Probando los espíritus

Normalmente, los principios básicos que rigen las vidas de las personas, tienen que ver con la voluntad y el propósito de Dios. Y no estoy hablando de las vidas de los cristianos, estoy hablando de la vida de toda la humanidad.

En Argentina hay una suerte de refrán, de adagio o pensamiento popular que asegura, cuando a alguien no le va bien en sus actividades en el marco del sitio donde ha nacido y se ha criado, que dice: “Nadie es profeta en su tierra”.

 Le puedo asegurar que el 90 por ciento de quienes lo mencionan, lo repiten y lo creen fielmente, no tiene  ni la menor idea de que esa frase viene de la mismísima Biblia. Es muy probable que si lo supieran, tal vez lo desecharían, ya que la Biblia en el marco de la gente culta e inteligente, no tiene crédito.

 La diferencia es que una gran mayoría piensa que esto es un problema de orden intelectual, pero los hechos nos dejan en clara evidencia que se trata de un asunto netamente espiritual. Muy bien: con la justicia, su esencia, su estudio y sus fundamentos concretos, ocurre exactamente lo mismo. Sólo un problema: no se puede articular la justicia conforme a la mente de Dios por parte de hombres que han elegido vivir fuera de Dios.

(Mateo 7: 1)= No juzguéis, para que no seáis juzgados.

Esto no se trata, como en más de una ocasión se ha enseñado casi con demasiado simplismo, de una prohibición de Jesús para con nosotros. Va mucho más allá. Tiene que ver con nuestra posición ante las cosas de la vida y hasta con la vida misma.

 Por eso es que en Marcos 4:24, Jesús les dice: Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aún se os añadirá a vosotros los que oís. Esto es así; A nosotros nos parece erróneamente que algo está pésimo y así lo decimos. Conjuntamente con nosotros, gente incrédulo ve lo mismo y dice lo mismo.

 Para ellos, la justicia si bien no será benévola, no tendrá esa carga que para nosotros sí tendrá: agregarle el mismo concepto con que nosotros nos manejamos. Ni se imaginen si fue un concepto de exageración sin otra intención que la de causar daño!

Así lo interpreta Pablo y así se lo enseña a los Romanos, cuando en 2:1 les dice: Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quien quiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.

 Y por si los creyentes de Roma les hubiera quedado alguna duda, a este principio lo reitera más o menos similar en el capítulo 14:10 cuando expresa: Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Un pequeño detalle para que usted tenga bien en cuenta: no dice que “todos ustedes, los cristianos, comparecerán ante el tribunal de Cristo”; dice que TODOS lo harán. Sean cristianos o no, sean creyentes o incrédulos.

 No importa si usted cree o no cree en Dios, del juicio de Dios no escapará. Hay un juicio para salvación y otro para perdición. Los creyentes, en todo caso, hemos optado por el primero. Y para que no quedara sin entendimiento la iglesia en Corinto, a ellos también en su primera carta 4:3 les habla de lo mismo señalando: Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aún yo me juzgo a mí mismo.

(Mateo 7: 2)= Porque con el juicio con que juzgáis (Esto es: con la misma intención, con la misma motivación) seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

(3) ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

Esto tiene mucho que ver con los defectos, con los errores o con las equivocaciones. Aún con cuestiones de fondo tales como el divorcio. Porque una cosa es sentarse en los cómodos sillones de la oficina pastoral a ayudarle a él a juzgar un caso de divorcio, con el hombre y la mujer sentados al medio en dos sillas que mucho más parecen dos banquillos de acusados, y otra cosa muy distinta, un día, sin culpas y sin haberlo buscado, usted es quien se encuentra en esas sillas y otros en los cómodos sillones, dándole letra al mismo pastor para que los discipline duramente, los exonere y hasta los expulse de la congregación.

Por eso, cuando me enfrento a un problema de divorcio, no puedo menos que sentir compasión y misericordia. Porque recuerdo a un enorme siervo de Dios que había pasado por una experiencia bastante dura y solamente le había quedado una reflexión: Dios quiera que nunca te suceda a ti…

(4) ¿O como dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?

