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Una Vez Más, Jezabel

 No es la primera vez que vamos a incursionar sobre este tema. No es la primera vez que alguien te va a hablar de Jezabel. No es ni nuevo ni desconocido para la mayor parte del pueblo de Dios, la actividad sencillamente satánica de este espíritu, que determina siempre una maldición.

Sin embargo, bien vale formularse la pregunta: ¿Por qué sigue causando graves problemas y por qué, todavía, le sigue proporcionando al infierno pequeñas y grandes victorias en sendas batallas? La guerra ya está ganada en la cruz del calvario, es cierto, pero mientras efectivizamos como cuerpo de Cristo en la tierra esa victoria, cotidianamente podemos estar perdiendo pequeñas escaramuzas, con heridos y hasta muertos en combate.

Las concepciones machistas y feministas no sólo han deteriorado al mundo secular, sino también a la iglesia. Porque aferrándose a una palabra cierta y genuina, en muchísimas congregaciones se ha producido una verdadera discriminación femenina.

Pero tomándose de esos errores, movimientos feministas a los cuales han adherido no pocas hermanas en Cristo, han desconocido la validez de la palabra, sus mandamientos precisos y claros y hasta las causas que su desobediencia pueden traerle a los transgresores.

La influencia de Jezabel tiene su raíz en la brujería, y hace que las mujeres renieguen de la protección y el lugar que les asigna la palabra de Dios. Porque esa Palabra no dice que son menos valiosas o importantes, ya que Dios no hace acepción alguna de persona.

Lo que sí especifica esa palabra, es que ellas tienen un grado físico de debilidad que las posiciona como dignas de protección y cuidado, (Vasos más frágiles), al tiempo que sólo cuando tienen el sacerdocio de su esposo en vigencia se transforman en imbatibles.

(Isaías 3: 12) = Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen el curso de tus caminos.

Isaías escribió estas palabras hace miles de años, pero son una buena descripción de la sociedad notablemente matriarcal en la cual los americanos hemos vivido por más de dos generaciones. La dominación femenina ha influenciado muchísimo, -y por épocas también controlado-, los sectores de la vida social y espiritual. Los resultados desafortunados de esta práctica son evidentes en las familias, las iglesias y el gobierno.

Cuando los hijos se crían en una atmósfera de temor, inseguridad y frustración, las familias carecen de fortaleza. Tales son los resultados, los productos que derivan de la sistemática castración de los hombres en el ámbito de lo social, lo espiritual, e incluso lo físico.

Existe una poderosa fuerza impulsora que opera a través de la dominación femenina y que ha convertido a las iglesias en grupos sin poder, llenos de discordia, calumnia y corrupción. Es la misma fuerza que ha invadido el terreno de las finanzas, el comercio, la religión, que se expresa con franca desfachatez por la magia y la brujería que afectan todos los niveles de la sociedad. Y esta práctica, que tiene su fermento inicial en Jezabel, tiene mujeres pero también hombres como adeptos, porque unas y otros utilizan y fomentan este poder para manipular y controlar a la gente.

La influencia de Jezabel tiene su raíz en la brujería y hace que las mujeres renieguen de la protección y el lugar que les asigna la palabra de Dios. También existe un espíritu que corresponde o que es complementario a Jezabel, al cual llamamos “el espíritu de Acab”. Causa la destrucción del sacerdocio familiar, da lugar a la holgazanería y la pereza de los hombres que permiten que las mujeres manden y controlen, pero las desprecian y odian por esa actitud.

El espíritu de Acab, con raíces en la destrucción del sacerdocio familiar, lleva al hombre al abandono de sus responsabilidades como cabeza de hogar. No sólo rehúsa ejercer el liderazgo espiritual, sino que a menudo tampoco se encarga de traer el sustento para su mujer e hijos.

No presta atención a la admonición escritural de que el hombre que no trabaja, no coma, cuestión que podemos leer en la Segunda Carta a los Tesalonicenses, en el capítulo 3 y verso 10, y que si alguno no provee para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo, asunto que vemos en 1 Timoteo 5:8.

