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Cuadernos Reales 8

Herida que Sangra, Sana

En los últimos años, y ahora con más intensidad, Dios ha estado y está preparando un pueblo que Él va a llamar el día de la matanza. Ellos no van a ser sacudidos cuando todo sea sacudido por Dios. Ellos tendrán alta quietud y fortaleza, van a tener su confianza en Él. Ellos no van a ser consumidos. Ellos no se van a desanimar, ni estarán cabizbajos. No habrá confusión en ellos. Sabrán que Dios los ha preparado para esta hora. Estarán bebiendo de los ríos de agua viva. ¿Crees eso? En el día que Dios eche abajo todas las fortalezas en las que confiaban los hombres y la iglesia apóstata, cuando comience la gran matanza de ministerios centrados en hombres, entonces ¡Su pueblo estará bebiendo de los manantiales de agua sobrenatural!

Pero lo mejor de todo es que estos santos heridos, pero confiados y anhelantes, entrarán en la revelación más grande y brillante de Jesucristo que alguna vez fuera dada a la humanidad. Cada día que reste antes del regreso de Cristo, este pueblo arrepentido, confiado y anhelante lo contemplará con siempre creciente luz. Este cuerpo disfrutará una revelación de Jesucristo siete veces más intensa que todas las revelaciones pasadas. Nos encontraremos con él, como su novia, vestida con su brillantez. Si este mensaje asusta o molesta a alguien, es mejor que ese alguien escudriñe su corazón. Este no es un mensaje de condena o de tristeza para los vencedores. Aquellos que confían completamente en el Señor se regocijarán, porque el día de nuestra redención se acerca.

Yo soy uno de los predicadores más animados del mundo. Casi no puedo contener mi gozo. Porque Dios está a punto de echar abajo, sacudir y arrancar todo lo que es del mundo y de la carne. ¡Santos! ¡Regocíjense conmigo! ¡A ustedes les hablo! ¿Nunca los llamaron así? ¡No se avergüencen! Mientras el Señor no diga otra cosa, eso es lo que son…o somos; santos. Claro; tú has escuchado esto y también, seguramente, has oído algunos otros trabajos míos y no puedes menos que pensar: está bien: Néstor está trabajando sobre esto y no hay nadie que se lo saque de la cabeza. No sabe hablar de otra cosa. Y si entre los lectores u oyentes hubiera alguno un poco más quisquilloso, seguramente estaría pensando en este momento que mucho mejor hubiera sido que yo usara este espacio para hablar de cosas bonitas y positivas y no seguir insistiendo con Babilonia, su caída y todo eso que repito, repito y repito.

Es entendible que pienses así porque hasta este tiempo has estado demasiado cómodo, sin más compromiso que una asistencia puntual y regular a los servicios de tu congregación, el trabajo en alguna de sus áreas, la entrega puntual de tus diezmos y ofrendas y un apoyo al pastor principal. Por ese motivo, es lógico que tú y muchos más puedan fastidiarse conmigo, por estar hablando y hablando siempre del mismo tema, como si realmente no existiera otro, y sin probar auténticamente que sea eso en verdad lo que Dios está hablando en este tiempo. Muy bien. Si eres uno de los que ha pensado eso, yo te entiendo y hasta puedo justificarte.

Con esto quiero aclararte dos cosas. La primera, es que lo que yo estoy enseñando en este tiempo, no es en absoluto un invento mío, sino una directiva de Dios que no ha sido cursada solamente a mí en lo ministerial. Y la segunda de ellas, es comprobar esto que te he dicho. Hace ya más de veintitrés años que alguien con mucho más prestigio y nombre que yo, dentro del ambiente evangélico cristiano, recibió revelación sobre lo mismo. Y eso le proporcionó algunas joyas similares a las que hoy yo estoy recogiendo. Gente que se enoja y mucho. Gente que me trata de hereje. Gente que quiere marginarme porque está convencida (Quizás por enseñanzas intencionadas en sus iglesias) que estoy operando para Satanás. Gente que no puede ni quiere aceptar o creer todo esto. Todas esas salutaciones no son nuevas ni propiedad exclusiva mía. Son las mismas que también ha recibido cada hombre o mujer que simplemente haya decidido ser obediente a la voz de Dios. Igualmente, no le hace, Babilonia va a caer y con ella, todos los que son sus cómplices religiosos.  

He dicho en estos tan especiales momentos, y no precisamente por ocurrencia propia, porque jamás se me hubiera ocurrido a mí pensarlo así, que los últimos tiempos de la iglesia, son los que ya están llegando, y que de ninguna manera van a estar relacionados con templos, grupos u organizaciones. Quiero aclararte que, cuando digo últimos tiempos de la iglesia lo especifico así, para que se entienda de que tema estamos hablando. Porque si decimos nada más que los últimos tiempos, algunos pueden presuponer que se trata de tiempo de personas. En ese caso, si tenemos en cuenta que una persona vive un promedio de 80 o 90 años, los últimos tiempos partiendo desde esa base, serían unos 20 años. Si yo digo que entramos en los últimos tiempos y tú crees que son los próximos 20 años, alguien puede morirse antes de puro susto o terror.

Porque todos queremos que el Señor retorne, todos decimos que el vivir es Cristo y morir es ganancia, como dijo Pablo. Pero no todos, por no decir muy pocos, realmente mostramos tener prisa para que todo eso suceda. Es como si estuviéramos demasiado aferrados a esta vida terrena. De todos modos, no hay lugar, hoy, para esa clase de terrores. Porque cuando presenciamos las señales que nos muestran que estamos entrando en los últimos tiempos, hay que entender que se trata de los últimos tiempos de la iglesia, no de una vida humana. Y la iglesia, números más, números menos, tiene a estas alturas más de 2000 años de existencia. Por lo tanto, si vamos a hablar de últimos tiempos, tranquilamente podríamos referirnos a un lapso aproximado de doscientos años. Falta un poco, ¿No te parece? O no tanto, depende de cuando haya comenzado…

No obstante, y vuelvo al punto inicial, soy uno de los que Dios ha enviado a decirle al pueblo que, en los últimos tiempos, el cristianismo como tal, ya no será una iglesia, un pastor, un sacerdote y gente sentada, oyendo, entendiendo, no entendiendo, poniendo por obra y no poniendo por obra. Ser cristiano en los últimos tiempos, será sinónimo de tener y mostrar un estilo de vida diferente al practicado por el resto de la gente del común. Y no estoy hablando de andar de saco y corbata en una tarde de 40 grados de calor a la sombra de las zonas caribeñas con una Biblia debajo del brazo, ni tampoco de largas faldas con blusas abotonadas hasta el mentón por parte de las damas. Eso no es un estilo de vida, eso, en algunos casos, es una verdadera pieza magistral del ridículo humano.