(5) ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Vayamos por partes. Cristo no prohíbe la crítica, ni tampoco la expresión de opiniones. Tampoco lo hace con algún tipo de condenación por nuestra parte para con lo que pudiera estar mal hecho.

 Lo que sí prohíbe, en todo caso; o advierte sobre su inconveniencia, es para con la censura implacable que pasa por alto las faltas propias, mientras se asume el papel de supremo juez de los pecados de los demás. Es imperioso corregir nuestras propias faltas y resolver nuestros propios problemas antes de intentar corregir las faltas de otros.

Debemos dejar que cualquier actitud de juzgar a otros nos señale la necesidad de examinarnos a nosotros mismos por cosas que nos molestan de los demás. Siempre recuerdo un viejo decálogo del empleado fiel, colocado debajo de los escritorios de cientos de empleados.

Y recuerdo dos: “Si el empleado tiene sus ojos cerrados y la cabeza apoyada sobre sus brazos sobre su escritorio, el empleado duerme”. “Si el jefe tiene sus ojos cerrados y su cabeza apoyada sobre sus brazos sobre el escritorio, el jefe medita sobre soluciones laborales más productivas”.

Uno de los mayores énfasis en las enseñanzas de Jesús es como construir y mantener correctas relaciones con Dios y con la humanidad. El Señor ve estas relaciones, no como algo sin importancia o superficial, sino como la esencia de la cual está hecha la vida.

 Conocer a Dios es nuestra máxima prioridad, pero el procurarlo no debe reemplazar o disminuir nuestras relaciones interpersonales con los demás. Por el contrario, nuestra interacción personal con Dios debe hacer surgir entre nosotros las cualidades de carácter que edifican y sostienen todas nuestras relaciones. Hablo del Mandamiento Nº 17: Antes de levantarte en juicio para con otro, examínate a ti mismo.

(Mateo 7: 6)= No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Hay una palabra que aplicamos mal con relación al evangelio: Discriminación. Porque si bien toda discriminación parece ser mala, (racial, social, de piel), Jesús nos está señalando aquí con mucha contundencia, que al predicar el evangelio, inexorablemente deberemos discriminar.

 Porque predicar el evangelio a aquellos que en principio muestran una actitud abiertamente blasfema, no sólo es disminuirlo, sino también exponerse uno mismo al peligro. Los dos símiles que aquí se dan (Perros y cerdos), son indudablemente de origen judío y se refieren a invitar a paganos completamente indiferentes a unirse a prácticas de la religión hebrea.

 Si a esto no lo hemos cumplimentado debidamente, hasta ahora, ha sido sencillamente y solamente  por causa de nuestra falsa humildad, esa que nos hace pensar que es despectivo llamar cerdos y perros a personas. Nos olvidamos que si Él fue quien lo hizo, su regio motivo habrá tenido y nosotros no podemos menos que tenerlo en cuenta.

El proverbio 9: 7-8 expresa lo siguiente: El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor para que no te aborrezca; corrige al sabio y te amará. ¿Ha oído usted alguna vez hablar de necedad? Muy bien; a esto es a lo que se refiere aquí.

 La necedad de oír una corrección de nuestra conducta que sabemos perfectamente que es lícita y legítima, y elegir desoírla sencillamente porque se nos ocurre no aceptar nada de nadie, en el convencimiento de que nadie puede decirnos lo que tenemos que hacer. Eso es soberbia. Y si se da en el ámbito espiritual, mucho peor.

 Esto es parte de una sabiduría que deberá acompañar sistemática y matemáticamente al creyente durante todo su derrotero terreno. En el Libro de los Hechos, hay un relato que también tiene que ver con esto. Está en 13:44-45 y dice: El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando.

Observe lo siguiente: cuando el evangelio genuino es dado a los perros o cerdos (paganos, religiosos fariseos), la reacción es exactamente la que aquí se trasluce. Por eso es el consejo de Jesús que, al mismo tiempo, se transforma en el Mandamiento Nº 18: No llevarle la Palabra de Dios a quien no quiere oírla.

