Estudios » Crecimiento

Militando en los Lugares Altos

 

Hay algo que quiero puntualizar en este exacto punto de este trabajo: nuestra fuente de información de ninguna manera son las tinieblas, es Dios. Porque es a través del Señor que nosotros entendemos cómo las tinieblas operan.

Quiero, antes de proseguir, dar un breve repaso a la estructura anatómica más general que se ha hecho del hombre. Nosotros conocemos, por la palabra, que el hombre es un ser que tiene un espíritu, al que se le ha dado un alma y que habita temporariamente en un cuerpo.

Esto es lo que se ha enseñado por años y que la iglesia en su conjunto, tanto los de allá como los de acá, conocen muy bien. Por eso no voy a profundizar sobre esto. Decir que el hombre es espíritu, alma y cuerpo, es como decir que un cuerpo es cabeza, tronco y extremidades.

Es así de general, y creo que estamos absolutamente convencidos que somos más que cabeza, tronco y extremidades. Somos seres maravillosamente creados por Dios, que tienen muchísimos elementos internos.

Pero vamos a quedarnos con esta definición clásica, porque en este momento sólo nos sirve entender esto. Se dice que el espíritu es la morada de la conciencia, de la intuición y de la comunión. De la misma forma el alma es la morada de las emociones, de la voluntad y de la mente.

Y también podemos decir que nuestro cuerpo está formado por órganos, sistemas y sentidos. ¿Qué pasa cuando una persona viene a Jesucristo? Entendiendo que somos seres tripartitos, ¿Qué es lo que pasa con cada una de nuestras partes integrantes?

Veamos. Nuestro espíritu, recibe vida de forma instantánea. La palabra nos explica esto. Juan 3:36, Isaías 57:15, y muchos otros pasajes más, nos dicen que hemos pasado de muerte a vida. Eso fue cuando conocimos al Señor.

Ahora, obviamente, no está hablando simplemente de una experiencia en el plano natural, porque ¿Qué pasa? Cuando uno conoce al Señor en una iglesia o en una experiencia personal, quizás hizo solamente una pequeña oración, no sintió gran cosa, ni un fuego abrasador, ni mucho menos, aunque otros quizás sí y otros más o menos.

Pero más allá de eso, ¿Qué sucede internamente? Cuando tú te conectas con Dios por medio de la cruz, lo primero que pasa es que, tu espíritu que estaba dormido o adormecido, por causa del pecado en el que vivías, o vivíamos, es en ese instante, resucitado, revivido, reanimado.

Y la vida de Dios se deposita en ese espíritu en un instante. Eso es algo automático. Desde ese momento, (Y a esto tú seguramente lo habrás experimentado, al igual que todos nosotros), puedes empezar a leer tu Biblia y la entiendes. A diferencia de si lo hubiera hecho antes, ahora la entiendes.

Y no sólo eso; tienes deseos de orar, tienes deseos de cantar al Señor, algo que antes hasta te parecía ridículo. ¿Y por qué no sentiste eso antes? Lo que sucede es que tu espíritu, que es el elemento que Dios ha creado para conectarse con la dimensión de su Espíritu Santo, estaba dormido.

Entonces, no había forma que tú te enganches con Dios, porque ese gancho, que es el espíritu del hombre, estaba en una posición de inactividad. Entonces tú conociste al Señor, te conectaste con el Espíritu Santo, y así empieza a fluir de ti unan vida abundante, aunque uno no sienta nada.

Simplemente está pasando. Y nuestra alma, empieza un proceso de limpieza. ¿Por qué? No te olvides que dijimos que en nuestra alma está la voluntad, están nuestras emociones y está nuestra mente. Si ustedes se dan cuenta, la parte consciente de nosotros, está ligada al alma.

Ahí está nuestra tenacidad para salir adelante, para hundirnos, está nuestra mente de donde nacen todos nuestros pecados, y también está el corazón que nos lleva a situaciones de alegría y también de tristeza. Por eso es fácil entender que el alma, se constituye en el elemento más complicado de trabajo.

O sea que es nuestra alma el problema, y esa lucha está explicada en Romanos 7, cuando Pablo dice: “Mira, yo en mi espíritu quiero hacer esto, pero en mi cuerpo yo encuentro una ley que se contrapone y choca con la ley del espíritu, porque termino haciendo lo que no quiero y no puedo hacer lo que sí quiero”.

Él está explicando, justamente, esta dicotomía entre el cuerpo y el alma, de personas que han conocido a Cristo. O sea: el Espíritu Santo entró el espíritu del hombre y mi espíritu está dispuesto. Más, la carne es débil. ¿Qué será lo que se entiende por carne? Paciencia, ya viene.

