¿Quién Cree en la Resurrección?

Creo que hay muy pocas cosas, que formen parte de nuestra fe básica, más complejas de entender y, por consecuencia natural, también de aceptar y creer para el hombre común, que la resurrección. Si tú enseñas o predicas sobre sanidad y milagros, verás algunos rostros de duda, pero una gran mayoría estará dispuesta a aceptarlo sin demasiado esfuerzo, pero ponte a hablar de resurrección y podrás comprobar el altísimo grado de incredulidad lisa y llana que tiene nuestro pueblo. Y resulta muy llamativo, porque si quieres buscar un núcleo o un epicentro de lo que es el Evangelio de Jesucristo, ese es la resurrección. Sin resurrección no hay redención, sólo muerte, como final de todo, y más allá la nada, que es la teoría atea que muchos compraron con la misma fe de no tener certeza total que así sea. Es decir que cometieron la increíble barbaridad de adoptar vivir sin fe, sencillamente… ¡¡Por fe!!

El caso es que esto de la negación carnal a la resurrección no es ni nuevo ni sorprendente. Sucedió desde el principio mismo de todos los hechos. Mira lo que dice Lucas en el capítulo 24. Ahí cuenta de la resurrección de Jesús, cuando los ángeles les informaron a las mujeres que él había resucitado. Dice que ellas fueron corriendo a contarlo a los once. Y precisamente es ese verso, el 11, el que dice: Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Y como sería esto que luego, cuando salieron e iban caminando, el relato prosigue en el verso 15: Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. ¿Te das cuenta por qué no lo reconocieron? Porque sus ojos estaban velados. En los originales dice que estaban siendo asidos fuertemente. La pregunta que tengo es: ¿Por quién? Tú lo sabes, no le hagamos promoción gratuita.

¿Y qué hizo él cuando se dio cuenta que no lo reconocían? Empezó a hablar con ellos y a preguntarles cosas. Y ellos le contaron todo lo que se había vivido con su crucifixión. Y fue recién de haberse quedado con ellos a cenar que, dice el verso 30: Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. ¿Cómo que desapareció de su vista? ¿Se esfumó, así sin más ni más? Eso es lo que dice. Dime la verdad: ¿Cuántas veces te han predicado sobre este episodio? Obvio. Me imagino el rostro de los oyentes cuando alguien lo haga. Igual al de los discípulos. Incredulidad. Y eso no es todo, luego se les apareció de improviso a los once, (Judas ya no estaba, obviamente) y ellos reaccionaron como vemos en el verso 37: Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Entiende: ellos, sus discípulos, los que lo habían acompañado durante todos estos años de ministerio, creían que veían un espíritu. Mira el verso 42: Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos. Pregunto: ¿Desde cuándo un espíritu come pez asado y miel? Para eso lo hizo, pero ni así creyeron.

Porque luego, Juan en el capítulo 21 de su evangelio, relata otro episodio de la resurrección. Fue cuando ellos se disponían a pescar y leemos en el verso 4: Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Se supone que ya lo habían visto, pero otra vez no lo conocieron. ¿Es que tan distinto al conocido es un cuerpo resucitado? Y otra vez les pide de comer, lo que nos muestra que un resucitado come como alguien que no ha muerto. Más adelante, vemos que el propio Juan es quien le reconoce y se lo anuncia a los otros, que todavía seguían sin saber quién era ese hombre. Sin embargo, hay otro hecho notable más, todavía, y es Marcos en el capítulo 16 el que lo rescata en su evangelio, cuando lo relata así, desde el verso 9 al 11: Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron. Ellos no lo creyeron, pero ella, María Magdalena, observa que sí, que fue la primera, sino la única, que lo reconoció de inmediato.

Sin embargo, lo que más despertó mi atención, fue el episodio que Marcos relata en los versos 12 y 13, allí dice: Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron. ¡Qué fácil es caerles con todo el peso de la aguda crítica a esos muchachos! ¿Verdad que sì? Todos nosotros, hoy, a muchos kilómetros y años de esos sucesos, declaramos con pompa y solemnidad que cualquiera de nosotros no vacilaría en reconocer a nuestro Señor Jesucristo,. ¿Cómo no lo íbamos a reconocer? Simple: porque no se les presentó con su aspecto habitual, el que todos ellos conocían. ¿Cómo lo sé? Fíjate que dice que se les apareció, en otra forma. ¿Sabes que estuve investigando el significado de ese “en otra forma”? Solamente me traen un poquito de luz los originales griegos, que me enseñan que eso significa algo así como en otra naturaleza. Un muerto rubio que resucita moreno, o la inversa, algo así. ¿Tú crees que reconocerías fácilmente a cualquiera? Yo creo que no. estoy seguro que no. Pasar por ese filtro espiritual llamado muerte, lo cambia todo. Y cuando retornas, eres otra cosa, ¡Justamente! Otra naturaleza.

Alguien dijo, y no exageró ni se equivocó nada, que la resurrección es un poder que nos sumerge en el Reino de Dios. Y además, es indefectiblemente la herencia más poderosa que Jesús nos dejó. Porque todos esos muchachos que lo acompañaron y lo amaron de verdad, sufrieron horrores y sus almas se desgarraron con su muerte en la cruz, pero nunca terminaron de creer del todo que Él había vuelto resucitado. Era demasiado pedirles. Sin embargo, en un ambiente decididamente masculino, donde el patriarcado más reconcentrado era manifestado casi en el nivel de lo que hoy llamamos machismo, tuvo que ser una mujer, y una mujer de las consideradas “de dudosa reputación”, la que nos iba a dejar el legado de lo que de alguna manera es la síntesis perfecta del evangelio en todo su contexto. Mientras todos dudaban, especulaban y desconfiaban, ella simplemente miró, creyó y pronunció las dos palabras que pasarían a ser el detonante de la más maravillosa historia de todos los tiempos. Ella apenas pudo decir: ¡¡Cristo Vive!!

