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Extremismos

Como se suele decir habitualmente, por amor a las almas, el sólo pensar en cómo están viviendo algunos que censuran el legalismo, no me puedo resistir a pensar que, en ciertos casos, ciertos tipos de ese legalismo no son tan negativos después de todo. Ayudan, quizás, a mantener una especie de sano equilibrio y juicio dentro del cuerpo de Cristo. Tal vez sea como el miedo. Porque el miedo es satánico y no tiene comunión con la fe y la confianza en Cristo, a eso lo sabemos. Pero, y a modo de ejemplo, el miedo del niño a la electricidad, – Quieras o no -, sirve mientras es pequeño para protegerlo de sus consecuencias. Alguien dijo que el principio de la dicha está justo en el mismo lugar que donde finaliza el miedo. Es lo mismo que hablar de la Luz y la Tiniebla. Superado uno, se alcanza lo otro.

Es que todavía no hemos podido dar por finalizado el show de contradicciones en los que se convirtió una gran parte de la iglesia por el simple hecho de leer la Biblia e interpretarla a su manera o, lo peor, a la manera de los cabezones que fundaron la denominación. Mira este pasaje: (1 Tesalonicenses 5: 22) = Absteneos de toda especie de mal. Si este versículo te suena como demasiado legalista, entonces tendrás que coincidir conmigo que Pablo, era legalista. No. No te confundas. Pablo lo dice con claridad y justicia: de TODA especie de mal. La diferencia comienza a surgir cuando nosotros, con dudosa sabiduría y con un incomprensible temor a que ciertas ovejas huyan despavoridas del redil, hemos decidido por allí en alguna reunión de buena voluntad, que “hay males mayores, importantes, y que hay males menores y permisibles”. Esa también es una mentira satánica.

El mal es el mal y en Dios no mora en el mal, por lo que muy difícil será aceptarlo EN CUALQUIERA de sus manifestaciones en los que andan por allí declarando ser sus hijos. ¡Claro que no te estoy hablando de homicidios, adulterios o fornicaciones! Eso es más que visible; hablo, en todo caso, de celos, envidias y fraudes, dentro del cuerpo, tales como pagar trabajos de relación de dependencia con “ofrendas de amor”, un muy “cristiano” eufemismo para disimular evasiones fiscales. Porque este engendro dialéctico de la muletilla religiosa, sólo será apenas un engaño sutil de mucho pueblo evangélico para pagar salarios en negro y así hacer exactamente lo que el propio Jesús mandó no hacer: evadir impuestos. No sé si este versículo te suena legalista, pero tengo que decirte delante del Señor que sigue siendo vigente.

Jesús pagó sus impuestos a un gobierno que era tan o más corrupto que cualquiera de los que nosotros, en cualquier país que vivamos, tenemos por corruptos. Y no fue algo casual o un divertimento usando pececitos, fue algo importante que deseaba fuera enseñado. Por algo lo dejó escrito. De otro modo, dime con total transparencia, ¿Qué razón hubiera justificado insertar en un libro como es la Biblia, un relato de un grupo de muchachos pagando impuestos con monedas sacadas de la panza de un pez? Si aquí no hay una enseñanza puntual sobre un suceso puntual, no sé de qué estamos hablando. (1 Juan 2: 15) = No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Sé perfectamente que este verso ha sido argumento para marginarse de la sociedad y crear una supuesta santidad de monasterios.

Eso, ya sabemos, no funcionó, sólo trajo alcoholismo, homosexualismo y hasta pedofilia. De todos modos, bajo esa interpretación tan santa o santurrona, sí parece que Juan era un legalista. Pero el espíritu del pasaje es muy diferente. La palabra MUNDO, en este texto, es la palabra KOSMON, y no te habla de gente, te habla de una especie de espacio o tiempo cósmico que se podría sintetizar, en una palabra: SISTEMA. De sistema mundano perverso, en este caso, aunque también hay otros, incluyendo al religioso. ¿Sabes cuantos creyentes fieles y sinceros, todavía, eligen vivir de acuerdo con el sistema del mundo, porque no terminan de confiar en el sistema de Dios? Lo que te está diciendo Juan es que no pongas tu sentido o sacrifiques tu vida por algo que: 1) Apela a los apetitos de la carne. 2) Fomenta la codicia o la ambición. 3) Suscita el orgullo o la arrogancia.

 A esto se refiere Pablo cuando dice en Romanos 12:2 que debemos renovar nuestro entendimiento porque esa es la única vía que nos permite conocer cuál es la voluntad de Dios agradable y perfecta para este tiempo. Ver un partido de fútbol o un programa frívolo en la televisión no es pecado, eso es más que obvio. Pero vivir las veinticuatro horas del día y la vida entera misma sin otro objetivo que el seguimiento de los colores de una camiseta deportiva o postergar cualquier cosa por un programa de televisión es una suerte de esclavitud permitida que te lleva a un grado de idolatría que, a su vez, te apartará del amor, el poder, la unción y la presencia de Dios. Sé de lo que te estoy hablando. Cualquier ministro argentino seguramente ha tenido que pelear fuerte contra la idolatría masculina a un club de fútbol o femenina a una telenovela importada.

Es el mismo concepto que desliza Jesús cuando habla, en Mateo 6:24, de la imposibilidad de amar o servir a dos señores: Dios y el dinero. Lo corrobora Santiago 4:4 cuando habla de lo pernicioso que resulta la amistad con el sistema. ¿O no hay congregaciones que han elegido, establecer arreglos y convenios con partidos políticos o gobiernos de turno? Pregunto: Si tú, creyente, quieres participar en la política de tu país y postularte como candidato a algo, ¿Lo harás con el sistema de Dios o con el sistema electoral del mundo secular? Selah. (Lucas 13: 3) = Os digo: antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Esto sí que suena demasiado legalista, ¿No? Bueno: primero tengo que decirte que no lo está diciendo Lucas, lo está diciendo el Señor. Entonces, ¿Jesús era legalista? De ninguna manera. Siempre hay un principio espiritual encerrado en un texto literal.

 De otro modo, la letra te mata. ¿Cuántos saben que la Palabra es vida? ¿Será esto una contradicción? La Biblia no se contradice. Cientos de científicos de alta sabiduría humana han dejado sus vidas tratando de demostrar lo contrario Los epitafios que se leen en sus sepulcros, lo atestiguan. Pese a la literalidad del texto, Jesús transfiere el significado de estos incidentes (En este caso se habían matado dieciocho trabajadores en un accidente), a la esfera espiritual. Él no hace teoría sobre la retribución, sino que habla de las exigencias urgentes del presente. Conclusión: si pongo en mi balanza del rechazo y la repugnancia, por un lado, al Legalismo y por el otro a la Permisividad, descubro que pesan lo mismo. Y como todo exceso o extremo es malo, puedes imaginarte lo que sucedería en un caso o el otro.

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enero 19, 2024 Néstor Martínez