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Madurar no es Una Opción

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     Enseñamos y predicamos que no hay mayor autoridad espiritual que la de un apóstol, ¿No es así? Y allí puede salir alguien a decir que, después de todo, si hoy son todos apóstoles, todos tienen la misma autoridad, ¿Verdad? Pues no es así, de ninguna manera. No hay dos personas que tengan la misma autoridad en toda la tierra, no las hay. Y por el otro lado, está todo aquello por lo cual tú has sido diligente.  Por eso es tan bueno que se cierren ciclos y que se terminen procesos. Cuando tú terminas un proceso, ganas autoridad. Ojo, no te estoy diciendo que ganes más consideración de parte de Dios, no. Dios no te quiere por tus obras. Estoy diciendo que ganas mayor autoridad ante lo que es la iglesia en su conjunto genuino. Aunque la imitación paupérrima que existe, te segregue.

     De ahí que sea tan importante establecer una cultura que nos incentive y acostumbre a no dejar las cosas a medias. Que cada uno que tenga un llamado de parte de Dios se meta a hacer lo que le han ordenado hacer, y que termine las cosas. Y eso me lleva a algo que, de tan frecuente y habitual, casi se nos ha convertido en un símbolo, pero que es un símbolo tan negativo que no podemos permitir que siga desarrollándose. Tanto europeos como americanos del norte, consideran al pueblo latinoamericano, como gente poco confiable. Porque, -dicen ellos-, si bien somos muy inteligentes y habilidosos, no tienen ninguna garantía que de pronto y de un momento para el otro, nos cansemos y los abandonemos.

     Por eso les cuesta tanto a los latinos conseguir buenos trabajos en Europa o donde quieran irse a residir. ¿Está mal que nos metan a todos dentro de una misma bolsa y generalicen de ese modo? ¡Claro que está mal! Pero convengamos en que hemos hecho, como pueblo, muchísimos méritos para que ellos piensen así de todos nosotros. Y eso empieza a solucionarse con acceso a la madurez, porque madurez necesariamente trae autoridad. La autoridad es una señal de madurez en todos los ministerios. ¿Quieres ver a un padre sin autoridad? Toma un momento cualquiera y haz la pregunta: ¿Dónde está tu hijo, ahora? Respuesta: No sé, debería estar aquí, pero no sé dónde puede estar. ¿Sabes que se nota en esa respuesta? Falta de autoridad. Claro, seguramente lo llamará por celular y el joven le dirá dónde está, pero eso es algo menor, ¿No debía saberlo antes?

     Los apóstoles son los peritos constructores del templo del Señor. Expertos, quiere decir peritos, aquí. El templo del Señor que aquí es la iglesia. Al contemplar su gloria y la majestad uno recibe el entendimiento, el enfoque y la resolución que son esenciales para tener verdadera autoridad apostólica. Partimos del hecho que los apóstoles tienen un diseño de edificación. O sea: ellos saben cómo se edifica la casa. Y no estoy hablando de mampostería, ni acero ni estructuras metálicas, queda claro. ¿Qué quiero decir con esto? Que el apóstol usa de la visión para poder ver algo terminado, donde todavía recién se está comenzando.

     Pero, hay algo interesante en forma de pregunta: ¿De dónde nace la revelación del diseño terminado de la iglesia? Del corazón del Padre. ¿Cómo quieres tu casa? No hay ni literatura, ni sermones, ni estudios, ni enseñanzas respecto a ello. ¡Sólo está en el corazón del Padre! Y allí hay que irlo a buscar. Y allí es donde aparece el apóstol, que normalmente, es una persona que sabe entender el corazón de Dios. Mira la casa, y tiene una mente que lo predispone a ver qué toda ella sea funcional. Si tú pones un profeta para hacer eso, lo resuelve abriendo un hueco en la pared donde no hay puerta y listo, se acabó el problema. Pero el apóstol tiene una visión más integral de lo que es la casa. Porque un apóstol siempre piensa en casa, mientras que un profeta sólo piensa en puerta.

     El apóstol, mejor dicho la unción apostólica, desata en la gente la necesidad de que todos edifiquemos. La carga apostólica, queda resumida en Gálatas 4:19: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. Esa es la carga apostólica. ¿Cuál es la obsesión de los apóstoles? Que Cristo se forme en su iglesia. En muy pocas palabras, esto es lo que nosotros llamamos: El Ministerio. El apóstol tiene carga por El Ministerio, no por Los Ministerios. ¿Y cuál sería El Ministerio? Cristo formándose en la iglesia. Hay que diferenciar el ministerio apostólico de las actividades que se concentran en lo que son más bien dones administrativos. El conseguir que las iglesias formen parte de una organización, o el enseñar acerca del gobierno de las iglesias, son cosas que pueden hacer personas que no tengan ninguno de los dones de capacitación que aquí se han enumerado. Y el resultado, obviamente, será bien diferente. Lo de Dios, impecable; lo del hombre, ahí andamos…

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noviembre 20, 2018 Néstor Martínez