El estilo de vida cristiano será el que, sin mayores aspavientos ni grandes elocuencias dialécticas, le permitirá vislumbrar al mundo que existe una forma de vida apartada de todas las declinaciones, vicios y promiscuidades que parecerían hoy ser obligatorias en la sociedad. Sin embargo, miles de cristianos, hoy, enfrentan enfermedades denominadas como “psicosomáticas”. ¿Qué es esto? Una dolencia que afecta la psiquis del hombre, o que implica y da lugar a una acción sobre su cuerpo, o, al contrario. ¿Tiene cura esta patología? Depende, porque no se presenta de una sola manera, sino de varias y a veces hasta combinadas entre sí. Hay profesionales especialistas en sanar la psiquis, pero también hay Palabra viva y activa en la Biblia, preparada para nuestra bendición. Será bueno tenerla en cuenta.

Hay un proverbio que te advierte que no debes entrar en veredas de impíos ni transitar por caminos de malos. Esto, obviamente, quiere decir que no estés en lugares donde hay pecado manifiesto. Aunque tú no peques, si estás allí a sabiendas, eres cómplice y, por lo tanto, culpable. Y se te recuerda que a cualquier forma de tentación debes abandonarla, apartarte de ella, no desafiarla. De cristianos bocones están llenos los abismos oscuros. Y también nos hace saber que encontraremos gente que no puede dormir si no han hecho caer a alguno al pozo del pecado. ¿Habrá gente así? Hay gente así. Entonces hay que cuidarse mucho y no andar demasiado lejos de la iglesia. Si te refieres a iglesia como pueblo genuino de Dios, de acuerdo. Si te refieres a iglesia como congregación determinada, entonces ten cuidado: también están allí los que no duermen y etc.etc.

Son los que comen pan de maldad y beben vino de robos. Esto significa que los que aman la maldad, entienden a sus maldades como algo tan natural como comer o beber. Y pone como contrapartida la senda de los justos, que al ser como la luz de la aurora va en aumento hasta que el día es perfecto. Eso sucede, naturalmente, cuando aparece el Sol de Justicia. Y también cuando desaparecen todas las estrellas. ¿Las del firmamento? ¡Claro! Pero también las de púlpitos y plataformas. De hecho, el camino de un incrédulo es como andar en la oscuridad, jamás van a saber con qué tropiezan. Ni siquiera entenderán qué cosa es tropezar. Esto nos habla de no ser impetuosos, ansiosos o irresponsables, porque eso trae como consecuencia natural, tropiezos de esta naturaleza.

Y luego se lee algo que se reitera en muchas ocasiones: inclinar nuestros oídos para entender sus razones. De hecho, inclinar el oído para oír razones o consejos de otros, es un símbolo de tomar la decisión de escuchar y valorar al que, en apariencia, está por debajo nuestro, ya sea en cultura, educación, status o capacidad económica. A esas razones debemos guardarlas en el sitio más preciado que tenemos, nuestro corazón. Si tenemos en cuenta que el corazón es la identidad de la persona, lo que te estoy diciendo es que a estas palabras las debes incorporar a un estilo de vida que estás obligado a mostrarle al mundo. Mostrar una identidad de ese calibre, no solamente nos proporciona vida, sino incluso salud, tanto física como mental y espiritual.

¿Te das cuenta que en la Palabra de Dios, Él te está revelando la forma de vida que satisface, que nos lleva siempre a la victoria? Conquistando toda debilidad humana y trayendo en forma creciente alegría, sanidad, seguridad y paz. Esto está a disposición de todos los que escuchen, que acepten y que decidan aprender en obediencia a sus mandatos. Las patologías psicosomáticas podrían evitarse perfectamente si prestáramos debida atención a estos preceptos que no emanan de una congregación o un líder humano, sino de Dios mismo a través de sus mensajeros inspirados en Palabra genuina.

Y más adelante te añade una serie de conceptos que siempre debemos tener presentes y activos de manera permanente en nuestro día a día. Uno, es que cuando encubrimos el odio, nos convertimos en gente mentirosa. Y que, si propagamos rumores falsos sobre alguien, somos directamente corruptos y además necios. Lo primero habla de la más clásica y tradicional de nuestras hipocresías. Y no estoy hablando de gente mundana. Lo segundo, es para hacer un afiche y pegarlo en la entrada de todos los templos cristianos. Otro: que aquellos que hablan demasiado, terminan pecando en algo. Por eso la prudencia aconseja frenarnos y hablar solamente lo correcto y necesario

El hombre es dueño de todos sus silencios y esclavos de todas sus palabras. Y así es, aunque el pensamiento provenga del mundo pagano. Porque nosotros tenemos otro que se le parece y mucho: las palabras atan. Y cuando atan, lo hacen para el bien o para el mal. Porque hay uno que dice que es como plata seleccionada la lengua del justo y como nada el corazón del malo. El justo, que es el creyente sólido, obediente y genuino, cuando abre su boca, siempre lo hace para bendecir. Quien reciba sus palabras, saldrá bendecido y con paz en su corazón. Ese corazón, si es impío, es como la nada, porque en el corazón está nuestra identidad, y un impío aún no la tiene en el ámbito del espíritu.

Por esa razón hace tanto hincapié en que los labios de ese justo son apacentadores, en tanto que los que son necios se mueren sin llegar a ver el entendimiento. A ver; ¿Qué significado tiene apacentar? Muchos, pero se me ocurre que, para mejor interpretación de este concepto, puedo darlo como sinónimo de una palabra muy de moda en este tiempo estresante: contención. Y sólo un creyente puede darla. Un necio no sólo no podrá hacerlo, sino que se terminará destruyendo a sí mismo por falta de entendimiento. ¿Podría haber alguna clase de bendición de alguien que proporcione tristeza en lugar del gozo que nos brinda la que viene de nuestro Dios? Sí. Los satanistas también le llaman “bendiciones” a las cosas que Satanás hace para ellos. Pero la consecuencia y la sensación, siempre es de temor, tristeza y angustia. Y, obviamente, el costo o el precio final, mucho más trágico.

Otro nos dice que hay gente para la que, hacer maldad, es una diversión. Doy fe, lo he visto y resulta poco menos que increíble. Hay gente que cuando el sol comienza a aparecer en el horizonte, cada mañana, comienza a pensar a quien podrá agredir ese día. Suponen que, si no lo hacen, se están volviendo débiles. Son pobres almas asfixiadas por váyase a saber que viejos traumas, y necesitan ejercer alguna clase de violencia para sentirse bien. De hecho, los demonios se hacen un festival con ellos y los usan a full. Finalmente, nos recuerda que dice la Biblia que todo lo que digas, creyendo, te será hecho. Muchos han entendido que esto se refiere a las cosas buenas que tú debes declarar y creer para que sucedan, pero no es así. La Palabra dice que es TODO lo que digas. Y lo reiteraré una vez más: cuando la Biblia dice todo, significa que es precisamente eso: todo.

