Tirar Todos Para un Mismo Lado

1 Corintios 1: 10 = Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis toda una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

Todos hemos vivido esto alguna vez. Un grupo que empezó con ilusión. Con ganas. Con proyectos compartidos. Y, sin darse cuenta, algo se fue rompiendo. No fue una pelea grande. No fue un conflicto claro. Fueron pequeñas cosas. Palabras dichas sin cuidado. Silencios que se hicieron largos. Opiniones que dejaron de escucharse. Y un día te das cuenta de que ya no se camina igual. Se está juntos… pero no unidos. Hoy quiero hablar de eso. De lo que nos separa. Y de lo que, si queremos, todavía puede volver a unirnos.

Alguien supo decir alguna vez que, en muchos casos, las diferencias se vuelven como verdaderos muros. Sin embargo, y con todos los elementos en las manos, hay que estimar que las diferencias no son el problema. Nunca lo fueron. Pensar distinto es natural. Sentir distinto es humano. Ver la vida desde otro lugar es inevitable. El problema empieza cuando dejamos de ver al otro como persona y empezamos a verlo como obstáculo. Cuando creemos que, para que yo esté bien, el otro tiene que estar equivocado. Ahí nace la división. No de las ideas, sino del orgullo.

Ahora bien, la pregunta que se impone aquí, es: ¿Cómo se supone que se rompen los grupos? En principio, habrá que consignar que ningún grupo se rompe de golpe. Se rompe despacio. Primero dejamos de preguntar. Después dejamos de escuchar. Y finalmente dejamos de confiar. Cada uno empieza a defender su lugar. Su opinión. Su forma de ver las cosas. Y sin darnos cuenta, ya no caminamos juntos. Caminamos en paralelo. Cerca… pero separados.

Porque, quiero recordártelo, estar en unidad en algo o con alguien, de ninguna manera es sinónimo de ser iguales en algo o con alguien. Hay algo importante que necesitamos entender. Unidad no es uniformidad. Unidad no es que todos pensemos igual. No es que todos digamos lo mismo. No es que nadie cuestione nada. Unidad es algo más profundo. Es decidir que la relación vale más que ganar una discusión. Es entender que puedo pensar distinto… sin dejar de respetarte.

Te comparto una imagen ficticia, pero de origen real, que te lo puede explicar con mayor claridad.  Imagina una orquesta. Cada músico toca un instrumento distinto. Sonidos distintos. Ritmos distintos. Si todos tocaran lo mismo, no habría música. Habría ruido. La armonía no nace de ser iguales. Nace de escucharse. Cuando alguien deja de escuchar, la música se rompe.

Entonces, la gran duda en forma de pregunta, es: ¿Cuál sería la raíz real del conflicto?  La mayoría de los conflictos no nacen por falta de ideas. Nacen por falta de humildad. Por querer tener razón.
Por no querer ceder. Por miedo a perder control. Nos cuesta decir: “Tal vez no lo estoy viendo todo.” Y cuando nadie está dispuesto a dar ese paso, el grupo se fragmenta.

Somos dos y no pensamos de la misma manera. ¿Qué debemos hacer? Lo ideal sería pensar CON el otro, no CONTRA el otro.  Hay una diferencia enorme entre pensar distinto y pensar en contra. Pensar con el otro es buscar entender. Pensar en contra es buscar vencer. Uno construye. El otro destruye. La verdadera madurez no está en imponer. Está en dialogar.

Sin embargo, lo que realmente importa es que, en el fondo, todos queremos lo mismo. Ser escuchados. Ser respetados. Sentir que pertenecemos. Cuando eso se pierde, ninguna idea alcanza para sostener un grupo. Las comunidades no se mantienen por acuerdos perfectos. Se mantienen por relaciones cuidadas.

¿Y como aplicamos todas estas cosas a nuestra vida?  Piensa en tu entorno. En tu familia.
En tu trabajo. En tus amistades. ¿Dónde se dejó de escuchar? ¿Dónde se empezó a hablar más fuerte en lugar de hablar mejor? Tal vez hoy no hace falta resolverlo todo. Tal vez solo hace falta un gesto. Escuchar sin interrumpir. Responder sin atacar. Mirar sin juzgar.

Reconstruir no es fácil. Requiere paciencia. Requiere humildad. Requiere renunciar a tener siempre la última palabra. Pero es el único camino que no deja heridas. Tal vez no podamos pensar siempre igual. Tal vez nunca lo hicimos. Pero siempre podemos elegir algo más importante. No rompernos por dentro.
No perder el respeto. No dejar de caminar juntos. Porque cuando todos tiramos para el mismo lado, aunque seamos distintos… algo profundo se ordena.

Hablar de unidad espiritual no es hablar de uniformidad, ni de pensar todos igual, ni mucho menos de usar el mismo vocabulario religioso o cantar las mismas canciones. La unidad espiritual es algo más profundo, más silencioso y, curiosamente, más poderoso. No se impone, no se fabrica y no se decreta en una reunión: se vive.

La Biblia no presenta la unidad como una estrategia organizacional, sino como una realidad espiritual que nace del corazón transformado. Jesús no oró para que todos fuéramos idénticos, sino para que fuéramos uno, “como el Padre y el Hijo son uno”. Eso ya nos dice algo importante: la unidad no anula la diversidad, la abraza.

En lo espiritual, la unidad no empieza cuando estamos de acuerdo, sino cuando decidimos amar aun cuando no lo estamos. Porque seamos sinceros: si la unidad dependiera de que todos pensemos igual, el cristianismo habría durado aproximadamente quince minutos… y con suerte.

Dios nunca tuvo un problema con la diversidad. De hecho, la creó. Hay días, noches, montañas, desiertos, personas tranquilas y personas que hablan antes de pensar (todos conocemos al menos una). El problema no es la diferencia, sino el orgullo que no sabe convivir con ella.

La Biblia usa una imagen brillante: el cuerpo. Un cuerpo con solo manos sería inútil, y uno lleno de ojos sería bastante inquietante. Cada parte es distinta, pero todas dependen de la misma vida. La unidad espiritual ocurre cuando dejamos de competir por protagonismo y empezamos a celebrar la función del otro. No se trata de quién predica mejor, ora más fuerte o canta más afinado. Se trata de quién ama más fielmente.

Curiosamente, la mayor amenaza para la unidad espiritual no es el error doctrinal, sino el ego inflado con versículos bíblicos. Nada rompe más la comunión que una verdad usada sin amor. La Biblia es clara: se puede tener razón y estar completamente fuera del espíritu de Cristo.

La unidad espiritual exige humildad, y la humildad es una de esas virtudes que desaparece justo cuando creemos que ya la tenemos. Requiere escuchar, ceder, pedir perdón y, en ocasiones, callar… lo cual, para algunos, es un milagro mayor que la multiplicación de los panes.

La verdadera unidad espiritual no necesita demasiadas explicaciones, porque se nota. Se nota cuando hay respeto, cuando hay gracia para el que falla, cuando nadie es descartable. Se nota cuando la comunidad se parece más a una mesa compartida que a un tribunal. Jesús no construyó su comunidad alrededor de personas perfectas, sino de personas dispuestas.

La unidad no consiste en que nadie se equivoque, sino en que nadie quede solo cuando se equivoca. En un mundo fragmentado, polarizado y agotado de peleas, la unidad espiritual es un testimonio contracultural. No grita, no se impone, pero atrae. Cuando personas distintas caminan juntas con amor genuino, el mensaje del Evangelio se vuelve visible.

La unidad no significa ausencia de conflictos, sino presencia de reconciliación. No significa que nunca haya tensiones, sino que el amor siempre tiene la última palabra. La unidad espiritual comienza con decisiones pequeñas: escuchar antes de responder, amar antes de juzgar, entender antes de corregir. Comienza cuando dejamos de preguntar “¿quién tiene razón?” y empezamos a preguntar “¿cómo reflejamos mejor a Cristo juntos?”.

Al final, la unidad no es un logro humano, sino una obra del Espíritu en corazones dispuestos. No es algo que se exige, sino algo que se cultiva. Y cuando se vive, transforma comunidades enteras en espacios de gracia, verdad y esperanza. Porque la unidad espiritual no nos hace iguales. Nos hace hermanos. Y eso, en un mundo dividido, ya es un milagro.

Ahora te voy a compartir diez versículos, seleccionados entre otros, que nos hablan de esta forma de unidad posible, factible y necesaria para el pueblo de Dios en sana convivencia. Son textos que, seguramente, tienes que haber leído decenas de veces, pero que quizás nunca lograste verlos del modo en que luego de acceder a lo dicho, podrás verlos hoy.

  1. Juan 17:21 = Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

La unidad no significa que todos sean iguales, sino que aprendan a caminar juntos. Así como una familia puede tener opiniones distintas y aun así permanecer unida, la comunidad cristiana está llamada a cuidarse y respetarse mutuamente. La gran pregunta que deberías formularte, es:  ¿Estoy buscando más tener la razón o cuidar la relación con los demás? ¿Contribuyo a la unión o, sin darme cuenta, a la división? Porque, en definitiva:  ¿Qué cosas nos unen como comunidad? ¿Qué actitudes podrían ayudarnos a parecernos más a una familia que se apoya?

  1. Efesios 4:3 = Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;

La unidad requiere trabajo. No se mantiene sola. Se cuida con paciencia, diálogo y decisiones conscientes de actuar con calma y respeto, incluso cuando hay desacuerdos. Debes preguntarte si estás dispuesto a esforzarte por la paz, aun cuando implique ceder o escuchar más. ¿Tienes claro si algunas Situaciones te han generado tensión? ¿Cómo podrías enfrentarlas de una manera más pacífica?

  1. 1 Corintios 1:10 = Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

Las divisiones suelen surgir cuando cada persona se encierra en su punto de vista. La armonía aparece cuando se valora más el bien común que la opinión individual. Podrías formularte estas preguntas: ¿Escucho realmente a los demás o solo espero mi turno para hablar? ¿Cómo podemos mejorar nuestra forma de dialogar cuando no pensamos igual?

  1. Salmos 133:1 = ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!

La unidad no solo es correcta, también trae bienestar. Donde hay unión, hay confianza, apoyo y un ambiente sano para crecer juntos. ¿Cómo me siento cuando hay unidad a mi alrededor? ¿Qué puedo hacer para cuidarla? ¿Qué momentos de verdadera unidad hemos vivido juntos? ¿Qué los hizo especiales?

  1. Colosenses 3:14 = Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Hay una versión que lo dice así: Por encima de todo, practiquen el amor, que mantiene todo unido.

El amor es la base que sostiene cualquier comunidad. No es solo emoción, sino acciones diarias: respeto, comprensión y ayuda mutua. ¿Mis palabras y acciones reflejan amor, incluso cuando estoy cansado o molesto? ¿Qué gestos concretos de amor podríamos practicar más entre nosotros?

  1. Romanos 12:5 = Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. 

Cada persona es importante. Nadie sobra. La diversidad no debilita la unidad; la enriquece cuando se reconoce el valor de cada uno. ¿Valoro mi aporte y también el de los demás, aunque sea diferente al mío? ¿Qué talentos o fortalezas vemos en cada persona del grupo?

  1. Gálatas 3:28 = Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Las diferencias sociales, culturales o personales no deben ser barreras. La unidad nace cuando todos son tratados con la misma dignidad y respeto. ¿Hay alguien a quien, consciente o inconscientemente, considero menos importante? ¿Cómo podemos ser un espacio donde todos se sientan incluidos y valorados?

  1. Filipenses 2:2 = Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa.

Compartir un mismo sentir no es pensar igual, sino preocuparse por el bienestar del otro. La unidad crece cuando hay empatía. ¿Me importa realmente lo que el otro está viviendo? ¿Cómo podemos apoyarnos mejor en momentos difíciles?

  1. 1 Pedro 3:8 = Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables;

La unidad se construye con actitudes simples pero poderosas: comprender antes de juzgar, ayudar sin esperar algo a cambio y reconocer que nadie lo sabe todo. ¿Cuál de estas actitudes necesito fortalecer más?¿Qué cambios pequeños podrían mejorar nuestra convivencia?

  1. Hechos 4:32 = Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. 

La unidad verdadera se nota en los hechos. Compartir tiempo, recursos y apoyo muestra que nadie está solo y que todos importan. ¿Estoy dispuesto a compartir lo que tengo para el bien de otros? ¿Qué necesidades existen entre nosotros y cómo podemos responder juntos?

La unidad es como ese pegamento invisible que mantiene todo en su lugar. No es solo un concepto bonito que aparece en discursos o en canciones patrióticas; es una herramienta práctica, un recurso cotidiano que puede cambiar la vida de cada uno de nosotros. Cuando hablamos de unidad, no hablamos de uniformidad ni de borrar diferencias. Al contrario, se trata de reconocerlas y de construir sobre ellas.

En lo social, la unidad nos recuerda que cada gesto cuenta. Un saludo amable, un apoyo sincero, una escucha atenta: son hilos que tejen redes de confianza y amistad. No necesitamos ser gigantes ni héroes para hacer que nuestra comunidad funcione mejor; basta con sumar pequeños actos que muestren que nos importamos entre todos.

En lo político, la unidad no significa que todos pensemos igual, sino que podemos coincidir en lo esencial: el bienestar común. Es como un equipo de fútbol: cada jugador tiene su estilo, pero todos corren hacia el mismo arco. Sin esa coordinación, los partidos se pierden, y lo mismo ocurre con cualquier proyecto colectivo.

En lo artístico, la unidad aparece cuando diferentes talentos se encuentran y crean algo más grande que la suma de sus partes. Una canción, una obra de teatro, una pintura colectiva: nada de esto surge del aislamiento. Cada idea, cada trazo, cada nota se enriquece con la presencia del otro, y la magia está en la colaboración.

En lo deportivo, la unidad se hace visible de manera casi tangible. Basta con mirar un equipo que se entiende con una mirada, que celebra las victorias y aprende de las derrotas juntos. Allí no importa quién mete el gol, sino que todos empujan en la misma dirección. Y fuera del estadio, ese mismo principio nos enseña que compartir metas y apoyarnos unos a otros hace cualquier desafío más llevadero.

En el ámbito familiar, la unidad es la base de todo hogar. No se trata de perfección ni de evitar conflictos; se trata de estar presentes, de escucharse, de sostenerse. Incluso los desacuerdos se vuelven menos dolorosos cuando hay un compromiso común de cuidado y respeto. Una familia unida no es la que siempre está de acuerdo, sino la que se mantiene unida pese a las diferencias.

La unidad también tiene humor. Sí, porque nada une más que reírse juntos de los errores, de los tropiezos, de las pequeñas ironías de la vida. Esa risa compartida es una chispa que ilumina cualquier vínculo y nos recuerda que, al final, estamos en el mismo barco, aunque cada uno tenga su remo.

Además, la unidad es práctica. No es un ideal abstracto; es una estrategia que funciona. Los proyectos avanzan más rápido, los conflictos se resuelven con menos desgaste, y la vida cotidiana se vuelve más llevadera cuando nos apoyamos mutuamente. Por eso, invertir en unidad es invertir en eficiencia y en felicidad.

Sin unidad, cada esfuerzo es aislado y limitado. Con unidad, incluso lo más pequeño puede generar grandes cambios. Una comunidad que se une, una familia que se sostiene, un equipo que se coordina, un grupo de artistas que colabora: todos multiplican su fuerza y su impacto.

Al final, la unidad no es un acto heroico ni un sacrificio doloroso. Es una elección diaria, simple y concreta: escuchar más, ayudar más, compartir más. Es un recordatorio de que todos tenemos un papel que jugar, y que juntos podemos alcanzar metas que solos serían inalcanzables.

Así que, en todos los terrenos de la vida, desde lo familiar hasta lo social, lo político, lo artístico y lo deportivo, la unidad no es solo conveniente: es necesaria. Y si además le ponemos un poco de humor y cariño, el viaje se hace más ligero, más agradable y mucho más humano.

Unidad no es perfección, es acción; no es homogeneidad, es colaboración; no es sacrificio, es inteligencia práctica. Y cuando logramos eso, descubrimos que el mundo funciona mejor, que las relaciones se fortalecen y que incluso los desafíos más grandes parecen más fáciles de enfrentar.

Así que valoremos la unidad, no como un concepto lejano, sino como una herramienta cotidiana, capaz de transformar nuestras vidas y las de quienes nos rodean. Porque unidos, todo es posible… y, de paso, nos reímos un poco más del caos que nos rodea.

Es como ver a un carro atascado en el barro sin poder moverse. Todo nos daría igual, si no fuera porque en ese carro está almacenada la comida para todos. ¿Qué cabe, entonces? Juntarnos, tomar las varas del carro atascado y, de una vez por todas, tirar todos para el mismo lado. Después si quieres lo analizamos, pero lo primero es lo primero.

La unidad en el Espíritu no es una opción, sino un llamado divino que nace del corazón de Dios. Desde el principio, el Señor se reveló como comunión perfecta, invitándonos a reflejar Su naturaleza. Jesús oró para que fuéramos uno, como Él y el Padre son uno, mostrando la profundidad de ese deseo. Esta unidad no se construye desde la carne, sino desde la obra viva del Espíritu Santo.

No es uniformidad de pensamiento, sino comunión en el amor y en la verdad. Cuando caminamos en el Espíritu, aprendemos a ver al otro como Dios lo ve. La división nace del orgullo, pero la unidad florece en la humildad. El Espíritu nos enseña a escuchar antes de juzgar y a amar antes de corregir. En la unidad espiritual, el cuerpo de Cristo encuentra fuerza y dirección. Separados nos debilitamos, pero juntos somos edificados como templo santo.

Dios no habita en la contienda, sino en los corazones que buscan la paz. La unidad es testimonio vivo para un mundo herido y fragmentado. Cuando el Espíritu gobierna, las diferencias dejan de ser muros y se vuelven puentes. Amar al hermano es una señal clara de que Dios permanece en nosotros. No podemos decir que amamos a Dios si despreciamos a quienes Él ama. La cruz nos iguala a todos y nos recuerda nuestra dependencia de la gracia.

En el Espíritu aprendemos a cargar las cargas unos de otros. La unidad requiere muerte al yo y rendición sincera a la voluntad divina. Dios nos llama a guardar la unidad, no a fabricarla con nuestras fuerzas. El Espíritu es el vínculo perfecto que nos mantiene unidos en Cristo. Allí donde hay unidad, Dios envía bendición y vida eterna. La iglesia unida refleja con mayor claridad la gloria de su Señor. La verdadera espiritualidad siempre produce reconciliación y comunión.

Caminar en el Espíritu es elegir el amor aun cuando cuesta. La unidad nos forma, nos corrige y nos madura en la fe. En ella aprendemos a perdonar como hemos sido perdonados. Dios se glorifica cuando Su pueblo vive en armonía espiritual. La unidad no elimina el dolor, pero lo transforma en esperanza compartida. En el Espíritu somos muchos miembros, pero un solo cuerpo. Vivir en esta unidad es obedecer a Dios y manifestar Su Reino en la tierra.

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Nuestro Enemigo Más Grande

Si mucho de lo que hoy estás leyendo en tu Biblia se contrapone con lo que por años te han enseñado, no te quejes conmigo, quéjate con el libro. Es una transición desde la conciencia religiosa a la mentalidad de Reino, y eso no lleva ni un día ni dos lograrlo, es un proceso y se toma su tiempo. Y que conste algo muy importante: si es complicado guiar a un pueblo a transicionar entre esos puntos, mucho más lo es si quien lo intenta, también está transicionando.

Es imperativo salirnos de esa vida casual y normal que llevábamos y entender que debemos pagar el precio para producir ese cambio. Es tiempo de terminar con esa hambre y sed antiguos sobre cosas emocionales, y destinar horas que antiguamente se dedicaban al descanso, a incursionar y escudriñar sobre las escrituras, pero ahora de verdad y no simulado, tal como cada uno de nosotros lo hemos tenido que hacer inmediatamente después de haber nacido de nuevo.

Es imperativo que entiendas que, la doctrina que has estado recibiendo hasta hoy, si bien puede haber sido buena en su esencia, evidentemente no ha sido suficiente como para sacar al diablo de tu ciudad. De hecho, no estamos hablando de una nueva doctrina o una nueva enseñanza, sino de la primaria que trajo Jesús mismo y que, por distintas razones que nadie ignora, ha sido oscurecida por el propio pueblo. Entiende: no es algo que alguien escribió ayer, es algo que siempre estuvo allí.

Es indispensable comenzar a leer nuestras Biblias en texto y contexto, abrazando el corazón de lo que Dios está diciendo, y no simple y meramente la letra. Hay gente que me dice que lo vio, pero que no termina de creerlo. ¿Y a mí que me dice? ¡Dígaselo a Él! Otros me dicen que lo pueden ver, pero que todavía no lo están entendiendo. Muy bien, sigan leyendo, entonces. El que crea que lee la Biblia una sola vez y ya se la sabe, se equivocó de libro.

Lo cierto es que, si hemos interpretado correctamente el evangelio de Dios, de ninguna manera lo podemos separar del Reino. Porque tal como fue dicho por Juan y luego por Jesús, el verdadero y único evangelio existente es el evangelio del Reino. A ver si nos entendemos y abandonamos la fraseología religiosa. Cuando digo evangelio del Reino, me estoy refiriendo a enseñarte y hablar rato largo de las buenas nuevas de ese Reino. Eso significa evangelio.

En principio, te voy a pinchar un enorme globo inflado durante años por la religión, y es el llamado fin del mundo, donde se nos ha dado a entender que, cansado de todas nuestras atrocidades, un día próximo Dios se aparecerá y arrasará con todo el planeta sin dejar ni una mísera hojita de cedrón en pie. ¿Sabes qué? ¡Esa es una barbaridad de marca mayor a poco la examinas desde la propia palabra! ¿Puede Dios decidir arrasar con un planeta que Él mismo creó y llamarle a eso, buenas nuevas?

Es necesario que entendamos todos, legalmente, lo que son justamente los términos legales de nuestra existencia. Si no tenemos términos legales operando en la tierra, jamás tendremos éxito tratando de restaurarla. Lo que ha de restaurarse es el Reino de Dios y, cuando el Reino de Dios fluya a perfección dentro de las tinieblas, eso creará un estandarte visible e indestructible. Ojo porque cuando hablamos de restaurar no estamos hablando de calles de oro sin pecadores en ellas. No. La palabra dice que las cosas se pondrán peores, ¿No es así?

Cuando el pueblo de Dios pueda mostrarse al mundo como solución a todos sus problemas, será cuando Dios le diga en voz alta: ¿Has visto a mi siervo Job? Pero mientras eso no suceda, ni se te ocurra pretender juzgar a los incrédulos. ¿Cómo vas a juzgar la lujuria del mundo si hay lujuria dentro de lo que llamamos iglesia? No podemos salir a decir que la política es sepulcro blanqueado e hipocresía, si sigue habiendo notoriamente política religiosa en los templos.

Parece repetitivo y hasta abrumadora esa repetición, pero creo que es tiempo en que el pueblo de Dios comience a pensar con esa mente que le ha sido dada y abandone esa automatización de ideas que la religión metió en sus cabezas. Dios nos creó a su imagen y semejanza, ¿Verdad? De acuerdo, ahora: ¿Cuántos de ustedes están en condiciones fundamentadas de decirme para que nos creó? ¿Cuál es la misión o tarea del hombre según el primario diseño divino?

Nosotros nos llenamos nuestra boca religiosa hablando de la iglesia, ¿Y sabes qué? ¡No tenemos claro para nada lo que ella representa o significa! La palabra original, que es eklesia, habla de asamblea o cuerpo de representantes de cierto pensamiento político o ideológico. ¡Iglesia no tiene nada que ver con religión! Nabucodonosor allá en Babilonia tenía una iglesia. Asiria tenía una iglesia. ¡El diablo tiene una iglesia! Es un cuerpo de representantes de la constitución del gobierno que lo envía.

1 Corintios 15: 24 = Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, (A eso viene, a entregarlo) cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. (25) Porque preciso es que él reine (O sea, está reinando y continúe reinando) hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Aquí nos da una característica de nuestro empleo, que es suprimir. La palabra suprimir es excluir, renovar o descartar, anular efectividad, desplazar, prohibir influencia, controlarlo.

O sea que tenemos que anular, desplazar, descartar y controlar todo dominio, toda autoridad, toda potencia. Tres dimensiones. Dominio, autoridad, potencia. Muy parecido a Efesios 6, principados, potestades, gobernadores, huestes de maldad. Estos afectan las tres áreas del cuerpo. Afectan sus costumbres, su estilo de vida. Los principados le dan la tonalidad a la ciudad. También afecta la filosofía y el alma de la ciudad, la educación.

Pero también afecta el cuerpo, las acciones de los hombres y lo que manifieste la ciudad. Recuerden que estos principados le dan tonalidad a las naciones y nuestra lucha no es contra carne ni sangre. Y que para cambiar las acciones del hombre, primero hay que cambiar las filosofías que rigen la vida del hombre. Es imposible vencer un principado sin atacar antes una filosofía. Porque un principado, entiende, es un poder tras un principio. Puedes orar hasta que la cara se te ponga verde, pero si no atacas el principio, el principado sigue teniendo un trono.

Toda ciudad tiene tres dimensiones, es igual al hombre. Tiene espíritu, la dimensión y ámbito espiritual, la tonalidad religiosa de la ciudad. Regiones celestes de la misma. La ciudad tiene alma, el asiento de la educación. Decisiones burocráticas, filosofías. Y tiene cuerpo. La infraestructura, el estilo hogareño y las acciones d los hombres dentro de la misma. De manera que para afectar o tomar una ciudad, tendríamos que obedecer a nuestro propósito, el cual es anular todo dominio, principio y potestad.

¿Pero dónde? En la esfera espiritual de la ciudad, en el alma de la ciudad y en el cuerpo de la ciudad. No vas a vencer sin atacar el hombre completo. Regiones celestes, sistemas religiosos, formas de religión que niegan el poder. ¡Es que no sé qué hacer, hermano! Es que no tienes coraje, porque sabes muy bien lo que tienes que hacer. Si tú sabes lo que tienes que hacer, pero te sientes como que no puedes tomar la decisión, entonces déjame decirte que tú estás controlado.

Tenemos que poseer las puertas de la ciudad y, al mismo tiempo, atacar tres generaciones. Jóvenes, adultos y niños. Si sólo afectamos un nivel, eso no sería avivamiento, sino apenas un simple despertar. Un avivamiento es un ataque divino a la sociedad y arrasa con la humanidad, tanto religiosa como secular. Si no podemos impartir el mismo celo en tres generaciones, de aquí a poco tiempo deberíamos tener que volver a comenzar.

Obviamente que, si somos egoístas y no podemos ver mucho más allá de cuatro o cinco años, y confiamos en que Cristo nos va a sacar a todos en una gran fuga, escape o rapto, entonces este mensaje no es para ti. Pero si hemos estado un poco equivocados en nuestra doctrina y a través de la palabra hemos visto que tenemos mucho que aprender, y sólo nos hemos equivocado por algunas horas, y le toque a tu hijo crecer en la ciudad, me pregunto dónde irás a vivir.

O bajo qué régimen gubernamental tendrás que existir. Cerrar la brecha entre las generaciones, preparar a la juventud espiritualmente lo sabemos hacer. Les decimos que no hagan, no toquen, no se pinten, no miren y no salgas con. Creemos que eso es espiritual, pero no lo es. Pero nos falta la educación y la preparación académica, para que sean los líderes sociales del mañana, si acaso Cristo tardare, estamos preparados.

Y físicamente, para sobregirar el ataque de la sociedad del mañana. Significa entonces, que los púlpitos de estos últimos diez años, tienen que producir mensajes con singularidad de objetividad. Tienen que estar llenos de propósito y dirección. O sea: ¡Tienes que tener algo qué decir! El pueblo se divide en tres rangos: guerreros, adoradores e implementadores. Hay un mensaje espiritual para cada uno y un resultado posterior a ese mensaje. Si no lo vemos es porque no está siendo entregado.

Creyentes convertidos en modelos donde la juventud secular tenga donde mirarse e imitar. Si eso no sucede, todo lo que digamos es pura sanata religiosa. La iglesia tiene que ser el modelo para una nación. Así que voy a preguntarte: ¿Cuántas personas conoces que desean parecerse a ti? Si existe una o más de una, estás caminando por el sendero adecuado. Si no conoces a ninguna, mucho me temo que sólo estás mostrando palabras, sermones, discursos y simulaciones.

A veces, ni siquiera tus hijos desean parecerse a ti. Y sin embargo, eso era lo que leemos en nuestras Biblias que ocurría en aquellos tiempos primarios. Los padres eran los modelos exactos para los hijos en crecimiento. Ahora bien; para que todo esto pueda ser una realidad palpable, tienes que saber la gran verdad de todas las verdades: quien es el enemigo real de tu ciudad. O sea: cual es la raíz contra la cual tú batallas. Por eso es tiempo de ir al principio y tomar puntos de referencia allí.

Génesis 1: 26 = Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (28) Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 

Dios nos hace a su semejanza. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. O sea que, en semejanza al Padre, tienes dominio, señorío, autoridad y poder creativo. En semejanza al Hijo, tienes capacidad de sujeción y de sumisión. Y como Espíritu, administrador y siervo del Reino de Dios. Estás hecho conforme a la deidad y Dios te ha dado todo lo necesario para poder cumplir con todo lo exigido. Luego comienza a impartir, en las cortes celestiales.

Tiene Adán y Eva, varón y varona, un solo espíritu, un solo género, y los bendice. E imparte en sus vidas, señorío, dominio, poder pionero. Porque para conquistar, tienes que tener espíritu pionero. Y lo imparte. Cuando Dios habla, no sugiere. Dios habla y su palabra crea. Cuando Él dice tened dominio, no te está exigiendo dominio, te acaba de dar dominio. Es parte de tu naturaleza querer conquistar. Es parte de tu naturaleza querer dominio. Es parte del núcleo del ser humano, querer controlar algo.

Dios lo puso allí, no Satanás. Y esto es muy importante, porque cuando llegas a la iglesia, lo primero que te hacen es tratar de sacarte todo eso. No hay cosa que produzca más rechazo que ver a un hombre fuerte y rudo en la calle, que cuando llega a la iglesia y se convierte, se transforma en una especie de mariposa escuálida asexual sin género visible. Bien lo dijo el profeta: nos tratamos con gentileza los unos a los otros. Pero a Satanás, si le pasas la mano acariciándolo, te la arranca.

Pone al hombre en el huerto y lo llama el Edén. Porque el Edén, literalmente significa “casa de Adam”. Que es como decir, “ser humano”. Humus. Tierra. Eso me dice a mí y te dice a ti que la tierra es la casa del hombre, no el cielo. Entonces el Edén se convierte en la maqueta o el prototipo, el ejemplo, la simiente. Dios no empieza por el principio, Dios empieza por el fin. Dios no experimenta, Él tiene una maqueta ya terminada. Ese es el Edén. Y pone al hombre en el Edén, que es como decir, en su casa.

Y le dice que lo cuide y lo guarde, que proteja ese ambiente. Pero sojuzga, sal de él y conquista, expándelo, llena la tierra. De manera que el Edén no puede ser todo el planeta, porque no habría nada qué sojuzgar. Había caos, y puso al hombre allí e incrustó en él un espíritu pionero, le dijo que proteja el jardín y que salga y conquiste, pise, posea y llene la tierra. Obvio, estoy hablando de propósito, no de doctrina. Esto está más allá del protestantismo. Yo no estoy protestando nada.

No sé como a nosotros se nos vendió las figuras de un hombrecito y una mujer, con minúsculos taparrabos, con una cara de asombro y una expresión de yo no sé lo que estoy haciendo aquí. Esa fue la foto que compramos. Eso fue lo que aprendimos, y estaba bien cuando éramos niños como cuerpo, pero resulta que ya no somos niños en el cuerpo. Dios nos está demandando madurez, que es tiempo de salir y cortar con ese antiguo cordón umbilical carnal.

Durante mucho tiempo esa leche fue mi alimento, pero hoy ya no me sacia. No sé por cuanto tiempo Adán y Eva estuvieron reinando, pero sí sabemos que estaban cubiertos de la gloria. Tenían visión, propósito y objetividad y estaban equipados para expedirse. Es probable que hayan estado un tiempo considerable antes de su caída. En contra de todo lo que hemos aprendido. Pero Dios, aunque no lo escribe, nos lo da a entender.

¿Se acuerdan cuando el hombre cae y Dios comienza a decir el resultado de la caída, tanto al hombre como a Satanás y como a la mujer en Génesis 3? Allí le dice a la mujer: multiplicaré en gran manera el dolor de tus preñeces. Escucha. Dios, siendo tan inteligente, esa maldición no tendría ninguna validez si la mujer nunca hubiera estado preñada antes. Porque ella no hubiera entendido lo que se le dijo. ¿Qué importancia puede tener para mí sufrir dolor en mis preñeces si nunca estuve preñada? No sé lo que es, nadie me ha dicho. Nunca he dado a luz.

¡Es que a mí me dijeron que Adán fue el primero, y que después vinieron Caín y todos los demás! No sé, mira Génesis 3:20: Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. Ajá, y Caín no había nacido todavía. ¡Es que somos tan religiosos! ¡Perdónanos Señor, por leer el libro como si fuera un libro de historia! Aprende esto: Dios nunca te escribe todo, siempre te deja algo para que si buscas, encuentres. Por eso te manda escudriñar.

No es importante. No importa si eran uno o mil. Caen igual. Pero pierden el derecho a, pero no pierden el deseo de. Ahora no tienen permiso legal para conquistar, pero no pierden el deseo de conquistar, porque lo llevan por dentro. Esto es importante porque es el principio del humanismo. El hombre pierde el derecho y la autoridad, pero todo lo que es, sigue siendo. No te estoy enseñando algo de hace mil años, te estoy mostrando cual y quien es tu enemigo hoy.

Es como que perdió el título de propiedad, pero no el deseo de poseerla. Es como si eres un niño y le sacas el teléfono de última generación a tu papá y vas y lo cambias por un peluche. Tú llegas contento con tu peluche y tu papá está loco buscando el celular. Adán… ¿Y el dominio? – Ehh lo cambié. – ¿Cómo que lo cambiaste? – EH, sí, tengo una manzana… ¿Te imaginas a Dios devolviéndole la manzana a Satanás y reclamándole el dominio de la tierra?

Dios había delegado su autoridad en el planeta en un hombre, y ahora no podía entrar como espíritu ilegal a la tierra para producir otro. Ahora Dios está obligado a elaborar un plan majestuoso. Tiene que elaborar una réplica que sea capaz de recuperar el título de la propiedad perdida. Por medio de la desobediencia, el hombre le quita a Dios el poder de reinar sobre su vida. Ahora Dios tiene que tomar una simiente de otro lugar e introducirla en el planeta, para hacer lograr otro cambio legal con Satanás, porque Dios es justo.

El hombre en control de la tierra, sin Dios. Humanismo. No es nuevo esto, es antiquísimo. Es el trono del Ego, es el 666. Es el anticristo, o lo opuesto al orden de Cristo, reinando en el espíritu, en las decisiones y en las acciones del hombre. Y mientras nosotros estamos esperando al anticristo, él se está tragando viva a la tierra. Y está sentado en el trono dentro del templo de Dios. Es por eso que hay tanta rebelión en familias, matrimonios y negocios.

Es por eso que existe el legalismo en las iglesias, y juntas manipuladoras y líderes controladores. Y eso es tanto en los creyentes rasos como en las posiciones de mando. Es por eso también que hay división eclesiástica. Es por eso que hay guerra de doctrinas. Es por eso que existen tantas denominaciones nacidas a partir de una discusión por un punto doctrinal en disputa. Y no nacieron para glorificar a Dios, sino para decir ¡Yo tenía razón!

Esto no es controversia. Tampoco es una filiación religiosa ni persuasión doctrinal, Yo estoy hablando de Dios, su propósito y de un enemigo común. Es tiempo de volver al origen de nuestra existencia. Somos testigos de su resurrección. Él está vivo y reina hoy a través tuyo. Su reinado se extiende hasta donde tú lo extiendas. Somos sus manos, somos sus pies, somos su voz, somos sus ojos, somos su embajada. La imagen de Dios en la tierra, es su cuerpo.

Y la opinión de Dios ante las naciones, es su testimonio. Y si al mundo no le gusta la iglesia, es porque tú no le agradas al mundo. ¿Y entonces? ¿Contra quien estamos batallando? Génesis 3:1 dice: Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: (Paréntesis. No es importante saber si la culebra andaba parada de rabo. No es importante saber si la serpiente tenía dos patas. Es importante tratar de buscar aquello que no fue explicado. Pero hay algo que sí está escrito, fue un factor dado. La serpiente es un animal, no un espíritu). Conque Dios os ha dicho: ¿No comáis de todo árbol del huerto? 

La serpiente es un animal, no es un espíritu. Dice que era la más astuta, ¿De? Todos los animales del campo. Animal. Diablo no es un espíritu. Diablo es todo aquel que se deje influenciar por un espíritu maligno. Humano o animal. ¿Y sabes qué? Judas era diablo, y estaba con Jesús, era parte de los doce. ¿Y sabes qué? Hoy sigue habiendo mucho diablo en lo que se llama iglesia. Y no te hablo del mundo porque allí no es novedad su presencia.

Y entonces Dios dijo que tenia que corregir eso: Verso 14: Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Esta es la razón por la que Cristo tenía que venir. ¡Es por el propósito original en Génesis! No tenía nada que ver con reino judío, ¡El enemigo aquí era Satanás! ¡Y la promesa de traer un rey era para sustituir su reinado!

No uno nacional, literal y político. Aquí no hay Israel ninguno. El único que había acaba de caer. Y trae una palabra, una profecía de doble referencia. Algo que habla de un hoy literal, físico y proyecta un principio futurista y espiritual. Dios habla así en la Biblia. Tienes que aprender a separar cuando Él transforma su hablar. Y dice, verso 15: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

La palabra traducida como mujer, aquí, es la palabra varona. Y eso significa hombre, humanidad. ¿Y cuantos saben que hay una profunda enemistad entre los hombres y las serpientes? Establece una guerra eterna entre dos reinos. La simiente de Satanás, Lucifer, y la simiente de la mujer. Y si bien Jesús no nace por voluntad de hombre, María pone su vientre a disposición y lo convierte en simiente. Ella provee el niño, Dios nos da el Hijo.

Creer cualquier otra cosa judaizante, equivale a decir que Cristo no ganó. Sin embargo, la simiente de la mujer va a herir la cabeza de Satanás, su ordenamiento, su autoridad. No es una calavera, son las puertas de la ciudad. Y las puertas de la ciudad son el gobierno de un reino. Somos simiente de Abraham. En Cristo Jesús somos hijos de Dios, una extensión de la simiente. Por eso dice Apocalipsis que los hijos de la mujer que guarden testimonio, tienen guerra contra el antiguo Satanás, el dragón.

La palabra simiente, en el original hebreo, significa semilla, grano, linaje y semen. Es lo que produce hijos. O sea: una unidad con potencial procreativo. Lo que Dios hace, como obligación legal, es introducir en la tierra una simiente de otro lugar, de manera tal que el enemigo no se entere de quien es este que llega. La propia palabra nos dice que si Satanás hubiera sabido que Jesús era quien era, no lo hubiera hecho crucificar. Ninguno de los príncipes sabía.

Por eso es que a veces ni la iglesia alcanza a entender el Antiguo Testamento. No se dan cuenta que lo que tienen que entender es a Génesis, y entonces todo el resto comienza a hacer sentido. Caín mató a Abel, y Abel fue sustituido por Set, que significa simiente de otro lugar. En casos muy puntuales la tipología es auténtica y nada tiene que ver con fantasías místicas. Sara fue estéril, simiente de otro lugar. Rebecca fue estéril, simiente de otro lugar. Raquel fue estéril, simiente de otro lugar.

Eso produce doce tribus llamadas Israel. Pro el profeta dice que Israel trató de dar a luz pero que solo dio a luz viento. Fue estéril. La simiente viene de otro lugar. No vino por Leví, vino por Judá. María fue virgen, simiente de otro lugar. No por voluntad de hombre ni de carne nace la iglesia. Simiente incorruptible, simiente de otro lugar. Nacidos de arriba, no nacidos de abajo. Somos la simiente destinada a derrotar el gobierno de la simiente de Satanás.

Por eso no puedes ser ni argentino, ni mexicano, ni colombiano, ni español ni nada y decir que aquí se hace así. Porque tú no eres de aquí y, hasta que no dejes de ser de aquí, no vences. Yo no me parezco a casi ninguno de los predicadores argentinos, ¿Sabes por qué? ¡Porque no soy argentino! ¡Soy nacido de arriba! ¡Soy simiente de otro lugar! ¿Y la simiente de Satanás? ¡Qué problema! ¡Los espíritus no se procrean! ¿Quién es el enemigo, si el espíritu no tiene semen?

¿Cuál es la raíz que en verdad tenemos que derrotar? Tú, Señor, das victoria sobre principados y potestades. Todos los demás, son demonios. Yo no peleo con demonios, yo soy simiente de otro lugar. ¿Dónde está la simiente que fue destinada a pelear conmigo? La derrotamos a ella, y los demonios quedan sujetados. Caín construyó la primera ciudad de la Biblia, en contra de la voluntad de Dios. Hoy, una enorme mayoría elige vivir en grandes ciudades. Sin embargo, desde el aire, lo que más se observa es tierra sin habitantes.

Dios había dicho “llenad la tierra”. Caín dijo no, nos quedamos aquí. ¿Sabían ustedes que todas las religiones, al este de Mesopotamia, donde estaba el huerto, son religiones anticristianas? Caín salió y dijo: yo voy a adorar a Dios como me de la gana. Y de allí para allá, todo es anticristo. Todas las religiones de allí hacia el este, no son cristianas. La raíz, rebeldía. Cuando la ofrenda, como decía un predicador paisano mío, Dios quería un asado argentino y Caín le trajo una ensalada…

Y Dios le dice: ¡No me gusta la ensalada! ¡Yo quería un churrasco! Pero no lo castiga. Muy por el contrario, le dice que si bien hicieres, todos nos vamos a olvidar que esto sucedió, ¿Ok? Pero si no hicieres bien, el pecado está a la puerta, pero, así y todo: ¡Tienes dominio sobre el pecado! Una decisión es la que cancela todo. Cuando tú naces de nuevo, es porque decides nacer de nuevo. Dios le está ministrando gracia a Caín, pero éste hacía lo mismo que muchos de nosotros. Cuando termines, yo voy a hacer lo que pensaba hacer…

Acaba Dios de ministrarle gracia y sale y mata a su hermano. Y Dios le dice: ¿Qué has hecho? ¿Acaso no sabía Dios lo que había hecho? ¿Quién se acercó a quien? Caín se aceró a Dios o Dios a Caín? Dios se acerca, siempre. ¿Qué has hecho? ¿Sabes qué? Si Caín le hubiera dicho la verdad, Dios lo perdonaba. ¡Ese es mi Dios! Y también el tuyo. Creo que no terminamos nunca de entender la calidad de la misericordia divina. La comparamos con la humana y no nos cierra.

Y allí es donde Satanás comienza a operar en lo que, entiendo, es la estrategia más osada y peligrosa de todas: tratar de pervertir la simiente de Dios. Y en el capítulo 6 de Génesis, versos 1 al 4: Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre. 

Toda la humanidad estaba pecando tras la simiente de Satanás. El mismo linaje de Set se pervirtió. Aquí tienes a los hijos de Dios, teniendo relaciones con las hijas de los hombres. Esto es un problema, porque hijo de Dios solamente hay uno en el Antiguo Testamento, y es Adán. Para ser hijo de Dios hay que nacer de arriba. Entonces hace una aclaración y una distinción y menciona a hijos de Dios casándose con hijas de hombres.

Esta relación perversa produce gigantes, y vale la pena mencionar que eran los gigantes los que mantuvieron al pueblo sin herencia. ¿Por qué yo sé que esto es así? Sólo había un hijo de Dios, Adán. El próximo iba a ser Cristo, el primogénito, y ahora es popular el término. Todo el que nace de arriba, es hijo de Dios. El resto, es hijo de hombres. Por eso Jesús decía: ¿Quién dicen los hombres que el hijo del hombre es? Porque tenía que llamarse la simiente de una mujer, varona o varón.

O sea que era Dios encarnado. No hay mención de ángeles femeninos en toda la Biblia. Y en los cinco lugares donde el término “hijo de Dios” es mencionado en el Antiguo Testamento, siempre se refiere a los ángeles. Ahora bien; estos ángeles, son ángeles caídos. Son pervertidos ya. Trabajando con Satanás, buscando eliminar la promesa de la simiente. Y para pervertir todo lo que era hijo que venía de parte de Dios, cohabitaron, se manifestaron con cuerpo, abandonaron su lugar, nunca volvieron a ser espíritu, se rebelaron a su dimensión, se quedaron en la tierra y tuvieron hijos con hijas de hombres.

Una perversión satánica. Hoy hay personas en el evangelio, extraídas del satanismo, que relatan haber tenido sexo con Satanás. Se puede probar y comprobar. 2 Pedro 2: 2. Hablando de falsos maestros, dice: Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio;

Aquí nos dice que llegó el tiempo en que Él los juzgó y los aprisionó. Judas nos declara un poco más. Verso 6: Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, (Esa palabra significa que no guardaron su función) sino que abandonaron su propia morada, (¡Se manifestaron! Y se quedaron ahí) los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; (7) cómo, (Igualito que) como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, (Ángeles) habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.

Y vemos la osadía de Satanás tratando de reproducir un semen falso. Hoy, salvo crear vida, se puede hacer casi cualquier cosa con el engendrado de hijos. ¡Es una perversión al orden de Dios! Puede que suene anticuado, pero bíblicamente es exacto, quéjate con el libro y su autor. Entonces vemos que, si Satanás no se puede procrear, no tiene poder creativo, pero tiene que producir simiente, de la única manera que sí lo puede hacer, es tomando a uno que sí tiene poder de procreación, que tiene simiente y pervertirlo.

Logrando que la simiente de Dios se pervierta o carezca de propósito, que es como decir: rebelión. Tu enemigo es el misterio de la iniquidad. Rebelión es la simiente de Satanás y está entre medio de nuestras orejas. Ese es nuestro llamado: destruir ese gobierno que procura quedase con nuestras vidas. El gobierno de nuestras vidas corresponde al Rey de reyes y Señor de señores. Ese es el que tiene que ser Sumo Sacerdote de tu conciencia.

Satanás quiere pervertir tu sangre y engrandecer tu carne, La perversión de Satanás siempre produce carne grande. El Yo, El ego, humanismo, produce gigantes en la tierra. La glorificación de la carne es el centro del humanismo y el liberalismo en la tierra. Es el espíritu de iniquidad que ya opera entre nosotros. A Tesalónica se le dijo que ya estaba en acción. En 1 Juan 3:8 dice que quien practica pecado, es un diablo.

Si tú caes, se te perdona, pero si lo practicas, eres un diablo. En Apocalipsis dice que la serpiente antigua, el dragón, hace guerra con los que guardan el testimonio. Pero en Corintios dice que le vamos a entregar el Reino, la autoridad, el dominio de nuestra conciencia. ¡El Reino de Dios tiene que ser entregado a Dios! Otro ejemplo casi infantil es el de David. Goliat. Quisieron darle la armadura tradicional de la religión y no la quiso. Dijo: ¡Dame la roca! Y con esa roca batió al gigante.

¿Nunca te llamó la atención que siendo un gigante tan grandote, la roca le pegara justo en la cabeza y no en otro lugar? Tipología. La simiente de Dios va a herir la simiente de Satanás en la cabeza. Cinco rocas. Apóstoles, Profetas, Pastores, Evangelistas, Maestros. Con una sola será suficiente para aplastar la cabeza de Satanás donde quiera que éste pretenda operar. Cinco ministerios. Nada que ver con religión ritualista y tradicional.

Si él pudo, eso es todo lo que tú necesitas. Tirar la roca de la fe en contra del espíritu de rebelión. Ojo que una rebelión no necesariamente es que te pongas a arrojar sillas y patalear vociferando. La peor rebelión, a veces, es la silenciosa. Oír la verdad y no aceptarla. Oír la verdad y no enseñarla. Oír la verdad y no hacerla. Anticristo. Todo lo que se opone a Cristo, es anticristo. O estás en el propósito o estás en pecado. El que no recoge, desparrama.

Pecado. ¿Fornicarios? ¿Adúlteros? A ellos Jesús los amaba y procuraba restaurarlos si se arrepentían. Pero a los religiosos, ¡Víboras! ¡Ladrones! ¿Quieres saber qué es pecado? Saber que hacer y no hacerlo, es considerado rebelión. Es nuestro enemigo más grande. La simiente de Satanás sólo se procrea a través de la simiente de Dios. Puedes cerrarle la puerta a Satanás y darle el señorío a Dios.

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5 – El Número de la Bestia

A lo largo de este trabajo he tratado de centrar la comprensión espiritual de la abundante simbología relacionada con la bestia. Ha habido mucho debate sobre el significado del número que se da a representar a la bestia, y creo que Dios nos quiere hacer entender este número y no estar en duda. Que Dios desea que tengamos conocimiento se revela en la siguiente escritura:

Apocalipsis 13: 18 = Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, que calcule el número de la bestia, porque el número es el de un hombre, y su número es seiscientos sesenta y seis.

Juan declara que es posible entender este simbolismo. Esto no es una de esas cosas que Dios le dijo a Juan para sellar. En su lugar, se nos dice que los que tienen entendimiento pueden llegar al significado de este número. El número se refiere específicamente a un hombre, y el número de este hombre es 666. Muchos han intentado descifrar este enigma, y han utilizado diversos medios para hacerlo. Uno de los métodos más comunes en los días pasados y presentes es a través del estudio de Gematria.

En hebreo y griego, así como algunos otros idiomas, cada carácter alfabético tiene un valor numérico correspondiente. Sumando el valor de cada carácter alfabético en un nombre o título, se puede llegar a un valor numérico. De esta manera, muchos han demostrado que varias personas a lo largo de la historia, desde la antigua Nimrod hasta los Papas romanos pontífices de estos días, así como diversas figuras políticas mundiales, tienen nombres y títulos cuyo valor numérico correspondiente ha sido número 666.

No es mi intención de refutar cualquiera de estas asociaciones entre los individuos y el número 666. De hecho, creo que muchos de ellos son válidos y correctos. Sin embargo, sólo porque podemos decir que los Romanos Pontífices han dado como resultado este número, o que podamos vincularlo a alguna otra figura pasada o presente, no podemos declarar que esto es prueba suficiente de que son la bestia.

Estos individuos pueden haber manifestado la naturaleza de la bestia, al igual que multitudes de hombres y mujeres a través de las edades,  pueden haber sido incluso instrumentos clave de Satanás en su guerra contra los elegidos de Dios, pero en este trabajo queremos profundizar más en la mayor comprensión de este simbolismo y, con la ayuda de Dios y la unción que Él ha dado a sus escogidos, esperamos que lo haga.

Uno de los problemas que veo en declarar que los Papas, o algunas otras personas, son la persona a quien este número indica, es que la influencia de estos hombres sobre la humanidad no ha sido universal. Yo creo que Juan está hablando de lo que es una amenaza para todos los hombres, y que todos los santos tienen una oportunidad de vencer.

Ha habido épocas en que los papas sostuvieron tremendo poder sobre una gran parte del «mundo civilizado», pero incluso en su cenit no tenían poder sobre todos los hombres. Con el advenimiento de la Reforma el poder de los Papas comenzó a menguar, y aunque todavía tienen una gran influencia en el mundo de hoy, no son alguien, o algo, a lo cual todos los hombres deban vencer.

Ya hemos visto que desde el primer capítulo de la Biblia, tanto el hombre como la mujer tenían  mandato para someter y gobernar sobre todas las bestias. Ya que Adán y Eva estaban a la cabeza de la raza humana, este mandato es universal y se ha aplicado a todos los que han nacido de mujer. El dominar sobre las bestias es una orden universal, y ningún hombre, mujer o niño está exento de este mandato de Dios.

Por lo tanto, cuando leemos de la bestia, su imagen y el número de su nombre en el libro de Apocalipsis, y cuando leemos también que hay un grupo de vencedores que han logrado la victoria sobre estas cosas, lo que se está declarando es algo que es universal y en la que todos los santos han de entrar en la batalla y buscar la victoria.

La lucha contra la naturaleza de la bestia comenzó con Adán y Eva cuando fueron encontrados por la serpiente, la más astuta de todas las bestias, cuando aún estaba en el Jardín del Edén. Esta lucha ha continuado a lo largo de todas las edades del hombre. Debido a la universalidad de esta lucha, y en la luz del mandamiento de Dios para toda la humanidad de dominar y gobernar sobre las bestias, yo creo que los que están tratando de identificar a un hombre en particular como la bestia están en el camino equivocado. Tú puedes preguntar, «¿Acaso no leemos que el número de la bestia es el número de un hombre?»

Sí, lo hicimos. Pero debemos preguntarnos: «¿Qué hombre?» Las Escrituras nos dicen que sólo ha habido dos hombres que han vivido. Estos son el primer Adán y el segundo Adán, quien también es llamado el último Adán. El nombre Adán significa literalmente «hombre» y ocurre 552 veces en el Antiguo Testamento. En la mayoría de los casos, se traduce como «hombre», y sólo cuando se utiliza como nombre de una persona o un pueblo se lo representa como «Adán». La palabra correspondiente en el Nuevo Testamento es la palabra griega «anthropos» y nos encontramos con esta palabra que ocurre 561 veces.

Es en el siguiente pasaje de la Biblia leemos acerca de estos dos hombres: 1 Corintios 15: 45-49 = Así también está escrito: El primer HOMBRE, Adán, FUE HECHO ALMA VIVIENTE. El último Adán, espíritu que da vida. Sin embargo, el espiritual no es primero, sino el natural; luego el espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

El apóstol escribiendo bajo la inspiración del Espíritu Santo, Pablo identifica el primer Adán como el primer hombre. Se identifica a Cristo como el postrer Adán, y él también lo llama «el segundo hombre». Pablo afirma además que, a pesar de todo, los que hemos traído la imagen del primer hombre, ahora estamos llamados a llevar la imagen del segundo hombre. Como ya hemos discutido en este artículo, no todos los hombres alcanzan a la imagen y semejanza de Dios en esta edad. Algunos se aferran obstinadamente a la imagen del terrenal.

Juan esta hablando de estos dos hombres, y los tiene a la vista cuando afirma que el número 666 es el número de un hombre. Esto hace que la determinación de cual  hombre está hablando  sea relativamente sencilla, pues en lugar de miles de millones de hombres para elegir, tenemos sólo dos. Es muy evidente por las Escrituras que la bestia y su número no puede referirse al segundo hombre, que es Cristo Jesús, porque Cristo completamente gobernó sobre la naturaleza de la bestia. Cristo siempre vivió para hacer la voluntad del Padre, y las Escrituras testifican además que Jesús era la expresión misma del Padre.

Esto nos deja sólo al primer hombre, Adán, a quien Pablo describe como de la tierra, terrenal. ¿Cómo funciona este número 666  a este primer Adán? Creo que podemos encontrar testimonios de esto en todas partes a lo largo de las Escrituras y de la naturaleza de la bestia, porque Dios es el arquitecto de ambos y Él ha puesto este sello sobre el hombre de carne. Sin embargo, me centraré en sólo un par de estos testimonios.

Comencemos con el primer capítulo de la Escritura. Leemos aquí que el primer hombre, Adán, fue creado en el sexto día del polvo de la tierra. Se acepta en general que el número seis es representativo del hombre, y en particular del hombre de carne. El número seis es un número muy interesante. Cuando multiplicamos el número seis por sí llegamos al número treinta y seis. Si sumamos la suma de todos los números de uno hasta treinta y seis nos encontramos con que la suma de estos números es 666.

En el versículo 28 de Génesis capítulo 1 leemos el mandamiento de Dios para el hombre y la mujer de «multiplicarse». Esta multiplicación se realiza a través de la unión del hombre y la mujer. Dado que tanto Adán y Eva eran de la tierra, terrenales, ellos sólo producen descendencia que también son de la tierra. Podían producir almas vivientes, pero su unión no podía producir espíritus. Por lo tanto, la multiplicación de Adán y Eva, el hombre de carne (6) multiplicado con mujer de carne (6), sólo puede producir más de lo mismo (36).

Si vamos a calcular el valor de su descendencia sumando a todos ellos se llega a 666. Debido a que Adán y Eva se inclinaron a la bestia,  todos sus hijos estaban sujetos a la naturaleza de la bestia. Ellos fueron marcados o grabados con esta naturaleza y sujetos a la vanidad y  la ira. Dios Tomaría la semilla divina y la uniría con la mujer para producir un hombre que era totalmente hombre y totalmente Dios.

Este hombre era el Cristo, el cual, siendo  la imagen de carne era sin pecado. Este segundo hombre no era terrenal (bestial), pero si celestial. Debemos experimentar un segundo nacimiento, un nacimiento espiritual que surge de la semilla de Cristo, para que podamos escapar de la esclavitud de la carne y vivir como creaciones celestiales. 1Pedro 1: 23 = Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece. 

Volvamos al hombre de carne y su relación con el número 666. Dios es el autor de toda la creación y Él ha revelado Sus maravillosas verdades a través de la creación. Como la ciencia moderna ha avanzado, la verdadera ciencia sólo ha servido para confirmar el diseño maravilloso de Dios en la creación. Hoy en día, los científicos entienden que hay ciertos elementos que se encuentran en abundancia en todo el universo.

Un elemento que es esencial para toda la vida, y que se encuentra en todas las formas de vida orgánicas es el carbono. Ningún otro elemento está vinculado a la vida en la medida en que está ligado el carbono. Por lo tanto a menudo oímos las «formas de vida basadas en carbono.»  Las formas de vida que dependen de carbono son de la tierra, terrenal. Por lo tanto, no debería sorprendernos si encontramos en el elemento carbono un testigo de la bestia, y hasta el número de la bestia.

Todos los elementos se clasifican por el número de protones, electrones y neutrones que están presentes dentro de ellos. No hay dos elementos que sean iguales. Sólo en el elemento carbono  encontramos seis protones, seis electrones y seis neutrones. Por lo tanto, la vida de toda carne está marcado con el número 666. ¿Podría Dios haber grabado más profundo este sello sobre las formas de vida terrestres? Considere ahora las siguientes palabras del apóstol Pablo:

1 Corintios 15: 50-53 = Y esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible. He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

La carne no puede heredar el Reino de Dios. Lo que se marca con el número 666 no puede heredar el Reino de Dios. Incluso después de que los hombres han nacido de nuevo del Espíritu todavía caminan en cuerpos de carne de pecado. Por lo tanto, estos cuerpos deben ser puestos afuera antes que los santos pueden entrar en la presencia de Dios. Todo lo que se refiere a la bestia debe ser inmolado.

¿No es una maravilla que a lo largo del Antiguo Testamento vemos ordenanzas establecidas y practicas por las cuales un animal tenía que ser sacrificado para que los hombres entraran en la presencia de Dios en el templo?  Estas cosas son un símbolo de la necesidad del hombre de matar a la bestia que habita en su cuerpo con el fin de entrar en la presencia de Dios.

Estas ordenanzas carnales del Antiguo Testamento fueron incapaces de liberar a los hombres de la esclavitud del pecado, y tenían que repetirse año tras año. Sólo en Cristo ha sido totalmente expiado el pecado una vez por todas, para que podamos ser liberados del pecado y hechos siervos de la justicia.

En este momento, los que han nacido de nuevo son una casa dividida. Hay guerra entre  la carne  contra el Espíritu y del Espíritu contra la carne, y estos dos se oponen entre sí. La carne no puede heredar el Reino de Dios y por lo tanto debe ser crucificada. Los que andan según el Espíritu, han crucificado la carne con sus pasiones y deseos, y un día van a dejar a un lado la carne de pecado y tomar sobre sí mismos cuerpos espirituales glorificados a la imagen de Cristo.

Es pues el 666, la carne, la naturaleza animal, que debe ser vencida, y todos los santos somos llamados a someterla y gobernar sobre ella. En nuestra carne no mora el bien, y debemos someter nuestros cuerpos y mantenerlos bajo sujeción al Espíritu. No es un Papa Romano o algún gobernante político al que los santos deben superar, a pesar de que existen hombres en abundancia que llevan el sello de la bestia, y que son enemigos de los santos de Dios.

La mayor, profunda y mejor comprensión universal  del número o identidad de la bestia es que apunta al primer hombre, Adán, y su naturaleza pecaminosa que se convirtió en la herencia de todos sus hijos. Este número es el número de un hombre, y todos los hombres hemos sido llamados a despojarnos del hombre viejo y revestirnos de Cristo. 

Romanos 6: 6 = sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con El , para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; La lucha universal de la humanidad es despojarse del viejo hombre, el primer Adán, que está marcado con el número 666, y colocarse en el hombre nuevo, en el último Adán, que es el Señor Jesús el Mesías. Hemos tratado mucho con la naturaleza de la bestia hasta ahora en este libro, y hemos visto en las Escrituras que Dios ha dado mandato al hombre y la mujer para someter y gobernar sobre las bestias.

En otro tipo, ahora vemos que Dios representa esto como una lucha entre dos hombres, el primer Adán y el Último Adán. Uno de estos hombres es de la tierra, terrenal, y el otro de los hombres es del cielo. Todos los hombres se inclinarán a uno de ellos. Cuando leemos en el libro de Apocalipsis que algunos hombres tendrán la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre, estamos leyendo lo mismo que el apóstol Pablo habló del contraste entre el viejo y el nuevo hombre. Pablo escribió más de esta lucha por los santos en Éfeso.

Efesios 4: 17-24 = Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor: que ya no andéis así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente, entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas. Pero vosotros no habéis aprendido a Cristo de esta manera, si en verdad lo oísteis y habéis sido enseñados en El, conforme a la verdad que hay en Jesús, que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.

Pablo declara que el nuevo hombre ha sido creado a semejanza de Dios en justicia, santidad y verdad. Sabemos que estas palabras son descriptivas de Cristo, y que son descriptivos de todos los que son conformes a la imagen de Cristo. Debemos dejar a un lado el viejo hombre que lleva la marca de la bestia 666, que está viciada conforme a los deseos engañosos, y ser revestidos de Cristo. Sólo aquellos que someten y gobiernan sobre el viejo hombre con sus deseos bestiales se puede decir que han alcanzado la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre. 

¿No es evidente que un hombre podría resistir la influencia de un Papa o un emperador, o de algún otro déspota malvado, y aun así dejarse gobernar por la naturaleza de la bestia dentro de sí mismos? Es el viejo hombre al  que todos los santos son llamados a poner a un lado y tener la victoria sobre él, con todas sus pasiones y malos deseos. Ninguno puede alcanzar a la imagen de Dios si no ha vencido la imagen del hombre bestial. Creo que esta es la comprensión más profunda del simbolismo del número 666 y el hombre a quien representa.

Ha habido muchos hombres y mujeres que se han dado a sí mismos al pecado y a la esclavitud de la carne, que han sido extraordinariamente marcados por la naturaleza bestia. Las Escrituras contienen historias de muchos de los que no han podido someter y gobernar sobre lo que Dios les mandó. En este trabajo me gustaría mirar a unos hombres que se destacan por ser expresiones de alguien que tenía el corazón de la bestia, al examinar en sus vidas podemos tener la comprensión de esta naturaleza inferior a la que todos los santos han sido llamados a gobernar.

Casi todos hemos leído sobre el número 666 que es la marca de la bestia, y fue mencionado específicamente que debido a que Adán y Eva se inclinaron a la bestia fueron sujetos a la naturaleza terrenal de la bestia, y por lo tanto todos sus descendientes han sido marcados por esta misma naturaleza caída y corrupta. Algunos de sus descendientes han hecho la guerra contra el pecado que estaba presente en sus miembros y han mirado hacia adelante a la redención que ahora ha sido revelado en Cristo Jesús, y ellos han obtenido un buen testimonio de que son justos delante de Dios. Sin embargo, otros no han peleado la buena batalla, y han permitido que el pecado tenga el dominio sobre ellos.

No es de extrañar que el primer hijo de Adán y Eva fue uno de los que se destacan como «hombres bestia», porque las trágicas consecuencias del pecado no podían permanecer ocultas largamente. Este primer hijo es una imagen de todos los que han nacido de la carne, o sea de los que no andan como vencedores por la sangre de Cristo, la palabra del testimonio de ellos, y que no aborrecen sus vidas carnales y anímicas. El primer hijo de Adán y Eva fue Caín, y leemos lo siguiente acerca de él.

Génesis 4: 1 = Y el hombre conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido varón con la ayuda del SEÑOR.

La humanidad ha sido testigo de miles de millones de nacimientos desde Caín, pero consideremos por un momento  lo especial que era ellos presenciar el nacimiento del primer hijo de un hombre y una mujer. Debe haber sido un gran misterio, y una maravilla impresionante, como Adán y Eva fueron testigos de cómo el vientre de Eva comienza a hincharse y consideraban el primer movimiento de la vida en su interior. ¡Qué milagro fue comprender que a través de su unión otro ser saldría después a su propia imagen! Cuando nació el niño debieron haber examinado de cerca y observar lo bien que era una expresión en miniatura de un hombre. Eva ciertamente habló con asombro  cuando proclamó: «He adquirido varón de Jehová

En el último libro de la Biblia leemos de un hijo varón que se dio a luz, uno que ha de regir las naciones con vara de hierro. Este hijo varón se formó a la imagen de Dios, llevando su semejanza. Quizás Adán y Eva tenían altas esperanzas para Caín. Después de todo, la serpiente había dicho que si comían del fruto prohibido serían como Dios. Pueden haber esperado que su hijo también sería como Dios. Sin embargo, no fue así, porque Caín también se sometió a la naturaleza de la bestia, en lugar de someterla y gobernar sobre ella.

Génesis 4: 3-7 = Y aconteció que al transcurrir el tiempo, Caín trajo al SEÑOR una ofrenda del fruto de la tierra. También Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos. Y el SEÑOR miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero a Caín y su ofrenda no miró con agrado. Y Caín se enojó mucho y su semblante se demudó. Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Por qué estás enojado, y por qué se ha demudado tu semblante? Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo.

La naturaleza de la bestia es esencialmente egoísta y busca su propio bienestar al considerar poco el bienestar de los demás. Caín estaba celoso de su hermano Abel, porque Jehová mostró más consideración a su ofrenda que a la de él. La naturaleza de la bestia se estaba manifestando adentro. Algo que no se parecía a Dios estaba presente en el ser de Caín. Un mal que no se originó en Dios moraba en la carne de Caín, y Jehová advirtió a Caín que le era necesario dominarlo.

El lenguaje que utiliza Dios cuando le habla a Caín alude a la naturaleza bestia. Jehová declaró: «el pecado está a la puerta», y la imagen aquí es la de una bestia salvaje que está dispuesto a saltar sobre su víctima. Las palabras apropiadas serian como  de un león que está en cuclillas mientras espera a su presa, y verdaderamente había algo bestial que buscaba una oportunidad para superar Caín. Dios también habló a Caín, y le dijo: «Pero tu debes dominarlo Este mandamiento es un espejo de las palabras que había hablado con los padres de Caín antes de pecar.

Génesis 1: 28  = Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.

Para dominar el pecado que trató de tener dominio sobre él, Caín tendría que someterlo y gobernar sobre él. Al igual que sus padres, sin embargo, Caín no pudo prestar atención a la orden de Dios y él también escuchó la voz de la bestia. Esta vez, sin embargo, la bestia no era externa al hombre, porque el  veneno de la serpiente había entrado en la carne de la humanidad y en la actualidad realiza su labor mortal desde el interior de su ser.

Génesis 4: 8 =  Y Caín dijo a su hermano Abel: vayamos al campo. Y aconteció que cuando estaban en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató.

Al no haber podido dominar y gobernar sobre la bestia dentro de él, Caín actuó de una manera que era contraria a la naturaleza divina. Lejos de poner su vida por su hermano, Caín se levantó y lo mató. Las mismas palabras usadas aquí son una vez más imagen de lo que ocurre en el hombre de pecado cuando no somete y gobierna sobre la bestia. Se nos dice que «Caín se levantó. “La Carne de Caín se levantó y ganó el dominio sobre él. ¡Qué contraste con  el Hijo de Dios, que «pone» su vida por los demás!.Dios, una vez más se acercó a Caín para enfrentarlo con su maldad

Génesis 4: 9-15 = Entonces el SEÑOR dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?  Y El le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.  Ahora pues, maldito eres de la tierra, que ha abierto su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.  Cuando cultives el suelo, no te dará más su vigor; vagabundo y errante serás en la tierra.  Y Caín dijo al SEÑOR: Mi castigo es demasiado grande para soportarlo.  He aquí, me has arrojado hoy de la faz de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré vagabundo y errante en la tierra; y sucederá que cualquiera que me halle me matará.  Entonces el SEÑOR le dijo: No será así; pues cualquiera que mate a Caín, siete veces sufrirá venganza. Y puso el SEÑOR una señal sobre Caín, para que cualquiera que lo hallase no lo matara.

¿No hay un gran paralelismo entre lo que se revela aquí en este hijo de Adán y Eva entregándose a la naturaleza de la bestia y recibiendo una marca por Dios, con lo que leemos en el Apocalipsis?

Apocalipsis 14: 9 =  Entonces los siguió otro ángel, el tercero, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe una marca en su frente o en su mano,

Dios proclamó juicio sobre Caín por su pecado. La ira de Dios fue derramada porque Caín se postró a sus impulsos bestiales. Entonces Dios puso señal en él. Muchos estudiantes de la Biblia han teorizado acerca de la forma de cómo esta marca  se colocó en Caín, sin embargo, en un sentido,  sin duda apunta a la marca que dice que reciben los que adoran a la bestia. Una vez más, desde el Génesis hasta el Apocalipsis vemos un tema constante de la lucha del hombre contra la naturaleza de la bestia.

Al recibir la marca de la bestia venimos a estar bajo el marco del juicio y la ira de Dios. Trágicamente, toda la tierra pronto se llenó de hombres y mujeres que se sometieron a la naturaleza bestia. La humanidad se dio a sí mismo continuamente para tal mal que Dios derramó su ira y destruyó toda la tierra con un diluvio. Yahveh encontró sólo un hombre en la tierra, que era justo, y este fue Noé. El resto fue entregado a la misma violencia que se levantó en Caín.

Génesis 6: 13 = Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra.

La tierra en la actualidad también está llena de violencia, y por eso sabemos que el día de la ira de Dios no está lejos. Los que quieren ser libres de la  ira venidera deben poner fuera toda violencia, toda maldad, y vestirse con el Señor Jesús el Mesías. Veamos ahora en otro hombre que también tuvo problemas con su hermano y que llevaba el sello inconfundible de la bestia.

Génesis 25; 21 = Y oró Isaac al SEÑOR en favor de su mujer, porque ella era estéril; y lo escuchó el SEÑOR, y Rebeca su mujer concibió….

Génesis 25: 24-26 = Y cuando se cumplieron los días de dar a luz, he aquí, había mellizos en su seno. Salió el primero rojizo, todo velludo como una pelliza, y lo llamaron Esaú. Y después salió su hermano, con su mano asida al talón de Esaú, y lo llamaron Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando ella los dio a luz.

Esaú debe haber sido un espectáculo increíble para la vista. Casi todos los bebés salen con la piel muy suave, carente de toda abundancia de cabello. Sin embargo, de Esaú se nos dice que todo su cuerpo estaba cubierto como de vestidura peluda. Tenemos una descripción adicional de la vellosidad de Esaú en la Escritura. Cuando Jacob se sintió alentado por su madre para engañar a Isaac y así recibir la bendición del primogénito, Jacob sabía que, a pesar de que su padre estaba casi ciego, podría sentir  su piel y ser capaz de decir que no era Esaú.

Génesis 27: 11-16 = Y Jacob dijo a su madre Rebeca: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velludo y yo soy lampiño. Quizá mi padre me palpe, y entonces seré para él un engañador y traeré sobre mí una maldición y no una bendición. Pero su madre le respondió: Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío; solamente obedéceme, y ve y tráemelos. Y él fue, los tomó y los trajo a su madre; y su madre hizo un buen guisado, como a su padre le gustaba. Entonces Rebeca tomó las mejores vestiduras de Esaú, su hijo mayor, que tenía ella en la casa, y vistió a Jacob, su hijo menor; le puso las pieles de los cabritos sobre las manos y sobre la parte lampiña del cuello,

El cabello de Esaú era tan espeso que era similar al pelo de un cabrito. Incluso en sus manos y en su cuello estaba cubierto de pelo grueso y basto. Parece que hay un simbolismo aquí, porque en los evangelios leemos que Jesús compara al justo y el malo, y Él representa a los malvados como cabras. Las cabras son ciertamente criaturas muy bestiales. No hay nada que apeste tanto como un macho cabrío, y también son conocidas por su gran apetito sexual, de ahí la expresión «Randy como un macho cabrío.»

 A lo largo de la historia el hombre ha asociado cabras con apetitos excesivos de naturaleza baja, y se sabe que comen prácticamente cualquier cosa sin discriminación. Por lo tanto, vemos al dios Pan, mitad hombre mitad cabra, siendo atendido por las mujeres sensuales y una gran cantidad de vino. Además de confirmar este mismo tipo de espíritu que está presente en Esaú, leemos de sus esposas y cómo eran desagradables a sus padres.

Génesis 26: 34-35 = Cuando Esaú tenía cuarenta años, se casó con Judit, hija de Beeri hitita, y con Basemat, hija de Elón hitita; y ellas hicieron la vida insoportable para Isaac y Rebeca.

Así desagradable eran estas esposas de Esaú que Rebeca habló lo siguiente: Génesis 27: 46 =  Y Rebeca dijo a Isaac: Estoy cansada de vivir a causa de las hijas de Het; si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué me servirá la vida?

Es evidente que Esaú no eligió a sus esposas sabiamente. No miró su carácter, pero debe haberlas elegido por su belleza exterior. En un caso tras otro Esaú demostró que era un esclavo de sus apetitos naturales. En ninguna parte es la esclavitud de la carne más aparente que cuando vendió su primogenitura por un plato de estofado. Este fue un acto tan bajo y detestable que Esaú es utilizado por los apóstoles como un ejemplo de alguien que encarna todo lo que es el mal.

Hebreos 12: 15-16 = Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados; de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida.

Esta foto de la vida de Esaú es todos los de la raza humana que viven para el placer temporal mientras desprecian las verdaderas riquezas de Dios. Esaú representa hombres y mujeres cuyos ojos están en las cosas de la tierra, y cuyo dios es el vientre. Curiosamente, Esaú incluso lo describen como olor de la tierra. De la misma manera, los que piensan en lo terrenal, y que viven para disfrutar de los placeres de la tierra, toman sobre sí el olor del mundo que aman tanto. Los santos de Dios somos amonestados a tener un enfoque muy diferente.

