(Efesios 3: 10) = Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, 811) conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor.
Preguntas tales como: ¿Qué es la iglesia? Van a ser respondidas en este trabajo. ¿Quiénes forman la iglesia de Cristo? ¿Para qué está la iglesia en la tierra? ¿Cuál es el propósito de la iglesia? ¿Cómo debe funcionar la iglesia?
Esto es algo que todo creyente tiene que saber, por una simple y sencilla razón: porque la iglesia la conforman todos aquellos que han nacido de nuevo. La palabra iglesia, viene de una palabra griega que se pronuncia ekklesia, con doble “k”.
Y ekklesia significa, literalmente, “los llamados a salir fuera”. ¿Y cómo se entiende, entonces, que los cristianos seamos la iglesia? ¿Somos llamados a salir fuera de dónde? Fuera del mundo, es obvio. Por eso Israel es el prototipo, la tipología de la iglesia del Nuevo Testamento.
Que fue libertada por mano de Moisés. Moisés es una tipología de Jesús, libertador. Fue sacada, fue llamada a salir fuera de Egipto. Eso es lo que significa iglesia. ¿Y quién es la iglesia? Jesús dijo que Él iba a edificar su iglesia.
¿Pero y entonces quién es la iglesia? Todos los que han creído en Él. Todos los que han limpiado sus pecados en la sangre del Cordero, todos los que creemos que Él es nuestro Salvador, nuestro Señor. Todos los que han nacido de nuevo, vienen a formar parte de la iglesia de Cristo.
Y esto tiene validez para cualquier parte del mundo en donde alguien invoque el nombre del Señor. No se puede decir Tal o Cual iglesia es la verdadera, porque dentro de todas las iglesias, incluyendo algunas que tienen muy mala fama, hay gente genuina que ha nacido de nuevo.
Pero también hay gente que está allí en las iglesias, pero que no ha nacido de nuevo. Entonces, ¿Cuál es la iglesia verdadera? Por nombre, ninguna. La iglesia verdadera está conformada por todos aquellos que verdaderamente han nacido de nuevo.
Yo no podría asegurar de ninguna manera que todos los que me están escuchando hoy son nacidos de nuevo. Si tú eres nacido de nuevo, tú sí eres parte de la iglesia de Cristo. De otro modo, no; aunque lleves años y años asistiendo y hasta ministrando en una iglesia cristiana.
¿Cómo deberé comportarme para formar parte de esa iglesia, entonces? Déjame darte diez puntos, diez llaves, diez estaciones en las que suele detenerse el tren de la iglesia genuina. Diez puntos elementales que deberás tener muy en cuenta, toma nota.
Llave Número Uno: Cristo es la cabeza de la iglesia. En Efesios 5:23, dice que Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo. O sea: la iglesia es el cuerpo de Cristo. Y la palabra que se tradujo por “cabeza”, viene de una palabra griega que es kefale, de donde se deriva la palabra en español, “cerebro”.
El cerebro en el ser humano, es donde se originan todos los impulsos nerviosos que hacen funcionar el cuerpo humano. La óptica, el oído, el aparato psicomotor, el equilibrio. Entonces, el cerebro envía órdenes, impulsos eléctricos, que se traducen en que el cuerpo obedece a lo que dice el cerebro.
Si tu cerebro te dice que debes mover tu cuerpo a la derecha, tú te mueves a la derecha. Entonces, Cristo Jesús como cabeza, como el cerebro, es el lugar en donde se originan todos los impulsos del Espíritu Santo. Es donde salen las órdenes de cómo debe funcionar su cuerpo.
Imagínate ahora, por un momento, que tu cerebro le da la orden a las piernas de ir hacia la derecha, y al pie izquierdo se le ocurre que no, que él quiere ir a la derecha. ¿Te das una mínima idea de cómo se vería ese cuerpo así de despatarrado?
Del cerebro, Cristo, cabeza de la iglesia, viene el gobierno de Dios para su cuerpo. El cerebro gobierna. ¿Quién es la cabeza? Cristo. Y cabeza también habla de fuente, de donde se origina todo. Y Cristo es nuestra fuente de todo. De salvación, de sanidad, de liberación, de todo.
Y nosotros somos su cuerpo, y por eso somos beneficiados. Pero si alguien no obedece a las órdenes de la cabeza que es Cristo, es porque no es del cuerpo. ¿Qué se hará? Separarlo, como se hace con cualquier cuerpo extraño que invade un cuerpo. Cirugía menor o mayor, pero cirugía al fin.