Un muy conocido y respetado héroe de la Segunda Guerra Mundial y gobernante en su país por años, dijo alguna vez que: las personas pasan mucho tiempo de sus vidas temiendo que suceda algo que, en definitiva, nunca llega a ocurrir. Eso, y decir que tenemos temores infundados e innecesarios, es lo mismo. Y mucho más si sabemos de donde provienen los temores. Debes tener muy en cuenta este detalle. Todo aquello de lo que tengas temor que ocurra, ocurrirá. Si un impío tiene miedo de enfermar, enfermará. Si teme que le roben, le robarán. El deseo de los creyentes, por el contrario, será establecido para siempre por la simple acción de confesar la Palabra de Dios.

La palabra justa, quiere decir concretamente viviendo correctamente. No se trata de establecer dogmas o estatutos de vida. Simplemente se trata de ser obediente al propósito y la voluntad de Dios y vivir como Él nos manda. Eso, ya nos hace acreedores a la bendición suma. Todos los buenos pensamientos, inexorablemente retornarán hacia nosotros en una forma multiplicada. Asimismo, todos los pensamientos sin amor, las críticas, pensamientos centralizados en nosotros y toda muestra de egocentrismo, provocarán desastres en las vidas de quienes los posean. Job descubrió eso, fíjate.

Es cierto; cuando queremos hablar de un sufrimiento mayúsculo, de una crisis tremenda y de una angustia sin límites, entonces el único ejemplo que tenemos a mano, es el de Job. ¡Pobre Job!, decimos. ¿Será tan así? ¿O es nuestra visión respecto al sufrimiento, que por allí no fue necesariamente la de él? Donde él habla de Aflicción, el término de los originales es amal, y tiene que ver con Pena, labor, dolor, problema, miseria, fatiga. Este sustantivo es usado 56 veces en el Antiguo Testamento. Su raíz es el verbo ‘amal, que quiere decir laborar o afanarse hasta quedar exhausto.

Este verbo se usa en el Salmo 127. Ese, entre otros ejemplos, nos muestran cabalmente un principio básico en todo lo que se haga para el Reino. Es a partir de una idea del Rey con dirección puntual de su Espíritu Santo o no es nada. En este caso, alude al agotamiento de los obreros que están tratando de construir la casa de Dios sin su cooperación. Cuando José finalmente obtuvo la felicidad luego de sufrir la traición familiar, una infeliz esclavitud y un justo aprisionamiento, dijo: “Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre”. Esto se refería a su angustia, dolor y pena.

No es necesario especular sobre si los temores de Job dieron lugar a este dilema. Lo anterior del relato aclara que la tragedia tuvo su origen en la iniciativa de Satanás, no en las vacilaciones o temores de Job. Sin embargo, Job reconoce sus temores, una tendencia innata a nuestra condición humana. Ellos no reflejan su incomprensión de la naturaleza de Dios, sino su comprensión de los impredecibles del devenir humano. Hay tres palabras usadas en este texto que son, de alguna manera, un símbolo de lo que puede experimentar alguien que está sufriendo problemas de los llamados “psicosomáticos”. Un temor elevado al grado de espanto, una falta total de paz como producto de no tener reposo adecuado, y una turbación final que tiene que ver, directamente, con el mal de este tiempo: confusión.

Quiero añadirte, aunque supongo debes saberlo porque lo he dicho mil veces en otros tantos estudios, que confusión es la traducción al español de una palabra bíblica: Babel. Y que Babel, a su vez, es de donde luego provendrá nuestra palabra más conocida en este tiempo: Babilonia. Quiero que entiendas debidamente, que cada pensamiento carente de amor que pasa por nuestras mentes, está edificando una condición no deseada en nuestro cuerpo y en nuestra vida. Los médicos en general están de acuerdo que el ochenta al noventa por ciento de las enfermedades, son el resultado de esto.

La mente del hombre, refleja al hombre. El hombre, tal cual piensa, tal cual es. El espíritu creativo de Dios, edifica en cada alma lo que cada uno piensa y sentimos. Cuanto más profundo y más tiempo mantengamos un dolor, o pensamiento sin amor, nuestras glándulas en el cuerpo estarán creando más cosas no deseadas. Debo tener mucho cuidado con lo que digo sobre este tema, o quizás en como lo digo, ya que hay infinidad de propuestas ligadas íntimamente con el esoterismo, que también hacen especial énfasis e hincapié en la participación activa de las emociones en todas las enfermedades.

Satanás sabe lo que hace. Apunta sus dardos a la confusión con la finalidad de, partiendo de la base de una verdad visible, tergiversar luego el contenido para empujarnos a una mentira. El tema no está en el diagnóstico, sino en la forma de sanidad. Por alguna clase de motivo, una persona que padece un mal determinado, comienza a referirse a ese mal llamándolo “mi enfermedad”. El médico confirma esto cuando, en medio del tratamiento, le habla al paciente de “su enfermedad”. Esto quiere decir que, mayoritariamente, y con excepción de cuestiones muy puntuales, las personas determinan, con sus emociones, las patologías que presentarán. De allí que, cuando un paciente presenta un cuadro determinado e imprevisto, el médico suele decir: “hizo un …”, y le da el nombre clínico a la enfermedad que sea. No es casual. Pero, aprende esto: ninguna enfermedad es tuya. Es el resultado de lo que el reino de tinieblas pudo hacer en tu cuerpo. Córtalo en el nombre de Jesús. Pero con clave para que funcione: CRÉELO.

Dice otro proverbio muy conocido que hay quienes reparten y les es añadido más, y hay quienes retienen más de lo que es justo y terminan cayendo en pobreza. Está más que claro: una persona que da con libertad, crece cada día en riquezas. Otro que no da lo que debería, sólo sufre permanentemente una necesidad. Un hombre con libertad en dar, será enriquecido. Y créeme que este no es un recurso extraído de la tan difundida y fraudulenta Teología de la Prosperidad, esa donde te invitan a llevar y dejar cien dólares en la plataforma, prometiéndote que, en la semana, Dios te lo multiplicará por cien o por quinientos. Jamás compartí esa forma de abuso ni lo haré. Pero lo que Dios dice, lo dice y se lo debe respetar. Dios sigue amando al dador alegre. Y te aseguro que ningún hombre, en su carne, siente alegría cuando debe dar algo a alguien…

De todos modos, no sé qué es peor, si aquellos cristianos ingenuos, crédulos, pero, al mismo tiempo, también llenos de codicia y ambiciones de riqueza, o los ministros que andan dando vueltas por el mundo con esta teología, que carecen totalmente de escrúpulos y están fuera del propósito y la voluntad de Dios. De hecho, los unos viven a expensas de los otros, pero está más que evidente que ambos, por fuera del diseño divino. Por otra parte, aquellos que se apoyan en sus riquezas, están a punto de desmoronarse y caer con gran estrépito, pero los que dan con libertad y generosidad, fuera de toda especulación o manipulación humana, florecerán.

Las patologías psicosomáticas tienen varias facetas, pero esencialmente están vinculadas a la lengua, a lo que decimos, a lo que sin querer podemos declarar. Cosas que en el mundo natural parecen no tener importancia, pero que en el mundo del espíritu atan, y muy fuerte. En el Libro de los Números, hay un relato que tiene que ver con el episodio donde Israel rehúsa entrar en Canaán. Es toda una larga historia que nos sirve hoy para darnos cuenta cómo funcionan estas cosas. Lo más concreto, es que Israel no quería entrar donde Moisés los llevaba. Dice que toda esa congregación lloró, dio voces y se quejó contra Moisés y su hermano Aarón. Y dice que fue toda la multitud, no algunos.