El hombre debe proporcionar a su familia tanta seguridad material como espiritual. Si no lo hace, se opone a Dios. En cuanto es responsable de la protección espiritual de su esposa e hijos, desempeña el rol activo de profeta y sacerdote para ellos.

Si se les enseña a las niñas con mayor cuidado todo lo que se refiere al orden divino en el hogar, y lo importante que es que el hombre sea un hombre de Dios, que es cabeza de la familia, elegirían pareja con más atención.

Las elecciones malas y precipitadas han dejado a muchas mujeres con un cúmulo de experiencias que las amargaron por años y que, de no ser por la intervención de Dios, jamás pueden cambiar. Muchos se casan apurados, pero después les sobra tiempo para arrepentirse.

Varios hombres rondan a la mujer de espíritu jezabelino. Esto se debe a que sienten que es dura y puede soportar cualquier castigo o abuso que quieran infringirle. Si fuera suave, femenina y sumisa, les harían sentir terriblemente mal cuando beben, adulteran o ignoran de cualquier manera el compromiso que tienen con ella.

Para liberar la conciencia buscan una mujer de espíritu dominante y entonces racionalizan (Falsamente), que sólo está recibiendo lo que merece cuando ellas lo maltratan y burlan su confianza. Sería bueno fijarse cuántas mujeres jezabelinas atraen a esta clase de hombres. Pasan toda la vida en la infelicidad, la frustración y la más amarga desilusión.

Estas fuerzas espirituales hacen su más tremendo y notable daño cuando pueden operar sin que se las detecte. Es una triste realidad, pero aquellos que son más activos en estos manejos para controlar a otros, ignoran generalmente el hecho de que ellos mismos están siendo controlados e impulsados.

Afortunadamente, quienes escuchen esto podrán estar alertas al peligro, pues verán la conexión que existe entre el matriarcado y la brujería. Aquí no se intenta un ataque a las mujeres, pero sí se quieren dar a conocer las obras del enemigo para atraparlas, degradarlas y esclavizarlas.

La palabra de Dios presenta a la reina Jezabel como ejemplo cumbre de la dominación femenina y la práctica de la brujería. En apocalipsis la falsa profetisa de Tiatira se indica con el nombre de Jezabel. Ambas se caracterizan por sus intentos para controlar a quienes están a su alrededor mediante falsas doctrinas y el uso de poderes ocultos.

Ambas ocultan sus planes bajo la cobertura de la religión y las “buenas causas”. Con frecuencia, hoy, mujeres y hombres cristianos son engañados y manejados por las simulaciones religiosas de estas fuerzas demoníacas, multitudes participan de falsos cultos religiosos. Y siempre el resultado final es terrible y desastroso.

El encantamiento, el sortilegio, es una clase específica de brujería que se usa para conseguir los propios fines mediante la operación de un poder espiritual manipulador. Obra a través de la mente y el ego del encantador y es llevado a cabo por espíritus que controlan la mente, trabajan para someter y dominar la mente, las emociones, la voluntad y el cuerpo según los caprichos y el deseo de control del encantador.

Con engaños y brujería, la reina Jezabel consiguió que su marido le permitiera usurpar autoridad en el reino de Israel. Al admitir esto, él se entregó a la promiscuidad espiritual de ella. En Tiatira, Jezabel fue juzgada porque sus pensamientos, sentimientos y propósitos se consideraban perversos delante de Dios.

Así como Satanás buscó que se le rindiera culto, esta clase de mujeres trabajan para convertirse en el centro de la atención y el halago y demandan obediencia a cada una de las órdenes. Consciente o inconscientemente, el encantamiento siempre se usa para que quien encanta reciba culto y adoración.

Como Satanás cuestionaba desafiando la validez de la palabra de Dios y así originaba dudas, (Por ejemplo en el edén o al mismo Jesús), también aquellas a las que impulsan demonios jezabelinos emplean las mismas tácticas. Directa o indirectamente, a través de actitudes, emociones e insinuaciones cuestionan a los que les rodean. Y esto está pensado para generar dudas respecto de la masculinidad o virilidad de una persona, su valor y capacidad.