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De La Realidad a la Novela

Nunca me ha gustado escribir alguno de esos artículos relacionados con fechas especiales. Por ejemplo: es muy difícil que me leas o escuches algo sobre la crucifixión dentro de lo que el mundo celebra como la Semana Santa o, como en este caso, algo relativo al nacimiento de Jesús en las vísperas de esos días del mes de Diciembre que a alguien que tiene muy poco que ver con nuestra fe, se le antojó determinar como la Natividad del Señor. Tampoco me he referido a Reyes ni a Magos en los primeros días de los eneros transcurridos. Pero sí siento en mi corazón compartirlo un día cualquiera, como por ejemplo es este, donde todavía muchos de nosotros estamos sin sacar la nariz a las calles y necesitamos algo que nos cuente cosas nuevas sobre el evangelio al que adherimos y no las historias remanidas de siempre que terminan por aburrir en lugar de bendecir.

Mateo 2: 1-3 = Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Para la sociedad secular de ese tiempo, no había nada más grande, importante y digno de admiración, respeto y deseos de imitar que su rey, Herodes. Herodes “El Grande”. No era un calificativo que se le pudiera adjudicar a un cualquiera, sólo los elegidos podían atreverse a pensar y obrar en grande. ¿Te imaginas hoy, en cualquier fuerza política, aún de las más importantes que se muevan en tu país, a uno de sus políticos, tan solo uno, que se haga llamar “El Grande”? Imposible. No se atreverían. Herodes sí se atrevió. Era un grande, indudablemente.  Así que suponte ahora como le tiene que haber caído a su innato estado de vanidad y soberbia permanente, que vinieran tres desconocidos a decirle que iban a visitar al Rey de los Judíos. ¿Cómo iban a a visitar a alguien que se atrevía a quitarle ese rango a él? ¡¡Herodes era el rey de los judíos!! ¡Nadie en su sano juicio se atrevería a discutirle esa posición! Por eso es que dice que el rey se turbó, que es casi un sinónimo de decir que sintió temor, un raro e incomprensible temor que ni él podía explicarse. Pero lo más curioso y llamativo del caso, es que asegura Mateo que a eso también lo experimentó toda la ciudad de Jerusalén. ¿Alguien podría darme un buen motivo racional que justificara eso?

4-10 = Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: (6) Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; (8) y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

En principio, cuando aprendí medianamente a leer la Biblia, empecé a preguntarme quién y por qué razón inventó que estos tres individuos eran reyes. ¿Reyes? ¡Magos, dice! ¿Eran hombres que practicaban la magia, entonces? ¿Y qué podía tener que ver eso con Jesús? Entonces salen los sabelotodos del evangelio que te dicen que no, que en realidad eran profetas del oriente que llegaron por causa de una revelación divina, que… ¡Un momento! ¿Tú me estás diciendo que una revelación profética de Dios, se va a conducir mediante una estrella? Yo creo que estos hombres, alrededor de los cuales se ha armado una leyenda que, incluso, pintó de moreno a uno de ellos. cuando no hay registro serio alguno de sus rostros, y les otorgó tres nombres que tampoco han sido registrados en ninguna escritura seria. ¿Me preguntas que creo? ¿Quieres saberlo? Creo que eran algo así como astrólogos de Oriente, con ninguna vinculación espiritual con el Dios que traía a Jesús al mundo, que cumplieron un rol participativo importante y punto, luego desaparecieron de la historia como tantos y tantos que también lo hicieron. Todo el mundo le pertenece a Dios, y a los que le aman, todas las cosas les ayudan a bien. Los incrédulos y hasta esotéricos, cuando se sujetan al señorío de Cristo, también.

11 = Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Más allá de la clásica escena de Navidad, donde se muestra al niño en una especie de inmaculada canasta con limpia paja y a sus padres de pie a su lado, mientras detrás dos o tres animalitos buenos le brindan el calor de su aliento, hay una realidad que no siempre se dice y que en muchos sitios auto proclamados como cristianos, prácticamente se contraponen. El unigénito Hijo de Dios no estaba naciendo en cuna de oro ni flanqueado por un coro de ángeles adorándole. El unigénito Hijo de Dios estaba naciendo en un rincón de esa casa al que nadie se quería ni siquiera asomar. Entre la mugre, la oscuridad y el fétido olor del producto de una serie de animales encerrados que no vacilaban en cumplir con todas sus necesidades fisiológicas junto al recién nacido. ¡Un fuerte aplauso para las miles de escenas de románticos pesebres dignos de las estampas de cierto cristianismo que hizo de este evento una epopeya épica en un tiempo en el que inexorablemente no pudo haber sido, pero que se lo enquistó como contraposición a ciertas festividades paganas con las que se deseaba competir!. Pero déjenme decir que de ninguna manera esa escena podría incorporarse como real.

El Hijo de Dios vino al mundo entre gente pobre, en un ambiente de mugre y feos olores y entre la burla, el escarnio y la condena social por las características de su gestación. Hoy el cristianismo tiene otras esencias y otros postulados, los cuales no son negativos ni tienen por qué ser censurados, pero que reclaman casi a gritos que se reconozca y se tenga muy en cuenta el primario origen, para que luego cuando los hechos así lo ameriten, nadie que diga ser cristiano se atreva siquiera a menoscabar y mucho menos discriminar a alguien por el color de su piel, por la higiene de su ropa o su cuerpo, y mucho menos por su estado financiero. Dios no es Dios de pobres, porque no tiene por qué serlo, ya que suyo es todo el oro y la plata del mundo, pero tampoco es un Dios patrimonio de gente adinerada, como durante mucho tiempo mucha iglesia se ha empeñado en presentar. En todo caso, nuestro Dios es un Dios Justo, una palabra que definitivamente parecería estar fuera de moda.

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El Valor de lo que No Tienes

Hace muchos años un hombre escucha un relato con características de fábula, con su respectiva moraleja. Decía que: «érase un hombre rico que tenía cinco rozagantes y jugosas manzanas, pero no era feliz. En una vivienda vecina, había otro hombre que era pobre y tenía solamente una manzana, pero era feliz. Un día, el dueño de las cinco manzanas, envidioso de la paz y la felicidad de su vecino, resolvió robarle su única manzana, para deleitarse viéndolo sufrir como sufría él. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que, pese a tener ahora seis manzanas, él no se sentía feliz para nada, sino todo lo contrario, mientras que su vecino, que se había quedado sin nada, seguía siendo tan feliz como lo era antes de perder su manzana.» Ese, fue su primer contacto con un sentimiento que, como a una gran mayoría de seres humanos, le iba a producir mucho daño: la envidia.

