Una de las mayores riquezas que tiene la Palabra de Dios, la podemos encontrar en las parábolas utilizadas por Jesús durante su ministerio. Porque al margen de la poesía y el armado de cada una de ellas, contienen principios espirituales que sólo podrán ser vistos a través de la revelación del Espíritu Santo de Dios.
Hay una, concretamente, denominada como “La Parábola de los Obreros de la Viña” que, además de encerrar profundas enseñanzas en muchos ítems diferentes, también contiene mandamientos nuevos que Jesús dejó para todos nosotros.
(Mateo 20: 1)= Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña.
(2) Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
Esta parábola tiene su origen en la actitud que manifiestan los discípulos ante el servicio y las recompensas. Aunque se recibirán las recompensas, Jesús rechaza el deseo de servir por obtener recompensa en lugar de por amor.
La negociación casi gremial que el padre de familia tuvo con los obreros que pensaba contratar, no se escapó a lo que era regla casi inamovible en la época. Ese denario convenido, era el promedio básico que se pagaba por todo un día de trabajo.
(3) Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; (4) y les dijo: id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron.
Cabe aclarar para una mejor comprensión del relato desde el punto de vista lineal e histórico, que la llamada “hora tercera” eran las 9.00 de la mañana. Y tiene origen este episodio porque, por el contrario, cualquier clase de labores agrícolas se iniciaba a las 6.00 de la mañana o AM.
(5) Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. (Aquí se trata de la hora de la “siesta”, esto es: posterior al almuerzo: entre las 12.00 AM y las 3.00 PM).
(6) Y saliendo cerca de la hora undécima (Las 5.00 PM) halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?
(7) Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: id también vosotros a la viña, u recibiréis lo que sea justo.
(8) Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
Fíjese que el problema, en la parábola, surge por la orden de pagarle primero a los últimos. Esto, indudablemente, despertó las expectativas de los que habían llegado antes a la viña. El orden de arribo, es una tradición y costumbre nunca escrita, pero fielmente respetada en casi todos los sitios. De allí que esto desestructuraba, esencialmente las costumbres del tiempo y lugar.
En el libro de Deuteronomio, 24:15, vemos que pagar los jornales al atardecer no era un patrimonio de este señor de la viña, ya que allí dice: …En su día darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él sustenta su vida; para que no clame contra ti a Jehová, y sea en ti pecado. (Clarísimo: pagar fuera de tiempo era pecado. ¿Habría que tomar nota sindical de esto, verdad?)
(9) Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
(10) Al venir también los primeros, pensaron que habrían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.
(11) Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, (12) diciendo: estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.
Fíjese con mucho cuidado en este episodio. Si lo examina desde el ángulo de nuestra óptica social secular, no cabe ninguna duda que parece muy justo el razonamiento de los que habían trabajado todas las horas, en el sentido de suponer que merecían más que los que habían trabajado una sola hora. Sin embargo, el mundo es el mundo, y el Reino de Dios es el Reino…
(13) Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: amigo, no te hago agravio; ¿No conviniste conmigo en un denario?
(14) toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.
(15) ¿No me es lícito hacer lo que yo quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?
(16) Así los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.
Esta parábola, indudablemente, no tiene demasiado espacio para incluirle comentarios de hombre. Habla por sí misma y se revela por sí misma. El señor de la viña, que es nuestro Dios, tiene para darnos a cada uno de nosotros, un pago por nuestro trabajo en su viña.
Ese pago, ¿Tendrá que ser mayor para aquellos que se entregaron a Cristo cuando eran pequeños, que los que se convirtieron segundos antes de morir? Un gremialista diría que sí, que eso sería “muy justo”. Pero resulta ser que la justicia de Dios es muy diferente a la del hombre.
Y que además de esa clase de justicia distinta, hay un elemento que no siempre es tenido en cuenta por la gente creyente: Dios es Soberano. Y Soberanía, entre otras cosas y más allá de la fraseología teológica y religiosa, es algo así como: hago lo que quiero, como quiero y con quien quiero. ¡¡Es que no lo entiendo!! No lo entiendas; sólo créelo y confía.