El pueblo entonces se desesperó y declaró que sería preferible estar muertos que arriesgando todo en una tierra desconocida, árida y complicada. A esto no lo dice Moisés, no lo dice Dios, ni lo dicen los sacerdotes del pueblo: es el propio pueblo quien declara desear morirse allí mismo. ¿Hizo Dios oídos sordos a esa declaración de su pueblo? No. Dios nunca hace oídos sordos a lo que sus hijos declaran y decretan. Su propia ley lo demanda así. Por lo tanto, no tuvo otra salida, más adelante, que la que se puede ver y comprobar. Simplemente dijo: ¿Dijeron que prefieren morirse? Pues que sea como dijeron.

Todas las versiones coinciden con esta expresión. Dios experimenta ira santa por causa de los dichos de sus hijos y, como escarmiento preciso, resuelve dar lugar al pedido de ellos. Ese ¡Ojalá muriéramos!, más adelante, tendrá concreción específica. Las palabras atan. Todo lo que dijeres creyendo, Todo, os será hecho. No solamente lo bueno, sino también lo que no lo es. ¿Qué es lo que debemos hacer, entonces? Cuidar nuestra lengua, establecer pautas muy precisas respecto a lo que decimos. Así como no debemos hablar en voz alta de nuestras debilidades, así tampoco podemos declarar maldiciones en nuestra contra. Hay una forma de vida que parte desde las mismas escrituras. Ah, y la “ira santa” sólo es patrimonio de Dios. Nosotros no estamos habilitados a sentirla. Todavía no somos suficientemente santos…

Sin ir mucho más lejos, Santiago, desde su carta, enfoca aquí, a cristianos que viven como si a Dios no le interesaran las decisiones diarias. A ellos los llama Cristianos Agnósticos. Son cristianos porque dicen creer en Cristo y Agnósticos porque planean sus días como si Dios no existiera. Otro tipo de cristianos hace planes para el futuro, y luego invitan a Dios a bendecir lo que ya han decidido. Cuando Él no los acompaña en sus planes se enojan y lo acusan de estar desinteresado en su bienestar. Muchas, demasiadas iglesias o congregaciones se manejan así. ¿Cristianos o Agnósticos? Nunca se les ocurre, a estas personas, que la razón de sus fracasos es que estaban fuera de la bendición y la voluntad de Dios. Tenemos que entender que Santiago no está en contra de cristianos haciendo planes, pero sí en contra de aquellos que los hacen sin el consentimiento de Dios.

La pregunta, es: ¿Cómo sabemos lo que va a pasar mañana? Esto no nos debería hacer andar a la deriva y cerrar nuestros ojos por semanas y años a venir. Eso sería un tanto pesimista, como aquella persona que dijo: “Nunca llevo el almuerzo al trabajo por si me echan antes del mediodía”. Santiago apunta a que deberíamos andar con gozo, confianza, haciendo planes a corto y largo plazo, declarando victoria, pero pensando todo el tiempo: “Señor, durante el tiempo que estoy sobre la tierra, muéstrame tu voluntad para que yo pueda planificar mi vida de acuerdo con tu diseño divino”. Porque cuando tú haces planes dentro de Su voluntad, tu vida automáticamente deja de verse frustrada ante algún obstáculo y, ya no hay puerta cerrada o situación devastadora. Ante una situación complicada uno se pregunta: ¿Qué haría el Señor esta vez?

Yo creo fielmente que, si el hombre tomara debida nota de ciertos principios muy específicos que están en nuestras biblias, el hombre prolongaría su vida sobre la tierra, ya que no enfermaría de nada relacionado con el estrés, los excesos de ambiciones o las cargas emocionales por ansiedades no resueltas. Ejemplo: atención con esto. Siempre se nos ha enseñado, respecto a que cuando se nos dice que no debemos temerle al hombre, se refiere a aquellos que, en el mundo, puedan amenazarnos. Sin embargo, conforme a la experiencia actual, puedo extender este concepto perfectamente al ámbito interno de las congregaciones cristianas respecto a ciertos líderes que han tomado como estrategia de conducción “normal” la de llevarla a cabo a partir de infundir temor en lugar de autoridad o respeto.

Estoy convencido que debemos pedirle al Señor que nos enseñe a planear nuestras vidas bajo dos puntos básicos: no abrir nuestras bocas para atarnos a fracasos o impedimentos, y planear nuestras vidas con Él como director exclusivo, sin cometer el pecado de no acodarnos de Él recién después que esas cosas sucedan. Yo no puedo vivir bajo los efectos de mis propias palabras, así que mi Padre deberá sanar y purificar mi boca y mi lengua. Tampoco puedo vivir con mis propias ideas, tengo que vivir en las Suyas, no adivinando nada, pero sí estando seguro de cuál sea SU visión. Desde este día puedo esperar confiado en que Él pondrá en mi boca las palabras que no me traigan deficiencias somáticas, y que también será claro en transmitirme Su visión de las cosas para que yo pueda hacer Su voluntad y no la mía.

No deseo hacer un estudio sistemático ni ortodoxo del capítulo 34 de Ezequiel. Lo recibí como palabra para hoy y ahora, pero no lo examinaré con capítulo y versículo porque mi Padre ya sabe que a esto no voy a construirlo así, es algo de común acuerdo. No porque la causa no lo amerite, sino porque mi intención, aquí, es que tú veas con claridad en qué tiempos de la iglesia estás viviendo y por qué te sientes cómo te sientes, luego de salir del amparo, pero también de la prisión opresora de los templos. De allí que vamos a ver a este Ezequiel desde la sencilla y no tan sencilla óptica de la revelación fresca y específica. Fuera de la historia, fuera de las costumbres, fuera de los seminarios y de lo aprendido y asumido como único. En suma: vamos a ver si Dios está hablando desde su Palabra hoy mismo, o no…

Lo primero que se le ordena de parte de Dios mismo, es profetizar contra los pastores de Israel. No profetizar de, ni para, ni por. Dice contra, eso está claro. De hecho, ya te habrás dado cuenta que aquí no está hablando de pastores tal como tú los conoces, sino de aquel sacerdocio que, sin embargo y casualmente, si es que existen las casualidades, se asemejaba bastante a algunos liderazgos actuales y muy poco a lo que Dios había pensado para bendecir a su pueblo. ¿Recuerdas lo que le dice sobre ellos? Casi nada, que sólo se apacientan a sí mismos. Hay una crítica y una pregunta cuya respuesta Dios ya conoce. La crítica radica en que los pastores de Israel se apacentaban a sí mismos. Esto es: todo lo que hacían, trabajaban y ministraban tenía una intención esencial: sostenerse en la función, enriquecerse si fuera posible o, en el mejor de los casos, sobrevivir con la tarea.