Dice un buen diccionario de la lengua española, que La Envidia es una tristeza airada o disgusto por el bien ajeno o por el cariño o la estimación que otros disfrutan, y también un deseo de emular alguna cualidad o algún bien que otro posee. Un buen diccionario bíblico, en tanto, sostiene que La Envidia es el pesar o el padecimiento causado por la razón de las pertenencias, prosperidad, ventajas, posición o reputación ajenas. Las personas envidiosas desean lo que tienen los demás, y suelen pensar que los que poseen el objeto de su deseo no se lo merecen. La palabra hebrea qin’ah puede referirse según el contexto, a celo, ardor, insistencia en la devoción exclusiva, o bien a los celos y la envidia. A diferencia del término griego fthó nos, que siempre tiene una connotación negativa y significa envidia.

Pensadores de todas las épocas y sitios geográficos del planeta han plasmado sus ideas referidas a la envidia, redondeando conceptos que, en muchos casos, son muy aptos para incorporar a nuestra formación social, moral y espiritual. Una de las más logradas que leí, fue la que dice que La Envidia es el Homenaje que la Mediocridad le rinde al Talento. Una más ingeniosa, expresa que El Envidioso no sabe lo que Quiere hasta que no te lo ve a Ti. Algo más poético y filosófico consigna: Nunca Grites tu Felicidad tan Alto. La Envidia tiene Sueño muy Liviano. Otro, un tanto más defensivo, señala: No te Preocupes por mis Logros, Mejor te Enseño mis Sacrificios. Algo de contenido más espiritual nos dice que Quien Tiene Luz Propia, Incomoda al que está en Oscuridad, o que El Sabio se Inspira con el Éxito de los Demás, el Envidioso se hace más Pequeño. Y se remata con una especie de solución humana cuando asegura que: Cuando la Ignorancia Envidia y Critica, la Inteligencia Observa, Escucha y se Ríe.

Un día, este hombre mediocre y cargado de envidias, encuentra a Jesucristo. Su vida se conmueve con un shock que el Espíritu Santo impacta en su espíritu, y allí comienza a experimentar un dramático cambio que, para tomar conciencia que el Dios en el que ha creído nunca se apartó de su lado, es consciente que le envía a su Espíritu a guiarlo a toda verdad, incluso, contra los que eran sus mayores defectos y consiguientes pecados. Y entonces conoce la historia de José y sus hermanos, y lee en Génesis 37:11 Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto. Allí entiende que la envidia no es algo nuevo y que incluso en este nuevo ambiente todavía tiene su peso, así que se refugia en el Proverbio 14:10 que le asegura que: El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos. Aprende a conocerla más a partir de lo que lee en el Proverbios 27:4: Cruel es la ira, e impetuoso el furor; Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? Y tiene un remate de lujo para su madurez cuando se encuentra con Eclesiastés 4:4 que le dice: He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Con todo este arsenal de Palabra, el hombre se vuelve un enemigo acérrimo de la envidia y de la hipocresía, y por esa causa, aunque en lo humano y terrenal no consigue ningún logro, en lo espiritual comienza a recibir bendición tras bendición, que es el resultado visible e inequívoco de una conducta intachable, que pone al mismo Dios deseando mostrarlo, a la manera de Job, como modelo a seguir si es que se desea militar en la divina jurisdicción del Reino de los Cielos. Eso despierta la admiración de todos los hermanos que tienen bien claro cuál es su objetivo en este planeta, pero al mismo tiempo, despierta la envidia casi feroz de otros tantos auto denominados hermanos, que desean tener esa unción y esa paz que él tiene, mientras ellos navegan en las oscuras aguas de la mediocridad y la incredulidad. Un día, sus enemigos descubren que la envidia es un espíritu maligno, y comienzan a conspirar para que ese espíritu tome a este hombre y le robe eso que lo hace feliz. No lo logran, porque cada vez que el espíritu pretende entrar en la mente de ese hombre, su santidad y unción ofician de alta armadura que no permite infiltración alguna. En este episodio, los envidiosos acaban de descubrir que aunque le robaran todos los días su única manzana, ese hombre seguiría siendo feliz, ya que ese sentir no se sustenta tanto en lo que tiene, sino en lo que no tiene: envidia.

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Estampas de un Tiempo Difícil

Tiempos difíciles, sí. Una prueba de carácter, les decía allá por el mes de abril, suponiendo que dentro de ese mes, todo volvería a ser normal. Pero no; Encierro…media libertad….preparativos de libertad total…y nuevamente encierro…Con mayores o menores diferencias, esto es un común denominador en casi todo el mundo. Y eso trae contrariedad, malestar, incomodidad, angustia, ira… ¿Qué es la ira? Una pasión del alma que causa indignación y enojo, a veces hasta con apetito o deseos de venganza. ¿Tiene derecho un creyente a sentir ira? Se nos enseña que no, que es una manifestación del alma que debemos dominar porque es aprovechada por las fuerzas del mal para perturbar y oprimir nuestras vidas. Sin embargo, y como rara paradoja, es una palabra que no está ausente en nuestras Biblias y no precisamente como cosa humana.

El vocablo ira aparece más de doscientas veces en la Biblia, y el concepto en muchas más ocasiones. En general se refiere a la actitud, actividad o respuesta de Dios al pecado humano. Es la reacción permanente del Dios santo, puro, soberano y personal a todo lo que ofende su naturaleza moral y derechos reales. Esto incluye el rechazo por parte del ofensor de su persona, gobierno y voluntad. También involucra las afrentas a su santidad, ya sean conscientes y directas o inconscientes e indirectas. La ira de Dios resulta en castigo y condenación o el juicio presente o futuro. En términos absolutos, es sinónimo de la separación eterna de Dios y el castigo en el infierno. Hay un hecho muy singular que demuestra que la ira no siempre es un patrimonio de la carnalidad del hombre, sino que tiene raíces mucho más elevadas y profundas.

