Hoy quiero enseñarte un misterio que puede llegar a ayudarte a hacer un enorme milagro. Puede ayudarte también a entender cosas que no has entendido antes. Puede ayudarte, incluso, a que te muevas en una dimensión mucho mayor a la que hasta hoy has tenido o vivido.
Es necesario que dispongas tu corazón a partir de este momento y que te adhieras a una sana expectativa. La expectativa es el principio de la curiosidad. Cuando uno está expectante, uno está anhelando beber y la curiosidad buena, esa curiosidad que viene como fruto de la expectativa, hace que uno descubra cosas nuevas.
Los grandes descubridores y genios, se caracterizaron por ver cosas que nadie había visto antes. Y ellos pudieron ofrecer a la humanidad una herencia que hasta el día de hoy disfrutamos. Asimismo, creo que todos nos unimos en una misma oración que nos posibilite entender las maneras de servir más efectivamente al Señor.
Hay un reducido pero muy valioso grupo de hombres y mujeres a lo largo y ancho del planeta, que andan y lo recorren no ya para acceder a jugosas ofrendas por brillantes predicaciones, sino procurando entregarle a la iglesia nuevas herramientas que funcionan.
Tratamos por igual de enseñar a la gente principios que los ayuden a hacer hoy lo que ayer no podían hacer. Principios que los hagan subirse a otro nivel de desarrollo, de efectividad, de vida. Y la idea, creo que no sólo la mía, es la de dar todo lo que se tiene sin guardar nada. Una verdad a medias, siempre esconde una mentira. Y la iglesia lo ha usado mucho a esto.
Y en este día quiero colocar en tu simbólica mano, allá a lo lejos, donde quiera que ahora te encuentres, un verdadero tesoro. Si tú lo sabes aferrar, esto puede cambiar toda tu vida. Cuando leemos en la Biblia la historia de mucha gente que fue usada por Dios de una forma tremenda y gloriosa, no puedo dejar de recordar el momento en que Jesús dice que nosotros vamos a hacer cosas mayores.
Créeme que cuando recuerdo eso, no puedo evitar sentirme en un problema. Porque me doy cuenta que Dios todavía está esperando de nosotros, cosas mayores que las que pudiéramos hacer. El asunto es por qué no las hacemos.
¿Qué impide, por ejemplo, que tú puedas sanar a la gente? ¿Qué impide que tú puedas profetizar? Es fácil decir cosas que tú te inventas. Tú te acercas a alguien que está llorando y le dices que Dios te ha dicho que le digas que Él es Su consolador.
Claro está que para hacer eso no necesitas ningún manto profético, pero sí para llegar a conocer la profundidad de un corazón. Y eso es bueno, porque si verdaderamente amamos el ayudar a la gente, nunca podremos hacerlo bien si no conocemos lo que hay en sus corazones.
Eso es posible cuando se activa un discernimiento conforme a la promesa del Espíritu Santo. Allí es cuando tú recibes a una persona que se ve sonriente y sin drama alguno, pero de inmediato en el espíritu tú puedes tener certeza de que esa persona anda en cosas horribles.
Probablemente esa persona te pida oración, y muy probablemente, también, salga Dios a decirte que no, que no lo hagas, porque él ha desechado desde hace mucho tiempo a esa persona. Entonces, la pregunta, es: ¿Por qué no podemos tener esa habilidad, todos?
¿Por qué la gente se enreda con gente inadecuada? ¿Por qué termina metiendo su dinero en un negocio o un fondo que no le sirve? ¿Qué es lo que impide que una persona entienda el propósito de Dios para su vida?
¿Por qué una persona no puede entender sus dones? ¿Por qué no sabe cómo ganar a su familia? ¿Por qué necesita que alguien le ore, cuando el Espíritu Santo, el más grande poder de este universo, habita en él? ¿Por qué eso no le ayuda a cambiar a su familia?
¿Qué impide que pueda hacerlo? Todo lo que nosotros hemos aprendido, lo hemos enseñado. Y bajo esa rutina y esa misma óptica, hoy encaramos este tema. Si ha funcionado para una gran cantidad de hermanos similares a ti, tiene que funcionar para ti también.
Vamos a comenzar en Mateo capítulo 22. Jesús está hablando a sus discípulos, aquí, y este verso que Él va a decir, es un verso que se ha constituido en el centro del discipulado cristiano. Si tú quieres saber qué es ser discípulo, y hay muchos libros y hay muchas escuelas, yo te remito a palabras de Jesús en este evangelio de Mateo capítulo 22, verso 37.
(Mateo 22: 37) = Jesús le dijo: Amarás al señor con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. (Deja marcado este texto porque luego volveremos aquí)
(1 Tesalonicenses 5: 23) = Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Pablo está hablando aquí, y dice: que el Dios de paz te santifique, y logre que todo tu ser, (La palabra clave, aquí, es “todo tu ser”): espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
En la época de Pablo, aparecen varias doctrinas que explicaban cómo era el hombre. Por ejemplo, estaban los docetistas. Esta era una secta que consideraba que el ser humano no era así, que le faltaba algo. Ellos decían que tal como estaba, el cuerpo nunca podía ser santificado.
Que el cuerpo era corrupto, y que tarde o temprano Dios desechaba al cuerpo. Eso se llamaban gnósticos. Otros decían que el espíritu y el alma eran una sola cosa. Que el hombre sólo tenía espíritu y cuerpo o, si querías llamarlo de otro modo, alma y cuerpo.
Entonces habían varias doctrinas que golpeaban al mundo en ese momento, en ese tiempo, por lo que cuando Pablo empieza a enseñar acerca del hombre, de cómo el hombre está hecho, es muy interesante de verlo, porque él lo hace desde una perspectiva no griega.
Por ejemplo: para los griegos, era muy importante el cuerpo. Por eso es que ellos tenían tanto culto al cuerpo. El hedonismo, que es el amor excesivo al cuerpo, nace como fruto del espíritu de Grecia. Los griegos prácticamente honraban al cuerpo humano como tal. Era algo digno de ser contemplado.
Sin embargo, había una secta que ya en los tiempos de Jesús tenían una gran influencia en Israel. Ellos vivían en la región del Qumram, donde descubrieron los últimos rollos del profeta Isaías, más o menos en el año 47 o 50.
Este grupo de gente creía que en realidad, el cuerpo era algo vergonzoso que debía ser escondido. Creían que esencialmente éramos seres espirituales, y que por consecuencia, lo único que debíamos cuidar era el espíritu y no el cuerpo.
La cuestión es que todos estos elementos, producían mucha confusión. Si tú te hubieras convertido en el primer siglo, probablemente, si eras hebreo, hubieras pensado que el cuerpo te era un verdadero problema. Pero si eras griego, hubieras caminado casi desnudo. O sea, era así la cultura. Había una gran diferencia, una marcada diferencia.
Entonces, cuando Pablo empieza a enseñar, empieza a transmitir la verdad de Dios para esto. La primera cosa que dice en este texto de 1 Tesalonicenses 5:23, es que Dios quiere santificar todo nuestro ser. Y aclara qué significa ese ser para Pablo: espíritu, alma y cuerpo.
O sea que Dios tiene interés en tu espíritu, en tu alma y en tu cuerpo. Esto es: en las tres partes de tu ser. Casi que podríamos repetirlo hoy, a la distancia, para cada uno de nosotros, como principio básico e inamovible: Dios tiene interés en mi espíritu, en mi alma y en mi cuerpo.
¿Por qué? Porque Dios te ha creado así, y Él nunca ha dicho que esta parte sea de desechar, o que esta otra parte no sirve. Todo lo hizo hermoso, todo lo hizo bueno, y bueno en gran manera. Para poder entender la dinámica de la sobrenaturalidad del cristiano, porque un cristiano puede hacer cosas extraordinarias y otros no, debo explicarte un poco lo que el pecado hizo.
Lo que Dios hace con el hombre, es diseñar una forma en la que el hombre podía funcionar correctamente. Dios, -dice la Biblia-, es espíritu. Al ser Él espíritu, la conexión entre nosotros y Él, se basa primordialmente, en algo que se llama Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es una parte de Dios que tiene la habilidad de conectarse con el espíritu del hombre. ¿Por qué? Porque tiene la misma naturaleza. Es como si Él tuviera un teléfono, y el hombre, del otro lado, tiene el otro teléfono que completa el juego intercomunicado. Porque Si tú tienes un teléfono y nadie tiene un teléfono en tu ciudad, ¿A quién llamarás?
Para que pueda existir una comunicación, siempre se necesitan por lo menos, dos. Entonces, la forma en que Dios diseña que el hombre se relacione con Él, es esta. En que el espíritu del hombre, conectado con el espíritu de Dios, que es Dios mismo, pueda conocer lo que Dios tiene en su corazón, lo que Él desea, y todo este ser que se llama Adán, pueda fluir de esta manera.
Que una vez que el espíritu ha entendido y pueda transmitir al alma la voluntad de Dios, el alma se lo pueda transmitir al cuerpo. Por ejemplo, ¿Qué es una sanidad? Es cuando el Espíritu Santo provoca que el espíritu de una persona enferma, crea en el poder sanador de Dios.
El espíritu de esta persona convence al alma que eso es posible, para que entonces el alma le ordene al cuerpo sanarse y el cuerpo se sana de inmediato. Así funciona el milagro de sanidad. ¿Por qué? Porque el cuerpo está diseñado para sujetarse al alma.
Está diseñado para eso. Ha sido creado por Dios no para ser autónomo, sino para poder obedecer. Cuando el cuerpo dirige, estamos fritos. ¿Por qué? Porque el cuerpo no sabe tener límites. El cuerpo va a los excesos, siempre de un extremo al otro.
Si tú le das el volante de un auto al cuerpo, él lo llevará golpeando de vereda en vereda. No tiene equilibrio. No está diseñado para gobernarse a sí mismo, no puede. Necesita tener alguien que lo gobierne. Es como domesticar y hacer útil para ser gobernado a un caballo salvaje o a un tremendo elefante.
Entonces, quien está diseñado para domesticar el cuerpo, es el alma. El alma está diseñada y tiene la habilidad de domesticar al cuerpo. A nada más se sujeta el cuerpo. No puede sujetarse al espíritu, porque no lo entiende.
Habla un idioma el cuerpo que el espíritu no habla, y habla un idioma el espíritu que el cuerpo no habla. Entonces el espíritu nunca puede decirle algo al cuerpo para que éste le entienda. Por eso Pablo dice que hay dos naturalezas peleando en él.