1 Juan 2: 15-17 = No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Tanto Caín y Esaú respondieron con odio asesino cuando observaron a sus hermanos obtener el favor y  bendición, mientras que ellos no. Esaú juró matar a Jacob después de que su padre había muerto. Sin embargo, el favor de Dios, la bendición y la primogenitura, no se puede obtener a través de este tipo de acciones bestiales. Sólo por someter y gobernar sobre la naturaleza de la bestia puede el hombre encontrar el favor de Dios y recibir la primogenitura y la bendición que pertenecen a los hijos de Dios. Los que viven como hijos del diablo recibirán ira y el juicio junto con él.

Veamos ahora a un hombre que definitivamente  fue claramente en las Escrituras como un tipo de los que tienen corazón de bestia. Este es el gran rey Nabucodonosor, que reinó sobre el Imperio Babilónico desde 604 A.C hasta 561 A.C. Se habla de él en las Escrituras más que cualquier otro rey pagano, y reinó sobre el imperio cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de confusión, mezcla y las obras del hombre.  En el libro de Apocalipsis encontramos que de Babilonia se habla como la representación de todo lo que es malo, bestial y mundano, y la voz de Dios está pidiendo a gritos a su pueblo a salir de Babilonia para que no participen de sus pecados y participan de sus plagas.

La antigua Babilonia se caracteriza por su esplendor. Ella se encuentra en lo que hoy es Irak, y hubo una vez un mar interior que estuvo cerca de su ubicación, pero ahora todo es desierto estéril. Una de las siete maravillas del mundo antiguo era los jardines colgantes de Babilonia. Babilonia era un lugar muy rico y lujoso, lleno de toda la riqueza y esplendor del mundo. Durante este imperio el rey Nabucodonosor gobernó durante 43 años. Fue este mismo rey que puso sitio a Jerusalén y que quemo  la ciudad y se llevó el tesoro del Templo.

El triunfo de Babilonia sobre el pueblo de Dios es un símbolo de los muchos hombres y mujeres que han sido llamados por Dios, pero que han sido tomados cautivos por el encanto del mundo. Estos han sido eliminados de un lugar de culto a Dios para ser llevados como esclavos a un lugar lejano que se centra en el tráfico de los bienes del mundo. Algunos que se han encontrado a sí mismos como esclavos en Babilonia han llorando por la destrucción del Templo, que es un símbolo de la humanidad que fue creada para ser un templo de Dios, y han llorado sobre la esclavitud y la servidumbre del pueblo de Dios.

Sin embargo, muchos más se han acomodado en Babilonia, e incluso cuando se les ha dado la oportunidad de salir, han optado por permanecer. Babilonia es una imagen de todas las cosas que atraen al hombre natural, y no debemos sorprendernos de que su mayor gobernante era un hombre bestia. Dios le dio un sueño a Nabucodonosor, revelando que él iba a ser entregado totalmente a la naturaleza de la bestia porque no quiso honrar y glorificar a Dios, pero prefirió glorificarse el mismo. Leemos acerca de la realización de este sueño en el libro de Daniel.

Daniel 4: 29-33 = Doce meses después, paseándose por la azotea del palacio real de Babilonia, el rey reflexionó, y dijo: «¿No es ésta la gran Babilonia que yo he edificado como residencia real con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad?» Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando una voz vino del cielo: «Rey Nabucodonosor, a ti se te declara: El reino te ha sido quitado, y serás echado de entre los hombres, y tu morada estará con las bestias del campo; te darán hierba para comer como al ganado, y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a quien le place.» En aquel mismo instante se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor: fue echado de entre los hombres, comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves.

El rey Nabucodonosor manifestó uno de los atributos más pronunciados de la naturaleza de la bestia, que es el orgullo. En lugar de caminar humildemente ante Dios y reconociendo que Dios era el que le concedió soberanía y concedió majestuosidad y esplendor, el rey Nabucodonosor descaradamente atribuyó todas estas cosas a su propio poder. Hay pocos hombres o  mujeres que alguna vez han poseído la autoridad y esplendor a la medida del rey Nabucodonosor, pero incluso en cosas menores hay una gran tentación a manifestar una actitud similar. Muchos hombres se han jactado de ser «hombres hechos a sí mismos.»

Muchos líderes empresariales se han jactado de su destreza en la construcción de una empresa de éxito, o de rescatar a una empresa titubeante y hacerla rentable. Muchos artesanos se jactan de su habilidad en la elaboración de alguna obra maestra, de escribir un best seller, o la autoría de alguna obra que es un éxito de crítica. Un actor puede estar orgulloso de sus logros en el escenario o en el cine.

En cada lugar de la vida los que alcanzan cierto grado de éxito se ven tentados a acreditarse a sí mismos. Los santos pueden admitir el error de tal orgullo, pero incluso en la iglesia esta jactancia u orgullo está presente. Iglesias compiten entre sí para construir los santuarios más grandes o más ornamentados. Se esfuerzan por demostrar la mayor parte del crecimiento, ya que cuentan con mucho dinero.

Algunos se jactan de tener la iglesia más antigua de la zona, o tener los más ilustres ministros predicando en sus púlpitos. Otros buscan al principio de su edificio el más alto campanario en la ciudad. Los ministros y asistentes luego caminan alrededor y se jactan de lo que han construido a través de su propio poder y fuerza. No es de extrañar que muchos de los que alguna vez han destacado como ejemplos orgullosos de logro espiritual de repente se han venido abajo por alguna lujuria desenfrenada por el sexo o el dinero? Dios todavía humilla a los soberbios, y se determinó que todos los hombres caminen en humildad y mansedumbre ante Él.

En cada uno de los tres hombres que hemos visto  hemos visto una manifestación diferente de la naturaleza de la bestia que llego a ser la ocasión para su caída. En Caín era su envidia y los celos. En Esaú fueron sus apetitos desenfrenados. En Nabucodonosor era su orgullo. En cada caso que la carne se levantó,  causo que Dios los trajera hasta lo bajo. No es casualidad que vemos a Nabucodonosor en el techo de su palacio cuando habla tales pensamientos orgullosos. Esaú y sus descendientes también se establecieron en lugares altos, incluso en el monte de Seir, que  en algunos lugares es llamado «el monte de Esaú».

La naturaleza de la bestia se agacha dentro de cada hombre a la espera de una oportunidad para levantarse y tomar el control. Sin embargo, aquellos que permiten que lo haga serán humillados, y aun como este rey poderoso una vez empezó a ir a cuatro patas y comer pasto como el ganado. Dios es capaz de hacer que los hombres sean reyes, sin embargo, cuando no se someten a Él o caminan humildemente delante de Él, Él les dará y los convertirá al corazón de la bestia.

Cuando miramos a la sociedad que nos rodea, vemos muchos hombres que han sido entregados  al corazón de la bestia. Cuando capturamos un animal salvaje a menudo los colocamos en una jaula para evitar que hiera a la gente. Así mismo los hombres ponen a esos hombres y mujeres que actúan bestialmente en celdas con barrotes de hierro. Las cárceles del mundo están llenas de violadores, asesinos, ladrones, malversadores, ladrones, secuestradores, pedófilos, mentirosos y todo tipo de hombres y mujeres violentas, sensuales y codiciosas.

Sin embargo, el simple hecho que fuera de estas prisiones viva mucha gente, no es ninguna prueba de que los hombres y las mujeres están sometiendo y gobernando a la bestia dentro de ellos. Quizás en Nabucodonosor más que cualquier otro hombre  vemos el fin de aquellos que no logran dominar y gobernar sobre las bestias dentro de ellos. Dios ha revelado a través de él una imagen increíble de un hombre que va de gloria real a la depravación bestial. Incluso el más alto puede ser llevado abajo, y todos los que no se humillan ante Dios serán humillados.

Como llamados de Dios, todos debemos reconocer que dentro de nosotros están las semillas de nuestra propia destrucción. Es por la gracia de Dios que no estamos vencidos por los apetitos furiosos de la carne caída y el pecado que habita en nuestros miembros. Que nadie piense más alto de sí que lo que debe, pues todos estamos propensos a la tentación, y tenemos nosotros la necesidad de ejercer dominio sobre nuestras pasiones carnales. Animémonos mutuamente en estas cosas. No condenemos a otros por sus fracasos, sino más bien busquémonos para restaurarnos a la imagen de Dios. 

Gálatas 6: 1-4 = Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales (que son sensibles y controlados por el Espiritu ), restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo (El mesías). Porque si alguno se cree que es algo (demasiado importante para condescender a asumir la carga de otro), no siendo nada, (no siendo superior sino solo en su propia estima) se engaña a sí mismo. Pero que cada uno examine su propia obra, y entonces tendrá motivo para gloriarse solamente con respecto a sí mismo (por si solo), y no con respecto a otro. (Ó sea sin recurrir a otro).

La naturaleza de Dios es humilde y busca el bienestar de los demás. Observa cómo Cristo dejó su lugar de honor, la gloria y condescendió a rescatar al hombre de su esclavitud a la naturaleza de la bestia, y lo levanta para que la lleve la imagen de Dios.  Aun así, debemos tratar de levantar a los hombres y mujeres para dirigirlos a su alta vocación en Cristo para llevar la imagen y semejanza de Dios. Si encontramos a un hermano o hermana que actúa como una bestia, recordémosle que están llamados a llevar la imagen de lo divino.

Al mismo tiempo, debemos ser más exigentes y perspicaces  que los que voluntariamente se dan a la sensualidad, rechazando reconocer el carácter libertino de su comportamiento. Nuestro Señor advirtió a sus discípulos que no echan sus perlas de la verdad delante de los cerdos, ya que solo se darían la vuelta y los desgarrarían. Una vez que el Señor ha abierto nuestros ojos para ver la gran lucha entre la naturaleza bestia y la naturaleza divina, es asombroso aprender de los símbolos de este conflicto que están presentes en todas las partes a través de las páginas de la Escritura.

Desde el primer capítulo de Génesis, hasta el final de Apocalipsis encontramos los tipos y las sombras de la Biblia, el mensaje es simple y claro, todo el diseño de Dios revelado al hombre para que el hombre sea llevado a su imagen, y por otro lado el plan del adversario para que el hombre lleve su impronta a su propia semejanza. Estos tres hombres, Caín, Esaú y Nabucodonosor, destacan como ilustraciones del peligro que amenaza a todos los que no recurran a la gran gracia que está disponible a través de Jesús el Mesías. La distancia entre la imagen de Dios y la de la bestia es grande, y grande ha sido la caída de la humanidad. Sin embargo, Dios, en su misericordia, quiere levantarnos a las alturas hasta ahora desconocidas. Él quiere que todos los hombres sean partícipes de su propia naturaleza divina.

Como tú has leído este trabajo con el enfoque sobre el mandato de Dios para los hombres y mujeres de someter y gobernar sobre la naturaleza de la bestia, tú puedes haber considerado tu propia vida y las luchas que has conocido dentro de tu propio cuerpo como la lucha de la carne y el espíritu, y ve como han luchado uno contra el otro. La mayoría de la gente, incluido yo mismo, hemos tenido ciertas áreas en las cuales hemos luchado por años. Para una persona podría ser una independencia en el gasto de su dinero. Para otra, puede ser un problema con la lujuria. Sin embargo, otro puede luchar con la ira, y otro con un espíritu crítico. Tal vez tú has tenido problemas con tendencia a los chismes, o una actitud de rebeldía, o de celos, la codicia o la envidia.

En mi propia vida he visto la victoria en una serie de áreas, pero todavía hay algunas fortalezas para ser derribadas. Como has leído este trabajo, tal vez has pensado en algún área de tu vida en la cual has experimentado convicción una y otra vez, y has deseado la victoria, pero te has encontrado de nuevo volviendo a Dios varias veces para confesar tu transgresión y para pedir su perdón una vez más. Puedes incluso haber llegado a dudar de que la victoria sea una meta alcanzable, mientras que todavía estés vestido de esta carne pecaminosa.

Quiero animarte diciendo que la victoria completa es alcanzable. Todo impulso carnal puede ser conquistado, cada fortaleza puede ser derribada, y se puede alcanzar la conformidad a la imagen de Dios en tu vida. Aunque no puedes ver algún ejemplo de hombres o mujeres que hoy han llegado a este lugar de conformidad a la imagen de Dios, esta vida crucificada de entrega total a la voluntad de Dios, y aunque la mayoría de los ministros puede decirte que tal esperanza es un sueño vano, sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.

Dios ha dicho que Él tendrá a hombres y mujeres a Su imagen, y Él va a lograr lo que se propuso hacer. Él terminará la obra que ha comenzado. Dios nunca pide a los hombres o las mujeres que hagan lo que es imposible. Cuando Él ordena obediencia Él dará la gracia suficiente para obedecer. Puesto que Dios ha mandado a los hombres y mujeres que sometan y gobiernen sobre las bestias, debemos convenir en que es posible obedecer a Dios.

 A través de Su Hijo, el Señor ha hecho un camino para todos los hombres y mujeres para alcanzar el supremo llamamiento de Dios. Lo que el hombre pecador no podía hacer debido a la debilidad de la carne, Dios envió a su Hijo para condenar el pecado en la carne.  Las Escrituras declaran que el poder del pecado se ha roto y los que han sido bautizados en Cristo Jesús han sido liberados del pecado. Los santos son ahora capaces de presentar sus miembros como esclavos a la justicia. Aquel a quien el Hijo ha puesto en libertad es de verdad hecho libre,

Satanás trabaja para mantener a los cristianos en la esclavitud a través del poder del engaño. Muchos han sido engañados con respecto a la voluntad de Dios para gobernar sobre la naturaleza adámica. No disciernen que la cruz de Cristo cambió las cosas de una manera muy fundamental. Pueden creer que ahora tienen el perdón de sus pecados, mientras no creer que tienen poder sobre el pecado. Las Escrituras testifican que los santos tienen ambas cosas.

Romanos 6: 5-7 = Porque si hemos sido unidos a El en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección, sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con El , para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado.

1Pedro 2: 24 = y El mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por sus heridas fuisteis sanados.

Romanos 6: 2 = ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

Romanos 6: 11-12 = Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias;

Romanos 6: 14  = Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.

Romanos 6: 22 = Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como resultado la vida eterna.

Colosenses 3: 3 = Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

1 Juan 3: 9-10 =  Ninguno que es nacido (engendrado) de Dios (deliberadamente, a sabiendas, y habitualmente) practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él (El principio de la vida, el esperma divino, permanece de forma permanente en su interior); y no puede pecar, porque es nacido (engendrado) de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia (que no se conforma a la voluntad de Dios en su propósito, pensamiento y acción), no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.

Con muchas palabras similares las Escrituras declaran que aquellos que han nacido de nuevo del Espíritu de Dios, y han sido unidos con Cristo en su muerte y resurrección, han sido liberados de la esclavitud del pecado. Ahora son capaces de ejercer dominio sobre la naturaleza bestia. El libro de Apocalipsis testifica que habrá una compañía de vencedores que han alcanzado la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre. Tenemos que creer que esa victoria no sólo es posible, sino que es lo que Dios espera y demanda de Sus hijos. Si sus hijos son obedientes caminarán en esta victoria. Sólo los hijos de desobediencia fallarán para crucificar la carne y no lograran alcanzar la conformidad a la imagen de Cristo. 

No debemos pensar, sin embargo, que esta victoria es entregada a los santos en bandeja de plata. Cristo es la victoria del creyente, pero los santos lo deben seguir dondequiera que los conduce. Hay batallas que pelear, fortalezas que derribar, gigantes para matar, y  bestias salvajes que se someter. Considera las sombras que Dios ha provisto para los santos a través de los israelitas de la antigüedad que fueron dirigidos por Josué (un tipo de Jesús el Mesías) mientras iban a poseer la tierra de la promesa.

Dios les dijo que iba a darles pozos que no cavaron, viñedos que no sembraron, y casas que no construyeron. Se comprometió a llevarlos a una tierra que mana leche y miel. Él habló palabras de consuelo y seguridad para ellos, haciéndoles saber que si ellos lo seguían plenamente que ningún enemigo nunca podría hacerles frente.

Deuteronomio 11: 22-25 =  Porque si guardáis cuidadosamente todo este mandamiento que os ordeno para cumplirlo, amando al SEÑOR vuestro Dios, andando en todos sus caminos y allegándoos a El,  entonces el SEÑOR expulsará de delante de vosotros a todas estas naciones, y vosotros desposeeréis a naciones más grandes y más poderosas que vosotros. Todo lugar donde pise la planta de vuestro pie será vuestro; vuestras fronteras serán desde el desierto hasta el Líbano, y desde el río, el río Eufrates, hasta el mar occidental. Nadie os podrá hacer frente; el SEÑOR vuestro Dios infundirá, como El os ha dicho, espanto y temor de vosotros en toda la tierra que pise vuestro pie.

Dios no nos ha dado la historia de Israel y de sus batallas para que podamos ser entretenidos con historias de los pueblos y naciones de hace mucho tiempo. Las dio a nosotros para nuestra instrucción. Estas cosas son un símbolo de las batallas espirituales que los hijos de Dios encaran hoy. Nos debería consolar  saber que Dios ha dicho que ningún enemigo podrá estar delante de los que aman a Dios y guardan sus mandamientos.

Deberíamos envalentonarnos por la promesa de que cada lugar que toque la planta de nuestros pies la dará a nosotros. Cristo, nuestro capitán, no nos ha librado de algunos de nuestros enemigos, sino de todos nuestros enemigos. Él no nos libera de la ira mientras nos deja esclavizados a la lujuria. No nos sacó de la esclavitud de orgullo mientras nos deja esclavizados a la avaricia. Conquistó todo enemigo, y, si lo seguimos, él nos llevará a la victoria sobre todas las cosas a las que nos hemos estado uniendo.

Josué guio a los hijos hacia la tierra prometida, y comenzaron así, la destrucción de Jericó, y luego Hai, y luego muchos otros bastiones y fortalezas mientras desposeían a los habitantes de la tierra. Sin embargo, no hicieron un trabajo completo de eliminar a todos los enemigos de la tierra. Muchas veces he escuchado testimonios donde las personas han dado testimonio de Dios milagrosamente librarlos de alguna adicción o asedio del pecado, cuando llegaron por primera vez a Cristo. Y Algunos han sido liberados de inmediato de un hábito de beber que persistió durante muchos años. Algunos fueron liberados de las drogas, o de cigarrillos, o de la pornografía.

Muchos ni siquiera oraron por la liberación. Ellos simplemente creyeron en Cristo, confesando la fe en Él, y fueron bautizados. Su experiencia de salvación fue asistida con una poderosa liberación. Sin embargo, nunca he oído a cualquier persona testificar que fueron puestos en libertad de todas las cosas de esta manera. Dios puede conducir a algunos enemigos fuera de la tierra sin nosotros levantar un dedo, como también hizo con los israelitas, pero Él no va a desposeer a todos ellos de la misma manera.

Josué 24: 12 = «Entonces envié delante de vosotros avispas que expulsaron a los dos reyes de los amorreos de delante de vosotros, pero no fue por vuestra espada ni por vuestro arco.

Dios nos librará de algunos enemigos en nuestra carne, de tal manera milagrosa, y sobre otros,  nos da una rápida victoria mientras nosotros lo seguimos. Sin embargo, algunos enemigos son menos fácilmente vencidos. Dios tiene una razón para esto, y reveló su mente a los israelitas: 

Jueces 3: 1-4 = Y estas son las naciones que el SEÑOR dejó para probar con ellas a Israel, es decir, a los que no habían experimentado ninguna de las guerras de Canaán (esto fue sólo para que las generaciones de los hijos de Israel conocieran la guerra, aquellos que antes no la habían experimentado): los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios y los heveos que habitaban en el monte Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta Lebo-hamat. Y eran para probar a Israel, para ver si obedecían los mandamientos que el SEÑOR había ordenado a sus padres por medio de Moisés.

Dios quiere que sus hijos sean librados de toda esclavitud de la carne. Él quiere que ellos gobiernan sobre todas las bestias de la tierra. La razón por la que Él no disipa todos los enemigos de la tierra en el momento que los santos nacen de nuevo en Cristo es para que Él pueda probarlos para ver si ellos le obedecerán. Él pone a prueba el amor de todos los cristianos de esta manera, porque Cristo dijo: Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Tenemos que aprender la guerra con el fin de que podamos demostrar nuestro amor por Cristo.

Si comprendemos este propósito de Dios,  nos llevará a ver nuestra tentación de pecado con una nueva luz. No vamos a la ligera a pecar si entendemos que la desobediencia es la evidencia de la falta de amor por Cristo. El apóstol Juan escribió lo siguiente:

1 Juan 5: 3 = Porque este es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos.

1 Juan 4: 18 = En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho perfecto en el amor.

Es el desobediente quien es castigado. Por lo tanto, Juan dice que aquellos que son perfectos en el amor no tienen miedo, para ser perfecto en el amor debemos ser perfectos en obediencia. La obediencia no debe temer ningún castigo. Comencemos a pensar en la obediencia a Dios en términos de amarlo. Si lo amamos vamos a crucificar la carne. Si lo amamos vamos a someter y gobernar sobre la naturaleza bestia. El Señor nos permite ser probados por la presencia del pecado en nuestra carne para que podamos demostrar nuestro amor por Él.

La manifestación más alta de la naturaleza divina es el amor. Si lo amamos y nos amamos unos a otros entonces hemos llegado a ser como Dios. Llevamos su imagen y su semejanza cuando caminamos en el amor. Si decimos que no somos capaces de caminar obediente en todas las cosas delante de Dios, en realidad estamos diciendo que no somos capaces de caminar en el amor perfecto. Sin embargo, Dios nos ha dado la gracia suficiente para caminar en el amor todo el tiempo. Nunca necesitamos elegir caminar aparte del amor.

La marca de los vencedores es el amor, mientras que la marca de la naturaleza de la bestia es el egoísmo. Aquellos que alcanzan la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre son los que aman a Dios. Los que reciben la marca de la bestia son los que aman a sí mismo. ¿Qué marca vas a recibir tú?

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4 – Los Vencedores

El libro de Apocalipsis contiene muchos contrastes. Es mucho lo que está oscuro y trágico, pero también hay una gran luz y  victoria. Mientras que un grupo de hombres son juzgados por Dios por recibir la marca de la bestia, otro grupo es recompensado por el logro de la victoria sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre. El libro de Apocalipsis habla de los santos que son vencidos por la bestia, así como aquellos que son vencedores de la bestia, siendo marcados en la frente con el nombre del Padre y del Hijo. Me imagino que todos los que lean este libro aspiran a ser contados entre los vencedores. Grandes promesas se hablan a los vencedores. Estas promesas no pertenecen a todos los que nombran el nombre de Cristo. Muchos santos no han alcanzado estas cosas, y grandes números en esta hora están en peligro de perder las cosas que son imposibles de valorar. A los vencedores se promete lo siguiente:

Apocalipsis 2: 7 = El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios. (Verso 11)  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda. (Verso 17)  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe.

Apocalipsis 2: 26-28 = Y al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, LE DARE AUTORIDAD SOBRE LAS NACIONES; Y LAS REGIRA CON VARA DE HIERRO, COMO LOS VASOS DEL ALFARERO SON HECHOS PEDAZOS, como yo también he recibido autoridad de mi Padre;  (28)  y le daré el lucero de la mañana.

Apocalipsis 3: 5  = Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles. (Versos 12-13) Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.   ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

(Versos 21-22) Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono.  (22)  ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Apocalipsis 21: 1-7  = Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió*: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas. También me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.

Un gran engaño ha caído sobre la iglesia, porque un gran número de santos han recibido la mentira de que todo lo que se requiere para heredar todas las cosas que figuran como la herencia de los vencedores es que mantengan su confesión de Jesús el Mesías. Sin embargo, las Escrituras revelan que creer en Cristo, y confesarlo como Salvador y Señor, no es suficiente para recibir estas promesas. También se debe conformar a Cristo, ser sellados en sus frentes con los nombres del Padre y del Hijo.

Uno debe triunfar sobre la bestia, su imagen y el número de su nombre. El cristiano profesante debe manifestar el fruto de una vida transformada por apartarse del pecado y exhibir la justicia. Jesús era muy sencillo en revelar el hecho de que no era suficiente ser simplemente un confesor de Cristo, u ofrecer incluso hasta muchas buenas obras a Dios. Sólo hay una cosa que satisface la justicia de Dios, que es conocer Su voluntad y hacerla.

Mateo 7: 21-23 = No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» Y entonces les declararé: «Jamás os conocí; APARTAOS DE MI, LOS QUE PRACTICAIS LA INIQUIDAD.»

Estas palabras de Cristo revelan que la mera confesión está muy lejos de la voluntad de Dios para los santos. Incluso haciendo obras buenas y milagrosas se quedan cortos, porque todavía se puede ser auto-dirigido en hacer tales cosas. Sólo  entrará en el Reino de los cielos, el que hace la voluntad del Padre.  ¿Y cuál es su voluntad? Que la humanidad debe asumir su imagen y su semejanza, someter y gobernar a las bestias. Este fue el primer mandamiento de Dios al hombre, y su voluntad en este asunto no ha cambiado.

El santo tiene que llegar a una perfecta resignación a la voluntad de Dios en cada área de su vida. Él debe perder la vida del alma para ganar la vida divina. Hay mucho lenguaje simbólico utilizado en Apocalipsis que habla de los vencedores. La mayoría de los maestros de la profecía se han centrado solamente en lo físico, o carnal, en el sentido de las palabras, y se han quedado cortos en mirar la comprensión espiritual que es lo más importante. A continuación se presenta un tal pasaje que se refiere a los vencedores en Cristo.

Apocalipsis 12: 11 = Ellos lo vencieron (al diablo) por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte.

Muchos maestros de profecía hoy entienden este versículo como una  evidencia más de que un gran martirio se llevará a cabo en los últimos días, y que muchos cristianos serán asesinados por su fe. Sin embargo, no todos los vencedores mueren como mártires. El apóstol Juan quien escribió estas palabras no murió como mártir, pero sin duda se encuentran entre los vencedores. Hay algo más que una muerte natural en lo que se habla aquí, y Jesús  reveló a sus discípulos lo que es.

Mateo 1038-39 = Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.  El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallará.

La pérdida de la vida de uno está claramente vinculado aquí para tomar la cruz. Tomar la cruz no está hablando de los forasteros que matan a los santos, sino que habla de los santos que ponen a la muerte su propia carne con todos sus deseos carnales. No todos los creyentes tienen, o tendrán, de frente la persecución desde afuera a tal grado en que sean asesinados por su testimonio, sin embargo, todos los santos son llamados a tomar la cruz y poner la carne a la muerte.

Gálatas 5: 24 = Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Acaso no está claro que cuando el Espíritu revela a Juan una imagen de un gran ramera que monta sobre una bestia, esta ramera no ha crucificado la carne? Es por esto que Juan escribió que la bestia finalmente gira sobre ella y la consume con fuego y come su carne.  La muerte que todos los vencedores deben morir no es el martirio físico, sino una muerte diaria a los deseos de la carne y la obstinación del alma del hombre. Jesús aporta una mayor comprensión de este asunto con las siguientes palabras:

Mateo 16: 24-28 =  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma? Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y ENTONCES RECOMPENSARA A CADA UNO SEGUN SU CONDUCTA. En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.

Me gustaría señalar un gran engaño que se ha producido en esta hora, porque yo nunca he oído una sola enseñanza de algún predicador o maestro de la profecía decir lo que voy a compartir a continuación: Ha habido muchas discusiones sobre lo que significa la última frase aquí. ¿Qué intención tenia Cristo cuando dijo: hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino? He oído muchas teorías, y todos ellos hablan de esto como una declaración positiva de que algunos no experimentarían una muerte natural antes de que vieran a Cristo revelado en gloria. Algunos han sugerido que esto se cumplió cuando Cristo se transfiguró en el monte, en presencia de Pedro, Santiago y Juan.

Permítanme sugerirles a ustedes otra interpretación que está en consonancia con el contexto del pasaje. Jesús había declarado que todos los que buscan salvar su vida natural, carnal y anímica la perderían, y sólo aquellos que murieran a su vida natural por tomar la cruz encontrarían la verdadera vida, la vida divina de Dios. Luego dice que algunos de aquellos a los que Él está hablando no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su Reino. ¿De qué  muerte Él ha estado hablando?  ¿Ha estado hablando de la muerte física de los cuerpos de los hombres? ¡No! Él ha estado hablando de la muerte que se define como tomar la cruz. Jesús estaba declarando que entre aquellos que Él habló, algunos no gustarían esta muerte a la naturaleza del alma del hombre hasta que lo vieran venir en su Reino.

Estas no son palabras positivas las que está hablando. Son palabras de gran dolor y calamidad. Cristo estaba declarando que muchos hombres esperarían demasiado tiempo para experimentar la muerte a la que fueron llamados a abrazar.  Una muerte a la vida natural de Adán. Algunos no gustarían la muerte hasta que vieran al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Es por esto que leemos una respuesta tan grave de la humanidad cuando se produce la señal de la venida de Cristo.

Mateo 24: 30-31 =  Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y entonces todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al HIJO DEL HOMBRE QUE VIENE SOBRE LAS NUBES DEL CIELO con poder y gran gloria. Y El enviará a sus ángeles con UNA GRAN TROMPETA y REUNIRAN a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.

¿Sabes quién se afligirá más? Serán aquellos que han sido confesores de Cristo, pero que han evitado la obra de la cruz en sus vidas. Estos se han evitado degustar  la muerte de su naturaleza caída, hasta que sea demasiado tarde. No serán contados entre los elegidos, los vencedores, y tendrán sus nombres borrados del libro de la vida del Cordero.  El libro del Cordero de la vida  ha registrado en él los nombres de todos aquellos que han abrazado la obra de la cruz, y que han permitido a Dios llevarlos a una conformidad a Cristo en esta vida, para que no tengan que experimentar la purga del Lago de fuego. Hermanos, escuchen las palabras de la Escritura: 

Salmo 69: 28 = Sean borrados del libro de la vida, y no sean inscritos con los justos.

Apocalipsis 3: 4-5 =  Pero tienes unos pocos en Sardis que no han manchado sus vestiduras, y andarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos. Así el vencedor será vestido de vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida, y reconoceré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles.

Apocalipsis 20: 15 =  Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.

Apocalipsis 2: 10-11 =  No temas lo que estás por sufrir. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.  El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda.

Todos aquellos que son llamados  hijos de Dios tienen sus nombres escritos en el libro de la vida del Cordero. Sin embargo, muchos son llamados, y pocos escogidos. Muchos tendrán sus nombres borrados del libro de la vida, ya que se han negado a aceptar la cruz del discípulo y crucificar su carne con sus pasiones y deseos. Han mantenido el control sobre sus vidas y han vivido de acuerdo con su propia dirección y la iniciativa.

Ellos han buscado las cosas que perecerán en lugar de las que son eternas. Se invita a todos los cristianos a presentar sus cuerpos como sacrificio vivo sobre el altar de Dios ahora en esta era que su carne puede ser consumida y para que salga como el oro que ha sido probado en el fuego. Sin embargo, un gran número de santos han protegido su carne y han vivido para cumplir el deseo de sus almas. Ellos han amado sus vidas y van a perderla. Sólo aquellos que han odiado sus vidas la salvaran.

¿Puedes ver el lenguaje sencillo que Cristo está empleando? Él no está hablando acerca de una muerte física al cuerpo, sino un sometimiento y gobierno sobre todo lo que es de la carne y de la naturaleza bestia. Algunos santos esperan demasiado tiempo para someter y gobernar sobre lo que Dios les mandó. Cuando vean a Cristo que aparece será demasiado tarde. Algunos no gustarán la muerte hasta que aparezca Cristo, y la muerte que luego probarán será la segunda muerte que está reservado para todos aquellos que han evitado el trabajo de la cruz.

Para una explicación más detallada de la finalidad del Lago de Fuego, y el entendimiento de que muchos santos han de compartir un lugar con los incrédulos allí, ver el libro «Plan de las Edades de Dios.» El lago de fuego no es para la eternidad como la iglesia enseña hoy, pero esta «segunda muerte» debe llegar a su fin, porque el último enemigo que será destruido es la muerte. El lago de fuego pasará cuando se cumpla su propósito.]

Volvamos ahora a lo que está escrito de los vencedores. Juan registra que «menospreciaron sus vidas hasta la muerte.» ¿No es claro ahora que él no está hablando del martirio físico, sino de la obra de la cruz en su vida? Los vencedores son vencedores porque han alcanzado la victoria sobre su propio cuerpo y la naturaleza animal que reside en la carne. Que Juan está usando lenguaje simbólico para hablar de asuntos espirituales se revela aún más si nos fijamos en otra Escritura en relación con los vencedores.

Apocalipsis 20: 4 = También vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y se les concedió autoridad para juzgar. Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni habían recibido la marca sobre su frente ni sobre su mano; y volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años.

La palabra decapitado aquí viene de una palabra griega que no se produce en ninguna otra parte en las Escrituras. Denota que tiene la cabeza cortada con un hacha, que era un tipo bastante común de la pena capital en la época romana. Leemos en los evangelios donde Herodes decapitó a Juan Bautista de esta manera. Pero este no fue el único método empleado para los santos mártires. Muchos de los primeros santos de la época romana fueron crucificados. Algunos fueron apedreados hasta la muerte. Muchos fueron llevados a los foros y dado a las fieras como leones. Otros fueron quemados hasta la muerte como «velas romanas», y había muchas otras formas en que los santos han sufrido la muerte a manos de sus perseguidores. 

Tenemos que concluir que el Espíritu Santo no está tratando de transmitir con estas palabras que sólo los que están decapitados físicamente son contados entre los vencedores y se les entregará el honor de reinar con Cristo durante el período del Milenio del Reino de Dios. Más bien, las palabras usadas para describir esta decapitación están llenas de simbolismo y están destinados a ser entendidas en sentido figurado. En un trabajo anterior leímos que los vencedores son sellados en sus frentes con los nombres del Padre y del Hijo. Esto tipifica al que ha tenido a Cristo como su cabeza, y no son ellos su propia cabeza . Estos vencedores tienen la mente de Cristo, y ya no viven conforme a las concupiscencias y lujurias de los hombres, sino para la voluntad de Dios. En I Corintios Pablo emplea simbolismo de la cabeza que se relaciona con la autoridad y la sumisión. El escribe:

1 Corintios 11: 3 = Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios.

Si un hombre tiene a Cristo como su cabeza, entonces esto indica que un hombre no tiene cabeza propia. Deben figurativamente cortarle la cabeza a fin de tener a Cristo como su Cabeza. Un hombre debe morir a su propia voluntad, iniciativa y deseos que se encuentran en su cabeza, y él debe tomar la cabeza de Cristo como la suya. El hombre debe vivir por la voluntad de Cristo, no sólo llamarlo a Él Señor, pero vivir como si Él no fuera el Señor. Él debe tomar los deseos de Cristo como propios, sometiendo su cuerpo y manteniéndolo en sujeción cuando encuentre deseos que surgen que son contrarios a la voluntad de Cristo.

Ningún hombre puede tomar a Cristo como Cabeza y mantener su propia cabeza al mismo tiempo. Dios no desea monstruos de dos cabezas. Así que todos los que son vencedores deben perder sus propias cabezas. Este es el entendimiento espiritual de las palabras de Juan en el Apocalipsis.  Él no está indicando que la guillotina se pondrá de nuevo de moda en los últimos días, lo cual es una idea que muchos maestros han estado sugiriendo. Él está diciendo que los vencedores serán decapitados al recibir a Cristo como su cabeza en lugar de su propia cabeza. Estarán perfectamente resignados a la voluntad de Dios en sus vidas, no perseguirán su propia agenda y objetivos, pero vivirán para hacer la voluntad de Dios.

Muchas tonterías se enseñan como verdad en este día. Satanás está derramando un torrente de engaño para barrer a todos santos. Los libros muy populares de la serie «Dejados Atrás» están promoviendo muchas interpretaciones erróneas de las palabras de Daniel y Juan. Trágicamente, ellos están animando a muchos santos a centrarse en una batalla que vendrá de fuera de sus cuerpos, cuando la verdadera batalla se encuentra dentro. Los vencedores no lograran la victoria mediante la formación de algún grupo de oposición política para soportar a un gobernante malvado en el mundo, ni mediante el empleo de medios carnales para resistir su dominación. Tales especulaciones son peor que la locura, son mentiras condenables y engañosas, porque llevan a los santos lejos de la mente de Dios, y los vacunan contra la verdad. Los vencedores en Cristo alcanzarán victoria por medio de abrazar la cruz de Cristo. La sangre del Cordero, la palabra del testimonio de ellos, y no amando sus vidas carnales y anímicas les traerá la victoria. ¡El que tenga oídos para oír oiga lo que el Espíritu está hablando!

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Espíritu Libre, Fe Domesticada

El tema del cual voy a hablar hoy, no exagero nada si te digo que es el más importante del mundo. Y tampoco exagero negativamente, si te añado que la iglesia convencional ha hablado muy poco de esto. Y el tema del cual vengo hablando hace mucho tiempo y hoy quiero ampliarme, es el único tema del cual predicó Jesús. Un tema del cual, si bien vengo enseñando de todas las maneras posibles y factibles, debo reconocer que todavía es mucha la gente creyente que no lo ha terminado de entender.

Aunque a muchos les suene repetitivo, estoy bajo obligación de hablar de esto. Y me pone muy feliz que entre todos los que tienen por costumbre o hábito escucharme, haya muchos apóstoles y pastores. Porque el mensaje, siempre es y será más importante que el título. Si hubiera que darle un título convencional, esto debería llamarse “Volviendo a Descubrir el Reino”. Y si no me escuchaste nunca hablar de esto, toma apuntes, porque cuando se oye algo por primera vez, apenas se logra memorizar no más e un treinta o treinta y cinco por ciento.

De paso te digo que, científicamente, está probado que, si tomas nota de lo que oyes, vas a recordarlo en un porcentaje promedio del sesenta o setenta por ciento. También se ha comprobado que, si tú oyes algo siete veces, vas a recordar de eso un noventa y ocho por ciento. Por eso es mi deber, guiado por el Espíritu Santo, de seguir hablando de esto todas las veces que sean necesarias para que tú lo entiendas. Que es nada menos que entender el mensaje original y el propósito de Jesucristo.

Y te dije que esto es volver a descubrir el Reino. ¿Y por qué uso la terminología de “volver” a descubrir el Reino? Porque el Reino ha sido perdido. Es el mensaje más antiguo en la historia. Es el primer mensaje de Dios. Fue presentado en el primer capítulo del primer libro de la Biblia. El Reino. ¡Pero se perdió! Y por los últimos mil novecientos años, la iglesia ha perdido el mensaje del Reino. Y como perdimos el mensaje del Reino, h emos inventado nuestro propio evangelio.

Quiero comenzar hablando de la religión, por un momento. Del poder de la religión. La fuente de conflicto más grande de toda la historia, es la religión. Más guerras han sido peleadas por causa de la religión que por otra cosa. Millones de personas han sido muertas en el nombre de Jesús. La historia de la religión cristiana, es una historia sangrienta. Y no estoy hablando de la sangre de Cristo. Estoy hablando de la sangre de millones de personas inocentes.

Los cuales fueron muertos por la espada y por fuego, en el nombre de Jesús. Las Cruzadas, mataron millones de personas en Europa en el nombre de Jesús. La Inquisición fue también en el nombre de Jesús. Miles fueron muertos en el nombre de Jesús. En la religión cristiana, millones de judíos han sido muertos. Y no por Hitler, sino por cristianos confirmados por los Papas, en el nombre de Jesús. Y la religión es el problema más grande hoy día.

El terrorismo en líneas generales es impulsado por la religión. El quemar iglesias en ciertos y determinados países que todos conocemos, son todos hechos motivados por la religión. Las guerras entre católicos y protestantes libradas en Europa fueron basadas en la religión. La fuente más grande de conflicto, en la historia, es la religión. ¿Y por qué es tan poderosa la religión? Porque la religión trata de sustituirse en lugar del Reino de Dios.

Esta es la razón por la que después, cuando se predica el Reino, la oposición más grande siempre va a ser la religión. Porque la religión es un sustituto para el Reino de Dios. El hombre está más dispuesto a morir por su religión que por cualquier otra cosa. La religión controla millones de personas, y ellos morirían por ella. Se pondrían bombas en los cuerpos y se explotarían. Religión. Budismo. Hinduismo, Islam, Sintoísmo, Cristianismo. ¡Esas son religiones!

Y siguen siendo la fuente más grande de conflicto en el siglo veintiuno. Jesús nunca trajo una religión a la tierra. Jesucristo no es un hombre religioso. Él nunca introdujo una religión. La religión nunca fue su idea. ¡Nosotros somos los que hemos reducido a Jesús a un líder religioso! Hemos edificado una religión alrededor de Jesucristo. Y es una tragedia, porque nos hemos reducido a ser igual que los otros. ¡Nos ponen en la misma caja que a las otras religiones!

La oposición más grande para con el mensaje y la visión de Jesús, no fueron los pecadores. ¡Jesús no tuvo oposición por parte de los pecadores! Eran sus amigos. Dice la Biblia que era amigo de pecadores, de publicanos, prostitutas, borrachos. ¡Eran sus amigos! ¡El nunca fue atacado por los pecadores! Su oposición más grande, fue la de la gente religiosa. ¿Por qué? Porque su mensaje amenazaba la seguridad de ellos. El vino a destruir la religión.

Él sabía que la religión era la atadura de la humanidad. Toda religión viene con diferentes nombres, pero es el mismo poder opresor. La fuerza más poderosa en la cultura del hombre, es la religión. La religión, quedó dicho, ha motivado más destrucción que cualquier otra fuente. ¿Qué es la religión? ¿De dónde viene? ¿Por qué está dentro de la cultura? Por siete mil años de historia ha quedado demostrado que cada región geográfica, cada cultura, cada raza, indefectiblemente ha producido una religión.

¿Por qué? Porque la religión es el intento carnal del hombre para buscar al Reino de Dios. Pero ninguna religión va a satisfacer el alma humana. Porque la religión misma es una búsqueda. Distintas en cada caso de las más conocidas, pero sin traerle paz al alma humana cualquiera de ellas. Porque el hombre busca y ese no puede ser su descubrimiento. La Biblia no se trata de religión. La Biblia se trata de tres cosas: Un Rey, un Reino y sus hijos.

La Biblia no se trata de religión. Se trata acerca de un Rey, su Reino y su familia real. La Biblia se trata de un negocio de familia. Se trata de un Rey, el cual es dueño de un negocio. Y su negocio es reinar. La Biblia se trata de un Reino colonizando la tierra. La Biblia es acerca de la restauración de una familia real. La Biblia no se trata de religión. Es acerca de un Rey, es acerca de un Reino, de una familia real. Si tú quieres saber qué perdió el hombre, estudia lo que Jesús trajo.

Si tú quieres saber qué perdió la humanidad, estudia lo que Jesús trajo a la tierra. Lo que Él trajo a la tierra, es lo que el hombre perdió. Y Jesús no trajo una religión. Así que hay una cosa que sabemos que el hombre nunca perdió. Tu problema no es la religión. Tú no necesitas religión. ¡Eso no es lo que perdiste! Jesús nunca trajo una religión a la tierra. Jesús nunca trajo rituales a la tierra. Te hablo con autoridad delegada y te digo que Jesús trajo a la tierra lo que necesitabas.

¿Y qué trajo Jesús a la tierra? ¿Cuál era su mensaje? Vamos a leer sus propias palabras. Mateo capítulo 4. Jesucristo tiene ya treinta años. Había sido probado en el desierto. ¡Sabías que un hombre no podía ser calificado a ser rabino hasta que o tuviera treinta años? Así que Él esperó para ser calificado, para ser escuchado. Eso es importante para ti. Te tienes que calificar para que otro te escuche, te acepte. No importa qué tan bueno sea tu mensaje. ¡Tienes que ser calificado para ser escuchado!

Así que tiene treinta años, pasó la prueba en el desierto, estaba lleno del Espíritu Santo sin medida, y comienza su misión terrenal. Son muchos los que saben que, para tener un negocio exitoso, lo primero que se debe hacer es identificar la misión. Él está por hacer su primera declaración pública. Él va a explicar cual es su misión. Puedes leerlo en tu Biblia. Mateo 4:17: Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Dice que comenzó a predicar. Predicar quiere decir proclamar, anunciar. ¿Qué predicaba? ¿Qué proclamaba? ¿Diosito? ¡Arrepentíos! ¡Porque el Reino de los cielos se ha acercado! Algunas traducciones dicen: Está a la mano…o Está cerca… Pero en el hebreo original, dice simplemente ¡Ha llegado! Dijo: ¡Arrepentíos! Las primeras palabras del ministerio público de Jesús. La primera palabra de su ministerio terrenal. Mira la primera palabra. ¡Arrepentíos!

La palabra arrepentíos, no quiere decir pasar al frente en una reunión religiosa. Venir y hablar de tu pasado, llorar por ello y sentirse mal. Eso no es arrepentimiento. La palabra arrepentimiento quiere decir cambio de mentalidad. Cambia la manera en la que habías sido condicionado a pensar. Lo primero que Jesús ataca en su ministerio, es tu mentalidad. Dice: ¡Cambia tu mente! ¡Cambia la manera en que te enseñaron a pensar! ¡Tu educación está equivocada!

Comienza con un insulto. Dice: todo lo que te han enseñado, en el judaísmo, en los herodianos, la filosofía griega, la filosofía romana, la filosofía pagana, todas las religiones, dice: ¡Cambia tu mentalidad! ¡Son males! ¿Por qué? ¡Porque el Reino de los cielos ha regresado a la tierra! Tus conceptos están equivocados. Tus ideas están mal. Lo primero que tienes que hacer para entender el Reino, es atacar a tus propios conceptos.

Cada uno de ustedes allí, tiene sus propios conceptos. De Dios, del cielo, de la tierra, del plan de Dios, del propósito de Dios, de la intención de Dios. Tu tienes sobre todo eso tus propias ideas. Él te dice: ¡Cámbialas! ¡Están mal! ¿Por qué? Porque el Reino de los cielos, ha llegado. Ese fue su anuncio público. Lucas capítulo 4. Mira el verso 43:  Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.

Fíjate. Jesús nunca dijo: “yo debo predicar el evangelio” El no dijo eso. Porque si Él dijera: “voy a predicar el evangelio”, podría ser cualquier cosa. Porque evangelio quiere decir buenas nuevas. Cualquier cosa cabe allí. UN día vas a tu trabajo y tu jefe te dice que han resuelto aumentarte el sueldo. ¡Esa es una buena nueva! En otras palabras, eso es evangelio. Buenas noticias. Pero Jesús nunca nos dejó en dudas respecto a cuáles eran las buenas nuevas.

Esa buenas nuevas eran el anuncio del Reino de Dios retornando a la tierra. Jesús sólo tenía una buena noticia. El Reino de Dios. El Reino. Y mira lo que dice luego. Yo debo predicar eso. Es necesario que lo haga porque para eso es que he sido enviado. Lo que después la religión invente sobre mi existencia es un problema de ellos y de los que se lo crean. Yo vine a esto, a predicar el Reino de los cielos. ¿Queda claro?

Y no sólo eso, también les dijo que debía hacer lo mismo en otros lugares. Porque para eso fue enviado. Él dijo: “debo dar este mensaje, las mejores noticias que tengo. El Reino de Dios ha llegado a la tierra”. ¡Ese es el propósito por el cual vine! Él no vio al calvario ni a la cruz como su prioridad. Era importante, pero Él fue claro por la razón que vino: devolverle al hombre el Reino de los cielos. ¡Esas son las buenas nuevas! Tú puedes tener el Reino otra vez.

¿Qué predicaba Juan el Bautista? Busca Mateo capítulo 3. ¿Algunos de ustedes creen que Juan era un bautista? Juan no era un bautista. Juan no predicaba el bautismo. Esas no eran las buenas nuevas. Ese no era el mensaje. Juan no predicó el bautismo en agua. Él sí bautizaba, pero ese no era el mensaje. Juan era el primo de Jesús. Era seis meses mayor que Jesús. Y Jesús hizo a Juan poco menos que su pastor. ¿Por qué se sometió Jesús a Juan? Porque se convirtió en un discípulo de Juan.

¿Qué es un discípulo? La palabra discípulo, no es una palabra religiosa. Porque simplemente quiere decir, estudiante. Los griegos tenían estudiantes. Platón tenía estudiantes. Sócrates tenía discípulos. Aristóteles tenía discípulos. ¡Los fariseos tenían discípulos! Los saduceos tenían discípulos. Juan tenía discípulos. Todo el mundo tenía estudiantes. ¿Qué hacía que alguien fuera un estudiante? Someterse a la filosofía del maestro. Al maestro que enseñaba.

Un discípulo es un estudiante. El cual se une a cierto maestro. Porque quería los pensamientos de este maestro. Así que en los días de los griegos y los romanos, Jesús nació. Había muchas escuelas. Una escuela era, simplemente, un maestro que enseñaba, con estudiantes. Y se llamaba, “una escuela de pensamiento”. Así que Jesús podía ser parte de los fariseos, podía unirse a los saduceos, se podía unir a los herodianos, se podía unir a los griegos, se podía unir a los filósofos romanos, pero Jesús puso sus ojos en Juan.

Y le dijo que quería su filosofía, que creía en lo que estaba trayendo. ¿Cuáles eran los pensamientos de Juan? ¿Cuál era su filosofía? ¿Cuál era su mensaje? Léelo. Mateo 3:1-2: En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Juan nunca predicó una religión. Por eso no podía ser parte de los fariseos. No podía unirse a los saduceos, no podía unirse a los herodianos, no podía unirse a los griegos ni a los romanos.

Juan vino con un mensaje que no era religioso. ¡Arrepentíos! Porque el Reino de los cielos ha regresado a la tierra. Y Jesús dijo: ¡Estos son mis pensamientos! Yo me someto a eso. Yo me voy a unir        se hombre. Y se sometió a Juan. Bautízame y hazme tu discípulo. ¡Yo soy estudiante! El Reino es lo que predicaba Juan. Mateo capítulo 5. Jesús dijo estas palabras del Reino. Siete billones de personas están en el planeta tierra ahora mismo.

Y Jesús ha analizado cada problema humano. Él ha analizado a todo humano, tenga el color de piel que tenga, la etnia que tenga y la raza de la cual sea producto. Y su conclusión ha sido que cada ser humano, ya sea de Europa, de África, de América o de Asia, sufre del mismo problema. Siete billones de personas sufren por un problema, dice. Vacío espiritual. Hay un vacío, son pobres espiritualmente. Mal nutridos espiritualmente. Siete billones de personas. Científicos, abogados, médicos, mecánicos, obreros, hombres, mujeres, todos sufren.

Sufren de pobreza espiritual, de vacío espiritual. Tienen ese vacío y tratan de llenarlo con dinero, con poder, con posición, con sexo promiscuo, con droga, con religión. Fama, gloria, entretenimiento, aún con predicar lo tratan de llenar. Pero miren lo que dice. Mateo capítulo 5, su primer sermón público, la primera declaración de su sermón, dice: ¡Bienaventurados los pobres en espíritu! Benditos son aquellos que son espiritualmente pobres.

La palabra bienaventurado, bendecido quiere decir contento. Él dice: si te das cuenta que eres pobre espiritualmente. Como político, como actor, como mecánico, como maestro, como profesor, como piloto, como doctor, como abogado, como mujer, como hombre, como estudiante. Si te das cuenta que eres pobre espiritualmente, puedes ponerte contento porque yo traje conmigo la solución. Para ustedes, los que están en bancarrota espiritual, ha llegado el Reino de los cielos.

Esa es la razón por la cual tú me estás escuchando hoy y no otro día.  Esta es la razón por la cual la religión nunca va a satisfacer. Incluyendo al cristianismo. Porque Jesús dijo: Contentos son aquellos que son pobres en espíritu. Porque a ellos les pertenece, no la religión, no la filosofía, no la política, no el poder, no los títulos, no la posición, sino el Reino de los cielos. Esa es la razón por la cual muchas personas religiosas van a casa de noche, después de una buena reunión en su iglesia, se acuestan de espaldas y apaga la luz. Miran el techo y nuevamente están solos.

Se sienten ahí, después de todo el grito, y la predicación, y los rituales, y las costumbres. Se sientan, miran el techo, solos en la noche. Y les escucho decir: ¿Es esto todo? Porque la religión nunca puede satisfacer al hombre. Porque el hombre no perdió una religión, ¡Lo que perdió fue un Reino!  Mateo capítulo 5, verso10. El mismo capítulo dice: Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Cuando tú comienzas a predicar el Reino, tú serás perseguido. ¡Por gente religiosa! Mateo capítulo 23. Allí dice que la oposición número uno para el Reino de los cielos, para el mensaje del Reino, ¡Es la gente religiosa! Vamos a leer sus propias palabras. Mateo 23:13: Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.  

La palabra “ay” en hebreo, se traduce como “maldito hasta el infierno”. ¡Eso les dice! ¡Era la palabra más fuerte que se le podía decir a una persona en ese tiempo! ¡Y Él se la estaba diciendo a un importante líder religioso! ¿Así que andas con ese movimiento que habla del Reino? ¡Cuidado! Eso advierte la religión. ¡Está impidiendo que lo encuentren los que quieren buscarlo! ¿Por qué? Porque religión es un sustituto para el Reino de Dios.

¡Claro! La religión es un buen negocio. Mateo capítulo 24. Léelo. Todo el capítulo es una respuesta a una pregunta. Los discípulos le preguntan cuando será el fin del tiempo. ¿Cuándo vendrá el fin del mundo? Y aun nos hacemos esa pregunta, dos mil y tantos años después. Y Él contesta la pregunta, la responde, pero la mayoría de los ministros ignora su respuesta. ¡Los teólogos ignoran su respuesta! Las escuelas bíblicas ignoran su respuesta. Los obispos, apóstoles, profetas, pastores, evangelistas y maestros ignoran su respuesta.

Así que entonces inventan su propia respuesta. Léete todo el capítulo 24 de Mateo, esa es tu tarea. Él respondió a su pregunta de cuando sería el fin del tiempo. Primero, les dice cuando el fin NO vendrá. VA a haber muchos cristos. Buda, Mahoma, Hare Kirshna, país, gurúes. Muchas religiones con muchos cristos, esto es, supuestos ungidos. Se levantarán por todo el mundo. Y dice que después habrá guerras y muchos más rumores de guerra. Habrá pestes, SIDA, Covid, habrá terremotos, tsunamis. Pero que no se turbe vuestro corazón, porque el fin aun no ha llegado.

Cuando los aviones derrumbaron las torres en Estados Unidos, una enorme cantidad de predicadores salieron a decir que había comenzado el fin, que Cristo ya estaba viniendo. ¡Cállense! El fin no es el mensaje. Viniendo pronto no es tampoco el mensaje ni mucho menos el evangelio. Déjeme decirlo. Y si te parece que esto es demasiado atrevido porque no encaja con la mayoría de lo que has oído, te desafío a que me demuestres que estoy bíblicamente incorrecto.

Jesús nunca predicó prosperidad. Nunca predicó nuevo nacimiento. Sólo mencionó ser nacido de nuevo una sola vez, a un viejo en una madrugada oscura, pero nunca a la multitud. Porque ese no era el mensaje. Porque ser nacido de nuevo no es el evangelio. Esa no es la buena nueva. Eso es bueno y necesario, pero no es la base del evangelio. Tampoco lo es la fe. Jesús nunca predicó fe. Nunca predicó liberación ¡Lee tu Biblia!

Esto no se trata de religión, se trata del regreso de una cultura. Él dijo: cuando ESTE evangelio. Está especificando lo que tú debes predicar. Conozco a un doctor en teología que me aseguró que en todos sus años de estudio, no hubo una sola clase que hablara acerca del Reino. Así que si un predicador se apega a lo que aprendió profesionalmente, está predicando otra cosa. Y esa es la razón por le cual Él no viene. Todavía no viene y ¿Sabes por qué? ¡Porque tú todavía ni siquiera tienes el mensaje!

No hay otro mensaje. Me siento muy mal al decir esto, pero peor me siento sabiendo que tu religión no está funcionando. Estás invirtiendo tiempo y dinero en escucharme, y no mereces que solamente se te entretenga con palabras lindas, pero sin contenido genuino. Mereces que alguien te diga la verdad, si es que nadie te la ha dicho antes. Yo puedo grabarte hermosos audios de fe, pero eso no es el evangelio. Puede hablarte de la prosperidad, de liberación, del nuevo nacimiento, pero eso sigue sin ser el evangelio.

Y dijo Jesús: Y cuando ESTE evangelio sea predicado. La mayoría de los teólogos no conocen el Reino. En las universidades y seminarios te hablan de San Agustín, del credo católico, te enseñan hermenéutica y homilética y luego, cuando apruebas todas esas materias, te califican con un distinguido y te dicen que ahora estás capacitado para salir a predicar. ¿Ah, si? ¿Y a predicar qué? Por eso Él estaba tan enojado con los líderes religiosos. Los acusaba de que su religión le impedía a las personas encontrar el Reino.

Repito lo que dejé inconcluso antes. Él dijo: cuando este evangelio del Reino sea predicado a todo el mundo, entonces vendrá el fin. Lo lamento. El fin todavía no viene porque yo y miles más no hemos estado predicando ese evangelio, sino otro, una imitación diluida para que la gente no se ofenda y se nos vaya. ¿Te das cuenta ahora por qué todavía los musulmanes, budistas e hinduistas no son atraídos por el cristianismo? ¡Porque ellos se dan cuenta que ese cristianismo es otra religión! ¿Y para que cambiar? Ellos ya tienen una, tan hueca y vacía como esta.

Mateo 9:35: Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. ¡Ey! ¡Es el único mensaje que tenía! Sí, sanaba y liberaba, pero cuando hablaba, ese era su mensaje. Además, jamás vas a encontrar un texto que te diga que Jesús sanó a un enfermo, curó a un leproso o liberó un endemoniado y después predicó el evangelio.

Siempre dice que predicó el Reino, primero y entonces sanó al enfermo, levantó al muerto, echo fuera demonios. ¿Sabes por qué hizo eso así? Porque un Reino es un gobierno. Un Reino es la influencia de un Rey sobre un territorio, impactándolo con su voluntad, su propósito, su intención. Un Reino no es una religión, es un gobierno. Esa es la razón por la cual dijo: la Palabra, tu Biblia, nuestra constitución dice que tú eres un embajador. O sea que eres alguien del gobierno.

Y mucho cuidado porque cuando habla un embajador de un país, su gobierno entero lo respalda. ¿El gobierno de Dios está presente? Tengo que comprobarlo mostrando el impacto. Cuando un gobierno va y te pone una enfermedad, hay otro gobierno que llega y te la quita. Y dice el verso 36: Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. (37) Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. (38) Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

El Señor de la mies es el dueño y pide que esos obreros sean enviados a Su mies. Es suya. Capítulo 10, verso 1: Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. ¿Les dio qué cosa, dice? Autoridad. Verso 5: A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, ¿Por qué? ¿Era discriminación? No, Él sabía que los discípulos no amaban a los gentiles, por eso se los dijo. No puedes llevar el evangelio a personas que no puedes amar.

¿Soy claro? Te lo repetiré. Si no amas al pueblo, no te metas en ningún ministerio. Si no te gustamos los hispanos, no vengas sólo por la ofrenda. Si no te caen simpáticos los negros, ni se te ocurra ir de misionero a África. Sólo puedes ganar a aquellos que tú amas. Así que será muy bueno que vayas aprendiendo a amar a todos. Instrucciones. No nos envió a la que nos salga. Nos dio al Espíritu Santo para que nos guíe y apoye, pero también nos dejó instrucciones muy precisas.

Verso 7: Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Instrucciones claras, obediencias diversas y minoritarias. ¿Sabes qué? Él no confiaba en los discípulos. Concretamente les dice: Muchachos; cuando vayan, no prediquen lo que me han visto hacer. ¡No prediquen los milagros! Ese no es el mensaje. Ellos lo vieron caminar sobre las aguas. Lo vieron convertir el agua en vino. Lo vieron sanar enfermos, lo vieron echar fuera demonios. ¡Pero no prediques eso!

Ese no es el mensaje. Esa es la evidencia. Me pregunto cuántos de ustedes han estado predicando por espacio de veinte o treinta años lo que Él hizo y no el mensaje. Chicos…ellos no quieren saber lo que yo hice, quieren conocer lo que necesitan y perdieron. Una última escritura. Mateo 13. No sé si habías visto esto antes. Porque generalmente solo leemos lo que estamos buscando. Y no siempre buscamos el Reino. Por eso tenemos nuestro propio mensaje.

Mateo 13. Jesús dio una parábola acerca del sembrador. Y vienen los discípulos en el verso 10: Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?  Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado. ¡El Reino tiene misterios! Verso 16: Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. ¿Sabes qué? ¡Tienes más revelación toda junta que la que tuvieron aquellos profetas! Porque ellos se lo pasaban diciendo: viene, viene, viene. Y tú, en cambio, puedes sonreír y decir ¡Ya está aquí!

Verso 17: Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron. Él les explicó esta parábola, con toda claridad. Lo dice, verso 18 y 19: Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Hay un solo evangelio que a Satanás lo pone muy nervioso y lo obliga a presentarse personalmente. El evangelio del Reino. En todo lo demás. Con dos o tres demonios obedientes alcanza. Pero con el Reino, no.

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Lo que Muy Pocos te Dicen

Algo es indudable pienses como pienses y creas en lo que creas: comienzas tu vida como una persona, un rozagante bebé inocente. Y desde el instante en que llegas al mundo, tu cultura, tu familia, tu entorno y tu sistema educativo, comienzan a moldear tu sistema de creencias. Y esto puede ser peligroso, porque si tu cultura y tu entorno no te enseñan la verdad, entonces terminarás creyendo una mentira. Incluso sobre ti mismo.

Y tú sistema de creencias se convierte en tu filosofía personal, a partir de la cual influyes en los demás. Por eso el fundamento de tu capacidad de conducción o punto de referencia pública, está determinado por tu sistema de creencia privado. Por eso te enseño cuidadosamente línea tras línea, para impulsarte a cuestionar tus ideas sobre ti mismo. Tal vez provienes de una historia marcada por la opresión, la del imperialismo y el colonialismo que nos impulsaron ideas falsas sobre nosotros.

Se te enseñó a sr doméstico, jardinero, trabajador agrícola, a servir y a cocinar para los demás, pero no se te enseñó a poseer una empresa, a construir una sociedad o a dirigir un país, a comprar un campo petrolero o a invertir en una mina de oro. A esto siempre lo hacen otras personas, porque tú fuiste condicionado a creer que no puedes y que ni siquiera deberías intentar ser dueño de una empresa grande y poderosa.

Entonces, aceptamos esta idea. Nuestra filosofía nos dice que no podemos poseer eso, fuimos formados para convertirnos en empleados, no en empleadores. En realidad, hemos sido tan adoctrinados por una filosofía falsa, que tenemos miedo de poseer cosas. Tenemos miedo de triunfar. Incluso la religión que se nos enseñó, ha reforzado nuestra falta de confianza en nosotros mismos. ¿Sabes lo que se te ha enseñado durante los últimos cien años a través de la religión?

Tu doctrina venía de otro país. Tu sistema de creencias fue importado por aquellos que poseían a tus ancestros, y nos enseñaron a cantar canciones, ¿Verdad? Algunas de ellas dejaban más que en claro que nosotros, los simples, usaríamos cosas maravillosas en el cielo, mientras tanto hoy aquí en la tierra, a esas cosas las estarían usando otros más poderosos. Nos agrade o no reconocerlo, ese es un pensamiento de esclavo, no de hombre libre.

¡Y era una canción supuestamente cristiana! Sin embargo, lo que le decías a la gente más poderosa era que mientras ellos disfrutaban de sus riquezas ahora, tú seguramente lo harías después, cuando estuvieras en el cielo. Mientras tanto aquí, le reconocías y aceptabas que eras pobre y punto. Es una filosofía que muchos en Latinoamérica hemos escuchado desde niños, y algo está mal con ella. Porque, en suma, lo que te enseñaba a fuego, era a tenerle miedo a la prosperidad.

Te daban a entender que, si llegabas a prosperar demasiado, podías llegar a olvidarte de Dios. Así es que, lo mejor que podías hacer, era aceptar permanecer pobre. No digo que no exista un grado de verdad en algo de esto, pero no en el todo, como si fuera un punto generalizado global. Todos sabemos cómo actúa el enemigo. Toma una verdad, la adorna con lindo palabrerío religioso y, de pronto, cuando menos te lo esperas, la tergiversa y la convierte en una tremenda mentira que te crees sin dudarlo.

Recuerda que tal como un hombre piensa en su corazón, así dirige. Entonces, el pastor que proviene de esta misma filosofía, le predica a su gente que se alejen de todas esas cosas que pueden corromper el alma y el espíritu. Nadie podría decir que es una mala predicación, todo lo contrario. Pero lo que sí podemos asegurar es que, cuando la conviertes en un elemento central y definido, te convierte en alguien que jamás se atreverá a ir un paso más allá de lo que le aconsejaron de niño que debía ir.

Yo recuerdo haber escuchado sugerencias tales como mantenernos alejado del dinero, del poder, de las influencias y limitarnos a aguardar a que Jesús regresara nuevamente y pusiera todo en orden como debía ser. Y eso es, en grandes rasgos, lo que una gran mayoría de todos nosotros hemos predicado por años. ¿Realmente le hemos enseñado a nuestros hermanos que no debían ser los que daban las órdenes, sino sólo los que las recibían? Si, Eso fue, en mayoría, lo que muchos de nosotros escuchamos y repetimos.

Hoy, sin caer en falsos facilismos de doctrinas de prosperidad traídas de los cabellos de los intereses personales, vengo a sugerirte que, si quieres dar pasos hacia adelante aquí y ahora, mientras camines por esta tierra, deberás modificar sí o sí aquel viejo sistema de creencias que te metieron en el cerebro infantil y que te quedó grabado a fuego hasta hoy, que ya eres más que adulto. Porque Dios dijo que puedes dar órdenes, tener poder, influencias y ser el que conduce el bus, no el que viaja de lástima en él.

Ahora volvamos a ese niño pequeño recién llegado al planeta. Me pregunto quien es. ¿Tú puedes decirme quién es? No, nadie lo sabe. Sólo un niño inocente. Recuerda esto: todo el mundo nace como una persona. Este niño pequeño venía de una familia rota. Su padre abusaba de él. Su padre era religioso, pero le pegaba, lo lastimaba. Y este niño creció con un sistema de creencias retorcido sobre Dios. Déjame mostrarte quien era realmente este niño pequeño.

Un niño pequeño que parece inocente por donde lo mires, pero que cuando llegó a ser hombre, se convirtió en un hombre que todavía llevaba a ese mismo niño en su interior. Su nombre era Adolf Hitler. Su filosofía era muy seria, porque creía en una idea que había heredado de los romanos. Y para que nos quede claro lo que digo y hacia donde voy, deberemos hablar justamente de los romanos. Simplemente porque la mayor parte de nuestros países latinoamericanos, están dirigidos por las mismas ideas que tenían los romanos.

Hitler creía que había nacido y había sido elegido por Dios para restaurar el Imperio Romano. Él creía profundamente en eso. Pensaba que había sido creado y enviado para traer de vuelta la gloria de Roma. Y por eso quería someter a toda Europa, porque Roma gobernó el mundo entero. Roma fue el imperio más poderoso y más influyente de la historia. El primer reino que colonizó el mundo entero. Ningún otro reino ha superado jamás a Roma. Roma fue el proceso de colonización más exitoso de la historia.

Roma dominaba a todo el mundo conocido de entonces. Y Hitler creía que había nacido para restaurar la gloria de Roma. Pero la gran pregunta que nos surge, al ver esto, es: ¿De dónde sacaron los romanos sus ideas? Esto es más que importante, especialmente cuando debemos hablar de conducción, de punto de referencia. Los romanos habían conquistado a los griegos, y fueron los griegos los que inventaron la filosofía del liderazgo que todavía gobierna a nuestro mundo hoy.

Escúchame. Jesús nació bajo el Imperio Romano, en una colonia romana, controlada por ideas griegas. Los griegos han sido los filósofos más influyentes de la historia moderna. Ellos son los que inventaron las ideas que aun gobiernan el mundo hoy. En realidad, el Imperio Romano adoptó la filosofía griega, cuando invadió Grecia. Los romanos eran tan poderosos que destruyeron el imperio griego. Pero no destruyeron las bibliotecas griegas.

Los romanos fueron inteligentes. Tomaron las bibliotecas griegas, adoptaron las ideas griegas y su filosofía de liderazgo. Así que los romanos se volvieron griegos en su manera de pensar. Pero auténticamente romanos en su poder militar. Y he aquí por qué es importante para ti donde quiera que vivas, especialmente si es en algún lugar de Latinoamérica, porque estás en países que fueron construidos con ideas romanas en base a aquellas ideas griegas.

Por esa razón es que muchos pueblos americanos todavía están en plena lucha con su mentalidad. De allí que será más que interesante que te hable de tu pasado y de tu futuro. Los griegos creían ciertas cosas sobre la humanidad y sobre el liderazgo. Los romanos las adoptaron. Los europeos las usaron y colonizaron todo lo que colonizaron con estas mismas ideas griegas. Cada proceso de colonización transportó las ideas griegas y sometió a los pueblos.

Entonces, ¿Qué creían los griegos? Los griegos creían que el liderazgo, era el producto de un don natural. ¿Qué querían decir con eso? Estoy seguro que muchos de ustedes conocen a esos filósofos griegos que cambiaron el curso de la historia. Platón, un pensador griego muy poderoso. Aristóteles, un filósofo griego muy influyente. Sócrates, un pensador griego muy importante. Estos hombres formularon ideas que todavía dirigen el mundo hoy.

Podemos decir sin temor a equivocarnos que el mundo vivo es dirigido por hombres muertos. Nuestros países, hoy, están gobernados por hombres muertos. ¿Cómo es eso? Porque dejaron atrás sus ideas, y las ideas sobreviven a los hombres. Las ideas son más poderosas que la muerte. Los filósofos griegos como Platón, Aristóteles y Sócrates inventaron ideas. Voy a citar una de esas ideas. Es una idea griega, la palabra democracia es griega.

La democracia viene de Grecia, no de la Biblia. Los griegos inventaron el concepto de política. La palabra política, es griega. Significa “ciudadano principal”. De ahí viene la palabra político, y según los griegos, un político es una persona a la que el pueblo confía su autoridad y a la que establece como ciudadano principal por encima de los demás. Esta es una idea griega: el poder del pueblo dado a un ciudadano principal llamado político.

Ahora escucha esto. Jesucristo nació bajo este sistema político. Los romanos adoptaron la idea de que el liderazgo era el producto de un don natural. ¿Qué quería decir esto? Los griegos creían que ciertas personas nacían dotadas de ciertas características distintivas, que las hacían superiores a las demás. Por ejemplo, los griegos creían que el liderazgo era el producto también de rasgos de nacimiento. Esto significa que pensaban que algunas personas nacían naturalmente para ser líderes, porque poseían rasgos físicos que las hacían superiores.

Los griegos creían que si nacías con una nariz fina, cabello rubio, ojos azules y labios delgados, automáticamente, eras un líder. A esto que digo lo puedes verificar en internet donde quiera que lo indagues. Está bien documentado. Creían que si nacías con piel clara, nariz recta, ojos azules y cabello amarillo, rubio, automáticamente eras un líder elegido por los dioses para gobernar. Si todo esto fuera cierto, no habría esperanzas de ninguna manera para aquellos que no dan ese perfil anatómico y físico.

¿Por qué digo esto? Porque los mismos griegos decían que, si nacías sin nariz fina, sin piel clara, sin ojos azules y sin cabellos rubios, era porque los dioses te habían enviado automáticamente para ser esclavo. Los griegos creían esto y los romanos adoptaron esta idea. Entonces, si no lucías así, no tenías ninguna esperanza para ser un líder. Tenías el color de piel, la nariz, el color de los ojos y del cabello incorrecto. Dime en qué ha cambiado eso, hoy.

Los griegos también creían que el liderazgo era producto de la providencia. Una palabra muy importante, la providencia. La providencia se refería a los dioses. Los griegos creían en muchos dioses y pensaban que si los dioses te elegían para ser un líder, automáticamente eras superior a los demás. Y si los dioses no te elegían, estabas automáticamente destinado a ser esclavo y seguidor por el resto de tu vida. En otras palabras, eran los dioses los que elegían a los líderes.

Piensa en esto. Si naciste con un color de piel que no es ciento por ciento blanca, ojos de un color oscuro, una nariz más grande que esas rectas aguileñas y cabello negro, entonces según ellos, los dioses te habían elegido para ser esclavo. Esto es lo que enseñaban, esto es lo que creían. Era su filosofía y los romanos la adoptaron como propia. Los griegos también creían que el liderazgo era el producto de una personalidad carismática.

La palabra carismática, viene de la palabra griega karismas. ¿Sabes lo que significa? Significa “los dones de los dioses”. Esto significa que los dioses habían dado dones particulares a ciertas personas, que eran seguras, extrovertidas, alegres, habladoras, comunicativas, expresivas, desbordantes de energía. Los griegos decían: “¿Ven? ¡Estos don los dones de los dioses! Pero si eras tranquilo, reservado, discreto, entonces los griegos decían: ¡Tú eres un esclavo!

Y es por eso que, cuando los romanos conquistaron a los griegos y adoptaron sus ideas, les decían a los esclavos: “Tienes que ser visto, pero nunca oído”. “Solo tienes que ser visto cuando se te necesite y nunca debes hablar”. Esas eran sus ideas sobre el liderazgo. Y, finalmente, creían que el liderazgo estaba reservado para un pequeño grupo de élite, predestinado a dirigir el mundo, mientras que el resto de la gente estaba destinada a seguirlos.

Quiero enseñarte algo muy serio. Los romanos adoptaron estas ideas y las hicieron su cultura. Los romanos conquistaron toda Europa, desde África hasta Escocia. Conquistaron todo el continente europeo e impusieron sus ideas. Así, cuando se encontraban con pueblos que no se parecían a ellos, sin cabello rubio, sin piel clara, sin nariz fina, sin ojos azules, los consideraban automáticamente sub humanos. Los romanos decían de sí mismos: “Somos superiores, elegidos por los dioses”

Se dieron el nombre de raza aria. Ahora permíteme darte la información más importante de hoy. El Imperio Romano gobernaba el mundo conocido, desde África hasta Gran Bretaña. Era el reino más poderoso en la tierra bajo Cesar. Creían que habían sido elegidos por los dioses para dirigir el mundo. Pensaban que los dioses los habían seleccionado, dotándolos de ciertos rasgos para dominar a los demás pueblos. Creían que eran superiores a todas las demás razas.

Estaba profundamente arraigado en la mentalidad romana. ¿Sabes cómo fue derrotada Roma? Nadie podía vencer a Roma. Era el imperio más poderoso de la historia, con el ejército más formidable jamás visto. Ningún país podía vencerla militarmente. Roma era tan poderosa que, cuando llegaba, todo el mundo se postraba. Por eso se decía: “Cuando estés en Roma, haz como los romanos” Donde quiera que iban, colonizaban el mundo.

