.

La ira de Moisés significa, ahí en el hebreo, el celo. El celo de Moisés por lo santo. El celo de Moisés, así les había dicho en el capítulo 20. Yo estuve cara a cara con Dios y me dijo: dile a mi pueblo: no tendrás dioses ajenos delante de mí. No te inclinarás a ellos, ni les honrarás. Y esas dos palabras significan: no habrá nada de sombra entre tú y yo.

No pongas en medio entre tú y yo, nada que te quite de la vista, que sólo él merece. Eso significa. Entonces, ardió el celo de Moisés, y Pablo, en la segunda carta a los Corintios, capítulo 11, les dijo a los Corintios: Porque yo los celo con celo de Dios.

Porque yo los h e querido desposar como una esposa virgen, a Cristo. Pero me temo que como la serpiente, con su astucia, engañó a Eva, así vuestros sentidos se han extraviado de la sincera fidelidad a Cristo. ¿La qué? La sincera fidelidad a Cristo. Y ojo, ¿Eh? Porque los que dan alrededor de los becerros, pueden ser sinceros. Pero más ojo, aún: no es sinceridad a Cristo. Esa es muy diferente.

Y ardió la ira de Moisés. El celo de las cosas de Dios lo consumía. Me recuerda la escena de ls cambistas en el templo. ¡Han hecho de la casa de mi Padre una cueva de ladrones! Y los corrió a azotes a todos, porque el celo de su casa lo consumía.

Me pregunto cuántos de ustedes que me está escuchando saldría a darles garrotazos santos en la cabeza a quien quiera que osara ofender a su madre, o a su hermana, a su esposa, a su hija. Eso también se llama celo. ¿Reaccionan de la misma manera cuando escuchan que alguien de adentro de la iglesia se burla del evangelio convirtiéndolo en una cueva de ladrones? No me respondas.

Se nos ha enseñado, y correctamente, que el creyente no debe ser ni agresivo ni vengativo, que más bien tiene que ser pacífico, sereno y contemporizador. De acuerdo, pero permíteme aclararte que eso es cuando las cosas se desarrollan medianamente normales.

Pero, ante una anormalidad tal como sería de encontrarnos con gente que falsifica el evangelio para beneficiarse, lo mínimo sería reaccionar con celo santo y, por lo menos, salir a decirlo con todas las letras. Muy bien; eso estamos haciendo unos cuantos. Lástima que no todos. El celo de Dios guarda lo santo de Dios.

(Verso 20) = Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.

(21) Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?

No son muchos los que entienden el significado de la rotura de las tablas por parte de Moisés. Es como si les hubiera dicho, con esa acción: ¿No quisieron nada con Dios? Esto fue lo que hicieron con la palabra de Dios, miren. Y ahí mismo las hizo pedazos.

Después dice que agarró el becerro y lo quemó. ¿Tienes idea lo que pesaba ese becerro? ¡Imposible que lo tomara y lo moviera un hombre solo! Eso quiere decir que Josué y otros más que estaban con Moisés y compartían su ira, su celo, colaboraron para eliminar el becerro.

Porque dice que termina la historia con el becerro reducido a polvo. Es como si les dijera a esa gente: ¡Miren! ¡Esto es en lo que ustedes confiaban! ¿Lo ven? ¡Es sólo polvo, igual que ustedes! Cuando nosotros le atribuimos al hombre lo que sólo Dios puede hacer, estamos confiando en el polvo. Y, una vez más te debo recordar lo dicho por Dios: Maldito el hombre que confía en el hombre.

Porque, ¿Qué es el hombre par que de él tengas memoria? Sólo polvo. No beses más ningún anillo. Y no estoy hablando de otras religiones que por ahí no tienen nada que ver contigo; más bien me estoy refiriendo a actos simbólicos. Besar un anillo es someterse a una autoridad que no tiene de Dios. Pregunto: ¿Puede o no puede una jerarquía eclesiástica conducirse de un modo tal que tuerza el camino de aquellos que lo siguen? Sí, puede; ¡Claro que puede!

La palabra lo confirma en Apocalipsis 19:10 y Apocalipsis capítulo 21. Es cuando a Juan se le aparece el ángel que le estaba revelando las cosas. Y dice Juan que cuando vio al ángel, se postró a sus pies para adorarlo. Pero el ángel le dijo: ¡No hagas eso! ¡Adora a Dios, yo soy consiervo tuyo! ¡Somos iguales tú y yo!

¿Por qué me adoras a mí si soy consiervo tuyo? ¡Adora a Dios! Esa palabra, Adorar, es la palabra griega proskuneo. Y significa postrarse en adoración. Ese es el primer significado, pero otro significado, es: lamer la mano de tu amo como un perro lame la del suyo. Eso es adorar.

O sea que al único que le podemos lamer o besar la mano, es a Dios. De ninguna manera lo harás con un becerro. No nos debemos postrar ante nadie más que no sea Dios mismo. Y a esta altura me pregunto qué tan delgada es la línea que no podemos rebasar.