En el libro del Éxodo, desde el capítulo 24 y hasta el 31 inclusive, está el relato del encuentro de Jehová con Moisés en el Monte Sinaí. En principio, Moisés no va solo, como muchos creen. Lo acompaña parte de su familia, esto es: su hermano Aarón y sus sobrinos Nadab y Abiu, y a ellos cuatro, se suma Josué, hombre de confianza de Moisés y setenta ancianos, que es como decir jefes, hombres distinguidos de Israel. Esa fue la orden de Dios, pero con la condición que todos se inclinaran desde lejos, y que solamente Moisés estaría autorizado a subir a encontrarse con él. Y en contra de lo que muchos temían, no solo pudieron ver a Dios sin ser aniquilados, sino que incluso celebraron banquete en su presencia, comiendo y bebiendo con tranquilidad y paz. Concluido esto, Dios llama a Moisés y le anticipa que le dará tablas con la ley y mandamientos.

Moisés obedece y, allí sí, sube absolutamente solo. Pero el encuentro no tuvo lugar de inmediato, sino que se tardó seis días, donde una nube de gloria cubrió todo el monte y, recién al séptimo día Dios llamó a Moisés. Estuvo allí con Dios cuarenta días, donde recibió instrucciones para la ofrenda del tabernáculo, el arca del testimonio, la mesa para el pan de la proposición, el candelero de oro, el tabernáculo, el altar de bronce, el atrio del tabernáculo, el aceite para las lámparas, las vestiduras de los sacerdotes, la consagración de Aarón y sus hijos, las ofrendas diarias, el altar del incienso, el dinero del rescate, la fuente de bronce, el aceite de la unción y el incienso, el llamamiento de los artesanos Bezaleel y Aholiab y el día de reposo como señal. Recién cuando concluyó con todas estas instrucciones, Dios entregó a Moisés las dos tablas del testimonio, obra de sus manos y escritas por su dedo.

Abajo, mientras tanto, ya conoces la historia. El pueblo se impacienta y se hace construir un becerro de oro para adorar, porque no estaban seguros que Moisés regresara. Y es el propio Aarón el que se los funde y elabora. Y allí se presenta la ira de Dios. Sabiendo lo que la gente está haciendo, Dios los quiere consumir y de alguna manera le avisa, casi le pide permiso a Moisés para destruirlos a todos. Moisés los defiende, intercede por ellos y logra que Dios se arrepienta de su primaria decisión, (¡Dios se arrepiente y modifica una decisión por instancia de Moisés!) y calma su ira. Pero cuando Moisés desciende y llega donde está el pueblo y ve el becerro de oro y a la gente adorándolo, monta en ira él y destroza las tablas contra las rocas, que es como decir que rompe el pacto hecho con Dios. Más adelante Dios le autorizará que prepare otras dos tablas, pero en este caso las preparará Moisés y Dios solamente escribirá en ellas lo mismo que había escrito en la otra que destruyó, que es como decir que Dios les renueva el pacto.

Hay dos elementos que saltan a la vista en este episodio. Uno, que cuando el pecado de desobediencia anula y destruye la obra de Dios, el hombre queda obligado a rehacer esa obra con su propio esfuerzo, si es que desea ser restaurado y que la obra se restaure. Éxodo 32:16 dice: Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas. El pueblo desobedeció y esa obra fue destruida. Luego consiguieron perdón y restauración, pero allí las tablas ya tuvieron que ser construidas, alisadas y aportadas por el hombre. Dios sólo las escribió esta vez. Recuerda: siempre que desobedezcas, perderás una bendición que no tenía costo y deberás reemplazarla con una obra humana que te costará alto esfuerzo.

Y el otro elemento es la ira. Es pecado indiscutido cuando es producto de un exceso emocional de contenido humano, carnal. Un pecado que puede llevar al delito, a la agresión, a la violencia y hasta la muerte. Porque Dios nos creó con emociones, pero no para dejarnos dominar ni vivir por ellas. Sin embargo, hay un atenuante santo que es la ira por celo divino. La muestra el propio Dios, cuando reacciona ante la barbaridad cometida por su pueblo adorando dioses falsos, la continua Moisés, cuando estrella contra las rocas esa maravillosa obra de Dios que eran las tablas, terriblemente indignado por la hipocresía y falsedad de su propia gente, con su hermano incluido. Y la evidencian muchos de los personajes más determinantes del evangelio, hasta terminar en un Jesús desparramando la mesa de los cambistas también indignado por ver convertida la casa de su Padre en cueva de ladrones. Esa ira es una muestra de celo, y también de autoridad, actitudes con las que debes pelear tu buena batalla.

Esta, aunque no lo creas, es una época que en gran parte se asemeja a la que hemos relatado. Porque así como existe la posibilidad de una desobediencia masiva del pueblo de Dios, abrumado por esta coyuntura, buscando el apoyo en dioses falsos por pensar que el Dios de todo poder se ha olvidado de ellos, también puede eso desatar una ira santa que, si no encuentra el intercesor válido y específico, un Moisés contemporáneo, puede determinar que lo que algunos profetas creyeron ver en todo esto, -un juicio divino- sea realmente lo que ocurra. Necesitamos más que nunca como Cuerpo de Cristo en la tierra, estar firmes y en obediencia, porque sólo es obediencia lo que produce autoridad. Y es sólo autoridad lo que produce victoria.

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En el Camino de la Pureza

No sé cuánto tiempo llevas de creyente, como fue tu conversión, o si provienes de familia de cristianos. Tampoco sé si te congregas en alguna iglesia, como es ella y, esencialmente, lo que más nos ha ocupado y preocupado en estos últimos tiempos: qué evangelio te han predicado o te siguen predicando. Obviamente, tú lees esto y de inmediato te preguntas: ¿Es que hay más de un evangelio? Mi respuesta bíblica es que no, que no lo hay. Pero tú y yo lo sabemos muy bien. Mi respuesta real y con bases en lo que hemos visto y oído, es que sí, que aparentemente y para muchos cristianos de años en el camino, parecería ser que hay otros evangelios, (Que en realidad no es otro, sino el mismo, el original, que ha sido tergiversado, modificado, pervertido) y que no han dudado en predicarlo y promocionarlo, a favor de la comodidad de sus receptores. No es nuevo, esto. Ya alguien, hace muchos años se enfrentó con el mismo dilema.