(Mateo 7: 7)= Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Este texto tiene varios correlatos que convendrá revisar para tener la noción exacta y el panorama mucho más abierto y claro sobre su significación, ya que no son pocos los sitios en los que se ha interpretado con demasiado simplismo y, en lo profundo, sólo ha traído más decepción y frustración al pueblo.

 Marcos 11:24 lo pinta así: Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Una sola pregunta: ¿Qué quiere decir cuando dice “todo”? Pues precisa y exactamente eso: TODO. Aquí el texto está emparentado con la maldición de la higuera, y la lección positiva que se puede extraer de esa maldición es el poder de la oración con fe.

Un monte, en ese caso, es el símbolo de un obstáculo, impedimento o problema insalvable. La fe es la llave que libera los recursos del cielo para enfrentar cualquier situación. ¿Pero será así de simple, sin condicionamiento alguno? Aquí no lo muestra, pero parecería ser que en Juan 15:7 es otra cosa, verdad?

Allí leemos: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Aquí está el punto. TODO nos será concedido si orando lo pedimos, siempre y cuando:

 1) Permanezcamos en Él y no en nuestras carnalidades humanas.

 2) Permanezcamos en su Palabra y no en consejos prácticos de la sabiduría popular.

Porque un poco más adelante, en 16:23-24, según Juan Jesús dice: En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Aquí está la otra clave importante:

¿Cuántas veces se ha arrodillado, usted, y levantando sus ojos al cielo ha clamado: ¡Dios! ¡Ayúdame! ¡Dame tal o cual cosa! Dios es bueno y seguramente ha respondido en más de una ocasión favorablemente a ese desesperado pedido. Sin embargo usted no lo ha hecho como Él lo ordenara, ya que no lo ha hecho EN SU nombre.

 Porque, ¿Sabe qué? El suyo es el nombre delante del cual se dobla toda rodilla y se cumplimenta toda palabra. ¿Le parecerá todavía un simple formulismo? No se equivoque, no lo es. Porque mire como lo enfoca Santiago:

Santiago 4:3: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¿Se da cuenta como se va reacomodando y al mismo tiempo acotando ese TODO inicial que parecía una puerta abierta hacia cualquier tipo de pedido?

 Entienda esto: Dios jamás va a responder favorablemente a una oración que solicita algo que se encuentra fuera de su propósito y de su voluntad. Porque el hombre tendrá todo el libre albedrío que a usted se le ocurra para hacer lo que le venga en gana, pero de allí a que pretenda que Dios le ayude, está listo.

Hacer que Dios envíe por oración algo que está en contra de sus leyes, es intentar manipular a Dios. Y eso, donde quiera que se haga y con los métodos con que se quiera realizar, es lisa y llanamente HECHICERÍA.  Juan, en su primera carta 3:22 confirma esto: …y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.

 Y por si no fuera suficiente, en esta misma carta pero en 5:14 y 15, se lee: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

La palabra PEDID que se utiliza en este versículo, es la palabra griega AITEO, y significa Ruego, Petición. Se dice que la palabra describe usualmente a alguien que le hace un pedido a otro que esta ocupando una posición más elevada o alta, a semejanza de un individuo que pide alguna cosa a Dios, es decir, como un súbdito a su rey o el niño a uno de sus padres.

 También se compara con el pedido de un pordiosero a una persona con suficientes medios económicos. Asimismo, la palabra denota pedir algo con insistencia, sin pena. De ninguna manera “exigiéndole” algo a Dios como hemos visto muchas veces hacer, pero sí presentando una sólida demanda de bendiciones.

(8) Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Este texto reproduce, de alguna manera, lo que podemos leer en el libro del profeta Isaías, cuando en 29:12 y 13, vemos: Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis con todo vuestro corazón. La respuesta a la pregunta sobre si usted quiere, verdaderamente, encontrar a Dios, es: búsquelo con todo su corazón, no con fórmulas, métodos, ritos o cualquier otra actitud externa.

(9) ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?

(10) ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

(11) Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Entienda por favor. “Buenas Cosas”, no “cosas interesantes”, “cosas de moda”, o “cosas que se nos antojan”. Sólo habrá que tener muy en cuenta cuales son las “buenas” cosas según la mente de Dios.

