Cuando los que administramos con la mayor fidelidad que tenemos un ministerio cedido a préstamo por el Señor como es el del maestro hablamos maravillas de la Palabra, los demás ministros o la gente del común suele sonreírse y aceptar lo que decimos sólo porque entiende que “nos gusta tanto la Biblia que por eso creemos que es lo más importante”.
Estoy dispuesto a aceptar que en parte, eso sea así. Porque sería, – desde el plano de lo natural -, lo más lógico conforme a la estructura del hombre en su ser interior. Sin embargo, la Palabra es el alimento del creyente, y Jesús prestó mucha atención a este punto y, es más, la Biblia está plena en relatos que tienen que ver con ese tema.
(Mateo 14: 13)= Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades.
Es notorio que Jesús se retira aquí de Galilea para evitar un conflicto prematuro con Herodes. Su muerte ocurriría de acuerdo con la voluntad de Dios, no con la de Herodes. De todos modos y como para entender el fenómeno-Jesús de ese tiempo, baste con imaginarse a una legión humana saliendo, a pie, desde la ciudad siguiendo a alguien sin ningún aval religioso oficial.
(14) Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.
Atención que aquí no dice que sanó a “algunos” de esos enfermos, o a los que tenían fe en Él, o a los que se mostraban creyentes. Sencillamente dice que, porque sintió compasión de ellos, sanó a los que de ellos estaban enfermos. Esto se interpreta de una sola manera: a todos.
La expresión TUVO COMPASIÓN que se usa aquí, es el vocablo griego SPLANCHNIZOMAI en los originales. Significa “Sentirse uno movido por la compasión profunda o piedad.” Los griegos consideraban las entrañas (SPLANCHNA) como el lugar donde se originaban las emociones fuertes y poderosas.
Para los hebreos, SPLANCHNA, era el lugar de donde surgían las tiernas misericordias y los sentimientos de afecto, compasión, simpatía y piedad. Por lo menos cinco de los milagros de Jesús son consecuencia directa de su compasión.
(15) Cuando anochecía, se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar está desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud, para que vayan por las aldeas y compren de comer.
(16) Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.
(17) Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.
(18) Él les dijo: Traédmelos acá.
(19) Entonces mandó a la gente recostarse sobre la hierba; y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud.
(20) Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas.
(21) Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
El milagro de los panes y los peces, es el único que aparece en los cuatro evangelios. Su significado puede captarse en el Sermón pronunciado por el Señor después del milagro, en el cual se proclamó “el pan de vida”.
Es más que notorio que si, tal como hemos expresado, este suceso es el único que Dios decidió que figurara en los cuatro evangelios, es indudablemente porque contiene una enseñanza, una revelación y un mensaje que está mucho más allá de un grupo de gente comiendo.
La cantidad de panes, cinco, simbolizando al número de la Gracia, los dos peces que tienen que ver con la obediencia, la suma de siete elementos, que es el número de Dios, el número de lo completo, el que significa algo así como: “todo lo que fuera necesario”, tienen que ver con el objeto del hecho en sí mismo.
Pero hay un aspecto esencial en este relato, que es el que indiscutiblemente nos deja la revelación amplia de su contenido. Jesús tomó los panes y los peces, oró por su multiplicación y bendijo todo, pero después, ¿Qué hizo? Se lo dio a sus discípulos, y estos a la multitud.
¿Por qué no se lo daría a la gente el mismo Jesús en persona? ¿Acaso por manejarse tal cual lo hacen las estrellas modernas del evangelio, que evitan el contacto con la gente para no ser “molestados” de sus altos llamados? No. Jesús actuaba, generalmente, de un modo totalmente opuesto. ¿Entonces?
Sencillo. Jesús está mostrando aquí que, si bien es Él quien produce el alimento básico para las multitudes, son sus discípulos los que deben estar atentos y preparados para recoger ese alimento de sus manos y dárselo a quienes tienen hambre.
Cuando los discípulos eligen no prestarle atención a las manos de Jesús y procurarles por ellos mismos el alimento que mejor les parezca para dárselo a la gente, ésta, obviamente, no es saciada y comienza un largo peregrinar por la vida buscando mejores pastos.
Aquí, entonces, hay unas palabras que Jesús les deja a ellos, pero también a todos nosotros, y que se transforman en el Mandamiento Nº 45: Dadles vosotros de Comer.
(Mateo 15: 10)= Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd y entended: (11) No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
Este es un práctico muy claro con respecto a cualquier clase de legalismo antiguo o moderno. Porque el legalismo no es una costumbre ni una tradición religiosa, es un espíritu diabólico enquistado en nuestras iglesias con el fin de desalentar, decepcionar, enojar y ahuyentar a los cristianos inmaduros.