Y es en este Imperio Romano donde nació Jesucristo. Nació en un imperio que creía que Él era automáticamente un esclavo y por eso trataban al pueblo judío, donde él vino, como a perros. Jesucristo nació en una colonia. Al igual que muchos de nosotros. Nació bajo el dominio de una potencia colonial llamada Roma, al igual que tú. Se le enseñó que había nacido para ser un ciudadano de segunda clase. Se le enseñó que había nacido para ser sometido.

Se le enseñó que si un soldado romano te pedía tu manto, debías dárselo. Se le enseñó que si un romano tenía frío, debías calentarlo. Se le enseñó que cuando una mujer romana entraba, debías levantarte e inclinarte. Se le enseñó que si un soldado te pedía que le llevaras su escudo durante una milla, debías hacerlo. Y si un soldado cansado te daba su lanza para que la llevaras, debías aceptarla. Se le enseñó que no era un líder, sino un esclavo.

Nació en una colonia, al igual que tú, al igual que yo. Escucha bien: aquí está el misterio de Jesucristo. Nació en esa cultura, pero nunca dejó que esa cultura naciera en él. Déjame explicarte. Cuando el Imperio Romano fue finalmente derrotado, no fue por un ejército. Fue destruido por lo que destruye a la mayoría de las naciones, la inmoralidad.

La historia nos enseña que el Imperio Romanos fue destruido por las pasiones de sus líderes. Su vida sexual los arruinó. Murieron desde adentro, carcomidos por la decadencia moral. De catorce césares, doce eran homosexuales. Pedófilos, también. Se acostaban con niños, no con mujeres. Estaban consumidos por su propia lujuria. Se volvieron tan inmorales, que comenzaron a celebrar matrimonios entre hombres. Esto se remonta a más de dos mil años.

Fueron destruidos por los deseos de la carne. Cuando un país comienza a adoptar la inmoralidad, su caída ya está en marcha. Cuando un país comienza a legalizar lo que Dios condena, no hay preocupación por ese país, ya está muriendo. No importa cuan poderoso sea su ejército o sus armas, si la moral se convierte en un cáncer, sus armas se vuelven inútiles. Roma murió en el dormitorio, y así el Imperio Romano se derrumbó.

Cuando Roma se derrumbó, se dividió en pequeños reinos. Una vez unidos, se convirtieron en varias naciones. Aquí hay algunos de esos reinos. Estaba el reino de Franco, que hoy llamamos Francia, el reino de España, que hoy conserva su nombre, el reino de Portugala, hoy Portugal y otro reino llamado Anglo Britania, hoy Gran Bretaña, a la que también llamamos Inglaterra o Reino Unido. Todos estos reinos heredaron la filosofía romana y decidieron expandirse como reinos.

Entonces los franceses, los españoles, los portugueses y los británicos enviaron sus barcos. Su mentalidad era romana, su forma de pensar, griega. Fueron a conquistar territorios. Invadieron islas, continentes, llegaron al Caribe, África, América Central, América del Sur y hasta las islas del Pacífico. Y trajeron consigo su filosofía. ¿Qué filosofía? La filosofía griega. ¿Y qué decía? Que ellos eran superiores y tú, parte de cualquiera de esos lugares colonizados, inferior.

Si tu cabello no es rubio, tus ojos claros y tu piel blanca, indudablemente los dioses te han entregado a mí para ser mi esclavo. Eso creían, pensaban y enseñaban. De todos modos, ¿Para qué perder tiempo en educar a un esclavo? ¿Para qué darle ropa decente o bonita? ¿Para qué o por qué darles propiedades, poder, dinero o un futuro? Esa era su filosofía. Y así comenzó la historia de la colonización. Es fácil vender a un esclavo, Después de todo, no fue elegido por los dioses.

Déjame decirte algo. Toda filosofía proviene de una ideología. Y toda ideología necesita una teología para justificarla. Dicho de otra manera, cada vez que existe una filosofía y una ideología, se necesita una religión para darle credibilidad. Por eso la religión fue utilizada para justificar la ideología de la superioridad. ¿Sabes lo que nos enseñaban cuando yo era niño? Que, si no fuera por ellos, nos habríamos muerto de hambre como aborígenes salvajes en nuestras tierras. Eso nos enseñaban.

Contaba un pastor de raza negra que, cuando era pequeño, en su tierra colonizada, solía preguntarle a su maestro blanco de dónde habían venido ellos, los negros. Y en lugar de contarles la verdad, que era que habían sido secuestrados de diversas zonas de África, les decían que ellos habían caído de cielo, que no tenían herencia, que eran ángeles caídos. Y le añadían Biblia, diciendo que ella dice que las bestias del campo llevarán el agua por nosotros. Bueno, ustedes son esas bestias. Absolutamente cierto lo que digo.

¿Sabes donde enseñaban eso? ¡En las escuelas dominicales de las iglesias! Filosofía. Y todavía están, en muchas partes del mundo, doscientos años después, convencidos que no son iguales a los demás. ¡Doscientos años de mala educación! Una educación falsa que les hizo creer que no eran capaces de pensar con profundidad. Doscientos años creyendo que algunos, con rasgos específicos, son más inteligentes, más brillantes y más capaces que nosotros, los de raza originaria.

Filosofía. Y así es como dijeron: ¡Tienes que callarte! ¡No puedes hablar demasiado! ¡Se te enseñó que no debías expresar tus ideas! Guarda tus pensamientos para ti. Conténtate con ser un buen servidor de lo que tus amos necesiten. No debes alzar la voz cuando ves algo malo. ¿Cómo te atreves? NO eres lo suficientemente inteligente para saber lo que está mal. Ese es el problema del liderazgo. Y aquí está el más grande.

Puesto que los dioses te eligieron para ser un simple seguidor, ¿Para qué perdería mi tiempo en formarte para dirigir? Si estudias todas las colonias en la historia, verás que los colonizadores nunca formaron líderes. Y lo increíble es que, cuando finalmente se van, íntimamente esperan que fracases. De hecho, por eso se van. Suelen decir que hay más de ustedes que de nosotros, así que nos iremos antes de que nos maten. Pero sabemos que no pueden dirigir, así que su país fracasará.

¡Esperan tu fracaso! Pero yo me pregunto: ¿Cómo puedes esperar que tena éxito, si nunca me formaste? Y cuando fracasas, dicen: ¿Ves? ¡Te lo dije! ¡No eres lo suficientemente inteligente como para tener éxito! Olvidan que mi fracaso, es la prueba de su fracaso. Por eso considero a todo esto sumamente importante, porque lo comparto para tratar de corregir nada menos que doscientos años de historia. El caso es que tú puedes dirigir lo que sea que debas dirigir, tienes con qué, no te creas sus mentiras.

Si estudias a los grandes líderes del mundo, verás que todos luchan con estos mismos problemas. Los pueblos que han sido oprimidos por más de cien años, terminan desarrollando los mismos problemas `sicológicos y sociales, independientemente de sus culturas y ubicaciones geográficas. Sin ir demasiado lejos, si sirve como ejemplo, fíjate a los hijos de Israel, en Egipto. Fueron oprimidos durante 430 años y, cuando finalmente salieron de Egipto, no pudieron sacar a Egipto de ellos.

Tan pronto como obtuvieron su independencia o, mejor dicho, su liberación bajo la dirección de Moisés, comenzaron a mostrar signos de trauma. Incluso Moisés tenía problemas psicológicos. Había nacido en Egipto. Y mira esto: cuando salieron de Egipto, aun no eran libres. Simplemente fueron liberados. Nunca confundas la liberación con la libertad. Hay muchísimas naciones pequeñas que han sido liberadas en los últimos años de sus colonizadores, pero todavía no son libres, están en el desierto.

¿Y por qué Dios te guía al desierto? Porque no quiere que entres en la tierra prometida con el espíritu de Egipto. Te mantiene en el desierto para cambiar tu mentalidad, para que comiences a pensar como un hombre libre. Nunca confundas independencia y libertad. La independencia es sólo una oportunidad para ser libre, no es la libertad. Los israelitas fueron liberados de Egipto, independientes de ellos, pero aun no estaban en la tierra prometida.

Tú tampoco estas todavía en esa tierra prometida que seguramente tienes como palabra profética, ¿Sabes por qué? Porque esa tierra exige indefectiblemente una mentalidad nueva. Gente que viajó en avión desde Israel a Egipto, cuenta que se impactó porque ese vuelo dura algo así como veinte minutos. ¿Veinte minutos de avión? Si, para la misma distancia que al pueblo de Israel le tomó… ¡Cuarenta años! Averiguando con guías especializados, logró saber que la distancia entre Egipto e Israel era de siete horas en auto y de cuarenta días a pie.

Leyendo nuestras Biblias, sabemos ahora que Dios no los condujo por el camino más directo porque tenían miedo en su espíritu. Así que los hizo pasar por un largo desvío para sacar a Egipto de su espíritu. ¿Y por qué tardaron cuarenta años para hacer un viaje de cuarenta días? Porque daban vueltas en círculos. Su mentalidad siempre los hacía retroceder. Decían: ¡Moises! ¡Volvamos a Egipto! ¡Al menos allí teníamos suficientes cebollas y ajos!

Querían volver a su antigua seguridad, al sistema en donde otros pensaban por ellos. Y Dios dijo: Ninguno de ustedes entrará en la tierra prometida, porque se niegan a cambiar su forma de pensar. Los hizo dar vueltas durante cuarenta años, el tiempo de una generación. Porque estaba gestando la próxima generación. Josué y Caleb nacieron en el desierto, no en Egipto. Ellos representaban una nueva mentalidad. Por eso digo que hay gente que no puede entrar en la nueva tierra prometida contemporánea.

Y no porque no sean capaces, sino porque quieren volver atrás. Y por eso la juventud es la esperanza de nuestra nación santa. Para los mayores como yo, les dejo una sugerencia: pídanle a Dios que les ayude a cambiar sus mentes. Conmigo lo hizo, con ustedes también lo hará, yo no soy ni diferente, ni distinto ni mejor. Soy uno más. Pídele que haga un milagro contigo y no en tu cuerpo, sino en tu mentalidad. Recuerda que fue Su Espíritu el que los excluyó de la tierra prometida.

Dios sanó sus cuerpos, pero no los llevó a la promesa. Los alimentó, su ropa no envejeció, pero nunca alcanzaron la tierra prometida. En otras palabras, Dios puede preservarte por mucho tiempo a pesar de lo que hay en ti. Pero si te niegas a cambiar tu mentalidad, te dejará morir en el desierto. Incluso Moisés no entró. ¿Qué tan cerca estás de tu tierra prometida? ¿Puedes verla? Gobiernos: por más que tengan las mejores ideas para sus pueblos, si no trabajan para cambiar la mentalidad de la gente, ellos seguirán atrapados en el desierto.

Creo que para ser un buen gobernante donde quiera que residas, debes desaprender lo que la historia de tu país te ha enseñado. Sé liberado de la mentalidad griega. Sé liberado de la ideología romana. Sé liberado del espíritu de colonización. Y cree que, por la gracia de Dios, puedes gobernar ese país en el que habitas desde siempre con eficacia. Sé liberado de la filosofía griega, porque todos nosotros hemos sido víctimas de ella. Eso es ser realmente libres, todo lo demás, es política barata y discurso hueco.

El liderazgo tradicional enseña que dirigir es controlar a los demás e imponerles tu voluntad. Pero eso no es un verdadero liderazgo. Porque es el liderazgo carnal y mundano el que enseña que dirigir es manejar a las personas. Ser superior a ellas, ser servido por ellas. Han dicho por allí que un liderazgo se mide por la cantidad de personas que te sirven, pero déjame decirte que, lamentablemente, eso no es liderazgo. Instrúyete, porque mientras tu mente no se liberada, no podrás entrar en la nueva tierra.

La tierra prometida es hermosa, pero en lo personal, tengo cierto temor por mi país. Tiene tanta riqueza que indudablemente necesita de muy buenos líderes para gestionarla. Necesitamos personas con una mentalidad nueva que sean capaces de desplazar las corrupciones ambientes y reemplazarlas por culturas de Reino, donde hasta el más mínimo anónimo resulte intachable en cuanto a su moral. Gente que no dañe a otra gente para satisfacer ambiciones personales.

La filosofía del liderazgo del hijo de Dios, es la opuesta a la de los romanos. He estado observando y he visto que en cada seguidor, se está escondiendo una especie de líder encarcelado. Creo honestamente que cada ser humano fue creado para dirigir y diseñado para dominar. Es más, tengo certeza que el potencial de liderazgo reside en cada ser humano. Creo que has nacido para dirigir, pero que debes convertirte en un líder eficiente a través de un proceso.

Creo que el verdadero liderazgo no consiste en hacer cosas, sino en manifestarte a ti mismo. Creo que el objetivo del verdadero liderazgo, no es mantener seguidores, sino producir otros líderes. Esa es una de mis tareas, despertar al líder dormido que hay dentro de ti. Mi filosofía libera a la gente, no la oprime. Quienes me conocen y me han conocido, saben perfectamente que es así, no estoy haciendo ningún discurso político, no lo necesito, no persigo nada que mi Padre no decida enviarme.

Mi filosofía me impulsa a creer en tu igualdad y no en tu inferioridad. ¿Y de dónde viene esta filosofía? La recibí de Aquel que creó a toda la humanidad. Aquí está el fundamento, Génesis 1:26: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza y que él domine sobre los peces, las aves, los animales, los árboles, sobre toda la tierra y sobre todo lo que se arrastra sobre el suelo. ¿Para qué te creó Dios? ¡Para que domines! No dijo que “algunos de ellos dominen”. Dijo que dominen TODOS.

O sea que eres un dominador por creación. Y si yo fuera tú, me pondría a repetir en voz alta: “¡Nací para dominar! Tantas veces fueran necesarias para que el pensamiento se incorpore a tu mente como verdad indestructible por causa de ninguna filosofía o enseñanza humana. Lo que intento decirte para que lo creas y lo pongas por obra, es que fuiste diseñado y creado para dominar. Por eso es importante el verso 27: Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó.

Dios los bendijo y les dijo: “¡Tengan la dominación!” Esto significa que el hombre y la mujer son iguales ante Dios. Ambos son dominadores. Tú esposa y tú son iguales, pero diferentes. Y quiero aclarar que la palabra dominación, es una palabra clave. Te revela por qué fuiste creado. La palabra dominión, dominación, proviene de la palabra hebrea radah, que significa gobernar, reinar, controlar, dominar, gestionar y dirigir. Dios te dio a luz para reinar sobre la tierra, para dirigir.

Y aquí está la conclusión. Si Dios te creó para dominar, es decir, gobernar, dirigir, eso quiere decir que puso en ti la capacidad para hacerlo. Dios puso en la semilla, la capacidad para convertirla en un árbol. Pero la semilla puede morir siendo semilla, si se encuentra en el entorno incorrecto. Durante más de 180 años, muchos de nuestros países latinoamericanos han estado en el entorno incorrecto. Fuimos alimentados con ideas griegas y por eso no logramos florecer. No para hacerte superior a nadie.

Permítemelo decirlo así: Dios dice que dominemos, lo que significa hombre y mujer. Cada ser humano es un líder encerrado dentro de sí mismo. Y aquí está el misterio. Todo lo que naciste para ser, está encerrado dentro de ti. Observa lo que Dios hizo. No sólo te dio el dominio, sino que especificó sobre qué debías dominar. Él dice: domina sobre los peces, las aves, los animales, las plantas y todo lo que se arrastra sobre el suelo.

Esto quiere decir que las únicas cosas que se supone debes dominar son los peces, las aves, los animales y la naturaleza. Ahora mira a toda esa gente que trabaja contigo. ¿Tienen aletas, escamas, plumas, raíces u hojas saliendo de sus zapatos? No. Entonces escucha bien. El único ser en la tierra que no tienes ningún derecho a dominar, es a otro ser humano. Por eso, para que la esclavitud funcionara, tuvieron que reducirte a menos que un humano. Te llamaron sub humano.

A cualquier persona, como quiera que ella sea, si se la categoriza como sub humana, es la única condición que les permite dominarla. Porque si se la considera como un ser humano, saben que no lo tienen permitido. Todo intento de controlar, dirigir o dominar a otro ser humano, es totalmente impío. De hecho, un pastor no tiene derecho a dominar a sus miembros, no le pertenecen. No tienes derecho a poseer ni a controlar a nadie en tu empresa.

Jesús vivía en una colonia dirigida por personas que oprimían y dominaban a otros humanos. Sus discípulos, sus estudiantes, intentaban cambiar su mentalidad, al igual que lo hacemos hoy. UN día, estaban sentados y Él los oyó discutir entre ellos. “¿Cuál de nosotros es el más grande?” Siempre buscando quien es el jefe que tiene la posición más alta. Les preguntó: ¿De qué discuten? Estaban avergonzados. Él dijo: se preguntan quien es el más grande entre ustedes.

Entonces, llamó a un niño pequeño, lo puso en medio de ellos y dijo: El más grande entre ustedes, debe ser como un niño. Un niño nunca busca el poder. Dos días después, mientras comían, dos de sus discípulos vinieron a verlo de nuevo y le dijeron a su madre: mamá, ve a preguntarle si podemos ser los dos ministros más poderosos cuando Él se convierta en rey. La madre fue a ver a Jesús y le dijo: Maestro, permite que mis dos hijos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu reino.

Jesús se sorprendió y dijo: Mujer, primero, no sabes lo que pides. No se pide un puesto de liderazgo. Y segundo, no deberías querer ser como los demás, porque no podrías beber la copa que ellos beben. La palabra copa, significa precio. No podrías pagar el precio de su posición. Nunca tengas celos de alguien, porque no sabes lo que le costó llegar hasta allí. Estas posiciones no son mías para darlas, pertenecen a aquellos para los que mi Padre las ha preparado.

Esto significa que ni siquiera puedes orarle a Jesús para obtener un puesto. A los romanos y a los griegos les gusta dominar a los demás. La palabra “señor” significa propietario. Por eso dijo que a los líderes de este mundo, les gusta poseer a la gente como si fueran de su propiedad. Y algunos ministros que he conocido tienen este mismo espíritu. ¡Es que son MIS miembros! Te dicen. No. Pedro dijo: pastores…no dominen al rebaño de Dios.

Es la misma palabra que Jesús usó para los romanos. Los verdaderos líderes, no poseen a la gente. Los guían y acompañan para que se vuelvan grandes. Él dijo: No debe ser así entre ustedes, porque en mi Reino, sin quieres ser un gran líder, debes convertirte en el siervo de todos. Esto no significa ser inferior, significa servir tu don a tu pueblo. Ofrecer tu don a tu generación. Esto es exactamente lo que he tratado, trato y trataré en el futuro de hacer para con todos los que reciben mis trabajos.

Ese, en todo caso, es mi servicio. ¿Y el tuyo? ¿Cuál es tu don para ejercer liderazgo? Los grandes líderes no buscan seguidores, ni mucho menos mayores cantidades de likes en las redes. Buscan entregarse a su generación. Jesús concluyó su enseñanza, diciendo: De la misma manera, el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Cada área de influencia, eso incluye la educación, la sociedad, la política, todas las áreas. Yo digo: quiero que mi pueblo traiga mi naturaleza a cada disciplina. ¿Lo ves probable, hoy?

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3 – Casas de Idolatría

Hemos visto que la serpiente es la más completa representación de la naturaleza de la bestia, fue maldecida por sobre todas las bestias, y era la más astuta. Cuando Dios proclamó la maldición que caería sobre el hombre y a la serpiente por su transgresión, se declaró lo siguiente. Génesis 3: 15 = Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Hay un cumplimiento físico y un cumplimiento espiritual de muchas de las cosas registradas en las Escrituras, y esto es cierto de esta maldición. La humanidad en general odia y detesta a las serpientes.  Hay enemistad entre las serpientes y la humanidad.  Quizas muchos de los que hoy están leyendo esto, viven en lugares donde hay un gran número de serpientes venenosas. Entre las más frecuentes, generalmente, están la serpiente de cascabel y el mocasín de agua. No hay amor perdido entre la mayoría de los seres humanos del planeta y estas serpientes.

 Es muy común ver a estas serpientes muertas en la carretera durante los meses de calor cuando están afuera arrastrándose sobre las diferentes rutas. Es una pasión de muchos conductores atropellar intencionalmente a estas serpientes, e incluso pisar el freno y deslizarlo a través de ellas para asegurarse de que estén muertas. Algunos conductores incluso como acción de seguridad harán a esta acción varias veces para que no queden dudas de que la serpiente ha sido asesinada.

Esta enemistad hacia las serpientes es única entre el reino animal. Hay mucha vida salvaje en todo el mundo y que también a menudo cruzan carreteras. Existen señales de alerta los conductores que las tortugas están presentes en ciertas áreas, y he sido testigo que los conductores realizan todo tipo de maniobras para evitar golpear a un perro, un venado, un conejo, un castor, un mapache o un armadillo. He visto a la gente parada en el camino para ayudar a un halcón que había sido herido, y no son pocos los que han lastimado con el carro recientemente a un gran halcón, que quedo lastimado solamente a uno o dos pies de distancia de la parte delantera del coche.

La gente suele entristecerse bastante cuando se golpea a una de estas  magníficas aves, que son muy hermosas. Es obvio que, si hubiera sido una serpiente de cascabel en el camino,  nadie hubiera sentido la misma angustia por golpearla. Es interesante que incluso aquellos que no saben nada de Cristo, o del deseo de Dios para el hombre de llevar la imagen de lo divino, tiene una enemistad contra tales serpientes. Ellos saben intuitivamente que esta bestia es un enemigo del hombre. La forma en que una serpiente daña el hombre es muy significativa.

Las serpientes no despedazan a los hombres en pedazos como un león o un oso lo haría. Ellas no pisotean a los hombres como lo haría un elefante o un rinoceronte con sus fuerzas. En su lugar, ellas hacen daño mediante la inyección de veneno en el torrente sanguíneo del hombre. Este veneno comienza a afectar órganos vitales del hombre y en muchos casos puede causar la muerte. Con sus venenos, las serpientes matan a los hombres desde el interior. Esto habla de la forma en que Satanás mata a hombres y mujeres.  envenena el alma y hace su destrucción llenando a la humanidad con las cosas que resultan en la muerte espiritual.

Todos los hombres que han nacido de Adán han experimentado el veneno de la serpiente y la muerte está trabajando en sus miembros. Sólo hay una manera de salvarse de esta lesión fatal y esta salvación se encuentra en Jesucristo, el Hijo de Dios. Hay una historia muy simbólica que se registra para los santos en el libro de Números. Presenta una parábola vivida por personas reales, y hay un mensaje en él para los santos de hoy.

Números 21: 6-9 = Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía. 

Me imagino que antes de que Cristo fuera crucificado allí vivieron muchos hombres piadosos que deseaban fervientemente entender el significado de estas cosas que el Señor dijo a Moisés que hiciera. ¿Por qué hacer una serpiente de bronce y colocarla en un poste? ¿Cómo el mirar a esta serpiente traería sanidad a la humanidad? ¿Que fue simbolizado aquí? Jesús reveló a sus discípulos que la serpiente de bronce en el poste, de hecho, señaló a su propia crucifixión.

Juan 3: 14-15 = Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Los santos con impaciencia abrazan representaciones pintadas de Cristo como un cordero puro y sin mancha, pero hay algo dentro de ellos que hace que retrocedan al ver al Hijo de Dios representado como una serpiente. Sin embargo, Jesús declaró que esta serpiente se refirió a sí mismo. Moisés mismo retrocedió cuando Dios le reveló una imagen de Cristo como una serpiente.

Éxodo 4: 2-3 = Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Tú puedes preguntar, «¿Cómo sabemos que la serpiente que se muestra aquí representa a Cristo?» la Vara de Moisés era un símbolo de Cristo. Esta vara era el poder de Dios para lograr la salvación para los israelitas. En muchos lugares de la Escritura vemos que la vara es un símbolo de Cristo.

Cuando David escribió el Salmo 23, escribió: Tu vara y tu cayado me infundirán aliento, fue Cristo quien fue representado como tanto la vara y el cayado. En Isaías leemos también. Isaías 11: 1 = Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. La vara en las manos de Moisés es una figura de Cristo, y que la vara se convirtiera en una serpiente es una confirmación adicional de esta imagen divina. 

Sin embargo, mientras Moisés huyó de la serpiente, también lo hacen la mayoría de los cristianos, huyen de la imagen de Cristo como una serpiente. Fue esta serpiente, sin embargo, la que se tragó las serpientes de los magos del Faraón. Y es la serpiente en el asta que trajo sanidad a todos los que estaban muriendo en medio de los israelitas cuando miraban a la serpiente.

¿Por qué el Hijo de Dios se representa como una vara que se transforma en una serpiente, o una serpiente colgada de un poste, que es un tipo de una vara? La vara es una imagen del poder de Yahvé. En muchos lugares de la Escritura leemos palabras como las siguientes: Isaías 11: 4 = sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. 

La vara es un instrumento de poder. Se nos dice en otro lugar que Cristo gobernará las naciones con vara de hierro. Cristo es la vara de la boca de Jehová, porque él es llamado la Palabra de Dios, y una palabra sale de su boca.

Cristo demostró gran poder durante su ministerio, resucito a los muertos, sano a los enfermos, haciendo que los ciegos vean, calmando la tormenta con una palabra, y muchas otras exhibiciones increíbles de poder. Sin embargo, su mayor acto, y la que aplastó la cabeza de Satanás, fue cuando dio  su cuerpo para ser crucificado y cargó sobre sí todos los pecados del mundo.

2 Corintios 5: 21 = Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Jesús se hizo pecado. Se convirtió como la serpiente.   Él nació en semejanza de carne de pecado (Romanos 8: 3), pero se hizo pecado para deshacer las obras del diablo y poner a los hombres libres de la maldición. Cristo estuvo en el lugar del hombre. Se convirtió en una maldición para que los hombres puedan ser liberados de la maldición.

Como esta escrito: Gálatas 3: 13 = Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),  La serpiente en el poste y la vara que se convirtió en una serpiente, ambas señalaron a Cristo, que tomaría sobre sí el pecado del mundo. De esta manera el poder del enemigo se hizo añicos y los hombres podrían estar libres de la naturaleza de la bestia y convertirse en la imagen y semejanza de Dios.

Los que estaban infectados con el veneno de la serpiente, que es el pecado, han podido ser curados por mirar a Cristo, que se hizo pecado en su nombre. Un gran cambio se produjo en la cruz, porque Jesús tomó sobre sí todos los pecados del hombre, y en cambio dio al hombre su justicia. 

Lamentablemente, lo escrito en Números acerca de cuándo Moisés creo la serpiente de bronce y la coloco en un poste, no es lo último que oímos hablar de este asunto. Muchos años más tarde, cuando Israel se estableció en sus tierras y empezaron a revolcarse en el pecado, la maldad y la idolatría, un hombre piadoso llamado Ezequías comenzó a reinar. El limpió la tierra de ídolos, imágenes abominables y prácticas. Y dio a la gente de nuevo una devoción pura a Jehová. Leemos en medio de este trabajo de limpieza lo siguiente:

2 Reyes 18: 4 = Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán. 

Nehustan significa «algo formado de cobre.» Las palabras «cobre» y «bronce» se utilizan indistintamente en las Escrituras. Estos metales no eran muy apreciados como lo eran el oro y la plata,  al contrario el cobre o bronce se consideraban  metales bajos. Hoy en día si alguien deseara comprar un crucifijo, una imagen de Cristo en la cruz,  lo más probable es que elijan un metal precioso como el oro u otros de moda.

Hoy en día es común encontrar crucifijos de oro o plata, pero cuando Dios instruyó a Moisés para construir la primera imagen de Cristo en la cruz como se muestra en la serpiente sobre el poste, le dijo a Moisés que utilizar el bronce o el cobre para hacer la serpiente. Esto fue para indicar la bajeza de lo que se estaba representando. Esta imagen representa el Hijo de Dios que se hace pecado, y no había ninguna razón para forjar una imagen así en oro, ya que iba a parecer como algo repugnante o detestable.

Se nos dice que Dios no puede mirar el pecado, porque Él es santo, y al mismo tiempo que su propio Hijo colgaba de la cruz el Padre se apartó de él. Por esta razón Cristo gritó: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? La oscuridad cubrió la tierra desde la hora sexta hasta la novena hora cuando Cristo llevó los pecados del mundo, y se convirtió en una cosa detestable.

El Hijo de oro puro de Dios se hizo como algo sin base y sin valor. Tales representaciones del Hijo de Dios en la forma de una serpiente hacen que los hombres que retrocedan y escapen lejos, pero es una medida de la inmensidad del amor de Dios que él fue tan lejos para redimir al hombre de su esclavitud al pecado y la esclavitud a la corrupción.

Romanos 8: 31-32 = ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Así como existe un gran simbolismo en lo que el Señor instruyó a Moisés acerca de  formar la serpiente de bronce en el poste, así hay simbolismo en lo que los israelitas hicieron más tarde, cuando idolatraron esta imagen y ofrecieron incienso delante de él. Lo Qué hicieron los israelitas fue un acto de la religión artificial hecha por el hombre. Yahvé no instruyo a los israelitas a adorar a la serpiente en el asta, ni les dijo que ofrecieran incienso delante de él. Le dijo a ellos sólo que miraran a ella, y este mandamiento fue con el propósito expreso de la curación de ellos del veneno que las serpientes les habían envenenado.

En un incidente similar el rey Saúl perdió el reino cuando hizo una ofrenda que no se le mandó dar. Fue en esta ocasión que Samuel pronunció las palabras que a menudo son citadas hoy: 1 Samuel 15: 22 = Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

Una gran lección para la iglesia de hoy se puede ver en que Dios instruye a Moisés para formar la serpiente de bronce en el poste para la sanidad de las personas, y  ellos convirtieron esto en su posterior adoración de Nehustan que era idolatría. Jehová envió a su Hijo para destruir las obras de Satanás, para poner fin a la muerte venenosa que estaba matando a toda la humanidad.

Jesús fue crucificado para expiar los pecados del hombre, y fue levantado de nuevo para que todos los hombres sean participantes de Su vida de resurrección y caminen en victoria sobre el pecado, Satanás y el mundo. Cristo vino a traer sanidad a todos los hombres. 

1 Pedro 2: 24 = quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.  Se trata de la curación que Jesús compró para la humanidad, es decir, que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia. El apóstol Pablo escribió que los santos no deben considerar la gracia de Dios como una oportunidad para continuar en el pecado. En los términos más enérgicos condenó este modo de pensar como una apropiación indebida bruta, una malversación gruesa del sacrificio de Jesús.

Los israelitas en días del rey Ezequías no venían a la serpiente de bronce en el poste para la curación. Venían sólo para adorar a la imagen. De la misma manera una multitud de santos hoy en día no están viniendo a Cristo para ser curados de la destrucción del pecado y de la influencia corruptora.

Ellos no desean verdaderamente ser libres de la esclavitud de la carne y la naturaleza de la bestia. Sólo vienen a adorar la imagen de Cristo. Ellos hacen su ofrenda de alabanza al mismo tiempo que desean  permanecer atados a la naturaleza pecaminosa. Ellos han tomado lo que Dios quería para la curación y la convirtieron en un mero objeto de idolatría.

Tan claramente cómo puedo comunicarme permítanme decirles, Dios declara: «Muchos santos que adoran  semana tras semana al Cristo crucificado, trayendo una ofrenda de alabanza delante de Él como incienso que asciende a los cielos, de verdad practican la idolatría, Dios les declararía:

Amós 5: 21-24 = Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo.

Lo que Dios desea hoy de los santos es vidas marcadas por la justicia. Él anhela ver a sus hijos siendo conformados a la imagen de su Hijo primogénito. Quiere verlos caminar como vencedores, someter y gobernar sobre la naturaleza bestia. Él nos quiere  sanos. Hay un gran número de cristianos de hoy que no están caminando como vencedores, sin embargo, vienen semana tras semana a considerar a la imagen de un Cristo crucificado y ofrecer su incienso delante de esta imagen.

Vienen a sus lugares de culto o sitios de adoración, infectados con el veneno del pecado, y se van con la misma muerte que corre por sus venas. Su razonamiento es: «Yo soy sólo un pecador salvado por la gracia y si sigo en el pecado Dios me perdonará. Me gusta mi vida egoísta, y yo no soy diferente de cualquier otro. Traeré mi ofrenda a Dios y voy a confiar en que El me perdone y me lleve al cielo cuando muera. Y todo el tiempo que Dios dice,: No me gusta, odio y rechazo lo que ustedes están trayendo delante de mí. Déjame ver la justicia en ti. He proporcionado la curación para ustedes, sin embargo, continúan aferrándose a sus pecados.

Jeremías 48: 11 = Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado.

Santos, Te voy a enseñar la sutileza y la astucia de la serpiente hoy. Cada semana multitudes van a sus lugares de culto y hacen ofrendas de alabanza y de dinero a Cristo crucificado. Confiesan la luz que ellos han visto, pero permanecen sin cambios, inalterados. Aquellos que son testigos de estos adoradores devotos procedentes semana tras semana ante  sus imágenes de Cristo, ellos juzgan que esto es agradable al Padre. Después de todo, ellos confiesan a Cristo con sus bocas, y traen su incienso delante de él. Sin embargo, Cristo no vino a llamar a confesores o incluso adoradores. 

Él vino a hacer discípulos después de formar la imagen de Dios. Es de ningún valor adorar una imagen de Cristo, semana tras semana, si tú no estás siendo conformado a Su imagen. No es bueno llamarlo «Señor, Señor», si no haces las cosas que Él manda. La iglesia de hoy ofrece la salvación sin transformación, pero el Señor dice que la verdadera salvación es la transformación, y no hay salvación sin transformación. La palabra salvación es sinónimo de la palabra liberación. Para ser salvo del pecado hay que ser liberado del pecado.

Gálatas 6: 7-9 = No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

1 Corintios 6: 9 = ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar:

Una y otra vez las Escrituras declaran «No se dejen engañar», pero los santos son engañados. Ellos razonan que es suficiente  confesar a Cristo y mantener el mismo olor y sabor como el mundo sin lavar. Ellos viven para sí y están llenos de codicia y buscan después las cosas de este mundo, mientras  llevan su sacrificio de alabanza a Dios semana tras semana. Si no vas a ser conformado a la imagen y semejanza de Dios, entonces tú te estás engañando a tí mismo en relación con la voluntad de Dios para ti.

 Tú estás en rebeldía y estás viviendo en la idolatría. Que Dios levante a muchos hombres y mujeres con el espíritu de Ezequías en esta hora que aplasten a los ídolos de la cristiandad. Que estos hombres y mujeres declararen «Cesen de adorar sus imágenes de Cristo y comienzan a ser semejante a Cristo. Deje que su imagen sea formada en vosotros. «Esta es la voluntad de Dios y nada más va a satisfacer su deseo.  La voz de Dios clama hoy por el profeta Jeremías:

Jeremías 7: 21-23 = Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne. Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto. Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien. 

La iglesia ha repetido el error de Israel. Cuando Dios los llamó a la obediencia y la justicia, ella prefería culto y sacrificio en su lugar. La iglesia dice: «Vamos a continuar a vivir por esas cosas que perecen. Vamos a dedicarnos a la adquisición de casas, tierras y bienes materiales de todo tipo. Sigamos el placer, y protejamos nuestra carne del sufrimiento de la cruz. Pero esto que vamos a hacer, vamos a venerar la imagen de Cristo, y traeremos nuestra oferta de dinero y alabanza delante de él. Esto es suficiente”. ¡Que no te engañen! Tales actos religiosos hechos por el hombre no son suficientes ante Dios.

 Sólo se contentará cuando vea la imagen de su Hijo formado en las vidas de aquellos que han sido llamados y elegidos para este honor. La iglesia está llamando a la gente a adorar delante de una imagen de Cristo crucificado, pero no está llevando a la gente a una conformidad a Cristo y una muerte al yo, el pecado y la carne, y a huir de en medio de ella. Estas iglesias son casas de idolatría, y han construido su propio Nehustan ante el que invitan a los santos para presentar sus ofrendas. Estas iglesias son más que las rameras cabalgando sobre la bestia. Que los que tienen oídos para oír, oigan.

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2 – La Naturaleza de la Bestia

¿Cuál es la naturaleza de la bestia a la cual Adán y Eva se sometieron? ¿Qué es lo que Adán y Eva fueron mandados a someter y gobernar, pero se convirtieron en esclavos de eso mismo? Un buen lugar para comenzar a estudiar este asunto es mirar a la criatura que fue el instrumento de la caída de Eva. Génesis 3: 1 = Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? 

Génesis 3: 14 = Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. La serpiente se identifica como una bestia, que supera a todas las demás bestias de dos maneras distintas que se mencionan en estos versículos. La serpiente era astuta, más que cualquier otra bestia, y la serpiente fue maldecida más que cualquier otra bestia.

Debemos tener en cuenta que en este relato tenemos la primera aparición y aspecto de Satanás, y él aparece como una serpiente. Que la serpiente y Satán son uno se revela en otros pasajes. Apocalipsis 12: 9 = Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. 

La primera aparición de Satanás en la forma de una bestia revela mucho sobre su carácter. Satanás está totalmente entregado a la naturaleza de la bestia. Fue creado como un querubín protector, acabado de hermosura y sabiduría (Ezequiel 28, Isaías 14). Él era perfecto en su creación hasta el día en que se encontró iniquidad en él. Se hizo corrupto debido a su gran belleza, y comenzó a adorar a las criaturas antes que al Creador.

Cuando Satanás comenzó a adorar a la criatura se entregó a la naturaleza de la bestia. Su sabiduría, la cual fue declarada como «perfecta» antes de su transgresión, se distorsionó, y así vemos a la serpiente descrita como «astuta». La palabra astuta o astucia habla de una sabiduría caída que ha sido entregada a la búsqueda del deseo egoísta, y a no buscar la voluntad de Dios. No hay mayor característica de la naturaleza de la bestia que su egoísmo. Vive para ella misma. Existe para satisfacer los apetitos naturales que se encuentran dentro de su propio ser.

 Es codiciosa, lujuriosa, celosa y no sabe nada de morir a sí misma con el fin de vivir para la voluntad y el placer de los otros.  Mientras Satanás estaba todavía en el cielo él determinó que ya no iba a vivir para la voluntad y placer de Dios, pensó en querer ser igual a Dios y ser capaz de determinar su propio camino, ser autodirigido y buscar su propio cumplimiento. Una actitud de egoísmo siempre conduce a una serie de otros pecados como la codicia, los celos, la ambición egoísta, el orgullo, la lucha y la violencia. Mucho se revela acerca de la naturaleza bestia en la maldición que Dios le habló a la serpiente.

Génesis 3: 14 = Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Hay un gran simbolismo. Las palabras, «En tu pecho andarás» significa que la naturaleza de la bestia va a vivir para el cumplimiento de los apetitos naturales. ¿Qué es lo que la naturaleza de la bestia desea, y cuáles son sus apetitos? La comida, el sexo, la fama, la riqueza, la facilidad, el placer, bienes materiales, poder y una serie de otras cosas.

Ninguna de estas cosas es inherentemente mala, pero se convierten en malas cuando son lo único a lo cual la creación persigue con hambre y sed. La voluntad de Dios es que la humanidad buscara primero el Reino de Dios y su justicia al tiempo que permite a Dios elegir cómo y cuándo abastecer las necesidades de la humanidad. Jesús habló de esta manera: Mateo 6: 31-33 = No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Lo que se expresa en estas palabras es el contentamiento de los que viven para hacer la voluntad del Padre. Hacer la voluntad de Dios es la principal prioridad de su vida, y no se preocupan por las cosas de este mundo. Ellos no necesitan casas, tierras, coches y muchos bienes materiales. Ellos no están preocupados por el cuidado de su cuerpo físico, porque entienden que el que hizo el cuerpo del hombre ya conoce sus necesidades y Él sin duda proporcionará conforme a su gran sabiduría, amor y poder.

 Ellos entienden que si se entregan a la búsqueda del Reino de Dios el Señor se hará cargo de sus necesidades. Los que están sujetos a la serpiente no conocen el contentamiento de hacer la voluntad del Padre. De la serpiente leemos que fue maldecida a comer polvo todos los días de su vida. La carne del hombre fue formada del polvo de la tierra. Estas palabras de juicio sobre la serpiente simbólicamente hablan de un apetito por aquello de lo cual se partió para formar la carne, y todos los pecados de la carne.

Gálatas 5: 19-21 = Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

La serpiente fue maldecida a ser gobernada por su vientre y comer de las cosas de la carne. Cuando un cristiano se entrega a las cosas mencionadas en la lista anterior, lo cierto es que están permitiendo que la naturaleza bestia se manifieste en ellos. Muchos hombres, incluso los que nombran el nombre de Cristo, se rigen por esta naturaleza. Filipenses 3: 18-19 = Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que solo piensan en lo terrenal.

Pablo seguramente tenía la serpiente en mente cuando escribió estas palabras, porque habla del vientre y una mente puesta en las cosas terrenales. El vientre es una característica destacada de la naturaleza de las bestias, y fue singularmente marcada cuando Dios maldijo a la serpiente. El énfasis en el vientre de la bestia revela que toda su vida se basa en la satisfacción de sus apetitos terrenales. El vientre también se enfatiza cuando se habla de los hombres que se han dado a sí mismos a ser gobernados por la naturaleza bestia.

 La naturaleza bestia se puede resumir en una sola palabra, «egoísta». La naturaleza divina, en marcado contraste, se puede resumir en la palabra «desinteresada», o con la palabra «amor», porque se nos dice que el amor «no busca lo suyo «(I Corintios 13: 5). La perfecta sabiduría de Dios no es egoísta y busca el bienestar de otro. Así vemos en la Escritura que entre la divinidad hay una gran generosidad. El Padre glorifica al Hijo, el Hijo vive para hacer la voluntad del Padre, y el Espíritu toma las cosas del Padre y con ellos glorifica al Hijo (Juan 16).

La perfecta sabiduría de Dios es tal que el Señor envió a Su amado Hijo a morir por la humanidad, y Yeshua pondría libremente su vida por sus amigos. Esta sabiduría es totalmente desinteresada. Esta sabiduría es mansa, apacible y humilde. Santiago 3: 17 = Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.

La sabiduría de la naturaleza corrupta de la bestia no es así. Nace en el egoísmo y no se preocupa por el bienestar de los demás. Santiago 3: 15-16 = porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Quiero compartir algo aquí que es difícil de transmitir. La razón por la que es difícil es que los santos han sido tan carnales durante tanto tiempo que solo pueden con gran dificultad empezar a percibir las enormes profundidades en las que la iglesia se ha hundido.

Sé que la mayoría de los que están accediendo a esto va a pensar que no se está manifestando la naturaleza de la bestia en ellos de ninguna manera, y que son verdaderamente desinteresados y en gran medida están manifestando el Espíritu de Cristo, pero hay que recordar que la serpiente era la más astuta por sobre todas las bestias y que el arma principal de Satanás es el engaño. Satanás puede convencerte de que tú eres la imagen de la piedad, cuando en realidad eres mucho menos que eso.

Te pido que permitas realmente al Espíritu buscar en lo más profundo de su ser a medida que lee lo que sigue. Sin duda sonará radical y parecerá fuera de lugar en un mundo regido por el maligno. Parecerá como algo herético a la ramera que quiere permanecer firmemente asentada en la bestia. Incluso puede causar que un poco de miedo empiece a surgir dentro de su ser a medida que empieza a «considerar el costo» y considerar las consecuencias de lo que está siendo compartido hoy, pero si tú no vas a retroceder, y si vas a permitir que el Espíritu te transforme de modo que ya no te conformes a un mundo materialmente y obsesionada mente caído, entonces la imagen divina será expresada en y a través de tu ser.

 Entonces comenzarás a manifestar aquello para lo que Dios creó al hombre. Tú vas a aparecer como la misma imagen y semejanza de Dios. ¿Estas Listo?  Leemos que donde hay celos, ambición egoísta, esclavitud al vientre y a los apetitos de la carne, estas son sin duda las características de la naturaleza bestia. La naturaleza animal se caracteriza por su consumo y que nunca está satisfecha.  Este consumo es evidente en todas partes en nuestra sociedad, pero realmente no lo vemos.

Nos hemos vuelto tan perdidos en este consumo visible que ya no es visible para nosotros. Los Santos somos llamados a ser conformados a la imagen de Cristo, y Cristo es llamado «la luz del mundo.» Él es totalmente desinteresado y generoso. Él puso su vida por los mismos que lo odiaban. Se nos dice que «siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros», incluso cuando éramos sus enemigos. Leemos en el primer capítulo del Génesis que en el cuarto día las luces fueron creadas en el firmamento de los cielos, y vimos cómo los santos corresponden con estas luces.

 La luz es desinteresada. La Luz no consume, sino que irradia hacia el exterior. Va adelante y aporta calidez, vida y energía a todo sobre lo que brilla. Todos los santos son llamados a ser esos desinteresados, dando luz, que irradie la vida y el amor de Cristo en un mundo oscurecido. Se me ha ocurrido que, así como Dios nos ha dado una representación de los santos en el cielo, así también nos ha dado una representación de aquellos que están marcados por la naturaleza bestia.

 Mucho se ha hablado en los últimos años acerca de los agujeros negros. Los agujeros negros se dice que son las áreas de materia súper densa que son causadas por una estrella que colapsa sobre sí misma. Estas áreas de materia súper densa comienzan a tirar todas las cosas hacia sí mismas. Son estos atractores poderosos que ni siquiera permiten que la luz escape de ellas. Ellas sólo absorben más y más materia. Los científicos no pueden ver realmente los agujeros negros, ya que no emiten luz.

Más bien han determinado que existen observando el efecto que se produce en la materia alrededor de ellos. Pueden observar la materia siendo tirada con fuerza a un lugar determinado y la luz siendo extinguida, mediante la observación de esta actividad son conscientes de la existencia y la presencia de agujeros negros. Estos agujeros negros tipifican a esos hombres y mujeres que se han dado a sí mismos a la naturaleza bestia.

La humanidad fue creada como las estrellas para manifestar la luz y la vida del Creador, pero muchos se han derrumbado hacia atrás sobre sí mismos, habiendo vuelto hacia adentro y comenzando a buscar cosas por uno mismo. Muchos, aun entre los santos, no han podido ser contenedores para expresar la luz de Cristo y vivir para hacer la voluntad del Padre. Más bien, quieren las cosas para ellos mismos. Ellos se sienten atraídos por la materia de este mundo, y ansían ser llenos de codicia, lujuria y ambición egoísta.

Como éstos comienzan a trabajar para ganar las cosas que sus almas desean y así dejan de irradiar la luz de Dios y se vuelven como grandes vacíos que atraen las cosas materiales a sí mismos. Ellos razonan que es justo y adecuado que deben tener una parte justa de los bienes del mundo y empiezan a ejercer una tremenda energía para ganar esas cosas a su alrededor. Comienzan atraer asuntos a sí mismos. La Biblia llama a esta actividad «servir al dinero» y a los santos se les advirtió que ningún hombre puede servir a Dios y a las riquezas. Ahora aquí está la parte difícil de lo que yo quiero transmitir.

 Casi todos los santos están tratando de servir a Dios y a las riquezas, aunque ellos no lo reconocen. La mayoría de los santos están marcados por la influencia de la naturaleza de la bestia en sus vidas, y un gran número están cabalgando sobre la bestia, y no quieren admitir que lo están haciendo.  Aunque todos los santos han sido llamados a dar a luz la luz de Cristo, un número alarmante de ellos se han vuelto hacia adentro y se han convertido en consumidores voraces de la materia.

Están en peligro de ser arrojados de vuelta a la tierra como higos inmaduros, y ser entregados por entero a la búsqueda de sus apetitos egoístas. Una de las razones por las que los santos no reconocen la influencia de la naturaleza bestia sobre su vida, es por el gran egoísmo y la codicia que está presente dentro de ellos, y porque que se comparan entre sí y no con Dios, que es la verdadera medida para la cual el hombre fue creado.  

Por lo tanto, me gustaría establecer a Cristo como la norma o estándar y revelar cuál es su actitud sobre el consumo y la práctica de los apetitos naturales. Al mirar a Cristo veremos claramente lo que es de la naturaleza animal y lo divino. Inmediatamente después de que Cristo fue bautizado por Juan en el río Jordán, el Espíritu lo llevó al desierto, donde ayunó durante cuarenta días. Otra forma de decir esto es que Cristo no consumió nada durante cuarenta días.

Después de estos cuarenta días se nos dice que Cristo tenía hambre, pero él todavía no comía. Satanás entonces vino a tentar a Jesús y la primera tentación fue relacionada con el consumo. Satanás dijo a Cristo, «Si tienes hambre, convierte estas piedras en pan. Lo que Satanás sugirió parece muy razonable a la razón del hombre. Si usted tiene un apetito que clama estar satisfecho, entonces parece normal satisfacerla.

 Después de todo, Dios creó el cuerpo del hombre que se nutre de los alimentos, e incluso Cristo dijo «la comida es para el cuerpo», pero vemos aquí una notable manifestación de la naturaleza divina. Cristo respondió a Satanás diciendo: «Está escrito: ‘El hombre no vive sólo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Lo que Cristo declaró era que hacer la voluntad del Padre es más importante que la satisfacción de los deseos naturales del cuerpo.

El Espíritu aún no había liberado a Cristo de su ayuno, y Dios aún no había manifestado cómo iba a satisfacer las necesidades de su Hijo por la comida. Jesús estaba tan sometido al Padre que Él no consideraría hacer nada por su propia iniciativa para satisfacer su necesidad de alimentos. Él no estaba preocupado de que su Padre le dejaría morir de hambre. Él sabía que, si Él buscaba la voluntad del Padre por encima de todo, él se haría cargo de las necesidades de la vida. 

 Cristo se negó a ser conducido por sus apetitos. Se negó a entregarse a la insistencia o al impulso de la bestia para consumir, incluso cuando tuvo hambre. Sometió y gobernó sobre la bestia. Él azotó su cuerpo y lo mantuvo bajo sujeción. Se nos dice que después de que Satanás dejó a Jesús que los ángeles de Dios llegaron y ministraron las necesidades de Cristo. Dios ya sabía cómo y cuándo Él proveería el sustento de su Hijo, y el Hijo tenía tal paz y confianza en el amor del Padre, por lo cual estaba dispuesto a esperar, sabiendo que la voluntad del Padre es siempre el mejor y más alto bien para nosotros.

Veamos ahora otro acontecimiento en la vida de Jesús. Durante todo el período de su ministerio Jesús no era dueño de una casa. Nunca tuvo un centro de ministerio, y él se limitó a dormir a donde el Espíritu lo llevó a dormir. A veces dormía en los campos abiertos. A veces dormía en la popa de un barco en una almohada. A veces dormía en una cama en la casa de alguien, como en la casa de Lázaro, Marta y María. Cuando un hombre se acercó a Jesús y dijo que deseaba ser su discípulo, Él respondió de esta manera:

Mateo 8: 20 = Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Creo que es importante que Jesús contrastó su camino divino de la vida a la de dos bestias, los zorros y las aves. Bestias que exigen algún tipo de hogar. Quieren un nido para vivir, o una buena guarida en la tierra. También lo hacen muchos hombres y mujeres que exigen tales cosas. Ellos pueden decir a Dios: «Voy a ser tu discípulo, siempre que pueda tener mi casa bonita y mobiliario.

Mientras que puedo tener mi buena cama para dormir en la noche te seguiré. «Pero mira las palabras de Cristo a quien sería su discípulo. Él dijo que no podía prometer tal cosa, para quien vive para hacer la voluntad de Dios y se contenta con lo que Dios decide proveer para ellos. En efecto Jesús estaba diciendo a este hombre que tuviera en cuenta el costo. Si este hombre quería tener un hogar, como las bestias demandan una casa, entonces no podía ser verdaderamente discípulo de Cristo, porque Cristo reveló que Su vida se centra en agradar al Padre, no en auto agradarse.

¿Estoy empezando a sonar herético? ¿Estás comenzando a sentir que el miedo se levanta dentro de ti, respecto a lo que Dios realmente podría requerir de ustedes si tuvieran que entregar todo a Él? Tú puedes pensar, «Dios en realidad no necesita que yo esté dispuesto a renunciar a todo, y no veo a nadie a mi alrededor hacerlo», pero de nuevo Dejemos que Cristo sea la medida de todas las cosas. Escucha sus palabras:

Lucas 14. 33 = Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Estas palabras de Cristo vienen inmediatamente después de hablar sobre tener en cuenta el costo del discipulado. Con la imagen de la naturaleza divina llega un gran costo para la carne y el hombre natural. Es por esto que Cristo dijo que todos los que quieran seguirlo debe tomar su cruz. La cruz es un instrumento de muerte, y la bestia debe ser asesinada, aunque la bestia piense que sólo es lo normal y necesario que hace para tener su propio nido privado, o cueva. Podemos preguntar: «¿Cómo hicieron los apóstoles y la iglesia primitiva para comprender este asunto? ¿Ellos también renunciaron a todo lo que poseían?  «Me alegro de que hayas preguntado. Echemos un vistazo a las Escrituras para ver:

Hechos 4: 32-35 = Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.  Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. 

Durante los primeros años después de la ascensión de Cristo, y después de Pentecostés, una notable obra de la gracia fue vista entre los santos. Fueron extraordinariamente liberados de la naturaleza bestia. Ellos manifiestan la vida divina a un grado increíble, y debido a esto se presentaron como grandes luces en su mundo. De su reputación leemos: Hechos 5: 13 = De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.

Quiero instar a considerar detenidamente la Escritura de arriba para que revele tal vez la evidencia más profunda de la capacidad de Dios para transformar la vida de los hombres que cualquier otro testimonio o milagro del Nuevo Testamento. Un gran número de hombres y mujeres que anteriormente habían sido esclavizados a la naturaleza de la bestia, y que habían vivido como consumidores, se transformaron en dadores.

Antes de la salvación era su naturaleza reunir los bienes materiales a sí mismos, y después de la salvación era su naturaleza ser libre de toda propiedad y todos afirman que cualquier cosa propia era de todos. Nota el alcance de las palabras utilizadas » y ninguno decía ser suyo lo que poseía.»  ¡Aleluya, la naturaleza animal que se arrastra sobre su vientre y se come el polvo de la tierra fue asesinado! No conozco mayor evidencia de la transformación completa de los santos por el poder del Espíritu que estas palabras.

¡Eran todos ellos gloriosamente uno mismo!  Nadie dijo que todo lo que poseían era de su propiedad. Ellos realmente comenzaron a estimar las necesidades de los demás como más importantes que sus propias necesidades. Ellos comenzaron a manifestar el amor por los hermanos, y por eso todos los hombres reconocieron que eran los discípulos de Cristo. Ellos amaban a Dios y a los hijos de Dios antes que a los bienes materiales.

Se puede decir que estos primeros santos estaban tan cautivados con un amor de Cristo y el deseo de hacer la voluntad del Padre que las cosas materiales simplemente se volvieron poco importante para ellos. Lo que antiguamente habían aferrado con gran tenacidad, y custodiado con gran celo, ya no era precioso para ellos. Cuando el amor de Cristo y de los hermanos entró con tal poder, el amor de otras cosas murió. Cuando el inmenso deseo de hacer la voluntad del Padre los agarró, el deseo de hacer la voluntad del hombre fue repudiado.

La iglesia de hoy no manifiesta esta misma actitud desinteresada, estar contentos con lo que el Padre les daría a ellos, en el momento y en la forma en que Él elige. En cambio, la iglesia anda montada en la bestia como una gran ramera, y tiene muchos antojos de las cosas de este mundo. Ella anhela ser vestida con ropas finas y ser adornada con muchas joyas.

Los santos se dan a una búsqueda de casas, tierras, coches, muebles, ropa y alimentos ricos y el placer y el entretenimiento, y dicen: «Dios quiere que tenga estas cosas y gaste mis días recogiendo lo que mi corazón desea, y trabajar por las cosas que perecerán «, por la astucia de la bestia han sido engañados. Considera las palabras del apóstol Pablo:

Filipenses 4: 11-13 = No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

1 Timoteo 6: 8 = Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.

Hebreos 13: 5 = Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; 

La marca de la naturaleza divina es la alegría, y no la codicia. Pablo dijo: «con Tener sustento y abrigo, con eso estaremos contentos.» Dijo que estaba contento en cualquier circunstancia en que estaba. La conclusión es que los que llevan la naturaleza divina están satisfechos con lo que la provisión del Padre elige darles a ellos. Ellos no viven para satisfacerse a ellos mismos.

Ellos viven para hacer la voluntad del Padre. Ellos no se dan a la búsqueda de las cosas del mundo. No tienen deudas que pudieran poseer hoy si tuvieran lo que se les antoja, sin tener el dinero para ello. Ellos se caracterizan por su generosidad y su entrega desinteresada. Ellos no dicen que todo lo que poseen es de su propiedad, porque han rendido todas sus posesiones a Dios.

Debo añadir algunos comentarios aquí en aras de la claridad, porque yo sé que algunos podrían malinterpretar mis palabras. No estoy diciendo que para llevar la naturaleza divina todos los santos deben abrazar la pobreza y deshacerse de sus casas y tierras. Lo que estoy diciendo es que deben estar dispuestos a hacerlo si es la voluntad de Dios para ellos.

Pablo dijo que él sabía cómo estar contento con la pobreza (medios humildes), pero también sabía cómo estar contento con la prosperidad. El meollo de la cuestión es precisamente lo que se ha declarado en repetidas ocasiones, los santos deben estar contentos con lo que Dios Padre elige y pone a su disposición para ellos, y a estar en reposo con su calendario y su provisión. No pueden exigir su propio camino.

En este tiempo de enseñanza me estoy centrando sobre todo en las demandas de la naturaleza de la bestia para tener hogares y tierras, etc., porque a esto es lo que la mayoría de los santos se han entregado a perseguir. Eso es el Reino. No hay muchos que vayan en la dirección opuesta, exigiendo vivir de una manera pobre, tratando a sus cuerpos estrictamente y negándose a sí mismos a todo placer, pero esto también es un error.

Colosenses 2: 20-23 = Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

Hay una pequeña minoría de los santos que han errado en el sentido contrario de la mayoría. Esta minoría estaba en auto humillación y en el trato severo del cuerpo. Pablo dice que estas cosas tienen una «apariencia de sabiduría», ya que parece que no están sirviéndose a sí mismo sino a Dios. Sin embargo, Pablo revela dónde está el error en estos santos también. Afirma que estas cosas no son verdaderamente sabias por su apariencia de sabiduría y se basa en la religión auto hecha y la auto humillación.»

Estos son a quienes Pablo condena por igual que a los que se entregan a la búsqueda del placer, erran en el blanco porque quieren ser auto dirigidos. No se contentan con esperar en Dios y recibir todo lo que Él tiene para ellos, pero sólo recibirán la pobreza y la auto humillación. Pablo dijo que estaba contento con la pobreza, pero también con la prosperidad, con el hambre y con la llenura, con el sufrimiento de la necesidad y contento cuando había abundancia. Los que son conformes a la imagen de lo divino se contentan con lo que Dios elige para ellos.

Sin duda, la mayoría de los santos erran el blanco en el lado de la codicia, y no en la auto humillación, pero ambas son igualmente pecaminosas por originarse en uno mismo. Los que llegan a la madurez de Cristo han crucificado la carne y sus deseos y viven para hacer la voluntad de Dios. Ellos están contentos con lo que Él ofrece y no extenderán su mano para satisfacer sus apetitos naturales aparte de la voluntad de Dios. Tampoco van a negarse a recibir lo que Dios proveería para ellos con el fin de anonadarlos.

El discipulado es rendirse a la voluntad de otro, y en esta rendición de la voluntad es donde radica el costo del discipulado. Hay un alto costo para el discipulado, y por esta razón Jesús insta a todos los que quieran seguirlo para que tengan en cuenta el costo. Él no promete a ningún hombre o mujer casas y tierras, sino que insta a todos a contentarse con lo que el Padre elige para ellos.

Esto es pues, un punto de fricción real. ¿Puedes estar contentos con lo que el Padre elige para ti, o tienes ciertos requerimientos, deseos o demandas que no son negociables? Quieres decir a Dios: «¿Voy a darte una parte de mi vida, pero yo reservare otra parte de ella?» Recuerda, Cristo dijo que ningún hombre puede servir a Dios y a las riquezas. Sí, estas cosas son radicales, y la iglesia primitiva era muy radical, y brillaron como una luz brillante para una temporada. La bestia sufrió una herida mortal, pero la herida ha cicatrizado y la Bestia ha regresado y ha ofrecido a la iglesia un paseo en su misma espalda.

Apocalipsis 13: 3-4 = Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?

Cuando Cristo fue crucificado y resucitó Satanás recibió un golpe mortal. La iglesia primitiva sometió y gobernó sobre la naturaleza de la bestia. Ellos se establecieron completamente libres de una esclavitud a sus apetitos naturales. Ellos se transformaron de los consumidores a los radiadores de luz y vida. Sabían la gloriosa libertad de poseer nada más que a Cristo. Sin embargo, los santos no pudieron seguir subyugando y gobernando sobre la naturaleza de la bestia.

Comenzaron a adorar al dragón, Satanás, la serpiente, una vez más. Por su astucia los convenció de que podían ser discípulos de Cristo al tiempo que permitían al bestia vivir. Él los convenció de que la bestia incluso los llevaría a su objetivo y que podrían vivir en armonía con la naturaleza de la bestia. Hay muchas interpretaciones carnales de lo que habla este pasaje de Apocalipsis 13. Muchos maestros de profecía miran a la bestia como algunos gobernantes políticos que se levantarán y harán guerra contra el cristianismo, pero permítanme declarar que la bestia ha estado presente durante toda la duración del cristianismo y que ha hecho la guerra con muchos santos, y pocos la han superado.

Muchos son los santos que han sido derrotados a través de gran engaño y astucia, ya que no han logrado someter y gobernar sobre la naturaleza de la bestia. Han creído que podían vivir para sí mismos y para Dios, que podían ofrecer a Dios una parte de sus vidas, mantenimiento ellos otra parte importante para ellos, para que pudieran encontrar placer y satisfacción en los ofrecimientos del mundo. ¿Estás dispuesto a permitir que el Espíritu brille una luz sobre su vida, sobre sus hábitos de gasto y su acumulación de los bienes de este mundo?

 ¿Estás dispuesto a renunciar a todas tus posesiones como Cristo requirió con el joven rico? ¿Estarías contento con la comida y la cubierta, ni siquiera exigiendo lo que los animales tienen, como lo es su propio nido, su propia guarida? Cristo amonesta a todos a contar el costo antes de declarar que le seguirán donde quiera que Él los lleve. Si deseas llevar la imagen de lo divino, entonces la naturaleza de la bestia se debe descartar a una y subyugarla.

 El hombre se aferra tenazmente a las cosas de este mundo, a las posesiones de su propiedad, porque ellos no conocen el amor de Cristo y de los hermanos el cual debería hacer de las cosas del mundo como algo sin valor en comparación al Amor de Dios. Si no estás completamente cautivado por Cristo, quedarás cautivado por cosas menores. Por otro lado, si tu amor de Cristo es puro y sin adulterar, entonces las cosas de este mundo serán como nada para ti. Tú no codiciarás, o pasaras tu vida, tu tiempo y energía en la búsqueda de la acumulación de cosas materiales. Cristo vino a poner en libertad a los hombres, y aquellos a quienes el Hijo los libera son verdaderamente libres.

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¿Quién Entra al Paraíso?

La Crucifixión. ¿Cuántas veces, en tu historia eclesiástica, te han hablado, o enseñado, o predicado respecto a la crucifixión? Si creciste en una iglesia cristiana de buen nivel, supongo que no menos de veinte o treinta. ¿Y qué es lo que sabes de la crucifixión? Pues lo que está escrito, ir más allá de eso, es correr riesgos innecesarios de confundirse o entender algunas cosas a la inversa de lo que fueron. Los evangelios relatan ese tremendo episodio, clave para la salvación de toda la humanidad que lo acepte. Pero difieren en algunos detalles que hoy, tomando como nace el de Lucas, quiero rescatar. No ya para crear doctrina o nueva mirada, sino para completar lo que hasta aquí hayamos recibido de manera incompleta.

Quiero dejar de lado todo lo previo, que no es poca cosa, pero que ingresa en otro estadio de lo que hoy te quiero compartir. Lo más impresionante, es el grado de manipulación emocional e intelectual que alguien llevó a cabo con la gente de esa época, que determinó que a la hora de elegir quien se salvaba y quien moría en la cruz, optó por un político, o subversivo o algo parecido, y condenó a Jesús. La misma gente a la cual Él había brindado todo su amor, ayuda y, en casos liberación y sanidad. Quiero comenzar desde el momento en que Jesús emprende el camino literal hacia esa cruz preparada para Él. En Lucas 23: 26, dice: Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.

Si era de uso que el propio condenado cargara su cruz hasta el lugar final, ¿Que motivó que con Él se la pasaran a este Simón de Cirene? Los teólogos, dicen que fue por causa de la debilidad que Jesús evidenciaba y le impedía cargarla. Solamente hay que examinar lo que verdaderamente fue el castigo y la flagelación previa que Jesús recibió, para entender que de ninguna manera él estaba en condiciones siquiera de caminar, aunque debió hacerlo. El acto de Simón de Cirene obligado a llevarle la cruz, es casi un símbolo de lo que Él mismo había dicho, en relación a que quien quisiera seguirlo, sólo debía tomar su cruz y hacerlo.  (27) Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Aquí está la respuesta al por qué eligieron a Barrabás. No fue decisión del pueblo en sí, sino de los laderos de Barrabás que manipularon toda la ceremonia y lograron su objetivo.

(28) Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. (29) Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. Esto trasciende aquel momento y, con esa tan particular manera que tiene lo espiritual de erigirse como natural, aterriza en un hoy en el que esta respuesta, cabe perfectamente para lo que estimamos como nuestra iglesia cristiana global. Primera pregunta: ¿Cuántas personas que se congregan en iglesias cristianas del mundo, tienen un testimonio de vida cotidiana que hace pensar a quienes los conocen que ser cristiano es un objetivo precioso y preciado? No conozco demasiados, quizás tú sí. Segunda pregunta: ¿Cuántos hijos de esas personas, nacidos como cristianos, siguen luego congregando y viven una vida conforme al diseño divino? Tampoco conozco demasiados, quizás tú sí. Gloria a Dios si son tus hijos.

Y que quede especial constancia que no digo esto a modo de crítica desaprensiva para quienes militan en iglesias, lo digo como advertencia constructiva para padres y madres que, de modo casi automático, suponen que porque llevaron al niño desde pequeño a la iglesia y lo motivaron a cantar, orar en voz alta y aplaudir con ellos, éste cuando llegue a la adolescencia y luego a su calidad de adulto, seguirá haciéndolo como parte de su vida. Es muy cierto que todo lo que recibió le quedará en un punto de su ser y, a corto, mediano o largo plazo, si cuenta con oración intercesora y de cobertura, muy probablemente lo convierta en un creyente genuino. Pero, en el mientras tanto, he visto y se siguen viendo miles de jóvenes hijos de padres cristianos caminando el mundo como uno más de todos los inconversos que lo hacen. Si un ser humano no es tocado por el Espíritu Santo con clara convicción de pecado, ese ser humano encuentra más agradable caminar en pecado, de eso no tengas dudas.

(30) Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. (31)  Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, ¿Qué no se hará?

La idea es Si este es el destino del inocente (Jesús se refiere a sí mismo), ¿Qué pasará con los culpables?” Jesús habló esto en un sentido más inmediato, conociendo el destino que vendría sobre Jerusalén. Alguien dijo que con su ojo profético él ve más allá de los años y ve a Jerusalén acosada y capturada. Él habla como si oyera los terribles gritos que anunciaban la entrada de los romanos a la ciudad, y los asesinatos de jóvenes y ancianos, y mujeres y niños. Jesús habló esto en un sentido más grande, conociendo el destino de todos aquellos que lo rechazan. No necesitas llorar ni una décima parte porque Cristo murió sino porque tus pecados hicieron necesario que tuviera que morir. No necesitas llorar por la crucifixión, sino llorar por tu transgresión, porque tus pecados fueron los que clavaron al Redentor en ese maldito árbol. El llorar por el salvador que muere es lamentar el remedio; pero es más sabio lamentar la enfermedad.

(32)  Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos.

Aquí nos encontramos con una leyenda sin base muy parecida a la que dio origen nada menos que a la celebración, conmemoración o festividad de los Reyes Magos. No hay escritura alguna que confirme que eran reyes. Sí dice que eran magos, por lo que algunos suponen que podrían ser profetas, pero tampoco de esto hay confirmación suficiente. La figura infantil de esos tres hombres, (Uno de raza negra) cabalgando en camellos, es una ilustración muy bonita y hasta llena de ternura que ha servido y sigue sirviendo para darle emoción a un día donde los niños, (Con padres que tienen un trabajo que se los permite), reciban regalos en sus zapatos, cosa también sin explicación. Aquí, en esta instancia, siempre hemos dicho, aprendido y enseñado que eran dos ladrones, en medio de los cuales fue crucificado Jesús.

Pero resulta ser que la palabra que está inserta en el original griego, es la palabra kakoúrgos, que en su traducción más simple da origen a la palabra que aquí hemos leído: malhechores. Hay que añadir que, en esa época, y tal vez también ahora, ser un malhechor generalmente estaba relacionado con ser un criminal, un asesino. Quizás un ladrón también, pero que muy probablemente hubiera matado a alguien para robarle, igual a como todavía sigue sucediendo en muchos lugares del mundo, del cual mi país, Argentina, y mi ciudad de residencia, Rosario, lamentablemente es uno de ellos. La derivación de este vocablo, también incluye depravado, lo que incluiría en ese rubro a violadores, por ejemplo. Mateo y Lucas dicen Malhechores, Marcos dice Ladrones y Juan sólo menciona “a otros dos”, sin especificar nada más. Lo que sí podemos asegurar, es que estos dos hombres, merecían en ese tiempo la condena a crucifixión porque sus delitos no habían sido menores ni dignos de perdón o sobreseimiento. Esto resaltaba mucho más la calidad de inocencia de Jesús en medio de ese nivel de personas.

(33) Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Había, efectivamente, un lugar específico a las afueras de las murallas de la ciudad de Jerusalén pero aún cerca de ella, donde las personas eran crucificadas. En este lugar llamado de la Calavera fue donde Jesús murió por nuestros pecados, y nuestra salvación se cumplió. Calavera significa sencillamente “el lugar de la calavera”, y era el lugar donde los criminales eran crucificados. Como no todos los cadáveres eran recogidos ni tampoco muy limpiado el lugar, podría ser factible encontrar algún cráneo antiguo de un crucificado. Lo que sí vale la pena rescatar para concluir con tradiciones insostenibles desde lo bíblico, es que no se menciona nada acerca de las catorce estaciones de la cruz, como tampoco esas caídas de Jesús, el encuentro con su madre o con Verónica. Tales tradiciones posteriores, aunque sin duda sentimentales en su atractivo, parecen no tener una base histórica. Sin embargo, fueron adoptadas por mucho pueblo cristiano al que hoy es casi imposible lograr que entiendan que eso en realidad no sucedió.

(34) Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. 

Cuando hablamos de amor, de paz interior, de misericordia divina y todas esas cosas, pretendemos darle cátedra al mundo con sus odios, resentimientos, rencores y furias feroces. Pero creo que no podemos alcanzar ni por asomo la medida de entendimiento con lo que, sintiendo lo que seguramente sentía por todo lo que estaba viviendo, pudo reaccionar de esta manera. Una forma de expresarse que, cuando la leemos en nuestras Biblias, suena casi como adecuada al vocabulario de quien lo dice, pero que si practicamos un mínimo de empatía y conseguimos ponernos en su lugar, podremos ver que se nos presenta como directamente imposible. Dudo que el cristiano más amoroso del planeta pudiera decir algo similar cuando se veía a punto de ser clavado contra una cruz de palo de la cual quedaría colgado hasta morir por asfixia o, en el mejor de los casos, un shock cardíaco. Desde afuera parece muy fácil ser un Jesús muriendo por los pecadores, pero desde su lugar, créeme que las cosas cambian y mucho.

(35) Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si este es el Cristo, el escogido de Dios. (36)  Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, (37) y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. (38) Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS.

¿Nunca viviste algo así? Gente poseedora de maravillosos dones de enorme bendición para miles, de pronto no pueden solucionar un problema personal o familiar y se sienten frustrados y hasta decepcionados. En parte tienen la responsabilidad de no entender que al poder que han ministrado, lo han recibido de Dios. Que ellos en sí mismos no tienen nada, y que, si a Dios le place no dárselo en un momento determinado, no se los da y punto. Pero esos somos nosotros, los hombres egocéntricos que hemos llegado a suponer que, en algunos puntos, Dios depende de nosotros. ¡Ilusos! Dios no depende de ningún hombrecito de pies pegados al piso. De todos modos, y salvando las distancias de las comparaciones, eso puede servirte para comprender cómo se tiene que haber sentido Jesús con todas estas burlas. Y mucho más, sabiendo que si se ponía de acuerdo con su Padre, los aniquilaba a todos en un abrir y cerrar de ojos. Pero no, no hizo eso porque, en su fuero íntimo, sabía que tenía que vivirlo, que era parte del todo.

(39)  Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. (40)  Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? (41) Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; más este ningún mal hizo. (42) Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

¿Tienes alguna duda que el malhechor que sale en defensa de Jesús, fue tocado por el Espíritu Santo justamente allí y en ese momento? En primer lugar, reacciona defendiendo a un hombre que en lo material, no está en condiciones de darle absolutamente nada, ya que está colgando de otra cruz y comenzando a morirse igual que él. En segundo término, utilizando ese poco tiempo que sabe que le resta en esta tierra, para lo que lisa y llanamente es una confesión de pecado. Y; finalmente, procurando un perdón por parte del que ya ha caído en cuenta que es nada menos que el Hijo de Dios y, como tal, pidiéndole misericordia, absolución, perdón y redención con vida eterna en ese Reino que, hasta hace no menos de cinco minutos, tal vez ni siquiera creyera que existía. Me podrán decir que el temor rozando con el terror a la muerte, pudo haberlo llevado a decir todo eso, de acuerdo. Pero lo último que murmura lo suficientemente fuerte como para ser oído por Jesús, creo que no tiene nada que ver con un temor terrenal.

(43) Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Primero lo textual. Algo está más que claro. Jesús le aseguró a ese malhechor arrepentido que estaría con Él en el paraíso. El momento en que eso sucedería, es lo que ha tenido teorías de uno y otro tenor. La mayoría de las traducciones, dicen como esta de Reina Valera tradicional: hoy estarás conmigo en el paraíso. La biblia que utilizan los Testigos de Jehová, (Traducción del Nuevo Mundo – TNM), dice lo mismo, pero escrito de un modo que da para interpretación distinta. Dice: Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso”. Suena fonéticamente casi igual, pero si lo examinas con precisión, no te está diciendo lo mismo. Nuestra versión mayoritaria, nos muestra que ese delincuente arrepentido estaría en el paraíso con Jesús ese mismo día, al instante siguiente de exhalar su último suspiro aquí en la tierra, en esas cruces. La otra versión deja entrever que le está diciendo en ese momento que estará con Él en el paraíso, pero no lo dice de modo tal que se entienda que será de inmediato.