(12) Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, porque esto es la ley y los profetas.

 Los imperativos griegos que vamos a encontrar en el resto de este texto, (Pedid, buscad y llamad), están en tiempo presente, lo que sugiere una petición continua. La relación de padre a hijo evoca la humano-divina, y da pie para seguir elevando nuestras peticiones en una actitud de confianza filial.

Además, como una expresión de la ley del amor, la nueva versión de Jesús de la “regla de oro” judía, resume todo lo que Dios requiere de nosotros en relación con los demás. Mandamiento Nº 19: Haz con los hombres todo aquello que deseas que los hombres hagan contigo.

(Mateo 7: 15)= Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

Esto es total y absolutamente actual. Hay muchos “falsos” que pretenden ser guías cristianos, pero cuyo propósito real y es egoísta y destructivo. ¿Cómo probarlos? ¿Cómo estar seguros de no equivocarnos?

Prosiga esta lectura. Es mandamiento y al mismo tiempo sabiduría completa. Hay una manera. Pero ahora preguntemos: ¿Son solamente falsos los profetas de este tiempo? En absoluto. El diablo ha metido imitaciones más o menos pasables en cada uno de los cinco ministerios.

Por lo tanto, lo que aquí hallamos como “falso profeta”, es lícito no sólo para este ministerio, sino también para el apostólico (Y que no le quepan dudas que en este tiempo sobreabundan) para el profético, (Que es el del texto, y se ve invadido por mucha gente con espíritus de adivinación), para el pastoral, (Con la cuestión de que para liderar una iglesia, la organización religiosa y no la Biblia ha determinado que un hombre deba ser ordenado como pastor, cada día aparecen más asalariados ocupando esos espacios.

 Y no son confrontados ni desenmascarados simplemente porque nadie o casi nadie se atreve a predicar o enseñar sobre el asalariado o sobre los falsos hermanos, pese a que ambas cosas son absolutamente bíblicas), para el evangelístico, (Hay hombres que predican la salvación de Jesucristo, consiguen almas y luego se las apropian para su servicio personal) y para el del maestro, (Enseñando doctrinas falsificadas por la sabiduría humana, esto es: ligadas a lo humanístico, a lo filosófico, a lo dogmático, lo teológico académico o a lo psicológico, con disfraz de palabra que Dios jamás pronunciara.)

Hay un texto que tiene relación con lo que aquí se expresa, que no sólo le otorga las bases, ya que pertenece al Antiguo Testamento, sino que además descubre que cierto pecado no tiene nacimiento en el seno del mundo pagano sino en la propia iglesia. Se trata del que está en el libro del profeta Jeremías 23:15-16 donde leemos: Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: he aquí que yo les hago comer ajenjos, y les daré a beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra…

(Basta. No diga usted más que “el mundo hipócrita” no honra a Dios, porque ahora ya sabe por boca de Dios mismo, que la hipocresía nació en la iglesia, y no en el mundo incrédulo, impío, pagano y pecador) …Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; (Esto en idioma actual, se llama: Voluntarismo) hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. (Y a esto se le suele llamar: declaración victoriosa)

Mateo, en su evangelio y en varias páginas más adelante, lo expresa de dos modos diferentes pero coherentes, que nos tienen que hacer reflexionar muy seriamente y pensar en el futuro. Dice en 24:11: …Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos. (Stop. Piense:

¿En qué sitio del planeta se podría levantar un profeta? Acertó. En el único lugar en que puede ocurrir ese hecho, es en la iglesia.) Agrega el verso 24: Porque se levantarán falsos cristos, (Mesías), y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuese posible, aún a los escogidos.

 (Piense nuevamente: ¿En qué lugar podría levantarse alguien que, con mentiras y alguna que otra señal sobrenatural, podría engañar a los escogidos de Dios? Acertó de nuevo. En la iglesia, ya que fuera de ella, usted jamás creería ni una palabra por ungida que le pareciera ni una señal por milagrosa que fuera)

Pedro lo explica desde otro ángulo, desde otra perspectiva, desde otro plano. Toma para ello la amplitud de esta palabra y la resume en una suerte de consejo práctico para creyentes. Para que sean, en efecto, creyentes y no sencillamente crédulos aptos para cualquier engaño.