(Gálatas 1: 1) = Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), (2) y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: (3) Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, (4) el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, (5) a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Fíjate; Pablo se presenta como apóstol, (Que te recuerdo que quiere decir: Enviado), no por voluntad de hombre, no de parte de hombres, ni por disposiciones legales emanadas de hombres. No había sido nombrado ni comisionado, después de haber asistido a algún colegio, o haber completado algún curso especial. No fue a través del ritual de la imposición de manos de otros apóstoles. Él era apóstol por Jesucristo y Dios el Padre. Y aquí le está escribiendo a las iglesias de Galacia de un modo sobrio y casi impersonal: Yo apóstol, les dice. Estos mismos versos en la Nueva Versión están más nítidos. Dice: Pablo, apóstol, no por investidura ni mediación humanas, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo levantó de entre los muertos; La continuación indica qué tema iba a tratar y, en ese sentido, hace un discurso muy fogoso y contundente, donde evidencia que sabía perfectamente que había gente que estaba mutilando el evangelio.

(6) Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. (Hay otra versión que dice: No hay otro evangelio Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. La pregunta que nos hacemos, es: ¿Qué otro evangelio podría presentarse en reemplazo del original? El verso siguiente nos explica en parte eso.)

(7) No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.

Aquí está la respuesta de Pablo, la que Pablo encontró y lo ilustró de lo que estaba sucediendo, y la que quizás todos nosotros, hoy mismo, estemos evaluando, por si no tiene parentesco con algunas de las cosas que en este tiempo estamos viviendo. Perturbar, te recuerdo, es trastornar el orden y el estado de las cosas, es quitar la paz o la tranquilidad a alguien, incluso hacer perder el juicio a una persona. Y Pervertir, es hacer malo a alguien o algo, provocar que falte la moral o la legalidad. Eso es lo que dice Pablo que hay gente que desea hacer con la pureza del evangelio. La otra versión lo dice así: No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo. Supongo que aquí está más que claro, ¿No es cierto? Y entonces añade:

(8) Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.

Cuando Pablo dice “nosotros”, se está refiriendo a los predicadores que en ese tiempo recorrían las iglesias llevando su mensaje profético o evangelista. Y aclara que si cualquiera de ellos, ¡Y hasta incluye a un mismísimo ángel del cielo, para darle mayor énfasis! Si cualquiera de ellos predicara otro evangelio distinto al que habían recibido, sea anatema, concluye, dejándonos la idea que quien haga tal cosa como pervertir el genuino evangelio de Jesucristo, estará de inmediato y casi de modo automático, bajo maldición. Eso es ser anatema. Algo así como apartado, desterrado amputado de un cuerpo sano. Y el último verso lo resume todo, conforme a lo que podemos ver a la distancia de esta historia, pero no de modo tan lejano para nuestra actualidad.

(Verso 10) =  Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo. (La Nueva versión lo dice así: ¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.)

¿Por qué tenemos mandato de compartir esto? Porque hoy está sucediendo esto, y no en pocos lugares del mundo, sin dudas. Y porque esto no es una predicación mal intencionada tendiente a acreditar o desacreditar ministerios, esto es Palabra de Dios leída casi sin acotaciones dirigidas. Tú y yo lo sabemos muy bien, aunque en muchos momentos de nuestra vida cristiana, hayamos hecho silencio. ¿Qué evangelio habían recibido ellos? El que predicó Jesús. Entonces, si alguien te predica hoy un evangelio que no te dice que el Reino de los Cielos se ha acercado y que debes arrepentirte, ese alguien podrá estar muy bien intencionado, podrá ser sincero y estar convencido de lo que dice, pero te advierto que como quiera que sea, de lo que no podrá escapar, es de ser anatema, esto es: estar maldito. Y como podrás suponerlo, a eso no lo digo yo ni hombre alguno de este tiempo. Es Palabra, y como tal, no resiste opinión ni debate alguno. ¿Quieres prevenirte contra el engaño? Lo único que debes hacer es tomar tu Biblia, día tras día, y escudriñarla con toda seriedad y responsabilidad, para así poder saber dónde estás y quien eres.  

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El Ejercicio de los Sentidos

Cuando Dios creó al hombre y sopló aliento de vida, que es Su Espíritu, se impartió a sí mismo. Dios plantó un huerto en Edén y puso ahí al hombre que había formado. Por eso es que no nos sentimos en casa en la tierra. Echamos de menos nuestro país genuino y verdadero. Nuestro espíritu habita con Él. Cuando dice que no somos de aquí, pero que estamos aquí, te está diciendo que perteneces a otro lugar, no a la tierra. Pero como formó a Adán del polvo de la tierra, mucha carne nos maneja, nos influye, y entonces abrimos puertas a nuestro enemigo, como cuando Satanás en forma de serpiente le habló a Eva, y le dijo que era ella la que pondría los límites, y no Dios. En ese diálogo, fíjate, la serpiente la tentó con los sentidos. Eva entonces Vio, Codició, Tomó y Comió…

Y esa serpiente, que a partir de ser un Ser con Pies y Mente, de allí su nombre, se identifica con Satanás, pero también se la conoce como Leviatán. Y este ser, salido de las profundidades marinas, da a las personas la incapacidad de caminar derechos. Es un espíritu serpenteante, que mantiene a los hombres andando en círculos, tomando decisiones equivocadas y siendo guiados en la dirección incorrecta. Por eso es que Pablo es inspirado por el Espíritu Santo a escribirles a los Corintios, en su Segunda Carta, capítulo 11 y versículo 3: Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.