Israel, que no es un nombre propio sino un apodo (El que lucha con Dios), dado a Jacob, es hoy tipología de la Iglesia. Aquellos pastores tienen hoy su correlato en los que los hombres han decidido que lo sean. Porque son los hombres, merced a sus organizaciones, los que levantan, ordenan y acreditan pastores. ¿Notas alguna diferencia, en la mayoría de los que conoces y salvando las muy bendecidas y honrosas excepciones? La pregunta con cierto dejo de ironía que Dios hace a ese liderazgo, es: ¿No deben esos pastores dedicarse a los rebaños? Y nota en esta expresión dos detalles muy singulares: Uno: los llama rebaño, que es un grupo de ovejas en libertad, que camina por donde lo desea buscando buenos pastos, y no redil, que es una prisión donde la oveja está obligada a alimentarse con lo que haya, aunque sea hojarasca, si es que no le traen otra cosa.

Y un mínimo detalle que solamente con la luz que el Espíritu Santo te pone en tus ojos espirituales para ver cosas que a una gran mayoría se les escapa, puedes descubrir: encontramos que dice a los rebaños, en lugar de lo que hoy diría cualquier dirigente religioso si se dirige a los pastores de una congregación determinada: a sus rebaños… Y no se detiene allí, porque les dice que se comen la grosura, que es como decirles que se apropian para sí de las ofrendas, y que se visten de lana, algo que da a entender el abuso respecto a los bienes económicos de la gente. Y lo remata diciéndoles que degüellan la engordada, que es como decir la que espiritualmente está crecida, porque ellas son las que más estorban y que no las apacientan, no las alimentan, no tienen palabra ungida, sólo discurso intelectual.

Los acusa de no fortalecer a los débiles, que es como decir que cometen abusos con los más tímidos, retraídos o sometidos por el tan vapuleado asunto de la sujeción. Tampoco se ocuparon de los enfermos, y no sólo de los de índole física. Falta de consuelo y respaldo, así como de ayuda a los que sufren por diversos motivos. Cuando alude a no colocar vendas a las perniquebradas, se refiere a no restaurar o reacomodar a las equivocadas o que caminan en error. Del olvido para con la descarriada, que es como decir que cuando un miembro de su grupo cae en pecado, nadie se le acerca para procurar arrepentimiento, perdón, restauración, otra oportunidad. Y, como cierre de estas enumeraciones, habla de los excesos de enseñoramiento. Algo así como decirte que, si no te sujetas incondicionalmente al líder, estás fuera. De la congregación y de la vida eterna…

Y es Dios mismo quien le hace saber a Ezequiel que SUS ovejas, (Porque creo que nadie puede cuestionar que las ovejas son de Dios y no de un líder), andan errantes por falta de pastor. De hecho, no se está hablando de falta de gente con credenciales de pastores u ordenadas por las denominaciones. Se está hablando de gente que cumple la tarea pastoral sin ser levantados por el Señor para ello. Y que por esa razón se han dispersado. Lo hemos visto. Algunas a la iglesia de la otra calle, otras de retorno al tradicional catolicismo romano, otras reuniéndose entre ellas en sus viviendas, otras no reuniéndose con nadie y sobreviviendo con audios, videos, escritos, redes y otras, finalmente, de vuelta a Egipto, esto es: al mundo que un día los vio arrepentirse, pedir perdón y salir para vivir en fe. Tristísimo, pero sumamente actual.

Una vez más, Dios mismo le dice a Ezequiel que anduvieron perdidas SUS ovejas por todos los montes. Directamente se lee MIS ovejas. Y me gusta recordarlo de modo permanente, porque todavía quedan muchos, pero muchísimos ministros que insisten en pensar y creer que las ovejas son suyas y no de Dios. ¿Dónde viven? ¿Dentro de un termo? ¿Quién les da letra a sus mentes para pensar eso? Son los mismos que luego organizan monumentales clínicas o congresos de guerra espiritual, sin que se les mueva un músculo facial de vergüenza. Cuando dice que andan perdidas por todos los montes, eso alude a que se fueron tras doctrinas pintorescas y hasta diabólicas disfrazadas de cristianas. Y cuando añade que también en collados altos, está dejando en evidencia que hay congregaciones que, más que resguardarlas, las aprisionan.

A mí, en lo personal, la expresión que más me impactó, o al menos una de las que Ezequiel reproduce, fue la que dice que esas ovejas fueron esparcidas por toda la faz de la tierra, ¡Y que no hubo quien las buscase ni quien preguntara por ellas!  De esto último te puedo dar fe. Si has leído mi primer trabajo en formato libro (“Una Mosca en la Nariz”), lo habrás observado allí como parte de mi testimonio. Fui una de esas ovejas que, acertada o equivocada, un día recibió la orden y se fue del que era su redil. ¿Te piensas que alguien se tomó el trabajo de salir a buscarme, tal como lo enseña el relato de la parábola de las noventa y nueve? Y no estoy pretendiendo decir que yo era alguien importante o necesario, estoy mostrando que, conforme a nuestros rudimentos tradicionales, si estás allí, les eres útil, pero si te vas, adiós y que te vaya bien, o como sea…

¿Supones que algunos de los que habían sido los encargados de suministrarme alimento, protección y la tan famosa mentira evangélica de la cobertura, tuvo la mínima idea de, – Al menos – preguntarle a alguien que sucedía con toda nuestra familia que ya no estábamos allí cada domingo?  Puedo darte aquí mismo la respuesta. Que no habla mal de esos hombres, sino que es apenas una muestra de la misma actitud de tantos otros en la misma condición, sino de un elemento básico: ellos sabían cuál iba a ser mi respuesta, y no tenían el menor interés ni deseo de oírla… Hay dos reacciones humanas clásicas ante algo así: o procuro hacerte callar o me tapo los oídos y te ignoro. Pregunto: ¿Qué tiene que ver eso con un pueblo lleno de amor al Dios Padre y entre sus hijos?

Y luego viene una expresión directa dirigida, dice, a los pastores. ¿A quién le está hablando? A los pastores. ¿De Israel? En el tiempo literal de la historia, sí. En el tiempo espiritual eterno, a los que hoy ves aferrados a sus cargos, posiciones, púlpitos y privilegios. ¿Y quién es el que va a hablar según lo expresa Ezequiel? Jehová. Sabes quién es, ¿Verdad? Y ahí mismo, sin anestesia, les tira que SU rebaño fue allí ¡Para ser robado! A ver; ¿Se supone que Dios está diciendo que en algunos rediles los pastores le roban al rebaño? No quiero agregarle nada a la Palabra escrita, tú tienes la misma Biblia y disciernes todo igual que yo, porque tienes el mismo Espíritu Santo que yo.