Dice en su primera carta 2:1-2: Desechando, pues, toda malicia, (Que es hablar de algo aparentemente inocente pero con un contenido real mucho más osado o mal intencionado) todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. (La única leche no adulterada es la que emana del pecho materno.

La madre espiritual es indefectiblemente La Iglesia, es decir: la asamblea constituida por los genuinos hijos de Dios. De ninguna manera esa madre puede ser reemplazada por: denominaciones, organizaciones, tesis teológicas o decisiones congregacionales. Los niños sólo crecen con la leche no adulterada. De otro modo son indefinidamente inmaduros.)

Juan establece sus propios fundamentos alrededor de este asunto, que como puede verse, no es ni menor ni de poca monta. En su primera carta 4:1, expresa textualmente: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

 (Esto nos deja en evidencia que los creyentes no pueden ser tan ingenuos como para aceptar indiscriminadamente los pronunciamientos de todos los profetas, los postulados de todos los apóstoles, las decisiones de todos los pastores, las enseñanzas de todos los maestros o los métodos de todos los evangelistas que pretenden ser de Dios, esto es, que hablan con autoridad e inspiración divinas.

Ciertamente, detrás de cada ministro hay un espíritu, pero puede que sea un falso espíritu, descrito aquí como “el espíritu del anticristo”, y “el espíritu del error”, no como “el Espíritu de Dios”, el cuales “el Espíritu de la Verdad”. Por lo que, teniendo en cuenta que hay muchos maestros de cultos heréticos que afirman ser mensajeros de Dios, debemos probar los espíritus que los poseen para determinar su origen. En su carta a los Tesalonicenses, Pablo da las mismas instrucciones.)

También desde la simbología profética del libro del Apocalipsis se toca este tema aunque, reconozcamos, desde un ángulo más contundente en su conclusión. Conviene leer el texto de tres versos completo porque contienen, en su contexto, una serie de aspectos íntimamente ligados con lo estructural.

Apocalipsis 16:12-14 dice: El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, (Esta es la trinidad satánica: Satanás, su diablo y su ministro) tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales…

 (¿Qué significan las señales? La palabra usada aquí es la palabra griega SEMEION, a la que podemos comparativamente colocar conjuntamente con: “semiología”, “semiótico”, “semáforo”. Es una señal, una marca, una prueba. Se utiliza para distinguir entre personas u objetos, para denotar una advertencia o admonición, como un presagio que pronostica acontecimientos futuros, para describir milagros y maravillas, que son alteraciones del orden natural, sea atribuido a la autoridad divina o a falsos maestros o demonios.

Recuerde: nuestra enorme “hambre” de milagros, puede llevarnos a aceptarlos hasta de los propios demonios. No todo lo sobrenatural proviene de Dios. Satanás también es sobrenatural.)

Como cierre, muy bien podemos utilizar el texto donde Pablo advierte y exhorta sobre esto. Allí, en el capítulo 20 y desde el verso 25 al 31, el apóstol expresa: Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verás más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos, porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos (Del seno de nuestras propias organizaciones, no desde el mundo exterior) se levantarán hombres que hablen cosas perversas (Torcidas) para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.

Este texto, observe con suma atención, no está dirigido de ninguna manera a aquellos que no tienen responsabilidades ni incidencia en el seno de las congregaciones. Está directamente apuntado a lo que llamamos “liderazgo”.

 Mejor dicho: al falso liderazgo, que es aquel que deja en evidencia estar más interesados en ellos mismos, en su estabilidad financiera, en su prestigio personal o denominacional, que en cuidar su rebaño. De los que tratan de que la gente los siga, en lugar de enseñarles que sigan a Cristo.

 De aquellos que buscan resultados rápidos que no requieran demasiados sacrificios. ¿Conoce usted a personas así? Tenga cuidado. Oiga, acepte, crea y ponga por obra lo que en definitiva es el Mandamiento Nº 20: No creerle a toda palabra “ministerial”.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez