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La Necesidad del Altar Moderno

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     Venimos recibiendo de parte de Dios, que estos son tiempos donde se derramará su Gloria sobre su Iglesia como nunca antes. Tiempos de Jubileo. Tiempos del tercer Día. Tiempos de Victoria y Alegría. Tiempos de Restauración. Pero, ¿Qué debemos hacer o cómo debemos prepararnos nosotros para disfrutar de estos tiempos que han de venir? Porque convengamos en que lo que se está viendo en estos días, dista mucho de ser victoria y mucho menos alegría. Es más; casi se podría decir que es todo lo contrario.

     (Esdras 3: 1) = Cuando llegó el mes séptimo, y estando los hijos de Israel ya establecidos en las ciudades, se juntó el pueblo como un solo hombre en Jerusalén. 

     (2) Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios. 

     (3) Y colocaron el altar sobre su base, porque tenían miedo de los pueblos de las tierras, y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, holocaustos por la mañana y por la tarde.

     (4) Celebraron asimismo la fiesta solemne de los tabernáculos, como está escrito, y holocaustos cada día por orden conforme al rito, cada cosa en su día; (5) además de esto, el holocausto continuo, las nuevas lunas, y todas las fiestas solemnes de Jehová, y todo sacrificio espontáneo, toda ofrenda voluntaria a Jehová. 

     (6) Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos a Jehová; pero los cimientos del templo de Jehová no se habían echado todavía. 

     Siempre que algo grande se preparó de parte de Dios el pueblo tuvo que restaurar lo que había olvidado. Restaurar el lugar donde Dios quería manifestarse, donde se reunía el cielo y la tierra. Veamos el ejemplo de lo que sucedió durante el regreso del pueblo de Dios a la Ciudad Santa, a la tierra prometida. Se reunió el pueblo en Jerusalén con un mismo propósito. Y aquí encontramos la primera clave: No distraerse en ninguna otra cosa, no hacer cada uno lo suyo, no cuidar cada uno su propia huerta. Sin abandonar lo que tú estás haciendo, tener todos un mismo propósito principal. Luego se verá cuál es ese propósito principal.

     Dios estableció a dos personajes principales para dirigir la restauración, ellos iban adelante, tenían la visión, el llamado y sabían que hacer. Jesúa: “Cuya salvación es Dios”, sumo sacerdote, sacerdote principal. Zorobabel: “Engendrado en Babilonia”, en Caldeo Sesbassah, que significa “Príncipe de Judío”, este era jefe entre los judíos que regresaron a Israel. Algo que debemos tener en cuenta es que comenzaron ellos y sus íntimos la reconstrucción del altar para luego agregarse todo el pueblo. Toda restauración comenzara por algunos pocos más íntimos para luego ir distribuyéndose entre todo el pueblo. 

     Notemos que para poder restaurar cualquier otra cosa primero comenzaron por el altar, luego siguieron por el Templo y las Murallas. Sin altar no habrá templo. Primero el sacrificio, la entrega, el reconocer la dependencia de Dios y su gloria; primero el holocausto. Primero el altar donde nos ofrecemos. Primero él, luego nosotros, el templo. Todo lo que realizaron fue según lo ya establecido por Dios en la Ley de Moisés, primero el Altar del Holocausto, luego la unción sacerdotal y después el Altar de Incienso. Veamos:

     El Altar de Bronce del Holocausto: Construido según las medidas dadas en el desierto, 2,30m. X 2,30m. X 1,30m., de madera de acacia, todo cubierto de Bronce, con una rejilla también de bronce para que las cenizas del holocausto totalmente consumido caigan al piso sin ningún obstáculo. Para que nada quedara sobre el altar, esto servía para que la víctima que se ofrecía fuera totalmente consumida. Esa debe ser nuestra posición, hoy: ofrecidos delante de Dios para ser totalmente consumidos, nuestro lugar es el piso.

     La Unción Sacerdotal: Impartición de dones y la Gracia del Espíritu Santo para servir a Dios. En hebreo Mashach, que se traduce como Ungir, de donde se deriva Mashiach, o Persona Ungida, la única persona ungida plenamente, Cristo. Pero hoy sólo podemos servir a Dios en medio de un mundo totalmente hostil bajo la Unción plena del Espíritu Santo. Debemos ser personas ungidas.

     El Altar del Incienso: de 0,45m. X 0,45m.X 0,90m., cubierto totalmente de oro. Nos habla de nuestras oraciones de la intercesión que sube delante de su trono con olor grato, que obtiene respuesta de parte de Dios. A pesar de los enemigos, a pesar de los problemas, a pesar de los ataques, a pesar de las tentaciones, a pesar de nuestras debilidades, a pesar de las ocupaciones, de los horarios, a pesar de que todo apunta a distraernos del Altar, nuestro principal objetivo, nuestro compromiso, nuestro primer lugar debe ser el Altar, el encuentro con Él, el lugar donde le damos a Él la gloria, donde nos humillamos y nos santificamos.

     El texto Sagrado relata que todos los días, por la mañana y por la tarde ofrecían los sacrificios en el Altar. No los domingos y los días de reunión. Todos los días y continuamente. También celebraron la fiesta de las enramadas (Tabernáculos), durante siete días salieron de sus casas para vivir en casillas o enramadas hechas de hojas de palma y ramas de sauce del arroyo recordando las maravillosas manifestaciones de la providencia divina para libertarlos y preservarlos en el desierto, también para levantarles el ánimo y mantener un espíritu de gratitud y obediencia al recordar la grandeza de los favores que habían recibido de Sus Manos.

     Hoy no confeccionamos tiendas de palmas pero él se muestra para que recordemos su provisión, su cuidado, su gracia y su misericordia, envía oro para que hagamos memoria de nuestra libertad. De nuestra eterna dependencia y gratitud. El pueblo traía su ofrenda al altar, la ofrecía a Dios, una gran ofrenda de un pueblo tan pobre, un pueblo que confiaba en El, en su cuidado y en su provisión. 

     Esto era el principio de la restauración, luego vendría lo grandioso del templo a la vista de todos, su grandeza desnudada a los ojos de los que los rodeaban, pero todo comienza con la restauración del altar. Veremos tiempos de grandes glorias de Dios, de un derramar soberano de su gracia como nunca antes. Pero es esencial la restauración del altar de la adoración. Con música o sin ella. Adoración es adoración, no cánticos, no himnos. Puede que los incluya, pero adoración es Dios y tú mano a mano y sin interferencias. Porque, no sé si sabes, que ahora tú eres el Altar. Dedícate a él y Él se ocupará de todo lo demás.

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enero 30, 2019 Néstor Martínez