Y allí es donde vuelve a repetir lo que ya mencionó antes: que los pastores se apacientan a sí mismos y no lo hacen con SUS ovejas ¿Querrá decir esto que Dios ya sabe que la mayor parte de los pastores ejerce esa función como medio de vida material o incluso salarial? Vuelve a usar tu discernimiento, por favor; no dejes que yo te influya. Y sigue diciendo: Por tanto, oh pastores. ¡Ey! ¡Es para ustedes, pastores! ¡No miren por otro lado con rostros de yo no fui! Oíd palabra de Jehová: Perdón, ¿Quién va a hablar? ¿Ese hermano que lo sacaron de las radios y los templos por confrontar a los pastores corruptos y ahora dice las mismas barbaridades por Internet? No. Perdón, pero aquí dice que va a hablar Jehová. Dios. Jesucristo. Espíritu Santo. La suma de la deidad. Tienes la opción. Puedes oírle a Él o seguir oyendo a tus teólogos denominacionales.

Y no se detiene allí, Ezequiel cuenta que Dios le dice: He aquí, yo estoy contra los pastores; ¡Un momento! ¿Mientras Dios dice que está contra los pastores, nosotros seguiremos pidiéndole en oración que los haga cambiar? y demandaré mis ovejas de su mano, Te queda claro, ¿Verdad? MIS ovejas de SU mano. ¿Está claro para ti, o necesitas que te lo repita? y les haré dejar de apacentar las ovejas, Esto equivale a decir que serán desempleados de sus cargos eclesiásticos ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida. YO libraré, dice. La gente no toda se va de los templos porque es mala, conflictiva o rebelde. En la mayoría de los casos se va porque Dios las está librando de esos pastores. ¿Puedo anotarme en esa con toda mi familia? Así fue. Piensa lo que mejor te agrade, pero así es como sucedió.

Y luego es muy práctico y concreto nuestro Padre. Dice que Él mismo irá a buscar a SUS ovejas y que las reconocerá como tales. Cuidado: No dice que enviará a tremendos ungidos a buscarlas. Tampoco dice que restaurará a esos malos pastores y logrará que ellos mismos salgan a buscarlas. Dice que EL MISMO lo hará. Sin hombre alguno que lo represente ni lo ayude. Como decimos en Argentina: “Más vale solo, que mal acompañado”. ¿Cómo lo hará? No lo sé, no es mi trabajo decirle a mi Dios cómo tiene que hacer lo que ya ha decidido por Él mismo hacer. No hay ni puede haber hombre alguno que tuerza de manera compulsiva la voluntad y el propósito de Dios. A eso es a lo que se le llama Soberanía y Majestuosidad.

Dice que Él va a realizar esto como si fuera un pastor. Por lo tanto, lo que está diciendo es que Él va a tomar el lugar que tenían esos pastores. Y es en modo relevo, no ayuda, que quede claro. Asimismo, las librará de todos los lugares donde fueron esparcidas, esto es, las falsas congregaciones, en el día del nublado y oscuridad, que tiene que ver con que es un día donde no se ve el Sol de Justicia y que, en su lugar, ya sabes; oscuridad siempre es diablo y Satanás. Y añade que traerá a SUS ovejas a su PROPIA tierra. ¿Cuál es esa tierra? La que fluye leche y miel. Estas ovejas son las que, por imperio de tantas circunstancias, vamos a terminar definiendo como el remanente santo. Y dice que Él las va a apacentar en su propia Palabra. ¿Y cómo lo hará? Por medio de su Espíritu Santo que abrirá todos los ojos cerrados de aquellos que buscan la verdad. Hoy ya lo está haciendo. HOY.

Luego le dice, y presta mucha atención a esto, que en buenos pastos las apacentará y que en los altos montes de Israel estará su aprisco. Que allí dormirán en buen redil y que en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes. Vamos linealmente y por partes, a desmenuzar (Que es sinónimo bíblico de escudriñar) lo que Dios dice aquí. Dice que las apacentará, Él mismo, no “por intermedio de”, con buenos pastos. Esta palabra en los originales, es la palabra tob, y significa algo así como “benévolo, bondadoso, cualquier cosa que sea correcta, agradable o alegre.” Es lo opuesto a la pena y la maldad. Este adjetivo aparece más de quinientas veces, con un alcance mucho más amplio del que tiene la palabra “bueno” en el idioma español. Podemos traducirlo sin temor a errores, como incomparable, inconmensurable, divino, único.

Ahora bien: si Dios mismo dice que cuando Él se haga cargo de SUS ovejas descuidadas y maltratadas por esos pastores irresponsables, las apacentará con buenos pastos (Es equivalente a buen alimento espiritual), es porque indudablemente lo que esos pastores le daban era malo. ¿Correcto? Este es el punto, sino clave, al menos muy importante y esencial a la hora de entender lo que está sucediendo a lo largo y ancho del planeta. Ante la híper abundancia de palabra hueca, sin contenido, plena en humanismo y filosofías paganas, cuando aparece algo de palabra fresca, verdadera y genuina, el verdadero creyente cree haber llegado ya mismo al cielo. Es el tiempo presente. Luego dice que ese rebaño (Dios siempre le llama “rebaño” a sus ovejas porque en él mismo hay libertad concreta) dormirá en buen redil.

Te recuerdo que el redil es el corral, el lugar en el que las ovejas pasan la noche, descansan y en tiempos de invierno también se alimentan. Y si ha creído necesario decirle a Ezequiel textualmente esto para que el profeta lo deje escrito, es porque indiscutiblemente, Dios sabe que todas esas ovejas que Él ha salido a buscar y recuperar, han estado recluidas en malos rediles. Dios dice permanente y repetitivamente YO, y a nadie le pueden caber dudas que no se trata de un eufemismo donde se tienen en cuenta a personas especiales. Si Dios dice YO, es porque lo hará ÉL por las suyas. ¿Usando al Espíritu Santo? Es una forma, pero como Dios es Soberano, lo hará como le plazca. Él personalmente será quien lleve a sus ovejas a los parajes donde los pastores recogían el ganado para resguardarlo de la intemperie, que es lo que se traduce como aprisco.

Y si te queda la duda de cómo lo hará, ya que Él es Espíritu y todo espíritu necesita un cuerpo para manifestarse, te invito a entrar en oración y preguntárselo a Él mismo. Tienes el mismo ingreso que yo y todo el que salga a decir algo de él. Y una vez más las define. Habla de buscar a la perdida, que es la que se ha ido al pecado mundano, a la descarriada, que es la que se enamoró de las doctrinas de demonios, a la perniquebrada, que es la que camina por donde debe, pero con mucha dificultad y errores, y finalmente a la débil. Esto quiere decir que les hará entender que no hay hijos de Dios de primera, de segunda y de cuarta categoría, como aprendemos en las congregaciones; sino que todos son de primera. Le dice que destruirá a la engordada y fuerte, que nos habla de las inútiles que solamente están para exposición externa. Y que lo hará con justicia, o sea que deja en evidencia que Él ya sabe que esas ovejas han sido apacentadas con injusticia.