Más tarde, Pablo sería mucho más amplio y específico con respecto a las modalidades legalistas de su tiempo, anticipando, asimismo, que nosotros también habríamos de padecerlo, y advirtiéndonos en qué consistirían algunos de sus requisitos. Leamos 1 Timoteo 4: 1-5 y reflexionemos:
…Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos (¿En los postreros tiempos de quien? De la iglesia. Tiene dos mil años. Ya podemos estar tranquilamente en esos “postreros” tiempos) …algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; (¿Cree usted que la iglesia, en la calle, se va a poner a escuchar espíritus engañadores y doctrinas de demonios? ¿No, verdad? Acertó. Esos espíritus y esas doctrinas nos serán predicadas desde algunos púlpitos, único modo en que la iglesia podría ser engañada)
…por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse (¡Oh!) y mandarán abstenerse de alimentos (¡Oh! ¡Oh!) que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, (¡Oh!) y nada es de desecharse, (¡Oh! ¡Oh!) si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.
Todo lo que Dios creó fue hecho para nutrir y traer salud a los seres humanos y es bueno para tal propósito, y ha de ser recibido con acción de gracias. Nuestras comidas deben ser precedidas por la palabra de Dios y por la oración, porque creemos que Dios bendecirá y santificará los alimentos que ingerimos. De esto habla el verso 11.
(12) Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra?
Le aclaro que lo que ofendió a los fariseos fue la palabra que usted acaba de leer. La que señala que no interesa a Dios en absoluto lo que el hombre HACE externamente, sino lo que el hombre ES internamente. Esto, que vivamente ofendió a los religiosos, tal como lo hace en la actualidad con los de nuestro tiempo, fue sumamente ampliado para los discípulos.
(13) Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.
Jesús, de alguna manera, al expresar esto, está citando palabras antiguas expresadas por el profeta Isaías. Las podemos ver en el verso 21 del capítulo 60 de su libro, donde señala: …Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme.
(14) Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.
Esta debe ser nuestra actitud hoy, y ahora, con las mismas alternativas. ¿No le ha sucedido a usted que, recibiendo una palabra fresca, renovada y tremenda de Dios, al querer compartirla, algunos hermanos lo han mirado como para asesinarlo? No se enoje, no se pelee con ellos, no quiera hacer que lo entiendan. Son ciegos. Y si están guiando a otros, el resultado es el que lee aquí.
(15) Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola.
Pedro aplicó sin proponérselo, un viejo adagio chino, que si bien no forma parte de la literatura cristiana, por el contrario, tiene otros orígenes, es innegable su sabiduría práctica, lo cual lo hace apto para examinarlo y adoptarlo si es bueno para nosotros.
Es aquel que dice que: “Alguien que pregunta algo muy sabido, que muy pocos ignoran, es altamente probable que pase cinco minutos por tonto. Pero quien no lo pregunta y elige quedarse con las dudas, puede ser tonto toda su vida. Pedro no tuvo en cuenta su status de discípulo dilecto del pastor: lo que ignoraba quiso saberlo y lo preguntó. ¿Cuántos hacemos lo mismo, hoy?
(16) Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento?
(17) ¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?
(18) Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y eso contamina al hombre.
(19) Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.
(20) Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.
Lo primero que Jesús está mostrando aquí, es que el corazón es la fuente de las malas acciones. Si tenemos en cuenta que “corazón”, par los hebreos, era equivalente a “alma” nuestra. Así que queda muy claro de donde provienen nuestros mayores problemas.
La afirmación sumaria de este versículo no sólo confirma la explicación que anteriormente Él les había dado, sino que también libera a los discípulos (Aquellos y nosotros) de su adhesión “obligatoria” a la tradición de los ancianos.
La gran pregunta, aquí, es: ¿Existen hoy, en la iglesia, tradiciones de los ancianos? Si lo tomamos desde el plano de la historia hebrea, seguramente que no, que todo eso ha cambiado incluso en el propio Israel.
Sin embargo, si prestamos debida atención a la mayoría de los postulados internos que las diferentes denominaciones poseen para su desenvolvimiento eclesiástico, podremos observar que sí, que hay una infinidad de tradiciones que se siguen manteniendo aunque no tengan absolutamente nada que ver con la Biblia. ¿Quién escribe estos libretos aparentemente religiosos?
De allí que cuando Jesús expresa estas reconvenciones y advertencias, está poniendo en vigencia lo que deberemos tener muy en cuenta en su carácter de Mandamiento Nº 46: Lo que sale de la boca y del corazón, contamina al hombre.