Por eso Jesús dijo que el espíritu siempre está dispuesto, pero que la carne es débil. Jesús lo habló. Está hablando precisamente de la relación espíritu-cuerpo. El espíritu quiere hacer muchas cosas, pero el cuerpo dice que no, que no le da la gana hacerlas.
Entonces la que está en el medio, es el alma. Y el alma ha sido diseñada para ser la entrenadora de este caballo. Ahora bien; cuando el hombre peca, lo que Satanás hace, básicamente, es tomar el control del alma del hombre. Él introduce su veneno allí, en el alma.
Satanás utiliza el pecado para insertarlo en el alma. Entonces, gracias a esa estrategia, el diablo convierte dos goles en uno. Primero, a través del alma puede controlar el cuerpo de Adán. Por eso dice que la paga del pecado es muerte. Por cuanto pecaste, morirás.
¿Y qué es lo que muere? ¿Muere el espíritu? El cuerpo. No el alma, el cuerpo. ¡Pero es que el cuerpo no pecó! En realidad la que sufrió el primer impacto del pecado, fue el alma. Pero como el cuerpo se sujeta al alma, si el alma se desenfrena y se arroja al barranco, el cuerpo le obedece.
Y eso es lo que pasó, exactamente. Van a darse cuenta que apenas él peca, pasan algunas cosas en el capítulo 3 de Génesis. Y una de ellas, es que su cuerpo le avergüenza. ¿Y por qué tendrá vergüenza de su cuerpo después de pecar?
Porque algo en el alma había sido afectado, y el primero que sufre las consecuencias, es su cuerpo. Es como que el jinete, -no ya el caballo-, el jinete, se durmió. Está allí en el carro, pero el caballo ya no tiene control, no sabe para dónde va.
Entonces el diablo toma el alma del hombre, e instaura el imperio de la muerte en el alma del hombre. Automáticamente él logra algo, sacarlo de una línea de comportamiento correcto al hombre. Porque al tomar su alma, logra controlar todo su ser.
Ahora bien; ¿Qué posibilidades tendrá, en lo sucesivo, este hombre, de tener una buena comunicación con Dios? Muy poca. ¿Por qué? Porque Dios se relaciona con el espíritu, pero el espíritu ha quedado relegado y casi asfixiado, escondido.
Y esto es lo que Pablo expresa en Romanos 7. Él dice: Lo que quiero hacer, no lo hago; y lo que no quiero hacer, eso hago. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? El hombre perdió su derrotero, se salió de la línea, se desbalanceó.
Y su alma dice: yo hago lo que me da la gana, yo hago lo que quiero, a mí nadie me va a imponer nada. Esa es el alma hablando. A diferencia del cuerpo, que es como un caballo, el alma es como un niño. Tú pones a un niño frente a una mesa donde hay helados, chocolates, un asado de carne o un pollo al horno, y él va a escoger los chocolates o el helado.
¿Por qué? Porque el niño se guía por la apariencia. No importa que lo que lo atrae no le dure nada o se destroce al momento, él lo elige igual porque por su apariencia lo cautivó. Esa es el alma; el alma es como un niño.
No sabe tomar decisiones correctas, mete la pata, se equivoca y luego se excusa y argumenta lo que sea para evadir su error. ¡Es un niño hablando! El alma es como un niño; el cuerpo es como un caballo.
Entonces, Cristo viene y quiere cambiar esto, quiere revertirlo. Es decir: volver a establecer el diseño correcto en el hombre. En Mateo 22, el texto que hemos leído, dice: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
El alma está formada por otras partes. Está la mente, está la voluntad, está el corazón, con lo que se llama las emociones. Eso, en grandes rasgos, es el alma. Es algo pobre esta definición, es como si yo dijera que tú eres cabeza, tronco y extremidades, porque tú eres más que eso, ¿Verdad?
Lo cierto es que en el alma está la mente, está la voluntad y están las emociones. Cuando Jesús habla y dice que amemos al Señor, a mí me parece muy interesante que no dice que amaremos al Señor, por ejemplo, con todo nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo.
No dice eso, ¿Verdad? ¿Y de qué parte está hablando Jesús, aquí, cuando dice: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón? ¿Dónde está el corazón? Y con toda tu alma. Y con toda tu mente. ¿Dónde está la mente?
O sea: resulta que Dios le está diciendo: tienes que amarme con todo lo que está en tu alma. NO le dice: ámame con tu espíritu. ¿Sabes por qué? Porque tu espíritu ya ama al Señor. Él le dice: tienes que amarme con todo lo que hay dentro de tu alma.
Y en tu alma está tu mente, tus emociones y tu voluntad. Entonces, resulta que cuando Adán peca, no solamente se sale fuera de cuadro, fuera de línea, sino que además entrega el control de su alma a la oscuridad.
Cuando Jesús viene, la única manera de ganar esa batalla en el alma, es renunciando a esas tres cosas. Primero: no voy a hacer lo que yo piense; voy a hacer lo que Dios me diga, voy a obedecer. Segundo: voy a entregarle mi voluntad a Dios. No voy a hacer lo que yo quiero sino lo que tú quieras. Y voy a entregarle mi corazón al Señor. Voy a amarle con todo mi corazón.
Entonces, Jesús viene y encarrila al hombre en el orden correcto. Esta persona que está aquí en esas condiciones, está apta para que el Espíritu de Dios pueda obrar sobre su espíritu. Por eso, en la oración lo que se necesita imperiosamente para recibir respuesta, es que todas las partes que oran, mantengan una unidad casi perfecta.
Si yo estoy pidiendo por sabiduría para ejercer este ministerio, tú no puedes orar para que Dios me levante como pastor, y me abra una iglesia, sólo porque a ti te gustaría que así fuera. Dios no hará ni lo uno ni lo otro, porque no tenemos unidad. Y lo mismo sucede con la sanidad física.
La fuente de la sanidad física no está en ti, está en Dios. Tú tienes a Dios, entonces, que quiere sanar a la gente. Pero el que hace contacto entre el enfermo y Dios, eres tú. Tú eres el contacto, tú eres el conductor, el puente, el eslabón.
Ocurre con la palabra de conocimiento. ¿Por qué alguien ora con otra persona y de pronto le dice todo lo que esa persona ha hecho en los últimos tiempos con total veracidad? Porque el Espíritu Santo se lo revela. ¿Y por qué no lo hace con la propia persona? Porque no está en sintonía.
El asunto es que la salvación de Cristo no te coloca en sintonía precisa con el Padre de un modo automático. Eres tú el que debes aprender a lo largo de tu vida a ponerte en sintonía con el cielo. ¿Por qué? Porque el pecado ha afectado tanto tu vida a lo largo de todas tus generaciones anteriores, que no te lo permite.
¿Tú verdaderamente puedes decir que sabes los pecados que cometió tu padre, o tu abuelo, o tu bisabuelo, o tu tatarabuelo? – ¡Pero hermano! ¿Y yo qué tengo que ver con todo eso? Lo quieras o no, lo aceptes o no, esa es parte de tu genética espiritual.
¿Por qué crees que hay gente que tiene tendencia a la depresión? Esa gente, ¿Puede estar en conocimiento de que su bisabuela casi se suicida por un ataque de depresión que nadie le trató porque en esa época ni se conocía ni se tenía en cuenta?
Te explico; un bebé nace, y aunque lo vemos así todo pequeñito, ya trae consigo un montón de cosas con él. Por eso es que David dice: en pecado me concibió mi madre. No es que él haya nacido fuera del matrimonio ni nada por el estilo. Habla de que ya en el vientre de su madre recibía pecados generacionales que venían desde atrás en los tiempos.
Entonces tú me dices: “¡Pero hermano!” ¡Yo hace treinta años que soy cristiano! ¿Usted quiere hacerme creer que todavía puedo arrastrar pecados generacionales? ¡Es una exageración!” ¿Exageración? Déjame mostrarte algo: ¿Qué son treinta años junto a doscientos cincuenta de pecados generacionales? Explícamelo.
Entonces, el gran trabajo que tenemos como hijos de Dios, es que sabiendo que Cristo ha venido para cambiar el diseño que teníamos y volvernos al diseño original, tenemos que entender que la gran lucha contra eso, la seguimos teniendo en el alma.
El alma. ¡Qué personaje! Par poder dibujar el alma, deberíamos hacerlo tomando como base literal a una vivienda o a una antigua ciudad. En principio, como ellas, el alma tiene puertas. Una de esas puertas que el alma tiene, quizás la más importante, la conecta con el cuerpo.
Y luego le encontraremos otra puerta, no menos valiosa, que es la que la conecta con el espíritu. Esas son las dos puertas que el alma, legalmente, tiene. Sin embargo, hay otras puertas que son ilegales. Te explico. El alma tiene enemigos que permanentemente están buscando como penetrar en ella.
Sin embargo, de primera instancia no pueden porque las dos puertas principales, están cerradas. Ambas son puertas que tú las puedes controlar. Por ejemplo, en un momento dado tú quieres oír al Señor. Abres la puerta que está conectada a tu espíritu, y tu espíritu ya está escuchando al Señor.
Entonces tú espíritu le dice a tú alma: “Lo que el Espíritu está diciendo, es esto y esto”. Entonces tú dices: ¡Oh! ¡Ahora sé lo que tengo que hacer! Pero también puedo estar en un momento de oración o adoración pensando en cualquier otra cosa. La puerta sigue estando, pero mi mente no permite que se abra. Y una puerta cerrada equivale a una puerta inútil.
Jesús dice, -y esto es muy importante- yo estoy a la puerta y llamo; el que me abre, yo entraré. ¿Dónde? Al alma, sin ninguna duda. Pero Él toca la puerta para pedir autorización tuya para entrar. Allí es cuando viene un ejército enemigo y dice: ¿Por dónde entramos aquí?
No podemos, las puertas están cerradas. ¿Qué hacen? Van a un costado de tu alma y empiezan a golpear. Y golpean tanto que en un momento dado logran que se produzca una fisura. Y luego se las arreglan para agrandar esa fisura hasta que en un momento preciso, penetran.
Toma un caso hipotético, donde una persona determinada tiene, como mayor problema, a sus padres. Sus padres lo maltratan, el padre se va de la casa, el padre lo maldice, y así. Hay un montón de heridas desde afuera para con el alma, que logran crear una fisura.
Ahí tienes una puerta ilegal. En este marco voluminoso que es el alma, hay un elemento clave aquí que se llama corazón. El corazón está guardado dentro del alma. Y es más que obvio que no estoy hablando de ese músculo que tienes dentro en el lado izquierdo y que es del tamaño de tu puño.
Estoy hablando de ese lugar de donde nace la vida. Dice Proverbios que del corazón mana la vida. Dice: sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida. Del corazón salen muchas cosas. Es una verdadera fuente.