Llave Número Dos: Cristo es Salvador de la Iglesia. En Efesios 5:23 dice que Él es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y luego dice que Él es su salvador. ¿Quién es el que nos salvó a nosotros? Cristo. Él es nuestro Salvador. No existen los co-redentores. ¿Juntamente con Cristo? Inventa lo que quieras y allá el que te crea, pero eso no existe en ninguna página de la Biblia.
Porque ser co-redentor, significa que llevó el mismo papel de salvador o salvadora de la iglesia, y eso no existe. ¿Quién fue el que fue crucificado en una cruz? Cristo. ¿Quién es, entonces, el Salvador de la iglesia? Cristo.
Sin embargo, hay gente que cree que son salvos por causa de la acción de ciertas personas. Pero nosotros, los que hemos recibido la sangre de Cristo, que creemos en el perdón de nuestros pecados por su sacrificio, sabemos que nuestro Salvador es Cristo. Esa es la segunda llave.
Llave Número Tres: Cristo es el dueño de la iglesia. Porque Él la compró con su sangre. En Hechos 20, versículo 28, dice: mirad por vosotros. En primera instancia, la instrucción apostólica, es para los ministros, lo cual significa que si todos debemos ser ministros competentes del Nuevo Pacto, esa instrucción termina siendo para todos.
La instrucción, es: mirad por vosotros mismos. Pablo le dijo a Timoteo, en una instrucción apostólica: Hijo, cuídate de ti mismo, y de la doctrina. Porque si haces esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
Que importante es saber qué estamos oyendo. Qué importante es saber, a quién estamos oyendo. Instrucción apostólica, Por eso dijo: mirad por vosotros. Pero luego, Pablo, en Hechos 20:28, les dice algo más. Si estamos en el camino correcto, si estamos predicando lo que debemos, si nuestro estado espiritual es saludable, si la enseñanza que estoy dando es saludable. Tengo que mirar por mí.
¿Por qué? Porque luego viene una segunda instrucción apostólica que dice: Y por todo el rebaño. ¿Quién es el rebaño? Todos nosotros. Dios puso a los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros para que se cuidaran muy bien de enseñar lo correcto y también cuidar su propio corazón.
Pero también los puso para cuidar el rebaño de Dios. No rebaño propio, rebaño de Dios. Pero luego Pablo dice. El Espíritu Santo los ha puesto por obispos. ¿Qué significa la palabra “obispo”? La primera imagen que nos viene, obviamente, es la de un dignatario del catolicismo romano, ¿Verdad?
Sin embargo no se trata de eso. La palabra obispo es un término que significa “sobreveedor, cuidador, supervisor”. Eso quiere decir obispo. Dice la Biblia que Jesús es obispo de nuestras almas, el que cuida, protege, supervisa.
Y se entiende que Él ha delegado a esos cinco ministerios para que sean los que efectivamente ejecuten ese trabajo de cuidar, supervisar y proteger al rebaño de Dios. Y dice que ha sido el Espíritu Santo el que los puso.
Aunque, hay muchas advertencias en las escrituras acerca de gente que está dentro de la iglesia, y que no ha sido puesta por el Espíritu Santo. Ellos solos se metieron. No fueron puestos allí por el Espíritu Santo para cuidar a la iglesia. ¿Y cómo saberlo? Simple: observándolos. Esa gente no cuida a la iglesia, la exprime.
No cuidan la iglesia, sino que la manipulan. No enriquecen espiritualmente a la iglesia, sino que se enriquecen materialmente ellos. Manosean a la novia de Cristo. ¡Es fácil detectarlos! Cuidadores y obispos ¿Para qué? Dice el verso 28: Para apacentar.
Ese es el trabajo de los ministros en cualquier iglesia en cualquier lugar del mundo, apacentar. ¿Y qué es apacentar? Es alimentar. Es nutrir. Dar alimento espiritual nutritivo. Es decir: si yo como ministro entiendo que debo nutrir sus corazones con la palabra de Dios, yo tengo que predicar la palabra de Dios, no discursos denominacionales o domésticos internos.
No podemos darles a las ovejas del Señor aquello que a las ovejas les gusta. Es similar a los niños. U niño siempre va a querer hamburguesas, bebidas cola y pizza. ¿Pero podrá crecer nutrido y fortalecido un niño que sólo coma esa clase de alimento?