No me gustan demasiado esta clase de controversias porque, si lo exageramos, nos hacen desconfiar de todas las traducciones y, en el final, lo único que logramos es no leer la palabra de Dios como debemos y perder nuestro tiempo en discusiones estériles. De última, ¿Qué diferencia existiría para ti que me escuchas, pensar que el día que mueras te vas directo a ese paraíso o lo harás luego de despertar de un sueño extenso en el momento de ir al juicio? Para sacar algo en claro de los originales, hay que conocer el idioma a la perfección, ya que los interlineales no son claros como para abrir juicio. Dice Hoy y dice Paraíso, pero no está la palabra Que, que sería la que divide una interpretación de la otra. No tengo conocimiento si en la escritura griega antigua se utilizaba este pronombre relativo o conjunción, y ese es otro detalle a tener en cuenta. Pero, para lo que nos interesa de sobremanera, Jesús le aseguró a ese delincuente, (Nadie sabe si ladrón, asesino o qué cosa), que, por causa de su arrepentimiento, había sido perdonado y su vida eterna sería en ese maravilloso lugar que llamamos cielo.

Fuera de esto, nada hay para discutir. ¿O sí? Porque en mi época de maestro, había algunos ilustres hermanos, de esos que parecen haber nacido dentro del templo, a partir de los años que llevan allí, que no miraban con buenos ojos la enseñanza que dábamos a partir de esto del malhechor perdonado, salvo y compañía de Jesús en el paraíso. No tenían argumentos bíblicos, porque la palabra es muy clara cuando nos dice, a través de Pablo, en su carta a los Romanos 10:12-17: Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.  ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!  Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Sin embargo, una cosa es la iglesia genuina del Señor, nutriéndose con su palabra revelada y presta a la misericordia y el amor al prójimo, y otra muy distinta las babilonias disfrazadas de cristianas con sus legiones, (Casi digo de demonios, acto fallido), legiones de solemnes legalistas prestos para fusilar al amanecer a todo aquel que no encaje en lo que ellos interpretan que un cristiano debe ser. Y hay que asumir que estos últimos, nunca eligen predicar sobre estos dos malhechores crucificados junto a Jesús, porque hacerlo los obliga a reconocer que alguien puede ser salvo e ir al paraíso con Cristo sin congregarse en un templo por mil años, sin ser bautizado por inmersión, sin haber dado sus diezmos y ofrendas y sin haber tomado nunca la Santa Cena, ni saludado a ningún pastor al terminar un culto. Con solo aceptar a Cristo como Hijo de Dios y Salvador personal por esa cruz, se es salvo. No pueden aceptar esto sin sentirse horribles.

¡No entiendo! Dicen. ¿Cómo puedo entender que Dios lleve al cielo junto a Él a alguien que recién se convierte, en igualdad de condiciones que yo, que tengo más de cincuenta años de cristiano, que formo parte del diaconado de la iglesia, de la junta de convenciones de la denominación, que una vez al mes soy designado para servir la Santa Cena, que en casos soy elegido para levantar las ofrendas, con todo lo que eso significa con relación a la confianza que el pastorado tiene en mí? Que vengo con toda mi familia puntualmente a cada reunión y que formo parte del comité de disciplina. ¿Y un chico que viene de un barrio carenciado, que hasta ayer anduvo robando, asaltando y hasta matando a gente por dinero, porque decide aceptar al Señor va a ser considerado en igualdad de condiciones conmigo? No lo entiendo. Amo a Dios, soy fiel y siervo suyo, pero a esto aunque me lo expliquen con lujo de detalles, no lo entiendo. Te comprendo, hermano, pero déjame enseñarte algo que tal vez no has visto o, si lo viste alguna vez, te lo olvidaste.

Se trata de una parábola que en nuestras biblias tradicionales, está publicada bajo el subtítulo de “Los Obreros de la Viña”. ¿La recuerdas? ¿Estás seguro que la recuerdas, hermano religioso amado? Mira lo que dice:

Mateo 20: 1-15 = Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo.

Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.  Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?

Para que termines de entenderlo, voy a citarte los últimos cinco versículos de este texto de Mateo 20 que termino de compartirte, pero en una versión más llana, más con idioma popular, la versión Nueva Traducción Viviente. Dice del 11 al 15: Cuando recibieron la paga, protestaron contra el propietario: “Aquellos trabajaron solo una hora, sin embargo, se les ha pagado lo mismo que a nosotros, que trabajamos todo el día bajo el intenso calor”. »Él le respondió a uno de ellos: “Amigo, ¡no he sido injusto! ¿Acaso tú no acordaste conmigo que trabajarías todo el día por el salario acostumbrado? Toma tu dinero y vete. Quise pagarle a este último trabajador lo mismo que a ti. ¿Acaso es contra la ley que yo haga lo que quiero con mi dinero? ¿Te pones celoso porque soy bondadoso con otros?”.

Eso es lo que el pueblo religioso experimenta cuando una decisión de Dios lo descoloca en sus estatutos estructurales: Celos. Y también Envidia. Todo motivado por un enorme Ego inflado a través de años en los que mucha gente los ha adulado y hecho pensar que están un mínimo escalón por debajo de Dios o, en ciertos casos, en el mismo. Un concepto que roza lo ridículo, sino fuera porque le ha costado muchísimo a muchísima gente honesta y fiel, que el único mal del que son acusados, es de haber llegado a Cristo un día después que ellos. Perdón, pero no sabía que esta gente era la dueña de Dios, del Evangelio, de Jesucristo y de la iglesia. Dios se apiade de ellos y los bendiga con su infinita misericordia. La van a necesitar si es que quieren, un día, celebrar junto a Cristo y el malhechor su entrada al paraíso.

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Garantía Para Tener Buenos Recuerdos

Si existe un versículo bíblico que es clave para toda la humanidad, ese es Génesis 1:26, mira: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. La pregunta, es: ¿Qué cosa es tener imagen y semejanza de Dios? Dios es Espíritu, por tanto no está hablando de figuras ni parecidos. ¿Sabes de qué habla? De características, que es como decir. CARÁCTER.

En lo que nosotros denominamos como Nuevo Testamento, hay otro versículo que de alguna manera representa al Evangelio completo. Está en 1 Juan 4:16 y dice: Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. Tres veces está escrita la palabra AMOR. En griego, es Ágape, en hebreo, Ajaba. ¿Sabes su significado más amplio y global? CARÁCTER. ¿Crees que sea una garantía? Vamos a verlo.

¿Cuántas veces escuchaste hablar de que tal o cual persona tiene gran carácter, si es firme y serio? O que tiene buen o mal carácter, o si se ríe o se enoja con facilidad. En suma, cuando has escuchado todo esto, seguramente te habrás preguntado, de la misma manera en que lo hice yo, qué cosa es en realidad el carácter, por qué es como es, y de donde viene la palabra que lo identifica. No creo tener todas las respuestas para todo, porque no hay hijo de Dios en la tierra que las tenga, pero estoy en certeza que algo te puedo aportar, hoy.

Por ejemplo, hay algunos ejemplos relacionados con el carácter, que te resultará muy interesante conocer. El primero que tengo, es: ¿Por qué llamamos a las letras del alfabeto, caracteres? Simple. Es porque la “A”, siempre es “A” y la “B” siempre es “B”. A las dos de la madrugada, cuando duermes como un bebé, la letra “C” sigue siendo “C”. En cualquier parte del planeta de idioma con letras que te encuentres, ninguna de las letras del alfabeto cambia; por eso las llamamos caracteres.

Y no es eso, solamente. Si prestamos atención vamos a ver que también a los números los llamamos del mismo modo, caracteres. La respuesta al motivo o causa, es la misma: porque el uno siempre es uno y el dos siempre es dos, sea de noche o de día, en verano o en invierno, no cambian. Eso es carácter. Y voy más allá, todavía. ¿Por qué llamamos a las estatuas caracteres? Porque las estatuas, de quien quiera que sean que estén representando, nunca cambian, pase lo que pase a su alrededor.

Y fíjate que también a los principios los podemos llamar caracteres, porque son leyes y nunca cambian. Por eso en comunicación, algo que conozco un poco más que una mayoría porque trabajé en eso en el plano secular, no sólo es adecuado y conveniente, sino que yo diría hasta obligatorio si es que quieres llegar al fondo de tus receptores, comunicar principios. ¿Sabes por qué? Porque puedes estar en desacuerdo con opiniones o con ideas personales, pero nunca con un principio.

Puedes amar a ese principio u odiarlo, sin estaciones intermedias. Pero lo que no puedes es estar en desacuerdo con él. Te doy un ejemplo no demasiado abstracto, más bien rústico: el principio de la ley de gravedad. Tú puedes ser el ungido más ungido del planeta, puedes orar y sanar enfermos, orar en lenguas y profetizar toda una noche. Pero si un día saltas del último piso de un edificio de gran altura, te matas. No puedes desconocer, ignorar ni desafiar un principio.

Eso, en grandes rasgos, es carácter. Por eso una persona con carácter, jamás va a vivir conforme a las modas o las costumbres populares. Una persona con carácter, vive según sus principios. Por esa causa es muy difícil que los políticos tengan carácter. Porque la política se basa en la popularidad, lo que significa que, literalmente, sacrificarán sus principios para proteger su popularidad. Esto, obviamente, anula su carácter, por lo que rotundamente no se puede confiar en ellos.

Tú y yo sabemos que hay predicadores que son como políticos. Venderían tranquilamente sus principios por una ofrenda jugosa. El carácter, entonces, simplemente, es aquello que no cambia. Y en este punto tengo una pregunta: ¿Cada cuanto cambias lo que eres? Lo digo de otro modo: ¿Eres la misma persona todo el tiempo? ¿Eres consistente? ¿Eres predecible? Si aspiras a ser líder, mi deber es advertirte que un líder debe tener carácter.

¿Por qué? Porque si aspiras a conducir algo, para que las personas permitan que tú las conduzcas, tienen que confiar en ti. Por eso alguien dijo que el carácter atrae la lealtad. En primer lugar, el carácter es un compromiso con valores sin compromiso. ¿Y qué son los valores? Tal como su nombre lo dice, son cosas que valoras. Un ejemplo: si valoras tu compromiso matrimonial, tu pacto ante el Señor, nunca cometerás adulterio.

Así que, cuando una persona comete adulterio, no está valorando ni su matrimonio ni su pacto. Se pierde el respeto del cónyuge, de los hijos y del resto de la familia cercana. Y si se congrega en alguna iglesia, obviamente que allí también se lo deja de respetar. Sólo el carácter te protegerá. El carácter, que también es el respeto a una serie de estándares que obedeces sin titubear. La pregunta, entonces, es: ¿Cuáles son los estándares que has establecido para tu vida?

Tus estándares, producen tu carácter. Nunca violarás tus estándares. A eso debes repetírtelo a ti mismo todos los días. ¿Cuáles son esos estándares? No decir mentiras, no robar. Esto último incluye no robar tiempo en tu trabajo o dar un parte de enfermo y quedarte a holgazanear cuando realmente no estabas enfermo. Y ni hablar de hacerlo para irte a trabajar al templo. Esto no quita lo otro, te lo advierto. ¿Crees que Dios te aplaudirá porque has mentido para hacer un trabajo que el pastor te pidió?

Esto es una falta de carácter, y además, estás en el filo de la cornisa de convertirte en un ladrón. No hay excusas en la vida que te obliguen a romper tus estándares. He escuchado a empresarios decir que la honestidad es su mejor política. Si escuchas a alguien decir eso, huye, vete. ¿Por qué? Porque si ser honesto es una política de esa persona, eso me dice a mí que tiene otras políticas que pondrá en práctica ni bien se presente la oportunidad comercial de hacerlo.

Eso también me muestra que esa persona no tiene carácter, porque si lo tuviera me hubiera dicho que la honestidad es su UNICA política, no la mejor entre otras. El carácter también es una disciplina auto impuesta, por causa de convicciones morales. Esto significa que una persona con carácter, no necesita policías. Se vigila a sí misma. Una persona con carácter se encierra en la prisión de sus propias convicciones y arroja la llave lejos de su celda.

Las dos preguntas básicas, son: ¿Tienes carácter? ¿Estás en venta? Tu futuro depende de tu carácter, no de tu carisma. La mayoría de los líderes, ya sean políticos o supuestamente o sinceramente espirituales o simples padres de familia, intentan vivir de su carisma, de sus talentos o sus dones. Tu don nunca te protegerá. De hecho, tu don te destruirá. Porque lo único que puede proteger tu don y tu talento, es tu carácter. El hablar de este tema, es tal vez lo más importante que hagas en estos tiempos.

Porque hacerlo, te lleva a aprender todo lo que protege tu futuro. De hecho, no conozco ningún seminario cristiano que tenga alguna materia relacionada con el carácter. El carácter es un esfuerzo constante por integrar tus palabras, tus hechos y tus acciones, en uno solo. Cuando no hace esto, el predicador corre el riesgo de caerse. Y se cae muy a menudo cada uno de ellos. Es clave esta palabra, integrar, porque significa nada menos que hacerse uno.

No eres esquizofrénico. Una persona sin carácter dice una cosa, hará otra y prometerá algo distinto cada vez. De modo que, si te encuentras con alguien así, nunca sabes con quien estás hablando. O sea que, en suma, el carácter es el resultado de un sacrificio por principios. Esto quiere decir que, llegado el caso, estás dispuesto a sacrificar una amistad para proteger tus principios. Estás dispuesto a perder a tu mejor amigo, con tal de mantener tus principios.

Ahora pregunto. ¿Te consideras alguien con carácter? ¿Estás seguro o segura de no estar en este momento con alguien con quien no deberías estar? ¿Estás haciendo algo, ahora, en secreto, que no deberías estar haciendo? ¿Estás dispuesto o dispuesta a sacrificar eso para proteger tus principios? El carácter, en suma, es simplemente integridad.  Y fíjate que integridad e integrar, son la misma palabra. Integridad significa que eres uno contigo mismo.

Cuando estudias los orígenes en hebreo de la palabra santidad, encuentras algunas cosas interesantes. Por ejemplo, la palabra santo es sinónimo de uno. El concepto hebreo de santidad, es integridad, ser uno. Eso significa que eres uno. La confesión principal en la Biblia acerca de Dios, es: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Es muy probable que haya gente buena y fiel que todavía no entienda por qué esto es importante.

Cualquier rabino te lo dirá. Lo más importante que ellos entienden es lo dicho: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Eso significa que Él es santo. Y ser santo es ser uno. Esto es muy interesante. Santidad significa que estás integrado. Que no eres más de una persona. Eres el mismo cuando te levantas por la mañana que cuando vuelves de tu trabajo. O que eres el mismo que habita con su familia que el que por la noche toma el púlpito de su iglesia para predicar.

Eres uno, no tienes múltiples personalidades. Cuando la Biblia dice Sed santos, está diciendo: Sé uno. Deja de ser hipócrita. Eso es carácter. La base de la confianza, es integridad. Cuando eres uno, con un solo rostro para todos, la gente eventualmente confiará en ti. Eso significa que tu palabra siempre es buena y siempre es la misma, sea la condición o la persona que sea. Dices lo que dices, haces lo que dices y actúas según lo que dices y haces. Uno. Sin doble faz. Sin doble mensaje.

Eso es santidad. Vestir un vestido largo o una ropa extravagante de película extravagante, y una gran cadena en el bolsillo, no es santidad. Llevar una túnica larga con un turbante en la cabeza, no me impresiona, tampoco. Lo que quiero saber es si debajo de esa túnica hay una sola persona. Sólo una. Puedes traerme tu automóvil y mostrarme todas tus credenciales y títulos; reverendo, honorable obispo eterno, sagrado hombre de Dios, no me importa lo que digas.

Aun así no confío en ti, porque no sé con cual de tus personalidades estoy hablando. Por eso la Biblia dice: conoce a los que trabajan entre vosotros. No dejes que cualquiera te predique, sólo porque está en la tele y es conocido. No te dejes atraer por el carisma. Busca el carácter. Tu vida es el peso de tus palabras. Si lo que estás enseñando no es una realidad en tu vida, no tiene sentido enseñarlo. No sirve. Ese es el mayor problema de los hombres de iglesia: piensan que impresionan con su lenguaje.

Cuando dicen frases profundas que dejan a mucha gente boquiabierta. Frases que luego, cuando examinas sus vidas, ves que no tienen lugar en ella. Escucha: si no tienes vida, no tienes nada. Es -valga el ejemplo no del todo elegante-, como el asunto del vendedor. Nunca confíes en un producto que quien te lo vende, no lo usa. El día que los hombres de Dios entiendan que no tienen vida privada, las cosas serán distintas. Nadie puede decirte que lo que hace en privado es asunto suyo. ¡No! Si tú oyes a ese hombre, ese asunto es tuyo también.

Porque eso es lo que determina lo que cada uno pueda decir en público. Eso se llama carácter. De hecho, hasta podemos decir que una persona con carácter, no necesita hablar. Simplemente se presenta. Existen ejemplos de personas muy conocidas que fueron atacadas durante años, incluso estuvieron en prisión por mucho tiempo y, así y todo, jamás cambiaron sus convicciones. MI nueva pregunta, ahora, es_ ¿Qué tan estable eres? ¿Qué sucedería contigo si fueras presionado para que cambies?

Por eso los jóvenes están tan confundidos. ¿Sabes lo que dice la Biblia sobre la crianza? Dice: Padres, no exasperen a sus hijos. Para los que todavía no saben qué significa esa palabra tan grande, se los explico. Exasperar, significa frustrar por causa de la inestabilidad. El padre le dice al hijo que no fume, y se lo dice con un cigarro enorme en la boca. No sé si entiendes que estás creando un monstruo en tu casa.

Le dices a tu hija adolescente que no quede embarazada y ella sabe que tú la tuviste a ella fuera del matrimonio. Esto nos lleva a un enorme principio: guía con tu vida, tus palabras no significan nada. El carácter protege tus palabras. Génesis 1:26 es un verso que es capaz de resumirte en muy pocas palabras la razón por la cual fuiste creado. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 

Recuerda que la palabra hombre, aquí, es plural, así que está hablando de toda la especie. Hagamos una especie llamada hombre, de nuestro propio Espíritu y a nuestra imagen. Y será, obviamente, como nosotros. El nosotros, se refiere a la pluralidad de la unidad de Dios. Ahora mira la siguiente frase. Y que tenga dominio. Tienes que prestar atención a algo muy importante: imagen, antes que dominio. Y fíjate que la palabra imagen, no tiene nada que ver con la estética, sino con característica. O carácter, si lo quieres más contundente.

Aprende esto y grábatelo en tu mente. Todo ser humano fue creado para liderar. Ningún ser humano fue creado para ser esclavo de otro ser humano. Eso es Dios, no izquierda ni derecha. Esto último fue invento, (Mejor no te digo de quienes) simplemente para colocar un elemento capaz de dividir ásperamente a la gente y, de ese modo, poder establecer comando. Divide y reinarás no es invento mío. Lo estamos viendo a diario, donde quiera que vivas y bajo el color que sea.

Dominio. Eso es lo que Dios te dio. Dominio para hacer. Y el liderazgo, nunca fue dado sobre personas, sino realmente en un área de dones o talentos. Todos ustedes que me están escuchando hoy, nacieron para liderar, pero no para liderar personas. Naciste para liderar en un área de talento, y tu talento atrae personas. Esa atracción te convierte en líder. ¿Estás entendiendo? Yo sé que te han enseñado que liderazgo es sólo para cierto grupo de personas, pero esa es una mentira que proviene del infierno.

Dios nos dijo a todos que tuviéramos dominio. Todos somos gobernantes, pero no sobre personas. Fuiste creado para tener liderazgo en un área de dones. Tu don es lo que te hace valioso para el mundo. La Biblia dice que tu don te abrirá camino en el mundo y te llevará ante grandes reyes. No tu educación, tu don. Por eso es que la mayoría de las personas con doctorado, suelen ser fracasos. Porque puedes tener un doctorado y no conocer tu don.

La mayoría de las personas educadas, trabajan para personas que abandonaron la escuela. Hay otros hombres, en cambio, que no pudieron terminar la escuela, pero encontraron su don y hoy reflejan la gloria de Dios en lo que hacen. Probablemente, por eso sigues en la ruina, porque lo único que eres, es empleado, nunca has sido desplegado. Tu don se manifiesta cuando es desplegado a ti mismo. Eres poderoso, pero no lo sabes, porque tu cultura te entrena para conseguir un trabajo, no para encontrar tu don.

Así que la mayoría de nosotros ha sido mal educada. Por eso es que, también, la vida de una gran mayoría en el mundo, es miserable. De pronto llegaste a los cincuenta años de edad y todavía no sabes para qué naciste, porque tu cultura te enseñó a obtener una educación para conseguir un empleo. Y cuando terminan contigo, te despiden, te jubilan y te tiran a la calle. Tu don es lo que quieres encontrar. Si encuentras tu don, tu vida es transformada. Si encuentras tu don, te vuelves muy peligroso.

Te vuelves persona no empleable, porque tu don te convierte en persona de liderazgo. Ningún árbol que da fruto te lo lleva a tu casa. Sólo y simplemente da el fruto. ¿Qué pasa, entonces? Que tú eres atraído hasta el árbol, tu don es tu fruto que Dios puso dentro de ti para servir al mundo. Por eso Jesús dijo que, si querías ser grande, te convirtieras en servidor de los demás, de todos. ¿Qué quiero decir con eso de “sirve tu don y ellos te encuentran?” Por eso los verdaderos líderes nunca buscan seguidores, sólo llegan.

Líder, si tienes un don del Espíritu Santo, es probable que mucha gente llegue a dónde estás. Pero eso no significa que les agrades, no te envanezcas, sólo vienen por tu fruto, no por ti. Dios te hizo para ser alguien con un don. Eso significa que naciste para dominar en un área de talento. Pero ahora observa algo: el carácter es la esencia misma de Dios. Por eso es que puedes confiar ciegamente en Él, Él nunca cambia. Es el mismo ayer, hoy y siempre. Dios Uno es.

La gran pregunta que surge aquí, es: ¿Y nosotros quienes somos? ¿Somos la misma persona todo el tiempo? ¿Eres el mismo en horas del día, delante de la gente, que, por la noche o madrugada, a solas? Allí radica la condición más evidente de carácter. Dios es carácter y se gloria en que nunca cambia. No hay sombra de variación alguna en Él. Acuérdate que dijo que el cielo y la tierra pasarían antes que Él rompa su palabra en algo.

¡Eso es carácter! ¡El sería capaz de sacrificar todo el universo entero para mantener su palabra! Ahora fíjate cómo obra Dios. El primer regalo que Dios le dio al hombre, no fue poder. El primer regalo que Dios le dio al hombre, no fue dominio. Muchos hermanos se emocionan con el dominio. ¡Aleluya! ¡Tengo dominio! ¡Cállate! Eso no fue lo primero que Dios te dio. Lee tu Biblia. Lo primero que Dios te dio, fue imagen, lo cual significa que el carácter es más importante que el poder.

Todavía hay personas que andan de iglesia en iglesia buscando quien les ore para recibir al poder del Espíritu Santo en sus vidas. Es mi deber advertirles que, si no tienen la imagen, las características o el carácter de Dios mismo en sus vidas, cuando reciban ese poder no podrán resistirlo y se les arruinará la existencia. Dios sabía desde un principio, esto, por eso decidió darnos, desde la misma creación, su imagen, su carácter. Porque, es evidente, que esto es su prioridad.

O sea que lo que estoy queriendo demostrar es que el carácter es necesario antes que el dominio. Es requisito indispensable. Es la base de Dios para cualquier forma de gobierno. Gobernante que no tenga estabilidad emocional, no es confiable ni creíble y, con estos elementos negativos, es imposible que pueda gobernar por mucho tiempo. Entiende que Dios puede confiarte el poder sobre algo que le pertenece, sólo si tú dejas en evidencia que su carácter mora en ti.

Te digo más: hay tres cosas que pondrán a prueba tu carácter. Tres cosas, sólo tres cosas que manifestarán tu carácter y verán si lo tienes o no. El poder es una de ellas. Cuando le das poder a una persona, su carácter sale a la luz. “Dale poder a un hombre y lo conocerás”. No inventé yo este dicho, es muy antiguo. Pero está absolutamente vigente, sólo mir a tu alrededor y algo vs a encontrar, ya sea en tu país, en tu trabajo, en tu colegio o, incluso en tu iglesia.

El segundo punto es el dinero. Cuando le das a un ser humano mucho dinero, su verdadero yo, aparece. Y lo tercero es el acceso al sexo. Si le das a un ser humano acceso al sexo, su carácter aparece. O, en algunos casos, su falta de él. Si realmente quieres saber cómo es un hombre o como es una mujer, dale poder, dinero y acceso al sexo. Allí podrás ver quien es realmente y no quien parecía ser antes de poseer todas estas cosas.

Por eso es que todo ser humano que ha fallado horriblemente en esta tierra, fíjate, o lo ha hecho por poder, por dinero o simplemente por algo relacionado con su sexualidad. Así es que lo que debemos examinar en nuestras propias vidas, es la factibilidad cierta de llegar al final de todo esto. La Biblia dice que la carrera no es para el más veloz. Así puedes hacerte famoso al instante. Pero en el Reino de Dios la carrera no es para quien llega primero, sino para el que persevera hasta el fin.

Hasta el fin. Piensa. Dentro de diez años, ¿Seguirás siendo el mismo o la misma que eres hoy? Esa es la pregunta. ¿Seguirás en pie cuando todas las tentaciones hayan pasado? Y no es casual ni mal intencionado lo que digo, porque la única manera de probar tu carácter, es con la tentación. Pero, cuidado; la palabra tentación no es negativa. Lo negativo, en todo caso, será tu reacción ante su aparición. Porque eso es lo que tiene que ver con tu carácter.

Tentar o probar, significa poner a prueba la posibilidad de debilidad. Déjame decirte que, por bien que te comportes, nunca en tu vida tendrás un momento libre de tentaciones. Sean las que sean y en las áreas que sean. Así que no te queda otra que superarlas. Las tentaciones siempre estarán en tu vida para monitorear tu carácter. Hay una sentencia al respecto que es absolutamente certera: tu carácter es tan fuerte como la tentación por la que caíste.

¿Sabes qué fue lo que hizo que Eva tomara el fruto? No fue difícil. Satanás le dijo: mira, ¿Quieres ser como Dios? Esa fue la tentación. ¿Y qué es Dios? Poder. Por supuesto que él le mintió, porque ella ya era como Dios. Lo que sucedió es que ella no lo sabía, todavía. Pero hoy, tú, si lo sabes. Así que no tienes argumentos ni excusas para pecar. De todos modos, no te olvides de esto: Satanás siempre te tentará con algo que ya eres.

Entonces, tu mayor riesgo y peligro, es ser ignorante de ti mismo. Nadie puede tentarte para ser lo que ya eres. En algún momento, Eva se volvió ignorante de quien era, por eso Satanás pudo tentarla en su debilidad. El verso clave de todo esto, sigue siendo el que dice: Hagamos al hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza. O sea que tú ya eres como Dios, sólo que, si desconfías de la veracidad de eso, quedarás a merced de cualquier engaño, por grosero o tosco que parezca.

Lo cierto es que Dios te dio el carácter antes que el poder. Dios te creó y te dio el mandato de dominar la tierra en representación del Reino de los Cielos, pero con el carácter de Dios, no con el tuyo de tu alma. No es algo difícil, eso, eres un rey, igual que tu Padre, pero tu territorio es la tierra. Por lo tanto, la imagen es lo primero que Dios te dio. Y te lo dio porque sabía que, sin carácter, el poder te destruiría. La gente dice que el poder corrompe. Y que el poder absoluto corrompe absolutamente.

Yo solía creer eso, pero no es verdad. La verdad es que el poder no corrompe, sino que simplemente revela la corrupción. El corrupto ya lo era antes de acceder al poder, aunque no lo sabía. El acceso al poder lo que hace, es informártelo y, conforme sea tu carácter, eso te afectará o no. El poder, es carácter puro. Así que la caída del hombre distorsionó la imagen de Dios. ¿Y qué cosa es la imagen? ¡Carácter! Por eso el hombre se convirtió en un carácter defectuoso y, el resultado, fue que su auto estima cayó.

El hombre ya no sabía cuánto valía. Y desde entonces, el hombre ha estado contratando a consultores de imagen. ¿Por qué harías algo así? Porque sietes que no tienes ninguna imagen, la perdiste. Si sabes quién eres y decides ser quién eres, no necesitas a nadie para crear a otra persona. Porque un consultor de imagen es una persona a la que le pagas, para crear una persona que no existe. Los políticos, por ejemplo, contratan a consultores de imagen. ¿Por qué? ¡Porque no tienen imagen!

Así que entonces les pagan a personas para que cuenten mentiras. Los artistas, los deportistas, contratan asesores de imagen porque no tienen imagen. Entonces te venden una imagen que no existe y, lo peor del caso, es que tú la compras. Apreciaría mucho si tuviera que decir que la estructura eclesiástica está al margen de todas estas cosas, pero lamentablemente no puedo mentir. Sí existe. Muchos líderes evangélicos tienen asesoría de sus imágenes.

Son una mentira. Lo siento por los genuinos que se ven arrastrados por la crítica que engloba y generaliza. La mayoría de ellos pide perdón, pero sólo porque los atraparon. En esos casos el perdón no es arrepentimiento, es argumento de defensa e inmunidad. A esto lo tienes que tener muy en cuenta. Puedes ir años al mejor seminario bíblico y, si apruebas, te darán un hermoso diploma. Pero jamás te darán carácter. Así que quedas habilitado legalmente para predicar, pero no tienes principios.

Y yo lo estoy compartiendo desde el plano espiritual, eclesiástico si cabe, pero el tema de la falta de carácter es un tema que incluye todos los niveles visibles. Empresario, artístico, político, deportivo, gubernamental. Convengamos algo. Por reglas generales, en nuestra sociedad, la gente no es demasiado estable y, por consecuencia, en la mayor parte de los casos no se le puede confiar nada. Entre otras cosas, porque jamás aprendieron carácter.

El rasgo principal del hombre caído, es la imprevisibilidad. No hay modo de predecir a un pecador. No sabes qué va a hacer dentro de cinco minutos. Eres tan seguro como lo sea tu carácter. Te hago una de las últimas preguntas: ¿Cuál es la fuente de los valores? Recuerda que los valores producen carácter. Así que tienes que tener tus valores correctos. El componente más poderoso en el liderazgo, es la filosofía. Porque tu filosofía es tu sistema de creencia.

Y tú sistema de creencia, es el resultado de las cosas que valoras. Lo que valoras, lo crees. Tu sistema de creencia produce tus valores. Y tus valores producen tu moral. La moralidad es realmente un producto de tus valores. Si valoras tu pacto matrimonial, moralmente le serás fiel a tu esposa. Y cuando tu moral está en su lugar, tu moral informa tu ética. O sea que sería antiético acostarte con otra mujer, porque tu moral dicta que no puedes violar tus valores, tu pacto.

Así proteges tu carácter. Si tu ética está en su lugar, tu ética produce tu carácter. Y tú carácter se convierte, en tu estilo de vida. Recuerda que te dije que nunca lideras desde tu posición, lideras desde tu vida. Y grábate algo en tu mente para siempre. No existe la vida privada. Si eres un hijo de Dios, debes vivir en voz alta. Una persona de carácter, no teme que descubran su vida privada. Si tienes miedo que alguien descubra tu vida privada, entonces no tienes carácter.

Una visión sin valores, es un destino sin disciplina. No importa cuán grande sea tu visión. Puede ser destruida si no tienes valores. Tu destino depende de tu disciplina personal. El carácter, siempre protegerá tu visión. Sansón tenía una visión impresionante. Dios confió en este hombre. Estaba destinado a salvar al pueblo de Israel. Pero su vida privada, destruyó su visión pública. Cada vez que decidas hacer algo esperando que nadie lo descubra, estás en peligro.

Así que no hagas nada, a partir de hoy, que no quieras que nadie descubra y tendrás carácter, algo que jamás se ha enseñado en ningún seminario. Nunca te dijeron eso, tampoco en el colegio secundario. Y ahora tienes una doble vida. Y doble vida es sinónimo de doble mensaje, ¿Lo entiendes? ¿Nunca te preguntaste por qué, especialmente los hombres, aman a los súper héroes? Porque tienen dos personalidades, ¿Puedes creerlo? Todo Superman tiene a un Clark Kent atrapado dentro.

Todo Batman tiene a un Bruce Wayne en alguna parte. Todo Sansón debería tener un José dentro. Me estoy preguntando desde hace un buen rato quién realmente eres tú, que me estás escuchando a lo mejor de pura casualidad hoy mismo. La visión es protegida e interpretada por los valores. Visión y valores, son el matrimonio del propósito y los principios. Tu propósito en la vida, es tu asignación. Tus principios protegen esa asignación. Así que no violes tus principios.

Dios te demanda, en toda la Biblia, que vivas bien. ¿Sabes para qué, entre otras muchas razones? Para que puedas disfrutar de tus recuerdos. Si no te casas virgen, como es el mandato que muy pocos respetan hoy, nadie va a achicharrarte con fuego del cielo, pero vendrán a tu mente en los peores o mejores momentos, recuerdos que, de haberte casado virgen, no tendrías. No sé si alcanzo a ser claro y se entiende lo que intento mostrar sin necesidad de ser grosero.

Dios estaba tratando de salvarte de todos tus feos recuerdos, cuando te dijo que debías vivir bien. ¿Sabes lo que vale para una vida el tener solamente recuerdos felices? Yo me pregunto, en el cierre de este trabajo de hoy, cuantos de ustedes que me están escuchando, me pueden asegurar que solamente tienen buenos recuerdos, o recuerdos felices y no de los otros. De tu respuesta, surgirá la conclusión de este examen. Tienes o no tienes suficiente carácter. Porque el carácter te da siempre buenos recuerdos.

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1 – Siempre a Nuestra Imagen…

La Biblia comienza con el relato de la obra de Dios de volver a crear un mundo que se ha convertido en objeto de juicio, un mundo cubierto de oscuridad, sin orden y vacío. Una caída ya se ha producido, una tercera parte de los ángeles siguió a Satanás en la rebelión y se han echado del cielo a la tierra. Los que una vez estuvieron en la presencia de Aquel que es la Luz han sido sellados en la oscuridad. Ya que ellos han rechazado la Luz, han cosechado las consecuencias de su elección.

A pesar de que Egipto sufrió una vez la sentencia de la oscuridad, una oscuridad tan profunda que se podía sentir, y nadie se atrevía a moverse durante los tres días que duró, si lo hicieron los ángeles que abandonaron su primer estado a un momento en que la oscuridad es ahora su parte. Llegó el día, sin embargo, cuando Dios comenzó a trabajar para volver a crear la tierra destrozada que había caído bajo la maldición de la oscuridad. En el lapso de seis días Dios remodeló por completo la Tierra desde un vacío caótico y sin forma en algo que Él declaró era «bueno.»

Lo que ocurrió en cada día representa una gran verdad espiritual que se relaciona con el mismo proceso que el hombre debe pasar con el fin de convertirse en un hombre espiritual completamente de moda a la imagen de Dios. En el sexto día se nos dice que Dios creó al hombre. Génesis 1: 26-27 = Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 

Hay una falsa comprensión de muchos respecto a que Adán dio a luz la imagen de Dios, y que antes de la caída en el Jardín era perfecto. Muchos asumen que Cristo vino a restaurar al hombre a la condición que Adán conoció antes de su caída. La verdad, sin embargo, es que Adán no era un hombre perfecto. Él tenía el potencial para llevar la imagen de Dios y ser formado totalmente de acuerdo con la semejanza de Dios, pero Adan nunca alcanzó a esto. El apóstol Pablo nos da una mayor comprensión de este hecho.

1 Corintios 15: 45-49 = Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.  Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

 Adan era más que un alma viviente, Dios nos dice que Él es Espíritu, y los que le adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad. El primer hombre que llevo la imagen perfecta de Dios no fue Adán, sino que es Cristo Jesús. Él declaró esta verdad con las palabras: Juan 14: 9 = Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿Cómo, pues, dices tú: muéstranos el Padre?

 El primer Adán no podía decir: «El que me ha visto, ha visto al Padre.» Los patriarcas no podían decir: «El que me ha visto, ha visto al Padre.» Ninguno ha sido capaz de hacer esta declaración, solo Jesús. Jesús fue el primer hombre que cumplió las palabras proféticas de Génesis capítulo 1, «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza». Fue el primer hombre que verdaderamente declaró que verlo a el era ver al Padre.

En Génesis entonces vemos el comienzo del plan de Dios, la semilla que se planta en el suelo, pero falta mucho más tiempo antes de que veamos la semilla saliendo para producir lo que Dios declaró que era su intención. Jesús se refiere a sí mismo como «el Hijo del Hombre.» Más que cualquier otro título, esto es lo que Él declara de sí mismo. Aunque era hombre, Él fue el primero de un nuevo orden de hombre, porque él fue el primero en tener el Espíritu Santo que mora en él. Para sus discípulos Él declaró:

Juan 14: 16-17 = Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. Muchos hombres habían conocido que la morada del Espíritu estaba CON ellos, e incluso los discípulos habían sido capaces de curar a los enfermos y echar fuera demonios por el poder del Espíritu que moraba CON ellos. Pero una relación mucho más completa sería experimentada en Pentecostés, cuando el Espíritu estaría EN ellos.

 En este pasaje en el evangelio de Juan vemos que iba a haber un cambio en la forma en que el hombre y el Espíritu habitarían juntos. Habiendo establecido entonces que Jesús el Mesías fue el primer hombre en cumplir las palabras de Génesis capítulo uno respecto del hombre, siendo el primero en llevar verdaderamente la imagen y semejanza de Dios, podemos entender que Dios planeó desde el principio los tiempos y las etapas que el hombre debería pasar para llegar al lugar donde entrar en el deseo de Dios para el hombre.

 Los seis días de la creación revelan mucho del plan de Dios para llevarnos hasta el último día cuando el hombre (Verdadero Hombre – el segundo Adán) sería revelado. Cuando el libro del Génesis se abre nos encontramos con que la Tierra ya ha caído en la ruina. Se ha experimentado un juicio que se ha traducido en el caos, falta de forma y oscuridad. Así que rápidamente viene la transición que muchos se la pierden. Génesis 1: 1-2 = En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Las palabras descriptas dicen que Dios creó los cielos y la tierra, cuando leemos que la tierra se volvió desordenada y vacía. Esta descripción de la tierra corresponde al primer Adán, porque ya hemos leído las palabras de Pablo donde declaró «El primer Adán era de la tierra, terrenal,« lo que demuestra que el primer Adán está estrechamente relacionado con la tierra. También leemos en Génesis capítulo uno donde Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Así que la tierra y sus etapas son una imagen del hombre y sus etapas de como Dios le lleva al lugar en el que lo llevara plenamente a la imagen de Dios.

 A pesar de que las palabras de Génesis 1: 1-2 progresan rápidamente de la tierra que se está creando, a la tierra que se volvió desordenada, vacía y cubierta en la oscuridad, también lo hacen las palabras acerca de la creación del hombre, porque casi inmediatamente después leemos de la caída del hombre y de la sentencia que se devenga a él. A pesar de que la tierra se volvió desordenada y vacía, por lo que el hombre no pudo alcanzar la forma de Dios y su vida se hizo una tierra vacía. A pesar de que la tierra fue sellada en la oscuridad, también la oscuridad descendió sobre el hombre.

Efesios 5: 8 = Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. –  Mateo 4: 16 = El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció. El evangelio de Mateo repite las palabras del profeta Isaías. Estas palabras no estaban declarando que la tierra de Israel era oscura a diferencia de cualquiera de las otras naciones. En lo natural tenia tanta la luz como cualquier otra de la tierra, y más que la mayoría, ya que se encuentra cerca del ecuador terrestre.

 A lo que Isaías y Mateo se referían era a la condición oscurecida del hombre, que es la porción de todos los que han nacido de Adán. La oscuridad es una oscuridad de muerte como revela Mateo. Dios habló a Adán y le dijo que el día que comiera del árbol prohibido seguramente moriría. Es una oscuridad espiritual que ha sido la suerte de todos los hombres, pero el hombre fue creado para ser un templo lleno de la luz del Espíritu de Dios, pero hasta el Mesías tal hombre no había sido visto.

Entonces, ¿Qué debe suceder para que Dios forme en la tierra al hombre de nuevo en la moda de Dios y formar al hombre del cual Él pueda declarar que es bueno? El primer evento es eliminar la oscuridad, lo que vemos que ocurre a la tierra en Génesis capítulo uno. Génesis 1: 3-5 = Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.  Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

 Si el hombre quiere tomar la forma en la que Dios pueda declarar: ¡ES BUENO! , entonces él también debe seguir el mismo patrón. Él debe recibir la luz, y la maldición de la oscuridad debe ser eliminada. Un paralelo se ve aquí entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, porque en el Antiguo Testamento habla de la luz que entra en la tierra, mientras que el Nuevo Testamento habla de luz que entra en el hombre.

Juan 1: 4-5 = En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. – Juan 8: 12 = Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.  –  Juan 9: 5 = Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.  – Juan 12. 36 = Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.

 Observa ahora una gran tragedia de la cristiandad moderna. Muchos son los que se han convertido en testigos de la luz. Estaban caminando en la oscuridad y vieron la luz de Cristo. Muchos están contentos de permanecer en este lugar y se limitan a dar testimonio de la luz que han presenciado en la persona del Hijo de Dios. Sin embargo, ser testigos de la luz no es todo el propósito de Dios. Dios no se detuvo tras el primer día de la creación y luego descanso en el segundo día. Él declara que la luz era buena, y es bueno reconocer que la luz de Dios se manifiesta en la vida de Jesús.

Sin embargo, si los santos quieren progresar al sexto día, cuando el hombre se forma a la imagen de Dios, no pueden acampar en el primer día. No pueden contentarse con ver solamente la luz del día y luego esperar hasta que Dios nos lleve al cielo. Deben tener a Cristo formado en ellos. Esta es tal vez la mayor manifestación de la apostasía de la hora en que vivimos. Los santos predican un evangelio que los convierte en los profesores de la luz al tiempo que no caminan a un lugar de transformación.

 Tienen luz, pero siguen siendo desordenados y vacíos, carentes de una conformidad a la imagen de Cristo. La Luz brilla sobre ellos, pero se limita a exponer la ruina en sus vidas, y los santos llaman a esta ruina buena. Dios no llamó el estado de la tierra buena en el primer día de la creación. Simplemente llama buena a la luz. Si tú no permites que Dios te lleve más allá del lugar de ver la luz a un lugar donde tú también lleves la imagen del celestial, entonces tú no has estado a la altura de la voluntad de Dios y no has podido alcanzar el plan de Dios que es que nosotros debemos llevar Su imagen y su semejanza.

 Del día dos de la re-creación de la tierra, leemos: Génesis 1: 6-8 = Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.  En el segundo día se observa el agua que cubre todo. Todavía no hay ninguna mención de tierra seca. Aguas en las Escrituras son un símbolo de la muerte, y, después de dar testimonio de la luz de Cristo, el hombre debe ser bautizado, que es estar inmerso totalmente en el agua.

Hechos 8: 36-37 = Yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. –  Hechos 22: 16 = Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

 En el segundo día, no sólo vemos el agua siendo prevaleciente, sino también vemos que la separación es una obra clave del día. De la misma manera el hombre, después de confesar la fe en Cristo, que es la luz del mundo, debe ser bautizado en agua, y al hacerlo, él está demostrando simbólicamente que sus pecados han sido separados de él, siendo lavado en agua. Bautismo habla de unirse con Cristo en su muerte por lo que nuestros pecados son expiados, y nosotros también podemos estar unidos con Él en Su vida de resurrección. Esta vida de resurrección es el tema del día tres de la creación.

Génesis 1: 9-13 = Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero.

 Así como Cristo fue resucitado de entre los muertos al tercer día, por lo que vemos la tierra seca que surge de las aguas de la muerte al tercer día. Esto también simboliza que el hombre no debe permanecer en el pecado y la muerte después de confesar a Cristo, sino que es resucitado como una nueva creación. Romanos 6: 4-7 = Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.  Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

 ¡Qué gran engaño está siendo difundido por el enemigo hoy para mantener a los hombres y mujeres en la esclavitud del pecado! Millones de creyentes profesantes se les dice que no son más que pecadores salvados por la gracia, y que nada ha cambiado fundamentalmente en sus vidas. No tienen idea de su unión con Cristo, de su victoria sobre el pecado y la muerte. Siguen en el pecado creyendo que esto es normal y esperado, mientras piden la sangre de Cristo para cubrirlos y hacerlos limpios. No han podido entender las palabras del apóstol Juan: `

1 Juan 5: 18 = Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. Multitudes de santos no intentan mantener sus cuerpos en sujeción. Han recibido la mentira de que no tienen ningún poder sobre el pecado. Algunos de los que eran homosexuales siguen en su homosexualidad. Algunos de los que eran mentirosos siguen mintiendo. Algunos de los que fueron fornicarios siguen fornicando. Algunos de los que eran ladrones siguen robando. El apóstol Pablo escribió:

1 Corintios 6: 9-11 = ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

 En el segundo día de la creación, vemos en el tipo del bautismo en agua el lavado de los pecados. Vemos que la separación ocurre cuando los santos van a dejar fuera su pecado y se presentan como esclavos a la justicia y la obediencia a Dios. En el tercer día vemos a los santos que salen de las aguas de la muerte y entran en la vida de resurrección con Cristo, una vida que existe para hacer la voluntad del Padre. También vemos que la vegetación brota, y esto habla del fruto que se va a producir en la vida de los que han llegado hasta aquí. Esto nos lleva al cuarto día.

Génesis 1: 14-19 = Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.

 Después de haber visto la luz, habiendo sido limpiados del pecado, siendo partícipes de la vida de resurrección de Cristo, los santos ahora brillan como luces en la tierra. A pesar de que se les dio las estrellas en los cielos para señales, así también los hijos de Dios se dan por señales y maravillas como las Escrituras testifican: Isaías 8: 18 = He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová somos por señales y presagios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos, que mora en el monte de Sion.  – Daniel 12: 3 = Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.

 A pesar de que la gloria de la Luna y el Sol y las estrellas varían de unos a otros en su gloria, así será la gloria que descanse sobre los santos, variara en el día en que reciban sus cuerpos resucitados. 1 Corintios 15: 41-42 = Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.

Este cuarto día luego habla de los santos, ya que revelan la vida de Cristo dentro de ellos. Como una ciudad asentada sobre un monte que va a emitir luz. Como vírgenes con aceite en sus linternas tienen que alumbrar. Así como las estrellas se utilizan para navegar, los santos han de ser señales por el cual el mundo puede conocer el camino de la justicia, y el camino de la verdad. Habrá mucho dolor en el día del juicio, cuando muchos santos vengan delante de Dios y no tengan aceite en sus lámparas. La hora ya es tarde, que los santos puedan permitir que la luz de Cristo fluya para ser vista en sus vidas.

La hora de ganar la recompensa está por terminar, y muchos han dado más preocupación a lo material.  Al igual que el siervo malo de la parábola de Cristo, han tomado lo que han recibido y lo enterraron en la tierra de su carne para dársela de nuevo a Cristo cuando Él deba llamar para ello. No han ganado ningún interés en lo que se les ha confiado. No han traído aumento para el Reino de Dios. No tienen un fruto que permanece, y grande será su vergüenza cuando están en la presencia de Dios en ese día. Las lumbreras en la expansión de los cielos habla de los santos de Dios, que se establecen como luces en medio de la oscuridad.

Los santos han de brillar en la oscuridad. Sin embargo, es una gran acusación para la iglesia de hoy, que pocos pueden decir de los cristianos, que están brillando. Los cristianos se han dejado conformar a un mundo oscuro, y así vemos que las siguientes palabras de Apocalipsis están hablando de aquellos que han sido llamados por Dios, pero que no han logrado alcanzar a la imagen de Cristo. Apocalipsis 6: 13 = y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. 

 Las estrellas del cielo son los santos de Dios, y trágicamente, hay muchos que son como higos inmaduros. Ellos no han llegado a la madurez, que Pablo describe como «la plenitud de la estatura de Cristo» (Efesios 4). Puesto que éstos no lograron alcanzar la imagen del celestial, serán lanzados de vuelta a la tierra, porque ellos obstinadamente conservan la imagen del terrenal. Por el quinto día de la creación leemos:

Génesis 1: 20-23 =  Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y fue la tarde y la mañana el día quinto.

 La actividad del quinto día se continúa en el sexto día cuando Dios crea las bestias del campo. En el quinto día lo que se crea es a la vez lo que está debajo del hombre en el mar, y por encima del hombre en el aire. De estas criaturas se habla de nuevo en el sexto día, y esto hace que sea adecuado para mirar estos días juntos.

Génesis 1: 24-28 = Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.  Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 

 Dos veces en este sexto día leemos las palabras que el hombre fue creado para gobernar o ejercer dominio, sobre los peces, las aves, el ganado y todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Dios le habló directamente al hombre y la mujer y le dijo: «Llenad la tierra y sometedla; y dominen sobre los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. «La amonestación de Dios al hombre es por lo tanto someter y gobernar sobre estas cosas.

 Esto nos da una idea de lo que representan estas criaturas. Todas estas criaturas de la quinta y sexta días son animales y tipifican la naturaleza animal que debe ser conquistada y gobernada. Todas estas criaturas fueron declaradas buenas por Dios, y ellas debían ser sujetas a la orden divina de Dios. La orden gubernamental de gobernar y la sujeción se da  en la Escritura, y es el siguiente: Dios es la cabeza de Cristo, Cristo es la cabeza del hombre, el hombre es la cabeza de la mujer, y el hombre y la mujer dominan sobre las criaturas (I Corintios 11, Génesis 1).

Esto nos lleva a la parte más crítica de lo que se revela en esta apertura del libro de Génesis. Para que el hombre pueda alcanzar la imagen y semejanza de Dios, el hombre debe aceptar y cumplir la orden gubernamental de Dios. El hombre debe tomar su lugar en la creación y gobernar como él fue creado para hacerlo. Fallar en esto es fracasar en alcanzar la imagen y semejanza de Dios. ¿Por qué es así? La creación entera lleva la imagen de Dios, siempre y cuando se mantenga a la orden gubernamental de Dios.

Dios es el creador de todas las cosas. Él es la fuente de toda vida y la fuente de todo pensamiento.  Sólo él debe ser el iniciador de toda la actividad entre la creación, y todas las cosas deben inclinarse ante su iniciativa. Así vemos a Cristo, el verdadero hombre a imagen de Dios, declarando repetidamente: «Nunca hago nada por mi propia iniciativa. Yo sólo hago la voluntad del Padre”. Cristo tomó a Dios el Padre como su cabeza. Él se rindió perfectamente a la voluntad del Padre y sólo hizo las cosas que el Padre le mandó que hiciera.

Él era tan perfecto en esto que Él incluso declaró que las palabras que habló todas se originaron en el Padre, y Él sólo hablaba las cosas que el Padre le mando hablar. Debido a que Cristo se sometió de manera total al gobierno del Padre, Él se convirtió en la expresión perfecta del Padre. Ver a Jesús fue a ver a Dios. Cuando la creación también se somete perfectamente al gobierno de Dios, entonces la creación será una expresión perfecta de Dios.

Sin embargo, podemos ver a Dios en la creación, pero la imagen es estropeada, distorsionada, deformada debido a la caída. El hombre debía tomar su lugar en la creación y rendirse a su cabeza, que es Cristo. El hombre debía recibir su dirección de Cristo, y a su turno iba a someter y gobernar a las bestias de la tierra, el cielo y el mar. La mujer fue dada al hombre para ser una compañera en este gobierno. Conocemos la historia de la caída en el Jardín del Edén, y cómo el hombre y la mujer fallaron en aceptar y mantener el gobierno de Dios.

Dios mando al hombre y a la mujer para que gobernaran sobre las bestias, pero Eva permitió que la bestia gobernara sobre ella. Se nos dice que la serpiente era la más sutil (astuta y sabia) de todas las bestias del campo.  La serpiente engañó a Eva y ella se sometió a la bestia. Dios ordenó a Eva que sometiera a las bestias y dominara sobre ellas, por lo que se sujetarían a ella como ella a su vez estaba sujeta a Dios. Eva no lo hizo, y en lugar de someterse a Dios y expresar su imagen, se presentó a la bestia y comenzó a expresar la naturaleza bestia.

Eva a su vez instó a su marido a comer del fruto que Dios les había prohibido comer. En este punto Eva estaba manifestando la naturaleza bestia, pues se había sometido a la bestia en lugar de Dios. Pablo nos dice que nos convertimos en esclavos de aquel a quien obedecemos. Romanos 6: 16 = ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

 Por lo tanto, cuando Eva obedeció a la bestia, se convirtió en una esclava de la naturaleza bestial. Adam igualmente tuvo que elegir si iba a someter y gobernar sobre esta naturaleza de la bestia, escogiendo la obediencia a Dios y honrando el gobierno divino, o también inclinarse ante la bestia y estar bajo su gobierno. Adán escogió inclinarse ante la naturaleza de la bestia, y mientras lo hacía el potencial para expresar la imagen de Dios dentro de él lo había perdido, y esto se muestra en ser excluidos del sendero del Árbol de la Vida.

 El Alma de Adán se oscureció y se ensombreció por la imagen de la bestia. Adán, que fue creado para llevar la imagen de Dios, se convirtió en desordenado y vacío, carente de la imagen de Dios en su interior. También quedó bajo la maldición de la oscuridad. ¿Acaso Dios había hecho un error de cálculo en su creación? ¿Fue su plan de «crear al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» frustrado?  ¡No!  Dios sabía que el primer Adán fallaría, así como la primera tierra había sido sometida a juicio.

 Él ya había planeado que la humanidad no debía ser perfeccionada de cualquier forma, sino que fuera a través de su Hijo unigénito a quien lo enviaría al mundo para dominar y gobernar sobre la naturaleza bestia. Este Cristo lo hizo perfectamente. Él siempre mantuvo el gobierno de Dios, estuvo siempre en perfecta obediencia al Padre, no cediendo a las sugestiones de Satanás, las tentaciones de la carne, o a las tentaciones del mundo.

El hombre Cristo fue visto como una expresión perfecta de Dios, y todos los santos son llamados a dar esta imagen de la Celestial. ¿Por qué no se encuentra en el evangelio de hoy? Hay una ausencia de este mensaje de gobernar sobre la naturaleza de la bestia. La humanidad no puede alcanzar la voluntad de Dios para llevar Su imagen y semejanza, si primero no gobierna sobre todas las bestias de la tierra y el cielo y el mar, es decir, el hombre debe someter y gobernar sobre los anti-tipos espirituales que se representan en los tipos de la naturaleza.

En otros trabajos vamos a examinar lo que la naturaleza de la bestia es, de una manera más plena. Tristemente, muchos santos no han discernido la necesidad de gobernar sobre esta naturaleza inferior. Han tratado de hacer las paces con la bestia, de vivir en armonía con ella, cuando debe ser sometida y gobernada. Hay una iglesia entera retratada como una ramera y como Babilonia en la Escritura, que no ha podido dominar sobre la bestia, y será esta bestia que al final va a ser su propia destrucción. El apóstol Juan habla de esto en el libro de Apocalipsis.

Apocalipsis 17: 3-5 = Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.  Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación;  y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.

 Apocalipsis 17:  16-17 =  Y los diez cuernos que viste en la bestia, estos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios.  El sistema de la iglesia ramera hoy cabalga sobre la bestia, y no la ha sometido. Más bien se ha hecho una alianza impía con la naturaleza inferior y falla en ejercer dominio sobre ella. A causa de este fracaso, Dios hará que la bestia convierta a la ramera en desolada y desnuda, y comerá su carne y la quemarán con fuego.

Apocalipsis 15: 2 = Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. El primer capítulo del primer libro de la Biblia revela el designio, el diseño de Dios para el hombre de gobernar sobre las bestias, y el último libro de la Biblia revela que habrá una compañía de vencedores que lo hacen. El plan de Dios no ha sido frustrado. Todo va de acuerdo al plan de las edades de Yahveh.

 A pesar de que Adán y Eva tomaron sobre sí la imagen de la bestia por someterse a la serpiente, habrá aquellos que son victoriosos sobre la bestia y su imagen. Estos llevan la imagen del celestial. Estos tendrán el sello de Dios en sus frentes, mientras otra multitud recibe la marca de la bestia. Es una gran locura que la iglesia ha entendido mal  lo que se está hablando de la bestia, su imagen, y su número. Multitudes se centran en evitar alguna marca física de la bestia que será estampada en la mano o en la frente, sin darse cuenta de que la marca ya está ahí.

La humanidad lleva la imagen de la bestia en su mente y en sus acciones. El número de la bestia es el número del hombre de carne, y todos los que llevan la imagen del primer Adán, y que no han sido confirmados a la imagen del último Adán, llevan esta marca. Es un gran engaño que la iglesia deba centrarse en las conspiraciones de los hombres y las marcas físicas en la mano y en la frente, descuidando de predicar la verdad que una marca espiritual más importante ya se ha dado, y que sólo por unirse con Cristo en su muerte con el fin de unirse con Él en el poder de su resurrección, el hombre puede elevarse por encima de la naturaleza bestia y llevar la imagen del celestial.

Muchos maestros de la profecía dicen a los santos que deben negarse a recibir alguna marca física que se les puedan dar un día, al tiempo que no amonestan a los santos para reinar sobre la naturaleza de bestia que los ataca a diario. Ellos deberían enseñar lo antiguo sin dejar de lado su significado espiritual y real.  Al cerrar este capítulo, permítanme recapitular lo que se ha compartido. El primer capítulo del Génesis detalla la creación de la tierra, su juicio y su re-creación, es un tipo y prefiguración del hombre.

También el hombre cayó y fue juzgado. Se convirtió en algo sin forma y cubierto de oscuridad, y él también necesita el movimiento del Espíritu de Dios sobre él para remodelar la imagen de Dios,  con el fin de que Dios pueda declararlo hombre bueno. Los seis días de la creación son un cuadro del proceso que el hombre debe pasar en esta restauración, y el objetivo es el séptimo día, el descanso sabático de Dios, donde todo está en armonía con el Padre.

La gran mayoría en la iglesia no ha logrado progresar a través de los seis días hasta llegar al séptimo. Muchos han conseguido no más futuro que el primer día, y en este fallo no han estado a la altura de la gracia de Dios. No es suficiente ver la luz del día uno que habla de Cristo. Cristo no es más que la puerta y hay un camino recto y estrecho a seguir, y es todo el camino hasta el día siete. Muchos santos han experimentado el bautismo del segundo día, pero no han podido discernir el significado de esta limpieza del pecado y la separación de la maldad y la muerte.

Ellos han sido lavados, pero luego muchos regresan a la ciénaga del pecado. Los que llegan al tercer día experimentaremos la vida de resurrección de Cristo, y es a través de esta unión con Cristo que el hijo de Dios es capaz de caminar como un vencedor en este mundo y producir fruto en sus vidas que va a cumplir con la gloria del Padre. Esto nos lleva al cuarto día en que los santos han de ser como luces que figuran en el firmamento de los cielos. Muchas de estas estrellas se han lanzado de nuevo a la tierra como higos inmaduros, pero hay un remanente que brillará con la gloria de Cristo.

En el quinto y sexto día las bestias se crean para que la humanidad gobierne sobre ellas. Si un hombre ejerce dominio sobre la naturaleza de la bestia, alcanzará el descanso sabático de Dios. Habrá descanso en la tierra, que es el cuerpo del hombre, y la voluntad de Dios se cumplirá por completo. El hombre habrá alcanzado la imagen y semejanza de Dios. Hay gran gracia disponible en esta hora para que el hombre pueda alcanzar la voluntad de Dios. Gran parte de la iglesia no es consciente de la voluntad de Dios en este asunto, y no se acogen a esta gracia.

Muchos moran con animales que no son ni sujetos a ellos, ni las gobiernan. Hay una gran multitud que se han unido a sí mismos a una iglesia ramera, que cabalga sobre la bestia, y la llamada del Espíritu de Dios en esta hora es «salid de ella, pueblo mío.» Los que están en esta iglesia no tienen adherencia a la orden gubernamental de Dios. Los hombres eligen obedecer la voz de sus esposas en lugar de Dios, y los hombres y mujeres juntos han optado por escuchar la voz de la bestia, en lugar de prestar atención a la Palabra de Dios. Que los que tienen oídos para oír, oiga lo que el Espíritu está hablando.

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07 – El Único Mensaje

Lo primero, una sugerencia: si usted lleva mil años creyendo una cosa de una determinada manera, (No interesa de donde y por qué), y la Palabra de Dios, su lectura, sin hipótesis bien intencionadas pero humanas al fin, sin conjeturas psico-sociológicas bien intencionadas pero humanistas al fin, te comprueba en un minuto, ante tus propios ojos, todo lo contrario, cambia. Dios no es confuso ni tiene dobles o triples mensajes.

No hay decididamente sectores con un tipo de revelación y sectores con otro tipo de revelación. Lo que hay es una Palabra escrita y eso, nada más que eso, es lo que podemos denominar sin riesgos de equivocarnos, como una sana doctrina…

1 Samuel 15: 23 = Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. (No olvides algo muy importante: Dios destruye tanto al ídolo como al idólatra.)

La iglesia ha sido dominada por un pensamiento dispensacionalista. Esto ocurrió más o menos ciento sesenta y cinco años atrás. La dispensación o la mentalidad dispensacionalista no existía antes, hay pruebas claras. Sólo se hablaba del Reino de Dios. Cuando la iglesia por falta de capacidad, de mérito, de poder, no pudo llenar el vacío que había en la sociedad, optó por la visión de una iglesia cansada y de un Señor que vendría a rescatarla porque era impotente para vencer en esa sociedad.

Los hermanos comenzaron a propagar ese mensaje que rápidamente contaminó toda la iglesia. Scofio lo puso en la Biblia, en sus anotaciones, y hoy se conoce como lo que tú estudias en un instituto teológico. No conocemos otra cosa por una sencilla razón: nadie tiene más de ciento sesenta y cinco años. Pero en el principio no era así.

También dice la Palabra que en los últimos días vendrán doctrinas de demonios. Tenemos que tener cuidado y vale la pena decir que todas sus reservas y precauciones están plena y totalmente justificadas. La obstinación, es decir: la terquedad, nunca lo es. Ahora una pregunta válida: cuando habla de “los últimos días”, ¿Se refiere a los últimos días de tu vida o de los de la iglesia?

Porque si son los últimos días de tu vida, las doctrinas de demonios estarían comenzando ahora, pero si son los últimos días de la iglesia, – teniendo en cuenta que la iglesia tiene más de dos mil años -, las doctrinas de demonios pudieron haber comenzado hace doscientos años atrás. ¿Te parece incoherente? Por eso se llama Res-tauración. Volver más allá de lo que tenemos hoy. Porque se juzga por los frutos.

Todos somos parte del mismo movimiento. Todos estudiamos lo mismo. Y aunque por una cuestión de muy humana ubicuidad, conveniencia, intereses o lo que sea lo disimulemos y simulemos atacarlo, no a todos nos convence demasiado lo que la Biblia no dice, gracias a Dios. Eso es crítico porque la controversia del mensaje del Reino no es otra cosa que la batalla por la preservación de la pureza de la fe cristiana.

 La dispensación presenta a Jesús como un Mesías judío que vino a la tierra para establecer un reino judaístico y nacional. (Natural). ¿Qué crees tú? Mucha gente cree lo que cree porque se lo dijeron, pero en realidad no sabe lo que está creyendo ni por qué debe creer lo que le dijeron que crea. El mensaje de la dispensación dice que Cristo es un Mesías judío y que vino a establecer un reino natural, literal, judaístico y nacional.

Si esto fuera cierto, tendríamos que decir que el intento de Cristo de hacer eso fue un fracaso, porque no lo hizo. Tendríamos que asumir que vino la primera vez y no pudo hacer lo que vino a hacer y que es por eso, quizás, que prometió venir una segunda vez… El mensaje del Reino, en cambio, no cree que Él sea un Mesías judaístico, sino uno que vino a redimir a la humanidad y que sí lo hizo.

Y que vino a establecer la salvación de Jehová para todo aquel que cree, no es algo especial para el judío. Eso es lo que se está discutiendo. ¿Quién es, un monarca judío que vino a establecer un reino judaístico, o un rey que trajo la salvación de Dios a todos los hombres? Cristo no vino a establecer ningún reino davídico ni a sentarse en ningún trono literal. Ni hoy, ni mañana, ni después.

 El judío adopta esta mentalidad durante su cautiverio babilónico. Comenzó a desear tanto una visitación divina que restauraría la gloria del reino que tuvo David. Y este deseo le dio forma a la interpretación de las Escrituras y las promesas del Antiguo Testamento que Dios había decretado a través de la boca de sus profetas.

Y comenzaron a creer que Cristo vendría a sobregirar un reino romano literal y establecer un reino judaístico; y sabemos a través de los evangelios que Cristo dijo: te equivocaste. No vine a eso. Pero su deseo de ser libre, habiendo estado oprimidos por tantos años, le cambió el significado a lo que Dios había decretado como promesa futura.

Muchos intérpretes de la Biblia de este tiempo, la mayoría de ellos muertos y nunca llenos del Espíritu Santo, compraron la misma idea judaística y la iglesia quedó convertida en un pedazo de jamón entre dos panes. Eso es una interpretación judaística. La promesa de Dios a través de todo el Antiguo Testamento se remonta a Génesis 3:15: la venida de un Mesías a redimir todo el universo.

Esa es la promesa en la boca de todos los profetas, pero la promesa es una: la simiente de una mujer, viene a destrozar la cabeza de un reino satánico, no romano, no islámico, ni Gog, ni Magog. Es un Reino espiritual que vino a derrotar un reino satánico para liberar, no a un judío, sino a todo aquel que cree que Cristo muere y resucita de entre los muertos.

Ya se dijo que Abraham era gentil, de Ur de Caldea, que no era judío y vemos que a partir de Abraham va a venir el linaje de la promesa. ¿Como creer lo que estamos creyendo si distorsiona la Biblia? Dios se expresa a través de todo el Antiguo Testamento, a una humanidad caída de la Gracia. Tiene el entendimiento entenebrecido.

Entonces vemos la fotografía en el Antiguo Testamento de un Dios espiritual, con deidad, tratando de comunicarse con un mundo físico; es difícil esa comunicación. Dios dice: Yo tengo un trono, y el hombre dibuja una silla, y pone la silla en una casa, y le llama a la casa “el templo de Jerusalén”, y mete a Dios en una silla. Si el cielo es el trono y la tierra el estrado, ¡Qué silla le vamos a dibujar!

Hoy día Dios tiene que hablar en términos humanos para que los humanos lo entiendan; pero eso no lo reduce a ser un humano. Eso es tipología. Nos habla de una manera física, en parábolas, para que entendamos lo suficiente como para volver al principio que se perdió, como para que entendamos algo de lo que quiere, pero Él no es hombre, usted no puede tomar literalmente lo que dice porque Él no es de aquí abajo.

Habla en analogías y metáforas, similitudes y parábolas; usando ejemplos físicos para interpretar una verdad espiritual que tiene que ser oculta de Satanás y le habla con misterio. Pero dice que a ellos no les es dado a conocer el misterio, pero se supone que ustedes tienen que entender, pero no se sabe qué pasa; ¿Será esto producto de la obstinación?

1 Corintios 15 nos dice que …primero es lo natural y después lo espiritual. Es un principio bíblico: primero lo natural después lo espiritual. No quiere decir que lo natural sea ANTES que lo espiritual, sino que para Dios cumplir o consumar toda promesa espiritual conlleva tener que introducirla en la tierra de una manera física primero.

Vemos una hermosa tipología cuando Abraham tiene que sacrificar a su hijo sólo para darle acceso a Dios para sacrificar al suyo más adelante. No son historias de escuelitas dominicales; ¡Es un plan majestuoso! Cuando la iglesia entienda esto será activada de una manera que no habrá demonio que la detenga.

El propósito era redimir al mundo, pero el Mesías debía ser introducido en el tiempo porque venía de la eternidad. Tenía que ser introducido en el mundo físico porque era espiritual. Por eso Dios levanta a Israel. Un pueblo sin tierra. Que provienen de Abraham, de Ur de Caldea; tipología que la iglesia sería mixta y no judaística.

Entonces Israel se convierte en el vehículo para traer al Mesías y el Mesías se convierte en la Verdad revelada que venía oculta desde Génesis. Ahora si compramos la idea de que Cristo es un monarca judío, entonces la iglesia pierde su importancia, pierde su función y pierde toda su autoridad. El mensaje del Reino no es una opción, es una batalla por la pureza de nuestro mensaje. No es un movimiento, no es algo nuevo; es la eternidad de Dios en su palabra; el es Rey y siempre ha tenido un Reino.

La Palabra dice, cuando comienza a predicar Jesús: El Espíritu de Dios está sobre mí para libertar a los cautivos, sanar a los enfermos, echar fuera demonios y anunciar el año del jubileo. Todo el mundo dijo: “Conoce las Escrituras”. Él dijo: ¡Un momento! …Hoy se cumple esa escritura¡Mátenlo! ¡Va en contra de lo que yo creo! ¡Apague esa radio! Amor, es dar la verdad, aunque cause muerte…

Marcos 1: 14 = Después que Juan fue encarcelado Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: el tiempo se ha cumplido. (No dijo SE VA A CUMPLIR, se cumplió, citando a Daniel. Por eso Mateo 28 termina diciendo que …Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra. ¿Cómo se supone que lo va a mandar a usted a cambiarle la mentalidad a las naciones sin tener derecho a hacerlo? Dios es justo. Si Satanás tuviera derecho a reinar ahora y nosotros recién en el milenio, por más soldados militantes de Jesucristo que fuéramos, no podríamos ganarle…

Juan 12: 27-31 = Ahora está turbada mi alma; ¿Y qué diré? Padre; ¿Sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros. AHORA es el juicio de este mundo; AHORA el príncipe de este mundo será echado fuera.

Es imposible creer en salvación y eliminar la autoridad del Reino y suspenderla para un milenio futuro. El evangelio son las buenas noticias de que ya no somos esclavos del príncipe de este mundo y de que hemos sido injertados y trasladados al Reino de su Amado Hijo. Trasladados; (tiempo pasado). De eso habla Colosenses 1:13.

Hay dos teorías: si se mantiene el punto de vista dispensacionalista y judaístico que dice que Cristo vino a establecer un reino davídico, librar al judío y reconstruir a Jerusalén y reinar literalmente en un templo, tendríamos que asumir lo siguiente: 1) Que vino para librar al judío, pero no pudo hacerlo.

Tendríamos que creer lo siguiente: que como no pudo hacerlo, no le quedó otra alternativa que prometer que volvería en el futuro para hacerlo después. Sólo un problema: si no pudo vencer en la primera, ¿Qué nos garantiza que lo va a hacer en la segunda? La cruz no fue un plan alternativo de Dios. Cristo no fue a la cruz porque el judío rechazó su reinado. ¡El vino para ir a la cruz! A Jesús no lo mataron los romanos, ni los judíos, ni los fariseos. Él se entregó. Creer que va a hacer algo con el judío mañana, es admitir que no lo pudo hacer ayer.

Isaías 53 profetiza en detalle la cruz; de antemano; Mateo 26:54 dice que pudo llamar a legiones de ángeles, pero no los llamó, porque a eso vino. En Hechos 2:23 dice la palabra por Pedro que entregado por el determinado Consejo y anticipado conocimiento de Dios, vino Cristo. Vino entregado por predeterminado conocimiento, no fue un plan de segunda alternativa. En Hechos 17:3 Pablo está declarando por medio de la exposición de las Escrituras, que era necesario que el Cristo viniese y padeciese; y resucitase de los muertos; ¡Era necesario! No era una segunda opción.

En Hechos 26 Pablo nuevamente declara que lo que aconteció estaba respaldado por las Escrituras de Moisés y los profetas, que Cristo moriría y resucitaría para anunciar luz al pueblo y a los gentiles. Cristo dijo en los evangelios: ¡Vine a buscar unas ovejas que tampoco son de este redil, antes de ser rechazado!

Si somos dispensacionalista tendríamos que asumir que Dios fue manipulado y tuvo que ceder a la obstinación judaística. Tendríamos que asumir que la iglesia no es parte del propósito de Dios y que nació por casualidad. También tendríamos que admitir que Satanás tiene derecho a destruir la tierra porque la autoridad del Reino no funciona ahora, está suspendido hasta el milenio. Entonces toda su guerra espiritual, todo su ministerio de intercesión, toda su oración, toda su petición, todo su clamor por toda su ciudad, es inútil y puro ruido.

Hay una segunda teoría que dice que su mensaje anuncia un cambio de gobierno espiritual y que sí que lo logró cuando vino. Ahora sí que suena más como un rey, ¿Verdad? Que reina ahora a través de su iglesia; que el diablo sí que está derrotado y que la tierra no le pertenece. ¿Qué quiere creer usted? Está en su plena libertad de creer lo que quiera, pero lo que lo va a hacer libre, es solamente la Verdad.

Si creemos esto que se acaba de mencionar, que tenemos esa autoridad, tendríamos que eliminar la expectativa de la esperanza futura del re-establecimiento de un reino judaístico y dejar de estar mirando las noticias para saber qué hora es.

En 2 Samuel encontramos una profecía por boca del profeta Samuel que habla de la edificación de una casa y establecimiento de Israel. Israel es un adjetivo, es el título que se le da a toda persona que se humilla delante de Dios y prevalece con Él. Verdaderamente el Israel de Dios se compone, según Pablo, desde Romanos 9 hasta Romanos 11, no de aquel que desciende literalmente de Abraham, ni de aquel que es judío externamente sino del que es judío internamente, no con la circuncisión de la carne, sino redargüidos por el Espíritu, nacido de arriba, nacido por promesa, igual que Isaac, tanto judío o griego, ese es el Israel de Dios y a quien le pertenecen las promesas. Pablo, judío, lo interpreta así; nosotros sólo nos copiamos de él.

2 Samuel 7: 8-11 = Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: así ha dicho Jehová de los ejércitos: yo le tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más será removido, ni los inicuos le aflijan, como al principio (El principio es el Génesis), desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que Él te hará casa.

El verso 10 dice: yo voy a fijar un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que no sea jamás removido. Suena mucho como Hebreos 12, que dice que todo será bamboleado para que lo inconmovible permanezca, y como Daniel que dice que la roca cae y luego crece según otras rocas; otras piedras vivas se van allegando a la piedra del ángulo y ya no es una piedrita, sino que se convierte en un monte que se llama Sión, que no es la Jerusalén de abajo, sino la Jerusalén de arriba; es la iglesia de Dios, la Sión de Dios, de la cual proviene la ley y a la cual todas las naciones de la tierra subirán al monte de Jehová y el resplandor de tu luz, tu sabiduría, tu inteligencia, no una bombilla en la cabeza. Si es que tienes luz para las naciones en ese día. Si permaneces firme.