Es una fuente de la cual brota agua. Lo que el enemigo va a hacer, entonces, es tratar de dañar esa fuente para que esa agua que brota ya no sea dulce, sino amarga. Que en lugar de agua límpida y transparente, brote agua turbia, y eso contamine todo el ser.
Ahí está ese muchacho al cual su novia lo engañó y ahora ya no cree más en nadie. Mira a todas las mujeres y las ve poco menos que como prostitutas. A todas. ¿Qué pasó? Se contaminó su fuente, y el agua que ahora brota de esa fuente hace que todo él se vea amargado.
Ya no ríe, comienzan a aparecerle problemas en su cuerpo. Es joven pero empieza a tener enfermedades que habitualmente atacan a personas mayores, tiene problemas digestivos y así. Todo él se afecta, porque esa agua que brota de su corazón, llena todo el ser.
Entonces, la recomendación de Salomón, es: sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida. Ahora bien; a la luz de eso, ¿Cuál es el objetivo del diablo? El corazón. Si logra tomar el corazón, tiene más de media batalla personal ganada.
Ahora bien; ¿Cuál sería el sector defensivo del corazón? La voluntad. En ella se encuentran las fuerzas armadas del alma. Esto se llama voluntad. De ahí sale el ejército. Entonces, cuando vemos este ataque y el corazón está sufriendo, uno puede decir: no, yo no voy a permitir esto, yo no acepto esto, voy a cambiar esto. Y le hablas al corazón de modo directo y con autoridad. Puedes hacerlo.
El alma puede sanarse a sí misma. Es como tu cuerpo. Te das un golpe, aparece un moretón, una hematoma, pero luego de algunos días eso se va. Cuando tu cuerpo no puede sanarse a sí mismo, es porque hay una enfermedad.
La diabetes es un caso. Cualquier herida en un cuerpo que padezca diabetes tardará mucho tiempo más en sanar. Bien; del mismo modo hay una especie de diabetes en el alma. ¿Y qué es esto? Una especie de síndrome que evita que el alma se sane a sí misma.
Desde lo físico, un niño se produce una herida y una semana después no tiene ni rastros de ella. Un anciano se produce una herida y tres meses después todavía anda curando e higienizando esa herida. ¿Qué quiere decir esto? Que cuando un alma no puede sanarse a sí misma, hay un grado de vejez en ella.
Por eso, una persona que todavía tiene el alma bien fresca, bien joven, le producen una ofensa grave y al día siguiente está allí como si nada. Pero si a esa misma persona la lastiman y cuatro o cinco meses después todavía se acuerda y se enoja, eso quiere decir que su alma ya tiene mucho desgaste.
Una herida en un cuerpo, es un corte. Una herida en el alma, es una ofensa. Un juicio. Ahora bien; ¿Sana un cuerpo? Sí. ¿Sana un alma? Debería, porque ¿Para qué guardar durante tantos años una simple herida?
Otra parte del alma y muy importante, si debiéramos graficarla, asemejaría a una torre bien grande. Se llama mente. Desde esa torre tú puedes ver todo. Entonces, a las tinieblas le interesa saber cuál atacar primero. Si toman la mente, tú sabes que el que toma un lugar alto, gobierna.
Porque desde ahí controla todo. Si tomas el ejército, ya no hay capacidad de defensa. Y si tomas el suministro de agua, tarde o temprano la ciudad se rinde. O sea que cualquiera de esas tres partes es súper importante para la continuidad de la vida del alma.
Ahora; ese ejército del que hablábamos, de acuerdo a dónde quiere golpear, lo que busca es entrar por una fisura. Nunca va a poder entrar por una de las puertas legales, siempre buscará un lado. Y a través de eso, va a tomar control de alguna de las áreas.
Por ejemplo, busca afectar el corazón. Una persona herida, no le cree a Dios. Tampoco cree en sí misma. Yo no puedo. – ¡Sí, puedes! – No, no puedo. Puede tener la palabra de Dios más firme de toda su vida, pero no la cree. Y por lo tanto, esa persona queda paralizada.
Cuando Cristo entra en nosotros, pasa algo bien interesante. Cuando venimos a Cristo, nuestra mente, nuestra voluntad y nuestro corazón, están tomados por el diablo. Y no hay sólo una pequeña fisura, hay muchísimas.
Entonces, cuando Cristo viene a nosotros, lo primero que hace es restaurar esas puertas. Algunas de ellas han sido selladas por el enemigo. Porque a él no le conviene que tú las puedas volver a abrir. Entonces, Jesús viene a nosotros, y no viene al alma. Viene al espíritu.
Entonces, de repente, tú empiezas a sentir ganas, por ejemplo, de leer la Biblia, cosa que antes aborrecías, te aburría y hasta te ponía de pésimo humor. Y ahora no sólo que la empiezas a leer, sino que incluso puedes decir que la entiendes.
Sin embargo, y en contra de lo que la mayoría supone, no la estás entendiendo con tu inteligencia, con tu intelecto, sino que la estás entendiendo con una parte de tu espíritu que se llama mente espiritual. No es con tu mente natural.
De hecho, tu mente natural, no entiende nada. Y ahí es donde empiezas a tratar de explicarles a los que te conocían de antes la razón por la cual has producido los cambios que se notan en tu vida. ¡Es que Cristo entró en mi corazón! – ¡Bueno, pero no debes ser tan fanático! Un poco está bien, pero…
Allí es donde el espíritu comienza a moverse conforme a lo que el Espíritu Santo planifica. Porque el Espíritu jamás entraría en un alma por la fuerza. Hay un respeto muy grande en cada parte de tu ser. El Espíritu Santo empieza a reparar esta puerta, y la abre.
Y luego empieza a abrir la otra. Es por esa razón que mucha gente que viene a Cristo, se sana de inmediato de algunas enfermedades que en apariencia no tenían cura. Sin embargo, la tarea aún no está terminada ni la batalla está ganada.
Cuando las puertas han sido re-abiertas, eso, ¿Qué provoca? Provoca que el Espíritu Santo, que está en el espíritu de Dios, que está afectando a tu espíritu, empiece de manera progresiva, lenta pero inalterable, a afectar también el alma.
¡Salgamos de parranda! ¡Miéntele a tu mujer! – No puedo. Ni siquiera he leído en la Biblia que dice que no debo mentir, pero hay algo dentro de mí que me lleva a sentir resistencia por eso. Y eso es porque el Espíritu de Dios empieza a brotar desde adentro hacia afuera de mi alma.
Y esa vida, pasa y sale hasta el cuerpo. Y el cuerpo también empieza a sentirse mejor, la gente empieza a sanarse, problemas que se tenían con el cuerpo, se empiezan a resolver, y todo por conocer al Señor, nada más.
Esta persona, así como está, ¿Podría hacer un milagro? Muy difícil ¿Por qué? La razón es sencilla: no tiene en él la sintonía correcta, el posicionamiento espiritual correcto. No lo tiene. Sabe que la Biblia dice que Dios puede sanar, pero una cosa es que yo crea que Dios puede sanar, y otra que lo haga por intermedio de mí.
Entonces, cuando va a orar por alguien, generalmente dice: “Señor, no sé si es tu voluntad, ehhh, no sé si quieres sanarlo, pero sólo si tú quieres…” Esa es una oración temerosa. Y entonces seguramente alguien te pregunta: ¿Y? ¿Se va a sanar? Y ahí responde: y…Dios sabe…
Quiere ser vehículo de sanidad, quiere. Pero no tiene una sintonía ni un posicionamiento correcto. Sabe que es posible, pero que no necesariamente pueden pasar esas cosas. Un experimentado ministro, famoso por sus campañas de sanidad, comprobó que muchos que venían a sus reuniones eran sanados, otros tanto no lo eran y, una amplia franja, se sanaba en ese momento, pero luego volvía a enfermar.
Él, observando todo esto, empezó a pensar que estaba haciendo algo mal. Y en lugar de seguir haciendo campañas de sanidad, compró una mansión muy grande, y construyó allí una casa de retiros. Como una especie de clínica.
Entonces, toda la gente enferma, se iba a esa clínica como si fuera un hotel, y hasta se registraba. Y el tiempo mínimo que cada uno podía estar, era de siete días. Había una reunión muy específica por día, donde se enseñaba respecto al poder de Dios y cómo vencer a la enfermedad.
Terminaba la reunión y por la noche había cultos de sanidad y ahí se oraba por los que estaban alojados Y era muy llamativo lo que pasaba, por si no te sanabas el primer día, el segundo o el tercero, en algún momento sucedía. Nadie salía enfermo de allí.
O sea que siete días después, todos los que habían entrado, salían sanos. ¿Por qué? Porque ellos descubrieron que había dos posibles causas para que una persona no reciba sanidad: una, pecados escondidos.
Entonces ellos daban palabra y predicaban de tal manera que el Espíritu Santo les haga ver qué cosas estaban ocultando. Y la otra, gente que no tenía fe. Que cree en Dios, pero que no tiene fe. ¿Y cómo puede alguien creer en Dios y no tener fe? Tal vez tienen fe, pero es muy pequeñita.
Entonces en medio de esa clase de prédicas y viendo con sus propios ojos los milagros, la fe de ellos se encendía a tal punto que, seguramente, en algunos de esos próximos días, se producía su propia sanidad.
Y eso fue de tanto impacto que surgieron otros que empezaron a imitar eso y a añadirle, por ejemplo, palabra de ciencia a sus tratamientos. Oraban por alguien y esa persona no sanaba, entonces oraban y el Espíritu les mostraba el pecado por el cual la sanidad no se producía. Limpiaban con arrepentimiento y perdón ese pecado y la persona era sana.
Los responsables, cuando fueron consultados por la prensa secular, impactada por los resultados sobrenaturales evidentes, respondieron que todo hijo de Dios puede provocar estas cosas, y puede sanar, si tan sólo se conecta con el Espíritu Santo por diez segundos. Porque Él es el que utiliza esos diez segundos para lograr resultados como el que ven.
Volviendo al alma. Cuando se logran restaurar las grietas y fisuras, muchos suponen que se ha ganado la batalla. Ahora bien; ¿Para qué vas a restaurar grietas antiguas si ni bien lo haces, los enemigos empiezan a filtrarse por otras nuevas?
Vamos a cerrar los muros y a encargarnos de lo que pasa adentro. Hay una primera sanidad que consigue cerrar los boquetes que el diablo ha hecho contigo. Y ahí empezamos a batallar por tener el control de esos lugares.