Una mujer puede decir a su marido que si fuera un hombre de verdad sería capaz de hacer más dinero. O puede ser más sutil y sólo mencionar que le gustaría tener esto o aquello pero que, por supuesto, sabe que no pueden comprarlo.

El hombre ya sensibilizado, y sintiéndose un incapaz frente a la necesidad de más dinero, se hallará presionado para asegurar a su mujer lo que ella quiere. A continuación, en la campaña de intimidación e insinuación, se encuentra la afirmación hablada o implícita de que si la amara realmente, proveería para todas sus necesidades. A menudo ella decide trabajar fuera del hogar al enfrentar la insatisfacción por lo que su marido aporta.

Estas maniobras pueden causar una increíble presión y obligar al hombre a tomar una resolución para demostrar su valor y preservar la autoestima. Una mujer impulsada por espíritus jezabélicos nunca ve saciadas sus constantes “necesidades” e interminables demandas. Eventualmente, disgustado y frustrado, el marido es llevado a una vida de derrota y desesperanza por las exigencias y quejas sin fin de su mujer.

Puede ser que con enojo él acceda a que ella trabaje fuera de la casa para satisfacer su voracidad por las cosas que no puede brindarle. Espero que esto la pacifique. Pero más y más ella asume el control y el manejo de la economía familiar. A medida que el desalentado hombre va entregando responsabilidades, hace también la más tremenda de todas las abdicaciones al desprenderse del liderazgo espiritual de la casa y la familia.

La vida del marido se convierte en una serie de pasivos pero furiosos rechazos a participar, a comprometerse. Y va replegándose bajo la mirada orgullosa de ella, su lengua hiriente, los estallidos emocionales, el chantaje en la intimidad conyugal.

Cada vez más él se encierra en la lectura, el sueño, el alcohol, el trabajo, la televisión, el adulterio, o alguna otra cosa que, fuera del hogar, sea un  medio para el afecto y la satisfacción. Para demostrar su virilidad y escapar de los golpes castradores a su ego masculino, se puede separar físicamente de su mujer.

Si se vuelve repulsiva para él con su obsesión de dominio, acusaciones y gritos, tal vez sufra de impotencia. El impulso sexual, fuerte como es, puede ser bloqueado, sofocado por el tremendo caudal de los dañinos estallidos femeninos.

Porque no importa lo que él haga, nada es suficiente, nada está bien hecho, según ella. Si va a la iglesia, es probable que se siente atrás, temeroso de la lengua filosa y criticona de su mujer. Ella habla a  la familia de temas espirituales y él se muestra más y más callado.

Las criaturas criadas en esta atmósfera crecen con los mismos deseos de manejar las vidas de quienes les rodean. Muchas veces las mujeres divorciadas tienen fuertes espíritus jezabelinos. Es obvio que el mismo espíritu opera en la vida de muchos que no están divorciados pero cuya experiencia matrimonial está repleta de contiendas y los hijos llenos de rebeldía.

El modelo de rebelión de la madre frente a la autoridad paterna en el hogar, influye poderosamente en la conducta de los niños y los torna rebeldes. La queja continua y el marcar y remarcar cada una de las debilidades del marido va minando el respeto de los hijos hacia él. Esto, a su vez, se convierte en una fuente de profundos conflictos y turbaciones para las criaturas.

El espíritu de Jezabel no siempre asume una actitud agresiva, autoritaria o insolente, abiertamente dominante o despótica. Existe una forma más sutil de manifestación. La mujer es exteriormente dulce y mansa, un cuadro de modestia y humildad con ciertos meneos femeninos.

Pero en realidad es un puño poderoso de la más terrible determinación y rebelión que pueda imaginarse bajo un guante de suave terciopelo. ¡No hay ni siquiera un hueso débil en su cuerpo! Está tan determinada a seguir su camino como las mujeres más abiertamente rebeldes, y es una experta en el arte del chantaje conyugal. Lo que en verdad hace es generar disgusto en los hombres por causa de sus arrogantes actitudes.

