Son muchos los cristianos fieles y sinceros, pero no muy demasiado informados, que están esperando que lleguen aquellas doctrinas de demonios de las cuales se habla en Timoteo para los últimos tiempos. Y creen, por dar un ejemplo y con llamativa ingenuidad, que un día va a ponerse a predicar un médico en lugar de su pastor y les va a asegurar que ya no hace falta orar por sanidad porque la medicina tiene todo bajo control. A los que esperan cosas así les tengo que decir, lamentablemente, que a la palabra SUTILEZA no la han visto ni discernido. Porque Ignorancia, recuerda, no es insulto, es descripción. Entiende esto, por favor: ¡Ya se están predicando doctrinas de demonios! El problema es que muchos ni siquiera se dieron cuenta. Y otros tantos, con la misma o mayor ignorancia, hasta ayudan a preparar esos mensajes.
Humanismo, filosofías orientales, cientifismo, psicología secular, intelectualidad prioritaria, soberbia y hasta algún avance del ocultismo bajo el barniz de cierta medicina mentirosa que difunden decenas de grupos esotéricos que gozan de buena prensa, ya están proliferando en forma alarmante en muchos púlpitos usando la ignorancia de pseudo predicadores que han hecho del materialismo, el individualismo y la teología de la prosperidad personal, una prioridad, tanto en sus vidas como en la de los seguidores (Y sostenedores) de sus “ministerios”. Cambios engañosos de doctrinas están añadiendo un énfasis erróneo que no es difícil percibir. Muchos llamados “maestros de la Biblia” han ignorado los absolutos de la Palabra de Dios para introducir a la sociedad en una era de supuesta liberación.
Donde quiera que se mire, aunque se mire con superficialidad, se grita, se clama y se aúlla por la libertad académica, por la libertad sexual (Hetero u homo, da lo mismo, según la conducta elegida), por el derecho sobre el cuerpo, emblema del aborto, y la libertad económica. Pero lo más curioso y alarmante es que este mismo grito se puede oír en la iglesia. Son muchos los que vociferan: “¡Yo no estoy bajo las restricciones de la ley! ¡Estoy bajo la bendición de la Gracia! Y como estamos, hermanos míos, en una era de la gracia, permítanme continuar con el pecado para que esa gracia sobreabunde…”, exclaman con una muy increíble, demencial o muy mal intencionada interpretación de Romanos 6:1. (Romanos 6: 1) = ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? (¿Cuántos saben que se deglutieron los signos de pregunta y que omitieron ex profeso las tres primeras palabras del versículo qué sigue?) …En ninguna manera.
La posición que han tomado aquellos que reaccionan con vigor en contra de esa forma de legalismo que se las toma con el: “No te pintes, no te pongas esa ropa, no sonrías en el templo, no celebres, no hagas ruido, ponte la corbata, alarga tu falda, corta tu cabello” es muy pero muy diferente a la posición de los que han aceptado alegremente una doctrina inspirada por el diablo bajo el barniz de una libertad no en Cristo, sino aparte de Cristo. Una supuesta libertad que sutilmente ajusta y adapta las Escrituras para darle vía libre a sus deseos carnales: dinero, poder…y hasta sexo libre y promiscuo. ¿Quieres saber que respuestas han esgrimido algunos de los defensores de estas doctrinas? ¡Pero hermano! ¡Lo que hago con la carne no importa! ¡Lo que vale, es lo que hago con el espíritu! ¡Wow! Ceguera.
Aunque parezca ridículo y de hecho lo es, estos sectores siguen condenando ciertos pecados en el mundo incrédulo, mientras son mucho más tolerantes y permisivos para con los mismos pecados en los santos. Recuerdo un pasaje al respecto: (2 Pedro 3: 16) = Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que les ha sido dada, os ha escrito, (16) casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras escrituras, para su propia perdición.
A propósito de esto, el escritor de la carta a los Hebreos, nos dice que un apóstata no es uno que se ha apegado a una doctrina falsa, sino alguien que, ateniéndose a la doctrina recta, se niega a cumplirla en obediencia espiritual. Es donde también el calificativo de PREVARICADORES toma cuerpo y figura. Muchos son los que suelen ver al prevaricador como una suerte de sinónimo de pecador. Y no es que estén errados, pero lo correcto es que, prevaricar, es oír una verdad y creerla, pero decidir no obedecerla por la causa que sea. Yo me pregunto cuántos, hoy, de los que siguen pecando autoconvencidos que están bien, no saben íntimamente que no lo están. ¿Es que piensan engañar a Dios? Recuerda: el pecado si es confesado, obtiene perdón, pero la Prevaricación, no. Está escrito.