Sin embargo y lamentablemente, en muchos hijos de Dios, la batalla por el control de estos lugares, dura años. Pero no porque el Espíritu Santo quiera, sino porque ellos lo quieren así. Porque no se trata de lo que tú quieres, sino de lo que tú haces en dirección o no a eso que quieres.
El primer punto de control que nosotros debemos recuperar, es el área del corazón. ¿Por qué? Porque nadie quiere estar tomando agua envenenada. El corazón es muy importante espiritualmente. Porque con el corazón, se cree.
Si el corazón está tomado por el diablo, una persona puede estar frente al más grande hombre o mujer de Dios, escucharlo atentamente, y salir exactamente igual de cómo entró a ese lugar físico o virtual a escucharlo. Con el corazón se cree para justicia. ¿Esto quiere decir que un corazón puede creer? Sí, cree. Claro; cree, pero también puede no creer. Esa es la elección.
(Colosenses 1: 21) = Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado.
Resulta que hay una alianza muy fuerte entre la mente y el corazón. Estos dos trabajan muy de cerca, muy mancomunados. Por eso sucede lo que sucede en el área sentimental. Tú te enamoras y lo primero que sucumbe es tu corazón.
Luego es tu mente la que cae y sólo puedes ver virtudes dignas de loas y alabanza en esa persona. Te has enamorado de un hombrecillo menos que mediocre en todas las áreas, pero tú no puedes evitar ver a un Elías en él.
Ahí es donde la voluntad quiere tomar decisiones pero es acallada por los otros dos personajes, el corazón y la mente. Y ahí queda la voluntad prácticamente derrotada, no la dejan participar. Porque cuando dos se unen, dos son más que uno. Entonces, la voluntad no puede actuar.
Y a esa joven podrán decirle lo que quieran, lo que se les ocurra, y todas estrictas verdades respecto a la bajísima calidad de su pretendiente amado, pero ella no accederá a abandonarlo. Simplemente dirá: “No puedo, lo amo; no puedo”. Ya está, su voluntad está totalmente derrotada.
El enemigo siempre busca atacar dos frentes, y normalmente ataca corazón y mente, siempre. Porque si sólo tomara el corazón, en realidad no ganó nada. La mente es la que determina el final de las cosas. Yo sé lo que me conviene.
Sin embargo, en algunos ocasionales casos, la mente puede ser liberada. Entonces la misma joven, dice exactamente las mismas palabras: Lo amo, y nunca voy a amar a alguien como a él. Pero luego puede añadir: Pero me doy cuenta que ese muchacho no me conviene.
Fíjate lo que Pablo dice aquí. Dice: Antes de ustedes venir a Dios, ustedes eran enemigos de Dios. Y ellos podrían responder: ¿Pero dónde éramos enemigos? – En tu mente. Porque yo estoy convencido que tú mismo, o tú misma, antes de conocer a Dios, no te la pasabas pensando que eras enemigo de Dios.
Eras, en todo caso, un mundanito común y corriente. Un pequeño filisteo con sus parrandas habituales de fin de semana. Una copa por aquí, una mujer por allá, pero: ¿Quién no tiene sus debilidades, no es cierto?
O sea: eras un mundano promedio. No eras ni Charles Mason, ni Adolfo Hitler ni la Madre Teresa de Calcuta; eras un mundano promedio. Que a veces mentía, que a veces tomaba la plata que no debía, que juzgaba a todo el mundo, que manipulaba a los más débiles.
No es ninguna novedad, así éramos todos, o casi todos. Sin embargo, a esa persona que no conoce al Señor, Dios la llama enemigo. Pero era enemigo por la mente que él tenía. ¿Cómo es la mente de una persona que no conoce a Dios?
Es una mente que no tiene la habilidad de entender la voluntad de Dios. No la puede asimilar. Suponte que se convierte un jovencito de dieciocho o veinte años, y su padre no es creyente. Y Dios te ha dicho que tienes que irte de misionero a una lejana nación de África.
Entones vas y debes hablar con tu padre para decirle que te vas a ir allá, a un país que por poco ni sabes pronunciar su nombre. ¿Tú crees que ese padre va a entender remotamente el llamado de Dios para su hijo?
Jamás lo comprendería. Por eso es que Pablo dice que para el mundo, el evangelio es locura. Es una locura. La mente natural, es enemiga de Dios. Porque no puede entenderlo. No es que uno quiera ser enemigo de Dios. Sólo que la manera de pensar del hombre caído, va en contra de Dios. Entonces, Pablo dice acá que éramos enemigos en nuestra mente.
(Efesios 4: 17) = Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente.
¿Cómo andan los gentiles? En la vanidad de su mente. Te voy a leer otras versiones de ese versículo. No soy demasiado afecto a salirme de la tradicional y clásica Reina Valera, pero a veces otras formas de decir lo mismo nos abre mejor panorama.
Ahora les pido, de parte del Señor, que ya no vivan como los que no conocen a Dios, pues ellos viven de acuerdo a sus tontas ideas.
Otra versión: Esto os digo y requiero en el Señor; que no vivan ya como los otros gentiles, vacíos de mente.
Otra versión. Les digo y les encargo en el nombre del Señor, que ya no vivan más como los paganos, los cuales viven de acuerdo con sus equivocados criterios.
Una versión más. Esto pues digo y atestiguo en el Señor, que ya no caminen según las gentes caminan en la vanidad de su inteligencia.
¡Yo sé! ¡No te gastes en enseñarme esas tonterías, yo sé cómo son las cosas! Yo sé. ¡Qué difícil que es pretender que se convierta un intelectual! ¿No crees? Y no es porque el evangelio sea sólo para tontos o analfabetos, sino que el intelectual cierra su mente a las cosas de Dios porque su mente no puede codificar todo eso.
No lo puede entender. Qué cosa más tonta es ponerse a discutir con un intelectual tratando de convencerlo. Más fácil sería mostrarles el poder de Dios para ellos y se acabaría la historia. No será la primera ocasión donde, en un tremendo programa de televisión, un incrédulo intelectual le da clases de Biblia a un pastor humilde y de escasa personalidad espiritual.
¿Por qué? Porque si tú entras en ese terreno, y utilizando argot futbolero, te van a golear. ¡Eso le pasó a Pablo cuando se fue a discutir con los filósofos del Aerópago! ¿Recuerdas? ¿Qué le dicen? ¡Palabrero! ¡Charlatán!
Yo te pregunto: ¿Por qué no hizo un milagro y los dejó callados a todos? ¿Por qué no una palabra de ciencia? No. En lugar de eso, se puso a discutir. ¡Yo predico al Dios desconocido! ¿Recuerdas cómo terminó esta historia? Pablo fue preso. Su mente. El punto débil de Pablo, era su mente.
Sabía mucho. Entonces, lo último que muere en él, es su mente. Muere su cuerpo, su corazón, pero su mente flota hasta el final. ¡Hasta el final se resiste! ¿Por qué? ¡Porque Pablo la había cultivado años! ¿Entregar su mente al Señor?
Entonces, se va vencido desde Éfeso a Corinto, ¿Y qué escribe? Ninguna otra cosa quiero saber que esta; a Cristo, y éste crucificado. He ido a predicarles, ya no con elocuencia de palabras, para que su fe no esté fundada en mis argumentos, sino en el poder de Dios.
Es notorio que Pablo aprendió la lección, ¿No crees? Porque cuando hablamos con alguien que, por ejemplo, nos cuestiona ácidamente nuestra fe, incluso hasta dando a entender que no estamos cuerdos por creer en ella, en lugar de sacar capítulos y versículos, sería suficiente con decirle:
“Mira, tú ven a cuestionar a Dios cuando arregles esa situación de adulterio que tienes con tal y tal persona, Hazlo y luego sí, ven a cuestionar el poder de Dios, si quieres.” Te aseguro que eso desarma al más dotado intelectualmente para debatir teología.
¿Alguien quiere hablar, ahora? No. El poder de Dios caía por la convicción de pecado. Así era Jesús. Los fariseos le pedían a gritos que les diera más. Y Él les respondía cuestionándolos por pedirle más mientras ellos le estaban robando a la gente la llave del conocimiento.
¡Pero no, Jesús! ¡No los trates así! ¡Son los maestros de la ley, les debemos respeto! – Mira; no te respondo lo que debes hacer con los intelectuales de este siglo porque trato de mantener cierta elegancia y decoro en mis trabajos.
Perdóname si en algo te identificas, pero es así. Si tú quieres ganar a alguien por la mente, ese va a ser un problema. La mente va a ser tomada por el Espíritu Santo. Hay gente muy inteligente que es creyente, no te creas ese cuento incrédulo de que sólo los analfabetos y los brutos pueden creer.
No sé qué opinión tienes tú de la Física como ciencia, pero puedo adelantarte que intelectualmente es muy respetada. Debo decirte que por lo menos dos de los tres científicos más valiosos de esa ciencia, Einsten y Newton, al menos conocían acerca de Dios, no eran incrédulos totales.
¿Entonces qué pasa? Pasa que cuando hablo de todo esto, se puede ver que el diablo ha hecho un trabajo tremendo aquí. Si tan solo tu mente se callara dos minutos, tú podrías hacer grandes milagros. Pero tu mente no deja de hablar, habla todo el tiempo. Todo el tiempo hace ruido.
Yo he visto, y supongo que si te ha tocado lo mismo que a mí, también lo habrás visto, que pasa la gente a recibir oración y, ni bien tú empiezas a orar por ellos, ellos también comienzan a hablar como si buscaran reafirmar tu oración. ¡Cállate! ¿Te pide oración y sigue orando?
Es interesante que la primera muestra del Espíritu Santo cuando desciende, es: idiomas nuevos. O sea: la gente empieza a hablar en idiomas que su mente nunca había aprendido. ¿Por qué? Tu mente está muy conectada con tu lengua.
Todo lo malo que hay en la mente, se conoce por lo que dices. Entonces, el primer consejo que salomón te da, es este: cállate. ¿Por qué? Porque si dices todo lo que se te viene a tu cabeza, muestras un montón de ignorancia.
Hay un viejo dicho: “El inteligente, de diez malas ideas, escoge la mejor. El necio, dice las diez que se le ocurren.” Es verdad, y la mente está muy atada a la lengua. Y fíjate que lo que mueve al mundo espiritual, es la lengua.
(Santiago 3: 6) = Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.
Algunos piensan y han enseñado que este es uno de los versos más duros que hay en la Biblia. Adhiero, yo creo lo mismo. Ahora bien; esto no es toda lengua, esto habla de las lenguas no redimidas. Y dice que la lengua es un fuego, ¿Por qué? Porque quema.