A menudo, una mujer puede quejarse de su marido con tal sutileza o tacto que no se note que está quejándose. Por ejemplo, puede decir con dulzura: “Bueno, durante meses esperé que esto estuviera hecho, pero el papi está tan ocupado que no tiene tiempo para terminarlo…”

Esta suave y velada crítica es interpretada por los chicos como que al padre no le importan las necesidades familiares, sobre todo cuando se trata de la sufriente mamá. Repetida durante años, esta conducta puede dañar la estructura de la familia. La esposa adopta una “dulce” actitud de mártir para captar la atención de cuanta parte dañada del hogar.

Otra forma en que los espíritus actúan es haciendo que el marido nunca tenga un descanso frente a las exigencias de ella. Continuamente la mujer quiere hacerle sentir culpable y negligente cuando, en realidad, él se esfuerza para trabajar y ganar el sustento.

Y si el dinero es suficiente, están las quejas por el tiempo que pasa trabajando. Ella se satura de proyectos interminables para el hogar, muchos de los cuales podría manejarlos sola, y así absorbe todas las energías y el tiempo libre de él. Es evidente que nunca leyó acerca de la mujer que “considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde”, como dice el Proverbios 31.

Las falsas enfermedades constituyen otro camino para dejar de lado las responsabilidades y, al mismo tiempo, conseguir simpatía de los demás. Si el hombre está cansado y quiere descansar, es haragán. Si quiere posponer algo porque está molesto o enfadado, o quizás fatigado, es porque la negligencia le hace descuidar las necesidades  familiares. Muchas mujeres hacen de este procedimiento una verdadera ciencia y mantienen al marido en constante estado de tormento, culpa y hartazgo para ocultar, con frecuencia, la realidad del propio descuido de las tareas del hogar.

Un hombre tiene un profundo sentido del bien y del mal, y ha luchado con su conciencia toda la vida. Al asumir el papel de conciencia del marido, la mujer provoca batallas interminables. Pero lo que necesita es poner su espíritu bajo control y convertirse en la esposa idónea, mansa y suave de la cual habla la palabra en 1 Pedro 3:1-6.

El chantaje en la intimidad conyugal y el racionar las relaciones son otra forma de la estrategia jezabelina. Desgraciado el hombre que cede ante estas conductas. Esta situación es el origen de gran parte del desacuerdo conyugal. Muchas mujeres usan el sexo como una herramienta para obtener sus propios fines y para especular con el marido hasta que éste siente como si estuviera frente a una prostituta.

Si está disgustada, comunicará así su malhumor y su rebeldía, aun cuando se muestre sumisa, y por supuesto que el marido no halla ninguna gratificación en un episodio forzado. Sin decir una palabra, ella puede lastimar muy seriamente el ego masculino y quizás hasta contribuya a su impotencia junto a ella y dé lugar a profundas dudas acerca de la propia virilidad en la castigada mente del marido. Esta impotencia es una cruz que ha llevado a muchísimos hombres a los brazos de otra mujer, el alcohol o a otras formas de escapismos ante la amarga derrota que sufren con la mujer que aman,

Ella está edificando su propia derrota también, porque al intentar atarlo a su lado, controlarlo y dirigirlo, lo obliga a rebelarse y buscar satisfacción en otra parte. El bocado de sexo que le da es tan degradante para él que se va tornando repulsivo, y en vez de anhelante anticipación, comienza a temer y esquivar ese contacto. La mujer nunca va a ganar en esta clase de contienda, en verdad siempre pierde mucho más de lo que le puede dar cualquier concesión que arranque al marido.

A menudo, las mujeres cristianas hablan mucho de la sumisión y la obediencia al marido, pero tanto el marido como los hijos saben que todo eso es nada más que palabrerío. Cuando le pregunta a él qué debería ella hacer y le responde tal como esperaba, todo está bien.