¿¿De verdad tú no crees que hay muchísima gente adorando a los becerros que ellos mismos se han fabricado? Cuando pedro entró a la casa de Cornelio, dice que Cornelio salió a recibirlo. Y que al verlo, al instante se postró. ¡Se postró para adorar a Pedro!

No sé cuánta ignorancia o pecado hay en el que quiere besar una mano o un anillo. Sí sé que hay mucha vanidad y pecado en el que extiende su mano para que se la besen. Y no creas que sólo es un problema de aquellos, ¿O no has visto a hermanitos desesperados para que una supuesta estrellita cristiana les firme sus biblias?

Yo me pregunto: toda esa gente, ¿Alguna vez los has visto rendirse a al Dios verdadero? Espero que tú hayas tenido mejor fortuna que yo; yo no he visto a ninguno. Y fíjate lo que dice en el verso 20 que leímos. Que no sólo se los redujo a polvo, sino que encima se los dio a beber. ¿Te das cuenta? ¡Se los hizo tragar!

Ahora tengo una duda: ¿Cómo estaba ese oro fundido que les dio a beber? ¡Caliente! ¿Qué crees? ¡Ese era Moisés! ¡Y después se fastidian cuando uno dice tres o cuatro cosas que van en contra de sus becerros de oro! ¡ ira si les hubiera tocad un Moisés! ¡Les hubiera hecho abrir la boca y tragarse hasta la última gota de polvo de oro fundido!

Y en el verso siguiente Moisés, que todavía no puede entender cómo es que Aarón cayó en ese pecado, va y le pregunta: ¿Qué te hicieron, Aarón, que fuiste capaz de permitir esto? ¿Qué te hicieron? ¡No puedo entenderlo si no me lo explicas con claridad! Y mira la respuesta de Aarón.

(Verso 22) = Y respondió Aarón: no se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado al mal.

¿Qué no me enoje? ¿Cómo que no me enoje? ¡Claro! ¡Me voy a poner muy contento que les fabricaste dioses falsos para que adoren! ¡Qué escena! ¿Verdad? Yo me la imagino, tal como cuando pablo reprendió públicamente a Pedro, allá en Gálatas capítulo 3, ¿Recuerdas?

Porque como la conducta de Pedro no era digna conforme al evangelio, sino que en su simulación e hipocresía arrastró a los discípulos, yo –dice Pablo- le dije públicamente: Pedro; ¿Por qué haces esto? Esto no va conforme al evangelio.

¿Saben qué hizo? Cometió un error clásico y tradicional: querer congraciarse con toda la gente antes que con Dios. Y Pablo termina diciendo que lo resistió cara a cara, porque era de condenar, porque arrastró con su hipocresía a los discípulos, así dice.

Y ahí vemos a un Pedro para nada soberbio. Él aceptó la reprensión. Y eso que lo resistió cara a cara, y públicamente. Y ahora, cuando viene uno que dice dos o tres cositas pequeñas que salpican un poco la enorme figura del líder del lugar, salen cinco o seis a querer llevárselo puesto santamente.

¿Sabes por qué pasa eso? Porque se asustan cuando alguien les demuestra que lo han descubierto. ¿Sabes qué? Si todas estas cosas te asustan, el evangelio no es para ti. Porque el evangelio es para los valientes. Dice la palabra que el Reino de Dios no es para los cobardes.

¿Sabes cuál es la razón por la cual, muchos ministros que conocen esta verdad no son capaces de decirla en sus iglesias? Porque la gente se asusta primero, se enoja después y hasta puede irse de allí, de última. ¿Y cómo se suponen que debe hablarles, como Aarón? Y bueno…no te enojes, Moisés, ellos son así, ¿Viste?

Ahí tienes: empezó a echarle la culpa al pueblo. Lo cobarde le salió a relucir. Tú conoces al pueblo, -le dijo- y le faltó añadir que al pueblo es conveniente darle lo que es su gusto. Hay que darle una iglesia conforme a su pedido, con un veloz delivery llevándole lo que necesita, no otra cosa. Tú los conoces, Moisés, es un pueblo inclinado al mal… ¿Ah, sí, eh? ¿Y por eso tú les propiciaste más todavía ese mal creándole dioses falsos?

(Verso 23) = Porque me dijeron: haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

(24) Y yo le respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.

Primero, argumentan que Moisés demoraba en retornar, lo cual da a entender que le están echando la culpa a Moisés de sus posteriores decisiones. Luego vemos que Aarón, en lugar de poner las cosas en su lugar, no tiene mejor idea que pedirles una ofrenda. Seguramente para la gloria de Dios y la excelencia en el servicio.

Y después Aarón le da a Moisés un argumento tan ingenuo que por poco Moisés se cree que había magia  allí. Me dieron el oro y a mí se me ocurrió, ya sea como para hacer algo que los entretenga un rato, echarlo en el fuego. ¿Y sabes qué? ¡No me lo vas a poder creer! ¡Al rato salió este becerro!

