¿Cuáles podrían ser los verdaderos objetivos para esta iglesia del siglo veintiuno? Todo es depende como interpretes la palabra “iglesia”. Si la ves cómo esa congregación que habita un templo en tu misma calle, el objetivo será uno; si la ves como un conglomerado de hombres y mujeres fieles al Señor por encima de cualquier estructura religiosa, el objetivo será otro.
Presentar los principios bíblicos de «tiempo», «desafíos» y «oportunidades», entonces, tendrá muchas variables. Y hasta me atrevo a pensar que también muchas interpretaciones. Porque nosotros no siempre interpretamos lo que es; a veces, solemos interpretar lo que queremos que sea.
Motivar a la iglesia para atreverse a ser una generación conquistadora que presente respuestas y soluciones a los desafíos contemporáneos no será tarea sencilla, pero si posible. Motivar a cada cristiano a «renovar su pacto» de fidelidad al Señor Jesucristo y su Reino no será una tontería, pero sí es factible.
(Eclesiastés 3:1) =Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
(Efesios 5: 15) = Mirad, pues, con diligencia como andéis, no como necios sino como sabios, (16) aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.
(17) Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
(Marcos 6: 34) = Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.
(35) Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: el lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada.
(36) Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen que comer.
(37) Respondiendo él, les dijo: dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Qué vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?
Esto nos enseña algo muy valioso: como hijos del Dios Eterno, debemos ser un pueblo que sepa distinguir entre la hora y el tiempo, y sobre la base de este conocimiento, vivir sabiamente ¿De qué se trata esto…?. Existen en el lenguaje bíblico dos palabras diferentes para expresar el concepto de tiempo:
Cronos, que es la fracción del tiempo que puede medirse, ya sea con el reloj o el calendario, una hora con sus minutos y segundos – una fecha, con su día, mes y año, y Kairos, que es el tiempo que reconocemos (dentro del cronos) como un momento oportuno, favorable y estratégico para realizar cierta acción.
Seguramente tienes fresco en tu memoria el ejemplo de Jesús y su diálogo con María en la boda de Caná. ¿Cuál es la enseñanza? Que mi determinación para hacer algo no debe estar sujeta al comentario de la gente, aunque sean familiares, como en este caso lo era la madre, ni a las necesidades que surjan.
Porque fíjate que necesidades surgen muchas, todos los días y por todos lados (Eso vendría a ser la falta de vino), ni tampoco por quedar bien con alguien que -circunstancialmente- me está beneficiando (En este caso, el novio), sino porque tiene plena convicción de que ha llegado el tiempo, ¿Se entiende?
Algo es real y no siempre lo vemos: Dios se mueve por encima y más allá del tiempo, porque él es eterno; pero él también establece sus fechas y horas, y dentro de ellas activa sus momentos oportunos, favorables y estratégicos. A nosotros nos corresponde discernirlos y actuar consecuentemente.
La iglesia debe ser una comunidad entendida en los tiempos. En lugar de estar ocupada y preocupada en asuntos administrativos o propios de la religión, hablo de ser entendida en esa clase de tiempos que te he mencionado. No sirve solamente pensar en el cronos. Si no tenemos en cuenta el kairos, jamás llegaremos.
¿Qué caracteriza a un cristiano «entendido en los tiempos»? En primer lugar, vive sabiamente. Procura que su conducta, progresivamente, sea acorde a su fe. Tiene muy en claro que los años por sí solos no producen sabiduría.
Reflexiona sobre las experiencias negativas para no repetirlas. Aprovecha al máximo cada día. No deja que se le escape de las manos, pero tampoco se deja encarcelar por la ansiedad Valora cada jornada como si fuera la última.
Permanece atento a la voluntad de Dios. Es decir: continuamente abierto a los cambios, sin quedarse cristalizado con el último mover, allá por los años 50 o 60. Enfrenta los desafíos como oportunidades, no como pruebas duras.
La mirada de Jesús hacia la multitud hambrienta y la actitud que tuvo frente a sus necesidades fueron muy diferentes a lo que hicieron sus discípulos. Fíjate que para ellos ya era hora de terminar la enseñanza, pero para Jesús era el tiempo de comenzar un milagro.