Y después les habla de juzgar entre oveja y oveja y entre carneros y machos cabríos. Atención con esto.  Si has entendido que Dios se hará cargo de toda la congregación por igual, te equivocaste. Él juzgará (Y te recuerdo que juzgar es separar lo verdadero de lo falso), entre unas y otras, y sólo hará lo que viene diciendo con SUS ovejas, no con las que simulan serlo, o con la masa total. Y seguidamente, dice algo que, si sabes leer, vas a entenderlo perfectamente. Dice que esas ovejas, con sus pies, hollan o arruinan lo que queda de sus pastos. Es obvio que, al hablar de pies, está más que claro que no está hablando de esas ovejas que tú y yo conocemos como simpáticos animalitos, ¿Verdad? Y lo que luego añade es que no permitirá que nadie convierta su palabra genuina en discurso de conveniencia.

Queda dicho y explícito: Si recibes vida y libertad en Cristo, no puedes predicar y enseñar opresión y prisión en tradiciones, costumbres o formas religiosas. Por eso aclara que juzgará entre la oveja engordada y la oveja flaca. O sea, entre la inútil que sólo sabe exponerse externamente como si fuera un pavo real con sus plumas de colores y la que es fiel y no encuentra el alimento capaz de nutrirla. Y añade que los vio empujarlas con el costado y con el hombro, dando a entender que ese es el acto de sacar del medio o sacarse de encima a los que les resultan molestos. Y que, utilizando la cabeza, han asesinado espiritualmente a las que no podían entender cómo eran las cosas. Dime: ¿No ha sucedido algo así con gente que en algún momento hayas conocido? ¿Solamente aquí pasaron estas cosas?

Y repite una vez más que ÉL salvará a SUS ovejas. Cuidado: no está diciendo TU ni está diciendo ÉL. Dios dice YO y eso significa justamente eso: YO. Dios mismo. Y añade que lo hará para que nunca más esas ovejas sean de rapiña. ¿Sabes lo que es la rapiña?  El saqueo. Una forma de quedarse con algo ajeno aprovechando la confusión o la incertidumbre. También he sido testigo de eso. Por manipulación, en algunos casos, por intimidación en otros. Saqueo santo. Pero, atención con esto, porque luego le dice a Ezequiel que Él levantará a un pastor. ¿Un pastor? ¿Dónde estará ese buen hombre? ¿En qué seminario habrá estudiado para que sea Dios mismo quien lo ordene como nuestro pastor?

Ese pastor que Dios va a levantar será quien apaciente a SUS ovejas, no aquellos que hoy pretenden estar haciéndolo. ¿Y se puede saber el nombre de ese pastor, Señor? Sí, mi siervo David, es. Él las va a apacentar y les será por pastor. ¿Qué? ¿Dijo David, o yo lo soñé? Dijo David, eso dijo. Pero… ¿David? ¿Un solo hombre para apacentar a todos los millones y millones de ovejas del Señor? ¿O estará hablando de otra cosa que no entendemos? Hay una sola posibilidad espiritual que encaja con la lógica, si es que cabe la lógica en las cosas divinas. Yo la he demorado de ex profeso, esperando que tú la hayas visto antes que yo. Estoy seguro que así ha sido. Entonces estará claro. David, el príncipe, el pastor único a cargo de todas las ovejas del Señor, es Jesús, rama generacional del rey.

Encaja, porque es Jesús quien dice que ÉL y sólo ÉL es el buen pastor. En toda la Biblia no se vuelve a hablar del pastor, así en singular, nunca más. Se habla de pastores, en plural, como partes de un todo y como piezas que encajan de un rompe-cabezas (o puzle) gigante. Los pastores son aquellos que forman parte activa de cualquiera de los cinco ministerios son los que constituyen el basamento de la iglesia. Todos apacientan, alimentan y respaldan a las ovejas, todos. El individual, el uno, el único e invisible, es Cristo. Ha sido dicho. Lamentablemente, no ha sido entendido, y mucho menos cumplido. ¿Y cómo es que dice que estará?  En medio de nosotros. No en el medio, no en el centro equidistante, sino en medio, formando parte integral de un volumen de personas aquí llamadas ovejas del Señor.

¿Te ha quedado claro? No más hombres arrogantes que se adjudican autoridades que ya no tienen sencillamente porque nunca la tuvieron, y pretenden sujeciones esclavizantes que nunca Dios demandó de sus ovejas. Jesucristo es EL pastor de las ovejas. ¡Pero Néstor! ¿Y cómo hará Jesucristo para ser el pastor de tantos millones y millones? ¿Cómo hará para decirles a todos los que creen en Él, que es lo que tienen que hacer y qué es lo que no tienen que hacer?  Allí está la clave. El Señor Jesucristo, nuestro pastor, jamás hará eso. ¿Cómo que jamás hará eso? ¿Y entonces como haremos, nosotros, para saber qué es lo que debemos hacer y qué es lo que no debemos hacer? Tienes la claridad de la Palabra Y LA GUÍA DEL Espíritu Santo, mi querido amigo. No necesitas más que eso. Ese es el pastor que viene. El otro, ya es recuerdo.

¡Es que yo leo la Biblia, -te excusas-, pero no me alcanza con eso! ¡Necesito que alguien me guíe para no cometer errores ni equivocarme!  Mira; te lo termino de decir, ya tienes esa guía desde el momento mismo en que te convertiste. ¿O no has leído que el Espíritu Santo es quien te guía a toda verdad? ¡Es que… ¿Sabe qué pasa? Que sí, lo entiendo, pero es que…siempre ha habido hombres que… ¡Basta! Se terminó el tiempo en que ciertos hombres se arrogaban una representación de Dios que de ninguna manera tenían. Y mucho menos para hacer de las ovejas sus propias esclavas. Lo has terminado de leer en este libro de Ezequiel, escrito proféticamente miles y miles de años antes de que sucedan las cosas.

Por eso tengo certeza total que este es el tiempo de Ezequiel. Es el tiempo donde esta palabra se está comenzando a cumplir. ¡Ay de aquellos que no lo hayan visto, o no lo hayan creído, o no lo hayan aceptado! Seguirán en esclavitud y no podrán clamar a nadie para que los libere porque la libertad ha llegado y no aceptan tomarla. Este es el tiempo donde Dios se ha cansado de la maldad y la corrupción de aquellos que decían ser pastores de sus rebaños porque ciertos seminarios humanos e intelectuales les habían dado credenciales para que cumplieran esa tarea. Este es el tiempo donde Dios ha comenzado a poner por obra su propia palabra y se ha hecho cargo Él mismo, en persona, de sus ovejas. Y les ha puesto por único pastor a Jesucristo, y como ejecutor de ese pastorado eficaz, a su verdadero y genuino cuerpo.

Así es que podrá cumplirse lo que Dios dice que sucederá. Que no es una mera expresión voluntarista de hombre que no tiene ideas propias, sino un detalle profético del calor y el color que tendrá esa victoria que todos los creyentes fieles anhelamos ver y vivir. Porque dice que establecerá con nosotros un pacto de paz, lo que me dice a mí y te tiene que decir a ti también, que hoy, en la iglesia, no hay paz. Que quitará de entre nosotros a gente salvaje, que habitaremos parcialmente en el desierto de la prueba, no como castigo, sino como entrenamiento eficaz para ministrar con poder y que seremos bendecidos. Y que definitivamente, sabremos que Él es Dios. ¿Quiénes lo sabremos, los ministros, los falsos voceros, o las ovejas? Las ovejas. Los que se servían de ellas eran los falsos pastores.