Si no lo hace, se inicia una serie de determinadas maniobras calculadas para obligarlo a cambiar de decisión. No tiene ni el más mínimo deseo de someterse con agrado a lo que él le expresa y la campaña para lograr sus propios fines conducirá a las contiendas y al enojo. Entonces ella, “mansamente”, afirma que jamás puede hablarle de algo sin que él se sienta molesto.

En vez de creer que Dios le dará a su marido sabiduría para guiar la familia por su posición y autoridad y también por las oraciones de ella, se lanza a obtener las cosas por sus desviados caminos. Este manejo constante y la presión que causa, son captados por los hombres, les agravian y dan lugar a numerosos problemas.

El espíritu de Jezabel entra a la familia cuando el orden divino de autoridad se desconoce o se ignora. El orden de Dios es fundamentalmente simple: la autoridad del hombre es Cristo; la autoridad de la mujer es el hombre; la autoridad de Cristo es Dios. 1 Corintios 11:3 lo da a conocer.

Las amistades, la muerte, las circunstancias, la economía, la guerra, el hambre, nada puede modificar el hecho de que la cabeza de cada mujer es el hombre y tampoco alterar el hecho de que Dios es la cabeza de Cristo. Cualquier desorden en la estructura de la autoridad familiar que Dios establece predispone a la mujer y los hijos al ataque satánico.

Cuando una mujer escoge o es aparentemente obligada a ejercer el liderazgo familiar, se coloca en una posición para la cual no la ha capacitado en cuerpo, alma y espíritu. Ella es el vaso más frágil, cuando se coloca en autoridad no tiene posibilidad de elegir sino que debe emplear los métodos y las técnicas de la dominación, segura que Dios no aprueba. La rebelión es como el pecado de adivinación y cuando una mujer usurpa la autoridad que le corresponde al hombre, no importa cuán noble sea la motivación, termina usando el poder oculto para lograr sus fines.

Una reacción natural y mundana es lograr autoridad a partir de la necesidad. Dado que la mujer no está mental, física o espiritualmente diseñada para manejar o ejercer autoridad, su conducta pronto se vuelve sensual. Por sus limitaciones, se ve forzada a consentir y manipular para obtener el control, recurriendo a las lágrimas, al enojo, a los berrinches y las falsas enfermedades para presionar.

En este punto las sus acciones se tornan demoníacas, controladas por demonios, porque está fuera de la voluntad de Dios. La mujer en rebeldía dará lugar a hijos rebeldes, no importa lo sincera que sea para justificar su posición. Esta es una de las razones principales para esta generación de rebeldes americanos, llena de anarquía y desorden.

Por supuesto que hay casos en los cuales las mujeres arrojadas a la posición de autoridad familiar por la muerte o la separación legal del cónyuge. En situaciones así, la palabra de Dios les ofrece protección a través de un nuevo matrimonio, los ancianos y los pastores de la iglesia y, en algunas instancias, a través de un pariente masculino.

La disciplina de los hijos es un área donde la influencia de Jezabel se nota con frecuencia. Las Escrituras instruyen a los padres a tomar la vara de la corrección para evitar que la necedad se ligue al corazón del muchacho. Nuestra sociedad negativamente influenciada admite que en vez de sobornar, manipular y trampear para conseguir la obediencia, se les presione, se les acose.

“Si me quisieras, no harías tal cosa”, es una expresión muy común que, al usarse una y otra vez con un niño, lo pone bajo la continua presión de demostrar su amor. Esta víctima jamás está segura si su amor es creído y aceptado. Este tipo de molestia puede causar problemas físicos y espirituales y también abrir la puerta a un espíritu que haga difícil o imposible el dar o recibir amor.

Las emociones fuertes son otra forma de la disciplina jezabelina. Amenazada con tormentas de llanto, recriminaciones, cataratas de enojo, una familia puede estar forzada bajo el poder de un espíritu que la controla. Los demonios de temor, fracaso y rechazo, son una verdadera plaga en esa casa, y quienes la habitan aprenden que obedecer cada capricho es mejor que padecer continuos estallidos.