Luego tenemos nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es el que menos sufre el impacto de la conversión, del nuevo nacimiento. Si se pudiera hacer una escala porcentual, diríamos que mi espíritu es el que más recibe. Luego está mi alma, que cada día tiene que ir luchando para cambiar mi manera de pensar y para que cada vez mi voluntad se rinda más al Señor.

Porque luego lo que viene será una reprogramación del alma. Nuestra alma tiene que pasar por un proceso de entrenamiento, y ahí están todos los consejos que Pablo nos da: Que hablemos conforme a la verdad, que renovemos el espíritu de nuestra mente, lo cual va a llevar su buen tiempo para ser tratado convenientemente por Dios.

¿Cómo y cuándo termina o al menos tiene victoria este proceso? El día que podemos decir como dice Pablo: ya no vivo yo, más Cristo vive en mí. Pero hasta ese día, tú vas a encontrar que todavía en la iglesia suceden muchas cosas que no figuran como parte activa del Reino.

Por ese motivo es que dentro de las congregaciones todavía hay grandes casos de fornicación con sus lógicas consecuencias de embarazos de soltera, por eso hay adulterios que, en algunos casos, incluyen al liderazgo, por eso muchos jóvenes siguen atados a la pornografía y todo eso.

Con todo el Espíritu Santo, con toda tu Biblia, con toda tu iglesia y con todos los mejores pastores que quieras encontrar. ¿Por qué? Porque el alma sigue siendo, todavía, el campo de batalla, donde la luz del Reino de Dios está peleando contra la oscuridad y las bajas pasiones del infierno.

Pero nuestro cuerpo, ¿Qué va a recibir como fruto de la salvación? Pues casi nada, un día vamos a resucitar. Nuestro cuerpo va a ser glorificado. Si el Señor no viene hasta que nosotros tengamos que partir, ahí se cumple la palabra que dice que el Señor descenderá con voz de mando, con voz de arcángel, con trompeta de Dios, y nuestro cuerpo será glorificado.

Antes o después, no le hace; nuestro cuerpo tendrá que ser sí o sí glorificado, porque de otro modo jamás podríamos contemplar al Creador. A la luz de todo esto, podemos ver que el hombre enfrenta diferentes luchas.

Y el tema es importantísimo, para que no pensemos que todo lo que nos pasa, simplemente es demoníaco. Veamos: el primer campo de batalla que nosotros tenemos, es con nuestra propia carne. Si tú vas conmigo a la carta a los Romanos capítulo 8, vamos a ver algo al respecto.

(Romanos 8: 7) = Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

Clarísimo: nuestra carne no puede sujetarse a la ley de Dios. Es decir: no puede un odre viejo, recibir un vino nuevo. Tu carne no puede regenerarse, no puede cambiar. No puede entrar a un centro de rehabilitación.

La que pretende y quiere rehabilitar a la carne, es la religión. Pero nosotros no hemos recibido un espíritu de religiosidad, sino un espíritu de vida. ¿Y qué es lo que la carne debe hacer? En un momento vas a entender, al menos, lo que Dios quiere que la carne haga.

La carne es toda nuestra tendencia natural. A veces nosotros manejamos términos como éste, la carne, y nadie termina de entender de lo que estamos hablando. La carne es nuestra tendencia natural. Esto no tiene nada que ver con mi país ni con sus vacunos y sus suculentos asados.

Luego tenemos al mundo como nuestro siguiente elemento de confrontación. La Biblia nos enseña que nosotros tenemos una batalla contra el mundo, también. Es una batalla que la libraron todos los hombres de Dios y nosotros también vamos a librarla.

Así dice en Santiago 4:4. ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.

Y por último, nosotros también tenemos al diablo como enemigo. Y ahí está el famoso texto de Efesios que ustedes conocen y que dice que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra huestes de maldad, etc. etc. O sea que el diablo también viene a pelear contra nosotros.

Dice Efesios 6:11: Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

En síntesis y conclusión, el hombre tiene una batalla contra tres enemigos formidables: la carne, el diablo y el mundo. Por eso muchas veces hay gente que llega a una iglesia y le dice al pastor que lo libere porque tiene tal o cual problema.

Pero el asunto es que esa persona no siempre necesita liberación, hay casos en que necesita aprender a vencer su carne. No todo es demonio, no todo es espiritual, no todas son tinieblas. Hay cosas que se vencen con voluntad.

Cuando hablamos de carne, estamos utilizando una palabra que Pablo la utiliza en el Nuevo Testamento, que es sarks. ¿Qué es la carne? Veamos tres elementos que nos van a ayudar. Número uno, es la parte más baja del hombre, es decir, la más impura.

No está hablando de nuestro cuerpo, sino de nuestra tendencia para hacer las cosas malas. Tu cuerpo es una maravillosa obra creada por Dios. Número dos, la carne es también la propia incitación que uno tiene hacia el pecado. Lo que me nace desde adentro para ir hacia el pecado.