Porque si a un niño le das a elegir entre un vaso de leche y otro de esa bebida cola tan famosa, ¿Qué crees que elegirá? Obvio, la gaseosa. ¿Y es eso lo que le conviene? ¿Es eso lo que tú, como responsable, accederás a darle?
Por eso es que nosotros, como ministros del Señor, no estamos para acercarles a ustedes aquello que a ustedes más les gusta, sino aquello que les nutre. Y no es fácil. ¿O es fácil que un niño entienda que le conviene más comer verduras sanas y frescas que harinas y grasas perniciosas?
Si tú como padre cedes respecto a lo que tu hijo quiere comer, tú no le estás ayudando, lo estás perjudicando. Eso es lo que miles y miles de ministros han estado y están haciendo a lo largo y ancho del planeta.
Es necesario que un ministro del Señor te diga que Él entiende perfectamente cuál es el trabajo al cual lo ha llamado el Señor. Lo único que necesita de ti es que se lo dejes hacer bien y con excelencia. No es bueno que tú te metas en lo que ese ministro tiene que hacer. El llamado es suyo, no tuyo. Cuando tú recibas el tuyo, recién allí deberás decidir qué hacer y qué no hacer.
Ese ministro tiene la obligación de darte lo que te nutre, no lo que te gusta. Porque ese hombre o esa mujer desean un día presentarse delante de Dios como un obrero aprobado que no se va a avergonzar. Que usa bien la palabra de verdad aunque ese alimento no les guste.
¿Para apacentar qué? ¿Al Club del rebaño sagrado? La iglesia no es ni será jamás un club. Tú no llegas a ese club porque pagas una cuota y luego haces lo que te da la gana en sus instalaciones. Dice aquí que Dios nos puso par apacentar, nutrir, supervisar o enseñar, a la iglesia del señor. ¿Quién es la iglesia? Los nacidos de nuevo.
Entonces, si tú eres nacido de nuevo, Pablo dice a los Tesalonicenses, que si ellos habían recibido la palabra con mansedumbre. La palabra que los puede nutrir. Reciban con mansedumbre la palabra que ha sido implantada.
Porque por ahí algunos de los cristianos que Pablo ministraba, era como que no les gustaba lo que Pablo les daba de comer espiritualmente. Y él les dice que no, que reciban con mansedumbre la palabra, que es la que nutre.
Como niños recién nacidos, también la leche pura espiritual, no adulterada, hablando de la palabra de Dios. Por la cual pueden crecer. Y ese es el plan de Dios, una vez que nacemos de nuevo, que podamos crecer en Cristo.
¿Quién es el dueño, entonces? Cristo. Porque fíjate lo que dice el versículo 23. Nos puso como cuidadores para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó con su sangre. Aquí, ganar, viene de una palabra hebrea que también se traduce como comprar.
Es decir que Él nos compró a precio de sangre. No nos compró con precio humano, esto es: con oro o plata. Nos compró con la preciosa sangre como de un cordero sin mancha ni contaminación. Y no debemos de menospreciar esa preciosa sangre que tiene el poder de perdonar nuestros pecados, de limpiarnos de toda maldad.
Entonces, si él nos puso, yo entiendo, como ministro, que si Él me puso para cuidar su iglesia, yo estoy entendiendo y aceptando que es de él, no es mía. Porque, una vez más, ¿De quién es la iglesia? De Cristo. Eso aunque algunos ministros se quieran pasar de listos y pretendan suponer que las ovejas son de ellos.
Me han contado alguna vez, hermanos fieles, que cuando fueron a comunicarle al que era su pastor que se iban a otra congregación por razones netamente espirituales y sin nada que reprochar, el pastor se enojó muchísimo, se ofendió grandemente y hasta llegó a decirles que si se iban, la muerte los iba a perseguir para hacer justicia. Porque si habían nacido allí, allí se tenían que quedar para siempre.
Hay lugares supuestamente cristianos donde las ovejas sufren demasiado. Las tienen tan controladas, vigiladas celosamente por un pastor que cree ser el dueño de todos ellos, que hay casos en los que ni siquiera les ha permitido irse de vacaciones unos días, con el argumento de que Dios está primero y luego todo lo demás. ¿Dios? ¿Qué Dios?
El dueño de las ovejas. Yo tengo la obligación ministerial de alimentarte, nutrirte, contribuir a tu despertamiento espiritual. Pero si tú un día te sales del camino y te echas a la mugre del mundo, ese es un problema que deberás resolver con tu único pastor, Jesucristo.