Dice que es un mundo de maldad y que contamina todo el cuerpo. Escucha eso: contamina todo el cuerpo. ¡Ay! ¡Me estoy enfermando! El cuerpo dice: amén. Contamina todo el cuerpo. En el momento en que tú dices eso, todas tus defensas bajan.
He conocido gente que trabaja, gana un salario y logra juntar algunos pesos. Ahí los tiene, esperando que aparezca algo muy conveniente para invertirlos y gastarlos. Mientras tanto, cuando la esposa, o los hijos o cualquiera le pide dinero, responde que no tiene plata. No tengo plata, no tengo plata y no tengo plata. ¿Sabes cuál será su mayor problema en la vida? No tendrá plata.
Entonces te van a visitar o te escriben y te piden oración para que Dios los bendiga y puedan ganar buen dinero, ya que verdaderamente lo necesitan. ¿Sabes qué? Con esta gente habría que hacer un trato: orar por ellos para bendición económica, pero con la condición de que se dejen cortar la lengua.
Es que todo el mundo espiritual responde a nuestra voz. Porque nuestra lengua está diseñada para decir solamente lo malo. Para ver el medio vaso vacío y no el medio vaso lleno. Y esto trae un problema, porque nuestra mente funciona muy de acuerdo con la lengua, y la mente afecta el corazón.
¿Notas la relación que hay? Es una tremenda dinámica. Si yo digo y declaro que no creo, de inmediato mi mente lo asume, mi corazón lo asume y todo mi cuerpo es entregado al diablo. Porque con el corazón se cree para justicia.
En el verso anterior al que les he leído, dice: verso 5: Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Fíjate que pedazo de problema se arma por un simple o no tan simple chisme. El médico le dice al paciente que tiene cáncer, pero omite decirle que hoy, estadísticamente, seis de cada diez personas que tienen cáncer son sanadas. ¿Qué impide que tú seas parte de esos seis o no de los otros cuatro?
Hay un poder tremendo detrás de las palabras. Alguien dice cáncer y miles de inmediato piensan muerte inevitable. Entonces, lo primero que Dios hace cuando quiere cambiar a alguien, es cambiar su manera de hablar.
Ahí lo tienes a Zacarías, el padre de Juan el Bautista, en el Lugar Santo. Está ofreciendo el sacrificio, no había tenido hijos en toda su vida; él tenía más de setenta años. Aparece un ángel y le dice: “Oye Zaca, vas a ser papá”. Y él, en lugar de decir ¡Qué bueno! ¡Qué tremendo! ¡Gloria a Dios!, lo mira con desconfianza y le dice: nooooo…
¿Yo? O sea: esos son los hombres de Dios, ¿Te das cuenta? Y se llamará Juan. ¡Ya! ¡Déjate de hacer bromas, angelito! Nota la diferencia con María. María, catorce años, no está casada: “Hágase conmigo como dices” ¡Qué respuesta!
¿Qué es lo que le juega sucio a Zacarías? Que era hombre, y la mente en los hombres, pesa mucho. En cambio la mujer, es más corazón. El ángel le dice que será mamá y ella lo único que atina a decir, es ¡Amén!
En cambio Zacarías empieza a hacer trabajar su mente y no le coincide nada, ni siquiera su propia edad. Vas a tener un hijo, se va a llamar Juan y tú te vas a quedar mudo hasta que nazca. ¿Por qué? Porque si en estos meses tú hablas, puedes abortar al bebé y, con eso, también el plan de Dios.
La única manera de que Juan nazca seguro, es que tú te quedes callado. Y lo deja mudo a nuestro amigo Zacarías, por nueve meses. ¿Sabes qué? Fue la época más fértil de Zacarías. ¿Estás enojado? Hazte un favor: cállate. ¿Estás triste? Hazte un favor: cállate.
No puedes evitar enojarte, no puedes evitar estar triste, pero sí puedes evitar inconveniencias callándote. ¿Por qué? Porque en muchos casos, hablar, complica tu problema, no lo soluciona. Todos tenemos días malos, pero en esos días malos, hazte un favor a ti: guarda silencio.
Haz una oración y dile al Señor: “Señor, te ofrendo mis palabras de hoy, haré silencio en tu honra y gloria”. Y cas a ver qué va a pasar ese mal día, al día siguiente estarás mucho mejor, y el haber evitado hablar en un momento en que no es sabio hacerlo, te hará zafar del problema fácilmente.
Ahora volvamos al corazón. Y no puedo hablarte del corazón sin hablarte de la mente. Ni tampoco hablarte de la mente sin el corazón. ¿Por qué? Ya te lo dije, pero no tengo problemas en repetirlo: van juntos, se complementan, se potencian.
(Lucas 10: 27) = Aquel, respondiendo, dijo: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
Si ustedes ven ese versículo, este hombre habla como respuesta a una pregunta que Jesús hizo. Leamos los dos versos anteriores para entenderlo: Verso 25 y 26: Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿Haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?
Entonces, este hombre dice: amarás al Señor tu Dios, ¿Con qué? Noten con qué empezamos. Empezamos con el corazón. Pablo lo dice: con el corazón se cree. Luego dice: con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente.
Te ayudo: Fuerzas equivale a voluntad, mente equivale a mente, alma equivale a alma. Le está diciendo: ama con estas tres partes. Nota que no le dice que lo ame con su espíritu, no. Le está hablando del alma. Del alma como tal.
La gran pregunta, entonces, es: ¿Cómo puedo yo hacer que este cambio comience más rápido? Cuando yo me convierto, una parte de mi corazón ya fue tomada por el Señor, por eso es que me convertí. Si no, no me hubiera podido convertir.
Con el corazón se cree, die Pablo. Mi corazón creyó y pasé de muerte a vida. Pero hay una parte de tu corazón que todavía no está entregada al Señor. ¡Hermano! ¿Cómo dice eso? Y sí, porque si estuviera entregado todo tu corazón a Dios, tú creerías todo lo que Él dice.
Pero hay una parte en ti que resiste sus promesas, La prueba es esta: estás esperando cosas que tú has pedido y que Él te ha dicho que te va a dar, y hasta ahora no las ves. Y no depende de Él, depende de ti. Entonces, no es tu tarea convertirte de nuevo, no; ya pasó, ¡Gloria a Dios por eso!
Tu gran tarea hoy día, es estar seguro de que le estás entregando al Señor todo lo que en tu corazón hay. ¿Recuerdan ustedes cuando Jesús habla, dice que hay una fuente en el hombre, y que la vida de Dios hace que esa fuente salte a vida eterna. Esa fuente, es el corazón.
Yo les he dicho que hay una alianza entre mente y corazón, ¿De acuerdo? Imagínate ahora a una persona que está con amargura en su corazón. ¿Qué crees que va a hablar? Amargura. Todo lo que te diga, te dejará a ti lleno de amargura.
Su corazón y su mente están trabajando juntos, y su lengua está operando. Te está hablando a ti. Tú tienes que darte cuenta que, cuando alguien te está hablando, qué parte de su vida está hablando. ¿Está hablando de la riqueza de su corazón? ¿O te está hablando de la amargura de su corazón?
Y a esto se lo puede confirmar claramente en algunas reacciones o acciones grupales. Lo primero que alguien padece cuando está así, es confusión. La confusión lo lleva a emitir juicios erróneos sobre algo o alguien. Y eso, finalmente, si no se lo detiene, lo lleva a una actitud de maldad.
Porque ahora de su corazón, además de brotar amargura, está brotando crítica, está brotando más amargura, está brotando mentira. Y cuando dentro de un ambiente que aseguramos es cristiano, utilizamos la mentira con cualquier intención, tomamos por el atajo equivocado. Tú no puedes decir defender a Dios con métodos del padre de mentira.
Ahora bien; para ser bien honesto, altamente transparente y definitivamente sincero, yo no creo que ninguno de los que tomamos contacto a diario acá, en ese sitio, tengamos delante del Señor un corazón ciento por ciento lleno de Su Presencia y perfecto.
De allí que todos necesitemos periódicamente comprobar si nuestro corazón está siendo llenado por el Espíritu del Señor. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo empieza a obrar, y Él es el que se encarga de cambiar mi corazón.
Hay algo que te va a ayudar mucho. En la medida que le creas, tu corazón va a ser renovado. La fe y el corazón también están muy ligados. Por ejemplo el Espíritu pone en tu corazón que ores por alguien. Tú no te atreves porque no estás seguro. Listo, tu corazón se endurece.
En cambio, si tú te atreves y te vas sin pensarlo y oras por esa persona, que no te extrañe que te diga que eso era justo lo que estaba pidiéndole al Señor, que alguien se acercara a orar. Y allí sí tu corazón es ganado en una medida superior por el Señor.
Y allí te sientes tan gozoso que te envalentonas y le pides al Señor que te envíe a otro y a otro. Eso ha modificado tu corazón y en él no hay lugar para ninguna clase de amargura, sólo hay lugar para el amor de Dios y para el servicio al prójimo, no a la institución; al prójimo.
También sucede muy a menudo, esto, con lo que tiene que ver con tu generosidad. La generosidad sin condicionamientos sí es de Dios, y a veces Él la demanda. Pero si tú dejas participar a tu mente en ello, todo no pasará de un burdo intento de negocio o canje que jamás te bendecirá.
Porque, es mi deber decírtelo como parte integral de una enseñanza y de manera alguna como epicentro, como sí lo he visto hacer en más de una ocasión, hay una ligadura muy estrecha entre tu corazón y el dinero. Lo hay.
O si quieres que sea más amplio y menos puntual, entre el corazón y tus posesiones. Los que han leído algo de historia del cristianismo, y aunque no compartamos sus doctrinas, un claro ejemplo de esto es un personaje que conocemos como San Francisco de Asís. Lo dejó absolutamente todo para dedicarse a trabajar con la gente pobre. ¿Obras? ¿Salvación errónea?
De acuerdo, pero es ejemplo de ofrenda incondicional, de eso se trata, no de sus errores doctrinales o teológicos. De eso hay tiempo para hablar y, créeme porque yo lo he vivido, también hay tiempo para detectarlo y modificar tu forma de fe. Yo lo hice, y supongo que miles y miles que vienen del catolicismo romano también lo pudieron hacer.
Lo que debemos tomar de su historia, es que su corazón fue ganado por el señor de modo tal que no estimó absolutamente nada para él. Tú te vas a dar cuenta cuán rendido está tu corazón, cuando examines la facilidad o la no facilidad que tengas para dar, sin exigir nada a cambio.
El aparato que en medicina sirve para escuchar al corazón, se llama estetoscopio. Bien; ¿Quieres el estetoscopio del Espíritu? Comprueba tu calidad de obediencia en las cosas que te duelen obedecer. Ese es un verdadero electrocardiograma espiritual. O late o no late.