Por ejemplo, si tú no eres una persona a la cual le atraiga el alcohol, es tonto pensar que el diablo va a intentar tentarte con una botella de bebida. Ya nosotros tenemos, dentro de nuestros genes, una tendencia a hacer lo que está equivocado en algo específico y puntual.

Haz una prueba simple y al mismo tiempo lamentable y desgraciada. Entra en una cárcel y pregúntale a cada uno de los presos que allí se encuentran, cuántos de ellos han tenido padres que alguna vez también estuvieron en prisión.

Está probado que el setenta o setenta y cinco por ciento de los reclusos, vienen de familias donde hubo progenitores que también estuvieron en la cárcel. Y eso me hace ver algo. Que la gente ya nace con una tendencia clara a los problemas. Eso se llama iniquidad y es un enorme tema tratar en sí mismo.

En tercer lugar, tenemos a la herencia de nuestra naturaleza de pecado. Nosotros hemos heredado de Adán, esa capacidad de inclinarnos más a hacer lo que no debemos hacer. A la luz de esto, Pablo nos habla de que el hombre tiene una mente carnal, pero también nos habla de que hay un cuerpo carnal.

(Romanos 8: 7) = Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

Los designios. Habla de los pensamientos, habla de la mente carnal. Dicho de otra forma, la mente carnal piensa las cosas que son de la carne. Y tenemos lo que es el cuerpo carnal. Y encontramos un texto en la carta a los Colosenses.

(Colosenses 2: 11) = En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo;

Está claro. Tenemos entonces que la carne está presente en todos los seres humanos, por cuanto es parte de su naturaleza, pero también está el viejo hombre. Y es diferente el viejo hombre a la carne. A este tema, aún los hijos de Dios lo confunden.

(Gálatas 5: 17) = Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, (Eso se llama confrontación) y el del espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí (Ahí entendemos Romanos 7) para que no hagáis lo que quisiereis.

Todos hemos tenido o visto en el pueblo de Dios, esta tremenda lucha. Gente muy buena, casi excelente, que quiere servir al Señor, y no puede. Y cae, y cae, y cae. Y los líderes dicen: “¿Pero cuál es el problema? ¿Qué discipulado tengo que darles para que no caigan más?”

Es penoso, pero nadie ignora que durante un año enero, son muchos, muchísimos los hombres de Dios que caen, por ejemplo, en problemas de adulterio. Cada año. Hace algún tiempo circuló una estadística que mostraba que sólo en los Estados Unidos, alrededor de doscientos pastores por año dejaban el ministerio por causas morales.

¿Cómo puede pasar eso? ¿Cómo puede ser que el Espíritu de Dios no pueda ser algo más radical en nuestras vidas, y cambiar eso que nos está afectando? Repito: te pido que trates de entender que hay una diferencia entre la carne y el viejo hombre. Porque allí vas a identificar al enemigo que tienes cerca.

(Romanos 6: 6) = Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Punto primero y para tratar de entender de qué hablamos cuando hablamos de esto. El viejo hombre, es el conjunto de tendencias pecaminosas que estaban ancladas en el pecado de Adán, que provocaba que nosotros pecáramos, pecáramos o pecáramos.

O sea: es imposible que una persona sin la ayuda de Dios, pueda vivir sin pecar. Es imposible. No se puede. Lo dice Pablo, estamos vendidos al pecado. No hay forma. Entonces, Dios hace algo extraordinario: Cristo en la cruz, se encargó del viejo hombre, pero no de la carne.

De la carne, te encargas tú. “¡Pero hermano, todavía no entiendo bien la diferencia!” Ahí vamos. El viejo hombre, es el conjunto de tendencias que usa la carne para hacerme pecar. Esa tendencia, esa naturaleza que teníamos dentro antes de conocer al Señor, nos impedía poder ser gente que viva sin pecar.

De tal forma, que cuando Cristo va  a la cruz, (Y cuidado con esto, porque es vital para hoy) lo que hace es tomar al viejo hombre, toda la tendencia heredada, todo aquello y lo pone en la cruz. De tal forma que si ahora pecamos, es porque queremos. Porque podemos elegir y decidir.

Antes no podíamos elegir ni decidir. Estábamos vendidos, éramos esclavos del pecado. Pero Cristo viene y nos quita el señor que nos hace pecar y lo pone y lo crucifica con Él. El viejo hombre, fue crucificado. ¿Y entonces por qué peco?

Porque todavía tu carne no se cree, todavía tu carne no ha entendido, que tiene la capacidad de vivir sin pecar. Como dice Jesús en Mateo 5:48: sed perfectos, como vuestro Padre en los cielos es perfecto. ¿Cómo Jesús me pediría que sea perfecto si yo no puedo serlo?