Yo ya hice mi parte conforme me fue encargada. No soy yo el que debe perseguirte para que vuelvas. Jesús nunca hizo eso. Es cierto que Él delegó a distintos ministros para que aportaran sus unciones para proteger y alimentar su iglesia, pero nunca lo hizo con la idea de que estos hombres se adueñaran de ella.
Llave Número Cuatro: La Iglesia es la única institución que Él prometió edificar. Es a lo único que Él le da la misma clase y calidad de vida que Él. Escucha: cualquier organización de las denominadas como “para-eclesiásticas”, que supuestamente están fundadas para ayudar a la iglesia y que solicite dinero con el pretexto de edificar a la iglesia, no opera conforme al propósito ni a la voluntad de Dios.
Pongamos blanco sobre negro una vez más: Si Cristo es –como creo- la cabeza de la iglesia, cuando Él te planta en un lugar, Él se encarga de sostenerte sin que tú tengas que pedirle nada a nadie. Así es como funciona. Repito: ¡Así es como funciona!
Escuché hace poco a un ministro del Señor (Creo que el único en varios años); declarar que él tiene su ministerio desde hace veinticinco años y en ese lapso jamás le pidió un centavo a nadie. Que siempre fue el Señor quien movió a uno u otro para hacerle llegar lo que necesitaba.
Encontrando plena coincidencia con mi propio pensamiento revelado, seguí escuchándolo y él llegó a una muy simpática definición que, cargada de humor, sin embargo refleja una enorme verdad: a quienes Dios nos levantó para servir a su pueblo, Dios nos dijo: “Desde ahora tú te ocupas de lo mío, y yo me ocupo de lo tuyo”. Este hermano dice que dijo “amén”. Debo confesarte que yo también se lo dije, aunque en mi caso, hace doce años.
Es una simple cuestión de confianza. En Mateo 16:18 Él dice: yo edificaré mi iglesia. ¿Quién dice que la edificará? Él mismo. No un hombre importante, no una organización de prestigio. No un grupo de cabezones teólogos unidos para tal efecto. Dios mismo. Está escrito.
Edificar viene del griego okoidomeo, que significa “confirmar”. ¿Quién es el que va a confirmar el llamamiento y la obra de Dios, si es su iglesia? ¿Quién es el que la va a sostener? ¡Cristo! Él es la cabeza, él es el dueño. Es un asunto de él.
También significa “construir2, significa “fortalecer”. ¿De dónde vamos a tomar nuestras fuerzas como hijos de Dios? De Cristo, Él es la vid, nosotros las ramas. Que nos nutrimos con la sabia que corre en el tronco, que es Cristo.
Porque separados de mí, dijo Jesús, nada podéis hacer. Por eso es que yo, como ministro, no quisiera que se me encuentre compitiendo con el dueño de la iglesia. Es que él ha dicho cómo es que debe funcionar la iglesia, pero muchos han dicho: “Y no…me parece que te equivocaste”.
Y luego comienzan a ministrar la iglesia del modo que Él no había dicho que se lo hiciera. ¿Y qué es lo que están haciendo? Edificando su propio reino. Y empiezan a erigir sus propias torres de Babel, sin tomar en cuenta a Dios.
Y un día, la Trinidad allá en el cielo, dijo: Vamos, descendamos y miremos qué es lo que están haciendo los hombres. Nada los va a hacer desistir de lo que están haciendo. Y dice que Dios descendió y confundió las lenguas de todos ellos y los dispersó.
Era una tremenda torre, eran sus propios logros, era su propia mentalidad, eran sus propios esfuerzos humanos. No, definitivamente, no. El ministro que está convencido que el Espíritu Santo ha sido quien lo ha puesto allí, debe confiar el ciento por ciento en el Señor.
Sus fuerzas deben venir de él. Porque sí lo hacemos con nuestras fuerzas, con nuestros métodos, con nuestras propias ideas, por mejores que sean, Dios nunca estará obligado a respaldar eso que nunca dijo. Él es el que va a edificar su propia iglesia porque es suya. Él es el que va a construir. Toda planta que mi Padre no plantó, -dijo Cristo-, será desarraigada. Por eso es que Pablo les dijo: miren por ustedes mismos, obispos. Cuiden lo que ustedes van a enseñar.
Llave Número Cinco: La Iglesia es protegida por Cristo. Mateo 16:18 dice que las puertas de la muerte, del Hades, no prevalecerán contra la iglesia. En otras palabras: la iglesia de Cristo, que somos los nacidos de nuevo, somos indestructibles.