A mí no me termina de entrar en la cabeza la idea que Aarón pretendiera que Moisés le creyera el asunto ese de que echó un poco de oro en el fuego y como por arte de magia salió un ternero. ¿Cómo podría Moisés creerse esa mentira? Bueno, es que a lo mejor…A lo mejor anda, ¿No leíste en los primeros versículos que decía que Aarón le dio forma con buril?

Indudablemente, no hay ni puede haber otro argumento genuino que el de tomarse todo el tiempo en hacerles ese becerro simplemente porque a la gente le gustaba eso, quería eso. Si la gente quiere un avivamiento, se lo fabricamos de cualquier modo. Si la gente exige sanidades, pues contratemos supuestos enfermos del pueblo vecino. Si quieren caer tocados por el Espíritu, ahí vamos. Y si no se caen, los empujamos y listo.

(25) Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, (26) se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntense conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.

La palabra Desenfrenado que leemos aquí, se tradujo del hebreo pará, que significa aflojar, dejar. Es decir, aflojaron en los principios de Dios, y dejaron a Dios y su palabra. Pero la palabra desenfreno también tiene una implicación de promiscuidad sexual.

Ahora bien: ¿Por qué dice que estaban desenfrenados? Porque Aarón lo había permitido. ¡Pobre pueblo el que danza alrededor del becerro, cuando el becerro les permite de todo! Y el final del verso 26 tiene mucha similitud con lo que Jesús dijo, aquello de: el que conmigo no recoge, desparrama.

De hecho, aunque muchos de nosotros no podamos entenderlo, hay muchos que, llamándose cristianos, asumen encarnizadas y hasta feroces defensas a conocidos becerros de oro. Y defienden hasta los que le danzan alrededor. Oye: o estás con Cristo o eres anti-Cristo. O estás en contra del pecado o a favor de él. En esto no puede haber tres posiciones ni posiciones neutras. Es blanco o negro; es frío o caliente.

(Verso 27) = Y él les dijo: así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.

¿Sigues pensando que es muy duro decir algunas verdades que todos conocemos pero que una gran mayoría esconde? ¡Duro es lo que hizo Moisés! ¿Entiendes lo que les dijo? Les dijo que fueran y buscaran a todos esos idólatras que danzaban alrededor del becerro, que sacaran sus espadas y que les cortaran la cabeza. Y sin distinción de parentela. Al amigo, al tío, a la abuelita, al que fuera.

A todos los que diciéndose cristianos no dudan en danzar alrededor de un becerro de oro, vayan y córtenle la cabeza. Claro, hoy no es así en lo literal, aunque en un sentido espiritual sí que es así. Eso se llama disciplina, y fue instituido por Dios, no lo inventó ningún hombre deseoso de sacarse de encima a un molesto.

(28) Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.

Este va a ser el destino inexorable de todos los idólatras, tanto de los que adoran muñecos de yeso o madera, como de los que adoran hombres que se auto-titulan como líderes. Dios les va a cortar la cabeza. Y aquí es momento de llevarte un alerta, para todos ustedes.

Cuando veas rodar las cabezas, no te asustes. Cuando veas que sale a la luz un conglomerado de trapisondas que por años estuvieron escondidas detrás de una fachada de dignidad santa, entenderás que es Dios el que está detrás de todo ese asunto, y no el mundo secular envidioso.

Fui testigo de la caída de un pastor por causa de un grosero adulterio. Era un  hombre al que se le conocía esa debilidad, pero nunca nadie había advertido a nadie. Cuando finalmente cayó, vi a mucha gente llorar por eso. ¿Por qué lloraban? ¿Acaso estaban llorando la caída de un becerro de oro? Porque hombre de Dios dudo mucho que haya sido. ¿Valían la pena esas lágrimas de gente sana y honesta?

(29) Entonces Moisés dijo: hoy os habéis consagrado a Jehová, pues cada uno se ha consagrado en su hijo y en su hermano, para que él dé bendición hoy sobre vosotros. (Está más que claro: la bendición es para los que guardan el pacto)

(30) Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizás le aplacaré acerca de vuestro pecado.

¿Qué hizo anteriormente? Intercedió a su favor, para que la misericordia de Dios se extendiera. Pero no los dejó así. Llegó un momento en que los enfrentó. Les dijo: ustedes han cometido un gravísimo pecado.

(31) Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, (32) que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.

(33) Y Jehová respondió a Moisés: al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.

(34) Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.

(35) Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón.

¿Saben cuál fue el castigo que Dios le propinó al pueblo? Que ninguno de esa generación entró a la tierra prometida. No se quedaron sin castigo. Y no se quedarán sin castigo aquellos que transgreden esa delgada línea de la adoración y se fabrican becerros de oro.

Es necesario, en el final de esta historia, realizar el mismo acto que Moisés intentó luego delante de Jehová. Interceder por todos nuestros hermanos que andan por allí enamorados de sus becerros de oro, y procurar no caer nosotros en el mismo error, tal vez pensando que inventamos una manera nueva de adorar a Dios.

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enero 2, 2020 Néstor Martínez