¿Tenemos los sentidos ejercitados? Ya lo anticipaba Juan, quien en su Primera Carta, capítulo 1 y versos 1 al 3, nos dice: Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

  1. Lo que hemos Oído. (Oído)
  2. Lo que hemos Visto con nuestros ojos. (Vista)
  3. Lo que han Palpado nuestras manos. (Tacto)
  4. Eso os anunciamos (Boca-Gusto)
  5. Y tenemos comunión con el Padre. (Eso es el Olfato (Discernimiento)

Hace mención a cinco cosas que deben estar adheridas a nuestras vidas. Habla de algo que es esencial como cristianos. Hay gente que escucha una predicación, un mensaje, y se va como vino, como si nadie le hubiera predicado, sin entender nada. Pasa el tiempo y no hay cambios genuinos en esa gente. No se produce en sus vidas lo que Dios anhela que se produzca. Es tiempo que comencemos a trabajar nuestros sentidos espirituales. Conforme al uso que a ellos les demos, así será nuestro desarrollo como individuos. Porque eso es lo que Dios espera de cada uno de nosotros, que nos mostremos como individuos que irradian una luz que les llega desde el infinito, desde lo Eterno, y no como gente religiosa llena de consignas, dogmas y muletillas que no viven una vida liberada de los sentidos terrenales. Lo primero es Espíritu. Lo segundo es Carne. Bien intencionada, pero Carne al fin. Y Dios, hoy, sigue aborreciendo las obras de la Carne. Todas.

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Esos Dioses Extraños…

Dentro del caudal de correo que normalmente recibo, también ingresa una considerable cantidad de spam, esto es, el legendario Correo no Deseado. Y dentro de ese grupo, una alta oferta de péndulos, pirámides, cristales y cuanto elemento se haya puesto de moda con la finalidad de “mejorar “nuestras vidas o conocer nuestro futuro. Nadie enseña que estos son dioses ajenos y extraños, a los que si un día te inclinas en mínima aceptación, te quedas bajo su autoridad permanente. Y esa no es una opinión, es una aseveración. La gran duda es qué sucede cuando algunos de esos dioses, en realidad son demonios. Es un tema y un tema con suficiente actualidad como para no dejarlo a un lado. Recuerdo que en los primeros días de la cuarentena, en varios lugares del mundo se pudieron oír sonidos no habituales o extraños en el cielo, que hicieron preocupar a más de un impresionable y decir también a otros tantos, que Dios se había enojado. Y nosotros, que nos lo pasamos todos nuestros días hablando de un Dios de amor, que no tiene nada que ver con la imagen de ese viejo malhumorado con el que muchos lo han plasmado, por un momento nos quedamos en la duda: ¿Podría ser que, en algún punto de su universo y por alguna razón muy valedera y puntual, realmente Dios se hubiera enojado? Mi Biblia empezó a darme respuestas.

(Isaías 44: 15-19) = De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres tú. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol?

Dios está hablando aquí de los formadores de imágenes de talla. Y explica al detalle lo que es un ídolo que hace el hombre con diferentes elementos, así como todo el proceso de trabajo, y la paradoja casi inconcebible de tomar el resultado de todo ese trabajo rústico y casi técnico, para concluir en un objeto que se convierte en centro de la adoración suya. Ahora, por un momento, imagínate al Dios de todo poder, al Majestuoso Dios del universo, Creador de todo lo que se mueve, respira y está inmóvil ante nuestros ojos. Un hombre, su creación, se las ingenia para armar con sus manos un muñeco, darle un poco de pintura y decir que eso  que él construyó, desde ese momento, lo reemplazará a Él en su dedicación y su adoración. ¿Cómo supones que podría sentirse Dios al ver eso?

Dios nos conoce, eso es verdad. Y además, grande es su misericordia. Pero Dios nos creó con un chip que nos impele a adorar. Claro está que eso que tenemos en nuestro ser, fue puesto allí para que nuestra adoración sea para Él, de manera permanente, continua y, tal como Él ha dicho que la desea, en espíritu y en verdad. Así que de hecho, el hombre necesita adorar algo o alguien para sentirse pleno. Y como también existe la contrapartida de este Reino, que es el reino de las tinieblas, siempre saldrá una buena oferta de adoración extra por encima de la única correcta y posible. Desde las estatuas convencionales de los supuestos cristianismos entremezclados con paganismos, pasando por las que te proponen las diferentes culturas milenarias y no tan milenarias, y terminando con supuestas alternativas plenas en energías positivas y todas esas historias que seguramente conoces, el infierno se las ha ingeniado para sacar al hombre de la adoración establecida y meterlo en vericuetos raros que, en algunos casos, le ha costado mucho más que un mínimo dolor de cabeza.

Y es aquí, entonces, donde el hombre con alta preparación y capacitación intelectual, formativa y científica, suele expresar casi con ironía y burla: “Hay que ser muy ignorante y limitado para aceptar este tipo de idolatrías fantásticas y sin base sólida alguna”. No se equivoca, claro, pero solamente en lo que tiene que ver con una óptica para ver el tema. Porque desde la otra óptica, es más que evidente que él mismo, llegado el caso, está incurriendo en el mismo error que le está censurando a todos esos pobres ignorantes e incultos que caen en estas trampas sutiles. Porque esta parte de nuestra sociedad, no adora estatuas, tótems ni figuras estampadas, es muy cierto, pero tan cierto como que invierte ese chip de adorador para rendirle culto a otros dioses extraños que luego encontraremos con títulos muy conocidos: Poder, Fama, Dinero, Sexo, Arte, Deporte, Política, Esoterismo y una altísima gama más que componen un paquete snob, del cual ni siquiera podrá evadirse ni la limpieza, ni la familia, un esposo, una esposa o cualquier otra cosa que, ese hombre necesitado de adorar coloque por delante del Dios del universo.