Cristo dijo: ustedes no tengan miedo de los que matan el cuerpo, porque al alma, al espíritu, no lo pueden matar. No nos puede tocar Satanás. Desde el momento en que la iglesia nació, el día de Pentecostés, hasta la fecha, han pasado más de dos mil años.
La iglesia ha sufrido de todo. Cristo mismo advirtió respecto a los falsos maestros. Lobos rapaces. Tendrán vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos. Cuídense de ellos, ya se los he dicho antes. Estos entrarán encubiertamente. Pablo advirtió, Juan advirtió, todos los apóstoles lo advirtieron.
Porque la iglesia, como cuerpo de Cristo, ha sufrido ataques en toda la historia. Los cristianos eran sacrificados en el Coliseo Romano. Cuenta la historia secular que, Cuando llevaron al sacrificio a Pedro, lo llevaron junto con su esposa.
Los querían obligar a renunciar a Cristo, y ellos dijeron que no. La esposa de Pedro, dice la historia, -repito-, secular, lloraba, y Pedro le decía: no te olvides de Jesús. Entonces dice que llegaron los soldados y preguntaron: ¿Niegan a Cristo? Y la esposa de Pedro dijo que no.
Entonces ellos dijeron que iban a asesinarla allí mismo, delante de los ojos de su marido. ¿Sabes qué hicieron con la esposa de Pedro, y él mirando a cinco metros de distancia? La crucificaron. La laceraron, sangró por todo su cuerpo. Y pedro, mirándola.
Cuando le llegó el turno a él, dijo: yo no soy digno de morir como murió mi Maestro, mi Señor; y él fue crucificado cabeza abajo. Así murió Pedro. Y se tuvo que aguantar ver la muerte de su esposa sin poder evitarla, pero no negaron a Cristo.
La iglesia ha sufrido persecución. Hubo momentos en que parecía que terminaban con la iglesia. Pero lo que ellos no saben es que la iglesia es indestructible. ¿Por qué? Porque el Señor la cuida, es Su cuerpo. Somos de Él. Y Él dijo que nadie nos arrebataría de su mano.
Estamos seguros en Cristo. Y pasaron los años, y aquella iglesia pura y transparente, comenzó a corromperse. De tal manera que los obispos, los líderes que debían cuidarla, se servían de ella. Y llegó un momento en que hasta se llegaron a vender los cargos y posiciones en el ministerio.
Esa fue la época más oscura de la historia de la iglesia, la Edad Media, donde parecía que la iglesia había muerto. Pero fíjate que no, porque de la misma iglesia, que ya se llamaba Católica, comenzaron a levantarse monjes y sacerdotes.
Ellos comenzaron a buscar en las Escrituras, y es así como leemos de John Huss, John Wiklins, el mismo Calvino, que surgieron de esa iglesia que parecía que se había muerto. La iglesia nunca ha desaparecido, siempre está allí, aunque en superficie y mayoritariamente se pueda estar viendo otra cosa, una imitación casi ofensiva y barata. Dentro de todo eso, la iglesia vive, es indestructible.
Llave Número Seis: Cristo es el que añade a la iglesia. Hay algunos, muchos en verdad, que creen que son sus métodos los que añaden a la iglesia las personas. Cuando tú oigas que alguien dice: “¡Gracias a nuestro tremendo método de crecimiento, es que nuestra iglesia hoy ha crecido maravillosamente!”, dile de mí parte, que no.
No son nuestros métodos. Porque según la Biblia, en el Libro de los Hechos, capítulo 2 y verso 47, dice que el Señor añadía a la iglesia, cada día, los que habían de ser salvos. Esta palabra, añadir, significa colocar. ¿Quién coloca en Su cuerpo a los cristianos, entonces? Cristo.
Porque Él es el dueño, porque Él fue el que pagó. Y Él los pone en el cuerpo como Él quiere. Pablo hace una analogía en su carta a los Romanos y en la que envía a los Corintios sobre el cuerpo humano, para ilustrar lo que es el cuerpo de Cristo.
Die: nosotros somos el cuerpo de Cristo, y cada uno de nosotros, miembro en particular. Dice Pablo: ¿Son todos mano? No. ¿Son todos ojo? No. ¿Son todos pie? No. Entonces, fíjate que la analogía tiene mucha sabiduría.