Otro cruel método de control es un silencio que es una especie de control hipnótico o de encantamiento. La persona sobre la que recae este tratamiento a menudo queda preguntándose qué habrá hecho y debe encarar todos los esfuerzos posibles para descubrir cómo ha ofendido o lastimado. Una vez más, quien está ejercitando el espíritu de control se convierte en el centro de la atención y es también quien debe ser apaciguada y suavizada.

A menudo, las empresas están invadidas por espíritus jezabelinos que controlan. Fue inevitable que esto sucediera en una sociedad estructurada y controlada por esta influencia maléfica. Como rutina, muchas compañías usan el análisis grafológico y la astrología como un medio más para admitir el mejor personal disponible.

La telepatía y otras prácticas de control mental se emplean con frecuencia en la presentación de una planificación de ventas para anticipar y programar la reacción del cliente. La palabra de Dios dice que, en los tiempos del fin, el sistema de la gran ramera va a estar conducido por mercaderes que engañarán a las naciones con sus hechicerías.

A medida que nos internamos en una sociedad intensamente computarizada, no resulta difícil ver que estamos más cerca ya de este período. Los espíritus jezabelinos han hecho parte de su maligna obra en el ámbito de lo espiritual. Iglesias enteras están bajo el poder y el control de unas pocas familias y otros líderes espirituales.

Esta forma de presión conduce, cada año, a la renuncia de miles de pastores desalentados. En vez de honrar y obedecer a aquellos que les guían, el rebaño se convierte en un dolor para sus conductores. Cuando más espiritual se vuelve la iglesia, es cuando más peligrosa se hace la operación de los espíritus Jezabel.

Frecuentemente, personas con espíritus jezabelinos de control, engañan a otros que están buscando la voluntad de Dios mediante la operación o el uso de la profecía con raíces en el alma. Estos espíritus siempre tratan de seducir a la gente para una persona y sus peculiares “enseñanzas” más que destacar la figura de Jesucristo.

Una táctica consiste en buscar almas en duda o incertidumbre espiritual mediante el uso de falsos dones, encantando a las personas para que se liguen a ellos y sus causas. Ellos promueven la idea de que son seres “espirituales”. La palabra de Dios declara que aquel que habla de sí mismo busca su propia gloria y/o culto. Lamentablemente, mucho de lo que se toma como “palabra de ciencia” y “palabra de sabiduría” podría muy bien llamarse adivinación carismática.

Los efectos de insospechadas prácticas de brujería con tan calamitosos personajes como el contacto abierto con lo oculto. Confusión, suicidio, ceguera espiritual, pérdida de los hijos y hogares destrozados son unos pocos de sus resultados. Impotencia en los maridos, frigidez en las mujeres, dudas y temores, todo ello trabaja en conjunto para impedir y destruir cualquier relación sexual significativa y satisfactoria. Recordemos que el enemigo viene para robar, matar y destruir.

Las personas guiadas por espíritus jezabelinos pueden ser reconocidas. Están motivadas e impulsadas por el ansia de dominar, no hay mansedumbre ni sabiduría en ellas. Rodeadas de las más amargas envidias y codicias en el hogar y la iglesia, las vidas de quienes están más cerca permanecen en un estado de confusión constante. Y así se manifiestan otras obras malignas, incluyendo la rebelión. A menudo, también están presentes la violación de las leyes del hombre, la calumnia, la difamación.

Debemos prestar atención siempre al fruto del Espíritu en las vidas y los ministerios. Si el fruto malo se está manifestando, es porque la sabiduría con la cual esos seres están actuando surgió en lo natural y se convirtió en una extensión de sus deseos de poder y atención.

Ña entrada de un espíritu jezabélico da a las fuerzas demoníacas un poder de seducción que no proviene del Señor. El carisma que el Espíritu Santo imparte atrae a la gente a Cristo y la libertad. Los poderes satánicos enfatizan una personalidad y generan servidumbre, esclavitud. Los infelices atrapados en tales ligaduras anhelarán la libertad y entonces sufrirán la culpa porque se sentirán desleales.