Vamos a ver de qué lugar habla él, como es que nos va a plantar fijamente, como es que Israel será fijado en su lugar y no removido. Vamos a compararlo y a confrontarlo con la misma Palabra en el Nuevo Testamento. Marcos 14; aquí vemos a Cristo en el aposento alto. Estamos hablando de afirmar a Israel en un lugar para que no sea destruido. Recuerda aquella palabra de “como en los días de Noé”; Noé fue afirmado, no fue destruido, fue guardado.

Marcos 14: 22-25 = Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.

Les está dando la cena a los apóstoles y les está diciendo: aprovecha que no vas a volver a tomar esto hasta que lo bebas conmigo en el Reino de Dios. Esto es importante porque ellos observaban la cena. No lo pueden beber hasta que no llegue el Reino de Dios, pero en todo el Nuevo Testamento lo hacen.

Versos 26 al 31 = Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea; entonces Pedro le dijo: aunque todos se escandalicen, yo no. Y le dijo Jesús: de cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. Mas él con mayor insistencia decía: si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. Nosotros sólo le echamos la culpa a Pedro. Él lo siguió; los demás huyeron…

Juan 13: 36 = Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿Adonde vas? Jesús le respondió: a donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. No habla del cielo, habla de la cruz; Pedro va a morir crucificado. Le profetiza la manera que va a morir. ¿Dónde iba Cristo? ¡A la cruz! Le dijo Pedro: Señor, ¿Por qué no te puedo seguir ahora? Pedro estaba confundido. Aún no había sido derramado el Espíritu y no tenía revelación. 

 Mi vida pondré por ti– Pedro era sincero. – …Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: no cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces Jesús se dio cuenta que Pedro no sabía lo que estaba diciendo, pero sabía que cuando recibiera al Revelador, éste lo guiaría a toda verdad. Entonces lo dejó tranquilo. Nosotros deberíamos hacer lo mismo muchas veces hoy.

Luego viene un capítulo nuevo, pero no termina la conversación. Algunos subtítulos dicen que Jesús va camino al Padre, no dice que subió al Padre, dice que va camino al Padre, pero el camino es la cruz. ¿Donde iba Cristo? ¿Para donde le dijo a Pedro que iba? …Creéis en Dios, creed también en mi. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. ¿Adonde iba? ¡A la cruz! ¡¡Voy a preparar un lugar para que quepa todo el mundo!!

…Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, (La resurrección), y os tomaré a mí mismo (en espíritu) para que donde yo estoy, vosotros también estéis. En la dimensión que yo opero, en el entendimiento que yo opero, con un cuerpo glorificado, en la plenitud del Espíritu, tú y yo uno, en un solo cuerpo. …Y sabéis a donde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a donde vas; ¿Cómo, pues, podemos saber el camino?

Jesús le dijo: Yo soy el caminoPregunto: ¿Tú tienes a Cristo? Entonces tú ya has encontrado el camino. Y si encontró el camino, entró al Reino. Porque cuando tú naces de arriba, entras en el Reino. No cuando tú mueres, cuando tú naces. …De cierto te digo que si no nacieres de nuevo,  le dice Jesús a Nicodemo -, no puede ver ni entrar en el reino de Dios. Nadie viene al Padre si no es conmigo, no a través de mí.

Lucas 22: 29 = Yo, pues, os asigno un reino, – Noten que el Reino es algo que se puede asignar, que se puede dar, no un lugar… – …como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

Verso 16 =  Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios– Sigue instruyendo la cena y habla de que los discípulos no van a poder volver a tomar la copa ni el pan, hasta que estén en el Reino de Dios.

1 Corintios 11: 26 = Así, pues – Hablando de la cena – …todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del señor anunciáis hasta que él venga. – Un momento: aquí dice: “No te doy permiso que comas el pan y bebas de la copa hasta que estemos en el Reino.” Pablo dice: “Sigan haciendo esto hasta que él venga, es decir que: el Reino comienza mucho antes de su Venida.

El Reino es donde hay dos o más de dos reunidos en su nombre. ¿Sabes lo que es cenar? Comunión. ¿Ha tocado Él tu puerta? ¿Ha entrado Él en tu corazón? Al órgano que bombea tu sangre o el centro de tu vida. Esto, ¿Es literal o es espiritual? En la cena con los discípulos, Él les dice que se va, ellos no saben dónde, pero se dan cuenta que sí, que ese hombre se va; entonces comienzan a discutir cual va a ser el más grande cuando Él ya no esté. ¡El mismo espíritu de la iglesia de hoy!

Lucas 22: 24 = Hubo también entre ellos (en el mismo lugar) una disputa sobre quien de ellos sería el mayor. Pero él les dijo: los reyes de las naciones, (Y aquí comienza a destruir la mentalidad judaística), se enseñorean de ellas y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, 

No será un reino literal, no será un reino nacionalista, no será un reino judaístico, ni hoy, ni ayer, ni mañana, ni después. Es un Reino espiritual) …sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿Cuál es el mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy con vosotros como el que sirve. Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino…

Cristo introduce la autoridad del reino espiritual. Cristo está haciendo una transición; la tipología está dejando de ser; la sombra está empezando a desaparecer; el antiguo contrato está por ser deshecho; él va camino a la cruz. Eran setenta sacerdotes. Él los envió instituyendo nuevos sacerdotes. Eran doce tribus, ahora instituye doce apóstoles.

Eran ciento veinte los que eran requeridos para inaugurar un nuevo templo. Había ciento veinte en el aposento. ¿No te das cuenta? Está instituyendo un nuevo Reino, una nueva iglesia, un nuevo pacto, está introduciendo el misterio escondido y lo está trayendo con su propia vida. Todo es consumado.

Mateo 19: 28 = Y Jesús les dijo: de cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. – ¿Cuándo se sentó Jesús en el trono? En la ascensión. No se va a sentar mañana.

Y en el momento en que se sentó, el Espíritu fue derramado, y llegó la autoridad que instituyó a los apóstoles, reyes sobre tribus de toda lengua, de todo linaje, de toda nación: son el fundamento de la iglesia. Una nueva administración del Reino. Vamos a confirmar lo del día de la regeneración sin perder tiempo buscando la pila de escrituras que hablan de que Cristo YA está sentado a la diestra del Padre.

Tito 3: 5 = Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.

¿Ha llegado ese día a su vida? Así que ya están sentados en los doce tronos… ¿Son literales? ¿No dice la Palabra que no sabéis vosotros que juzgaréis a todo el mundo? ¿Cómo discuten entre sí si van a ser jueces de la tierra? Y como hijos de Abraham, van a heredar el mundo.

2 Samuel 7: 10 = Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, – Es decir: el lugar, hemos visto ahora, es la iglesia de Dios la cual no será removida; será transfigurada, será guardada, será glorificada, será elevada, nos encontraremos con Él, pero por favor, quítele el motor a la nube; la nube viene bajando, no va subiendo. Es aquí donde uno dice: ¿Qué hago? ¿Estudio este asunto o me hago el loco como que nunca lo he visto?

Verso 11 = Desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa. (12) Y cuando tus días sean cumplidos, (David) y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmará su reino.

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¡Hora de Sacarnos la Máscara!

Hay algo que Dios está haciendo maravillosamente en el corazón de muchísima gente, para levantar el nivel de la iglesia, con la finalidad de que las puertas del Hades no puedan prevalecer contra ella. Porque se está levantando un cuerpo sólido, una estirpe de verdaderos hijos de Dios, conocedores del Padre. A esa gente es a la que deseamos entrenar con todas estas cosas, para que salgan de esa condición apática y vulnerable en la que hoy se encuentran y pasen a ser, como dice la palabra, verdaderamente más que vencedores en Cristo Jesús.

Gálatas 4: 1-2 = Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Fíjense que hay un tiempo señalado por el Padre. No por el hombre, no por una institución eclesiástica, no por un título que te dieron en el seminario, sino por el Padre, Él es quien señalará ese tiempo. (3) Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Los rudimentos del mundo son los principios, los valores con los que ese mundo se rige. Ese es el sistema. El sistema religioso, el sistema de este mundo.

Versos 4 y 5 = Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Esto que terminas de escuchar, es una terrible traducción, porque ninguno de nosotros somos adoptados. Somos hijos que nacimos del Padre, salimos del Padre desde antes de la fundación del mundo y somos hijos verdaderos del ADN del Padre. Y no es una interpretación o una ocurrencia mía, mira como sigue: (6) Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!

El Espíritu del Hijo, es muy importante entender eso. Es el Espíritu del Hijo el que nos va a ir transformando en el hijo. Y para llamarlo Padre eterno, creador de todos los espíritus, no simplemente papito, aunque suene tierno. Eso significa Abba Padre. (7) Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. Fíjate que allí hay un “si”. Si el Padre verdaderamente lo determinó. Entonces ahora nos va a hablar de dos pactos.

Versos 22 al 25 = Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; más el de la libre, por la promesa. Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; este es Agar. Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues esta, junto con sus hijos, está en esclavitud.

O sea que lo terrenal, lo que proviene de la Jerusalén terrenal, proviene de esclavitud. 26 al 30 = Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre. Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; Prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; Porque más son los hijos de la desolada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, Echa fuera a la esclava ay a su hijo. porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. 

No heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. Aquí vemos como la orfandad está enfocada en este esclavo. En esta niñez que no puede salir adelante. En estos hombres que se hacen padres y toman el lugar del padre equivocadamente y no con inocencia, sino con toda certeza de lo que están haciendo. Y aquí vemos como, si empiezo a analizar el estado de la iglesia en nuestros días, en su mayoría viven en el Antiguo Testamento. No entran en la resurrección. Siguen viviendo como si Jesús nunca hubiese venido. Lo siguen esperando para que Él venga a solucionar todas las cosas.

Y siguen viviendo en el tiempo del Antiguo Testamento. Ya sabemos porque así lo hemos enseñado, que Mateo, Marcos, Lucas y Juan no son el Nuevo Testamento. Muestran el cumplimiento de lo que el Antiguo Testamento había profetizado acerca de Jesús. Pero no comienza el Nuevo Pacto cuando nace Jesús, sino cuando Él toma la copa y parte el pan, antes de la crucifixión. Allí es donde declara comenzado el Nuevo Pacto, está escrito. Por eso, tanto Mateo, como Marcos, Lucas y Juan, son parte del Antiguo Testamento y una forma de vida relacionada con la Jerusalén terrenal.

Jesús viene a establecer la Jerusalén celestial, la Jerusalén del Espíritu. La que no está atada a la ley, por eso es libre. Y los hijos, que son nacidos por el Espíritu del Hijo, que fue engendrado en ellos, son hijos de libertad. No son hijos de esclavitud. Y dice que la nueva Jerusalén es madre de todos nosotros y da hijos para libertad. Entonces hablábamos de una madurez de pasar de niños a hijos. Y esta madurez no tiene nada que ver con el sistema de comportamiento. Vemos, en el sistema religioso, porque siguen viviendo conforme al Antiguo Testamento, que la madurez tiene que ver con cumplir ciertos estatutos, normas de conducta o buen testimonio.

Aquí vemos un problema de enmascaramiento y de situaciones que son completamente falsas, y que todo el mundo las sabe, porque no creo que haya alguien que no se conozca todas las máscaras de hipocresía que existen. Pero se siguen usando porque la iglesia sigue viviendo en el Antiguo Testamento y no ha entrado en la resurrección que es el ámbito que da hijos verdaderos de Dios. Entonces, la madurez de la que estamos hablando, no significa madurar conforme a un estatuto bíblico o conforme a las normas de un sistema religioso, o tener un buen comportamiento y un buen testimonio, sino en quitarse esas máscaras que ocultan lo verdadero que hay detrás. El buen testimonio aparecerá sólo como fruto del Espíritu que habita en esa persona.

El que ha alcanzado madurez, es el que ha sido ejercitado en los sentidos del Espíritu. Lo que estoy tratando de decirte es que no interesa cuán experto seas en una religión, eso no significa que seas maduro. Esta es una confusión que se produce muy a menudo en cualquier sistema religioso. En el que sea, hay que ir cumpliendo determinados requisitos que te posibilitan llegar a los sitiales más altos en el esquema de esa religión. Todas las religiones funcionan así y muy especialmente la religión evangélica. Pero, ánimo, porque el Reino funciona de otra manera.

El Reino funciona con la libertad que da el Espíritu, con el testimonio que el Padre da de cada hijo. El Reino directamente tiene relación con el ser libre para ver a cara descubierta como por un espejo la gloria de Jesucristo. Es decir que soy libre, pero no en el sentido mundano de la palabra libertad, sino que accedo al Reino. Tengo buen testimonio no porque tengo máscara de mi experiencia religiosa, sino que tengo buen testimonio porque he sido testigo del cielo también. He sido testigo de lo que está ocurriendo en la realidad espiritual, de lo que el corazón del Padre desea para este tiempo. Para esta generación.

Es otra realidad completamente distinta y que Pablo también la hace ver, porque él muestra este contraste entre la Jerusalén física de Palestina, de toda esa región contrastada con la Jerusalén de arriba, que es la del cielo. Es la Jerusalén del cielo la que da hijos libres. Hijos libres son gente que entiende el cielo y que camina conforme a los principios del cielo. Por eso me parece muy oportuno dejar muy en claro que toda esa pericia religiosa que tiene tanta gente, no significa de ninguna manera madurez. No implica madurez de hijo gobernante. Sólo te hace experto en una religión.

Por eso me llama la atención que Pablo, cuando recibe esa pregunta sobre qué es lo bueno o que es lo malo, qué se puede hacer o qué no se puede hacer, él no responde con una lista de cosas, tal como el judaísmo tenía por costumbre hacer. La respuesta de Pablo emana de una persona madura, que solamente podría responder así. Le dice: todo me es licito, pero no todo me conviene. Todo me es lícito, más nada me dominará. Esa regla, por decirlo de ese modo, depende mucho de mi libertad de haber sido libre de los rudimentos del mundo, ya que se me deja la posibilidad de que por medio del Espíritu Santo yo pueda discernir qué hago o qué no hago, y no por una lista que otros escriben prohibiendo o habilitando.

1 Corintios 2: 6 = Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio. O sea: el Espíritu tiene un lenguaje diferente al de la tierra. Es como dijo Jesús: ¿Por qué no entienden mi lenguaje? El lenguaje del Espíritu es diferente al lenguaje de la tierra. la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, O sea que el hijo tiene una madurez y una sabiduría que lo va llenando de la gloria de Dios. El Hijo carga la gloria de Dios.

La gloria que tú me diste, es la que yo les he dado. Pero no pueden heredarla mientras son niños pequeños. Hay una sabiduría que no es de este siglo, que no se puede acomodar a lo mental, por eso persigue. Como Agar perseguía a Sara, los que son de la carne, los que son del sistema, los que son del Antiguo Testamento, la iglesia modernista del Antiguo Testamento, persigue. ¿Por qué dices esas cosas? Porque es una sabiduría que nos es dada a los que hemos alcanzado madurez. Que no es de este siglo. No es de los fundamentos de este mundo. Las cosas del Espíritu no se pueden entender con la mente natural, porque esta nunca fue diseñada para lograr eso.

De hecho, la religión tampoco la puede entender, por eso eres absolutamente perseguido si eres un genuino hijo de Dios. Y no es el mundo incrédulo, secular, pagano y pecador el que te persigue, es la sinagoga moderna de los modernos fariseos. A Jesús no lo mataron por los milagros que hacía, lo mataron por ser Hijo de Dios. Hay una diferencia monumental entre ser hijo de Dios, genuino, a ser representante de Dios en la tierra. ¡Somos el cuerpo del Hijo en la tierra! No una simple asamblea representativa. No es un asunto teatral de máscaras y personajes. Es allí donde adoctrinar y amaestrar casi se unifican y consolidan imitaciones paupérrimas de falsos hijos.

El mayor problema que afrontan, es que son fácilmente detectables si se quiere descubrirlos. ¿Un ejemplo? Gente que, en su casa, en su trabajo y en la calle con sus amigos no cristianos habla de una manera, con un timbre determinado de voz, y cuando se mete en el templo de la congregación, esa voz le cambia rotundamente y suena absolutamente diferente a todo lo otro. Esa es una religiosidad actoral de primer nivel, pero de muy mediocre sustento. No quiero ni imaginarme a Dios mirándolo comportarse así. Tan falso suena todo eso que, en muchos casos, cuando me ha tocado hablar con algunos de estos impostores, tengo la sensación de estar en un escenario y en medio de una obra religiosa.

Lo que quiero decir es muy claro, visible y visto por una mayoría de ustedes, seguramente. Pero suena tan fuerte que los mismos que han visto lo que yo he visto, pueden volverse en mi contra y endilgarme alguno de esos calificativos con los que solemos obsequiar a quienes nos fastidian bastante. Lo que digo es que, como las reuniones en las iglesias evangélicas, y salvando muy pocas excepciones se asemejan mucho a representaciones teatrales, ya que muestran un escenario llamado plataforma y varios actores de reparto que rodean al actor principal que es el pastor o predicador. Con todo eso en mente, la gente asistente se mentaliza de tal manera que luego, cuando observa a supuestos cristianos que simulan serlo, lo admiten porque ya tienen asumida una cultura actoral como parte del todo.

Ese es un trabajo lento, tal vez, pero firme y concreto en todas sus líneas. Es el mismo trabajo que debió hacer Pablo que les hace saber a los Filipenses en el tercer capítulo de su carta, versos 13 y 14 cuando les dice: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Todos estamos en ese camino y nadie puede, todavía, arrogarse el hecho de haberlo consumado. Seguimos reglas no escritas para arribar a un sitial que está prometido y que es factible de alcanzarse.

Creo que estamos en un punto clave en esta generación, que gracias a Dios tiene, tenemos el privilegio de poder estar hablando de estas cosas, temas que hace diez o quince años atrás, era imposible ni siquiera mencionarlos sin que te cayera una seria acusación oficial y formal de blasfemo o de hereje. Estos temas de conversación eran apenas un murmullo a escondidas. Nadie hablaba de la libertad bien ganada con estatura de hijos. Por eso en estos tiempos, cuando tenemos esa oportunidad tan maravillosa de expresarlo y fundamentarlo en voz alta, lo único que necesitamos es aferrarnos de Él y vivir esta realidad y comenzar a manifestarla con hechos, más que con palabras. La iglesia ya ha hablado demasiado. Es tiempo de mostrar todo aquello de lo que estuvo hablando.

No podemos menos que recordar cómo Pablo persiguió el poder de la resurrección y esa es la verdadera iglesia, esa contra la cual las puertas del infierno no pueden prevalecer. Porque es muy diferente vivir en el Antiguo Testamento que vivir por la resurrección. Por eso quiero decir algo que es muy importante para los hijos. Cuando le preguntan a Jesús acerca de la resurrección. Recordemos que está Jesús hablando en el Antiguo Testamento. Todavía no se ha establecido el Nuevo Pacto. Está hablándole a gente del Antiguo Testamento. Y cuando le preguntan sobre esa mujer que tuvo muchos maridos y con cual de ellos estará en la resurrección.

Y allí es donde Jesús les responde: Los hijos de este siglo se casan y se dan en casamiento; más los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Estaba hablando del siglo de la resurrección. Estaba hablando de la dimensión que Él iba a traer a la tierra. Del Reino que Él iba a traer a la tierra. Los que fuesen dignos de alcanzar, les dice. Y así los empuja a esa búsqueda permanente de ser dignos de lo que hay más allá de nuestra visión natural. Esto me dice a mí y te dice a ti que en el Reino de Dios, estas cosas no son importantes.

Lo son aquí, mientras habitamos esta caja descartable llamada cuerpo, que es la que nos diferencia. En el mundo espiritual no hay matrimonio porque no hay géneros. Todos somos hombre, pero no por lo masculino o femenino, sino por creación. Imposible entenderlo con nuestra mente carnal. El Reino de Dios y la resurrección son una misma cosa, no es que uno tenga más importancia que lo otro. Por eso se exige dignidad. Eres digno cuando buscas. Eres digno por como perseguiste. Eres digno por como amaste. Es igual que como sucede aquí. Si uno de los hijos es el que ama, atiende y cuida a sus padres más que los otros, ¿Cuál supones que será luego el preferido o consentido de ellos? ¡Ese! El que busca el Reino y detesta un sistema religioso que lo reemplace.

Esto es lo que la iglesia no ha podido alcanzar porque sigue esperando en el futuro que Jesús venga a hacer lo que ya hizo, o a cumplir con las fiestas, como si Jesús no hubiera cumplido con las fiestas. Todo lo que fue profetizado en el Antiguo Testamento, fue cumplido, hecho está. Eso dice en el final de Juan 17, He cumplido la obra que me diste que hiciera. He terminado la obra que me diste que hiciera. Por eso es que, vivir con un falso concepto religioso respecto a que Jesús no terminó la obra, es una verdadera herejía. Jesús terminó su obra y se lo debe glorificar por eso como el Rey de reyes y Señor de señores.

Es tan fuerte esto que a veces las personas no logran conectar que, si Cristo no hubiese concretado toda su obra, de paso no hubiera resucitado. ¡El Padre no lo hubiera resucitado si Él no hubiera completado toda su obra! Por eso es que, negar que Cristo cumplió toda su obra, es negar que Él resucitó. Eso es gravísimo si es que pretendes ser hijo de Dios o simplemente cristiano. Nosotros somos los hijos, hoy, como la oportunidad que aparece porque Cristo completó toda la obra. Al completar Cristo todas las cosas que había que cumplir, es que ahora podemos entrar a conocer al Padre y que el Padre se nos revele, se nos muestre y nosotros poder ser hijos.

Hay que interpretar correctamente lo que Jesús les dice a los fariseos. De acuerdo a como nosotros utilizamos hoy esa palabra, suena a insulto decirles hipócritas, ¿Verdad? Y eso, mal que nos pese, cuando nos lo enseñaron, nos hizo declinar un poquito esa imagen de ese Jesús buenísimo e incapaz de decir algo malo que nos habían presentado. Lo que Él les dice es que ellos están simulando y representando un papel actoral muy prolijo y bueno al frente de las sinagogas, haciéndoles creer a toda esa gente que iba a verlos y consultarlos, que eran creyentes sólidos y maduros, cuando la realidad muestra que sólo se colocaban una máscara, (Eso era la hipocresía), como los actores lo hacían en una obra cualquiera.

Déjame decirte algo desde el inicio, y quiero que lo escuches con atención. Dios está haciendo algo muy serio, muy profundo, en el corazón de mucha gente. No es ruido. No es moda. No es un nuevo movimiento. Es un llamado a crecer, a madurar, a dejar de vivir como niños. Porque la iglesia, en general, no está derrotada… Está inmadura. Y un heredero inmaduro vive como esclavo, aunque sea dueño de todo. Pablo lo dice claramente en Gálatas: mientras el heredero es niño, en nada difiere del esclavo.

Y quiero que pienses esto con honestidad: ¿Cuánta gente que se dice cristiana vive todavía con miedo, con culpa, con dependencia, con necesidad de aprobación? Eso no es herencia. Eso es esclavitud. Ahora, atención con esto, porque es clave: hay un tiempo señalado por el Padre. No por el pastor.
No por la iglesia. No por el seminario. No por un título, ni por años de asistir a reuniones. El Padre es el único que determina cuándo un hijo deja de ser niño.

Y aquí viene el problema: la religión se adelantó al Padre. Y empezó a poner títulos donde no había madurez. Autoridad donde no había identidad. Responsabilidad donde todavía había orfandad. Pablo dice que cuando éramos niños estábamos bajo los rudimentos del mundo. Y no se refiere solamente al mundo secular. Se refiere al sistema. Incluido el sistema religioso. Porque el sistema religioso también esclaviza.
Solo que lo hace con una Biblia en la mano. Te dice qué hacer. Qué no hacer. Cómo vestir. Cómo hablar.
Cómo sonar espiritual. Pero no te enseña a ser hijo.

Y ahora escucha esto con cuidado: dice la Escritura que recibimos el Espíritu del Hijo, no cualquier espíritu. El Espíritu del Hijo es el que clama: Abba, Padre. Eso no es una frase bonita. Eso es una identidad. No somos empleados del Reino. No somos representantes de Dios. No somos actores que interpretan un papel espiritual. Somos hijos. Y un hijo no actúa… un hijo es. Por eso Pablo habla de dos pactos. Dos Jerusalén. Dos tipos de hijos. Uno nace según la carne. El otro nace por la promesa.

Uno vive bajo esclavitud. El otro vive en libertad. Y aquí no hay punto medio. El problema es que la iglesia intentó mezclar los dos. Libertad con control. Gracia con ley. Espíritu con sistema. Y eso no funciona. Déjame decirlo sin rodeos: la mayoría de la iglesia vive todavía como si Jesús no hubiera terminado la obra. Siguen esperando que Él venga a hacer lo que ya hizo. Siguen viviendo como si la cruz no hubiese sido suficiente. Como si la resurrección no fuera real. Y eso es gravísimo.

Porque si Jesús no terminó la obra, entonces no resucitó. Y si no resucitó, nuestra fe es vana. Pero Él terminó la obra. Por eso el Padre lo resucitó. Y porque Él terminó la obra, ahora pueden existir hijos. Ahora hablemos de madurez, porque aquí hay mucha confusión. Madurez no es portarse bien.
Madurez no es cumplir normas. Madurez no es tener buen testimonio externo. Eso puede ser solo una máscara. Y seamos honestos… ¿Cuántas máscaras hemos visto en la iglesia?

Gente que habla de una manera en su casa… de otra en el trabajo… y cuando entra al templo, le cambia la voz, el tono, el vocabulario. Eso no es unción. Eso es actuación. Y lo peor es que ya lo normalizamos. Nos acostumbramos al teatro religioso. Plataforma. Escenario. Actor principal. Actores secundarios. Público. Y después nos preguntamos por qué no hay transformación real. Jesús no llamó hipócritas a los fariseos para insultarlos. Los llamó así porque actuaban.

Hipócrita era el actor en el teatro griego. El que se ponía una máscara. Y Jesús les dijo:
“ustedes hacen un papel perfecto, pero por dentro están vacíos.” Eso sigue pasando hoy. La madurez verdadera no viene del comportamiento. Viene de haber sido ejercitado en los sentidos del Espíritu. Por eso Pablo dice: “todo me es lícito, pero no todo me conviene.” Eso no lo puede decir un niño.
Eso lo dice alguien libre. La religión necesita listas. El hijo necesita discernimiento.

Y claro… esto incomoda. Esto persigue. Pero no te persigue el mundo. Te persigue la religión. A Jesús no lo mataron los pecadores. Lo mataron los religiosos. No por los milagros. Sino por decir: “Yo soy Hijo.” Y cuando tú empiezas a vivir como hijo, no como actor, no como esclavo, no como niño… vas a incomodar. Pero escúchame bien para cerrar: Este es un tiempo único. Hace años no se podía hablar de estas cosas. Hoy sí.

Y no es para discutirlas. Es para vivirlas. La iglesia ya habló demasiado. Ahora tiene que mostrar. Menos discurso. Menos actuación. Menos sistema. Más verdad. Más libertad. Más hijos. Porque la iglesia de la resurrección, la iglesia de hijos maduros, es la única contra la cual las puertas del Hades no pueden prevalecer.

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06 – ¿Cuándo es el Reino?

El Reino es ahora y es después, porque el Reino de Dios es eterno. Ahora es espiritual y en un futuro, tendrá manifestación literal y natural. Este podría ser el estudio más breve, más corto de todos los que encuentras aquí, pero como se trata de un tema de alto vuelo en la mente de Dios, es menester que no nos limitemos a decir algo y esperar que todo el pueblo de Dios lo vea y lo crea. Vamos a mostrarlo desde la Escritura para que a nadie le quepan dudas se oponga quien se oponga.

2 Samuel 7: 13 = Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.

 Escucha: no habla del trono de David. Tampoco habla del reino de Salomón porque dice “uno de tu linaje” (Este es Cristo). El dispensacionalismo quiere sentar a Cristo en el trono de David, pero como no lo encuentran, entonces quieren fabricar otro.

En El capítulo 2 del libro de los Hechos vemos como, en el aposento, se inaugura la primera iglesia con ciento veinte sacerdotes (El nuevo templo). “Hacen falta ciento veinte sacerdotes para inaugurar un templo”, decía la ley. Por eso, aunque quinientos son los invitados, sólo aparecen ciento veinte.

Cristo dice que no vino a destruir la ley sino a cumplirla. Siempre hemos pensado que esto quería decir que Él vino para que la profecía fuese cierta y no se le llamara mentiroso al profeta. ¡No! Cumplir algo es hacer lo que se dijo. Ejecutar lo dicho. Y nosotros somos ejecutores de lo escrito. Bueno; al menos eso es lo que Dios dice que tenemos que ser…

Aquí en el tiempo de Pentecostés, en el Nuevo Testamento, llega el poder del Espíritu Santo y visita a la iglesia que está siendo instituida, aquella que va a sustituir los principios del Antiguo Testamento; eran doce tribus con doce líderes. Ahora son doce apóstoles sobre todo linaje; eran ciento veinte sacerdotes, ahora son ciento veinte; era un poder de la palabra, ahora es el poder del Espíritu; y Cristo hace una transferencia y pocos se dan cuenta.

Por eso tiene que tumbar a Saulo y convertirlo en Pablo. Él no tiene un evangelio distinto: Él interpreta los evangelios. Ellos lo estaban viendo desde el punto de vista literal sin el Espíritu y Pablo lo trae al cumplimiento espiritual por el Espíritu. Ellos hablaban de una iglesia y Pablo decía “somos la iglesia”. Ellos hablaban de recibir una promesa y Pablo dice “Tenemos la promesa”. Esto es aquello que decían los profetas, Joel, esto no va a ser; esto es. Ni una sola escritura en todo el Nuevo Testamento le promete al judío nada futuro.

Esta es la primera prédica cristiana, y si es la primera prédica cristiana, debe ser el fundamento de nuestro evangelio. Mire el currículum de Pedro y su predicación; ¡Fue todo Dios, eso! No solamente que Dios lo usa a él para que nadie toque su gloria, sino que encima se salvan tres mil personas. Los conoceréis por el fruto. Pregúntate cuantos se salvan por tu predicación. En este evento, quien está interpretando escrituras, es Dios. Y comienza soberanamente a explicar el evangelio basado en 2 Samuel 7:10-12.

Hechos 2: 29 = Varones, hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. – Le está hablando a todo el pueblo y le está diciendo: Miren; David se murió, y la comprobación está detrás de la piedra…- …Pero siendo profeta, (Se refiere a David), y sabiendo que con juramento Dios le había jurado, (A David) que de su descendencia, en cuanto a la carne, 

(Es decir: al linaje directo, externo), levantaría al Cristo (Allí eliminó a Salomón) para que se sentase en su trono, (El de Cristo, no el de David), viéndolo antes, (David, proféticamente. No hablaba de Jerusalén mañana en un templo, hablaba…) …de la resurrección de Cristo. Que su alma, (Ahora lo comprueba), no fue dejada en el hades, (En el infierno), ni su carne vio corrupción(Está hablando de Cristo). A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

 (Escucha: tú eres evangelio. Tú eres testigo del evangelio del Reino. La esencia de lo que tú tienes que testificar es que Cristo reina ahora. Lo quete salva a ti es creer que resucitó. Puedes creer en la muerte, pero no es suficiente. Tienes que creer que resucitó y ascendió al trono porque sólo allí deposita la sangre. Si no crees en esa parte, estás vacío de esencia.) Así que, exaltado por la diestra de Dios (Cristo, no David) …y habiendo recibido del padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi diestra,

 (¿Se sentó o no se sentó?) hasta, (Y esto es importante, porque Cristo está sentado y Levítico dice que un sacerdote que está sentado es un sacerdote que ha terminado su labor. Los sacerdotes cuando ministraban en el templo, no tenían permitido sentarse hasta que la ministración no terminaba, y Cristo, siendo un sacerdote según el orden de Melquisedec, terminó su labor; por eso estaba sentado.)

(Y mientras tú esperas que Él haga algo, Él espera que lo hagas tú, porque Él ya terminó. Cristo no se podía sentar hasta que la parte que a Él le correspondía no estuviera terminada, porque vino como sacerdote; no son sangre de becerros, sino con la suya propia; no con un santuario terrenal sino con uno que no es hecho por esta Creación. No con múltiples sacrificios sino por uno, redimiendo no sólo al judío sino a toda la humanidad y por todos los siglos. (Para siempre) Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de sus pies

(¿Cuánto tiempo estarán? Hasta que los enemigos se acaben. ¿Cuánto tiempo será eso? Yo no sé. ¿Será en estos días? Puede ser. ¿Será mañana mismo? Quién sabe. Lo cierto es que el día que la iglesia se levante y no tenga ya enemigos porque todos los ha podido vencer en Cristo, el tiempo se acerca.) …Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, (Ahora le está hablando al judío), que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. (No hay una esperanza futura, sino que el trono establecido para siempre, es aquel del Señor a la diestra del Padre.)

Dice el verso 31 que: …viéndolo antes, habló. – No de un trono de Jerusalén, mañana, sino sobre la resurrección de Cristo. Dice que 2 Samuel se refiere, literalmente, a la resurrección de Cristo. Somos testigos de la resurrección y de un nuevo reino. Nuestro llamado es a testificar que hay un nuevo rey en administración.

¿A qué vino Cristo? ¿A morir como un corderito? ¡No! Ese era su camuflaje de batalla. Él vino a instituir un cambio de gobierno, y lo hizo. Vino a instituir juicio al sistema presente, y lo juzgó. Vino a redimir a la humanidad, y lo hizo. Vino a recobrar el título de la propiedad que se había perdido, y lo compró. Se lo dijo a Zacarías: …Vine a buscar lo que se perdió… – Atención: es LO QUE se perdió, no AL QUE se perdió. Vino a manifestar su reino, y se está manifestando.

¿Cuál sería la definición de nuestro evangelio? Mi evangelio son las buenas nuevas de Dios y su ungido. Dios ha redimido al hombre y ha constituido un nuevo rey para administrar su reino y éste lo está administrando desde la diestra del cielo. Esto produce para mí una autoridad legal que se traslada a todo creyente de la potestad del derecho de Satanás sobre sus vidas y lo traslada a la potestad de un nuevo rey, parea que reine en su vida, hasta que el reino sea entregado al Padre.

1 Corintios 15: 14 = Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. – La iglesia ha estado vana de esencia. Solemos ser un grupo sin propósito en la tierra; tenemos una fachada que el mundo nos ve como un servicio religioso o social, como si fuéramos un grupo de gente que no puede vencer en los secular y que se vino a refugiar ante una promesa futura porque no le queda otra, y por eso sólo atraemos al pobre, al borracho, a la prostituta y al drogadicto.

Porque en verdad no tenemos nada que ofrecerle al médico, ni al abogado, ni al que tiene más desarrollado su intelecto porque, en fin, somos un grupo de pecadores sencillos y humildes, – mientras más pobres mejor -, que venimos a la iglesia para refugiarnos de un enemigo tan grande, que tiene tanto poder, que Dios va a tener que olvidarse de todo lo que ha dicho y venir a rescatarme en un abrir y cerrar de ojos y sacarme urgente de aquí. Eso es, en esencia, lo que predicamos. Por sus frutos los conoceréis. ¿A quién puedes atraer tú?

Verso 15 = Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, el cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. – Y bien lo muestra la iglesia, como un sube y baja; se descarría y vuelve. Sube y baja y no vence el pecado. ¿Cómo va a vencer si no tiene adentro algo legal que lo ayude?

Se dice que si tú fueras alguien que sólo espera en Cristo, serías la persona más infeliz de la tierra. Pero la Palabra confirma: Verso 20 = Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicia de los que durmieron es hecha. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo serán vivificados.

Cuando se entienden estas verdades, no nos sobra el tiempo para hablar de politiqueríte sobra el tiempo para debatir doctrinas ni para consejería personal; no hay tiempo para caer en pecado. El que tiene una visión es consumido por ella y no le alcanzan las veinticuatro horas del día para implementarla. La iglesia no necesita una bendición. LA iglesia, lo que necesita, es una visión.

Verso 23 = Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; (¿Resucitó o no resucitó?) …luego los que son de Cristo… – Los cobardes no entran. ¿Sabía que los cobardes están por encima de las prostitutas, y de los que roban y todo eso? Yo siempre pensaba que cobarde era el mundo, hasta que el Señor me dijo: El mundo no es cobarde, el mundo es ignorante. Cobarde es el que sabe y no hace… – …los que son de Cristo, en su venida

Cuando Él venga, nosotros resucitamos con Él. – …luego el fin… – ¿Cómo? ¿Es que vamos a saber ahora cuando es el fin? ¿No era que había que ir a Apocalipsis? – …Cuando entregue el reino al Padre… – Cristo resucita primero, luego resucita la iglesia, entonces viene el fin y se le entregará el reino al Padre. ¿Y qué reino se supone que le va a entregar si, como muchos creen, aún no ha llegado a manifestarlo? ¿Cuándo es esto?

…Cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia, en Rosario, en Argentina…porque preciso es que el Cristo, reine, ahora, hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. – Es lindo decir “Cristo reina”, pero… ¡Demuéstramelo! La guerra espiritual es un juego de amagues. No vas a poder vencer hasta que no lo creas. Sin conocimiento no hay unción. En ignorancia no hay unción. Dios no unge ignorancia. Un predicador ungido no es alguien emocional que grita. Un predicador ungido es alguien que tiene algo que decir y lo entiende.

En la visión del Reino eterno: Daniel 7: 9 = Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente– Aquí Daniel está viendo una visión del trono celestial del Padre, ¿De acuerdo? ¿Donde está el trono celestial del Padre, en la tierra o en el cielo? En el cielo.

Continúa mirando la visión y Dios le enseña otra fase: Verso 13 = Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. – ¿Subía o bajaba? Subía. Vino hasta el anciano de días… ¿Donde estaba el anciano de días? Llegó ante el anciano de días y s ele hizo parar frente a Él. Entonces, allí, – 

…le fue dado dominio, gloria y reino, (Cuando subió) …para(Propósito) …que todos los pueblos(Incluyendo el tuyo. El mío es Argentina, es Rosario), …naciones y lenguas le sirvieran; – Y este dominio que se le dio… – …es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido– Pregunto: el Reino, ¿Cuándo es? ¿Es ahora? ¿Es después? Los dos, y para siempre.

Hebreos 1: 2-3 = En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, (YA lo constituyó heredero), …y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la majestad en las alturas.

Hebreos 2: 5 = Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando;  Es decir: hubo un mundo antes que el mundo venidero, cuando el mundo estaba sujeto a ángeles. Había jurisdicción regional por ángeles, porque el hombre perdió el dominio y Dios, entonces, tuvo que constituir a ángeles como mayordomos espirituales. Al primer ángel lo puso en el huerto con una espada flameante.

Pero dice que este otro mundo del cual está hablando no depende de los ángeles. Es más: la misma Palabra lo confirma, porque dice que ahora pasaron a ser ministradores para los herederos de salvación. Ahora tú los envías con la Palabra de Dios. Verso 6 = Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él…? – Adán, en su estado caído. Tan bajo que no merece ser recordado…- ¿…o el hijo del hombre, para que le visites? – Cristo Jesús, Jesús visitado por Cristo. María tuvo a Jesús, Dios dio a Cristo. Un niño es nacido, un hijo es dado. – 

…Le hiciste un poco menor que los ángeles, BRAKUS es la palabra, y significa “por poco espacio de tiempo”. Tres días, no treinta y tres años. Él hizo todo lo que los ángeles hacen y más; lo único que Jesús hizo que los ángeles no hacen, es morir, ser enterrado resucitar. – …Le coronaste de gloria y de honra, – Fue a la diestra del Padre, se presentó y se le entregó gloria, honra y dominio. – …Lo pusiste sobre las obras de tus manos; – Tengo autoridad en el cielo y en la tierra. – Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a Él; – Pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas, ¿no?

Verso 9 = Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. Verso 10 = Porque convenía a aquel pro cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.

Verso 14 = Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte, al que tenía el imperio de la muerte, esto es: al diablo.

Le está diciendo la razón por la cual no vemos todo sujeto: porque le tememos a la muerte. Dice: Él gustó la muerte por ti. En el Antiguo Testamento había lo que se llamaba un copero, que tomaba cualquier cosa que venía hacia el rey, para que el rey viviera en confianza. Si algo venía en contra del rey, paraba en el copero. Nosotros somos un reino de reyes y sacerdotes, y Cristo se convirtió en su copero. Para que no le temas a la muerte, porque mientras tú le temes a la muerte, la muerte te traga vivo. La mafia y la delincuencia son violentos porque no le temen a la muerte, y los únicos que tienen garantía de vida eterna están en la iglesia del Señor, y sin embargo… ¡¡Viven paralizados de miedo!!

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Evangelio Express – Entrega Nº 1 – JUAN

Evangelio de Juan – Introducción

 Hola a todos. Hoy nos adentramos en uno de los libros más fascinantes del Nuevo Testamento: el Evangelio de Juan. No es simplemente otra biografía de Jesús —aunque lo es—, sino un texto con hondura teológica, espiritualidad para vivir, y mensajes que resuenan hoy. Quiero que juntos lo veamos como un viaje: desde el “en‑el‑principio” hasta la “vida en abundancia”, y nos permitamos descubrir lo que tiene que decirnos, con una sonrisa en el rostro porque la espiritualidad también puede y debe tener espontaneidad, alegría y ganas de compartirlo con todo el mundo.

El Evangelio de Juan arranca con un verso poderoso: “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.”  Esto ya nos saca del terreno del “yo escuché decir que…”, al nivel: “desde siempre, desde el origen, Dios se relaciona”—y esa Palabra, ese Logos, ese Verbo—se hace carne, se hace humano, camina entre nosotros. Juan nos coloca ante que Jesús no es solamente un buen maestro, un tipo admirable, sino que el “Verbo” que estaba con Dios es Dios mismo, y se hace humano.

¿Qué significa para nosotros hoy? Que la espiritualidad no es algo remoto, foráneo, sino que Dios entra en lo humano, en lo cotidiano, en nuestro desayuno, en el atasco de tránsito, en la charla con un amigo, en ese momento de “¿para qué sirve todo esto?” Que la Palabra se hace carne en nuestra vida. Y de paso, un toque de humor: si Dios se hace humano, supongo que también conoce los domingos sin ganas, el café frío, y las medias desapareadas.

Uno de los rasgos más distintivos de este evangelio son las declaraciones de Jesús en primera persona: “Yo soy…” — soy el pan de vida, soy la luz del mundo, soy la resurrección y la vida, soy el camino, la verdad y la vida. Cuando Jesús dice “Yo soy el pan de vida”, no está hablando solo del pan material sino del sustento que sacia el corazón; cuando dice “Yo soy la luz del mundo”, no es una bombilla nueva sino la presencia que disipa las tinieblas de la soledad, del miedo, del sentido vacío.

Y allí radica lo práctico: si le permitimos actuar como ese pan, esa luz, ese camino, nuestra vida se transforma. No en un “ticket fácil” al bienestar permanente, pero sí en una conexión con una realidad que trasciende lo inmediato. Y algo para soltar con ligereza: si Jesús es camino y verdad y vida… podríamos incluso imaginarlo sacándonos de GPS cuando “quedas a 300 metros a la izquierda y luego ‘siga recto hasta el fin del mundo’”. Porque el camino con él es más que dirección: es relación.

En el Evangelio de Juan Jesús dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” ¿Abundancia? Eso puede asustar: “¿Significa que voy a tener más dinero, más éxito, más likes en Instagram?” No necesariamente. La abundancia que Jesús ofrece es abundancia de sentido, de arraigo, de descubrir que no estamos solos, que somos amados. Es como encontrar que tu vida vale, que puedes estar conectado con el origen mismo, que puedes vivir con esperanza.

Pero también con realismo: el evangelio no promete solo días de sol, sino que en el mundo tendremos tribulación, pero “ánimo, yo he vencido al mundo” Así que la invitación es doble: aceptar la abundancia de vida que Jesús ofrece, y al mismo tiempo aceptar que la vida con significación también pasa por pruebas, por momentos de oscuridad, de espera. Y el humor sano entra: es como cuando alguien te regala una flor muy bella… pero en el camino se te clava un pedazo de espina. Sí, la flor es bella, pero trae espinas, y parte del crecimiento espiritual es aprender a valorar la flor y manejar la espina.

El evangelio de Juan tiene un propósito claro: que creamos que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que al creer tengamos vida en su nombre. Creer no es simplemente asentir con la cabeza; es poner la confianza, dejar que la vida se oriente alrededor de Él. Es como decidir cambiar de camino, dejar una vieja mochila de pesares, rencores, auto presiones, y tomar una nueva mochila —más ligera— donde lo esencial no es yo‑yo‑yo, sino Él‑conmigo.

Y luego está el “entrar”: pasar de las tinieblas a la luz, de la muerte al vivir. Juan habla de vida eterna, y de que esa vida no es un “después” distante solamente, sino que empieza aquí y ahora. Una reflexión práctica: ¿qué mochila estás cargando hoy? ¿Qué creencia, qué lastre necesitas soltar para abrazar la vida que Jesús propone? Un poco de humor para acompañar: imagina que llevas una mochila llena de piedras etiquetadas con “culpa”, “vergüenza”, “miedo”, y Jesús te dice: “Déjala ahí, toma la mía, que pesa menos y tiene un buen cierre”. Sí, él nos da esa opción.

Un tema que recorre este evangelio es la íntima unión entre Jesús y el Padre, y la promesa del Espíritu Santo. Jesús no actúa solo: dice “yo hago lo que veo hacer al Padre” imaginarlo es como ver un discípulo que observa al maestro y actúa con la misma intención, con comunión íntima. Y el Espíritu viene para quedarse, como compañero de camino. Esto tiene una implicación espiritual profunda: no estamos solos, no somos proyectos individuales sin apoyo. Hay comunión con Dios, hay presencia, hay aliento. Y sí: hasta ahí llega el humor de vida cotidiana: el Espíritu quizá no te hace campeona/o de Instagram, pero sí te recuerda que tienes un “amigo invisible” —y presente— que te acompaña cuando nadie más parece estar prestando atención.

En los capítulos finales (sobre todo en el llamado “discurso de despedida” de Jesús a sus discípulos) aparece una de las frases más hermosas: “un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” Eso remueve todo planteamiento utilitario de la fe (“si rezo me pasan cosas buenas”) y lo lleva al terreno del servicio, de la entrega, del otro. Amar no es sólo recibir, sino dar. Y amar como Él amó implica vulnerabilidad, generosidad, perdón.
Lo práctico: hoy, en tu contexto, ¿a quién puedes amar de una forma nueva? ¿quién necesita ver que Dios ama a través de ti? Y de nuevo el humor: podrías decir “voy a amar como Él amó”… pero sin convertirte en superhéroe de las 24 horas y luego colapsar. Amar también implica descansar, pedir ayuda, reírte de ti mismo cuando fallas.

El evangelio no termina en una tragedia, sino en una victoria: Jesús muere, resucita, y aparece a sus discípulos, los envía al mundo. Juan organiza su relato en cuatro partes: prólogo, signos/milagros, pasión‑resurrección, epílogo. Esto nos habla de que la espiritualidad cristiana no es escapismo, ni se queda en lo abstracto, sino que toca lo real —muerte, sufrimiento, pérdida—, pero lo atraviesa con esperanza de resurrección, de nuevo comienzo, de vida que no se extingue. Y si lo traducimos al presente: quizá estás viviendo un “jueves santo” en tu vida —una espera, una incertidumbre—, pero Juan nos asegura que la historia de Dios no se queda en el sábado del silencio, sino en la mañana del domingo de la victoria. Así que sigue trabajando, sigue amando, sigue esperando. Y una sonrisa: igual que después de un día largo de trabajo vuelves a casa y decís “por fin”, en sentido espiritual también hay ese “por fin” que se abre en resurrección.

Para cerrar: el Evangelio de Juan nos invita a entrar en una experiencia de fe que es relacional (“con Él”, “en Él”), profunda (“en el principio”, “la Palabra”), práctica (vida diaria, amor al otro) y gozosa (sí, podemos reír con humildad, sabiendo que Dios también tiene buen humor y nos acompaña).
Te animo a acompañarme leyéndolo despacio, a dejar que cada “Yo soy…” calce en tu vida, que cada “creer” se vuelva puente, que cada “amar” sea un paso hacia el otro. Y recuerda: no estamos solos, hay Vida, hay Luz, hay Camino. Y si sentís que necesitas una pausa, que la mochila pesa mucho, tómala, y deja que la Palabra se convierta en carne en tu vida hoy. Gracias por escuchar. Que la Paz y el Amor que Jesús propone te acompañen.

Capítulo 1

El Evangelio de Juan no es solo un relato de lo que hizo Jesús, sino una invitación a conocer quién es realmente. Desde las primeras palabras Juan nos lleva más allá de los milagros y parábolas: nos lleva al corazón mismo de Dios. Aquí, Jesús no es solo un maestro o un hacedor de maravillas, es la Luz que ilumina nuestra oscuridad, el Pan que sacia el alma, el Buen Pastor que conoce tu nombre y te busca cuando te pierdes.

Juan escribió ‘para que creas’ —no en una idea, sino en una Persona— y que al creer, tengas vida verdadera. No una existencia religiosa, sino una relación viva. En un mundo que ofrece muchas versiones de la verdad, Juan te presenta a Jesús como la Verdad encarnada, y te dice con ternura y autoridad: ‘Míralo bien… este es Dios con nosotros.

El Evangelio de Juan es como ese amigo profundo del grupo: no te cuenta qué pasó, sino por qué importa. Mientras los otros evangelistas te dicen que Jesús caminó sobre el agua, Juan te guiña el ojo y dice: ‘Eso fue para que entiendas quién es Él’. Es como si dijera: ¡Dios está entre nosotros y te ama más de lo que amas el WiFi gratis!’ En resumen: Juan no solo quiere que sepas que Jesús vino, sino que confíes en Él como quien confía en el café de la mañana… solo que con resultados eternos.

En el principio… En el principio no había internet, ni redes sociales, ni siquiera café. Solo había el Verbo. ¿Qué te parece?  Y no estamos hablando de gramática, obviamente… Hablamos de una Palabra viva, que además sobresale como poderosa, divina. De una Palabra que estaba con Dios, y que era Dios.  Sí, sí… ¡Así arranca el evangelio de Juan! Con poesía cósmica y un misterio que haría sonrojar a cualquier filósofo griego. Pero todo tiene su explicación, claro.

Porque la Palabra —el Verbo— es la fuerza creativa del universo. Todo lo que existe, desde el ADN hasta las galaxias, fue hecho por Él. Y lo más asombroso: esa Palabra se hizo carne
¡Eso dice! Y, Además. ¡Se vino a vivir entre nosotros!  Así fue, ni lo dudes. Dios no se quedó allá arriba con sus nubes y sus querubines. Se puso sandalias, comió pan con aceite, caminó bajo el sol, y hasta se empapó en sudor en medio de ese clima áspero y achicharrante. Suena raro decir esto, ¿Verdad? ¡Es que somos tan religiosos y solemnes! ¿Tú crees que Jesús era así?

El caso puntual es que mira lo que nos muestra este primer capítulo de Juan. ¡Nada menos que a Dios, con piel humana! (Imagínate a Jesús con polvo en los pies y una sonrisa en los labios, compartiendo historias con pescadores.) Y en medio de esa historia, aparece un personaje peculiar:
Juan el Bautista. Una especie de influencer del desierto… sin Instagram, pero con miles de seguidores. Juan no tenía filtros, ni lo pretendía.

Vestía más que raro, y comía más raro todavía (¡langostas con miel!), y gritaba con fuerza: “¡Enderecen el camino del Señor!” La gente pensaba que era el Mesías, otros que era Elías, o algún profeta regresado de la ultratumba. Pero él lo tenía claro: “No soy la luz, solo vengo a señalarla.” Y vaya que lo hizo. Un día vio a Jesús venir y dijo: “¡He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” ¿Te puedes imaginar la escena? ¿Da tu mente para tanto?

Jesús se acerca, sin hacer aspavientos ni mucho menos pavoneándose como haría cualquiera de nosotros, hoy. Juan lo señala, y el cielo responde. Algo como una paloma —el Espíritu Santo— desciende.
No era un show de luces… era el cielo bajando a la tierra. Y allí comienza el seguimiento. Dos discípulos de Juan escuchan y siguen a Jesús. Le preguntan: “¿Dónde vives?” Y Jesús, sin rodeos, les responde: “Vengan y vean.” Se quedaron todo el día. Porque cuando estás frente a la luz… no quieres volver a las tinieblas.

Luego viene Andrés, que corre a buscar a su hermano Simón. Le dice: “¡Hemos encontrado al Mesías!” Y Jesús, cuando ve a Simón, le cambia el nombre: “Ahora te llamarás Pedro.”
(Que significa roca, aunque todavía era más bien una piedra movediza… pero eso viene después). Y por si fuera poco, Jesús encuentra a Felipe, y Felipe encuentra a Natanael. Este último, escéptico, dice: “¿De Nazaret? ¿Puede salir algo bueno de ahí?”

(Traducción moderna: “¿Ese del barrio humilde?”) Y Felipe solo le responde: “Ven y ve.”
Y cuando Jesús lo ve, le dice: “Te vi debajo de la higuera.” Natanael se queda de piedra.
¡Boom! Lo invisible se hizo visible. Y Jesús le dice: “¿Crees por eso? Vas a ver cosas mucho más grandes.
El cielo se abrirá. Los ángeles subirán y bajarán sobre el Hijo del Hombre.”

Este primer capítulo del evangelio de Juan es como abrir una puerta a lo eterno Es poesía, es historia, es teología…pero también es una invitación personal. Porque en medio de toda esta majestuosidad,
hay una verdad sencilla y revolucionaria: La luz vino al mundo. Y no cualquier luz. La luz verdadera.
Una luz que no se apaga, aunque la oscuridad lo intenta. Una luz que da vida, sentido, identidad. Y tú, ¿qué harás con esa luz?

¿La ignorarás como muchos hicieron? ¿O la seguirás como aquellos primeros discípulos,
que lo dejaron todo por una simple frase: “Ven y ve”? Porque sí… todo comenzó con el Verbo. Y ese Verbo sigue hablándonos hoy. A veces con voz de trueno, otras con susurros. Pero siempre con amor, gracia… y verdad. Un abrazo. Hasta el segundo capítulo.

Capítulo 2

¡Hola! Bienvenido a este espacio donde compartimos la Palabra con el corazón abierto, una sonrisa en el rostro… ¡Y, si se puede, con un buen café, té o mate argentino en mano! Hoy nos adentramos en el capítulo 2 del evangelio de Juan. Un capítulo con fiesta, con vino, con milagro… y también con mesa volteada. Así que… ¡vamos por partes! Ya lo sabes, no voy a leer el texto de este capítulo, eso debes hacer tú. Yo hablaré de él y tú lo comprobarás con tu Biblia o tu memoria.

Jesús fue invitado a una boda en Caná de Galilea. Y fue con su madre… y con sus discípulos. ¡Una boda con familia, amigos, y mucho entusiasmo! Pero en medio de la celebración, algo muy humano ocurre: ¡Se les acaba el vino!  En una fiesta judía de aquella época, eso era casi como decir “se nos fue la luz en plena fiesta” … o peor. Un desastre social. Aquí hace años había un cantante de la provincia de Córdoba que tenía una pegadiza canción cuya letra decía en un momento a modo de pregunta: ¿Quién se ha tomado todo el vino?

Imagínate los novios… “¡Ay no, tía Miriam, no le digas a nadie! ¿Cómo que ya no hay vino?”
Y la madre de Jesús, María, que claramente era una mujer de acción, no se queda con los brazos cruzados. Se acerca a Jesús y le dice: – “No tienen vino.” Jesús, muy tranquilo, responde algo que a muchos nos ha hecho levantar la ceja: – “¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha llegado mi hora.” Pero María… simplemente mira a los sirvientes y les dice una frase que todavía resuena hoy: “Hagan todo lo que él les diga.”

Y ahí ocurre el milagro. Jesús convierte agua —¡sí, agua común y corriente, ni siquiera envasada ni de filtro! — en vino. Pero no un vinito cualquiera… ¡El mejor! Sin ser bebedor de vino, por razones de trabajo, en una época tuve que estudiar las distintas calidades de los vinos. De hecho, no se trata de aplastar uva y listo, hay mucho más detrás de un buen vino. Todo un trabajo artesanal que, en este caso, simplemente pasó por una palabra de poder.

El maestro de ceremonias prueba el vino nuevo y dice: “Todos sirven primero el buen vino, y cuando ya están medio alegres… el barato. ¡Pero tú has guardado el mejor para el final!” Jesús no solo hizo un milagro. Hizo un gesto de ternura, de generosidad, de alegría compartida. Transformó lo cotidiano en algo extraordinario. Lo simple, en sagrado. ¿Y sabes qué más? Todavía lo hace. A veces lo vemos. A veces no. Pero Él sigue transformando nuestras aguas en vino… sí estamos dispuestos a “hacer lo que Él nos diga”.

Aunque no lo creas o no lo entiendas, todavía hay gente en los ambientes eclesiásticos que se sienten fastidiadas con este relato. Lo ven como una incitación al pecado de borrachera. No entendieron que beber vino es una cosa que hasta Jesús hizo, mientras que no controlar las adicciones es otra cosa muy distinta y no tiene nada que ver con un elemento específico. En algunos tratamientos de cardiología he oído a especialistas recomendar al paciente beber una pequeña copa de vino tinto de buena calidad por día. Precauciones, si; extremismos, no.

Después de la boda, el capítulo cambia totalmente de tono. Jesús va al templo, y lo encuentra… bueno, más parecido a un mercado que a una casa de oración. Había vendedores de ovejas, cambistas, monedas, bullicio. Era como entrar al mercado un domingo a mediodía, pero dentro de la iglesia. Jesús no dijo: “Bueno, vamos a calmarnos.” No, Él hizo un látigo de cuerdas —porque si algo nos enseña este Jesús es que la paciencia también tiene límites—, y limpió el templo. Volteó mesas, sacó a los vendedores, y dijo: “¡No conviertan la casa de mi Padre en un mercado!”

Este no es un Jesús enojado por capricho. Es un Jesús apasionado por lo sagrado. Un Jesús que ama tanto, que no se queda callado ante lo que está mal. ¿Y si hoy Jesús mirara nuestro “templo interior”? ¿Qué mesas tendría que voltear? ¿Qué rincón está lleno de ruido, de negocios mentales, de negociaciones con nuestra fe? Juan capítulo 2 es un recordatorio de que Jesús está presente tanto en la alegría de una boda como en la limpieza de un templo.

Está cuando el vino se acaba… y cuando el alma necesita orden. Y en ambos casos, Él actúa con amor. Con firmeza, sí. Pero con amor. Quizá hoy tú estás en Caná. Y se te acabó algo importante: la paciencia, la fe, la fuerza, el ánimo… O quizá estás en el templo, con el alma revuelta, necesitando que alguien venga y saque lo que ya no debe estar ahí. En cualquiera de los dos casos, Jesús está contigo. Solo recuerda lo que dijo María: “Hagan todo lo que Él les diga.” Porque donde Jesús está, el milagro empieza.

En una congregación que conocí, un día vinieron dos misioneros de origen sajón a visitar y predicar. Fueron invitados a almorzar y se espantaron porque vieron a creyentes bebiendo vino con el almuerzo. Esa noche predicaron atacando ferozmente al vino, declarando que era una bebida sólo apta “para ambientes degradados” y que un cristiano no podía en modo alguno caer en eso. La gente se sintió impactada, pero cuando descubrieron que ellos no bebían vino, pero si wisky, del mejor y en no escasas cantidades, comprendieron que todo se trataba de una opinión cultural, no bíblica.

En esa misma congregación, indignada por ese mensaje anti vitivinícola, no se inmutaban ni un milímetro por toda la mercancía que se practicaba en su hall de ingresos donde, junto con libros y videos, se vendían de toda clase de objetos casi esotéricos. Aguas, paños y hasta calcomanías supuestamente ungidas por causa de la oración del pastor. Así somos, veces. Pero podemos cambiar, estamos a tiempo. Gracias por compartir estos minutos. Que tu día tenga sabor a vino nuevo, a templo limpio, y a presencia viva de Jesús. Nos escuchamos pronto. ¡Un abrazo grande!

Capítulo 3

Este capítulo podría representarse teatralmente con una escena única: de noche t en una terraza de Jerusalén (Luz tenue. Sonidos nocturnos: grillos, viento suave. NICODEMO entra mirando hacia los lados, con una capa grande. Camina de puntillas de pie, temeroso de que alguien lo vea.) En Jerusalén, cuando el sol se va a dormir, algunos corazones se despiertan con preguntas. Éste es Nicodemo. Fariseo. Maestro de la ley. Amante del silencio… y, esta noche, de las preguntas peligrosas.

(NICODEMO se detiene, suspira. Toca suavemente la puerta. JESÚS la abre. Le sonríe con calma.)Hola Nicodemo… Buenas noches. – Shhh… ¡Jesús! No tan alto, por favor. ¿Podemos hablar…? En privado. – Jesús mira a su alrededor y no ve a nadie. Entonces le dice: Tranquilo. Solo estamos tú, yo… y ese discípulo que se quedó dormido contando ovejas. (Se escucha un ronquido suave de fondo.) Nicodemo, aunque vestido como una autoridad, trae el alma desvestida. Una mezcla de respeto… y nervios.

Rabí…le dice. Sabemos que has venido de parte de Dios. ¡Nadie puede hacer las cosas que tú haces si Dios no está con él! Jesús asiente con su cabeza y una sonrisa tranquila y afectuosa y responde:  Gracias, Nicodemo. Pero déjame decirte algo que no viene en tus libros… Te digo, con toda certeza: si alguien no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios. Obvio, a Nicodemo se le desparrama de un solo golpe toda su teología de años.

¿Perdón? ¿Nacer otra vez? ¿Y cómo se supone que un hombre, ya viejo, como yo (se palpa la espalda) va a volver al vientre de su madre? No creo que mamá esté de acuerdo…Jesús sonríe casi con ternura y expresa: No hablo de un parto con partera, Nicodemo. Hablo de un nuevo nacimiento del agua y del Espíritu. Lo que nace de carne, es carne. Pero lo que nace del Espíritu… ¡Es otra historia! Nicodemo parpadea. Sus neuronas fariseas hacen cortocircuito.

¿Pero cómo…? Casi aulla. ¿Cómo puede hacerse esto? Esta vez Jesús lo mira con algo de seriedad y añade: ¿Y tú eres maestro de Israel… y no sabes esto? Mira, te estoy hablando de cosas terrenales y ya te cuesta… ¿Cómo vas a entender si te hablo de cosas celestiales? Silencio. El tipo de silencio que hacen los relojes cuando se detienen. Jesús baja la voz, como quien cuenta un secreto eterno. Nadie ha subido al cielo, excepto el que bajó del cielo… el Hijo del Hombre.

Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto… así también el Hijo del Hombre debe ser levantado. Para que todo el que crea en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Nicodemo, con su mandíbula desencajada se queda murmurando: Vida eterna… Jesús escucha ese murmullo y responde:  Porque de tal manera amó Dios al mundo… Que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no vino a condenar al mundo… vino a salvarlo.

Las palabras flotan como el viento. No se ven, pero se sienten. Jesús sigue hablando aunque este hombre, shockeado como está, no termina de entenderle lo que dice:  El que cree, no es condenado. El que no cree… ya se ha condenado solo. Porque la Luz vino al mundo… Pero muchos prefieren las tinieblas, porque la luz muestra lo que uno quiere esconder bajo la alfombra. Nicodemo inclina su rostro y pregunta con un hilo de voz: Y… ¿qué pasa si uno ya ha vivido mucho tiempo en la oscuridad?

Jesús vuelve a sonreír, pero esta vez de manera comprensiva cuando le responde: Entonces camina hacia la luz, Nicodemo. La verdad no es para humillarte. Es para sanarte. Se hace una larga pausa. Nicodemo lo mira como si hubiera visto por primera vez el amanecer. Apenas alcanza a decir, casi en un balbuceo incomprensible: Gracias, Maestro. Esto… esto cambia todo. Y esa noche, mientras todos dormían, una semilla fue plantada en el corazón de un fariseo. Tardaría en brotar, pero ya nada volvería a ser igual.

JESÚS entra nuevamente de regreso a la casa. NICODEMO se queda en la terraza, mirando al cielo. Y dice casi en un susurro: ¿Nacer de nuevo…? Puede que sea más difícil que leer Levítico…
pero creo que, por primera vez, quiero volver a empezar. La luz ambiente baja lentamente. No muy lejos, se oye un último ronquido profundo del Discípulo Dormido. El relato completo del evangelio y lo expresado en otros textos y por los historiadores, dan cuenta del final feliz de esta historia.

¿Y de la nuestra, qué? Cuando yo le pedí al Señor que si era verdad que existía me ayudara a encontrarlo, Él lo hizo. Entonces, según me dijeron aquellos jóvenes que fueron mi primer grupo de creyentes, me hizo saber que eso tenía un nombre: yo me había convertido. Hubo cambios notorios en mí, luego de eso, pero no lo suficientemente fuertes como para que el planeta entero se diera cuenta. Algunas pequeñas cosas se modificaron en mi ser y comencé a desandar este camino.

Me quedaban muchas cosas antiguas arraigadas a mi estructura, todavía. Eran un combate diario y complicado. Hasta que meses después, en una reunión, se invitó a pedirle al Señor que nos llenara con el Espíritu Santo y…sucedió. Calor, lenguas, llanto, postrarse por largo tiempo, pero, lo más importante de todo, cuando volví a ponerme de pie, todo en mi interior se había revolucionado y cambiado, en algunas cosas, en un giro de ciento ochenta grados. Nacer de nuevo no sólo es bíblico, es posible. ¿Lo tienes? ¿Si? ¡Gloria a Dios! ¿No lo tienes? Pídeselo ya mismo. Y luego espera el tiempo que sea; sucederá si lo crees.

Capítulo 4

Hay historias que comienzan con una sed…No una sed cualquiera. No esa que se quita con un vaso de agua fría y una rodaja de limón. Hablo de la sed del alma. Esa que no se ve, pero se siente. La que te lleva a caminar al mediodía, bajo el sol del desierto, sola… con un cántaro vacío. Así empieza esta historia. Con una mujer. Una samaritana. Y un judío… que resultó ser mucho más que un judío con sed. Parece un romanticismo casi irreverente, pero sería interesante que alguien pudiera imaginarse en ese lugar, momento, clima, etc.

Jesús estaba viajando de Judea a Galilea. Y dice el texto que le era necesario pasar por Samaria.
¡Ojo! No dice que le tocó pasar. Dice que le era necesario. Algo necesario es algo que hay que hacer sí o sí por razones importantes que así lo demandan. Necesario. ¿Será que esa necesidad no era geográfica, sino espiritual? Me atrevo a arriesgar que sí. Tratándose de Jesús, es muy poco probable que tuviera necesidades de otro orden.

Entonces Jesús llega a Sicar. Una ciudad que tendría como única atracción turística un pozo. Pero no cualquier pozo: el pozo de Jacob. Un sitio con historia, con raíces, con herencia. Y ahí lo vemos: Jesús, cansado, se sienta junto al pozo. Sí, Jesús se cansa. Como tú, como yo, como todos. ¡Qué manía esa de tanto cristiano novelesco de imaginar a Jesús como una especie de mezcla antigua de Superman y más moderna de Robocop! Era un hombre. Dios encarnado en Él, es verdad, pero hombre a la hora de disfrutar o sufrir.

Y en esa hora, la sexta —alrededor del mediodía— cuando nadie con sentido común sale a buscar agua… aparece ella. La mujer samaritana. Una mujer que, probablemente, salía a esa hora para evitar las miradas. Los cuchicheos. Porque sí, su historia no era para la portada de una revista cristiana, precisamente.
Cinco maridos. Y el que tenía ahora… ni siquiera era esposo. Pero ella no lo sabía, aún. Jesús, con sed y sin balde, le dice: “Dame de beber”.

Y la mujer, con cara de: “¿Me estás hablando a mí?”, le responde: “¿Cómo tú, siendo judío, me hablas a mí, mujer samaritana?” ¡Qué escándalo! Es como si hoy un pastor evangélico entrara a un bar de motoeros y pidiera una cerveza para hablar de Dios. Pero Jesús no está interesado en protocolos. Ni en prejuicios. Él está sediento, sí… pero sediento de encuentros humanos. De conversaciones que atraviesan la superficie.

Jesús le dice: “Si supieras quién soy, tú me pedirías agua. Agua viva.” Y ahí se frena todo. La mujer no entiende. Porque, claro, no tiene balde, y el pozo es profundo. ¡Y ella viene con su historia! Su experiencia. “¿Acaso eres tú más grande que Jacob?”, le lanza, como quien defiende la tradición familiar. Pero Jesús no discute. Jesús propone. “El que bebe de esta agua, volverá a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le doy, no tendrá sed jamás.” Una fuente eterna. Un manantial interno. Una promesa que no cabe en el cántaro.

Ella dice: “Dame esa agua.” Pero entonces, Jesús le cambia el tema: Ve, llama a tu marido.”  ¡Ay, Jesús! Qué manera de romper el hielo.Ella contesta: “No tengo.” Y Jesús, con amor, pero sin rodeos: “Bien has dicho… cinco tuviste, y el que tienes ahora no es tu marido. Imagina el silencio. El asombro. La vulnerabilidad. Ella no lo conocía… pero Él la conocía a ella. Podemos leerlo, creerlo, enseñarlo y predicarlo. Lo que no siempre podemos, es imaginarlo. Somos demasiado religiosos, todavía.

Y algo cambia en esa mujer. Donde había vergüenza, empieza a haber luz. Donde había juicio, aparece gracia. Ella le habla del Mesías que vendrá. Y Jesús, por primera vez en este Evangelio, lo dice claro: “Yo soy.” Sí. El que te habla. El que te conoce. El que no te juzga. El que sacia la sed. En eso vuelven los discípulos. Ven la escena. Mujer + Jesús + pozo = confusión. Pero no dicen nada. Quizás por respeto… o por puro desconcierto.

Mientras tanto, ella deja el cántaro. ¡Eso es importante! Lo deja. Como quien ya no necesita lo que la hacía volver una y otra vez al mismo pozo. Corre a la ciudad y dice: “¡Vengan! ¡Conocí a alguien que me dijo todo lo que he hecho! Y no lo dice con vergüenza. Lo dice con asombro. “¿No será este el Cristo?” No sé por qué, al leer esto, no puedo evitar recordar al centurión que tenía a su criado enfermo y al que luego, Jesús destacó por su fe. ¡Un romano! ¿Y aquí? ¡Una samaritana!

Es indudable. Al religioso le cuesta mucho más ejercitar fe que al simple creyente sin rituales incorporados. Ni católico, ni evangélico, ni nada. No hay estructura dueña del evangelio. Hijo de Dios y miembro de Su Reino. La pregunta, ahora, es:  Y tú… ¿Cuántas veces volviste al mismo pozo? A buscar en amores, en trabajos, en likes, en logros… algo que sacie. Algo que quite la sed… del alma. Jesús sigue sentado junto al pozo. Sigue pidiendo agua… pero ofreciendo eternidad. Sigue hablando con los que otros no mirarían. Sigue viendo la historia completa… y amando igual.

Ese día, muchos samaritanos creyeron. Primero, por el testimonio de una mujer que nadie escuchaba. Después, por encontrarse ellos mismos con Jesús. Y le dijeron: Ahora creemos no solo por lo que ella dijo, sino porque lo hemos oído. Y sabemos que este es el Salvador del mundo.” Que esa sea también nuestra historia. No la del que solo escucha hablar de Jesús… Sino la del que se encuentra con Él, en el pozo más cotidiano, y encuentra en Él… el agua viva.

Capítulo 5

Hola, Qué bueno tenerte por aquí. Hoy te invito a hacer una pausa en medio del ajetreo de nuestras vidas… para escuchar una historia. Pero no es cualquier historia. Es una que tiene milagros, confrontaciones, preguntas incómodas… y sí, también algo de misterio. ¿Estás listo? Vamos a sumergirnos en Juan capítulo 5. Imagina esto: hay una piscina en Jerusalén, junto a una puerta llamada “la de las ovejas”. No suena muy glamorosa, ¿Verdad?

Pero esta piscina —llamada Betesda— es un lugar cargado de esperanza… y de mucha espera. Porque se decía que, de vez en cuando, un ángel descendía y agitaba las aguas, y el primero en meterse quedaba sano. No sé donde vives, pero si el lugar donde resides tiene una plaza pública, ¿Qué crees que sucedería si allí hubiera una pileta con agua y se corriera la voz de que está sucediendo algo similar a esto? Allí donde tú estás, no sé. Aquí donde yo vivo, andarían centenares a los codazos para ganarle el lugar al vecino.

Ahora imagina a un hombre. No sabemos su nombre. No sabemos su historia completa. Solo sabemos una cosa: llevaba 38 años enfermo. ¡Treinta y ocho! La mayoría de nosotros no se aguantaría ni una cuarta parte de ese tiempo ni esperando una pizza… ¡imagina esperar casi cuatro décadas para una oportunidad de sanidad! Él está ahí. Acostado. Mirando el agua. Esperando algo que nunca llega. Siempre me pregunté qué pasaría por la mente de ese hombre cada vez que esperaba y se frustraba.

Y entonces aparece Jesús. No con trompetas. No con efectos especiales. Solo… caminando. Lo ve. Y le hace una pregunta que, seamos honestos, suena un poco ridícula al principio si es que no vienes siguiendo su hilo ministerial, porque casi con infantil ingenuidad le pregunta:“¿Quieres ser sano?” ¡Jesús! El hombre lleva treinta y ocho años enfermo. ¿Qué clase de pregunta es esa que le haces? Pero… claro, quizás no es tan absurda como parece. Porque a veces nos acostumbramos tanto a nuestras limitaciones, a nuestros dolores, a nuestras excusas, que ya no sabemos si de verdad queremos cambiar.

Y fíjate que el hombre no responde “sí” o “no”. En lugar de eso… ¡Se lanza con una excusa! “Señor, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua…” Traducción a la medianía social de siglo veintiunol: “No tengo ayuda. Nadie me empuja. Siempre me ganan. Así soy yo.” Y Jesús, que no le pidió currículum ni referencias ni diagnóstico médico… le dice tres cosas que lo cambian todo: 1 – Levántate.  2 – Toma tu camilla. 3 – Y anda.

El hombre se levanta. ¡Después de 38 años! Camina. Lleva su camilla bajo el brazo como quien dice: “Sí, estuve tirado, pero ya no más”. De acuerdo. Como buen ex periodista, escritor y amante de las letras, tal vez yo sea demasiado volador en mi imaginación, pero no puedo evitar ver a ese hombre con la camilla sobre sus hombros salir saltando, gritando, cantando y riéndose a carcajadas, enloquecido con su sanidad. Es lo que cualquiera de nosotros, por serios y circunspectos que seamos, hubiera hecho.