Cada miembro, tiene su función. ¿Pero entonces, por qué razón hay tantos líderes, ministros importantes y hasta cientos de creyentes rasos que piensan que todas las iglesias cristianas del planeta deberían hacer lo mismo?
¿Iguales? ¿Lo mismo? Imagínate un ojo caminando. O hablando. Es allí, puntualmente, cuando no se termina de entender del todo lo que verdaderamente es la iglesia, que comienza a juzgarse torcidamente o mal a algunos cristianos.
Por allí a nosotros nos dicen: ¡Pero es que ustedes no se reúnen en templos como nosotros! De acuerdo, pero ten en cuenta que nuestra función es otra, y para que podamos cumplirla con excelencia y unión, debemos mantenernos fuera de doctrinas sectoriales.
Claro está que nosotros, con este entendimiento que nos ha sido dado, podemos pretender que todos los demás hagan lo mismo. Cada uno en su función. Porque Él es el que añade, Él es el que coloca. Ahora bien; ya somos salvos, somos la iglesia de Cristo. Pero luego el Señor añade ese ministerio o función en la que Él desea que le sirvas.
Fíjate en el mensaje que tiene Apocalipsis. Dice que le escribe todo eso que les escribe, a las iglesias. ¿Y por qué dice iglesias, así en plural, si realmente sólo hay una? Muchos creen que esto se refiere a iglesias locales, sin embargo déjame decirte que no, que esto más bien tiene que ver con la clase de iglesias que los hombres han armado desoyendo la voz de aquel que los envió a consolidar una sola.
Tú no puedes andar cambiando arbolitos de lugar en tu jardín porque ningún árbol soporta ser trasplantado en más de una o a lo sumo dos ocasiones, se secan. La Biblia habla de que debemos ser árboles plantados junto a las aguas. Agua, en la Biblia, casi siempre tiene que ver con vida, con alimento, con la palabra. Plantados. Y Él añadiendo como quiere, donde quiere y para lo que quiere. Sin opiniones nuestras. Y mucho menos con imposiciones supuestamente jerárquicas.
Él es el que añade, no nuestros métodos o nuestras estrategias. Pero siempre el diablo trata de engañarnos. Hay muchos ministros que suponen que sus salones están repletos porque ellos son excelentes predicadores. También los hay que creen que sus páginas Web tienen muchas visitas diarias porque ellos son excelentes predicadores o escritores. Pobres de ellos. Es Dios, o no hay nada.
He oído a gente decir o hacerle decir a sus empleados ministeriales que ellos tienen la mejor unción, u otros que aseguran que sus iglesias han crecido merced a sus excelentes métodos de evangelización y crecimiento. ¡Hermanos! ¿De verdad se han creído eso? ¿No leen la Biblia? Es Dios el que añade a los que van a ser salvos. Y es Dios, también, el que los salva.
A veces me preguntan cómo hice o qué métodos promocionales utilicé para que mi página tenga la importante cantidad de visitas diarias que tiene. No me creen y les digo la verdad: ¡Yo no hice nada! Empecé una tarde con dos visitas (Una era yo mismo y la otra mi sobrino, autor primario de la Web).
¿Sabes la cantidad de tiempo que yo me fijaba y veía: “1 visitante”. ¡Yo! A veces dos o tres, alguien de la familia. Sencillamente me olvidé del tema, empecé a trabajar para subir el material de mayor excelencia que pudiera y creer que lo iba a leer (todavía no tenía audios en ese tiempo) aquel que Dios enviara a leerlo. Cuando volví a prestarle atención a la cantidad de visitas, ni yo podía creerlo.
Sin embargo, la revelación de esa palabra no tardó demasiado tiempo en llegar. Todo lo que yo pueda hacer en el Señor, es por Su gracia. Todo lo que tú o cualquier otro pueda hacer en Cristo, es por gracia. Yo estoy aquí, hoy, por gracia de Dios. Tú estás allí, oyéndome, por gracia. ¡Así funciona!
Todavía quedan muchos ministros, (Y algunos mini-astros también), que piensan que si ellos no están cerca, las ovejas se pierden. ¡No! Dios cuida a sus hijos, y además, dice la Biblia que Él conoce a los que son suyos. Y Él los cuidará porque Él es el dueño. Los salva, los limpia, los alimenta y los unge. Y nosotros apenas llegamos a ser más o menos buenos cuidadores de sus ovejas.