Otra de las características de las personas bajo un espíritu de jezabelino de control es la incapacidad para transmitir o entregar autoridad. En lugar de permitir a las personas que trabajen, constantemente interfieren y obstaculizan. A menudo hacen las tareas ellos mismos intentando así demostrar la incompetencia de los otros. Impulsados a controlar, dominar y organizar la vida de quienes están alrededor, esta gente hace que todos los que conviven con ellos se sientan al borde de su resistencia nerviosa.

La víctima de cualquiera de estas formas de presión o de una combinación de ellas que deba soportarlas por un tiempo, termina siendo, de alguna manera, un lisiado. La confusión le aturde. Los temores le atormentan y, con frecuencia, se vuelve tan indecisa que le resulta difícil tomar hasta la más simple decisión. A menudo, las dudas y los recelos harán de ella alguien espiritualmente inmaduro y débil.

Dios ha provisto una señal o advertencia interior para prevenir la sumisión a esta influencia insidiosa. Josafat sintió algo en el espíritu respecto de una alianza con Acab y pidió que se consultara la palabra del Señor. Los profetas mentirosos de Jezabel dieron una falsa predicción de victoria. Pero insatisfecho, Josafat pidió un profeta de Dios y vino Micaías para advertir de los espíritus mentirosos que operaban en los falsos profetas. Por creer una mentira, Acab pagó con su vida y Josafat vio a su ejército humillado en la derrota. Dios advierte que si no amamos la verdad, él hará que creamos una mentira. Si nos sometemos a la esclavitud y a las autoridades no escriturales que Dios no ha establecido, estamos pidiendo ser derrotados y sometidos por el engaño, la falsedad.

Aunque este espíritu ha afectado a los hombres, parece alcanzar los más perniciosos límites en la vida de las mujeres. En el espíritu de cada hombre, (salvo o no), está el conocimiento de que la mujer fue engañada en el jardín, no el hombre. Adán fue llevado al pecado por su mujer y, por causa de esto, los hombres dudan y se rebelan ante una mujer que busca el liderazgo o que intenta usurpar la autoridad que les pertenece a ellos. Pueden reaccionar y hacer el intento de escapar a través de una dosis excesiva de indulgencia que se nota en los deportes, los negocios, el adulterio. Pero la voz de la ley subsiste como cierta.

Por esta razón, muchos maridos perdidos se resisten a aceptar a Cristo y otros se resisten a recibir el bautismo de Jesús en el Espíritu Santo. El militante empujado por la conducta de su mujer quiere dejar esto de lado. La esposa bombardea con grabaciones, libros y testimonios, tratando de forzar al marido para hacer lo que está bien, y siempre falla. Ciertamente, el enfoque que hacen no es escritural. De manera instintiva, el hombre sabe que el liderazgo espiritual es una prerrogativa masculina. La escritura es clara al decir que un marido incrédulo va a ser ganado por la calma y obediente sumisión de la mujer, a medida que vea su vida y su andar espiritual. Una mujer debe ser y hacer más que hablar el camino de Dios, si es que quiere ver a su familia haciendo realidad el deseo de su corazón.

La inicua esclavitud de los espíritus jezabelinos sólo puede ser quebrada con un ministerio Elías. Estas fuerzas demoníacas odian y temen los ministerios de los Elías, porque tales hombre san resistido con éxito la seducción física y espiritual de Jezabel.

No se les puede comprar con las inteligentes pretensiones y maniobras del enemigo, y son odiados y calumniados por generar conflictos y disturbios. El enemigo de aquellos a quienes ellos vinieron a rescatar. Sólo con la destrucción demoledora de las fortalezas de Jezabel puede restablecerse la justa autoridad de Dios.