Y justo cuando piensas que todos deberían estar celebrando… ¡Zas! Aparecen los religiosos. Los policías del sábado. Los inspectores de la fe. “¡Eh! ¡No puedes cargar tu camilla en sábado! Eso es trabajo prohibido.” Imagínate: ¡el hombre acaba de ser sanado! Pero en vez de alegría, le dan un regaño. Es como si alguien saliera del hospital después de años de estar en coma y sala de cuidados intensivos y le dijeran: —“Disculpe, señor, no puede salir por esa puerta con la bata puesta.”

Y aquí es donde Jesús va más allá del milagro físico. Más allá del escándalo sabatino. Se encuentra de nuevo con el hombre, y le dice algo… incómodo: “Mira, has sido sanado. No peques más, para que no te venga algo peor.” Jesús no solo quiere curar piernas… quiere sanar el alma.
No basta con andar… hay que andar bien. Y ahora, volvemos al principio. La pregunta sigue flotando en el aire… como una piedra que aún no ha tocado fondo: “¿Quieres ser sano?”

No “¿quieres portarte bien?” No “¿quieres ir más a la iglesia?” No “¿quieres impresionar a Dios?” Sino… ¿quieres ser sano? De verdad. Por dentro. ¿Quieres levantarte de esa excusa que te tiene atado hace años? ¿De ese “así soy yo”, “ya no hay esperanza”, “nadie me ayuda”? Jesús sigue caminando hoy entre multitudes de personas esperando algo. Y su voz no cambia. No exige.
No regaña. Solo pregunta… con ternura y poder:“¿Quieres ser sano?”

Y si tu respuesta es sí… Entonces prepárate. Porque Él te dirá:Levántate. Toma tu camilla… y anda.” Suena lindo porque suena bíblico, pero en realidad hoy Jesús te está preguntando si quieres ser sano…de eso que sólo Él y tu saben. ¿Le dirás que sí o le darás excusas? Como sea, Él te sanará pero al mismo tiempo te recomendará que tomes la responsabilidad de todos tus errores acostados en esa camilla vacía y comiences a andar en el Espíritu, única forma posible de vida abundante hoy, aquí y ahora. Gracias por escuchar este tiempo de reflexión. Gracias por seguir acompañándome en este Tiempo de Victoria. Si esta historia te habló, compártela. Porque quizás… alguien más necesita oír esa misma pregunta. Hasta la próxima. Que camines… libre.

Capítulo 6

¿Alguna vez te pasó que invitaste a cenar a un par de personas… y de pronto te llegaron cinco mil? Bueno, a Jesús le pasó. Y Él no tenía ni empanadas, ni un delivery a quien recurrir, ni un plan de contingencia. Pero espera… porque esta historia no va solo de pan y peces. Va del hambre. Del hambre de verdad. De esa que no se llena con carbohidratos, ni con chismes de barrio, ni con “me gusta” en redes sociales. Acompáñame, que esto se pone bueno.

Jesús cruza el mar de Galilea, se sienta tranquilo en el monte con sus discípulos, quizás esperando un momento de paz. Pero al parecer, la fama de Jesús se había disparado. Lo seguían multitudes como si fuera… el Messi de los milagros. Y no era para menos: sanaba enfermos, hablaba con autoridad, y encima, ¡Gratis! Imagínate llevado al hoy.  Felipe, uno de sus discípulos, está a su lado. Jesús levanta la mirada, ve a la multitud y le lanza una bomba a Felipe:

—¿De dónde compraremos pan para toda esta gente? Le tira.  Como quien dice: “Felipe, ¿Tenés idea de cómo vamos a alimentar a medio estadio de fútbol sin presupuesto?” Felipe hace números, mentalmente abre Excel y le responde: —Ni 200 denarios alcanzarían para que coman un bocado cada uno… (Te aclaro que 200 denarios eran como 8 meses de sueldo… No era un picnic barato.) Entonces aparece Andrés, y dice algo que en cualquier reunión de logística suena a humor dudoso:

—Acá hay un muchachito con cinco panes de cebada y dos pececitos… pero… ¿Para qué alcanza eso? ¿Te lo imaginas? Cinco pancitos de cebada —los más baratos del supermercado— y dos pececillos, probablemente secos. Es como decir: “tengo dos tostadas y una sardina”. Pero Jesús… Jesús tiene otra lógica. La lógica de caminar por esta vida con años luz de ventaja sobre todo el resto. Mitad por ser quien era, pero la otra mitad por no depender de las circunstancias naturales.

Entonces Jesús dice: “Hagan recostar a la gente”. Y comienza el milagro. Toma los panes, da gracias y los reparte. Toma los peces, los reparte. Y todos —TODOS— comieron cuanto quisieron. No solo eso. Sobró. ¿Te diste cuenta? No solo fue suficiente. Fue más que suficiente. Tanto, que recogieron ¡Doce cestas repletas de sobras! ¿Y sabes qué? Acá hay un mensaje poderoso: Cuando Dios bendice, no lo hace en modo “racionamiento”. Lo hace en modo “abundancia”.

No porque tú seas especial, sino porque Él es generoso. Y lo más loco de todo: usó lo poco que tenía un chico anónimo. Un nene con su vianda. ¿Te imaginas si ese chico hubiera dicho “¡Es mío!”?
Ni lo conoceríamos. Pero compartió, y fue parte de uno de los milagros más famosos de la historia. El famoso milagro de la multiplicación de los peces y los panes. Yo recuerdo que lo leía así en mi Biblia y no me sonaba ni raro ni fantasioso. ¡Esa manera automática de leer la Biblia que nos enseñaban!

Al día siguiente… ¡la gente volvió! ¿A qué? ¿A escuchar la palabra de Dios? ¡Nah! ¡Volvieron por el pan! Querían la repetición del buffet celestial. Jesús los mira y les dice: —Ustedes me buscan no porque entendieron lo que hice… sino porque comieron y se llenaron. Ups. Ahí se corta la música del buffet. Y les lanza una frase que nos deja pensando: —Trabajen, no por la comida que se echa a perder… sino por la que permanece para vida eterna. Le faltó añadirle: “Esto te pega como a las cinco de la madrugada”

Y claro, todos le piden ese pan mágico. Y ahí viene la bomba teológica: —Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. ¿Cuántas veces leíste o te leyeron esto? ¿Te diste cuenta que en nuestra ignorante inconsciencia eso nos sonaba natural y claro, cuando en realidad era absolutamente sobrenatural y milagroso? Jesús está diciendo:
“¿Tienen hambre? Yo soy la comida.” No una receta. No un método. No un manual. Él es el pan. Él es el alimento.

Pero ojo, esto no es literal. Y sin embargo, muchos lo tomaron así. Cuando Jesús empieza a hablar de comer su carne y beber su sangre, muchos lo miran como si hubiera dicho la mayor barbaridad del siglo. Y se ofenden. Y murmuran. Y se van. —“Esta palabra es muy dura”, dicen. Y ahí… muchos discípulos, sí, discípulos, lo dejan. Ya no andan más con Él. Lo siguen… hasta que les incomoda. Hasta que les exige algo más profundo que solo pan y pescado.

Y entonces, Jesús se da vuelta y le pregunta a los Doce: —¿También ustedes se quieren ir? Silencio hospital. Apenas el sonido de los insectos volando. Y Simón Pedro, como tantas veces, dice algo que parte el alma: —Señor, ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna. Esta historia es un espejo.
Nos encanta el Jesús que sana, que da, que multiplica. Pero nos cuesta el Jesús que desafía, que nos pide fe, que nos ofrece su vida como pan… y nos pide la nuestra a cambio.

Y sin embargo, como dijo Pedro… ¿a quién más iríamos? Solo Él tiene palabras que llenan el alma.
Solo Él sacia el hambre profunda. Solo Él es el verdadero pan de vida. Así que… La próxima vez que te sientas vacío, hambriento de sentido, de propósito… No busques solo milagros. Busca al Pan. Y si solo tenés cinco panes y dos peces… compartilos. Porque con Jesús, eso alcanza. Y sobra Guarda este mensaje y compártelo con quien el Espíritu te muestre.  No será pan ni pescado, pero capaz alguien lo escuche y… se llene.  ¿A quien iremos? “Solo tú tienes palabras de vida eterna…”

Capítulo 7

¿Alguna vez te sentiste incomprendido por tu propia familia? ¿Que tus intenciones eran buenas, pero nadie lo veía? Bienvenido al club… el club donde el fundador es nada más y nada menos que Jesús. Sí. Jesús. El mismo que multiplicó panes, sanó ciegos y caminó sobre el agua… también fue malinterpretado, incluso por sus propios hermanos. Hoy, te invito a caminar conmigo por el capítulo 7 del Evangelio de Juan. Una historia con fiesta, tensión, secretos… y una declaración que puede cambiarte la vida.

Estaba por comenzar una de las fiestas más alegres del calendario judío: la Fiesta de los Tabernáculos. Una especie de «campamento espiritual», una semana para recordar que Dios guio a su pueblo en el desierto. Y ahí está Jesús, tranquilo en Galilea, mientras en Judea las cosas están… digamos, tensas. Los líderes ya no lo quieren en el grupo de WhatsApp, por así decirlo. ¡Quieren matarlo! Y sus hermanos —sí, sus propios hermanos— le dicen:

«¡Dale, mostrate! Si hacés cosas increíbles, andá a Judea, hacete viral. ¡No te escondas!» Y Juan nos deja caer una bomba: «Ni siquiera sus hermanos creían en él.» ¡Auch! Eso duele. Ser Jesús, el Hijo de Dios, y que tu propia sangre no lo vea. Jesús les responde con calma, pero firme: “Mi tiempo aún no ha llegado. El mundo no los aborrece a ustedes… pero a mí sí.” Jesús no andaba con relojes de marca ni aplicaciones de calendario. Su tiempo era celestial. Y sabía que moverse antes del momento exacto… podía destruir el plan.

Así que les dice: «Vayan ustedes a la fiesta. Yo no voy todavía.» Y mientras todos piensan que se quedó en casa… ¡zas! Jesús sube a la fiesta… pero de incógnito. Como cuando uno entra a una reunión familiar y espera que no lo vean hasta que se sirve el postre. La ciudad bulle. Todos murmuran: «¿Dónde está ese tal Jesús?» «Es bueno.» —dicen unos. «¡No! Engaña a la gente.» —rebaten otros. Nadie se atreve a hablar abiertamente. Hay miedo, como si Jesús fuera una palabra prohibida.

Pero a la mitad de la fiesta… ¡Jesús aparece en el templo! Y comienza a enseñar. Con autoridad. Sin haber ido a Harvard ni al seminario de Jerusalén. La gente se queda de cara: “¿Cómo sabe tanto sin haber estudiado?” Y Jesús suelta una bomba teológica: “Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, sabrá si lo que digo viene de Él.” No se trata solo de escuchar… se trata de querer obedecer.

Jesús continúa. Con voz firme, pero con corazón sincero: “Ustedes tienen la ley de Moisés, ¡pero no la cumplen! ¿Entonces por qué quieren matarme?” La gente reacciona exageradamente: «¡Tenés un demonio!» Pero Jesús no se detiene. Les recuerda que si aceptan hacer una circuncisión en sábado… ¿por qué critican que Él sanó a un hombre en sábado? Y entonces suelta una frase que parece escrita para redes sociales, pero tiene siglos de sabiduría: “No juzguen por apariencias… juzguen con justo juicio.”

¡Boom! ¡Eso va directo al corazón! Porque todos, en algún momento, nos dejamos llevar por lo que parece en vez de buscar lo que es. Llega el último día de la fiesta. El más importante. Un sacerdote solía verter agua en el altar para recordar la provisión de Dios. Y ahí, entre la multitud… Jesús se levanta y alza la voz:Si alguien tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, de su interior correrán ríos de agua viva.”

No era solo poesía. Hablaba del Espíritu Santo. Jesús no ofrecía religión. Ofrecía vida. Vida que sacia, vida que fluye, vida que transforma desde adentro. La multitud se divide. Algunos dicen: “¡Este es el Cristo!” Otros se resisten: “Pero… ¿de Galilea? ¿Puede venir algo bueno de ahí?” Los fariseos envían guardias para arrestarlo. Pero los guardias regresan… ¡con las manos vacías! —»¿Por qué no lo trajeron?» —gritan los jefes.

Y los soldados, con los ojos grandes, simplemente responden: “Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre.” Silencio. Ni palos, ni espadas. Solo una frase que encierra asombro, duda… y quizás… fe. ¿Y tú? ¿También tenés sed? ¿Sed de verdad, de sentido, de algo más que rutina? Mira que Jesús sigue diciendo lo mismo hoy: “Si tienes sed, ven a mí y bebe.” Podés encontrar división, ruido, confusión, dudas… incluso dentro de tu propia casa. Pero también podés encontrar a alguien que no solo habló diferente… sino que vivió y murió para saciar tu sed. Y lo mejor… es que esa historia aún no ha terminado.

En resumen: Jesús sube discretamente a la fiesta de los Tabernáculos, desafiando las expectativas de sus hermanos incrédulos. En medio de la celebración, enseña en el templo, asombrando a todos con su sabiduría sin formación académica. Los líderes judíos se escandalizan y buscan arrestarlo, pero su hora aún no ha llegado. Jesús denuncia la hipocresía: critican su sanidad en sábado, pero violan la ley por tradición. Divide a la multitud: algunos lo creen profeta, otros el Mesías, y otros dudan por su origen.

Nicodemo lo defiende tímidamente, recordando que la ley exige juicio justo. La autoridad de Jesús no se impone con fuerza, sino que atrae por verdad y coherencia. Él invita a todos a venir y beber del agua viva: el Espíritu, aún no dado plenamente. La tensión crece: su mensaje es claro, pero el corazón de muchos permanece cerrado. Moraleja: La verdad desafía estructuras, pero quien busca con sinceridad, encuentra vida en Cristo.

Capítulo 8

Imagina una mañana tranquila en Jerusalén… Jesús acaba de regresar del monte de los Olivos. Y mientras la ciudad despierta, él vuelve al templo… Y se sienta… a enseñar. ¿Puedes ver la escena?
El sol empieza a subir, la gente lo rodea… Hay paz. Pero esa calma, como pasa muchas veces en la vida… Está a punto de romperse. Entran los escribas y fariseos, arrastrando a una mujer. No vienen buscando justicia… sino una trampa.

—¡Maestro! Esta mujer fue sorprendida en el acto mismo del adulterio. ¡En el acto! La ley de Moisés dice que debe morir apedreada. ¿Y tú? ¿Qué dices? ¿Te das cuenta? No les importa ella… les importa dejar a Jesús sin salida. Si dice: “No la maten”, lo acusan de violar la ley. Si dice: “Mátenla”, lo acusan de falta de misericordia. Silencio. Jesús… se agacha. Y comienza a escribir en la tierra. ¿Qué escribía? ¿Un versículo? ¿Un dibujo? ¿Sus nombres? Nadie lo sabe… y tal vez eso no es lo importante.

Porque lo que dijo después… ¡Eso sí que lo sacudió todo!  “El que de ustedes esté sin pecado…
que tire la primera piedra”.
Primero uno suelta la piedra. Luego otro… y otro. Hasta que solo quedan dos personas en esa escena: Jesús… y la mujer. Jesús le dice: —¿Dónde están los que te acusaban? —Ninguno, Señor —responde ella. —Ni yo te condeno. Vete… y no peques más. Así de simple. Así de escueto. Así de contundente. Así de certero.

¡Qué momento! No justifica el pecado. Pero tampoco destruye a la persona. Jesús no niega la verdad… La redime. Y justo después de esa escena… Jesús dice algo que lo cambia todo: —Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. ¡Y claro! Los fariseos no lo soportan. —¿Tú testificas de ti mismo? Eso no vale. Pero Jesús no se deja enredar:
—Yo sé de dónde vengo y a dónde voy. Y no estoy solo. Mi Padre da testimonio de mí.

Pero ellos no lo entienden. No quieren entenderlo. Porque entenderlo… significaría rendirse. Dejar de controlar. Aceptar que no son los dueños de la verdad. Jesús les dice algo fuerte… Tan fuerte… que algunos se tapan los oídos con piedras en la mano. Jesús (voz firme, tranquila): —Si ustedes no creen que yo soy… morirán en sus pecados. Y aquí hay una joya escondida… Una joya que si lees tu Biblia como quien lee el periódico del lunes, jamás la encontrarás. Pero que si escudriñas, como se nos manda…

Esa frase “Yo soy” … No es casual. No es solo una manera de hablar. Es el nombre con el que Dios se presentó a Moisés en la zarza ardiente. “Yo soy el que soy”. Jesús no está diciendo que es un buen maestro. Está diciendo que Él es Dios. Que estaba antes de Abraham. Que es la Verdad que libera, la Luz que alumbra, el Hijo que no juzga para condenar, sino para salvar. Y aún así… no lo entienden.
No lo aceptan. Se enojan.

Al final del capítulo, lo acusan de estar poseído. ¡De tener demonio! Y cuando dice: —Antes que Abraham fuese… Yo Soy. …toman piedras para matarlo. Pero no pueden. Porque su hora… aún no ha llegado. Amiga, amigo… Jesús no vino solo a enseñarnos a ser buenos. Vino a mostrarnos quién es Dios. Y a transformarnos desde adentro. No importa cuán oscura haya sido tu historia. No importa cuántas piedras te hayan lanzado… o cuántas veces tú mismo las hayas levantado.

Jesús se agacha contigo en el polvo. Te mira a los ojos. Y con una voz más fuerte que la culpa, más dulce que el juicio, más verdadera que nuestras excusas… …te dice: “Ni yo te condeno.
Vete… y no peques más.”
Jesús sigue siendo la luz del mundo. Y si hoy lo sigues… no andarás más en tinieblas. Tendrás la luz… de la vida.

Juan 8 es un capítulo central para comprender el conflicto entre la luz divina y las tinieblas del corazón humano. Comienza con la historia de la mujer adúltera (vv. 1–11), una escena que revela la misericordia divina frente al juicio humano. Jesús no niega la ley, pero revela que el verdadero juicio exige pureza interior, no solo conocimiento legal. “El que esté sin pecado…” desarma toda hipocresía y nos obliga a mirar hacia adentro antes de señalar.

El perdón que Jesús ofrece no es permisivo: “Vete y no peques más” revela que la gracia siempre llama a la transformación. Luego, Jesús se declara: “Yo soy la luz del mundo” (v. 12), una afirmación cargada de peso teológico. No es solo guía, sino la Luz originaria, la que separa el caos de la creación y da sentido al mundo. Quien le sigue, no camina en tinieblas, lo que implica un seguimiento activo, radical y constante. Los fariseos rechazan esta luz porque están ciegos espiritualmente, aferrados a sus sistemas religiosos.

Jesús confronta esa ceguera con verdad y revela que ellos juzgan según la carne, sin discernimiento espiritual. Afirma que su juicio es justo porque no está solo: el Padre lo acompaña (v. 16). Reitera su origen divino: “Yo soy de arriba… vosotros sois de abajo” (v. 23). Esta distinción no es geográfica, sino ontológica: Jesús es del cielo, ellos, del sistema caído. Dice claramente: “Si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados” (v. 24).

Este “Yo Soy” es una autorrevelación divina, evocando el nombre sagrado de Dios en Éxodo 3:14. La incomprensión de sus oyentes muestra su incapacidad espiritual de recibir la verdad. Jesús insiste en que habla lo que ha oído del Padre (v. 26), testificando sin alterar el mensaje. Cuando sea “levantado” (crucificado), entenderán que Él es (v. 28): la cruz revelará su identidad. Muchos creen en Él, pero Jesús enseña que la fe auténtica implica permanecer en su palabra (v. 31).

Sólo entonces conocerán la verdad que libera del pecado y la esclavitud interior (v. 32). Los judíos reclaman su linaje de Abraham, pero Jesús señala que la verdadera filiación se vive. Si fueran hijos de Abraham, harían sus obras: fe, obediencia, hospitalidad al enviado de Dios. Pero buscan matarlo: su filiación espiritual es del diablo, padre de mentira y homicidio (v. 44). Jesús no suaviza su mensaje: confronta con la verdad que hiere pero también puede sanar. Afirma: “El que es de Dios, oye las palabras de Dios” (v. 47). El rechazo revela la desconexión espiritual.

El clímax llega cuando dice: “Antes que Abraham fuese, Yo Soy” (v. 58). Aquí Jesús se identifica sin ambigüedad como el Eterno, el Dios encarnado. La respuesta es violenta: quieren apedrearlo, pues entienden que ha reclamado divinidad. Jesús se oculta y sale del templo, imagen de una presencia rechazada que se retira en silencio. Juan 8 nos enfrenta con una decisión: vivir en la luz del Hijo o permanecer en la ceguera del ego.

Capítulo 9

Imagina una calle cualquiera de Jerusalén. Polvorienta. Con el sol apenas asomando por los techos de barro. Un hombre está sentado en el suelo. No ve. Nunca ha visto. No conoce el color del cielo, ni la sonrisa de su madre, ni el rostro de los que lo miran al pasar. Uno de los discípulos de Jesús, que pasan por su lado siente curiosidad y cree tener una gran pregunta para hacerle al Maestro:  Rabí… ¿quién pecó para que este hombre naciera ciego? ¿Él? ¿O sus padres?

Ah… ¡los discípulos! Siempre listos para buscar culpables. Como si cada problema tuviera que tener un responsable directo. Un archivo. Un expediente. Me recuerda demasiado a una pequeña congregación evangélica que conocí en mis primeros años de creyente. Y no con añoranzas de simpatía, precisamente. La respuesta de Jesús con voz serena, firme y con un autoridad llena de amor:  Ni él pecó, ni sus padres. Esto sucedió… para que las obras de Dios se manifiesten en él.

Y así…fíjate… Jesús cambia la pregunta. No es «¿quién tiene la culpa?«, sino «¿qué puede hacer Dios con esto?» Y le añade a modo de reflexión muy seria y profunda:  Mientras sea de día, hay que trabajar. La noche se acerca, y yo… soy la luz del mundo. Y aquí viene uno de los momentos más extraños que hay en nuestras Biblias. Porque Jesús escupe en la tierra. Hace barro. Y se lo unta en los ojos al ciego. Sí… con saliva. Si no fuera tan sagrado, sería hasta cómico. Tan gracioso como ver a ciertas damas religiosas y estiradas disimulando una mueca de desagrado al verlo, pero guardándose la opinión por ser Él quien ellas saben que es. Porque a veces lo divino llega en formas insólitas.

Jesús mira con profundo afecto al hombre y le dice:  Ve al estanque de Siloé. Lávate. Y el hombre fue… Se lavó. Y volvió viendo. Así, simple. Sin rayos de luz desde el cielo. Sin voces celestiales. Sin estridencias ni juegos de luces de colores. Sin música adecuada y rítmica de alabanza. Solo barro, agua… y fe. No me gusta emitir juicio gratuitamente, pero ¿Te das cuenta la abismal diferencia entre un milagro visible, real y divino y una de las tantas campañas de milagros que todos hemos conocido?

Hay un pequeño silencio, seguido de murmullos de fondo: vecinos sorprendidos, y uno de ellos que dice: —¿No es este el que mendigaba? Otro responde: —¡Parece él! Y el ex ciego, que ahora ve interviene con voz emocionada: —¡Soy yo! ¡Sí, yo! Y así comenzó… la investigación vecinal. Nivel Comando Superior de Investigaciones de Jerusalén. Un tercer testigo le pregunta: —¿Y cómo te fueron abiertos los ojos? Y el ex ciego responde: —Un hombre llamado Jesús hizo barro, me lo puso en los ojos, me dijo que me lavara… lo hice, ¡y ahora veo!

Sale otro y pregunta: —¿Dónde está ese tal Jesús? —No lo sé…responde el hombre que ha sido sanado.Y como era sábado… y como siempre hay gente que se molesta más por lo que rompe sus normas que por lo que libera a los demás, llevaron al ex-ciego con los fariseos. Una de las máximas jerarquías muy indignada vocifera: —¡Este hombre no es de Dios! ¡Trabajó en sábado! Otro, con rostro de incredulidad, añade: —Pero… ¿cómo puede un pecador hacer esto?

¡Drama! ¡División! ¡Teología en conflicto! Y en medio, un hombre feliz porque ahora ve. Un fariseo pregunta: —¿Y tú qué dices de ese que te abrió los ojos?  —Pues… que es un profeta, murmura pensativo el ciego.¡Escándalo! ¡Herejía! ¿Un profeta que hace barro en sábado? Entonces los fariseos toman al ex ciego y llaman a sus padres. Sí, como si el hombre tuviera 5 años… Cuando llegan un fariseo dice:  —¿Es este su hijo? ¿El que nació ciego?

El padre del hombre, muy nervioso responde: —Sí… es nuestro hijo… Allí interviene la madre, que todavía está conmovida y añade: —Y nació ciego, sí. Pero… cómo ve ahora, no sabemos. El padre toma la responsabilidad y con cierta rigidez expresa: —Tiene edad. Pregúntenle a él. No querían líos. Confesar que Jesús era el Mesías podía costarles la expulsión. Silencio por miedo. Tanta verdad en eso también… Así que volvieron al hombre.

Uno de los fariseos, bastante exasperado brama: —Da gloria a Dios. Sabemos que ese hombre es un pecador. Entonces el ex ciego, con vos firme plantea:  —Si es pecador, no sé. Pero una cosa sé: yo era ciego… y ahora veo. Y esa frase quedó flotando. Como un estandarte. Como un testimonio que ni los doctores de la ley podían refutar. Por eso el ciego sanado, con cierta picardía los mira y dice: —¿Por qué me preguntan otra vez? ¿Quieren hacerse sus discípulos?

El fariseo se lo toma a mal y ruge: —¡Nosotros somos discípulos de Moisés!  —Pues… eso es lo maravilloso. Que ustedes no sepan de dónde viene, y a mí me abrió los ojos, concluye el hombre con calma y serenidad. Y lo expulsaron. Por ver. Por hablar. Por no tener miedo. Entonces justo nuevamente Jesús lo encontró. Sí, como siempre. Buscando al rechazado. Al que se queda solo por decir la verdad. Lo miró y le preguntó:  —¿Crees en el Hijo de Dios?

Y el ciego sanado le responde: —¿Quién es, Señor, ¿para que crea en él? —Tú lo has visto. Es el que habla contigo. —¡Creo, Señor! Y adoró. No por obligación. No por orden de culto. Sino porque había visto. No solo con los ojos, sino con el corazón. Jesús vuelve a hablar casi con el corazón en su mano:  —He venido para que los que no ven, vean… y para que los que creen ver… entiendan que están ciegos. Y tú, que me estás escuchando… ¿Estás viendo realmente? ¿O vives con los ojos abiertos… pero el corazón cerrado? A veces, hace falta un poco de barro… para comenzar a ver con claridad.

Capítulo 10

¿Alguna vez has sentido que alguien te habla… y sin verlo, sabes que es alguien de confianza? Esa voz que no necesita presentación, porque tu alma ya la reconoce. Bueno… Jesús habló de eso. De una voz. De una puerta. Y de ovejas. Sí, ¡ovejas! Ahora, no te ofendas. Que Jesús no nos llama ovejas para decir que somos lentos o despistados. Nos llama así porque… bueno, las ovejas son animales dependientes, vulnerables, y muy sensibles a la voz de su pastor.

En Juan capítulo 10, Jesús no empieza con un sermón complicado ni con una parábola enrevesada.
Empieza diciendo algo bien directo: “El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Pero el que entra por la puerta, ese es el pastor de las ovejas. ¿Ves la imagen? Una puerta, un redil, y un montón de ovejas tranquilas. Pero de repente aparece alguien escalando por el costado del corral. ¡Sospechoso, por decir lo menos!

Jesús no está hablando de granjas, claro está. Está hablando de nuestras vidas. De quién dejamos entrar en nuestro corazón, y a quién seguimos con confianza. Porque tú sabes, no todo el que parece guía… lo es. No todo el que grita fuerte, está diciendo la verdad. Pero el verdadero pastor, ese entra por la puerta. Ese llama a cada oveja por su nombre. Y la oveja… bueno, la oveja reconoce esa voz. Jesús dice algo hermosísimo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.

Qué imagen tan llena de paz, ¿no? Entrar. Salir. Pastar. Respirar. Estar a salvo. Y Jesús, con un tono todavía más profundo, deja claro quién es Él: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor su vida da por las ovejas.” Y aquí es donde la cosa se pone seria. Porque hay pastores que cuidan… y otros que sólo están ahí por el sueldo. Jesús los llama “asalariados”, y dice que cuando ven venir al lobo, ¡salen corriendo!

Pero Él no. Él se queda. Él protege. Y si es necesario, da la vida por ti. Y de hecho… eso hizo. Jesús dice algo que a veces pasamos por alto: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz.” ¿Sabes qué significa eso? Que hay lugar para todos.
Que nadie queda afuera por venir de otro lugar, por tener otra historia, otro idioma, otra piel. Jesús vino por todos los que reconocen su voz, aunque aún no la hayan escuchado.

Pero no todos entendieron. Algunos se rieron, otros lo llamaron loco. Imagínate: ¡decían que tenía demonio! Y sin embargo… otros sí creyeron. Porque sabían que nadie puede hablar así y al mismo tiempo abrir los ojos de los ciegos. Sus palabras traían vida. “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” Qué promesa, ¿no?

¿Sabes qué es lo más poderoso de eso? Que Él te conoce. No solo por tu nombre, sino por lo que hay en lo más profundo de ti. Y te sigue amando igual. Y te llama. Hoy. Ahora. Aquí. Así que… si en este mundo de tantas voces, de tantas promesas falsas y tanto ruido… Tú oyes una voz que no te acusa, sino que te llama por tu nombre, una voz que te cuida, te guía, y te invita a vivir en abundancia… Esa voz es la del Buen Pastor.

Y puedes seguirla con confianza. Porque Él no viene a robar ni a engañar… Viene a dar vida. Y vida en abundancia. Unidad del capítulo: Juan 10 gira en torno a la imagen del buen pastor, presentando a Jesús como guía, protector y dador de vida para sus ovejas, en contraposición a los falsos líderes religiosos. Contexto simbólico: La metáfora del pastor remite al Antiguo Testamento (Salmo 23, Ezequiel 34), donde Dios cuida a su pueblo; aquí, Jesús se identifica con ese rol divino.

Puerta y pastor: Jesús se llama tanto “la puerta” como “el pastor”, señalando que Él es el único acceso legítimo a la salvación y a la verdadera comunidad del Reino. Voz y relación: Las ovejas reconocen su voz, lo que subraya la intimidad y discernimiento espiritual de quienes le siguen auténticamente. Contraste ético: Los ladrones y asalariados representan a líderes sin amor verdadero por las personas, interesados solo en el poder o el beneficio personal.

Entrega voluntaria: Jesús anticipa su muerte, destacando que entrega su vida por las ovejas voluntariamente, no por obligación ni derrota. Inclusividad del rebaño: Alude a otras ovejas fuera del redil, señalando la apertura del mensaje más allá de Israel, hacia los gentiles. Unidad escatológica: “Un solo rebaño y un solo pastor” apunta a una comunidad universal unida por la fe en Cristo.

Reacciones divididas: Las palabras de Jesús provocan división, mostrando que su identidad como el Hijo de Dios no deja lugar a la indiferencia. Clímax cristológico: El capítulo culmina con una afirmación directa de divinidad (“Yo y el Padre somos uno”), fundamento esencial para la fe cristiana. La palabra Pastor, aquí, tiene un relieve que no siempre encontramos en la vida cotidiana. ¿Se puede decir, aunque suene demasiado fuerte, que se ha bastardeado la figura del pastor?

Si. Lamentablemente, sí. Y por esa razón se cometen injusticias muy grandes, también. Sobre todo, cuando se generaliza. Hoy tú hablas en voz alta del pastor evangélico y prepárate para recibir como respuesta, de todo. Absolutamente de todo. Bellezas tales como manipuladores, ladrones de diezmos y otras por el estilo consiguen, lamentablemente, herir a aquellos hombres de Dios con un tremendo corazón de pastor que están haciendo un trabajo de enorme bendición. Oremos por estos y para que los otros se arrepientan. Gracias por acompañarnos. Que sigas oyendo la voz del Buen Pastor… en medio del ruido

Capítulo 11

Había una familia muy querida en Betania… Tres hermanos: Marta, María y Lázaro. Gente de confianza, de esas personas que cuando llegas a su casa te hacen sentir como en la tuya. ¿Y sabés qué? Jesús los amaba. Así, sin vueltas. Un día, Lázaro se enfermó. Y no era una gripe pasajera… Era serio. Así que sus hermanas, preocupadas, enviaron un mensaje urgente a Jesús: «Señor, el que amas está enfermo.» Podían haber dicho “Lázaro está enfermo”, pero no… Le recordaron a Jesús algo esencial: que lo amaba. Porque cuando uno ama, uno se mueve.

Pero, sorprendentemente… Jesús no salió corriendo. “Esta enfermedad no es para muerte… sino para que la gloria de Dios se manifieste.” Y se quedó dos días más en el mismo lugar. ¡Dos días! ¡Ni una mochila armó! Imaginate a los discípulos pensando: “¿No que lo quería tanto? ¿Y no se supone que cuando uno ama, actúa rápido?” Pero Jesús… juega en otra liga. Él no llega tarde. Llega a tiempo. A Su tiempo. Cuando finalmente Jesús dijo: “Vamos a ver a Lázaro”, los discípulos se alarmaron. Porque en Judea no eran bienvenidos. Tomás, con un sarcasmo heroico, dijo:

“Bueno, vamos también nosotros, ¡así morimos con Él!” ¿Viste? Tomás tenía sus días… ¡pero se la jugaba! A veces la fe es eso: ir con miedo, pero seguir caminando.  Cuando llegaron a Betania, Lázaro ya llevaba cuatro días muerto. Sí, cuatro. Ya estaba… como decimos en criollo, “pasado”. Marta salió a recibir a Jesús con una mezcla de dolor y fe:“Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero aun ahora, sé que Dios te escucha.”

Y ahí, Jesús le lanza una de esas frases que te sacuden el alma: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá…” ¿Y sabés qué? Marta no necesitó entender todo. Solo necesitó creer. Después vino María, y al ver a Jesús… se quebró. Se tiró a sus pies llorando, con el mismo reclamo amoroso: “Señor… si hubieras estado aquí…” Y ahí pasó algo que siempre nos deja sin palabras. Jesús lloró.

El que tiene poder sobre la muerte… lloró. No era teatro. No era por mostrar. Era un llanto real. Jesús no solo resucita a los muertos… también acompaña en el duelo. Lloró porque lo amaba. Lloró porque la muerte duele. Lloró porque es humano. Y entonces… pidió ir al sepulcro. “Quitad la piedra.” Marta, la realista del grupo, le advierte: “Señor… ya huele mal. Son cuatro días.” Claro… a veces creemos más en el mal olor que en el poder de Dios.

Pero Jesús no se detuvo. “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces, oró al Padre… y gritó: “¡Lázaro, ven fuera!” Y sí. ¡El que había muerto… salió caminando! En realidad, tiene que haber salido dando pequeños saltos, porque estaba vendado, envuelto en sudario… como una momia resucitada. ¡Qué escena, por favor! Y Jesús, tranquilo, dice:“Desátenlo… y déjenlo ir.” Jesús no solo da vida… también libera.

Porque de nada sirve estar vivo… si seguimos atados. ¿Y vos? ¿Qué piedra necesitás mover? ¿Qué parte de tu vida huele mal… y creés que ya no tiene solución? Jesús no solo lloró por Lázaro… también lloró por vos. Y sigue diciendo lo mismo: “Si creés… verás la gloria de Dios.” Así que… Aunque tu fe esté cansada, aunque todo parezca muerto… Todavía puede haber un “¡Lázaro, sal fuera!” en tu historia. Solo… creé.

El capítulo 11 de Juan no es solo una historia de milagro, es una revelación profunda del carácter de Cristo y de su poder sobre la muerte. Jesús no llegó tarde, aunque parecía. Él vino a tiempo para demostrar que Él es la resurrección y la vida. Su demora no fue negligencia, fue estrategia divina para manifestar gloria. Lázaro estaba muerto cuatro días, un estado sin retorno humano. Pero Jesús no opera según nuestras limitaciones.

La tumba cerrada no fue obstáculo. El hedor de la muerte no lo detuvo. La incredulidad de algunos no lo frenó. Jesús lloró. El Hijo de Dios sintió el dolor humano. Él no ignora tu sufrimiento. Pero no solo siente: Él actúa. Ordena quitar la piedra, habla a un cadáver, y el muerto responde. Eso es lo que hace Su voz: revive, restaura, resucita. No hay situación tan muerta que Su palabra no pueda revertir. No hay corazón tan endurecido que Su amor no pueda ablandar.

No hay promesa divina vencida: solo espera su hora perfecta. Jesús no solo promete vida futura; ofrece vida ahora. El milagro de Lázaro apunta a uno mayor: la victoria de Cristo sobre Su propia tumba. Este capítulo nos llama a creer incluso cuando no entendemos. A obedecer incluso cuando dudamos. A quitar las piedras que impiden ver Su gloria. ¿Hay algo muerto en tu vida? Jesús no vino a decorarte la tumba, vino a sacarte de ella. Su voz aún llama por nombre. Su poder aún revive lo imposible. Y su amor sigue llorando con nosotros… para luego llamarnos a levantarnos. No es solo historia: es invitación a experimentar hoy la resurrección.

Capítulo 12

Hola. Bienvenido a este momento especial. Respira profundo, baja el ritmo un instante, y abre tu corazón. Hoy nos vamos a sumergir en una escena íntima, intensa… y muy, muy fragante. Sí, fragante. Ya verás por qué. Juan capítulo 12 nos lleva a una cena en Betania. Una mesa sencilla… pero con personajes nada comunes. Lázaro, el resucitado, está allí. Marta, como siempre, sirviendo —quizás con ese delantal invisible de los que aman con acciones—. Y María… ay, María… no podía faltar su acto valiente, extravagante y profundamente amoroso.

 «Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.» Imagina eso un momento. No solo fue un gesto bonito: fue escandaloso. El perfume costaba el salario de casi un año entero. Y no lo echó con gotero… no, no. Lo vertió todo. ¡María rompió la lógica del “un poquito está bien” y se fue directo al “todo por amor”!

Y mientras el aroma se esparcía —¡porque el amor no se queda quieto ni callado! — alguien frunció el ceño… Judas Iscariote, el tesorero del grupo —digamos que no tenía cinco estrellas en honestidad financiera— cuestiona la movida de María. “¿Y los pobres?”, dijo. Pero el texto aclara que su preocupación no era muy… caritativa, digamos. Jesús, sin alterarse, responde algo profundo y profético: “Déjala. Para el día de mi sepultura ha guardado esto.”

¡Wow! Mientras unos pensaban en dinero, Jesús hablaba de muerte y eternidad. Mientras otros contaban denarios, María contaba los días… y amaba como si fuera el último. Al día siguiente, Jesús entra a Jerusalén. Palmas al aire, gritos de Hosanna, multitudes agitadas. ¡La entrada triunfal! Pero Jesús no llega en un caballo blanco… sino en un pollino. Un burrito. Muy a su estilo: humilde, pero cargado de gloria. “No temas, hija de Sion; he aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna.”

¿Quién hubiera pensado que el Mesías haría su gran entrada montado en lo que básicamente sería poco más que una bicicleta de la época? Jesús no necesita pompa para ser Rey. Su poder no está en la apariencia, sino en la verdad. Y entonces… empieza a sonar el reloj del cielo.  Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.” Pero… la gloria de Jesús no será un trono de oro. Será una cruz de madera.

Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” Ahí está el corazón de este capítulo. Jesús sabe que su muerte es inminente. Está turbado… pero no huye. Y aquí hay algo impresionante: Él escucha una voz del cielo. Una voz real, audible. Algunos creyeron que era un trueno, otros, un ángel. Pero Jesús dice algo hermoso: “Esta voz no ha venido por causa mía, sino por causa de vosotros.”

Dios hablaba… no para impresionar, sino para confirmar. Para que tú y yo sepamos: esto no es teatro, es redención. Ahora… ¿qué hacemos nosotros con todo esto? Jesús dijo: Andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas.” La luz todavía brilla, amigo, amiga. Su nombre es Jesús. Y si aún lo puedes ver, si aún lo puedes sentir… es tiempo de caminar hacia Él. “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.”

Hoy, quizás Dios no te pida que derrames un frasco de nardo, ni que cortes ramas de palma. Pero sí te invita a ofrecer lo más valioso que tienes: tu corazón. No siempre entenderemos todo, como los discípulos. No siempre veremos claro. Pero si lo seguimos… si lo escuchamos… si lo amamos como María, aún sin palabras… la casa de nuestra vida se llenará del perfume de su presencia. Y créeme: cuando eso pasa, todos lo notan.

Señor Jesús, al contemplar Tu entrada triunfal en Jerusalén, recordamos que la verdadera gloria se revela en la entrega. Tú no viniste con poder humano, sino en humildad, montado en un asno, para traer paz a nuestros corazones. Nos enseñaste que el grano de trigo debe morir para dar fruto; así también nuestra vida debe rendirse para florecer en Ti. Gracias por mostrarnos que la obediencia al Padre, aunque cueste, produce fruto eterno.

Hoy, como María, queremos derramar lo mejor a Tus pies, sin reservas, en adoración sincera.
Danos valor para seguirte, incluso cuando el mundo no comprenda Tu cruz. Haz que no busquemos la aprobación humana, sino agradarte solo a Ti. Aviva nuestra fe para creer aun cuando no entendamos todo. Que nuestras vidas reflejen Tu luz en medio de la oscuridad. Y que nuestro mayor anhelo sea verte glorificado, hoy y siempre. Amén. Que la luz de Jesús ilumine tu caminar hoy. Que tu vida entera sea ese perfume derramado. Y que cuando el mundo te vea, no te vea a ti… sino al Rey que viene montado en humildad, que muere en amor… y que resucita en poder. Hasta la próxima.

Capítulo 13

¿Alguna vez has amado tanto a alguien… que estarías dispuesto a lavarle los pies? No me refiero a un gesto simbólico. Hablo de arrodillarte… de mirar esas plantas polvorientas y callosas, de tomar una toalla, agua… y hacerlo. Juan capítulo 13 nos lleva justo ahí. A una cena, una habitación silenciosa… y un acto que debería habernos volado la cabeza desde el principio. Era justo antes de la Pascua. Jesús sabía que su hora había llegado. No para recibir un premio… sino para irse. A morir. Y no de viejo.

Y en ese momento, con todo el peso del mundo por venir, ¿qué hace? Prepara… una cena. Sí, como esas abuelas que, aunque estén cansadas, cocinan para todos con amor. Y mientras los discípulos —esos doce hombres tan… humanos— discutían probablemente quién era el más importante (De hecho, a esto lo hacían seguido), Jesús se levanta de la mesa. Se quita el manto. Se ciñe una toalla. ¿Estás imaginando toda esta escena?

El Maestro, el Hijo de Dios, arrodillado como un sirviente. Como el último de todos. Empieza a lavarles los pies… uno por uno. ¡Qué incómodo! A Pedro casi se le atraganta la última comida: —“¡¿Tú… lavarme los pies a mí?! ¡Ni loco!” Jesús, con esa paciencia divina que seguro ya lo tenía agotado, le responde: —“Si no te lavo, no tienes parte conmigo.” Entonces Pedro cambia de canal: —“¡Ah bueno! Entonces lávame todo: pies, manos, cabeza… ¡poneme en ciclo de lavado intensivo, Señor!”

Jesús debe haber soltado una pequeña risa. Porque conocía a Pedro. Conocía sus impulsos, su corazón tembloroso… su amor desordenado. Ya sé que te cuesta horrores imaginarte a Jesús así, pero tienes que entender de una vez por todas que ese personaje solemne, de manos juntas y rostro sufrido como pidiendo disculpas por todo, fue armado por los demonios, que adoran que veamos a Jesús así y por su cómplice más cercana: la religión. Aunque se auto denomine como cristiana.

Luego, Jesús se sienta. Y les dice algo que todavía nos sacude: “Ustedes me llaman Maestro y Señor… y lo soy. Pues si yo, el Señor, les he lavado los pies… ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros.” Boom. Golpe directo al ego. ¿Quieres ser grande en el Reino de Dios? No se trata de títulos, ni micrófonos, ni aplausos. Se trata de toallas. De agua. De rodillas. Jesús nos está enseñando algo que solo el amor puede enseñar: que la autoridad verdadera no domina, sirve.

Que el amor auténtico… baja. Mira a los ojos. Lava pies sucios. Y, por si fuera poco, lo hizo sabiendo que uno de esos pies… lo iba a traicionar. Sí. Judas estaba ahí. Con sus pies listos para correr a entregarlo. Y aun así… Jesús los lavó también. Amigo, si eso no es amor, ¿qué lo es? ¿A quién tienes que perdonar tú hoy? ¿A quién tienes que lavarle los pies, aunque no se lo merezca? Eso sí, no te digo que vayas a tu trabajo con una palangana y una toalla —te van a mirar raro.

Pero sí puedes servir. Escuchar. Ceder. Amar con humildad. Eso también es lavar los pies. Y como si este capítulo no tuviera ya suficiente profundidad, Jesús termina con una frase que deberíamos grabar en la nevera, en el celular… en el alma: “Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Como yo los he amado, así también ustedes deben amarse.” Wow.

En el silencio del aposento alto, Jesús se ciñe la toalla y lava pies sucios con manos santas. El Rey se inclina. El Maestro sirve. ¿Y tú? Juan 13 no es solo una historia de humildad, es una llamada urgente a vivir con amor radical. Si el Señor se rebajó al nivel del siervo, ¿cómo podemos tú y yo aspirar a otra cosa? La cruz empieza en la toalla. El servicio precede al sacrificio. Pedro resistió el lavamiento, pero Jesús insistió: “Si no te lavo, no tienes parte conmigo.”

¿Estás dejando que Cristo te lave? ¿Te estás dejando amar? Y aún más: ¿estás dispuesto a amar como Él? “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros…” No es una sugerencia, es la marca del verdadero discípulo. El amor no es sentimiento, es acción. No es palabra, es entrega. Jesús lavó incluso los pies del traidor. ¿Puedes tú amar a los que te hieren? Juan 13 es el umbral de la gloria, pero también de la traición. Solo el amor persevera cuando todo lo demás falla. Que tu vida huela al agua y al jabón de Cristo. Que seas siervo. Que seas suyo.

No dice: “Ámense cuando estén de acuerdo”, o “cuando sea fácil”. Dice: como yo los he amado. Y si acabas de escuchar el principio de esta historia… ya sabes cómo nos amó. Arrodillado. Con una toalla. Y con el corazón dispuesto a dar la vida. Así que hoy, mientras vas en el auto, o cocinas, o caminas por ahí con tus pensamientos, recuerda esto: No estás solo. Alguien te amó hasta el extremo. Y te invita a amar igual. No con discursos bonitos, sino con gestos pequeños. Con paciencia. Con servicio. Con los pies en la tierra… y el corazón en el cielo. Que en tu día haya toallas más que tronos. Y que cada paso que des… sea hacia un amor más verdadero.

Capítulo 14

¿Alguna vez has sentido que estás perdido… como si te hubieran soltado en una autopista de la vida sin GPS, sin señal, y con el tanque de combustible medio vacío? Tranquilo… no eres el único, ni la única. Hasta Tomás, uno de los discípulos de Jesús, se sinceró y le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas… ¿cómo podemos saber el camino?” ¡Eso es tan humano! Tan… nuestro. Porque todos, en algún momento, nos preguntamos lo mismo: “¿Para dónde voy?”, “¿Qué sentido tiene todo esto?”, “¿Hay un lugar preparado para mí?”

Y Jesús, con esa calma que solo tiene quien conoce el mapa completo, le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.” Wow. No dijo “yo tengo el mapa”, o “les paso la ubicación por WhatsApp”… Dijo: Yo soy el camino. Y ahí, mis amigos, es donde empieza lo profundo. Porque Jesús no nos da una fórmula mágica, ni un atajo milagroso. Él mismo es el camino.
Y no es como Waze que te avisa del tráfico o Google Maps que a veces te mete por unos callejones sospechosos…

No. Este camino no se actualiza porque no necesita mejorar. Ya es perfecto. Pero claro, como buenos humanos, nos cuesta confiar. Felipe —otro discípulo— se le acerca con un reclamo suave:
“Muéstranos al Padre, y ya con eso estamos bien.” Y Jesús le responde, como quien mira con cariño y un poquito de “¿de verdad?”: “Felipe… tanto tiempo contigo y ¿todavía no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” ¡Zas! Nivel de profundidad: celestial.

Vivimos en un mundo de filtros, realidades alternas en redes sociales, promesas rápidas, cursos de felicidad en 7 pasos, y gurús que te dicen “sigue tu corazón”… Pero Jesús te dice: No se turbe tu corazón. Cree en mí.” No sigas tu corazón como si fuera una brújula perfecta —porque a veces tu corazón se confunde con el estómago cuando tienes hambre—. Sigue a Jesús, que es la brújula, el mapa y el destino.

Y aquí viene lo increíble: No solo nos muestra el camino… nos prepara una morada. O sea, un hogar, no una pensión de paso. Algo eterno. Jesús no nos quiere como turistas espirituales. Nos quiere como hijos en casa. Y para que no digas: “¿Y si me pierdo en el camino?”, Jesús hace algo aún más loco…
Promete enviarte un Guía personal, un Consolador. Sí. Algo así como la mejor versión de Google Assistant, pero eterno, santo y con sabiduría infinita. El Espíritu Santo.

Él no necesita batería, ni señal. Él habita en ti, te recuerda lo que Jesús dijo, y te acompaña cuando la vida aprieta. Es como si Jesús dijera: “No los dejo solos. No los abandono como huérfanos. Vengo a ustedes. Mi Espíritu estará con ustedes… y en ustedes.” Y eso, amigo, no es religión. Es relación. Es amor en su forma más pura. Jesús termina este capítulo con una frase que merece enmarcarse en la sala, en la nevera y en el alma:

“La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” La paz de Jesús no es el silencio incómodo de un grupo de WhatsApp sin mensajes, ni la  tranquilidad momentánea de un domingo sin tareas. Es una paz que no depende del clima, del dinero, ni del humor del jefe. Es una paz que sostiene, consuela, abraza, guía.

Como conclusión de todo esto, les digo, Hermanos, que Cristo habla en Juan 14 no con voz de reprensión, sino con voz de consuelo eterno. “No se turbe vuestro corazón”, dice, sabiendo que vendría la cruz, la traición y el abandono. ¡Qué gracia la suya, consolarnos cuando Él mismo va a sufrir por nosotros! esús revela que el cielo no es una idea, es una casa —la casa del Padre— y Él mismo ha ido a prepararla para nosotros. No hay duda, no hay azar: hay un destino preparado.

Declara con autoridad: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. No un camino entre muchos, sino el único. En un mundo de confusión espiritual, Cristo pone un punto final: nadie va al Padre si no es por Él. Cuando Felipe le pide ver al Padre, Jesús responde con una revelación gloriosa: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Aquí no hay espacio para religiones comparadas: en Jesús habita corporalmente toda la plenitud de Dios.

Nos promete un Consolador, el Espíritu Santo. No quedamos huérfanos. El mismo Dios habita ahora en nosotros. Esta no es una emoción, es una presencia eterna. esús no pide solo fe intelectual. “El que me ama, mi palabra guardará”. El amor se prueba en obediencia. Y nos deja su paz. No como el mundo la da, temporal y condicionada. Su paz es firme en la tormenta, segura en la muerte, viva en la resurrección. Hermanos, este capítulo no es una poesía. Es una declaración de guerra contra la duda, la mentira y el temor. ¿Vivís como si Jesús fuera el único camino? ¿Guardás su palabra? ¿Tenés su paz? Juan 14 no nos da opciones. Nos da a Cristo. Y Cristo basta.

Así que si hoy te sientes perdido… recuerda: Jesús es el camino, no uno de tantos. Jesús es la verdad, no una opinión más. Jesús es la vida, no una rutina aburrida. Y en este viaje, no vas solo.
Hay un lugar preparado para ti. Un Consolador camina contigo. Y una promesa te espera: “Donde yo estoy, ustedes también estarán.” No se turbe tu corazón… Cree en Él.

Capítulo 15

¿Alguna vez te ha pasado que estás en medio de algo importante —una reunión, una videollamada con tu suegra, o buscando la receta perfecta para el flan sin huevo— y de repente, se te va el WiFi? El mundo se detiene. Y ya sabes que no exagero. Si te pasó alguna vez, sabes que esa es una verdad.  Hay una sensación de abandono, de desconexión… es casi apocalíptico. “¡Volvé, WiFi! ¡Te lo prometo, esta vez sí voy a cerrar las 27 pestañas que tengo abiertas!” …

Ahora, imagínate que esa conexión vital, en vez de ser con tu rauter, es con Jesús. Eso es lo que Él nos está diciendo en Juan 15:“Yo soy la vid verdadera… ustedes son los pámpanos. El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí, nada pueden hacer.” Nada. Nada. Es fuerte, ¿no? Jesús se presenta como la vid verdadera. No una vid cualquiera, no una planta decorativa para Instagram. No. Es la verdadera, la original, la fuente de vida.

Y nosotros… somos pámpanos. O sea, ramitas. No es glamoroso. No somos la vid entera, no somos el fruto brillante y jugoso todavía. Somos las ramitas que, si no están conectadas a la raíz, se secan. Pierden sentido. Piénsalo así: una ramita desconectada no se va de mochilera, no pone una cafetería artesanal, no tiene «proyectos personales». Una ramita sin vid, se seca. Punto. Y no es que Jesús lo diga con enojo, sino con amor.

Nos dice: «Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes». Es un llamado a una relación constante, íntima, como esas amistades que no necesitan hablar todo el tiempo, pero cuando hablan… ¡uff, qué conexión! Ahora, viene una parte incómoda: “Al que da fruto, lo limpia para que dé más fruto.” A ver… ¿Cómo? ¿Me estás diciendo que si estoy haciendo las cosas bien… igual me van a podar? ¡Sí! Porque en el Reino de Dios, el premio por dar fruto no es un aplauso o un trofeo… ¡es una tijera!

Pero no una tijera cruel. Es una poda con propósito. Dios, como buen labrador, quita lo que estorba, lo que distrae, lo que pesa. A veces son relaciones, a veces planes, a veces el ego que se infla más rápido que una torta en horno alto. Y aunque duele, es por amor. Porque Dios ve en nosotros una potencial cosecha abundante. Y ojo, el fruto no es para mostrárselo al vecino: “Mirá qué uvas tengo yo, vos tenés pasas…” No. El fruto es para dar vida a otros. El fruto espiritual —amor, gozo, paz, paciencia, etc.— no es decoración, es alimento. Si tu fe no está nutriendo a nadie, tal vez no estás tan conectado como crees.

Después, Jesús nos deja el núcleo de todo esto: “Este es mi mandamiento: Que se amen unos a otros, como yo los he amado.” ¿Te diste cuenta de que no dijo “Ámense como puedan” o “Ámense cuando se lo merezcan”? No. Dijo: “como yo los he amado.” Ese amor que da la vida. Un amor que se sacrifica, que perdona antes de que le pidan perdón. Que abraza incluso cuando el otro viene con espinas. Ese amor es la savia de la vid. Si estás conectado a Jesús, ese amor tiene que fluir por tu vida. No es una opción. Es un resultado natural. Como cuando el sol sale y el hielo se derrite: no puede evitarlo.

No somos empleados, somos amigos.  Y aquí viene algo bellísimo: Jesús dice que ya no nos llama siervos… sino amigos. ¡Amigos de Dios! No empleados que cumplen órdenes. No obreros con jornada limitada. Amigos. Porque a los amigos se les confía el corazón, los secretos, las heridas. A los amigos se les invita a la mesa, no solo a trabajar en el campo. Eso cambia todo. El mundo no va a aplaudir esto.  Ahora, Jesús es honesto: “El mundo los va a aborrecer. No se sorprendan. A mí también me pasó.”

¿Y por qué? Porque el amor verdadero incomoda. Porque ser luz en medio de la oscuridad produce tensión. Pero si estás siendo rechazado por parecerte a Jesús, ¡ánimo! Vas por buen camino. Y cuando te sientas solo, desconectado, medio marchito, Jesús nos deja una promesa: el Consolador, el Espíritu de verdad. Él no es un enchufe espiritual de emergencia. Es la fuente constante que nos recuerda quiénes somos, quién es Jesús y para qué estamos aquí.

Jesús es la vid verdadera; sin Él no hay vida ni fruto. Permanecer en Cristo es esencial para dar fruto espiritual.  El amor a Dios se demuestra obedeciendo sus mandamientos. El mayor amor es dar la vida por los amigos, como hizo Jesús. Ya no somos siervos, sino amigos de Cristo si hacemos su voluntad. Dios nos eligió para ir y dar fruto que permanezca. El amor entre los creyentes es un mandato, no una sugerencia. El mundo odiará a los seguidores de Cristo, como lo odió a Él.

La persecución del creyente es señal de su unión con Jesús. El Espíritu Santo dará testimonio de Cristo, y nosotros también debemos hacerlo. Jesús nos eligió. No fue una casualidad. No es que Él armó un equipo y justo vos pasabas por ahí. No. Él te eligió, y te puso para que vayas y lleves fruto. No fruto de temporada, no fruto que se pasa. Fruto que permanece. Y todo esto, ¿para qué? Para que nuestro gozo sea completo. ¡Para vivir llenos! No secos. No medio vivos. No sobrevivientes. Llenos.

 Así que hoy te pregunto: ¿Estás conectado a la Vid? ¿Te estás dejando podar o te estás aferrando a ramas muertas? ¿Tu vida está dando fruto o solo hojas? ¿Estás amando como Jesús… o como te sale? Y si te sentís seco, agotado, confundido, no es el fin. Volvé a conectarte. No necesitás WiFi. Necesitás a Jesús. Porque cuando permanecés en Él… Tu vida florece. Tu fruto bendice. Y tu corazón descansa. Amén.

Capítulo 16

Hay una frase en Juan 16 que me suena misteriosa… casi como cuando tu mamá te dice: «Espérate un poquito… ya va a estar lista está la comida». Y tú no sabes si ese «poquito» significa cinco minutos, media hora… o si mejor te haces un sándwich. Jesús les dice a sus discípulos: «Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis.» Y los pobres… estaban confundidos. No los culpo.
Imagínate que tu mejor amigo te dice: «Me voy, pero no del todo. Me verás, pero luego no. Pero después otra vez sí. Y por cierto, van a querer matarte, pero ánimo.» Yo también quedaría con cara de: ¿»Eh»?

Pero en esa aparente confusión, hay una promesa oculta, como un regalo envuelto con muchas capas. Y Jesús, como buen Maestro, no se desespera con nuestras dudas. Él ve más allá. Dice:
«Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo.» O sea, «Les aviso desde ya, para que cuando las cosas se pongan feas, no piensen que fracasaron. No es el fin. Es parte del camino.» Y aquí viene algo poderoso. Jesús sabe que sus discípulos se van a sentir tristes, confundidos, perseguidos, solos. Pero aun así, les dice: «Os conviene que me vaya.»

¿Perdón? ¿Nos conviene que te vayas, Jesús? Es como si el piloto de un avión de línea te dijera:
«Me bajo, pero tranquilo, les dejo al mejor copiloto del universo.» Y no sólo eso. ¡El copiloto viene con instrucciones directamente del cielo! Ese Copiloto es el Espíritu Santo, el Consolador, el Espíritu de Verdad. Y viene con tres funciones muy claras, según Jesús: Convencer al mundo de pecado. Convencer de justicia. Convencer de juicio.

Pero no con un dedo acusador, sino con una mano que sana, restaura y guía. Y aquí me detengo.
Porque Jesús dice algo muy humano: «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.» ¿No te parece hermoso eso? Jesús no nos lanza verdades como piedras.
Nos las da a medida que crecemos, como un padre que no le explica álgebra a un niño que apenas está aprendiendo a sumar. Nos ama con un ritmo sabio. Nos lleva de la mano.

Ahora… la parte del dolor. Sí, Jesús lo dice claro: «Vosotros lloraréis, y el mundo se alegrará.» Esto me recuerda cuando uno está en pruebas, y todo el mundo a tu alrededor parece estar de vacaciones en Cancún. Tú estás con lágrimas, y ellos con piña colada. Pero… La tristeza no es el final del viaje. Jesús pone una imagen que todos podemos entender: una mujer dando a luz. Dolor intenso… pero alegría incontenible cuando nace el bebé.

Así será nuestra vida en Cristo. Pasamos por noches oscuras, pero el amanecer llega.
Y cuando llega, nadie nos puede quitar ese gozo. Jesús termina este capítulo con una frase que vale oro.
Escúchala como si te la dijera ahora mismo, con mirada firme y tierna: «En el mundo tendréis aflicción… pero confiad, yo he vencido al mundo.» Sí. Él venció al mundo. No significa que nunca te va a doler. Significa que el dolor no tendrá la última palabra.

Significa que no estás solo, aunque te sientas así. Significa que hay una victoria que ya fue ganada, y que tú, aunque con tropiezos, aunque con lágrimas, puedes caminar hacia ella. Porque el que va contigo, ya pasó por allí… y regresó para buscarte. Así que si hoy estás en ese “todavía un poco”,
si estás en la parte donde no entiendes, si el mundo parece haberse reído mientras tú lloras, recuerda lo que Jesús dijo:

«Os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.» Y si aún no has pedido, como dijo Él, pide en su nombre. Pide paz, pide fe, pide fuerza, pide luz. Y recibirás. Porque Jesús no solo venció al mundo… También venció tu tristeza. Y como un buen maestro, te dice hoy lo mismo que dijo entonces: «Estas cosas te las digo, para que tengas paz.» Y como diría mi abuela…
«Agárrate de Cristo… que con Él, aunque haya tropiezos, no te caes para quedarte.»

Jesús nos advierte que seguirle traerá oposición, no sorpresa. No debemos temer al rechazo del mundo; Él ya lo previó. El consuelo viene de saber que no estamos solos. El Espíritu Santo será nuestro Guía, Consolador y Maestro.  Aunque Jesús partió, su partida nos trajo algo mejor: el Espíritu. El Espíritu convence al mundo de pecado, justicia y juicio.  No estamos encargados de convencer, sino de testificar.   Dios sigue obrando en corazones más allá de lo que vemos.

Aunque no entendamos todo ahora, pronto lo sabremos. Nuestro dolor se convertirá en gozo, como el parto en vida. La tristeza presente tiene fecha de vencimiento. El gozo que Dios da, nadie nos lo puede quitar. Jesús intercede por nosotros directamente al Padre. Ya no hay barrera: tenemos acceso al corazón del Padre. Podemos orar con confianza, en el nombre de Jesús. Jesús conoce nuestras dudas, pero sigue amándonos.

Él venció al mundo… y por eso podemos tener paz. La victoria no es nuestra habilidad, sino su fidelidad.  En medio de la prueba, su presencia es nuestra fuerza.  Hoy podemos caminar con fe: ¡Cristo ha vencido! Examina con tu Biblia todo esto y, si no encuentras errores y te agrada la forma simple y directa conque lo tratamos, entonces muéstraselo a tu hijo, a tu hija o, si ya eres un adulto mayor, quizás a algún nieto o nieta que seguramente recibirá bendición con ello.

Capítulo 17

Hola, hola… ¿cómo estás? Mirá, te traigo algo especial. Algo… diferente. Hoy no vas a escuchar a un pastor orando por vos, ni a tu abuela, ni siquiera a tu grupo de oración. Hoy… escuchás a Jesús mismo, sí, Jesús, hablando con el Padre, ¡y mencionándote a vos! ¡Así arranca Juan capítulo 17! Una conversación íntima, preciosa, antes de que Jesús vaya a la cruz. Una oración que nos abre el corazón del Hijo de Dios. Y vos estás en ella.

Jesús arranca así: «Padre, la hora ha llegado…» No dice “me quiero bajar”, ni “esto se me fue de las manos”. Jesús sabe lo que viene, y lo enfrenta con propósito. Dice: «Glorifica a tu Hijo, para que también el Hijo te glorifique a ti.» Jesús está a punto de entregar su vida, pero no lo ve como tragedia… lo ve como gloria. Porque obedecer al Padre también es glorificarlo. Y mirá esta joya: «Glorifícame con la gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.» ¡Pará, qué fuerte eso! Jesús no empezó en Belén. ¡Estaba desde antes de la fundación del mundo!

Jesús no es un plan de emergencia. Es parte del plan eterno. Y ahora Jesús define algo clave: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.» Vida eterna no es un ticket para el cielo. Vida eterna es conocer a Dios, tener una relación viva, diaria, real con Él. No es como seguir a alguien en Instagram. Es como cuando tu mejor amigo te conoce tanto que te termina las frases.

Conocer a Dios no es saber de memoria versículos… es hablar con Él, caminar con Él, vivir con Él. Jesús ahora empieza a hablar de sus discípulos… ¡con un amor de Padre orgulloso! «Les di tu Palabra… creyeron que salí de vos…» «Los guardé mientras estuve con ellos… ninguno se perdió.» Y después viene algo tremendo: «No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal.» Jesús no pide que te escondas. No dice: “Padre, ponelos en una burbuja cristiana donde no les pase nada.” No. Dice: “que estén en el mundo… pero protegidos del mal.”

Como decimos por aquí: Como mate dulce en un termo salado… algo no cuadra. Así estamos nosotros. No encajamos del todo, y está bien. ¡No sos del mundo! Pero estás en él… con propósito. Y acá viene lo que más me emociona: Jesús no ora solo por los 12 discípulos. Dice:
«No ruego solo por estos, sino por los que creerán en mí por su palabra.» ¡Ese sos vos! ¡Esa soy yo! ¡Estamos en esta oración!

Y lo que Jesús pide… es unidad. «Que todos sean uno… para que el mundo crea que tú me enviaste.» La unidad entre creyentes es la mejor campaña evangelística del cielo. ¿Querés que el mundo crea? No discutas tanto con otros cristianos en redes… Ámalos. Trabajen juntos. Sé uno. Y que conste en las actas del cielo y en las terrenales. No estoy hablando de una reunión interdenominacional mensual. De eso hace mucho tiempo que tenemos y la unidad no apareció jamás.

Y el final… es como un suspiro del corazón de Jesús. «Padre, quiero que los que me diste estén conmigo donde yo estoy… para que vean mi gloria.» Jesús quiere que estés con Él. No porque necesitás ver fuegos artificiales celestiales… sino porque quiere compartir con vos el amor eterno del Padre. Él quiere que veas lo que el Padre le dio. Porque… ¿sabés qué? ¡Vos también sos parte de ese regalo! Y termina así: «Les he dado a conocer tu nombre… para que el amor con que me amaste esté en ellos, y yo en ellos.»

Amor. Unión. Presencia. Eso es lo que Jesús quiere para vos. Esta oración de Jesús no es solo un texto hermoso para leer con voz angelical. Es una ventana al corazón de Dios. Y también es una invitación. Si Jesús oró por vos… ¿vas a ignorarlo? Hoy podés hacer algo simple, pero eterno: Podés decir:
«Señor Jesús, quiero conocerte. Quiero esa vida eterna que no empieza cuando muero… sino ahora. Ayudame a vivir en tu verdad, a no tener miedo al mundo, y a estar unido a vos y a mis hermanos. Gracias por orar por mí. Amén.»

En síntesis, Juan capítulo 17 es la oración más profunda y reveladora de Jesús antes de la cruz. Allí no solo intercede por sus discípulos, sino también por nosotros, los que creeríamos por su palabra. En su clamor se revela el deseo ardiente del Hijo: que seamos uno, así como Él es uno con el Padre. Pide que su gozo, su verdad y su gloria nos llenen. No ruega para que seamos sacados del mundo, sino guardados del mal mientras cumplimos la misión.

Nos llama a una santidad que impacte al mundo con la luz del Reino. Esta oración es un grito de amor eterno, de unidad inquebrantable y de destino celestial. Nos recuerda que fuimos escogidos, amados y enviados. Es un llamado urgente a vivir en comunión con Dios y entre nosotros. Jesús ora… y todavía esa oración nos cubre hoy con poder. Y ahora, salí a vivir tu día… con esta verdad grabada en tu corazón: Jesús oró por vos… y aún sigue intercediendo por vos. Él te ama. Te guarda. Y te quiere cerca. Si no terminas de creer que esto es así, es sólo porque te han enseñado religión cristiana evangélica y no Biblia profunda. Este es tu oportunidad de integrarte. Te bendigo.

Capítulo 18

Hoy te invito a sumergirte conmigo en una noche única. No fue cualquier noche. Fue la noche en la que el Rey… fue arrestado. Jesús acababa de terminar una de sus conversaciones más profundas con sus discípulos. Palabras cargadas de amor, advertencia y esperanza. Y luego… salió. Cruzó el torrente de Cedrón con sus amigos. Iban hacia un huerto. Tranquilo, oscuro, familiar. Un lugar que conocían bien. Lo habían visitado muchas veces. Era su punto de encuentro.

¿Y sabes quién más lo conocía? Judas. Sí… Judas. Ese discípulo que caminó con Jesús, comió con Él, vio milagros con sus propios ojos… y aun así, lo entregó. Con un beso. Irónico, ¿no? Traicionar con un acto de afecto. Pero antes del beso, llega con un escuadrón: soldados, antorchas, linternas, espadas. Vamos, como si Jesús fuera un criminal peligroso que se iba a escapar por una ventana o iba a desaparecer en una nube de humo.

Pero Jesús… no se esconde. No corre. Al contrario, se adelanta. Y pregunta: “¿A quién buscan?” “¡A Jesús, el nazareno!” Y Él responde algo que suena sencillo, pero fue poderoso: “Yo soy.” Y en ese momento… ¡boom! Retroceden y caen al suelo. Como fichas de dominó. Es como si por un instante se les desvelara un poco de la gloria de Aquel que estaban arrestando. Jesús, el Hijo de Dios, con autoridad aún en su entrega.

Y mientras el ambiente está tenso… aparece Pedro, nuestro querido Pedro, siempre impulsivo, medio valiente, medio imprudente. Saca una espada (¿De dónde la tenía escondida?) y zas, le corta la oreja a Malco, el siervo del sumo sacerdote. Uno pensaría que Jesús le diría: “¡Bien, Pedro, defiéndeme!” Pero no. Jesús le dice: “Guarda tu espada. ¿La copa que el Padre me ha dado, no la voy a beber?” ¡Qué contraste! Pedro reacciona con violencia, Jesús responde con obediencia.

De ahí lo arrestan. Lo atan. ¡Al que liberaba a los atados, ahora lo atan! Lo llevan ante Anás, suegro de Caifás, el sumo sacerdote. Y entre idas y venidas, tenemos a Pedro… otra vez. Pedro, el mismo que había dicho: “Aunque todos te abandonen, yo jamás.” Ahora está en un patio, intentando pasar desapercibido. Pero una portera lo reconoce: “¿No eres tú uno de sus discípulos?” “No, no lo soy.” — responde Pedro. Primera negación.

Luego, mientras se calienta junto al fuego —sí, había frío, no solo en el ambiente, sino también en el corazón de Pedro— le vuelven a preguntar. Y otra vez: “No lo soy.” Y por tercera vez, alguien dice: “Tú estabas con Él, ¡te vi en el huerto!” Y Pedro… niega de nuevo. Y justo en ese momento… canta el gallo. Como Jesús lo había dicho. Imagina la mezcla de emociones. Culpa. Dolor. Sorpresa. Pedro, el fuerte, el impulsivo… cayó. Pero esa no fue su condena. Fue el inicio de su restauración. (Pero eso es otra historia.)

Volvemos a Jesús. Ahora está ante Pilato, el gobernador romano. Pilato no sabe muy bien qué hacer con este prisionero tan particular. No grita, no suplica, no se defiende. Y en la conversación más intrigante de la historia, Pilato le pregunta: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Jesús no responde con propaganda política. No dice: “Sí, y voy a recuperar el trono de David.” No. Dice: “Mi reino no es de este mundo.” ¿Qué clase de Rey dice eso? Un Rey celestial. Un Rey que no vino a conquistar con espadas, sino con amor.

Y cuando Pilato le pregunta: “¿Qué has hecho?” Jesús responde con su misión: “Para esto he venido: para dar testimonio a la verdad. Todo el que es de la verdad… escucha mi voz.” ¿Y qué hace Pilato con eso? Le lanza una pregunta digna de un filósofo griego en plena crisis existencial:
“¿Qué es la verdad?” Y… se va. Así nomás. Jesús le ofrece verdad… y Pilato se da la vuelta. Finalmente, Pilato, intentando lavarse las manos del problema, les dice: “Tengo una costumbre: en Pascua, libero a un prisionero. ¿Quieren que suelte a Jesús, su Rey?”

Y ahí viene el grito colectivo, fuerte, desgarrador… “¡No a Él! ¡Suelta a Barrabás!” ¿Barrabás? ¿En serio? Un ladrón. Un criminal. Un culpable. Y así termina este capítulo. Con Jesús, el inocente, camino a la cruz. Y Barrabás, el culpable… libre. Pero si lo piensas bien, tú y yo… somos Barrabás. Somos los que fuimos liberados… porque Jesús tomó nuestro lugar. Así que la próxima vez que pienses en el arresto de Jesús, recuerda: no fue una derrota. Fue parte del plan. Él eligió ser entregado, eligió la cruz… por amor a ti.

El capítulo 18 de Juan nos presenta el inicio de la pasión de Cristo con una intensidad dramática: Jesús no es víctima pasiva, sino quien se entrega voluntariamente. Al decir «Yo soy», derriba a los soldados, mostrando su autoridad incluso en el arresto. Pedro, impulsivo, corta la oreja de Malco, pero Jesús lo reprende, revelando que el Reino de Dios no avanza por violencia. Su entrega voluntaria ante Pilato expone el contraste entre el poder político y la verdad eterna.

Pilato, confundido, pregunta: «¿Qué es la verdad?», sin darse cuenta de que la Verdad está frente a él. Jesús no negocia ni se defiende: su silencio y coherencia nos invitan a confiar en Dios, incluso ante la injusticia. Este capítulo nos desafía a no huir del sufrimiento cuando es parte del propósito. También nos muestra cómo el miedo puede llevar a la traición, como en el caso de Pedro. En lo práctico, nos llama a responder al mal con mansedumbre, y a mantenernos fieles a la verdad, aunque cueste. Te abrazo. Nos estamos escuchando. Gracias.

Capítulo 19

Hola, hola. Bienvenidos a este espacio donde nos metemos en los textos bíblicos como quien se mete a una buena conversación con un café en la mano… o un mate, según de dónde me estés escuchando. Hoy nos toca Juan capítulo 19, uno de los capítulos más intensos, dolorosos, y —sí, aunque suene raro— llenos de esperanza de toda la Biblia. Y no, no es una exageración. En este capítulo vemos a Jesús, el Rey de reyes, coronado… pero no con oro, sino con espinas. ¿Cómo puede algo tan trágico ser tan glorioso? Bueno, vamos a charlar sobre eso.

Todo empieza con un espectáculo grotesco. Pilato manda azotar a Jesús, y los soldados —con una creatividad bastante siniestra— deciden hacerle una “parodia de rey”. Le ponen una corona… ¡de espinas! Lo visten de púrpura, como si fuera un emperador romano, y lo saludan: «¡Salve, Rey de los judíos!»… ¡y pum! Le dan bofetadas. Sí, suena fuerte. Pero hay algo muy irónico acá: sin saberlo, esos soldados estaban diciendo la verdad. Jesús es Rey.

Lo que pasa es que su reinado no se parece en nada a lo que este mundo entiende por poder. No conquista con espadas, sino con amor. No domina a la fuerza, sino que se entrega. Qué locura, ¿no? Un Rey que muere por sus súbditos. Pilato está como muchos de nosotros: sabe lo que está bien… pero tiene miedo. Quiere soltar a Jesús, pero no quiere problemas con el pueblo, ni con César. Está más preocupado por las encuestas que por la verdad. ¿Te suena? Los políticos no descienden de un huevo de política…

En un momento le pregunta a Jesús: «¿De dónde eres tú?». Jesús no responde. Y eso lo pone más nervioso. Entonces Pilato le dice: “¿No sabes que yo tengo autoridad para crucificarte o soltarte?”… Y Jesús le contesta con una de esas frases que deberían estar en una taza de café: «Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba.» ¡Boom! Jesús, ensangrentado, débil físicamente… pero totalmente en control. Pilato se cree poderoso, pero Jesús le recuerda que el verdadero poder viene de Dios.

Pilato presenta a Jesús y dice: «¡He aquí el hombre!«. Y la multitud responde: «¡Crucifícale!«.
Y ojo acá: esta es una escena que se repite en cada época. Siempre hay una elección entre Jesús y los sistemas del mundo. Entre la cruz… y la comodidad. Entre el Reino de Dios… y el imperio de turno. Y ellos gritan: «No tenemos más rey que César». ¡Qué frase tremenda! O sea, el pueblo de Dios prefirió al emperador romano antes que al Mesías. ¿Cuántas veces hacemos lo mismo? Elegimos lo fácil, lo conocido, lo cómodo… y rechazamos al que vino a salvarnos.

Y entonces, lo crucifican. Jesús lleva su cruz hasta el Gólgota, el lugar de la Calavera. Ahí, entre dos criminales, lo clavan en la cruz. Y Pilato, en una especie de “venganza simbólica” contra los líderes judíos, manda a escribir: «Jesús Nazareno, Rey de los judíos.» Lo escribe en hebreo, en griego y en latín. ¿Sabés lo que significa eso? Que todos, absolutamente todos, podían leerlo. El mensaje es claro:
Jesús no es Rey solo de los judíos. Es el Rey del mundo. Tu Rey. Mi Rey.

Mientras agoniza, Jesús sigue amando. Ve a su mamá, María, al pie de la cruz. Y al discípulo amado, probablemente Juan. Y les dice: Mujer, he ahí tu hijo… Hijo, he ahí tu madre.Hasta en su sufrimiento, Jesús cuida a los suyos. Y cuando ya todo está cumplido, dice: «Tengo sed«. Le dan vinagre, y después, lanza esas palabras que resuenan por toda la eternidad: “Consumado es.” En griego, esa frase es tetelestai, que significa: Pagado por completo. Como cuando alguien cancela una deuda y te dan un recibo que dice “saldo cero”.¡Eso hizo Jesús en la cruz! Pagó nuestra deuda. Toda. Sin dejar centavos colgando.

Cuando los soldados ven que Jesús ya está muerto, no le quiebran las piernas como a los otros. En cambio, uno de ellos le atraviesa el costado con una lanza, y sale sangre… y agua. ¿Qué significa eso? Bueno, algunos dicen que fue una señal médica de que ya había muerto. Otros, que es símbolo de lo que Jesús nos da: la sangre que limpia y el agua que da vida. Dos elementos que en la Biblia representan salvación y Espíritu Santo. ¡Jesús no dejó nada a medias!

Finalmente, vienen dos hombres que hasta ahora habían estado en las sombras: José de Arimatea y Nicodemo. ¡Sí! El mismo Nicodemo que fue a ver a Jesús de noche en Juan 3. Ellos toman el cuerpo de Jesús, lo envuelven con lienzos y especias, y lo colocan en un sepulcro nuevo, en un huerto. Pausa. Silencio. Parece el final… pero no lo es. ¿Qué hacemos con todo esto? ¿Qué significa Juan 19 para vos, hoy?

Primero, que el amor de Dios no es una teoría. Fue demostrado en la cruz. Segundo, que la corona de espinas fue el camino al trono eterno. Y tercero, que aunque el mundo diga «¡crucifícale!», vos y yo podemos decir: «He aquí mi Rey. El que me amó, y se entregó por mí.»  Así que… la próxima vez que sientas que estás cargando una cruz, que todo parece perdido, recordá esto: Jesús ya venció. La cruz no fue el final, fue el inicio de algo nuevo.

Y como decimos por acá… ¡Guarda el hilo! Porque el domingo viene la resurrección!  Gracias por acompañarme hasta acá. Si este mensaje te habló al corazón, compartilo con alguien. Porque esta historia… ¡vale la pena contarla! Nos vemos en el próximo episodio.

Capítulo 20

Hola, hola… Bienvenidos a este viaje de fe, esperanza, lágrimas, sorpresas, y… ¡una tumba vacía! Hoy nos metemos de lleno en Juan capítulo 20, un capítulo que arranca con lágrimas… pero termina con vidas transformadas. Así que, si alguna vez pensaste que Dios estaba callado, lejos o que tu historia terminó, como viven y piensan tantos cristianos en el mundo, aunque resulte increíble… ¡Atención! Porque esto es para vos.

Dice que era el primer día de la semana… y todavía estaba oscuro. María Magdalena va al sepulcro. A oscuras. Con el corazón roto. Porque cuando el alma está triste, ni la luz del sol alcanza. Pero ¡sorpresa! La piedra está removida. Y Jesús… no está. Y ahí arranca el drama: María corre a decirles a Pedro y al otro discípulo (Que Juan, con mucha humildad, se refiere como “el discípulo al que Jesús amaba”… y también como “el que corre más rápido que Pedro”

Y sí, corren al sepulcro. Me los imagino casi tropezando, con el corazón en la boca. Juan llega primero, pero no entra. Pedro entra como buen Pedro: impulsivo, decidido, a todo o nada. Y ¿qué encuentran? Lienzos… y un sudario cuidadosamente enrollado. ¡Jesús no salió corriendo! Esto no fue un robo. Esto fue ordenado, tranquilo… ¡resucitado! Juan dice que vio… y creyó. Pero aclara: «todavía no habían entendido las Escrituras». ¡Qué consuelo! A veces creemos que necesitamos tener todo claro para tener fe. Pero la fe, muchas veces, se enciende en medio de la confusión.

Volvemos a María…María está llorando afuera del sepulcro. Triste. Desconsolada. Y no reconoce a Jesús. Lo confunde con el jardinero. –“Señor, si vos lo sacaste, decime dónde lo pusiste…” Pero entonces Jesús le dice una sola palabra: “¡María!” ¡Y BOOM! Ella lo reconoce. A veces no necesitamos un sermón. Solo necesitamos oír nuestro nombre dicho por Aquel que nos conoce. Jesús la envía a dar las noticias. ¡La primera evangelista de la resurrección fue una mujer, con pasado complicado, pero con un corazón fiel! Porque fue la primera en anunciar ¡Cristo vive! Mirá vos… cuando Dios resucita, también resucita tu propósito.

Caía la noche, y los discípulos están encerrados. Con miedo. Y Jesús… aparece entre ellos. No tocó la puerta. No pidió permiso. ¡Se metió en medio y dijo: «Paz a ustedes!»! Jesús no se asusta de nuestras puertas cerradas. No necesita llave. Se mete en nuestras cuevas de miedo y ansiedad y dice: “Paz”. Les muestra las manos y el costado. Las heridas. Porque la resurrección no niega el dolor… pero sí lo redime. Y luego… sopla sobre ellos.«Reciban el Espíritu Santo.»

¡Soplo de vida nueva! Como en Génesis. Porque con la resurrección empieza una nueva creación. ¡Otra vez! Un nuevo comienzo. Pero falta uno… Tomás. El famoso “Tomás el incrédulo”. O, como yo lo llamo, Tomás el sincero. Porque todos dudamos… solo que él lo dijo en voz alta. –“Si no veo, no creo”, dice. Y ocho días después… ¡Jesús se le aparece! Y no lo reta. No lo condena. Le dice: «Tomás, vení. Tocá. Mirá.» ¿Verdad que, dicho así, sacado de la formalidad religiosa, suena muchomás lo real que fue?

Jesús no tiene problemas con tus preguntas. Tiene problemas con tu indiferencia. Si dudás, que sea una duda que busca. Y Jesús responde a esa búsqueda. Tomás cae de rodillas y dice: “¡Señor mío y Dios mío!” ¡Y eso es fe! Y termina el capítulo con una joya: Juan dice que no escribió todo lo que Jesús hizo… pero que lo que está escrito, es para que creas que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que creyendo, tengas vida en su nombre.

¿Y esto qué tiene que ver con vos, hoy, un martes cualquiera o un jueves estresado? Muchísimo. Porque la resurrección no es solo un evento histórico, es una experiencia personal. Cuando sentís que todo terminó… Jesús sigue escribiendo tu historia. Cuando tenés miedo, Él se aparece con Su paz. Cuando estás encerrado, Él entra. Cuando dudás, Él te invita a tocar sus heridas. Y cuando estás llorando, dice tu nombre.

Juan 20 nos introduce en el corazón palpitante de la fe cristiana: la resurrección de Jesús. María Magdalena llega al sepulcro antes del amanecer, símbolo de un alma que busca a Dios incluso en la oscuridad. La piedra removida no es solo un hecho físico, sino una señal de que nada puede encerrar al Autor de la vida. María corre, porque el amor hace que uno se mueva rápido, aún sin entender del todo. Pedro y el discípulo amado corren también: la fe y el amor compiten, pero ambos llegan.

El sudario doblado es un detalle aparentemente menor, pero revela orden, intención y propósito divino. El discípulo amado ve y cree: a veces, no necesitas tocar para creer, solo mirar con ojos limpios. María, en su llanto, ve ángeles, y luego al mismo Jesús: las lágrimas sinceras abren la vista espiritual. Pero no lo reconoce de inmediato. A menudo, lo divino se nos aparece disfrazado de cotidiano. Solo cuando Jesús la llama por su nombre, ella lo reconoce. Dios es personal: nos llama por quien realmente somos.

«No me toques», le dice Jesús, porque el encuentro con el Resucitado no es posesión, sino envío. Jesús se aparece luego a los discípulos con un saludo de paz. La paz es siempre la primera palabra de la resurrección. Les muestra sus manos y su costado: la gloria no borra las heridas, las transforma. Sopla sobre ellos: como en la creación, el Espíritu es aliento de nueva vida. Les da una misión: perdonar. El fruto de la resurrección es una comunidad que libera, no que condena.

Tomás representa a todos los que dudan, y Jesús no lo reprende, sino que lo invita. Jesús honra la duda honesta, porque ella puede llevar a una fe más profunda. “Señor mío y Dios mío” es la confesión más alta del evangelio… ¡y nace del que dudaba! Dichosos los que no vieron y creyeron: ahí estamos tú y yo, en esa bienaventuranza del Resucitado. Juan termina diciendo que todo esto se escribió para que creamos y tengamos vida. No solo información: vida abundante.

La resurrección no es solo algo que pasó… es algo que pasa. Hoy. Cada vez que alguien vuelve a tener esperanza. Cada vez que alguien es perdonado. Cada vez que una lágrima encuentra consuelo. Cada vez que un corazón muerto vuelve a latir. Él vive. Y porque Él vive… nosotros también. Así que no te olvides: la tumba está vacía… ¡pero tu corazón no tiene por qué estarlo! Gracias por acompañarme en este viaje. Que vivas esta semana con la certeza de que Jesús resucitó… y que eso lo cambia todo. ¡Hasta la próxima!

Capítulo 21

Imaginate esto: es de madrugada, y estás en un bote con tus amigos, cansado, con frío, y sin haber pescado ni una sardina en toda la noche. Simón Pedro se levantó esa noche y dijo: “Voy a pescar, y los otros seis discípulos dijeron algo como “bueno, vamos también”. No suena muy espiritual, ¿no? No es una oración, no es una prédica, no es una campaña evangelística. ¡Es pesca! Y encima, sin éxito. Pero… ¿quién dijo que Jesús solo se aparece en los momentos súper espirituales? Jesús se aparece justo ahí, en el momento más normal, en una barca vacía y con el ánimo por el suelo.

Eso me encanta. Porque a veces pensamos que para encontrar a Dios tenemos que estar en modo “monje en el desierto”. Pero no: a veces te está esperando en la orilla, mientras vos estás frustrado con tus redes vacías. Ahora, atención a esto: Jesús les dice, como si nada, “Hijitos, ¿tienen algo de comer?”. Yo me imagino a los discípulos mirándose entre ellos como diciendo: “¡¿Quién es este?! Encima que no pescamos nada, ¿nos viene a preguntar por comida?”.

Pero lo genial es lo que viene después. Jesús les da un pequeño tip de pesca: “Echen la red a la derecha”. Suena tan poco espiritual… tan simple. Pero cuando lo hacen, ¡boom! La red explota de peces. ¡153 para ser exactos!  A veces, la solución de Dios es tan simple que la pasamos de largo. No es magia. Es obediencia simple. Y ahí es donde Juan, el más perspicaz, dice: “¡Es el Señor!” Y Pedro, tan Pedro como siempre, no espera el protocolo: se tira al agua.

No camina sobre ella esta vez. Nada, se moja, se apura. ¡Porque cuando reconocés que Jesús está ahí, no importa lo empapado que termines! Al llegar, se encuentran con algo impresionante: Jesús ya tenía pescado en la parrilla. ¡Él no necesitaba su pesca! Solo quería hacerlos parte de lo que Él ya tenía preparado. A veces nos matamos remando toda la noche, y Jesús ya tiene la solución lista en la orilla. Solo está esperando que dejemos de hacerlo a nuestra manera, y escuchemos su voz.

Después de desayunar —sí, Jesús hace desayunos— viene ese momento icónico con Pedro. La famosa triple pregunta: “¿Me amas?” Tres veces. Una para cada vez que Pedro lo había negado antes. Y ojo: Jesús no lo avergüenza. No lo humilla. Lo restaura. Cada vez que Pedro responde que sí, Jesús le da una misión: “Apacienta mis ovejas. En otras palabras: “Si me amás, cuidá a los míos. No me lo digas solo con palabras, mostralo con acciones”.

Jesús no busca amor emocional solamente, sino un amor que se traduce en responsabilidad y entrega. Después, Jesús le tira una bomba: Cuando eras joven, hacías lo que querías. Pero llegará un día en que otros te llevarán donde no quieras”. O sea: “Pedro, si me seguís, no siempre va a ser fácil. Pero valdrá la pena”. Y como si fuera poco, Pedro ve a Juan detrás y le dice algo tipo: “¿Y este qué? ¿Qué onda con él?”

¡Clásico! Siempre nos interesa saber qué va a pasar con el otro. Y Jesús responde algo que todos deberíamos grabarnos: “¿Qué a ti? Tú, sígueme.” Traducido al criollo: “Pedro, metete en tus asuntos. Seguíme vos. Lo que pase con él, lo manejo yo.” Qué tremendo. Qué necesario. En un mundo donde nos comparamos todo el tiempo, Jesús te dice: Tu llamado es único. No te distraigas mirando a los costados.”

El capítulo cierra con una frase que me deja sin palabras: Y hay muchas otras cosas que hizo Jesús… que si se escribieran una por una, ni en todo el mundo cabrían los libros”. ¿Sabés lo que significa eso? Que hay tanto más de Jesús que no conocemos. Que sigue obrando, hablando, sorprendiendo. Que no terminó con lo que está escrito. ¡Que todavía escribe historias hoy! Entonces, ¿qué podemos llevarnos de este capítulo?

Jesús se aparece en lo cotidiano. No solo en lo sagrado. También en la frustración de una noche sin pesca. A veces la solución es tan simple como escuchar y obedecer. Solo un cambio de lado en la red cambió todo. Dios no te necesita, pero te quiere incluir. Ya tenía pescado, pero igual pidió los de ellos. Amar a Jesús se demuestra en cómo cuidamos a otros. Decir “te amo” no basta si no alimentamos a sus ovejas. Dejá de mirar la historia del otro. Jesús te dice: “Vos seguime”.

La pregunta, aquí, es: ¿Qué me ha dejado este evangelio que hoy concluimos en su estudio práctico, sencillo y casi callejero? Me revela a Jesús como el Hijo de Dios, eterno y divino, fundamento de mi fe. Me muestra que creer en Él es tener vida eterna, no solo futura, sino presente. Me enseña que Dios se hizo carne, cercano y comprensivo de mi humanidad. Me invita a confiar en Jesús como la Luz que disipa mis tinieblas. Me recuerda que soy amado profundamente, como lo dice Juan 3:16.

Me desafía a vivir en comunión con Dios, como el Padre y el Hijo lo están. Me consuela saber que Jesús es el Buen Pastor que me guía y protege. Me impulsa a servir con humildad, como lo hizo Jesús al lavar los pies. Me fortalece al prometerme el Espíritu Santo como guía y consuelo  Me llama a dar testimonio de la verdad con amor, como testigo de Cristo.

Tal vez hoy estás en tu barca, remando, y no ves a Jesús. Pero Él ya está en la orilla. Tal vez ya preparó un desayuno, y solo está esperando que tires la red al lado correcto. No necesitás grandes discursos. Solo necesitás reconocerlo… y saltar del bote. Jesús sigue apareciendo donde menos lo esperás. Te llama por tu nombre. Te restaura, te da propósito. Y te dice, como a Pedro: “Sígueme.” La pregunta es… ¿vas a saltar del bote?

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05 – Las Señales del Fin

Mateo 13: 40 = De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego(Es decir: de la misma manera que tú entiendes como se arranca la cizaña, entonces vas a entender lo siguiente porque lo siguiente va a ser igual que como se arranca la cizaña; no va a ser diferente, va a ser igual) …y se quema en el fuego, así será el fin de este siglo, (Este sistema. No de un milenio futuro) Enviará(Y lo explica) …el Hijo del Hombre, (Jesucristo…a sus ángeles(Estos, es decir: SUS ángeles, sus mensajeros) 

…recogerán de su reino, (Que ya vimos, que su Reino es toda la tierra, porque la compró; compró el campo y el campo era el mundo; la palabra KOSMOS, que incluye hasta las estrellas) …recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo; (Eso quiere decir que, si tú deseas hacer un viaje espacial bien rápido, lo que tienes que hacer es ser de tropiezo en los próximos años, para que de ese modo tú veas como Dios te arrebata a ti solito. Entiende: muchos van a morir temprano por ser piedra de tropiezo)

…Y los que hacen iniquidad, (en la iglesia y afuera) Y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces, (¡Recién entonces!) …los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su padre. El que tiene oídos para oír, oiga. Además, el Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo,

 (El cual Cristo halla y, gozoso por ello, ese es el gozo que le permite ir tranquilamente a la cruz), pierde reputación, rechaza la posibilidad de mostrarse similar a Dios, se convierte en semejanza a hombre, vende todo lo que tiene; omnipresencia, trono celestial, dignidad de ser igual que Dios; vende todo lo que tiene y compra no a un creyente ni a una oveja perdida: ¡¡¡Compra el KOSMOS!!!

Lucas 17: 26 = Como fue en los días de Noé… (Pausa; todo lo que te voy a decir va a ocurrir igual que como ocurrió en los días de Noé; lo que estoy por explicarte va a funcionar, lleva el mismo patrón, se va a efectuar como se efectuó en la tipología, en la sombra, en el patrón del Antiguo Testamento; los mismos principios observados en el tiempo de Noé, se van a observar en los siguientes.

No interesa qué es lo que hayamos aprendido; estamos leyendo la Biblia) …Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento. Hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. (¿A quiénes destruyó el diluvio? ¿A los justos o a los inicuos? A los inicuos. Ese es el sujeto, está establecido; ese es el patrón.

Tal como fue en ese día, así será en el próximo día. Hasta ahora habrá una destrucción de inicuos. (Verso 28) Asimismo (Otra palabra metafórica; vuelve y reitera. ¡Escucha! ¡Te estoy diciendo que asimismo!) …como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; (¿Quiénes hacían todas estas cosas? ¿Los justos o los inicuos?) …mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

 (¿A quiénes destruyó? ¿A los justos o a los inicuos?) …así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. (Por eso algunos tienen más fe que tú; porque ellos creen en victoria y tú crees en derrota. Y hasta que no cambies tu forma de pensar, no vas a vencer en nada. Si no vences esto individual, jamás vas a tener autoridad en la calle. Satanás sabe muy bien lo que tú crees.

Verso 31 = en aquel día, (El de la Venida del Hijo), …el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. (Le vuelve a llevar la mente atrás porque va a ser igual. Se destruyeron los malos) …Acordaos de la mujer de Lot. Todo el que procure salvar su vida, la va a perder. 

(Pero todo el que ya esté muerto en Cristo no tiene nada que perder; lo gana todo. ¿Habrá tribulación? ¿Nos iremos antes o después? No importa: ¡¡¡MUERE!!! Y si tú mueres, la tribulación no te afecta. Si estás vivo, no hace falta tribulación para que tengas quejas. Solamente necesitas un consejo equivocado de un hermano y listo; tú ya estás hecho una porquería…)

Verso 34 = Os digo que en aquella noche, (Y cambia porque al decir día o noche, está hablando de un tiempo profético, no de si va a ser en A.M. o en P.M. Solamente Jesús sabe predicar así). …Os digo que en aquella noche, (O aquel día, si a ti te gusta decir “aquel día”, di “aquel día”, no le hace). Estarán dos en una cama; el uno será tomado y el otro será dejado.

 ¿Quiénes son los tomados? Los inicuos. Es igual que en los días de Lot. ¿Quieren fueron tomados? Los inicuos. Igual que en los días de Noé. ¿Quiénes fueron tomados? Los inicuos. Tomados, destruidos, da lo mismo. Sea con una metralleta, sea con fuego, con azufre, qué sé yo como va a ser. Lo único que sé y creo, es que yo voy a ganar. No interesa demasiado como va a ser; lo que interesa es que va a ser.

Verso 35-37 = Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. Y respondiendo le dijeron: ¿Dónde Señor? Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas.

Muchos han pensado diferentes cosas con respecto a esto. Todos quisiéramos saber de qué cuerpo habla allí y de qué águilas. Si es una traducción pobre de la palabra, ya que acorde al original, la palabra sería Buitres.

Apocalipsis 19: 17-18 = Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: venid y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes.

Es decir: todos los que fueron exaltados en la tierra y que no eran de Dios, serían tragados por buitres. Esa es una analogía; no significa que va a haber una invasión de buitres en la tierra ni de langostas en el patio de tu casa. ¡¡Se nos hace más fácil creer cosas fantásticas que la verdad simple y sencilla!!

Mateo 24: 36-40 = Pero del día y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre. Mas como… (Analogía. Vuelve otra vez al mismo principio. Igualito que en los…) días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, (¿Quiénes, Noé o los inicuos?) …hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron, (¿Quiénes no entendieron, Noé o los inicuos? Es el sujeto que viene siendo acarreado en texto a través de la Escritura…hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, 

(¿A quienes, a los justos o a los inicuos?) …así será también la venida del Hijo del Hombre(Intercambia la palabra “llevó” por “destruyó”; a Cristo no le importa, Él es la Palabra. Él dice lo que se le da la gana. Destruyó, llevó, arrebató, use la palabra que quiera) …Entonces… (¿Cuándo es entonces? En aquel día. Pero aquel día, va a ser igual que en el día de Noé) …Entonces… (En aquel día) …estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. (¿Quién será tomado? No puedes extraer un texto y hacer una doctrina, ¿Te das cuenta?)

Creo en la glorificación de la iglesia, creo en el advenimiento de Jesús, seremos arrebatados juntamente con Él en los aires, nos convertiremos en uno con Él, seremos glorificados y regresaremos a reinar; pero primero, antes, prepárate…

Verso 45 = ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les de alimento a tiempo? (Pero para el que no es fiel: Verso 51): …lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes. (Y lo dice una y otra vez en la Biblia: lo que pasa es que no nos gustan esas escrituras. Está hablando con la iglesia. La palabra dice que): …toda planta que no plantó mi Padre será desarraigada, (Y aquellos que no lo creen, déjenlos; son guías ciegos, y los guías ciegos conjuntamente con los que los siguen se van al pozo. ¡¡Lo dice en toda la Biblia!!)

Mateo 13: 47 = Asimismo, el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge toda clase de peces; y una vez llena, (Es decir: la plenitud del cuerpo de Cristo) …la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo lo echan…fuera. (Cuando tú entiendes esto, tú puedes ver a toda tu ciudad así y decir: ¡No vas a prevalecer! Pero cuando tú estás pensando que el anticristo te va a tragar, y que vas a tener que ponerte un número y que vas a tener que buscar una pequeña tarjeta, sí señor; comienzas a guardar latas y provisiones en el sótano porque si no temes que vayas a morirte de hambre.

Pregunto ahora: ¿Cómo vas a prevalecer con esa mentalidad? ¿A quién le vas a ganar? Y lo que es peor: ¿A quién vas a convencer de que en Cristo hay victoria? ¿Quién va a anhelar merced a tu propio testimonio de vida, nacer de nuevo? Verso 49 = Así será el fin del siglo: saldrán los ángeles y apartarán a los malos de entre los justos, y allí será el lloro y el crujir de dientes.

 (Y ahora no salgas a decir que “lo dijo un hermano en Internet”; ¡¡¡Lo dice la Palabra!!! Lo más raro parece ser que los únicos que no lo entendemos, somos nosotros. En el verso 51 Jesús les pregunta a los fariseos): …¿habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor. (Muy bien; eso me dice que todo Israel lo sabe. ¡Todo Israel lo sabe! ¡¡¡Pero la iglesia no!!!) El error es establecer una doctrina en una sola palabra.

Génesis 41: 32 = El suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.

Deuteronomio 17: 6 = Por dicho de dos o tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo.

 Job 33:14 = Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios.

 2 Corintios 13: 1 = Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto.

Es peligrosísimo tomar una sola escritura que habla del rapto y tratar de edificar todo un evangelio alrededor de ella. Cuando una escritura es oscura, nunca trate que ella prevalezca a la luz de varias que son plenamente claras. Mejor diga: no la entiendo, y escudriñe todo.

Por ejemplo: el lavamiento de los pies no se instituyó como doctrina básica porque se mencionaba una sola vez. Sin embargo, sólo Tesalonicenses nos habla, en el capítulo 4, del arrebatamiento. No es que no vaya a haber un levantamiento de la iglesia, sí que lo habrá. ¡¡Lo que no hay, es una fuga!!

Dios no es perdedor. ¿Qué es eso de “fuga”? ¿Es que el Reino de Dios, entonces, no habrá podido prevalecer con el reino de Satanás? ¿No está vencido Satanás? El que no lo ha vencido, en una de esas, eres tú. Pero no puedes porque su fuerza viene de lo que conoce, y lo que conoce puede no estar equivocado, de acuerdo, pero sí, quizás, un poco turbio…

No es cuestión de ofenderse, nadie nació sabiendo. Es cuestión de, cuando vemos que la Palabra dice lo que dice, porque lo que dice no es lo que alguien nos dijo alguna vez, es adoptarlo, porque nos dimos cuenta que es la verdad, y que solamente la verdad nos hace libres. Satanás, – repito -, sabe muy bien lo que crees tú, y cómo lo crees.

1 – Isaías 13: 9 = He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raerá de ella a sus pecadores.

2 – Salmo 145: 20 = Jehová guardará a todos los que le aman, más destruirá a todos los impíos.

3 – Salmo 101: 8 = De mañana destruiré a todos los impíos de la tierra, para exterminar de la ciudad de Jehová a todos los que hagan iniquidad.

4 – Salmo 119: 119 = Como escorias hiciste consumir a todos los impíos de la tierra; por tanto, yo he amado tus testimonios.

5 – Salmo 23: 4-5 = Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores, (no en el cielo), unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

6 – Salmo 104: 35 = Sean consumidos de la tierra los pecadores, y los impíos dejen de ser. Bendice alma mía a Jehová. Aleluya.

7 – Salmo 91: 7-8 = Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; más a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos.

8 – Isaías 1: 28 = Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos.

9 – Salmo 125: 1 = Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, (Sion es la Iglesia, según Hebreos 12:22) …que no se mueve, sino que permanece.

10 – 2 Corintios 9: 9 = Como está escrito: repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre. (Dice que la justicia de Dios permanece para siempre. Vamos a averiguar quien es la justicia).

11 – 2 Corintios 5: 21 = Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (Se llama Biblia).

12 – Proverbios 2: 21 = Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella.

13 – Proverbios 10: 30 = El justo no será removido jamás; pero los impíos no habitarán la tierra.

14 – Salmo 37: 29 = Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.

15 – Salmo 37: 34 = Espera en Jehová, y guarda su camino, y Él te exaltará para heredar la tierra; cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.

16 – Salmo 37: 9 = Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.

17 – Mateo 5: 5 = Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

18 – Proverbios 2: 21-22 = Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella, mas los impíos serán cortados de la tierra, y los prevaricadores serán de ella desarraigados.

19 – Salmo 37: 35-36 = Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde. Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; lo busqué, y no fue hallado.

20 – Salmo 37: 10 = Pues de aquí a poco no existirá el malo; observarás su lugar, y no estará allí.

21 – 2 Pedro 2: 5 = Y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos.

22 – 2 Pedro 3: 7 = Pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

23 – Hebreos 12: 26-28 = Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia.

Daniel pide al cielo una roca cortada no por manos; que vio en los reinos del mundo y los destruyó y los hizo como tamos del viento, y esa roca comenzó a crecer, ser y se convirtió en el monte que llenó toda la tierra y que no será destruida jamás: La Iglesia. Cristo es el Mesías y su venida está directamente relacionada con Génesis 3:15 y no con una mentalidad judaística. El enemigo de Dios no era Roma; era Satanás. Cristo con su venida, literalmente marcó el comienzo de un nuevo gobierno, una nueva administración, anunció un nuevo calendario, el año del jubileo, todos regresan a sus dueños originales, yo fui esclavo, pero en el año del jubileo volví al Reino de mi Padre. El Reino de Dios está aquí y ahora: ¡¡¡Y funciona!!!

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¿Lo Dijo Dios o lo Dijo Pablo?

Hace un tiempo atrás, publiqué en la ventana “La Palabra del Día” que tiene nuestra legendaria Web, un texto bíblico acompañado de un comentario personal, tal como lo vengo haciendo desde hace más de veinte años. Siempre hay distintas reacciones sobre cada uno de estos trabajos. Están los que coinciden con lo que decimos allí y están los que no coinciden, aunque por respeto no expresan demasiado su desacuerdo. Pero en el caso puntual que voy a examinar hoy, esa reacción fue diferente. Porque no se refería a coincidencias o disensos, sino directamente a una forma errónea de interpretar un texto bíblico.

Me lo hicieron saber y, conforme a como es mi rutina respecto a esas cosas, de inmediato partí de la única base de la que debo partir: la de la posibilidad, en efecto, de un error mío al respecto, de una mirada equivocada o, lo peor, de alguna forma de infiltración carnal portadora de confusión. Fiel a un estilo de corrección global, pero también de humildad y mucho respeto por lo que digan otros hermanos en Cristo, decidí hacer lo que siempre deberíamos hacer cuando existe alguna duda bíblica o simplemente de conducta: volver atrás, estudiar el texto con pasión, pero sin obcecación ni vanidad humana.

Voy a reproducirte ahora el texto bíblico en cuestión y mi comentario de ese momento textual. 1 Corintios 11: 2-3 = Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué. Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Ese fue el dúo de versículos publicado y, lo que sigue, mi comentario:

Aquí tienes, para despejar toda duda que pueda sobrevenir de doctrinas erróneas y/o malintencionadas. ¿Has oído hablar en el terreno matrimonial, de la obligatoria sujeción de la mujer al varón? Y no es obligatoria porque a Dios se le ocurra, sino porque eso pertenece al diseño en toda su dimensión y, sus resultados, tienen siempre que ver con lo que Dios mismo pueda estar haciendo al respecto. ¿Quieres tener un matrimonio, no digo perfecto, pero sí encuadrado en todas sus áreas, dentro del diseño que el Señor ha determinado para esa unión conyugal?

 Entonces, a todas luces, ese matrimonio tendrá que tener el orden descendente del cual Pablo habla aquí. La cabeza espiritual y general de toda la casa, será Dios mismo. Él comandará a su Hijo, que es quien vendrá a reinar a tu casa, si es que el hombre que habita en ella, está dispuesto a someterse. Cuando eso sucede, el hombre pasa a ser cabeza espiritual del hogar y, para el resto de su familia, no es ningún esfuerzo ni sacrificio someterse. Cuando eso no ocurre, olvídalo; el creyente no es esclavo de nada ni de nadie que no sea de Dios mismo.

No voy a mencionar las diferencias de interpretación de unos ni otros, sólo voy a incursionar en la Escritura para develar la incógnita central de todo este texto, respecto a si esto que dice en ese verso es realmente palabra de Dios o, apenas, una idea personal de un hombre llamado Pablo. La única manera de arribar a un resultado capaz de develar o revelara misterios escondidos o corroborar opiniones, es realizando a partir de este momento un análisis profundo, bíblicamente riguroso y pastoralmente consciente de 1 Corintios 11:3, cuidando tanto la teología como su aplicación práctica, sin caer en reduccionismos ni abusos interpretativos. Cuando llegue al final, espero haberlo conseguido.

Repito el texto central del tema: Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. En primer lugar, hay que consignar que este versículo es absolutamente programático. Porque aquí Pablo establece un marco teológico antes de tratar asuntos prácticos, tales como serían, en este caso, el orden y el testimonio de la adoración. Porque, y atención con esto, no es una frase aislada, sino un principio estructural. Un concepto clave que parte de una palabra clave: Cabeza.

En el original, la palabra griega que la identifica, es kephalē. Y, atención con esto, no está significando primariamente algo así como “superioridad ontológica”, sino simplemente Fuente, Origen, Autoridad relacional, Responsabilidad representativa. O sea que Pablo no está describiendo un cierto valor, una determinada dignidad o una sobrada capacidad, sino simplemente un orden relacional funcional. Y aquí creo que cabe el añadido de algo comprobado por años de lecturas y estudios: en la Biblia, la palabra Orden, no implica de ninguna manera Inferioridad.

Hay indudablemente una cadena que Pablo presenta como si se tratara de una clave hermenéutica. Presta mucha atención a su estructura lineal. Comienza en Dios, y se traslada a Cristo. Prosigue en Cristo y se traslada al Varón. Continua en el Varón y se traslada a la Mujer. El punto decisivo de este tema está centralizado en el primero y el último eslabón. Dios es la cabeza de Cristo. Esta, que parece simplemente una frase de contenido casi religioso es, sin embargo, el eslabón básico y central de todo. Si no se lo entiende correctamente, todo el resto del texto se distorsiona.

Ahora bien: ¿Qué significa que Dios sea la Cabeza de Cristo? Significa puntualmente subordinación, pero sin inferioridad. Entender esto es vital. Porque Cristo es plenamente Dios, ¿No es verdad? Lo dice Juan 1:1, cuando comienza su evangelio: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Lo corrobora el propio Pablo, cuando hablando de Él en Colosenses 2:9 dice: Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, ¿Está claro? Y, sin embargo, aun siendo esto que vemos y confirmamos, Él se somete voluntariamente al Padre en lo que podríamos llamar la economía de la redención.

Hay otro texto, también de la autoría de Pablo, que encara el mismo tema aunque con mayor despliegue. Filipenses 2: 5-8 = Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Esto se conoce como subordinación funcional, no ontológica. Si Cristo no es inferior al Padre, pero se le somete, entonces la sumisión bíblica nunca implica inferioridad de valor. Este principio gobierna toda la interpretación del texto.

Muy bien. Ahora viene la segunda parte. La que nos dice que Cristo es la cabeza del varón. La primera pregunta que tenemos que hacernos alrededor de esto, es: ¿Qué implica Cristo como cabeza? En primer lugar, autoridad espiritual. En segundo término, fuente de vida. Seguidamente, modelo de carácter y, finalmente, responsabilidad moral. Con esto te queda más que claro que de ninguna manera existe un varón autónomo, ni mucho menos una autoridad última o final. En Efesios 5:23 Pablo les aclara a los Efesios: porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.

Está claro. Por tanto, es indiscutible que en todos los órdenes establecidos, el varón responde de sus actos ante Cristo. O sea que su liderazgo está no sólo limitado, sino también juzgado y modelado por Cristo. La contrapartida que ha sido y sigue siendo muy abundante es digna de tenerse en cuenta. Si cualquier liderazgo masculino se extralimita en dominio al punto de causar opresión, utilizando toda clase y formas de manipulación o, inclusive, se sirva de todo eso en beneficio de sí mismo, ese varón de manera automática ya dejó de estar bajo la cabeza de Cristo.

Todo esto es, de alguna manera, la antesala necesaria para examinar la tercera fase de este texto, en la que dice que el varón es cabeza de la mujer. ¿Cuál es su sentido bíblico correcto? En primer lugar, aquí Pablo de ninguna manera está hablando de superioridad intelectual, o de mayor valor espiritual, o de que el varón tenga mayor cercanía con Dios o que haga todo un proceso basado en los derechos humanos. El propio Pablo es muy contundente cuando les dice a los Gálatas en 3:28: Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

¿Y entonces? ¿Qué es lo que sí implica el texto en sí mismo? Global y abarcativamente, representación y responsabilidad. Lisa y llanamente, el varón es llamado a dar cuenta de todos sus actos delante de Dios, a dar protección en todo lo que esté a su alcance, a servir en todo lo que le sea posible y a liderar, de ser necesario, en sacrificio total aquello para lo que haya sido levantado. De hecho, casi está demás aclarar que todo esto, de ninguna manera es un equivalente a dominar algo o alguien. Varón, ¿Quieres ver el modelo básico de todo eso? Mira el texto siguiente y saca tus propias conclusiones.

Efesios 5: 25 = Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella. Creo que está tan claro que es imposible pretender añadirle algo más. Cristo lidera muriendo, de ninguna manera imponiéndose. Además, es evidente que el rol de la mujer en este texto de ninguna manera es de silenciamiento, sino más bien de dignidad. Pablo no reduce a la mujer, sino que la incluye en el orden, le reconoce su participación activa en la adoración. Lo dice con claridad en 1 Corintios 11:5: Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.

Y si esto no fuera suficiente, también le atribuye a la mujer gloria y propósito. De hecho, en 1 Corintios 11:11-12, vemos como lo equilibra cuando expresa: Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque, así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. De todo esto se desprende una clara evidencia de algo que no siempre ha sido visto así y, por consiguiente, mal interpretado en detrimento femenino. Pablo deja en claro que el orden bíblico de ninguna manera es jerárquico o en valor, sino definitivamente relacional.

Hay una dimensión espiritual profunda en juego, aquí. Porque este texto, en suma, revela algo todavía mayor. Dios trabaja a través del orden, no del caos. Y cuando digo orden, no estoy hablando de estructuras rígidas ni mucho menos acartonamiento religioso. Orden divino es eso, orden. Y esta forma de orden no anula la libertad, tampoco borra la identidad ni mucho menos oprime a alguien cuando refleja el carácter de Dios. De hecho, el problema nunca fue ni será el orden bíblico. El problema siempre radicó y seguirá firme en todo corazón caído que lo ejecuta mal. Dios es un Dios de orden, y aunque no te lo parezca en primera instancia, todo esto forma parte de ese orden Suyo.

Ahora bien: ¿Cómo aplicamos ese orden en lo familiar y cotidiano? Porque una aplicación práctica consciente es muy importante. En primer lugar, voy a dejar bien esclarecido que este texto y todas sus implicancias, de ninguna manera justificó, justifica ni justificará nunca expresiones de machismo. Tampoco respalda el abuso espiritual y mucho menos silencia o esconde dones. Y creo que ni siquiera vale la pena añadirle que tampoco anula el discernimiento femenino, que, si me dejo llevar por experiencias ministeriales personales, no por doctrina, es muy superior y más abundante que el masculino.

Atención con esto. Cualquier uso de este texto para controlar o para violentar, es total y absolutamente antibíblico, ¿Estoy claro? Nunca te olvides que, independientemente de toda la poesía discursiva con la que puedas rodearlo, en la vida real, liderazgo es equivalente y sinónimo puntual de servicio, o de opulencia o abuso. Autoridad, en tanto, tiene que ver siempre con responsabilidad, no con despotismo o prepotencia. Y ni hablar de la potencia de las voces. Todavía hay mucha gente convencida que autoridad es gritar fuerte. ¿Sabes qué? Ningún demonio se ira de donde está por los gritos que tú le obsequies. Se irá si tienes autoridad divina delegada y, esencialmente, tus ropas blancas. Sumisión, por otra parte, es siempre confianza voluntaria, de ninguna manera coerción.

Hay algo que nos tiene que quedar más que claro a todos por igual, pensemos como pensemos y hayamos visto este verso como lo hayamos visto. Donde está Cristo genuinamente como cabeza, en primer lugar, hay amor, no puede de ninguna manera no haberlo. En segundo término, y no es algo secundario, hay verdad, porque de existir una mínima cuota de falta de ella o directamente de mentira, Cristo se retirará de allí sí o sí. Como prosecución necesaria de todas estas variantes, aparecerá la Justicia, así con la jota mayúscula, que es como se escribe la que emana de lo divino.

La terrenal es otra historia de la que seguramente alguna vez hablaremos, pero con pruebas o hechos concretos, como se debe hablar de estos ítems. Y, finalmente, como consecuencia natural y resultado de todo esto, gozaremos de auténtica libertad interior. Que nada tiene que ver con declamaciones ideológicas o políticas. Libertad no es pensar o creer lo correcto, sino hacerlo como quieres hacerlo. Si estás acerado o equivocado, luego se verá y siempre habrá posibilidades de cambiar lo que se deba, pero en principio, eres libre cuando -salvo el Espíritu Santo-, nadie te dice lo que debes pensar o creer.

En síntesis, y comenzando a darle un cierre a todo este reflexionar seriamente en algo que no siempre se ha tomado con seriedad, podemos concluir en que 1 Corintios 11:3, nos enseña preponderantemente que Dios es un Dios de orden, como ya te dije. Pero lo que me faltó añadirte es que el orden, justamente refleja relaciones, no valor. Que Cristo mismo es quien modela la sumisión. Que el liderazgo bíblico de ninguna manera puede parecerse a un hermoso trono de oro, sino más bien a una cruz de madera rústica. Deja más que en claro que la dignidad de la mujer es total y absolutamente incuestionable y que la autoridad verdadera, siempre sirve.

O sea que te deja bien en evidencia que, cuando este texto se utiliza en el Espíritu, el resultado es la cadencia de la armonía que produce, mientras que, si se lo usa groseramente en la carne, lo que determina es total y nítida opresión. Y yendo bastante más atrás en nuestra propia historia en el evangelio, a la luz de Génesis en sus capítulos 1, 2 y 3, vemos que Pablo no inventa individualmente este orden, sino que se limita a recuperarlo a partir de la Creación misma. A todas luces, quien quiera leerlo con sabiduría divina aplicada, podrá ver que Génesis es el fundamento silencioso que habita detrás de este texto. Y te lo voy a demostrar en la práctica, para que todo no quede en un discurso más de los tantos que andan por allí.

Vamos a verlo en primera instancia, desde lo dicho en Génesis 1:26-27: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Hay algunas perlas que saltan a nuestra vista en este texto. Dice que Ambos son imagen de Dios. Añade que la autoridad sobre la Creación, es compartida.

Continúa con que no hay jerarquía ni subordinación aquí, y concluye mostrando que la diferencia sexual es intencional, no accidental. Esto, innegablemente establece un principio ciento por cuento irrenunciable. Varón y mujer son, indefectiblemente, son iguales en dignidad, en valor, en capacidad espiritual y, esencialmente, en acceso a Dios. De hecho, que queda más que claro que, cualquier interpretación de la legendaria 1 Corintios 11:3 que contradiga Génesis 1, ya está equivocada, aunque pretendan contármela como mejor les parezca.

En segundo lugar, quiero que me acompañes a revisarlo en el segundo capítulo de Génesis, concretamente en el verso 18, que dice: Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Importante; la palabra Ayuda que se lee aquí, es la palabra ‘ezer, que es la misma utilizada para Dios como ayudador de Israel conforme a lo leemos en el salmo 33:20: Nuestra alma espera a Jehová; Nuestra ayuda y nuestro escudo es él. O sea que de ninguna manera implica inferioridad como muchos han creído entender, sino todo lo contrario, auxilio fuerte y ciento por ciento necesario.

La otra palabra allí inscripta, es Idónea, que en los originales se lee como kenegdo, y literalmente se traduce como “frente a él” o “correspondiente a él”. Indica cien por ciento igualdad, complemento y mutua correspondencia, en modo alguno dependencia silenciosa y sumisa. Eso es carne. Así que el orden de la Creación comienza con Adán, él es creado primero. Luego, Eva es creada de Adán, no como subordinada, sino como relación. En 1 Corintios 11: 8-9 Pablo justamente alude a esto cuando les dice: Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. En conclusión, en Génesis 2 se introduce el orden relacional, de ninguna manera el dominio.

Y, finalmente, tal como te lo anticipé, aterrizamos ahora en Génesis 3, concretamente en lo que es la distorsión del orden, no su creación. Dice Génesis 3:16: A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Vamos a poner algo en claro para que no se discuta más: esto de ninguna manera es un mandato, esto es sencillamente una consecuencia del pecado.

Porque luego van a surgir distorsiones que han destruido esta palabra y la han convertido en permisos para delinquir. ¿El varón tiende a dominar? Si, el varón tiende a dominar. ¿Y la mujer? La mujer tiende a luchar por control o protección. Entonces, como no podría ser de otro modo, la relación se vuelve tensa y dolorosa. Y esto es clave, porque el dominio masculino no es creación, es caída. Por tanto, y atención con esto, cualquier lectura de 1 Corintios 11:3 que legitime dominio, primero contradice Génesis, luego contradice al mismísimo Cristo y, finalmente, casi de rebote, también contradice a Pablo.

Que, dicho sea de paso, era un profundo lector del Génesis y, a partir de la influencia de ese libro en su vida, él recala en el segundo capítulo para afirmar el orden, en el tercero para rechazar el dominio masculino como base de esto y, en el primero, para restaurar lo que sería la dignidad mutua de la pareja humana. Reorienta todo en Cristo y reafirma, como lo dice en 1 Corintios 11:11-12. Que, En el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón. O sea que queda más que claro que Cristo no borra la creación la redime.

Entonces, ¿Cómo aplicarlo hoy, sin distorsiones? Creo que aquí está el punto más delicado y necesario. Las distorsiones más comunes que deben evitarse son, en mayor medida, el llamado “machismo bíblico”. Es el que usa “cabeza” como licencia para controlar, es el que ignora el modelo de Cristo crucificado y el que produce miedo, silencio y abuso. Esto, mi querido amigo o amiga, hermana o hermano, no es autoridad espiritual, esto es carne religiosa.

La segunda distorsión grave y peligrosa, es la de la negación total del orden. Esta es la que rechaza cualquier diferencia funcional, la que reduce el texto sencillamente a lo que denomina como “cultura antigua” y que, por consecuencia, elimina responsabilidad espiritual masculina. Esto, a todas luces, desconecta el texto de Génesis y de Cristo. Y otra distorsión frecuente es la de darle una aplicación rígida y uniforme. Esta distorsión es la que aplica esquemas sin discernimiento, ignora contextos, dones y llamados y produce culpa innecesaria. Porque Pablo, entendamos, está hablando de principios, no de moldes mecánicos.

¿Cómo se debe vivir hoy en ese orden bíblico redimido, entonces? En primer lugar, en el matrimonio, que es donde peor se lo ha interpretado. Presta mucha atención, hermano: el varón lidera sirviendo, no mandando. La mujer participa activamente, no pasivamente. Las decisiones se disciernen juntos, no por separado. Y el liderazgo se nota más en la responsabilidad que en la voz final. Ten en cuenta lo más importante de todo: Cristo nunca lidera sin escuchar.

En segundo lugar, en la iglesia. Aquí hay que consignar que los dones no están de ninguna manera anulados por causa del género, ni lo sueñes. La autoridad espiritual se reconoce por su fruto y su carácter. Porque el orden debe edificar y no apagar el Espíritu. Pablo se los dice a los tesalonicenses, No apaguéis el Espíritu. Así, sin vueltas. Y luego, en la vida personal. Todo creyente vive bajo una cabeza, Cristo. Nadie ejerce autoridad sin antes vivir en sumisión a Dios. Que esto se vea muy pocas veces o directamente no se vea, no es un problema de Dios, ni de Pablo ni de los predicadores, es un problema nuestro en lo global.

Porque la verdadera autoridad nace de la obediencia, aunque existan indudablemente diversos criterios de discernimiento práctico que son muy importantes. De ellos surgen algunas preguntas sanas para aplicar a este texto que hemos restado examinando. ¿Refleja el carácter de Cristo? ¿Produce amor, verdad y libertad? ¿Edifica a ambos? ¿Asume responsabilidad o sólo poder? ¿Está sanando lo que Génesis 3 rompió? Si no cumple nada de esto, entonces no estamos hablando de ninguna manera de aplicación bíblica, aunque citen doscientos versículos.

Para que quede claro en el final. Génesis 1, refleja igualdad esencial. Génesis 2, orden relacional. Génesis 3, distorsión por el pecado. 1 Corintios 11, entonces, redención del orden en Cristo. O sea que el evangelio no elimina el orden, elimina el pecado que lo corrompe. Porque cuando el orden es vivido en el Espíritu, el varón no oprime, la mujer no es silenciosa, Cristo es glorificado y la comunidad es edificada.

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Una Aventura Llamada Espíritu Santo

Para poder compartirte esto con el grado de autoridad espiritual que se necesita para que quien lo recibe tenga la convicción absoluta que es verdad revelada o divina, necesito que sepas algo de mi historia personal como hijo de Dios. Acepté al Señor esa noche llena de estrellas, tal como ya te lo he contado, y comencé a reunirme con un pequeño grupo de jóvenes, del que formaba parte el que me habló de esto y me acompañó a tomar mi decisión.

Si bien me sentía bien con ellos, ya que en ningún momento me discriminaron por mi calidad de novato, como si solía suceder en las congregaciones evangélicas convencionales, yo igualmente notaba algunas diferencias que me colocaban en un plano de inferioridad. El conocimiento bíblico, sus estilos de vida, un algo que de algunos se irradiaba sin ser visible y, naturalmente, el don de lenguas que no todos, pero si algunos de ellos poseían.

Lejos de sentir envidia, como sí suele suceder en grupos más grandes, yo quería tener todo eso para poder manifestarlo y ser parte de lo que sabía que tenía que ser parte, aunque nadie me lo hubiera explicado todavía. Luchaba contra todas las tentaciones que un joven de treinta años puede tener y fumaba. No mucho, pero fumaba. El periodismo, el café y el cigarrillo constituían un combo que se podía observar en todas las redacciones o estudios de radio de mi tierra. Era casi un ícono de la profesión.

Pero, una noche los jóvenes me invitaron a ir al templo donde ellos eran miembros. Querían que yo sintiera lo que ellos sentían allí y no tuve inconvenientes en aceptar. El pastor, un hombre mayor, pero dueño de una bondad y una unción como pocas veces pude ver en otros consiervos suyos, esa noche predicó sobre los dones del Espíritu Santo, aclarando que, para poseerlos, era necesario primeramente ser llenos del Espíritu, plenos. Y que, si no lo sentíamos así, que debíamos pedirlo y Dios nos lo concedería.

Podrás imaginarte que, en mi primera experiencia eclesiástica evangélica, yo estaba con mis sentimientos entremezclados. Temor, desconfianza, culpa por lo que, según algunos de mi familia opinaban, era un “cambio de religión” y todo lo que alguien que haya pisado por primera vez a una iglesia evangélica puede saber por propia experiencia. Sin embargo, ni bien el pastor comenzó a hablar del Espíritu Santo, todo mi ser se sintonizó con él y cada palabra tenía la sensación que era exclusiva para mí.

Sobre el final del mensaje, el pastor pidió que todos los que quisieran ser llenos del Espíritu Santo no tenían que hacer nada más que pedírselo al Señor, creyéndolo, y el Señor se lo enviaría. Yo obedecí sin dudar esa demanda. No recuerdo en absoluto si llegué a hacer algo parecido a una oración que todavía no sabía cómo hacer, salvo lo que le escuchaba a mis amigos y nuevos hermanos. Lo que sí sé, es que debo haberlo pedido con fe genuina, porque al instante y por primera vez desde mi conversión, caí de rodillas sin poder ni querer evitarlo.

Mi experiencia personal, que la comparto como experiencia personal, no como teología doctrinal, fue de pronto sentir un enorme calor en todo el cuerpo, ver que mis piernas se volvían débiles, aunque no para arrojarme al piso, sino para doblar mis rodillas. Y que cuando quedé en esa posición, empecé a hablarle a Dios a una velocidad que no era mi estilo, generalmente pausado y tranquilo cuando lo hacía profesionalmente. Lo que yo creía que era un cúmulo de palabras atropelladas sin sentido, en realidad eran lenguas. Eso me informaron luego mis amigos.

Yo sentía que lo que decía tenía un sentido y me daba la certeza total y absoluta que el Señor me escuchaba y me entendía lo que le hablaba, aunque casi en el final de ese momento tan singular y raro, me di cuenta que estaba hablando en un idioma que no era el mío y que no podía entender en absoluto desde lo auditivo natural. Yo había recibido la llenura, bautismo o como se le quiera llamar por parte del Espíritu Santo y, lo que estaba viviendo, era una consecuencia probatoria de eso.

De algo tengo certeza total: en ningún momento pensé en vivir eso y, mucho menos, en imitar esas lenguas. Jamás fue mi estilo la imitación y no iba a comenzar justo en una iglesia, puedes imaginarte. Así que, con este elemento mío y personal en tu conocimiento, creo que puedo comenzar a compartirte algunos principios que, si tienes la bendición de poder aceptarlos y creerlos, podrían conseguir que suceda en ti, al menos, algo similar a lo que sucedió conmigo.

Porque la pregunta que normalmente formula alguien que recién ha llegado a la fe, o en todo caso, alguien a quien no le han enseñado ninguna de estas cosas, es: ¿Y qué ocurre después de esa experiencia, como quieras que la llames? En mi caso personal, me cambió la vida en ciento ochenta grados. Un ochenta o noventa por ciento de mis flaquezas vulnerables desaparecieron, y entre el diez o veinte por ciento que me quedó, el cigarrillo fue el único. Varios meses debí pelear para sacarlo para siempre de mi vida.

De todos modos, la sanidad que recibes del cielo cuando el Espíritu de Dios hace morada en tu vida, es notoria en cuanto a que el amor de Dios comienza a fluir de ti y hasta llega a tocar a las personas cercanas. Esto se puede manifestar de diferentes maneras. Una de ellas, ya te lo adelanté, es el hablar en lenguas, pero no es la única, aunque algunas doctrinas muy singulares hayan llegado a establecerlo así. Conocí congregaciones donde se marginaba a los que no tenían don de lenguas.

¿Fundamento? Que no tenían al Espíritu Santo morando en su espíritu Ah, ¿Sí? ¿Y quién inventó esa barbaridad? No lo sé, pero sí me imagino por quien o quienes estaban influidos. Sacaron a más gente de las iglesias que todos los demás demonios juntos. Dios tenga misericordia de ellos. De todos modos, quiero aclararte que sí, que las lenguas son parte de esa instancia sobrenatural y que es no sólo valioso sino muy importante recibir ese don.

En primer lugar, porque son esenciales para tu edificación personal y para comunicarte con el Señor de una manera casi familiar. Las lenguas también son útiles y necesarias para interceder y, especialmente, para orar por todo aquello que todavía no entiendes. De hecho, son importantes y muy por encima de todo ese bullicio que en más de un caso suele ser hasta simulado en distintos lugares. Si no lo tienes, mi sugerencia es la misma que aquel pastor dijo aquella noche: ansíalo, pídelo y créelo. Dios hará el resto.

A los que tienen dudas, reservas o sencillamente no quieren dar ese paso, nadie puede plantarles en sus mentes el temor a perder la salvación, nada que ver con eso. De todos modos, está escrito que, en el día final de la resurrección, todos comenzaremos a hablar en lenguas, sencillamente porque ese es el idioma de ese país llamado cielo, al cual pertenecemos y con el Rey que sabemos que tiene.

Pero, atención con esto que voy a decirte: las lenguas son para ahora, no para el cielo. Porque es ahora que debemos alabar al Señor y edificarnos en Él, tal como lo dice Pablo en 1 Corintios 14, hay varias maneras en que el Espíritu Santo se manifiesta. Algunas tienen que ver directamente con lo que vamos a compartir hoy. Y la razón es simple. Es mucha la gente, que se dice cristiana, obviamente, que desconoce todo o casi todo respecto a estos dones ni cuando los están experimentando.

A veces, el Señor ya te ha dado un don y tú te quedas tieso preguntándote que pasa, sin saber que lo que has recibido es un don de Dios destinado a bendecir el cuerpo de Cristo en la tierra. De hecho, al actuar así, estás perdiendo una hermosa oportunidad de servir al Reino. No a la iglesia, no al pastor, al Reino, porque de allí es que viene todo, no de las estructuras de tu denominación o de tu congregación. No está nunca demás saber esto, te evitará muchos y horribles errores.

Dios no se enoja si no lo usas, pero, que no lo hagas, discúlpame, sigue siendo ignorancia. Por eso Él espera que escuches y aprendas, para que seas activo y valioso en este cuerpo de Cristo y, al mismo tiempo, estés disponible para bendecir a otros. Y quisiera comenzar esto colocando casi en una primera línea lo que a ojos vista parece ser una batalla permanente: el Espíritu Santo versus las emociones. Ya hemos hablado de las emociones, pero nunca está de más reiterar conceptos y conocimiento.

En principio, debo reconocer que hay mucha gente que en cualquier lugar de reunión que se encuentre, de pronto se emociona muy fuerte y llama a eso el Espíritu Santo. Es un riesgo muy fácil de vivir y ser víctima de error. Porque el Espíritu Santo, no es de ninguna manera una emoción. Él no es en absoluto emocional, aunque, en honor a la verdad, hay muchas posibilidades que sí influya en tus emociones. Así es que, cuando estés emocionado, no le eches la culpa al Espíritu Santo.

Mejor échales la culpa a tus propias emociones. Lo que sí es el Espíritu Santo, es poder. Y cuando el poder es liberado, algo debe ser influenciado. Nuestras emociones son, por lógica, lo primero que es afectado cuando el poder del Espíritu Santo actúa en nosotros. Cuando hay gozo, libertad, nuestras emociones reaccionan. Pero muchas personas, al no saber cómo liberar este poder, terminan comportándose de manera desordenada.

Corren, gritan, desparraman bancos y cuanto elemento se les cruce en su camino, sin pensar en lo que hacen o sienten. Otros incluso llegan a golpear a la gente en sus cabezas. Todas estas cosas, obvio, no edifican a nadie. De ninguna manera alguien me bendice o beneficia si me golpea en la cabeza diciéndome que es el Espíritu Santo. Tampoco beneficias a ningún grupo si te pones a gritar cuando alguien está diciendo algo valioso de parte de Dios.

No es provechoso si organizas tu pequeño espectáculo personal en medio de una reunión convocada para otra cosa. Lo único que logras es distraer y sacar del estado realmente espiritual a los que intentan adorar en espíritu y en verdad. Sin embargo, aunque no lo creas, son muchos los que atribuyen todos estos desórdenes al Espíritu Santo. La Biblia dice que el Espíritu Santo es un Espíritu de orden y decoro. Encontrarás eso en las escrituras si sabes buscarlo.

Él es de primera categoría y hace todas las cosas con decencia, con clase. Y no hace nada para crear confusión. Él no es el autor del desorden. Todo lo que hace, es ordenado, sobrio y decente. De ese mismo modo intentamos hacer los que entendimos que gozo y unción no son sinónimos de zafarranchos. Si realmente te dejas guiar por la palabra de Dios, nunca podrás caer en esa clase de cosas. Las emociones no deben reemplazar al Espíritu Santo.

Sin embargo, cierto es que el Espíritu Santo influye en nuestras emociones, pero al mismo tiempo nos brinda suficiente dominio propio para controlarlas. La escritura dice que el espíritu del profeta está sujeto al profeta, ¿Verdad? Esto significa que el Espíritu Santo puede actuar en ti, pero tú mantienes el control, siempre. Puedes cerrar la boca hasta el momento de hablar. Puedes quedarte sentado, aunque sientas ganas de correr.

La Biblia también dice que, si quieres profetizar y alguien ya está hablando, debes callar hasta que haya terminado. El que crea que el Espíritu Santo viene y lo posee, lo está viendo a la inversa. Eres tú el que lo posee a Él si es que lo quieres. Digo esto porque hay muchos que dicen que cometieron esas tonterías porque no pudieron evitarlo. Sin embargo, en el mejor de los casos, están equivocados. En el peor, mienten para cubrir sus locuras. Claro, hay una tercera opción: que sea un espíritu, si, pero no el Santo.

La obediencia vale más que los sacrificios. Dios prefiere tu obediencia a tu adoración. Algunos prefieren hacer muchas cosas para Dios, pero no le obedecen. Son aquellos que están tan activos para Dios que no se hacen un tiempo para conocerlo. El Espíritu Santo está en nosotros, y debemos obedecerle a Él, no a nuestras emociones. Jesús dijo que él es el Consolador. Y un Consolador no rompe sillas o bancos, no interrumpe a nadie ni crea confusión. Un Consolador, calma.

También mencionamos que cuando el Espíritu Santo actúa, debe ser liberado. Haciendo una mala comparación, es como la dinamita. Hechos 1:8 = pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Aquí cuando dice “poder”, usa la palabra dunamis, que significa un poder explosivo. Una capacidad sobrenatural similar a la dinamita.

Y cuando la dinamita explota, algo se mueve. La iglesia es una fuerza dinámica en la tierra. La historia nos muestra que la iglesia siempre ha sido una iglesia de acción. En la Biblia, lo que los discípulos predicaban, lo practicaban, y esto es exactamente lo que Jesús había querido para su iglesia, siendo él el mayor ejemplo. Una de las primeras expresiones del Espíritu Santo, son las lenguas. No es la única, pero suele ser la primera, porque la lengua es el órgano más disponible para Dios.

De hecho, tu lengua también suele ser tu mayor problema en la vida. Por eso, es lo primero que Dios quiere tocar. Santiago dice que la lengua puede destruir todo tu cuerpo y también a quienes te rodean. Muchos de nosotros ya lo hemos experimentado. Por eso, cuando eres lleno del Espíritu Santo, lo primero que suele darte son palabras que tú puedes pronunciar con tu boca. Hablar en lenguas no es algo que el Espíritu Santo hace por ti, sino que tú lo haces luego que Él depositó palabras en tu espíritu.

En las escrituras, cada vez que la gente hablaba en lenguas, dice que ellos hablaban según el Espíritu les daba que hablasen. El día de Pentecostés, el Espíritu les daba la inspiración, pero ellos ponían las palabras en sus bocas. Muchos se sientan y esperan que su lengua se mueva sola. Pero nada sucede en la lengua, todo sucede en el espíritu, en el interior. Y esto también requiere confianza. Si crees que Dios no miente, entonces cuando le pides algo, Él te lo concede.

Pide ser lleno del Espíritu Santo, cree que lo serás y, cuando aparezcan palabras incomprensibles en tu mente, suéltalas y verás como se convierten en un torbellino que circula más rápido que tu mente. Si Dios te llegara a fallar, tú lo sabrías al instante. Pero no tienes que preocuparte, Dios nunca te fallará. Algunos no lo hacen porque no confían en la palabra de Dios. Entonces se ponen a esperar, pasivamente, y por esa razón es que todavía no hablan en lenguas.

Tienes que actuar por fe, exactamente igual que para la salvación. Por experiencia propia y compartida de otras personas, cuando comienzas a hablar en lenguas, apenas son una o dos palabras, dichas casi con temor. Pero a medida que te relajas y dejas fluir lo que viene de tu interior, esas pocas palabras se convierten en un río tumultuoso que fluye con un caudal inimaginable. Lo que frena todo esto, a veces, es que algunos tienen temor de que, en lugar de recibir al Espíritu Santo, reciban a un demonio.

Jesús habló de esto. Dijo: Ustedes saben dar buenas cosas a sus hijos. Cuando les piden pan, no les dan una piedra. Cuando les piden pescado, no les dan una serpiente. Luego añadió. ¿Cuánto más el Padre dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? La palabra serpiente, en este pasaje, es la misma palabra usada en otros lugares, cuando Jesús habla de los demonios. En Lucas, dice: Les he dado potestad de hollar serpientes y escorpiones y sobre toda la potencia del enemigo.

En la cultura griega, la serpiente es una imagen de los demonios. Jesús, a menudo llamaba al diablo una serpiente, un escorpión o un espíritu maligno. Así que cuando Jesús dice que el Padre no da serpientes a quienes le piden pescado, te está queriendo decir: ¿Crees que Dios te daría un demonio si le pides el Espíritu Santo? Nunca. Dios no tiene demonios para dar. Si pides el Espíritu Santo, lo crees y lo amas, Él te dará el Espíritu Santo. Es el único que tiene, y es santo.

Lo único que deberías tener en cuenta a la hora de formular ese pedido, es el estar conforme a la voluntad de Dios. Si estás pecando y lo sabes, pero no quieres abandonarlo, entonces no pidas al Espíritu Santo, porque Dios no te lo enviará hasta que en tu ser interior no haya una morada digna de ser habitada por Él. En ese caso y si no te has arrepentido, podrías estar pidiéndolo para usufructuar con su poder o simplemente para lucirte.

Allí sí eres candidato a albergar un demonio, porque no notarás la diferencia. Esto ocurre mucho dentro de las iglesias cristianas, porque, así como hay hombres y mujeres de Dios que quieren servir con fidelidad, también hay cizaña que quiere abusar en lo que puedan de los hijos del Padre. Pero Dios, no. Dios da buenos dones. Todo don perfecto viene de arriba, y no me refiero a alturas geográficas, sino dimensionales.

Veamos ahora lo que Pablo tiene para decir en 1 Corintios 12: 1 = No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Observa bien y aprende a leer tu Biblia con inteligencia divina. Pablo los trata de hermanos, eso quiere decir que estaba dirigiéndose a cristianos. Pero luego les dice que ignoran acerca de los dones, lo cuales los haría ignorantes. No son culpables porque nadie se los había enseñado, pero eso me dice a mí y a ti, que tranquilamente se puede ser cristiano y también ser ignorante.

Ahora ponte en el lugar de Pablo. Les está diciendo hermanos, pero también que son ignorantes. ¿Cómo crees que reaccionarían, hoy, esos hermanos que tan bien conoces y que, lo sabes, son ignorantes en muchas cosas de fondo, todavía? Sobre esas reacciones podemos dialogar un rato largo, tengo cierta experiencia en el tema. Seguramente alguien se dirigiría a ti y te diría: ¡Oye! ¡Tengo cincuenta años de venir a la iglesia! ¡No puedes enseñarme nada! ¡Y lo dicen en serio!

Pablo no tenía miedo de decir la verdad. Él decía: son mis hermanos, pero son ignorantes. Hoy salen lustrados vejestorios a decirte que eres demasiado joven para enseñarles sobre Jesús a ellos, que hace años están en la iglesia. De todos modos, hay una realidad: sólo puedes llevar a otros al mismo lugar al que tú has ido. Si no estás allí, no puedes traer a nadie por simple verborragia. Si retienes esta verdad harás buen camino, porque te darás cuenta que siempre tienes que avanzar.

Son muchos, muchísimos los cristianos que no pueden avanzar mucho más de donde están parados sus líderes, por la sencilla razón que sus líderes no van hacia ninguna parte. Hay mucho liderazgo evangélico que no se ha tomado el tiempo ni el esfuerzo de sondear las profundidades de Dios. ¿Qué podrían darles a otros si no tienen nada para ellos? Como resultado, los creyentes dan vueltas semana tras semana.

Pablo les decía: no quiero que seáis ignorantes. Y no me miren torcido, está claro que sé un poco más que ustedes. No era un mérito de Pablo, eso; era el resultado de un esfuerzo y una entrega total. Sin embargo, no son pocos los que prefieren seguir a un líder que no ha aprendido nada, simplemente porque lo aman. Se quedan con él durante cincuenta años, y nunca saben nada más que lo que él sabe. Y, a veces, lo que sabe es muy limitado. O directamente erróneo. Ha sucedido, todos lo sabemos. Y sigue pasando.

Y luego se extrañan de no crecer, de no madurar, de no prosperar en nada de lo que hacen. Sin embargo, no se trata de competencia, sólo es una cuestión de supervivencia. La Biblia dice: Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Dios nunca te preguntará durante cuánto tiempo has estado en tal o cual iglesia. Te preguntará cuanto te pareces a Jesús o cuanto de Su palabra habita en ti. Eso es lo que cuenta. Competir para ver quien tiene la iglesia más bonita no te lleva nada más que a la vanidad hueca.

No se trata de glorificar hombres; es la palabra de Dios y a Jesucristo a quien hay que exaltar. Pablo dice de nuevo: No quiero que seáis ignorantes, hermanos, acerca de los dones espirituales. Estos creyentes ignoraban estas cosas, algo que lamentablemente todavía sigue vigente en muchas de las asambleas de la iglesia evangélica, según sus doctrinas caseras. Tengo una buena noticia: Dios está remediando eso.

Él añade, verso 2: sabéis que cuando erais gentiles se os extraviaba y se os llevaba tras los ídolos mudos, según erais conducidos. (3) Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama a Jesús anatema. Y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Este versículo quiere decir simplemente esto: nadie puede declarar sinceramente que Jesús es Señor, si el Espíritu Santo no habita en él.

Lo que quiero decir es que muchas personas religiosas pueden levantarse y decir cosas hermosas, pero esas palabras no siempre vienen del Espíritu Santo. No son más que palabras vacías. Discursos sin valor. Las instituciones religiosas están llenas de hipócritas. Un hipócrita es alguien que dice: Jesús es mi Señor, pero su vida es un desastre. La Biblia dice que nadie puede proclamar esto, a menos que el Espíritu Santo lo declare en él.

Porque es el Espíritu Santo quien hace Señor a Jesús en nuestras vidas. Y dice el verso 4: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. La palabra diversidad significa simplemente diferente. El Espíritu Santo nos llena, luego libera todo esto en dones, y estos dones son variados. O sea que es muy cierto que tenemos una gran variedad de dones, pero no menos cierto es que por esa razón tenemos una unidad de propósito.

Glorificar a Dios y edificar el cuerpo. Ese es el propósito, más allá de las formas, circunstancias o hasta doctrinas diversas. De hecho, no importa cómo se manifieste el Espíritu Santo. Él sólo tiene un pensamiento: glorificar a Jesús. No es para que te jactes, diciendo: hablo en lenguas, soy mejor que tú. Lo he oído y visto a esto, nadie me lo contó. Escucha, aprende, recuerda y entiende: el propósito de un don, sea cual sea, siempre es el mismo: glorificar a Jesús.

Miremos el verso 6: Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Que se te grabe bien esto, es el mismo Dios. Esto significa que todos los dones del Espíritu, son obra de Dios. Y que Él actúa en cada uno. Pero siempre hay alguno que dice; “hermano; ¿Por qué yo no profetizo o actúo como los demás? ¿Por qué yo no recibo del Señor como ellos?” Sin embargo, como quiera que seas, el Señor actúa en ti, por eso está escrito el primer verso de este capítulo.

Ignorancia. Puede ser que no sepas, aún, que él está obrando. Estamos aquí para ayudarte a tomar conciencia del Espíritu, para que seas sensible y reconozcas cuando Dios actúa en ti. A veces, hay que caminar simplemente con una fe bruta, por evidenciarla de alguna manera. Porque esa forma de fe, es una buena fe. En el verso 5 sobresale la palabra Operación. Asimismo, también tenemos la palabra Administración, que significa distribuir. El Espíritu Santo distribuye los dones, y son variados.

Pero en el verso siguiente, Operación quiere decir que, cuando Él distribuye estos dones, se pueden manifestar de manera diferente en cada persona. Si hay un grupo de diez personas, Dios pueda dar diez dones diferentes a cada uno de ellos, pero se van a manifestar de manera distinta en cada uno. Dios puede darle el don de profecía a tres personas. Pero una puede cantarla, otra puede darla en lenguas y la tercera en el idioma del lugar donde se encuentren. Y una cuarta, quizás sólo con su vida diaria.

Es la misma profecía, pero administrada de manera diferente. Así que no busques nunca hacer las cosas como otra persona. Actúa según la manera en que el Señor te ha formado. Y deja que Él se exprese naturalmente a través de ti. Algunos toman fuerza y adoptan una voz profética. ¡Así dice el Señor! Cuando saben que no es su verdadera voz, es inútil jugar un papel. A veces, el Señor te da solamente un versículo. Todo lo demás, corre por cuenta de tu trabajo, dedicación y esfuerzo.

No hay necesidad de hacerse el espiritual. El Espíritu Santo es tan natural, que se vuelve sobrenatural. Él actúa de modo diferente a través de cada uno, así que no busques imitar a nadie. Sé simplemente tú mismo en el Espíritu. Verso 7: Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Yo lo sintetizaría así: para provecho común. Esto significa que es para beneficio de toda la iglesia. No hablo de congregación local, hablo de iglesia.

Algo es real: todo lo que Dios hace, es para provecho de todo su pueblo, de todo el que de manera genuina es de Él y no de un templo o una denominación que a veces vive o sobrevive sin Él. Sus manifestaciones y sus dones están destinados a bendecir a todos. Pablo continúa, luego, enumerando los nueve dones. Pero quedémonos un instante en esta idea de provecho. Todo don manifestado por el Espíritu Santo, no es para ti mismo, sino para la edificación de los demás.

¿Alguna vez has oído a alguien decir: “Soy el profeta Fulano de Tal”? Eso es orgullo. La Biblia dice que el don que has recibido no es para ti, sino para los demás. Si he recibido el don de la enseñanza, como parecería ser, de algo estoy más que seguro: no es para mí. Porque no voy a sentarme a enseñarme a mí mismo. Lo mismo con el don de sanidad. Si lo tienes, no es para ti. Porque no necesitas sanarte a ti mismo. Ese don es para alguien más que está enfermo.

Todo lo que el Espíritu manifiesta, es para beneficio de los demás. Algunos suponen que, porque un día dan una buena profecía, se están volviendo más espirituales. No. Si piensas así, necesitas ayuda. Estas en peligro, porque lo que recibiste, no era para ti, sino para los demás. Y es aquí donde aparece otro problema que hemos visto mucho. Las personas que, un día, reciben una manifestación del Espíritu Santo, tienen tendencia a creerse superiores a los demás a partir de eso.