Para ellos era hora de despedir a la gente, para Jesús ya era tiempo de ministrarlos. Para ellos era una hora de preguntas, para Jesús había llegado el tiempo de presentar soluciones. Para ellos esa hora se llenó de dudas, para Jesús era un momento estratégico para ejercitar la fe.
Para ellos el desafío significó un tiempo de imposibilidades, para Jesús fue una oportunidad de servir. Esto nos deja una enseñanza que está casi a nivel de principio básico: los desafíos traen de la mano a las oportunidades. No evadas tus desafíos.
Hoy Dios nos introduce en un «tiempo de desafío» para ver si en ellos logramos reconocer un tiempo de oportunidad. Muchas veces rechazamos las oportunidades porque se presentan vestidas de servicio, que es como decir: trabajo, esfuerzo, sacrificio o perseverancia.
Para aprovechar correctamente las oportunidades necesitamos incorporar la actitud de servicio que tuvo Josué, aquel líder de Israel que fue paradigma de una generación conquistadora. Una actitud sumamente alejada de la que hoy mayoritariamente vemos en las congregaciones. Porque una cosa es servir con el Señor en la mira y otra muy distinta, hacerlo con la mirada puesta en un hombre-líder.
(Josué 1: 1) = Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: (2) mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.
(3) Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.
(4) Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio.
(5) Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.
(6) Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.
(7) Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.
(8) Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
(9) Mira que te mando que t esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas.
(10) Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: (11) pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión.
Pregunto: ¿Por qué es tan necesario que seamos una comunidad «fuerte y valiente”, a fin de enfrentar los desafíos, las oportunidades, el servicio y, finalmente, establecernos como una generación conquistadora.?
Fuertes: Sin una actitud de firmeza, esfuerzo y terminante atención, no logramos administrar las horas, días, semanas, meses y años que Dios nos otorga en función de las metas que tenemos por delante. (Ellas son las escaleras que progresivamente nos conducen para alcanzar nuestro propósito en la vida.).
Valientes: Si no forjamos un carácter valiente, audaz y osado, transitaremos la vida esquivando responsabilidades, evitando tomar iniciativas y sobre todo, arrastraremos una mentalidad cobarde (inmadura), e incapaz de tomar decisiones.
Propósito: No se alcanza desde una posición estática; él no camina hacia a mí, yo debo salir a su encuentro.
Desafíos: Me demandan ser esforzado y valiente para conquistar las oportunidades que me presentan.
Oportunidades: No alcanza con pedir, no alcanza con cantar, no es suficiente solo soñar, ni tampoco solo confesar: es indispensable decidir.
Permíteme ahora, solo por unos minutos «desenfocarte» de tus desafíos personales o familiares y presentarte un pantallazo amplio, rápido y sintético de los que, a mi entender, son algunos de los desafíos que la Iglesia de Jesucristo tiene hoy en su contexto, pero seguramente se van a profundizar en este siglo veintiuno.
Se ha dicho en un documento oficial en un importante congreso que: «La iglesia tiene la obligación de involucrarse continuamente en la tarea de investigación y reflexión sobre el propósito redentor de Dios para el mundo a la luz de las Escrituras y mediante de las condiciones globales y desafíos de su tiempo.»
¿Cuáles son los desafíos que nos esperan en este siglo XXI? Jesucristo nos dice que debemos saber reconocer las señales de los tiempos (Mateo 16:1-4). ¿Cuáles son esas señales? Son aquellos gestos que tornan presente la actuación de Jesucristo, en una época de transición semejante a la época en la que el mismo Jesús apareció.
Podríamos hacer investigaciones exhaustivas sobre la realidad contemporánea (económica, social, cultural, etc.) sin descubrir señales, signos, huellas, ni marcas. Si un sociólogo hubiera hecho una investigación completa sobre la sociedad del año 30 de nuestra era, probablemente no lo hubiera identificado, visto que Jesús era la señal principal de aquellos tiempos.
¿Qué señales o desafíos encontramos, particularmente en la última década de este segundo milenio? Los cambios en los procesos humanos casi nunca son súbitos. Generalmente los percibimos post facto (después del hecho). Las transiciones de décadas, siglos y milenios tienen la función de obligarnos a reflexionar sobre el pasado para poder discernir mejor el futuro. Las señales de los tiempos son muchas, así que escogemos algunos que nos parecen muy relevantes. La idea es sembrar inquietudes, pensamientos y preguntas que nos impulsen a reflexionar y actuar, con relación a estos asuntos.