Hay algo más: tiene que ver con el servicio. ¿No has oído decir que más que Dios te use, lo que realmente interesa es que Dios te apruebe? ¡Hermano! ¿No es lo mismo? No, no es lo mismo. Judas Iscariote, Saúl, Balaam, fueron usados, pero: ¿Fueron aprobados? Dios te llama, tú respondes y luego, conforme a tus respuestas, Él te escoge o no.
Está clara la enseñanza y la lección de la parábola. Está claro también la presencia del que viene a constituirse en el Mandamiento Nº 62: Muchos son llamados, mas pocos escogidos.
(Mateo 20: 20)= Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.
(21) Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.
Esta es una constante en la iglesia de hoy. Mientras algunos, como Jesús, siguen un camino de entrega en beneficio del prójimo, otros, representados aquí por la madre de estos muchachos, sólo piensan en sus status.
Este requerimiento contrastaba el autosacrificio que Jesús acaba de describir con las ambiciones de sus seguidores. La derecha y la izquierda, a la cual alude esta madre, son posiciones protocolares de honor en el reino consumado.
(22) Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: podemos.
El vaso se usaba como símbolo de una gran alegría o de una gran pena. Aquí hay una clara referencia a la muerte de Jesús y, más específicamente, al juicio de Dios sobre el pecado. El bautismo, aquí, significa ser sumergido en el sufrimiento decidido por Dios.
(23) Él les dijo: a la verdad, de mi vaso beberéis, u con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados, pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.
Fíjese usted que Santiago y Juan, (Pues de ellos se está hablando aquí), ciertamente sufrieron. Santiago fue el primero de los apóstoles en sufrir el martirio, y en sus últimos años, Juan también sufrió persecución y exilio. De acuerdo con la tradición cristiana, también fue martirizado.
(24) Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.
(25) Entonces Jesús, llamándolos, dijo: sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.
(26) mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor, (27) y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; (28) como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
La palabra RESCATE en este pasaje, es la palabra griega LUTRON. Viene del verbo LUO, que significa “desatar”. La palabra significa una liberación de la esclavitud o de la cautividad por medio del pago de un determinado precio.
El pecado exige una expiación, un precio que hay que pagar por causa de la pena de muerte que pesa sobre nosotros. Jesús nos regaló un rescate universal (Para muchos), de naturaleza vicaria. LUTRON define el precio que se pagó par cancelar nuestra deuda.
Creo, y más que creer así, sencillamente, debería decir que estoy totalmente convencido, que tengo certeza absoluta, que este texto que termina usted de leer y de analizar a la luz de la historia y de lo que el mismo Espíritu pueda ahora estar enseñándole, es el menos tenido en cuenta por la estructura eclesiástica que conocemos.
Porque Jesús dice que los amos del planeta (Y usted puede recordar en este momento los nombres y apellidos que conoce perfectamente por estar permanentemente en las cubiertas de todos los diarios y en las principales cadenas de la televisión internacional) se hacen señores de ellas.
Y eso es exactamente así. Porque si tomamos, por ejemplo, una nación con funcionamiento democrático, descubriremos que, en lugar de elegir a personas que de alguna manera trabajarán para ellos, el pueblo elige a gente que luego pasará a dominarlos totalmente.
Ni hablar de los países donde los sistemas de gobierno tienen que ver con otras particularidades y donde la población no tiene ni siquiera el derecho a optar o a elegir más o menos libremente por elecciones. Allí sencillamente es despotismo total y tiranía absoluta. Aquí también usted podrá inscribir nombres y apellidos que no es necesario que yo le suministre.
No hay manera evidente de salir de estos señoríos. La gente del común ya sabe con claridad a que atenerse con relación a sus gobernantes. Pero Jesús dice con total claridad algo que evidentemente nadie ha respetado: dice que entre nosotros, no será así.