Si Él me dice que sea perfecto, es porque yo puedo ser perfecto. El asunto está en que mi fe no se ha desarrollado a la estatura de poder creer esta palabra de Dios. Y yo me vendo a mí mismo al pecado vez tras vez, asumiendo que nunca voy a poder dejar de pecar.

La Biblia habla de esto. Él dice que ha destruido el objeto del pecado. ¿Y sabes qué? Yo lo creo. Yo creo que Jesucristo ha tratado este asunto y lo ha resuelto. Pero la iglesia se quedó aquí abajo con el estigma y el paradigma de que no puede.

Y te voy a dar un ejemplo. Definición de paradigma. Tú sabes que los latinoamericanos tenemos una manera de pensar, los europeos tienen otra, los americanos del norte, otra, y así sucesivamente con todo el planeta.

Tan efectivo es esto, que por ejemplo, nosotros, ya actuamos en función de ciertos conceptos. Cuando los argentinos viajamos a ciertas partes de Ecuador o de Bolivia, juramos padecer con la altura. Y eso es cierto en algunas personas, pero no tiene que serlo necesariamente en todas. Sin embargo, todas lo creen y ya está.

Es que nosotros nos creemos cosas que no siempre están avaladas con la verdad indiscutible. Y creemos esas cosas sencillamente porque hemos abierto nuestros oídos a supuestas verdades que jamás se han comprobado, pero que sin dudar las asumimos como ciertas.

¿Qué es un paradigma? Una estructura limitante de pensamiento, que genera una conducta condicionada. Entonces, yo me establezco en esta verdad: Jesucristo nos ha dado, no solamente un Espíritu maravilloso que es el Espíritu Santo, sino que mi propio cuerpo tiene la capacidad creada por Dios para funcionar en cualquier nivel.

Fíjate; Dios creó las montañas, y yo puedo subir a las montañas. Dios creó el mar, y yo puedo arrojarme al mar y nadar si es que he aprendido a hacerlo. Dios ha creado un desierto, y yo puedo caminar en ese desierto. De hecho, hombres y mujeres de Dios vivieron en desiertos.

Nuestros cuerpos son tan maravillosos, que están diseñados por Dios para ambientarse y dominar sobre toda la creación. ¿Y por qué no lo hacemos? Por causa de los paradigmas que tenemos. De la misma forma, hemos aceptado como iglesia, de que es imposible vivir sin pecar.

Pero resulta ser que la Biblia dice que nosotros sí podemos vivir sin pecar. Pero el asunto es que nos es más fácil creer que Dios es mi sanador, a que dios es mi santificador. Y eso es cierto. Me resulta más fácil creer que Dios pueda hacer un milagro para darme un trabajo, por ejemplo, que a que yo pueda vivir sin pecar.

Entonces tengo que preguntarte: ¿Qué es más importante para Dios? ¿Darte el trabajo o que tú vivas sin pecar?  El viejo hombre, fue destruido. Y si el viejo hombre ya fue destruido, la carne ya no tiene al personaje que le generaba el problema.

Sin embargo, cuando venimos a Cristo solemos estar en problemas. Hemos sido mal hablados, por ejemplo, durante tantos años, hemos tenido pensamientos feos tantos años, que nos cuesta trabajo pensar que podemos vivir una vida santificada.

Yo declaro que la voluntad de Dios, es nuestra santificación. Jesús lo dijo, la Palabra lo establece. Y si la cruz no tiene la capacidad de hacernos vivir en victoria y en santidad, qué poca victoria nos habrá dado la cruz, ¿No te parece?

¿Cuál fue el pecado de Adán? ¿Comer de un fruto que le estaba prohibido comer? Una manzana dicen nuestras tradiciones, no hay prueba fehaciente de ello, pero dale qué va, manzana. Cuando ese bocado de manzana pasó de su boca a su estómago, Adán pecó.

Ahí cayó, se acabó su destino eterno en ese momento. Yo te pregunto, ¿Cuánto tardó Adán en comerse la manzana? ¿Un minuto? ¿Dos? Ahora escucha: ¿Cuánto tiempo necesitó el Hijo de Dios para reparar lo que Adán destruyó?

Si el fracaso de Adán fue tan tremendo, yo tengo la obligación de establecer por la palabra, que la victoria de Jesús fue mucho mayor. Y que así como en Adán fuimos atados al pecado, en Cristo fuimos libertados del pecado por completo.

De tal manera que, el que hoy día quiere pecar, peca por elección, no por condicionamiento. O sea: antes no podíamos vivir sin pecar; ahora sí podemos. De tal forma que, si tú hoy estás pecando, es porque tú quieres pecar. Y a eso, Dios lo sabe.

Peo ahora vamos a entrar a otro grupo: de gente que conoció al Señor, el viejo hombre fue destruido, pero aún no tiene la capacidad de no pecar. Y eso es porque hay demonios ligados al pecado. La Biblia nos habla acerca de lo que son las obras de la carne.