La globalización es tecnológica, económica y religiosa y sus principales instrumentos son los medios masivos de comunicación y la expansión vertiginosa del modelo neoliberal. La globalización de la tecnología tiene en sí una contradicción esperanzadora: mientras propaga el mensaje del «libre mercado» y los valores de la posmodernidad, sirve también como medio de búsqueda y de difusión de modelos tecnológicos, económicos, culturales y religiosos alternativos.
Los países latinoamericanos se han visto obligados, por causa del modelo económico neoliberal, a abandonar sus responsabilidades por el bienestar de todos sus ciudadanos y en particular aquellos que viven al margen de la economía formal. Doscientos millones de latinoamericanos viven en situaciones de extrema pobreza (y esto también les toca a cristianos).
La brecha entre ricos y pobres ha aumentado, con la gradual desaparición de la clase media. Hoy el pueblo es inducido a acomodar sus vidas a las demandas del mercado y somos dominados por la filosofía del consumismo y crea necesidades artificiales y una profunda frustración en los que no pueden seguirla.
La globalización del libre mercado está fundamentada en una trágica contradicción: lamentablemente los recursos naturales y económicos no se globalizan. Siguen siendo un monopolio de la economía dominante que los trasquila (a los recursos) y luego los vende a precios elevados.
El fenómeno de la globalización impacta a las culturas de todos los pueblos -unas más otras menos- con su mensaje universalizante. Se globaliza la cultura noroccidental, posmoderna y secular, y también comienzan a aparecer en todo el mundo las reacciones. Cuanto más se extiende la cultura dominante, más crecen en todo el mundo las culturas tradicionales y alternativas.
También crecen los nuevos movimientos religiosos, usando los medios de comunicación global para formar redes y propagar creencias. Toda esta compleja realidad le presenta un desafío singular a la Iglesia Latinoamericana: Dado que la nueva tecnología de los medios masivos por un lado facilita las comunicaciones, y al mismo tiempo estimula a la pluralidad de culturas:
¿Cómo haremos para insertar el evangelio en este contexto sociocultural tan complejo…? ¿Sabremos cómo Iglesia de Cristo trabajar en una «red-global-internacional? ¿A provecharemos este impulso de comunicaciones para llevar el evangelio hasta lo último de la tierra…?
Antes que nada: nuestra actitud hacia la política en gran medida dependerá de la connotación que le demos a este término: la definición estrecha (referida a las políticas y los programas para el cambio legislativo, desarrollados por los partidos políticos) y la definición más amplia (la vida de la polis/la ciudad, y el arte de vivir conjuntamente en comunidad).
Tradicionalmente, los cristianos evangélicos en América Latina, nos hemos considerado «apolíticos». Hemos pensado que «la política es sucia» y nos hemos refugiado en un cristianismo individualista, ultramundano.
Sin embargo en los últimos años se ha visto una creciente participación política del pueblo evangélico en varios países latinoamericanos, siendo elegidos para ocupar altos cargos públicos, que hasta hace poco no hubieran podido ocupar debido a su posición religiosa.
Este nuevo panorama nos coloca frente a preguntas que nunca antes nos habíamos planteado en términos concretos. ¿Hasta qué punto se puede legislar la ética cristiana? ¿Qué modelo de sociedad es deseable, desde nuestra perspectiva cristiana? ¿Cuáles son los medios más eficientes, y a la vez más coherentes con la fe cristiana, para realizar este modelo?
Pongamos en claro algunos aspectos, como discípulos de Cristo: Somos llamados a cristianizar la política, pero jamás a politizar la fe. Somos llamados aun a morir por lo que amamos, pero jamás a matar por lo que creemos.
Cuando la fe cristiana se separa de la política, la iglesia se convierte en un gueto (comunidad aislada y cerrada en sí misma) y pierde su relevancia histórica. Cuando la fe cristiana se politiza, la Iglesia se convierte en una mera institución secular y pierde su fidelidad al Evangelio. La voluntad de Dios es que estemos en el mundo (complejo sistema cultural anti-Dios) sin ser (pertenecerle a) del mundo.
Hay una pregunta que generalmente se plantea como objeción al papel que toma la Iglesia al involucrarse en un plan de acción social: ¿Acaso no es posible esperar un cambio social a menos que la gente se convierta?
Entendemos que no es así. Por supuesto que anhelamos que la gente se convierta, pero Jesucristo, por medio de su pueblo, ha ejercido una influencia enorme para el bien de la sociedad en general. Por ejemplo: los mejores niveles de salud e higiene, la mayor difusión de la educación, el creciente respeto hacia la mujer y el niño, la preocupación por los derechos humanos y las libertades civiles, las mejores condiciones en fábricas, minas y cárceles, y la abolición de la esclavitud junto al tráfico de esclavos.
Detrás de estos logros estuvo la gestión y la influencia de cristianos. Las leyes pueden asegurar mejoras sociales, aun cuando no convierte a la gente ni las transforma en personas de bien. Incluso las personas que todavía no han reconocido a Jesús como Señor, retienen vestigios de su imagen divina como para preferir la justicia antes que la injusticia, la libertad antes que la opresión, y la paz antes que la violencia.
Tenía razón Martin Luther King cuando dijo: «La moralidad no se puede legislar, pero se puede regular el comportamiento. Los decretos judiciales no pueden cambiar el corazón, pero pueden restringir a los que no tienen corazón. La ley no puede hacer que el empleador me ame, pero puede impedir que se niegue a darme empleo debido al color de mi piel.»
Ejemplo del buen samaritano: ¿En qué momento le predicó a la víctima…? Evangelizar no es una cruzada a costa de la dignidad humana. Evangelizar no es una campaña política. Evangelismo no es mero proselitismo masificador.
Ahora bien; ¿Qué posición vamos a sostener frente a esta marcada y creciente tendencia de una sociedad materialista, hedonista y consumista? No podemos servir a Dios y a las riquezas… ¿Y qué de esa «teología de prosperidad absoluta» (generada y propagandeada por el gran país del norte)? Aquella que relaciona a la prosperidad exclusivamente con dinero y riquezas, además de colocarla como un objetivo y no como un resultado…
Jesús fue el hombre más próspero que pisó la tierra, pero jamás acumuló riquezas. ¿Cómo alcanzar con el mensaje restaurador del evangelio a «los ricos de este siglo».? ¿Cómo lograr que los recursos económicos sean instrumentos para el Reino de Dios y no para solventar las obras de las tinieblas…? ¿Se puede llegar a formar un empresariado cristiano, honesto y a la vez de excelentes ganancias…?
En América Latina son pocos los cristianos que han tomado conciencia de los grandes problemas ecológicos que actualmente amenazan la supervivencia humana. Incluso son menos aun los que estarían dispuestos a admitir que dichos problemas les competen y demandan un lugar de prioridad en la agenda de las tareas de la iglesia. Mientras tanto, el deterioro del medio ambiente en el que vivimos (porque todavía no estamos en el cielo, ¿verdad?) aumenta a pasos agigantados.
¿Conocemos el concepto bíblico de la mayordomía de la creación? ¿Somos conscientes de nuestro llamado a ejercer dominio sobre la creación bajo la soberanía del Creador? ¿Tenemos una actitud responsable y solidaria hacia el planeta Tierra? ¿Le corresponde a la Iglesia presentar propuestas alternativas a las de los movimientos ambientalistas, grupos humanistas, «partidos verdes».?
De todos los factores que afectan la vida humana en la sociedad moderna, probablemente ninguna alcanza tanta preponderancia como la técnica. Si bien la técnica es tan antigua como el ser humano, lo que pasa es que nunca antes en la historia, la humanidad había dependido tan absolutamente de ella para tantas cosas. En nuestro tiempo se destacan la informática y las comunicaciones.
¿Estamos preparados para utilizar las herramientas de punta, dándole sentido de servicio al Reino de Dios? Por otro lado: «El hombre no se hizo para la técnica sino la técnica para el hombre». No todos los avances científicos son destinados al desarrollo humano y al bienestar del planeta.