Hermana, hermano, si el Señor en su enorme misericordia decide usarte, dale gracias y alábalo. Punto. Jesús dijo: no permitan que nadie los llame maestro o rabí. Él sabía lo que decía. Gracias a Dios los pocos que comenzaron a comunicarse conmigo llamándome maestro o pastor, al sugerirles que si me decían Néstor eso sonaría a música en mis oídos, entendieron y así lo hicieron. La adulación, en cualquiera de sus manifestaciones, seducción incluida, es peligrosísima. Pero si sabes quién eres y dónde estás, vences.

No podemos andar por los templos o las calles haciéndonos pasar por lo que no somos, porque en todo caso, si algo tenemos, es porque Él nos eligió a nosotros y no nosotros a Él. El hombre carnal ama los títulos, credenciales y posiciones. Todo eso es hojarasca en las dimensiones del Reino. Ya hay un Rey. Punto. Hijos, sólo si aceptan ser súbditos de ese Rey. Justos, santos. Todos somos santos. ¿De dónde viene todo esto?

Lee tu Biblia, en todas partes de las escrituras encuentras a los santos. Envío esta carta a los santos de Éfeso, los santos de Galacia, los santos de Roma. Ojo: aquellos, no las estatuas que estás viendo en Roma hoy.  ¿Por qué todos esos eran santos? Porque el significado es el mismo. La palabra santo significa simplemente santificado, ser uno. Todos somos santificados por la sangre de Jesús. No te dejes llevar por aquellos que exaltan a las personas. Lo que tienes, es para los demás, así que debes darlo de gracia.

Esto nos lleva a otro principio importante. Si un don es dado para la edificación de todos, entonces cada uno aquí tiene algo qué aportar. Cada uno tiene algo para darme y yo, al mismo tiempo, algo para darle a él o ella. Al decir eso me vino a la mente la palabra talentos. A veces, los dones del Espíritu Santo operan en ti cuando todavía no has llegado. El Señor sabe que vas en camino y se adelanta para que cuando llegues ya tengas algo de experiencia. Lo sé por historia propia de vida.

Hay gente, allí, del otro lado, que seguramente piensa que mis oraciones son importantes y llegan al trono de la gracia. Y tal vez sea así, pero no de manera distinta a lo que pueden ser tus oraciones. Quizás sólo te falte la fe para que así sea. Dios te ama tanto como me ama a mí, no somos diferentes. Y sus dones pueden actuar en ti como actúan en mí. Lo que debemos saber es cómo desarrollarlos. Como ponerlos en acción para tú y yo trabajar juntos, aunque no lleguemos a conocernos nunca personalmente ni formemos ninguna estructura con nombres rimbombantes.

Versos 8-10 = Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Ahora ya sabes. No te vanaglories. Todos estos dones operan en cada uno según el mismo Espíritu los distribuye según Su voluntad.

Las escrituras dicen: no te vanaglories. Si le impones las manos a alguien y es sanado, no te jactes. Tú no has sanado a nadie por ti mismo. La Biblia dice que es el mismo espíritu el que opera. Él es el que hizo el trabajo. No soy de esos que anda por la vida buscando sanar gente, pero tengo algunas experiencias que, les aseguro, nunca busqué, simplemente sucedieron. Una mañana salía de la emisora de radio donde tenía el programa y me encontré con un hermano de la que entonces era nuestra congregación.

Raúl era compañero mío en la escuela bíblica para adultos que compartíamos los domingos por la mañana. Lo saludé y me dijo que iba al médico porque no soportaba más el tremendo dolor de espalda que tenía. Yo también tenía prisa, así que sin siquiera pensarlo le puse mi mano en su espalda, allí, delante de no menos de doscientas personas caminando, y le ordené al dolor que lo dejara. Nos dimos un abrazo y cada uno siguió su camino. Por la noche iba a llamarlo por teléfono para ver cómo estaba y se me olvidó.

Recién lo vi el domingo siguiente. Le pregunté qué le había dicho el médico y me respondió que finalmente había decidido no asistir a consultarlo. Me dijo que el dolor se le pasó en el acto después de orar, así que cambio sus planes y se fue a hacer otras diligencias. Ni él pensó que yo era especial por haberlo sanado ni yo lo pensé como mérito mío. Los dos, ya en ese tiempo teníamos más que claro como funcionaban esas cosas. Si era del Espíritu sanar, se sanaba y punto.

La otra anécdota, fue con la misma zona del cuerpo, pero en José, el padre de un alumno de nuestra clase que venía por primera vez a la iglesia, (Era creyente pero no se estaba congregando) porque su hijo le había hablado bien de nuestras clases. Al final de la misma fui a saludarlo y, en la pequeña conversación, me dijo que estaba muy atacado de lumbalgia, que había venido haciendo un esfuerzo. Tuve la misma reacción que con Raúl y el mismo resultado. Se transformaron en sólidos alumnos de allí en más.

¿Hubo otras sanidades? No. Esas dos, nada más. Orar oré por muchas personas, pero el Espíritu Santo envió su fuego sanador sólo por esas dos. Pese a eso, sé que tengo el don, pero también sé que ese don tendrá resultados de victoria cuando al Rey de reyes le parezca oportuno sanar. Si por cualquier causa que yo no tengo por qué conocer, mi Padre determina no sanar a alguien, mi única respuesta a eso, lo entienda o no lo entienda, será amén y gloria a Dios.

Hay tres categorías de dones. Tres dones dicen algo, son los dones de palabra, de expresión. Tres dones hacen algo, son los dones de acción, dones de poder. Tres dones revelan algo, son los dones de revelación. Así Dios cubre todos los aspectos de las necesidades humanas. La primera fase se encuentra en el verso 10. Dones de expresión. Profecía, Diversos géneros de lenguas, Interpretación de lenguas. Estos hablan, estos se expresan.

Dones de acción. La fe, el don de fe, el hacer milagros, los dones de sanidades. Esto también significa que Dios distribuye distintos tipos de sanidad. Esto último, hay que decirlo, no solamente incluye dolencias físicas. Una sanidad puede ser necesaria en cualquier área de un ser humano. Física, de su alma o de su espíritu. Y no me refiero a profesionales de estas áreas, estoy hablando de Dios, que siempre es quien sana.

Algo es notorio y claro. Los dones de sanidades están en plural, porque Dios tiene varios tipos de sanidad para dar. También hay que entender que la sanidad actúa de dos maneras. El Señor deposita sobre mí un don de sanidad y yo pongo mis manos sobre un enfermo, pero este don no se queda en mí. Pasa a la persona enferma, porque es ella la que lo necesita, no yo. Por eso se habla de don de sanidad. No es el que ora quien se queda con el don.

De hecho, hay una gran diferencia entre los dones y los frutos. Luego tenemos los dones de revelación. En el verso 8 encontramos: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, palabra de conocimiento y discernimiento de espíritus. Estos son dones de revelación. Podría decirse que estos dones están numerados por orden de importancia. Primero, los dones de revelación. Palabra de sabiduría y palabra de ciencia. Tienen que entenderse en este orden.

¿Por qué? Porque es más importante conocer los caminos de Dios que, simplemente, ver sus obras. La Biblia dice que Dios dio a conocer sus caminos a Moisés y sus obras a los hijos de Israel. Moisés conocía los caminos de Dios, pero el pueblo sólo veía sus obras. Abraham también conocía los caminos de Dios, mientras que el pueblo veía únicamente sus obras. Ahora, las sanidades que vemos, son las obras de Dios. Sólo duran un tiempo. Alguien puede ser sanado hoy y volver a lesionarse mañana.

Las obras de Dios son temporales en ese sentido. Lázaro, por ejemplo. Fue resucitado, pero más adelante murió de nuevo. La diferencia es que murió dos veces. Fue un milagro extraordinario, pero temporal. Por eso Jesús decía que no lo siguieran por lo que pudieran recibir, sino por lo que Él era. Los dones de revelación, son dones de relación. Consisten en caminar en armonía con Dios hasta el punto en que Él puede susurrarte sus pensamientos.

Por eso estos dones están enumerados primero. Dios te revela lo que quiere y luego te da los dones de poder para cumplir su plan. Estos dones de revelación te muestran lo que Dios piensa, lo que siente y lo que quiere hacer. Son dones de un nivel elevado, pero esto no hace que la persona que los manifiesta sea importante. Es el don en sí mismo lo importante. Luego vienen los dones de poder, estos son los dones que actúan.

La fe, los milagros y las sanidades. Se enumeran en segundo lugar porque, una vez que Dios te revela algo, también te da el poder para cumplirlo. Finalmente, en último lugar, vienen los dones de expresión. Las lenguas, su interpretación y las profecías. Hay denominaciones enteras que han puesto a las lenguas en primer lugar, hasta el punto de cometer la barbaridad de asegurarte que, si no hablas en lenguas, no eres salvo. He visto a gente espiritualmente destruida por esa teoría que ni siquiera me atrevo a llamar doctrina.

Es un privilegio el poder ayudar a otros, pero no aplastarlos como si fueran cucarachas. Cada uno de nosotros debería querer edificar a los demás. Estos dones, en tanto, están allí para el bien de todos, y no para que algunos se vuelvan famosos o engreídos. Algunas personas no buscan la gloria, pero Dios las hace conocidas porque las usa. Otros, en cambio, quieren hacerse famosos por sí mismos. Y uno de los ejemplos más prácticos que tenemos, es el de Simón.

Él vio a Pedro y a los demás apóstoles imponer las manos a la gente y les dijo: denme ese poder y les pagaré millones. Él quería ser famoso. Pedro, por su parte, no hizo nada para ser conocido. Simplemente decía: este hombre fue sanado por Jesús, no por mí. Cuando la gente quería adorar a los discípulos, estos respondían: levántense, somos hombres como ustedes. Es Jesús, a quienes ustedes crucificaron quien sanó a este hombre. ¿Y por qué les cuesta tanto a tantos creerme cuando digo lo mismo?

Esa era la actitud que tenían. No se sentían diferentes que los demás. Así que, nunca se dejen impresionar por lo que Dios puede hacer a través de cualquiera de los ministros que conoces que más te agradan. Escúchame, léeme, aprende y enseña lo aprendido y vivido. Luego mira mis trabajos y di: Él no es mejor que yo. Néstor no es mejor que yo. Su voz y sus producciones pueden inundar las redes, pero Él es un hombre como yo, con las mismas luchas y victorias y derrotas que yo.

Hay algo que quiero aclarar. Los dones del Espíritu Santo, son diferentes a los frutos del Espíritu Santo. Pregunto: ¿Quién de ustedes ha tenido alguna vez en su casa un árbol de Navidad? Casi todo el mundo, lo sé. ¿Recuerdan las decoraciones que se le cuelgan a ese árbol? Quedan suspendidas como si fueran frutas. Originalmente, esto representaba simbólicamente, frutas. Es un ritual pagano que ha perdurado y se ha mezclado con la tradición cristiana.

No hay nada de malo en tener un árbol de esos en casa. Sobre todo, por la alegría de los niños. Lo importante es no adorarlo. Las decoraciones representan frutos, pero no crecen en el árbol. Sólo se cuelgan allí. Esos son dones. Y debajo del árbol, ¿Qué se pone? Regalos. Mientras que un verdadero árbol frutal produce su fruto naturalmente. No necesitas colgar una banana de un bananero ni una manzana de un manzano. El árbol produce sus propios frutos.

He allí la diferencia. Los dones del Espíritu son maravillosos, pero los frutos del Espíritu son más importantes. Porque los dones son dados, mientras que los frutos tienen que ser cultivados. Muchos cristianos se parecen a árboles de Navidad. No tienen frutos, pero quieren que Dios les cuelgue cosas. ¡Señor! ¡Dame más amor! ¡Señor! ¡Dame paciencia! ¡Señor! ¡Dame dominio propio! Y Dios les responde que no, que no puede darles lo que ya tienen.

Puedes pedirle un don a Dios, no hay problema, pero no puedes pedir un fruto. ¿Alguna vez has visto a un naranjo esforzarse para producir una naranja? No. El fruto sale naturalmente. Si eres salvo, el fruto del Espíritu está en ti. Gálatas 5:22-23 = Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Noten que el fruto está escrito en singular, no en plural.

Esto significa que todas estas cualidades forman un solo fruto. Si tienes a Jesús y al Espíritu Santo, ya tienes todo esto en ti. Todo esto, a veces cuesta un poco caro, pero créeme que vale la pena de ida y de vuelta. La verdadera presencia del Espíritu Santo en una vida es la potencia de tus frutos. Tu vida debe ser controlada por lo que es beneficioso. No debemos gimotear nunca cuando nos enfrentamos a desafíos. Nos ponemos de pie, miramos a los ojos al diablo y decimos: Hagas lo que hagas, soy más que vencedor.

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¡Esto Es Autoridad!

No me gusta del todo la palabra éxito, porque está sumamente bastardeada por la cultura secular que hay allí afuera de nuestros límites espirituales. Sin embargo, no encuentro a otra que defina con más claridad, según nuestras costumbres, de lo que podría significar un trabajo ministerial de impacto: éxito. Eso. ¿Y sabes qué? Cualquier forma de éxito dentro de lo que es nuestro camino o ambiente de fe, tiene una clave. Y a eso es a lo que voy, a referirme en este trabajo que comienza ahora. La clave del éxito dentro del Reino.

Jesús habló acerca de las llaves del Reino. Y una de las claves principales para vivir en el Reino, es someterse a la autoridad. La llave más importante del Reino, es entender a someterse a la autoridad. La palabra autoridad trae un temor en los oídos de la mayoría de la gente. Pero tú no puedes vivir en un Reino, a menos que entiendas el principio de la autoridad. Y lo más importante que a la iglesia le falta hoy en día, es la sumisión a la autoridad. Por eso es que la iglesia es tan débil y hay tanto pecado en ella.

Eso es porque la mayor parte de su gente no entiende autoridad. Para vivir en un Reino, tu tienes primero que entender como es que los reinos funcionan. Veamos: ¿Cuál es el mensaje de la Biblia? Después de muchísimo tiempo de leerlo y estudiarlo, podríamos llegar a la conclusión de que este maravilloso libro se trata de siete cosas. 1.- El Rey. Se trata acerca de un Rey. Esto quizás te suene sencillo, pero la realidad es que es muy importante para nosotros, porque vivimos en una democracia. Y nosotros cometemos el error de imponer nuestro pensamiento democrático sobre la Biblia.

Así que aun la palabra Rey, es muy peligrosa. Porque vivimos en una democracia, y la democracia está opuesta al Reino. Es por eso que, para una gran mayoría de nosotros, ni siquiera tiene demasiado sentido serio la palabra rey. El problema que tenemos es que la Biblia se trata del problema de un Rey. Un rey no es un presidente. No es un gobernante. No es un alcalde. No es un congresista. Los reyes son únicos y la Biblia es acerca de un Rey. Y muy pocos de nosotros sabemos lo que es un rey.

Por ejemplo: un rey no necesita que nadie le dé su voto para entrar en poder. Un rey nace como rey. Así es que, cuando Jesús nació en la carne, ustedes se acuerdan que los ángeles dijeron que en esa hora había nacido un rey, un salvador. Y recuerdo que Pilatos le preguntó a Jesús: ¿Eres tú un rey? Y Jesús le contestó: Para esta razón yo nací. Así que no eres tú el que hace a Jesús un Rey, Jesús nació como y para ser Rey. Y un rey, donde quiera que sea, está en el lado opuesto a un presidente.

En la democracia, un presidente funciona a partir de una consulta. Por eso es que tiene el Senado y el Congreso. Además de su gabinete. Y hay muchos poderes dentro de una democracia. Pero en un reino, el rey es la autoridad total. Él no tiene ni necesita ninguna consulta. Él no le pide consejo a nadie. Por eso es que la Biblia dice: ¿Quién puede aconsejar al Señor? Dios no necesita tu opinión, ni tus sugerencias, ni tus consejos. Cuando un rey habla, su palabra se convierte en ley.

Un presidente, por sí mismo, no puede hacer leyes. Cuando un presidente habla, nadie tiene la obligación de obedecer. Ningún presidente está habilitado para hacer un decreto. Así que tú no puedes tratar a Jesús como un presidente. ¡El es un Rey! Cuando Él habla, lo que Él dice, viene a ser ley. Por eso es que los reyes no hablan mucho. Estoy tratando que entiendas lo que es el Reino. Así que cuando un rey habla, eso es una ley. Para hacer una ley en tu país, tienes que ir por la Corte Suprema, el Congreso o el Senado.

Pero en un reino, el rey habla y eso es ley. Por eso es que Jesús dijo: escuchaste que fue dicho, pero yo les digo ahora. ¿Y por qué esto es tan importante? Si el rey dice que la fornicación es un pecado, ninguno de nosotros puede debatir eso. Me parece que a esta altura puede haber alguno que no le agrada demasiado que yo enseñe sobre el Reino, ¿Verdad? Si un rey dice que el adulterio es pecado, nadie discute eso. Ninguno de nosotros puede votar en contra o a favor de eso. ¡Es ley!

Si un rey dice que el homosexualismo es abominación, ninguna sociedad que diga estar bajo la influencia de ese Rey puede discutir eso. Por eso es que en muchos sitios se odia a los reyes y, por contrapartida, se ama a los presidentes. Sobre todo, porque con un presidente puedes estar en desacuerdo, mientras que con un rey no puedes, eres sancionado. En la democracia, tú cooperas, pero en el reino tú no cooperas, tú obedeces. Por eso es que nos gusta tanto la religión. En la religión, cooperamos.

En un lugar del mundo, setenta obispos reunidos como parte de una enorme estructura religiosa, votó como obispo principal a un hombre homosexual. Se supone que le habrán dicho a Dios que los disculpara, pero que habían decidido votar en contra de sus propias leyes. Eso es religión. ¡En la religión, tú puedes sacar a Dios afuera de tus decisiones! Hay una realidad que es al mismo tiempo una inocultable verdad: el cristiano promedio, no está viviendo en el Reino. ¿Por qué? Porque debaten. Ellos discuten. Ellos votan por la palabra de Dios.

¿Tú sabes por qué la gente odia a Jesús? Porque Él demanda obediencia completa. Porque Él es un Rey. La Biblia se trata de un Rey. La Biblia se trata acerca de un Reino. Un Reino no es una religión. Es un país, o una patria. Si un día el Espíritu Santo te trae luz a tu entendimiento y logras entender los principios básicos que hacen a un Reino algo incomparable, recién entonces la Biblia tomará un sentido claro y nítido ante tus ojos. La Biblia no es democracia, la Biblia es un Reino.

Por eso es que hay muchos de nosotros tratando de enseñar cómo son los reinos. Repito algo fundamental: un Reino no es una religión. Y algo que es clave y que no muchos saben: la iglesia no es el Reino. Jesús mencionó la palabra eklesía una sola vez. Pero mencionó al Reino todos los días. ¿Tú sabes, realmente, lo que es la iglesia? Te lo puedo explicar. La palabra eklesía, fue inventada por los griegos, no por Jesús. Fue inventada por Aristóteles, Platón, Sócrates, los filósofos.

Estos tres filósofos son muy importantes, porque ellos inventaron la idea de la democracia. La democracia es una idea griega. No viene de la Biblia. Y el Imperio Romano adoptó la filosofía griega. Y los romanos gobernaban el mundo entero. Con filosofía griega. La filosofía griega dice que controles la gente utilizando, para ello, a un ciudadano principal. Esta es la idea griega. Lo llaman demócrata. Tú pones a un jefe principal para que te gobierne.

Es, repito, una idea griega. Así es que, tal como lo podemos ver con poco esfuerzo, toda América está controlada por ideas griegas. Por eso es que hay un espíritu del anticristo en la democracia. Los dos nunca pueden ponerse de acuerdo. Griegos, Jesús. Los griegos desarrollaron la idea de un rey escogiendo un senado. Ese senado era un grupo de gente que el rey ponía en posición. Y él les daba sus ideas, y ellos tomaban esas ideas del rey y las convertían en una legislación

. Ese grupo de gente, eran llamados la eklesía por los griegos. Los romanos, luego, adoptaron eso. Así que César era el rey y dispuso y puso a un grupo de gente diferente. Y los llamó El Senado. Si tú estudias la historia de Roma, vas a ver que el grupo de gente más poderosa que había, era la del grupo del senado. Porque ellos eran puestos allí por el Emperador Romano. El rey. Jesús llega y entra y nace dentro del Imperio Romano, así que hay dos reyes en un mismo lugar.

Y Él se mantenía diciéndole a la gente: ¡Yo también tengo un Reino! Y los que lo escuchaban le preguntaban de qué estaba hablando. ¡No tenemos otro rey que no sea el César! Pero Él les decía que también era un Rey. Y que tenía un Reino igualmente al de César. Cada rey, necesita un senado. Y el trabajo del senado es recibir la mentalidad del rey y traducirla en forma de leyes.  Así que Jesús estaba predicando: ¡El Reino de Dios está aquí! Y ellos decían ¿Dónde está?

Y le hicieron una pregunta. Y Él les dijo a los discípulos: ¿Quién dicen los hombres que Yo Soy? Ellos le dijeron que algunos decían que Él era Elías. Eso es un profeta. Otros decían que era Juan el Bautista. Ese es otro profeta. Todos estaban mal. Porque un profeta no puede tener un reino, y además porque viene para hablar de parte del rey que lo envía, en este caso de parte de Dios. Y Jesús ES Dios. Así es que nunca te atrevas a poner a la par a Mahoma con Jesús. Mahoma es un profeta, Jesús es Dios.

Así que fue a los discípulos y les preguntó: ¿Quién dicen ustedes que yo soy? Y Pedro, recibió un WhatsApp de Jesús. Y el gobierno del cielo le envió otro. Y Pedro dijo: ¡Tengo la contestación! ¡Yo sé quién eres tú! ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del dios viviente! Cristo. Anótalo. La palabra Cristo, significa Rey ungido. Mesías. Mashaia. Rey Ungido. ¿Quién dicen los hombres que yo soy? ¡Tú eres el Cristo! ¡Tú eres el Rey Ungido! ¡Tú eres el Rey!

Y Él dijo: En esa declaración, que yo soy un Rey, voy a edificar mi eklesia. Le llamamos nosotros, Iglesia. Por eso es que Él dijo: Ustedes no me escogieron a mí, ¡Yo los escogí a ustedes! El trabajo de la eklesia, es recibir la mente del Rey. Y hacerla una legislación en el territorio completo. Así que la iglesia, es una agencia del Reino. La iglesia, es la administración del Reino. La iglesia es un cuerpo político, que representa al gobierno del cielo aquí, en la tierra.

Por eso es que la Biblia te llama embajador. Un embajador no es una persona religiosa. Es uno que representa un país y un Rey. Así que tú que me estás escuchando hoy, te enteras ahora que tienes un puesto político. Por eso es que el diablo ha sido exitoso, porque ha podido reducirte a un grupo de gente religiosa. Y entonces te convenció que hay una separación entre la iglesia y el Estado cuando, de hecho, tú eres el Estado. Jesús le dijo a Pilatos que era un Rey. Y yo tengo mi eklesia.

Y Jesús añadió que las puertas del Hades no prevalecerían contra su eklesia. Ni siquiera la muerte puede pararla. Por eso es que yo, desde este humilde rincón minúsculo, me atrevo a hablarles a los gobiernos. Y puedo hacerlo con naturalidad porque Yo Soy Gobierno. Y para gobernar como Reino que somos, debemos permanecer dentro de los sistemas mundanos. Si eres cualquier tipo de profesional, esa es la voluntad de Dios para tu vida.

No para que vivas de manera opulente con lo que le robas a los más débiles, sino para dar testimonio de lo que puede ser un profesional enviado del cielo. Mucha gente dice que ha decidido dejar su trabajo secular para servir mejor al Señor. Jesús nunca escogió un discípulo habiéndolo sacado de una organización religiosa. Todos eran hombres de negocios. Yo mismo pude haber tomado la posibilidad de ser un empresario de medios de comunicación y ganar buen dinero con ello, pero a mi Padre le plació que utilizara los talentos o dones recibidos para hacer esto que hoy hago.

Y Él corrió con todos los gastos para que yo no pase necesidades, aunque tampoco viva de vacaciones permanentes en el Caribe, ¿Estás entendiendo? Así que el Reino, es un país o una patria. El Reino es un gobierno. La Biblia tiene que ver con una familia real. Porque este libro se trata de un Rey que tiene hijos. Tú eres una o uno de esos hijos, y quizás alguien que está cerca de ti, ahora, también lo sea. Entonces, este documento llamado Biblia, se trata de ti.

El Reino de Dios, es el más único de toda la historia. ¿Por qué? Porque en cualquier reino, los que están por fuera del núcleo real, son llamados “súbditos”. Sub, quiere4 decir por abajo. En un reino, entonces, los ciudadanos se llaman súbditos. ¿Por qué? Porque no son familia del rey. No están relacionados con el rey. Pero en el Reino de Dios, todo ciudadano es un hijo de Dios y por lo tanto, es parte de la familia real y divina. Los hijos no mendigan, los hijos tienen derechos.

La Biblia se trata, incluso, se colonización. La Biblia se trata de un Rey que expande su influencia y poder a un territorio distante. La Biblia se trata de un Reino invisible que extiende su reinado a un mundo visible. Si tú no estás entendiendo todo esto, no puedes entender la Biblia. Se trata del cielo colonizando la tierra. Cuando un reino coloniza un territorio, todo en este se convierte a lo que es ese reino. Su cultura, su comida, sus costumbres, su idioma.

La Biblia se trata del cielo colonizando la tierra. ¿Por qué? Porque Dios quería que la tierra fuera justamente como es Él. Los discípulos le hicieron a Jesús una pregunta: ¿Cómo debemos orar? Y Jesús les dijo que oraran de esta manera: Nuestra Fuente, que no está en la tierra. Nuestro gobierno, que no está en la tierra. Nuestro Padre, que no está en la tierra, que está en el país que es nuestro verdadero hogar. Santo es tu nombre, dijo. Que venga tu patria. Que tu voluntad sea hecha.

¿Dónde? Así en la tierra como se hace en el cielo. Interesante, porque la religión vive orando para irse al cielo, pero el Reino ora para que el cielo venga a la tierra. Eso es colonización. La gente religiosa, quiere irse de la tierra. La gente del Reino, quiere edificar en la tierra. A la gente religiosa le gusta el rapto. A la gente del Reino, le gusta la invasión. Jesús dijo: Padre, no los quites de este mundo. La gente religiosa ora pidiéndole a Jesús que venga rápido y se los lleve pronto. Pero Jesús ora al Padre pidiéndole que no se los lleve.

Deja de orar para irte en un rapto. La Biblia dice que te ocupes en tu salvación con temor y temblor. Ojo: no dice DE tu salvación, dice EN. ¿Soy claro? ¡Muévete! ¿Hasta cuándo? ¡Hasta que yo venga, dice Jesús! Mi pregunta diaria, es: ¿Cómo tiene que verse Argentina? Como se ve el cielo. ¿Y como se logra eso? Con el testimonio diario de cada uno de nosotros, los que caímos desde el cielo aquí, en esta tierra que luego aprendimos a amar como nuestra.

¿Tienes claro o no lo que Dios quiere de la tierra? ¡Exactamente! Lo mismo que sucede en el cielo. Así que lo mejor que puedes hacer de ahora en más, es estudiar el cielo. Te adelanto que en el cielo no hay enfermedad, no hay miseria, no hay divorcio, no hay depresión, no hay temor. ¡Que así sea en la tierra! Esa es la oración de Reino. ¿Crees que eso puede ser posible? Sí, ya te veo o me imagino tu rostro de duda. Sin embargo piensa en esto: si lo que te he dicho no fuera posible, entonces Jesús dijo una mentira.

Porque Él dijo: venga tu Reino, hágase tu voluntad, aquí en la tierra, así como se hace en el cielo. A ver; lo que no está en el cielo, no debería estar en tu casa. Busca en tu Biblia a Génesis capítulo 1. Este capítulo se trata de ti. Dios te creó a ti. Génesis capítulo 1, verso 26, se trata de ti. Dice: Entonces dijo Dios; hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Dios dijo. Hagamos al hombre. Y la palabra hombre, aquí, está en plural. No se trata de una persona, sino de una especie. En nuestra imagen. La palabra imagen, aquí, significa naturaleza, carácter, característica. O sea que lo que Dios dijo, fue: Hagamos una especie que tenga nuestra naturaleza. Que tenga nuestras características. Justo igual que Dios. La palabra semejanza, mientras tanto, significa “que funciona igual”. Así que esta especie, dijo Dios, debe tener nuestro carácter nuestra naturaleza, que funcione como nosotros.

Así que tú tienes la naturaleza de Dios. Naturaleza significa que tú eres, naturalmente, como Dios. ¿Qué significa eso? Que cuando tú no actúas como Dios, tú no eres natural. Por ejemplo: Dios es amor y tú saliste de Dios. Así que tú eres amor. Así que cuando odias, te destruyes a ti mismo. Porque eso no es natural. Por eso es que la amargura te destruye, no la otra persona. Porque no es natural que un hijo de Dios odie, eso te hace enfermo. Tú tienes lo que Dios tiene. Lo que está en Dios, está en ti.

Por eso eres un ser espiritual. Tu saliste de Dios. Y Dios no TIENE santidad, ¡Él ES santidad! Dios no tiene justicia, Dios ES Justicia. Dios no tiene amor, Dios ES amor. Tu tienes todas esas cualidades. Por eso la Biblia nunca te dice que hagas santidad. La Biblia dice: ¡¡Sé santo!! Como tu fuente, en el cielo, es santa. La Biblia nunca dice que tú no eres santo, o que no eres justo. Lo que la Biblia dice es que, si bien eres santo u justo, no estás actuando ni como santo ni como justo.

Porque no ser santo, significa que no tienes ningún tipo de santidad. La explicación sencilla que puedo encontrar es que no estás activo como santo, pero igualmente lo eres. Así es que, cuando tú estás viviendo en santidad, eso no impresiona a Dios. Porque, en todo caso, tú estás en tu estado natural. Que tengan dominio, dijo. Porque Dios te creó para tener dominio. ¿Qué significa dominio? Es la palabra hebrea radah. Dominio. Significa Reino. Significa gobierno. Significa poder soberano.

La palabra dominio significa poder gobernar. Significa tener autoridad sobre algo. Tú fuiste creado para dominar. Los peces del mar, los pájaros del aire, animales del campo, las plantas de la tierra, las cosas que se arrastran sobre la tierra. Pero fíjate en esa lista; que no hay ningún humano. Tú no fuiste creado para dominar a ningún otro humano. Por eso es que Dios odia la opresión. Cuando tú oprimes a un hermano, estás oprimiendo a Dios.

Deja que tengan dominio. La palabra dominio significa Reino. Y quiero compartirte uno de los secretos del Reino. Mateo 13:11: Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado. Aquí lo que puedes comprobar, es que Jesús está diciendo que el Reino tiene misterios o secretos. Creo que necesitamos predicarle los secretos del Reino a la iglesia. El problema radica en que la mayoría de los líderes no conocen el Reino.

¿Y por qué razón es que estos líderes no conocen el Reino? Mateo capítulo 23. Voy a leerte uno de los versos más peligrosos de la Biblia. Especialmente para líderes religiosos. Mateo 23:13: Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. Jesús dijo que el mayor obstáculo para el Reino de Dios, son los líderes religiosos.

¿Tu escuela bíblica, no enseña eso? Los seminarios no lo enseñan. La doctrina tradicional de tu iglesia tampoco lo enseña. La mayoría de los líderes y ministros que he conocido no lo enseñan. Y Él dice ¡Ay de vosotros! ¡Ay! Ay, es la peor palabra en el hebreo. Es una palabra de maldición. Jesús maldijo. Pero Él nunca maldijo a un pecador. Jesús nunca les dijo ¡Ay! A los pecadores. Está bien, Néstor. Lo que usted dice es correcto, tiene suficiente respaldo bíblico y de ninguna manera se podría considerar como herejía.

Pero tendrá que comprender que nuestra iglesia no puede enseñar eso, sobre el Reino. Tenemos una serie de ministerios muy valiosos e importantes y ya estamos muy bien organizados para que todo eso funcione, no podemos añadirle nada más. ¡Ay de vosotros! ¡No entran al Reino ni permiten que los que quieren entrar lo hagan! ¿No se dan cuenta que están destruyendo a mucha gente fiel y sincera? ¡Ay de ustedes, maestros! ¡Porque cierran el Reino y no dejan que la gente lo conozca y lo sepa!

¿Nunca se te ocurrió estudiar la palabra “Ay!”? Hazlo. Descubrirás que significa “maldito hasta el infierno”. ¿Ahora entiendes lo que Jesús les dijo a esos fariseos? ¡Váyanse al infierno! Eso les dijo. ¿Por qué? Porque no predican el Reino, no enseñan del Reino y aguantan a la gente que se queda fuera del Reino. Jesús dijo: Busca primeramente el Reino. Búscalo. Estúdialo. Persíguelo. Apréndelo. Has hecho de una doctrina algo más importante que su propio mensaje.

Lucas 9:11 Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. Lucas 12:32: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Mateo 13:33: Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado. ¿Qué es la levadura? Influencia. Impacto. Cambia sociedades.

Cambia tu trabajo. Impacta tu familia. Impacta la comunidad. Impacta el gobierno. La levadura no puede afectar nada, a menos que esté dentro. Tú no puedes cambiar aquello que evitas. Si evitas al mundo, nunca lo vas a cambiar. El Reino es como la levadura, tienes que meterte para impactarlo. Mira todo el mundo, mira el sistema. Levadura. La levadura nunca tiene temor a la masa. ¿Por qué? No importa cuán grande es la masa, la levadura se ríe. Tú eres mía, voy a leudarte.

La levadura es muy pequeña. Insignificante. Pero la masa está en problemas. Porque la levadura impacta toda la masa. La levadura es interesante, trabaja muy silenciosamente. La levadura es muy tranquila. Nunca hace ruido. Jesús dijo que el Reino era como la levadura. Nunca saben que está allí, hasta que es muy tarde. Mateo 12:28: Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.

Esto Jesús se los dice a los fariseos luego de haber liberado a un endemoniado y haber oído que lo acusaban de hacerlo mediante el poder satánico. Insólito. ¿Por qué Satanás se echaría fura a sí mismo? Eso fue una declaración del Reino. Los reinos no entregan territorio. Porque el territorio es su gloria. Él dijo: ¡Mira! Este territorio, es mi territorio. Este niño es mío. Yo creé al hombre. Este es mi templo santo. Satanás está ilegal, aquí, no yo. Entonces tengo que echarlo fuera de mi territorio.

Lee bien el verso 28. Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Que cuando tú ves un milagro, eso es una evidencia que la cultura del cielo está presente. Los milagros son la evidencia de que el Reino de los Cielos anda por aquí cerca. Los milagros son la evidencia de que la cultura del cielo ha llegado a la tierra. La cultura es natural. Entonces, el ser sanado, se supone que sea natural.

Es la cultura de Dios. En la cultura de Dios no hay enfermedad. Así es que, cuando su cultura llega, los demonios se tienen que ir. Las enfermedades se tienen que ir. La depresión se tiene que ir. El temor se tiene que ir. La pobreza se tiene que ir. ¿Por qué? Porque el Reino de los Cielos ha llegado. Se supone que tengas todas tus necesidades cubiertas. ¿Por qué? ¡Porque es tu cultura!  Vamos a Mateo capítulo 10, un verso muy peligroso, sobre todo para los líderes y ministros.

Verso 7. Instrucciones de Jesús. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Yendo. Eso dice. Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores, Maestros, Misioneros, Hombres de negocios, Profesionales. ¡Yendo! ¡Predica este mensaje! ¡No tu mensaje! ¡No tu doctrina! Ni movimientos de fe, ni de prosperidad, ni de sanidad, ni de señales y milagros. Y tampoco nacer de nuevo. Jesús nunca predicó nacer de nuevo. Él mencionó el nacer de nuevo, una sola vez.

Y nunca a una multitud. Se lo dijo a un anciano por ahí como por las dos de la madrugada. ¿Por qué? Porque ese no era su mensaje. Él dijo con toda claridad que todos nosotros, yendo, no esperando, yendo, prediquemos un solo evangelio, el que dice que el Reino de los Cielos se ha acercado. Ese. Le escuché contar algo a un ministro al que respeto muchísimo, que alguien lo saludó en una ocasión y le dijo: ¡Hola! ¿Tu eres el ministro que está predicando sobre el Reino?

Decía este ministro que primero se sorprendió con la pregunta, que luego se fastidió un poco y que, finalmente, le tomó un ataque de risa mientras le respondía al que le había hecho esa pregunta: ¡Sí! ¡Claro! Pero…perdón…¿Y tú que estás predicando sino predicas que el Reino de los Cielos se ha acercado? Lo entiendo. Me hubiera sucedido lo mismo. Tengo un grado de misericordia que no nace de un mérito mío personal, sino del Padre, que me permite recordar que, hasta no hace mucho tiempo atrás, yo pensaba igual que el que le hizo la pregunta a este buen hombre.

Por la gracia de Dios, hoy sé que no existe ningún otro evangelio que debamos predicar, que no sea el del Reino, porque ese es nuestro mandato por siempre y para siempre. Quiero ser claro, honesto, sincero y puntual, aunque suene duro. Si no estás predicando el evangelio del Reino, estás desobedeciendo un mandamiento de Jesús, que fue el que leímos hace un momento. Y si tu ministerio se está viniendo abajo, no crece, no impacta y hasta da la sensación de que se cae en cualquier momento para no volverse a levantar, examínate.

No vaya a ser que, por una de esas grandes casualidades, sea por causa de esa desobediencia tuya en cuanto a no predicar lo que Jesús nos ordena predicar. Vamos empezando a cerrar esto. Mateo 16:19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entiende bien. No dice que te dará LA llave, UNA llave. Dice que te dará LAS llaves del Reino de los cielos.

Eso me muestra a mí y te muestra a ti, que no hay una sola llave para el Reino de los Cielos. Hay muchas llaves del Reino de los Cielos. El dilema es saber qué cosa son estas llaves. La respuesta es tan simple que te acuesta. Llaves son leyes, principios, conceptos. Todos los países funcionan con leyes. Él dijo: mi patria, tiene leyes. Si se rompen las leyes, hay penalidades. Si respetan y cumplen las leyes, hay beneficios. A ti te daré las llaves de tu patria, el cielo.

Así que, lo que cierras en la tierra, será cerrado en el cielo. Te daré leyes, que cuando las desatas en la tierra, el cielo las va a soltar. Te voy a dar una influencia directa en la tierra, desde el cielo. Tú no tienes que ir al cielo a recibir las cosas. Te daré leyes, llaves, principios en la tierra, que traerán el cielo a la tierra. En tu casa, en tu barrio, en tus negocios. Te daré los secretos, las leyes, de como traer el cielo a la tierra. Él no estaba hablando acerca de demonios.

Digo porque solemos usar este verso para atar o desatar demonios. Lee el capítulo completo, por favor. Nada del contexto te está hablando de demonios. No soy ultra conservador, creo en los demonios y en la guerra espiritual. Pero no me voy de mambo y meto demonios hasta debajo del plato de sopa que voy a beber.  De lo que Él está hablando, es acerca de acceso al cielo, este país, en la tierra. Y te daré las llaves, las leyes. Y te daré una ley antes de cerrar todo esto. Aprende: todos los reinos tienen tres símbolos.

1.- La Corona. La corona representa poder. 2.- El Bastón. El bastón representa algo que el rey esgrime de manera permanente y que da evidencia de su poder. 3.- El Cetro. El cetro representa autoridad. Y esto es importante, porque Jesús dijo que era un Rey. Así que Él tiene una corona, eso representa su poder. El tiene este ornamento, ese bastón, y es su influencia. Y todo rey tiene un cetro, que evidencia su autoridad. Por eso es que la parte más importante del rey, es el cetro.

La mayoría de nosotros, vamos detrás del poder, la corona. Oramos, clamamos y nos desesperamos pidiendo al Señor que nos de poder. Amamos el poder. Entonces vamos y buscamos influencia. Queremos ser famosos, conocidos. Queremos ser grandes. Pero no buscamos autoridad. Oramos por poder y por influencia, pero no oramos por autoridad. ¿Sabes por qué? Porque la autoridad controla el poder. Por esa razón es que la gente muy poderosa siempre es muy peligrosa.

La gente con influencia, también es peligrosa. Porque no tienen autoridad, sólo tienen poder. Por eso, aunque me miren torcido, yo siempre digo que a mí no me impresiona la gente poderosa, con alta influencia o famosa. Porque todos, aunque no lo sepan, están sometidos a la que es mi única autoridad. Eso iguala todas las cosas. Queremos a los poderosos, a los influyentes, incluso hasta adoramos a los famosos, pero rechazamos a la autoridad de Dios. ¿Tú crees que es así por casualidad?

Génesis 49:10 dice que el cetro no se apartará de Judá. Es curioso, pero Dios nunca menciona la corona ni la influencia. Él dijo que el cetro no se debe ir. Cuando Ester fue a ver al rey, a ella no le preocupaba la corona, ese es el poder. No le preocupaba la influencia. A ella lo que le preocupaba, era el cetro, la autoridad. Y la Biblia dice que si alguien entra a la presencia de un rey, si no extiende su cetro hacia ti, serás muerto. No es el poder de Dios el que te destruye. Tampoco es la gloria de Dios la que lo hace.

Ester sabía que si ella no recibía su cetro, estaba muerta. Vamos a leerlo, Ester 4:11, por favor: Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días.

Ahí está el problema. A los cristianos les gusta demasiado el poder de Dios, les gusta la unción. ¡OH, Dios! ¡Dame poder! ¡Necesito de tu poder! El pedido incorrecto. ¿Oh, Señor! ¡Dame un cetro! ¿Cuál es la diferencia? El poder es habilidad, energías, fuerzas, fortaleza. Eso es poder. Autoridad es diferente. Autoridad es el derecho y el permiso para usar el poder.  Por eso es que mucha gente tiene poder, si, pero no tiene autoridad. El lugar más importante en el que puedes estar, es bajo autoridad.

El lugar más seguro en el que tú puedes estar, es bajo autoridad. Obviamente, me refiero a autoridad delegada del cielo, no de la junta de viejos cabezones de la denominación. Eso tiene otro nombre y otros resultados. Amamos el poder, pero odiamos la sumisión. Es tanto lo que se nos ha defraudado que hoy no podemos llegar a confiar en ningún ser humano, por ungido que nos parezca. Pero lo único que te da cobertura para ejercer el poder divino, es estar bajo autoridad sujeta a autoridad. Porque de no ser así, es esclavitud a hombre.

Sin embargo, algo hay que aclarar. Dios diseñó todo lo que vemos, para que esté sometido a algo. Los peces, por ejemplo, fueron diseñados para someterse el agua. Las plantas fueron diseñadas para someterse al suelo. Así que la autoridad del pez, es el agua. El pez tiene mucho poder. El pez puede nadar todo lo que quiera. El árbol puede crecer todo lo alto que quiera. El mar tiene poder. Pero si sacas al pez fuera del agua, vas a ver que no tiene ningún poder.

Saca la planta del suelo y no tendrá poder. Porque la realidad nos muestra que nunca podemos crecer más que la autoridad. Los peces nunca pueden decir que están cansados del agua. Un árbol nunca puede decir que la tierra lo está aprisionando y no le permite crecer, o que está cansado de ese suelo y quiere salirse de él. Conclusión: tú no puedes salirte del diseño de Dios porque non vas a sobrevivir por fuera. En lo humano, nunca confundas el poder con la autoridad.

No todo poder tiene autoridad, y eso me consta personalmente. He conocido a mucha gente con mucho poder, pero sin un mínimo de autoridad. Huye de allí. Eso no es Dios. No permitas que te atraiga el poder, sino la autoridad. Puede haber alguien en la calle haciendo cosas sobrenaturales, milagros. ¿Vas a seguirlo por eso, solamente? Nunca persigas el poder a expensas de la autoridad. Pero, cuidado: autoridad no es estar dominando u oprimiendo a otra gente. O abusando de ella mediante sutiles manipulaciones de contenido satánico.

La verdadera autoridad, desata a la gente en el momento correcto. Quiero cerrar esto dándote pistas de lo que es una genuina autoridad. Pero déjame primeramente decirte qué cosa es lo que una verdadera autoridad no hace. La verdadera autoridad, no busca el beneficio de tu propio éxito. La verdadera autoridad no te usa a ti para promoverse él mismo. La verdadera autoridad lo único que espera de ti, es tu éxito. Y esto es muy importante, porque la iglesia está llena de parásitos que se h hacen llamar autoridad.

He conocido gente que dice ser autoridad, y andan por la vida recolectando iglesias. Sométete a mí, yo te daré cobertura. Tú sólo deberás enviarme 500 dólares cada mes. Eso es un parásito. Escucha: una verdadera autoridad, debe tener la habilidad de reprenderte, de corregirte, instruirte, y aun sentarte, que no hagas absolutamente nada mientras no seas confiable. Sólo que aquí está el problema. Si tú me envías todos esos dólares cada mes, ¿Cómo haría yo para reprenderte?

Si tú estás pagando la mitad de mis gastos, ¿Cómo te voy a corregir? La verdadera autoridad, no demanda nada de ti, excepto tu éxito. Si tú quieres bendecir tu autoridad, esa es tu decisión. Pero de ninguna manera eso debe ser un requisito. El apóstol Pablo lo dijo: tienen muchos maestros, pero pocos padres. No es tarea de los hijos cuidar a los padres, sino la de los padres cuidar a los hijos. Eso significa que sería tu cobertura la que debería estar enviándote los 500 dólares al mes a ti, no tú a ella. Por eso es que no pueden ser reprendidos. Porque ellos apoyan aquello. La autoridad verdadera no espera nada de ti, excepto tu éxito.

Por esa razón es que tremendos líderes en la iglesia, han caído. Y no pueden ser restaurados. ¿Por qué? ¡Porque no se someten a una autoridad! La verdadera autoridad, desea que tú logres más que lo que ellos han logrado. Eso te deja en evidencia clara que la verdadera autoridad, jamás tendrá celos de tu éxito. La verdadera autoridad, está dispuesta a disminuir para que tú puedas aumentar. Si en tu vida de fe hay una persona a la cual tú hoy te estás sometiendo, por favor, estúdiala. Y observa si ellos o él está llenando este criterio. El poder necesita autoridad para poder ser desatado. La sumisión a la autoridad, le da poder legítimo.

Quiero cerrar con una escritura del evangelio de Mateo, capítulo 8. Especialmente para líderes, ministros y pastores, por favor, lean esto. Es la historia de un pagano. De un ciudadano romano. El verso 5: Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, (6) y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. (7) Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. (8) Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. (9) Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

 Yo también soy hombre bajo autoridad. ¿Qué quiere decir? Yo he estado observándote durante estos últimos tres meses. Y h e descubierto algo, que tú eres como yo, un hombre bajo autoridad.¿Qué le quiso decir? Le quiso decir; yo conozco tu secreto, y tu secreto no es tu poder, sino que estás bajo autoridad, y eso te proporciona ese poder. Cuando tú tienes autoridad, no tienes que moverte. Yo tengo soldados bajo mi autoridad, pero tú tienes palabra bajo tu autoridad.

MI arma son mis soldados, pero tus armas son las palabras. Yo le digo a ese soldado ve allá, y ese soldado va donde lo mando. ¿Por qué? Porque cuando mis soldados escuchan mi voz, no me están escuchando a mí, están escuchando a César. ¡Eso es autoridad! Nada que ver con doctorados o master en teología, aunque se ser necesario los incluya. Los soldados no me obedecen a mí, sino a la autoridad bajo la cual yo estoy. Ese es tu secreto, Jesús, dijo el centurión. Tu autoridad es más importante que tu poder.

Solamente di la palabra y mi criado será sano. Y Jesús dijo, verso 10: Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. ¿A ti te gustaría sorprender y hasta maravillar a Jesús? Si, ¿Verdad? ¿Y qué fue lo que sorprendió a Jesús? ¡El se lo dijo con absoluta sinceridad, de esa misma que tanta falta hace en nuestros ambientes! La verdad es que no he encontrado en todo Israel tamaña calidad de fe como la que tú tienes.

Eso le dijo. Jesús creó la fe con autoridad. Él estaba sorprendido. Este hombre entendió autoridad, dijo. Reino. Dominio. Autoridad.  Vamos con el broche de oro. Mateo 10:1 = Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. A ver; los demonios no los estaban escuchando a ellos, estaban escuchándolo a Él.

Porque fíjate que en ningún momento dice que les dará poder para echarlos fuera, sino autoridad para hacerlo. En una época yo era supervisor en un sector de una empresa siderúrgica. Y tenía un familiar directo al cual había ayudado a ingresar en esa empresa, que era un obrero raso, como todos los que comenzaban a trabajar. Y había días que yo tenía que supervisar su trabajo y él respetarme como su supervisor. Luego, cuando regresábamos a casa, nos tratábamos como los parientes que éramos, pero en la empresa no.

Y no porque yo fuera quien era, sino porque representaba a los directores. Mi pariente no me obedecía a mí por mí, sino a quienes eran sus patronas y le ordenaban trabajos por mi intermedio. ¿Se entiende? Mateo 3:13 = Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. ¡Era su primo! Pero se sometió a su autoridad. A ver. Jesús vivía en un lugar pequeño, en la casa de sus padres. Y durante treinta años de su vida, hizo o no hizo lo que las autoridades del lugar disponían que se podría hacer o no hacer.

O sea que lo que estoy queriendo mostrarte es que Dios, durante todo ese tiempo, se sometió nada menos que a un montón de gente a la cual había creado. Y recién a los doce años se atrevió a decirle a su madre: Mujer, en los negocios de mi Padre debo estar. En otras palabras: ¡Mamá, yo sé a lo que fui llamado a hacer! ¡Yo fui ungido! ¡Yo soy un hombre de Dios! ¡Yo conozco mi propósito! Conozco mi vida, mi asignación, soy un hombre de destino.

Pero el próximo verso de ese texto dice que se volvió a su casa y se sometió a sus padres. Cuando su reloj biológico le mostró que había cumplido sus treinta años, dijo que el momento de iniciar su ministerio había llegado. ¿Y por qué esperó hasta tener treinta años? Porque ningún hombre podía ser nombrado Rabí, si no tenía treinta años de edad cumplidos. Para ser más claro: nadie podía hablar en público de lo que fuera, si no era un rabino.

Y nadie podía ser un rabino si no tenía treinta años de edad cumplidos. Esto te está diciendo que Jesús comenzó su ministerio cuando supo que estaba cualificado y con suficiente autoridad divina como para hacerlo. Hoy, todavía, aparecen hombres o mujeres que se lanzan a hablar del evangelio sin estar cualificados y, por consiguiente, sin autoridad divina que los respalde para hacerlo. A los resultados de eso, todos los hemos podido ver.

¿Qué hubiera hecho cualquier hombre como nosotros con la directiva por parte de Dios de comenzar un ministerio? Imprimir tarjetas, folletos, letreros, comprar espacios en la televisión, en las emisoras radiales, comenzar un período de alto marketing mediante las redes sociales y todo eso que tantas veces hemos visto en tantos hombres y mujeres a punto de comenzar algo. Jesús no hizo nada de eso. Él, lo primero que decidió hacer, fue ir a ver a su primo Juan.

¿Por qué? Porque Juan, independientemente de ser su pariente, en ese momento era la autoridad más contundente de Dios en la tierra. Imagínate la reacción de Juan. Él sabía quien era Jesús y a qué había venido a la tierra. Su madre se lo había contado. ¡Se quería matar al verlo de rodillas ante él esperando ser bautizado por algo que el mismo Juan sabía que no necesitaba! Jesús nunca necesitó ser bautizado para perdón de pecados simplemente porque no los tenía. ¿Qué le respondió Jesús?

Deja, es necesario que cumplamos con toda justicia. La palabra justicia significa “la posición correcta”. Juan, dijo. Tú tienes el poder, pero yo tengo la autoridad. El problema más grave de la iglesia, hoy, es que tiene un montón de gente poderosa, pero que evita la autoridad. NI bien Jesús se arrodilló, los cielos se abrieron. Si tú, hoy, no puedes arrodillarte ante nadie como autoridad, es probable que los cielos se mantengan cerrados. Y no estoy hablando de las nimiedades a veces infantiles que vemos en las congregaciones.

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04 – Señor; ¡Sácame de Aquí!

Muchas personas siguen convencidas hoy día que el Reino de Dios es una especie de nube sintética donde habrán de ir a sentarse los salvos para disfrutar, vaya uno a saber de qué manera, de la vida eterna. Lo que todavía no han llegado a entender es que el Reino es mucho más que eso, y que se encuentra en una dimensión totalmente diferente a todo lo que conocemos. Buscar el Reino para reposar, es buscar en vano. Dios quiere que vivas un nivel superior. Hasta que tú no vivas en el nivel que Dios quiere que vivas, no vas a tener reposo.

Lucas 11: 1-4 = Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a quienes nos deben. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal.

Lo primero que voy a decirte, es: mi hermano, cualquiera sea la función, el cargo, la posición o la jerarquía que ocupas en la organización eclesiástica, no te permitas ser manipulador de almas. Ni se te ocurra cobrar algo por perdonar a alguien. Dios no te cobró nada a ti. Cuando los apóstoles le preguntaron al Señor como orar, Él les dijo que lo hicieran de la manera escrita en el pasaje leído que, si tú quieres que te lo transcriba a idioma sencillo, fue algo así como: Pídele al Padre que aquello que opera en el cielo, opere en la tierra. Pídele al padre que según funciona el Reino en el cielo, queremos verlo funcionar en la tierra…

A través de la historia podemos comprobar que se han levantado grandes controversias en el pueblo de Dios. Cada vez que Dios revela una verdad a su iglesia, a su nación, se levantan extremos. Hay una parte que rechaza todo lo que recibe. Hay otra parte que lo recibe, pero exagera y aborta todo lo anterior, dando por cierto y único lo nuevo. El péndulo comienza a moverse entre los obstinados que dicen: “No puede ser Dios; yo tengo más de veinte años en esto y siempre se hizo así”. Y los otros que responden diciendo: “Tú eres un anticuado, nada de lo que has aprendido sirve, y esto ahora se hace así.” Los dos están mal.

Aquí es donde aparece lo que podemos llamar el remanente. Es el pueblo que, recibiendo una verdad, la madura y luego la ejecuta, y se queda a la espera de recibir la próxima. Cuando esto ocurre, no se destruye lo anterior, sino que se acrecienta su conocimiento y continúa creciendo de gloria en gloria.  Muchos se preguntan cuál es realmente la verdad. Obviamente, la verdad no puede ser de ninguna manera todo lo que hemos aprendido. De ser así, Dios jamás nos hubiera dejado dicho que escudriñáramos las Escrituras.

¿Para qué necesitaríamos escudriñarlas si lo que aprendimos ya era todo y no necesitábamos más? Toda la verdad de Dios está presente, pero la iluminación o la revelación, es progresiva. No podríamos en modo alguno tomarlo todo de una vez. Si tu temor es caer en falsas doctrinas, o ser víctimas de un falso profeta, habrá que convenir que como temor es lícito y atendible, pero hay algo más que debes saber: No puede haber algo falso que no haya sido sacado de algo cierto.

No puede haber una copia si no hay un original. No se puede pervertir lo que no existe. Por lo tanto, cuando hablamos de falso profeta, no es nada diferente que hablar de falso pastor, de falso evangelista o de falso maestro. Lo que es falso es la persona, no el don. Un falso profeta es una persona que usa el don con malas motivaciones, con intereses particulares o personales, o por ambiciones de poder terrenal y humanista.

De ninguna manera puedes correr el riesgo de abortar la verdad por miedo a los extremos. Siempre tienes una Biblia para escudriñar y no dejarte convencer por lindas palabras, así hayan emanado de la boca de la figura, la figurita o el figurón que se te ocurra con nombre y apellidos ilustres. La Palabra de Dios no se contradice. El Reino funciona prolija y aceitadamente. Las congregaciones, no siempre. Hay una diferencia: el Reino es jurisdicción de Dios. La iglesia también debe serlo, pero no siempre lo es.

La palabra Reino es la palabra BASILEIA, y significa: “Fundamento de poder o una influencia.” Es un territorio o una jurisdicción, es el dominio del rey. Son los súbditos que se someten al rey los que constituyen su Reino. Es un ámbito o una dimensión. También puede ser una especie, (Por ejemplo el Reino Animal). Cuando hablamos de Reino, hablamos de jurisdicción o del área donde tú tienes dominio. Si tú me invitas a predicar a tu iglesia, pastor, cuando yo esté en el púlpito, tendré la autoridad. Pero el dominio seguirás teniéndolo tú donde quiera que te encuentres.

Todos nosotros tenemos autoridad hasta donde nos es delegada cuando entramos en Reino ajeno. Esto es importante, porque nosotros siempre hemos aprendido que el Reino es una nube, con un cielo y una casa no sabemos dónde, pero eso es un problema porque Reino es donde Dios tiene autoridad. Y es notorio que Dios tiene autoridad en el cielo, en la tierra, en el infierno y en todas partes. Así que el Reino incluye un lugar, pero no se restringe de ninguna manera a un lugar. El Reino es donde Dios tiene influencia. ¿Tiene influencia Dios en ti y en tu vida? Entonces tú eres parte del Reino de Dios.

Salmo 145: 13 = Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones.

Muchos comparten la opinión (Se supone que, como producto de estudios, claro está), de que el Reino está suspendido hasta el milenio. Aquí parecería haber una escritura que no sólo rebate esa posición, sino que la deja sin efecto, ya que dice que es en todas las generaciones.

Salmo 146: 10 = Reinará Jehová para siempre; Tu Dios, oh Sión, de generación en generación.

Convendría, en este punto de las cosas, recordar algo que en el plano simbólico tiene mucho valor. Es una auténtica tipología que cobra vida cuando se la necesita. Sion es, al mismo tiempo, tipología de la Iglesia.

Hebreos 2: 7 = Le hiciste un poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos.

Aquí se habla de Jesús. La obra de las manos de Dios. (La Creación toda, la autoridad toda, el Reino todo), fue cedido a él. ¿Cuándo ocurriría esto? Según algunas posiciones, debería ser cuando regrese, pero la Escritura aquí es bastante clara en el tiempo que usa: cuando subió, ya pasó.

Mateo 28: 17 = Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

Vamos a ver: ¿Cuándo debería ser hipotéticamente eso, mañana quizás? No. Se le entregó, dice. Ya se le entregó. Y no sólo en el cielo como muchos pueden verlo con facilidad, sino también en la tierra, Es decir: AQUÍ Y AHORA.

Colosenses 1: 13 = El cual nos ha librado de la potestad (De la autoridad, del dominio, del derecho) de las tinieblas, y trasladado (Está en el verbo en tiempo pasado, ya llegó), al reino de su amado Hijo.

Aquí Jesús le está diciendo al judío del relato que el Reino de Dios será quitado de ellos y será dado a otra gente. Muy bien. No sigas esperando lo que ya aconteció. Ya lo tengo. Ya lo tienes. Ya les fue quitado.

Lucas 12: 31-32 = Más buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. No temas, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

Es imposible darte algo que no viene hasta mañana, ¿No te parece? Quiero decir que cuando te mueras, no puedes buscar nada. Es ahora cuando tienes que buscar. Buscad primeramente el Reino, de su influencia, de su autoridad, de su poder, de su propósito, de su objetivo. Piensen como un rey o un embajador, primero: yo corro con la cuenta dice el Señor. Los embajadores no se preocupan por los gastos o esfuerzo de sus misiones de trabajo: su gobierno, su reino, es el que paga todo.

Mateo 11: 12 = Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

Muchos tenemos la imagen de un Reino de los cielos en las nubes. ¡Paf! En las nubes no hay modo que haya violencia. Porque es el Reino DE los cielos, no el Reino EN los cielos, ¿Entiendes? Ya fue dicho: Si tú te vienes de inmigrante a Argentina, estás EN Argentina, pero eres DE donde hayas nacido.

Mateo 3: 1-2 = En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Al Reino de Dios se ingresa cuando se nace de nuevo. Es decir que tú entras cuando naces, no cuando te mueres. Ahora hay que manifestarlo. El Reino no es una nube; es una autoridad delegada. Pero entiende por favor: es cuando naces de nuevo, no cuando comienzas a ir a un templo.

Mateo 4: 17 = Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Cristo está poco más de tres años en la tierra, y en el Libro de los hechos, cuando comienza a despedirse de la gente, antes de irse, da un tremendo seminario de cuarenta días sobre el Reino de Dios. Pablo, en la ciudad de Roma, vieja ya y en el final de su ministerio, en el último capítulo de hechos y en el versículo 23, dice: Vinieron a él muchos de la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde.

En el mismo capítulo, versos 30 y 31, leemos: En una casa alquilada recibía a todos los que a él venían y les predicaba el reino de Dios. Ese, que era un mensaje altamente popular en el marco de la iglesia primitiva fue, por otra parte, el único mensaje que Cristo predicó. Tiene que ser restaurado. Y muchos se han equivocado, y no han entendido la restauración. Porque el producto de nuevas alabanzas, no es solamente la innovación de nuevos instrumentos. El producto de nuevas alabanzas es producto de una nueva mentalidad, y es imposible entender restauración, sin primero entender el verdadero mensaje de la Palabra de Dios.

Y la razón por la cual todos estamos como que no sabemos para donde ir, es porque restauramos todo menos el mensaje. Es más: si hoy observas con atención, los mensajes mayoritarios son relatos con una moraleja a modo de reflexión. ¿Sabes cómo se le llama a eso? Fábula. Empezamos al revés. El mensaje cambia tu manera de pensar y ese cambio es el que efectivamente produce un cambio total en la ministración. Lo que necesitamos saber es cual es el mensaje del evangelio y, se crea o no, el setenta por ciento de la iglesia lo desconoce.

Cuando la iglesia predica tanta destrucción en los tiempos finales y tenemos tantos maestros proféticos en la televisión o la radio, hablando de si Gog, que si Magog, y que ya mismo explota el planeta, esas no son buenas nuevas. Esas no son buenas noticias. Eso no es un buen mensaje. Jamás se lo predicaría yo a mi hijo. Eso no es servir al Señor. El temor no puede ser el ancla para traer a la gente al Reino de Dios. Y Buenas Noticias (Evangelio), no es precisamente predicar que tu ciudad va a estallar.

Todo evangelio que carece de buenas noticias, no es evangelio de Dios. Toda palabra que no tiene esperanza, no proviene de la boca de Dios. ¿Tú tienes idea qué ocurre en el ámbito espiritual cuando te conviertes por miedo? Entras al Reino del brazo del que tiene el imperio del miedo. ¿Recuerdas quién era? Ahhh.

Marcos 1: 14-15 = Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

La esencia del mensaje del Reino es que no tenemos que esperar nada; lo que tenía que pasar ya pasó. Creed en este evangelio. ¿Cuál es la noticia del Reino? Que había un rey llamado Satanás que ya no lo será porque fue destituido. Yo voy a ser instituido rey y comienza un nuevo Reino: el Reino de Dios. Que comienza a crecer cada vez que alguien nace de arriba. Es la piedra cortada sin manos (Cristo) que después se convierte en un monte que llenará toda la tierra: la Iglesia.

De manera que el Reino tiene mucho que ver con un tiempo ya cumplido. Sigue aumentando progresivamente y no cancela manifestaciones literales futuras. Pero Dios es el mismo ayer, hoy, mañana y siempre. Dios es Rey. Ayer-Hoy-Mañana-siempre. Y Dios reina. Ayer-Hoy-Mañana-siempre. Dios tiene súbditos. Ayer-Hoy-Mañana-Siempre. No tiene principio, no tiene fin; es de generación en generación. No lo puedes suspender con tu doctrina.

Cristo predicaba, y los sencillos y simples lo entendían. Los que se enojaban eran los fariseos. Nosotros predicamos esto hoy y habrá fariseos que en este momento se están enojando. Pero también habrá simples de corazón que estarán entendiendo. Dios los bendiga. Él usaba parábolas; traía un ejemplo físico y literal para expresar un principio espiritual. No me refiero a que Cristo ya comenzó un reino literal, donde él se sienta en un trono literal y terrenal y está reinando ahora en la tierra. En una ocasión, cuando vieron la multiplicación de los panes y los peces, quisieron venir a buscarlo para convertirlo en rey.

La iglesia ha asumido una mentalidad judaística, siempre otorgando a Israel literal y nacional una victoria final más soberana que la nuestra. Si Cristo hubiese venido para ser rey de los judíos, lo hubiera sido: ¿Quién lo habría podido impedir? Pero el caso es que cuando los judíos quisieron buscarlo para convertirlo en rey, Él se escondió. En Juan 18, cuando quisieron apresarle, Él dijo: Mi reino no es de este mundo. En el original no lo dice exactamente como lo leemos aquí. Tiene un agregado que resulta muy importante. Dice: Mi reino no es de este mundo, AHORAEl verbo es presente, continúa.

Muchos se preguntan: ¿Debe la iglesia estar involucrada en política? No. La iglesia está por sobre la política. Tú y yo tenemos derecho a entrar al trono de Dios y atar y desatar lo que queramos o no queramos aquí en la tierra. Ahora bien: ¿Qué son las parábolas? Son metáforas, ejemplos. Hablan de cosas literales para que tú entiendas principios espirituales. Y si no, fíjate. Según la Palabra somos: Ovejas, Siervos, Hombres, Luz, Trigo, Cuerpo, Casa, Morada, Semilla, Soldado, Árbol, Novia. Esto último, aunque seas hombre, claro está.

También dice que somos: Ejército, Pan, Nueva Creación, Reyes. Nación Santa, SacerdotesY fíjate que tú te plantas frente a un espejo y descubres que, desde lo literal y natural, tú no eres exactamente ninguna de estas cosas. La iglesia ha optado por ser NOVIA y ha abortado el resto de las características y adjetivos. En todo podemos ver el trasfondo espiritual, salvo cuando llegamos a Israel; allí todo sigue siendo literal. Dios no es un Dios nacionalista. Abraham era gentil, su hijo Isaac también, Jacob también.

Decidió humillarse delante de Dios y, como se humilló, se le dio un adjetivo: Tú eres un Israel. Eres un príncipe con Dios. Seguía siendo gentil. Israel ahora tiene doce tribus. Todos gentiles. Son israelitas por Jacob. No tienen nada que ver con una nación. Dios quiere todo linaje, toda lengua por igual. Dios no es judío; Dios es Espíritu. Como ejemplo, la parábola del Sembrador. No hace falta que se la detalle aquí, porque tú la conoces muy bien. Dice que Alguna cae junto al camino. Esto significa que cae junto al evangelio, no adentro. El evangelio está allí, pero esta semilla solamente toma de él lo religioso y ritual.

Otra dice que cae pero que no tiene mucha raíz. Esto habla de la inconstancia. Otras, dice que se ahogan por las cuestiones del mundo. La avaricia, por ejemplo. Y una cuarta parte de este terreno da fruto y, de esta cuarta parte, sólo una tercera parte produce ciento por ciento. En la minoría siempre está el Remanente; el terreno fértil y bueno.

Parábola del Trigo y la Cizaña: Mateo 13: 24-30 = Les refirió otra parábola, diciendo: el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces también apareció la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿No sembraste buena semilla en tu campo?

¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged al trigo en mi granero.

No busques la congregación perfecta; no la hay. Si encuentra alguna, cuando tú llegas, tú la dañas. Pero por favor: Congregación, no iglesia. Porque la iglesia del Señor, SI es perfecta. Además, el pasaje es claro: “Recoged primero la cizaña”. Esto es: La cizaña se va primero. ¿Arrebatamiento? ¡¡Amén!! ¡Pero cambia tu mapa!

La Parábola de la Semilla de Mostaza: El Reino es semejante a un grano de mostaza; comienza insignificante y termina, por multiplicación de tamaño, arrasando con todo, no yéndose en fuga. No importa donde la siembres; está destinada a quedarse con todo. Esta es la enseñanza de la parábola.

Parábola de la Levadura: De las tres medidas: es una ósmosis del Reino de Dios. Empieza por aquí y lo leuda todo. El verdadero Reino de Dios donde lo plantas, prepárate; porque es un Reino que trasciende. Es más poderoso que todos los reinos de la tierra, cuando tú lo crees. Es imposible plantar el Reino y que no se quede con todo. Tenemos más fe en destrucción que en restauración. Se nos hace más sencillo pensar en catástrofes que en restauración social. ¿A qué Dios estás sirviendo? Los discípulos ven que se les complica toda la teología y le piden, una vez que se han ido todos los que vinieron por los peces y los panes, que les explique A ELLOS la parábola.

Mateo 13: 36-41 = Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo. (Aquí se utiliza el término KAIROS, es decir: tiempo, era).Y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Es indudable: el juicio comienza en la casa de Jehová. ¿Cómo vamos a juzgar al mundo si operamos en el mismo espíritu que el mundo? Él va a recoger de entre su Reino a todo lo que parece, pero que no es. A la forma de religión que niega el poder de la misma. La Palabra de Dios sale de varios modos distintos, no necesariamente del que te gusta a ti. Amo al pecador como cualquier evangelista, pero no le predico al mundo, le predico a la iglesia. Hay muchos en la iglesia que parecen iglesia pero que no son iglesia. Alguien los tiene que alcanzar.

Mateo 13: 42-43 = Y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.

Es simple: antes no pueden resplandecer porque cada vez que se mira la iglesia se ve un doble mensaje, un doble ánimo. Se ven algunos buenos, pero otros pésimos. Eso no atrae a nadie, pero cuando Dios la limpie, las naciones van a venir, porque van a ver la gloria de Dios en la iglesia.

Mateo 13: 44 = Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

Dijimos que el que siembra la semilla es Cristo. Dijimos que la semilla son los hijos del Reino. Dijimos que la cizaña son los hijos del malo. Que el enemigo es el diablo y que la siega es el fin del siglo. Si retrocedemos, vemos que el verso 24 dice que “El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en SU campo”Y más adelante, el verso 31 añade que El reino es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en SU campo.

Sin embargo, en el verso 41 declara que Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su REINO, a todos los que sirven de tropiezo e iniquidad”. Cambió la palabra CAMPO por REINO. Estaba sembrando en su campo, pero después vino a recoger de su reino. Te dije que Reino no es solamente los súbditos, (La iglesia), sino la jurisdicción donde funciona el poder de Dios. Hay miembros en el Reino de Dios que no son redimidos, (Los ángeles). Son parte, son compañeros suyos, son administradores para los herederos de salvación.

Dice que un hombre, (CRISTO), encontró un tesoro; que lo vio pero que lo escondió. Por eso Cristo habla en parábolas. Cristo camina, y comienza a recibir el verdadero propósito. Un tesoro, los hijos de Dios reinando sobre la Creación. Pero no puede divulgarlo, porque dice la Palabra que si Satanás o cualquiera de sus príncipes hubiera sabido que Cristo había venido para hacer lo que hizo, jamás lo hubieran crucificado. Tuvo que callar. Encontró un tesoro, una verdad, una revelación, pero no pudo tirarles perlas a los cerdos.

Por eso y para eso son las parábolas, para que los que son de Dios las entiendan y vivan sus principios sólidos, y los que no son de Dios se confundan y no sepan de qué se está hablando. Los fariseos siempre se enojan, pero los sencillos siempre aprenden. Está gozoso porque encontró claridad en un principio de Dios: que sus hijos reinen. Pero se acuerda que Satanás tenía derecho legal sobre la tierra; que el mayordomo del planeta era Adán, pero que en desobediencia le había entregado ese título de propiedad a Satanás.

Entonces Cristo no podía hacer nada en cuanto a su revelación porque no le pertenecía la tierra para hacerlo. ¿Cómo? ¿Es el Hijo de Dios y no pudo hacer nada? Entiende: por derecho legal, no por falta de poder. Dios jamás transgrede sus propias leyes. ¡¡Es Dios!! Entonces, gozoso por lo que encuentra, lo entierra de nuevo y dice Hebreos 12 que “Por el gozo que había delante de él, fue hasta la cruz.” Y en Filipenses dice que dejó toda reputación, y no escatimó ser igual a Dios y se redujo en semejanza de hombre y fue hasta la cruz y compró el campo, compró la tierra.

Por eso la tierra tiembla a media tarde, por eso el sol se avergüenza cuando su sangre toca este planeta, redime el título de propiedad para entregárselo a los verdaderos hijos de dios. El Reino de Dios… es… ¡¡AHORA!! ¡Tu ciudad te pertenece! ¿Te puedes imaginar, ahora, la bofetada que recibe Dios cuando tú le pides: “¡Señor! ¡Sácame de aquí!” ?? ¿Cómo crees que podrá reaccionar Dios ante tu clamor? ¿Qué crees que podrá decirte en esa instancia?

“Miserable, ignorante, tú no sabes lo que yo he hecho por ti; tú no sabes que yo he creado todo esto par ti; todo lo hice para ti; lo perdiste y lo volví a redimir, di mi vida, ahora estoy confinado a un cuerpo.” “Yo estaba en todas partes, ahora soy un cuerpo y dependo de ese cuerpo en la tierra para hacer lo que quiero hacer ¿¿Y todavía me pides que te saque de allí??” Es una bofetada en la cara de Dios decirle “Sácame de este infierno” No es un infierno. La tierra es buena y te pertenece. Es una mentalidad distinta. Cuando entiendes eso, entiendes todo.

No somos peregrinos, somos embajadores. “Pero hermano…es que nosotros tenemos un destino en un tiempo lejano…” Muy bien; cuando llegue ese tiempo lejano me encargaré de ese tiempo lejano; hoy tu trabajo y el mío es el de administrar el sector que nos corresponde en el Reino de Dios. Es el ahora y el después del Reino. Sin un ahora, no hay un después. Y no se trata de escatología, es una mentalidad. Puede ser que afecte un tanto la escatología, pero no es un mensaje escatológico. El movimiento profético no tiene nada que ver con la escatología.

ESCA habla de los tiempos finales y LOGOS habla de la Palabra, y cuando los judíos hablaban de escatología, hablaban de promesas futuras. En el Nuevo Testamento no hay ninguna promesa futura, porque el ESCATOS ya había llegado.Y el ESCATOS de Dios es Cristo. La última palabra. Hablar de escatología, hoy, es hablar de la cruz. ¿Qué tenía valor entonces, el tesoro o el campo? ¡¡El campo!! Él compró el campo. Lo hizo todo para redimir el campo para poder tener derecho legal.

Por eso dijo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”. ¿Cómo podría tener derecho a atar principados, dominios y potestades, si no tuviera legítimos derechos?  ¿Cómo vamos a militar en guerra espiritual y después salir corriendo en una gran fuga? ¿Cómo vamos a hablar de restauración y enseñar a través de la Palabra que la tierra va a ser destruida? ¿Cómo vamos a decir que reinamos en Cristo y que toda rodilla se dobla, pero se lo vamos a entregar al Anticristo? ¿No decimos que toda rodilla se dobla? ¿El Anticristo tiene rodillas? Si no las tiene, se las vamos a colocar. ¡¡Todo demonio se va a doblar ante el poder de la iglesia de Dios!!

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