Llave Número Siete: Cristo nos añade, nos coloca en su cuerpo, ¿Para qué? ¿Cuál es el propósito? Para que crezcamos y maduremos. Efesios 4:11 dice que Él mismo constituyó, (O sea: llamó, estableció), a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas, pastores y maestros.
¿Y para qué se nos dice allí que estamos? ¿Para servirnos de esas ovejas y engrosar nuestras cuentas bancarias? Para manipular al rebaño a que haga sólo lo que a nosotros nos gusta o nos conviene? ¿Para enseñorearnos de la iglesia de Cristo?
No. Y allí nos dice cuál es el trabajo de todos estos que Cristo menciona y establece. A fin de que, (O para) perfeccionar. ¿Recuerdas lo que significa esta palabra? No es ese sin errores conque nosotros la hemos incorporado a nuestro vocabulario.
Viene del griego katartizo, que significa restaurar. ¿Cómo llegamos del mundo? ¡Todos hechos pedazos! También significa reparar. La mayoría, por no decir todos, llegamos más bien desnivelados. Dice que la restauración es muy laboriosa.
Restaurar significa: volver al estado que tenía al principio. En suma, podríamos sintetizarlo con una palabra más conocida: madurar. Entonces, ¿Cuál es el trabajo de los ministros diseminados a lo largo y ancho del mundo? Perfeccionarlos, restaurarlos, repararlos, madurarlos.
Por eso no creo ni podría creer en ninguna clase de métodos casi milagrosos de crecimiento. Acepto utilizar estrategias, pero no metodologías fijas centradas en nuestras supuestas habilidades humanas. Esto es el equivalente más parecido a ese “llame ya” de la tan conocida promoción televisiva.
Pero quiero volver sobre el primer principio: restauración. ¿Sabes tú el tiempo que lleva restaurar un cuadro famoso pintado por alguien de prestigio? ¿O un automóvil antiguo para dejarlo a nuevo? Si lo sabes, ¿Cómo puedes prestarte a predicar la mentira de decirle a alguien que en un abrir y cerrar de ojos será totalmente otra persona? ¿Por qué te empeñas en fabricar un futuro incrédulo? ¡Claro que será restaurado a nuevo! Pero eso se tomará su tiempo. Eso es ministrar.
Es muy cierto que Jehová es tu pastor y que con Él, nada te faltará. Pero eso no implica que tú te encierres y aísles del mundo exterior, olvidando que Él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas y a otros pastores y maestros. ¿Para qué lo hizo? Para contribuir a tu maduración y capacitación. No para que tú te conviertas en su esclavo. Cada cosa en su debido sitio.
Hebreos 13:7 da una instrucción a las ovejas. Fíjate que primero el Señor instruye a los que Él llama para que cuiden el rebaño, pero luego le da una instrucción al propio rebaño. ¿Y qué dice Hebreos 13:7? Dice algo que ha sido usado, abusado y hasta bastardeado.
Dice: Obedeced a vuestros pastores. ¿Y qué significa eso, que deberemos hacer lo que todos los pastores nos digan, coincida o no con la palabra, porque esa es nuestra obligación? ¡En absoluto! Dios jamás dijo que hagamos eso.
Cuando dice que obedezcamos a nuestros pastores, no está hablando de ese hombre que tú conoces que está al frente de esa iglesia donde tú asistes. Está hablando de la palabra desatada y revelada con la que deben instruirte todos sus apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Y obedecer simplemente significa cumplir con lo que esa palabra recibida mediante ellos, dice.
¿Y por qué según Dios te conviene obedecerles? Porque, dice: ellos velan por vuestras almas. Y allí nos encontramos con una co-responsabilidad. El Espíritu Santo es quien levanta a los verdaderos ministros, para que ellos cumplan bien con su tarea. Y yo puedo cumplir con altísima excelencia mi trabajo encomendado por mi Señor, pero si tú no obedeces esa palabra poniéndola por obra, todo mi trabajo será estéril.
Llave Número Ocho: La iglesia es la guardadora de las verdades de Dios. 1 Timoteo 3:15 dice: Te escribo estas cosas para que sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente. ¿Cuál es la casa de Dios?
Olvídalo, eso que pensaste es un templo de mampostería y no es ninguna casa de ningún Dios, al menos no del nuestro. Tú eres templo del Espíritu Santo, ¿Verdad? Por lo tanto, tú y yo somos la casa de Dios., no un lugar geográfico.
Así que, lo que Pablo le recomendaba a Timoteo, era cómo debía comportarse cuando estuviera ante un grupo de personas, no interesa cuántos, no interesa dónde, no interesa cómo, reunidos para adorar, alabar y honrar a Dios, que eso es la iglesia.
