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En la Hora de La Santidad

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     En el contexto de la enseñanza de reglas de higiene este pasaje nos recalca la íntima relación entre la santidad y la presencia del Dios santo en medio de su pueblo. Dado que solo la presencia del Señor hace posible alcanzar la victoria y la falta de santidad lleva a que el Señor se aparte, la alternativa se resume en la frase: santidad o derrota. En Josué capítulo 7 se nos relata de qué manera y por cuales razones el pueblo de Israel cayó inesperadamente vencido luego de grandes triunfos frente a poderosos (y aparentemente invencibles) enemigos.

     El fracaso en la pequeña población de Hai acontece luego de la tremenda victoria ante la imponente Jericó. ¡Es que cuando hay falta de santidad ningún enemigo es pequeño! Fue Dios quien conquistó Jericó y fue Dios quien permitió la derrota en Hai. El Señor le explicó a Josué las razones del fracaso diciendo:

     (Josué 7: 11) = Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. 

     (12) Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros. 

     (13) Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros. 

     Detengámonos por un momento en algunas de las implicaciones del pecado por el cual Israel resulta responsable y el cual acarrea la derrota en Hai. Primero: Al hombre común el pecado que Acán cometió no le parece un gran pecado. No se trata de un homicidio, ni de una inmoralidad grosera. No es el tipo de delito para el cual los códigos penales reservan las penas más severas.

     Sin embargo el pecado de Acán constituye un desafío abierto a una orden de Dios. (El Señor había dicho: no tomen del anatema y Acán tomó para sí). Las consecuencias del pecado de Acán nos muestran lo grave que son la desobediencia y la rebelión ante los ojos de Dios. Cuando Samuel reprende de parte del Señor al Rey Saúl por causa de su rebeldía, deja bien en claro al significado espiritual de la desobediencia. Dice la Palabra de Dios:

     (1 Samuel 15: 22) = Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. 

     (23) Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. 

     En estos tiempos en los que el humanismo secular lleva a muchos a desconocer o minimizar las demandas de Dios debemos tener bien presente que los mandatos del Señor no son un juguete y que la obediencia y el prestar atención a las órdenes del Señor lejos de ser algo secundario constituyen el tema más importante de la vida.

     Segundo: La falta de santidad nubla la visión de Dios y de su propósito y lleva a una evaluación humana de las circunstancias. Josué había enviado espías a Hai. Cuando esos espías regresaron de su recorrido le dijeron a Josué:

     (Josué 7: 3) = Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos. 

     La falta de santidad condujo a la confianza en sus propias fuerzas y a la derrota.
     La santidad es la clave de la revelación y la victoria espiritual. La Palabra de Dios dice en Mateo 5:8: Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios.

     Tercero: El pecado que nos presenta el relato bíblico de Josué capítulo 7 es cometido solo por Acán y su familia. Sin embargo y a pesar del principio de responsabilidad personal frente a Dios el pecado siempre tiene también consecuencias e implicaciones colectivas. El pecado no confesado de una persona o de una familia puede afectar a toda una congregación y ello en mayor medida cuando quienes encubren el pecado o desobedecen deliberadamente son líderes o personas en posiciones de autoridad dentro de la iglesia de Cristo. Es por ello que debemos ser especialmente cuidadosos al elegir un lugar donde congregarnos y pedir que el Espíritu Santo nos conduzca a rodearnos y a andar junto a hombres y mujeres temerosos de Dios.

     La santidad no solo es posible sino que es el tipo de vida que Dios espera como algo normal de un hijo o hija suyo. El Espíritu Santo hace posible que cada hijo y cada hija de Dios viva este tipo de vida. ¡Ser santos es andar en el Espíritu!  Todo lo bueno que hay en nosotros, toda virtud, todo buen fruto sólo puede tener origen en el Espíritu Santo de Dios. El Espíritu Santo es la fuente misma de la santidad en los corazones en que mora. ¡Él hace posible la santidad y la victoria!

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enero 22, 2019 Néstor Martínez