¿Y Él? ¿Qué dice Él respecto a todo esto? Él ya habló. Isaías 45:22: Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. No es el único, hay decenas. Algunos como este del Salmo 81:9: No habrá en ti dios ajeno, Ni te inclinarás a dios extraño. Aquí Dios te dice: mírame a mí. ¿Por qué dirá eso? Porque sabe que hay muchos que dicen ser sus hijos, que no sólo no están mirándolo a él, sino que están coqueteando, flirteando con dioses ajenos, extraños. Pero aquí Él es claro: si lo miras solo a él, serás salvo. Si no…no habrá garantías, ¿Entiendes? Y luego te añade que a eso lo tendrán que hacer todos los términos, que son los confines, de la tierra. Porque ÉL es Dios y no hay nadie ni nada más fuera de Él. ¿Lo estás viendo? Entonces me queda la pregunta final. Sabiendo que un dios ajeno o extraño es todo aquello que pones por delante del Dios verdadero y único, te pregunto: ¿A qué dios te estás inclinando para adorarlo, hoy? No me escribas a mí respondiéndolo, díselo ahora, cuando termines de leer, a Él mismo, personalmente, como debe ser la comunicación entre un hijo fiel y su Padre. ¿Eres padre? Y tus hijos, ¿Le rinden respeto o atención a los padres de otros o solamente a ti? Ahí está tu respuesta, no la dejes ir. Tampoco a tu único Dios.

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¿Semejantes a Ellos?

Cuando entramos al tema de la comunicación, comprobamos que Jesús fue un experto. Niños y adultos por igual no tenían ninguna dificultad en entender sus palabras y seguir sus razonamientos. Esto es notable porque, mientras estaba en la tierra, vivió en una sociedad que estaba acostumbrada a una religión basada en frases hechas y en dobles mensajes. Los escribas, sacerdotes y fariseos, que dominaban la escena de la sinagoga en Palestina, se cuidaban de que así fuera. Sin quererlo, hicieron que el estilo sencillo y directo de Jesús pareciera más renovador. Cuando él hablaba, la gente escuchaba. A diferencia de los piadosos profesionales de sus días, las palabras de Jesús tenían sentido práctico. Algo que con el correr de los tiempos, los cristianos pareceríamos haber perdido.

Esto nunca fue más cierto que cuando se sentó en una ladera con sus seguidores y habló de las cosas que realmente importaban. Y fíjate que la tradición, ha hecho que esa sesión de enseñanza sea conocida como El Sermón del Monte, un título de lo más desafortunado a mi criterio. Porque sus palabras tenían autoridad, pero no eran de tono oficial; tenían penetración pero no tono sermoneador. Su charla en la ladera fue una presentación informal, razonada, meditada y sencilla. Destilaban sus palabras una enorme dosis de verdad, en un tiempo increíblemente corto y aquella gente que había soportado toda una vida de sermones aburridos y sin aplicación a sus existencias, se quedaron atónitos hasta el final.

(Mateo 7: 28) = Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; 29)  porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Si no logramos interpretar el fondo de esta afirmación, no apreciaremos la profundidad de la actitud de sus oyentes. Para decirlo claramente, esa gente estaba harta de la manipulación, del orgullo y especialmente de la hipocresía de sus líderes religiosos. Muchos años de legalismo, mezclado con exhibiciones farisaicas de poder destinadas a intimidarlos y controlarlos, mantenían al público en general en la esclavitud. Los sistemas humanos de complicados requisitos y de exigencias abrumadoras encerraban a la gente detrás de barras invisibles y la ataban con cadenas de culpabilidad. No podían calcular ese peso, ni podían mantener sus cabezas erguidas fuera del agua a menos que sacudieran las manos como un perro sacude las patas…y muchos ya se estaban desalentando. Pero ¿Quién se atrevería a decirlo?

Entonces apareció Jesús, con su mensaje lleno de gracia liberadora, de aliento al cansado, de esperanza al pecador. Lo más importante era que todo lo que él decía estaba basado en una verdad transparente, la verdad de Dios, y no en esas rígidas regulaciones religiosas que ellos conocían y respetaban. Les habló de la fe, de una fe simple, en términos que cualquiera podía entender. Su expresión afirmativa los invitaba a escuchar su enseñanza liberadora del pecado y la vergüenza, del temor y la confusión. La autenticidad del Nazareno los tomó con la guardia baja, les desarmó sus suspicacias y eliminó la niebla que había rodeado por décadas a la religión organizada. ¡No sorprende, entonces, que la gente lo considerara sorprendente! ¡Ni tampoco que los escribas y los fariseos, dedicados a eliminar la gracia, lo encontraran insoportable! La hipocresía desprecia la autenticidad. Cuando la verdad desenmascara el error, los que se encuentran expuestos a ella se ponen muy nerviosos.

Superficialmente, las palabras de Jesús que se registran en Mateo 5, 6 y 7 pueden parecer calmas en su tono y elementales en su sencillez. Podemos leerlas en quince o veinte minutos y, a primera vista, no parece sino apenas un golpecito en el hombro. Pero para aquellos que habían torcido la religión haciéndola una lista de actuaciones, de demandas y expectativas, era nada menos que sentirse expuestos ante todo el mundo. Cuando Moisés bajó del monte Sinaí siglos antes, no trajo diez sugerencias; del mismo modo, cuando Jesús presentó su mensaje en el monte, no declamó una humilde homilía. Para los legalistas, sus palabras representaban un agresivo reproche que sigue en pie en los tiempos modernos. Las palabras de Jesús pueden ser simples, pero definitivamente no son insípidas.

Más allá de la enseñanza de Jesús en la ladera palestina había una profunda preocupación por aquellos que habían entregado sus vidas a la tiranía de la presión que estaba a años luz de la fe simple. Le preocupaba en especial la posibilidad de que alguno hubiera sido absorbido por el modelo fariseo de sustituir lo auténtico con lo artificial, un peligro que siempre está latente a las sombras del legalismo. Eso es lo que me lleva a creer que el principal mensaje de la enseñanza de Jesús en aquel marco podría encapsularse en aquellas cinco palabras que dijo y que rescata Mateo 6:8 No seáis semejantes a ellos.