Y ese “para que sepas cómo conducirte”, significa cómo ministrar, como equipar a la novia, a la iglesia de Cristo. Porque, ¿Qué más dice? Que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. Columna significa el soporte de la verdad.
¿A quién Dios, entonces, le habrá depositado las verdades del evangelio? A nosotros. Ahí es donde tú me miras y me dices: ¿A mí? ¿Pero y quién soy yo? – ¿Tú? Tú eres un hijo de Dios redimido, y Dios te ha encomendado cuidar, preservar, custodiar y proclamar su palabra…
¿Cuántos entienden la palabra de Dios? Entonces has entendido que el evangelio ha sido puesto en tus manos. ¿Qué debemos predicar? ¿Prosperidad, sanidad interior, salvación? Debemos predicar el evangelio de Jesucristo, completo, sin quitarle ni añadirle nada.
Columna y baluarte, significa: asiento de la verdad. Escucha esto: cualquier iglesia que se precie de ser cristiana y formar parte del cuerpo de Cristo, tiene que predicar la verdad del evangelio, la palabra de Dios sin contaminaciones.
Porque eso es lo que ya está establecido por el mismo Señor de que la iglesia es la columna y el baluarte de la verdad. Por eso es que digo que cualquier iglesia que diga ser cristiana tiene que predicar necesariamente toda la verdad del evangelio.
Sin embargo hoy, en la actualidad estoy hablando, hay supuestas iglesias donde la gente asiste a toda una prolongada reunión y ni siquiera abren una Biblia, suponiendo que la hayan llevado. Es más; ni siquiera citan a la Biblia en sus discursos sistemáticos y periódicos.
Llave Número Nueve: La iglesia es cuidada por Cristo. Y para cuidarla, Él estableció unos lineamientos de disciplina en la iglesia. Mateo 18:15, dice así: Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos. Si te oyere, has ganado a tu hermano. Si no te oyere, toma uno o dos testigos, para que en boca de dos o tres testigos, conste toda palabra.
Es inapelable esta verdad. Cuando existen diferencias entre hermanos, es habitual que ellos hagan exactamente lo opuesto a lo que aquí se dice. Si cumplieran con lo que la palabra ordena, comprobarían que el ochenta por ciento de estos problemas, suelen solucionarse en este primer paso.
Entonces, dice que recurramos a dos o tres testigos, y que si todavía no hace caso, dilo a la iglesia. ¿Está complicado de entender, esto? Creo que no. Dilo a la iglesia. ¿Y decirles qué? Que este, o aquel, o quien sea, es un ladrón, un pervertido o lo que se deba decir, no ocultando nada ni disimulando nada.
Y finalmente, dice: Y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. ¿Qué es gentil? No estamos diciendo que sea caballero ni educado, ni lo sueñes. Gentil viene de una palabra griega que significa “pagano”. Gentil era un no judío, un pagano.
Respecto a los publicanos, ellos eran considerados como los peores pecadores. Era el prototipo del pecador, ese que jamás se arrepiente ni quiere agarrar la buena onda de los creyentes genuinos. Y todo esto no debe ser hecho ni lo será, por motivos de enojo, contienda o rencillas domésticas. Deberá hacerse así porque estas y no otras son las instrucciones del dueño de la iglesia, no del pastor a cargo.
Llave Número Diez: La iglesia es la única proclamadora del evangelio. No hay otra. Lo que estoy queriendo decir es que sólo los nacidos de nuevo son los depositarios de las verdades del evangelio. Nadie más.
Marcos 16:15, dice: Les dijo Jesús: id y predicad el evangelio a toda criatura. Sin distinción. Entonces, resumimos todo: Cristo llama a hombres y a mujeres a quienes les encarga el cuidado de Su iglesia. Eso, por medio de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, y diversos ministerios y dones que Dios pone en su cuerpo para ministrar la iglesia de Cristo.
A todos estos, Cristo nos exige: ser y seguir las instrucciones que Él ya dio y que están escritas en la Biblia. A Moisés le dijo que hiciera el tabernáculo conforme al modelo que se te mostró en el monte. A Noé le dijo que hiciera el arca con tales y tales medidas. Y Noé hizo tal como Jehová le había dicho que hiciera, sin quitarle ni añadirle nada a lo que Dios le había mostrado, como quizás haríamos nosotros hoy.