¿Cómo será entre nosotros, entonces? En la Palabra misma está la respuesta que también ha sido ignorada. Dice que el que quiera hacerse grande entre nosotros, ese será nuestro servidor; que el primero, será nuestro siervo.
Esta palabra es muy utilizada dentro de los ambientes evangélicos. Si yo le digo a usted: ¡Cuidado que allí viene el siervo!, estoy seguro que la 0rimera reacción no será de ternura y simpatía, sino de precaución y hasta temor. ¿Por qué?
Porque siervo, hoy, en nuestra estructura eclesiástica babilónica, es casi sinónimo de líder indiscutido, de hombre infalible al cual no se le puede discutir ninguna de sus directivas, de un ser que está a la diestra de Dios y que es al único que el Señor estaría usando para que nos sojuzgue a todos nosotros. En eso se ha convertido este “siervo” del que Jesús habla aquí, indudablemente, con diferentes connotaciones.
Como consecuencia de todo este andamiaje mal estipulado y mal utilizado en beneficio personal de hombres con jerarquías humanas, salta a la vista el Mandamiento Nº 63: Ustedes no están para ser servidos, sino para servir.
(Mateo 21: 12)= Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas.
Cabe consignar que conforme al grado, tamaño o magnitud del pecado que se deseaba expiar, el sacerdote ordenaba una ofrenda determinada que podía ser: un buey, un cordero o una paloma.
Uno de los factores relacionados con las ofrendas, consistía en que todo el mundo observara al protagonista marchando hacia el altar con su ofrenda, y pudiera tomar conocimiento del grado de pecado que éste había cometido. La labor de cambistas o vendedores en el templo se había creado, precisamente, como forma de evitar esa humillación.
Además, los cambistas y otros mercaderes cometían fraude en sus transacciones. Jesús cumplió la profecía de Malaquías 3:1-3 por medio de otra parábola escenificada, para demostrar su autoridad mesiánica con respecto al fraude y comercialización del sistema ritual de sacrificios. Esta parece la segunda limpieza del templo realizada por Jesús.
Las organizaciones eclesiásticas actuales, salvadas muy pocas y honrosas excepciones, contienen en su interior con muy pocas diferencias, casi los mismos fraudes. Ahora ya no en forma de cambios de monedas u ofrendas de animales, pero sí en lo que tiene que ver con casetes, CD, libros y otras menudencias mal llamadas “cristianas”, pero que todo sabemos que no siempre son inspiradas desde allí, sino desde la necesidad económica de algunos artistas o autores fracasados.
(13) Y les dijo: escrito está: mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
Esto que Jesús dice aquí, tiene correlato en el libro de Isaías. Allí, en 56:7 se lee: …yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.
También en el libro de Jeremías hay una clara referencia a este asunto, cuando en 7:11, dice: …¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice Jehová.
(14) Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.
(15) Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dijo: sí; ¿Nunca leísteis: de la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?
(17) Y dejándolos, salió fuera de la ciudad a Betania, y posó allí.
Era tanta la religiosidad de los principales, sacerdotes y escribas que, pese a admitir que Jesús hacía ciertas maravillas que no tenían nada que ver con lo natural y que podían adjudicarse a un grado de divinidad manifestada, no aprobaban sin embargo que le rindieran alabanza por ello.
En otros órdenes, hoy está ocurriendo algo muy similar. Cuando dentro del ambiente evangélico tradicional, cargado de enormes discursos llamados “mensajes” y carentes de poder de Dios manifestado, aparece alguien que sí lo esgrime como mayor relieve, todos los líderes están dispuestos a reconocerlo, pero de ninguna manera a admitir que lo suyo es fraudulento y plagado de manipulaciones emocionales.
De allí que en este texto, aparecen dos sentencias pronunciadas por Jesús que dividiremos en dos fracciones con el fin de que cada una significa enseñanza, crecimiento y bendición a su pueblo: Mandamiento Nº 64: No hagan de mi casa una cueva de ladrones. Y el siguiente, Mandamiento Nº 65: De la boca de los que son como niños se ha perfeccionado la alabanza.