(Mateo 16: 5)= Llegando sus discípulos al otro lado, se habían olvidado de traer pan.
(6) Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
La levadura simboliza aquí la falsa doctrina de estos líderes religiosos. Los fariseos, entiéndase, eran legalistas que reducían la religión a fórmulas y ceremonias. Los saduceos, mientras tanto, eran racionalistas y materialistas; negaban los elementos sobrenaturales de la religión.
(7) Ellos pensaban dentr4o de sí, diciendo: eso dice porque no trajimos pan.
(8) Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?
(9) ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuantas cestas recogisteis?
(10) ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuantas canastas recogisteis?
(11) ¿Cómo es que no entendéis que no fue por el pan que os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y de los saduceos?
(12) Entonces entendieron que no les había dicho que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.
¡Es tan simple lo que Jesús está diciendo aquí, que verdaderamente no nos explicamos como todavía hay tantos pero tantos cristianos sinceros que no lo han visto ni entendido! Porque aquella vieja doctrina de los fariseos y los saduceos de reemplazar lo auténtico por fórmulas y ceremonias, no ha quedado en el recuerdo de la historia, sino que está vigente y activo en muchas partes.
Y son muy pocos los que entienden que esta, que en apariencia puede verse como una “pequeña” desviación, termina siendo el suicidio espiritual de mucha gente. De allí que Jesús convierte esta expresión en el Mandamiento Nº 47: Guárdense de las doctrinas falsas de los religiosos.
(Mateo 6: 13)= Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
(14) Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
(15) Él les dijo: Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?
(16) Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
(17) Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Lo de Pedro, mas que una respuesta circunstancial a una pregunta supuestamente casual, fue una confesión profunda de Jesús como Mesías prometido y como Dios. La respuesta de Jesús nos deja muy en claro que su deidad sólo puede ser conocida a través de la revelación divina. No hay forma intelectual ni natural que posibilite lograrlo.
Hay otros textos que de un modo u otro, corroboran esto. En 1 Corintios 15:50, Pablo dice: Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
A los Gálatas, en 1:15-16 les consigna: Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté enseguida con carne y sangre.
Y, finalmente, nos encontramos con el clásico y legendario versículo de Efesios 6:12, donde leemos: Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
(18) Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Cabe aclarar una vez más porque se han instrumentado decenas de doctrinas erróneas respecto a esta expresión, que la Roca no es Pedro como individuo, porque Cristo sustituyó la palabra PETRA, que es una roca colocada en el fundamento de una edificación, por PETROS, que es un fragmento de PETRA.
Lo que Cristo está diciendo aquí, es que Él mismo era la Piedra (PETRA) sobre la cual descansa la iglesia, y que la iglesia se construye con esta clase de piedras (PETROI) que participan de la naturaleza de PETRA, a través de la confesión de fe en Él.
Pedro, por lo tanto, es la primera de muchas piedras utilizadas en la edificación de la iglesia. La expresión de “las puertas del Hades” significa que, “el poder de la muerte” no es capaz de impedir el avance del reino, ni reclamar victoria sobre aquellos que pertenecen a Dios.
(19) Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Las implicaciones de este importante versículo son diversas y necesitan ser entendidas. La terminología de Jesús tiene elementos de simbolismo y, en el griego, da lugar a una compleja construcción; por lo tanto, se pueden hacer diversas interpretaciones.
Las llaves, sugieren autoridad. A través de Pedro, que sería una figura de la iglesia por las edades, Jesús está traspasando a la iglesia su autoridad o control de atar y desatar en la tierra. DE origen claramente rabínico, la metáfora “atar y desatar” tiene que ver con prohibir o permitir.
En otras palabras, Jesús establece que la iglesia recibirá la potestad de continuar con la privilegiada responsabilidad de leudar la tierra con el poder y la provisión de su reino. Por ejemplo, si alguien está atado por el pecado, la iglesia puede “desatarlo” predicando la dádiva de libertad del pecado en Jesucristo.
Si alguien está poseído por un demonio, la iglesia puede “atar” al demonio ordenándole salir, en la certeza de que sólo Jesús ha hecho posible esta provisión. La iglesia ata y desata de diversas maneras, y ciertamente debería extenderse mucho más allá del simple uso de estos términos en las peticiones de oración.
Termina este texto expresando que envió a sus discípulos a que no dijeran a nadie que Él era el Cristo, ya que aguardaba que a quienes se refugiaban en la fe, Dios mismo se lo revelara. Esto coincide con lo que es su Mandamiento Nº 48: Ustedes tienen toda la autoridad para atar y desatar en la tierra.