 

(Gálatas 5: 19) = Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, (20) idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, (21) envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Habíamos dicho que el alma es el depósito, es el centro de las emociones, de la voluntad y de la mente. Ustedes van a descubrir que este grupo de elementos que se generan en el hombre a causa del pecado, han producido un efecto en cada uno de estos centros de gobierno que el hombre tiene.

La inmoralidad, o la impureza, o la insensibilidad van a atacar a cierta parte del alma. De la misma forma la idolatría, la hechicería ataca a cierta parte del alma, más o menos en este esquema. Les emociones que están ubicadas en el alma, normalmente son atacadas por el rechazo, por los celos, por la perversión y por la rebeldía.

Por otro lado, la voluntad es el blanco de ataque del ocultismo, de la falta de perdón, de la amargura, del alcoholismo. Tú hablas con un alcohólico, y el alcohólico es consciente que está destruyendo a su familia, su vida y su economía.

Él lo sabe, pero aunque alguien lo obligue o lo presione, no puede salir de eso. No puede. ¿Y sabes por qué no puede? Mira con qué está ligado el alcoholismo con relación al alma. ¿Con qué parte? Con la voluntad. La voluntad ha caído bajo el gobierno de esta adicción y no puede liberarse a sí misma.

Necesita la ayuda de alguien. Necesita que un hijo de Dios ayude a sanar esta parte del alma y pueda quitar al alcoholismo de la voluntad del hombre. Ese hombre no es tonto, su cerebro funciona. Se está quemando las neuronas, pero sigue pensando, aunque no puede dejarlo porque este problema ha tomado su voluntad.

Tenemos la mente. El abuso, la ira, la lujuria, el temor. Una persona cuando pasa por una situación de abuso, su mente queda afectada por años. Fue un abuso físico. Nadie le tocó la mente, sólo le han tocado el cuerpo. Pero su mente, que está muy ligada al cuerpo, queda afectada por años y hasta en sueños va a seguir viendo cosas.

Y luego, cuando desee entablar alguna relación emocional con alguien no va a animarse, tiene pensamientos de auto acusación y siente que todo lo que le está sucediendo es pura, única y exclusivamente por su culpa.

¿De dónde sacas esas tú esas conclusiones? Pues ahí está. Las obras de la carne, que Pablo menciona en Gálatas en esos tres versículos, también son afectadas en diferentes esferas. De rechazo, de abuso y de todo lo demás que hemos hablado.

Las tinieblas utilizan estas armas para atar a la gente. Cuando las tinieblas vienen y tocan tu puerta, no van a  decirte: ”mira, soy la tiniebla y quiero atar tu vida”, sino que afecta un área específica. O sea tu mente, o sea tu voluntad, o sea tus emociones, las ata de tal forma que la persona quede inactiva y no pueda desarrollarse.

La pregunta inmediata, entonces, es: ¿Cómo podemos darle victoria a una persona, sobre la carne? Nos da la respuesta Pablo. Te voy a pedir que vengas conmigo a la carta de Pablo a los Romanos, capítulo 6 y verso 12.

(Romanos 6: 12) =No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; (13) ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

En pocas palabras, ¿Cuál es el remedio para la carne? El remedio para la carne, es la cruz. Es bien específico el lenguaje que Pablo utiliza, de allí que debo pedirte que tengas mucho cuidado con lo que dice el verso 12. No reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias.

Si yo elijo dejarme seducir por mi carne, y que conste que no estoy hablando de diablos ni demonios, sino de la tendencia que yo tengo al pecado. Dice: ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado. ¿Eso significa que yo puedo presentar mis miembros al pecado? Exacto.

Sino, presentaos vosotros mismos a Dios, como vivos entre los muertos, como instrumentos de justicia. Ahora bien. Una buena pregunta en este momento, es: ¿Cómo se produce el pecado? Vamos a procurar que entiendas la dinámica del pecado.

Para que haya pecado, se necesitan dos componentes. Una naturaleza humana, ahí está lo que es la carne, y una naturaleza espiritual. Ahí están las tinieblas y todo el poder que ellas tienen para afectar la vida de los hijos de Dios. Dice la palabra.

(Proverbios 14: 12) = Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.

Mi naturaleza humana, a la hora de escoger, se equivoca. Me parece que algo no puede ser tan malo, y termina siendo muy malo. Por el otro lado, la naturaleza espiritual de las tinieblas, se pone en marcha de inmediato tal como Pablo lo describe aquí.

(1 Corintios 10: 13) = No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

Dicho entonces claramente. Para que haya un pecado tiene que haber, en primera instancia, una mala decisión, hay caminos que parecen derechos. En segundo término, hay también una fuerza demoníaca que quiere hacerte pecar, pero que no puede obligarte a hacerlo.

Puede persuadirte, puede tentarte, pero no puede obligarte a pecar. A causa de tus decisiones equivocadas y a causa de la tentación, se produce algo: pecado. Esto significa que nadie peca solamente porque fue tentado, sino que para que pecara, también él decidió pecar.

Eso quiere decir que tiene el cincuenta por ciento de responsabilidad el diablo, pero el otro cincuenta por ciento es nuestra responsabilidad. Si el diablo sólo tienta pero tú no cedes, ¿Hay pecado o no hay pecado? No hay pecado. De eso está hablando Corintios.

Podemos ser tentados, pero si yo resisto la tentación, no por eso he pecado. Porque la tentación quiere que tú peques, pero recuerda que el pecado siempre va a producir muerte. Los espíritus demoníacos, las tinieblas, son quienes instigan la tentación.

Y esa clase de muerte, provoca separación de Dios. ¿Qué es lo que los espíritus demoníacos pueden hacer? Solamente pueden tentarte. Lo demás, es tu decisión. El pasaje más claro que tenemos, está en la carta de Santiago, capítulo 1.

(Santiago 1: 13) = Cuando alguien es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser t entado por el mal, ni él tienta a nadie; (14) sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia (¿Sabes qué significa concupiscencia? Apetito), es atraído y seducido.

(15) Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Eso me lleva a una conclusión: detrás de cada pecado, hay un espíritu inmundo. ¿Por qué? Porque es el espíritu inmundo el que instiga a la tentación. Cada vez que el infierno quiere hacerte pecar, necesita saber cómo hacerlo.

Ellos dicen: ¿Cómo podemos lograr que esa persona, Fulano de Tal, caiga en un pecado? Entonces van a una base de datos. Esa base de datos se llama “la carne”. Y miran y dicen: “A ver, ¿A qué le tiene concupiscencia esta persona?”.

“Ajá, su debilidad es tal cosa”. Entonces, envían un emisario del infierno con una agenda. La concupiscencia, la debilidad, el apetito, el punto débil, el punto flaco de tal persona, es este. Por eso dice Santiago que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia.

Cada vez que un hijo de Dios cae en pecado, hay un culpable que es demoníaco, hay un demonio que lo instigó, pero también estuvo la decisión de ceder al pecado. A la luz de eso, Pablo nos habló del pecado, y de este problema.

Tenemos por un lado el cuerpo, el alma y el espíritu. Cada parte maravillosa con las que Dios nos ha creado. Y Pablo dice: hermanos, les ruego que no deis lugar al diablo. Es muy interesante ese pasaje. No deis lugar al diablo. ¿Qué significa eso? Efesios 4:27.

Lo que Pablo nos está revelando es que, para que nosotros caigamos en pecado, hemos tenido que ceder un espacio de gobierno de nuestra propia vida, a las tinieblas. Por eso dice Efesios 4:26 y 27: Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; ni deis lugar al diablo.

Ahora bien, ¿Cómo es que no le doy lugar al diablo?  Mira lo que dice el 28. El que hurtaba, no hurte más. Cuidado que no dice que el que hurtaba reprenda a un espíritu de hurto. ¡Dice que no hurte más! Sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que tiene necesidad.

¡Qué tremendo! Al entender que tú mismo eres el que le da lugar al diablo, tú también eres el que puedes negarle lugar al diablo en tu vida. Que le puedas decir lo mismo que le dijo Jesús: tú no tienes parte conmigo.

Una parte del trabajo, lo hace el Espíritu Santo, pero otra parte la hace mi propia voluntad. Claro que hay gente que está tan atada, que no puede liberarse a sí misma.  Esas son las personas a las que la iglesia sí debe ayudar. Sin que para ello debamos crear pomposos ministerios de liberación. No existe eso, es apenas una simple cuestión de autoridad divina delegada.

El segundo enemigo que nosotros tenemos, y ya lo mencioné, es el mundo. El mundo es nuestro adversario y, toma nota, es un adversario formidable. En 1 Juan 2:15, dice que no debemos amar a las cosas del mundo.

En 1 Juan 5:19, el apóstol nos dice que el mundo es el sistema sobre el cual gobierna Satanás. Jesús, según lo refleja Lucas en su evangelio, nos advierte del mundo. Dice que el mundo nos tienta a avergonzarnos de Él.

Pablo nos habla en 1 Corintios 1:18. El mundo exalta su propio sistema intelectual, y rechaza la verdad de Dios. Porque para el mundo, nuestro evangelio es locura. El mundo tienta a los creyentes a ajustarse a las normas establecidas por la sociedad.

Tú vas a ver que la moda, por ejemplo, obliga a que las jovencitas se vistan de cierta manera casi uniforme. Y no se fija si esas jovencitas son ateas, incrédulas, gnósticas o cristianas. Las costumbres del mundo se meten en la iglesia. Y la iglesia resiste esos ataques, pero lentamente va abriendo espacios.