Entonces, en la medida que eso pase; ¿Qué sucede? Sucede que cuando tú logras ver algo que el Espíritu Santo te muestra, lo primero que se te ocurrirá, será obedecer. Si no dejas que la mente te estorbe en tu decisión primaria, así lo harás y serás más que vencedor.
Porque la obediencia es hermosa, pero es mucho más hermosa cuando es inmediata. Eso es tomar control de tu corazón. Tú puedes decir, cantar y hasta aullar bien fuerte: ¡Señor te amo!, Pero todos sabemos que uno verdaderamente ama algo cuando está dispuesto a renunciar a cosas por ese amor.
Y no hablo de cosas indiferentes, hablo de cosas fuertes, importantes. Yo te amo, y si para acceder a ese amor debo renunciar a esto, aquello y lo otro, pues ni me lo planteo; lo hago y listo. ¿Por qué? Pues simplemente porque te amo. Y punto.
Eso es amor. Amor no es estar dándose besitos y diciéndose entre sí que se aman, no. Eso se llama romanticismo y es muy bueno, pero en lo concerniente al verdadero amor, eso no es ninguna señal de nada. Todos hemos visto o dado de esos besitos y no siempre amábamos lo que besábamos. ¿O a ti nunca te pasó? Estoy hablando de amor genuino.
Amor genuino, se entiende, es cuando alguien está hasta dispuesto a morir por ti. Eso es amor genuino. Es el mismo grado e intensidad de amor que Jesús tuvo por uno y cada uno de nosotros. Fue eso lo que le permitió ir a la cruz con gozo. De otro modo, jamás lo hubiera hecho. Eso es amor.
Y fíjate que Jesús no anda ni anduvo diciendo te amo, te amo y te amo. De hecho, en los evangelios todos podemos apreciar que habló muy poco del amor. Sin embargo, Él demostró su amor entregándose a sí mismo hasta la muerte.
¿Cómo es ganado el corazón, entonces? El corazón es ganado por la obediencia y la fe. Fe y obediencia. ¿Están allí, todavía? Lo digo porque sé que en nuestros ambientes, algunos parecerían haber aprendido a desdoblarse astralmente. Sus cuerpos están allí, escuchando, pero sus almas…
Fe y obediencia. Voy a creerte, Señor. ¿Cuántas veces hemos cantado “Señor, me postro ante ti” y hemos seguido bien parados, como estábamos? Es una tontera quizás, pero estás declarando algo que en verdad no estás haciendo.
Mientras más le obedezcas al Señor, más fe va a haber en ti. Entonces, cuando ves un problema, no será ningún problema. En una ocasión vino a la emisora de radio donde yo trabajaba un matrimonio joven de hermanos.
Ellos vinieron a buscar un material y a saludarme, nada más, pero en la breve charla quedó expuesto su mayor problema: ella no podía quedar embarazada. Llevaban más de un año y medio tratando, pero el resultado había sido negativo.
Sentí una tremenda fuerza por dentro que me demandaba orar por ella, así que le hice poner al esposo su mano sobre el vientre de ella y yo puse mi mano sobre la del muchacho. Y así oré declarando que en muy poco tiempo ella iba a quedar embarazada y ser madre de un hermoso bebé.
Se sintieron muy quebrantados emocionalmente, pero me aseguraron antes de retirarse que habían creído esa palabra dada. Pasó el tiempo y me olvidé de ellos y de esa oración. Tuve que recordarla un año después, cuando una mañana vinieron a mostrarme un hermoso varoncito de casi cuatro kilos, resultado de aquella oración de fe.
Si te digo que me sorprendió, sí me sorprendió, porque en el fondo no terminados de creerle todo al Señor. Aunque sé que sí es posible. Tratando de obedecer a Dios lo más que podamos, cuando oremos por algo así, Dios lo va a respaldar.
Eso se llama lógica divina, nada más. ¿Qué pasa con la mente? Tu mente, a diferencia de tu corazón, es muy distinta. Tu mente tiene otra estrategia para ser vencida. Tu mente es como el depósito de la casa. Ese lugar en el cual entrar, casi significa un riesgo importante, porque todo lo que hay allí está presto a derrumbarse en cualquier momento.
Porque allí tienes de todo. Todo lo que has guardado, lo que no sirve, tienes cosas a medio uso, cosas viejas, tienes ratas, tienes arañas, tienes de todo. Es muy usual, ¿Verdad que sí? Y tu mente es así, porque almacena las cosas sin discriminar.
Más de uno quisiera olvidarse de aquellas cosas que le han traído tristeza o amargura. Pero la mente no, se obsesiona y quiere conservar esos recuerdos. Es triste, pero es como que en el fondo, tú no puedes controlar lo que entra a ese depósito. Entra de todo.
Y el esfuerzo de toda buena ama de casa, es tener su depósito bien ordenado, pero te daré un secreto: el depósito está diseñado para ser desordenado. Y si no, fíjate: ahí hay cosas que jamás pondrías juntas. Tienes tarros de pintura con unas frazadas viejas. Tú jamás meterías a tu dormitorio tarros de pintura.
O sea que tienes cosas mezcladas que jamás pondrías en una habitación a compartir. Ese solo hecho, hace que haya allí un ambiente de desorden. Puedes poner estantes, letreros, puedes limpiarlo muy bien, pero seguirá expresando un ambiente de desorden por la esencia misma de lo que es un depósito.
Nuestra mente es así. Tú quisieras sacar de allí cosas que no te agradan y quisieras retener palabras o textos que nunca recuerdas. Esa es nuestra mente, no necesariamente ponemos lo que queremos en ella.
Pablo dice, Efesios 4:23: Renovaos en el espíritu de vuestra mente. ¿Amén? Escucha: la persona que llega a gobernar sobre su mente, puede gobernar sobre toda la creación. Un ejemplo: son muy impresionantes las filosofías orientales.
Si tú encuentras un monje sufista, por ejemplo, que son unos monjes que viven en las laderas del Tibet, verás que son hombres que educan su mente por años. Tú los ves, al subir al Everest, a los pies del Tíbet, viendo al Everest, nieve completa, y ellos caminan descalzos sobre la nieve.
Y están a veces echados sobre la nieve completamente desnudos. Los encuentras por el camino pidiendo monedas o comida. Y cuando pasan los alpinistas les dan algunas monedas, y ellos están desnudos allí.
Hacen unos pases, y ponen fuego en su mano. Y parece como que se les queman las manos y sin dolor alguno. No han cortado sus cabellos por espacio de treinta, cuarenta o cincuenta años. Esos son monjes que han llegado a tener tanto control de su mente, que son capaces de hacer cosas asombrosas.
Ellos, literalmente, y esto ha sido documentado, hacen caer avalanchas simplemente estando en meditación. ¿Cómo pueden hacer esas cosas? Han llegado a un control absoluto de sus mentes. Y esto hace que puedan afectar el entorno.
Alrededor de ellos afectan muchísimo. Pueden caminar sobre brasas ardiendo, pueden caminar sobre cuchillos, pueden hacerse perforar la piel, pueden hacerse colgar de la piel como si fueran pedazos de carne. ¿Cómo soportan esos dolores?
Su mente. Hay un viejo testimonio de un hombre que no comió por espacio de sesenta años. Lo metieron a una clínica con cámaras durante las veinticuatro horas. Y lo filman por veintinueve días para ver que él no coma.
De hecho, casi no usa el baño. Y la pregunta, entonces, es: ¿Cómo no se muere? Y él dice: “yo saco la energía del aire”. ¿Del aire? Claro. Resulta ser que si nosotros supiéramos respirar correctamente, casi no tendríamos necesidad de comer.
Porque todo nuestro metabolismo procesa su energía en función del aire. Y la palabra aire, deriva de la palabra hebrea ruah, o la griega pneuma, que es espíritu. Y aquí ya entramos en un terreno altamente complejo y delicado.
Y a este buen hombre lo filmaron veintinueve días para comprobar que él no comiera nada a escondidas, que nadie le trajera nada, porque tiene un montón de seguidores y eso. Lo aislaron durante un mes con la cámara allí. No comió nada.
Le tomaban la presión todos los días. Salud perfecta. Tomaron mínimas muestras de orina. Y mínimas porque era muy poco lo que orinaba y los valores dieron perfectos. Setenta años de edad. Un tibetano. La mente.
Y nosotros, que decimos estar llenos del Espíritu Santo, si demoramos media hora en almorzar podemos llegar a desfallecer de hambre. ¡Y hasta nos duele el estómago de hambre! Cuando Jesús estaba enseñando y la gente lo seguía, die que lo siguió por tres días.
Y se acercan sus discípulos y le dicen: Señor, no sé si te habrás dado cuenta, pero ya van tres días que esa pobre gente no ha comido nada. Yo pregunto: ¿No tenían hambre? Lo escuchaban y el hambre se sujetaba. No me ha pasado a mí con la comida, pero sí con el cansancio.
Soy de cansarme si debo estar de pie más de un par de horas. Supongo que debe ser por mis pies planos. Sin embargo, recuerdo perfectamente una jornada de alabanza y adoración aquí, en mi ciudad, en un estadio cubierto, donde pasé casi nueve horas continuas de pie y ni me di cuenta.
Tu mente, cuando tú conoces al Señor, es ganada un poquito. Y digo un poquito porque seguramente vas a encontrarte, a lo largo de tu vida cristiana, con supuestos cristianos que ni siquiera creen en la Biblia.
De entrada te puedo decir que, de cada cien congregaciones cristianas existentes, sesenta por ciento de ellas, creen que el Espíritu Santo ya no habla, que ya no hay milagros y que tampoco hay dones. Las iglesias históricas de los países, aseguran que esto terminó en el Libro de los Hechos.
Además, dentro de los números de esa estadística, el ochenta por ciento de ellos no cree que sea posible vivir sin pecar. O sea: no acepta que la victoria de Cristo sea absoluta. Sino que en una victoria parcial.
Les preguntan a las personas cuántos creen que pueden vivir sin pecar y nadie levanta la mano. Entonces, en el fondo, tú tienes una congregación cristiana bien numerosa, pero con un nivel de incredulidad bien alto.
Que no le creen muchas cosas al Señor. Entonces Pablo dice en ese pasaje que ustedes han leído, de que debemos renovar el espíritu de nuestra mente. Esto es clave. Y más que clave si es que verdaderamente deseas avanzar.
(1 Corintios 2: 16) = Porque ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.
Aquí se nos está hablando de lo que podríamos denominar como mente espiritual. La mente espiritual es algo con lo que tú has nacido. Es lo que te explica la Biblia, aun cuando no haya un maestro a tu lado.