Está diciendo que es suficiente, que ya basta de cristianos considerados por la sociedad secular como monigotes de segunda o tercera categoría. Esa categorización de sus hijos, es una ofensa al Padre. Sin embargo, lo que más se rescata es que nos dice que ya no seremos más avergonzados por las naciones. Pregunto: ¿Te cabe alguna duda que las naciones seculares han llegado a avergonzar a los que concurren o forman parte de alguna iglesia? ¿Cómo trata el gobierno de tu país a la iglesia? ¿Qué tratamiento le dan los medios de comunicación? ¿Qué onda con la iglesia en las principales redes sociales? Estas tres preguntas, en Argentina, tienen una misma respuesta. Y no es buena. ¿Y en tu patria?   

Nuestra mayor tranquilidad, entonces, es que Él dice que lo sabremos. Dice que lo sabremos porque Él se hará conocer. No está diciendo que alguien nos lo tenga que enseñar. Sencillamente lo sabremos. Y luego comienza a develar todos los misterios. Porque nos llama ovejas suyas y de sus pastos, que es como decir de Su alimento, básico y central. Y allí es donde pronuncia las dos palabras claves: Hombres son. Listo. Nada más que añadir. ¿Dónde van a ir a indagar, ahora, esos tantos supuestos teólogos que aseguran que cuando Dios habla de ovejas, no necesariamente se refiere a personas? ¿Se perdieron de leer Ezequiel 34? Es sencillamente extraordinaria la comparación en el nivel de tipología que se hace entre un rey, sus rebaños y este tiempo donde el reinado ha estado a cargo de las diferentes organizaciones que se llaman en conjunto: La Iglesia.

Sabemos que el rey, el profeta y el sacerdote como pastor, era una imagen cuya historia se remontaba a más de mil años antes de la existencia del propio Ezequiel. El rey tenía la responsabilidad de suplir comida y agua a su rebaño, de destruir a aquellos que quisieran hacerle daño y defender el derecho del débil, la viuda, el huérfano y el extranjero. Pero aquellos reyes de Israel, habían fallado. En lugar de alimentar el rebaño, se habían apacentado a sí mismos y se habían vestido de su lana. Como resultado de su negligencia las ovejas están errantes. Entonces Dios intervendrá y reunirá a esas ovejas dispersas como el Buen Pastor.

Juzgará correcta y justicieramente entre oveja y oveja, y levantará a David como su pastor. Finalmente, establecerá con ellos pacto de paz, él será su Dios y ellos su pueblo. Los profetas y sacerdotes también fallaron y el juicio los alcanzará por igual sin privilegio alguno. Esto es lo que dice la historia. Esto es lo que dice una Biblia que, si todavía insistes en tomar como mera referencia histórica, no llega mucho más allá de una situación sucedida hace miles de años que no tendría por qué tener implicancia ni importancia hoy. Sin embargo, te cabe el derecho a pensar que, si Dios es quién es y es como la misma Palabra suya dice que es: ¿Para que dejaría escrito en su libro, con carácter de alimento para las futuras generaciones, una simple historia sin valor en este tiempo?

Dios es Espíritu. Y si hay que tomar su Palabra para darle el valor correcto para todos los tiempos incluido el actual, habrá que hacerlo desde lo espiritual. Y lo espiritual sólo tiene luz propia cuando hablamos de revelación. Esto, notoriamente, espanta, preocupa y hasta fastidia de sobremanera a muchos sectores del llamado cristianismo, pero no le hace al futuro del evangelio. Dios hizo lo que hizo, dijo lo que dijo y reveló lo que reveló. El que tuvo oídos para oír, oyó y entendió. Quien no lo tuvo… Y así un día nos encontramos con que, al fin, logramos salirnos de la mentalidad babilónica, y el aire fresco de la libertad nos da maravillosamente en el rostro. Pero es justamente donde nace la otra pregunta: ¿Y ahora qué?

He vuelto a una pregunta que recibí y sigo recibiendo vía correo. Una pregunta que me formulan cientos de hombres y mujeres fieles, sinceros, maduros y honestos, pero lamentablemente, formados como yo en una escuela de dependencia total y no al Señor, sino a ciertos hombres que se han erigido a sí mismos como representantes poco menos que privados y personales de Dios. A mí me alegra mucho recibir esos correos y no los clásicos que me piden oración por asuntos muy delicados, pero también por temas banales al límite. Entre escudriñar en conjunto con ellos el que hacer ahora, o ponerme a orar para que el chico tímido conquiste a la jovencita tímida y se casen, sean felices y coman perdices, perdóname, pero me quedo con lo primero.

Es indudable que necesitamos no un líder conductor o rector de ideas, sino un papá bondadoso que nos diga qué hacer y que no hacer. ¡Pero terminamos de leer que la Palabra nos está demandando otra cosa! Sí, pero tener a alguien que piense y decida en lugar nuestro, no sólo es mucho más cómodo, sino que también nos ayuda a evadir responsabilidades y no hacernos cargos de nuestros errores. Si aparece un pastor, un apóstol o un profeta, tan abundantes en estos tiempos, y nos asegura que volviendo a los templos del catolicismo romano vamos a poder desplazar de allí a los sacerdotes, a los obispos, a los cardenales y al propio papa y colocarnos en su lugar para enseñar la verdad, estaremos dispuestos a creerle. Porque siempre tendremos ese estigma de suponer que lo que otros piensan, sienten y hacen en el nombre de Dios, es realmente en Su nombre.

Eso se llama de una sola manera: Auto subestimación. Eso es tener una idea de nosotros mismos muy por debajo de la idea que Dios mismo tiene. Eso es pensar que, si no sale alguien a decirnos que debemos hacer, lo mejor que podremos hacer es retornar al templo del cual nos hemos ido. ¿Eres uno de los que todavía piensa así? ¿Lo eres? Entonces déjame decirte que no has entendido absolutamente nada de lo que se está hablando. Tú no has salido de Babilonia, tú te has ido de una congregación porque, en el fondo, no te terminaba de agradar del todo el rostro del pastor. Tú no estás protagonizando ninguna reforma, tú apenas estás moviéndote porque algunos otros que respetas lo están haciendo. Tú estás cometiendo el mismo error de toda una vida de mediocridad espiritual: dejar que otros piensen por ti. Estás haciendo, pese a todos tus discursos emotivos, más de lo mismo. Has renovado toda tu teología y formas externas, pero en tu interior, sigues siendo el mismo religioso, estructurado, tradicionalista, legalista e incrédulo de siempre. ¿Te duele que te diga esto? ¡Gloria a Dios! Toda herida así extirpa un feo tumor. Ahora confía en la cicatrización total y ese tumor y esa herida pronto serán historia.

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julio 19, 2024 Néstor Martínez