Esto me lleva a una conclusión. El mundo, es un sistema espiritual de cosas que se oponen a Dios. La palabra para ese enemigo nuestro, mundo, es kosmos. Hay varias palabras para mundo, lo hemos enseñado alguna vez.

Está ecumeno, está kosmos. Ahora, ¿De qué estamos hablando? Porque Dios creo al mundo. Juan 3:16 dice que de tal manera amó Dios al mundo, Es evidente que en todos estos casos, no está hablando de mundo como sistema que se opone a Dios permanentemente.

Pregunto: ¿Nosotros tenemos una respuesta ante el mundo? ¿Podemos tener victoria frente al mundo? Sí, la Biblia nos dice que nosotros podemos tener victoria. Y esa victoria es nuestra fe. La palabra nos habla claramente en 1 Juan capítulo 5, que la victoria que ha vencido al mundo, es nuestra fe.

Hasta este punto hemos hablado un poco de lo que son los enemigos de Dios y del creyente. Hemos hablado de la carne, porque no importa cuántas sanidades interiores le hagas tú a alguien. Si ese alguien no quiere cambiar sus hábitos, no importa quién ore, no se sana.

Esto no va a ser permanente, la persona tiene que cambiar. El que hurtaba, no hurte más. Y podemos añadir: el que mentía, no mienta más. El que fornicaba, no fornique más. ¿Qué le dice Jesús a la mujer pescada en adulterio? Ni yo te condeno, pero vete y no peques más.

A otra persona que Jesús se encontró, también le dijo: vete y no peques más, aunque aquí añadió que: no sea que te venga algo peor. No basta lo que el Espíritu Santo pueda hacer con nosotros, sino que nosotros mismos debemos cambiar nuestras conductas.

Por otro lado está el mundo, con todo el arsenal con el que bombardea a la iglesia. Pero es sencillo, dice que la victoria que ha vencido al mundo, es nuestra fe. ¿Y qué es nuestra fe? Yo sé quién soy. Yo sé dónde estoy. Yo sé lo que tengo. El mundo no me atrae, porque yo sé en quién he creído.

Nuestra fe. Entonces el mundo viene con toda su seducción, pero si tú estás plantado no sólo en la percepción de Dios, sino también en el conocimiento pleno de Dios, del mundo espiritual y del espíritu que está detrás del mundo, tú no caes jamás y permaneces firme.

No voy a hablarte del enemigo final, el diablo, porque para eso necesitaría de todo otro estudio completo, pero sí podemos ver qué es lo que Jesús hizo. Y cómo nosotros confrontamos al diablo, y cómo puede ser que un creyente que entregó su vida al Señor, todavía pueda estar siendo atacado por demonios. ¿Será posible, eso?

Hemos visto por diseño y por origen, cómo Dios delimitó la esfera espiritual y la natural, con límites y márgenes muy claramente establecidos. De tal forma que es ilegal que un ser creado para una esfera celestial, habite en una esfera terrenal, o viceversa.

A la luz de eso, nosotros también hemos entendido que aún el Espíritu Santo y el propio Jesucristo, necesitaba de un cuerpo natural o un cuerpo terrenal para poder habitar entre nosotros. Cosa que hizo. Jesús recibió un cuerpo para habitar entre nosotros y el Espíritu Santo también habita hoy en nosotros.

Es como que nosotros somos puertas, por donde el Espíritu Santo puede entrar y puede obrar, pero también somos puertas para que las tinieblas puedan entrar si es que les damos permiso legal. De ahí el salmo que dice: Alzad vosotros vuestras cabezas, puertas eternas. Le habla a la iglesia.

Y entrará el Rey de Gloria, concluye. Y precisamente el Rey de gloria entrará por nosotros, así como también la oscuridad puede hacerlo. Ya sabemos que el cristiano no sólo tiene lucha contra las tinieblas, sino también contra la carne.

Debemos tener en cuenta que durante muchos años una gran parte de la iglesia se opuso tenazmente a la idea de que un cristiano pudiera tener demonios operando en su vida. Por contrapartida, otra parte de la misma iglesia cree que sí, que es posible.

Y seguramente tú quieres saber qué es lo que yo creo. Bueno, yo creo que sí, que un cristiano puede tener demonios por la sencilla razón que lo he visto con mis propios ojos. La enorme mayoría de personas ministrada en liberación han sido o eran cristianos congregados en alguna iglesia.

Sin embargo, en la práctica deberemos entender que las dos posiciones son correctas. Yo creo que una persona que ha nacido de nuevo, no puede tener demonios. El conflicto, aquí, es este. ¿Qué se entiende por nacer de nuevo?