Estás recién convertido pero algo te dice que no está Dios en medio de algunos de los tantos que andan ofreciéndolo casa por casa como método rutinario de actividad eclesiástica. No entiendes que, no podrías discutir con ellos, pero sabes que sabes que sabes que algo no funciona correctamente.
¿Sabes cómo se llama eso? Mente espiritual. Tu mente espiritual te muestra que eso no está bien. Tú tienes una mente en tu espíritu. Esa mente ya trae la palabra de Dios escrita dentro de ella, y conoce toda la Biblia.
¿Te has puesto a pensar en un pequeño detalle? El primer evangelio, ¿Sabes cuándo aparece? Treinta años después que Jesús se fue, escriben el evangelio de Marcos. Mateo fue escrito cincuenta años después que Jesús se había ido.
¿Cómo pudieron acordarse de todo? Y Jesús dijo esto y dijo aquello. ¿Acaso conocían taquigrafía y tomaban apuntes cuando iban caminando con Él? ¡Es que los escribas! ¡No, ninguno de los discípulos era escriba!
Si conoces el idioma y la caligrafía hebrea, vas a darte cuenta que jamás podrías escribirlo caminando. Tienes que sentarte o tirarte en el piso, porque literalmente casi se dibujan las letras. Y un pequeño puntito mal puesto, le cambia todo el sentido a una frase.
¿Cómo pudieron, hombres como nosotros, escribir un libro treinta años después y decir que Jesús dijo esto, esto y esto con esa tremenda precisión? No solamente fueron guiados por el Espíritu, esa es una respuesta fácil. El asunto es esto: las palabras de Dios ya estaban dentro de ellos, en la mente de su espíritu.
Cuando tú conociste la palabra de Dios por primera vez, tú dijiste: ¡Esto es la verdad! ¡Yo sé que esto es la verdad! Y te convertiste. No sabías cómo ni por qué, no sabías quienes eran los mejores o peores predicadores, nunca los habías visto en tu vida, pero les creíste.
Y a lo mejor pasaste a llorar al frente en medio de un montón de gente desconocida a la cual jamás habías visto en tu vida. ¿Cómo pudo ser eso? Que algo dentro de ti te estaba diciendo: ¡Eso es cierto! ¡Eso es así! ¡Esa es la verdad!
¿Y cómo lo sabes? ¿Por qué no podría ser que estés confundido? Una persona nacida de Dios dice esto: yo sé, que sé, que sé, que esta es la verdad. Y ahí vienen sus familiares y le dicen: ¡Explícanos qué te pasó! Y él dice: ¡Es que no sé explicarlo! ¡Pasó!
Es algo que siento dentro de mí, algo que ha cambiado tremendamente, ahora amo al Señor. ¿Qué te pasa, te has vuelto loco? Exacto. Tu mente espiritual se activó. Y empezó a enseñarte cosas que tú no sabías que sabías.
¿Por qué? Porque así como ahora traes los genes de tus padres, por ejemplo, a medida que vas creciendo, tú te vas a dar cuenta cómo vas cambiando. Tú no te pareces a un poste del alumbrado público, tú te pareces a tus padres.
Solamente que cuando eres niño, tu fisonomía cambia. Y cuando llegas a adulto, empiezas a parecerte a tu padre o a tu madre, de acuerdo a si eres hombre o mujer. ¿Por qué pasa esto? Porque tú ya traes esos genes con los rasgos visibles grabados.
¿Tú crees que Dios te va a poner en este planeta para que nazcas y no va a hacer lo mismo en el espíritu? ¿No va a dejar sus genes en tu espíritu? Tú tienes la semilla de Dios en ti, y una semilla no necesita ayuda humana para hacer lo que tiene que hacer.
Tú vienes a dios y, de improviso, algo dentro de ti se activa. Está ahí, nadie te lo puede dar. Está ahí adentro de ti. Esa mente, es la mente de Cristo. ¿Sabes? Si tú supieras escuchar esa voz, aun cuando te duermes, te enseñaría.
Despertarías sabiendo cosas que no sabías al acostarte. ¿Por qué? Porque cuando la puerta es abierta, el flujo es bueno. Y si tú eres hábil, lo que vas a aprender a hacer, es esto: vas a aprender a ensanchar la puerta de tu alma hacia el espíritu.
¿Por qué? Porque lo que pasaba todo ajustado en una puerta pequeña, ahora puede pasar con comodidad, sin rozar con nada. Fluyes, y eso es sinónimo de una persona llena de unción. Algunos siguen con sus puertas pequeñitas, por lo que sus cambios se ven uno por cada cinco o diez años.
Pero otros tienen verdaderos portones, y el cambio es bien rápido. Se dispone. A medida que yo empiezo a darme cuenta de lo que yo tengo de parte de Dios, algo empieza a modificarse y a crecer de manera incontenible dentro de mí.
Hace un rato nada más te estaba diciendo que tu mente hace mucho ruido, ¿No es así? Hace mucho ruido. Y cuando digo que hace mucho ruido, quiero decir que por ahí me estás oyendo, pero al mismo tiempo estás pensando.
Todo el tiempo estamos pensando en algo. Y gracias a eso, no atendemos. ¿Qué es atender, por ejemplo? Es hacer callar tus pensamientos y poner tu atención en un elemento específico. Tú pones un cuadro durante dos minutos y luego lo retiras, y le pides a los presentes que lo describan.
Algunos ni siquiera recordarán que pusiste un cuadro, pero habrá otros que te lo describirán con pelos y señales. Esas personas han aprendido a callar sus mentes y prestar atención a lo que deben prestar atención. ¿Conoces la palabra aprender? Esta palabra tiene un origen griego y es bien filosófico.
Aprender está formado por un prefijo que es “A” y prender, que es la palabra en sí. Significa algo así como tomar, como poseer. Cuando decía ellos están aprendiendo, literalmente significa que ellos están tomando, están agarrando y lo están guardando dentro.
¿Saben la cantidad de gente que vive atormentada en sus pensamientos? Apagan la luz por la noche, recuestan su cabeza en la almohada y son bombardeados por pensamientos de destrucción, de temor. ¿Qué es la preocupación?
Básicamente, es la intención del infierno de tomar esta fortaleza que se llama mente. ¿Por qué? Porque la preocupación, nunca te resuelve algo. Absolutamente. De hecho, hay algo que Dios ha otorgado para tu mente y se llama paz.
La paz, al corazón, es como que no le va ni le viene. Par el corazón, Dios ha determinado gozo. Pero para la mente, Dios ha determinado paz. Entonces, tú no te imaginas la cantidad y calidad de batallas que hay en tu mente cada noche, cada día.
Literalmente, son batallas. ¿Y sabes cómo se resolverían muchas de esas batallas? Que te sientes un rato allí, en tu cama, y les ordenes a tus pensamientos sujetarse a Cristo. Por esta razón es muy importante, por ejemplo, la música que escuchas.
Hay música que te inspira paz, y hay música que te deja con tics nerviosos. Eso no se va a resolver tomándote esas pastillas cada noche. Ese no es un buen camino. Pedirle a Pharmakeia que te resuelva este problema es inocente, te lo va a complicar peor.
Tu lucha no es contra sangre y carne. Es contra algo espiritual. Si tú declaras que todos tus pensamientos son llevados cautivos a la obediencia a Cristo, y aplicas la paz de Dios sobre tu mente, seguramente en esa noche vas a dormir como un bebé.
Dios te ha heredado paz, es un derecho de los hijos. La paz. Esta batalla, va a ser ganada en gran medida, por la palabra de Dios inscripta en la Biblia. Tú necesitas esto. ¿Cómo empiezas tu día? Viendo o leyendo las noticias. Va a pasar esto, viene muy mal esto otro y está a punto de derrumbarse aquello.
¿Qué dice la Palabra? El Señor es mi pastor, nada me faltará; en lugares de delicados pastos me hará apacentar. No hay justo desamparado. No he visto justo que mendigue pan. O sea que la paz no viene porque tú repitas muchas veces la palabra paz. Viene porque la palabra de Dios la empieza a conformar en tu mente.
La paz viene por declarar las verdades de Dios sobre tu vida. El Señor ha dicho que es mi pastor y que nada me va a faltar. No he visto justo desamparado donde su simiente mendigue pan. En paz me acostaré y así mismo dormiré, porque sólo tú, oh Señor, me haces vivir confiado.
Entonces, tú empiezas a declarar versículos. ¿Y sabes qué hace tu mente? Te dice que sí. No hay cosa más obediente que la mente. Por eso es que una persona cuando sabe manejar, puede hacer grandes proezas. Puede lograr cosas impresionantes.
Pero si tú no gobiernas tus pensamientos, estás sonado. El diablo va a atacarte en tu mente, terriblemente. Te va a meter cosas, pensamientos de inseguridad. Aun estando sentado humildemente en un templo. No tienes idea la cantidad de cosas que la mente fabrica y no son ciertas.
Junto con la mente, hay algo que se llama luz. La luz de Dios está diseñada para poner claridad en nuestra mente. “¡Es que no sé qué hacer!” – ¿Sabes cómo se llama eso? Confusión. – ¿Qué hago? – ¿Tienes alguna idea de hacer algo? – No – ¡Entonces no hagas nada!
Imagínate que vas conduciendo tu auto por un camino que no conoces y, de improviso, se levanta una densa niebla que no te deja ver más allá de dos o tres metros. No sabes si hay una curva, si no la hay. ¡Ni siquiera sabes si hay camino! ¿Vas a seguir acelerando? No, vas a detenerte.
Cuando estás viendo Génesis 1, todo está oscuro. Hay confusión. Y dijo Dios: sea la luz. ¿Puedes decir lo mismo? Sea la luz en mi mente. Decir que sea la luz en tu mente, es como encender la lamparita, la bombilla. Volvemos al depósito.
Ya es un lugar difícil, ya es un lugar de cierto desorden, ya es un lugar donde hay de todo, pero encima: ¿Vas a entrar a buscar algo sin luz? Que te vaya bien, pero no te lo aconsejo. ¿Qué debes hacer para poder sacar algo de un depósito? Enciendes una luz.
¿Pero van a creer ustedes que eso que se llama sentido común, encender la luz, no es lo usual? La gente, normalmente, entra a tientas, por apuro. Así está. No sabe qué hacer, pero sigue tomando decisiones. ¿Qué buscas? Una manta verde. ¿Y a oscuras, cómo sabes el color?