El Señor quería que sus seguidores auténticos fueran distintos, diferentes de la mayoría que sigue al rebaño. Al resolver conflictos, hacer negocios y responder a dificultades, la gente de Jesús no ha de ofrecer las mismas actitudes o escoger las prioridades de la mayoría. Y con seguridad, no hemos de emular su fariseísmo. Cuando Jesús enseña: No seáis semejantes a ellos, realmente quiere decir eso. Odia la hipocresía y ama la autenticidad. La hipocresía nos permite recorrer ambas direcciones del sendero; parecer justos pero ser impíos y sonar como piadosos pero ser secretamente profanos. Invariablemente, los que caen en la trampa del síndrome de la hipocresía tienen formas de enmascarar su vacío interior. La forma más fácil es la de agregar más actividad, correr más rápido, enfatizar una agenda completa, cada vez más larga. ¡Los fariseos eran más que expertos en todo eso! No contentos con la Ley de Moisés, que incluye los Diez Mandamientos, se aferraban a 365 prohibiciones, así como a 250 mandamientos adicionales. Pero, ¿Eso los hacía más justos? De ninguna manera.

Y aún no los hace. Aunque no puedas creerlo, pese a todo el avance en todos los terrenos que la humanidad ha recibido y adoptado, todavía esto se mantiene intacto. Hay un fariseísmo moderno que es el peor enemigo que la auténtica fe genuina tiene hoy. Es el arma que más resultado le ha dado a Satanás para combatir los verdaderos postulados de la fe. A miles de años de estas historias aparentemente superadas, me queda una reflexión que se resume en una frase que ya fue dicha por Él, pero llevada a nuestro idioma cotidiano: ¡No seas semejantes a ellos! ¿Dices que eres Cristiano? Entonces imita a Jesús, no a los que lo crucificaron…

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Cartas Abiertas Para el Mundo

En mis primeros años de creyente, recuerdo haber escuchado a alguien predicar sobre la cruz y todo lo que en ella había sucedido y, una vez concluido el eje central del mensaje, lanzó una pregunta a todos los que lo oíamos, pero dirigida casi de modo personal. Directamente preguntó: Hermano… ¿Sabes quién eres en Cristo? No sé qué habrán pensado los demás, yo me quedé tieso y helado. No tenía ni la menor idea respecto a quien era en Cristo. Es más; ni siquiera sabía muy bien qué era lo que estaba haciendo allí. Pasaron algunos años, la palabra de Dios fue metiéndose en mi vida y con algo de oración genuina, me sentí con ganas de recibir todo lo que Dios tuviera para mí. Eso me llevó a este texto, que un día alguien trajo a mi vida:

(2 Corintios 3: 2) = Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; (3) siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

(4) Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; (5) no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, (6) el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica.

En estos cinco versos, creo que está el resumen de lo que hoy somos en Cristo. Mejor dicho, creo que el resumen detalla lo que deberíamos ser en Cristo, todavía no sé muy bien si coincide con lo que somos. En principio, somos cartas escritas en nuestros corazones. Cartas que luego deberán ser leídas por todos los hombres, que al leerlas, tendrán la certeza que son cartas de Cristo mismo que les son mostradas como testimonios vivientes. Y cartas que no están escritas con tinta de bolígrafo, sino con la propia sangre de Jesús brotada desde el mismísimo Espíritu Santo. Cartas con principios que no están escritos en tablas de piedra como aquellas que Moisés trajo del monte santo, sino en tablas de carne del corazón, que si bien antes era de cuidado porque era engañoso, despues de la cruz se convirtió en el instrumento preciso de nuestra identidad.

Y es precisamente que, ser cartas de Cristo, nos permite tener confianza en Dios y con Dios. Confiamos en él como un niño confía en su padre, pero también tomamos confianza con él, igual que cuando ese mismo niño se pone a jugar con su papá. Y eso nos lleva a que nuestro Padre nos regale competencia y eficiencia en todo lo que hacemos y vayamos a hacer. No se trata que de pronto nosotros, por nosotros mismos, pasemos a ser personas capaces y aptas para lo que se nos ponga por delante. Nos queda más que claro que nuestra capacidad, nuestros talentos y nuestra eficiente competencia, nos llega vía Espíritu Santo desde el mismísimo cielo, desde la dimensión eterna, donde hemos sido designados todos, como ministros competentes del Nuevo Pacto, lo que tiene que ver con nuestro espíritu y no con la letra, eso queda bien claro. Porque todos sabemos que la letra, como tal y sin sustento sobrenatural, mata, pero el espíritu con la riqueza de la revelación divina, vivifica.

Y esto también nos enseña que podemos ser cartas vivas y testimoniales de Jesucristo en la tierra, y que si nos atrevemos a jugarnos como varones de guerra que somos, independientemente de nuestro género humano, nos comportaremos como ministros competentes que somos, todos. ¿Leíste bien lo que escribí? Todos. No existe tal cosa como un ministro y cien «no se sabe qué cosa». En ese lugar, y aun en contra de lo que alguna organización humana y humanoide pretenda imponer como verdad bíblica, rige lo que esta escritura, conjuntamente con otras, nos expresa y declara: somos todos ministros competentes del Nuevo Pacto, sólo debemos esperar recibir órdenes y ser obedientes a ellas, para bendición de quienes reciban nuestro trabajo, y para honra y gloria de quien nos envió. No serán necesarios hombres especiales para conducir al pueblo de Dios en batalla, porque todos serán especiales.

(Jeremías 31: 33) = Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel (Que hoy representa a la iglesia)  después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

(34) Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

Eso es todo. Y nada menos. Con esto en tu mente y tu corazón, y con tu espíritu presto y dinámico, creo que no tendrás ningún trabajo ni esfuerzo en responder ahora, ya mismo, la misma pregunta que yo, hace muchos años, no pude o no supe responder: ¿Quién eres en Cristo? Y me podrás decir: soy una de sus cartas vivas, que los hombres leerán y podrán ver en ella, que es como decir en mí,  la imagen de su rostro, de su cuerpo, de sus llagas, de su sangre, de su cruz. Y esa será una excelente y muy genuina respuesta, amén. Sólo me queda la misma duda que seguramente te quedará a ti: Hoy, como pueblo de Dios, como cuerpo de Cristo en la tierra, ¿Somos de verdad, todo eso? Tú tienes la respuesta. Y para dármela, primero debes aceptar el desafío. ¡Animo! No estás solo, no estás sola. Si me lo permites, voy contigo; yo también quiero decir con voz bien alta que soy carta escrita por Cristo para Vida Abundante y Eterna de un mundo en tiniebla. Yo acepto el desafío. ¿Me acompañas?

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