Estamos acostumbrados a conversiones masivas de cientos de miles de personas, que por una oración, creen que ellos ya están con todo resuelto, cuando en la práctica, Jesús nunca habló de que simplemente fuera una oración lo que a nosotros nos cambia.

O sea: creo lo que dice Romanos. Que si crees en tu corazón y confiesas con tu boca, serás salvo. Pero también creo lo que Jesús dice: el que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.

Yo no puedo desconectar el mensaje del evangelio, tan importante, de estos dos puntos y separarlos. Por un lado, yo sí debo creer y confesar, y ese es el instrumento que Dios utiliza para decir: Sí, él es mío. Pero por el otro lado, está el hecho de que yo debo decidir voluntariamente tener una vida íntegra y renunciar a todo tipo de pecado con el que haya vivido antes.

No es posible de que yo, porque haya hecho una oración de dos minutos con los ojos cerrados, me auto convenza de que ya todo está bien y que no necesito nada más, pero sigo mintiendo, sigo fornicando, sigo siendo un murmurador, sigo siendo una persona que juzga.

Porque la palabra dice que ninguno que sea fornicario, o aquello, o aquello, heredará el Reino de Dios. Debemos encontrar, entonces, un punto de equilibrio. ¿Y cuál es el punto de equilibrio? Ciertamente somos salvos por creer en nuestro corazón y confesar con nuestra boca.

Pero Dios nos exige que nos apartemos del pecado. Dice la palabra que conoce Dios a los que son suyos, y apártese de iniquidad todo aquel que invoque el nombre del Señor. Es inconcebible que un cristiano viva atado al pecado de un modo casi natural.

O es cristiano, o no lo es. Ahora bien, el punto es este. El conflicto por el cual estos dos grupos no coinciden, es porque ellos tienen una dificultad. El hombre es un ser tripartito. Una parte de él es cuerpo, otra parte es espíritu y otra parte más, es alma.

Las tinieblas y los demonios, operan en la esfera del alma, no en la del espíritu. Y en esto también coinciden los que sostienen que un cristiano no puede tener demonios. Porque aseguran con certeza, que el Espíritu Santo no puede convivir con un demonio.

Yo también creo que eso es así, es verdad. Pero lo que no están viendo estos hermanos en la fe, es que el Espíritu Santo habita en el espíritu del hombre. Mientras que los seres inmundos, habitan en el alma del hombre.

Y esos son dos lugares que, aunque están conectados, tienen autonomía propia. Y a esa autonomía, Pablo la explica en Romanos 7. Lo que quiero hacer, no lo puedo hacer. Mi espíritu está dispuesto, pero mi carne es débil.

Ahí se puede dar cuenta, cada uno de nosotros, que aunque en nuestro espíritu anhelamos servir a Dios y vivir conforme a cómo él nos ha mandado, hay una parte de nosotros que se resiste a dejarse conducir por el Espíritu Santo.

Esa, es una lucha diaria. Y en la medida que muramos a nuestro yo, el poder de Dios podrá, cada día, levantarse más, y pecaremos menos, y seremos personas que viven en una dimensión de reino que realmente el Padre quiere introducirnos.

Por eso es que me permito decir que estos dos grupos de hermanos que te comentaba, tienen la razón. Por un lado, un cristiano que realmente ha pasado por la cruz, que ha negado su vida, que cada día se sumerge en las aguas del Espíritu, que busca vivir agradando al Señor, yo le puedo garantizar que no tiene demonios. No puede tener demonios.

Pero si hablamos de esa cantidad de hermanos que se convierten de a poquito, que quizás le entregaron su corazón al Señor, pero todavía no algunas otras partes de su existencia, y por eso todavía tienen mal carácter y hasta mienten y todo eso, saca tú rus propias conclusiones si es que pueden o no tener demonios operando en sus almas.

¿Cuál es la solución inmediata y casi infalible, y digo “casi” porque participamos nosotros, no por lo que Dios hará? Vivir conforme al deseo de Dios. ¿Y cuál es el deseo de Dios? Lo dice Tesalonicenses: Que todo nuestro ser, espíritu alma y cuerpo, sea santificado por completo.

Sin embargo, aunque el deseo de Dios sea ese, el hecho jamás va a producirse de facto o de una manera automática. Cada uno de nosotros, voluntariamente, debe ceder terreno de su vida al trabajo del Espíritu Santo.

Entonces, por un lado, tú tienes a una persona que tiene el Espíritu Santo, el Espíritu Santo habita en él, mora en él, pero su alma no se rinde a Dios, y él decide ceder al pecado, y por tal razón lo que esa persona podría hacer no lo hace y, como consecuencia, abre puertas de ingreso a los demonios.

De tal forma que su vida es un círculo constante de posibles victorias y constantes fracasos, en el que no llega a haber en ningún momento, una verdadera manifestación de lo que Dios quiere hacer en su vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

junio 4, 2015 Néstor Martínez