¿Te cuesta mucho esfuerzo decir: sea la luz? En tu mente. ¡Padre! ¡No sé qué hacer! Declaro que tu luz se aplica a mi mente, ahora. Que la luz de Dios brilla ahora en mi mente. ¿Sabes qué? Van a pasar algunas horas, tal vez, pero de pronto vas a empezar a ver las cosas claramente.
Todo lo que existe en esta creación, se sujeta a tu palabra. Eso incluye tus pensamientos. ¡No sé qué hacer! Pues no hagas nada. Ordénale a la oscuridad que se vaya. Detengo el auto y le ordeno a la niebla que abra un camino para mí.
No puedo conducir a ciegas. La paz y la luz, son los que ganan el terreno en la mente. Noten ustedes de donde vienen el estrés y los problemas. De la falta de paz. La confusión, malas decisiones. Fala de luz. Lamentablemente, nosotros somos muy afectados por lo que nuestra mente tiene. ¿Por qué? Porque somos gente pensante.
Somos seres que estamos diseñados para pensar. Y no te estoy pidiendo que no pienses, te estoy pidiendo que pienses con la mente de Dios. Este es un ejercicio. Lee la palabra. Y no hablo de devocionales ni de exámenes extensos. Palabra.
Es obvio que cada uno tiene su propia modalidad en la que naturalmente, se siente más a gusto, más cómodo. Sin embargo, puedo asegurarte que con leer un solo versículo por día, despacio, examinándolo, despanzurrándolo, desarmándolo y volviéndolo a armar, consigues que ese texto se meta en tus tejidos óseos.
De otro modo, caemos en lo más habitual y frecuente, que es ver a gente que lee la Biblia, y lee la Biblia y lee la Biblia y, pasan uno, dos, cinco, diez meses y siguen igual. Eso es imposible. Si tomas contacto con la genuina palabra de Dios, nunca puedes volver a ser el mismo.
No se trata de modo alguno cuánto lees, sino cuanto puedes comerte de eso y asumirlo dentro de ti. Y puede cambiar tu mente. Tu mente tiene que ser renovada por la palabra. Y eso simplemente se da cuando tú crees esa palabra; la recibes, la entiendes, la metes dentro y, esa palabra, se queda en tu mente para siempre.
Cuando tú tienes a la mete y al corazón en un proceso en donde el Señor los ha ganado, la voluntad tiene sus horas contadas. No le queda otra que obedecer. La voluntad está diseñada para obedecer al corazón o para obedecer a la mente.
Y si los dos aquí dicen lo mismo, termino haciendo lo que es correcto. Debes pelear por tu voluntad y tu voluntad deberá obedecerte sola. Debes pelear por tu corazón y por tu mente. En cambio, ¿Qué dice la gente? ¡Ah, no! ¡Tengo que creer! ¿Y cuál es tu problema? ¿Está en tu corazón o está en tu mente?
Cuando la vida de Dios empieza a llenar esto, no hay milagro que tú no puedas hacer. No hay cosa que tú no puedas descubrir. ¿Para qué eres parte de la iglesia? Seguramente que no para memorizar coritos, solamente.
Estás aquí para que el Espíritu de Dios, que ya habita en tu espíritu, transforme tu alma, para que también tu cuerpo sea transformado, y tú puedas ser un transmisor de la vida de Dios para las otras personas.
Tú puedes orar y ser vehículo de sanidad para cualquier enfermedad. No hay misterio en esto. Y quiero animarte en este día, a que veas qué parte de todo esto, tú necesitas trabajar en mayor grado. Esa es y será permanentemente tu lucha.
Yo estoy seguro que lo que nosotros hagamos en esta dimensión, va a cambiar las situaciones a nuestro alrededor. ¿Tienes todavía familiares no creyentes? Te digo esto: toda persona tiene una puerta, y toda puerta tiene una llave. Y la llave es cómo Dios puede ganar a esa persona. ¿Y sabes cómo lo sabes?
Sabiendo escuchar al Espíritu Santo. El Espíritu Santo sabe cómo esa persona se va a entregar a Él. Tú puedes probar todo. Hay gente que incluso ayuna para eso, pero no sabe lo que el Espíritu quiere, así que lo que hace no va más allá de ser una huelga de hambre.
Hay personas que llegan a establecer pactos en dinero para conseguir que alguien se convierta. Este es un tremendo engaño del diablo que cosecha víctimas todos los días. Y es algo muy simple. No es con espada ni con ejército, es con Su Santo Espíritu.
No tienes que pagarle nada a nadie para que se convierta un familiar. ¡Ay, pastor! ¡Yo quiero sembrar por mi marido! Olvídalo. Entrégaselo al Señor y olvídate. Así es como funciona. Si es que la persona determinada desea que funcione. Si no lo desea, Dios no lo va a obligar. Lo creó con una voluntad y se la va a respetar a muerte.
Voy a sembrar por la conversión de alguien. Esa es una de las mentiras clásicas que mucho se oyen en estos días. La salvación es por gracia, para que nadie se jacte. Si esa persona todavía no se ha convertido, es porque el diablo todavía lo tiene atado.
Lo único que deberías descubrir es cómo desatarlo. En eso consiste todo. ¿Y quién lo sabe? Lo sabe tu padre que está en los cielos. ¡Pero hermano! ¿Y cómo hago para saberlo yo también? Simple: conéctate con Él.
¡Ah! ¿Debo orar? ¡No! ¡No ores, sólo conéctate! Ponte en sintonía divina. ¿Y cómo se hace para ponernos en sintonía divina? Fácil. Cuerpo, sujétate a mi alma. Alma, sujétate a mi espíritu. Espíritu, sujétate al Espíritu Santo. Como digo, es.
¿Así de sencillo, es? Sí, así de sencillo. ¿Y por qué no lo pude ver antes? Porque te entretienes escuchando todos los sonidos ambientes y te pierdes la suave voz del Espíritu Santo. El problema es que Su voz, es una voz más entre muchas voces. Y tú prefieres, a veces, las más imperativas.
Aprende: el Espíritu Santo, nunca te grita. Nunca alza su voz. Él te habla muy suave, como silbo apacible. Habla muy bajito. ¿Y tú qué haces para poder escuchar a alguien que habla muy bajito? Te lo digo yo que tengo problemas auditivos en uno de mis oídos: presto muchísima atención y hasta me ayudo con una mano como bocina en mí oído bueno.
No castigues a tu oído divino, es el que te servirá para establecer las sintonías divinas. Sólo entrénalo. Pasarán algunos días de aparente silencio, pero de pronto empezarás a escuchar su suave y delicada voz. Y de allí en más, jamás dejarás de hacerlo.
Jesús dijo: todo lo que he dicho, se lo he oído decir a mi Padre. Todo lo que he hecho, se lo he visto hacer a mi Padre. Esa es la dependencia a la cual Él quiere llevarnos. Probablemente no todos lleguen a ese nivel de dependencia, pero mínimamente, lo que te va a resolver el noventa y nueve por ciento de los problemas que tienes hoy y que puedas llegar a tener mañana, es que tu alma aprenda a ponerse en sintonía con Dios.
Una persona así, ¿Sabes lo que hace en un hospital? Una persona así, ¿Sabes cómo puede profetizar? ¿Por qué? Porque fluye directamente. Lo que él dice, es lo que está pasando. Nada más, no hay misterios. Las verdades de Dios van a surgir en la medida en que tú vayas caminando y vayas obedeciendo al Señor. Resumiendo: cuida lo que hablas.
(Hechos 10: 37) = Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: (38) como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Él llega a entender algo: toda enfermedad, es una opresión del diablo. Fíjate lo que dice: sanando a todos los oprimidos por el diablo. Sanando. No dice liberando, dice sanando. La lectura casual de este verso le salvó la vida a la pequeña hermanita de un enorme predicador de antaño.
Él había estado orando por su sanidad y, pese a que normalmente en sus campañas los enfermos sanados eran muchos, su hermana no respondía a esa clase de oración. Luego de leer y entender esto, él reprendió al diablo que oprimía a su hermanita y la niña recuperó su salud.
Aquí tienes una enorme prueba de lo que significa la palabra de Dios por sobre la lógica de tu mente. Este verso le abrió una nueva perspectiva de vida en otra dimensión. Como quizás en este exacto día pueda hacerlo también contigo.
Ejemplo: si tú eres de los que crees, todavía, que es Dios el que está detrás de la enfermedad de alguien, entonces jamás te vas a animar a hacer esto. ¿Cómo vas a echar fuera un demonio si estás creyendo que es Dios quien lo ha hecho enfermar como parte de una supuesta prueba? ¿En qué cabeza cabe que un padre enferme a un hijo para enseñarle algo?
Y esto no es algo escrito al azar o por simple amontonamiento de letras. Esto es parte de una prédica del mismísimo Pedro. Y él dice que Jesús vino a sanar, no a liberar; a sanar, a todos los oprimidos por el diablo.
Que Dios ilumine tu mente. Que Dios ilumine tu mano, tu corazón para entender estas verdades que Dios te está transmitiendo hoy. Prende a ponerte en sintonía divina con el Espíritu Santo, y todo te será posible. Absolutamente todo. Dios ha dicho que tú vas a hacer cosas mayores que Él.
Jesús no le habló al aire; todo lo que Él ha dicho, se va a cumplir. Ni un punto ni una coma van a pasar de su palabra. Si Él ha dicho que vas a hacer cosas mayores, es porque podemos hacer cosas mayores. Él no habla de más ni hace demagogia barata. Él dice, y es.
¿Estás confundido? Declara luz en tu mente y en tus pensamientos. ¿No sabes cómo hacer tal o cual cosa? Lleva cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo Jesús. Abre las puertas entre tu alma y tu espíritu, para que la vida de Dios brote.
¿Y cómo se abren esas puertas? Esencialmente con la adoración. Es la adoración la que te abre las puertas. Cuando tú aprendes a adorar al Señor, cuando te dispones y dejas que el río de Dios fluya a través de ti. Allí es cuando ensanchas tu puerta hacia Él.
Alzad puertas eternas, y entrará el rey de gloria. ¿Quién es el rey de gloria? ¿De qué está hablando ese salmo? Está hablando de algo que nosotros podemos hacer. Todavía Jesús está llamando a la puerta, para entrar a estas otras áreas.
Ya lo más difícil, se hizo en ti. Ahora renovemos el espíritu de nuestra mente. Toma un verso de la palabra cada día y mastícalo profundamente. Y no leas cualquier cosa. En la Biblia hay cosas que son para estudiar y otras que son para vivir. Elige estas últimas.
Y no cometas el error de tantos y tantos. No trates de estudiar lo que es vida plena, ni trates de vivir lo que es simplemente estudio. Te invito a que le pidas al Espíritu Santo que haga que su voz sea familiar para ti.