En Malaquías 4:5 y 6, Dios dice que los corazones de los padres (No las madres) se volverán a los hijos, porque Elías los hará volver. Los predicadores de esta verdad ayudarán a los hombres de todo el mundo a darse cuenta de su responsabilidad para ocupar el lugar de profeta y sacerdote en la familia, cobijando y protegiendo a la mujer y los hijos.

Las mujeres serán aliviadas de la carga y la lucha de superar el peso de un liderazgo para el cual Dios no las creó. A medida que el hombre se ubique en su justo lugar para amar, cuidar y proteger, la mujer encontrará la bendición y la realización que Dios pensó para ella. En un sentido muy real, esto compromete a las esposas a orar para que sus maridos se ubiquen bajo el liderazgo y la autoridad espirituales que les son propios.

Muchas veces, una mujer ora por años para que el marido venga al Señor y fielmente pide a otros que también lo hagan. Pero pocas veces se da cuenta de que, cuando Dios le contesta, pone al hombre en acción y de inmediato lo ubica como cabeza del hogar.

En vez de un dependiente débil, de un lisiado espiritual, la mujer encuentra un rival poderoso que crece aceleradamente y que pone distancia con ella en los asuntos espirituales siempre que de verdad se lo propone. Por causa de la estructura divina de la autoridad, el hombre recibirá sabiduría y conocimiento que le equiparán para su liderazgo. Muchas mujeres atrapadas en este remolino se preguntan si es justo que Dios haga tales cambios. Con frecuencia, rastros de dominación y protesta masculina, inteligentemente ocultos por años, salen a la luz como rebeldía reveladora de su presencia.

Isaías 3 y 4 advierte con firmeza acerca del juicio que caerá sobre los que resisten el orden de Dios. La mujer será avergonzada con calvicie y sus partes más secretas serán puestas al descubierto. ¿Puede ser que esto sea una alusión a las epidémicas proporciones del cáncer femenino y la quimioterapia que a menudo resulta en calvicie? En Isaías 3:24, el profeta habla de hediondez y cabeza rapada. Otra vez la referencia es muy similar a ciertos síntomas del cáncer.

Isaías 4:1 y 2 hablan de un tiempo cuando todos se arrepentirán y buscarán el camino de la sumisión escritural. En la iglesia de hoy, Dios está llamando al regreso a la sumisión bíblica, al discipulado, a la restauración. Si has estado practicando brujería, dominando a tu esposo, al pastor, a tus hijos, a tus amistades, al grupo de oración, arrepiéntete y renuncia de una vez y para siempre a esta fuerza del mal, en el nombre de Jesús. Si notas que has estado bajo ese tipo de influencia, por el tiempo que sea, renuncia y liga esas cuerdas que te han estado sometiendo.

Puedes orar no exactamente como yo lo diré, sino con tus palabras, aunque tomando como base estas premisas: “Padre, vengo a ti en el nombre de Jesús, el Pastor de mi alma. Confieso como pecado y renuncio a cualquier cosa que haya estado haciéndome manejar a otras personas. Renuncio a todo espíritu jezabelino y proclamo mi liberación en el nombre de Jesús.

Porque Jesús murió en la cruz por mis pecados y se hizo maldición por mí, pagando mi deuda ante Dios por cada una de mis fallas, declaro que toda maldición relacionada a los espíritus Jezabel sea rota, sea cual sea su origen. Y con aquellas que arrancan de siete generaciones antes por ambos lados de mi familia.

También te pido, Padre, que saques toda ligadura que pueda haber entre mi vida y aquellos que han practicado sortilegios o magia, brujería, o hechicería en contra de mi persona o de mi hogar. Guíame a los que no te conocen para hablarles de ti y ayúdame a someterme de todo corazón a tu verdad.

Padre, Jesús dijo que todos aquellos que creyéramos en Su nombre, echaríamos fuera demonios, y yo soy creyente y, en el nombre de Jesús, ordeno ahora que todos los espíritus vinculados a cualquier influencia jezabelina me dejen en este mismo instante, y creo que soy completamente libre en el nombre de Jesús.

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noviembre 8, 2017 Néstor Martínez