Los mayores desafíos que la fe cristiana ha encarado a lo largo de su historia han sido desafíos provenientes de movimientos en que, en un alto grado, la verdad se mezcla con la mentira y Sincretismo: Ejemplo de Israel adorando al becerro de oro: «…estos son tus dioses que re sacaron de Egipto…»
Estas tendencias nos exigen a ser más estudiosos y a crecer en el discernimiento espiritual, de manera que podamos desechar lo malo y aceptar lo bueno, sin caer en generalidades superficiales, ni respuestas facilistas.
«Toda verdad es de Dios, se encuentre donde se encuentre» El caso del movimiento de la Nueva Era no es una excepción: Por un lado, tiene la aspiración de una nueva era de paz y amor, salud integral, y armonía con la naturaleza, transformación política y bienestar social. Y esto se asemeja en gran medida a la visión bíblica del Reino de Dios.
Por otro lado, este movimiento es una verdadera red de organizaciones, personas, eventos, programas, practicas e ideas vinculadas con la salud, la salud, la política, las ciencias naturales, la psicología y la religión, y esencialmente su proclamación está marcada por la Mentira madre de todas las mentiras: que olvidándonos del Dios de la vida y eligiendo la promesa de la Serpiente del Edén, seremos como dioses y no moriremos.
El optimismo característico de la Nueva Era se deriva de una cosmovisión que niega la realidad del mal y concibe todas las cosas en «un proceso evolutivo», al cual contribuimos en la medida que tomamos conciencia de nuestro infinito potencial psíquico: es decir, nuestra propia «divinidad».
¿No será la Nueva Era una manera de exigirnos a los cristianos para que recuperemos la dimensión integral y universal de nuestra fe? La Nueva Era nos desafía a conocer más profundamente a nuestro Dios -revelado en Jesucristo-, a vivir en comunión con él, en obediencia a sus principios y a proclamarlo como el único Dios verdadero.
Dentro de este aspecto quisiera incluir la actitud que le corresponde a la Iglesia de Jesucristo frente a la violencia, la lucha por la paz y su responsabilidad frente al racismo. El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea general de las Naciones Unidas aprobó y promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este valioso documento pasó a convertirse en un símbolo del anhelo de paz, justicia y libertad de todos los pueblos y para todos los seres humanos.
Lamentablemente, «del dicho al hecho hay mucho trecho». y los tales siguen siendo pisoteados impunemente en todos los continentes del mundo. Como cristianos no podemos mirar con indiferencia los terribles atropellos que se cometen a diario contra personas, sea cual fuere la motivación o el propósito.
¿Tenemos claro que todo ser humano, es portador de la imagen de Dios, y por lo tanto posee un valor y una dignidad que establecen la base misma de sus derechos? ¿Qué relación hay entre el amor al prójimo y los derechos humanos? ¿Se reconoce actualmente a las congregaciones cristianas como activas participantes en defensa de la dignidad humana, sea cual fuere el derecho cuestionado o violado?
Dentro de este amplio espectro de gente y necesidades desafinares para nuestro compromiso cristiano quisiera nombrar a los pobres (sin ninguna posibilidad de modificar su situación), a los analfabetos, a los adictos (de las diversas drogas), pero de una manera muy especial me es necesario hacer mención a un grupo marginado muy particular: los niños de la calle.
Los niños de la calle son un indicador de la situación socioeconómica que viven los países latinoamericanos. Conforme se agudiza la pobreza, en nuestras ciudades aumenta el número de chicos abandonados a su propia suerte. Digámoslo claramente: El precio de los «ajustes» que se están haciendo en nombre de la modernización y el crecimiento económico lo están pagando los pobres, y en particular, los niños pobres.
¿Qué futuro pueden construir nuestros pueblos, con miles de sus niños criados en la miseria? ¿Qué sentido tienen la modernización y el crecimiento económico que favorece a unos pocos y siembran la desesperanza para las grandes mayorías? ¿Cómo se remediarán mañana los males causados por la mal nutrición y el analfabetismo de los niños de hoy?
No se puede esperar mucho de las autoridades gubernamentales, porque el lema del pragmatismo político que hoy se impone es avanzar hacia la «sociedad desarrollada», cueste lo que cueste, y los niños de la calle son parte del «costo social». ¡Y eso es todo!
Pero están surgiendo grupos cristianos que se niegan a darse por vencidos por la impotencia y la frustración y amor de Dios los ha impulsado a. y «refugios», «hogares sustitutos» y «programas» que brindan cuidado, comida, abrigo, educación, esperanza y amor. Y una preguntita más. ¿Qué dijo Jesús referente a los niños.?
Seguramente que uno de los azotes más fatales de la humanidad contemporánea es el síndrome de inmuno-deficiencia adquirida (SIDA). El terrible Virus de Inmuno-Deficiencia Humana (VIH) sigue extendiéndose por todo el mundo tan aceleradamente que para el final de este siglo habrá entre 30 y 40 millones de personas infectadas. El SIDA nos plantea a los cristianos algunos desafíos muy relevantes:
Nos exige tomar conciencia de los factores que facilitan la rápida propagación del mal, y de las medidas que se requieren para atenuarlo. El SIDA subraya la urgente necesidad de difundir la enseñanza de la ética bíblica con respecto al matrimonio y al acto sexual.
El SIDA demanda que cultivemos una profunda compasión hacia los portadores de VIH, semejante a la compasión de Cristo hacia los leprosos de su tiempo. «Los leprosos de nuestro tiempo son los enfermos de SIDA».
El SIDA destaca la importancia de acrecentar un ministerio de consolación para acompañar a los familiares y amigos de las víctimas. ¿Qué actitud vamos a adoptar frente a los enfermos de SIDA? ¿Será como la de Jesús que devolvió su dignidad a los leprosos?
¿Vamos a evadir nuestra responsabilidad, interpretando el SIDA como evidencia del juicio de Dios, y nada más? ¿Nos atreveremos a actuar movidos por la compasión que llevó a Jesús a hacer suyo el sufrimiento de todos los marginados sociales, incluyendo los leprosos?
Para un auténtico discípulo de Cristo, cada necesidad humana es una oportunidad de servicio. La Iglesia, ya militando en el siglo XXI, necesita escuchar la voz del Señor diciendo: «Denles ustedes de comer.» ¡Ay de nosotros sí despedimos a la gente sin compartirle nuestro pan!
Éstos y cada uno de los desafíos que se nos presenten, sólo pueden encararse adecuadamente si se los encara comunitariamente, de manera corporativa y sirviendo en equipo. Debemos preguntarnos: ¿Estamos dispuestos a discernir los tiempos, identificar los desafíos y las oportunidades, y tomar las decisiones responsables que nos correspondan? ¿Lo haremos? ¿Seremos realmente capaces? ¿Tendremos las agallas suficientes? ¿Nos atreveremos a confiar en el respaldo divino?
Finalmente, reflexionemos en aquel gran desafío que Josué le presentó a Israel, poco antes de morir.
(Josué 24:14) = Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.
(15) Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quien sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.
(16) Entonces el pueblo respondió y dijo: nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; (17) porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.
(18) Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios.
(19) Entonces Josué dijo al pueblo: no podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados.
(20) Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien.
(21) El pueblo entonces dijo a Josué: ni, sino que a Jehová serviremos.
(22) Y Josué respondió al pueblo: vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: testigos somos.
(23) Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel.
(24) Y el pueblo respondió a Josué: a Jehová nuestro Dios serviremos, y su voz obedeceremos.
(Verso 31) Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué y que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel.
Creo que no se necesita leer demasiado más. Con esto es más que suficiente. Y recuerda que Dios te está diciendo hoy exactamente lo mismo que le dijo a Josué: esfuérzate, y sé valiente. Pero ten presente, porque así te lo he enseñado antes, que cuando Dios te dice que te esfuerces, no te está pidiendo que lo hagas, sino que te está recordando que Él te ha dado fuerzas en ese mismo instante.
Ministerialmente, mi mayor esfuerzo es ser obediente. Y créeme que no es leve ese esfuerzo. Mi carne insiste en hacerlo como a ella le parece mejor. Sólo cuando la dejo a un lado y afino mi oído espiritual hacia mi Señor, es cuando comienzo a hacer o decir cosas que valen la pena escuchar, aceptar, creer y poner por obra. De la otra manera, sólo produciría hojarasca seca y perniciosa.